Texto digital de La más amada de Cristo, santa Gertrudis la Magna (segunda parte)
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- Atribución tradicional
- José de Cañizares
- Atribución estilometría
- José de Cañizares Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La más amada de Cristo, santa Gertrudis la Magna (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-amada-de-cristo-santa-gertrudis-la-magna-la-segunda-parte.

LA MÁS AMADA DE CRISTO, SANTA GERTRUDIS LA MAGNA (SEGUNDA PARTE)
JORNADA PRIMERA
y Rosígase en la tierra . la lid contra Gertrudis. Guerra, guerra. Con aplausos reciba Rodardes al Lantsgrabe. Viva, viva. No del Abismo triunfen Qué pretendéis, Vestiglos infernales, no basta que una vez huya vencido de esa mujer, que a Dios ha merecido tanto, que en su favor en su asistencia, quiere excederse a sí la Omnipotencia, sino es del Conciliábulo espantoso, con desprecio afrentoso, escupirme otra vez; dolor eterno! la escabrosa garganta del Infierno, a que en segundo ultraje, de no espirar, espire mi coraje. Sí, que has de combatilla, hasta postrarla. Pues si ha de ser, acepto la batalla y contra ti, Gertrudís, que en tu anhelo, lo propio es contra ti, que contra el Cielo. César lo prometido no ha de cumplir; ni le ha de ver ceñido de aquella, aunque Gertrudís le persuade, Cota feroz, contra el Abismo armada, la Cogulla admirable de Benito: Hoy de él apoderado, solicito apagar, siendo el soplo mi osadía, esa brillante Lampara del día, turbar los Elementos, estremecer los montes, y vistiendo de horror los Horizontes, en las cumbres las ondas, y los vientos, establecer cruentos, cuantos estragos alimenta insana; mas que mi astucia, la ambición humana: mas ay, infierno, como, si ha tres días, que entre las Celestiales Jerarquías viviendo está Gertrudís, y gozando, lo, que si no es muriendo, nadie ver pudo; cuándo vaje? y cuando llegue el furor de mi combate horrendo, cómo, cómo tratendo tantas dobles defensas en despojos, podré atreverme, ni aún a ver sus ojos; pero no es aún mortal, no es viadora la semilla traidora de original pecado no existe en ella? pues cruel, dañado Ejército de Espíritus infieles, todo te he menester, y no receles, que quiental mismo Cristo tentar pudo, su imagen romperá, y no lo dudo, mientras dice la salva succesiva: Federico Lantsgrabe de Asia viva. , l , , Viva, y vuele en las alas de sus trofeos a ambos Polos el Ave de los dos cuellos. En hora feliz, Señor, lleguéis, donde mis deseos, de las dichas, que hoy poseen, logren todo complemento. V. Alteza, una, y mil veces venga, a que en vínculo estrecho se confirme la amistad, que unió con lazos eternos a Hese. Casel, y Bransure, sin tener dominio en ellos para romper su alianza, ni la fortuna, ni el tiempo. Y a mí por interesada en tanto bien. Y a mí, siendo quien inmediato a esta dicha, consigue el favor de el veros. 2. Los brazos me conceded. Príncipes, a todos debo tantas honras, que anegado en tan iguales obsequios, sin voz habla mi fineza, que aunque en la opinión opuestos de la Religión vivamos, sangré, amistad, y comercio estrechan nuestra alianza. Padre mío, y aquí un Lego, puede llegar a encajar por un lado un medio verso? No, Hermano, que son persona de grandeza, y de respeto. En los puestos lo serán; mas los nombres son horrendos, Bransuic, Casel. Artistar, que al pronunciar los entiendo que vomito las entrañas. Calle. Que entre todos estos no aiga un Príncipe de Esquivías, que sueñe? A qué? A vino añejo. De las guerras entre vos, Conde de Masfelt, mi deudo, y mi amigo; con el Duque César, a quien tanto aprecio, fui sabidor, y estimando de amistad, y parentesco los carácteres, que me hacen, por vecino, medianero, esas huestes, que trémolan al aire en flexibles vuelos las negras Águilas mías, continuamente batiendo los cándidos tafetanes, puse en marcha, a solo efecto de conseguir ajustaros. Y servirán, si yo puedo, de resucitar las iras al soplo de infernal cierzo. No solo hallaros en paz, aunque ignoro los conciertos, que entre los dos se han tratado, estimo; pero viniendo en tan feliz ocasión, no excularé proponeros, (olvidando las antiguas pretensiones de los feudos, que no ignoráis) la segunda intención, con que penetro las campañas de Masfelt. (Ay, Margarita, si el eco de la fama a tu hermosura me inclinó, que harán bebiendo en tu perfección mis ojos . tan dulcísimo veneno, las realidades que aumentan la pasión con el objeto.) Destinada, Gran Señor, Gertrudis al Sacro empleo de servir a Dios, cedí el fino amoroso empeño de solicitar su mano, y a obedecer sus preceptos, áspiro, cuando trocando por la estameña el acero, en lugar de arnés brillante, en vez de acerado peto, la sacra Cogulla vista de Benito. Atente a eso, que tú verás lo que engordan gracia de Dios, y torreznos. No ha de haber forma qué calle? Padre, como soy discreto, se me vienen a la boca discreciones, y regueldos. El Estado de Bransuic quedará, Señor excelso, asegurado en Lotario, en quien aspira a cederlo César, habiendo adquirido con el feliz himeneo, (de que aún la celebridad dura) que en uno enlacemos las bastas herencias de ambos. Eso es lo que no penetro. Es que en la primera parte se casó ese majadero. Quiere callar? Si pregunta él seo Príncipe Tudesco, y yo estoy en ello bien, no he de responderle? Es necio. Sí, más Cocinero, Padre, y las obras que yo emprendo, suelen saber mucho más, que los de un Padre Maestro. Cómo en Lotario es posible recaer a un propio tiempo Bransle, y Masfelt? Señor, habiéndole, esposo hecho de Margárita, sobrina mía, y en quien; no pudiendo ser mi heredera Gertrudís, recae. Qué es lo que oigo, Cielos? Ya hay material a mi astucia, que en su semblante lo advierto. Este Estado, y del de César, si él deja el siglo, heredero por fuerza ha de ser Lotario. No digáis más, ya lo entiendo; (ojalá no, y de mi vida fuesen tosigo mis celos) y no solo he penetrado, la acción, si no es el intento de una incesante ambición, atropellando respetos en ambos, que a las Potencias comarcanas se debieron: Eranse, y Masfeltunidos? (ay dolor mío, anhelemos, para disfrázar la rabia, a colorir el pretexto) cómo es posible permita, que se unan en un sujeto, Dominios tan poderosos, el bien fundado recelo de la menos perspicaz política de los Cetros? Si dividida Alemania, aún al sitial del Imperio la potestad reconoce, sin permitirle el aumento, porque le desea igual, aunque le atiende supremo: cómo es posible tolere, se levante de entre aquellos, que hoy pesan este equilibrio, un Gigante corpulento, que tenga en temor continuo la libertad de sus Pueblos? No, César, no, Conde, yo tengo de ser el primero, que en la campaña dispute, lanza a lanza, y cuerpo a cuerpo esta májima; y si acaso no es más que oferta, el deseo de que Lotario consiga de Margárita ser dueño, concediéndosela a otro más distante, quedaremos sin la presunción, de que haya de ser común este riesgo, dolencia a quien sirven solo los estragos de remedios. Con responderos Lanisgrabe, que ya no puede ser eso, pues casada Margarita está, reduciros creo a no turbar nuestra paz, con el débil fundamento de un peligro tan distante. Cómo que no? yo le advierto muy projimo, y así deben cautelarse mis esfuerzos; Soldados, a retirar. Qué intentáis, Lantsgrabe, haciendo tal novedad? Enseñaros, César, que entre vuestros hierros, y entre mi satisfacción, no hay distancia de por medio: sobre las Armas, Soldados, os poned. Mal habéis hecho, en proceder tan altivo, porque a mí me veis tan cuerdo; pues debiendo defender yo lo que el Conde ha dispuesto, queréis volver desairado, si acaso no volvéis muerto. Eso se obra, y no se dice. Pues yo que la dicha adquiero principal, siendo el motivo de tan no pensado duelo, al peligro debo ser quien se anticipe. Bien presto os sacarán de esa duda los arrojos de mi aliento. Ved, Lantsgrabe, César, ved, que todos nos perderemos. No hay partido a la campaña. Al combate, que no hay medio. Ya es perezoso el furor. Eso sí, arda el universo en les volcanes, que inspira mi sujeción. Zurra, perros: no decía yo en la otra Comedia bien, que son estos Bransuiques, y Masfelinos alborotados de sesos? Señor, procurad templar tan recién nacido incendio. Discurro, que mal podré. Déjelo estar, Fray Ernesto, no dé a presumir que hay, cuando obro yo como un Hector, Monje Benito gallina. Qué es lo que queda resuelto Que veáis lo que debéis (mientras que yo me mantengo a la vista) ejecutar: Sol dados a tierra luego, y con la pala, y la hazada os cubrid, ya espacio os dejo de elegir entre dos líneas, o el ajuste, o el asedio. Cubrir manda los Soldados, deél en de venir en cueros. Hermano. No me hermanee; que los Demonios quisieron, que no fuese yo Seglar, que ellos quedaran cubiertos de suerte, que en la mollera les empotrase el sombrero. Pie a tierra, pie a tierra. Y bien, César, Lotario, qué hacemos? Yo te lo diré, Señor. Hermano, a tus plantas puesto, de mis errores pasados perdonado, y satisfecho tu amor, que no me abandones te suplico; pues empeño es ya tuyo, que castigue tan osado atrevimiento: si las Tropas me permites, y yo a mi lado te veo, poco contra mí podrá todo el Orbe. Así lo entiendo: Señor, esposa me hiciste de Lotario, hermano vuestro, no es aire de vuestro brío dejar un bien imperfecto, ni es vuestros santos designios evitarlos, suspenderlos. Por mi voz supliendo están. Hermano. Señor. A Cielos! como a un tiempo me combaten, aquel agilio, que debo a Gertrudís, y el impulso del pundonor que defiendo! Qué resolvéis? Qué imarchando a recoger los fragmentos de mis Escuadras, volváis a su frente, que yo presto os responderé Pues yo me anticipo, disponiendo la Ciudad a la amenaza; si habrá del éxtasis vuelto Gertrudis, que más confío de su voz, que de otros medios. Alentado en la esperanza, que me dais, os obedezco: ven, Margarita. Señor, donde estáis vos, nada temo. Y en tan raro caso, qué me aconsejáis, Fray Ernesto? que me dices tu Renolr? Tocándome el responderos, como Religioso os digo, que el Demonio, pretendiendo perturbar vuestros designios, causa tales movimientos. Decís bien. Si a mí me toca, como soldado, y atento a vuestra honra, aconsejaros, solo os diré, que en desprecios de un Príncipe como vos, es ultraje un sufrimiento. Reñolt, eso quién lo duda? No hay que atender a respetos humanos, cuando la injuria, que nos hicieren, debemos. disimurlarla por Dios. Así lo aconseja el mismo. Acá entre los Soberanos, que con expiendor nacieron, tiene su limitación, que no han de quedar expuestos a la nota de cobardes, por el aplauso de cuerdos. Eso digo yo, al que da un pescozón, darle ciento. No es eso lo que Dios manda. Es verdad; pero en viviendo cascando, lo mando yo, porque ante omnia mi pellejo. Obedecer a Gertrudis quisiera. Pues resolveos a dejarlo todo en manos de la clemencia del Cielo. Pero esto bien puede ser, después de librar del riesgo hermanos, Patria, y honor. Atended, Señor a ellos, que para eso de ser Monje, dueda muchísimo tiempo; además, que qué lográis, si queda enmedio del fuego Gertrudís? Renolt, bien dices, lugar hay para mi intento. Rayo he de ser desatado de la essera, defendiendo mis heredados blasones, que como tú me has propuesto, tiempo hay para lo demás. . Ya habemos vencido Infierno, que los mortales se engañan muy fácilmente, creyendo, que es larga la vida para propósitos, que son buenos, y suele llegar la muerte, antes de acabar de hacerlos. . Ay, Hermano Fray Cogoté, cuanto ver a César siento otra vez embebecido en el mundo. Es un camueso, pues ignora que es el siglo tremebundo, y fraudulento. Extraños términos gasta! Estudio, que me desuello, y ahora estoy en un librillo, que es curioso por extremo. Cuál es? La Farmacopea. De qué trata? e De los medios, y caminos más seguros de hacer buñuelos de viento. Hermano, es tremendo loco. Pues digo, Padre es buñuelo el hacer buñuelos bien. Al Convento nos lleguemos, a ver si restituida Gertrudís, para consuelo de sus Monjas se ha cobrado de aquel soberano exceso. Gran tonta será la Madre, si una vez, que está en el Cielo, se vuelve acá, a tolerar tanta caterba de necios; si yo fuera ella:: Qué hiciera? Me agarrara de San Pedro, y diera tan fieras voces, que viendo que el Firmamento alborotaba a alaridos, me echaran a los infiernos. Venga, que bien digo yo, que no tiene entendimiento. Benedicite, mi Padre, soy cortés, va, a primero. Restituyenos, Matilde, a Jertrudís. Qué intentáis, hijas, conmigo no habláis, pedidle al Señor, pedidle, pues arrebatada al Cielo, su Gloria la comunica, y a su corazón la aplica, que atienda a vuestro consuelo. Pues te ha dado su obediencia, mándala tu descender. Dadole ha que ha de ser; Hermanas, tengan paciencia, que allá hay Santas infinitas, que cortejarlas conviene, a solo Vírgenes, tiene que hacer once mil visitas. Matilde, alivia el pesar, que ya su ausencia ocasiona. Señor, el ruego perdona, por el celo singular, que a tu Esposa es tan debido, y ya no cabe en su esfera. Y tú, Paloma ligera, que imitar has conseguido a Pablo Apostol Sagrado, siendo al Cielo arrebatada tres días, donde anegada en aquel golfo elevado, mires lo que no miraron ojos jamás, ni pudieron, oigas lo que nunca oyeron oídos, que se formaron de humano polvo; bastante delicia la tuya es, no por tu propio interés estes del nuestro distante. Apriete, Madre, en razón de petición tan divina, mientras voy a la cocina, a ponerme en oración. Ya no puede tolerar tanta ausencia este Rebaño, expuesto, Señor, al daño del León, que sin cesar, cruelmente le rodea, y por su cabeza llora, goce su amada Pastora, su querida Madre vea, para que del temor suyo triunfe su inmensa alegría. Ya la mejor joya mía, Matilde, te restituyo. Y en Trono de nubes desciende a la tierra el más tierno objeto de la Ommpotencia. Señor, tan pequeño espacio me concede tu presencia? A un solo instante reduces tu indefectible promesa, de que habite en tus Palacios tres días? Quérida prenda, mi vista hace que los siglos breves momentos parezcan; la palabra te he cumplido. Ay, Señor, que presto vuela la edad del gozo, y qué tardas son las horas de las penas! No me he de apartar de Vos, que a vuestros ojos atenta, asida de vuestros Pies, tengo, con vuestra licencia, de estar para siempre a ellos. Si en tu corazón me hóspedas, ya lo logras, que mi amor se retira, no se ausenta. No entiendo de eso, Señor; una vez que yo te tenga, no he de soltarte, Bien mío. Hija, nadie está más cerca de mí, que tú, pues nos une el amor, que nos estrecha: y para que lo penetres, pide cuanto intentes, ruega, Reina, y Señora del Orbe; y aún, si en rogar te violentas, mándame, que por mi Sacra Divinidad, que veneras, te juro de obedecerte: Y en señal de tanta oferta, te lo firmo de mi nombre con estas doradas letras en tu corazón. Jesús. a Qué hacéis, sagradas Esferas, Ángeles, y Quérubines? como tan alta fineza no envidiáis? hombres, que ciegos camináis por torpes sendas, mirad lo que con un alma, que sabe amarle de veras, hace aquel Dios, que os formó de nada, polvo, y miseria. , . Ya en Cristo, y Gertrudis son dulces, y tiernas, iguales los ruegos, y las obediencias. Dulcísimo Dueño mío, como habrá, Señor, quien pueda apartarse de un amante, que de esa suerte requiebra? qué ojos me dejáis, Señor, para que ya el mundo vea? qué gusto que ya sin Vos se alimente de otro néctar: llevadme, Señor, llevadme, No, Esposa, quiero que atiendas al provecho de mis almas, que muerte, y pasión me cuestan, que para solo ese efecto mi amor no se va, y te deja. , . Y en Trono de nubes desciende a la tierra el más tierno objeto de la Omnipotencia. Aguardad, Señor. Qué pides, Madre, si escuchando quedas: , . Que en Cristo, y Gertrudí son dulces, y tiernas, iguales los ruegos, y las obediencias? Matilde, aquí estabas tú? Aquí estoy, Madre, suspensa, y absorta, viendo, que tantos favores a Dios merezcas. Dios ofrece obedecerte; qué obras, qué hablas, qué piensas, que con tal fuerza le obligas? No apartar jamás la idea de su voluntad, tener esta condición violenta de mi genio altivo, y fuerte tan oprimida, y sujeta por su respeto, que vivo en continua interior guerra. O lo que a Dios le merecen el amor, y la paciencia! Hermanas, ya está Gertrudis con nosotras. Con bien venga. , , y Hija? Madre de mi vida? Amantísima Abadesa del Señor con quien te agarras, y te vas a pacorea. 3. Seas mil veces bienvenida. Mira como huele, llega, Cógote, que este es almizcle Celestial. Ella por ella, es la fragrancia que yo pego a mis sotanas viejas. Mire, hija, que yo la ordeno, que otra vez no la suceda desamparar el Convento. Padre, y si el Señor recrea mi alma con tanto favor? Hacer, hija, resistencia al propio gozo, que Dios, de ver que a su cargo atienda, se obligará mucho más. Madre, la mejor vereda es la de la sujeción. Siempre, caminé por ella. Dígame, vadre, qué va, que aunque llevase linterna, no ha descubierto en el Cielo, un Tabernero siquiera? Porque no calle, que es loco. Yo sigo esta consecuencia: en las nubes está el agua, ellos por ella revientan, para aguar el vino añejo; con que los que al Cielo vuelan, por no perder la costumbre, contra las nubes se pegan. Y no llegan a la Gloria? No, que allí es todo pureza. Hija, el común enemigo turbar nuestra paz intenta; hoy ha llegado a Rodardes con pretensiones diversas el Lauisgrabe Federico. Y ese infeliz, a quien ciegan heréticas opiniones de Arrio, qué es lo que desea? Deshacer lo que ya está dispuesto entre el Conde, y César Si no puede ser. Pues él, puesto en frente de Banderas, para darnos la batalla está; los nuestros observan su movimiento, con qué::: Arma, arma, guerra, guerra, Ya nada falta, afirmando esas, que se aprestan al combate. Y a mí, o Madre, se me reilan las piernas, y he de hallarme en el avance, por vida de Julio César. Un Religioso! qué dice? Auda tú, zorrita muerta, qué te espantas de escuchar las Cajas, y las trompetas, y no te asusta el tener cien devociones Frailescas? Yo? ay que mentira. Mentira, pues a qué viene a la reja el Despénsero, a tratar algún caso de conciencia? Dejando en manos de Dios el suceso, qué recela, Padre mío? Al Señor toca volver por su causa misma. Guerra, guerra, al arma, al arma. Hija, hoy mi afecto te empeña con la mayor eficacía, en que nuestro honor defiendas con tus santas oraciones. Prima, nuestra suerte adversa es hidra, que resucita de un cuello muchas cabezas. De Fray Ernesto informada estoy, Señor, nada temas, que Federico, pues es enemigo de la Iglesia, poco ha de poder sin Dios. Pues no es bien que me detenga, cuando César, y Lotario disponiendo las hileras, habrán la lid empezado: quédate a Dios, hija, y ruega por nosotros, Y voy del suceso la nueva fiada en ti. Hija, Matilde, junte las Hermanas nuestras en el Coro; porque en tanto, que penetren las Esferas. sus voces, ayudaré, como Dios me lo conceda, en espíritu a mi padre. Voy a cumplir lo que ordenas Venga, Hermano. Dónde vamos? Preciso es en asistencia del Conde estar. Pues voy, Padre, a sacar de la Bodega la carabina Alemana. Cuál? Una bota bien llena, que cuerpo que está hecho un lobe como diez lobos pelca Ay, Madre, que trapisonda se arma. Ya se desconsuela? Si me asusto de un ratón, de esto, qué haré? Más valiera, que creo, que nuestra Hermana gusta, con poca modestia, de conversación con hombres. Madre, si la hablo de veras, ellos son animalitos, que tienen mil gracias buenas, y como son parecidos en talles, ojos, y orejas a nosotras en viendo uno, me quedo la boca abierta. Vaya de aí, que es una loca. Ya me voy, y hago la venía. Dulce Dios mío, hasta cuando, vida que es toda tragedias, me ha de durar? Hasta tanto, que humillando la sobeeruia engañosa, que te asiste, mis plantas beses. Oh bes infernal, quien eres tú, para que abatirme puedas? No ves lo que hace Jesús por mí? Si eres hechicera, encantadora, y le engañas con hipócritas ternezas, qué mucho? Solo en ti cabe la torpe indigna blasfemia de decir, que Dios se engaña. Lo parece, aunque no sea; pues así como un galán en todo vencerse deja de su Dama, a los impulsos de una pasión, que le ciega; así obra, gusano vil, contigo el Señor: qué escuela has tenido, que del mundo las lecciones aprovechas, y sabes las invenciones de enamorar con tal fuerza? Pregúntáselo a Jesús, que ese es quien me las enseña; o aguarda, que quiero hacer, para que la duda pierdas, un acto de amor de Dios. Calla, calla, cesa, cesa. Has de estar presente a él: Señor de Cielos, y Tierra, peque ante ti; si merezco el Infierno, como sepa, que hago tu gusto, yo acepto la inmensidad de sus penas. Calla, que cada palabra para mí es una saeta. Así enamoro yo a Dios: quieres tu hacer como esta otr a oración? Tú te burlas de mí, me matas, me afrentas; mas presto, viendo tu padre en la presente refriega contra Federico, muerto, verás mi ira satisfecha. En espíritu a asistirle voy, pues combate en ofensa de un enemigo del Cielo: allá te daré respuesta. Y allá te aguardo, enemiga; y pues una Inteligencia impura, como yo soy, mayores distancias vuela, ya en la palestra me hallo: Ea, Lotario, a qué espera? que no puedo hacer por ti demonstración, que más deba obligarte, que es dejarme a mí, porque tú me tengas. Esclavo me hace, Señor, tan generosa, fineza; a qué esperamos? A qué, pues guardando esa eminencia nuestras espaldas, tenemos contra la avenida opuesta tan ventajoso terreno, acabe de sus trincheras de salir el enemigo. Ya derribadas, nos muestran dispuestos sus Escuadrones, y ya dando media vuelta de Corazas nuestra frente, buscan, y aguardan la seña a embestir. Pues me responde el enemigo con lengua de metal, herido el parche, y inspirada la Trompeta: A ellos, amigos. A ellos, y a nadie cuartel conceda vuestro furor. Masfeltviva. Viva Hese Casel. Y mueran, los que su nombre no aclamen. Federico en la lid entra. conmigo. Darle la muerte a un caduco, poco cuesta. Ay Por Federico victoria. Miente la lengua, que tal pronuncia. Ah villa morirás! Viva la Iglefia, hijos, no hay que desmayar, yo estoy en defensa vuestra, a ellos, valientes Sajones. 2. . Dios por vosotros pelea. Gran prodigio! a ellos, Soldados. A ellos, que yo entro en la gresca. Téngase, Hermano. A gallinas. Por más que librarte quieras, has de morir a mis manos. Herido estoy, y sin fuerzas; pero aún muerto mi valor, no sabrá pedir clemencia. Pues para que una ignominia sea en ti señal perpetua, que te castigue, el que abuses de la piedad que desprecias, ven a mis pies. Algún día puede ser te pese, César, de afrentarme. Yo te doy de que te vengues licencia, y libré a solo ese fin te dejo ir. Mire V. Alteza lo que hace, Señor invicto. César, aunque ahora venzas, quizás llegará ocasión de satisfacer mi ofensa. Aguarda. Esperad, Señor. Cómo, las huestes deshechas, temerarios, no cedéis? Arma, arma, guerra, gue 1. Muerto soy. 2. Ay de Todos a mi coraje perezcan. Uno ha caído en el suelo: yo he oído en funciones de estas, que es alivio a los difuntos, urgarles las faldriqueras. 1. Adelante. 2. Aquí está un muerto, Hola, hagamos la deshecha, no vean que le despojo, y me den en la mollera: hijo, ahora es ocasión, jura, perjura, y reniega, y moriras como un perro. Oigan como le amonesta. Da gracias a Dios que mueres sin responsos, ni recetas, y sin que después de muerto una endemoniada vieja, te haga morcilla de estopa la tripa de la zagüera. 2. Vamos de aquí. Ya he pillado; mas las alhajas son bellas, una baraja de naipes, tres botones, y una alesna. Hermano, en que se detienes ya vencimos. Pues no es fuerza, peleando yo? Qué hacía aquí? Ayudar con santa flema a bien morir a este hombre. Y dio de salvarse muestras? Sí, Padre, ya va ligero, si los diablos se le llevan. Entre. Deje que a este Herege sepulte en una secreta. Madre mía, con que ya segura la Ciudad queda? Ya el infiel de Federico huye, y a esta justa empresa en espíritu he asistido, porque la honra se preserva de Dios, y de sus Altares; darle las gracias quisiera, y así retírese, Madre. No hay piedad que a su grandeza no le merezca mi amor. A Señor, qué podrá esta necia criatura vil, o inútil, deciros, en recompensa de los excesos amantes, que tu afecto manifiesta? Del Divino Amor he oído, que las armas que maneja, son dulces arpones de oro, con que las almas penetra, y la que hiere una vez, queda siempre prisionera. Oh, quién este arpón tuviese! y hoy que inflamada, y resuelta estoy de combate, el pecho os pasara, y os hiciera con esta saeta amante, para que edades eternas. os tuviese aprisionado. Gertrudis, si la deseas, prevente a la lid, que ya me tienes en la palestra. Al arma cariños, los Orbes atiendan, que Cristo, y Gertrudis en dulce lid entran a batallar finezas a finezas. Soberano Bien, qué miro! qué transformación es esa? Ser yo aquel Divino Amor, que tú allá te representas: Mis alas son los deseos, con que mi cariño vuela a socorrer a los hombres. Mi piedad es esta venda, con que me cubro los ojos, para no ver mis ofensas. Este arco, y este arpón, son las armas con que flecha las almas, que mías son, mi afecto, y mi complacencia. Pues, Señor, dame ese arco, que quiero que no te puedas apartar de mi jamás, pasándote con vehemencia ese corazón Divino. Dueño mío, bueno fuera darte yo las armas mías para herirme tú con ellas: no es mejor, pues yo las tengo; que te enseñe la destreza con que se han de manejar? Y cómo es? De esta manera. Ay, mi Amor, que me ha partido toda el alma su violencia! Es que con el propio impulso, que quieres tú que te quiera, quiero yo me quieras tú; y si así no estás contenta, vuélveme el arpón, Certrudis. No haya miedo que tal vuelva, que es muy amable la herida, para hacerle resisencia. Al arma, que dulces Divinas saetas no causan herida, que no se apetezca, y al combatir, hiriendo, lisonjean. Ay, mi Bien, que me has burlado, pues yo soy la que interesa, en que se aumente tu amor, porque mi ventura crezca; para qué quieres tú el mío? Para que tú me deleitas mas que cuantos justos hoy tiene el Orbe de la tierra en sus espacios. Aguarda, Señor, dulce Dueño espera, no me escondas el remedio, ya que causas la dolencia. Victoria, Masfelt, victoria. viva el Conde, y viva César. Mas ya se oculta, diciendo de los Cielos la cadencia: Al arma cariños, los Orbes atiendan. Mientras que los accidentes del siglo, que me rodean me apartan del mayor logro: esto es venirme a dar cuenta del triunfo contra el Lanisgrabe; más poco importa, que emprendan divertirme de mi amado, como yo con él refiera: , . Al arma cariños; los Orbes atiendan, que Cristo, y Jertrudis en dulce lid entran a batallar finezas a finezas. RNAD UNDA
JORNADA SEGUNDA
Piedad, Señor. No hay piedad, Soldados, nadie perdone enemigos, que defienden su flaqueza con sus voces. Gran Federico, clemencia A buen tiempo, cuando al golpe de una injuria ensordecieron las piedades; los baldones; y tú miserable objeto de mi rencor, pues disponen las Estrellas, que ni aún pueda usar un despique noble, prevente a morir. No pienses, Federico, que aunque rompes a los racionales fueros las leyes, que no conoces, me asombras con amenazas; pues con el hado conforme, para impiedades de acero, tengo un corazón de bronce. Vencido en Rodardes fuiste, y con esfuerzos mayores otra vez en busca nuestra volviste altivo, y trocose la suerte, que la fortuna, o ya mudable, o ya indócil, casi sin distancia mezcla los ceños, y los favores: Y en ese Villaje, en quien, con el favor de la noche, se albergó nuestra Vanguardía, desecha del primer choque, prisionero conseguiste hacerme, y las prevenciones de tu triunfo es emplear en rendidos tus rencores, como inficionado de esas pestilentes opiniones, que a Dios, y a su santa Iglesia tiranamente se oponen, con crueldades, con estragos, y con hechos tan atroces, que aunque acreditan lo airado, no desminuyen lo torpe. Si mi sangre te ha agraviado, aquí está mi cuello, o ponle el acero, que le siegue, o el cañamo, que le ahogue; y no en inocentes vidas el ciego rencor desfogues, que al cruel para cobarde, no le falta más que el nombre. Di más, infeliz, di más, que quiero dejar que logres el despecho a que sabiendo, que no hay ya medio, que estorbe tu muerte, te precipitan locas desesperaciones: mas porque veas, que aún tengo mayor estrago, que llores, y mayor golpe, que sientas, hoy tu ruina te disponen los ojos de Margarita, porque aquellos propios Soles, que fecundaron tu dicha, la marchiten, y deshojen. No me ultrajes lo que adoro, y dame mil muertes. Oye. que puede ser, que te pese mas, de que no la desdore. Cómo? Cómo yo idolatro sus divinas perfecciones, por su fama enamorado, a hacerla dueño del Orbe aspiraba. Qué esto escuche! Tu lograste sus amores, el ser dichoso te mata, que la envidia no conoce mayor delito, que el ver, que pierda lo que otro goce. Ah cruel, aún le faltaba material a tus traiciones! Ea, llevadle de ahí. Para que mi muerte formes. Apartadle de mi visa, y cargado de prisiones, padezca su desventura. indigno eres de ser hombre. No me ofende ese epitecto, pues se precian mis ardores de monstruo de las campañas, y de fiera de los montes. Cómo Lantsgrabe:: No me hables. Federico:: No me nombres. A quién::: Soldados, qué hacéis, pues no obedecéis mi orden? 2. . Venid. O, el Cielo desate un rayo que te debore. Que más rayo, que mis celos, Áspides, que el Alba esconde: mas qué Clarín es aquel? 1. A lo que se reconoce, gente del campo enemigo es, que a sus ecos veloces, seguro de hablarte piden. Razón es, que se le otorgue, lleguen. Padre, a que venimos nosotros a estas funciones? Con embajadas, ni asaltos, que tienen que ver los Monjes? Ver si el Cielo abre lugar, que tanto estrago se estorbe. No es si no es andar buscando un par de sobas de coces. Prospérete, Federico, el Cielo, y dé a tus pendones muchos triunfos; No ha gran tiempo, que usaste frases peores, y aún acciones bien distintas. Estaba enojado entonces, y no ignoras, que la ira al más cuerdo descompone. César, hasta el fin del tiro, no es bien que el arco se arroje Yo aquí no vengo a consejos, sino a tratar condiciones. Pues bien te puedes volver, que un agraviado no oye. Oh cuanta soberbia infunden de la fortuna favores. Tú me enseñaste a cruel, y aprendí, porque soy dócil. Ay Padre, que Federico tiene malditos vigotes. Y qué teme? Que nos cure sin albayalde el alorre. Lotario está en tu poder, no extrañes, que no le nombre mi hermano que quien no muere, antes de que le aprisionen, no ha aprendido de mi sangre los estímulos feroces: qué partidos por él pides? Cómo tú me los otorgües, fácil es que le rescates; pero es muy precioso el coste. No te pares en pedir. Pues para que a mis rigores no muera, en satisfacción de tus pasados baldones, me has de dar a Margarita por él, a quien reconocen por ídolo de mis ansias mis ciegas inclinaciones. Qué has pronunciado Lantsgrabe? cabe en quien sangre le adorna generosamente ilustre, proposición tan enorme? Por su vida te he de dar su honor? Cómo, di, te expones, a que mi aliento enojado, de un suspiro te destroce? pues cuando la Religión no impidiera acción tan torpe, yo mismo (caso negado, que a esa condición se doble) de su purpura caliente salpicara aquestas flores, que de vergüenza de oírte, se ocultan en sus botones. estas en ti? Tan en mí estoy, que antes que me enoje, porque te he dado el seguro, te mando::: Qué? Qué te tornes a tu Campo, o verás, como rigiendo mis Escuadrones marcho a quemar a Rodardes. Puede ser, que no lo logres, que no siempre la fortuna favorece sinrazones. Eso haber visto pudieras, cuando con ira disforme me abatistes, y agraviastes, Ya te he respondido; y hombres como yo, no se arrepienten de nada de cuanto obren. Pues, César, aún las cuchillas conservan vivos los cortes. Con armas, y con razón no temo tus presunciones. Duque, ya tú no me ignoras Lantigrabe, y tú me conoces. Yo daré muerte a Lotario. Fácil es, pues tus prisiones le aseguran; pero luego guárdate de mis furores, que no hay en Hese Casel vidas bastantes a un golpe de mi venganza. Qué tardas, que son tus ejecuciones, mientras tanto habré yo puesto toda Alemania a mi orden, y aún tu cabeza a mis plantas: Hola, los Corazas monten. Trompeta, toca a marchar; brame el parche, y gima el bronce. O pese al Cielo; que deja que mi cólera malogre, sin medios de despicarla. Señor, no tanto te arrojes en las manos del despecho. Aquí de mis sujestiones, pues en un hombre irritado, no es mucho que se impresione el infierno. Padre, vamos. no este. César se endemonie, y nos madure a patadas el melón de los calzones. Señor, qué ha habido? Renolt, tiranías, que propone un sacrílego cruel, beberé en raudal salobre la púrpura de su sangre Dios hará que se mejore la suerte; seguid vos, César, las santas inspiraciones vuestras. Me quiere dejar; Padre, intenta que me ahoguen mis iras. No, hermano mío, mejor será que se ahorque, que verá como le tira el diablo de los talones. Dar muerte a mi hermano intenta. Déjele que le acogote, que si su madre no es vieja, ella parirá otros doce. Y no acepta su rescate? Quiere lo que no es bien nombre, Pues qué os pide? A su cuñada, para hacerla amoricones; y se pone en la razón, pues quien habrá, que no otorgue, dar cuantas cuñadas tenga por un plato de gígote? Está en sí, Hermano, qué dice? Esto es verdad, no se asombre, pariente que entra con cú, tomátele tu bobote. Vamos, Renolt. Mucho siento ver las raras invenciones, con que el Demonio os impide vuestra vocación. No tome, Padre, en la boca ese error. Mal huele este monigote. No ha de abandonar su sangre por otras proposiciones. Ven Renolt, y a nada atiendas. Ya temo, Hermano Cogote, que César se precipite. Cada uno sus sabañones se rasque, que el dicho César, antes que llegue a ser Monje, ha de poblar seis Inclusas de Cesáritos varones. Madre, procure comer. Hijas no puedo pasar sin repuguancia el manjar. Ocasión de merecer le da, el ver que le acongoje. Coma de una vez, sin miedo. Ah de ser, cuando no puedo, por fuerza? Sí, no se enoje, que esto es cariño en las dos. La Polla está soberana. Digo, que no tengorgana. Madre. Jesús, sea por Dios; hija, no sea impertinente. Si no prueba en todo un día bocado. Virgen María, rara pesadez de gente! Mire, que se le guisó con cuidado. Está muy bella. Pues, Madre, cómala ella, que puede mejor que yo. Por Dios Soberano Juez pido, que su vida mire. Mas que me hace que la tire, y acabamos de una vez; Hénrica, tómala tú. Con que en suma me la das? pues si porfiare más, me lleve a mi Bercebú. En fin, Madre, se ha salido con no comer? Si me enfada, aún pensarlo. Ya enojada de su vista me despido; para qué de su obediencia el cargo me resignó? para qué me destinó a su continua asistencia? Si en su vida más me viere, diga, que sin juicio me hallo. Yo no puedo remediarlo; sea lo que Dios quisiere: Enferma estoy de su amor, si mi condición la apura, y me deja una criatura, no me falta el Criador: perdóneme, Hermana mía. Coma, y la perdonaré. Hija, yo lo intentaré. Para qué es esa porfía. Lleg Si he de llegarla, quiero alentarla a mascar: así de ella ha de tirar. Hermana, qué hace? Enseñarla; de esta suerte ha de engullir. Ya la procuro comer; pero, hija, no puede ser: esto, Matilde, es morir, ya yo de mí no soy dueño, pues se ve, que a pesar mío, de mi triunfan este hastio, y la igual falta del sueño; no quiera apretarme, hija. Qué ha de hacer la que te adora? Por eso, Matilde, llora? no se apure, no se aflija, que Dios es vida, y salud, él será mi medicina. Madre, voy a la Cocina a darle vivo atahud al triste comparanchón, pierna y pechuga, que ve, y por ella ofreceré esta mortificación. Madre, el Señor te acrisola; qué apeteces? Ay, querida Matilde, nada hay que pida; sino es que me deje sola; con mi dulce Dueño estoy, pensando en él viviré, con eso me mantendré. Si tu gustas, ya me voy. Señor, ya estoy como debo, enferma, desamparada, triste, afligida por tis ahora sí, que el pecho alcanza a imitarte en tus angustias, que en la Cruz donde te clavan, por mi pasaste inocente, siendo yo de ellas la causa: Ahora sí; mas ay, Jesús, que mi espíritu desmaya, y de flaqueza, y dolor no puedo formar palabral Qué mal hice en que de mí Matilde se retirara Hénrica, nadie me escucha; yo mírero, hermanas, hermanas, no oyen, como no están cerca. h, Si a quien está cerca llamas, nadie de ti lo está tanto como yo, conmigo hablas, qué quieres, esposa mía? Dueño amante de mi alma, morir, pues sueño, y sustento a un propio tiempo me faltan, y soy polvo vil, sujeto a las flaquezas humanas. Tu Médico vengo a ser: estás muy desalentada? dame el pulso, amada mía. Si sabes, como se halla mi pecho, qué significa acción de ti tan extraña? Darte a entender, que acomode mi inteligencia Sagrada a tu comprensión, porque penetres, como te trata mi fineza; mala estás, mi dueño, y debilitada. Si no he comido, Señor. Ya yo te traigo vianda, servídsela, Serafines, esta es mi Esposa, obsequiadla, Come, Gertrudis. Sagrados Espíritus, a una ingrata mujer servís? 1. Sí, que tú amando nos adelantas. 2. Esposa eres del Señor, y hacemos lo que él nomanda. Ahora ya es razón que debas, puesto que estás recobrada, este cordial poderoso, que vivifica, y restaura. Este Caliz tiene en sí aquella bebida amarga, que me dieron en la Cruz, que yo la endulcé, al probarla, y no la quise apurar, porque ahora tú la gozaras; guardada para ti ha estado, bebe, esposa. Ay, Soberana Majestad, que su contacto, las fuerzas desalentadas ánima, y fuentes de néctar en mi corazón derrama: Ea, Espíritus Celestes, como por mí no dais gracias? 2. . . Bendito seáis, Señor, que tanto os deben las almas! Gertrudís, aún falta más; Tú estás de sueño alcanzada, descansa en los brazos míos, y sabe, mi enamorada, que también yo sé canciones, para que el sueño te atraigan. Que no sabes tú, Señor? pues te humillas, pues te bajas a hacer esto, con la que es esclava de tus esclavas! Oye, que quiero arrullarte; afable Paloma intacta en los brazos del Esposo, que te quiere, y te regala, estás, bien puedes dormirte con entera confianza. Ay tierno Costado hermoso, roto de sangrienta lanza, la más cruel, pues la herida a la redención sobraba; fuente de los Sacramentos, por quien las gentes se salvan, recíbeme en ti, y jamás despierte, si esta es mi cama. Duerme, Esposa querida, duerme mi amada, pues mi pecho es el catre donde descansas. Duerme, pues de mirar, que un Dios te arrulla, enmudece la esfera de pasmada. Duerme, pues a tus puertas, por resguardarlas, del rocío cubierto me cogió el Alba. Duerme, pues ese sueño te granjea, el saber merecerle desvelada. Toda hermosa es mi prenda sin tener mancha, mi corazón sus ojos hieren, y alagan. Duerme, pues en su pecho te reclina, el Dios que pide, que la puerta le abras. Sonoras cadencias oigo a estas horas desusadas en el Convento, y es tal la dulzura con que cantan, que aún sin llegar al oído, se sale el alma a escucharlas; pero, ojos míos, qué veis? Dulce Eterna, Sacrosanta Deidad, delante de quien son gusanos los Monarcas, el Cielo es breve centella, un átomo Tierra, y Agua, qué es esto? Guardar el sueño a Gertrudis, y arrullarla. que la amo mucho, Matilde. Señor, por qué medios gana tanto con Vos, qué es lo que obra, que de esa suerte os arrastra? ya son estos muchos celos. Sabe que es tanta su gracia, su candidez, y su amor, que comparándoos a entrambas, tú mi Matilde me obligas; más Gertrudís me arrebata. Oíd, esperad, Señor. Hija mía, a quién llamaba? Al día, en cuyos incendios, es tu corazón el ascua. Al Sol en quien como Aurora, de eternas luces te bañas. Sabe, que hasta en lo sagrado, no hay amor sin asechanzas: Viendo he estado lo que gozas, y ya estoy desengañada por la boca del Señor, de que ni aún besar la estampa de tu pie merezco, Madre. Hija, mire lo que habla, que no sabe lo que dice. Esta es una envidia santa, que no me cabe en el pecho, y es fuerza que al labio salga: Ay, quién fuera como tú! Dios la perdone, que haya quitadome el breve instante, que de tanto bien gozaba. Breve, y ha veinte y cuatro horas, que en dulce sueño descansas? Bendito sea Dios; así me siento tan recobrada; pero tal el lecho era. Ya es hoy la vispera, Hermana, de la sacra Navidad del Señor. Pues vaya, vaya a prevenir mil festejos en celebridad tan alta: Ninguna Monja me esté triste, ni mortificada; que día en que todo es gozo la naturaleza humana, viendo, que el Omnipotente, envuelto en polvo, y en pajas, por redimirnos, se abate, y su humildad nos ensalza, todo ha de ser risa, todo festejo, todo alabanza. Pues siendo así, por qué llora? De alegría se me saltan las lágrimas, que también ay gozos, que llanto causan: ea, a qué espera? Ya voy, y advierta que sus pisadas he de seguir, que yo quiero lograr lo que ella. Deo gracias. Quién es? Madre, soy el Padre Suprior de las cucharas, Difinidor de los cazos, Maestro de las piltrafas, vengo a saber, si ha de haber esta noche cuchipanda? Por qué me hace esa pregunta? Madre, porque es la Barbaría tal, que noche que el ayuno pide mayor observancia, hay unas gentes, que dicen, que esta es colación Romana, y toman tan fiero ahito, después de que se emborrachan, que se los llevan los diablos, si no hay forma de que salgan en vomito el hipocrás, y en suspiros las castañas. Jamás sabe hablar en forma. Es que yo trato en substancia. Hágase lo que otros años. Madre, yo sé quién tomara de limonada de vino, siquiera media jofaina. Quién, diga? Aquel Mosquetero, que se le hace la boca agua. Hija, a darte cuenta vengo de la acción más inhumana, que cupo en racional pecho. Prima, pues, interesada por parentesco, y amor, has de ser en mi desgracia; más ay de mí, que mis voces se anudan en la garganta. Qué es esto, pues qué hay de nuevo? El enemigo, que anda perturbando nuestra paz. Yo Gertrudís te informara, si le dejase a mis voces algún espacio mi rabia. Tu airado, tu descompuesto, tú, a quien el Señor le llama por el más cierto camino. Debe de estar revocada la idéa, Madre, el auxilio perdió en mi ardor la eficacia. César, mira lo que dices. Hija, es su dolor quien habla. Pues si Dios me quiere Monje, como permite, que haya un monstruo, que en sangre mía sus torpes crueldades sacia? no ignoras, que prisionero en la projima batalla con Federico, Lotario quedó. Sabe Dios la causa. Pues por despicar en él lo que mi furor le agravia en aquel pasado trance, afrentosa muerte trata darle. No lo querrá el Cielo. Ni el Cielo, ni mi venganza, Bien pareciera, Gertrudís, que yo el Hábito tomara de Benito, y que dijesen los Clarines de mi fama, que a la Iglesia me acogí, por encubrir en sus Aras el temor de la ignominía, y la razón de vengarla? No ha de ser, que Troya el Orbe, del incendio que me abrasa, volarán leves cenizas las Torres, y las murallas. Y pues quiere Dios, que sean escándalo de Alemanía mis iras, a cuenta suya, pues él lo permite::: Calla, César, no ofendas su inmensa disposición soberana: Lotario no morirá, yo te doy de eso palabra, fiada en lo que a Dios debo. Sobre que es Jertrudis guapa. Hija, mira lo que dices, en lo que ofreces repara. Aunque mi consuelo intentas, de mucha empresa te encargas. Pues del cruel Federico la ceguedad empeñada::: Pues sirviéndole su agravio de estímulo a su amenaza. Para quitarle la vida, que lo haya pensado basta. Y de que sea aún el modo, el más indigno que haya. Lo dicho dicho, Señor. Mire, que esa es confianza ciega, pues no sabe, si está de Dios decretada su muerte por este medio, y ella a ofrecer se adelanta, lo que no sabe, si el Cielo concederá. Qué se cansa; Gertrudís, y Dios se entienden; ellos allá se lo añascan. El Señor no dejará a su Esposa desairada: Bueno fuera le tuviese de mi parte para cuantas cosas para otros le pido, y en las mías me faltara? Muerte afrentosa, e injusta, quien con la dicha se halla de mi pariente, era fácil? Mi palabra está ya dada, que sé lo que tengo en él, y vuelvo a ratificarla. Y lo hará Dios, que si no, le echará catorce plantas. No te parece, que vamos a tratar, qué medio usara nuestro afecto de librarle? Esa es la primera instancia. . . Vamos. . El mejor será, pues contra Rodardes marcha Federico, y ya las Tiendas. a vista del muro se arman, introducido en la suya con arte; disfraz, y maña, darle la vida a mi hermano, dándole a el de puñaladas. . A Buen Monje, sigue tú vocación tan oportuna, y no tengas duda alguna de llevarte Bercebú. Hermanito, Aquí estoy Monja bendita; qué lleva aquí la Hermanita? Un frasquito, y un pastel; tan presto se le ha olvidado, que soy, Hermano, enfermera? Ay, Hermana, que quisiera, me sacase de un cuidado, gusta de contemplación? Esa es mi mayor mania. Y se ha arrobado algún día en mitad de la oración? Me he quedado fija, y tiesa. No es eso, entienda la trova, que ya yo sé, que una boba no se arroba, se embelesa. Pues qué pregunta? Acía el Cielo algún brinquito no ha dado? siquiera se ha levantado cuatro déditos del suelo? El otro día soñando, vi al Diablo estarme riñendo, y vi un Ángel, que corriendo, me iba en el aire llevando; y tanto, Hermano intenté moverme, al ver que me llama, que di detrás de la cama, donde me descostillé. Velo aí, no saben orar; como yo una traza hiciera, que él tal pastel me comiera? Quiere, Hermana, contempla: Sí, Hermano. Pues en el suelo ponga ese pastel, y vino, y piénseme a lo Divino en musarañas del Cielo; no tuerza el rostro yocundo acía ello, que si orar quiso, volver la espalda es preciso a las cosas de este mundo. Padre, es buena aquesta acción? A no mirarme se esfuerce, no vuelva, que si se tuerce, caerá de la elevación. Y en qué pensaré, que más oblige a los Cielos gratos? En la moza de Pilatos, y el vigote d en el orejón cortado de Malco el ejemplo tome. Parece, Hermano, que come, que habla cómo embarazado? Del demonio es ese error. Se eleva ya? Ya lo intento, porque inflamado me siento de este divino licor. Mi espíritu se atropella con la Celeste memoria. Yo alzo la ojaldré a la gloria; o qué dulcísima pella! Qué será el manjar sutil, que el Cielo gasta inmortal? Diacitrón Ángelical, entre huevo, y perejil. De Espíritus el rumor, como en música se siente. De la forma que una fuente está haciendo gor, gor, gor. Hermano, echaré ya el fallo a la oración, pues tropiezo? Ya a mí se me acabo el rezo, bien puede, Hermana, dejarlo. Y el pastel adónde está? Habrá pícaro bellaco de patillas, él ha sido, hija, quien se le ha zampado, por inquietarnos en nuestra buena obra. Diga, Hermano, pasteles come el Demonio? Es golosísimo Diablo. Y el vino? También con él se habrá el perro emborrachado. También le bebe? No hay duda, pues cara a cara el bellaco se hubiera opuesto al Señor, sino es estando borracho? Ay, Hermano, que el olor sale de su boca. . Malo. A pastel huele, que rabia. Qué sea tan somero el ajo, . mire, que el Diablo la miente. Perro, yo a ninguno engaño, los hombres conmigo viven, sus maldades disculpando. Ay, que me hacen echar fuera todo lo que había tragado. Para darte muerte, basta, que vivas; donde me abraso, a la vista de Gertrudís. Qué tiene? Me están ahogando, sin saber quien. Di, Jesús, Cógote. Jaos, Jao, Jao. Huyó? Ya esto libre, Hénrica. De aquí escapemos volando. . Aperro, donde estuvieres, tómate ese gargajazo. Gertrudís? qué es lo que quieres, visible furia del Caos? Representarte en fantasmas, lo que ahora pasa en el Campo con César, y Federico. Para lograr que un asalto, sin la flema de un asedio, satisfaga el abrasado furor mío, tan en breve, que una el trueno con el rayo, que las guarniciones saquen de las Plazas de mi Estado escribo, y me las embién. Ya de la noche al amparo, y el nombre habiendo sabido, las Guardías he falseado, y a vista de Federico, a darle la muerte aguardo. De mi obstinada venganza será Rodardes Teatro. Antes serás tu destrozo de la furia de mi brazo. A traidor César. Tú eres el traidor. Guardías, Soldados, acudidme. Al arma, al arma. Cruel, infernal contrario de los hombres, qué me quiere decir, lo que me has mostrado? Que mires como se cumplen tus profecias, notando a César perdido ya, y en crueldades empleado, ya sin conseguir la acción huye, y Federico, hallando mayor motivo a su enojo, confirma contra Lotario, la intención de darle muerte. Veamos ahora, veamos, como la palabra cumples, que sin haber consultado, si conviene, o no, fiada distes en Dios de librarlo. A infame! cómo más puede su piedad, que tus engaños. El Rey pacifico es del Orbe magnificado. Mas del santo Nacimiento las Vísperas empezaron; esto es primero; que esotro, queda del Señor al cargo: Ay Dios, qué alegría siento! por mis miembros castigados del dolor se vierte un gozo, que los va vivificando; perro, no te alegras tú? Que me he de alegrar, si rabio, viendo, que hoy perdí el dominio, que sobre el Género Humano tenía, y dóciles pajas sus cadenas quebrantaron; por no oiros, al Abismo me arrojo precipitado. Allá vayas, y no vuelvas, envidioso, Ángel ingrato, mientras yo el báculo arrojó, y mantenida en los brazos del placer, danzo de gusto: yo no sé lo que me hago. Cuya venida las gentes tantos siglos desearon. Bendito seas tú, Dios mío, Niño tierno, y delicado. Bendito seas tu; bendito aquel castísimo Claustro, en que estuvistes; bendita la hora, en que decretaron tus piedades acallar de los Profetas el llanto. Ay Dios, si te ofenderá, Señor, este extraordinario deseo de festejarte? 2. . Gertrudís, tan al contrario es, que el Angelico Coro, mientras tú estás contemplando, a proseguir tu alegría viene, aún más alborozado que tú. Pues, Ángeles míos, no dejéis aventájaros de unos rústicos. Pastores, cantad la gala a mi amado. 2. . Escuchanos a nosotros, y a ellos, que dicen cantando: 1. Toca el Tamboril, Antón. 2. Dale a las sonajas Bato. Vamos en busca del Sol, que está en Belén tiritando. Celestiales júbilos, placenteros Cánticos, vaya, vaya de gozo, vaya de aplauso, pues se exalta el Valle, se humilla el Collado: Venid, ensalzad a Dios Vivo hecho Hombre, que por redimirnos, hoy baja a bus- carnos. 1. Antona, su cazcabelen retumben. 2. Vayan sunandu, que el Chiquiyú nus redime a luz Negrus, e sus brancus. 1. Pues el Niño ez un hechizo, buena ventura buzcamos. Celestiales júbilos, placenteros Cánticos, vaya, vaya de gusto, vaya de aplauso, Levanta, o Jerasalén, tu cabeza, pues llegaron a cumplirse tus deseos, viendo al Señor humanado. Soberana Madre mía, cuanto, o Sacra Reina, cuanto será tu gozo, pues ves al propio, que te ha criado; naciendo de tus Entrañas, tener por Trono tus brazos. Los hombres te despidieron, y animales te albergaron, más irracionales son, que los brutos los humanos; mas como el pesebre, está sin la Perla, qué idolatro? Qué es de vuestro Hijo, Señora? Que lo preguntes extraño: en tu pecho me le tienes. Hoy mi Hijo ha decretado nacer de tu corazón, a fin de hacerte el más alto favor, que mujer ninguna, después de mi haya alcanzado. Ay, si Señora, aquí esta; por eso allá en el conato de mi amor me parecía, que, de mi pecho abrasado nacía este inmenso Infante, mi Amor, mi Bien, mi regalo: Si te tenía conmigo, cómo te andaba buscando? qué necia soy, Dueño hermoso! No quieres verle adorado de todos? Sí, Gran, Señora. Pues suelta de tu regazo mi Bien, ponle en el Pesebre, mira, que estoy aguardando. No quiero ser ambiciosa: ya, Señora, te le alargo, porque pues hoy nace a todos, gocen todos lo que amo, mientras Áugeles, y Hombres dicen, su Deidad mirando. Celestiales júbilos, placenteros Cánticos, vaya, vaya de gozo, vaya de aplauso. Gertrudís, aDiós. Señora, para eso has solicitado quitarme al que es ya mi hijo, pues mi corazón amando, ha logrado ser viril de un tierno Sol Encarnado? pues no ha de cesar mi gozo, que he de decir, esperando, que a él vuelva, con los Pastores, Ángeles, Esferas, y Astros: , . Celestiales júbilos, placenteros Cánticos, Ea, Pastores, a Belén. A ver a Jezuz, Gitanos. Madre, no viene a Maitines? Ya vamos, Madre, ya vamos; déjeme, que esto sin mí: de gusto, y quiero ir cantando , . Celestiales júbilos, placenteros Cánticos, Madre, yo disimulaba por ella; mas si el cuidado mío es imitarla, y siento ese mismo placer santo: yo he de hacer lo que ella hiciese. Pues mire lo que yo hago: día en que Dios nos redime, es decir en su holocausto: , . Celestiales júbilos, placenteros Cánticos, vara, vaya de gozo; vaya de aplauso: Venid, y ensalzad a Dios Vivo hecho Hombre, que por redimirnos hoy baja a buscarnos. a.
JORNADA TERCERA
No hay que cansarnos en eso, que en vano me persuade. Madre, mire lo que dice. Yo sé lo que digo, Madre, que aún tengo el entendimiento, que Dios se ha servido darme; no piense, que con la guerra de mis continuos achaques he perdido el juicio. Dios quiere, que Lotario alcance la Gloria con esta muerte; pues quiere hacer revocable, decreto, qué es absoluto? Adiós, voló su gaznate. Eso no es tentar al Cielo? Hija, no lo entiende, calle; en eso de que el decreto sea, o no sea alterable, ni ella, ni yo nos metamos, que de esas dificultades a los Teólogos toca la disputa, y el examen: lo que yo sé es, que empeñada estoy con Dios en librarle, que él es Todo. Poderoso, y puede hacer que se salve, sin morir de esa manera; y en fin, que es fuerza me saque de mi empeño, o enojada me he de mantener. Andares: mire lo que son mujeres: como que la quiere sabe, hasta con Dios gasta chusas, pidiéndole disparates. Calle, Hermano, no sea bobo, que ella sabe lo que se hace. A no saber, Madre mía, cuan pura, y cuan inculpable es su intención, discurriera, que es tentación, en que cae esa tema. Lo primero es, que esto no es apartarme de la voluntad del Cielo, que eso, Matilde, no es fácila Estos ceños entre Dios, y yo, como tan amantes, es un rogar con vehemencia, es un dulce violentable, a que su gusto, y el mío sin oposición se enlacen. Pero quiere que ceda él? Con que se acerque es bastante. Oh Santa valiente, digna de dos millones de Altares. Madre, yo voy a asistir en el postrimero trance a nuestra Madre Portera, que está ya desde ayer tarde agonizando, y me da unas noches de los diantres. Cómo es vieja, tiene el alma asida con alacranes. En ese paraje está? Sí, y hace falta notable, que cumple bien con su oficio, es devota, y vigilante. Es a lo divino Dueña, pleiteando con los Pajes, que son los demandaderos. Pues si hace falta tan grande, vaya, Hermana, diga, que digo yo, que se levante. Si está sin habla. Hay más de que tenga habla, y que sane; vaya, y dígala en mi nombre, que al momento al Torno baje! Si basta eso, llevarele más veloz, que un Jerifalte el recado. Madre, quiere darme a mi embajadas tales para cuantos estuvieren en ese propio paraje, que como sean hombres ricos, no me darán malos guantes, y desterraré del mundo Doctores, y Sacristanes. Y cómo se siente, Hermana? Ya este viviente cadáver, Matildle mía, a los recios continuados uracanes de la enfermedad, y el tiempo, como es polvo, se deshace. Cuando el terrible accidente, que me da, suele postrarme, spíritus meus solo, entre quebrantados ayes, puedo pronunciar. . Y a quien llama con tal consonante? Adiós, espíritu mío: él me entiende mi lenguaje. Ya va la Hermana Portera por los Claustros como un Ave; y lo mejor es, que apenas hubo oído tu mensaje, incorporada en la cama, dijo: pues ni aún de dejarme morir gustar, ya me visto: Vaya, y diga a nuestra Madre, que ya voy a trabajar, pues no quiere que descanse. Es mucha su candidez. Solo en una mujer cabe, por salirse con su tema, llegar a desazonarse, de que la manden vivir; mas de estas hay muchas. Cuáles? Las que se enojan de ver, que les quitan de delante unos platazos muy llenos de pepinos, y tomates, que estando determinadas a morir muerte fiambre, llega el bestia del marido y embaraza, que se maten. Guerra, guerra. A la muralla. Al Fortín. Al Baluarte. Qué es esto, Matilde? Esto es llegar, al último vale mi dolor, pues mi esperanza me queda con que engañarme. Pues qué ha habido; Ay, Prima mía, esos ecos desiguales, que en tempestad de furores, son vivos truenos de Marte, que hoy es el día aseguran, que de asaltar a Rodardes tiene Federico intento. Y hoy el que en vertido esmalte de animada grana, espero beber su vida en su sangre. Hija, por si el Cielo quiere mis pecados castigarme, muera yo, y no este Sagrado se vuinere, ni se ultraje; y pues tan fuerte el Convento es, que cualquiera combate puede resistir, cerrando sus puertas, y yo delante de ellas, tu voz, y mi acero, sean muros incontrastables en su defensa. Qué poco llega eso a atemorizarme, teniendo a Dios, y a sus fuertes Ejércitos Celestiales; pero y Lotario, Señor? Ese es el dolor más grave, hija mía, que ni al Conde, su esposa, y su hermano es dable dejársele pronunciar, por no doblar sus pesares. Cuantos partidos se han hecho a efecto de libertarle, todos han salido en vano; y hoy el injusto Lanisgrabe ha dado orden a los suyos, de que apenas vean, que sale un solo Soldado al muro, a resistir el abance, sin esperar otra orden, del primer Árbol, que hallaren le den un garrote, a vista de nuestros ojos, Pues tate. no coronar de Soldados el muro, si no de Frailes. Calle, Hermano, no sea simple. Cómo es eso de qué calle? pues si junto seis mil Legos, cada uno con un Alfanje, y un tapador de tinaja, donde ha de haber harta carne que partir en ferecientos Ejércitos de Gigantes? Reprimase. Este es furor: Benedicite, mi Padre; mas si él mandó, que al primero Soldado, que se asomare::: Todabía? El Lego no es Soldado, pero es chocante. Id, y haced lo que os he dicho: y tu procura templarte, César, que el furioso intento de ir a su Tienda a matarle, ha indignado a Federico, y aún al Cielo, sin que alcance a remediar mada. Oh quién pudiera el brazo cortarse, que arrebatado sin tiempo, se adelantó a malograrme mi intención! Pide a Dios fuerzas, César, que el quiere mostrarte su piedad, cuando permite, que Lotario el Cielo gane. Cómo? Muriendo, porque esto no es posible remediarse. Tal oigo, y no hay sobre mí un rayo, que se desate, y en cenizas me conviertal Gertrudis tú me burlaste. Cómo, César? Cómo tú me has ofrecido de parte de Dios, librar a mi hermano de una afrenta, que nos manche; y ahora Matilde me ha dicho:: Qué? Que no puede evitarse. Ay de mí infeliz! Gertrudís, con razón César se vale de tu palabra. Hija mía, sea lo que Dios gustare. A mi esposo me has de dar. Váyase al Campo a buscarle: esta mujer me revienta. Mira, qué pucheros hace, y mañana en siendo viuda, reventará por casarse. . Qué dices? Que os vais seguros,, que no hayáis miedo que falte a cumpliros lo que dije. Ay, Prima; el Cielo te pague tanto consuelo. Ya estás en empeño bien notable: Lotario se ha de salvar, sin que tal muerte le acabe? Sin duda. Pues, Señor, vamos a resistir a un cobarde, traidor: Con templanza, César. Del Señor en las piedades, y en ti vamos confiados. Bien podéis, que es muy suave, muy benigno, y muy piadoso. Madre mía, voy a armarme de un calentador por yelmo, con la tapa por delante, que agujereada es visera. No diga esos disparates. Por peto, y por espaldar dos dobles sártenes grandes; un caldero por escudo, tres cuchillas por puñales, los suelles por escopeta, y la cuchilla por sable: y con todas estas armas, cuando el asalto llegare, yo espero en Dios, Madre mía, que no podré menearme. Venga, que es un baladrón. Hija, fuerza es que repare, que es primero Dios, que todo, que ella debe conformarse con su santa voluntad; y yo es preciso le mande, no quiera tentar a Dios, pidiendo temeridades. En buena batalla estoy, pues me obligan de una parte, amoroso Jesús mío, palabra, deudos, y padre: por otra, Señor, el ver, que a Vos la muerte os complace de Lotario, porque goce eternas felicidades. Primero sois Vos, que yo; mas para eso sois amante, y sois Todo Poderoso, y tenéis medios bastantes, de que se salve Lotario; sin pasar yo este desaire. Gertrudís, no puede ser; Dios a que te desengañe me envía. Cúmplase en todo su soberano dictamen: Yo cendo de buena gana; mas dile, que ya no trate, de que jamás tenga gusto, pues mis pecados me hacen indigna de su favor. 1. No quiere Dios enojarte, quiere que le pidas tú lo contrario que rogaste. Válgame el Cielo eso ordena? No basta la afrenta pase, de que vean, que ya no le merezco sus piedades, en mi mala condición hago poco en resignarme? 1 Queda en paz. Buena he quedado con mi empeño: sean raudales mis ojos, que de mis culpas las funestas manchas laven; ellas de la confianza, que puse con Fe constante en el Señor, impidieron aquel efecto admirable, que siempre experimenté: corazón a conformarte con su voluntad, y con padecer lo que causastes. Esta justicia ejecutan los Césares inmortales en este hombre. Mas qué escucho! Porque engañó al Pueblo fácil, fingiéndose Hijo de Dios: quien tal hace, que tal pague. Hijas, de Sion, llorad sobre la inocente Sangre. Válgame el Cielo; qué oigo! qué objeto tan lamentable es aquel, aleves Tropas de gente infiel, y arrogante! veo, que a mí Jesús cercan, llevándole por las calles de Jerusalén: Qué golpes, qué blasfemias, y qué ultrajes llueven sobre el; ya es la muerte mas dulce, y más tolerable. Llorad ver, que el justo muere, porque el injusto se salve. Gertrudís? Dueño, y Señor; mas qué hago? esto es obligarme con el dolor de su afrenta, a que mi ruego retrate: pues me perdone, que yo no he volver a mirarle. Gertrudís, pues no me ves de este peso formidable oprimido? por mi frente sudando vivos corales, sufriendo cuantas afrentas en pechos ingratos caben? Los mismos, por quien bajé a redimirlos, y a darles el Cielo, a darme la muerte, sin que en mi delito hallen, que la merezca, me llevan. El corazón se me parte de dolor; mas no ha de ser. Llega, llega a consolarme; limpiame el sudor del rostro. Oh quién, para que se estampe en el alma, hiciera de ella cendal, con que ir a tocarle; pero si estoy enojada. Mas Supremo es mi linaje, que el de Lotario, mas noble soy, que todos los mortales: El es pecador, Yo un Dios; él ha menester salvarse, y yo no, que soy quien salva, quien redime, y satisface; pues habiendo muerto yo sin culpa en suplicio infame, por qué no ha de morir él? Ya es preciso replicarte, Señor; tú con esa acción, capaz de que tú la obrases, solamente conseguistes el glorioso, el admirable renombre de Redentor, con que los Cielos te alaben: El Patíbulo afrentoso quedó después adorable signo de paz, y clemencia; y después resucitaste glorioso al tercero día, a que la gala te cantan: Nada de esto con Lotario ha de suceder, y sabes salvar, sin que sea a esta costa, no un hombre, si no es millares; y así, no tratemos de eso, si quieres desenojarme. Dulce Esposo, Dueño mío, abre, pues, las fuentes, abre los golfos de tu piedad, porque imprimiendo el caractes en todos, de que Gertrudís, como llore, pida, y clame, todo lo puede contigo, dispongas (sin que el salvarse Lotario aventure) cumpla yo lo que ofrecí a mi padre: Y si esto no puede ser, deja, que haciendo mi cárcel mi Celda, vaya a llorar mis culpas, tantas, tan graves, que impiden el que conmigo uses tus benignidades. Lloras, Gertrudís? Señor, siento, lloro el no agradarte. Te vas? Voy a padecer los efectos de mis males. No llores, Gertrudís, vuelve, no te ausentes, ya triunfaste, tus lágrimas me enternecen, soy tu Esposo, soy tu amante; Lotario no morirá, yo haré lo que tu gustares, no estés enojada, Esposa, hagamos las amistades. Ay, Dueño del alma mía, no cabe, Señor, no cabe mayor extremo de amor con una esclava ignorante. Los hombres, sin duda alguna, lograrán cuanto fiaren de ti; y te asuguro, que cuanto en mi nombre intentases, conseguirás, y por ti ofrezco a los hombres darles el dolor de sus pecados, que para salvarlos baste: y para que a comulgar dignamente se preparen, la bendición, que te di, permitiré se derrame en cuantos sean tus devotos, Señor, qué es esto, no vacíes todo el golfo de tus gracias en vaso tan miserable; tanto amontonar excesos de amor! Aquesto es mostrarme, como aquel que enamorado, mi bien, no se satisface, sino es con unos extremos, que fuera de sí le saquen. Ay, Señor que mi accidente me impide el bien de gozarte hoy en la Misa Pues entra, adonde yo te la cante; y los Ángeles la ayuden, siendo mi Divina Madre, quien entone el Sanctus, Sanctus. Y yo quien, si no me vales, falleceré de los gozos, que mis fuerzas naturales exceden. Al Oratorio tuyo quiero yo llevarte; arrímate a mí, Bien mío, En esto querido, amable objeto inmenso pararon nuestros enojos afables? No tengo yo resistencia a cuanto me persuades; y te vuelvo a asegurar, que cuanto en la Tierra obrases, daré por hecho en el Cielo. Que cuanto en la Tierra obrases, daré por hecho en el Cielo? Mi muerte siento acercarse, ya muero de amor. Por eso te cercan las más fragrantes flores, pues te asistirán mis auxilios Celestiales. Soberano Dios Eterno, tus juicios tan inefabies venero: ya creo, que consiga, cuanto intentare Gertrudís, habiendo oído, lo que no mereció nadie, sino es Pedro, a quien bastó para que le confirmases visible. Cabeza Sacra de la Iglesia Militante, decir: Yo daré por hecho, lo que en la tierra ligares, o absolvieres, que aunque en él distintos efectos cause, pues porque la devoción en Gertrudís se dilate, todas las puertas del Cielo a todos los hombres abres. Y aún las de mi rabia a mí, que como incognito Áspid, suelen servirme de embozo las propias seguridades. Matilde, adiós me atreví, a quien dije me adorase, y le daría todo el mundo. Y saliste muy triunfante: cierto, que de esa butalla es muy justo, que te alabes, monstruo, que ofrecer lo ajeno, solo en un Demonio cabe. A su Discípulo amado dispuse, para que trate de vender a su Maestro por un interés infame. Poco hiciste tu después, si era él codicioso antes. A Salomón, el más sabio del Orbe, a prevaricarle basté yo. No fuiste tú, que fueron los sensuales impulsos de su flaqueza; dieronte el triunfo de balde, que a un discrero solo amor le puede hacer ignorante: mas donde vas a parar con tan excusado alarde de tus victorias? A que sepas, que mientras en carne mortal vive esa Gertrudís, esa hechicera en amarle, encantadora de Cristo, que a cuanto quiere le atrae, aún tengo esperanza yo, de que a los Abismos baje, adonde me vengue de ella. El conseguillo es muy fácil; haz que sea gusto de Dios, que como él serlo mande, yo sé, que obedecerá. Calla, calla, no me mates, que no penetro el contrato de aquestas dos voluntades. Dios se enoja, ella se enoja, y cuando pienso encontrarles desunidos, veo; que entonces es, cuando son más amantes. Pues quédate, aleve, a oír para tu mayor ultraje::: Santo, Santo, Santo, Inmenso Sabaot, Dios inefable. Qué oigo, dolor, qué miro! O, apague el día mi infernal suspiro y a la batalla, que mi pecho encierr los dos Polos caduquen de la tierra. Cristo le está diciendo la Misa, en cuatro partes dividiend su Sacrificio, y para rabia mía, el Sanctus, Sanctus entonó María, de la Capilla Angelica ayudada. O, enigma, de mi ardor no penetrad O, mujer, o Gertrudís, o portento a esconderse de ti va mi tormento, mientras dice el furor, que ardiente es Al arma, al arma. Viva Federico. Estos los muros rebeldes son de Rodardes, ya a vista de ese soberbio embrión, mi vengadora cuchilla, Soldados, está impaciente, de que no vuele en cenizas: Y tú, mísero trofeo de la crueldad de mis iras, prevente a morir, pues siendo forzoso, que se resistan, apenas sobre los muros un Soldado se perciba, que los defienda, un dogal hará, que al cuello te oprima el aliento, que ha merced de lo que tardan, respiras. No juzgues Bárbaro, no, que tu voz me atemoriza, pues es el valor más noble, saber despreciar la vida: Lo que más siento, es el ver, que tus crueldades me privan, de no lograr los postreros abrazos de Margarita. Calla, calla, no la nombres, no la acuerdes, que me incitas, a que más presto te acaben mis celos, que mi ojeriza: Haced señal de embestir. Las escalas prevenidas arrimad al muro; pero qué es esto, como se fían tanto de mi tolerancia, que sin haber quien resista el primer choque, ni aún una Vandera, ni aún una pica al muro se asoma: aquellas Tropas, que allí se divisan, y en lenta marcha se acercan, con semblante de ser mías, las habéis reconocido? 1. Señor, libreas, insignias, como las nuestras conducen. El General, que se fía de lo que no ve, es quien más a un accidente peligra: mientras que las reconozco, quedad de Guardías de vista de ese hombre. Cendal, y cuerdas, que me ciegan, y me ligan, no bastan a asegutarte? Ea, ardid, en ti confían, y en Gertrudís mis esfuerzos, de que mi idea consiga, sabiendo que Federico, que den muerte determina a mi hermano, apenas vean la muralla prevenida con libreas, y Banderas, que las suyas asimilan, al campo saqué esta noche las Tropas, que se avecinan, porque mientras el avance le divierte, y le precisa, le tome yo las espaldas con el Conde, que acaudilla aquel grueso: Ea, ya es tiempo, que con tu ruego me asistas, Gertrudis. Cielos, qué es esto! apenas a mi noticia llega el nombre de Gertrudís, que el viento en ecos me envía, las cuerdas se me desatan, y el cendal los aires gira! gran portento! mas quién es? Hermano del alma mía, quien a costa de su muerte, viene a conseguir, que vivas. Qué es esto? traición. A insames, cerrad las bocas indignas. Traición, traición. Guerra, guerra. Muerto soy. Tu acero sirva de rayo en mi diestra; César; a ellos, Gertrudís me libra. Al arma, al arma. Soldados, las, Tropas son enemigas, abanzad. Ea, Sajones, que huyen, viva Masfelt. Viva. Viva, y mueran estos perros, Herejotes, y gallinas, que a eso vengo armado de galo pin de Infantería. 1. Ay de mí. Mas aquí está, dando su alma maldita al Diablo un Herege, a perro: Bueno es, por si es que me pillan, quitándole su casaca, que yo con ella me vista. creerán los de Federico, que soy suyo; y si me atisban los nuestros, la soltaré, y enseñaré la capilla. Hijo, aquesta es caridad, que si al infierno caminas, donde hace tanto calor, llevar ropa es bobería; encajómela en un tris. Abanzad a la Colina, Guerra, guerra. Mala cosa es vestirse de prisa: las mangas de la sotana me embarazan, y fatigan: qué va que me quedo aspado? 1. Quién vive: Santa Lucia: vive::: 1. Quién? Hese. Casel: si no acierto, me acochina. Pues venga. 2. Diga quien vive. otro Demonio me guizga; va a bulto también, Masfelt. 1. Pues cómo así se retira! 1. Venga. 2. Venga. 1. Acia este lado. 2. Sígame a mí. 3. A mí me siga. Hombres de dos mil demonios, vean ustedes, como tiran. 1. La casaca es Hesiana. 2. Y la chupa es Masfelina. V 1. Yo le he de llevar. 2. Y yo: Qué va, que me descuartizan? Hombres, mirad, que soy Lego, y si acaso me motilan, quedarán irregulares, Ea, que van de vencida. Victoria, Masselt, victoria. 1. Eso no, mientras yo viva. 2. Por qué no, traidor? 1. A perro. Señores, su chamusquina ha de llover sobre mí; confesión. 2. En vano aspiras a librarte. Oh ciega, injusta; tirana suerte enemiga, herido estoy, y me cercan mis contrarios. No consiga escaparse Federico, marchad, Soldados, aprisa. Ya no podrá, pues el paso toma la Caballeria. . El Río, si a él se arrojare, tumba fera fugitiva de su cadáver. 1. Abanza. se Mal abance os dé San Dimas, 2. En cuerpos muertos tropiezo. No es si no es en mi barriga, que a puras patadas suda estoraque, y trementina. Ah, pese al Abismo, a quien se le fustran sus conquistas; ya a Gertrudis cumplió Dios la palabra prometida. Uno ha quedado de aquellos, que con los nuestros venían: A Cristiano; por Jesús, y por la Virgen María, me ayudes a levantar. A pese a mi rabia misma. Que soy Cógote, aquel Lego de la Sagrada Familia de Gertrudís. A villano, ahora es cuando más me incitas; esa tirana me nombras? Que me prensan las costillas: ha perro Herege, favor, Gertruditas, Gertruditas. Por no oír su nombre; infame, no te acabo. Madre mía, Gertrudis. Gracias al Cielo, que ya con piedad nos mira: preso queda Federico. e Gertrudís, así me olvidas? Que oigo, Hermano Fray Vienes a darme otra pisa, Hereje; perro, ladrón? Con quién habla, no me mira; Fray Ernesto? Sí, yo soy, qué hace aquí? Buena pamplina; aíndeme a levantar, Padre, y no ande en pregúnticas. Quién le ha puesto de esa forma? Los Demonios. El delira. Tíreme de esta casaca, tire presto. Qué le irrita? ya está libre. Padre, adiós, que voy a hacer longanizas de las tripas de estos perros. Deténgase. No me impida, no le encaje el asador, como a una polla manida. Sosiéguese. Voto a Cristo, que estoy hecho una letrina; quite, Padre, que le doy, miré que el diablo me incita. Victoria, Masfelta, victoria. Victoria, voto a cribas, viva Masfelt, y Cogote, Sargento de la Cocina. Espere, escuche. Qué llora, Matildle, ser hoy el día en que he de librarme de esta Cárcel en que estoy cautiva? Ay, Madre, no he de llorar, el ver huérfanas sus hijas. Madre, como sin dejar, que los portentos se escriban de su vida, pues no caben en Comedias infinitas, deja la mate el Poeta, que no sabe a lo que aspira; pues se deja en el tintero un millón de maravillas? Todo camina a su fin, ya el mío ha llegado, Henrica, déjenme sola con Dios, y ayúdenme hasta esa silla, a aguardar la muerte, que es la más gustosa visita, para quien de un gozo eterno, mientras que vive, se priva. Ay, Madre, ni en este trance quiere que mi amor la asista? Yo llamaré. Madre, adiós, que a llenar dos jofainillas voy de lágrimas. El Cielo la ampare, mientras unidas vamos al Coro, a que el Cielo consuele nuestras fatigas. Ea, Señor, ya llegó la hora, en que te necesita con más esfuerzo esta esclava. La muerte pálida, y fría, aún de ti, Señor, en cuanto la Humanidad, fue temida: ahora, Señor, el contrario se alienta, y se regocija, creyendo, que mi flaqueza el triunfo le facilita. Ahora es ocasión, Esposo, que a tu Jertrudís asistas: Ahora, Señor. Dulce Esposa, lo contrario en mi sería no cumplir con los extremos de mis amantes caricias; a ayudarte a bien morir vengo, y mi Madre querida me ha pedido, te conceda el mayor gozo, que a vista de su muerte consiguió, que fue llevar su Divina Alma en mi pecho, en lugas de joya preciosa, y rica. Oh intacta Aurora admirable del tierno Sol de justicia! bien mi fineza me paga Ya el dolor te debilita; di Jesus hija: este nombre de tu boca no despidas, piensa en mi Pasión. Jesús, gloria, dueño, amor, delicia. El accidente la lengua te impide, Paloma mía, esfuerza ahora los arrullos, mientras, las alas tendidas, vuelas al eterno nido, adonde nada se envidia. Gertrudis amada prenda, no hay sino valor, querida, buen agonizante tienes. Yo temo, si te delvías, la última lid. No la temas, que para que más lucida salgas del combate, quiero que al contrario se permita hacer el último esfuerzo, lidia con ánimo, lidia, que en tu corazón me quedo a ayudarte a que resistas. Con Vos estoy, nada temo. Hipócrita, en qué te fías? en haber ingrata sido al Dios, que te beneficia? esos favores, que fueron excesos de fantasía, qué sabes, necia mujer, si han sido sombra, o mentira? No, Ángel impuro, bien sé, que no miente lo que alivia; en los efectos del alma es preciso se distingan. Esa mala condición, soberbia, cruel, y altiva, te ha hecho incapaz de salvarte. Siempre la tuve oprimida, Dios lo sabe, y que con ella toleraba, y merecía. Con tu propia voluntad a la de Dios te oponias. Mientes, mientes, que las de ambos han sido, y son una misma. Has sido vana, y ligera. Aperro, porque me miras incapaz de que me mueva, mo injurias, y me fatigas; pues advierte, que aunque esté en la última agonía, te sabré poner la mano. En buena hora deliras. Ya es ocasión, Madres, Madres Ya te acudo. Masfelt viva. Hija, a Federico preso traigo a tus pies. Las debidas gracias de haberme librado, vengo a que mi fe te rinda A tomar tu bendición, para que el Hábito vista de Benito, llego. A que me des de mi gozo albr acudo. A que con los triunfos del Padre. Cogoterrias, entro? . Y te hallamos trocando en penas las alegrías; qué es esto? Es morir; atiende, Federico, a la que miras. Así, se deshace el polvo, en esto paran las dichas, y los pesares del mundo: Todo explendor es ceniza; adviere, que vas errado, si en tu opinión te desvías de la Iglesia Universal. Madre, ya nada me digas, que solo el haberte visto, me alumbra, y me vivifica: Ya detesto mis errores. Yo desde hoy con Margarita viviré de suerte, que la alta promesa consiga de mi salvación. Gertrudís? pero qué es esto, ya es Qué dolor! Qué envidia santa dijeráis viendo ya Milicias de Ángeles, y Cristo entre ellas, que las Esferas convidan, a que la gala le canten, diciendo sus armonías: Quién es aquesta, que asciende rodeada de delicias, sobre el pecho de su Esposo, del desierto de la vida? Es Gertrudis, su más estimada, su más tierna prenda, después de María. En tus manos, dulce Esposo, mi espíritu se reclina. Furias, ya lo perdí todo, los Infiernos me reciban. Alma dichosa, estimado objeto de mi caricia, rico vaso de mi incienso, precioso pomo de Mirra, sube a mi pecho, que en él mi fineza te dedica inmenso viril, en donde te aplaudan las Gerarquías. Hoy es el día mayor para el Cielo, hoy es el día, en que prometo a los hombres, cuanto por Jertrudís pidan. Oh feliz alma! oh feliz Emporio, dosel, y silla del espíritu de Dios, sube, donde eterna vivas, mientras el que se quisiere salvar, te busque propicia, para que recaiga en él promesa tan peregrina; mientras dicen Cielo, y Tierra, cuando tu gloria publican: Quién es aquesta, que asciende coronada de delicias, Y aquí de Santa Gertrudis da fin la Comedia escrita, por quien os pide por premio, que en vuestras almas se imprima la devoción de la Santa. Y dos, o tres palmaditas.
