Texto digital de Más vale tarde que nunca
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más vale tarde que nunca. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-vale-tarde-que-nunca.

MÁS VALE TARDE QUE NUNCA
JORNADA PRIMERA
Y Iva el guerrero Marte prodi- gioso. Viva nuestro Caudillo valeroso. Corone de Laurel su frente altiva. Viva el gran Federico. a. Viva viva. En este ameno y deleitoso Prado, de lluvias de jaamines salpicado, catre de Venus, tálamo de Flora, y gabinete hermoso de la Aurora; pues en la perfección de su belleza archivo el Cielo su mayor riqueza, para hechizo del gusto delicioso; que si en el gabinete más precioso los pinceles retratan los primores de las fuentes, las aves y las flores; aquí, donde en olor, canto y bullicio vive lo natural sin artificio, au lucimiento brilla en suino grado, lo que va de lo vivo a lo pintado. En este pues imperio de Amaltea, o ya sea P sil oh Hibleo cuya fragrancia, pompa y amenura con incesante métrica dulzura y en cánticos divierte más suaves la celertia lla de las, ayes. hagan alto mis Tropas vencedoras; y en unión concertada, para el insigne triunfo de la entrada, que en la Corte de Ungria me previenen, se dispongan, se formen y se ordenen. Puéblese el aire con marcial decoro de Jardines de seda y montes de oro, que helaven en sus placidas regiones Estandartes, Banderas y Pendones. Mátice el Sol, cuando desde su essera en las doradas armas reverbera, los grabados arneses, los escudos, adargas y paveses. El Cestro trémulo bullicioso con travieso susurro presuroso, las plumas, las garzotas, los airones, de cimeras, de yelmos y morriones. Toda la Infanteria acuartelada desiile en dos columnas ordenada, guarneciendo esforzados de su Militar Cuerpo los costados de la Caballería en los Bridones tantos marciales jovenes Garzones, cuyo denuedo, gentileza y arte, da lucimiento al sol, y envidia a Marte. Saluden con la fuerte Artilleria a la insigne Metrópolí de Ungria, (las consonancias del Fabonio inquietas de pisanos, de cajas y trompetas, que acompañen en todos sus confines, flautas, ovoes, trompas y clarines, de alborozos vistiendo el aire manso; que no vivo, no aliento ni descanso hasta poner entre venturas tantas a las augustas generosas plantas del grande Ladislao, honor del mundo, nuevo Alejandro, y Marte sin segundo, para eterno blasón de su memoria el alto triunfo de esta gran viotoria. Ya tus órdenes cumplen tus Soldados; mas qué mucho, si vienen enseñados a tragarse las balas de rodillas, como si fuera un plato de natillas? Y aún sé ha visto Soldado con donaire que viniendo una homva por él aire, en vez de retirarse, por no bella, un cigarro al pasar encendió en ella. Así velientes, firmes y animosos, coronados de timbres belicosos, honra dan a su nombre con su acero. No hay honra más segura que el di- Por qué? (neró. Porque el dinero con sus salvas, noble hace ser al que nació en las malvas: por el dinero echa sus coches bellos quien siempre anduvo a la trasera de ellos: por el dinero hay vieja con engaños, que parece una niña de quince años; y si salir de casa determina, (na; se encuentra un casamiento a cada esqui- porque en línea de novios, si conviene, es la que tiene más, la que más tiene: y en fin, por el dinero, a coyuntura todo se ablanda, todo se madura: (bre, mas por sola la honra, aunque se encuin- no he visto dar sino una pesadumbre. Qué profesión más es plendor encierra, que el arte soberano de la guerra, donde sin los agravios de la cuna cada uno sé labra su fortuna? Cuantos humildes animosos hombres consiguieron por ella eternos nombres? Y cuantos Héroes, que el valor pregona, con la espada adquirieron la corona? Que es evidente aqueto no argumento; mas si yo he decirte lo que siento; entra tanto una bala si a uno encuentre, que por eso la guerra no me entra. (do De la guerra el honor del hombre pen- ella inflama el valor y el pecho enciende. Que enciende a algunos nadie lo venti- pero también a muchos despavila. (la, De la fama assobtienen la granjoya. (ra. En muriéndome yo, mas que arda Tro- Ella convida a despreciar la vida. Mo es mala la merienda que convida. Noble espíritu ánima a los varones, que de la guerra siguen los pendones. Harta guerra en la Corte según pasa, tiene con su mujer el que hoy se casa; pues así que abre el ojo a tal antojo, no queda en paz hasta que cierra el ojo. Cómo hombre bajo, en fin, mostrare- denas. la sungre que circula por tus venas, Mas pues ya el sol en tibios es plendores, si no apaga, suaviza sus ardores; ya que a mi voz sobre las armas puerto el Ejército todo está dispuesto, fuego el casión respire, eruja el parche. haga seña el elarín, y el campo maree. Marche; y pues en reglados Esquesro- se mueven ya los Batallones, (en adelantarme quiero, y muy de espiio de hoz y de coz meterme en el Palilio; que de este mundo infiel en el banquete es el que saca más quien más se metu; y así voyme diciendo en voz sestiva. ̱ Viva el gran Fedérico, viva, via. Absorte estoy de escucharte conspiración tan dañosa. Señor, vuestra Majestad mis lealtades reconozca, y como prudente evite les riesgos de su persona. los populares tumultos ngularmente se forman te imperceptibles centellas, que si al nacer se sufocan, con facilidad se extinguen, se embarazan y se cortan: mas si a tomar cuerpo llegan, cuanto examinan deboran. Federico, gran señor, cuya hidrópica ambiciosa sed de aplausos y de honores sus altas prendas desdora, tiranizaros pretende con la vida la Corona. Para este sin auxiliado de las huestes numerosas, con que triunfante del Asia, victorioso a Ungria torna, y protegido de cuantas viles familias traidoras, con el presente gobierno no se ajustan ni conforman, infielmente determina ocupar la Ciudad toda, y hacer que Nobleza y Plebe por aú. Rey le reconozcan, dejando en vuestra Real sangro su aleve cuchilla roja. Miento, que al siniestro informe . de ficción tan cautelosa, Sola la rabia me mueve de ver que su celo estorba a mi ambición, que de Ungria el Cetro en mis manos ponga, dando muerte al Rey; mas yo lo dispondré de tal forma, que no pueda Federico aer estorbo de mis glorias. Y por qué medio se sabe aquesa traición impropia? Conmuraciones tan grandes, que aún discurridas asombran, preciso es que se manejen por tan distintas personas, que por más que a muchas cierre elocuente e imneriosa la retórica del oro, ya los labios ya las bocas: no faltó alguna, que viendo a cuanto riesgo se exponga, antes de volar la mina, no el descubrirla disponga. De ser cierta la conjura varios avisos informan, tan contestes, que en el caso ni varián ni discordan. Pero qué prueba más firme, más constante y más notoria se puede dar que esta carta, en quien de Constantinopla cierto Ministro me escribe? pero dígalo el la propia. . Lee e . Quedo Ved si es cierto lo que digo. Vertí toda la ponzoña. de esta vez consigo cuanto anhela mi ansia traidora. Liloro yo te confieso, que entre dudas y congojas mi entendimiento nausraga, y mi discurso nozobra. Bien sabes, que a Federico ilustre sangre le inferma, pues de su clara ascendencia los heroes que en paz reposan, aún en los mármoles fríos están palpitando ga. Crindo siempre en Corte, bien quisto en ella, y en lodas altos empleos maneja, que desempeña con honra. Las veces que vuelve el Turco hacia nosotros sus Tropas, y Ungria para batirle sus tafetanes desdobla, quién si no es él animoso castiga su vanagloria, coronando de trofeos sus expediciones todas? Pues cómo he de presumirme a que un varón, que se adorna de excelencias tan brillantes, y virtudes tan heroicas; contra sí, contra su Patria, contra su sangre gloriosa, ycontra mí, que es lo más, igual conspiración forma? Si no avivo aquesta llama, mis designios se malogran. Quien a crímenes tan grandes traidoramente se arroja, olvida y pospone cuanto a sus intenciones obeta; y de ingratitudes tales llenas están las Historias. Vuestra vida corre riesgo; la Patria muere, y lo ignora: yo cumplo con dar aviso, por si a su remedio importa: ahora lo que guetare vuestra Majestad disponga. Para mayores empeños sola mi prudencia sobra. Despacha un Correo al punto, y a Fedérico le informa, que en los Lugares vecinos acuartelando las Tropas, venga al instante a la Corte, porque a mi servicio importa. Gran señor, aunque parece, que no es una orden tan pronta resolución acertada, solo obedecer me toca. Si a Federico derribo, aseguro la Corona. Dispon tú que en mi Palacio mayor guarnición se ponga. Así lo haré: aqueste día el Palacio ha de ser Troya. Qué dijera de mí el mundo, si por una venturosa calumnia, que de la envidia supo engendrar la lisonja, la estatua de mi cariño quédase desecha y rota? Federico es mi privado, su prudencia me apasiona, él gobierna mis Provincias, descansa en él mi Corona: pues qué hay que maravillar, que la emulación, celosa fiera, que habita en las Cortes, como en los montes las otras, desquiciar pretenda el templo de su esplendor y su gloria? Yo apartaré a Federico de mi Corte y mi persona, desposeido de cuantos honores su pecho adornan, para ver si de este modo la envidia se desenoja, inquiriendo con recreto esta novedad pasmosa: y si en él hubiese culpa, tiempo para el rigor sobra. Pero sí, como lo creo, venciendo las negras sombras, que a su luz se oponen, sale su lealtad vencedora, juro a los Divinos Cielos de hacer con él tantas honras, que a vista de su grandeza, los que le envidian se corran. Pero qué clarín sonoro las esserás alboroza? Qué es aquesto? Qué ha de ser? que coronado de glorias en este punto, este instante, este minuto, esta hora, el gran Duque Federico, nuevo Marte de la Europa, e al mismo Alejandro Magno le pudo hacer la maniola, después que veinte mil Turcos envió a cenar con Malioma, más fieso que un Escribano cuando una confesión toma, más alegre que una viuda cuando la sale otra boda, y más veloz que un casero cuando var a coger la mosca, de su Ejército a la frente, Sale, llega, marcha, trota, corre, vuela, sube, baja, brinca, salta, vuelve torna, y a ponerse a vuestros pies viene, señor, en persona. Y quién eres tú? . Un Soldado de cólera tan bríosa, que para matar un pollo alboroto una Parroquia. . Pero aquí de mis hazañas escrita traigo la historia. Pues qué tus hazañas mismás escribe tu pluma propia? Si señor, que no está el tiempo para fiarlo de otras. Y qué hazañas son las tuyas! Muy grandes, aunque son pocas: una, haber muerto un Cochero. Y esa es hazaña? . Y notoria, que no es tan fácil matar a un hombre de tanta monta. Y por qué fue? . Porque atento me avisó en cierta camorra, que me querían prender. Fue injusticia. . No hay tal cosa, que avisar y ser cortes a un Cochero no le toca. otra, estando yo en campaña vi puesto sobre una roca un Soldado amigo mío, y sacando una pistola, apuntándole una bala, tiré a derribarle aposta. No fue injuria? . No señor, que es lo que se estila ahora. Pues si el tal era tu amigo? Por aquesa razón propia; que hoy son los amigos como el Apóstol de la bolsa, y hasta ver a uno caído no descansan ni reposan. Aún este necio en sus chistes . mis dictámenes apoya. Humor gastas. . Aquí mucho. Y en la guerra? . Ni una onza; porque el humor se desagua, cuando el acero se toma. Y qué pretendes? . Pretendo pues mis servicios me abonan, una Plaza, que en el aire cualquiera niño la logra. Y qué es? . Una Alferecia, que viene a pedir de boca. Pues yo solamente en prendo de hazañas tan generosas, un consejo quiero darte, y es, que las marciales honras pretendas, si acertar quieres, con la lengua de las obras, que en el tribunal de Marte no se habla con otro idioma. . Ira de Dios, y qué pulgas que gasta el Rey! fuego, sopla: pero por fin, desengaña sin andarse en ceremonias, en cortejos ni funciones, pues después que uno malogra toda la flor de su vida, sin más fruto que esta hoja, para darle cualquier plaza con que la suya socorra, le hacen antes dar más vueltas, que la mula de una noria; y porque nadie lo dude, vaya una pintura tosca. Con el ardiente deseo de ganar dinero en forma, cosa, que si bien se atiende en estos tiempos de ahora, sacará de sus casillas al Tabernero de Atocha: se mete uno a ser Soldado, Religión la más penosa, con más trabajo que algunas, y menos ración que todas, Mientras hay paces, tal cual pasa un hombre su derrota bien, porque hay alojamientos, hay gallinas, y hay patronas; más declarada la guerra empieza la batahola: marcha allí, marcha aculla, hoy a Argel, mañana a Roma, pasado mañana a Flandes: y esotro día a Liorna. Descúbrese el enemigo: fuego de Dios, y qué Tropa! Ya se mueven las Escuadras, ya el General nos exhorta a despreciar una vida, como si uno tuviera otra. Ya comienzan los cañones a echar almendras tan gordas, y ya trompetas y cajas a formar el cuadro tocan. Aquí es ella: ay Virgen mía! que nos cercan, que nos cortan: ánimo, y nadie desmaye, aunque en aquesta derrota le hagan los sesos tortilla, y los huesos pepitoria. Bum, bum, bume Jesus mil veces! Qué ha sido oso? no fue cosa; una bala, que a seis hombres los hizo abrir tanta boca. Nuestro es el día, muchachos: ahora es la ocasión, ahora. A uno sin brazos le dejan, a otro las piernas le doblen, a otro los ejos le sacan, y a otro envían por las costas. Nadie afloje, mueran todos, cruja el parche, y arda Troya: ánimo, que ya desmayan: a ellos, a ellos, que aflojan. Qué batalla hemos ganado! buen suceso! gran victoria! de esta vez a cada pobre plaza de Támbor le toca. Acábase la campaña, a la Corte un hombre torna; va a pretender, y en un siglo no encuentra una buena hora; porque después que anda tres años a la maroma, corriendo por esas calles como caballo de posta, que solo en considerarlo sudo la gota tan gorda, logra:: qué? una ración de hambre, y esto si acaso la logra: mas si siempre fue lo mismo, dejemos correr la bola. Pero ya, según anuncian las dulces marciales Tropas, al Salón de las Audiencias, donde su Sitial coloca el Rey, llega Federico a ofrecerle la victoria: y pues solamente asisten a tan grave ceremonia los Príncipes y Magnates, esta cortina me esconda, y de ver mi atrevimiento plegue a Dios que no se corra. Inclito Monarca Augusto, en cuyos dignos aplansos los clarines de la fama tantas veoca resonaron; a vuettros pies se enloca quien el valor emulando de vuestro fuerte animoso noble espíritu gallardo, de las Otomanas Lunas los celajes eclipsando en Marcial función reñida, digna del bronce y del mármol, de vuestras heroicas Armas, y vuestro nombre preclaro deja el crédito aplaudido, y el honor acrisolado. Alzad. . Notable aspereza! Obró el veneno del vaso. En sin vencisteis? . Señor, vuestro influjo soberano fue quien ministró glorioso esta victoria a mi brazo: y pues por ser gloria vuestra, mi pecho está alborozando, permitid que la traslade desde el corazón al labio. Decid. . Qué severidad! O enn las cosas de Palacio no estoy yo aún bien cocido, o el Rey está mal guisado. eo Para la insyor batalla, que vio el circular teatro, yni de Neptuno en los golfos. ni de diana en los campos, ánimó el bronce sus trompas, previno el fuego sus rayos, (desnudó Marte el acero, Cuabrió sus Pórticos lano. Alí Soliman, aquel valiente Turco gallardo, Viair de Constantinopla, y Gobernador del Cairo, cuyas generosas sienes tantas veces coronaron las verdes pomposas ramas de los Laureles sagrados, con el formidable grueso Marcial ruidoso aparato de ochenta mil combatientes: pentre Infantes y Caballos, que al Danubio caudaloso las márgenes satigando de sus cristalinas ondas los raudales agotaron: después de haber en sus marchas la sangre y fuego talado de los tesoros de Ceres los rubios fértiles granos, que en ramilletes de espigas (fueron de Céftro hálagos, (desvanecido y soberbio sitio animoso a Belgrado, Plaza la más importante de Ungría, pues refrenando, de las Otomanas huestes los ímpetus temerarios, es la llave de la Europa, su antemural resguardo. Gjamás el tiempo llegue, que sus muros ocupando, (de Europa llegue la Puerta dener la llave en la mano! El celo, ánimo, constancia y ardor con que los sitiados rebatieron vigorosos, y valientes rechazaron sus furiosas baterías y generales asaltos, de soliman las ideas totalmente disiparon; en cuyo tiempo la Ungria un Ejército formando de treinta y cinco mil hombres número, que bien mirado, al contrario superaba, aunque inferior al contrario; pues para el valiente esfuerzo de cada Ungaro bizarro, con ser tantos los Infieles, aún no eran bastantes tantos. Y fiado a mi valor de General suyo el cargo, honra, que dejó mi pecho temeroso y asustado, porque empleo tan glorioso, porque honor tan soberano no consiate en adquirirlo, sino es en desempeñarlo; me ordenó, que diligente, todas las marchas doblando, sobre las bárbaras tropas apostase mis Soldados, donde a una campal batalla les empéñase bizarro. Ejecutelo celoso, y aunque el lance era arriesgado, por consistir de la empresa el suceso bueno o malo, en diligencia y secreto, difíciles medios ambos, desvaneciendo imposibles, tan cerca nos acampamos del Turco, que sus trompetas, al romper el día claro, se bebieron todo el ámbar que las nuestras respiraron. No se durmió Soliman, aunque le sorprendió el caso, que uno es admirar el cuerdo, y otro prevenir el sabio: así dividiendo al punto su Ejércrto dilatado en dos numerosos cuerpos, al uno dejó encargado, que reprimiese animoso el tesón de los sitiados; y con el otro tendido en dos alas sobre el Campo, para admitir la batalla se dispuso atrincherado. amás al verse los dos Ejércitos afrontados de la sombría alameda, entre los floridos cuadros, ara delicia y recreo de los sentidos humanos, se pudo proporcionar objeto más delicado; pues el Céfiro travieso blandamente tremolando las plumas de los airones, de los yelmos los penachos, hechos pensiles los vientos de pabellones Lunados, de Militares Banderas, y de Pendones Cruzados, sembrada la verde selva de vivos árboles blancos en la Arcadia producidos, y a la Europa trasplantados, crujiendo el parche ruidoso, fogoso él casión bramando entre armonsas de Venus, de Palas entre aparatos, infundiendo nuevo aliento, nuevo espíritu engendrando, y el Sol en las blancas armas luciendo y reverberando, ofrecieron a los ojos el más insigne, el más raro maravilloso excelente dulce espectáculo grato, que vio Roma en sus antiguos famosos Ansiteatros. Prevenida pues la gente; y ardiendo ya todo el Campo en la Marcial impaciencia de venir presto a las manos, habiendo los Capitanes a sus Tropas exhortade a menos preciar la vida para conseguir el lauro, haciendo señal las cajas, y el último orden dado, empezó la Artilleria a inundar el aire vago de basiliscos de plomo, y de abrasadores rayos, a cuyo tronante estruendo, a cuyo horroroso estrago las bóvedas del abismo crujieron y resonaron. En esta primer descarga, las vidas sacrificando, furiosamente rompinios su gran Guardía de a Caballo, cargándola de tal modo, que al retirarse, encontrando de au Ejército la frento en dos líneas ordenado, la desbarató de modo con su interior sobresalto, que antes que a ocupar volviese el puesto desamparado, dos Batallones de Turcos poner en luga logramos. Así principió este día por uno y por otro Campo, la acción que hará en las Historia eterno vuestro Reinado. No así en las oscuras noches del frígido Invierno helado se desprende de los aires sobre los altos collados espesa menuda copia, tupido vulgo cuajado de mariposas de nácar, o de estrellas de alabastro, como infestando los vientos, rápidos se desgajaron de fuego y metal veloces, áspides envenenados, melancólicos cometas, que predijeron infaustos la muerte de cuantos pudo ficionar su contagio, siendo tanto el fuego vivo, que abortó el sulfúreo parto de los ardientes Vesubios, de los Mongíbelos vagos, que el sol en su quinto Cielo del calor abochornado, iba a padecer confuso tan pavoroso desmayo, que fue menester que al verle de tanto ardor sofocado las plumas de las cimeras abanicasen sus rayos: y aún temeroso quizás, de que Infantes tan gallardos, declarándole la guerra, le echasen del solio abajo, se escondió medrosamente de Tetis en los estrados, para que ella le amparase, le seguían los pasos. Proseguía la Batalla con tesón tan porfiado, (que aunque el Dios Marte en su trono tenía ya preparado el Laurel para la frente del que venciese al contrario, rusó darle a ninguno, de las dos partes instado: de Lunos y de otros confuso, y de todos admirado. En la suspensión dudosa del Marcial éxtasís, vario estaba el Campo, teniendo Cla fortuna en igual grado, cuando a Soliman distingo en un Albanes Caballo, monte vestido de pieles, y de azabache peñasco. Tan lanza entristré, le busco, hacia él con denuedo parto: ero el Turco valeroso la fuerte adarga embrazando, batió el encuentro, y del golpe tan altas las dos echamos las dobles erradas lanzas, que al romper el azul claustro, subiendo astillas de pino, flechas de carmín bajaron. Al segundo choque fue Soliman más desgraciado, pues traspasando mi acero su bruñido arnés grabado, peligrosamente herido se desprendió del Caballo, donde del turbante rojo la pedrería saltando, múllido catre le forma de diamantes y topacios; (y rindiéndose a mi esfuerze a las Tiendas le llevaron, en donde mandé que fuese celosamente curado; porque honrar al enemigo ha sido siempre acertado. Preso el General, sus Tropas de tal modo desmayaron, que por más que Muley Jeque, que era el Comandante o Cabo del cuerpo que sostenia el sitio, vino a su amparo, tanta era la confusión, el miedo y el sobresalto, que no atendieron las voces, con que procuró animarlos, pues en vergonzosa fuga la función desampararon. Así de las corbas hoces a los bierros afilados la cerviz dorada inclinan las rubias míeses del campo, como de nuestros soberbios desnudos alfanjes blancos, víctimas fueron los tristes Linfieles acobardados. Era la medrosa noche, scuyas sombras duplicaron del humo y del polvo, espesos caliginosos nublados: y aunque su lobreguez mustía nos estaba convidando a exterminar a los Turcos, deshechos y derrotados, que por un estrecho puente el Danubio repasaron; en donde el temor a muchos, e los cortaba los dio monumento de espumas tranaparente epitafío; eceloso en aquel lance de los fatales acasos, que de la noche las sombras tal vez han ocasionado hacer la puente de plata, determiné lo contrario; y así toqué a retirar, vuelta a los Cuárteles dando, en donde supe, que el oro, retóricamente sabio, persuadió con eficacía a los infieles Soldados, a quienes de Soliman la custodia había fiado, a que en un ligero bruto le hiciesen poner en salvo, noticia, que engendrar pudo en otros algún cuidado: pero en mí no; pues si miro, que en venganza de su agravio vendrá mañana trayendo nuevo Ejército a su cargo, y esto ha de ceder en gloria de nuestro valor gallardo; razón es que vuelva libre Qquien nos favorece tanto. A la mañana siguiente reconocimos el Campo, en donde fue tan copioso el número extraordinario de Militares pertrechos, de bélicos aparatos, y de importantes tesoros, que en sus Cuárteles hallamos, que excedió de nuestra idea los senos imaginarios. Por cuya razón las Tropas, en jubilosos disparos, al gran Dios de las Batallas reverentes saludaron, dándole gracias humildes, finos, gozosos y ufanos, porque fio de nosotros el castigar esforzados a los que su Santo Nombre tantas veces injuriaron. Este aplauso generoso, este vencimiento raro, esta singular victoria, este triunfo soberano, ni es vencimiento ni es triunfo, ni es victoria ni es aplauso, para quien brioso espera, de su valor inflamado, oscurecer la memoria de los héroes Otomanos, rompiendo sus medias Lunas, y de Cruces coronando de sus elevadas Torres los capiteles dorados, hasta conseguir, que sea su Imperio del nuestro esclavo, y la gran Constantinopla Corte del mundo Cristiano. Porque vuestro nombre Augusto, siempre pío, y siempre claro, en caracteres de bronce, en láminas de alabastro, a los venideros siglos logre quedar estampado. Gran Batalla! Noble empresa! De envidia y cólera rabio: . mas la carta hará su efecto, pues conviene con el caso Dé principio mi cautela al designio meditado. De esta vez me hacen Alferez . o Capitán de Caballos. Fedérico, los trofeos de que venís coronado, que sois buen Capitán muestran, pero desleal vasallo. Y pues los piadosos Cielos de revelar se han dignado de vuestras inteligencias los más ocultos arcanos, del mando desposeído, del empleo exonerado, de mi Palacio salios, de mi Corte retiraos si no pretendéis soberbio, atrevido y temerario, que contra vuestra cabeza esgrima mi ceño airado justo decreso, que firme el acero, y no la mano. Ay Federico! perdona a mi cariño este agravio. . Divinos Cielos, qué escucho! Buenos habemos quedado! por Dios que la Alferecía se fue a dolor de costado. Duque, pues su Majestad se mira tan irritado, sin duda que a sus enojos grande motivo habéis dado. Riguroso es el castigo, mas con justicia aplicado, a quien traidor pone en venta la vida del Soberano. Ea, ambicioso deseo, ya el primer triunfo has logrado. Aguarda, Lidoro, escucha, que mi honor::- Échale un galgo: ten paciencia, que ahora empiezas a beber aquestos tragos. Federico, yo no creo, que vos hayáis intentado obecurecer vuestras glorias con Junares tan infaustos: lo que creo es que la envidia, vibora de los Palacios, en sus venenosas garras pretende despedazaros. Cosas son de la fortuna, y así, señor, conformaos, que el tiempo todo es mudanzas, hoy dichas, masiana estragos. . Este habla bien, pero escapa; porque en cayendo un Privado todos le tiran, y todos huyen de él como del diablo. Ay infelice de mí! llegó de mi muerte el plazo. Qué es esto, señor? qué es esto? Qué ha de ser? que desplomado de mi privanza el robusto instable edificio vago, se desprende pavoroso la gran máquina arruinando, en quien la fortuna quiso coronarme de sus lauros. Ya se apaga este lucero, ya se humilla este peñasco, ya se desmaya esta rosa, ya se disuelve este rayo, y ya en fin aquesta nave corre el último naufragio. Ah! fortuna, cuán volubles son tus mentidos halagos! Adiós, Militares glorias, a Dios, bélicos aplausos, Dios, bastón abatido, Dios, laurel deshojado, MaDios, procelosa Corte, Patria común del engaño, a Diós, que ya de tu centro lleno de congojas salgo. Yo de traidor convencido! de deslea! yo ultrajado! eterna será la vida, que al oírlo me ha sobrado. Pero qué es lo que pronuncio? como infiel conmigo hago de plática tan odiosa cómplice indigno a mi labio? Empañen túpidas nubes el brillante cielo claro de mi lealtad, que es más pura, que ese blandón de los astros: que alguna vez, pues el Cielo no permite los agravios, saldrá el sol de mi inocencia de tan oscuros nublados a disipar los vapores, que la envidia ha condensado. Y hasta que amanezca el día de tan ciertos desengaños, lloremos, ojos, llorermos, sintamos, penas, sintamos. . Ayer, que para sus cosas necesitó el Rey a mi amo, de mércedes y grandezas le llenó de arriba abajó: y hoy que no le necesita, le envía a espulgar a unga y si esto hace un Rey señores, qué hay que fiar de un Indiano? o
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Ataja, que dando el airé volantes rizadas flechas, herido el Jabalí, busca en el monte su defensa. Seguidle todos, seguidle, antes que al prado descienda. A la cumbre. . A la espesura. Al monte. . Al valle. A la selva. Perejil, pues el estruendo de las ruidosas inquietas dulces venatorias salvas, que la verde región pueblan de este enmarañado bosque, cuya fragosa maleza los cristales del Danubio bulliciosamente riegan, pública que a los confines de su matizada essera para el Rey nuestro señor cuya vida al ave ejceda, que el Máuséolo de rosas transforma en cunas de perlas, en tan deliciosa tarde la batida está dispuesta. Ya que el venenoso ceño de esa injusta deidad necia, a quien dieron los Gentiles adoraciones y ofrendas: la fortuna en fin, que airada en mí sus rigores prueba, me desvanece la gloria de que yo su rostro vea, desde aquel insausto día, en que contra mi inocencia abortó la envidia todo el Lolean de su fiereza, dejando para otro tiempo la grata diversión nuestra; separados del bullicio, demos a la Quinta vuelta, Por mi vamos al instante a la Quinta o a la sexta, porque yo estoy a la cuarta, y van a tocar a tercía. Posible es que no te guste de la caza la tarea? La caza? Jesús! los dedos me suelo comer tras ella. Cuándo? Cuando está en el plato con su sal y su pimienta. Por aquí, por aquí baja. Disparadle. . Muera, muera. Jesús mil veces, Jesús! otra música es aquella. Acudid, acudid todos, que al Rey, por inadvertencia herido el Caballo, arroja desde las más altas peñas. Qué lás tima! . Qué desdicha! Qué sentimiento! . Qué pena! Señores, no es fuerte cosa, que entre Reyes y Princesas siempre paran en despeños las cazas de las Comedias? A qué mi valor aguarda, que a socorrer no me lleva, del Monarca más heroico la más insausta tragedia? . Eso sí, hazte pedazos por librarle de la quema, y que todos sus amigos se estén con la hoca abierta; pero en viendo el riesgo al ojo, el más amigo la pega. Malo es aquello: el Caballo al Rey precipitó en tierra, y enlazado del estribo le arrastra, hiere y golpea, aunque disparado corre, atina con la vereda, porque hoy el que más dispara, es el que mejor acierta. Pero mi amo a las salidas le va cogiendo las vueltas; no corre tanto en Madrid junto a la Casa Profesa, el alquiler de una casa, como él los pasos aprieta. Ya se le pone delante, ya en detenerle se empeña, ya desnuda el blanco acero, ya las rodillas le quiebra, y el que antes gastaba plantas, hoy ya no puede echar piernas. Ya el Rey, que era desmayado, del estribo desenteda, ya en sus hombros le recibe: fuego de Dios como pesa! Parece por lo rollizo, Panadero de Ballecas. Iré a ayudarle, señores? sí, que en este caso es fuerza; pero no quiero que digan, que se ejecutó la fiesta con ayuda de vecinos, que será geringa y media. Ya de las peñas le libra, ya por el bosque le lleva. y después de estas andanzas, ya le trae a mi presencia. Volved ya, señor, volved Ataés, que enajena sus operaciones sabias a vuestras nolles potencias. Ved que pendiente del susto está la Ungria suspensa y del dolor traspasada, ni aún los suspiros encuentra. No la helada sangre al mundo prive de alma tan perfecta, pues para vivificarla daros sabrá mi fineza todo el calor de mi pecho, todo el carmín dé mis venas. Miren qué paso tan tierno si con una dama fuera! mas con Damas tales pasos al más recoleto alteran. Ay de mí, que poscido de la rígida violencia del accidente, que cubre sus ojos de noche eterna, aún no da señas de vida! Me río yo de esas señas: mujeres he visto yo, que han estado con la vela, y luego han despavilado maridos como grajea; mas una gran cosa logra el Rey si se muere de esta. Y cuál es? . El libertarse de Médicos y recetas, que para ir al otro mundo son las postas más ligeras. Calla, loco, que no es ele. ocasión de burlas esta. Burlas? mal año en las burlas, que a mí se me han hecho verás. Anda, llégate a la Quinta, y dispon con diligencia, que para llevar el cuerpo envien una lítera, mientras yo de aquella fuente (que si ayer clara y risueña venturas de Amor cantaba, hoy funebre y lastimera, con sollozos de cristal esta desgracia lamenta) voy por agua, pues no basta la que mis ojos anega. . Está muy bien: voy corriendo, ya que hoy en aquesta selva la carrera del caballo nos hace andar a carrera. . Qué débiles en el mundo son de los hombres las fuerzas, cuando el Cielo no se pone de parte de sus ideas! Dígalo yo que aspirando al Trono, Cetro y Diadema de Ungría, a costa de tantas sediciosas turbulencias, resolví dar muerte al Rey en lo oculto de estas breñas: para cuyo fin dispuse, que al ir siguiendo las fieras un Montero, a quien el oro ánimó para la empresa, un tiro le disparase, como que fue inadvertencia: pero el Cielo, que hoy airado mis májimas desordena, permitió que errado el tiro tan solo al Caballo hiriera. Y aunque asombrado del gulpe al Rey precipitó en tierra, y del estribo pendiente le emboscó por la maleza, hasta perderle de vista toda su familia Regia, que acobardada del susto, por varias partes se ausenta, menos yo, que deseando ver el fin de su tragedia, discurrí el frondoso bosque, y en su intrincada aspereza encontré al bruto manchando de corales las arenas; temo:: Mas qué es lo que miro? es ilusión de la idea? No es el Rey aquel que yace reclinado en una peña, de un trágico parasismo entregado a la violencia, que su corazón oprime? él es, o mienten las señas. Propicia ocasión me ofrece la ocasión, que me alimenta para quitarle la vida, sin que ninguno lo entienda. Sea pues este puñal . instrumento de su ofensa; mas por si acaso es fingido el desmayo será fuerza que llegue con disimulo a asegurar mis sospechas. Señor invicto::- Ay de mí! A la vaina el puñal vuelva, . pues aquí ya es imposible, que yo darle muerte pueda. Qué es esto, Cielos Divinos? dónde estoy? quién me despierta del pavoroso letargo, que del golpe a la violencia adormeció mis sentidos, cuando al cruzar la maleza del bosque, hirió mi Caballo de fuego una veloz flecha? Quién, sino es yo, gran señor, quién, sino es yo, ser pudiera el que olvidado de cuanto amable la vida sea, supo abandonar la suya, por librar, señor, la vuestra? (para no perder su gracia, . válgame una estratagema) pues viendo, que inobediente al imperio de la rienda disparado el feroz bruto, por la satal contingencia de aquel desmandado tiro os arroja y os despeña, veloz le salí al encuentro, y abatiendo su soberbia, de su sangre en el mar rojo hice que ahogado muriera. No en vano, Lidoro amigo, tus lealtades granjean tanto lugar en mi pecho, como mi cariño muestra, pues solo a tu bizarría debo tan grande fineza: y así de primer ministro a la dignidad suprema te elevo. . Por tantas honras tus plantas mi labio besa. An, quien pudiera rabioso . darte la muerte sangrienta! Qué dices? . Qué vuestravida los Cielos hagan eterna. Aquí quedó: mas qué miro? mil veces en hora buena sea el venturoso instante, en que venciendo las nieblas, que vuestro sol eclipsaron en tan lugubre tragedia, testituyáis los candores de sus claras luces bellas a los montes, a los prados, a los riscos, a las selvas, que tristemente lloraban eno de tanto esplendor la a Ya en la Quinta:: mas qué veo! frustrose la diligencia: y pues ya el Rey está bueno, voy a decir que no vengan. Fiense ahora en congojitas, desmayos y pataletas, y más de Damas al uso, que de prevención los llevan, y en medio de una visita suelen ensuciar la fiesta. . No os he dicho, Federico, que no entréis a mi presencia? Nadie como yo, señor, vuestros preceptos venera; pero tampoco ninguno hay que en el amor me exceda de vuestra augusta persona: y así teniendo la pena de ver, que precipitado con la herida que le aqueja el indómito Hipogrifo, que de los del Sol fue afrenta, os despide de la silla, y arrastra sobre la arena, dándole muerte animoso, evité, señor, la vuestra. Oh en vidia! qué aquesto es cuche! . rabin de enojo y de pena: pero aquí me es conveniente, que el Rey su verdad no crea. Con que vos me libertastéis del riesgo? Aunque no es fineza, para quien otras mayores por vos tiene, señor, hechas, permitidme y dispensadme, que me glorie de aquesta: porque cuando a un infeliz la fortuna lisonjea con tan altas proporciones de acrisolar su inocencia, desvanece en ocultarlas la dicha de poseerlas. Pues como tridor villano, engañosamente intentas atribuirte la gloria, que a mí el Cielo me dispensa Como yo tan solo he sido dueño de acción tan excelsa; si bien es verdad, Lidoro, que si yo sabido hubiera, que tú de méritos míos labrar tu fortuna ordenas, enmudeciera mi labio, porque a mi lealtad suprema lograr la empresa le basta, y más que el premio se pierda. Quién dijere:- . Quién pensare::- Basta: como en mi presencia tenéis atrevidamente osadía tan resuelta? Señor::- . Señor::- Ea, basta, y este duelo se suspenda, que bien sabe mi cariño a quien la vida le deba. Cielos, ya se ha descifrado . el enigma y la sospecha. Fedérico es traidor, puesto que los méritos se agrega de Lidoro, para ver si en premio de tal fineza le restituyo a mi gracia, para lograr sus ideas; pues ya no hay más que esperar, castíguele su soberbia. Federico, ayer os dije, que jamás a ver volvierais mi rostro, si no queríáis irritar más mi clemencia: y pues no habéis respetado hoy mis órdenes supremas, desde mañana mi enojo os extraña y os destierra de mi Reino, y solamente os perdona la cabeza, porque cuando el Gran Señor a Ungría a conquistar venga, la Corona que os ofrece, tengáis adonde ponerla. Venid los dos, que ya es tiempo de que a la Quinta me vuelva, porque el susto y la caída algo indispuesto me dejan, y Rhasta mañana a la Corte mi regreso es bien difiera. . Tus mandatos obedezco. . Lográronse mis cautelas. . Esto más, Cielos Divinos! donde, donde habrá paciencia para ver que se transformen mis servicios en ofensas, mis méritos en agravios, y en desdoros mis finezas? Traidor yo, cuando latiendo está en mis heroicas venas el brillante honor de tanta esclarecida ascendencia? Traidor, quien sacrificando su vida y su inteligencia, ya en los regios gabinetes, ya en las marciales palestras, a los dardos de la envidia y del casión a las flechas, gloriosamente sostuve, Atlante de mis firmezas, de Ungría el robusto Imperio, que ya se venía a tierra a los incesantes golpes de las huestes Sarracenas? Y en fin, traidor yo, que viendo del Rey la desgracia fiera, en alas de mi cariño, que a las del viento superan, ya que no pude evitaria, logré al menos suspenderla? Mas cuando, cuando en el mundo de este modo no se premian los corazones leales, y las justas inocencias? Qué haré en tantas aflicciones, desventuras y miserias? Quién me refugiará, viendo en mi semblante mi afrenta? Pero pues ya de mi honor corre la nave tormenta, piérdase todo, o consiga hallar el puerto a que anhela, De mi Quinta a la del Rey, que de la familia nuestra fue mucho tiempo, hasta tanto que a su Majestad excclsa la dio mi difunto padre, una oculta mina llega, que para varios intentos se fábricó con cautelas; y que ignorada de todos, por escondida y secreta, me ofrece el paso seguro, hasta una curiosa pieza, en donde el Rey por las noches, cuando en la Quinta se hospeda, como este día sucede, en los libros se recrea: por ella esta noche intento, Sin que el riesgo me estremezca, subir a hablarle animoso, pues consigo en tal empresa, o que mis lealtades viendo, por mi violado honor vuelva, o que irritado de ver mi atrevida inobedieneia, mande que me den la muerte, pues vengo a lograr con ella, que cesen mis sentimientos, que mis ansias se suspendan; y en fin, que de una vez pase mi lealtad y mi inocencia todo el mar de las congojas, todo el golfo de las penas. . En fin, después que nos hizo estirar los cordobanes, volvió el Rey del accidente, que le apretaba el ganate, con que quedaron a asperges Clérigos y Sacristanes. Hizo bien en no morirse, aunque el Dotor lo mandase; porque si viera un difunto, por consuelo de sus males, lo que en su casa sucede así que del mundo parte, había de echar de rabia las tripas y los cuajares. Mas pues estamos de espacio, y no nos inquieta nadie, para divertirnos. vaya una pintura de lance. Apenas cierra los ojos el enfermo a los arranques de la muerte o del Doctor, que todo es uno en Romance (pues donde un Médico entra al punto un difunto sale) abren tanto ojo los hijos, viendo la herencia delante, y la mujer de alegría está que danza en el aire. Descerrajan los vaules, y los escritorios abren. Si dejó mucho, buen hijo: si dejó poco, mal padre: si hay tálego, era un bendito, un Siervo de Dios, un Ángel: mas si no le hay, era un bruto, un perdido y, un alarbe; aunque por mucho que deje todo poco se les hace: y mientras ellos, gozosos echan a la mosca el guante, el inocente difunto, tendido como un alarbe, está sufriendo las vueltas de una vieja perdurable, que al coserle la mortaja, le atanzeca las carnes, de los sepultureros los golpes inaguantables, pues del primer pisonazo todos los cascos le abren. Y la Viuda? haciendo el man, con sollozos, y con ayes, y el corazón más alegre, que una escuela de danzantes, vestida toda de Juto, cédula, que dice al aire: aquí se alquila una boda, el que quiera que no tarde. Viene luego una parienta con seis docenas de Pajes, no para darla consuelo, sino solo para hartarse de dulces y de bebidas, melindres y chocólate, y la dice: Ay, hija mía! contémplote en este lance traspasada de dolores: ello la perdida es grande; qué se ha de hacer? Dios lo ha hecho, es menester conformarse; mañana iremos nosotros: este mundo, ya se sabe, que no da de si otra cosa: hija, no hay que acongojarse. Viene después un Usia, de estos que viven del aire, dando pésames por fuerza, y enhorabuenas de balde, y frunciendo los hocicos. extático de semblante la dice: Acompaño a usted en el sentimiento grave de la muerte de Don Pedro: qué galán era! qué afable! qué cortes! qué bien hablado! qué prudente! qué galante! pues a liberal (Jesús!) no le ganaría nadie; y cuando daba un ochavo, le cascaba un mal de madre. Ay, señores, dice entonces la Viuda con dos mil sales, yo no sé como estoy viva con perdida semejante! Quién me repogerá? quién? ya yo me quedo en la calle. señorita, responde el Usia Galáfate, vaya, que no faltará, quien a llevar se prepare de tan hermosa prebenda la dulesima vacante. Quién me ha de querer a mí? Ay, Jesús, qué disparate! Pues, señora, hablemos claro; si mi amor: pero esto baste: usted quiere? Si señor: pues al instante, al instante; y de este modo, en un punto, sin enfriar el cadaver, lo que era entierro, ya es boda. y el llanto se vuelve en baile: o cuánto de esto secede en Madrid y en otras partes! Mas pues ya mi amo a habrá tomado el portante, y ya el Rey entró en la suya, voy diligente a buscarle, que a las horas de comer no es bien que en Criado falte. . Aurelio, cuando los Reyes, que son de Dios viva imagen, y por lo mismo propensos, mas a derramar piedades, que no a fulminar rigores, toman providencias tales; quién duda, que es el motivo tan poderoso y tan grave, que no deja en su justicia puerta a las benignidades? Y así, tened entendido en suceso tan notable, que pues ayer demostrando la estimación que de él hace, colmó el Rey a Federico de honores y dignidades, y hoy despojado de todas sus grandezas singulares, le destierra de sus Reinos, con severidad tan grande; para esta acción rigurosa causa habrá tan dominante, que dé la clemencia anule las dulces leyes suaves. Ay Lidoro! yo creyera esa opinión, sin examen, a no saber claramente, que en los Palacios Reales, golso que abriga tormentas, y ofrece serenidades, de la emulación rabiosa a los furiosos embates fracasan las inocencias, y peligran las verdades. Feliz el que separado. de su turbulenta margen, geza de una paz benigna. las dulces tranquilidades! Y desdichado de aquel, que en tan halagüeña cárcel arrastra cadenas de oro, grillos rompe de diamantes; pues expuesto a los rencores de algún vil traidor cobarde, cuanto más al solio asciende, mayor caída le abate. Eso es decir, que él suceso de su tragedia notable, se origina de que algún (mal puedo disimularme) envidioso de sus glorias, tiró acaso a derribarle? Es muy cierto, y si yo hubiera de mostrar con realidades la opinión a que me inclino, dijera en aqueste lance::- Qué? Que vos sois el traidor, que la fama le quitastéis. A qué mi furor aguarda? Muere, aleve. Muere, infame. Qué es aquesto? Qué ha de ser? que ese desleal cobarde, murmura de vuestras leyes los preceptos inviolables, diciendo, que es injusticia, que a Federico se trate con rigor, y que si en ello persiste vuestro dictamen, en venganza de su injuria sabrá verteros la sangre. Señor::- . No me digáis más. Advertid que yo::- Ea, baste, que yo sabré que al soberbio torres fabrique en el aire, antes que su sin consiga, la cabeza derribarle. Yo, sí::- Qué aún tienes aliento, villano, para mirarme? Vele, ya de mi presencia, y agradece a mis piedades, que en un público cadahalso no tus designios ataje. Qué esto se consienta, Cielos? Ah traidor ahominable! aunque me cueste la vida, ti tengo de vengarme. . Tú, Lidoro, claro espejo de la verdad más constante, los brazos me dad por tantas finezas imponderables. Señor, a mí tantas honras? otras mayores te caben, pues a ti solo te debo, con fidelidad tan grande, la vida, y sobre la vida todas mis felicidades. . Cielos, ya va a descubrirse la artificiosa, la grave máquina, que los rencores de mi ambición insaciable labrar supieron a impulso de cavilaciones tales. Qué más feliz coyuntura, qué ocasión más favorable ara lograr la Corona la fortuna puede darme? Ya el Rey en su Gabinete (pues del golpe de esta tarde se halla tan restablecido, que no ha querido acostarse) estará solo, gozando de la lectura agradable de los libros, cuyo estudio corona el desden de Dafne. Y pues yo de él por mi empleo tener consigo una llave, darle la muerte dispongo, y después::- mas cosas tales, hasta que el tiempo las cuente, justo es que el labio las calle. Fortuna propicia, siempre mis designios amparaste, en este me va la vida, no tu protección me falte. (llegara, Si el hombre, dijo un Sabio, a ver por más que la ambición le poseyera, la fatiga interior que el pecho altera de un Rey que al bien de todos se prepara, aunque la singular Diadema rara de todo el Universo a sus pies viera, no solamente no se la pusiera, sino es que por no verla se ausensara. El Laurel, que del Cielo los rigores burla feliz, a las iras crueles de la tierra, deshoja sus verdores en los regios mágníficos Doseles: que aunque el Laurel recrea con sus flores, también tienen espinas los Laureles. Ah Cielos! cuán a mi costa, si exámino mis sucesos, de opinión tan verdadera reconozco los aciertos! Apenas el Rey mi padre, mayor Diadema adquiriendo, de Ungria y de Transilvanía colocó en mi mano el Cetro, cuando sobre mi distingo en continuo movimiento, negocios tan intrincados, cuidados de tanto peso, que en los sustos con que vivo malogro lo que poseo. Dejo a un lado, que, sedienta de sorberse el Universo, la Puerta Otomana quiso invadir todos mis Reinos: bien que sin fruto, pues cuando logró mayores trofeos, vino a ser en marcial choque derrotada, y hasta el viento castigo de sus Banderas los desanitrados vuelos: y voy a las graves dudas, sustos y desasosiegos, que me cuestan los negocios interiores de mi Reino. Yo blandamente inclinado a las prendas y talentos de Federico, que supo lugar hacerse en mi afecto, no solo de mi Corona le fle todo el gobierno, sino es también los arcanos más ocultos de mi pecho. Él, por otra parte, tanto desempeñó sus empleos, que no dejó a mis temores ni aún el más leve recelo. Pero dijo bien un Sabio, tan paudente como experto; cuando dijo, que si un hombre de otro hombre pudiera atento, como por una vidriera ver del corazón el centro, nada viera, porque solo al contemplarle tan lleno de cavilaciones, fraudes, engaños y fingimientos, o se tapara los ojos, o se fuera de él huyendo. Yo no ignoro que la envidia tienes solo por empleo derriblar a cuantos logran algún superior asiento; pero en el caso presente no tiene entrada su empeño, pues nadie, sino es Didoro, su traición ha descubierto: y este lo hace, movido de su lealtad, lo primero; y lo segundo, del grande cariño que yo le debo: pues como::- Pero parece, que en mis sentidos vertiendo las suaves confecciones de sus opios y veleños, ladrón apacible usurpa sus ejercicios Morfeo. Descansar pretendo un rato . en aquesta silla. Oh sueño! quién podrá eximirse, quién de las leyes de tu imperio, si a tu potencia tributan hasta los Monarcas seudo? Clara venéhola Estrella del superior Tirmamento, mis intenciones dirige, patrocina mis deseos, pues sin ser de nadie visto, he llegado a este aposento. El Rey al grave cansancio rendido, según observo, de la caza de esta tarde, y del accidente fiero, dormido se deja ver; y pues a este sitio pienso, que nadie entrar puede, a causa de estar cerrado por dentro, y en quedarme en él oculto nada por ahora arriesgo, entre tanto que despierte, a este lado esperar quiero. Ya me brinda la furtuna con el fin de mis intentos, pues allí descubro al Rey sobre una silla durmiendo. Qué miro? Lidoro es este: malogrose mi desvelo: que no previniese yo, que por razón de su empleo; tiene de estos cuartos llave? hay más infeliz suceso! Y pues no puede la suerte protejer mejor mi arresto, desnude el puñal agudo la cólera de mi pecho, y dé principio su muerte al logro de mis deseos. Qué escucho, Cielos Divinos? habrá más aleve intento? Muera pues. . Traidor, aguarda. Suelta, atrevido. . Qué es esto? Qué ha de ser, Príncipe Augusto? lo que demuestra el suceso: vos dormido, ese villano, que hasta aquís vino encubierto con el acero desnudo para herir vuestro Real pecho: y yo al mirar su traición, vuestra vida, defendiendo. Señor:: yo sí::- Calla, calla, bárbaro monstruo sangriento. Ah de mi guardia, Soldados: Hola, Fabio, Julio, Aurelio. Gran señor, qué es lo que mandas? Gran señor: pero qué veo? mi amo aquí? por dónde vino? Si yo allora en casa le dejo, él tiene gana, sin duda, de que le muelan los huesos. A la Torre de Palacio llevad ese traidor preso, en donde a cuantos conspiran contra mi vida y mi Reino, escarmiente, su cabeza. Eso es tirarle al deguello. De gran peligro he sálido. . Viva estatua soy de hielo; pero para mi estos son de Lidoro fingimientos. Gran señor de tus rigores, a tus piedades apelo; oídme, señor, oídme. Que aún tengas atrevimiento para hablar? Ea, llevadle. No siento, señor, no siento la injusta muerté, que aguarda mi triste inocente pecho: solo el corazón me parte el llegar a ver (ah Cielos! quién para inmensos dolores raudales tuviera inmensos!) que en esta ocasión violando de la clemencia los fueros, oscurezcáis, gran señor, el blasón de justiciero. Vos, señor a quien en tantas lides, en tantos empeños, ya en la Corte gobernando, ya en la Campaña venciendo, do mis lealtades heroicas dadas tantas pruebas tengo; solo por un leve informe, de toda verdad ajeno, y producido de quien intenta::- (pero callemos, que más que mi labio explique, pronuncia aquí mi silencio) vibráis las agudas flechas de rigurosos degretos contra una vida, que ha sido escudo del Laurel vuestro? Qué dirá el mundo, señor, de tales procedimientos? A quien os sirve celoso; castigos le dais por premios? Con tan vil desconfianza se pagan tan nobles hechos? Ea pues, volved en vos, mi. Rey, mi señor, mi dueño, que venerando la tierra, que hace vuestra planta cielo, os pido, que deshagáis aqueste agravio a vos mismo, pues no debéis presumir de hombre como yo ese yerro, que soy quien soy, y jamás desdecir de quien soy puedo. Así me volvéis la espalda, airado el rostro y severo? Muy cobarde es mi dolor, pues no sufoca mi aliento. En fin, señor qué respuesta me dais, si es que la merezco? Que del haberos quedado oculto en este aposento, y del haber esgrimido contra mi vida el acero, luego que dormido estuve, vuestra deslealtad infiero: y así, poneos bien con Dios, porque habéis de morir presto. Ay de mí! que ya la suerte contra mi vida echó el resto. Y a ese criado::- Qué escucho! ahora me da cordelejo. Aunque por cómplice infame de los designios protervos de ese traidor, merecía para el público escarmiento colgarle de un árbol::- . Soga. Oh quemarle vivo::- . Fuego. No se le permita entrar en mi Palacio. . Laus Deo. Desde hoy me quedo en la calle, mas ya en la plaza no quedo. Ay Federico, qué mal mi cariño hasta satisfecho! Feliz he isido, celebre mi ventura el Universo; pues si muere Federico, ya seguro el Laurel tengo. . Ah traidor falso engañoso! Venid, señor, y los Cielos sean testigos de cuanto vuestras desventuras siento. Mas lo siento yo, que voy a aprender oficio nuevo: ay amo del alma mía! Quita, loco. . Quita, cuerdo. Aurelio, bien informado es toy del cariño vuestro, y nadie como yo sabe el enemigo que tengo: mas pues ya logra que pague mi vida sus desaciertos, calmarán de su codicia los insaciables deseos: el tiempo todo lo acaba. Vamos a morir, Aurelio, que nada mi pecho altera, pues semejantes sucesos juegos son de la fortuna. Malditos sean sus juegos. Ya el último parasismo de mis trágicos sucesos llegó: pero en vano, en vano respiro quejas al viento, pues sordos a mis suapiros, ya son de bronce los Cielos. Ay del que nace del hado a los rigores expuesto! Ay del que al solio se encumbra para encontrar su despeño! (pio, Y ay del que nace a ser trágico ejem- que a la fortuna representa el tiempo! Cátate aquí a Perejil, la salsa de los gracejos, hecho un pobré pelagatos de un insigne Caballero. Esto es el mundo, mal año para el pícaro embustero: no quiero más sinsabores, yo retirarme de él quiero. Adiós, sombrero raído, hombre de mucho desuello: a Dios, peluquín peinado con polvos de Zapatero: a Dios, Militar vestido, congregación de remiendos: a Dios, cortadora espada, doncella, y no de estos tiempos: a Dios, galas; a Dios, joyas; a diós, honras; a Dios, puestos, que ya en despeño ha parado de mi vida el desconcierto, Ay del que viene a este mundo para no tener dinero! Ay del que sube a un andamio (gento para estrellarse los sesos! Y hay del que nace a ser Cabo y Sar- de la sopa que dan en los Conventos! JORNA
JORNADA TERCERA
Socorran de dos en dos a quien por no tener cobre, es pobre; pero en ser pobre tiene todo el bien de Dios. Den limosna con franqueza a un marido sin fortuna, que quedó tullido de una destemplanza de cabeza. Duélanse con se sencilla de una pierna nada tierna, tan cortes, que a la otra pierna hincando está la rodilla. Asistan a un buen Cristiano, a quien un tumor de plomo le virlo tres dedos, como por la palma de la mano. Logre a todos compungir esta córcoba de vino, tan preñada, que imagino, que está en días de parir. Lastímense del sonrojo de un tuerto, que en una reja le sacó el ojo una vieja, porque echó a una niña el ojo. Mucha gente que lo tiene, va y viene donde estoy yo sin dárseme más por lo que va, que por lo que viene. Nadie me alivia cortes, pues el hombre más sencillo; por no aflojar el volsillo, aprieta al punto los pies. Ninguna, aunque esté asomada, tira un cuarto a mis porfías; porque todos estos días la limosna anda tirada. Reniego de la la hor con que mi sustento cazo, desde que cayó en el lazo el bueno de mi señor. Por más chillidos que dan mis voces, en tal quimera no encuentro quien darme quiera un tapaboca de pan. Mejor es en tal quebranto, para echar medio cuartillo, tomar un hombre un platillo del hoyo del Campo Santo, y luego en las mañanitas repetir, para que den: Acordémonos del bien de las Ánimas benditas. Pero sin causa a sentir llegó esta vida gustosa; porque el pedir una cosa es, que no hay más que pedir: pues si a decirlo me aplico, hoy en el mundo es sin freno el fingirse malo, bueno, y el hacerse pobre, rico. Lo primero, yo no dejo paga a todo cuanto tomo; porque el pobre es libre, como el Barraco del Concejo. Yo me levanto caliente a las diez, como hombre antiguo, y al instante me santiguo con dos cuertos de aguardiente. A un gárito mi fe baja, donde muchos se entretienen, y así que las cartas vienen, me meto al punto en baraja. Dos tazas dan a la tuna de caldo y sopas, por Dios, y en demanda de las dos, me voy corriendo a la una. Junto al Galopin me envoco, y que grito mucho escucho; pero aunque yo grito mucho, a mí se me da muy poco. Esta comida cogida, otra mi desvelo agencia; porque lo que es esta ciencia, la llevo yo ya comida. Por la tarde con fervor me voy al Sol de los prados a buscar a mis criados, por ser todos de mi humor. Ellos al verme de chanza me piean con mil desuellos, y por eso yo con ellos traigo una grande matanza. Luego a casa mi destino dirijo a cerrar el ojo, y en el cámino recojo lo que encuentro de camino. Ceno mucho, bebo bien, y duermo a pierna tendida; y ve aquí toda mi vida por siempre jamás, amén. Este dulce guirigay mucho a mi genio conviene: pero hacia aquí Aurelio viene hombre de bien, si los hay. En él mi amo, allá en la Torre, no hay fineza que no encuentre; y aún la plaza de mi vientre de cuando en cuando socorre. Por aquí mi pecho ordena::- mas qué miro? . Linda flor! No es Perejil? . No señor. Pues quién eres? Yerba buena. Pues quién, sin piedad ni fe, puso a Ierba buena así? La mala que descubrí, y la buena que pisé. Qué tumores tan fatales son los que tienes hoy día? Bultos que de noche cría la humedad de los portales, Pues a qué fin, sin cuidado, pusiste en allos los pies? A buscar lo que después me pesó de haber hallado. Y solo de tal ceguera sus males tu cuerpo roba? Todos, menos la córcoba, que esa se echa el cuerpo fuera. Pues si todos los demás allí tu pena encontró, como la corcoba no? Porque esa viene de atras. Y para que no se encone, qué manda el Médico, qué? Que estudie en los libros de Salgado de Retencione. Pero que por tus locuras padezcas tanto dolor? Dios le libre a usted, señor, de tentaciones a oscuras. Mas pues ya el hambre me altera, y usted se muda a Palacio, ya hablaremos más de espacio. Adiós, hijo. . Aguarda, espera. Usted metido en su tropa, no tiene que hacer acá, y yo tengo que ir a la Oficina de la sopa. No quieres a tu amo ver, que por ti me ha preguntado? Cómo, si está más cerrado, que cajón de Mercader? Yo conducirte prometo a verle en desdicha igual; pero estó ha de ser con tal, que me guardes el secreto. Secreto yo? no batallen, que no puedo. . Por qué no? Porque aunque le guarde yo, está a pique que me le hallen. Nada tienes que temer, cuando soy yo quien te llamo. Pues si yo veo a mi amo, me viene a mi Dios a ver. Qué en fin vienes? Linda ropa! Pues vamos juntos los dos. Vamos aprisa, por Dios; que se acabará la sopa. Ven, muerte, tan escondida, que no te sienta venir, porque el placer del morir no me vuelva a dar la vida. Dalce muerte, a quien camino, ven, sa te apiada mi voz, tan escondida y veloz, como mi desgracia vino: así logrará el destino ver su sentencia cumplida; apresura pues la herida, muerte, y no suspensa quedes, mas si tan veloz no puedes, ven, muerte, tan escondida. La muerte a mi mal esquivo, que es solo el alivio infiero, y así, el gozo de que muero, temo que me deje vivo: por esto (o muerte!) apercibo, que oculta me hayas de herir; y así, cuando al dividir tu segur mi corazón venir te sienta, dispon que no te sienta venir. Al que la vida prefiere, la muerte veloz ofusca, solo la muerte no busca al que la vida no quiere: de esto una duda se infiere, que nadie ha de decidir, si en el mundo, a mi sentir, concecuencia regular, no es del vivir el pesar, por qué el placer del morir? La suerte tirana y dura, al que ser infeliz llega, hasta la muerte le niega, porque sus males apura: y como tanta ventura es el conseguir su herida, en tormenta tan crecida recela mi dolor fuerte, que el gozo de ver mi muerte, no me vuelva a dar la vida. Ay de mí! que mis suspiros acrecientan mi dolor. i. Señor, acá estamos todos: alabado sea Dios. Perejil? qué es lo que miro! Mudanzas del mundo son, que juega con todos a lo de quita, saca y pon; pues siendo ayer un Marqués, hoy un saca trapos soy. Aprended, flores, de mí, lo que va de ayer a hoy. Pero quién, dime, ha causado tus graves males? Quién? yo; pues hoy en día, a Dios gracias, mis males, mis bienes son, y con ellos paso una vida de un Corregidor. Pues qué es eso de la pierna? Tramoya de elevación. Qué es lo que haces? Qué? volver a las andadas, señor, Y a qué vas a la ventana? A ver si soy corredor. Y los dedos? Esa es otra. Qué los has hecho, busón? Ellos son los que me dan la mano en tanta aflicción; pues si supieran la mosca, que caza aquesta invención, tomarian el tener menos dedos más de dos. Qué es eso de la corcoba? Es mostrar, que mi intención no es recta, pero me vale cada semana un doblón, que aunque es mal que atrás se queda, jamás atras se quedó. Y el ojo izquierdo? Ese es mi Mayorazgo mayor: ahí no es nada lo del ojo, conservémele el Señor: pues después que él no vio nada, no vio nadie lo que él vio, Y en qué estado está mi causa? Dicen, qué de la prisión te sacarán brevemente: pero será en procesión, dirigiendo tu paseo hacia la Plaza Mayor, para que en ella el Verdugo, que es un buen sastre, por Dios, eche en el aire un cuchillo de tu garganta el calzón. Ah lleve el diablo al infame pícaro revolvedor de Lidoro que es la causa de toda aquesta función, teniendo porque callar, y no ser un hablador. Pues imaginas tú acaso, que Lidoro fue traidor? Mas que el Conde Don Julian que Bellido y Galalón. No atribuyas neciamente a tan ínclito varón mi desgracia, pues el Cielo es solo de ella el autor. No hay en el terrestre globo privanza tan superior, que a las injurias del tiempo, con indecible tesón, no se desvanezca sombra, o no se marchite flor. Pensar que el brazo del hombre puede hacer esto, es error: pues para tan grande triunfo débiles sus fuerzas son, y cualquiera que lo mire a la luz de la razón, conocerá que interviene en ello causa mayor. Esta es Dios, único móvil de la humana variación, que eso de que la fortuna tenga tal jurisdinción, el Gentil puede creerlo, pero el Católico no. Pues si aquesto reconozco, por qué me he de quejar yo, de quien es el instrumento de las májimas de Dios Pues si Lidoro no fuera, estarías tú en prisión? Sí, que si estaba del Cielo, que pasase tal rigor, en otro sujeto hubiera recaído la elección. Una por una, él se da una vida de un señor, siendo un pícaro velitre, sucio, insolente, bribón, que me tiene más hambriento, que Paje de Relator, y como le coja:- . Calla. Mala muerte le dé Dios. No te alteres. Soy un diablo, un Atila, y un Nerón. No harás por mí una fineza? Esa es buena: por qué no? Sacaré un cuarto a un Jndiano, engañaré a un Impresor, y daré muerte, si quieres, al Callo de la Pasión. Pues mira, yo conociendo, no sin angustia y dolor, la lentitud con que el Rey trata mis negocios hoy, de escribirle un memorial tengo la resolución: y porque a sus manos llegue con seguridad mayor, de ti valerme pretendo, pues con tu chiste y tu humor, para ponerle en sus manos no te faltará ocasión. Y será cosa, de que en premio de tal favor haga el Verdugo en la Plaza con mmi lengua un salpicón? No, que a nadie ofender puede tan debida pretensión: y pues confiscados todos mis bienes, no tengo hoy mas, que este diamante, él sea premio de tan noble acción. Señor, yo::- No me repliques. Si? pues venga a lo Doctor. Ven, que en el cuarto de adentro a escribir el papel voy. Cielos, no quiero la vida, sino acrisoláis mi honor. . Vamos: de esta vez me prenden, me zampan en un serón, me ponen en una horca, me lleva el diablo, y a Dios. . Qué mal descansa, Cielos, entre sustos, congojas y recelos, quien brazo a brazo lidia con el soberbio monstruo de la envidia! Y más sí, como yo, sufrir consiente de la ambición la hidropesía ardiente. Hoy la paz alterando en Alemania, de Ungria al Trono as piro, Transilvanía, y aún para mi insaciable fuego aleve, es aquesta facción trofeo breve, hasta que logre mi rencor perverso el Laurel desbojar del Universo. Todas las Guarniciones. de las más numerosas Poblaciones, me prometen felices vencimientos, y aún en la Corte apoyan mis intentos. Solo me da cuidado el dar la muerte al Rey determinado; pues aunque por dos veces lo pensaron lograr mis altiveces, le libró Federico, honor del Orbe, mas ya no hay Federico que lo estorbe, pues al impulso de mi informe falso, en un funesto público cadahalso, si el Cielo su desgracia no remedia, hará en el mundo la mayor tragedia. Pero hasta aquí se ha entrado de Fedérico aquel leal criado, (rias, que por mi ecusa expuesto a mil inju- lleno está de desdichas y penurias. De él pretendo valerme, (me, pues si una vez se empeña en protejer- según la lealtad de su persona, seguro tengo el Cetro y la Corona. Si de este memorial salgo sin males, me meto a conductor de Memoriales. Por aquí:: mas qué veo! ay qué retablo! a mí y al Memorial nos lleva el diab Ven acá, picaron. . Ah boca salsa Dónde andas, Perejil? Ando en la salsa, y ahora traigo de tales turbaciones sembrado el perejil en los calzones. Qué males son aquesos? (tienes? Son mis bienes. Y en qué consiste el mal olor que En que mi fiel persona desgraciada, si fue valida ayer hoy es privada. Mira, si yo te premio con largueza, por mí querrás hacer una fineza? Como sea llevar algún billete, ejercer el oficio de alcahuete, citar a una mujer a una hostería, engañar a su madre o a su tía, robar a un Mercader con diligencia, o cosa que no cargue mi conciencia, desde luego me animo a tal intento; mas si es algún pecado me arrepiento. Como tú diligente y cuidadoso patrocines mis májimas celoso, te he de hacer hombre. Linda es la zozobra! días ha que mi padre hizo esa obra. (go Quiero decir, que premiaré tu encar- con ricas juyas, y con un gran cargo. Pues como sea hurtar, al punto llego; porque yo a casos de honra no me niego. Tendrás brío y aliento::- Y aún recato. Para con sutil puñal::- . Zapato. Quitar la vida al Rey? Bella partida! esa no es acción justa ni de vida. Qué importa, si así logras el trofeo de salir de miserias? . Ya lo veo. Pues vaya. . Qué? . Responde. Hay tal postema! hasta en el escupir gasto yo flema: mas no daré respuesta a tal envite, sin que primero me recapacite, en sí me darán tales funciones. (nes, Pues mientras yo discurro esos salo- lo que hacer detérminas reflexiona, mira que me va en ello la Corona. . Ahora bien, pues ya solo nos vemos, este grave negocio consultemos. Supongamos que al Rey las uuelina vojo, que le envaino el puñal, que cierra el ojo, que se descubre el cuento en un instante, que viene un Alguácil y me echa el guante, que a la cárcel me llevan y me doman, que luego allí la confesión me toman, en la cual yo me turbo muy cobarde, porque la suelo hacer de tarde en tarde: bien que mi flojedad no se disculpa, pues si no me confieso es por mi culpa; que al deguello me tiran mano a mano Procurador, Agente y Escribano: uno pide, otro chupa, otro da prisa, y entre todos me dejan en camisa; que viendo que yo niego esto y esotro, sin más ni más me montan en el potro, en donde, aunque mi voz sea muy lerda, me hacen cantar por debajo de cuerda: pues al sufrir dolor tan riguroso todo de arriba abajo me descoso: que después de esto, si el dinero cunde, en paz me dejan, porque el pleito se hunde: pero si no la causa sigue lista, y que en fin llega el día de la vista, descúbrense los Jueces sin compases, hechos unos Anases y Caisases, pregona el Relator mi vida justa, y si hay unto, se come lo que gusta, pues todo Relator discreto y grave, tiene más que comer, si comer sabe. Acábase la historia dura y fuerte, y empieza un Abogado de esta suerte: Señor, cuando el delito está constante, no castigar el reo es malsonante, como dice Barbosa, Ruiz, Medina, y Calderon en su arte de cocina: el delito es notorio y bien sabido, el reo está confeso y convencido, ergo secundum legen de Mallorcam, Peregilís colgabitur in horcam. Luego habla más o menos mi Abogado, al tenor de la mosca que le han dado, y dice, cuando un hombre bien nacido del vino se contempla poscido; nada que él excente satisface, porque no sabe entonces lo que hace: y así, Villegas en su Plos Sanctorun, dijo: vinus es pater borrachorum: que él estaba borracho, caso es tierno, porque es un lobo eterno y sempiterno: ergo secunduin practicam civilis, deber soltarí libris Peregilís, Poco a poco, señor, que es desacierto, así que cerró el ojo, dijo el muerto, (gis que en juicio le oyó hablar: ergo sin ju- est Peregilís reus de Verdujis, que así lo trae Cervantes, por ley ancha, vida de Don Quíjote de la Mancha: (bos, que el borracho está libre afirman bo- Villárroel, Villalpando y Villalobos, y que el muerto mintió dicen, si corres el Barrabal y el Piscator de Torres. El delito es probado; fue de prisa: pues el Rey no murió? murió de risa: reus matantís horcam mi hi pringo, nego, concedo, probo sie, distingo; que un hombre de su ciencia, en qué me excede? defienda a un reo que sudar no puede, y deje al brazo Real, de cuyo aumento puede es perar un buen Corregimiento. Y el alma, señor mío? linda calma! que se la lleve el diablo qué buen alma! Digo que es toy convicto, y por instantes debe morir el reo, y cuanto antes; pues según Ponce, inparrafo Candilis colgarí merecetur Peregilís: eso me gusta: otorgo lege plena: y el reo? que se ahorque norabuena; porque Ángulo, Pilatos y otros trece, dicen, que lo bien hecho bien parece; y así, plenís cadenibus y grillís, prevengábitur horquís, campañillís. Con que en limpio sacamos sin rencilla, que me zampan después en la Capilla, y del mal de garganta que me plugo, muero entre los calzones del Verdugo; pues no señor, no entiendo aquesa plaga, mátele Dios, y buen provecho le haga. Habiendo a los salones vuelta dado, vengo a saber lo que has determinado. A Lidoro seguir quiero constante, que no sé qué me dice su semblante. Qué es pues lo que tu voz dice y profiere? Qué ahorcado muera yo si tal hiciere. Con qué dar muerte al Rey dudas? Qué escucho? . Si señor. Ah cobarde! . Pero mucho. Cielos, habrá maldad más conocida? Dale muerte. Yo muerte? no en su vida. (breve No es menester, traidor, que muy en se la sabré yo dar. . Ah infiel aleve! Pues un medio he pensado y discurrido con que quede mi intento conseguido: pero antes::- Ay de mí! que abre los ojos. Para que no publiques mis arrojos, el secreto guardar tu vida cueste. Que me matan ay! ay Qué ruido es este? De Federico ese traidor criado, que a buscaros venía disfrazado, con ánimo, señor, según comprendo, de quitaros la vida. . Ya os entiendo: y así, hola. Plegue a Dios, que sordos sean: cerca mi muerte está, pues que me Ah de mi guardia? (olean. Ay Cielos, qué apretones! (pones? Qué mandas, gran señor, o que dia- A ese criado::- Hoy muero de repente: . deme ese Memorial por inocente. Para que a verme cada día venga, dadle el mejor vestido que yo tenga. Vestido estés de perlas y diamantes, de esmeraldas, topacios y brillantes, desnudo del que tiene frenesíes de llenar tu vestido de rubiíés, y vestido en el Cielo halles tu nido, sin que del diablo seas en vestido. Basta, loco. . Venid. Ya voy sin dudas. A seo Judas? . Infame::- Ahórcate, Judas. Algo el Rey escucho; mas por si acaso, a acelerar mis intenciones paso. . Qué turbado a Lidoro considero! de su semblante su traición infiero: pero es te Memorial ver solicito; . dice así: Gran señor, si vuestro invicto pecho suavizar puede mi inocencia, apresurad el fallo a la sentencia, que con valor mi espíritu la abraza: solo temo el pesar que os amenaza, (co pues vuestra muerte anuncio y pronosti- en perdiendo la vida. . Ya no hay valor, ya no hay paciencia, Cielos, para tantas congojas y recelos. Lidoro aspira a mi Laurel; perjuro de Fedérico, vivo mal seguro: y entre uno y otro mi temor advierte el pálido semblante de la muerte. Pero antes, pues soberbio lo repite, que Lidoro se arroje y precipite a cometer un crimen tan enorme, de Fedérico es justo que me informe, que de este aleve las traiciones sabe: y pues de su prisión tengo una llave, con ella determino ver si tales árcanos examino. (cias, O mundo, en tus grandezas más propi- qué amarguras no ecubren las delicias! Pálido horroso albergue, en cuyas sombras confusas la melancólica nocho sus Jbregueces estudia, pues tu tenebroso centro, de un vivo cadaver tumba, con mudo silencio suele dulcificar mis angustías, que ya suaviza las penas el que atento las escucha: hoy mi voz::- Pero quién pisa aquesta mansión oscura? Quién de ella quiere ensalzaros a la grandeza más suma. Esta es la fúnebre estancia, que trágicamente acupa Federico: mas qué veo! a cada paso más dudas. Lidoro en aqueste sitio? qué intención será la suya? Pero pues no pueden verme, quiero oír lo que consultan. Lidoro, pues a qué efecto aquí tu anhelo me busca? Sepamos si estamos solos. Aquí a nadie hallar discurras, porque un privado, en cayendo, pocas visitas disfruta. . Pues oíd. Donde irán, Cielos, a parar tales preguntas? Airado el Rey, en venganza de los agravios, que juzga que le habéis hecho, olvidando con tirana ley injusta los trofeos que le dieron vuestra espada y vuestra pluma, que en un público cadahalso la vida os quiten promulga; pero yo reconociendo cuanto vuestro honor fluctua, que el perder la vida un noble ni le altera ni le inmuta, pidiéndoos, perdón de todas nuestras antiguas disputas, vengo, no solo a libraros de tan estrecha elausura, sino a poner animoso (o logre su fin mi astucia!) en vuestras sienes de Ungria la Imperial Corona Augusta; para cuyo efecto, solo os pido me deis ayuda para darle muerte al Rey, que esto en tu valor se funda, luego que la libertad mi fineza os restituya. Para dar la muerte al Rey? Qué aquesto mi pecho sufra! Pues teniendo en favor vuestro del Pueblo todas las Turbas; y yo a todos los Soldados, de las Plazas más robustas, fácilmente lograremos, si protegéis mis industrias, que muerto el Rey, toda Ungria su Monarca os constituya. Habrá intención más villana, más aleve, más injusta? Pero oigamos qué responde Federico a la consulta. Lidoro, antes que mi labio mi resolución descubra, a cuanto yo preguntare daréis respuesta? . Eso dudas? Albricias, que según veo, a mi dictamen se ajueta. Pues decidme: no sabéis, que la sangre que me ilustra, de verdes Laureles ciñe su anciana pompa difunta? Quién podrá négaros cosa, que todo el mundo pronuncia? Desde que ocupé el empleo, que ocasiona mis angustias, no he servido a la Corona con la integridad más pura? Tanto, que no hay en el Reino pobre, fuérfano ni viuda, que vuestra ausencia no llore por el mal que les redunda, No he manchado el esplendor de las Otomanas Lunas? Ellas lo digan, pues yacen pálidas, tristes y mustías. Cuando a Soliman prendí, fue cómplice de su fuga mi cuidado? No por cierto. Y decid, no fue cordura recoger mis Tropas, viendo que la noche nos circunda? Es claro; mas porque a nadie atribuyáis la calumnia de esa acción (ya nada pierdo en descubrir mis industrias, pues antes así le animo . a que a mi fin se reduzca) yo fui quien, por ascender de vuestro empleo a la altura, os supese aquese crimen, que vuestras glorias deslustra con una carta fingida, que tuvo el Rey por segura, Ah vil Lidoro! qué tarde reconozco tus astucias! El día qué despeñado cayó el Rey a la espesura del bosque, no di yo muerte al caballa? . Quién lo duda? y más si añades que el tiro, que al soberbio bruto asusta iba encaminado al Rey por orden mía. Qué escucha mi pecho! . Y por no acertarle, todo mi intento se frustra, como también, cuando luego le dejó vuestra ternura sobre aquella peña, yendo a una fuente tersa y pura a buscar agua, que entonces darle la muerte procura mi rabia; mas vuelto en sí mi pretensión disimula. Que estuviese yo tan ciego; que no échase de ver nunca de aqueste traidor villano las intenciones perjuras! Ultimamente, decidme, cuando aquella noche mustía astaba durmiendo el Rey, quise yo matarle? . Nunca. Pues quién? Yo, que con su muerte labrata pensé mi ventura. Hasta aquí pudo Ieganr la obstinación más sañuda. Ay Fedérico, qué oprobios has padecido sin culpa! Con que todo cuanto he dicho es evidente? No hay duda. Pues cómo quieres, Lidoro, que quien de sangre tan pura, de tan ilustre ascendencia altos blasones disfruta, que quien expuesto a los tiros de la envidia y la calumnia, en defensa de su Rey, de su Patria y la honra suya, a la frente de sus Tropas blandiendo la espada aguda, dejó la muerte cansada de cortar gargantas Turcas: en fin, que quien inocente de las ofensas y culpas que le han supuesto, ha vivido con penas, sustos y angustías; ya en afrentosos destierros, y ya en prisiones oscuras, sin que jamás respírase, ni una queja, con ser justa, se precipite alevoso a la maldad, más impura, que es dar la muerte a su Rey, de Dios retrato y figura? Y agradece a las prisiones, que mi valor descoyuntan, el que sin castigo vuelvas de tu infame vil conducta, que sí no, viven los Cielos, que en venganza de la injuria, ite me hacéis en presumir, me es capaz vuestra locura de inclinar a tal delito la lealtad que me ilustra, os hiciera más pedazos, que arenas el mar inunda. Ah fiel amigo. tu nombre la fama en bronces esculpa. Pues para que en tiempo alguno reveles lo que rhusas ejecutar, este acero, que mi cólera desnuda, ahora que estás indefenso, te dara muerte sañuda. Aguarda, traidor, detente. Estatua he quedado muda. Qué es lo que veo? Soldados? Señor, qué es lo que promulgas? Señor? Mas qué es lo que miro? buena está la baraunda. Que a este pícaro no acaben de sentarle las costuras! Llevad ese traidor preso, y un cadahalso se construya, que hoy ha de ser su cabeza desagravio a tanta injuria. Ay de Me alegro más, que si fuera suegra suya. Y tú, Fedérico amigo, de mis Imperios columna, llega a mis brazos y en ellos a mi afecto disimula el grave crimen, que tanto mi Real corazón angustía de creer, que en ti pudiese haber ni aún sombra de culpa, que yo al mirar, aunque tarde, de cuanto tu lealtad triunfa, disipando torpes nievias de maliciosas calumnias, no solo cuantos empleos, honras y grandezas sumas gozabas, te restituyo, sino es que en memoria justa del lugar, que en mi cariño hoy tus méritos ocupan, gran Condestable de Ungria mi Majestad te intítula. Bien, señor, en tantas honras mostráis que soy vuestra hechura. Digno premio a sus hazañas. Roparen, por vida suya, qué maldita cara tiene el primo carnal de Judas. Ea, qué aguardáis? llevadle, y la sentencia se cumpla. Gran señor, si acaso pueden merecer vuestra ternura la púrpura derramada en tantas marciales luchas, las excelentes victorias, que mi brazo reditua; y en fin, las grandes fatigas, y las mortales angustías, que he padecido, mirando que mis hazañas se ocultan, que mis méritos se olvidan, que mi valor se calumnia, que mi lealtad se ofende, y se ultraja mi conducta, que a Lidoro perdonéis os suplico. . Ay qué locura! pues no es mejor que le que le echen una ayuda? Calla, loco. . Pederico, qué es lo que tu voz pronuncia? pues cómo, a quien desluciendo los blasones que te ilustran, por medio de sus villanas cabilosas imposturas, ha sido causa y origen de tus adversas fortunas, quieres librar del castigo, que a sus traiciones se ajusta? Como él ha sido, señor, el que entre tantas angustías acrisoló mi lealtad, que hoy resplandece más pura; pues aunque tan tarde vos, en las sombras que os ofuscan, habéis, señor, conocido, porque nada el Cielo ocusta, la rectitud de mis obras, más vale tarde, que nunca. Y así, a vuestros pies rendido, asilo del que los busca, os pido le perdonéis el desacierto y la injuria de haber, señor, conspirado contra vuestra vida auguata: que yo, por lo que a mi toca, su agravio es razón que supla, pues por él he conseguido, que más mi lealtad luzca. Qué me podrás tu pedir, a que yo me niegue nunca? Ya la gracia de la vida si Real pecho le asegura. Señor, por más que este di mi vergüenza me confunda, mis obras os dirán cuanto mis dictámenes se mudan. Y a vos, Federico, el alma a vuestros pies contribuya, por tan heroica fineza, diguas alabanzas justas. Qué léstima es no meterle un rejón por la asadura! Alzad, que a mi cargo que cuidar de vuestra fortuna. y a vos, Aurelio, los brazos cariñosos os descubran cuanto interesarme pienso en todas vuestras venturas. La mayor que logro, es que vuestra inocencia triunfa. Ay Federico, hay amigo, sol de la lealtad más pura! tarde vino el desengaño. Mas vale tarde, que nunca. Digo, y a mí, que por es cara de tapón de cuba, he sido cuatro semanas sobrestante dé la tuna, qué me han de dar Mil ducados. Mil ducados? Esa es zumba. pues con uno solo hay hombre, que oro bate y plata acuña. Y Joseph Julian de Castro un vitor humilde busca, pues aunque tardéisn darle, más vale tarde, que nunca.
