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Texto digital de Más encanto es la hermosura

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Juan Bautista Diamante
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Juan Bautista Diamante Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más encanto es la hermosura. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-encanto-es-la-hermosura.

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MÁS ENCANTO ES LA HERMOSURA

JORNADA PRIMERA

, q 1. A los años, que cumple dichosos Aurora bella, el aplauso primores ofrece, que aumenten victorias a su belleza. 2. Cumpla, cumpla felices, tantos festivos, que tengan de los años celos los siglos. Qué triste bastarda queja, con aparatos extraños, al aplauso de mis años, melancolía aconseja? Señora, de mí no sé. En qué os habéis suspendido, Alberto, qué ha sucedido? Lo que os pronostique. Venció Rugero. . Es verdad. Y así os lo dije. . Paciencia, que por creeros la ciencia, no siendo la adversidad. Y Federico? . Rendido, ni aún el suceso disculpa. Si la desdicha no es culpa, no es defecto ser vencido. Ser vencido de Rugero, no es de la suerte rigor, mas que de otro vencedor, vale ser su prisionero. Pareciote prima a ti cuando en su prisión te hallaste? Culpa es, pues la pregunta, no responderte, que sí. Llegue Federico. . A fe, . que hoy es día de alegría, venció Rugero. Este día, siempre Porcia le esperé. Y que dirá el confiado de Federico? . Un error. Y prosiguirá su amor con sueldo de desgraciado? No es fácil disimular. Mas el suceso sentí, por Clávela, que por mí, muriendo estoy de pesar. A vuestras plantas, señora, llega la desgracia mía; aunque por no ver el día, excuso mirar la Aurora. Llegad Federico, honrado a mi favor, y advertido, de que el día de vencido es el día del Soldado; porque se debe entender de la fortuna al primor, que allí está obrando el valor, donde más es menester. Y así mi intento prudente del discurso aconsejado, hoy que os ve más ultrajado, os tiene por más valiente. Y si en este parecer, censura al atento doy, no os premio el suceso de hoy, sino el servicio de ayer, que a mi ver es tiranía borrar con fueros extraños, aplausos de muchos años, por accidentes de un día. De vuestra voz alentado, quién la pena no venció? Clavela, quién te ofendió? . sino, que era desairado? Venció del competidor la dicha, suerte inclemente. No señora, del valiente no vence, sino el valor. Cuando os juzgaba ofendido así aplaudís su memoria? De cualquier manera es gloria del vencedor, el vencido, y no porque me venció, ofendido de él me veo, que lo que le da el trofeo, no he de quitárselo yo. Saber el lance quisiera, por lo que lo encarecéis. Pues si saberle queréis, oíd, fue de esta manera: Rugero Duque de Amalsí, gran Duquesa de Calabría, del Príncipe de Salerno confidente en la alianza, de destruir tus Estados, por las iras heredadas: Política que en él vive, más ociosa, que observada, explicando en la tibieza el horror con que la aguarda. Rugero en fin, bella Aurora, que obligado dio palabra, de no sé cual ceremonia, que nos entregó a su saña haciendo siempre al respecto de tu deidad salvaguardía. Esta vez, como otras muchas, puso su gente en campaña, tan cerca de nuestros muros, su altivo ejército marcha, que desde el sosiego oímos la voz de sus amenazas. Los tuyos de la experiencia de sus vencedoras armas sino cobardes omisos temieron su queja airada: pero yo a quien sobre el deudo, por más razones tocaba, tu defensa, valeroso puse el pecho a la demanda, creí triunfar de Rugero, y no con poca esperanza, si al lado de mi valor, no llevará mi desgracia. Y en fin, por no ser molesto, con digresiones pesadas que si las busca el aliño, la cordura no las halla: Puestos los campos enfrente, nos vio el Sol una mañana, que madrugó, si no fue, que al descubrirnos las salvas, le despertaron ruidosas de clarines, y de cajas, en número iguales ya, los dos ejércitos daban señas de valor, y susto, en las manos, y las caras, cuando a mi campo brioso, desde la enemiga escuadra, un gallardo aventurero de los suyos se adelanta. Mandé suspender en todos las acciones comenzadas del enojo, y admirado, salí a entender su llamada. Admirado dije, y dije bien, porque cuando se halla cosa extraña, ha de atenderse con admiración extraña. En un bruto, a cuya piel, tributo la nieve paga, estudio tan singular de naturaleza sabia, que parece que al hacerle, porque no se le trocara, le señaló la blancura con algunas negras manchas, alegre rostro, ligeros movimientos, clines largas, breve cuello, dilatados pechos, y caderas anchas. También los cuatro elementos en su forma retrataba, que en diferentes acciones, era a los que le miraban, todo fuego si le inquietan, todo nieve si le halagan, todo viento si le mueven, todo monte si le paran. Así era el bruto, perdona si del dueño en la alabanza te ocupare los oídos; pues para que atenta salga de mi labio a tu noticia, con escrupulosa maña te pintare la fiereza, y te callaré la gala. Si dos distancias, que a un tiempo para admiración extraña juntó la naturaleza, el arte puede apartarlas. Ea pasad más atento del intento a la importancia, que se ofende mi soberbia, que la creáis ocupada en atenciones indignas, fuera de que es excusada diligencia en vuestras voces, hacer menos desairada vuestra fortuna, al primor de vuestra intención hidalga; y pues yo, por vos dejé la adversidad disculpada, no porfiéis en hacerme primorosa la desgracia. Señora? . A qué proseguís atento mi oído aguarda. Llegó Rugero, que él era quien dije. . Ya me pesara de no haberos advertido, porque fuera temeraría pretensión a mi respeto anteponer su alabanza, pues si aún vencido no fuera presunción a mi bizarra altivez, si no disgusto, cuando vencedor se aclama, como se puede creer que la intención no iba errada, pues no hay oídos atentos, dónde hay disculpable saña? Si no me oís. . Proseguid. Llegó, y con voz sosegada, después de las cortesías que permite la campaña, dijo osado aventurero, bien tu valor me declara tu sangre, pues persuadido a que pedía batalla, entre tantos valerosos te eligió tu confianza; lo que pareció creí, le dije, y cuando se engaña, acía ese lado el valor disculpa en el yerro halla. Pues mal, y bien presumiste, respondió, porque mi hidalga avención saber desea sin razón amenazada, si Aurora, y diciendo Aurora, inclinó la frente armada, dudé si fue cortesía, o terneza, pues a entrambas acciones hallé razón; pero a muy breve distancia conocí que fue fineza del color en la mudanza, pues por no estar sin el nombre, con advertencia no usada, si el labio le despedia, el oído le alcanzaba. No viene Aurora, entendiendo su voz, aún sin pronunciarla, le dije; pero por qué curioso lo preguntabas? Preguntelo, replicó, por dejarle la campaña, que aunque verla solicito, no en coyuntura que haga donde está mi rendimiento, consecuencia su amenaza: Y asentado que no es Aurora, como esperabas, de ese ejército caudillo qué pretendes? guerra, y saña, prosiguió, rencor, y enojo; pues si ella no lo estorbara, o su respeto, ya fuera mísera Troya Calabría, dijo, y de un lienzo a la seña, tomando de la campaña el dístrito que requiere, carrera proporcionada. Rugero a un tiempo, y los suyo? con las viseras caladas, dan libertad a las riendas, y sujección a las lanzas. A su imitación movieron los tuyos, y ya travada la contienda, a poco tiempo se conoció la ventaja de Rugero, pues los nuestros a su brazo, y a su fama, unos rendían las vidas, y otros mostraban la espalda; cuando yo reconociendo; que en él solamente estaba el peligro, y que pendía de su muerte mi alabanza, por la parte donde vi más horror en la batalla le busqué, que de su diestra señas los horrores daban. Vile, y él a mí, con que la ceremonia olvidada por entonces, a las iras redujimos las palabras, y a un choque todo el valor reducido, las dos lanzas examinaron el duro temple de las dos celadas. Mas no fue igual la fortuna, pues él inmóvil muralla. guardó el borrón cuando yo la razón casi ofuscada del recio encuentro, perdí con el fuste la esperanza. Piadoso dejó la silla, y cortando las lazadas del Yelmo, me desarmó la frente mal acordada. Supo quien era; y al ver que con tu deudo me honraba, antes dijo que del polvo el estorbo se deshaga; que a las vistas de los nuestros providente nos recata; tomad la silla, y volved, si acaso lo es, sin la infamia de vencido Caballero, que yo empeño mi palabra de desmentir el suceso. con la lengua, y con la espada. Responderle quise, cuando viendo que distante estaba mi caballo; el suyo propio me acercó con mano franca. Monté en él, de agradecido tan sin mí, que no arvitraba entre callar vergonzoso, o hablar obligado, extraña natural acción en todos, pues viendo que en él dejaba tanto noble beneficio, volviendo al bruto la cara, me pareció que con gusto de la deuda me apartaba. Y en fin con los pocos tuyos que salvó la retirada, dos veces, divina Aurora, vuelvo rendido a tus plantas; pero advertido, de que mientras el de Amalsi ampara al de Salerno, es ociosa cualquier pretensión humana en su ofensa, porque es monte, a cuyo abrigo descansa, centro que le fortalece, mina que en volcabes habla, trueno que asombros aborta, rayo que elementos rasga, vapor que alientos castiga, nube que honores empaña, y en fin Rugero, que el nombre solo su valor retrata, de cuyo eco valeroso es lengua toda la fama. Callad, callad, que me corto de ver la desconfianza con que habláis de mis trofeos, pues cuando Marte bájara de su esfera; auxiliando del de Salerno las armas, rindiera a Marte, y a un tiempo del de Salerno triunfara. Sois hermosa. . Mi valor sin mi hermosura bastara. Y a su sombra el mío, pues si consigo la esperanza de Campeón, de Aurora un mundo pondré sujeto a sus plantas. Este no ha visto a Rugero. Por eso el póbrete garla. Pues Lisarco, si seguro del valor que os acompaña estáis tanto, con licencia de Aurora, esta es la vengala de su General, salid pues cerca Rugero aguarda, y en su castigo enmendad mi valor, y mi desgracia. Siempre yo. Qué es siempre? nunca. Qué es esto? Señora; nada. Dejad el bastón los dos, que solo a mi reservada está la acción de enmendar tu susto, y tu confianza. Yo solo por vos confío. Y yo en la primer batalla, pues presto se aguarda, espero, que conozcáis de mi espada, que os asiste entonces más quien ahora menos habla. . Y para ese tiempo yo, con la gente que alistada tiene el valor, trocaré en acciones las palabras. De cuantos primores tiene a . Federico en su esperanza, ninguno en mi presunción mayor preeminencia halla, que el de esta hidalguía. Cómo? Como el que atento declara la verdad contra sí, es cierto que en ningún afecto engaña. Luego eso le estimas? . Sí. Déjame hacer una raya. De qué? De encontrar mujer, que de verdades se paga; más Lisarco. . Un presumido solo estima su alabanza. Entrambos te adoran? . Sí; pero Porcia en las palabras de uno creo la verdad, y de otro la confianza. Esto Alberto habéis de hacer, Solo veros arriesgada es justo que no permita, que si en fin mi ciencia extraña ha de obrar, vuestro peligro no es señora de importancia. Obre primero el valor. No sé si es cosa acertada. Sí, porque cuando Rugero mis pretensiones deshaga, quedando en la ciencia vuestra su prisión asegurada, triunfaré del de Salerno; pues si Rugero estorbaba con su valor mi fortuna; preso, es consecuencia clara, que castigare de Astolfo la osadía mal fundada; pero advertid. . Ya os entiendo, y porque esté asegurada vuestra escrupulosa duda, sabed, señora, que hay magía natural, por cuyo efecto se logran cosas extrañas; y volviendo a lo que importa de esta ciencia en confianza, preso os ofrezco a Rugero. Qué será, Porcia, lo que hablan? No sé, más este hechicero me tiene desconfiada. Yo lo sabré luego de él, pues a las deudas hidalgas que me confiesa, le sirve su fidelidad de paga. Y de eso te fías? . Sí, que tengo experiencias claras. Pues yo lo dudo. Advertida te dejo para que hagas reparo, y para si fuere la advertencia de importancia. Él de Salerno, señora, con marchas apresuradas de la pasada victoria, osado a nuestras murallas acerca sus escuadrones, y ya tu gente ordenada, ocupa en defensa tuya fortines, y barbacanas. Que a tanto se atreva Astolfo! Ya las tiendas de campaña con que el verde campo puebla, sus intentos nos declara. Pues que aguardamos, cobardes, cuando la gloriosa fama, después del preciso riesgo lo más digno nos señalas De ser vencidos allí resulta eterna alabanza, y aquí de ser prisioneros, vil inexcusable infamia, elijamos lo mejor. Ya de cumplir mi palabra se acerca el tiempo. Ya el tiempo llega de mis esperanzas. Qué determináis? Seguir tu parecer. Confiada voy en vos Alberto. Y yo, sin dejar nunca tus plantas, haré que a su tiempo veas lo que la mágica alcanza. Toca al arma. Mueran todos. Arma, guerra. Guerra, arma, Clavela. . Ya yo te sigo, Para ver hoy castigada, soberbia que se defiende del dominio de las damas. . Y para que también halle quien tiene desconfianza de la ciencia que profeso, que en cuanto ella se engaña, de no creerla evidente, pues la verdad de la majía no ha de pagar, que no sepan los ignorantes usarla. Poco valiente Rugero, me alegra en tanta victoria, la lisonjera memoria, cuando triste os considero, que aunque en vuestras bizarrías, no es novedad el vencer, no sé que sepan hacer los triunfos melancolías. De lo que emprendo en efecto nace el pesar con que vivo. Qué es pues? . Estar pensativo, para parecer discreto. Es que la decente llama de mi espíritu valiente, no halla disculpa decente para ofender a una dama, y como a esta sin razón, me entregó mal discurrida una palabra, ofendida de mí vive mi atención, tan sin enmienda, que entiendo, que no hay disculpa importante a mi error, pues cada instante de sí mismo va creciendo. De su padre la traición, fue el motivo de su susto. En vos el enojo es justo, y en mí no tiene razón. Cierto que terrible eres, pues has llegado a tener del de Salerno el poder, enójate por poderes. Mi padre a la sed, y a la hambre muerto un día amaneció, preso aquí. No fue, sino que cenó mucho, y fiambre. Pues con cautela alevosa, de Aurora el padre a traición, cruel, dentro en la prisión, muerte le dio rigurosa. Su padre? Sis quién lo ignora? Nadie, más pregunto yo, lo que su padre causó, porqué ha de pagarlo Aurora? Haz, que lo pague su madre, y cobraras, pues colijo, que hasta hoy, no se sabe que hijo pague deudas de su padre. El último estrago intenta hoy mi vengadora espada en esta Ciudad cercada. Eso es forzoso, que sienta. Empeño fue de tu fe, cuando mi amistad juraste, y en fin a esto te empeñaste. Es verdad, mas yerro fue, Pues qué intentas? Porfiado, seguir mi empeño, El refran, mi amo es del Balandran, que no sale de empeñado, mas qué es esto? Que han abierto del muro la puerta osada. Mas que la hacemos cerrada. Y por ella con concierto en gallardos escuadrones, de la osadía en las alas, al viento plumas, y galas, dan formados batallones, qué haremos? A su osadía anticipar el valor, que quien cumple con su honor, disculpa su grosería. A asistir voy mis banderas, mi venganza hoy lograré. . Yo tu intento ayudaré. Yo me tómara en galeras. Ven Tómate. . No me trates de eso. . Tiemblas? Es de frío. . De frío? Sí señor mío, que son fríos los Tomates. Aurora hoy tu estrago sabrá quien adorarte previno, sacrificado al destino de cumplir una palabra. . Batalla en mí? mas que espada regaloba a tus paisanos? porque los Italianos son amigos de ensalada. Mas no es mejor, pesia tal, huir el primer furor, y estarme quedo mejor, que en fin soy hombre mortal? Y estos para hacer astillas, traen siempre como personas, unas espadas mamonas, que andan buscando tetillas. . Ya se empiezan a cascar, quedarme aquí fue valor, claro está, porque es mejor discurrir que pelear. . Miren allí que reveses, que se acercan, Barrabas, pobre Tómate, qué harás en poder de Calabreses? Morir no es muy buen partido, pues Tómate, ea agachar, que aquí mejor es estar sembrado que no cogido. Este el lugar señalado es, que me previno Alberto, donde mi seguridad, y mi pretensión a un tiempo, he de lograr, si a su ciencia doy el crédito que debo. Aquí luego que el combate estrene el furor primero, dijo que retiraria con cauteloso denuedo a Rugero; mas ya falta al ofrecido concierto, según de la airada lid van los horrores creciendo, qué causará su tardanza? Corrido estoy, vive el Cielo, de haberme escondido así de una mujer. . Ya el severo trance, contra mí la suerte va declarando. . Más cierto que hice bien, porque en el mundo no hay cosa de tanto riesgo, sino es linda, porque mata, y si es hermosa, por eso. Ah Cielos, que Astolfo allí vitorioso. . Ahora yo pruebo a ver si puedo pescarla. De los míos con desprecio mis estandartes ultraja. Prenderla siempre era bueno, más mejor es no intentarlo sin duda; y así, supuesto que hay bueno, y mejor, dejar bueno por mejor resuelvo. Mas qué importa si en mi espada está mi último remedio. Vive Dios que es Marimacha, buena la habíamos hecho. Pero ya por esta parte. Bien hice, y más cuando veo en sus dos ojos dos niñas con dos boquitas de fuego, que a un abrir, y cerrar de ojos, le meteran al más fiero, como quien no hace la cosa dos estrellas en el cuerpo. Aunque es sobrenatural tu esfuerzo, no mi ardimiento en la extrañeza desmaya. Aquí Rugero, y Alberto en travada lid se acercan, y pues ya me va cumpliendo lo que me ofreció seguir, su resolución resuelvo, . ocultándome hasta ver de la prisión el efecto. Sígueme Rugero, y calla. Mas allí de un pobre viejo en pendencia desigual, mi amo con mucho empeño sigue los cobardes pasos, a fe que llega a buen tiempo, que con la mujer me vi en un grandísimo aprieto. Para Rugero, mudado del conjuro a los preceptos, empeñado le retiro a este lugar, donde veo que Aurora le atiende ya. Cielos, el riesgo de Alberto de mi amparo necesita. Aunque en vano a herirte pruebo, verdad de una fantasía, y engaño de muchos cuerpos, no desespera mi brío. Alto, señor mío, a ellos, que aquí estoy yo, vive Dios que son desde aquí quinientos; el que desde allí era un pobre, costal de canas, y huesos. No es natural esta acción, reportada, esperar quiero. Mucho este negocio dura; mas cuanto va que me vuelvo a mi escondite. . Dejar los naturales efectos a las naturales causas, con cierta intención resuelvo, a cuyo fin de encanto la dura fuerza suspendo; ay de mí! Rugero tente. No le mates. . Cómo puedo, tengo yo acaso albedrío mas qué para no tenerlo? alzaos vos, y templad vos el rigor, prodigio bello, si esta verdad no peligra de aquel engaño al ejemplo; sois Ángel, deidad hermosa? Así me llaman los necios. Pues por gozar un instante necedad de tanto precio, diera yo, a ser caudal mío, todo un siglo de discreto. Queréis matarme, o rendirme, si matarme, yo os ofrezco, que estén de más vuestras iras, dónde están vuestros luceros? Si rendirme, esta es mi espada, ya soy vuestro prisionero, yo os ferio la libertad a la dicha de ser vuestro. Qué es esto Alberto? Esto es d disponer que obre primero lo natural que lo extraño, lo afable que lo violento, y estar prevenido a todo por si esto me sale incierto. Tómate, es sueño este? No; en lo que hay su algo de sueño, es, en lo del viejo, mas en lo de la moza, es cierto, que estamos despiertos; aunque tú estás mucho más despierto. Pues así señora os vais, posible es, que no soy bueno para esclavo, permitidme la dicha de parecerlo, recibidme en el dominio; si os disgusto en el trofeo. Viva Aurora. Sicilianos. volved. Mas qué miro Cielo! esta obligación me llama, volved amigos. . Rugero, eso es no tener dominio. La contradicción confieso; pero en ella la disculpa, porque cómo es este afecto tan huésped de mi cuidado, al antiguo estilo atento, presumiendo que era mío, me olvide de que era vuestro. Pues proseguid la intención. No veis que conocí el yerro. Y en fin, a qué os resolvéis? Solamente a mereceros, ley es que vuestro me llamen. Y cumpliréis en efecto lo que os mandare? . Pues ay posibilidad de no hacerlo? Y a quién lo juráis? . A vos, que sois retrato del Cielo. Pues Rugero, si queréis que haya en mi agradecimiento parte vuestra, como dama, que olvidéis de Astolfo os ruego el empeño a que os obliga, desairando vuestro esfuerzo, mas si en el ruego de dama no cupiere tanto empeño; pues mi prisionero sois, os lo mando, como dueño. Ira de Dios como aprieta. Pues de qué quedáis suspenso; cuando noble blasonáis de rendido a mi respeto? Discurriendo en agradaros, he hallado, señora, el medio; más primero me decid quien sois, y luego el intento, en que contra mi opinión, se funda vuestro precepto, Con decir que soy Aurora, respondido a todo dejo. Es verdad, y con volver a la vaina yo el acero; ceremonia que ofrecí, el día de conoceros, de no haberlo hecho antes, también disculpado quedo. Todo esto a mi intento importa. Adónde irá a parar esto? Que bien a mucho valor, . le está mucho rendimiento, y ahora qué decís? . Señora, que hagáis, que me lleven preso a una torre de las vuestras, y quedaremos a un tiempo, vos segura de que os cumpla el vasallaje que ofrezco, y yo disculpado, pues preso cumplirle no debo la palabra a Astolfo, estando a otro albedrío sujeto. Fineza es. . Mas cuanto va que entro yo en este concierto. Luego vos con libertad, no os atreveréis atento a no ofenderme? . Señora. Pues proseguid el intento de la batalla. . Esperad. Es hacer comedias esto, qué tan fácil le parece? Qué resolvéis, pues? Resuelvo ayudaros, aunque falte por vos a todo mi empeño, mueran Astolfo, y mi fama. Tampoco procuro eso. Válgate Dios la señora, si acabaremos con ello! Que sobre ser en vos culpa, de más delito, mi intento, no es que me ayudéis, sino que le faltéis a él, supuesto, que sin vuestra espada queda seguro su vencimiento. Y habéis de entrar en la lid vos? . Segura de mi esfuerzo. Pues cómo queréis que pueda no acompañaros al riesgo? Cómo? haciendo lo que os mando. Y qué dirán los atentos? Que es preciso que sea así. Aceta, que por lo menos, es la condición segura. Perdonadme, si no acierto a sufrir vuestro peligro. Ninguno sin vos recelo. (de? Que en fin, mandáis que me que Y de camino os advierto, que nunca está más airoso, más galán, ni más discreto, ni más valiente un galán, que cuando está obedeciendo. No obstante, es precepto injusto. justo, o injusto al precepto, el que es obediente, nunca le ha buscado el fundamento. Y en fin ha de ser así: ola, la alianza siguiendo de Astolfo, y mirad, que acusa tanta dilación el tiempo, qué respondéis? Qué partáis, que a obedeceros me quedo; pero para disculparme del delito que cometo, pues os lleváis mi memoria, llevaos mi entendimiento. A esto es fuerza que yo acuda, pues no puede un Caballero, sin violencia que le arrastre, aunque so mande su afecto, por otro empeño, faltar de su honor a los empeños. Y advertid. Qué me mandáis? Que a esto os obligáis. Y ofrezco cumplirlo. . Porque después no os quejéis, faltando a esto del castigo que dudosa, desde este instante os prevengo. Bonito es el otro para ver danzar, y estarse quedo, de solas dos cosas es tentadísimo en extremo, que son música, y batalla, pero con tan grande extremo de la música, que un día saliendo con un Flamenco desafiado, faltó mas de dos horas al puesto, que las gastó en escuchar las solias de un Barbero. Pues a esta naturaleza, . le añadiré yo el esfuerzo de la Magia, y beberá por el oído el veneno. Pues teméis que ha de faltar a lo que ofrece Rugero? De lo futuro señora, no se hace juicio cierto, mas si falta, probará de la Magia los efectos. Vamos, pues. Y en la batalla os he de ayudar? . No Alberto, para Rugero es la Magia, y para Astolfo el acero. Vamos, buen juicio fuera dejarla entrar en el riesgo, crea ella que sí, y no falte yo a lo que advertido debo. . Victoria por Federico, Aurora viva. . San Telmo, con la presencia de Aurora, que zurra llevan los nuestros, ya huyen desbaratados. Hoy se perdió mi honor Cielos; pero si yo no soy mío, como mi mal no es ajeno? no es aquel Astolfo? . Sí. Qué fatigado, y sangriento cede a la fortuna ya, y se retira. Rugero. Mas no es de Aurora el aplauso? si, pues por qué yo lo siento? Mas ha vista rigurosa! . mis Estandartes aquellos no son, que arrastrados pisa quién los admiró trofeos? Pero cuando más airosos pudieron estar, que siendo indicios de mi albedrío de Aurora a las plantas puestos? Pero no son mis vasallos . al estrago los primeros qué perecen? más por qué míos a decir me atrevo, si como ajenos los trato, qué haré Tomate? Rugero. Estarte quedo, ya son estos muchos llamamientos, más Astolfo por aquí, los pocos que le siguieron; viene retirando. . Aquí, Tómate, nos apartemos, que no quiero que me vea cobarde cuando no puedo desmentirle. . Linda cosa es ver batallas de lejos. Vendionos Rugero, amigos de su traición nos quejemos. Mientes cobarde; mas no miente, que si cuando debo asistirle, por mi falta se facilitan sus riesgos, claro está que es culpa mía. Nunca has estado tan puesto en la razón, claro está. Y tu Lisarco, que precio de tanta perdida eres, hasta que el traidor Rugero, conmigo tu libertad fácilite cuerpo a cuerpo, no la esperes, que a este fin de la muerte te reservo. Pues presto libre estará; mas qué hago, si con esto su pretensión acredito? pues ea honor, procuremos enmendar con el valor lo que la homisión ha hecho. Y luego que Astolfo vea, que lo que perdió le vuelvo, abrasando por mi honor, cuanto fuere impedimento de mi intención, de mi espada, procura el filo sangriento: perdona Aurora divina, que mi opinión es primero, y yo no puedo ofrecerte lo que cumplirte no puedo. Mas había de dos horas, que lo estaba yo temiendo. Que esto mi suerte permita? . Toca a marchar, y a los Cielos juro de no descansar, hasta quedar satisfecho de la infame alevosía del cauteloso Rugero. Sicilianos volved, que yo en vuestro amparo vengo viva Astolfo, y mueran cuantos se opusieren a su intento. Viva Astolfo, Astolfo viva. Pues qué novedad, Alberto, es esta? . Señora mía, es, que a la verdad atento, el albedrío del hombre a nada vive sujeto. Faltó Rugero a la ley que juró; y aunque le veo inculpable del castigo, ya va pisando el extremo. Pues asegurarle importa. Con este cuidado os quiero, y tanto, que hasta que vos deis otra orden, sujeto al encanto vivirá, de cuya forma a su tiempo os advertiré; y ahora, por ser preciso, os advierto, que cuando vos me ordenaréis desencantarle, en el mismo estado que le ha cogido el encanto, ha de ser cierto, que el desencanto ha de hallarle, porque de este modo entiendo, que ha de conseguirse el fin a que le voy previniendo. Ya de eso estoy avisada. Pues a gozar el troseo de la victoria, venid. Arma, guerra. Qué es aquello? Viva Astolfo amigos. Viva. Es, que el encanto comienzo, y para cuando se acabe, estas señas os acuerdo. Viva Astolfo. Al monte, al llano. Por el arroyo Monteros. 1. To melampo. 2. To barcino. Al bosque, al llano, al repecho.

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDI RNE A. 1. To. 2. To. 3. To. Contra mi mano no tiene fuerza el destino. To melampo. 2. To barcino. Viva Astolfo. . Al monte. 2. Al llano. Confuso el discurso se halla con tan grande novedad. Pues si va a decir verdad, mas quiero esto que batalla. Singularidad pregona el sitio, di, dónde estamos? Yo presumo, que pisamos los campos de Baraona. A vista de Astolfo, osados mis bríos, no acometieron sus contrarios? . Sí. Y no dieron de esto indicio mis soldados? Cómo lo dices pasó. Y esto no fue ahora? . Sí. Pues cómo estamos aquí? Eso es lo que no sé yo; más discurramos por puntos, ya que aquí no se halle a quien preguntar, sabes tu bien, si acaso estamos difuntos para decirlo mejor? Dime, en la lid que perdimos, acuerdaste si caímos en manos de algún Doctor, preguntonos con afán? Algún necio porfió mucho? algún tonto alabó a algún señor su alazan? Forzonos a oír la inquieta hermosura melindrosa, diciendo, no soy hermosa para parecer discreta? Convidonos miserable, pedimos a algún menguado, tuvimos algún cuñado, fondo en vida perdurable? Vimos a alguna, señor, verse al espejo, y hacer mil gestos, para saber, cual gesto la está mejor? haz tú allá discursos ciertos, que si de esto que has oído, algo nos ha sucedido, sin duda que estamos muertos. De humanas plantas, apenas se ha visto la selva herida, según muestra la florida población de sus arenas. Con poca razón te espantas de esos extraños primores, que este género de flores, jamás ha tenido olantas: mas ya me voy consolando, ha Señor. . Qué tienes? Cierto he hallado que no estoy muerto, porque de hambre estoy rabiando; pero no aquí mis cuidados suspenden su duda humana. Dime, tienen mucha gana de comer los encantados? Por qué lo dices? Infiero que lo estoy, y no te espantes, que aquel viejo de endenantes, es grandísimo embustero. Qué viejo? Templa las voces, el de Aurora. . Aurora? Andar, muy malo debes de estar, puesto que ya no conoces. No se queje el que falta de amor a la obediencia, si le acuerda el castigo, su delito por pena. Aún hay Arcadia señores? Qué dulce acento Tomate? Sabes bien, si aquel gaznate es nido de Russeñores? Cuya aquesta voz será, que ocultándose a los ojos, el dueño de mis enojos tregua en el oído da? Nada veo, aunque me holga por preguntar donde estamos. Calla, que prosigue, oigamos. Mas quisiera yo que hablara. Quién de las dichas huye, ser infeliz no se sienta, que el mal solicitado desaliñe la queja. Mas cerca sueña. Y la traza del dueño, a fe que es muy buena. Divertido en lo que sueña, no entendí lo que amenaza. 1. . Una venganza justa, más es razón, que ofensa; que no hubiera piedades, si castigos no hubiera. De olvidar se desdice, quien ofender desea, y no hay rigor temido, donde hay memoria cierta. Muy cerca del cuidado está lo que desvela, quien la ofensa castiga, del ofensor se acuerda. Tema blandos castigos, más rigores no tema, quien despierta un descuido, aunque a venganzas sea. . Oíd, parad peregrina voz, que ofendéis, y halagáis, como humana amenazáis, cuando suspendéis divina? Diganos; pero escapose, cuanto hay de aquí a poblado? Con más duda me ha dejado. Era mujer, y acabose. Anda, siguela. Eso quiero, mas hay señor. . Qué te ha dado? Casi nada, me he topado un leoncillo faldero. Qué dices necio? . Por Dios, que jurara que le vi, uno dije, pues he aquí que ya no son más de dos. Brutos partos de esas peñas, no mi aliento desmayara, aunque el horror os poblara de garras todas las greñas, llegad. . Por qué los provocas? Y hallaréis muriendo, ufanos, que tienen dientes mis manos para morderos las bocas. Por Dios que no osan llegar, que también entre leones hay valientes intenciones, a toda ley empezar, uno la cabeza baja, y otro encrespa la fiereza. Bruto que tiene nobleza para excusar la ventaja, bien con providente ley la naturaleza extraña, coronado en la montaña, le hizo de los brutos Rey. Ya enviste; pero postrado ya le rinde vasallaje, los pies le limpia, que paje será? es un león tan honrado, haciendo señas parece, que dice, que le sigamos, señor Don Leonardo vamos, que vuesarced lo merece, y su cortesía cante la fama en el Orbe entero, no señor, usted primero, vuesested ha de ir delante. Sigamos esta fortuna, pues faltos de otro remedio, puede ser que de este medio resulte esperanza alguna. Vamos, extraño pais, quizá tendrán prevenidas dos, o tres grandes comidas, de las que hallaba Amadís. Admirado voy de ver en esta desigualdad, que un bruto tenga piedad, que le faltó a una mujer. Eso, señor, no te espante, porque bien, o mal nos quiera, con su trato es cualquier fiera, sierecilla vergonzante: más poco a poco ha de ser si ustedes quieren guiar, permítanse acompañar, que eso es querernos correr; escaparon. Esta senda a este lugar, los guió; pero no parecen. . No? pues el diablo que lo entienda; mas sí, que allí, pesia tal, se ofrece nuevo flamante, con sus puertas de diamante, un edificio Real, de aquellos que en los encantos de un propio modo a porfía, en sus libros cada día dicen que han hallado tantos; Rara fábrica no ha sido concedida a solo el arte común, porque en cada parte superior arte ha adquirido. Ve aquí lo que es malo de esto; no basta, si lo has pensado, que nos crean lo encantado, sin sufrirnos lo molesto? En toda Italia no sé de tal edificio. . No? pregunta por él, y yo señor te la enseñara; más volvamos, que este modo amenaza algún Gigante. Nada habrá que a mí me espante, A mí me espantará todo. Llama, pues. Yo he de atreverme tan temprano? Haz lo que digo. En mi vida fui yo amigo de despertar a quien duerme. Llega. Llego; pero ya se abrieron entrambas puertas. Yo entro, pues están abiertas. Pues no ai más de entrome acás Suelta necio. No seas terco, mira que han de transformanos, y para eso han de mudarnos, a mí en limpio, y a ti en puerzos Mira bien por el estado de quien eres, y quien soy, y mira también que estoy con mis manchas bien hallado; volvamonos. Lides bellas con admirables primores, tienen del jardín las flores con las celestes Estrellas; pero la flor sin olor, y la luz sin claridad, quedaron al ver deidad, que es más estrella, y más flora La Isla de Venus es, pero con poca hermosura, sino la honra la pintura del Poeta Portugués. En Coros las bellas ninfas, con dulces festivas señas de alegría en los semblantes, acía nosotros se acercan. Este si es riesgo Tómate. No hayas miedo que le tema Que es veneno la hermosura. Pues qué será la fiereza? pero ahora que me acuerdo, huyamos, señor, que llegan. Quién huye de la ventura, a la desgracia se acerca. Pues ellas llegan, y cantan, y tú el riesgo no recelas, y plegue a Dios que no demos con todo en Cantalapiedra. 1. A los jardines de Aurora, para su mayor empresa, el valeroso Rugero, en hora dichosa venga. 2. Llegue el dichoso, que sabe hacer con sus nobles prendas, que como huésped le admitan, cuando prisionero llega. 3. Llegue el más aventajado trofeo de la belleza, a vivir sin libertad, donde preso no parezca. 4. Llegue el invencible siempre a donde vencido vea, que las guerras amorosas, son las peligrosas guerras. 4. Y para que rendido, prisionero parezca, desnude el blanco pecho de las armas fieras, que si en batallas duras, y en lides sangrientas son defensa las armas, para amor no hay defensa: Miente, aunque cante mejor, quien tal dice, y quien tal piensa, que mi amo no es prisionero ni quiera Dios que lo sea. Bien decís, bellas deidades, que no hay razón de que venga rendido, y las circunstancias de rendido no parezcan. La mayor dificultad se ha vencido, con que crea que prisionero quedo en la pasada contienda. Yo, Alberto, quedo obligada, Pues oíd, porque se vea de la segunda intención, como me sale la prueba. Alto señor. Qué te asusta? Vive Dios que va de veras, y que ha quedado insensato; señor, no oyes las baquetas? Pues qué importa que las oiga? proseguid, deidades bellas. Bien me salió la segunda, pues ardor que no se inquieta al gemido del Clarín, y de la caja a la queja, o la memoria le olvida, o el honor no se le acuerda. Falta otra experiencia? Sí. y la más esencial de ellas, Y en qué estriba? En que salgáis. Luego queréis que me vea? Haber hecho ese reparo, me remite a esta experiencia, Cómo? Al veros se sabrá, si acertó, o erró la ciencia. Por vos me gobierno. En nada hay reparo que lo sea. Rugero? . Sois vos a quien las fortunas de la guerra me destinan? . Luego vos no sabéis qué dueño tenga vuestra libertad? . En todo verdad me dijo la ciencia. . Pues qué me faltara a mí, si yo cuyo soy supiera? muy bien sé, que no soy mío; pero no sé cuyo sea. Qué es esto Alberto. Esto es buscar forma en que cupiera estar con vos quien os ama, sin parecer indecencia, pues veros a todas horas adorar vuestra belleza, y no asomar la pasión a los ojos, o a la lengua, si acaso pudiera ser, muy dificultoso fuera; de modo, que yo advertido, para que vos no tuvierais queja de mi prevención, atento a la deidad vuestra, que no os conozca intente. mientras durare la fuerza del encanto conseguido, y alegre de la experiencia de su prisión, y mi acierto, os doy dos enorabuenas, Bien está. Por su semblante da su poco gusto señas, apa mas haga yo lo que debo, y siéntalo, u no lo sienta. Y en fin tres cosas contiene, para que yo las entienda, la fuerza de aqueste encanto? Sí señora. . La primera es persuadirle a que fue prisionero en la refriega; y la segunda olvidarle, para que seguro tenga su prisión de los furores, que su espíritu le acuerda; y la tercera borrarle mi memoria de la idea, para que aquella pasión, que antes bien él no se atreva a mi respeto, y en tanto, que yo atenta no resuelva su libertad, durará incapaz para la guerra, creyéndose prisionero, y olvidando mi belleza. Así es, señora mía. Mas valiera que no fuera, que queda mi vanidad desairada en vuestra ciencia. Pues mandadme que lo enmiende. Ya eso fuera ligereza. De no haberos conocido, el no haberos visto sea antes de ahora disculpa, perdonad, que no creyera que pudo vencer la espada de quien tiene tal belleza. En mi aliento está demás mi hermosura. Pues qué ofensa os hace, quien aplaudiros solo señora desea? La de hacerme cortesía, lo que yo tuve por deuda. Si os disgusto, callaré? Bien haréis. Dadme licencia de retirarme, advertida de que otra vez no me atreva a aplaudir vuestra hermosura; por no buscar vuestra queja. Siempre haréis vos lo mejor. Guarde el Cielo a vuesa Alteza. Así, oíd. qué me mandáis? Si en la prisión que os espera hallaréis menos esquivo algo que el rigor desmienta, no a mi favor lo debáis, sino a mi hidalguía. En esa razón se funda, que menos mi adversa fortuna sea. Sentís mucho la prisión? Pues no queréis que la sienta? Luego vos, si os libertara gustoso a Melsi volvierais? Con la libertad, no hay cosa que de tanto precio sea. A no ser por demostrar que sentimiento me cuesta del encanto ocasionada su resolución grosera, hiciera; pero que digo, haced, Alberto, que tengan con Rugero mis criados la estimación, que por deuda pertenece a su persona, logre la intención soberbia . de triunfar de Astolfo; pero del suceso no estoy cierta, si es dichoso, o infelice, el tiempo hará que lo sepa. . Lo que ahora me ha culpado, . espero que me agradezca, sino falta la verdad de el libro de las estrellas. Mirando estoy estas cosas con tanta bocaza abierta: mas si será esto verdad, al vrejécito le entregan, yo apuesto, que antes de un mes sabe echar las habas. Pueda de la pasada fortuna entreteneros la bella estancia de ese florido dístrito, señor, y en ella, de naturales, y extrañas voces divertiros sepa de los Marciales cuidados la armonía lisonjera, Agradecido, aún sintiendo mi adversidad, estuviera a vuestra atención, mas yo no sé que más razón tenga para aliviarme, que ser de nuestra naturaleza condición que admita el gusto lo que el ocio le aconseja. Cantad. Dichoso el cuidado, que sabe olvidar la pena. 4. Trueque en hora venturosa del ocio a las blandas señas, el nunca vencido Marte a la voluntad la fuerza, y olvidado de sí, su ser desmienta, porque entre halagos vivan las fieras. Pues si cantan, lleváranle donde quisieren, no fuera malo tratar de escaparme, para que Astolfo supiera estas cosas. Dónde vais? Aí, con vuestra licencia, me llegaba a un negozuelo, para dar luego la vuelta. Pues no sabéis que estáis preso? Pues qué importa que lo sepa, para querer escaparme. Eso queda por mi cuenta. Qué dice usted? Que yo haré que cuide de vos, quien tenga cuidado con asistiros: hola. . Santa Rosalía. Muy buenos pajes tenéis. Digo, sirven, o capean? En quitaros el sombrero su cortesía se muestra. Con quien no me habla en mi vida yo cortesías quisiera. Mirad, que hacia vuestra estancia encaminaros intentan. Y en este Páis, se llaman estancias las leoneras? Mirad que os aguardan. Vamos; y haranme mal? . No. Qué tema es esta, fortuna mía? Si alguna Leonor festeja mi cuidado, en un instante me llena el casco de trenzas, Si algún vestido leonado me pongo, la tarde misma me obliga a buscar a Francia el lamparon que le cerca. Si me pierdo, con leones encuentro, leones me cercan. Si quiero a su fama yo, sin duda por influencia, tengo el signo de León; pero el saber me consuela, que aunque el de León es malo, peor el de Tauro fuera. Este importa que de aquí no salga; pero que tenga conocimiento también, le importa a mi conveniencia. Admirado a preguntarte. A saber de ti suspensa. Me trae una novedad. Me conduce una extrañeza. Rugero. Rugero. . Ya os entendí, y porque tenga vuestro oído la noticia, que de mis labios espera, y para el fin que procuro, sin que en esto ofensa quepa contra Aurora, pues parece, que mal servida quisiera en alivio de Rugero mudar la intención primera, oídme los dos. . Ya aguardo tu voz. Y a mi oído espera. Brebe seré, por lograr sobre mi noticia cierta con brevedad el cuidado, que a que me busquéis os fuerza. Por el anciano Roberto; que en Calabría dio entre penas el noble espíritu, ardió Italia en civiles guerras. Su hijo Astolfo lo diga, que irritado con cautela, liga haciendo con Rugero, en su venganza le empeña. De sus primeras victorias, testigo fuiste Clavela, cuando su valor osado, te pretendió en tu propia tienda, y cuando su cortesía te libró de prisionera. Eso a librarle me mueve, que pues has tocado en esa obligación, advertido dejarte Alberto quisiera de que en mí no hay más empeño, que el de esa forzosa deuda, y saneada esta duda, prosigue. . Duró sangrienta de Calabría la ruina, siempre en continuada guerra, hasta el penúltimo trance, en que Federico. Deja de acordar mi obligación, pues cuando común no fuera la noticia a mi valor, nada también le estuviera, como no deberle nada, para obrar en su defensa, que en menos obligación, más airoso el lance fuera. El último estrago, en fin, tuvo mi patria tan cerca, que a no haberme dado el cielo noticias por sus estrellas, caracteres donde sabios mis estudios deletrean, fuera al valor de Rugero, en la última contienda, retrato infeliz de Troya, nuestra Calabría desierta, vi el peligro en ocasión, que a su presunción atenta, Aurora mal reprimia su bien fundada soberbia. De su enojo me valí, y apellidando mi ciencia ella, entre los dos tratamos seguridades quietas para la patria, y en suma, en la batalla postrera, valiéndome de los artes que las fatigas me enseñan, por gusto de Aurora, y mío, de la desigual contienda saqué a Rugero, indignado de que su valor suspenda. Quiso volver a la lid; pero yo de mis cautelas valiéndome, le force con la mágica cadena, a seguir mi arvitrio, dando su voluntad a mi fuerza. Conseguilo, y este alcázar para que alivio le sea para su prisión, labre de incomprensible materia. El estado es este, aquel que a las blanduras se entrega, de su valor olvidado, Rugero mi culpa atenta, fue defender a mi patria, y servir a la Duquesa, compratos una victoria, y saber ahora me resta vuestra intención, para obrar lo que conveniente sea. Lo primero que el valor culpa en tus inadvertencias, es el engaño, pues cuando presumes que lisonjeas a tu patria en el honor que le quita tu cautela, entendiendo que la libras, al descrédito la entregas. Mas supuesto que esto ya remedio ninguno tenga, pues lo sucedido no puede ser que no suceda, tú has de librar a Rugero del engaño a que le entregas, antes que el tiempo divulgues con maliciosa sospecha, que para esta infamia pudo haber aliento que exceda de un caduco, y de una dama, fundada ella en su terneza, y él en el helado esmalte de sus encogidas venas. Federico, Alberto obró con lealtad, y con fineza, y aunque en esa acusación tu espíritu resplandezca, él presumió que acertaba, lo propio que tú le afeas. El remedio procuremos, y la disención depuesta, lo que ha de gastar la ira, ocupelo la clemencia, Alberto, que me debéis de amor, y respeto deudas en distintas ocasiones, bien creo que se os acuerda, y que siendo, como sois, tan cuerdo, pagarlas quiera vuestro juicio, no es dudable. Por daros gusto perdiera la vida. . Menos procuro. Hablad. Sin que Aurora entienda que a su voluntad me opongo, habéis de hacer de manera, que del encanto Rugero a su patria libre vuelva. En suma dificultad vuestra pretensión se empeña. Cómo? Cómo? deshacer el encanto, faltar fuera a la palabra que di a vuestra prima, pues ella sola es dueño del suceso, que mi lealtad le reserva. Pues qué hacéis por mí? Mirad, obedeceros quisiera sin faltarme, y ya encontré modo de como ser pueda, que en nada puede faltaros quien tan deudor se os confiesa. Proseguid. Oídme, así de Federico la queja sosiego, y la obligación pago que tengo a Clavela, sin faltar a Aurora, pues lo que de este fin se espera, poco más, o menos, ya lo previno mi advertencia, si en esta doctrina cabe futuro, que verdad tenga. Tu voz aguardamos. Pues serviros es mi respuesta. Yo del sabio Atlante guardo, Maestro de aquesta ciencia, un escudo, cuya forma, de diáfana materia, contra la magia es teatro, que la verdad representa, al que en él se mira, ahora diré como servir pueda. Tú, Clavela, pues el cielo de esta gracia te hermosea, cantando has de procurar, que tu voz Rugero atienda, cosa que es fácil, pues él con inclinación sujeta, a la música rendido a su blandura se entrega, con que atrayéndole el eco, y haciendo tú que se vea del escudo al desengaño, no hay como temerse deba que su espíritu valiente, su ocio no la reprenda. Con que aquesto conseguido, dando al acento más fuerza, has de procurar que pise la línea de aquella puerta: que luego que de ella salga, a su memoria primera restituido; podrá hacer lo que le convenga, pues libre estará hasta el tiempo que volver a entrar resuelva, y yo quedaré advertido, que esto que mi voz te enseña, lo pudo hacer el acaso con las circunstancias mismas; puesto que para que yo en nada falte a mi deuda, te doy solo una noticia, que muchos darte pudieran. De obligada no discurro con que pague tu fineza. Cree que hago poco por ti. La parte que en mi reserva tu primor de agradecido, será en mi memoria eterna. Federico, aunque presumas que me ofendí de tu queja, sabe que más me pesara, si quejoso no te viera. Pues Alberto, a qué aguardamos? A que tu valor resuelva, empresa, que solo a ti reservó naturaleza. Resuelta estoy. Vamos, pues. Y yo con vuestra licencia os asistiré, pues no hay quien daros aviso pueda de nada, si yo no soy, que el secreto no dispensa tercero. El partido admito por eso, y para que veas, que una obligación no más a tanto lance me empeña. Pues qué fuera de mi vida, si yo así no lo creyera? Lo que importa más nos llama. Vuestra es siempre mi obediencia, Proseguid, bellos agrados, desde hoy de mi conocidos, por quien viven mis sentidos de la fatiga olvidados, deba yo a vuestros cuidados de mi olvido la victoria; cantad, y por vanagloria os entregaré en mi ser, lo que queda por vencer de mi olvidada memoria. Cantad, que al blando primor de vuestro acento suave, de un dulce letargo grave me vence el tierno rigor. Triunfos me cantad de amor, para que sepa su ser, que no es capaz de vencer mi descanso a su pesar, pues me duermo al escuchar los triunfos de su poder. El que de amor ofende el Culto soberano, o culpe la osadía, o no culpe el estrago. Si al altivo cautiva, que más seña de rayo; témale vengativo quien le buscare airado. Porque de amor el poderoso brazo se ensayó en lo divino, para rendir lo humano. 1. Callad, que entregado ya de todo punto al descanso, ni oye, ni atiende. 2. Bien dices, y pues Alberto ha mandado que le dejemos, al verle tan rendido al ocio blando, sin malograr los intentos de quien servimos forzados, apartémonos, y el yugo de la ciencia obedezcamos. Parece que la fortuna, mis designios va guiando, pues solo Rugero allí a la quietud entregado, se concede de las flores al lisonjero regazo. Lograr la intención resuelvo, que procuré, y por si acaso alguien me atiende descuido, haré que crea el cuidado. Ah del olvido dos veces, que cauteloso, y tirano, es rigurosa fatiga con semblante de descanso. Ah de la flor lisonjera, adonde el áspid ingrato, para disfraz del veneno, busca el mentiroso halago. Rendido al sueño no me oyen, que no es natural, es llano sueño, que en vez de tenerle, sirve de estorbo al descanso, Rugero. . Cantad más, Cielos. Lográronse mis cuidados, pues sin duda en el escudo ve la fortuna de su encanto. Dónde estoy? qué es esto? yo de guirnaldas coronado? de cadenas oprimido? Yo en el ocio, en el halago de un jardín de femeniles adornos acompañado? Soy yo Rugero? el valor dice que sí, más el blando ejercicio me desmiente, pues a lo mejor creamos honor, y el ardor no inútil, sea de mi enojo estrago, la prisión de mi valor desprecio altivo, ultrajando su materia, sin que pueda reservarla de mi brazo, del valor el privilegio: mas ha fortuna, que en vano lo solicito! qué es esto, un estorbo tan delgado de mi fuerza se defiende? Porque no le obligue acaso la ignorada causa a que crezca el ocioso trabajo, le sacaré del distrito, que Alberto dijo, guiando con la voz, y la intención mis designios, y sus pasos. Sigue en mi voz la fortuna a que fiel te voy guiando, de alivio que aún no te debe el susto de deseado. De la engañosa prisión, burla joven descuidado, el torpe olvido que afrenta tus merecidos aplausos, rompe el halagüeño estorbo, que en tu espíritu gallardo es culpa ya la pereza, que antes te entregó al engaño. Sigue, sigue mis pasos, y hallarás obligado de una piedad la senda de tu descanso; pero advierte, que no vuelvas a pisar lo que has dejado, si la esclavitud te ofende de injusto dueño tirano. Tu amenaza es ese alcázar, porque en tocando su mármol, de la libertad preciosa sentirás el duro estrago. . Oye, espera. No me sigas. Deja que no sea ingrato, no he de conocerte. No sino hacer lo que te encargo. Cuando en el precepto tuyo no estrívara mi descanso, contra mi propio me vieras obediente de obligado. Qué es lo que pasa por mí? adonde estoy, soberanos Astros? de un profundo sueño parece que he despertado, indignamente vestido, y desnudo del honrado arnés, cuyo duro adorno fue mi gala tantos años; de vergüenza apenas puedo dar el aliento a los labios; pero por qué me avergüenza culpa que no está en mi mano? El remedio procuremos; pero adonde desarmado, solo, y extranjero muevo los pasos mal concertados? yo aquí, y sin armas? de quién, mal prevenidos acasos, alivio espero? mí, que en buscaros le he ocupado, os cubro el ilustre pecho, y os armo la heroica mano, seguid aprisa esa senda Ruge Quién sois, Hidalgo? Un obligado. No más? Pues es poco un obligado? pero porque se avecina vuestro peligro, os encargo que huyáis de aquí, y ya cumpliendo con vos, antes que acusado de poco leal me vea, os dejo. . . Oíd. Es en vano, libraos vos, y quedaré yo de serviros pagado. . Un ofendido, sin duda, tengo aquí, y dos obligados, aquel me amenaza, y estos me socorren, desdichado es dolor, que solamente lástima a dos entre tantos. Un grande peligro dicen que me amenaza, si paso aquel umbral, antes pude no temerlo, rehusarlo; pero ahora, qué peligro habrá en que dude mi brazo? quién podrá vencerle? Yo entre penosos cuidados, desmintiendo mi altivez, procuro a un dolor descanso que no conozco. Bien dijo, divina Aurora, el acaso, si dijo que oscurecer podéis todos mis aplausos, que no hay susto que se libre de rigor tan soberano. Qué es esto? Ay de mi Rugero! sin duda Alberto, juzgando . que me ofendió con borrar en la fuerza del encanto las especies de mi vista; a Rugero ha mejorado en esta parte el intento que antes tuvo, y vese claro en que ahora me conoce. Vos señora, en el espacio de este dístrito, yo en él de fortuna tan avaro, que aún no os debo por castigo el peligro de miraros. Fingiré a quien cumple mal, preceptos que yo le encargo, solo le sirven las quejas de despertar los agravios. A una palabra os falté, que si reparáis acaso, el cumplírosla con vos me hiciera más desairado. Pues cómo, que el argüiros supone en mí el escucharos, os libráis de la prisión? Yo, señora, me he librado, cuando no son guardas mías vuestros bellísimos astros. Mirad que os escucho yo. Y aún eso me atreve tanto. Pues yo os haré más atento. Decid cómo? No escuchándoos. . Oíd, señora, escuchad, por el sitio amenazado se entró, seguirela Cielos. Detén, Rugero, los pasos. Pero este acento me avisa del peligro, susto extraño! pero qué dudo? qué teme mi espíritu, cuando hallo que esta es la senda que guía de Aurora el hermoso agrado! pues aunque en ella padezca peligros, y sobresaltos, descréditos, y prisiones de mis amorosos pasos será seguida, por ver si a mi hermoso dueño alcanzo. A tu amenaza me entrega horror mi amoroso estrago, que lo que el amor dispone, es lo que quieren los Astros. , h

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA No en vano, hermosa Clavela, de verse en vuestro favor, vive más bella la flor, mas alegre el ave vuela. Y no en vano vuestro aliento buscan, bello Serafín, las flores en el jardín, los pájaros en el viento. Pues por vuestro aliento en suma flores, y aves con primores, conciertan Mayos de flores, forman Abriles de pluma. De las aves los Tainados halago a mi oído intiman, más presumo que se animan de una Serrana engañados. No de mí, pues cuando mudan tonos con sonoro alarde, teniéndome a mí por tarde, por Aurora la saludan. Y culpando sus antojos, quedarán contra tu engaño, dándome a mí un desengaño, y viendo sus bellos ojos. Si es engaño, por disculpa mía, doy su Fe dichosa, pues al verla tan hermosa, quedan vanos de su culpa. Qué es esto? vos lisonjero? Daisme ese título en vano. Aunque os busco cortesano, no tan cortesano os quiero, procuroos más descuidado en el riesgo de adorar, que el que se anima a agradar, ofende de confiado. Esas aves, y estas flores, no celebran mi belleza, que por su naturaleza cantan, y esparcen olores. Bien sabéis vos que es verdad lo que digo, pues por que, cuando busco vuestra fe, buscáis vos mi vanidad? Halla mi amor. . No seáis contra el mérito importuno merced, cómo ninguno? pues cómo ninguno amáis? Luego vos reconocéis mi fe para acreditarme? Solo pudiera engañarme saber lo que merecéis. Luego en esa confianza, bien mi esperanza acredito? Yo en mi cuidado os permito cuanto es menos que esperanza, que a más de ser liviandad de culpable proceder, es usurparle a mi ver al tiempo su autoridad. Luego el tiempo. Anticipada mi voz a la duda acude, sino tiene quien le ayude, por si el tiempo no hace nada. Pues cómo, si amenazando. me está aquí vuestro rigor, podrá animarse mi amor a no enojaros? Callando. Y esa, es esperanza? No. Mirad, prima, que si es. Mirad que os engañáis. Pues qué es señora? . Que sé yo, dejad ese intento, y vamos a lo que importa. . Serviros aperecen mis suspiros. Pues el modo discurramos de conseguir el empeño en la justa libertad de Rugero, pues la suerte en su injuria pertinaz, de los pasados intentos con necia severidad, burló con otros estorbos nuestro remedio eficaz. Culpa de Alberto sería. Nunca se debe dudar hacia Clávela el efecto de mi amor, y mi verdad; pero no extraño tampoco, que los dos no lo creáis, pues si el principio os avisa de este caso singular, nunca creeréis que obró bien el que una vez obró mal; pero tampoco creeréis lo justo, pues se hallará para mi disculpa lance, que siendo necesidad, no obrar bien en él es bueno, en él lo no bueno obrar; y como a todos ninguno satisfacción pudo dar, muchas veces el halago pasa plaza de crueldad. Mas de este lance sabed, que en él obré sin faltar a mi lealtad, todo cuanto cupo en mi posiblidad; pues con el consejo mío, de la prisión libre ya estuvo Rugero; pero yo no pude adivinar, que él a la prisión volviese, que mi ciencia no es capaz de ese privilegio; y solo puede casi adivinar en lo humano, hablando el cierto dominio de la beldad; pues contra todo el estilo que el arte me dio eficaz, volvió a prender la hermosura, lo que yo quise librar; y pues los dos, que no quiero teneros quejosos, dais por verdad fija, que pudo ser el escudo capaz remedio de que Rugero consiguiese libertad, para que veáis que hay causa, y no sobrenatural, que le aprisione, permito que otra vez podáis usar del escudo, y sea el modo pues dispone la lealtad divertir a Aurora hoy del ignorado pesar que la aflige, y pues Rugero en la Academia ha de estar; mostrarele el escudo, y eso por mi cuenta quedará en su ocasión, de manera, que el efecto conozcáis; y juro a todo el volumen de ese Alcázar celestial, que es incapaz de cautela mi intento en esta verdad, pues a mí también me importa prevenido averiguar entre ciencia, y hermosura, qué violencia puede más. Sea así. Que aunque no dudo. Que aunque no pude dudar. Tu intención. Tu afecto pude en razón de tu lealtad tener escrúpulo. . Pues lo que a mi toca será, como veréis infalible, en la manera arvitrad de sacarle del peligro, cuando la ocasión veáis. Eso queda por mi cuenta. Pues oíd los dos, que ya de la música el acento dice, que llegando van a este prevenido sitio; donde atento ha de lidiar el ingenio, y la noticia con gala, y con igualdad, Aurora, y Rugero, él con más advertencia ya, y Aurora menos confusa de verle en más libertad, pues tal vez de las especies deja el discurso guiar a las señas que le acuerdan lo que pudo ser verdad, mas no lo que es, supuesto, que al querer averiguar con fuerza lo que presume, vuelve a quedar incapaz. Todo esto, aunque no es preciso, os digo por si importar pudiere, y si no importare, no importa que esté de más. Ya tu intento averiguamos, y ya llegara. Pues callar, y cada uno prevenga, lo que a su cuidado está. Oh quién pudiera vengarse de un placer, y de un pesar, que el uno quiere acabar, y el otro quiere acabarse. No tanto ya por la satis- . facción, que debieron tomar mis ofensas, como por cumplir con deuda de mi brío, aviso a Va que armaré mi pabellón a vista de su Corte, con el seguro de su pa- labra, durando en él, hasta que Rugero, o le compre a V. Alteza mi libertad, o en singular contien- da, libre de mi poder la de Lisar- co, a cuyas dos hazanas, después de cumplir con este rendimiento, le convidaré públicamente; aun- que temeroso de que se dilate mí pretensión, según estoy avisado de su pretensión. . Ya aquí con causa mayor siento a Rugero olvidado conmigo de su cuidado, con Astolfo de su honor, más fuerza es disimular uno, y otro padecer, para no dar a entender, cual me cuesta más pesar. Y si en callar, y sufrir, hace poco mi tormento, adviértame el más atento, qué hiciera más que morir? Cantad. De su mal se infiere, según sabe su poder, todo cuanto quiere hacer, que está mala porque quiere. También estoy con el mal, después que perdí mi bien, que el mal me parece bien, y el bien me parece mal. Tonos, y letras mudad. Yo lo arvitré de esta suerte, porque el pesar se divierte mejor con la variedad, y así asuntos repartid diferentes, para ver si saben entretenes el mal, que en vos advertí. Tomad asientos, apenas puedo mi dolor callar. Si un preso puede ocupar más lugar que sus cadenas, me decid, para que aquí obedecida seáis, puesto que en lo que mandáis, no sé si decís a mí. Si por preso os pareció que no quiero aseguraros, de que bien podéis sentaros adonde me siento yo, . a esa advertencia mi fe otro sentido le ha dado, Qué decís? De otro cuidado. Qué es cuidado? No lo sé, pues al querer, de una gloria que poseo, relatar la imagen a mi pesar, se me olvida la memoria. Olvidose. Esta ocasión aprovecharé. . Tu intento ayudaré yo. . El acento al aire dé la cuestión. Quién quisiere del rigor de amor la fuerza saber las señas de su poder, dirá como es el amor, Qué es amor? A mí me cabe difinir ese concepto, por dotrina de un soneto en el argumento grave, y aunque la razón no quiere preferirme en esta ciencia, por primero en la obediencia el asunto me prefiere. Por amante el aviso de amor le toque, pues es quien le padece quien le conoce. Arder sin llama, en que se avive el fuego, temblar, si hielo, en que se aliente el frío, sin violencia rendir el albedrío, despedirse con gusto del sosiego. Rogar, sin conocer, que pide el ruego, alentar el temor, templar el brío, entregarse a tirano Señorio, y de una vez pasar de lince a ciego. Buscar la muerte, y conservar la vida, quejarse, y decir bien de la memoria, convertir la esperanza en susto eterno. De la defensa, hacer mayor herida, buscar del enemigo la victoria esto es amor. ltici Pues yo lo llamo infierno. . Y este es amor de obra prima? miren cual será el de viejo. No prosigáis, que me acuerda el dolor lo que padezco, y me corro de encontrar señas de mi sentimiento. Clavela, cuando me mandes correr al escudo el velo, te obedeceré. Advertida te daré aviso a su tiempo. No me quisieron creer, pues he lo aquí dicho, y hecho; pero diome un tapavoca el bellaco del respeto. Pues prima, qué sobresalto apasiona tu sosiego? hola, Floro, esa vihuela me dad; que aunque no me atrevo por singular, por no usado acaso, podrá mi acento divertirte, y en razón, se funda aquí mi argumento, que la habilidad común, anda cerca del desprecio. Y la usada a tiempo toca de admiración el extremo, y más cuando la acreditan las circunstancias del dueño: de suerte, que a mi entender, en diferentes sujetos, una propia habilidad ou igualdad, es muy cierto, que en el más digno, pues vemos, que por la persona tiene la habilidad privilegio. Y esto digo por disculpa de atreverme a tanto empeño, como divertirte, mas nunca extrañará el atento, que hago yo un arrojo, cuando un mal se atreve a tu cielo, pues si inobediente fuere al gusto de mi deseo, en no hacer nada por mí, no vendrá a ser más grosero. Mucho la amistad te estimo. Así logro dos intentos Discreto es el medio, que eligió Clavela, puesto, que a nada Rugero atiende, tanto como al blando acento, De manera lo hace, que pudiera ganar dineros si fuera hacer bien las cosas, camino para tenerlos. Por qué de la libertad te ofendes, dulce gilguero, si en la prisión te amenazan de la esclavitud los riesgos? Rendido a la tiranía, haces culpable tu afecto, que el culto de amor se injuria con sacrificios violentos. Ay de ti, que libre ya al tirano cautiverio de reclamo cauteloso, entriégate al pie ligero, no en el pico confiado te ofrezcas al escarmiento, que la queja del cautivo sirve de lisonja al dueño, pues el cristal te retrata de ese quebrado arroyuelo, mira en sus partidas hondas, las circunstancias de preso. Huye la prisión tirana, antes que te acuse el tiempo, y antes que mi voz te deje, y antes que te falte el viento. Si haré voz, que me aconsejas piadosa; pero que veo! habrá quien quiera librarse, pudiendo estar aquí preso? Señora; pero callar por los que me miran quiero, . que para una dicha mía haya tanto impedimento? Qué os inquieta? Reparáis en qué hago lo que ofrezco? Pues qué es esto? La hermosura, que tiene mayor imperio. Rugero. De vuestro esclavo solo se precia Rugero. Cuál anda, que le habrá dado? Mas como en el dulce acento de aquella voz retratado me vi, de su lisonjero aviso hizo mi memoria un vivo triste recuerdo de mi estado, y como es convite tan alagüeño la libertad, sin mirar que era plato de más precio ser vuestro esclavo, seguía aquel engaño primero, huyendo volví la vista, con semblante de escarmiento, y al ver en lo que dejaba vuestro soberano cielo, teniendo aquella verdad por engaño, alegre quedo en la prisión, y advertido, de que en dos dichas, más precio ser vuestro sin libertad, que con libertad ajeno. Vive Dios que habla mi amo, si se habrá acabado esto? Alberto, aunque sea faltando a mi orden, te agradezco el suceso; mas qué digo, yo digo agradecimiento? Pues qué es esto? En esta acción otro testigo os presento. Un Embajador de Astolfo señora. Haced que entre luego. Entre. Porque la fortuna, monstruo autojadizo, necio, no crea que perturbar pudo mis sabios intentos, la fuerza a obrar del encanto vuelva otra vez, que no quiero aventurar tanta acción a los peligros del riesgo. Mandad que canten. Qué apriesa, aunque con piadoso intento, mudo Alberto de intención. Ya estamos como primero. Federico. Esta es traición de Alberto. Yo no lo entiendo. Yo tampoco, Cintia amiga, Pues callemos. Pues callemos. Cintía. . Señora. Porque pudiendo dudarse preso Rugero irritado, no haga al escuchar el pretexto, de Astolfo demostración; que acreditando su aliento desdore mi autoridad, importa que el blando acento de la armonía le aparte de este lugar, pues sabemos; que la suspensión le obliga a negarse otros afectos. Bien pudiera ser verdad . esta intención, mas lo cierto es, que porque desirado no escuche su menosprecio, de aquí le intento apartar, y si en mí puede ser esto mas que atención, no discurra en lo que será el atento, conténtese de la duda, con este aviso primero. Ya yo te obedezco. Cintia, este paso ya está hecho. Es verdad, mas se disculpa. Con qué? Con no ser ajeno. Astolfo, Aurora divina, de Calabría, de Salerno Príncipe, con la modestia, que le debe a tu respeto, después de las ceremonias de corteses rendimientos. Entre no ser admitido, o admitido con desprecio de estos dos en el que adora, cual es mayor sentimiento? Dice; pero si mi voz se opone a vuestro respeto, embarazando. Decid, que con cuidado os atiendo. Dice, que a Rugero reta a todo trance de duelo. Mas pena es ser despreciado. Porque infiel, y desatento. Porque él admitido vive de no ofender satisfecho, gustoso, pues no fatiga la memoria del objeto. Con vuestra licencia, yo le. señora. Seguid, Rugero, vuestra inclinación. Así lo haré por obedeceros. De lo que miro; y esc nada apenas comprendo. Señores, qué Babilonia es esta? Calle, o le haremos, que se convierta en lechuza a dos por tres. Y lo creo, que ustedes convertirán a cualquiera. Oye el necio, no digo eso. . Bien está, tenía grande consuelo de verme sin los leones, que tanto me persiguieron, mas mientras haya en el mundo tigres, libertad no espero. . Dice, señora. . Mayor es el rigor del desprecio, pues al paso que memoria, acuerda aborrecimiento. Pero por qué divertida estáis? . A este acaso debo mucho, Clavela divina. Cómo? Sabraslo a su tiempo. Proseguid. La intención suya sabréis de aqueste letrero. Oíd, oíd. . Él dirá lo que yo de decir dejo, por no apartar vuestro oído de los sonoros acentos. Aunque por desentendido se haya dado aquí Rugero, que os diga a mí me encargó, que es por ovviar el estruendo, Pues qué intenta? Qué digáis a Astolfo, que acepta el duelo. Harelo así. Federico. . Gran señora, Qué era eso? Nada, señora. Ya aquí me llaman muchos empeños, A saber la novedad me trae, disimular quiero mi voluntad. . Pues oíd, que habéis llegado a buen tiempo, dejadnos solos. . Servirte procuro. Para mi intento . la fortuna apresurado me ofrece el logro que espero. . Aunque quisiera saber de Federico el pretexto, porque acaso no se engañe mi discurso hidalgo, quiero no aventurar la noticia, porque sentiré en extremo, que de un lance tan airoso, no se aproveche su aliento. . Ya os escucho. Bien sabéis, que fue mi intención, Alberto, triunfar de Astolfo. Bien sé, que ese fue vuestro deseo, a cuyo fin de mi ciencia os valisteis con despecho, ocupándome en prender a Rugero. . Eso os acuerdo, yo Alberto no quise nunca; con mal discurrido intento, quitar al mundo la fama del más estimado aprecio. Pero porque no penséis, o vos, o el vulgo indiscreto, que mi segunda intención nacía de otro pretexto. Nunca me opuse a la forma de la prisión de Rugero; pero tampoco guste de sus injustos preceptos. Nunca me opuse, mas ya es forzoso, porque viendo su crédito aventurado a una bajeza sin dueño, por dos razones me toca procurar su desempeño. La primera, porque el mundo no culpe su invicto esfuerzo sin razón, puesto que hay lances, que obrando lo digno en ellos, la suerte de ellos peligra de un escrúpulo al encuentro, desmintiendo la desgracia, lo que acreditó el acierto. Y la segunda, porque siendo yo en este suceso, para la apariencia quien osa el noble privilegio de dueño, fuera culpable desaliño de mi duelo, hacer que la presunción de mi espíritu soberbio, le permitiese un desaire a quien me añade un trofeo, Esto advertido, pues vos, de manera habéis dispuesto, según decís el encanto, (go; que está a vuestro advitrio, os rue- que le deshagáis, porque antes verme expuesta al rigor quiero de Astolfo, y Rugero juntos, que faltar al valimiento de un pundonor que se pierde, si se dilata el remedio. Astolfo bien disculpado, acusa de traidor fiero a Rugero, él incapaz, no puede aceptar el duelo, que injustamente le acusa el vulgo, bruto sin freno ignora la causa, y yo las circunstancias padezco, pues puedan estas razones mas que la primera, y luego que Rugero vencedor se vea ofendido, o fiero de nuestro engaño, destruya con mi esperanza mi Reino, Salga al duelo, y victorioso quede, que si hará su esfuerzo, mas si la suerte trocare con el estilo el suceso, cortando a su noble vida los floridos pasos tiernos, yo; pero que digo, haced esto que os encargo; Alberto, brevemente, y advertid lo que importa para hacerlo. . Bien mi intención se dispuso, que pues fácilmente puedo hacer que Aurora llevada de este, llamarele afecto, ya bien disculpado, salga persuadida de su empeño, de Rugero en la custodia, entonces; pero a su tiempo, lo que ahora calla mi voz podrá advertir el suceso. En qué cumpla su palabra el alevoso Rugero, consiste tú libertad. Que la cumpla ruego al Cielo, porque no puede dudarse su victoria de su aliento. Fía en él. . Si fío. Pues muy tarde tu alivio espero, si la fortuna inconstante, no es arvitrio del suceso; y en fin, lo que debo hacer yo, por mi dolor, es esto: cumpla yo por mí, y consiga su resolución el Cielo: este el puesto señalado es de la batalla, el premio tu libertad, sin la gloria del difícil vencimiento, quien aguarda yo, a quien llamo Rugero; y pues ya dispuesto ves el trance, no desees mas de que se acerque el tiempo. 1. Un Caballero, señor, que otras señas dar no puedo; por traer cubierto el rostro, aunque ser Rugero creo, según la insignia que cubre del escudo el pavimento, a este lugar se encamina, tócame a mí, por el puesto que pisa, dar la noticia, y a tus oídos lo ofrezco. Y viene solo? 1. A distancia de polvo, turbando el Cielo, se reconoce la escolta, que viene en su seguimiento. Retiraos, pues, y advertido mi campo esté, que no debo creer, que quien obró mal contra el jurado concierto una vez, no rompa osado del desafío los fueros. Solo Astolfo esta fortuna llegó mi esperanza al puerto, sino miente el corazón que me está hablando en el pecho. A no creer que la vergüenza, el disfraz os habrá puesto, para esconder el color que en vuestro semblante creo, os preguntara la causa, mas solo advertiros quiero, que es vana la diligencia, pues el tafetan atento retratándoos la megilla se puso de color vuestro. Sin hablar a la batalla os ofrecéis? pero es cuerdo intento, pues si ha de ser, más airoso es lo más presto. Qué midamos las espadas parece que decís, creo que es sobrada ceremonia, inventada del recelo, pues se ve que en una mano es corto, aquel mismo acero que es largo en otra, de suerte, que yo por seguro tengo, que la demasía está, no en la cantidad del yerro a todos fácil; sino en la calidad del dueño; mas el estilo sigamos, de un tamaño son, y puesto que callando me advertís lo que en las palabras pierdo, mi queja sabida, y claro vuestro delito, el silencio de las espadas se pase a los labios, porque atentos, explicando iras, nos sirvan de lenguas nuestros aceros. . Rugero, valiente sois, pero sois mal Caballero. Su espada os corregirá. Reduciros a este puesto con horas anticipadas, es a que veáis el efecto de la batalla, y a que le embaracéis a su tiempo; y pues ya Rugero llega libre para en cuanto al duelo de mi opresión, advertida estad. . Singular esfuerzo! Raro valor! Para cuando deshaga el encanto. . Cielos, la espada perdí. Mirad si yo volverosla puedo, pues para lidiar soy yo, y para arvitrar Rugero. Qué es esto fortuna! Astolfo, Astolfo. . Digno trofeo de tu valor está aquí. Pues cómo? Cómo queriendo una hidalguía pagarte con tus armas, y fingiendo ser tú, con cautela noble rendí su gallardo esfuerzo, agradeciéndole al miedo, lo que a mi fortuna debo; esta es su espada. Tomad la espada vos, vos el premio de la fineza en mis brazos; y así con entrambos quedo bien; con vos, puesto que os pago en la moneda que puedo; y con vos, pues otra vez árbitro de vos os dejo; pero conmigo mejor que con todos, pues pudiendo gozar un triunfo tan grande, como Astolfo prisionero, le vuelvo la libertad por habilitarle al duelo, que el valor propio se ofende de los aplausos ajenos. Aunque vencido me miro, la justa queja que tengo de tu sinrazón, me obliga a que quede satisfecho, o a perder la vida. Pues a cuando aguardáis, Alberto? Si recorréis la memoria, veréis que ya os obedezco; viva Astolfo. Aurora viva. Por el arroyo Monteros. Tomé, Lampoto, Barcino. 1. Al monte, al llano, al repecho. Señores, que se hunde el mundo Hola, qué es eso? Qué es eso? señor, que de extrañas voces intempestivas se oyeron en el aire pronunciar esos desiguales ecos. Ya el encanto feneció. Nada impida nuestro intento Ahora importáis vos. Parad, nobles heroes, que no habiendo razón para la batalla, están demás vuestros riesgos. Cómo? Qué divino susto! parece qué todo el Cielo en su perfección hermosa ha ocupado sus aciertos. De conoceros, señora, en ocasión que el acero tengo en la mano, se ofenden mis admirados respetos; mas qué razón puede haber para que yo satisfecho quede? La inculpable forma de la prisión de Rugero. Cómo? Cómo? por triunfar yo de vuestro ardor soberbio, mandé Alberto, que en la magía es, como sabéis, Maestro, prender a Rugero. Y yo, vuestro gusto obedeciendo, sino le quité el valor, se le tuve tan suspenso, que hasta ahora, que esas voces, que por señal os ofrezco de mi verdad, el encanto, y la duda fenecieron, desde el instante que entró en mi arvitrio, nunca entero tuvo el albedrío, a causa de los mágicos esfuerzos, de cuya culpa a sus plantas me sacrifico sujeto, si fue culpa obedecer lo que me mandó mi dueño. Y yo asegurado ya de esta verdad, porque el duelo de haber salido no os llame, quedo vuestro prisionero; en cuya señal la espada, que vos me disteis, os vuelvo. Yo, Astolfo, quedo obligado de que quedéis satisfecho; y a vos, Alberto, en castigo de desconfiar del bello dominio de la hermosura, por desengaño os ofrezco, que no hay encanto tan grande como la hermosura, puesto que yo libre ya de aquel que sin mi gocé, apetezco este que adoro con migo, tan rendido, que aunque intento gozar una libertad, que sin albedrío tengo, ni puedo, ni sé gustoso, porque en este dulce riesgo, más encanto es la hermosura, que el encanto más severo. Alzad del suelo, qué hacéis? Si me levantáis al Cielo de vuestra mano, señora. A la fineza que os debo, fuera sin razón negar el bien merecido premio. Hase casado? ̱ Pues a esa prisión me atengo. Yo la norabuena os doy. Y ahora, Astolfo, cumpliendo la palabra que ofrecí de destruir este Reino, os dejo a Calabría. . Yo de la palabra os absuelvo. Pues qué falta? Qué Clavela le de a Federico, en precio de su fineza, la mano. Es la ventura que espero. Esta es mi mano. . como aquí no tiene juego, no es menester para nada; mas lo que es menester, creo, quisiera haber agradado, plegué a Dios que lo logremos, pidiendo perdón, y dando aquí fin al argumento, adonde se ve probado, que no hay encanto tan cierto como la hermosura, pobre del que gusta su embeleco.