Texto digital de La más dichosa venganza
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- Antonio de Solís y Rivadeneyra
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La más dichosa venganza. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-dichosa-venganza-la.

LA MÁS DICHOSA VENGANZA
JORNADA PRIMERA
En tanto que nuestros amos acaban de dar sus vueltas en este prado por noria, y en esta noria por bestias, murmúrese en buen romance de cuantas impertinencias nos dan a mirar con gusto, nos dan a sufrir con pena. Como ha de hacerse otra cosa, pues nos hallamos tan cerca, de esta fuente, que nos brinda, murmuradora de piedra, murmúrese, y empezando por Don Enrique de Heredia, que es mi señor, aunque indigno, y así murmurar es fuerza. Pregúntame de sus tachas, las que quisieres que tenga, que las diré por servirte. Si no las tiene es ofensa. Si no las tiene, o que bueno, no hay tantas en una feria, donde se da lo vendios con tachas malas, o buenas, Es miserable? En las obras no es liberal que yo sepa, mas puedo decir que es largo de parte de las promesas. Eso es seguro, y vistoso. Juega? . Mal año si juega, y es jugador de lo caro, que no hay barato en su mesa. Cómo le va de juicio. Tocado me has una tecla, que ha de romper en mil voces el órgano de mi lengua. No hay hombre de mi capricho, Cuéntame cómo? Profesa ser gran servidor de damas. No es religión muy estrecha, sino se enamora mucho. Muchísimo, porque piensa que es adorado de todas, y que pagarlas, deuda. Verasle morir luego por otra, y de aquella, sin que las dos se le olviden, pasa a querer la tercera. no hay número de sus damas, porque es en todas las fiestas, cotejador de por junto, con risas, y reverencias: el prado no tiene coche, que algún amor no le deba, que no le cueste sus ansias, y no le gaste sus señas, y en fin es un hombre, parca de amor, y red barredera, sin perdonar a ninguna de las humanas bellezas. Alabo su desahogo, y admítenle. Bien pudieran; que es Caballero que come tres mil ducados de tenta, y hombre inclinado a casarse. Pues cogerale la rueda, que mariposa de bodas, al fin en una se entierra no se murmuré de achaque que son de llorar, y prenda la dulce murmuración otro que más la merezca Querrás hablar de tu amo. Y es tiempo ya de que quiera que come su pan de balde, quien no murmura en su ausencia Don Juan de Lara es un hombre, pues ya su historia comienza, muy excusado en el ninguno Camacho que yo conozco a Don Juan, y es Caballero de prendas, galán, valiente, entendido, con otras mil excelencias, que solemniza ufana, pero en muriendo su tío buen mayorazgo le espera. Y en tanto que le heredamos que arranquen con mucha flema cuando han de dejar herencias, qué comeremos Tristán? Las esperanzas sustentan, No hay para el hambre pan mal Tristan, mi esperanza buena; mas esto no se murmuré, que aunque es la mayor miseria la que se mira en un pobre, no es culpa tener pobreza, la culpa será que trate de enamorar sin moneda, y aspire a grandes favores con no preciosas finezas, Pues qué pretende Don Juana Dos meses ha que pasea la calle de cierta dama, que aún no sabemos si es cierta, porque jamás la hemos visto. Qué dices? que es cosa nueva tener en Madrid las damas clausura tan recoleta. La nuestra es muy recogida. Será lo más, si tuviera Don Juan una llave de oro que es del amor la maestra, quizá le dieran entrada, porque abre todas las puertas, aunque las cierre al decoro, y aunque el temor las defienda. Lo mismo discurro yo. Pregunto ahora, que intenta con esa dama Don Juan, o como vino a quererla, si dices que no la ha visto? que no lo paso. Y es fuerza, viendo a un amor tan sin ojos? que lo repare cualquiera; mas ello fue de este modo: la fama; que la celebra de rica, y de virtuosa, si hay más virtud que riqueza; y haberla una vez hablado, que muy tapada en la Iglesia, su discreción de medio ojo, le estuvo tirando flechas, fue causa de esta locura, porque el amor se concierta mil veces en el olvido, siendo la voz la alcahueta, No basta. Pues si no basta la historia va verdadera, y enseñate a ser piadoso para cuando oigas comedias, que en una Iglesia se hablaron he dicho, sin que pudiera ver a esta dama Don Juan, Dos meses ha que buscamos porque faltó la licencia alguna ocasión de verla, del manto sobre el hablarse, digo que fue de manera la platicica pegajosa, sin desnudarse de honesta, a sus balcones, y tejas, que vino Don Juan picado, caudados de celosias y hasta su casa tras ella, siguiéndola, que es el arte Si voy a llevar recado, que a los picados se enseña: quiso después informarse de la tapada, y quien era, y halló sus informaciones de muy honrada limpieza: supo notables virtudes, que alajan a la mozuela, segura opinión de rica, segura también de cuerda, portero de barba luenga, su castidad tan notoria, que fueron Andrade, y Leiva, Alcalde de las doncellas, sus padres cuando vivían, ya son un poco de tierra, ye esta dama quisiera, y en fin de tan buenas partes se fueron juntando nuevas, que a muchos enamoraran, y todos apetecieran. Don Juan con estas noticias, como casarse desea, y es en Castilla gran dote virtudes, y rica sembra, por una parte picado, por otra la conveniencia del casamiento a los ojos, que es lo que más galantea, trató de solicitar la dama con asistencias, que sueñan de enamorado, y él sabe lo que se pesca; mas esta moza es un diablo por lo recogido, y piensa, que en viéndola, sin ser pinta, Don Juan la aguarda por presa, sin que haya podido hallarse después de mil diligencias, si echamos los ojos a todo mirón las cierran. luego me entiende en la leva, y a las primeras razones, a buenas noches me dejan, no sus criadas, que a todas consigo las encarcela. Ni en corredor, ni antesala cosa cesada se encuentra, sino envejece malvado, que es desde el tiempo de Moros, al lado de San Balilio y es en la Puerta Cerrada la habitación de su puerta, No tiene madre, ni tía, por guarda, terrible, y fiera, mas tiene su condición, que es una guarda Tudesca, Con estas dificultades aumenta Don Juan su tema, que es maña de la porfía, creer con la resistencía. Y el caso es este Tristán de un hombre, porque me creas, que hace de amor caravanas, y su negocio profesa. Vamos Camacho adelante; pero sospecho que llega mujer a la fuente, hagamos lo que es justicia con ella. Pero no justicia, y cosas. Que mujer tan perdida, Venga en buen hora mi Reina. Venga en buen hora Madama Galanes Dios les mantenga. Cómo tan sola, y tan linda? Cómo tan sola, y tan bella? No tengo quien me acompañe No ha de durarle esa queja, que aquí nos tiene a los dos. No hagas conmigo la cuenta, que he de esperar a Don Juan, y es hora ya de que venga. Mi dueño está más de espacio que como a todas festeja, primero despacha a todas, y luego de mí se acuerda, bien puedo faltar un rato, vamos señora doncella; No es gala decir pesares. Pues vamos señora dueñas no conoce a Tristán, y le convida, llevándole a su casa, que esto pase en Madrid? mas que no pasa Camacho? . Si me fuera con Tristán, y la ninfa, que dijera Don Juan, que ya ha llegado? Camacho dónde estás? Aquí en el prado, paciendo tus errores, que pacen justos hoy por pecadores? querrás que caminemos a la calle del Sol, que nunca vemos, de la Imagen guardada, conserva de mujer adivinada? Vamos a casa ahora, que allí tengo que hacer mientras es hora de que a la calle vamos, Tristán? Qué voz es esta luchamos? A Enrique no conoces? Tristán, oyes Tristán? No le des voces, que va muy adelante. Faltome en la ocasión más importante. Don Juan adónde bueno? Sálgome ya del prado. Bien ameno le hemos visto esta noche, y a mí que la he pasado con un coche, donde iba la hermosura vestida de mujer honesta, y pura, más ameno me ha sido, que un lance dichosísimo he tenido, Ya viene enamorado, según la relación de su criado, que tierno es el Enrique, su corazón es pasta de alfeñique. Mandasme alguna cosa Don Enrique? Don Juan, viene forzosa la ocasión de pedirte, que este Paje me des. Para servirte nos quedaremos todos. Obligasme Don Juan por varios modos. La dama que te digo, que acaba de parlar aquí conmigo tan adelante pasa, que me ha dicho las señas de su casa, y en ella hablarme quiere, voy a buscarla, y aunque amor requiere, que con secreto pase, díjome, que primero la avisase, por si embarazo había; Tristan para avisar faltó este día, y así de tu criado me he de valer, si es hombre recatado, Recatado? soy hombre, que puedo ser Ministro de buen nombre, soy el recato entero, menos lo que hay en mí de pregonero. Vamos, no se haga tarde, queda Don Juan con Dios. Y a ti te guarde. Tú en la calle me espera, ya entiendes. La que sale a tu tronera. Confiésote que es verdad. Pues haz por Don Juan señora, que ya que el favor ignora, no ignore la urbanidad. Ese recato que tienes no guarda su proporción, que los recatos no son lo mismo que los desdenes. Bien puede ser estimado, sin ser desabrido el bien, y a veces pierde un desdén lo que negocia un agrado. Dejarse ver no es exceso, déjate ver de Don Juan, que las piedades no dan licencia al hidalgo preso. Y aunque te des a los ojos. él te sabrá respetar, o tú le sabrás quitar con el desdén los antojos. Juana, pues tanto me aprietas. en este tormento de hoy, resuelta a decir estoy verdades las más secretas. Y a ti, de cuya lealtad segura experiencia tengo, más fáciles hoy prevengo. las voces de mi verdad. Ese Don Juan, a quien yo malogro tanta porfía, de verme desde aquel día, que en una Iglesia me habló, sabrás que me ha parecido. todo este tiempo tan bien, que si he mostrado desdén, desdén mentiroso hosido: Su gala, su discreción, su sangre, su valentía, y otras noticias que envía, sin ver a quien su opinión me dejan aficionada, de fuerte que a Don Juan creo, que es copia de su deseo lo que mi pecho traslada. Pase por ello el honor, que un Caballero de partes tiene aprendidas las artes de las escuelas delamor: Y ponen sus argumentos en tal aprieto al recato, que por salvarse de ingrato peligra en otros intentos, no intentos de liviandad, si no de amor sin delito, que no ha de ser apetito todo lo que es voluntad. Mira si tanta afición admitirá tu advertencia, pues ya de mi resistencia se ofende mi inclinación. Eso me dices? hoy quedo señora con más espanto, de ver que se encierre tanto, no sé si decoro, o miedo. Quien te merece gustosa, y aún puedes decir amante, como en estilo inconstante te llega a ver desdeñosa. Lo que es para ti de gusto te quitas, y tu desdén a ti te alcanza también, por no declinar de injusto. Dar pesadumbres a un hombr y a mil, es buena costumbre, más darte a ti pesadumbre será novedad que asombre. Tener ocioso el poder, y ocupado el desear, quién lo ha sabido juntar? La tema de una mujer. Como al principio me vi mostrando a Don Juan rigor, hoy contradigo su amor, por ser la misma que fui, que a las mujeres ya sabes que alguna vez nos desvía del gusto más la porfía, que inconvenientes muy graves. Pues no permitáis señora, que valga la tema tanto, y acábese ya el encanto, que hemos tenido hasta ahora: Tu mal se conoce, y yo me atrevo a curarle bien, como licencia me den tus miedos, Pues porque no, mientras el límite guardes que a mi decoro se debe. Don Juan tan atento mueve sus pasos de amor cobardes, que no saldrán del decoro, ni yo lo permitiré, Eno es que su amor me de memorial con letras de oro, , s. Licencia da la amistad Inés para la osadía. Qué hay por acá Leonor mía? Parécete novedad? Sí, que es de noche, y no sueles hacer tan tarde visita. Tengo ocasión que me incita. Pues dila, si no es que apeles a más secreto. No importa que Juana el suceso sepa, como le sabe Jusepa, la relación será corta. Yo andaba aquesta noche por el prado, solo en el aire puesto mi cuidado, con mi prima Beatriz, y con mi tía, Violante que guardándonos venía tanto, que aún nos guardaba del aire pisto que en el coche entraba, cuando al estrivo de repente un hombre, de quien ignoro el nombre, llegó tan importuno; tan molesto, que apenas al estrivo se hubo puesto, cuando ya me pedía, que le hoy ese su amor en cortesía; díjele que se fuese, no me quiso dejar, que el modo es ese de ser buen importunó, y era mil en cansar en traje de uno. Viéndole tan grosero valime al fin del desagrado entero, y en descompuestas voces, que en siendo con razón ya las conoces, le dije que era un necio, tomolo por verdad, no por desprecio, porque él se lo sabia, y estuvo se constante en su porfía, como mis voces eran de mujer, que ocasionan, y que alterana un Caballero mozo, que andaba por el prado de rebozo, llegó, viendo del hombre la licencia, y entrose de galante en la pendencias mas el hombre enfadoso, menos valiente allí, que licencioso, como siempre sucede, se fue luego, dando al temor lo que negaba al ruego. Quedé del Caballero agradecida, y en fe de que me hallaba bien servida, las gracias quise dalle, pero apenas notó la voz faltarle Beatriz, cuando en secreto, porque su madre es siempre su respeto, me dijo, que entendía, que aquella voz, y talle conocía, y aún me dijo también, que la importaba si fuese, un Caballero que pensaba. Rogome en fin, que luego le supiese quien era, y con industria, si pudiese, de un cuento me informase, que ahora fues sin que le sepas pase, porque a ti no te importa; y he prometido hacer relación corta, Quise pues informarme del Caballero allí, más declararme no pude, ni saber lo que quisiera, porque temí la condición severa de Violante mi tía, que ya de tanto huésped se ofendía, viéndole hablar tan tierno, tan gustoso, tan cortés, tan hallado, tan airoso, que recelo sin duda de aquel trato, convertido en amor nuestro recato; y así Jusepa que en el caso estuvo, y al Caballero cerca de si tuvo, diestra le dio las señas de tu casa, donde le vengo a hablar con menos tasa, si bien con el decoro que tú sabes guardar, y yo no ignoro; que en casa de mi hermano, con quien estoy, ya ves que fuera en vano, por su mucha asistencia, y porque es cosa nunca acertada, y siempre peligrosa, Con este intento me salí del prado, y en su casa a las dos las he dejado, sola a la tuya vengo, de cuyo amor seguridades tengo, si bien en esta parte no he llegado jamás a examinarte, mas como no te pido, que me ayudes a lances reprendido, y si no hablar, un hombre Caballero, y cortés, y no en mi nombre, sino de amiga, y deuda que me obliga, tanto por deuda, y tanto por amiga, juzgo que no es ofensa del recato que menos se dispensa, ni en mí la que es decente tercería, ni en ti lo que es honesta cortesía. Leonor a pedirme vienes mi casa, y en mi amistad la casa, y la voluntad dispuesta a servirte tienes; mas has de entender, que es grande fineza la que te ofrezco, y en que violenta obedezco, por más que tu amor lo mande, que es cosa que nunca ha sido costumbre en mí, porque trato de no perder el recato, y en esta acción va perdido, que aunque la quieras poner el nombre en esto que miro, nunca es honesto el retiro de un hombre, y una mujer; pero la ley es forzosa de la amistad, que me obliga, que no es fineza de amiga fineza no peligrosa. No sabe Inés, ni lo sepa, pues tal melindre mostró, pues todas las señas dío de aquesta casa Jusepa, diciendo que es casa mía, que hiciera Ines a sabello, pues luego topara en ello delitos de alevosía. Vivas amiga mil años. Jusepa, ya no se puede tener el freno en la boca, permíteme dulcemente murmurar de esta mi ama, que es una de las mujeres apartadas de virtud, has visto que impertinente, que melindroso recato, mira a Leonor de qué suerte la ha dicho dos pesadambres por una causa tan leve; que diferente es tu ama. No es Juana muy diferente, que de recato, y virtudes también su achaque padece, bien es verdad, que es más dócil, y más galante, que quiere pasar la vida con gusto, pero con gusto decente. Galante Jusepa, y dócil, dos voces son, que contienen harro trabajo en el mundo, por más que tú las afeites, Y una virtud muy pesada Juana, quien hay, que la apruebe? Llaman allí? . Sí señora. Debe de ser me parece la visita que yo aguardo. Las dos a avisar se queden, y adentro vamos nosotras. El manto querrás que deje. Entre quien llama. Entrarán, que no son bestias: Oh aleve mujer, que entre mil traiciones habitas estas paredes, que al pobre Don Juan le traigas con sed rabiosa de verte dos meses ha, sin quitarle la sed en todos dos meses, y a Don Enrique, que es hombre, como han de ser los infieles amante, al quitar de todas, impuesto a razón de a veinte, le des en sola una noche lo que a Don Juan no concedes en tantas noches, y días. Galán en que se suspende? Suspéndome en la hermosura, que gocen un siglo ustedes, y los que ustedes gustaren. Mas debo yo suspenderme. No es este que ven mis ojos el paje, y el confidente de Don Juan, mas si Don Juan del cuento de Leonor fuese. Qué busca? . Ser un criado de un Caballero, que tiene licencia desde esta noche, sino es que el prado le miente, para venir a esta casa, presumo que ya me entienden, vengo a saber si hay estorbo, que llaman, o inconveniente. Qué desvergüenza tan grande, Don Juan a Leonor pretende visitar en nuestra casa. Qué lance se vio cómo este? Galán la respuesta aguarde. . Mi Reina, porque no cese la fábula, dos palabras muy compendiosas, y breves. Y cuáles son esas dos? Que quien pregunta no yerre ya está del refrán. . Es llano, mas que pregunta ha de hacerme? Si es la señora de casa la que hoy a mi dueño ofrece tanto favor desde el prado. Decirle que si conviene, porque a su dueño le dije, que a aquesta casa viniese, que era la nuestra la misma. Mala pedrada te acierte. Bien puede venir su amo. Pues voy a decir que llegue, que en San Basilio me aguarda, y aunque es al lado, esperen. Triste Don Juan, que esto pases, mas un ardid lo remedie; perdóneme Don Enrique, que es mucha fiesta comerse de un golpe tan gran bocado; mejor a Don Juan se debe, que ha tanto tiempo que están sus esperanzas a diente. De aquí me voy a los dos, primero a Enrique, y direle, que no hay ocasión ahora, por un extraño accidente, que preguntaron su casa, y en ella avisar prometen, a en viendo sazón de hablarle; con esto despedirele, y a mí Don Juan, cuyas ansias es cierto que ya le tienen en esta calle difunto de amor, y causa presente, diré que suba a visita, trocando así los papeles, para formar una traza, que alguna comedia enrede. . Jusepa, Leonor te llama. Juana qué dices? Que quieres que diga, que estoy rabiosa. Qué causa tan de repente te pudo infundir la rabia. Si el Caballero que viene buscando a Leonor tu amiga, y el que en el prado valiente quiso reñir por su causa, y el que con modos corteses en tanta afición la puso, como ella misma refiere, fuese don Juan, qué dirás? Don Juan. Aunque más nos pese. Cómo Don Juan? Cómo el paje, que ves a su lado siempre se va de aquí, porque vino para avisar diligente, que está su dueño esperando, y a dar la respuesta vuelve. Que libertad tan indigna; como en mi casa se atreve Don Juan a hablar a Leonor? Que así Don Juan me desprecie? Mira si es justa mi rabia; mas oye, que deja verse, disculpa del lance todo. Buena será. . Concluyente. Don Juan como no te ha visto presume sin duda que eres la dama que habló en el prado, después que las señas tiene de la casa donde vives, y así en venir no te ofende, juzgando que tú le llamas, cansada de los desdenes. No sé si lo admita Juana, mas cuando te concediese tanta bondad de discurso, no basta para ofenderme, que con Leonor en el prado, sin entender que yo fuese, pues nunca Don Juan me ha visto parlase tan tiernamente, tan apacible, y gustoso, que aficionado pudiese con tanto alarde de gracias, como ella nos encarece. Lindo donaire a fe mía, luego quitarle pretendes a un hombre que se derrame por un millón de mujeres, esa lealtad mesurada para un Amadís se quede, que ya no llegan los siglos amantes tan moscateles. La regla de los galanes, que más fineza nos mienten, es no buscar ocasiones, pero lograr las que vienen. Para saber si discurres mejor que mis celos temen, hoy he de hablar a Don Juan. Ya las cenizas se enfienden, y cómo hablar la dispones? Al mismo tiempo que deje la plática de Leonor, en esa cuadra de enfrente le meterás con recato, porque Lenor no le encuentre cuando se vaya. En buen hora. . Vamos, Aquí me contemplen lo que es un amor celoso, la Inés es moza prudente, pero con celos al lado dará por esas paredes. Extrañas cosas me has dicho. Pues a la letra me pasa, y esta señor es la casa del encantado capricho. La dama a quien has de hablas es la carísima Inés, que Enrique, como lo ves, la supo desencantar. Tu amor industria, y fineza jamás te dieron entrada, mas siempre fue desmañada la llave de la pobreza. Camacho, aún viendolo estoy dudoso, y a fe, que entiendo, que en estos pasos aprendo bien nuevas mudanzas hoy. Curiosidad, y deseo de un casamiento acertado, son hasta aquí las que ha dado por causas mi galanteo; mas ya la dicha de Enrique me infunde tales desvelos: que son de casta de celos, y quieren que amor publique. No es nuevo nacer amor de celos, porque hay cuidado que vive poco empeñado, no viendo competidor; pero si ve competencia, luego pretende alcanzar, y la que llaman amar, es esto con tu licencia. Serás amante de Ines desde estos celos, señor? Ya ser antiguo el amor cual fuera el lance que ves, pues hoy con haber en mí solo principios de amante, ni está mi razón constante, ni está mi cordura en sí. De repente en loco has dado, no es mucho que en tanta gente locos verás de repente, mas que cuerdos de pensado; pero la zagala asoma. Y está que no la diré zagala no guardes fe; que ella el consejo se toma. Terrible invención ha sido la de mujer. . Ya subió Lo que de noche se vio de oscuro color vestido, nunca a la luz satisface. Jurar aquel Caballero que miro, no es el que espero, mas esto la noche lo hace. Vengáis señor en buen hora. no dudo que ha de ser buena, pues hoy mejora la pena de un alma que enferma llora, si bien en lo que mejora peligra con tal porfía, que aumento al dolor envía, porque es dolor tan extraño, que siente que le hace daño la que le da mejoría; mas a morir me condena quien hoy la salud me da. Qué es esto? más bien será, saber a lo que se ordena. Decid mi señor la pena, que mejorando el dolor le vuelve a dejar peor; pero al decirla mirad, que quiebra de la verdad la que adelgaza el primor. Esta es Inés, yo la había visto mil veces, y quiero, pues la he de decir que muero, decir que la conocía, y en luz tan hermosa ardía. Yo vengo a saber mi daño, si escucho algún desengaño, que suelen los encubiertos, quedar de sus males ciertos, haciéndose a si el engaño, mas si Don Juan como tiene señas de casa que es mía, busca a Leonor este día, pensando que a verme viene, ni su venir se condene, ni este mi suerte malquista. Pues la conozco de vista mi amor quedará asentado, si digo que a mi cuidado. fue causa después de vista. señora; después que os vi rendido os ama el deseo, que era forzoso trofeo. después de ver os en mí; mas como nunca adquirá la dicha que ocupo ya, viendo que el caso la da dudo en el bien que consigo, si se equivoca conmigo, pensando que en otro está. Con este nuevo cuidado vengo de mí tan celoso, que no me sufro dichoso, lufriéndome desdichado. Mirad si os he declarado por donde crece mi pena, cuando mi dicha se ordena, pues sabe hacer la desdicha, que se padezca una dicha, juzgándose por ajena. Dice que el ver a Leonor fue causa de amarla así, no me convienen a mí las señas de aquel amor, pues no me ha visto, ah traidor. Por más, que entender pretendo señor lo que estáis diciendo; mi corto saber lo ignora. Pues yo le entiendo señora. Pues yo señor no lo entiendo. Quiero decirla que hurté la suerte que fue de Enrique, porque con esto me explique, y entrada a las quejas dé, mas ella que aquí me ve, y a Enrique a quien llamaron. Qué piensa? . Qué me engañó Leonor, y cuando venía con su galan, me decía que por Beatriz le llamó. Ni las palabras, ni el talle se ajustan aquesta noche, llego al estribo del coche, Jusepa vuelve a mirarle. No es él, Pues quiero enviarle. Caballero guardeos Dios, que ya acabamos los dos nuestra vista. . Tan presto, solo mandábades esto? Pensé otra cosa de vos. Pensó otra cosa de mí? quien duda que el pensamiento fue tenerme por Enrique, mis daños son manifiestos. Leonor entra a despedirte, yo voy a lo mismo, y luego me vuelvo a Don Juan. Amor aguárdame sin los celos. . Vamos Camacho. Esperad señor Don Juan, que es muy presto, y ha de venir para hablaros una dama. otra tenemos, no basta una sola a un hombre, y a dos, y a quince, y a ciento, que cien galanes en una bien caben sin ir estrechos. Decidme pues, hay dos damas en esta casa? . Su dueño sola es Inés, a quien visteis, y hablasteis, ahora enredo, . más es enredo con orden de Ines, que así lo ha dispuesto, para saber si Don Juan hablaba a Leonor por yerro? diyo que el dueño de casa sola es Ines, más sabedlo todo esta noche, Don Juan habrá como mes y madio que está con ella una amiga de cuya parte os detengo, porque ha de salir ahora, y hablemos verdad, yo creo que os tiene afición la amiga; pero guardadme secreto, que importa, por si no gusta, de que lleguéis a entenderlo. Pues tú para qué lo parlas? como tanto te debemos, sin habértelo servido, doncella de parlamento dijera aquí un malicioso que buscas algún divero, y estás aliñando embustes para darlos a buen precio! mas yo no tengo malicia, No sé si celosa vengo, sí, que a Don Juan he escuchado decirla mil sentimientos de amante fino a Leonor, y todos presuponiendo que la conoce; y la ha visto, que es la que dijo primero, no son pequeños indicios; más aunque son no pequeños, como si fueran dudosos a averiguarlo me vuelvo de una vez, Juana habrá dicho lo que encargado la tengo, y así lograré mi industria. comience pues, Caballero guardeos Dios. El cielo os guarde, que es fácil a lo que veo, pues sois el cielo vos misma. Camacho, no es Ángel bello la dama que ven mis ojos? Después que el papel has hecho de Enrique, se te ha pegado la tacha de vano, y tierno. Ya mudas al gusto ropa, y es grande limpieza hacerlo con la camisa, y la dama que van a raiz del cuerpo: cosa que a Inés olvidases. No ves que en Inés pretendo más partes que la hermosura. Y es la hermosura del cielo. Vengo a deciros señor; mas acercaos, que no es esto para testigos. . En tanto los dos nos afilaremos. Digo señor, que una dama que tuvo ocasión de veros, os mira con buenos ojos, pero es amiga en extremo del dueño de aquesta casa, cuyo galán descubierto dicen que sois, bien que algunos andan dudosos en esto, porque aunque os ven en la calle no ven indicios del fuego de amor, a quien no limita la raya de lo modesto. La dama de quien os hablo, y a quien amistades debo, quiere salir de esta duda, y a mí me elige por medio, porque en sabiendo que sois de Inés el amor que os cuento no pasará del principio, que es el que admite remedios, y en no sintiendo embarazo, proseguirá los intentos de que tengáis una dicha tan alta como os prenengo: Mirad lo que me decís. Estas me engañan, y pienso que Inés a las dos envía, no alcanzo con que misterio, mas debe de haber alguno, celoso ahora me siento, y es ocasión de vengarme, negando que a Inés deseo, quizá la pondré en cuidado cuando esta vuelva, diciendo, que oyó sequedades mías, iguales a sus desprecios: celos; con celos se curan. Señora, mucho agradezco los favores de esa amiga, que ya favores son vuestros, indigno soy de gozarlos, mas no por impedimento de amante de Inés, que es cosa, que está de mi amor muy lejos, aunque es fortuna tan alta. Con buen desengaño empiezo, mas no he de dejarlo aquí. Curiosas hay que os oyeron hablar con Inés ahora, como su amante sospecho, que me engañáis en negarlo: Saber por aquí resuelvo si habla a Leonor Don Juan como a Leonor, o creyendo que era yo, mas desengaños me está amenazando el miedo. Bien apretó la pregunta, pero saldré del aprieto, diciendo que a Inés la tuve por otra, y es buen acuerdo para el intento empezado. Con una dama no niego que acabo de hablar ahora, y enamorados afectos que el alma la descubría, mas eran Inés. . Dudáis eso? Yo por Inés no la hablaba, sino por otro sujeto, que a mi parecer conozco. Bien lo advirtió mi recelo, cuando él a Leonor hablaba. Qué hermosamente me vengo. Por más que neguéis señor, y perdonad si os molesto, porque le importa a la amiga. Mis dudas todas no venzo. Ya mira que aquí negáis, que Inés es cuesta desvelos, mas viéndoos por otra parte gastar en su calle el tiempo, dar vueltas a las esquinas, cuidar de los movimientos de la puerta, o la ventana, y esto a deshoras, y siendo la nota de los vecinos, llego a entender que es efecto de amor, porque son señales, que no pronostican menos. A fe que se va inquietando la dama, de donde infiero, que a Ines, de quien es espía, vendrá a suceder lo mismo. Prosigo en negar mis pasos en esta calle perpetuos, tie nen señora otra causa distinta del galanteo, no puede decirse todo. Y un paje, que astuto, y diestro se mete a dar un recado, y a ser de dichas tercero; no es argumento de amor? Sí, pero flaco argumento, si fuese Camacho el Paje, que siempre está de gracejo, y es hombre dado a las burlas. Con buena frialdad desmiento los indicios de un cuidado, que estuvo amor previniendo. Todo lo niega don Juan, sin duda tiene amor nuevo después que a Leonor, conoce, y así del pasado empleo no quiere admitir señales, por no quedar con empeño de proseguir los principios, que siempre obligan a aumentos: harto le debo a mi dicha, si en este discurso acierto. Yo voy negándolo, todo, mas con negar qué remedio, si de mis celos no salgo. Qué intentas amor? qué es esto Celosa vine con duda, y estoy celosa de cierto, baste por hoy, si tu gustas, tarde, señor, se va haciendo, mañana hablaremos más. Esa palabra me llevo. Pues a Dios. . Adiós señor Mirad que mañana espero. Mañana vendré, si vivo. Si viviréis, que sois cuerdo; Por qué lo decís señora? Mañana en todo hablaremos. Un siglo tomáis de plazo, Tanto os aprieta el deseo. Guardeos el cielo. Él os guarde. Qué ajena de gusto quedo. Qué cuidadoso me aparto? Qué lindos dos majaderos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA En fin señora tú estás celosa? . Celosa estoy, mas siempre he de ser quien soy, Perdóname, que serás lo que quisiere el amor, que a celos no hay resistencia, porque se toman licencia contra el respeto mayor. eé. En todo Juana hay de todo, celosos habrá perdidos, y otros también, que advertido de no perderse hallen modo, si la razón se han llevado con su creciente, los celos anegarán sus desvelos todo el bajel de un cuidado; pero si está la razón contra las olas valiente, nunca vendrá la creciente con veces de inundación. Eso señora es verdad: si das que los celos vengan tan bien mirados, que tengan con la razon amistad: mas cuándo se verán juntas estas dos cosas? Oh cuándo los celos hieren tan blando? Direlo, pues lo preguntas. Al mismo tiempo que empieza la furia de amor celosa, conquista dificultosa será templar su fineza; porque es el ímpetu allí de la avenida, y es cierto; que la razón, y el acierto se lo ha de llevar tras sí: mas si se deja pasar aquella furia primera, y aparte a discurso espera la voz de poder entrar, habrá ocasión de advertir lo que al principio se ignora. Tampoco la entiendo ahora. Pues vuélvotelo a decir. Viste una grande creciente, que en ímpetu desatado. baja del monte elevado, y aún de otro más eminente que son las nubes? Y viste que reducida a pasar por un estrecho lugar, que es freno que la resiste, como la van estrechando las márgenes que consiente, discurre tan impaciente, que va al parecer bramando? Si entonces uno quisiese pasar con ciega porfía, su intento mal lograria, y el riesgo menor es ese, mas cuando sale de allí todo aquel ímpetu undoso, y en campo más espacioso se va apartando de sí: llega a pasarse seguro, porque en semblante sereno, lisonja del prado ameno, cristal se reparte puro, Juana de los celos piensa lo mismo, que cuando nacen, crecientes grandes los hacen montes, o nubes de ofensa: con impaciente furor están bramando en el pecho, porque es el límite estrecho para un reciente dolor. Quien se llegare a templar allí tan crudos enojos, entienda que por despojos el agua le ha de llevar. Aguarde a cuando se mire, y al ímpetu descansado, y en campo más dilatado del tiempo el dolor respire, que entonces seguramente podrán en buena ocasión discursos de la razón pasar aquella creciente. Tu ingenio me convenció, señora, ya no porfío, si bien del valor me río de los amantes. . Yo no de lo que sé que hay en mí. Y en fin con Don Juan que piensas hacer, cargada de ofensas, y del valor que hay en ti. Proseguiré como ayor mi industria, sin declararme cuando Don Juan venga a hablarme que desairé puede haber, y en esta duda de hablar declarándose el amor, no lo disculpan de error, todas las leyes de amar, Y de Leonor qué me dices? Que he decir, que a Don Juan admite por su galán. De mi opinión no desdices, que yo lo mismo he pensado, y el cuento que nos contó, que te parece que yo sospecho que fue estudiado, por dar decente color al caso: mas ella viene. Con tu sospecha conviene lo que ha tenido mi amor. Leonor otra vez acá: tan presto, mucho te debo y afee que es cariño nuevo. Cariño de amor será, pues sabes que soy tu amiga. No dudo que de amor es, Parece que hablas Inés con intención? No se diga tal cosa jamás de mí: no dices que es el amor quién me hace tanto favor? pues digo que será así, no tengo más intención. Lo que es falsedad debemos, y al prado la tarde demos, que es sola mi pretensión, Es pretensión imposible, porque en mi casa he de estar; quiero en Don Juan esperar la tarde más apacible. Contigo quiero quedarme, Jusepa el manto me quita, Mal haya amén tu visita, que así pretende estorbarme, no pierdas Leonor por mí la tarde, vete en buen hora. La tarde así se mejora. Y el Caballero me di de anoche, que hará en el prado? Malicias Inés conmigo? no sé lo que hará, mas digo, que a mí no me da cuidado, ni me dejó tan gustosa, que al prado a buscarle iré, y así contigo tendré más gusto. . Pesada cosa. Mi hermano también me ordena, que hable contigo en su amor. Por ser tu hermano Leonor, estimo a Don Luis su pena, mas otras veces te he dicho, que es un amor excusado. Qué tengas tal desagrado? Todas tenemos capricho: y a la verdad en tu hermano se ve condición terrible, y amante desapacible. no es cosa para Verano. Señora, aquel Caballero del prado, que así le llama su mismo Paje de dama; por no decir su tercero, viene a saber si le dan licencia para subir. Disgusto quiero fingir de ver que vuelve Don Juan; y aún más atenta colijo que aunque venir le mande, Leonor, que ahora me ve lo mismo también le dijo. Dijístele que volviese. Leonor para hablarte? . Pues cómo a verte volvió? Decid que suba, y confiese buscándote, que él ha sido Leonor. . Inés no lo creas, en nada aquí te he mentido. Será verdad, mas infiero de esta experiencia que toco, que no quedaste tampoco gustosa del Caballero, No tuve humor en mi vida para sufrir dilaciones. A mucho señor te pones. El riesgo mismo convida tal vez al atrevimiento, y aquí no es el riesgo grande, pues cuando salir me mande, daremos fin a este cuento. Si anoche embarazos hubo, no siempre los ha de haber, y estoy curioso de ver que intento en llamarme tuvo. Tú en tanto vete Tristán a lo que sabes. . Ya voy. . Qué es esto que viendo estoy, cuando esperaba a Don Juan? No es este el que anoche vi, mas juraré que es traslado de aquel que me habló en el prado. Señor qué mandáis aquí? Señoras, a obedecer es mi venida por Dios, que ignoro a cual de las dos esta obediencia ha de ser: mas si es preciso el perder alguna eligiendo alguna, quiero correr la fortuna de no eligir, pues colijo, que cuando a ninguna elijo tampoco pierdo a ninguna. Dudosa está la elección, que en perfecciones iguales, con pasos anda neutrales la más despierta atención: y es tan igual perfección la vuestra, que sin consejo de toda elección me alejo, porque en llegando a elegir he de volver a pedir aquello mismo que dejo. Graciosas filaterías, y en hombre que no es Don Juan bien excusadas serán ahora las cortesías. Ello ha de ser de este modo: Caballero aparecido, de vuestro eligir partido dejad el discurso todo, que aquí no dan a escoger, y la ocasión declarad de una tan gran novedad, como es venirnos a ver. Que vengo por obediencia no os dije? jamás mentí; por esto he venido aquí. No es mala la impertinencia; Pues quién venir os mandó? No sé de las dos cual fue, mas una que anoche hablé, y al fin las señas me dio de aquesta casa en el prado, será quien me hizo el favor. Qué dices de esto Leonor? Inés confusión me ha dado, porque es parecido a aquel que habló conmigo en el coche. Pues el que vimos anoche? También es él, y no es él: no se lo que piense amiga. Señoras, no respondéis? Dudosa señor tenéis (y perdonad que os lo diga) vuestra verdad con nosotras, porque las señas que dais entiendo que las hurtáis, o aquí nos tenéis por otras, Esto en respuesta se os da, y así discreto, y cortés para dejarnos después, decid quién os trajó acá? Don Juan de Lara está aquí? Don Juan? A buen tiempo viene, porque él experiencias tiene de la verdad que hay en mí, y abonará lo que soy: mandad que venga. . Oh que lance de tanto disgusto en mí, mas va no puede excusarse, prudencia, y arte prevengo, porque es el aprieto grande, y ha menester los oficios de la prudencia, y el arte. Venga Don Juan. Quién es este Don Juan Inés? . No lo sabes? el Caballero de anoche. Por vida tuya? . Bien haces Leonor tu papel, mas cesen conmigo las falsedades, que es sobre ser poco amiga, penerme por ignorante. No quiero que así lo entiendas Leonor, ni que así me trates, Te digo que no lo sabía. Sí, que a Don Juan nunca hablaste. Dejome tan descontenta, que aún no llegué a preguntarle su nombre. . También ahora vendrás a descontentarte. Don Juan aquí que pretende? mas no hay en que me embarace, pues somos dos, y son ellas dos hermosuras iguales, una le basta. . Aquí vuelve Don Juan, sin que yo le llame, salir Inés no ha querido, sino en su casa quedarse. Disgusto ha mostrado, viendo que la visito esta tarde, rogado me ha que la dejo preñeces me ha dicho tales, que son de mujer con celos, o por lo menos capaces de echar sobre una malicia cimientos hondos de amante. Cansola aquel Caballero, y el nombre de Don Juan sabe, y ahora inquieta se mira, sino es amor, que me maten. Camacho salte allá fuera. Si haré, pues quedan bastantes visitas con la de Enrique. qué dices? . Lo que escuchaste, Mírale allí muy gozoso de que haya dos con quien hable, si bien el número es breve para sus mil voluntades. Qué presto a buscar volvió la dicha que le quitaste, y es un encuentro enfadoso. Por muchos azares vale; pero señor qué remedio? ya barrenamos las naves, y hemos de audar muy corteses con la conquista adelante. Vengas Don Juan en buen hora Señoras el cielo os guarde y a ti también Don Enrique. Que bien que los graduaste, primero a las señoras, y luego a Enrique, galante sentencia de graduación; eres un mozo muy habil. Aquí mi verdad se duda Don Juan, y ocasión hallaste de ser testigo en mi abono. No hay que dudar tus verdades. Díjete anoche que tuve ventura Don Juan notable con una dama de un coche, que quiso que la buscase para un negocio secreto. No puede Enrique dudarse, testigo soy, esto es fuerza, y en todo ha de haber pesares, o ya confiese, o ya niegue. Pedite que me prestases el Paje que está contigo, porque hizo falta mi Paje, y era forzoso que alguno de mi venida avisase primero que yo subiese. Ya es esto mucho apretarme, mas he de mentir? No es justo, porque es un remedio infame, y Enrique ha de ver que miento, Dices verdad. . No llegaste Camacho hasta aquí conmigo? No subiste de mi parte? No te dijeron, que entonces era imposible el hablarme, por un estorbo que había? Parécete que es muy fácil Enrique interrogatorio, lo que preguntas de balde? Vamos respondiendo en forma. Respondo a las generales, que no me tocan. . No es esto Camacho para donaires. Di la verdad. . No soy hombre de extraordinario lenguaje y es la verdad un estilo, que ya del uso se sale. Si me pidieras mentiras aún vaya, que es abundante cosecha la de esta fruta, y en mi respondiera un sastre. Confieso lo que no ignoras, No es tiempo de confesarme que ha menester mi conciencia dos, o tres horas de examen, y no es para errado Enrique, no viene con priesas tales un precepto de la Iglesia. Ya no es posible que calle señor Don Juan, que este nombre dicen que es vuestro, escuchadme y haréis persona de reo, que ahora testigo os hacen. Anoche fue Don Enrique quien hubo de visitarme, no lo neguéis, y él lo prueba con bien patentes señales. Vos sin tener orden mío, y al parecer por hurtarlo la suerte de la visita, subistes aquí, y hablastes mil sentimientos de amor, que en otros tantos disfraces tuvieron de muy sutiles el riesgo de no alcanzarse, Decid ahora el intento de novedad semejante, que novedades ofenden en siendo perjudiciales, y fue la que vos hicistes muy digna de condenarse, si no es que permiten burias mujeres tan principales. Porque respondas a todo Don Juan, y las novedades, al paso que son indignas, con más ocasión se extrañen. También preguntarte quiero, si tienen las amistades lugar guardado a traiciones, donde hubo finezas antes: es modo de ser mi amigo tomar mi suerte, y quitarme la dicha, que es más preciosa, con que es el hurto más grave. Mi ofensa te he referido, y advierte, que es el templarme respeto de estas paredes, que no es razón se profanen. La queja de Enrique es justa, pero que Inés se declare con tanto favor a Enrique, y a mí con tanto desaire? Quién esperarlo pudiera sino mi dicha? en quien saben otros prodigios mayores para mi mal concertarse. Respuesta daré a los dos, mas no es para aquí. Pues dame la respuesta donde espero. (gel. Dónde? . En la Ermita del Án- Adiós señoras. . No puedo Y aún mi pena, Qué hablarla, conociendo en mi casa, y hurtando la ocasión, de exceso pasa, y es digno de otro nombre, que solo cabe en la licencia de hombre, no sé Leonor amiga lo que sienta del caso, o lo que diga: señora aquí disculparme, después os traerá mi culpa satisfacciones que basten. Quedad con Dios. Va Esto es hecho, voy a la Ermita al combate, pero más acá hay Ermitas, y que también corren sangre, Leonor qué te parece? Mi confusión en todo crece, Don Juan hurtó a su amigo la suerte anoche de parlar con y algún intento tuvo, siguió se luego que conmigo est diciendo que me amaba, y en ademán celoso se queja Dijo también que a mí me cono sin conocerle yo, porque vivir de Don Juan muy ajena, y esta es Inés mi duda. conozco solamente, que ha de tener forzoso inconteniente la pendencia que al Ángel han llevado Don Enrique, y Don Juan, y es el cuidado, que ha de saberse luego que riñeron, y la ocasión que de reñir tuvieron. Fácil será estorbarlo, como vamos allá. . Pienso intentarlo, porque es lo que conviene. Pues Inés, la tardanza riesgo tiene, y abajo aguarda un coche, que he buscado para venirte a ver. . Vamos cuidado, que a fe que no os conozco desde anoche. Qué me dices? Que entremos en el coche. Con tanta prisa has salido, como si al Ángel salieras a merendar, o vinieras huyendo, y acometido de un toro, o de un hablador, por Dios que no nos cansemos, que luego no quedaremos para reñir con vigor. Camacho aguárdame aquí. Cómo aguardarte? soy hombre de tan rematado nombre, de fama tan baladí, que viéndote en riesgo llano se quede mi valor lego, sosiego sobre sosiego, como mano sobre mano. Quédate aquí, que yo sé Camacho tu valentía, De necios es la porfía, digo, señor, que lo haré, Vete en guerra; que es decir a reñir, el vete en paz. . Adiós La más eficaz . industria para reñir es el poner tierra en medio, y así lo pienso hacer yo, que desde niño me dio mi madre aqueste remedio, y era mujer tan cobarde, como otra de su medida, si yo no guardo mi vida, quién ha de haber que la guarde? Mas bueno será traer alguno que en paz los ponga, y a la desgracia se oponga, que puede aquí suceder. Esto se aprende en la Corte, que muchos al desafío se ofrecen, mostrando brío, mas buscan quien los reporte. Parece que un hombre viene, no viene a mala ocasión. En fin soledades son, donde el amor se entretiene, como se ocupa en pensar, no quiere quien le divierta, que divertido no acierta los pasos de singular. Así de Madrid me alejo, porque en el campo mejor lo pasaré con mi amor, achaque en amantes viejo. Ya puedo llegar a hablarle, Señor, pues sois Caballero, como del talle lo infiero, que luego lo dice el talle. Dos Caballeros, que han ido, no menos que a darse muerte, por una causa bien fuerte, pues causa de amor ha sido. Dad orden, ya que los dos no saben mirar por sí, que no se maten así, sino que los mate Dios. Yo os llevaré donde están, vamos allá si queréis. Merced en eso me hacéis, que siempre los nobles van de buena gana a servir a los que como ellos son, y más en tal ocasión. Es ocasión de lucir. Y aquesta pendencia hidalgo que causa ha tenido? . Quiero contarosla, erré el camino, mas no os detengáis por eso. Vamos diciendo, y andando: Sabed, que el uno del duelo, que vamos a apaciguar, pretende es encanto bello de una mujer, cuyo rostro dos meses estuvo enteros tan escondido a la vista, como patente al deseo. Mil invenciones se usaron, mil diligencias se hicieron, por verla, que derribaran el más murado secreto; mas ella, cuyos melindres (iba a decir embelecos) el nombre de jamás vista, sin ser come día, le dieron. A todas las invenciones estuvo desvaneciendo las más sudadas industrias, los más prevenidos medios, hasta que anoche en el prado. la dama de tanto encierro, de tan severo capricho, de tan bravos misterios, hablando anduvo en un coche con otro de los guerreros, que están en el dasafío buscando la cara al riesgo. La dama, que es muy galante, le dijo las señas luego de la casa donde vive. Fue liviandad. . Sí por cierto; pero mujer, y liviana no es tan difícil portento, que no le forje en el mundo ya a la afición, o ya al precio. Supolo el amo a quien sirvo, que es el galán que refiero de los dos meses de ayuno, por un extraño suceso, que ahora habré de contaros; mas ya llegamos al puesto, y he menester darme prisa. De aquella tapia podemos cubrirnos, y ver lo que hacen. Pues voy rematando el cuento, que ya se le mira al son. Enrique, a decirte vuelvo, que ha mucho que soy amante de Inés, y buscando atento lances de verla, y de hablarla, ninguno se me ha dispuesto, sino es el que tuve anoche, si fue quitarte exceso, disculpa ha dado el amor a tales atrevimientos: y como tú no viniste del prado con más empeño, que el de seguir un antojo; que nunca pasa a desvelo, juzgando que lo tendrías por bien después de saberlo, de la ocasión me valí. o Juan, yo estoy satisfecho. Si eres amante tan fino de Inés, y no la pretendo, ni fue traición la que hiciste, ni de tu maña me quejo, por lo que toca a la dama yo alargo cualquier derecho, que pude adquirir anoche, y a tu servicio le ofrezco, gozoso de que haya sido mi dicha de algún provecho, para añadir a tu amor introducciones, o aumentos, Esta es la parte de amigo, mas ya la de Caballero me acuerda por otro lado bien diferentes respetos. El campo Don Juan salimos, y yo te saqué, no puedo volver con reputación del campo, si no es niñendo. Fuerza es que los dos riñamos aquí, y aunque te confieso, que la amistad lo reúsa, dice el honor que es primero, De tu amistad obligado, y en nuevas prisiones puesto de tanta galantería como hoy Enrique te debo, quisiera que se excusara, si fuese posible el vernos contrarios, porque no digan que agradecido te ofendo: Por Dios que los sienta mucho; mira si puede haber medio que traiga la paz Enrique. (rro Ninguno Don Juan. . No es ye tomar Enrique las armas, hallándose ya compuesto lo que a tenir nos movía. La causa de componernos no pueden saberla todos, y el crédito del esfuerzo corte peligro en la duda. Que en fin ha de ser! protesto que riño por darte gusto, y advierte que te obedezco, por si la espada tomare licencias más que el deseo. Muestras Don Juan tu valor. Porque lo mandas le muestro. Tú mismo riñes contigo. Ya van sacando el acero; de un coche se han apeado dos damas, señor, andemos, que esto parece aventura del siglo de Beltenebros. Caballeros no haya más. Deténganse Caballeros. mas válgame Dios! . Ahora resucitaron los muertos en nuestras manos benditas. qué es esto que miro cielos! Mi hermano aquí; qué disgusto! Mi amante Don Luis; qué encuentro! Mi hermana son, y mi dama las dos que vienen, no espero salir gustoso del lance. Las damas acá, que veo! De qué os admiráis, acaso conoceislas? . Eso es bueno, La dama que os dije ahora, que es causa del ruido nuestro, de estas que veis es la una. Mil confusiones padezco, Y aún el temor mil deshonras, mas no rompamos tan presto, sepamos cual de las dos es de este desorden dueño. Mi amor, o mi honor peligran, tomo el peligro de celos. Cuál de las dos es la dama? Curioso me es el mancebo: no lo sabrá, no sé cual. En duda disimulemos, hasta saber lo que pasa. Todos se miran suspensos, y no me espanto, que es lance muy apretado, y estrecho; pero tal gente ha cargado, bien contra todos los fueros del arte, mas siempre alcanzan dispensación los aprietos. Pues yo señor os suplico, y a vos juntamente os ruego, que estos enojos se acaben, si no es que los sentimientos en causa mayor se fundan, que estando yo de por medio, disgustos que no son grandes, es bien que vuelvan compuestos. Esto es lo que aquí me toca; yo iré después al remedio de lo que el honor me pide, que para obrar con acierto, conviene saber quien son los dos que presentes tengo. Yo por mi parte señor desde hoy el disgusto dejo, que es muy pequeña la causa, y es may honrado el tercero. Con el reñir han cesado los puntos; y los empeños, no quiero que en cortesía me venza Don Juan: yo acepto también, señor, por mi parte las paces, que estáis por medio, y en vuestro nombre nos damos la mano, el amor, y el pecho. Yo estimo, como es razón, tantos favores, y quedo muy obligado a serviros. Con esto nos volveremos si no mandáis otra cosa. Dios os guarde. Al punto vuelvo, que ellas se irán a su coche, y este galán al momento las dejará, con que aguardo, que sin estorbo hablaremos ellas, y yo en el camino materias de mis desvelos. Mi hermana, y mi dama están aquí, y a buscar vinieron a los que ahora riñeron, mozo uno, y otro galán. El Paje afirma, y se ve, que es una de ellas la dama, que tanto olvidó su fama, mas cual de las dos no sé. Buena ocasión se le pone para arrojarse al cuidado, mas no ha de ser arrojado, por más que el lance ocasione. Con la prudencia se rige todo lo humano mejor; y lo que yerra un dolor, una atención lo corrige. No es bien ahora mostrar contra mi hermana recelos, que tan pesados desvelos, aún ciertos se han de callar. el agravio, y de dos males, que aquí se muestran no iguales, el más decente tomemos. Hermana, no hay más hablar? Bellísima Inés qué es esto? Vosotras en este puesto, quién lo pudiera esperar? De toda la gente huyendo por este campo salimos, y al fin en la gente dimos. De los que estaban riñendo fue dicha, y harto eficaz, pues aunque acaso salistes, parece que no venistes mas que a ponerlos en paz. Entiendes que fue otra cosa? no la pienses, porque es vana sospecha. . Jesús, hermana, la prevención es ociosa, no hay esa sospecha en mí, ni aún otra que indigna sea de la virtud que se emplea justisimamente en ti. De quien estoy receloso, y aún agraviado también, perdóname Ines, que es bien que amor esté cuidadoso, si la verdad he de hablar, es de ti. . Siempre Don Luis con nuevas quejas venís, que os pude ahora agraviar? Qué pudo agraviarme Inés dos hombres de aquí se van, cualquiera de ellos galán, si hay que sentir ya lo ves. Pues bien? en hallar un hombre, ni dos, aquí tan acaso, que se ofrecieron al paso, que puede haber que os asombre, por fuerza ha de ser delito, lo que es color. . A un amante siempre es ocasión bastante de celos el sobrescrito. Como se vista la culpa de sospechosa apariencia, tiene opinión de evidencia, mientras se ve la disculpa. Y aquí no puedes negarme, que llegas en ocasión de dar a mi presunción materia para quejarme. Celoso me quiero hacer de Inés, a quien tengo amor, por no infamar a Leonor. Que tan amiga he de ser de Leonor, aún contra mí, que calle lo que no ignoro, mirando por su decoro, y aventurándome así. Las apariencias engañan mil veces Don Luis. . Es cierto, pero en mis males advierto, que siempre al celoso dañan, pues siempre son suficientes a hacer sospecha de mal. Y esa sospecha es mortal? Pues no, con celos presentes? . . El lance viene preciso, Al desengaño esperad, que es bien, o mal verdadero. Cómo he de aguardar si muero. No hay muerte, si no hay verdad. . Si no tenéis grande empeño Sobrada conversación es está Camacho. . Quieres, que donde están dos mujeres, que un ciento de urracas son, le acabe de hablar tan presto. Mucho se pega el galán, y ya mis celos están para arrojarle del puesto. Cuál es Ines de las dos, que aún no las conozco bien? Esta de aquí. . Sin desdén fuera un milagro de Dios; y a fe que la compañera no es mala para un amigo. Que de esto he de ser testigo. yo llego. . Señor espera, válgate aquí tu cordura. Los celos jamás la tienen. Sí, mas los cuerdos previenen, los daños. . Mayor locura, qué cuerdos celosos hallas? En fin habrá batallón, déjame hacer oración al Cristo de las Batallas, que es una Imagen devota de Salamanca, Oh mujer la sota hubiste de ser de espadas; habiendo sota de copas, y oros, que fueses. Mucho furor llega en mí. Yo quedo ensayando aquí mis tajos, y mis reveses. (ma. Ah Caballero? . Quién lla Según estáis divertido no es poco que me escuchéis, bien he menester prudencia. Don Juan ahora ha venido, válgame Dios que disgusto. con estas damas, os pido que las dejéis. . A templarme por ser lo que soy, me obligo; no tengo con estas damas empeño nuevo, ni antiguo, mas aunque falte el empeño, no es justo que falte el brío: Ya veis que será desaire, y en un Caballero indigno, que habiendo en el sitio damas, así desampare el sitio; tomemos una concordia, que es fácil, y cuerdo aniso. Dos damas tenéis delante, y a alguna estabéis rendido, decidme a cual de las dos, que yo que a ninguna sirvo, si bien a cualquiera de ellas igual la afición inclino, la que dejáredes quiero servir, y desde hoy la elijo, para que así nos volvamos conformes los dos, y amigos: mirad si de esto gustáis. Ahora me certifico de la verdad, aunque el modo parezca muy comedido, que es arte mostrar flaqueza. Paréceme buen arbitrio, que el ruido no es necesario. Si ya mi intento consigo vengo en decir la que adoro; y así os advierto que ha sido la causa de mis desvelos, y lo ha de ser mientras vivo, la dama que a vuestra mano derecha tenéis. Ya miro buen desengaño, - más casárase contigo, si es hombre de calidad, o matarele ofendido. Con evidencias mayores mis celos siempre confirmo, pero con que desahogo confiesa un hombre sus tiros. No quedo bien con mi hermano, y es un notable delirio decir Don Juan que me adora; mas ya mi ingenio previno para mi honor, y mi hermano descargo a mayor delito. Caballero, en que fundáis el ser mi amante tan fino? qué lances, o qué finezas habéis pasado conmigo? decid, que yo lo dispenso. Pues no hay para que encubrirlo, y es justo, que quien os oye no entienda que le he mentido, Vuelvo a decir que os adoro, si bien con intento limpio, y hallando vuestros desdenes en cambio de mis suspiros, no cuento favores vuestros, porque mintiera, y no visto la gala de mentiroso, con ser un traje lucido. Solo el haberme escuchado mis penas, señora, estimo por un notable favor. Alguna infamia averiguo. Yo he dado lugar de hablarme? Y en vuestra casa. . Oh que lindo, y en vuestra casa, y yo fui presente, y hice mi signo. Mirad que estáis engañado, vos en mi casa? . Y lo afirmo segunda vez. . Caballero, que no os burléis os suplico, mas para que se conozca con cuanta razón porfío, y averiguados errores no pasen plaza de indicios, decid vos, que en mi casa tanto os preciáis de admitido, que dais a entender, que en ella visitas vuestras recibo, dónde es mi casa? . Dónde es al lado de san Basilio, ya que ha de decirse todo. Con eso habéis respondido la verdad, no se hable más, amiga ya es hora de irnos, tomemos el coche. . Vamos. Parece que ya respiro; no es la que dice mi casa, y a lo que del he entendido, si en una de las dos tiene su antojo, o su amor cautivo, será en Inés, que a su casa las señas vienen que él dijo, si bien la persona yerra, pero si nunca la ha visto, como su paje contaba, no es mucho, ni yo lo admiro; teloso vuelvo con esto, pero mi honor redimido. Mi casa ha dicho Don Juan, y no hay dudar que la ha dicho por desmentir las verdades que entró afirmando al principio Su amor confesó tan claro, que iba el decoro perdido de Leonor, reparo en ello, y echó por otro camino: las señas dio de mi casa, y en esto habrá conseguido, que caiga en mí la sospecha, y esté Leonor sin peligro, todo mis celos aumenta. Yo he de perder el juicio con estas cosas, y temo que fue de poco advertido lo que he confesado ahora, que Inés preguntarme quiso mi amor, y su casa, siendo su casa, y mi amor sabidos, para que yo respondiera con más recato, que tino, negando mi amor, y errando su casa con artificio, no estuve en ello, y errelo Señoras, no nos partimos hasta que entréis en el coche. Pues vamos, bien me ha salido la industria, contenta voy. . Yo voy con mis celos mismos. Yo voy con más desahogo. Yo voy con más desatino, Yo voy tras cuatro vi lados de amor, y aunque soy el cinco, no me ha de llevar de bola la maña del cieguecillo.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Por esta calle que vamos Enrique ociosos midiendo, podemos ir prosiguiendo la plática que empezamos. De lo que me has referido vengo Don Juan a entender, que tiene el Don Luis de ayer señales de bien querido. Las damas al Ángel fueron, y a un tiempo con él llegaron, dirás que a ti te buscaron, mas yo, que por él salieron. Después los viste trabados en larga conversación, ya es otra comprobación bien digna de tus cuidados, Negó tu visita Ines, y falsa te preguntó su casa, porque esperó, que recatado, o contés las señas diferenciaras, aquello Don Juan presente Don Luis, y tú, fue evidente contemplación de dos caras, Volviose Don Luis contigo del campo, y en sus razones me afirman tus presunciones, que allaben otro testigo. De lo que voy induciendo, porque me dice que hablaba, como persona que andaba pesquisa de amor haciendo, Si todas estas señales han de mentir, está bien, mas cuando mentir se ven la vez que prometen males. Enrique, yo te confieso que es el discurso acertado, y en miedo, y mujer fundado jamás peligró de exceso; pero si puede faltar indicio tan cierto en sí, presumo que falta aquí la guerra del acertar; que en la virtud conocida de Ines, en llegando a ver seña común de mujer, ha de quedar desmentida: y aunque es lo que dices fuerte, siendo también de esta dama, que el crédito de su fama cualquier temor me divierte, solo me da que pensar lo que en el prado pasó contigo. . No pienso yo de su virtud singular cosa que buena no sea. Basta que burlas de mí. Si tú lo afirmas así no quieres que yo lo crea. Qué diferente lo pasas tu Enrique con el amor. Don Juan, como tengo humor de andar conociendo casas pasolo bien, porque empleos de poca continuación en sus variedades son lisonjas de los deseos. Excusanse mil enojos, que tiene la variedad ociosa la voluntad, cuanto ocupados los ojos. Y al fin hasta ver cumplida la vez de casarme, es cierto, que mientras más me divierto me sirvo más de la vida. Piensas casarte. En hallando mujer de mi gusto. . Y es la compañera de Inés del gusto que vas buscando, que sin dolo me holgaría he dar a mi pretensión la dulce conversación que ofrece tu compañía. Lo que es parecerme bien, no está muy lejos Don Juan, y así pues sus partes dan, materia de amor también, si es dama de calidad, y libre de este Don Luis, lo que es en maravedís no hubiera dificultad. Merécelo su hermosura, porque es muy grande. En rigor la de tu Inés es mayor. Pues yo tuviera a ventura que Inés a su modo fuera. Tan bien te parece? . Sí Pues déjame a Inés a mí, y alargo la compañía. No puede ser, por que yo no busco en Inés la cara, sino otra belleza rara, que el cielo la repartió de prendas altas, que atiendo por cosa más importante. Moza tenemos delante, Tristán la parola tiendo, que estaba rabiando ya por hablar, más paso, que es la servidora de Inés, y la doncella de Inés acá. Don Juan con Enrique aquí, sin duda le trae su amor a la casa de Leonor, de donde ahora salí, y a fe que es buena ocasión de hablar una tarde entera, porque Don Luis está fuera, notables las suertes son. Con un recado de Inés vine a Leonor este día, mal despachada me envía, y esto se añade después. De aquella casa ha salido, llego a saber lo que pasa. Camacho de aquella casa salió. . Ya estás entendido. Salió de hacer su labor la que es de labor doncella de Inés, y de solo bella se te ha asustado el amor. Querrás que vaya a saber quién vive allí? y a eso voy. . Yo que de nones estoy me acojo con la mujer, quizá la conversación algo la hará que revele, que un secreto venir suele tras una, y otra razón. Preguntarela a qué vino, mas ella me mentirá: Mi Reina, qué hay por acá? Quitémonos del camino, que tengo que hablarla. . Voy de prisa. . Con ella iré. Qué buscan aquí sabré. Paréceme que esta moza, según la opinión que tienes de la señora a quien sirve, vino a la casa de enfrente para rezar oraciones, o a cosa de las que suelen hacer los buenos Cristianos. Lo qué dudarse no puede será, que si Inés la envía, sus pasos son tan decentes, que la censura más libre parada al mirarlos quede. Válgame Dios lo que fías de Inés, y lo que te debe, no puede tener descuidos? En su virtud no lo esperes, que vive con gran cuidado de su opinión. . Muchos pierden por un instante la fama; que toda la vida adquieren. Una ocasión puede mucho. Sí, mas quien anda prudente sabrá vencer ocasiones, por más que en ellas tropieces. Y aquella noche del prado, que Inés quiso hablarme, y verme, supo vencer ocasiones? Enrique no me lo acuerdes, que esa es mi pena mayor: Aquí presuroso vuelve Tristán. Qué has hecho Tristán? Nada señor. . De qué suerte? Porque es la mujer taimada, y ha dado en negar rebelde, burlando de mis preguntas los apretados cordeles. Una mujer en un potro niega constante, y valiente, y en esta virtud habían de estarse ocupando siempre sobre un potro de por vida. Con buen despacho nos vienes. pues qué te dijo? . Frialdades, de aquellas, que muchas veces en un aprieto, o peligro verdades son de repente, y a poco andar de verdades caducas se desvanecen: Lo que hizo fue preguntarme, muy asustada de verte, que haces aquí con Enrique? Pues esta calle qué tiene? no es pública como todas. Algo tendrá diferente, pues la doncella lo extraña. Camacho nos lo interprete. Jesús, qué han visto mis ojos? hay cosa tan insolente! que esto se sufra en el mundo! pero quien sufre mujeres de qué se espanta? . Qué dices Camacho, en qué te suspendes? acaba. . Sin ser. Agrajes digo, que ahora veredes. Qué hemos de ver? Basiliscos, sapos, culebras, y sierpes, y suegras, que es mal de males. A fe que nos lo encareces, A fe si te cuento el caso, que no has de decir que excede mi admiración de lo justo. Cuéntale pues. Pues atiende: Mandásteme de esa casa saber el dueño, o el huésped, y yo caminé a servirte, como es razón, obediente. La derecha era informarme de algún vecino, y entreme de golpe en la misma casa, fue yerro, mas que ha de hacerse? que hay yerros que se disponen, para que en ellos se acierten que alcanzan inadvertidos, lo que mal logran prudentes. Entreme pues por la casa, y a la escalera que ofrece la mano izquierda subí seis escalones, o siete: Llamé a la puerta de un cuarto dos veces, sin que me oyesen, aunque llamaba con golpes, de despertar a quien duerme, Volvía llamar enojado, que a la tercera se vence, y entonces fueron Oidores, los que antes fueron Tenientes, Oyeron en fin, y abriome, sin esperar que saliese la gente de la familia, que es cansadísima gente. La dama más prodigiosa de linda que supo verse, dueño elegante de vidas, autora fatal de muertes: Besando su mano al uso la pregunté, si Don Lesmes de Cordoba estaba en casa, negome que allí viviese: y habiéndola replicado, y ella negándolo siempre, la dije así con palabras comedidas, y corteses: Para que entienda señora mi dueño que diligente vine a saber esta casa con señas que no convienen. Quién le diré que aquí vive? que quiero satisfacerle, y a mi obediencia, y su engaño dar testimonios tan fieles: Don Luis de Toledo dijo. Yo entonces parando mientes en el Don Lúis de estos días, y en esa mozuela aleve, que ahora de aquí se parte, sospechas tuve vehementes de que este Don Luis, y el otro son dos, que en uno se meten: y reparando en la dama mas que al principio, valedme cielos aquí, que ya salen las suegras, y las serpientes, de aquellas dos que en su casa se dejan ver cuando quieren, y cuando no se resisten a pretensión de dos meses, reconocí ser la una, y (acabe ya de perderse tu paciencia) a la Inés misma miré de puertas allende. La sangre se me heló toda, y acometiome tan fuerte malicia de aquesta dama vino a ser hoy del retrete, que para darse noticia del caso que te aproveche, sabiéndolo luego al punto, si hay arte que lo remiende, me despedí de la dama, dos reverencias solemnes haciendo a la contenida, no sé si a la continente. La historia os he referido, mirad si con causa duele, ver la virtud arrastrada, mal repartidos los bienes, en gran altura los Luises, en bajo honor las Ineses, los Juanes para espirar, y los Enriques de requien: Mira Camacho que dices. Ya está mirado si quieres, y ese es el daño señor. Un imposible pretendes persuadirme. . Y si la vi? Buscarle en su casa, miente la relación de tus ojos. Mentís a mis ojos, eres incrédulo, y mal hablado; y esas palabras me ofenden en las niñas de los ojos, que no son ojos, que infieles dirán una Inés por otra, ni harás con ellos que hyerren por un ojo de la cara; mal los conoces, descienden del Linaje de los Linces, y aún son cercanos parientes de los vecinos, que son los Linces que más atienden. No es tiempo de darte enojos, mas mira si Ines padece los achaques mujeriles, por más recato que ostente. Del susto de su criada la causa ahora se entiende, temió que hubiesemos visto lo que a Don Luis favorecen. A liviandades tan rotas jamás el amor convierte las damas tan bien nacidas. Ysi la vi? . Porque ceses en tan infame calumnia, yo quiero aquí convencerte. Que en lo quieras no importa, falta que yo lo confiese. No afirmas por cosa llana que viste a Inés? Cabalmente. También Inés te vería, si no es que ciega estuviese. Pues dime, si te conoce, y en parte tan indecente se hallaba, como es posible que luego el nombre dijese de Don Luis? Y si estos sustos de amor ordinariamente se ocultan en los retiros, que al sol la entrada defienden, como me di la Inés misma salió para responderte, tan olvidado el recato? Discurso piadoso es ese, y era reparo preciso, más sabe que unos canceles, y escasa luz de la cuadra, de modo allí la oscurecen, que sin temer mi cuidado, ni pudo Inés conocerme, ni recelar que ninguno campoco la conociese, y en fin la vi. . Necio estás, y la experiencia lo muestre, que lo he de ver con mis ojos. Eso Don Juan es perderse. Piérdase todo, qué importa? No me dirás qué pretendes? Dejar a Inés, mas dejarla después de hablar libremente. Buena ocasión hay ahora como procuro ser breve, porque Don Luis está en casa, si los indicios no mienten. Temo Don Juan lo que dices, Jusepa dónde estabas que te he dado mil voces? . Tú cansabas la voz inútilmente, que pasan a descorteses los celos cuando hay agravio, que sus locuras despierte. También el dolor Enrique jamás a quietarse aprende, cuando le ponen los ojos el desengaño presente. Si en eso resuelto estás, entra, que yo mientras vuelves me pasearé por la calle, para que nadie sospeche, mirándome aquí parado. Pues entró Enrique. Tenedle, que según va de furioso dará por esas paredes. que estábamos arriba yo, y la gente; mas qué es lo que querías? Llamaban a la puerta, y no salías, y hube yo de salir a ver quien era. Y era señora? . Un hombre, que pudiera venir más informado para ser pecador, pero no errado, pensó que aquí vivía Don no se quien de Cordona, y quería saber si estaba en casa, De eso en Madrid es mucho lo que pasa; pero dime señora, qué recado de Inés tuviste ahora con Juana, si se puede, revelar, y la causa la concede? Para su casa Inés me convidaba. Mala debe de estar, pues te llamaba, y a verte no venía. Para todo llamarme Inés podía, que en la amistad con que ambas nos tratamos verdades, y llanezas profesamos, sin que el amor admita los puntos del pagarse la visita. Pues cómo te excusaste? Según eso a mi hermano no escuchaste: pues sabe que importuno me prohibe, ya la amistad de Ines, y me apercibe, que limitadamente me conserve en su amor, mas no le aumente. Mucho el lance de ayer habrá sentido? Mucho. . Y no sin razón, que no ha tenido lance de más cuidados un hermano mayor de los casados, más bien saliste de él. . Fue gran ventura, que se ofreciese en ocasión tan dura la traza que previne. Con el aprieto es fuerza que se afirme la industrra, que apretado se adelgaza el ingenio del cuidado, pero escucha que vuelven a la puerta. Sabe quien es, Don Juan que la halló abierta, Don Juan cómo en mi casa? licencia es ya que a arrevimiento pasa, y atrevimiento siempre peligroso, donde vive un hermano escrupuloso. Ciego de amor, y ciego de la luz que cobarde a mirar llego, vengo a perder la vidas si la hay en mí para quedar perdida. Ciertos son mis enojos, ya las dudas se rindieran los ojos Inés es la que miro como del pecho en el menor suspiro no sale el alma toda, y a vivir en un muerto se acomoda? que Inés tan fácil sea? qué infamia tal mi desengaño crea? y esté mi desengaño sustentardo la vida para el daño. Mira señor si miento mira si con verdad las gracias cuento de Inés, pues ya tu vista puede ser de sus hechos Coronista; fuego de Dios en ella, mujer en fin que sale de doncella. Que suspenso se mira, ni llega para hablar, ni se retira, de mármol me parece, que parada la acción vuelto le ofrence, cómo es esto señora? Mi confusión, y mi temor lo ignora. Temor, de qué? . No es vano, si acertase a venir Don Luis mi hermano, que mi corta ventura todos estos azares me asegura. . Dices bien Pues Jusepa, por si viene mientras aquí Don Juan se nos detiene, ponte en una ventana para ver, y avisar. . De buena gana. Ya solo os han dejado Don Juan, que es lo que habéis solicitado, sin duda, pues aquí callando veo, después de entrar con loco debaneo, decid, y caminad con las razones, que no es este lugar de dilaciones, qué causa os ha traido, menos considerado, que atrevido? Ya que solos nos vemos, y pueden disculparse los extremos, por hablar sin testigos, que escuchen, o curiosos, o enemigos, ya que mis daños salen de dudosos, pues tienen argumentos de forzosos, y vos con argumento más aleve dejáis a la indecencia que los pruebe, trayéndoos a la casa de un hombre mozo, libertad que pasa tan de golpe a bajeza, que permite, que aún mi modestia el nombre no la quite, con la prisa que dais, y que es forzosa, porque la estancia es algo peligrosa, diré con más verdades que quisiera, la causa de venir de esta manera. Vos en tanto señor a, con ingenio de culpa en ganadora, que se ve convencida, y a todo se promete hallar salida, buscaréis un color con que excusaros, que colores habrá turbios, o claros, y yo que de mi mal no estoy contento, viendo de buen color el fingimiento, quizás porqué es lisonja de mi daño, como a verdad me entregaré al engaño, Don Juan sin duda piensa, que no estoy en mi casa, y es ofensa de mi honor, que me diga sin rebozo, que en la casa me ve de un hombre mozo, desengañarle es bien, la verdad sepa. Señora, grande mal. Qué mal Jusepa? Don Luis, que ya ha venido. Que adentro os retiréis, señor, os pido, y en saliendo os prometo revelaros un íntimo secreto, que sin tener en sí por donde dañe, de todo vuestro error os desengañe, Jamás suelo esconderme, mas esta vez por vos he de vencerme, y en saliendo señora de ese secreto, me quedáis deudora, que Ines aquí, como en su casa mande, y a esconderme se atreva monstruo grande. Jusepa, en mi retrete los esconde. Ya voy, ande galán. . No sabré adonde. . Déjese gobernas. . Gentil gonierno. ̱. Del infierno. Parécele muy malo. Quién por allí se retira? Volved acá gentilhombre. Bueno por Dios, mas soy hombre de acomodada mentira, y ahora la he de mostrar. De quién os vais escondiendo? No es eso lo que pretendo, que antes os iba a buscar, porque entendí que os habían negado, y entraba a bello. Pues qué me queréis? En ello veréis a lo que me envían. Conoceisme? . . que os conozco presumo, no sois criado de un Caballero llamado (co Don Juan de Lara? . Y de Oroz- Que lo pidió el consonante. Con eso también sabréis, que desde ayer le debéis no ser de su dama amante, pues el concierto que hicisteis fue, que en la que él eligiese sagrado para vos fuese, y esa palabra le disteis. Él eligió aquesta dama, que es a quien tiene afición, y en quien de su adoración todo el licor se derrama. Supo lo mal que cumplís vuestra palabra pues hoy mirando la llama estoy en vuestra casa Don Luis. Y para dar a entender, qué un Caballero hace mal en no tener puntual la paga del prometer. Colérico, y ofendido del trato doble, que en vos ha visto contra los dos, pues de ambos ofensa ha sido, Con las armas de los nobles, que es una espada no más, porque sus tratos jamás, ni aún en las armas son dobles, Mi dueño está en Leganitos, y de su justo rigor yo soy el Embajador, que reto vuestros delitos. Allí para daros muerte por vuestras alevosías, os llaman sus valentias, y su razón, que es más fuerte. Salid al campo, salid, si osáis, que os está esperando toda la furia de Orlando, toda la herencia del Cid. La muerte hallaréis cruel, sino es que vos le matáis que ya desde hoy acertáis a eligir lo mismo que él Venid, que aguarda Don Juan, y si tenéis un sirviente de no vivir pretendiente, también soy Cid, y Roldán. Ya es mengua el andar con tino, venid. . Que bien se concierta, Saldremos por otra puerta, que ataja mucho camino. Paréceme buen atajo, y el que mi industria desea, para que a Enrique no vea, que está con Tristán abajo. Venid, pues. Es advertencia de gran coraje, tragola, Don Juan jugarala sola, que es arma de esta pendencia. Gracioso ha estado el embuste, guna me da de reír. Con el primor del mentir no hay lance que no se ajuste. Materia bien provechosa Jusepa fue la del Paje. Mentira de buen linaje jamás ha venido ociosa, pero Don Juan no querrás que salga acá fuera? . Sí. Tenle mientras vuelvo aquí, y no me preguntes más. Yo voy del otro aposento na donde padece Do Juan, O para sacarle de afán, trayéndole a su lucimiento, Como Leonor no ha querido verme esta tarde, o no puede; porque Don Luis no concede, del lance de ayer sentido, licencia de visitarme. Yo vengo a su casa, y vengo, con esta inquietud que tengo, muy cerca de declararme. Mas a propósito fuera tu casa, porque es preciso, si no es que la suerte quiso, que ya Don Luis esté fuera, que en viéndote acá su amor. no se te quite del lado, y estorbe lo que has pensado tratar aquí con Leonor. Por eso tuve deseo de que me viese en mi casa, mas cielos, que es lo que gasa! La amiga de Inés acá, también hay más confusión, Don Juan aquí, que traición y más, escondido está, como lo advierten mis celos, el es de Leonor galán, y ella que esconde a Don Juan bien siente de sus desvelos, que falsa conmigo ha estado, y él en su amor cuan infiel, mas ella es amante, y él por hombre está disculpado. Yo llego a Inés, en buen hora me vengas a honrar amiga, que es un favor que me obliga con más circunstancia ahora; porque librarme podré de este Don Juan, que ha pensado sin duda, que el ser cansado bien recibido se ve Con un notable suceso vino esta tarde a mi casa, yo te diré lo que pasa. Yo habré de perder el seso. Mucho tenemos que hablar. Y yo que hablar te traía lo que en mi casa este día contigo pensé tratar; has como verme no puedes, fue que te me excusaste, porque Don Juan esperaste, si es cosa que me concede, vengo a que hablemos acá. Jesús amiga, eso piensas, hacesme grandes ofensas. Como escondido no está Don Juan en tu casa amiga tienes razón en quejarte, de que he venido a agraviarte, por más verdad que te diga. Desengañarte sabré. Don Luis en su casa entró sin verme, porque pasó de prisa, y yo me aguardé, no ha vuelto a salir, y estando Don Juan, y Camacho dentro, pueden tener el encuentro, que vengo ya recelando, Cuidado me da Don Juan con no salir, y he subido por ver lo que ha sucedido; pero las damas están aquí con él, quiero huir. Qué es lo que Inés hablará? todo ofendiéndome va; y apurase ya el sufrir. Aquel secreto, señora, que estoy de vos esperando, cuando ha de saberse? . Cuando quisiéredes, mas ahora, que juntas las dos estamos, ya es cierto que hablar queremos en algo, que ya perdemos el tiempo que en vos gastamos, Acción de la cortesía será, que lugar nos dé, lo que decirle pensé se quede para otro día, que Inés embaraza aquí, y aún puede Don Luis volver. Válgate Dios por mujer, los tiros que haces en mí; mas no es posible que yo los celos tanto detenga, que ya que amor no se venga, las quejas quien le quitó. Señora, lo que mandáis haré, mas antes quisiera, por ser la ocasión postrera, que otro secreto me oigáis. Inconveniente ha de haber, porque hay allí dos testigos. No importa, que son amigos. Pues ya comienzo a entender. Inés? . Oh, qué bien empieza, dando mi nombre a Leonor, pues manifiesta su error. Inés a mí, qué extrañeza! todo es enigma estos días. Dos meses ha, que en mi pecho vivís Inés usurpando jurisdicciones de dueño. Dos meses ha que os adoro, desde una vez que en el Templo de la Merced a mi lado la suerte quiso ofreceros. Entonces vuestras palabras, así dotaron los cielos, de bien gustosos hechizos, de mal seguros venenos, que entrando por el oído pasaron al pensamiento. No ves que fueron halagos, y allá quedaron incendios. Engáñase quien presume, que solo la vista es medio, de introducir el amor al sitio de los desvelos; que si es lo que amor llamamos una pasión; un afecto, que se traduce en el alma de los sentidos primeros, que especies adentro olvidan de algún apacible objeto, que tiene opinión de amable, pues en despertando empeños, como retratan los ojos aquella beldad que vieron, también retrata el oído, la voz que en él alma es eco, ya que el deleite escuchado sabe correr tan ligero, que pasa a la voluntad después del entendimiento. No os vi, señora aquel día, por más que lo pretendieron mis atenciones burladas de injustos recatos vuestros, que le ordenaban al manto que diese paso al acento, mas no a la vista; piedad inutil, pues todo el riesgo la fuerza de vuestras voces, el garbo géntil del cuerpo, pronóstico, y acertado mil veces de lo encubierto, y en fin el haber destino, con siempre logrado imperio, sin libertad me obligaron a que os viniese siguiendo. Siguiendo os vive cautivo, mirad que contrario afecto, de la Merced, en quien tantos redimen su cautiverio. Sabida ya vuestra casa, la obligación del saberlo, que siempre al amante pone, sino el recato, el deseo. Fue trasladarme a su calle, y en ella vivir de asiento, sin reservar aún las horas privilegiadas del sueño, Formar ahora un discurso de todo mi galanteo, de tanto adorar constante, de tanto vivir muriendo, será no más que cansaros, y cuando deudas os cuento, dar a entender que son pocas, pues de memoria las tengo. Basta decir que no pude tener en todo este tiempo ni dicha de visitaros, ni aún lance menor de veros, aunque mi amor estudiaba con diferentes maestros, industrias de deseoso, y ardides de mal contento, mas hay lo que es la desdicha, perdonareisme si excedo ya desde aquí, que prosigo ya desde aquí con los celos. Al tiempo que mi fortuna con vos mal lograba el ruego, verá imposible a mis ansias la senda del conoceros, en sola una noche Enrique, sin merecer el suceso, pues no se le negociaban finezas, ni rendimientos, tuvo ocasión de miraros, y tuvo ocasión de haceros en vuestra casa visita, gustando vos misma de ello. No tengo de repetiros lo que en el prado sabemos que sucedió, de que hablamos haber en otro aposento. Camacho que es mi criado, entonces iba sirviendo de Paje de Don Enrique, que estaba del suyo lejos, abominando el agravio, que contra mi amor dispuesto malbarataba las dichas, que yo pretendí por premios, quitó la ventura a Enrique, y a mí me la dio, sabiendo, que entre los dos del concurso tiene mi amor privilegio. Con esto subí yo a hablaros, y hablé con los sentimientos de los favores de Enrique, que enigmas os parecieron: mas ya se entiende la enigma, pues aunque os estaba viendo, como os miraba por otro tuve el favor por ajeno. Volví después a buscaros ayer, y por el encuentro que se ofreció con Enrique, salimos al campo luego del Ángel, adonde fuimos. Con más ocasión volvieron mis celos, y mis temores, porque un Don Luis de Toledo, que puso paz al principio, supo en habiéndola puesto guerra mayor en el alma; mover de enemigos nuevos. Celoso digo que vive con más ocasión, mas pienso jurar que entre mil cuidados, y todos mil de recelos, incrédulo de delitos, y a vuestra opinión atentos, jamás acerto a culparos el mismo dolor, con freno que nunca fui de los hombres, que por meterse a discretos, la buena intención descartan, y es la malicia sujeto; mas esta tarde no supe buscarle a mi mal consuelo, cuando Camacho, testigo de mis agravios perpetuo, me refirió, que a esta casa, de cuyas dichas me ofendo, venisteis, y yo lo miro, si puede mirar un muerto favor a Don Luis tan grande, que rompe de lo modesto los terminos, y el decoro, ya profanando sin miedo. No puede tener disculpa, porque es infame el ingenio, que aboga por los delitos, que vienen tan descubiertos. Mi amor Inés se ha acabado, porque el blasonar de eterno será contra los olvidos, mas no contra los desprecios. Desdenes disimulara, mas no tan indignos medios de despedir un amante, y hacer en otro el empleo. Quedad a Dios, que he venido no más que a deciros esto, porque sepáis que no ignoro todos los lances del yerro, que sé adorar cuando amante, que sé morir cuando cuerdo; que alcanzo las sinrazones, y logro los escarmientos. Esperaos señor Don Juan. A qué he de esperar? Ya quiero desengañarle, por paga del desengaño a que vengo: ya que escuchamos las voces de vuestro hidalgo desvelo, que a tanta fineza piden estimaciones, y aprecios, porque salgáis del engaño que os pone en el alma un velo, tejido todo de errores, pero con visos de ciertos. Sabed Don Juan: Ay señores, algún peligro recelo, porque Don Luis está abajo. Perdidas somos, qué haremos? Entraos adentro señores. Basta una vez, que no acierto tan bien a las cobardías. Enrique lo mismo os ruego. Don Juan ahora en mi casa? Dios ponga en sus manos tiento mas que en sus pies, porque ha andado mas que un celoso ligero, buscando a Don Juan sin fruto; y ahora me trae del diestro, Jurando que le he de dar al agresor vivo, o muerto, sino le hallamos aquí. Quién me movió? Yo que llego Don Juan a saber de vos si es arte de Caballero llamarme a reñir al campo, y en tanto que voy al puesto veniros vos a mi casa, buscando divertimientos, que fueran bien excusados, y tan prevenido en ellos, que para que estén cabales. venís con un compañero de vos, y de Don Enrique, Con una ofensa me siento; pues sois Caballeros ambos de tan ilustres respetos, como lo dice la fama, de quien informado vengo, ya os hice yo la pregunta, respóndame vuestro acero. Leganitos está en casa, paciencia, que a cada miedo le llega su Leganitos Los dos Don Luis reñiremos? que con Enrique es ventaja. Valor para entrambos tengo, y aún para más. Tente hermano. Leonor tú no entiendes de esto. Don Luis. Inés, tú tampoco, Qué nombres, y parentescos enrique son los que oímos? Oyéndolo estoy suspenso. Don Juan en qué nos paramos? En que quisiera primero del nombre de estas señoras averiguar un misterio. Sí soy Inés, y es Leonor la que por Inés tuvieron vuestros engaños, hay más que aquí se averigüe. Luego, Leonor en su casa está? Su casa es esta que vemos. Luego la dama del prado no fuisteis vos? Eso es cierto, que para hablar con Enrique de parte de los deseos de una parienta, y amiga, por justos impedimentos que hay en su casa, esa dama, con quien amistad profeso, señas le dio de la mía, y en ella por el enredo de vuestro Paje la hablasteis aquella noche por yerro, nueos ha durado hasta ahora. Parece Enrique que es sueño. También yo sueño Don Juan. Gentil espacio tenemos con las espadas desnudas. Aquesta inquietud sosiego casándome con Leonor, y gano en el casamiento, pues mi afición merecía, y es sangre de los Toledos, con calidad tan notoria. Don Luis el reñir dejemos para después de cuñados los dos, y si lo merezco mi mano tenéis aquí. Para mi hermana la acepto; y a mí me daréis los brazos, Leonor, esclavo soy vuestro. Mi dueño podéis llámaros, Amiga de tus aciertos, la norabuena te doy. La misma darte prevengo. Bien puedes, porque Don Juan, a cuyo amor me confieso tan justamente obligada, también ha de ser mi dueño. Mi mano es esta Don Juan. Y yo con esta os entrego. bellísima Inés el alma. Yo quedo así satisfecho, bien que me quedo sin dama, mas este daño es lo menos, asegurado mi honor, Famoso papel han hecho los celos en la venganza. Aquí dio fin este cuento, vuesas mercedes perdonen carísimos mosqueteros, y vénganse acá mañana tantos ociosos con ellos,
