Texto digital

Texto digital de La más ilustre fregona

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La más ilustre fregona. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-ilustre-fregona-la.

Logo BICUVE

LA MÁS ILUSTRE FREGONA

JORNADA PRIMERA

otra vez me dad los brazos. Turbado, Don Tomas, quedo. De qué? . De ver que en Toledo, me déis tan tiernos abrazos: cáusame esta turbación el recelar algún daño, que Don Tomas de Avendaño no viene sin ocasión decidme, qué ha sucedirdo en Cordova? Vos Soldado, y en Toledo disfrazado? Grave el accidente ha sido, que os mueve. . No temáis tal, que el venir a donde os veo, es voluntario deseo, no ha sido forzoso mal. Dar en la cuenta no puedo. Pues tú este enredo has causado e a Cordova has disparado adardo desde Toledo. J.Yo, Pepin, el como ignoro. e ne, del haberos detenido en esta ciudad, que adoro, y os daré razón también de mi venida. . Pues quiero contar mi historia primero, porque celebréis mi bien. Ya sabéis como salí de nuestra Patria a embarcarme, pues causa fue de mudarme; un Ángel, que he visto aquí: antes de irme a Barcelona ver quise la Corte y luego vine a Toledo, y el fuego me hirió, que a nadie perdona: entré en la Iglesia Mayor, y entre los dos Coros vi una Estrella, que es aquí hija del Corregidor: mirela, y quedé rendido, seguila, y quedé prendado, servila y de mi cuidado me hallo bien correspondido; porque no solo es perfecta, sino muy precia a, en fin, de manejar el Latín, culta, ingeniosa y Poeta. Es su nombre Doña Clara de Lara y viviera ufano, a no haber sido su hermano Don Policarpo de Lara, un hombre que estrabagante, ridículo, e impertinente, la cela tan tenazmente, que no habiendo quien le aguante en su extraña necedad, mata de honrado, y celoso pues un necio malicioso es crueldad sobre crueldad: Este hombre con la manía de hijo del Corregidor, con amagos de Señor, y asomos de Señoria, es quien asombra, y a quien astutamente neutral, porque no me quiera mal, me esmero en tratarle bien; pero ya mi amor triunfó: una criada ha trazado dar remedio a mi cuidado, que quien porfió vencio Para no dar con su hermano. y poder a Clara hablar, me he de venir a posar al Mesón del Sevillano porque una ventana tiene, que cae a la habitación de Clara, y mi corazón desde ella hablarla previene; pero por disimular, humillar el traje quiero, pues hablando un Caballero, luego da que sospechar. Esto tengo concertado con Clara, esto me ha impedido a haber a Italia partido: mi padre vive engañado, pues con cartas le entretengo; si esto es, Don Tomas, error, capaz os haga el amor de la disculpa que tengo. Para conmigo, Don Diego, cualquier escusa es bastante: si amáis, también soy amante, y comó vos estoy ciego. Yo:: mas decidme primero, aquel retrato que a mí me enviastéis desde aquí, cuyo es? . Vuestro mal infiero: en una caja os envie un retrato tan hermoso, que hace el mismo amor celoso. Muy bien su belleza sé. Es de una humilde mujer, es de un Ángel soberano, que al Mesón del Sevillano con su presencia da ser. No se halla en toda Castilla más honesta, más hermosa Doncella, es suprema Diosa, es octava maravilla; y sobre todo, no hay quien pueda decir con verdad, que habló con esta deidad, que a todos muestra desdén; por esto y por su hermosura su retrato procuré, y a Cordova os lo envien. Dígame usted por ventura, niña de tales primores. no es Fregona? . Claro está, Pues quién duda, que tendrá sus bastantes servidores? No es Constanza de ese aliento, es mayor su vanidad; vuestra venida contad, amigo. . Escuchad atento. Cuando a Cordoba dejasteis, Don Diego, y sin vos me vi, mil tristezas me afligieron, cercáronme penas mil; pero alegrome después la carta, que recibi en casa de vuestra mano; pues cuando pensaba oír, que arabáis con sesga quilla anchos campos de zafir, y que os recordaba al Alba dulce sonoro clarín, leo, que estáis en Toledo, y que habéis visto a y vi también, que en un naspe un humano Serafín me enviabáis, para que viese un milagro, que hay aquí: abrí una caja de plata, y un Ángel en ella vi: en fin, del todo abrasado, tanta rienda al amor di, que en busca de mi dolor, me fue forzoso partir: para engañar a mi padre, que no me hallaba fingí sin vos y que mis tristezas daban a mi vida fin; tanto rogué, tanto dije, tanto insté, tanto insistí, que vino a darme permiso, con que a buscaros salí: al fin, amigo Don Diego, por Constanza vine aquí, que ya sé que este es el nombre de mi amado Serafín; de vos me vengo a valer, solo a vos he de acudir, pues lo que es amor sabéis, y su violencia sentís; amante sois, vos mi amigo no os tengo más que decir. Historia es la vuestra rara: tanto un retrato ha podido? Cómo a vos os han rendido los versos de Doña Clara? Mucho siento, que un dolor he de daros. . Ya me aflijo. Del Corregidor el hijo tiene a vuestra Dama amor. Qué deéís? . Lo que es verdad. El tonto ha escogida bien Es de Constanza el desdén público en esta Ciudad: pero este necio empeñado en galantearla atrevido, un tesoro la ha ofrecido, y mil músicas la ha dado. Síguela en saliendo a Misa; y la pasea la calle a caballo, con tal talle, que a todos provoca a risa; más dejándole morir, para no obligarse a dar, ni el oro quiere tomar, ni las músicas oír: y advertid, que en el Mesón ella de servir no trata, y solo guarda la plata, que el huésped tiene opinión; en su retrete de día en su lavor ocupada está, solo acompañada de una moza, que se cría con ella, y es por ser hija del hués ped que os he contado, muy pocos verla han logrado. Eso, Señor, no te allija; no hubo quien pudo pintarla, y para pintarla verla? No hay duda. Pues a emprenderla: que camino habrá de hablarla. La forma mejor sería, si fuese muy forastero yo fingirme un Caballero, que a posar allí venía, y mis criados los dos; pero ya soy conocido en Toledo, y si he elegido por disfraz del ciego Dios el traje humillar, a efecto de hablar a Clara, no sé como ha de ser por mi fe. Trocando la acción, respecto de que a mi jamás Toledo me vio, y me puedo fingir el que acaba de venir. No logramos el enredo, que si te llega a notar Caballero entremerido, como de todos ha huido, de ti se ha de recatar: dame tú un vestido tuyo, seré el Caballero vo; Don Diego el distraz logro; pues puedo ser si lo arguno, criado un poco más allo, y tú más bajo sirviente, y en viéndola fren e a frente, embestirla por asalto: esta es famosa invención. Y alguno no ha de notar. que cueste tanto el hablar con la moza del Mesón? No que si ella se interesa en guardarse, y le conviene verla a tu amor, que más tiene ser Fregona, o ser Princesa? Pues yo resuelvo, Don Diego, lo que ha pensado Pepin. Así logro yo mi fin. Pues a disfrazarnos luego. Tente, que si no me engaño, es aquella Doña Clara, que vuelve a casa de Misa. Aquella, a quien acompañan tres hombres? . Sí, el que viene presumiendo de fantasma delante, es Don Policarpo su hermano: tanto la guarda, que no la deja ir a Misa, aunque con criados vaya, menos que él vaya con ella. Buen gusto tiene Constanza en no admitirle, que él tiene rídiculísima traza. Ni he visto mayor visión. Puesto que por aquí pasa, estemos acía este lado, por ver si consigo hablarla a ella o a la criada. Estemos. se bien esa cara, Tape Señora no ve que hay gente? es Aparador, o es Dama? Cierto hermano, que eres duro de condición. . Y usted blanda de carona, hermana mía; la mujer, y la patata, la encubierta es la mejor. Señora, Don Diego: r. Calla. . Anda, Ortuño. C Voy Hlara bizarra? Garbo tiene. Cortesía de mógate, no tan baja. Pues cómo ha de ser? Sin quiebro, que en la calle no se danza. Usted no sabe, que es, como quien no dice nada, hija de un Corregidor que será Marqués mañana? A un súbdito no sé le hacen cortesías de gallarda; hay chasco mejor! . Yo, hermano, me constriñiré, . Ya escampa. Juicio por amor de Dios, y de la Sabana, Santa. Dios guarde a Vueseñoria. Don Diego, buenas mañanas. Viéndoos pasar, mi rendida veneración cortesana, no quiso dejar de hacer lo que debe, por si es tanta mi dicha, que permitáis, que os vaya sirviendo. . Es vaya? se estima la cumplimienta. Ved, que mi atención se agravia, esto no le permitís. El hombre gasta fanfarría, y puede ser su saliva receta de sacar manchas. Don Diego, idos a comer, si tenéis qué, a vuestra casa, que para hacer compañía, aunque fuese de Corazas, a mi hermana, yo me sobro. Yo os retribuyo la instancia. Señor Don Diego. . Señora, solo esto es cumplir un alma con lo que debe . Qué es eso de alma, y cuerpo? Digo hermana, quien a vos os mete en cortesías de once varas? La política. Está bien: ya nos veremos en casa, señor Don Diego, a fusón. os Dios. . de p Guarder quien Cierto, hermano, que no hay te sufra, tú me amenazas, tu purpúreas mi semblante, y al coto excedes la raya; ya es mucha fraternidad. Y esotro mucha arrogancia; las mujeres como vos, mudas como las hurracas; vaya andando. . Infeliz quien estultos ingenios trata. Este demonio de este hombre, siempre que salgo de casa, se halla delante de mí; si será cosa de Clara? Puede ser: no puede ser. Bestiaza, Soplamoco. . Amo? pudiste ver a Inesilla? Hícela la zangamanga al paso, y ella a la seña respondió con cabezada, que te espera. . Qué me espera? Eso es decir, que me aguarda; pero hola, habrá en el Mesón quien nos machaque la caspa; Rey mío? . No sabe Usia, que como a su lado vaya este responso de acero, vamos como en una caja? Ignora quién soy? . Silencio: hay adorada Constanza! . Di eso a Don Diego. Está bien. Luego que vacie esta carga, iré a ser en las hogueras de los ojos de tus llamas Salamandra con calzones, y Pelícano con barbas. Don Diego. . Qué hay? A la reja estará luego mi ama, que cae al patio interior del Mesón; hallastéis traza para entrar? Don Sí, y allí espero luego. Pues que no haya falta. 2. Qué hacemos, Don Diego? S. Amigo, ver is, según la criada me dijo, lo que me importa el ir a poner en planta nuestra entrada en el Mesón. Cada instante que se tarda ver a mi bien, es mi gloria cadáver de mi esperanza. Pues vamos a disponerlo. Ni Perico de Erdémalas se ha de comparar con migo. El hermano de mi Clara qué os parece, Don Tomás? Que si cuantos en Constanza compiten mi afecto, fueran cosa tan desengañada como es él, poco tuviera que temer mi confianza, El Lugar está acabado, no hay un remedio, hijas mías. Señor, por solos dos días, que hués pedes te han faltado, te afliges tanto? . Quizás vendrán hoy, tened buen pecho. Ha! que gran falta me ha hecho la que entre buenos está! Tu madre digo, Inés mía, tal vez, que gente faltaba, yo no sé lo que rezaba, o qué oraciones sabia, que a la menor oración, (que era una Santa es constante) de hués pedes al instante se nos llenaba el Mesón- no eres tú ni su figura. No Señor, ni lo seré, porque el rezar que yo sé, es como lo manda el Cura. Aa! quién poderosa fuera! Para qué, Constanza mía! Para sacarte algún día de la humildad de tu esfera. No conviene este Mesón, señor, ni este bajo oficio, con el supremo ejercicio de mi altiva condición; ha mal haya mi fortuna! que ya que me ha dedicado a ser tu hija, te ha dado, o poca suerte, o ninguna, para que ni aún esperanza logre la vanidad mía, de llenar su fantasía. No tomes pena Constanza, que si el Cielo no te ha dado los bienes que has discurrido, con los del alma ha suplido lo que al caudal te ha faltado: tu brío tu honestidad, tu entereza, y tu hermosura, cualquier imperio asegura, rinde cualquier voluntad: todo Toledo te adora, y hay Pintor, que ha hecho su trato de conseguir tu retrato, aunque el Sol el verte ignora; pues qué tienes más que ser, si a tantas Damas prefieres, Siendo no más de lo que eres? Si fuera yo, que en barrer, y en fregar paso mi vida, pudiera estar descontenta; mas no sienta, quien se sienta a mamarse, la comida, todo el día estusillada, o embebida en su labor. Bien dices, que es ciego error, sino he de remediar nada, anhelar lo que apetece mi afecto en humilde esfera. Ah quien decirla pudiera, que es más de lo que apetece! Mas si mi mujer forjó aquel endiablado enredo, de que noticioso quedo, callar no lo pague yo. Ven sacaremos la plata, Constanza, por si después viene alguien Ya vuelvo, Inés. Oyes, de despachar trata, iremos al corredor por la ropa, de aquí a un poco. El Lacayo de aquel loco, hijo del Corregidor, hoy al pasar, qué querría con los gestos que en él vi? Bien vas, cabeza, hasta aquí. Soplamoco. . Sindiria? Pues no hay rumor que se escuche, ahora, que entremos, encaja, que esta es la divina caja, este el soberano estuche de la dulce obstinación; que ingratamente perfecta, me ha abierto como lanceta la vena del corazón. Logrola Uueseñoria. Una mujer está allí; no es Inés? . Quién anda ahí? No es casi nada: Inés mía? Señor? . Dónde está Constanza? Adentro está recogida. Buena me tiene mi vida, bien me trata mi esperanza. Pues qué haces? . Bella quietud para pasión tan mohína; pues no me tiene en la espina del amor su ingratitud? No paso noches y días llorando mi torpe estrella? No estoy haciendo por ella cuatro mil majaderías? Pues qué quiere más de mí, lleno de plagas, y llagas? Sin que por ella las hagas, las sueles hacer por ti. Claro está; por mí, y por ella siento, gimo, y rabio ya: pero ella, Inés, aún se está en sus trece de doncella. En eso no hay que tratar. O no hay quien la de a entender, que se pierde esa mujer, si no me sabe agradar? Es intratable. . Es cruel; pues no está en el garavaro mi amor por falta de gato, no si no hagámonos miel? Ella viene. . Limpia aquí, Soplamoco estoy turbado. Vive Dios: . Pues qué os ha dado? En viéndola estoy sin mí. Inés, quién contigo está? Todo yo, ingratazo dueño. Pues cómo a tan nuevo empeño se arroja? . Dadole ha. En mi casa Useñoría? Sufocome mi tormento, perdona este atrevimiento siquiera por grosería. Idos, o me iré. . Esta vez acoto, que te he de hablar en mi amor, y ha de quedar mi explicación pez con pez. Si os oigo, os iréis? Sin pena. . Pues decid. De esta se clava: en tomando yo la taba, Dios te la deparebuena. Constanza, yo me rendí a tu amor sin más, ni más, yo estoy hecho un Fierabras desde el punto que te vi: contemplando esta belleza ando medio embelesado, como sí me hubieran dado un porrazo en la cabeza, ni es ficción, ni es testimonio, mirando tu cara hermosa, siento en el alma una cosa a manera de Telonio: si duermo, es al estrícote, en comer no hay que tratarme; y esto es que solía almorzarme cinco libras de gígote. Y preguntando al Doctor, qué será aquesta mania? me dice, que es simparia, que acá en Cristiano es amor. Remedio sin ti no le hallo, pues aplaca mi sentir; qué, me has de dejar morir, como si fuera un caballo? Eso, niña, no será; que si es constante mi fe, querrasme tú, y? quererte yo, claro está. . Moverante a compasión, en tus crueldades internas, aquestas lágrimas tiernas, rerazos del corazón. Mas si ingrata tu malicia hace mi muerte, le cuadre, Corregidor es mi Padre, búrlate con la justicia. De todo eres culpa tú, mira si vienes, o vas, duélete con Barrabas, o admite con Bercebú, Don, Policarpo Señor, hartas veces os he dicho, que olvidéis ese capricho a quien dais nombre de amor. Yo soy, aunque pobre, honrada; y así, no pudiendo ser vuestra esposa, es pretender cansarse y no lograr nada: otra acción no se propone a mi respeto. . Ah tontilla; han visto la Fregoncilla, y qué tiesa se me pone? Sabes lo que ha respondido? Pues bien claro lo propala, o marido, o noramala. Oh norámala, o marido? fuerte caso! Ah hués ped, ha hués ped, hay posada? Y para ciento, si es menester. Pues descienda, seo Longinos. Seo Gaíferos paciencia, pesie a su alma. Dale, Tomas. Detén, Pedro, esa mula. Harre, mohína. So, rucia de los infiernos. Ay de mí! hués pedes vienen, y es fuerza entrando acá adentro, de mi decoro en agravio que os vear mas que llevo que contar. Vive Dios, que es malo esto. Inés, dispon tú el echarlos que yo en mi cuarto me encierro, porque no me hablen aquí. No es malo dejarme el cuarto aquesta . Querida Inés, ya tú sabes lo que pierdo si me ven en estos pasos, échame de aquí. . No puedo hasta estar el portal solo, Pues mujer de los infiernos, qué intentas? Venid al patio, que allí discurro esconderos en una caballeriza, hasta que esté todo quieto, y podáis luego salir. Yo en caballeriza, Cielos? S Alón. Yo en caballeriza? Ah tirano amor! Tú has puesto al pesebre de mis ansias este miserable trueco de nacer jumento un amante; mas qué amante no es jumento Don Sancho de Bracamonte es su nombre, es Caballero yo. . Bien lo dice de gran su aspecto. do y tu graved Dónde se pone el ganado, n compadre? . Ya iré yo luego a enseñaros. Huésped, hués ped. . Señor. Venid, y ajustemos la cuenta, que al mismo instante se os dará vuestro dinero. Cuentas, señor, y no habéis puesto los pies en el suelo en mi Mesón, cómo dicen? Sois un grande majadero, un idiota, un cochino: ca, pobrete, necio, venid no sabéis, que desde el día que la jícara me dieron del maldito chocolate, que me hizo perder el seso, no puede haber donde estoy más hombres que los que tengo conmigo, ni más mujeres, que las que sepa primero que son fieles, porque a manos de una tengo de ser muerto? Yo, Señor, no sabia eso. Pues desde ahora saberlo, y que la cuenta que os pido es la que puede valeros, todo el mesón ocupado, como si estuviese lleno, que no quiero que entre un alma en él, y págaros quiero cuanto pudieséis ganar. Virgen de Gracia, qué es esto? El cielo me viene a ver con este hombre. . Aceptad luego, Huésped, que habláis con un hombre, que tiene millón, y medio de hacienda, y el más bizarro, que ha entrado en todo Toledo Es Indiano? . Es del Brasil: si vierais como me ha puesto en el camino de pollas, de perdices, y conejos, os pasmariáis, y en andando media legua más, de peso me hacia dar un real de a ocho. Gracias al Auror inmenso, que tal ánimo le dio. Solamente lo que os ruego es, que dejéis que se entere de cuanta gente haya dentro de casa, porque padece de frenesí, desde el cuento que os ha contado, y es fuerza que se asegure, sabiendo, que no hay gente de malicia; que luego ni un Recoleto es como él; porque antes huye de las mujeres, creyendo n de matar. . Sí qu de le ha es tals menos? Huésped, qué gente tenéis de familia? . Señor, tengo dos hijas, llamada Inés la una, y la otra en extremo recatada, y recogida, llamada Constanza. . Presto hacerlas salir aquí. Señor, que advirtáis os ruego. Yo quiero saber si tienen cara de darme un veneno. Veneno? Jesús mil veces! Oh salen, o nos volvemos. Esperad, que voy por ellas: son unas almas del Cielo, y veneno habían de daros? El Huésped se va aturdiendo. Majadero, no descubran tus locuras el enredo; y pues hasta ahora vamos bien con nuestro fingimiento, poco a poco . Uste me deje a mí, que yo bien me entiendo: hasta ahora en el primer paso se ha errado algo? No por cierto. Oh, que feliz un amante su bien espera contento! Luego en la reja del patio iré a ver si a Clara veo. Y yo del Mesón la moza, que la acoto desde luego. Venid. Pudieron salir? Allá en el patio los dejo. Pues luego iré a echarlos yo, mientras tu estás divirtiendo a mi padre. Estas son, señor mis hijas. . Aa mozo, ha Pedro, tú que eres Mathemático, y me anunciabas los tiempos caminando, te parece, que puedo tener recelo de que esta niña me mate? Mucho hay que decir en eso: Cielos, mintió su retrato. que es mil veces más perfecto su original, que el que pudo dibujar el pensamiento. Os habéis pasmado, bruto? Digo, señor, que bien creo, que a valerse esa hermosura de los arpones severos de sus ojos, a ninguno dejara vivo su incendio; mas no has de temer tal muerte. Por qué no? Aprieta camueso. Porque, qué más vanidad puede conseguir muriendo; pues si por ellos suspira, cobrara vida por ellos? Hola lo que el mozo sabe. Estilo tan lisonjero no es de mozo de camino. Periquillo es muy discreto, fue estudiante antes de entrar al oficio de mancebo de calesa. . Oiga el demonio: y tú qué dices de esto? Que en peligro que es fingido, también será falso el riesgo. Fasso el riesgo? . Quién lo duda? Pues negándoos él su puesto, de que mis ojos sean armas para tales vencimientos, el susto se desvanece. Bien puede argüirse a eso. (rias Qué? . Que de vuestras victo- son bronces los escarmientos. No solicite surnina quien conociere mi genio. Bueno es mandar, que en mi mano tenga yo el poder del Cielo, Qué poder? . Él de la estrella, que inclinándome a un objeto, a mí, sin mí. . Paso chito, ay tal bulla de argumentos! Estamos en Alcalá? . Señor. Vaya a echar el pienso al ganado, y no se me ande en coluros, y reflejos: Huésped, véngase conmigo, estoy satisfecho que yo ya él, y toda su familia, y sepa, que desde hoy quiero mucho a Constanza su hija, que es parecida en estremo a mi mujer Doña Elena, que en Nicaragua la dejo con dos millones de hacienda: Don Blas entre en mi aposento a descalzarme: a la Inés he de embestir en pudiendo, que no es del todo ingrataza. Venid. . Bello regodeo es ser amo aunque de burlas. No me celebras, Don Diego, mi fortuna? . Ojalá sea tan dichoso mi suceso, estando a la reja Clara. No, vienes? . No que me quedo a lo que te dije. Andarlo. . Con garbo, y entendimiento ha hablado el mozo de mulas; y ahora que caigo en ello, el que viene de criado, yo imagino que en Toledo de Caballero le he visto: no sé qué presumo de esto, si fuera. mas qué me paro? Salir del lance primero es forzoso, en que me ponen los necisimos estremos de Don Policarpo; este es e. . el pario, y pues ya están dentro los hues pedes de sus cuartos, bien sin ser visto, este necio podrá salir, que sin darle ni una esperanza a un empeño tan nuevo en mí, me reduce. n Policarpo? Mi dueño, constanésima Constanza, te parece que ya puedo desencaballerizarme? Ya no hay quien alcance a veros: idos. . Y antes que me vaya, en mi amor: . Mas que volvemos otra vez a tragar pulgas. El Mozo del Huésped nuevo viene, escondeos otra vez. Vive Cristo. Dicho, y hecho. Hermosísima Constanza, ya que me permite el Cielo esta ocasión en que pueda continuar aquel conceptó de antes. . Soplamoco oigamos. Oigamos, y no llevemos. Permite a las finas ansias de un corazón encubierto en este grosero traje, que te exprese sus afectos. Hola, la enamora el mozo? Una vez. . Despacio, celos. No solo muerto a tus ojos puede quedar un deseo, que solo a tus ojos vive. Qué es esto de vivo, y muerto? Requebrarla. Iras, quedito. . Pero:: Parad el acento: Mozo de mulas, o idalgo, caminante, o caballero, (por si oye Don Policarpo, atajarle es lo más cuerdo) que si el traje que decís. os disfraza al vano intento de vencer un imposible, solo podré responderos, que del viento es la esperanza, que solo estriba en el viento. Oye espera Tómate esa, como le puso aquel cuerpo: búrlense con la Fregona Si se tarda, por san peco que hay batina. . Señor mío, ahora de salir tratemos, y no andemos en geringas, ya que nos dejan, pero mira, que no esté alguien en acecho a aquella reja de casa, que cae a este patio y luego tenga hesta con mi padre. Hasta las cejas me envuelvo. Adiós, concha de la perla que adoro, Mesón, o centro de la imagen, que:: Ay, señor, vuelta. . A dónde? Al aposento de los burros, que otro hués ped sale acá . Qué va que vengo a quedarme por las costas animal hecho, y derecho? Entra. Ya que está el Mesón recogido y en silencio, y este es el patió a que cae la reja, según entiendo, de Clara, haré alguna seña por si sale: cen. Don Diego? Eres tú? Yo soy, Juana. Ah muchacho, que es aquello? Aquello es porque es otro. Espérate ahí, que entro a llamar a mi señora: Lógrose mi pensamiento; qué felice amante soy! Por Dios que la reja abrieron de casa. . Y salió Juana a hablar con ese estafermo desde ella. . Qué es lo que dices? mira mozo que me has muerto; ay, honor, que te deguellas! Señor, salgo, y le atravieso? No, Soplamoco, a este bajo el rejalgar apuremos: calla, y oye. Cé. . Divina sinrazón de mi tormiento era hora ya que lograsen mis reverentes obsequios el bien de veros, y hablaros? No sabréis a cuán funestos familiares sustos traigo mi amante connato expuesto el rato, que al insensible parentesís de estos hierros me constituyo. . No es Clara? Clara, y aún clara de hueyo. Y aquel no es Don Dieguillo de allá de marras marruecos? El mismo. . Ay tal desvergüenza: Pues para encajarse el puerco a cuñado, era preciso anegarme a cumplimientos? Ah señor, le despilfarro? Tente diablo, que aún no es tiempo. Cómo he de hallar ocasión de que nos comuniquemos despacio? . La ineptitud de mi pariente fraterno, es tan grande:: . Usted me honrra: esto más tras esto menos? Que mientras a su celosa fantasía no burlemos, no obstará nuestro cariño. Yo te obstaré con un leño, déjate es ar. . Pues bus cando forma para que entre dentro de vuestra casa, no es fácil hablarnos despacio, y vernos? Eso claro está . No sé. Juana, ve descendiendo el breve rasgo de lino. Un papel le echa. . Le pesco? No, que aquí estoy yo, pues sí le pillo, un testigo adquiero, que desengañe a mi padre. Ese batido fragmento de mu escribanía os dirá, lo que expresaros no debo in voce. . Venga. No venga. pues yo soy el que le tengo Ay, Juana, que es mi hermano quien tomó el papel! Cerremos, pues la he hecho cerrada. Hombre atrevido, resuelto p. (fajo que no le conozco) que en casa ajena encubierto vienes a darme la muerte? Dame el papel, o este acero sabrá cobrarle. . Conmigo no se entienden esos fieros, sacudele, Soplamoco. Ah cobarde! pues tu aliento de otra espada necesita. Acia allí sueña el estruendo. Pues para qué traigo yo Lacayo, carnes de perro, si no es por guardar las mías? Tira bien, hijo. . Qué es esto? s, 1. Téngase al Corregidor. Mi padre? Embozo, y a ellos. Entrando acaso en mi casa (como está pared enmedio) el ruido de las espadas me trae aquí; no sabremos quién alborota el Mesón? Ya barajado el suceso, para que no me conozcan, huir elijo, que otro medio de cobrar habrá el papel. Cómo estando un Caballero, como yo en esta posada; se tiene este atrevimiento? Qué Caballero sois vos? Señor, un grande sujeto Don Sancho de Bracamonte. Huélgome de conoceros, que el apellido es bien grande. Y lo demás es pequeño? Hombre oculto en el Mesón? Terrible sos pecha, Cielos! Y pues todo esto resulta contra los que desatentos, preguntando yo que ha sido, cubren el rostro de miedo, sabed quién es ese hombre, No es más que un retazo vuestro. Qué miro? . Hijo Policarpo, qué haces aquí? con mi hermana he de valerme para disculparme: bueno, bueno está tu honor y el mío. Qué dices? . Que por los vientos hecho cohete de barilla voló con mil y quinientos demonios. . Pues qué ha pasado? Ay, señor, que hay mucho cuento! Clara:- . Habla bajo. . Clarilla es, pero aquí te lo llevo, ello cantará, salgamos. Vamos, y disimulemos. Huésped, yo averiguaré muy por menor este exceso; y si en vos resulta culpa, yo pondré remedio en ello. Mas que me hacen una pena. Estando yo de por medio, no temáis. . . Oh cuanto llevo que discurrir, en que amante de mi Constanza este necio oculto esté en el Mesón! Mas si el lance con Don Diego ha sido, quizá su hermana será el motivo iré cuerdo a adquirirlo, y quiera amor que no encuentre con mis celos.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Habiendo padre, y hermano con furia tan inaudita condenado a noche cuanto resquicio en la casa había, cómo está franco el divorcio de la calle? . La familia, con el gran calor la puerta abre, así que sale el día; mas tú, como has madrugado tanto? . Con una fatiga, quién descansa? Hiciste el trueque del papel? . Pues a qué iba, fantasma de media noche amagando de estantigua, sino a salir con la nuestra? Ves aquí el que tu escribias a Don Diego. . qué p mi Mánuela te expondría el nocturno latrocinio! Ya sabes, que nuestra dicha fue, que ayer noche no viese tu padre el papel. . Sus líneas le negó mi necio hermano, encareciendo precisa la antelación de su examen, y que hoy en presencia mía la trasladaría a su diestra, y esto de varias visitas, el cúmulo cortesano a no inculcarle los insta: Pues viendo las dos pendientes de un hilo nuestras dos vidas, si una vez el papel viesen, la tregua, nuestras fatigas aprovechó de la noche; y entre tanto que dormía Don Policarpo a ronquidos partiendo las bobedillas de su cuarto, entré quedito, y sacando su ropilla, le quité el papel de ayer, y puse en la parte misma en que estaba, el que me distes. Yo he de fallecer de risa en viendo logrado el trueque. Cómo? . Como el que mentida superstición transparente, de trasnochada malicia, le he laconizado yo: habla con esa vecina del Mesón, esa Constanza, a quien postra su imperita fineza; yo sabré hacer de forma, fámula mía, que le retrogue la flecha. De eso último de la quinta, de la pera, y del farol, no he entendido ni una pizca: no te he pedido, señora, que dejes la algarabia el rato que hablas conmigo? Eso dices, mi continua, cuando quiero yo enseñarte d, unas diez octavas ritmas, que desvelada esta noche resudó mi fantasía de la mente a la atezada ventilación de la tinta, fingiendo al Don Diego mío, allá en la selva Ericina, pastor amante, y llorando, pastora yo, la injusticia de la suerte, en que Policrio, que es anagrama precisa del nombre de Policarpo nos anochezca las dichas? Escucha, que están juiciosas. Señora, en toda mi vida, si no es que sean de colchones, he sabido que son rimas mas vaya. . Este hiperbatín es un pasmo, así principia: Cauto pastor, que del disfraz visorme:: A mucho te determinas. Haciéndome Don Tomas, el gusto de que me asistas; y entrando a saber de Clara como el lance se termina, que quedó pendiente ayer, demasiada cobardía fuera, hablando que está franca la puerta, pues con el día la hace abrir el gran calor, no ver si encuentro por dicha a Manuela; mas qué veo! En esta sala vecina está ella, y su ama. . Quién estos cubículos pisa tan osadamente. . Yo, discreta, amable divina, adorada Clara hermosa; pues no era razón, que a vista de la desgracia de ayer, en que te dejé, a las iras de padre, y hermano expuesta, volviese mi bizarría, y mi fineza, la espalda a tu afecto, y mi caricia: Que ha habido de oche acá? Ahora ya estás cogida: qué coces ha de llevarme, porque me haga cortesías el trasto del Don Dieguillo! Este es el papel, aprisa leele, señor. . Temblando los ojos pongo en sus líneas. , Constanza, si has presumido, por verte de alguien servida, que mi hermano Policarpo, aunque a tu amor se dedica, puede ser esposo tuyo: Qué es eso. . Mira no diga Don Diego. No, que aquí dice Policarpo. . Y más arriba? Constanza. Y no Clara? . No. Jesús! Esta es brujeria. Prosigue, que no lo es. Te engañas sí lo imaginas y pues la desigualdad en ambos es tan distinta, trata de no darle entrada, antes (pues mi honor peligra) para que ponga la enmienda de esto, a mi padre diga. Las doncellas y las viñas a poder de guardas duran, porque si no las vendimian. Qué necedad! . Es gran bestía. Maldito sea el papel, y la hechicera maldita, que anda aquí. . No, aleve hermano, tan osadamente finjas. Señor, yo supe, que Clicie de la beldad peregrina de Constanza, esa mitad de mi sangre, pretendía mezclar la nuestra a la suya de nupcial lazo atrahida, y con un papel queriendo enmendar tanta ignominía, la reja habité, de solo mi noble celo movida. Qué celo, ni qué demonio. Hice la seña indecisa a un fámulo, que en el patio hallé, y dijo, que asistía a Don Sancho Bracamonte. Voto a Cristo, que es mentira, que era:: . No anules mi acento; a ese le ascendí esa cifra. porque la diese a Constanza. Hay maldad más exquisita! Si allí la obtuvo mi hermano, interrógale, qué hacía en el mesón? . Yo, sí, estaba, cuando. mal haya mi vida, y mi alma, y la de mi padre, y de toda mi familia, si no miente en cuanto dice. Ya que indócil te encaprichas, aumentando los testigos, quedará fortalecida mi probanza: Señor Don Sancho? Señora? Pues os tenía retirado en esa cuadra al fin, que hoy os participa, la crisis de este suceso, mi padre de vos consiga el último desengaño. Ya escampa, y llueven volinas. Cuanto os ha dicho, señor, Doña Clara, vuestra hija, es tan verdad, que no puede, aunque lo contrario afirma, negarlo Don Policarpo. Cómo que no? Vive cribas. Calla, villano. Conmigo os traigo para que os sirva de testigo mi criado: ven acá, para quien iba el papel? . Para Constanza, me le hecho de la rejilla la señora Doña Clara. Es posible que no miras que es este. A tanta evidencia, qué embuste nuevo máquinas? Señor Don Sancho, yo siento, que obre tan inadvertida Clara, que os ocupe en casos, que toner riesgo podían, a no caer en quien sois. Si otra defensa no habla, como yo. . Calla, ignorante que ha sido mucha osadía entrar en casa estos hombres, y solo se justifica no tener otra disculpa; pues ya esto aquí se termina, dejad que os vaya sirviendo. No ha de ser. . Deuda es precisa. Quedareme. . Dios os guarde. Mámola su Señoria: qué bien se ha dispuesto el lance! Discreta es Clara. Es divina. Y ahora, qué dices, señor? Que yo de ti no creía cosa, que fuese incapaz de la sangre que te anima, pues aunque por mí eres buena, por tu madre eres, Clarica, aunque no la conociste, algo más que tu imaginas; anda allá dentro. . Si haré; pero advierte, que en justicia me has de dar satisfacción. De quién? . De tus villanías, pues obras tú las maldades, y a mí mé las adjudicas. Qué patada! . Aunque sirviendo, soy mujer muy conocida, y infamarme de alcahueta, si lo supiera mi tía, no estuviera yo aquí un hora. Sí, porque te llevaría consigo a la Inquisición. Es posible. . Ya predicas? Que un hombre. . Va de sermón? De tu sangre. . Hay cedulillas? A un Mesón. . Andarlo, Palas. Entre. . No me hagas harina los sesos no digo yo que es todo una retahila de embustes? . Pues Clara? Miente. . Y el papel? Es brujeria. . Y los indicios? Son droga. . Y Don Sancho? Alicantina. . Y su criado? de Es emboque. ( Es una Arpía. . Y mis ojos? Están gueros. . Todos mienten? Como hay viñas. Pues mientras pongo remedio, iré a llorar mis desdichas, ya que, hijo, de un accidente naciste a ser mi homicida desde tu primero instante. Él será viejo potrilla el hijo del accidente, su corazón, y sus tripas, y peor tengo de hacerlo: con la traza discurrida he de robar la Fregona, y es fuerza que a Inés escriba: Ah Soplamoco? . Señor. Ven a darme la golilla. o Con que el mozo de mulas disfrazado es Don Tomas, mancebo enamorado, en casa para hablarte introducido? Sí, Inés, todo en su amor cautela para poder vencerme; (ha sido ya he llegado en mi amor a resolverme: Don Tomas generoso se firma en esta cédula mi esposo, si la mano me ha dado, y sus padres, y patria ha declarado, y por solo quererme, a este humilde mesón vino a traerme la ventura que aguardo, una necia seré si me acobardo. Esto es lo que me mueve a permitir que Don Tomas me lleve a Cordova su Patria, a desposarse conmigo. Pues por qué si ha de ha- no se casa en Toledo? (cerse, Porque obra en eso con prudente aquí soy conocida, (miedo: y de necios amantes perseguida, de moza de mesón acreditada, que todo a su intención no ayuda nada, y se puede encubrir en otra parte. Pues yo, Constanza, pienso acom- pañarte; yo quedarn de día hora y allá, en siendo señora, tu cuidarás de mí, que soy tu hermana. Mucho conmigo tu fineza gana, conmigo irás, y Don Tomas atento, te buscará un famoso casamiento. Casamiento, y famoso? (poso. Digo, que es Ángel Don Tomas tu es- Feliz quien el nombre ha oído; mas en su amor deseado, de su fe solicitado, y de su dicha adquirido: Tú, Inés, de esa voz has sido el admirable instrumento, premiar mi ventura intento: toma este hermoso diamante, que aunque precioso, y brillante, no iguala con ese acento. Mal conviene Don Tomas, que celebres ser mi esposo, y ayer airado, y celoso jurastes no verme más. Y de eso quejas me das? Porque no, si es menos precio de mi ser, juzgar que aprecio a un hombre que tanto ignora. Ay, mi bien, que pues te adora, es discretísimo necio! Pues si he de sufrir de vos pensamientos temerarios tibias ansias, juicios varios, ya no hay nada entre los dos, bien podéis iros con Dios. Qué dices, Constanza mía? Pues cuando mi amor venía a decirte, que esta noche, apenas el rubio coche su carrera acabe el día, según todo está dispuesto, podremos irnos, mi bien, encuentro en ti ese desdén? Qué es esto, es posa? qué es esto? Qué Astro irritado, y funesto contra mi dicha procede? Inés, tú por mi intercede; di, que mi muerte es precisa si me desprecia. No es risa lo que entre amantes sucede? Ea, hermana, esto está acabado, que le perdones te pido. Mírame a tus pies rendido. Porque tú me lo has mandado podré ceder de mi enfado. Y en desquite de la pena no anhelaré a la cadena. De qué? . De tus dulces lazos. Por qué no? Dale los brazos. Sea muy en hora buena. Ay, que me ha visto Don Sancho; Constanza mía, no temas, que no es Don Sancho el que miras, ni Don Blas ese que piensas. Que te has descubierto ya? Sí, Pepin. . Pues zapateta. Don Tomás, qué novedad de tal regocijo es esta? Haber, amigo Don Diego, tenido piedad mi estrella de la verdad de mis ansias, del ansia de mis finezas; y pues no es razón, que nada te encubra, Constanza bella, en abono de que soy quien te dije, estratagema de mi amor ha sido el vario disfraz en que nos encuentras; este es, Pepin, mi criado. Para cuanto se le ofrezca a mi nueva ama a quien beso el revés de la soleta, en señal de que desde hoy le he de jurar la obediencia por mi dueño natural. Y el que a la mayor empresa de mi vida fiel amigo me acompaña, y me somenta, el señor Don Diego Enríquez es de la mayor nobleza de Cordova. . Y quien desde hoy reconociéndoos por prenda de mi amigo Don Tomás, la mano, Constanza, os besa. Inés, qué me dices de esto? Que no he oído tal novela en mi vida. . Mira tú si puede tanta evidencia mentir. Qué es mentir? La infame que ni una hora aquí estuviera: vamos a Cordova al punto. Mira Inés, ya es de otra esfera vuesarced, ya no me atrevo, ni a un dengue. Pepin, paciencia, que no somos todos unos. Claro está. . Y para que veas por qué estraño medio el Cielo me indujo a que te quisiera, mira en esta hermosa copia de beldad. Desde la Iglesia vengo encomendando a Dios el alma de la coneja mi esposa, que por dejarme con sus industrías mi hacienda, sabe el Cielo si cargaron dos mil demonios con ella. Esta es la divina imagen, a quien en gustosa ofrenda un corazón. mas qué es eso! Cayóseme. . Y no a muy buena ocasión, que yo he de ver, qué imagen, Pedro, te enseña de tan grande devoción. Dio todo el secreto en tierra. Ay infelice de mí! No la mires, tente, espera. (cho; Por qué no? . Buena la han he- pero remediarlo es fuerza: Salvaje, bruto, animal; por qué no queréis que vea nuestro Huésped el retrato de mi mujer Doña Elena? Señor. . Andad, picaron; Huésped, no es muy linda hembra? Verla despacio, que bien es para vista. . Sos pechas, un retrato es de Constanza. No es lástima que sea tuerta? Tuerta, señor? . No lo veis pintado a la biscorneta un ojo? Pues a no ser eso, en el mundo como ella hubiera otra Dama. . Oh tengo cataratas, o derecha está toda esta pintura. Pluguiese a Dios que así fuera; digo Don Blas. . Mi señor lleva un Porosí de hacienda gastado en solo curarla la vista. . En cosa tan bella, qué lástima es tal defecto! Pero por más que se estriega, tal cosa no se percibe. Sois ciego? . Ya tituvea; . pero Huésped, aunque son las nárices más abiertas, los ojos más agüileños, y más arcas las orejas, no se da un aire a Constanza grandísimo? . Esa es mi tema: sí, ella es. . Ay, señor, no hagáis a vuestra esposa esa ofensa de compararla conmigo! No me seáis pataratera, que ya sabéis que sois linda. Huésped, no se os acuerda que os dije, que era Constanza parecida a Doña Elena muchísimo? . El mismo día que vinisteis, por más señas. Pues yo hice a Pedro mi mozo, que el retrato lo trajera a Constanza, porque viese lo que hace naturaleza; y porque tiene demás seis cabellos en las cejas, dicen las dos que es muy otro. Las tontas, qué saben ellas? Yo vengo ahora del Sagrario de rezar, darme licencia de que vaya a colgar el Rosario a la cabecera de la cama. . Adiós, sántico, y cuidado con las cuentas, que las rezadas absuelven, mas las escritas condenan. Yo, señor, juego muy limpio, aún del todo no sos ega mi escrúpulo; un Pedro, mozo de mulas, que siempre almuerza chocólate, y al establo en todo el día no entra. Un señor chabacano, que siempre se cuchuchea, se guarda, y se disimula, y añadirse a estas sos pechas un retrato de Constanza, y hallar debajo la mesa de su cuarto sobre escritos de cartas, que no concuerdan con ninguno de sus nombres, y los guardo con cautela por lo que puede venir; ya son muchas evidencias. Yo averiguaré la maula, y esta noche la escopeta he de limpiar, y cargar, que bueno es estar alerta. De extraño susto salimos. Ya la oscura noche empieza a tender el negro manto, que el Sol entorchó de estrellas: qué resuelves, dueño mío? Hacer la última fineza por ti, pues con la palabra de que a mi honor no te atrevas, hasta cumplir la que ofreces, a seguirte estoy dispuesta. Destrúyame el Cielo amén, si un punto de tu obediencia saliere mi amor: Pepin. . Señor, Que vayas es fuerza a conducir tres caballos, que has de dejar en la Vega en un sitio señalado, para que a avisarme vuelvas después al salir los tres. Y es esto esta noche misma? Claro está. . Toca a marchar; pero si el Mesón se cierra antes que de los caballos yo con la noticia vuelva, qué seña he de hacer? . Nosotros estaremos a la puerta: lleva una pistola mía, dispárala, que a esa seña saldremos todos al punto. Ya que mi afecto no pueda, Don Tomás, acompañarte en la más ardua interpresa de tu amor hasta la patria, por lo menos en defensa tuya, hasta dejarte en salvo, segura la espalda llevas; y a no ser por Doña Clara, que es quien estar me sujeta en Toledo, sabe amor con qué gusto te siguiera mi amistad. . Dame los brazos, que en todo la sangre vuestra mostráis. Digo, Constanza, no hemos de llevar maleta? No, Inés, que no ha de decir de mi padre la miseria, que obré indignamente, solo aquella arquita pequeña, que con tal anhelo guarda, diciéndome, que está en ella mi fortuna, he de robarle, que no he de ser yo tan necia, que mi fortuna me deje, si lo que dice es de veras. Esa le dejó mi madre por lo mejor de su herencia, y de pillarla me encargo. Ande la marimorena. Vámonos a prevenir. Hado injusto: . Aleve estrel En mi honor: . En mi cariño: En tu arbitrio: . En tu influen- Haz que se logre mi dicha, (cia: pues te le dejo a tu cuenta. Qué nos queda que rondar? 1. Nos queda el hombre de palo, que está aquel barrió muy malo. Vamos. . Sarandiyo andad: ya se empieza a disponer lo que mi discurso traza. 2. Señor, fuerza es por la plaza pasar de Zocodover, que allí el manquillo quedó en acecho del Gitano. Eso es primero Arellano, guía allá. . Con eso no pasamos junto al Convento de Gracia, y hoy la criada, del soplo tengo avisada. 1. Voló el amancevamiento. Buena gente. . Qué haces tú? te quedas, o vienes, hijo? Entrarme a cenar elijo, (Lacayo de Bercebú, dónde caminas)? que no intento seguir en tu procesión, a manera de sayón, el paso del prendimiento. Pues éntrate, y no seas loco, a acompañar a tu hermana. . . La del papel, y ventana no se la comerá el coco; fuéronse, sí, ya se fueron: Soplamoco, ya ha llegado. el más imposible punto, el más furibundo caso, que en los tiempos de Noc emprendieron los Romanos; qué me traes para este avance prevenido? . Gien mil trastos: Primeramente un martillo, unas tenazas, seis clavos, una piqueta, un escoplo, y una escala. . Aquí te llamo: todos esos son peltrechos de tarquinada y de asalto. Pues qué hemos de hacer con ellos? Ya lo irás viendo, borracho; pero porque veas que soy hombre de golpe, y porrazo. oye animal, que he de hacerte mi consejero de estado. Ya sabes que a ese demonio de esa Constanza idolatro, hecho un mismo Lucifer, según estoy abrasado. desde el higado al cogote, y desde el talón al bazo, hecho un bausan, y un tontillo, ha cuatro meses, y un año. que como mula parada, me hace buscar el bocado de este cariño, vertiendo barreños de espumarajos. Yo estoy medio moribundo; pues digo, señor, es barro, que porque una mesonera, señora de vuelo bajo, se esté ceño sobre ceño, se le vaya a uno acabando la vida, que es lo de menos, y lo más un Mayorazgo, que vale un año con otro mas de catorce ducados? No señor, ojo al remedio, yo vengo determinado a robarla toda entera, aunque le falte un pedazo; para eso por el balcón, con esa escala he pensado subir en estando todos. recogidos en el barrio, y con esos instrumentos la ventana abrir pues cuando oigan los golves, haciendo la noche oscura, ni el diablo podrá distinguir a tiento donde sueñan los golpazos! pon la escala. . Piegue a Dios::- Ya refunfuñas, Lacayo? Siendo determinación:- Qué dices bestía? . Qué ahí callo: ya tienes la escala puesta. Vive Dios, que va cerrando. la noche, que es un contento, y el ruido de los alanos, el temor de los ladrones, y andar en aquestos pasos, me tienen que sé yo cómo. Qué haya querido mi Amo meterse en este envolismo! Vive Dios que estoy temblando. Si permiten los demonios, que saben más que los diablos, que esté la escala en fálsete, y yo ruede con trabajo, pabremos quedado frescos: Soplamoco, no has hechado también la cuerda? . También. Pues átame por un cabo, tendrás firme por esotro, por si de la escala caigo. Ya está fuerte, ve seguro. Hijo, por todos los Santos, por un solo Dios que mires, que está mi vida en tu mano: ten fuerte . Sube y no temas. En nombre de amor abanzo; una, dos, tres. (ca. Agua va. . San Ánselmo! San Hilario! . No es si no ceniza, puer- Ay, señor, que me han cegado! Este es el mementihomo, antes del Miércoles Santo. De que eres mortal te acuerdas: señor, mira que este caso es un raro vaticinio. Pues ni por esas desmayo, aunque lluevan más agüeros, que cabezas de muchacos. Tiro? . Tira. Pues no hay forma de salir con saca trapos el taco, que es de papel, así saldrá. Verbum caro, que me han muerto. Fue a ti el tiro? Yo no lo sé. . Sientes algo? Y mucho, que me he desecho las nárices del zarpazo Vamos:- . Estoy envuelto en la escala, y enredado. Válgame Dios! . Pues Pepin disparó, porque salgamos; no hagamos ruido. . Mi padre queda durmiendo? . Ahora bajo de vaciar un esportón de ceniza, y encerrado queda en su aposento. . Acabas? Hay cien mil nudos echados. Este es Pepin; ah Pepin? Qué pepino, o qué Canario? otro demonio tenemos? Ya llevo el bien, que idolatro conmigo ya va Constanza a ser mi esposa; y no aguardo mas, que saber donde dejas en la Vega los caballos. Constanza se va con otro? No despachas? Qué esperamos? A que nos guíe Pepin. No soy Pepin, ladronazos: soltad a Constanza, aquí favor Soplamoco. . Mi amo? Mátame toda esa gente, (po, Ay, que este es Don Policar anda aprisa. . Lance fiero! Don Diego de vos me valgo, estorbad que no nos sigan, hasta que esté puesta en salvo Constanza. . . Que se la llevan; aquí de Dios. . Sella el labio, sino quiere que este acero le haga en un punto pedazos. Pues demonio, no te basta robarme la que idolatro; sino es que quieres pegarme? Don Diego? Qué hay? . Ya he encontrado a mi amo; que te retires con silencio, y con recato dice. . Vamos; por mirar que es un simple, no le mato. . Aa perros, que me cogéis cómo dicen, maniatado! volved, y dadme la muerte. Señor, no te aflijas tanto. Cómo que no? si se llevan el Ídolo que idolatro, la Diosa por quien me ahogo, y la deidad por quien rabio, justicia de Dios, justicia, que hacen un asesinato de amor, no menos que con un hijo, que es más que hermano de un Corregidor. Aprisa, que aquí las voces sonaron: Don Policarpo? . Ay, señor, que ya no soy Policarpo. Hijo? . Que ya no soy hijo. . Amo? Que ya no soy amo. Qué ha sido esto? Aquesto ha sido: . Qué? Que se la llevaron. A quién? . A la pobrecita. No te entiendo. . Pues bien claro lo digo; quítenme ustedes estas travas que me ha echado mi desdicha. . Con cordeles ceñido, y pendiente el cabo de una escala en el balcón de este Mesón? ha villano estas son traiciones tuyas. Que no, Padre, vamos claros, no es eso. . Pues di, qué ha sido? Señor que se la han llevado. Hijo, tú has perdido el juicio. Soplamoco sabes algo de este caso? . Sí señor; esto es:: Virgen del Sagrario, que no hay justicia en Toledo, que mis hijas me han robado, y se han llevado mi hacienda. Adentro sueña otro llanto. Válgame Dios! esta noche es un abismo este barrio. Ah señor Corregidor? Qué tiene Huesped honrado? justicia, que hay mucho mal: aquel maldito Don Sancho de Bracamonte, y los que le estaban acompañando, me han robado a mis dos hijas, y un escritórito bajo, en que estaba un gran tesoro, que por su mejor legado, me dejó la esposa mía. Constanza la del recato, la honesta, y la recogida, ha hecho error tan temerario? Señor no decía yo bien? . En qué En que se la llevaron. Ah mucho? . Ahora se han ido. No puede haber mucho espacio, que salieron. . Pues qué hacéis? Id al momento a buscarlos. Toda la Ciudad veremos. Si señor, que es mucho el daño, que es Constanza más que piensan. Yo he de quedar insensato de esta hecha. . No presumís donde puede este Don Sancho ir a parar? . Ellos son de Cordova . Consultado en ese Corregimiento estoy, y palabra, y mano os doy, de que si le logro, le he de poner en un palo. Venid, por si no han salido, y logramos alcanzarlos. Adiós es peranzas mías. No siento el verme ultrajado de mi suerte, de mis celos, hecho el corazón andrajos, de mi bien desposeído, de mi dueño separado, llorar ausencias desvíos, pesares ansias, trabajos, fatigas, desasosiegos, tormentos, y sobresaltos; siento solo: . Qué señor? Siento el que se la llevaron.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA S. ra No dirás, que mi pa no cumplo. . P creer, que su Señoria no obre generalmente. Ya no tienes que tenier, ya Corregidor me tienes en Cordova, y aún Marqués, que premiando heroicamente su Majestad mis servicios, un título me concede, pero que sea Don Sancho, Don Tomas, de qué lo infieres? Qué más indicio, señor, que el que dan estos papeles, sobre escritos de sus cartas, en que Don Tomas se lee de Avendaño, y a Don Diego Enríquez, que en su retrete los pillé? . En el de Don Sancho? Si Señor. . Pues ya no hay, Hues- (ped, que dudar en ello, siendo Don Tomás el delincuente; así que halle a Constanza, en un Convento se encierre, pues a la desigualdad de que a casarse no lleguen; principalmente se junta la de que tratado tiene con mi hija Clara Don Diego, porque Don Tomas se aquiete, su casamiento, en que aunque ella se resiste tenazmente, convengo yo muy gustoso, pues en riquezas me excede, y en sangre me iguala, y voy a ganar de cualquier suerte, y así, Huésped, es forzoso tener paciencia. . No es ese el caso, que como a mí con dinero me contenten, en meter Monja a Constanza harán, señor, lindamente: el acabarlo con ella es el cuento . Pues qué quiere, ser de un caballero esposa? Quizá, señor, lo merece mas que otra. . Por qué motivo? Yo me entiendo, y Dios me entiende. No le estará muy bien esto: es esto como tenerme a mi hijo Don Policarpo del modo que me le tienen las memorias de Constanza casi rendido a la muerte. Dejárala, que ella nunca le rogó que la quisiese. No sea necio; y pues es fuerza, que a cumplir en algo empiece con mi oficio, a mí me avisan de Sevilla, que ha dos meses, que en el Mesón de la Luna dos hombres y dos mujeres llegaron muy respetosos con disfraces diferentes, y que hoy de Sevilla salen para Cordova; y pues a este paraje, en que a aquesta Quinta, que está del camino en frente, han de arribar, aquí pienso divertido en el alegre recreo de esta alameda, aguardarlos . Si ellos fuesen, qué presto su Señoria creyera lo que no cree en cuanto a lo que es Constanza. Ya te he oído muchas veces, desde que con mi familia agregado, y con mis gentes has venido de Toledo, hablar misteriosamente de esa moza y más valiera, que la verdad me dijeses, si hay algo que remediar. Que este ladrón alcahuete tenga con mi amo esta entrada! 1. Los trastos la logran siempre, Señor, he de hablar claro? Por qué no? . Pues que nos de todos. . Andad, y repartios en parajes convenientes, y en viniendo caminantes avisadme . 2. Ande pobrete. Quedo con eso que tengo mas puas, que treinta peines. . Pues digo primeramente, que Constanza, aunque es mi hija, no es mi hija como se cree; y así no me se da un punto, que la tomen, o la dejen; por Inés siento, señor, que es mía (según refiere mi mujer, que esté en el Cielo) la injuria que me sucede. Con que no es tu hija Constanza? Que yo jamás consiguiese verla. . Es historia muy rara. Guéntala. . Quién descubriese la arquilla! Que no se yo de las cien cosas las veinte; pero no obstante, desbucho, y venza lo que venciere. Veinte y dos años habrá, que habitando yo en la fértil Sierra Morena, en la Venta, que llamaban de la Sierpe, un día que::- Señor. . Qué hay? Dos hombres y dos mujeres vienen por aquel camino de Ecija. . Sin duda tuercen la senda, para mayor disimulo; ahora, Huesped, será fuerza, que dejemos vuestra noticia pendiente hasta mejor ocasión::: vamos, llama tú la gente. Amoroso dueño mío, cómo estás? Cómo te sientes? Te has recobrado, dejando el caballo? . No parece sino es que con dos puñales me penetran ambas sienes del acidente penoso, que en el corazón me hiere: Ay de mí! . Jaqueca es esa: que en sabiendo que la quiere, no haya mujer que a su amante no le crucinque a dengues? La agitación del caballo, en quien delicadamente no está enseñada, bien mío, motiva lo que padeces. Pepin. . Señor. . Entra y mira si en esa Quinta de enfrente hay donde descansar pueda mi esposa. . Tremendo dengue! Por Dios, que un enamorado, a cuantos maneja muele. Que tu tomes pesadumbre, es lo que mi pecho siente, que esto, Don Tomas, no es nada. Qué poco duran los bienes! pues después que de Toledo salimos, solos dos meses, habiendo estado en Sevilla, por tantear en mis parientes como toman este caso, cuando ya en ella convienen, (no quiero decir, que injustos mi padre, y hermanos qieren, abominando mi intento, que la burle, y que la deje) cuando voy (vuelvo a decir) contento, ufano y alegre a lograr, siendo tu esposo, la dicha más eminente, ese dolor, por ser tuyo, basta a turbar mis placeres: estás mejor? . Cada instante es su fuerza más vehemente; y cuando en el respetoso cariño, que me mantienes, tan repetidas finezas no le alivian, juzgar puedes, que no es corto mi dolor. Los de la Quinta te ofrecen su cuarto con sumo gusto. Pídote que en ella entres a echarte un rato: tú, Inés, asístela afablemente, mas si es tu hermana, qué tengo qué decirte? éxceso es este de mi cariño, perdona. Perdonado está el que quiere: ven, hermana. . Ya tú sabes, que hasta que mi esposo fueses me has dado palabra, y m de no entrar donde estuviese . Ya se entraron. . Ay, Pepin! nos oye alguien? . Solamente los árboles de este Soto, Pues deshágase la nieve de mi silencio, y brotando llamas volcán tan ardiente, de mi pecho, mis suspiros la región del aire infesten. Señor, pues qué pesadumbre a tanto extremo te mueve? Ay, Pepin, mi aleve padre, y mis injustos parientes a mi Constanza amenazan, y en mi intención no convienen! En esta carta me escribe mi padre, que ya me tiene casado en Cordova. . Ya digo, hay quién voluntades fuerce? Si tú quieres a Constanza, qué hará tu padre? . Valerse de medio contra su vida, para darme a mí la muerte: ya sabes su condición. Ya sé que mil Luciferes no se le igualan. . Pues yo por dar tiempo a que me dejen casar (que una vez casado, será lo que yo quisiere) en esta carta le escribo, que prometo obedecerle, dejando a Constanza, en quien es diversión solamente mi amor; mas porque te canso, si ver ambos pliegos puedes? Pues no eran aquellos los que:: mas tened, que hay gente aquí. . Ay, señor, ellos son! Es verdad; si las especies recorro aquel es Don Sancho; mas como tan solo viene? Si habrá dejado las mozas en Sevilla? . 1. Con prenderle se sabrá donde están ellas. (puedo. Llegad quedo Te parece que 1. Daos a prisión. . Qué es esto? Jesus mil veces! Mirad, arroja esas cartas. Al que una voz sola diere, pásenle el pecho dos valas. Aunque me dieran mil muertes, villanos:- . Qué se resiste? Es imposible, que deje expuesto a mi bien . Tapadle la boca. . Ah pese a mi suerte! Que yo Si T Vaya el vergan- te. Señor Don Tomas:- . S. Lesmes! yo Don Tomas? . Si el criado vuestro temerariamente a la justicia se opone, el que vuestra sangre tiene, distintamente ha de obrar. Señores, suplico a ustedes: No temáis. . Señor Don Sancho fingido, si no me vuelve mis hijas, ya lo verá. Aquí del Mesón el Huesped! qué es esto? . Venid, que todo se dispondrá buenamente. Como a mí no me hagan mal, llévenme donde quisieren; buenas quedan las dos Ninfas; mas quién en esto me mete? Que lleguen el coche. . A fe, que ya hemos pillado el pece. Vamos. . Tan aprisa de tu dolor convaleces? Alguna cosa aliviada; como puedo estar ausente de Don Tomas? Mas qué miro! Ni él, ni Pepin parecen por aquí. . Mira si acaso en los laberintos verdes de esos álamos están a la sombra, no receles a tan aprisa, corazón. Ay, Constanza, qué evidente sos pecha! . Cuál? Los caballos faltan de aquellos cypreses donde quedaron atados. Qué es lo que decirme quieres con eso? Ay de mi infelice! Que los hombres son infieles, y plegue a Dios: . No prosigas, mienten tus discursos, mienten, si:: mas qué cartas son estas? Si es que dejarte previene algún papel? . Este dice: Hijo, no el linaje afrentes de tu esclarecida sangre con la indignidad que emprendes: He sabido, que en Toledo con lances de amor diviertes tu juventud yo te tengo casado en Cordova, vente antes que tome otro medio de reducirte y traerte: Don Diego Ruiz de Avendaño. Y ahora qué dices? . Ah pese a mi dolor que su Padre casarle con otra emprende, y él a mí me lo ha ocultado. Ah fuego de Dios los tueste, cuáles son todos! . Escucha, que esta respuesta parece de Don Tomás. Padre mío, yo he de obedeceros siempre; si a Toledo me ha traído un capricho, solamente ha sido una diversión: no temas, que injusto mezcle villana sangre al heroico blasón de mis altiveces: el casamiento propuesto acepto, y luego que quede libre de cierto embarazo, iré a lograr tantos bienes: Don Tomás Ruiz de Avendaño. Di ahora, que miento mil veces. No diré tal, porque quiero, que en el dolor inclemente, que sufro en las reprimidas lágrimas, que al centro vuelven, y en los ayes, que no exhalo, una novedad se estrene en el teatro del Mundo, que es ver que hay hombre, que ofende a una mujer, y hay muje varonil, que no se queje. No dejaron las maletas en la Quinta? . Cabalmente. Vestidos de hombre hay en ella? Claro está: mas qué resuelves? A quién infamó mi honor, dar, Inés, violenta muerte. Y eres tú quién no se queja? Fuego de Dios en quien cree los hombres, y sus engaños; entra, que el tiempo se pirde. . e Aprended, flores de mí lo que va de ayer a hoy, que ayer maravilla fui; y hoy sombra mía no soy. Efimeras pululentas, que al trepidar de las fuentes debéis en vidas lucientes los oroscopos fragantes; si habéis procedido amantes, y os halláis como me vi, si hay flor de Don Diego aquí, exaudidme en su presencia, y a lacrimar en su ausencia. Aprended flores de mí, Amorosa pasión mía que alimentas por mi mal aqueste duende infernal, que vive en mi fantasía; sabete, que ayer vivía por Constanza hoy muerto estoy, que ayer era, y hoy no soy, ayer un tras, y hoy un tris, hay es un grano de anis. Lo que va de ayer a hoy, Don Diego, si anhelo flores, metaphoras vejetables, finezas broto insondables al vergel de sus amores: rosa imperando en verdores, Semi Diosa de rubí fui ayer; pero si hoy perdí pompa, y esp iza ya, qué prudente flo Qué ayer maravilla fui? Potencias, alma, y sentidos: piernas, brazos, pechos, pies, ayer daba a aquella, que es lo que Dios fuere servido: si en nada quedo admitido, cómo mil gritos no doy? Solo en esto vengo y voy: cómo quieren que esté bueno, si ayer era cuerpo ajeno:- Y hoy sombra mía no soy? En pena, que es tan insana::- En dolor, que es tan tirano:- Solo es medio. mas mi hermano:- Solo hay forma. mas mi hermana::- Policarpo? . Constántica? Que diga, Clárica, digo. Equivócate conmigo si tu mal se mundifica: sigue a tus tropos las huellas no me admira el entenderlos. Es, que estaba en mis aquellos consultando unas aquellas; perdóname, Clara: ay Dios! Cómo estás de tu cuidado? Aún estoy atolondrado, siete, cinco, cuatro, dos. Hermano. . Tente por Cristo. Qué hacéis? (oh aleves manías!) Hago cuenta de los días, que aquella ingrata no he visto, diez antes, treinta después! Policarpo, que te ha dado? Aa perra, que la has pisado. A quién? . Mal hayan tus pies; no ves a Constanza echada en ese catre de flores, y Zagales y Pastores la están dando una ensalada de rosas y tulipanes, y al compás de dos clarines la danzan seis matachines vestidos de sacristanes? Ven ballando junto a mí; mas ay, que se va; oye un poco, Constanza. . Esto es estar loco. Detente, es pera: ay de mí! r Qué mandas? . Postrado a un parentesis funesto (to, está mi hermano. . . Qué es es- señor? . Que se la han llevado. Ahora volvemos a eso? Fiero accidente! . Ah muchacho, tráeme un poco de Contstanza que beber, que me atraganto. Agua dirás. . Eso digo. Señor Don Tomas, a hidalgos como vos, solo mi casa es cárcel, que yo señalo: ya estáis en ella, y en ella no temáis ningún agravio. Mucho lo que os debo estimo: señores, esto es encanto? Yo Don Tomás? . Disimula, ya que no nos deja el hado otra senda de que pueda volver a poner en salvo a Constanza. . Y mis costillas no pagarán este engaño? Entrad: mas qué es esto Clara? Este es un extraordinario mental exceso, de aquellos que sabes, que Policarpo padece estos días. . Aún tiene esa tema el mentecato? Hijo? . Padre? . Estás mejor? Ay, señor, que estoy muy malo! Los dos os estad con él: Clara, sabete, que traigo por mi hués ped al señor Don Tomás Ruiz de Avendaño: (este ha de ser tu marido, el que te tengo tratado días ha, recíbele afable) Mi padre se cansa en vano; pero señor, qué me dices de Don Tomás, si es Don Sancho este, el que habitó en Toledo el mesón del Sevillano? Era Don Sancho fingido, ya es Don Tomas declarado. Sancho, Tomás, no lo entiendo. Vos seáis muy bien arribado a esta vuestra habitación. Respóndela cortesano. Ya sé por donde claudica; si donde esperé naufragios hallo puerto, como puedo no estar al riesgo obligado, que en traerme a vuestros pies me conduce a solio tanto? No dirás que no es discreto. Sí, pero es muy afectado. Ortuño, Huésped? . Señor. Por la escalera, que al patio cae, guiad a Don Tomás, y sea en el cuarto bajo, (que ha de ser su reclusión, mientras sabe todo el caso su padre) guardas los dos de vista suya. . Mal año! Si se descubre el enredo, cual me han de poner a palos! Guardarele, como a quien le importa. . Donoso encargo! Señor voy por las maletas, que sabes, que se han quedado en aquella Quinta. . Ahora te estás con ese descanso? Ve al instante. . Luego puede salir; pero acompañado de un Ministro. . Salga yo, que no temo ese embarazo. Hijo? . Señor? Quiero irle p. con su tema: ya está llano todo, ya sé de Constanza. Que me dices, padre sabio, padre heroico, padre ilustre, padre hermoso, y padre santo? Ven conmigo. . A quién me diese tal noticia, había jurado darle un beso, aqueste es voto, y he de cumplirle. . Muchacho, qué haces? . Padre de mi vida, que he de comerte a bocados. Éntrate, Clara, allá dentro: A Don Diego de Avendaño voy a avisar, de que tiene hijo, y honor puesto en salvo, y casándole con Clara, queda todo remediado. Si logro ver a la moza, de placer me despilfarro. Mánuela? . Señora mía? Llegó al postrimero caos mi amor; construya mi vida urna mi dolor de mármol. Pues qué te sucede ahora. En casarme se ha empeñado mi padre, cuando Don Diego:- Dichoso aquel, que en tus labios mereció en tan larga ausencia oír su nombre al primer paso. Qué veo? Don Diego, pues cómo después de tiempo tan largo de ausencia, a Cordova vienes? Con mi padre, y mis hermanos, Clara mía, estos dos meses, que de tu vista he faltado, sirviendo he estado a mi amor en Jérez, donde pasaron a vivir; pues disponiendo todo lo que es necesario, con gusto de todos vengo a pedir tu blanca mano a tu padre, ahora llego, aún no he dejado el caballo, en la posada, y me trae mi amor a verte, y más cuando viendo a tu hermano salir, y a tu padre, no hay de entrambos que recelar. . Ay Don Diego, a qué mal tiempo has llegado! Cómo? . Cómo ese imperioso, ese paternal tirano me trata casar violenta con Don Tomas de Avendaño. De Avendaño? . Sí, Don Diego. Mira que te habrás errado, que esé es mi mayor amigo, y sabe todos los pasos de mi amor, y no le hio iera a mi amistad tal agravio. Quieres más individuales señas del nucial fracasó? Pues es él mismo que estuvo en Toledo acompañando tu disfraz en el Mesón. Es verdad. . Lo oye usted claro? Con ese casarme quiere, y ya le tiene hospedado en casa. Eso es imposible: Si Don Tomas está amando otra hermosura, a quien tiene dado fe, palabra, y mano de esposo, cómo? Que viene gente. Ocúltate ahí un rato hasta que pasén. . Valedme, Cielos, en asombro tanto! Divertido con Pepin dejo a los dos, y forzado del ansia de ir a buscar el bien que he perdido, salgo; ay Constanza de mi vida! Qué habrás de mi fe juzgado? Mas gente hay aquí; aunque la haya, he de irme. . Dónde los pasos encamináis? . Clara hermosa, no impidáis que un desdichado busque en el dueño que adora su consuelo, y su descanso. Cielos, este es Don Tomas, no debe de ser engaño lo que dice Clara. . Solo de vos mi remedio aguardo. Vive Dios, que la enamora. Mi vida está en vuestra mano; y pues hacéis un dichoso tan fácilmente, dejando, según su rumbo, a mi suerte, permitid, bello milagro, que vaya tras mi ventura. Engañoso amigo falso, espera. . Qué hacéis, Don Diego? Que he de hacer, fiera, escuchando, que Don Tomas te requiebra, Tente, que ese es un criado: De quién? . De esotro. Don Tomas. Qué esotro? (ped Alíás Don Sancho. No es el Huésped, porque el Hues ámbula el infimo cuarto. Pues no le conozco yo: cruel fiera, aspid tirano! imaginas confundirme por encubrir tus engaños Pues no has de lograrlo, aleve, que dándole, si le alcanzo la muerte vengaré a un tiempo mis injurias en entrambos. Détenle Manuela. . Es fácil? La escalera de dos trancos bajó. . Ay cosa como haber sus celos equivocado al criado, y al señor Mira no venga mi amo. Dices bien, dobla esos pinos, y por el postigo falso sal a atajarle, y traerle. De un vuelo me pongo el manto. Con que todo lo has sabido? Es público ese tratado en Cordova. Y concertado Don Tomás para marido está de Clara, la hija (dor? del nuevo Corregidor. Ah hombre falso! ah infiel! a traí- no tu discurso me aflija. Dicen, que ya está hospedado del nuevo suegro en la casa. De ira el corazón se abrasa. Cielos por donde habrá echado este aleve? Mas qué veo! Un hombre; pero qué miro? es ilusión lo que admiro? Es verdad lo que no creo? Constanza, tú en este traje? Sí, Don Diego, que a este indigno disfraz me traen las traiciones de un ingrato cocodrilo, que para darme la muerte, aprendió alagüeños sil vos. Evidencias, queréis más? Burlome tu falso amigo, no en el honor, en la fama; mas qué importa sí es lo mismo? Dormida en una Alquería me dejó, expuesta al arbitrio de los hados, y a casarse ufano a Cordova vino con Doña Clara de Lara. Calla; que de solo un tiro ha muerto un arpón dos almas, y un hierro dos albedríos; yo adoro a Clara, Constanza, y Don Tomas mi cariño supo en Toledo. . Ahí verás cuan doble, y falso es su estilo; pues con una misma acción su dama agravia, y su amigo. Vive Dios, que he de matarle, aunque supiera al abismo seguirle. . A ese mismo intento, disfrazándome el vestido, de hombre, en Cordova ayer noche, sin embarazo, o peligro, entré; y pues ambos estamos de una misma flecha heridos, venganza pido, Don Diego. Constanza, venganza pido; y pues para nuestro intento la noche ha sobrevenido, y ahora salir de casa del Corregidor le he visto, todo Cordova he de andar en su busca. . . Pues yo elijo aguardarle aquí. No en vano pienso, que sale tu arbitrios . Por qué? Porque viene un hombre. Ninguno darme, ha sabido razón en la Quinta, Cielos, de Constanza. . O yo distingo mal, o Don Tomas es este. Solo (pesares) me han dicho, que se informaron por donde de Cordova era el camino, Inés, y ella; con que solas sin amparo, y sin arbitrio, quien duda que a la Ciudad, que está cerca, hayan venido? Él es, que a la escasa luz de la noche le distingo. Ocúltate, y como yo finge la voz. . Hado impío, sepa: . Ah señor Don Tomas. Quién me llama? Un enemigo vuestro. Enemigo embozado? si será, Cielos divinos, algún amante de Clara? e Impórtale no ser visto: decidme, una cierta Dama, a quien postrado, y rendido amastéis allá en Toledo, y para ser su marido venistéis a esta Ciudad, adónde está? Qué se hizo? y en qué estado estáis con ella? Verdad es lo que imagino: Caballero, a quien se informa de mí con tan noble estilo; debo decir la verdad; nada menos imagino, que en esa Dama, a quien nunca tuve, ni tendré cariño, porque tengo en otra parte empleado mi albedrío. Ay Constanza de mi vida. Ah traidor! Ah fementido! que por Doña Clara dice, que ama a otra belleza fino; pues porque nunca os valgáis de infames medios indignos contra una mujer, os doy de parte suya un aviso . Cuál? . Este. Valedme, Cielos! Qué has hecho? Lo, que he debido. . Acia allí el tiro sonó. Gente viene. . Pues sí huimos nos han de ver; escondidas en este portal vecino estemos hasta que pasen. , s Que ha sido esto, voto a crisvo. 1. Un hombre muerto en el suelo s . Pues no estará vivo. Reconocedle. . Que cuando nos condueo un regocijo, encontre mos este azar! Lo oyes. Todo lo percibo. Don Diego, este es el criado de Don Tomas, vuestro hijo. No es, sino mi hijo: hay Don Pedro, qué desdichado he nacido! No puede ser Don Tomas, que queda en mi cuarto mismo: mirad, que el criado es este. No queréis (ay dolor mío!) que le conozca? . Pues hay dos Don Tomases? . El juicio han de perder los dos viejos. Valedane, Cielos divinos! Ya vnelve. . Hijo? Amigo? . Hermano? Aplica, Inés, el oído. Vos, cualquiera que seáis, quien mis ultimos sus piros ecucháis, sabed, que muero n esposo, amante fino de Constanza, Dama hermosa, qua de Tulado conmigo Cordoya, aunque el hado me niega al mayor alivio que es el de daría la mano. De Contanza es poso dijo? Que va que sino sé muere, le mato yo de dos chirlos? Qué escucho, Cielos airados! Tomad este peregrino etrato smyo, a quien doy la mano, que no he podido dar al bello original: y si la halláis, os suplico la digáis, que aquel amante, que mas la amo, mas la quiso; a tu memoria comagra el último parasismo. Ay es poso de mi vida! ay mi bien! ay dueño mío! Que yo he sido la cruel, que yo la traidora he sido, que ha dado muerte a mi vida, que he eclipsado el Sol más limpio, Qué es esto. Tened ese hombre. Dejadme, dejadme, amigos, que no soy hombre, soy fiera, soy áspid, soy basilisco, y soy mujer vengativa, que más creer ha querido un engaño, que a las muchas verás de un amor tan fino: Constanza soy. . Constántica tú en Cordova? Bueno, lindo; en fin no se la llevaron. Hay más raro laberinto de sucesos! En mi vida vi rostro más parecido a mi esposa Doña Juana, que el que en Constanza diviso, ved si aún vive Don Tomas. A esto, estrella, me has traido en lo último de mi vida! No parecen de peligro las heridas, porque el pecho solo de sosla yo herido, todo el tiro dio en el hombro. Albricias, amigo mío, entradle todos en casa, pues tan cerca está; conmigo ven presa, mujer, que en ti gran misterio he presumido. . Qué más prisión que mi pena? No he visto tal revoltillo de enredos. . Fuego, y cual pesa! No piense ser tu marido el señor descalabrado, que pues a Constanza pillo, ha de ser mía, o sobre eso le he de quitar los hocicos. go, y a Medio Lugar he andado en bu Ca de Don Diego. e me has ll si es a que airado y ego no dé la muerte al que ha de ser tu esposo, vuelve del susto, y cobra tu reposo. Fiero iracundo amante, mira que equivocado estás, y vacilante en tu propio cuidado, que Don Tomás no es ese que has creído. Aún vuelves al error que has conce- Ay señora! gran gente (bido? sube por la escalera. Que siempre el hado quiera, que haya un inconveniente! Guárdete hasta después ese aposento. Don Aunque eres tu traidora obro yo atento, en que mi satisfacción quede pendiente. Echadle sobre mi cama en esa vecina alcova, y decid, que suba ese hombre que Don Tomas se me nombra, y el Sevillano, que es Padre de Constanza. . Esto hay ahora? mi Padre aquí? De esta vez a ambas a dos nos ahorca. Vengan desdichas, que nada, si es fiel Don Tomás importa. Qué es esto, Padre? Esto es, hija, un laberinto de cosas, que aún yo no sé lo que son. Señor vamos con la moza. Con quién? . Con Constanza. Ya, poco a poco se recobra Don Tomás. Qué me mandáis? Pero qué miro? Ah traidoras! Huésped, no es eso del caso. Vejete, si te alborotas te he abollar la cabeza. Ya mi palabra hasta ahora he cumplido; y si Constanza es esta, Inés será esta otra; y pues te dije, que había de meterla Religiosa, pues con Don Tomás casarse es una locura, toma tus hijas y vete en paz. Cómo que me vaya? Ignoras, como te lo ha dicho él mismo, que de Don Tomas esposa soy? . Esposa de mi hijo una villana Fregona. Vive Dios: . Quedo, chitito, que ni casada, ni Monja ha de ser. Pues qué ha de ser? Mi mujer en causa propia. En qué vendrá a parar esto? Ah infame vaga memoria! Hy cosa más parecida? Tuya es aquesta manopla, no te aflijas. . Usredes con Constanza se compongan, que esa moza no es mi hija. Pues cuya es? . De una señora, que a la Venta, de la Sierpe llegó afligida, y llorosa, veinte y dos años habrá, con dos escuderos sola, en traje de viuda. . Espera, ya me empezaste esa historia a contar. . Y ahora prosigo, porque sé yo lo que importa. Que me dices, corazón. Preñada iba, y las congojas del parto en casa le dieron, y en las manos de mi esnosa echó a una niña, fue el caso, que con diferencia, poca habla mi mujer parido un hijo. . En todo conforma. Murió la Señora al punto del parto, y entre otras cosas dijo a mi mujer, que cuando viniese una gran Persona por la prenda, que dejaba: Las palabras son las propias que en su muerte me escribió Doña Juana, que esté en Gloria. 1. Le diesen aquella niña; qué hizo mi mujer, trocola, por ansia de ver su hijo en gran puesto, y alta gloria: con que Constanza es la hija de aquella ilustre Matrona, y mi hijo dos mil demonios sabrán donde está a esta hora. No sabrán, que si las señas convienen entre si todas, Constanza es mi hija, Huésped, y el tuyo:- . Acia mí se enrostra. Es Policarpo. . Arre allá, yo hijo de la picarona trueca chiquillos? . La arquilla, (tro que llevastéis con vosotras dónde está? . Con cuanto había den- la traigo aquí. . Partido en ondas tiene un pergamino. . Este es. Jamás le supe la moda de leerle, porque las letras no encajan unas con otras. Si encajan, y dice así: , Por estar en esta hora última, en que Dios me llama, yo Catalina de Porras, declaro, que no es mi hija Constanza, si no es de Doña Juana de Guzmán, y mi hijo:- Ya todo lo demás sobra con Doña Juana casé de secreto; porque heroica su familia, es mucho más que la mía, aunque es notoria, huyendo de sus parientes, sin mí le pasó esa historia: tú eres mi hija. . Y mi hermana. Felice quien venturosa lleno el hueco a su altivez. Y a mí que lobos me coman. Si mi mujer te trocó, qué hemos de hacer? . Ah bribona! y no hubo quien a mi Madre le pusiese una coroza? Con eso, pues he escuchado mi dicha, que me recobra la salud, podré lograr la divina mano hermosa de Constanza. . Porque no? Como era una hermana, es otra: yo a Clara le daré esposo. Diligencia será ociosa, que ya le tengo a Don Diego. Desengañado, tu sombra amo. Qué es esto en mi casa hombre escondido? Mi honra, Don Tomas es tuya. . De ella nada pierdes, siendo esposa Clara de Don Diego Enríquez, mi amigo. . Si tú lo abonas, yo también. . Con que yo quedo a que me hagan la mámola, sin Señoria, sin Don, sin Mayorazgo, y sin Novia. Policarpo Porras eres. Lleven los diablos tu boca, lo Policarpo ya vaya, lo que me mata es lo Porras. Dulce fin a tantos males. Premió el amor mis congojas. Perdona mi error esposo. Qué ha de hacer el que te adora? Y el fingido Don Tomás, que en el cuarto bajo mora, que habemos de hacer con él? Ese corona la obra, que todo lo ha estado oyendo desde aquella claraboya, saliendo a pedir un victor para el Poeta de limosna. Y pues Fregona Constanza fue humilde hasta hoy, y hoy goza la ilustre sangre que adquiere, será la Ilustre Fregona.