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Texto digital de Marta la Romarantina (primera parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
José de Cañizares
Atribución estilometría
José de Cañizares Segura
Género
Comedia
Procedencia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Marta la Romarantina (primera parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/marta-la-romarantina-primera-parte.

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MARTA LA ROMARANTINA (PRIMERA PARTE)

JORNADA PRIMERA

N hora feliz, señor, lleguéis, adonde os esperan impaciencias del cariño en brazos de la fineza. Ya, Madama Federica, este rato que me dejan del militar ejercicio las fatigadas tareas, vengo a lograr el descanso, no solo en la amistad vuestra, sino en el objeto amable de mi más querida prenda, Marta, sin quien mis deseos viven, como que no alientan. Monsicur Lascing, qué os retira de mí? . No tener por cierta la dicha, Madama, que hoy la fortuna me granjea; porque es pensión de una gloria, dudarla, aún con poseerla. Lo mucho, Monsient, que os debo, aunque fuese muy grosera, no me dejara el arbitrio de no estimaros. . Ay pena! callad, y amad, no aventure mi ventura mi impaciencia, Y a este orejón con bigotes, señora, de esa chinela se le negará a los labios un raspón de inocotera? Revené, seas bien vevido. Madámusela Julieta, tanto silencio? . Qué hay, viajo? No se ha gastado lamprea en el ejército, que vienes con tu cara entera? Siempre, hija, me has de decir injurias? maldita neas. Permitidme, Federica, que os muestre cuanta extrañeza me causa, el que mi hija Marta tanto en verme se dletenga: está enferma? . No, señor. Pues qué puede suspenderla, sin salir a recibirme? si a vos, solo por parienta, os debo este extremo, cómo falta elta atención en ella? Señor, Marta::: Habladme clero, no me neguéis nada, mientras pido al sentimiento oído. Satissaceros es fuerza. Señor Jacome Broserio. ya sabéis con cuán pequeña edad Marta vuestra hija, dio de su genio las señas, y que siendo el natural suyo una serie violenta de implicaciones y extremos, hay pocos que la comprendan. Que es inclinada al estudio Sabéis, y que no desdeña lección alguna, sin ver cuanto en esta acción se arriesga una mujer, pues el sejo, sin la cabal fortaleza, que es propia en un varón, suele apetecer cosas nuevas, que no extrañas y exquisitas, el mayor peligro encierran: causa de que disgustada, muriese quizás de pena vuestra esposa, no pudiendo remediar la inadvertencia de su hija; pero esto para otra ocasión se deja. Desde que del Piamonte, señor, fuisteis a la guerra, en su cuarto retirada Marta, a ninguno franquea la entrada, encerrada y sola, ni aún del sustento se acuerda muchas veces; no se yo si lo causa vuestra ausencia: pero para no creer que esto solamente sea, hay muchos indicios; porque, sin haber más que ella misma, no ha menester quien la sirva, pues la vieten y la peinan, la sirven y la divierten, la acompañan y la obsequían no conocidas personas, que se ignora como entran; pues viviendo de la casa yo en lo bajo, sin que vea mas que ventanas cerradas, y con custodia las puertas, se le cye hablar, y se escucha vos, que delicada sueña, respondiéndola, aunque nada de las palabras se entienda. Apacibles instrumentos, y dulcísimas cadencias la dan música de noche; y apenas el sol despierta, de bandas de ruiseñores, y gilgueros se rodea su habitación, siendo Marta la aurora para ellos nueva. De luces y de esplendores bajan de noche centellas, que de su cuarto iluminan la no penetrada esfera. Y en fin, con tales asombros toda la Ciudad de Aurella, dividida en opiniones, hace que algunos la tengan por pasmo de virtud otros, o por ilusa, o por necia, sin dar en lo que es: de forma, que con rara indiferencia, muchos la aplauden, y muchos la infaman y menos precian. Mas ya, habiendo vos llegado, pues en lo obediente y cuerda siempre la hallasteis igual, el desengaño se acerca de este asombro en que vacilan opiniones tan diversas. Vamos, que no mé persuado a que nada en Marta quepa, que no sea bueno; pues siempro recatada, humilde, atenta la he visto: oh, salga una vez de confusión tan tremenda! Sabéis, Julieta, si acaso es tu ama alguna hechicera, y nos transfurma en borricos? En ti, que eres una bestia, poco hay que hacer. Permitidme vaya cumpliendo la deuda de mi obsequio. Si hay memoria, que se resista a la ausencia, yo os lo permito. Esa marcha, que a larga distancia alterna su inúsica militar, que alguna novedad sea recelo: pero atendamos a lo que más interesa mi cuidado, corazón, Quiera Dios, que esta comedia pare en bien. . Si a divertir aspira venga o no venga al caso, a bien qué no importa, que la aplaudan o la muerdan. Y si dicen, que es mentira cuanto propone el Poeta? Créanlo, si es que quisieren. Y si no? . Que no lo crean. Bellísima Marta, aunque a tu singular belleza no hay cultura que la aumente, pues ella se adorna de ella; ya que a tu hermoso semblante, porque mi vida suspendas, quieres atender: yo quiero, que en deleite se convierta tu cuidado (bienque siendo reprobo genio, que anhela tu daño, sean las dulzuras para mi oído violentas) tu esclavo soy. . Garzón mío, a quien desde mi primera edad encontré a mi lado, sin que descubra, ni inquiera quien conmigo te introdujo, a que amaras y sirvieras con tan exquísito afecto, con tan no vistas finezas, todo cuanto tu ejecutas, me agrada y me lisonjea: tú eres el maestro mío en ciencias, artes y lenguas distintas: manda, que a solo tu gusto vivo dispuesta. Hermosas Ninfas del aire, pues el que dejéis su esfera mandan estos dos luceros: heladas estatuas frías, pues para animar las piedras, bustan de estos dos luceros las amables influencias, mientras la servís, hurtadme las voces con los conceptos de::: y tú::: Qué mandas? Que atiendas. Pajarillos, ce, ce. Ce, ce, ce, ce. A Ce. No se anhela ya. Ya, ya, ya, ya. 4. Ya. Alba, que no está. Ta, ta, ta, ta. 4. Ta. Dónde esta se ve. Ve, ve, ve, ve. 4. e. Advirtiendo, quo mejorando estrella, es orbe el reslejo de un cándido espejo, de aurera más bella. Ella, ella. . Ella luce, amanece, brilla, despierta flores, luceros, plantas, esseras, ella, ella. Pues ya se dispuso el rizo. poner el lazo nos resta. Prendan almas los iris, que ofir enreda, pues a quien no la tiene, ligan: sus hebras. Ay, ay, que son esas, mas que lazos violentos, blandas cadenas. Pues ya me he peinado, acuda a lavarme. Mi bien, llega, que el cristal es discroto, puesto que anhela a mundar con aljófar las azucenas. Ay, ay ay, que granjea tener hoy de su mano todas las perlas. Ahora, pues tú así lo quieres, porque mejor te parezca, falta ir matizando al pecho. Pues porque mejor te prendas, yo el espejo te tendré: y vosotras las etereas carrozas tomad, pues ya matizada su belleza, no necesita otro culto. Ya que la llave maestra, ladrón de casa, entra, haciendo espaldas a la cautela, entrad con silencio. 2. Entremos. S. Mas de qué armonía puebla su espacio el viento, que me ata planta, brazo, impulso y lengua? Pues los soles públicas, Marta, no quieras abrasar lo que animas con lo que enciendas. Ay ay, ay, que a tal etna, no habrá en los corazones hartas pavesas. ̱. Qué acento! pero qué miro? es fantasma de la idea, es ilusión del sentido lo que advierto? . Marta es esta. ̱. No es porible: cómo puede haber hombre que se atreva, Sin que yo no le dé muerte, a estar con tanta llaneza con ella samiliarmente? A tu lado estoy, que muera. ̱. Marta, Marta. . Ay de mí triste! Ya todo ceso, no temas. Marta? . Padre y señor mío, pues tan impensada llega esta dicha? . Raro asombro? Cielos, si ha sido quimera lo que vi! . El aire deshizo todo aquel objeto en nieblas. Es juego este de arliquín? Mis madamas compañeras, qué se hicieron? . Que sé yo. Qué os admira, qué os eleva tanto a todos? ni qué causa puede hacer, que no merezca mi cariño, padre amado, de tus brazos::: . Cesa, cesa, no ya, hija mía, sino es enigma, que me atormenta; no te llegues, sin que antes, cuerpo voz y afecto, sepan distinguirme, si eres, tú la que mi discurso piensa. Pues en qué, señor, me extrañas? Federica, enlaza, estrecha tus brazos al cuello mío, para que informarse pueda mi padre, de que soy solo la que en mí se manisiesta: llégate, amiga. . Si sabe la razón de su extrañeza, de qué te admiras? . Y más viendo, que hay en tu ausencia prodigios, que nos dealumbren- Eso es muy de otra materia, Monsient Lafeing, si os refieren en la ciudad las novelas, que se dicen de mi vida, Sin que nadie las entienda, bien tenéis que hacer, si acaso aspiráis a comprenderlas. Fuego en la que se fiara. El perro que la crevera. Eso a mí me toca, Martas siempre dije yo, que era delirio de tu razón el estudio en que te empeñas: las extravagancias que obras, hacen que peligre nueatra opinión, pues los que saben que te escondes y te encierras, que te acompañan visiones, dicen, que estás apariencias no pueden ser por buen medio: supongo que ha sido esta como todas: desde hoy, Marta, no quiero que libros tengas: Está bien, señor; mas cuando los volúmenes se niegan, a quien la curiosidad ama, hay en cielo y en tierra tantas hojas, como flores, tantas líneas, como estrellas; pero si hoy que a casa vuelves, con la terrible sentencia de tu disgusto me amagas, sobra el que tú así lo quieras, para obedecer. . La humilde resignación suya os pueda desenojar. . Es sin duda, que es virtuosa y honesta. Si seré, yo tan dichoso, que fuese el que vi con ella ángel? pues las prendas suyas tan lejos de otra sospecha estan: mas qué militar estruendo es ese? Las puertas de la Villa han ocupado. Quién? . Las tropas extranjeras de los sediciosos, que Sabes que en Nantes se encierran, a quien nuestro Rey Enrico viene a asistir. . Pues qué intentan? . Ya que yo::: . Callad, Laseing: Poner en contribución esta Villa, o demolerla. Monsieur Laseing, qué decís, pues el gobierno de Aurelia está a vuestro cargo? . En trance tan repentino, indefensa la Villa, que está sin gente, con morir pago la deuda de mi obligación. . Ay triste! Qué presto te desconsuelas! Saquead el Pueblo, Soldados, y el que lo impidiere, muera. Eso último habla conmigo. Y por qué con mi nobleza no? . Qué brava trapisonda! Quién hiciera resistencia, sea pasado a cuchillo, que yo empiezo la interpresa por esta casa. . Venid, que hallaréis quien la defienda, villanos. . A poca costa los traidores se escarmientan. Tened, parad los aceros. Qué solicitas? . Qué intentas? Qué milagrosa hermosura! Qué generosa presencia! Hola, si yo saqueara, mejor de esta ropa asiera, que no es mala. . Qué furor, a entrar robando, os empeña, (no vi joven más galan!) donde no os han hecno ofensa? Madama, si a la hermosura se debe la preeminencia de atender a su razón, y haber de satisfacerla, la necesidad nos insta a una injusticia como esta. Bloqueado Nantes (por causas, que a otro lugar se reservan) padece el último extremo; y antes que las tropas vengan del Rey, desea surtirse de viandas y riquezas, que sostengan el asedio; y así a buscarla se arriesga nuestro valor con la espada. ̱. Y a que yo no lo consienta. Lastímame la miseria de esa rebelde Ciudad, y aún más vuestra gentileza: tratad, Monsicnr, de tornaros, y vosotros, no se os vuelva tan de otra suerte el intento, que os escarmiente y os duela. En llevándonos cuanto haiga, donde estemos. . Norabuena. Qué es pesmitirles? . Tened, que aún no saben lo que intentan: con escritorios y sillas cargad, qué os detiene? . Vengan: mas qué es esto? Toca al arma. Toca al arma, y todos mueran. Ira de Dios: caballeros, yo no soy de la refriega. Extraño prodigio! . Vos . Así me pagas, señor, retiraos, y apriesa sea, que no salvaréis la vida. Debérosla no quisiera, pues si con ella os quedáis, de qué me sirve tenerla? Ea, Lascing, ya tenéis tropas; arrojarlos fuera. Atonito te obedezco. Presto, Marta, doy la vuelta, no te vayas de este sitio. . Voy a romper cien cabezas. . Federica, a retirar: a tener miedo, Julieta. Marta, y si Lafeing peligra? Hay lástima como esta! ahora en ternuras te paras? Mi señora es una fiera. . Ya he visto cuanto te muestras en favor mío. . Ya sabes, que siempre a lo que deseas asisto, estando a tu lado. Pues mi inclinación me lleva a salir de este retito, donde mis hados me encierran. Guerra, guerra. Mas mi padre vuelve. . Pues que no me vea es preciso, hasta mejor ocasión. Está ya hecha de arrojar esa canalla la última diligencia? Sí, Marta, y pues los extremos de tus espantos no cesan, y apenas llego, es preciso que a la campaña me vuelva de Nantes; viven los cielos, que has de quedar::: Cómo? . Presa en este corto aposento, de quien solamente tenga la llave:: . Quién? . Federica, que de ti me ha de dar cuenta. No es mejor, señor, porque de mi asegurarte puedas, llevarmo siempre a tu lado? Yo llevar tras mí mi afrenta? la acción de librar a Aurelia del riesgo, y a nuestra casa? Mientras no sé como sean los prodigios que ejecutas, has de vivir prisionera. Padre, déjame mudar de traje, y que yo merezca acompañarte. . Estás loca? entra, no te pares, entra. Ya te obedezco, señor. Solo aquesta corta reja, que en la puerta misma da escasa luz a esa pieza, ha de ser tu desahogo. Garzón? . Dueño de mi vida? . Mira:: . En vano me aconsejas. Pues mi llanto:: No me llores, que por más que te enternezcas, no me has de mover a que te deje a la nota expuesta, de sí son las obras tuyas::: Qué, señor? Malas o buenas. Presto, Marta, volveré, si tan peligrosa guerra me dejare con la vida; y a Dios, pues la hora postrera se acerca de mi partida. Pues, señor, si ya se acerca, vamos, que ya vengo pronta para seguirte resuelta. ̱. Qué es esto? Es irte sirviendo. Pues cómo::: De qué te elevas? Saliste? . Aquese es el caso. Cuando:: . Vamos a la guerra. Vive el cielo::: . No te acerques, que marcharé más apriesa a prevenirte posada. No harás, que asiéndote:: . Ea, no quieres que vamos juntos? pues yo prevendré la tienda: a Diós, padre, hasta la vista. Escucha, detente, espera. Garzón? Ya estoy a tu lado. Ah Federica? ha Julieta? Revené? 3. Qué es lo que mandas? Que sé yo, Marta se ausenta. 3. Cómo? . Ya en casa no está, y a Nantes juzgo que vuela, si esa pieza no la oculta. Si mil diablos se la llevan, es carruaje bien ligero. Aquí no hay nadio. Qué pena! Sin mi estoy: yo marcho al punto. Pues yo a seguirte resuelta estoy, que no he de quedarme donde estos asombros reinan. Vamos a la guerra todas. Soberanas vivanderas! Cielos, yo estoy sin sentido: a las armas de la Iglesia acudiré a averiguar por qué espíritu gobierna Marta las acciones que obra; y en tanto, cielos, paciencia. Suene el concabo parche, y al militar rumor la gente marche, hoy que el dictamen sigo de establecer la paz con el castigo de esa rebelde bárbara arrogancia. Supremo Enrique, Júpiter de Francia, pues de tu espada ardiente el duro ensayo, antes que el trueno, se divisa el rayo: ya es razón, que a tu gloria sucesiva ceda el laurel verdores a la oliva, pues pacificamente besa Francia tu pie, orla tu frente de tantas palmas, cuantas eslabona el lirio celestial, que te corona. Ese extranjero militar tumulte, convocado del odio y del insulto, que contra tu poder ha conspirado, rige la furia del pueblo amotinado: no es razón, o gran Príncipe, me impidas salvar de mis esguizaros las vidas, que vine acaudillando, Sin que te enoje, cuando a cualquier sueldo les concede hoy día la república mía, que en tu obsequio las armas empleasen. Por el propio rigor quiero que paren tropas, que en Francia siguen sin decoro más estandartes, que mis lises de oro. Hoy señor, he venido, no clemencia a pedir, sino es partido. Ya os lo doy desdo luego. Cuál, señor? El asalto a sangre y fuego; o llegar prisioneros a mis plantas, Milor Léix. Cuando siguen sus gargantas las espadas Francesas, y el muro vuele en frágiles pavesas, será mejor contado, que el que es su Capitán murió a su lado. Dadme, señor, licencia. Ya la tenéis. No poca consecuencia es la deste socorro que les llevo. Socorro vos? No hay duda, si les llevo a que lidien, no ya por triunfo y gloria, por vivir, pues no hay vida sin victoria. Hacéis como quien sois. Solo este trance te falta, gran señor, para que alcance allanar toda Francia tu denuedo, pues no parece bien. Nada concedo, que sea darse a partido, a quien debiera sSaber::: . . Tiradle. Muera, pues. No muera. Válgame el cielo! Qué es esto? Tomar, gran señor, venganza de tus ofensas. . Querer a solo tu reservarla, como a soberano dueño. Quien tu nombre desagravia. Quién por tu nombre pelea. Ay amo de mis entrañas! aquí dio sin Cascarela. Lafeing, suspended la espada: Broserio, templad la ira, y hoy que en acciones contrarias de ofender y de impedir os hallo, sepa yo de ambos el motivo. . Apenas hoy, señor, a dejar mi casa segura, a Aurelia pasé, para volver a olvidarla, por venir a arriesgar esta poca vida, que me falta, en tu servicio, unas tropas, que por Nantes destacadas, a buscar iban pillaje, mi casa, y la Villa asaltan. Salioles tan al contrario, que en solo volver la espalda; el mejor pratido hallaron: callar as fuerza la cauan. Esasitar Lafaing empeñado en Escanseyn abanga, y en el de Laseing mi esfuerzo: y dejando en la campaña desamparado su cabo, osa cobarde canalla, matarle intentó Lasoing; y yo, porque no os quitara el triunfo de que piséis viva una indócil garganta, lo resistí. . Y quién es quien motiva una y otra hazaña? Qué es mi señor no diré, por si acaso me le empalan. Un mísero, gran señor, a quien para muerte basta ver el rostro de su Rey, convenciendo cara a cara su delito, y con quien sobra del cuchillo la amenaza. No sois el Barón de Heseing? Era, señor, cuando estaba sin la venda de un engaño, que hizo, que me desviara del camino más seguro. Cuál? . Impetrar vuestra gracia. Que la muerte merecéis, no hay duda: mas no sacara mentirosos a los que dicen; que piedad me falta, si no os diera por castigo la vergüenza: desechadla, pues estáis arrepentido, borrando acciones villanas con procederes leales. Beso vuestras reales plantas, Francés Alejandro. . Obráis, señor, como gran Monarca. Éstimo ser instrumento de esta dicha. . Piedad rara! Feliz soy. . Quienes son Broserio, aquestas madamas? Federica mi parienta, señor, que por no dejarla expuesta de Aurelia al riesgo, me sigue, hasta que la haga retirar a algún villaje cerca de aquí. . Mal haya quien no lus diera su tienda, y a si propio por alhaja. Soy, señor quien al acaso debe fortuna tan alta, como besar vuestros pies. Ay, hermosura ignorada, presto te hallé, y te perdí! Ahora suspiras? qué rabias? Madámusela, a mis brazos venid, en la confianza de que tenéis buen padrino. Vuestra clemencia me ensalza. Señorita? . Demoñito? esta cera está tomada. Perdone usted, seo Vejete. . Hola, de esa nueva salva qué es el motivo? Señor, besar vuestros pies aguarda el Príncipe de Taranto. Cielos, dónde estará Marta? No lejos, pero de forma, que aí en cuerpo, rostro, ni habla la conocerás. . No espero gente, que venga de Italia; mas decid, que llegue. Ya logras lo que deseabas. Todo, Garzón, te lo debo. Señor, a la soberana Majestad vuestra rendido, besar pretendo las plantas. Alzad, Príncipe, a mis brazos, y referidme la causa, que os trae a mi Reino. . Oye, Sire supremo, y sabrasla. Del eco activo, que sonoro inflama el métrico elarín, que ardiente inspira de tu nombre el valor, con que la fama tus lauros en el orbe airosa gira, para la lid llamado, que proclama, . Aseguroos, que el asombro donde Marte su ardor copiado mira, vengo a ser, gran señor, con regio en- sayo, de todos trueno, si de Nantes rayo. . Qué Marta es esa, señor, Este afecto, señor, esta arrogancia, este ardor juvenil, este desvelo de mi fineza experimente Francia; toquen tus lises el cerúleo velo, sueñe tu nombre en esa vaga estancia, y la fama inmortal en ella escriba, que triunfe Enrico, venza, gane y viva. Viva Énrico, Énrico viva. Valor muestra y arrogancia el Italiano. . Al que es noble cuando el aliento le falta? Yo, Príncipe, estimo, que el marcial runor, que vaga de la guerra en mis paises, a solo servirme os traiga. Si queréis en este asedio quedar, yo dejo mis armas en él, Sin que mi asistencia diga, que empresa tan llana me hubo menester a mí. Jacome, de vos fiada la dejo: Barón de Hescing, o ha de ser mía mañana Nantes, o crueré que vos, pues sabéis bien las entradas para el asalto, volvéis a la dureza pasada; y entonces puede ser venza a la piedad la venganza. A recorrer la Provincia paso con solas mis guardias; vencer o morir os dejo por arbitrio: toca a marcha. . Toca a marcha. Conoced al Obispo de Audegabia, Príncipe, por vuestro afecto. Todos conmigo se engañan. . Guardeos el cielo, señor. S. Ya el Rey partio, y no faltaba, Federica, a mi dolor, después de perdida Marta, mas que este nuevo cuidado de la empresa, que me encarga. de temer, que he de encontrarla, no me deja andar sin vos. Ella es una buena alhaja. que decís? acaso llaman así alguna fortaleza? No, señor, que es una ingrata mujer, que sigo. . Mujer, con esa edad y esas canas? Sí, señor, que es una hija, loca, ilusa o insensata, o estudiosa o virtuosa, que no sé como llamarla, que hoy es de Francia el portento. Cierto, que mi padre gasta . bellas ausencias de mí. Lleve el demonio su alma, que por ella hemos venido, como perrenchón con maza, huyendo de casa. . Huyendo? ey Sí, señor, porque se escapa, se hunde, se vuelve, y se torna cuando le viene la gana, y hace cosas espantosas. Roprimirla y castigarla. Eso digo yo, pegarle cada día una sotana. Tolerándolo los padres, son de los delirios causa de sus hijos. . Buen alivio para quien lidiando se halla con su desesperación. Callad, que bien cerca anda de vos. . Quién? Vuestro disgusto, pues le tenéis en el alma. Broserio, en qué os detenéis? Jacome, la suerte echada, en qué gastamos el tiempo? Bien decís: a esa cercana alquería os retirad, Fedeesca, acompañada de Julieta y Revené. Vamos, pues que tú lo mandas. Sí, que ya va anocheciendo, y esta no es buena posada. Usted tiene mucho miedo, me parece, seo fantasma. Por lo que usted ordenare. Dejad, que sirviéndoos vaya, madámusela. . A qué fin Porque no halléis esa Marta, a quien tonéis tanto miedo. Si acaso necesitara esta hermosura de escolta, toda esa oferta sobraba, que hay quien merezca servirla. No es este disgusto, basta. Mi vida y honor pendiente, Broserio y Lafeing, se hallan de aquel decreto del Rey, y aspiro a borrar la mancha de mi delito muriendo. No sé si a mí me pesara, que es muy galán este joven. 2. A todos nos acompaña el mismo deseo. . Pues la batería empezada se continue, y yo quedo a recorrer la muralla, que yo sé por donde pueden arrimarte las escalas. Pues yo tendré prevenida la gente. . Y con una es cuadra os iré siguiendo yo. Pues al primer toque de arma acudiréis donde estoy; y ahora no os detenga nada. ̱. Vamos. . Vamos. Vive Dios, qué yo talega no traiga, por si hay saqueo! . Llevando a mi lado vuestra espada, Príncipe, seguros vamos. Yo os afirmo que es ventaja. Ay adorado imposible! Ya soplas? Qué quieres que haga? Ya va la noche bajando, cubierta de nubes pardas, y hacia aquí ha de ser el sitio, que busco. . Tristeza rara es la vuestra. . Si tuvierais, como yo, cautiva el alma, no lo extrañaráis. . Tenéis en Nantes quién os la arrastra? No, Príncipe, hoy en Aurelia, yendo a empresa bien contraria, me la dejé prisionera. De quién? . De la soberana beldad de una hija que tiene Broserio. . De quién, de Marta? Esa juzgo que es. . Pues osa no tiene de hermosa sama. Ay qué es la misma hermosura! Tan bella es? . El sol y el alba aprenden luz de sus ojos. Qué ternísimas palabras! Callad, señor, que mi amo se pierde por consas raras: ella es medio tuerta, y tiene una córcoba tamaña. Qué decís? . Cara, villano. Mas qué veo! de la muralla mal oncubierto aquel cuarto, descubre a poca distancia a Milor Léix escribiendo: si acrán socorro aguarda, o escribe al Rey: quien supiera lo que contiene la carta! Bien fácil es: ha Garzón? Qué deseas? . Que me traigas aquellos pliegos. Ya vengo. Quién es ese? . Un camarada. En esta escribo, que apenas dore doro las cumbres el alba, romper intente el cuartel el socorro; que en la espalda daré yo del enemigo. Milor Léix parece que habla, pero nada se percibe. Si hay de aquí allá seis mil varas. . Ea, Franceses, ya os queda Mi camarada no veis, que ya llegó? . Pues su entrada cómo fue? Eso no sé yo, ya la carca le arrebata::: Qué es esto? Soldados, hola, Y ya la tenéis, guardadla, o leedla. Raro asombro! Soldados, ha de la guardía. No te ausentes, Garzón mío. Aquí estoy a ver que mandas. Dando lugar el espanto, a que a la luz, aunque escasa, de la luna, ver advierto, que esperan para mañana socorro. . Pues a embestir, que hay persona interesada en restaurar vuestro honor. Eso decís? pues al arma. Al arma. Acudamos donde aquellas voces nos llaman. Arma toca el enemigo, al muro. , . Pues, señor, a padecer, Arrimad escalas, amigos. . Enrico viva. Ea, que el lidiar restaura las vidas. . Arriba, arriba. Aa, cielos! que los rechazan, cono no hay brecha en el muro. No? pues Garzón a la plaza sube. , . Sígueme, y no temas: ya las lises tremoladas veis por mi brazo en la almena. Nobles campeones de Francia, ya el muró es nuestro, al abance. Cómo, si ciorra la entrada ese bastión? . Pues si solo es eso lo que embaraza, Marta, asete bien. . Qué escucho? Guerra, guerra, al arma, al arma. Que ya este embrión de piedra de sus cimientos se arranca. brecha por donde asaltarla. , . Nantes por el Rey Enrico. Ay señor, que aquella es Marta, Marta? . Al fortín. A la puerta. Al rastrillo. . A la estacadas JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA

No me tienes que llorar, porque esto, Marta, ha de ser. puesto que me dejé hallar. Tú en traje tan diferente de tu ser, y aún aquel traje de tan extraño linaje, que discernir no consiente, ni tu rostro, ni tu acento, ni tus señas; qué tenía el disfraz, que te bestía? qué pacto? qué encantamiento? que habiéndote veces tantas visto con él, jamás pudieron conocerte? . Es que tuvieron motivo; de qué te espantas? y así que él (oh duro anhelo;) a defenderme faltó, tu enojo conmigo dio. Pues yo sabré, vive el cielo, quien te ocultaba de mí, quien a tu lado se halla, cuando en Nantes la muralla vieron, que se fue tras ti; que aunque todo sea ilusión para engañar el sentido, o por milagro creído de la común opinión: yo que no te hallo obediente, bien que en todo obres perfeta, ni te he de creer profeta, ni santa; y así prevente al rigor de mis enojos, que mientras en Orleans viva, presa has de estar o cautiva. Respondante:: . Quién? Mis ojos: ellos, que su bien perdieron, sentirán lo que causaron; ellos, que porque miraron, causa de mi daño fueron, de mi error te vengarán. A quién miraron, ni a quien ofenden? Qué sé yo. . A bien, que hoy de esa duda saldrán mis temores. J. Ay, que llora Marta, templa tu rigor. Oyes, Julieta::: . Ah, señor, que hace mimos mi señora: por Dios no la riñas más. Escucha lo que te digo: A Marta dejo contigo, Sola tú la asistirás: también quiero, Revené, que con ella quedes tú. Mas que danza Bercebú conmigo un paracumbe? Tú, Marta, no de tu padre des al enojo ocasión, que quizás la indignación que despreciaste en tu madre, bastó a hacerte desgraciada; y para lograr saber si algo de esto puede ser, hasta estar examinada tu vida, asombros y acciones de volé, miniatro, estas piezas sin registro, sin rejas y sin balcones, y solo con una puerta, por reclusión te señalo. Sed libera nos a malo. Aunque esa se quede abierta, y aunque de ella quiera usar, padre y señor no podré. Cómo? . Qué haces, Revené? Julieta mía, rezar, por si permitiere Dios, me lleve el diablo conuelo. En ti un gran miedo recelo; pero el mío es como dos. No quiero apurar, aleve, de tus misterios las voces; que esto es forzoso conoces, y aunque tu dolor me mueve, me fuerza mi obligación: a Diós. Padre. . . No se quejo de que en la prisión la deje, la que causa su prisión. Revené, Julieta (ay triste!) solos, qué habemos de hacer? Yo te sabré entretener. Ya a mí el espanto me embiste. Quieres que te cuente un cuento? Que sé yo (ha tirana ley!) Érase, que se era un Rey::: No quieres callar, jumento? Este tres hijos tenía, vistiolos de colorado, cátate el cuento acabado. Qué antigua gracia y qué fría! Pues va otro a la frialdad. Qué te ha hecho mi corazón, que así te ausentas, Garzón? Erase en una Ciudad::: Burro eso ya me importuna. ̱. Pues vaya el de los borricos: Eranse tres asnos chicos Estudiantes en Osuna::: Ni por la que me engendró sufriré esa gracia añeja. Pues érase la pelleja, borracha que te parió. Hay más disparates juntos? Oye este, por vida mía, que es bueno. . Vaya. . Vivi en Amberes un difunto::: Estás borracho? . Callad, villanos, que ya es rigor burlarse con mi dolor: Garzón, ten de mi piedad, sepa en lo que te ofendí, y por qué tu amor me olvida; verásme a mi arrepentida, y a ti satisfecho. e. Sí? Quién habló aquí? . Qué sé yo; no fuistes tú? . Albricias, cielos, que respondió a mis anhelos. Con qué tú no hablaste? . No. Válgame la Cananea. Deja ver tu rostro ufano, Garzón. Ay! que veo una mano::: Qué dices? . Que se menea: Dónde? . Fuera del cristal de aquel espejo. . Si haré, queda sola. . Ah Revene. Válgame el cirio pascual. Julieta, idos, qué contento! Y sola te has de quedar? Sí. . Pues yo te he de atisbar. Irme yo no viene a cuento, que en guarda tuya he quedado, y de vista. No me irrites. Yo haré presto que te quites. Ay! que me han descalabrado: ha, maldito duende, perro! Eso una porfía vana; esa es la mano de lana, guárdate de la de hierro. Ya que entre sombras te vi, que ese cristal representa, Sal donde te goce atenta. Ya, tirana, estoy aquí, Julieta? . Qué? No escuchaste que el espejo se quebró, y una sombra de él saltó? Dime, a qué fin me llamaste? Escurramos, Revene. De miedo voy sin sentido. . Mi bien, qué causa ha tenido para entibiarse tu se? tú, que amante me asistias, tú, que sino me celabas, y tú, que a mi lado estabas, y con mi aliento vivías, dejarme expuesta al rigón de mi padre el día que a Orliens contigo llegué? Ahí verás cual es tu amor? mira si él ha sido quien en mi este efecto ha causado. Yo en mi novedad no he hallado Recorre tu pecho bien, que yo, que inflejible soy, si mudanzas admitiera, quizás más dichoso fuera. En lo que dices no doy. A quién en Aurelia visto? a quién en Nantes trataste? por quién el muro arrancasto? y en qué algún pesar consiste, que te hace a veces llorar, sin poderlo reprimir? No tienes ia que docir, que sé donde vas a dar. Si al Barón de Heseing he oído lisonjas, que aún no han llegado a rozarse en mi cuidado, solo diversión ha sido: eso causa tus recelos? Eso motiva un temor, que es otra especie de amor, y otro linago de celos, que no entiendes (y es verdad, que en mí no puede caber más acción, que aborrecer) siente que haya en ti piedad mi inclinación, y algún día, Siendo a mi amor embarano, desate un lazo a otro lazo, con que dejes de ser mía. Garzonas: No te he de escuchar. Advierte::: Qué he de advertir? Que yo solo sé::. . Mentir. no te obedezco? . Rendido. No te sigo? . Enamorado. No asisto siempre a tu lado? Y con eso he conseguido cuanto valgo y cuanto sé. No te hecho en Francia samosa? Es verdad. . Pues una cosa no has de negarle a mi se, si he de fiarme de ti. Y te desenojarás? Siempre atento me hallarás. Pues en qué te paras, di? Dame la palabra y mano de no casarte en tu vida. Yo te la ofrezco rendida. Y de que en cuanto inhumano tu padre obligarte quiera, me lo has de avisar primero, y no hacerlo, si no quiero. Ingrata a tu afecto fuera, sino oponiéndome al suyo, tu gusto no hiciese hoy día. Pues, amada prenda mía, no haya más queja, soy tuyo. Ah Garzón! ya que este bien consigo en tus dulces brazos, vete, no mi padre venga, y nos coja descuidados: y dichoso tú, que irás a gozar del aparato con que Orlians recibe a Enrico, pudiendo ver del palacio iluminada la esfera, y el regio salón poblado de máscaras y disfraces. Donde no alcanzan tus rayos, para mí no hay luces: dime, querrás tu ver el sarao? Sí, mi bien. . Con qué disfraz? A haber de estar en mi mano, de gitana me vistiera. De gitana? . Sí. Logrado verás tu gusto, mi bien, y del mismo traje usando, por lisonjear tu cielo, he de ir contigo. Gitanos, hola, de bestir. Y solo aspiro: . A engañar: 1. Leñora, todoz zomoz tuz criadoz. Amigos, sed bienvenidos, que sola yo debo tanto a vuestro dueño. Julieta? Revené? Mandabas algo? Qué quieres? mas quienes son estos señores? . Andarlo; mas somos, que los de Rojas. Señora, y por dónde entraron? Quién te mete en eso a ti? Soy un hablador, y callo. Julieta, de ese azafate vee trayendo los trastos, que te pidiere. . Ay, señora, qué bellos dengues bordados, qué delantales, qué tocas, qué guantes almidonados, qué guardapies, y qué rico capotillo! . Es el regalo como de duende, porque todo eso lo inventó el diablo para engañar las mujeres, y destruir los casados. Si de esta suerte regala, yo quiero un duende por año. Garzón, yo pienso a estos dos llevar conmigo; hay acaso con que se puedan bestir? De todo hay, ve tu ordenando, que nada te faltará, y acaba! de disfrazarnos. Ah Julieta, ha Revené, ea, presto, disfrazaos con lo que en ese azafate halléis. . Digo, que es bizarro el señor duende, hasta a mí me comprenda el agasajo. Como una maya me pongo. Préndete bien:: . O! de pasmo. Que ambas vamos de gitanas. Ambas de gitanas vamos? ay qué gozo! . Oye usté, es este justacor de papagayo? 1. Viztacelo, y calle. . Iré de ensalada de verano, a manera de pepino, con su tomatillo al canto. Estas ya? . Sí. Menos yo, que no le encuentro a este saco la envainadura. . Señora, donde, con todo este ornato habemos de ir? . A la fiesta, que hay esta noche en palació. Qué es eso? pues si la puerta por defuera nos cerraron con una llave de a tercia, y un cerrojo como un brazo, cómo ha de ser? De esta forma: nosotros nos arrimamos a oata puerta, y era mesa a ti te da el paso franco. Ay señora! . No receles. Y yo? . Zi aún no az acabado. Ven, Revené. Aguardense. 1. Aguardar? buenoz eztamoz; acele tu de una oreja. 2. Le cogeré de un zapato. Revené. Déjenme ustedes, que me vista. . Buen ezpacio: por el aire puedez ir prendiéndote. . Esperad, diablos, que no voy bien; que me escurro, que me caigo, que me caigo. Hermosa Federica, si es que con vos mi corazón se explica, es porque en vos el ruego, que os con- sagro, conmueva a la deidad, y obre el milagro. Tanto estimáis a Marta? No quisiera que el encarecimiento os ofendiera, que ensalzar no es cordura, donde hay belleza igual, otra hermosura. Miramo esta endemoniado, pues con el diablo quiere estar cacado: y a la mujer, que sea, no lo niego, hechicerilla; pero bruja, fuego. Bien sabéis lo que dice toda Francia de mi parienta, y con la gran distancia de juicios diferentes, las varias opiniones de las gentes. Todo cuanto oigo, y todo cuanto veo, estímulan mi amor y mi deseo, pues creyéndolo todo, por lo mejor advierto, que es el modo de aprobar su virtud, el merecerla, pues yo no puedo ser feliz sin ella, ni sufrir que encerrada viva a la luz del sol, su luz negada, adorándola yo. De qué se infiere, que ella no salga siempre que quisiere? De qué impide su padre, que eso sea. Y digo, no hay en la casa chimenea? Tanto a Usia Ilustrísima le debo, que a intentar darle gracias no me atrevo de corto aunque obligado. Ademas de que el Rey me lo ha mandado, es justo mi recelo satisfaga, viendo que vuestra hija asombros haga, con que confunde a tantos. Yo sabré en los espantos, que de ella cuentan todos, (que no los creo) qué artes o qué modos usa, y si estas acciones, o son milagros o supersticionos. Yo la dejo encerrada, y apenas la función esté acabada, que esta noche previene Orliens a Énrico, que a ilustrarla viene, a casa volveremos, y allí el examen que gustéis haremos. Saldremos vos y yo de tanta duda. Mi retárica muda sea mi agradecimiento. Venid, madama? . A qué A ayudar mi intento. Señor Broserio, señor Ilustrísimo, hoy tendré de mi parte la fortuna, pues llego a anhelar un bien, en que habéis vos de mediar, y a vos toca el conceder. Si con la bruja se casa, no paro un hora con él. Decid. No a tan alta empresa que vengo solo juzguéis, que madama Federica viene supliendo lo que falta de mérito en mí. Decid, señor y creed, que complaceros deseo. Yo ama, que tarjas me dé para comprar, y halle luego carboncitos? no ha de ser. Yo a madámusela Marta vi por dicha, en quien hallé, después de la ilustre sangre vuestra, que tan igual es a la mía, aquellas prendas, que adoran cuantos la ven. Yo la creo virtuosa, humilde, afable y cortes, sin que opiniones del vulgo (sobre lo que ya sabéis) me hagan fuerza, pues cualquiera supo, que el modo de ser discreto, es ir al contrario de un monstruo ciego y novel, que siempre fue lo peor lo que se arrojó a creer. Para mi esposa os la pido, perdonad si no bus qué para vos más poderosa interposición, que un fiel corazón, que a vuestro arbitrio deja su mal o su bien. Y para darme respuesta, pues dos padrinos logre tan grandes, ved, que un si vuestro deja bien puestos a tres. Qué escucho, cielos! de gozo . no le acierto a responder. Pues, Jacome, que dudáis, cuando es el Barón de Haseing tan digno de esta ventura? Y añadiéndose el haber confiado en lo que os debo. Antes te se haga la nuez del gáznate mil pedazos, que lo otorgues. . Yo hablaré a Marta, que lo que es por mí, señor Barón, ya tenéis los brazos, y el sí. . Maldito seas tú, barbas de cordel: hoy doy la cuenta, y me voy. Mi gozo es tal::: s, . Sus pended la agradecida expresión, que ese armonioso tropel de instrumentos nos avisa, que Énrico ha entrado en Orliens. Y aún soñando ya tan cerca la música, da a entender, que está en palacio. Pues vamos a disfrazarnos y en él festín con que le rocibe la Ciudad entrar. . Geré dichoso desde hoy, logrando todo un cielo por mujer. Saldrá Francia de las dudas, en que la llega a poner un tan nunca visto caso. Voyme a bestir de la qué. Cielos, cómo se descuida tanto en mi obsequio Lafeing? 4. Cantad, celebrad al regio adalid, que en vivos esmaltes ánima la lís: Cantad y bablad, y alegre el featín, por víctima suba al regio cenit. Veis como habemos llegado sin peligro? . De placer no quepo en mí, y embobada lo que me pasa no sé, Pobre de mí, que he venido en dos diablos de alquiler, afirmado en sus dos puños por la oreja y por los pies. Todo conmigo lo logras, Marta; más presto he de ver si eres constante y leal. No tanto pesar me des, que es crueldad para quien ama ver que dudan de su fe. Ay, que están dos experiencias muy cerca de suceder. Pues si desconfías antes, qué dejas para después? Viva Enrico. Esta alegría, que el aire empieza a verter, dice, que desciende Enrico a este salón bajo, en quien prevenido está el sarao. Has de danzar, Revené? Si no es el mínuete más, que ir así a la pipanfue el cuerpo, y el carcañal mover al propio vaiven, que los dedos, a manera de ir colgado de la nuez, mejor he de danzar yo, que la mula de Belen. S. Esqueleto, yo lo creo. Silencio, que llega el Rey: Ay, Barón de Heseing! quisiera verte, y no te podré ver. Mientras gozas del festín, retirado esperaré. No, no te ausentes, Garzón, que deseo:: . Qué, mi bien? Que los dos en el featín dancemos. . Me quedaré, si es que gustas, que no quiero disgustarte: fuerza es, por no descubrir indicios de quien soy, que llegue a ver, que ejecuto lo que pide, para que logre más bien el intento, que me tiene disfrazado de mi ser, que esto, y más hará mi anhelo por lograr tanto interes: Ademas, que si pretende que danco, la engañaré con la presencia, y a todos, Sin que allí yo mismo esté. s. 4 Cantad, celebrad al regio adalid, Siempre Orliens ha obrado sino conmigo. . Marte Frances, a la dicha que hoy consigue, mereciendo que la honréis, todo es poco, y nada alcanza a explicar su buena ley. Yo por honrarla me siento, y abra el festín::: . Señor, quién? Entre la lucida tropa, que de máscaras a ver llego, aquellos dos gitanos, que airosos dan a entender su calidad, me han llevado la atención. . Y al parecer forasteros son. . Pues logren el privilegio, que es bien honrar a los que de fuera han venido. . Que empecéis, gitanos, el festín ambos, me manda que os diga el Rey. Ceñor, a zu Majeztad cerviremoz; Garzón, ven. Vamos allá; ahora yo, como advertí, danzaré. Qué airosos son los gitanos. Ah, geñor vaya un minué. Muy gallarda sois, gitana, si como dandéis, sabéis adivinar; es preciso, que quien os llegue a querer, tenga muy buena ventura. El viejo Matusalén de tu padre te requiebra. Espera, le zumbaré. Aún los gatos tienen tos. No fiéis en cadúquez, que no hay Troya en que no haya su poquito de aquí fue. Zi de oír buenaz venturaz guztaiz, la vueztra oz dité: dáreizme la mano? . Reina, qué voy en eso a perder? Que dezgraciado que zolz en un hijo que teneiz! Hija diréis, por mi mal. Cuidadozo oz llego a ver de una alhaja, que guardaiz; pero aunque maz la encerreiz, ce ha de ezcapar, como tenga un rezquicio en la pared. A fe, a fe, que acreditáis ese disfraz. . Afe, afe, que no me guzta ezta raya. Pues qué es lo que da a entender? Que lo que en caza dejacteiz guardado, no lo hallareiz. Válgame Dios! qué decís? Monsicnr, que vous on trompé. Todo el corazón me inquieta: mas qué caso debo hacer de cosas acaso dichas? Parece, Brocerio, que la gitana os ha burlado. Mas que burla, señor, es. Despejada es la gitana. Discreta parece a le. Zacra Real Majeztad, al olimpo de ezoz piez eztoy rendida, y zi acazo me lo permitiz, haré cozaz, gran Zañor, que pazmen, zolo por entretener tan zoberana deidad; porque como yo eztudien en Egipto, ce, señor, cozas lindaz. . Ya tenéis permisión. . Pues Garzón mío: Aquí estoy. . Ayudame. No lo dudes. . Puez, Ceñor, en prueba de lo que cé, ezcuchad: Frondozaz copaz, que en laz macetaz teneiz mucha aroma en poco ezpacio, arrojad de entre la red de vueztraz fragrantez florez doz danzarinez, en quien el aire zuz inovimientoz envidiozo llegue a ver. Qué prodigio! . Qué portento! Cilencio, y no oz admireiz. Estaba esto prevenido, Obispo, así? . No lo sé; pero lo parece. . Cielos, qué es lo que mis ojos ven! si andará por aquí Marta? Tened, que intento saber, como acción tan prodigiosa se ejecuta. . Zeñor, tén, que zi ezto oz enoja, ya ce dezaparece, cual veiz. Agur con la colorada. Y yo me quedo? . No, ven Oíd, esperad. . Broserio, más Martas debe de haber en Orliens, que vuestra hija. Ay, señor, que quizás es o lo que temo: qué congoja! Habrá idea más cruel, como dar en ser este hombre marido de Lucifer! Este asombro solo Marta es quien le ha podido hacer. Ya esto no puede admitir disimulo, y pues tenéis mi orden, tratad, Obispo, de examinar y de ver a Marta; y aunque los muchos servicios, que a mi dosel ha hecho Broserio, pudieran mi justicia suspendor, no es razón demos lugar que se usen, donde lo ven mis ojos, artes, que puedan perturbar la candidez de la fe en Francia, que es dondo mas llega a resplandecer, ain que hierro y fuego, cuando un padre permite, que su hija inquiete estos paises, no suplan en mi por él. Ay infeliz de quien tal llega a oír, sin merecer este pesar! Cielos santos, tanto asombro suspended. Pues el Rey queda en su cuarto, a vuestra casa volved, y templad tanta tristeza. Cómo es posible poder? Dadme, señor, vuestra hija, que yo la trasportaré, donde ya mía, consiga su riesgo y su mal vencer. Que si nos hace hechiceros, como ella, será de ver como nuestros huesos paran en ser fruta de sarten. Sin motivo os afligís, cuando en duda os mantenéis, de si es buena o mala Marta en esto que llega a hacer; o si de reprobo genio es virtud, sin que tal vez ella convenga en el pacto, que en aquesto puede haber: Y pues que de laberinto tal el Teseo he de ser, vamos a verla, Broserio, al instante. Viva el Rey. Ya las fiestas empezaron: paciencia, y alivio; y vos venid, que la propondré lo mucho que os debe. . Esclavo me hace tan alta merced. A examinar van a Marta; qué trapisonda ha do haber! . Ya ha llegado a mi albedrío, dueño amado, la ocasión, de ver si tu corazón verdaderamente es mío. Acábamo de decir lo que me ha de suceder. Hoy combatida has de see, y hoy empiezo yo a sentir: al Barón de Hescing::: Ay, cielos! Tu padre tu mano bello le ha concodido, y con ella todo un abismo de celos; y el Obispo de Audegabía viene a examinar en ti lo que me has dobido a mí, que el Rey de sufrir se agravia ver toda la Francia inquieta, e intenta saber el modo con que obra tu ciencia en todo. Y no es más de oso? Julieta, a cantar, que pesadumbre, que estriba en mí el evitarse, de esta suerte ha de tratarse. Doy a mi garganta lumbre, y entono. . Tan confiada estás, Marta, de vencer? tan felice llego a ser? Como yo soy desgraciada: ay, Barón de Heseing! Qué escucho! suspiras? . Siente mi pecho, que ya no estés satisfecho de mí. . Yo te estimo mucho: y pues pasada la noche en el festín, resta ahora que descanses a la aurora, cuantos ecos desabroche dulce el coro de las aves, el sueño te endulzarán, y a Julia acompañarán. Oh, cómo adularme sabes! Canta, Julia. . Hay hombre igual? como puede resistir sin comer y sin dormir? Calla, y escucha, animal. Mi amor del descanso goza. A él mi desvelo se entrega. Canta, Julia, mientras llega el Broscrio, y la coroza. Decid, gilguerillos, si vistéis la aurora, que el día la adora, brillar por aquí? Señor harón, , ; h mbién nís tesgo 4. Sí, sí, sí, sí, la hallé, de ella sé, yo la vi, vi, vi, vi, vi, vi, vi. Pues si era su traje de rosa y carmín, y la festejáis así que lográis por ella vivir: al ver, que la fuente repite el gorgor, por qué no acompaña al gor gor, vis vis? Ay, qué mal hacéis! ay, qué mal cumplís! Gor, gor, vis, vis, vis, vis, vis, vis, Si la hallé, de ella sé, yo la vi trillar por aquí, gor, gor, vis, vis, vis, vis, vis, vis. , , - . Y tal vez en algo de eso Entrad, señor. . Esta estancia . Qué es duda? mil veces diera parece otro paraiso, pues musicas y persumes olfato halagan y oído. Creed, que Marta es virtuosa, en esta opinión me afirmo. Pluguiese al cielo, Barón::: Marta, Marta. . Garzón mío. Despierta, que en la palestra estás, y yo me retiro, porque no puedo asistirte; cúmpleme lo prometido. . Oye, espera; mas quién es::: Yo, Marta, que me anticipo de parte del Rey a hablaros. Mas qué se arma otro envolismo? Marta, viendo tus asombros, le debo al Señor Obispo, que desec visitarte. Sea mil veces bienvenido si Ilustrísima a esta cárcel, adonde afligida vivo presa, sin saber la causa. Llegó coroza y borrico, Julieta. . Ahí me las den todas, A quién anhela serviros, a este examen? . Cómo es eso? quien os dijo que veníamos a examinaros, señora? Este asalto de improviso, y el cielo, a quien debo tanto, que hasta lo más escondido me revela. . Poco a poco, que no es malo ese principio: Marta, qué se profesáis? La que confiesa un Dios Trino en Personas, y en Esencia un solo ser sin principio, ni fin. . Y para qué a ese sumo señor infinito gocemos, qué es necesario saber? . Es lo más preciso los preceptos, que dejó su dedo en la tabla escritos, artículos, oraciones, y sacramentos divinos. habéis duda padecido? mi corazón al cuchillo, de su verdad en defensa. Sabéis qué es magia o prestigio? Arte vedada al que adora la fe, que tengo y estimo. Os remuerde la conciencia de algún pecado escondido? De cuanto escrúpulo he hecho, se ha acusado mi contrito corazón. . Besad, besad este milagroso signo de la redención humana. Como a trono real de Cristo, en donde su propia sangre fue púrpura de su armiño, una y mil veces la adoro. En lo hasta aquí proferido, si no lo oculta, no vicia los católicos principios. Señor, yo no sé que es esto. Ser verdad lo que yo digo. Marta, ya que te hallo en todo sin el más remoto indicio de no ser muy buena hija de la Iglesia, qué camino, qué medio, qué traza sigues, para obrar tan exquisitos asombros en toda Francia? Señor, yo no lo percibo: callar me importa lo que con gran secreto me ha dicho Garzón infinitas veces. Tal vez se te ha aparecido sombra alguna, que te cause perturbación o conflicto? Si algo he visto, señor, siempre cosa de placer ha sido, que en nada me ha perturbado. Ni en devotos ejercicios? sean virtud sus prodigios, que siempre darse a placeres, no es de la virtud indicio. El cielo lo aclare, en tanto que en mis pesares vacilo. En buen aprieto está Marta. En lo propio que un chiquillo, que no sabe la doctrina, y andan los azotes listos. Sí mo dais licencia, una experiencia, que imagino, nos ha de aclarar la duda. Hacedla, yo os lo permito. Pues, Marta, tu mano bella hoy el Barón me ha pedido de Heseing, yo se la he otorgado; trata ya de tener juicio, que buen digno esposo tienes. Feliz yo, si logro oiros un sí. . No os le puedo dar- Qué dices? que si me irrito, te echaré mi maldición; que no ha de ser tu albedrío con tu padre tan cruel, como cuando dio motivo a que tu madre asaltada del pesar:: . No, padre mío, no pronuncies (qué dolor!) que puede (qué parasismo!) ser causa (qué desaliento!) de que (sin alma respiro!) un Ángel (ay infelice!) que al veros llegar unidos todos a astigirme, faltan, barajados mis sentidos, las fuerzas al corazón para formar un suspiro. Idos despacio, Broserio. Ay, ama mía! ay, maldito viejo! qué quieres matarla? Dio en tierra aqueste edificio. Señora, os morís? decid en el corazón cominos. Así tratáis una hija, Broserio, que ha merecido ser el serafín de Francia? No, señor. . Pues yo no creo . Siempre que en esto me explico, lo siente mucho. . Por eso debierais vos reprimiros. Marta? . Ay de mí! vuelve? . En vano es tocar este postigo. Pues llamar en la azotea. Viva el Rey. Qué nuevo ruido es este? . Venir yo propio, a ver de tanto prodigio, Obispo, qué ha resultado. Hasta ahora, señor invicto, no lo sé, porque no está el examen concluido. Aquí está, llegad, señor. Marta, Marta? Vaya amigos, pues marchamos a Paris, de Salva y de regocijo. A la hermosa Venus, que la Francia ha visto, a quien hu ilustrado con haber nacido: cántela, cántela la alegría finezas, síganla, síganla corazones rendidos. Venerad a Marta, que es nueva deidad de este siglo. Qué es esto? . Qué ha de ser, todos menos yo, haber incurrido en un engaño. . Qué espanto! Qué maravilla! . Qué hechizo diréis! que a esto ya no alcanza natural medio. . No he dicho bien yo, que había de salir vuestro examen como el mío? Martas Marta? . Orliéns, adiós, que ya de ti me desvió: a Diós padre, a Dios, señor, que voy donde soliciro no se más examinada. Hira, que quiero ir contigo. Así me dejas? . Qué es esto? y aquel cuerpo que aquí vimos? Qué cuerpo, señor, si en una sombra se a desvunecido? Viva Marta, Marta viva. A Piris marchomos, hijos. Pues yo he de apurar el caso hasta el fin. . Me ratifico en que todo esto no es malo. Cada vez crece el peligro. Siompre va excediendo el pasmo. Ello apurar es preciso este caso, aunque repita el aire de quien lo oímos::: 2. Venerad a Marta, que es nueva deidad de este siglo. 1. Cántela, cántela la alegría finezas, síganla, síganla corazones rendidos. JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA

En vínculo amante de casto himeneo enlacen dos almas un nudo, que estrecho, hace un solo querer de dos alientos, Prosigue, que de tu voz pendiente, absorto y suspenso traigo el oído. . No extrañes lo que te diga, supuesto que en vida todo prodigios, no hay acaso sin portento. Llegué a Paris, y en Paris, después que he estado algún tiempo, antes de llegar mi padre, sin dejarme ver del Pueblo; un día, que por ser día del señor, quiso mi afecto al templo de nostre Damo entrar, donde es el entierro de los míos, al instante que hollé sus mármoles tersos, sin saber como, en un punto hallé trocado mi genio: Y variando en mi discurso ideas y pensamientos, buscar propuse a mi padre, y a sus pies, reconociendo mi error, pedirle perdón de los males que le he hecho. (Que mucho, cuando perdida o de Garzón en el estruendo del concurao, desde aquel día, ni le oigo, ni le veo.) Vínome a esta casa, donde supe, como en seguimiento del Rey que a Paris llegó, vivía; y vencido el ceño, como padre, recibiome con ambos brazos abiertos. Desde entonces he vivido negada al aplauso necio del vulgo, pues los prodigios, que he obrado, vive creyendo, que son milagros y aclaman mi nombre, desde el pequeño al mayor: Ay, Federica! bien sé, que no lo merezco. Y para mayor ventura, pues que estimo te confieso al Barón de Heseing, el día es hoy, en que concurriendo el Rey a honrarnos, se enlazan en la se del casamiento su fineza y mi fineza: aunque no sé lo que temo dentro de mí, que no estoy segura de este contento. No sabes cuanto de verte con tanta quietud me alegro. Gracias a Dios, que cesaron tan raros revoloteos. Así también se acabara este enredo. . Por qué, necio? Mira, niña, por aquella opinión del mosquetero, que durmiéndose en la grada, y despertando al estruendo de irse la gente, decía: Tuvo ya fin ese cuento? casáronse esos borrachos? pues enciende y vamos, Pedro. Aplica, hija. . Aunque se case la dama, di, qué tenemos, si falta lo principal? Cada vez que considero, (ay, discurso, aparta un rato de mi memoria el objeto de Garzón!) que he sido causa de tantos desasosiegos, digo entre mí, Federica:: Qué prodigio! Qué portento Viva Marta. . Marta viva. Su gran virtud celebremos. Hijos, ved lo que decís. Ay, Federica! qué es esto? No sé; desde esa ventana se ve multitud del Pueblo, que te aclama, y de quien huye tu padre, que ya está dentro de casa. . Mas que las nuecos, Julia, al cántaro volvemos? No digas tal. S. Me obligáis a que huya, por no atenderos. Qué traes, señor? . Padre mío vos disgustado? qué es esto? Ya estáis en casa, alentad. Cómo, si asustado y hierto el corazón del asombro, voy a cobrarle, y no puedo? Marta, tu naciste a ser escándalo, susto y miedo del orbe: no sé que estrellas en tu horós copo influyeron. Infeliz mil veces yo! Mas para qué me detengo en referir accidente tan extraño, como nuevo? Ya sabes que es mi costumbre, como vecina tenemos de nostre Dame la iglesía, oír en su abreviado cielo todos los días dos Misas, aplicando a muchos deudos, que en ella tengo enterrados, de este sufragio el obsequio, Hoy, con más alto motivo, pues es el día en que espero ver a mi Marta en estado, considerando no tengo a mi esposa, que amé tanto, presento al gozo, al consuelo de este día, no la quise dejar sin el más supremo, que con más crecido logro, fuese de este el suplimiento. Hícela decir seis Misas, y la última estando oyendo, yo, y mucha gente notamos, (del susto pasma el aliento, y cuajándose las voces, es cada palabra un hielo!) que estremecía la tierra, batián golpes alternos la Jápida del sepulcro, donde es nuestro montimento, Dudó el oído, hasta que, como quien lejano un eco forma dilatado y triste, oímos que con el claro acento pronunciaban dentro de él: Marta, de ambas el remedio pende de ti: esto tres veces se oyó (y de una yo no acierto a referirlo, pues paran en desmayos mis esfuernos,) La gente, que lo escuchaba, en torbellinos inquietos de fuga y aplauso, como te tiene con error ciego por virtuosa y notó este tan gran movimiento, empezó a clamar: Pues Marta puede aliviar a los muertos, vencremos a los vivos, a varias partes corriendo, viva Marta repetíán: cuando confuso entre ellos, Sin saber que hacer, tomé por asilo pronto y cuerdo mi casa; mira tu ahora si con razón me estremezco, si con motivo me asombro, pues a cada paso encuentro más prodigiosa tu vida; aunque si tú eres el medio de aliviar a quien te dio la mitad del ser, ya adquiero el consuelo de que seas, con penitencias, con ruegos, con lágrimas quien la alivie. Yo, señor, te lo prometo, y felice yo si pende tanto biende mis deseos. Atuchas veces la pasión forma fantasmas del viento. Ved, señor, que puede ser, que os engáñase el anhelo de estar la imaginación maquinando y discurriendo; que entonces, lo que es dudoso, lo pinta el sentido cierto. Si fuese verdad señor, como los que allí estuvieron no corrieron hasta Irlanda? Virgen! que de estarlo oyendo, se me andan las piernas, como palillos de barquillero. No, hijos, yo la oí, no pudo engañarme el pensamiento. Pues dejad eso, señor, a mi cargo. . Y no mezclemos, día que es de regocijo, la congoja y el festejo. Dicen bien estas madamas: dadme licencia, Broscrio, que pase a Palacio, desde donde el Rey con raro exceso de estimación, al Barón de Heseing trae consigo, siendo padrino de esta sunción. El Rey honra con extremo los cabos de sus escuadras, que tan iluatres nacieron, como el de Hescíng. . Ya sabéis que no es esto en Francia nuevo, donde el honor de la guerra logra tantos privilegios. Ay, Garzón, que mal te olvido, y como están combatiendo en mí, lo que al Barón amo, con lo mucho que te debo! Id con Dios, Monsient Lascing. Madama, guardeos el cielo. Adiós, Monsienr. . Ay amado motivo de mi tormento! cuando otro día dichoso habrá para mí? . En queriendo la estrella. . Pues qué astro falta, dónde están esos luceros? Ea, Marta, a recorrer vamos todo lo que está dispuesto, Federica y yo. . Hoy es día de que esté el gusto en su centro. Déjame siquiera un rato interior desasosiego, que aún de aquella voz me late al oído del desaliento. Pues aqueste rato, Julia, sola entre mis ansias quedo, por si hacen tregua en la dura batalla del pensamiento; no te vayas, Revené. Mal obedecerte puedo, que ya me he ido, señora, desde que escuché aquel cuento. Él de la iglesia y la voz? Sí, no me ves cómo huelo? Ay, qué miedo! aquesta noche toda en la ropa me envuelvo, con los dos ojos cerrados. Al reves digo yo eso, yo estaré de desvelado, con todos ellos abiertos. Si se engañaría señor? No, Julia, yo considero, que es Garzón el que me busca allí, pues allí su afecto me perdió. . Y te busca en forma de los perros perdigüeros, que huelen, andan y ahullan. Y si acaso no ha sido esto, ilusión es de mi padre. Yo juzgo, que es lo más cierto. Julia, de ese escaparate saca barros, bolsás, lienzos, y cuanto haiga. . Eso es querer repartir de los troseos de novia entre tus criados; no pillaré yo mal resto. Y para mí no habrá nada? No lo ves, que no hay bragueros; joyitas de siligrana, estuches, palillos, sellos hay aquí. . Ay de mí! La Virgen me valga de los Remedios! San Espiridión, San, San, que si aún con Santos encuentro. Que fanebre queja infauata, Julia, es la que oído habemos? El muerto, que de la iglesía vino ya, y pide el almierzo. Ay de mí! . Ay de mí! Qué pena! Qué pena! . Qué desconsuelo! Qué desconsuelo! . Ay, señora, arrendajito tenemos: no paro yo aquí. . Detente. En los desvanes me encierro. . Oye; mas en vano juzgo hallar para detenerlos una voz, si aún un suspiro no logro formar entero! Ilusión fue aquel gemido, si vuelve a sonar, yo atiendo. Ay, Marta, mal has pagado las finezas de mi pecio. , te , l Voz sin dueño; mas qué miro! Garzón, tu triste y suspenso? tu lamentando tu suerte? y tu dende estoy, habiendo desadome desde el día. que me perdiste en el templo? Qué es esto? . Injusta, alevosa, tirana, esto es haber hecho experiencia de tir se, y salirme mi recelo como temí; pero quien funda en el mudable sejo de mujer una esperanza, que no la entregade al viento? No la culpa, que tú tienes, Garzón, me acúmules, puesto que me abandonastes. . Y esa es razón, que al desompeño baste de una ingratitud? Si tú la obraste primero- Ay! que no es eso, cruel, sino haber los rendimientes del Barón de Hescing logrado muchó más qué mis extremos: qué ufana estás! qué contenta! Siendo hoy el día propuesto para tus bodas; mas no, no las lograrás, teniendo yo tu palabra y tu mano. Ya (ay de mi infeliz!) me acuerdo, que te ofrecí, que jamás dispondría de mi afecto, ni mi voluntad sin ti. Pues cómo has venido en ello? Por el gusto de mi padre. Ahora te hace fuerza eso, y antes nada reparabas? mujer al fin, que tan presto, como propone firmezas, fábrica arrepentimientos. Garzón, no puedo dejar de ser tuya. . Ni yo puedo, dejar jamás de asistirte, por más que humano misterio::: Mil veces eso me haa dicho, y con más duda me quedo siempre. . Desde los nmieve años me hallaste a tu lado. . Es cierto, Conforme fuiste animando, a tu lado fui creciendo. Es as . No te impene obrar lo malo o lo bueno. También es verdad. . A estudios te inclinastos, y yo en ellos te adelanté, siendo siempre tu asistente y tu maestro. No hay duda. . Pues son finezas estas, que se olvidan luego? Ni puedo yo (si me da mayor permisión el cielo, hasta conseguir tu ruina) dejar de estar en tu acecho. Yo, Garzón, no te he olvidado. Si en conjeturas penetro . el interior, cerca está, o mi triunfo o mi escarmiento. Pues si no me olvidas tú, cómo crees tan de ligero, que en el templo te dejé, pudiendo estar encubierto, siempre en asistencia tuya? menos allí, que allí temo, que todo lo he de perder. Ya reconozco mi yerro; pero mi bien, como ahora de tanto aprieto saldremos? Llevándote a mis palacios, Marta, pues ya llegó el tiempo de que sepas que soy yo Príncipo de tan supremo ser, tan alta gerarquía, que no hay en el universo quien pueda igualarme. . Y cómo, paras desde tan pequeño asistirme, fue la traza de escaparte de tus deudos, entrar en mi casa, como obrar tan altos portentos? Como por dón natural la arte Mágica, profeso; no te lo he dicho hartas veces? Sí; mas las dudas creciendo, cómo:: . Ay de mí! que ya empieza a estar este entendimiento ilustrado, y sin las nieblas, en que con torpe beleño de arte infausto la ofus qué. Como (a repetirlo vuelvo) tales cosas, ejecutas, Siendo hombre? pues lo que advierto en ti, excede de las líneas de los naturales medios. Jamas tanto has apurado, Marta, en mí. . Jamas tuvieron mis sentidos tan despierta mi razón, como hoy la veo: creste tan ciegamente, que no me paré a saberlo. Y para ahora lo has guardado, mi bien, mi gloria, mi dueño? No, que al bir tus finezas, vuelvo, al antiguo embeleso. En vínculo amante, Esa música asegura, que a tu desposorio atentos llegan los tuyos. . Te vas? Aunque me voy, no me ausento, que quedo a lo que me importa. Y qué harás? Veraslo presto. Válgame el, cielo! qué ansias, qué dudas y qué tormentos combaten dentro de mí, Sin recurso, pues ni aún tengo la permisión de Garzón de revelar mis secretos? En vínculo amante, Marta, ya ha llegado el día, en que a todos complaciendo, se aquíete Francia, y tu padre vuelva a vivir en mi aprecio. Dichoso quien viene a ser de tanto bien instrumento, adorada prenda hermosa, cuando una vida alentemos. Póstrete a los pies del Rey, a quien tanto merecemos. Señor, no bastan palabras, pues aún encarecimientos quedarán cortos, al daros gracias de honor tan supremo, como os merece esta casa, que ya es alcázar al veros: y a vos no sé que deciros; Solo sé (qué mal me esfuerzo!) que no hacéis poco logrando, mi infausta suerte, venciendo. Gustoso día. . A no ser por la envidia que padezco:: Susca quien ama. . Qué cona ha de haber! ya estoy repleto solo de considerarla. Julieta, no himenearemos nosotros? . Para qué quiero plato de pescado seco, cuando esta madamusela tiene en mí cubo relleno? Lo cierto es, que en cuanto a esposo, lo más pulpo es lo más cierto. Ea, hija, llégate al lado de tu esposo. . Aqueste puesto es el centro de mi dicha, que le he conquistado creo a esperanzas y suspiros. Yo no soy quien os le ontrego, aunque os lo permito: no . pronuncio voz sin recelo. Qué remilgada se pone! que no haya novia sin gesto! Qué poco yo le pusiera! Ah, pícara! así lo entiendo. Antes abriera de risa una boca de un arnero. Ea, Marta, pues una acción produce tantos efectos venturosos, al Barón de Hoscing, que tu esposo he hecho, dale la mano. No hay mano, que esta alhaja tiene dueño. Qué es esto, cielos divinos? Hija? en el aire se ha resuelto su bulto. . Túpidas nieblas substituyen por su cuerpo. Aún no cesan sus asombros! Adiós, otra vez volvemos a la tremolina de antes? Espantabame yo, al verlo tan quedo todo, donde anda una bruja del infierno. Ama mia? al otro barrio. Qué diena de esto, Broserio? Señor. Jacona. Dejadme, que desesperado, intento ir dondenacabe a lasiras de un dogaloderún acero. Padre. Ay! qué escucho su voz. Padre, yo volveré a veros. Hija. . Jácome, qué hacéis? Señor, yo la estoy oyando. Ya el juicio tenéis perdido. No sé como la reservo yo, siendo tan desgraciado. Señor, qué nos detenemos, donde es menester examen de otra linca? . Ya lo advierto; esto a otra experiencia toca. Dónde vais, señor excelso? Donde todos asombrados camináis? . A vos apelo, Ministro de Dios, en esta confusión, que experimento. . Qué? ha habido? Marta no cesa en sus espantos primeros. Desvanecida a la vista, huyó de los ojos nuestros, al dar al Barón la mano. Este horror::: Señor, lleguemos al templo de nostre Dame, que ya si unidos cotejo con lo que aquí estáis mirando, lo que allá está sicediendo, todo a un propio fin camina; y aquí hay un alto secreto, que el cielo descubrir quiere, para que sirva de ejemplo al mundo, y a cuantos son tan fáciles y tan necios, que creen en ilviones, de las que yo me preserbo por mi estudio y mi caractor, a quien no pierde el respeto el abismo. . Tan gran caso al olvido no le dejo, yo he de ser testigo de él. Y todos lo propio haremos. Vamos. . Oh! el cielo descubra lo que a tantos se ha encubierto. . Qué más descubrir puede, que este dolor, que al sufrimiento excede? Y que con tal cordura nos vaya rematando en la locura. Si aquel acento pronunció tirano, dueño tiene esta mano: como al efecto, que en mi pecho hizo, no abraso el mar, el aire escandalizo? Mi amo se espiritó con tal tragedia, que este verso es de diablo de comedia. Ay! Cascarela, sabes tu de Marta? No, que fue a Cascarela, y fue sin carta. Qué discurres, si aciertas a advertillo? Que otro te la ha pegado de codillo. Penetraré en su busca el más ignoto, más distante, más rudo, y más remoto término de la tierra, por si en su espacio tanto sol encierra: ay, dulcísimo bien idolatrado! Ay, Barón hechizado! pero cuando con tiernas invenciones las hembras no hechizaron los Barones? Qué maravilla! . Pero aquel estruendo, que distante comprendo, en el templo no sueña? . J. Que anda, señores, la marimorena. Julieta, qué te asombra de esa suerte? J. Mi cara no lo advierte, Sudando, aunque templarla solicite? Sí, que ya el soliman te se derrito. No te burles con un desesperado. Mujer, que está el Barón endemoniado, acaba, ya con ello. Déjame echar siquiera este resuello. Todos al templo entraron, y ante la sacra imagen se postraron de la Virgen María: no lo puedo decir; ay, qué agonía! No me tengas pendiente, prosigue. . Con afecto reverente, y espíritu animoso, ante todo el concurso numeroso, el Obispo entonó dulces canciones de salmos, exorcismos y oraciones, a tiempo que se oyeron lamentables quejidos, que durables alternaban (qué miedos tan atroces!) con los tiernos compases de las voces, y dentro del sepulcro se notaron, en que hasta hoy los Broserios se enterraron: Solo contarlo me motiva enojos; no me ven ya desencajada de ojos? Y que ordenó el Obispo al escucharlo? Que el pueblo, sin dejarlo, el ruego continuase, hasta que aquella voz no se escúchase, o el sepulcro se abra: sobre que es imposible hablar palabra! Bien en eso se nota tu desmayo, porque relatas más que un papagayo. Ya no puedo sufrir no ser testigo de tanta admiración: venid conmigo. Ir yo allá? desacato. . Ah, Julictilla, que te he de ver la funda de la almilla, cuando por compañera de esa bruja hechicera te averiguen los cuentos, y te pegue el Verdugo tus ducientos. Ah, ladrón! antes ciegues. Has de venir a verlo? . No te llegues, que te daré cuarenta bosetadas. Curiosidades son bien escusadas, andar por esos aires día y noche. Y en el aire no ve la que va en coche? Sí; pero es muy distinto en sus vocablos, ser el tiro de mulas u de diablos. Yo sé, que a la hora de esta en la cazuela hay quien el irse a casa la desvela, dada al diantre, que tu por mi regulas, de no tener un coche con dos mulas. 4. Bastardos acentos, cromáticos tristes, albricias, albricias, y sea el beleño, que a Marta la hechiza, la dulce canción de la blanda armonía. Ya en el palacio te hallas, que mi afecto te fabrica; ya Marta, estamos seguros de que nadie nos persiga: estás conmigo gustosa? Garzón, dónde me retiras? Es posible, que a mi padre no he de ver, y que me quitas el trato ya con los míos? Y aún, si yo puedo, la vida. Sí, mi bien; tú no confiesas, que soy solo a quien estimas? Sí; mas qué proposición tanto se estrecha y limita, que una excepción no perdone, siendo la de la caricia de un padre tal, que disculpa practicarla y consentirla? Garzón mío. . Marta, cesa, no en un dictamen insistas, que como hasta ahora enojado no me has visto, no imuginas a cuanto riesgo te expones, en que despierten mis iras. En este alcázar formado para ti, no habrá delicias, que no tengas, los inciensos en gomas, que se destilan al fuego, harán que tu olfato toda la Arabia perciba; tu oído todo el Caistro en músicas melodías; tus ojos todo el Ceilan en piedras que se revistan del sol, y tu luz aprendan los reflejos con que brillan: pues qué puedes echar menos? Ay de mí! que arrepentida de esta amistad, ya conozco, que a no buen fin se encamina. No me hagas con estar triste, que crea, que aún no te olvidas del Barón de Heseing. . Más fuerza me hace mi padre, y familia. Pues tamplando tu disgusto, yo haré que el aire repita::: Bastardos acentos, Eso sí, infernal encanto, que no hay en qué, según dicta sagrada pluma, no pueda transfigurarse la estigia sombra del caos, a mi astucia las consonancias le sirvan. Qué es esto, cielos? qué es esto que la voz entorpecida, el sentido perturbado, y desmayada la vista, casi fallezco? . Ahora es tiempo de ofuscarla y confundirla: esto es, que ya para siempre, Marta, te llevo a ser mía. Dónde? . Al abismo. Qué oigo! Posesión tengo en justicia de ti, Marta, o haz memoria, de que la muerte motivas de tu madre, a quien tu mano, villanamente atrevida, ofendió, y sin castigarte, ni que tu perdón la pidas, por ti y por ella padece: desde entonces asistida vives de mí, y engañada. Ah, traidor! qué solicitas? cuando yo, sí, que::: . Ea, acentos, proseguid, y confundidla. Bastardos acentos, Protesto al cielo, que ciega, necia de puro; entendida, en el estudio ofuscada, me persuadí a que cabian en la Magia natural los prodigios qué yo hacía: no prestó consentimiento mi albedrío a tu malicia. Ya es tarde, aleve, ya es tarde. No lo es, como arrepentida al cielo invoque, y en él a la que es Madre, divina de pocadores, diciendo::: Calla, calla, que me indignas. Misericordia, Señor: oye mis voces, María. Ay de mí! que ya en el templo aquellos ecos aspiran a mi estrago, y el Obispo me conjura y exorcisma, para que a Marta le vuelva. La deprecación prosiga. Juzganos Señor piadoso. Qué no pueda destruirla! Según tu misericordia, y no según tu justicia. Marta, no pienses, que aunque a que te vuelva, me opriman; al templo, te he de dejar: pues, a tu lado me liga la maldición de tu madre. Aunque tan grave desdicha causó mi maldad, yo espero en la que el mundo confía. Ah, infiel! que me has engañado, sin que tantas maravillas ejecutadas por mí, para que de inquietud sirvan a todos, y a ti de engaño, me basten a tu conquista, renuncia tu libertad, acepta mi compañía. No, monstruo, cristiana soy, un ongaño, que tu inspiras, no ha de borrar la impresión, que tengo en el alma escrita. Pues ya que atadas las manos tengo, de que mi ojeriza en tu vida satisfaga, ven, donde se precipitan a tu lado mis furoros. Valedme, Virgen María. Un lamento se escuchó del sepulcro en la capilla: venid. . La voz es de Marta. Qué es esto? . Invisible asista mi tesón, hasta el postrero trance. . Ay de mí! Marta? . Hija? Raro asombro! Marta? Marta? Quién me llama? quién me anima? dónde estoy? qué es esto? . Estas, donde todo lo consigas, que es de María en el templo. Vuelve en ti, alienta, respira. Ama, aquí está Julieta. Y Revené; con un miedo, que todo se desborría. Habla: qué tienes? . No puedo, que me amenaza, me mira, y me aterra aquel cruel enemigo de mi dicha. Prosigue, que yo a tu lado estoy. . Solo eso podría atemorizarme. . Padre, gran señer, atended todos a la más rara noticia, al caso más espantoso, la historia más peregrina, que en las láminas del tiempo la antiguedad dejó escrita. Nací, y hasta nueve años de mi edad, fueron primicias las suntas inclinaciones, que de mi madre aprendia, cuya virtud admiraba la Ciudad Romarantina. Dime a libros estuidiosos, y de la Nigromancia a los vedados, gustando de lecciones exquisitas: curiosidad de mujer, que es en lo que ellas peligran; porque desde los cinco anos tan descubierta tenía mi razón, que ya a los siete fui retórica y latina. Un día, por cierta causa, bastante para reñirla mi madre, nos enconframos, y yo deimpulso inovida, colérica (qué locura!) alcé la mano (que indigna temeridad!) y en su rostro::: Delitos hay que se pintan con horror, y al expresarlos, con solo apuntar se explican. Quedó mi madra asombrada, de la acción tan sorprendida, que sin darme aquel castigo, que tal hecho requería, jamás, pronunció, el Demonio de ti se aparte: o qué impía es la madre, que maldico sus hijos, cuando se irrita! y cuantas desgracias causa la imprudencia permitida de usar de una voz que aterre, cuando hay castigo que oprima. Murió mi madre, después de aquel caso, a pocos días, sin hacer de esto iención; y estando yo recogida la noche de este accidente, noté, que el brazo me asían. Abrí los ojos, y vi un joven que de mí misma edad, y con traje alegre, me empezaba a hacer caricias: extrañele; pero luego, con su asistencia continua, he obrado tantos asombros, como la Francia pública: estando tan ciega yo, tan ilusa, tan perdida, que siempre esto lo he callado, porque no creí malicia en ello, ni al confesarme tampoco lo referia: hoy ya descubierto (ay, cielos!) aquel espíritu, a vista de todos, me arrebató, y en el aire suspendida, llevarme al abismo quiso; pero las fuerzas activas de exorcismos y oraciones a restituir le obligan mi persona, desde el aire precipitada y caída a este templo, y aún en él me asiste, acecha y fatiga. Y así, sagrado varón, vuestras piedades me asistan, vuestro socorro me ampare, para que feliz consiga en tanta tormenta el puerto, en tanta pena mi dicha. Extraño portento! Grande! a todos nos maravilla. No importa, Marta, no importa, que le veas, como pidas perdón a tu madre muerta, como si estuviese viva, libre estarás de él; y así, llega postrada y rendida, este es el sepulcro, llora, y en las piedades confía de Dios. Señora, a quien fui ingrata y desconocida, madre de mi corazón, a quien expresiones finas pagué con ingratitudes, a tus pies yace rendida la vibora, que dio muerte a la propia que la cría. Tened, no veis una mano, que por la lápida fría penetra? . Ya la notamos. Prosigue, prosigue, hija, que ya hay visibles señales de la clemencia divina. Perdón te pido, señora, de aquel error, y en vertidas inundaciones de llanto, mi dolor te lo suplica. Muchas gracias te doy, Marta, pues a descansar me envías. Qué maravilla. . El abismo en sus senos me reciba. Pus, y cuál huele! . A cerote. No, sino es a trementina. Por no haberte castigado, su alma estaba detenida, y ya libre vuela al cielo. Qué gran gozo! . Qué alegría! Tomándose testimonio, mandaré que el caso escriban, denle crédito o no den de historia u de fantasía. Ahora es otra cosa, cielos, ya mi corazón respira, todo lo veo de otra forma. Dame mil abrazos, hija. Señor::: . Ya es tuya, Barón, Marta, para que así vivas, tu feliz, y ella contenta. Tuyo soy prenda querida. Y yo el corazón te ofrezco. Si a madama Federica me dais, señor, me premiáis cuanto os he servido. . Dia como este, nada se niega. Ya cesará vuestra envidia. Y tú a cuál de ambos eliges? Para escudero al potrilla, y para marido a ti. Toca, puerca. . Anda, cochina. Y ahora premiado el ingenio quede con dos palmaditas; dando fin, si con el victor le alentáis, a que otra escriba. El asombro de la Francia, Marta la Romarantina.