Texto digital

Texto digital de Más es querer que poder

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Diego de Rosas y Argomedo
Atribución estilometría
Diego de Rosas y Argomedo Probable
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de un impreso.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más es querer que poder. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-es-querer-que-poder.

Logo BICUVE

MÁS ES QUERER QUE PODER

JORNADA PRIMERA

1. Penetrad, y romped esa maleza. 2. Dónde va el jabalí? 3. Seguí a su Alteza. Cansada de cansar robustas fieras, en aquestas riberas, si no del monte faldas; mientras que sus guirnaldas huellan los cazadores, pretendo descansar de los rigores con que el Rey me persigue; no sé qué intenta, que mis sombras sigue, y con su bella hermana, al monte me condujo esta mañana de aquesa quinta mía, donde despierta el Sol, y reina el día, Mi hermano descuidado, solo sabe su amor, no mi cuidado, que a la infanta pretende, sin ver que el Rey su primo en mí le ofen y que le da bizarra (de, su hermana al gran Enrico de Navarra; pero su dicha aprecio, pues del Rey le ha vengado mi desprecio que con severas leyes, sabe el amor domar así los Reyes, y es vana su porfía, mientras mi voluntad se llama mía; pero pienso que es necia a quien el poder no teme que desprecia. Mas donde voy perdida, tanto en mis pensamientos divertida? quiero esperar mi gente en las orlas floridas de esta fuente, que su cristal desata, calzando a cada flor grillos de plata; y a veces el aljófar salpicando, parece que sus hojas va bordando. Con que pompa se vierte, y se derrama, lamiendo flores, y tejiendo grama! y en el sitio eminente, trono preside de cristal la fuente en imperios de perlas, haciendo que se humillen a cogerlas a veces el Aurora, y el ruisenos, tal vez, que la enamora, a cuya majestad estos laureles, sitial umbroso son, si no doseles, donde ya me convida un parentesís dulce de mi vida; y en el sirio halagüeño, citara de cristal me tiempla el sueño: entregar es forzoso los miembros a las leyes del reposo, pues mi ventura halla cama de campo el campo de batalla. Gracias a Dios, que salimos del mar, a cuyos escollos, para salver nuestras vidas fue tanta muerte soborno. No tan gracias, que parece que estás mal contigo propio, pues que saliendo de un riesgo te quieres mater en otro: que buscas en estos montes camino tan escabrosos? Volvamos a la ribera, podrá ser que en su contorno haya algunos yescadores, que se duelan de nosotros, y algo nos den de comer; porque en la mar hice voto de comer luego en llegando, y colgar de un refitorio mis tripas porque en su tabla haga el milagro notorio. Na advertes Mirón que ha sido nome, pasos forzoso, aquella quinta que miras tan coroneda de trencos, que en sus altos capiteles, a aquel monte, cuyos hombros puntales son de los cielos, o firmeza de sus globes, tan encumbrada se opone que aunque es pensamiento loco, cualquiera presumirá, que se les sube a los ojos Y que loco; vive Cristo, que antes me ponga en un potres que te escuche otro discurso, o me vaya a meter Moro. Ahora estás para culto, con conceptos vepilodios? cuando hay hombre que de hambres ni ve quinta, ni ve soto. Mas que me ha de suceder, siendo tan necio y tan tento, que viniéndote a casar, en un riesgo tan forzoso, te he querido acompañar? El viaje ha sido donoso, un Príncipe de Navarra, Énrico el bravo, el airoso, la higa de los galanes; de las damas el gracioso, que sobre todas sus gracias, se arremetió para notio de Nápoles con la Infanta, a pesar del mundo todo. Quién pensará que tres tú; ni quien pensará tampoco, que soy Mirón el la cayo más galán que ha entrado en coso; más Narciso de tregonas, ni más pelota de tores, si nos mirare a los dos tan echados en remojo, que parece que jurada nos la tiene algúnenojo? Alemones estas gracias, cuando mis desdichas loro, es forzoso que me enfaden. Y aún que me admire es sorzoso, siendo galán de Comedia, que no digas con ahogo, que siempre has de estar de humor? que es el senguaje que todos usáis con nos los lacayos, cuando en cualquier alboroto metemos también la uña con achaques de graciosos. Pero culpaisnos en vano, que aunque el tiempo es lo más propio, que sazona los donaires, y da a las burlas apoyo. Alegrar al que está alegre, dejar al triste lloroso, si no cualquiera lacayo, lo hará cualquiera tonto. Mas dejando aquesto a parte, que es discurso peligroso, qué tierra es esta que vemos? tienes algo de Piloto? Tu Mirón mientras penetro de este monte lo escabroso, a aquella quinta que viste, sigue con pie presuroso. que gente habrá que nos dé allí noticia de todo. Que siempre he de ir yo delante! seré lacayo del soro, Cansado estoy y no sé de que luz este Horizonte se acompaña a aqueste monte, que norte a mis pasos fue; que hermosa prende el pie, con halagueña corriente, aquella hechicera fuente, y en ucopa de esmeraldos, van pespuntando las faldas hilos de plata luciente! Todo a descanso convida, de estos árboles la sombra, y de estas hierbas la alfombra, de tantas flores tejida. Pero cama más mullida, hacia este laurel poseo. no emprenda más el deseos y aquí Mirón podrá hallarme mejor, si vuelve a buscarme: mas ay Dios, qué es lo que miro? Qué es esta que miro ahora? que beldad tan soberena! o es de estos montes Diana, o de aquellas selvas Flora, si no es Venus que enamora aquí su Adonis querido: mas lo bello, y lo dormido, advmerten a mi ventura, a Venus en la hermosura, pero en lo ciego a Cupido. Qué dulcemente hermosa al Alba afrentar se atreve, ya con prodigios de nieve, ya con portentos de rosa! y que atentamente airola, del sueño la cortefía, ostenta su bizarría, aprisionando arreboles, porque no puedan tres soles dejar abrasado el día. Parece en su compostura, que están copiando las flores, de su boca los colores, de su beldad la hermosura: parece el campo pintura, en cuadro de rosas breve, que al dulce pincel le debe, que sirva de original, o de linca de cristal, o de moldura de nieve. Que hermoso al campe flerido, con atención descuidado, lo bello pene en cuidado, y enamora lo de rivido! Vive Dios, que estoy perdido, que siendo mis homicidas, las acciones más perdidas tiene el sueño en dulces calmas; el cuidado con mil almas, y el descuido con mil vidas. Ay Dios, con que hechizo admira, con que dulzura en lo quece; cada cabello parece, que es una flecha que tira! Vive el cielo que me mira, si no miente el blando ceño, pues con semblante halagüeño, según es mi gloria cierta, ella parece despierta, y yo pienso que lo sueño. Con que bella valentía, ilustra el campo, parece, según al Sol oscurece, que en el al Sol desafía! Qué bien, durmiendo, confía triunfar lucientes despojos! pues porque los rayos rojos no culpen sus arreboles, que los vence con dos soles, tiene dormidos los ojos. Con que decente primor, acción que distrae el sueño, enta el prado el pie pequeño, que es planta de alguna flor! Hy quien sepa fies amor lo que siento, y lo que paso? yo solo se que me abraso, y que es causa más ardiente, que el Sol si abrasa en su Oriente, menos que encrende en su Ocaso, Del campo, lo ocasionado, del amor lo peligroso, del sueño, lo licencioso, y de mí lo enamorado; todo lo teme el cuidado, mas el temor vencer puedo. Ya me llego, ya me quedo; que no importa a mi valor, si estoy cobarde de amor, que esté valiente de miedo. No sé que ley, su beldad impone en mí, soberana, que cuanto me alienta humana, tanto en mi ímplica deidad: imán de mi voluntad: me convoca y cuando quiero atreverme, con sidero sus rayos de tal manera, que en mi valor es de cera; cuanto en mi amor es de acero. Y un medio me ha parecido, me librará de este empeño, que en redimiéndose al sueño, fingiré que estoy dormido: pero aún el sueño fingido juzgo aquí que es indecencia, porque con mucha elocuencia me advierte, que es ofenderla, que ojos que pudieron verla, se duerman en su presencia. Pues si yo me empeño aquí, extraño en este Horizonte, que he de hacer? . Ataja el monte, que se escapa el jabalí. Voces escucho; ay de mí, parece que sueña gente, y es bien que ocultarme intente, y que este laurel me ampare, por si mí sol despertare de los rayos de su oriente. Dos lebreles ha herido. Válgame el cielo, qué escucho! pienso que he dormido mucho. Y aún mucho yo me he dormido. Ya despertó; que lucido, que airoso el cuerpo gentil! bella emulación de Abril del Mayo honor no pequeño, está sacudiendo el sueño de las manos de marfil. Si saldré? Pero es cierta temeridad, conocida, que a quien la temi dormida, que no la tema despierta. Ya de plumas se concierta coronar, porque presumas, o meto de las espumas, que por darte más despojos, como son flechas sus ojos, las sabe calzar de plumas. Seguid ese bruto fiero. otra vez sueña el ruido. Ya en el monte se ha escondido. Qué robusto, que ligero! Qué aguardo ahora, qué espero? Por allí va, por allí. Ya yo he visto el jabalí, que de sus picas armado, en el monte se ha emboscado; más saldrele al paso aquí. Oh bella deidad, espera; fuese: ay Dios que desventura! dejas la caza segura, y vas a buscar la fiera? Ya por el monte ligera penetra: pondré en los pies alas, mas que cierto es, que de amor efectos son, ser cobarde en la ocasión, y procurarla después, Dónde vas con tanta prisa? Espera Mirón, ya vuelvo, que voy a cobrar el alma, que me ha robado del pecho, salteadora de estos montes, una deidad de esos cielos; una esfera de mil rayos, y un rayo de mil incendios; todo un venablo de luz, y todo un arpón de fuego. Un. . No me digas más, señor, que yo te confieso, que son muchos salteadores: mas si tomas mi consejo, dejales llevar la presa, que pues no has quedado muerto, aunque te lleven el alma, no les arriendo el provecho. Pues como puedo vivir, sin ver aquel Ángel bello? Ya no parece, ay de mí; o raidor, por ti le pierdo; espera, que he de matarte. Tan boquirrubio parezco, que he de aguardar que me mates? acaba ya, combra el seso. Sabes en que tierra estamos? pues advierte que no es menos que Nápoles donde estás. Qué dices? Que en estos cerros, yendo a la quinta hallé cazando algunos monteros, que me dijeron que el Rey, con algunos Caballeros, y la divina Casandra su hermana, aquel norte bello que sigues, cazando estaba. Hay mayor desdicha cielos? Hacia la roca del monte, Aquellos son los monteros. Y a quella: ay Dios, ya la he visto en el empinado cerro, es mi bella salteadora. Pues huyamos. . Ven corriendo y a nadie digas quien soy, porque importa a mis secretos. No contiene el prado flor, us troneo el monte escondido, que examinado no ha sido de mi cuidado y amor, buscando a mi Clorisbella: que está en la quieta recelo, o que la ha asurpado el cielo para luz de alguna estrella. Confuso en la montería de aquel bruto jabalí, entiendo que la perdí, o que la ha perdido el día. Qué desdichado que soy! libré al riesgo su beldad de esta muda soledad. y cuando aguardando estoy, que mi gente la perdiera; y su hermano; coditiosa su fatiga generosa de cazar alguna fiera, la deja a entre esas peñas, y laberintos del monte que con la luz del Orizente no ha taladrado sus greñas. Al riesgo de mi cuidado se de mintió Clorisbelia: pero la Infanta es aquella, y sabrá donde ha quedado. Que ha aprendido más fiereza de las fieras que hoy ha muerto, estoy por decir, que es cierto, contra mí vuestra belleza. Ya está necio Ludovico. vuestro amora viendo, que en vano O puedo excusar dar la mano muy presto al Príncipe Enrico de Navarra. . Y esta es ley, porque deje de adoraros, quién vive solo de amaros? Advertid que está aquí el Rey: Hermano, ya vuestra Alteza, de cazar vendrá cansado? Mas es de no haber cazado una divina fiereza. Siguiendo aquel jabalí, que ha dado en aquese monte miedo a todo este Horizonte, y hoy tantos riesgos a mí, hasta esta quinta llegué, donde mi amor se procura informar de tu hermosura; Dios te guarde, ya te hallé. Mas temo al Conde quejoso, sabiendo que ha confiado, en tu atención descuidado, cuanto en su honor cuidadoso, nuestra bella cazadora, la divina Cloris bella, viendo que vuernes sin ella a su misma quinta ahora. Oh del monte en la espesura, o afligiendo alguna fiera, no es mucho que se perdiera la atención a su hermosura. Yo juzgué que la hallara a la cuinta conducida y al cuidado prevenida, de que tu Alteza la honrara: mas cuantas corona el prado plantas, y viven las brutas, en aquestos montes grutas, penetrará mi cuidado, y examinará el deseo la flor más breve y más bella. Viva, viva Cloriabella. Qué escucho, que es lo que veo? das ya tu hermana del monte baja entre dos extranjeros, y de aplausos mis monteros, coronan este Horizente. Qué será? Estás cierto? mira que el Rey está aquí. Déjame hacer a mí, que ya en todo estoy experto. Su Majestad y la infanta son aquellos dos que ves. Deme tu Alteza los pies. Levantad, y a dicha tanta, como hallaros, Clori bella, mil parabienes me gano. Dadme señora la mano. Por Dios que la Infanta es bella. Porque conozcas, señor, este gallardo mancebo. que siendo rayo de Febo, es de Marte su valor. Escúchame pues perdiste aquel jabalí valiente, que siendo horror a tu gente, miedo de tu brazo viste; y verás. . Prosigue. . Advierte. Con cuanto valor, y aliento. Con cuanto valor y asiento vengó de Aduéis la muerte! En aquella montaña, en aquel monte, tan soberbio eminente y empinado, queo le presida el Sol, o se traimonte, siempre vace de estrellas coronado: tan vestido de luz le este Horizonte, como de troncos, y de ierba armado, cuya erigada greño y crespa frente, con las rayos del Sol peina el Oriente, En acuíl monte pues, que razadora contigo (ya lo sabes) fatigaba, desde que enrosas despertó el Aurora desde que el Alba rosas despertaba: errada de tu gente me hallé ahora, cuando vi, que re busto desgajaba, ralgando el bosque con ardiente saña un jabalí su bulto a esa montaña. Calzada de temor la veloz planta, y de sangre manchado el casto diente hela de alguno con violencia tanta, que su minar apenas el valiente venablo me dejó; nas su garganta el acero alcanzó tan prestamente, que al bruto le pasmó mi valentía, sin saber yo de mí que la hacía. Gimió el aliento, recordó la ira, y en la herida así ándose la caña, tanto feroz del monte me retira, eña cuanto de espuma, y sangre el ontoba nuevo Adonís, ntriergo el monte mira porque tembió la fiera la montaña, y el venablo cimbrando con denuedo como temblaba, pareció de miedo. Viste, aborto del monte, aquella roca, que corona de nubes su eminencia? pues mi vida le fue deuda no poea, que ofultándole al bruto mi presencia, esgrimiendo el marfiacorbo la boca, así tuchilla troncos con violencia, que a los troncos pensé que ha lacaba la sangre que por suya derramaba. Vieras acometer al bruto inorme este juven valiente, fuiminada en tu brazo al de Júpiter conforme, la muerte en une sola cuchillada: tan grande tan horrible, tan di forme, que du a muerte, de haberla amedrentado pienso que un rato suspendió su vida, por no atreverse a entrar por la herida Este juben, señor, que hoy arrogante, casi pasmado de umismo aliente, esgrimió la cochilla de diamante, como del monte, del valor portento: este mismo Marte va triunfante, fuerte, bravo, veloz, feroz violento, llega a tus plantas, y por merecerlas, alojando su nombre en las estrellas. Porque el mote infamado horriblemente con la sangre, en sus hierbas derretida, yo le vide arrancar tan brevemente la vida de los huesos desasida: que como en cualquier caso es evidente, parece el sueño muerte de la vida, del bruto que asisti con tanto empeño la muerte, aún pienso que parece sueño. La vida por el monte derramada, en sangrientas espumas dio la fiera, y en su misma fiereza sepultada, horrible yace la que asombros era del monte ya; de donde coronada de aplausos vuelvo, que triunfar espera este joven gallardo, que valiente. digno es que ciñas de laurel su frente. Mis brazos, heroieo joven, en vez de laureles, sean los que ciñan hoy tus sienes, y coronen tu cabeza. Aunque la hazaña no es mía, pues que rindieron la fiera, mas que el golpe de este brazo, de aquellos ojos las flechas, ni desmentirme al honor, ni negarme a la grandeza de vuestros pies es razón. Aay divina Clorisbella, que no le deba al amor la causa de esta fineza. Pues que mi hermana, la vida a vuestro valor confiesa, dad al Conde Ludóvico los brazos, porque estos sean prendas de mi obligación. Y en quien las mías se empeñan. Gallardo mozo, el valor se pública en su presencia. Clorisbella, el parabién de tu vida se le diera al Rey, si estuviera solo. Tráteme bien vuestra Alteza? Y a Mirón, a quien se debe de esta hazaña, no pequeña parte, no se rinden gracias, ni hay alguien que d él se acuerda? pues vive Dios, que este brazo, esta mano, esta munera, estos dedos, estas uñas, estos netvios y estas venas, y cuantos conmigo son, en mi plato, y en mi mesa, con esta espada, este aliento, este coraje, esta fuerza, a aquel bravo jabalí, a aquella fiera soberbia, a aquese bruto gigante, o aquella viviente peña, le di cien mil cuchilladas, y de una en otra, las cerdas se las fui contando a coces; es verdad que estaba muerta: mas por Dios, que pues que tuvo para sufrirme paciencia, que era el señor jabalí una grandísima bestia. Aparta necio, ignorante, así hablas a su Alteza? Quién es? . Un la cayo mío? Si soy; mas también es fuerza decir quien es vuesasted, que es vivir con mucha flema, no saber por donde vino, ni quien nos trajo a esta tierra, y que aquestos mis señores, hayan de tener paciencia, hasta que se lo digamos cuando mejor nos parezca. Pues yo sé, que no excusara el más criminal Poeta su poco de relación en ocasión como aquesta. Quiéres afrentarme necio? Dejade hablar. . Sin arengas, sin ambajes, ni todeos, ni aquello de escucha empieza; Digo, que nacimos ambos en un Reino de aquí cerca: yo solo soy un sacayo, por de dentro y por de fuera. Paro el señor Felisardo, que es el tuauten de la fiesta, del Rey de Navarra tiene alguna sengre en las venas. Quiso cierta dama, y diole una vez cierta celera can un cierto Marquésote. con quien tuvo cierta gresca mi amo, que le dejó por siempre mascando tierra. En una nao fue forzoso huir los dos a Inglaterra, mas al señor don Neptuno, diole cierta ventolera de ver a Madama Tetis, que es tradición la requiebra: y por salir muy galán, enere pando la melena, y ensortijando de plata las espumosas guedejas mas que un Portugues hinchado, y más vano que un Poeta, quebrando el cuerpo adamado, salió Dios en hor- buena, en su carro de cristal, que cuatro Delfines llevan: y picado, que la nave le deshiciese la rueda, porque vio que le hollaba a su pesar la cabeza; en saña, en furor, en ira, convirtió toda la fiesta. que ya el Piloto previno era señal de tormenta. Comienza a alterar el yuro, el mar a bramar comionza, estremécense las ondas, la nube medrosa tiembla, y comenzaron los cielos a tirar sus escopetas, a crujir su artilleria. y desgajar sus troneras, entre rayos de cristal, tal vez húmedas centellas; y en todo aquesto, la nave (confundida en voces Griegas, que vive Cristo, que yo no entende ninguna de ellas) andaba hecha pelota, desde el mar a las estrellas; pues tal vez la vi subir allá del cielo tan cerca, que pudo quemarse el leño al calor de las estrellas; y del agua que sorbió del mar, afirmar pudiera, que era atanor de las nubes pues derramándose en tilas, no les faltó que llover mientras duró la tormenta. Ya navegando los cielos, ya caminando la arena, la nao midió sin ser Ángel, lo que hay del cielo a la tierra: y alguna vez te detuvo tanto en bejar, que creverás, viendo el farol encendido, que estaba el Sol en su esfera. Y yo a lo menos me acuerdo, que del mar un pece hembra, desde su arena llevé, y fundándolo por fuerza con él, porque ilustra el cielo, par mi industrio y mi destreza, ha de haber de los dos casta, como el pez castizo sea. Al fin cascada la nave, y enclavada en unas peñas, tumba fue de cuantas vidas dejaron de ser las nuestras; que en su pequen echalupa llegamos a esa ribera, donde nos ha sucedido lo que sabéis; si la cena está ahora aderezada, acabose la tormenta. Entre verdades, y burlas, este loco desempeña bien mis recelos así. La relación es muy buena, yo me he holgado de oirla, y dejo del Conde a cuenta regalar a Felisardo. Beso los pies de tu Alteza, pues da ocasión con honrarme en tanto huésped, que pueda mostrar, que se agradecer la vida de Cloris bella. Por tenerlas de serviros, señor Conde, mas de verás, al Rey mi señor los pies mis humildes labios besan. Siendo Felisardo huésped del Conde, a su hermana bella, . solicitaré con él. Al Rey de aquesta fineza, solo estoy agradecida, ya que quererle no pueda; porque Felisardo; ay Dios, es tan gallardo, que fuera delito de mi albedrío no rendirme a su presencia; y estando sempre a mis ojos, podrá ser, que no le deba menos a su veluntad. Oh amor, si me pareciera así el Príncipe mi esposo como Felisardo; apenas eso a mirarlo, que el alma parece que se la entregan mis ojos cuando le miran: Felicísima es mi estrella, . no hay más que pedir fortunas, que pues el Conde me horpeda, pues el Rey me favorece, pues me mira Cloris belia, yo he de ser suyo o morir, perdone la Infanta bella. Lo que se quiere la mona. . Hay ventura como aquesta, que hóspede el Conde a mi amo, sin saber lo que le lleva en el huésped a su hermana! Pues luego no habrá una dueña, que los concilie a los dos: pero a mí ni una doncella, según soy de desgraciado, pienso que habrá que me quiera, comandor ya tan varatas, que es falta pera quererlas, saber que doncellas son, y así hay pocas que lo sean; porque procuran salir, como haya tántica venta de su pobre doncellaje, como de la mala hacienda. Entremos a descansas, Felisardo, y a mi cuenta tendré yo vuestra periona. Mucho tengo Clotisbella, que decirte. . Entrad hermana. Seguiré mi ingrata bella, Miraos un peco los dos. por Dios que es donosa flema, para quien está en ayunas. Qué divina es Clorisbella! Qué gallarde es Felisardo! Ay amor, y cual me llevas. Ay cual me llevas amor. Hy que linda impertinencia. Pues bien que es lo que queréis? aprisa, que el Rey espera? que eguardáis, o qué decís? Yo que adoro a Clorisbella. Yo, que quiero a Felisardo. Pues mi bendición es esta. Dios os bega bien casados, y a mí me dé buenacena.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Tu amigo soy Felisardo Ya pasan a más de excesos, señor, tan altos favores. Pues ahora ocasión tengo, en que tú lo satisfagas. Cómo me mandaste, vengo a servirte, que te impides? Yo te llamo, porque quiero valerme de ti. . Señor, albricias a mis deseos pediré, si he de servirte. Qué me mandas? Agradezco Felisardo esas finezas. Pues yo que me agravias pienso, en suspender mi obedienera. Ya sabes que el cuarto mismo que el Conde tiene en Palacio vives, y que sabes creo ya que adoro a Clorisbella. Esto es malo, aunque no entiendo bien lo que hablan los dos Tan oresto celos, tan presto. . Pues Felisardo, corrido, que no basten mis deseos, que no la obligue mi amor, ni la tuerzan mis respetos; y hallando siempre en su hermano, en cada acción un tropiezo, cada vez un embarazo, y un estorbo cada intento, he querido. . Ay tal desdicha? no vivo, pues que no muero. - Felisardo amigo hacerte ocasión de mi remedio pues a sombras de ti mismo, con Clorisbella, mi intento solicitando, podrás darme la vida que espero en tu piedad en tu fe, en tu lealtad tu respeto, en tus promesas: mas como, con el semblante senero, y con el color turbado, te has quedado? cómo es esto? Aún no sé qué responder, tal estoy: pero a quien, cielos, . tal su rede? que me manden, que a quien adoro a quien quiero, le pida que me desprecie, y que a otro quiera, yo mismo! vive Dios. . Qué dices? . Digo, señor que a su hermano ofendo, camo huésped como amigo. Qué es ofender? bueno es eso: no hay más amigo que yo; y soy. Felisardo bueno para amigo, esto ha de ser. No será, viven los cielos, Qué respondes? Qué es forzoso morir, que ya te obedezco, Pues debérete la vida, Yo mi muerte. porqué luego vayas a emprender mis dichas con Clorisbella, te dejo; y confiado. . Di en mi muerte. En ti solo. En mi tormento. Tendré vida. Moriré. Que lo más viene a ser esto. Adiós. Él, eñor, te guarde, porque yo muera más presto. Hay tal chasco; vive Cristo: qué es esto señor qué es esto? Mirón, amar, y morir. Qué hay, celaba? no te entiendo. Tu después que el Rey volvió a Nápoles, y te dieron cuarto en el cuarte que el Conde vive en Palacio, encubierto está siempre, y haces bien; pues aunque tienen por cierto que has muerto, como no saben de ti, y escriben el tiempo que ha saliste de Navarra, conocido fueras luego de algunos vasallos tuyos que asisten aqueste Reino, si tú en público salieras hoy por Nápoles, sirviendo pueo el fingir que te llamas Felisardo; y todo aquello de que un hombre muerto dejas, aunque te extusas con esto de salir donde te vean: mas siento, que estos enredos son todos por Cloriabella, y aunque te adora no creo que te puede estar muy biens porque del Rey me sospecho, que pretende. . No prosigas, que ya yo lo sé primero, y quiero ahorrarle al alma de tantos un sentimiento; porque no hay mayor de dicha ni linaje de tormento; que escuchar un desdichado, cuando no admite consejo, quien le encarezca el peligro, sin que le advierta el remedio, El Rey ama a Cloris bella, ya lo re pero yo quiero decirte a ti lo que pasa, que hay gran diferencia en esto, decir, o escuchar mis penas, cuando yo las le primero; porque mientras me las dicens callando las confidero; y como crece el dolor el pensar en el tormento, es preciso que rebosen tantas penas en el pecho; y hallándose la voz oprimida en el silencio, por donde la desaguaban, que le vuelvan allá dentro: donde cual suele tal vez reventar un vaso lleno de algún licor, que creció, y no cupo en tanto estrecho; el corazón incapaz de sufrir tantos tormentos, o se hará dos mil pedazos, o reventará en el pecho. Y por eso el mal se dijo, que comunicado es menos. Al fin el Rey: pero ven donde lo diga en secreto, que hay casos tan vergonzosos, que se afrenta un hombre cuerdo mucho más de recibirlos, que de encargarse de hacerlos. Bolvámonos a mi cuarto. Mas que no importa dos bledos? No me repliques, pues resuelta vengo. Yo te obedezco; pero no convengo; hay tormento tan fiero, en que quieras, señora, este extrajero, y ofendas tanto tu valor gallardo. Perdona aqueste agravio Felisardo, pues sabes que te adoro. Yo sé bie lo que importa mi decoro. Pues como humillas tanto tu gradeza, cuando fue tu belleza de tantos Reyes pretendida en vano, y esperas dar la mano a Énrico de Navarra? Ya no espero; (ro, pues se dice que es muerto; y cuando quien no ha de ser al que más me mereciere, sino solo al que a amor le pareciere. Quien vio salir furioso, y calarse valiente un toro al coso, tan presto, tan violento, y arrojado, que parece que ha sido fulminado rayo de plumas, o arpón de fuego, según pasó tan luego la plaza, que tres vueltas dado había, y esperaban a ver cuando salía, que en su ferocidad amedrentada, deja toda la plaza despejada, y examinada con entrambos ojos, no hallando despojos en que apagar la ira, que a una parte del coso se retira, y arbitrándolo todo se repara, firme del cuerpo, inquieto de la cara; pues la vista alternando diligente, preside al silbo, y al rumor asiente: mas viendo que ninguno le acomete, furioro a la palestra se arremete, retirándos e luego más bravo, más furioso, y menos ciego con la mano hendida, la arena a todas partes esparcida, y cabando la tierra con la mano, parece que le dice el bruto ufano, al que llegar más cerca del procura, que le está abriendo allí la sepultura: mas como se está quedo, muchos le notan el valor por miedo, y que la arena ciñe, porque sea quien al riesgo le sirva de trinchea. Pero en esto a la fiera, flechada una garrocha desde a fuera, sintiéndose picada, de su misma fiereza fulminada, cuando a la lanza, y al rejón valiente, el animal de bravo se desmiente, a la violenta jara, que acaso humilde brazo la dispara, como picarle pudo, el bruto acometió bravo, y sañudo, sin reparar farioso, que el reión era intento más honroso, porqué solo repara, que el rejón no le hirió fino la jara. Así (ya está entendido en mi abono el ejemplo prevenido) que importa, Cloris bella, que más soberbia yo que alguna estrella tantos Príncipes ya, tantos señores, rejones del amor agitadores, insistan mi belleza, si el amor me dispara con destreza una jara, una flecha, en el gallardo, bizarro talle, hay Dios de Felisardo, y el corazón me deja tan picado, que aunque su sangre igaoro, no he mirado que es en Príncipe empresa más crecida sino la flecha que me deja heridas En aqueste punto llega Felisardo a tu aposento. Pues vamos, que has de hablarle. Repara con más acuerdo, que hay muchos inconvenientes, y míralo bien prrmero que me matas, si lo iatento. Ya entendiste de mi ejemplo, que estoy del amor herida; y pues sin padis consejo te traiga a tu mí mo cuarto, y al d Ferisardo mismo, para que le hables por mí, no esperes ningún remedio; que una mujer de mis prendas, en cualquier de ite es menos, si se acomodó a pensarlo, el disponerse al hacerlo. El cuarto de Felisardo es este. . De quien me ha muerto, puedes Clabela decir: Prima mía, ahora es tiempo Mira señora. Ya saber, que está mi pecho resuelto; sobre aquesto, y ser mujer. sobre decir que le quiero, y sobre saberlo tú, detenerme, es en el cielo querer apagar el Sol, es mover el fundamento, parar fulminado un rayo, que baja el aire rompiendo, ni estoy capaz al discurso, ni fecil para el consejo. Y eso es razón . Es amor, que basta; y no dispuremos, sea prima, o lo que le fuere; llega a hablar a Felisaido, que e sale de su aposento. Qué presto que le hallé! y un desdichado, que presto se tropieza en el peligro, y da de ojos en el riesgo! Mas como hoy saben que llegan tentas penas a mi pecho por coger en el posada, se adelantan los tormentos, o como todos le tienen por su esfera, y por su centro, le salen a recebir, como holgándose de verlos. M Aquí niene Cloriaberla, y Clámoica a queleresto de caveles, y azaba es Pues fe ave aqueste encuentro es harto azar para mí. Cómo se ve que la pierdo, en que me pesa de verla! bien como quien tiene puestos los ojos en una prenda, que si por algún suceso sabe que la ha de perder, la mira, con sentimiento: porque es cierte sulleria, que la estimación se ha hecho doblada en lo que se pierde, e y exajerada en lo ajeno. Felisarde! . Ciorisbella! Mucho que decirre tengo. Y yo mucho que sentir, y no que decirte menos. Qué tienes, que vienes triste? mas como estás en mi pecho, y como son nuestras almas tan una, que cuando el cielo no fuera quien las crió, peesumiera que era yerro de cuenta, pues repartió un alma sola a dos cuerpos, Deves, Felisardo mío, de saber a lo que vengo, de saber que no tras mío, y saber ya que te pierdo. Cómo perderme? qué dices? sabes ya, que el Rey me ha hecho para conmigo homicida? para contigo tercero? Sabes ya, . Qué es esto cielos, que esta pena me faltaba. Mi Cloris bella, no es esto lo que decirme querías? Mas es ay Dios mi tormento. No hay más penas que me aflijan? y pues ya de tantas muero, poco importa de una más; no la calles, dila presto Aqueso es preso por mil, preso por mil y quinientos. Es tal la pena que traigo, que reserírtela temo, porque es sí, mas que las tuyas, y según las sientes creo que te ha de matar aquesta. Aquesto solo deseo. Pues escucha en dos palabras; la Infanta te está queriendo, y me manda te lo diga. Cala calla, que me has muerto, Pues siendo así, que en las penas tan igual causa tenemos, que hemos de hacer Felisardo? Clabela, y Mirón, atentos, ved quien viniere a esa puerta. Eso de mirar, yo cedo, por ser mujer, a Clabela; y en lo de puertas, me temo, que no me coja entre puertas, Anda el lacayo en lo cierto, porque es de mucha codicia. Siendo, mi bien, fuerte aprieto, que a ti te quiera la Infanta, y a mí el Rey me está queriendo, y valerse de los dos para seguir sus intentos, siendo también imposible el poder obedecerlos; porque entiendo que me adoras, como sabes que te quiero, qué habemos de hacer? Morir. Eso ya nos lo tenemos seguro en nuestras desdichas, busquemos otro remedio, que aunque es verdad, que la vida sin ti, señor, no la quiero, como es el alma tan una de os dos que estoy creyendo, que vivimos por mitad, o que una vida tenemos, y es forzoso que tú mueras de la parte que yo muero, me solícito la vida, porque vivas por entero. Pues mi bien mi Clorisbella, si tan de mi parte tengo tu fe, que es ya lo que estimo, tu vida, que es lo que temo, quiere al Rey, que yo me iré donde no te cause celos, ni la Infanta con amarme, ni yo al Rey con ofenderlo, Eso es amar Felisardo? así pagas mis extremos? querrás amar a la Infanta, y disculparte con eso. No imagines tal, por Dios. Pues de tan duro remedio, que he de pensar que he de hacer tan cercada de tormentos, si no es desatar en llanta la vida de qué padezco? Ay mi señora, hay mi bien, que ni aún aquese consuelo podemos tener los hombres, Engañado estás en eso, que es mayor pena llorar. Mayor pena eso es tan nuevo que he de prevar lo contrario. Pues di, y escúchame luego. Oh quemar el clavel, o arder las flores ya lo viste a la luz tal vez del día; pero viste templar el Aua fría del Sol, lloviendo perlas, los ardores. Así las rosas pues, y os verdores de tus mejillas, Clorisbe la mía, si las quema tu solo si porfía a arder tu pecho incendios, y rigores. Adsoras en perlas explitadas, cuato arde el pecho, y pena tu sosiego en la aljófar, o lágrimas loradas, Quedará moderado el dolor luego; porque como son aguas derramadas, es fuerza que se acabeo tiemple el fuego. Has dicho ya? pues escucha, que yo lo contrario prueno. Como en lagrias corre delatada la flor de azar, del alambique ardiente, que cuanto es más la llama vehemete, dice la prisa con que va llorada, Cada perla en mis ojos derramada, el fuego diga que mi pecho siente, pues por los alambiques de la frente, a arroyos sale el alma destilada. (to Luego mi fuego es más pues lloro cuan es mayor, pues no lloras tu sosiego; y cuando como yo te abrases tanto, yo de mi pecho el agua a sacar llego, y tu (mira si es más penar el llanto) guardas el agua que te apaga el fuego. Siempre ha sido emulación de tu belleza tu ingenio. Señora, el Rey, el Rey viene. El Rey a mi cuarto mismo? Sí, que queda preguntando a Mirón por ti y yo vengo con harta prisa a avisarte. Turbada estoy, y no acierto a saber lo que he de hacerme. Entraos las dos allí dentro, Si me ha visto? si te vio? No que me vine corriendo, así como le sentí; entremos señora presto. No podré salir? . Acaba, que avenas entrar podemos. Oh Felisardo! . Señor, vuestra Majestad qué es esto, profana asau grandeza? Pues que mueho la veros vengo, pues vos no me veis a mí Levantad. . Qué es esto cielos? Señor, si me solicita tan alto favor eun yerro, mas yerro será enmendarme. Felisardo ya no quiero. Ay de mí, temblando estoy. Si no saber si mi intento habéis dicho a Clotis bella. No sé qué responda. Pienso que viene el Conde a buscarte. Mi hermano, mejor es esto; muerta estoy. Yo no quisiera me viese el Conde aquí dentró, no sospeche mi amor. Pues di, Mirón, que no puedo hablarle . No digas tal; mejor es que en tu aposento me aguarde mientras se va, Echó mi fortuna el resto, si el Rey viene no ay Clavela, dónde me esconda allí dentro? Si no es en este retrete, y está todo tan estrecho, que aún para mí no hay lugar. Hay más terrible suceso! qué he de hacer? . Voy Felisardo. Señor, yo saldré al encuentro, y a fuera le hablaré, tente, que ya no es tiempo, que entra el Conde, y yo de prisa me retiro a tu aposento. Resolviose, ay de mi triste. Espera señor. . No puedo. Ay lance más apretado! Señor Conde: vive el cielo, que estoy mortal, y que alguno ha dicho al Rey mis antentos, pues no pudo suceder lance acaso tas estrecho. No las tiene mi amo todas consigo, y aún de mí pienso, que estoy ya, sin irme nada, con la cuartana del miedo. Turbadose ha Felisardo, no sé que tiene; yo vengo a deciros. Vuestra Alteza, ya está conmigo grosero; yo saldré, que todo es poco, si está mi amor de por medio. Así castigo una ingrata, y así vengaré mis celos; primo. Conde. Ay Dios, qué miro! He, acabose todo, hoy muero. Villana. . Deteneos Conde, hasta que os diga primero. Yo, señor, se lo diré, pues es forzoso saberlo, y prevendré mis disculpas, escuchadme un rato atentos, De aquel último día, que el monte confundió tu gallardía; ya te acuerdas, y sabes que gallardo honor fue de mi vida Felisardo, rindiendo bravo al jabalí de suerte, que el monte se pasmó, se heló la muerte. Esta hazaña ponderá mi decoro de Felisardo, porque si le adoro, pues le debo la vida, parezca que le amé de agradecida; que aún en los celos, con crecer la cuspa, pasa el agradecimiento por disculpa. Esta doy, ya advertiste que le quiero, y me viste ahora en su aposento, y aunque es la causa muy distinto intento del que habrás entendido; si mi amor una vez has advertido, ya negarleno puedo, porque no pase créditos de miedo; como el bravo animal, quereina el prado príncipe de las fieras, ya jurado, que horror siendo mortal de su Horizonte, tal vez preside la cerviz de un monte, y en el trono robusto de esmetaldas, se presenta a sus faldas, roja la piel, el cuerpo articulado, y en los membrudos pechos descansado encrespado el cabello, que baña la cerviz, y inunda el cuello entrambos pelos rojos, y reventando fuego por los ojos, en la robusta frente, que baña el bozo con espiendor luciente y de dientes morada, la boca ostenta de fiereza armada; corbas las uñas, largas, y escondidas entre vainas de bello mal tejidas; larga la cola, y en el fin orlada de trines tó que ya, tal vez, timbras azota el cuerpo, y enfurece el ceño, picado de un estímulo pequeño, que le sirve a la cola de contera. Al fin vistes al León de esta manera, que agitado, tal vez de cazadores, huye, cedido a fuerzas superiores, y que si huyendo, que lo ven repara, poco a poco se aparta, y cara a cara bueve, sin reparar en embarazos, aguardar que le hagan mil pedazos; porque visto una vez y descubierto, tiene por más partido quedar muerto, que cobarde infamar en la huida toda su majestad por una vida? Así el amor que tengo a Felisardo, presumido, señor, de León gallardo; o ya que como fuego, se compone el León le imita el ciego, o en su carro de leones conducido, para estas acciones ha aprendido a sor León, y mi amor, viendo sin duda, que cazarle pretendes con la ayuda de Felisardo, pues con ese intento tú sabes le has buscado en su aposento temió por cazadores tus celos, tu poder, y tus rigores, y así me oculté huyendo en esa cuadra, donde ya temiendo que le hallase el Conde, vuestra Alteza señor, también se esconde; veme aunque me resisto, y mi amor advirtiendo que le han visto, el mismo me presenta, y no repara en hablarte, señor, tan cara a cara: antes sin reparaz en embarazos, ni en que me hagan tus celos mil pedazos, una vez descubierta, primero me verás a tus pies muerta, que deje de querer a Felisardo; porque mi amor, señor es tan gallardo, que antes mi sangre quiere que derrame, que volviéndome atrás quedar infame; y así tú me perdona, si siente aqueste agravio tu Corona, tivive ausente muerta, en todo empe- Felisardo a deser siempre mi sueño. (no Aquesto si que es amar; por Dios que te quiere recio: Por esta dicha desprecio mil muertes. Si puedo hablar. Reportad, Conde, el dolor, y estad primero advertido, que yo soy el ofendido, y Felisardo el traidor. Pues señor, porque en mí, y vos quede el honor satisfecho, dadme licencia que el pecho pase este acero a los dos. Rey. Ludóvico, Conde amigo, aun que es de los dos la afrenta, ha de correr por mi cuenta solamente su castigo. Porque tal pena me alcanza en lance tan apretado, que no quedaré vengado si doy parte en la venganza. Yo me encargo vuestras penas, y vos podéis confiar que me deseo vengar pues busco causas aganas: No porque a mí me ha faltado, pero es mi tausa mayor, y es no vengarme mejor, que no quedar mal vengado. Mas los dos han de morir, pues la venganza más fuerte, un pasó más de la muerte no ha sabido discurrir. Ferisardo, este traídos; pésame haberle nombrado, porque da el dolor doblado el nombrar el ofensor, rinda a un verdugo la vida; pone de luego en prasión, y vuestra renutación, porque no quede perdida, si ya el crédito no es vano, de que ha muertu el de Navarra, quiero que os honre viaarra mi hermana, dándoss la mano; y a mi cargo ha de quedar de Cloris bella el honor. Beso tus pies gran señor. Puas id Conde, a ejecutar la prisión de este viliano. Pues señor, aún no me escuchas? Son, traidor, tus culpas muchas, y tus disculpas en vano: en una torre esté preso del Palacio, la más fuerte. Pues le manda dar la muerte, . sin duda que con exceso ama el Rey a Cloriaberla, y le quita poderoso a su honor lo escrupuloso para casarse con ella, pues se encarga de su honor, y a mí su hermana me ofrece favor, que así le merece mi sangre, como mi amor. O en un lance tan estrecho mi deshonra presumiera, cuando yo no mereciera la merced que el Rey me ha hecho. Porque en tal caso padece descrédito en el honor, el que recibe un favor más grande que lo merece. Y pues la Infanta la mano me da, con que el Rey me honra, no ha de intentar mi deshonra para hacerme su hermano. El Cónde está sospechoso: llevad, Conde este traidor, y fiad de mí vuestro honor, que yo le haré más dichoso. Esto es quererme decir lo que presumo; qué aguardo? venid preso Felisardo. El corazón ya partir siente el pecho, que crueldad? mas que mucho que se parta, si Felisardo se aparta, y es del alma la mitad? A morir voy, trance fuerte! y que pierdo a Cloriabella, que no he de volver a bella, pues esto basta por muerte. Si al Rey quien soy le diré? no, que es forzoso casarme con la Infanta, y es matarme yo mismo, porque no sé que haya modo de matar más fácil a quien bien ama, que ver con otro su dama, y irse con otra a casar. Conde acabad, qué aguardáis? qué hacéis con ese villano? Oh Rey cruel! . Rey tirano. Qué os detenéis? qué miráis? Adiós digo con los ojos. Adiós con el alma digo, con el corazón te sigo. Acabad de darme enojos. Yo me escurro por aquí, que el Rey vive Dios, que está. que si me ve, me dará un pan como para mí. Seguir a mi amo es forzoso, mas el Conde, si me ve, por si pequé, o no pequé, me echara en un calabozo. Y harto llego a merecerlo, pues por huésped me ha tenido, porque no digan que ha sido sin comerlo, ni bebello. Cuando el deseo consigo de hablarte me ha pesado, porque estoy avergonzado de hablar, ingrata; contigo que es el delito de un pecho as ingrato, tan fementido, que aún de verlo está corrido el mismo que no lo ha hecho. Y es tan grande que mi honor no sufrí a si me trata vuestra Alteza como ingrata, porque no le tengo amor que es poner mi brigación en su arhiraro, y es injusto, hacer b ficio el gusto, y meritonf Yo cuando vo quiero, y no du emos talióo, que no vigue, amando un Rey, y que sbiigna vo estrangaro. Pero tu ingrara belleza, no hi de gozare tirana porque he a hacer mañana que le corten la rabeza Y ya que mi voluntad no sabe tu amor vencer yo he de ver cuanto poder alcanza una Majestad. Cuando hega vuestra Alteza del poder ostentación; amor es Dios; y es razón que tenga más fortaleza. Yo haré matar al traidor, y después veré de hecho, si te le saco del pecho. Será cansarte señor. Has visto de flor alguna pompa, que fue de cien Mayos, del Sol caduso a los rayos, el verdor de su fortuna; que si arrancarle procura la raiz está tan unida, tan travada tan tejida, con la tierra, que as locura querer por fuerza, o por arte, arrancar la rayz que encierra, sin dejar parte en la tierra sacar de tierra parte? Así vive Felisardo en mi pecho, tan unido; tan travado, tan tejido, que cuando el verdor gallardo pierda la flor de su vida a tus rayos pues soleres, cuando arrancarle quisieres de raiz la que escondida tiene en mi pecho, señor, es forzoso que yo muera; porque vive de manera en él que es loco error emprender o imaginar; que de un nudo tan estrecho, como el que ha hecho en mi pecho, en llegándose a arrancar, deje de quedar asida parte de su vida en él, y arranque también cruel, en el parte de mi vida. Que esto escucho, pero ver de mi hermana al cuarto presa, que quien tanto amor profesa sabrá enfrenar tu desdén. Allí estarás, y he de ver si he de vencer tu rigor, que es porfía ya mi amor, y violencia mi poder. Yo he de amar eternamente, Yo he de vencer, o morir: Yo he de querer y sufrir, Y yo porfiar impaciente, Todo lo vente el amor Y todo el poder lo alcanza? Esa es necia confranza. Ese es grosero rigor, y el poder sabrá vencer, que es más que la voluntad. Verá vuestra Majestad, que es más querer, que poder.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Llega Mirón llega a darme de nuevo otra vez los brazos. Amo mío; qué te veo! Cómo en la Torre has entrado? dame ya el Rey libertad? No señor, son cuentos largos? pero aunque vengo de prisa, escúchame atento un rato. Dime primero, Mirón, de Cloris bella: . Es echarlo con eso todo a perder, como viniere estudiado has de ir oyéndome, escucha, y va en julecio; que a un lacayo, ninguna ley le prohibe hablar de verás un rato. Después que el Code aquí te trajo preso, y lo demás que sabes de suceso, como el Conde, forzoso ya enemigo, no quiso que quedase yo contigo, Volura tu cuartir dónde el Rey quedaba y a Cloris bella sí que se llevaba al de la safanta que sabiendo el caso, no sé de quién al Rey le salió al paso, colérica; y ligera, como suele salir a la carrera cobete de cerdas tal rayo de pelo un cava loveloz, que hundiendo el suelo, sn abolsar la arena, parecía, que presumido de llegar, corría al cielo con las manos, antojos no tan vanos, que no parezca que previno el cielo con que engañar, sin dulta su desvelo, pues de las piadras tantas de ataus lluces, cuantas él descalabraba, en apariencias todas de centellas, porque pensase que hollaba estrellas. Cuando en esta violencia, acordándole el freno su obediencia, se rebate en sí mismo, y para luego, ardiendo polvos, y sudando fuego; (do el uerpo inquieto el pecho a borota- reventando en la piel de fatigado, y salpicando con los pies la arena en un córcobo, y otro se refrana De sus celos la Infanta así avisada, bajaba de su cuartosulminada (quieno cualo al Rey encontró, que el pech enfrenó con las riendas del respeto; sudando aljósar las mejillas ballas y respirando el corazón centería en mil suspiros, que pasaba airada, solo a la sombra de llega cana: pero mientras celoso el Rey se de tu amor, y sus celos tan depa que aún dudo que el Rey mismo se enré si como fue un pesar, un gusto fuera La Infanta, romo quien por si sentía; lo que fineza al Rey le parecía; aunque el semblante más disimulaba, bien sé que por de dentre se abrasaba. No has oído de Sirilia el Mongibelo, aqu! pantal del cuso, aquel monte giga te, suña de los Orbes si no Atlante; aquel Narte del valle más profundo, yaquella altina hinchazón del mundo; aquel bolcán helado y quel montón de nienes abrasado, ste no si no eminente de Querubes, tropazon, o embarazo de las nubes, primer puerto del día, y estación y tima de la noche fría, que hipócrita mintiendo su sosiego, expone nieve donde oculta fuego; Tántalo pues, se abrar, ynún bebe, con tenerla en los labio, tanta nieve, y debajo de la tez nevada, candida leche la correza helada, e i afeite, o barniz de agua cernida, de la tolca de algodon tejida, tado de blando aljósar, si no recho, de las espumas de un cristal deshecho; ama de tanto hielo mal cuajado vive en lazos de nieve aprisionado, un incendio, a quien dan sepulcro leve, si losas de márfil, venas de nieve: mas del fuego que interna sus entrañas, bostezando espadañas, cuante calla la nieve al monte, luego lo saben revelar lenguas de fuego; porque el monte voraz, torre de nieve parece, como al cielo se le atreve, eralhaya del mundo pues de Oriente, con los fuegos avila al Orcidente; tan eminente en luces, que con ellas llega a encender denoche las estrellas? Así la Infanta pues, aunque el semblate aféctuna de celo en lo constante, y lo exterjor de nieve en sus mejillas, bien pudiera sus penas descubrillas, quien atento mirara, sin profaner la nieve de su cara, salir a vueltas de sus rayos tojos, espadañas de fueje por los ojos; y tales que cualquiera en su denuedo señalara los celos con el dedo: más advirtiendo el Rey su compastura, el enojo pasó por hermosura; (go, o estaba el Rey de suiry de amor ere tanto, que apenas reparó en su fuego; y así en breves razones, que son poco elocuentes las pasiones, dijo la que llevaba, y como a ti ya preso te dejaba, prometiendo su Alreza, que ha de cortarte luego la cabeza; y a Cloris bella presa, en el cuidado de la Infanta dejando, tan airado se fue el Rey, que la Infanta, aunque agravia que do de tu desdicha sastimadas (da, pero advirtiendo sola a Clotisbella, colérica de celos sertropella: tanto, que al repetirle sus agravios, tropezando la voz entre los labios, tan airada habló, que parecian que sus mismas palabras la temían; y diciéndole injurias hasta cuando quedó en su propia cólera luchando; que Cloriabella entonces ingeniosa, mas, cuanto la advirtió, menos furiosa; porque es treta de quie vencer aspira, aguardarle los tiempos a la ira: mira con cuanti ingenio, y de que modo; salió dichoramente bien de todo. El Rey (dijo) es verdad, yo lo consieso cuanto ha dicho, señora, en mi suceso, que me halló escondida en su aposento. de Felitardo más con otro intento del que del escuchaste; ya sabe: que tú a hablarle me enviaste, él estaba admirando tu fineza, cuando viendo que a verle iba su Alteza, porque a mí no me viese, y tu amor entendiese, ni de mi como ves y lo sospechase, fue fuerza que ocultarme procurase? pero llegando el Conde, el Rey, señora donde yo se esconde: viome, engendró sus celos, y yo por no decirle tus desvelos, condecendí con todo, si está es culpa, aquí tienes mi vida por disculpa. Calló, y quedó la Intanta sarisfecha, pero más viva de su amor la flecha, y entre las dos, dejando concertado, porque el Rey estuviese asegurado, que Clotisbella se fingiese presa. Mercurio me eligieron de esta empresa y dándome la llave, que el Rey ciego, dejó a la Infanta de esta torre, luego presurosa me envía, porque yo sea de su amor espía: aquesto es lo que pasa, adórate la Infanta, el Rey se abrasa. Presa está Cloris bella, y yo con vida, como dueño de ella: (te, dispón de mí, señor, que en cualquier suer Mirón te ha de servir hasta la muerte. Ella amante él celoso, uno y otro ofendidos, poderoso el Conde, poderoso, y ofendido; tu preso, tu culpado, tu atrevido, resuelto amante, loco disfrazado, confuso todo todo alborotado. De suerte lo que dices me ha dejado, que tú no sé si es verdad lo que he escuchado Pues yo verdad te digo. Pues Mirón esta noche he de ir contigo a ver a Cloriaberla. Estás en ti, qué dices? Qué he de bella. (vida? Pues el Rey, pues la Infanta, pues tú Tego amor, y no hay cosa que me impida Qué amor que Cleris bella? que intentas, dimeya con pretenderla, si sabes que es en vano. mientras de esposo no le das la mano? y eso a tu sangre. Do me obligues necio; que vengue con la tuya su desprecio; qué dices? yo merezco por ventura, ni aún presumirgozar de su hermosura? Que humildad quefineza tan extraña! para los tiempos de Maricastaña valiae un resuro, Si quiero a Cloris bella, si la adoro, tan noble es como yo, no es del Rey prima, pura no que quieres que mi amor reprima? y cuando no lo fuera, que hago yo, Mirón, cuando la quiera, si tú ves que me adora, y sabiendo quién es, quién soy ignora? Luego hace más que yo? no hablemos de esto, sino vamos a hacer lo que he propuesto, que de otra cosa ya, mi amor se corre: no tienes tú la llave de esta torre. Si tengo; pero es justo, (to. No repliques, Mirón, este es mi guí Eso es bueno por Dios no repuca:- y que en el riesgo vamos a la parte: (te, donde vas así preso, sin armas, y sin seso, que alguno que te vea al Rey lo dig No hará, que es denoche, y ya me ab a irme solo tu miedo; o bien te puedes quedar. Si yo me quedo, que vales tú sin mí? No seas cansado: dame esa espada acá. Si ya está echado el fallo, yo te sigo, que a vivir, o morir, he de ir contigo, toma la espada. í. Vamos. Ermitaño he de ser, si hoy escopamas, Al fin no puedo vencer? Señor vuestra Majestad consulte allá su poder, que yo de mi voluntad, bien sé que no puede ser. Y yo sé que si la vida no le quito a mi homicida, el traidor de Felisardo, que en vano el remecio aguardo; y pues tema conocida, mas qué fineza es mi amor, he de saber le que puedo, usando de mi rigor. Muerto Felisardo, miedo no tengo a nada, señor: porque si él muere, es forzoso, que mi aliento generoso, viéndole por mi morir, o se afrente de vivir, o se muera de envidioso, Pero no habrá que dudar, porque le quiero de suerte, que su muerte ha de tardar menor en darme la muerte, que acabarle de matar. Siendo así veré primero, aunque parezca grosero, con tu honor, ingrata esquiva, mientras te permito viva, si puedo lo que yo quiero á. Qué pretende vuestra Alteza? Alcanzar lo, que pretendo, sujetar tanta fiereza, ir tanto rigor venciendo, y gozar tanta belleza. Parece que se ha olvidado, o que del todo ha ignorado vuestra Majestad quien soy. Solo me acuerdo, que estoy ofendido, y despreciado. Pues recuérdese, quién es vuestra Majestad, y advierta soy su sangre, y a sus pies me ha de ver primero muerta, que en sus brazos esta vez. Porfiar hasta vencer, Ya es muy necia esa porsía. Esto es provar el poder. Eso solo es grosería. Yo soy Rey. Yo soy mujer: déjame ya. . He de vencer. Cómo, si no he de querer? Por fuerza. . Con mi disgusto? 4N lofo Mas es el poder que el gusto. Mas es querer, que poder. Poco a poto, no nos sientan; entra, señor, paso a paso, que no se te va de el mundo Clotisbella. . Calla. . Callo Mira. . Miro. . R. Por Dios? buen lance habemos echado. Que lo dije luego yo y este tonto de mi amo no quiera tomar consejo? ea Mirón, ahorcado habéis de morir paciencia, o apelar, para Ermitaño. Ay cielos. . Miren los dos? y mi amo, que elevado se quedó; contemplarelos, pues estamos tan de espacio. Corrido estoy, que a ros fuerzas te hayas defendido tanto. Y ya yo no puedo más; pero para un Rey tirano sus mismas armas da el cielo. Vive Dios, que he de matarlo con su daga a vuestra Alteza, si intentare porfiado, o si atrevido volviere, y se arroja temerario a infamar las castas luces, y apagar los puros rayos, las centellas más lucientes de mi honor ilustre, y casto, Sepa vencerse, modere los hierros desenfrenados, los deseos mal nacidos de su espíritu gallardo. i no viven los cielos, que aqueste puñal, manchado, o de la púrpura suya, o de la sangre de entrambos, aqueste cristal de acero ha de servir de epitafío a mi honor, cuando le pierda, que en letras de sangre claro, (propia tinta de la afrenta) diga del mundo al teatro, que por defender su honor Clorisbella, muere a manos de su Rey: mas no lo diga, que importa menos mi agravio, que dejar en la disculpa un ejemplo vinenlado a los achaques del mundo para otros Reyes tiranos. Tú te consulta contigo, mientras yo conmigo trato como defienda mi honor, como huya mis agravios; como su riesgo me impida, como de tus desengaños, como enfrene tu poder, y como te diga, cuanto estimaré que me dejes solo amar a Felisardo. Valientemente lo ha dicho. De mi brío estoy temblando; Bueno es despertar mis celos, para rogar mis cuidados, bueno acordar tus delitos para intentar perdonarlos. Vive Dios, si el Rey intenta . más riesgos a mis cuidados, que ha de saber que soy noble. Sosiega el aliento airado; lo que no pueden tus ojos, lo que no pueden sus rayos, como lo podrá conmigo ese acero mal vibrado? Y yo a pesar de minida, vive el cielo que a mis brazos he de restituir los tuyos, o en mis celos disculpado, como pueda, de tu honor he de violar los recatos. No harás, sin que primero hayas muerto a Felisardo. Ay Dios, que has hecho señor; que nos has perdido a entrambos? Yo he hecho lo que me debo. Cómo traidor, di villano, te opones a mi grandeza, y la prisión has violado; cómo entraste, infame, aquí? Por los cielos soberanos, que ha de escarmentar tu vida tan bárbaros desacatos. Aquesto está muy sangriento, señor Mirón, aquí a un lado veremos quemar a Roma, mientras allá cae el rayo. Hay mayor traición, infame? pues tú la espada has osado oponer a mi decoro? Yo solo la espada saco para redimir mi afrenta, porque estando declarado ya, que adoro a Cloris bella, y en lance tan apretado, que bastaba nacer hombre, no hay ley, sin ser tu vasallo, que haga culpa la defensa, sin razonar el agravio, Es verdad que tú eres Rey, es verdad que eres mi amparo, es verdad que estás queriendo, es verdad que no te igualo: pero esto es en a apariencia, que acá en mis alientos, callo unas ciertas altiveces, y un ánimo tan tizarro, que le acusara mi brío por desaire afeminado, disimular mis afrentas por encubrirte mi estado. Tan bueno soy tomo tú; pero en el papel que hago, tanto puede la lealtad, tanto un Rey es soberano, que sabe imponer respetos, aún a quien puede igualarlo, Esto se entiende en la vida, pues la allane, cuando airado la oprimiste en la prisión: no en la honra, que un agravio, como le escudrina al alma los secretos más callados, y sabe en ella quien soy. me da por más agraviado, y les recuerda a mis bríos la obligación de vengarlos. Quién puede ser un traidor? Aún no es tiempo de explicarlos vuestra Alteza se reporte. o aqueste acero, a sus pasos las pondrá grillos de sangre, o me hará cien mil pedazos. Mi Cloribella mi bien, mientras que yo de embrazo le sirvo al Rey con mi acero, guarda tú el honor de entrambos, busca al Conde. . Pues tu vida? Qué estáis diciendo villanos? Vete, que yo la defiendo. Yo me voy, porque he pansado, que aquí no huyo el peligro, y que a la Infanta avisando, pues a Felisardo adora, sabrá morir, o librarlo. R. Oh tirana, así me burlas? Tente, aguarda, pero en vano guardo leyes a un traidor. A demiguarda. . Esto es malo, A de mi guarda. . otra vez, mejor es cantar de plano; voy a decirle a la Infranta, como mi amo Felisardo es el Príncipe su esposo, Qué mandas? pero qué aguardo; como traidor, con mi Rey, el brazo esgrimes villano? Escuchad Conde. . Señor, deja primero matarlo, Yo os diré su atrevimiento, solo ahora al punto es mando, que déis su vida a un verdugo. Defenderme aquí de tantos, es más que temeridad: diré quien soy? mas al plazo último, si no hay remedio, lo haré. . Dad Felisardo la espada, y preso venid . Yo he hecho lo que ha tocado a mi valor, y así ahora la muerte espero galiardo, Dónde está el Rey, o señor? aunque tu Alteza enejado escuche, a decirle vengos con el ánimo turbado con los pasos presurosos, y el aliento fatigado, que sepa que da la muerte a mi esposo, a Felisardo, porque es el Príncipe Enrico: Quién dice tal? Su criado, que en las señas que me dio, la verdad ha asegurado. Que más señas que su brío. Vayan al Conde, que mando no se ejecute mi enejo. Ya todo está remediado, si se casa con mi hermana: mas quién altera el Palacio? No sé qué ruido es aqueste. Aquí vuelve Felisardo, señor, como tú lo mandas; y si es por saber el caso que ha sucedido direlo, aunque quisiera callarlo, hasta vengar en mi hermana su atrevimiento, y mi agravio. Desde aquí veré qué es esto. No Conde, que ya los brazos dar quiero al Príncipe Enrico: Qué Príncipe? . Felisardo Hasta Mirón me ha vendido. . Loca estoy: quién ha logrado . jamás tan grande ventura, que a quien estoy adorando, venga a ser mi esposo mismo? Hay hombre más desdichado, . la Insanta pierdo, y mi honor. Mi suerte me ha varajado la fortuna; mas quisiera tener cierto a Felisardo, que al Príncipe tan dudoso. Deme vuestra Alteza, hermano, los brazos. . Qué he de hacer? si lo niego, está informado; si confieso, ya a la Infente de esposo palabra he dado, rompérsela no es posible; pues pensar que yo, adorando a Clotisberla, la deje, es hacerme mil pedazos. Dejarme obligar del Rey, es forzarme a ser ingrato con él, si a su hermana ofendo con mi dueño, si la agrado: pero en tantas confusiones, lo mejor es hablar claro, y que sepan lo que intento. pues que saben lo que callo. Eres el Príncipe, o no? Qué dude? . Que está dudando; A si el Príncipe no fuese. Bueno es eso, en estas manor nació, que hay que poner dudas, que aunque está ahora barbado, le conozco como a mí. Si me escuchas de mis labios lo que soy, y lo que intento, pues sabes de ti el estado, de mi amor sabrás señor, porque sin darme las brazos, o me disculpes piadoso, o me culpes temerario. Navarra, heroico Príncipe, venera en mí las esperanzar de heredero, tuna su trono fue, su imperio esfera, de quien para ser Sol nació Lucero: vivía de mi edad la primanera, cuando en su fama, la beldad venero de tu hermana, la Infanta mi señora, de cuyos rayos es el Sol Aurora. Solicitó mi padre mi deseo, escondido mi amor, al suyo en vano, o persuadido de tan alto empleo, o codicioso de mentirme humano, pues en el dulce yugo de Himineo la Infanta me ofreció su blanca man bello honor, su beldad de más coronas que ciñen de zafir las cinco Zonas. Señas Navarra dio de su alegría, yo de mi gozo señas, concurriendo a cuantas en Augusta Monarquía el amor enseñó, tal vez hiriendo un enfrenado viento que podía (con tal velocidad salió corriendo) llegar a verte en él, si lo emprendiera, y acabar en Navarra la carrera. Tal vez al toro corregí valiente, con eél asta carzada de diamante, más sacudiendo la ñudosa frente, hirió el acero alguno tan pujante, que mi brazo hallándole obediente, la vida le arrancó tan al instante, que si allí pueseñal no se quedara, aún pienso que la muerte lo ignorara. Mante tal vez, le plumas coronado, vestido acero, ex acio belicoso a la justa cnristrado el fresno errado, mi contrario encontrétan valeroso, que del fuerte caballo trastornado, hice empinar al bruto tan airoso, que al dueño mientras le holló las plumas por penecho pasaron las espumas. Bárbara escaramuza ya imitando, también fleche la caña voladora, en el arco del brazo, coronando con ella las regiones del Aurora: pues tan elta subió que aún hoy bajando a su centro, presumo que está ahora, o la detuno el Sol, porque querría jujer también el cañas de alegría. Tal fue mi gozo, pero mi cuidado, por no aguardar la armada perezosa, que de algún enemigo, mal domado, era entonces mordaza belicosa: a la saña del mar, antes fiado, que al sufimiento de esperar mi esposa, pueas ondas de su airado ceño en un yugo veloz, un breve leño, Casi en la espuma ya, de esa ribera, el mar flaqueó a la nave el sufrimiento, (como dije Mirón) y ya en la esfera, en vez de arar cristal, peinaba el viento tal la sacude el mar, y tal se altera, más volviendo a mojarse en su elemento así cayó la nao desde su altura, que del golpe se abrió la sepultura. Pero entre globos de zafir errante, urna el esquise, me huyó arrojado, desde alguna montaña de diamante, al que de tus alientos fatigado, era solio del Sol monte gigante, donde cazando tú, yo salteado, de Clorisbella fui, que en dulce sueño, de toda el alma se introdujo dueño, Fuera solicitarte mis desvelos, el pintarte, señor, fuera locura, como las dos antorchas de los cielos el sueño sepultaba en su hermosura, que era ofenderme despuntar tus celos, cuado mi amor tu amor vencer procu- basta que sé señor, si la miraras, (ra, que con tú mismo amor me di culparas. No vi a la Infanta, presumi dichoso, ser suya solamente tal belleza; supe mi engañe luego, fue forzoso encubrirme, señor a vuestra Alteza: porque creció el amor tan imperioso en mí, que sin medirse a tu grandeza, sin mirar en mi fe, ni en tu decoro, a Cloris bella, como ves, adoro. Tú sabes lo demás, que Cloris bella me paga; que en la torre quedé preso; pero si dudas como salí de ella, la Infanta lo dirá: mas si es exceso dejarla cuando vengo a merecerla, muy ygual es al suyo mi suceso, pues, aunque es todo yo su amor gallar- al Príncipe dejo por Felisardo. (do; Esto he dicho, señor, por acordarme lo que soy, lo que debo, y lo que quiero, no puedo de la empresa retirarme. pues cuando a sí mi honor, mi amor pode si piadoso no quieres perdonarme (ro, de ti señor, ningún partido espero, y a la muerte me vuelvo, pues sin ella, no es posible olvidar a Clorisbella. Aunque es tu resolución, como me dices, tan fuerte, que no repara en la muerte; dame un instante atención. Pensar que puedo dejar de querer a Cloris bella, es error, pues que con ella, casi llega a porfiar mi amor, porque quiero ver, o sea justo, o injusto, si puedo más en su gusto, que su gusto en mi poder. Pues pensar, si con mi hermana te has intentado casar, que lo puedes excusar, es una esperanza vana; porque en tus locas quimeras mi honor profanado así, que murmurarán de mí las naciones extranjeras? Pues de esa suerte mi afrenta quedó en pie, cuando mi honor lo ha dejado mi valor. Ya lo sé, Conde, a mi cuenta, y todo se ha de mirar; ved lo que puede mi amor, lo que vale vuestro honor, que yo me quiero casar con Clotis bella, por ser en su terca resistentia la postrera diligencia aquesta, de mi poder, y vos quedaréis honrado, yo también dando la mano Énrico a la Infanta . Hermano eso es lo más acertado, Beso tus pies; esto es ley, que aunque padezca mi amor, basta ya tener honor, y por hermano a mi Rey. Pues traed. Conde a vuestra hermana y vuestra Alteza a la mía dé la mano. . Si porfía vuestra Majestad, más llana ha de hallar mi obstinación. Haré quitarle la vida. Por nada tan bien perdida. Pues volvedle a la prisión, Conde . Hermano. Señor. No hay que replicar, o mi honor he de cobrar, o ha de lograr mi rigor. Esta es mi resolución. No estoy de celos en mí. Qué burle mi honor así! He, llevade a la prisión. Esto es fuerza, perdonad, tu Alteza venga conmigo. Cónde muy contento os sigo? Adónde vais? aguardad. Vive Dios que el que emprendiere pasar, que a mis pies rendida, primero ha de ver la vida; y vuestra Alteza modere el poder, con que sangriento, opuesto a mi poder lucha, verá que mi causa es mucha, si es mucho mi atrevimiento, Vunque el dolor, pocas veces da ugar ni el alboroto, o mal despierta la lengua, o mal callados lo ojos, para repetir ofensaa con retórieos adornos, y lazonar en los labios del alma los desahogos. Ya, que atento me permites referir, Prin ipe heroico, con todo el dolor que traigo todas las penas que lloro, Escúchalas, que callando los años que ha que malegro a mi pecho tus finezas, y mi amor a tu decoro. Porque no conviene, no; y es poco cuerdo, o muy loco el que lo acuerda ofendido, a quien pretende piadoso. Callando al fin el decirte cuanto sabes, diré solo lo que ignoras de mi amor, aunque primero te pongo, a cuenta de lo que pido, el no referirlo todo: porque a quien está efendido, pienso yo, que es cierto modo de lisonja, el excusarle de reparar sus oprobrios. Ya sabes, que quise a Enrico, y sabes ya, que celoso, a vencer mi amor humilde, te apostaté poderoso. Sabes, que en el cuarto presa de la Infanta, no son pocos los combates, que a mi honor dieron tu amor, y tu enojo. Y mi resistencia sabes hasta este lance, que lo co diste licencia al poder, de profanarme el decoro, en que a no llegar Enrico, hoy fuera infame despojo de tus brazos, pues me halló ya con esfuerzo tan poco, que fue acreedor su valor de todo el honor que goza: dejo aquesta obligación para después, porque acorto el hilo a tus sinrazones, y la corriente a mi enojo. Porque yo, viendo en Enrico mi vida, mi honor, y todo cuanto tengo que perder, mal seguro, en lo imperioso de tu poder, como Rey, de tu amor, como celoso, entre tantos enemigos, su valor dejando solo, salí a buscar en la Infanta, para su vida, el socorro más cierto pues que le adoras pero lleno de alborotos. llegando entonces Mirón, a las dos advierte, como es Enrique Felisardos y que tu Alteza, a su esposo le manda quitar la vida; yo con pena, ella con gozo, no sé lo que nos hicimos, sino solo, que en los hombros del aire bájamos ambas, tan aprisa, que me corro, aún de pensar que me acuerdo; porque fue en tiempo tan corto que aún no pudo la memoria informarse del asombro. Al fin, a esta puerta llego, con el pecho receloso, el amor determinado, y el sosiego cuidadoso, atenta al Príncipe escucho, de sus verdades me informo, de sus finezas me admiro y de tus crueldades lloro; el solicita su muerte, y yo a su muerte me oponjo; porque para ejecutarla, han de hallar por estorbo, si no este acero, esta vida. Tus preceptos rigurosos, torcerlos puede, señor, tu piedad; y nota solo del Príncipe aquesta acción, mientras que yo te recorro, como le debo la vida, y el honor le reconozco. Todo lo sabes, y yo te acuerdo, señor de todo; porque tiene por consuelo, tal vez, el que está celoso, saber que no le desprecian por demérito, ni eprobrio, si no que tiene su dama tan obligado el decoro, que más es el no quererle obligación que no antojo, Así señor, siendo así, que tan obligada adoro, que tan amante me obligo, que tan firme me enamoro, que he de querer tan de verás, y tan valiente me arrojo por tantor inconvenientes, como tú te sabes solo; y que no bastan conmigo ruegos, violencias, sobornos, finezas, muertes, ofertas, lágrimas penas, estorbos. Y finalmente, no basta decir que has de ser mi esposo, si no que yo me resuelvo a querer de cualquier modo al Príncipe, y a decirte; que primero hasta el pomo he de teñir este acero, dé la púrpura, que en copos de nieve sepulta el pecho, de los elaveles, que rozos, ara en lazos de jazmín, y del coral, que en arrojos corresendas de zafiro, primero, si que dé a otro la mano; tú te consulta, o ya cruelo ya piadoso: si al Príncipe has de matar, mátame a mí, que es ahorro, pues en mi morimos ambos, y de otra suerte, es forzuro, que quede tan en mi pecho, que vuelvas a estar celoso, y aún halles de más a más en mi amor lo lastimoso. Mas soficiten primero tus piedades mis sollozos, que a arrojarlas a tus pies, como ves, señor, me postro, Y cuando no aprovecharen, saldrá la vida en los ojos, saldrá el alma en los suspiros, y el aliento en los ahogos, para que selle la muerte tormentos tan escabrosos, y no viva, si es que Enrico no vive para mi esposo. A tanta resolución, que puede hacer mi poder, sino dejar de hacer Estencia a tu afición. Pero como he de excusar que el Príncipe dé la mano a la Infanta? . Antes, hermano, yo te quiero suplicar, que pues no es justo querer a quien no me quiere a mí, que sepas vencerte a ti, que yo me sabré vencer. Si ya de cualquiera modo perder al Príncipe es cierto, o bien casado, o bien muerto, pues está resuelto a todo. Yo le adoro de tal suerte, que más quiere mi fatiga, que le goce mi enemiga, que arresgarme a ver su muerte; y así vuestra Majestad mire lo que quiere hacer. Qué he de hacer, si no aprender de tu heroica voluntad, y que Cloris bella dé, pues que desprecia mi mano, la suya al Príncipe. . En vano primero Alejandro fue, pues tú liberal grandeza hoy le ha llegado a exceder. Y hoy, mas que no tu poder, me vente aquesta fineza. Ya es tarde; y con esto queda, aunque ofendido mi amor, satisfecho vuestro honor Conde; y más, porque pueda decir, que le guardo bien, y que he dado buena cuenta a vuestro honor de su afrenta, yo quiero que os dé también su hermosa mano la Infanta. No hay dicha como la mía, al fin vence quien porfía. Ya, Conde, a fineza tanta, fuera agravio no pagar. Y ya vengo a conceder, que es más querer, que poder. Hay quien se quiera casar, qué hay feria de casamientos? no hay ninguno que le duela. Aquí tienes a Clavela. Y aún estos son mis tormentos, mas con todo tuyo soy, si se acuerdan nuestros amos de darnos con que comamos, Diez mil ducados te doy. Con aqueso, el padecer del casarso se remedia. Y se acaba la comedia, mas es querer, que poder,