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Texto digital de El más heroico silencio

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Antonio Folch de Cardona
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El más heroico silencio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-heroico-silencio-el.

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EL MÁS HEROICO SILENCIO

JORNADA PRIMERA

Pues, señor, tan triste vienes, cuando a divertirte sales? hoy que te esperan iguales infinitos parabienes, vuelves casi sie sentido, y sin casi mesurado, con el pesar muy hallado, con el color muy perdido? disimulando el agravio, recatando los enojos, y publicando los ojos las penas que niega el labio? Hoy no saliste a cázar, de cuidados tan exento, que hasta el menor pensamiento le enviaste a pasear? Pues como tan dolorido vuelves callando en efeto? tu afecto será discreto, pero no es bien entendido. Has visto en el monte algo que pueda causarte afán? no voló el alcaraban? tropezó corriendo el gamo? Sientes dolor? tienes sebre? el rostro muestrale sano; acaso el monte es villano? PRIMERA te ha dado gato por liebre? e Hay pena a la tuya igual? tu acuerdo el silencio elige? dieronte el mal que te aflije en secreto natural? Sin duda tu afecto cruel todo para si lo quiere, y el dolor no me refiere, T por no darme parte de él. Suspiras? lindo donaire; mas dudo el desasosiego, no hay en tu pocho gran fuego, pues corre en tu boca el aire. Mas pues callar determinas, yo también quiero callar, porque yo no me he de andar pudriendo por tus mohinas. Ay Róselo! lo que siento cualquier sufrimiento excede, y aún no sé como en mi puede cifrarse tanto tormento. Siento un dolor, que pudiera ser gusto, pues a mi ver solo le quita este ser la pasión de una quimera. Aflíjeme una memoria, que a este pesar me condena, y la hace ser mayor pena él poder ser mayor gloria. En el lance más terrible hallé la beldad mayor, y me causó más temor lo hermoso, que no lo horrible. Caúsame nuevo tormento este dolor mal sufrido, pues que me quita el sentido, y me deja el sentimiento. Y en fin, que no entiendo infiero el pesar que me maltrata, pues con saber que él me mata, aún no sé por quien me muero. Cierto que es tan misteriosa tu pena, y tan recatada, que no diré que no es nada, pues veo que es coficosa. Cuando a Casandra Gentil Reina de Asia, la esperas; para que en tu primavera iuspire bizarro Abril. Cuando tu padre se emplea en logro igual, pues su ardor al mejor cielo de amor quitarle un signo desea. Premiando a mi parecer tu obsequio con celo justo, pues te da cosas de gusto, que son madrastra, y mujer. Pues tu acuerdo se acomoda atento, y considerado a que tomará un bocado del seco pan de la boda. Y pues aunque no te cuadre, por el paternal provecho, será forzoso en tu pecho dar un buen lado a tu padre. Para que agora dispones, con nuevas tan recatadas estar con voces preñadas malpariendo las razones? Tantos ahogos revienten, salgan ya con Belcebú, que los hombres como tú han de decir lo que sienten. En este triste tormento, que la crueldad me previno, cada vez que le imagino descubro nuevo escarmiento. Si en otros males, Roselo, por el que llega a sufrirlos, en el poder referirlos consiste el mayor consuelo, No en el mío, pues atroz si referirle quisiera, no de la fatiga fuera un olvido cada voz. Antes bien el juicio pierdo, si le permitiera al labio; de mi desdicha, y mi agravio cada voz fuera un acuerdo. Mas solo por padecer quiero mi pena decir, por ver si tanto sufrir puede algún mérito hacer. Porque el pecho que previno constantemente al rigor, no me diga que hay dolor alguno que no examine. En fin, ya quieres hablar? bien es que tu acuerdo alabe, que quien tanta cifra sabe, bien puede saber contar. Era la estación primera del día cuando indeciso el viento sin declararse, ni creyendo el parasismo de la noche, ni del Sol, al anticipado aviso neutral estuvo entre tanto que de la luz el dominio, al horror que antes reinaba, salir desterrado le hizo del imperio de los aires, ala Región del abismo. Sacudio la pluma al viento el ave, de quien el pico fue corbo peine, que al pecho le impuso nuevos aliños. Rugio en el monte la fiera, cantó el pájaro en el nido, adornó la rosa el prado, y con bostezos de vidrio recordó del tardo sueño el arroyo cristalino, cuando ya olvidando el ocio por el robusto servicio, salgo en un bruto tan bello, que juzgo que a no ser mío, le hubiera robado el Sol, para su Plaustro divino. Bajel animado era, que el innavegable sitio del monte surcó ligero, sin que pudiese impedirlo, ser elemento tan torpe el que hallaba fugitivo. Que al ber que le falta el agua, por la boca enfurecido golfos de espuma llovia, que después nadaba él mismo. Seguido de mis monteros, alegre el monte fatigo, juzgando que era elección lo que fue solo destino. Volava apenas la garza, cuando del sacre atrevido, las garzas del blanco pecho eran ya sangrientos grillos. La liebre, aún cuando en la arena no dejaba algún indicio, era su curso ligero del galgo luego impedido. Salió de entre la maleza vn jabalí, y ofendido de un montero, que a sus cerdas opuso el acero limpio, me enviste osado, mas luego de mi venablo en los filos con el primer escarmiento halló el último peligro. Ligero corre a un arroyo, llega a su margen herido, y aún más que herido, sediento bebe del aljófar frío sin apocar sus raudales, pues con rojos desperdicios le paga en coral al agua el cristal que le ha bebido. Y el arroyo en logro tanto, piadoso, o agradecido, tumba le ofrece de plata al que dio pasto de vidrio. Dejaba ya, pues, el monte, cuando un rumor mal distinto rémora fue de mis pasos, toda la atención le aplico. Y un cazador, más atento a aquel dudoso bullicio, hizo objecto de su vista, a lo que era de mi oído, un bulto vio, y apuntando al pecho un áspidmentido de acero, le pasó el pecho, haciendo primero juicio, que era a quien tiraba fiera vecina de aquellos riscos. Yo, que aún no bien distinguía entre las ramas lo mismo que miraba, escucho triste de humana voz un gemido, que en suspensión tan dudosa sirvió de primer aviso. Válgame el cielo pronuncia, y al instante los vestigios, que en el viento de la voz dejaron poco distintos, tardos ecos de su acento, Coronistas fidedignos, sigo, y en tanta espesura me introduzgo, donde miro un bulto, válgame Apolo! una ilusión, un prodigio. Agora te busco atento, hoy verás como te pinto con el pincel de mi voz el más horrible disignio. Un hombre envuelto en su sangre, el pecho helado, y a tibio, bañado en púrpura ardiente, pálido el rostro, marchito el semblante, la voz torpe, bogando entre el sudor frío. El cabello, que en su rostro mas era estorbo, que aliño, el corazón palpitando, luchando abrazo partido con la arena, defendiendo al último parasismo la entrada en su pecho, estaba medio mortal, medio vivo. Yo también, pues, al mirarle me hallé, ay de mí! tan perdido, que dudaba si era el muerto él, o yo, que si es indicio de faltar la vida a un hombre, perder el sentido, digo, que estuve entonces mortal, pues sin poder prevenirlo, los sentidos me faltaron, que ajeno en el triste sitio, mas sentido no gocé mientras duró aquel delirio, que el conocimiento solo de que estaba sin sentido. El hombre al fin ánimose, viome a su lado, y me dijo: Hombre, cualquiera que fueres, pues tu dicha te ha traído a ver caducar mi vida con tan raro precipicio, toma, y guarda aquesta joya que traigo desde Corintho para, y fáltole el aliento, y aunque porfiado quiso vencerse, no fue posible; pues ya tan mortal le miro, que vista, y voz de repente todo faltó a un tiempo mismo. Cobrado al fin del horror, una caja, que el aliño del poder la fabricaron del metal fino, averiguo, que es lo que me dio, y apenas su rico centro registro, cuando hallo en él, ay Roselo! el retrato más divino de una mujer; que grosero; de una dama, bajo estilo; de un Cupido, corto asombro; de una Venus, poco he dicho; de un cielo, aún mayor portento; de un Ángel, aún más prodigio, de una deidad, excediole: y en fin, por no ser prolijo, era sin ser todo cuanto de su belleza distingo, dama, mujer, cielo, Venus, Ángel, deidad, y Cupido. luzga pues, cual quedaria yo entre afectos tan distintos; con esta ya apasionado, con el otro compasivó, uno costándome afectos, otro pidiendo suspiros, uno muerto, otro sin alma, yo entre los dos, sin arbitrio. Sin alma, porque la imagen me la robó de improviso; sin vida; porque el cadaber mey surpó de ella el dominio; sin prevención para el riesgo, sin acción para el peligro, yo mismo estaba dudando lo que pasaba, yo mismo. Y en fin cuando ya el espanto permitió que más activo, pudiese imperar del alma los afectos que te he dicho. Ya después de haber cebado Lamina, que aún al Sol invidia has dado, la vista, ya el apetito hambriento en el rostro hermoso de aquel divino prodigio, dando lugar ya a la queja, aún más que amante, ofendido; mi pecho a la bella imagen tierno, y airado le dijo: pues por tu ser hermoso el suyo olvida, como, di, ese traslado esta sin vida, teniendo allá mi vida ese traslado? La deidad de que el cielo te ha dotado, para mi ha sido ofensa conocida, que el darte la hermosura más lucida, fue para hacerme a mí más desdichado. De tu impiedad apelo a la constante justicia de los Dioses, si movidos tus afectos no obraras más amantes. Mas con suspiros, ay de mí! perdidos, que al rigor nunca niegas el semblante, ya la piedad te faltan los oídos. En fin del teatro horrible tan sin alma me retiro, que para guiar mis pasos aún me faltaba el dominio. Cuanto más miro el retrato, más dudo, y menos consigo, que cada perfección suya, es nuevo tormento mío. Toda el alma la rendí, que mienten los que han sentido, que en un instante no puede. sujetarse un albedrío. Que si la beldad es quien hace al corazón cautivo, a nadie la hizo más bella la duración de los siglos. No sé quién pueda ser esta que amante ya solicito, si bien en su aspecto hermoso imposible la adivino, Mas aunque la vida pierda he de buscar este hechizo, y hasta encontrarle he de ser siempre errante peregrino. Porque después que la vi, girasol sus rayos sigo, mariposa en su luz ardo, imán su norte registro, Fénij en sus llamas muero; Salamandra en su ardor vivo. Sabré quien es, aunque tereo ese monstruo cristalino crespas montañas de espuma, del golfo penachos rizos, para cerrarme los pasos, intente loco, y altivo. levantar, para que sean de dos tan distantes sirios clara unión, que junte todo ese cielo, y ese abismo, y aunque este elemento tardo, que con las plantas domino, en tanto áspero decreto, en tanto capaz distrito, libras arenosas crezca para estorbar mi destino, viven los Dioses, que no ha de poder impedirlo. Y pues ya de mis pasiones has escuchado el principio, y ya no ignoras la causa, por quien dudoso me aflijo, por quien constante me pierdo, a quien amante me rindo, por quien pesaroso lloro, por quien turbado suspiro, y a quien busco loco, y ciego, porque en holocausto digno pueda ofrecer en sus Aras mi vida por sacrificio. Digo, señor, que estás loco; mientras que no te había oído te lástime, pero agora vive el cielo que me irrito. De un retrato te enamoras? no vi mayor desatino; tú el enamorado eres, y yo el que pierdo el juicio. Ya que te tienta el demonio, y quieres pecar de vicio, peca con su original, será original delito, que es culpa en fin en que todos desde Adán acá han caído; mas como un retrato es culpa mortal, porque lo imagino que en materia de pecados, se le da mayor castigo al que peca a lo pintado, que no al que peca a lo vivo; y así este es mi parecer. Como tú el discurso ha sido, Pues porque te desbautices, lo que te he dicho confirmo. Esperate; no salgamos: con Roselo habla. Has dicho muy bien, aquí estaremos recatadas. Y digo, ya te olvidaste de Irene, la que ayer era un prodigio, la hija de ese buen viejo Erasistrato, el amigo de tu padre el Rey Silvio, que mañoso ha conseguido por Astrólogo su gracia, hombre en sin tan peregrino, que de hacer uicios a todos, ha quedado sin juicio. No me la nombres Roselo, porque en fin después que he visto al Sol, es Irene un Astro, cuyas luces ya no invidio. Ay de mí! qué es lo que escucho? para esto me habéis traído, injustos cielos? no en vano sentí en el pecho el aviso. Fía en los hombres, señora; mejor, di, no hubiera sido casarte con Polidoro, que al fin te adora tan fino, que al partirse por la Reina iba sembrando suspiros en el viento? . Ya lo veo, más róbome el albedrío el Príncipe, y más el ver el respeto que ha tenido siempre a mi amor inviolable. Para que el afecto mío no culpes, te he de enseñar hHo5 este portento divino. Un retrato es, no lo dudes. No lo dudo, ya lo miro, mas dudo que puede ser verdad esto que averiguo. Digo que es grande hermosura. Qué te parece? he mentido? No me parece a mí en nada, pero bien me ha parecido. A qué aguardo, que no salgo? como las iras resisto? Dejámele ver mejor, porque ese divino hechizo en el corazón me ha dado al mirarle cien pellizcos: esto he de hacer, ya me arrojo. Loco, villano, atrevido; vive Dios, que he de acabarte: que has hecho? Ya no lo has visto? donde has dado tú de ojos, haber dado yo de hocicos. Matárete vive el cielo. Pues aunque acabes conmigo, de su beldad peregrina siempre he de ser peregrino. más qué es esto? esto es peor que ya Placida me ha oído. Cielos, qué terrible lance! mas sepa que el albedrío rendí a otro dueño, mas no: el silencio agora elijo. Óyeme, señor galán, véngase vusted conmigo, que el belo que dio de balde, ha de contarle. O qué lindo! voy pensando en mi retrato; que me tiene ya sin juicio; descompuesta llevo el alma, miren que gentil aliño! No se turbe Vuestra Alteza, vuelva en su acuerdo muy fino; prosiga con sus afectos, que yo no se los impido. No esconda de mí el retrato, que antes verle solicito para alabar el buen gusto de Vuestra Alteza: ofendido no puede haberme esta copia, porque mi amor, como dijo vuestra Alteza, acabó ya, y esotro tuvo principio desde hoy acá: y es cierto que si en mi tiempo no ha sido, poco puede embarazarme; mas ya en el labio reprimo mal la ofensa, vive el cielo, falso amante, dueño indigno, que puesto que en mi presencia, puesto que a mis ojos mismos has referido mi agravio, que has de probar mis castigos. Mas qué es esto? yo me atrevo? yo de compuesta? suplico a Vuestra Alteza perdone tan descomedido estilo, que una pasión puede mucho: y voyme, porque atrevido el labio, otra vez no intente semejante desvarío, que con celos nadie es cuerdo: celos dije? mal he dicho, mentí mil veces, mentí: un erna en el pecho animo. Irene. . Harro he cido. Satisfacción. . No hay ninguna. Te vas? . Mortal me retiro, Y si acaso. . Acaba ya. El retrato. . Hafementido! No te ofende. Ese es engaño. Yo te adoro. Este es delirio. Oh cuanto en esto me esfuerzo! de los Astros más secretos Oh cuanto en esto me aflijo! No me crees? No te creo. . Pues mira. Ya nada miro. Que soy. . Bien sé que eres, lo que presagio adivinas, y bien sé que no eres mío, y Antioco, baste ya; que yo me voy, enemigo, a morir de mi congola, porque se diga, que he sido la más infeliz mujer que han admirado los siglos. . dime lo que has inferido Vuestra Majestad, señor, piadoso se ha de servir de no obligarme a decir lo que estudié, que es error dar crédito asegurado a los Astros al leerlos, que a mí que pienso entenderlos, estás tú, señor, y a ti mil veces me han engañado: si bien no la imperfección, que eso, señor, es posible en su ciencia indefectible, sino en mala observación; y así. . Cuanto más te veo sellar con tu acuerdo sabio ese secreto a tu labio, íncitas más mi deseo. Tú, Erasistrato, estudiaste la Filósofía, y fuiste Maestro grande, y aprendiste la Medicina, y lograste nuevo aplauso: y con razón, que bien sabe tu experiencia, que en mi Reino aquesta ciencia tiene grande estimación. En la Astrologia eres insigue, pues los decretos fácilmente los refieres. Y pues en láminas finas leiste el oculto intento, dime de mi casamiento, puesto que mi edad dichosa, porque nueva suerte adquiera, que hoy entre en Demasco espera su hermosa Reina, y mi esposa. Y pues aquí me has entrado, recatándote advertido, de ese Oráculo estrellado? Señor. . Ya estás importuno. Vuestra Majestad perdone. Tu resistencia se opone en vano. Ver quiero si alguno nos escucha. Solo estás. No muy solo, porque aquí es a quien yo temo más. A mí? declara veloz tantas suspensiones mudas, que si antes temía tus dudas, temo ya agora a tu voz. En fin, me mandas, señor, que lo diga? Esto te ordena mi gusto. Y si es grande pena? Disculpa tendrá tu errer. Ya, señor, tu instancia es mucha, mas temo. No hay que temer. En fin por fuerza ha de ser? Por fuerza, di. Pues escucha. Este cuaderno azula quien errante le adornan caracteres de diamantes, en cuyos siempre Oráculos seguros, la observancia averigua los futuros, registre cuidadoso, para poder hablarte noticioso, tu gusto obedeciendo, y tu deseo, del que esperas gozar feliz empleo; o pena fiera! de nuevo el pecho mi temor altera. No prosigues? diya: qué te suspende? Ya prosigo, señor. . Acaba. Atiende: Estratónica hermosa, a quien contento aguardas por esposa, hija del Rey de Macedonia ilustre, del Orbe todo generoso lustre, hoy llegará a tu Corte, pero advierte, pues lo quiere saber tu poca suerte. Trató su padre de este casamiento luego que supo tu Real intento, que nació de advertir que se ajustaban las paces, que ambos Reinos deseaban, con este casamiento; y también veo que movió tu deseo no tener más que un hijo, y concertado su casamiento ya, con que he juzgado, que este embarazo fue quien pudo atento obligarte a tratar tu casamiento. Ella, o ya por cariño, o poco gusto, resistió de su padre el celo justo; pero él instado de su conveniencia, a dar el si la obliga con violencia, y ella que ya medrosa no resiste, de Bureya su Corte partió triste. Llegará en fin, señor: o santo cielo! cuantas voces aliento son un hielo. otra vez te detienes? o rigores? aún me previenes de penas mayores? Mucha pena te espera, mas puede ser, señor, que sea quimera de mi idea, y también puede haber sido que los Astros crueles me han mentido; y así mejor será que tanto agravio le selle el pecho, o le sepulte el labio. Digo que oírla quiero, porque ya mayor pena no la espero. Pues digo que es mayor. Aunque lo sea. Qué quieres que prosiga? Esto desea mi gusto: qué temor conmigo lucha? Deja veré otra vez si alguno escucha. Nadienos oye. Asegurarme intento. Prosigue tu discurso. Escucha atento. Por Palacio a mi padre voy buscando, y aquí con Erasistrato está hablando; más suspenso al Rey miro; y el semblante Erasistrato tiene vacilante: ambos muestran sentir igual desvelo; que su pena será, piadoso cielo? Grande aplauso, señor, el feliz hado a tus bodas tenía vinculado, las más alegres fueran, de más glorias, que celebran del tiempo las memorias: fueráis los dos amantes en el Templo de la paz, y el amor perpetuo ejemplo, si a esta feliz unión la invidia fiera, con extraño rigor no se opusiera, tomando para el logro de su intento, recatarle quisiera el instrumento. . Pues ha de haber (oh singular desdicha!) quién pueda osado embarázar mi dicha? Oh cómo, cielo santo, os agradezco haberme aquí traído, pues merezco la dicha de que oíré quien atrevido ofender a mi padre ha presumido, para lograr la suerte de ser yo mismo quien le dé la muerte, porque no haya en el mundo quien altivo de sus pesares pueda ser motivo. No el rayo escuses vínculo del trueno, beba ya de una vez todo el veneno. Quién embarazará tú alegre intento será. . Quién ha deser? . Raro tormento! Mira que tanta pena suspendida multíplica dolores a la herida; acaba de decirlo. . Ya lo digo, será el que fuere tu mayor amigo. Qué es lo que mi atención dudosa escucha? como el rencor con la paciencia lucha? Habla más claro. No te atemorices: el Príncipe ha de ser. Cómo? qué dices? el Príncipe? Oh rigor! tanta inclemencia, ya no puede sufrirlo mi paciencia. Todo he quedado, hay triste! un vivo hielo, eso anuncia fatal airado el cielo? El estorbo, señor, los Astros sienten, que el Príncipe ha de ser. Los Astros mienten. (suerte! Y si acaso, gran señor, El Príncipe me oyó, o airada aún dudares lo que abono, Grave mal! . Triste pena! Dolor fuerte! Digo que mienten los Astros, y cuantos creyeren locos, que anuncios tan mal nacidos pueden nunca ser forzosos. Y viven los mismos que te prometen tanto asombro, que si yo me persuadiera a ejecutar ese oprobrío, y a intentar el desvarío, a pensar, estoy furioso; ha señor, que loco intento! cosa que fuese aún asorno de ofensa al Rey mi señor, a cuyas plantas me postro, que a tan sacrilega acción, que a intento tan alevoso, fuera irritado conmigo verdugo yo de mi propio. y juzgas que puedo aleve ser de tus dichas estorbo, aquí te ofrezco mi vida, y aquí mi acero te arrojó, porque con él asegures a tus quietudes el logro. Muera yo, si esto juzgaste, que en fin moriré gustoso, si aún la menor dicha tuya hoy con mi vida la compro. Hijo del alma, mis brazos te esperan afectuosos; como ha de estorbar mi vida quién es de mi vida apoyo? Agora si que a los Astros no creo, pues es notorio, que es hacerte tu instrumento, hacer su amago dudoso. otra vez los pies te pido por tanto honor, El soborno mayor para mí, es tu gusto. Oh ejemplo de amor heroico! O no imitada obediencia! Señor, si incito tu enojo mi yerro, que me perdones te suplico. Fuera ocio: yo con los Astros me irrito, que contigo no me enojo. En ti el decir lo que hallaste fue precepto, y fue forzoso, y en ellos fue libre arbitrio ese anuncio cauteloso: yo a mi padre? quién pudiera moverme a intento tan loco? Estratónica, gran Reina de Siria, viva. . Qué oigo? si es que ha llegado mi esposa? Parece, que misteriosos el cielo a decir avenas el Príncipe: quien furioso podrá moverme a ese intento? permitio que el vulgo todo a Estratonia nombrase, y la voz que fue soborno, quiso que fuera prefsagio. Ya gran señor, Polidoro avisa el haber llegado a la quinta. . Qué alborozo? ya Erasistrato aquel susto, por esta gloria perdono. Yo quiero ser el primero, que después de tanto gozo merezca besar su mano. Yo el segundo. Vamos todos a recibir a la Reina. Mal los afectos reportos hay hermosura ignorada! basten ya tantos ahogos, o fáltenme las memorias, pues ya el sufrimiento ignoro. Ay de ti irfeliz Rey Sivio! teme castigos tan prompros, que ciertos son los anuncios de los Astros ateriosos. Vasallos. Afectos míos, Con aplausos. . Con soliozos. Rogocijad. . Llorad tristes. El contento. . Los ahegos. De lograr ya a vuestra Reuna. De ignorar mi dueño hermoso, Y mi acento acompañado. Y mi voz siguiendo todos. Por más gloria. Por más pena. . Decid. Repetid llorosos. Que muchos años viva Estratónica ya Reina de Siria. Que den en pena tanta agua los ojos, que se abrasa el alma. Esta es, señora, la quinta de quien los terlos raudales aapo de ese río claros ecos, laz son de su fábrica grande. Aquello que se descubre, allí es Damasco, a quien parté este ismo aljófar puro, cuyos líquidos randales; que en la campaña azul mueren, del monte Livano nacen: concha, que la mejor perla oculta en su rizo engaste; pues merece a Ireve hermosa, la que con violencia fácil hizo a mi pecho, que al suyo rendimientos le consagre. Damisco el lugar hermoso, sus Ciudadanos afables, su Rey cual celebra el Orbe, su Príncipe el de más partes, que han admirado los tiempos en sucesivas edades. Es galán, es entendido, piadoso, bizarro, amable, y todas las partes tiene, que grande a un Príncipe hacen. Mas supuesto que has de ver tan presto cuanto aquí aplaude mi voz, temo, gran señora, refiriéndolo cansarte. Corazón, ya no hay remedio, disimulemos pesares: hermosa campaña es esta, pues con floridos esmaltes le ha puesto galas al cielo, que con numeroso alarde, si a estas iguala luciente, esta la exceden fragrantes. Ya, gran señora, parece que llega a la verde margen el Rey mi señor. Ya el pecho siente el ver que se dilate esta dicha tanto, el cielo lo que el pecho siente sabe. Ten dispuesto que me avisen, cuando el Príncipe llegare. Vuestra Majestad me de su mano, porque constante su primer vasallo sea que logre dicha tan grande. Vuestra Majestad señor, me de la suya, y repare, que debe hacerme esta honra por mí, y por el Rey mi padre. Su Majestad cómo queda? Gustoso de tales paces, y más siendo, señor, tan ventajosas de su parte, Yo decir eso podía, pues ademas de ajustarse la paz, logro lo que en toda la alabanza a un bien no cabe: o beldad rara a tus ojos! erijan en Siria Altares, porque más culto merecen, que el claro galán de Dafne. Hay señora, que mal hombre! él no parece ignorante, mas ya verás que contigo, en más de mil faltas cae. Luciana, ya es imposible agora, lo que antes fácil. Besad la mano a la Reina, mientras el Príncipe sale, que a acabar de disponer la entrada ha quedado. Dadme, gran señora, vuestra mano, y Siria, que hoy os aplaude, mas siglos Reina os admire, que vive de Arabia el ave. Anadid, acompañada de Silvio, antes que me falte la vida. Permita el cielo que tus días memorables en las láminas del tiempo se impriman, y nunca pasen. Vuestra Majestad me tiene rendido a sus plantas Reales. Amigo, llega a mis brazos, y no favor tanto extrañes, que más que al cielo te debo, no lo dudes, que es constante, porque él me hizo Rey de Siria, pero tu dueño de un Ángel. La obligación de servirte con que nací, ya la sabes. Oh reniego de la mula, pues con furia incomparable me dejó con piernas nones, dándome piernas a pares. Vuestra Majestad, señora, será razón que descanse del desasosiego, que la ha ocasionado el viaje. Beso primero tus pies, y si no, por no tardarme, sea de manos a boca lo que hubiere de besarte. Aparta, loco. . En mi vida más cuerdo he sido, mas ya. . vive Dios que aquesta cara la he visto yo en otra parte, pero no me acuerdo adondes y el amor, que mañas sabe, para que yo caiga en ella, me la pone aquí delante. Gracias al cielo que vuelvo a verte, que aunque he de hallarte tan rigurosa conmigo, como siempre es dicha grande, como logres tú los bienes, que yo padezca los males. Guárdete el cielo mil años: bueno es esto para estarme muriendo de ver el pecho arder en tantos volcanes. Qué haya vuelto este demonio! fuerza es ya el agasajarle: o Aurelios seas bien venido. Guarde Dios a ice compadre. Qué es tal este, que el más fiero aún no ha podido tragarle. Huélgome, que haya vuelto Aurelio para vengarme. De que te huesgues agora Con Aurelio no me hace novedad, porque con él siempre, Placida, te holgaste. Ya su Alrteza, gran señor, viene. Dad treguas pesares por un rato al pensamiento, sino queréis acabarme. Vuestra Majestad, señora, viva felices edades, y agora; pero que miro? cielos, no es esta la imagen, cuyo divino traslado fue del pecho incendio afable? Dadme, señora, la avo; que torpe el aconto sale! pues por vastallo, y por hijo con ella debéis honrarme. Bien muestra ser Vuestra Alteza tan buen hijo de su padre. pues me contirña las honras, que su Majestad me hace. Erafiirrato, Señor, Ay desdicha más notable! . mas vénzanse los afectos, y reprímase el coraje; disimular aquí es fuerza, que en saliendo de este lance, si antes no me muero, tiempo me quedará de quejarme. No era el Príncipe mejor para tu esposo, y amante, que el yugo del matrimonio con el fuera tolerable? Luciana, muy galan es. Pues no habéis de sujetarme, locuras con la pasión, . ni aún el pensamiento infame se ha de atrever a ofender a un padre con entregarse tan ciegamente al desirio. Mas en que pnudencia cabe él sesrimiento a la vista de esta hermosura: ah pesares! viven los cielos, que si mis ojos han de ser parte de esta injuria, que primero que sean para engañarme arcaduces de la ofensa, orril han de ser fuentes de sangre. Si es que me engañó la vista? Luciana, no reparaste, que el Príncipe se turbó al querer llegar a hablarme? Si señora, mas no extraño que tu beldad le turbase. Corazón, esto ha de ser: las alas ligeras que antes somentaron el incendio, . que arde en el pecho incansable, si con batirse encendieron estos ardores voraces, bátanse ya más más violentos, y el mismo instrumento que ágil antes sirvió de encenderles, sirva agora de apagarles. Cielos, mirad, pues del pecho con tanto rigor triunfasteis, que dilatarme la vida, es multiplicarme afanes. Fortuna, sin duda juzgo, . que he sabido granjearte, pues con la mayor belleza mi afecto humilde premiaste. Venga vuestra Majestad a que Damasco triunfante con suspensiones admire lo que con voces aplaude. A morir memorias mías. A padecer más pesares. A alcanzar mi gloria, dichas. A buscar la muerte, males. Y mi afecto. Y mi paciencia. Y mi amor. Y mis volcanes. Menos libre. Más sufrida. Mas loco. Más tolerables. Disimula. Sufra. Muestre. Desmienta. Oculte. Récate. Los rigores que examino. Las penas que me combaten. El gozo que amante animo. Las llamas que vivas arden. Porque sepa todo el Orbe. Para que no ignore nadie. Para que todos publiquen. Para que la fama cante. Que pude saber vencerme. Que nadie pudo igualarme. Que mis iras han sabido en mi atención reportarse. Y que yo, por no ofender el claro honor de mi padre, conocer mi yerro supe, y supe morir de amante.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Huyendo de esta mujer, despechado me retiro; yo verdad es que la miro, pero no la puedo ver: ya me ha visto. Tus despojos vengaré, aguarde vuesa merced. No te acerques. Pues por qué? Porque tienes lindos ojos. Dejemos chanzas, amigo, y sepa en lenguaje breve, que pues el honor me debe, ha de casarse conmigo. No digas tal, que es deshonra pretender tan gran error, porque quien pide el honor, cierto que no tiene honra. Señor mío, mis afrentas no permiten documentos, y así dejese de cuentos, porque hemos de entrar en cuentas En que cuentas, cuando es llan qué es Aurelio tu valiente? Qué importa, si es mi pariente? Si es pariente, es muy cercano. Me desdeña? pues yo digo que él me enseñara desdeñe. Bien podrá ser que te sueñe, mas no durmiendo contigo. Si supiera que a los dos . nos escucha Aurelio. Hermana, para haber sido liviana, eres pesada por Dios. Ya esto es preciso. Estornudas? Ahora verá lo que ignora: oyes Aurelio, ya es hora. Qué es lo que quieres? Que acudas. Qué miro? Quien al divino rostro tuyo enojos da? dilo, que reviento ya de colérico sánguino. Nadie, que ella: yo no soy. Calle él, y habla tú, parienta. ̱. Este ha intentado mi afrenta. Tu afrenta? Temblando estoy. Sí, pues muy tierno, y constante me dio palabra de esposo, y ahora niega el alevoso, No pases más adelante, que a no juzgar, fementida, que ha de ser tu esposo, advierte, que a ti te diera la muerte, y a él le quitara la vida. Porque me impiden la libertad? Porque la palabra dío. Si la di ya, que me piden? Deme, acabe, o habrá riña, esa mano. No me asombre. Daca la tuya. s. Este hombre nos casa de garapiña. Quieres, Placida, ser suya, ya que a darte el honor vengo, casándote? Yo no tengo más voluntad que la tuya. Dense las manos. Qué intentas? Que me ha satisfecho es llano. Ves, que me tocas la mano? Si veo. Pues no me tientas? Bien lo han dispuesto por Dios, para en uno son afe. Según ella quiere a vcé, yo pienso que espera en dos. Pues ya que esas voberias dice, desde agora intimo, que en casa mi señor primo ha de entrar todos los días. En casa siendo tu bella, no entrará Aurelio. Eso pasa? porque no ha de entrar en casa? Porque nunca salura de ella. Oye, cuando darme intente algún régalo un amante, procure no estar delante, y así se hallará presente, y aprenda, pues ahora empieza. Yo pienso que aquesta historia no la tendré de memoria, mas la tendré de cabeza. No piense en esa quimera. El Príncipe viene, vamos. Allá fuera le aguardamos. Pues yo no saldré allá fuera. A Dios, esposo. No en vano me has dado ese nombre aquí, que si una mano te di presto te daré otra mano. Con acción, pero sin vida; doliente, mas sin remedio; mortal, pero aunque mortal, sin faltarme el sentimiento, hasta el mismo cuarto, hay Dios! que es de Estratónica, vengo conducido; no arrastrado de mis impulsos violentos, solo a ver si aquellos ojos que me abrasaron el pecho, me templan la ardiente llama, que yo contra mi alimento. Pero como busco, como, alivio en el propio fuego, si sediento de su ardor hidropicamente bebo? Hay hermosura! hay mujer! nunca yo tuviera aliento para verte! o nunca yo hubiera quedado ciego! Esta noche se desposa con mi padre: mas ya asiento la felicidad, la dicha de un padre, a quien tanto debo? Eso no, feliz la goce, aunque muera yo; y el riesgo, que pronostican los Astros se desmienta en los afectos. Sepa el Astrólogo sabio, que con superior aliento de lo futuro averigua los soberanos decretos, leyendo en ese papel letras del mejor Maestro, que las Estrellas me inclinan, pero que yo las sujeto. Qué es esto, señor? qué traes, que tan triste; y tan suspenso entre tus discursos vienes rezando; o haciendo versos? Qué hay Roselo? te Qué ha de haber? cuando tan triste te veo, siendo hoy día de la boda íe de tu viejo padre, y siendo tan buen hijo tú, que llegas a ser en todos tus Reinos comparación de los padres, y de los hijos ejemplo. Pues yo estoy triste? te engañas, que antes estoy tan contento, que ese placer, ese gusto es el que me trae inquieto. Pues yo si estoy triste. Tú? por qué causa? Yo me entiendo. De la ocasión del motivo dame cuenta. Aca es un cuento. Pues no lo digas. Agora me ocurre, si será bueno en el amor que me pica, y que a Estratónica tengo, T hacer tercero a mi amo, pues no puede ser primero. Bien digo yo, el retratillo pienso pedirle: que has hecho de aquel retrato, señor, de marras que te dio el muerto? Que me remueva este agora, con la memoria el tormento? como después que aquel hombre me le entregó, encontré luego el original, y vi más imposible el deseo, cesó todo mi cuidado, y le perdí: pero miento, . que antes aumenté un traslado, pues que le copié en el pecho. Y de llegar a tus manos supiste el raro misterio? Y a supe que el que me dio el retrato, y a quien dieron triste, y desgraciada muerte en el bosque mis monteros, fue un dicípulo de Apeles, que hurtándole a su Maestro aquella joya, venía a darla a mi padre, viendo que darle un marido, era poco en satisfacción de un cielo. Raro caso! pero dime, no es un Ángel por lo menos Estratónica? no tiene unos hermosos ojuelos, muy lindos para Palacio, por lo que son lisonjeros? no se muestran a la vista entre nieve, y entre fuego de tener luces muy claras, y de andar al Sol muy negros? O este sabe mi pasión, o me está el alma leyendo; o la fortuna, o los Dioses, contrarios a mi deseo, hacen para que yo muera de mi atención instrumento. Respóndeme, no es muy linda? no es discreta? Calla necio, que de una hermosura grande, que no permite sin riesgo comparación, cuanto más sedice, se alaba menos. Pues ya no quiero alabarla, sino decir. Di, sabremos tu locura. Es perder mi entendimiento: Yo, señor, si he de hablar claro, un poquito de amor tengo, que soy de hueso, y de carne, y más de carne que hueso, y me ha parecido, que dar a un viejo en casamiento a una nina, no es buen uso, porque es un uso muy viejo. Y supuesto que yo soy mozo, galán, y discreto, muy duro para los hombres, para las damas muy tierno, sería darla un marido a la Infanta de provecho, si conmigo la casasen: no a un viejo se la entreguemos, que sobra en el lecho siempre, faltando siempre en ellecho. Calla necio, calla loco, tú te atreves al respeto de mi padre, y de la Infanta? tú los rayos más supremos de deidad, haces motivo de tus burlas? vive el cielo, que con tu vida mi enojo castigue tu atrevimiento. No te alborotes, perdona, que afé que no peque en ello, y aún por no pecar, señor, trataba este casamiento. No prosigas. No prosigo, pues tú no gustas; empero a lindo tiempo te hablaba en mi amor, pues es a tiempo que Estratónica venía. Viene Estratónica? el pecho se ha sobresaltado. Acá se encamina. Oh como temo que ha de dar a mi cuidado mas fuerza en menos aliento; pero aquí importa el huir: vamos. Ya sale. Anda presto. Avisadme cuando salga el Rey; mas no es el que veo el Príncipe? Él es: Antioco. Ya me ha visto, . señora, disimulemos, pesares. Afecto mío, . no me mates: poco os debo, que porque yo salgo os vais? No os vi, que si os viera, es cierto que antes perdiera la vida) que no pudiera faltar a la atención; y al respeto que debe a vuestra grandeza mi obligación: yo me pierdo. Qué linda está para mí! es como así me la quiero. Qué gallardo es! qué entendido! que mi muerte haya dispuesto! que sea; pero tened, no me arrastréis pensamiento. Oh cómo es hermosa! o como activos sus rayos bellos, donde hallan más resistencia, hacen mayor el efecto! Yo me voy a cohechar una criada allá dentro, pues es cierto que con cuartos no hay quien haga malos tercios. . Fineza? es amor acaso? Parece que os miro triste, parece que estáis suspenso, que tenéis? Que novedad halláis en mí? yo me esfuerzo para hablarla: ea, ojos míos, la razón venza el deseo. Señora, ninguna causa, cuando os hablo, cuando os veo pudiera usurpar violenta a mi quietud el sosiego, pues aunque alguna tuviera que sentir, no es tan grosero mi dolor, que a vuestra vista no cediera sus efectos. Y así la que vos juzgáis, tristeza, quizá respeto será en mí, y aún es indicio la suspensión de lo atento. Eso será; pero estando. tan cerca el plazo, en que espero ser con vuestro padre Reina de Siria (pluguiera el cielo mostráis muy poco contento; que os debe, ay Dios! nuestra boda, mejor diré mi tormento? pues el tálamo que aguardo, cómo sepulcro prevengo? Pues yo sé, que aunque juzgaste, ay de mí! que no celebro vuestro gusto, soy en él el que mayor parte tengo: Ah cuanto en mi ceguedad temo a la vista! pues veo que solamente me sirve de hacer que caiga más presto. Pues qué ocasión os da pena? Ni la ignoro, ni la entiendo, pues es delito a la vista, lo que es fineza en el pecho. pero que me importa esto? hay afecto, hay pasión mía, como me robas lo atento! pues con negarme el amor ya me pasaba a los celos. Muy lejos vais de la causa, aunque no estáis deellalejos. Pues cuál es? no puedo yo saberla? . La que padezco es tal, que puedo sentirla, pero decirla no puedo. En fin, no queréis fiarme vuestro cuidado? Si quiero. Pues qué aguardáis? referidle, que ya os escucho. No puedo. Que no podéis? No. Por qué? Yo os lo diré. Ya os entiendo. Solo el silencio testigo puede ser de mi tormento, y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo. Es tan vivo mi cuidado es tan raro mi accidente, que me juzgo delincuente sin haber sido culpado. Libre estoy, y encarcelado blasono, y temo el castigo, con ser cuando más prosigo en la causa de mi mal solo el corazón fiscal, solo el silencio testigo. Callo mi pena, y tan fuerte dolor siento al ocultarla, que está mi muerte en callarla, y en decirla está mi muerte. Y así en tan severa suerte, y en tan duro sentimiento, ni puede ser de mi aliento remedio el significarle, ni alivio el disimularle puede ser de mi tormento. Mas la pasión que se aumenta de ver que se halló oprimida, como no encuentra salida, acá en el alma revienta; pero aunque así me atormenta, aún padecer más intento, pues en mi pecho violento solicita mi rigor dar lugar a otro dolor, y aún no cabe lo que siento. Mi pena que recatada, es mayor que repetida, podrá estar encarecida, mas no quedar explicada. Nunca está más ponderada, que cuando a callar me obligo; y así como no consigo el explicarme jamás, callo más, por decir más en todo lo que no digo. De sus oscuras enigmas no sé qué dude, mas esto no es juzgar por su cuidado, sino argüir por mi afecto. Habéis conocido ya cuan dificultoso intento será referir mi mal? Sí, más no tiene remedio? Si lo tiene, pero es muy imposible. El supremo dominio de vuestro padre no hará posibles los medios? No es fácil, aunque mi vida en su mano está. Yo ofrezco hablarle. . Que vos le habléis, será mi mayor tormento. Pues no le hablaré. Tampoco en que no le habléis convengo No entiendo lo que decís. Ni yo tampoco me entiendo. Pues quedaos con Dios. No os vais, que yo os diré. Decid presto. De mi dolor. Ya le escucho. El motivo. Ya le entiendo. Es mi pena. Acabad. Nada, pues que decirla no puedo. Eso es volver a la duda. Esto es volver a mi acuerdo. Pues por qué me detenéis? Porque sepáis que me muero, y porque sepáis también. Qué? Nada, pues que decirlo no puedo. Pues ya me voy. Qué decís? Que voy a morir. Yo muero, que en fin os vais? No lo veis? Id con Dios. Guardeos el cielo. Vamos a morir, cuidado, pues así amor lo ha dispuesto. A callar voy, y a morir; muera pues tanto padezco, para que luzga en mi muerte el más Heroico silencio. . . En tu mano Celebren feliz mi estrella mis vasallos, pues dichoso espero ser hoy esposo de mi Estratónica bella. No hay quien no muestre este día su alborozo. Y con razón, pues celebran la ocasión de mi mayor alegría. Pero advertiste al pintor, que antes que el templo adornase, el retrato me enseñase del Príncipe? Sí señor? Y sabes si le ha acabado? Yo le he visto, y te prometo, que tan bien en lo perfecto lo está como en lo pintado. He puesto, como te he dicho, cuidado en que así saliera, porque en el templo quisiera que ocupe sagrado nicho. Pues aunque según las leyes de Siria, y lo que disponen, solamente allí se ponen los retratos de los Reyes. Es tan grande la afición que a mi Antioco he tenido, que desde luego he querido que tome esta posesión. Pero porque quiero ver si el arre se ha aventajado en lo mismo que ha igualado, el retrato haced traer. Yo voy por él. . Y vosotros dejadnos solos aquí a Erasistrato, y a mí. Ley es tu gusto en nosotros. Acuérdate. . Ya me acuerdo, vete con Dios. está mi vida, hoy te gano . hermosa Irene, o te pierdo. Allá fuera te empece a hablar, y agora prosigo, pues estoy solo contigo, lo que entonces no acabé 1r Y yo he llegado a saberlo, ya te atiendo. Pues oye, porque pretendo dejar hoy efectuado un negocio, pero antes ponderarte, amigo, quiero la felicidad que espero lograr, cuando los brillantes, y dudosos arreboles en señas de mi alegría un Sol le quitan al día para entregarme dos Soles. Ya bien podrás confesarme, que mintieron las Estrellas, pues que logro a pesar de ellas, lo que juzgaron negarme. Ya sus anuncios horribles diré que pude vencer, pues esta noche he de ver posibles sus imposibles. No es así, pues allegaron a fingirte mi desdicha, apoya también mi dicha con decir, que se engañaron. Que ha errado mi estudio, es bien diga, o miente la voz mía. Pues oye, que en mi alegría parte has de tener también. Ya sabes que agradecido a Polidoro he quedado, porque a Siria su cuidado mi hermosa prenda ha traído. Y habiéndome hablado agora, para que efectue atento con Irene el casamiento, a quien sabes ya que adora? He estimado su deseo, ya que obligado le estoy, para hacerle merced hoy con la ocasión de este empleo. Y pues ya que tu prolija edad le tiene elegido, supuesto que solo pido, le has de dar luego a tu hija. Señor, ese es para mí honor grande, pero. Qué es lo que dudas? No sé qué responder, de ti nunca esperé honra menor, pues tan presto. Pues qué importa? Nada, mas hoy. Qué te acorta? no te está bien? Si señor. Pues supuesto que no ignora tu atención eso, qué quieres? O qué mal la causa infieres! pero dilatarlo agora no importara . Cuanto fío que mi voluntad acetes, eso dices? No me aprietes; acá es un capricho mío. A mi callarme procuras la ocasión? ya estás moleso. Que me preguntas, supuesto qué sabes ya mis locuras? El saber tu ciencia agravia el deseo de apurarlo. Poco importa el no callarlo, si importa. Pues dilo, acaba. Su boda determinada, decírselo es disparate. Mas tu voz no se dilate. Cierto, señor, que no es nada. Esa duda induce aquí mis deseos. Los incitas sin ocasión. Ya me irritas. Si te enojas, oye. Di. Habiendo otra vez mirado en mis libros más atento. el fin de tu casamiento, deseando hallarme engañado de lo que vi en las Estrellas: Cuanto siento que me obligue . inquirir aquese fiero a que lo diga! Prosigue. Digo que estudiando en ellas, quizá las líneas erré, o la cuenta, pero allí en cuantos Planetas vi, sus aspectos encontre, sangrientas señales todas de adversidad, y que horribles amenazaban terribles tristes, y infelices bodas. Esto vi, y si más apuro el orbe en que agora va, este fausto signo está muy presente al mal futuro. Y aunque en nuestra profesión lo más se hierra, o ignora, deseo que por agora pase esta constelación. Cuando ya mi boda está tan inmediata, eso indican? Esto es lo que pronostican, pero no lo que será. Mucho temor me ha causado este juicio prodigioso. Supuesto que eres dichoso, no te hagas tu desdichado. Y dime, mi hijo ha de ser quién lo embarace? me aflijo solo en pensarlo. En tu hijo el estorbo has de tener . Que esto la fuerte disponga! Pues de que manera extraño conmigo ha de ser? responde. A mí, señor, se me esconde el modo, pero no el daño. Pues ya que mi aliento apura esa Estrella, yo he de ver mi riesgo, y tú has de volver a levantar la figura, que pues de la Astrolojia tengo algún principio, quiero contrario a la dicha mía. Tú mismo me has de enseñar las imágenes fieles que me amenazan crueles. Harto hallaras que notar. Erasistrato, supuesto que ha de ser, luego ha de ser. Qué tu daño quieres ver? Sí. Pues tú lo verás presto. Ven a tu cuarto conmigo. Señor. Qué dudas? Que sientas haber oído. En vano intenta disuadirme. Ya te sigo. Pues entra, porque ver trato como el Príncipe ha de ser: yo el aspecto quiero ver. Señor, aquí está el retrato. Dioses, qué es esto que miro? cuando el aspecto cruel quiero ver, en lugar de él me enseñan: como no admiro suceso tan prodigioso? el del Príncipe, ay de mí! Ay como parece aquí el acaso cuidadoso! El Rey está muy suspenso, pero divertirle pienso: quieres que el retrato ponga a mejor luz? Más me asombras cuando mi pena desluces, pues aunque le busques luces, siempre has de dejarle sombras. . Parece, o lo temé el alma, No quieres ver la ignorada causa que tu opuesta es? ven, señor. Déjame pues, que ya no quiero vernada. Sosiégare, que ha venido la Reina Solo ella aquí puede sosegar en mí el gusto que he padecido. El retrato he de volverle? Allí puedes arrimarle, que aunque me asusta el mirarle, también me alboroza el verle. Aquí está el Rey. Ya le he visto, y he visto también mi muerte. Señora, o cuanto me alegro de verla! qué hermosa viene! como estáis? Como quien llega a veros; hay pesar fuerte! . Todo mi dolor pasado olvida el gusto presente. . Y vos (el pecho se anime) tenéis salvo? Cómo puede vivir, señora, con riesgo el que vuestros ojos tiene por aliento de su vida? pues aunque dulces dan muerte, al que matan, aseguran, pues vive de lo que muere. Ese favor os estimo; pero que miro? no es este el retrato (ay de mi triste!) del Príncipe? que me quieres, sombra amable? aquí te encuentro, . Si lo sé, pues lo agradece para que muera dos veces? que vuestra atención divierte alguna pena. No es pena? aquí el corazón se esfuerce, la que causa en mí ese afecto, que vuestro cuidado teme, antes es fineza mía, porque al ver la que os merece mi pecho, quiere la voz explicar (o como miente la voz!) su agradecimiento: y sintiendo que no acierte a declararle, se ahoga entre amante, y impaciente: con que al mirarme confusa, o divertida, parece que se siente alguna pena, siendo amor lo que se siente. Que mal se dicen finezas, que el alma no comprende! Cómo he de estimar, señora, favores que tanto exceden mis esperanzas? dichoso puedo llamarme mil veces. Corazón mío, es posible que los hados son crueles . para mí, cuando consigo las dichas tan felizmente! Señor, pues ya tan vecino el gusto se te previene, no queda que recelar; pluguiera a Dios que así fuese. Eso si aliéntame, amigo, pues cuanto amenazar pueden los Astros, estos dos Astros con su hermosura lo vencen. Corazón, disimulemos: . conocéis ya cuanto debe vuestra fineza a mi pecho? el corazón con razones que dicta, pero no entiende; esto no es lograr la dicha; pues como con cobrar puede en tránquilo mar esquife, que seguro el puerto tiene? vos me habéis hecho dichoso: Qué decís? Que el alma os debe el ser feliz, y así agora he de acreditar mi suerte, para que salgan mis dudas de los recelos que temen. Dejad que con el respeto debido la mano os bese por esclavo, y por esposo, pues que me obligáis dos veces. Yo llego, pues, veamos quien puede impedirlo, y quien puede estorbarme esta ventura? , - la culpa, solo mi vida El Príncipe solamente, pero ay de mí! Qué es aquesto, santos cielos? esto es muerte. Al irme a darme la mano, cayó el retrato, parece que celoso quiso; ay Dios! impedir que me la diese. Imagen de quien di el ser, como contra mí te atreves, si tienes vida? o porque te temo, si no la tienes? Amable objeto del alma, que has llegado a defenderme, o como tú eres mi vida pues te has opuesto a mi muerte! Llevad allá este retrato, que a este tiempo, o rara suertes! hubo de ser; qué pesar! el Príncipe el que impidiese mi ventura? hombre, qué has hecho? dónde ibas? No sé si acierte a decirlo. (ce. Cuanto miro prodigioso me pare- No respondes? Yo señor, él me deguella imprudente . dije al Príncipe una chanzar que por mi fuese alcahuete con Estratónica dije, y él que burlas no apetece, con una aguia de acero me quiso coser el vientre: Y así huyendo de él, decía, que el Príncipe solamente podía tratarme así: no me mates. Tú no tienes la tiene, pues la padece. El Rey tuvo por presagio, que el retrato se cayese, y yo de lo mismo estoy no sé si triste, o si alegre. Más disimular importa. Disimular me conviene. Queréis salir a que humilde mi Corte la mano os bese? Vuestro es mi gusto, ay de mí Pues vamos, o como teme el alma! Vamos, señor; ha cuanto el corazón siente! Ya os voy sirviendo. Ya os sigo: penas, dadme ya la muerte. . Si han de venir las desdichas, para que las dichas vienen? Ay de ti, Rey desgraciado! como amenazan tu suerte tus mismos hados escritos con divinos caracteres. De lindo susto escapé; yo ofrezco a Apolo por este beneficio recibido, casarmé como un pobrete con Placida; pero esto a media carta se entiende. Hermosa Irene. Mirad que estáis en el mismo cuarto pues a aquel amor me acerco, de la Reina, y no es razón, que aventuréis mi recato. Esto es quererte. Es querer agraviarme. No es agravio el amor. Erraste el nombre, que ese amor propio le llamo. Pues para que te obedezca mi atención, da a mi cuidado alguna esperanza. Como intentáis que os dé mi labio . Yo llego esperanza, cuando es culpa en mi nobleza escucharos? Luego las mujeres nobles no tienen amor? Si amamos, mas no elegimos; y así incurrierra yo, si acaso por despediros gustoso, os déjara confiado. Mucho tu recato ostenta, y temo, que es desengaño, pero presto apuraré esta duda en que me hallo; ya ejecuto lo que mandas. Y yo comienzo a estimarlo. Yo voy a buscar al Rey, por si Erasistrato ha hablado en nuestra boda: o si fuese buena nueva la que aguardo! Oh cuanto un aborrecido ofende más obligado! . Como en tanto sentimiento; como, ay de mi! en dolor tanto no muero? Ay de mí otra vez, cuanto vive un desdichado! El Príncipe es el que sale, el verle acuerda mi agravio. Irene está aquí; yo quiero volverme, pero mal hago, cuando de aqueste me aparto. O no me ha visto, o me ha visto, pues no llega a ablarme: ah ingrato! No puede ser, que volviendo de Irene al amor pasado, halle remedio a mi pena? si, pues yo quiero intentarlo, y ver si puede vencer un contrario otro contrario. Qué suspenso está! como violento los pasos: hermosa Irene. (traño, Señor, Vuestra Alteza mucho es- que se acuerde de mi nombre. Pues cuando, hay pesares! cuando no ocupasteis mi memoria? Alguna vez, que un retrato me arrojó de ella. Bien dices; yo sé que no os ha agraviado la pintura. Yo no culpo la pintura, a vos de falso os culpo, pues ni aún entonces os merecí el disculparos. No hubo lugar. Y después. Atendí a vuestro recato. Mucho atendéis con amor. Es advertencia de honrado, esto es morir. Acá viene la Reina; hacia el otro cuarto quiero pasar, que después volveré a apurar su engaño. Os vais? No quiero escuchar satisfacción que es agravio, ni un amor que es tan fingido Sabe el cielo, que os he amado mas ya me abrasa otro fuego. Que he escuchado, cielo santo no dijo ay de mí! no dijo, sabe el cielo que os he amado? Ireve estaba con él; luego amante es suyo? cuanto su voz me ha herido en el alma! no sé si este sobresalto es invidia declarada, o son celos disfrazados. Estratónica ha venido, que dulces hieren sus rayos! mas yo me dejo llevar del poder de afectos vanos? eso no, enmiende el discurso lo que la pasión ha errado. No excuso cuando os encuentro llegar, yo mismo embarazo mis razones, a ofrecer a vuestros pies cuanto valgo: que digo? Estoy por volverme, pues aunque el dolor recato, le manifiesta el semblante. No respondes? He dudado, como vuestro sentimiento os tiene con vida, cuando ni aún para poder decirlo, aliento os había dejado? No es piedad, si no rigor el no morir a sus manos. Ya sé yo, que el no morir no es piedad, sino cuidado; y ya sé que sus rigores matan, pero con halagos: solo siento que conmigo hicieseis tan ponderados discursos de vuesta pena, que casi a mí me obligaron a escucharlos con temura; y aunque el motivo es muy grande, para que os deje postrado, para que violento os rinda, para que os obligue blando, habiendo sabido ya vuestro sentimiento, hallo que le padecéis suave, y le explicáis temerario. Qué es lo que escucho! sin duda que sabe ya que me abraso en el volcán de sus ojos; pues cómo, señora, o cuando habéis podido entender afectos que no he explicado; siendo así, que moriré primero que pronunciarlos? Mirad, que a ser eso cierto, ya hubiera llegado el plazo de vuestra muerte. Ay de mí! qué decís? Que os he escuchado, y así al estar con Irene, otra vez hablad más paso. No es lo que pensaba el alma; a Irene oyó, y ha juzgado que la adoro: ya me pesa que entendiese mis halagos, aunque fingidos, o como es mi sentimiento extraño! pues con no quererla amar, siento que me haya escuchado. Si acaso era vuestro intento, que yo interviniese en algo, que a vuestro afecto importase, porque estuvisteis tan cauto? Si queréis que de mi parte lo fomente, habladme claro, que no seréis el primero que con hija de vasallo se case? fuera de que el amor disculpa tanto estos excesos, que siempre quedaréis muy disculpado. Que cuando el amor me niego, . me ahoga, que he de decirle? de celos esté rabiando? y que pueda yo sentirlos y no pueda pronunciarlos? Señora, aunque fue verdad que amé. No quiero obligaros a disculpas, yo os disculpo, y porque vuestro cuidado se escuse de encarecerlo, me voy. Escuchadme un rato primero, porque sepáis que a Irene. No he de escúcharos. Aborrezco. No os entiendo. Pues cuando me estáis culpando, y alzarla vos, no es acaso; no me oíréis? No es menester, pues no os culpo. el cielo para mi daño, Yo me abraso: y aunque el cargo no os importa, quiero que sepáis que es falso: Digo, señora que a Irene, aunque la quise. Es cansaros en balde. Y vos intentáis dar la muerte a un desdichado, y así resuelto. Qué hacéis? He de decir. Vos el paso me estorbáis? sois atrevido. Pues idos ya, que obligaros no puedo; que yo también iré a morir desdichado. Ya me pesa de no oírte tu disculpa, yo le llamo? . Antioco. Mi señora, que mandáis? Mi sobrefalto . turbada, ay Dios! me ha dejado mi yerro, mas la disculpa facaré del mismo caso. Os llamo, porque miréis en este testigo cuanto os cegáis; aquesta daga, que de la tierra levanto yo misma, se os ha caído, y quiero que de mi mano la recibáis, porque así de mi acción más obligado, vuestros extremos notéis, y aprendáis a reportaros: tomadla. Haverse caído, instrumento es que os envía y así matadme con ella, que nunca os habré encontrado más piadosa: mis delitos bien merecen este estrago. Qué es lo que decís? teneos, volved en vos, sosegaos, mirad que mayor hacéis la culpa con no enmendaros. Pues ya que no queréis darme un alivio en un amago, yo he de quitarme la vida con ese acero inhumano: soltad. Qué es lo que intentáis? Morir con él. Aguardaos. Ya estoy resuelto. Es posible, que así os ceguéis temerario cuando vo? , s y yo de piedad movida, , , , , y y también considerando Que voces son las que la Reina en su cuarto pronuncia? acudid aprisa; mas que miro? Fuerte caso! Mi padre ha venidoa: y agora más desdichas, cielos santos? Qué será esto? La Reina inquieta? Suceso extraño! Pues cómo, dime, se mira con el puñal en la mano tú? y aquí tan descompuesto el Príncipe? qué ha pasado? que causa te dio? pronuncia el motivo, o el agravio, o cómo tienes su acero? Yo misma se le he quitado. Por que? No sé qué decir. Qué viva yo en dolor tanto? ella dice mi delito, muera yo antes que escucharlo. Responde, que estoy muriendo, . Llegad vos, señora, todos todo lo que estás dudando. La verdad misma ha de abrir para mi respuesa campo: Si saber quieres, señor, lo que ves, suceso extraño? viniendo por esta sala, hallé que desvariando el Príncipe sentimientos de saber que su retrato fue para ti, esta mañana de turbación, o presagio, quería darse la muerte con este acero inhumano, la pena que te excusaba, procuré estorbar su daño, tan valerosa, que pude quitársele de la mano. Qué es lo que dices? sin duda le ha obligado el desvarío. Cielos, lo que ha dicho disculpando mi culpa, es lo que debía hacer yo: pues como guardo esta vida? yo, señor, soy causa de tus presagios, yo del padre más atento soy el hijo más ingrato, yo tu dicha desvanezco, yo soy contigo tirano, y así déjame morir, pues que mi delito pago. Hijo querido, detente, no me apresures mis años. Mucho temo sus afectos. Yo soy el más desdichado hombre, que el mundo ha tenido; pues amenazan los Astros conmigo a mi padre, y yo el corazón no me arranco? quietad sus desordenados intentos, hay hijo mío! cómo provocas mi llanto? Señor, modera. Corrije. Esa pena. Ese cuidado. Mira, señor, que nos das un pesar, que vale cuatro. Por vuestro padre, y por mí que os lo ruego, sosegaos. Vos lo mandáis, mas que digo que presto incurri en su halago; nadie me detenga, y nadie procure impedir mis pasos. Padre, y señor, no me estorbes ser buen hijo, pues soy malo, que voy a darte la vida con morir de mi cuidado. Espera, aguarda, ay de mi! vamos tras él presto, vamos: ya de mi boda es preciso dilatar el breve plazo. . Sin duda que se ha cumplido el presagio. Yo voy tras ti. Yo también voy sin vida, confesando, que es tu desdicha mi dicha, pues que mi vida dilato. . Y yo valiente, y resuelto quiero seguira mi amo, pues va a reñir con la muerte, y he de morira su lado. .

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Damas, no esperéis remedio en los hombres, ni en su fe, porque uno que yo traté, me engañó de medio a medio. No es mucho, si engaños labra, que de sus intentos tuerza, porque de hacer una fuerza, se le quebro la palabra. Después que vivo burlada de sus traiciones seneras, lo paso como en galeras, mas no es mucho, soy forzada. Esto ay, y queremos bien a los hombres, ni a sus nombres? mal haya todos los hombres, y quien no dijere, amen. Él viene hablando consigo muy duro, hay tal locura! este tapiz me asegura de que no encuentre conmigo. De aquí escucharle podré, ya son risa mis desvelos. Mi muerte en vuestros ojuelos Estratónica encontré: si a contrastar no es bastante a una Infanta mi cariño, advertid que cuando niño yo también he sido Infante. Hoy mi amor ha de saber, o no seré yo quien soy, quiero, pues que solo estoy, y nadie me puede ver, ensayarme, por no errar lo que decirla pretendo. Sus desatinos no entiendo, desde aquí le he de escuchar. Señora, por vos me muero, que no me culpéis os pido, aunque soy tan atrevido, que os he dicho lo que quiero, El marido que os han dado con despobladas encias, se os quebrará en cuatro días, que es viejo, y está cascado. Dejadle por mi persona, y honrad mi intento amoroso, que el hacerme vuestro esposo, es ponerme una corona. Ay desatino mayor! No respondes? HAy tal loco! Mi afecto tenéis en poco, pues no dais premio a mi amor: vuestra intención es muy casta, dice ella, mas ved prudente, que mí dote solamente es un Rey, o eso me basta, ya que para entre los dos, aunque el oro no me sobre, de casar con mujer pobre tengo hecho voto a Dios. Yo premiara vuestro celo del modo que pretendéis, a no saber que tenéis en Palacio otro desvelo; celosa estáis? ilusiones son del amor que os desvela; Placida es una mozuela de pocas obligaciones, Con voluntad mal fundada, de vicio di en pretenderla el tiempo que fue doncella, pero ya es cosa pasada. Esto escucho, y no provoco para el castigo la pena? Su cara no es nada buena, pero lo demás tampoco. Mi agravio está manifiesto, saldré a matarle furiosa. Pues a más de ser golosa, es gran puerca. Qué es aquesto? Aquí está Aurelio, su hora, y mi venganza llegó. Pesar de quién me pario, esto me faltaba agora? Qué hay de nuevo? Este traidor en ofenderme porfía. Por donde, Placida mía, quieres que le dé? Señor. Hoy tu ofensa satisface mi acero. . Así te mitigas? Por Dios que no me persigas, Placida, si es que te place. La mano, y palabra ufano de ser suyo no la dio? pues porque no la cumplió? Porque eso no está en mi mano Esta moza no desea, siendo linda con exceso? confieselo. No hable en eso, que es una cosa muy fea. Miente. Es palabra mayor. Miente el gallina. Honor mío, este huele a desafío, o yo tengo mal olor. Muerte tu espada le dé, si la vida quieres darme. Usté bien puede matarme, pero yo me vengaré. Mire, a no estar en Palacio, hiciera. Atención precisa, señor mío, menos prisa, porque el reñir quiere espacio. Dejadme, que no he de ver la Comedia. Es tu amo? Sí. Róselo, quién está aquí? Ese hombre, y esa mujer, que ha dado en que ha de ser mía, porque el galán tiene Alcalde, mas no le saldrá de balde. Aún dura vuestra porfía? Vamos a fuera los dos. Si él sale su muerte espere. Oyen, oyen. Qué nos quiere? Vayan ustedes con Dios. Idos todos, no haya nadie donde yo me he de quedar, porque solo es compañía de un triste la soledad. Señor, tu accidente cuando fin venturoso tendrá? Cuando yo pierda la vida. Si en eso estriba no más, mucho es que hierren la cura los Médicos. Necio estás. Mira que darás en pobre, si en esa locura das, que en perdiendo un hombre el juicio pierde también el caudal. Vete, déjame, no aumenten tus donaires mis pesares, porque como el instrumento de mi dolencia mortal, es una pasión rebelde, que no se puede templar, hacen tu gusto, y mi pena consonancia desigual, con que se ofende el oído de mi oculta enfermedad. Porque no ves la comedia? Vete, no me canses más. Yo bien me fuera, mas temo que Aurelio, y Placida están esperándome. Ah infelice! Y en saliendo me han de dar mas de cincuenta patadas por delante, y por detras, que en empezando sus pies, todo lo suelen audar. pero ello ha de ser, paciencia: así señor. Qué acabar tantos pesares no puedan con una vida no más? Dime, que le toca hacer a un hombre honrado, a quien han desmentido? Mi paciencia solicitas apurar. Por eso te enojas? voyme, a campaña he de sacar a Aurelio, voy a buscarle. Qué remedio no ha de hallar en la piedad de los Dioses de mi dolor la impiedad? Oy es hablaste por mí a Estratónica? ah lugar mi pretensión? Loco, infame, vive la rara beldad que nombraste, que te quite mil vidas, si a profanar te atreves con tus locuras al culto de su deidad. No sabes bien lo que corro, pues me quieres alcanzar. Sin vida estoy, esta copia del divino original que adoro, primera causa de mi tristeza mortal, alivio, aunque impropio sea de tantos pesares; ay de aquel que está su remedio, pendiente del mismo mal! Permite, bello pincel, si a piedad puedo obligarte, que llegue el pecho a fiarte su ardiente pena cruel; pero aunque mi afecto fiel te diga en llanto deshecho, poco mi amante despecho obligará a tu hermosura, pues tu lámina asegura, que tienes de bronce el pecho. Con recatados temores toda un alma te tributo, y al vestirse ella de luto, te vistes tú de colores. Perfectísimos primores tu imagen bella han formado, pero el Sol que has imitado tanto excederte ha podido, que te dejo desmentido, mas no te dejó agraviado. En vano tu pretensión imitó tanta beldad, porque no fuera deidad a tener imitación. La divina perfección, de quien breve seña ha sido en vanidad te ha debido lo que en beldad le has quitado, pues ninguna te ha igualado, y ella sola te ha excedido. Vuelve a mis tristes enojos, el sosiego que perdí, pues el alma que te di está demás en tus ojos. De tu victoria despojos son mis afectos rendidos, pero no poco advertidos se especifiquen tiranos, que quien me hiere sin manos, también me oírá sin oídos. Pero como poco atento rompa la prisión leal del silencio donde vive cautiva mi voluntad. Q . Que me perdonéis, señora, tan impropia ceguedad os suplico; pero en vano me pretendo disculpar, si en las penas que padezco desde que os llegué a mirar, anticipado el castigo de este delito me dais. Rendido estoy, demos treguas, corazón mío; al afan, si suspensión, aunque breve, mi tormento puede hallar. Vete, que al cuarto del Rey, por aquí intento pasar, para acompañar la Reina cuando al suyo vuelva. Das con tan lindo despidiente, señas de tu gran caudal. . Quiera amor que a mi enemigo no encuentre: pero aquí está del sueño entregado al ocio, poco teme mi pesar, pues cuando ingrato me ofende, sabe guardarse tan mal. Con un retrato en la mano se ha dormido; si será de alguna dama? licencia para saberlo me dan mis celos. Pero qué miro? aquesta rara beldad no es de Estratonica? Ay triste! pues cómo; pena mortal! en sus manos; grave indicio! le encuentro; fuerte pesar! sin duda, que altiva, y loca su bárbara voluntad, en ofensa de su padre, adora el original. Sepultaré en el silencio mi so specha, aunque el puñal de los celos, con la herida, que en mi ejecutando está, para decir sus traiciones ha abierto otra boca más. La Reina viene, irme quiero antes que llegue a notar del llanto que el alma anega, el origen de mi mal. Injusto pensamiento dónde me lleva tu rigor violento? donde tu impulso vano me encamina, si en cada paso encuentro una ruina? los afectos me ofenden repetidos, con el Rey embaraza mis oídos, y huyendo de sus ojos encontrar solicitan mis enojos, como que ha sido acaso, la causa del incendio en que me abraso. Hallar mi amor a Antioco desea el alma con su nombre se recrea; mas cómo, hay suerte dura! tanto un ciego cuidado me aventura? como en su nombre mi atrevido labio se introdunce lisonja, siendo agravio? huiré de hallarle el venturoso empleo, pueda más la razón, que no el deseo; quien del pesar con que atrevida lucho alivio podrá ser? Yo. Más qué escucho? el Príncipe del sueño suspendido favorable respuesta dio a mi oído. las Te adoro, deidad bella. Por Irene lo dice; ha injusta Estrella! Poco el alma su afecto contradiga. Su confusión a lástima me obliga, yo le despierto. Mi contraria suerte. Notable en su inquietud. Me da la muerte. Príncipe, en despertarlo que recelo? Hh Señora, vos aquí? válgame el cielo! Mortal estoy; si acaso me ha escuchado? Aún dormido me ofende mi cuidado; pero el retrato de mi mano falta, nuevo pesar el corazón me asalta. Sin duda, hay pena grave! ella me le quitó, ya mi amor sabe, ya mi descuido que impiedades logra, de mi silencio el mérito malogra. Su confusión no entiendo. En vano mi honor desmentir pretendo. Irme quiero. Ausentarme solicito. Yerro es volverle a ver. Verla es delito. Así escuso los riesgos de mi ofensa. Así hallaré contra mi amor defensa. Pero como no apura mi tormento lo que dormido pronunció su aliento? Pero como me voy sin que disculpa la de de aquel retrato que me culpa? Os vais? Yo no me voy. Ni yo, señora. Qué justamente el corazón le adora! Qué injustamente mi pasión mitigo! Qué decís? Yo señora, nada digo. Mal encubre el origen de un cuidado quien al sueño se entrega descuidado, pues sin que el alma parte en ello sea, tal vez al labio se asomó la idea. Sin duda que lo dice por su bello retrato; hay infelice! negar no puedo. Hablad; qué os enajena? Que mi desculdo os causaria pena. A mi pena? de qué? ah infaustos cielos! ya ha sabido mi amor, pues cree mis celos. Pero advertid que yo. Con su disculpa mi decoro se culpa. Solo esperaba hallaros. Su presunción me agravia. Para daros aquel. No prosigáis. Aquel retrato iba a decirla, pero su trato advertido suspende, que le nombre la causa que la ofende. Culparé su atrevido pensamiento. Que airada que me mira. . Ya violenta mis ardientes pasiones; triunfenya de mi amor mis atenciones; cómo agraviar tu indigna voz procura? Más el enojo aumenta su hermosura. El respeto debido. Señora, si ha podido un descuido ofenderos de mi suerte, porque irritada no me deis la muerte; ya de vivir se ofende mi paciencia, impiedad es conmigo la clemencia, muera mil veces yo, muera. Qué escucho? con la piedad, y con la pena lucho: mal hice en declarar mi sentimiento, pues tanto el suyo con mi enojo aliento. Yo me voy a morir. Mortal me deja. Antes que acabe de explicar su queja, irme de su presencia detérmino. Antes que me despeñe mi destino, de su vista ausentarse el alma intenta. Sin mirarme se va. Pero él se ausenta. A Dios, bella homicida, a Dios impropio dueño de mi vida. Príncipe. Gran señor Estoy cobarde. . Sin mi estoy. Guardeos Dios. El cielo os guarde. Mal mi pasión se encubre. Mucho mi loco afecto se descubre. Pero aunque en tanta pena. Pero aunque en el dolor que me enagen Alivio no he de hallar. Favor no espero. Piedad, cielos, piedad, que yo me muero. Placida. Señora mía. Qué ruido es ese? Roselo, que muy metido en el duelo allí a Aurelio desafía, sobre un mentís, y los dos se han ido de camarada a matar. En mi posada me espera. Guárdete Dios. . Tanto mi pena apasiona del Príncipe el loco intento, que le calla el sufrimiento, y mi llanto le pregona. Que en ofensa de su padre, conserve tan vil ardor? y haga objeto de su amor a la que espera por madre? Y tú que en la mina breve tanta majestad ostentas, como irritado no intentas castigos contra un aleve? Cómo le dejas con vida? pero será acción errada que le mates tu obligada, no haciéndolo yo ofendida. Siguiendo a Irene he venido, de mis afectos guiado. Polidoro se ha extrañado de mí, y seguirle he querido. Aquí está el dueño que adoro a quien de obligar no ceso. Aquí está Irene, aún por eso vino hacia aquí Polidoro. Pues se atrevió a tu recato la verdad convierte en ira. Suspensa el retrato mira. Su atención roba un retrato. Sin duda; ah pesía mis celos! que en él mi agravio se copia. Verá de quién es la copia mi temor, viven los cielos. A quitársele me arrojó, aunque mil muertes me dé. A quitársele saldré, aunque me culpe su enojo. Vano temor me detiene. En qué repara mi honor? Mis celos me dan valor. suelta ingrata. Suelta, Irene. Padre mío, Polidoro vos fácil? vos desatento, agraviáis con un intento mi recato? mi decoro? vive Dios, que este desprecio os sufro, aunque no me cuadre, a vos porque sois mi padre, y a vos, porque sois un necio. Hija Irene. Estoy sin mí. El inadvertido amor de Polidoro mi honor ofender intenta así? de la Reina, vive el cielo, es copia, yo la recato. De mujer es el retrato, vano ha sido mi recelo: Espera, Irene. Corrija a mi enojo tu presencia. Antes que de aquí haga ausencia, . Esto es justo. se ha de casar con mi hija; su fin los Astros pronuncien? ni que por agora anuncien infelices casamientos? Casarlos mi honor intenta; así me le restituyen, las Estrellas no influyen mayor daño que una afrenta. Polidoro, ya sabéis vuestra sangre a la Real, demás, que de sabio habéis el justo nombre adquirido, que os da la Filosofía natural, y Astrolojia. También habéis entendido, que el Rey intentó casaros con Irene, ol an Aañ Y que violentos Impidieron sus intentos vuestros ocultos reparos. Pues ya que os llega a igualar, y que el Rey lo quiere así, antes que salgáis de aquí la mano le habéis de dar. Qué escucho? Dame tus pies, padre, y señor por tal dicha. Levantad. Hay tal desdicha! Ea Irene, no le des a mis pesares más riendas, dale la mano a tu esposo. Hay lance más riguroso? Así tu yerro se enmienda. Advierte. No hay que advertir; tú te opones a mi gusto? Esta es violencia. Amor, volved a vivir. que importa que en mis intentos . Que en fin su esposa he de ser? De todos es conveniencia. Pues porque con más violencia la vida llegue a perder, esta; pero que rumor es el que el Palacio altera? mi nobleza. . Y que es igual . Todo es llanto allá fuera. Erasistrato. Señor. . Mortal vengo. Que desdicha, que novedad, o qué pena vuestro Real sufrimiento descompone poco atenta? Antioco. Hablad decid. Hay hijo mío! Suspensa el alma a tu voz atiende. Cuando intente que saliera a ver conmigo el torneo, que despuso la Nobleza por divertirle, obediente a la impiedad de sus penas, del rigor de un parasismo mortal cayó en mi presencia. Murió? No, que a poco rato volvió a restaurar su fuerza, porque yo tuviese vida. Y para que yo la tenga. Mucho debo a tu accidente, pues he visto que violenta sujetase el albedrío al imperio de una fuerza. Que haya sucedido aquesto al tiempo que Irene bella me premiaba con su mano? ha cuanto es mi suerte adversa! Antes que la oscura noche pueble el mundo de tiniebla, el casamiento de Irene he de hacer que efecto tenga: vamos, gran señor, a verle. Bien dices, mis ojos sean testigos de su desdicha. No es el que viene su Alteza? Si amigo, él es. Retirarme pretendo de su presencia, porque su mal me lástima, aunque su rigor me ofenda. Hijo. Señor. Padre mío? Erasistrato? Merezca vuestra mano quien su vida con vuestro aliento alimenta. Del placer de veros vivo, premio vuestra mano sea. Amigo dadme los brazos. Siéntese aquí Vuestra Alteza, Hijo, no estés en pie, en esta silla te asienta, ya que del lecho al descanso tus inquietudes se niegan. Vuestra Majestad, señor, permita que le obedezca en sentarme, porque ya me van faltando las fuerzas. Es posible que mi llanto, cuando tu vida se arriesga, en recatar el origen. de tu enfermedad, no pueda obligarte a que tú alivio me informe de tu dolencia? Mis lágrimas, hijo mío, tu rebeldía enternezcan; si ha de acabarme la duda, porque callas la evidencia? Hay padre del alma mía, para que saber intentas, mi enfermedad, si en la muerte consiste el remedio de ella? Si el haberte hecho instrumento el rigor de las Estrellas. para embarázar mis bodas, es la ocasión de tus penas, mal desmentirlas pretendes, cuando a la muerte te entregas; pues he de perder la vida al tiempo que tú la pierdas. Aunque era digna esa causa de mis interiores guerras, otra es la que el alma siente. Pues dinosla. Será ofensa del más Héroico silencio. A intertumpirle te mueva mi dolor. Como es posible, que el pesar que me enajena, cuando en el alma no cabe, en mis labios caber pueda? Dejadme, no apresuréis con piedades tan molestas el término de una vida, que ya a fallecer empieza. Que no haya alivio a su mal? Manda, gran señor, que vengan Pero ya el vital aliento los Músicos a esta sala, por si a divertirle aciertan. Voy a llamarlos. . Ve presto; el cielo de mí se duela. Notable melancolía! que no haya hallado en mi ciencia parece que ver intenta: conocimiento del mal que tanto a postrarle llega! Ya están aquí. Di que canten. Al arma, al arma, guerra, guerra, los instrumentos de guerra, que Cúpido de Marte se precia: Nadie se fíe de amor, porque su volcán violento se mira como contento, y ofende como dolor; y pues con tirano ardor del mundo la paz destierra, al arma, al arma,. Callad, no vuestros acentos . En la puerta ociosamente pretendan hacer ruido en el alma, porque a mi dolor no atienda. Tocad cajas, y clarines antes que a rendirle vuelva su pasión, porque es tan noble el espíritu que alienta su pecho, que los marciales estruendos, solo le alegran. Los que estaban prevenidos para el torneo obedezcan de su Majestad la orden. No vuestras voces violentas, en vez de herir el oído, herir el alma pretendan. en el corazón se hiela, y la antorcha de la vida su luz convierte en pavesa. Ya de este humano edificio los cimientos tirubean, y de la ruina el alma felice yo, que ya muero! Que tan rendido te vean mis ojos, y que yo viva? Ay de mí! señales ciertas en su rostro detérmino Mi aliento en vano se esfuerza. de su muerte; a cantar vuelvan, y a las voces acompañen para que unidos a un tiempo su imaginación diviertan. Arma, arma, guerra, guerra, que Cupido de Marte se precia. Qué es lo que miro? callad; hay hijo mío! n darás orden que no digan que estamos aquí a la Reina. Digna de tus atenciones es, señor, esta advertencia. . Era sistrato. De verle el corazón se me quiebra. Tenle esa mano. , con dificultad empieza. La sangre se le va elundo en las venas. Antioco, hijo mío, en llanto el alma se anega! Qué debilitado tiene el pulso! Cómo me dejas con vida, cuando la tuya está de su fin tan cerca? Dejadme entrar. Qué es aquesto? Mi prevención no aprovecha. . Albricias, alma, que ya Ninguno el paso me impida, si su muerte no desea. Estratónica es sin duda: grave tormento la espera! Cielos Divinos, qué es esto? su dévil pulso se alienta, cuando le juzgué sin vida? A Estratónica se niega la entrada? . Segunda vez su tardo pulso se inquieta. Qué es lo que veo? (penas. A aumentar venís, señora, mis Antioco, señor mío, a piedad el llanto os mueva de Estratónica; volved, volved en vos, y merezca nuestro te mísimo afecto, que nos deis algunas señas de que vivis. De sus ojos la difunta luz despierta, y tardamente en sus labios la respiración se aumenta. La amarillez de su rostro en el nuevo ardor alienta, su corazón a encenderse Todas son en fin señales de la vida que granjea después que oyó grave indicio! nombrar, impropia sospecha! hal pero miente la duda, que se introduce violenta allá en el alma nacida de la ilusión de mi idea. Ay de mí! Cielos piadosos, que novedad es aquesta? vuestros temores destierra su tarda voz. Padre mío, Estratónica. . Hijo, deja que el aliento que me faita, con el tuyo cobrar pueda. El placer de verle vivo mi oculto amor manifiesta. Hay peregrina hermosura desde que con voces lentas oí pronunciar tu nombre M restauro el alma sus fuerzas. Vanas presunciones mías, no locamente en ofensa del más superior sujeto vuestros devaneos erezcan. De Erasistrato no entiendo la suspensión. Da licencia, para que sin levantarte, en esta silla te puedan llevar a tu cuarto. Poco de esta suerte le debiera a mi valor. Hijo. En mí tenéis segura defensa. Mi vida solo en tus brazos hallar reparo pudiera. Qué feliz que fue el acaso! Qué tirana que es mi estrella! pues a un peligro le debo lo que la suerte me niega: amor, vamos a morir. A padecer vamos, penas. Qué perfecta! Qué galán! Sin vida voy. . Yo voy muerta. . Eralistrato. Señor, Que llamen al punto ordena los Médicos, que una junta se ha de hacer en mi presencia esta tarde. . Fiel deseo, que en mi corazón desea introducirse, admitir sin ofenderte pudiera, quizá, pero ya te agravian las dudas que me atormentan, pues el querer resistirla, es indicio de tenerla. . Señores, ya habéis sabido que Aurelio me desmintió, pues sabed también que yo, del que dirán persuadido, le desafié con maña delante de mucha gente, y de miedo solamente no he salido a la campaña. Alla me espera de espacio, cuando yo poco seguro por los rincones procuro esconderme de Palacio. Este es el cuarto del Rey, en él mi temor mitigo, pero es hombre mi enemigo tan sinrazón, ni sin ley, que aún aquí; si a verme alcanza, muerte mi espada le dé, por descortes, mal criado; miente a secas el menguado, no dijera, miente uste? A estar aquí, de tal suerte mi ofensa esta enfurecida, que le quitara la vida. Y A quién ha de dar la muerte? Pobre de mí! de aquí entiendo que sin vida he de salir. Quién, pregunto, ha de morir? El hombre. . Cómo? qosid Comiendo. Tres horas en la campaña le esperé como muy hombre, y agora porque se asombre del valor que me acompaña; le he de matar. . Será error. De este intento no me aparto. Hombre, mira que en el cuarto estas del Rey mi señor. Esta pieza es retirada, aquí podemos renir sin que nos puedan oír. OMR Ea, arranque la espada. Está dura de arrancar. Plántese con ella digo, No quiero arrancarla, amigo, si luego la he de plantar. Sustente el duelo. Se hierra, porque el caudal de mis bríos no sustenta desafíos, de que ha de comer la tierra. Mal huele aquí, conocida de su miedo está la flor. De usté sale el mal olor, porque le hiede la vida. Mire usté que me enfada. Honor mío, hoy mi desagravio fío en una industria extremada. Vaya otro. Ya es después: huiré de sus golpes vanos, en poniéndole las manos, o mal me andarán los pies: yo me resuelvo a valiente. Eso pide mi mohina. Hoy, voto a Dios, de un gallina has de morir de repente; mil palos no es casi nada; a mi salvo ha de llevar. Qué aguardas? A qué han de aguardar? si es más de marca la espada que trae; aquí entra la mía, y es ofensa del valor. Más de marca? es grande error. Que las midamos querría. Es del perrillo la hoja. No la mide? Soy contento. Ayuden mis pies mi intento, Mucho este necio me enoja. Esta conclusión, hermano, aprenda. Suelta. No haré, que estando mi agravio en pie, es justo asentar la mano. Ay! Palos ay? si bien salgo de esta me paso a Gilillo, pero en tanto su perrillo mire si alcanza este galgo. Cobarde, espera. Qué es esto? como desnuda la espada te encuentro en lo más oculto de Palacio? hah de la guarda: Señor, Roselillo, y yo para ver si eran de marca las espadas que traemos, las sacamos de la vaina; y él, que como saben todos, tiene burlas muy pesadas, en vez de medir las hojas, me midió a mí las espaldas. Vete loco, y si en Palacio pones otra vez las plantas, te he de hacer dar un garrote. Es fulieria muy mala: rabiando voy, vive Cristo, que he de dar mil estocadas. a este gallina. . Ya el Rey viene a buscarme a esta cuadra, sitio, que por retirado cité para hablarle. Es tanta, Erasistrato, la pena que me ocasionan las ansias del Príncipe, cuya vida ya no me debe esperanzas, que aún para llegar aquí, el aliento me faltaba. Dime, que ocasión te mueve allamarme? con que causa a solas hablarme intentas? para que luego se vayan a ser testigos mis ojos de la perdida que aguardan. Solos estamos. Qué miras? Senda a mis razones falta, pero a hablarle me resuelvo. Con tu dilación me agravias. Que en fin para declararme licencia me das? Ya tardas. Pues sabe, invicto Selevco, que la dolencia ignorada del Príncipe mi señor he conocido. Y tardaba en comunicar tu labio tan alegre nueva al alma? amigo, dame los brazos. Ah señor, cuanto te engaña tu placer! Lloras? qué presto que mis alegrías calman! no hay alivio a su dolencia? remedio a sus males falta? Remedio sus males tienen, pero es difícil. No añada. tu suspensión mayor fuerza al daño que me amenaza: dime de que se origina su enfermedad? quién lo causa? Amor su muerte ocasiona, tanto al querer adelanta. Amor? qué dices? Que siempre juzgué que se originaban de este principio sus penas, pero como no acertaba a conocer el objeto que interiormente idolatra te oculté aquesta noticia hasta agora, que con claras demonstraciones he visto el imposible a quien ama. Dime quién es, si te obliga mi dolor. Mi muerte traza: El nombre de la hermosura, por quien muere me recatas? sin duda que en tus agravios sus remedios se disfrazan. Bien dices, valerme quiero de sus presunciones vanas, para obligarle después a la piedad que no alcanza. Desde un desdichado día que vio a mi esposa Casandra, a hablar no acierto. Tu esposa de sus amorosas ansias, es la ocasión? . No lo digas, que repetido me agravia, y lo que en él es destino fuena como injuria al alma. Amigo, a piedad te obligue el trágico fin que aguarda a toda Siria, faltando su Príncipe. Duda extraña! pues que es, señor, lo que quieres? Loco estoy, no quiero nada. Si quitándome la vida vuestra quietud se restaura, muera yo, muera mil veces, Príncipe excelso, a tus plantas. Mal pudiera ser remedio el que tu vida arriesgara; pero advierte. Hay honor mío! . a ser ofensa se pasa su intento: yo me declaro: que en fin con piedad tirana, por dar al Príncipe vida, de dar muerte a mi honor tratas? Tu honor como el mío proprio le estimo yo, mas repara en que arriesgas. Luego tú, si su salud estribara en cederle la hermosura de quien ser esposo aguardas, por ostentar lo piadoso, a lo amante te negaras? Fuerte lance! Di, qué hicieras? Qué hiciera? Sí, dilo, acaba. Vive Dios que la piedad con mi ardiente amor batalla! pero en que dudo, no siendo posible desdicha tanta? No? pues de todas sus penas Estratónica es la causa. Quién? La Reina mi señora es el objeto a quien ama. Válgame Dios! por mis venas todo un hielo se derrama; como lo sabes? Al tiempo que en nuestra presencia daba con tardas respiraciones señas de su vida escasa, a la Reina mi señora nombraron, y tal mudanza experimente en su pulso, que aunque resistí por vanas mis presuinciones, crecieron cuando y que se aumentaba su mejoria, y que a vista de Estratónica cobraban sus fuerzas nuevos alientos. Con esta duda a mi casa me fui, examine mis libros, y hallé por cosa asentada, que es fiel testigo el pulso de las pasiones del alma, como de historias distintas los ejemplos le declaran. Demás de esto, Ireve mi hija me dio a entender, que las ansias del Príncipe procedían de amor, y que en vivas llamas en los bellísimos ojos de Estratónica se abrasa. Este es sin duda, señor, el embarazo que hallaban tus bodas en las estrellas. Bien dices, ya de tiranías se apoyan, pues sus amagos a ejecuciones se pasan; pero esto ha de ser. Con nuevas dudas mi temor batalla. Está aquí mi padre? Hijo, pues que ocasión te levanta del lecho, cuando tu vida se ve tan amenazada? El venir, señor, a darte. Extraña resolución! Padre mío, ya mi dolencia inhumana, como incapaz de remedio en peligros no repara. Huir de Siria pretendo, si acaso no lo embarazas, por si mudando de clima, hallo en mi suerte mudanza. Sola esta pena a mi vida para acabar le faltaba. Decidle a su Majestad vuestras piedades me valgan. como Estratónica aguarda para hablarle. Qué es aquesto? Su Majestad. Con que causa habrá venido? ahora espero conocer si las palabras de Erasistrato conforman con su semblante. Ya el alma viendo sus ojos se alegra. Si el deseo no se engaña, el que allí veo no es de mis amorosas ansias la ocasión? En su hermosura disculpa mis hierros hallan. Ay de mí! ya de su afecto señales he visto claras. Pero ausentarme es preciso. Pero mi dolor se valga de la ausencia: Inuicto Rey, afligida, cuanto osada, licencia vengo a pedirte para volverme a mi patria, pues después que estoy en Siria, todo es, gran señor; Ya basta, que para solo una vida es impiedad muertes tantas; estadme todos atentos. Nuevo temor me acobarda. Vasallos de Siria nobles, ya la dolencia ignorada del Príncipe he conocido, ya he descubierto la causa de su muerte: de amor nace, y la beldad a quien ama es Estratónica. Cielos, Qué escucho? Y porque en el Orbe renombre me de la hazaña de haber sabido vencerme, siendo una empresa tan ardua, piadoso, y agradecido al silencio con que daba mi hijo costosas señas de la lealtad que me guarda, de Estratónica le dejo la beldad, porque premiadas con su feliz casamiento queden atenciones tantas. Qué dices? Y vos señora, premiad sus afectos grata, que si por esposa os pide, por hijo os granjea el alma. Para que yo os obedezca, el ser vuestro gusto basta; hay suerte más venturosa! Padre, y señor, a tus plantas pierda de gozo la vida, quien hoy por ti la restaura. Dale la mano a tu esposa. Feliz quien tal dicha alcanza. Y feliz quien es ya tuya. Murió mi loca esperanza. Acabose, perdí el juego, pues me han soplado la dama. Señor, da también licencia. Ya tus intentos alcanza mi atención, de Polidoro la mano a Irene. Premiada hoy mi fineza se mira. Vuestra soy. Desde hoy acaban mis penas. Desde hoy empiezo a vivir. Mi honra honrada, Róselo, señor, me debe. Cásate con ella. Guarda. Deme la mano. Protesto, que me la toma forzada, y el más heroico silencio aquí de Cardona acaba; porque el vuestro se interrumpa con los vitores que aguarda.