Texto digital

Texto digital de Más dichoso prodigio

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Más dichoso prodigio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-dichoso-prodigio.

Logo BICUVE

MÁS DICHOSO PRODIGIO

JORNADA PRIMERA

Suelta Montigre. Ay Aurora! no me pesa vive el cielo de mi agravio, mi recelo siente mucho lo que ignora, Deja la espada, y advierte, que todos estos villanos han de morira mis manos, o yo me he de dar la muerte. Es posible que prosigas en tu enojo? considera, que si mi padre viniera. En vano mi ardor mitigas, porque estoy tan obstinado a impulsos de mi coraje, que hasta vengar este ultraje no he de volver al arado. Yo a tan baja acción dispuesto? yo infame? vo mal nacido? voto a Dios que no he podido. Montigre. . Señor. Qué es esto? vos con afecto liviano jurando, cuando ya es mengua? vos con la infamia en la lengua, y con la espada en la mano? vos desatento? y tu Aurora como con tu hermano estás tiñendo? pero dirás. De mí lo sabrás ahora. Siempre, señor, desde niño no sé que oculto misterio a más grandeza me anima, me alienta a mayor trofeo, que en la lid de la aspereza mal hallado irrita el ceño de aquel tosco asán del campo rudos entretenimientos. Cuando madrugando el Alba de claveles borda el viento, y aunque embozada, y risueña la va descubriendo el Euro. Cuando en dulces armonias el Gilguerillo parlero, cortiendo le va escuchando murmurador arroyuelo. Cuando la arrogante rosa del verde boron saliendo, encendida de vergüenza, va examinando su imperio. Cuando fragante azucena al Girasol más soberbio, de oro, y plata el pie le borda verdes pespuntes haciendo. Cuando en la hermosa floresta al coger lo más ameno, a la salud del rocío brinda el jazmín lisonjero; y me hallo en el verde prado, como ya estoy tan violento, aunque es todo aquello gusto, me cansa, pues todo aquello se úiera cada mañana al salir del Sol, luciendo marchar veinte mil Infantes, y diez mil gineres luego, que a impulsos de la baqueta, y a soplos del bronce hueco, si aquellos diestros se animan, se esfuerzan nobles aquestos, Fuera en mi mayor pesar fatal alivio, pues creo, que para animarme basta cualquiera marcial estruendo, que un molquete sobre el hombre generoso infunde esfuerzo. Y en una mano una pica ilustra heroicos alientos, y a la celada promete feliz aplauso del tiempo; y desde la gola al ristre, brio examine el acero. Yo no nací para el campo, que aunque en tosco traje advierto pobre miseria, me anima a asomos de Caballero, a seguir, señor, la guerra, de mi inclinación a efecto. Viste incanto pajarillo, que amairado, y prisionero, la comida con el pico va poco a pocombiendo, de quien la necesidad fue tan curioso maestro? Y que del tiempo cansado tira al verse tan violento, que él mismo el eslabón quiebra, o se da la muerte él mismo? Así yo, que siempre he estado al arado asido, siendo al romper tanto terrón cárcel mi desasosiego, la cadena hice pedazos, que me oprimia, resuelto a morir en la facción, si a no volver al empeño, que mi natural impropio solicita mi tormento. Y respondiendo, señor, a la admiración que has hecho de verme irritar la ira, y de empuñar el acero; digo, que como en mi sangre parece que están ardiendo llamas de mayor esfera, a soplos de algún se creto, a un villano, que atrevido bárbaramente grosero, me dijo (terrible lance!) que ignoraba (fuerte aprieto!) la calidad de mis padres, porque tú señor (ah cielos, quien pudiera en la venganza dar ejemplo al escarmiento!) porque tú, señor, no eras quien me dio el ser, quise ciego castigar, que ofensas viles mal atajan sufrimientos. En fin, señor, yo he de irme a Barcelona, y primero quiero que me desengañes de quien soy, porque con eso podré seguir mi derrota, animoso a caalquier riesgo; podré arrojarme al peligro, podré conocer, si puedo, a pesar de la fortuna, emprender heroicos premios, Admirado de escucharte, apenas estoy creyendo tu resolución. . Mi hermano, o con la cólera ciego, o con el pesar, señor, se arroja a querer tan necio, no atendiendo a tu decoro. Autora, yo siempre atiendo sin fabricar desvaríos a hacer todo lo que debo. Confuso, y absorto estoy! porque si agora le niego su origen, puede importarle, para seguir sus intentos; y si quien es le declaro, le ánimo, y no le detengo; válgame el cielo! qué haré en tanta duda? . Ya espero, señor, a que me respondas. Y no has de mirar primero, que un pensamiento tan leve. te precipita a un despeño? Mi estrella todo lo arrastra. En finte vas? . No habreme Qué me has de dejar? (dío Es fuerza. Pues si ha de ser oye atento. Aunque en esta pobre Aldea me has visto desde pequeño, (ya cultivar esos campos, ya con el arcabuz, y el perro, peinando salvajes troncos, y desmarañando cerros, seguir el tosco animal, y matar el bruto horrendo. Es mi patria Barcelona, allí naci tan soberbio en mi altivez, y en mi sangre, que aquel desvanecimiento heredado de los Narros, pudo heredar el incendio en parcialidad segunda. Pues los Caderes; mas esto decirte, que fue la causa de retirarme al sosiego de esta Aldea, poco importa, a lo que importa pasemos. Saliéndome hacia ese monte, Atlante del primer Cielo, Coluna, que de ese Alcázar del Sol sufre tanto peso, guarnición de este Páis, una tarde del Euero, cuando alfombra trasparente teje en la flor hasta el hielo. Cuando no hay tronco, ni guija a quien no vista de espejo, con cabos de tanta nieve lo riguroso del tiempo. Y entrando por la espesura de riscos, carzas, y enebros, oigo una voz, y la escucho, dudo lo que es, y la temo. Ya valeroso me animo; cobarde ya, no me aliento; ya discurriendo, me ofusco; absorto ya, titúbeo. Talvez, atrás me retiro; tal vez, adelante vuelvo, hallándome siempre en calma entre el valor, y entre el miedo. Vuelvo a aplicar el oído, y conozco, que no lejos, persona humana se queja en lastimosos acentos. Asombrado me consulto, y los sentidos opuestos, barajados unos, y otros a nada se resolvieron Iban creciendo las voces, mi temor iba creciendo, aunque la duda animaban escrúpulos del deseo. Determínome en fin, pues, y alborozado rompiendo, chopo a chopo, y planta a planta, del monte todo lo espeso. Llegué cerca de una gruta, breve esfera del silencio, amplio albergue del temor, y adorno del monte fiero, cuando un arrogante Tigre, (compuesto de mil remiendos, sino de manchas escrito, firmado de dos pies negros) salió por la oscura boca; viéndome solo a este tiempo, el valor huyó de mí, erizóseme el cabello, mis plantas eran inciertas, cubriose el cuerpo de hielo, las vidrieras de mis ojos eran ya turbios espejos; y en fin me halle tan turbado, tan sin ánimo, tan ciego, que pregunte de allía un rato a mí mesmo por mí mismo. Apenas volví del susto, cuando el bruto sobre el suelo, puesto a mis pies me alagaba, ya tímido, ya risueño. Por señas empezó a hablar, séguile, y algo temiendo fui, admirando el prodigio, y contemplando el portento. Llegamos a un risco endido, que sin duda por soberbio, para hacer del notomia; el Cielo, y la tierra abrieron Donde elbruto se paró, y con demudado ceno, mudo, y racional lenguaje, señaló que entrase dentro. Entre, y entre blancos paños (perdonad si me enternezco, hallé un niño, que eras tú tan hermoso, que suspenso, o creí que eras Estrella en los impulsos primeros, o Lucero enmarañado entre un pedazo de cielo. Conocí el milagro entonces, y con amoroso afecto yo llorando, tu riyendo, bájamos el monte abajo, y el incapaz bruto fiero nos fue sirviendo de escolta hasta dejarnos sin riesgo. Llegué contigo a esta Aldea, y admirándome el empeño, en mi casa te he criado como a hijo, no lo niego. Y puedes creer Montigre, que te he estimado, y te quiero, con ser Aurora mi hija, mucho más a ti sin serlo. Ya te vas, y no procuro, por ser honrado tu intento, detenerte, pero lleva escrito en el pensamiento, que ha sido un monte tu padre, un risco tu primer lecho, una fiera por quien vives, y yo quien así te ha puesto. Reconocido al favor, me ha de dar lugar el Cielo de agradecerlo algun día; y agora juro, y prometo por la Cruz de aquesta espada, de examinar lince atento (hasta saber de mis padres) Cataluña toda, siendo bárbaro horror en las sierras, Dadme los brazos, y a Dios yo me voy. . Mucho siento tu ausencia pero también de tus disignios me alegro. No llores Aurora hermosa, y de tu amor, y mi afecto, aquestos brazos confirmen la verdad. . Apenas puedo mover el labio, y apenas la voz se forma en el pecho. te saqué envuelto en mi capa; . Guardeos el Cielo mil años, Y a ti te de suerte el Cielo; ven Aurora, voy sin alma. Sin alma, y sin vida quedo. No dejaste ya el criado con los caballos? . Ya queda para que mejor se pueda nuestro intento asegurado conseguir; pero tu alientas con notable ceguedad la mayor te meridad que se ha visto. . En vano intentas Flora bella, aconsejarme; y advierte para mis quejas, que cuando más me aconsejas, procuras más irritarme. Teatro este monte fue del prodigio; mas que digo? no fue, si infeliz testigo de mi desdicha, en quien ves mi temor cuando le nombro; para aumentar mi dolor en cada tronco un horror, y en cada planta un asombro. Aquí Floris bella, aquí, para crecer mi desvelo, hice, ay de mi! contra el cielo lo que te dije, ay de mí! y asombro en los Pirineos. segunda vez, que el tormento tanto el corazón aflije, que a ratos él mismo elige por alivio el sentimiento. No sé de que llego a ver su cumbre como veloz puede moverse la voz, la lengua puedo mover. Pues es cierto que advertido mi pesar, y no morir, o que yo no se sentir, o que me lalta el sentido. Y aquí engañada del Conde de Barcelona (ah traidor!) (pues asaltando un honor, mal a quien es corresponde.) Una tarde, cuando el Sol iba a anegar liberal sus rayos en el cristal, pálido ya su arrebol. Llegando junto a la falda de esta eminencia, a quien hace al tiempo que el Alba nace su hermosa copa guirnalda Aunque si en muchos temores el cuidado previniendo, voy poco a poco sintiendo de mi ofensa los rigores. El Conde (terrible aprieto!) mas me acobarda al decirlo, con las ansias del sentirlo, que todo el afan inquieto. Dejo asegurar lagente; y en tan cauteloso daño, pudo injuriar un engaño el honor más inocente, Aquí tu discurso advierta, como en suerte tan esquiva, tuve aliento para viva en tanto indicio de muerta, Cruel provocó el valor, y libre a la ceguedad, examinó la piedad, cuando ejecuta el rigor: Dejome, y siendo tirana, discurriéndome severa, poco humana para fiera, mucho fiera para humana. Vuelvo a mi gente, y mi pena, que con mi escrúpulo lucha. hallo apenas; pero escucha, gente parece que sueña. A Carácol. . Y pregunto, me llamas con caja y todo? De bándidos es el modo. Más que sea el infierno junto. s. Buena es tu flema. . yo gasto (que por eso lo dirás) desde que nací no más flemas, y miedos a pasto; mas dime donde caminas, que con tanta prisa vas? Calla, y después lo sabrás. No entiendo a lo que te inclinas tan cruel, y temerario; pero en lo que manifiestas, quieres aprender a Gestas para hacer algún Calvario. Ayer villano, señor, y hoy bandolero? no infiero de villano, o bandolero; cual puede ser lo peor. Pero te estimo desuerte, bien estado, o mal estado, que como leal criado te serviré hasta la muerte. que ya contigo he venido. y contigo me crié desde que nací. . No sé que asombro me ha divertido, Bien recelaba de quien eran las voces, señora, mas escondernos agora podemos. . Has dicho bier No el susto os haga, señora, acelerar de esa suerte, porque mal teme la muerte quien tal velleza atesora; y mi discurso no ignora, que era intentarlo perderme, pues al querer resolverme, fuera fuerza entre los dos ser yo el muerto, siendo vos quien pudo primero verme: mas vuestro valor me inclina, y nunca la charpa os falte, para que ninguno asalte vuestra hermosura divina, en todo tan peregrina: naturaleza ingeniosa, puso espinas alarosa para guardarla, y en vos os puso ese aliento Dios, porque os hizo tan hermosa: entre tan confusa calma, parece que sois mi centro, pues apenas os encuentro, y ya me robáis el alma: si de vuestro amor la palma mereciera, en lo que toco, amante viviera loco; pero en vano es mi recelo, porque para tanto cielo aún he merecido poco. Galán, afable, y cortes, puedo obligada deciros, que ha sido ahora el oíros (en mí) gustoso interés, mas no blasonéis después, que fue una fácil pasión; porque no sé que razón me obliga, que al escucharos, sin inclinación de amaros, me usurpáis la inclinación, Reconocida, señor, a lo mucho que os merezco, tanto ese afecto agradezco, que os le estimo por favor. Pero causa superior, mi recato anima aquí, con que es evidente ansí, siendo acaso hoy en los dos, que ha mucho que vivo en vos, o que vos estáis en mí. No vuestra fineza admiro, que feliz dicha pretende mi amor, sí, pues que se encien a lo fácil de un suspiro. Y cuando más me retiro, con más violencia provoco este ardor, que no revoco; mirad si entre lo que lucho habéis merecido mucho, con haber granjeado poco. A la pelota los dos jugarán por excelencia, porque si él saca de molde, ella rechaza de perlas. El veros en ese traje, y en este monte, licencia me dad para que os pregunte que buscáis, o que os alienta a seguir extraños rumbos, bándida de estas malezas, porque si en alguna cosa serviros puedo, aunque sea acosta del mavor riesgo, pondré mi vida en defensa de vuestro intento. . Señora, para el juego que tu llevas, advierte que es buen envite. Pues en la palabra vuestra fiada, os diré mi empeño. Por Dios que es rata belleza. El Conde de Barcesona, hasta Cólvaro esta fiesta pasa desde Monserrate, mas porque primero advierta quien soy, y lo que me anima en este lance, Condesa de Rosellón nací en fin tan desdichada. . A la vuelta del monte hacia esotra parte. Este es el Conde, ya empieza mi honor a tomar venganza; mas pues lo estorba una fuerza, y no puedo hasta después deciros más, solo os ruega mi amor, que por ser mujer, en mi favor os merezca. Fía al monte esos caballos. Obra, señora, y no temas, que me has de hallar a tu lado, aunque a estorbarlo viniera toda Cataluña. . El cielo osdé vida. . Ya me empiezan parasismos, y me hace cocos el Requie eterna Advierte, señor. . En vano mi ardor neciamente templas; yo me he de llevar a Aurora. Su padre, no confideras, que la guarda cuidadoso? (ra No importa, que cuando quie- impedirlo, mas qué es esto? No se admire vuestra Alteza de verme entre tanto tronco, palas de estas asperezas. Que como en mi pecho a soplos. del desaire, las pavelas de la llama de mi agravio, son irritadas centellas. (tes, No es mucho, que entre estos mon desesperada, o soberbia, negando me para humana, quiera estudiar para fiera. Como no bolnéis los ojos a la razón? como ciega, sin escrúpulos de nada, vive en vos una evidencia? Cómo al verme tenéis vida? pero como no os inquietan obligaciones, no importa de que os acuerde bajezas. Qué os hizo mi amor? qué os hizo mi agasajo? qué violencia de vuestras falsas carscias, padecen tanta tormenta? Si un hombre común, señor, que necio no considera su origen, quiere aspirar a cosas grandes, es fuerza, que le note más el vulgo, porque él mismo se violenta. Y si un Príncipe ejecuta un engaño, da licencia a que lo murmuran todos; pues de la misma manera que la grandeza en aquel, parece en él la cautela, No respondéis? pero vos, claro está que será fuerza hacer con una disculpa satisfacción de la ofensa. No sé que se tiene el Conde, que al mirarle, el alma tiembla. Señor, en aqueste lance. Calla, que una estratagema lo ha de remediar agora. Repara a lo que te empeñas. Inadvertida, señora, os quejáis, cuando en mi pena de vuestro afán cuidadoso, hay más pesar que en la vuestra: yo cauteloso? yo falso? yo lisonjas? quién pudiera para vuestro desengaño, sino para mi defensa, poder descubrir el pecho, y a la luz de mi firmeza, enseñaros mucha fe sin rebozo en breve esfera! yo cuando estoy tan sin mí por ser vuestro? Vuestra Alteza tan fino! de cuando acá tanto hagasajo me muestra? porque puedo imaginar al oírle mi advertencia; o que vuestra Alteza es otro, o que inadvertido piensa; que no soy yo con quien habla, y por otra me festeja. Pues yo, cuando de serviros he faltado? y para prueba de mi amor, esta es mi mano. Quién vio más feliz Estrella? y esta, señor, es la mía, que hacer menos no pudiera un Conde de Barcelona, de cuya heroica grandeza tanto timbre se origina, y tanto blasón te alienta. De celos estoy rabiando, pero no se que secreta deidad en el Conde vive, o que misterio se encierra, que a tanto respeto mueve. Agora el Conde ya esfuerza que olvide a Aurora. . Señora, ya es tarde, y pues que tan cerca estamos ya de Colvaro, podéis venir, donde pueda descansar vuestra fatiga un rato, ay Aurora bella! vamos, pues es gusto vuestro, ánimo honor, que ya empieza a volver por tanto agravio el cielo. . De esta manera aseguro más mi intento, pues con ver ala Condesa su padre de Aurora, es cierto que ha de hallar mi diligencia ocasión en su descuido: venid Don Juan. a. Ay quimeras iguales: sin duda el Conde quiere que su esposa sen. Hombre, que tienes, que el alm teme de ver que te deja? Buenos avemes quedado, lo cierto es que no pudiera haberse hecho con un Negro el desaire, pues te deja por figura descartada, y no es mucho que lo hiciera, con el siete que le vino. Más agora me atormentas en referir mi pesar, porque entre tan graves penas basta, sinque me lo acuerdes, que yo conmigo lo sienta. Sí, pero no despedirse, que mujércilla lo hiciera después de gastar tu prosa en el sigón de su atenga? Oh pluguiera a Dios que ante que lo viese, entre estas peñas a los impulsos de un rayo, torpe desperdicio fuera. Pluviera a Dios, que primero me arrojara una soberbia, o me hechara un precipicio al coraje de una fiera. Quieres que te de un remedio para despicarte de ella? Qué remedio puede haber cuando con tanta evidencia es ya su esposa del Conde? Pues qué importa que lo sea, metete a representante, y en la primera comedía, sin decir hoste, ni moste cásate con una Reina, que juro a Dios que se había de morder de las muñecas. Sígueme, y deja locuras. Y dónde va? . A la Aldea he de volver, Caracol, otra vez . No consideras, que está allí el Cónde, señor? Aunque el demonio estuviera, fuera de que en otro traje no es muy fácil de que puedan conocernos. . Bien está, pero con eso que intentas? Ver a la Condesa solo. Pues, y tu padre? . A fineza es forzoso que atribuya, de que haberle otra vez vuelva. Si todo lo facilitas vamos; pero no quisiera traer un tanto en las espaldas. Yendo conmigo no temas. Mal, señor, te has empeñado en el servicio del Conde, viendo que no corresponde. a lo que debe obligado. Nunca agradecido niega el buen pasaje, y agora es forzoso, y ansi Aurora retírate, porque llega sin duda cerca. . Es muyjusto, pero cuando no lo fuera, porque tu gusto se hiciera, lo hiciera por ser tu gusto. Quién vio más rara belleza, ni vio obediencia mayor? pero en fin. Garcia. . Señor, deme a besar vuestra Alteza los pies. . Los brazos tomad, que siento mucho a fe mía, que no conozcáis Garcia mi amor, y mi voluntad. Estimo en mucho, señor, la merced, y también creo, que os sobra mucho deseo de hacerme mucho favor; pero como habéis llegado tan solo? . Cómo hasta aquí he seguido un jabalí, y con aqueste criado de todos me adelante. Vendréis cansado? Y quisiera descansar, antes que fuera mas tarde, que por mi fe os prometo de verdad, que es la caza afán cansado. Para quien no está enseñado, señor, es penalidad: ea, vuestra Alteza entre a este cuarto, porque agora descanse un rato. Ay Aurora! quiera el cielo que te encuentre; advertid, que la Condesa de Rosellón viene aquí; y que miréis, que por mí aún de decillo me pesa; pero pera conseguir lo que mi cuidado intenta, es fuerza que en algo mienta, quien sabe tanto fingir: dígolo porque mi esposa ha de ser, y si gustáis, algún festojo la hagáis. Mandad, señor, otra cosa, que en serviros a los dos pondré todo mi desvelo, Guardeos mil años el cielo. Ea descansad, y a Dios. El camino a toda costa corremos, y maravillo, que no toques cornetillo, por lo que tienes de posta. Quien ama, Caracol, vuela. Ese, señor, es mi susto, que tú vives con el gusto, y a mí el gusto me desvela. Padre, y señor. . Hijo mío, vos os volvéis, pues qué es esto? como en Cólbaro tan presto? dadme los brazos, que fío con que animoso me aliento, en solo veros agora, la comodidad de Aurora, mi descanso, y vuestro aumento. De Monserrate, señor, he vuelto otra vez a veros, porque no fuera quereros irme con tanto rigor. Desvelo amoroso ha sido, que anima justo cuidado. No puedo yo haber negado, que por padre os he tenido. Bien vuestro afecto lo abona, más mayor dicha os prevengo, sabed, que por huésped tengo al Conde de Barcelona, y la Condesa también viene esta tarde, y así: mas ya pienso que está aquí. Mucho temo su desdén. . Fragosa tierra, Don Juan. Los Pirineos, señora, se puede decir agora, que en estas sierras están. Dadme, señora, los pies, favor de tanta grandeza, pues con ver vuestra belleza se acredita mi interés. Cuando alegre, y feliz goza aplausos del Conde, y vos, viniendo agora los dos a honrar esta pobre choza. Aunque ignoro vuestro ser, justa obligación me anima, por lo que el Conde os estima a poderos conocer. Siempre consigue obligado mayor suerte mi desvelo. Vuestro agadajo recelo; más afecto que cuidado. Cansado llegó su Alteza del carmino. . Un jabalí corrió en el monte . Ay de mí que para tanta grandeza en vano mi ardiente fuego hoy imposibles desea. Tendréis en aquesta Aldea más quietud, y más sosiego? Aquí, señora, suaves ya en risa, y ya en armonia, nos sirven de compañía los arroyos, y las aves. Son hijos vuestros los dos? El uno ya Dios pluguiera, ay de mí! qué verdad fuera. Guárdeosle mil años Dios: quien vio zagal más lozano, pues parece superior Serrano, que es muy señor, y señor que es muy Serrano. Yo voy si me dais licencia; pero que digo, a ordenar donde podáis descansar. Id con Dios. . Y a Vuecelencio guarde el cielo. , mirad si quiere algo el Conde. Con que traición corresponde a tan amoroso afan; a Aurora quiere robar libre con tanto poder, mas si es fuerza obedecer, en vano intento dudar, . Ya estás al pie de tu gusto sin embarazo . Hay razón, que atropelle una pasión! Traga de una vez el susto. No os asombre, cuando solos nadie nos escucha agora, que reconozca un engaño, o una verdad reconozca: que admiraver un cariño, que apenas alienta forma de agasajo, y ya fallece desdén a la primer hora. Sin duda que aquel halago, que os debió mi amor, fue forma de una ilusión; pero yo no le adverti ceremonia, que como me estaba bien, aunque fue tan a mi costa, mas le averigue fineza, que le examine lisonja. Hombre, quién eres? qué dices? oh qué intentas? Poco importa, que quien me fingió un afecto tan presto me desconozca; quien ama en aquello, que ama, como es objecto que adora, sin que pueda reprimirse se reduce, y setrásforma. Vos no me habéis conocido, con que acrédito, señora, que no debio mi amor nada; jamás a vuestra memoria. Porque ha deberos amarme, fuera evidencia forzosa, por veros a vos en mí, no desconocerme agora. Dichosa el alma se alegra de escucharle, aunque le ignora. Quien no ha conocido a quien según de tu pesar consta, eres tú, y ansí te duda, como moneda chanflona. Quien vio mayor confusión, quién escurriera la vola! Si el hallarme de este modo, mal de quien soy os informa, dejar la charpa, y el monte, ya me sale a mucha costa; pero no ha mucho que en vos con razones amorosas en la falda de esa sierra, que puntal del cielo estorba la luz del Planeta cuarto, siendo escándalo del voreas. Esperad, que ya quien sois es forzoso que conozca por las señas, y es muy justo que de una acción tan airosa os agradezca el favor, mas no que hagáis tan notoria! cautela de una fineza, que examinasteis tan propia, Como no puede saberse, si un incendio que enamora, es evidencia, o mentira? no os admire que suponga lo que me está mal. No puede de qué forma? . De esta forma, En lágrimas, o en suspiros se declara quien adora, tal vez efecto de amor, cualquiera de las dos cosas. Luego parece imposible distinguirse en lo que forman un engaño de un afecto, pues con tanta fuerza obra un mentiroso suspiro,

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA como una verdad que llora. Padre, y señor. . Ah traidores! Que alevoso pensamiento como una infamia os provoca? Válgame el cielo! qué escucho? para engañarme otra vez Sin duda es la voz de Aurora. Dónde turbado me anima, ciego pesar, que me arroja, si tanto lustre a mi sangre, impensada ofensa borra? Qué es esto, señor? pues como ansivos? . Aquí fue Troya. Ya Montigre ha fallecido mi aliento, y ya en la congoja de un agravio, pudo hallar torpe origen mi deshonra. Ya que yo no soy, es cierto, pues tanto dolor me roba todo el ser, quedando solo de lo que fui una sombra, traidor el Conde, ay de mí! quien en crueldad tan penosa lograra (por no sentirlo) muriendo, feliz victoria, en un caballo, que sabe mas que bruto a Barcelona, usurpándome la vida me lleva robada a Aurora. Qué dices? . Lo que es verdad siendo escándalo del Orbe, Plegue al cielo, que una roca de mí un asombro la Europa yugo de tus hombros sea, desmarañándose toda, Conde falso, y que el caballo escarapeleando en ondas, bruto feroc en un risco, sepulcro infeliz te escoja. oprimio tanta oiscordia, con ambición cantelosa? Sosegaos, que por dos partes, y a la venganza me toca, por lo que os debo la una, y por mi hermana la otra. Y por los sagrados cielos, a quien hermosos adornan, como cándidos luceros mas imperiales antorchas, que he de ser en esas sierras lobo, que con sed fogosa hasta apagar su coraje, agravia, hiere, y destroza, viviendo inhumana fiera. Yo te serviré de cola. Ea, Montigre, a la venganza, que aunque la edad se me opono seré rayo, cuyas chispas abrasen a Barcelona. A la venganza, señor, y pues la vida no estorba, muera el Conde; y todos muera Yo siendo Tigre furiosa, no faltaré de tu lado, hasta vengarme; porque oiga, Pues a restaurar mi honor. Pues a vengar mi deshonra. Pues al monte hasta que vea libre en mi poder a Aurora. JORNADA SEGUNDA Esta es Joven, que al cielo pretende taladrar su hermoso velo, siendo Gigante verde, por quien del Sol la luztal vez se pierde, pues hallando en su cumbre su fatiga, al mirar el puntal rayos mendiga: en cuyo estorbo fiero, el bruto más feroz, y más ligero, de su carro imperial le ha sucedido, corriendo tropezar, y haber caído. Junto a la falda, pues, de aqueste asombro, con tanta estrella errante sobre el hombro, se mira Barcelona, de toda Cataluña la Corona, a quien pone a sus pies, si se desata, el mar Mediterraneo hilos de plata; pues si alcanzarla presumido emprende, foso la guarda, y muro la defiende. Desde aquí sus murallas, y bestiones, estorbando ambiciosas presunciones, verás, Montigre, siendo en su porfía, escandaloso horror la artilleria. Solo nos falta agora, para nuestra venganza, y la de Aurora, dándole al Conde guerra, vibrarla ira, y oprimir la tierra, que aunque mayor defensa advierta altivo, para tanta ofensa, es pequeño instrumento, en belicosa unión Marcial aliento. Pues los tres intentamos oponernos al Conde, y consultamos advertidos el modo de arruinar su poder, naciendo todo de tan forzoso empeño; y pues hoy es Montigre ya mi dueño, y como a tal le fío imperio que gobierna mi albedrío, mejor es retirarnos a Rosellón, señor, hasta vengarnos, que yo induciendo mis vasallos, puedo poner a Cataloña en tanto miedo, que tiemble toda España, de ver marchar furiosos la campaña seis mil infantes, y tres mil caballos, que aún en su esfera Marte ha de envidiarlos, Ya Carácol se tarda, y la resolución tan solo aguarda de Aurora mi desvelo, pues si quiere mi dicha, o quiere el Cielo, que saque libre a Aurora, el Conde, y Barcelona al ver señora, mi aliento, y su desmayo, me han de admirar prodigio, y temblar rayo. Tu fineza examino en tu valor, prodigio peregrino, anima tu deseo. Es tu favor, señora, gran trofeo. Antes que llegue, muera. No habrá un poquito de piedad siquiera? Este estruendo es sin duda de los bándidos, que hoy en nuestra ayuda se ofrecieron. . Si acaso traen algún Caralán, qué salió al paso? en mi rigor esquivo, lo que tarda en llegar durará vino. 1. Lleve las manos atadas, y no dé más en porfiar, porque podrá ser llevar cuatrocientas bofetadas. Ese es muy pequeño exceso, y es aliento mal logrado. 1. Por qué? . Por que el más cuitado tiene mano para eso. 1. Parece que se desmaya, o pretende que le muevan? Pues a qué fiestas me llevan, qué quieren que apriesa vaya? Caracol . Señor; mámola: dame a besar de tupie todo aquello que se ve, sin reservar una sola cosa, y entre pena tanta, para que mi susto cese, deja señora que bese de popa a proa tu planta. Quién ansí te ató? . Los dos como enemigos, indicio de que somos de un oficio, si por la gracia de Dios. Desatadle. Yo no he sido, culpado en aquesta acción 2. Ninguno, pues la ocasión dn es nohaberle conocido Cómo te fue en Barcelona, viste a Aurora? He visto al So cuyo cándido arrebol tan hermosa luz corona, albricias me puedes dar. Ea, los dos discurrid todo el monte. . Y advertid que nos habéis de buscar esta noche. . De que modo, dime, la llegaste a ver? que te dijo? . Hay más que hace escuchad lo sabréis todo. Llegue al Palacio del Conde, que en medio de la Ciudad, parece que no parece, si se mira faza faz. Cuyo empinado edificio, entrándo me en el zaguan, con más miedo, que vergüenza, me empece a determinar. Subi la escálera arriba, con un temblar tan neutral, que no moverse algun gato, fue no retirarme atrás. Miré hacia un lado una puerta, y dije entre mí, esto ya ha de ser, o viva, o muera, con ánimo liberal, y viendo el postigo entonces abierto de par en par, entreme paso entre paso, pero fue bestialidad, porque en lance semejante, un perro no hiciera más. Iba de una en otra sala, con un temblor tan igual, que si acaso me encontraran, me pudieran disculpar, con la plaza de azogado, pobre de solemnidad, que viviendo de limosna, no sabe por donde va. Entre en un hermoso cuarto, Cielo del Alba Oriental, pues vi a la Aurora, y al Sol, y vi al Sol, Aurora ya. Volvió la cabeza, y viome, y dije: bien tu Deidad, para no mendigar rayos, de cualquiera modo está; porque tanto de Divino, su belleza singular tenía, que en poco humano, miré mucho celestial. Mas como Aurora era Sol, y solo fue luminar en nuestros tústicos montes, la fuerza del natural: hermosa su incendio quiso, con mayor luz fulminar, viendo objeto donde pudo, ser suardor más eficaz. Dile el papel, y al tomarle, se tradujo tan cristal en la nieve de sus manos, que tuvo necesidad de ser Sol precisamente. para volverle a enjugar. Metiome en un guardapolvo, porque con seguridad, su breve resolución pudiera oculto esperar. Desde alli escuchaba a A urora, quejándose de su mal, con el papel en la mano discurrir, y consultar, su remedio, y tu venganza; mas siempre más perrinaz de mi temor el achaque, con haber purgado ya. En esto (como el que acecha, o el que pretende escuchar, que enbebiéndose el aliento, con trmidos pasos va) llegó el Conde, entonces yo el corazón sin alear, como pasa de Corinto, y el animo flojedad, zurcirme de modo pude en un rincón orinal, que aún siendo el desvan tan corto no estorbaba en el desvan. Aurora, que verlo pudo; empezó al punto a rasgar tu papel (señor) fingiendo, con indignado ademan, que al Conde se le escribia, para que de caridad le diese algún pasaporte, y diciendo en lance igual, mucho mejor que la tinta puede la lengua informar, se vieron los dos, el Conde amantó fino, y galán, con más de diez mil suspiros la empezaba a enamorar. Ella respondiendo a todo (airosa la honestidad) siempre se estaba en sus trece, sin poderla conquistar. El más tierno replicaba, cuando ella negaba más: amostazose un poquito su ofendida voluntad, y echando aquella coleta, de una violencia lo hará, de los desdenes de Menga despreciado se fue Bras. Salí del zaquiza mí, queriéndolas apeldar a despedirme de Aurora, y ella también puntual, reparando en el peligro, me procuró despachar. Diome esta llave maestra, y díjome: el riesgo que hay, ya lo has visto: di a Montigre, que con ella puede entrar secretamente esta noche hasta mi cuarto, aquí está, tómala, mas vete solo, porque para atizonear me lleven seis mil demonios, cuando yo volviere allá otra vez, que no ha de ser tan venturoso animal, que en una de dos no pague a cuenta de las demás. La resolución de Aurora ya te he dicho, la esencial inquietud también la sabes, conforme ahora has de obrar imagina, advierte, piensa, consulta, pretende, y haz discursos, porque el rigor de tu hermana, y el afan es grande, es mucho, y con esto, aquí gloria, y después paz. Ea, Montigre, la ocasión te llama, para lograr nuestro intento. Aunque en el riesgo, y en tanta temeridad, perdiera con evidencia la vida, no he de dejar de concederme al peligro. Viva tu aliento inmortal, pero he de seguir tus pasos. No señora, que hace mal quien con embarazos propios, para estos empeños va. Ya el Sol pasando el Ocaso por montanas de cristal, de la noche oscura parda creciendo las sombras van: dadme los brazos, y adios Mira. . Ya no hay que mísa Vuélvate el cielo a mis ojos. Eterno mi amor será. Donde hay valor, hay fortuna. Si a Aurora doy libertad, ni hay más dicha que tener, ni hay más suerte que esperar. Donde hemos de poder vern Mi cuidado os buscará en el monte: Caracol, ven conmigo. . Porque erra no puedas, te seguite, mas determinado ya a no pasar de la puerta. Seguros podéis quedar, de que he de satisfaceros. Con mayor felicidad, vencido tanto imposible, quiera el cielo que volváis. Los dos agora podemos (por si acaso resultar puede algún riesgo) seguir con nuestra parcialidad a Montigre, que no es bien, cuando se llega a empeñar, olvidarme en el peligro. Mal, señora, lo miráis, Montigre es forzoso que entre a poder ejecutar su intento en casa del Conde, y cuando vamos allá, si en el riesgo que se hallare no le hemos de remediar, siendo así que ha de entrar solo, evidente, y claro está, que mucho más que ayudarle, ha de ser embarazar. Ya en marañando las nubes el cielo, la oscuridad pone horror grande, y así nos podemos retirar a una gruta, que entre un risco en medio del monte está, tosco albergue para abrigo, señora, de los demás, hasta que el Alba madrugue, Florisbella, quién podrá esperar para morir? mas yo me he de aconsejar contigo. . Pues no es mejor, y mayor seguridad esperarle? . Inadvertida consideras mi pesar; y si Montigre no vuelve? En tonces más liberal viendo tu pena al peligro, te puedes determinar. Dices bien, vamos Garcia, aunque elige siempre mal quien nació tan infeliz. Seguidme, que no ha de hallar mi dolor desdicha siempre. Dios nos saque de aquí en paz. Como en dolor tan violento, que basta para acabar, a fuerza de mi pesar, tengo para viva aliento? Como en tan grande tormento, aún no puedo conseguir la ventura del morir? pero en lance tan esquivo, es indicio lo que vivo de lo que no sé sentir. Triste mi cuidado advierte en cada paso un horror, aunque no es mucho rigor en tan infelice suerte, y así mi pena tan fuerte, sombra torpe me dejó, mas sin esperanza no de volver a lo que fui, que no por estar sin mí, es fuerza negarme yo. No me anima la grandeza, cuando irrita la ambición de una ignoradatraición, de una alevosa bajeza, todo en mi gusto tropieza, siendo general estrago, que violentar un alago, es querer introducir, efecto que ha de morir antes de morir amago. No, aunque con tanta evidencia del Conde el Indicio crece, mi afecto se desvanece, ni falta mi resistencia. Pues cuando con más violencia, presume lograr su ardor, que como está el pesar dentro, iba la causa al encuentro, al labio sale el rigor. Ciega, medrosa, y turbada con los discursos que lucho, emprendo confusa mucho, cuando no consigo nada, A suerte más desdichada mi fortuna ha de traerme, pues hallo indecisa al verme con la duda de empeñarme, peligro en el arriesgarme, y riesgo en el suspenderme. Montigre se tarda ya, ea pues aliento mío, si para ahora es el brío, que dudo? pues más quizá en su piedad hallará; pero que triste ruido de una pistola este ha sido? si a Montigre, ay de mí! han muerto, para que en rigor tan cierto, también yo haya fallecido? Volverme a mi cuarto quiero en tanto temor, mas no, si he de ser la causa yo, mejor es morir primero, acabe rigor tan fiero ya, pues, de desarraigarse de mí, intente animarse con más valor mi recelo. Por dónde, válgame el cielo! podrá mi vida escaparse? Montigre. . Aurora. Qué es esto? Mi desdicha, o lo que quiere el cielo: mira si acaso pollemos huir, no esperes a que nos hallen. . Quién vio confusiones más crueles! en mi cuarto hay un postigo, que al jardín va, y fácilmente, nos podremos escapar. Oh quiéralo nuestra suerte! Traición en Palacio, al Conde han dado agora la muerte. Atajad todas las puertas. Primero que a morir llegue, habéis de ver mi valor, que importan poco. Detente. . . Aurora. El señor Don Juan ha solicitado siempre mi fortuna, y pues me dio esa llave, es evidente, que estoy más que no a injuriarle obligada a agradecerle. Yo también reconocido a lo mucho que le debes puedo estár, hay mayor riesgo? Agora ha de conocerse mi fineza en ayudarlos, aunque todo lo atropelle. Señor Don Juan, perdonadme No es tiempo Montigre esté de que la ocasión se pase en tantos lances corteses, que al gún dianos veremos, porque si sale la gente del Conde, será imposible que os escapéis; y si vienen, los divertiré entretanto que los dos os vais. . Celebro la fama tu bizarría. A Dios Don Juan. e . Como siente el alma de ver que Aurora tan fuera de mí me deje. El rumor fue hacia esta parte. Hasta el último retrete examinemos. . Señor. Ya yo cuidadosamente todo ese cuarto he mirado, pero ninguno parece, seguidme; de aqueste modo aseguro de que encuentren a los dos, que viene a ser el mayor inconveniente. Medroso más que cansado, me he venido poco a poco, que a Montigre, o yo estoy loco, o la parte le han cascado. Oh imagino en conclusión, que como se entró de gorra, estaba dentro la zorra, van sí se quedó el hurón. Ya el Alba por el Oriente, brujuleando la luz, da indicios que el Sol está muy cerca; y más conveniente en caso tan singular, fuera no venir, pues fía mi esperanza de Garcia, que en viéndome ha de mandar, por ahorrarme de polilla, sabiendo lo que ha pasado, dejarme al aire colgado de algún chopo por tablilla de este monte, que mesón es con opinión bizarra, de cuantos con cinco en garra, aves de rapiña son. Vive Dios, que es raro el modo de un criado, que aunque haga bien, se le niega la paga; y si mal, lo paga todo. Cualquiera de aqueste oficio hace ascos, y hace bien, porque huele muy mal quien huele a cosas de servicio. Si Montigre habrá llegado, porque ya tendiendo el Sol sus rayos: mas Caracol. Pague luego de contado. Y Montigre? . Yo, señor, como fue, más, como, no. Qué dices? . Digo, que yo me quedé fuera. Hay mayor confusión! que ha sucedido? Que se halló algún mal encuentro, porque es cierto que entró dentro, y es cierto que no ha salido: y lo que decirte puedo, es, que apenas pudo entrar, cuando sentí disparar una pistola, y el miedo, que tantos riesgos no ignora, aunque me asusto cruel, a fuer de criado fiel, pude esperar más de un hora; Pero discurriendo luego en mi daño tan preciso, solo por darte este aviso, cógi las de Villadiego. Calla, no con tal rigor, en pena tan conocida, para acabar con mi vida, írrites más mi dolor. Cielos, en tanta crueldad, ya que de cualquiera modo, el alivio pierdo en todo, halle en vosotros piedad. Aa mil veces pesía mí! que a tantas desdichas hoy. Temblando de verle estoy. Mi padre. Aurora, está aquí. Padre mío. . Aurora bella, llega, llégame a abrázar, porque todo mi pesar solo este gusto atropella. Montigre dame los brazos: es posible que ya os veo a los dos? apenas creo en tan deseados abrazos, que estáis conmigo. . Recelo, señor, que en dolor tan grave, como mi inocencia sabe, vuelve por mi causa el cielo. Mira, señor, que has de hacer. porque todo el monte tienen cercado, y sin duda vienen a prendernos? . Que ha de ser (con tanta inquietud) de mí? En medio del monte queda la Condesa. . Porque pueda mejor disponerse así: luego los dos a Colbato podéis iros con Aurora, mientras que en el monte agora busco a la Condesa yo, que ella de lo que ha pasado te dará cuenta. . Ven pues. Poco todo el mundo es, como tú estes a mi lado. Caracol, tú has de esperar la Condesa aquí, si acaso viene, da un silvo, que al paso os saldré luego a buscar. . Señor, señor, ya se fue, pero pues que mal me explico, como muchos por su pico, me he de valer por mi pie. Que en rigor tan excesino me dejen? cuando es tan cierto hallarme al instante muerto, solo de pensarme vivo, viendo la traición que encierra el monte; mas porque cuadre mi dolor, Creo en Dios Padre, Criador del cielo, y la tierra, único Señor, y Rey, y pues que yo con sidero, domo en este lance muero, Señor, miscrere meí. Grande es mi cuerda opinión, que es mucho para vivir, ayudarme a bien morir en futura sucesión. Pero en lance semejante, reputación ha de ver valor en mi para ser paciente, y agorizante. Todo Barcelona viene sobre el Conde, cuando miro a flaquezas del desvelo, torpes mis heroicos bríos, ya me faltó la esperanza. Seas mil veces bien venido, que en su prisión, o en su muerte conoce un hombre a su amigo. Que hemos de hacer, Caraco si examinando el peligro a tanto riesgo evidente, es imposible el alivio? Como escaparnos podremos antes que el tropel altivo, o bárbaro nos descubra, o nos ataje advertido? Ya yo me encomiendo a Dion Entre ese preñado risco, juzgo que ha de haber oscura una gruta, cuyo abrigo nos esconderá. Bien dices. Sígueme pues. Ya te sigo, Detente, donde caminas, ciego, y torpe? JesuCristo me valga, que en este monte todo es sombras, y peligros. Quién eres, y erto cadhaber, que estorbando mis disignios causas tanto horror? quién eres sombra, que mortal te admiro? Tendrás valor para oírme? De nuevo agora me animo a escucharte. . Pues yo soy (ya que no me has conocido) el Conde de Barcelona, a quien con torpe delirio a noche diste la muerte, y solo agora he venido por permisión de los cielos, que aunque ignoras tus delitos, son tan graves, que yo tiemblo en ver que he de referirlos. De Roselión la Condesa, a quien debo inadvertido su honor, y por quien padezco tanto insufrible martirio, quedando de mi preñada, salió hacia el ameno sirio de Monserrate una tarde, y sintiendo aquel principio del parto, en lenes dolores se apartó para encubrirlo de su gente el monte arriba, huyendo de su peligro, y allí de algún tronco asida, ya el aliento con más brío, parió un niño, que eres tú, a quien surigor esquivo dejó, sin que la piedad ejecutase su oficio, y una tigre menos cruel, o por misterio divino, tres días te alimentó, hasta que el ronco gemido escuchando Garcinarro, que de aquel monte vecino iba a caza, fue siguiendo las voces, y como a hijo en su casa te ha criado, sin que más haya sabido de tu prodigioso origen, que haberte hallado en un risco, Tu Montigre a la Condesa, que es tu madre, has poscido, y gozado como a dueño, tú con bárbaro destino, siendo tu padre me diste la muerte, y aunque el delito te perdono yo, a Dios tienes enojado, y ofendido, a gran daño, hay gran remedio, y suelen ser los suspiros en un arrepentimiento del perdón imanes vivos. La penitencia con Dios puede mucho, y ansimismo suele la misericordia atropellar el castigo. Y con esto queda en paz Montigre, que ya he cumplido mi obligación, pero advierte, que es del cielo aqueste aniso. Espera, detente, aguarda, sombra, ilusión; mas que digo? como verdad no la llamo, si claramente me dijo mi nacimiento; ay de mí! que absorto, mudo, y remiso, aunque mi torpezabeo, mi pecado no examino. Parece que has sido muerto, y has vuelto otra vez al siglo, pues aún difunto le tienes, en vez de miedo, cariño. A mí, que alevosamente, siendo inhumano prodigio, he dado muerte a mi paute, y engañado, y persuadido mi madre goce, me puede pecados tan excesivos perdonar Dios? no es posible, aunque todo el cristalino imperio a voces moviera; y aunque en el yermo mil siglos asombro fuera de cuantos penitentes han vivido; Pero como la piedad de Dios mi ciego disignio limitar pretende, siendo su poder tan infinito? No dice Dios, que ha de hallarle el hombre, que arrepentido le buscare? pues qué dudo? que mayor fin solicito? Luego Dios no ha de faltarme, aunque los pecados míos fueran más que las arenas del mar, que los rayos limpios del Sol. Yo peque, Señor, y pues vuestro propio oficio es perdonar pecadores; perdón de justicia os pido. Mas vuestra misericordia es que mi mayor delito, y aunque sois Dios justiciero, no sois Señor vengativo. Siempre quien os busca os halla, y siempre es más vuestro amigo el que os llama, siendo vos el que estáis siempre ofendido. Los brazos tenéis abiertos para que os pidan, indicio de lo que al hombre queréis, luego es mas usado estilo en vos saber perdonar, que no ejecurar castigos. Quifiera hasta el fin del mundo vivir, pues ya he conocido mi error, para padecer más tiempo, que significo la vida del hombre un soplo, y es muy pequeño martirio penitencia, que es tan corta a pecados infinitos. Mira que nos dan alcance. Misericordia, Dios mío, pequé Señor. . Vive el cielo, que está loco a lo divino. Repara, mira, y advierte, que aunque es tan grave tu erron con penitencia, y dolor, hallarás vida en la muerte, Oh venturoso presagio! Voz, que lleváis mis sentidos, que me quieres? qué me dices? sin duda que está ofendido Dios, y que de mi pecado mi turbación es indicio, oír que dejé en un monte sin el agua del Bautismo ay de mí! pero Montigre mi bien, Señor, dueño mío. Detente, asombro, detente, donde con ciego destino infeliz horror caminas para mi mal? . Que artificio busca tu prolijo engaño? como en tan locos desvíos, acosta de mayor daño, trueca tu amor el cariño? si pensamientos celosos? Calla, no infames arbitrios desvanezcan mis alientos, ya que de tu error impío, olvidada de ti misma, ignoras el precipicio. Qué dices? estás en ti? Apenas se lo que digo, viendo que de tu pecado me toca tanto el sentirlo. Aún hasta los cielos tienes enojados, sean testigos de Monsérrate los troncos, en cuya cumbre prodigio del más desdichado ejemplo, tu rigor inadvertido. No prosigas más, aguarda, que ya con lo que me has dicho, conociendo mi flaqueza, mi torpe yerro examino. Sin duda que aquella voz de mayor piedad fue aviso, que en el peligro me enseña, para el remedio el camino. Ya sé, Montigre, ya sé que indignado, y ofendido tengo a Dios, y pues no ignoras. la causa de mi delito, como cuando yo te adoro me atropellas tú el alivio? Mal averiguas tu mal, Dirás que entre aquellos risco a la inclemencia del tiempo desé tan sin alma un niño; pero advierte, que el menor se ha de tener por alivio, por excusar el más grave, cuando se vendos peligros. Mi opinión sevió arriesgada, y así vino a ser preciso, por ser con mi honor galante, ser rigurosa conmigo. Lejos vas de mi pesar. Con más confusión te admiro A quien dejaste entre el monte (ay de mí!) sin más abrigo que su fortuna, soy yo, . que con más piadoso instinto, me alimentó alguna fiera, hasta que al débil ruido de mi llanto, Garcinarro de tanto tronco vecino, fue, y en el oscuro centro de algún abierto resquicio hallándome. . Cierta el labio, no pronuncies atrevido de un ignorado fracaso, tanto asombro de delitos. Cómo nos sufre la tierra? como abriéndose más vivos incendios, no nos sepultan volcanes en el abismo? Como rasgados los cielos, no despiden incentivos ravos, de quien ya los dos fallezcamos desperdicio? Como la misericordia de Dios reprime el castigo. Luego hallar pueden piedad tan enormes precipicios? Pues no? y aún de mi dolor lo menos has conocido, porque para lo que siento es poco lo que te he dicho: al Conde de Barcelana, que es mi padre inadvertido he dado muerte . Qué dices? Entre como dispusimos en Palacio, y quiso el hado, o mi desdicha lo quiso, que antes de sacar a Aurora escuchando algún ruido, di la muerte al Conde; mira sientre males tan distintos, cuando tu errores alientas, torpezas lo escandalizo, Y Dios ha de perdonarnos? No adviertes, que siempre fino su amor busca pecadores? Pues yo pequé, y solicito desde agora hasta que Dios me perdone, sin que el siglo mas me vea, en esos montes a lágrimas, y a suspiros ser segunda Madalena; pero a hierros tan lascivos, que ha de bastar? . Penitencia. Presumiendo, que el olvido reina en mi segunda vez, la voz me ofrece el estilo. Ya para mi culpa advierto, si mal no atendió el oído, el remedio, penitencia si así el remedio consigo. Entre tantos penitentes, soy de luz; pero imagino, según lo que escucho noto, que estoy muy cerca del Limbo. A Dios, Montigre, te queda, que hasta que al cielo propicio halle mi dolor, seré triste asombro de esos riscos. A Dios madre, que este nombre te doy justamente digno, porque es bien que llame madre a quien ya se ha arrepentido. Vivas con mayores dichas, Dios te dé eficaz auxilio. Lo que solicitas halles. Logres feliz tu disignio. Rogaré a Dios por tu culpa. Seré quien más te ha debido. Ahora sí que soy tu madre. Ahora sí que soy tu hijo. . Y ahora sí que seré, dejando por fuerza el siglo, entre siglos, y entre peñas martir, pero no bendito.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Señor Don Juan, poco importe que entre estos rústicos troncos nos sobre lo Cortesano, para no faltar lo airoso. Yo os agradezco el favor; pero también es forzoso que os vais, porque si mi padre os ve conmigo, no ignoro que ha de poder indignado. Detente, Aurora, yo propio, para ejemplo de estos montes, dando fin a mis ahogos, me daré muerte, y será lance menos riguroso morir fino, que vivir despreciado, amante, y loco. Y a tu hermano, y la Condesa viendo su riesgo notorio, se han retirado sin duda a Rosellón, y no solo en esta muerte del Conde culpan a los dos, más todos dicen, que eres tú la causa, sin que puedan en tu abono, ni la razón disculparte, ni acreditarse el soborno. Yo porque mis enemigos, opuestos, y poderosos, me culpan, y han de vengarse, de una injusticia medroso, he huido de Barcelona, y más la luz de tus ojos siguiendo, que no temiendo peligros escandalosos. Ya sabes como los dos lo dispusimos, y como te di una llave maestra, y aunque un daño tan costoso no se pudo prevenir, o mi amor, o tu decoro, entrambos interesados fueron la causa de todo. Y ahora es Aurora fuerza, que indignados, o furiosos. nos sigan, y si nos hallan, ni mi valor por heroico, ni tu belleza por grande, aunque él la vida a sollozos, y aunque él amenace a furias conseguirán el socorro. HAy amor! como va obrando . tú veneno poco a poco; pues que disponer podemos? Que antes que el Alba de Apolo la crespa madeja enseñe, o nos coja el alboroto, huyamos. . Sí, más mi padre? Será muy dificultoso el avisarle del riesgo? No Don Juan, pero conozco que obra mal en estos lances el que llega a ser celoso. Venirse, y no darle cuenta. Y ese consejo que alogro quiere poner vuestro gusto, deja de ser ambicioso? Mi padre ha de ser mi padre, y aunque en mayores estorbos viera más inconvenientes, no he de ocasionar su enojo. Esto supuesto, Don Juan, bien podéis iros, que sordo se introduce el sentimiento en las venas poco a poco, helada la sangrelate, y el corazón entre ahogos, con señas de algún cariño, teme del recato arrojos! Es posible, Aurora hermosa, que alhagos afectuosos, solo consigan desdenes, y penas consigan solo? Qué indicios de inclinación en mi habéis visto, o que asomos de esperanza, mudamente han podido dar mis ojos? Basten los atrevimientos, y no aguardéis en mi oprobio cautelosamente irriten mi honor vuestros desahogos. Aunque el irme, de mi muerte que ha de ser causa conozco, por estorbarte un pesar, quiero concederme a otro. Pero antes que me vaya, has de leer para apoyo de mi amor este papel; verás, pues no correspondo a obligaciones precisas, cuanto a tu deidad me postro, Es de una dama, y yo sé, que me estima, de este modo . lo que no puede lo afable, quizá ha de hacer lo celoso, Dejad Don Juan el papel. que hacer otro amor notorio, aún con la más vil mujer viene a ser mucho descoco, aquesto es aconsejeros. Entre dudas, y entre a sombros, si le admiro un sentimiento, le considero un rebozo. Tupadre sin duda es este. Ay lance más riguroso! Aurora, Flora. Don Juan, ya es preciso que por todos os escondáis. . Y se apresto, porque es el viejo un demonio. Retiraos a aqueste cuartó. Solo tu amor poderoso pudiera obligarme a tanto. . Voya abrir. Inmóvil tronco soy, o estatua de hielo, que apenas de viva informo. Aurora. Señor. . Mi hija confusamente asustada, y abrirme Flora turbada? no sé (ay honor!) que colija. Solo este pesar agora me falta para que muera; ea, Flora, vete fuera, y tu retírate Aurora. Mi padre sin duda alguna oyó a Don Juan. Pues qué haremos? Que nos vamos, y dejemos que obre también la fortuna. En una, y otra el temor admirado mi desvelo, y entrambas son de un recelo, cielos la causa mayor. Cuando creer solicito, que quien temió la ocasión, dudaba la ejecución sino cayó en el delito. Que honor no pudo manchar de una mujer la flaqueza? o mal haya la belleza, que tanto llegó a empeñar! Y así quien no ha de temer puesto su honor en un vaso, que es la mujer el fracaso de ser vidrio una mujer? Pero que escrúpulo vil, con tan infame interés, y siendo Aurora quien es, me está arguyendo sutil! Ea, que el recelo miente; puede en Aurora caber bajeza? no puede ser, aunque malicioso intente este pensamiento infiel persuadirme, que con ira me conceda a una mentira; mas que miro? qué papel es este? todo es rigor, y puede en lo que hay escrito tener aquí algún delito, veneno para mi honor, Porque tanto reina en mí este pesar, o este miedo, que de nada formar puedo buen suceso, dice an sí. Agradecida a tantas finezas m juzgo muy dichosa en prometer me rendida, esta noche podéis ve nir seguramente a mi casa, que yo dispondré el modo de que mi pa dre no pueda veros. Dios os guar de. No en vano es justo presuma mi afrenta, y así hacer quiero pedazos el pregonero, que es de mi deshonra en suma Miente la atrevida pluma, que con infame pretejto finge una infamia tan presto, y pues la ley lo revoca nada me toca; que loca estuvo al escribir esto. Aurora, sin atender a su opinión, y a su daño fácil el menor engaño la ha llegado a convencer; pero cómo puede ser? que aunque no quiera ser casta, si algún amor la contrasta en la ejecución prolija, la fuerza de ser mi hija para ser honrada basta. Ea honor, no falte aliento, no haya temor que dudar, y entremos a examinar hasta el úitimo aposento. Que este incendio que me abrasa, aunque la edad no me esfuerza, será rayo, que es la fuerza mucha de un hombre en su casa. Salga pues el limpio acero, venganza de mi deshonra; y si he de vivir sin honra, mejor es morir primero. A Don Garcia indignado escuché culpando a Aurora y de su recelo agora nace atento mi cuidado. Ah infelice suerte mía! Yo quiero hablarle. A quien soy, no he de faltar verán hoy. Señor Don Juan. Don Garcia. Vamos de espacio rigor hasta saber lo que pasa; pues como vos en mi casa escondido así? hay honor! No fue mi récelo en vano, cuando en lance semejante con la pena en el semblante vibra el acero en la mano. Y aunque es indicio de culpa esconderse en la ocasión, también hay satisfacción, que sabe buscar disculpa. Parece que os ha admirado el verme agora, y ansí la causa de hallarme aquí, escuchad, y mi cuidado. Confuso entre mi dolor duda más el pensamiento. Oh como lo que era aliento, apenas vive temor! Ya sabes como a Aurora, con poder superior, y fe traidora robó el Conde unatarde, queriendo de su amor hacer alarde. que quien ciego se emplea en un engaño, aún es acción tan fea, que cualquiera notara la bajeza en el modo, y no ignorara; que era mayor delito en un Príncipe grande, mas no irrito vuestro honor de este modo, que solo culpa mi discurso en todo al Conde, y vuestra fama, que toda Barcelona siempre aclama, quedo con tanto lustre en mayor opinión, y más ilustre. Llegó a Palacio Aurora, y fue un diamante en lo firme, señor, y en lo constante. Porque aunque la violencia presumió contrastar la resistencia, a horrores de la parca ostentará su honor al más Monarca, Que no importan alhagos del apetito, ni de furia amagos, a quien discurre atenta, que ha de manchar su origen torpe afrenta Yo entonces, que piadoso admiré su valor, y escrupuloso, que suele la porfía una roca batir si cada día, hasta postrarla en tierra, el rigor la amenaza con la guerra; una llave maestra, que muda libertad, y alivio muestra, le di, y pluguiera al cielo antes me sepultara mi desvelo, pues de un daño preciso ser instrumento quiso, dejando en lance igual, y error tan cierto a mi fuera de mí, y al Conde muerto. Con ella entró una noche en Palacio Montigre, cuando el coche del Sol con luz escasa, surcando el mar a ver el Indio pasa, queriendo con aliento librar a Aurora, y a su venganza atento le dio la muerte al Conde, que quien contra su agravio corresponde, aunque es grave la culpa, la razón natural le da disculpa. Con su hermana se va, y como un Privado con malicia, y con odio es envidiado, me achacan, que en la muerte cómplice he sido, o desdichada suerte! Y porque agora ambiciosos mis enemigos son tan poderosos, huyendo del peligro, que pregona el delito salí de Barcelona, buscando a la Condesa, para que antes que se viese presa, a Roselión nos vamos, que con esto, Garcia, aseguramos el riesgo de perdernos, cuando es tan imposible el defendernos. Lleguén aquí a vuestra casa a dar cuenta (ay de mí!) de lo que pasa, ya penas me veo en ella, cuando el gusto atropella ver que a la puerta llaman, y como son peligros, que ya infaman, advertido me escondo, y advertido, escuchando el ruido, os conozco, y al punto, a viviente me cobro de difunto. Salgo a hablaros, y ahora os advierto, que vos, que yo, y Aurora, peligramos de suerte, que el castigo menor será la muerte, y no ha de haber más medio, cuando solicitemos el remedio, que buscar en la sierra, del monte arando más inculta tierra, a Montigre, señor, y a la Condesa, que pasando a su Estado, mas empresa será de nuestro aliento, sujetar su ambicioso pensamiento. Esta la causa ha sido de hallarme temeroso aquí escondido, el riesgo ya sabéis, obrad agora por Montigre, por vos, y por Aurora. Apenas estoy creyendo si es verdad, o si es mentira, y entre el horror, y la ira, estoy dudando, y temiendo. Si Montigre al Conde muerte dio, mi riesgo no ignoro, y por Don Juan el decoro temo de Aurora: hay más fuerte pesar! pero si mudanza hallo contra mi opinión, me dará más ocasión la sierra de mi venganza. Qué intentáis? Qué he de intentar? huir de un rigor preciso. Pues no lo miréis remiso, que está el peligro en tardar. Primero nuestro cuidado, ha de correr esta sierra. Y si no están en la tierra? Seguirlos hasta su Estado. Vamos pues, . Ea honor mío que el cielo es ya quien os guía. Mucho temo de Garcia, y mucho de Aurora fío. Mil veces te haré la Cruz, y mil veces al infierno, con solo un Creo en Dios Padre te enviaré abestruz perverso. Hacechador infernal, cocos me haces? vive el Cielo, que me eche un Calvario a cuestas, y te ponga como a un negro. Vete al abismo, que yo, voto a Jesucristo eterno, que siempre a macha martillo he sido Cristano viejo. Caracol, hermano, calle; porque jura? . Porque un puerco anda de noche, y de día alborotando el desierto. Vuelva los ojos a Dios, y no se enoje, que él mismo con su poderosa mano lo sacará del aprieto. Mire, yo sirviera, Padre, a Dios con gusto en el yermo, pero también si quisiera, pues no le importados bledos, pudiera bien enviarme, aunque fuera de un pan tierno seis hogazas cada día, porque el estomago tengo, como troj de pobre hidalgo, tanto, que en los excrementos no hay quien lleve la estafeta, y han faltado los correos. Con disciplinas, y ayunos se sirve a Dios, no comiendo por vicio, el mortificarse viene a ser merecimiento. No era mejor en el siglo, que no entre montes, y cerros, con como didad, ser uno buen Cristiano? . Calla necio: Las vanaglorias mayores, las máquinas, los imperios, dulces lisonjas del gusto, breves triunfos del deseo, son un aparente engaño, y aunque todos le están viendo, como es propiedad del hombre no inclinarse a lo que es bueno, fabrican su precipicio, y deslumbrados, y ciegos, a la vista de su muerte, solicitan su veneno. Ha fragilidad humana! que míseros desaciertos, rompiendo leyes Divinas, niegas tu conocimiento! Quién, dime, no considera lo poco que es? discurriendo, que ha sido, y lo que ha de ser, que esto basta para freno, que en su furia le sujete, cuando a bárbaro despeño, olvidando suprincipio, monstruo se arroje soberbio. El hombre que vive, duerme, pero ha de velar durmiendo, que el que para morir vive, duerme para estar despierto. Todo este mundo es un caos, y una ilusión, que tan presto como se mira, se acaba, sin más fin, que acabar luego. Pues como siendo uno nada, este cuerpo humano, y siendo finito lo que da el mundo, sombra todo, y todo hierros, aspirando a eternidades, en más lúcidos imperios, obra el hombre mal, y deja lo que es más por lo que es menos? Y aún es persuasión injusta, ciega aprensión, loco acuerdo, huir por tener desdichas, ni obrar por hallar aciertos, que solo se ha de querer, y amar a Dios, porque él mismo es digno de seramado, y es quién es, sin que los riesgos del infiérnose limiten el no pecar, ni los premios de eterna gloria le animen, cuando hay más causa primero. Yo, pues, que entre más desdichas, padeciera más tormentos, ni eternos triunfos me alientan, ni horrores me ponen miedo; porque solo atento a tanto amor, como a Dios le debo, solo por querer a Dios, de buenagana padezco. Padre, yo erre, y soy un bestia, mas con su licencia quiero ir a buscar en el monte, si hay que engullir, y ir trayendo el común mataloraje. (pruebo, Vaya hermano. . Agora que es mayor la hambre hermitaña, que la canina tres de dos. . A mi ordinario ejercicio quiero volver, que no puedo estar en mí el breve rato, que a Dios no le estoy pidiendo de mis pecados perdón. Ha señor! pero qué es esto? Hombre, y Dios, Señor, y amigo, León, y manso Cordero, que para el más pecador, los brazos tenéis abiertos. Como tan feliz he sido, aunque si bien considero, queréis para que me enmiende, de tantos atroces hierros, que en aquesa Cruz os mire, y yo, Señor, os prometo ser tan otro del que he sido, que no ha de animarse hueso en esta estatua de carne, para entregarse al Josiego, hasta que os halle piadoso, ya que mis delitos fueron escandalosos, y ya que cada instante os ofendo, merezca desenojaros mi llanto, aunque muera luego condenado, que será justo, siendo gusto vuestro. Solo os suplico, Señor, que llegue a saber primero, en que estado está mi madre, si habita en estos de siertos, o si al siglo se volvió, que es tanto mi sentimiento, que a vuestra misericordía, siempre por ella yo os ruego? Que armonía soberana, con superiores acentos, por esa Región del aire sueña en repetidos ecos? (nino. A Montigre. . Ángel Di- A Dios menos justiciero tus lágrimas han movido, pues te ha escuchado, oye atento Tu madre, de quien pretendes saber, entre esos dos cerros, que confinan ese valle, en un albergue pequeño, pidiendo misericordia a Dios ha estado algún tiempo, tan descuidada del ocio, que entre suspiros perpetuos, una exclamación, y otra, fueron su arrepentimiento. Y agora, como tan frágil, en traje de bandolero quiere engañarla el demonio, y la reduce del yermo al si glo segunda vez con persuasiones, diciendo, que tú estás en Barcelona casado, y que fallos fueron, porque te dejase entonces, tus disignios, y intentos. Por aquí pasa con ella, y para poner remedio, a que te avise me envía Dios Uno, Trino, y eterno. Ese hermoso Crucifijo, rayo del mejor Lucero, y de Cristo Imagen, quiere que tengas para los riesgos contigo, y para que puedas a ese enemigo soberbio vencer, y dar a tu madre libertad, vida, y consuelo. Espera Querub Alado, no me faltes; mas que temo, cuando conmigo se queda abreviado todo el cielo? Ya de mis penas tan diertas, nada tengo que tomer, pues que me puedo acoger a una de las cinco puertas. Por mí están, Señor, abiertas, con que no dudaré ansí de mi salvación aquí, que aunque mis pecados fueron puesto que por mí se abrieron, no se han de cerrar por mí. Jesus mío, yo pequé, y agora sagrado he hallado en manos, pies, y costado, como lo enseña la Fen. Favor os pido, porque mi fiador, señor, seáis, que aunque en la Cruz os miráis no puedo temer desdén, porque vos pagáis más bien cuando más quebrado estáis. Deja el desierto, y el monte, vuelvete al siglo; que dudas, cuando tu engaño conoces? Aunque me alienta la injuria, no sé qué temor me ciega, no se que pabor me asusta, que si atiza la venganza, el miedo cobarde turba. Montigre está en Barcelona, y pues burla tu hermosura, procura satisfacerte. No han de valer tus astucias, dragón, y bestia feroz, que Deidad eterna, y suma dio la vida en esta Cruz por restaurarle la suya. Quita delante, no irrites mi desatinada furia: a ministros infernales, de aquesa Región oscura, amparadme todos. . Sea sepulcro el abismo, y urna de tu horror. . Y sea tambid todo el infierno en mi ayuda. Bien conoceras agota, que aunque son tantas tus culpas, si tú no buscas a Cristo, es Cristo quien ya te busca. Señor, a vuestra piedad, pidendo perdón me arrojo, cuando miro vuestro enojo, contra mi fragilidad. Tantos hierros olvidad, como ejecuto con vos, haya paz entre los dos; y si en acción tan libiana, pude pecar, como humana, perdonad vos, como Dios. Cese vuestra indignación, porque der en recompensa, mercedes por una ofensa, solo de un Reyes acción; Ya veo con la razón, que me podéis castigar, mas pues os llego a mirar por mí en esa Cruz, diré: que a quien tanto le costé, como me puede olvidar. Dame, sañora, los brazos, que torpe mi lengua, y muda, será en querer imitarte, un bolquejo de la tuya, El ser me diste, y no ignoro, que fue mi mayor ventura, porque siendo tu mi madre, que cuando tanto te acusa, el delito tu pecado, arrepentida pronuncias, ni puedo temer ruina, ni he de dudar mi fortuna. De verme, ay de mí! me admiro, que esta humana Arquitectura, obra del Autor Supremo, que fábricó a imagen, suya, pudo frágil en su error, elegir infausta tumba, siendo botrón de la noche, a no ver un Dios, que ayuda. Siempre este monstruo soberbio con invenciones plocura, oscurecer avirtud. Ya no vencerá su industria, mi aliento segunda vez, pero del Cielo sin duda, ha sido secreto grande, pasar a estas espesuras, porque antes de mi muerte nos viesemos. . No atribuyas a afectos la suerte mía. Dios lo hace todo. En qué gruta has habitado hasta agora, por estos montes? . Escucha, Hay una montaña hermosa cerca de aquí, en cuya punta, el Atis siempre frondoso, baja con lenguas menudas a coronar de penachos, el copete que le ilustra. Puntal agudo del cielo, adonde el Alba madrugra, por si las flores se truecan, y el canto las aves mudan: que oñolientas empiezan, cuando entre señas confusas, aunque embozada, y risueña, resquicios de la luz actua, se conoce, porque el Euro se descubre la fazrubia, tendido el cabello al aire, y por no saber de burlas, encendida de vergüenza, esplendor de su hermosura, vorda el viento de clavelos, que azucenas fueron mustias. Detrás, pues, de esta montaña, un valle el pie le dibuja, y la espalda le guarnece, en cuyo prodigio, en cuya amenidad, hasta hoy la naturaleza estudia, corrida de que en sus obras, para fabricar pinturas, haya original, que pueda pintarla, de que discurra un arroyo, que un peñasco perezosamente suda con desatados cristales, el verde pecho le cruza, en cuya margen hermosa, flor azul de Lirio surca; y como el Sol apacible, toda la ribera alumbra, oro, y verde, azul, y plata, hacen mayor su hermosura. En medio de este Páis, un pardo risco murmura, Gigante de aquellas selvas, vanidades mal seguras. De cuyo horroroso centro, produce una cueva oscura, que a descuidos del aliento, triste temor no repugna. Pues al pasar sus umbrales, el cabello se espeluza, y casi inmobles las plantas, sienten lo mismo que buscan. Los huesos crujen, las carnes tiemblan, y en mortal angustia el organizado cuerpo, del pavor se descoyunta. Aquí he vivido dos años, rústica escuela, o profunda, donde se enseña a morir, siendo su voveda inculta, sino aparente sepulcro, ajustada sepultura. Pero ya que mi flaqueza pudo renovar mi culpa, han permitido los cielos, que te hallasen en mi ayuda, y que te haya visto, agora me vuelvo menos confusa a estudiar sobre la muerte, y a llorar mi vida injusta, a animar mi tibio aliento, y a reconocer segura, que ofendí a Dios, y que soy tierra, polvo, y nada en suma. Los cielos te hagan dichosa. Logres feliz tu fortuna. Tengas venturosa muerte. Tú consigas lo que buscas. Yo rogaré a Dios por ti. Y yo a la clemencia suya que te perdone. . A Dios madre Quédate a Dios hijo . Oh nunci naciera para pecar! Ay de aquel que a Dios injuria Justo es del siglo me acuerde, cuando el sufrimiento pierde este mi afan singular; mas de que tengo pesar, si me vengo adar un verde? Yerba antes, y después, cosa que no es natutal, aunque tan forzoso es, ya para ser animal, no me faltan si dos pies. No sé como se conserva la vida, ni que reserva el cielo al bruto más cierto; venga un puto a este desierto; que solo hay diablos, y hierba. Ser santo, no es desvarío, mas sonacciones molestas, que siempre en esto porfío, andar con Cruces acuestas, y el estomago vacio. Flaco estoy de tal manera, que juro a Dios, y a esta Cruz, que de linterna sirviera, a poner dentro una luz, porque yo me trasluciera. Cada cual lo que le toca, ha de hacer, sin que sea terco, que vive Dios, si provoca, que me daré un tapavoca: mas que juro? soy un puerco. Parezco pobre, y enfermo, de la hambre un estafermo, pues desde que vine aquí, mas come el yermo de mí, que yo he comido del yermo. Con tanta oración, y llanto, es Montigre santo hoy, y entre pena, y dolor tanto, yo digo que el santo soy, pues que ayuno más que un santo. Ya que no pudo mi astucia, rabia que me oprime tanto, temor que me desvanece, y cólera en que me abraso, vencer la Condesa, quiero con mi cizaña, y mi engaño hacer que deje Montigre el de sierto. . Que ermitaño por entre estos troncos viene? si nos tray algún regalo, que Dios le envía a Montigre. Caracol, que fatigado está de hambre, y de sed, ha de ser causa; que ufano pueda yo lograr mi intento. Ya llega; o que gran milagro, si trai algúnrefrigerio! Esté en hora buena hermano. Sea bien venido Padre, y perdone que le hablo de este modo, que una hambre me tiene tan alcanzado decuenta, que allá en el siglo era yo músico, y bajo, y ya me he queda en tiple. Mire, yo he de remediarlo, no ha de faltar que comer, ni que beber. . Padre santo, padre bajado del cielo, dejeme besar su saco . de rodillas por el suelo. So caturales muy flacos . los nuestros para el desierto; y Montigre? . Allarezando debe de estar, no se acuerda del pan nuestro queridiano, que como Camaleón se pasa lo más del año, sustentándose con aire. Quizá con tanto trabajo merece menos, y fuera mas acepto a Dios, que ambos dejaran la soledad. Habla como buen Cristiano, no hay instante, que esto propio no le estoy aconsejando: Ángel, o Santo es sin duda, . pues por su nombre ha llamado a Montigre. . De este modo su aliento he de ver fustrado: ea, llevele que coma, estas anecillo blanco, y este poco de tocino. Esté tu alma gozando de Dios . Mire que jamón. Lo pudiera el Padre Santo comer. . Y este panecillo? Es como el Albe: oye hermano, véngase todos los días a vernos, y a visitarnos. Pues hasta que se lo dé no lo pruebe. . Lleve el diablo quien tal hiciere, no haré hasta apórselo llevado. Tome esta calabicilla, que es de San Marria. . Andallo; quiere que lo pruebe? . Si . Vive Dios, que es lindo santo. No bebamas. . Ni por pienso. Yo volveré de aquí a un rato a ver, como ha recibido Montigre aqueste regalo, y advierta, que no lo pruebe hasta verse con su amo, porque es precepto Divino. Obedezco su mandaro: ya se fue; válgame Dios! salto, brinco, danzo, y bailo; ca, albricias tripas mías, (. salid jamo soberano, - vive Cristo, que es carbón: saco el pan; de cal, y canto se me ha vuelto, algún demonio debe de hacer el milagro; apelo a la calabaza, porque un santo tan honrado! como Martín, engañarme es imposible, y más cuando lo llegué a probar primeros . se olvida de mí la muerte. hay hombre más desgraciado; aguaes, hermitanillo, . Juan, Flora, hay mavor suerte! fondo en brujo, por San Pablo, y por San Pedro bendito, que a cogerte entre mis manos: más ay de mi! ruido sueña, miro atiendo, escucho, y callo. Cese vuestro llanto agora, que es mi pena honrosa Aurora, en tan áspero desdén: y si el dolor es mortal, maás alivio halla en suma, quien le aalla, y no le llora Yaa tu padre hemos perdido, y aunque le habemos buscado, desdicha el no hallarle ha sido, no por no obrar el cuidado. escrúpulos del olvido. Ay, Don Juan! este rormento ataja el mayor aliento, y no te admite que viva, aún conmigo misma esquiva, que es muy propio el sentimiento, Dos años ha que pasamos a Bosellón, y no hallamos a mi hermano, y a esta sierra; presumiendo que le encierra; segunda vez nos tornamos, cuando entre tanto pesar, porque a mi desdicha cuadre, queriéndonos arriesgar, ni sabemos de mi padre, ni la podemos hallar. Estos bandoleros son, y en semejante ocasión, de supiedad imagino, que me han de colgar de un pino siendo martir motisón. En mal, y en dolor tan fuerte, con una, y otra porfía, Padre; y señor. . Hija mía, Apenas crevendo estoy lo que veo! . Y yo imagino, que yo más dichoso sor. De verte al Cielo Divino, señor, mil gracias le doy. No es este Garcia, a quien yo servír clamaré a voces a Caraco! no conoces, señor, que era hombre de bien? Carácol. . Aurora, herman dame los brazo?. . En todo va mi fortuna dichosa. Pues cómo estás de ese modo? Soy de la vida penosa; aquesta cueva que ves, Montigre, y yo habrádos años, que reusando el interés, a conocer desengaños vénimos por nuestros pies, él en perpetua oración; que es santa su devoción siempre está en su centro oscuro; pero de mí te aseguro, que es canina mi pasión. Venturoso encuentro ha sido, Y aunque me miráis tan flaco, muchas veces he querido dejarle, y dejar el saco, pero nunca me he atrevido. Ya mi afecto se previno a darle voces. . No tiene. su afecto, padre, razón de inquietarle en la oración; pero ya pienso que viene s. sino me engañan las señas, por esos riscos, o breñas su perfección se coquele, que arrastrarle el malo suele señor por entre esas peñas. Válgame Dios, y que asombro! En mortal congoja animo el valor. . Toda soy hielo, dudando lo más que admiro. Garcia Narro, a quien yo siempre por padre he tenido; Aurora, Flora, y Don Juan de mi delito testigos. Después de correr dos años, valles, y montes altivos, pasando hasta Roselión buscándome, ha permitido Dios por providencia suya, juntaros en esto sitio para hallaros en mi muerte, y para daros aviso del caso más horrorosos que se ha contando en los siglos, El Conde de Barcelona; a quien di muerte atrevido, fue mi padre, y la Condesa de Rosellón, que en lascivos amores, goce algún tiempo, fue mi madre, que al abrigo del cielo, solo un monte me dejó su precipicio. Pero llorando sus culpas a este desierto se vino, donde penitentemente en las entrañas de un risco, al pie de aquesta montaña, pidiendo a Dios, ha vivido dos años, y solo siento, ya que al último suspiro se va mi vida llegando, no hallarla agora conmigo. Ya Montigre, aquí me tienes, que Dios (ay de mí!) ha querido muriendo juntos los dos, que corte la parca el hilo de este animado cadaver; de este vital artificio, y para mayor ejemplo de que podáis advertidos vosotros reconocer el más dichoso Prodigio, Qué es lo que escucho, cielos! El llanto apenas reprimo. Encanto parece todo. Todo es horror cuanto miro, Agora es el tiempo, agora que en tan mortal parasismo, contra ilusiones se hallen mas despiertos los sentidos. En esta ocasión, señor, de batalla que es tan fuerte, pues mi flaqueza se advierte invoco vuestro favor. Cómo me aflige el dolor de ver que tan malo fui todo el tiempo que vivi! Señor, la ira suspended. Porque mil veces tened misericordia de mí, Ya se ha llegado, Dios mío, al deshacerse esta unión de alma, y cuerpo, la ocasión del perdón que de vos fío. De vuestra piedad confío este triunfo, que hoy pretendo. y pues ya va deshaciendo esta fábrica el dolor. En vuestras manos, Señor, mi espíritu os encomiendo. é . Quién vio más raro milagro? Murieron sea Dios bendito, que me harraré de comer. Celestial portento ha sido, porque sepulcro les demos, y ahora . Ya os he entendido, la mano le dad Aurora. El favor, señor, estimo. Gracias a Dios que mi intento por tan extraño camino se ha logrado. . Pues si gustas, Caracol, pues vuelve al siglo enseñado a andar con cuerno, no sentirá el ser marido de Flora, y aquí acaba el más dichoso Prodigio. Y perdonadle al Autor los hierros, pues el serviros quiso solo, y es dichoso, si acaso lo ha conseguido.