Texto digital de El marido hace mujer y el trato muda costumbre
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Antonio Hurtado de Mendoza
- Atribución estilometría
- Antonio Hurtado de Mendoza Segura
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El marido hace mujer y el trato muda costumbre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/marido-hace-mujer-y-el-trato-muda-costumbre-el.

EL MARIDO HACE MUJER Y EL TRATO MUDA COSTUMBRE
JORNADA PRIMERA
A pares andan las bodas, albricias. . De qué picaño? Que hay muchos necios hogaño, y habrá novios para todas Tu amo perderá el sentido en ver que ya mi señora se casa. . Ines, hasta ahora quien se pierde es el marido. De presto desenvainó el vil conceto. Hable bien, que soy muy hombre de bien, y no hablo concetos yo. Pues es delito el conceto? Y aún es pecado importuno, y juro a Dios, que a ninguno le absolvieron de discreto. Que son los siempre entendidos, copas penadas; yo muero por hablar leve, que quiero descansados los oídos. Siempre frescor, y buen aire, por Dios que es la discreción apretada religión, y bravo empeño el donaire. Los nombres que gracejean (vil casa) que un casado es insufrible, y pesado, merece que se lo crean, que no hay contento tan justo, ni puede haber más contento, que hallar en un casamiento estimación, paz y gusto. Ya salen. Y qué agarrados de las manos. Bien les viene, que tan temprano conviene poner paz entre casados. Para bien, señora, sea el ver hoy en cuatro esposos, sin necedad dos dichosos, y dos venturas sin fea, Muchos años este bien gocéis de mil bienes llenos. No dijo muchos, y buenos, quejarase el parabién. Ay cosa, si bien la miras, en que se digan sin tiento necedades ciento, a ciento, y mil a millas mentiras. Que en un pláceme inocente, y en un pésame ignorante, donde hasta el mismo semblante es el primero que miente. Esa es forzosa costumbre, y el dicho nunca se excusa. Hasta en saber que se usa, conozco que es pesadumbre. Pues cómo quieres decillo? de tu simpleza me asombro. El pésame con el hombro, y el parabién con jestillo. Hable todo, que es gran mengua, pues hay tantas novedades, que todas las necedades, a cargo estén de la lengua. Ea galantes, y leves, los parabienes señores, los más grandes son mejores, pero mejor los más breves. Sobrinos con advertencias prolijas, no he de cansarme, aunque pudiera tomarme de padre muchas licencias. Daros aquí de casados ahora muchos precetos, bien pudieran ser discretos, mas también fueran pesados. En la obligación, partido llegáis el campo a tener, cuerda basta la mujer, sabio aún no basta el marido. Suyas son las dos, y nuestras las dichas, muchas tened, suyas sois en fin, pues ved, que ya en nada quedáis vuestras. Y vos don Sancho, y don Juan, estad cada uno advertido, que el entrar a ser marido, no es salir de ser galán. Sufrir todos, es el modo más cuerdo, y de más disculpas, ellos todo, si no es culpas, y ellas las culpas, y todo. Con esto el déjaros es el más cuerdo advertimiento, que fue siempre el cumplimiento, majadero muy cortes. Adiós, adiós. Esta fue prevención mía, el casarse es compañía, yo os doy esta soledad. Id con él, seguilde apriesa, y haced que vuelva. Es en vano, ven don Sancho. Ven hermano. Envidia me ha dado, y risa el viejo, que en la costumbre de embarazo tan atento, le ha quitado el casamiento gran trozo de pesadumbre, Y la noche de la boda dalle a un triste desposado con un comedión malvado, y la parentela toda. Luego una cena pesada, donde obstenta el gran cuidado la torta su verdugado, y su moño la empañada. Y de uno, y otro muy lleno, quedar el novio maldito entre galán; y entre ahito, ni para suyo, ni ajeno. Es de las simples crueldades, que a inventado el cumplimiento, guarnecido el casamiento de mayores necedades. Ya anochece, a tu amo lleva, este aviso. Hacer lo quiero, que soy hombre bajo, y muero por dar una mala nueva. . Ya hermana estamos casadas, y aunque parezcan tempranos, los preceptos, que en mi tío, siendo pocos, fueron tantos. Advierte, que en tan ceñida. religión ahora entramos, que a no prevenilla el gusto, la estremeciera el espanto, Ves la observancia, en que humilde, compiten siempre a milagros, retiros lo Recoleto, y estrecheces, lo Descalzo, la modestia Capuchina, el silencio Cartujano, cuyo encierro a campo abierto, mudas puertas, abre al campo: los grandes Anacoretas, los Eremíticas varios, los tevaidas, los desiertos poblados de asombros tantos? Pues todo, todo aún no es un movimiento, un amago, una imagen, una sombra, una línea, un punto, un rasgo. de la religión, en que entra una mujer, profesando en la ley de un matrimonio, las clausuras de un recato. La Religión más estrecha tiene, hermana, noviciado, en que el arrepentimiento. mude el rumbo, o vuelva el paso, Pues cuando (que no lo temo) las dos nos arrepintamos, romper podremos a quejas los cielos; mas no los lazos. Que un matrimonio a disgusto, es guerra; es sitio, es asalto, donde hasta que venza el uno; crudamente mueren ambos. Ya con voluntad ajena vivimos, y ya es vasallo, el albedrío, que sufre de ajeno imperio los brazos, Eso que nos permitieren; solo será nuestro, armando, no de flechas la obediencia, sino el respeto de aplausos. Pero si libres, y altivas, exenciones profesamos, y a osadas obedecemos; peligros, y antojos vanos. No habrá tormento, ni afrenta; que las dos no padezcamos, dando gemidos sin voz, diciendo injurias sin labios. Sin paz estará la vida, sin lástima los trabajos, los pesares sin socorro, sin enmienda los engaños, sin oídos todo el cielo, sin remedios todo el daño, sin paciencia el sufrimiento, y la venganza sin manos. Jesus, hermana! ay Jesús! deja respirar, si a caso lo permiten los señores crespos, maridos de hogaño. No veo en tu prevenido sermón, tenebroso y largo, ni aquí paz, ni después gloria, todo es guerra, todo es llanto. Solo te faltó sacarme (y era poco) entre dos palos, crucificado un marido; y te juro que lo aguardo. Mientras respondo de veras, quiero, aunque están olvidados, decirte un chiste, que cuento le llamaban los ancianos. Daba el hábito a un novicio un Prior, y en acabando la ceremonia, le dijo muy sesudo, y mesurado; Hijo, de la Religión, los afanes, los cansancios, los aprietos, los rigores, todo es hijo, el primer año, que adelante con la ayuda de Dios, y la mía, hermano, quisieras no haber nacido, tanto espere el que hace tanto. Paréceme que el ejemplo no es menester aplicarlo, y que sientes que olvidaste otro consuelo tan falso. Hermana, en lo misterioso, en lo austero, en lo afectado, queriendo hacerlos decentes, te hacen necios los recatos. Ya que tú del matrimonio las montañas me has pintado, los despeños, los horrores, los asombros los peñascos. La pobre doncellería si; que observa esos enfados, de una madre en la clausura, y en la religión de un manto. Pero las casadas, oye, que de las muy cuerdas hablo, en quien con lo entretenido no se embaraza lo santo. No has visto en Madrid el río, donde es tan dulce tacaño, y mozo de tan buen aire, el pícaro del Verano, las embozadas meriendas, sus verdes traviesos baños, blanca injuria de las ondas, fresca envidia de los ramos? Pues todo, todo lo gozan casadas nobles, llevando la vista, y la confianza de un marido, atento y sabio. Qué holgura licita, y cuerda se les niega, desfrutando el jardín más escondido, el más público teatro? Sus repetidas visitas, que nuevas, y en juicios varios, son trompetas las señoras, son gacetas los estrados, que entre permisiones tantas, lo ceñido, lo templado, aunque todo deuda sea, todo merece un milagro. Y si soltase la vista a lo indiferente, y flaco, en quien los mozos señores, todos son Condes tan claros. Nada de lo indiferente he de perder; paso llano quiero no más que primores son discretos desdichados. Nada sufro que me apriete, vestido; y marido holgado, alegre semblante, y vida, alto cuello, y chapín bajo, Taz a taz voy con mi esposo, yo cuerda, y el avisado, yo enamorada, si el tierno, yo apacible, si el humano, yo fiera, si el imperioso, yo enemiga, si el contrario, no rebelde, si el terrible, yo temeraria, si el bravo, que no es ley, ni honor, ni deuda sufrir un dueño, un tirano, muy soberbio de dichoso, muy presumido de ingrato. Hermana. . Lo dicho dicho. Pues lo esperado esperado. Pues ánimo a la batalla. Pues venceran los Cristianos. Yo vengo resuelto en esto. Venís loco. . Vengo honrado, Nunca es honrado excusado. Lo forzoso nunca es presto. Dejadme, que aún no es mi tío tan extraño como vos, que si el hizo con los dos aquel fresco desvarío. Fue a lo menos cortesana y airosa la novedad, mas la vuestra es necedad tan peregrina, y temprana. Que la noche de casado, en vez de estar un esposo entretenido amoroso, si no alegre, y sazonado. Vos con rigores no pocos, pensando estáis en poner a vuestra no ble mujer leyes y preceptos locos. Ahora cuando era justo hacer en ansia amorosa, con vuestra gallarda esposa tantos aplausos al gusto. Dalle queréis instrucciones severas desconfiadas, pudiendo ser desdichadas noticias las prevenciones. Y queréis que vuestra esposa piense de vos desdichado, que teneros por menguado, será censura piadosa. Vos no queréis entenderlo, que es decir a una mujer todo lo que no ha de hacer, decirle que puede hacerlo. Habéis dicho? . Lé dicho, y poco que es fiera, y desapacible la cosa menos sufrible, la mala razón de un loco. Muy de lo hermano mayor os portáis, y es caso fuerte, y aún injuria, lo que advierte el imperio, y no el amor. Oídme, pero sin pena, y sin furia, que si estoy necio ahora, no lo soy en cosa, ni en casa ajena. Vos tenéis por prisa vana, que a mi esposa en paz amiga, esta noche yo le diga lo que no ha de hacer mañana. Si luego esta noche trato de advertilla, verá en eso, que no es culpa de suceso, sino ley de mi recato. Y si en otro cualquier día lo advirtiera, fácilmente pensara que fue accidente, y que no es condición mía. Y atenta doctrina es, que no ignore, si lo ignora, que hombre que lo advierte ahora, no lo sufrirá después. Ay tan nueva prevención, reirme, hermano, dejad, que aún más que la necedad, es necia en vos la razón. Antes en fin de acostado, habéis de hablarla? . Señor, muy antes. . . No era mejor para después lo cansado. Ya que abrís tan fresca llaga, quién os ha hecho temer? que hiciera vuestra mujer lo que no queréis que haga. Y prevención corta ha sido, y no de ánimo fincero, no prevenillas primero, de que erráis tan prevenido. Y ved, hermano, por Dios, que la ofendéis, pues ansí lo que ella hiciera por sí, creéis que lo hará por vos. Quitaisle en tan flaca muestra una gloria en que os arguya, que a lo que es decencia suya, llamaréis prevención vuestra. Si esta noche en fin procuro, poner con ley rigurosa, leyes, grillos a mi esposa, a qué riesgo me aventuro? Que os tengan. Paso, no quiero oillo de vos, será que por necio me tendrá, por villano, por grosero. Por torpe, por desabrido, por cruel, por insufrible, por extraño, por terrible, por loco; por atrevido. Pues perdone mi mujer, y cuantos se cansen de ello; que todo eso quiero sello, y no lo que puedo ser. Pues eso, y esotro, y todo lo seréis, que en un extraño discurso fábrica el daño, mas que la sustancia el modo. Ya que sois novio importuno, haced que lo pruebo yo, lo que el más necio, mas no, lo que no hiciera ninguno. Vos con nuevo desatino, y descaminado empeño, no atináis a que es despeño lo que pensáis que es camino. La mujer que más se muestra flaca, cuando va a perderse, firme suele mantenerse en la confianza nuestra. Mas si con desconfianza la tratamos, vengativa, todo lo arrastra, y derriba, hasta la misma esperanza. Tenga pues, si se acomoda vuestra quietud a tenerla, todas las virtudes ella, vos la confianza toda. No os la quitéis, que si indicio dáis en ocasión alguna, de que os falta esta coluna, mucho temo el edificio. Y tanto a temerle llego, que lo que ignorante y rudo os erráis, por no ser mudo, lo pagaréis con ser ciego. En fin os parece error, y no lo aprováis? . . Que sea tan necio un necio? . Pues ea discretísimo señor. Seguid vos lo confiado, yo lo temido, y veremos quien hace de ambos extremos el suyo más desdichado. El vuestro ya lo habéis hecho, que locuras tan pesadas, primero que pronunciadas, infaman dentro del pecho. Y dejemos tan cansado colo quio, que vive Dios, que a un dichoso, vos con vos siempre seréis desdichado. Que tú lo viste? que es cierto, que se desposó Leonor? o en el mundo, o en amor, cuanto se duerme despierto, En tan injustos enojos, solo en mi daño creidos, de escucharlo los oídos, están tomblando los ojos. Desposarse, porque fue conveniencia, no pudiera hallar más vil, más grosera, baja disculpa la fe. De toda doncella infiero, crecidita, que arde, y muere por matrimonio, y que quiere, no el mejor, sino el primero. Si estarán ya recogidos? Si cumplen con los casados, hora es de estar acostados, pero no de estar dormidos. Que curiosidad tan vana, partid la invidia también, tú esta noche se la ten, y él a ti por la mañana. Que vil pena, y que bien lidia con ella mí se inmortal, pues llego a tener un mal, que le consuela una envidia: Qué haré ya sin esperanza? Irte, y si acostarte vas solo, de ambos tomaras honradísima venganza. Mira si parece Ines. Ines no, pero los dos novios. . . qué dices? . Por Dios que son ambos. . . Ello es desdicha, haceldo en buen hora, que es peor, y ansi lo espero. Tarde es, cenemos primero: pero dos hombres ahora en casa, qué buscarán? Pues si hay dos bodas en ella, y en sazón tan dulce y bella, todo marido es galán. Esos mozos, en quien brilla. la edad, haurán entendido que comedia hemos tenido, y alegres vendrán a oírla. Y si acertaren a ser dados a la devoción, vendrán a oír el sermón, que hacéis a vuestra mujer. Donaires ahora? . . Son vuestras cosas de tal aire, que aún no haciéndolas donaire, se hacen desesperación. Atiende, que él un casado mira de marido nuevo. Con poca paciencia llevo lo embarazoso, y lo hallado: hidalgos desadvertidos, que buscan, que, tan despacio, que esta casa no es palacio, que consiente entremetidos? Paso, don Sancho, que modos son los vuestros? no penséis, cuerpo de Dios, que os habéis casado ahora con todos? Caballeros yo creía, que pensastes que aquí hubiera alguna fiesta, que fuera digna de vuestra alegría. Y solo para poderos entretener lo estimara, y que todo festejara a tan nobles Caballeros. Vos nos habéis conocido cabalmente; la María de Riquelme compañía, la mujer de su marido, que venía a entreteneros: creimos. . . Y bien lograda es al menos la jornada, que ha llegado a conoceros, porque vuestra cortesía. No es ninguna, cumplimientos a estas horas? . . Sentimientos dáis a la modestia mía, ya verán vuestros engaños: que si un hora no he podido sufriros, yo tan marido, que hará Leonor tantos años. Venid hermano, que es tarde. Sin irse aquellos? . . Primero nosotros. . Qué? . . Caballero mandáis más? El cielo os guarde. Vive Dios, pues que he de ver. Ay tal temple de casado, lástima es, que haya topado este hombre aquella mujer. Aunque es tan inexpugnable la suya, seguilla espero; pero de este majadero nada puede ser amable. Y Leonor? . . A me ofendido toda el alma; o quién pudiera querer la hermana, que fuera grande ayuda su marido Qué distintos dos hermanos. De hoy más responderle espero a el don Juan con el sombrero, y al don Sancho con las manos. No hay que aguzar los aceros, si el simplón lo entremetido, nos vistio el otro entendido, nos forró de caballeros. Ines sale. Con que gusto salgo. . . Ines mía. Señor. Qué imposible? Ni en tu amor me hables, ni en tu disgusto, y le este papel, y espera, pero adiós. Cómo? eso nones, que me ha de oír mil razones. A no ser pocas lo hiciera, decertar la voz, no quiero en esa migaja . Ines, dime ahora, y no después de tus amos. . Lo primero es, que ya cenando están, mi amo don Juan, más gustoso, más alegre, más chistoso, que la noche de san Juan. Pero su hermano don Sancho, con la vísera calada. Él es novio de lanzada. cerviguillo corto y ancho. Que fiero y hosco es el hombre, derrengada vista, y ceja, y sin andamio en la oreja, no se puede oir su nombre. Están con mucho alborozo las hembras? Mi ama no, pero no lo fiaré yo viejo amor, ni nuevo mozo. En dos airosos manteos, blanca, y nácar descolladas, y en mesuras colocadas, envainados los deseos. Aguardan con bizarría su permitida licencia, de una justa violencia, la forzosa demasía. Y porque ya haurán cenado, y recogerse es razón, y la noche, y la ocasión pide silencio al senado. Adiós, que después sabrás de los nuevos desposados. . Ines, ya no están casados? sepa el Turco lo demás. Cuanto más leo el papel, más falsedad me parece; que este crédito merece verdad, que empecó sin él. Tarde me persuadirás a más fe, y a menos ira, que es propio de una mentira, socorrerse de otra más. A la escasa lumbrecilla, que ofrece en esta ocasión, en vez del grave blandón, la picnña lamparilla, que si el penso, a mi amo veo rumiando las tristes hojas de aquel papel. . . Más congojas y engaños, que letras leo. Qué tenemos? son disculpas de forzome aquel Nerón? Oye; que está en la razón, hallan peligro las culpas. Sin fe una injusta violencia, me casó cuando vivía, bien hallada en ti la mía, mi muerte fue mi obediencia; una flaca resistencia, ninguna victoria alcanza, ya es mi pena tu venganca, y advierte, que en la ocasión dentro de la posesión, también cabe una osperanza. Morón, di, qué es esto? . Qué? quieres que el alma se saque en decima, en badulaque, de la esperanza, y la fe. Esperanza. . El entenderlo dejemos, si no te enoja, a la providencia floja, que llaman dormir sobre ello. Yo bien lo entiendo. Qué es chanza, que en promesa tan vacia, engaño, y bellaquería. caben pero no esperanza. Deja ya esta crueldad, como dicen los menguados en el jubón los cuidados. Moron, los que están en él, Ines fuese? Luego al punto, que el Sancho. Sancho se llama? pero es dueño de su ama. Es marido de por junto el Sancho. El Sancho nació de su condición esclavo. El Sancho es d. Sancho el Bravo, y el manso le espere yo. No os acostéis, doña Juana, oí antes de honor llena, una plática, y si es buena, nunca os parezca temprana. Doña Juana en un cuidado, que si no se da, se tiene: quien dice lo que conviene, aunque canse, no es cansado. No aviso en lo que os prevengo nada, y si justo, no viene con el humor que otro tiene; será con el que yo tengo Adimirada espero, y muda, dónde va a parar este hombre? pero aunque todo me asombre, solo hace miedo la duda. Desde la primera hora de esposo, hacer he sabido esta acción, perdoos pido, de dilatarlo hasta ahora. De la manera que al cielo, que sus influjos reparte, se le sufré en cada parte el ardor, el aire; el hielo. Así es forzoso, y debido; que ya en pesar, o en placer; sufra una honrada mujer el temple de su marido. Esa es razón tan forzosa, que le sobra lo advertido. En la mujer lo sufrido, es la parte más hermosa. Esperaréis reprensiones, pulidas, y bachilleras. No espero tal. No a mis verás razón, pero razones. Vos habéis de andar, o yo con el tiempo, que en extremos distintos cada hora vemos, un varió, un nuevó Madrid. Si el poderoso gobierno, el Prado, y calle mayor, prohiben en un error, es un melindre moderno. A todo habéis de ir, adonde todos van, mi madre fue, no temo lo que se ve, ni apruevo lo que se esconde. En estaciones excuso hablaros, y si ha de ser, haced lo que habéis de hacer, por devoción, no por uso. Amigas, no se que os diga, mas si sé, la que eligiera vuesa atención para nueta, esa escoged para amiga. Los trajes, que en varios modos son un desuelo importuno, no habéis de inventar ninguno, mas podréis entrar en todos. otros misterios, que os ruego, que ignoráis, no, no os lo digo, que es presto, y no soy amigo de decirlo todo luego. Con esto acostaos, en tanto que yo decirlo no quiero. No se cual ponga primero, la obediencia, o el espanto. qué respondéis? . . qué desdichas. Qué deciades ahora? que mi obediencia os adora: . necedades tan bien dichas, más es mi esposo, aunque muera, respetaré su rigor, que desear al mejor; pero sufrir a cualquiera. Aún satisfecho no quedo, de que dije lo bastante, marido anduve, y amante, quiero cumplir con el miedo. Para la noche primera algo dije, y más hablara, si otro mal no mé llamara, y que bien, si no lo fuera. En hora tan sospechosa, dos hombres, tiemblo de oillo; no tengo para sufrillo la condición tan dichosa. Toda la casa he de ver, y toda la he de cerrar; con dudar, no hay que dudar, con temer, no hay que temer. A escuras la casa está. pasos voy sintiendo. a Un daño, que recelo, y que no extraño, que sea de todos ya. Me ha inquietado ahora, y temo una fiera pesadumbre en mi hermano, que a costumbre va caminando su extremo. El rumor siento hacia aquí, mataré a quien fuere: un hombre siento allí. No se que nombre, a lo que pasa por mí. Pueda dalle mi marido, aún antes de serlo todo, instrucciones, y en tal modo despertar de no dormido, no se lo que puede ser. Negarse luego a la cama cuando acaricias de dama esperaba su mujer. Qué será cielos? . Quién va? hombres digo, que he sentido. Voz escuché. Este ruido, de un gran mal indicios da, que hacia el cuarto de mi hermano lo siento. . Diga quién es? Ay Jesús! . . Yo tomo pues aquella luz, que no en vano pienso que temo. La vida perderá, si no habla presto. Señor, esposo. . . qué es esto? don Sancho hermano. Perdida salgo de ver, que mi esposo con espada, y con broquel: más cielo. . . Caso cruel! hombre fiero, y lastimoso. Hermana. . Perded el susto, en casa ruido sentí, salí, y mi esposa tras mí: pero a que, temerlo es justo: . la oscuridad, y el rumor, que cerca de mi sentía. Qué ha sido esto hermana mía? Por su honor, y mi valor lo callaré: unos ladrones sintió, yo salí, y a escuras, pensando. . . Vuestras locuras, que no ya imaginaciones nos han de traer a estado. Siento ruido, un bulto veo, sin luz salgo. . . A todo creo, que saldréis desalumbrado; vos sois noble, vive Dios. Si reñís, y no en secreto, no he de guardaros respeto. Pues yo sí, el decoro a vos: aún no estaba recogido don Sancho, es, que al punto oyó el ruido, y le estimo yo, que aún no estuviese dormido: ya huyeron, volvamos pues a recogernos. . Ay Juana, qué hombre es este? Un hombre, hermana, tan despierto como ves. Amigas mientras volvemos. a mirar la casa, entrad, y de la noche lograd lo que falta . A tus extremos pienso, hermana, que has medido el esposo, que has topado. Siempre deberá el cuidado, mucho más a lo marido, Qué honrada, y que mentecata respuesta, Cómo? esenombre le das? . Galán para el hombre, y para mujer lo ingrata. Don Sancho esto va en secreto, alabaos, que habéis llegado. a que lo desconfiado, no puede en vos ser discreto. Mirad hermano, por Dios, que desdicha sin morir, ella se sabe venir, no la ayudéis tanto vos. Que os juro. . No juréis nada, eternamente he de hacer lo mismo. . . Auréis menester más sufrimiento, que espada. En fin no hay remedio? . No. Vivid con vos, esto os digo. Si para vivir conmigo, ya sé que me basto yo: o que hermano tan sin brío. Oh qué mujer de honor llena. Oh qué suerte para ajena. Oh qué hombre para ser mío.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGU IDA El Sancho con criminales. pasos me sigue, y molesta, y es hombre para una fiesta de los fieros animales. Esto de sierpe lornea, es corto requiebro. Él es. El Sancho es hombre de pies. A hidalgo. Quién me hidálguea? o mi señor. . Escudero. qué buscáis? . O mi señor, cierto amigo, que un Doctor. No os turbéis, mostrad primero el papel. . Yo. Vive Dios infame. . Terrible aprieto! Suelta ya. Oíd un secreto, el papel no es para vos. Claro es, que no es para mí, pero será mal nacido, la vida, o el papel pido. No es igual el trueco. Aquí has de morir hablador. Que me matan. Oh villano. Voces son, qué es esto hermano? Este villano traidor, que trae un papel. Qué importa? Qué importa? si le ha traido a mi esposa. . . Hombre atrevido, la injulta lengua reporta, que es imposible, aunque veo otro mayor, que es oillo, y otro más vil, que es decirlo. Todo es falso, . . Yo lo creo. Picaño. . Aparta, el papel me dad a mí. . Esto es peor, volverme será mejor. Luego volveréis por él, mostrad. Ved que os le doy sano, Yo le quiero ver primero. Primero? ni aún después quiero, y de que seáis mi hermano, mil veces me ofendo, en que vuestra mujer en efeto os desmerece el respeto, la confianza, y la fe? pues cuando (aunque no hay disculpa en ello) un error hiciera, gran culpa digo que fuera, mas decirlo es mayor culpa. Qué cosa, para mi hermana papel? quiere hacer recuerdo de este hombré, si ya me acuerdo. Qué seguridad tan vana! Doña Juana es un espanto, es un prodigio de honor, y después de mi Leonor, de ninguna creo tanto. Será una cosa de risa, y donaire. . Vedle presto. Válgame el cielo! qué es esto? que no esperado, que apriesa: un veneno de ansias lleno por mi pechó se dilata, que es mil muertes, y no mata, por más partes de veneno. Jesús qué extraña locura! y qué diferente cosa! papel para vuestra esposa? quién la hallará tan segura? Turbado está, otra vez digo, que es para mi esposa, y muere por deslumbrarme; eso quiere, bien lo acabará conmigo. La injuria, que aún no temía. . en mi hermano, ni en ajena mujer (qué rabia! qué pena!) toda ha llegado a ser mía. Este papel se escribió a Leonor, a mi mujer, la desdicha puede ser, mas no el debérsela yo. Estoy furioso y corrido, de que vos a una inocente tan virtuosa, y prudente, la hayáis, don Sancho ofendido, Con inútil piedad vengo . a curar porque más pene, la herida que otro no tiene, callando la que yo tengo. Todo el papel me aa callado, y es la causa toda mía, con razón me lo encubría el pícaro del criado. El borrador, y el papel, descuido, que aún da cuidado, vienen juntos, bien pensado el agravio que está en él. Él un papel vuelvo aquí, cumpliendo, y disimulando con un necio hermano, cuando me he menester para mí. Mancebo desacordado; volved a vuestro ejercicio, baste ser ruin el oficio, no le hagáis vos desdichado. Llevad, y con más recato, ese papel a quien va, no erréis más, que no os saldrá quizá otra vez tan barato. Andad, andad, que os prometo, que aún dijera. . Vuesa sted me hiciera mucha merced: gran menguado, o gran discreto. Es este hombre, que el billete no le ignora, voyme, y callo; donde estáis, que nunca os hallo, venturillas de alcagüete? Quién le diera con un bolo? qué mira? Qué bien sospecho! Vive Dios, que es muy mal hecho, que le dejen andar solo. . Dónde vais? . Yo voy adolide me importa? Gracioso extremo. Sabré quien es, que me temo, que es criado de algún Conde. Tened, es posible hermano, que imaginaseis aquel desvarío? sois cruel, sois injusto, sois tirano. Vuestra desdichada esposa tiene por más desdichada con vos dicha deshonrada, que aún basta la de hermosa? Pensáis que estoy satisfecho. Yo pensar tal desatino? Yo creo lo que imagino. Que os haga muy buen provecho que contra vos viene a ser, pensar tantas liviandades. Yo pienso, y digo verdades, que vos queréis esconder. Ni eso es verdad, ni se entiende, que debáis decillo vos. Don Juan, la verdad es Dios, quien no la dice le ofende. Justamente se retira, si a la decencia es contraria verdad, que no es necesaria, bien merece ser mentira. Mas para vos, no hay tormento como vos . Si esto esgranmengua, sed vos cuerdo de la lengua, y yo del entendimiento. . A solas conmigo quedo, sin atreverme a mi mal, que en mal tan nuevo, y mortal, hasta el valor hace miedo. Mas la cara al enemigo volvamos a ver, leamos, si este monstruo que esperamos es amenaza, o castigo. Leonor, tus satisfacciones, de brazos de ajeno dueño, sin aplauso las escucho, templadamente las creo. Si estás descontenta, el trato es mañoso amigo, y cuerdo, don Juan milagros le fía, a la ocasión de un discreto. Aquí está borrado, ingrata (vulgar cosa) aquí no quiero más disculpa, y aquí dice, para engaños sobra el tiempo. No respondí a tus papeles, ni recados, porque hubieron menester, Leonor, entonces todo yo mis sentimientos. Satisfacciones? papeles? recados? qué busco, y temo, ya más testigos, y en culpa, que aún sospechada es lo mismo. Mi seguridad, mi fe, mi caricia, mi respeto, mi confianca, hasta llegar al peligro de su extremo. Con otro empeño a mis brazos, yo proseguir fiera en ellos, pláticas, que aún de pensarlas se estremece el sufrimiento. Será lo más valeroso, lo más bizarro entrar luego con saña, con furia; y rabia, feroz, turbado, y soberbio, a herir de una mujer flaca el vil descuidado pecho? y ensangrentar noble mano en rendido infame cuello? Quién dirá, que es bizarría, ni valor? puede ser esto? que no resistido, y fácil venganza será, y no esfuerzo. En ella culpas, y en mí agravios, que aún no se han hecho; pero he de aguardar (ay triste) a que se hagan, si el fuero del honor rayos fulmina a escondidos pensamientos? Sea el castigo en buen hora, sañudo, airado, y resuelto, que honrado será, no airoso, y hará más ruido que ejemplo. Pero aunque no hay otra cosa, provemos otra en que veo más constancia, más valor (ay si fuese más acierto.) Leonor está aventurada, perdida no, pues en medio de la libertad de moza, solo entregada a su imperio. Sus licencias moderando, se permitió a un galanteo, sobornada de las dulces lisonjas de amante tierno. Y aficionada, y servida, y obligada, puso freno a la ocasión, y al decoro, atados tuvo los riesgos. Veamos si con el arte, y el cuidado recogemos esta barquilla entregada a un aire de tantos vientos. Que si la prudencia y maña, por advertido, y secreto camino, ayudase poco, y el cuidado obrase menos, Entonces si llegaría a tiempo el desnudo acero, más piadoso en lo más bravo, mas limpo en lo más sangriento. Mi hermano, y yo caminamos a un mismo errante despeño, por sendas varias, que tiene muchos cáminos lo necio. Honor estas dilaciones te sacrifico, y ofrezco, mis ceguedades vendadas por lamparas a tu templo. Que a los que ahora me acusan, templado celoso, espero poblar de espantos, de asombros de horrores, y de escarmientos, Verá Leonor, verá el hombre, verá el mundo, verá el cielo, que no tiene menos furia, la espada en manos de un cuerdo, Paréceme que he sentido hablar con voces, y extremos a don Juan. . . Leonor es esta, yo os vengaré sufrimiento. Esposo, don Juan, amigo, que tenéis? . . Oh lisonjero. . agravio! que he de tener, una batalla, un infierno, un hermano que furioso, porque traiga un mancebo un papel, y recatado, se le escondio de ira lleno, y más de infamia, y locura, matarle quiso, diciendo, que era el papel (qué bajeza) para su esposa, yo llego, libro al hombre, el papel tomo, y hallo en el (oh viles celos) otra cosa, que distante! que extraña! (en pensarla tiemblo) En fin tan distinta y nueva, mi Leonor, que te prometo, que te admirara: el criado déspido, el papel le vuelvo; y a mi hermano (estame atenta) con desdén, enfado, y ceño le digo: Señor don Sancho, el término indigno vuestro, miente a vuestra sangre misma, mas no a vuestro entendimiento. Por mujer tenéis un Ángel, que es muchos en el ingenio, en la gracia, en la pureza, en lo apacible, en lo bello. Advertencias, y regalos se mezclen siempre, encubriendo, que es propia herida, y en todo muestre un reposo despierto. Confialla, divertilla, entretenerla, pues vemos, que obligada hasta una fiera; hace caricias al dueño. Y cuando ella advierta, y mire, que sin castigos, ni fieros el marido en vez dezas, empuña avisos modestos. Quien dice fue cuerda, y sabia, en sus límites estrechos. se recoja, y luego sean los escándalos ejemplos? Que si medios tan suaves. no bastasen, hierro a hierro, a fuego, y sangre, y sin que, ni aún cenizas deje el fuego. Yo mismo, yo le llevara la mano, y con el denuedo, que a Leonor, si a Leonor digo; en igual trance, y aprieto. Le pasara el pecho, el alma: pero hay mi Leonor, cuan lejos del daño estoy! pero en sombras, asombraran mis recelos. Miedos tengo, que don Sancho con su extraño desacuerdo, fue a inquietarla; voy volando, quédate Leonor temiendo. . ̱. En desdicha tan cruel, hay dicha cómo la mía? que este papel me traía Morón sin duda, y con él sopó el otro, que ha pensado, que era para su mujer; y que un necio sepa hacer buenas obras de cuñado? lodo es como yo pudiera intarlo, siga lo honroso. mi hermano, que un falso esposo llo paga de esta manera. Q(nés. Señora. . Trae luego los mantos. Adónde vas? Ines, después lo sabrás; y en suma ver a don Diego; me importa el vivir. . Yen suma estás resuelta? . Infinito. Pues vuelo, que el chapinito, ya no es corcho, si no pluma. . Si don Diego en el papel me nombró? pero no haría, que más que culpa sería, moderna ignorancia en él. Quiero, aunque este mesurado, de este suceso avisarle, que fácil será topalle, pues calle mayor, o el Prado, no puede ningún ocioso negarlo a estas horas. Ya tienes aquí el manto. . Está descogido? . Ten, que airoso. es el traje, y que de azañas ha hecho un ojo tapado, en un cendal emboscado un escuadrón de pestañas! Vamos presto, no nos vea la hermana; o la madre Juana. Donde con mantos, hermana; La Sancha con todos sea. Tengo una cosa forzosa que hacer . No has de salir. No? pues quién lo embaraza? Yo. Conmigo tan imperiosa? eres mi madre? . . Soy más, que te conozco afe mía. Ferma, ferma. Hermana mía, no te canses, no saldrás. Que saldré mil veces digo, aunque te pese, que estoy ya determinada, y soy. Pues yo he de salir contigo, que si el negocio es decente, no estorbo yo, y no lo siendo, no hay que salir. Bien te entiendo que hacer de lo impertinente virtud, ya es maña traidora de la mala condición. Leonor, tu tendrás razón, mas no ha de valerte ahora, que has de quedarte, o contigo he de salir. . Ven en ello, que un trascantón ha de hacerlo. Quiero que vaya conmigo, que para hacer yo mi gusto, no me estorba nada, ve trae el manto. . . Aunque yo sé, que harás siempre lo que es justo. Mientras tus esparcimientos llevas, llevarás mis pasos. Las leyes más que los casos en ti sola. . . Tus intentos, Leonor, no han menester pocas, ponme el manto, adónde has de ir? No te lo quiero decir. No me refieras tan locas diligencias. . Por los pies se me escapo. . Ven tapada. Yo no he de hablaros en nada. Hola, dónde van las tres? Qué os alborota? (ay de mí) irán donde fuere justo. Doña Juana, yo no gusto que salgáis vos. . . Mi Leonor, yo quiero que vais adonde gustaréis, y que llevéis el coche. En él no saleréis, que a mi hada se me esconde. No hagas caso, de esto hermana, qué dudas? porque no vas. Mi mujer salir jamás? ni asomarse a la ventana. Ve Leomor. No salgáis vos. Ve tú sola, y vete al Prado. Haced lo que os hemandado, doña Juana. . . Vive Dios, que han de ir entrambas, y cuatas hay en casa. . Mi mujer lo que yo quiero ha de hacer. Cuándo sin bajezas tantas procedáis más atinado, malo a mi tío tenemos, venid pues, y a belle iremos. No me apretéis demasiado, que antes en casa encerrada mi mujer ha de quedar. Harto más pudiera estar esa locura encerrada. No he de sufriros de hoy más, que excedéis. Los desabridos preciados de mal sufridos, se obligan a sufrir más, que aunque os pese han de ir las dos Doña Juana todo el día a la labor. . . Leonor mía al Prado a todo, y a diós. Frente a frente ahora están, dos opuestos escuadrones. A mí tan nuevas razones? Yo marido tan galane A mi preceptos tempranos? A mi dueño tan cortes? A mi grillos a mis pies? Para mí todo en mis manos? Que esté yo sin libertad? Que esté todo en mi albedrío? Qué escarmiente el honor mío? Qué temple mi liviandad? Qué muestre tanta aspereza? Qué tenga tal confianza? Todo merece venganza. Todo merece firmeza. Todo desobliga así. Mucho obliga un trato amigo. Honor yo sea contigo, que ya todo es contra mí, que piensas hacer Leonor? Ya lo tengo bien pensado. La calle mayor, o el prado? Algo he pensado mejor. Tú sola tienes licencia de tu esposo, ve en buen hora. No pienso salir ahora, Juana que es todo obediencia, una libertad prudente, Qué duras son! qué pesadas las acciones recatadas! En compás bien diferente llevan, y en vario semblante, las tortolillas de un nido, una bajos de marido, y otra contraltos de amante. Gran descanso es ser mirona en tal gárito! en fin cejas? ya no sales? . . En fin dejas de salir? . Así corona de aciertos la confianza a un bizarro hidalgo pecho. Yen mi aquella injuria ha hecho. movimiento, no mudanza. Que hay mucho en mí que perder, pero por ser ley divina, el mostrarle que camina erradamente, he de hacer lo que jamás no llegó a mi honrado pensamiento, dé muestras mi sentimiento, solo me perdone yo. Bueno es querer, que por si sea yo a mi honor fiel, si ha de ser más que por él, por lo que me debe a mí. Tener quiero entre excelentes partes, a mi sangre iguales perfecciones naturales, no virtudes obedientes. Bajísimo natural, ser bueno por complacer, y con afectos de ser lisonjero espiritual. Yo salgo, si tú no quieres, aunque nada aventurando, tengan freno, pero blando, las generosas mujeres. Y por fineza lo cvento, el no habelle obedecido, que de esta vez advertido en tan pequeño escarmiento. Que a hombre tan poco avisado, avisarle no es injusto, que quien no sufre lo justo, que sufra lo demasiado. Yo hermana, no te aconsejo, que en hacer lo que prohibe, he visto siempre que vive muy diligente el consejo. Mas ve Juana, que haces bien, y ambas guardaremos justicia, yo en vengar una caricia, y tú en vengar un desdén. Pues oye primero hermana, don Sancho lo merece! Y algo más. Qué te parece? Que en todo eres muy temprana. Entra Ines. Voy con temor, que hermana Leonor tenemos? Yo se Ines. Cuerdos extremos! Leonor, no sois vos Leonor. Paguemos el noble trato; y advertida cortesía, que a una se una villanía, ya es ser hereje lo ingrató. Ines, ven conmigo. . Yoy, dónde te lleva el capricho? A no hacer lo que me han dicho, Del mismo trabajo soy. Honor no estéis vos quejoso, que en resolución tan nueva, yo no voy, porque me lleva la necedad de mi esposo. Déjame andar huyendo toda via, y no pienses, que hacerlo es cobardía, que huir de tonto es el valor perfecto, ciencia del fuerte, y armas del discreto: o bendito don Juan, Juan de buen alma, que marido de paz holgado, y ancho, como contra veneno es contra Sancho. Él don Sancho es frialdad, que en fin te ha visto. No me preguntes más, que vive Cristo, que aún aquí del don Sancho estoy temblando. Que tan noble, cortés, piadoso, y blando, en tan duro suceso el mismo esposo topó, y volvió el papel discreto quiso callar su afrenta; pero no mi aviso: vive Dios, que me afrento de ofenderle, y quiero antes vencerme, que vencerle. Faces fidalgamente, y que sidalga maguer, que esta será la vez primera, que a un Cristiano galán correspondido, al mundo hacéis los dos ejemplo nuevo, de tibio amante, y de celoso manso, que el don Juan, que no rifa como potro, es marido de teta con el otro. Gran tentación me ha dado (y no está ociosa) de galantear la hermana, ilustre hermosa; pues aunque honesta, en fin se ve ayudada de aquella tempestad desconfiada de su esposo, que están sus inquietudes de escarmiento, poblando las virtudes, y débame el marido impertinente, el darle la razón de lo que siente. Dos mozas, que llamamos de buen garbo (que ya caduco está lo de buen aire, y vulgar adagísimo el desaire) desembarcan de un coche. Bien se huellan, gallardos brios! generosos talles. No hay mejores caballos de las calles. Villana servidumbre, y más villana, la injusta mano que oprimir intenta una alma noble, que naciendo exenta bate el érguido cuello, a ley tirana! Oh arrogante! oh cruel soberbia humana! aún de exceder tus márgenes sedienta, que libre! qué atrevida! qué violenta! jurisdicción presume soberana. Yo en paz criada, en resplandor nacida, sin conocer mis pasos el denuedo, al decoro, al honor vivi rendida, mas ya es justo poder lo que no puedo, que no es decente a generosa vida, que lo que obra el valor, se deba al miedo, a Sabes dónde estás? . . Ines, por nueva en estos antojos, todo lo ignoran mis ojos, todó lo dudan mis pies. Qué calle es esta? Ay que Juana, no ves tanto señor mozo, bizarro galán destrozo, de tanta quietud humana? Es la mayor. . . Bien dudé, que eternamente la vi. A Moron he visto allí. Si aún lo mismo que se ve no engaña; a Ines veo ahora, y a Leonor. . . qué injusto nombre. Este es don Diego. No es hombre de buen arte? (la traidora bien le conoce) que hacemos? no hablamos? Qué noveda. hablar yo? . La ociosidad es gran pecado, troquemos aquello, que travesura se llama . . Ines, yo tan vana? más veamos si mi hermana disculpa bien su locura. Tápate más, no te vea ninguno. . Un manto, señora, anochece a cualquier hora, Ce, galán, Que bien se emplea en mí ese nombre, . Simplón. Conocesme? Que tú eres, maldita entre las mujeres? Moderado socarrón; llama a tu amo, y con recato, di que llegue, y que no es Leonor esta. . Cómo Ines? Cómo es otra, mentecato. Gran razón! Tenle advertido, que hable de lo muy perfecto, que he dicho que es muy discreto. Sabe decir desualido, atención, galantería. tal vez desaire, atinado lo cierto es, pesar, cuidado, presumido grosería. Ay qué discreto. . Señor tiento en hablar, que es la hermana. Estos pasos doña Juana? enredos son de Leonor. Es Leonor el Turco? llega, desmesurate. . . Es en vano. Fiate un poco a lo humano, suelta el mujer. . . Soy talega en el arte que no sé, ni aún el camino yo llego, sois vos el señor don Diego? Lo que ha negado la fe, bien se pregunta. . . Merece gran atención la respuesta, buena debe de ser esta, pero no me lo parece. otra oigamos, que por dicha, como visoña, no entiendo lo mejor. . . Yo no pretendo hacer de la fe desdicha, bien con mi mal quedo así. Esto ha querido mi hermana? ya de honrada no estoy vana, ni me debo tanto a mí. Ce, Francisca llega luego. Pues bien, qué te ha parecido? Ni sabroso para oído, ni lindo para don Diego. Qué te ha dicho? . . De la fe grandes trabajos. . Leonor creyó que era. Oh siego error! no es mi enemiga, ni se que será, todo se esconde; pero cualquiera que sea, con gran ventaja pelea, porque escucha, y no responde. Decir quién es la tapada, no hay remedio? No Morón. Oh mantos de humo, que son criados, que no encubren nada, Es una mujer de bien. Gran cosa! pero infinitas, conozco yo. No hay visitas, como cuidar mucho; y bien de mi casa: de mi hermano huyendo vengo, por ver si osó salir mi mujer, cuerpo a cuerpo; y mano a mano. Están, aunque divididos, cuatro allí (ved lo que pasa) déjenlas salir de casa; que esto verán los maridos. Qué miro? qué son los dos? de quien tanto me recelo, y ellas quién? ay santo cielo, Ines, Leonor, vive Dios. Que son ellas; bien temí! qué maldad! qué infamia! aquel es el traidor del papel, qué haré? matarelos? sí. Mi hermano muy cortesano, mire, y con rabia me río. Que antes de ver a mi tío, se me escapase mi hermano? Terrible hombre! el se volvió a casa. Don Juan. Qué es esto, don Sancho? Yo digo presto todo lo que siento yo. Vuestro dictamen holgado tan galante, y esparcido, tan discreto lo marido, lo galán tan demastado. Ved don Juan, ved donde para. Qué queréis darme a entender? Que aquella es vuestra mujer. Cien mil veces cara a cara mentís; y en vuestro desuelo pensad con baja porfía, en la vuestra, no en la mía, que os mataré vive el cielo. Ni partáis entre los dos vuestras locas vanidades, todas vuestras necedades son menester, para vos. Ellas son, y los dos hombres . son aquellos, ay de mí. Andad primoroso aquí, y aunque les deis falsos nombres. Mis recatos os dirán, que es cosa más atinada, que esté una mujer cerrada, que hablando con un galán. Si eso verdad fuera, a vos por vil pariente, y amigo, y a ellas, y a todos digo, os matara, vive Dios. Y aún castigo más tirano merecía, el que tan fiero la injuria que vio primero, la guardó para un hermano. Cierto es mi daño, y el medio . blando; qué inútil salio! o mal grande, que enfermó nuevamente del remedio. Pléguete Dios. Qué hay ahora? que tienes, que estás turbado? No es nada, el Sacho me ha dado, Es mal de todos: señora tu marido. Aunque lo espero sin temor; don Diego al punto os retirad. . No pregunto la causa, y serviros quiero en lo que menos quisiera: Vamos Moron. Qué has hallado? Un tahur muy recatado, que no envida a la primera. La mesurada es sin duda. En qué lo has visto? En que anda tras ella el novio de Irlanda, que es su marido de ayuda. Dejarla sola es injusto. El perro es ladrador. Y don Diego? Algo mejor, mas tengo espacioso el gusto. Seguirelos? no, no venza tanto el dolor, que vengar esto en público, es sacar una honra a la vergüenza. Voy a casa a prevenir mas, o enemigal que? qué? prevengo, en tan falsa fe mas que matar, y morir. A buen tiempó mis enojos tomaron fieros tiranos, venganza de propias manos, pero no de ajenos ojos. Vive Dios, que estoy corrido de ver tan afeminado un hermano, y mi cuñado, he de pasallo a marido. Mujer loca, y atrevida, bachillera, y licenciosa, si fueráis (qué es ser) mi esposa, aquí os quitara la vida. Y holgará que mi mujer fuerais, que en mal tan violento. Quiero darte este contento no más. . Qué quieres hacer? Descubrirme aquí. Eso no. Responderle. Eso será conocerte. . . No podrá, que estoy mal sufrida yo. Que bien tenéis escondido el rostro en acción tan fea, tan bajo, porque no os vea vuestro ignorante marido, Sois una mujer liviana, sois una. . . Ines déjame, dos venganzas tomaré, la mía, y la de mi hermana. Que no te descubras digo, que yo os vengaré a las dos. Y vos ruin. Menos de vos, con mi ama, ni conmigo no se meta vuesasted, a su mujer presumida, recatada, y recogida, puede hacerla esa merced. Hay locuras semejantes? querer en toda ocasión, ser como descomunión, nonio de participantes? Que ni a su propio marido le sufriera esta señora, que eso le ha dicho ahora. Él es tan necio, y sufrido, que merece, y no es injusto cuanto le sucede aquí. En mi vida, Ines, le oí requiebro de tan buen gusto. Yo sí, que tomé buen medio, que a mi mujer le estorbé el salir. . Cierto, que fue muy como suyo el remedio. Pero vos tenéis disculpa. Ay Ines, que estoy corrida, que contentando me ya. Este mal ejemplo hará que estrechándole la vida a mi mujer, a su hermana la encierre, más cada hora. Hará siempre lo que ahora, mi señora doña Juana. Eso le importa, deberme su honor, porque mi recelo. Déjame hablar con el cielo, que del no puede esconderme. Cielos, que presuma este hombre, que él es quien buena me hace? Cualquiera, no como nace, como vive, tiene el nombre, la sangre es tiempo perdido, el marido hace mujer. Pues esta vez no ha de ser, la mujer hace al marido. Cómo? . . Con ser cada día, batalla lo que fue amor. Nunca es bueno el ser peor. Qué mujer para ser mía! buen marido a toda ley. Ay tal bruto? . Es toro fiero, y remedio no le espero, sino es que le tire el Rey. R
JORNADA TERCERA
Si la nieve elizad en hombros del Enero se muestra al cierzo fiero, er? de crespo horror armada, apacible se templa al blando rayo, de los sonoros Céfiros del Mayo. Si el mar con rizas huellas, pisa del Sol las plumas, y en escollos de espumas, peligran las Estrellas, luego se humillan las hinchadas olas a tiernas calmas, y a caricias solas. Si el poderoso airado, de la fortuna dueño, saca su altivo ceño, de asombros coronado, glorioso a un rendimiento en breve instante, la tempestad serena del semblante. Yo, que nieve no he sido. fuego ni mar furioso, ni airado poderoso, ni bruto embravecido, más bien, mejor me rendiré constante a un marido galán, que a un loco amante. Por el aire quisiera, en tanto fuego, haber llegado ya, que vuelvo ardiente, de mi infamia la luz me lleva ciego, negado a la noticia de la gente, a la venganza, y que sangrientamente, sin hacer del silencio servidumbre, se sufrir por valor, no por costumbre. Aquí está mi cuñada, o generosa envidia, noble de mi honor perdido, o valiente mujer, o paz gloriosa de la injusta inquietud de tu marido: O a más rigor, más furia, o falsa esposa, mas libre a más amor de amor vencido, que en vano te obligué, cuando advertida, más recio, que mi voz te habló, mi vida. Que apacible, que amable, que obediente a tu dueño, yo solo el ignorante, o Juana, dulce amiga, honestamente, aún le adoras las culpas del semblante. Y que osada Leonor, y que insolente, atenta a las lisonjas de su amante, o como tarda, o si llegase, y luego; pero a que nueva luz estoy más ciego. Leonor aquí? . Don Juan, mi bien, mi amigo. Válgame Dios! es cierto? mas es engaño? llegó primero, o yo tardé conmigo, con el peso, y dolor de tanto daño. Mi señor, qué tenéis? . . Aún no me obligo con tanto desengaño al desengaño; yo vi a Ines, yo la vi, que en ver enojos pesados, verdaderos son los ojos. Ellas eran, no hay duda, cielo santo. Mi bien, esposo. Quede el honor mío, vengado, y muera. Ines, quita este manto. Ines, Juana, qué veo! es desvarío? Que lejos, no pensé cansarme tanto. Cómo es bien a los ojos no le fío, respirad con razón, perdona esposa, que en tu hermana te miro más hermosa. Tú cuñado está aquí. No temo nada, entra, que sola a mi temer me puedo, que es furia una mujer desobligada, que al miedo tiene ya perdido el miedo. En mi advertencia envainare mi espada, pues satisfecho, y recatado quedo, que lo más que se oye, y que se mira, no tiene más verdad que ser mentira. Leonor? Don Juan, mi bien, hablad bien mío, que cuidados traéis? Turbando ahora llego, Leonor de ver a nuestro tío, que no los males de esta casa ignora: De don Sancho ha sabido el desvarío, y tan caducamente a Juana adora, que teno en tal ruina en tantos daños, el anciano edificio de los años. Quiérola divertir en Juana ahora, piense, y no en mi turbado pensamiento, que una desconfianza es más traidora, cuando no la merece un sentimiento. Leonor, dichosa el alma que te adora, y a tus divinas partes vive atento, que a ti nunca ofendida, ni quejosa, aún lo entendida te confiesa hermosa. Voy a estorbar, que el viejo apresurado, no intente aquel remedio tan ruidoso, para necesidad tan desdichado, para la estimación tan peligroso: Dichoso nuestro amor, felice estado el nuestro, y cien mil veces yo dicho so, que en tu amable en tu hermosa compañía, envidia todo el sol la estrella mía. . Ines, ya me entiendes. Tanto, que voy luego, y a mis pies, Madrid, chico golfo es, cuando me embarco en mi manto. La caridad de este oficio es grande, que ellas primero toman hierro en vez de acero, y yo hago el ejercicio. . Hermana, como has tardado tanto? . . Te lo ha parecido. Si lo sabe tu marido, Leonor llámale cuñado, y no hables mucho conmigo. qué es no hablar mucho? es razón sabiendo la condición de tu esposo. . . Ya te digo, que le llames tu cuñado, y no más. Súpote bien la calle mayor, en quien el primer paso que has dado. Tuviste entera una tarde? es bueno, es justo, es decente, que al escuadrón floreciente, y al tierno bizarro alarde. De tanto libre mancebo, fuese tu retiro airoso, lo mirado por lo hermoso, lo buscado por lo nuevo. De bien acondicionado, un hombre opinión tenía; pero su mujer decía: Sí, si, por lo enladrillado. Y así, tu encogida, y bella. sin la ocasión cuerda has sido, pero en una que has tenido, luego tropezaste en ella. Y en fin, si has hundido el mundo, no más de por un enfado, ay triste, de el mi cuñado, Juana al enojo segundo. Cómo, cómo, tú ese modo? quien te ha hecho en lo que exced, tan virtuosa, que puedes, Leonor, murmurar de todo? Quién vio jamás? quién tan potro, lo santo, santo menguado, que todo lo reformado quiere empezar por el otro? Si la reprensión por ti empieza tan ocupada, estará, Leonor, que nada ha de sobrar para mí. La virtud tendrá segura, aunque más tarde comience, en el vicio quien le vence, pero no quien le murmura. Oh virtud mal entendida, y a del alma falsa estrella, que todos hacen con ella conveniencias de la vida. Nunca vi el mundo tan lleno de maldad, que aún es mayor, que ser malo, y ser peor, desfrutar tanto el ser bueno. A ofender no me acomodo a ninguno, es fuerza aquí, pero hoy predico de ti, y así te lo digo todo. Juana correrte no quiero, deja no hagas más estrago, si digo lo que no hago, de ti lo aprendí primero. Solo un error esto encierra, Y es, Juana? Que siendo aquí tú la enferma, yo me fui a los aires de tu tierra, Soberana virtud, sencilla y pura de nuestra vida estimación primera, mi alma con rendido amor venera la gloriosa verdad de tu hermosura. Mas de ti, o vergüenza, o mal segura, virtud bastarda, fementida y fiera, con destrozo fatal hallar quisiera la preciada traición de tu locura, Con ira noble miraré un tirano, sposo vil, que en ciego barbarismo, mi quietud alteró turbada en vano, Cielos, de mí que fuera en tanto abismo, si, como mi desdicha está en su mano, estuviera hoy en mi valor mismo. Que me detuviesen tanto aquellos hombres, que no pude seguillas, que yo tal sufril de mí me espanto. El cuñado de mi hermana. viene aquí, si habrá traido otro primor de marido? Mas aquí está doña Juana. Veamos si me agradece, que no salí con Leonor. Buen cuidado, grande amor, toda esta casa os merece, que con tanta libertad salir a Leonor dejastes, que en consentillo tomastes parte de la liviandad. Fortuna cruel, grosero marido, si esto es querer, que yo sea vil mujer, que importa, si yo no quiero? Si obedeció a su marido, que le pides? . Buen acuerdo, que importa, que solo el cuerdo ha de ser obedecido. De suerte, que será culpa? Grande obedecer a un loco. Aunque no me ayudas poco, no me bastas por disculpa. Mas quien dudo, quien así merece una villanía? así la venganza mía se pudiera hacer sin mí. Aveisle ya preguntado, que coche, dama, o señor topó en la calle mayor, florido arrabal del Prado? Procurastes, que informada os trujese relación de su ociosa ocupación, y de tanto no hacer nada. Y la espaciosa porfía, con que en calma tanto coche, cuentan por fiesta a la noche, el haber perdido el día. El concierto, el gusto, el nombre, y en la carroza insolente admitir, no solamente la plática, sino el hombre. Todo eso queréis saber? que honrado trato, que honesto. Válgame Dios! que todo esto puede hacer una mujer? Y cuando eso hubiera sido (que no será) no es peor, que hable en la calle mayor, y lo vea mi marido? Vive Dios, que lo ha contado, y que iuan juntas las tres, todo lo sabre de Ines, cuando un marido es menguado. Todo es fácil que se vea, y quien no estorba a una hermana lo aturdida, y lo liviana; es forzoso que lo sea. Don Sancho? Hablad, que aún me enfada en vos silencio tan loco. No puedo deciros poco, y así no os respondo nada. Mucho me llego a temer, defienda el cielo mi honor, que aunque estoy en mi valor, vivo dentro de mujer. (da, No os vais? no andéis preveni- que he de saber lo que fue. . Aún desdichada una fe, no la quiero arrepentida. Cuanto más camino a ella, mas tardo en mi perdición, que tengo mucha razón, y no me atrevo a perderla. Mas en vano defenderla intento, en vano porfío, que aunque es vano el albedrío, tampoco puedo con él, que en no tener parte en él, conozco solo que es mío. Espere más poderosa, con el rigor la obediencia, pero sabe una paciencia ser más cuerda que dichosa: Mas que obligada quejosa, de mi sufrimiento quedo, que a la razón que no puedo, ni valella, ni ayudarla, no he hallado en que aprovecharla, sino es en tenerla miedo. Pero sea la postrera resolución, que si dura en don Sancho esta locura, puede ser que yo no muera. que la venganza quiera vivir, pero yo temerlo, caiga, caiga, y rinda el cuello mi furor, mas cuando calle, y no pueda perdonarle, que me hace pensar en ello. Entra, y no temas, cuitado. Qué es no temer? no entraré, si no me traen una fe, de que está el don Sancho atado. Escribirme no pudiera Leonor un billete, pues sabe hacerlo, y yo no? Ines, viene ese hombre? Guarda fuera. Por escrito, que es la marida del Sancho, o perra traidora. Quítale el miedo, señora, que es un pollo de por vida. Señor Morón, tanto miedo? Aún queda más. Lo gustoso hace alarde de medroso. Siempre hago lo que puedo. Llamarle yo, habrá tenido por gran novedad; y es gusto, y ocasión. . Ines, no desaten al marido, que me iré sin responder. Qué teme? qué tiene ahora? Que vam, señora, en cuanto hombre es su mujer, y en solo bella me espanto. Quiero fialle un secreto, que se que es hombre discreto. No pensé que sabia tanto, doña Juana mi señora. A don Diego he menester hablar al anochecer, puntualmente, que es la hora. Que luces no se haurán puesto, y sin luz estar conviene, por si alguna gente viene. Es un chiste muy honesto, gran favor, mas no es lucido quererle a escuras. . . Ines, advierte, que hasta después, que haya bien escurecido. No ha de entrar. Ni te ha de ver? No hermana, que importa así, yo engaños; mas por aquí empezaré a ser mujer. . Sin luz dice, que le quiere? que será caso cruel, sin duda quiere con él rezar algún Miserere: el es sol, pero con nieblas. Es muy santa, qué te espanta? Es santa, y semana santa, con ayuno, y con tinieblas. Tiene caprichos bizarros. Pues contigo se aconseja, no Ines, no ignora, no deja el camino de los carros. Eres Ines, general, para diluvió te guarda, que eres con maña gallarda, alcahueta universal. De lo alcahuetado en fin, se ha de fiar el veneno, para encubrillo al más bueno, para alentarlo al más ruin. El Sancho ya sabe hacer algo bueno, Qué Morón? Vaya dicho con perdón, hacer mala a su mujer. Y eso es bueno? Yo no quiero que sea mala ninguna, pero si ha de serlo alguna, sea la de un majadero. Si ella del novio enemigo se venga, Inesita amiga, yo la absuelvo, como diga, don Sancho sea conmigo. Vamos. . Escucha, y no llevas algo que darme? . De nada me asusto; piensa cuitada, civilidades más nuevas. Que darte dos de a ocho quiero, Segobianos de buen talle, que no he visto sino el dalle cosa hidalga en el dinero. Esta noche muy tempra no, que en su posada me espera, mi tío avisa, y quisiera hablar antes con mi hermano. Que veo resuelto al viejo, a remediar su celosa condición, escandalosa, que desdeñando el consejo. Y de su paz enemigo, no es tan necio, y desigual no estar con todo mal, como estar bien consigo. Hermano, habéis encontrado al viejo? . . Qué le queréis? Ya creo, que lo sabéis, vengo don Juan muy cansado que me han dicho que mi tío se mete, y habla furioso, en si soy terrible esposo, este imperio todo es mío. Hacer puedo, y deshacer, si a gobernar me se inclina, es tío de su sobrina, pero no de mi mujer. Que es justicia destemplada, y muy indigna de ser de varón grande el creer de uno todo de otro nada. Con su ofensa misteriosa, que falso está el mentecato, más responderle no trato, que por más bizarra cosa tengo, y por más conveniencia, por más hazaña, y más gloria, ofrecerle la victoria, que admirir la competencia. Vos sois en todo acertado todo en vos es singular, nada en vos hay que enmendar. Vos seréis más atinado, y con desuelo, y valor más gallo de vuestra casa, más fénix de vuesta brasa, mas lince de vuestro honor. Que penetráis las mujeres con la vista tan sencilla, cual si un manto de Sevilla fuera muralla de Amberes. Aunque pueda responderos, no he de enojarme jamás con vos, porque se hace más en sufriros, que en venceros. Pero vos, que habéis pensado que sois? Yo cuerdo advertido, recatado, prevenido, discreto, prudente honrado. En mí la honra nacio, nunca de agravios manchada, y en fin, ni es hombre ni es nada, quien no fuere como yo. No porfiaremos jamás, como yo no sea ahora lo que vos sois en buen hora sea todo lo demás. Estas injurias me dijo, y entre amenazas furiosas, en la daga la una mano, y al cuello asida la otra. No menos que tus traiciones me pregunta, y en su boca es lo enemiga lo infame, la más válida lisonja: y viendo que no respondo. Calla Ines no quieras que oiga afrentas, no si no furias, ya en mi pecho rayos todas. Vete Ines, vete, no ayudes mi enojo; estrellas piadosas a muchos siempre tan blandas, y a mí tantas veces fordas. De que abismos prodigiosos, de que Libias arenosas, desierto aleve poblado de tanta infernal ponzona; salió este monstruo, que intenta alterar la paz dichosa de mis sentidos, que al arma a tantas desdichas toca? La sequedad, la tibieza, en los maridos tan propia, no hace a la fe menos fuerte, mas hace la más costosa. Pero la ruindad, la infamia, la desconfianza sola, desquiciará de los Orbes la estable firmeza hermosa, La fábrica de mi honor tronca firme, inmóvil roca, constancias bate, y la injuria bajas hiaquezas trémola. Ya para una débil caña, cuya entereza es tan corta; no soy ejemplo, y ser pudo crédito, para ser Troya. Sea maldad, traición sea. tempestad soy, que en la forma, que en los desatados cielos, que sus Esferas trastornan. Los impacientes arroyos, arrebatados destrozan mieses, plantas, frutos, flores, hierbas, ramas, troneos, y hojas. Avenida soy de agravios, tras mi llevo, ciega y loca, recatos, obligaciones, alma gusto, vida y honra, Vean los fieros maridos, que es necedad peligrosa a la fe pintarle lejos, y al honor fingille sombras, Si las honradas me acusan, si las sufridas me notan; si me admiran las cobardes, si me infaman las dichosas, si me condenan las fuertes, si las cuerdas me congojan, mis culpas encomiendo a las desdichadas solas. No ha podido ser mayor el tiro. . Habla paso, es cosa nueva un engaño? Fingirfe Juana, y ser Leonor, No pongas culpa al temor, de que huyeras de su nombre, cuando lloras: su olvido. Qué claro engaño, y que oscuridad. Porzosa, porque ninguno te vea, A Ines escucho. Señora, don Diego. Advertiste aquello? No me tengas por visoña, engañar nunca se olvida, que presto se desenoja quien ama: llega don Diego. Si siempre no espantan sombras, un hombre ha entrado embozado, y en el aire, y la persona me pareció aquel; o vanas imaginaciones locas! mas qué oscuridad es esta! que confusión! no se borran fácilmente unas noticias cuando se encuentran con otras: no siento a nadie, aunque allí me parece. No son pocas las ocasiones, Leonor. Leonor? a cielos, dudosa está el alma, que en los ojos, y en los oídos se forman nubes, que se desuanecen a cualquier luz que les toca, Mas sufrillo, ni a creello me atrevo, que victoriosa he visto a mi fe, y conmigo están falsas mis memorias. Aquí engañado he venido, Leonor. Desdicha espantosa! matarelos, mas no, escucho la voz de Leonor, que informa aún más que el nombre? Al instante que te vi Leonor, esposa, de don Juan, cuya nobleza, cuyó valor, cuya gloria, tiene opinión tan lucida: propuse, y tú no lo ignoras, que tuviese mi respeto su espada, y sospecha ociosa, mi amor honrado, y cortés, que navegó esta derrota, anegose, y con suspiros hizo salva a sus victorias. Vive en los dichosos brazos, de don Juan, mil siglos goza tal bien, que te estimo honrada, mas que te adoraba hermosa. Qué dicha! no para dicha, no se quietan las holas de mi temor, y mi pena, que en el modo, y en la hora, toda es misterios la duda. Leonor, aunque no respondas, te he de preguntar, porque en forma tan sospechosa, me has llamado con el nombre de tu hermana? cuya historia a los honrados lástima, y a los cuerdos enamora, que desobligada. . . Espera, toda su opinión le torna a Leonor; con doña Juana estás hablando. . . Señora, cuanto es mayor la ventura, la extraño más. Yo, yo propria te llamé. O preñadas penas, cuantos monstruos se os antojan; que dichosos desengaños, mas en dudas tan costosas, por no habellos menester, yo los perdonara ahora. Turbada estoy, y si han llamado a la ocasión poderosa. tan contra mí una venganza, mi desdicha la perdona. Llamé a este hombre, mas no, riesga, y no acierto medrosa a perderme, ni me atrevo a que salgan vencedoras. De mis purezas mis iras, la falsa fe, la alevosa condición del enemigo, de un tirano la traidora desconfianza, el severo rigor todo me ocasiona, todo me arrastra, y despeña, y a mi perdición me arroja, pero en vano, que es todo aire, con quedar una se airosa. Cómo a estas horas a escuras está mi casa? Don Diego, ruido siento, que os vais luego os suplico. Qué locuras, pues no he de saber primero, para que llamado he sido? Ya vos lo habéis referido, saberlo quise, y no quiero saber más. Ved que es error, que en peligro os deje aquí. Temedme en todos así. Mujer rara. Aquí hay rumor, gran traición atemer llego. Si para esto me ha llamado; yo vine desalumbrado a no más que volver ciego. . Mucho reza esta mujer, dejome aquí la Ines fiera, tan solo, como si fuera algún dichoso de ayer. Y aunque es gracia vieja el miedo. hoy no es gracia. Allí he sentido una voz. . . Si habrá venido mi tío? . .. No os vais? quedo con vos cansada, y conmigo sé que a esta casa tenéis el respeto que debéis: y segunda vez os digo, que os llamé a desengañaros, con la fineza, y valor de don Juan, y de Leonor. Ya no os quisiera tan lejos desengaños merecidos, que aunque ya os debo el vivir a gran peso del oír descansaron los oídos. La voz escucho de un hombre, y de una mujer la afrenta nunca hay sospecha que mienta. No hay ladrillo que no asombre en esta casa. . A traidora, hacia allí sus pasos siento. Del tenebroso aposento, la devoción temo ahora. A ingrata. Oh si fuese lumbre! Ines de mis ojos, quien anda aquí? A infame. . que bien pronuncia una pesadumbre, el Sancho es. Llamas arrojan mis ojos. . Huyendo salgo, que falta a este pobre hidalgo perientes que le recojan? A falsa mujer, aquí moriras. Qué mujer yo, y del Sancho quien guardo tal desdicha para mí. Traidor, di quién eres? Trate. vueste bien a su mujer Eso es quererme perder. Vive Cristo que te mate. Tómolo, y que no me goce. Queréis que me hallen a escuras con vos? . . Luces son seguras, estar con quien os conoce. Soltarte quieres vergante? En esta casa ni adrede ningún hombre honrado puede ser mujer un solo instante. Y así perdone vuested, que me suelto . Oh perro, en vano piensas huir de mimano: ola criados, traed luces, que el peligro es mucho, que hay traidores, aún traidora. Ay de mí . . No estéis señora con pena . . otra voz escucho, Está encantada esta casa? no hay luz en ella, ni quien responda? . . Mi tío es este, salir quisiera por él, mas no me atrevo a dejas sola a Juana . Yo he de ver mi afrenta antes de vengarla, más vengarela después, hartando de gusto, y sangre a mis ojos. De tropel entrad todos, o villano, tú con espadas? Y también con razón. Ines, qué es esto? Ay señora, no lo sé, pero sospecho gran mal. Ay don Juan, tú aquí? No estés confusa, que tus virtudes a todas luces se ven Cuanto me han dicho es verdad, traidor ingrato sin ley. A que buen tiempo venistes; que ahora tío veréis, si mis celos son injustos, si es mi condición cruel. Aquí vuestra vil sobrina, no ya mi aleve mujer, encerrada con un hombre, y a solas está: y si es tan terrible la ocasión, tan injusto es el proceder, tan público su delito, tan convencida su fe, tan forzosa mi venganza, sin que vos lo perdonéis. Mueran entrambos, y vivan mi honor, y mi nombre. Ten villano, que cien mil veces mentiras, antes que ser verdad lo que has dicho ahora. Mentir yo, apartad, no veis juntos allí los traidores? mi mujer es una infiel, doña Juana es una infame. Miente mil veces, y quien lo creyere miente más. Oh adúltera. Lucifer, hereje, a tu hermano mismo, aquí la maldad veréis de este bellaco. Estáis loco? estáis? Fuera, déjenme, que yo con solo este palo tomare venganza de él. A encubridor, vil hermano. Mentís, más. Ea entrad, entrad luego, que espadas siento. En las verás con la zurda, y sin broque! a los Sanchos. . Oh enemigos, estos son. . . Falso, esta vez a buena luz se descubren tus infamias. . Ténganle, que está enmaridado. El ruido de las espadas, y el ser en casa tan noble obliga. Habéis entrado muy bien, sobrina no hay que esperar, al punto se ha de poner todo el remedio; y ahora conmigo te llevaré, que para apartaros luego, Vicario no es menester, si un disgusto solo aparta todos cuantos puede haber. Es un marido ignorante, peligroso, y descortés; yo los aparto, yo solo, y el que quisiere después saber en lo que ha parado la maraña, esperese a que la segunda parte se escriba, y podrá saber, que hará el Vicario en el caso, que yo disuelvo sin él. Señor sepamos primero. No hay que querer, ni saber, Juana hará lo que yo mando. Señor, aunque siempre, haré tu gusto, a breves razones todos atentos me estén. Ser mala yo, es imposible, y ser buena su mujer, y estas dos cosas no pueden, ni estar juntas, ni estar bien. Su suerte cada marido labra con su proceder, todo lo estraga el soberbio, todo lo triunfa el cortés. El cuerdo obliga a ventura, el necio manda el cruel, ruega el honrado; y en fin, el marido hace mujer. Nadie como yo lo sabe. Ea degradémosle de marido. . Yo conozco mi error, mi engaño, más ser marido en paz, no es posible, siempre haré lo mismo. . El es Sancho a nativitate: yo apostaré, y sin perder, que más de treinta mujeres le apetecen. Para qué? Para vengarse, y hacernos a todos esta merced. Señor don Juan? Esta casa os conoce, y que sabéis ser honrado Caballero: Mi Leonor? . Don Juan, mi bien. Que acierto es quererte tanto. Qué gloria es amarte, . . Ven sobrina, quede el ingrato solo consigo. . . No estéis, hermano, triste, que presto se ha de remediar. . Haced obstentación, que habéis sido más cuerdo, pero. . . Ofendéis mi verdad. . Yo soy el necio. Por siempre jamás, amén, aunque otra vez se haya dicho. Eso es nuevo cada vez. El acabó santamente, rueguen a Judas por él; así sea mi salud, como queda bien vusted. Pícaro. . Y sin ser marido? Moron, no hay un poco de casamiento? . Esta comedia de las buenas al reves, tiene Vicario, y no Cura, pero no le negaréis, pues acaba en descasarse, que esta farsa acaba en bien.
