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Texto digital de Más triunfa el amor rendido

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Agustín de Salazar y Torres Probable yJuan de Vera Tassis y Villarroel Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más triunfa el amor rendido. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-triunfa-el-amor-rendido.

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MÁS TRIUNFA EL AMOR RENDIDO

JORNADA PRIMERA

Y Yiva Minos. . Minos viva, y se dilate su Imperio por cuantos climas el Sol ilustra en lucientes cercos. Cesen en aplauso mío los Militares estruendos, y en acordes consonancias venid al sagrado Templo de Amor a rendir las gracias, pues son suyos mis trofeos pregonando sus clarines, y las citaras a un tiempo sus triunfos y mis victorias, en varias voces diciendo::- , . Venid al Templo de Amor, hijo de Marte y de Venus. Pues clarines, y liras con propiedad a un tiempo::- A un Dios, que todo es armas::- A un Dios, que es todo afectos::- Explican con dos voces un concepto. Soltad, soltad las trabillas a Ventores y Sabuesos. Al valle. . Al monte. A la selva. Dejad el curso ligero de ese fugitivo monstruo; pues más veloz instrumento, que vuestras flechas (oh Ninfas!) se esgrimen contra mi pecho en estas voces, que dicen, hiriendo el alma, y el viento::- , . Venid al Templo de Amor, hijo de Marte y de Venus. Cómo, Ninfas, consentís, que el sacro culto, el excelso honor de Diana, ultraje ese sacrílego acento, o ese acaso, que confunde entre el venatorio estruendo, el Militar? No atendéis esos repetidos ecos, que dicen en vuestro ultraje::- Al valle. . Al bosque. Al repecho. , . Venid al Templo de Amor, hijo de Marte, y de Venus. Cómo, sordas a mis voces, permitís de estos acentos sacrílegos la armonía? Vibrad los dardos ligeros, tended los lunados arcos, tirad los errados fresnos, calad las volantes flechas, no contra el bruto, que huyendo hace cobarde el despojo, y quita el triunfo al acierto, sino contra aquese monstruo, que al rapaz vendado y ciego, fábrica en su adoración culto de nuestro desprecio: venid, pues, que de sus Aras yo la primera::- Qué es esto, Cintia? . Di, qué novedad te obliga a que sin aliento nos llame más tu congoja, que tu voz? . El rostro bello vuelva a cobrar los colores, que te ha usurpado grosero el susto. . Dinos la causa de tu dolor. . Esos ecos mejor lo podrán decir; pues yo cuando más me esfuerzo, dando el aliento a la ira, pierdo en la voz el aliento. No habéis oído los aplausos con que un bárbaro extranjero entra en el Templo de Amor sin acordarse del Templo de Diana, a cuyo culto esta selva, aqueste ameno verde bosque se consagra, haciendo en oprobio nuestro aplausos de Amor, a donde solo reinando el desprecio, a vista de lo imposible, se perfecciona lo bello? Pues cómo podrá la ira áspid ardiente, que al pecho en esa diestra armonía arroja astuto, y violento, halagando los oídos, al corazón el veneno) permitir, que asuste el aire Militar músico estruendo, y que con trompas, y liras, con propiedad a un tiempo::- A un Dios, que todo es armas a un Dios, que es todo afectos, expliquen con dos voces unconcepto? No prosigas, que antes que otra vez tan vil acento se repita, no podrá de nuestras flechas el viento embarazado, volver a tan vana voz el eco. Guerra contra quien pública triunfos de amor. . El veneno de los dorados arpones se esgrima contra el vil pecho, contra el corazón aleve, que le oculte. . Convoquemos cuantas Ninfas esta selva sagrada habitan, haciendo que nuestra venganza logre mas lo airado, que lo bello. Dices bien, que si lo hermoso rinde y no rinde el esfuerzo, podrá blasonar Amor de que es suyo el vencimiento: convocad, pues, las deidades, que en el generoso anhelo de la caza, los incultos ásperos frondosos senos discurren del bosque. . Sola Britomarte (que aquel nuevo fiero portentoso monstruo, cuya especie aún no sabemos, siguiendo fue) no parece. Pues porque aqueste trofeo no le falte a su hermosura repetid todas a un tiempo::- Tierra, tierra. Aferra, amaina. Antes que beséis del Puerto la deseada arena, todos venid al sagrado Templo de Diana, y en acordes músicos dulces acentos invocad de su deidad el sacro auxilio, diciendo:- Al Templo, al Templo de Diana, émula del rapaz ciego; pues sus alas, y flechas rotas de su desprecio, Diana es el incendio de los Dioses, aunque Amor es el Dios de los incendios. Raro caso! equivocado el aire con dos acentos, uno halaga y otro hiere; uno incita a lo violento, otro obliga a lo remiso; y entre ofensa y rendimiento, apagado, y encendido, arde del enojo el fuego. Allí clarines y litas, en grave músico estruendo::- A un Dios, que todo es armas, a un Dios, que es todo afectos, explican con dos voces un concepto. Y aquí de Diana el culto dice en reverente obsequio::- Que de Amor, flechas, y alas, rotas de su desprecio, Diana es el incendio de los Dioses, aunque Amor es el Dios de los incendios. Quién serán aquestos dos peregrinos tan opuestos en acciones, que de dos voces y de dos conceptos, dicen dos ecos distintos, uno bárbaro otro atento::- , . Venid al Templo de Amor, hijo de Marte y de Venus. Al Templo, al Templo de Diana, émula del rapaz ciego. Válgame Dios, qué de raras bellezas! qué haré, deseos? quererlas todas a bulto, que después escogeremos. Mujeres hay? que me maten si tuviere buen suceso: mal haya quien bien las quiere! Inadvertido extranjero . generoso peregrino, qué motivo, qué pretexto os condujo a aqueste bosque en cuyo dístrito ameno, aún para la adoración es la huella sacrilegio? Y más en ti, que de Amor . públicas triunfos grosero, o ignorante, o todo junto, pues en estos dos defectos, rara vez se ha separado lo descortés de lo necio. Hermosa Deidad, a cuyo divino enojo venero, pues también en la belleza es estimable el desprecio cuál es mi ofensa? cuál es mi delito? verás presto cómo, con ser deuda en todos desenojar a lo bello, con la enmienda hago una vez la deuda merecimiento. Y yo, si acaso es igual la ira, el conocimiento te ofrezco de mi ignorancia; pues el ignorante, es cierto, que conociendo que lo es, consigue el dejar de serlo. No se enojara conmigo, que yo tuviera con eso ocasión de declararla mi atrevido pensamiento. Si conmigo se enojara, pienso que hiciera un mal hecho: qué haya quien sufra estas cosas! De uno, y otro saber quiero el motivo que os condujo con tan contrarios afectos a este sitio; y no juzguéis curiosidad el deseo, pues es solo ver si acaso motivo hallo en los sucesos de encontrar con la disculpa, pues con el delito encuentro. Qué gracia, luego lo hermoso dejará de ser discreto? por estas me muero yo. Estas son las que aborrezco: luego pregunta; por cuanto no fuera amiga de cuentos! Tu gusto es ya mi obediencia. Ya mi voz es tu precepto. Pues ya os escucho, mas sea el más culpado primero; pues lo que menos dilate su disculpa, tendrá menos que padecer de mi enojo la razón. . Estadme atentos: Mi nombre es Minos, de Creta Príncipe, porque al excelso, soberano, augusto grande, divino Júpiter, debo a un tiempo el ser, como Padre, y como a Deidad, el Cetro. Libre del Amor vivía, fin conocer de su incendio, si halaga como remiso, o hiere como violento: porque jamás la hermosura le debió a mi cauto pecho mas, que aquel común aplauso, que no alterando el sosiego, entre respeto y amor, mas que amor era respeto. Siempre previno a sus flechas cuerda la razón, haciendo que sobre la voluntad reinase el entendimiento, cuando se vengó el Amor de mi rebeldía: ha Cielos, si el prevenirle no basta, quién se librará del riesgo? Ni quién se podrá eximir de Amor si tu duro Imperio aún de las contradiciones fábrica los rendimientos? Dígalo yo, pues un día entre unas joyas, que diestro Artífice me enseñaba, advertí (ay de mí!) en un bello retrato, a quien guarnecían en brilladores reflejos copia ardiente de diamantes, tan propiamente Luceros, que en la hermosura que orlaban, de usurpada luz tuvieron, para blasonar de Estrellas, las circunstancias de Cielo: qué mucho, si de dos soles, que copiaba breve lienzo, los mismos diamantes eran mas que emulación, desprecio, siendo los unos fingidos, y los otros verdaderos? Al ver tan rara hermosura, quedé absorto, quedé ciego, quedé sin vida: Ay Amor, inusitado portento, que entorpeces los sentidos, para darles sentimientos! Quién es (pregunté) el hermoso divino ignorado dueño de esa copia? Es una Ninfa, (me respondió el Extranjero) que las selvas de Diana en Chipre habita: con esto compré la joya (ay de mí!) que yo solo fui tan necio, que empeñé mi libertad, por comprar mi cautiverio. Cada vez que le miraba, contra mi primer concepto, disculpaba a quien ardía en tan soberano incendio. De aquí conocí que a Amor le hospedaba ya en mi pecho; que quien disculpa el delito, cerca está de cometerlo. Cada vez que repetía la vista al breve bosquejo, cuanto aplaudían los ojos, aumentaba el pensamiento. Hlagaba los sentidos el breve hermoso diseño, y con oculta violencia fulminaba a un mismo tiempo imaginados arpones el original al pecho. Procuraba retirar la copia, por si era medio para evitar mi dolor; y a breve instante interpuesto, lo contrario aconsejaba el corazón al deseo. Si la miraba, moria; si no la via, el anhelo de no verla, me mataba; y entre dos daños opuestos, muera, dije; pero muera a manos del instrumento, que me ha quitado la vida: mas (ay de mí!) que es tan nuevo mi dolor, copia divina, que aquel inútil consuelo de que sepas que me matas, a tu deidad no merezco; pues que, pudiendo matarme, no puedes saber que muero! Qué es esto, prodigio hermoso? divino encanto, qué es esto? (decía) como has podido alterar de mi sosiego las quietas tranquilidades? Como en los mares serenos de mis libres esperanzas has levantado en soberbios uracanes de cuidados borrascas de pensamientos? Responde, encanto divino, que bien puedes porque creo, que me usurpas los sentidos, para tener sentimiento. Mas creo que me responde retórico tu silencio, a qué aguardas, necio amante? por qué no buscas el bello original, de quien yo sombra apenas represento? Con esta imaginación, tan fino, como resuelto, determiné de buscar, por las noticias, el dueño de mis vanas esperanzas; bien que con discurso incierto. Ved, qué género de pena es la mía, pues que tengo los males con evidencia, y con duda los remedios. Apresté, en fin, para Chipre una Armada, con pretexto de socorrer a Anteón su Príncipe, en el empeño de la guerra, que ha movido Tinacría con Chipre, haciendo a mi amor, y a su amistad el socorro quiera el Cielo, que entre el estruendo de Marte, encuentre benigna a Venus. Quiera el Cielo, que la hermosa deidad, que venera el pecho con el más rendido culto bien que sea indigno el Templo, que a la Deidad no la hacen los dones, sino los ruegos encuentre mi fe y que Amor, no todas veces sangriento, sino alguna vez piadoso, le dé a mi rendido afecto solo el alivio de ver a quien me mata, y no quiero más favor de su clemencia; porque pasara a grosero desde amante, si anhelara a más alivio que el dueño de mi pena, hace mi pena dichosa, y fuera muy necio, teniendo por dicha el daño, apetecer el remedio. Por eso, deidad hermosa, apenas besé del Puerto la arena, cuando mandé, que con los varios acentos de citaras y de trompas, guiasen los dulces acentos al Templo de Amor a cuyas Aras por víctima llevo, con una empresa de Marte, una batalla de Venus; y así trompas, y liras, con propiedad a un tiempo, a un Dios, que todo es armas a un Dios, que es todo afectos, explican con dos voces un concepto. Miren lo que hace un retrato de una mala hembra! por eso no las puedo ver pintadas. Cuando el retrato es tan bello, cuál será el original? ya en profecia la quiero. Aunque la ignorancia puede disculparte en algo quiero reservar este discurso, hasta ver de esotro afecto la causa que le conduce al Templo de Diana. . Presto mi obediencia de esa duda te sacará; y suponiendo, que por la misma alianza de amistad, y con el mismo pretexto de socorrer a Anteón, en el empeño de las guerras de Tinacría, con Armas y Naves vengo a lo esencial de la duda, y mi razón; oíd atentos. Es Endimión mi nombre, que cuando no por lo excelso de mi sangre, por la fama que adquieren, sin merecerlo, mis estudios, no dudara, que con ser hoy extranjero en Chipre por las noticias pudiera dejar de serlo. Desde los primeros años, en que pude ir aprendiendo del uso de la razón a reprobar lo imperfecto, y a elegir lo hermoso (que es el primer glorioso afecto de la razón, y la edad; pues con los dos va rompiendo las nieblas de la ignorancia, la luz del entendimiento: Desde aquel instante, pues, en que pude ir distinguiendo las dos contrarias pasiones de amor, y aborrecimiento; tan grande horror tal asombro (dígolo mejor) tal miedo tuve al Amor, que mil veces di a sus Aras, y a sus Templos sacrílegamente en vez de adoraciones, desprecios. Si es Amor el que somenta un mal nacido deseo, para cuya ejecución sacrifica el vulgo necio vanas víctimas, por qué he de rendir torpe, y ciego, a una Deidad, que es delito, un culto, que es sacrilegio? Es más el Amor (decía que aquel inútil afecto, que ocasiona la belleza? Es más que un engaño ciego, que coechando los ojos con lo hermoso del objeto, ellos fáciles le envían su error al entendimiento; y él de la vista engañado, por algún viso de bueno, lo aprueba y se lo remite a la voluntad, que siendo ciega, al punto lo apetece? Pues si no es más como puedo imaginar que es Deidad, a quien sus principios dieron los engaños de un sentido, y lo fácil de un deseo? Demás, de que la razón fortalecen los ejemplos: qué amor no paró en ruina? qué correspondido afecto, empezando por halago, no ha fenecido en tormento? Cuál fineza, aunque más suba hasta la cumbre del premio, no ha encontrado a poco espacio de la subida, el despeño? Qué amor fue correspondido, sin el dolor de un desprecio, sin el ansia de una ausencia, sin el azar de unos celos, fin la pensión de un desdén, y en fin, sin estar a un tiempo al umbral de la esperanza, batallando con el miedo? Pues si esto tiene el amor correspondido, qué efectos ocasionará el ingrato: Luego cuerdamente intento en los ajenos peligros anticiparme escarmientos. Venza una vez la razón a la experiencia, que es necio quien no obra con el discurso lo que ha de obrar con el tiempo. Y si alguno me arguyere, que contiene en sí lo bello un no sé qué de violencia, que cuando explicarlo quiero, en no acertar a decirlo, juzgo que a decirlo acierto; y que tienen las bellezas disimulado un veneno, que no le sientan los ojos, hasta que lástima el pecho: engáñase, que el discurso puede prevenir el riesgo que no han de poder mis ojos mas, que mi conocimiento. Si en alguna beldad miro, que forma con el cabello, a golfo undoso de luces, borrascas de oro en el viento; anticipo la razón, y aquellos rayos advierto, que son trenzas en el aire, y son luces en el pecho. Si en los ojos, cuyas luces afrentan el Firmamento, miro un diluvio de rayos en duplicados luceros, examina mi atención, que los ardientes reflejos, que me alumbran como luces, me abrasarán como incendios. Y en fin, si a las blancas manos, y si en el nevado cuello miro copiados del Alba los ampos conozco en ellos, que me engañan los sentidos; pues miro en el falso hielo, ardor con visos de nieve, nieve con fuerzas de fuego. Y cuando no considere estas verdades, un pecho, a quien generoso anima todo un varonil esfuerzo, ha de rendir su albedrío a un inútil cautiverio de tan atroz tiranía, que el castigo pervirtiendo, son los ojos delincuentes, y es el corazón el preso? Cuando aún el Cielo no tiene en la voluntad imperio, ha de tener la hermosura más jurisdicción, que el Cielo? Muera, pues, el Amor, muera este loco devaneo, pues labra su tiranía la flaqueza de mi aliento. Viva solo de Diana el culto pues su desprecio la acreditan de Deidad: sean solo de su Templo justas las adoraciones; pues de todos los supremos moradores del Olimpo, no hay alguna, que sujeto no conociese de Amor el duro tirano imperio: solo Diana blasone, que triunfo del rapaz ciego; pues sus flechas y plumas rotas de su desprecio, Diana es el incendio de los Dioses, aunque Amor es el Dios de los incendios. A pesar de todo el mundo, viva Endimión, que es cuerdo en querer mal las mujeres. Pues has rompido el silencio, viva Minos, que las ama; porque una de dos, o es necio, o es santo el que no las quiere, que en no quererlas, no hay medio, o uno es sobrado de malo, o demasiado de bueno. Encontrados peregrinos, neutral dudo en vuestro intento, si es en ti el amor o en ti el afectado desprecio igual delito a la vista de lo esquivo, o de lo bello. Tú con el amor ofendes . nuestro desdén lo soberbio . de tu albedrío es ultraje de nuestra hermosura, y creo, que ya ha mudado de especie mi indignación, porque tengo por menos culpable aqueste amor que no aquel desprecio. Perdona, si en lo afectado de mi pasión, de grosero he peligrado. . Y la mía, si me acredita de necio, que como seguía su gusto, pensaba dejar de serlo. De los dos el desengaño le remito a los sucesos: proseguid, pues, vuestros votos, mientras que::- El curso ligero detén, fugitivo monstruo, que aunque las alas te presto en las plumas de mis flechas, huyes en vano. . El intento de Britomarte sigamos, por si conseguir podemos de este nuevo monstruo ver el último fin sangriento. Sigamos a Britomarte. Y nosotros con los mismos Militares alborozos prosigamos hacia el Templo del Amor. . Al de Diana los músicos Instrumentos repitan su aclamación. Proseguid, porque a un tiempo nuestras voces::- . Los clarines: Y las citaras: . Al viento digan::- . Pregonen::- Publicuen::- Siguiendo el primer intento::- Venid al Templo de Amor, hijo de Marte y de Venus. Al Templo, al Templo de Diana, émula del rapaz ciego. Seguidme todas, seguidme. Al monte. . Al valle. Al repecho. Y clarines y liras con propiedad a un tiempo::- A un Dios, que todo es armas, a un Dios, que es todo afectos, expliquen con dos voces un concepto. Pues sus flechas, y plumas, rotas de su desprecio: Diana es el incendio de los Dioses, aunque Amor es el Dios de los incendios. Ya que mi Deidad llama este afectuoso acento, y que trompas, y liras explican con dos voces un concepto::- Ya que mi auxilio invocan esos acordes ecos, y son de mi hermosura las víctimas mejores los desprecios::- Quiero que sepa el Orbe, que no siempre sangriento, mas que tal vez piadoso asiste Amor, como Deidad, al ruego. Quiero en amparo suyo asistir a su afecto, que no ha de ser odioso a la belleza siempre el rendimiento. Amor soy cuyos triunfos no dudan Agua, y Fuego, no ignoran Aire y Tierra, pues de los cuatro soy quinto Elemento. Diana soy, que invencible postro, rindo, y sujeto con arpones las fieras, los hombres, y los Dioses con desprecios. Y así:: mas Diana procura allí impedir mi favor, que al primer paso de Amor siempre se halla la hermosura. Y así:: mas Amor es quien al encuentro sale armado, que siempre se han encontrado el Amor con el desdén. O si fuese su beldad triunfo a mi brazo invencible, pues sujetar lo imposible me acreditará Deidad! Hoy le he de mirar rendido sin valerme lo esforzado, porque me sobra el cuidado, cuando a Amor vence el descuido. Tirana Cazadora, que infestando estas selvas, a las fieras persigues, por ser más inhumana que las fieras: Tú, que las flechas vibras, y escondes la belleza; y en baldón de la muerte, del mal vil instrumento te aprovechas. Qué intentan tus rigores, a donde ves que vuelan afectos, cuyas alas les prestarán las plumas de mis flechas? No sabes::- No prosigas, tirana Deidad, cesa: miento, que de Deidad, ni las obras te aplauden, ni las señas. . . Ya en tu socorro mi vida Deidad imaginada, que solo te veneran los que en fingidas Aras Templo te fabricaron en la idea. Lo que dura el deseo divino te celebran; y dura solo el culto mientras la luz del desengaño llega: Dios de una pasión eres, que se enciende, y se hiela, se arrepiente y se muda: cómo ha de ser deidad la contingencia? . A mis manos muera. No sabes que en mis iras se embotan tus saetas, tus arcos se destrozan, tus plumas, o se abaten, o no vuelan? Qué intentas? . Que esa injuria hoy castigada veas, y a violencias del hielo, se introduzcan de fuego las violencias: y que de mis arpones a la furia sangrienta tu pecho::- Antes que pasen desde la aljaba a la tirante cuerda, verás que de mis plantas son despojo::- Qué intentas? Que sepas que se rinden aún las armas de Amor a la belleza. Tú verás::- Cielos, socorro! no hay quien mi vida defienda? Diana, favor! . Ay de mí! Brítomarte de una fiera al bruto furor resiste en vano; mas tu saeta hoy amparará su vida, dando la muerte sangrienta a la fiera con tus armas. . Que ese desprecio agradezca es justo, porque examines, que a ese dorado cometa, ni aún los brutos se resisten. Divina Diana, clemencia! Cielos, favor! Yo te amparo, hermosa Ninfa, no temas. felicemente se arriesga. Ya en tu amparo mi valor con alas del riesgo vuela. Los dos jovenes a un tiempo, dejando las Aras, llegan a su socorro. . Ay de mí! En vano es tu resistencia, bruto feroz. . Este es quien mis Aras reverencia; yo coronaré de triunfos tu afecto. Esotro es aquel villano, que mis Altares desprecia; mas yo vengaré mi injuria. Mía ha de ser su defensa; y pues no podréis vencer de este arpón la ligereza, lleguen al bruto sus plumas, mientras vuestro afecto llega. Ay infelice de mí! Errando el blanco la flecha, acertó el de mi venganza; pues el pecho le atraviesa a Endimión, que de sus Aras es ya víctima sangrienta; vengando con mis arpones mi injuria con su soberbia; y el otro joven triunfando de la indomita fiereza del monstruo, tantas heridas multíplica en él, que abiertas, por muchas bocas respira la vida, en púrpura envuelta; y así, pues ya mi venganza de tan leve acaso empieza, yo haré en su pecho cobarde, que a manos de la belleza, con más hermoso instrumento, más violenta herida sienta. Erré el blanco inadvertida; pero qué mucho que fuera errado el tiro, si siempre cuantos arpones se emplean de Amor, aún más los impele, que el brazo, la contingencia? Dígalo aquese infeliz joven que cuando debiera mi Deidad premiar su afecto, pues solo da a mi belleza el culto que al Dios vendado generosamente niega, un acaso me acredita de tan cruel, de tan fiera, que justamente me acusa el rojo humor, que a la selva, con silabas de dolor dice::- Ten de mi clemencia! y esta sangre, que se aplica a tus Aras víctima sea a tu Deidad. . Infeliz joven cuya suerte adversa a mi desdén ha debido, que sola esta vez las señas conozca de la piedad, el perdido esfuerzo alienta; y pues que tu vida corre ya por mía, nada temas: Cintia? Clori? Asteria? Flora? Qué es, señora, lo que ordenas? Qué nos mandas? Que este joven, a quien hirió la violencia de un errado arpón, llevéis a mi Alcázar, donde sean los remedios de su vida, ya con aplicadas hierbas, ya en la diversión de fuentes, y flores ya en las cadencias de métricas suavidades, tan eficaces que puedan, a satisfacción del daño, hacer dichosa la ofensa: pero siempre ignore, a quien tan heroica piedad deba. . Ya ocultaremos tu nombre; de su pecho ahora la flecha quiero sacar: mas qué asombro! horror da tocarla, y verla. Ven, pues, que quien de Diana los Altares reverencia, justo es que sea feliz, aún con las desdichas. . Si estás divinas piedades siempre han de lograr mis tragedias, seré el primero que invente, que las dichas se aborrezcan. Vosotras a Britomarte, que huyendo va por la selva, aún no cobrada del susto, buscad, por partes diversas, que yo sigo vuestras voces. Tu gusto es nuestra obediencia. Oh tirano Amor, qué presto que vengaste tus ofensas! miente quien deidad te aclama, que el vengarse mal pudiera no ser vileza en los Dioses, si es en los hombres vileza: mas yo haré, infelice joven, que a vista de mi inclemencia::- Nadie tema de Amor los arpones, de Diana en las selvas::- Oh qué bien que ha respondido el eco en suaves cadencias! Ya mis Ninfas ejecutan lo que mi piedad ordena; pues en oprobio de Amor dice la armonía diestra::- Que si merecen piedad las heridas, será más felice quien más las padezca. Ay de mí! que sin aliento en cada planta tropieza la imaginación: no hay flor, que un riesgo no me parezca: en cada sombra imagino de aquel bruto la fiereza: el viento leve me asusta, el despeño me amedrenta de las ondas: mas qué mucho, si perdida en la maleza del bosque, a segundo riesgo nadie habrá que me defienda, si no hay clemencia en los troncos si no hay piedad en las peñas? Siguiendo por esta verde fragosidad a la fiera, a quien di muerte, confuso entre la áspera maleza de este enmarañado bosque, cuya frondosa melena forman mal tegidas zarzas, y bien enredadas hyedras, muevo sin tiento las plantas: mas qué mucho, si las señas del horror me dan noticia, que de estas incultas breñas el oscuro laberinto, o mal, o tarde penetran del bruto la veloz planta, del ave la pluma crespa? Pero al pie de aquesta roca, o desmayada, o suspensa, o dormida, se percibe una divina belleza, que en el cristal que desata aquella robusta pena, se retrata su hermosura: si es arte, para que vean, que ella a sí misma se opone, para imitarse a sí misma? Quiero llegar mas qué miro? no es esta, Cielos, no es esta la hermosa deidad que sigo? Sí, porque nunca pudiera de otra belleza en el Orbe imitarse su belleza. Qué es esto, prodigio bello? que, o pintada, o verdadera, quiere mi infelice suerte que siempre sin alma sea encontrarte mi desvelo, porque a tu beldad no deba, que escuche de mi dolor aún el eco de la queja: mas no importa, pues podrá decir mejor mi fineza:- Nadie tema de Amor los arpones, de Diana en las selvas, que si merecen piedad las heridas, será más felice quien más las padezca. Parece que ha respondido a mi mal la contingencia, pues al tiempo que decía::- Detén las garras sangrientas, bruto feroz: mas qué veo? Quién eres joven, que en esta inculta fragosa estancia, mas que alivias, acrecientas mi temor? quién te condujo a donde jamás de huella humana dieron noticia, ni las flores ni las peñas? quién encaminó tus pasos? Mi fortuna, y tu belleza. Mi belleza, y tu fortuna? nuevo peligro recela ya mi pecho, consultando mi temor con tu respuesta. Nadie tema de Amor los arpones, de Diana en las selvas:- Hermosa divina Ninfa, no tan en mi daño temas, que si acaso, que te adoro te han declarado las señas de mi rendimiento sabe, que es mi pasión tan atenta, que aún no pisa la esperanza el umbral de la clemencia: yo te adoro. . Cómo quieres, que yo tus engaños crea, y no crea mis temores si es imposible que pueda tu pasión haberme visto otra vez? . Si no es más que esa tu duda, responderán por mi muchas evidencias. Quién ignora, que en las frías heladas regiones hyertas del Norte, llega el aplauso del Sol, aunque el Sol no llega? Las perfecciones divinas mal ocultarse pudieran a las plumas de la fama. No es esta la vez primera, que idólatro tu hermosura: la soberana violencia de tus ojos, las heridas anticipó; y tan atenta mi fe adoró tus rigores, que aún sin que tú de mis penas pudieras tener noticia, adoraba la inclemencia, pudiendo solo mi amor blasonar de una fineza, que era imposible el curarla, ni el dejar de padecerla; pues no ignoras, pues no dudas, que el que padece una pena, sin mirar que la padece quien la causa, o quien la alienta, como no mueve el sonido de la voz, u de la queja, a lástima, o a remedio, es quien el mérito aumenta. Que si merecen piedad las heridas, será más felice quien más las padezca. Si es reconvenirme acaso de que tú de la fiereza me libraste de aquel bruto, poco tu valor aprecias; porque si te da ocasión para que atreverte puedas a declarar un afecto, A ni aún lugar de que agradezca el beneficio permites, pues le borras con la ofensa. Aunque es verdad, que mis ansias reconvenirte pudieran de que ha sido de tu vida mi muerte la recompensa; no es mi amor tan poco noble, ni mi fe tan poco atenta, que intente hacer descortés de la obligación fineza: Extranjero soy en Chipre, díganlo, Ninfa, las señas, y díganlo::- Britomarte? De las Cajas, y Trompetas, con el Militar estruendo, a Minos, que en la maleza se perdió del bosque, haced para este sitio la seña. Minos? Minos? , . Britomarte? Discurriendo la maleza, ya de Diana las Ninfas hacia este sitio se acercan en mi busca, no prosigas. Si quieres que te obedezca, ya que sé tu nombre, dame para invocarle licencia. Mejor será que le olvides. No quiere que le concedan, el que pide un imposible. Quién en un delito yerra, enmienda pide el delito. Qué fácil es la respuesta! mi delito es adorarte; mira, señora, si fuera, siendo tan feliz la culpa, mayor delito la enmienda. Es que ignoras::- Britomarte? Vete porque ya se acercar, y no es justo::- . Tu rigor. Tampoco tu inobediencia. Minos? Minos? , . Britomarte? Ya que obedecerte es fuerza, solo ruego a tu deidad, que no olvides:- . Qué? Que llevas un alma de tu hermosura tan suavemente presa, que es la cárcel voluntaria, aunque parece violenta. No te entiendo. Es que no escuchas; pero avisarte pudiera de esta verdad::- . Quién? El eco, que diga en suaves cadencias::- , . Que si merecen piedad las heridas, será más felice quien más las padezca. Lleva solo por alivio::- Qué? . Que una vida te deba. Acuérdate de mi muerte, si de tu vida te acuerdas. No lo asegures tan presto. Cómo quieres que no tema el morir? . Porque también dicen esas voces mismas::- , . Nadie tema de Amor los arpo- de Diana en las selvas: (nes, Minos? Minos? , . Britomarte? Hacia el bosque. A la ribera. Pues a Dios, Ninfas. Adiós, Joven. Y no olvides::- Y no temas:- Este afecto. Aquella muerte. Pues esa voz te aconseja::- Que nadie tema de Amor los arpones de Diana en las selvas::- Que si merecen piedad las heridas, será más felice quien más las padezca. ta can crala cra caa ta

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Viva Diana, Deidad milagrosa, pues avasalla con flechas esquivas; y por unir la esquivez con lo hermoso, hoy se reverencia dos veces divina: Repitiendo a los aires, que por ser esquiva hoy se reverencia dos veces divina: viva el desdén, viva, viva. Qué te dijo Fauno? . Dijo, que al Templo de Diana iba, donde su amo Endimión que aún se hóspeda en las delicias de su Alcázar) le mandó ir asistiendo a las Ninfas, que en devota acción de gracias, van hoy, porque hoy la dedica, en fe de haberla librado del monstruo, una ofrenda rica la divina Britomarte. Ay dulce hermosa homicida, que, si cuando miras, matas, más cruel eres, si no miras! Dijo también, que si acaso hurtar la vuelta podía, hacia aquí vendría a buscarte. Mirgente está prevenida ya para marchar mañana, luego que las sombras frías de la noche huyan cobardes, dejándole el campo al día, al socorro de Anteón; que es la segunda Milicia. que a Chipre me trajo, aunque quien más ama, más milita; y quiero antes de partirme hablar la dulce enemiga, que con mi razón batalla, y es mi razón la vencida; y así, vuelve allá, Silvano. Temo hallar alguna linda, que conociendo mi humor, me pase por la tetilla. Pues tú a las hermosas temes? Mas que a las fieras de Libia. Si el temor es reverencia, bien con él tu afecto explicas, porque esta atención a todas se les debe de justicia: más, dime, por qué las temes? Porque dicen ellas mismas, que es culpa querer a todas, aunque sea en cortesía; más Fauno a ninguna quiere, y se dan por ofendidas también: rara condición! no sé cómo un hombre viva! si las quiere, porque quiere; si no quiere, por la misma razón, han dado en matarle: con que han hecho ley precisa, solo porque ellas lo quieten, matarnos toda la vida. Amar, Silvano, a una sola. Y mientras hallo una Ninfa, que se ajuste a lo que quiero, no es fuerza amar infinitas? No, porque cada una quiere ser sola ella la querida. Querer de por si a cada una, y a todas juntas. . Porfías necias deja, y vuelve puesto que la aclamación festiva prosigue ya. . Aunqué me maten he de amarlas mientras viva, porque dejar de quererlas, eso no será en mis días. . Oh qué mal conoce el necio, que para amar con fe viva la vida de un fino amor con toda el alma respira! Arden en víctima noble en sus Aras los corazones que ardientes suspiran, para exhalar por el labio un incienso, que el humo destierra, y la luz purifica: Porque el fuego glorioso, que la fe le envía, el humo destierra, la luz purifica: viva el desdén viva, viva. Viva el sacro desdén noble, que a la Deidad autoriza, y muera la ingratitud, de villanos pechos hija: que el desdén es un afeite que la hermoséa; y la impía ingratitud desfigura cuanto los méritos pintan; pues yo, eslabonando afectos. y voces, fuerza es que diga::- Hacen las hermosuras (oh injuria noble! que enemigos divinos tengan los hombres. Qué bastardo acento impide mi voz, porque repita::- Como a mis ojos quiero todas las lindas; y como a mis oídos las entendidas. Este es Silvano, y sin duda, que en la continua porfía está, que suele, con Fauno. Esta conclusión es fija. Una por una ofenden las hermosuras; y así, es mejor dejarlas una por una. Oh qué gran privilegio de la hermosura, ofender sin agravio, matar sin culpa! En fin, no quieres rendirte? En estas filosofías, a las señoras mujeres solo es fácil que me rinda; pues sin argüir, me convence por el oído, y la vista la discreción de la hermosa, la beldad de la entendida. Silvano? . Señor ya acabo. Yo, por no poder sufrirlas::- No quiero a las discretas, ni a las hermosas, porque yo sé dejarlas a unas por otras. Ya no son más que veinte las que idolatro: ay Amor! mucho pueden tus desengaños. Silvano es posible que hagas siempre contención prolija tus necedades? . Señor, no es necio el que bien porfía. Yo, señor, disimulando que a obedecerte venía, me socorrí del desprecio, para el susto, que las Ninfas podían darme, si supieran que yo otra opinión seguía, ni otra senda, que la real, que sus altiveces pisan; más torciola tu precepto, y dejelas divertidas en el sacro honor de Diana, cantando en voces festivas::- Viva Diana, Deidad milagrosa, pues avasalla con flechas esquivas; y por unir la esquivez con lo hermoso, hoy se reverencia dos veces divina. Pues, Fauno, yo muero, y muero a manos de mi desdicha. Yo, señor me holgara ser un Doctor de Medicina. De ese modo le matara mas la cura, que la herida. Sabe, pues, que Britomarte (que émula del Sol, le imita en las luces y en los rayos; pues, si con ellas anima, con ellos mata, abrasando lo mismo que vivifica, porque apetecen su incendio los sentidos por la vista, para dejar vanamente ilustradas las cenizas es la deidad, que venero; en cuyo altar, con fe viva, yace el alma, disculpando, por su muerte, su ruina. Y pues eres tan felice, que en su Alcázar sacro habitas, en ti esperan mis congojas, y en ti mis ansias confían un alivio que por grande, solo en los ojos se libra. Excusemos digresiones, y di qué es a lo que aspiras? Solo a verla por tu medio. No adviertes que ellas habitan en su Alcázar, y mi amo, y yo en parte muy distinta, pues su jardín nos hóspeda? Sin ver su beldad divina, imposible es que yo pueda suavizar mi amante herida. Pues yo te daré un remedio muy fácil. . Qué determinas? , . Repitiendo a los aires que por ser esquiva, hoy se reverencia dos veces divina. No la oyes ahora cantar? Sí, Fauno y qué solicitas? Que puedas verla, si quieres. Cómo? . Estándote a la vista. Quisiera verla de espacio. Eso, aún yo me lo querría, con ser Ninfo de Diana. Fauno, el tiempo desperdicias, que escaso nos le conceden las voces, que más vecinas sueñan ya: mira, yo intento ver su beldad peregrina esta noche en su Palacio: sagaz eres, facilita con una traza un deseo, que de tu atención se fía. Repara, que mi recato es, señor, quien más peligra. Deja graciosos donaires, y alguna traza imagina, con que mi esperanza quede segura de que ha de oírla, y verla, a costa de dos sentidos, que a tanto aspiran; pues su gentil hermosura a mayor riesgo me obliga. Voto a Baco, que soy yo tan Gentil como la Ninfa, y no hay quien por mí haga cosa. Siempre estará agradecida mi atención y esta cadena ahora de memoria sirva. No señor, no señor. . Toma. Yo solo mi honra temía. Haz, Fauno, lo que te ruego. Es, que la tengo ofrecida a la señora Diana, y si este alto me derribas, doncel seré más seré doncel hecho a la malicia. Toma, y no seas molesto. Digo y estás tercerías no quebrantan el ayuno? Ni merecen. . Si replicas, me valdré yo de otro medio. Si pesará cuatro libras? . Pero, en fin, pues soy tu esclavo::- Y esclavo de la codicia. Y me echaste la cadena::- si será de oro, o de alquimia? . Qué dices? Que unos reparos tengo. . Espero que los digas. Endimión? Ese es mi amigo. Diana? En el Cielo habita. Y si baja, como dicen, de su Alcázar? . Esa es risa. Mi castidad? . Esa es chanza. Pues si lo es (ay honra mía! y ya consintiendo, tengo la mitad de ella perdida, esta noche hacia la puerta, que sale al Mar, te encamina, y entrarás por los jardines, donde una gruta propicia te espera, que va a su cuarto, y aún al de todas las Ninfas. Lo que arrastra una cadena. . Darete nuevas albricias, si lo dispones. . Allá verás cuanto te conquista mi lealtad. . Qué fiel criado! Mi esperanza en ti confía. Con una piedra de toque . bien podré saber si es fina. En eso quedo; mas ya se oye la dulce armonía más cerca. . Pues yo me oculto. Y tú también te retira. Viva Diana, Deidad milagrosa, pues avasalla con flechas esquivas; y por unir la esquivez con lo hermoso, hoy se reverencia dos veces divina. Vamos presto, que Endimión, si le faltan las benignas piedades nuestras, ser puede que desmaye. Vamos, Cintia. No sé qué secreta causa, . con celestial simpatia, dulcemente me violenta, violentamente me inclina a mirar por él piadosa, desde aquel infeliz día, que esta flecha de su pecho saqué y su sangre nociva tocó mi mano más cómo a mi presunción altiva se atreven vanos afectos, aunque noble traje vistan? mueran los hombres. Qué agravio tu hermosa esquivez indigna? Quién te ofende? Es algún hombre quién tus rigores incita? Nunca vive en mi cuidado lo que a mi desprecio espira. De esta vez, Fauno, morimos. Yo no moriré en mi vida, porque soy muy desdeñoso, y no me muero por lindas. Dinos tu mal. . Di tu pena. Solo que los hombres vivan: que mueran digo. Pues mueran. Porque en mi nace esta ira de esquivez, no de crueldad. Pues mueran a las nocivas flechas; mas quién aquí::- Yo; y si he de morir, sea a vista de quien me mata, logrando la ventura apetecida de morir, por quien me muero; mas si quieres ver cumplida tu impiedad, valerte puedes de instrumento que no sirva en tus manos y en tus ojos de llaga, y de medicina; porque si a tu rigor blando muero venturoso, mira que la gloria del morir ha de darme nueva vida. Audaz Príncipe extranjero, dos veces la senda pisa vuestra infiel desatención del respeto, que prohibida tiene la ley de Diana, de humana huella, de indigna voz que en traje de alabanza, honesta una grosería; y pues ya la inmunidad de extranjero está cumplida, pues no vale al que ignorancia quiete hacer de la noticia, idos, antes que indignada: Ten, como ingrata no digas: yo obedeceré gustoso, por dejarte más lucida; pues siempre la ingratitud la Deidad desautoriza. Sus nobles indignaciones tus dulces ojos esgriman, que donde flechan con rayos, ocioso el arco ejercitas. Fulmínenme, y sea mi pecho quien solo, y feliz consiga tal muerte; porque si viera, que antes que yo otros morian, de no morir tan glorioso, me muriera yo de envidia. Ya me habéis reconvenido otra vez y agradecida me mostré, mas no obligada a oír lisonjas indignas: conoceisme? . Si conozco. Pues como tan atrevida vuestra lengua lo confiesa? Porque el alma lo acredita; que aunque siempre incomprensible es la perfección divina de humanos ojos, ya se hizo de mi atención comprendida la tuya, por estar siempre generosa, o compasiva, ilustrando con sus luces la ignorancia de mi vista. Como en baldón de Diana permitís (oh sacras Ninfas! que violen vuestro decoro indecentes groserías? Castigad su atrevimiento con flechas ejecutivas, o seré yo quien primero, como la más ofendida, vibre este luciente rayo: may ay! que la acción remisa . me está acordando una deuda, mas ya paga quien no olvida. Muera: pero oculta mano parece que me desvía del arco, diciendo al alma, que la beldad más esquiva bien puede ser desdeñosa, mas no desagradecida. Pues como contra su pecho la ardiente flecha no vibras? Porque sus ansias no logren la noble gloria a que aspiran. No culpen mi atrevimiento vuestras beldades divinas, que aunque suele deslucir el mérito la osadía, quien tanto emprende, ya hace la temeridad bienquista. Ya es desdoro nuestro, y puesto que tu rigor no castiga su audacía, este rayo de oro, que oprimido el arco irrita, vengara nuestras injurias. Suspende el enojo, Cintia; pero a Minos fue la flecha, y a mi corazón la herida. Te has herido? Sí y la mano veneno a mi pecho envía: qué dorada sierpe es esta? Es la que en sangre teñida a Endimión saqué del pecho. Perdona, sagrada Ninfa, si mi desgracia (hado injusto!) causar pudo (cruel desdicha!) tu desgracia (dura suerte! que, a precio de que tú vivas, feriaré yo toda un alma, que es el caudal::- . No prosigas: vive, Minos vive tú; y pues ves que se concilian nuestros hados, ya te pago hoy la vida con la vida. Qué vida? La que te he dado. Qué violenta tiranía, por socorrer mi congoja, deja desmayar la ira? dónde se huyó mi desprecio? dónde mi esquivez altiva? Vamos, Ninfas, vamos? luego. Te hiciste daño? No, amiga. Sangre hay. Un rasguño es solo. Muerto corazón, respira. Miren; y por un rasguño hace tantas damerías? Hasta en sentir tiene gracia. Pues tanto una fe os indigna, que los dichosos espacios de la esperanza no pisa, licencia me dad::- . De qué? De ausentarme, que es la misma que de morir. . Dios os guarde: el dulce solaz prosiga; y si hacer queréis fineza de una obligación precisa, advertid::- . Qué me mandáis: Solo deciros quería, que os paga quien con su riesgo motivo os da en qué servirla, para que añadáis vos ese blasón a la bizarría. Mi fe desea obligaros. Que en vano juzga que obliga, quien con tal ansia pretende, que deje yo de ser mía! Pues sabed::- Decidlo presto. Que mi fe decente y limpia, nunca espera por posible la que adora por divina. Pues solo resta advertiros::- Qué vuestra beldad me intima? Que sin castigo volvéis, y os premia quien no os castiga. Repítase hasta el Alcázar el himno. Aunque más repitan::- , . Viva Diana Deidad milagrosa, pues avasalla con flechas esquivas: Una esquivez, que a ser pasa crueldad, siempre es tiranía. Por esquiva, aún la Deidad mayor es engrandecida::- (so, Pues por unir la esquivez con lo hermo- hoy se reverencia dos veces divina. Extraño dolor me aflige! Mía es. . No es si no mía. Aparta. . Qué es esto? Mucho, que una flecha de una linda suele a todos costar caro, y hoy de balde a mi una dicha me la ofrece: mas (ay Cielos! serpiente, culebra, arpía, y lagarto se volvió. Es tu tosca mano indigna de lograr sagradas flechas; yo la restituiré a Cintía. San Mercurio, San Apolo, San Plutón, Santa Siringa! Qué tienes? Mudanza de ojos, pues yo bien sé que veían hacia allí una anciana dueña, y ya me parece niña. Adiós, Fauno, hasta la noche. La seña será::- Cuál? dila. Diana; y donde yo la nombre llegarás. . De ti se fía mi amor y ahora sigamos su hermosa planta florida. , . Repitiendo a los aires, que por ser esquiva, hoy se reverencia dos veces divina. Sagradas Deidades de eterno blasón, atended del Amor a las voces, (Amor. pues no hay Deidad sorda a las voces de Lucientes Estrellas, brillante explendor, que copiáis del suelo la humana fortuna, ya fijo ya errante, ya tardo, o veloz. Cristalinos Orbes, que con dulce unión de Amor imitáis la armonía, pues no hay armonía, que no imite A- mor. Mirad que indignado, al más leve arpón encenderé las campañas de hielo, apagaré los volcanes del Sol. (Amor. 4. Atended a su voz, pues no hay Deidad sorda a las voces de Nieto de la espuma, aunque no hay razón para que el Orbe imagine engañado, que tuvo su origen de hielo el ardor: yo atiendo a tu voz, pues no hay Deidad sorda a las voces de Amor. Mercurio, de Jove (precepto, Paraninfo soy: qué mandas? qué ordenas? verás que el aún antes que aviso, será ejecución. La varia elocuencia (ble, me apellida Dios; pues da por vencido el mayor imposi- que no hay imposibles a ingenio, y pasión. , 4. Yo atiendo a tu voz, (Amor. pues no hay Deidad sorda a las voces de Bello nuncio de los Dioses, a quien Júpiter le dio, siendo Deidad, otro ser divino en la discreción; sabe, que Amor ofendido de un bello tirano error, llega a quejarse a quien siempre de su poder se quejó. Ofendido estoy; pero amor castigue ofensas de Amor. Diana cuya hermosura siempre tuvo oposición al Amor para tenerle, mas para causarle no: el desdén cree que la aumenta su belleza; quién oyó, que fuese la ingratitud más hermosa, que el favor? Sola ella inventó del mayor delito hacer perfección. Mi Deidad negó atrevida; mas no es el yerro mayor, que aún los que me experimentan tal vez me ignoraron Dios: Indignada, en fin, el arco, y las flechas me usurpó, quedó el valor desarmado, mas no desmayó el valor. Sin armas estoy, y sosiega el Orbe, porque peno yo. No solo Diana injusta a mi deidad ofendió, mas un mármol fementido me negó la adoración. Endimión me quitó el culto, que a Diana solo dio; siéndole el Amor odioso, por tener al odio amor. Pero mi furor de dos corazones hará un corazón. De las saetas usurpadas con el más agudo arpón del joven el pecho helado un acaso atravesó. Viéndole Diana herido, con lástima del error, la primera vez piadosa, en su Alcázar le hospedó. Y la piedad hoy, ya que amor no es, se parece a amor. Endimión está ignorando a quien le deba el favor del hospedaje y su dicha se reduce a confusión; que en Diana es tan altiva del desdén la presunción, que se atreve a ser piadosa, pero a continuarlo no. Pido a tu rigor, pues los dos me ofenden, venganza en los dos. Hijo de Marte, y de Venus, a quien el afecto unió, pues antes que Amor naciese, ya había nacido el amor: manda, pues a tu obediencia mal puedo negarme yo, que siempre ha sido tu ruego, mas que ruego precisión. Verás como es hoy lo que en ti precepto, en mi ejecución. Lo que Intento, es, que pues eres el árbitro de los sueños, y los infundes al Orbe con tu helado Caduceo; que rompas los calabozos del rudo, del vasto seno de esa lóbrega horrorosa habitación de Morfeo. Hazme patente del monte el formidable bostezo, que aún en sus bocas imita la pereza de su dueño; desata de esos escollos el tenaz lazo funesto, en cicuta enmarañada, anudado de veleños; rompe::- . No más, no prosigas, que de ese monte soberbio mi voz, aún del más rebelde escollo que oculta el centro de su lóbrega mansión, será tan dulce instrumento, que sin fatiga le rompa; pues de mi armonía al eco, aún lo insensible se duda, si es capaz de sentimiento. Pues qué aguardas? rompa el aire tu voz que mi dulce acento la seguirá. . Pues empieza, que no dudo, que Morfeo responda a tu voz mejor, que a la mía. . No lo entiendo. Es, porque nadie desvela más bien, que el Amor, al sueño. Ah del lóbrego albergue::- Ah del profundo centro::- De las humanas fatigas, habitación oscura del silencio. Quién inquieta el imperio de la región tranquila del sosiego? , . El Amor te llama; felice Morfeo ven a su precepto. Ya te obedezco, sueño. siendo milagro nuevo, que al sueño busque Amor, y encuentre al , . No, no es milagro nuevo, que busca los sueños Amor para dichas, y siempre las dichas de Amor fuero sueños. Ya obedecemos, siendo milagro nuevo que finjan las sombras cuerpos, y voces, aún no siendo sombras de voces, ni cuerpos. , . No, no es milagro nuevo, que aún en aquello que ignora el sentido, Amor introduce también sentimiento. Hijo ardiente de las fraguas, y nieto del Mar soberbio, instable como las ondas, como las llamas violento, qué pretenden tus rigores en la mansión del silencio? o cómo pudiste hallar la habitación del sosiego? mira si el sitio has errado (que no es mucho siendo ciego) y con el sueño encontraste, yendo a buscar el desvelo. , . Porque es milagro nuevo, que al sueño busque Amor, y encuentre al sueño. Cuantas fantasmas imitan los humanos pensamientos, porque hasta los sueños saben lisonjear los deseos, ves a tu voz obedientes: finge al navegante puertos, copia al amante favores, pinta al Soldado trofeos; y en fin porque el sueño en todo goce los humanos fueros, sueñe el dichoso esperanzas, y el desdichado escarmientos. , . Aunque es milagro nuevo, que al sueño busque Amor, y encuentre al sueño. No, no es milagro nuevo, que busca los sueños Amor para dichas, y siempre las dichas de Amor fueron sueños. Pues qué intentas? qué mandas? qué (ordenas? porque a tu precepto, aún a los celos haremos dormidos, con ser imposible, que duerman los celos. Lo que quiero es, que oprimido Endimión de ese veleño, que insensiblemente infundes cuantas dichas en el Templo de Diana goza, crea, que son sonadas, haciendo que juzgue siempre engañado de dos contrarios efectos, todos los bienes soñados, y todos los males ciertos: tú con fantasma, que forme la vana ilusión del viento, le representa de Amor los triunfos y los afectos; que yo a pesar del rebelde pecho suyo, hacer intento que ame y ame un imposible, porque llegue su tormento a ser desesperación, aún antes de ser afecto: a Diana ha de amar, que así del uno, y el otro hielo sacaré incendio y venganza, porque es la venganza incendio. Yo haré, pues soy la Noche, que vea todo el Cielo tus triunfos, cuando abra por ojos sus luceros. Y tendiendo mis alas por los manchados vientos, al culto de las luces les correré los velos. Confundiré del Orbe la variedad de objetos, y el uso de los ojos será inútil, o incierto. De tan confusas sombras teñiré tierra, y viento, que el Mar y la campaña parezca un bulto mismo. Todos la seguiremos, y obedeciendo de Amor el precepto, con varios objetos fingiremos dichas de Amor, pues siempre las dichas de Amor fueron sueños. Pues corred::- Pues volad::- Que no es milagro nuevo, que busque los sueños Amor para dichas, pues siempre las dichas de Amor fueron sueños. Pues el imperioso Cetro empuña la fría noche, y sus denegridas alas bate ya en los Horizontes: y pues el luciente carro de mí alta Deidad triforme sostituye el Sol, que a menos arbitrio quedara inmóvil, quiero, piadosa a los ruegos, los llantos, y los fervores de Endimión, examinar sus más ocultas pasiones unto a esta apacible fuente, que es donde a fatigas nobles su juiciaria Astrología para transcender los Orbes, descansa con los desvelos de las especulaciones. Y para lograr mi examen, fingiré que se recogen los sentidos, recatando vigilantes atenciones de las potencias, que al alma por el cauto oído informen con no sé qué interior fuerza, que con lento ardor discorde encendiendo mis piedades, quiere apagar mis rigores: mas ya él viene, y mi razón a la ardiente lid se expone. Qué hermoso agradable aspecto, con trémulos explendores la Luna ostenta? Oh beldad, crédito honroso del Orbe! empeño del infinito saber, que en tu luz se esconde; y en fin, desempeño augusto del omnipotente Jove, de él comprendida y negada al sabio ignorar del hombre, por más que atento especule el rápido curso, el orden de tu eterno infatigable fijo movimiento acorde! Salve, singular belleza, luciente honor de los Dioses, tan grande, que si segunda beldad el Cielo conoce, y reverencia la sabia adoración de los hombres, es aquella, que piadosa hirió mi pecho en el bosque, o es una de otra imitada copia de luz, tan conforme al divino original que en tan hurtados primores duda el alma, quien de quien trasladó las perfecciones. Mas sea (ay de mí!) quien sea, y mi fe constante adore su piedad, sin que el deseo pueda añadir los errores del amar, a los delitos de esperar nuevos favores. . Mas ay! si es engaño, Cielos, del sentido, o es el norte animado, que me induce a tantas adoraciones este que admiro! mas nunca el engaño fue tan noble, que deseche las clemencias, por vestirle los rigores. Absorto, ni aún aplaudirla puedo ya, si no socorre la admiración de los ojos al peligro de las voces. Bella deidad ignorada, que no oso decir querida, por observarte aún dormida los fueros de respetada: Tu despierta luz sagrada purifique mis pasiones, para que tus perfecciones adoren con fe segura, que aunque duerme tu hermosura, velan sus operaciones. Noble potestad divina, que aunque mi atento desvelo segunda te vio en el Cielo, siempre quedas peregrina: Cómo aquí, y allí me inclina una causa, si dos son? como no hace oposición una en Cielo y otra en tierra, y enciende la misma guerra, que enciende en mi corazón? Inútil ciencia es la mía, cuando tanto ignorar sabe, pues lo que en la vista cabe, no cabe en la Astrología: falsa es la Filosofía, que al ver hace repugnancia, pues conoce mi ignorancia la causa, mas no el efecto, y admira en dos el aspecto, que es solo uno en la substancia, Dormir es un suspender las acciones del vivir, un ensayo del morir, heredado del nacer: los sentidos ejercer, ni las potencias actuar pueden, hasta recordar: luego todo esto es error, pues tu esfuerzas mi temor, y me persuades a amar. Por ti vivo, y por ti muero; mas te lo acuerdo dormida, porque ya en muerte, ni en vida ningún galardón espero: solo tu deidad venero con fervorosa templanza; y aún vivo en la confianza de que atento te amaré, pues los pasos de la fe no los cuenta la esperanza. Dulcísima Cazadora, de luz inmortal vestida, que, aunque adormeces la vida, de la vida eres señora: eres la risueña Aurora, sacro honor de la mañana? mas tu deidad soberana tiene más luciente cuna; pues si en el Cielo eres Luna, en la tierra eres::- Diana. La voz del Amor oí. Qué blanda voz escuché? Hacia allí el acento fue: pero quién estaba aquí? Nadie, mas que vos, de mí sabe, ni menos, que yo. Quién a este sitio os guió? Quien vida, y muerte me da. Sabéis quién es causa? . Ya. Y vos conoceisme? . No. Ahora es tiempo, que el letal dulce veleno a Endimión adormezca el corazón. A su eficacia fatal cederá su ser mortal. Exolicaos. . Mal podré, que allá en un bosque os hallé, que en él la vida perdí, y que por vos vivo aquí; esto solo es lo que sé, La seña oí, mas la voz desconozco. . Ese vivir cómo nace del morir? Hay tormento más atroz? de otro fue el eco veloz: mas por si es Fauno, a escuchar vuelvo. . Porque el respirar me le infundió aquel saber, que venía a padecer por la que vengo a adorar. A conocer mi rigor, mas llegaráis a sentir la dilación del morir. Dilataraisme el favor: pero qué nocivo humor . me ha llegado a entorpecer? porque yo sé apetecer sin visos del desear con un sabio idolatrar, que no llega a comprender. Pues con esa calidad::- Quién hacia aquí habla veré. En mi hallaréis:- Qué hallaré? Mas desnuda la piedad. Perdóneme tu beldad, que ya no tengo valor, porque me vence::- Ya, Amor, has triunfado del desdén. Parece que duerme: a quién tal sucedió? (qué furor! tal desaire (estoy mortal! a mi sañuda esquivez? a mi soberbia altivez, a mi Deidad inmortal, un infiel (lance fatal! un fementido (ha traidor! un grosero? (ha injusto Amor!) más vengareme de ti, dándote muerte (ay de mí! Pero qué blando rumor me impide? mas ya lo sé, porque mis Ninfas serán, que a este infiel dormido dan la música que mandé: por donde de ellas huiré, porque no hallen mi Deidad en tan fea indignidad? mas la luz quiero extinguir de la Luna, para huir, pues que tengo potestad. Cúbrase de oscuro velo la nocturna antorcha clara. Como no vuelve la cara, aumenta más mi desvelo. Prolijo horror viste el Cielo. La clara luz se ha eclipsado. Pues cantad. Mas si he cegado? Quédate ingrato, dormido, que pues no me has conocido, ya te dejo castigado. En esta gruta (ha tirana propensión!) quiero ocultarme: quién va? . No he de declararme: . quién lo pregunta? Diana. Oh infame voz inhumana! . La seña de Fauno es esta. . Como no me dais respuesta a lo que os he preguntado? Yo soy de Endimión criado. Pues buscadle en la floresta. Amor, ya te he conocido, . porque hace tu aleve trato de un obligado un ingrato, y de un dichoso un dormido. Diana me lo ha permitido. Dejadle entrar. Quién no canta, a qué ha de ir? La garganta no está en la mano de un hombre. Todo es repetir mi nombre. No acierto a mover la planta. Desde aquí el himno cantemos. Vuestro cántico empezad, y sea con suavidad. Minos? . Fauno? No podemos lograr la ocasión. Qué haremos? Esperar: y te ha sentido Endimión? . Que está dormido juzgo. . Ay, Ninfas! Endimión duerme. . Vaya otra canción, Todo es apacible ruido. Si duerme quien logra venturas de Amor, el Céfiro inspire su blando favor. Voces extranjeras son las que en el vago aire oí. Y qué afables para mí! . Deshacedlas con baldón. Si duerme quien tiene por gloria el desdén, el Austro respire con ceño cruel. No resuene. . No resuene. Resuene. . Resuene. Sueñe. . Sueñe su blando favor, si duerme quien logra venturas de Amor. No descuide. . No descuide. Descuide. . Descuide. Cuide. . Cuide, su ceño cruel, si duerme quien tiene por gloria el desdén. Nunca de un favorecido supo hacerse un desvelado; y siempre de un despreciado llegó a labrarse un rendido. Estas cláusulas veloces cuyas serán? . De gigantes. Por qué? Porque en los semblantes tienen gran cuerpo las voces. Qué atractiva suavidad! Sin duda, son de algún culto. Por qué? Porque hablan a bulto con la grande oscuridad. Cantad injurias de Amor, para triunfos del desdén. Sus glorias suevan más bien. . Ah dulce aleve traidor! Quién vence la soberana fuerza de Amor? ni quién sabe, por más que de cruel se alabe, resistirle bien? . Diana. Diana? . Aún estoy aquí. El acaso me venció. La Sacerdotisa no me ha dejado hablar de ti. No respire. Respite. Espire su ceño cruel. No desvele. Desvele. Vele su blando favor. Si duerme quien logra venturas de Amor. Si duerme quien tiene por gloria el desdén. Esto más he de estimarte. Vengo atado a tu cadena, y te he de servir. . Mi pena solo hablar a Britomarte desea. . En fin he de rendirme al Amor? . Puedes decirla, que solo vengo a pedirla licencia para partirme: que ejecute sus castigos, y haga nobles mis despojos, pues más me asustan sus ojos, que todos mis enemigos. No le aduerma si adora el desdén el Aura de Amor. El Aura de Amor. Si adora el desdén. No desmaye su grato fervor al soplo cruel. Al soplo cruel. Su grato fervor. Que velando se hará más feliz con triunfo inmortal. Con triunfo inmortal. Se hará más feliz. Pues se enciende en la adoración, y apaga el desdén. Apaga el desdén. En la adoración. La endecha de ambos juntad, que explica nuestro concepto. Pues éxplica nuestro afecto, la última endecha cantad. Si adora el desdén su grato fervor, se hará más feliz en la adoración. El Aura de Amor al soplo cruel, con triunfo inmortal apaga el desdén. Veré si obligarla puedo; aquí espera un breve rato: ya, Amor, soy menos ingrato, pero tengo amor de miedo. Yo he de aliviar mi dolor con el último tormento, por más que repita el viento el eco en blando rumor::- , . Si adora el desdén su grato fervor, se hará más feliz en la adoración. Señoras, que nos dormimos. , . Vamos de aquí. Adiós, deseo. Mercurio, Noche, Morfeo, huyamos. Tu voz seguimos. Volvió el silencio profundo a nuevo horror. Pues ya el ruido cesó, acércome atrevido. Vuelva ya la luz del mundo a ahuyentar densos nublados. Por la gruta ir quiero, puesto que se ausentan; mas qué es esto? Tocad a marcha, Soldados. Espera, milagro hermoso, soberana Deidad, oye, que tu piedad reverencio: mas qué vanas ilusiones? Quién aquí está? Yo. . Pues, Minos, cómo, a qué fin, o por donde entraste en estos jardines? Ahora es preciso que ignores como, y por donde, no el fin, pues fue por ver los dos soles airados de Britomarte; que aún en el Cielo conocen las luces del Sol por sombras, pues son el Imán, y el Norte, que con invisible huella aquí me inducen. No estorbes con tu designio una dicha, (qué feliz tuve la noche!) que aquí logro. Cómo es fácil? Viéndote alguien, pues te expones a perder la vida; y para que su clemencia no enojes, ya que intentaste el peligro, en esta gruta te esconde: yo te ayudaré a vencerle. . Tu amigo soy y pues oyes, que a estruendos nos ejecutan esos bélicos rumores, vuelve al Alcázar. Ya vuelvo, por ver si dentro se esconde aquel prodigio que en sombras ilustró mis confusiones. En ella espero. A quién? . Todo soy viviente estatua inmóvil. La Deidad, Cielos, no es esta? Cintia? Britomarte? Cloris? Flora? a traidor! Vamos presto. . Buenos días, mis señores. Qué nos ordenas? Qué mandas? Que deis muerte a esos dos hombres Señora yo entré, sí, pero::- No quiero saber por donde, ni a qué fin, solo me toca saber, que profano rompe los fueros de este sagrado quien le pisa, y quien le acoge. Señora, a Endimión? A Minos? Huélgome de aún no ser hombre. Cloris, por donde nuestra Ama ha venido? . Calla, y oye, que a las Deidades no hay cosa imposible. Aquí me cogen. , . Templa el rigor. Britomarte, penetra sus corazones con una irritada sierpe. Porque el servirte se logre, sin flechas el arco truje; pues barajó mis acciones el susto de oír tus ecos. Para que el arco no aflojes, injusta bella enemiga, esta es la que allá en el bosque hirió tu nevada mano. Es preciso que la tome por ser alhaja de Ciotia, ya porque no te la apropies, y ya porque ella castigue tu osadía. Mis rigores no los venga ajena flecha; y esta es la que en el monte a Endimión saqué del pecho, y para que no malogres tu piedad, la restituyo. Porque tus indignaciones, hermosa fiera deidad, mis altas glorias coronen, la flecha vuelvo a tu mano. Pues porque nadie blasone, que morir a flechas mías mereció, sin que derogue la ley, salid desterrados, pues causa os llama tan noble, como la guerra, que ausentes, no os hago menor el golpe. Toca a marchar. Vamos Ninfas: mucho lidian mis pasiones! No arriesguéis tanto la vida. Por vos a riesgos mayores la expondré. . Ay Endimión! Me llamáis? Nunca mis voces llaman a quien tanto duerme. Pues vuestra beldad perdone, que en el sueño he conocido, que Amor es Dios de los Dioses. Oh bellísimas mujeres, gloria mayor de los hombres! ela taa cralcra ts tracracralcracea

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Gocemos la ocasión que ofrece el viento. Dese toda la escolta al Barlo vento. Las velas reclamad. Iza al trinquete. A la mura. . A la gabía. Al chafaldete. Viva Endimión glorioso. Minos viva, y con salvas la tierra los reciba. . A pique vaya el ancia. Amaina. . Aferra. Echa la sonda. . Amarra. A tierra, a tierra. Vivan los Griegos Martes peregrinos. Y los Lunes también, que son Latinos. Alto haga aquí mi gente, a vista de ese Alcázar eminente. Saludando el Palacio de Diana, aquí alto haced. Señor, no tengo gana de hacer altos, ni bajos, saludando. porque ya, sin cantar, estoy rabiando. Que eternos vivan cante le alegría. Vivan seiscientos Martes cada día. , . 3 (loado. Pues ya en la tierra estoy, Dios sea Ni el ver que Salamina ha rechazado de Tinacría el asalto repetido, y el formidable Ejército vencido del siempre belicoso Rey Sicano, quedando en el dominio soberano de Anteón Cítera, y Paso hermosa, cuna, y dosel de la luciente Diosa: ni el oír a mi espíritu arrogante la aclamación festiva elogios cante, por haber socorrido, y libertado a Chipre una Ciudad, dos restaurado; puede templar en esta amada tierra otra más poderosa injusta guerra, que en mi pecho ha encendido el Militante imperio de Cupido. Ya que con sacros triunfos gloriosos damos la vuelta a Chipre victoriosos, y Anteón a firmar allá ha quedado la tregua que Tinacría ha deseado, qué rumbo seguir quieres? qué camino? La senda desigual de mi destino al Palacio me guía de Diana, por si encuentro la imagen soberana, que humilde en sus Altares reverencio. Yo a subitanea flecha te sentencio. Por qué? di? Porque matan de repente las bellas enigmas de la gente allá en Palacio. Peor fuera en su estado morirse acá en la Villa de pensado. Pues yo quiero por todo este Horizonte buscar el alto, el corpulento monte, por si en él, la Deidad compadecida, quiere con dulce muerte darme vida. No iguala tu tormento a mi tormento. Ay Minos! mi dolor es más violento, más duro, más cruel, mas insufrible. Por qué, Endimión? Porque amo un imposible. otro imposible yo. Es beldad humana. Britomarte aún es más, que soberana. Qué importa, si tu amor le has declarado, y el mío es fuerza que muera recatado; pues juzgo, cuando fiel la reverencio, que aún la ofende el idioma del silencio? La flecha que toqué, tocó sin duda . mi amo, pues condición, y afecto muda. Y en fin, no has apurado quién es esa Deidad? Ya te he contado, que nunca en el Alcázar logré el verla, ni por las Ninfas pude conocerla, andando mi atención bien cuidadosa, hasta la dulce noche venturosa, en que, a fuerza de un sueño desvelado, cegué a sus luces, siendo arrebatado en éxtasis violento, a donde entre uno, y otro arpón sangriento violentos triunfos de Amor, que el carro ardiente arrastraban con cólera obediente. A Neptuno en las ondas vi que ardía, y que el agua al incendio no extinguía, ni su sed impaciente mitigaba, porque a Ansítrite un bello monstruo amaba. Vi a Mercurio por Venus dolorido, y a Apolo por Clímene, y Dafne herido: A Hércules, y Áquiles celebrados por Deidamia, y por Jole afeminados. Vi, con admiración del alto Coro, bramar un Dios, y suspirar un Toro por Europa; por Dánea blandamente llorar en pluvia de oro reluciente, que aún Júpiter sintió la poderosa llama fatal en herida escandalosa: y vi por Proserpina, en ansia grave, al áspero Plutón amar suave. La noche antes, que el cerco levantara Sícano a Salamina, y retirara a Paso sus bajeles, y su gente, en otro sueño oí, con voz ardiente, que ilustrando mi oscura fantasía, así la Deidad sacra me decía: Vuelve a Chipre, Endimión, que la fortuna feliz te hará en el monte de la Luna; a él asciende con paso vigilante, que el dormido, ni es sabio, ni es amante. También me aseguro su voz divina, que a Pafo, a Cítera, y Salamina, por ser de Venus Aras religiosas, a nuestras fuertes armas valerosas rendiria, en venganza repetida de la madre de Amor engrandecida; con que en esta victoria, solo es nuestro el blasón, suya la gloria. Pues yo en Chipre erigirla fervoroso nuevas Aras ofrezco, en siendo esposo de la beldad, que en esta Esfera pura, no es Venus, si no es solo en la hermosu- Pues sigue del Alcázar tu destino, (ra. que yo donde está el monte no adivino, si no me inspira, en tan dudosa senda, qué rumbo seguiré, que no la ofenda? Sigue al Amor. A que a Amor siga, dulce Norte volcán a mi ansia obliga; mas no es suyo este acento delicado, que amor la Deidad nunca ha pronunciado. A mi congoja íntima este precepto. Sigue, sigue al desdén. Ya es otro afecto distinto del que yo seguir quería. Creerás, que siempre me hace a mi armonía la música suave? . No creyera, que a un mentecato tal le sucediera. Aunque siempre el desdén de la hermosura la cláusula fue en mí de más blandura, confieso que el amor ahora ha sido escándalo sabroso del oído; pero en causa divina, es eminente la que idólatra el alma reverente y nunca para usar de sus piedades con voz de amor llamaron las Deidades. Consultar el Oráculo Sagrado segunda vez intenta mi cuidado. Yo el dulce Boreal Norte del sentido. Sigue al Amor. Ya ha respondido. Sigue, sigue al desdén. otro reclamo? sin duda el aire juega con mi amo. (le, Por dónde he de seguirle, ni alcanzar- si en tanta confusión para buscarle, ni toco ya, ni veo, ni la planta mover sabe el deseo; pues parece que absorta, y admirada, de un extático afecto arrebatada, morir se deja los demás sentidos, por asomarse el alma a los oídos? Sigue, sigue la huella que estampa volando el Amor, que si huye, si hiere, y vuela veloz, el que quiere, le alcanza, y el que no quiere, no: sigue, sigue al Amor. Sigue, sigue con planta medrosa la voz del desdén, que el que teme sus iras, y adora su fe, no esperando favores, consigue el mayor bien: sigue sigue al desdén. Sigue, sigue al Amor. Seguir intento arrestado su acorde atractiva voz; pues siendo Deidad suprema la que llama mi atención, ya ella misma me asegura, que con decente pie voy, para encontrar al desdén por las sendas del Amor. Mas con la Deidad se ilustra quien ama su indignación, y a las voces del desdén obedece, pues logró saber mezclar en sus Aras con fervoroso temor obediencia, y sacrificio; y tal vez averiguó, que a espaldas de la impiedad sabe hospedarse el favor: pues para fines honestos, entre esta simulación suele el Amor disfrazarse con el traje del rigor. Yo aseguro mi desprecio así. . Y mi fineza yo. Solo al desdén idolatro. Yo a la Deidad. Mi fervor mas que la causa, el efecto le enciende. . La adoración deidad hace a la hermosura, no a la esquivez. . Qué importó no ser Deidad, si es belleza segunda en la perfección. Yo voy con afectos nobles. Yo limpio de afectos voy. Yo lo voy de faltriqueras, que es muchísimo peor. Pues cómo, si al Amor sigues? Yo solo sigo su voz; mas con pasión tan decente, que deja de ser pasión. Pues a Dios, hasta el examen. Hasta el examen, adiós, que este sonoro veneno, que el labio del corazón bebe, pretendo apurar, sin disminuir el ardor. Sigue, sigue con planta medrosa la voz del desdén. Aqueste es otro cantar. otra es ya mi confusión. No admiras como este acento repite al aire veloz::- Sigue, sigue la huella que estampa volando el Amor::- También ese me aconseja, esforzando mi temor. Que el que teme sus iras, y adora su fe::- Lo que aconseja es, que temas la deidad, y no el rigor. Pues si huye, si hiere, y vuela veloz::- También dice, que no espere remedio, porque el dolor::- , . No esperando favores, consigue el bien mayor. Pero eso ha de ser amando, porque aunque alado es Amor::- , . El que quiere le alcanza, y el que no quiere, no. Al arbitrio del inflajo me entrego sin elección, pues ya lograré exaltarme con todo el brazo de un Dios. . Señor, de aquella cadena era falso un eslabón. Volveremoste el dinero. Harételo bueno yo; y avísame, si descubres a Britomarte. . Señor, en esto del descubrir antes a ti, que a Endimión. . Vamos nosotros siguiendo el eco, que pronuncio:- Fábula es el Amor, y no realidad, porque es ilusión, que pinta la voluntad, y la borra la razón. Suspenso a prodigio tanto, indeterminable estoy porque está la variedad llamando la suspensión. Cómo quiere introducirse a ser Deidad el Amor, si la razón del querer consiste en perder, por querer la razón? Esta voz que me arrebata con violencia superior, sin duda es de Britomarte. Ella por ella es señor. Cómo un niño inadvertido quiere blasonar de Dios, si la pasión del amar le ha hecho cegar por amar la pasión? Con eficaces venenos mis sentidos penetró, dejando yerto el semblante, y encendido el corazón. Cómo Rey quiere aclamarse un tirano infiel traidor, que la traición hizo ley, si esclavo es el Rey, que hizo ley la traición? Como da en decir que es sabio, si en su loca presunción quiere un error defender; y es necio saber defender el error? Tirano Amor, no bastaba su singular perfección, sin que el peligro añadieses de su peregrina voz? Como intenta ser eterno, si en su fácil duración solo un ardor es su ser, y ha de fenecer solo en ser un ardor? Mira, señor, que se acerca; ay, que echa mano a un arpón! Cómo quiere no engañarse. un ciego en lo que pintó, si la ilusión no es verdad, y en su ceguedad es verdad la ilusión? Cómo quiere::- Como quiere. Y vos cómo aquí? Por vos. Por mí? . Muerto. Salvo el que habla. Sois mi sombra? Sombra soy que es pensión del Sol causarla, para que más luzca el Sol. Sois osado. . Si a luz tanta consagro el riesgo mayor, labraré de la osadía reverente adoración. Pues temed vuestro castigo, no irritéis mi indignación, que un error nunca se dora con intentar otro error. Qué ruina no ha de hacer noble vuestra beldad superior, si amenaza un precipicio, que ha de ser mi exaltación? Qué secreto influjo es este, . que me inclina a oír su voz, y a tener con piedad nueva de sus ansias compasión? Qué género es de piedad, que entre cariño y temor, es un amor sin afecto, un afecto sin pasión, una pasión sin deseo, y un deseo sin amor; pues le ama y no le admite para esposo mi elección? qué mal esfuerzo las iras!) . Por qué a Chipre volvéis hoy habiéndoos mandado ayer lo contrario? . Vencedor vengo y así, honrado vuelvo a vuestros ojos, que yo solo a darles nuevos triunfos volviera. . Pues cómo son esos triunfos? . Son de espadas, y mi amo el matador. Como os rindo por despojos un adquirido blasón, que el albedrío, sin este excelso inmortal honor, fuera corto sacrificio en vuestras Aras, y no puedo, señora, ser dueño de lo que triunfasteis vos. Mal responderé al enigma, sin darle nueva expresión. Ya os habrá dicho la fama, que vuela siempre veloz, sino es que en elogíos míos, labio, y vuelo desmayó o que ocupada en aplausos de vuestro hermoso rigor, falte a todos porque aún es incapaz de ellos su voz, que el Tinacrio fue vencido, y que en la liberación de las cautivas Ciudades, que antes Chipre dominó, con tres triunfos una gloria di a vuestro Rey Anteón. Mal he dicho, que los Reyes no tienen jurisdicción en la hermosura, porque ella tiene potestad mayor; como esclavo mi albedrío lo confiese y cuantos son nobles tributarios de este dulce imperio superior. En fin, por mar, y por tierra, con mi socorro y favor, y las auxiliares armas del valeroso Endimión, venció el Príncipe de Chipre, y feliz Minos venció, esforzado a tanta gloria de vuestra Real protección, y ahora el triunfo os sacrifica. Yo estimo vuestro valor, ya a Creta os podéis volver. Cómo volveré sin vos? Qué decís? Que oigáis mi llanto. Áspid al hechizo soy. Pues no os burléis de las voces, que sangre del amor son. No os oigo. Pues si mi culto:- Es vano. . Si mi fervor::- Es ciego. . Si mi gemido:- Es ofensa. . Qué haré yo si fervor gemido, y culto, vano y ciego os ofendió? Olvidar. . Será delito. Ausentarse. . Será etror. No os oiré. . Será crueldad. Pues buena está mi razón, si error, crueldad, y delito . es castigar al que amó. De la Augusta Isla de Candia Príncipe absoluto soy, y ya os juró por su Reina mi vasallo corazón; mas no es mucho, que dé el Cetro a quien fiel examinó, que en el dominio del alma tiene más jurisdicción: Reina os hago de un Imperio, y o quién pudiera hacer hoy, que vuestro pie agradecidos besaran los Orbes dos! Lindo modo de casarse? bien haya quien inventó decir cara a cara un hombre, quieresme, Márica, o no? pues se ahorra entre otras cosas, de encontrar un zurcidor de albedríos, que a dos manos miente con quien lo inventó. Aunque hablar de estas materias siempre es culpable en mi honor, antes que otro permitid, que os ponga yo esta objeción: Como un Príncipe de Creta a casar se arriesga hoy con la que conoció ayer, y aún ni ayer la conoció? que aún yo sé menos de mí, pues no sé más de que soy Ninfa de Diana, a quien mi fe pureza votó, sin conocer a más padres, que a la esquivez, y al rigor, ni tener más alto timbre, ni más rica posesión, que unas anudadas redes, de quien inventora soy, por quien Dictínea muchos me nombran. . Por lo que sois os amo, sin más examen; porque es el dote mayor la virtud, y la hermosura, y una, y otra reina en vos; que a tener otros Imperios, fuera en mi ansioso fervor, mas, que ambición de lo hermoso, lisonja de la ambición. Un imposible contrasta quien espera otro favor de mi esquivez. Qué ha de hacer quien rendido tropezó al umbral de la esperanza con la desesperación? Él no admitir no es dejar. Pues a quién más se dejó, que al que no le admiten ruegos? Minos, al que se olvidó. Oíd mi queja. . Es delitio. Ved mi herida. . Es ilusión. Mirad mi dolor. . Es culpa. Pues qué hará mi corazón, si ilusión, culpa, y delirio es queja herida y dolor? No amar. . Será culpa nueva. Temer. . Esa es atención. Y el rigor? . Sé que le amo. Pues quién hasta ahora culpo atención que ama, sabiendo temer, y amar el rigor? Endimión. . Al monte. . Al valle. Huid, que este inquieto rumor es de las sagradas Ninfas de Diana. . Quién huyó de tan hermoso peligro, que no desaite el valor? Quién es cuerdo. Esa cordura solo el cobarde la usó. Pues ninguno hay más valiente, que aquel que a si se venció; y así, tratad de venceros, no a costa de mi opinión intentéis glorias, que pueden desluciros, que es error desatender a esas voces, que repiten::- . . Endimión. Endimión. A Endimión buscan. Pues está en Chipte? Hoy volvió. Ausentaos, y sea a quien fuere. Si huir de mí es vuestra intención, ved que ese pretexto es vano, cuando solo se escuchó::- Hacia allí sonó el acento. Y aqueste es. . Quién? , . Endimión. Ya ese acento os satisfizo. Antes más me confundió, pues entre susto, y lamento, dice uno, y otro clamor::- Todos sus Coros corred, por si en ellos se perdió Britomarte. , . Britomarte? Ya ese acento respondió, que en mi busca::- , . A la marina. , . Al monte. Andan todas hoy. Pues permitidle a mi labio; que desahogue el corazón, guiando la hermosa huella, ya que con el ruego no. No me sigáis, pues veis que de un peligro en otro doy; pues hacia allí::- , , . A la marina. Y hacia aquí::- , , . Al monte. Se oyó; y entre armonía, y congoja, en tierra, y aire::- , , . Endimión. Con que eslabonando afectos de esa inquieta desunión, parece que más, que acaso, es aviso superior, que suavemente me inspira, pues no en vano pronunció:- , . Britomarte, a la matina al monte, al monte, Endimión. Sigue, sigue el desdén. Sigue, sigue al Amor. Si me avisáis los peligros, ya empeñáis mi obligación. Minos, dad la vuelta a Creta ved que os lo ruega mi honor. Si no me dais esperanza, mal podré. . Grosero sois. Soy constante. Esa constancia ya se pasa a obstinación. Solo de volver a veros pide esperanza mi ardor. Ni aún de verme la tendrá quien arguye a mi opinión. Perdonad, que he de seguiros. Seguirla os será mejor. . Es forzoso averiguar, qué misterio en si encerró::- , . Britomarte, a la marina al monte, al monte, Endimión. . Sigue, sigue al desdén. Sigue, sigue al Amor. Ello está de Dios, que un hombre siga lo que está de Dios. . No has de triunfar de lo esquivo, que este venablo veloz penetrará antes su pecho. Hurtarele al aire yo. En vano huyes de mis ansias. Mas ay de mí! que el arpón suyo troque a mi venablo, y en esta trasmutación mis armas perdí, y las suyas me rompen el corazón, orlando su altiva frente unas, y otras con que hoy cantar puede, que se rinden, por más glorioso blasón, las de Amor a la hermosura, las del desdén al Amor. Cintia? Cloris? Flora? Asteria? Fugitiva beldad, no contra un corazón rendido se esfuerce tu indignación. Tu clemencia, sacra Diana, de castigo a esta traición. Ya está Diana en tu amparo. Diana piadosa, favor. Aguarda, bella enemiga: mas qué es esto! . Esto es, señor; que pare montes la tierra, y los montes un ratón. A la selva. . A la matina. Al monte. . Al valle. Qué horror! Cómo, a qué fin, o por dónde llegaste aquí? . A ese tenor juzgo que fue la pregunta que te hice en otra ocasión; y usando de tu respuesta, preciso es, que ignores hoy por donde, o cómo, no el fin, que fue seguir una voz, que hacia el monte de la Luna conducia mi pasión, y movida de mis ansias; en el aire artículó, ya está Diana en tu amparo; quise buscarla veloz, y tropezó en un escollo la planta, y la admiración. Despeñeme, y ahora temo, entre congoja y pavor, mayor despeño intentando escalar la elevación de ese formidable monte, de ese imposible mayor, que sin duda es Trono, Alcázar, Esfera, Templo, y mansión de la Deidad, que en el sueño mis sentidos ilustró; y así, hasta que senda encuentre para mi fortuna, a Dios. . Yo seguiré, a más despeño, el ingrato resplandor de una beldad, que huye en vano de mi desesperación, cuando ella, y despechos nobles, me mueve a que en tanto ardor, de esta nueva Proserpina llegue a ser nuevo Plutón. Yo no sé lo que me siga, ni me sé lo que me soy. Sigue, sigue la huella que estampa volando el Amor. También a mí me la pega? más oír quiero su canción. Ya no flecha con puntas doradas al arco de Amor, que el desdén le ha usurpado las flechas, por darle en los triunfos más alto blasó. Mas qué prodigio me induce, alma del Mar, resplandor del Cielo, del aire envidia, de la tierra admiración, porque Mar; Tierra, Aire, y Cielo en ser divino mezcló? De los ojos de esquivas beldades los rayos forjó; y son tales, que solo conocen por sombra luciente la envidia del Sol. Sus arpones, su aljaba, y su venda inútiles son, que instrumentos de lides vulgares los ciega el afecto, y los guía el error. Dónde estás, Deidad piadosa? mira que es contradicción, que con tu explendor me alumbres, y me ciegue tu explendor. La hermosura abatiendo sus armas, discreta inventó el rigor apacible, que en ella hermoso parece el más fiero rigor. Sus altivos desdenes airosos con fuerza mayor encadenan las almas rebeldes, dorando suaves el duro eslabón. Si el desdén solicitas amando, feliz Endimión, los sentidos despierta, y asciende al monte sagrado con noble fervor. Sigue sigue la huella que estampa volando el Amor Ya sigo con pie constante la suavísima atracción, que con invisible mano me arrebata. Allá he de ir yo, pues jamás pájaro he visto de más agradable voz. Suspende, Cloris, la flecha. Cloris? este es otro caso, y para hablarla de paso, quiero aquí hacer la deshecha. Con esas benignidades cualquiera podrá atreverse. No puede un hombre perderse en aquestas soledades? Aquí me oculto. . Grosero, cómo os atrevéis así? Por no parecerlo aquí, no os diré, que porque quiero. Pues qué hacéis? Estar perdido. Cómo así? Como me pierdo. Es un loco. Antes soy cuerdo; pero no bien entendido. Y a quién vuestro labio llama? A Endimión. Rara fortuna! Pues ha venido? . Esa es una de las treinta de la fama. Qué decís? . Por no saber, iba a decir necedades; mas por vuestras dos beldades las sabré decir, y hacer. Vos me habláis con desacato, cuando al más soberbio rindo? Algún día fui yo lindo, y tiré gajes de ingrato. Cómo con temeridad profanáis nuestra altivez? Yo también tuve esquivez, con su poco de crueldad. Digo, y está más serena vuestra condición altiva? Cómo puede estar esquiva a tentación de cadena? Qué cadena? Yo me entiendo. Qué tentación? Yo la paso. Oigan, que este es lindo paso. Mis Reinas por tal le vendo: es que yo hallé cierta flecha, que me hizo más humano, y cierto, que en esta mano me dejó el alma deshecha. Hay tan raro desatino? a Britomarte busquemos, y estas locuras dejemos. No sé qué senda, o camino sigamos para encontrarla. Posible será que a echar las redes haya ido al Mar. Pues vamos allá a buscarla. Y yo con vuestra licencia vuelvo a llamar a Endimión. Yo he de ver si la razón puede más; que la influencia; porque no dudo, que inclina, mas no fuerza el albedrío, que dejara de ser mío, y el alma de ser divina dejara también, si hubiera quien su elección violentara, y ni el vicio se culpara, ni la virtud mereciera. Decidme y como a Endimión le fue en la guerra? Muy bien porque allá no tuvo a quien pedir pan de munición; y no hay más fino Soldado, que el que come a su favor, ni nadie sirve mejor, que el que espera ser premiado. Y allá eligió algún respeto para emplear su atención? En una contemplación gasta todo lo discreto. Y logra ventura alguna en lo que contempla fiel? Como es amante novel, suele quedarse a la Luna. Esa es Deidad soberana, a quien no se ha de atrever. Él la tiene por mujer, y da en decir que es Diana. Necio vos a lo divino desatento os atrevéis? Y decidme vos tenéis también humos de Habanino? En aquel luciente espacio le hace igual la cortesía. Perdonad, que no sabia etiquetas de Palacio. Decidme, y cuando Endimión a Lemnos se ha de partir? Solo trata de dormir, que es un Príncipe Lirón. Vos qué hacéis en tal destierro, vagando nuestro Horizonte? Mi amo anda de monte en monte. y yo ando de cerro en cerro. Es montés? Sin ser nociva; tiene propiedad de gato. Por qué? Porque su recato ama de tejas arriba. A gran risa me provoca veros desterrado, a fe. Bien sé que todo lo sé, sino aquello que me toca. Vamos, Clori. El desvelado se quede. . A Endimión decid:: Qué, señora? proseguid. Que no nos habéis hallado. Decidle, antes que se ausente, que si halla esta noche abierta de los jardines la puerta del Mar, que allí está la fuente. Ah Fauno. Quién me nombró? Silvano soy. Qué tenemos? Que vengas donde contemos esto a nuestros amos. . Yo? Sí, y yo. De cuentos no trato. Ven que es noche. Ah Cloris fiera, quién pudiera quién pudiera volverse a la edad de ingrato! Vuelve, sagrada luz, alma del Cielo y vida de la noche, a dar consuelo a un fatigado pecho dolorido, que sin las propensiones de dormido, se queja en este abismo tenebroso del achaque infeliz de venturoso. No te ocultes, Deidad resplandeciente, en las oscuras ondas de Occidente, que es muy larga la edad de un día entero para mí, que impaciente un siglo espero cada hora, cada instante, siguiendo fiel tu curso, y tu semblante y no cabe una ausencia tan crecida en los breves alientos de una vida. Vuelve, eterno explendor, tu aspecto hermo- con benévolo influjo generoso, (so, a un ruego que te sigue, y que te llama, inflamando su voz de interior llama; porque atendió la tuya en tu mandato, con agradable horror de incendio grato; y pues la sombra cede al ansia mía, baña el alma de luz, y de armonía. Vuelve, encanto sabroso apetecido, al hidrópico labio de mi oído, beba yo ese cordial dulce veneno, suavísimo licor, de halagos lleno, por ver si con su puro aliento afable, en esta lid de afectos implacable templo el ansia sedienta, que el corazón, y el alma me atormenta, por ver si en mi fatal desasosiego puedo, oyendo, templar la sed, y el fuego. Ya como Luna o ya como Diana, tu Deidad reverencio soberana; pues ya, al afán de un día, y otro día, con la especulación mi Astrología en ese eterno moble de Zafiro concede dos supuestos, donde admiro la causa, la entidad, el ser sagrado, que se explican en un significado; y siendo sola una la que adoro Diana, y nombro Luna, dos virtudes contienen, una activa, por defecto del Sol, y otra pasiva: ya mido con honroso atrevimiento el natural, y el rapto movimiento, continuos ambos, y ambos admirables en esos Orbes siempre infatigables: y pues otro mortal no ha investigado tanto abismo de luz, ni desatado antes que yo, las dudas que exagero, merezca por primero en tan costosa ciencia, hacer de tus piedades experiencia. Vuelve, digo, otra vez, benigna Diosa, y temple ya tu llama poderosa: mas qué diestra, qué sabia melodía es alma de la mía, . cuyo acorde vocal dulce instrumento mueve el monte, calmando el Mar, y el vien- Quién apaga mi fervor? (to? El Amor. Amor. Pues a mi fe no se rinde? No se rinde. Se rinde. Rinde. Y a quién debo tanto bien? , . Al desdén. Nuevos elogíos te den, pues tu voz llega a explicar, que en las lides del amar el Amor rinde al desdén. Que Amor le vence, es error, aunque le arguye, y compite, pues su misma voz repite::- Al desdén se rinde Amor. Deidad siempre incomprensible, y siempre enigma admirable mira que en lo deleitable confunde lo inteligible; mudo admiro, y reverencio esa oscura explicación, pues te habla la admiración, como idioma del silencio: dime, si al desdén no vence? No vence. Vence. Pues quién se opone al rigor El Amor. Amor. Vencerá el desdén, si quiere? Si quiere. Quiere. Y quién triunfa de Amor? quién? , . El desdén. Luego se prueba más bien, que cuando lidia el rigor::- , . No vence el Amor, si quiere el desdén. Él eco en blando rumor repite al aire también, que quiere el desdén, y vence el Amor. Nunca en mí hará tal mudanza su fuerza pues yo daré tanto que amar a la fe, que aborrezca la esperanza; y así, Deidad escondida, solo en sombras explicada, pues la Aurora, en luz bañada, vuelve a quitarme la vida, di si el desdén puede más. Mas. Y del Ciego Dios no triunfa? Triunfa. Pues quién venció en mi favor? El Amor. Sin armas, cómo has vencido? , . Rendido. Ya el acento ha repetido a tus ansias fervorosas, que en las lides decorosas más triunfa el Amor rendido. Siempre en tan noble opinión viviré firme, y atento, por más que me arguya el viento cantando::- Traición, traición. Mas qué nuevo estruendo es este? Recorred del sacro Alcázar todos los sitios, no quede alguno sin registrarse, hasta encontrar los aleves. A la gruta. . A los jardines. Id al Mar. Cielos, valedme! Pues no es dejar de serviros, sacra Deidad, concededme licencia para inquirir quien a las Ninfas ofende en vuestro Palacio excelso. Britomarte no parece, y algunas alhajas suyas están en la gruta. Siempre quien a las Ninfas asiste respeta mis sacras leyes. Dame favor. Ven sin riesgo, pues por tu auxiliar me tienes. A la selva. . A la Marina. Leva la amarra. Ah crueles! Pues varado está el esquise, a embarcar vaya la gente. Señor, volvamos por Cloris, que ya no tengo esquiveces. Leva las áncoras. . Iza de gabia. . Larga el trinquete. Si el Archipiélago undoso le traga, haré que reviente o le escupa, donde toda vuestra indignación le encuentre. Siempre fue vuestro socorro tardo. . Pero es fijo siempre. Adiós, Chipre a Dios, Deidades, de la tierra Cielos breves. No desperdiciéis, bien mío, perlas que el Cielo enriquecen. Ay de mí! La Nave vuela. Ya ni aún las voces se atienden. Señora, en toda la noche hallé a mi amo. Aí le tienes. Callaré, que le di causa . a Minos, para atreverse por el jardín, y la gruta, aunque a la cadena pese. Ay de mí, Cloris! o nunca la puerta a Endimión abrieses! Siempre logra la ocasión, señora, el que menos duerme. Cielos, Minos es quien bruma el verdinegro rebelde ceño del Mar, con más gloria, que usurpó el omnipotente Jove en Europa su madre; y yo en empeño tan fuerte, preciso es, que de Diana en honor, con mis bajeles a Creta le siga, aunque tan noble amistad arriesgue. Ya se aleja. Qué desgracia! Cesen los suspiros, cesen, que aunque es viento favorable, es contrario al que Amor quiere: llega ya, llega a mis brazos. Tirano, traidor, aleve, antes perderé la vida; y si alguno me arguyere, que el mayor de los delitos es la ingratitud, contemple, que con la hermosura nacen heredados los desdenes; y así, como no es delito del Sol, que sus rayos quemen, ni del acero que cortén sus filos, ni de las sierpes que traspiren su veneno, por ser estos accidentes inseparables; así a la hermosura sucede insepatable el rigor, y el que probarle no intente, apártese de lo hermoso; porque a la sombra no hiere el Sol, distante no corta el acero, la serpiente a la cautelosa planta, que no la pisa, no muerde. Huyan, pues, de la belleza, como el que eximirse quiere de ardor, herida, y veneno del Sol, la espada, y la sierpe. Pues como ya de mis brazos te librarás? . De esta suerte, que si hay crueldad en los hombres, habrá piedad en los peces: favor, Diana. Al Mar se echó! Tente, no así te despeches. Pues yo en él he de librarla. Qué ansia! Qué dolor! . Qué muerte! También mi amo se ahoga. No te asustes, que en las redes de unos pobres pescadores el Cielo la favorece. Soltad, dejad que me arroje a la cólera inclemente del Mar, antes que me usurpe otro la gloria de verme en su riesgo peligrando. Detente, Minos, detente, Qué asombro! El Cielo a piedades en dulces Coros desciende. De qué me sirven los ojos, si a más luz ven menos siempre? Júpiter, tu padre Augusto, me ordena, que te revele como hermana es Britomarte tuya, pues tuvo su oriente de Carma su esposa: y para que de mi fe no te quejes, feliz te haré con Pasifae: y porque otra lid empiece, restitúyeme las armas, pues con ellas nunca el fuerte brazo mío desmayara; y fuera el Trisulco ardiente de Jove, helada pavesa, y volcán ella de nieve. Ya las destrueco porque ellas de ti con Siquis me venguen. Y tú, sabio Endimión, sube al sacro Solio Celeste. Ven, divina Britomarte y al claro Zafir asciende. Y en Coro alterno armonías se escuchen. Felice suerte! Ven al tálamo dulce, ven. Ven. Ven al cándido trono, ven. Qué pasmo! Qué admiración! Qué gloria! Qué dulce bien! Hecho estoy un tonto: y mi amo se va al Cielo sin comer? Ven, y tu aliento puro inspire nuevo ser al labio del jazmín, al alma del clavel: ven al diáfano solio, ven. Ven al tálamo dulce, ven, ven. Ven al eterno gozo, donde conozcas, que por el desconfiar se asciende al merecer: ven al júbilo eterno, ven. Ven al cándido trono, ven, ven. Ven, lograrás amando, por más felice bien, sin susto de esperar, un quieto poseer: ven al májimo imperio ver Ven al tálamo dulce, ven ven. Ven y tu noble afecto posea en limpia fe la gloria del amar, sin la ansia del temer: ven al vínculo casto, ven. Ven al cándido trono, ven, ven. Ya templa algo la congoja en tan duro mal, el ver, que ningún mortal consigue lograr mi perdido bien: huyamos de aquí, iza. Iia, . y a Creta vire el Bajel. Pues este es mi mayor triunfo; confiese el Orbe otra vez, que aún sin armas vence Amor. Nunca lo confesaré. Pues cómo a Endimión ensalzas? Esto es solo agradecer la fineza de arrojarse en mi obsequio al Mar. Ya es amar. . Mas sin delinquir, que amor casto, es amor fiel. Si aman los Dioses, qué mucho que ame un pobre hombre también? Absorta quedo. Yo muda. Qué ventura? Qué placer? Qué ansia! Cantad, porque llegue el fin venturoso. Ven ven al cándido trono, ven. Muy buen fin tendrá el litigio de este Amor nuevo porque sin celos, y sin prudencia, forzoso es parar en bien. Y el que os sirve tendrá aplauso, cuando sepa, que no fue cansancio el que cede obsequio a vuestros Reales pies.