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Texto digital de Los mártires de Córdoba

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Los mártires de Córdoba. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/martires-de-cordoba-los.

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LOS MÁRTIRES DE CÓRDOBA

JORNADA PRIMERA

Mientras mi ejército grande, a Cordoba marcha invicto, al son del parche ruidoso, cuyo acento repetido infunde aliento a mi aliento, bríos aumenta a mis bríos. No se qué oculto poder, o mi agroso destino me encamina a esta espesura, en cuyos lóbregos nichos, de la confusión, y horror parece que asisten idolos, Cobardemente animoso, ni me turbo, ni me animo, que en mi espíritu bizarro, y en mi coracón altivo no tienn jurisdición, los temores, ni el peligro, solo a mi privilegiado, por soberano concilio, me teme cuanto es humano, me admiro, cuanto es divino: tanto tanto, que los cielos, entre sus topacios ricos se demudan temerosos, titubean afligidos. Si de mi enojo adivinan los más amagados visos de los desvelos, cansado sueño siento, aqueste sitio, que por más frondoso ostenta, ser de migrandeza digno, A ugusto solio me albergue, y estos montes, y estos riscos sepan, que soy yo Dión, que del cargo he sido digno de Presidente, y que aquí por Diocleciano he venido a ser su misma persona, a representar su oficio, a ser azote del Orbe, de los Cristianos cuchillo, el defensor de los Dioses, el perseguidor de Cristo, la destruición de su Iglesia, el terror de sus ministros, el martirio de los fieles, el portento de los siglos, el prodigio de los Cielos, y admiración de mí mismo. Bárbaro, arrogante, y loco, infeliz, desde avinicio, que naciste desdichado en la prisión del presito. Presidente Dión, que en tantos, contra tu vida delirios, aprecio de tus grandezas, y aún a costa de tus bríos le ganas el barlovento al bajel del precipicio, voraz idra carnicera, que cruel contra ti mismo, por satisfacer tu hambre, das a tu muerte principio. Furia infernal, que arrogante, conjurado contra Cristo, fijas en tus estandartes a los cielos desafíos, y a sus valientes soldados, en la nave del martirio los cambias para la gloria, los fletas para el impíreo. Escucha, atiende, si a caso, el que te induce ofendido Luzbel, permite a mis voces, tus profanados oídos. Yo soy, pues, Andalucia, que de todo el Episilio, por más felice me cupo de esta Provincia el dominio: Y viendo, que a sangre, y fuego todo este Reino, afligido, vas talando, y destruyendo, sin reservar a los filos de tu sedienta cuchilla, cuanto contiene infinito, el que amanece diamante, anocheciendo narciso, feliz muere, aunque sol vivo, compasiva, como madre, irritada, como pobre, mi obligación apadrino: y salí, no en su defensa, sino a dar justos avisos de tu error, en tu imprudencia, ciega a los tiernos cariños de mi pasión amorosa, y de mi amor compasivo. Que me persigues, tirano, quien te asegura lo invicto, teme otras iras; y advierte, que cuando al enojo mío falte poder, falten fuerzas turbaré el aire a gemidos: Porque mis voces, y quejas, mis lágrimas, y suspiros lleguen al Cielo, rompiendo esos cielos cristalinos, que el sol viste de topacios, y la luna de zafiros; aunque mi aliento en mi daño, que a pesar del hado impío vendrá tiempo, y estos troncos, adlantes vejetativos, testigos serán frondosos, padrones serán floridos; que la que ahora venera; Cordova, tus falsos ritos sujeta a tus amenazas, como mísero cautivo arrojará dé tu imperio de si el tirano cuchillo, y en descollad a cerviz será en venderos siglos trono a la mayor grandeza, al mayor imperio abrigo, a la mejor fe sagrado, y de lo más fiel, archivo. pues la victoria más grande hará en sus entrañas ruido, hará escolta a sus desgracias y a sus trabajos asilo: Y aquesas sangrientas ramas de aquesos troncos marcritos; esos digo, esos Cristianos que vas degollando impío resucita an gloriosos, pues labras con sus martirios piramídes, que a los cielos lleguen en cristianos siglos: Porque todos los rigores que ejecutas vengativo, labores son, que a los campos de la Iglesia das floridos. Ya con la dichosa sangre de sus dos gloriosos hijos Acisclo, y Victoria, en quien has de ejecutar martirios. Con que ese Dios poderoso; ese, que persigues Cristo, en arvolando glorioso su siempre estandarte invicto, Será freno de tus iras reprimidor de tus vicios, azote de tu altivez, de tu arrogancia cuchillo, risa de tus amenazas, y a tu soberbia castigo. Aguarda, ilusión, aguarda, pues celestial paraninfo te haces temer, deidad te constituyes, que miro, que engaños, o que amenazas, perturban mi pecho altivo. Sombra, cualquiera que fueres, que ya campo de divino, o con mágicos embustes quieres frustrar mis desinios; aguarda, y verás cuan poco es tu poder contra el mío, . Ataja Síguele, hermano. Aquesta vala lo hará. más bien, que yo. Herido va. Escaparse, será en vano. No vicorza más ligera; síguela por vida mía La caza toda es porfía; hacia esta fuente me espera. De tus manos valerosas, triunfos espero mayores, Acísclos, un ramo de flores, aunque siluestres, hermosas, por premio te pienso dar. Alentándome tus ojos, Victoria, serán despojos, cuanto hay en tierra, y en mar. . Esta es la fuente risueña, que hace cuando me provoca cada cristal una boca, una lengua, cada peña. Que bien salta, que bien mueve el uno, y otro reflejo, parece que ha sido espejo, de alguna Ninfa de nieve. Que puramente señora pinta el cielo arrebozado, sin duda que se ha bañado, en sus corrientes la aurora. De este florido tesoro poco Chipre, en mucho olor, matizar quiero una flor, para un hermano que adero, De correr estoy cansado, y entre tan confusas breñas aún no he descubierto señas, que despiquen mi cuidado. Corrido estoy, vive el cielo, de que una ilusión, antojo me causase, tanto enojo me diera tanto desuelo. Sombra, o lo demás que fuiste pon en tu escudo esta hazaña, pues con valor, o con maña sola inquietar me pudiste, A mi gente me retiro, y que hacia Cordova marche mandara el belico parche: válgame el cielo, qué miro! En este alcázar de Flora, que nueva deidad se ofrece, que aunque la aurora parece, mas es que toda la aurora. Qué bizarría recelo, según muestra su arrebol, o que se ha parado el sol, o que se ha humillado el cielo. Mas ya de mi admiración asegúrese el cuidado si ha de dar a lo soñado, créditos la confusión. Está es aquella beldad, que la sombra me advertía, ha de ser de Andalucia la más celebre deidad. Colérico mi valor me incita, pero si el alma sien te diferente calma, mas que cólera, es amor. Elado estoy, y me abraso, y así entre tantos extremos este veneno apuremos, demos valor otro paso. Ya lo acabé, mas ay cielo, no es este aquel inhumano; o si viniese mi hermano, toda parezco de hielo. Dion es el Presidente, que hoy ha vuelto vencedor, pero mi mucho terror no detérmina que intente Cielos, que es esto que he visto, a vuestro favor invoco; porque con vos todo es poco; Dion es nada, y mucho es Cristo, Hermosísima serrana, Causa la más peregrina que admira como divina, y enámora como humana. Quién eres? Que tan valiente en este valle florido dejas casi suspendido el cristal de tanta fuente. Y arrojado a otro elemento, porque tu fuego le inflama, ya es turbante guadarrama de la cabeza del viento. Esos cabellos tan bellos flechas de un cielo Español, está diciendo, que el sol se toma por tus cabellos. Y mi amor, que no consiente otra luz más soberana, dice, que cada mañana asoma un sol por tu fuente. Cuya madeja de un vuelo está, sin que se desate tomándose por remate, la media luna del cielo. De ese cielo los despojos me advierten en tal desmayo, que no hay muerte como un rayo, ni rayo como tus ojos. Y estoy tan agradecido a los peligros de hoy, que puedo decir, te doy gracias de haberme perdido. Sírvame tu sol de esfuerzo, pues cuando mi campo marcha, blancos penachos de escarcha en piata le riza el cierzo Tanto tu deidad me altera, que se recata mi amor, que a no temer tu rigor poco el amor me debiera. Hoy que te busca piadosa mi fe, que es la más constante, enséñate a ser amante ya que sabes ser hermosa. Que ese sosístico vero es como falsa pintura: soberbia loca hermosura con sus volantes de hielo. A voces repite el prado viéndome lisonjearte, que pues no puedo olvidarte debes de ser mi cuidado. Y deber cuan desdeñosa pasas tan mal mis amores, hacen suspirar las flores esta máquina frondosa. Donde mis templados ecos dicen, que a tus basiliscos, camafeos son los riscos ai rones los robres secos. Ese traje tan desnudo de otra singular destreza, como tu gentil belleza por galán vestir le pudo, Pero dirás advertida, por usar de tu rigor, que es tu hermosura mayor cuando está menos vestida. Dices bien, pues yo más tierno digo, aunque en suspiros roncos, que estar desnudos los troncos es la gala del invierno. En medio de e las sospechas sientoque, no es tu valor de mujer, si no es de amor pues te has armado de flechas. Tú eres el amor que vienes haber, quien muere por ti, y amí, que el principio fui flechado en tu luz me tienes. Tanto es tu poder, que luego que a inquietar el aire subes cristales flechan las nubes a las regiones del fuego. Ya me has muerto, Ninfa bella, ya es tu despojo mi vida, procura sanar la herida pues llegas a conocerla. Mira que tanto ha crecido, este volcán, que me abrasa, que es mi pecho propia casa del fuego más encendido. Ya crecen mis ardimientos, y ya mis ansias previenen, que poco a pocó se vienen, abajo los elementos, Vuestra gallarda persona, invictísimo señor, que Dios guarde, para honor, y aumento de la Corona, en todo es siempre quien es, pues que mide tan amable, lo valiente, con lo afable, el poder, con lo cortés. Y siempre mío el trabajo os ganó el merecimiento, todo humilderendimiento, todo cortés agasajo, en vuestra sangrefiada, y en mi valor advertida, fuera poco agradecida si fuera desconfiada. Que he de hacer válgame el cielo, que en lance tan peligroso, aumenta el temor penoso un desuelo a otro desuelo. Resistirme será en vano, que en tan oculto lugar lo cortés se ha de obligar a que excuse lo villano, más señor, en vos confía la fe que el alma os ha dado. Parece que algún cuidado perturba tu bizarría, que temes, siendo quien soy, conmigo el temor es vano. Señor. Acísclos mi hermano a quien obediencias doy, por mi amparo, y por mi bien, en la casa entretenido ha rato que lo he perdido, y yo. El cuidado detén. El Presidente está aquí Que miro, válgame el cielo, Victoria es esta, recelo un gran pesar, ay de mí. Aquesta es Gergón amigo la que a desdenes me mata, esta es amigo la ingrata que como a mi norte sigo. Dos años ha que el rigor de su beldad sigo amante, sin que mi fe por constante haya alcanzado un favor. Y ahora quieren los cielos, si es que mi pena previenes cuando me ha muerto a desdenes, que me atormente con celos, No vi más bella criatura, más es divina que humana. Acompañando a mi hermana, estará bien tu hermosura. Tus pies beso, agradecida a tan piadosos favores. Aquese ramo de flores merézcale, por tu vida Si en tanta alteza las fundo, pienso se eternizarán, si a saber llegan que están en el que es señor del mundo, Paciencia pecho cristiano, ya se que me estas riñendo que es fuerza el ir previniendo con lo cortés, lo tirano, Desuanecerme pudiera, cuando de tu blanca mano, flores por favores gano. O si mi hermano viniera, Habla a Dión, que parece que nos ha visto. Señor, dame los pies, que mi amor con tantas venturas crece, pues que te busco, y te hallo tu hermana croica Belona, salió a buscarte en persona, en un caballo que dio al Céfiro documentos, pues cuando alazan volaba, en cada huella dejaba, la suma de sus portentos, y sin poder alcanzarla, señor perdió en la maleza. Mucho estimo la fineza, los dos iréis a buscarla, y tu Urbano, en quien confío mas que en todos sus soldados, el peso de mis cuidados por tu lealtad, y tu brío, parte, y busca cuidadoso examinando el districto, de aquese casi infinito bosque al hombre más dichoso. Búscame al sol Español, que en aquesos campos mora, que hermano de aquesta aurora, quien puede ser sino el sol. Vamos hermosa Zagala, donde en mayor lucimiento tendrán merecido asiento lucimiento de tu gala Señor. Es mi voluntad, que quiero dar a entender al mundo, que una mujer triunfó de mi majestad, Yo escurro por este lado, y me pienso adelantar; porque le quiero espantar a Esmerecilla el nublado Tardé siguiendo la corza empeñado en mi deseo: o como tardanzas mías Victoria estara sintiendo. Aquí dijo, que aguardaba; mas que es lo que miro, cielos una mujer se despeña de un caballo, que corriendo por pasar plaza de rayo se ha organizado de fuego mi piedad, y mi valor le podrá servir de freno, válgate Dios. Ay de mí! Con su veloz movimiento tarde fue mi diligencia, Que desdicha, si aura muerto, o quién pudiera, señor, esta que se va perdiendo obeja infeliz, idolatra que el daño se busca eterno reducirla a vos a costa de mi vida, pues es cierto, según el traje lo dice, que adora Dioses ajenos, Que desuentura, mas ya, gracias atr, Dios inmenso negada a los parasismos parece que va volviendo, y desmentido cadaver, viviente se incluye el cuerpo. Ay de mí, tristen que extraño accidente, que suceso tan impensado la vista borró de mis pensamientos Donde estoy, quien me asegura, quien eres, noble mancebo, quien eres, prodigio humano; quien eres di, que supremo en desdicha semejante, en pesar tan manifiesto, donde el perigro, y la muerte se juntaron a concierto, me diste piadosamente vida, y tu valor aliento. Faustina soy, que alentada de mi varonil esfuerzo al Presidente mi hermano valiente seguí su intento. Y hoy en aquese caballo, que tascando el duro freno rompió su precepto solo, por no obedecer preceptos. Le salí a buscar briosa. y en este monte cubierto de entreregidos peñascos, que le sirven de sombrero. No hallar el fin de mi vida a tu piedad lo agradezco, más salgamos de este encanto de una vez galán montero, segunda envidia de Marte, primer adonis de Venus. Di quien eres, no permitas que a tan valeroso hecho, y a firmeza tan heroica falte el agradecimiento Deja que la suspensión por prodigio de los tiempos te admire tan superior, te celebre tan suptemo, pues que te debo la vida, y aún no sé lo que te debo. Que bien, o bella Faustina lo vizarro, y lo modesto dice con tu noble sangre; que bien va correspondiendo tu nobleza, a tu blasón, tu proceder, a tu ingenio; pues lo que a ti se te debe me estás a mi agradeciendo. Acísclo es mi nombre, y Cordoba es mi patria, en cuyo suelo, tan limpia sangre heredé, que a la más noble no debo Rendir parias, que aunque pobre, si la sangre es noble, es cierto, que siempre será una misma; que aunque es un lunar tan feo; ofende al cuerpo, no más; pero no al almá que en centro más escondido se acoge, donde no alcanza su imperio. A mi madre no alcancé, que al alcázar más supremo, cuya fábrica guarnecen las estrellas, y luceros, se fue a vivir, porque quiso a su esposo, y compañero tener lugar prevenido de descanso, y de sosiego: y como fueron amantes, tan deberás, quiso el Cielo, que pocos años después, mi padre, que fue Márcelo, Capitán, de cuya fama el mundo envidió su acero: esa, que todo lo iguala, desde el cayado hasta el cetro, de la Mitra a la Tiara, y del humilde al soberbio. Costosa parca faltar el tronco, de quien nacieron dos ramas, que somos yo y una hermana, que dispuestos estamos a la obediencia de la crianza y respeto que debemos hoy a un ama que desde pimpellos tiernos nos ha criado, y sustenta con su trabajo, y el nuestro. Por lo cual nombre de madre con mucho gozo, y contento siempre la damos, y yo por parecerme que Fevo. alumbraba más de verás desde aquel su cuarto asiento campos, valles, bosques, sotos, fuentecillas, y arroyuelos ejercitaba la caza, siguiendo un corzo ligero que a este ejercicio por ser tan de nobles juzgo, y creo que me inclino, mas a él, y así le soy más afecto. A quí señora divina, que si tu rostro es un hielo llamarte humana sería gran cortedad de mi ingenio te halle, donde me mandaste que te dijese, estoy muerto, de ver aquesta enemiga, que quien a Dios el respeto le pierde como será bien admitida en mi pecho. Quién era, ya te lo dije, mira en que servir te puedo pues desde ahora rendido por esclavo me confieso, si postrado a aquesas plantas el ser tu esclavo merezco. Salve gallarda Belona Urbaño, Julio, a mal tiempo vienen los dos, hay amor, ni te entiendo, ni me entiendo. No se qué oculto poder en ese Español ha puesto entre temores, y halagos el decreto de los cielos, pues mientras más me resisto, me vengo a despicar menos. Disimulemos amor. A los dos en el ejército aguarda ya el Presidente, que esta tarde, segan pienso en Cordova quiere entrar coronado de trofeos, para acompañarte trae el más abroso portento, el prodigio más hermoso, y el imposible más bello, que humanos ojos han visto, bien lo se yo, pues me han muerto, llámase Vitoria y es del pincel de Dios efecto. Es mi hermana Vibano? Sí Qué es esto, que es esto cielos en su servicio, y tu sombra mucha dicha la prometo. Albricias, amor albricias, que ya alguna vida tengo. no pudo no el Presidente hacerme mayor contento, ni mayor gusto podrá imaginar el deseo. vamos. Vamos. Qué desdicha. Qué ventura. Qué tormento. Que alegría. Qué pesar. Qué gusto. Qué sentimiento, mil siglos os guarde Dios. Guardeos mil años el Cielo. Oígame sehora Esmerencia ruido de todo el pueblo. Ya le oigo, seor Gergón. Me escucha a fe, Y aún le entiendo. Qué diestra que está al reclamo, Me acomodo con el tiempo, en fin, qué quiere el soldado? Quiero soldada en efecto saber si me quiere, como antaño por este tiempo. Llega tarde el seor Gergón, y hace calor. Tarde llego, pues dígame por sus ojos, así nunca mire al Cielo, quien jamás a supáis llegó temprano, y a tiempo que cogiera de su parra ubas en agraz? yo pienso que fue antes de nacida doncella como mi abuelo. Quién le pide información? Nadie, pero yo la he hecho, dime, tú no te afrentaras que sin guardar el respeto debido a tu faldellín, te dijera algún mostrenco, A seora doncella honrada, no te corrieras de aquesto? claro está, como si a mí me dijeran, seor doncello: luego bien es que se sepa por excusa tantos hierros. Luego bien es que se vaya norámala el majadero. Es la consecuencia al uso, vive Dios, que en estos tiempos se sigue al decir verdades irse norámala luego; pero dime puramente la verdad. Del pureniego, que es principio de palabra que tiene ya muchos dueños, que socarronito viene, de la guerra que hay de nuevo? cuénteme de sus victorias, y déjese de esos cuentos. Es verdad que aquestas cuentas a ti no te están a cuento. Mas baya de relación, llegamos, y cuando menos metí yo mano a mi espada, si la saqué, es otro cuento. Tan valiente, tan brioso, que hiriendo a diestro, y siniestro, y matando a trochi moche hice mochos, y contrechos a muchos, que hechos trinchos de nueves y ochos a trechos. Con estos hechos tan anchos en contrechos, y desechos, a los hechos de esta acha no queda hombre de provecho. Esta es la mayor azaña que Español lacayo ha hecho, y aquesta es toda la historia del Licenciado Valerio, que por tomarse a Sevilla ha llevado pan de perro. Bravamente has peleado. La culpa tienes tú de eso. Yo porque, siendo mujer. Mujer, pues por eso mismo, que tenéis las hembras gracia de hacer bravos a los hembros aunque ya a la trocadilla dicen que usais el proberbio, que aunque ellos sean muy bravos ya mansos los habéis hecho En muy malicioso has dado, vamos, que yo te prometo por las hazañas que hiciste darte mañana un almuerzo. Ea echa acá esa mano. Ea echa acá esos huesos. Arrimémonos a un lado, que acompañado del pueblo el Presidente entra ya al son de los instrumentos. No de la feliz victoria parabienes os prevengo, o gran señor poderoso siempre augusto, siempre excelso. No de la palma, que ostenta el vitorioso trofeo, os prevengo parabienes, o siempre augusto portento de todo el orbe, o invicto defensor del siglo nuestro. Qué claro está, que si fuisteis era cierto el vencimiento. Que la victoria era cierta, pues yendo vos fue lo mismo. Pues por previlegio raro. Por excepción de los Cielos. Cuando os formaron nacisteis, Nacisteis cuando os unieron, Eximido de los ados. Y de la fortuna exento. Digno en tanta Majestad. Digno en tanto lucimiento. De que te eternicen siglos. De que se te rindan tiempos, Alzad heroicos vasallos del Imperio, cuyo peso por gusto de Diocleciano hoy en mis hombros sustento. No se desvanezca el mundo, no se desvanezca el suelo de que os tuvo arrodillados, pues le sobra para hacerlo conocer que lo sois míos notar que soy vuestro dueño. Alzad, llegad a mis brazos, que sois en sin por lo bello Españoles de los hijos congelados en su fuego, y por lo valiente, con que sois del mundo airoso ejemplo, Y por los Dioses os juro, y por mí mismo os prometo, que es juramento más digno de la observancia, y respeto, que merece esta Ciudad ser cabeza del Imperio. Responda a favores tantos mi retórico silencio vulgar refugio a la lengua con que habla mucho el discreto, mientras lealtades del alma, fidelidades del pecho desempeñan lo callado con lo heroico de los hechos. Recón ozco, estimo, y guardo en mi memoria este acierto tan debido a mi grandeza, como propio al honor vuestro. Dad licencia, gran señor, que Urbano cuente el suceso de vuestras grandes hazañas, y refiera el vencimiento Las generosas victorias de Diocleciano mi dueño, a cuyo lado me hallé siendo aunque dos, uno mismo, yo las contaré, si todos me atendéis. Prosigue. . Empiezo. Después que del Oriente reducidos a sus pies los Egipcios cabilosos, los Armatas inquietos los Bándidos, Tártaros, Scitas, Persas animosos Y después que juntando a sus crecidos timbres de los Persianos valerosos triunfó tan rayo, que por su grandeza semidios toda el Asia le confiesa. Cuanto la Europa ciñe heroicamente, cuanto América abrasa prodigiosa, cuanto contiene el África caliente, y en cuanto se dilata la espaciosa máquina del Oriente, del Poniente, cuna en que nace, basa en que reposa, y en fin, cuando le aclama dueño solo, cuanto de Polo a Polo mira Apolo. Por dar a su grandeza mayor fama, y por dar a su fama más nobleza, para mayor blasón su valor llama a su mismo valor a tanta empresa, que al pronunciarlo su valor se infama; porque era valor de más grandeza borrar de Cristo el escuadrón fecundo, que conquistar los términos del mundo. Para la ejecución de aqueste intento rigurosos edictos promulgando, los Cristianos privó del lucimiento, a todos por infames declarando, y para intimar más el escarmiento sus mismos Sacerdotes degollando, quemó sus libros arruinó su Templo, causando horrores, y aumentando ejemplo. Estremeciose el Orbe a sus edictos hizo al nombre de Cristo tanta afrenta que para aniquilar sus vanos ritos muchas gargantas la segur sangrienta cortó solo en un mes, y en esquisitos tormentos veinte mil, que hecha la cuenta por banagloria de su acción tan rara salen a serecientos, cosa es clara. prosiguiendo este intento entró triunfando por la Tarracónente Andalucia, discurriéndola toda, ya negando de Cristo el nombre, en sangre que vertía de esta gente el imperio acrisolando dejó en Clunia de eterna cantería su enojo escrito en mármol elocuente, que a los futuros siglos se lo cuente. Aquí tuvo noticia que en Sevilla suntuosa de Hércules grandeza, y primera del mundo maravilla el traidor de Valerio, que vileza levantado, los pueblos acaudilla, Ejércitos convoca, al arma empieza, sin mirar su valor, cuyo denuedo si se mira sin sí se pone miedo. Marcha a Sevilla, ejército valiente, y las tropas siguiendo en un rodado Andaluz se presenta cuya frente el Cielo matizó, de un plateado lucero, y siendo airoso, y diligente garza dorada fue, cline volando, que por verse su adlante tiró al Cielo un rayo de luz roja en cada pelo. Llegamos, no cansados, si sedientos del rojo humor, que brota humana fuente, mas como nuestra sed fue de ardimiento, que cónjela el enojo, y evidente, que si el agua bebieramos violentos, a ardores más creciera el accidente, porque sed tan ardiente, es cosa clara, que sangre solamente la apagara. Él parche se quejó, crugio el estruendo del clarín, que más fatal de su osadía, y mientras hacia el cielo iban subiendo vapores de la sangre que corría nube se organizón, que repartiendo brazos de oscura tez tapaba el día, y complice hasta el sol en el desmayo negó la mayor luz su menor rayo. Valerio en fin, llegó desesperado a medir de su lance el duro azote, mas de soberbia que de furia armado; y porque más su cólera se note viendo su presunción, y desenfado, pues no murió de verle, en solo un bote tan alto le arrojó su valentía, que se tardó en bajar todo aquel día. Victoria por el César clamorea la tumba vencedora, y Diocleciano viva, y el mundo ya testigo sea, que del Cielo el poder está en su mano, mas que mucho, si en verle titúbea el azul firmamento, pues es llano, que si se arresta a conquistar sus muros, aún los Cielos hoy de él no están seguros. A Malaga dio vuelta, y al vasallo, y amigo más leal, que él ha tenido porque hablando yo de él, mis glorias callo, a perseguir Cristianos, que el sonido solamente de Cristo, ni escucharlo su gran poder jamás ha permitido a Cordova me envía, a donde intento ser azote de Cristo as Viva Dión, viva, viva por siglos eternos. Vivas señor inmortal, y alcances en tiempo al tiempo, pues el uno y otro polo obedeciendo preceptos se ensanchan; porque confiesan, que ambos te vienen estrechos. Vamos a dalles las gracias a los Dioses, aunque pienso que de tan altas victorias a mí mismo me las debo. Pues no pudieran vencer ellos sin mí, y es más cierto que si atiendo a mi valor más bien puedo yo sin ellos. Y cuando en glovos de nacar que bordan rayos febeos, esombro al viento. lucido trono publique, que mereció ser mi asiento. Verán en sus esplendores todos los Dioses, que puedo pisar alfombras de estrellas, ollar zafiros luceros. Con que asombrada la envidia, asustado todo el gremio del crucificado Cristo atonito el hemis ferio Temerosa, qué es lo más la máquina de esos Cielos, diga, pregone, publique, con llanto, con voz, con miedo, que soy, que fui, que he de ser el más resonante trueno, el prodigio más altivo, y el estoque más sangriento, que más llorosos estragos hizo en los Cristianos pechos, que más banderas de Cristo quemó en boraces incendios, as gargantas puso en afilado acero, y en fin, quien a sus pies tiene todo el Católico gremio. Viva Dión, viva, viva, viva por siglos eternos.

JORNADA SEGUNDA

Tiranamente pretendes hoy Urban o escurecer mi noble sangre, y mi vida, tu autoridad y mi fe. No ves, o gran Capitán, y dime Urbano, no ves que anda atrevido tu amor, sufrido mi proceder; y que a tantas liviandades tuyas, he sido cortés, agravios dando al olvido; y cuando tú tan cruel aumentan do tiranías te atreves sin atender a que te desprecio, basta gran Urbano déjame. Victoria ya no con tantos arpones de tu desdén sujeto el pecho a los tiros me maltrates, mira que te adoro, dando a tus aras los tributos de mi fe. Idólatra al fin, ya muero, poco harás en eso, pues fácil te será adorar con antojos de infiel, a las criaturas dejando de adorar el Dios, a quien solo adoración se debe por Dios, por padre, y por Rey. Antes Vitoria eso mismo mi mayor fineza es, pues cuando debo adorar solo a Júpiter me ves poniendo en su lugar, pues te doy la que yo a él debo adoración. Qué mal sabes Urbano entender lo que te explica mi afecto. Divina Vitoria, sé que solo en amarte está la cifra de todo el bien. Qué delito es adorarte cuando te haces querer, que traición es el servirte cuando naciste clavel, que mal trato pretenderte cuando vives rosicler, que amaneciendo a mis ojos siempre que los túyos ven, soles son de otras esferas en Cielos de otro nivel, que enseñados a matar diestros en aborrecer con tal bellera Vitoria sanan mal y matan bien. Ten Urbano, no prosigas, que no será bien perder tan malogradas finezas, busca Canitán en quien siendo mejor admitidas, premiadas te sean más bien, a caso con este estilo, aunque mi sagrada ley no lo permita, mejor desengañarle podrá, pues con rigores jamás le he podido conviencer: yo Víbano, es imposible que te ame, no, porque? No puedes amar, me dices, a ingrata como no ves, que quieres decir con eso, que a otro afecto guardas fe. Es verdad, y a quien mejor que tú, lo merece. Quién sufre ya tanto veneno, falsa enemiga; sin que rompiendo leyes de atento más tirano, que cortés, a fuerza del valor cobre, lo que niega tu altivez. Deja los atrevimientos, que daré voces, y haré, que mi hermano, el Trino Dios me ampare y socorra. Que, puede obrar tu hermano en mí, si me resuelvo una vez? Mira por ti Capitán. Y por ti mira también. Repara bien, que soy noble. Bien sabes, que soy cruel. Que yo soy roca, no adviertes? Que estoy celoso, no ves? Favor, dulce! esus mío. De todo el cielo el poder no te librará, ni ya puedes apelar, a quien sepa reducir mi enojo, que en mi pecho consulté, la fuerza de mi albedrío, y el rigor de tu altivez; y fue el rayo del deseo mariposa ese desdén. Antes tirano, Precito, bárbaro ciego, infiel, verás teñida con sangre, o tuya, o mía, detén. Ingrata, rendirte tengo. Antes yo te rendiré, y aquesta que es tu defensa tan valiente, aunque mujer, jugaré contra tu vida, que al vibrarla media vez; con tanta priesa la muerte querrá entrar, que de tropel pretenda salir la vida, y encontradas, solo aquel instante, que ellas duraren, o vida, o muerte en vencer, se te conceda de vida; pues me ayudará el que es Trino Dios en las Personas, y uno en su divino ser, a quien adoro, y confieso, y a quien yo sacrifiqué. Como a dulce Esposo mío, que otro no lo pudo ser, con la voluntad el alma, y con el alma mi fe Bárbaros sois los Cristianos, pues la muerte apetecéis con tantas afrentas viles; quien os obliga a creer en un Dios, que ni libraros puede, ni sabe, pues veis, que en la mejor ocasión siempre os deja perecer. Cuando os libró de la muerte, ni de mis manos, mas quien no se favoreció a sí, no os puede favorecer. Bárbaro, ciego, arrogante, tú mismo argumento haces contra ti, que quien da esfuerzo para morir, y perder la vida, por adorarle solo el poderoso es; porque como, di, pudiera la muerte sufrir aquel niño, la doncella el viejo, sino adoraran a quien promete palmas de gloria, a cuantos mueren por él? Él es quien da en el martirio vida para padecer esfuerzo, para sufrir, aliento, para vencer, ánimo, para el tormento; y para morir en él que claró está, si se hallaran huérfanos de su poder, flaquearán, al temor blandearán, al cordel desmayaran, al cuchillo vencidos, al prometer. De vuestros muchos alagos te niendo morir, mas pues tan valientes, al peligro se arrojan, claro se ve, que los ampara un señor, que Dios verdadero es: las rabiosas sañas brotan, hoy contigo cebaré mis ansias, y en estas manos la vida darás después. Dando gusto al Presidente, y castigo a tu desdén: y porque te desengañes llama a ese tu Dios, veré si de mí puede librarte. Por qué satisfecho estés escucha, dulce Jesús, mi Dios, mi esposo, mi bien, ensalzado sea tu nombre. Por siempre jamás Amen. Júpiter me favorezca Dioses ingratos, qué hacéis? a encantadora, a Cristianos, viven los cielos que fue encanto hecho a mis ojos, huye falsa, que al poder vendrás de mis manos, donde tus encantos quemare con el fuego de mis celos, y hoy a Dión le diré; tu deslealtad, y tu infamia. Beba mi rabiosa sed, de Cristiana sangre el mundo arroyos verá correr, siendo este brazo a sus cuellos el estrago más cruel. Nada Esmerencia me agrada triste vengo, loca estoy, ay Acíselos, que me has muerto, hay valeroso Español, que mal adviertes mis ansias, que mal conoces mi amor, o nunca mis ojos vieran los tuyos, o nunca yo el atractivo veneno escuchara de tu voz. Quieres divertirte un poco? quieres que te cante? No, déjame sola Esmerencia, Tu esclava señora soy. Mal hago en no declarar a Aciselos mi pasión, sea el valor quien me anime, y no cobarde el temor, venza un legítimo afecto, cielos, si a mi inclinación distes motivo, no hagamos razón de estado el amor. Primero que yo es mi gusto, rompa dilubio veloz tanto silencio, porque haga paso al corazón, que tantas ansias, y penas el camino de la voz han ocupado demodo, que al dar la respiración, se vuelve atrás el aliento, como a pedirme favor de palabras con que venza esta muda conlusión. Sepa el mundo, y sepan todos, que es ya tanta mi pasión, que solo en Acíselos vivo, y que Acíselos Aquí estoy, que es lo que mandas señora. Yo Cielos, no llamo, no, que acaso. Pues perdonad mi grosera presunción, si es que os he dado disgusto, que ya señora me voy. Mucho me temo, idos pues, mas esperad, ay amor! Acísclos, escucha, detente. Qué me mandas? Girasol de sus efimeras luces desmayo, cuando al balcón de la boca, las palabras se asoman, pues como sol que registra mi cuidado, que a cuenta suya vivió, despema de mi caida, el último pasador. Mucho temo esta mujer, que es tal su resolución, que pretende despeñarme, más hallará en mí el valor, y la resistencia, que siembre en mi pecho halló. Yo me declaro, que aguardo, Acífelos mira esta flor, que busca su semejante, y para explicar su amor, aunque muda cada oía, es una lengua veloz. Mira ese arroyo galante, que hoy de plata se vistio, lisonjeando aquel cedro, y el Cortes, o adulador. Los cogollos de sus ramos, los baja de dos en dos, sino a gozar de sus brazos, a agradecer su afición. Pues si una flor, si un arroyo sin alma, aliento, ni voz, agradecidos, y atentos cumplen con su obligación. Porque tú a tantas finezas, porque tú a tanto favor, desentendido, o ignorante, no te confiesas deudor? Que dijera el Reino todo, sabiendo nuestra afición, descréditos, tú de fácil, de muy atrevido yo, entre la parlera fama padeciéramos los dos. Yo por mí, aunque nací noble, ostentara por blasón, que todo el mundo supiera, que merecí tu favor. Pero la distancia es mucha de mí a ti, no quiero no, que a cuenta de mis estimas fallezca tu pundonor, porque no eres mi igual. Y el Presidente Dion es tu hermano, y es también torcer la reputación. Que cuerdo amor es el tuyo. Por no aventurar tu honor. En eso reparas tú, cuando no lo miro yo? Es justo ilustrar tu fama. Yo debo mirar mi amor. Yo correspondo a mi sangre. Y yo atiendo a mi afición. No te está bien. Quién lo duda. Tu decoro. Es invención. Tú lo mirarás más bien. Si tú lo atiendes mejor. Mira. Advierte. Qué. Que puedo, cuando ingrato a mi dolor curar la llaga del alma que a declararse llego. No intentes hacer al Cielo Juez de tu sinrazón, que convoque en tu castigo la mayor indignación de todos los elementos. Y haré que entoldado el Sol grannce luvias el cielo, y en conjelado vapor la que humedad subió leve a vivir exhalación, mujer noble, y que resuelta defiendo mi estimación. Mitiga noble Faustina las quererlas de tu voz, y sin dar crédito al pecho templa prudente su ardor, no a cuenta de tus violencias pague afrentas tu valor. Pues has de dejarme? Sí. Luego no has de amarme? No. Y quieres que yo lo sufra? Esto es estimar tu honor. Qué honor, cuando amante muero, No te fundas en razón, dura ley de los gentiles, que solamente atendió al arancel de su gusto, y al gusto de su pasión, que desvocados caminan a su propia inclinación. Pues valor, y no rendiros alma, mirad corazón, que en el bautismo divino Católica Fe os unio al más soberano gremio. Fuente es el golpe pues hoy dos enemigos compiten poderosos contra vos, una mujer, y Gentil, una honra, y un amor. Pero está de vuestra parte la Fe de aquel alto Dios, que a resistir golpes tantos el primero os enseñó. Pues vale más ser martir por su amor que el amor de Faustina, y su afición, Qué respondes, en qué piensas? que determinas? Que voy a consultar con mi hermana aquesta resolución, dame licencia. A tu hermana has de declarar mi amor? Sí, pues dices que no importa que se sepa. Ciega estoy, es verdad, mas por ahora, mi bien, mi dueño, señor, ciñan tus brazos mi cuello, alienta este corazón que se anega en tanto fuego. No huyas. Válgame Dios, suéltame señora. Acíselos. Mira que, fuerte rigor, repórtate, que vendrá tu hermano. No importa, no, que esta vez he de triunfar. Pues huiré tu torpe amor. . Que así me trate un villano. villano dije, mintió, mintió el labio, mas que dudo de agraviarle, cuando estoy viendo mi muerte en los suyos. Es tan noble mi afición, que aunque me injurie, pretendo que ni el eco de la voz se artícule contra él, que he de hacer, quien jamás vio tan mal pagados desuelos, tan poco premiado amor? Mas si con ruegos no pude vencer tanta indiscreción, podrá ser que con rigores avasalle su rigor, válgame ahora mi industria pues mi amor no me valió, hola, Capitán Urbaño, a de la guarda. Aquí estoy, que me manda tu grandeza? Ese hombre que salió de este cuarto conoceisle? Sí señora. Pues veloz ida prenderle, y decid, que mi hermano os lo mandó, porque dicen que es Cristiano. Ya entendí, al punto voy. Este es de Vitoria hermano, no es mala aquesta ocasión, para lograr mi venganza, mueran ambos. Seré yo la primera, que por medio de un testimonio intento lograr su amor, no, pues entre Acísclos en la prisión, que puesto allí será fuerza, que pretenda mi favor, y padeciendo sin culpa, será fácil darle yo libertad, aunque mi hermano tan esatada ambición muestre contra los Cristianos, que me pesará que no correspondiera el suceso, según la dispolición, pero si donde hay disculpa fácil le solicito la claridad de un engaño, vaya a delante mi error, pronestiquele crueldades, porque así mi protección imboque, y favor me pida, y advirtiendo que le doy la vida de agradecido, cuando de amoroso no, a mi afecto atienda, y que victoriosa mi pasión su disgusto estoy sintiendo, o que propio es del amor dar con lo mismo que agravia lástimas al corazón. Mas padezcamos ambos un dolor; porque salga venciendo mi afición. Dura ley de amor ingrato, que al más noble pensamiento le da, sin darle escarmiento los premios de un doble trato. Quiero por última acción dar a Vitoria un papel; porque le doy cuenta en él, que su hermano está en prisión. A Gergón espero aquí, que a este cuarto pasa, y tiene el despejo que combiene el Palacio él viene allí: este le dará el papel, que es confidente, y amigo. Vive Dios, que en un bodigo se aforra bien el fardel. Gergón. . A mí me dirás que quiere aqueste bobón. Un amigo en la ocasión es el remedio eficaz. tú has de dar con gran secreto aqueste papel cerrado a Vitoria, y del cuidado fío, pues eres discreto, toma. Dame acá el papel, es Vitoria una mocita blanquira, caribonita, cuyos labios de clavel me dijiste te habían muerto, Si mi Gergón. Pues si Dios, me sana de aquesta tos tú has llegado a muy buen puerto, y pues tan de prisa boy, descuidate que serás bien servido. Y tú verás cuan agradecido soy. Vete por aquella puerta que yo por esta entraré. Pues adiós. Adios, yo haré que tengas tu dicha cierta, ya se fue; pero yo temo que trocándose el regalo me pague el porte algún palo junquillo de Polifemo. Yo quiero abrir el papel, y leido en un instante le responderé otro amante, que corresponda con él. Ara pues hagome dama, y recibo el papel yo, tómolo con sí, u con no, por decoro de mi fama. Y en efecto, pues lo abro le comenzaré a leer; porque quiero responder muy retierno, dice así. Victoria, porque en mi amor después de tantos desdenes mires atenta que tienes quien te dé vida, y honor, sabe que con gran rigor está ya en prisión tu hermano, porque dicen que es Cristiano, sino has de ser fraticida en tu mano está su vida, y mi vida está en tu mano. Tú también eres Cristiana, y si olvidando tu amor doy noticia de tu error, flor serás, que a la mañana matices pompa lozana, y luego de injusta mano el despojo más villano, Pero si mi amor atiendes dichosamente defiendes a ti, y amí, y a tu hermano. Por Mercurio, que el papel, no me ha hecho buena cara. Que bien gobernará el Orbe, un poderoso monarca si de los hierros de amor rescatar pudiera el alma. El presidente es aqueste, que he de hacer Victoria ingrata que tiran amente imperas en la grandeza más alta. Si el papel me ha visto muero. Un nuevo amor, que de instancias arroja al pecho, que altivo venenosamente inflama. No se que deidad oculta, o me rinde, o me acobarda, pues de mí mismo me ofendo por la que tengo en él alma. Qué severo está, mil miedos tengo al mirarle la cara, Él me vio al entrar, y no me ha boqueado palabra; deslizome hacia esta parte, Hola. Peor está que estaba que mandas señor. Qué hacías? que me ocultas, que recatas. Es señor un papelillo para una vieja muchacha que quiso darme un picón, y yo señor por picarla se lo remito en guarismo; por Dios que huelo, y no es ambar. Pues como rota la nema tiene si tú le enviabas? Acórdeme de la nema, y reparé cierta fata, y emendar la quise. Muestra. Señores, aquí me matan, mira que son disparates. Muestra le digo. Oh mal hayan mis amores, señor toma . al primer taponzurrapas. Señores Dioses tacaños tal rigor, suerte tan varia Por una cuitada vez, que quise meterme a dama. Quién te dio aqueste papel? Nadie Señor. Falsa ingrata di quién te le dio? Señor ya yo se cuando, que basta para tener mucho miedo, solo mirarte a la cara, yo pienso que estoy de purga, mas digo señor que. Acaba; o por los sagrados Dioses, Que no, no señor, aguarda te diré la berdad pura, sin que lleve gota de agua. Yo venía por aquí cuando por aquí pasaba y halleme aquí un papel, y aquí leyéndose estaba Cuánto habrá que te le hallaste? Trágola por Dios, ya daban las tres de la tarde, Al punto al punto, a Urbano me llama, A desdichado Gergón, a peor viento va la parba, vive Dios, que si le llamo, y con el papelle halla que sin más información dándome dos tarascadas boy acenar con los diablos verenjenas, y alcaparras. No has ido? Sí señor, pero Que Tengo unas llagas, que hasta las comadres dicen que duelen mucho si andan, y me están martirizando. Hola, ola, ha de la guarda echad ese loco al punto, y llamadme a Urbano Anda. Digo, que ando en hora buena, cuanto más en hora mala; escápeme yo esta vez, y ellos allá se lo hayan No doy crédito del todo, que en fin amor todo es trazas, Victoria cristiana, no esta es malicia pensada, parece imposible, y cuando lo sea; o amor, o amenazas la cobraran de su yerro. Pompeyo. Señor. Las cartas de los cuatro Presidentes están respondidas Para lagran nicomedia, todos dicen señor te aguardan Grande placer en ello he recibido que ya que reducido, tengo el mundo a mi dueño, y obediente, unos defensa amparo, otros me llaman, y universal señor, todos me aclaman. El cargo quiero renunciar, y el peso, y con tiempo del mundo retirarme a aquella mi gran patria, donde tengo prevenido un jardín, cuya belleza pira será fragante a mi grandeza. Si César, si Alejandro, si Pompeyo; renunciaran con tiempo la corona no tuvieran los fines desdichados que les dio la inclemencia de los ados. Ya señor está todo prevenido Déjame solo Júpiter te guarde. Ya que las sombras de la noche fría opuestas a la clara luz del día dan el común descanso a los vivientes papeles repasemos, pues las gentes que tantos cargos tienen importantes, es forzoso que antes que den descanso a su grandeza suma se desuelen un poco con la pluma: pero el primer que topa más a mano, es la vida del grande Diocleciano; porque aunque el César es discreto, y es escribir su vida mal precepto, y reparando bien es letra suya, para que se concluya el seso, y la vitud de este señor con razones del mundo Emperador acuerdome, por Júpiter, que en Roma me dijo Diocleciano toma, toma, el epílogo breve de mi vida solo a ti mi privado concedida: porque aquel que esto mismo hacer no sabe de nada se alabe, y pues en mi sosiego le ha topado con ella divertir quiero un cuidado. Nacio en Dalmacia, para bien del mundo, Diocleciano en el año de ducientos, y veintínuene, estando en paz los cielos, y porque fuese más feliz su cuna lo recibio en sus brazos la fortuna: Pasó la infancia en nobles ejercicios dando a las letras su mayor cuidado, y después que fue en ellas consumado se dedicó a las armas valeroso, y en las tropas del fuerte, y velicoso Emperador de Roma Numeriano se alistó por soldado Diocleciano, cuyo valor al mundo sin segundo fue sin segundo admiración del mundo; en defensa se puso de Selencia Ciudad insigne de la Persía toda, donde sus tropas grandes acomoda setenta mil soldados solamente tenía Diocleciano, y tan valiente les envistio en lugar tan oportuno que embestir, y vencer todo fue uno, dejando en sangre, y cuerpos de Persianos valles cubiertos, y espaciosos llanos; muriendo tan aprisa, que aunque muertos estaban, y vencidos, aún de estarlo no estaban persuadidos: Si vencio tantas guerras Diocleciano, yo tengo la ocasión puesta en mi mano, con que aventa, o todas sus hazañas: pues si un áspid me muerde las entrañas, que es la hermosura grande de Vitoria, quien es aquel, que ignora, que si de aqueste amor yo me venciere a sus hazañas, esta las prefiere. Y así, yo mismo, porque no haga salta, esta victoria solo, que me falta al glorioso blasón de mi osadía, sino puede ser de otro, ha de ser mía: yo he de vencerme a mí, que aquesta gloria será al colmo feliz de mi victoria, y diga el mundo en fin que el Presidente, sin que parezca loco bárbar ismo, solo pudo vencerse por sí mismo: pues ni aún la muerte quiero, que a saberme triunfar llegue primero; y este cargo renuncio, y a mi patria me retiro, poniendo fin al vencer, para morir venciendo. es esto? braman los Cielos, que levanea RTTVEl Parece, que el primer morií, desquiciado de sus ejes, arrastra los otros orbes; sin duda, que de los fustes se han desmentido los goznes: Porque entre tumbos, y trepas, enlazados se corrompen. Un Crucificado miro, que entre coluros disformes a los ojos, todo es sangre, todo a la vista, es horrores; que edantado es el leño, o como el difunto es noble. Pues lo ofendido pública del sufrimiento lo dócil, agudas puntas se emboran en sus sienes: como hay hombre, que aguarde tantas heridas, que sufra tantos baldones, Roto el costado, desliza un diluvio de colores, que espárcidamente riega mas de cinco mil azotes. tiranos, como a unrendido aumentáis tantos dolores dejadle, o de mis centellas; fulminaré rayos dobles. Dime dirunto mancebo, tan vehementes rigores sufrir pudiste; porque no invocaste mis favores; que bella madeja esparce al cuello de tornasoles, que fueron cabellos de oro, y en sangre tinta se esconden, duros yerros le penetran manos, y pies, y no hubo monte que a golpes de tanta ofensa no diese al Cielo clamores. Mucho me hablas paciente, mucho mayor te responde, que de un silencio ofendido son retóricas las voces: quien te pudiera dar vida para ver si corresponden a tanta belleza muerta vivas representaciones. Habla, que pareces vivo, difunto cadaver, oye que hablas más con lo mortal que pudieras con clamores no estas difunto, que al pecho llegan tiernas compasiones de tu injuria, que bien hablas viva estampa de dolores; que blanco el pecho desnudo, que alabastro fue ya informe cardenos lirios le estampan señales de tantos golpes, rotas, si no desatadas las venas de sangre corren que ya del bello cadaver en lutan los arreboles. O si me avisaras antes de tu partida a los Dioses llevarás para tu amparo justas recomendaciones; quién te ocasionó la muerte? espectáculo, responde, o como se tarda mucho no me dirás quién? un hombre. Válgame el cielo, la vista, el pecho, el alma temores me inquietaron con la voz, quien fue dijo, que fue un hombre, No se si más le pregunte difunta voz si me oyes me resisto, y no me animo ánimo valor, entonces cuando hablaste, no dijeras la vista en pardos errores de esplendor se turba, dime cuál es de aquesehombre el nombre? Dión, Dión. Dión tente, espera, no provoques la admiración más ilustre a precipicios mayores, yo, yo soy Dión, y nunca de un pecho heroico, de un noble corazón es justo que hazaña tan vil se apose, yo soy Dión, y así mira difunto animado joven si soy quien pudo ofenderte. Tú le ofendes, y la noche es ya Dion quien te avisa; porque ya el Cielo dispone en vez de mortal castigo mucha piedad que te exhorte. Y si entre tantas ofensas perseverares indócil vivirás eternas llamas en la más profunda noche. . Qué es esto cielos altivos, qué es esto arrogantes Dioses mas como no me detengo, o esfuerzos son, o temores los que me inpelen, aguarda deidad alada más donde te volaste, que a los ojos dejando banos fulgores solo de que me has hablado me dejas sostituciones. Nunca se pide licencia en caso que tanto importe como puede ser justicia siendo en la culpa uniformes mi hermano, y yo, que el padezca, y a mí el rigor me perdone o he de librarle, o morir en vida, o muerte consorte. Gran señor atiende. Cuando, tan altivas ilusiones tan repentinas a mí comunicaron los Dioses. Parece que alborotado, ni me atiende, ni me oye gran señor, qué te desuela? Qué te inquieta? Si conoces que soy presidente, como. Gran causa le descompone de su natural grandeza. Mis intentos interrompes. Invicto Dión, escucha Oh Vitoria. Qué desorden te ha embelesado la idea en tan varias confusiones? No se más; porque del caso aquí Vitoria te informes, y con tu discurso apliques claridad a mis temores. Sabras, que estando a la vista epilogando facciones repentinamente ocupan mi sosiego y de temblores este edificio en sus basas casi casi estremeciose, cuando en un leño pendiente miro un bellísimo soven los pies, y manos al palo clavadas, que sangre corren a dar en mi pecho altivo ternísimas compasiones de su muerte a conocerle me arrojo, cuando Oh favores del cielo piadoso, escucha Dion excelso, y conoce, que son avisos de un Dios que busca las ocasiones, para reducirte, pues en esta me trujo, a donde pueda darte a conocer ese Dios que desconoces: y que conocer quisiste ese es a quien con rigores tanto sigues, y persigues Cristo, Jesús, Dios, y hombre muerto en Cruz de puro amante cuyos estandartes nobles siguen en su fe constantes los Cristianos escuadrones, y aquien adoro dichosa. Tente, falsa, no provoques mi horror con delirios tantos, o por los Cielos, que borre con el eco de mi saña cuantos lucientes favores dorados jiros fulminan en esos campos de azogue. Ya doy crédito al papel, que con tu engaño conforme viene bien, aquí averiguan su ofensa los sacros Dioses: y ese Dios crucificado, parece, que a mis temores el con la muerte amenaza; tú, con falsas ilusiones, él, en mortal parasismo, tú, en alegres esplendores, él con fuertes amenazas, tú, con piadosos rigores, él el alma atemoriza, tu acouardas mis acciones: Vete, quítate delante, que el Crucificado joven ejecutar no me deja los impulsos de los Dioses. Ya me voy. No aguardes más, sino quieres que n alogre tu belleza El Cielo quiera, que el martirio goce. En notable confusión tantos ahogos me ponen, castigo piden sus hierros, su belleza pide amorés, mas no me atrevo a ofenderla, que aquella visión me poné, que el corazón con alientos, más ardientes los temores, y aunque al castigo me impelen altivas aclamaciones a lo vivo de una Imagen quedan muertas mis acciones,

JORNADA TERCERA

Ya en el calabozo triste, donde solamente informa a la luz de los sentidos los cárteles de las sombras, suspiros tiernos se escucha, que entre quejas lastimosas, aquí de Acísclos, y apenas la pasión de quien las llora, pueden sufrir de estas voces, que atormentan mi memoria: Victoria, su hermana, el aire con sus ecos alborota: porque ha sido desgraciada, que mucho si nacio hermosa. Aquí, donde el centro oscuro abre una tenebre boca, que con bostezos de luto, fúnebres luces arroja. Aquí yace la belleza de Vitoria, a quien por loca, mi gran Capitán Urbano tiene en prisión afrentosa. Ya con Acisclos, su hermano, y si hoy mis afectos obran, tendrá vida él corazón, que entre lágrimas se ahogan. Pero yo, que mis incendios, sino mis misericordias, para borrar sus delictos me trujeron en persona Quiero feriarles las vidas, siendo en mí esta acción piadosa, la primera que ha podido aclamarse vencedora. Hermana. . Señor. Qué es esto? Faustina, tú aquí a estas horas, tú en aquestas soledades? Hoy me ha de valer la industria. Hermano, si en confesarte la verdad de mis intentos, vive el bien de perdonarme, escucha en breves razones la copia de mis piedades. Presa en esta torre tiene Victoria Urbaño, negarte su justicia no es razón, mas yo en tan justas señales para mejor persuadirla de sus locas ceguedades vine sola, previniendo que los secretos no valen, las fianzas de un testigo, pues el más honrrado es frágil, vengo a estorbar a Vitoria su precipicio, no infames en mí esta acción, pues conoces que entre los jueces se aplaude nombrar en lo justiciero por acesor a lo afable. Válgame el cielo en que dudas, la imaginación reparte mis potencias, pues las guían objetos tan desiguales, yo a Acísclos vengo a hablar, y quiero hermana ayudarte. Pues hermano a persuadirlos, o a darles muerte. No hables, ea Faustina, no mueran, vamos a prevaricarles. Adiós mío, y quien pudiera tener muchas vidas hoy, porque dándoos más que os doy más afrentas padeciera. Con tantos gustos moría por vos en diversos puntos, que me algara, aunque en difuntos desmayos valor falleces, para morir muchas veces ser todos los hombres juntos. Si después de padecer conservando la pureza de mi honor, por mi firmeza una gloria he de tener. Llegando mi muerte a ver duplicada la memoria. que en tan felice victoria serán por dichosa suerte una gloria de la muerte, y otra gloria de la gloria. Llego a llamar, ha del triste, concabo de estas moradas. Quién llama? Quién viene a darte la vida, que tu malogras. No hay quien pueda darme vida, sino es la deidad que adoran los Cristianos, porque es Dios, de quien proceden las cosas. Ciega estás, Vitoria mía. Que ignorante tu señora, pues pierdes a Dios divino, por supersticiones locas. Rompa mi voz el silencio, de ella prisión tenebrosa; en estas oscuridades, que en su albergue se aprisionan, quien con tan tiernos gemidos, amargamente solloza. Quién en ellas contento de padecer tan a costa de la envidia, y quien pretende morir en esta zozobra por Cristo, quien lo pregunta. Yo soy. Gran señor, qué historias cuentan tan croica hazaña de las clemencias que apoyan, dichosa suerte es la mía. Llamarla puedes dichosa, si de tus hierros me pides perdón. Gran señor perdona, que la verdad que sustento, no consentiré que rompa de mí se los imposibles, porque tengo en mi memoria tanestampado el Bautismo, y la firmeza tan pronta, que han de ser contra la muerte celestiales plataformas. Qué bárbaro, que homicida con espíritu de roca, en quien el entendimiento falta cuan lo el alma sobra. Vive tan desesperado de su vida, que anteponga una reguedad injusta a un ser que eterno se nombra. Dime engañado mancebo, como si favores gozas de ese Dios que comunicas en tres distintas personas, una identidad, según tus argumentos abonan, de mi poder no te libra. como mi furia no estorba. Acaba de con ocerte, Victoria, que estás muy sorda, que la más leve ocasión, si se pierde no se cobra. Deja ya ese barbarismo, y advierte, que si me enojas, será el quitarte la vida la demostración más corta. Señora si porque a Cristo negara la fe de esposa. tu grandeza, tu poder, que rige las cinco Zonas del Emisferio pusiera a mi gusto generosa, no tuviera el pensamiento mácula de banagloria. Porque tan firme le sigo, y tan dulce me enamora, que vive en su amor mi vida, y el alma en su luz reposa. Aunque de tus amenazas las mal conducidas tropas, señor invicto pretendan postrar mi firmeza heroica, será imposible, pues tengo en mi defensa, una sola voluntad que me gobierna, una deidad que me exhorta, un poder que me apadrina. un valor que me reforma, un brazo que me defiende, un dueño que me aficiona, un Dios que por mi pelea, y una majestad que obra. Pues siendo su omnipotencia de cielos, y tierra Autora, y que puede cuanto quiere como todo poderosa, permitirá que yo muera, para que viva en su gloria. Dime amiga, como pudo esa mujer que pregonas por madre de Dios ser madre, y quedar Virgen, si es cosa cierta, que ninguna engendra primero que se corrompa, y después no recupera aquella Virginal oja. No hay para Dios imposibles, y para que presupongas esta verdad, oye escucha, en dos ejemples que apoyan, por celosías humanas consonancias misteriosas, la aplicación que no falta, en nuestro vulgar idioma, comparaciones que ayeden empresas tan milagrosas. Viste algún purificado cristal, por quien pasa el sol, sin que con el arrebol deje su candor manchado? y aunque quiere porfiado amancillar su hermosura de su interna arquitectura, el con pura sencillez, parece que cada vez muestra su nieve más pura. También señora no viste aquese mayor Planeta, que tres olimpos suleta, pues él en el cuarto asiste, y aunque de luz los enviste cuando sus rayos aumenta, los pasa y no los violenta, porque mientras más se encumbra, sin quebrarlos nos alumbra, sin herirlos nos alienta? Pues así por el cristal de la doncella María pasó el sol, y quedó el día de su parto virginal, que no pudo natural corrución comprenderla, porque Dios borró por ella de Adan la tiniebla oscura, y así fue esta Virgen pura, antes, y después doncella. Tus argumentos, ignoro, pero dime si esa Hostia, en que ese tu Dios asiste es de pan, como translorma en carne aquella sustancia siendo pan, y no otra cosa. Atiende, y verás vencidas tus dificultades todas. Advertida se me enseña de católica lealtad un misterio y su verdad, por otra verdad me empeño en amorosa reseña. Él pan del cielo me dan, donde si advertidos van, los sentidos sin jabtancia, miran el pan sin sustancia, y la sustancia sin pan. Sustancia sin pan asiste, de este Sacramento, adonde su cuerpo divino asconde, y de acoidente reviste. Pan sin sustancia consiste, en que el pan se transsustancia, en carne con tal ganancia, que en truecos tan diferentes, son del pan los accidentes, y de carre la sullancia. Este es el pan de los cielos, y este es el manjar divino, que con modo peregrino, se cubrió de blancos belos, vele el alma sin recelos del que con su fe se ampara, si alguno en el blanco para, y adentro pasar no puede, bien es que en blanco se quede, pues en lo blanco repara. Mal. Vitoria se enternece. Esto es labrar una roca. Consultar quiero a mi harmano. Ver a Faustina me importa. Aciselos. Victoria, hermana. Mi bien, mi amparo, mi gloria: Es posible que te veo? Que ya mis ojos ta gozan? Si hermana, porque ya empiezan a obrar las misericordias de nuestro Criador, pues quiere en medio de estas congajas, disimular los amagos de su justicia, y ahora es el tiempo hermana mía en que has de dar valerosas mueliras de tú se constante, para salir vencedora en la guerra, del martirio que le acerca rigurosa. Siempre he de estar por Dios firme, y cual valiente Amazona, sabré arrosarme al peligro, por víctima generosa, entregando mi garganta a la espada cortadora. Esto ha de ser. Pues lleguemos. Que ventura. Qué victoria! En fin victoria pretendes morir imprudente, y loca? Que quieres con una muerte, Acíselos, tu causar otra, pues si tú mueres, es fuerza, que no viva, quien te adora, si sabes que con tu sangre, tú mí! ma desdicha compras: qué te suspendes? qué aguardas, que mi pretensión no invocas? Señor, yo de mi albedrío no soy, dueño, y es impropia una voluntad forzada, y así tu poder disponga, contra mí el mayor castigo, que le dicten las injurias, que sus mayores ofensas, serán para mi lisonjas. Ya Faustina, no me excuso de morir, porque conozcas mi amor, y tu desengaño mi celo, y tus vanas glorias. Tú con mi vida te ofendes, y pues mi vida te enoja, mejor es que yo no viva para excusar tus zozobras. Acábese quien te agravia, muera ya quien te ocasiona tantos pesares, convierta la cuehilla temerosa en polvos este edificio, y en cadaver esta forma. Quiero fingir ofenderla, pues me ofende de dos formas, a crucificado Cristo, a hermosura prodigiosa, pues por los Dioses Sagrados, que en sus esferas reposan, a quien sitven las estrellas, de matizadas alfombras, que antes que peinen los campos, esa luminar antorcha, muerta en los brazos de Tetis, y viva en los de la Aurora, seréis de vosotros mismos violentadas mariposas, que al rayo de mi justicia postréis las vidas traidoras. Ya la ejecución se tarda, pues la culpa es tan notoria. Eso es prevenir mis dichas. Eso es celebrar mis bodas. , Faustina vamos, Un áspid cada espíritu me brota. Ya te sigo en cada aliento, el alma un volcán arroja. Entre la cera, y el vino ando huyendo del agua, porque este cuero en su fragua me va destemplando el tiño, Yo vengo, pero no se por ciertas dudas que tengo, si a ganar la mano vengo, o si vengo a perder pie, que aqueste Urbano, o demonio en la lonía de su amor. me ha hecho ya corredor, sin darlo por testimonio. Yo que le obenezco, quiero cumplir lo que me avandado que soy, aunque soy criado muy honrado dispensero. Díjome que a estos hermanos entre dos leyes mestizos, a quien un par de herflizos tiene enjertos en Cantianos. Trujese ellas ninerias con que hagan colación, pues lo que un camaleón han almorzado estos días, y voy espulgando atiento todos aquestos rincones, y pienso que en mis calzones hago buñuelos de viento; mas de aquí no he de pasar, siéntome, y saco la luz, haga posta el arcabuz, y empiezo a desvalijar estos son manteles, y esta es servilleta, y allí ay datiles, desde aquí tiene pricipio la fiesa. desembozo esta chicota, que aunque tan poco ha crecido ha bebido, y desbebido mas que alguna candiota. Quiero saber a que saben estos dátiles simpan, que aunque todos no cabrán, veré si todos me caben. Que si allá dentro tuvieren aprietos para salir, la falsa pueden abrir, y salgan como pudieren. Brindis, o que bien conquisto mi sed, pues sin ser Cristiano voy llegando con la mano al arco de Jesucristo. Otra vez brindo, recelo viéndome hecho una sopa, que puedo lavar la ropa si enlabono como suelo. Pero quien va, quien me tiene, parece que estoy soñando, pues ando, y luego no ando, como quien se va, y se viene. Que mal del amor se alcanza la gloria que se desea, pues no hay quien menos posea, que quien tiene la esperanza. Quién es? quién va? No lo sé, que ya de tal suerte estoy, que no conazco quien soy, después que a morir llegué: Ya del Sol el arrebol, con un eclipse manchado, muere, que nunca ha dejado de tener eclipse el Sol, y aquel divino esplendor, alma de tanta hermosura; se hiela, que es supultura de la belleza, el rigor. Cómo no habla? quién es? No me conoces? Parece que no, mucho entorpece la enfermedad de los pies, diga el nombre. Qué importuno está aqueste necio ya. Retírese hacia allá, que no conozco a ninguno. A Vúrbano no conoces? Quién es Urbaño? yo soy. Ya conociéndote voy. Pues cómo me desconoces? Tú tienes la culpa. Yo de qué suerte? De esta suerte: en que me diste la muerte dándome la bota. No con tan locos disparates me burles ya, si no ven conmigo. No me está bien ir contigo, aunque me mates. Ya a la cárcel he llegado, llama Gergón a esa puerta. Ya voy, pero ya está abierta, aunque yo estoy muy cerrado: mas tente, no cantan? Sí, quién será? A quién lo preguntas? Alma, tantas penas juntas, como han de caber en mí, bueno será que escuchemos Mejor será que durmano, Espera, espera, y oigamo, Canten mientras que Pamemos. Hoy a dos perfectas almas, trae un Ángel, palmas dos, que son almas, a quien Dios quiere traer en las palmas. Felices Ciudadanos, de este opúsculo breve de la vida, que con pechos Cristianos aspiráis a la eterna, pues vertida vuestra sangre inocente. se avecindará en mejor oriente. Acísclos, ya dichoso, Victoria, Esposa de Dios, blanca azucena, que al rigor cauteloso padecéis de una mísera cadena. Este premio os abona projimo ya el blasón de la corona, hoy entraréis triunfando en la Imperial Sion, Corte divina, donde estrellas pisando corráis de Dios la cándida cortina, y en su amoroso fuego, quedaréis abrasado desde luego. Su caridad inmensa mano; espiritual os dará vida, que siempre recompensa Dios al merecedor con tan cumplida paga, que se dilata a un arroyo de sangre, un mar de plata. Ya vuelvo a prevenires dos tálamos, dos ricos taburetes clavados de zafiros, a quien los cielos sirven de tapetes, y en bordaduras bellas, pespuntan por lunares las estrellas. ayo de otros Epicielo Mensajero de los Cielos. Soberano Paraninfo. Águila de otras Regiones, Vi Espera. Detente. Aguarda. Suspende un poto el camino. No te escondas tan aprisa, Lleva, llévame contigo. Dame, dame ya una mano. Pero no, que si es preciso morir de amores primenro por mi amante, y amerindo, a la violencia del golpe, generación del cuchillo. Mas ya conozco ya entiendo según tu lengua me dijo, que hoy ha de ser de mi muerte el último parafismo. Por indecreto librado, en las arcas del martirio, depósito en que vincula, mayorazgos el Bautismo. Y tu hermana de mis ojos, ya que este portento has visto, llega llégate a mis brazos, porque el último suspiro, sea llave que nos abra las puertas de los sentidos, cerrando de miedo el golpe, y del temor los pestillos. Cómo hermano he de abrazarte si no lo permite el sirio? Nunca los inconvenientes se oponen al ser divino. Dame ya los brazos. Cómo si nos lo impiden los grillos? No hay estorbos, ni prisiones para Dios, ya se han caidó. Ahora si que a mis brazos llegarás hermano mío. Pues ahora no hay lugar de que lleguéis, yo lo digo. Uibano, pues tú me estorbas mis mayores regocilos? Yo lo estorbo, yo lo excuso, yo lo fuerzo, yo lo cuito, que estoy ofendido, y nunca se cohecha un ofendido: y porque aquí las palabras, son episadios proliios, sabed, muerto estey, que vengo a intímaros, a deciros, por vengarme de mi agravio, y de vuestros desvaríos, como ya estáis sentenciados a muerte. Dichosa he sido. Y antes que el sol se requeste en los colchones de vidro, que se mullén cada noche entre sus bellones mismos, lo he de ejecutar. Estimo en tanto Urbano la nueva, que si no la solemnizo conforme mi gusto, es solo por quedarme vivo para morir después, porque si aquí todos los sentidos diera a tu voz, me negara otro aliento al regocijo. Pues si de morir gustáis, ya está todo prevenido, venid, que Dion lo manda. Vamos pues que yo me envidio a mí misma, conociendo que estos leves precipicios de la vida, son escalas para subir al empíreo. Acíselos llevad vosotros, y victoria irá conmigo. A buen alma lo encomiendas. Capitán si me has debido alguna fineza, aguarda, que queremos despedirnos. No te la debo, y es tarde, con que no me determino. Merezca yo este consuelo. No pierda yo este cariño. Ya no es tiempo de finezas, que soy de Dión ministro, y solo permito el serlo, que otra cosa no permito. Pues qué te daña el dejarnos? Qué te importa el dividirnos? Él no querer solamente, con que a todo he respondido, ausentadlos de mi vista, y haced lo que os tengo dicho, y sepa el mundo que soy el que despreciado he sido, que soy el Pretor Urbaño, de todo el Orbe temido, perseguidor de este fiera, y vengador de mí mismo. Amor, que veneno es este que por los ojos me viste, tu poder no tiene igual, y tus fuerzas son terribles, pero como siendo Dios, tienes poder de afligirme, y no le tienes también para que la vida quites a una mujer que desea el privarse de ella, ay triste! que he de ver yo con mis ojos perder la vida, que dices lengua, como tal públicas a quien en mi alma asisle, de quien cautiva me nombro, no es posible, si es posible, que pues el poder me fuerza, y los Dioses lo permiten, pues que mi estrella lo influye, y mi ley lo contradice, padezca Acísclos, padezca, y padezca yo, pues quise dejarme tirar, ay cielos! con el duro arpón, y herirme, de aquel rapaz, aquel ciego, y de aquel agudo lince, que traspaso con tu vista, a quien es tan infelice, pero mi hermano es aqueste, mi pasión quiero encubrirle. Ya se ha llegado la hora, querida hermana, en que vea la fortuna, que conmigo no tiene imperio su rueda. Ya ha llegado amigos míos la ocasión, donde dispuesta tengo la mayor hazaña que de hombres se celebra. Sabed pues que ya renuncio este cargo, y la grandeza de mi poder, en el sayo de mi fortuna, y la herencia, en aquel que la persona de mi hermana, y su belleza merece, que cayó Aurello, Presidente por mi ausencia, con quien a mi hermana caso, con condición que se advierta a las premáticas mías, y se observen, y obedezcan, porque mueran los Cristianos, pues la Católica Iglesia que ellos llaman cada día, se dilata, y se acrecienta: y es bien se ejecuten muertes, aún en las plantas más tiernas, como lo veréis ahora por esta julta sentencia, que fulminé contra dos hermanos, que me molestan y para que se ejerute, mando al Pretor la refiera, y pues mi hermana está aquí, aunque algose aflige empieza, que siempre a cualquier mujer obligan llantos y quejas. Yo Dion el Presidente de Cordoba cuya tierra con mi poder avasallo, juntamente con la Persía, el opuesto siempre a Cristo, perseguidor de la Iglesia, hoy a Victoria, y Acisclos hermanos. Detente, espera, Victoria, y su hermano. Sí. Cómo traidor, yo estoy muerta? Teme tu hermano, y los Dioses. Prosigue. Esta ingrata muera. Que no pueda yo librarle. Rebeldes a la grandeza, de los Dioses por Cristianos delito, y que le sea, deja a la Sacra Majestad, en una puerta que hereda, el apellido Cilodro, por un Cristiano, que en ella primero puso los pies, el cual es cosa muy cierta, se llamó Albaro Colodro, mandó degollado sea Acísclos, y que a su hermana la corten toda la lengua, y amarrada a un duro tronco, llenen su cuerpo de flechas: para que de aqueste modo infamemente fallezcan, porque sirva su castigo de ejemplo a toda la tierra. El Presidente Dión, esta ha sido la sentencia. A ellos, a los Cristianos tirales bien esa flecha. Qué ruido es ese? y Señor escucha un prodigio, Empieza. Apenas por tu mandato apenas por tu sentencia, llegó un ministro mayor aque cortasen la lengua a Vitoria, cuando al punto con sus dientes ella misma se la corta, y al ministro toda la boca sangrienta se la escupe, y en los ojos le sálpica demanera, que de repente perdió la vista, y en mi presencia prosiguió, alabando a quien según ella dice Reina, sobre todos nuestros Dioses en el cielo, y en la tierra. Por Júpiter, raro caso. . Mueran los Cristianos mueran. otra vez se oyen las voces. Es que ya el suplicio empieza. Oh nunca fueran mis ojos testigos de aquesta ofensa. Qué sientes Faustina hermana? Mucho siente esta tragedia. Soy mujer, no puedo más, quise bien, ame de verás. No me espanto vive el cielo de que tanto se enternezca. Llega a este sitio, y verás el gran dilubio de flechas que a Vitoria le encaminan. Treme con tu licencia, que aunque despreciada fui no será justo lo vea. Forcejando están mis ojos por sentir esta violencia pero pues a Cristo adoran, una, y mil muertes padezcan. En tanto que esas regiones voy a ver hermosa Reina de los cielos, y María, paloma blanca; a tu cuenta queda el favor de esta patria, por tu poder, y grandeza, pues a penas me privaste dél habla, cuando me entregas la misma habla, porque en la hora prostimera que no deje de alabarte. Permite pues Virgen bella, que en aqueste mismo sitio una Hermita se conceda, a aquestos humildes cuerpos, esto pido a tu clemencia, en cambió de mi martirio, y en retorno de mis penas: y con esto a Dios, y tú hermano con él te queda, porque músicos me lllaman, coros de Virgines bellas: donde una silla diviso, que ha de ser sin competencia, descanso de estos dolores, y alivio de estas ofensas: Ya hermana ya voy contigo, que las celestiales puertas de aquella eterna morada, sus palacios nos franquean. Adiós Cordova, algún tiempo vendrá, que de aquestas piedras, esmaltadas con la sangre, que nuestras venas defechan, se erijan sagradas Aras, templo celebre, y en ellas al Dios porquien padecemos, Católico culto ofrezcan, tus hijes, que de esas glorias son nuestras almas eternas. Ya espiraron, pero el cielo lastimado de sus quejas, por premiarles, por pagarles los dolores, las afrentas, que en el suelo padecieron, con instrumentos celebra la llegada de estos Santos. Y también en nube densa, veo a un mancebo que baja de aquella altura suprema. Todo es horror, todo espanto, y música cuanto sueña. Atiende Córdoba ilustre, que Dios me manda, y ordena, te haga sabidora de esto, porque notes, porque sepas hoy el tesoro que tienes, diciéndote sus riquezas. Victoria estando en la cárcel, convirtio siete Rameras, y ahora los dos hermanos el seudo a Cristo le entregan. Padecieron su martirio siendo pastor de la Iglesia, el gran Ofio, a diez y liere de Noviembre, y en la hera del señor, que a buena luz y haciendo mejor la cuenta, es de trecientos y tres, también dispone que sean Patrones de esta Ciudad, porque juzgues, porque entiendas, a lo que estás obligada, Cordoba Ciudad excelsa, la reverencia, que debes a las losas, a las piedras, que cubrieron estos Cuerpos, y que mancharon sus venas: Queda a Dios Ciudad insigne, queda a Dies, en paz te queda, que en reficiéndote aquesto él me manda que me vuelva, asisi ille como siempre en su celestial esfera. Y Castro pide postrado, que el perdón se le conceda, si es que ha acertado a agradaros, dando fin a la Comedia, de los Patrones dichosos, que aquesta Ciudad venera.