Texto digital de La más amada de Cristo, santa Gertrudis la Magna
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- José de Cañizares
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- José de Cañizares Segura
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La más amada de Cristo, santa Gertrudis la Magna. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/mas-amada-de-cristo-santa-gertrudis-la-magna-la.

LA MÁS AMADA DE CRISTO, SANTA GERTRUDIS LA MAGNA
JORNADA PRIMERA
Toc, , Rompeta, toca a marchar ya mi cólera irritada, sacrificando insensibles despojos esas Campañas, todo lo abrase el incendio, todo lo talen las Armas. Guerra, guerra. Valerosos Sajones, pues la esperanza de salir, vidas, y haciendas consiste en aventurarlas, no este impensado accidente, dueño del ánimo se haga: Abanzad. Sajonía viva. Hagan alto mis Escuadras Elvideo, para que puestas en militar ordenanza esperemos a que acabe de abortar la enmarañada, tejida, umbrosa, maleza de esta gigante montaña, cuyo pardo ceño embebe las nieblas que auyenta el Alba, ese Guerrero Embrión, que de gentes emboscadas su cono humero abula con los ecos de las Cajas. Ya haciéndole Señor frente las silas de tu Banguardía el llano ocupan sus persas bridas; pistolas caladas, y al primer impulso atentas. Ay Gertrudis! Quién juzgara? que cuando creí que fuesen arcos triunfales, y galas festivas las que inundasen de júbilos alemanía. Espero, que me reciban, mostales, ardientes salvas, que entre pólvora, y acero viertan horror, y venganza! O nunca! Ya que ha ser tuyo me indujo aquella palabra, de tu Padre, de tu copia bebiese en la semejanza el tosigo, que a deseos su propia dulzura mata, oh nunca! Pues alto ha hecho. el enemigo, no salga conmigo ha lle, que de esta pacífica seña blanca valido, aparlamentar con él boy. Ninguno vaya con el General, Qué veo? tremolando un lienzo baja un bridón de la Eminencia, y a pesar de la distancia, que es el Cónde veo: Soldados, desnudad todos la espada, y abriéndole, con la venía, que a Real versona, que pasa por las filas, se acostumbra; le admitid. l ̱ ̱ r, es, Ya en confianza de esa orden; penerra el cuerpo de las primeras. Banguardías, y ya a pie a tu vista llega. Aunque estrañéeis que me valga de mi propio, para ser quien hoy de muy, parte os habla y del seguro de solo vuestra permisión; fianza que me da el ver que merezca tan grande enemigo, para que las génerosi lades crea sin examinarlas permitir, pues hay lugar para la ira, que os haga el digno recibimiento, que a una persona tan alta debo:VA sea (aunque contra mí le traiga mi destino) bienvenido. . Y aunque la estrella contraria, nuestra amistad interrumpa, correspondiendo a esa salva deseo, que VA. goce salud. Esó basta para ver, que a lo cortés, lo enojado no desaira, y vamos a nuestras quejas. Para qué queréis que haya de gastarse en referirlas. el tiempo que es de vengarlas? Mucha cólera traéis, y aunque tengo de ventaja el no tener tanta yo, con que mi victoria es clara, pues quien ya triunfa de sí, menos que vencer lo falta: Escuchad, que tiempo queda. para que vuestra bizarra osadía desempeñe, sino, la acción, la arrogancia. Sobre el Condado de Ebor, que es herencia de mi casa tenéis algunos derechos, y porque a ser, no pasarán litigiosas diferencias, (pues la sangre nos iguala) quise que la estirpe vuestra, con la mía se enlazara, mediante el casto himeneo vuestro, con la más que humana hermosura de mi Hija Gertrudis; en cuya blanda feliz unión fecundasen las ega las entretecidas ramas de los antiguos laureles las modernas alianzas, esto fue en su tierna edad, y esta plática dejada muchos años ha; volvisteis hoy Señor Duque a ejercitarla, que ya crecida Gertrudís, y con ella la más rara beldad del orbe, un retrato suyo os enciende en la llama de un afecto, que ni aún logra por materia la esperanza; porque desde el primer lustro de su vida en que trataba yo en destinárosla a vos, su espíritu se adelanta, tanto, que me declaró, que a Dios se sacrificaba. Porque ahelando, un eterno Dueño, era sola su ansia no dar sobre sus venturas, (puesto que todas se acaban) ni jurisdicción al tiempo, ni predominio a la parca. Viendo yo, cuanto es de Padre, injustamente tirana la porestad que presume tener imperio en una Alma; no solo la di licencia a que el Hábito tomara del gran Padre de los Monje Penito; pero al notarla mientras más iba creciendo con más ardiente constancia en este santo designio, dispose, que acelerara al último cumplimiento su vocación. Ahora pasa sobre el hecho mi razón a esponer las circunstancias. Qué agravio, César hos hizo ni de Gertrudís la Santa resolución; ni de mí la conformé resignada voluntad, con su albedrío, para que puestas en marcha vuestras gentes, y asustando al aire, Trompas, y Cajas, trémoléis los taferanes, que aún más que el múrice marchan su color roja bergüenza de seguir injusta causa? Os ha dejado por otro, sea Príncipe, o sea Monarca. Gertrudís? Os he faltado. yo a lo prometido en darla a otro, que al Dios de quien era, aún antes que se formara? Contra quién van vuestras iras? Pueden a la que se halla en poder, de Dios vencerla sin que se quejen las Aras, De qué hacéis el sacrilegio cómplice de la venganza? Podéis? Suspended la voz, no caducamente anciana vuestra sinrazón se intente esforzar con un templaza. No vengo yo contra el Cielo, ni ignoro, que con las Damas, no hay para reconvenirlas más frase, que venerarlas. Ese numeroso grueso, que cuando se mueve en vagas ondas de gentes yuega de Escuadrones la comarca, contra vos Conde se mueve, y en vos, contra quien me engaña, Con los hombres como yo siempre que esté, una palabra pendiente, ha de estar posible; porque no cabe que haya contingencias en promesas de dos personas tan altas. Confiesoos la suspensión de aquel tratado, mas para determinar de Gertrudís, estando a mi dedicada, y yo embararado en guerras tan distantes de mi Patria, era mi consentimiento la no menor circunstancia, para que no hubienéis hecho, que amando en su semejanza A4. la belleza que creía, posible, y ya dilatada por las Provincias del Norte la envidia de coronarla yo, Duquela de Bransvic, se hallasen interesadas el ardor de mi fineza, y el desdoro de mi fama: Esto es creyendo en un todo, que de ella el impulso nazca, en esa edad, de su fuga del mundo, mas si llegara a dudarlo, quien me afirma, que la violencia, o la maña la pusieron en Sagrado, para que saliendo falla la ofertá, pueda el respeto con el culto disculparla; y pues en el odio, antiguo de nuestras familias, basta la presunción; y el testigo que la desvanezca, se halla en vuestro dominio: menos que voz, a voz, cara; a casa, ella no me desengañe no he de creer, que. Toca al Arma. trompeta, a proposición, tan indignamente baja, como dudar lo que afirma, no lo que afirma, lo que habla, el Conde de Maússelt, solo debe responder la espada. Trompeta toca a embestir. . Soldados, ninguno salga, y hasta ver, que el Conde ocupa la testa de su banguardía, nadie, se mueva. No estimó cortesías afectadas. Es que estáis en mi destrito. Como volveréis la espalda tan presto, no llaméis vuestra posesión que no se arraiga. El suceso os lo dirá, Pues alto a dar la Batalla. Cuanto siento, que el mataros con Gertrudis soberana me malquiste. a ̱ ̱ . Aún bien, que habiendo de morir en la demanda, a mis manos quedaréis libre de verla enojada. Toca al Arma. Guerra, guerra, Guerra, guerra. Al arma, al arma, fúnebres tropas del Caos, pues infernal argonauta en este atezado buque, que en un tiempo vuela, y nada mi astucia, cruel, y al soplo del uracán de mi rabia, piélagos sulco de sombras en vez de gozos de llamas, y pues desde que MARÍA, Sgunio siento el nombrarla!) quebrantó mi siempre indócil, negra, escamosa garganta con tierna huella, no ha habido (nazca después la que nazca, haya la que shaya nacido mujer de virtud tan rara, ni que le merezca a Dios finezas, que a excesos pasan, como Gertrudis,, por quieno las esferas elevadas, la naturaleza labsorta, y el infierno ardiendo en ansias todos se admiran, y solo mi asombro es el que se espanta. A qué ha de esperar mi enojo, a permitir que se salga con la gloria de este triunfo una humilde mujer flaza? Eso no; brame el abismo, y en sus cóncabas entrañas, tormentas cuaje el furioso vesubio de mi venganza, y pues vomito primero de sus verdinegras bascas; ponzoñas lletal del aire, salgo a infestar la Alemania con la forma de Renol; amigo de César haga, cierta cierta su victoria, y ciertos los insultos, las desgracias, los robos, los sacrilegios con que la guerra amenaza: Abanza, abanza. Ya en peso de igual sangrienta trabada lid, el acero amontona cadaberes, que derraman, envuelta en coral, y polvo, antes que el valor el Alma. . . Ernesto, dónde camina? . No tema nada, venga Fra Cógote. Por este camino baja a el Convento de Rodardes, o a qué buen tiempo que pasa! el Confesor de Certrudís. P. No ve cual se cascan? está en sí? Quiere que pase por donde me haga una bala una fuente en una pierna? . O Señor! tuya es la causa, venza Maúsfele. Maúsfelt venza, pero venza cien mil varas de donde estuviere yo. Mejor el Ocaso traza mi intención; pues porque pueda con noticia tan amarga sobresaltar a Jertrudis la victoria declarada por Bransuic, huyendo viene el de Mausfelt con sus guardías. Victoria, Bransuic, victoria. No escucha nuestra desgracia Cógote? Ya la oscucho. Mas ya que aquesta canalla lleve la victoria, a fe, que ha de ir Ensanbenitada. Infierno aquí de tu furia. Amigos, a retiras, pues rota la Retaguardía nuestra: cargó el Enemigo. Qué es retirar? vuelvan caras, amigos, que Fray Cógote descogotará estos mandrias. Qué hace hermano? Déjeme, que estoy hecho una tarasca. Fray Ernesto? Gran Señor. Llevad esta nueva infausta a Gertrudís, mientras pongo en salvo de mis escuadras los que pueda recoger. Mh rencores, que se escapa! Hecho voy un basilisco. Señor, tu persona salva. Adiós Fray Eruesto. Adiós Señor. Abanza Branfuic, abanza. Soldados, el Conde huyó, seguidle. Señor, te paras salvándose tu enemigo, Renorr, tú en el campo estabas? No hay que pararse ahora en eso. 2. Sigue tu contrario. Marcha con las Carrozas Elvidio. A pesar de las venganzas 2. Yo alcanzaré a el Conde. Mira, que me matas, si le matas, que es el Padre de Gertrudís, prisionero hacerle basta. Qué es prisionero? que muera, pues tu pundonor ultraja. Dices bien, mátale Elvidio, que sin él desamparada Gertrudís ha de ser mía, o he de arrasar a Alemania. A todo estaré a tu lado, que itas, muertes, furias, rabias, crueldades son, las que el triunfo de los infiernos dilatan. se Veis aquí dice el Profeta, que soy polvo, que del viento se eleva a el soplo violento. Ahora Señor se interpetra, o ospone mi afecto así: Ea infinita bondad, envieme tu piedad el ímpetu fervoroso, que en torbollinos de amor me aparte de mí; oh Señor! Dueño amado, Eterno Esposo inspire con fuerza tal, que anhelando a ser tu copia de mí misma, y en mi propia no quede en mí ni aún señal, porque mis imperfecciones en tu fuego aniquiladas me pierda en tus elevadas profundas inspiraciones, y en volviendo immenso Dios después que en ti me concentre a mí misma no me encuentre, sino a vos, viviendo en vos. Este mísero habatido, polvo en carne congelado, para estar de ti apartado, mejor está consumido, muera yo a mí, si después he de cobrar mejor vida, y a tu Ser eterno unida. Deo gracias: Madre? Quién es? Yo, que buscando os venía. Para qué? Os quisiera hablar. No me venga a embarazar, vais con Dios, Madre mía, no sabe ya, que he mandado, que ninguna entre aquí, viendo, que rezando, o escribiendo estoy? Me trajo un cuo a sus pies; pero si erré perdóneme su piedad, conozco mi necedad. Adiós. Yo me enmendaré. Qué humilde es Metilde, y cuanta mi natural entereza! yo la hablé con aspereza; pero siendo ella una Santa gana la resignación de sufrir mi desvarío. Quitadme, amado Dios mío, esta mala condición. Dicen, que soy apacible porque confundida luego me mortifico, y anego, viendo el esfuerzo terrible con que lo que ha que Abadesa soy de este Convento, áspiro, a que se oblerve el retiro, y la regla que profesa. Yo bien sé, que esto es fervor, y celo de nuestro bien, más Señor, yo sé también, que es demasiado rigor, el que con mis hijas tengo, no mereciendo las guellas besar de la menor de ellas; pero así en vos las mantengo. Si esta primera ocurrencia de mi genio culpa fue, como yo la venceré? ( , o d , l h. Dulce Esposa, con paciencia. Mírame a Mi, Amada mía, escupido, abofeteado, vendido, y crucificado, y aunque, siendo, Yo sabía mi inocencia no se abrió mi boca, ni aún a disculpa. Yo soy fruto de una culpa, mi bien; conmigo nació, Vos sois gracia, y sois bondad, no es todo uno, Jesus mío, unidme a Vos, y confío vencer toda mi maldad. Pues camina tú hacia mí? Como amor mío podré, si estorban el uso a el pie. las espinas, que hay aquí? Esas, Gertrudis querida son ciertas imperfecciones, de la codicia, que pones. en el estudio, embebida, y en juntar libros en vano, teniendo en mi corazón la más profunda, lección. Dame mi Dueño la mano. Tierno amante, ya te sigo. Unete Esposa a mi pecho, que mi Custodia le he hecho, para descansar contigo. Harto has escrito inspirada. Espri Sagrado. A otro estudio te persuado desde hoy; y es que transformada, toda en mí; sepa tu ardor, que amor solo es estudiar. en amor, pues es amar la. Teologia de amor. Yo, os estudiaré de forma, que amando, y no discurriendo no aparte jamás los ojos de ese volumen inmenso. Oh Señor! cuántas espinas produce un lebe defecto, y con cuanto amor me adviertes! Aprende tu pronto genio míos a corregir templando, y a enamorar reprendiendo. Benedícite, mi Madre. Hermana. Énrica? Laus. Deo. Qué trae? Tantas novedades, Madre, que es cosa de cuento. Por la Ciudad corren hombres vestidos de yerro dos frasqueras en las piernas con sus golillas de cuero. Serán de Caballeria Tropas. Etiam. Pues sabemos, que al de Bransuic fue mi Padre a reprimir el soberbio, furor con que entra en Mausfelt. Hay mucho Madre de nuevo. Desde dónde a visto tanto? juzgo, que gasta, su tiempo continuamente en las vistas. Vistas? a un Novio con eso, que soy del Niño. Jesús Novia yo, y así no veo. Qué, no ve?? Lo que no pasa dentro, y fuera del Convento, ya sabe ella. Madre mía, que aquí no se guarda encierro, ni clausura, y que salimos de dos en dos, si queremos. En todas las Religiones ay hoy lo, mismo. Concedo, y que fue mucho después de esta edad aquel decreto de la Clausura en las Monjas, que esto es preciso, saberlo, porque luego no murmuren, si nos, ven en otro puesto, o que entran aquí seglares. Está bien; pero acabemos. Pues. Viva, viva Bransuic. Válgame el Señor! qué es esto? F. , , . Esto es hija ejercitar el Señor, tu sufrimiento. Madre, el de Bransuica triunfó, tu Padre biene vencido, y preso. Bendito sea Dios! gracias por todo le demos. Cristo lo dispone así. Que Cristo lo quiere es ciertos: v Jcristo. Qué, dice Que está bien hecho. Que me escandaliza hermano. Padre, no me haga gestos, que esa es la virtud del mono. Y cómo ha sido el suceso? Antes de entrar me lo dijo nuestro Padre Fray Ernesto. Y yo excuso referirlo, pues entran en el Convento vuestra prima Margarita, y el de Brausvic, y con ellos viene el Conde. A que en mis ojos se abulten mis sentimientos! Agradézcaselo a el Padre, que al revés fuera el suceso, si me dejara blandir mi Chafárote tudesco. Qué había de hacer? calle hermano. Endirle al Duque los sesos. No sabe Padre, que trata con el Joachín de los Legos? Ya entrando van. Pe mío, qué nos dice? qué esperemos? Espere fiando en Dios. Jesús, lo que yo me huelgo de que haya hoy tantas visitas, así trajeran refresco. Viva el Duque de Brausvic. Soldados, trocad los ecos, decid por Gertrudís, vivan Máúsfele, su Conde, y su Pueblo. Nueva aclamación es esta. Y esta, es la que yo más siento. Ninguno pase adelante, ni la planta, ni el deseo de ese venerado coto, que os fija mi rendimiento. Hermosísima Jertrudis, a tus plantas está puesto César. Duque de Branivic, no vencedor, prisionero del que a ti llega cuidado, y apenas te vio; es respeto; vencí a tu Padre, y vencile, para solo hallar pretexto de lograr dos sacrificios, pues dos victorias te ofrezco, al Conde en su libertad, y a mí con su Cautiverio. No vengo a reconvenirte, de que pudo darme el Cielo la prenda que es toda suya, que eres tú; a monstrarte vengo que saneada la sospecha del que soñó mi desprecio, solo por satisfacción me queda este último obsequio. Elvidio? Señor? Mis gentes salgan al punto, a el momento de Rodardes, y a mi hermano Loctorio, que en el gobierno de Geslar dejé, dirás que con el Conde me quedo tratando amigablemente de nuestra paz los conciertos. Así lo haré, a marchar toca. Qué gracias a tanto extremo de bizarrías Señor podrá mi amor ofreceros? Vos obráis como quien sois, y aprisionáis tantos pechos con acción tan grande, cuantos penden de solo este aliento. Dadnos por tal beneficio la mano, Señor excelso, pues todos interesamos en la piedad que os debemos. Y a mí también, que notando como al pisar este Templo San Benito Nuestro Padre el corazón os ha vuelto; quisiera siempre que os viera con un San Benito veros. Qué decís? Se ha vuelto loco? Pues qué le digo yo en esto, si está junto a San Benito, no es fuerza estar en el Cielo? así os viera yo Señor Soberano precepto con la corona de llamas. Que dice mil desaciertos. De llamas digo, y redigo, que es coronado de incendios de un espíritu abrasado en los profundos Infiernos Qué tonto que sois, Hermano! No me faltan compañeros. Todos, Señor, os han dado gracias de que entréis venciendo, aún más que en vuestros contrarios, en vuestros propios afectos. La libertad de mi padre me empeña, con más exceso, a duplicárosla yo; pero el hallarse suspensos mis sentidos, es dudar si esta obligación os tengo: porque yo, Señor, del siglo, obediente al Evangelio, salí, ollando Padre, y Madre, Púrpura, Corona, y Cetro. To o es Dios para mí, tan unida a sus Decretos, como está al fuego la llama, al Sol la luz, y el incendio, la diafanidad al aire, y el agua, Señor, al hielo, que faltándo! es la esencia, se destruyera el supuesto; con que aunque mi padre sea (en cuanto el humano feudo) su Alteza, como he pasado a Dominio más supremo, de él es el recompensaros, no de mí el agradeceros: que obréis con pecho cristiano, tanto más en mi excediendo las gracias, que os rindo, cuanto va desde la tierra al Cielo. Y pues mía fue la acción sola de vivir muriendo a los afectos humanos de este, que es humano afecto, me desempeñe el Divino- favor, que impetrar deseo, para que desengañado de imposibles sentimientos, sepáis, que solo es lograrlos procurar desvanecerlos. Para que desengañado de imposibles pensamientos, sepáis, que solo es lograrlos procurar desvanecerlos: ay de mí! Vamos, señor, donde en Palacio logremos dar de nuestra gratitud algún incendio: qué atento es el Duque, y qué galán! Ya, sin costarme el averos de desengañar, sonrojo, juzgo que estáis satisrecho. Ya veo cuan despegada de su padre, y de sus deudos Gertrudis vive. Señor, ánima en otro Emisferio. Venid, señora. Pasad: corazón, late más quieto, no viertas a mi semblante todo tu desasosiego. Qué hacéis, gran señor? Serviros como prisionero vuestro. Si es la obligación cadena, yo debo estar más sujeto. Madre Matilde, la enfadan tan gesteros cumplimientos? No sé, Hermana, lo que dice. Ya estotra esta en su embeleso, esta, y Gertru dis se arroban cuatro libras más, o menos. Venga, Hermano Fra. Cógote, que ha estado muy torpe, y necio. Necio? así a mí me dejara ponerle cien argumentos, que tengo en mi Ausa sutiles. Cuáles? mire que es tremendo. Diez pares de garabatos, y ocho asadores de hierro, con que concluyo los gatos. Cuando: Cuando os espeto. Señor, qué juicio queréis que haga mi conocimiento de la virtud de Gertrudís? Dígame, Madre, hace versos? que está muda, y asombrada. Oh cuánta envidia la tengo! Pues para mi confusión tan alta la confidero, que mandando en sus pasiones, sujetando sus afectos, vive en el Cielo, y domina todo el poder del Infierno. Eso no lo probarás, que te haré yo contra eso muchas réplicas. Aquí hace oscuro, y huele a cebo de cóhete. Bestia inmunda, qué andas buscando aquí dentro? No preguntas, que creerás de la virtud que estás viendo en Gertrudís? pues que sepas la verdad, es mi deseo. De cuando acá a la mentira se le dio ese privilegio? crecen Desde que hipócritas, a mis furias el imperio. No adviertes un natural en esa mujer, soberbio, áspero, y desagradable: También, enemigo veo, que en estarle sujetando vive siempre mereciendo. Su vanidad no descubres? pues solo falea, que iciensos se permita dar por senta. Mientes, que es tal el desprecio, que hace de sí, que convence sus hijas con el ejempio. Aquí estoy hecha una bestia, mejor es irme escurriendo a las vistas, y hago cuenta, que voy en coche al paseo. Oh Matilde, que engañada estás! Y para saberlo mejor, hoy te trató mal Gertrudís: ahora veremos, pues ella viene, si sufres el que te tenga por menos; siendo tú tan mejor que ella, cuanto va de malo a bueno. Ah traidor! quieres vencerme con mi desvanecimiento? Yo asisto a ver lo invisible. Líbrame, señor Eterno, de mí, no hagas que decaiga Gertrudís en mi concepto. Hermana Marilde? Madre? Cuanto el hallarte agradezco sola! . No lo estaba mucho, pues están mis pensamientos conmigo contrarios míos. Hija, procurar vencerlos; y puesto que estamos solas:- Qué intentará hacer, tormentos? Y aquí de mi dignidad el decoro no atropello, Matilde, querida hija, perdona, si con despego hoy te hallé al ir a buscarme, ten parte en mi vencimiento, perdón te pido postrada, hija, pon el pie en mi cuello, abate esta natural altivez con quien peleo, no dejes que este gusano vil, polvo, y humo grosero, se eleve sobre las nubes de sus resabios perversos. Madre, qué hace? No, hija mía, no te excuses; que has de hacerlo: Yo, en virtude de la obediencia, te lo mando. Rabio, y muero. Písame bien, este bruto indomito sujetemos de la propia voluntad. Divino Señor excelso, donde os hallará mi amor para saber hacer esto? El que me quisiere hallar:: El que, Busqueme en mi propio centro. Busqueme, El corazón de Gertrudís:- El corazón, Oh el Altar del Sacramento. Oh el Altar, Que tal uiga!l o quien pudiera despedazarse a sí mesmo! Huyendo voy. Madre mía, alza, que yo sola debo postrarme a ti, pues sagrario es de Dios vivo tu pecho, en tu corazón me manda le busque, o en el Panterso de la Hostia Inmaculada: Oh favor el más supremo! que lo que ha que hay. Cristiandad a ningún Santo se ha hecho: Madre mía; pero absorta en la unión del alto objeto inefable, ni me escucha, ni me atiende; yo la de dejo, a que embriagada en el néctar de los Divinos excesos, goce a Dios: Y vos, Dios mío, pues me dais tan nobles celos, tan santa envidia con esta Paloma, que desde el hueco, de la piedra vuela a vos, vos veréis que os obedezco. Yo os buscaré en el viril. o en Certrudís, pues alvierto, que allí están esas delicias, que vos explicáis, diciendo:- , . El que me quisere hallar, busqueme en mi propio centro, el corazón de Gertrudis, o el Altar del Sacramento. Gertrudís: Dueño, Señor? cuando llegará aquel tiempo de que viva en vos, y vos viváis en mí, para hacernos en mística unión, un solo querer, un solo deseo? Ya llego, hermosa Paloma, que a satisfacer desciendo, tus arrellos con finezas, tus endechas con requiebros. A trocar mi corazón con el tuyo, Esposa, vengo, que con místico sentido, no con material efecto, significa el unitivo. amor con que nos queremos. Porq admren lo, tierra, que desde hoy están viviendo el Verbo Eterno en Gertrudis, y Gertrudís en el Verbo. Ay mi bien! qué impulso es este, a cuyo dolor fallezco tan dulcemente, que anega los desmayos en consuelo Es para vivir en mí ir a ti propia muriendo: Abrasados Querubines, traedme el purpúreo tierno rubá, con que de Gertrudís en la vida me deleito, y llevadla en ese ardiente partido clavel sangriento la copa en que mi Pasión beba, que es néctar del Cielo, acreditando esta acción lo que aseguré primero. B4 , . Que el que me quisiere hallar, me busque en mi propio centro, el corazón de Gertrudís, o el Altar del Sacramento. Señor, qué espiritual vigor, qué ardiente renuevo de espíritu es este, que obra tan diferentes extremos? Yo os amo con tal violencia que a mi propia me aborrezco, por ver que mi polvo es nube, que me impide el bien de veros. Oh quien su sangre vertiera por Vos, dando al filo el cuello de un cuchillo, confesando la Fe con qué os reverencio! Aguardad, Dueño adorado no desvanezcáis tan presto a mi vista vuestra Imagen; oíd, esperad, mi Dueño, mi Amor::- Llama, Madre mía? (viento No, Hermana; (ay Dios!) que en el se deshace la alegría. JORNADA SEGUNDA y por transparentes velos de vagas luces se embebe el Sol en el Firmamento. Qué tiene? Matidle, amor, ansia, delicia, consuelo, gozo, pena, y qué sé yo; que cuando decirlo quiero, siento tanto, que no sé ponderar, qué es lo que siento. Oh extático Serafín! Yo sí, pues sé que eres seno de los prodigios de Dios, por quien dijo aquel portento::- , . El que me quisiere hallar, buíqueme en mi propio centro, el corazón de Gertrudís, o el Altar del Sacramento. Cuando en unión admirable se obra tan alto Misterio:- , . Porque admiren Cielo, y Tierra, que desde hoy estén viviendo el Verbo Eterno en Gertrudís, y Gertrudís en el Verbo. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Cruja el aire, Soldados, mal herido de ese Marcial violento terrémoto, deshágase a su furia estremecido del Orbe el eje desplomado, y roto: El Elva, mostruo de cristal, que ha sido padante espejo del fecundo Soto, cuajado al susto, ofrezca permanente, al que foso impidió cerúlea Puente. Pueblen el viento en plumas, y Vanderas, al compás de los bélicos horrores, las de sedas tejidas Primaveras, y las del Ave desprendidas flores. Oiga César las cláusulas primeras entre el sueño tenaz de sus amores, bien como a tierra golpe furibundo, al mal despierto de un dormir profundo. Renolt parece; señor. la palabra, rrurando, Y pues fin duda el Báltico Nereo, para que olvide Patria, que enajena, vierte al margen hechizo del deseo, él a Gertrudís la voz de otra Sirena. Marchen mis Gentes, logre yo el trofeo, si atarle basta al árbol de la entena, de salvar dos Ansiáticos Países, restaurando el valor de mis blises. Mas qué Bridón es aquel, que el fuste desocupando del ligero bruto, llega presurosos donde estamos? Renolt parece; señor. Dadme, oh Invicto Lotario, generoso dueño mío, los pies, Llega a mis brazos, Reñole, y prosigue. presurosos donde estamos? Aquí de la confusión del Caos: Vuestro hermano César::- Quién es el que llamáis mi hermano? El Duque mi señor. Vienen a irritarme tus engaños? Miente cualquiera que diga, que mi hermano es César, cuando embebecido en el ocio de una pasión, de un cuidado, en vez de vengar su injuria, vive parcial de su agravio: Si vienes de parte suya, bien puedes volverte. Oh cuanto solempiza mi lealtad de mi opinión encontraros! A castigar vino César, el que el de Más felt burlando su poder, no solo no le restituya el Estado , , va de Gertrudís con la mano, mas de apagar la discordia, que de establecer el pacto; si no es que por no cumplirle. la palabra, rrurando, del mundo a Gertrudís, haga cabilosamente falso, cómplice de su artificio la inmunidad del Sagrado. Llegó, como sabes, César con el belico aparato, presurosos donde estamos? que bastó a vencerle; pero con efecto tan extraño, como quedar el vencido triunfante de su contrario, y el vencedor prisionero. Es verdad, que fue honestando el desdoro de abatido con la voz de cortesano; desde entonces vive César tan totalmente olvidado de su Patria, que ni el ver, que en guerras se está abrasando, le despierta del mentido falaz embel eso incauto de contentarse con solo ver los muros que ocultaron a Gertrudís, cuyo hechizo puede en sus pasiones tanto. que a pesar de lo viviente, le desfigura lo humano. Lotario, este, para ser natural efecto, le hallo implicaciones tan grandes, que ya mi juicio he parado; creyendo que de algún fuerte prestigio, magia, o encanto, nazca un impulso, que excede la razón, que no encontramos. La La espada, y la industria sean en el discurso, y el brazo los edipos de esta Esfinge. Aquella Tropa, que al lla desciende, es el Conde, y son cuantos contiene el Palacio, que traen a César consigo para procurar templaros. Disimulad, y encubriendo el tósigo, que mezclaron el ardor de la venganza, y el sentimiento del daño: prevenidas vuestras Gentes, dad un improvito asalto a la Ciudad, y el primero, que al aire vuele abrasado nuevo Paladión, que esparza cenjas al aire vago, ser el Templo en que Gertrulis se ocasta; porque faltado ella, y en vuestro poder Rodardas, el Conde esclavo, y Abor restabtado, os deba Bravivie cobrar un hermano, un honor, y una victoria, sin que extrañen todos cuantos sepan la ofensa, la acción, que en las materias de Estado, cualquiera rigor precito disculpa lo temerario. Bien me aconsejas, Renolr, y más al verme abrasado de oculto rencor, que impele mi saña a mayor estrago. Pues de que habían de servir los influjos, que derramo en tu corazón dispuesto? Hacia aquí vienen marchando Tropas de Guardías. Ninguno llegue conmigo, hasta tanto que haga una seña. Este es César. Detid que viva, Soldados. vuestro Duque. César viva. De qué sirve, injusto hermano, pretender desfigurar mi ofensa con tus aplausos? Dadme, señor, vuestros ̱ Aparta, que ese afectado rendimiento, es embozar en lealtad el desacato: Lotario, qué gente es esta? Con qué orden mía, faltando a la paz comprometida, los Dominios aliados alteras, al son guerrero de Márciale, aparatos? Qué es esto? Si me disculpas con lo celoso lo claro, esto es, César, despertarte con el ruido del letargo, esto es, creer que no cabe, que puedas vivie tres años ausente de sus Dominios, sin detenerte forzado de algún afecto, en que miente lo tenaz lo voluntario: tu Patria::- La voz suspende, que satisfacer aguardo con una respuesta a machos. Qué haces? Los tesigos llamo, que sirvan de que tu error, y mi honor queden en salvo. y . Llegad, qe el Duque es quien hace la seña. Doa Isobresalto, que por nuestro riesgo (el suyo diré mejor) alterado tiene mi pecho, a fin solo de cobrarme, os acompaño. Reverendísimo Padre, somos las mazas entrambos, y el Conde el mono. Por qué? Porque en el Lugar, y el Campo parecemos Jobanillos, siempre a su Alteza pegades. Gusta de que le acompañe. Presente tienes, Lotario, a Madama. Margarita de Alemstad. En quien los Astros, a dos soles redujeron toda la unión de sus rayos. Este es el Conde. Quién tiene a mucha suerte el lograros huéspedí suyo. Cese ahora el cumplimiento; y pasando a satisfacer a todos, dime tús, quien te ha ordenado, que rompiendo, a la amistad el fuero, y la ley al trato, entres. Tambores vatientes, y Pendones tremolados ena Másfelta has recibido de má superior mandato? No, y si i no, porque tuolvido ni un instante ha reservado para escribirme; y sí puesto que el ver hecho tan extraño, he venido a libertarte de un cautiverio. Villano, traidor, aleve, no es sino haber tu pecho falso inventadome un delito, para que con mis Vasallos me malquiste, y de mi fe entre a dudar mi contrario. Del indulto de mi sangre te vales, y maquinando, que disculpas la traición con colorir el agravio? Vive Dios, que han de ver todos de esta suerte::- Reportaos, señor. . Vuestra Alteza deje libre su acción, que mi hermano no es quien me abate a sus pies, yo soy quien llega a besarlos, reconociéndole en esto mi Príncipe soberano: Agradece, que a la vista de tanto respecto, no hago más demostración. No sé: que haya a tu enojo faltado circunstancia de mi injuria. Si falta, pues no te mato. Quién te ha dicho, que un desaire no es más muerte? Necios, vano, mis desaires más fabrican satisfechos, que agraviados. Yo te lo dijera, a ser quien soy, sin ser tu vasallo. Estos hermanos parece, que apranden a ser cuñado Venga, señor, V. Alteza: - Elvidio? Yoa soy: mandado, gran Señor. Ya lo conozco: conmigo queda, Lotario, las Tropas haced se alojen en los Villanes cercanos hasta nueva orden. Señor, viendo creer mi Palacio en honras, con hospedar dos Príncipas tangallardos, no le deja a lo quejoso lugar de sentir lo ufano. Reprimid; cólera mía, . el volcán en que me abraso: Cuando mayor bien no hubiese este accidente logrado a mi obsequio, que el de veros, y a viestras plantas postraros, señera, mi rendimiento, me confesara obligado de venteras que concede, mas que el mérito; el acaso. Venga, señor; vuestra Alteza. Clicie soy de vuestros pasos. No puedo rendirte, amada Gertrudís, mas holocausto, que atropellar por tu amor sangre, honor, vida, y Estados. Espero sea esta unión para saber, conformando nuestro afecto en blanda paz, corresponderos, y amaros El que tanto os mereciese, comprava a precio barato la mayor dicha del mundo. Vos procedéis cortesano: os estimo la atención, (si hay ocultas penas algo que estime dónde está César) y en parte la satisfago En qué, señora? En hacer aprecio de vuestro hermano. que os confieso, que sus prendas son muy dignas de su aplauso. . Esto solo me faltaba tras el dolor que recato. Vuestro hermano se adelanta con el Conde: señor, vamos donde os reciba Rodardes con el festivo aparato, que merecéis. Venid, pues, que ya entráis bien disculpado, con ser Bransuico, del susto que nos dio el alborotarnos, Cómo? Cómo tenéis traza de grandísimo borracho. Señor, Hermano, qué dice? es un loco, no hagáis caso. Los locos, y niños hablan las verdades; y ello es claro, que cogió en Bransuic el zorro, y viene acá a desollarlo. Buen humor tenéis. Su Alteza venga con todos los diablos, donde Dios le guarde mientras le da un dolor de costado. Bien me queréis. Los Bransuiques son Príncipes alterados: lástima es, señor, no os pongan desensivos en los cascos. No hay remedio de qué calle? No, que estoy en demoniado con estos Príncipes, diera por poder escalabrarlos un dedo. . Padre, ya voy. Venga, que es un insensato, Insénsato, y nos marean con clarinitos, y asaltos? Vive Dios, que si les toco un arma virunque cano, he de hacer un degolloruna famulorum famularum. Renolta Oculto, señor, he visto cuanto ha pasado. Pues no tendré que decirte, que a un tiempo en mí se hospedaron amor, celos, y venganza: tú verás mi desagravio. si hay Pues sobra el Infierno en un corazón humano envidia, y rencor, que exceden a mi malicia, y mi engaño. Buena está la Enfermería, fiada (qué linda cosa!) a la Monja más golosa que ha habido en la Monjeria. En esta gárrafa viene una aguilla de limón, que es una consolación: qué hermoso color que tiene! La de esta cesta es merienda para las enfermas, no, no puedo probarlo yo: Jesucristo me defienda; qué tentación lono le ven al Diablo haciendo el coco? Yo he de catar; pero poco, la garrafa huele a sen; mas que el Médico Caisas la ha hecho, y la catadura me cuesta una soltadura, que me lleve Satanas. Mejor es comer primero, y caiga sobre mojado del refresco lo sisado; vaya a la zulla el carnero donde hay pola, y perdigón: tírole de buena gana, qué bien sabe! Qué hace, Hermana? Madre, estoy en oración: ay, que el beber voy perdiendo! Cuando quiera estar orando, se ha de ir, hija, retirando. Ya me iré, Madre, en bebiendo: ay si lo ve! Y es mejor recatada proseguirlo. Ya yo deseo encubrirlo, mas no alcanza mi fervor. Oh Señor, qué dulce halage es tu amor de mi albedrío! o mi Bien! Oh Señor mío! dejadme echar este trago: garrafilla, vuelve al potro. Si así he de obligar al Cielo, y no basta un desconsuelo, otro, señor. Señor, otro. Que hasta el fin cesar no quiero de merecer mi penar. Ni yo tampoco parar hasta verle el paradero. Vos sois mi consolación. Vos sois mi orchara, y mi agraz. Vos sois mi gozo, y mi paz. Vos sois mi agua de limón. Qué es eso, Hermana? No es nada. Nada, y bebe sin medida? No manda que esté embebida? pues estoy enlimonada. De forma, desviese, que el refresco que traía la Hermana a la Enfermeria, se le comió? Le probé. Me dirá que soy tremenda; y el ayuno, que hoy nos da nuestro Justituto? Aquí está . debajo de la merienda. Con que la ley quebrantada, porque su desorden siga, el ayuno no la obliga? Qué es obligarme? me enfada. Pues así se satisface a la obligación? Qué es esto? Haberme tirado el cesto. Hija Gertrudis, qué hace? Padre, no sé, un natural, un primer impulso mío. Témplese, que es su albedrío muy libre, y muy puntual. Qué ha sido esto? Una ración de enferma, que me he zampado. Pues porque no me ha guardado, merece otro coscorron; pero aquí hay algo en el suelo, es una simple, una loca. Qué tiene, Padre, en la boca? Aquí, Padre, un caran elo. Como a reprenderla alcanza, si él no guarda hoy abstinencia? Es, que antes de la sentencia se debe hacer la probanza. Sí, pues haga más extremos, que aún algo en la cesta había. Vamos a la Porteria, que allá lo averiguaremos. Veníala a confesar, pero al verla destemplada, sé, que no está preparada. Pues hoy no he de comulgar? Es muy grande su entereza, debe el genio reprimir, y ha de enseñarse a sufrir de un proximo una flaqueza. Padre, y siendo yo Prelada, no las debo reprender? Con caridad ha de ser. A vuestras plantas postrada, que me confeséis os pido, y haré aún la más imposible penitencia, y más terrible. No ha de ser; y si rendido. me quiere ver, es notorio, que no la he de confesar hasta que logre sacar cien almas del Purgatorio: en mí, qué he dicho? alguien habla que yo, que es precepto veo, ni capaz de mí, más creo, que anda algún misterio aquí. Padre, como solicitas:- Vendré a confesarla. Cuando: Luego; espéreme aquí orando por las Ánimas Benditas. Mísera mujer nací De qué es su llanto profundo, Madle mía? De que el mundo haga estimación de mí; y habiendo hesta lo sagrado estendidose este error, aún mi propio Corfesor viva cona igo es ganado. Mucho es que su inteligencia. no asierte, logrando ser, como la hemos menester, que es con santidad, y ciencia, porque importa que sea sabio quien rige con ciencia ajena. Escuche lo que me ordena, haciendo a su juicio agravio: que saque (el oírlo espanta) cien Almás del Purgatorio mi ruego, esto no es notorio, que es tenerme ya por santa, siendo la más vil mujer, más vana, y más pecadora, que tuvo el mundo hasta ahora? Madre mía, obedecer, que quizás lo que ha mandado. nuestro Padre, no ha nacido de él, y las Almas han sido las que en su acento han hablado. Mucha es su inecessidad, que ruegue a Dios la aconsejo pida, que sola la dejo porque ejerza esa piedad Divino Señor, a fe, que me hallo en un grande empeño: dulce Amor, mi bien, mi dueño, donde, Jesús, te hallaré, para que de esta aflicción me libres, mi enamorado? Ten presto te has olvidado, que estoy en tu corazón? Hoy resucité glorioso, y en día en que estoy triunfante, qué negara un Rey amante? Ay dulcísimo Esposo! la Comunión me ha negadó mi Confesor. Tú te hiciste digna, en lo que ol edecile, de beber en mi Costado deleites, gracias, favores, que dimaban dulcemente. de esta Sacrosanta fuente: bebe, y sacía tus amores mientras mi Cuerpo recibes. Ya, Señor, embriagada de su néctar, y alentada con ver que en mi pecho vives, te pido un favor, al cual tus méritos te propongo, mis trabajos interpongo, de la Iglesia universal los tesoros, porque en día, que las Almas rescataste de los Padres, y sacaste cuantas el seno incluia de Abrahán, libres, mi Amor, las Almas que están clamando en el Purgatorio, obrando este supremo favor por esta esclava rendida. Esta vara viene a ser el Cetro de mi poder, toma, y una vez cedida, alivia sus desconsuelos. Que me la dais reparad; y si la tomo; en verdad, que se han de poblar los Cielos de esta vez. Vuela conmigo a su incognita región: Aquestas las puertas son del Purgatorio, testigo de tu piedad vengo a ser. Muchas libertar prevengo, que a fe, Señor, que ahora tengo la vara de tu poder. Sí, que a su alivio asistimos. Qué pedís, Almas Sagradas, en el fuego encarceladas? Misericordias pedimos. Y que hacer por todas puede quien os ofrece su vida. Gertrudís, de Dios querida, por nosotras intercede. Señor, déjame llorar: como a la corde canción, que forma su petición, no abres el immenso mar de tu piedad, y este triste llanto no alivia tu amor? , . Consuela, Eterno Señor, las Almas que redimiste. Ya, dulces prendas sagradas de la gracia, están abiertas del calabozo las puertas, subid; pues, y las moradas de los Cielos ocupad, diciendo una vez, y dos:- Bendito sea el Gran Dios, y bendita su piedad. Ea, libraos de ese fuego, yo os doy en dote a mi Esposa Gertrudís, y una gloriosa señal os pondré, que el ruego suyo siguifique, y que por ella sois libertadas: Almas biena venturadas, honradla en muestra de que la agradecida memoria es reina de las virtudes. Harla, Señor, a Gertrudis participe de tu gloria. Pedidme, que esa eficacia me compiace en su afición. Derrama en su corazón los raudales de tu gracia. No a mí, ya la Eterna Bondad aplaudid, y escuchad vos. , . Béndiro sea el Gran Dios, y bendita su piedad. Ea, Gerrrudis; ya puedes C4 a tu Confesor pedir, que te deje recibir mi Cuerpo. A tantas mercedes, qué gracias dará rendido un corazón limitado! Pero, señor, mi cuidado es saber cuantas han sido las Almás que vi volar al Cielo. Porque te asombres son tantas, que entre los hombres no hay quien las pueda contar. Han sido tantos millones, que su número cabría solo en mi sabiduria: esto obran tus oraciones. . Divino Amor, tanto puede este mísero guiano, que te tiene de su mano! Madre, ya se le concede que a confesar se prevenga. Sí, Padre, que obedecí. A quién? . A vos. Pues de mí, no sé qué precepto tenga ninguno. . Yo me erraré en lo que creí, sin duda; porque a su consuelo acuda, obra de las Almas fue. Amor, de qué sirve, que tu desvarío la culpa conozca, tadora el delito? Vago oráculo del viento:- Del dire horido: Qué hurtando mi pensamiento:- Que copiando mi designio: De mi afecto:- De mi idéa:- Te has formado. Te has vestido. Por no escucharte mi pena, te perdonara mi alivio. De repetirme mi daño. dejas quejoso mi oído. Pues adorando en Gertrudís un imposible divino:- Pues amando en César cuanto antes vi, y ya no distingo:- Habla conmigo, es presando. mi error el eco que dijo:: , . Amor, de que sirve, que tu desvarío la culpa conozca, si adora el delito? Mas, señora::- Señor, como apenas restituido a esta esfera, a honrar volveis. el Palacio de mi tío, vuestro sentimiento entrega su afabilidad a un retiro tan melancólico? Cómo no hay razón en un delirio, y es el propio no tenerla la frase con que la explico. Aquí entro mi hermano; pero con Margarita le miro: escuchemos, sentimientos. Según eso, el preveniros para vuestra diversión el armonioso atractivo de esa música, no puede ser obsequio, aún siendo mío. Cómo no? pues dudáis cuanto venero, en lo que os estimo, tanta atención cortesana? No; mas descubro cuan vivo está en vos (bien que imposible, el tesón, de que el cariño. a Gertrudís, con que deja todo otro afecto malquisto. Que por vuestra prima anime idolat a fugitivo de mi Patria, satisfecho solo con hollar el sitio, dende ya que no la alcance, la veo, pues la imagino, es cierto; pero no impide la obligación del serviros. Cualquier holocausto, que ofrece Amor fino, se va tras el dueño. de aquel albedrío. Lo que os iba a responder, aquella canción ha dicho. Qué es esto, Estrella piadosa! la dama, el galán esquivo? No les bastaba a mis celos ser celos, sin ser indignos: Pues por no errar más, señora, ved::- . Qué? Que ese desperdicio se os cayó. Para qué logre, quien a tal ocasión vino, alzándole. Qué es alzarle? pues hay algún atrevido, que tanta reliquia toque sin recelar su castigo, si no es de esta suerte? Ya es. esa licencia. . Qué miro César, pues vos de rodillas. a Margarita? . Mi río a tal ocasión? Lotario, vos la mano en el bruñido acero? y no sé qué voz, pronunciando al tiempo mismo, dé licencia::- Qué es licencia? Licenciado ablanda higos. Yo os satisfaré, señor, (así su disgusto he visto, y el lance disfrazo) estando los dos tan desavenidos como sabéis, prosiguieron en mi presencia un capricho, en que entrambos porfiaron, y a tanto el disgusto vino, que como si fuese yo capaz de darles advitrio de reñir por la cuestión, me pidieron el permiso, uno la rodilla en tierra, y otro ya el acero limpio empuñado; vos veréis, pues el Cielo os ha traído. a esta ocasión, si merecen Héroes tan esclarecidos, y hermanos, que los dejéis tratarse como enemigos. C. Mas que se hicieran andrajos los sesos, y los hócicos. César. Nada me digáis, que aquí, señor, nada ha habido, Lotario. Lo que mi hermano. os asegura, os afirmo. Yo castigaré su arrojo. Yo despicaré mi brío. Pues mirad, que en el creeros empeñaros solicito en no dejarme, engañado. Oigan este sermoncito: el Diablo estofarlos quiere. en rencores, hijos míos, para que os hagan gígote, porque está algo picadillo de verse asan, y así en furias, les fríe los higadillos: es ese carnero verde. la esperanza del maldito; pues a mondiguilla, y ruede, que es decir redondo vivo, y cuajados con el huevo de la paz, vivan unidos tocies cocies, sin dar coces por los siglos de los siglos. Hice saber a Certrudís el huésped, que he recibido en vuestro hermano, y me envía la eno abuena. Ay divino imposible de mi amor! Lotario, venid conmigo: juzgo que es para aplacarlos mejor medió el dividirlos. Ya voy con vos, Diga, Hermano, cómo está Jertrudís? Digo, para qué me lo pregunta? Saber de ella solicito. Primero es que sepa yo si es su afecto puro, y limpio, no quiera hacer un legumbre de mi Padre San Benito alcahuete, y se le lleven los Diablos por el morrillo. Yo le sabré agasajar. O! pues si es por ese estilo, vaya, que con agasajos soy yo lo propio que un niño. Entre a mi cuarto. Ya es tiempo de que se explique el Abismo. Vaya delante, La noche, cómplice de los delitos, va igualando con las sombras el llano, y el edificio. l. . Señor. Está todo lo que ordené prevenido, para que el Convento asalten de Gertrudis los Ministros de mi venganza, y a César me logre llevar conmigo? Qué oigol a buen tiempo salía: Perros, vive Jesucristo, que hite bien en no pararme. Todo está a punto, y conñio vengar el que tantas Almás me lleve con sus gemidos. Pues ven, que pues de seguir al Conde libre me he visto, no lo intento dilatar. . Ni yo dejir de dar brincos hasta llegar al Convento; y pues está tan vecino; y es esta la Porteria, yo me empiezo a aspar a gritos: Madre Abadesa, Abadesa, Madre, mire, que la digo? Qué trae, Hermano? La voz me tropieza en el galillo: Madre, esta noche el Convento asaltan los enemigos. Ay Virgen Solo ese gesto basta para destavirnos. Qué dice, Hermano? Que ya que la noticia he traído, me voy a irmar de asadores, de tenazas, y nuchillos. Yo sabré a cucharonazos defender mi desvancillo: al arma, que voy a hacer setencientos homicicies. Es esto, Madre, verdad? Estamos en gran conflicto: El enemigo común solicita destruirnos, pero puede mucho Dios. Mire que estoy sin sentido de miedo. No era mejor? dar en la Ciudad aviso? Nuestras armas son, Marilde, la oración, y los suspiros, junte la Comunidad en el Coro, que el Castillo es aquel de la defensa. Obe lecer es mi oficio, Y ella no va? Qué oración he de hacer? que si me arrimo a decir el Padre nuestro, me he de ir al Credo de un brinco. . Divino. Esposo, me dejas en las manos del peligro? a tu querida Certrudís, y a cuantas por ti vivimos, nos desamparas? , , s 1. No es fácil, qul que es Dios amante muy fino, él nos envía, Jertrudís. 2. Que somos los dos Caudillos de las Celestes Escuadras. Oh Miguel, Príncipe invicto! oh Gabriel! Las Centinelas, somos de este Paraíso, no temas, que mientras bablas. con tú Amado, repetimos: Vela, vela, Centinela, vela; y no asuste tu oído, que esté el enemigo alerta, si está despierto el Aucilio. Pues Señor, segura ya del riesgo, vuelvo al principio de aquella contemplación en que estaban mis sentidos; en brazos de vuestra Madre os juzgaba fugitivo. de los riesgos de Judea, por las Campañas de Egipto. Vela, vela, Centinela, vela, que es Dios tan benigno, que antes de que llegue el riesgo la desensa ha prevenido. Permita, Señor, que huya. de mi propia, en que percibo mi riesgo mayor, adonde me aseguren tus auxilios: Oh Sacrolanta Familia! Joseph, María, y Dios Niño solos, fugitivos, pobres, sin refugio, y sin asilo! Aquí está mi corazón, y aunque es hospedaje indigno, entraos en él, que el Amor ensanchará su distrito: o quien para convidaros con un alma, y admitiros en ella, os viese! v e l r Aquí estamos: quieres tu darnos alivio, que el calor, que nos fatiga lleva sediento a mi Hijo? Ay. Señora! si mi llanto no es poderoso rocío, que temple su incendio, cómo le ha de aliviar mi cariño? Con el favor más extraño, que a mujer se ha concedido: A tus pechos, virginales se permite de improviso, blanco néctar, que los pueble, toma a Jesús, al bien mío, para que a ellos aplicado beba de su aljófar limpio; y mira si esta es fineza, que explica lo que te estimo, pues te dejo ser su Madre el rato que te le ño, mientras que los Serafines le arrullam, diciendo, unidos: Duerme, duerme, y no aires, Señor Divino, las culpas con que ciego te ofende el siglo. Poderoso Infante tierno, esos brazos, que el Olimpo Tierra, Abismo, Mar, formaron de unas fajas comprimido! Tan pequeño él sin medida? estrechado el Infinito? qué es esto? cómo no muero de este placer que qué recibo? Tomado, pues, mi corazón, y en el místicto sentido, que significa esta acción, bebed la sangre en que animo, cerrad los hermosos jos, para no ver los delitos con que os irritan los hombres, ni los que yo he cometido: Duerme, duerme, y no mires, Señor Divino, las culpas con que ciego te ofende el siglo. Gertrudís, vuélvemele, que ya ha rato que me prive de mi Amor. Señora mía, si algo con vos he podido, dejádmele para siempre. juzgo que él quiere lo mismo, pues se resiste a mis brazos, mira cuanto se has debido, que su propia Madre cede solo por estar contigo, Es, que también es mi Esposo, Señora, si es vuestro Hijo: Ay Dios! no me le quitéis. No le basta a tu cariño ver, que va como violento, porque de ti se desvío? suelta, Gertrudís, que no es este bien para cedido. Ya lo conozco, Señora, este es de mi amor delirio, frenesí de mi fineza: Adiós, dulce dueño mío; a Dios, mi bien, a Dios prenda del alma, que tras tu hechizo se va el corazón. Al arma. Asaltad, Soldados míos, los muros. Lograréis antes, que el intento, el precipicio. Señora, no me le encubras, déjame ver mi querido otro rato. De volcanes descienden rayos activos. Qué hacéis, vasallos traidores? Ay, que ya el Sol se ha escondido. Duerme, duerme, y no mires, Señor Divino, las culpas con que ciego te ofende el siglo. Guerra, guerra, al arma, al arma, Ya en aquel rumor percibo el peligro, que esperaba, mas vengan, vengan peligros; si estos favores se truecan, bien que con ecos distintos, diga el Cielo; y diga el mundo por diferentes caminos::- Guerra, guerra. Al arma, al arma. Yo os detengo. Yo os animo. Duerme, duerme, y no mires, Señor Divino, las culpas con que ciego te ofende el siglo. Arma, guerra. Deteneos. No os detengáis. Qué consicto JOR JOERADATARCERA , ta
JORNADA TERCERA
Certrudís, tanto lloras me ha podido conmover a venirte a convencer, pues no te puedo obligar: el ayuno, y la aspereza, que tu llamas devoción, destruye tu complejión, y es de tu naturaleza homicida, no es virtud, capricho sí, y liviandad de la propia voluntad, que te usurpa la salud, y con ella el merecer, pues no podrás resistir, ni el rezar, ni el acudir a lo que debe ejercer en su cargo una Prelada; y por eso Dios te olvida, que quiere que no se impida la que en eso está empleada no reconoces tu error? Y en eso a ti, qué te va? bestia cruel, con qué ya te has vuelto Predicador. De cuándo acá eres piadoso? de cuando acá lisonjero? quién te ha dicho, que yo quiero mas que el gusto de mi Esposo? Ver que mi salud fallece, ni me admita, ni me espanta, que el espíritu adelanta, cuanto el cuerpo descaece; y así, no me des razón con que me ocasiones más, que tú solo probarás de mi mala condición; y siendo usarla contigo, no culpa, sino es constancia, no te arriendo la ganancia de que te metas conmigo. Y dime, tu potestad, Pues Gertrudís, la sentencia Sí, traidor, que siempre audas qué hiciera, si yo lidiara? La cerviz te quebrantara. Buena está la vavidad; a mí, que el Orbe conquisto, pisarme tu vizarría! no dijera más María, la Madre de Jesucristo: sin duda tu desconsuelo te ha vuelto loca. Pues vamos, y en la lucha nos veamos, ya está el báculo en el suelo. No dices que enferma estoy? pues una flaca mujer bien fácil es, de vencer. Como tan desigual soy a tú ser fuera a mi estado bajeza el vencerte a ti. Mísero infeliz de ti, con una cadena atado, que sin poderte alcanzar, que la prisión se dilate, inquieto, y rabioso late; a quien juzgas, asustar a quien piensas confundir, cuando en tu enojo te ciegues? A ti; pero no te llegues, que no te puedo sufrir. Pues no me has desafiado di, qué es lo que así te bruma? Una candidez tan suma, un ardor tan desusado, del Sol de justicia Eterno comunicado, a quien amas, que enciende en segundas llamas todo el poder del Infierno. Pues villano, a fe que en ti has de ver a cuanto animo la condición que reprimo: no huyas, aleve. . Ay de mí! Que pues no permito obra: la cólera de mi pecho, cuanto mis Monjas han hecho, tú solo me has de pagar. Pues Gertrudís, la sentencia me toca de las que mandas. Sí, traidor, que siempre audas rer tentándolas delpaciencia; y si por tu persuasión nio fuera, ellas no errarían, y santas todas serían: hazme::- Qué? Una humillación. Yo, que no reconocí el misterio Soberano de Dios en disfraz humano. y Cielo, y graela peras, por no rendirme a adorar inferior habiraleza, cometer tan gran bajeza? O esto en ti es desvaríar, o querer que mi coraje te sepulte de un aliento. Alcánzame ese instrumente y para mayor ultraje, besándole reverente, ponte rendido a mis pies, que enseñarte a ser cortés quiero, abatiendo tu frente. ten algo bueno, malbito, si cabe algo buenó en ti. Qué te le alcance? eso sí; más será, cuando me irrito, para matarte con él: ̱e e mas ay de mí! Qué te ha dado? Todo un volcán he tocado, un rayo activo, y cruel: que me abraso, que me quemo, el Infierno sea conmigo. Qué ardor es ese, enemigo, que te obliga a tal extremo? Qué sé yo, ser tus virtudes tales, que aún a lo que llegas, para mí el rosigo pegas: que me da muerte: Certrudís, huyendo voy; mas confía en tu propia voluntad, que con esa calidad yo te venceré otro dia. . Qué confíe en mí a ese error no sabré yo cometer, que quizás el no poder reprimir aquel ardor de mi impaciencia, ha apartado a mi Dueño de mis ojos: hasta cuando los enojos, mi Jesús enamorado, han de durar? Madre mía? Matilde, a buena ocasión vienes, que de una afticción me has de sacar este día. Di, que en todo he de servirte, como Prelada, y Maestra. Marilde, tu eres muy dui estra en esto de reprimirte: ya, auaque enferma, y delicada, conservo una altaberia, natural condición mía, que hace que viva arriesgada: acabemos de una vez, démosla una buena mano: Qué; ha de salirse un gusano con no humillar su altivez? bueno fuera; no, querida, yo he de aquietar mi conciencia postrándote mi obediencia. . Madre, eso no me lo pida; pues yo había de mandar a quien debo obedecer? Matilde; esto debe ser: tú, hija, me has de castigar, si vieres que no se humilla el resabio que notamos, ello es fuerza que venzamos esta ruin condicioncilla; con la cual no sé ya como el cargo no me lla quitado el Contento, y castigado: por mi Superior le tomo desde hoy. Y sujeta a mí ha de estar la que el amor tanto logra del Señor? que yo celosa de ti preguntando lo que te ama, me dice, que está embebido, como el metal derrerido se ve ardor de la llama. Eso dice,? Esto asegura. Pues cómo se ausentata como en raudales de, llanto, y en piélagos de amargura deja vivir a su amada, tanto tiempo estando, ausente Alguna imperfección Bien puede estar remediada; Si ejercitas mi paciencia, admite con caridad aup mi ruego, mi voluntad toma, toma mi obediencia: en virtud de ella, te mando me mandes, Marilde ma, tú has de ser desde, hoy mi guía. Tu expresión considerando, acepto el cargo; y supuesto, que por la pasada ofensa de asaltar nuestro retiro Lotario, siendo, su idea, T darte muerte, y de su hermano llevar la persona presa, se ha huelto a encender las llamas de aquellas pasadas guerras; que pidas por él te ordeno, con el precepto que enseña el Evangelio, pagando las injurias con, finezas. Si haréra pero si ofendido tengo a mi Bien, a qué puerta podré llamar? Mas, Señor, tú vienes a mi presencia, y enojado, sin hablarme te pasas, de esa manera? Galán de mi zorazón, oiga la Esposa la queja, no veis que con ignorarla no puede satisfacerla? Sí, Certrudís, que mal pien! tener gustoso el Pastor, maltratando sus Ovejas. Yo, Señor, te las maltraro Claro es; pues viendo que lleva a la que no puede andar en sus hombros mi clemencia, tú no me imitas, en vez de sobrerlevar a aquella, que tropieza en un defecto, con reñirla la amedrentas. Señor, este es celo en mí. No ha sido si no impaciencia, y haremos las paces, como otra vez no la cometas. Yo no puedo dar palabra, que soy muy mala, y muy necia, y he de volver a caer, si mi condición no enmiendas. Con ella te quiero yo. Pues si me queréis combella, Señor, habrás de sufrirla, porque no puedo vencerla. Mi bien, sconvencido estoy de tu amor mucha flaqueza es la: que sientes. y Me aflige, aomí im con extremo mis dolencia; pero, Señor, mucho más ll l a el ver, que huyes, y me dejas. Es darte en que merecer. d Ah señor, quién es pudiera reñin amorosamente! Hasta conmigo enterezas, Gertrudís? Pues, te parece, mi bien, que tan larga ausencia no me tendrá disgustada? Ya a desenojarte llega mi cariño. Y a buen tiempo, que ya pudiera estar muerta. De qué? De temon, y amor, de discurrir, que te ofenda. Tanto te quiero, Certrudís, que si encarnado no hubiera en María, no habría otra, que yo eligiese en la tierra por Madre, si no es a ti Soy de las esclavas vuestras esclava, de donde a mí, DDa Señor, tanta preeminencia? Del valor de tus virtudes. Pues ya que tanto te deba, Señor, no conseguiré mi alivio? Pues cuál anhelas? Mis Monjas, Señor, son muchas, y con carga tan inmensa no puedo vivir. Pues mira, partiremos la tarea, yo gobierno la mitad desde hoy, y la otra que queda regirás tú. No es igual el partido, que tu ciencia de ciencias, y yo ignorancia; tu salud, y yo una enferma mujer; forzoso es que lleves la ventaja, y que me excedas. Para eso hay también remedio: mi Amor la elección te deja de enfermedad, o salud, veslas allí en apariencia, aquella mustia, y ajada sombra, de horrores cubierta, es, mi bien, la Enfermedad; y por el contrario esta que festivamente alegre flores la visten, y perlas, es la Salud apacible: oye, que una se lamenta cuando otra se regocija, y has de elegir una de ellas. Oh infeliz quién desmaya! Oh feliz quién alienta! Y en cominuo suspiro::- Y en festiva cadencia:- Mientras una fallece, otra gorjea, mostrándote del mundo la miseria, pues él mimo eslabón dn una cadena enlaza los placeres, y las penas. . l. Válgame Amor! tierno Esposo, que tanto esta esclava deba a tu cariñío? Qué eliges? Para recobrar mis fuerzas, y caminar más robusta de la virtud por la senda, quisiera cobrar salud. Quizás tu riesgo quisieras, porque los bríos del cuerpo quitan al alma las fuerzas. Es así, que lo robusto, o tarde, o mal se sujeta del espíritu a las leyes; a la Enfermedad se atenga, quien en su resignación sabe merecer con ella: esta ha de quedar conmigo. Advierte, que mi tristeza oprime el sentido, y sirve de embarazo al que contempla. También tienes tu razón. Yo espero a que te resuelvas. Qué he de elegir, Dueño mío, cuando en acción contrapuesta:- Mientras una fallece, otra gorjea, mostrándome del mundo la miseria. Qué hay en este oscuro valle de lágrimas, y de quejas, que elegir; cuando aún ignora el que pide, en lo que acierta? y solo quien en tu arvitrio todo el corazón entrega no errará, a vista de cuanto::- , . Se equivocan; y le acercan. Pues el mismo eslabón de una cadena penas. enlaza los placeres, y las Pero por solo, Señor, ejercitar mi paciencia, y abatir mi vanidad, tengo por mejor carrera la del padecer por ti; pues tú, Dios de las eternas delicias, por mí en el mundo pasastes hambres, afrentas, desprecios, pasión, y muerte; y así, en su memoria vengan dolores, ansias, y males. Tú eliges como discreta: adiós, Gertrudís, y sufre, para que más gloria adquieras, que sola tu ejecutaras por mi Amor tanta fineza, como despreciar un bien, que tanto a los hombres cuesta. Dulce Amor, (mas ay de mí!) que con más cruel vehemencia los dolores que padezco vuelven a la lid primera: favor, Jesús, Qué voces, Cielos, son estas? Milagro, milagro, Madre. Qué? Que la casa se quema, milagro. Mire lo que habla; milagro es el que se encienda un edificio? Es milagro de pajes, y cocineras, que con la luz se descuidan, y destruyen una hacienda. Fuego, fuego. Ay Madre mía! milagro, que a la azoréa suben las hlamas: milagro, que a nuestras Hermanas tuesta: milagro, que mil demonios todo el Pórtico se llevan: milagro, que aún mis calzones huelen atizo que apestan. No sea necio, sígame, que esto es despicar su afrenta el demonio. Digo, Madre, pues hubo hoy cascarúleta? ha llevado soplamoco? La celda de la Abadesa es la que arde, fuego, fuego. No hay cosa a que él no se atreva; mas yo atajaré este daño. e. Verelo desde aca fuera, que yo conozco las chispas, y la más chiquita quema. Ay qué trabajo; Dios mío! Hermana pataratera, que dice? Ay Hermano mío, ponga la rodilla en tierra, y pida a Dios, que del fuego nos libre su omnipotencia. Cierto que está Dios conmigo muy bien por mis mañas viejas, para hacer lo que yo guste. Si en oración me pusiera, si una celda ha de quemarse, se abrasara una doceña. Ay Hermano, que es un santo; pero es grandísimo bestia. Ay Hermana, que yo he visto a otras, con menores prendas, darlas docientos azotes. No hay cosa que no merezca mi maldad; si acaso sabe para atajar su violencia, conjure al fuego. No es mucho mejor conjurarla a ella? Ay Jesús! . No digo yo, Hermana, que es lagotera? Ciudadanos, el Convento de San Benito se quema. Volved a contramarchar, Soldados, que aquestas nuevas el corazón me han partido, acudamos presto, César, a libertas a mi hija. Es la obligación primera; por más que a vista mi hermano de la Ciudad se mantenga en acción de combatirla. piérdase todo, y no pierda Gertrudís la vida. Hermano, qué voces son las que alternan de de gemidos, y campañas la confusión contrapuesta? Freírle seiscientas Monjas, señor, en fartén de piedra, y llegar hasta este sitio el olor de la manteca, no es otra cosa. Sabré perder, por favorecerlas, mil vidas. señor? A entregarme a aque pira de incendios, que el aire nevando está de pavesas. A remediar ese estrago. Será inútir diligencia; pues por orden de Certrudis la entrada a todos les nuiegan, diciendo: Ciérrese todo, ampararnos. Madres, abr que es el Convento No puede Es Gertrudis, y se saldrá con su tema Válgame el Cielo! Señor, sin mi me tra? esta nueva buscándoos Ay Margarita! no puede ser más funesta. Gran milagro! Gran prodigio! Sí, que el Convento se quema, lo mismo gritaba yo, Señor, da a la elquina vuelta de esta calle, si tisa insigue maravilla ver desea. Vamos to los, , , c - Gran portento, Mire si es, hoba, la fueraa de mi oración, que ya ha vuelto luminarias las pavesas.i Solo faltan los cohetes, y esos yo te los, pufiera, A un Cógote monígote, Pues a una Lega talega. Hijas,, clamad al Señor, que sie que nos faverezcan hu anos medios, el Cielo los elementos sujeta. Misercordia, Dios da las elemencias, piedad, Señor;, piedad para tus siervas. Elrano asombrol en el aire, sobre transparente, niebla, cuajado vapor, que a un tiempo copos luce, y rayos nieja, se ve elevada Jertrudís Y hermoras Inteligencias, pues tan divinos í a acebos no daa de ser hombres soñas, van el incendio apagando. Feliz mil, veces, las excelsa Familia, que con tal hija a los Altares, se eleva: del gozo de lo que miro lágrimas mis ojos, lluevan: Viedad, Señor, piedal, ya no, cosentas, que otro incendio al de amor apague, y venza, Esto sí, amodas termanas, rumpan la Celesto Esfera vuestras voces, que al Señor afablemente violentan. Gran Santa es Jertrudís, viva la nueva luz de la Iglesa. Cuando tú te elevarás de esta suerte? Cuando quiera el Señor. No, si no es cuando sobre un bárril te veas de pólvora, y le den fuego soplándole bien la mecha. Viva Gertrudis. Hermana, en vireud de la obediencia, le mando que se recoja, y no a la Ciudad conmo? va. Hijas, a la obligación pues ya esté trabayo cesa! l . Misricordia, Dios de las elemercia, piedad, Señor. Arma, guerra. Aún no salimos de un susto, y otro sobresalto empieza! Retírate, Margarita. Señor, en vano me ordonas, que emplee en el susto el brío, cuando puedo en la defensa, a cuyo fin este acero ceñí viendo al caoque expuesta la Ciulad; o cuanto debes a mí mudo afecto, César! Gran señor, ya es esta causa mía en el todo, y no vuestra, pues cara a cara mi hermano a su dueño se revela; y ya que cuando asaltó el Convento, las tinieblas, que siempre se hallan de parte del que en el delito ciega le pudieron escapar, puede ser que hoy le suceda tan al revés, que escarmiente su osadía su cabeza. En tanto, el guardar la mía será una acción muy bien hecha. Pues yo no, que me he de hallar en medio de la pendencia; y pues está cerca, voy por la tranca de la puerta, O si permitiese el Cielo, señor, que algún medio, hubiera de ajustaros o! Arma, arma. Señor, acudid apriesa, que roto el Cuerpo de Guardía, el Enemigó penetra por las calles de Rodardes, Amigos, por la honra huestra volvamos. Acudid todos, Sajones, pues el que era vuestro enemigo, es ya vuestro caudillo. Todo perezca al incendio de mi enojo. Ah villano, que mal piensas, si juzgas que has de salirte con la infavia, y con la empresta, Protesto, César, que tú causas tan rara tragedia, como lidiar dos hermanos. Aleve, canalla, y pelea. Sajones, la Patria viva. Vuestro Príncipe os alienta. Guerra, guerra, al arma, al arma, Al arma, y todos me teman, que a trancazos he de undir un regimiento de piernas. Mueran todos. Mueran todos, y yo también rabie, y muera, si hay para mortales ansia; término donde fallezcan. Ah perro, te me arrodillas? no hay cuártel, embócate esa, y Dios te haya perdonado. Todo sea horror, todo sea espanto, pues mi cerviz una indigna mujer huella, que no solo del incendio, que yo excité, se peserva, si no si no es resulta más gloria de que la persiga en ella. Uio, dos, tres, cuatro, cinco Jesús los muertos que ruedan! victor Cógote, que soy la honra de las espeteras, pues mi valor: mas quién va? El Infierno Ávele a fuera, no lleve, si es el Infierno, en las costillas la leña. Infame, qué es lo que haces Ya le digo que se tenga, que el infame será él, y la perra bruja vieja de su madre, y de su padre, y toda su parentela: diga, quién es? El Demonio. No juzgue que me amedrenta, que yo soy treinta Demonios, sin los Diablillos de teta: Es Bransuico, o es Sajón dígalo, para que sepa si he de coserle, oh sajarle. Arma, arma, guerra, guerra. Acabemos, que descargo. Soy furia, serpiente, y erna, Yo Mundo, Demonio, y Carne: vive Cristo, que me tiembla, este sin duda es gallina; ea, tomé la vereda, antes que le despachurte de los sesos la cazuela. Ya la Ciudad en estragos, lamentos, y sangre envuelra, llora su ruina, a sarías voy mi sed en su tragedia. temido: Con efecto él me ha que un hombre a Lego se meta, sin haber hecho primero de sus bríos experiencia! o qué Coronel se pierde el tercio de la lanteja! pero malo, que hacia aquí toda una tropa se acerca. Saqueese la Ciudad. Mirad, que la acción arriesga tal desorden, Al saqueo. No os saquearan las muelas! escondo el palo, y apelo al espantajo, y la mueca. 1. Abanzas pero tened, que entre la granturbulencia de la Ciudad, está aquí con la rodillas en tierra orando un béndito Monje. 2. Y tanto en Dios se embelesa, que no nos ve. 3. Los carillos. ̱ e. Oh Señor, que esta canalla tan ciegamente os ofenda! tened piedad, y envialdos truenos; rayos, y centellas. 2. Como reza, medre el Padre. 1. Hombre, a un Santo no te atrevas. Echad sobre mí, Señor, las plagas de una despensa, y perdonad, esos pobres. 2. Qué plagas serán aquestas? Buenas lonjas, de tocino, aceitunas, y conserva coma yo, sangre cuajada, como, sangre no se vierta. 1. Sangre pide? Hay majadero sangre cuajada es jaléa: de la tierra las entrañas me reciban, y en cabernas oscuras, sudor de troncos, en lugar de cristal, beba. 1. Horror da oírle. 2. Qué extraño. licor será el que desea? En la cueva del Convento el vino de la bodega, que cuajado en el racimo, es, el sudor de la cepa. 1. 2. Con efecto es Santo. 3. Santo? pues corteosle una oreja para llevar por reliquia. Antes ciegues, que tal veas: perros. 1. Ah hipócrita! 2. Dale. 3. Mátale. Toma cáuela. . A él, a él. Victoria yo, que despachurro molleras. Valiente mujer, quien eres, que osada, y terrible, mientras de la Ciudad por las calles se apagan, o le renuevan tantos distintos combates en tantas partes diversas, mi valor resistir juzgas, fiada en que mi nobleza debe respetar tu sejo? Quien en la vida de César, y en tu muerte interesada, quiere cumplir con dos deudas: lidia, y no al débil sagrado de una afectada moderia te acojas; mas ay de mí! No a enmendar la contingencia de que el cendal te descubra, amada enemiga bella, te acojas, que el corazón adivinando quien Feras, supo respetarte oculta. Pues yo, aleve, descubierta, mas veneración no quiero, que es ver que mates, o mueras. Qué más muerte! Ahora, Lotario, te detienes en contiendas particulares, a vista de que el contrario aprovecha el desorden de los tuyos, y rompiendo, tus hileras llega victorioso aquí? Qué dices? mi muerte es cierta. Victoria, Másfeles, victoria. A nadie la saña vuestra de cuartel. Nadie le pida, sino es como yo perezca matando. Ah cruel! tan mismo te fulminas tu sentencia; muere a mis manos. Aunque solo a tantos me defienda mi valor; mas tropecé. Así un traidor se escarmienta. Tente, César, no le mates. Señor, no tu sangre viertas. nira, César, que es tu hermano. Si solo a mí me ofendiera, yo le perdonara; pero no que a Gertrudis se atreva: ha de morir. Por Gertrudís te pido, que no le hieras. Padre, a esa voz me dejáis el alma, y la acción suspensa: viva, y viva por Gertrudís; pero llevadle a que ella le de el castigo que guste. Tirana fortuna adversa, por qué para este desaire, vida que es muerte me dejas? Prosigamos la victoria, que luego a darle las nuevas del triunfo, al Convento iremos de Gertrudís. Ahora, estrella, he de ver si mi esperanza le debe algo a tu influencia. Repetid, que Másfele viva. No digáis tal, viva César. César vivan, y Másfelt. Vivan, porque yo fallezca. . Gertrudis. 2. Gertrudis. Quién na me llama? A tienda tu amor, que a visitarte el Señor baja. Dulcísimo Bien, qué me quieren las ternezas con que mis afectos mueves? Hacerte feliz; pues debes a Jesús tantas, finezas. Esposa mía, advertirte del más pequeño accidente, que pueda a mi disgustarme. El más fino amor es ese, Señor, el que en lo que estima la menor falta reprende. Ya sabes que de tus Monjas. quedamos en que rigiese yo la mitad, y la otra tú; pues mira, que hoy un leve defecto, orando en el Coro, vi que una de ellas comete. Una de ellas? Pues, Señor, sea la Monja, que fuere, bien sé que no es de las mías, porque a las que se comprender debajo de mi dominio, no las dejo yo que hyerren. Pues Jertrudís, según eso, la que ese descuido tiene será de mi Coro. Y todos los hombres, que tu mantien no cuidas de ellos, Señor, y ellos a pecar se atreven? Oja!á se aprovechasen todos, y te obedeciesen. Con que en efecto no es tuya Las mías sé que me temen: yo mal acondicionada, y tú, Señor, tan clemente, la consecuencia está clara. Sí, Jertrudis, trazón tienes, de mi Coro fue, y yo quiero, que tú a reprienderla llegues. No lo dije yo? mis Monjas viven ajastadamente. Asegurarlas a todas, y quedé fijo en las gentes, que a quien tus pisadas siga, y devoción te tuviere, le daré la vida eterna. Señor, privilegio es ese raro; y al que sus pecados ya condenado tuvieren? Ese no será devoto tuyo; y si acaso lo fuese, él saldrá del mal estado, y reinar a para siempre. Broten de agradecimiento mis ojos líquidas, fuentes, quién, Señor, fue más amada de ti. vi ien Mis delicias eres? huyendo vengo a tu pecho del mundo; cuando me ofende, a deleitarme contigo, y a que mis disgustos cesen: hoy has de subir al Cielo, donde te tenga por huéspe tres días. Solo tres días? llevadme allá para siempre. No, Gertrudís, que aún te faltan asios, que viviendo aumentes en méritos, y virtudes. Oh qué sentencia tan, fuerte! Queda en paz. Bien, mi Dueño, no te escondas; no me dejes, Ay Madre mial Qué trae? En el Convento se meten mas de cuatro mil personas, sin los niños, y mujeres. Madre, , Margaria, y César a verla vienen, y traen consigo a Lotario. Qué importa, si a que no queden apagados sus rencores, oculto voscán enciende la asistencia de mi astucia? Dígales, Hermana, que entren; Gertrudís, a que seas Iris, que las borrascas serene. Gertrudís, a que castigues quien tu clausura acomete. Gertrudís, a que las iras del Cielo indignado temples: A que en mi vida fulmines lo que anhelo, que es la muerte. Madre, a que uses las piedades, que con tanta gloria ejerces. Todos venimos. Y a que hablando cocinamente con la sartén por el cabo, compangas tanto escabeche. Siempre se introduce el Padre, no vi mayor mequerrefe. Hijos, la satisfacción, que el Cielo tomar pretende, es que obedezcáis su voz. César, a ti te conviene huir del mundo, y que el munde con el tiempo te venere, vistiendo de esta Cogulla el adorno, en quien florecen las maravillas de Dios. Siempre te he sido obediente yo, y más que tus voces son auxilios que me convencen. Lotario, porque conozcas con qué distinción proceden los Discípulos de Cristo, premiando a quien los ofende, tuyos serán de tu hermano los Estados. Si merece la mano de Margarita; quien te pide una, y mil veces perdón de su error. Si gusta, por mí ya te se concede. Perdido César, es fuerza conformarme con mi suerte. Ay de mí! que aquí no hay ya logro, que el Infierno espere. Qué es esto? Que se han soltado dos docenas dey cohetes. Tened, esperad, no veis el asombro que suceder? Ya veo que de la tierra elevando e blandamente la planta Certrudis, huella el aire por donde asciende. Cuajándos se va su espacio de apacibles rosicleres. Y músicas armoniosas néctar al oído vierteno Maravillas son del Cielo. Oh si como yo las vieseis! o si conocieseis cuanta es la gloria, a cuyo albergue se acerca! Esposa querida, ven donde un espacio pruebes de mis eternas delicias. Oh feliz quién tal merece! Ven del Libano, ven, dulce Esposa! adonde te cerquen cuando mueras de amores las flores de tus candideces. 1. Porque amando vivas: 2. Y viviendo reines, pues trocasta un Cetro caduco, a Imperio en que, logras. reinar, para siempre. Señor, qué es estola qué humano favor de tan alta especie se hizo! con solas Gartrudis. rompes particularmente de los diques le tu gracia los mares en que se anegue! Sí, Matilde, no habrá otra, que más sena merecerme. 1. Bendita, Gertrudís, seas entre todas las mujeres. 2. Y bendito el santo fruto de tu virtud excelente. Pues trocastes un Cetro caduco, a Imperio en que logres vivir para: siempre. Qué es esto? murió Cartrudís, Matilde? . No, que en Celeste Alcázar rapto admitable la eleva, esconde, y suspende, Oh Religión de Benito glóriate de ver que tienes, entre trescientos mil Santos Santa a quien Dios le concede poco menos que a su Madre; todos, todos la veneren pues quien fuere su devoto segura la Gloria tiene, como ayudándose a sí la cante continuamente: Ven del Libano, ven, dulce Esposa, adonde te cerquen, Pues concluida la paz::- Pues logrados tantos bienes::- Pues atento a su precepto:- Solo resta que se espere, a que su sejunda Parte::- Pues tantos prodigios tiene la Santa, que cien Comedias no bastan, si se escribiesen. Diga lo demás que falta, dando sin dichosamente Santa Gertrudís la Magna, si un perdón os mereciere.
