Texto digital de Más temido andaluz y guapo Francisco Esteban
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más temido andaluz y guapo Francisco Esteban. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-temido-andaluz-y-guapo-francisco-esteban.

MÁS TEMIDO ANDALUZ Y GUAPO FRANCISCO ESTEBAN
JORNADA PRIMERA
Chad ancoras. 2. Aferra, aferra, chusma, y al Puerto salude el cañón, canalla. . Dale fuego, dale fuego. Viva el Español Monarca, viva, viva. No sabremos para qué, Esteban, te sales tan de repente, y tan presto de esa casa, que nos deja sin camisa, y sin dinero? de esa jaula, en que el demonio nos tiene con dulce cebo, (veinte días que aquí estamos, para mi mil y quinientos) al hechizo de dos Daifas hechos unos esqueletos? de esa de Amor ratonera, de esa caberna de Venus, de esa cárcel::- Necio, calla, pues según se oye el estruendo, al Puerto Nave ha llegado en este punto y ver quiero si acaso es la Capitana, que aguardamos. Dicho, y hecho, la Capitana es aquella, que en gallardetes, y fluecos, hecha jardín de los aires, es del piélago embeleso, y parece que va echando la gente a tierra. Lleguemos, Calimaco, a ver sí algún camarada nuestro. Para qué, si ya a esta parte van a cuadrillas viniendo los Soldados, y Oficiales de la Galera, y es cierto, que a menos costa hallar puedes los amigos? Y yo pienso, que este Soldado que llega de Lucena. El primero de todos? . Sí. Y no te engañas, porque yo estoy en lo mismo. Presto se verá, pues llega. No me diréis, Caballeros, en cual de estas casas vive Don Luis de Acisto? qué veo! . eno es este Francisco Esteban? No es mi amigo Juan Romero? . Si, él es: Paisano? a Amigo? pues qué es esto? Pues qué es esto? e tú en Carrajena Soldado de Galera? . Eso es lo mismo que en ti, Francisco, me pasma: Jesús, Jesús, no lo creo. Y en Calimaco será cosa de hacer aspavientos? Tú también? Sí, señor mío, yo también me he dado a perros. Es cierto, amigo Francisco, que de haberte hallado tengo el corazón que rebosa de un cariñoso contento: qué has hecho? dónde has estado mas de dos años y medio, que ha que de Lucena faltas? ̱. Ay amigo, que esos cuentos son muy largos para ahora; y pues de espacio estaremos, déjalo para otro día. Cómo dejarlo? eso es bueno: por vida de la amistad, Francisco, que ambos tenemos, que de tu valiente vida me has de dar parte. Romero, vive Dios, que estoy ahora de cuidado, porque tengo unos rollos de tabaco en una casa, y espero a que un cierto camarada me dé unos cuartos por ellos esta tarde, y luego es fuerza volverme temprano al Puerto a mi Galera, con que esta noche nos veremos; porque decirte mis cosas, mis locuras, y sucesos por encima, de qué sirve? poco a poco, y dar con ello. No estuviste en Cataluña? Sí, que después que al Maestro en donde aprendí, me viste, porque me hablaba algo recio, y a todos a manotadas los llevaba al redopelo: no pudiéndome sufrir, un día, sin más ni menos, a pedradas, como un oso, le eché la puerta en el suelo. Me fui a Jaen a sazón, que reclutaba su Tercio Tropas para Cataluña, senté plaza, donde creo, que si había de contarte los choques, y los encuentros, que tuve; en una semana te quedaras sin saberlo: solo por cosa de chanza de la pendencia me acuerdo, que con dos Cabos de Escuadra tuve después de Sargento, Dimela, Esteban, por Dios prosigue. . Déjate de eso. Por qué? Fue una niñeria. Poco, Esteban te merezco. Pues sabrás, que estaba un día enfadado sobre el juego, mándome mi Capitán no sé qué cosa, y yo quieto no le quise obedecer: hablome mal, yo soberbio le dije, que era un cuitado, y que hablaba por el fuero de mi Oficial solamente, y que si quería verlo, detrás de Santa Madrona le esperaba cuerpo a cuerpo. Despreciome, y el castigo encargó de mis excesos a mis dos Cabos de Escuadra: mas yo, que nunca del miedo la medrosa cara he visto, metime a danzar con ellos de tan buen aire que juzgo, que los pobretes se fueron antes con antes, del baile mólidos, pero yo fresco. El demonio eres Francisco. Este, Romero, es mi quedo, con los córteses cortés, con los que que no, peor que ellos. Pero dime la ocasión de que Soldado te veo de Galera en Cartajena. Como dejé el Regimiento por estas, y otras locuras, pasé de Valencia al Reino, y en Alicante encontré cuatro Galeras a tiempo, que de Cerdeña llegaban: senté mi plaza, y contentos venimos a Cartajena con toda la Escuadra, menos la Capitana, que estaba en Mallorca, que hoy al puerto dichosamente ha llegado, donde tan jaque te veo, que puedes causar envidia al más bizarro. . Qué bueno! a mi palearme, Francisco? qué lindo a mí que las vendo? No ves que ha un año cumplido, que a cuestas casaca llevo de Galera? mira tú si habré sálido maestro. Y sobre eso de Lucena, a ver si muerdes el dedo. Ea, pues, a qué aguardamos? ven a tomar un refresco, Paisano. . Yo te lo estimo; pero cuidadoso vengo a dar dos cartas que traigo de un Mallorquín Caballero, para dos de Cartajena. Pues no habrá bastante tiempo? ven, Romero. Esteban vamos, que con el gusto de vernos, pasó tan veloz la tarde, que ya anocheció. Si puedo, por mujer, y desvalida, en vuestros gallardos pechos hallar defensa, y amparo contra un hombre desatento, que me persigue, mi llanto muevaos a tan noble empeño. Decid qué tenéis, señora? Qué os aflige? Que ofendiendo mi respeto un hombre osado, con violencias descompuesto, intenta que le dé oído a sus locos debaneos; pero ya llega, señores, tenedle. . Perder el miedo, que a villanos atrevidos les pone rienda mi esfuerzo: Romero, déjame solo, que yo basto. Si a los Cielos, ingrata, te subes, juzgo bajarte de los cabellos, pues hasta allí he de seguirte, traidora, infiel. Quedo quedo, señor compadre y más pasos no dé en balde, porque entiendo, que usted se retirará, ya que estoy yo de por medio. Mucho siento que se meta vuesarced donde no le hemos de menester; y así digo, que no me detenga. Siento, que tan descortés se porte, cuando yo soy tan atento. Esta mujer, señor mío, de mí se vale, y su intento no ha de lograr si en su ayuda viniera todo el Infierno; y así, paso atrás. Ay triste, que grande desdicha temo! por amor de Dios, senores. Tú tienes la culpa desto, y en tu pecho este puñal::- Que me mata. Tente, perro, que a infamias tan declaradas rayos de pólvora tengo. Muerto soy. Virgen Sagrada, valedme. Dios te dé el Cielo. Que has hecho, Francisco Esteban, que a los tres de un golpe has muerto? Al hombre, mujer, y niño? qué desgracia! Ya lo veo; pero qué le puedo hacer, si ya no tiene remedio? Y estaba la pobrecita preñada. . Qué desconsuelo! vive Dios que con el alma desdicha tan grande siento. Hacia esta parte fue el ruido, favor al Rey. . Peor es esto, que sobre nosotros viene la justicia. . San Ánselmo, que es imposible escarparnos. ̱. Pues a las armas, Pomero: ten ánimo, y dar las vidas antes que mirarnos presos. Aquí fue el tiro. a ea 1. La justicia, Caballeros: qué estruendo es este? 2. Qué ha sido? quién este delito ha decho? Señores, una desgracia, de un acaso hija: yo he muerto, por librar a esta mujer de un amenazado riesgo, a este hombre, y fue su destino tal que de entrambos el pecho, y el de ese niño, he pasado con el plomo, sin quererlo: un empeño honrado ha sido, aunque infeliz el suceso. 1. Dese a prisión, que en la cárcel se ha de averiguar. El fuero de soldado nos permite negaros el cumplimiento. 1 Cómo negar? linda escusa! rinda las armas. . Solo eso me motivará? pasar a lo que gana no tengo. 1. Dense a prición, que palabras aquí no son de provecho. Pues si no son, en las obras buscaremos el remedio: alto allá. Fuera, cobardes, que es relámpago mi acero. 1. Favor al Rey. . Yo no tiro tan arriba, que no llego. Aquí, valor de Lucena. 1. Muerto soy. 2. Válgame el Cielo! Miren lo que es ser un hombre desastrado, que no han hecho caso de mi estos señores: Díos se lo pague, que es cierto, que aún para sacar la espada lugar no me ha dado el miedo; pero ya Francisco Estevan, y su amigo, hechos dos fieros basiliscos, han dejado la calle sin gente, y pienso, que hacia la casa enderezan de las Daifas que es el centro de los contrabandos todos: voy allá, por si es su intento, mudándose en un compás, tomar las de villadiego. Estás herido, Francisco? No, Romero, que tu esfuerzo me ha dado la vida. Amigo, tú te debes el acierto: sola ha quedado la calle, que amedrentados huyeron: mas dónde vamos? . A casa del más gallardo embeleso de perfección, que habrás visto. Pues para qué? Es, que allí tengo, como te dije esta tarde, unos rollos. . Ya te entiendo. Y un caballo prevenido para lances como estos. Luego según eso, intentas dejar las Galeras? Eso será, si no se compone lo que ejecutado habemos. A tu lado estoy Francisco, por ti no temo los riesgos. Pues ya que la negra noche con sus capuces funestos apadrinan del valor temeridades, y arrestos, y ya la Puerta del muelle cerrada estará, yo tengo por acertado sacar de aquí con mucho sosiego la carga, y caballo. Dices bien, por si saben el cuento los de la Ronda, y te buscan con la justicia resueltos. Pues esta es la calle donde vive mi dama, Romero. Y la casa? Esta que miras. Cerrada está. . Ya lo sin duda vuelto no habrán, si han salido. . Es cierto. Pero abierta la he reparado al impulso más pequeño: entra pues. Sobre una mesa se perciben los reflejos de una luz. . Hola, Isabe Inés, dónde estáis? no han vuelto todabía; y así, en tanto que esperándolas estemos, y Calimaco no viene, que me refieras, te ruego, los motivos que has tenido para ausentarte resuelto de Lucena, y de encontrarte en las Galeras sirviendo. Cómo, estando recelosos de si vienen? . Juan Romero no me estoy yo descuidado? Sí, Esteban. Pues haz lo mismo. Un lance tuve en que di su merecido escarmiento a un cobarde, que era estorbo de un amante pasatiempo, en que tenía entregado todo mi albedrío al cielo de una mujer, con que fue fuerza ausentarme, eligiendo por asilo las Galeras de España, donde contento surqué en corsó las Campañas del indomito elemento, con los cinco valuartes de pino, que en lo ligero, en lo dorado, y garboso de gallardetes, y remos, maritimos abestruces se van por el mar meciendo: Mas qué acelerados pasos se escuchan? San. Juan, San Pedro, San Vicente, San Antonio. Qué tienes, hombre? Qué tengo? que los Guardas, y Ministros, y el Gobernador con ellos, buscándonos van, que hay soplo del matute que tenemos aquí en casa de Isabel, tu dama. . Pues al remedio: entra, y compón el caballo con brevedad, que al encuentro quedamos los dos. Voy, pues. Liberal, y presto. Aquí otra vez, Juan, amigo, es menester el esfuerzo. Mi espada aquí, y dos cachorros están, y contigo el dueño. Sabes qué temo? Qué temes? Que de aqueste soplo el duoño ha sido mi propia dama, que es hermana de un Don Pedro el Guarda Mayor. . Y en qué lo fundas? . En que está abierto y en casa no está. Bien dices: mas antes que puedan ellos echarse sobre nosotros, si darles chasco podemos, será lo más acertado, Esteban. Pues eso intento. Pues ya él caballo está pronto, y aquí Calimaco. . Puesto que estarán desprevenidos del arrojo que emprendemos, libremos carga, y caballo, a pesar de todos ellos. Yo en encontrarme apretado, . lo suelto todo, y reniego. Tú con el caballo, y carga salte ya, y dame primero los dos trabucos, tu capa, y da la mía a Romero. Notable valor te asiste! Aquí están ya. Pues al encuentro: ve delante, que nosotros de escolta te serviremos. Dios ponga tiento en mis manos, porque ya han perdido el tiento. . Ven, Romero, y no te pasme todo el poder del Infierno. El corazón de Francisco me tiene, por Dios, suspenso. Supuesto que esta es la calle donde está la casa, y puesto, que por todas las esquinas cogido el paso tenemos, por donde librarse pueda este, que al Murciano Reino pasmado tiene, y tres muertes esta misma tarde ha hecho, resistiéndose al valor de mis Ministros, yo quiero ver si Estevan esta vez se libra de mi ardimiento. 1. Dos compañeros le asisten, y de ellos, el uno es cierto, que no le debe a Francisco nada en coraje, y esfuerzo. Muy bien, los tres camaradas tendrán un castigo mismo. 1. Vaya Usia con cuidado, que como no se den presos, y tome Esteban las armas, es cada tiro un acierto. No importa, que yo::- ̱. Señores, por San Simon Ciríneo me dejen, que soy un pobre, que busco así mi remedio. Venga vuesarced, que aquí está para darle el premio, el Senor Gobernador. Venga, venga. Qué es aquello? andad, miradlo. Ya vamos. Y dadme noticia luego: todo cuanto tengo diera por prender a este soberbio, espanto de Cartajena. que campa por su respeto. 1. Venga aquí, no se resista, hallado han los compañeros a este hombre con una carga de tabaco de hoja. . Bueno: y de quién es? porque no tiene traza de ser vuestro. Es, señor, de ese valiente Francisco Esteban. Me alegro, aunque mejor que a la carga coger celebrara al dueño; y ahora por defraudador vaya a la cárcel. . San Telmo! Señor, que si yo, si Usia::- 2. Ea venga. Pues qué es esto, Calimaco, que te pasa con aquestos Caballeros? Que el Caballo se afusó, y yo di en el prendimiento. Y por orden de quien es la prisión? Señores, quedo, que si es gana de saltar, todos por Dios la tenemos. Y quién es ese alentado, que tan zaino, y tan soberbio averigua lo que pasa? Señor, un servidor vuestro: Francisco Esteban me llamo, y así cortesmente os ruego, que ese pobre vaya libre, y el caballo aquí al momento con la carga se me entregue, que es mi hacienda, y yo no puedo perderla. . Pues señor mío, porque usted vea, que quiero darle a esas arrogancias el merecido escarmiento, prendedlos a entrambos. Lindo. Pues en qué os detenéis? Bueno: me he de dar yo preso, cuando por una libertad vengo? no puede ser. . Cómo no? Hy mucho que hablar en eso. No hay más, sino ser las vidas satisfacción del exceso. Mire Usia, que Francisco Esteban es muy atento; y que con esto mi vida paso con algún consuelo, y sentiré::- . No replique, rinda las armas, o a ellos. Pues las armas no se rinden sino a balazos, y a truenos. Mueran, pues que se resisten. Caro os ha de estar primero. Que tenga tanta osadía Francisco, aquí. Aquí, Romero. Senores, yo soy de azogue, que me escurro entre los dedos? Que hayan dado en no hacer caso de mí, y qué me dejen suelto! mas por aquí::- 1. Confesión. 2. Confesión. válgame el Cielo. Que zunvido hacen las balas, y yo qué miedo que tengo! Ay de mí, que en esta esquina las nárices me he deshecho! mas mi ratonera sea aqueste casaron viejo. Con el confuso embarazo de la noche, loco, y ciego, de Francisco me he apartado, por acuchillar soberbio cuantos fueron a mis iras triste lamentable objeto: por esta calle se escucha de armas, y voces estruendo, voy a buscarle, aunque pierda en su defensa mi aliento. Ah buen hijo! a fe que yo, que no voy en esos cuentos, tendré el pellejo seguro: e yo pendencias? vade retro. Aunque tantos darme muerte queréis, será vano intento, que aunque sin armas, prenderme no podréis. Ríndete luego, o suelto el gatillo Suelta, porque antes muerto, que preso. No has de poder ya librarte: tente, Esteban. Ya me tengo: Que me faltasen las armas (o pese a mí) al mejor tiempo! Vive Dios, que en su castigo he dar al mundo ejemplo: maniatadle. Aqueso no, que estoy aquí, y le defiendo. Cómo contra tantos? Cómo? primero así, y así luego: líbrate. Francisco Esteban. Con tu defensa bien puedo. Fuera, cobardes. Qué lindo! libré otra vez mi pellejo del lago de los Leones: a fe que esta es la del diestro: mas al escondite. Todos me han dejado en el empeño; y así, ya que no consigo mi venganza y su escarmiento: caballo, y carga se queda, yale he cortado los vuelos. Los brazos la paga sean de tu fineza. No es tiempo n. de conversación ahora; y así, Francisco, qué haremos? Entrarnos en las Galeras, y al Cuatralvo todo el cuento decirle y que lo remedie. otro remedio no encuentro, sino el que dices. Yo sí. . Cuál es? Perderlo. . Perderlo? Que ha de decir de mí el mundo, si carga, y caballo pierdo? Al Puerto, qué ya amanece. Al negocio, compañero. Vamos Esteban, al punto: yo te afimo por mi abuelo, que pues sales de esta noche, también saldrás del infierno. s. Déjame, Juana. Dónde, Margarita, tu instable frenesí te precipita? A qué fin tan resuelta tu hermosura, rompiendo del recato la clausura, por la Ciudad te sales, loca, tanto? A ser, Juana, de Málaga el espanto, a hacer demostración de mi belleza con el brío, el donaire, y la agudeza: hoy he de ser aquí, porque te asombres, escándalo amoroso de los hombres. Ayer gozosas con feliz estrella a Málaga llegamos de Marbella, donde nos dio mansión acomodada la calle de San Juan una posada: y hoy, sin que en tu beldad melindres haya, resuelta corres la Ciudad, y Playa; ten sosiego, reprime ese denuedo, suspende tu intención. Juana, no puedo, esta es mi estrella, y este mi destino, y hoy hechizo de Venus, determino con resueltas licencias, ser ocasión de duelos y pendencias, pues solo en esto el timbre se asegura de la mujer que campa de hermosura. Bien la fineza pagas de un amante, que se mira tu idólatra constante, posible es, di, que el despreciar te alegra la fe de tu querido Bocanegra? e ese alentado de valor y fama, de quien has sido tanto tiempo dama? Qué ignorante que eres! Cuando hallaste firmeza en las mujeres? solo me espanta que haya hombre men- que satisfecho viva, y confiado (guado, en alguna mujer, pues que no estraña, que cuanto más pondera, mas le engaña, y ha de quedar al fin, por su desvío, tan bien pagado como queda el mío. Sí, pero yo recelo, que si alcanza a saber por su desvelo, que a Málaga venimos, Margarita, te ha de venir a hacer una visita: y qué visita! Juana, ya me enfadas. Visita de muy lindas bofetadas, que las mereces, niña, como un oro. Miren qué conveniencia, o qué tesoro me daba el tal menguado! No está dejado ya? pues bien dejado; mas si mal no distingo, allí parece que a mis designios ocasión le ofrece, por modos lisonjeros, un corro de bizarros Caballeros: quédate aquí, que yo para obligarlos, cerca de ellos pasando, he de admirarlos, y ya te llamaré cuando se ofrezca. . Anda con Dios adonde te parezca: Señores, habrase visto mujer tan loca como esta después de la Caba acá yo estoy pasmada de verla; pero qué ocasión tendrá para volver tan apriesa, sin que haya llegado al corro adónde se fue resuelta? Juana, sígueme, qué angustia! Qué tienes, mujer? espera. Ay de mí! qué::: pero huyamos, ven, Juana, no te detengas, que he visto::: A quién? Quién ser puede que me asombre: a Bocanegra. Sí? pues buena la hemos hech eno lo dije yo? Ay, que llega! tírate el manto. La manta tiró el diablo a la hora de esta. O es que mi furor, y enojo esta confusión somenta, o es aquella Margarita que se recata: si es ella? no, que mi dicha no es tanta, que hallarla tan presto pueda. Sí, porque tan repetidas no pueden mentir las señas; y pues la duda me irrita, salir de la duda es fuerza. Mal los funestos celajes, mal las engañosas negras condensadas nubes pueden del más luciente Planeta deslucir rayos, que forja, embozar luces, que flecha, si han de quedar afrentadas después de verse deshechas: para aclararse mis dudas me valgó de esta cautela; y así, descubrid, señora, de vuestro rostro::: Qué pena! Los nacarados reflejos, a quien idólatra espera en el jardín de sus ansias ser de su víctima ofrenda: e no os merezco esta fortuna? pues a lo menos, la lengua, ya que mi pasión no admita, intímeme la sentencia. Qué he de hacer cuando este hombre a descubrirme se empeña? Irme de aquí no me sirve; callar, menos me aprovecha: pues quiero ver si mi dicha consigo de esta manera. Caballero, yo os estimo la cortesanía vuestra, mas algún inconveniente (que no es menester refiera) no me permite otorgaros lo que pedís; y así es fuerza, que no me sigáis, porque me haréis, con seguirme, ofensa: quedaos, pues. Cierta es mi duda, pero a mis instancias vuelva. Nunca he oído, que tirana ser deidad alguna pueda, y en vos lo admiro, pues veo tanto rigor y estrañeza. Ya os he dicho, Caballero, que me dejéis. Cómo, fiera, quieres que mi ceguedad te deje? Traidora, piensas, que por más que con el manto ocultarte de mí quieras, lo has de conseguir? Ay triste! Ya te conoció mi pena: y pues tan mal has pagado mis amorosas finezas, vive Dios, que a hacer me obligas, que infame escarmiento seas tú de ti propia. Cobarde, hombre vil, pues quien emplea sus vengativos enojos en una mujer, ya lleva el sobrescrito en el rostro de su infamia, y su vileza: qué me quieres? déjame, porque si tirano intentas ejecutar riguroso seña en mí de tus violencias, con mi enojo, con mis ansias, yo propia::: Detén la lengua: Dime, mujer alevosa, qué te faltaba en Marbella, asistida de mi amor, servida de mi fineza? No tuviste en mi persona un freno, un rayo, una rienda para cualquiera que osado a tu decoro ofendiera? No fuiste dueño absoluto de aquellas pobres preséas, que adquirieron mis fatigas por cáminos, y veredas, a costa de los peligros, a que valiente se empeña quien contra Guardas, y Rondas le da despacho a su hacienda? Viste en mi mudanza alguna? pues por qué, falsa me dejas, y me obligas a seguirte, haciendo norte a mis penas? Porque tengo un albedrío libre, y nadie en él impera. Vive Dios, que a darte muerte me ha obligado tu respuesta; y así este acero::: Ay, amiga, líbrate de su fiereza: huye. Ay infelice! los Cielos me valgan. Traidora, espera. Cumpliose mi profecia en esta mujer, pues ella por su gusto se ha buscado las iras de su tragedia. Ya medrosa por la calle huye de él; ya a asirla llega; ya el brazo levanta airado; mas con brío, y gentileza un alentado mancebo ha hallado que la defienda; ya los dos sacan la espada, ya están vibrando centellas: qué valor! ya acia esta parte acuchillándose llegan. Qué desgracia! Hombre, u demonio, que así contra mí te arrestas, ecómo no temes mi enojo? Porque soy rayo, que flechan las esferas rigurosas, fulminando mil centellas, Pues yo he de ver si a ese ray hay castigo. . No lo creas. Valor tienes. . No te falta. Biente portas. . Bien peleas. Pero herido estoy, aguarda, que los hombres de tus prendas no admiten ventaja. Siento, que tú la hazaña me adviertas con que he de aplaudirme: un lienzo átate, y vuelve a la empresa: que si saber de la dama donde queda te desvela, un criado mío la asiste, él me dará de ella cuenta. Eso es decirme, que tú sacas la cara por ella en todo, y por todo? . Sí, que si es tu dama, y te deja, quien la libra de ti, mira en qué obligación se empeña. Vive Dios, que más me irritan los celos, que las ofensas, y así te daré la muerte. No es mala la diligencia, que tu cólera está haciendo; . pero soy Francisco Esteban. Segunda vez me has herido. Y te heriré las que quiera. Pues si tienes tal dominio en mi fortuna, y mi empresa me impides, siendo el motivo una traidora Sirena, para qué el duelo prosigo? Tú has vencido, pero piensa, que Francisco Esteban solo hirió, y venció a Bocanegra. Aunque fueras el demonio, lo que he hecho contigo hiciera. Yo la vida he de perder, o he vengar mis ofensas, y hasta lograrlo, valor, celos, y agravios, paciencia. Pero quien será esta esta dama, que presente a la contienda ha estado? Quién sois, señora? Una servidora vuestra, y de la que habéis librado de ese hombre compañera. Pues ya aquí con mi criado llega, ya en salvo estáis puesta; y pues la fortuna mía me ha servido de tercera, para serviros es justo, que halle en vos::: Francisco Esteban, ya que tu nombre ha sabido mi agradecida advertencia, tan obligada tu brío me ha dejado, que por deuda tu esclava soy, y así debes reconocer mi fineza. Ay señora! en un jabeque llegué desde Cartajena a Málaga, y he dejado la casaca de Galera; no tengo más mayorazgo, que mi osadía, pues ella, con el contrabando solo, me viste, asiste, y sustensa; y si mi empleo has de ser, no temas guapos, ni temas que te falte cosa alguna; pero cuenta con la cuenta, niña, que yo soy hombre, que sufriré morisquetas. Algún demonio te trae tan a mano las pendencias: si en Cartajena te hallabas conmigo un instante apenas, como ya en Málaga riñes? Cuando lo pide la urgencia, estas, y otras objecciones la necesidad dispensa; y pues apenas he puesto las plantas en ella, llega la fortuna a convidarme con tan honradas empresas, Calimaco, qué he de hacer? fuerza es seguir a mi estrella. Pues ya tan a poca costa la fortuna me remedia con una Daifa, que puede ser de aqueste tronco yedra, manos a la obra, y salgamos cada loco con su tema Y es su nombre? . Calimaco. Y creo que es buena pieza: Yo me llamo Juana. . Juana? qué dulce nombre! . Es jaléa. Ea, Calimaco, busca con la mayor diligencia dos caballos, que a Granada partir esta tarde es fuerza. Dime, hombre, con qué dinero? No llevo yo aquí la letra, que en Cartajena me dieron (por haber corrido venta) del importe del caballo, y carga, que su Excelencia el señor Cuatralvo al punto mando darme? qué recelas; y más viniendo conmigo? Y qué a Granada te lleva? dilo. . El reñir con un guapo, que llaman de Santaella, el temeron más soberbio, que conocen estas tierras, y haré lo mismo que con el compadre Bocanegra: ven, niña, que eres empeño del asombro de Lucena. Ya voy contigo, Francisco, tuya es la flor de Marbella. . Juana, ven (pues Calimaco es jaque de esta belleza) donde celebre la fama al guapo Francisco Esteban.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Aquí, donde el mormullo silencioso de un líquido raudal, que presuroso, sangría de cristal, sierpe de plata, espejo de las flores se desata, después que por el prado se distraé, con sus dulces arrullos nos atrat::: Aquí, donde elevado en ramas bellas, cual vejetable alfombra, a las Estrellas con su verdor copado, de la yedra amorosa coronado, nos ofrece, sentados en su falda, el álamo doseles de esmeralda::: Aquí, donde el ribazo servir puede de catre a mi espinazo, pues de un trotón, de quien ginete hesido no puedo menearme de molido::: Mientras la sombra de la noche fría es fijo norte a la esperanza mía::: (ga, En tanto que a la acción, que intentas cie- la ocasión, y hora acomodada llega::: Mientras que los caballos fatigados, locos de un tronco son a un tronco atados:: Oye, Romero, en bien formado acento, de mi designio el valeroso intento. Dime, Esteban, el fin de tu cuidado pues a asistirte estoy determinado. Vaya de cuento ya, pues sin saberlo. pendientes dos estamos de un cabello. Y pues mis iras a un arrojo os llevan, entrambos me escuchad. Prosigue, Esteban. Ya sabéis, que de Granada me ausenté, porque una tarde, cuerpo a cuerpo en desafío, le di la muerte arrogante al guapo de Santaerla; y la justicia en mi alcance deteminada, dispuso mis arrojos procesarme. Y que la infiel Margarita, que de Málaga me traje, al primer día pagó la fineza con dejarme. Que pasé a la Corte, en donde. fui admiración de los Jaques, acreditándome en ella seis desafíos campales. Que volví alegre a Lucena, y a mí siempre amado padro consolé con socorrerle urgentes necesidades. Sé, que pasaste a Juén, donde el hado favorable les dio a tus heroicas prendas digna esposa, en quien hallaste, en el va or, una Palas, en brío, y belleza, un Ángel, una Juno en la nobleza, una Minerva en el arte de su discreción, que todo en Doña Josefa cabe. auño Y que allí a un cierto de estos Águilas rapantes, porque te tomaba el tiento de tus faldriqueras sacre, dentro las carnicerías le dijiste: Amigo, zape, si busca moneda, tome, y sin encolerizarte, con la lengua del rejón el menudo le sacaste. Que tuve con la justicia varios, y fuertes debates, quedando siempre mi esfuerzo gloriosamente triunfante, siendo la sal, y el tabaco mi manutención, porque antes perdiera airoso la vida, que quitarle nada a nadie: Que a Juén dejé: . Y que a Cabra, noble Villa, te pasaste, donde proseguiste el logro de tu vida, en los afanes del contrabando, con otros que te asistían leales. Que te arrojaste a la casa del Arrendador de Cadiz, y te cobraste vaiente el importe (arresto grande!) de once cargas de tabaco, y sus caballos, que él antes te quitó, y vendió, y tomamos para Lucena el viaje. Que intentó en Puerto Real mi camino embarazarme su Arrendador. . Y que tú la fineza le pagaste con dos pelotas entrando en su aposento hasta el catre. Que en el camino un Ventero, descortés, y miserable, no se qué maravedises, que faltabas a pagarle, por no tenerlos, pidió, y que tú, porque callase; con un trabucazo solo le diste en el pecho un cabe. Pues si sabéis tan por puntos mis hazañas tan notables, mis arrojos tan soberbios, mis demasías tan grandes, escuchad la que esta noche intento, porque si salen mis designios tan bríosos, y lucidos, como saben, no tendrá para aplaudirme la fama clarín bastante. Cansado, pues de vivir en desgracia lamentable del que como a Rey venero, y a quien deben consagrarse, por más superior Monarca, Mundos, Regiones, y Mares, víctimas humildes todos de su furia incontrastable, solicité, de mi indulto la ventura granjearme, viendo que Diego Ruiz, mi amigo, con sus parciales en Granada lo alcanzaban; pero aumentó mis pesares ver, que el señor Presidente de la Sala, en esta parte no solo no me consuela, pero ciego en su dictamen, ha ofrecido cien escudos a quien me prenda, o me mate; y es hoy corrido de que con tan poco premio pague acción, que aún de imaginarla pusiera terror a Marte. Este rigor tan injusto, este desprecio tan grande, tan insufrible esta pena, y este tan duro desaire, ha originado en mi pecho tales iras, y volcanes, tal incendio, tal enojo, que a poder comunicarse, era para consumirse el mundo materia frágil. Y porque admiración ponga en los futuros Aunales este corazón valiente con sus hechos memorables, esta noche, amigos míos, veré a Don Pablo Diamante, dignísimo honor Togado, Jurisconsulto tan grande, que de justiniano él solo supo agotar los raudales, tanto, que de Presidente le dio el mérito el realce en la Real Sala, por sí humilde, cortés, y afable bocalmente le merezco dicha tan inponderable; y si no, he de hacer al mundo testigo; pero esto baste, que hace menor el arrojo darle los aplausos antes. Para esto os traigo a Granada, no para que me acompañe vuestro valor en el riesgo, sino para que este lance se disponga de tal suerte, que al valor ayude el arte. Tú, Romero, prevenido has de estar en los umbrales de la casa, y a cualquiera que entrar quiera, desviarle con alguna estratagema, porque es al caso importante, y a mis intentos forzoso, que alboroto no se cause, que yo allá dentro sabré vencer las dificultades; tú, Calimaco, tendrás los caballos en la calle prevenidos; y pues ya el negro opaco celaje de la noche nos ánima, antes que se haga más tarde, vamos, que hoy Francisco Esteban, para que el Orbe se pasme, ha de ser de sus procesos Reo, Juez, Perdón, y Parte; pues ha de aterrar al mundo, o ha de lograr que se rasguen. Francisco, las ocasiones repetidas de mostrarte habrán podido, sin duda, contigo mis lealtades: aunque desde aquella noche de Cartajena emplearme no he logrado en tu servicio; porque como te pasaste a Málaga, y yo después, dejando el Militar traje, me fui a la Patria, en nada te he servido: mas que mandes te pido a mi heroico brío los imposibles más grandes, que con exponer mi vida cumplo como fiel Acates. La satisfacción que tengo de tu valor me persuade a valerme de ti solo; y pues de la suerte es madre la diligencia, a la obra. A la vela tocan. No es tarde; tu ya quedas advertido, . nosotros vamos delante. Pues andad, que yo me quedo a remojar el gaznate. Arresto notable emprendes! Tengo de cólera un áspid, que por el centro del alma todo su veneno esparce. Este es el campo del triunfo, donde se mira brillante de antorchas mil adornada la Serénísima Madre de pecadores. . No dista de aquí muy lejos la calle: lo que te encargo es, que a todos los que a la casa llegaren digas, que el señor Don Pablo indispuesto está, y que llamen no permitas. Mi cuidado verás si te satisface. Pues esta es la casa. Rom. Donde me quedaré? . En esta parte, y a Dios, hasta que glorioso de arrojo tan grande baje. El Cielo Estevan, te asista. Con él queda: en los umbrales estoy ya, y para acertarlo, la calle la puerta que da cierro, y en el portón llamo: ha de casa. Quién es? . Abre, niño. Hidalgo, a quién busca? . A tu señor y así dale recado, de que le busca, para la mano besarle, Francisco Esteban. Ya voy, espere. Muy bien: ya el Paje le dio el recado, y Don Pablo discursivo, y vacilante se ha quedado, y de confuso, lo que responder no sabe; que suba, si no me engaño, manda; seguro es el lance. Entrad, Hidalgo. . El postigo cierro y me llevo la llave. Suspenso el caso me tiene! un hombre con causas tales tan arrojado en mi casa entrar! qué podrá obligarle? Vive Dios, que a no ser yo quien soy, temiera cobarde exceso alguno: mas no, mi respeto ha de enfrenarle, hasta que vengan por mí los Ministros; que ignorante, pues a su propio castigo sus mismas culpas le traen! no entra ya? A tus pies, señor, puesto está ya de humildades colmado, Francisco Esteban. Siéntate, Fstevan. . No cabe, que mi cortedad honrada, señor, de mercedes tales se vea: en pie estoy más bien. No basta que te lo mande yo? tu cortesia estimo: siéntate, pues. . Señor, barte, perdonad, que de respeto esta inobediencia nace. yusto Tú eres ese horror de España?ese formidable terror de la Andalucia? e Tú el que sustanciadas tales causas tienes, que componen este volumen tan grave, que aquí miras fulminado? Yo soy, y es bien que me llame tan solo Francisco Esteban, y nada más. . Tienes padre? Todabía de sus canas, siempre a mi amor venerables, el dulce paterno afecto mis obediencias aplauden: Galicia le dio en la cuna, aunque humilde, limpia sangre. ? Y madre? . Ya de la parca al rigor inescusable pagó el tributo funesto; cortando el vital estambre. Eres soltero? . De amor esclavitudes galantes padeciendo de Himeneo, logro las felicidades con una mujer, de quien las prendas por estimables, merecen de un Poderoso más vanaglorioso engarce: Doña Josefa se llama, y en Jaén, su Patria, honrarme quiso con su hermosa mano mis méritos desiguales; una hija tengo, y de tres herrmanos, acompañarme dichosamente me veo; mi edad, no cuenta cabales los treinta y tres años: estos, mi valor, mi esposa, padre, hija, hermanos, ser, y aplauso, (no lo digo de cobarde) en vuestro debido obsequio víctimas humildes yacen. Pues un hombre tan cortés, tan garboso, tan afable, tan valiente, bien hablado, de buen rostro, lindo talle, vive tan encenagado en delitos, y maldades, sin temer justos enojos de un Monarca, de quien lame las majestuosas plantas el coronado del valle, de quien retratos se miran los Ministros vigilantes; y lo que es más, de una espada justiciera, que en el grande Brazo Supremo de Dios resplandece incontrastable? que no vengan los Ministros para rondar y es tan tarde! Mi estrella, señor::: . Erancisco, ya será justo que atajes tus desenfrenados pasos, y así, mi amor te persuade, que quien tan perdidamente de un peligro en otro cae, fuerza será, que a una bala, o a un triste suplicio acabe. Vive Dios, si mal no pienso, que con preámbulos tales, el señor Don Pablo intenta este rato embelesarme, mientras que llega la Ronda, y me prende; pues más vale vomitar todo el veneno, y salte por donde salte. Señor, siempre me he preciado de hablar claro, y cuanto antes en cualquiera cosa que disponga, prenda, o trace, mis delitos no los niego, supongo mis crueldades, mis travesuras confieso y al caso voy escuchadme: Yo sé, que Diego Ruiz, y los suyos, indultarse, por la protección de Usia, han logrado, bien se sabe, y que es solo el infeliz, indigno de este realce el pobre Francisco Esteban, y sobre esto se me añaden cien escudos, que son talla para el que logre matarme, o prenderme: Ea, señor, usar de vuestras piedades, ̱ ea etos encos, templadles, señor, templadles, y esas rigurosas letras, ese volumen tan grande de mis procesos, hoy sean breves átomos del aire. Yo, señor, a esto he venido. no soberbio, ni arrogante, cortés, y rendido sí, por ver si alguna vez valen las suplicas por humildes, mas, que las atrocidades: que si esta fineza os debo, ofrezco tanto enmendarme, que el que lo fue de soberbias, hoy sea ejemplo de humildades; y finalmente, seré un can de vuestros umbrales, que esclavitudes tribute de obedientes lealtades, si mis causas, y procesos logro, señor, que se rasguen. Rasgar, Francisco? qué dices? pues te parece tan fácil? Si señor, Vueseñoria puede hacerlo, y consolarme. Eso es imposible, Esteban. No puede ser? No te canses. Pues ya yo estoy arrestado, señor Don Pablo Diamante, y no he de quedar (entiendo) sin alivio, y con desaire. Vive Dios que esta resuelto: . mira Estevan::: . Es en balde. Que tus locuras:: . Son muchas. Tus Travesuras::: . Son grandes. Y yo:: . Quién hacerlo puede. Lo que no cabe::: . Bien cabe. En la razón::: . Qué razón, si nada de eso aquí vale? a no ve Usia cuan humilde lo suplico? . Fuerte lance! Hola, Juan, Pedro, muchachos. Señor. Usía no llame los criados, que no sirven (donde Usia está) a templarme. Que manda Usia? Ya nada. No son menester Zagales, que yo también sé servir. Entraos adentro. Al instante. Ea, pues, qué duda Usia, si lo ha de hacer por remate? Ya es fuerza hacer lo que pide, pues tanto ofrece enmendarse: Francisco, para que veas lo que te estimo y repares la fineza que me debes, una palabra has de darme. Señor pida Usia, pida y no tema que yo falte. Pues ha de ser, que tu vida moderes, y que no andes tan desenfrenadamente dando gusto a tu dictamen, porque si segunda vez tropiezas, no habrá::: No pase en esta materia ya Vueseñoria adelante, pues todo cuanto me pide está concedido antes. Pues en fe de ese seguro, e quieres más? Solo arrojarme a besar las nobles plantas, de quien merece, que en jaspes esculpan sus atenciones merced tan imponderable. Y qué armas llevas, Francisco? Cuatro pistolas, que valen cualesquier precio, estas son, señor, y si satisfacen a Vueseñorla, de ellas servirse puede al instante. Por ser tuyas las admito; y porque el favor te pague, mira si estas escopetas son de tu gusto. Son tales, que un Príncipe con ellas puede el manejo emplearse. Sírvete de ellas. . Señor::: Yo gusto de ello. . Pues bast Y pues has sido esta noche huésped mío, y visitarme has querido, este agasajo es justo recompensarte: Hola, muchachos, la cena. Pues señor, licencia dadme, porque:: . Dónde vas? espera. Qué más ay, señor, que aguarde? Qué? que has de cenar conmigo, no te vayas. . Tanto honrarme Señor, la cena. . Qué esperas? vuelve, Esteban, a sentarte, y no repliques. En todo fuerza es que obedezca, y calle, porque aunque vengan, en tanto . que ceno, ya llegan tarde. Con que tú no tienes más modo de vivir, que el fraude, y el contrabando? . Señor, si tengo un anciano padre que sustentar y mi esposa, con una hija, y a nadie jamás le he quitado cosa: qué he de hacer? harto no hace quien a costa de peligros, riesgos, sudores, y afanes, un pedazo de pan busca al Sol, lluvias, polvos y aire? Hágase Uueseñoria cargo, y será de mi parte. Pero siendo esos derechos del Rey y es ley que se guarden, mira el delito en que incurre quien los usurpe, y desfraude. No lo ignoro yo. La copa: a tu salud. Favor grande! A la de Usia, que goce, felices eternidades. Quitad la mesa, y al punto una cama aderezadle a Francisco. . No señor, que eso ya fuera pasarse mi humildad a vanagloria, si ese favor aceptase: yo tengo un amigo, que le mandé, que me esperase, y hemos de partir a Cabra esta noche, antes que raye con esperezos de aljófar el Alba en rubios celajes, y pues no puedo admitirlo, Usia no me lo mande. Si eso es así, y no hay remedio, no quiero más empeñarme: alumbra, niño. Y Usia adónde va? A acompañarte. Eso es querer que me quede. Anda, Francisco. No pase Usia de aquí. Esto es forzoso, y el repugnarme es en balde. Trocose la ira en agrado: quiera Dios sea durable. Admirado, por Dios, quedo de un hombre de acciones tales! Soy yo Judio por suerte, o algún pretendiente soy, para estar más de tres horas esperando de plantón, manteniendo con tres bestias plática, y conversación? No ha sálido todabía? No, Calimaco: y yo estoy con algún cuidado, pues ya más de las doce son, y así, amigo, hasta que salga, esperemos: más rumor de que han abierto la puerta de la calle se escuchó. Francisco Esteban? amigo? Quién llama? quién es? Yo. . Y yo. Perdona, amigo Romero, tan prolija detención. Servirte en mí no es fatiga: e se logro el fin? . Se logró: todas mis causas, amigo, breves desperdicios son: qué hora será ya? Las doce. . Las doce? Y la media dio. , Dónde dejas los caballos? En la Posada del León. Pues lleva esas escopetas, y sacalos. De quién son? Regalo del Presidente, pues gustoso se quedó con cuatro pistolas mías: llévalas, pues. Allá voy. Pues por qué con él no vamos hasta el mesón? . Porque no quiero que me vea alguno, y curioso y hablador, cuando mañana se sepa mi arrojo, diga que yo, con ayuda de vecinos, he ejecutado la acción: e pero como es, que a la puerta nadie llegó? . No llegó? mas de cincuenta Ministros mi cautela desvió, diciendo que el Presidente estaba con un dolor de cabeza, y no podía rondar. Ay chiste mayor! Y que un criado, que la pu cerraba me lo avisó. Linda traza! Qué aguardamos? Vámonos, pues. . Vámonos. Pero por estotra calle llegan con paso veloz una tropa, y de mujer se percibe algún clamor: reconocerlos importa. Señores, tanto rigor . con una infeliz mujer! Vive Dios, que aquella voz conozco, y no doy en ella, 1. Venga a casa del señor Presidente, la que es causa de escándalo tan atroz. Pues qué es esto, Caballeros? 1. Quién es, quien lo preguntó? Un hombre compadecido de esa infeliz, y por Dios, que estimaré, que consuelo se la dé al punto. Y a vos, quién con la justicia os mete? No os digo, que compasión? 1. Pues seguid vuestro camino, antes que vuestra prisión os premie la buena obra. Cómo seguir? eso no, soltad la mujer. 1. Prendedle. Prendedme, pues, que allá voy. 1. Ay mi cabeza. 2. Ay mi brazo. Huyamos, que es un León. . Idos con doscientos diablos, pues no quisisteis con Dios. El Cielo piadoso os pague tan generoso favor. Vive Dios, que es Matgárita . la que loca me dejó, cuando salí de Granada, o me ha engañado la voz: mal haya la oscuridad. No me diréis, qué ocasión han tenido los Ministros de prenderos? . Aver dos hombres en mi propia casa reñido, y uno feroz le dio la muerte al contrario por mi causa, y al rumor acudieron los Ministros, y por la declaración de los vecinos, en mí ejercer su indignación intentaron, con llevarme al Juez Presidente, a no suspenderlo vuestro esfuerzo: considerad ahora vos lo que en mí de mi destino la desventura causó. Y con qué medio pensáis libraros? . Ya aquí el mejor será salir de Granada esta noche. . Lo que yo puedo por vos hacer, solo será socorreros con aqueste corto bolsillo, y el Cielo os asista: a Dios. No me diréis a quien debo tan benigna protección, para hacerme esclava vuestra? No; pero os diré, que soy quien otra vez animoso en Málaga os defendió, y porque otra vez no quiere que paguéis mal su favor no quiere empeñar del todo su heroico pecho por vos: ven, amigo. . El tal Francisco bien su palabra cumplió. . Detente, Esteban, aguarda, que se te dejó mi error::: Pero en vano detenerle intento, pues ya veloz con el compañero doblan la calle: mal hice yo en enojarle, teniendo certezas de su valor; epero en qué puede acertar, quien libre, sin Ley, sin Dios, obstinada la carrera sigue de su perdición? Y pues::: Válgame San Judas, y el Gallo de la Pasión! Juana? Margárita mía? Dónde vas? . Qué me sé yo huyendo del prendimiento, que en tu casa se quedó, y nos buscan. pues qué haremos? ven. Adónde, mujer de Dios? Ven a ver si en una amiga, para tanta confusión, hallaremos esta noche seguro, hasta que do los reflejos no dirijan a seguridad mayor. A mucho empeño, Benito, te ofreces. Yo estoy señor, seguro con mi valor, y a las obras me remito: Vueseñoria no ponga, viendo mi resolución, duda en su muerte, o prisión, aunque el infierno se oponga; pues aunque centellas lluevan de su pecho contra el mío, matar, o prender confío al guapo Francisco Esteban. Y cuando la suerte avara negara a mi compañero el desempeño, que espero de su fuerza heroica, y rara, yo, que le asisto animoso en tan valiente facción, quedo a la satisfacción de lance tan orgulloso; y así, pues Benito es dueño de esta empresa, yo por él, compañero leal y fiel, aseguro el desempeño. Dicen, pues, que de su brío, tú, Bocanegra, saliste herido cuando tuviste con Francisco un desafío: no es verdad? De ira estoy ciego. Parece que te ha pesado? Quién ese lance ha contado, dijo bien, yo no lo niego: por eso solo en su daño ya nuevamente me irrito, y en esta empresa a Benito con mi valor acompaño; porque cuantos saben, que me hirio en lid dura, y sangrienta, por desquite de mi afrenta, sepan como me vengué: que aunque me quito su espada a mi dama al defenderla, también burlado sin ella se quedó luego en Granada. Yo, pues, estoy empeñado con valerosa porfía, a quitar de Andalucía monstruo tan desesperado; y para que sus exceros pague, ofrezco de mi hacienda, a quien le mate, o le prenda valiente, los dos mil pesos. Esta es mi resolución, para que sepa Antequera, que soy rayo, hidra, y fiera, y de Albanía soy León; y pues a vuestra propuesta permiso doy, y seguro, no deteneros procuro, la comisión es aquesta. Ver quiero de vuestro aliento el garbo como se porta, a todos la acción importa, y es de todos lucimiento, que aquesta arrogante fiera sea de mi ardor laurel, y se rinda al brío deel Corregidor de Antequera: tomad ya la empresa, amigos. Con tan seguro favor, de mi aliento, y mi valor haré a los Cielos testigos, y que ha de llegar el día confío (y seguro es) de que ha de besar los pies Esteban, señor, de Usia. Lo que he prometido es cierto, quiera Dios salgáis con bien. Yo aseguro el parabién, de entregarle vivo, o muerto. Y este arresto, que por hecho, Benito Velasco fía, le ofrezco a Uueseñoria la osadia de mi pecho. Bien es, que mi enojo aguarde el logro que solicito. De Bocanegra, lo asegurac Dios os guarde. Qué se ha de decir de mí, que remiso, y sin cuidado vivo ofendido, y burlado de quien no maté, o prendí? Quiero, mientras que a rondar viene el Alcalde, y su gente, . reconocer diligente causas, que he de adelantar: porque el que a su obligación quiere dar el cumplimiento, debe advertido, y atento obrar con la precaución. Esta lista he de mirar de los presos, que::: Señor, un hombre de albún valor con Usia quiere hablar, y que trae algún cuidado parece. Que entre al momento: dejar el registro intento hasta haberle despachado. La noticia deseada que traigo, señor, forzosa, ha hecho en mí la diligencia de llegar acá a estas horas: esta carta, y mi seguro de la verdad os informan: ya han preso a Francisco Esteban, nadie este suceso ignora. Qué dices hombre, qué dices? La verdad digo. . Ahora, ahora verá el premio que le aguarda para su soberbia loca: siéntate, porque cansado vendrás. . No señor, no importa. No te escuses. . Pues señor, si tanto Usia me honra, no solo me sentaré, pero de las armas todas me desnudaré aquí mismo: que estas son las armas propias, que cuando a Esteban prendieron, le hallaron y mi persona parece a la de Francisco, pues con ellas se acomoda. No te están mal. No señor, bien me sienta cualquier cosa. No te falta el desenfado. Lo del despego me sobra, . y más cuando ya los guapos no tememos la zozobra de este pasmo de Lucena, que a arrogancias nos asombra: ya nos quiso librar Dios de un jaque de tanta costa. Yo he de dar con su castigo admirable ejemplo a toda la Andalucia, que cría vívoras tan ponzoñosas: dos mil pesos ofrecidos tengo al que osado le ponga vivo o muerto en mi presencia. Pues ya puede Usia ahora ir previniendo el dinero, que lo que pretende logra. Abre, Juan, abre, Francisco. No te asustes, que es la Ronda, que por mí viene. . A mí no me asusta tan poca cosa. Señor? . Señor? Buenas noches: ya me parece que es hora de dar cuatro vueltecillas por Antequera. . Forzosa es la cautela en un lance, que vida, y fama me importa. Vuesarced, señor Alcalde, se siente, que tengo ahora una noticia que darle. Y es buena? Buena, y gustosa: ya el señor Francisco Esteban ha dado con su persona en la jaula, ya esta preso. No lo creo. . Si a esta sola diligencia yo he venido, quien hay que en duda lo ponga Y vos lo visteis? . Si vi, tanto le he visto, que ahora parece que le estoy viendo Qué aspecto tiene? qué forma? que me le celebran todos de gallardo. . Mucha cosa; a mí me falta el estilo, que si no hiciera una copia de sus prendas; y pues tengo tan cerca sus armas todas, al vivo pintarle quiero: vaya una pintura pronta. Pues de su propio coleto vestido me miro aquí, no dude nadie de mí ser de aquella causa efecto. A quien no causa respeto . esta carpa valerosa, cuya labor primorosa a mi compostura entrego, si cuatro bocas de fuego la suponen espantosa? Sin artificio distinto otro Estevan me supongo, cuando gallardo me pongo . pendiente el rejón del cinto: y pues tan vivo le pinto, mi brío al suyo se iguala, su mismo aliento aquí exhala de mi valor el abismo, si me adorna como a él mismo, del capotillo la gala. De su gallardía espero dar señas con la acción mía, si ímito la bizarría, con que se pone el sombrero: . en nada, por verdadero racional bizarro mapa, de su retrato se escapa cosa alguna para asombro, pues como Francisco, al hombro . llevo terciada la capa. Este basilisco ardiente, este besubio de plomo montado, y dispuesto tomo, por imitarle valiente: no es cobardía, que intente tenerle así, ni acción loca, pues si el pintarle me toca tan al vivo, aquí prevengo, que mal lo haré, si no tengo, que respirar por la boca. Y pues tal acierto llevan los adornos, que le copio, aquí está presente el propio brío de Francisco Esteban: ningunas dudas se atrevan a mi retrato, y razones, pues talle, brío, y acciones, armas traje, hablar, y hacer, son, han sido, y han de ser castigo de valadrones. Y porque a la industría mía el velo, y disfraz se rompa, yo soy el mismo Francisco, asombro de España toda: no me espantan comisiones, ni los pregones me asombran, pues si los hombres me temen. las armas no me zozobran. Pues como así en mi presencia te atreves, y me provocas? Nadie del puesto se mueva, o será la sala Troya: ya en Granada mis procesos se rompieron, y orgullosa mi bizarría ha sabido, que dos mil pesos apronta Useñoria a cualquiera que me mate, prenda, o coja: yo por la cantidad vengo: esta he de llevarme ahora, y sea con brevedad, sin andar con ceremonias, porque he venido de prisa, y es mi paciencia muy poca. Mira, Estevan::: Yo, señor nada miro aquí. Acción loca! Aqueso no es respetar de la justicia el::: . Mis o del respeto, y cortesía son hijas vanagloriosas: cantidad solo p y así la razón me sobra. En ese volsillo está: si con violencia le tomas, no pudiendo resistirlo, no se vulnera mi honra, porque yo nunca:: . Señor, ved, que no las veces todas debe explayar la justicia la jurisdicción que logra: ya la cantidad es mía; pero para que traidoras cobardes lenguas no infamen mi valor, y fama heroica, ni digan, que el interés a esta hazaña me provoca, aquí otra vez el dinero restituvo, porque airosa mi bizarría, en villanas civilidades no corta; solo he querido con esto, por si acaso alguno ignora el brío, el valor, el garbo, que me anima, y que me informa, que quede de él advertido con esta acción, y con otras. Vueseñoria el dinero vuelva a tomar: pues qué importa llevármele, si mañana volverá en la misma forma? Francisco Esteban, tu arresto tanto me admira, y soborna, que si antes para ofenderte, los puse en tabla, ya ahora, para que de ellos te sirvas, los dejo en tu mano propia: obligado de ti quedo, y en mi afición generosa tendrás un seguro amigo. Uueseñoria me honra como quién es: pues ya la confusa negra sombra índica, que está la noche en la mitad de sus horas, si Usia me da licencia, me iré a Lucena, y disponga de mi lealtad lo que pida, que con voluntad muy pronta Francisco Esteban de Castro servirle gustoso otorga. A quién hombre tan bizarro, y tan valiente no asombra? Vive Dios, que me ha dejado la imaginación absorta, y he de darle cuanto amparo pueda, que hazañas heroicas, mas que irritan, se granjean, y más obligan, que enojan. Sujeto es digno del bronce. Y aún de más feliz memoria, porque si obliga esta hazaña, a quien el aplauso nombra Corregidor de Antequera, todas las demás le sobran.
JORNADA TERCERA
jornada tercera De dónde tan airado, colérico, sañudo, y enojado, Francisco, esposo, vienes? de qué disgusto los enfados tienes? Tú él habla quebrantada? sin halago el mirar? qué tienes? Nada: qué disgusto qué enojo qué violencia puedo tener, esposa, en tu presencia, si antidoto amoroso a mis fatigas eres tú para mí? Qué mal me obligas con querer tu pesar disimularme! Mal haces en negarme cualquiera pena tuya, pues airada, con el trabuco, mi puñal, y espada, Velona varonil en tu defensa te dejaré vengado de tu ofensa, cuando tu fuerza rara otro imposible el triunfo no lograra. No digo que no siento ni aún senas de disgusro? antes contento, sin que en mi nada más, que gusto asista, vengo, esposa, al halago de tu vista. Para qué son recatos, si viene a ser la nada entre dos platos? Aí abajo, sin voces, ni pesares, ha tenido unos dares y tomares con Carlos de los Reyes, y ha quedado todo el cuento muy quieto, y sosegado, porque ha sido el respeto medianero del señor Juan Romero, que si no, ido se hubiera con presteza con las manos, sin duda, en la cabeza. Bien puede a mi compadre (por más que no le cuadre) agradecer, que en ello interviniera, porque de la quimera no salieran de Carlos las porfías, sin tener que curar por muchos días, Yo agradezco, Francisco, lo que hiciste, que al instante mismo que me viste, suspendiendo tu fiereza te debí la fineza de que cortés, depuesto el rigor fiero, a la vaina entregases el acero, cuya atención gallarda me ha dejado mas, que nunca, obligado; si bien vuestro disgusto le sentía, porque le motivó una niñeria, y los hombres de acciones tan famosas riñen solo por cosas, que si el tiempo las cuenta, y la memoria, sirvan de aplauso, de esplendor, y gloria. Y por qué fue, decidme, ese disgusto? Por nada fue, Josefa. No, no es justo que callarlo procures, cuando infieres lo curiosas que somos las mujeres: ha sido alguna dama, señor mío, quien obligó vuestro bizarro brío? la verdad (quién lo duda?) eso sería. Josefa, si el motivo::: Ay tal porfía que adivine mi ingenio de advertido todas las travesuras del marido! No fue más la contienda, que estar en una tienda (tanto el bizarro espíritu le llama) feriándole unos diges a una dama, y a fe señora, tu atención me crea, que era la moza un poquito fea; cuando entró a poner leyes muy soberbio el tal Carlos de los Reyes, y a culpar de tu esposo la osadía, diciendo: Aquesta dama es cosa mía, y quien intente, con toda la parola, echar mano al trabuco o tercerola; pero tu esposo, que sufrir no sabe le hubiera dado un cabe, Sí, como he dicho, Juan Romero osado no hubiera allí con su valor mediado. Aqueste el caso ha sido así al pie de la letra sucedido: ya yo lo he dicho, mi temor conoces, a ver como me libras de las coces. Calla, necio, qué dices? que mi esposo no sabe tan rendido, y generoso servir a las deidades, y hermosuras: él había de hacer esas locuras? (tido. Sabe Dios que es un loco, y que ha men- Pues digo yo que no? si bien, marido, lo mismo que tu dices desempeño, pues si es loco lo aprende de su dueño, ̱. Basten ya aquesos ceños rigorosos que los hombres garbosos, por servir a una dama con terneza, no olvidan de su dueño la fineza; y yo sé, que Francisco no reposa mientras no está en los brazos de su esposa: No es verdad lo que digo? Miren el disímulo del amigo: qué abono tan felice! id con Dios, Juan Romero; qué bien dice quien dice, que de amor en la campaña, a la mujer con la verdad se engaña! Si eres tú el Astro por quien solo vivo. Llega a mis brazos ya. Yo los recibo, pues en amantes cariñosos lazos hallo toda mi dicha entre tus brazos. Compadre amigo, yo me voy, que tengo precisa ocupación; pero prevengo, que este disgusto, que escusé galante, no es bien pase adelante, porque será conmigo tener más, que un amigo, un enemigo, cualquiera que se olvide de lo que a entrambos mi respeto pide: e me das palabra de olvidarlo todo? Si te la doy. Romero. . De ese modo quedar contento espero; a Dios, Doña Josef s Vive Dios, que de mi amigo el respeto solamente puede para la venganza los enojos suspenderme; pero basta intervenir su atención, para que quede indultado de mis iras el tal Carlos de los Reyes. Y eso, Francisco, te ruego, si darme algún gusto quieres. Si es tuya la acción, señora, mal mi espíritu valiente puede emprender lo que activo tu imperio no permitiere. Ay ay, dos tapadas damas entrándose acía acá vienen. Tapadas en casa? . Sí. Quién serán estas mujeres? Qué sé yo: lo que aseguro es, que no vendrán a verme. Pues a quién? A quién con ellas se porta tan noblemente como usted, señor Francisco: vea usted lo que le quieren Qué es lo que mandáis, señora? Una precisión urgente pide a vuestra bizarría atención, si la merece. Bien podéis hablar seguras de que yo groseramente vuestra pretensión estorbe; pues::: . Vive Dios, que presente has de estar, Doña Josefa, a todo cuanto dijeren, Déjame. . No te has de ir, porque satisfecha quedes. Esta es sin duda su esposa, . fuerza es que mude de especie mi intención; porque no es bien, que de mí, acaso sospeche lo que puede mi designio servirle de inconveniente. . Aunque de las tiranías impelida de la suerte me veis, señora, este día, de vuestro esposo valerme, no atribuyáis a motivo de asunto menos decente la ocasión, que a vuestra casa llegar así me compele, y así en sucintas razones escuchadme atentamente, Margarita así en mi casa! dudoso el caso me tiene. Por violencias de un destino, que desde el circo celestre va inspirando en mis progresos mil tragedias diferentes, viví en la feliz Granada muchos mal gastado meses; y una noche, cuando ya las opacas lobregueces su media estación formaban con denegridos relieves, entró en mi casa (qué susto!) un hombre por las paredes de un jardín hasta mi cuarto. donde descuidadamente estaba de mis favores coronado amante huésped un Caballero, quien luego que vio el contrario atreverse a acción tan determinada vibrando el acero fuerte, se puso en defensa; mas el otro, que osado viene con pretensión, a un trabuco soltando el ligero muelle, pasó su desnudo pecho con dos balas tan ardientes, que no hubo más dilitación desde el rayo hasta su muerte, (y desde ella a un parasismo, cárcel de mi pecho débil) que hacer el traidor amago, morir él, y yo caerme. Al ruido que el arcabuz hizo en mi corto retrete se puso en alto la calle, y antes que acudiese gente, pudo el agresor tirano por donde se entró, volverse. Las puertas echó en e la justicia, recobreme, cuando ya de los Ministros cercada infelicemente, mal vestida, y afrentada, les mandó el superior Gese me llevasen a la casa del severo Presidente de Sala, mientras tomaban los testigos: le obedecen. Pero antes de ver la casa, con ademanes corteses dos generosos mancebos (que aunque el nombre sé, no puede mi voz nombrarlos, porque hay motivos que los suspenden) a los airados Ministros suplicaron, que me dejen; pero ellos, que al superior decreto solo obedecen, lo negaron, hasta que los dos valerosamente, a la furia de sus reveses, a la ira de sus golpes, con mi libertad lograron su triunfo gloriosamente. Dejáronme los Ministros, y el que de los dos más fuerte, osado, y noble en mi amparo se mostró, me dijo: Vete, mujer, ya has quedado libre, no puedo favorecerte mas, que con el corto alivio de este bolsillo; y en breve volviéndome las espaldas, me dejó confusa, y fuese. Pasar a Cordova quise, y puesta en camino, en breve a la indefensa calesa asaltaron de repente seis alevosos Ladrones, que osadamente crueles dejaron sin vida al dueño; y a nosotras por mujeres, nos quitaron cuantas joyas, dinero y prendas la suerte nos dio y como mal ganadas, nos quitó ambición aleve. De estos sustos afligida, confusa de estos báibenes, sabiendo que eres de heroicos generosos procederes, de ti, valiente Francisco, vengo (q ay de mí!) a guarecerme, en tanto que compasiva mi dura tirana suerte, nueva ventura me añade, y a estado feliz me vuelve. Aunque las piedades mías el corto obsequio os ofrecen, que a vuestra aflicción mi casa dar liberalmente puede, con todo, reconociendo, que es acción justa, en que debe proceder Doña Josefa mi esposa, que está presente, a ella os remito, y no dudo, que con la atención que suele, vuestras fatigas alivie, y vuestro quebranto temple. Siendo elección de tu agrado, mal haría en no exponerme con las verás de mi afecto a servirla fina. . Denme los Cielos con que tan grandes finezas os recompense. Yo, como soy para poco, tan solo podré ofrecerme en andar por la cocina barriendo, y fregando a veces. En mi afecto no tendréis (tanto una aflicción me mueve) más, que discurrir asunto de rendimientos corteses. Que haya venido esta Juana, sin más, ni más, a meterme una cizaña de amor, que esta colla me detemple al cabo de las quinientas! y Válgame seis misereres! no me faltaba ya más para perder el caletre. Señora, una ocupación me está obligando a que os deje: con vuestra licencia, a Dios. Él os guarde. Habrá quien piense, que aquello de que me aparto tras mi siguiéndome viene. Pero no sé qué cuidado me aflige allá interiormente, que me presagia algún riesgo; mas de qué sirve temerle, si a mi valor no le rinde todo el terror de la muerte? Ya, pues, que no tenéis más que mandar, venid alegres donde os disponga el retiro. . Siguiendo os voy obediente: Quién creerá, que haya una estrella tan enemiga, y rebelde, que de mal en mal me arrastre, y pena a pena me lleve! Digo, Juana, has de ser mía? Eso dudas? . Ciertamente? jura, o si no, no te creo. Como cuatro, y tres son siete. Pues punto en boca, y al cuento. Chitón, y cazar la liebre. Pues, Juana, toca esos huesos. Toca esos huesos, pobrete. . Ya, valiente Benito llegó el día en que funda la sed de mi venganza, en tu valor, arresto, y osadía, la deseada gloria que afianza: Hoy a ese objeto de la saña mía ver sin aliento aguarda mi esperanza, porque se aplaque con su muerte fiera todo el rencor, que en mi pasión impera. De tu valor confiado, y de tu arresto asistido, no pongo duda en la suerte de matarle. . Yo, Benito, solo el disimulo encargo, y el ardid. . Con ese aspiro a hallar el laurel glorioso, que procuran mis designios. De mi imagina un Acates. Y de nosotros lo mismo. Pues por esa calle abajo podemos los cuatro unidos, Siempre con la prevención, ver si hallamos a Francisco, y antes que la indignación, ponga la cautela el tiro. 3. Bien dices. . Pero aguardad porque si mal no distingo, hacia nosotros se acerca con un viejo, que imagino, que es su padre: en esta esquina nos quedemos prevenidos. Nadie se mueva, hasta que me miréis en el conflicto. Hijo, esto es cierto, no hay duda, auséntate, que he sabido, que en Lucena hoy han entrado. cautelosos, y advertidos, algunos contrarios tuyos a matarte: esto te digo movido de las instancias de mi paternal cariño; y así:::- . Qué importa, señor, si todos mis enemigos solo de mirarme tiemblan? Cuantos que lo han pretendido, han salido de la empresa castigados, y corridos? Hijo, tu perdida vida, y repetidos delitos tienen a Dios enojado: ya te ha dado mil avisos, tú, sordo, no los aprecias, y aunque es piadoso y benigno, también es Dios justiciero, todo pende de su arbitrio: teme, pues, qué Dios se canse de sufrirte, y tu castigo venga por donde no pienses. No te canses, padre mío, porque salir de Lucena fuera en mi valor delito; y si está de Dios que muera, en cualquier parte es lo mismo. En fin, puesto que no puedo reducirte a lo que pido, y de Luena no quieres salirte, sin que el te acobarde, a Dios te queda, que yo triste, y afligido, de mi amargo sobresalto voy a padecer los filos: Oh vejez triste! en un padre, qué gran cuidado es un hijo! Cómo temerá este riesgo quien mayores no ha temido? vengan contrarios, qué importa? seguro estoy yo conmigo, pues mientras mi corazón me anime; pero qué miro! o es que mis ojos se engañan, por la novedad que han visto, o este es Benito Velasco, el valiente de Campillos, con Bocanegra, y dos más; yo llego a hablarles: Amigos? Francisco amigo? Qué es esto? como en Lucena ese brío sin darme cuenta? no sabes, que tengo allí un rinconcillo para mis amigos siempre? Es escusado Francisco porque yo, y mis camaradas en la posada asistimos, y eso fuera molestarte: yo lo agradezco, y lo estimo. Y a qué ha sido la venida a Lucena? . Yo he venido a acalorar un negocio tocante al Real servicio, y puede ser que despache, según imagino, hoy mismo. Solo en esto mi amistad no puede serte de alivio. De quiquier suerte agradezco tu atención que yo lucido quedaré en mi pretensión con solo lograr un tiro: ya he visto al Corregidor, y se ha mostrado muy mío. De tu feliz desempeño no dudo el logro cumplido, por tu garbo. . En tu amistad yo siempre he estado bien visto Y eso solo lo asegura mi estimación, y carino. Sabes qué reparo, Esteban? Qué, amigo? Que más lucido te pones de cada día: qué bien te asienta ese rico coleto por vida mía, que tan prendado me miro de él, que te diera el que llevo, (y a fe que no es menos fino) y cuanto por él me pidas, por poder hacerle mío. Benito, quien te hace dueño de sí, no estará remiso en servirte con tan corto agasajo, aquesto es fijo: mira si de cuanto llevo en mi adorno, hay alhaja que te guste que todo está a tu servicio, coleto, capote, y armas te ofrezco, pues imagino, que no hay alhaja en el mundo, que valga más que un amigo. y ya las armas en mí están de más, vive Cristo. Tú, con solo el nombre asombras. Si es lisonja, yo la estimo. Si tu entendieras su pecho, . no anduvieras tan cumplido: bien el lance se dispone. . Pues, Esteban, ya te he dicho, que es de mi gusto el coleto; pero tan inadvertido no soy, no le prevenga equivalente: este mío se ha de honrar en tu Persona, si de ese tuyo soy digno. Cuando quieras se hará el trueque: mira qué presto te sirvo, En el patio, o zaguán propio de aquesta casa, Francisco, podemos si te parece, canbiarlos. . Bien has dicho: Vive Dios, que el corazón sobre saltado a laridos, me da no sé qué pesados enfadosos vaticinios de que este con esta industría matarme intenta, y lo mismo su semblante manifiesta, pues demudado le miro: sea la cautela el toque de lo que me he presumido. Parece, Esteban, que estás algo dudoso. . No, amigo. Pues a qué aguardas? entremos. Tanto apretar? bien colijo::- . No entras ya? Y llevar la mano junto al puñal? sus designios he penetrado, y así remediarlo determino. Benito, yo he imaginado. que no es competente sitio este para efectuar nuestro trueque, y ya averiguo, que el decir, que de coletos trocar quieres fementido, es, traidor, para matarme, en tanto que me le quito. Esos fueron mis intentos; pues a tu muerte aspiro, si no lo logro de aquella, de esta forma lo consigo. Pues no has de lograrlo, infame, que desta suerte consigo tu traición. . . Válgame el Cielo! que me ha muerto. Muera, amigos. Primero os hara pedazos, canalla, mi ardiente brío. 3. Huyamos. . Para eso solo, cobardes habéis venido? Qué estruendo es el que no lejos se escucha de algunos tiros? Válgame Dios, si es mi Esteban, y estará en algún peligro! Pues de cuando acá hace falta el otro en cualquiera ruido? Si habrá encontrado a los que quieren matarle atrevidos? Duda grande! ansia terrible! Qué aguardas, que no has salido a ver que alboroto es este? Voy volando: San Cirilo! Dónde vas? . Voy a buscar quien me preste unos hocicos, que los míos me he deshecho del golpe que di contigo. Deja las chanzas, y ensilla el caballo: he de decirlo segunda vez? . Ay tal priesa! digo que voy. Qué has tenido, Francisco? . Qué te ha pasado? Aí ha sido un cuentecillo con un amigo que a darme ja muerte se había venido con otros tres camaradas. Le has muerto? No, padre mío: con dos balas, y sus postas le he pagado el beneficio: los otros dos me han dejado, que si no, llevan lo mismo. Hijo, otra muerte? Eso dudas? Delito sobre delito? Pues ha de dejar el otro que le maten? . Tal no digo. Pues ha hecho mil veces bien en matarle, y he sentido, que otro tanto no haya obrado con los otros mi marido. Oh Amazona? vive Dios, que tu corazón envidio: solo siento, que estaréis . del presente disgustillo sobresaltada: señora, no lo estéis que ya mi brío, estas y otras pendenzuelas las lleva por estribillo. De vuestra casa el disgusto, que lyo sienta no es preciso? Yo de esas cosas de Esteban, amiga mía, me río. Y a mí me pasan el alma: . siéntolas, porque es mi hijo. Ya está el caballo en la calle. Pues llévale hasta el Egido, que ya voy. . Pues no te tardes, que en esperar me amohíno. . Y adónde vas? . A buscar dos, o tres de mis amigos, que hemos de pasar al Puerto; y así, a diós. Adiós, Francisco. Y aunque me voy en mi esposa tenéis seguro el alivio. El Cielo con bien os vuelva. Adiós, señor. . Adiós, hijo. Válgame Dios y qué angustía dentro del pecho resisto, que hasta el aliento le formo molestamente oprimido! El Cielo os dio por esposo un valeroso prodigio. Su valor me aficionó, que a no haber su esfuerzo visto, nunca le hubiera hecho dueño felice de mi albedrío. Su cortesía, su garbo, su atención, porte, y estilo le hacen amable con todos: y pues fuera ya delito en mi reconocimiento callarlo, el que compasivo, en Granada cierta noche me libró de los Ministros, fue tu esposo, y Juan Romero quien acompañó su brío. Mas quisiera verle quieto, que tan valiente, a mi hijo. . Parece que están llamando. Y en demasía es el ruido. Juana, mira, pues, quien llama. Quién es? Yo soy que a Francisco Esteban vengo buscando, pero con fines distintos que otras veces, pues airado, colérico, y vengativo vengo a matarle, por falso, vil, y desatento amigo, ya que ha dado muerte a Carlos, olvidando, que yo he sido quien sus enojos, y duelo a la amistad reconvino, Matar a mi esposo quieres? Pues lo dudáis? . Es preciso, porque es arresto, que tiene, Juan Romero, su poquito de dificultad. . Por qué? Pues ignoras, que su altivo valor, es, por invencible, incontrastable, y temido? Pues qué tiene más, Esteban, que yo? también me imagino adornado de valor, y es un proverbio admitido, que el que es para amigo bueno, es malo para enemigo: Pero para qué me canso? a darle muerté he venido: si me oye, scómo no sale? y si de casa ha salido, yo le hallaré, y perder tiempo mas en esto, es desvarío. Ya la tardanza te culpo, buscale, no estés omiso, hacia el Egido se fue, qué aguardas? ve prevenido, que si cara a cara el lance has de ejecutar, confíó, que has de volver de su furia afrentado, y con castigo. Oh como presto has de ver en lamentos, y suspiros trocadas tus confianzas! No lo creas. . Yo remito a la ejecución del brazo, lo que en las voces público. Ya tardas. . Veraslo presto, Mucho emprendes. Tengo bríos. Ay de ti, si hallas a Esteba Ay de él, si hallarle consigo! Aguarda, espera. . Señor, dónde vais? . A que a mi hijo no ofenda. . Tened, señor, que tengo muy conocido el esfuerzo de mi esposo; demás, que no hago yo juicio que Romero se le atreva, que ese furor vengativo menguará solo con verle, y han de quedar más amigos; y así, vamos, Margarita, a tu aposento, o al mío, y proseguirás la historia de tu vida. . Ya te sigo. Id vosotras, que a Romero he de seguir afligido: o quien para tantas penas tuviera el sentir de un risco! Con la prisa de marchar, me he dejado, inadvertido, la munición, y los frascos, y ha sido notable olvido en mí, que no conocí la flojedad del descuido, y así, llegarme por ellos es fuerza. Señor Francisco, buscándoos vengo. . Romero, é qué quieres? . Solo deciros, que una bien fundada queja tanto ha irritado mi brío, que por la satisfacción de ella tan solo he venido: como olvidado de mí, villanamente atrevido, has muerto a un hombre, a quien hice objeto de mi cariño? Cómo::: Romero, qué dices? Qué he de decir fementido? si acabas de dar la muerte al mayor amigo mío? Y a ti también, pues defiendes a un traidor. Qué es lo que he oído! mal podrás dármela, infame, si así tu maldad castigo. Traidor, qué has hecho? Matarte. Válgame el Cielo Divino! Piedad, Señor, que me muero, pequé contra ti, Dios mío, pero en tu misericordia espero. . Qué, aún estás vivo? Pues como el aliento breve que te queda, no te quito? . Detente, traidor, aguarda: mas triste de mí, qué miro! hijo, Francisco, (ay pesares!) cómo, villano, a mi hijo me has muerto? Apartad, soltadme. justicia a los Cielos pido, contra este traidor, justicia. . Vive Dios, que en desperdicios breves del aire te vuelva, caduco, si más me irrito: Ea, déjame. . Tirano, no te has de librar. . Prolijo, cansado viejo este acero . sabrá hacer::: pero imagino, que darte muerte es afrenta para mi soberbio brío, y así, quítate del paso, caduco. Dolor impío! tirana muerte, a qué esperas? llegue tu sangriento filo: hijo del alma. . Acudamos; que aquí se oyeron los tiros. Válgame el Cielo! qué veo? Esposo, mi bien, Francisco, quién fue el traidor, que la vida me ha quitado en ti, bien mío? Quién me ha dejado sin amo, Dios le dé un gran tabardillo. Vive Dios, que ya halló Esteban a su arrogancia castigo. Quién fue el agresor se sabe de este trágico homicidio? Ese alevoso Romero, ese fue el traidor indigno, ese, que en salvo se ha puesto en el Templo de Domingo. Y de esta muerte se sabe cual fue la causa, y motivo? Haber el traidor Romero, erradamente entendido, que a quien mi esposo hoy ha muerto ha sido Carlos su amigo, con los que mediado había, siendo a quien mató Benito. Y por esto la venganza tomar con su muerte quiso; mas como airada no abraso la esfera con mis suspiros? Dejad que mi sentimiento le arranque del pecho impío el vil corazón. , Señora, teneos, que aquí es preciso, que como debe, y es fuerza, la justicia haga su oficio: retirad ese cadáver a la Cárcel, donde al vivo . se le averigue la causa; y al muerto, de sus delitos se de expongan los procesos al jurídico registro. Qué esto escucho, y tengo vida Que estoy vivo y esto miro! Oh entre mis penas fallezca! . Oh muera del dolor mío! Ves fiera, como la suerte a mi poder te ha traído? Ay de mí triste! . No temas, yo te amparo, ven conmigo. Juana, a correr de la suerte el inconstante camino. Haz lo que quieras, que yo, con quien vengo vengo digo. Yo sin amo, y sin dinero, acía vosotras me atrimo. Y pues esta es la tragedia del Andaluz más temido, Francisco Esteban de Castro::: A vuestros pies, quien la ha escrito, pide el perdón, si merece fortuna de serviro
