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Texto digital de Matar por celos su dama

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan de Cabeza
Atribución estilometría
Juan de Cabeza Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Francisco de Leefdael, s.a.).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Matar por celos su dama. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/matar-por-celos-su-dama.

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MATAR POR CELOS SU DAMA

JORNADA PRIMERA

Vaya al mar esa tirana, halle sepulcro en sus ondas, sea panteón de su espuma el que fue tumba de aljófar. Don Luis, señor. . . Arrojadla; entre espumas arenosas, siendo viviente bajel, sea en el crillal garzota. Así perdona un hermano, así piadoso se nombra, así cruel se abalanza, y así tan sin ley se arroja? Mastín, camina, que aquí, según las voces me informan, es el rumor. Déjame, que es tu condición doñosa, pues después que anocheció, y aquella diurna antorta sepultó en cristal sus rayos, y en plata sus líneas rojas, haces que sombras me cerquen, y en ocasión tan penosa querrás decirme después, No haya piedad, Julio amigo, mida esa tirana el Borcas, tenga albergue en las arenas, lave el cristal mi deshonra. Válgame Dios, Virgen pura! Qué es lo que mis ojos notan? una mujer ha caído de una ventana. Y tan pronta, que ha llegado aquí de golpe. que el ser libre, y poderoso parece una misma cosa. Dígolo, porque aquel día, con voz entre baja, y sorda, al pasar por el estrecho, que tejen, pulen, y forman de sauces encarrujados las bien peinadas garzotas, me dijo: Isbella, rendido aquesa beldad hermosa me tiene; pero yo entonces, porque el Duque no conozca mis desvíos, disimulo, que no peco yo en tan loca, que piense que tengo partes, cuando son en sí tan cortas, que rindan a un Duque excelso, porque no soy como otras, que juzgan, que solo inclinan esas celestes antorchas, pues en tan errante clima esa inclinación forzosa se debiera a las estrellas, no al sujeto que se adora. Viendo el Duque en adelante, que a sus ruegos era roca, Anajarte a sus cariños, y peñasco a sus zozobras, valerse de una criada intenta, que en tales cosas suele alcanzar la cautela lo que el cariño no apoya. Ofreciole Flora, en fin (ha vil criada engañosa. ponerlo dentro en mi casa; pero cuando así se arroja, viendo que todas las noches a fuerza de llave sorda me encerraba yo en mi cuarto, quiso intentar cautelosa la llave estampar en cera; hízolo, mas poco docta, pues al tener ocasión imprimió en cera la forma de una llave de mi hermano, y fue la ocasión forzosa, pues al estar todas juntas la confundió con las sombras. Hizo hacer la llave el Duque, cumplió su palabra Flora; dando entrada al Duque, y cuando esas celestes antorchas en plata, y espuma apagan tanta luz, que las tachona; hacia mi cuarto se alarga, la llave aplica engañosa, conoce que abrir no puede, juzga que es la puerta otra que a su lado estaba; entonces abre el cuarto de mi hermano, con voz entra cariñosa, mi hermano al ruido despierta, arrebata una pistola; pero quiso el Cielo, que la confusión de las sombras estorbasen, que a la carga su atrevimiento conozca. Saliose el Duque, y mi hermano juzgando que en esas horas yo suy la que le di entrada, o liviana, o licenciosa, encerrome en esa pieza, y esta noche, cuando concha es de la perla del Sol esa región espumosa, mando a Julio (triste pena!) me arroje (acción lastimosa! desde una veniana (ay triste! al mar (desgracia notoria. Pero Julio, que es piadoso, y como la pieza adornan dos ventanas, que la una tiene marítimas olas por espejo, en que se mira, y como salga la otra a esta calle, por cumplir con mi hermano, que lo exhorta de otra pieza, que me arroje, por esta parte me arroja, con que ufana le debí a su voluntad piadosa, ya que no el salirme libre, lo que pudo en tal discordia. Esta es, en fin, mi desgracia, esta es la acción que me ahoga, esta la pena que gimo, este dolor me acongoja, esta desdicha me oprime, esta impiedad me baldona, estos infortunios lloro, y en fin, una acción tan loca me ahoga acongoja, y gimo, oprime, lloro, y baldona. No sé si la suspensión excede en mí a la piedad, porque esta calamidad me penetró el corazón. En tu gran piedad confío; mas tú eres quien no se escapa de tener algo de Papa. Pues por qué? . Porque eres Pío. Estáis herida? . A mi ver, diralo al tacto tu acción. Es mala la atentación, Por eso llegó a caer. juzgo que no estoy herida. Pero en tan crecida pena, cuando esta dama es tan buena, no fue mala la caída. Que vengáis a mi posada os ruego, y os cobraréis de ese susto que tenéis. Pues pagó, ya está cobrada. En esa calle primera en la casa de Guzman vivo. . Os mostráis muy galán, que os lo pague, el Cielo quiera. Resolución mejor toma; que a Serafina, es todo uno el estarte de ella ayurío, y llevarle quien la coma. Esto intentan mis desvelos, que a mi piedad los igualo. No sé si le sabrá malo, pero sé, que tendrá celos. En ocasión que es tan dura seguidnos, pues, si gustáis, y mirad no nos perdáis, porque la noche es oscura. Lo que mandáis he de hacer. El pesar es conocido, pues ella busca marido, y esto es llevarle mujer. Si a servirme estáis dispuella, como, Matildle, conozco en el deseo, deseo saber la ocasión, o el modo porque venís de la Corte. Pues lo primero supongo (de este modo he de engañarla) que en los lanzas peligrosos, nada puede mover más que una amistad firme. . Todo es verdad, así lo afirmo. Si confesarlo es forzoso, sabrás que dentro de Madrid, Doña Isbella de Tenorio. fue mi amiga, a quien amaba (de esta suerte lo rebozo) Don Berenguer de Centellas. Juana, qué es esto que oigo? Que ha de ser, darte a ti celos, y echar a perder al novio. Proseguid. . Digo, señora, que fue en mi dificultoso no venirla acompañando. Como acompañando, ignoro lo que decís, esa dama sigue a Berenguer. . Esposo lo procura, mas yo juzgo cuando su desdén conozco. Juana, qué es esto? . Ponersa en vazas contra ti todos. Pues decidme, aquesa dama en tan amoroso arrojo tiene de Don Berenguer palabra, o firma en apoyo de ser su esposo? . Mas tiene: parece que reconozco celos en esta mujer. o quiera el Cielo piadoso, que haya dado con la que esposa busca en tal logro. Proseguid, qué os suspendéis? Digo, pues, que cauteloso la robo el honor, y falso, pisando los promontorios. de Cataluña, se vino a Barcelona engañoso a casarse (ay infelice. yo soy la que aquesto lloro.) . Lloras, Matilde? . Señora, son tan grandes los ahogos de Isbella, y tal la amistad, que es lo menos el sollozo. No advertiste aquesto, Juana? Pagarle del mismo modo, darle celos en venganza, hacerle dos mil oprobios, darle un pesar, y sino, dar vado, que arrieros somos. Desdichada la mujer que llevada de amor loco le diera la mano, ha ingrato! Digo, que el celo es devoto, mas esto nace de celos, no de celo. Con el monstro de las sombras nos perdió aquella mujer. . Nosotros. ya procuramos traerla, sus ojo: son su notorio infortunio, pues de vista nos perdió, pero es arrojo; dejar los ojos importa, cuando en tan triste destrozo, aunque muy hermosos sean, no me agravia andar sebre ojos. Más Serafina está aquí, y una mujer de rebezo, que a penas nos miró entrar, con cuidado tapó el rostro. Las tuertas tienen gran dicha, que siempre van a medio ojo. Pero si es esta mujer la que los dos cuidadosos. quisimos traer, que pudo advertida en tal ahogo venirse por mi informada. de la casa? . En tus negoción informas como un jurista. Llegarelo a saber todo, si escucho con atención. Lindo lance para un sordo, Esta mi fortuna ha sido, y estas las penas que lloro, vuestra casa ha de valerme, que aunque mis venas informo, con sangre noble serviros es para mí el mayor logro. Mastín, vive Dios, que es ella, servirla quiero de apoyo. Es hacer un disparate, cuando en vísperas de no vio te miras con Serafina, que fina en tu desposorio traerá reales como plata, y doblones como el oro. Mastín, yo he de hablar por ella, Mastin, no puedo hacer otro. Advierte, que es abrasarla con celos, y es caso loco descartarte de una sota, sino te valen los oros. Señora, con esta Dama (algo el lance es peligroso) estimaré que mostréis vuestro natural heroico, que al ser mujer se le debe, demás que yo reconozco su desdicha, y su fortuna. Y por ti ingrato la lloro. Qué la conocéis decís? Y no solo la conozco, sino que sé sus desdichas; y así, si con vos mis modos pueden algo, aquí os suplico, como amante, y como esposo, la tratéis; no como a sierva, pues yo sé en tanto desdoro su gran calidad. . Ah falso! Que a mí misma con rebozo me confiese sus engaños! Bien podéis quitar del rostro ese manto que os encubre. Ah falso, aleve, engañoso, de esa suerte a hablar te atreves? aún delante de mis ojos tienes tal atrevimiento? pero a mí del mismo modo me engañaste, que los hombres, preciándose de engañosos, usan de unas mismas frases, aunque el sujeto sea otro. No entiendo aquesta mujer, todo he quedado neutral, y en tan impensado mal el ser se quedó sin ser; no sé que pueda entender de lo que llegué a notar, pues si lo llego a juzgar, solo advierto con trabajo, que mo paga este agasajo con solo hacerme un pesar. Cómo así te has irritado, y como cuando estoy yo hablas con Don Berenguer de ese modo? . La pasión no me dio lugar, señora, y pues sabes que el amor de una amiga obliga a más, como tu voz confesó, no me culpes, no me cargues, considera el deshonor. Qué enigmas son estas Cielos! y aquesta qué confusión! qué así esta mujer me hablase! qué así escuchase su voz! Tú solo tienes la culpa, según mi corta opinión, pues la hiciste levantar, y así se nos reveló. Esta es la casa, sin dada, según fue la información del Caballero, y criado; pero no obstante el color de las sombras, los conozco, pues los que allí miro son, No sé modo para entrar, mas válgame esta ficción, que pues nunca esta mujer en Barcelona me vio, puedo hablar con fundamento, y fingir con buena acción, Mal Caballero, engañoso, sin Dios, sin ley, sin razón, que pagas mis esperanzas con hacerme un disfavor; es posible, ingrato, aleve, que con injusta atención has permitido ausentarte burlando mi casto honor. Don Berenguer, esto es falso, solo mi voz lo fingió para tener fundamento con que entrar. . . Calle tu voz, que me has muerto con oírte. Yo he de callar? Vive Dios, que te has de casar conmigo, y fino, verás al Sol por entre celajes de oro, y maticer de arrebol, disparar rayos de fuego, cuyo ignísero vapor me vengue, a pesar del mundo, burlando tu sinrazón. Qué mujer es esta, Cielos, que a mí tan poco atendió, para darme un sobresalto con tan mal vista! ficción? quién será, válgame el Cielo! Pues ya lo discurrá yo. Quién será, Mastín? . Será alguna que a oposición viene, viendo que te casas, con que para entrar fingió lo que oíste de su boca, pues al torneo de amor todas entran con su gala; y así, en aquesta ocasión, la aventurera que miras entró con este color. Lo que Matilde me dijo miro, que se conformó con lo que está sucediendo. Qué es esto? valga me Dios! parece que esta mujer la voz por mi artículó. Señor, estas son ficciones, porque la infelice soy que socorriste esta noche, ahora es buena ocasión para que me favorezcas, mostrando noble valor. Yo no entiendo esta mujer, ni permite la razón, que le dé crédito, pues la que la cara encubrió es la que favorecí. A mi señor, en las dos, la que matrimonio pide. me parece, sin error, que fue la de la ventana. Pues por qué, dime? . Señor, aquesta que vino es flaca, y será la que cayó. . Matildle. Señora. . Es esta a quien le debe el honor Don Berenguer de Centellas? Qué caos de confusión es aquel en que me he puesto! no sé que le diga, no sé qué responderle, pues en tan terrible dolor la deshonra que padezco le servirá de borrón. Pero direle, que sí, pues la ficción lo apoyó. Matildle. no me respondes? Señora, lo que mi voz te dijo primero dice: esta es; mas (válgame Dios! yo la culpo, cuando (ay triste!) a quien el honor robó Don Beréuguer (ay de mí!) Matilde, qué suspensión, Matilde, qué parasismo; OS SU DCAMA te oprien? . Con el rigor del sentimiento de amiga la pena se apoderó. Pues, Matildle, a mí me importa, sin saberlo este traidor, que Ibella se quede en casa. otra pena, otro dolor! bien estoy con lo que intentas. Y así, pues amigas sois, tu hablarla puedes. . Señora: fuerte lance, pena atroz! Tú has de hablarla: qué te turbas, cuando tu voz confesó, que sois muy grandes amigas? Y en ti parecerá acción de piedad, decir se quede en tu compañía. Yo tengo mucho que saber de su mal logrado amor; y así, podemos hablarla a parte, pues que los dos están divertidos. . Mira, que es para ti gran rigor traer a casa una mujer, que pertinaz procuró ser esposa del que miras; demás, que a tu pundonor le estara mal el que quede, porque al mirar tu pasión, es traer quien te de celos; y así, en tan triste rigor, quien procura traer la causa el efecto no evitó. Esto ha de ser, tú has de hablarla, y he de estar presente yo. Tú presente? qué pesar! Pues yo, por ventura, soy quién ha de estorbarlo? ignoro, Matilde, tu condición. No has de estorbarlo, más juzgo, que las más mujeres son de natural encogido, por lo cual me alargo yo a decirte, que yo sola he de hablarla: gran rigor! Pues háblala luego, acaba. Proseguiré la ficción: Estoy tan compadecida de vuestra pena, señora, que suspensa el alma llora aquesa pena crecida: Al mirar tan grave herida, viendo ese dolor fatal quedé suspensa, y neutral, pues cuando así padecéis, vos la desdicha tenéis, pero yo padezco el mal. Quedar en mi compañía podéis luego, si gustáis, C que aunque vos os lamentáis, A aquesa desdicha es mía: Pero si quedar confía vuestro cuidado, decid, que sois nacida en Madrid, porque juzgo, si lo hacéis, que en esta casa tendréis en adelante adalid. También encargo, que diga vuestro crecido dolor, que en tan confuso rigor siempre he sido vuestra amiga: Aqueste dictamen liga, si el dolor se determina, que el corazón adivina, que hallaréis en tal reparo, cuando en mi señora amparo, en mí una amiga muy fina. No halla palabras la lengua, al estar agradecida, para confesar lo que les debo a vuestras caricias; y así, yo quedaré aquí, como ufano determina vuestro cuidado. . Hallaréis en la caída acogida, en el pesar agalajo, y consuelo en la agonía. Válgame Dios, y qué presto ha sabido su caída. Va te obedecí, y ya Isbella a tu voz firme, y rendida, tu dictamen sigue. . Haz, pues, que Isbella luego te siga, y verás lo que pretendo. Haré que siga en tal dicha el engaño: ven, Isbella, sígueme, que Serafina mi señora a las dos llama. Seguirelas, pues me incitan, cuando no entendió este hombre mis pesares, y fatigas. Mastín amigo, Mastín. Jesús, y cómo mastinas! deja, no me digas nada, que aunque tu amor no la estima, Serafina te ama tierna, y la fortuna te brinda. Pues quién amante me busca? Quién te ha de buscar la dicha. Deiene jala, pues es aquesta ocalión precisa, demás, que la miro hermosa: qué es ser ella hermosa, y linda? un Ángel es: qué es un Ángel? mas es, pues es Serafina. A mí me parece fea. Pues a mí en toda mi vida me pareció alguna fea. En qué te fundas, pues? . Diga mi razón el fundamento. No es cosa asentada, y limpia, que hizo Dios todas las cosas? Así mi lengua lo afirma. Pues eso confiesas, saco de aquesas premisas mismas, que no habrá ninguna fea, y sale por recta línea, pues es sabido, y constante, que Dios con bondad divina no puede hacer cosa fea. Esas son sofisterias. Verdad es, que en la cazuela una penetra la vista tuerta, sin ir a medio ojo, de sus cejas tan raída, que con razón decir puedo, al mirarla tan lampiña: ella bien puede ser puerca, pero en sus cejas es limpia. Pero dejando esto, espera, porque en esta noche misma he de hucer, que hables, y veas la que con su voz te incita a que te cases con ella. Pues a eso, Mastín, te obligas? Sí señor, y para eso me voy luego a ser espía. Penas, qué es lo que me pasa! dolores, qué es lo que siento! que no apea el sufrimiento esta llama que me abrasa! No es la pena muy escasa, cuando en tan triste dolor de una mujer el rigor herir el alma procura, y en una ocasión tan dura, no es mucho falte el valor. Ni conozco esta mujer, ni en mi vida la he tratado, ni quien sea he sospechado, ni lo llegaré a saber. Estoy con vida, y sin ser, sin discurso, y con razón, con alma, y sin corazón, pues cuando a Matilde agravio, de aquesta mujer el labio pide la satisfacción. Éntreme, como ya viste, con las Damas paso ha paso, hasta que llegué. . . Y en ti cómo no hicieron reparo? Porque ya no soy broquel, y así en mí no repararon. Llegué, como ya te dije, a esas columnas de mármol, como unas piedras callaron. Determinó Serafina, estén las dos; pero trato, que siempre estarán cerradas; pero yo tengo un emplasto, aquella, y nuestra cerraja son, que lo tengo probado; y así, en la noche que viene, cuando Febo a sus Caballos dé cebada (yo esta vez, ya que los anegan tantos, he de darles de comer, que no es para todo el año echarlos entre las ondas, como machos apedreados.) Digo, pues, que en esta noche, con paso no apresuiado, iremos con esta llave, con que tendrás paso franco. Sola una cosa te advierto, que tú has de quedar cerrado, por si Seráfina viene a visitar nuestro cuarto, que pues yo me quede en él, quedara todo ajullado. Con tu Dama Serafina mucho el secreto te encargo, que puede venirme mal, que aunque atender me miraban, que en ese espacioso cuarto, que confrenta con el nuestro, que abrirá, aunque lea hierro. Cómo, dime? . De un tamaño De aqueste modo lo engaño, pues de Seráfina es orden lo que estoy ejecutando, que de este modo pretende, o probarlo, o reprobarlo. Yo no falto a lo que dije, yo con él cumplo, pues hago que hable esta noche a esa Dama, con que en tan extraño caso he de hacer esta ocasión de un camino dos mandados. Pedazos voy hecho ya por ver el gusto colmado de esta mujer, que gustosa, por todos mis lobresaltos, todo un corte de vestido me ha ofrecido, y no va largo su natural dadivoso, pues en lance tan extraño, no es mucho que me dé un corte, si ya voy hecho pedazos. Qué llave tienes me dices? Qué es tener llave? en tal grado, que aunque sea de metal abrirá cualquiera cuarto. Si eso tienes, vamos luego; si eso tienes, qué esperamos? Que en esas vagas esferas, esos refulgentes Astros nos traten con más rebozo, porque ahora andan muy clares. Ya Serasina estará recogida. . Ya rezando estará sus devociones, que de este mundo en el trato, no solamente las Monjas, como es caso ya muy llano, han de tener deveciones; mas sigue, señor, y vamos. . Deja, Juana, esa bugia, y salte luego allá fuera; tú, Matilde, aquí te espera, Isbella hazle compañía: hesme de mucha importancia, que habitéis en esta pieza, pero con tal entereza ha de serviros de estancia, que ese dorado farol, al esparcir luz copiosa, no ha de daros luz hermosa. Querrá que no nos dé el Sol. . Esta mujer qué querrá, cuando terrarnos procura? Ella es de condición dura, no sé en lo que parará. f. No puede tardar Mastín, y con él Don Berenguer: qué a esto llegue una mujer! qué esto haga mi amor, en fin? Ya está Mastín avisado, para que en esta ocasión venga, que será a sazón, con que saldré de un cuidado. No he querido declararme, porque en tan gran de dolor, hoy quiere apurar mi amor, si algo llegan a ocultarme. Cuando ya apliquen la llave me ha de ocultar el matiz de aquese liso tapiz, que esto amor con celos sabe. Ya una llave a Mastín di, que en un caso tan extraño sabrá seguir el engaño como yo se lo advertí, Su grande tardanza admiro, pues cuando mi engaño dora, yo le señalé esta hora para el yerro que conspiro. Qué suspensión tan dodosa! Y qué mujer tan mental! Si nace de amor su mal? Si acaso peca en celosa? Pero la llave aplicaron, la alteración me disculpe, para que así a las dos culpe. Mas a la puerta llegaron. Qué es esto, isbella? Matilde, como atrevidas, o necias hacéis labrar una llave, para abrir aquesa puerta? eso hacéis? más ocultarme intento en aquesas telas, no digáis, que estoy aquí, porque me importa. Ya abierta la puerta tienes, quedito ver a esa Dama entra, yo con la llave me quedo, y en tún apretada empresa, aunque yo no soy tentudo, soy yo quien cierra con ella. Un hombre fue quien abrió. Un hombre hacia acá se acetca. Matilde, qué es lo que miro? Qué es lo que estoy viendo, Isbella? no sé lo que tema de esto. No sé lo que de esto tema. Don Berengueres, qué dudo? Matildle es, vive Dios, esta. Que tenga ye esta ocasión para decirle mis penas, y qué reprima mi labio por conocer la cautela de Serasina. . No entiendo esto que Matilde intenta; pues cuando juzgué, que al vern con todo un mison de quejas me cansaría, la veo, que ni se asusta, ni altera. Aróuielo de atrivido. Cúlpale su inadvertencia. Hombre, di, cómo te atreves? Cómo, ingrato, en tanta pena, inadvertido violalle este sagrado? más hecha tienes ya la voluntad a semejantes cautelas. Yo, señora, si dejé de Madrid la Corte excelsa, fué obligado; mas yo ofrezco pagar amante la deuda, que a tu honor debo; mas como, B cuando la alienta mi lengua, que calle está señalando, no sé como he de entenderla. Que sois un ingrato noto. Solo mi cautela intenta no cumplir con Serafina; porque quieren mis finezas daros la mano de esposo. El apagar la pavesa de esa vela importa, pues no fue posible que entienda Serafina con quien habla Don Berenguer, y en tal pena, viendo las acciones vivas, es posible, que lo sepa. Qué no entienda yo este hombre! Ya veo con evidencia de aqueste ingrato el engaño, la justa queja de Isbella. MATARPO La vela apago, y diré, que el viento fue causa, sea para mi lugubre manto tanta funebre tiniebla. El viento apagó la luz; aquesta ocasión es buena para cumplir mis intentos. Qué es lo que Matilde intenta? Dede modo he de suber las más ocultas cautelas. de Don Berenguer, salir les es preciso a mis pruebas. Ahora es buena ocasión para que sin que la vea salga Serafina. . Así. . desde aquí mi engaño empieza: Matiide, Isbella, Matilde. Vive Dios, si no supiera, que se quedó Serafina en su cuarto, que era esta su voz lospechara; mas dentro en su cuarto se queda. Esta llave toma. . Mirad, que el discurso hyerra el sujeto a quien la da. Hicieron las sombras negras, que a Don Berenguer hablara; pero al mirar tal tragedia, por aquí podré encontrar, o ya a Matilde, o ya a Isbella. No sé lo que juzgue de esto, no sé lo que de esto entienda, Matilde. . Esta es Serafina: dime luego lo que ordenas, que yo la luz apagué, para que sin que te viera pudieras salir; así dorar puedo mi cautela. Toma esta llave, con que abrir puedes esa puerta, por donde salir podéis las dos, y en estando fuera, volver a cerrar podéis. Y tú, señora, qué intentas: como con un hembre puedes quedarte que aunque más sea quien haya de ser tu esposo, no parece bien? . Tú deja de darme consejos, yo no te quiero consejera. Pues obedézcote luego, aunque más, que agrado, a fuerza, Vamos, Isbella. . Ya ligo. Parece que abren la puerta: Mastín debe de ser, que viene a darme salida. . Tenga noticia yo del intento con que habéis entrado. . . Sepan vuestros cuidados, señora, que estimando esa belleza, tuve modo para entrar con una llave supuesta de nuestro cuarto, que yo, aunque casi todos piensan, que por esta Serafina me muero de amor, no aciertan, pues solo son mis intentos, cuando ella ufana me alienta, al verla en extremo rica, hacer una buena hacienda. Con ella, en fin, casareme, que mujeres como esta nunca estorban, para que se estimen las que son bellas. Digo esto, que Serafina, aunque un hombre no quisiera ser desleal con su amor, he conocido, que es fea; y esto basta solamente, para que dándole penas, viva solo un mes conmigo, y esto ha de hacer, si no es necia. Que tan poco a Serafina estimáis? . . Fuera grosera la elección, que al ver dos flores, la una fea, y la otra bella, que no escogiera la hermosa; que aunque Seráfina tenga mucha hacienda, flor será con espinas, pues es fea. Posible es, que Serafina con cariños no os desvela? No pueden caber desvelos de otro sujeto, si llega vuestro amor a darme vida. Si Seráfina supiera vuestros desvíos? . . Tendría con tan claras evidencias un desengaño, con que no lloraria las penas, que ha de padecer casada. Aquese Zafir no quiera, que yo me yea en tal trance, que en tal desdicha me vea. Qué tarde el criado tanto Me parece será fuerza al vergaros esta noche es estas piezas . . En ellas será fuerza estar; pero antes que Serafina acá venga habré de salir. . Mirad, Adentro de esa pieza misma se miran dos aposentos livididos, cuyas puertas nos darán fácil entrada. Obedezco eso que ordenas. Pues por esa puerta entrad. Entro, pues, querida prenda. Ya, villano, te he entendido. Sois, señora, quien me alienta. Tú quien me quita la vida. Yo he de ser suyo. Qué mientas es preciso, cuando yo no he de ser tu esposa. . . Llevas rendida un alma a tus aras. Pero con mucha dureza. Yo soy fino en adorarte. Yo no en adorarte tierna. Adiós, mi dueño querido. Don Ilerenguer, adiós. Queda el corazón con partirme. Ah tirano, si me vieras. Un volcán de amor me anima. De cólera llevo un etna. JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

Abrí confuso, y turbado, que la Luna con su coche desamparó ya la noche, y quedó todo ofuscado. A las tres en mi interés me dijo viniera (ay Dios!) no sé si serán las dos, que él se enoja a dos por tres. Unas medias me ofreció, y gran parte de dinero, si a tanto amor verdadero le daba acogida yo. Quiera Dios, en tal tragedia, que haya el cuidado logrado, porque sino, mi cuidado, ni tendrá blanca, ni media. Mi autoridad poco franca se mostro en caso tan fiero, porque quien siendo tercero se va tras la calza blanca? Pero el viento con cautela la luz me apaga en mi empeño, esto es verdad, que no sueño, que esta noche tengo vela. Vive Dios, que aquesto ordena, o mi desdicha ui desaire; pero que a mi cosas de aire puedan darme tanta pena! Para mi es pesada Cruz apagarle en tal dolor, que aunque lego, a mi señor bien podría darle luz. Yo aquestas piezas ignoro, sin luz andaré turbado: señores, quien me ha empeñado en padecer tal deldoro? Con rústicas enterezas no sé si sin luz sabré salir de estas piezas, que solo sé andar por mis piezas. Ya tentando con concierto hallé por do entré la puerta; quien la nombra así no acierta, que no es puerta, si no puerto. En nuestro cuarto quedo con una vela encendida una bugia, acogida sea, si no se apagó. Abierta la puerta quede, pues con estrecha esperanza, poca será la tardanza en quien volver luego puede. De mil celos abralada, confusa en tanto pesar, de aquí he venido a sacar a Don Berenguer turbada. Pero la puerta está abierta, y en dolor no poco grave en la cerraja la llave se mira, mi pena es cierta. A grande pesar me arriesgo, mas obre yo, calle el labio, celos tengo en tanto agravio, MATAR POR 1a mujer soy, no temo el riesgo. Llamar a Don Berenguer desde esta parte conviene, grande es el valor que tiene con celos una mujer. Todo ha sido confusión después que de aquí salí, ni aquella vela encendí, por no hallar mi ciega acción el cuarto, que no veía, ya cayendo, y tropezando, y con andar yo tentando también era el que caía, Llamarlo quiero en mi empeño: Don Berenguer, dueño. . Enseña. esta que debe ser dueña, pues aquel que busca es dueño. Pero ya anto sesiego, pisando con etos pasos se viene a mí. . Estos acasos son muy buenos para un ciego. Acaso Don Berenguer de Centellas sois? . No entiendo lo mismo que estáis diciendo, vestiglo, monstruo, o mujer, pues mirando esta cautela prodríáis formar querellas, de que siendo yo Centellas trujera muerta esta vela. Parad ya, que sois idiota. Yo, que sois hembra reparo, porque yo siempre que paro encuentro con una sota. Aa juzgado, es cosa llana, que soy Juana, bien lo infiero, Sabrá mi amor verdadero en aquesta otasión Juana. Aqueste hombre no me deja, y procurará mi fin. Adviertar que soy Mastín, si ella peca en ser obeja. Ya he conocido mi yerro. Si acaso llevarme quiere, aunque pagada saliere llevará un famoso perro. Acaso quien soy yo duda? La voz no mude cuando habla, que aunque la ficción etabla, habla muy bien, aunque muda. Qué pueda un lego criado loco, ciego pretender lo que puede engrandecer a su amo en tal cuidado! No conece en tal sosiego quien soy en mi inclinación, porque en tal declinación yo soy amo, con ser lego. Y advierta, que la fe mía le estima, y no se le encubre, y cuando así se descubre, le hace a vusted cortelía. Este, Juanilla, es mi amor, qué me respondes cuitada? Respondo, que soy honrada, y no con perdido honor. Conmigo te has conformado, que soy Mastín, y es sabido, que este no busca perdido, porque vive con ganado. Ya me cansa la ficción, que aunque la miro forzosa, es molesta, y ensadosa, no siendo de corazón; y pues Don Berenguerno salió, cuando lo llamé, salir me importa, porque no entienda lo que pasó. Una vez, que en su metal de mujer parece, oí, y según reconocí; es de Matilde en tal mal: qué así Mastín me engañase! qué a sacarme no viniese. Sin duda debe ser ese Don Berenguer, mas verase en lo que intenta constante para salir de aquí en fin. Matilde, Isbella, Mastín. Aqueste duende es vergante. Es Don Berenguer? . . Yo soy, es Matilde? . Esa he de ser, que más que amante mujer, libertad de quí te doy, sigue constante mis pasos. Seguirte ya determino. Oh si tu fueras tan fino! No se excusan los acasos. Qué aquí a casarte has venido? Qué aqueso hayas sespechado. Qué así pagues mi cuidado! Qué juzgues que yo te olvido. No sé cuál es más constante. No sé cuál es más mudable. No sé cuál es más estable. No sé cuál es más amante. Yo te sigo, y tú me dejas. Yo, aunque me alejo, te sigo, Yo suspendo mi castigo. Yo estoy oyendo quejas. Sígueme, que te conviene, Aporque la que aquí quedó fue Serafina. . . Ignoré el alma el dolor que tiene. Qué Seráfinmes a quien loco descubrí mi pecho! Eso la cautela ha hecho, pero atajaraslo bien, pues puedes salir de aquí sin que te vea su fuego. Vive Dios, que no sosiego después que lo conocí. Con seguirme está burlada. Pues seguirte solo intento. Celos hay con sufrimiento. Quede la puerta cerrada. No parece mi señor en toda esta pieza, y puesto que sacarlo no es posible, por la causa que refiero, quiero burlarme de Juana, cuando yo no la pretendo para esposa, que es muy pobre, y ahora en aquestos tiempos, no son buenas las pobretas, porque las hace el dinero andar arrastradas siempre, y padecen los efectos en sus maridos las testas; con que saco por muy cierto, que aquestos tienen demás, lo que aquellas traen de menos, No desdice de mi oficio el hacer esto que intento, pues le sirvo a mi señor en los lances de tercero. Cerraré la puerta, y Juana quedará a mi industria dentro, pues con aquesto un pesar con su ama le granjeo. Y es cosa sabida, y cierta, aunque la pongo en gran riesgo, que solo para encerrar suelen servir los cabestros, Voyme a la puerta llegando, ya con mis manos la tiento; pero qué es esto? yo soy el cerrado como hay huertos. Seráfina ha de enojarse si llega a saber aquesto; vive Dios, que me abrirá, si ella sabe que estoy dentro. Pero qué he de hacer aquí sin luz, con pena, y suspenso? lo mejor será rezar, pues se sabe, que no veo. La picarilla de Juana fue de aquesto el instrumento, y al salirle por un lado me engañó de medio a medio, Ella es gentil sabandija; aún con verlo no lo creo; que ahí le quesen las llaves saliendo honrada del riesgo, Pues ha poco que salió, no debe estar ella lejos, que pues parece esto limbo, ella estará en el infierno. Dar golpes quiero en la puerta, porque en oyéndolos, pienso, que vendrá luego a sacarme vestida ya con vaquero. Yo de dar golpes me empacho? yo en tan leve riesgo temo? pues solo suelo empacharme, cuando me ven comer huevos, A Juanilla, a socarrona, abreme esta puerta luego, porque la haré mil pedazos, lino me abres, vive el Cielo, Ábreme luego, por Dios, no quieras ya que juguemos, pero tú quieres jugar, por ser entrambos terceros. Aunque de la Aurora hermosa el diamantino bosquejo aún no dibuja los aires con el buril de su aliento; inquieto Don Berenguer, o mal hallado, o grosero, o no sé porque ocasión altera este cuarto, temo que ha conecido mi industria, pues procuran sus anhel os salir de aquí, triste pena MATAR suelen ser siempre los celos. Ah de conocer que soy la que al saber sus intentos lo tuvo aquí aquesta noche a pesar de sus desvelos. Abre, Juana, aquesta puerta; qué no te muevan mis ruegos? pues cuando de aquí saliere te he de moler cuantos huesos tuvieres en tu persona. Que pueda llegar a esto un hombre honrado, por una mujer baja. . Vive el Cielo, que por vil mujer me tiene. Abre, Juana. . Yo me llego Si no me engaño, otro duende se apareció; que en aquesto me pusiera Ser afina! y que al ser lego mi ingenio no pueda hacer un conjuro, porque según lo que temo, los duendes son unos diablos, y se burlan de los legos. De su criado la voz finge, según estoy viendo. Qué apacible es este duende, que es bien mirado confieso, pues otro, al verme Mastín, me daría pan de perro. Fingido, traidor, aleve, ingrato, mal caballero, que con un despego pagas el crecido amor que tengo, En mí el despego no cabe, que no estuve en mis desvelos, ni pagado, ni pegado, y así no tengo despego. Bien lo creo yo, tirano. No creo lo que estoy viendo; yo juzgué, que Juana había cerrado la puerta, y veo, que aquí en la pieza quedó, aunque la mi rofingiendo de su ama la voz misma, vive Dios, que tiene ingenio, y que si yo no supiera, que estaba Juana aquí dentro, júzgara, que Serafina era la que hablaba. . Necio parecéis en lo que habláis, pues aunque con menosprecio internamente tratéis mi persona. un caballero no ha de decir a su dama lo que está dentro su pecho. Caballero me llamáis? Por caballero os venero. Caballero puedo ser, poro de paso os advierto, que yo en mi vida me armé, las mánoplas aberrezco, el espaldar me da pena, la gola solo la tengo cuando he de coer, y digo, en aquesto que confieso, que de toda la armadura a nada devoción tengo, cuando como de prestado, sino al desdichado pero. Pues que vos lo confesáis, aquesto que estáis diciendo debe ser verdad, mas yo juzgué, que el esmal te regió a vuestra sangre ilustraba, y por aqueso hice empeño de casarme con vos. . Yo confesaros firme quiero el caso al pie de la letra. Pero sois con vos grosero, pues no debéis confesarme aquello que estáis sintiendo. Vos bien podéis ser sentida, mas sabed que yo no siento. Sin seso estáis, según miro, al mirar tantos excesos. Si soy loco, y más lo fuera si tuviera seso, y pruebo mi discurso con decir, que no suelen ser más cuerdos aquellos, a quienes otros les suelen volver el seso. Ya sois loco confirmado. Soy Cristiano, bien lo creo. Cielos, qué desdicha es esta. Aspamientos dejad necios, porque es propio de hilanderas eso de hacer aspamientos. He juzgado, que os burláis, ya balla; aquesto supuesto, mirad, que soy Serafina, y que os estima por dueño el alma, Don Berenguer. No faltaba si no esto, Juana se burla de mí, y pues lo estoy conociendo, darele por su comer, aunque yo me quede hambriento. Acercaos a mí, señor, sed más cortés a mis ruegos, y lino con la violencia haré que me ligáis. . Quedo, que me movéis demaliado, Hay en aqueste empeño es cierto, que parecéis ambiciosa, pues me sacáis de mi puesto. Ea, seguidme, dejad tan cansados delaciertos: sigue Berenguer. . Centellas. Conmigo a la puerta. . Fuego Soy siempre tu dama. . duen Qué es lo que tu buscas? Huevos. Pues tú me haces tiro? . Tir Qué quieres tentarme? . Tien no es Juana, por Dios, aquesta, señores, acudan luego, que está el diablo en esta pieza, y cruel guerra está haciendo duende con fuego, y centellas, con tiro, huevos, y tiento. Obligado del rumor, por los resquicios pequeños de esta puerta he de escuchar en que pararán los ecos de una voz que escuché, ignoro si Serafina está dentro, porque me informó Matildle, que por probarme sus celos se valió de la cautela; qué celos tan poco cuerdos? Ingrato, desconocido a mi amor, poco constante, muy falso, si poco amante, mas tibio, que agradecido: bien fue mi agravio temido, pues al mirar tu rigor, dice a voces mi dolor, que eres cristal transparente, que desamparas la fuente, por platear alguna flor. Viste en Madrid mi retrato, dices, que fue singular, y te vienes a casar: ha qué traidor! ah qué ingrato? favoreciote el recato, admitiote el corazón; pero tu gran sin razón me desprecia: estoy turbada, que una mujer despreciada se queja con gran razón. Qué viste, señor, en mí, para que desazonado no te merezca un cuidado? en qué, señor, te ofendí? porque razón merecí tu desprecio? no dirás, porqué tan esquivo estás? pero culparé a mi estrella, que aunque no me hizo tan bella, llegaré a quererte más. Que soy Seráfina advierte, y que te adoro te advierto, que me matas: aún no acierto a decir mi poca suerte. Tu olvido me da la muerte, deja ya de aborrecerme, empieza a favorecerme, y si quieres acabarme, o la vida me quita con no amarme, o la vida me vuelve con quererme Luego una luz me traed, Mastín, Isbella, Matilde, porque Serásina mancha del casto honor los viriles. Juana, deja la ficción, pues todo aqueso que dices es falso; porque yo nunca de tu rostro los perfiles vi retratados, y así de un retrato los matices, pues no te dan pie, no es bueno el que mientas a pie firme. Eres falso amante siempre. Eres siempre la que fuiste, y no he de decirte más. Ya que eráis un loco dije. Oyes, Juana; estás borracha? a caso juzgan tus chistes, que yo soy niño de teta para tratarme con dijes? Pues mira que si me enfado, haré, que aquesas natices con diez y seis manotadas, que son una más que quince, suenen con trabajo ya, si solían sonar tiple. La llave está en la cerraja, y pues Mastín no me lirve con la luz que le pedí, de Seráfina me obligue el poco recato a entrar, que aunque su mano infelice no me dio con matrimonio, basta saberse, y decirse, que la pretendí yo esposa para dañarme su crimen. La puerta abrición, y puedo sin que me vean salirme, con que haré que sustituya aqueste puesto Matildle, haciendo que venga luego, con lo cual será imposible saberse que he sido yo la que estos engaños hice. Villano, atrevido, saca ese acero, que fulmine rayos, si te has de escapar de mi brazo. . A caso riño vuesa merced, sin tener ocasión que a ello le incite? Pues qué mayor ocasión, que conocer que con viles tratos el honor mancháis, para que después no brille? Pues dígame, soy yo acaso de algún hato de cándiles para mancharle su honor? bien mi lengua la voz finge. Sospechara que Mastín, era aqueste, mas me sirve de desengaño su voz. No quisiera que en tal chiste, con ser amante tan falso, a mí me diera de firme. Villano, la espada saca, traidor, el acero esgrime, que aunque podía matarte con ínfame modo, quise por el valor concederte lo que la ocasión resiste. Mas dígame, viene solo? Solo juzgo que me asiste la justicia de mi parte, y en preguntas tan civiles responda el estoque. . Tente, porque soy Mastín. . . Qué dices? Que no me reconociese: aún con todo lo que oíste? pero juzgo. . . Qué juzgaste? Que no llegaste en tal crimen de justicia acompañado, pues no me reconociste. De Serasina obligada, pues quien la llega a servir debe obedecerla, vengo de hacer supuesto con fin. Ya vengo de ella industriada, para que pueda fingir con Don Berenguer, que soy la que esta noche le di al vergue en aquestas piezas, si amante, y celosa fui. Para que pueda lograr su gusto, señor Don Luis, sígame, que Serafina suele esta pieza asistir lo más del día, y es fácil, pues al venir de Madrid a Don Berenguer no adora. De esta suerte he de rendir de tu señora lo fuerte. Detrás de aqueste tapiz puede ocultarse. . Obedezco, pues me está también a mí, y yo me voy antes que con rubicundo matiz dore a porfía la Aurora ese plateado zafir. Ya con Don Luis de Cardone en ecultarlo cumplí, agradézcalo a un diamante, que bien puede competir con las luces que tachonan ese globo de márfil. Pues cumplí con este empeño, hoy con engaño sutil he de hacerí, que Serafina sepa que este hombre está aquí, diciendo, que le dio entrada por la puerta del jardín Isbella, con que me vengo de un pesar que me hizo a mí esta mujer, y le excuso a Serafina dos mil pesares, que puede darle si la ve a solas Don Luis. No puedes decir qua Juana, porque ha peco que la vi, y es imposible que sea. Pues fuere quién sea, a mí me quiere, adora, y estima, como Sancho a su rocín. Bien tu falsedad se arguye, pues a quien no lo merece, tu amor en mi ofensa huye, y al paso que el mío crece, el tuyo se desminuye. Eres con mi amor tirana, eres con mi fe liviana, soy contigo desdichado, pues tu voluntad ufana la pusiste en un criado. Bien mi cuidado adivina la causa porque me quejo, cuando al ser tan poco fina, a Matilde loco dejo por ti cruel Serafina. Por ti a Matilde aborrezco, por ti la pena merezco, por ti mi desdicha lloro, por ti sufro tal desdoro, cuando en mil pesares crezco, Yo mismo en aquesa parte tus razones escuché, esas pueden condenarte, pues ya llegan a culparte, sabiendo que las noté. No te puedes ya librar, no puedes disimular, no cabe a quí tu disculpa, tu lengua misma te culpa, quién te podrá disculpar? Quédate para tirana, a Matilde buscaré, que tu voluntad, no sana, bien parece de villana, pues tan rústica se ve. Mucho esa mudanza siento, loco tengo el sufrimiento, y en dolor tan repugnante, no constas de entendimiento para ser poco constante. Isbella, Juana, Matilde, traed una luz apriesa. Señor, dejadme salir, que no quiero que me vean los de casa. . . Qué es aquesto? vive el Cielo que era aquella que dio voces Serasina. y que me engañó la idea, haciendo falsa la voz. Eso es cosa manifiesta, pues esta que aquí tenemos es mi dama, y mis quimeras han de tenerla por mía, y ha de ser, quiera, o no quiera. Ya esta bujía te sirve. Ya te sirve esta pavesa. Matilde era, bien se mira. Turbada quedó la lengua. Sin color quedo Matildle. Muy poco cuesta en las tiendas, Si no están ciegos los ojos, sin duda es mi hermana aquella, que acompaña a Serafina; pero es vana mi sospecha, pues ya en el espejo undoso, que bruñe, azota, y platea tanta margen de esmeralda, fue arrojada: grave pena. Don Berenguer, qué es aquesto Matilde, aquestas qué penas? Juana, qué agravios son estos? y estas, qué penas Isbella? Traidores conmigo, bien mis dolores lo muestran, pues sufro celos de un hombre, que no sé bien si me cuesta algún género de amor, y es ya razón manifiesta, que serán celos más vivos los que por capricho empiezan, Así prosanáis mi casa. y así, tu Matilde necia, cuando el Sol está apagado entre mentañas de perlas, con Don Berenguer ofendes mi casto simor? por aquesa antorcha de grana, y oro, lámpara de las esferas, que te haga dos mil pedazos, y en aquesos ya deshecha, te arroje al globo de nieve, de cuya altitud soberbia nunca vuelvas a bajar, por temor de quien mis pedas se venguen de ti otra vez, pues me miro de manera, que imagino que mis celos no te han de perdonar muerta, Y tú, Berenguer altivo, que atrevido menesprecia; del casto honor en las aras mi conocida nobleza. Ya tus engaños conozco, no ignoro ya tus cautelas, y ya sé, temo al decirlo, pero no tema la lengua, el alma lo diga sola, pues es sola la que pena. Ya sé, repito otra vez, que el honor debes a Isbella, que desdichada te sigue, si tu burlada la dejas. Todo. . Señora, qué dices? mira que agravias si piensas. Seráfina, no os entiendo, cuando me culpáis que tema, es justo que son engaños. Isbella engañosa, deja la turbación; y tú, ingrato, tan repetidas cautelas. Ya conocí que es mi hermana, de Julio la piedad necia la perdonó de las ondas, que en plata corren deshechas. ootra pena descubrá, pues Serasna confiesa, que honor le debe este hombre, que aquí miro en mi presencia, a los dos daré la muerte, pues hacen los dos la ofensa. Qué dices, Isbella ingrata? Lance fuerte! ansias estrechas. confesaré que es verdad lo que dice, pues es fuerza, cuando al venir a esta casa me dijo Matilde, hiciera notorio que me debía Don Berenguer (aún no acierta la lengua a hablar) el honor, y pues hizo tal fineza Matilde conmigo entonces razón es que la obedezca. Poco a mí me culpa, viendo, que fue suya la cautela, y si al culparla no es necia. confesará que es verdad, pues de mí tiene advertencia. No es verdad lo que te digo? Aquí mi papel empieza: Pues ya sabes mi dolor, y lo llegaste ya a ver, encubrí rielo es rigor, porque quien nació mujer sabe bien lo que es amor. Allá en la Corte viví, en Barcelona nací, sabe que suy desdichada, que una mujer agraviada lleva mil penas tras sí. Vi a Don Berenguer un día pasar ufano en el prado, pero fue desdicha mía, porque de su bizarría nació para mí un cuidado. Cúpido aseltó sus flechas, poco a mi corazón hechas, que hiriendo con un suspiro, agudas me hicieron tiro, pues a mi vinieron derechas. Por no cansarte mi afán, y por no serte enfadosa mis penas claras están con decirte que es galán, y yo mujer cuidadosa. Su gala es bien conocida, mas mi fortuna fue mala, pues al verlo (fuerte herida. el desenvainó su gala, y luego quedé rendida. Fina le escribí un papel, confesose amante fiel, de amor imprimió el butil, pareciome muy gentil, más después se volvió fiel. Con pensión de enamorada, sin propiedades de roca lo llamé a mi casa honrada, mas quien tan fácil da entrada, o ama mucho, o está loca. Manchó mi honor en tal calma, pronunciarlo me desalma, pero fue muchó rigor querer robarme el honor quien antes me robó el alma. Como me quitó la vida, por huir del corazón, dejó a Madrid mi homicida, mas del que roba es pensión ponerse luego en huida. Yo lo he venido siguiendo, sus sinrazones sintiendo con desdichas por despojos, siendo interpretes los ojos de lo que estoy padeciendo. La sospecha hizo verdad de aquesta engrata la voz, pues cuando estuvo en Madrid, arriesgada, y sin temor, deshonró mi sangre ilustre, ley fue con poca razón, que penda de una mujer, de una sangre el pundonor, Bien se ha conformado Isbella con lo que le advertí yo, con que ahora este cobarde pagará su sinrazón; con esto vengo a ganar, que Serafina en su amor se muestre más tibia. . Ignoro aquesto que pasa, acción es la de Isbella muy mala, por cierto que me engañó al mirarla tan mirlada, no la tendré desde hoy por mujer entera, pues desde hoy conmigo quebró. Mastín, dime, qué es aquesto? Tus pecados son, señor, Isbella lo dice a voces, y pues tú tienes dolor, el pecado es tuyo, aunque Isbella lo confesó. Yo dueño de tal infamia, yo de tal infamia autor, vive Dios, que es fantalía, y a los ojos ilusión, que diga Isbella (ha pesar. cuando tan ajeno estoy, que me obliga tan pesada esa deuda de su honor. Cuando todos lo confiesan con constante afirmación, harán también, que yo siga lo que repite su voz, diciendo, que es deuda suya; mas tú en tan triste dolor destruiras sus fundamentos, si replicares atroz aquesa no es deuda mía, pues fue sin dispensación. Sosístico ellas, cansado. podría decir mejor. porque veo en tal rigor, que todos a ti te cargan, con que por buena llación saco, que estás más cansado, pues menos cargado soy. Mas lo que me da más pena es ver a sus ojos dos Mas causado estarás tú, hechos de aljósar dos fuentes, cuyo de cristal vapor pasa por flechas de plata, siendo su lienzo el arpón. Pero aqueso a perte, dime, pues solo mi corazón estimó a Matilde: acaso cuando esa pieza miro el tacto en sombras envuelta, que un ciego en su confusión del tacto suele hacer ojos a costa de su dolor, estaba Matilde? . Estaba. Hablaba contigo? . Habló. En mi pesar era? . Era. Qué te tiene amor? Amor. Pero cómo será? . Cómo, pues en aquesta ocasión el pero, que es linda fruta, con el como se juntó. Vive Dios, que te dé muerte si con lisonja tu voz me trata, cuando la vida tu vil lengua me quitó. Ya he conocido tu achaque, recipe contra tu amor, y yo sé, que purgarás, si tomas la confección que te ordena mi discurso, que ya sutil conoció, que es tu achaque corrimiento, pues celos tu achaque son. Estoy sin mi al ver aquesto, todo es una confusión. Ya ponerte intento en ella con lo que escucharás: Yo vine a sacarte ella noche puntual como un reloj de esta pieza, en que quedaste amante como un Sansón. ARP mi cuidado no te halló, porque eres malo de hallar, siendo perdido de amor. Di vueltas con más cuidado, que incitaba mi valor lo que me ofreciste, y fue beneficio con pensión. Con lo oscuro de las sombras por aquí miro, allá voy, aquí caigo, allí levanto, aquí doy gracias a Dios. Allí me doy siete golpes, aquí doy un tropezón con un bulto, y luego el tacto conllante lo registro, que es Aduana al faltar la luz de aquese farol. Tentelo como te digo, y luego me pareció de medio abajo mujer, de medio arriba capón. Y no es mucho lo juzgara capón el tacto veloz, pues luego que llegó a mí muy tierno me requebró. de donde inferiyo al punto, este es capón como hay Dios, pues es propio de capones ser tiernos en la ocasión. Mas por no cansarte, digo, y no ser adulador, que aqueste bulto con sayas, este femenil capón, fue Marilde, que engañada, o podrá ser, porque yo le parecí más galán, que hay caprichos en amor, se va tras mi enamorada, todo es decirme, que soy. ídolo de su cariño, ídolo de su afición. Y yo le respondo a esto, viendo que huye con traición, por excusar desahogos, que nunca me consintió: Si soy ídolo, porqué me niegas la adoración? Ella me quiere, no hay duda, que desilias tu es mejor, sino quieres quedar mal de amor en tu pretensión. Rendida se me confiesa, no me culpes, porque son la causa mis muchas prendas, que crecidas con primor hacen mi sujeto amable; y así Matilde escogió mi tallazo por su Adonis, y al verme con tal favor, si el Cielo me hizo galán, qué culpa le tengo yo? Al oírte no reposo, un etna el corazón labra, bien estima la palabra, que le di en Madrid de esposo. Si me admitió por marido, y me busca su cuidado, es cierto me ha deshonrado, mi agravio esta conocido. Si el matrimonio es unión del uno, y otro albedrío, conforme el suyo, y el mío, conocida es la traición. Matar a Matilde intento, pues yo mismo conecí en las razones que oí, que apuraba el sufrimiento. No hay que encubrirlo, yo sé, que aquí un hombre has escondido, Estoy, vive Dios, perdido, Señora yo; qué diré? porque en tan grande pesar Matilde puede haber hecho lo que ha entendido su pecho; así lo he de remediar. Traición en mi casa? . No es traición con pecho sano; ese que escondí es mi hermano, porque no lo hiciera yo a no ser hermano mío, tuvo con poca atendencia en la calle una pendencia; y se ocultó aquí, confío que le seréis adalid. No sé lo que me contáis. Porque mejor lo veáis, salid, hermano, salid. Si Saldré a darte la muerte. tiiana Isbella, y no en vano. Detenedlo, que es mi hermano, y yo soy de poca suerte. , Acudo a dirla socorro. porque la siguió alriesgado. . Qué bien lo ha disimusado! Yo a socorrerla no corro, que en lances tan poco lanos, yo no suelo bien librar, a porque llego a sospechar, que son locos los hermanos. Vamos a ver lo que pasa Matilde, que en lo que veo, a ni sé si miente el deseo, ni si es aquesta mi casa. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

Con el ánimo alterado. Todo alterado el sentido. Hasta el campo os he seguido. Al campo os he convocado. Donde juzgo, que arrogante. Dónde pienso, que valiente. Vuestra púrpura caliente. Vuestro pecho palpitante. Estre estoque ha de verter. Aquesta espada ha de abrir, que más allá del morir, os dará, que padecer. Siguiendo vuestras pisadas, por brújula os he sacado, mas según lo que he notado, estáis señalando espadas. No guiándome algún Astro, por el rastro os fui sacando, que mi espada va buscando carne, y vine por el rastro. Vos el honor me quitáis. Vos el honor me debéis. No sé lo que pretendéis. No sé lo que pronunciáis. Componeos ya no hagáis ges dejad esos ademanes, y pues os pintáis galanes, procurad andar compuestos. Vos el honor atrevido debéis a mi hermana Isbella, Vos de Seráfina bella el sagrado habéis rompido. Yo daros debo la muerte, porque miro al corazón libre de esa imputación. De qué modo? De esta suerte. Supongo, que aquella ingrata es mi hermana (pierdo el seso!) para que tenga más peso esta pena que me mata. Sabiendo, que se ocultaba de Serafina en la casa, el alma en penas se abrasa, si antes libre se miraba. Matarla determiné; a Juana rindió un diamante, por lo cual luego al instante para aquesto me oculte. La Juana es dura, y oscura, mas lo que una vez ofrece en su pecho permanece; porque con ser dura, dura. Pero es cosa conocida, que en tan desdichada suerte; no era razón darle muerte, porque no es cosa debida. Cómo ya os confesó el labia oculto para esta acción, ofreciole la ocasión en que vengar este agravio, De aquel retrete salí, a Isbella aleve miré, confieso, que me admiré, cuando arriesgado la vi. De la vaina en mi cuidado saqué el ufano cristal, que de carmín un raudal abriese en su pecho helado, Pero al mirar mi valor con tal determinación, alas le dio el corazón para escapar al dolor. De aquella pieza salió de mis rigores huyendo, ella huyendo, y yo muriendo, ella viva, y muerto yo. Tras ella salí, mas ella, como sabia la casa, quedó en otra pieza; escasa sobre infeliz es mi estrella. Yo mirando mi venganza, sin poderse ejecutar, salí de allí, por estar sin alguna confianza. Viene al puesto, en que me veis, conozco, que me seguis, sé, que a matarme venís, también sé, que nodo haréis. Y no es blasonar ufano, pues viendo el pesado plazo, tengo de Don Luis el brazo, y de Cardona la mano. Con que bien puedo decir en caso tan singular, que no venís a matar, si, que venís a morir. Pues debe mi diestra suerte, de Isbella por el honor, cuando le sobra valor, daros atenta la muerte. A Isbella el honor debéis, a mí me quitáis la vida, y pues fuisteis mi homicida, agraviado me tenéis. La vida os he de quitar, para que a mi acero herido, con pesar tan conocido, no lleguéis de mí a triunfar. Que aunque quedó en mí el honor) con tales infamias muerto, en esta ocasión no es cierto, que quedó muerto el valor. Los dos en el campo eltamos, espadas los dos tenemos, los dos mi infamia sabemos, o muramos, o vivamos. Viviremos, si la estrella acaso os inclina ufana a dar la mano a mi hermana, a ser esposo de Isbella. Moriremos, si con dolo resistieres (grande herida!) pues un honrado, la vida la tiene en el honor solo. Cuando aquí la planta estampo, yo satisfaré a ese cargo. Cuerpo de Dios, habla largo, pues él mismo te da campo. Decir en pesar tan grave, que el honor a Isbella debo, es malicia, que no apruebo, es pena, que no se sabe. Yo jamás a Isbella vi, hasta estar en Barcelona, y si de aqueso blasona, fundamento no le di, porque soy tan Caballero, que si el honor os debiera, duplicado os lo volviera, de que con razón se infiere, que os estaría más bien, que yo mismo fuera quien vuestro honor con mancha hiere, Pues en dolor tan siniestro, cuerdo he llegado a notar, que vendríáis a gariar el que añadiría al vuestro. Y así, es vana presunción, sin que tenga fundamento aquese falso argumento, que me hace vuestra razón. Porque soy quien no se aleja de lo que una vez ofrece, con que a mi fe le parece, queño cabe vuestra queja. Su fundamento es muy grave, sin que en mi sospechas ande, porque esa queja es muy grande, y por aqueso no cabe. No juzguéis, que aquesto es mengua, pues por veros satisfecho, ni otra razón tiene el pecho, ni otras palabras la lengua. Y si en pena tan pesada, rebelde no le creéis, en el campo me tenéis, a mi lado está esta espada. Que con valor, y no extraño, lo mismo defenderá, y podrá ser, que será la defensa en vuestro daño. Que en caso tan imposible, mi lengua, casi neutral, habla como racional, la espada como insensible. Pues en causa tan pesada, de honor lsbella en los remos, no lo dijo con extremos? Eso es por ser extremada. Yo no lo puedo negar, pero puedo responder, que aquello lo llego a hacer, porque lo pudo mandar Seráfina, y sus desvelos, pues cuando yo no reposo, pudo a mí, como a su esposo, darme con aqueso celos. Demás, que si sois Cardana, pues no miro efectuado mi casamiento, y cuidado con Seráfina, perdona mi liberal pecho ufano lo que me habéis imputado, hoy me habéis de ver casado dándole a Isbella la mano. Son deseos muy atentos. Esto es cumplir, y decir. Mejor te fuera cumplir con los santos Mandamientos. Pero mi palabra empeño en lance, que es tan costoso, dejando de ser esposo de Serafina. Esto es sueño. Para lo cual, pues sabéis, que tengo firme empeñado un amoroso cuidado, importa que lo estorbéis. Hombre del diablo, qué haces? también a Isbella pretendes? Advierte, que no me entiendes. Con eso no satisfaces, pues que puedes responder. En tan funesto dolor te hago mi Procurador. Yo nísica tuve poder. Por tu parte con gran arte me podrás tu disculpar, sino me llego a casar. Yo en eso no tengo parte, A estorbarlo me acomodo, pero de que modo no sé. Si eso falta, yo daré con que lo estorbéis el modo. Que os introduzcáis importa en casa de Serafina, pues se rinde la más fina a la larga, o a la corta. Cuando a esta Ciudad venimos, en la casa de posadas las dos maletas liadas dejamos, que ambos trujimos, Siguiendo aquestas recetas de ellas habemos de usar, porque son para engañar muy buenas, aunque maletas. Cuando tanto logro aguardo, te has de desnudar de espacio el vestido de Palacio, porque has de salir de pardo. Vestido, pues, como espero, pobremente, y sin afán, con talle de ganapan, y espaldas de esportillero. Las dos maletas mezquino llevarás pobre, y rasgado, porque allá yo te haré lado, que soy hombre muy ladino. En mil finezas deshecho de amor, le dirás tus lazos, porque al ir con mil pedazos, bien descubrirás tu pecho. Diras entonces tu acción, y que tu amor señalado para hablarla te ha buscado aquel traje de guitón; que hay de amor en la destreza Dama de tal jerarquía, que alguna guitonería la pasa por gran fineza. Tu buen dictamen apruebo, Tus buenos discursos sigo. Haced, pues, eso que os digo, cuando al peligro me muevo. Pero temo. Pero dudo. Qué lugar me faltará. Que allá lugar no tendrá, Para hablarla. Estarse mudo. No llegues pena a tener, que si tu fineza huele, hará ella como suele hacer cualquiera mujer, Este lance singular a mi ingenio corresponde; así tú te mires Conde, como has de tener lugar. Pues a ejecutarlo vamos. Pues a lograrlo lleguemos, Ojalá, que lo logremos como los dos esperamos. Luego a mudarte vestido vamos con fingida llama, y podrás hoy tener sama, sin que seas conocido. Yo un vestido, si lo hallamos, te buscaré en mis cuidados, porque es propio de criados vestir todos a sus amos; y siguiendo mi consejo, raído te ajustará, que aunque eres joven, será bueno un vestido de viejo. Con esto librarme intento de casar con Serafina, que aunque se mostró muy fina, la aborrece el sentimiento. Salios todas allá fuera, Isbella conmigo quede: mucho es, Cielos, lo que puede una pasión verdadera. Decid lo que me mandáis, con ella quedo temblando. Alguien nos está escuchando? No señora, sola estáis. Ahora en pesar tan llano, decidme con entereza, si el que salió de esta pieza era acaso vuestro hermano. Pero en pesar tan molesto, y en tan crecido cuidado, porqué lo habéis preguntado? Lo he preguntado por esto. En aquel susto que tuve, A Matildle, que mi suerte siempre constante adoró, pues ya tibia me ofendió, mi acero le dará muerte. Mi esposa prometió ser, yo prometí ser su esposo, y en lance, que es tan penoso, me miró Don Berenguer de Centellas: a qué aguardo? pues de honor en la atención, si se castiga el borrón, se castigará intentarlo? Ven en penas tan inquietas. Sigamos este destino. Y allá iremos de camino, s pues llevaremos maletas. fue justo, labella, morir, porque lo miré salir muy galán de aquella nuve: Un rato sin vida estuve, y con esperanza incierta, sola mi muerte fue cierta, en cuyo fuerte rigor dije yo: grande es mi amor, pues dura estando yo muerta. Mirelo muy arriesgado de honor en los ademanes, porque sobre ser malanes, no parece mal lo honrado. Quedo el corazón turbado, las potencias con olvido, que es grande amor es sabido, pues siéndolo el que se siente, que es mayor es cosa urgente el que deja sin sentido. Rendida aquí me dejó, ya Isbella, lo confesé; y así, dígame tu fe lo que mi amor preguntó: Tenga el desengaño yo, no me seas engañosa, cuando el alma no reposa, porque al mirar mi rigor, soy mujer, y con amor; soy mujer, y soy celosa. Mientras con aquel engaño no vienen, he de escuchar lo que llegan a tratar, por si acaso es en mi daño. Serasina con Isbella esta muy quejosa hablando, estarelas escuchando, pues me ha traído mi estrella. De tu duda he de sacarte. Pues yo intento atenta oírte. Quiero un daño prevenirte. Y yo también escucharte. Un engaño fingiré con que me libre. Ya escucho. Con tres mil pesares lucho. Mi dicha, o muerte sabré. Aquel hombre, que escondido estuvo en pesar tan fuerte, l no es mi amante (triste suerte. lo que dige es conocido. De Matilde amante es, ella misma lo escondió, mas siendo su amiga yo, como ya notaste, y ves, que forzoso a ley de amiga el fingir que era mi hermano, Aporque era lance inhumano no hacerlo; y así castiga este honrado fingimiento, que hice amiga siempre firma, Esto mi pena confirme, esto apure el sastimiento, que Matilde con Don Luis también somentó mi agravio. así lo confiesa el labio, así dolor lo advertís. Slatarela, vive el Cielo, su muerte ya no se excusa. porque pena tan confusa incita más el desvelo. Esto supuesto, bien puedes quererlo firme, y amarlo. Vive Dios, que he de matario, esto es ser, en fin, mujeres. A quererlo me acomodo, porque es galán, y entendido, demás, que ya he conocido en Don Berenguer mal modo, con que descortés me incita a no quererlo constante. Ah mujer falsa! Ah inconstinte! el rigor se precipita. Pues con eso que dijiste en mal hallado sosiego, del que era ya muerto fuego las cenizas encendiste. Retirarme ya pretendo, porque Don Luis, y Mastín, para el pretendido fin van a este puesto viniendo. Descargue aquí sus maletas, y ceso a su cansancio. Por Dios, que estaba más lejos de lo que me dijo. Honrado, por todas aquesas cuipas ya le he dado ese descargo. Solo que me pague falta, Aquí espere, que ya salgo, y le sacaré un zoquete de pan. Por eso no paso, pues no es suficiente paga. La razón ella dictando, que es la paga a su medidia. De qué modo diga? A caso nio es vergante ganapan? pues si es ganapan, hermano, ganara más que un zoquere? Que pagáis imal he mirado, Si acaso no le contenta el zoquete que le mando, otra paga he de traerle, porque no diga en el rastro, que sobre hacerme merced le he dado después mal pago. Sin que Serahna noto, que de aquesta parte falto, he de salirme, obligada del temor que me ha causado este hombre de las maletas, pues en cuerpo, cara, y manos tanto a Don Luis le porece, d que el pasado sobresalto me hacé creer, que es el mismo, y que ya me esta amagando. . Ya, señora Serafina, solos habemos quedado, yo amante, y vos sin noticia, pero confiéselo el labio, que es corazón a la vista, pues que lo tocan las manos. Qué es esto que me sucede? libella Juana criados. Neros alieréis bien que adoro, mirad que rendido tanto me tenéis. Cómo tardáis? que suis un hombre ordinario no advertís? No conocéis el ardid que fino ha usado mi amor para veros? Cómo? Atenta, pues, escuchadlo: Yo NATCR POR Yo soy Don Luis de Cardona, que del amor obligado que os tuve, siempre he querido usar de este traje extraño para veros, no por otro, que me tiene tan pagado vuestra hermosura, que estimo mas aqueste breve rato, que la dicha más crecida, que el más soberano aplauso, Supe, pues, que las maletas, que me entrego ese criado habían de tener puerto en vuestra casa: yo acaso esto supe, con lo cual de mi traje despojado este ordinario vestido me puse, que no fue male para veros, dueño mío, crecido bien que idolatro. en aquel lugar que ocupan muchos hombres ordinarios, que viven de aqueste oficio me puse, que un traje extraño, aunque los rostros no mude, hace variar el reparo, Las maletas truje, en fin, no fue mi venida en vano, pues logrando estoy la dicha, que tuve amante de hablaros, Medid con aquesta acción mi amor, su prisión, sus lazos, que si lo medis con ella, conoceréis, que es milagro de mi voluntad crecida, del templo de Venus sacro. Qué sois Don Luis de Cardonad: Ya mi voz lo ha confesado, y os quiero advertir también, que no llego a ser hermano de aquella criada vuestra. que aquel fingimiento usaron mis repetidos discursos, por no manchar el recato, que se debe a vuestra sangre, y también fue por si acaso culpabáis a Juana entonces, por cuya causa llegaron oculto en aquesa pieza mis finezas a miraros. Pues señor Don Luis, qué dicha? que me veáis muy de espacio dispongo, pero esperad, que Don Berenguer ha entrado, que constante me pretende para esposa. Ya en el campo quedo rendido el traidor, que contra Isbella amagando el estoque quiso herirla. Qué es lo que pronuncia el labio? Don Luis lo escucha, y no puedo con acciones estorbarlo. Parece mal lo que habláis, que el que se mira hombre honrado no alaba cuando se alaba, pues el estilo trocando se vitupera. No entiendo lo que decís. He notado, que confiesa vuestra lengua, que el valor dejo en el campo rendido a un hombre, bien creo, que rendido está, mas hallo, que no por vuestro valor, pero si por otro lado. Esto lo dice por mí, cuando esta constante amando. Qué esportillero es aqueste? como hombre tan ordinario se atreve a entrar a esta pieza? La culpa tiene el criado, que me hace esperar aquí sin pagarme mi trabajo por las maletas que truje. Muy bien hacéis, esperadlo. Que bien Don Luis lo disfrazas pero de eso no me espanto, porque el amor sabe mucho, cuando no está aprisionado con la falsedad. Yo vengo con dolor de un sobresalto a que me hagáis un favor. Que habléis solamente aguardo. Hoy he recibido un pliego de Don Baltasar mi hermano, donde dice, importa mucho por ciertos extraordinarios intereses, que me parta luego a Madrid, mal logrado afecto, siendo tan grande, como mienten mis halagos. Mas con verdad os prometo, que vuelva a daros la mano con muy poca dilación, porque sobre ir violentado por vos, vivo como suele vivir el dorado rayo por la antorcha que le arroja, la Estrella por el Sol claso, las plantas por el cristal, y por las flores los campos. Para esto vengo a pediros vuestra licencia, que aguardo para partirme, pues pende del imperio soberano de vuestro albedrío el mío. Si no podéis excusarlo, partios luego, si es parece. Con eso me deja campo para que pueda a Don Luis, sin ningunos embarazos, decirle lo que lo estiman mis finezas. Pues si alcanzo vuestra licencia, señora, ya esperando está un caballo, en que he de partir, y aquí quedará Mastín, que es tanto lo veloz de mi viaje, que no permite criado. A Mastín avisaré, que sin ningún embarazo me abra a las doce el pastigo, pues llave sin sobresalto de dos que hay a la cerraja tiene, y es acomodado, por salir a esa calleja. Pues dadme, señor, los brazos. Los vuestros dadme también. Porque con ellos renazco. Porque con ellos me animo. Miento, pues muero a su deño. Miento, pues me dan la muerte. Cuyo veneno mezclado. Cuya ponzoña esparcida. El alma me va quitando. Sin vida me va volviendo Mas suframos. Mas suframos. Adiós Serafina. Adiós. Que aunque miras que me aparto, substitura queda el alma en tu pecho. Y yo igualando aquesas finezas tuyas te sigo como a los rayos suele aquella planta siempre, Ah qué tirana! Ah qué falso! Ya Don Luis quedamos solos. Ya solos los dos quedamos. Yo amante constante siempre. Yo también idolatrando esa deidad. Grande dicha! Pero cemo sin reparo podré veros? Esta noche vendréis con mucho cuidado, que yo haré que ese postigo se os abra luego. Estimando estoy tan grande fineza como hacéis. Piended el labio, porque Mastín viene acá, pero os advierto de paso, que al venir digáis, que sois Don Berenguer. Avisado haré lo que me mandáis. Mas ya llega. Sufro, y callo. Ya, señor Don Ganapan, vengo a traerle la paga, pues vulied conmigo aquí no pierde, si no que gana. Poca esperanza tenía. Que sin esperanza estaba confiesa? Así lo confieso. No son malas ignorancias. Pues por qué, diga? Porqué es Serasina aquesta dama, y estando sola, no es mucho el estar sin esperanza. Págueme, porque ya es hoza, porque alíá mi: camaradas me están esperando. Tome, y ha de ser su paga extraña en cincuenta y cinco piezas. Hire, que en blancas me paga. Pues no lo es de beneficio, por si acaso alía en la plaza a las quínolas jugare? No entiendo aqueso que habla. Pues advierta, que si juega, lleva con eso ventaja, pues se sentará a jugar con cincuenta y cinco blancas. Qué bien lo finge Don Luis. Que bien aquesto se entabla. Hermeno, bien podéis iros: y tu Mastín haz que salga juma luego. Por servirte he de hacer que salga Juana. De Juana valerme quiero, para que en pena tan cierta a Don Luis abla la puerta, cuando de amor vivo, y muero Vivo por la confianza de verlo en tanto rigor, que hay también algún amor, que vive con la esperanza. Muero en tan crecido ampleo, y es bien que mi amor se avive, porque hay amor que no vive ino cumplido el deseo. así, en tan fuerte dolor, y en lente tan singular, se habrá venido a forma: de dos especies mi amor. Con que por razón infiero, ccano muy claro se ve, por tantos efectos, que muero, y vivo, vijo, y muero. n. De Mastín vengo avilada, di lo que quieres decirme. p Un engaño he de fingirme, Siempre he de ser tu criada. Hoy fingió Don Belenguer por ciertas causas que tiene, que decirte no conviene, irle a Madrid, y volver esta noche determina, y así, te quiero advertir, que en esto me has de servir como criada más sina. Tú a Don Beiénguer la puerta has de abrir de ese postigo, que sola has de ser testigo de lo que mi amor concierta. El volverá a media noche, y pues viene ya la Luna desde su bruñida cuña en su crilial ino coche, ten cuidado, puea porfía con la sombra el arrebol lucido efecto del Sol, señal de que falta el día, Con aquesto se disfraza, que es Don Luis a quien espero. Con razón servirte quiero. No ha lido mala la traza, en tu cuidado me fío. Muy bien puedes confiar. Aquesto solo es amar. Y este es solo pesar mío. Ya que la esclava del día predomina en las esferas, digo la noche, pues es a los ojos siempre negra. He de esperar obediente a que Don Berenguer venga, porque tengo impresa ya su bien fingida cautela, que ya la sabra cualquiera, pues que ya se mira impresa. Finalmente, el postiguillo es este, por cuya puerta ha de entrar Don Berenguer, cia e no p el apartarme de aquí; y así por esta ladera pasearme intento un peco, porque la llave me muestra, que es muy bueno para abrir, dar primero algunas vueltas. Que a esto el amor los obligue! qué intente tantas quinieras! y dirán después, que sufren del tiempo las inclemencias! Por bien puesto doy el frío, como sea por mi prenda, no me hace daño la escarcha; y concluyen sus atengas, con decir: bien lo merece, mis perras doy por bien puestas, esto es pensión del amar, yo digo, que es de la tierra. Las dece no tardarán, porque ha dos horas y media, que estoy en aqueste puesto, y juzgo con advertencia, que ha de querer el reloj luego ponerse en docena, Mas ya los golpesme avisan, que en aqueste intlante llega mi señor, a que le abra: pango la llave, doy vueltas, ello es hecho, abierta está: es Don Berenguer? Cautelas me valgan de Serafina: pues quien con tanta licencia venir podía a estas horas? Alguna tuerta hechicera, que untado todo su cuerpo, desde los pies a cabeza, viniese a hechizarte aquí; pues les importa a las tuertas el tomar de ojo en los otros, por si pueden dar en brechas. Eres Mastín? Sí señor. Es mucho que se valiera Serásina de Mastín, aparta: me del es fuerza, para hablar con Serafna, porque no es bueno, que entienda, que yo a Maltín le público lo que me pasa con ella. Qué es lo que ahora pretendes? Que a nuestro cuarto te vuelvas, porque me importa quedar a mí solo en esta pieza. Obedézcote gustoso, que el sueño de tal manera me maltrata, que yo pienso, que su magnitud soberbia dará, si acrso piosigue con sus invasiones necias, conmigo en alguna cama. Pues vete, Mallín, apriesa. Advierte, que aunque me voy, tú con la vaya te quedas. Obedecí a Serafina, porque vine a la hora misma en que me dijo a buscarla: voy por todas estas piezas, que puede ser, que me espere amante en alguna de ellas, Desde el balcón eminente, cuya dorada eminencia es carroza de los aires, y pabellón de la tierra, he visto llegar un hombre del postiguillo a la puerta, y por si es Don Belenguer vengo, porque una tercera ha de procurar hacer de su oficio las agencias con gran secreto; y sin ruido; y si Don Belenguer llega a dar golpes, esos golpes me los da a mí la conciencia. Ya con la puerta he topado, ya la llave está en la trena, ya vuelve, porque esta untada, que hasta las llaves nos muestran, que untándolas favorecen, no hay que temer, que se tuerza. Abrí ya, loado Dios: Don Berenguer de Centellas eres, señor? Soy el mismo; mas dime, aquesta cautela de volver yo, Serafina acaso llego a entenderla. Cómo puedes dudar eso, si te abrí yo aquesta puertu, por decírmelo ella misma, que firme amante, y muy tierna, sabía, que en esta hora habías de dar la vuelta? Pues cómo, Mastín? Cuá dices? Ya es necesario, que adviertas, que soy Juana, y no Mallín. Es causa la inadvertencia, Juana, de yerro tan grande. En esta parte me deja, porque me importa quedar. Ya te sirve mi obediencia, avisaré a Serafina, para que gustosa venga. Mastín me aviso al partir, que Seráfina dispuesta estaba para querer a Don Luis (liviandad necia!) y que esta noche intentaba, más arrojada, que cuerda, que se le diese aquí entrada, por si acaso lo que intenta se pone en ejecución, hasta que la antorcha bella salpique flores, y campos con tantas doradas hebras, he de estarme en este puesto, que después que su madeja peine el Sol sobre la nieve de tanta plateada sierra, será fácil retirarme a mi cuarto, pues se alberga en él Mastín. En la casa no dejé parte pequeña, que no anduviese, y en toda solo un silencio se muestra, sin que a Seráfina oyese único fin de mi pena. Un hombre se llega acá, pero fuere aquel que sea, no he de hablar. Aquí esperarla es de mayor conveniencia. Este sin duda es Don Luis, no me conviene, que sepa, C que yo estoy en esta parte, porque aquesta estratagema me dirá tantos engaños Qué a Don Berenguer abriste? El talle, la voz, las señas, el ser alto, el pisar quedo, las preguntas, las respuestas, y el venir enamorado, me signisicaron, que era Don Berenguer al que abrí: aquí quedo en esta pieza, llega tú misma a mirarlo, porque si soy tu tercera, no cumpliré con mi oficio, si sola ahora no quedas. Sin ojos el amor ve, buscar a Don Luis es fuerza, porque si estoy con amor, estoy ciega, y no estoy ciega; pero en esta parte eltá. Señor Don Luis? Sois mi prenda? Soy quien os ama. Qué es esto? bien mis pesares empiezan. En busca de Serafina por esta parte me llevan mis cuidados; mas qué miro! que es un hombre, por las señas del tacto me ha parecido, y porque quien soy no advierta, que soy Matilde diré, Sois vos quién me adora tierna? Don Berenguer es, bien hujo. Responded, que esa tibieza grande esquivez me señala. Matilde soy en tal deuda, y pues tenéis las premisas, fácil es la consecuencia. Qué sois Matilde? Es verdad. Pues puedo por esa puerta salir fácismente ahora, la ocasión misma me alienta para que vengue mi agravio, porque quedando aquí muerta, quien sabrá, que la maré? Que no digáis en tal pena quién sois? pues puedo juzgar, que alguna criada llega a burlarme de ese modo. Fingiré, que soy Isbella, porque con eso consigo dos desengaños, pues prueba esta ficción, que me ama, y si es hermano de aquesta. Sacadme de aquestas dudas, Pues porque salgáis ya de esas sospechas, que os dan pesar, soy labella, aunque más tierna, pues con el amor de hermana, es muy conforme, que venza a Seráfina; con esto, si es su hermano sabré. Necia, Isbella, su muerte busca; pues esa puerta está abierta, quitarle la vida intento, cuando ella misma confiesa, que es mi hermana, no hay amor, que de honor en tal empresa, baste a detenerme; no de Seráfina finezas me detengan, a mi espada aquesta tirana muera. Qué tibio estáis! Qué remiso! Con esta daga sangrienta. Con este puñal bruñido. Quedará llana mi afrenta. Quedará muerta Matilde. Decid, qué mudanza es esa? como no habláis a Matilde? Cómo no habláis con Isbella? Ya te responde mi acero, que para el honor es lengua. Ya este puñal te responde, que es lengua para mi afrenta. Qué me matan, Cielos santos! Cielos santos, que soy muerta! Ya ejecuté mi venganza. Validme va la cautela. Juana amiga. Juana amiga. Por aquella parte sueñan de su voz los tristes ecos. De sus alteradas quejas los ecos escucho allí. Que soy Isbella advirtieras. Por aqueso te doy muerte, hasta las paredes mismas me dicen, que esta es mi hermana, pues las respuestas alternan, cuando la voz de esta aleve, ni se mueve, ni se queja. La puerta buscar me importa. Buscar me importa la puerta. La turbación me detiene. La turbación no me deja hallarla para salir. Mas la luz de una pavesa. Pero la luz de una antorcha. Hacia esta parte se acerca. Acá dentro se encamina. Si yo esconderme pudiera. Si yo ocultarme alcanzara, Pero sea lo que sea, en esta parte contraria he de dar menos sospechas. Retirarme es lo mejor a la parte contrapuesta. Cuerpos mudos, que calláis con señas tan manifieltas del insulto más crecido, que ha visto la edad soberbia. No se suspenda Matilde de cosas que son tan legas, porque si son cuerpos muertos nacen bien de estar con señas. Oh soy yo muerto, o Matilde. O muero yo, o vive sibella. Dos cuerpos muertos se miran. Dos cuerpos muertos nos cercan. A Isbella mató mi acero. Con mí daga dejé muerta a Serafino. Cuidados, disimulad tantas penas. Pesares, sufrid, sufrid, pues el honor se sosiega. Ya, señor Don Luis, quedaron por nuestras puntas sangrientas vengados nuestros agravios, aunque no sé, en tal tragedia, si vos mi agravio vengasteis, o si yo vengué mi queja. Seráfina me agraviaba, pues aquel hombre, que llega a pretender por esposa V a cualquier mujer, es fuero que sean para este agravios, las que son para ella afrenter El padre de Serafina, que viene ya de Valencia E he sospechado, y así, a, antes que aqueste se vea en Barcelona, partamos a Madrid. . . En tantas penas seguirte escojo, antes que Don Pedro de Cuzman venga, que es padre de Serafina. Y Matilde en tales pruebas nos siga, que allá en Madrid, con una lucidarenta la he de poner Religiosa. La que no obedezca, es necia, a vista de tal estrago. Las damas quedan muy buenas, ahora decir podrían, que con grande amor se quedan, pues dirían con verdad, que quedan entrambas muertas. Vamor antes que el Sol salga. Vamos antes que amanezca. Vamos antes que esto miren. Vamos antes que se sepa. Yo también ligo, Mastín. En esa primera Aldea alquilaremos seis Mulas, hasta Madrid. Y a mi tenga la Cmedia sin dichoso, y lo Mosqueteros sepan, que empezamos la jornada, aunque acaba la Comedia,