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Texto digital de Marta la Romarantina (segunda parte)

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Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Marta la Romarantina (segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/marta-la-romarantina-segunda-parte.

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MARTA LA ROMARANTINA (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

o Luida ya memoria, en mí el martirio de suspirar con penas, penando con suspiros: que es distinto alivio que da muerte, a muerte que da alivio. Qué bien la Música anuncia al corazón afligido los graves irresistibles, melancólicos, precisos accidentes, que tiranos en desusado, atrevido motín, asaltando al alma, avasallan los sentidos! Así con ella asternando sus compases mis gemidos, podré decir al tirano torcedor del dolor mío , . Olvida ya, memoria, O si no la parca sea, quien con impulso atrevido, al airado fatal golpe de su dentado cuchillo, en trágicos escarmientos castigos dé apetecidos. , . De suspirar con penas, penando con suspiros. Pues ella podrá sola, a fuerzas de su activo, temido, riguroso, inejorable filo ovviar la causa a tantos sollozos, y suspiros la pena exhala el ansia. , . Que es distinto alivio que da muerte, a muerte que da alivio. No canten más, no mis penas las dupliquen con sus ecos, pues al paso que mis males dar al olvido pretendo, con renovarme la herida me acrecientan el tormento. Revené, qué tendrá el Ama, que con rostro macilento ya algunos días que anda mostrando desafosiegos? Julietilla, no lo sé, pero según el pergeño, de una inflamación interna son aquestos pujamientos. Pues yo he de saberlo. . Y yo. Ay de mí! Cielos, qué es esto? Señora? . Señora mía? Qué queréis? . Si acaso puedo: Si mis canas te merecen:- En tu cariño algo, quiero:- Algún favor, yo quisiera:- Que de ese accidente fiero:- Que de esa tristeza tuya:- Parte me dicras, si es cierto:- Comunicaras el mal. Que comunicado siendo, suele encontrar un dolor alivio, si no remedio. Que acuchillado, mi edad larga, señora, me ha hecho con práctica de experiencia (cayó el esdrújulo) Medico. 2. Dinos, señora, tu mal, por si aliviarte podemos. Ay Julieta! Ay Revené! que es tal el mal de mi pecho, que siento en él un pesar, y de ese pesar me alegro: Aquestas implicaciones, aún yo misma no comprendo, y solo sé que el no haberle es a mi mal el remedio. Aquesa es hipocondría. No, sino especie de muermo. Quieres que por divertirte en este jardín ameno, en cifrados ramilletes disponga juegos diversos? Es muy de veras mi mal, para curarse con juegos. Si es la tarántula acaso quien te ha picado, y su cebo es el volar, y cantar, verás, que como un jilgüero te divierto, si es que canto con dulzura: El tío Pedro, Frialdades excusad; idos de aquí, y a su tiempo podéis venir, que ahora sola quiero quedar. . No por ciento; sola sin más compañía? Quieres sola te dejemos, y te pegue un patatus sin haber nadie? Muy bueno! No hará; idos, que bastante compañía yo me tengo en aquesta soledad, sola con mi pensamiento. Ya nos vamos: Revené? Qué dices Julieta? . Temo que volverá a las andadas el Ama. . Y ese recelo en qué lo fundas? . En qué? yo me lo sé. . Esos son cuentos: ya es una buena mujer, ya renunció los enredos: no nos faltaba otra cosa! Por aquí cerca andaremos por si llama; con cuidado de cuando en cuando vendremos. Bien dices. Ya me han dejado los dos; ahora del pecho en abrasadoras llamas de tanto rencor acerbo salga a inficionar la esfera del aire este mongibelo, cuyas cándidas cemerlas dentro del alma conservo. Qué ardor es este (ay de mí! que no basta ya el esfuerzo a resistirle, y postrado mí siempre altivo denuedo pide un diluvio a los ojos para aplacar tanto suego! Yo me abraso (ay inselice!) y al paso que arder me siento en el corazón, el alma toda se convierte en hielo, siendo mi mal, espantoso monstruo unido en dos extremos, pues si un hielo apaga el alma, un incendio ánima el pecho. Qué será aquesta fatiga? qué será este sentimiento? amor? no, que amor no cabe es igualdad con los celos: pues celos serán; no, que el amor tirano ciego no permite a otra deidad dar de vasallaje feudo: pues ambos serán; no cabe, porque los dos son opuestos, e ímplica puedan unirse dos Monarcas en un reino. Pues qué será? no lo sé: vacilante pensamiento, afloja al arco la cuerda, torcedor de mi tormento. Qué mal hice, qué mal hice en enajenar del pecho el blando suave amor, con que idolatraba al dueño, que en correspondencia dulce era mi amoroso empleo, para ver después en otro el injusto menosprecio de mi abandonado amor, cuyo descrédito adquiero feriando a fieles cariños la costa de un escarmiento! A quién le pediré alivio? Garzón puede dar remedio. Mas sí el oído no finge fantasía al alma, o sueño, música atiendo: es engaño; con todo el engaño acepto. Si no engaña el corazón:- Garzón. Él eco a oírse concede:- Puede. 1. Que en Garzón he de mirar: Alivio con feliz medio:- Remedio. Pues mi error ya no más tedío a Garzón muestre, si advierte, que para excusar mi muerte:- , . Garzón puede dar remedio. Ay Garzón! que ya conozco; ay Garzón! que ya contemplo cuan mal premió tus finezas con el repudio mi yerro! mas pues venganzas no caben en los generosos pechos, el tuyo mi invecación admita, cuando protesto, todo para mi fue engaño, cuanto sucedió fue sueño; que solo tu eres mi norte, que eres el bien que deseo, que quiero vivir en ti, que contigo nada temo: muevante, pues, mis ternezas, obligüente mis lamentos, enternezcante mis ansias; y al fin consigan mis ruegos te permitas a mi vista, real, y verdadero objeto. Garzón, dueño de mi vida? ha Garzón, mi bien, mi dueño? Ya en tu presencia me tienes, que a ese alabastro rompiendo mis furias el corazón, a tu vista me presento: mira, pues, tirana injusta, cuanto a mí mismo me debo, que yo mismo me he vencido en el cruel civil duelo, que con la ausencia han formado en una parte el desprecio con el olvido; y en otra el gusto con que deseo lances, en que muestras de de mi amor lo verdadero. No es fino los de lograr con tu ruina, y cautiverio seas infeliz despojo de mi encendido veneno. Y pues que ya en tu presencia me ves; a tu gusto atento aguarda tu voluntad para obedecer mi afecto. No extrañes, que no me admir verle con tan gran portento. No extrañar debes el modo, cuando no extrañas el medio; puesto que sé que no ignoras que consigo cuanto quiero; pues en continuos asombros, obedientes a mi imperio reconocen mi dominio todos los cuatro elementos, manifestando a mi ciencia en sus mes ocultos senos, lo Geomántico la Tierra, lo Eteromático el Viento, con lo Idromático el Agua, Epiromático el Fuego; y así, el labio comunique cual es la causa, el intento de que tu memoria acuerde quien olvidó tu desprecio. Aunque sé que nada ignoras de cuanto ha ido acaeciendo, permite que lo repita, porque parece (y es cierto) que descanso halla el doliente su accídente resitiendo. Bien te acuerdas, Garzón, de aquel indi- (cio que piedad me fingió. Y tu precipicio. Que instándome, a mi madre pedí perdón. Error fue de tu padre. Que dando un real decreto al funda. (mento, con el Barón:- Dispuso el casamiento. Y que incauta, no omisa, y negligente a mis labios selié:- Siendo obediente. Que mi esposo el Barón (oh suerte dura!) El cielo abandonó de tu hermosura. Que de tan pronta ausencia, e inopi- (nada, debo sentida estar. Y aún agraviada. Que para tal sentir la causa es mu- Muy bien todo eso sé. (cha. Pues ahora escucha. Del Rey a un tiempo, y mi padre el decreto obedeciendo, al Barón de Heseing, mi esposo, le hice legítimo dueño de la posesión del alma con amantes rendimientos. Vivi feliz de esta suerte correspondida aquel tiempo breve, que ofrecen las dichas; pues cuanto sin movimiento tenaz, y estable en las penas descansa reacio, y tereo, suele llevarse de un giro lo rápido de su vuelo. Dígalo yo, bien que aún no a gozar llegué los tiernos, dulces, amantes cariños de mi idolatrado objeto, cuando ingrato, la fortuna hizo, que fuese despego su cariño, ira su halago, y ojeriza su contento: Pues Apolo aún no seis veces dio círculo al hemisferio, cuando vestido el semblante de las pasiones del pecho, con un desagrado airado, y un sentimiento grosero, la unión reciptoca nuestra convertida vi en despegos: encontrando mi cariño tan extraño sentimiento, toda sollozos el alma, todo suspiros el pecho, y mares hechos los ojos; con persuasiones le ruego que la causa me declare de tan extraños efectos; y con entereza esquiva me dice: que el vulgo ciego, afeándole la acción, con desaire, vituperio, con deshonor, con afrenta, con baldón, y con desprecio, de haberme dado la mano le puso en la cara el yerro. Oh vulgo! cuantos delitos tienes a tu cargo, puesto que muchos lo son, porque tú te empeñas en hacerlos. Be este baldón, de esta nota vino a formar tal concepio, que sin tener más motivo, que el que referido llevo, a ausentarse se dispuso, sin más acompañamiento, que un Criado suyo antiguo, confidente en sus secretos. Mi padre, que aún siendo anciano, merecido ha el valimiento del Rey, y siempre a su lado asiste, atrevido, y cuerdo, guerra con las armas, en la y en la paz con el consejo, no ha llegado a saber nada, porque a saberlo, yo creo que por el suyo (si no fuera por impulso ajeno) le diera a tan declarada vil traición el escarmiento, haciendo su cuerpo aleve breves átomos del viento. He sabido que en Paris está mi esposo, añadiendo a los ierros de su olvido, en otra hermosura hierros; que para lograr las ansias de su depravado intento, por medio del Rey pretende (aún de imaginarlo tiemblo! como lo disé, fin que tormento añada a tormento?) pretende por varios modos anular el casamiento. Esta ira, esta congoja; esta rabia, este tormento, tanto de mí me enajena, que ofuscado el pensamiento, deslumbrada la razón, y el entendimiento ciego, toda delirios el alma, y la vida toda riesgos, agraviada de un amor, y ofendida de unos celos, o fallezco en lo que vivo, o vivo en lo que fallezco. pues ya expliqué, Garzón, el cúmulo en que me veo de males, y solo tú puedes hallar el remedio; aplicar la medicina deberás, fifico diestro, con rigor, pues ya no basta la facultad del enfermo; para que este ingrato sepa, para que conozca el tiempo, para que el mundo acredite, para que sirva de ejemplo, de una mujer agraviada a lo que llega el despecho, a cuanto alcanza su ira, y a cuanto su atrevimiento: pues con tu sombra, tu auxilio, con tu amparo; con tu esfuerzo, con tu osadía, y poder ha de aleanzar mi denuedo, que el asombro de la Francia espanto dé al universo. Obligado a tus ternezas, condolido a tus lamentos, vuelvo a firmar la iaviolable palabra, que en todo tiempo, vigilante al gusto tujo, obediente a tu deseo, este pecho, y esta vida con toda mi ciencia ofrezco, como no la ingratitud refucite a nuevos yerros. Eso dices? . No es extraño. Permitan aquesos bellos iluminados ropacios, antorchas del firmamento, que antes que engendre villana malicia mi pensamiento, violento tosigo airado, irritado puñal fiero, con inhumanes impulsos, apaguen mi último aliento; y si acaso: . No más, Marta; basta, pues, que yo te creo: qué intentas ahora? . Ir de mi esposo en seguimiento, donde siempre al desengaño mis cautelas acudiendo, a sus traiciones consiga dar debidos escarmientos: Garzón, no haya dilación. Mi obediencia es el silencio. Ea, espíritus impuros, de mi ciencia comuneros, que a mis voces obedientes, y a mi albedrío sujetos asistis; en virtud mía d la esfera del viento, adulando en lisonjeras cláusulas de dulces metros armoniosos la hermosura de Marta, a quien asistiendo, adornos la conduzcáis, que fácilite el intento. a PIROIS, EOO, FRECON, y ETONRE, Ya en etéreas regiones tue voz obedeciendo, rendidos se te postran los cuatro Elementos, la Tierra con frutos, con aves el Viento, con perlas el Agua, con luces el Fuego, jurando homenaje a tan feliz dueño. Señora: ay de mí! qué miro? Ama mía: mas, qué es esto? Revené, Julieta; no, no extrañéis lo que estáis viendo, que esto, y más, que en adelante notaréis, es a mi intento conveniente, con que así el labio dé a la vnz sello. No diré esta boca es mía. Yo callaré como un muerte. Permita bella Venus tu Aire canbiarse, a que en traje de Adonis te envidie Marte. 4. Rendido indicio dé un corazón el Aire de ti en vestido. A ver, Julieta, aquestos testimonios, creo que estames lleno; de Demorios. Aquí el callar será lo que importare, y pare, Revené, en lo que parare. Ay Julieta, que nuestro paradera será sin duda: Cuál? . El quemadero Ay Revené, no gusto de esos cuentos Aunque no gustes, gustarás ducientos. Ya, dueño mío, que logras (según de la muestra infiero) el principio de tus dichas, ven a donde veas presto a tu lado cuantas luces en flamigeros destellos de ese encendido Planeta son abrasados reflejos. Marta, no extrañes que a un So eclipsen tus dos luceros: rige mi carro, que de él te substituyo el gobierno, y en tanto que se halla ufano, subiré a buscar mi centro. Ah señora, qué te ausentas? Ah señora, bueno va esto, te quieres ir? . De improviso 2. Pues sin ti los dos, qué haremos Es precisa ya mi ausoncia. Mira, que ya el chillo suelto; no me dejes. . Yo mi llanto, y estos mocos verdinegros; llévame contigo. . Sí. Entre los dos componeos, uno venga por la tierra, y otro por el viento. 2. Acepto Vaya, Revené, escoge una en dos, yo por el viento, y tú por la tierra; o tú por tierra, y yo por el viento. Pues si de cualquiera fuerte me ha de tocar el mochuelo, yo iré con quinientos mil, y tú con mil y quinientos. Pues a girar las regiones podéis ocupar asientos, mientras que yo con mi amado, dulce, idolatrado objeto en la diasana, espaciosa, vaga raridad del viento, surcando golfos de estrellas, piélagos de luz rompiendo, siguiendo el norte en sus ojos del apetecido puerto, dejo ancorada, y segura la nave del pensamiento. Entre los cuatro, sin duda que este es el quinto elemento, llamado coche, aunque de él no entiendo que me mareo. Ea, pues, rasgando el aire repita el acorde metro:- , . Ya en etéreas regiones tu voz obedeciendo, Basta la confiauza que habéis hecho en el seguro noble de mi pecho, para que al ver tan grande rebeldía no delate el secreto mi hida guía. Extrañar en mi honor tanta cons- tancia debe la persuasión de vuestra instancia, pues a tanto despecho me conmueve cabeza hallarme de Nobleza, y Plebe, con lo que se aseguran sus extremos. Pues si nos encontramos, nos veremos, siendo allá las que aquí voces negadas, verdades del valor a cuchilladas. Como que el Baróncito te origina algunos sobresaltos? . Sí, Florina; causando al alma sinsabores crueles. Llama a ese mal Galeno cascabeles. Florina, del Barón sabes acaso? Sí, señora, y me dijo (aunque de paso) que luego que del real cuarto saliera vendrá a ser salamandra de tu hoguera. Todo eso es excusaros con molestos reparos, y exhala mi dolor tiernos suspiros al ver que no consigo reduciros. Soy con pleito homenaje a esto obligado. Supuesto que viniendo disfrazado, es difícil que puedan conoceros, aprovechad el tiempo, si perderos no queréis, de la ausencia haciendo alarde. Así lo haré. . Adiós, pues. El Cielo os guarde. La ley, tío, y señor, de mi obediencia, con tu orden me trajo a tu presencia, cuya extrañeza al ver no es bien resista gozo tan pocas veces de tu vista. No extrañe, Federica, tu hidalguía, que busque en ti (pues eres sangre mía, y vivo de tu ley tan satisfecho) algún alivio en que descanse el pecho aqueste breve rato, que le da a mi fatiga de barato, sin ninguna mudanza la asistencia del Rey con mi privanza. Señor, tu confianza asegurada estar debé, aún teniéndome olvidada, desde que por acaso lastimoso el fuego de una bala dio a mi esposo en la guerra pasada (adversa suerte!) fama inmortal a un tiempo con la muerte: hasta que viendo que de vos me aparta el nuevo estado de mi prima Marta:- Qué has dicho, Federica? qué violento el corazón me penetró tu acento; no la nombre tu voz, el labio sella; o hado adverso, y cruel, fatal estrella! Señora, qué será lo que le ha dado, que tanto a aqueste viejo le ha enfadado! Pues vengo a ver, sobrina, si contigo mis ansias, y pesares hoy mitigo, y las aumentas, porque todo asombre, al corazón al repetir su nombre? Desgraciada vejez! hado severo! O, al nombrarla murieta yo primero! Pues, señor, que haya sido desgraciada no es culpa que la homita el ser nombrada. Si acaso (dura suerte!) habrá alcanzado a saber que el Barón enamorado, . solícito, y prudente, su ansia apura en conquistar amante mi hermosura? Según la basca al vielo le arrempuja, rabia por vomitar; vaya hombre empuja. Y porque sepas lo que aquesto obliga, atiende Federica, a cuanto diga. Sosegaba en tranquila paz mi pecho viendo ya estaba el Cielo satisfecho: con el Barón de Heseing (repetir siento fuese yo de tal causa el instrumento) dispuse se casara, para que en sus delirios se templara; pero (ay Federica, aquí el tormento vuelve asesino a ser del pensamiento) apenas a los lazos de Himeneo rendido dio los brazos, cuando hizo con despego, y abandono contra Marta el Barón civil encono, viniéndose a la Corte, con pretexto de salir a campaña (hado funesto!) a acompañar al Rey en la deseada reducción de rebeldes proyectada. No para en esto solo, que he sabido que de alguna pasión de amor movido quiere dejar a Marta; suponiendo que con ella su honor va oscureciendo, pues no pudo casar con quien tal ciencia ejecutó tan diestra a su presencia, con que (ya abandonada, y satisfecho) logrará unión villana su vil pecho Bien remí, santo Cielo! Malo va esto, señora, que lo sabe todo. Presto llegó a morir mi amor en flor temprana. Ay infeliz de mí! . Pero mañada hablando al Rey obligarele en parte. Su Majestad, señor, manda llamarte. Ein dilación alguna a lograr en sus plantas la fortuna irán, quedando usavas s de besarse la mano, aquestas canas, Válgame el Cielo! en qué estriba de mi tío el temor ciego; que del Barón un fuego en llama me abrasa activa? Será en no mostrarte esquiva, señora, algún tanto, cuanto. No vacile en tal quebranto mi triste imaginación: logrese mi pasión, o pierda la vida al llanto. Ya, Marta, estás en palacio, y de tu semblante el cielo tan mudado, que le apaga la luz al conocimiento; ya estás ante el precipicio, pues ya a tu esposo estás viendo. Ya le descubro: hah traidor! Pues de tu venganza el medio usa, quedando tu airosa, y yo de ti satisfecho; y si no me ves, advierte, que aunque me voy, no me ausento. Ya, Duque, por esta carta acredita el padre vuestro, con vuestra presencia, ser legítimo impedimento el suyo. . Señor, postrado; mas que de, la edad al peso, a un peligroso accidente hace conmigo recuerdo de sus lealtades antiguas para el real servicio vuestro. Señor? . Qué? . Este Principite es mujer, como yo:- Necio, lo aseguras? . No me consta; mas según sus barbas veo, lo de ser hombre para él es cosa que tiene pelos. Cielos, quién será este joven, que de haberle visto, siento en el alma un alborozo, que no me cabe en el pecho? No, solo en el de Bearnés, sino es en todos mis Reinos, del Duque de Roisignol es conocido el esfuerzo, y lealtad. . Ya la confirma enbiándoos a su heredero, pues todo estores, gran señor, corto culto a tanto dueño. Quién, Tubiers, será este jov a quien extrañarle debo por no conocido, y por su Alteza mostrarle aprecio? Cuando audiencia pidió, dijo ser legítimo heredero del Príncipe esclarecido del Roisigno!. . Premiar debo tan particular servicio: Tubiérs? Barón? Santos Cielos! qué estrella influye a este joven, que a él inclinado me fiento? Oh naturaleza sabia, quien no admira tus portentos! pues de mi padre en la nieve con regocijado extremo obligas que se acredite, la sangre hierve sin fuego. Se ha de disponer así; y con las resultas, luego la debida providencia tomaréis. 2. Así lo haremos. Tengo de hablarle: señor? Qué mandáis? . Deciros quiero, sepáis que vuestra presencia, gentileza, aire, despejo, cegando la voluntad, han granjeado en mi pecho, con algún más que cariño, de amor un no mucho menos. Que me enamorara ahora faltaba mi padre, en medio de que soy hombre fingido, y él un viejo verdadero. Y así pretendo advertiros, que os valga el entendimiento en los amorosos lances, en los precisos empeñes, que a la juvemud rodean. Pues por qué me dices eso? Porque Marte no se rinda a los hálagos de Venus, que será lástima. . Naní, naní, Monfienr. . Yo me alegro. Supuesto, Barón, Tubiers, y Jacome, que os advierto presentes, entre vosotros mi soberanía quiero se permita en gratitud a este familiar consejo; idos todos, menos vos, pues aunque alternéis en puesto (por razón de grado) con Ministros, y Consejeros, premiaré vuestra nobleza, con permitirle el asiento: tomadle los cuatro pues, y escuchad mi voz atentos. Aún no la rebeldía escarmentada procura suavizar a mi ojetiza, que aunque algunos rebeldes de mi espada probaron el castigo, se eterniza tanto la deslealtad, que alborotada de Nárbona la Plebe, escandaliza a otras muchas, y aunque haré mí intento, explique cada uno el pensamiento. Mi sentir (perdonad que me adelante) es que salgáis, señor, a la campaña. El mío, que tu acero fulminante esgrima vivos rayos de tu saña. (te Pues yo, que aquesa parca de diaman- en el rebelde logre eterna hazaña. 3. La primera asistiendo mi persona. Lo mismo digo yo: marcha a Narbona. Pues yo, señor, que llego venturoso a servir con mi acero en esta empresa, conduzco con denuedo valeroso tres mil soldados, cuyo ardor confiesa vesuvió ser cada uno en lo fogoso, acreditando a la Nación Francesa, que en su embestir, su herir, y su osadía a la muerte le infunden cobardía. Gima el parche oprimido a la baqueta, el bronce hueco anuncios dé de saña, su luz empañe el délfico Planeta, de horror se cubra esa vítil campaña, que si llego a esgrimir este cometa, refulgente, acerada, cruel guadaña, han de quedar los animados yerlos, llorando mi rigor después de muertos. A fuego, y sangre mando con presteza todo el campo, las Plazas entre luego, no dejando edificio, ni cabeza; porque en una el acero, en otro el fuego, omisión no permitan, ni pereza, a lástima, a disculpa, a llanto, a ruego: hasta que por mi acción justificada lo que fue tanto antes quede nada. Que jo el primero del escudo armado, y en la diestra el acero refulgente, de la tropa a la testa denodado al muro he de subir, dando a mi frente con la mural corona el deseado premio, que aguarda mi valor ardiente, donde pisada alfombra de mis plantas sean tantas indóciles gargantas. Nadie obligarse deje del gemido. Embotemos los filos en sus cuellos. Al ruego cierren todos el oído. Cada garganta sufra mil deguellos. Por ningún caso se les de partido. Pues valientes soldados míos, a ellos, que el triunfo me ha de dar vuestra ar- rogancia. Pues a ellos, San Dionis, y cierra Francia. Con qué aseguran que su intento tiene contra Nárbona, y que marchando viene? Sí, pues según existen las porfías del Rey Énrico, afirman las espías, viene en inopinado sobresalto a rendir a Narbona por asalto. Venga, pues, que verá cuando la estaque. el poco fruto que su orgullo saque, padeciendo del campo la defensa la venganza cruel de nuestra ofensa, con que vea en el trágieo trofeo, que es Hércules muy poco a tanto Anteo. Mas no estamos (si vemos que nos daña la resistencia) prosimos a España, dándonos paso a ella en lo posible ese ceñudo monte inaccesible; con que en piramidal figura sube fingida tierra a convertirse en nube? tome ese efugio, pues, el que no alarde sepa hacer del valor, y huya cobarde. Aquesa inteligencia es bien que quepa en quien noble no fuere, y morir sepa. Puesto que de los muros ya nos vemos a bastante distancia, es bien notemos hasta donde las minas darán paso, según los Ingenieros. Si el acaso, o el Diablo que más sabe, dispusiera, que alguno de los dos me conociera. Ya este risco embaraza el proseguir. Pues la mina hasta aquí puede seguir Sin duea vuelvo yo como he juzgado, pues que vengo por lana trasquilado; que el Diablo de mi Amo, y su mansa se empeñó en que sea yo perdida espía, y cuanto vea, que observar prevenga mientras que él con el Rey, y campo venga. Hola, quién sois? Señor: yo soy, señor:- turbado estoy! . Decid. Un deserior, que como su milicia me maltrata, del Ejército Galico apostata, me vengo de Nárbona a las blanduras, clamando a libertad mis coyunturas Cobarde sois sin duda, a lo que entiendo Oh metodista, que se finge huyendo. Señor, qué es me rodista el que menenda? Quién militar al robo le da rienda. Pues ni rienda, ni freno en eso tonmo, sino el bocado que me rodo, y como. Dejando aparte esto, si os pregunto la verdad, la diréis? . Punto por punto Qué gente Énrico trae en sus cuadrones? De hombres creo traerá veint millones. Hombre, qué hablas locuras desigualas Pues esto es fin meter los animales, que al paso que la gente va acudiendo el número de bestias va creciendo. Y en la caballeria qué prometes? Que tantas bestias hay, como ginetes: mas pues me preguntáis con tal despre (o vaya una preguntita. Este hombre es necio, pues pretende inquirir mi precancio Cuántos hombres tendrá de gua nición esta Plaza, si llega a su presencia Énrico, para hacerle resistencia? cuantos? qué lo ignoráis? la duda obr vaya cuantos? . Ninguno. Basta, y sobra. Mas qué belico ruido estoy oyendo De caja, y de clarín se escuch estruendo. Que el ejército es sin duda argun este del Rey, señor, y de quien hu Sobre Nárbona viene, Rie. Pues vamos con la priesa mayor, por si llegamos: Habia de ser al centro del Infierno. A tiempo de emplear nuestro gobierno: Basco, venid. Ya os sigo: tu arrogancia, Enrico, aquesta vez llorarán Francia. . Vayan con cien mil Sastres, que aunque en nada la idea de mi Amo está lograda, no poco asidó al cuello el cordelejo haber sacado entero mi pellejo: pero ya el campo llega, según siento, y hancia aquí vienen; salto de contento. Ya, señor, a la vista hemos llegado de ese Babel soberbio rebelado. Ya ha llegado, señor, tu Real persona donde el casión alcanza de Narbona. Y ya a la vista de sus fuertes muros nos exhala el valor ardores puros. Ea, señor, la acción es ya llegada de que a Nárbona os rinda aquesta espada. No tienes que temer en trance alguno, que todo, Marta, te será oportuno; pues te asisto, te amparo, y te defiendo, entra lidiando, que saldrás venciendo. Señor? . Qué hay, Cascarela? Una enjuagada: no sabes lo que traigo? Qué traes? . Nada: y traizo en no traer nada muy bastante. Quita, necio, que el Rey está delante. Qué marcha es esta? . La de Normandia. De quién es esa gente? Señor, mía. Y esotra, que a la diestra va marchando, con quién viene? Señor, a mi comando. . Y ese clarín que sueña militar tierba, belica firena, qué tropa trae? En varios escuadrones acompaña Corazas, y Dragones; estos cuerpos comanda mi entereza por el honor que debo a vuestra Alteza. Y esa marcha que se oye no lejana? Es mi gente, señor, y veterana. Bien en la traza muestran ser soldados. Es que están de la pólvora así ahumados, y cada uno, vive Dios Eterno, que es un mismo Demonio del Infierno. Nunca más que ahora la verdad fue engaño. En el ceño rigor muestran extraño. Mejor lo veréis ahora, que marchando, a vuestra Real presencia van llegando. Uno por uno en disciplina es diestro. Pues yo sin azotarlos soy el maestro. Y yo con esta cara, aunque es de abuela, el que los lleva a todos a la escuela. Yo soy el que les forma la vanguardía. Y quien les zurra yo en la retaguardía. Seña han hecho del muro, que pretende? Solo que es blanca es lo que se entiende. Responded. Ya han salido a la respuesta. Capitular será alguna propuesta. Ya a piedad mis intentos reducidos les perdonan, si están arrepentidos. Ah del campo? . Ah del muro? . Qué hablar tengo, decir al Rey que escuche. Ya prevengo el oído a clemencia, si rendidos a mis plantas venís. . Antes partidos salgo a capitular. . Hay tal tirano! Pues vaya, no se gaste el tiempo en vano. Pues la cláusula última, y primera, es, que hemos de salir, y de manera, que sea con honores militares, las naturales armas, y auxiliares. Hay tan grande osadía! A ansia provoca. Con la mecha encendida, bala en boca, y al toque de tambor, también tendidas banderas, con haciendas, honra, y vidas. Que ahí os falta una cláusula mirad. Y cuál es? Que carguéis con la Ciudad, para llevarla adonde vais acuestas, y aborremos de preguntas, y respuestas. A tan grande osadía, ya no alcanza el sufrir. 4. Qué se hace? Abanza. . Abanza. Quemad la palizada, y la falina: mas qué fue aqueso? Reventar la mina. No importa, porque así ya es más seguro. Al rebellín. . Al fuerte. Al foso. . Al muro. Nárboneses, clamad la libertad. Ea soldados míos, abanzad. 2. Marta, no temas. Soy otra Belona. San Dionis, cierra Francia. Arda Bayona. Ya en el muro se miran mis soldados, y todos los rebeldes destruzados. Ay de mí! Este es mi esposo; a esa vengala, Barón, podéis afiros. . Qué resbala este viejo infeliz. Quédate, amigo. Ah Garzón, no me dejes. Ven conmigo a dar asombros a la misma tierra. , . San Dionis, viva Francia, al arma, guerra.

JORNADA SEGUNDA

Viva el grande Rey Enrico, edades, y siglos viva. Jnvictos soldados míos, mi afecto a todos estima el aplauso que mostráis, y a vuestro valor dedica mi gratitud recompensas, porque un Monarca acredita, con dar premio a sus soldados, el afán de sus fatigas, feriadas a tanta costa, como la sangre pública, vertida en inundaciones: no en vano, no a la Milicia coluna de la corona, base de la monarquía la llaman, pues ella es en quien el dominio estriba: y puesto que ya logre dejar la Plaza rendida (disponiendo mi jorvada en aqueste mismo día) mientras tropa de refresco para guarnición se envía; el Príncipe quede en ella, y el Barón de Heseing, que fía del valor, y esfuerzo de ambos, quedar mi soberanía con su acertada conducta enteramente servida. Con esta orden a mi Amo le ha dado un dolor de tripas. Con eso mi Ama la sopa en la miel tiene caída. Aunque con vuestra jornada Aunque con vuestra partida: Me dejáis el sentimiento: Queda mi pena crecida:- Solo con la ocupación, que es en mi sangre debida, de asistir como soldado, cumpliré lo que me obliga; si bien la ausencia del sol, que aquesta esfera ilumina, es justo menos la echen, aún los astros que más brillan. Promete, señor mi afecto, que la vigilancia insista en mi obediencia; de modo, que en mi fe las dos compitan; con cuya causa, señor, me perdonaréis que diga tendré consuelo, si acaso puedo acertar a cumplirla, en medio de que quedamos sin vuestra presencia invicta. Ah Revené? mas que el Rey de darnos cargo se olvida, y eso con tanto bígote, tanto sable, y birretina? No gusto de guarnición, que desde aquel punto, hija, que caí, quedaron mis costillas desguarnecidas; gracias a quien en el aire me agarró de una tetilla. Señor, si es que mi persona (ay es una chilindrina!) sirve, no hay más que mandar matar, porque mi osadía, mi valor, y atrevimiento, en habiendo quien me pica, tanto mata uñas abajo, como mata uñas arriba. Ay, qué blasona el cobarde! Yo te lo diré, gallina. Quién sois? . Un necio, Criado mío. . Apartad. . Ea desvía. Ya queda, señor, dispuesta toda la Caballería, y aguardando deis la orden para marchar. Cuando mira el Barón mi enojo, al alma se le renueva la herida: ha villano! Cuando vuelva a Paris, viendo que insista en su traición, a tus manos pague la ofensa de tu hija. Bien, discurso, me aconsejas. . Mientras que logro la ruina de Marta, siembre zizañas mi rabiosa tiranía, para que infernales triunfos con mis cautelas consiga. Ya todos, señor, te aguardan, pie en estribo, y mano en brida. Pues vamos, Jacome: adiós Príncipe, Barón, que aprisa nos veremos. . 2. Gran señor, guarde el Cielo vuestra vida. Vuelva la festiva salva. Dispare la Artilleria. Viva el grande Rey Enrico, edades, y siglos viva. Ea, celos, desde aquí empiece vuestra ojeriza, a descubrir con cautelas cubiertas alevosías. Como en el mar de tus celos, . Marta, así te precipitas, sin ver que del triunfo mío se va ya llegando el día! Esta ocasión deseaba, Príncipe, para que os rinda por vuestra, pues me la disteis, aquesta perdida vida, que esclava a vuestro valor desde ahora se sacrifica. Sí, que sino es por él, creo que estás hecho albondiguilla. No de aqueso me deis gracias: y si en agradecer cifra un noble su ser, pagad el cariño, a que me inclinan vuestras prendas generosas. Con palabra, y mano afirma mi atención, que sea desde hoy nuestra amistad tan unida, que de vos nada reserve. Eso es lo que solicita mi cautela: pues la admito correspondiendo la mía. Ay de ti, que no conoces, necio, que te precipitas. Puesto que aquí están ociosas . ya las influencias mías; en Jacome voy a hacer no del intento desista, a avivar fogosas llamas del hielo de su ceniza. Gran honra al Rey le debemos, pues de ambes la Plaza fía. Pluguiera al Cielo, que no me destinara a tal dicha, cuando otra mayor malogro. otra? . Sí, que la ansia mía tiene la dicha en Paris, que a el alma tiene cautiva. Ahora salimos con eso! enamorado? a se mía que os tenía yo por hombre, que no usaba esas manias. Cúpido niño, a los hombres les hace hacer niñerias. Pues cómo? . Ay Príncipe! que a una Dama peregrina, postrado mi corazón con ceremonias votivas, víctima en humos suaves, sus deseos sacrifica, siendo materia la llama, que pira es, y no es pira. Retruecanos? a buen tiempo. Ah traidor! qué bien que pinta . mi agravio! y esa hermosura corresponde? . Y aún aviva mas mis intentos. . Muy bien: la queréis mucho? . Cautivas las potencias, y perdidos los sentidos, solemnizan en amorosas exequias el triunfo del homicida. Quién te arrancara la lengua! . quien te quitara mil vidas! ha traidor! ha falso! ha aleve! más reprimámonos, iras, que hasta apurar el veneno es bien la prudencia finja. Largo espacio hemos andado, y mi curiosa porfía, que el fundamento del caso me contaséis gustaria, que la jurada alianza cualquiera recelo evita. Pues ya el Oceano al Sol ya corriendo la cortina, Tetis a su regazo con Morfeo le convida; venid adonde asistiendo con la obligación precisa, a un tiempo de mis cuidados os dé cumplida noticia. Vamos, pues, que ya la noche a las rondas nos avisa. Cascárela? . Qué se ofrece? Al pie de aquesta colina haz centinela. . Señor: Y que es peligroso mira el puesto. . Y por eso a mí me lo das? . De ti le fía mi confianza. . Mejor es que al cuartel: . Nada digas, que tu obligación es esta. Pues no la verás cumplida: ve al Infierno tú, tu alma, mujer, hijos, y familia. El nombre, San Sebastian. Sus flechas me atemorizan. Y cuidado, que hay castigos. Acabó su valentía. Ahí te quedas? esta noche, amigo, te hago ceniza: aquí me escondo. Andad vos al Principal; y que asista una Ordenanza, decid, a mi casa, por si envía el Vivae alguna manga, de plantón. . Ya voy aprisa. . De Ordenanza, y Centinela me libró la escapadiza. Venid, Príncipe:- . Ya voy. Y oiréis cosas exquisitas. Ya se fueron; he aquí quedo de noche (buen Cascarela!) haciendo la centinela con muchísimo de miedo: el temor en este instante me tiene ya tamañito, y si columbro un mosquito, me parece que es gigante. Yo diré, cuando llegafe alguno a decir que oyó quien vive, y responde yo; piues si usté está vivo, pase. El Santo se me olvidó: hay desgracia más notoria! memoria asiste, memoria! San, San, San, San, qué sé yo. Mas el que llegue tal cual, de Santos diga si sabe, uno a uno hasta que acabe con la corte celestial; que en tanto ya ha amanecido, me vendrán luego a mudar, y yo en no dejar pasar, la centinela he cumplido. El sueño empieza a rendirme según ya mi bostezar; alto pues: a pasear, que no es lance de dormirme. Que se han ido considero: gallina, tu blasonar? más palos has de llevar, que bórrico de Yesero: ya mi intento el medio topa, y de lograrle no dudo, pues le he de dejar desnudo, y le he de quitar la ropa: Qué dirá, cuando a intérbalos, desnudo se llegue a ver, y sobre él sienta caer toda una lluvia de palos? Ea, Cascarela, a vos la ropa esta vez le sobra; ea, manos a la obra, empiezo en nombre de Dios. Quién vive? . El que aquí llegase. El nombre? estoy aturdido. De quién quiere ese vestido. Aqueste es el Santo, pase. Ya paso, y doy testimonio, así de tus buenas flores; toma, gallina. Señores, es este, hombre, o demonio. Suelte luego la casaca. Ah señor? . Cosa es precisa. Por amor de Dios. . Aprisa. Ya tiene ahí la casaca. Agradezca que le dejo, baladrón, gallina, vil, por ser noble, ese fusil, y por ser ruin, su pellejo. Hay término de dejar a un hombre así más civil? si aquí tuviera una candil, me pusiera ahora a espulgar. Que sea de noche me he bolgado, para que nadie me viera; y porque el Sol no me diera adonde nunca me ha dado. Ya de todos mis acasos cuenta os dí, y en proseguir estoy. . Yo sabré impedir, . traidor, tan villanos pasos. Y pues la ronda acabar importa, venid conmigo; la última es esta. . Ya os sigo, puesto que no hay más que andar. Quién vive? Si estos son malos, y también me zurrarán? el Santo? . San Sebastian. Es ese Santo de palos? Cascarela, qué divisa es esa de tu temor? Señor, como hace calor, . quise quedarme en camisa. Ya a romper tocan el nombre: vamos, señor. Barón, vamos. Buenos, Cascarela, estamos para echar cartas al hombre: ea, Cascarela, calma en tus vizos intérbalos, y a hacer ceminela a palos, que vaya tu Amo, y su alma . Señora, no más exhales aljófares que rocían con nitida inundación el carmín de tus mejillas, que podrá ser que el Barón no tarde tanto. . Ay Florina, que al desgraciado, es el mal muy pronto, y tarda la dicha! A su Majestad se espera, y cabe que en su venida acompañándole venga. No, pues me envió noticia queda en la Plaza hasta que de nuevo esté guarnecida. Quien ama como yo, advierte, quien como yo adora, mira los instantes de la ausencia, cómo es posible resista? Y sobre aqueste quebranto, no menos me mortifica el de si acaso mi tío por entendido (ha desdichada!) con él se ha dado en su intento; pues si aquesto es cierto, indica quede al perderme su amor, también perdida mi vida: mas qué clarines se escuchan? Señora, salvas festivas son: sin duda que es el Rey. Ya entra en palacio, Florina: amor esfuerzo me preste para que el semblante finja con disimulos alegres sensibles melancolías. Viva el grande Rey Enrico, edades, y siglos viva. Señor, mi humildad postrada a vuestras plantas invictas con rendidos parabienes, cariñosas bienvenidas, en debido recocijo a tu Majestad dédica de un fino leal corazón veneraciones votivas. También en mí es ceremonia ponerme de rodillas. Cómo venís, gran señor? Del suelo alzad, Federica; como triunfante, que en esto deja bien encarecida la voz, de la suerte que es felice mi venida, arrastrando en marcial pompa de la belica armonía, entre trágicos despojos, cuellos de escamadas hidras, que a mi Corona rebeldes, y de su ambición movidas, con vil aliento intentaron empañarla, o deslucirla. Que no rinde tu valor al rigor de tu cuchilla! No te detengas, que el tiempo que el descuido desperdicia, acaso suele importar. No te acobardes, porfía, que si por desgracia está a suceder la desdicha, antes le cabe remedio, no después de sucedida. Y cuando a todo se niegue, puedes quitarle la vida. Lo que mi humildad, señor, a tu Majestad suplica; espero, como es debido, me concedáis de justicia; impidiendo que el Barón contra mi honor, y mi hija intente: . Jacome, ya vuestra suplica atendida está, y él luego vendrá, que ya hoy estar debía en Paris, con que se hará que de su intento desista. Cuanto confía de vos mi lealtad, de él desconfía. Qué vano queda mi orgullo s de fraguar humanas ruinas! Venid al despacho, que no permite la fatiga del gobierno, que la marcha ni un leve descanso admira. Oh Cristinisimo Marte, quien tu constancia no admira! A los cuarteles, Tubiers, la Tropa haced se despida. Ya, señor, a obedecer resigno la lealtad mía. Alcanzaste el desengaño de lo que anuncié, Florina? Ya lo veo. . El corazón siempre el mal me pronostica. Ya estáis, Barón, en palacio. Príncipe, me maravilla que de camino tan largo saliesemos tan aprisa: sobrenatural parece; Cielos, yo no sé que diga. Como sé vuestro cuidado, dispuso la amistad mía, que a expensas los Postiliones de alguna galantería, ahuyentara dilaciones, con que amor se martiriza. Como fue ignoro. . Eso yo . me lo sé como sería. Ay señora, que el Barón tienes presente! . Deliras? No es delirio, y solo es delirio el que en mi acredita, que ciego a tus resplandores, y deslumbrado a tu vista; en amorosas, suaves, fieles, y amantes caricias, rendido mi corazón con sus ardores pública, que a quien solo adoración mis holocaustos dedican, es (del Altar en las aras) simulacro Federica. Muy bien, muy bien me parece, . veamos como ella se explica. Este sobresalto al alma, de tal modo la fatiga, que dudando lo que ve, auaque en indicios de dicha, no sabe si es realidad, o si sueño, y fantasía; que enmudecido el amor, tímido, y cobarde espira, y escaseando las voces, fallece con lo que ansma. Muy adelantado el caso está ya por vida mía: si aquesto es a la llegada, qué será a la despedida? Príncipe, aquesta es la causa, que mis ardores motiva. Debido es que a tanta Siquis, aún el mismo amor se rinda. Tiene gallarda presencia el Príncipe. . Sí, Florina; pero al Barón imposible es que ninguno compita. Ya, Marta, dando al traves con sus celosas porfías, rompe el corazón a embates de Caribdis, y de Escilas: pero aún más falta a mi industria. . No vino Cascarelilla? Ah traidores! y qué presto . habéis de probar mis iras: yo me abraso, yo me quemo; un volcán el pecho abriga; abrase al mundo mi ardos: que haré que los ejes giman del firmamento en venganza de la traición que conspiran: Ea, Infierno, para cuando en ti mi furor confía? Fingido el traje, y la voz me he de mentir a su vista: Príncipe, el Rey manda entréis. Pues quién aquí le diría . que entré? . Quién? mi cautela, que estos árdides tabrica. De dejar los dos a solas llevo el alma enfurecida. No mucho estarán, que habrá . muy pronto quien los impida. Es cansar el repetir cuanto esta ausencia sentía, pues todos cuantos peligros, afanes, riesgos, fatigas, sobresaltos, y cuidados a mi pecho combatían; nada más guerra le daba, nada más le entristecia, que no de tu hermoso cielo ver la luz que me ilumina: ay de mí, lo que me cuestas! A ser las voces mentira que corrieron, me bastara oírlo en las suyas mismas. Muera pues, qué te suspende? Es el amor, Federica: Vil Caballero, traidor:- Fed Ay, qué es mi tío! Florina, sigue me. Yo voy temblando. Cuya clara alevosía acredita con las obras la vil sangre: . No prosiga, Jacome, en injurias tantas tu lengua. . A ello la obliga la razón. . No hay más razón, que la que me justifica. Sois traidor. . Y vos infame. De esta manera castiga:- De aqueste modo mi enojo:- Qué es aquesto? . Estatua fría he quedado! . Un hielo soy! Pues qué es aquesta osadía? Ah furia infernal, qué todo se le frustre a mi ojeriza! Señor: qué diré! . Señor:- valedme prudencia mía! Qué a desnudar el acero mi esposo, y padre, sería la causa a sagrado tanto profanando su osadía? La cólera de mi honor, que nada advierte, ni mira, al agravio que sabéis, que el Barón me solicita, y más oyendo en sus labios tales voces:- . No repita mas la lengua vuestra ofensa, pues comprendo la malicia; pues me la pedisteis, yo satisfacción no os darta? ha de la guardia? . Señor? El Rey llavmó? . Alicantina tendremos. Señor? . Tubiers, llevad los dos:- 2. Suerte impía! Presos: . Y adónde irán? . A la torre de la Bastida. Señor, a tus plantas puesta, en inundaciones vivas de llanto, logre mi ruego suspendáis vuestra justicia. Y puesto, señor, que hoy el felicisimo día es, en que llegáis triunfante, y la Corte solemniza con júbilos la victoria; no eclipse a tanta alegría, como dédica a tu aplauso, una trágica desdicha: conceded, señor, el ruego en que a vuestras plantas insta también mi lealtad, si acaso mi rendimiento os obliga. Ya perdonados están. Tu fama, señor, invicta aclame el orbe. . A tus plantas mis labios se sacrifican. Pero tened adverrido, que si acaso se origina otra vez igual empeño, sabrá mi soberanía a temeridades locas, a locuras atrevidas, que dé trágico escarmiento el filo de una cuchilla. Zape! aquestas son razones que al tiño le desatinan. Solo locas tal hicieran. La cólera el juicso quita. Apenas sé como fue: ha furor, a cuanto obligas! Marta advierte; tus intentos de qué modo se encaminan? no malogres con la adversa el savor de la prepicia suerte; no tu precipicio te labre tú misma ruina; que yo, si hasta aquí has notado finas constantes caricias en mi fe, sabré borrarlas, si es que re pasa la ira de la línea de los celos, a tocar de amor la línea: ajusta entre ellas la planta (ya en tal lance prevenida) de suerte, que advierta yo que la del amor no pisas. Ay Garzón! No desconfíes, que todo cuanto imagina esta sedienta venganza lograr en ejecutivas demostraciones, se entiende a tu voluntad, no mía; pues tú solo eres a quien mi veneración dedica, mi rendimiento consagra, y mis deseos humillan, un corazón abrasado, un alma de amor rendida, y un pecho, roca constante, que en tu se se inmortaliza: y pues ya llega la hora del festín, que solemniza la victoria al Rey; Garzón, sígueme. . Con rebeldía mi omisión muestra disgusto:- No prosigas, no prosigas: ven, bien mío, y logre yo tu dichosa compañía: no crees que te amo? . Sí, Marta. Pues complace mis caricias. Ya te sigo: han como ignoras . el peligro a que caminas! Pues compadre Cascarela, como le fue en la volina de Narbona? . Mató mucho? Si no es por esta espadilla, del Rey es Nárbona ahora, como son las Filipinas. Qué cuen a? rato valor! quien no lo escucha? qué risa! . Pues cómo fue? En una noche solo abancé a una surtida. De no he? . Sí. . Fue en la que os dejaron en camisa? Sí, en la misma que a palos me quebraron las costillas: jaque de aquí, ya que ustedes no creerán mis valentías. Olió el poste, Revené. Él se ha ido echando chispas. Vámonos a disfrazar para el sarao, en que cifra la Corte su amor, haciendo la victoria al Rey festiva. Vamos, verás mi sombrero con plumaje de gallina. , e s, , o propio ti no, gran señor, la Corte con el regocijo muestra de su lealtad el anhelo, consagrado a tu grandeza, viva llama su holocausto entre festivas finezas! Toda Paris, gran señor, a tu culto se hace ofrenda; si bien es víctima corta a deidad que es tan excelsa. Con tales muestras, mi pecho servido, y ufano queda. Aquel parece el Barón: averigüelo esta seña. . Ea, Marta, la batalla a tus celos se presenta. Ya, ya lo veo, y el alma en rabioso ardor revienta. Es a mí, a quien ese indicio de benignas influencias atrae imán amoroso del yerro de mi firmeza? A vos. . Mi bien, Federica, dichoso quien de vos cerca logra apetecidas luces, en que mariposa ciega, rondando su precipicio, es de su incendio pavesa. Lisonjas? . Ay de mí! Que ya me falta resistencia: máscara, escuchad. . Pues, cómo?: Le importa el honor. . No es esa causa bastante en desaire:- Federica, calla, espera, que supuesto que a mi honor le importa, bien es que sepa quien es el máscara, y observar esta cautela: máscara, qué me queréis? Qué esto mi enojo consienta! Tengo con vos que tratar. Quedamos, señora, frescas. Revené, cuando bailamos? En tocando a la chamberga. Cielos, confusión extraña! Barón, de cierta materia de honor tengo aquí que hablaros, y en ello os va la honra vuestra. Pues, cómo? . Si acaso haces: Ah, Marta, qué te despeñas! . Ah falso, engañoso, ha vil! . en la idea permanencia de lograr con el engaño dorar fingidas cautelas, en vano os saldrá, porque yo sabré desvanecerlas. Máscaras, su Majestad que se dé principio ordena. Antes, para que conozca como su reino le obsequia, ha de ver rasgando el viento, y abortándolas la tierra, en aquel sonoras voces, y en esta plantas diversas, que a aplaudirle las victorias hasta lo insensible llega. Qué decís? . Responded, qu pronta está nuestra obediencia. 4. Aplaudan a Enrico con voces diversas, agua, y el fuego, el el aire, y la tierra. Bien, máscaras, habéis hecho alarde de vuestra ciencia. Sobresaltado en el pecho corre el corazón deshecha de profetizados males melancólica tormenta. A todos de lo que han visto la admiración les eleva. Pues qué harán, Garzón, ahor que esto les falta que vean por música tan extraña de esta corte, y de esta tierra? Desistid, pues, de la instancia. No hay que desistir pretenda. Ved, Barón, que maltratáis lo puro de su inocencia. Quién lo dijo? . Vuestra esposa. Yo no soy casado. . Esa razón no me satisface, que Marta a contarme llega es esposa vuestra. . Marta? primero esa ardiente esfera sus rayos en mi empleara que tal confiese: a una fiera, traidora, infame, alevosa, que le hizo a mi honor ofensa, volviendo a antiguo delito:- Miente tu villana lengua. Qué es aquesto? han de mi guardia? Ah de quedar satisfecha mi injuria. . Que soy mujer. Ay Florina! . Yo estoy muerta. Cayose acuestas la casa. Y mientras constarme pueda por el semblante, si es Dama:- Pues qué es esto? Yo soy. Penas, qué es lo que advertís? . Pesares, qué he notado? Marta es esta. Yo soy Marta. . Qué decís? Ah de la guardía? prendedla. Pues cómo, hija!:- . Ah Garzón? ahora me faltas? . Tú misma me has perdido; y si la culpa es tuya, de quién te quejas? Yos, Jacome, habéis de ser el Alcaide de esta fiera humana, que con hechizos perturba mis glorias regias. Señor, yo: . No repliquéis: dad muestras de la obediencia. Ya de verla en tal estado sentido he la contingencia. Hoy, Revené, nos empalan. Quién conocido no sea, haced, Tubiers, que la guardía no le deje salir fuera. Esto es hecho; aquí acabamos. Señor, a tus plantas puesta una mujer ofendida, solicita tu clemencia. Es en vano. . Padre, a vos exclamará mi inocencia, pues que mi agravio sabéis. El corazón me atraviesa. Esposo, mi triste llanto tu corazón enternezca. Ya es lástima el que era odio. Ya en piedad la ira se trueca. . Federica, el ruego alcance la piedad de tu belleza: todos al Rey le pedid que de mi vida se duela. Señor: . Nada atiendo: haced, Jacome, lo que os ordena mi voz; advertido, que en todo tiempo que sea pedida, me la entreguéis, para que el castigo sepa dar satisfacción a Francia; y si no, ved que se arriesga vuestra cabeza a pagar lo que debe su cabeza. Qué en ninguno hallo piedad? qué a nadie mueve mi pena? El llanto por mi responda. Mi dolor dé la respuesta. Mi lealtad es mi homicida. Y tú, Garzón? Qué aún te acuerdas de quien agraviado hace, que en tal peligro te veas? no más, tirana; no más: sufre, gime, llora, y pena, mientras que desesperado en túpidas nubes densas, dan sepultura a mi rabia las infernales cabernas. Pues todos me desamparan, amparo me den mis quejas, viendo en un padre prudente, que su nobleza le empeña; en un esposo traidor la declarada cautela; en una incauta hermosura el piélago de mis penas; en un Rey castigo airado de conocidas ofensas; en Garzón rigor furioso, con que su semblante trueca; y pues que en ninguno encuentro lo que mis ansias desean, y contra mí se declaran agua, viento, fuego, y tierra; exclame a ellos mismos por si dicen, al ver mis quejas, sensibles, e inanimados, conmigo en tanta miseria, montes, mares, valles, ríos, signos, astros, y planetas:- 4. El Orbe caduque, padezca la Esfera, dé asombros el Cielo, horrores la Tierra; todo se deshaga, todo perezca, y todo se acabe, con que Marta muera. ERA JORNADA

JORNADA TERCERA

Ay desgraciada de mí: pobrecita! quién dijera; me viera yo de este modo! ay! ay! . Maldita la perra, que a desdicha semejante me empujó a este mundo, sea: ay! ay! . Revené, qué tienes? Ay! ay! . De qué te lamentas es porque te prenden? . No por eso, buena friolera; el que prendan yo no siento, lo que siento es que no sueltan. Quién fuera ahora golondrina! Quién se volviera cigueña! Para qué? . Pues para qué? Yo para quedarme afuera. Yo para no quedar dentro, y escurrir por esa reja: cuando saldré de aquí, Cielos? Pronto te abrirán la puerta; digo la de la Capilla, para que en ella te metan. Permita Dios que tus ojos, antes cieguen, que tal vean. Siempre aquesto lo temí. Yo también siempre dijera, que los jolgorios de Marta paratan en estas fiestas. Pero aquí sale, silencio. Di simalemos, Julieta. A quién, Cielos soberanos, a quien antorchas supremas del segundo luminar; a quien lucientes planetas, (como a mí) habrá combatido, con tiranas influencias, vuestra adversidad; pues creo, que para que duraderas sean las penas en mí, alarde haréis de que en ellas, Fénix (yo misma muriendo) renazca yo misma de ellas? Ay infelice de mí! Pero Revené? Julieta? qué hacéis? . Yo estaba, señora dándole consuelo a ella. También yo, señora, a él se le devolvia. . Y era el consuelo? . Ambos a dos decirnos, como se llega la ocasión de cerrar él ojo, y estirar la pierna. Bien hacéis, que el prevenirse (por si la muerte se acerca) es el acierto mayor, que la humana vida ordena. Ay perro, qué tal escuche! Ay pícara, qué tal vea! Mucho temo que en los tres igual el castigo sea. Qué dices? San Nicodemus! Qué dijiste? Santa Tecla! 2. Por qué? Porque siempre ha sido tal delito, igual la pena. Acaso la bofetada le di yo al Barón? . Espera: he lusado yo, como tú, hechicerías? . Julieta, Revené, tanto castigo debe tener quiea cautela, y oculta ajenos delitos, como aquel que los ejerza, y siendo el delito uno, será la muerte una misma. No te se helara la boca! No te quemaran la lengua! Peor es el estar delante de esta mujer; allá fuera me voy; si quieres llorar, sígueme luego, Julieta: Ay pobre viejo, en la flor de tu edad ir a la tierra! Ay, qué gran lástima es, como yo una moza muera, que no llevo más que un marido, y me faltan treinta: ay, ay, ay! Si acaso cabe, (en aquesta oscura, negra estancia, donde la luz natural jamás penetra) alguno, que aún para mí consuelo fingido sea; busque en este inanimado cuerpo de cuerpos de letras, con que el instante que vivo, que estoy muriendo desmienta: y así: mas qué es lo que miro! Garzón mío? Tente, espera. Bien mío, dame los brazos: Oh qué dicha! quien creyera tal ventura? más bien dicen viene cuando no se espera: admite el corazón, dame esos brazos. . Quita, fiera. Pues como tanto desdén, cuando dice esta experiencia, que quieres bien, y que tarde quien bien quiere a olvidar llega? Ea, mi bien, los enojos (que en disimulo aprovechas) basten ya. . Qué es disimulo? Marta, qué dices? qué piensas? Pienso que a mi amor, que es niño, con engaños lisonjeas. No son aquestos engaños, no el venir aquí fineza, no el que me veas amor; sino que muestren mis quejas la justificada causa, con que hice de ti ausencia, dejándote a padecer, lo que está bien que padezcas Pues qué causa puede haber que vana, Garzón, no sea? Vana ha de ser atrastrarte tu activa cólera ciega, a que en declarado amor, (tanto del mío en ofensa) ímprima tu blanca mano, con violentada demencia en el rostro de tu esposo, el Barón, tan vil afrenta, dando a entender del rencor aquel impulso naciera, y no de amor, ni cariño? ha cruel, han ingrata, ha fiera! No satisface esa causa, pues jamás se ha visto cuerda con celos mujer alguna, cuando, ademas de sospechas, averiguados delitos a sus ojos evidencia. Calla, tirana, alevosa, no uses de disculpas necias, que más que menguar mis iras, tu falsedad acrecientas. No cabe interpretación, Garzón, en mi inteligencia. Qué interpretación habrá, que al arbitrio de mi ciencia no esté ociosa, cuando yo sé cuanto pasa por ella. Nada te convence? . No. Pues si yo culpada fuera, a quien como a ti, Garzón, lo confesara? . Ya es necia tanta porfía; y así, quédate engañosa Hiena. Ah Garzón? aguarda. . Quita. Vuelve. . No más. Tente. . Fiera, qué pretendes? . Que me escuches. Y con aqueso, qué intentas? tirana, civil Medusa, aleve, falsa Medea; pues aunque tarde llegué del desengaño a la puerta, entregado a su luz, es el norte que me gobierna, porque libre de Caribdis, escollos, y Sirtes, tenga seguridad el hajel de mentirosas tormentas. Ya que no te satisfaga lo incauto de mi inocencia, te aseguro que es engaño, es persuasión falsa esa. lo que yo vi, y escuché, cómo es posible que pueda no ser cierto? . Como ser dorada la pluma negra a los visos del Sol, y corbos los remos que llegan a profundar el cristal: y para más consecuencia:- Esas son sosisterias, con que en vano me argumentas, y más, cuando a silogismos, en nadie hallo competencia. Y pues ya de mi venida el motivo has visto, queda a no más ver (oh furores!) a donde pases (oh penas!) en una, mil muertes. Oh, no tal pronuncie mi lengua, que aún espero (si en mi cabe) seas triunfo de mi soberbia. Es posible (ahora valor, disimulo la terneza, las lágrimas reprimiendo) que en esta cárcel estrecha, me desamparas? . Sí, ingrata. Y que a la muerte me dejas? Claro está. . Qué no te obligo? Infiel, no. . Qué mi terneza no te lástima? . Es en vano. Qué no te ablanda mi pena? Por si acaso en tal extremo . le asiste alto influjo, intenta desvanecerlo mi industria, con que a verme, y oírme vuelva, que en donde hubo de amor fuego, siempre quedaron pavesas, quizás lograré con esto que en mi engaño permanezca. Eres villano. . Tu falsa. Eres traidor. . Tú una fiera. Tú un tirano. . Tú una aleve. Tú un ingrato. . Si tuvieras lealtad (han engañosa!) yo con mi obligación cumpliera. Si fueras noble (han enemigo!) no te obstaria la queja para ampararme. . No es tiempo. Siempre lo fue. . No lo creas, porque cerrado el arbitrio, al albedrío se queda. Ea, vete de mi vista. Tú de la mía te aleja. Ya me aparto. Y yo me voy. Mas bien es yéndote, sepas: Más bien, quedando es, no ignores: Que en desdichas:- Que en miserias:- Que en penas:- Que en infortunios:- Que? en quebrantos:- Que en tragedias:- 2. Que en rabias, iras, y males (aunque el corazón lo sienta) tiene su gloria el amor, cifrada en su misma pena. Ah Garzón, lo que me debes! Ah Marta, lo que me cuestas! . Seño hora: Señora: . Qué? Tu padre: . Mi señor: . Llega: Sabe: . Aprisa: . Acelerado: La escalera: A aquesta pieza:- 2. Las puertas asegurando, y doblando centinelas. Mal anuncio (ay infelice!) pero ahora desalientas, corazón? muestra valor, y lo que viviere, venga. Todos os quedad, y solos Tubiers, y el Alcaide vengan. Esta es la voz de mi padre, deme el Ceelo resistencia. La hora llegó, Revené. Ponte bien con Dios, Julieta Tubiers, entrad (oh qué fatal encuentro!) Alcaide, entrad también. 3. Ya, señor, entro. Y por no ver tal caso, más valiera. que antes de haberla visto falleciera. Ya a mi padre allí miro (trance fiero!) Cielos, mucho será si ahora no me muero: Alcaide, quitad de ahí esos criados, adonde con secreto retirados no sepan libertad se les concede, que en ausentarme yo decirse puede. Venid los dos. 2. Ya vamos: esto es hecho, a la Capilla, al saco, y buen provecho. Ahora veréis, Tubiera:- . Cielos, valedme, y en tal lance piadosos socorredme! Como mi pecho alarde de la pena, con la ley hace, que mi Rey ordena. Padre mío: Alza, María. . En penas tantas, bañando con mis lágrimas tus plantas, no me he de alzar en tanto:- . Ansia prolija! Que de tus labios no oiga el nombre de hija. Dadle siquiera ese consuelo, amigo. Vaya que te levantes, hija, digo. Felice quién tal oye! . Oh desdichado padre, que a su hija mira en tal estado! Yo me retiro, porque a tal tormento le ha faltado valor al sufrimiento. Padre, qué es esto? . Hija (quien muriera primero que a decirlo se atreviera!) el Rey manda te intime la sentencia de muerte (oh Cielos, donde hay resistencia para un dolor tan rígido, y severo?) tú has de morir, o Marta (trance fiero!) del cuchillo cruel al golpe airado. Oh corazón! quien tal valor te ha dado para notificar tan dura pena? la ley de honor, que a tanto me condena, que en los nobles obliga su influencia. Y está ya confirmada la sentencia? Ya la ha firmado el Rey (oh dura suerte!) Con qué tan fija es ya, padre, mi muerte? Así también la mía cierta fuera? porque al golpe severo yo muriera. Con qué ya no hay remedio? . Solo el Cielo lo puede dar. . Estatua soy de hielo! adónde mi tragedia se renueva? Ah mandado en la plaza sea de Greya, Oh, ahógueme mi llanto en tal tormento! Oh, el aliento me quite el sentimiento! ha ha dolor! . Ah pesar! . Infeliz hado. Padre, no llores: . Hija, enjuga el llanto:- Que aumentas mi pesar. . Tú mi quebranto: que para ahora es el valor advierte. No me causa temor, padre, la muerte; mas antes que entre alguno, y tal colija; padre, dame los brazos. . Toma, hija. Caro amor. . Fiel cariño. . Amados lazos. 2. Quién falleciera unida en estos brazos! Ya estáis, señor, servido. . Valor mío, disimulad: ah Marta, muestra brío. No puedo, pues el alma en vos se queda. Llevad a Marta, Alcaide, donde pueda, entregada al dolor, y sentimiento aprovechar lo eterno de un momento. Es cristiana, y debida acción humana. Cruel dolor! . Venid. . Pena tirana! Padre, aos. . Adiós, hija. 2. Cielo santo! . No puedo más. Ya basta dolor tanto. pena resistencia; 2. Y pues no hay a tal dadme, Cielos, valor, dadme paciencia. El Curist ánsimo Enrico triunfe, y viva edades largas. Cascarela, qué será de aquesta salva el rumor? Yo no sé; pero, señor, sin duda el Rey, solverá de la Capilla, y al ver dadme, Cielos, valor, dadme paciencia. que su vista el Pueblo goza, muestra cuanto le alboroza con el ruidoso placer: a ser Rey yo en tales plazos también a mi celebraran. Pues qué también te aclamaran? Sí señor. Cómo? A cantazos. Deja disparates, y mira si ves a Florina. Qué todabía te inclina Cepidillo? No; que si Basta el dislate, que arguyo mi tirana adversa suerte, que acaeciese no remelia tan afrentosa tragedia (que menos mal es la muerte) como el precipicio ordina de la ira de esa alece, traidora Marta; es bien pruebe, para alivio de mi pena amorosa, algún remedio para borrar la locura con que adoro a la hermosura de Federica, y un medio busque con ella, que (ay Dios!) dadme, Cielos, valor, dadme paciencia. a ella bien estar, y a mí pueda; y quedemos así igualmente bien los dos, pues que ya el Cielo es testigo que perdí su mano bella. Pena no te dé el perderla: casate. Con quién? Conmigo. Ya perdió tu juicio el tino: qué disparate! Señores, quien habra, hablando de amores, que no diga un desatino? Basta el dislate, que arguyo sea sea tuyo, por malo, y frío. Él será malo por mío, porque basta no ser tuyo. Calla necio, y más no así hables. Qué te desatina? El cuidado si a Florina ahora veo. Hétela ahí. Señor Barón. Mi Florina; qué hay de nuevo? Con cautela ha que estoy de centinela detrás de aquella cortina mas ha de un hora, por sí, al verte, decir, te llama a esa galería mi Ama, pudiera lograr. Qué oí? alma, albricias; pues amante tal bien aguardando estoy: toma. Qué me das? Te doy, Florina, aqueste diamante. Son albricias? Sí, pues tarda en gozar su luz mi amor. No te detengas, señor. Cascarela, aquí me aguarda. . Ves cómo, Cascarelilla, el oficio me produce? No solo en ti como luce veo, sino como brilla. Aquesta es aguda treta. Sus quiebras suele tener. No le entiende en la mujer. No por cierto, en la Alcahueta: pero el Barón con tu Ama sale aquí. Y en qué quedamos? En que como antes estamos. Ah mal Galán! Mala Dama, han picara! Ah picarillo! eres traidor. Tu alevosa. Tú un sarñoso. Tú mocosa. Tú un hurón. Tú un cocodrillo. y Fedérico. Bastante el alma ha sentido, señor Barón, en tal caso el lamentable fracaso por nuestro mal sucedido; pues Marta estando en prisión, mil tío enojado aquí, noticioso el Rey así de nuestra antigua pasión; es preciso que se entibie, o se enfrie totalmente amor a tal accidente. Y aún porque nada le alivie (según me dices) la ley observar será mejor, obedeciendo mi honor a hacer el gusto del Rey; que de Jacome obligado, al influjo, o la razón, contrario de mi pasión se ha mostrado. Al desgraciado, todo adverso le ha de ser. Nada propicio ha de hallar. Pues ea, amor, a suspirar. Ea, afecto, a padecer. El Cristiánísimo Enrico reine, viva, triunfe, y mande. No sufre el Pueblo, señor, (clicie a tanto Sol amante) perder tu vista un instante, sin que publique su amor cuanio ánima tu explendor. Tanto su lealtad dedica, que desde luego se aplica a su fe satisfacer, la mía en agradecer: pero, Barón? Federica? Señor, si logro besar:- . Si me dais, señor, los pies:- Vuestra mano:- 2. Diré que es cuanto, puedo escar, No estéis así: levantar podéis. Quién se ve postrado a tus plantas, levantado Quién estar se ve a tus pies; bien dirá que jamás fue tan encumbrado. . Palaciegos cumplimientos van empezando a salir. Gana me da de dormir cuando andan en estos cuentos; pero en jocosos intentos es forzoso ahora callar. Y en qué estado llego a hallas vuestra intención? 2. Ya, señor, de serviros. Lo mejor es eso que os puede estar; pues de ningún modo puede por ahora (acción temerosa!) casarse, quien aún su esposa tiene viva: en vos no quede . escrúpulo, pues excede a todo peligro vano mi alto poder soberano; así consiguiendo pues lo que conveniente es al acierto de mi arcano. Grave uial! Fuerte dolor! El montante el Rey ha puesto en sus amores. Qué gesto! Muerto soy! Murió mi amor! A vuestros pies, gran señor:- Jácome, albad. Saber hago como dio mi lealtad pago. Cumplisteis lo que mandé: no es eso? Sí señor, que así mi honor satisfago. Husta ahora bien servido estoy de vos sopero en tanto que no salga del espanto, que esa fiera ha sujerido, con su muerte, y que cumplido su castigo llegue a ver; ved que os mando habéis de fer: El qué he de ser? pierdo el juicio! Quien la conduzca al suplicio, hasta verla fenecer. Caigan sobre mí los Cielos! El corazón me ha pasado! De hielo estatua he quedado! Y aunque motive recelos, si son aquestos anhelos inhumanos, no son tal; pues conviene en caso igual usar con violento medio de acerbo, cruel remedio, cuando es superior el mal, De otro ninguno confío acción, que es tan importante a mi corona, y constante espero mostraréis brío: mirad, pues, que al orden mío omisión no haya, o pereza; mañana sea con presteza (pues que en ella darle fundo Marta escarmiento del mundo, s con quitarle la cabeza. Dete el Cielo en padecer todo debido consuelo. Consuelo, Jacome, el Cielo te dé cuanto has menester. Lágrimas, a fallecer. Pensamientos, a sentir. A suspirar. A gemir. 3. Y por fin de mal tan fuerte, Cielos, para darme muerte, no dilatéis el morir. Ya el tablado, Cascarela, todo sin gente quedó. Ya veo se despobló, como despobló Orihuela. Los más (que ya es común ley al Rey siguiéndole van. No ves que dice él refran, mucha gente es para el Rey. Y en aqueste caso vario, qué hablaremos? Nada, tente, ni de suturo, presente, ni preterito; al vestuario volvamos. Cómo aquí? Andando de trecho en trecho, lorina, el cuerpo derecho, apri A Sí, así. t , - , , , l - Dónde, Revené, caminas, que al viento imita tu planta? Siguiendo el concurso voy, que se encamina a la plaza, a ver la infeliz tragedia que se exccuta hoy en Marta. Dia de juicio Paris es hoy, toda alborotada: ay Ama del alma mía! pobrecita! Calla, calla: llora por ti, que ya a ella de nada se le da nada, y tu mañana, u esotro, te verás encorozada. Por el bien que me deseas te cubras de tiña, y sarna. Tienes méritos bastantes, no te espantes: a la plaza vamos, pues, que aunque criados, discurro que allá harán falta nuestras personas. Por qué? Porque mientras haya más gente, al fin es mejor. Ya a marchar tocan las cajas. Anda. Corre. Dónde va la buena gente? 2. A la plaza ambos a ver el castigo. Y yo también, por si Marta, quizás al ver el suplicio, mas su corazón ablanda, que hasta la hora presente ha dado muestras bellacas. 2. Cómo? Como ha dado en desdecirse en lo que habla: tiene dolor, y no siente; hecha a llorar, y se aplaca; ya gime, y se queda entera; ya se arrepiente, y no hay nada de diabólica demencia; con que el deseo me arrastra de ver en la postrer hora si ha logrado aprovecharla con los divinos auxilios, que el Cielo envía a las almas. Hay tal cosa! Extraño cuento! 3. Vamos los tres en compaña. Pronto, porque ya se ve entrar la tropa en la plaza. A un lado. Afuera, señores. Hagan calle. Rancho hagan. La música a buena fiesta la está convidando a Marta. Pues qué muerte hay más alegre, si con música la matan? El que quiera esta alegría, puede a la costa tumarla. Jácome, el llanto enjugad? Estas lágrimas del alma son hijas, y a sus pasiones no alcanzan fuerzas humanas. Para ahora es el valor. Tupiera, que ya me falta. Ay Ah Garzón, que en este ahogo . tu poder me desampara! para ahora, para ahora habla de ser la rara última fineza! Ay, que del corazón las alas abatidas, el aliento se ha añudado en la garganta. Qué lástima! Qué dolor! Qué sentimiento! Qué ansia! Si no es que falsa al oído la imaginación engaña, una voz oí que dijo, aún no desconfíes, Marta; pero sea verdad, o no, esta aprensión; bien es haga como cuerda, como noble, y lo más, como Cristiana, lo que de mi ley es deuda; no todo se pierda en tanta tormenta; perezca el cuerpo, pero acudamos a el alma. Ya es hora. Dad vos la orden. Hola! lo mandado se haga. Antes que mi vida sea despojo infausto a la parca: antes que trágico ejemplo dé en esta pública plaza, y antes que el agudo temple siegue mi débil garganta; todos oíd, atended: Yo soy la infelice Marta, yo la sin ventura, que por solicitar vengariza en mi esposo a mis ofensas, en este paraje se halla, causando un noble motivo tantas acciones villanas; ya arrepentida de todas, perdón pido a voces altas, detestando mis conjuros, ensalmos, pactos, y vanas supersticiones, con que hasta aquí viví engañada. Y porque más lastimosa sea a todos mi desgracia; oíd, que quizá los Cielos por mí en esta ocasión hablan. Aprendan las he mosuras hoy a mirar de hojadas las fragrantes lozanías de sus auroras tempranas; los necios, seguidores de las banderas flechadas de Cupido, el abandono que llora la triste Marta: Aquí pero ya me oprime fuerte nudo a la garganta; y apenas el débil soplo inspira el aliento, vagas acometen a mi vista de la muerte las fantasmas. Toda soy horror, espanto, toda sustos, toda ansias, toda asticciones, y toda Babilonia en mí se halla; siendo mi pecho el estrago mayor de todas mis ansias; porque Cielo, Sol, y Luna, luceros, y estrellas claras, aves, vientos, ríos, tierra, sombres, peces, y muntañas, muestras den de sentimiento al morir la desgraciada, Marta la Romarantina, el asombro de la Francia. Qué viva quién esto oye? Julieta? . Qué? Hecha la barba en remojo, pues ya ves la del vecino pelaria. Aprovechad el ejemplo. Cierto que muere muchacha. Allá lo veredes. Ya llegan las manos a atarla. Fuego, cual la aprietan! Ya está en la silla sentada. Ejecute el brazo el guipe. Válgame:- No temas, Marta. Ya la arrancó la cabeza. Ay, qué miedo da al mirarla! Muerto soy! Y yo fallezco. Fuera, quita, aparta, aparta. Qué ruido es ese! No sé. Forme la Tropa en batalla, y a golpe de bayoneta el cuadro, luego deshaga el concurso. No hay reparo, perdone el respeto. Tanta desatención a mi vista? Señor, pues cómo vos?- Basta. Qué ha sido? Un necio furor, que de sentido arrebata al Barón, sin corregirle mi vista, por ver a Marta. Cieguen mis ojos; qué he visto? Ya, Jacome, acreditada vuestra lealtad ha quedado hasta las últimas aras. Muda os responda mi ley. Dejó su fe acreditada. Permitidme, gran señor, que viendo su sangre helada, me consuele. Es crueldad, pero vedla. Mortal ansia! Ya llego; pero qué veo! Qué miro? alegría rara! Sea bienvenida, como deseada, la Venus hermosa, beldad soberana, adonde las penas en glorias acaban. Si es sueño? Si es ilusión? Si es fantasía? Legañas debo de tener, o algún lobo, o la que veo es Marta. Me alegro: yo no lo dije? sea norabuena, Marta, (qué gusto!) qué a todos estos hayas dado calabaza! Bien sabe Dios que me alegro! A todos tu vista pasma: Marta, ya con esta acción crecré que te desengañas de que soy noble. Garzón, no puedo decirte nada mas, que desde ahora yo soy tuya con vida, y alma. De mi amor admita el tuyo el placer, que te consagra: gracias a mi astucia, que consiguió que te trocatas en aquel último instante que te sedució mi racia. Qué es esto? Haberme librado de vuestra furia tirana, quien tiene mayor poder. De enojo el pecho se abrasa. Morir? no señor, que tiene siete vidas, como gata. Si yo mismo la vi muerta, cómo allí viva se halla? es este sueño? Ah enemiga Ah traidora! Ah vil, ha falsa! Jacome, pues esto visteis, acelere vuestra instancia con órdenes circulares, mi enojo se satisfaga, publicando grandes premios al que llegue a aprisionarla en todos mis Reinos, antes que esa fiera de ellos salga. Sí; agarrarla por la cola. Haré, señor, lo que mandas. Volvámonos a palacio. Toca a marcha, toca a marcha Mis iras te alcanzarán. Pues para ver si me alcanzan, me ausentaré, hasta que vuelva a daros que entender Marta, alternando con los metros de las dulces consonancias: Sea bien venida, como deseada, la Venus hermosa, beldad soberana, adonde las penas en glorias acaban. Revené, no hay matrimonio No tiene el Poeta gana. Y aquí acaba la Comedia del asombro de la Francia, MARTA LA ROARANTINA perdonad sus muchas faltas.