Texto digital de La más heroica romana
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La más heroica romana. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-heroica-romana-la.

LA MÁS HEROICA ROMANA
JORNADA PRIMERA
ACTO1 Y cuando propicio asilo Y más cuando religiosa Pues todo está prevenido, A Cepta nuestro ruego, sacra Divina Palas, Y esgrima el brillante rayo y hallén en tus piedades catententea tantas devotas ansias, el alivio a que anhelan, el auxilio que aguardan. Al templo; y sirvan de ofrenda en las religiosas aras, de sacrificio las vidas, y de holocausto las almas Sea en hora venturosa fiel culto que se consagra Yo, Señor, seré el primero, a ilustrar lo fervoroso con lo votivo de la ara. Si lo será (ay hija mía! cuando reverente la ansia trueca en fe del holocausto, en logros las esperanzas. Y cuando propicio asilo busca en la deidad, que grata acepta el rendido, humilde culto afectuoso del alma. Y más cuando religiosa con activo anhelo labra la oblación de su fervor víctimas de su constancia. Pues todo está prevenido, lleve afectuosa las ansias a la hoguera el sacrificio, la veneración a la ara, Y esgrima el brillante rayo de acero, en bruta garganta, a golpes de afectos puros, impulsos de confianzas. Oracio es aquel. Honor, porque si buscas mi fama, si me acuerdas el desdén, no me olvidas de su gala? Amor, si haces que ame a Oraclo, . aporque tu cruel aljaba vibrando un cariño, hiere en una desconfianza? Yo, Señor, seré el primero, que al culto que se consagra avi- avive el ardiente activo, fiel incendio de la llama. Ay Elodia, amado dueño, si tu hermosura me arrastra, porque un afecto, que influyes quieres destruir tirana? Y yo, Señor, si gustáis que algún sacrisicio os haga mi suegra degollaré; que es fiera demás de marca. Humor tenéis. Quita, loco. Guerra, guerra, al arma, al arma. Oracio, aquese rumor da a entender que astuto trata el enemigo labrar de tus descuidos sus trazas. Generoso Lucio Bruto, Flabio y Camilo, en quien halla con vuestra dirección Roma hacerse eterna a la fama; yo que merecí el honor de Cónsul de vuestras armas, que os supe servir con ellas, justo es que memoria os haga, pues, cuando culpáis de homisa mi continua vigilancia en público, me es preciso que en público os satisfaga. No os cansaré con proezas de mis heroicas hazañas, que Persas, Griegos y Albanos, por mí al mundo las declaran: solo diré desde el día que inundando esas campañas, Porcena gran Rey de Etruria con las legiones que manda de Etruscos, Volfios, Latinos, y de toda Europa y Asia, el sirio le puso a Roma, Detente, Oracio, detente. Valeroso Oracio, aguarda. pretestando que su instancia es por volver a Tarquino la Corona que usurpada Oh cómo mi genio aplaude le tiene Roma, pues dice que ha sido tiranizada; desde entonces mi valor en una y otra batalla supo reprimir el fiero orgullo de su arrogancia, sin que en tiempo de dos añíos que a Roma tiene sitiada, logre si no es escarmientos de mis victoriosas armas. La última puede decirlo sobre ese puente de tablas, donde el cristalino Tiber con rizas selvas de plata lame entre arenas de oro las márgenes de esmeralda; y broche de pino ciñe lo diáfano de su espalda, pues siendo el preciso paso para atacar a la plaza, empeñó todo su grueso por conseguir expugnarla, y defendiendo su intento yo con muy pocas escuadras, en la interpresa perdí multitud de gente tanta, que de la sangre vertida mudaron color las aguas, y del rojo humor teñidas corrieron ondas de grana. De tan continuado asedio y de enfermedades varias con el embotado filo de la hambre, tan destrozadas han quedado nuestras tropas, que sin poder repararlas, aún la defensa se hace proposición temeraría; y más cuando el enemigo todas aquesas campañas inunda con nuevas tropas, y obstentando su arrogancia viéndonos sin resistencia con estragos amenaza. Ved si culpáis mi descuido, quien al descuido da causa, yo que aliento la defensa, o quién la tiene olvidada? Detente, Oracio, detente. Valeroso Oracio, aguarda. Oye, Capitán famoso. Qué es lo que vuestra voz manda? Oh cómo mi genio aplaude su resolución bizarra. Qué valerosa osadía. Oire Oiré que el Senado manda. Timóclea, esto va largo. . . Oye, Libia, mira y calla. La Libia con sus ojuelos le da al corazón punzadas. Ya que delante del grande concurso que aquí se halla de la nobleza y la plebe, ha podido tu arrogancia por disculparse culparnos; preciso será que haga notorio el motivo a todos de la guerra y de su causa: que aunque no todos la ignoran no he de excusar recordarla, por si incita la memoria a el valor y a la venganza. Roma, esa Ciudad insigne a quien todo el mundo aclama Emperatriz de las Gentes, pues cuanto el ámbito abraza de la América y Europa confines de África y Asia, la conoce por Señora, y la sirve tributaria; fúndola Rómulo, he hizo que por su Rey le aclamaran, y en más de doscientos años por Reyes fue gobernada, hasta Tarquino el soberbio; cuya condición tirana, cuya indomita avaricia, y cuya crueldad fue tanta que como caribe impío sediento de sangre humana, verriendo arroyos, aún no su insaciable ardor se sacía. Eso yo podré decirlo, como a quien más parte alcanza, pues siendo por la nobleza tribuno, porque estorbaba con el Senado sus iras, quiso su ambiciosa ansia el dominar absoluto, y con cautelosa maña hizo a su heroico decoro el tiembre que más la ensalza: juntó el Senado y nobleza, con pretexto que trataba de conquistar a Bohemia; Y cercados de sus guardas fueron sus vidas despojos de sus crueldades tiranas. De estrago tan lamentable yo solo me libré, a causa de que en la Ciudad de Ardea, en aquel tiempo me hallaba: mas la crueldad de Tarquino por ver si me aprisionaba, con ejército copioso puso cerco a sus murallas, cuyo asedio:- A mí me cupo como Cónsul de las armas; y mientras duró Tarquino en la Ciudad de Colacia, en casa de Colatino se aposentó, y vio la rara hermosura de Lucrecía, y ardiendo en lasciva llama para gozar su belleza, a Colatino le encarga la asistencia a los ataques, y mientras su ausencia, trata Tarquino injusto quitarle con su esposa honor y fama: y una noche en su retrete hallándola descuidada amoroso la persuade, ella ostenta su constancia, mas viendo que no aprovechan ruegos, suspiros y ansias, sacó un puñal, y la dice que está resuelto a matarla; y a un esclavo que con ella ha de incluir en la cama, publicar que les dio muerte porque a Colatino agravian. De tanto horror, tanto asombro, la matrona se desmaya, y de la ocasión valido consiguió lo que anhelaba: después huye, mas Lucrecia a su esposo, y deudos llama, cuenta el caso, y valerosa vengando en si ajena infamia de puñaladas se dio, y la sangre que derrama hizo a su heroico decoro el tiembre que más la ensalza: Aa y su cadaver:- Yo hice ponerle en pública plaza, paraque visto del pueblo, conmoviese en tal desgracia no el estrago a compasión, si el valor a la venganza; y como ya de Tarquino las ofensas eran tantas a persuasión de mis voces todos libertad aclaman: lo mismo hicieron los cabos principales de las armas, y el Ejército; con que huyendo Tarquino, pasa a favorecerse a Etruria donde Porcena le ampara su Rey, y ya Roma libre de injusta opresión tirana erigió senado y leyes que la conservan y guardan en paz, justicia y razón contra la invasión, que traza Porcena, que con Tarquino ha que la tiene asediada dos años, y como Oracio de referirnos acaba siempre ha sido vencedora: más puesto que desgastadas nos dice que están las tropas, conviene que al punto parta camino por los retenes que ya de Epiro se aguardan, y mientras llegan, se junten las milicias de la plaza, paraque las guarniciones puedan quedar reemplazadas. Y ahora el culto se prosiga de la gran deidad de Palas, pues su protección es siempre nuestra mayor confianza. Para que yo a obedecerte en concluyendo me parta. Y yo junte las milicias para disponer su marcha. Y yo con ellas demuestre cuanto serviros me ensalza. Y el himno a repetir vuelva las métricas consonancias, y empiecen los sacrificios. Todos venid a las aras donde nuestro afecto diga. Donde digan nuestras ansias: Acepta nuestro ruego sacra, divina Palas, y hallen en tus piedades nuestras devotas ansias el alivio a que anhelan, el auxilio que aguardan. Al Templo, y sirvan de ofrenda en las religiosas aras de sacrificios las vidas, y de víctimas las almas. Viva el grande Porcena valeroso. Roma, y el mundo le aclame ventus roso. Viva, y la fama con sonora trompa inunde en voces con que el aire rompa, todo el orbe que admire de sus glorias las hazañas, trofeos y victorias. Viva muy norabuena mas que una suegra, que a todos causa pena. Decid, vasallos, que Tarquino vi va, y que rendida Roma le reciba. Viva Tarquino. Cómo cuñada, o tía. Solo, Señor, a la desgracia mía podrán vuestros favores con vencerla lograr triunfos mayores; pues viendo que el laurel sacro emiven. te le usurpa Roma de mi heroica frente; y de él, y de ella excluido, fama, honor y grandeza había perdido: honor, fama y grandeza quiere restituirme vuestra Alteza, porque acción tan gloriosa os logre un triunfo, y mi venganza honrosa de injustas deslealtadas, y le añada un blasón a las piedades de vuestro heroico y generoso pecho hecho a favores, y a clemencias hecho. En Roma por su Rey fui coronado, de ella y del mundo me miré aclamado; mas como duración no tiene alguna la variable deidad de la fortuna, y su voluble rueda nunca para, que si a un vuelco venturas nos prepata a otro infaustas tragedias solicita, y un bien que da con nuevo mal le quita; así a mí de sus bienes me enajena, y a tragedias y estragos me condena; tomando Roma por infiel pretesto de Lucrecia infelice el sin funesto, cuya tragedia a Lucio Bruto obliga a que el Reino se altere y me persigas y abultando en mi cargos que somenta, incita la traición, que el mismo alienta con decir que el Imperio poderoso monarquico es cruel y riguroso, y que el Aristocracio es suave, apacible, y que en su espacio, por Cónsules, Tribunos, Senadores, las leyes del gobierno son mejores, y el vulgo monstruo atroz que se ali- menta solo de novedades, que somenta; esta opinión recibe y contra mi traiciones apercibe; hasta de sus dominios desterrarme, y de mi honor y Reino despojarme; hasta que vuestra Alteza amparó mi razón con su grandeza, No, Tarquino generoso, con difusas expresiones me deis gracias de un auxilio, que ejerce mi pecho noble. Rey sois, y vuestros vasallos a la Majestad traidores os tiranizan injustos tantos debidos blasones. Rey sois, y cuando la injuria vuestra, mi esfuerzo conoce, como Rey debo ampararos, sin que lo impida ni estorbe de Roma el común supuesto que os hace cargos enormes: pues ni a ella, ni a mi compete de las culpas, que como hombre, comete un Rey, conocer, pues solo toca a los Dioses. Para castigar a Roma sus traidoras sediciones dos años ha que sitiada la tengo con mis legiones, sirviéndolas des embarazo el Tiber que monstruo indócil, undoso fondo de plata con los raudales que corre, da seguro a la ciudad contra mis operaciones, y la puente guarnecida de muros y torreones hace impracticable el paso al ansia de mis rigores. Presto, Señor, venceréis tan grandes oposiciones. Que el Tiber podré esguázar me decís? Atento oye: de esos vecinos villajes los rústicos moradores, o movidos a mis ruegos, o atraidos a mis dones, me ofrecen que darán paso hasta cuatro batallones sin riesgo con el seguro de lo oscuro de la noche en barcos, que como ellos toda la ribera corren, y a Roma los bastimentos introducen de remolque, los conducirán al paso, o por dónde el río encoge sus márgenes, pues Miseno grande inexpugnable monte con eslabones de peñas le encadena de prisiones; con que llegando a su falda, que con inmediación corre hasta el monte Palatino, sobre cuya planta indócil se sienta el templo de Palas, y con religiosa orden solo sus claustros habitan las ninfas, aquesta noche esta interpresa: podrá aelamarnos vencedores. Mucho, Tarquino, agradezco el aviso, y pues acciones de tanto empeño se pierden con la omisión, esta noche determino el emprenderle. Yo solo espero tu orden. Tú, Suerio, de las tropas con grande silencio escoge los soldados más expertos, y a todos darás por orden lleven faginas y achas, y así que el paso se logre, pongan fuego a cuanto encuentren desde el uno al otro monte, y del ejército el grueso por distintas partes toque al arma, y que al punto abancen las prevenidas legiones de los Volsios y Latinos, para causar confusiones a los Romanos, y entre ellos nuestra interpresa se logre. Voy, Señor, como me mandas a dar las disposiciones. Y yo a buscar un rincón cueva, escondite o esconce que mientras dura la danza yo descanse, duerma y ronque. Tú, Zorro, conmigo irás. Por Baco, flor de los dioses repares, Señor, que yo temblando estoy de los golpes. Pues ya la noche se acerca, vamos, Señor, no ocasione la tardanza algún acaso que tan gran designio estorbe. Dices bien, vamos, Tarquino. Si yo puedo aunque se enoje me he de escapar, y después mas que gruña o se alborote. Pues la noche se avecina, y ya guarnecido tengo el punto, a este monte vengo a recorrer su colina: que aunque riesgo no imagina por este parte el cuidado, quiero estar asegurado: Ay! Elodia dueño mío, cual me trae el desvarío que solo anhela a tu agrado. De este monte la aspereza inexpugnable contemplo. Reconozcamos el templo. Habrá tan grande simpleza, de atravesar la maleza de dos montes, por llegar al templo, sin reparar el que ya estará cerrado, y que habiéndonos cansado lo que buscas no has de hallar? Calla, loco. Ponte un tanto; que al rollo de la locura pues el frenesí te dura, bien puedes llevar tu canto. La noche su negro manto descoge. Al templo lleguemos, y vuelta a sus cotos demos: que feliz mi suerte fuera si es que en él a Elodia viera. De esta nos despeñaremos. Con qué armonía sonora la tortolilla lamenta de amor una ansia violenta, que la calla aunque la llora. Música ha sonado ahora. Dices bien, y su concepto habla con mi pensamiento, pues parece se ha formado del afán de mi cuidado, seguir su cadencia intento. Enio, vamos por aquí. Ya tus pasos voy siguiendo: una locura advertí, y sigo su frenesí. Pues el acorde rumor es concepto de mi amor::- Qué siga tal bobería? Pues me arrastra la armonía diga con ella mi ardor:: Con qué armonía sonora la tortolilla lamenta de amor una ansia violenta que la calla aunque la llora. Porque te apartas, Señora, sola queréis retirarte? Porque no hal divertimiento que alivie mi sentimiento. Yo sola no he de dejarte. No nos dirás que cuidado aflige tu corazón? Una tirana opresión de un concepto mal formado, que en mi silencio guardado ha de estar eternamente. Aquese metro cadente tu sentimiento divierta. Ella mi aflicción despierta, pues me dice en lo que siente: Con qué armonía sonora la tortolilla lamenta de amor una ansia violenta, que la calla aunque la llora. Yo tu pasión conjeturo que es el dolor tan parlero, que aunque la causa te encubra la muestra por los efectos. En vano es la conjetura; pues la pena que padezco tan guardada está en el alma, que aún no la sabe el silencio, Él no la sabrá, mas yo a adivinarla me atrevo; Calla, necia. Libia y yo bien tu pasión conocemos, pues se conoce que amor da causa a tu sentimiento. Amor dijiste? (ay de mí! que en vano es ya mi silencio, al oír amor, que su nombre es áspid, que helado y hyerto, entre la verde esmeralda del prado, a quien guarneciendo va con engastes de perlas un cristalino arroyuelo, le halla la incauta inocencia; y compadecida al verlo da abrigo a su lánguidez en lo fincero del pecho; ingrato huésped le infunde lo nocivo del veneno, y da muerte impía, a quien le dio de piedad remedio Asi del amor el nombre le abrigó el odio; y luego de él se pasó al corazón, donde astuto comunero los sentidos y potencias en trabada lid ha puesto, y en tropel desordenado de ansias, fatigas y afectos, al labio arrojan la pena que ocultaba mi silencio. O si antes de referirla muriera al tenaz, violento, activo, cruel, tirano, infausto afán que padezco! Pero si he de referirla cese el babel de mi pecho; haga pausas el dolor, y calme el desasosiego. Hija del gran Lucio Bruto nací única; o que presto que quiere entrar el amor a la parte en mis sucesos! Por sobrino de mi madre se crió en sus años tiernos en mi casa Oracio Codia mi primo, que quiso el cielo que mi pasión se origine en mi oroscopo primero; pues apenas me illustró la luz del conocimiento, le vi, le traté y le hablé, con el inocente afecto que ocasiona la pueril niñez con la unión de deudos, Esta crianza, este trato de afable y dulce sosiego, duró hasta que más adulta la edad tocó en el extremo juvenil, a donde ya empieza el entendimiento a avisar a la razón; esta al honor, de que hay riesgo en sociedad, sangre, agrado, igualdad, trato y afecto. A esta causa nos divide a Oracio el heroico anhelo de las armas; cuando a mí mi propio recogimiento: a él le dio el belico afán timbre de Marte guerrero; y a mí, mi estado y nobleza la atención que da el respeto a una hermosura que vive libre de injustos deseos: así vivimos logrando él aplausos y trofeos; y yo la sinceridad de lícitos pasatiempos; hasta que volviendo a Roma victorioso de los Griegos Oracio, para su aplauso dispuso el senado y pueblo, el pagarle con honores tan glorioso vencimiento; y entre excelsos aparatos que hizo a su recibimiento, uno fue se celebrasen los majestuosos juegos Maganenses, que enlazados los varios divertimientos, de música, poesía, lucha y carrera, halló diestro lo cadente o discursivo, lo robusto o lo ligero del afán o la dulzura magnifico heroico premio, Siguiose la dura lid de las fieras; y en el cerco del excelso anfiteatro concurrió nobleza y pueblo. A dar principio a la lucha ocupó Oracio el terrero, porque tal vez quiso hacer un público manifiesto; que en funciones del valor debía ser el primero, o que como agradecido a tan mognifico obsequio debía satisfacerle sacrificándose al riesgo. Hizo la seña el clarín, abrió la jaula el portero, y causando asombro a todos, de esta suerte un monstruo advierto. Tostada piel a remolinos llena, fuego exhalando por airados ojos, esgrimiendo en dos rayos sus enojos, feroz toro ocupó dorade arena. Su braveza indomable Oraclo enfrena, asiendo temerario sus antojos, los dos tortuosos arcos y despojos, busca su brío en la tragedia ajena. Traban la lid cruel, sangrienta y du- ira, feroz la fiera, el joven esforzado, triunfar uno del otro así procura; hasta que el cuello bruto destroncado, en la tierra cayó, donde asegura aliviar con morir lo fatigado. La victoria celebró con común aplauso el pueblo, y la ofrecida corona a Oracio le dio por premio: y él llegando a donde yo la función estaba viendo, me la dio, con que acabaron por este día los juegos. Desde entonces mi cuidado, empezó a mirar atento su gala, su bizarría, su atención y su respeto: con que pudo recordar aquel agrado primero de la primera crianza, y hacer trocase mi pecho la sencillez en peligro, la paj en desasosiego, la razón en desvarío, y la quietud en tormento: tanto que en la fantasía le pregunto a mi desvelo, quién es quien ha introducido a la alma este afán violento, que hace afable la fatiga de un dulce desasosiego? Si será amor? No, que amor es solo un mental objeto de ironia que se forma la idea de un desacuerdo. Si será el hado? tampoco, que este benigno o adverso, influye como inclinando, de esta suerte un monstruo advierto. y no arrastra destruyendo. La sangre será? No, que está tun aunque arda en el parentesco, conspira débil materia, para tan activo incendio. Si no es amor, hado o sangre, qué será el mal que padezco que cuanto huyo su vehemencia tanto hacía el dolor me acerco? Mas ay, que ya conjeturo que halago, pasión, deseo del hado, sangre y amor producen mi sentimiento. En aquestas confusiones batallaban mis afectos, cuando mi padre dispuso que fuese en el sacro templo de Palas Sacerdotisa, donde mi decoro atento a su ser, busca la amable dulce quietud del sosiego: y el alma viendo en Oracio finezas y rendimientos, la misma paz a que anhela le da a su inquietud somento. Ved si en tantas confusiones de ansias, fatigas, afectos, de estado, decoro, honor, pasión, influjo y deseo podré tolerar la injusta, pena tenan, que padezco. Tienes razón de sentir, mas no con tan grande extremo, que eche a perder la razón la sinrajón de un afecto. Aquesto vendrá a parar en darme un cuidado nuevo. Pues este sagrado coto solo es un recogimiento que en culto de la deidad claustral clausura se ha hecho, interín que de sus Ninfas, o la elección, o sue deudos las da estado; siendo igual la calidad, ten por cierto que si él te ama, y tú le admites se haga vuestro casamiento. Ay Timoclea, que activa la ansia de mis afectos es materia que produce la voracidad de él. . Fuego. Fuego, fuego, guerra, guerra Todo lo abrase el incendio. Que más fuego, que más guerra que la que siente mi pecho? Pues todo el templo se abrasa nuestras vidas resguardemos. Qué impensada novedad altera nuestro sosiego? Pues las Ninfas aquí llegan, de ellas podremos saberlo. Huyendo de tanto asombro hacia aquí nos retiremos. Tened, Ninfas, no la fuga os conduzca a mayor riesgo. Elodia, si el impensado estrago, que estames viendo, avisa con el peligro lo infausto del escarmiento; qué hemos de hacer? Acudir al reparo. Fuego, fuego. Por aquí el templo se asalte. Arma, guerra. Al templo, al templo. Ay Señora! cien mil hombres vienen entrando acá dentro. Todas las brillantes puntas de los áspides de acero fird al arco, y sus giros se vibren contra los pechos de quien profanar pretende los segrados cotos nuestros con el sacrílego enorme insulto de tanto hierro Yo la primera seré que castigue su despecho En defensa de sus cotos será muro nuestro esfuerzo. Por aquí seguidme todos, Arma, guerra. Fuego, fuego. la voracidad de él. . h. sacrílego atrevimiento, antes que el ardiente rayo que vibra mi arpón severo, volante exhalación sea que consuma tu error ciego. Y vosotros suspended el infiel osado intento. Dimos con la madriguera: mas con luz y llama veo, que es una hermosa manada. Nadie ofenda su respeto. Suspende, hermoso prodigio, la ira del arco violento; que es inútil el arpón, donde se vibra lo bello. ; De qué ha de triunfar la flecha si antes que me hiera el pecho, admirado de mirarte no me admira el verme muerto? Templa lo activo a la cuerda, si buscas mi rendimiento, que es impía su violencia ya conseguido el trofeo. Calla, tirano, que más de tus palabras me ofendo que aún del infiel desacato que has cometido protervo. Las flechas enarbolad, y mueran. Pues en el templo incendio y rumor se escucha: sígueme, vallente Enío. Algún socorro se acerca; el triunfo no malogremos. Dices bien, el valor obre: Hermoso prodigio bello, vente conmigo que así más victoria no deseo. Primero verás tu muerte. Pues te defiende mi aliento, ponte en salvo, mientras yo tu retirada defiendo. Lo mismo hará mi valor. Yo haré más que es tener miedo. Mueran. Soldados, matadlos. Será en vano vuestro intento. Ninfas, seguid mi valor. Muera quien prosana el templo. Arma, arma. Guerra, guerra. Mientras se dan yo me quedo. Romanos, el templo asaltan los enemigos. Al templo. Gente de la ciudad sale. Ya un tumulto va acudiendo. Qué miro! Pobre de mí. Mas hay triste! Qué estoy viendo! Arma, arma- Guerra, guerra. Que allí hay un Gigante advierto. Un soldado a mí se acerca. Al río, a la cumbre, al puerto. Qué haré? Huir como una Zorra. . Qué haré? El escapar huyendo, que otra jornada dirá en que para todo esto. AGT
JORNADA SEGUNDA
Viva el gran Porcena, viva. Viva el heroico Tarquino. Señor,; como aquí te hallo cuando te juzgué en Epiro? Mándeme volver a Roma el Senado, y prevenido de mi riesgo, recatado vine por este camino: mas viendo el campo contrario tan lleno de regocijo, y que Roma abre las puertas, de la novedad me admiro. Se rindió Roma? No, y sí. No, y sí, i no has advertido se implican? En este caso hablo la verdad; Camilo; se rindió, y no se rindió; escucha, y no de mí estilo echos menos el gracejo, que si el dolor ha podido hacer mudar la razón, mudar de genio es preciso. La noche del día en que hizo a Palas sacrificio el Senado, y de su orden tú te partistes a Epiro, apenas el negro manto de lobregueces teñido, desarrolló oscuridades para arrollar epicidios; el campo en quietud lograba de Morfeo el blando alivio, y en fe que vela un cuidado en todos reina el descuido. El toque de armas y asaltos les despierta, y de improviso nia se construyó en Mongibelo todo el monte Palatino. Arde el gran templo de Palas, asáltale el enemigo, temen tímidas las Ninfas, libra Oracio su peligro, sale la gente de Roma; y en tanto confuso abismo hirió sin orden la ira al amigo y enemigo. Porcena la retirada fía a sus barcos y a el río; y fue el asalto del puente antes estrago que aviso. Acude Oracio a estorbar la invasión, y lo que el brío le empeñó en la resistencía le condujo al precipicio, azab mmia? pues herido y prisionero allí fue de los Latinos. Vino el día y el asombro crece, viendo mal distintos correr arroyos de sangre de cadaveres y heridos, y a espectáculo tan grande se hizo común el gemido. Roma la paz pide a voces, da a la paj Porcena oídos, porque igualmente padecen el vencedor y el vencido; mientras los preliminares por rehenes Roma ha ofrecido todas las Ninfas de Palas::- mas, ya en vano lo repito pues echas ya las entregas vienen llegando a este sitio. Retírate a aquesta parte, mientras llegan. Ya te sigo por si acaso entre la bulla a mi amo Oracio distingo. Viva el gran Porcena, viva, Viva el heroico Tarquino. Pues que ya habemos llegado hasta el cuártel prevenido que ha de servir de hospedaje a tanto hermoso prodigio; entrad. Ay divina Elodia! que venturosa que ha sido la fina amante elección que a tu obsequio sacrifico! Pues a infausto cautiverio me condujo mi destino, hará vuestra Alteza en él siempre como. Rey invicto. Ay Oracio Cuánto siento el pesar con que te miro! Cuanto el disgusto de Elodia aumenta el dolor que animo! Suspende, hija mía; el llanto: Por que intentas reprimirlo si padre cruel me entregas al poder de tu enemigo? La aflicción de Oracio siento. . Todos están suspendidos. Ya puedes llegar. Aguarda, que después habrá motivo. Pues en fe del homenaje, Oracio, te he permitido, que andes libre por mis Reales, y sabas cuanto te estimo, llegar puedes. Vuestra Alteza siempre piadoso y benigno B4 manifiesta su grandeza en el honor que recibo. Oracio, el Senado y Roma siente el mirarte cautivo. Al favor que a todos debo siempre seré agradecido. Mientras el día señalo en que queden conferidos los tratados de la pan, bien podéis, Romanos, iros. Y espetad de mi piedad que aunque ingratos habéis sido, sabré dar en tanta ofensa por traiciones beneficios. Antes de ausentarme intento quedéis, Señor, prevenido de lo que Roma resuelve, y responderos Tarquino. Roma vivirá sujeta al tributo o donativo que la imponga el duro infausto influjo de su destino; mas no volverá otra vez a obedeceros, Tarquino, que antes perderán las vidas la multitud de sus hijos, no porque ignora el heroico timbre de tu sangre invicto, ni que fuiste último parto de nuestros Reyes antiguos: y paraque no gradues de traidor nuestro designio, públicos cargos te hace; no podrás contradecirlos: para cesir el laurel. de Roma, distes impío a vuestro suegro la muerte, quitándole a un tiempo mismo, con la vida la corona, privándole vengativo del excelso Mauseolo a su fama merecido, sirviendo a tu exaltación de mérito un particidio; qué buen fin espera el cetro que tuvo tan mal principio, sobre insultos y violencias, adulterios y homicidios que hizo hábito a cometerlos ver que hay paciencia a sufrirlos; Dígalo todo el Senado, pues tu ira paró a cuchillo, y la nobleza lo diga, que sufrió el ultraje mismo. Muerta Lucrecia lo explique, y afrentado Colatino con los continuos lamentos de tanto pueblo afligido que forjó en su tolerancia de su esclavitud los grillos, y después::- Calla, traidor, o airado el enojo mío arrancándote la lengua dará a mi ofensa castigo. Tarquino el soberbio te llama, y así no admiro que no hallando la disculpa te arrastre tu afecto mismo. Basta, Romano, y pues ya quedo de todo advertido, vete; no tanta osadía abuse del favor mío: oh cuanto este acaso prueba las crueldades de Tarquino Si haré; Romanos, venid. Porcena airado conmigo, yy yo podré tolerarlo? Bien este acaso me ha dicho, que parcial de los Romanos atenderá a su partido, y abandonará mi ofensa. Hija, adios. En tal peligro me dejas? Es imposible por ahora el resistirlo. Oracio, mientras yo vuelvo, aguárdame en este sitio. Bien está. Lucio. Quién es? Yo sol. Sígueme, Camilo. Júpiter, Porcena os guarde. Romano, él vaya contigo; y voz, Señora, venid que hasta el Real he de serviros. No se canse vuestra Alteza. Ven, Elodia, que es preciso que sirva rendida un alma que a vuestras aras dedico. Pues lo mandáis, vamos Ninfas; o cuanto en tanto conflicto aña de pena a mi pena el que Oracio ha de sentirlo En celos se abrasa el pecho viendo a Porcena tan fino. Aún más el pesar de Oracio siento yo que el propio mío. Vamos, Ninfas. Todos ya, Timoclea, te seguimos. . Oh qué feliz es mi amor si mi esperanza consigo! La paz que Porcena trata da a entender que es su designio complacer a los Romanos, trazando el desaire mío: pero pues ya de mi parte están todos los Latinos, con ellos yo sabré hacer ventajoso mi partido. No le bastó a mi fatiga, injusto, y cruel destino, Humor tenéis. verme preso, desdichado, mísero, pobre abatido, Su buen gusto me ha agradado. sino el ver a quien adoro en poder de mi enemigo? Mi amo está solo, yo llego: Ya lo hago al proviso. El gran valor con que siempre Señor? Sin duda no ha oído. A Elodia Porcena adora, pues de su voz lo expresivo lo muestra, y disfraza atento lo sfectuoso del cariñío. Señor, por esotra puerta, que está cerrado el postigo. Señor. Ay de mí! Mal haya:: hay pobres carrillos míos. Lebrón, tu estabas aí? Respondante mis ocicos. Dónde hasta ahora has estado? Saber de ti no he podido hasta ahora; pues en Roma solo tu muerte se dijo. Oracio? Señor,; qué ordenas? Qué quiere este hombre? Serviros. Quién sois? Qué no lo sabéis? Yo de qué? Pues ya os lo digo. Mi propio nombre es Lebrón, de solar escurecido; es tan corriente que aunque de Lucas la galga a brincos le corra, le ataje y siga, no le dará en el ocico: pusiéronmele porque en un día del estío andando mi padre a caza encontró entre unos tomillos a mi madre, y como ganga allí la pilló al garlito. Y como a caza de liebres, o de gangas, que es lo mismo, andaban, vine a nacer a las liebres parecido; pues cual liebre huyo en la guerra, soy corzo si oigo bullicio, oso cuando hay golosinas, lobo si a Baco visito; siendo de todo un compuesto corro, gruño, zampo y brindo, y con estas y otras mañas, estoy a vuestro servicio. Humor tenéis. Calla, necio aqueste es criado mío. Su buen gusto me ha agradado. Y a mí me agrada el oírlo. Despejad, mientras a Oracio hablo. Ya lo hago al proviso. El gran valor con que siempre en las batallas te he visto, tanto a estimarte me mueve; que hacer de ti solicito al logro de mis favores de un enemigo un amigo. A los pies de vuestra Alteza postrado y agradecido os consagro como a dueño una obediencia que os rindo. Levanta, Oracio, a mis brazos, y porque veas que explico mi confianza, oye atento que toda el alma te fío. La noche que asalté el templo de Palas, entre el bullicio de las mal seguras Ninfas a Elodia vi; o qué mal digo! vi a Palas que vengativa en vez del venablo activo, vibró el arpón de lo hermoso, he hirió al corazón el tiro. Podrá haber mayor tormento que este celoso martirio! Desde entonces mal hallada la razón de mi albedrío, sin razón vive sujeta a la ansia amante que animo tanto que para lograr verla y hablarla, el partido que para la paz propuse, fue viniese al campo mío con sus Ninfas por los reenes, y Roma en ello convino. Quiero expresarla mis ansias, y temo incite su oído lo extranjero de mi afecto el ceño de su desvío. Tú, Oracio, como Romano de ella serás mejor visto, y puedes sin ser reparo el entrar en su retiro, y expresarla mi pasión; y pues de ti me confío entiende del corazón todo aquello que no digo. Sepa yo que ella lo sabe: sabré yo adorar rendido: Hacia aquí Tarquino llega proseguir no puedo, amigo, y solo decirte puedo que de ti espero mi alivio Señor. No me digas nada, que es ausentarme preciso, Qué es aquesto corazón? como en dolor tan impío si no hay fuerza a tolerarle tendré valor a sufrirlo? otro adorar a mi dama; decirme su amor, y tibio o no me mata la pena, o no me mata mi brío? ; Qué haré en tantas consusiones con que me hallo combatido? Su confianza, mi honor, su grandeza, mi delirio, el mi dueño, yo su esclavo, el triunfante, yo abatido; qué he de hacer? Cumplir amante con mi amor, pues es sabido que solo sobre mi vida puede imperar su dominio, no sobre el alma, que aquesta independiente ha vivido de su poder, y así debo el no hacer lo que me ha dicho, que a una acción indecorosa no me obliga estar rendido, y más que pierda la vida como yo no obre lo indigno. Y pues puedo ver a Elodia, el buscarla, solicito, no a decirla que él la ama; si no sagaz, y advertido a expresarla mi pasión, y advertirla su peligro. Pues todas han registrado el sitio de su mansión, y es ya de hablar ocasión, pues solas nos han dejado; ved el infeliz estado del hado que nos previno, con la crueldad de Tarquino de Porcena la violencia, sujetas a la inclemencia de la impiedad del destino. En riesgo tan evidente de vida, fama y honor busque arbitrios el dolor que su libertad intente. Aunque hacerlo el cunveniente, dudando está la razón, como en aquesta ocasión ha de poder conseguir de tal peligro salir, vencer tan dura opresión? Todas, Elodia, gustosas tu orden obedecemos; mas el medio no sabemos de tanto asombro medrosas. No nos tengas cuidadosas; explicanos que es tu intento. Todas a tu orden estamos, Pues escuchad. Ya escuchamos dependientes de tu acento. De Tarquino la crueldad, de Roma la esclavitud, aquella toda inquietud, sujeta está a su impiedad; anheló a la libertad que logró; nadie lo ignora; cuando juzga que mejora su estado, al mal se avecina de un asedio, estrago y ruina que sufre, padece y llora. Trata la paz la prudencia de una arreglada milicia, aceptala la malicia de una afectada violencia; buscando en nuestra inocencia su seguro el sitiador, el sitlado hacer mayor su infamia, sin advertir que no deja de morir quien vive en su deshonor. La magnificencia augusta que Porcena nos previene da a entender que en si contiene alguna intención injusta; pues a razón no se ajusta usar de todo el poder a nuestra opresión, y hacer cierta la atención que dice, que obsequio y crueldad desdice, y da un empeño a entender. Rómulo para lograr de Roma la exaltación en su primera erección astuto supo inventa? juegos con que festejar a las Naciones vecinas, y robando a las Sabinas se hizo dueño de su honor; aquel ardid, y este error nos predice nuestras ruinas. No, Ninfas, no confiemos de tanto engaño aparente, que es el peligro evidente, y fingidos los extremos. Nuestra libertad busquemos, y nuestro honor defendamos, o en su defensa muramos, o logre vida la fama. Ved que a tanto aplauso os llama el mismo riesgo en que estamos. De tu razón obligadas, y a tu elocuencia movidas, de la orden que nos dispenses ninguna habrá que desista. Y solo es el ignorarla el dilatar el cumplirla. Dinos ya,; qué hemos de hacer? El ejecutar la huida de esta prisión cautelosa, pues cuando el poder limita la resistencia, es preciso busque el arrojo a la dicha; y valor, suerte y cautela burlen una tiranía. De tantas tropas cercadas no consideras, no miras que se hace solo el deseo ente de la fantasía? Y cuando el Tiber soberbio nos impide la salida en vano el celo propone lo que la razón limita. En esa frondosa falda que al Tiber sirve de orilla, y en tanto copado sauce un laberinto se cifra, pues porque el sol con sus rayos sus estancias no distinga forman nubes de esmeralda tanta rama entretejida, buscando la fértil grama que en sus distritos se cría, he visto algunos caballos; con que si bien prevenidas de ellos, del río vencemos las crespas espumas rizas; lograremos el seguro pasando a la opuesta orilla, y por que temiendo el riesgo no haya quien a él se resista yo he de pasar la primera las corrientes cristalinas, y logrando conseguirlo, volveré a servir de guía a las otras, con que veis que si mi vida peligra, mi naufragio avisa el riesgo, y os salváis sino peligra. Qué decía? Que estamos prontas a hacer cuanto tú nos digas: Bien está; y pues que la noche se acerca, estad repartidas en vela a corta distancia, de suerte que a todas sirva de unas a otras el aviso de músicas repetidas, si el enemigo se acerca, o si es tiempo de la huida, mientras aqueste recinto reconocemos yo y Libia. Yo iré repartiendo a todas donde convenga que asistan. Y yo rondaré estos cotos. Ninfas. Queda, adios; seguidme Será en todas el cuidado el que vigilante sirva. Señora, que tanto arrojo emprendas me maravilla! Cuando el honor se aventura cuando la fama peligra, como uno y otro se salve, ; qué importa perder la vida? Yo quiero vivir que esotro lo tengo por Chilindrina. Calla, necia, y ven conmigo. El preguntarte quería en que estado está el amor de Oracio. Con la satiga de su aflicción y mi pena. El amor si bien lo miras es como el mar alterado cuando en tormenta se irrita, y pasando la borrasca es serenidad tranquila; amor al principio es agrio, luego es dulce como almibar. Calla y sígueme. Si quieres divertir tanta fatiga, cantaré. Bien cantar puedes. Toso, y va de gorgoritas. Qué ligera que surca una bar- quilla en mar tranquilo, viendo de la orilla el puerto apetecido! Y al tocar la ribera del muelle, le echa fuera en alta mar adonde temerosa padece la tormenta rigurosa; y entre tanto lamento al ver el río vuelve a su lamentos La barquilla en alta mar con el golfo el uracan ya se anega, o va a encallar, sale el iris, y el afán se trueca en tranquilidad. Asi viene a ser amor con el ansia el desear, entre el desdén, o el rigor logra a su bien apiadar, y es todo selicidad. La barquilla, Gente a descubrir alcanzo por aquella parte, Libla. Y es Oracio, que aquí viene si no me engaña la vista. Él es, y aunque mi deseo tanto el verle solemniza, diera por no verle ahora lo que por verle daría antes. No habrá quien te entienda verle y no verle; deliras? Sí, que la alma con afectos de amor y de cobardía delira al tenaz violento afán de janta fatiga. Todo el sitio he circundado sin que lógrase mi dicha ver a Elodia. Estará ahora encerrada con las Ninfas. Si aquí a hablarle me detengo y me ven, mi honor peligra, y así excusaré la nota aunque la alma lo resista: Libia, vamos. Ya te sigo. Señor, hacia allí no miran dos mujeres. Ya las veo, y el hablarlas determina mi deseo, por si acaso de Elodia me dan noticia. Que perezosa la planta tímida, y cobarde pisa! Si acaso un rendido afecto puede merecer, o Ninfa, que logre lo reverente vuestra gratitud benigna; me suplico me digáis si aquesta estancia florido salió en Elodia la aurora que sus plantas fertiliza. a lo que pregunto! que si el prado se matiza, si aromas suaves exhalan mosqueta, anar, maravilla; ninguno como ella puede, al contacto que las pisa, dar matiz fragante a tanta bella flor vejetativa No con afectado estilo de una lisonja fingida con máscara de atención dinfracéis una osadía. O con que tímido esfuerzo mi ceño busca la ira, y solo halla mi pasión valiente a la cobardía! Siempre, Elodia, rigurosa, siempre cruel, siempre esquiva contra mí ha de estar la amable obstinación de esta ira? En que te ofende el rendido afecto, que sacrifica en aras de tu respeto por holocausto la vida? Suspende, Oracio, el acento: que es aquesto altives mía? solícito el ceño, y hallo a la afición compasiva? Señora hermosa. Lo demás. Quiere usted. Con qué me envida? Con veinte y cinco de afectos Paso, que a esa bobería no aventuro mi respeto si flor de oros no me pinta. No siento la esclavitud en que mi esfuerzo se mira, solo siento (ay infeliz!) que hal intención que conspira por verte aquí, hacer posible con el acaso a su dicha. Dime; que intención traidora mis agravios solicita? No sé más que yo te adoro, y que vivas prevenidas no algún osado indecoro se atreva (oh suerte enemiga!) a profanar:: mas no hará sin perder yo antes la vida. No receles que haja quien se atreva, pues siempre altiva sabrá mi respeto hacer cobardes lus osadías. Buscando a Oracio; mas ya con Elodia le divisa mi cuidado; oiré que hablan recatándome a su vista. Buscando a Elodia, más Cielos no es la que allí (suerte impía!) esta hablando con Oracio? Para escucharlos me sirva tanta enmarañada murta, de frondosa aelosía. Queréía jugar una mano? Perderá usted, Por que, Nifia? Porque le entiendo la flor. Fullérita es la chiquilla. Solo diré que anhelando al logro de tanta dicha solicita una esperanaa una alma que os sacrifica la amante fe de su culto, siendo su afecto la pira. Sin duda por mí la habla. Qué aquesto escuche mi envidia! Halle en opresión tan grande suerte la amante fatiga de un corazón, que si aliente es por juzgarte benigna, que pues deidad te venera, no te ha de creer impía. Oh qué bien que la persuade! Que aquesto escuchen mis iras Con mi afecto batallando a su afición convencida dudo que hacer; mas mi honor que me retiré me avisa. Déjame, Oracio, que ya en necia tanta porfía. Si le amas porque le viñes? Que sé yo; sígueme Libia. Que así os ausentáis, Señora? Déjame, no hagas que diga que obligada; mas qué digo? de tu inrespeto ofendida. Pues se ausenta hablaré a Oracio. Espera, hermosa homicida. Señor, vuestra Alteza aquí? El Rey, fuerza es que desista. Sí, que mariposa amante en vuestras luces divinas, busco el incendio apacible en que se abrasa mi vida. Podrá haber mayor tormento que esta celosa satiga! Son para mí tan extrañas esas voces por no oídas, que ignorando el comprenderlas, debo obviar el permitirlas: Y pues ya la nocha haja, y a mí me esperan las Ninfas, dadme licéneia que vaya donde es preciso que asista. Yo la sigo. Octavia? Sí. que aquí a buscarte venía. Sígueme; con cuanta pene de Oracio aparto la vista. 3. Desde aquel sitio escuché lo que a Elodia la decías, y creí que su belleza se manifesto propicia, y en su semblante conozco que a mi amor se muestra esquiva. Su rigor::- Pues ya la hora es de que en mí tienda asista a dar el nombre; conmigo ven, porque de ti consiga que de cuanto habéis hablado me des entera noticia. Ya os sigo; que he de decirle ignoro, maa no me aflija, pues cumplo con decir que siempre me respondió esquiva Pues la noche desate las densas nieblas de su oscuro manto, y ese monstruo de plata con embates de ondas causa espante, egistre mi curdado de este egreste espesura lo intrincado. Por aquesta ribera que el río cife, y con raudales basta, reconecer quisiera si me permite paso su campaña hasta el quertel Latino, que en el juzgo vencer mi cruel destino, Pues todos sus soldados a mi parcialidad ya reducido; los tengo sublevados contra el Rey, y ya esperan prevenidos el día en que aclamarme; no es traición la que intento, que si Porcena con fingido trato, solo solo a su bien atento hace la pan, no vengo a ser ingrato, pues faltó a la allanza, en buscar el laurel y la venganza. Ir por aquí procuro pues lo oculto del sitio, y lo frondoso me concede seguro, y el campo ya en quietud busca el reposo, que en la noche convida ladrón el sueño de la media vida. Aquí manda Porcena doble las centinelas, y advertido haré lo que me ordenas pues cuartel de las Ninfas este ha sido, y es bien que resguardado esté de algún atrevimiento osado. A aqueste sirlo vuelvo, que en el tengo el caballo prevenido, en que pasar resuelvo el ríos más aquí se escucha ruido, y gente es la que veo; que Infella soy, si pierdo mi deseo! Gente a este sitio viene. Quién será? De posta en este puesto el que quedéis conviene. Dadme el nombre: Si haré. Qué será esto? Amor; tener cuidado: favor la seña, y contra seña agrado. Dichosa suerte ha sido oír el nombre, pues puedo más segura habiéndole sabido El coto recorramos. A tus ordenes prontos siempre Elo hagas rumor. Sin duda es ronde que pasa, Y a mí me entra un miedo que es a4. , , . Gente hacía allí se descubre. Más de cuatrocientos son. de luces, y reflejos muestre que sale él sol. a 4. Vela, cuidado, Vela. 1. Vela. 2. Vela. y el campo ya en quietud busca el reposo, Vela. 4. Teme el lóbrego horror de la noche que es madre del engaño y traición. Aquestas dulces cadencias bien se conoce que son de las Ninfas, que las forma pues cuartel de las Ninfas este ha sido, prevenido su temor. 1. Vela porque es el peligro cierto, y incierto el favor y es el pelo de un descuido, desdoro de la opinión. a 4. , , . 1. Vela. 2. Vela. 3. Vela. a 4. Teme el lóbrego horror. Para buscar el caballo me valdré de la ocasión. Siguiendo el acorde acento de tanta canora voz, vengo al cuartel de las Ninfas guiado de mi pasión. Tras ti yo, y viene tras mí sicudiéndome el temor. Al coro vuelvo, que quien de donde ama se apartó, o tiene mucho desculdo, o le asiste poco amor. Y yo que te sigo, di que tendré? Elo hagas rumor. Sin duda es ronde que pasa, Un bulto mirando estoy. Y a mí me entra un miedo que es como un camello, y mayor. Gente hacía allí se descubre. Más de cuatrocientos son. Ca 1. Vela; y no incauto el recelo se fíe, pues advirtió que quien confía en el riesgo se entrega a su perdición. 4. Vela, cuidado, vela. Hacia aquesta parte cantan. Hacia allí se oyó la voz. Por aquí pasar intento. Temblando de miedo estoy. Un hombre hacia a mí se llega; quién va? Diré el nombre: amor. Sin duda aqueste es el nombre; pues le sé, seguro estoy, pase. Pues ya logré el paso no pierda aquesta ocasión. Posta sin duda es aquesta. Quién va? Quién es? Que sé yo. Con un erijo encontre. Un espín me aseteo. 3. Velas no vista el engaño de la verdad el color, que en aparlencia de bien siempre el mal se disfrazó, 3 4. Vela, cuidado, vela Seguir quiero el acordado dulce cadente rumor. Siga el imán armonioso que acorde me arrebató. Señor, yo temo mil palos Todo tiritando estoy. Una sombra a mí se acerca, Mucha gente viendo estoy Quién va? Amor. Pases quién va? no habla? Que dirá mi voz; que el nombre ignoro, y no vé que hacer en tal confusión? Diga quién es, Ya es preciso que obre arrestrado el valor. Pues no responde, mi esfuerzo apurará su intención. El mío sabrá mataros. Ruido de armas se escuchó, El retirarme es preciso, que de Porcena es la voz. Dónde te ocultas, cobarde? Mas que llevo un trasquilón? Un hombre llegó, quién va? El que ese paso buscó. Muere, aleve. Ay que me ha muerto! Pues de armas oyendo estoy ruido, al campo avisaré: alerta: traición. Traición. En el quertel de las Ninfas la voz avisa. Traición. El Campo todo se altera. Que así se oculte un traidor? Ninfar, pues ya vele que el río vado a todas concedió, dando a vuestra libertad la más segura ocasión; seguidme. Ya te seguimos, pidiendo a Palas favor. El río se ve esguazar. Al arma, al arma, traición, Mueran cuantos encontremos, En tan grande confusión resguarde el brío la vida. La vida guarde el valor. Soldados, parad la furia. Al bosque, al río, traición. El demonio sin más ver en aquesto me metió. Por donde iré que me libre me den otro trasquisón? Por aquí; que otra Jornada dirá dirá en lo que esta paró. Calmen, calmen las ondas, cese, cese el horror; pues ya Palas divina nos da su protección, calmen, calmen las ondas, cese, cese el horror, 1l. ACTO
JORNADA TERCERA
Guerra, guerra, al arma, al arma, Uno y otro puesto ocupen las legiones, y el estrago sin dar cuartel se ejecute. Entréguese la ciudad, y como nos aseguren las vidas, más que Porcena de la excelsa Roma triunfe. Eso sí, sienta mi furia Roma, y el incendio apure sus soberbios edificios; y hasta ver que los consume; ni se reserve persona, ni de la muerte se excuse edad, estado, ni sejo de su inmensa muchedumbre. Si un prisionero, Señor, te merece que le escuches te dirá. Qué hac de decir? Que sin razón atribuyes a Roma, que dio somento para tantas inquietudes, Él está como un dragón, Becebú con él se burle. Fuerza es que siendo Romano el que a tu patria disculpes: No pidió Roma la paz? Yo en otorgarla no estube? Los reenes no me entregó; y pendientes los ajustes, y valida del seguro de la noche, el río conduz; s a Elodia, (oh tirano amor, como si a amarla me induces, me ofreces el bien, y luego el mismo bien me destruyes?) y demás Ninfas (qué injuria!) y a su centro las reduce; y pues sintiendo su fuga mis tropas en arma puse, y con ellas el pasar el soberbio puente puede, y me hallo ya sobre Roma; a que extrañas el que exeente los rigores de la guerra con quien los tratos no cumple? Calla, Señor. Quita loco. Hombre, mira no le apures. No, Señor, mal informado, tal traición a Roma impures; que es mi Patria, y sentir debo el que sin razón la culpes: perezca al cruel, sangriento estrago infausto, que sufre por infeliz, pero no porque culpada la juzgues: que uno es hacer que la guerra de sus contingencias triunfe, y otro imputarla una infamia que eterna en la fama dure. Yo aseguro su lealtad, y basta que la asegure; que es mi pecho illustre erario que las lealtades produce: pues a ser traidora Roma, como defender la pude de ti dos años, pudiera este valor que me influye, este esfuerzo que me alienta, destruir la pesadumbre de ese caucaso de piedra que a oponerse al cielo sube, y deshacer de sus muros tanto formidable buque, que sentado en siete montes. o los agobia, o los unde. El suceso es muy distinto de como tú le presumes. Elodia (ay prenda adorada!) recelosa de que usee mal del poder, con que advierte que a tu poder la conducen, animosa en un caballo sin temor de que fluctue en tanta encrespada onda tanto honor que a ello la influye, se entregó a surcar el río, sobre el irracional buque que Júpiter de otra Europa a la orilla la conduce. Paró una a una sus Ninfas, y como libres se juzguen, suben al monte Tarpeyo hasta su elevada cumbre, y al castillo de la Roca llegan, y a abrirlas acude Flabio su Gobernador; y así que en él se introducen, a la guarnición y a el hacen que le desocupen, y el respeto o su osadía consiguen, que lo ejecute, cuya prodigiosa hazaña aunque la noticia busque otra igual, no la hallará aunque recopile, o junte los más heroscos sucesos, las proezas más illustres. Del mismo Flavio el suceso que te he referido supe, que porque pueda contarlo a tu presencia le truje. Lo que ha referido Oracio es cierto, y como no pude entrar en Roma porque el paso me dificulten tus tropos, quedé entre ellas, donde hallé a Oracio, a quien pude contarle todo el suceso. Mas que junga que es embuste! Aunque más vuestra elocuencia, o vuestra razón disculpe a Roma, no he de creer que sin ella se ejecute una acción tan temeraría, que aún cuanto más la procure persuadirla lo posible, mas hace se dificulte. Y aún cuando posible fuera, como lo es se exceptue Roma del cargo, por que lo que me ofreció no cumple? Ay Elodia! que mi amor el verte ausente no sufre. Él está como un demonio. Que mala facha descubre. Algún medio dará Roma, que su lealtad asegure. Mientras no vuelva a mis reales Elodía, ninguno busque::- Señor? Suerio, qué quieres? Decirte, como descubren las partidas abanzadas que al monte Tarpeyo suben los Latinos, y Tarquino suble vados los conduce: y por algunas espías de cierto su intención supe; y es que quejoso de que con Roma la paz ajustes, contra ti y ella furioso toa . Cómo, Júpiter sagrado. tan aleve traición sufres? Y como mi activa saña suspensa está, que no acude a cestigar tal maldad? Aunque es bien lo dificulte ver que si el puente abandone, pierdo el trofeo que tuve, y el poder triunfar de Roma; y si es que aguardarle acude mi valor, Tarquino logra subir del monte la cumbre, y conquistar el castillo que según de los dos supe, dentro está Elodia, y en ella todo el bien que amando tuve. Pues llegó el caso en que yo con honra la espada empuñe en tu servicio, sin que Ra por traidor me culpe; pues a ti te sirvo, y a ella la libro de que la injurie de Tarquino la crueldad; yo iré el Tarpeyo, y no dudes sepa reprimir su orgullo, y para que te asegures; pleito homenaje te hago, que así que las inquietudes cesen, como prisionero volveré a tu servidumbre Ay Elodia! por librarte aquesta facción propuse. Oh cuánto, Oraclo, te estimo la finena; y pues que pude debértela, está seguro que eterna en mi pecho dure; Y cuando tu valor sé preciso es le dificulte:: aquí mi bastón te entrego; hoy tu experiencia reclute las legiones que gustares, y a impedir el paso acude de Tarquino, mientras yo a todas mis tropas junte con que poder socorrerte. Una vez que yo le empuñe, de Tarquino, y aún del orbe hurá que tu nombre triunfe, No te detengas, ve presto. Ya para servirte acude mi valor: sígueme, Flabio. Siempre a tu orden estube. Voy a guarnecer el puente, y así que la gente junte, al Tarpeyo marcharé a donde mi ira ejecute el castigo a tal traición, aunque mi vida aventure. Señor Zorro justed se escapa? Seo Lebrón, usted se escarre? Como una liebre, porque entre tantas iuquietudes que he de hacer si me entra un miedo que me abruma, y me consume? Pues yo por aquí las llo. Yo por acá: y mientras dure la refriega; Baco quiera que halle un nicho que me oculte. . Pues valerosa, Elodia divina de opresión tirana nos saca y nos libra, la fama la aplauda, y Roma la rinda trofeos, laureles por magna, y invicta Cesen las aclamaciones que cansan por repetidas, pues solo deben unidas velar nuestras atenciones los muros, y bastiones de este castillo que ha sido el resguardo, que ha tenido nuestro honor y libertad, pues solo hay seguridad donde el cuidado ha vivido. No extrañes que agradecidas gracias lae Ninfas te den, pues por ti libres se ven de tanta opresión sus vidas. Deja que reconocidas tu fama heroica ensalgemos, tus trofeos celebremos si por ti el honor logramos, la libertad restrauramos, nuestro ser engrandecemos. Si es digno de celebrar lo que supiste adquirir; porque quieres impedir los méritos del triunfar? Porque debo vigilar en nuestra conservación; que la más illustre acción si es que se llega a perder, se hace al valor de emprender desdoro de la opinión. Si el castillo resguardado está, y puestas centinelas, porque, Elodia, te desvelas? Y cuando el muro has rondado estar puedes sin cuidado. Ay! que en vano mi pesar he de poder aliviar: pues mi pasión amorosa se obstenta más rigurosa sin que la pueda olvidar. Y yo que ya reventando porque haiga choques estoy, Y cabo de escuadra soy e de estas soldadas que mando; piense usted no estoy velando por si alguno me hace el buz para darle en el testuz con aquesta parte sana? pues de matar tengo gana más grande que un abestruz, Calla, loca, estás en ti? Vive Momo. Libia, calla, Por matar esa canalla de ira estoy que me carcomo; veréis que tal los desomo. Oh injusto, y tirano amor por que hace infiel tu rigor tenga entre ausencia, y mudanza tan cobarde a la esperanza, y tan valiente al temor? A un tiempo por las dos partes del castillo hacen llamada, Sin duda será embajada. Poned en dos balvartes por señas dos estandartes; y sabed que intento tiene quién aqueste fuerte viene. Tu orden obedecemos. . Querrán que nos entreguemos, saber su intento cenviene: en todas debe velar el cuidado y la atención; no sea alguna traición. Tarquino te quiero hablar. Tu padre pretende entrar, Sin duda hablarte procura. Decid que entren, y asegura uno la entrada, y esté la guardía doblada mientras su intención se apura. Nosotras a tu persona debemos aquí asistir. Pues ya los vemos venir, tu opinión mi afecto abona. Póngome así a la dragona. El cielo, Elodia, te guarde. Hija, preciso es que agurde, que a Tarquino miro allí. Pues ya me tenéis aquí sentaos, y hablad que ya es tarde. Yo hablaré, que competencia de un vasallo no permitos No impediros solicito: mientras hablala haré ausencia; el cielo me de paciencia No os vaía; vos podéis hablar sabiendo que este lugar no es sitio de competir; y si a los dos he de oír los dos podéis alternar. Hermosa heroica Romana, cuyo valor generoso por único y prodigioso de excelso el renombre gana; bien puedes estar ufana si atenta, fina y leal a mi protección real este castillo le entregas, con lo que felice llegas a hacer tu nombre inmortal. Hija, mas el labio mío erró el nombre que te ha dado, que le pronunció el agrado y le formó el desvarío; juzgaste esguazando el río lograr triunfo y libertad, y hino tu desealtad contra tu patria cruel, que creyéndola infiel gima y sufra una impiedad. Lacia por Rey me obedece, Persa me da su favor, tiembla Ericia mi favor, Roma al estrago fallece, y solo lo que apetece mi esfuerzo para vencer este fuerte viene a ser, que una vez asegurado se hará mi valor osado de todo el mundo temer. Roma se mira obligado en tan infausta ocasión, a que la satisfacción muestre que no fue culpada en tu empresa mal mirada; y así lo que por mi intenta es que a su peligro atenta tu y todas os entreguéis a Porcena, y que fieis, pues que su aucilio os alienta. Tu pretensión escuché, y de la vuestra enterada con una y con otra airada que responderos no sé: Roma culpando mi fe quiere vuelva a la opresión, y tu injusta sin razón el que te entregue este fuerte; y en los dos igual se advierte buscáis nuestra destrucción. Yo dar el solio sagrado en que Saturno vivió, y el castillo que erigió de Rómulo el gran cuidado? Por Júpiter adorado, que rige esa azul essera, que primero redujera su máquina prodigiosa a ceniza, y mariposa en su incendio pereciera. O el fuerte me has de entregar, o yo le sabré rendir. No lo podrás conseguir que yo le sabré guardar. Tu padre soy, y lograr espero lo que te pido. Muy mal estáis persuadido; pues un padre cuyo error arriesga su propio honor, no ha de ser obedecido. Quién te da tanta osadía? El valor que en mi florece. Mira que Roma perece. Primero es la opinión mía. Antes que fenezca el día, mío el castillo ha de ser. No temo yo tu poder. Que a eso te resuelves? Sí. El yerro que obras aquí presto le has de conocer. Cierto que de tu valor estoy Elodia admirada. Quejoso de tu respuesta temo que Tarquino haga lo que ha dicho, y es preciso el guarnecer la muralla. El va hecho un luciser, y el vejete hecho un festame. Pues el fuerte prevenido le hallamos de todas armas, con las que habemos podido resguardarnos, bien es vayas, Timoclea, a guarnecer los fortines de esta plaza, mientras las puertas recorte con otras Ninfas Octavia, que aunque no temo el peligro, precisa es la vigilancia. Voy a hacer lo que me ordenas. . Cumpliré lo que me encargas. Decid: a Libia el Sargento ninguna cosa se manda? Que aquí te quedes conmigo. Ay Oració, cuanto el alma entre mi amor y tu ausencia siente de sustos y ansias! Mas que aquesa suspensión es Oracio quién la causa? Calla, necia, pues Fenisa viene. Traerá otra embajada, Señora, Oracio a la puerta que le deis licencia aguarda Oracio? Sí. Di que entre. t. Voy a hacer lo que me mandas. . Yo apuesto que la visita que te viene no te enfada. Calla, necia. Callaré. Fuerza es qué extrañe la causa de su venida, y más cuando sé que prisionero estaba. Él disolverá la duda, pues que ya llega a esta estancia. Merezca, o divina Elodia. una fe que la consagra a la ara de tu hermosura la amante ofrenda de la alma; que benigna al holocausto, que a su obligación es grata, la acepte tu fiel, rendida, fina, inviolable constancia. Siempre, Oracio, a tu atención (iba a decir obligada) agradecida (oh que mal que A6 qué encuentro con las palabras!) estoy, pero al verte aquí cuando preso te juzgaba, extraño, y así deseo el que me digas la causa. Y usted quiere oír la mía? Cuanto va que si me enfada que le bendice los lomos el palo de esta alabarda? Seo Sargento poco a poco. Qué es lo que dice el canalla? Aunque siempre a mis afectos y a mis finezas ingrata, encuentro la cruel, tenaz esquivez con que me tratas; pues perece que perpetuas hizo el hado que las manda en ti las ingratitudes y en mí el tesón de adorarlas; mas que mucho si su influjo con tanto imperio me arrastra, que aún el desvío que lloro mi corazón idolatra; sabiendo (ay de mí!) que en este castillo te resguardabas, y que Tarquino pretende dar asalto a sus murallas; pues habiendo sublevado multitud de tropas varias, pretende fortificado en el muro de esta plaza defenderse de Porcena, y tener en Roma entrada; pues unido con sus muros le será fácil lograrla, en cuyo tiempo Porcena mientras el puente resguarda, le ha fiado a mi valor el que a resistirle salga, interín viene en persona con las tropas que comanda a oponerse a su enemigo, y a ver si también alcanza el tomar este castillo; porque a mi fatiga abada con el dolor de unos celos mi propia desconfianza. Y viendo (ay dueño adorado! que a un mismo tiempo te hallas sitiada de dos contrarios, y aunque pretendes bizarra esforzar la resistencia. es imposible el lograrla; que es muy débil tu poder contra tan copiosas armas; he venido a pesuadirte que pues a mí me acompañan tropas de Ericia, y algunos Romanos, que al oír estaba en libertad, me han seguido; permitas que en esta plaza entre alguna guarnición, mientras que yo en la campaña arrestado a todo trance doy a Tarquino batalla. Qué Tarquino el fuerte asalte: que Porcena haga su marcha, mas que infundirme temor da a mi valor confianza, pues es fuerza, que en los dos la misma acción de su saña cuanto a la lid los empeña más del riesgo me resguarda: y admitir la guarnición que me ofreces, a mi fama no le está bien, y por eso me es imposible aceptarla. Y usted aceptar no quiere una fineza tamaña? Qué fineza? Todo un amor que me despilfarra. En nada acierto a serviros; que de mi amor la desgracia tiene antipatia al bien, y con el mal consonancia. Quizá vuestra fantasía en lo que os finge os engaña, y yo se bien que es así. Qué decís? No digo nada. Mirad que de vuestro aliento pendiente están vida y alma: sepa yo. No hay que sepáis: pues solo deciros basta que os oí decir que amáis, y no os respondí irritada. Que Oracio entró a ha- blar a Elodia he sabido, y mi amor trata verle; mas aquí los dos están, oiré lo que hablan. Quiéreme, Libia. No quiero. Pues di, Ninfa marimacha, que has de hacer? Darte mil coces. Ese es amor de Vizcaya. Calle, que es un chuchumeco Calle ella, que es una zaina. Felice soy pues consigo que mis amorosas ansias, ya que no os hallen benigna no las oigáis disgustada. Siempre vuestras atenciones me tubieron obligada. Con tal favor ya mi dicha vivirá de la esperanza. Elodia, (de pena muero!) a Oracio sin duda ama. Arma, arma, guerra, guerra. Aqueste rumor me llama, y nunca con mas razón diré que su voz me arrastra. Por qué? Porque su violencia hace se separe el alma de tu vista, que es el centro feliz, que un bien la afianza. Si os llama, partid Oracio; creyendo que si se aman dos almas, no se dividen cuando el amor las enlaza: Los dos se quieren, pesares! sufrid las celosas ansias. Guerra, guerra. Ya mi esfuerzo creo que hace mucha falta. Desde el muro se descubre que del Tarpeyo a la falda un ejército formado hacía aqueste fuerte marcha. Los pasos del monte ocupa. Dadme licencia, que vaya a cumplir con lo que debo, Idos pues. La vida, y alma dejo en sus divinos ojos. Cuanto siento el que se vaya! Presto sabréis mis proezas. Días ha que se que es mandria. Elodia, di que dispones? Que todas tomen las armas y luego que los dos campos se empeñen en la batalla, entre nuestro brío en ella; pues llevamos la ventaja de hallarlos sin resistencia; y empleados en su saña haremos nuestro el trofeo, y si no la retirada segura al fuerte tenemos. Como lo ordenas se haga Vamos luego a prevenirlo. Eso sí, y diga la fama que por su honor han sabido volver una vez las Damas, Y diga que también Libia fue a machacarlos la caspa. Ya valientes Latinos, llegó el día de que produzca estragos la osadía de vuestro heroico aliento, y que logre con ella el vencimiento, de traidores aleves desealtades de aquese pueblo infiel, cuyas maldades, después que me usurparon la Corona obstinados persiguen mi persona, y Porcena que amigo cauteloso cuando auxilio me ofrece poderoso parcial de Roma, con ella paces trata y el medio a la venganza me dilata. Y pues a mi justicia persuadidos quizá del sacro Júpiter movidos, que clemente, y divino, concede alivio a mi infeliz destino, haciendos instrumento de su justicia y del blasón que intento, siendo unidos, conformes y aliados mis amigos, aún más que mis soldados, a decir vuelvo; ya ha llegado el día que tanto descaba la ansia mía, que el mundo sepa que Tarquino domo la rebelión de la soberbia Roma: Da y pues es el castillo de la Roca el que a sus muros tiene abierta boca, y de el monte Tarpeyo ocupa el centro, y el muro de la plaza incluye dentro; asaltarle procuro, pues el rendirle tengo por seguro, y es cierto el conseguirlo que en mujeres no es fácil impedirlo. A él avance la gente antes que Oracio el socorrerle intente: puesto que ya he sabido que con tropas la marcha ha prevenido, mas si una vez yo llego a poseerle de todo el orbe me obligo a defenderle. 1. Tarquino generoso, Rey de Roma, y de Lacia poderoso, pues a tu orden los Latinos tienes, bien puedes emprender cuanto previe- nes, que al esfuerzo, y valor de tal caudillo viene a ser corta empresa este castillo. Arma, guerra. Qué rumor ha sido el que de guerra llega a nuestro oído? 1. Marchando en buena orden de ba Pues la lid trabada vemos; talla Todas te vamos siguiendo. Qué haré que hacía aquí caminan? Oracio llega, talando cuanto halla, Nuevo estruendo y los pasos del monte va tomando, y hasta nuestras trincheras va llegando. También de un prisionero se ha sabido que Porcena le sigue prevenido, Pues la lid esta trabada, y que los dos intentan atacarnos. No vendrán si no a darnos Viva Tarquino. más insigne trofeo, mayor gloria; que a más oposición mayor victoria. Vengan pues, que en mi aliento hallarán de su arrojo el escarmiento; que mi valor sentía ser tan corte la empresa que emprendía. Arma, guerra. Por Baco eterno. Señor soldado, cuartel. 1. Ya llegan a este puesto donde el estrago encontrará su arresto. Veces Arma, arma, guerra, guerra. Amigos, pues llegó el tiempo de que obre nuestro valor nada perdone el esfuerzo. Arma, arma. Guerra, guerra. Traidor Oracio, primero castigaré tu osadía. No haréis poco en defenderos. Soldados, nuestro es el día. Romanos, vuestro ardimiento obre como siempre heroico. Arma, arma. Santos cielos, que demonio me metió en aquestos embelecos? que he de hacer que tiritando estoy de horror y de miedo? Guerra, guerra. Si hallaré por aquí algún aguiero en qué poder esconderme? mas ay que ninguno encuentro y la batalla trabada por todas partes la veo. Arma, arma. Del castillo las mujeres van saliendo, y descienden hasta aquí. Pues la lid trabada vemos; Ninfas, seguid mi valor. Todas te vamos siguiendo. Qué haré que hacía aquí caminan? Guerra, guerra. Nuevo estruendo se escucha, y allí diviso que otras tropas van viniendo; y que entran en la batalla; hoy andan el demonio suelto. Pues la lid esta trabada, soldados, seguid mi esfuerzo. s. Viva el invicto Porcena. Viva Tarquino. Qué advierto? un gigante a mí se acerca. Por aquí escaparme puedo, mas hay que hay aquí un Dragón. Él me da muerte, yo tiemblo Él me mata, yo tírito. Por Momo. . Por Baco eterno. Señor soldado, cuartel. Mas qué miro? Mas qué veo? Zorro, tú? Lebrón, tú aquí? Si que me he salido huyendo. Y yo vive con Percena y en fin vengo a hacer lo mismo; a no haberte conocido de parte aparte te espeto. Arma, arma, guerra, guerra, Muy malo es aqueste puesto, pues aquí las Ninfas llegan. Hacia allí nos retiremos. Pues desde aquí se descubre a pesar del humo denso, que aquesa trabada lid aún se mantiene su peso; seguidme, pues es preciso que entrando ahora de refresco a aumentar su confusión sea nuestro el vencimiento. Yo siempre estoy a tu lado. Todas haremos lo mismo. Arma, arma, guerra, guerra. Salgamos; pues ya se fueron. Aquí no estamos seguros. Pues a otra parte escampemos. Por más indómito bruto que fueres, la ley del freno te guiará a mis contrarios porque entre ellos muriendo perezca a tu precipicio; no a la nota de ir huyendo. La voz de mi amo es esta. Y desde aquí estamos viendo, que el caballo desbocado, herido según advierto por la sangre que derrama, le conduce hacía un despeño. Porcena es el que peligra, Tarquino es, no se libre mi valor libre su riesgo: No es Elodia la que altiva Huyamos, pues que nos vemos en la mano el limpio acero puesta delante le ataja? Rendid las armas. Del suelo Y con generoso esfuerzo el caballo descarreta; y de un cortobe echó al suelo al gínete, y ella y otras le conducen a este puesto. Pues privado del sentido al golpe quedó, al momento al castillo le llevad, Y cuidad de su remedio, que mientras lo ejecutáis a la batalla me vuelvo. Cargad con él, y al castillo como ordenó le llevemos. Por cargar con uno Elodia me quita que mate ciento. Ira de Dios cómo pesa! A bien que es muy buen consuelo el que todo es cuesta arriba tierra quebrada, y muy lejos. Oracio viva, victoria. Mi amo vence aquesto es bueno. Pues no te alegres, pues veo que hacía aqui vuelve el estruendo de la batalla. Ee verdad, al escondite me atengo. Soldados, pues ya la suerte nos declara el vencimiento nada perdone la ira. Aún dura en mi heroico esfuerzo valor para la defensa. En vano será tu intento. Soldados, muera Tarquino. Su ruina verán primero. Tarquino es, no se libre o de muerto; u prisionero. Muera si se resistiere. Huyamos, pues que nos vemos cercados por todas partes. Rendid las armas. Del suelo aljad, que aunque Rey injusto, como como a Rey tratarte debo. Por no verme en tal afrenta mejor me fuera haber muerto. Zorro, ya puedes salir. Dices bien salir podemos. Quién si no tú, nueva Palas, supiera adornar lo bello del heroico excelso timbre de tan generoso esfuerzo? y puesto que en tu presenela a ser un soldado quedo, ordena lo que he de hacer. Ay Oracio! cuanto aprecio el que el triunfo me asegura sacarte del cautiverio! Pues las tropas enemigas por el monte van huiendo, el alcance se prosiga: y Tarquino quede preso en mi poder, y al castillo ve Octavia, y haz que en pudiendo venga Porcena contigo que en este sitio le espero. Viva Elodio. Qué rumor es el que se oye de nuevo? El que causa mi alborozo; pues la victoria sablendo con todo el Pueblo Roma no a darte las gracias vengo. Y yo en nombre del triunfo el parabién darte quiero. Roma, y vos, padre, sabréía que si culpabáis por yerro el asegurar mi honor, que sé volver por el vuestro. Cómo! Presto lo veréls. Portena, a tu gusto atento recobrado ya de el golpe tienes aquí. Que sabiendo que fue tu heroico valor quien me libertó del riesgo en que me puso el caballo, a darte las gracias vengo. Y yo, Señor, a tus pies como antes prisionero, preso, y vencido Tarquino, a tu servidumbre vuelvo. Levanta, Oracio, a mis brazos pues sabes cuanto te aprecio. Generoso Rey de Ericia, Senado, y Romano Pueblo, hoy de pues es tiempo ya de hacer público mi intento. Ya que ha logrado mi dicha que Tarquino prisionero sea, y el daros la vida; solo la quietud intento de mi patria, y a Tarquino por canje de Oracio entrego; con que volvéis victorioso, con un enemigo preso. Roma quede en libertad, mirad si venís en ello; y si no a blenque a los dos presos en mi poder tengo. En todo cuanto propones alegre y gustoso vengo: Roma goce liberted, haga Oracio el gusto vuestro, con tal de que en este monte se haga un Capitolio excelso a el senado, ya sus puertas de mármol cándido y terso, tu estatua puesta a caballo se coloque, porque al tiempo quede perpetua memoria del uno y otro suceso del caballo; y de Tarquino como lo dices me entrego, para castigar la aleve traición de su infame pecho. Qué infeliz es mi fortuna! Su maldad dio fin con esto. Hacer, Señor, lo que mandas por el senado te ofrezco. Yo también por la nobleza. Lo mismo prometo al pueblo. Aceptarlo no podré sino lo manda mi Dueño. Quién tanta dicha merece? Oracio. Qué escucho Cielos! como si mi amor el mismo te expretó, y lo estubo oyendo? El mío fue, sin que puedas culpar la fe de mi afecto, pues siempre yo he amado a Elodia. Pues remediarlo no puedo yo asistiré a vuestras bodas. Ya acabaron mis deseos; a celebrar tantos triunfos preciso es nos retiremos. Y antes, auditorio ilustre, logre perdón de sus hierros la más heroica Romana, que humilde pide el ingenio,
