Texto digital de El marido de su madre
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- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso
- Atribución estilometría
- Juan de Matos Fragoso Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El marido de su madre. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/marido-de-su-madre-el.

EL MARIDO DE SU MADRE
JORNADA PRIMERA
Sios floridos jardines, A estos cuadros, y estas fuentes, rica guarnición de plata, de tanta garzota verde, templen tu melancolía, diviertan tu mal. . No pueden, Irene, corros alivios templar grandes accidentes. Desde que Carlos tu hermano vive de este Reino ausente (si es que vive el que ignorado está tanto tiempo) siempre te he visto triste, y confusa, sin verte un instante alegre. No es esta sola la causa, aunque el pesar solo es ese. Todo me cansa, y aflige; si miro al Sol, me parece que de sus esferas bajan rayos contra mí; si al verde Jardín, contra mí sus flores en áspides se convierten. Las alegrías me enojan, y las tristezas me ofenden. Mas si no tuve en mi daño, Cielos, cómo? . Cese, cese tu pena: canta por ver si aliviarme puede. Solo el silencio testigo ha de ser de mi tormento, y aún no cabe lo que siento en todo lo que no digo. O mi pena se compuso de esta canción, o hus breves razones de mi congoja visten el color rebelde; pero no, que a ser iguales, fuera imposible el valerse de tan retórito estilo, y de afectos tan valientes; que hay penas que se inventaros para el pecho solamente, y el que mejor su mal pinta, es el que menos le sienta. Volved a cantar la letra. Solo el silencio, Espejos son estas voces, donde contemplo evidentes mis pesares, más ningunos como los míos ser pueden, pues no hay ninguno en el mundo, que no pueda concederse a la voz, sino el que siento, que solo el remedio tiene en el dolor de callarse, sin dejar de padecerse. No cantéis más, idos todos. Señora. . Déjame Irene. Ya te dejo, que algún día te pesará más de verme. A quién habrá sucedido, Cielos, lo que me sucede! Quién creerá, Cielos piadosos, que fue mi infelice suerte la causa un hermano ingrato! quien creerá, que pudo al verme dormida ( tirano asombro!) osar (a prodigio aleve!) amanté (máteme el susto) ciego. (el pesar me suspende) arrojado (o vil cautela!) atrever (injuria fuerte!) a profanar de mi honor; mas como la voz se atreve pasar del pecho a los lavios el secreto, que aún los breves suspiros no son capaces de entenderle, ni entenderse? pues de su violencia, al ciego lance, para más crueles memorias de mi desgracia nuedó en mis entrañas este delito, con alma, y vida, fruto infeliz de un aleve crimen enorme; y creciendo, llegose el tormento breve de dar a luz el efecto de aquella causa insolente. Y porque quedase oculto, con mi propio hijo cruelmente anduve, pues de la noche fiando el secreto, en ese río, que el Parque divide, le arrojé: o duras leyes de una política injusta! y para que no muriese, en una caja de mimbres le puse industriosamente, donde quien podía librarle sería el volumen leve, fácil vajel anegado en sus montañas de nieve; pero lo que más me aflige, es ver, que aún estando ausente el agresor de mi agravio, le quiero: qué amor es este? no es mi hermano? sí; pues cómo me acuerdo del que me ofende? Cielos, quitadme la vida, o haced que el delirio ardiente de este mal nacido afecto, en mi memoria se temple. A gusto de Va Alteza todo el Senado obediente, excluyó los casamientos de Escocia, y Grecia. . Conviene el hacerlo así por muchas, razones. . El que pretende con justo título ser vuestro esposo, es el valiente, y excelso Duque de Tiro, para cuyo efecto hoy viene a hablaros su Embajador, y para eso solamente a fuera licencia aguarda. Filipo, infinitas veces al Senado he respondido, que en cuanto estuviere ausente mi hermano, no he de casarme, y es porfía impertinente. Cásaros, señora, es justo, que así lo pide la plebe. Al Embajador del Duque podéis avisar. . Ya viene a proponer su embajada. Ah, si el Senado supiese la razón por que reuso el casarme, diferente fuera en apoyar mi intento; pero sufra el pecho, y deme el Cielo en tantos pesares valor para defenderme. No te apartes de mi lado, Lombardo. Tus pasos sigo. Amor qué nuevos disfraces son los que ahora he vestido, pues soy por ver a Rosaura, Embajador de mí mismo? otra beldad, nuevo asombro de mujer, turbado miro su hermosura; pero cuando Amor no fue siempre niño delante del dueño amado? Aquí oculta me retiro, por ver lo que le responde. De atención su talle es digno. Llegad que su Alteza aguarda. Un imposible conquisto. A vuestros pies, gran señora, llega el más amante, y fino idolatra de sus rayos, que hoy representan al vivo el original. . La copia de Embajador es lo mismo que el dueño que representa. Sentaos. Extraño estilo en su entereza reparo, de rigoroso, y esquivo! Proponed vuestra embajada. A tu retórica pido, Amor nuevas agudezas, para avasallar sus bríos. Divina Rosaura, en cuya beldad el Cielo a prodigios, para admiración del Orbe, cifró su retrato vivo: El primero Rey que en Siria ciñó el Laurel pretendido, fue Viomando, cuyas armas contra el Persiano dominio se opusieron victoriosas, hasta que a valientes filos de blándidas amenazas, de esfuerzos ejecutivos, sacudieron la coyunda del hombro heroico oprimido, que al gravamen del Persiano estuvo violento un siglo. Sucediole dignamente en su Estado Casimiro, que en Margarita su esposa tuvo de un parto dos hijos. Y porque en los dos no hubiese discordia alguna, previno que de Siria el Cetro Augusto, igualmente dividido, se repartiese en los dos, con renombres bien distintos. Al uno intítuló Duque de la gran Ciudad de Tiro, que es el Estado, que hoy goza; y al otro dar nombre quiso de Príncipe de Antióquia, que es de aqueste Señorio la mitad; y quien le hereda es Vuestra Alreza. Infinitos Príncipes de toda el Asia intentaron presumidos en Siria enlazar su sangre: no admitieron sus designios vuestros abuelos, que siempre quisieron tener unidos estos dos Reinos, casando contínuamente los hijos. El Duque, pues, viendo ahora la justa razón, y estilo, con que siempre estas Coronas se unieron, le dio motivo a proponer estas bodas, no porque en climas distintos capaz sujeto le falte, para lograrle marido, sino porque firme amante de Vuestra Alteza, por siglos cuenta los instantes breves, a su esperanza prolijos, pues viendo:: . Basta, no gusto que prosigas. . No prosigo; pero qué razón os mueve para que del Duque invicto no atendáis a la embajada? Ya todo lo he entendido. Como al hablar de su amor me arrojasteis? . Imagino, que eso viene a ser ocioso, pues no pretendo admitirlo. Así al Duque se responde? al Duque, de cuyos bríos tiembla todo el Orbe? al Duque? Al Duque, si al Duque mismo le respondiera lo propio. Yo sé que vuestro desvío se templara en su presencia, porque os adora tan fino, que merecieran sus ansias lugar en vuestro cariño. No pienso tomar estado, sin saber si es muerto o vivo mi hermano; y así le diréis, que otra vez no le permito que remita Embajador sobre esta materia. . Aviso es ese, que ha de sentir con extremos infinitos, que es arrojado, y recelo en él algún precipicio. Qué precipicio? . Es que está en los Pueblos fronterizos con su Ejército, aguardando aqueste si pretendido; y si no es como desea, enojado, y vengativo, intenta entrar conquistando vuestros Estados. . Estimo su resolución bizarra. Él lo funda en hecho digno de su memoria, y fineza; porque si os conquista, es fijo, que impida cuanto pretenda lograr el cielo divino de vuestra rara hermosura: luego es amante advertido en ser hoy cruel con vos, por ser piadoso consigo. Tan cierto de la victoria el Duque se halla? imagino que tiene escrituras hechas, sin duda, con el destino. Es su poder singular, y su valor infinito. Pues yo, sin la confianza que propone vengativo, le he de salir al encuentro con mi gente, a ser testigo de tanta osada arrogancia, de tanto orgullo atrevido, que a mujeres como yo (sin mí estoy) es mal arbitrio valerse de la amenaza, para rendir su albedrío. Si Rosaura se inclinara al Duque como me inclino a su Embajador, yo sé que fuera favorecido. Vasallos tiene Rosaura, que en la campaña, a los filos sangrientos darán la vida, por defender sus motivos. Buenos habemos quedado. Contra mi propio me irrito, en mis cóleras me abraso, y en vano el fuego reprimo. Tú tienes la calentura, pero a mí me han dado el frío. Mas pues es impropia hazaña de pechos esclarecidos, de semeniles agravios desquitar desprecios vivos: con mi ejército talando sus campos, seré prodigio de amor y venganza a un tiempo, horror, asombro, y castigo, para que ninguno entonces, por dichoso, o por altivo, pretende lograr amante lo que alcanzar no he podido. . Lo más del dinero en dos libros, tonto, majadero, has empleado? . El dinero de qué sirve? . Vive Dios. Comprar libros no es error, pues saben darme lecciones. Mejor fueran dos salmones, que saben mucho mejor. Que importa el haber dejado por la ciencia el vil metal, cuando en cambio del caudal, vengo de joyas cargado. Qué joyas son? . Estás ciego? este es el grande Plutarco. Pues dime, ese puto Malco no era mejor para el fuego? Este trata de Saba, y de el Rey Salomón. Pues digo, ese Rey Salmón, y esa Reina, que se va, son pescados, que has traído? Salomón, mentecatón, y Saba. . O si es salmo que se va, estará podré. . Qué espada! Qué bien la pinta! Esta si que es prenda honrada. No tal, pues está preñada. Por qué preñada? Anda en cinta; y dime cuanto ha costado? Lo restante del dinero: qué filos! qué lindo acero para reñir! . Extremado. Qué bien en el brazo brilla! Para que es tanta bambolla? yo he visto perder la polla por triunfar con la espadilla. Las armas y triunfos son las basas de mi fineza, lo que estos por agudeza, vencen estas por razón. O, noble acero, que imitas al rayo en lo bien forjado, cuantas Coronas has dado, y cuantas Coronas quitas! Mas saber quisiera yo, si acaso, espada por ti he de ser dichoso? . Sí. Oh si desgraciado? . No. Él eco te ha respondido si, y no. . Saberlo espero. Si no te apartas cordero, te he de tirar. . Qué habrá sido? Ay, que Zagal tan hermoso! Bella afrenta es del armifio. Quien sois prodigioso Niño, que de presagio dichoso hoy servís a mi cuidado? Tú me lo dirás después, porque esa espada que ves se te ha de volver cayado. Cayado? ese es gran daño. No tal, pues la ha menester quien ha de venir a ser Pastor del mayor Rebaño. Llámale. . Ah gagal. Qué es esto? Tente, que nos has quitado, Enrique de un gran cuidado. Estás loco. . Y tu molesto. Y los dos habéis traído lo que os mandé? . Yo. No tal, que este compró del caudal libros, espada, y vestido. Yo no acabo de entender, Gregorio, tu fantasía: si al Lugar mi amor te envía por lo que hemos menester, empleas lo que te entrego en un nebli generoso, en un arcabuz lustroso, sangrienta envidia del fuego, y ahora en libros? señales son de ti indignas, pues ves que ese ejercicio solo es para espíritus Reales: y por más que te corrijo, nunca puedo reducirte; desde hoy más no he de sufrirte, porque tú no eres mi hijo. Ni mío tampoco. . Vaya quien tanto abarca a la guerra. No le envíes a otra tierra, porque eso es pasar de raya. Aguarda padre, y señor, no te vayas de esa suerte. No me detengas. . Advierte. Qué he de advertir? De mi error, humilde perdón te pido, padre, y palabra te doy:: Ya te he dicho, que no soy tu padre, y nunca lo he sido. Ea, señor, esa es mucha crueldad, para quien has dado el ser. . Estás engañado. Cómo puede ser? Escucha: De esta Alquería, una tarde, a la margen apacible de aquesta playa arenosa, que esta árboleda divide, bajé a divertir afanes, en aquel alivio humilde, en que el pescador astuto trabajosamente vive. Y estando junto a las ondas, que con travesura libre, verde espadaña la peina, para que el aire las rice, miré que sobre las aguas una cájuela de mimbres fluctuaba, sin que hubiese Piloto, qué la administre, timón, que la gobernase, vela, que la facilite, farol, que alumbrarla pueda, ni aguja, que la encamine; y para salir de dudas, a unos pescadores dije, que sacasen la cestilla, y antes de entrar en su esquise, piadosamente las olas, tan blandas, como apacibles, la llegaron a la orilla, donde entre olandas sutiles un recién nacido infante venía; y al descubrirle el rostro risueño, vimos de Arabia el oro felice en su frente, cuyo aseo, bordado a varios matices, mostraba ser rico el dueño; si bien fue dueño invencible, pues sin piedad ciegamente en ocasión que peligre un innocente, a las aguas entregó en cuna de mimbres. Tú eres este, y porque el caso no te parezca imposible, esta lámina gravada, para más seña trajiste. Nunca salió de mi pecho hasta ahora que veniste con tus yerros a empeñarme, que aquesta verdad te explique. Tómala, y verás en ella el principio, y el origen que has tenido, porque yo, aunque quiera referirte mas de aquesto, no sabré: solo te diré, que hice, que en mi casa te criases por hijo mío, a quien diste siempre el renombre de padre. Mira ahora si coliges de esa lamina, y sus letras el tronco de que naciste, la sangre de que procedes, y el ánimo que te rige. Válgame el Cielo mil veces! Y a mí también. Así dice: Sabed, si acaso los Cielos en salvo este Infante admiten, que siendo traidor su padre, nació de madre infelice, Qué es esto que por mí pasa! qué voz y aliento me rinde! O, nunca a saber llegara el principio de mi estirpe, pues por salir de un ahogo, entro en otro más terrible, viendo que mi dura suerte, para que más se aniquilen mis altivos pensamientos, en esta afrenta se escribe. Guardaré aquesta memoria, podrá de acuerdo servirme, para que con hechos nobles sus borrones vuelva en timbres, Muy gentil ejecutoria, Gregorio, amigo, te ciñes. Pues nací tan desdichado, que con verte en traje humilde, te afrentas de ser mi padre, desde aquí quiero partirme adonde jamás me veas. Mas qué estruendo de clarines es aqueste? . Una nave desde la playa, partirse intenta. . En ella me iré. Y a qué tierra quieres irte? Dónde me llevare el hado, mi aliento el valor desquite. Hay quién se quiera embarcar? pasajeros al esquise. Queréis que vaya con vos? Esta nave que el mar rige, es de la ilustre Rosaura, Princesa de Antioquia insigne, que contra el Duque de Tiro pública sangrientas lides. Si vos queréis sentar plaza, venid, que de estos confines también van otros mancebos. Con vos intento partirme. Venid que el bajel aguarda. . Ya os sigo. Hombre qué dices? Mejor será que te quedes, que como propongas firme la enmienda, yo te prometo de ser tu amigo. . Imposible es quedarme por ahora. Détenle Bato. . No has de irte. Arrojareme a esos mares. Mi tierno amor te lo impide. Matareme con mi aliento. Parecemos matachines. Que no te obliga mi llanto? Es en vano persuadirme. No hay remedio? . Esto ha de ser. Extraño dolor me oprime, y el corazón me enternece; ay, Gregorio, y qué difícil camino quieres tomar. Esto es nacer infelice. Pues abrázame. . No llores. No lloro, que afectos tristes serán de algunas memorias, que acaso el corazón gime. Ahora bien, quiero llorar en tercio por divertirme. Que en fin te vas? . No lo ves? Es cierto qué quieres irte? . No hay duda; mas ya me avisa el clarín. Sus pasos sigue Bato, y no te apartes de él. Siempre a este muchacho quise, porque es como un pino de oro. Con gran cuidado le asiste. Padre, a Dios. Adiós, Gregorio, hijo, de mí no te olvides. Lo mismo te pido yo. El Cielo tus pasos guíe. Oh quién pudiera quedarse! Oh, quién pudiera seguirte! Adiós, montes, a Dios guerra, a Dios burra, a Dios mastines, a Dios vacas, y lechones, a Dios cabras, y rediles, a Diós gallinas y pavos, sabuesos, quiquiriquies, que con miedo de la guerra se va Bato, aún antes de irse. . Fuese, ay de mí! qué he de hacer? qué mal hice, qué mal hice en declararle quien era! más volveré a reducirle. Muera, matadle. Villanos, todos contra un infelice? válgame el Cielo. . Qué es esto? toda la distancia mide de aquel cerro presuroso un hombre. . Muera, seguidle. No hará, pues de mí se ampara. Hombre infeliz, que veniste a ser lastimoso objecto de estos montes, y a servirme de alivio a mi mal, si acaso con otro se alivia un triste, dime quien eres. . Yo soy, noble anciano, a quien rendirme debo, por la acción tan bizarra con que piadoso me asistes. Yo soy; mas quién dijera que siendo Carlos yo, de esta manera un Príncipe heredero llegase a tal estado? mas ya infiero que por traer mi error siempre conmigo, de la fortuna soy justo castigo. Prosigue, y no suspenda tu llanto mi cuidado. Un hombre soy perdido, y desdichado, que de su ilustre patria fugitivo me desterró un amor, hasta hoy tan vivo, que con fuerza tirana me oprime con memorias de una her- mana. Por doce años; al Cielo firmemente propuse andar ausente, y muchos más habrá, que temeroso de mi misma pasión me vengo huyendo a los montes, por ver si mis sentidos, en tanta soledad hallan olvidos, que borren la memoria, cómplice en el delito de mi gloria. Y después que con pasos desusados corro mares y tierras apartados, buscando con la ausencia a esta locura algún remedio, o limitada cura, estos bosques penetro, y fatigado, viendo que el alimiento me ha faltado, a estos verdes frutales el hambre me llevó, y criminales tus guardas, contra mí se amotinaron, e injustamente así me maltrataron, sin ver, que es error grave, que falte a el hombre, lo que sobra a el ave. Pero no, que si miro a mis errores, en brutos las piedades son mejores, que les perdones tu rigor te pido, pues la culpa de todo mía ha sido. No la pena te aflige de esta suerte, que igual se ha de mostrar el varón fuerte: aquí hallarás amparo en tus tristes fortunas; mas reparo que quien eres no has dicho. Pena extraña! a decírtelo aquí no me acomodo, que al Cielo voté silencio en todo. Válgame el Cielo santo! qué es lo que miro? pero no, que tanto oculto no estuviera, y de su vida algún indicio diera. Válgame el santo Cielo! Si este hombre me conoce? Es vil recelo, que en este traje, y mísero semblante, yo mismo me ignorara semejante: en el verme has puesto gran cuidado. Sucesos de tu mal me han acordado de Carlos sucesor de Antioquia digno: que dicen: . Ay de mí! Que ha muchos años que no se sabe de él. . Climas extraños le hospedarán quizás. . Él me ha debido la obligación mayor, el más subido extremo de fineza. En confusión mayor mi mal tropieza: que fineza? . A su tiempo dirá el labio la obligación cual fue. . Dudas re- nuevo: qué obligación será la que le debo? finezas a un Villano debe un dueño de Antioquia soberano? Aquí donde me ves, la Corte un tiempo pisé más de veinte años, y aquí me retiraron desengaños. Entra pues en aquestas alquerías repararte podrás algunos días. Páguere el Cielo (oh padre) tú cui- dado: confuso sus razones me han dejado. En mi tendrás un verdadero amigo. Todo soy confusión. . Ven. Ya te sigo. Esperad, gallardo joven, a cuyo valor, y esfuerzo, te será siempre deudora mi vida, a pesar del tiempo. Filipo, haced que le sigan, que le han de matar recelo; mas seguirle es imposible, pues con el polvo revuelto, y empeñado el aire, a nubes confunde los elementos. Ampare el Cielo tu vida, noble garzón, que a despechos has librado mi persona de prisionera, y del riesgo. Señora, de esa colina despeñado un hombre veo, y arrastrando heroicamente estandartes, y trofeos, viene hasta el valle rodando. Él es, socorredle presto, que con toda mi Corona no pago lo que le debo. Es en vano, pues ya llegan a tus pies. Válgame el Cielo! Válgame un colchón! Levanta, bigarro joven, del suelo, toma aliento, y di quien eres, que desempeñarme quiero de la deuda con premiarte la acción de tu ilustre pecho. No la vanidad, señora, no la esperanza del premio me han movido a socorrerte; la piedad sí, y el empeño de verte ya prisionera, y que como roca al viento, te resistias bigarra, dando al céfiro travieso relámpagos en heridas, y lluvia de oro en cabellos. Además, que no es fineza el librarte, cuando veo, que un vil espíritu noble, que busca aplausos eternos, o sea injusto, o no injusto, cuando ve tan grande empeño, se debe de poner siempre a la parte de los menos, y hiciera aquí por cualquiera lo que por tu vida he hecho. Gregorio es mi nombre, y tanto se inclinan mis pensamientos a empresas altas, que juzgo me viene este mundo estrecho de suerte: pero qué escucho! . Dime tu patria. . Pequeñío de ella he salido, y la ignoro, solo mi patria es mi aliento, solo mi sangre esta espada, y padres solos mis hechos; aquesta es mi descendencia, que en breve te la refiero, porque están tocando al arma, y he de salir al encuentro. El Duque sus Escuadrones manda juntar en el puesto donde quedó derrotado. Eso, Filipo, recelo, pues tengo lástima a tanta sangre derramada, y quiero hacer con el Duque treguas. Ven conmigo. . No haré tal. Defienda tu vida el Cielo: no sé que he visto en este hombre de valor, que con extremo me inclino a favorecerle, de suerte que suba al premio. . Al cuartel de la salud me voy que malo me siento. Poder de Dios, cual se cascan de chincharrazos tan fieros! vive Cristo que parece que están asando torreznos; aquí no estoy muy seguro, que este es lugar de gran riesgo; si de este escapo, otra ven he de elegir mejor puesto; zas, San Bruno, cual se virlan! quien fuera ahora vencejo, para estar de aquí cien leguas. Ten el impulso violento. Ahora verás de quien hiciste tanto desprecio. Ríndete ya. . Ya me rindo, que no sé que en ti contemplo, que alguna deidad te asiste. Toma las de Villadiego. . Oh pesia a mí, y mi ruerte! a un rapaz concede el Cielo tanta fortuna! ha Soldados. No llames, que muerto, o preso han de quedar. . Contra mí me irrito; mejor es muerto. Victoria por la Princesa. Vencimos: pero qué es esto? Señora, a tus plantas tienes al Duque ya prisionero, yo le vencí en la batalla. Yo cautivé aqueste perro. Tu soberbia te castiga. Suéltame. . No vengo en ello, que es vergüenza, que un Soldado se allane a soltar un preso. Cómo no muero? . Filipo, al Duque conducid luego de mi Palacio a la torre, con la decencia, y respeto de su sangre. . Al punto vamos. Que esto me suceda, Cielos. . A mi Corte marche el campo. Ya todos te obedecemos. Lástima el Duque me ha dado, . y he de librarle si puedo, y hacer, dándome la mano, que sea de Siria dueño. Que en fin Gregorio, a tu brazo aquesta victoria debo? No señora, a tu grandeza se debe el feliz suceso. Por tuyo queda el aplauso. A ti se debe el trofeo. De ti ha nacido. . Es engaño, que tú me has dado el aliento. He de honrarte. . Ya me ilustras, Con premios. . No los merezco. Mas que todos. Por ti sola. . Por tu valor. Es pequeño. . Mucho ha crecido, A tu sombra. Quién le ha dado luz? Tu Cielo. . Oh joven si fueras más! Oh mujer si fueras menos!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Viva nuestro dueño heroico con Rosaura muchos años. Gocen infinitos siglos de felicidad entrambos. Ah, pesia mí, qué esto escucho? Rosaura en ajenos brazos hoy logra sus bodas, Cielos! Apenas de mi Palacio piso el umbral (a fortuna!) después de naufragios tantos, cuando oigo. . Viva Gregorio. Miente la voz, y el Villano que por Príncipe jurare a otro dueño soberano, viviendo yo. No soy yo único señor de cuanto contiene Antióquia? No heredo por mi sangre aqueste Estado? Como vilmente en mi ausencia coronáis, ciegos villanos, de mis triunfos otra frente? y olvidáis; mas no me espanto, que por ser un error solo, merece ser olvidado del Cielo un hombre; no es mucho, que de mí, que arrastro tantos, pudiendo olvidarse el Cielo, hoy se olvidan los humanos. Vuelva la queja a mi aliento: Yo no me ausenté bizarro, por ver si esta pasión ciega, este afecto, este bastardo delirio, esta afición torpe podía olvidarse? Es llano: pues como a mi Patria vuelvo cuando más aficionado el corazón de este ingenio arde en metal holocausto. Cómo? más Cielos, que estáis viendo como un vidrio claro del hombre los pensamientos: como concertáis los Astros a una inclinación tan ciega! No infundís en los hermanos aquel natural respeto de amarse con amor casto, de historias graves no consta, no consta de tantos sacros, que en semejantes delitos halló luego el desengaño, arrepentidos, aquellos que en este error se emplearon: por qué razón vivo solo de vosotros olvidado, sin que me temple esta llama este ardor, este contagio, este áspid, este veneno, la ausencia de tantos afos? O no es Rosaura mi hermana; o es mi corazón de mármol, de bronce duro habrá sido mi pecho, que es lo más claro: mas, pues, el vencerme yo consiste en mi propia mano, y no aprovechan retiros, ni ausencia contra este encanto. Alarde he de hacer del riesgo, y oculto, y disimulado, pues no podrán conocerme por lo mucho que ha que falto. A los ojos de Rosaura he de vencer este pasmo, esta pasión que me ciega, este delito que arrastro, este enigma que me oprime; hasta que el banco amarrado de la razón, mi albedrío, de un error tan obstinado, las vivas torpes raices del pecho arranque a pedazos. De la ponzoña que el áspid derrama, el envenenado se cura, porque un veneno con otro se templa: el rayo mismo que me ha muerto, el rayo me ha de curar; emprendamos todos los medios posibles para salir del engaño. No quiero Estado, ni Reino, goce otro de mis aplausos, solo procuro vencerme, pues soy mi mayor contrario, Porque cesando en mi pecho accidente tan extraño, descubriéndome a los míos, quito a mi pena el cuidado, doy a mi corona un gusto, un triunfo al Cielo le añado, al error un escarmiento, y a mi resistencia un lauro. Mas quién será de Rosaura Esposo? A fuera, que mancho: salto, y brinco de contento, pues es Príncipe mi amo. Mas lo que este hombre dice, desde aquí quiero escucharlo. Qué oficio le pediré sobre el secreto que guardo de su origen? El oficio de Guarda Damas, no es malo, más es oficio capón, yo quiero oficio de gallo. El de Alabardero es bueno, que es de lealtad; mas reparo, que tienen todas las noches quínolas, y sueño bajo. Mejor es ser, si hago versos, Villanciquir de Palacio, que, en fin, es cargo de letras, aunque ninguna de cambio. Ahora bien, yo elijo ser busón, que es bueno, y barato: él viste buenas camisas, y come en casa de cuantos se convida, o le convidan, rompe galas todo el año, con Príncipes es truhan, no sale jamás al campo, porque nunca tiene duelo, aunque encajen a sus amos. A su frialdad llaman chiste, a su error, desembarazo, a su malicia, agudeza, y a su atrevimiento, garbo. Al que es pretendiente nuevo se le entran por los lados, y le dicen muy en ello, en la comida se ha hablado de Vueseñoria, y sospecho, que ha de tener buen despacho; y el gusto de prometido se lo pagan de contado. Hablan gordo y hablan tible, salen, y entran en Palacio, todos les hablan risueños, y ellos tal vez esperados juegan muy lindos doblones; dicen recio, digo, y hago, coman, visten, campan, triunfan con todos los Cortesanos, gastan muy lindos sombreros, guantes de ámbar, buenos cabos, famosísimo aderezo, y muy mejores caballos; mas si aquesto es ser busón, dónde está lo dehonrado? A aqueste oficio me atengo. Ah Caballero? . Ah Soldado. No me diréis? . Picaron, yo Señoria me llamo. Soy forastero, y:: . Por eso os culpo más, mentecato; que un señor desde una legua se conoce en lo delgado, en el pie, y pierna jarifo, en el talle, en el mostacho, en la voz, en las accionos en el aire cortesano; teniendo para más señas, como yo los ojos garzos. Perdonad. . Decid ahora; si os puedo servir en algo. Quién es el Príncipe nuevo, que aclaman hoy porque extraño, por ser forastero, el modo? No preguntáis mal, que es raro suceso. . Hareisme gran gusto de referirlo. . Escuchadlo. Después que Rosaura bella (que guarde el Cielo mil años) quedó única heredera, por la ausencia de su hermano, solicitó ser su esposo el Duque de Tiro, y tanto, que por fuerza de armas quiso lograr su intento: a estorbarlo salió a campaña Rosaura; venció heroica a su contrario; pero debió la victoria al más valiente, y bizarro mancebo, de cuyos hechos serán para eternizarlos muy corta lamina el bronce, y breve lisonja el mármol. Gregorio es su nombre, y siendo luz del valor, con su brazo, hizo al Duque prisionero; y en esta torre encerrado llora su fortuna adversa. Creció con esto el aplauso de Gregorio, tanto, que llegó a nombrarle el Senado por General; a este tiempo los de Tiro convocados, viendo a su Príncipe preso, aquesta Ciudad cercaron; cuyo cerco fue tun grande, que el de Numancio, y Cartagó se quedó atrás, pues llegó a valer un perro braco, para el natural sustento, un millón. . Vamos al caso. Vamos al caso: Gregorio, viendo aprieto tan extraño, se resolvió con sus huestes a salir furioso al campo. Y apenas el Alba hermosa, para aliñar su trenzado, del blombo de un gran monte corrió el frondoso aparato. Cuando el generoso Joben, montado sobre un caballo (permitidme que os lo pinte) que no ha de siempre un lacayo hablar en término humilde. Pues en un nombre tan bajo trocaste la Señoría? Yo Señoria me llamo; mas, señor mío, es Italia, y no hay que apurarlo tanto. Vamos al caso. . Es muy justo. Era, como digo, blanco el bruto, y como narciso, de su hermosura, las manos redoblaba como espejos, para mirar su retrato; todo asombro, y fantasía deél bruto, fue airoso rasgo, aún más ligero que el viento hijo adoptivo del Austro: el suelo llenó de espumas, y es que como iban pisando cuatro eslabones, las piedras apagaba anticipado, al alquitrán de su furia (que fue provido reparo) para no encender el monte irle primero nevando. Vamos al caso. . No importa, que también esto es del caso. Dio sobre los enemigos, rompiendo, y desbaratando a fuego, y sangre su gente, con que el sitio levantaron. La Plebe entonces confusa, tanto a Gregorio aclamaron, que hacerle quisieron dueño de aqueste Reino; aprobando, que este solo merecía de la Princesa la mano: Al grave empeño se opuso el Senado; publicando, que por ignorar su sangre, no era capaz del sistado. Este es hijo de sus obras replicó el tumulto vago; y como es ley de este Reino, que elegir pueda a su salvo esposo la sucesora para sosegar los bandos: Rosaura entonces previno, que entre tres Príncipes claros, que amantes la pretendíán, fuese también sorteado Gregorio, y a quien la fortuna feliz de todos los cuatro, diese el premio merecido, de ese sería su mano. Cupo la suerte a Gregorio, y con ella se ha casado. Ellos salen a este sitio, y veis aquí todo el caso. Gregorio, y Rosaura logren siglos largos, de sus posesiones felices aplausos; de verdes laureles el frondoso halago, de sus triunfos sean premios soberanos. Cesad la música, y todos llegad a besar la mano a sus Altezas. . No es nada, de pepitoria es el plato, y de sabado. . Por qué? Todo es convite de manos. Todos os llegad. . Fortuna, para de tu rueda el paso. Cuidado, no me atormentes con la memoria de Carlos. Llegad, y besar se dijo, por eso ya van llegando por sus turnos: ahora se sigue Irene. La invidia mueve mis pasos, que este se corone, y sea el Duque más desdichado; yo haré que esta noche salga, y se vengue de este agravio; pues para esta acción yo tengo mis parciales convocados: quien soy verá el mundo; pero vuelva el veneno a mis labios, hasta que le vierta el pecho. . Llegad vos también, Soldado. Si haré: mas no sé qué miro . en este joven gallardo, que aunque mi lugar ocupa, y sostituya mi Estado, me huelgo, de que le goce: señor, un pobre Soldado, de esta dicha, a vuestra Alteza da el parabién; y vos claro lucero del Sol, que así, sí, no, pues:: . De que estáis tan turbado? Todo mi valor, me valga. . Señora, muy de ordinario suele turbarse un espejo, con la voz que de los labios se exhala, el moverse en él lo que gobierna la mano: Como cristal limpio, y puro, pocéis privilegios altos, llegando pues a mi boca, pudiera empeñar sus rayos, y así, este turbarme ha sido respecto de fiel vasallo, mi fineza lo acredita, pues sufrí todo asustado la turbación en mi aliento, por no eclipsar vuestra mano. Con ingenio se disculpa. De dónde sois, buen Soldado? Natural de esta Corona. De qué lugar? . De Damasco: finja cauteloso el pecho. Y cómo os llamáis? . Jerarde, Dónde servisteis? . Señor, al gran Godofre bizarro, en la singular empresa de Jerusalén. . Mi hermano (oh triste memoria!) en esas guerras dicen que ándubo:: . Carlos de Antióquia. . Este es su nombre. Pues, señora, ha sido engaño; verdad es, que un hombre loco echó esta voz temerario, diciendo, que él era mismo; y que por haber cortado una flor de otro jardín, le había sacado al campo la razón, y otros delirios de esta calidad extraños: Mas en lo que todos vieron, que era loco, simple, y vario; es, que publicando errores no sentía haber errado. Bien se conoce que ha sido . disimulado mi agravio, hasta en aquellas razones: mas, Cielos! si es este Carlos? mas no, que si fuera él mismo, porqué habla de negarlo? Pero sí, que en su semblante descubre algunos amagos; ni lo creo, ni lo afirmo, puede ser que sea engaño, que mi idea me concibe. Dad Filipo a este Soldado docientos escudos. . De oro, solo porque se ha turbado se los dans digo que hay dichas por turbarse, a fe que es raro, y a muchos porque se turban los suelen moler a palos. Adiós, Florida, que voy a ver al pobre Lombardo, y al Duque, que los más días me vale un doblón de cuatro el llevarle a la prisión, nuevas de lo que ha pasado. Señora, la merced estimo. Mirad también que os encargo, Filipo. . Qué? Que aqueste hombre me hable mañana de espacio, y ahora haced que despejen: dejadme, discursos vanos. Dejad sus Altezas solos. Despejad. . Amor suframos, . hasta vencer este abismo. Amor, a la empresa vamos, . que si la suerte me ayuda, espero triunfar de entrambos. Soldado oíd: esta noche esperadme junto al paso del retrete, que al instante os daré vuestro despacho; y aunque me tarde esperad, que os tengo que hablar de espacio. . Yo casada con él Cielos! Yo con Rosaura casado! Si es verdad esto que miro! Parece que estoy soñando. No sé qué secreto oculto. No sé qué respecto extraño. Me impide al labio la voz. Me estorba la voz al labio. Pues este amor que le tengo. Este amor que la consagro. Procede de casto afecto. Logra accidentes contrarios. Razones son que no alcanzo, yo. . Señora. Que en fin, Gregorio, por tus aplausos mereces reinar con migo? Yo sin méritos me igualo a tu grandeza. . Sin ellos, cómo pudieras? . Reparo, que cualquiera hombre que se halla sobre un monte levantado, tan lejos del Cielo asiste, como aquel que está en el llano, que el mundo es un punto breve con el Cielo comparado, aunque del valle a la cumbre no hay diferencia, ni paso: Cielo es tu beldad; y así, vienen a estar en un grado iguales al merecerte, el feliz, y el desdichado. Pues, señor, ya que este nombre te dio tu valor bizarro, y te hace tan aplaudido, el ingenio, como el brazo, sabrás ahora: mi mal le diré, disimulando, pues por redimir mi afrenta viene a sentir mi engaño. Sabrás, digo, que antes que me jurasen mis vasallos, por legítima heredera, firme, por algunos años, voto hice de no casarme, hasta saber de mi hermano. Callelo, por no arriesgar el sosiego de este Estado, pues a casar me obligó, y es a sus fueros contrario: mas supuesto que esto ha sido por término limitado, y se ha de cumplir primero con el Cielo en tales casos; y también porque muy presto espero saber de Carlos, si es vivo, o muerto, y por puntos esta certidumbre aguardo, te pido por gran firmeza, que no extrañes mi recato, que no culpes mi retiro; y porque sé que en mi agrado, mi ruego ha de hallar fineza, como mi pesar descanso. junto a ese retrete mío tengo prevenido un cuarto de secreto para ti, a donde estés apartado, de suerte que para el mundo conmigo has de estar casado; pero para entre los dos las posesiones dilato, hasta que este voto cumpla, que muy presto llega el plazo de él, y de todas mis penas; porque con este cuidado cumplo contigo, conmigo, con Dios, y con mis vasallos. Señora, pues vuestra Alteza nío es dueño de cuanto valgo? Todo mi ser no le debo? Cumpla el voto venga Carlos; y para que yo le vea, le guarde el Cielo mil años. Venga en hora buena a dar un buen día a sus vasallos. Mandad, haced vuestro gusto, que como un humilde esclavo siempre me hallaréis rendido, que desde ahora me allano a obedecerte, que en el pecho no sé que razones hallo, que lo que me proponéis, con ser a mi amor contrario, sé que le está bien al alma, mas el secreto no alcanso. Mucho estimo esa fineza. A vuestro amor me consagro. Siempre al vuestro me sujeto. Entrad, que este es vuestro cuarto, que yo al mío me retiro. Guardeos el Cielo mil años. Viváis los siglos eternos. Para que en vuestros aplausos. Para que en vuestras finezas. Logre mi amor nuestros lazos. Tenga Siria eternos triunfos. Vos los haréis duplicados. Porque en vos siempre conozca. Porque miren vuestros rayos. Yo la dicha en mereceros. Yo la gloria de adoraros. Quién, sino yo, sufriera, (Astro violento!) esta pena, esta maldad, este tormento? quien, sino yo, suspenso diera al labio, esta afrenta, esta injuria, y este agravio? Mas si miro a mi furia, ni es pena, ni es tormento, ni es injuria. Pena mayor contienen mis desvelos, preso y desesperado en esta torre vivo, y desposado a mi enemigo veo con la que al lado fue de mi deseo. Ah, Cielos! quién pudiera vengarse de los dos, quien les bebiera la sangre, si es que alcanza alivio el infeliz con la venganza! De estas adversidades, a Irene solo debes mil piedades. De su bellesa estoy favorecido. Y pagas sus finezas con olvido. Confieso su favor; mas no se inclina a su beldad mi amor. . Ella te adora. Dejemos eso, y mira si es ya hora de que Roberto venga con quien trato salir de esa prisión. . Eres ingrato; pero mira, señor, que es grande empeño arrojarte a tan bárbaro despeño; cuando de tantas guardas asistido vives en la prisión. q. Pierdo el sentido. Pero tente, que en la angosta puerta, que jamás en la torre he visto abierta, siento una llave abrir. . Infeliz suerte! Sin duda que vendrán a darnos muerte. Ojalá, que con ese rigor fiero llegase de mi vida el fin postrero: La novedad extraño. Santa Tecla, San Cosme. El desengaño sabré con osadía, que era ultraje en mi amor la cobardía. Pues, Irene. . Señor. Quién te ha movido a semejante acción? . Verte ofendido, y querer mejorar con noble aliento tu fortuna infeliz, y mi tormento. Estimo tu fineza. . Pues escucha. Ya está de tu belleza pendiente mi atención. Ve respondiendo a lo que preguntaré. . Eso pretendo. Al que de esta torre te librare, tu pecho liberal, qué premio diera? Su fineza por única estimara, y todo el ser a su valor rindiera. Puede en el mundo haber prenda más cara, que honrosa libertad? no es la primera? La libertad es el mayor tesoro, no es buena la prisión con grillos de oro. Pues si a ti solo de ella te hace dueño un pecho varonil, que serlo alcanza; sino también con fácil despeño paso seguro ofrece a tu venganza, con qué podrás pagar tan alto empeño? Al cándido nivel de una balanza partiera mis laureles eminentes, porque un ramo enlazase las dos frentes. Y si ademas del logro prometido, por dueño te aclamase venturoso este Reino; y si causa hubiese sido una mujer de colmo tan dichoso? Doblarele el indulto agradecido, coronando la acción con ser su esposo. Qué hasta a sus contrarios des la muerte? Solo en eso estriba aquí mi suerte. Puesto que sus venganzas se han logrado, mueran los dos a manos de tu pena, ella muera también, que a tu cuidado, menos rigor será, que verla ajena; ella tres infortunios ha causado, Gregorio a eterna cárcel te condena: Si de tu agravio al desempeño aspiras sus pechos postre el fuego de tus iras. Toma ejemplo en el mar, que embravecido, si el viento sus espumas alborota, dando con mucha voz ronco bramido, combates de cristal el risco azota; Ave, que hurtado vio su dulce nido, ajando el rojo Abril de la garzota, gimiendo al valle baja, al Cielo sube, a un tiempo rayo, flecha, viento, y nube. Sea motivo un tronco a tu coraje, pues si cortado al suelo se desliza con dura queja al eco del ultraje, de la salva el silencio tiraniza, bruto a quien hiere el arco en el plumaje, a la sed del furor la crencha riza, tú, a quien ofenden más, debes más sabio borrar con los despeños el agravio. Fiar puedes la acción de mis parciales, que prevenidos ya para la empresa ocupan de Palacio los umbrales, seguros de su premio en la promesa; a todos la piedad hizo leales, o el bien que cada cual de ella interesa; o la envidia de ver que se corone Gregorio, y que los méritos baldone. Esa puerta que abrió la industria mía, a su retrete sale, a cuya puerta le espera aquesta noche mi osadía; y dándote a su cuarto entrada abierta, mueran los dos en cuanto a mi porfía, aclamando tu voz la empresa cierta, te fía, pues hay quien diga (mi amor tiene) viva el Duque de Tiro y viva Irene; la aclamación entonces barajada, al ver muertos los dos, desprevenidos, siendo trueno mi voz, rayo tu espada, quedarán a tus pies todos rendidos. La plebe a novedades inclinada, dueños nos ha de hacer esclarecidos de este Reino quedando en fin dichoso, yo premiada, él felia, y tú mi esposo. Este partido aceto, y logro en una empresa todo el ser a la esperanza, que en la rueda voraz de la fortuna, el corte ha de afilar a mi venganza; y pues ya que el espacio de la Luna desarruga el cendal de su mudanza, cuya bastarda luz falsea el broche del confuso ropaje de la noche, en mitad de su curso acelerado, te iré a buscar, y llevaré conmigo Roberto, el mejor confederado, que tengo en Antioquia. . Tu ley sigo, pues los dos entraréis. . Quedo obligado. Tuya he de ser. . Si aquesta acción consigo, la dicha, y el valor debo a tus ojos. De tu brazo, y mi amor serán despojos. . Bien haya quien te parió. Ten cuenta si entra Roberto. Aquí le tendrás más cierto que un roloj. e tendrás ui loj. Mas quién entró? Bato, que es señal de azar; Bato bienvenido sea: que hay Bato? . Lo que Batea! hombre quieresme dejar? Ya no me vienes a ver, nadie a un desdichado sigue. Bato. . Si este hombre prosigue, el juicio pienso perder. Tú por los gajes vendrás? No señor, para qué es eso? Toma dadiva de un preso. Gran palabra: y cómo estás? Siento una pasión. Y en fin te mueres? Vivo en prisión. Qué te ofende? . La pasión. Pues pásate a Antón Martín. Y Gregorio? . Es un menguado. Y Rosaura? . otro que tal. Tú solo eres liberal, con tener solo un Ducado. En fin, mujer. . Y taimada. Sin piedad. . Y sin razón: por dar a uno un mogicón, le dará una bofetada. Qué con ella esté casado Gregorio? . Y está también preso como tú. . Pues cómo es eso? No es lo mismo estar casado? Todo lo allana el querer. Calla, que no has advertido el mal que pasa un marido al remo de la mujer. Si acaso es gorda no entra sin perejil al tragalla; si es chica, nunca se halla; si es alta, siempre la encuentran; si es muy callada, es gran daño; si preguntona, cruel, si es celosa, dígalo él, que la sufre todo el año; si paridera, es rigor; si esteril, nunca hay regalo; si come mucho, es muy malo; si nada come, peor; si es rica, ha de obedecerla; si es pobre, ha de sustentarla; si es hermosa, ha de celarla; y si fea, ha de temerla. Y así, en la varia fortuna, que enseña el norte de amor, imagino que es mejor el casarse con ninguna. Pues eso de la belleza dices? satirico estás. Bato. . No me dejarás, hombre? . El Bato es linda pieza. De las fiestas, relación no me harás? . Con gran decoro. He de pagártelo en oro. Ya te lo cuento en bellón. Primeramente adornaron las calles con bizarría, y de las calles fue el día. Por qué? . Porque las colgaron. Vieras sus rejas doradas, ricamente guarnecidas de damas muy bien bebidas. Cómo? . Estaban asomadas: Vieras a pie mil placeres parecer, porque te asombre, a muchas mujeres, hombres, a muchos hombres, mujeres. Vieras tapadas al irse paseando desesperarse, la hermosa por destaparse, la fea por encubrirse. Y aquesta que con desaire mas fea disfraz la hizo, un sacre enamoradizo la seguía por el aire. Vieras perlas, y diamantes; lacayos de oro bordados, como acemillas cargados, juegos máscaras, danzantes, que mil astillas sin tacha se hacían a maravillas. Cómo se hacían astillas? Danzaban al son del hacha; y si todo me preguntas, toros hubo al uso. . A fe. Toros al uso, por qué? Todos salieron con puntas. Cuéntame eso. . En dos tablados habla acia los Roperos Abulenses Caballeros. Cómo? . Eran los Tostados. Un bufón en la contienda salió a dar lanzada fiero. Toreó bien? Como un Barvero, pues salió con lanza, y venda; por ver si al toro conoce el busón al otro día, probó el caballo a porfía. Adónde? . En un pastel de a doce. Esta es porque no aflija la relación, sin tramoya, aquí paz, y después joya. Pues toma aquesta sortija. Bien haya tu entendimiento; pero yo la merecí, pues sin tener lanza aquí, me la he llevado en el cuento. Lombardo, lleva contigo a Bato y de aquí no salga; todo mi aliento me valga. Vamos, Bato. Ya te sigo. Nadie sin grande peligro consiguió fortuna grande, dicha que se fundó en riesgo el despecho la hace fácil. Roberto falta, y no tengo quien en la acción me acompañe; pero si Irene asegura el caso con sus parciales, no importa que vaya solo, pues disimulado el áspid de mi rencor presta alientos al pecho, que insaciable lo imposible facilita, por la ambición de vengarse; y la de un Reino que avisa mi dilación, que aunque manche la traición nuevos designios, las grandes prosperidades, barajándose los visos, la dejan de otro semblante. Esta es la hora en que Irene me espera; y tiempo en que hable el sueño, blando homicida en común silencio yace: Ya tardo, que perezoso muevo los pasos; la llave quito, y cerraré por fuera. Ambición mía, al examen, venganza mía, a la empresa; y no te muestres mudable, fortuna: pero qué temo? rompamos dificultades, que es mejor morir de osado, que no vivir de cobarde. En esta parte Filipo, me dijo, que le esperase, y que además (sin mí estoy!) quería de espacio hablarme. Cielos! si me han conocido, el negarlo es importante, hasta hacer esta experiencia en mi peligroso achaque, hasta vencer a mí mismo; pues poniendo de mi parte la necesidad, la injuria, la desnudez, y el ultraje, con aquesto obligo al Cielo; locas memorias, dejadme: mucho tarda, y no lo siento, de divertido en mis males. . Pisando la oscura sombra hasta aquí he llegado, y nadie me ha visto: qué temeroso el rencor es al vengarse! Del retrete esta es la puerta, que a la escasa luz que esparce aquel Lampión, que es de fuego reloj, que en rojo volante mueve a pausas, la diviso, y allí un hombre a sus umbrales. De mí un hombre se recata, y duda a mi pecho añade, porque si fuera Filipo, llegara al instante a hablarme. Puede ser que este hombre sea alguno de los parciales de Irene, y no me está bien apurarlo en este lance; mas ya una puerta han abierto. Sospecha mía al examen. Duque. . Irene. Mas qué escucho! A buena ocasión llegaste. Mueran Gregorio, y Rosaura, porque este Reino te aclame. Traidores son vive el Cielo: qué haré en empeño tan grande para librar a los dos, que gusto hacer de ello alarde; lo uno, porque es piedad, y lo otro, porque es mi sangre. Entrad, pues, Duque. Eso intento. Y vos como estáis cobarde, si con el Duque venisteis. Hoy se logran mis piedades. . Entrad también, y seguidme. Ya os obedezco constante. Pisad tan quedo, que el viento no os sienta la planta fácil, siendo cómplice el silencio de vuestras seguridades. Dichoso ha sido el engaño. Sin duda para esté lance, este hombre condujo Irene. Ahora os mostrad constante, y advertid, que esa es la puerta adonde dormidos yacen: la aclamación prevenida queda ya. Iré a buscarte. Hoy venzo el mayor empeño. Caballero, si a ayudarme venís, la espada os encargo; hoy fenezca a mi coraje, quien solicita mi muerte. No es fácil, pues hoy sus vidas defiendo. Quién eres traidor, cobarde? Quién tus intentos castiga. Matarete. . Ae de matarte. Traición traición. Flora, Irene, esposo. . Infeliz lance! Tened, villanos, qué es esto La vida he venido a darte. Hay hombre más infeliz! Tú la vida? No te espante, que me la debes, supuesto que el que estás viendo delante, a industrias de mano aleve, que sus intentos aplaude, venía a darte la muerte: Yo siguiendo sus disfraces, antes de entrar con mi acero defendí aquestos umbrales. Esta lealtad me has debido; mas no me admiro, que extrañes, que el brazo de un infeliz pudiese la vida darte. Pues muera el traidor. Tened. . Yo. Tampoco he de escucharte. Advierte. No hay que advertir; pues discurro en tu semblante tus traiciones, y cautelas, y aquí en lugar de vengarme, quiero que te vayas libre; porque es castigo bastante llamarte a voces traidor, que en quien tiene ilustre sangre, no es tanto mal morir, como oír, que traidor le llaman. No quiero, que diga el mundo, ni murmuren las edades, que estando en mi Reino preso, te quité la vida, basta por muerte, el que reconoscas en mí un desprecio constante, de que tu rencor no temo, y que quiero que te escapes, para volver a vencerte sin ventaja en cualquier parte: y bien parece, que en eso tengo asegurado el lance, pues cuando a matarme vienes la libertad vengo a darte. Oh pesia mí, qué esto sufra! Ah de mi guarda, sacadle luego al punto de mi Reino. Yo me iré, pero constante he de estar en mis intentos, y tampoco he de estimarte la libertad, pues por ti, usas conmigo piedades. Vos, Filipo, recogeos; vos venid mañana a hablarme; porque os premie la fineza, que es a este Reino importante, que en mi servicio quedéis. Penas, de una vez matadme. . Hablarme este hombre en mi hermano, serle en algo semejante, hallarse aquí, defenderme; tres cosas son tan notables, que la menor de ellas, vanos pensamientos me combaten. Vuestra Alteza se recoja. Primero los brazos dadme. Testigos son de mi amor. El mío en ellos descanse. Tened, qué retrato es este? No le veáis. . He de mirarle. Advertid, que es contra vos. No importa. . Terrible lance! . pudo haber mayor descuido? Soltad. Qué haré? perdonadme. Solo por eso he de verle. Hoy mi desdicha, se sabe. . Fortuna, qué es lo que míso! . apuraré estás verdades: este no es ningún retrato, sino dos renglones, que hacen memoria de quien nacistris. Qué esto mi olvido causase! . Y en fin, sois vos este mismo? El mismo soy, porqué hadie puede elegir sus principios. La voz el labio recate. Cielos, aqueste es mi hijo, si no mienten las señales, que esta es la lamina misma que labraron mis pesares: Hay suceso más extraño! si lo digo, es infamarme; si lo callo, añado un riesgo a mi decoro, y mi sangre: qué haré? válganme los Cielos? Os suspendéis? No os espante, pues miro en vos: . Qué miráis? Un asombro. . Aquel que nace, no es cómplice en el delito de haber nacido. . Es constante? Hay hijo del alma mía, de todo he de deslumbrarle. Pues sabed, ya que en los dos este secreto se parte, que solamente en el nombre, es justo, que esposo os llame, sin que la esperanza vuestra a más pretenciones pase; porque el dudar si eráis noble, hasta aquí pudo engañarme: en cada voz voy pensando razón para los disfraces. Pero ahora que conozco, que venís de baja sangre, y de infeliz nacimiento, es fuerza que os desengañe, que no ha de lograrme esposa quien es de tan vil linaje: Yo lo sé, sí, y bien me consta, pues conocí a vuestros padres. . Qué escucho! si es sueño? apenas respiro, el aliento frágil, en tan terrible tormenta; solo aquí puedo decir, que no he sabido sentir, pues me queda sentimiento, como vivo, y como siento, si siento lo que he sentido. De sentir estoy corrido, pues si mi pena sintiera; cuando, de sentir muriera, aún no lo hubiera sentido; no basta en tanto peligro hacer del valor alarde? no bastó en montes de acero ofrecer mi vida frágil? no han bastado mis hazañas, para desmentir lo infame de mi humilde nacimiento? para qué un infeliz hace máquina de sus alientos contra la fortuna, si antes sobre sus alas se sube, porque de más alto baje? Acaso fue elección mía nacer de tan vil linaje? No; pues si culpa no tengo, es bien que sufra un desaire? En qué el mérito a la dicha ofendió, si es inculpable? ha de pagar el valor el delito de la sangre? Naturalmente el valor no adorna al que humilde nace? pues porqué ha de valer menos una virtud, que un ultraje? De la tierra el oro es hijo, como del Sol los quilates, por hijos del Sol se estiman, aunque la tierra los manche. Doy caso, que sea culpa nacer de infelice madre, han de entrar los hechos nobles con la desdicha a la parte, y si es virtud el valor, y nacer culpa, es gravamen, que sobre pena al delito, y premio al valor le falte. Oh ceguedad! oh costumbres! o mundo! injusto te llama el cuerdo, pues sin razón castigas al inculpable: lo que es acaso, es injuria, luego si Rosaura sabe quien soy, es fuerza el hallar de continuo en su semblante un desprecio, un vituperio, en vez de un cariño afable. Este es triunfo, este el premio que dan las prosperidades? a espaldas del placer viven de esta suerte los pesares? Pues fuera vanos adornos? y tu espada, que me honraste, compañera en mis fortunas, pues de esta afrenta, este ultraje no puedes tomar venganza, pues quien te ofende no sabes, busca otro dueño dichoso, que del brazo he de arrojarte, por no mirarme a tu espejo con tanta injuria, y desaire; pues también cuando se arroja a beber el elefante, primero con los pies turba del arroyo los cristales, por no mirarse tan feo: Luego con más razón hace esta acción mi sentimiento, pues es empeño más grave; mas la fealdad de un afrenta; que de este bruto el semblante. No viva al mundo quien vive sin honra, el Cielo se empañe, la luz del Sol no le vea, niéguese el aliento el aire, él olvido le sepulte, ninguna piedad le ampare, caigan sobre él las esferas, solo el pesar le acompañe, si es que el pesar en un triste es medio para que acabe. Montañas de Siria incultas mas que los hombres afables, prevenid en vuestro centro a un infeliz hospedaje, que del mundo derrotado, zozobra en los uracanes una borrasca engañosa, y otra vez vuelve a buscarla en vuestra esperanza, adonde trueque el remedio en achaque, y tu escarmiento el engaño, la soberbia en vasallaje, la adulación en desprecio, la altiés en humildades, en tenores la osadía, la estinación en ultrajes, y en evidencia la duda, para que de todos labre un desengaño a un espejo, a una memoria un examen; y porque mi vida sea ejemplo de las edades.
JORNADA TERCERA
JORNAda tercera Siempre que estoy contemplando este traje en que me veo de Hermitaño, no lo creo, y pienso que estoy soñando. Después que en estos desiertos con Gregorio sirvo a Dios, vivo, por cuanto a los dos nos tiene el mundo por muertos: pues de manera, él y yo, trocados estamos ya, que no nos conocerá la madre que nos parió; mas yo como flaco he sido, y siempre mal inclinado a sombra de lo barbado, disimulo lo raído. Solo Gregorio en tan rara virtud crece, que es espanto, de voga arrancada es santo, que admira; quién tal pensara! tantos los auxilios son que goza el Santo bendito, que está lleno este distrito de pasmo, y admiración: voces escucho en el viento del Cielo, que le regalan, y con prodigios señalan, lo que agrada a Dios su intento. Despoblando las Ciudades vienen por distintos modos, con él a consultar todos sus dudas, y sus verdades: milagros hace a porfías este Divino Varón, y elevado en oración, se está sin comer dos días; no fuera yo así, que a más de ser malo, gloton soy, y en no mascando algo, estoy que me lleva Barrabas. Señor, suba a vos mi llanto, dadme siempre, que comer, que yo os prometo de ser sin vigilia un grande Santo; mas para hacer oración, ya de la cueva ha salido, por si acaso me ha sentido, hermano Bato, chitón. Señor qué poco he dejado en dejarme a mi por vos; pero qué digo, mi Dios, si soy de vos el buscado? que si mi maldad no ofusca la verdad que miro aquí, quien por vos huye de sí, entonces mejor se busca. Que estoy en mejor Palacio, esta soledad me avisa, que allá se muere de prisa, y aquí se vive de espacio. Allá en cláusulas suaves oía libres acentos; aquí al compás de los vientos me dan música las aves. Aquellos con sus primores al sueño hacían la salva; y estas al reír del Alba sirven de despertadores. Allá el ropaje entallado me afligia de ceñido; y aquí siendo ancho el vestido, me viene más ajustado. En ceremonias profanas, allá dudaba aplaudida el alma, si era afligida la voz de lisonjas vanas: Aquí la verdad me enseña, la fuente, que se desata, y con claridad me trata, con ser hija de una peña. Pues al retórico estruendo, que hace sin doblez prolija, por sus ondas, guija a guija el corazón le estoy viendo. En vez de platos extraños, me da esa palma alimiento, que para común sustento, la sazonaron los años. Pues de ella logro asistido, para manjar su remanso, su sombra para descanso, sus hojas para el vestido. Libros leo aquí mejores, de esa floresta en la falda, donde en papel de esmeralda son rojas letras las flones. La vista en él cuidadosa pongo, y en la primer planta, con Majestad de oro y grana, me está enseñando la rosa, encendida en color vano; mas no es su incendio hermosura, sino ardiente calentura, para morir más temprano. Lo que va de ayer a hoy, se dijo por ti. . Qué, di? aquí estaba, hermano? Sí, y alabando el Cielo estoy. Hizo, penitencia. . Yo, sino es un capón guisado, no he comido otro bocado. Pues quien un capón le dio en este monte? . Un barbado, y guisado estaba bueno. Lo guisado le condeno. Lo mismo es así, que asado. En él son estilos nuevos. La carne me hizo caer. Pues carne llegó a comer, hermano? . No si no huevos. Sus obras temple imperfectas, y ponga con mil mancillas por tierra entrambas rodillas. Mejor fuera servilletas. Dios solo de un alma absorta es buen manjar y regalo. Es verdad, pero no es malo de cuando en cuando una torta. Para vencer mi pasión, dadme vuestro auxilio aquí. Y para sustento, a mí deparadme un bodegón. En vuestro amor aseguro, pues conforta, y causa el bien. Es cierto, pero también conforta un traguito puro. Señor, mi eterna alegría se muestra en vuestra grandeza. Mientras él la lección reza, quiero repasar la mía; aseado por excelencias soy, y así pretendo terco, limpiar este pie de puereo. Qué es lo que hace. . Penitencia. Contra mí el brazo detén, pues solo porque te alabe sabe quien amarte sabe. Y a mí me sabe muy bien; tierno está, tras él me voy: para una continua hambre grande cosa es la fiambre. Qué es eso? . Perdido soy. Cierto, que es hombre inhumano. Soy Poeta, no lo ve? y en dándome alguno un pie, no me puedo ir a la mano. Mire, que me ha de irritar; comer quiere en la oración? Yo tengo por devoción comer, antes de rezar. Sus sinrazones ingratas dan de quien es testimonio: Quién se le ha dado. . El demonio, que me tienta por las patas. Un niño es sin distinción, y no tiene a Dios cariño. Yo, Padre, como soy niño, por eso chupo el pezón. Ay tan grande desatino! mortifíquese. . Es en vano. Yo, Padre, soy buen Cristiano, y es virtud comer tocino. Quite. . Digo y pecaré si le como? . Duda habrá. Prosigo mientras está la dificultad en pie. Ore a Dios. . Ya lo apercibe mi amor, elevose a fe; beberé un trago, porque mientras se bebe, se vive. . Quien no os ama, y no os abraza, no sabe lo que se quiere. Desde hoy miente quien dijere, que es frin la calabaza. Fino amante, en esta selva por vos se me quita el seso. Y a mí también; mas por eso procuro, que se me vuelva. . Hombre, a quien su desventura, por lo que bebiendo peca, sea presto. . Sí; mas la seca con esto se me madura. No pienso más reprender su desorden vergonzosa. Hace bien, porque no hay cosa como dejarlo correr. Ay de mí! Qué es lo que escucho! No habrá en aquestas montañas quien socorra un afligido? Perdone, hermana santasma. Perdido en esta aspereza. Ya es fuerza, hermano, acudir. Quién tal hiciera mal haya. Ay! . No entiendo a estas horas de plegarias. Perdí el camino, y la suerte. Si perdió, para qué llama? Adonde, Varón sagrado, se encubre tu piedad santa? Aquí no hay carta encubierta, que yo las ando muy claras. Sin duda algún pasajero se ha perdido entre estas matas. No habrá algún bruto. Infinitos que comen pan. Qué me valga? Vaya, y traigale en los hombros. No pienso volver la espalda, que dirán que soy gallina. No ve qué es piedad Cristiana? No ve, que es grande mi miedo, y que hay muchos riscos. Vaya por la falda de ese monte. Padre, el precepto me manda, que a las faldas no me llegue. Qué en fin la piedad le falta? Peregrino pasajero, que entre la dura intrincada de ese laberinto verdé perdiste la senda, aguarda. Cómo gato, siete alientos tiene: cual sube, y cual baja! ya le traslada en los hombros, y sin reparar en nada, hiriéndose entre las puntas de jarales, y de zarzas, le librós o gallardo joven! Santo con rasón te llaman. Ya estás seguro del riesgo. Déjame besar tus plantas, pues tus obras de quien eres dan testimonio. . Levanta: mas qué miro! este es Enrico, . a quien debí de mi infancia la educación, callar quiero. Aa naturaleza humana lo que obligas! . Varón Santo, túreres, a quien yo buscaba. Para qué? . Para decirte una verdad, de importancia para todo aqueste Reino; y temiendo, que por rara, de mí no ha de ser creída, quisiera, que acreditada de tu voz, se divulgase, porque con esto quedara sin escrúpulo mi pecho, pues de mi edad cansada, en el umbral de la muerte espero la postrer ansia. Has de saber: . No prosigas, entra en mi cueva, y descansa primero, y después podrás decirme el caso, que el alma interesada en tus penas, quiere de espacio escucharlas. Tú en mis penas? No lo extrañes, porque he debido a tus canas una dicha. . En qué se funda? Solo en verte. . En verme para? Sí, que es dicha de los ojos. Pues no me dirás la causa? Desahogaré contigo mis penas. . De toda el alma te he de dar parte, que es fuerza, que en esta aflicción me valgas. Vamos a oír estos cuentos. El hermano no entre, y vaya con la jumenta a pedir la limosna acostumbrada por las vecinas Aldeas. Luego le echaré la albarda; embocose en la tronera: Benedicite, Deo gracias. Fuese: ahora bien, la jumenta voy a prevenir, que Laura me encargó cierta encomienda que de la Villa le traiga. Al Siervo de Dios busquemos, para hacerle Patriarca de toda Siria. . Qué escucho! Toda Siria convocada viene buscando a Gregorio; mas quién me mete en andanzas? cada uno a su negocio: Benedicite, Deo gracias. Ya que en lo más intrincado estamos de esta montaña, amigos, de mis intentos quiero deciros la causa. 2. A tu obediencia resueltos están los que te acompañan. Y para este efecto todos tu resolución aguardan. Después que aquestos montes se sabe, amigos, por fama, que habita un Varón insigne en virtud heroica y santa, a ver este gran prodigio de santidad, convocada viene toda Siria, y viene Rosaura, y todas sus Damas a hacer Cielo estos desiertos, y jardín esta campaña; y aunque fui su prisionero, y contra mi siempre airada ha mostrado desdeñosa las sequedades de ingrata; la copia, que siempre viva, de su beldad, guardó el alma, al soplo de mis suspiros vuelve a repetir la llama; vuelva aquel pasado hechizo, aquel veneno: o mal haya el que levantó primero a tan vil deidad las alas, que solo en penas sosiega, en las glorias no descansa, en tormentas se asegura, y en tranquilidad naufraga! en fin, yo vengo resuelto, amigos. . A qué? . A robarla: asegure la violencia los logros a la esperanza; y si hará pues de mi gente tengo guardada la espalda. Defenderse es imposible, pues ya su esposo le falta, que vencido de un delirio, precipitado en las aguas, dicen, que murió: vosotros discurriendo la campaña en el traje de bandidos, con valor a un tiempo, y maña, por mí haréis esta fineza, y vendándole la cara, la entraréis en ese monte, adonde mi fe os aguarda, para premiaros la acción, que yo por no arriesgarla, y no ser tan conocido, no voy con vosotros. 1. Basta. No basta; y si por robar a esa bellísima dama, robasemos a una vieja, que de niñas se disfrazan, porque las pesquen al bulto? Es la distincción muy clara: como el Sol de las Estrellas se diferencia su cara. Yo la vi al pasar ahora por esa florida estancia, sin que me viera, y por señas un monte de plumas blancas le guarnecia el sombrero. No es ocasión de pintarla. 1. La seña es tan conocida, que ninguno puede errarla. Junto a este sitio me han dicho que ha de descansar. . No es mala la disposición. . Es fuerza hacer tiempo, y esperarla. Jó burra, maldita seas, que así te echas con la carga. Una mujer muy hermosa, y una mula muy lozana, son unas dos malas bestias. Qué figura tan extraña! otro demonio tenemos. Vertióseme la mostaza: bandoléritos? Dios mío, hoy me zurran la vadana, y me quitan las alforjas, que en ellas hay cierta plata, y otras cosas que mi honra peligra, si me las hallan. He de hacer que no los veo, y que al Cielo se arrebata mi espíritu, por si acaso se mueven a piedad: gracias te doy Eterno, y glorioso Señor, por mercedes tantas. Válgame el Cielo! si es ese el Santo que el mundo aclama? Santo? No soy tal; mas soy quien de bonísima gana te rompiera la cabeza. Sobre el aire se levanta. Milagros del mundo son. Admirable virtud. . Rara. Por quién en Cruz se habrá puesto? Por ti, y por tus camaradas. Qué estará pidiendo al Cielo? Que a todos os dé calambría. Él no nos ha visto. . Es cierto. Así vieras tú, y tu alma. 1. Qué querrá el Santo con esto? Ser golondrino tomara por estar de aquí cien leguas. Es un pasmo. . Él se me alaba. Metámosle un alfiler. Malo, él vuelve la casaca. Yo le he de picar. . Remalo. Con la punta de esta daga. Con la punta? hombre, qué dices. Yo voy llegando. . Ya escampa. Hele picado, y no vuelve. Grande triunfo este hombre gana. Hame entrado la espadilla. Vuelvo a picarle. . Mal haya la puta que te parió. Qué se escamonca, es maula. Aqueste hombre es embustero. No soy si no Santo. . Basta. Vive Cristo que soy Santo. Cómo volvió a la picada? Porque soy blando de cutis, y es el punzón más de marca. Cómo lo sintió tan presto? El tormento es mi sustancia, y me vuelve el alma al cuerpo. Eres tú el que estás montañas habitando penitente, tienes de gran Santo fama? No, que hay otro de la cueva, yo soy santo de la tabla. He de quitarle la alforja. Qué alforja o qué calabaza? Y esto? . Es bulto natural, que soy cargado de espaldas. Por acá. Ya te seguimos, y por estas peñas altas dad la vuelta, hasta parar en aquella verde estancia. Aquesta es Rosaura, amigos, entre aquellas toscas ramas os esconded. . Muy bien dices. Verás la empresa lograda. Premiaré vuestra lealtad. Oh qué lindas cuchilladas! Yo me retiro; advertid, que es la de las plumas blancas. , , , s Corred todos que a su Alteza se le ha caído el sombrero, y al que le coja primero le ha de premiar su fineza. El mío puedes tomar, aunque plumas negras tiene. Si haré, que al vivo me viene su color con mi pesar. El mío fuera mayor, a no deber a Gerardo aquel seguro resguardo de haber callado mi error. Pues ya que el suyo tomaste, que dispongas de este espero (en vivos incendios muero.) . Dadle a Irene. . En mi cifraste las plumas de tu hermosura, que si el viento las llevó, por tuyas me las volvió el aire de mi ventura. En esta estancia apacible podrá sestear vuesa Alteza, en cuanto ese Varón santo, que ha de consolar tu pena, se descubre en este monte. No hallo alivio a mis tristezas, pues como centro de todas en mi corazón se hospedan. Ay, hijo del alma mía! quien pensara, quien dijera, que por afear su sangre, para disfrazar su afrenta, se ausentase, sin dejar de su vida rastro, y senda? Porque si quiera un alivio me concediese su ausencia; pero cuando un infelia con lo que imagina acierta? A quien habrá sucedido tan desusada, tan nueva desdicha, asombro tan raro, a quien habrá que suceda? Y porque de todas suertes cabal mi tormento sea, ni de este hombre me aseguro, ni de Carlos tengo nuevas: si le pregunto si es él, luego fustra mi sospecha; si lo dudo, él se conforma; y si lo afirmo, él lo niega. Mas pues la culpa he tenido, justo es padecer la pena: ojos, no enjuguéis el llanto, lágrimas, abrid las puertas del dolor, agua, y más agua; mas no tanta, que me anega. Aquí es menester valor, pues de continuo mi ausencia, y mis memorias le afligen, a llanto, según las señas me da su hermoso semblante, que a un tiempo me abrasa, y hiela. Peró tengo de sufrir, que llore Rosaura bella por mí, cuando: mas qué digo? aquí de mi resistencia. Pero qué importa, direle quien soy, pues solo con esta noticia, el pesar le quito; mas dónde está mi promesa? esto es vencerme a mí mismo? corazón cobarde, alienta; mas no puede, gue esta llama me arrebata: Oh cuanto yerra quien busca triunfo en el riesgo! Quién hace de la violencia esfuerzo para librarse de lo que uno mismo intenta! Qué mal remedio he buscado, en pensar que su presencia puede templar mi pasión! o injusta naturaleza! Suspende señora, el llanto. Es sin remedio mi queja. Mal se vence tu pasión. Es sin igual la dolencia. Templa tu melancolía. Ay Carlos! ay esposo! ay penas! Señora, yo:- . Qué me dices? Digo, que yo: tente lengua. . Ah pesia mí, que ya estás para romper la cadena de este silencio. . Prosigue. Yo preguntarte quisiera, cual de tus melancolías tiene en tu dolor más fuerna, si la memoria de Carlos, o de tu esposo la ausencia. Entrambas son tan iguales, que una sin otra no alienta, pues de suerte eslabonadas están las dos en mi idea, que imaginando en el uno, del otro acordarme es fuerza; pero en mí, la de mi hermano es la que más me enajena, por ser la causa de todo. Esto oís, y calláis, penas? Pero tú tienes la culpa de este mal que me atormenta, pues con su imagen me asustas, con su sombra, con su idea, con su memoria me ofuscas, con su semejanza afeas mis turbadas fantarias, con su ilución, con su idea me confundes me acobardas; quítate de mi presencia, que desde ahora te mando, que ni me asistas, ni veas, pues lo que dudo confirmas, y lo que sospecho niegas. Fa, corazón, constante: ya obedezco a vuestra Alreza. Pero detente. . Ya espero. Oh lo que una pasión ciega! Qué me mandas? Que te vayas. El daros gusto es mi empresa. Llámale, Irene. . Gerardo. Pues, señora, tan apriesa derogáis una palabra? cuidado, mucho te arriesgas. . Esto es querer solamente, Gerardo, hacer una prueba, si eres tú quien imagino. Pues, gran señora, haced cuenta: pero qué miro? . Ay de mí! Villanos, de esta manera vengaremos nuestro agravio. Hoy, Rosaura, en tu defensa soy rayo que el etna aborta: ponte a mis espaldas. Suelta, traidor, cobarde. Es en vanio. No hay, Cielos, quién me defienda? Vendémosla boca, y cara, porque dar voces no pueda. Ya, gran señor, te entregamos asegurada tu empresa. Seguid, amigos, su gente, porque irritada no vuelva. Ya, señor, te obedecemos. Asunto de mis finezas, enigma de mis sentidos, Rosaura divina y bella, centro de mis esperanzas, perdona, que a esta violencia me dictaron mis afectos, porque sin ti, justo fuera vivir penando, quien ama tan soberana belleza, tan desusado prodigio: Descubre esas dos estrellas, para que logre: qué miro! Dimos con la historia en tierra. Señora, yo: . No disculpes tu ingratitud, no pretendas añadir a un desengaño, multiplicar a una ofensa más agravios, baste, baste de tu traición la cautela, de tu memoria el olvido, y de tu acción la evidencia. Ah falso amante! ha tirano! esta ha sido la promesa que hiciste de ser mi esposo, cuando (ay de mí!) de aquella prisión te sacó mi industria, por no decir mi fineza que no merece este nombre, la que vilmente se emplea: Cuando imaginando estaba, que amante, y fino volvieras, viendo el riesgo en que quedaba mi vida, que si no fuera por la piedad de Gerardo, que lo ha callado, era cierta mi muerte; ahora te escucho a otra hermosura finezas. Tirano viven mis iras, mas no viven, que están muertas, puesto que no me he vengado con solo el incendio de ellas, que razón no he de escucharte: y vive el Cielo, si piensas, que en mí ha quedado ceniza, átomo, amago, apariencia de afición, fin que mi enojo no lo apure, y lo revuelva, que miente tu labio infame, y el Sol, que luces dispensa, a decirlo con los rayos de su luz, también mintieran; porque en mí, solo ha quedado un rencor, una violencia, una rabia, un sentimiento, un volcán, una centella, para abrasarte, y vengarme de tu traición, y mi ofensa. . Váyase con mil demonios, pues vino a darnos culebra. Hay más infeliz suceso! qué esto a un hombre le suceda? De duende fueron las plumas, pues se nos volvieron negras. Los sombreros se trocaron sin duda; habrá quien tal crea? Vive Dios, que lo acertabas, si trocada la perdieras: y qué hemos de hacer ahora? Solicitar con más fuerza; robarla otra vez, pues vivo rabiando en mi propia pena. Mueran, seguidlos. Qué es esto? No lo ves? la gente nuestra, que, sigue a la de Rosaura. Ea amigos, todos mueran: ved, que mi acero os ampara; no quede en el monte peña, gruta, risco, cueva, tronco, que no examine, no vea mi dolor, hasta encontrar aquesa esfinge, esa fiera, que de mí no ha de librarse, aunque la esconda la tierra. todos mí En tan rudo en tan áspero distrito, esta gruta que ves, es la que habito, donde el sueño me da en la estancia dura breve sepulcro en breve sepultura. Oh, qué bien en tus anos viven tan conocidos desengaños! Quién hay que no los goce, si nadie de su vida el fin conoce? aunque si bien se infiere, solo el Sol sabe cuando nace, y muere. Todos aquí paremos, y la obediencia al gran Varón le demos. Afuera: Padre, albricias al momento. Qué es lo que dice, hermano? Lindo cuento: albricias digo. . Qué es lo que quiere? Que a pesar de la parca hoy le eligen de Siria Patriarca; toda la Corte espera para besarte el pie. . Nada le altera; o gran Varón: qué humilde! Qué dice? . Lo que digo. . Desvaría? Digo que si; y el caso fue, que un dia estando junto el Clero, con cuidado, para elegir Pastor, pronta en el viento se oyó una vos que dijo en claro acento: A Gregorio buscad en la espesura de los montes de Siria, su cabeza corone la Diadema esclarecida, tan dignamente a su virtud debida. No seré yo, que el monte otros Varones encubre de más altas perfecciones. Cómo no, si habita entre salvajes? y pues de su virtud da testimonio, entren, hermanos, que aquí está Gregorio. Indigno soy; pero si el Cielo quiere, su voluntad a todo se prefiere. Muera el que defendiere su belleza. Huyendo de la bárbara fiereza de este Duque inhumano, entre estas peñas me remonto en vano; pues siguiendo mi alcance, no ha podido estorbar aqueste lance Gerardo, que en el monte inaccesible, aún defenderse a sí, será imposible. Adónde iré? peró, Cielos, ya miro en este oscuro, y lóbrego retiro a un Varón santo: ampare vuestra mano a una mujer que huye de un tirano. Rosaura soy, amigos, Princesa de Antióquia. Que he escuchado, Cielos! Calle mi voz: vuestro cuidado podéis templar, señora, que segura del riesgo estáis, que el Cielo una ventura os tiene aquí guardada. Qué ventura? . El quedar desengañada de un yerro en que vivís. El Cielo quiso, que aquí logréis seguridad, y aviso. Ya le espero de vos. . Enrique, ahora me refiere aquí lo que Rosaura ignora. refiere aque espués que escapé la vida, onen voy las pisadas osaura, que sin duda érdida o robada. dichas, qué es lo que veo! fortuna extraña onde en tantos prodigios: aré lo que hablan. 3. Siguiendo esta fiera esquiva, (que de mis furias se escapa, (no sé que oculto motivo facia esta parte me llama, para ver: pero aquí están los que mi valor ultrajan. Mis valgales el sagrado de ese hombre, que acá en el alma a tal respeto me obliga, que me suspenden las plantas: escucharé lo que dicen. ̱. El estruendo de las armas es el norte que me guía, para buscar en la falda ade este monte: mas qué miro! aquí el silencio me valga. ique Rosaura ignora. Prosigue, amigo. . Después que Casimiro, y Constancia, tus padres. . Y también míos. Miraron, que le faltaba succesión, y que este Reino con otros se incorporaba, sintiendo que le heredase el de Tiro, a quien tocaba, fingió entonces Casimiro estar su esposa preñada, y con un hijo supuesto, si bien de ilustre prosapia, que fio a mi diligencia, a sus vasallos engaña, que atentos, leales, y finos, con aplausos, y alabanzas, le juraron vasallaje, llevados de la ignorancia, que hasta ahora no conocen. Hijo supuesto, acción rara! quién puede ser este? . Carlos, que de ventura tan alta es heredero fingido, sola tu beldad gallarda es de este Reino heredera. Mis temores a qué aguardan? Este papel lo acredita. Según eso no es hermana Rostura de Carlos. . No. Gran dicha! Fortuna extraña! Pues, señora, yo soy Carlos, confírmelo esta esmeralda, que recebí de tu mano, cuando de ausencia tan larga emprendí el noble retiro, de que no ignoras la causa. Supuesto que en este engaño toda esta Provincia estaba, y que a tu brazo he debido el ser, la vida, y la fama, quiero que conmigo goces de mi Corona heredada la mitad, dándote luego la mano de esposa. . Aguarda, tened, señora, pues vos no sois con otro casada? No, amigo. . Qué dices? no es pública voz, y fama, que os casasteis con Gregorio? Es verdad. Pues, porque él falta será razón que a otro dueño deis la mano? . Sí. Es contraria al Cielo aquesa respuesta. Pues porque sepáis la causa, Gregorio es hijo de entrambos. Qué dices? . Aqueso pasa. Válgame el Cielo! qué escucho? La admiración me arrebata. Qué de Carlos, y de vos es hijo Gregorio? . Extraña marabilla! . Y lo confirma una lámina dorada, que dé mi mano escribí, y en el pecho recatada se la topé. . Raro asombro! Testigo soy, que en la caja venía con el muchacho. Mas lo que más siente el ala es, que de este infortunio no supe decirle nada de esta verdad a Gregorio; que si con él declarara mi amor ni yo le perdiera, ni él tampoco se ausentara. Suspended, señora el llanto, porque antes que de aquí salga vuestra Alteza, he de hacer que hoy vea a su hijo. . Oh rara admiración! . Entre aquestas peñas al Santo busquermos. Señor, pues de majestad tan alta soy incapaz, qué haré en acción tan desusada. Con esto el Cielo responde a tu humildad soberana, para que seas de Siria dignísimo Patriarca, que así premia Dios a quien su heroica virtud agrada. Pues enséñame a mi llijo, cúmpleme ahora la palabra Si haré, y para que tu demos al Cielo alabanzas: Carlos, señora, yo soy vuestro hijo Gregorio. . Él recibe eternos contentos Una, y mil veces me ab Y yo viendo este prodigio, con que el Cielo desengaña, a Irene le doy la mano. Ya feliz mi amor se llama. Y El Marido de su Madre, aquí, gran Senado, acaba, porque el gusto de serviros merezca el perdón en paga.
