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Texto digital de Más merece quien más ama

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Antonio Hurtado de Mendoza Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más merece quien más ama. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-merece-quien-mas-ama.

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MÁS MERECE QUIEN MÁS AMA

JORNADA PRIMERA

JORNADA PRIMERA Esto es razón, esto es justo, la Princesa ha de casarse, o todo el Reino ha de verse bañado en ceniza, y sangre, Del vano apla uso de ingrata no se precie, que hacer saben los anos de la hermosura disimulados ultrajes; que empeñada la belleza en el contentarse tarde, tristemente sepultadas en sus desengaños yacen: Quie ta bien, dueño obedezca; que en las singularidades siguen de los escarmientos los quejosos estandartes. Su difunto padre ordena, que dentro un año se case, y rinda a justas prisiones sus gallardas libertades, o que a su bizarra hermana Felis bella el Reino pase; menos soberbia, y más bella, menos loca, y más amable. Dos anos ha ya que es muerto; y ella cazando, no sale de estos montes, que en las nubes tienen su nevada margen; que despreciando esperanzas, adorna invencible, y grave el templo de sus desdenes, de solo quejas de amantes. Qué pesado encerramiento! a todos conozca, y hable, que sin ser vistas no pueden amarse las majestades. Llamad, abrid esas puertas. Que atrevimientos cobardes son estos? qué desatinos? que villanas libertades? a la Princesa mi hermana pretendéis tan arrogantes, y blandos casos de amor hacéis campañas de Marte? Sufris los dos competiros, y de un desdén de diamante qué amáis, no sufris desdenes? que indignos de ser iguales! Con humildad, no con ira, el que sirve ha de quejarse, que de las quejas los necios, según dos delitos hacen. Que se casase con uno de los dor, o no reunase, mandó su padre; él lo quiso, o no reinar o casarse. Si ha de casarse con uno, lo primero que intentaséis había de ser mataros, y que el vencedor gozase tanta fortuna, y no ser muy conformes en los males, que mansos competidores, que vil paciencia de amantes! Y tendréis valor vosotros para decir semejante atrevimiento a mi hermana? O qué hermosas vanidades! cómo valor? vive el cielo, que más que decillo osase, cuando deidad descendiese de los Astros celestiales! Que presume la hermosura en que se fía, no sabe que es una común lisonja Sol Aurora, Cielo, y Aire? Si ya sois tan valerosos, volved luego, que al instante que despierte haré llamaros, que ha de volver esta tarde a la caza prevenida. Luego volveremos, baste, que desmentirse de humanas intentan ya las beldades hacer la hermosura eterna; que pensará, si aún no cabe en el mundo, y es centella, que muere al punto que nace. Dalde esta memoria, en tanto, que es un aviso importante: Ha bellezas, glorias breves, nieve al Sol, y flor al aire! Aunque son tan enfadosos los dos, quien podrá negarles que tienen razón? que ya, por lo vana, es intratable mi hermana, y es desatino negarse mujer, negarse mortal, y de ser mal quista nacer gala, gusto, y aire. Aunque sois tan diferentes las dos, andáis muy iguales, ella en hacerles desprecios, y tú en decilles donaires. De ellos me cansa en su amor la competencia, y las paces; de ella el hacer de hermosura del vanecidos alardes: Una presunción honesta, es bello, y galán esmalte; y un cuerdo, y medido agrado, es la hermosura más grave. La Princesa viene. . A ser menos altivas sus partes, el Fénix del mundo fuera, Bella mujer! Admirable. Que voces, hormana, agora fueron las que despertarme pudieron quien ha llegado a Palacio? . Los Infantes nuestros primos. Qué intentaban? Pienso que notificarte de mi padre el testamento, que mandó, que te casases dentro de un año, y que ya dos han pasado. . Notable mandato, y leyla en un día mándara desagradarme, de todos, que bien que fuera abedenido mi padre! Pero mandar, que en un añ me agrade alguno; que fácil en yernos era su Alteza. Para hacerde un hombre examen, he menester yo mil años; que buena cara, y buen talle, aunque hallan siempre en los ojos aplauso tan agradable, dan relaciones muy falsas de los hombres. Lo importante es el alma, en quien se encierra claro ingenio, y valor grande; esa el trato la conoce; y si el trato ha de obligarme a tan dudosa experiencia, a tan mentido semblante: otra sus aciertas fíe, y mal regida se llame República de hermosura, con descontentos; mas vale quejosos, que no agraviados; mas quiero a los hombres dalles causa para que se quejen, que ocasión para que engañen, De tu belleza murmuran; que fiera no deja amárse! y que tiene de más locas infamadas las verdades. qué ha menester la hermosura los sacrificios vulgares de alabanzas, y de afectos de los hombres ignorantes? Mi padre obligarme pudo a que yo, yo sujetase a dueño indigno una vida, nunca victoria de nadie? Yo he de hacer ley que ninguna quiera bien, mientras no halle en las mujeres más dicha, y en los hombres más verdades, en los albedríos ley para poder obligarles, Aún no lo ha intentado el cielo No será ejemplo bastante con ella. . En esta memoria. dicen que te dan un grave aviso, que importa mucho. Lo qué importar es no casarme con sus quejas, que las quejas endes válidos galanes, han de ser muy arinadas, para no ser necedades. Mil años quiere tardar solo en elegir, sin ver, que más que para escoger, estará para engañar. Hoy tenga esas confianzas, que podrá entonces sin ellas, estar más para perderlas, que para dar esperanzas. Hoy solo puede escoger que aunque más linda, y más vana; tendrá contra si mañana lo menos niña que ayer. Qué atrevimiento tan loco! el aviso es apacible; que pueda ser tan posible querer bien, y saber poco! Es alguna grosería, o amenaza de esta gente? No amiga, que solamente ha sido una profecia. La hermosura que hay en ti, corto imperio en breves años, pues da tantos desengaños, uno toma para li. . Qué vi, y ordinaria cosa! cuan do mañana quisiera ser fea como pudiera dejar hoy de ser hermosa? Esto me causa gran risas, si en vejecer la beldad es fúcil no es necedad querer que yo le dé prisa? Hay tema tan loca, y vana! si hoy hermosa; y moza soy, porque he de mirarme hoy con los ojos de mañana? Solo falta a su enfandosa condición, que a mi beldad le traigan la brevedad del ejemplo de la rosa, Fea seré pero no quiero pensar nunca en ello; que es necedad con temello, querer que lo ayude yo. Su edad la hermosura goza, si atenta siempre a su queja, he de pensar en ser vieja, en que tiempo he de ser moza! Y en fin, cuando su esperanza el ser fea me atribuba, de ser necia, sienda suya, nunca les daré ven ganza. A su intención descortés. castigo así lo que ignora, abortozcalos yo agora, y vengaranse después. Ya llegan. . Idos, Su Alteza aguarda. En nuestro denuedo veréis si nos pone miedo la hermosura, y la grandezas; que gran beldad. Peregrina, celostial, y soberana! No sella visto en cosa fimía tanta carte de dina; Llegad, primo. No hay locura . que lo intente; vos llegad. Qué queréis? Qué majestad! admirar en tu hermosura. Oíd; mi padre ha querido que su Estado no posea, y en vez de su Reino, sea heredera de un marido: No culpó su pensamiento, mas donaire me ha causado el saber que me ha dejado vinculado un casamiento. Uno de los dos es justo que el nombre de esposo lleve? pues cual de los dos se atreve a serlo contra mi gusto? Y en cuanto a los desengaños de mi cara, aún no he podido ocupallos, ni he tenido que me perdonen los años. Cuando de mis ojos no turba la luz generosa, dejaré de ser hermosa, pero siempre seré yo: Pues cuando más llega a ser cada día la edad mía, sabré mejor cada día como os he de aborrecer; que con desprecios mi vida dos veces será dichosa, en esta edad como hermosa, y después como entendida. Y si os concediere Dios la vejez, que tarde espero, os mataré yo primero, y no lo veréis los dos. Oye; que bellos enojos! En los Reyes no hay ausencias, el amor todo es presencias, la estimación toda es ojos. De nuestro amor es efecto el temor. . Agradecido estoy de quedar vencido del amor, y del respeto. Sus moderadas Altezas de los señores Infantes, han quedado. Es muy de amantes el respeto a las bellezas, bien lograron sus venganzas, Oh cuántos se prometieron, que en palacio no supieron lo que miente una esperanza No diremos ya que miente lo que ofrecéis, y pues fue desatino, yo pensé que lo hicieráis fácilmente: No os corráis, que vuestra fama negáis porque habéis salido tan valientas, que habéis sido cobardes con una dama. No espere la valentía de los dos, que admiro ya, porque en los necios está violenta una bizarría: Y novedad viene a ser no hablarla con libertad, que es la primer necedad que habéis dejado de hacer. Su grandeza fue cordura, que tal respeto nos diera, que con los dos no pudiera disculparnos la hermosura, A estos Príncipes conceptos no esperé yo que saliera mejor. . Pues más me corriera de que anduvieran discretos: Que buen gusto que ha tenido la Princesa en su desprecio! quien para galán es nacio, que será para marido? Por lo hermana de su Alteza de nada te satisfaces, todo lo desdeñas, y haces de la vanidad belleza; esquiva serás también, Por ser de ella diferente, a todos, a ser decente, quisiera quererlos bien, y con firmeza segura lo ámara, si un hombre hallara tan gentil, que despreciara su ya prolija locura: La estimación es muy justo, que en una mujer se halle; pero es locura quitarle su jurisdicción al gusto. Quién vive sin afición? en que pecho duro, y grave, en que alma estrecha no cabe una hidalga inclinación de amor? no ha de haber intento mas de una vez, si es amada. por fina, si es agraviada, por desdicha, y escarmiento. Fueronse ya? Y admirados. De mi rigor? a. Si señora; y no sé cual más agora cobardes, o enamorados, ellos aman su desdicha, y te aderan que es muy justo. Deben de tener buen gusto, mas no tendrán buena dicha, s Ya he traído gran señora, los retratos. . Has venido a buen tiempo. . En tu sentido nueva luz espero agora. Aquí verás retratados cuantos hombres generosos, cuantos Príncipes famosos del mundo son celebrados, que han fiado por tu fama. el obligar tu hermosura de la luz de una pintura, que ha de ser mudo quien ama, Dan muy errado consejo, y es gente poco fiel, la lisonga en el pincel, y el engaño en el espejo. Veamos por varios modos cuantos te agradan? Ninguno, y si agrada más de uno, es fácil que agraden todos. Lo qué te parece di? No temas, si así te agrada, que de perdonarles nada me quede escrúpulo a mí: Tristes de ellos, ya los veo, mas no dudes que me enfaden, que para que no me agraden, les ayuda mi deseo. Empieza a ser desdeñosa. Quítale allá por tu vida; que ceguedad tan valida! que costumbre tan forzosal lindo simple, y cabos rojo O qué principios tan buenos! No es bien que me deban menos, que los oídos, los ojos, Este es airoso Es verdad; pero es aire solo airoso. Este. Es hermoso, y hermoso solamente, es fealdad; no tiene espíritu. Advierte en este viejo. . Ay que susto) tener tan cerca del gusto un vecino de la muerte! Este moreno. No es bueno. . Por qué? Dame pesadumbre, que le tenga por costumbre el donaire de moreno. Este es feo y causa enojos. . Holierá muy entendido. No hago lisonja al oído, tan acosta de mis ojos; no más, que estoy ofendida del arte, que al rostro atento, no pinta el entendimiento, que es la parte más lucida. Mira este retrato, . Ya le doy por visto. Es un nuevo, y galán Príncipe, mancebo de gran valor. . Si será; pero qué importa? Es su nombre Rosauro. . Y la condición? Amar sin satisfacción. Qué nueva doctrina de hombre! Ama tu nombre, y constante silencio, y amor profesa. Y es hombreto cuanto mepesa de no amar tan nuevo amante! Este no quieres querer? que aguardas? Si a nadie quiero, no basta que es el prmero, que dejo de aborrecer: es Ay otro, y no lo has de ver, No he de belle? No es posible, que es un negado imposible. a toda humana mujer. Qué dices? qué loca estás! Es cosa más que del suelo, un hombre que le dio el cielo para admiración no más, Dime quién es? Felisardo, un Príncipe generoso, gallardo, altivo, y hermoso. Qué es tan altivo, y gallardo Es peregrino en el mundo. Qué es tan bello? Es un Apolo. Tan lindo? En el mundo solo. Que en fin no tiene segundo? y es muy discreto? También, y es en eso más perfecto, Muy discreto? Muy discreto. Pues no me parece bien. Que desairado lo dejas; que falso estaba el Pintor, pensando que ya el amor daba asalto a las orejas. Pues sois los dos muy iguales; que sus pensamientos vanos, pasando mucho de humanos, se atreven a celestiales: Despracia a toda beldad, aunque piensan que se inclina en secreto a una divina, no mujer, si no deidad; es hombre muy para ti. Cansarame el majadero esquivo, que nada quiero que se me parezca a mí: que se inclina; y en secreto? quién vio melindre tan loco, que encubra el triste eso poco que tuviera de discreto? Mirale, y en él verás. Aparta, que él es en quien mi desprecio, y mi desdén, Pintor, se severan más. Tendralo a grande ventura; piénsole albricias pedir, porque se cansa de oír la altivez de tu hermosura, que a no haber otra mujer, tú no le dieras cuidado. Que gran gusto que me has dado! que necio debe de ser! Disfrazado, y sin amor ha de verte, y luego en verle, He de amarle? Has de quererle. Mal crofeta sois, Pintor. Piensa que has de hacer troseo de su gala. Por mi vida? Y aunque no has de ser querida, Es tan necio, que lo creo; basta. Que donoso ha estado el Pintorcillo. Pintor, tan lindísimo señor, es vivo, o imaginado? Cuanto de él digo es ansí. Y a la Princesa aborrece? Infinito. Ya merece su buen gusto aplauso en mí. Todos en fin los desprecias? Ninguno admito, que son, por ajena relación, las elecciones muy necias, 2o1 hija del conocimiento solo ha de ser mi elección, primero que a la pasión se rinda el entendimiento. En lo que yo he de elegir, a el alma no ha de llegar la persuasión a engañar, ni el engaño a persuadir, Él con superioridad el sujeto es bien que ofrezca tan amable, que obedezca su imperio la voluntad: Mas tan segura me veo, que a temer nunca he llegado, ni porfías del cuidado, ni flaquezas del deseo. Solo esta noche soñaba, que un mancebo como el sol, en un caballo Español, viento; y no tierra, pisaba: y de su furia llevado, cala alroso, y violento, desde los hombros del viento, en los umbrales del prado: obligando a mi fortuna tanto, que si entonces viera otro que le pareciera en desmayada hermosura, temiera mi voluntad, con afectos tan piadosos, los asaltos generosos de una entendida piedad. Sin duda fuera mi dueño, más pensar en mi desdén, que aún soñando quiero bien, todo es aire, y todo es sueño, Ay semejante locura! Ay beldad tan confiada! Esta ha de ser desdichada, o no hay en amor ventura. Cuando la edad que pasa presurosa; establezca su ley en mi hermosura, si de los heros hombres me asegura, sea me dejará, mas no quejosa. De fealdad la República envidiosa, vénguele en mi verdor, no en mi ventura experiencias no dé mi desventura del estrago común de ser hermosa, Pisen los años mi beldad florida, que la edad aunque aprisa, con recato deja su verde pompa deslucida; Mata en fin más de un hombre el falso trato; en el alma se venga, y no en la vida, que es el teimpo cruel pero no ingrato. y Los caballos dejo. . Gusto por esta selva escondida andar a pie . Por tu vida, que te precies de robusto; hay cosa más inocente, que en siendo un hombre preciado de ser desacomodado, se gradue de valiente? Pesadamente lo escucho, no ha de hallar crédito en mí, que uno que no es para sí, me digan que es para mucho! Quien te ha dicho que me precio de fuerte halo de mostrar un hombre, hasta no llegar a los confines de necio? Que es también de lo culpado, que un mozo en su yventud, hipocrita en la salud, blasone de delicado. Si el habre, si el Sol, si el hielo le daña un hombre encelente, se ha de medir cuerdamente con las costumbres del cielo? Alentado, y no robusto sea, y tal vez se disponga a la caza, y tal vez ponga en las fatigas el gusto. El ocio es padre de agravios, que hacen perfectos varones varias peregrinaciones, libros cuerdos, y hombres sabios, Eres Francés, y Español en el brío, en la modestia Inglés, y en todo una bestia, si no te hace mal el Sol. Cuyo oficio, en que más peque el seso que en ver atado a un hombre entero, un barbado Alcalde de un alfaneque? Sin pensar este Cristiano, sin dormir, y sin comer, en más que hablar! y traer su tagarote en la mano: Y para ser cazador tantos sentidos le diese, como si Dios le hiciese para ser Corregidor. No sabe permanecer nada en la naturaleza, y en su aparador no hay pieza, que esté donde estaba ayer. Pasa el Ibierno, y Verano, y el vario tiempo cruel todo lo trastorna, y él con su pájaro en la mano: Oh pesia! . Gracia enfadosa culpar tan noble ejércicio! Todo un hombre en este oficio, Rosauro, menguada cosa! No hables de la caza mal, que es la diestra montería briosa, y la cetretía el deleste más Real. Ver tras de una garza bella, que un rayo de plumas sale, un neblí, con que no vale el sagrado de una estrella: Y en bien competido vuelo, él que a ser cometa sube, y ella preciada de nube, hacer campaña del cielo. Y cuando menos la alcanza la vista, en presos despojos, baja, y la ofrece a los ojos, primero que a la esperanza, Yo sé de otra cetrería, en la Corte más usante, que al buo de huña rapante, cual que suegra, o cual que tía; pero tengo lengua honrada, doy un nudo a cuanto veo. Un gracioso ver deseo, que no mormure de nada; el hablar mal es vileza de las mujeres, Burón: Y baja la inclinación, que se niega a la belleza; pero esto ha de ser templado, que para ser perfección, todas en la estimacion una sola en el cuidado. En suma, sin este ardor, no hay lucido entendiniento, ni hombre de garbo ni aliento, sin algún aire de amor. Esto de amar a buen paso, es cosa muy apacible, pero entrando en lo terrible, de hay que me muero, y me abraso, es de mandrías; poco a poco se ha de amar, y no a lo recio, algo, para no ser necio; no mucho por no ser loco. De un Príncipe, que se llama Felisardo, en ser esquivo con las mujeres, y altivo, cuenta extrañezas la fama. Hombre esquivo?y un Alcalde no le castiga, que hacemos en mi tierra, que valemos los Príncipes tan de balde? Hombre sin bastardas bodas, y ninguna quiere al frío; vitor la Corte, amo mío, que allá las queremo todas. Yo imagino que es su hermana esta que vamos a ver, loca exquisita mujer, siempre junto hermosa, y vana Esta difícil empresa temo no sea de Albanía Princesa, o de Transilvanía. De Polonia es la Princesa, la divina Fidelinda, del mundo envidia primera, tan temida por severa, cuanto adorada por linda: La más linda, y desdeñosa del mundo, y con ser a tiva; libre, soberbia, y esquiva, todo es ser menos que hermosa? Al tiempo, por su experiencia, por amante, en su desdén admite solo. Haz bien, que es galán que no hace ausencias mas fuera mejor consejo fiarse con desembozo a un galán Príncipe mozo, que al tiempo hidalgo tan viejo. Ella se funda en que deja el tiempo a una confiada vieja, pero no burlada. Que más burlada que vieja! pero el tiempo es si no amante, que aunque mudable se llama, en asistir á una dama, es persona muy constante: O el hombre sin ley ninguna dama, y amigo agraviando, la deja luego en mudando, ella cara, y el fortuna. El tiempo a una niña goza, desde que soberbia gasta flechas de desdenes, hasta blanduras de menos moza. Entonces la lisonjea con presunción gusto, y gala, y a la vejez la regala, solo con que no lo crea. Mas no sé en tan vario nombre, quien menos las autorice, si el tiempo sus faltas dice, y sus favores el hombre? Al monte, al monte, que hacemos, perdida belleza tanta, sin morir? Perdida Infanta? historia de amor tenemos; Atiende que esta florda selva encierra. Oh mal perdidos dica y sen anos floridos. Linda edad para perdida! y aún para hallada mejor! Esta novedad sigamos. Estas son las que llemamos selvas, y bosques de amor. Ataja ataja la selva, Burón. . Señor. Esas ramas descubre, Pues solo tu amas, por el monte te descuelga, vela vive Dios. . Desvía, pues nueva tierra enriquece, que en ella solo florece, cuando está durmiendo el día: Mira que es rumor tan nuevo? Si es del Infanzón acaso esta? No lo digas. . Paso con grande tiento. O mancebo infelizl triste venida! Aquí se encamina un fiero jabalí, o bruto; primero saldré a quitarle la vida. Dónde vas? . Este furoso jabalí voy a matar. Vive Dior, que le he de das cien coces, si no es cerdoso! Setá tu sepulcro el monte? Aa Felisardo valiente! De que voces, y que gente se acompaña este Horizonte? aún pienso que el sueño dura? Acudid, socorred presto. Válgame el cielo! qué es esto? mas, o nueva desventura, cual tayo en la fura igual despeña un caballo fiero un gallardo Caballero! matose; hay pena mortal! Aquí cayó, que centella más veloz, y fugitiva, se desata, y se derriba de los rayos de una estrella! Si está muerto? ay que forzosa es su muerte, y desventura, que tiene mucha hermosura, y no puede ser hermosa! Con nieve, y rosa bañado tiene el rostro, y el cabello, que fácilmente lo bello admite lo desdichado! Ya parece que atrevida se opone a mi libertad una temida piedad, más pianosa que temia! Hay amor del alma dueño, si en tanta presunción mía soñaba que lo sentía, ya siento que no lo sueño! Poco aseguro mis dichas, pues en el mal que padezco, cuando todo lo aborrezco, me enamoran las desdichas! Yo tan presto amor? qué antojos; que vergüenza no creía ariste, que el alma vivía tan vecina de los ojos! Ya me estoy temiendo aquí? mas que lo encubra, y lo dude; que puede importar, si pude perderme el respeto a mí? Que sirve ser yo quien puedo dar al pol desconfianza, y atar la misma esperanza con las cadenas del miedo, si en fin soy mujer también? Oh gallardo Caballero, o venturoso extranjero, o quien dijera: o mi bien! Cómo, si es tu muerte cierta, me deja vivir tu herida? mas sin duda tienes vida, señor, pues yo no estoy muerte, que no tiene poder tanto la muerte en vida tan bella? No llores mi Cloris bella, vino estoy, suspende el llanto. Mayor tormento recibo, mayor, que en rigor tan cierto si firme adoraba un muerto, ya quiero celosa a un vivo. Mi Cloris bella, no llores; a que desdicha he llegado? que debe estar enseñado a escuchar muchos amores, Si es estar enamorada, o dormida? muerta soy! en mayor peligro estoy, pues estoy desconfiada. Mas te quisiera yo aquí sin vida, pues que no es mía; que yo para ti vivía, y no vives para mí: Mas, vive, y yo muera. Ay Cielos! quién eres, señora mía? Quién menos de amor sabia) y ya sabe más de celos; soy quien mirar? por ti con mucha piedad, amigo; quien siempre estará contigo, por no apartarse de sí; quien no tendrá por ajenos tus propios males jamás: y soy quien te quiero más, cuando te lo debo menos; levanta. . Beldad soberana, que tan ciego ya ciela, que la piedad me acogía de Cloris bella, tu hermana; menos mal llegara a ser un despeñado morir, pues he tenido en vivir mas peligro que en caer. Señora, que novedad es en rigor tan extraño, el dar vida con el daño, y miedo con la piedad? que tu hermosura. . Imagina, que no soy yo Clotis bella. Bien dices, que eres más bella, más celestial, mas divina, más perfecta, y más amable. Este me da más temor; que mal será firme amor el que empieza por mudable; mas que seas fácil siento, que ajeno, pues no tendré segura el alma en la fe, si empieza en un escarmiento, Que dichosa desventura me trajo, señora, a verte, que muero segunda muerte a manos de tu hermosura? Deja que piedad te pida, deja que viva, señora, que lo ha menester ahora, mas el alma, que la vida: Dime quién eres? . No espero decillo; tan ciega estoy, a. que he de encubrirte quien soy, que oíque creas que te quiero. Yo soy una casadora, que en este monte escondido gente, y noticia he perdido, y soy quien no soy agora. En la caza divertida, se ha perdido la Princesa. Amor, aunque no me pesa; cuanto siento estár perdida! Quién eres hombre que das tal guerra al alma? qué espero, que seas, si yo te quiero, para mí? qué hay que ser más? Ven donde curado seas, y donde bien acogido, y la verte de mi querido, lo admires, y no lo creas. La presunción quiere ser de una Fidelinda bella, y la razón de tenerla la he visto en esta mujer, Imagino que la amara, si así Fidelinda fuera, y lo que no presumiera; imperfección lo llamara; Intentaran mis antojos verla, y ya no puede ser, que es justo satisfacer al cuidado, y no a los ojos. Ya mi condición desprecio, ya no soy más confiado, yo vengo a ser desdichado, por dejar de ser tan necio. igualmente he de culpar, ya que he llegado a querer, amor que ignora el temer, y hombre que no sabe amar: Que de muy vieja fortuna, sus pensamientos se infama, mujer que dos veces ama; y hombre que no ama ninguna, Amor, si en mis altiveces; cuando tu imperio ignoré, tantas veces lo negué, va lo confieso más veces: No hay fiar en hermosura, engaño se mi beldad, mi altivez, mi vanidad, mi presunción, mi locura, todo se engaña; y también, cuando la causa es hermosa, el que dijere que hay cosa más fácil, que el querer bien.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Ya de la Princesa bella no hay luz, sin duda el amor al campo la dio por flor, o a los cielos por estrella. Alguna fiera, envidiosa de su divina belleza, sepulta ya en su fiereza su temprana vida hermosa. Que consolados sin ella volvéis! qué finos andáis! que bien parece que estáis enseñados a perderla! Y ya que intentáis amalla, poco sabéis asistilla, pues primero que a servilla, vais aprendiendo a dejalla. Que bizarras competencias de ser buscada, y servida, pues primero que la vida, acabáis las diligencias! Que si en el monte ignorado se perdió, bien ha podido, adonde acertó su olvido, atinar vuestro cuidado. Deme licencia su Alteza, que aún su muerte no se sabe para que mire; y alabe tan descansada fineza. Si así despreciáis la fama, no sé yo cual es peor, ser en tal fe, y tal amor vuestra Reina, o vuestra dama? Que en pena tan bien sentida; ya que supistes perderla, no os culpa el volver sin ella, sino volver con la vida: pues no puede con vivir cumplir con todo el amor, cúmplase con el dolor, con un hontado morir. Para buscarla no ha sido de estos montes perdonada la gruta más retirada, ni el fresno más escondido. Vivir los dos de esta suerte, en tanta gloria perdida; no es por no estimar su vida, sino por llorar su muerte: Que alguna dama envidiosa holgara que muerta sea, que es buen día de una fea, el postrero de una hermosa: Y tú en penas semejantes, te consolarás primero con la herencia? . No la quiero; si os heredo por amante. Que viene gente recelo. Sígueme, y baja esta sierra, que yo sé muy bien la tierra. Y yo sé muy bien el cielo donde se esclarece el día, Es la Princesa? A su lado viene un hombre bien hallado. Lleguemos; nuestra a nos da el parabién. Mía es. Bien eres lo que padeces. Hermana mía, mil veces me da tus hermosos pies, que tu ausencia. No me nombre nadie agora. A manos muero de mil temores? . No quiero que le acobarde mi nombre. Ya se tem lo su desdén. Ya mi pena es inmortal. Qué sientes, señora? . Un mal; que le siento ya muy bien. Gentil mancebo! los ojos no aparta de él; que aturdido mirar! notables han sido de esta caza los despojos! Hacia la quinta guiad. Qué tienes? . Pierdo el sentido pienso que junto a ti ha sido remedio, y ensermedad. Comunica tu tormento. Dejadme solo sentirle, que aún lo que dudo en decirse, lo quito del sentimiento. Para decir tus agravios, mostrándonos tus enojos, harto te ayudan los ojos, no has menester a los labios, Afé que viene achacosa su Alteza, y se echa de ver, pues solo hasta no querer cualquier dama es desdeñosa; que en lo que no quiere bien, que mucho haber libertad? que donde no hay voluntad, que gloria tiene el desdén? Qué mal encubie el dolos! Qué bien que la mira ! ay cielos! Traje amor, y llevo celos. Llevo envidia, y traje amor; mírale bien, que atrevida podrás asímismo agora rendirle el alma traidora, mas no guardarle la vida. Con qué terrible semblante miran estos dos al nuevo recién venido mancebo, antes premiado que amante. No ves a estos dos quejosos añadir aborrecidos, a la historia de ofendidos, capítulos de envidiosos? Quíérele bien, así vivas. No amiga, ya que profesa lo amoroso la Princesa, seamos las dos esquivas. Ya estás en la quinta. . Sí, pero no vengo cansada. Pienso que no estás en nadas En todo estoy, si no en mí. Quién es el mancebo? . Dudo su nombre, y no mis antojos. Ciego la miso con ojos, y con lengua la hablo mudo; todo aparato Real es cuanto imagino, y veo, y cuanto adoro, y deseo, imposible celestial: En vano en tanta mudanza a ser valeroso pruebo, pues dentro del alma llevo de amor la mayor venganza! No solo amor con sentirlo de mi soberbia se venga; pero aún no quiere que tenga la gloria del encubrilla. Mas no te culpo jamás, amor, cuerdamente loco, si el resistirme tan poco es parte del querer más. Amiga, que gran locura fue imaginar que su Alteza se perdió en el aspereza, pues se perdió en la blandura. Qué altivez tan castigada! Que esperanza tan perdida Qué pena tan merecida! Qué altivez tan amenguada! Yo, por esta soledad, busco, hermano, a la dormida, que está cansada la vida, pero no la voluntad: pues aunque viva en el polo segundo, en el de mi vida será buscada, y seguida. Pues buscarasla tú solo, que si tu cansado estás, y es de ti tan adorada, yo que no la quiero nada, deja que me canse más: De ser cazador en ti la torpeza acreditaste, pues una dama dejaste, por seguir un jabalí. Qué haremos? . Que todabia se use que a su criado pregunte un señor menguado, que hacemos, por vida mía? Que digas tu parecer, que un hombre bajo jamás de todo ha sabido más, que echarlo todo a perder? Aguarda, qué Quinta es esta? que Palacio fabricado. altamente, y dedicado al honor de esta floresta? Si es de aquella soberana Ninfa el albergue? de aquella, en forma luciente bella, divina deidad humana, que aquel aire, y compostura, en la divina beldad, tan despierta majestad, no es de vulgar hermosura? Sepamos si es su asistencia esta casa de placer, no quedemos a deber un paso a la diligencia. Si es por ventura señora de estos montes? . Será Diana, que con alma soberana es de vidas cazadora: y siempre hermosa enemiga, cuando las fieras persigue, del hombre que mata vive, y al que perdona fatiga: La guerra esta caza encierre, que es su imagen este ardor, No digas por Dios, señor, que es imagen de la guerra, que estoy perdido, y cansado. de oírlo. . Si en eso das, también de todo serás reformador muy pesado: Yo me resuelvo en servir en traje de cazanor a esta Princesa. . Señor, que dices? si has de encubrís quien eres, decirte quiero, que hierras en lo que haces, que la ley de los disfraces, es servir de jardinero, Cala montera, y sayo te pon, serás escondido en este jardín florido, verde ministro de Mayo, que es forzoso que al instante esta Infanta se enamore de ti que lo encubra, y dbre: y tu mudo, y tierno amante, después que por mil caminos equivocos declarado, le digas nombre, y cuidado, entre dulces desatinos. De las flores en que empieza su nombre, harás alcahuete un vistoso ramillete, ella confácil belleza, bajando a verte al jardín, resuelta ya en adorarte, te dirá que quiere hablarte, por la pared de un jazmín. Tu mostrarás en su gracia desconfianza cortés, y amaneciendo después, cual que Príncipe de Tracia, se irá contigo al momento, y acabará en la montaña el río de la maraña, en el mar del cesamiento. Culpa agora muy despacio neti las Comedias, en que tantas mal ofendidas Infantas, sin decoro de Palacio, se huyen cada momento, siendo Palacio un sagrado, adonde no entra el cuidado, ni se atreve el pensamiento. Un Poeta celebrado, y en todo el mundo excelente, viéndose ordinarlamente de otro ingenio mormurado, de que siguiendo un galán, en traje de hombre vestia tanta Infanta cada día, le dijo: Señor Juan, si vuesarce satisfecho de mis Comedias mormura, cuando con gloria, y ventura novecientas aya hecho, verá que es cosa de tisa el arte; y sordo a su nombre, si yo visto en traje de hombre, usted las pondrá en camisa. Todo lo decente es justo, y es necio aquel que imagina; que esto ser puede doctrina, sino desenfado, y gusto. En sus comedias contemplo, que las celebran, y admiran, cuando juntamente miran al deleite, y al ejemplo: suspensos en tus locuras, en la Quinta hemos entrado. Dile Palacio encantado, dile Selvas de aventuras, una Infanta sale aquí, mas otra Infanta que espero, yo también soy jardinero. Estoy muy dentro de mí: no es esta la cazadora? Callardo mozo! si ha sido otro Príncipe caído, qué trae la Princesa agora? Si fue guardarle de ti encerrarle? . para qué? si a ella le agrada, yo sé que está segura de mí. Siempre la has sido obediente. Gusto de su extraño humor; pero en materia de amor, riñeramos fácilmente. Aunque es de opinión tan vana, a Felisardo amaría, si es verdad la bizarría. de enfadarse de mi hermana. Hémos de besar? . Que estés siempre burlándote así! No quiero perder por ti preeminencias de Francés. Francés el traje parece, y galán; que gentil hombre! Por vida mía, que el hombre piedad, y atención merece, Quiéresle ya? No le quiero, soy a la Princesa igual, que digo de todos mal, para querer el primero. Parece, señora, abona su persona cuanto digo. Siempre fue mejor testigo el trato, que la persona. Pregunto. . Este Caballero pregunta si ha despertado. Tente loco. . Despejado me parece el compañero. Señoras, aunque no es culpa. Tu hermana. No temerán. que ya todos se holgarán; que le sirva de disculpa. Qué hombre es estertal me veo, que todos me dan temor! O quiera ahora mi amor lisonjear mi deseo! si es la dormida, que gloria es haberla conocido tan presto, que la he tenido mas despierta en la memoria! Ella es sin duda, que en fin la belleza solo es suya. Amor, no sé que me arguya de esta confusión? . Jardín ha de ser este horroroso. Sin duda es este el gallardo, y animoso Felisardo; que fiado, y que enfadoso venía de hallar amor! y no ha de hallar cortesía; que falsa la profecia ha salido del pintor! Esquivo, y de natural tan elevado, y tan nuevo; o cuanto a mi gusto debos pues me parece tan mal! El será, pues su valor conforma, y su gallardía, con lo que el pintor decía. Era muy loco el pintor. Terrible con él estas. Cuando no fuera cruel con todos, solo por él los aborreciera más, De que sabes tú, señora, que es Felisardo, yo creo que erró el pintor? . Ya lo veo en que le aborrezco agora. Dar tanta fe es desatino a un error desatinado, No lo confirma lo hallado de este necio a lo divino? sino es Felisardo, que hombre lo intentararél es, si no cuanto aborreciere yo, quiero que tenga este nombre, Qué belleza tan lucida! cuando sin amor naciera, solo para amarla hiciera de mil almas una vida! que amables sus prendas son! pues en su rostro animado, parece que ha despertado otra nueva perfección. Este el esquino se llama Felisardo, esto es mentira, que tierno el necio la miral el miente, o miente la fama. ̱ Sepamos. . Ya sé quién es, retítale. . Genetosa, Fidelinda ser hermosa; , e no embarázará el ser cortés, mira. . Dijo Fidelinda, toquen a muerte, y locura. No era menester tan dura, bastaba cielos, tan linda; pero el alma se corriera, a ser otra la que adora; seas soberbia en buen hora, y yo en tu desdenes muera; que me ofendas tu es más dicha, que otra llegarme a querer, que sola puedes hacer agradable una desdicha. Digo, que verle no quiero, que le retires te pido. Sin duda que no ha nacido este, pobre Caballero. Qué lindo, y vano señor! pues este hombre no he querido; aunque otro me haya rendido, yo te lo perdono amor, Caballeros, despejad. Da mísima za hareña, que dejas para una dueña, hija, y madra del pesar? no hay quien despeje en casa? No, y sabe Dios que me pesa, Quién lo manda? La Princesa. No hay jardín sin duda en casa? Obedecerle es mi gusto. Qué humildemente responde! o la vanidad esconde, o tiene cobarde el gusto. No hay un viejo gruñidor que aquí guarda damas sea? más bien en mujer se emplea, que ellas se guardan mejor. No más de viejo le llamas? A no serlo hallara en él, que oficio de ser cruel es propio para las damas? Linda jornada hemos hecho! Adónde iré ya sin mí? A otra tierra; pues aquí no hay Infanta de provecho; Qué miras? Que ya en su hermosa vista dejo el alma impresa. En cas de cualquier Princesa nunca dejes otra cosa. Que gustosa que he quedado que es el más bien admitido placer, el ver deslucido lo que intenta un confiado. Crueldad, señora, parece lo que has hecho, la belleza no admite, mas la grandeza a nadie desfavorece. Cuando hermosa, y desdeñosa me imaginaba, logró su jornada, pues ya vio que soy esquiva, y hermosa; dejadme sola. . Afé mía, que ya de lo desdeñosa se ha enmendado. Y de lo hermosa se enmendará cada día. Abrid aquel forastero, y venga solo. . Lindo aviso! al primero que vio quiso, pues también querrá al postrero, Mas piadosamente amor pensé yo que me trataras, y que a ejecutar llegaras el poder, mas no el rigor. Callar quisiera el dolor, y hacer los cuidados sabios; mas que importa en mis agravios? mas que importa en mis antojos, si dan voces en los ojos. que estén mudos en los labios? Si es ofensa lo mejor, que es mi amor, y sentimiento, que será mi atrevimiento, que es lo indigno de mi amor? Y aún es la injuria mayor, que tan riguroso estás, o amorlen el que me das, que a este mal que me atormenta, tu pones el que lo sienta, y yo el decirlo, que es más! Ya quiero a un hombre, y no sé si él me quiere, y ya no puedo, a un amor, que todo es miedo, darle créditos de fé! Quien tan perdida se ve, tiene el dolor por remedio, y solicitando un medio, hallo que en pena inmortal, todo es sanar en el mal; todo es morir del remedio, Que pena tan merecida, que temo desconfiada, cuando no admitiera en nada el hombre de agradecida! Ver la grandeza rendida, gran riesgo, que no es cordura en prosperidad segura: y si este agradece ya, el primer hombre será, que es cortés en la ventura. Viendo amor que a un hombre quiero, me ha traído su inclemencia a la mayor indecencia, que es decirlo yo primero. Mas si decir de que muero; que es morir ya me rendid ya vise a me peril porque blasoné cruel, que no pudo nada en él, que lo pudo todo en mí? Qué Princesa cazadora topé, pues lo que ha pasado por mí, hallarme encerrado, no deja verse hasta agora? Qué puede ser? qué procura? de qué intención se acompaña? a quien no admira la extraña profesión de su hermosura? Por muerto, de asombros llenos, me han dejado mis criados, sin duda, y aunque engañados, en nada se engañan menos! Sí, y me mostró dura estrella, blando semblante de amigo, era que hablaba conmigo, y hablaba en él Cloris bella; quiero hablarle ya, Esta oscura enigma temo; o bellezas; que hacéis dulces extrañezas, aparato en la hermosural Ya en el campo estoy, que aguarda mas el amor no consiente: ha que cosa tan valiente atreverme, a ser cobarde! Aún no aguardaras, cruel fortuna, que él me dijera amores, porque aprondiera. a decírselos yo a él? Mas que sirve resistir este amor? que ha de importas el despedirle, y dudar, si después lo he de decir? En tan pura ardiente lumbre; que yo me abrase, que error, y que afrenta, si este amor, es castigo, y no costumbre! Pupliquemos ya su diena verán en mi libiandad, las firmes, que es voluntad, y las cuerdas, que es desdicha. Ya sabes, o generoso bizarro ilustre mancebo, del verde florido Mayo lustroso galán desprecio, la desgracia en que hoy bajaste, aún menos vivo, que muerto, a buscar tumba en el campo, y en las flores monumentos y la piedad generosa con que mis brazos le dieron a tu mayor desamparo socorrido, y blando lecho. Qué indignidad que yo pinte lo gentil con que muriendo, eras número en las flores, y guerra en los pensamientos! Entre la pena, y el gusto, lo desmayado, y lo bello daban dulce bateria a lo piadoso, y lo tierno. Tan presto como la vista al daño, y al desconsuelo, llegar quisiera el cuidado, mal detenido en sí mismo. Ansí del querido Adonis, menos lindo, y más sangriento, Venus miraba el desnudo hermoso, y nevado cuerpo: y con menores caricias, poblaba el aire de extremos, de suspiros la campaña, y de gemidos el cielo; que yo, mirando confusa, sin espíritu mi aliento, poco ayudado del alma tu casi difunto cuerpo. En fin, lastimada, y sola, y más que triste, se vieron en mi perdida, y la tuva, en duda los sentimientos. A mis quejas, y a mis voces, mejor dijera a mis ruegos, libramos a un tiempo mismo, tú la vida, y yo el aliento: Cuando sentí en mi memoria un daño a pacible, nuevo dolor, un desconocido perdonado atrevimiento. La vida entregué a un cuidado los sentidos a un deseo, y a prisión menos sentida, el más libre entendimiento; la estimación a un agravio, la cordura a un desacierto, a un incendio el alma, y todo dichosa culpa de un sueño. Era mi noble ejercicio con los valientes sabuesos, con los gallardos neblies despojar los elementos; rendir lo más remontado, alcanzar lo más ligero, salteadora de los montes, y tirana de los vientos. El mismo amor desdeñado, tenía más niño, y ciego, de verme querer yo misma, cuerda envidia, y locos celos, De cuántos Príncipes tiene toda Europa me trajeron los competidos retratos del valor, y del ingenio. A mi libertad bizarra jamás le perdió el respeto de mirar tantos vencidos un solo agradecimiento. De mis pensamientos altos, siendo de mi satisfecho, nunca se atrevió ninguno a decir, que eran sobe rvios: Ya quien más aborrecía, y aún confieso que aborrezco, era a un confiado, a un lindo, dos veces se llama necio, presumido Felisardo. que osado de sus desprecios, fiaba el ser de mi vida falso esquivo ingrato dueño: Qué pensamiento engañado! que villano desacuerdo! que aún de haber dicho su nombre, de mis palabras me quejo! En esta sazón llegaste a derribar por el suelo el ya burlado edificio de mis vanos pensamientos. Yo soy la Princesa altiva de Polonia, yo el desprecio de los hombres, y del mundo. el rayo, el Sol el incendio. Yo soy Fidelinda yo, que no lo djeprimero, porque lástima me tengas, anter que me tengas miedo. Las batallas que he pasado para sufrirme, temiendo que lleguen a ser mis penas, en vez de amor, escurmiento, Díganlo tantos temores, tantos helados esfuerzos, a lágrimas detenidas, y arroyos de amor deshechos, Hice valor de perderle, hasta que ya no le tengo, para ver después de tantos imposibres rendimientos, si en el favor eres mudo, en las venturas discreto, en las victorias templado, en las esperanzas cuerdo; siendo razón, siendo fuerza, que este mal esté secreto, que este amor, antes que un hombre, me lo debiera el silencio. Hermoso prodigio, aguarda, vuelve a esgrimir tu hermosura, que ya mi vida procura seguir tu airosa gallarda deidad; mas que me acobarda, cuando de mí se desvía, si ella en quererme porfía, y mi nombre le da pena, y está de mí más ajena, cuando más dice que es mía! Quien se ha visto en semejante duda, que es razón queresa, hasta ser cortés con ella, mas no hasta ser ignorante? No me atrevo a ser amante, viendo sin alma segura el engaño en su hermosura, el alma en su liblandad, el miedo en su libertad, y el peligro en su locura, Si también la aborrecia por vana, ya perdoné la vanidad que escuché, por la belleza que vi. Diré quien soy? si por mí no me quiere, quedo en calma, sufrir desprecios no es palma, no es laurel no es bizarría, que no entra en la cortesía el desperdiciar el alma. Que te parece de tantas desdichas de aquel rigos, de tanta fe, y talito amor? Eso tienen las Infantas, cumplió con lo desdeña que en despreciar lo mejor, y en no querer lo peor. no ha cumplido con lo hermoso: Ya dirás que te fastidia, decir, que siempre has seguido. al la hermosura? . Esa ha sido el socotro de la envidia. Qué piensas hacer? . Morir. No hay cosa más fácil, y hallo, que es gran necedad buscarlo, que ello se sabe venir: Huélgate, y vive. . Un piadoso saber que soy desdichado, consuelo. Burón, me has dado, donde ninguno es dichoso; Mas que galán Caballero es este? que gran valor muestra! quién será . Señor, pienso que es el jardinero. Estás loco? . Vive Dios, que es el que labra el jardín! Malicia, escudero en fin. Qué gentil mozo los dos son Franceses. . Extranjero parece, que te parece su talle? . Que merece la plaza de jardinero. Deja frialdades, no ves que mira con atención? Yo he de preguntar quien son. Yo intento saber quien es. Ya oscurece, bien podemos ejecutar lo tratado. Mas que escuadrón embozado viene aquí? Gira tenemos! Dos bastamos para veinte. En cuanto a mí, no bastamos. Al que solo esta buscamos, 1. Pues muera. He de ser valiente, aunque pese a la costumbre. Aunque matarme intentéis tantos, mi valor veréis. Gente parece de azumbre, el mono es brabo. Oh villanos, tantos contra un Caballero? ánimo, noble Extranjero. 2 Rayos parecen sus manos! huyamos. . Luego lo vi, muchos, no es bueno ninguno. Todos huis? . Cada uno huye solo para sí. Sin duda que vuestra es la razón. . Cuando la tengo, yo basto a seis. Yo me atengo al dicho de un Portugués, que decía en conclusión, sebon da razaumarmado, aberígase meu criado a voce, o a Cipión: Mas gente viene. En Palacio espadas? . Todas rendidas a tus pies, como las vidas. Contigo ay Dios, que despacio me informo fue la pendencia? Ay, señores! está herido? quién es el loco atrevido, que se ha temado licencia para tan loca osadía? Tú en mi casa metes mano, siendo en castigar a un vano blasón, y costumbre mía? Señora, es tan poca. . Poca tu culpa, necio ignorante? Ay desdicha semejante! Esta mujer esta loca; hay tan notable capticho! Qué sientes? . Qué es peor aquí que lo que te ha dicho a ti, lo que al otro no le han dicho. Que fiero enemigo efecto, cielos, hace en su beldad mi amor? . Con que caridad prédica al otro en secreto! Este pobre es el rendido, y el que mi hermana ama ya, el uno; mas quien será tan vano como un querido! Mira que debo, señora, la vida. . Ay Dios! qué rigor como la vida, señor? A este mancebo, que agora pudo hacer su heroica espada, que de seis traidores quede yo victorioso. . Este puede tener valor para nada? Pues en hombre tan gallardo puede faltar? . Oye, amigo, que no sin causa lo digo: El cansado Felisardo es este, que muy seguro, y muy puesto en obligarme, vino encubierto a cansarme: que aún obligarle procuro! . con que a Felisardo al fin desprecio delante de él. Quién vio favor tan cruel! Qué concepto de jardín perdonó! . No es recompensa de su locura su amor: ya no quiero más favor escondido en una ofensa. Hasta averiguar tu culpa no estéis aquí. Mira, advierte, que me libró de la muerte, y yo. . Nada le disculpa, y hasta morir espero mostrar que te sirvo yo. No es el jardinero, no. Pues quién es? . El camarero; ya de librarle te pesa. No está el alma arrepentida, pues he guardado en su vida el alma de la Princesa. Qué fineza tan nobel! que amante tan vergonzoso! que mansamente celoso Adónde var? . Voy con él, que si en ver que me libró de morir te desobligas, es bien, pues tú le castigas, que se lo agradezca yo. Dónde vais? . Con vos. Conmigo? teneos, que es más importante, que logréis dichas de amante, que cumplimientos de amigo. Mas de ser noble me precio, que galán, esto es forzoso. Ya que le han hecho dichoso! déjale que se haga necio. Yo paso por tal desdicha! conmigo un hombre desdén, y sequedad! más a quien no ha de hacer daño una dicha? hay triste! cuando se engaña el gusto? . Que ya se queje que deslucida la deje, querido en fin, cosa extraña! que la mujer más hermosa, que del Sol hizo desdén, en llegando a querer bien, no se llbre de quejosa! Si Felisardo le ha dado celos, y de él se ha ofendido, no te bastaba querido, si no también en ojado? Pues de esa dudosa calma, en que ofendes mi firmeza, te sacaré, que es bajeza el Iuilarse con el alma. Que estoy alegre confieso de su desdicha, y su amor. En efeto erró el Pintor el nombre más no el suceso; el confiado, y cruel es este, y no el desdichado Felisardo. . Su criado bien se pasmó, si no es él. Válgate Dios por Princesa, y por Castillo encantado, de aprobación noviciado, y de amor casa profesa! Hh hinalgo. . Hidalgo? estragada y avarienta cortesía. llamárelas Señoria, que es venganza muy Tonrada. Ci Hh hidalgo. . otra vez? jamás me dicen ha Caballero? respondo a hidalgo, no quiero que me lo llamedes más; que me mandan? Oye amigo; Quién? soy su criado, y no es bien que os informe un enemigo; si os contentan pesadumbres, direlo. . Digno es el nombre, No puedo solo del hombre, diré fortuna, y costumbres: Él es un hombre en el mundo, de un grande Estado heredero, y con valor de primero, tiene agrado de segundo: Haciendo del brío alarde, torea con bizarría, donde aunque no es valentía, se conoce el que es cobarde. Hace versos al intento, que le merece su pena, no de los que muestran vena, sino solo entendimiento. Es valiente en lo importante, estudioso con recato, sin presunción literato, hasta no ser ignorante. Sus dadivas diferencio a todo Príncipe humano, pues lleva en la lengua, y manó el socorro, y el silencio. Ama, sufre, calla, obliga, si en una mujer se emplea; que él solo quiere que sea, y los orios que se diga. No hay queja de su sombreto, ni de su lengua un agravio, tan cuerdo, secreto, y sabio, cortés, galán verdadero: Que no hay bien que no le sobre para el grande, y para el chico, y en fin es un hombre rico, con buenas partes de pobre. De qué nación es? Frances, . Tú quién eres? Sin trabajo yo soy un hombre muy bajo, que todo lo hago al rebés. No he visto donalte igual! Di tus partes, que también pareces hombre de bien? Tanto, que sirvo muy mal; el Francia la patria mía. Bella nación, y en la guerra valiente; pero en que tierra te criaste? . En Picardia. Lo esquivo has de preguntar. Yo el finísimo le llamo. Es Par de Francia tu amo? Él, y yo somos un par. Su Alteza llama. Que enfado! ven tras mí. . Tal le pintó de bien, que solo faltó decir, que era desdichado. Esa beldad soberana, como dicen sigo . Pues lo mejor le falta. . Y es? El no querer a mi hermana. Ya el venturoso ha venido; que presto he dicho mal de él! hombre con ceno cruel, vive Cristo que es marido! . A el noble Francés seguí, ofendido de su ofensa; que me toca su defensa, si en él me ofenden a mí: Saber con industria aguardo a cual quiere de los dos. Este es sin duda; sois vos el Príncipe Felisardo? Yo soy. . Pues sabed, señor, lo que este papel ordena, y a Dios. Quién vio mayor pena, que en el agravio el favor! . Vete en viendo este papel, pues ya conocido estás, no aguardes más, que sé más que servilla, ser cruel. Si es para el otro? notable mujer para mi será, pues me conoció, que está en lo fácil lo mudable. Que Felisardo venía creí. . Esta es Felisbella, disculparse puede en ella la justa venganza mía. Que presto que supo amarle mi hermana! Es un cielo hermoso, El tiene para dichoso demasiado de buen talle; la fama de aborrecerla gusto en el otro meada, y en este me agrada ya el belle tibio con ella; Mas con temor llego a verles que pensará más despacio, que están todas en Palacio obligadas a quererle; que mira en mí? Ya me cuesta un hombre el desenojarle, que es más fineza que amarles pero, que atención es esta con mi hermana? A sus antojos esta venganza prevengo. Quiero estorbarlos, que tengo poca paciencia en los ojos: En fin, que se ha de tener una hermana para amar, que sepa desenojar? Y no será menester, para saber mi esperanza, atenta a tu variedad, que es de la facilidad compañera la mudanza? . Qué ha dicho este hombre? qué lleva? de mi paciencia me espanto! que el querer bien sufra tanto! que a tanto el favor se atreval Tú me das ya pesadumbre; dime, porque de esa suerte miras los hombres? . Advierte, que tú lo has hecho costumbre: si es delito hablar con ellos, no quiero buscar disculpa; pero cual es mayor culpa, el mirarlos, o el traerlos? Todos se atreven conmigo, tanto pasa una mujer amando! no puede ser este amor, sino castigo. Si piensas que fue dolor, y no piedad el traerle, ya solamente con verle traición has hecho a mi amor; que recatada en la gloria de que le pude mirar, no queter debiera estar encogida tu memoria: Y aún debiera tu respeto seguir a mi pretensión, antes con la inclinación, y después con el secreto, Yo nunca de amor sabré, pero porque tu sospecha sepa, y a cuanto se estrecha la voluntad de una fé, esto ha de estar reservado de poderse desear, que no mereces mirar, lo que piensas que he mirado: pues aunque no es para mí, quedas ya sin albedrío, que en pensando que era mío, no hay queterlo para ti. Hermana, menos cruel; Jesús, muerta me tenías, que pensé que me reñías el causarme tanto de él! Qué es cansarte de él? qué enojos! ni a eso quiero que te atrevas, que solo quiero que debas celos, y envidia a tus ojos. Hermana, es tarde, no es justo que más te encubra, no esperes que quiera lo que tú quieres, que tengo yo muy buen gusto; Para tan fiera, y terrible desigual ejemplo has dado, pues que tan presto has juntado lo fácil, y lo imposible. No sigo el severo modo de tu hermosura extremada, que es no decir bien de nada, y luego quererlo todo. Con medios poco discretos estorbas tales delitos, que mueren los apetitos, por quebrantar los preceptos, Si quieres ser preferida, solo por ser la mayor, mira que hermana menos no es falta para querida? Y no tienes tu licencia para ser del gusto mío tirana, que mi albedrío no es Provincia de tu herencia, Ah vil hermana menor! ya lo olvidas! No te asombre, que no es mayorazgo un hombre, que lo hereda la mayor.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Qué tiempo, que mudanza esperanza no encierra, si el aire, el mar, la tierra pasea la esperanza? Desde el centro del suelo; (lo, hasta las puertas des cristal del cie al aire un bajel sube, despojo le vio ardiente, que nave se desmiente, y se acredita nube, y entre borrascas solas, mas toca las Estrellas, que las olas, En tal desconfianza, el noble peregrino, fía en el desatino, antes que en la esperanza, de su temor se ayuda, y más quiere el peligro, que la duda, Todo el mar es bramidos, todo el viento es enojos, obol está sin ojos; el Cielo sin oídos; siente el aire el recelo, (Cielo. mira el Sol, calla el mar, escucha el En cárcel tenebrosa el mísero cautivo, en tantas muertes vino, piedad poco dichosa, cuantas penas recibe, pasa la vida pero no la vive, cuando más esperada, su muerte riguiosa, o por mano piadosa, por valiente espada halla restituida la dulce libertad, la hermosa vida Entre falsos denuedos, por noche, y campo aleve el caminante mueve menos pasos que miedos, un caos teme segundo, (mundo. o que se acabaso no ha sempezado el Piensa (tal es su abismo) que se le niegue el cielo, que sole huye el suelo, y que se falta él mismo; pasa la noche fría, muere su confusión, y nace el día, Doliente fatigado en duro anciano lecho, el erizado pecho, ya de flaqueza armado, la fiebre tan asida, (da. que es el menos morir, quedar con vi Cuando uno se resiste a tantos pensamientos de morir con alientos, la esperanza le asiste, y a vida le convierte (muerte. aún de los mismos senos de la En lazos detenido el pajarillo noble, que la prisión, no el roble, fuñ su primer nido, tal vez logra su intento, (to que burla al cazador, y ocupa el vien Esatroyuelo helado, que preso no se mueve, hecho estatua de nieve, ya por florido prado rompe libre arroyuelo (lo almenas de cristal, muros de ye, El campo, que se cubre de lluvias del Noviembre, de asombros del Diciembre, de horrores del Octubre viste el Mayo de amores, (res. y deudas del Abril le paga en flor Todo remedio alcanza, todo aliento recibe, todo en el mundo vive, en región de esperanza: y solo yo no espero, ni esperar, ni morir, y amando muero. Amo mío Qué tenemos? Ánimo, albricias, señor. De morir? . Que viejo error, que todos uiun queremos! Para una vida afligida, que no hay discurso en que acierte, solo el remedio es la muerte, Si se alcanzase en la vida, vivir, y beber, gustoso ejercicio; y el dormir, trarel beber, y el vivir. Oh tu mil veces dichoso, que duermes en gusto envuelto, a sueño suelto, y pesado! Duermo a pensamiento atado, que es mejor que a sueño suelto; confía, y ten esperanza, que ya eres dichoso. . No hay ventura por quien yo deje mi desconfianza. Porqué tanto desconfías? Ha Burón, si las venturas aún en si no son seguras, que hicieran si fueran mías! Sabe que te quiere bien la Princesa. . Hay más terrible locural como es posible? No más de como es mujer, tan notab t dices! tan loco seré, que si aún no lo imaginé, mujer la espere mudable: y amando tan justamente a ese galán Caballero, a ese dichoso Eltranjero; cortés, gentil, y valiente? Tú para con ella estás, aunque él en su gracia esté, en mejor puesto. . Por qué? Porque eres un hombre más, Vive Dios, loco, atrevido, que te mate esta deidad, sin sombras de humanidad? O qué fe para marido! Si pisando a todo el mundo, después quiso a este Extranjero, no es lo que empezó el primero más fácil para el segundo? Los hombres, así lo pruebo, si una tienen, y otra ven, no le admiten: pues también nacio para ellas lo nuevo. Mas sea lo que quisieres, si en todo estás de su parte; la Princesa quiere amarte, informada de quien eres. Su hermana, la Infanta hermosa, me llamó, y con su risueña salada boca pequeña, que otro dijera de rosa, me dijo. . Mientes. Por Dios. . O lo que me cuesta hallaros! su Alteza manda buscaros. Creelo, demonio. A mí? . A vos; y a las doce en punto en fin os aguarda. Por que puerta de la Quinta? Por la guerta. No dijo por el jardín? malo laforremos los pechos por si acaso. Aunque no es rico este diamante. . Suplico. Jesusspués no los derechos? Por no porfiar lo tomo. Gran disculpa! bien has hecho, que en siendo un amante estrecho; nació para mayordomo. Sus infinitas doncellas como están? Si verlas quieres? Esperanzas, y mujeres, ni con ellas, ni sin ellas. Con mujeres tratas? fuego! dalas al diablo, que estoy por ellas. . Ya se las doy; pero vuelvémelas luego, Lindo bellacón! Es vicio, que tengo; solo en efecto sois de casa el más discreto. Quién os lo ha dicho? . El oficio; que te dije! alegre estás. Ve, aunque más me aborrece, que soy quien más la merece, pues soy quien la quiere más. Ella viene. . Qué tristeza descubre lapártate aquí. Ya se muestran contra mí los medios de mi flaqueza, ya me temo por testigo, y con industria he llamado este infiel, que de un amado se hace luego un enemigo. Que de parte de mi hermana le llamase, le advertí; los inteantos veré ansí de un falso, y de una villana. Ya en público no me atrevo a ver lo que de culpada, de fácil, y enamorada, dos medios justos me debo. Ya muestran su deslealtad cara a cara los Jnfantes, que han hecho viles amantes guerra de la voluntad. Ya tienen los dos disculpa en atrevérseme así, pues ya imaginan en mí lo cobarde de una culpa. Lidio en tantas confusiones? a mis flaquezas iguales, que no se hicieron los males para humildes corazones. Ni se acredita en la calma el Piloto; vencedora saldrá de este golfo agora, que corre tormenta el alma: Mas quien está aquí? Osadía muestra, enviste, y sobre mí, si no es tuya. . Que esté aquí este necio todabial qué es esto? Aún temiendo ahora llego! . Di como has dejado de hacer lo que te he mandado Aún es temprano, señora. Qué es temprano? ay tal locura? para obedecerme a mí? Que te diera, no entendí, tanta prisa mi ventura, Ventura tuya? Y es poca conocerme, y ser contigo tan dichosa? . Tu conmigo? quién vio presunción tan loca? Jesús, le sus que ya empieza su costumbre! el me enamora de lástima. . Hoy, señora, lo extremo de tu belleza vine a bella, con intento de erecer de tu amor la dicha. . Qué vano error! que es dicha; y merecimiento? hay hombre tan presumido! si aún después de mal tratado está el triste confiado, que hiciera favorecido? quien más gustosa estubiera, para gustar de este loce! Pues he merecido poco? si gume mandas. . Espera; que te mandé? Que a los doce te viese. . Todo lo erró (ay triste!) aquel necio! yo? Por la puerta. Quien conoce quien soy, villano atrevido, esto presume de mí? Lo que yo te mandé a ti, viendo tu desvanecido loco intento, fue volverte, en leyendo mi papel, sin esperar después de él el desengaño en tu muerte: Y otra vez, y aún otras ciento; te lo mando agora; vete, y a tu vanidad promete menos alto pensamiento. Por tan fácil me has juzgado; que yo te llamo? no has sido visto, y te sueñas querido? que presumes desdichado? pierde la ignorante gloria. de est marte, que es locura. ofrecerle a la hermosura la guerra; y no la victoria. . Traidor, infame! Que culpa tengo yo, si en esta tierra mienten las Infantas? . Yerra quien de necio se disculpa; dar crédito a un embustero, que merece? . Y a el criado no le diste? Y engañado de tus embustes primero; agora verás pícano, si es desconfinr error, y cuanto siempre es mejor un recelo, que un engaño; que en dejar, por tu porfía; de desconfiar, perdí solo un bien con que nací; y una costumbre tan mía. Volved a ser pensamientos cobardes, y retirados, que para los confiados se hiciero los escarmientos! . Esto de estas embajadas medramos! esto hay aquí? solamente para mí hay mentiras desdichas! Diamante al otro animal, y a mi magicón? qué espero, que es el embuste primero, que se agradece tan mal? Si el Francesillo no hierra el recado, yo seré quien hable a su amo, y sabré siquiereami hermana. . Oh perra! aquí estáis vor? Qué diremos, Burón, de nuestra embajada? ha sido muy celebrada hay locuras? ay extremos? Hubo diamante Orienta! del celebrado Español, luciente injuria del Sol, rayo en traje de cristal? no te dio albricias? qué espero; que un mundo te dio? Ah traidora! Albricias me dio, señora, que es prodigo el Caballero: Hay falsedad semojante! . Dime sus demonstraciones; que te dio? . Seis mogicones, con un puño de diamante. Mogicones, a quien lleva embajada de una dama? él es, no miente su fama. Esta joyuela tan nueva dio al señor embajador. Aborrécela, que aguardo? señas son de Felisardo! Para una tía es mejor la plaza de embajadora. Ven acá, dime, el recado no le tomó? Yo he tomado estas albricias agora, y de muy bellaca gana, y juro a Dios que es traición, y es. . No te entiendo, Burón. No dijiste, que tu hermana, allá, no sé porque fstoria, a mi amo quería ver? Si dije. . Debe de ser, muy estéril de memoria? no se acuerda? Pues quien le habló en ello? Fue forzoso que mi amo. . Qué enfadoso! que atrevido! Y no se ven tigres, que llaman de Ircanía, que se mos hacen más fieros, ni aún los leones primeros, que se trajeron de Albanía. Hizo mi hermana muy bien; si avisó que por la guerta, no era señal que encubierta quería verle? el desdén fue muy justo; y no se llama engaño el que ha sido error, que aún a sí mismo el amor debe negarse una dama: Vuelve, y dile, que por seña estará un lienzo. . El mejor? para señuelas de amor, son las tocas de una dueña. Dale al pueblo esas malicias, y a tu amo avisa. No haré. . Porque, Butón? Porque sé que aún le quedan más albricias, Amanece temprano, de ardiente honor vestido, el clavel encendido, Adonis del Verano, y sobre noche esquiva, sus almenas de púrpura derribal. La beldad, que de humana retirarse procura; aún no tiene segura una hermola mañana; que en ella nadie ignora; que es menos una vida, que una hora, Por el aate luciente discurre desatada, en carrera dorada, exl halación ardiente, muere en breve centella, (ella. El pájato de pino, o bien leñó de pluma, rompe en selva de espuma aucho veloz camino, y al punto aún él no sabe la senda que en el mar dejó, la nave. Nace en luz generosa el día, y rayo a rayo pasa el florido Mayo la estación más hermosa; túrbase el Sol, y el suelo dudas de resplandor le pone al cielo. Esta vez no será tanta mi ignorancia. Ha Caballero, Qué mandáis? Servir os quiero: Hablaros quiere la Infanta. O qué gloria el alma siente! por donde? . Yo os llevaré; esperad aquí. . Seré, como mandáis, obediente. 1. Sin duda es él, que testigos son su traje, y talle airoso. 2. Oh Felisardo famoso! Este es Felisardo! Amigos, no fue nada la caída. Disculpa su vanidad su persona. . Allí aguardad. 1. El cielo guarde tu vida. Este es el noble Francés, estoile muy inclinado. Para ser tan confiado, que bizarro es el Inglés? conozco que más merecen pero no sé si ama tanto. Ilustre Francés, o cuanto me alegro en veros! parece que andáis triste? Es un dolor de costumbre. . En esa edad a quien amáis? . Es de amor callar el primer precepto, que nombre de amor no alcanza el que se entra en la esperanza, y se sale del secreto. La desconfianza quiero que templéis, que aún lo importante será perfección de amante, pero no de Caballero: Y aún para el amor se ve, que mucha desconfianza hará cuerda una esperanza, pero más necia una fe: Y ansí probaros aguardo, que ella desluciros puede, y que el confiar procede de espíritu más gallardo. Solo vos podéis hacer entendido el confiar. Yo lo quiero sustentar. Yo lo quiero defender. La confianza, que nace de una ignorante arrogancia, necia su misma ignorancia la halla, que no la hace. No merecer menosprecios; ni ha de padecer agravios, si es un fruto de los labios, que han deslucido los necios, De las ilustres acciones es un generoso empeño la confianza, y el dueño de los grandes corazones. No es menester que se aguarde ninguno de ella, ni engaña, ni ofende, y se desengaña de cuerda, y no de cobarde, Será risa para ti, si es necia mi confianza, si lo es tu desconfianza, es peligro para mí. Virtudes llegan a ser ambas si con atención se encubren, y vicios son, en echándolas de ver. Mas venceré la porfía, que tu costumbre al valor, es para medio mejor, y para extremo la mía, que es una ofensa quejosa. La desconfianza es una siempre atención importuna, que arde en llama sospechosa, a mil afectos sujeta llega humilde, y asustada a medrosa, y desmayada, en saliendo de discreta; Es necia para amistad, es flaca para virtuda y es prevenida salud, con mayor enfermedad. Mi desconfianza, ajena ser en todo merecía, que imagino que no es mía, cuando la miro tan buena: Y pésame que en los dos tenga opinión diferente su gloria, pues solamente le falta el tener la voz. No llamo desconfianza esa, que los necios de ella hacen culpa, sino aquella, que es de los sabios templanza, No es cobardía, ni tal nombre merece un desvelo, que al campo de su consuelo sale a recibir el mal. Lo amado en desconfianza, mas lo respeta, y admira, mas lo adora el que lo mira mas lejos de su esperanza. En las damas no es locura sus presumidos extremos, aunque tal vez los tenemos por fealdad de la hermosura, La confianza importuna puebla con testigos vanos, de mil destrozos humanos, los campos de la fortuna. Tiene ocupados los templos de despojos castigados, que a faltar desconfiados, no eran menester ejemplos, Son cansancio de la dicha, tan flacos en el perderse, que no saben mantenerse a brazos con su desdicha. Sed vos, señor, confiado, que la suerte desigual no puede hacer otro mal, que morir de desdichado. Yo me inclino a lo mayor. Yo lo más perfecto quiero, Sirvo, y lo mejor espero. Callo, y tomo lo peor. Yo no sufro menosprecio. Yo prevengo desengaños. Yo no quiero temer daños. Pues ni yo quiero ser neclo. Caballero; no está aquí. Si habrá venido el criado, que acusaré mi cuidado, si se me descuido en mí Buscando os vengo. Qué ay. Butón? Más novedad; oye. . A su noble amistad que bien se inclina mi amor! Ya no más, que desperdicias tus embustes. . Yo embustero? esto pasa, y lo primero es, que no te pido albricias; mira como no te engaño; ves la seña? . Probar quiero este encanto, aunque no espero mas fruto, que un desengaño. Ea señor, que ya es hora. Ya os sigo. Mal se resiste un gran contentolno viste por donde entraron agora aquellos dos emvodados? Es la seña verdadera; vive Dios que esta bandera alista muchos soldados! Conociste? . Averiguo ya lo que es; no hay que saber, entró el primero, por ser jardinero más antiguo. Agora gracias, villano! con sus secretos le ayuda también la guerta. . Sin duda que ya le han hecho hortelano: entremos todos. . Quién cierra es mi dicha. . Ya querría que hubiese una Infanta un día, que se robe por la guerta. Mira que el bajar aquí ta. . No me pera; pues me singo la Princesa. Qué importa, si queda en ti el peligro. . Ya es forzoso, este examen he de hacer de estos hombres. Qué mujer se atreve a hacer un dichoso? por mi hermana he de tenerme, y atrevida. En el jardín no sientes algo? . El mastin, que viene a favorecerme. Creo que atinando voy. Ya llega, y me temo a mí) Sois vos mi señora? . Sí, Son las Princesas? Yo soy; llegad. . A gozar su dich viene vuestro Felisardo, hermosa Infanta. Qué aguardo? Hay tal pena! hay tal desdicha! también piersa que mi herman le quiere! hay tal variedad! viose mayor necedad! hay tal hombre! Si por vina la Princesa me cansó, ver que me quiso tan presto, me ha cansado más. Qué es esto? le canso y le quise yo? ya no hay paciencia Grosero, desvanecido, cansado, aún no estás desengañado? la Princesa soy, yo quiero hombre a quien tengo en tan poco? a quien más me cansa a mí, a quien más aborrecí, a quién es tan necio, y loco! Cielo, basta na una queja, que en tu rigor me persigue, un dejado que me sigue, y un seguido que me dejal . Oye, que decirte quiero, parezca, o no grosería, que es tanta la dicha mía, que te aborrecí primero. Hay engaños semejantes! mostrarme la Infanta amor, y engañarme? aquí hay rencor veré la causa. , Adelante; y sois casados los dos? Parecemos desdichados? Di la verdad, sois casados? No por la gracia de Dios. Qué algo de gusto me digas pido. . Pues dígote hermosa. Qué fría, y que antigua cosa! algo me di, o no prosigas, mejor. . Digo casamiento. Necedad . Si es necedad, las enfermas de esa edad piden este sacramento. Dime, a que fruta te inclinas de esta guerta que esta ahora muy verde? . Yo? si señora, a unas que llaman meminas. Mal tu locura se pierde, que pícaro sin modedial Soy tan grandísima bestia, que me voy tras este verde. No teméis, hablad. . No puedo sóbrame solo el querer, que otra vez no he de perder a mis temores el miedo. Ya, hermosa Princesa, no tendréis que desengañarme, que para desconfiarme, yo sé que me basta yo: de fineza diferencio, callar pena tan sentida, voz que no ha de ser oída; que merece en el silencio? El triste la quiere bien; no es Felisardo, se engaña el mundo; no desengaña en una dama el desdén; un hombre que es tan gallardo no desconfíe. . Que amáis, el confiar lo mostráis, en querer a Felisardo, que fábricó en su caída su prósperidad. Extraño, breve, y feliz desengaño! albricias pido a mi vida! no es este, el otro merece mi estimación, y favor, y que le pague mi amor cuanto a mi hermana aborrece: Dejarle en su engaño quiero, prosiga, y canse a mi hermana; vedme sin miedo mañana. Señora, de lo que os quiero nada quitare. He sentido gente aquí. Gente ay, señor. Solo temo en el amor. Siguiendo vengo el ruido, Pasos siento. . Lo que encierra esta guertal un jardín es de amor; culparan después los Poetas de mi tierral un hombre viene hacia aquí. Que imp orta. Nada por Dios, siemete que fueremos dos. 1. Yo digo, que entrar los vi. Mueran, y sin dilación a Feliebe la entreguemos el Roino. . señor que hacemos, que vienen sciento? Burón, no tengarmiedo, Pues quien le ha de tenor? . Bien tendrá razón de temerme ya. Dices bien, traidora! Yo soy perdida! Armas siento, y no sé adonde. La oscuridad los esconde. Yo te quitaré la vidal Y yo el gusto: Ya se entró la Princesa. Con mi espada nada temo. . Cemo es nada; solo me he quedado yo: Burón que huyese me espanta! que es valiente! . Esto del miedo no es gracia. . Confuso quedo de este engaño de la Infanta! un hombre solo ha quedado. Y que escaparse quería, que esto de la valentía, es negocio aventurado. Quién va? Cuál es un quien va a estás horas? yo me voy, no me hallen: pero estoy obligado. . Quién va allá? Yo corriera como un galgo, que es la más segura espada, mas la honrilla es tan pesada, que la inventó algún hidalgo. 2. Tente. Echaronme la garta A una cepa idle a cosgar, Decidme; y ha de llevar su mismo fruto la parra, que me ofende el agua? Hablad; dinos, encubre por aquí la Prucesa a un hombre? Sí. . Y ese nombre quién es? Yo . Tú, villano? Yo. . En efeto lo encubres? . Yo. Quién fue? . Yo. No ores tú el criado? . No, pues sé guardar un secreto. No le matéis que es criado de ley, preso le luevad. Victor, que vemos edad que vale ser hombre honrado! Guerta, confusión y agravios es cuanto en mi pecho vive, iras los cielos desatán, venganza en los hombres piden Oh quien hubiera nacido mujer baja, y mujer libre, que hasta las mismas desdichas tienen cosas que yo envidie! Aquí traigo el instrumento. No es posible divertirme, más canta, mientras que lloro; y amor de mi amor se ríe Perla a perla, y rayo a rayo, los ojos que al Sol compiten, forman dos fuentes de estrellas en un campo de jazmines. Que hoy la viese la Princesa me mandó cielos decildes, que una vez el que más ama, victorias de amor publique! Qué suspensión, que tristeza los divinos ojos ciñen de la Princesa; si piensa que en sus floridos jardines me matarone Generosa , Princesa, que nubes finge tu sol, que en tus ojos llega a ser tristeza, y no eclipse? Esto faltaba! Que llanto por tus megillas despide dos diluvios de cristal, a dos floridos Abriles? Ya que en tu bello semblante quiere el cielo que me mire sereno, y desdenes fueron, desdenes tan apacibles, mira, vuelve deja el llanto, un alma tierna que rige, un amor, que es de lo eterno competencia, con lo firme. O eres parto de estos montes, o eres bruto, que no admite razón pues ningún suceso te enmienda, ni te corrige: Cuantos desengaños quieres, cuantos para persuadirte, que te aborrezco, y me cansas, que te mueras, y me olvides? Cemo, señora ya olvidas soy favores que me hiciste anoche? . Yo a ti favores? o eres sordo; o eros simple, a yo soy muy desdichada! Señora, porque te afligor? Sin duda es loco! Sin duda las desdichas me persiguen, o de este bosque encantado es cada planta un Ulises. Vuelve a cantar. Felis bella viva. Oh traición! . Como vives, señora, tan descuidada? tus primos, y amantes viles han levantado por Reina a tu hermana, y aperciben sus bodas con el mancebo, que de los montes trajiste, Burón, qué es esto? En la guerta me pescaron, vime, vime en gran peligro, y la Infanta me dio libertad, y vine a avisar a la Princesa. Seré a su lado un Alcides! moriré por defendella! De cuántos siglos escribe el tiempo, que desamparo con mi desdicha se mide! Viva Felis bella, viva. Ea, señor, que naciste Francós. . Bellísimo agravio del Sol, deja, no ejercites en más quejas de tus labios los animados rubies. Yo estoy aquí, pierde el miedo, que asaltaré, por ser virte, de los muros de la muerte las almenas invencibles. Ni las desdichas que paso, ni los males que me oprimen, mi los peligros que veo, ni los celos que me rinden. ni un Reino que se me atreve, ni una hermana que le sigue, ni un ingrato que me deja burlada, celosa, y triste, no me da tal sentimiento, ni me atormenta, y aflije, como que este hombre presuma, que lo he menester, ni quise favor suyo, que esto solo no me pareció posibiel No te canses, Felisardo, aunque los cielos derriben sobre mí su eterno paso, con quien los dos Polos gimen; ni he de admitirte, ni verte, que no ha de poder decirse, que hay tiempo que Fidelinda de Felisardo se obligue. A quién llamas Felisardo? yo Felisardo? qué dices? No eres Felisardo? Mi amo ser Príncipe de melindres? miente por Dios esta dama, como el Romance repite, es a Vísperas escasa, y magnifica a Maitines. Quién eres, hombre que has hechó que mi rigor desperdicie tan os aborrecimientos? Oye, y sabrás que debiste, y aún lo que debes a un alma, que ama, siente, calla, y sirve, Genorosa Fidelinda, que airada, y tierna divides el dolor, y la hermosura, en lo Fénix, y en lo Cisne. Lorena, ilustre Provincia de Francia es mi patria otigen de aquel valedor insigne, que en la gran Gerusalen tremolo tantas felices banderas, y el mármol santo dejó venerado, y libre. Hijo soy del Duque Carlos, cuya sangre, y biasón tiñe del ínclito Clodobeo las clatas Francesas Lises. Del gran Duque de Borgoña es hija mi madre, estirpe famosa, que ha dado al mundo tantos ilustres Felipes. La fama de tu hermosura, ofensa de cuantos fingen plumas, pinceles de aquella fábula hermosa de Cipre, Por alto conocimientos quiso el cielo, yo lo quise, que me traiga a ver quejoso) la que imaginé apacible, aquella, sangriento estrago de las campañas felices, hermoso incendio de Troya; vengada injuria de Áquiles; aquella, con el Romano, más bella segunda Circe; aquella, quespor los campos, entre floridos matices, siendo Ninfa de claveles, es Aurora de jazmines, de sus divinos extremos, a lo hermoso, y lo difícil de la sé, no la esperanza, que a mi congovierna humildo Ese Príncipe que adoras es Felisardo, a quien diste la hermosa parte que pierde de tres años infelices: Y yo el Príncipe Rosauro; por quien dirán cuantos vivena si murió por Fidelinda, todos los hombres le envidien. Ay dicha más desdichada! tú. Rosauro, solo fuiste de quien en tudos los hombres en mis pensamientos hice mas estimación, y ahora el agravio no permite amores, sino venganzas. Cielos, que pudo rendirme Felisardo? esto consiento Rosauro mi empeño impide, quererte, aunque más mereces, que ya solo arrepentirme puedo, pero no mudarme; yo he de moril;o rendirle, quitándosele a mi hermana; si en esto quieres seguirme, tu amparo quiero, que amarte, ya, Rosauro, es imposible. No soy tan loco, señora, que presuma que admitirme puedes, defenderme solo quiero, y si puedo rendirte un ingrato, gloria mía será, y amor encamino, que él te adore, y tú le venzas, y que yo jamás te olvide. Ay tal amor! Fidelinda date a prisión, Oh alguaziles de lo cabile viva Francia. Esta espada ha de impedirle el camino al que intentare una traición tan terrible: y tu noble Felisardo, como si ofender pudiste ese corazón veliente, ese valor indecible, victoriosa una hermosura no quieres dejar? Que sirvenu palabras? mueran. . Esono, miestras Felisardo vive, debo a este Frinces valiente la vida, y para! que fíes de mi lealtad, que a tu brazo todo es fácil; y se rinde, soberana Fidesinda, rendido a tus pies recibe a Felisardo. . Mataldos. Qué es mataldos? Francia dije, Si el ser altiva una dama, jumtas pudiste sufrille, el ser vano, y confiado, cómo a ti te lo sufriste? Perdona, Princesa hermosa; a tu Felisardo. . Dime, confiesas que estás rendido, y que neciamente hiciste en ser vano, y presumido, y que humillarte, y ser firme es merecerme? . Confieso que es ansí. . Si ansí lo dices, si así lo confiesas, toma este desengaño? . Brindis. Más merece, quien más ama, y así mereces por firme mas, pues más amas, y ahora piérdase el Reino . qué humille a tus pies mis ojos deja. Ya dio la historia en el chiste, y vencimos los Cristianos. Deja que llegue a pedirte la mano, pues has premiado a un sino amante. Los tristes Infanzones, qué pretenden? Pretenden solo rendirse a su Princesa. Y tu hermana también. . La mano te pide Felisardo. Por soberbio te amé, y humilde saliste, no te quiero. Has de quererle, y su valor se eternice, que sabiendo ser soberbio; has sabido ser humilde. Ea, casémonos todos. Y a mí el Senado me estime, que soy dama de comedía, y enamorarme no quise. Damo a besar esa mano. Por qué? . Porque me diste dos mil ducados de tenta, y me has hecho Conde. Oíme; mas merece quien más ama; y pocas veces os sirve su dueño, porque no digan; mas hierra, quien más escribe. Y para el grande Mendoza hoy Juan de Verá os pide aplauso; pues le merece, y a él perdoni pues que se os tinde,