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Texto digital de Más justo rey de Grecia

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Eugenio Gerardo Lobo
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más justo rey de Grecia. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-justo-rey-de-grecia.

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MÁS JUSTO REY DE GRECIA

JORNADA PRIMERA

so ha respondido eaque Oráculo santo, que temido por sus respuestas tanto, a todos causa admiración, y espanto? Esto ha dicho, Cleón: mas qué atrevido, aunque de ello se precie, ha de poder hallar quien menos precie el vivir de esta suerte, que se entregue a los brazos de la muerte él mismo? porque un afío el Cielo aún no concede (caso extraño!) de vida al que ser quiera Rey de Grecia infeliz. Desdicha fiera! Pero Lisandro viene acelerado a saber la respuesta que hoy ha dado el Oráculo santo: que aunque él de Grecia el Cetro hereda, y el Laurel, admitirle no quiero, cuando el daño le previene el morir antes de un afo. Como discreto, en fin, teme la muerte, que desesperarse fuera de otra suerte. s el Cielo, V riegos valerosos, p con cruel vaticinio, y con desvelo, de suerte entre rigores me ocasiona, que a repudiar me obliga la Corona de Grecia, solo vengo a que prudentes queráis a mi discurso hacer patentes las respuestas, y oráculos de Apolo, temidas en el uno, y otro Polo. Pues porque Telemón después te cuente la respuesta que Apolo dio prudente, es forzoso traerte a la memoria, reconilada, y breve aquesta historia. C Él invencible Ariolante, cuyo espíritu valiente, por Rey de Atenas, y Esparta hizo coronar sus sienes, tuvo un Astrólogo grande en su Corte, a quien dio siempre más crédito, que debía dar la prudencia en los Reyes. Entre las cosas que quiso saber, o ignorar (que vienen a ser ciencias de futuro, ignorancias de presente) fue, que viéndose sin hijo varón, que su Cetro herede, (porque este Reino no llama sino al varón solamente) casi en las últimas líneas de su vida, y de su muerte, (porque la decrepitud no es vida, aunque lo parece) Saber deseó si el Rey, que había de sucederle, sería de mayor nombre, más valeroso, más fuerte, más amado de los suyos, más rico, y más excelente en las virtudes, en quien llegó a ser único Fénix. Aristipo, que fue el nombre del Astrólogo imprudente, (que inevitables desdichas nunca el cuerdo las previene) los Astros consultó, y dijo, que el Rey que le sucediese, un año aún no reinaria, por su acelerada muerte. Ariolante, que infalible juzgó aqueste contingente, secreto el prodigio tuvo, hasta que quiso::: Detente, que no le tuvo secreto, porque advertido, y prudente a mí me le reveló, para que secretamente consúltase al grande Apolo, y me respondió tres veces lo que el Astrólogo dijo, lo que mandó, que tuviese oculto, porque importaba. Murió el Rey, pero a saberse de mi jamás no llegara, si antes de morir no hiciese un error tan sin consejo, desterrando para siempre de toda Grecia a Aristipo, juzgando, que de esta suerte mas se ocultaria el caso. Mas viendo que injustamente le desterraba, a todos la causa dijo; y la Plebe, que en todas las cosas mira no más que los accidentes, la injusticia condenó dando crédito más fuerte a lo que dijo Aristipo; porque como son los Reyes el espejo en que el vasallo siempre se mira obediente para imitar sus acciones, fue ocasión de que se aumente entre el vulgo, desde el cual por toda Grecia se estiende. Y así, aunque murió Ariolante, y como sobrino viene a tu frente la Corona, renunciada discretamente del Reino la posesión, porque con razón no quieres reinar, perdiendo la vida antes de un año, que tiene la muerte semblante horrible y en todo el Mundo se advierte, no hay riqueza que la dore, no hay Imperio que la afeiten. Temiendo, pues, mayor daño, porque el vulgo se sosiegue, Telemón le pidió a Apolo, que ya que no lo remedie, a lo menos nos dé alivio, porque el vulgo se sosiegue, y en tan forzoso peligro, piadoso nos aconseje, que de elegir nos dé modo, Cabeza que nos gobierne, el cual así nos responde. Yo lo diré, de esta suerte dijo el Oráculo santo: antes que el Sol su luz muestre, las puertas de la Ciudad mañana ocupad alegres, y el primero que dichoso entrare por ellas, ese vuestro Rey será, elegidle para que os mande, y gobierne. Esto el grande Apolo dijo, lo que señor, no se entiende, que os ha de quitar el Reino, pues es solo porque pruebe del Cielo el rigor airado, y después seguramente el Sacro Laurel de Grecia será esmalte, que a tu frente de eterna fama: Y vosotros, Griegos nobles, y valientes, mirad si el modo os agrada; de mano del Cielo viene, no puede errar su Decreto, fuerza será obedecerle. El remedio es ya preciso, la ocasión ya lo requiere, la brevedad es forzosa, como lo es el resolverse; el Reino a voces lo pide, hombres, niños, y mujeres, el modo es como del Cielo, imposible es que se yerre; así al Pueblo sosegamos, os se obedece, y así de aquesta desdicha salimos más brevemente. A tu voluntad conforme estoy, y al Cielo obediente, porque el Cielo solamente en mi voluntad informe. Y pues que por justa ley a el Cielo obedezco solo, mañana nos dará Apolo a un hombre, a un fingido Rey, en quien descargue la mano de su castigo prudente, porque después libremente me corone Soberano. Y no sé como el sentido ha de poder tolerar ver, que otro empieza a reinar, aunque Rey le vea fingido; porque mi pecho eslabona tal altivez, que quisiera, aunque la vida perdiera, ceñirme yo la Corona; pero si el Cielo discreto, para coronarme a mí a otro le castiga aquí, cúmplase, pues, su Decreto. Todos lo mismo decimos. Pues a dar el orden vamos, porque mañana tengamos Rey, que si bien lo advertimos, el pasado desconsuelo hoy con la alegría igualo, porque no puede ser malo Rey de la mano del Cielo. Sí, mas debéis reparar primero, sin que os asombre, que él de Rey gozará el nombre, mas yo tengo de mandar. . Sin salud, y sin dineros, que es la desdicha mayor, a pie, y temiendo el rigor de otros ladrones, que fueron, sin que humildes ademanes su enojo puedan templar, nos acaban de dejar en los puros cordobanes: Insigne Ciudad, tocamos tus siempre invencibles muros, en quien pienso que seguros de las desdichas no estamos. Quieres saber el desvelo de mi suerte sin igual? pues si de muchos el mal suelen decir, que es consuelo, nuevos modos, como ves, de rigor ostenta en mí la fortuna; pues así darte desdichas, no es porque tú me consolases entre el penar, y el morir, sino por darme a sentir el ver que por mí las pases. Pues aún no están acabadas nuestras desventuras ciertas, que de la Ciudad las puertas, señor, hallamos cerradas. Tan cerca de amanecer; qué será? válgame Dios! La desdicha de los dos; qué otra cosa puede ser? Siempre esos mares navega mi vida a el mundo importuna. Debe de ser tu fortuna como sarna que se pega; pero qué habemos de hacer después de tal trasnochar? Beleta, amigo esperar que acabe de amanecer. Ese me parece a mí, que es el último remedio, aunque fuera mejor medio no haber llegado hasta aquí. Y pues serenos están en nuestras penas los Cielos, sentémonos, que los duelos::: mas ya sabrás el refrán. A qué varios movimientos tu natural se sujeta! Pues por eso soy Beleta, que me mudo a todos vientos; mas ya que estamos sentados, cuando la pena en ti crece, un remedio se me ofrece para olvidar tus cuidados. Ya te le deseo oír: Oh fortuna, en qué me pones! pues en todas mis acciones te he de imitar, y seguir. Recuéstate como yo, todo cuidado desecha, tiende esa pierna derecha, encoge esotra, y si no, tenderte a la larga puedes: no vas olvidando ya los cuidados? No querrá con tan crecidas mercedes darme el Cielo nuevos modos con que os olvide. No? pues tiéndete como yo, y olvidaránsete todos. Ay, Beleta, no te atajen tus intentos de esa suerte, mira que me das la muerte, procúrame divertir, que me matan mis memorias. Pues que yo no sé de historias, quiero que llegues a oír cierta satirilla ducha, que yo a una vieja escribí, que presumia de sí hermosura, y gracia mucha. A mujeres tratas mal! Las viejas no son mujeres; y si aquí saberlo quieres, oye: por un arenal iba yo, y con el reflejo del Sol una cosa veía, que culebra parecía, y no era sino pellejo. De que si entenderlo quieres, y en este ejemplo lo fundo, saco que son en el mundo solas las mozas mujeres, a quien mi Musa celebra; las viejas no, en mi consejo. Pues dí, qué son? El pellejo, que ha dejado la culebra. Calla, que ya en indecisa luz el rocío del Alba, al ver que el Sol hace salva, crece en la Aurora la risa, y de la Ciudad las puertas parece que abriendo van, y en ellas, Beleta, están, al parecer, encubiertas muchas personas. Señor, algún grave mal sospecho. Antes en mi altivo pecho aumento mucho valor: no se qué deidad oculta, después que esta gente vi, infunde espíritu en mí, que nada ya dificulta mi aliento determinado; pero porque no quisiera, que entrar de aquesta manera me vieran, tú con cuidado anda delante. Intérbalos son, que yo hacerlos no quiero, señor, porque considero, que esto ha de parar en palos. Desvía, que a tus extremos cobardes no he de aguardar; ven, que delante he de entrar. Rey tenemos, Rey tenemos. Qué esto, Griegos famosos? No temas, noble mancebo, que aunque te parece nuevo el suceso, y tan forzosos ya los temores en ti serán, todos los desprecia, pues Rey de toda la Grecia eres sin duda. Y yo aquí, porque no puedas dudar, el primero he de besar tu Real mano. El Cielo dio este modo de elegir Rey, porque muchos querían serlo, con que pervertían la paz; y así a concluir venimos, de que el primero que hoy en la Ciudad entrase, aquese se coronase. Y yo atento considero, que contigo se corrige un mal, que temi vecino, y que has de ser un divino Rey, pues el Cielo te elige: suyos son estos favores. . Qué te suspendes? qué dudas? verdades son muy desnudas lo que hablan estos sefores. Cielos, sueño en tal empeño? sí, pues es tal mi desdicha, que no puedo lograr dicha, si no la logro en el sueño. d es, pues yo el postrero entré para tus regalos; pero si dieran de palos, yo hubiera entrado el primero. Mirad, Griegos, que os advierto, que no deseo reinar, y que en mí habéis de llorar el mal que miro tan cierto, porque hoy le quitáis la dicha a vuestro Reino tan fiel, puesto que reinar en él lleváis la misma desdicha. No hay temor que nos asombre: vamos, porque más de espacio nos puedas en tu Palacio decir tu Patria, y tu nombre. Ven, y mudando el bestido, que nuevo ser vendrá a darte, podrás luego coronarte, pues tu fortuna has vencido. En todo soy prodigioso, que Aristómenes me llamo. Victor mil veces mi amo. Hasta en el nombre es famoso; y pues ya tu frente altiva espera el Laurel sagrado, vaya diciendo el cuidado: Viva Aristómenes, viva. Suspended, Griegos, las voces, que para darme tormento, la vaga región del viento van ocupando veloces. Y aunque tal tumulto altera vuestra presunción altiva, como le aclamáis que viva, debiendo decir que muera? Cómo le dais parabienes de su dicha, cuando Apolo quiere castigarle a él solo para coronar mis sienes? Cómo, cuando reparáis, que el Cetro a morir le inclina, en vez de opaca sordina, militar aplauso dais? Cesen, pues, tantos trofeos para aclamar su persona, cuando solo esa Corona es digna de mis deseos. Mas qué veo! ya la Plebe le aclama, y por Rey le sigue. Que a tanto alborozo obligue hombre, que en el Solio bebe la confusión de su muerte! De imaginarlo estoy loco: Mas para qué me provoco, Sacros Dioses, de esta suerte, si solo tu Soberano Decreto es porque se vea aplaudido, y después sea él desdichado, y yo ufano? El Cetro con más quilates empuñé de Grecia; vanos son mis recelos tiranos: mas mi primo Menecrates viene. Lisandro, tú así descolorido, y turbado? qué tienes? qué te ha pasado? dime tu cuidado a mí. Menécrates, primo mío, mi cuidado, y mi desvelo Solo es un vano recelo, y un confuso desvarío; pues se viene a originar de ver en tal sentimiento ocupado ya el asiento, que yo debía ocupar. Vano es tu cuidado, primo, cuando ese aplauso asegura tu Corona, y tu ventura. Es verdad, mas no reprimo la sed de mi vanidad, aunque aquí lo considero. Pues pesar tendrás más fiero a el mirar la Majestad que ostenta el que han elegido por Rey. Quién es, por que asombre? Aristómenes por nombre tiene; es sabio, es entendido, severo, altivo, y con arte, que a todos les causa espanto. Calla no le alabes tanto. No es esto por enojarte, sino decir lo que veo; pesar es, pues, que me abona el mirar que su persona me cansa, cuando deseo mirar, Lisandro, no en vano, seguro el Cetro en tu mano. Hasta que la suerte esquiva con él se cumpla del hado, no saldremos del cuidado. Aristómenes, viva. Vengan aquí los abastos de todo el Reino, pues viene por Rey mi amo, que tiene presencia de un Rey de bastos: hagan lugar. Qué es aquesto? No lo ven? la posesión, el sitial, coronación; y por decirlo más presto, el Cetro, y Laurel, que aprecia mi amo, cuando elegido con aparato lucido viene a ser, por Rey de Grecia, aquel que mande al Senado. Villano, aquese soy yo, que aunque el Cielo le elegió, supuesto que se ha heredado el valor de mi persona, porque su poder le asombre, él ha de tener el nombre, pero yo el Cetro, y Corona. Parece que le ha picado algún tabano a este Griego. Voyme (volcanes de fuego exhalo) pues con cuidado quitar quiero esta ocasión, que si le han de coronar, la mano le han de besar los Grandes y en esta acción será imposible escusarme el besársela primero; y así, en tal pena no quiero a tal bajeza humillarme. . Aunque mi gusto embaraza esta acción, es fuerza ya besársela yo pues ya aquí sale. Plaza, plaza. Aqueste es el Solio Real en que has de ser colocado, y como Rey coronado de esta Corona Imperial, puesto que por varios modos, para aumentar tu valor, el nombre de Emperador absoluto te dan todos. Primero que a tan crecida honor mi humildad subáis, iero, Griegos, que se o el Rey que habéis elegic Qué presencia! . Qué cordura! Tanto me ha agradado fiel, que tengo escrito un papel, en el cual, si con segura acción se le puedo dar, ha de saber su desdicha, por si acaso por su dicha el riesgo puede evitar. Yace entre Tesalía, y Grecia la grande Ciudad de Soris, donde de padres nací tan heroicos, como nobles. No bien gozaba en mi oriento las libertades de joven, cuando los Cielos me dieron tan altos, tan superiores pensamientos, que a la llama, que levantaban veloces, les pareció corta esfera todo el ámbito del Orbe. Crecí, ejercitando siempre en generosas acciones mi nunca vencido aliento, mi siempre dehuedo noble, porque mis divertimientos solo eran las pensiones de la casa, pues talando ya los valles, ya los bosques, en la escuela me ensayaba de Marte, porque hasta entonces jamás a el vendado Dios quise dar adoraciones. Agraviado el cual, de ver que mi corazón blasone no haber experimentado el arco de sus rigores, queriendo asestar sus tiros contra mi pecho, dispone sacar del carcax volantes dos penetrantes arpones; que tenía reservados para más altas acciones en los ojos de una Dama; los cuales tirando, rompe puerta al alma, porque en ella posesión del alma tome. Rindiome en fin, mas no tanto, que no pudiese mi noble ardimiento contrastar sus engaños, y traiciones. Pues viendo, que ya mi pecho no lograba las conformes libertades, que contento habla gozado hasta entonces, procurando resistirme de sus engaños traidores, corrido, pues, de mis ansias, preguntaba a mis temores: Pues amor, no es un ardor, que como hielo se esconde en el pecho, y cuando pasma, entonces fomenta ardores? No es un Áspid, que embozado en dulces elevaciones, alagando con las penas, adula con los rigores? Pues si el amor es un hielo, es un ardor, un disforme Áspid venenoso, cómo hay corazón que se postre al dulce atractivo empeño de tantas contradicciones? Pero luego me impugnaba la voluntad, pues conforme con sus engaños, fingía de el rigor dulces primores; y prometiendo a la idea fingidas elevaciones, ya me arrastraba violenta, pero a tanto impulso inmóbil decía: La voluntad no está sujeta en su orden al entendimiento? Sí, que el entendimiento pone leyes a la voluntad; pues si ella esto reconoce, cómo pues leyes quebranta? como sus mandatos rompe, queriendo tener dominio en la voluntad del hombre? Cómo? porque llegan tarde las discretas prevenciones que pone el entendimiento, pero si a tiempo las pone, a su dominio sujetas están todas las acciones. De suerte, que he menester, para excusar los rigores de aqueste atractivo engaño, de estos ardientes arpones usar del entendimiento con tiempo; pues si conoce esto mi valor qué aguarda? e hace que no se dispone o a librarse de este engaño? Y así, el medio más conforme, es huir del enemigo; porque en la guerra que pone Cupido, solo el que huye, triunfará de sus pendones. Vencido, pues, mi discurso de estas imaginaciones, mi Patria dejé valiente, y entregando a las salobres alcobas del Mar mi vida, surqué cristalinos montes seis afos en el servicio del Rey de Siria, y entonces, contra fortuna, logré las Militares acciones, que llegué a ser General, aunque la envidia lo note, de sus armas; pero aleves, y envidiosos dos traidores, con engaños, fueron causa de que el Rey tal odio tome conmigo, que a no dejar la Siria, mi vida, al golpe de su rigor, pereciera. Y así, mi valor dispone pasarme a Grecia, dejando las militares pensiones del Mar, pues tan mal pagaron mis alientos vencedores. Y con aqueste criado, que leal me corresponde, antes, que a el Alba saluden los canoros Ruiseñores, llegué a Atenas donde quieren los altos Dioses que goce, para mayor pena mía, la Corona que me ponen; la cual a aceptarla llego temeroso, porque en donde tantos estorbos contemplo, temo, que mi dicha toque tan alta, porque si caigo, es fuerza rendirme al golpe. No temas, el sacro asiento ocupa, que aunque te humillas, digno de mayores sillas te juzga mi pensamiento. Ya mi humilde pecho tuvo repugnancia en vuestras voces, mas si lo quieren los Dioses, su nombre al Solio subo. 1. Esta Corona Imperial, que es la que en mis manos ves, te pongo, y luego a tus pies te beso la mano Real. Que sea este rendimiento forzoso! Yo el soberano Cetro te pongo en la mano, y después la beso atento. A tu Majestad altiva ciño este estoque bruñido, y humillándome rendido, diré: Aristómenes viva. Ya en posesión soberana del Cetro, Griegos, estoy, temed, que lo que hacéis hoy, habéis de llorar mañiana; porque cuando mi valor el Solio llega a ocupar, Griegos, os he mandar como vuestro Emperador. Y por vida del Laurel, que a mi frente ciñe ufano, y este Cetro, que en mi mano es Real aparato fiel, que aunque tengáis por rigores lo que en mi afecto es piedad, he de premiar la lealtad, y he de castigar traidores, Por eso constituido en la Majestad de Rey quedas por la justa ley de el Cielo. Él solo ha sido a quien mi amistad desea obedecer, y agradar. Pues éntrate a descansar, porque hoy el Pueblo te vea. Vamos, y porque a mi celo el Cielo da tanto honor, espero que mi valor ha de obedecer al Cielo. No sé qué altiva esquivez dentro de mi pecho cabe, que al verle severo, y grave me ha causado su altivez? Solo el criado ha quedado, y oculto le he de arrojar el papel, porque lograr pueda todo mi cuidado. s, ya sin empacho Señore sacadme de dudas hoy, porque yo no sé si estoy durmiendo, o estoy borracho. Es verdad lo que mirando estoy? que yo no lo creo: Pero qué es esto que veo? un papel vino volando es, yo solicito. i alzarle; y ver lo que es; mas si no leo al reves, a mi amo el sobre escrito dice: Por el Dios Apolo que mi juicio he de perder! más ahora le ha de leer, pues hacia aquí viene solo. Fortuna, ya soy Rey ya colocado de tu rueda en la cumbre soberana, juzgo que tu poder todo lo allana, pues igualas al Cetro, y a el arado; pero aunque a tal grandeza levantado, como contemplo aquesta vida humana, la soberbia ambiciosa no profana de mi humildad el Templo respetado. Qué antigua fue mi pena, y qué terrible! pues libre de ella, en tanto bien la temo, y ella mudada, el miedo no sé muda. Hazme, fortuna, tal favor creible, para que la costumbre de este extremo, el extremo pasado ponga en duda. Beleta, amigo? Señor? Puédote hablar? Pues cuando tu conmigo sueles usar de tales prevenciones? Son pocas ocasiones las que ofrece el cuidado, a que los Cielos hoy te han levantado; mas pues esta logré, darte pretendo este papel que vino sin extruendo volando hancia mis pies, Sin que este día pueda saber, Señor quien os le envía, ni la causa tampoco la comprendo. Cualquiera desdicha en mi fortuna temo. Qué te parece de esto un año? por Apolo, que causa horror imaginarlo solo! Qué bien aquí conviene aquel adagio, que tanta verdad tiene en tu infelice estrella! pues a mí me le dan, que tal será ella! En qué hombre, importuna, rigores ha ostentado la fortuna más nuevos, ni mayores? Cielos, tan sin piedad tantos rigores! Qué breve fue mi dicha, pues lo estorbó tan presto una desdicha! Señor, dime, y perdona: ha de ser esta muerte motilona? porque saber quisiera, si ha de tener hermana compañera. En qué, Dioses divinos, os ofenden los hados peregrinos de esta valiente espada? Os ha enojado ver que respetada vuestra deidad, ha hecho a el Bárbaro cruel, de cuyo pecho jamás se vio adorada? Digo, que anduvo necia, y porfiada esa carta, Señor; pues con cuidado debió poner al margen: y el criado del infeliz que fuere, se ha de entender que muere, o que no muere. Pero si de vivir desesperado tantas veces la muerte llegué a buscar, porque la que hoy advierte este papel altera mi espíritu alentado? pero era, si yo ayer la buscaba, mi propia voluntad quien incitaba mi ostinado desvelo; pero como interviene la del Cielo, es tan inobediente el hombre a su parecer que solamente por ser él quien lo ordena, lo mismo que buscaba, me da pena. Vuelvo a decir, que muy distinto ha sido el que me trae a mí tan afligido. poronó tu entrado feliz so maga con la ostentación Para gozar tu presencia, y alabar el Cielo en ti, el Pueblo alegre te espera: entra, Señor, a bestir las Reales vestiduras, PUTQIICCT se haoo con la ostentací digna a tu persona. Oíd: Griegos nobles, y valientes, el engañar, y fingir, es de pechos generosos? Así os ofend vuestro nombre deslustráis? cuando solo el infeliz Aristómenes hoy era, lícito os fue el encurrir lo que me descubre el Cielo; pero cuando ya Rey fui, especie fue de traición, que el engaño, y el ardid, en cosa que toca al Rey, es traición, y es cosa vil. No digo aquesto, Vasallos, porque quiero desistir del Cetro, que ya poseo; pero una cosa advertid, que si por vuestro Rey quedo, con pecho más varonil, que el que podéis esperar, Griegos, os he de regir. Mirad, si así me queréis; que he de ser, si lo advertís, el más justo Rey de Grecia, pues reino para morir. Así te queremos todos. Pues yo no te quiero así, que es lástima que se llegue en tal valor a cumplir el vaticinio de Apolo. Mirad bien lo que deéís, que arrepentidos os temo. Yo lo mismo he de decir, Señor, de aquí a pocos días. Pues mi entrada prevenid, que si me ayudan los Dioses, antes que dé a su Cenit vuelta el radiante Planeta por Esferas de zafir, del más justo Rey de Grecia el timbre he de conseguir.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Deja Menécrates, que este ardor, este incentivo volcán, que mi pecho abrasa con tan no visto martirio, o le desvanezca en iras, o le minore en suspiros. Lisandro, reportate; no permitas que dominio tenga una vil aprensión sobre tu valor altivo: Desecha imaginaciones, no se entregue tu sentido de esa suerte a la vielencia de un riesgo tan conocido. Ay Menécrates, que son tan raros, tan peregrinos mis pesares, que mil veces, cuando el dolor averiguo, yo mismo suelo buscarme, y no me hallo a mí mismo. Desahoga el corazón, y si con razón te obligo, comunícame tu mal; no porque no le he sabido, pues del mío, y tu dolor es uno mismo el motivo: sino solo por dar treguas a el pecho, porque imagino, que el dolor comunicado, en parte consigue alivio. Pues que renovar mis ansias quieres, silencio te pido; que aunque no ignoras la causa, es un rumbo tan no visto este pesar, que no dudo, si me atiendes advertido, que cada vez has de hallar otros pesares distintos. Para coronarme en Grecia, a Tesalía dejé altivo, Patria que me alimentó en sus brazos como a hijo. Llegué, pues, a Atenas, donde infelizmente examino vencido mi pensamiento, mas no mi valor vencido; pues cuando mi heroica frente quise coronar altivo con el sacro, y siempre verde de Grecia Laurel invicto, ese asombro de la tierra, ese portento, ese abismo de confusión que me pone riesgos tan conocidos, ese Rey, que eligio Grecia, por el extraño prodigio del oráculo de Apolo, y el agüero de Aristipo; y en fin, aquese Aristómenes, a el postrero precipio de mi perdición me trae, siendo mi mal principio. Sabe, que yo he sospechado, y aún del efecto averiguo, que si acaso no se cumple el dudoso vaticinio de Apolo, se ha de quedar (con qué dolor lo repito!) por único Rey de Grecia; pues no sé con qué atractivo, demás de imperar los cuerpos, tiene en las almas dominio: pues grave, ufano, severo, y prudente, tan bien quisto este monstruo se conserva, que restaurador benigno de la Patria le han llamado: y mostrando regocijos, todo el Imperio, le canta suaves versos, dulces himnos. Mira tú si solamente por haberles prometido, que ha de deshacer agravios, que ha de castigar delitos, que ha de reformar a Grecia, amor tan grande ha tenido entre todos sus Vasallos, desde el más grande hasta el chico; qué será, cuando logrados vean tan justos designios? (que aunque mi enemigo sea, de aquestos nombres es digno) de esto nace mi dolor, de esto mi pena ha nacido, pues entre varios extremos siempre me hallo indeciso, sin ver qué resolución he de tomar; pues, si sigo el rumbo de coronarme, temo que Apolo ofendido ha de ejecutar en mí su horroroso vaticinio. Si espero que en él se cumpla, recelo, que los suspiros, las víctimas y holocaustos, que hace el Pueblo compasivo ha de alcanzar que revoque de su justicia lo esquivó. Mira atento, Menecrates, si dos rumbos, dos estilos tan confusos, como son los que en esta ocasión sigo, si darán bastante causa a el dolor en que me miro, a la pena en que fluetuo, y al furor en que me incito. Examinando la causa no dudo, Lisandro amigo, que tu sentimiento es justo; mas no es de pechos altivos, aunque mil penas les cerquen, estar en ellas remisos, antes bien se ha de mostrar más valor, más incentivo ardimiento, hasta lograr sabiamente algún camino, por donde tantos pesares puedan ser desvanecidos. Y así, desahoga él pecho, no te entregues a un delirio; procura usar de remedio, discurre en hallar arbitrio, que ya que no te remedie, a lo menos te dé alivio. Ya, Menécrates, me es fuerza hacerlo; mas mi sentido Solo un remedio ha encontrado en las dudas que examino. Cuál es, Lisandro? Matar a Aristómenes yo mismo, para qué sea instrumento mi brazo del prometido riesgo, que Apolo amenaza; y convocando atrevido mis parciales, coronarme de toda Grecia aplaudido; y así, muera, amigo, muera ese Emperador fingido. Cielos, qué es esto que escucho! dudando estoy lo que miro. Muera este vano arrogante, y en fin ese advenedizo; muera Aristómenes. Quién ha de morir? Mármol frío he quedado; sin mi estoy, Cielos, en vano respiro! De qué te turbas Lisandro? de qué el color has perdido? Ea, prosigue, no acobardes tan de repente los bríos. No eres tú quien dando al penas, iras y suspiros, imaginabas venganzas. y prometías castigos? No eres tu aquel, que mostrando valor y denuedo altivo, esforzado, prometías cortarme a mí el vital hilo? No eres tú, quien poco ha (de imaginarlo me irrito) muera Aristómenes, muera, pronunciabas atrevido? Pues qué te turbas? de qué tan presto te has suspendido? si es de verme, bien has hecho, porque cuando me imagino agraviado, horrores vierto, irás roco, incendios vibro, ernás, aborto crueles, y mongibelos respiro. Advierte, que yo::: Ea, calla, y sabe, que si el lucido Planeta de aquesta Esfera pretendiera con sus giros ofenderme; vivo yo! que soberbio, osado, altivo, surcando Esferas de luces, rumbos girando de vidrio, le hiciera retroceder de sus centros, y epiciclos, porque a mis plantas tapetes fueran sus radiantes rizos: Considera si esto hiciera con ese blandón divino, lámpara hermosa de plata, farol del Orbe lucido, lo que hiciera en tu arrogancia, cuando osado, cuando altivo pretendieras ofenderme en el más leve delito? Esto escucha mi valor? para cuando aguardo el brío? Sea este puñal::: Qué intentas? En vano el aliento animo! mo tú mismo acero se ha confesado rendido, pues es a mis Reales plantas frágil débil desperdicio? Vuelve en ti, Lisandro, vuelve, ea, seamos amigos, no te parezca, que tarda en llegar el prometido rigor, que espera mi vida: ten paciencia, que yo fío, que antes de mucho has de ser Rey de los Griegos invicto. Mas si llegas otra vez a dar riendo a un desvarío: qué es llegar? el intentarlo, imaginarlo, en el vivo mongibelo de mi pecho, en el volcán encendido de mis iras, y en el etna de mi valor incentivo, hallarás funesto ocaso encontrarás precipicio, dividiendo aquesta espada:: Señor:: Señor::: Sin mi juicio me tiene el furor! alzad; y discurrid advertidos, que aqueste ha sido el amago, temed no venga el castigo. . Viste Tigre más airado, León más embravecido, cuando con crespa cerviz el monte asombra a rugidos, como se puso Aristómenes? En tal confusión me miro, que ni sé lo que ha pasado, ni comprendo lo que ha dicho. Pero no soy yo Lisandro, cuyo invencible altivo valor, en ambos dos Polos renombre consigue invieto? No soy yo quien de Tesalía, para coronarse, vino a Grecia, surcando siempre crespas montañas de vidrio? Pues como, de ver a un hombre severo osado, y esquivo, as, la sangre helada en las ver ha puesto freno a is brí Vive Apolo soberano, que en esta ocasión no he sido yo mismo; y si es que lo fui, me he olvidado de mí mismo. Lisandro, reportate, y atiende a lo que te digo: Aristómenes es Rey ya de Atenas, tan bienquisto con el laurel se conserva, demás de ser tan altivo, que temo, que hemos de dar los dos en un precipicio. Ya tratando de su muerte rigorosa nos ha visto, y aunque no ha sido traición, pues tú solo el dueño has sido de la Corona que él ciñe, nos ha de mirar esquivo en cualesquiera ocasión; y así valor, y un arbitrio se dé para derribar del Solio no merecido a ese ambicioso, y tirano, a ese horror, a ese prodigio de Grecia; mas ha de ser este el medio. Tente, amigo, que para aquesta venganza ya he descubierto camino. A mi padre he de escribir, Rey de Tesalía, el prodigio que en Atenas me ha pasado, que en Grecia me ha sucedido; diciendo como un traidor, vano, soberbio atrevido, me ha usurpado la Corona; que con secreto, y arbitrio sus Ejércitos me envie, y después que hayan venido, cerco he de poner a Atenas, hasta lograr el designio de matarle, pues con eso muriando él, el vaticinio del sacro Apolo se cumple, y quedo restituido en la Corona, y el Pueblo, aunque lo sienta a el principio, forzado, sino gustoso, me coronará benigno. Con atención he escuchado, Lisandro, lo que me has dicho; ello puede haber dos mil estorbos precisos, no quiero, no que desistas del medio, que has elegido: Antes para tus intentos soberbiamente te animo; venga tu Ejército, y muera quien así nos ha ofendido. Vamos, pues, que si no logro de esta suerte mis designios, valor encierra mi pecho para mayores prodigios. Vamos, que cuando la suerte nos baraje aqueste arbitrio, he de lograr la venganza por más airado camino: mas con Cleón viene aquí el Rey, y ya nos ha visto. Pues porque nada sospeche, no dejemos este sitio hasta mejor ocasión. En todo tu gusto sigo. o. Echose, como mandaste, el bando, señor, y apenas la novedad se entendió, (que no es acción poco nueva mandar un Rey pregonar, que cuantes tuvieren queja de algún Señor poderoso por agravio, o por violencia, ya en su honor, o en su persona, a pedir justicia vengan) cuando los patios, y salas ocupan gentes diversas, unos a pedir justicia, y otros a ver la prudencia con que tu ingenio divino a un tiempo castiga, y premia. Esta ocasión es precisa, a la cual, aunque quisiera; no era ocasión excusarme; y así salios allá fuera hasta que Beleta os llame. Pues qué llaman las Beletas? Voy a disponer vengarme de este aleve. Vuestra Alteza se ha de quedar, porque importa. Es prisión? Cuando quisiera prenderos, de mi valor me aprovechara, que es mengua de la autoridad de un Rey, valerse de estratagemas. Muy diferente es mi intento: y porque mejor lo entiendas, quiero, pues has de ser Rey, que de aquesta suerte aprendas el arte dificultoso de reinar, que no se encierra sino en un solo precepto, que si le guarda el que reina, será imposible el errar en cuanto intentar pretenda. Yo no he menester preceptos, que a el valor, y a la prudencia no hay acción que no se rinda, y estos en mí se contemplan. Soberbio es sobre ignorante aqueste hombre: Beleta, los que en aqueste papel van escritos, solo puedan entrar, los otros aguarden; y de los que hablar intentan para pedirme justicia, Telemón con diligencia, pues es hombre en quien se ve lealtad, valor, y prudencia, reciba los memoriales, que yo haré que al punto tengan efecto sus pretensiones, como con justicia sean. Voy a obedecerte. Hoy, . pues es tanta la caterva de pretendientes, a el Rey quiero entretener con cierta patarata que he pensado. . Hoy es el día en que empieza a resplandecer el sol de mi justicia; en la regía Silla, y Solio soberano me asiento: de vuestra Alteza es este lugar. Qué escucho! qué esto sufra! esto consienta mi valor! No le bastaba darme su mano siniestra, sino en asiento inferior, Siendo el Príncipe que hereda este Imperio? Ya no hay sufrimiento, no hay paciencia Dioses::: más callar importa, porque de tantas afrentas, como me amparéis, pretendo tomar venganza sangrienta. Solos los que por tu escrito, que viniesemos ordenas a tu presencia, señor, estamos solos en ella. Ya sabéis, Griegos, que el día que la fuerza de mi estrella siempre infeliz me condujo de este Imperio a la grandeza, os dije que reinaría, como un Rey, que considera que ha de morir, y que hay Dioses, a quien el hombre da cuenta de lo bien, o mal que ha obrado, correspondiendo a la deuda de su estado cada uno. Y porque principio tengan mis pensamientos, que han sido restaurar la infeliz Grecia, hoy por mi cuidado así su restauración empieza. Y como en el cuerpo humano el primer lugar posea la cabeza, a quien sujetos están con tal obediencia los miembros que le componen, que si ella se destempla por alguna enfermedad, parece que ellos enferman: así yo, que he conocido, por información secreta, diversas enfermedades de este Imperio en las Cabezas, por ellas, quise empezar, porque empezando por ellas, del escopioden matara. Menécrates, el primero sois, que en esta residencia tiene lugar, escuchadme: Diez años ha que de Grecia a servín al muerto Rey venisteis, con tal pobreza, que de una ayuda de cosfa, para traer vuestra hacienda, y vuestra casa, tuvistéis necesidad, de que hecha tengo información bastante. Vos no habéis tenido herencia; vuestros gajes son no más diez mil ducados de renta, y hoy pasan de treinta mil casa, familia, y riquezas, que a las del mayor Monarca pueden hacer competencia: discreto sois, Menecrates. Señor::: A la Diosa Vesta un Templo, el más suntuoso, quiero edificar en Creta, de la sacra Arquitectura, que pienso hacerla asistencia, y el cuidado, de vos solo he de fiar; y porque tenga luego principio, diez mil ducados de vuestra renta goce la fábrica, el tiempo que durare. Mire, advierta vuestra Majestad::: También, para que comprar se pueda material, a Telemón le daréis con diligencia otros veinte mil ducados. Harelo como lo ordenas: sin mi estoy; pero venganza . he de tomar de esta afrenta. Jamás los Dioses sagrados Rey más justo han dado a Grecia, que Aristómenes, pues hoy gobierna con tal prudencia, que pasma. De vos, Cleón, olvidando la nobleza que heredastéis, codicioso, mas de lo que justo fuera, me dicen (yo no lo creo) que tenéis correspondencia y aún trato, con Mercaderes muchos, que por vos emplean en varias mercaderías, los cuales, los que gobiernan la República, o ya deudos, o ya amigos, en aquella postura, que vos tenéis, mandan, Cleón, que se vendan. han engañ Que sea así os estará mejor. Qué reclitud! qué prudencia! quiera Apolo revcar de sus hados la sontencia, para que gobierne, y mande tu valor a toda Grecia. De corrido a hablar no acierto; . pero venganza sangrienta, por Lisandro, y por mi honor he de tomar de esta afrenta. Tan severo nos reprende, que admira! De esta manera, Príncipe, has do gobernar. Son acciones tan ajenas de un Rey, las que estoy mirando en ti que no sé si entienda, si es engaño del sentido, o es ilusión de la idea. En tan apretados lances, en tan bajas sutilezas, en tan humildes acciones, la Majestad, la grandeza de un Rey, así ha de ocupar? Solo he querido dar muestras en estos dos ejemplares, que la culpa más secreta, si quiere saberla el Rey, (como es razón que la sepa) no es posible se le encubra; y así, cuantas con prudencia averiguar he podido de muchos, que en la soberbia de su estado se juzgaron bien descuidados de aquesta información, que llamar puedo oculta residencia, en este papel escritos van; a vuestra diligencia, Telemón, la ejecución encargo de lo que encierra. Premios lleváis, y castigos, mas con esta diferencia: Premios, para el que ha servido, y que nunca los tuviera a no reinar yo que intento mostrar al que me suceda en este Solio sagrado, en aquesta Silla Regia, que no ha de dejar un Rey sin premio al que lo merezca: Los castigos, para aquellos que las sacras, las excelsas Reales leyes han violado, con arrogancia, y soberbia, sin distinción de personas: porque el Rey que así no reina, ni a su obligación responde, ni que ha de morir se acuerda. Qué hipocresía tan vana! Qué Majestad tan severa! Qué severidad tan grave! Qué arrogancia tan superfiua! Griegos valerosos, esto es un amago, una seña, del poder que mostrar quiero; y no os parezca soberbia, pues bien sabéis que mi pecho hizo repugnancia estrecha, cuando por Rey me elegisteis; mas ya que una vez aquesta Silla ocupo, por Apolo, que he de gobernar a Grecia, poniendo de sus traidores a mis plantas las cabezas. Y para que conozcáis que también de la clemencia debe usar un Rey, mañana, puesto que celebra Atenas a Júpiter soberano, con regocijos, y fiestas, para mayor alegría, hacer mercedes quisiera; ya perdonando delitos, si son capaces de enmienda, o ya repartiendo honores, puestos, honras, y promesas. Y así mañana bien puede por un memorial cualquiera pedirme lo que quisiere, que de justicia, o clemencia, si es justa la petición, tendrá logro lo que intenta. Tu gusto obedeceremos. Lo haremos como lo ordenas. Cielos, ya halló mi dolor . para mi venganza puertas: veneno: en un memorial tengo de darle. . Si acierta a encontrarte de buen aire esta ocasión, Beleta te quiere Señor, pedir, que pues me ha hecho V. Alteza su mayor Memorialista, que aquí decretéis quisiera los memoriales que tengo guardados de muchos. Muestra. Pues porque veas, señor, mi cuidado, y mi prudencia de todos los memoriales la distribución empieza. Y así, queriendo imitar en toda naturaleza a los calvos, di lugar, por ser suyo en la cabeza. Los que aquí traigo encerrados en la espalda con enojos, son, señor, de corcobados: y estos que aquí están guardados, son memoriales de cojos. A los mancos con primor puse en los brazos garbosos, trayendo por más mejor, en esta parte inferior, memoriales, de potrosos; y las peticiones vanas que de aquí desarrebujo, con de aquellos que con canas están llenos de almorranas, y están cubiertos de pujo. Beleta, ya es otro tiempo, todo gracia, y pasatiempo no es para publicidad, porque toca en frialdad todo donaire sin tiempo. Vamos, que perder no quiero de tiempo solo un instante, que no sé cuando el severo de Apolo, y siempre constante decreto, en mi ejecutado veré; y cuando despojado sea de esta breve vida, no quiero, no, que me pida este tiempo mal gastado. Presto, si acaso el rigor . Apolo no cumple en ti, con ira, rabia, y furor, le cumplirá, mi valor para coronarme a Mañana destituido del Reino serás; corrido voy en tan confusa lucha. escucha Vamos, Príncipe, el precepto prometido: Rey serás, si en el concepto de todos quieres vivir estimado por discreto, piensa que te has de morir, y serás un Rey perfecto. Todos se van muy severos, Y ninguno caso hace de mi persona; por Buco, que es el Dios de los gaznarés, que cuando a mí no me miran, no van ellos de buen aire. Ahoran bien, pues estoy solo, cercado de memoriales, quiero verolo que me piden aquestos pobres truhanes importunos que me quiebran la cabeza cada instante. Uno me dice Señor, por las tres necesidades, que de este cojo se acuerde: otro porcios doce Fares, que no olvide al pobre manco: otro, mire que es tan grande mi necesidado, que ha veinte y cuatro horas cabales que no como; y sin reparo pretende que los ampare, y suelo aqe uemaes que todos, estar rabiandi del hambre, En fin estrlma inncajos andion he de leer que me plaea ver lo cua en él han pedido, para poder decretarle? Dice astís dicas polflaco on nop que dat lotra de sante, y no la entiendo palabra: habrá letra más infamar? Pero aquesta parte vuelven Telemone y Meneclates; y pues mi amó me manda, que sepan las inovedades que hay en Palacio, pretendo sin ser vistol el ocultarme, por si ago puedo idir que luego pueda contarle, Menerrotos. Por este decreto manda su Majestad (que Dios guarde) a vos Menecrates, que a mí me déis al instante veinte mil uucados, para que compreolos materiales de la fábrica que en Creta pretendé hacer admirable: Y a vos, Cieón, que pues dice el vulgo, que por vos valen caros los mantenimientos, para poder aplacarles, que a costa de vuestra hacienda, baje la tercera parte de los precios. . Telemón, advierte, que aunque nos mande Aristómenes, nosotros en cosa que a nuestra sangre sea desdoro, no debemos hoy (cómo a Rey respetarle; y más, que en la realidad él no es Rey pues coronarse solo le toca a Lisandro. Bien ha dicho Menecrates g pues solo es un infeliz, que están expuesto cada instante a que en él Apolo cumpla sus decretes celestiales: Y siendo de Atenas hoy nosotros los principales Caudillos, como podremos consentir que sse abasarle de esta suerte nuestro aliento? Si esto mi amó escúchase, yo aseguro que los dos no hablarán tan arregantes. Aristómenes es Rey a quien no llega a igualarse todoslos Reyes de él mundo; nosotros somes lleales Vasasibel,ys Decretos han de ser siempre inviclables. Obedecer se debiera todo aquello que mándase con justlcia pero eno aosul d Decretos sinjustos! Ant que eso tu lengual pronuficie, bien pudieras, Meneciates, advertir, qué más que justos son sus Decretos Realas. Luego nos das a entender, (de ira, y coraje rabio!) que los dos, somos, traidores? Aquesto en acuchillarse ha de parar: a mi amo voy avisar al instante. . Lo que digo es, que el Rey es discreto, y vigilante, y que cuando hace una cosa, Sabe muy bien lo que se hace, Pues nosotros lo contrario, a pesar del que arrogante lo defendiere, decimos. Yo lo defiendo, cobardes, y aquesta espada dirá, que aleves sois. El coraje del pecho he de saciar en tu vida. Yo en tu sangre he de vengar mis ofensas. En el valor arrogante de esta espada, hallarás muerte, que éxhala altivos volcanes. Dateneos: qué es aquesto? así aquí ha de profanarse mi respeto? vive Apolo:: Señor, vuestra Alteza::: Nadie se disculpe, que en tal culpa, ninguna disculpa cabe. Volved la espada a la vaina, y agradeced que no mande daros castigo debido, a la sacra, excelsa, y grave fiesta, que a Júpiter santo Atenas mañana hace. Y pues ya veis mi piedad, dais palabra que no pase adelante vuestro enojo? Si damos. Pues baste para aplacar, el furor que me causáis; deudas grandes . debo Telemón, mas yo muy presto pienso pagarle. Y alvertid que todo aquesto, que Telemón os mostrare, en mi Decrelo lo mando, obedeced, al instante. Así será: tal respeto ha infundido su temblante en mi pecho, que ya nmada acertaré a replicarle . Planeta, hermoso, apresura, por la Esfera tu radlante carrera, porque mañana altivo, pueda vengarme. Tu Decreto, Apolo sacro; revoqueses, que sí lo haces, Aristómenes, obrando recto, severo, y afable, el más justo Rey de Grecia todo el Orbe ha de llamarle. (u

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Desde aquese corredor, si alguno me quiere hablar, puedes, Beleta avisar que doy Audiencia. Señor, posible es que cada día has de oírí, y despachar? Estores, Beleta, reinar; esto es ser Rey. Quién pudiera las pasiones de este oficio sufrir, sino el que Soldado ha sido, y está enseñado al amilitar ejercicios? Que guerra entre el enemigo, que campo, y Ciudad abrasa como la que aquí se pasa, señor, con el más amigo? Qué guerra tiene el Soldado con el plomo, y hierro ardiente, como ver, un pretendiente por lo puntual, y cansado? Qué Centinela; en efecto, como el haberles de dar un mismo tiempo, y lugar, a el necio, cómo al discneto? Aunque viniendote a hablar muchas veces, he notado, que el necio habla sin entado, y el discreto da en temblar. El que es discreto, advertido en lo grande de la acción, se pierde en su confusión, porque al fin, es entendido; y aquesto es la diferencia (porque de ello no te espantes) de que pocos ignorantes se turban en mi presencia. Satisfecho me has dejado. Pues avisa a Menecrates, a Cleón, y a Telemón. y a todos los demás Grandes, que antes que el grande Planeta a los Antípodas baje, muriendo en nuestro Emisferio, a tiempo que en otro nace (como es costumbre en Atenas) decretar sus memoriales pretendo, haciendo justicia, equivocada en piedades, y luegó al Príncipe di, que le espero para hablarle en esta sala. Obedezco tus mandados al instante. . Fiera pensión es reinar, aunque parece suave; porque jamás un Rey tiene tiempo que suyo le llame. Cuando yo de aqueste Imperio me hallaba ajeno, ignorante, me parecía la Corona de las sienes, débil, frágil lisonja; y después que vino a ser de mi frente engaste; tan trocada la encontré que a el ver que sus puntas hacen, o estorbo con que me oprimen, o peso con que me abaten; oprimido a tanto peso, titubeando cobarde, ya quisiera de los hombros sacudir el que era frágil yugo en la imaginación, y poseído, tan grande. Oh ciega ambición! qué bien se ve que eres ignorante, pues mal contenta en los bienes de tu suerte, colocarte pretendes en los reflejos claros, lucientes celajes del Cetro a que tanto anhelas, sin que reconozcas antes lo que tienes, sin tenerle, lo que arriesgas en lograrle. Ya, señor, qué V. Alteza hoy nos quiere conceder todo lo que pretender procuramos: así empieza mi petición, y se encierra en dos puntos si lo advierto, el primero, es que al Rey muerto serví en la paz, y en la guerra siempre con lealtad igual; y para que os acordéis de los servicios que veis, tomad ese memorial. Yo os premiaré como es justo, qué es la otra petición? Estadme con atención, si acaso no os doy disgusto: Cleanor un hijo tenía, a el cual le mató un traidor y porque tiene favor, o quizá porque este día es muy pobre y desdichado; Cleanor, señor, no ha podido, con haberse concluido el pleito verificado el delito, hacer que el Juez sentencie: a tu Majestad, por mí, que tengáis piedad suplica de su vejez: preso el agresor está, pues mató, quiere me muera. Pues quien una ley altera, que es tan justa, no tendrá de hombre, entre casos tales, el nombre, si al que da muerte, el Juez no la da, y advierte las órdenes naturales: porque arguye poco celo, así en Jueces, como en Reyes, o ignorancia de las leyes, o poco temor del Cielo. Y quién es el Juez? Conrado. Pues se empeñó tu piedad, que tenga logro esperad, Telemón vuestro cuidado: en su castigo os prometo dar alivio a Cleanor, por mí, por ti, y su dolor he de hacer que tenga efecto. Que sintiera entre tal queja de que fuese, es caso llano, hechura de aquesta mano ese Juez, de quien se queja. Y cuando por indiscreto quejas de alguno al Rey llevan, parece que le reprueban la elección de aquel sujeto. Decidle esto con presteza, y esperad que premio igual os dé, en viendo el memorial. Guarde Dios a V. Alteza. Tres veces, señor, pedí por aqueste memorial, a su Majestad Real el Rey muerto, lo que aquí os pido; y tan desdichado fui, que cruel lo negó, pues siempre me remitió a Lucanor su Privado. Y cuando por mal premiado, quejas de alguno previenes, de cual de los dos las tienes, del Rey, u de su Privado? Del Privado, pues cruel el premio me dilato. Y a quién serviste tú? Yo? al Rey mi señor. Pues si él, de tu servicio obligado, de hacer merced no trata, pues el premio te dilata remitiéndolo al Privado, qué mucho que divertido, de despacharte no trate, o que el premio te dilate, no habiéndole tu servido? Pero dame el memorial, lo que pretendes veré, y si hay méritos, seré en premiarte liberal Ya conozco mi desvelo tendrá alivio, pues premiarme . pretende, y recompensarme lo de ayer: Guardeos el Cielo. Ea, valor, pues condeno un desvelo tan fatal, beba en este memorial el tosigo, y el veneno. Y pues aquesta conquista me provocó de esta suerte, pruebe el rigor de la muerte solamente por la vista. Cobarde, aunque me reprimo, llego entre tantas quimeras. Menécrates, a qué esperas? llega. Confuso me animo. Qué pretendes? Yo, Señor, cuando, vuestra Alteza, el memorial::: perdido soy. No te turbes, el temor pierde, levanta del suelo, no juzgues que porque osado, sévero aspecto, y airado te mostré ayer con desvelo, que has caído en mi desgracia, cuando te doy la noticia, que allí quise hacer justicia, aquí pretendo hacer gracia. Desecha el temor que emprendes, y vete con curso igual, que en leyendo el memorial, lograrás lo que pretendes. Eso es lo que yo deseo, el Cielo os guarde, señor. Ya ha logrado mi furor venganza en tal devaneo. Señor, pues todos te dan memoriales, yo quisiera darte aqueste, en que te pido, el que me pagues las deudas en que me estás por diez años, doce días, y una media semana que ha que te aguarda mi más que hermana paciencia, esa condición terrible, y puntualidad molesta, que escucha todo tu enfado, y tu rostro airado tiembla; ni aún después que reinas, nada dar has querido a Beleta. Yo premiaré, como es justo, tus servicios con presteza. El Príncipe viene. Aquí me tienes, qué es lo que ordenas? Qué soberbio! qué arrogante! dejadnos solos, Beleta. el Rey, que la llave ha echado a aquesta sala, y se encierra conmigo? si sabe acaso mis intentos? pero sea lo que fuere, mi valor me acompaña. Cosa es cierta, Lisandro, que aquesta acción mil recelos, mil sospechas dudosas habrá causado en ti; pero bien te acuerdas, que de prudencia, y valor blasonaste ayer: pues piensa, que estos dos efeetos, basas son en que estriban las perfecias partes de un insigne Rey, porque el que sin ellas reina, mal su obligación corresponde, ni que ha de morir se acuerda. Probar en ti quiero ahora, si estas dos cosas son ciertas, pues el valor, y el esfuerzo reluce en el que le ostenta: saca la espada. Qué dices? Que en la ocasión más estrecha que piensas, tienes la vida: Sácala, pues, o sin ella te daré muerte. El que ayer de arrogante daba señas, hoy en una causa que es de honor, cobarde se muestra? Cobarde? eso no, que tengo sangre Real: y aunque prudencia pude mostrar al principio ya no, después que me afrentas. Pues da muestras del valor que blasonas. Acción rea parece; mas si lo quieres, el refiir contigo es fuerza. Valiente parece, aunque no lo es tanto como piensa. No he visto en toda mi vida mayor valor! más destreza! pero la espada he perdido: sacros Dioses, otra afrenta! Levanta, que con oso ya quedará satisfecha tu arrogancia, del engaño en que vive tu soberbia. Y pues ya de tu valor tengo hecha la experiencia, hacerla también ahora de tu ingenio solo resta. Primero quiero que atento me satisfagas las quejas, que de ti tengo; pues siempre cuantas acciones severas ejecuta mi valor, émulo tuyó en mi ausencia, de todos sientes tan mal, que no solo las desprecias, sino que aspiras osado a provocar deshacerlas. De todas cuantas acciones has visto en mí, qué repruebas por contrarió a un Rey? procura satisfacerme a esta queja, que es la que, cual ves, me obliga a determinación tan nueva en un Rey; que si conozco, que con razón la repruebas, agradecimiento en mí verás, y en ella la enmienda. Que muchas de tus acciones las murmuro y que quisiera, a ser posible, enmendarlas, es verdad; que la indecencia se ve, y es bastante a turbar la condición más modesta, pues no hay noche que no salgas, como un Ministro pudiera de tu justicia, a buscar por tu Corte, los que en ella hallas, que con mala vida la perturban, o la infestan; y en casa de gente humilde, como son pobres doncellas y necesitadas viudas, todos los días te encuentran? con que ya casando a unas, ya socorriendo la inmensa necesidad de las otras, cónsumes las Reales Rentas. Y pasando a más humildes acciones que todas estas, en averiguar te metes, si el Caballero se empeña, más ostentación trayendo, que lo que suiren sus rentas; si el otro tiene dos hijos, que por la Corte pasean; haces que el uno te dé para servirte en la guerra; y otras cosas a este modo, de más humilde materia, porque de ti no se escapan, el Mercader en su tienda, en los Estrados el Juez, el Labrador en sus tierras, el Escribano en su pluma, el Oficial en su tienda, en su Templo el Sacerdote, y el Caballero en sus rentas. Sin que perdones estado que no examines, y quieras saber de su vida el modo; y esto, por la diligencia de un excesivo desvelo, con que tú mismo las llegas a ejecutar, sin fiarlas de ninguno; cuando eran cosas dignas del cuidado de un Ministro a quien pudieras encargarlas y no al tuyo, causando a la Real grandeza desautoridad tan grande; y entre causas tan diversas no quieres que te murmure, o que osado te reprenda. Enojado vine aquí, mas me has templado con esas razones de tu discurso, pues veo que cuando pecas en mi agravio, es de ignorancia, no de malicia discreta. Y para satisfacerte a todos los cargos, piensa que cuantas de mi murmuras, si mejor las consideras, efectos, y acciones propias son de un Rey, que un año apenas por voluntad de los Dioses tiene de vida, y desea de tan peligroso cargo llegar a dar buena cuenta. Y pues ahora de tu ingenio me falta hacer experiencia, para cumplir mi deseo, pretendo que con prudencia, lo que en estos memoriales piden, atento proveas, o justicia en todo; aciend y así, toma. Cuando sea jurado Rey de los Griegos, decretaré con prudencia memoriales; más ahora que tú este Imperio gobiernas, te toca a ti decretarlos, porque pareciera mengua mandar yo, sin ocupar el Solio, y la Silia Regia. Lisandro, de tu pasión la porfía, y los enojos, dicen por señas los ojos, lo que siente el corazón. Si es del Reino la ocasión, como del afecto infiero, en ti renunciarle espero; mira si tendrás valor para aguardar el rigor de la muerte, horrible y fiero. Cuando a su temor rendí la Majestad, y el cuidado, fue solo porque ensalzado de toda Grecia me vi: mas cuando veo que a ti ha dado en favorecerte, de la muerte el rigor fuerte no temo entré tal batalla, que el que envidioso se halla, no puede temer la muerte. Aceptas el Reino? Sí. Mira que es temeridad; porque quisa su crueldad Apolo cumplirá en ti. Ya una vez me resolví; y aunque apresure el tirano rigor Apolo, es en vano, pues aqueste Real asiento con alegría, y contento quiero ya ocupar ufanó. Mira: Quién decir nudiera, . como turlo has ponderado, que un hombre tan desdichado a tu fortuna excediera? Mas si bien se considera, ninguno a desconfiar de la suerte ha de llegar, tomando ejemplo en la mía, que ayer capa no tenía, y hoy tengo un Reino que d a. Cuando a mí me constituyes en el asiento en que estás, no digas que me le das, di que me le restituyes. Ocupa esa silla, incierta de lograr por varios modos, y porque te juren todos, espera, abriré la puerta. Ya ocupo su Real espacio sin dar de temblor señales. Pues toma esos memoriales, para que después de espacio los decretes con primor; y pues ya todos están aquí, te coronarán. Qué novedad es, Señor, la que aquí mirando estamos? Quién a aquesto os obligó? Esto es, que mi amo, y yo a buscar cardillos vamos, y aquesto en tan fiero embate, muy bien lo intento tomar, pues juzgo que ha de parar en apretarme el gaznate. Amigos, estadme atentos, y no os cause admiración la novedad de esta acción lo extraño de mis intentos. Hoy os mandaba juntar, para tratar de las cosas a aqueste Imperio forzosas, que es la pensión del reinar; y oyendo a Lisandro, creo que en el valor que ha mostrado se ha cumplido, se ha logrado mejor el justo deseo, que tengo en ver gobernada la Patria, y con rectitud premiada toda virtud, toda maldad castigada; y como en aquesto estriba solo ser un Rey famoso, hoy, Lisandro valeroso, (que por muchos años viva) ponerlo en ejecución, desea, y así he querido, de su justicia vencido, pues darle el Reino es razón, que él le gobierne y rija. Él ha de ser vuestro Rey, pues sé que por justa ley debe serlo; y no os aflija pensar, que han de ser forzosos los decretos Celestiales, pues bien sabéis, que señales vencen hombres virtuosos, y esta es verdad tan sabida, que el que infelice nació, el Cielo le destinó término breve a su vida: Si con ajustado celo a vivir se persuade, plazos parece que añade a la voluntad del Cielo, en lo que ya ha confiado Lisandro, pues victorioso, de los Dioses temeroso, de la Patria apasionado, piensa vivir, lo cual fío de su valor y cordura, porque aquí solo aseguro ver revocado el impío decreto del Cielo: aquí la Corona me pidió, y en él la renuncio yo, pues está usurpada en mí; y pues su justicia vemos, y también su razón veis, decid, por Rey le queréis? Si queremos, si queremos. Pues traed las insignias Reales, que me pusisteis a mí. Ya, Señor, están aquí Corona, y Cetro Imperiales. Este Laurel, que pendiente vuestro desvelo me puso, pues de él con razón me excuso, Solo es digno de esa frente. Este Cetro, que en mi mano se hallaba como violento, pasando a la vuestra atento, en su centro se halla ufano: mi acción cada uno siga, y pues es otro Alejandro, decid, que viva Lisandro. Viva. La rabia, y fatiga e es illano ha causado en mi deseo; he de vengar, pues me veo poderoso, y aplaudido, Cielos, por qué nos quitáis Rey tan justo, y tan severo, cuando atento considero que a un ambicioso nos dais? mirad, que es injusta ley esta acción, aunque se aprecia; porque qué ha de ser de Grecia si Aristómenes no es Rey? Bien pueden todos llorar, Dioses, tan crecida falta. Mira que todabía falta que temer, y recelar; pues el año no ha pasado, y la palabra del Cielo Recelo no puede faltar. digno de vuestro cuidado; y aunque le estimo, no puedo dejarle de condenar: algo al valor se ha de dar, no todo rendirse al miedo; demás, que con una traza, que ha ya días que pensé, el peligro evitaré del rigor qué me amenaza. juraisme por vuestro Rey legítimo? . Sí juramos, y como a tal te nombramos contentos. No es justa ley excusar el propio daño, Sin que se juzgue acción fea, Vasallos, aunque esto sea con el ajeno. Mal año, en que engaño aquesto estriba. Eso, Señor, es muy llano. Pues prended a ese villano, si pretendéis que yo viva. Qué es lo que dice tu Alteza? Excutad lo que digo. Si se meterá conmigo? Y cortadle la cabeza. L En qué te fundas? Advierte: Consultándole aquel día que un afío no reinaria por su acelerada muerte, no dijo el Dios, del primero Rey que este Imperio tuviera? Es verdad. . Pues considera emon, espero ver hoy de Apolo cumplida palabra, que pronunció; con que me aseguro yo, quitándole ahora la vida con absoluto poder. Advierte, Lisandro advierte::: Mas me irritas de esa suerte: esto que digo, ha de ser. Mira bien que no hallo culpa, para que le deis la muerte: antes en su obrar se advierte su inocencia, y su disculpa. Repara que la malicia ha de decir con despecho, que lo primero que has hecho, Siendo Rey, es injusticia, y cuando más victorioso el poder quieras mostrar, el renombre te ha de dar Atenas de rigoroso. Vuelve en ti, pues no tirano quieras coronarte: solo cumpla su decreto Apolo, mas no sea por tu mano. Y si por esto la vida quieres que la pierda fiel, yo lo acepto, que por él o bien e espe cbignal quién pagártelo pudiera! Y así, Rey invicto::: . Espera, Telemón, y no prosigas. Yo por justísima ley tu atrevimiento perdono, porque llevas en tu abono haber vuelto por tu Rey; pero aunque parezca ingrato, rigoroso, y justiciero, mi vida es siempre primero: ejecutad mi mandato. Busca, Lisandro otro medio. Solo aqueste encuentro yo. No discurres otro? No. No hay remedio? No hay remedio. Pues que tengo de morir, y tu muerte he de excusar, dejámela ponderar, y en esta acción discurrir: Verte ingrato es mi sentir; mas cuando advierte la idea, que hasta con el Cielo emplea el hombre tan vil renombre, no me acmiro de que un hombre ingrato con otro sea. Solo me pesa de ver (este cuidado me aflige) que es tu mano la que rige este Imperio, en que a temer llego, que no has de saber conservarte al Pueblo grato. Y es tal la verdad que trato, que si en Dios caber pudiera pesar, solo le tuviera cuando cría un hombre ingrato. Bien pudiera yo atribuir este terrible rigor a falta de tu valor, aunque has querido decir, que eres hombre, y acudir a el ser, que así te ha vencido; pero aunque lo has parecido, nadie cobarde tu nombre, pues nunca has sido más hombre, que el día que ingrato has sido. Piensas que de esta manera del Cielo decreto, y ley se cumple? no, porque Rey, para que en mí se cumpliera era fuerza que muriera: en ti sí, si bien se advierte, pues obrando de esta suerte; si así piensas proseguir, reinas, no para vivir, para apresurar tu muerte. Menécrates, porque ahorre discursos su desvarío, de vos este intento fío, llevadle preso a una Torre de mi Palacio al instante, porque sin más discurrir salga mañana a morir: y al criado::: Dios delante. Llevadle también. Señor, el juicio así no os trabuque, porque yo no he sido Duque, Vizconde, ni Emperador, para ponerme a mi preso en la Torre de Palacio, ni tengo ningún delito, porque soy Beleta yo, y ando a todos vientos listo. Vamos, y calla. Despacio. Aprended, flores, de mí; lo que va de ayer a hoy, pues una privada soy hoy, que ayer privado fui. Vamos: fortuna inconstante, pues mi pen, y mi sentir se acaba, yendo a morir para tu curso inconstante! Aunque el veneno fatal . mis intentos no logró, pues no sé si le leyó, ni donde está el memorial: mi desvelo alivio alcanza entre pena tan tirana, porque muriendo mañana, doy el logro a mi venganza. Vasallos leales, ya he ocupado el sacro asiento: ya comienzo a gobernaros, cuando a hacer justicia empiezo. Y para que no penséis, que solamente me precio? riguroso, aquesta vez liberal mostrarme quiero. Y puesto que hoy habéis dado a Aristómenes aquestos memoriales, en los cuales pediréis algunos puestos honorificos, en honra de este día, en que a el supremo Dios Júpiter celebramos, verlos despacio pretendo, y conforme a lo que encierran, así lograréis los premios, y en todo lo que pidiereis, lograréis vuestros intentos. Vuestro Memorial, Cleón, es aqueste, en el cual veo, que decís, que habéis servido en guerra y en paz al muerto Rey de Grecia muchos años, gozando muy cortos premios. Con razón Cleón pretendes que te premien, y yo atento, gran Presidente te hago de mi siempre Real Consejo. Beso por tantas mercedes tus plantas, y quiera el Cielo que vivas inmortal Fénix, para gloria de este Imperio. De Menécrates es este memorial, abrirle quiero, y ver lo que en él me pide. Dice así: sagrados Cielos, qué incendio se me introduce por los ojos basta el pecho, que me abrasa las entrañas? Santos Dioses, que me quemo! Qué tienes, Señor, qué tienes? de qué haces tantos extremos? Hay, amigos ya cumplió el inviolable severo decreto Apolo en mi vida; ya no hallo sufrimiento para este altivo volcán, para aqueste mongibelo, que por mis venas discurre. Qué es esto, Cielos, qué es esto? tened piedad, que me abraso! mirad, que rabiando muero. Grave desdicha! sin vida cayó desde el Solio Regio. Los Dioses le han cartigado por injusto, y por soberbio, y porque Sé cumpla en él el inviosable, el severo vaticinio amenazado; y pues ya ningún remedio tiene su vida, al instante a Aristómenes juremos por nuestro absoluto Rey, pues así lo quiere el Cielo: Y así, voy a publicar de Lisandro el fin sangriento, a Aristómenes que vuelva en nuestro Rey excelso. Válgame el Cielo! mil dudas fábrica mi pensamiento de esta desdicha; si acaso algún veneno encubierto aquel memorial tenía de Menécrates, queriendo con el cual tomar venganza de Aristómenes? no creo de su pecho tal acción; pero bien puede ser, Cielos, pues yo le vi vengativo dando suspiros al viento; pero no, que si eso fuera, no consintiera su afecto que Lisandro le tuviera; más bien pudo en tal aprieto ignorar el que a Lisandro, Aristómenes atento los memoriales le dio; mas qué discurro, si veo que solamente los Dioses lo han causado, porque el fiero cruel vaticinio en su vida se cumpla por su decreto. crotes, y Be. Griegos valerosos, hoy solo los Dioses supremos a Aristómenes le dan el bien merecido Cetro. Y porque lo conozcáis, mirad a Lisandro atentos, que apenas en ese Solio se puso, cuando leyendo un memorial, que hoy ha dado Menécrates, hizo al suelo de su cuerpo triste tumba, y mauséolo funesto. Y así, Señor, volved ya a el sacro, a el Real aliento, para que inmortal corones a la fama de trofeos. Válgame el Cielo! a Lisandro . maté yo mismo qué es esto? hay más penas! hay más ansias! mas pues no tiene remedio esta desdicha, mi vida consiste de mi silencio. Menecrates se ha turbado; de aquesta desdicha entiendo, que es él la causa, de dudas saldré ahora con ingenio. Vasallos, segunda vez a gobernar os empiezo por voluntad de los Dioses, poniéndome ese funesto ejemplo de la desgracia, para mi mayor ejemplo. Y pues ya vuestro Rey soy, bien a costa de mi pecho pues no sé cual escogiera, o la muerte, o este Imperio: para salir de una duda, me he de valer de el ingenio. Tú, Menécrates, de todos los memoriales, que el Regio Fabellón de aquesta sala ocupa, el que es tuyo atento quiero que busques. Señor, ya tu mandato obedezco. Válgame el Cielo! qué intenta con esto el Rey? soy de hielo! este es, Señor. Pues ahora leedle en alto. Bien temo: él sin duda mi traición ha sabido, y quiere atento por más castigo, que muera yo mismo con mi veneno: qué he de hacer? sin vida estoy! A qué aguardas? Señor, puesto a vuestras heroicas plantas, la mayor maldad confieso, que ha cabido en pecho humano. Yo os pretendí dar veneno en aqueste memorial, y castigando mi intento los Dioses, han permitido, que haya sido el instrumento de cumplir su vaticinio; y así, pues yo lo confieso, y os pido perdón::: Ea, calla, epesa vi Cielo, que el que solo una vida tengas, porque un castigo pequeño era quitarte mil vidas. Y pues con justicia empiezo a reinar, vos Telemón, llevadle de aquí al momento, donde despeñado muera, porque sirva de escarmiento, y temor a los traidores, y a los leales de ejemplo: Llevadle, pues, qué aguardáis? Bien tanto rigor merezco. Ya obedecemos tu gusto: de mirarle airado, el pecho se pasma. Dioses Sagrados, quién habrá, que al ver su aspecto, se atreva a contradecirle? Por Apolo, que me huelgo, de que este al Infierno vaya a buscar su compañero. Ya puedo sin embarazo ocupar al sacro asiento en que me han puesto los Dioses; pues a castigar empiezo traidores, nube, que al Sol de mi justicia quisieron soberbiamente empañar los celajes, y reflejos. Ya en posesión soberana quedo de Grecia, y con esto tendrá aquí dichoso, fin siquiera por caso nuevo, de haber yo visto Comedia sin mujeres, el suceso::: Del más justo Rey de Grecia Aristómenes el Griego, dándole de gracia un vitor, re, si os agrad