Texto digital

Texto digital de Más valiera callarlo que no decirlo

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Jerónimo de Villaizán
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más valiera callarlo que no decirlo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-valiera-callarlo-que-no-decirlo.

Logo BICUVE

MÁS VALIERA CALLARLO QUE NO DECIRLO

JORNADA PRIMERA

On Juan mi bien, ay de mí! pero ya mortal estoy. Vos suspiráis Leonor mía? vos llorando, y vivo yo! vos suspensa, y yo con vida; yo viviendo, y triste vos! amor no sabrá que es esto? señora sépalo amor. Faltar luz a las estrellas, faltar su esplendor al Sol, faltar móvil a la esfera, a los dos Polos su unión faltarle cristal al mar, al alba blando sudor, al alpe rizos de plata; y es señor en conclusión una división de un alma haber de quedar sin vos. Esto a llorar os obliga? dejad el llanto, Leonor dejad de llorar si quiera quien a morir no acertó. No habéis visto riza nieve, que en el pomo de una flor. siendo compuesto de aljosar es perfumador del Sol? Que al mirarle tan ardiente en zafiros le vertió, y le inquietó luego en yugo le irritó luego en vapor. Hasta que una nuve sombra de la celeste región, para tributar en llanto hidrópica le bebió. Pues como con esta nueva en mi pecho se formó todo un Moncayo de nieve, y vos solo mi sol sois. Tan allá os entráis del alma cuando mirando os estoy, que es bastante a que la nieve pierda de su duración. y pensando que ya os vais toda junta se asomó en lágrimas por los ojos, en suspiros por la voz, a la nube de este lienzo. Será para hacer favor al Sol pues cada diamante, cada lustroso borrón que enjuga a esas dos estrellas, que bebe a esos soles dos, subiéndolas a ser astros entre el luciente escuadrón la grandeza de sus luces hacen sin duda mayor. En fin, qué rigor, qué os vais? Ya señora no me voy. Sí, pero el Duque. . Que Duque, cuando acá en mi corazón vos sola reináis deidad, y es vuestra mi adoración. Es poderoso, y le temo. Vuestro imperio es superior. Y si os pierdo? . Y si os adoro? Que desdicha. . Qué aflición, Estimo en mucho esa vida. Yo también ese favor. Es ley el obedecerle. Preciso es amaros yo. Eso no es quererme bien. Ni eso es tenerme afición. Ser temerario es fineza? Quien ama nunca temíó, Será irritar su poder. Será arriesgar un favor, que los Reyes en las almas no tienen juridición; porque solo se sujetan o a la hermosura, o a diós; solo en las vidas la tienen, y no es conforme a razón que le haga un pesar al alma por excusarme un rigor. No, que si os quitan la vida todo falta, y sobro yo; quedáis sin alma, pues es precifa su división. Y yo que a su cuenta vivo desde que amando os estoy, puesto que os deje la mía en la dulce translación, queda sin vos, y sin mí, todo muere muerto vos. Y an si bien podéis partiros, que no ha de comprar amor la gloria de estaros viendo tan a costa de los dos. Señor. . Qué hay? Que puede haber en quién lacayo nacio? la puta que me pario que era muy buena mujer. Tú a Don Lope has de ir a habla de mi parte, y has de hacer que a las diez me venga a ver para excusarme un pesar. Para que cuando mi amante de la quinta haya llegado él esté desengañado, y yo de un riesgo triunfante. Ese Duque, o esa albarda; que nunca tuvo distinto en la quinta, o en el quinto desesperado te aguarda, Advierte, mira señor. Ya te entiendo. Qué es ya tarde, Ea mi bien, Dios te guarde. Qué desdicha. . Qué dolos No me hablas más? . que tormento No, que a llegar tu partida, como me llevas la vida me va faltando el aliento. No te vayas. . Qué he de hacer Pero vete. . Qué terneza. Dime, ay cielo. . Qué tibieza. Volverasme presto a ver? Aqueso me dices? . Sí. Por qué? . Porque todo ausente pierdo el amor fácilmente. Pluviera a Dios. . Ay de mí. Pluviera a Dios? . Si Leonor; pues en tan confusa calma ni me quedara sin alma, ni supiera que era amor. No me peza de quereros. Ni a mí, señora, de amaros. Y el pluviera a Dios. . Fue (daros ocasión de suspenderos. Dudo. . Para qué dudáis? Temo. . Para qué teméis? Pretendo. . Qué pretendéis? Que presto a verme vengáis. Si el sol al Alba, mi bien. no anticipa su arrebol antes que madrugue el sol. Dios te guarde. . A ti también. Qué cansado lacáyote. Oh, que infernal doncellón. Qué pícaro, picaron. Qué pícara doncellote. El Duque, como dice aunque de paso de Milan no se parte, voy al caso. De casa hubiste apenas hoy salido, y a penas yo, señor hube comido cuado a la puerta que llamaron siento, sálgome a ver quién es de mi aposento abro; y encuentro un hombre; aqueste es su retrato, no te asombre. Era pálido, y frigido el semblante, de barba no flamante, capatos relucientes, los tiros de la espada muy pendientes. muy grande de golilla, muy chica de faldillas la ropilla, concho pero, las manos entrezapa, limpiándose los lodos de la capa, y chico de sombrero. que estas las señas son de un escudero. Atento le escuché, mas no bastaba, tal el buen escudero titubeaba: díjome que decía Isabela, señor, que te quería hablar aquesta tarde, ya anochece, que es peras, que es mur tarde Qué dices? . que nos vamos, que se que nos tardamos. Pues primero un papel a Leonor enviar quiero para verla esta noche, pues que dices que el Duque no se va? Un par de perdices vas a ver que las dos son maravillas, embárgote de entrambas las tetillas. Vamos Martín, que aunque Isabel es bella que a me solo a Leonor dice mi estrella; ité a desengañarla, que es bajeza el traer engañada una belleza. Déjalas, penen, mueran con su engaño hombre estímate mucho, porque este año habrá grande cosecha de mujeres, y nabos, no apetezcas sus placeres; no andes denoche, huye de sus tretas que quedaras sin honra en dos paletas: atranca tus ventanas, y tu puerta: tu onestidad te encargo, y ojo alerta, que anoche una mujer (a tiempo vario) a un barbado sacó por el Vicario. Vuestra algeza aún no ha llegado, y ya se quiere volver. Estoy señora enfadado que no queráis conocer en mis ojos mi cuidado. Pero pues que ya sabéis que de amor gozoso muero, y entenderme no queréis, vrme sin cansaros quiero. Qué entendido que andaréis. . Que cada instante que estáis, como me aguarda mi cielo, mil suspiros me costáis, me debéis más de un desuelo; en fin mi señor qué os vais? Si Isabela, qué he de hacer? No tardar tanto en partiros. . Que en fin no he de merecer que me engañéis mis suspiros? No señor, no puede ser: lisonja es en mí no amaros, porque cuando al alma entréis será preciso enojaros, porque otro en ella hallaréis, y fuera en mi aventuraros, y cuando vos animoso, que puede ser con amor os venzáis Duque gozoso. Yo no me atrevo señor, que es el otro escrupuloso. Ya no lo puedo sufrir. Veis como no soy ingrata? En fin amáis? Se morir. Quiero ignorar quien me mata, Pues yo os lo quiero decir. Yo no lo quiero escuchar; porque sé que os quiero bien; y es querer aventurar que cuando siento un desdén celoso le hagan mirar. El Duque. Don Juan. . Señor, A qué veniste? . a advertir a vuestra alteza. Ay amor. Qué es tarde para partir. Qué desdicha! . Qué rigor! que no me hubiera avisado que el Duque a hablarla venía? Tan prevenido has andado que excedes sin cortesía los límites de criado. Los celos sin duda han sido los que te hicieron entrar tan necio, y tan atrevido: yo te quiero asegurar; turbado estás, y perdido. Isábela ha despreciado mi amor, y mi voluntad; solo estima tu cuidado tanto que a decir verdad, trocara don Juan mi estado por el favor que granjeas, Si el desengaño deseas seguro puedes vivir: ya no me quiero partir a la quinta, porque veas que te ayudo como amigo en no permitir tu ausencia; pero de paso te digo que es tener mucha violencia a un Duque por enemigo. Que aunque no puede su alteza oprimir la voluntad, podrá si a caso tropieza, castigar tú libertad con cortarte la cabeza. Hubo desdicha mayor! Buena ocasión se me ofrece para disuadir su amor, puesto que el alma aborrece todo lo que no es Leonor. Señora el Duque se va, y es forzoso el ir con él; ya veis cuan perdido está por vos; oponerme a él, gran desacierto será. Desde hoy determino. Qué? . No veros, y no cansaros. Eso es matarme. Porqué? . Porque vivo de adoraros. Al Duque he de guardar fe. No, don Juan: que quien bien quiere, nunca violencia temió. Todo el poder lo prefiere. Don Juan no te pierda yo, y venga lo que viniere. . Señor. . Traesme la respuesta? Vamos al punto señor en casa de tu Leonor, Vamos. . Su respuesta es esta, A la luz de este caguan presto la puedes leer; qué dice? Venidme a ver a las once, mi don Juan. Mas lo que te ha pasado me ve contando. . Señor, partí en casa de Leonor; entré dile tu recado. Leyó el papel, respondió, vino el padre, y la Luisilla entró turbada a advertilla con que el sentido perdió. Y por despacharme aprisa abierto me dio el papel: leo lo que dice en él, aquí perezco de risa. A la luz que en la escalera de cierta lampara estaba; y apenas de leer acaba Martín la letra postrera cuando Luisa apresurada la sentí señor, bajar, y que me empezó a llamar. Respondile; y demudada preguntó si sabia leer. Yo negué con prevención, que conocí la intención, y quise el suceso ver. Volví señor a subir, Leonor me quitó el papel, advirtiéndome que en él quería un poco añadir. Volviselo a lo taimado, y ella haciendo que escribía, como con bobo lo había, me dio el que te di cerrado. Lo que el otro no era tarde, decía breve es pardiez; Vení señor a las diez porque importa, Dios os guarde. En estotro dice, ay Dios, que vaya más adesora, y es que aquesa propia hora nos encontramos los dos. Mas ya a su calle has llegado. Pues vete a casa Martín. Voyme, y Dios te de buen fin, y me saque de criado. Vivia yo, yo vivía que ajeno de triunfar de amor glorioso; aunque siempre tenía dentro del alma aquel incendio hermoso; pero quien firme adora, ama, teme, padece, sufre, y llora. Que viva firme amado de la selva un escándalo temido un silguerillo alado, y solo yo no esté correspondido; pero valedme cielos, esto es llegar a adolecer de celos. El cuarto de mi Leonor es este, y esta es la reja: va de seña, que se queja de mi propio amor, mi amor. Pero si mal no prevengo, ruido en la reja he sentido: sin duda la seña ha sido concertada, a tiempo vengo: y pues hace tan oscuro en el zaguán quiero entrarme, en el podré asegurarme, y escuchare más seguro. Sois vos Don Lope? . Yo soy. Pues entraos en el zaguán. Buenos mis sucesos van. Qué dices? . que a abriros voy. Llegole el plazo a mi suerte de gloria tan bien nacida. Llegole el plazo a mi vida de tan impensada muerte; ya abrieron; hay más desuelos? Ya abriero. . oh amor tirano? Quedo, y dándome la mano. Vamos pues. . Ahora celos. Esperaos aquí, que yo voy señor por mi señora. Di por la más bella aurora que de rubí se adorno. Con haber entrado aquí en diversas ocasiones, juzgo que las atenciones ya viven fuera de mí. Pero sino estoy incierto, hacia aquí está el camarín que mira sobre el jardín, ya le topé, y está abierto, Gran dicha ha llegado a ser; pero ya sale Leonor, alto a padecer amor, solo los alcanzo a ver. Muriendo voy poco a poco; que imposible es desde aquí el oirlos ay de mí que he de hacer; pero estoy loco. Que el hombre que es bien nacido si honrado se ha de llamar. basta que pueda mirar su agravio con un sentido. Seáis Don Lope bienvenido. Vos no digo bien hallada, porque el alma alborotada la razón me ha interrumpido: y es que como habéis vivido ella, y vos en un lugar, y el veros me veo afectar con amoroso ardimiento detuvo a un tiempo el aliento, y a un tiempo os voluro a buscar. En conclusión si ofendido de mí está vuestro deseo, si a ese firme galanteo sin cariño he procedido, si vuestras ansias he oído, si os he negado un favor; si ha sido todo rigor, y si el alma no os prefiere, oíd un rato, que quiere daros disculpa mi amor. El nácar en seno breve blanca perla en si atesora del sudor que el alba llora; y aunque aquel aliento bebe, otra vez que el alba llueve no le abriga presumida; que no han de estar con medida ni vistosa majestad en breve capacidad dos perlas con igual vida. Yo pues el nácar imito, bebile al amor sus rayos, sentí amorosos desmayos, y en fin otro dueño admito: y aunque a un tiempo solicito admitir vuestros favores, corresponder sus ardores con un mismo adolescer; señor no pueden caber en un alma dos amores. Pero ruido Luisa siento, esto os querría advertir, y ansí bien os podéis ir; mas si es Don Juan, que tormento; pero porque no encontréis con mi padre, aquesa puerta falsa que está en esa huerta, con esta llave abriréis, i dos presto, o esperad en el jardín. . Qué desuelos? no quiero aguardar más celos pues perdí ya su beldad. Y pues voy desengañado, y no aventuro un favor, quiero excusarme el dolor de mirarme despreciado. . Bien puedes volver en ti, que era tu padre señora, que en su cuarto entraba ahora. Qué dices? . Que esto es ansí. Pues volved. . Será locura sufrir más ansias mi honor, y juzgará que es temor lo que hasta aquí fue cordura. Jesús, difunta he quedado, por dónde entró esta fantasma? hay más prodigioso enredo, hay transformación más rara? Qué así tanto amor se ofende? que así tanto amor se estraga? que así tanto ardor se hiela? que así la nieve se abrasa? que así las almas se mudan? que así el pundonor se guarda? que con tal cautela finjes? que con tal arte se engaña, que eres tú la que me dijo, a falsa Leonor, a ingrata que te engañase la vida con decirte que te amaba? Pues como es finje te mudas, como sirena me matas, como basilisco ofendes, como cocodrilo engañas, importó para tú amor. Di fiera, engañar mis ansias? hizo tu ser más gloriosa, ver que este agravio me mata hizo tus glorias mayores? hacer mayor mi desgracia es primor de la hermosura? el tener quejosa un alma es gala allá en tu opinión el matar con dobles armas es bizarría en lo airoso dar vidas para quitarlas, que en ti lugar tiene el duelo? de mudable, y de liviana, que negarte a ser mujer no te movieron mis ansias? Basten Don Juan, ay de mí, las muertes que me amenazan, tened duelo de una vida que vive quizá de honrada, siquiera hasta disculpar esta duda que os maltrata, y quede mi firme amor con más crédito que alcanza. Pues como aún no estás contenta de causar penas que matan: como puedes disculparte cuando mi desdicha es tanta? que no es duda que entretiene, que no es sospecha que alarga, que no es recelo que inquieta, no es ilusión que desmaya, no es temor que lento hiere, y celos no son que abrasan: sino una injuria que ahoga, un agravio que me acaba. una afrenta sin castigo, una ofensa sin venganza, una infamia que te culpa, una insolencia causada, y en fin ver a otro galán en el cuarto de mi dama. Válgame Dios lo que sufre la que nace desdichada. Mi bien, mi señor Don Juan, ya conozco que la causa de vuestros celos es grande. y se que soy desdichada, Y es tan grande, señor mío, esta penasque me acaba, tantas apariencias tiene de verdad lo que os engaña: Que me pesara, esto es cierto, si por Dios que me pesara, aunque evitara una sola al alma de penas tantas. Que no me hubierais reñido, y loco no os arrojaráis, porque juzgara señor, o cuanto os estima el alma, que era fingido ese amor, o que valor os faltaba. Mas tened mi amor por cierto, debaos esto mi constancia, y pueda más hoy con vos, aunque lo murmure un ansia, una duda que os apruebo que una verdad que os engaña, un temor que os aseguro, un acierto que os ultraja, una ilusión que os abono, que una certidumbre falsa. Que miente cuanto sentís, que lo que veis os engaña, que es ficción lo que lloráis, y que es sombra cuanto os mata, que sois solo el dueño mío, y que solo el alma os ama. , Pero qué ruido es aqueste? escucha mi bien aguarda, llamaron? . Señora sí. Abrid aquí. . Gran desgracial tu hermano señora es. Entrare en aquesa cuadra. Yo esconderme! . Oh pesía a mí eso es buscar la venganza. No, no, máteme tu hermano pues tus injurias me matan. Mi Don Juan, difunta estoy, señor, como cielo tardas en dar la muerte a una vida, tantas repetidas ansias? volvieron a llamar? . Sí. Pues tirano aquí a tus plantas? Abrele Luisa al momento, y muera yo pues lo trazas. De compasivo merescondo: a pecho, cómo te ablandas! Voy a abrir? . Sí, Luisa, ve; si ha visto a Don Juan. Y tu ama? Señor, aún no se ha acostado. Salte allá fuera, cierro: ya he cerrado Enrique ermano tú en mi cuarto ahora a verme, tu señor tan a desora! que es la ocasión, que novedad te obliga? Pídele a mi dolor que te lo diga, que de modo me siento, que le falta ademanes al tormento; que hay penas de tal suerte; que no se explican con la propia muerte. No te entiendo, ay Don Juan, mas ya te entiendo; y poco a poco si me voy muriendo, explícate señor, tú en tanta calma? Able el honor, y calle un poco el alma pues gustas de que diga mi cuidado todo prólogo aquí será cansado, y ansi empiezo si escuchas. Ya te escucho. Mucha es mi pena. Mi tormento es mucho. Sabe; porque primero te mate la congoja que el acero, el dolor que mi golpe ejecutivo, y llegue tarde en mí lo vengativo; que aqueste limpio acero de claveles ha de pintar tus cándidos pinceles; porque a matarte vengo, y escucha ahora la tazón que tengo. Por lómenos ha andado inadvertida que siendo esta alma puerta de su vida, si es menester rompérsela primero como queréis matarla cabellero? A avifarla volvió, que bizarría. (. como vio que mi brío lo sabia, con mataros os quito ese cuidado; que nunca mi valor ha rehusado cuando a tales empeños se abalanza, el hacer más costosa una venganza. qué es esto cielos? ya mi muerte veo. No pudo más cabal a mi deseo (. venirse la ocasión como ha venido, pues, o ha de ser Don Lope su marido o de una misma suerte juntos a entrambos he de dar la muerte. Ya lo he echado a perder según entiendo; no pude más, estábame muriendo: que como la intención primera es rayo previne antes deltrueno mi desmayo De aquella puerta falsa vi partiros y aunque intenté seguiros, anda más el que huye de obligado, con que llegué a perderos de alentado; con gran pena quedé de no alcázaros porque tuve por cierto, el no mataros, Pero pues quiso el cielo evitar a mi amor este desuelo, un riesgo os excusad de cortesano, y si amáis a Leonori dadle la mano, la bizarría admitiré doblada, o no hay más medio que sacar la espada. A Lope vio salir ahora alientos, (. hay más penas, más ansias, mas tormentos que soy el hombre que salió ha pensado: (̱. que he de hacer, más callar que soy honrado que si apretare en que me case ciego, espada tengo, y en el alma fuego; no vengo en el partido que sintiendo penas estoy, que el alma están rompiendo. Pues decid, que aguardamos, que al segundo capítulo no vamos? Enrique hermano, mi Don Juan detente, ola criados, pero nadie siente sino el alma. Jesús. . Cielo que he oído? Muerto soy. . Ay de mí, n perdí el sentido. que con vida he quedado. Claro está que soy siempre desdichado o si salir pudiera. y de mi propia vida me muriera. Ay. Leonor, trance fuerte; no te trocaras muerte, pues que de un mismo modo todo lo siento, y lo padezco todo? Señor, aquí se escuchaba el ruido, ya mi señora. Congojas ahora, ahora esta pena me faltaba. Esta es terrible aflición, si a Don Juan cogen aquí, claro está que le perdí; ánimo, pues, corazón. Valor, valor pecho mío. Gran desdicha. . Hija Leonor. Qué importa si tengo amor? Dad voces, llamad con brío. Aquesto obliga una fe. Aqueste es lance apertado. Mi Don Juan se me ha turbado; pero no tiene de que. Señor, esa daga alzad. Pues dí, qué intentas? Guardaros. Es rigor. . No es si no amaros Es ira. . Qué necedad! Decidme pues qué he de hacer. Sufrir allí retirado, por lo mucho que os he amado. Pues quiéroos obedecer: y advertid. . Seré constante. Seréis firme? . Monte soy. Sin alma, y con vida voy. Esto es solo ser amante. . Puesto que abrir no han querido, echad la puerta en el suelo; averigue su desuelo de una vez todo el sentido. Mas qué es esto? . Estoy turbada muerta estoy. . Oh rigor fiero, tu bibrando limpio acero? tú la color demudada? Tú, Leonor, de aquesta suerte llorosa, y enmudecida? quítame presto la vida, no me dilates la muerte. Acaba, di refiere de que pena, y dolor el alma muare? La dolencia mayor que se ha sentido, la desdicha mayor que se ha admirado, el asombro mayor que se ha esculpido, el fracaso mayor que se ha notado, el prodigio mayor que se ha aplaudido el dolor más costoso que has llorado; vuelve los ojos, mira si esto es cierto, y oye ahora señor a quien le ha muerto, No ignoras, ya supiste, no has dudado que es amor, que es amor estar queriendo: que es Dios, que es ciego, que es rigor osado, que obliga a llanto, apena, aestar muriendo que resistir, triunfar, vencer negado de su poder a nadie fue viviendo; pues más que padre juez con entereza atiende a mi discurso, que ahora empieza Sufre el alma un achaque, un accidente, vive en mí el corazón algo oprimido inquieta la atención, y indiferente sin sosiego el sosiego más sufrido ya muda la razón a lo elocuente, la elección sin sentidos, ni sentido, ni muero, vivo; pero estoy cansada: en conclusión yo estoy enamorada. De zafir cuando en bastidor luciente el manto de diamantes fue tejiendo la opaca noche en su nevado oriente; aquesta noche pues (caso tremendo) aquí empieza el dolor, y el acidente, que repetido el alma va rompiendo, corrida estoy de que me falte llanto; pero es mucho mifuego no meespanto Digo que aquesta noche (qué tormento) entró midueño (ay cielo Idura suerte en sus engaños! Griego) que ardimiento; ladrón de toda el alma, trance fuerte gloria del corazón (que dulce acento, muerte del alma (que gozosa muerte) con lentos pasos que ni el viento ajaba; claro está que en el puesto le aguardaba En aquesa esmeralda dividida, en aquese compuesto de puzoles astros hermosos de la edad florida, pastillas para un sol de muchos soles estábamos el alma de mi vida, y yo al alba copiándole arreboles siento que abres tu cuarto; y al ruido perdí, la vida, y buscome un sentido. Por la falsa a mi amante eche al instante, volví aquietarme muerta, auqueanimo esto no importa aquí, paso adelante; (sa llama mi hermano, abrole gozosa; hablole alegre, niégame el semblate; blanda le hálago, búscole quejosa: desemboza el dolor, dícele airado vio salir a mi amante, era soldado, Convida la elección, y ya sin vida la ejecución resuelta, y ya turbada: descompuesta la voz, aunque medida; la color del semblante demudada: toda la capa al hombro mal cogida, la frente entre el sobreto encapotada, mudo de labios, desabrido de ojos, que así llega a reñir quien tiene enojos. Dice su pena, temo su congoja; oigo sus ansias, mi desdicha veo; quiero satisfacerle, mas se enoja, que quien quiere vengarse no oye al reo desnuda un rayo en la acerada hoja, mi muerte en su cristal tímida veo, y tan violenta le burlé la punta, que viva estaba, y me llore difunta. Pretendió de salirse de mi miedo, sin advertir que el miedo es muy valiente y viéndole la daga a mi denuedo, de la vaina la saco diligente, al rostro se la aplico por si puedo moderar su rigor, y más ardiente con los suspiros que enojado daba, una vez me quemo, y otra me helava, En mí no fue el matarle valentía, no fue rigor en mi darle la muerte, no fue no del coraje demasía, no fue valor, si abuena luz se advier- no fue no de mi sagre gallardía, (te, no debo al corazón tan triste fuerte: no le mató, señor, no mi denuedo, la muerte si que la trazó mi miedo. Esta de de tu inquietud la causa ha sido esta la causa es que siento, y llono; esta la pena es que te ha movido, esta la ansia mortal que yo la ignoro: esta la culpa es que he referido, esta, pues, a pesar de mi decora; y a si padre juez blado, o cual fueres, aquí me tienes, haz lo que quisiere; Qué corazón alentado, y que valor más lucido no se hallara aquí oprimido, no estuviera aquí turbado? Si mi pasión condolida se inclina más al dolor hallo que es el agresos la otra mitad de mi vida. Y si de vencerme trato, procuro bien advertido que el amor que le he tenido me acuse ahora de ingrato. Hay más lastimoso caso, hay más terrible desuelo? entre dos llamas me hielo, en tre dos hielos me abraso. Pero si Enrique arrojado llegó a intentar tal rigor, peligroso está mi honor, y cerca de desdichado. Mas no es bien que su temos averiguen mis cuidados, sin retirar los criados, solos volvamos honor. Y pues en mi sentimiento hay tanto que averiguar, volvamos a examinar mas de espacio este tormento. Que aunque Leonor le enmudece, sagaz beveré su furia; que el achaque de una injuria la atención le convalece, llevad de hay ese portento. Y puesto que aún es de noche pasadle Fabio en un coche ahi enfrente a ese convento. Tú, mujer, fiero rigor, pues no llegaste a morir, no has abido discurrir en el duelo del honor. Pero pues viva informado me has de acción tan inhumana tú vivirás de liviana, y yo moriré de honrado. . Según me matan congojas, según me abrasan incendios, según me persiguen ansias, según me maltratan riesgos, Y según vida me sobra he juzgado, y es muy cierto que nació contra la muerte sin duda escollo mi pecho, peñasco bronco mi vida, y risco mi sentimiento, Como no me anego en llanto, y con penas no celebro tantas muertes como vivo, tantas vidas cómo muero? Señora. . Qué dices Luisa. Digo que la llave tengo de la puerta, que Don Juan puede ya salir sin riesgo. Pues llámale. . Ya está aquí. Luchando con mil desuelos. Ay don Juan del alma mis, yo estoy de tal suerte (ay, cielo!) que aún para hablarte, señor, saco quejoso el aliento; mas yo buscaré ocasión. Ni la busques, ni la quiero; que aunque pudiera estimar esta piedad, a tu celo; hombre que es tan desdichado solo descansa en los riesgos. Déjame; mi bien, por Dios, y no con nuevos tormentos estés maltratando un alma, y ajando un firme deseo; No me quites una vida que vive de estar muriendo, que no es gala en el amor inducir nuevos venenos, Cómo no? como no, aleve; que estoy rabiando de celos; celos dije? miento ingrata, de agravios estoy enfermo. A morir voy de mí mismo, que tus sinrazones temo; y muere de muchas veces quien vive a cuenta de un riesgo. Basten ya, señor don Juan, las penas, y dos tormentos Pues basten también tirana tanto agravio, y tantos celos. En fin no valen disculpas? Son falsas, y no las creo. En fin que no hay desengaños? Es imposible tenerlos. En fin no hay satisfacción? Ni la admito, ni la apruebo. En fin ya resuelto estáis? Resuelto estoy a no veros: pero mirad que es impropio ahora tantos extremos. Y esta fineza Don Juan? Fiera no te la agradezco, que fue para disculpar a Don Lope, y no en mi empeño. Oh, pesa el amor mil veces, tirano con que te quiero. Y pesia amén los rigores tirana con que me has muerto. Pues a diós, cruel amante. Pues a Dios, fingido dueño, Que viva quién tanto siente! que a tantas muertes no he muerto! Gran desaire es de la vida. Del alma es grosero exceso, Qué desdichada nací! Qué poca ventura tengo! Sin Don Juan no he de vivir, En fin ya perdí su cielo. Estos son lances de amor. Estos son de amor extremos. Irme quiero sin mirarle. Irme sin mirarla quiero.

JORNADA SEGUNDA

ACTO segundo S Ya estoy con el papel desengañado que de Don Lope mi Leonor me ha enviado que según dice en él solo llamarle fue, Martín, prevenir desengañarle, y excusarme unos celos, que pudiera tener de sus desuelos; mas dímela respuesta del recado. Escucha atento lo que me ha pasado. Aguardé que a palacio el padre fuera; fuese: subí, señor, por la escalera, llamé, y a responderme salió Luisa; fue a avisar a Leonor a toda prisa, en que bien se notaba que lisonja sin duda la llevaba, pues siempre los afectos de los dueños de los criados se miró en los ceños. Abriome, entré, mirela, sonriose, y entre el proprio placer embarazose Leonor tan divertida, tan descompuesta con la propia vida, que solo me miraba; hablar quería pero no acertaba, que como firme llora, al ver prendas del dueño que se adora entre dulces despojos sale el alma a las puertas de los ojos, y con ardor crecido toda la vida libra en un sentido, hasta que se sosiega enternecida, ni hay aliento, ni hay voz, calor, ni vida. Con aliñoso desaliño atado todo junto el cabello, y destrenzado, a una toca fiaba, que se rizó de nieve, o se cuajaba de cristal que enbebia en el cándido cuello que tejía. Las hebras que sin arte a la hermosura sin melindre apartó la travesura ejército de luces parecía, que entre nieve dudosamente ardía con tan dulces trofeos, que en ellas se abrasaban los deseos, Recostose en la cama puesto un jubón de lama, por señas que miré: no sin cuidado, al verla el armador desabrochado, que ocultándole al aire que la helava como tal vez, al pecho le juntaba, y era lama de flores la que hacía, y escarchados los nácares tenía, y a la acción con sus ojos se mirana, y con sus propios rayos se abrasaba, y tantos visos en el rostro hacía que la escarcha, señor, se derretía, y bajaba a su pecho todo el cielo deshecho, para ser, aunque en calma, zafiro racional; cristal con alma. Tu recado me dijo que la diese, y también me mandó le repitiese después de haberle oído, que se via con cuantas almas el recado hoya, Respondiome de suerte imposible juzgando hablarte, y verte, tantas ansias hacía, que el alma de acá fuera se le obía, y el corazón tan recio palpitaba, que me puse a escuchar si a caso hablaba, y que habló es infalible, y que yo lo escuché también posible; mas como tantas ansias padecía, tanto dolor sentía llevado de la pena, que de si le enajena, las razones tal vez atropellaba, y así el ruido escuchando lo que hablaba, No respondió vencida de su muerte: pero de perlas un dilnuió vierte, que como allá en la concha de su pecho, aquel humor se conjeló deshecho que el corazón sudaba, así cuajadas perlas las lloraba, que al salir repetidas de las niñas hermosas desasidas, como aprisa bajaban unas perlas con otras se quebraban, y los pedazos tiernos que cahían desde lejos mirados parecían en sus mejillas sin adorno hermosas, rubí en jazmines, o rocio en rosas. Cansados de llorar sus dulces ojos, y ya el bello semblante sin enojos de parte del sosiego, aunque viviendo a cuenta de su fuego, con apacible modo dejó el dolor, y dijo de esté modo. Dice a Don Juan, Martín, dile a tu dueño, y dueño de una vida que desdeña, que si acaso no he muerto, es solo porque es cierto, que estaba muerta ya desde aquel día, que le vi por su estrella, y por la mía; que cuando desabridos sin alma, y con la vida los sentidos tras ella se partieron, murieron para mí, y en el vivieron; con que arguyó muy bien cuando describo que muerta estoy en mí, pero en el vivo. Esto es todo, señor, lo que ha pasado; y si el alma te ha hablado, si te sono al oído, lo mal pintado, pero bien sentido; dame un victor siquiera de barato, porque te he entretenido aqueste rato. Y dime, estaba bella? Pintétela un lucero, o una estrella, Pues sin serlo. Qué es esto que percibo? Yo os la quiero pintar señor al vivo; pero advertid primero que es mi intento pintaros su pasios, estadme atento. Es una nave en el Sur a quien el céfiro extraña, es una tórtola hermosa que sin su dueño naufraga, es una difunta flor, hasta que amanezca el alba; y en fin, para no cansaros, una mujer desdichada, que sin vos está viviendo en los brazos de sus ansias, y hasta que le amanezcáis quien vive de su constancia, Mirad si está bien al vivo, ved si está bien retratada. Pero escuchadme primero. lo que sucede a esta dama. No acontece alguna vez ver copioso un vidrio de agua que está brindando al sentido con una risa de plata que obligada del hechizo cristalino, casi el alma n to. parece que quiere entonces veber la peinada escarcha, y al irle a tomar, señor, suele derramarse el agua, porque se rompió el cristal quedándose con el aza. Y no solamente queda entonces con la desgracia, desabrido todo el gusto, toda el alma disgustada. sino que casi parece, que lo que antes (cosa extraña) era lisonja del vidrio, se pasa a sed declarada. Pues ansí, señor Don Juan acontece a quien os ama, sucede a quien os adora, vio ese talle, y es humana. Suspendístesla el sentido, robástesla toda el alma, vino el rigor de una ausencia, dejola con la esperanza. Cesaron todas las glorias, aumentáronse las ansias, murieron las atenciones, alento se la constancia, Y no pudiendo sufrir estar sin vos alentada a pesar de su decoro se entró a veros a esta sala ( Hola mujer más constante que en prosido esta gravada. Qué es esto, no me hablas más? tu suspenso? Aay prenda amada, es un temor de la vida, es un recelo del alma; y es que me coje de susto este bien que no aguardaba, como ha tres días que vivo a costa de mi esperanza. Y ahora, mi bien, cómo estáis? Cómo quien os ve, y os habla y vos dueño de mi vida? Siempre es vuestra toda el alma, Que desaire era no amaros siendo esa belleza tanta. Oh, como tengo razón de estar muy enamorada. Quisiera hablarle, y no puedo. Quisiera hablarla, y me enfada. Es un sapo con calzones. Es una espina con naguas. Es un oso con ropilla. Es una sierpe tocada. Es un que se yo que se es. Viznieta es de una tarasca. Quisiera amarle, y es feo. Quisiera; y es fea amarla. Ya le quiero, y no le quiero. Ya me agrada, y no me agrada. Oyes Luisa di al cochero que de la vuelta, y que vaya a esotra calle, y me espere, no quiera nuestra desgracia que pasen, y le conozcan alguna gente de casa. Voy volando a obedecerte. Yo adormir aesotra cuadra. Digo pues que aquella noche Don Juan de nuestra desgracia, un criado de mi padre a quien el fía sus ansias, te vio bajar de mi cuarto. Gran desdicha! . Cosa extraña. Conociome? . Sí señor. mas no del todo, pues tratan de asegurarse mejor. Para mi cuando cerrada estuvo jamás la puerta? Nunca, pero. Gran desgracia. Qué es esto señor Don Juan? Nada, mi bien; suerte extraña! Isábela es gran desdicha. Repara villano acaba, o vive Dios. . Esta Reina viene muy determinada, y no es justo (muerta estoy) con vos encuentre otra dama. Y an sí para no arriesgaros. me entraré en aquella cuadra a morirme de mi vida pues no muero de mis ansias. No, no. . Sí, sí, señor mío, que os quiero bien, y esto basta: para cuando aguardas muerte esas flechas de tu aljaba? . Mortal estoy. Soy mandado. Así mandatos se estragan Qué es esto? Aqueste criado que loco, y descomedido, que entrase nos ha impedido. Anduvo desalumbrado: pero. . Si ocupado estáis. Decid que si muerto estoy. . Ya que os he visto me voy. Oh, como al alma me habláis Mas vos suspenso señor, vos triste, y yo con aliento? decid vuestro sentimiento, muera yo de ese dolor. Llore el alma, pues que llora la vuestra en tan dura esfera, porque dé bien siquiera cuando dice que os adora. Mirad que el amor ordena no blasone de constante la que vio triste a su amante, y le dejó con la pena. Que hago alarde de adoraros, que llego a estar empeñada, que no he de andar desairada cuando trato de obligaros. Ay, mujer, véncete, un rato no me acabes de matar, para que pueda escuchar que te responde ese ingrato. Ni aúnme habláis de agradecido De pena, y congoja muero. Señora ya hable al cochero, y esta, de todo advertido. A, ingrato, pues como aquí dan, o a quién aquel recado? Pésame que os ha enojado, es señora para mí, Y pues Don Juan con rigor no ha querido responder. por el salgo a agradecer lo firme de vuestro amor, Él está muy obligado, y vos constante queréis, mucha merced nos hacéis, mas yo hubiera perdonado la parte que me ha cabido. que esto sufra, hay más desvelos? Pues me excusara unos celos que sin razón he tenido. Ay Don Juan, de rabia lloro. . Mirad mejor por mi fama, advertid que soy su dama, que es mi galán, que le adoro. Que estáis cierto muy cansada, que os estará mejor iros; que no he de poder sufriros, porque soy muy arrojada. Ay lance más apretado? Qué traes Martín? . qué, señor el Duque, el Gobernador suben ya, Muerto he quedado? Qué dices? válgame el cielo Gran desdicha, Gran tormento. Aquí dio fin mi contento? Aquí cesó mi desuelo. Si el Duque me conociese soy perdida. . Y yo también si el Gobernador, que es quien respeto, ahora me viese. Qué haremos? . que sin recelos nos ayudemos las dos; que después, si vive Dios nos mataremos a celos. Aunque el coche; hay honor dice que prestado viene a su estado, se previene, mucho alienta mi dolor. Faltar de casa Isabela, Don Juan con visita, cielos, adivinos son mis celos del mal que el alma recela. Señor vuestra Alteza aquí? buenos mis sucesos van. Sí, que os vengo a ver don Juan, pues vos no me veis a mí. Si está aquí Leonor dudad recelos que bien hacéis. Buenos Doctores tenéis para vuestra enfermedad, y cubiertos, será bien descubrirlos. . Ay de mí. Porque delante de mí no es bien cubiertos estén. Descóbranse, y no procuren lo que violento se hará, que también hay por acá achaque de que nos curen. Muerta estoy. Si hablan, Martín; todo lo echan a rodar. Quién las pudiera prestar la voz de fray Juan Guarín. Señor, ya me conocéis, sabéis del Duque el empeño conmigo, don Juan es dueño de mis sentidos; ya veis el aprieto a que he llegado, y que ahora disfrazadas yo, y aquellas tres criadas vine en un coche prestado a verle, y ansí excusar le toca a vuestra nobleza mi muerte. De vuestra Alteza mi empeño debo fiar. yo soy. . Leonor. , A Don Juan adoro, porque es mi esposo; mi padre está receloso porque le teme galán. Él me adora, y yo le quiero: vine a verle disfrazadas yo, y aquesas tres criadas, ya veis los daños que espero. Si vuestra piedad no quiere librarme en lance tan cruel. Gomo no sea Isabel, de el rayo donde quisiere. Qué haré en tan mortal desmayo Sosegad perde el temor como no sea mi Leonor de donde quisiere el rayo. Prestado vino el cochero: verdad me dijo, gran suerte. Luchando estoy con la muerte Entre mil sospechas muero, Yo remediare este daño; no os aflijáis, que pudierais nedirme, si lo supierais, aibricias del desengaño, Señor, ocupado está Don Juan, dejarle es razón. Sí, y es tal su ocupación que mucha envidia me da. Apacible es la inquietud, siendo de esta calidad, y si es tal la enfermedad, nunca yo tenga salud. Mas Fernando no he de ser con estas damas grosero, vámonos, porque no quiero estorbar, ni entretener. Venid, asolas mejor don Juan curarte podrás, que es el de no estorbarás mandamiento del amor. Solo tu piedad pudiera elegir medio tan blando. Si esto supiera Fernando. Si aquesto el Doque supiera. Que el Duque no haya querido descubrirlas, santos cielos, esta noche de mis celos, veré el fin que he pretendido. Que pues tengo de la huerta llave, a Leonor he de ver, su amante he de conocer, sabré si mi muerte es cierta, Ya quedo desengañado Don Juan, que no me dais celos: gozad libre de desuelos el bien que habéis deseado. Los cielos serán testigos de mi lealtad, y intención. Don Juan en toda ocasión, no es malo tener amigos. Tratadme esa dama bien por mi vida. Yo os lo ofrezco, Fernando mucho agradez la amistad con que también me desempeñáis, y obligo mi amor a acción tan galante, En ocasión semejante Don Juan no es malo un amigo. Ya esa dama no la aflija saber que se su secreto; porque la quiero os prometo como si fuera mi hija. . Concertadme esta partida, satisfecha va la gente. A esto llaman cabalmente dalles con la entretenida. No acierto a volver en mí. Casi sin aliento estoy. J De un riesgo en mil riesgos voy, que desdichado nací! Señora, si el Duque va, y no te halla en casa? A, cielos; dama, yo llevo mis celos. Los míos dejáis acá. Tiempo aura de averiguarlos, Sí, y aún de contradecillos. Pues yo sabre no sufrillos. Pues yo sabré no tomarlos. Pues si me cuesta la vida Don Juan, me he de ver vengada! Id con Dios que vais cansada, y yo quedo mal sufrida. Clara vámonos de aquí. que son muchos mis desuelos, y estoy rabiando de celos: Dios os guarde. dl Cómo, a mí. No se como tengo aliento, Martín. . Ánimo señor, que ahora falta lo mejor. Solo tener vida siento. Vámonos Luisa también. Si es por matarme, Leonor, tarde viene tu rigor. No es rigor. . Será desdén! No es desdé. . Es mi tormento Qué tormento? . Qué vivir? , Porqué? . Para no sentir. Qué sentís? . Lo que ahora siento No hay causa. . Tus disfavores De esta dama. . Qué locura. Es muy grande su hermosura. Mayores son tus rigores. , Quedaos con Dios fementido amante, engañoso dueño, Oh qué hermosísimo ceño? Oh cómo pierdo el sentido! Espera, mi bien, señora. Qué blandura tan cansada. Sin causa vas enojada. De celos el alma llora como si vi mi omicida Esos son vanos autojos. Preguntádselo a mis ojos. Sábelo mejor mi vida. A, señor, que gran tormenta es la que habemos corrido, esparce un poco el sentido, que ya llegaste a la venta. Yo soy ventero, y si quieres comer, te daré empañadas dos polluelas que mechadas con celos dan mil placeres. Tiernas están como un agua, cuales van; cuerpo de Cristo, en toda mi vida he visto chispas que arroje la fragua como sus ojos centellas exhalan por sus dos soles, que entre tersos arreboles forman cometas de estrellas. A, señor. . Vamos Martín. Dónde emos de ir? Es de noche. Ya el encarrujado coche anuncia del día el fin. Pues voy a ver a Leonor. Mejor te fuera cenar, no te deja sosegar este sabañón de amor. A que has de ir, a no vivir, y encontrar otra visión? no rasques el sabañón, mira que se te ha de abrir. Quién tuviera tus desuelos. Y son los tuyos mejores, moliendo siempre temores en la atahona de celos? Oh qué cansado que estás. Tu volverás más cansado. Qué necio, que porfiado. No sé por Dios cual es más, Tú, que no sabes querer. Tú, que te vas a matar. Sabes tú lo que es amar? Para que lo he de saber? Voyme, que en esta ocasión no quiero sufrirte más. Vete, que mientras te vas dormiré como un liron. . Esta es la llave que ayer mandé hacer, y hoy se acabó. Es la que Lope llevó, tú te la puedes tener. Esa luz puedes llevar, que en el jardín sola quiero, pues de mis tristezas muero, mis tristezas consolar. Desuaneceras las flores si al jardín sales, señora, pues juzgaran que el aurora amanece a sus colores. Aquella risueña plata cuyas centellas brillantes son penachos de diamantes, o garzotas de escarlata. Cuyos risueños suspiros que le hiuan sirviendo vi, a un desflocado rubí de pasador de zafiros. Hoy cuando el aurora hermosa con el sudor delicado iua salpicando el prado, flor a flor, y rosa a rosa. Temo que el trabieso aliño al ver tus luceros trueque, o en suspensiones de armiño. Acual es don Juan. . Escucha; anda ve, dale un recado por la reja con cuidado, que es nuestra desdicha mucha. Y dile como llegue antes que mi padre aquí, que estará con pena. Ansí, voy a decírselo. . Ve, que no sé con tanto ardor como, ay cielo, no estoy muerta otra vez cierro la puerta . o a lo que alientas amor. No vi más escura noche que una estrella en todo el cielo ay que alumbre mi desuelo de aquel tachonado coche. Que el hado a vencer porfía, ruido entre las flores siento, será la risa del viento. Ay, Leonor del alma mía. Mas un bulto hacia allí veo, mi padre no puede ser, porque le dejé leyendo pero que dudo, ay de mí, si es mi don Juan que le ha abierto Luisa sin licencia mía, que rigor, válgame el cielo. Hacia allí está una mujer, si es Leonor hablarla quiero. Sois vos Leonor? . No señor sino un vaso de veneno. Qué es esto mi bien don Juan, vos aquí? Qué escucho celos? Este es en fin vuestro amor, estos son vuestros extremos, esto es amar, señor mío? no señor. Notable aprieto. ( . Debaos más en lo sufrido que en lo enamorado, y tierno, Que me ha de reñir mi ama, este atrevimiento temo. Yo salgo Luisa al enojo, y quéntaselo a tu dueño. La puerta he dejado abierta, de golpe es, si hubiere riesgo escurrir como alcoran, y cerrárosla de presto. De todo quedo advertido, y la paga te prometo. Pues entretanto que habláis atisbaré que hace el viejo. . Sabed empeñar un alma ahora con lo discreto, y sea en vos lo vencido prevención del vencimiento. Oh es ficción de mi sentido, o es ilusión lo que veo, o es mentira lo que admiro, o mis congojas no entiendo, o no tiene honor el alma pues no siente, y pues no siento pues no llora, y pues no lloro, pues no muere, y pues no he muerto Sirvaos de lisonja el daño la pena de galanteo, festejeos mi bien bizarro lo que os asusto violento, Rendios vos, pues yo me rindo, sujetaos pues me sujeto, negaos pues me niego al llanto, y penad puesto que peno. Mirad por vos, y por mí, mas no, que hacéis según pienso bizarría de la pena, o gala de mi tormento. No fui a veros esta tarde por excusaros un riesgo que dejo para después, averiguar nuestros celos. Finezas merecen ansias, ansias merecieron riesgos; fue daros delito el alma, fue desacierto el quereros. Yo he de conocer quién es, pues que me abraso de celos. Mas qué es esto, muerta estoy; idos mi señor, que pienso que desdichada nací mi padre es válgame el cielo! Por esa puerta, ay de mí, que tiene un postillo, presto no te alcance, vete al punto cierra tras ti, lance fiero. Engrande riesgo me he visto. Echó el golpe, yo estoy muerto. Padre, si a caso, que pena. Dime ahora también que miento; corrido estoy, vive Dios, de que así burles mi afecto: A falsa Leonor, a ingrata! pero a los ojos consiento que los sudores del alma, del corazón los incendios divulguen la nieve en llamas, el ardor en copos tiernos, el hielo en centellas vivas, y en tierno granizo el fuego cuando me enseña el agravio con prólogo tan resuelto, la ocasión, la herida, el golpe engañado del deseo, mal persuadido del alma; del corazón mal impuesto, huyo, temo, siento, dudo, negándome a lo severo. Gesen las finezas ya, y lo lloroso, lo tierno. lo blando, lo caricioso, lo apacible, lo modesto, truéquese en iras, en rabias, rayos, volcanes, he incendios, y cúrese de este modo, impídase con aquesto con un disfavor un ansia, con un agravio un exceso, con un desprecio un cuidado, un amor con un desprecio. Confieso que te adoraba, y que estoy loco confieso, pues que publicó un delito sin abono, ni consuelo. Ya posesiones tomevas del alma en lo más estrecho, y ya pudiera mi honor excusarse nuevos riesgos. Ya en los sentidos reinabas con un dulcísimo imperio, y ya vuelves a introducirme de agravios linaje nuevo. Ya té bebían mis ojos rayo a rayo, y fuego a fuego, águilas de amor las luces de tus dos soles severos. Y ya pudiera la vida no ajar tanto lo modesto, y sin aguardar más penas a tanto ache que haber muerto, Que yo propio mis suspiros repita con mis tormentos, que yo propio mi dolor pena a pena esté diciendo. que yo propio mis congojas averigue incendio a incendio; mas tengo amor, no me espanto: y quien tiene amor es cierto que no mira inconvenientes, o es muy neciamente cuerdo, Mas como la gallardía estrago de mis respetos? y sin mirar en mi honor tan bárbaramente necio. A unión de una desunión, desde un pesar a un contento, desde un favor a un halago, desde una ofensa a un aprecio. A un aplauso de un delito, rendido ha amor unos celos, a pesar del pundonor pesa con tan loco exceso. Cesen tus demostraciones dios niño, rapaz, y ciego, pues es cierta presunción el relámpago del trueno. Bastante es para el pastor ver el relámpago (ay cielo) para guardarse del rayo que le amenaza soberbio. Presagio es de la tormenta el desenfrenado viento de la tormenta la ruina es sentido verdadero. De la pistola es aviso el estallido violento; siempre el eco es de la voz seña cierta, aviso cierto. Y pues que a mí me amenaza con el relámpago el truena, y con el luciente amago lustroso el rayo violento. El aire de la tormenta, y de la tormenta el riesgo de la ruina, pues me avisa con el estallido el fuego de la disparada vala que el cañón bostezó fiero; pues oigo el eco en el aire, voz hay que ocasiona el eco, delito pues tengo enojos, y agravio pues tengo celos, Y ansí el honor se recate a pesar del amor necio de todos estos presagios que temo, que lloro; y siento de todos estos asomos, que por precisos apruebo de este agravio que me mata, de este incendio que condeno, de esta injuria que me ahoga, de esta ofensa que padezco, de esta infamia que público, y de este amago que aún temo. Para que no diga el vulgo en repetidos concertos, celos obligan a amar, a querer obligan celos. Es mi pena, es mi mal, es mi ardimiento tan grande, que rigor, o trance fuerte, que le ignora con arte, porque advierte el alma que le falta sentimiento. Si el corazón no llora, que portento es, porque aquel humor que tierno vierte, es Yris que la pena que la muerte desvanece, es lisonja del tormento. Don Juan vive quejoso, y ofendido; Don Juan de celos llega a estar ya loco y en sufrirle me empeño en arriesgarme. Y la causa, ay de mí, pierdo el sentido ansias, penas, congojas poco a poco, o acabad de una vez ya de matarme! A falsa Leonor, a ingrata. Muerta soy escucha, cielos qué es esto que me sucede? no eres tú, con quien yo? y luego entendiendo que mi padre. Buena disculpa por cierto, tal es, que ni tú la entiendes, ni yo, tan poco la entiendo, adiós. Dónde está Leonor? Al jardín bajó. Hay más riesgos? mi padre. Pues dale a él la disculpa de este empeño que a mí me diste, y ansí quedará muy satisfecho. Bajad luces. Mi señor, ven, que escaparte pretendo por detrás de estos jazmines. Qué desdicha. Qué tormento! Hay más engaños, amor? Hay más sinrazones, celos? que aún no pueda disculparme. Que aún consolarme no puedo con lo incierto de la duda cuando evidencias me han muerto, No acabáis? Qué viene? . Venga. y muera yo. . No lo creo cuando para todos tienes engaños, y fingimientos. Volverás a verme? . No ni oír tu nombre. Acabemos Ay, si me vieras el alma. Ay, si me vieras el pecho,

JORNADA TERCERA

acto tercero Niégate a el dolor señora, y dame un rato atención, sabrás si tiene razón tú, don Juan, en cuanto llora, Yo le abrí fin tu licencia a noche, del condolida: y luego de prevenida partí a ver con diligencia lo que tu padre hacía. Volvía la puerta, le hallé: abrile, salió, y se fue. Y Martín que estado había aguardando, le siguió aquel que salió primero, con quién hablaste. . Qué espero y al fin? . Al fin me contó que lo consiguió de suerte E l F que en su casa le dejó, y era el galán que salió. Quién? . Don Lope. Trance fuerte. Que sin duda con la llave que por tu olvido ha logrado entró a dar a su cuidado dulce engaño, hechizo suave. A Don Juan me has de llamar al instante, y has de hacer que luego me venga a ver, con secreto puede entrar, y hasta que mi padre salga, en el camarín le mete. que sale a aqueste retrete. De día? el cielo me valga; advierte. . Ya es imposible. Juzga. . Ya, Luisa, es muy tarde Teme. . Fuera ser cobarde. Recela. . Soy invencible. Y si tu padre? . Es temor. Y si don Juan? . Es locura. Tú estás resuelta. eo es cordura Es riesgo. No es si no amor. Re para. . No hay que advertirme y si quieres no ofenderme, o trata de obedecerme, o no trates de servirme. Estás sola? . Sí señor. Cierra esa puerta, y si viene Don Lope licencia tiene para entrar, oye Leonor; Desde aquella infausta noche que falleció a un tiempo mismo tu honor, mi opinión, y fama con la vida de mi hijo. Cargado de confusiones. mal hallado en los alivios, despierto en los debaneos, y en los aciertos dormido. He consultado este caso mil veces conmigo mismo; y cuanto más le rastreo más dudoso le imagino. Dijísteme que querías a un hombre; y cuando el delito vio tu hermano, le mataste. Pues como posible ha sido que una mujer de tus prendas convencida en los indicios, debiendo trocadas ser la venganza, y el castigo. Tenga valor, tenga manos, tenga esfuerzo, tenga bríos para matar a su hermano manchando su acero limpio. Cuando en la que noble nace, si a caso tú lo has nacido. viéndose afrentosamente en un lance tan indino, sin vista para admirarlo, sin manos para impedirlo, sin fuerzas para atreverse, sin aliento, sin sentido. Allí muriendo a sus ojos, agonizando en suspiros con el duelo del honor casi aún no hubiera cumplido. Pero dejando esto a parte, que cuando entre parasismos está acabando mi honor; primero es él que mi hijo. Y hoy no le ha de dar la vida en tan úrgente peligro saber si tú le mataste o quien le mató: prosigo por no escuchar de tu boca liviandades que al oído si no emponzoñan el alma, son veneno del juicio. Atento, y sin atención sin discurso, y advertido negándome a lo modesto, ofreciéndome al cariño. Atropellando mis penas, que disimulos fingidos son palabras de semblantes que no conocen oídos. He querido averiguar quien el agresor ha sido de la muerte de mi honor, mas no ha muerto, pues yo vivo, Crey que fuese Don Juan, que un criado me lo dijo; búscole ayer cuidadoso, voy verificando indicios. Hallo tu coche en su calle, al cochero le examino, dice que viene prestado, mis sospechas acredito. Sobo con el Duque aprisa por excusar advertido que no se escondiese nadie, y al fin hallo, que no ha sido Don Juan quien mi honor agravia; un grande pesar le he visto que con el Duque tuviera, porque a la dama que vino a verle con sus criadas, que tú sabrás quien ha sido, pues que la prestaste el coche; el Duque amante, y rendido, como a dueño la idolatra, y tan resuelto le he visto que se casara con ella, a ser su igual: hoy me ha escrito Isabel, este papel, que temiendo otro peligro como en el que ayer se halló, se ha declarado conmigo. Dice que yo lo remedie, que Don Juan es su marido, que está casado con ella de secreto, y no ha podido por el Duque declararse, y que en fe de esto le hizo dueño de su honor, y ansí con empeño tan preciso. No es Don Juan quien te pretende Don Lope sin duda ha sido, que no hay en Milan quien pueda, si las conveniencias miro, sino es los dos pretenderte; hoy de aqueste laverinto he de salir, vive Dios; al Duque he de hacer que el mismo, trayéndole a la memoria la sangre con que ha nacido, case a Don Juan, y a Isabel, a Don Lope he prevenido por un papel que le espero, y sin salir de este sitio te has de desposar con él, que ansí dos cosas consigo, Si le quieres, ya te doy el dueño que has elegido; sino le quieres, tu honor le quiere; que no el arbitrio de una liviana mujer ha de elegir el marido; prevenciones no aprovechan, disculpas no las admito. Lágrimas ya llegan tarde, ruegos, ya estoy sin sentido: por ti he perdido el honor, por ti de mi afrenta vivo Por ti de mis ansias muero, y por ti un hijo he perdido; y ansi pena, pues que peno; y an sí llora, pues que gimo, o múérete de pesar que con eso habrás cumplido. Don Juan, válganme los cielos se ha casado, y le he perdido! pues como yo para cuando; mas si morir solicito, vengándome de un ingrato, casese Lope conmigo, que an sí morire más presto entregándome al suplicio; al cariño, y los hálagos de un amante aborrecido. No respondes? . Yo señor, sujeta a tu gusto vivo; y ansí. . Aquesto te conviene, Señor, Don Lope ha venido. Entre. Ya está echado el falso corazón. . Ventura ha sido que no te viesen entrar: aquí has de estar escondido hasta que su padre salga; con ella está. . Ya lo he visto. Que siempre en aquesta casa emos de andar aturdidos y jugando al escondite, Don Lope: Señor. . Oh hijo seáis mil veces bien llegado. Qué espero que no doy gritos! Yo os he enviado a llamar. Y yo obediente me humillo a vuestras órdenes. . Presto. os diré a que habéis venido. Nuevas desdichas espero? No me agrada este principio. Sabéis quién soy? Quién lo ignora? Pues también hauréis sabido que Leonor es hija mía, Sí señor. Tengo entendido que la tenéis voluntad. Los límites no ha excedido que a vuestra nobleza debo; pero abrasado, y rendido le consagro toda el alma, que a su beldad sacrifico. Pues también Leonor os quiere que sus ojos me lo han dicho: y al fin abreviando lances yo he examinado advertido este caso, y he hallado que ella os quiere por marido. Cielos, qué es esto que escucho! Diablos, qué es esto que miro? Por tal favor a esas plantas. No, Lope, los brazos míos, como a hijo os doy. Ay, cielos, que desdichada he nacido. Qué novedad es aquesta? por ser mi dicha la admiro; mas si Don Juan fue el dichoso como en el jardín lo he visto! Pues ya Leonor se ha mudado, en su nobleza me fío; no sé como pueda el alma Leonor mía, . Muero, o vivo. Don Lope, mi padre quiere darme estado; y ha elegido las partes, sangre, y nobleza de vuestro blasón antiguo, Previno mi voluntad, y yo a la suya me rindo, consagrando hoy en sus manos el fuero de mi albedrío, y an sí pues el gusta de ello vuestra soy, si, ya lo he dicho. Andarlo pavas, señor, para esto mos han traido? mas quizá querrá la novia que sirvamos de testigos? Salgamos Martín, que esto rabiando. Yo mondo nísperos más veamos en que para. Pues tan conformes os miro, daos las manos. . Aquí es ello Las mujeres que han nacido con sangre, y obligaciones, nunca les es permitido que de esta suerte se casen. Porque es dar causa al arbitrio del vulgo que conjeture liviandades, o delitos. Dad parte al Duque, señor, y se pase que ha nacido de conveniencia el casarme, y no por otros desiníos: y esta tarde, sí, esta tarde se hagan, siendo el el padrino, nuestras bodas. Qué esto escucho! Bien ha dicho. . Bien ha dicho. No ha dicho si no muy mal. Calla. Vive Jesucristo, que no he de estar más aquí. Si tú eres niño de limbo sufre esto; y sufralo un zurdo, sufralo un fraile novicio, que está enseñado a sufrir, que yo no quiero sufrilo a mujeres: quien no os quema mas que aquesto ha me recido. . Pues hijo vamos, que quiero disponer que a un tiempo mismo con vuestras bodas se hagan las de Don Juan, que así evito la desdicha que le espera: y de la clemencia fío del Duque, que he de alcanzarlo. Se casan? Por el camino os diré todo el suceso. Cielos, sueño, o desnarío; es verdad lo que estoy viendo, Leonor, que os han merecido mis ansias, que ya sois mía? Don Lope aún yo no he sabido si soy mía, o si soy vuestra; porque en tal estado vivo. Qué dice Leonor? . Que soy de Don Lope. . Muchos siglos os gocéis. . A penas creo esto que me ha sucedido. . Ahora puedes salir. que ya mi señor se ha ido, Quién Luisa. Aquí está Don Juan. A muy buen tiempo ha venido. pero si ya está casado, corazón mostremos brío. Aquí las blanduras mueran, muera aquí lo compasivo, que me necesito ahora más osada en el peligro. No le permitáis al alma ningún tierno desuarío, que os arrancaré del pecho, y negaré que sois mío. Si está casada Leonor, y con mis ojos lo he visto, no quiero darle venganzas, disimular determino. Mas quién podrá? pero no tuve valor para oirlo, tuve aliento para verlo, pues no le tendré advertido? ahora para callarlo? Lengua, que calléis os digo, que os cortaré, vive Dios, siendo los dientes cuchillo. Dicha fue que en la escalera no me encontrasen, perdido estoy, Lope, y vuestro padre; Pero el mismo regocijo que llevaban ayudó a que no me viesen. . Vino don Lope? ahora llegasteis? Sí señora. . A darle aviso de una merced que le ha hecho el Duque, y los dos han ido a palacio. . Bien está; gocela por muchos siglos; al fin que es lo que mandáis? Señor don Juan, yo he querido rematar cuentas con vos, que aunque el alcance es preciso, y no me podréis pagar, bastan los empeños míos sin que me obliguen los vuestros a rematar el juicio, que es el caudal que me habéis dejado: y es tan salido que al primer ahogo vuestro ha de rematar conmigo: Y an si os suplico excuséis el verme: y si habéis tenido (claro está que le tendréis) algún amante desinío gozadle por muchos años; que pues con vos no han valido lágrimas, sustos, congojas, riesgos, ansias, desvaríos, reputación arriesgada, y honor, sí, casi perdido, detérmino no cansaros; y también me determino a no maltratar un alma que no os mereció castigo: Qué aquesto escuche, a fortuna! a que tiempo me has traido? mas como ya está casada, imperioso su albedrío me atormenta más; mostraos mudo retrato de un risco; lengua callemos, callemos. Mirad lo que os he advertido señora doña Leonor yo confieso; mas qué digo? pero no confieso nada, porque en lance tan preciso que ha llegado nuestro amor al último parasismo. Solo ayudarme a morir es lo que importa; ya he oído vuestra determinación, y al paso me habéis salido, porque yo vine a lo propio. Y de mi parte os suplico que borréis de la memoria tantos ratos mal perdidos, tantas horas mal gastadas. Que ya que casi me miro convaleciente de tantos mal empleadas delirios, sin muerte para acabarlos, sin vida para vivirlos, sin razón para temerlos, sin alma para sentirlos, Doy gracias al desengaño, pues cuando ya sumergido en tan borrascoso golfo miré mi bajel perdido. En su orilla tomo puerto, y a su piedad sacrifico, pues me ha escapado honra, y alm sus potencias, y sentidos. Y una vida a vos que ahora libráis de tantos martirios, que murió por no ofenderos, y nacio para serviros. Eso si pesia a mis ansias, si duda hubiera tenido lo que me dijo mi padre con esto la verifico. As traidor, a falso amante, a corazón, mal arbitrio es el que habemos tomado; pero que sufráis os pido. Porque si habláis dais venganza a un amante fementido, y an sí morir, y callar, pues que vos lo habéis querido. Alégrome de que estéis tan hallado en los alivios, que convalezca el achaque que mentís que habéis tenido, que según me ponderasteis las ansias, y los suspiros, presto hallasteis contraierba que os sanase de improviso. Y pues que los dos conformes estamos, ved en que os sirvo, que voy a buscar Doctor que me sane de los míos. No os faltará, quien lo duda, ya le tendréis prevenido. Es cordura en la destreza herir por los mismos filos. Yo señalo, y vos herís. Sois cortés, y comedido con las damas, mas con uñas no señaláis por, no digo nada, corazón qué es esto! Pues, y yo, no hubiera visto que vos; lengua que decís? no digo mada. . Yo he sido siempre para vos Don Juan. Pues muy mal lo habéis cuplido, que a ser siempre para mí, no fuerais ahora. . Lindo equivoco en buena fe, si a buen tiempo; yo he querido? Sí, pero ya no queréis. Si yo, no hubiera sabido que os quiero, no me pagaráis. Tan mal, muy bien habéis dicho. Don Juan hablemos a veces. Habéis hablado infinito, y no puedo desquitarme. Yo? . Sí; y me pesó de oirlo Pues si os canso, qué aguardáis? idos con Dios, que es preciso que mi padre venga ya; y solo quise advertiros que esto se acabó, don Juan. Esto quién ha de sufrirlo; claro está que se acabó; porque si me habéis traido a que en vuestras bodas yo venga a servir de testigo. Si a Don Lope en mi presencia disteis él sí de marido, advirtiendo que las bodas se hiciesen siendo padrino el Duque, esta misma tarde, si vuestro padre ha venido en ello: y vos cariñosa. Soy de Don Lope, habéis dicho, palabras que para el alma cuando pronunciarlas vido, ojalá que se volvieran áspides, y basiliscos. Qué me queda que esperar? tanto habéis aborrecido a un alma, que desde el punto que os idolatró ha vivido constante a fuerza de penas, firme a pesar de martirios. Qué quisistis que ella misma escuchase el sallo impío de la más acerba muerte que vio funeral suplicio. Es gala de lo bizarro ostentarla en un rendido, es blasón de la nobleza hacer del amor delito, Para cuando, para cuando esos ejes cristalinos erizando la meleña de quien las nunes son rizos. Encapotado el semblante. esperezando bramidos que de horror cubran la tierra, taladrando el aire en gritos. Guardaron rayos, si no para castigar han sido la ingratitud más tirana que humanos ojos han visto. Basta Don Juan que me matas, y responder es preciso; que si es verdad que yo dije las razones que tú has dicho. Que no sé que las dijese, fue porque habiendo sabido que yo te adoraba usaste de un arbitrio tan indigno. Pues si matarme has pensado con escuchar tus delitos, el que lo oyó, y no se ha muerto cerca está de no sentirlo. Oh pesi a mi sufrimiento don Juan, don Juan daré gritos, Solo lo que siento ahora no he de oírte, solo ha sido que la boca confesase el desaire en que me he visto, Que cuando tú estás casada, cuando sin remedio admiro en tu liviandad mis quejas, y en tu afrenta mis alivios, Callar, y partirme fuera cómo hacerlo determino a la región más remota el más acercado arbitrio, Qué bien vivirá entre fieras el que contigo ha vivido; que ufana auras quedado, que gustosa, los aliños prevendrás para tu boda, y entregándote al cariño celebraras rendimientos de un corazón afligido. Mal haya la lengua amen que ese gusto darte quiso; de esto partiré abrasado. de esto morire ofendido. Porque ollar con bizarría el desaire cuando vino sin prevención, sin respuesta es un pundonor altivo. Mas no confesarle cuando es dar gloria al enemigo, que en los males sin remedio para el que honrado ha nacido falsa Leonor, más valiera callarlo que no decirlo. . Es verdad, o es ilusión aquesto que ha sucedido! que hay desdichas que aún las duda el que las ha padecido. Don Juan advierte, repara; pero qué es esto que digo yo le llamo, yo le busco: vete ingrato fementido que Don Lope es ya mi esposo, ya Don Lope es mi marido. Ya son ajenos mis ojos, ya tengo dueño; a quien rindo el alma, y ya no he de dar a otra atención mis sentidos. Mas si me muero por él. de que servirá fingirlo si el corazón en el pecho me lo tiene desmentido. Don Juan mi señor, esposo adorado dueño mío, galán, lisonja del prado, bello Adonis, dulce hechizo. Pero si ya soy ajena, y he pasado a otro dominio. y no es razón, aunque quiera usar ya de mi albedrío y finalmente no puedo dejar de ser lo que he sido. Suframos penas, suframos tanto dolor reprimido, y en lágrimas desatados sean mis ojos dos ríos. Que ayudados con el fuego que le prestan mis suspiros aneguen un corazón que entre dos piedras metido está aguardando por puntos el último parasismo. Mas si al dolor el quejarse le viene a servir de alivio porque no falte, más vale callarlo que no decirlo. De un coche ahora se apean dos damas que con despejo tapadas paso entre paso se van entrando acá dentro. Qué dices? Veslas aquí. Y perdonad el exceso, que dicen que estáis de boda, y gozo del previlegio; y también os vengo a dar las gracias de cierto riesgo en que las dos nos hallamos. Mi enemiga es esta. Cielos. Esto ahora me faltaba. Oh lleve el diablo el cochero que acá nos la acarreó, hay tan gran descaramiento, esto es bueno paca haberte pegado con la derengo. De esta vez Don Juan tirano de tu ingratitudo me vengo. Quitad señora el rebozo, que no es razón, ni lo apruevo; quiero ver si es muy hermosa, más mirarela con celos; claro está que lo será. Adon Juan, como me has muerto. Yo lo haré, pero os suplico que solo las dos quedemos. Luisa salte a esotra pieza, y cuidado. . Ya te entiendo, yo voy a afilar las uñas por si hubiere arañamiento. Ya solas emos quedado. Y quitado el manto tengo. Sois muy linda Dios os guarde. Para mataros de celos. Decidme pues mi señora que me mandáis, o en que puedo serviros que me tenéis con sobresalto os prometo. De qué caséis con Don Lope parabién a daros vengo, y a que me le deis a mí, de que aquesta tarde espero ver a Don Juan en mis brazos. Que vuestro padre a quien debo honra, vida, y libertad, así lo tiene dispuesto con el Duque, y me lo avisa, y alegre de vuestro empleo porque se os alegraréis del mío vine al momento a daros tan buenas nuevas. Piedra soy, pues no me muero cielos tantas ansias juntas fuerzan a tantos tormentos: ojos detened las fuentes, mirad, que ahora no es tiempo! Señora, tu padre, el Duque, el novio, y los fariseos. con la demás gurullada van subiendo al prendimiento. A mí me importa el hablaros, y así en aqueste aposento. No os escondáis, para que si echándoos el manto. Temo, que me conozcan. Entrad; si es que os importa esconderos, que quizá me importaréis para lo que hacer pretendo. Mil veces leo el papel, y otras tantas enmudezco; porque si Leonor me dijo que era Don Juan, pierdo el seso. Su esposo, como Isabela dice en aqueste lo mismo, y como ahora Fernando dice que Leonora ha hecho instancia para que Lope sea su esposo, pidiendo que fuese el padrino yo? Pero si Don Juan a un tiempo a todos nos ha engañado me ha de pagar, vive el cielo, con su cabeza el delito de tan loco atrevimiento. Seáis Leonor bien hallada, que con mucho gusto vengo a celebrar vuestra boda. Ya vos sabéis mis empeños, y ansí haréis como quien sois aquí sacándome de ellos. Esto es lo que ella me dijo! Pues como su padre a un tiempo mas si Leonor lo ha pedido, como a mí, yo no lo entiendo. Señora, don Juan ahora por esa calle corriendo en dos postas que a la vista son rayos hijos del trueno pasó turbado, y confuso, afligido, y macilento. Qué dices Luisa? Señora, que estará ya, a lo que creo, según presuroso corre, en los montes Pirineos. Qué confusión es aquesta? Advierte señor, No quiero que en lance tan apretado al Duque hables en secreto? Tú no le diste palabra a don Lope? No la niego: pero fue por darte gusto. Ese gusto te agradezco. No dijiste que a su Alteza, porque se haga con su acuerdo convide para tus bodas? Es verdad. Pues ya lo he hecho: mi palabra está empeñada. El Duque de aqueste empeño me ha de sacar, que estas canas papel donde escribe el tiempo, liviandades tuyas digo con sangre de un hijo muerto. En el han de hacer justicia, mi honor corre detrimento, y en que se case Leonor hoy consiste su remedio; Don Lope ha de ser su esposo. Señor, que advirtáis os ruego que esto es ya reputación. Entendido el caso tengo, Leonor dad la mano a Lope sin replicar. Ya con eso mis confusiones se acaban, Qué aguardáis? Ya te obedezco. A, don Juan que me has dejado en un mar de sentimientos. Aquí de Dios que me matan, y solo del cielo espero el remedio. Esta es mi mano. De palacio ahora vengo para pediros licencia, que a España volver pretendo, y en besando vuestra mano postas prevenidas dejo para partirme a la posta. Hay mucho que hacer primero por Dios que lo que Isabel dice en su papel es cierto, y que por eso se ausenta. Pues la causa no sabremos de tan violenta partida? decid como caballero la verdad, pena de infame sino la decís. No puedo faltar a la obligación de la nobleza que heredo? y así digo. Yo entro aquí, seré relator, y reo: y ansí dándome licencia de todo informaros quiero, Decid. Don Juan, cuando son tan conocidos los riesgos, si allá el decirlo os dañó para vuestros seutimientos, aquí más vale decirlo que no callarlo; así empiezo, Aquí Luisa la maraña tiene fin: Quiéralo el cielo. aquel ne el peinado jardín de nieve, de cristal poblado, alfombra de márfil, colcha de hielo, manto de armisios, de diamantes cielo; cuyos ejes su esfera delicados mueven perlas, y aljófares quebrados. Digo pues que a la margen de su falda una campaña vive de esmetalda, porque un arroyuelo tiritando se pasca llorando de verse pobre, y con industria rara va ocultando la cara, o se emboza sin duda recatado entre el tejido corte de brocado, tal vez de las estrellas al ir pisando clavellinas bellas. Aquí pues una abrota de estas que Abril colora, y que del Mayo suelen los pinceles tocar de gala un globo de claveles: salí señor, que suerte, que pena, que rigor, que azar, que muerte, Vi pues este arroyuelo, por su curso discurro hielo ahielo, y advertí en tierra poca que era saliva blanda de una roca. Páreme a su cortiante, mírela atentamente, y vi que el aire del cristal le hurtaba, y a un clavel que quizá le galanteaba cuidadoso en su nácar le ponia, que un ahogador de perlas parecía, y los tiernos despojos que sobraron. y del roto granate se abrazaron, por quedarse cuajadas ensartadas, se hicieron dos conformes arracadas que mi atención burlaron de manera que pensando señor que verdad fuera quise ufana cogerlas, y entre las manos desgajé las perlas, Todo lo que he pintado aunque al caso ha importado solo prólogo fue de la memoria, y así paso al contesto de mi historia. Estando pues corrida, o suspendida, celebrando la burla referida: llegose hacia la fuente un caballero (que era Don Juan pablando lisonjero, esto importa, que atención te pido, sabrás de un alma lo que no has sabido. Semtidentro del pecho un hielo mal deshecho, y alegre le miraba, y tal vez de mirarle me enojaba, ya arenta le pedía que se fuese, y me enojaba que me obedeciese sin poderme valer de mi entereza, que así se enciende quien a amar empreza, Despedime, siguiome, informose quien era, conociome; supe que tus favores solo goza, que es de España, y que lo honra el ser Mendoza; dio en asistirme amante, y yo en corresponderle muy constante, dile en mi casa entrada, acción de enamorada; Don Lope a esta sazón dio en galantearme, escribirme, saguirme, y festejarme, quise desengañarle sus desuelos, por excusarle a mí Don Juan los celos, llamele, vino, entró, y tras él mi amante; no sé como, por Dios, paso adesante, Sentr en el cuarto de mi padre ruido, quédeme sin sentido, pedile que se fuese, y que la puerta del jardín abriese con una llave, obedeció callando, como estaba su amor desengañando. Lo que pasé con mí Don Juan no digo porque es largo; y así señor prosigo, ni la muerte también más desdichada, pues yo os la cóntaré desahogada. Escribiome Don Lope muy sentido, y para asegurar a mi ofendido tome el papel, y enviésele cerrado; quedo desengañado: y otra noche con nueva demasía, con la llave que he dicho, o suerte impía Don Lope en el jardín entró a desora. Toda yo aquí me he menester ahora: oigo la seña de Don Juan, y a Luisa hago que salga a hablarle a toda prisa, y estando satisfecho mi cuidado, que a mi padre dejaba retirado, oigo que un bulto en el jardín me hablaba, y como también Luisa se tardaba, juzgando que a Don Juan abrió gozosa: hable a Don Lope afable, y cariñosa, entró también mi dueño al propio instante, y brioso, y amante quiso reconocer quien le ofendía: juzgué que era mi padre el que venía; asústeme, pedile que se fuera por la puerta que abierta; a suerte fiera; estaba, echó el postillo, con que Don Juan no consiguió el seguillo? conocile, y quedé señor sin vida, a tan confuso engaño suspendida, fuese muy enojado, quejoso sin razón de mi cuidado siendo imposible en mi desengañarse, y después con Luisa esotro día pues me faltó el aliento, aún para hablarle; a llamar le envió la pena mía, entró mi padre dijo que casado Don Juan estaba, o trance desdichado! a Don Lope di él sí, desesperada; violo Don Juan, saliose: y a esta airada ausencia le ha obligado. Esto es en conclusión lo que ha pasado; este pues de Don Juan es el tormento, aqueste de Don Lope el sentimiento; esta la pena que a mi padre enoja; aquesta mi congoja, aquesto a ocasionado mi cuidado; para aquesto mi padre te ha llamado. Noble, y piadoso eres, haz ahora señor lo que quisieres. si ya vuelvo a vivir. De pena llego a morir. Aquí dio fin mi dolor; no hay más vida que el honor, velvo a vivir. Pienso que te ha alboroza No quepo en mí de gozo que es gran dicha de celoso pasar a desengañado. Don Juan. Terrible rigor. Aveisle dado a Isabel palabra por un papel. Aquí entro yo; no señor, que por remediar mi pena tal engaño quise hacer; mas la primera he de ser que les dé la norabuena. Muriéndome estoy de celos: mas aunque muriendo estoy, veré si con esto doy sin a tan grandes desuelos. Yo estoy, Leonor, muy ufano; pues amor tan peregrino he de festejar; padrino; Don Juan da a Leonor la mano. Y ya que de tu deseo Don Lope el alma ha ocupado, y sabe que no ha pasado vuestro amor de galanteó. De renta tres mil ducados le doy como sea esposo de Isabel. Yo soy dichoso pues murieron mis cuidados. Pues ya imposible es mi amor, digo que soy muy dichosa en ser de Don Lope esposa. Y aquí da fin el autor, pidiendo un victor sencillo, no con doblez ni quimera: que siendo así, más valiera callarlo que no decirlo,