Texto digital de Mártires de Toledo y tejedor Palomeque
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Eugenio Gerardo Lobo
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Mártires de Toledo y tejedor Palomeque. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/martires-de-toledo-y-tejedor-palomeque.

MÁRTIRES DE TOLEDO Y TEJEDOR PALOMEQUE
JORNADA PRIMERA
jime, señor, estás loco en lo que pretendes? Calla, que cuando amor no es locura, no es amor, pues lo que falta al entendimiento, es solo porque en recíprocas ansias lo usurpa la voluntad: luego es consecuencia clara, que adora más entendido, que más amante idolatra, quien todo el entendimiento a la voluntad traslada. Jesús, qué crítico estás! por cursante en Salamanca, o en Alcalá nos tuvieran, si acaso alguno dudara nuestros principios que son, (para mi mayor desgracia) tú, Maestro de la Seda, yo tu tirador (mal haya quien tal Arte me enseñó,) pues solo tiro con ansia el telar de la comida, y anda por eso tirada. Deja locuras, y hablemos (pues ves cuanto esto me agrada) en mi amor. . Vive Dios, que la paciencia se me acaba: qué amor, señor? no conoces, si miras las circunstancias de ser tú pobre, ella rica, de ser tú humilde, ella vana, que hemos de sacar tan solo, tú desaires, yo patadas? Calla, o vive Dios, que te mate. . Qué lo estrañas? pues si no quieres creerme, con su hermano te declara, y verás como al instante te llega a dar en las barbas con toda una Ejecutoria del Archivo de Simancas. Pues puede acaso gloriarse ese encendido Monarca de los Astros de más puro, que la sangre que me esmalta? Puede tampoco alabarse la máquina dilatada del Orbe, que oló la tez de su denegrida espalda más noble aliento, que el mío? Pudo la fatiga varia del ingenio dar principio a más noble, más hidalga habilidad, que mi Arte? Pues por qué, di, mi esperanza no podrá volar al sol, cual Ícaro de Doña Ana? Porque si es pluma el dinero, a ti la pluma te falta. Si sabes, que ha ya dos años que la adoro, y que ella grata me corresponde amorosa, y agradecida me paga, quieres que tema? ea, deja los recelos, que te engañan; y pues Apolo sus tiros en urnas de zafir guarda, vamos a su casa. . A qué? el diablo lleve mi alma si allá fuere. . Solamente a hablar en su misma casa a Don Pedro, y que me dé, pues ella gusta, a su hermana por esposa; y pues llegamos a la puerta idolatrada de mi dueño, sígueme sin recelarte de nada. Ya te sigo: quiera Dios, que salga bien esta entrada. Dónde, pensamiento mío, todo el albedrío arrastras, haciendo que el pundonor olvidado de sí, baja oscureciendo sus luces en el caos de mi esperanza? Ay Fernando! qué Astro injusto, en su gracia, o su desgracia, juntó nuestras voluntades, si ha de apartarnos las almas? Qué errante tirano influjo en mi horós copo:: Deo gracias, acá estamos todos. . Cielos, qué es lo que miro! turbada estoy: cómo, di, Fernando, a hora tan desusada te atreves a entrar, sabiendo que mi hermano (pena estraña!) puede verte, y comprobar las sospechas que le matan? como no miras::: . Señora, si inconvenientes mirara mi amor, no fuera tan grande, pues conferida la causa, idolantra tibio siempre, quien con temor idolantra: además, que solo vengo::: Caballero, qué en mi casa pretendéis a aquestas horas? Turbada estoy. . Santas Pascuas. A espacio, Amor, no introduzcas . tanto veneno en el alma, que si me hirió una sospecha, ya una evidencia me mata. Señor Don Pedro sabéis quién soy yo? Pregunta estraña! por hombre de bien os tengo. Pues no añadís, que mi casa, siendo de los Palomeques tronco, que da ilustres ramas, hay ninguno que la exceda, cuando pocas que la igualan. A dónde irá a parar esto? A solo danza de espadas. Pobre soy, yo os lo confieso, pues se atreve mi arrogancia. a fabricar solamente lo que un gusano debana; pero de este noble Arte tanto mi valor se jacta, que si se ensalza Toledo, mi sangre es, porque con él se ensalza. Y qué me decís en eso? Sentada, pues, esta basa, solo pretendo, Don Pedro, que me deis a vuestra hermana por esposa. . Vive el Cielo, que si a imaginar llegara tan loca proposición, antes que al labio llegaran palabras tan atrevidas, sepultaráis las palabras. Ay de mí, que ya al ocaso llegó el sol de mi esperanza! Aqueste hombre, señores, el tener salud le enfada, y anda buscando sin duda cuatro botes de Italiana. Mirad bien, señor Don Pedro, que es mi sangre tan hidalga como la vuestra, y::: . Mentís. Así, cobarde, me agravias? lave tu sangre esta ofensa. Yo frustraré tu arrogancia. A tu lado está Pimiento; pero a mí, quién me lo manda? Ay infelice! qué haré? la luz apago, y turbada, pues que la puerta he encontrado, solo la fuga me valga , hasta donde mi destino me conduciere. . Mi espada, si te ocultara el infierno, en su abismo te buscara. Muerto soy: válgame el Cielo! . Dios te recoja tu alma. Yo satisfice mi honor; y pues solo acudir falta a mi amor, donde te ocultas, hermoso dueño del alma? Señor, qué dueño, o qué dueña? vámonos de aquesta casa: la has muerto un hermano, y vienes con aquesa mermelada? Aunque la vida aventure, he de poner a Doña Ana en salvo. . Ya ella se ha puesto, pues apenas vio la danza, cuando, matando la luz la puerta tomó. . Mal hayas tú, por qué no la seguiste? El miedo no me dejaba. Busquemos la puertas, y vamos, aunque arriesgue vida, y fama en su seguimiento. . Aquí la puerta encontré. . Contraria fortuna, para el volante de tu rueda en mi desgracia. Baco, Dios de los mosquitos, pues mi afecto te consagra devino holocausto, damé amo, que no tenga dama. . Dónde, tropezando (ay triste!) de calle en calle me arrastra mi destino, sin que pueda dar breve puerto a mis ansias? donde el antubión de males, que me oprime, o me desmaya, me conduce, sin hallar corto alivio en mi desgracia? Pimiento amigo, apresura por esta calle las plantas, por si acaso mi fortuna encuentra el bien que idolatra. Desde la calle, señor, de los Jardines, me arrastras por más de cincuenta calles, y que acelere me mandas, cuando yo apuesto que está::: Dónde? . Detrás del corral de bacas. Dos hombres miro en la calle, de ellos mi temor se valga: Caballeros, si con vos puede acaso la desgracia de una mujer::: mas qué miro! Mi bien, ya mi amor culpaba a la fortuna lo mucho que este bien me dilataba. Fernando, pues he perdido por ti hacienda, honor, y casa, si algún favor te merezco, pues ves mi vida arriesgada, sea ponerme en un Convento, pues es fuerza (ay desdichada!) que mi hermano vengativo, tome en mi sangre venganza. Para eso quedó. Pues cómo quedó? Tendido a la larga. Pues qué, mi hermano murió? Así muriera su hermana. Ay hermano de mi vida! como (el acento desmaya) por mi causa::: articular no puede el labio palabra. En mis brazos cayó fuego, y lo que pesa. . Adorada hermosura, no un desmayo pueda tener fuerza tanta, que borre de todo un cielo la perfección. Camaradas, la justicia. Jesús! dimos con los huevos en las ascuas. No se descubren? . Señores, si súplicas cortesanas pueden con los nobles pechos, os suplico, que no haga duelo vuestra pretensión de que os oculte la cara. Qué es ocultarla? prendedlos. Mirad, que es demasiada vuestra porfía, y que soi::: Quién ha de ser? preso vaya. Pues si he de ir, de esta suerte se da presa mi arrogancia. Favor al Reí: muerto soy. Con dos mil demonios vayas: Señores, quién me ha metido con mujeres desmayadas? cuanto va a que pago yo, si la justicia me halla, los que mi amo va matando? eso no, señora dama, usted baje poco a poco al suelo, porque me valga de mis pies, si se ofreciere. Ay de mí triste! . Ya anda brujuleando el aliento: acaba, señora, acaba, que aunque son livianas muchas, es usted mujer pesada. Dónde, injusta suerte::: Huyamos, que es vivo rayo su espada. No huyáis, cobardes, Si huyáis, que en eso está la ganancia. Qué es esto, Pimiento? . Esto? meterse un hombre con damas. Pimiento, ya que a esta calle la justicia desampara, en mis brazos::: mas qué miro! albricias, albricias, alma, que el sol ha vuelto a lucir, que ha vuelto a vivir el alba. Qué alba? qué sol? qué risa? qué llanto? acaba, señor, acaba, que ya temiendo el cordel, me palpita la garganta. Fernando, por mi honor mira. Es cierto, di, que me amas? Eso dudas::: . Bueno va. Cuando en tu fuego::: Ya escampa. Incauta paloma muero, vivo ardiente salamandra? Pues, señora, ya en Toledo es imposible que haya a tantas desdichas puerto, alivio a tantas desgracias: y pues te adoro, y me quieres, y pues te estimo, y me amas, un mal sientan dos alientos, dos corazones un ansia, un rumbo lleven dos cuerpos, y una fortuna dos almas. Pues qué pretendes? qué intentas? Que aquesta noche a la casa de un amigo noble vamos, y con su amparo mañana, antes que el padre del día rayos ésgrima de grana, a Málaga nos partamos, en cuyo recinto aguarda de correspondientes míos algún favor mi desgracia. Norte eres de mi fortuna, ya sea felice, ya infausta, y así, como norte guía, rige, predomina, y manda. Vámonos, y más que sea a Burguillos, o a Simancas. Vamos, Doña Ana: fortuna, para tu inconstancia, para, que no es victoria ostentar en solo un pecho tu saña. Amor, pues eres Deidad, y sacrificio en tus aras mi albedrío, preven puerto al naufragio de mis ansias. . Sacro Dios Omnipotente, pues me sacaste de tramas, pelo, cárcolas, canillas, peines, y otras zarandajas, sácame de aqueste amo, pues mientras sigo sus plantas, aunque he sálido de sedas, ando siempre entre marafías. . Vivan Zara, y Solimán para gloria de este Imperio. Vivan, y alegrez ausurpen contentos al Fénix la vida, pel ser a lo eterno, oporque en coyunda ode dulce himeneo, a pesar del tiempo vivan peternidades del tiempo. Viva yo, pues llegó el día en que logra mi deseo porpremio de tanto amor, a todo un Ángel en premio. No viva yo, pues el día ha llegado en que mi pecho pierde a quien amante adoro, y gana a quien aborrezco. Si los celos matan, cómo no muero a tanto veneno? Valerosos Africanos, prosiga el aplauso nuestro, vuestros acentos prosigan, porque mi dicha advirtiendo, en gloria, que siempre es más, nunca el triunfo ha de ser menos. Vivan Zara, y Soliman. Parad, suspended los ecos, no prosigáis, porque el aire de vuestro canoro acento todo el oído se y podrá Amor pedir celos de que le usurpe un sentido lo frágil de sun elemento. (Qué mal finge Amor quien tiene el alma en ajeno dueño!) Discreta sois. . Vos, señor, alentáis mis pensamientos. Que esto escuche, y no me mate el dolor! . Qué mal me aliento! Muley, amigo, no aplaudes mi fortuna? . Señor, viendo que la suerte de lograr de Zara el bello portento, encarecerla (si es capaz de encarecimiento) Solo al silencio le toca, quise entregarla al silencio. Ay Zara, y lo que me debes! Ay Muley, cuánto te ofrezco! Solo en un alegre aplauso mi amor, Muley, echa menos a Celín, tu heroico hermano. Ya, señor, que vendrá creo, pues como el cargo le has dado de Capitán, recorriendo anda las Costas de España, sin que perdone su aliento Cristiano, que a vuestras plantas no sea mísero trofeo. Pues quiero que a mi amor deba la mayor fineza, haciendo, que se dilaten mis bodas hasta que él venga. . Con eso . treguas daré a mi dolor. Para cuyo justo efecto, con tu licencia, señora, voy a que salga al momento una fragata de aviso: Alá os guarde, hermoso dueño. Él os dilate la vida. Ven tú, Muley. . Pensamientos, no encumbréis al sol las alas, que hay en el Mar escarmientos. Señora, como en el día que por Reina del Imperio Africano te coronas, tanta tristeza en ti veo? Ay Celima! de eso nace mi pesar y sentimiento. De coronarte? Sí. . Poco, señora, os debe mi afecto, que me ocultáis vuestra pena. Sí, Celima, porque advierto, que lo que el silencio oculta, aún no lo sabe el silencio; mas porque a mi afecto debas el último complemento de mi estimación, escucha: estamos solas. . Ya atiendo. Ya despachada la nave, el alma buscando el centro de Zara viene; mas ella hablando está con secreto: mis recelos la han de oír, que el amor todo es recelos. Apenas dejé al Reí, cuando (ay de mí!) al centro me vuelvo de mi perdida esperanza: con Celima está aquí, espero ocasión de hablarla sola. Ya, pues, que mis sentimientos, sin dar treguas al dolor, rompen la cárcel del pecho, escucha de mis pesares los mal asonantes ecos. Qué será esto, corazón? Corazón, qué será esto? Yo, Celima, vivo amante, yo, Celima, amante muero, no de Solimán, no de ese Africano Rei excelso, que ya por marido aguardo, que ya por esposo espero. Válgame el Cielo, qué escucho! viva estatua sol de hielo. Si de Muleí, de Muleí? ya lo dije, y en aquesto no me culpes, culpa solo a los Cielos, que si ellos me inclinan, cómo podré contradecir a los Cielos? Albricias, alma, qué escucho! Hay más penas? más tormentos? por Alá, que he de abrasarlos en la fragua de mi aliento. Mi padre, atento a su sangre, y a su conveniencia atento, me quita a quien idolatro, y me da a quien aborrezco. Ya no puedo más conmigo, venganza tomen mis celos. Yo he de morir si me caso, pues muera antes que: . Teneos, que ya el volcán de mis iras rompió la cárcel del pecho. Válgame Alá: (muerta soy!) Grave mal! . Terrible aprieto! Injusta fiera, que al alma infundiste tal veneno, que si aliento, es solamente porque el favor me da aliento, por qué me aborreces, di? porque te rendí alagüeño en deseos, y holocaustos cuánto alcanzan los deseos? por qué tu hermosura amaba? por qué adoraba tu cielo? pues todo cuanto era gloria, ha de ser ya desconsuelo: cuanto amor era hasta aquí, será ya aborrecimiento: tu agraviarme? tu ofenderme? por ese azul Firmamento, que tú, y tu amante traidor habéis de llorar mis celos. Echó el resto mi fortuna. Echó mi desdicha el resto. Ah de mi guarda. Señor, qué mandáis? Que traigáis preso a Muley. Puestó a tus plantas estoy, señor, mas no advierto por qué me mandáis prender. Porque amáis lo que yo quiero. Luego amar es culpa? . Sí, porque es contra mi respeto. Y si antes que tú la vieses la adolatraba mi afecto? Olvidaraisla al instante que supistéis mi deseo. Quién tiene amor, nunca Yo le tuve, y no le tengo. Vos olvidáis por agravios. Olvidaráis vos por celos. En mí no cabe el olvido. Pues quepa, quepa el tormento, siendo entrambos de mis iras dos lamentables ejemplos. Llevadios de aquí a los dos, y en ese intrincado centro, ruda habitación de fieras, de plantas pensil funesto, a dos troncos los atad, de suerte, que a un mismo tiempo, ya a la fatiga postrados, ya rendidos al asedio, si se lamentan, apenas puedan oír los lamentos. Señor, mira: . Nada miro. Advierte, Reí::- Nada advierto. Qué es crueldad. Que es tiranía. Que es rigor. . Llevadlos presto a que a su despecho mueran, pues yo muero a su despecho. . Qué congoja! . Qué pesar! Qué crueldad! Qué sentimiento! Ay, Muley, lo que me debes, pues por adorarte muero! Ay lo que me cuestas, pues por no perderte, te pierdo! De verlos compadecida, voime solo por no verlos. Pero si Amor es Deidad::- Mas si Amor es Dios supremo:- De él la libertad aguardo. La libertad de él espero Porque amando siempre::- Siempre queriendo:- (plo. Dulce ofrenda sea el alma de su Tem- Pimiento, ese caballo ala al pie de ese tronco, mientras hallo acaso alguna fuente, en cuyo es pejo claro transparente mitiguemos la sed, que nos supura. Ya está atado, señor, Vuestra hermosura, dulce esposa adorada, dueño hermoso, en la alfombra bordada en el frondoso copete destas breñas, donde el mar azotando está las peñas, busquemos descanso alguno, sí importu- que descansemos quiere la fortuna. (na, Fernando, es poso, que idólatro amante, solo mi fe constante, el descanso que busca son tus brazos, en cuyos dulces lazos he de morir, cual Fénix, abrasada, por volver a nacer enamorada. Ya me van, y me vienen mil congojas, hasta ver lo que tienen las alforjas. Siémate un breve rato, porque quiero penetrar este sitio, en donde espero encontrar, como he dicho, alguna fuente, que la sed nos mitigue su corriente. La sed que a mi señores, me alborota, apagarla pretendo con la bota. No te apartes, Pimiento, que ya vuelvo A dar saco a la alforja me resuelvo. Ven, mi Fernando, presto, porque siento al partir no sé qué sentimiento, que alborotado el pecho le imagino pronóstico fatal de algún destino. Aunque vendrás, esposa, fatigada, por haber dilatado la jornada, por Granada pasando, solo a fin de buscar a un amigo en su confín; pero habiendo sabido, que ha pasado a Málaga también, es escusado el rigor ya señora, de tus penas, pues aquel alto risco las almenas de Málaga descubre, donde es cierto, que tendrán las desdichas feliz puerto. . O a lo que obliga, Amor, tu arpón! Señora, los arpones, o tarpas deja ahora; y pues solos estamos, las tripas de esta alforja nos comamos. Ay qué ajenos, Pimiento, tus sentidos están de sentimiento! No sentía tirar a un Tejedor, que no hay cosa peor, y pretendes que sienta mi destino? eso no: va de alforjas, y tocino. En pasar a mi boca no eres terco, mas tampoco lo ha sido el pie de puerco. Estos son unos bofes: ved, señores, si podemos negar los Tejedores. Este es el pa:por Dios, que no es muy bueno, la mitad le han echado de centeno: no ha tocado las muelas, cuando me olió al instante a cobachuelas. Pisad quedo, no nos sientan, que si no me engaño, miro dos Cristianos en el verde catre de ramos tejido, que descuidados están. Qué bien que sabe el tocino! No este lance malogremos. Vaya la alcuza del vino. Embestidlos, qué esperáis? Mejor es, que de Burguillos. Daos, Cristianos, a prisión. Ay de mí triste! qué miro? Válgame San Nicodemus, San Sebastían, San Longinos, y cuantos juraba cuando jugaba en los alamillos. Ea, llevadlos. . Ay infeliz! muerta sol. . Cielos divinos, qué mujer tan soberana! A espacio, a espacio, sentidos, que venís a cautivas, y vais quedando cautivos. Ea, llevadlos a la nave. Favor, Cielos: dueño mío, ven, que me llevan cautiva. Prodigio hermoso divino, no temas, que irás adonde dueño seas de mi albedrío. Venga el perro. . Vaya el galgo; y pues que Mahoma os dijo, que tocino no comáis, temed, Moros, el tocino, temed el vino, y la bota. Calle, y venga. . Voto a Cristo, que de veras va: Jesus! pobre Pimiento, tú has sido hasta aquí verde, y ahora serás pimiento molido. Ya entre unas peñas hallé el corriente cristalino de una fuente: mas qué veo! donde hermoso dueño mío, te ocultas? Fernando, esposo. Mas qué escucho! mas qué miro! Bárbaros la llevan: cómo, injustos Cielos divinos, con tantos pesares juntos combatís a un afligido? Esposo, Fernando, adiós, que ya mi amor te ha perdido. Señor, ved, que a ser me llevan tirador de Berberiscos. Bárbara traidora nave, que sobre montes de vidrio nadas Delfín de madera, vuelas Águila de pino, vuelve la proa a la orilla, retrocede el curso altivo, y pues el alma me llevas, ceba tu furor impío en mi vida, y no me dejes para mayor muerte vivo. Esposo dulce, no niegues tu cuidado a mis suspiros. Señor amargo, no quites tus orejas de mis gritos. Qué esto escuche! Santos Cielos, para cuando el incentivo escuadrón de rayos guardas, si ahora los tienes remisos? Ay de mí! que ya la nave entre el claro laberinto de tanto espumoso monte, de tanto nevado risco se oculta, siendo garzota, que peina al aire los rizos. Pues si esto miro, qué aguardo? pues qué espero si esto miro? ella cautiva, y yo libre? ella presa, y yo remiso? no es posible, no es posible; y pues mi bien he perdido, dé todo el mar a mi cuerpo monumento cristalino: recibe en tus ondas: pero qué es lo qué hago? qué imagino? en perder la vida, acaso algún remedio consigo? no: pues valor, retroce, porque ya un medio imagino para que matando muera, o libre traiga al bien mío. Se ejecutó todo cuanto, Alí, mande? Si señor. Eso sí, cause pavor mi justicia, cause espanto; mas ay, que ya mil recelos mi aliento acobardan, pues para tal rigor, no es bastante causa unos celos. Quién pudiera no haber hecho tal injusticia, pues temo::: qué he de temer? raro extremo! nada acobarde mi pecho, cuando:: pero qué clarín con el militar acento la vaga región del viento ocupa? . Señor, Celín, que a Palacio llega ya, como siempre, victorioso. Tus pies, gran señor, me dad. Señores, quién me ha traído entre tantos perros hoy? Los brazos, Celín te doy, digno premio merecido a tu aliento, a tu excesivo valor: mas cómo te fue en la Costa? . Cautivé, señor, y quedé cautivo. Contradecirte debiera, Celín, con justa razón: pues cómo esa implicación ser pudo? . De esta manera: A esta divina Deidad en la Costa cautivé, y al punto que la miré, me quitó la libertad: el alma en cautividad quedó con su vista activa; luego no es razón esquiva la que deciros prevengo, pues hoy, señor, a ser vengo cautivo de mi cautiva. Hasta cuando tu desdén me ha de ajar, injusta suerte? Hasta cuándo? hasta la muerte por siempre jamás amén. Cielos, más rara, más bella mujer, no miré jamás! mientras más la miro, más crece el deseo de verla. Hado esquivo, injusta estrella, qué queréis a mis desvelos? no bastaba que a mis recelos unos celos le prevengan, sino que a olvidarse vengan, porque vengan otros celos? Si se acordará, Pimiento, Fernando de mí? . Eso sí, como yo me acuerdo aquí de todo el Ayuntamiento. Lo que el Reí la mira! a espacio, celos, no me deis la muerte. Ello ha de ser de esta suerte: quede, Celín, en Palacio aquesta mujer, que es leí, para que otra vez sepáis, que aquello que idolatráis no se ha de alabar a un Reí. Si acaso a saber llegara:: Callad, pues, no seáis molesto. Qué, olvidáis, señor, tan presto a la hermosura de Zara? Yo, Celín, no la olvidé, ella se olvidó este día: su ingratitud no fue mía, de ella solamente fue. Qué ingratitud o qué olvido es ese, señor? decid, que nada entiendo. . No e id a ese intrincado escondido palacio de troncos donde aquesto descifraréis; y si acaso en lo que veis el cuidado corresponde, hallarán vuestros desvelos, si vuestros desvelos ven, a lo que se expone quien a Solimán causa celos. Llevad, Alí, esta Cristiana e con Celima. . Ya obedezco. Solo la muerte ape entre pena tan tirana. Cielos, qué enigma, qué muda frase es aquesta qué ignoro? Consigo está hablando el Moro, él es Poeta sin duda. Cielos, no bastan mis celos, sino enigmas, que no sé? Ya es Astrólogo, porqué anda mirando a los Cielos. Ay de mí! que ni una sola esperanza él bien me abona. Ahora es Músico, que entona el sol, fa, re, mí, fa, sola, En fondo di con mi amor, infelice. . Ya entra en hondo: él se mete con el fondo? pues sin duda es Tejedor. Pero vaya a penetrar ese monte mi temor::: Él sin duda es Labrador, y pretende chapodar. Donde disfrazar espero causa de tanto pesar. Ya se pone a descifrar? pues ya es Filosofo entero. Sígueme, Cristiano: un rayo de celos el alma hiere. Ahora es Hidalgo, que quiere llevar por fuerza Lacayo. Pero quédate, si quieres, de aquesa Cristiana al lado. Ya, señores, es Leirado, que muda de pareceres. Soberbio mar, que erizando tus crespas olas, me escondes, ya en las regiones etereas, ya en las lóbregas regiones, aunque pesé a la altivez soberbia de tanto choque, no has de triunfar de mi vida, porque mi valor se acoge a la Virgen del Sagrario, que ya me ampara, y socorre: dichoso, Patrona mía, aquel, que en su pecho noble por Norte te aguarda, siendo de todos felice Norte, y principalmente mío, pues por hijo me conoces de Toledo, Imperial Silla, Basilica Santa, donde piras son de tu holocaveto Tolédanos corazones. Y pues libre me has sacado de ese centro, que disforme a mi veloz vergantín dio monumento salobre, sepa yo, qué tierra es esta: porque admiración me pone ver tanto intrincado escollo, ver tanto soberbio roble, donde apenas::: Ay de mí! Mas qué lastimosas voces, cuasi sin aliento, alientan debilitadas, y torpes? Amor: pues eres Deidad, como Deidad nos socorre. Ya otra vez infaustas tristes la región del aire rompen: pues qué aguardo, que no inquiero aqueste intrincado bosque, parda emulación del día, claro enigma de la noche? Voces tan débiles, que el ser dejáis ya de voces, si acaso aguardáis socorro, ya mi valor os socorre. Amor pues eres Deidad, como Deidad nos socorre. Bárbaro Rei celoso, que ofendido oprimido me tienes en un tronco, donde el nativo aliento ya extinguido apenas herir puede el aire bronco, donde el pecho, a desmayos reducido, intercadente late, pulsa ronco, pues me quitas la vida de esta suerte, no en Zara darme quieras otra muerte. Bárbaro injusto Reí, que a pena dura, oprimida en un tronco, me condenas donde apenas la humana arquitectura si respira, respira solo apenas, donde un lento desmayo ya supura el cuasi helado nácar de las venas, pues me quitas la vida de esta suerte, no en Muleidarme quieras otra muerte. Y pues ya el alma fallece:: Y pues ya el alma se rompe::: Amor, pues eres Deidad, como Deidad nos socorre. Discurriendo por veredas, que apenas el Sol conoce, todo el monte he penetrado, y solo advierto en el monte unas quejas, que a esta parte conducen mis pasos, donde::: pero qué miro! es engaño? es ficción? es sueño? es::: Noble mancebo, que acaso el Cielo por tan lóbregas mansiones:: mas qué veo! no es mi hermano Celín quién miro? pasmose con tal dicha toda el alma. Muley, hermano, tú pobre? abatido de esta suerte? cómo cuando::: . Celín, rompe estos lazos, y sabrás lo que no es justo que ignores. La turbación de mirarte me ha embargado las acciones. Todo el monte he penetrado, sin que encuentre en todo el monte. señas de que humano pie haya hollado los verdores de sus plantas: mas qué miro! esta no es mujer, que a un roble amarrada está? . Oh tú, seas quien fueres, que pones tan cerca de mí, las plantas, si por ventura eres noble, ampara nobles desdichas. Ya mi valor te socorre, rompiendo estos lazos duros. Válgame Alá! en este bosque, Cristiano, sin ser cautivo? Ya son más mis consusiones, que es Mora aquesta mujer. Ven, Celín, busquemos donde zara de la misma suerte también padece rigores. Confuso, Muley, te sigo. Pero Cielos, allí un hombre en traje Cristiano, cosa, que al pecho da admiraciones, la desata: llegar quiero: Oh tú que piadoso pones tu desvelo a tanto logro, quién eres? . Cielos, cumpliose el colmo ya de mis dichas. Solo esta dicha conoce mi fortuna, que es traerme a esta tierra, porque logre quizás encontrar en ella a quien adoro. Yo, nobles Afrícanos, soy un negro objeto de todos once globos celestes, pues ellos solo en mí su rigor ponen: Español soy, que surcando las cristalinas salobres alcobas del mar airada, cruel tormenta del norte con baíbenes me arrojó a esta estancia, donde entonces apenas pisé su sitio, cuando escucho tristes voces, que a mi valor obligaron seguirlas: luego al informe conducí las plantas, cuando aprisionada a ese roble miré a esta dama, quitela tantas injustas prisiones, como veis: esta es la causa, que os ha dado admiraciones. Noble Cristiano Españo porque tu discurso note cuan compadecido, siempre el que es desdichado oye las desgracias de otros, aunque sean de encontradas Naciones, yo te prometo amparar, (si acaso por dicha pone la fortuna fin dichoso a mis males tan conformes) en gravar mi desventura, que yace en papel del bronce. Agradecido, Africano, es forzoso que me postre a tus pies, por tantas honras. Digno eres de otras mayores. Aunque más discursos hago por saber la culpa enorme, que a tanto rigor dio causa, solo encuentro confusiones. Zara, Celín, pues el Cielo el ampararnos dispone contra la saña tirana, contra los fieros rigores de un Rei injusto, a mi Quinta huyamos, donde en la indócil eninarañada espesura ocultos, aliento tomen nuestras vidas, hasta ver si hace el tiempo que se borren de la memoria del Reí celosas indignaciones. Guía, pues. . Allá sabrás. del Reí el injusto orden: y tú, Cristiano, pues miro que tu suerte riesgo corre, siguenos también, verás, que entre el tropel de temores en que estoy, hago en tu amparo debidas demonstraciones. Ya te sigo, pues es fuerza que puerto en tu abrigo tome de mis deshechas fortunas, hasta que el Cielo corone mis esperanzas, hallando a mi Doña Ana, a mi noble querido dueño, que es siempre el centro de mis pasiones. Y vos, Princesa María del Sagrario, hasta que torne a veros en vuestra Casa, sedme aquí seguro norte. N
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGU A. De tus razones llamado, de tus olantas conducido, de tu sabor obligado, y en fin de todo admirado, harta este sitio he venido: qué me quieres? que estoy llano a obedecerte prudente. Eres variente, Cristiano? Para ser, Moro valiente, me sabrá el ser Toledano. Me ayudarás con aliento en una acción atrevida? Ya la espera mi ardimiento, para aventurar la vida comó noble. . Escucha atento. Ya sabes, noble Cristiano, como después que en el tosco laberinto de ese bosque de dos anudados troncos. desatamos a Muley, y Zara, sin que nosotros supieramos por entonces la causa de tanto asombro, a su Quinta fuimos, donde advertidos ya de todo, supimos la causa, que tuvó Solimán furioso para ejecutar en ellos castigo tan lastimoso: También sabes, como luego que supo el Reí el socorro de sus vidas, sin mostrar ni el menos altivo enojo, su delito perdonó liberalmente piadoso, siendo la causa, Cristiano:: pero aquí el discurso doblo, porque en otra parte sirva de intérprete a mis ahogos; y pues sabes hasta aquí, escucha desde aquí todo lo que ignoras, porque empiece la acción a que te convoco. Yo a una cautiva Cristiana idolatro, sigo, adoro tan locamente rendido, tan rendidamente absorto, que fue entre el verla, y amarla tan imperceptible el modo, que o la amaba antes de verla, o la miré estando loco. Viola Solimán un día: (oh mal haya el ciego arrojo de mi lealtad pues yo mismo me di el veneno a mi propio!) Mirola, en fin y al instante, confesando sus antijos, que la adoraba me dijo: (aquí el discurso desdoblo de la causa, que dio causa al pasado desenojo.) El primero amaba a Zara, pero bebiendo en sus ojos el veneno de los celos, vengativo, y rigoroso solo en venganzas trataba, y como después vio el rostro divino de mi Cautiva rendido a su cielo hermoso, olvidó pasados celos, buscando presentes logros. Tanto se engolfó en la playa de su hermosura, que en pocos discursos me amenazó con castigo rigoroso, si acaso mi amor le daba celos, fatiga, u enojos. Yo, por no ofenderle, quise dar a partido mis locos pensamientos; pero apenas a olvidarla me dispongo, cuando más amante muero, cuando más rendido lloro: y en fin, de mi amor vencido, solo el remedio que topo es el llevármela a Tunez, para cuyo feliz logro me valgo de tu valor, porque esta noche animoso de Palacio la saquemos; y no te parezca impropio, que solo de ti me valga, porque aunque es verdad que noto lealtad en muchos, no quiero exponerme a que engañoso alguno, por congraciarse, haga mi intento notorio: y así, Cristiano, disponte para esta acción, que si airoso la cansigo, por Alá; que has de ser dueño de todo cuanto tengo, cuanto valgo, cuanto aprecio, y cuanto logro. Compadecido de oírte, desde luego, Celín, compro con mi vida cuanto pueda ser de alivio a tus sollozos. Válgame Dios! quién será la Cristiana, que este Moro idolatra? pensamiento, no discurres, que aunque loco amé a Doña Ana, quisiera mas, si atiendo a mis ahogos, perderla de enamorado, que ganarla de celoso? más Celín, cómo podremos lograr nuestro intento? . Cómo entrándote yo en Palacio cuando Cintia en negro solio de azabache a dar empieza trémulos al orbe tornos, después que el Reí a Morfeo pague el tributo forzoso, si acaso pagarle puede quien paga a Cupido otro, entraremos en el cuarto de Celima, donde todo el Cielo se oculta, pues se oculta allí el bien que adoro, y robándola atrevidos, tú al instante al bosque umbroso con cila irás, y yo entonces saldré como al alboreto, desmintiendo las sospechas, que el Reí, si acaso al asombro deja el lecho, tener puede de mis intentos: celoso, pues, a la Quinta te vuelve de Muley, hasta que en golfos de zafir nevado ocaso halle el rutilante Apolo. p. Con bien te queda: Fortuna, pues entre Bárbaros gozo piadosa amistad, permite a mis penas sin dichoso. Fortuna, si atrevimientos amparas, ninguno al colmo de mi atrevimiento llega, para tu rueda en mi abono. Señora, qué hemos de hacer entre estos perros? Llorar, Pimiento, que en el pesar, solo el llorar es placer: lloren mis ojos, de enojos llenos, pues mi bien perdí. Pues también lloren aquí lo que no comen mis ojos. Dónde, amante esposo fiel estarás, que por ti anhela el alma? . Urdiendo una tela allá estará en San Miguel. Solo en alivio me queda la esperanza de morir. A mí me ha quedado de ir a la casa de la rueda. Porque entre Alarbes metida, sálida a mi pena ignoro. Es el callejón del Moro, qué jamás tuvo salida? Pero el mayor mal que pasa mi honor es el ver que intenta Solimán toda mi afrenta. Eso es hacienda de casa. Más primero mi denuedo me verá muerta a sus pies, que sin honra. . Y esto es ser, voto a Dios, de Toledo? Mas el Reí viene: en teatro de batalla cruel se halla mi honor ya. . Esa batalla la tomaran más de cuatro; pero yo, señora mía, de aquí me retiro, pues la hacienda que él trae, no es hacienda de compañía; pero aplicaré el oído, por ver si da golpe en bola. Qué haces, Cristiana, tan sola? Llorar el bien, que he perdido. En vano lloras, esquiva, injusta, hermosa deidad: no te quitó mi piedad las pensiones de cautiva? pues qué te desvela aquí? no estás libre, y festejada? no estás de todos amada, y idolatrada de mí? pues qué tienes? pues qué lloras? cesen ya tus sentimientos, y premia mis pensamientos, pues mi firme fe no ignoras; y ya que mi amor no alcanza de ti ni un afecto fiel, no me niegues tan infiel siquiera alguna esperanza. Por no dar sos pecha alguna con mi falta, mis desvelos vuelven a Palacio: Cielos, qué miro? suerte importuna! con el Reí sola? rigores, ya mi desventura es cierta, pero mi cuidado advierta si acaso le hace favores. Tanto, señor, os estimo:: Ay de mí! cierto es mi mal. Ese afecto sin igual, que si el aliento reprimo, cuando Reí os reverencio, es porque mi afecto grave Solo en el silencio cabe, y así le dejo al silencio. A su fin mi amor llegó. Dichoso quien tus favores merece. Por Dios, señores, que al primer cabo acerté. Ea, Amor, que ya nos llevamos la palma. El Moro está en calma, llevarse quiere la palma: pues es Domingo de Ramos? Espera, que solo intento, sin que llegues a gloriarte con estas razones, darte cortés agradecimiento, debido a tanta fineza; pero de otra suerte no, que no puedo faltar yo a mi empezada firmeza: qué es faltar? vive esa ardiente antorcha, que si supiera, que caber en mi pudiera la menor culpa, impaciente me diera la muerte, dando asombro al Orbe, y a vos. Eso sí, cuerpo de Dios, que ya estaba reventando. Ya el alma a respirar vuelve. Cuál el pobre se ha quedado! Ofendido, y despreciado, a esto mi amor se resuelve: esquiva Cristiana, que pagas, para más rigores, con despejos mis amores, y con desdenes mi fe, tal pena tu desdén fragua en mi pecho, que ya ciego, todo soy un hielo. . Fuego. Todo soy un ardor. . Agua. Y pues no es posible tuerza tu esquivo rigor, intento, que lo que no el rendimiento, pueda alcanzarlo la fuerza. Fiero lance! Gran rigor! Ya el respeto quebranta. Yo mi honor defenderé. . No podrás de mí. Señor? Qué ahora viniese Celín! Qué queréis? . Licencia espero (lo que le diga no infiero) para salir al confín de todo ese golfo cano, pues tengo noticia fiel de que en las Costas de Argel anda armada del Cristiano. Piadoso el Cielo, envió a Celín por mi defensa. Sospecha, no hagas ofensa lo que un acaso guió. El Rei fabricando dudas está, según el semblante. Qué me ordenas? . Que al instante, Celín, al remedio acudas. Ya te obedezco: Ay Amor, y qué poco he remediado! pero aguarde mi cuidado el fin de tanto temor. En fin, Cristiana, no hay medio para mi amor? . No le esperes. Eres fiera? . Injusto eres. No hay remedio? No hay remedio, Pues ya mi incentivo amor llegó a los ultimos plazos, llega por fuerza a mis brazos. Y cuántas naves, señor, han de salir? porque nada en el número te oí. Ya a evidencia pasó aquí la sos pecha comenzada. Nada mandan mis enojos, siempre a estorbarme te hallas: advierte, que aunque lo callas, dicen tu pasión los ojos. Yo, cuando:: . Turbando estás, sosiégate: un volcán soy. Señor, si pena te doí::: Sí, Celín, pena me das: mas pues me ofendéis los dos, advertid, sin dilaciones, que para vos hay prisiones, . y cadalsos para vos. , . El perrazo cual va, no paro en cien leguas de aquí, no haya prisión para mí, o cadalso para yo: envocaos ese jarabe. Cielos, hay pena más fuerte! que esté esperando la muerte, y que por rigor más grave, de mí su segur aleja! Torpe:: pero voime, en fin, no quiero dar a Celín lugar para alguna queja. Absorto el Reí me ha dejado con su rigoroso aspecto; pero como tenga efecto la acción en que me he empeñado, su altivo rigor violento no temo, porque en rigor, atrevimientos de amor, es muy noble atrevimiento. En aqueste sitio donde, como ameno prado en fin, el Mayo tributa flores, fragrancias derrama Abril, donde Zara, y Muley, dan a mi fortuna infeliz alivio en tanto pesar, consuelo en tanto sentir, esperando que el Sol pase circundando hasta el Nadir, encapotando los rayos en cortinas de zafir, estoy, hasta que a avisarme, para poder conseguir su amoroso intento, venga el cuidado de Celín; pero pues concede el tiempo bastante descanso a mí devoción, sobre esta peña, que el acaso bordó sin las porfías del cincel, ni fatigas del buril, me siento, donde dejando pensamientos, descubrir de mi corazón pretendo a la Patrona feliz de Toledo, al Ave intacta, que al Sol bebe el carmesí, al Templo que fabricó mejor Salomón, y en fin, a quien dio al Verbo Encarnado Urna, Sagrario y Víril. Piadosa Abogada mía, Toledana Emperatriz, pues fundas en amparar todos tus triunfos, aquí un hijo dos veces hijo, tienes rendido a la lid de tanto importuno afán, de tanta guerra civil: ostenta tu patrocinio en él, Señora, no así dejes correr de su infausta fortuna el volante vil, merezca, Madre piadosa, hallar a mi esposa, a mí Doña Ana: aquí el antubión de mis pesares, de mis pensamientos, por los ojos cristal exhala sutil; pero rendido al afecto, Morfeo empieza a infundir su letal torpe veneno por conductos de carmín. Sueño, pues a mi dolor treguas quieres prevenir, no en sombras me finjas tanto fantástico frenesí. Florido espacio, que verde has sabido introducir vanidades de sabeno con presunción de pensil, qué bien hallada mi dicha entre el tejido matiz de tus fragrancias se halla gozando en lazo feliz, yo finezas en Muley, él correspondencia en mí! Aquí libre ya mi amor, de quien puede conseguir Solo, en el morir contento, solo pena en el vivir, deleites son cuantos toco, porque llegando a esparcir la vista, cuanto penetra:: pero el Cristiano está allí, que nuestro favor merece, tan noble, como infeliz. Dónde te ocultas, mi bien? Parece que habla entre sí. Si en el alma estás, quien de ella te ha podido dividir? De algún amoroso afecto sin duda se queja: y sí la vista acaso no miente, en su mano a percibir llego un retrato, no hay duda, que será copia sutil de con quien habla, llegar pretendo, por advertir la hermosa causa, que da materia a su frenesí. Ya se la he quitado: Cielos, en toda mi vida vi mas soberana Deidad, más celeste Sera fín! Mujer divina, que al verte es imposible no amarte, pues nadie podrá mirarte Sin que llegué a obedecerte, quién eres? llegue a deberte mi desvelo la piedad de saberlo, que es crueldad, que en fan dulce inmensa calma rinda a una Deidad el alma, sin saber a qué Deidad. Si cuando con rayos hieres, tuya es fuerza que me nombres; dime, qué harás con los hombres, si rindes a las mujeres? Mas con tal modo prefieres a lo humano en el primor, que siento tan dulce ardor, que cuando el serlo interpreto, no es amor, porque es respeto, siendo respeto de amor: y finalmente, rendida a tu belleza, ya en vano has de salir de mi mano, pues te da el pecho acogida. Cristiano, llora perdida belleza tan sin igual, porque sintamos un mal a un mismo tiempo, encontrando, tú buscando este traslado, cuando yo el original. Sacre atrevido, que al alma hurtaste la mejor prenda, aguarda, que ya te sigo; por qué:: Fantástica idea, . sosiega, que ya del sueño cesa la campal contienda, vuelve a tu primer discurso: por qué en esta copia bella:: Pero qué miro? Ay de mí! quién pudo aquí (suerte adversa!) ser el Paris más traidor de la más divina Elena? quien atrevido: . Fernando, de qué al aire exhalas quejas? Has visto acaso, Celín, por estas floridas sendas alguna persona? . No. Pues máteme ya la pena. Qué es lo qué sientes? respira, qué te ha sucedido? alienta. Nada, Celín. Ocultarle todo mi dolor es fuerza, porque no piense que finjo, por no ayudarle, flaqueza. Pues de qué te lamentabas? Solamente de mi estrella. Si alguna nueva fortuna te aflige, Fernando:: . Deja ese tema; y pues ya el día arrastrar quiere bayetas, haciendo exequías al Sol, ya es tiempo que se prevenga para tu intento el valor. Pues sígueme. . Sacra excelsa María, ya que has faltado de mi pecho, tu grandeza no permita ser ajada de bárbara mano fiera. Cuidados, que confundís el certamen de la idea, dad treguas a mi dolor, dad a mi descanso treguas: No basta que a mi cerviz de este Imperio la eminencia, o ya la tenga oprimida, o ya abatida la tenga, sino es que también Cupido vibre su aljaba violenta contra mi pecho, añadiendo mas impulso a menos fuerza? No basta que tributario me haga a su Imperio mi estrella, sino es que viva agraviado, para que de celos muera? Celos dije? miente el labio, pues se corre mi grandeza de ver que una esclava vil darme a mi cuidado pueda. Yo celos de una Cristiana, al duro yugo sujeta de esclavitud? es engaño, no son celos, son ofensas; porque siendo yo::: Ay de mí! tened de mi honor clemencia, Cielos divinos. . Qué es esto? quien mi Real Palacio altera a aquestas horas? . . Traición, que a la Cristiana se llevan. Qué es lo que escucho! esperad, traidores, que ya con esta luz, y mi espada sabré dar castigo a tanta ofensa. Desmayada se ha quedado, siendo dicha, que no pueda. dar voces. a Traición, traición. Todo el Palacio se altera: Ea, Cristiano, al sitio donde has de esperar, te la lleva, que yo, porque no te sig vuelvo a cerrar esta puerta, pues mientras por el Palacio la buscan, tu fuga es cierta. Ven, Cristiana, que ya el alma no descansa, no sosiega, hasta ver quién eres, por salir de tantas sospechas. . Ya he cerrado, y a mi cuarto voy por un hacha, y con ella saldré desmintiendo dudas. . No hay, Afrícanos, quien pueda socorrer a la Cristiana, qué atrevidos se la llevan? Quién de aqueste Real Palacio:: Quién de aquesta Casa Regia:: Puede violar las paredes? Puede ultrajar la excelencia? Señor, apenas la vida al sueño la común deuda iba a pagar, cuando dentro de mi cuarto, que en tinieblas ya se miraba oprimido, atrevidamente llegan, y a la Cristiana, señor, se llevaron. . Cesa, cesa, que se dilata el castigo en lo tardo de tu lengua. Señor, manda que en Palacio, no quede escondida Pieza, que el cuidado no registre, o que la atención no inquiera, donde es forzoso se halle, porque cerradas las puertas, no pudo buscar tan presto sálida a su diligencia. Receloso de Celín estor; pero en tanta pena, del enemigo tomar el consejo es advertencia. Dices bien, Celín venid, todo el Palacio se vea, y si al alevoso en él no se topare, mi ofensa le buscará, si en su centro me le ocultara la tierra. Ya el valor de fuerzas falto, ya fatigado el aliento se confiesa; y pues llegué, a porfías del esfuerzo, hasta este sitio, que es donde Celín me dijo, pretendo dejarla en este mullido catre de flores ameno; y pues cerca está la Quinta de Muley, en donde tengo una antorcha prevenida, cuyos trémulos reflejos es seña que he de poner, porque sepa donde espero, por ella voy, solamente por verla el rostro, y con esto salir de una vez de tantos discursos, y riensamientos. Ay de mi triste! Fernando, donde, cómo::: pero Cielos, . dónde estoy? qué sitio es este? pues en el nocturno ceño de tanta lóbrega estancia, de tanto nublado negro, solo horrores imagino, solo sombras considero: donde iré, cuando afligida, sin valor, y sin aliento, muevo un monte en cada planta, si acaso la planta muevo? Aquí el aire entre la pompa de tanto ciprés funesto, solo exhala confusiones, solo respira esperezos: Aquí las aves que habitan Bubos son, cuyos acentos tristes desdichas anufician, y pronostican agüeros: aquí las flores, si acaso flores son estas que huelo, tristes capuces arrastran, en vez de matiz sabeo: centelleando la turba de palpitantes Luceros, más oscura hacen la noche con sus pálidos reflejos: El Cielo:: mas si no miente, o mi temor, o el deseo, una antorcha acia este sitio viene encaminada, siendo lucerna de aquestos bosques, fanal de este mar de miedos: ya más cerca a la luz breve de su tímido ardimiento, que un hombre la trae percibo, y que aquí llega. Mas presto no he podido:: mas qué miro! Hombre, que aquí:: mas qué veo! Sombra, que me finge el aire:: Fantasma, que me da el viento:: Eres alma de la idea? Eres sombra del deseo? Si eres engaño, este engaño dure en mi aprensión eterno. Si eres mentira, no borre aquesta mentira el tiempo. Que no es sombra, que es mi bien. Mas no es ficción, que es mi dueño. Esposa? . Fernando? cómo de tanta dicha no muero? llega a mis brazos; tú aquí? Sí, Doña Ana, y a los Cielos pluguiera, que antes de un rayo fuera miserable objeto. Eso dices, cuando yo esta dicha compro a precio de fatigas, de desdichas, de afanes y sentimientos? Sí, que a mí me cuesta más. Cómo ser puede? . Advirtiendo, que tú la compras con penas, y yo la compro con celos. Eso es, Fernando, ofender con sospechas mi respeto. Esto es, Doña Ana, sentir la poca dicha que tengo, y esto, finalmente, ser tan desgraciado, que al tiempo que te encuentro, combatido de confusiones me veo. Yo contra tu honor he sido, sin saber cómo, tercero de un Turco, que ya vendrá para llevarte a otro Reino: el salir de aquí no es fácil, porque se me oculta el medio: quedarnos aquí, es ponerse a mil conocidos riesgos; mira si para sentir tantas ansias razón tengo, pues solo el morir será remedio a nuestros tormentos. Pues si el remedio es morir, venga, Fernando, el remedio. Pero en tantos males, hoy he de seguir con acuerdo, que a esta Quinta vamos, donde de un noble Turco, a quien debo amparo, me he de valer, que pues ya empieza el risueño albor del Alba, y no viene, que el Reí lo ha sabido es cierto; y así, arrojando esta antorcha, ven a::: Cristiano, a quien debo obligaciones, que callo, porque las premie el silencio, dos caballos prevenidos detrás de esa Quinta tengo, huyamos de aquí, pues viene Solimán todo ese centro cercando con gente, porque apenas logré el intento de que el Palacio mírase, cuando tubo indicios ciertos de que este sitio escondía a quien la robó; y yo viendo el gran peligro en que estamos, de él me aparté con pretexto de que huyamos antes que tanta dicha malogremos; y tú, Cristiana, que pagas las finezas con desprecios:: Albricias alma, qué escucho! Mira cuanto por ti pierdo; pero ahora vendrás adonde, si por bien no te merezco, la fuerza:: . Calla, Celín, si no quieres que tu pecho, aún antes de concibirle, te sepulte el pensamiento. Qué es lo que dices, Cristiano? Que no has de lograr tu intento, porque de aquesta Cristiana, si no soy yo, nadie es dueño. Qué, de esa suerte me pagas la confianza que he hecho de ti? por el gran Mahoma::: Ay de mí, terrible aprieto! Que has de hallar terrible muerte en los filos de mi acero, para que en muriendo tú, logre más libre mi intento. Ahora, Africano, verás si en ti mis ofensas vengo. Fernando, mira por mí. Qué escucho! muere a mis celos. Muere a mis agravios tú. Penetrad aqueste seno, que en él las huellas nos dicen, que se ocultan en su centro. Qué escucho? que no le mate! Que tanto me dure, Cielos! Muerto soy, Alá me valga. Quién junto a mi Quinta:: pero qué miro! muerto mi hermano? Venid, que aquí están, qué es esto? Echó el resto mi fortuna. Echó mi desdicha el resto. Muley, cómo deesta suerte tu hermano regando el suelo está con su sangre? y cómo con el indignado acero ese Cristiano estar puede, sin ser esclavo en mi Reino? y en fin, qué es esto? . Señor, yo nada decirte puedo, porque como tú lo ignoro. Ay de mí! su rigor temo, si sabe que le amparé. Pues qué es esto? pues qué es esto? Buscad, señor, yo la muerte, y no encontrarla mi aliento. Quién eres tú? . Un infeliz. Quién aquí te trajo? . El Cielo. Por qué a este Turco atrevido diste la muerte? . Por celos. De quién? . De aquesta Cristiana. Luego tú atrevido y ciego, has sido quien de Palacio la sacó anoche? . Es muy cierto. Sácame de tantas dudas como siento, paso y temo. Escucha, y sabrás:: . Espera. Aquese cadáver hierto de aquí llevad a la Quinta de Muley, porqué no quiero a la vista del delito oír la confesión del reo. Di ahora quien eres, de donde, como y cuando a aqueste Imperio veniste, sin que me ocultes la verdad. . Escucha atento. En el más dichoso clima de todos cuantos reparte el continuo afán de tanto astronómico certamen, sobre la cerviz altiva de siete montes, que atlantes desvanecidos, pretenden contar al Sol los celajes, la esclarecida Ciudad de Toledo, señor, yace, segunda Roma, pues es propia copia de su imagen. Su principio a Telemón le atribuyeron variables Autores, a Tubal otros, de Japet hijo y más graves Historiadores nos dicen, que Terencio Nigromante fue quien principio la dio; pero en fin, la más probable autoridad es, señor, que la fundó el arrogante desvanecido Nabuco, que para que le adorasen, estatua se levantó de oro, hierro bronce y jaspe. En esta Madre de tantos hijos, que solo a ser nacen vivo asombro de Mercurio, dichosa afrenta de Marte, nací: no quiero decirte lo común de nobles padres, porque es superfiuo, señor, cuando todo el Orbe sabe, que nace por fuerza noble aquel que en Toledo nace: pobre sí, que la pobreza, más allí, que en otra parte, tiene su imperio y no acaso, si no por sabia, por gr providencia; porque como tan altivos naturales tienen sus hijos, temiendo que todo el Orbe avasallen, a su valiente denuedo puso este freno cobarde; y esto en mí lo experimento, pues con pensamientos tales nací, con tanto ardimiento, tanto valor, qué si antes no me pusiera la suerte estos grillos, para darme capaz asiento no eran entrambos Polos capaces. Mi juventud, por no dar lugar a que ociosidades por el cámino del vicio mis sentidos la arrastrasen, la gasté felicemente en aprender aquel Arte, que es de las Artes corona, aquel a quien a cifrarse llegó la naturaleza, pues nada al Orbe reparte de aves, plantas, flores, fuentes, que reducido a la cárcel de su telar, no la imite en flores, en fuentes y aves. Libre vivía, hasta que viendo el hermoso agradable cielo de aquesta Española, la entregué mis libertades: correspondiome amorosa, idolatrela constante, siendo clicie de su sol, y estatua de sus umbrales; y en fin, a su hermano un día con cortésanos lenguajes se la pedí por esposa, mas él, vano y arrogante, me la negó con palabras menos corteses, que graves, me dijo, que:: pero tente, lengua, no atrevida pases a repetir mi deshonra, pues siempre en aquestos lances, tanto en repetirla ofende, como ofende el que la hace. Y en fin, sacando la espada, como rayo que reparte una muerte en cada golpe, tan presto llegué a cebarme en su vida, que vertiendo vivos arroyos de sangre, se dudó si fue primero embestirle, que matarle. Por esta muerte, señor, y por estos varios lances, fue fuerza dejar mi Patria, y amparándome al instante de un noble amigo que dio bastante alivio a mis males, determiné con mi esposa salir de Toledo, y antes que la Aurora al Orbe diese sus nacarados celajes, subimos mi esposa, y yo en un bruto, donde iguales todos los cuatro elementos pusieron estudio y arte para sacarle perfecto, porque el fuego llegó a darle la actividad de su aliento, y al ver que piramidales llamas de fuego exhalaba, temiendo que se abrasase, su espuma le prestó él agua, porque en ella se báñase, la tierra bordó su piel con mátices admirables, porque manchado saliera, y el aire advertido, y grave, la raridad de su curso, le dio porque en el esmalte de piel, ligereza, espuma, e incendio, se retratase un epilogo, o compuesto de agua, tierra, fuego, y aire. Caminamos, hasta que llegando una infausta tarde a una marina acosados de la sed, llegué a apartarme buscando una fuente, tanto, que cuando volví, una nave, garza veloz, que surcaba inmensas diafanidades, me llevó el alma, y yo entonces precipitado, arrojarme quise en su centro, buscando monumento de cristales; pero viendo que en la muerte no hallan remedio los males, a Málaga llegué, donde con ayuda de parciales correspondientes, compré un Vergantín, dando al aire mi esperanza; pero apenas al golfo solté el velamen, cuando encrespadas las ondas a los soplos de un Levante, ya a las estrellas le arrojan, ya a los abismos le abaten. Quebrado el pino embreado, crugiendo deshecho el sauce, vuelta la proa al través, el timón sin gobernarle, zozobrado de los vientos, de las ondas naufragante, fue en densas piras de nieve inanimado cadáver. Yo, que sobre montes tersos era infeliz fluctuante, ya sumergido me viera en su centro, a no ampararme una Divina Beldad, cuya Soberana Imagen tiempre mi pecho hos pedó, hasta que por más fatales desdichas, ni aún este bien quiso la suerte dejarme, pues agarrado a un fragmento de tantos como fatales a la invasión de los vientos fueron despojo, a esta parte salí, y apenas pisé su mal desgreñado margen, cuando en su estancia escuché tristes voces lamentables: a inquirir llegué la causa, y hallé (bien Muley lo sabe) a un nudoso tronco atada a una mujer: al instante rompí los soberbios lazos, que aprisionaban a un Ángel: Celín, y Muley llegaron a este tiempo, donde iguales me ampararon entre tantas injustas adversidades. Y finalmente, señor, porque no quiero cansarte, Celín se valió de mí, para que atrevido entrase en tu Real Palacio, y de él una Cristiana sacase. Ejecutose su intento, y trayéndola a esta parte, que era el sitio señalado, a los lucientes celajes de una antorcha, seña muda, que a Celín, señor, guíase, la conocí ved ahora, para el que la adora amante por esposa en la esperanza, porque jamás mis leales pensamientos se atrevieron del honor a la fiel cárcel, cuán amoroso, cuán tierno, y alegre sería este lance. Vino Celín y atrevido quiso, señor, remontarse con ella a otro Reino: yo lo impedioy al instante sacó la espada y la mía, (que no es tarda en desnudarse) salió al encuentro y chocando en repetido combate, fue mucho menor su suerte, que su denuedo arrogante. Esta, señor, es mi historia; y pues miras de mi parte la razón y la desgracia, amigos siempre parciales, aunque lo impida haber visto un homicidio delante, aunque el ser Moro lo estorbe, o tu Religión lo estrañe, te pido, que liberal me participes piedades; pero mal dije, discurre penas, tormentos, crueldades, ansias, lástimas, fatigas, iras, martirios y afanes contra mí, que como muera en mi Fe firme y constante, moriré contento, porque la fama la historia gra de Fernando Palomeque en bronce, en mármol y en jaspe, Compadecido de tantas insaustas adversidades, y ofendido de la muerte de Celín, quisiera darte castigo y perdón a un tiempo, dividiéndome en dos partes, perdonarte compasivo y agraviado castigarte; mas como por dar un metro a dos cuerdas disonantes, es preciso que una suba al compás que la otra baje, ni castigarte pretendo, ni tampoco perdonarte, sino es que arbitrando un medio, sea en estas contrariedades, para perdón, riguroso, para castigo, suave: yo la vida te concedo y que libre y sin ultraje, en Argel puedas andar: y por castigo he de darte, que como cautivo estés hasta que tú te rescates. Y tú, Muley, porque en algo tu perdido ser restaures y ya mis piedades veas, te hago merced al instante de los cargos que tu hermano ha tenido. . Alá te guarde, porque tus sienes corones de trofeos inmortales. Vamos, Muley, a Palacio. Ya sigo tus pasos Reales: guárdate de mí, Cristiano. O sí por dicha lograse reducir a estos Cautivos a mí. Lei porque alcánzase quizás alguna esperanza de que esta Cristiana afable, convencida a mis fatigas, de dichas me corónase. . Fortuna, ya otra vez vuelvó y aún con más felicidades, a Palacio con mi esposa, para tu errado volante. Doña Ana, ya en la fortuna estamos, mi bien, iguales, y pues constante te adoro, correspóndeme constante. Tanto, Fernardo, te estimo, que aunque la Parca inviolable me quite la vida, no el amor podrá quitarme. Y si Solimán te adora? Daré su esperanza al aire. Es poderoso. . Yo firme. Es riguroso. . Yo amante. Será en porfiarte roca. Será mi pecho diamante. Pues si esa dicha consigo, vengan penas vengan males. Y como yo no te pierda, vengan tormentos y afanes. Porque siempre firme:: Siempre constante:: 2. Nuestros afectos vivan inmortales.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ya, Cristianos, que a esta cuadra de mi Real Palacio os traigo, la más retirada, a fin de que escuchéis de mis labios piadosos favores, que, con Real ánimo bizarro, a entrambos ofrezco dar, aunque me ofendéis entrambos, escuchadme atentamente. Qué nos querrá, Cielo santo, Solimán. . Confusa estoy, llena de mil sobresaltos! Bien sabéis como a los dos debo ofensas, debo agravios tan grandes, que no bastara el castigo más airado para saciar de mi enojo los límites profanados. A ti en Palacio te tengo no como a esclava, guardando a tu hermosura el respeto, indigno de mi cuidado. Yo, por adorarte firme, olvidé celos pasados Zara y Muley, volviendo a mi gracia más ufanos, sin ofenderme de que de esposos se diesen mano. Yo te he rendido finezas con afectos cortesanos; y en fin, hacerte he querido Reina de los Africanos. A ti, Cristiano, pudiendo, como a miserable esclavo, o encerrarte en la mazmorra, o aprisionarte en el baño, libre con armas te dejo por todo Argel: caso raro y tan nuevo, que no hay Moro a quien no tenga admirado; y esto después de haber muerto (bien que te disculpo en algo) a mi Capitán Celín, Sin más motivo, más caso, que haberme compadecido la desdicha de tus hados: y a tantas finezas ciego, y a tantas dichas ingrato, tú ya me ofendes con celos, tú me irritas con agravios; pero ya llegando al colmo de mis iras ruines tratos, o han de cerar las ofensas, o ha de empezar lo irritado. Yo a ti te idólatro amante, como amigo a ti te amo, yo te sirvo con amores, yo te brindo con halagos: pues si vuestra Lei dejáis, en que vivís engañados, proseguirán mis afectos, no cesarán mis cuidados: Reina a ti te haré al instante de este Imperio y de mi mano, haciendo que como a Reina, te veneren mis Vasallos; con Zaida, una hermana mía, te casaré a ti, dejando el peso de esta Corona a tus hombros encargados; y si locos despreciáis mis finezas, en dos palos habéis de ser dos horrores de mi justicia, dos pasmos de mi rigor, dos trofeos de la fortuna: miradlo bien, que de tiempo os concedo hasta mañana, dejando en vuestra mano la dicha y el castigo en vuestra mano. . Espera, que ya mi voz::: Aguarda, que ya mi labio:: Qué ibas a decir, Doña Ana? Qué ibas a decir, Fernando? Yo, que ya espero la muerte. Yo, que ya el castigo aguardo. Esto sí, que eres Cristiana. Esto sí, que eres Cristiano. Mira no falte tu aliento. Seré a sus iras de mármol: mira su rigor no temas. Seré bronce a sus amagos: mira no te arrastre un Reino. otro me arrastra más alto: mira no te ciegue Zaida. Ya para Zaida he cegado. Pues a vencer y a morir. A vencer y a morir vamos. Aguarda, Cristiano, que tengo que hablarte. . Ya aguardo Aunque pudiera matarte, en venganza de mi hermano, de un trabuco a los rigores, que exhala de plomo rayos: sin embargo, habiendo muerte sin ventaja a Celín, hallo, que su venganza ha de ser cuerpo a cuerpo y brazo a brazo: y así, pues espada tienes, hasta salir de Palacio me sigue. . Hasta el puesto guía. Solimán te está aguardando en su cuarto, Muley. Que ahora me viniese este embarazo! Ya a obedecerle voy: luego volveré a buscaros. Hasta cuando, fortuna, has de perseguirme? Pero sí me está esperar dichosa muerte, qué temo? Vengan vengan, Cielo santo, ansias, castigos, tormentos, que de nada me acobardo, como deis a mi valor dicha, luz, favor y amparo. . Con uno y con otro cubo me hacen por fuerza aguador, siendo el contrario mayor que jamás el agua tuvo: bien el perro con delirio mi castigo en esto fragua el meterme a mí con agua, que dar a un Tirador agua no puede haber más martirio. Si mi amo aquí estuviera y me viera en tal afán ingerto para azacán, la carilla que pusiera! Mas por Dios que mui despacio sentarme en uno prevengo. Confuso y sus penso vengo por las cuadras de Palacio discurriendo lo arrestado de mi fortuna importuna. Yo tengo sin duda alguna, signo de morir ahogado. Siempre con ceño severo castigando está mi fe. Válgame Dios! si seré hijo de algún tabernero? Pero no es aquel Pimiento, que en tan lamentable estado, solo por ser mi criado le da la suerte tormento? a hablarle quiero llegar. Pimiento amigo? . Qué veo! Fantasmilla del deseo, que me quieres engañar, no de mi miedo a la idea te finjas tan corpulento, porque yo no sol Pimiento, comino, ni alcarabea. Llega a mí, pierde el temor: no ves que sol::: . No se acerque. Tu señor? . Quién, Palomeque? Sí, Pimiento. . El Tejedor? No lo ves? . El que vivía en Toledo? . Hay tal error! El que nos hizo favo. de traernos a Berbería? Fue esa desdicha forzosa, ese mismo sol. . A fe? Pues eso ya yo lo sé, si usted no dice otra cosa. Llega a mis brazos. . Tú preso también aquí? . Fue preciso, porque mi estrella lo quiso. Pues quién la mete a ella en eso? como fue cuéntame el modo, que estoy de todo ignorante. Cómo? porque soy amante, (ya en esto lo he dicho todo) porque siempre es importuna la fortuna en el amar. Pues yo sin amor, señor, participo esa fortuna. Participas? no te espantes, porque eres de mi facción. Pues es esta excomunión, señor, de participantes? Es una ojeriza, amigo, que a Cupido tiene infiel. Tráígase a Cupido a Argel, y no se meta conmigo. Mas hacia aquí pasos siento, volme a mi continuo afán, señor porque aquí nos dan los palos de ciento en ciento, volverte a ver determino: cojo mis cubos, o tarros. No se me volvieran jarros de a media arroba de vino! . Hasta con este criado gastas tu rigor esquivo, fortuna! Allí discursivo está, logró mi cuidado hallarle solo, porque me saque, mi duda viendo, de este encanto, que no entiendo, de este enigma, que no sé. . Fernando. . Zara divina, a cuya hermosura debe todo lo florido el Mayo, toda la nieve el Diciembre, qué me mandas? . Solo quiero, que atendiendo a cuanto debes a mi pecho desde el día, que de un rudo tronco verde me desataste piadoso, donde era ya balbuciente frágil borrón de la vida, breve copia de la muerte: Solo quiero, otra vez digo, que una verdad me confieses, sin que dudas te acobarden, ni temores te sujeten. Dasme palabra de hacerlo? Mira, señora, que ofendes mi nobleza en poner duda de que verdad te confiese. Pues solo quiero, Fernando, que me digas quién es este hermoso Prodigio, que tanto me admira y suspende Válgame el Cielo! qué miro? Ese es un bello luciente traslado del Cielo, a quien - postrado en el suelo, debe adorar mi devoción con afecto reverente. Qué te obliga arrodillarte, y adorarla de esa suerte? Me obliga, señora, el ver reducida a quesa breve copia hermosa, todo el Cielo, todo el Sol, todo:: . Detente, no hiperbolizando quieras, con retórico elocuente estilo, embozar quien es: levántate, y no le dejes razón de duda a la duda, advirtiendo, que me mueve a saberlo un superior deseo, que se intromete en los retretes del pecho, y del alma en los retretes; y si te admira el mirarla ahora en mi poder, advierte, que jamás ha de dormirse quien este Tesoro tiene. Ya me ha dicho, que ella fue quien me la usurpó: de suerte me han movido tus razones, que aunque debiera prudente callar, que no es por no dar con su nombre causa a Infieles, que, o la injurien atrevidos, o ciegos la vituperen: sin embargo he de decirte quién es, porque el alma siente, cuando quiero callar, pena, y cuando a hablar voy, deleite. Esa Mujer Soberana, que tanto al afecto inclina, es, Zara, Deidad Divina, aunque con señas de humana: Estrella de la mañana es en purpúreo crisol: Sol y Luna en su arrebol, sin ser Luna, Sol ni Estrella, aunque en mejor Trono huella a la Estrella, Luna y Sol. Concibida en perfección pura fue, con gloria tanta, que fue concibida Santa antes de su Concepción. De David el galardón llevó, que su gracia indicia, sin que en ella la malicia viese original desgracia, porque concibirse en gracia, fue una gracia de justicia. El Sumo Dios, sin igual, (mira que esto no te asombre) por tus culpas se hizo hombre en su Seno Celestial. No perdió lo virginal aunque concibió (Mujer) ni cuando parió, de ser dejó Virgen, y en su origen fue Madre, aún antes de Virgen, y Virgen antes del ser. Y por fin decirte intento, que es (ahorrando dilaciones) de todas las perfecciones el Divino Complemento, Luz de todo el Firmamento, y en exagerarla quedo corto, pues decirte puedo, que es del Cielo Impirio Erario, Madre intacta del Sagrario y Patrona de Toledo. La eficacia de tus voces tanto ha amotinado el pecho, que ya son guerra civil sentidos y pensamientos. Si antes de saber quien era la idolatraba el respeto solo por ver su hermosura, qué podrá hacer el afecto ahora, sabiendo que es Reina de todos los Elementos? Aunque este afecto, señora, deba estimarse, te advierto, que no le premiará mientras no estés en su Imperio. Cuál es su Imperio? La Fe de Cristiano que profeso. Y por qué medio podré ir a esa Fe? . Por el medio del Bautismo. . Qué es Bautismo? Es un baño tan supremo, que el que entra en él, sale limpio, aunque esté de culpas lleno. Pues yo entraré en ese baño. Deja, que a tus plantas puesto, por tanta dicha, señora:: Alza, Fernando, del suelo, y estos brazos sean testigos:: Buscando:: pero qué veo! De lo que aprecio tu Fe. Retórica serán ellos, que mi contento te expliquen. Y que expliquen mi tormento: Qué esto escuche, y esto vea! Ah traidor! a falso dueño! Fernando, aquí en esta parte, que alguien nos escuche, temo. Sígueme a lo largo donde en parte oculta pretendo hablar más sobre esta dicha. Ya te sigue mi desvelo en alas de::: De mi dolor, de mi pena, de mis celos, y en alas de mi desdicha. Qué es esto mi bien, qué es esto? Esto es tirar esa esfera una Garza en manso vuelo, y cuando más remontada, ser de un tiro vil trofeo. Esto es surcar una Nave con bonanza el mar, y luego atre Caribdis y Scila hallar miserable entierro. Esto es estar una Rosa pompa fragrante esparciendo, y mirarse en un instante desvanecida del Cierzo. Esto es correr un arroyo libre entre murtas risueño, y cuando más bullicioso, ser blanca estatua de hielo. Y finalmente, traidor, esto es ser mi amor a un tiempo Nave, Garza, Arroyo y Rosa, que cuando con más exceso triunfaba, se vio abatido de hielo, Mar, tiro y Cierzo. Qué es lo que dices, Doña Ana? vive Dios que no te entiendo. No me entiendes, falso amante, injusto, engañoso, fiero, que me pagas con agravios cuanto aquí por ti padezco? No me entiendes? Pues yo sí tus falsedades entiendo. No negarás, di, que adoras a Zara? . Válgame el Cielo! Sin duda que me vio cuando P me echó los brazos al cuello. Qué te suspendes confuso de ver la razón que tengo? Bien haces, porque a tal culpa no hallo descargo: y más siento ver, que mal Cristiano adores a una Mora, que mis celos; pero pues en mi favor tengo tu primer respeto, que siempre la integridad guardó a mi honor, te prometo, aunque aborrecerte no, olvidarte por lo menos: Ya mis amores, finezas, cariños, glorias, consuelos, serán tormentos, desdichas, iras, penas y despegos. Doña Ana, mira que yo:: Buscando al Cristiano vengo para vengar a mi hermano, aunque aventure el respeto de Solimán: allí e a que quede solo espero. Aunque aquí abatida viva, cautiva, pobre, en eterno olvido sepultaré mis amorosos deseos. Ya del encumbrado olimpo, en que mi amor se vio un tiempo, precipitado caerá en manos del desconsuelo. Ya la voz que entonó siempre mi dicha en tan fino empleo, cantará tristes endechas en vez de canoros versos. Y finalmente, olvidada de mis amantes anhelos, huiré siempre de tu vista, negándome a tus acentos: goza a Zara, goza a Zara. Qué escucho, Sagrados Cielos! Es sombra, es sueño, es ficción? Logra sus brazos, su lecho, suba Zara a tu amor, bajen de tu amor mis pensamientos, padezca yo sinrazones, logre ella de amor trofeos, pierda yo en ti la esperanza, gane ella en ti más afecto. A espacio, a espacio, desdichas. Y en fin, adora su cielo, que yo llorando afligida la poca dicha que tengo, voy a morir, falso amante, a manos de mi tormento. Doña Ana, aguarda, que aunque los brazos me viste al cuello de Zara:: Traidor, qué dices? sepulte tu voz mi acero. Esto más, desdichas más! Yo solo Muley, defiendo mi vida. . Aunque te defiendas has de morir. Qué es aquesto? apartad, no me habéis visto? Vive Alá, que en vuestros pechos sea esta espada::: Señor, yo aún en tu presencia debo:: Qué es lo que dices, Muley? háblame claro. . No puedo, que yo voy a qu lo que no te dijo el tiempo. Oh ingrata esposa! hoy verás mi honor vengado y mis celos. . Y tú, soberbio Cristiano, que ya por libre te tengo, atrevidamente rompes a mi Palacio el respeto, qué es esto? . Señor, yo, cuando:: Qué he de decir, Santos Cielos! . Qué enmudeces? . . Ay de mí! tente, esposo, en qué te ofendo? En mi honor. Qué es lo que escucho! Tente, Muley, no el acero vibres así contra Zara. Sagrada Madre del Verbo, dame luz, qué debo hacer en tal lance, en tal aprieto. Perdónenme los dos cubos, que pesan mucho, y pretendo descansar. . Ay infeliz! muerta soy! válgame el Cielo! . Qué miro! ay pena mayor? Te acuerdas, Zara, de aquello, que sobre mi Leí dijiste? Sí, Fernando, si me acuerdo, yo el Bautismo pido ansiosa. A esta parte ruido advierto, y vuelvo a ver: Mas qué miro! Confuso estoy! Santos Cielos, dónde el agua hallaré? . Aquí, que no pudo a mejor tiempo estar prevenida. . El alma se admira de lo que veo! Llega apriesa aquese cubo. Ya señor, el cubo llego. . Quiéres ser Cristiana? . Sí. Veneras mi Fe? . Venero. Qué nombre quieres? . María. Bautismo es hecho y derecho este, y pues que la Cruz falta, quiero hacerla con los dedos. Yo te bautizo, María, en nombre del Padre Eterno, del Sacro Verbo Encarnado, y Sacro Espíritu Excelso. Qué buen Cura hace mi amo! Yo aseguro, que muy presto ha de llevar por Curato la Capilla de Montero. Fernando, mi pecho mira, y toparás en mi pecho el Retrato de María: sácale, y a Dios, que muero. . Dichosa mil veces tú. Hermoso bello portento, vuelve otra vez victoriosa a mi poder. Ya con esto verás los celos que fundas. Ya desvanecí los celos. Prended a Muley, que yo por este rastro sangriento busco a Zara: mas qué miro! frío es ya cadaver yerto. Date, Muley a prisión. Solo mi vida defiendo; mas ya en tu presencia no, que a tus pies rindo el acero. Alzad del suelo, quitad de mi vista ese funesto espectáculo; y tú ahora dime por qué causa has hecho tan infame muerte? Yo no sé la causa, supuesto que, para labar mi honor, venganza mayor intento. Quién te ha ofendido? . Escuchad, lo sabréis de mí, que quiero, no pordefender mi vida, dejar un hombre mal puesto: Zara, Señor, convencida, por causa que te reservo, de mi verdadera Leí, que era la mejor creyendo, quiso ser Cristiana, y yo, agradecido y atento, iba a postrarme a sus pies: ella cortesana, al cuello me echó los brazos: Doña Ana nos vio, señor, a este tiempo. Fuese Zara, y comenzó a esparcir voces, diciendo, que yo era amante de Zara. Óyolo Muley soberbio, quiso vengarse en mi vida, saliste al instante, y luego dio celoso muerte fiera a su esposa: esto es lo cierto. Cristiana ser pretendía! qué dices? . Que dando ejemplo a todos murió, el Sagrado Bautismo, señor, pidiendo. Y se le diste? . Al instante, enviándome el agua el Cielo. Jesús qué grande mentira! No ven ustedes aquesto? Miente, que a mí me costó el trabajo de traerlo. Cómo, atrevido Cristiano, tan bárbaramente ciego a mi lei sagrada ofendes? Como la mía es primero. No se si atribuya a dicha esta desdicha, pues veo, que como mi honor no ofenda, no importa que ofenda al Cielo. De mi majestad altiva es afrenta estar sufriendo, que se profase atrevido mi Real Palacio: ola, preso llevad a Muley de aquí. Ya, señor, te obedecemos. Ay, honor, cuánto me debes! pues loco, bárbaro y ciego injustamente olvidé a mi amor por tu respeto. . A que vengo yo a pagar el haber traído a tiempo el agua para el Bautismo? pues yo me escurro, si puedo, con mis cubos, no me vea aquella cara de perro. Cristiano, entrega la espada. Ay de mí! su fin es cierto. Ya llegó lo que esperaba: tomadla, pero advirtiendo, que más, que daros la vida, el daros la espada siento. Ponedle el vestido vil de Cautivo: esté sufriendo, como los demás, desdichas, como los demás, tormentos: ande como Esclavo, para que los que hasta aquí le vieron siempre de mi mano honrado, miren ya su vituperio; y esto hasta mañana, que es el plazo, que a los dos tengo concedido, porque veas el espacio que hay inmenso de tenerme a mi agraviado, al de tenerme contento: llevadle, haced lo que digo; y tú, injusto hermoso dueño, mira que es fiera la muerte, y mira que es mucho un Reino. . Mayor conseguirle aguardo. Venga a que le desnudemos. Vamos, esposa, la Fe ha de ser siempre primero. Yo morir por ella aguardo. Yo morir por ella espero. Cómo el mui desvergonzado pretende tales contiendas? Como son Carnestolendas anda un hombre endemoniado. Si no deja el torpe intento haré castigarle yo No ve que esto lo mandó la Sala de Ayuntamiento? A rigores me provoco, deje locuras, Cristiano. Pues dime, qué Toledano no tiene ramo de loco? Luego es Toledano? . Sí. Cómo acá traído le han? Como hubo falta de pan, y vine a buscarle aquí. Aquí por pan? son errores. No piense que es caso infiel, que en faltando pan, a Argel se vendrán los Tejedores. Luego él era Tejedor? No, Celima, un grado menos. De ese grado están ajenos mis sentidos. . Tirador, que en el Arrabal nací, en los tintes me criaron, en San Miguel me enseñaron, (tre y en el Arquillo aprendí. Qué es Tirador? . Un desas- del vivir, que en tal rigor, es menos que Tejedor, y un poquito más que Sastre. Cómo se llama? . Debiera el Poeta reparar, que en Comedia de telar había de ser lanzadera: mas se acordó de este intento aquí la postrer jornada, y me dejó el camarada (do. con el nombre de Pimiento. Buen nombre tiene. . Extrema. Yo de tenerle tuviera vergüenza. . Con eso fuera ya pimiento colorado. Dígame, saber espero que hay en Toledo por junto. Poca coma, mucho punto, y poquísimo dinero. Y cual es causa bastante para aqueso que interpretas? Que hay muchísimos Poetas, y huye el dinero al instante. De tan buena aplicación huye la riqueza? . Sí, que riqueza y Poeta allí implican contradicción. Luego el Poeta sujeto estará a miseria extraña? No, que les falta la maña de echar en la olla un soneto. Soneto en la olla? arrogancia me parece. . No lo es, y sale la olla después con muchísima sustancia. Cansada estoy, por Alá, de oír tan grandes disparates. Pues no por eso te mates, al vestuario se va por junto aquella cortina. Ya me voy, que no se ignora que es un tonto. Y usted Mora del moral de la cocina. Pimiento amigo? . Señor, tú ya en ese traje esquivo? Sí, que al fin como Cautivo, debo padecer rigor, y más cuando con crueldad la muerte el morir me advierte. Qué dices? Y aquesa muerte es de mancomunidad? Deja locuras, Pimiento, que me causarán pesar, cuando te pretendo hallar cuerdo para cierto intento. (to::: Cuál es, señor? . Que en secre- Pero allí Doña Ana viene. Qué poco sosiego tiene cuidado que está sujeto a tantas penas. Fernando? Doña Ana? . Ya nuestra dicha ha llegado, pues llegó de nuestro martirio el día. Eso estaba discurriendo, por cuya causa quería dar este Prodigio hermoso; esta Lámina Divina a Pimiento, porque cuando la bárbara mano impía triunfe de nuestros despojos, no triunfe, no, de MARIA. Es católica acción. . Pues toma, Pimiento: acogida da en tu pecho a todo el Cielo, que en esta Estampa se cifra. Ya la recibo contento. Patrona Abogada mía, llévame a Toledo, donde vuelva andar sobre canillas. Guárdala apriesa, que sale Solimán. Ya está escondida. Ya Cristianos, se ha llegado el feliz o infeliz día en que habéis de hallar rigores, o en que habéis de encontrar dichas: mirad lo que resolvéis, advertid, que ya mis iras se han de olvidar de piedades, se han de acordar de justicias: no ciegos precipitéis la razón, no inadvertidas las potencias entreguéis de un engaño a la fatiga. Tú ya has visto de mi amor los halagos, las caricias: tú ya has experimentado favor en la amistad mía; y también ya, porque veas cuanto me has debido, pisas, Si antes dichoso este suelo, ya cercado de ignominias: muerte afrentosa os propongo, feliz os prometo vida, mirad bien lo que queréis, vida, muerte, pena u dicha. Él también habla conmigo, porque el perro plutaliza. Madre mía del Sagrario, que aquí te tengo escondida, quién ahora se mirara debajo de tu Capilla! No respondéis? qué dudáis? Es tal la gloria excesiva de ver que muero constante por mi Fe, que enmudecida la lengua, se explica solo en todo lo que no explica. Y tú qué dices? . Señor, intenta, saca, imagina los castigos más crueles, las penas más excesivas, los tormentos más atroces, las afrentas más inicuas, los dolores más tremendos, las crueldades más impías, que todo no bastará a apagar la luz activa de mi Fe, que ardiendo siempre, en mi pecho siempre viva, pulsa ardores, late llamas, fuego exhala, incendios vibra. Y yo, que soy el menor Cristiano de Cristiania, descendiente de Cristianos, que todo lo crirtianizan, con debida cristiandad, y cristiana valentía he de defenderlo, hasta el Miércoles de Ceniza. Ea, callad, viles ciegos Cristianos, que ya las iras de la fragua de mi aliento vivos volcanes respira. Callad, que ya mi rigor, rompiendo al amor las líneas, aborrecimiento acaba lo que comencé en caricia. Hola, ha de mi Guarda. Qué nos mandas? . Oh qué lind caras de Sayones, para quien ya c A esos Cristianos llevad de mi presencia, a que sirvan de trágico ejemplo a todos los que ignoran mi justicia: en dos palos ensanchados los poned, donde con iras, a porfías del martirio, y del tormento a porfías, mueran poco a poco, porque con injurias repetidas pierdan la vida, durando las crueldades con la vida. Ya, valor, llegó la hora de tan no esperada dicha. Ya corazón, ha llegado la ocasión que pretendías. Ya, Pimiento, llegó el tiempo, en el cual, si te descuidas, para que estos perros cenen, te han de hacer almondiguillas. Llevadlos, a qué aguardáis? Ven Cautivo. . Ven Cautiva. Doña Ana, valor, ostenta ser Toledana, ser hija de la estirpe siempre ilustre clara de los Altamiras. Ánimo, Fernando, muestra ser Toledano, ser digna rama de los Palomeques por clara y noble familia. Yo siempre estaré constante. Yo nunca estaré remisa. Pues viva la Fe de Cristo. Pues la Fe de Cristo viva. - Señor, y este Cristianillo hemos de llevar? . Maldita sea el alma que te parió. En una mazmorra fría, oscura, triste y funesta le poned. . Buena Bótica para poner un telar. Venga el perro, venga aprisa. Él es el perro y sin pelo, porque es perro de la China. Venga, acabe. . que si no tuviera viva esperanza de que el Arte Toledano muy aprisa me ha de rescatar, hiciera que en toda la Berbería hubiera:: . Qué había de haber? Voliche, y juego de pintas. Por Alá, que mi rigor cometa será encendida contra Cristianos, que ciegos ofenderme solicitan: rayo, aborto de Mahoma seré, cuyo incendio sirva de abrasar la Cristiandad, pues la Cristiandad me irrita. Piedad, Soberana Reina. Favor, Sagrada María. Ea, eso sí, atormentadlos con crueldades repetidas, pues bárbaramente locos mis piedades no codician. En tus manos encomiendo, Señor, mi espíritu. . Giman, padezcan, lloren y sientan, pues que han despreciado dichas. Ya, señor, se ejecutó lo que ha mandado tu invicta Majestad: mirarlos ya rendidos a la fatiga de los martirios. . Quitadlos, apartadlos de mi vista, que me pesa, por Alá, de que no tengan más vida en que saciar de mi enojo la hidrópica sed altiva. Llevadlos, donde abrasados, para mayor ignominia, pueblen la región del aire sus ya caducas cenizas. Dando fin a la Comedia un ingenio, que os suplica que por hijo de la Patria siquiera el perdón consiga.
