Texto digital

Texto digital de El marido de su hermana y mentirosa verdad

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Juan Bautista Villegas
Atribución estilometría
Juan Bautista Villegas Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El marido de su hermana y mentirosa verdad. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/marido-de-su-hermana-y-mentirosa-verdad-el.

Logo BICUVE

EL MARIDO DE SU HERMANA Y MENTIROSA VERDAD

JORNADA PRIMERA

De vuestra mucha prudencia los efetos se han de vor. Bien sé que os debo tener Enrique, justa obediencia, pues se ve por enidencia vuestra lealtad, y el cuidado que en criarme habéis mostrado. Esa fue obligación mía, que a vuestro padre dabía por todo el ser que me ha dado. No encarezcáis mi lealtad, que quien paga lo que debe no obliga. . Con todo mueve amor a la voluntad; pensáis que no es novedad el pagar bien, según son los tiempos. . Tienes razón, mas eso se ha de entender con gente de bajo ser, y no de ilustre blasón. Mas esto a parte dejando, digo si no me entendéis, que aguarda a que con greguéis gran señor, a vuestro Estado el de Cerdeña, y a enviado su Embajador, y le abona el valor de su persona casamiento suficiente. Si pero no conveniente don Enrique, a Barcelona; tener, señor, extranjero tiene de llevar muy mal. Antes de ser natural mayores daños espero, porque cualquier Caballero querrá igualar al señor. Por eso podrá el valor preferirle, siendo así. Hablas Violante por mí, y por los dos el amor. Hay ojos del alma mía, como cuando a veros llego quedo en vuestra vista ciego, y le prestáis luz al día: más castigáis mi osadía, pues a mirar me aventuro sol de resplandor tan puro, siendo yo sombra, y nublado, y ha de quedar deslumbrado. el que sale de lo oscuro. No os canséis, no me matéis, iba a decir, dueño hermoso puesto que ha de ser forzoso matarme cuando os caséis, antes que la mano deis, mi bien, me habéis de avisar, que solo de imaginar que es ya cierto el casamiento, he de morir, y contento de no haberla visto dar. Esta es mi resolución por agora Duque amigo. Que la razón falta digo, donde sobra la pasión; el casaros no es razón? Sí, pero también es justo que elija esposo a mi gusto: y en fin con esto se acaba, no es señora, sino esclava. la que casa a su disgusto: ved, que os están esperando, Duque, muchos Caballeros. Más de espacio pienso veros, Todo lo voy confiando, de vos, solo el alma amando libre nacio el albedrío. Carlos, de ti me confío. En qué te puedo servir? No la puedo persuadir al casarse, aunque porfío. Tú eres prudente, y discreto, juntos os habéis criado. ruégala que tome estado. Convencerla te prometo, Si tiene su boda efeto todo mi descanso empieza; tenga dueño su belleza, que importa. . Aunque se abrase, tengo de hacer que se case. Los pies beso a V. Alteza. . Carlos se ha quedado aquí; mas porque el verle me altera, si era cierto, aunque se fuera, haber de quedar sin mí? Sola quedas. Es ansí Prestame aliento, y favor, raro milagro de amor, porque te den mis tormentos, quejas, y agradecimientos, hijos de amor, y temor. Condesa de Barcelona, dueño de las libertades; pues el que te ve, y se libra se exámina de ignorante. Tan gallarda, como ilustre, honesta como agradable, sabia como quien es fea, bella como quien no sabe. Bien sabes que ha muchos siglos qué días no han de llamarse los medios a deseos, que pretenden, y no alcancen. Que te di el alma tan tuya, que no sé que me animase jamás, que no fuese viendo tus dos ojos celestiales. Ellos causan mi tristeza con su movimiento grave; cuando se ha visto que negros tanto en nuestra Europa manden? Conmigo, señora mía, y en la casa de mis padres, para que mi amor pudiera alegar antiguedades. (Siendo milagro de hermosa) desde niña te criaste, porque con la edad creciesen accidentes tan constantes, Cuando ya el entendimiento: si es que alguno me dejaste, conociendo se cautivo, remedio buscó a mis males, animado en tus favores, si en mi indignidad cobarde, repartiendo poco aliento en mil acciones amantes: te dije, que te quería, no por pensar obligarte con quererte, que tu premias solo en dejar que te amen. no te enojaste conmigo, y fue favor no enojarte, con que anima ste mi vida a atrevimientos más grandes. Dijiste que me querías, permíceme deleitarme con memorias de estos bienes, si en ti tienen de olvidarse. Mereci (con que alegría lo digo) que en un diamante, me dieses de tu firmeza dichosas seguridades. Prometísteme ser mía, dando suspensión al aire, que para hurtarte el aliento se detuvo cuando hablaste. Pero mi valor, deseo que estaba a la misma margen de las perlas de tus dientes, de tus labios de corales. Apenas el tuya soy salio de la hermosa cárcel, cuando le abracé, y le puse en el alma por caracter. Llego aquel dichoso día, en que vinieron a darte tus vasallos la obediencia para que rijas, y mandes. Viendo que tu edad lo pide, han tratado de casarte, que a consultarlo conmigo, no lo tuvieran por fácil. Los nobles de Cataluña quieren, mi bien, sujetarte a un extraño, que no estime lo que mereces, y vales. Hablote mi padre el Duque, y mándome que te hablase, para que al de Ruisellón, oh Cerdenia, te inclinases. A esto me deja contigo; mira si quieres matarme, digo casarte, que todo viene a ser uno, Violante. No te digo como algunos necios, que los desengañes, que aunque me dejes agora, no diré que me engañaste. No te ofenderán mis quejas, porque es de pechos infames culpar por aborrecidos, lo que celebraron antes. Si es gusto tuyo, señora, casarte; pero si valen contigo finezas mías, aunque ninguna hay que iguale a tus méritos, procura del peligro asegurarme, pues conoces mi nobleza. pues mi lealtad admiraste. En mi tendrás un esclavo, a quien como dueño mandes, dosa en todas las mujeres, por todo extremo agradable. Ni a que te resuelvas luego te obligo, ni a que se llame engano, que eres el dueño de esta vida que estimaste. Consúltalo con tu ingenio, que yo, mientras tu pensares. lo que has de hacer, ir procuro a las mudas soledades, a enternecer a los cielos, a dar suspiros al aire; a pedir a amorle socorro, si es Dios, y milagros hace. Vuelve Carlos. Sabe el cielo cuanto sentía el dejarte, quise parecer discreto, desconfiado; y cobarde. Qué es del anillo que os di? Este es, que me dio senales de firmeza en vuestro amor. Mostrad. Si habéis de quitarme los favores que me hicistis, advertid. . Como dejastes a vuestra hermana? Deseando que Vuestra Alteza la mande. Daida Carlos por mi vida, un recado de mi parte, y porque siento su ausencia, venga luego a visitarme. Iré a hacer lo que mandáis con brevedad. 2n Dios os guarde. Ni aún responderme si quiera; ha condiciones mudables Mal haya. . Carlos. Señora. Y pues no es eso quejarse? Ya queda atada mi lengua. Es en la belleza un Ángel. Su hermano está aquí, teneos, que es el silencio importante, y en los dos la competencia, no será justo que pase a enemistad, pues su gusto es el que ha de hacer las paces, dándole la mano al uno. Y así presumo, don Jaime, que es bien que de nuestro amor si gustáis, le demos parte. Don Ramón, bien me parece, Qué es esto, señor? qué haces tan pensativo, y suspenso? adonde te remontaste? A de arriba. O Beltran! bi Bueno. con graciosa flema sales; eres Poeta por dicha? buscas arbitrios? hallaste a tu dama en algún peso falso? debes algo? Basta. De qué pueden estar tristes mozos, vicos, y galanes, si no es de cosas ansí, si no es que tienes achaque de ipocondriaco, un mal agora nuevo flamante, inventado de discretos, que dan en embelesarse? Beltran, el mal que yo tengo solo es no poder quejarme. A doña Isabel mi hermana le di, que venga esta tarde a viistar a su Alteza, que mando que la llamase. A Dios, que tengo que hacer desprecios: el firme amanté, imaginados no siente, porque al padecerlos rabien. . Mosca llena. Este criado lleve un recado a Isabel. Hablad primero con él, que yo me aparto a este lado. Hidalgo, escuchad. . Señor, que es lo que manda Busia? Conoceisme? Quién podía ignorar vuestro valor? A don Ramón de Moncada respeta aquesta corona, pues le debe Barcelona tantas glorias a su espada. Pues ya que me conocéis, sabiendo mi calidad, fio que con más lealtad en mi intento me ayudéis: doña Isabel de Cardona es dueño de mi afición. No vio mayor discreción, ni más brío Barcelona: su curiosidad, su gala, es ilustrar la bastante, que solamente Violante nuestra Condesa la iguala. Huélgome que disculpéis mi amoroso atrevimiento, pues solamente es mi intento que aqueste papel le deis. Darele en su misma mano. De aquesta joya os servid. No mandéis tal. Advertid, que es estilo cortesano. No quiero ser descortes, necio sí, no porfiado. Haced esto con cuidado, y veámonos después. De los cielos me ha venido este socorro, por Dios. Solo para hablar con vos, quise aguardar escondido a que don Ramón se fuera. Que os sigua en todo es razón, que es don Jaime de Aragón, sol de más suprema esfera. Qué es lo que mandáis? Yo adoro a doña Isabel (Beltrán) si bien en mi pecho están cifrados con el decoro que merecen sus divinos méritos. Casarme espero, dalde este papel que quiero que por corteses caminos sepa mi amor, y mi intento. Estafeta vengo a ser, Tomad, y volvedme a ver. Por Dios que es gracioso cuento, téngolos de dar, o no? mas que puedo aventurar? Volviome al propio lugar la pena que me llevó, que he de hacer? Ninguno tiene sobrescrito, y es usado en papel de enamorado. Qué haces aquí? Carlos viene. Qué papeles escondiste? Que me mara es cosa llana, si echa de ver que a su hermana se lo han escrito (ay triste) señor, yo los escribí: señor, memoriales son para cierta pretensión. Pues tú qué pretendes, dia Una comisión expresa para examinar locuras. Y a quién dárselos procuras? Muerto soy, a la Condesa. Muestra, yo se los daré, Señor. En tu turbado color mis sospechas confirme; suelta, o matarete. Ten, hierros de codicia han sido, y sus dueños me han pedido, que a la Condesa se den. Dime quien los dueños son? Si señor, estate quedo, que no puedo hablar de miedo: son don Jayme, y don Ramón. Vete, y trae a Isabel. Voy a servirte, señor. Ver tan nuevo disfavor, y término tan cruel, a que cuidado dormido no es bastante a despertar? Qué presto supo pasar desde el amor al olvido: he de abrirlos; ay de mí nobles, y galanes son, de Moncada, y de Aragón sangre ilustre, hoy me perdí, que el que a escribir se atrevó favores ha recibido. Si casarse no ha querido algún nuevo amor la mueve, pues el mío se olvidó en tan muda soledad, estos digan la verdad. A pediros me envió esto, por todo el Estado, que la sucesión procura, vuestro valor, y cordura, mi atrevimiento han causado. n. Ramón, el tiempo es largo, a él mi voluntad dejo. Perdonad, pues vuestro espejo es testigo en mi descargo. Este es mi papel: qué engaños mis desdichas solicitan. Ya es tiempo que dueño admiran que os adore, vuestros años. El Duque es prudente, y sabio, con más cuidado ha de verlo. Y si yo pretendo serlo, ni os ofendo, ni os agravio. Al criado puso lazos, y se le debió de dar. Moncada soy, dad lugar de que llegue a vuestros brazos, Carlos, en otro cuidado debe de ocupar su empleo. Y el apacible Himeneo calce coturnos dorados. Corrido estoy de mirarlo. Mal celosa me aseguro. Solo que sepáis procuro mi amor si pueden premiarlo. Quitárele de sus manos. Ya cobarde me retiro. Las partes que en vos admiro de méritos soberanos. Dejad Carlos el papel, que no sé si es para vos. Qué es esto? juntos los dos, que probanza más fiel? Sin duda que ha conocido su letra, y me lo ha quitado, pues Moncada se ha nombrado: el de Ramón no he leido. Turbado Carlos está, mi desdicha se apercibe, alguna dama le escribe, que ya cuidados me da. Enojado está sin duda; por que a su hermana escribí, Él os hablará por mí, señora con lengua muda, veréis que no ha de faltar nuevo amor para un olvido. Si nuevo amor ha tenido; que hay agora que esperar; mucho puede lo presente, pues prefiere a lo pasado. Que a don Ramón ha estimado me dice ya claramente, De espacio pretendo ver el papel, a Dios Ramón. Sabréis por él la afición de mi noble proceder. Conmigo se han declarado ya los cielos enemigos: Conde, sin tantos testigos quisiera haveros hallado, para haceros olvidar vuestra injusta pretensión, En que ofende mi afición, si me pretendo casar, en el papel no lo digo? Si darme gusto queréis, os pido que lo dejéis, don Ramón, si sois mi amigo. Vos estáis apasionado, y hablaros quiero, y no aquí. . Todos conocen en mí mi deseo, y mi cuidado. Si con don Ramón venía; si porque su papel vio, airada me le quitó, si me dijo que quería casarse: si me ha quitado la sortija, y los favores, que dudan ya mis temores si el daño junto ha llegado? Para que quiero leer el que a mis ojos se ofrece, pues a Ramón favorece, a él le debe de querer. Aquí tu hermano te espera; si algún papel ha leido, y mi engaño ha conocido, Isla seré de madera: porque tantos palos temo como renglones tenía. Don Carlos. Isabel mía. Eas triste? Por extremo. No me dirás la ocasión? siempre has fiado de mí tus secretos. Es ansí. No vi mayor confusión, Vete Beltran, Eso haré, señor, de muy buena gana. . Que tienes hermono? Hermana, paga injusta a mucha fe. Tu solamente has sabido cuanto adoro a la Condesa, que al seguir tan alta empresa con más violencia he caído, Su esposo pensaba ser, olvidome. n Extraña cosa. No te espantes, que auque hermosa noble, y discreta, es mujer. De don Ramón de Moncada solicitada, y querida, le corresponde, y me olvida. Qué dices? ay desdichada, que aunque he callado, le tengo amor. Míralo mejor. El desengaño mayor para tus dudas prevengo. El un papel la envió, que la advirtio de su engaño, pues por un suceso extraño hoy a mis manos llegó. Cuando le lei, llegaron los dos en conversación, quitomele, y su afición claramente confesaron. Esto pasa. Esta mudanza también a mí me condena, hermano, pues de tu pena tan grande parte me alcanca. De don Jayme de Aragón otro papel tengo aquí, pero ya no hay fuerza en mí para tan gran sinrazón. Ni le procuro leer, tómale, que de él sabrás mis desdichas, si es que hay más desdichas que padecer. La Condesa viene. Ay cielos! con ella te he de dejar, porque me obliga a callar cosa imposible, los celos. . También yo quedo celosada. Isabel. . Señora mía. Adónde se fue tu hermano? Eso preguntas ahora, cuando ocasiones le has dado, para que pierda el sentido. Qué dices? estás burlando? antes Isabel se va, porque se siente culpado, y tiene de mi vergüenza. De que tal digas me espanto. Siéntate, Isabel, aquí, pues solas las dos estamos, que el amor, y la amistad iguala nuestros estados, Ya sabes que desde niña, Isabel, quise a don Carlos, y que de ti solamente este secreto he fiado. Contigo, y con él, tu padre me crío. Señora, vamos a lo que hay de nuevo agora. Bien dices, ya voy al caso. Entre garonme el gobierno, omiga, de mi Condado, y tu padre, y los más nobles, casamiento me buscaron para tener sucesión; yo no he querido acetarlo, para que tu hermano fuese dueño de un amor tan raro. Que cosa es decir que quiere casarse, no he de estorbarlo? no diré que me engañó, juzgó por su peso falso el mío, pues que volviendo después, lo hallé embelesado, leyendo aqueste papel, testigo de que es ingrato, pues es de alguna que intenta ser suya, y dijo turbado, veréis que no ha de faltar nuevo amor para olvidaros. Tomele el papel, leile. Pues señera los dos estáis engañados: ese papel enviaba don Ramón con un criado, y Carlos se lo quitó. Pensándolo más de espacio, sabréis por él la afición, (dijo Ramón al dejarnos) de mi noble proceder. Bien tus quejas has fundado, cuando esta loco de celos mi hermano. Cuento gallardo, hay Isabel, con más verás, ya que veo el desengaño, le adoro. Cuando yo muero solícito remediarlos. Dónde está? verle deseo. No dejara de buscarnos, que le volveran los celos, y los celos le llevaron. A mí don Ramón se atreve, otro villete me ha dado de don Jayme de Aragón; pero no me dijo al darlo, que era para ti . Isabel, las dos juntas le leamos, que el querer saber es mal en noso tras de ordinario. Dice así. Si la fortuna favorece a los osados, de tan grande atrevimiento felice suceso aguardo. No puede, Isabel hermosa, encubrirse el fuego tanto. Ese es para ti. Qué es esto? es mi tercero, o mi hermano? No perdéis nada en ser mía, pues mi sangre se la ha dado a los Reiee de Aragón, dadme lugar de tratarlo con el Duque vuestro padre: mas si os doy disgusto a caso, porque vos no le tengáis, quiero yo morir callando. Viose jamás tal suceso, como ha venido a mis manos este papel? Quién lo sabe? Calla, que viene don Carlos, Los pies beso a V. Alteza, por mi hermena me ha enviado mi padre. Por esta noche se lla de quedar en Palacio, Iré a decirlo. Aguardad. Señora, ya nada aguardo, que pueda darme la vida. Los carazones bizarros desmayan? Quien no le tiene decid, como ha de animarle? Yo en tendí que tenías dos. Si tuve, y me los quitaron. Tomareislos, si os los vuelven? No cobran los desdichados. Y sois lo vos? No lo veis? Linda flema, lindo espacio. Mirad que sois venturoso. Si os pierdo, que dicha gano? No deseáis otra cosa? La muerte, fin de los daños. Mucho le alcanza viviendo. Sigo mucho, y nada alcanzo. Contentareisos? Con qué? Con mi mano, y con mis brazos. Dejad que glorioso en ellos diga mis penas. En vano son, si Violante te adora. Escuche yo de tus labios, de lo que dice mi hermana certificación. Ya trato de que a Barcelona rijas con su Condesa casado; declárate con tu padre. El como leal vasallo, mas que todos, a mi gusto ha de mostrarse contrario, porque no digan que fue el criarte, el ser tu amparo, gobernando en nombre tuyo, para que tras hechos tantos hicieses Conde a su hijo. Qué es esto? tú acobardado? No mi bien, ánimo es este, necios son los temerarios; quisiera: perdona. Dilo. No hablar al Duque rogando, sino como propio dueño de lo que he de pedir. Vamos, que este es público lugar para lo que estáis tratando. Turbada voy. Favor, cielos, pues ocasión me habéis dado. Ya es tarde, y Don Carlos tarda con su hermana. El mucho amor con que le estima, señor, Violante, hermosa, y gallarda, le debe de entretener. Como juntas se han criado, amor ha multiplicado con los años el poder. Y los mismos tantos son, que a los dos quisiera dar dueños, de quien aguardar la dichosa lucesión, que cuidados me quitaran, que me consumen la vida, y la quietud ya perdida, ellos por mi gobernaran. Porque desde que murio su padre, que en gloria esté, del gobierno me encargué, y la quierud me quitó. Eres el hombre primero, que se cansa de mandar. Más cuidados me han de dar el fin que tan cerca espero. otros quisieran volver acá después de enterrados, que son gustosos cuidades los que nacen del poder, De los que gobiernan digo, que los pesares atajan, pues lo menos en que trabajan trae el descanso consigo. Ahora, a toda ley, mandar, señor, y no ser mandado. No hay en esta vida estado, que al fin no venga a enfadar, todo cansa. Hasta el correr. Eso claro astá, No está, que al que huye, si se va, descanso le suele ser. Llega una silla, que quiero yer memoriales prolijos. mientras que llegan mis hijos. Basta que el que hallé primero ha sido de don Bernardo de Roa, buen Caballero sirvió muy bien, darle espero premio a pecho tan gallardo. Que cuidados le fiel y aún siendo mozos los dos, y uno entre ellos, que por Dios que ya se hizo, ya fue. Por otros que di en persona a V. Excelencia, le pido, que no me ponga en olvido, pues gobernando a Girona con la lealtad tan forzosa a mi sangre, de un lugar tan noble, pienso ocupar esta plaza tan honrosa. Y la merece afe mía, de esto he de tener cuidado. Qué recelo, si ha llegado junto el bien que pretendía: mi padre está aquí. Señor, Carlos ha venido ya. Señor, la Condesa da tantas muestras de su amor, que no ha dejado a mi hermana venir. . Notable fineza, quédele pues con su Alteza, si tanto en servirla gana; hablastela por ventura en esto del casamiento? Sí señor. Y qué es su intento? Que estemos solos procura, y sabrás lo que ha pasado. Salte allá fuera Beltran. Sus pensamientos están lejos de lo que ha pasado. Quiere casarse? Si quiere, pero no con extranjero. Los estorbos considero si en Barcelona prefiere a alguno. No hay Caballeros que la puedan merecer? que la puedan merecer? si sus hermosos luceros (pongo por caso jeligieran a tu hijo, que perdía tu sangre? Nada; en la mía altas glorias reververan; mas eso no puede ser. Por qué? Porque sé que no. Pues. Qué pues? Que pienso que yo. Hijo, pensar no es saber. Pues yo sé que me ha mirado su Alteza con afición: No ves que tendrá atención a haveros juntos criado? Hay más. Qué más? Mil favores. Serán de aquellos que alcanza la amistad con la privanza, no los juzguéis por amores. Señor, palabra me ha dado, de ser mi esposa. Ay de mí, Carlos, Carlos, cese al lo que tenéis empezado: palabras, daldas al viento, lo demás no puede ser. Como no, si es mi mujer, sin que baste impedimento? Cómo? No es bien te asombre. Viose mayor confusión? Ya yo estoy en posesión. Posesión, que dices hombre? La verdad, de qué es testigo mi hermana. Cierra esa puerta, no dejes ventana abierta. Ya cerré. Qué escuches digo: El Conde de Barcelona, que Dios en su gloria tenga, en la mitad de los años tuvo con los Moros guerra, Entraron por sus Estados, a tiempo que la Condesa, ya para parir estaba preñada la vez primera. Y yo entonces os tenía a vos. Oid. La Duquesa estaba también preñada, y también al parto cerca. Salimos contra los Moros, y en la batalla sangrienta privó de la vida al Rey una Africana saeta. Vencimos, aunque faltaba el General, que las fuerzas con el dolor se aumentaron de la infelice tragedia. Llegó su parto infelice, asisti leal con ella: cuando Bernardo de Roca vino a decir, que me fuera a mi casa, que mi esposa pedia con ansias tiernas, que a su parto me hallase: allí la forzosa deuda de mi le altad, me obligó a dejar mis propias prendas por dar favor a mi dueño, heróica, y alta promesa. Por abreviar, de allí un pocó vuelve Bernardo, y me cuenta que ya una hija tenía, dile en albricias promesas, En este punto expiró en el parto la Condesa; tras de parir una niña medio viva, y medio muerta, Turbada me la enseñó la Comadre, y con, presteza (porque el faltar heredero no alborotase la tierra.) Hice a Bernardo de Roca que la llevara, y trujera mi hija con tal secreto, tal industria, y sutileza, que Dios, y los dos no más supimos esta cautela. Después el siguiente día, armado de todas piezas; viendo al pueblo alborotado? ciudadanos, que os altera, les dije, aquí está en mis brazos la que vuestro Estado hereda. Mostrad la lealtad heroica, aquesta lástima os mueva, apartad esta justicia, defended esta inocencia. Nombrese un Gobernador que mande, hasta que edad tenga, y un gobierno entre nosotros, a emulación de Venecia. Siguiose mi parecer, y dieronmela en tutela, y después por los testigos de amas, criados, y dueñas, no destroqué las dos niñas, y por ambición secreta que tuve, de que mi hija gozase mayor grandeza. Esto es lo que pasa, Carlos; vuestra hermana es la Condesa. la que tenéis por hermana es ligítima heredera. Si ya tenéis posesión, es imposible el ser vuestra, muera yo, pues di la causa, entre las llamas del Etna. Lleguen a ponerme Alarbes para blanco de sus flechas, pues ha sido mi desdicha causa de tan grande ofensa. Señor. Esta es la verdad. Qué remedio? Larga ausencia. Sin el alma. . Si la habláis es forzoso que se pierda. Hay amor cuanto he perdido! Hay lealtad cuanto me cuestas!

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda Esto me pasó en efecto, Carlos mi papel tenía. Quién en hombre bajo fía, poco tiene de discreto. También sin duda ninguna le dio el mío. Puede ser, pero conviene saber si fue acción de la fortuna, o falta de su lealtad, el saberse nuestro intento, para que sin fundamento la necia temeridad no intente algún desatino, dando muerte a este criado. Para salir de cuidado ya lo que importa imagino: de la fuerte que le dimos los papeles, aguardemos, y de su boca sabremos la duda con que vinimos. Bien dices, doña Violante quiere tanto a Isabel bella, que no se halla sin ella. Qué hiciera más un amante? En el Palacio quedó con ella agora, y quizá Beltran por ella vendrá, pues siempre la acompañó, y le hablaremos aquí. Si me pretendió engañar, no me podré reportar. Dejadme llegar a mí, que si quiso por criado de Carlos, en su esperanza ofender su confianza, yo os quitaré de cuidado: y apartaos, que vive Dios El furor desea la venganza. . No nos vea así juntos a los dos. Jamás me vi tan dudoso, pues en tanta confusión de don Layme, y don Ramón estoy también temeroso, como de Carlos cruel, pues me contemplo ofendido, por Isabel perseguido, sin saber nada Isabel: si la industria no me ayuda, no sé en lo que ha de parar, ni que disculpa he de dar. Para salir de una duda me es forzoso hablar con vos a parte. Ya estoy turbado, a solas, y de mudado? malo es esto vive Dios: que manda V. Señoria a este criado? Saber que causa lo pudo ser, para que en ofensa mía, entregándoos un papel, cuanto amante, cortesano, se le dieseis a su hermano, dándoosle para Isabel. Yo, Jesús; de mi secreto, de la lealtad que hay en mí, sospecháis tal? Yo le vi en sus manos en efetó, Carlos le tuvo? Sin duda. Pues no culpéis mi lealtad, vuestra fortuna culpad, que vuestro intento no ayuda, Que yo se lo di a Isabel, desabrida le leyó, el tomarle me culpó, mostrose esquiva, y cruel, y enojada, es caso llano, que para que su razón impida la pretensión vuestra, se le dio a su hermano, De mí no estéis ofendido, porque no tendréis razón, culpad a Isabel, Ramón, de quien sois aborrecido. Pienso que decís verdad, porque si no se enojara Isabel, Carlos mostrara, sabiendo mi calidad, y que merezco a su hermana, menos enojo conmigo. En fin pasa lo que digo. Contigo el furor se allana, puesto que no eres culpado, sino la desgracia mía. Si queda V. Señoria de mi lealtad confiado, me iré. Vete norabuena. otra máquina va armada. Que si es mi estrella culpada no has de llevar tú la pena; quierome esconder aquí, para que don Jayme llegue. No hay borrasca que me anegu pues de este golfo salí, a pesar de los extremos de su furioso huracan. Una palabra Beltran. otro a la pinta tenemos, el balandran vengo a ser, que no sale de empeñado; o que caras he comprado las joyas! Quiero saber de vos, si el papel que os di, tiene Isabel. Sí señor, y que os tiene algún amor en su rostro conocí, cuando leyéndole estuvo, que os hicicieron mil favores las vergonzosas colores, y lo mucho que entre tuvo los ojos, pues al leerias risueña en razones tales, descomponiendo colores, descubrio compuestas perlas, Miraldo bien. Bien lo miro; sabéis contra esta verdad algo? . De esa novedad, y de esa dicha me admiro, que yo creí. No creáis, sino solo a Dios por fe. Algo enojado llegué, y de suerte me atajáis, con nueva tan amorosa, que estoy en vez de enojado, a serviros obligado, sino es traición cautelosa. Cautela en mí, bien por Dios, la experiencia lo dirá, y a Dios porque es tarde ya. Beltrán, él vaya con vos, pues que me habéis atajado con presteza tan extraña. Válgame Dios, como engaña el despejo, y desenfado. Qué decís? Que ha recibido mi papel, Isabel bella, y que ha conocido en ella, que es mi deseo admitido; que es lo que os ha dicho a vos? Dice, que el mío le ha dado, y que soy menospreciado de mi dueño. Bien por Dios. Es de suerte que imagina, que ella le entregó a su hermano mi papel. . Es caso llano; mirad lo que determina. vuestro engañado deseo, cuando mi favor empieza. Hasta tener más certeza, ni me aflijo; ni lo creo. Tan fácil es de olvidar lo que se quiere, Ramón? Una imposible afición, de que puede aprovechar? Mitigar suele el cuidado ver imposible el efecto, que no puede ser discreto quien sirve menospreciado. Siempre los favorecidos están para dar consejos. Son los amigos espejos, donde se ven los sentidos; si en mí os llegáis a mirar, veréis vuestro desengaño. n Jayme, no es grande el daño que se puede remediar. Dejadme con mi pasión, y seguid vuestra ventura, pues en noche tan escura esta ciega la razón, del consuelo que pretendo. A vuestra amistad no ofendo gozando la suerte mía. Ni yo me quejo de vos. Isabel sale. Ay de mí. Hbéis de esperarla? . Sí. Ya nos ha visto a los dos. isabel, y Beltran: si puede la cortesía admitirse, dad lugar de que os vaya a acompñar. El que quiero se desvía, y se acerca el que no quiero; antes que os quedéis, os pido, que vuestro intento he sabido. y excusar la nota quiero: no habéis de pasar de aquí. Solo con que lo mandéis, atados los pies tenéis. Un papel vuestro lei, y solo haberlo leido. os doy por respuesta. . Amor. podrá disculpar mi error. Mira agora si he mentido. Dévote mi vida. Cielos, ciertas mis desdichas son, ya don Jayme de Aragón me da muerte con sus celos; no me atrevo a hablar, ni puedo. Ramón no quiere llegar, ama en más alto lugar. Entre amor, vergüenza, y miedo se turba el alma abrasada: permita . Señoria. que yo. . Ya es la cortesía para conmigo excusada. Los intentos he sabido de V. Señoria, y creo que no será su deseo. en ningún tiempo admitido. Porque está la voluntad que conquista, tan prendada en otro amor, que le enfada que muestre tanta lealtad. Bien puede mudar de intento, y poner en otra dama que le estima, y que le ama, el gusto, y el pensamiento. Que yo sé que si porfía un siglo eterno en su amor, no le ha de dar un favor; s qué dese V. Señoria. Viose mayor desengaño? Viose dicha más segura? Qué desgracia! Qué ventura! ya conocéis vuestro daño, don Ramón, sabed la dama que os promete tal firmeza, quizá con otra belleza templaréis la ardiente llama del disfavor de Isabel, que yo en mi favor constante, sigo mi sol más amante, para ver mi gloria en él, ra ver puenca. y miedo Donde va mi deseo perdido tras un bien que me asegura mi mal; agora veo, que no está en atreverse la ventura, que en lazos amorosos, siempre suelen vencer los temerosos. No tiene ley el gusto, ni jamás por razones se ha guiado amor, que como injusto, tiranas elecciones ha causado, los méritos no mira, causa defetos, con que al mundo admira. A otra dama me envía Isabel rigurosa en mi fineza, vuélvame el alma mía, para que pueda amar otra belleza, que es vano desvarío tiranizar esquiva mi albedrío. Esquiva a los antojos, que un verdadero amor acreditado con agua por los ojos, con finezas de un pecho enamorado, en tan confuso empeño di posesión al esperado dueño. Aseguré temores de necias, y cansadas fantasías, y di fuerzas mayores al amor que en el curso de los días, con fineza atrevida, censo perpetuo vinculó a mi vida. Solo espero que Enrique aprueve mi elección, y que piadoso mis bienes multiplique, dándome en Carlos deseado esposo. Varias dudas padezco. Este me quiere bien, que le aborrezco. Los pies a vuestra Alteza beso. Oh Conde de Vrgel, el cielo os guarde ya sé vuestra nobleza, pero quisiera veros más cobarde, que es ación más valiente no amar tan confiado, y libremente. No se envían papeles, don Ramón, sin haber primero avido más ocasión. . Crueles hados a este desprecio me han traído, puesto que lo merece, amar a quien sin causa me aborrece. Lo que es honesto intento no ofende. . Decís bien, mas incitada con otro pensamiento, vuestra firmeza fue menospreciada por la que habéis querido, dad vuestras esperanzas al olvido. Y pues que sois discreto hacedme nueva elección, pues os anima un divino sujeto, que sé que os quiere bien, y que os estima con amorosas verás. Cielos, a cada luz estas quimeras; Isabel ha sido de hablar a la Condesa, y las dos saben que de otra soy querido. Empiecen otros gustos donde acaben los primeros desvelos. La Condesa me quiere por los cielos: si lo que yo imagino fuese verdad, ventura fuera mía el dejar el camino por donde me guió mi fantasía, por ser escarmentado, discreto, en no mostrarme porfiado. Andaréis muy discreto en no seguir, Ramón, a quien os huye. Pues desde aquí os prometo si el primer pensamiento se concluye, que a quien me quiere quiero. Hacéis como prudente Caballero. Por esto no ha querido dar a extranjero Príncipe la mano, hoy Isabel, te olvido, pues en el trueco tantos bienes gano. Id en buen hora Conde. Gloria es amor cuando se corresponde. Y a don Jalme, te dejo a Isabel, sin tratar de competencia, y sigo tu consejo, después podré saber con evidencia del amor de Violante. Quién ha gozado gloria semejante? Que a Isabel estimase me holgara, que me ha dicho que se inclina al Conde, sin que pase adelante el quererme; ya encamina a mi olvido el deseo, más ay Carlos, que ha un Señora. Carlos, esposo, qué es eso? qué traje eliges para nuestras bodas? como muestras de ausencia te vistes? Con esa galá te adornas que mi muerte pronostique? al tálamo con espuelas, que disfraces apércibes? Si experiencias de mi amor pretendes hacer, no admite sobresaltos mi firmeza, porque mi fe se acredite. No hay señal más evidente de que te adoré, y te quise, que la que te di en mis brazos, atropellando imposibles. Si a dar parte a los cristales de las fuentes que se tien entre piedras, escupiendo diamantes que el Sol derrite. Por las orillas del mar, que están rizando salitre, para abollar en su arena nieve que los montes finge. Fuiste para que te diera parabienes apacibles, de haber gozado favores que constante mereciste. Donde dejaste el caballo, dejaras, para venirme a ver, las botas, y espuelas, osiglo que no os veo. descuidado, y necio fuiste. Basten las burlas, don Carlos, vuelvete, no me visites de esa manera, que pienso que vienes a despedirte. Hermosísima Violante, por serlo tanto infelice, desdichada como noble, desgraciada como firme. Oye, si mi sentimiento a la lengua le permite, que las pasiones del alma por medio suyo se expliquen, En el hombre desgraciado solo las venturas sirven de más dolor, que sus bienes son muebles, y no raices. No he salido al mar violento, que un corazón que esta triste, aquel espejo del cielo, que a veces quiebra vítiles. Aquel cristal dilatado, que si se enoja compite con los altivos cabezos que al cielo de piedras sirven. No me alegrán, y consuelan, ni fui como presumiste a las fuentes, que mis ojos mayores las aperciben. A lo que parece vengo, mi Violante, bien dijiste, porque en la noche de ausencia la luz de tu Sol me eclipse. Mi padre me envía a Roma, si la muerte no lo impide, pero no hará, porque siempre los desesperados viven. No puedo decirte más, aunque mis ojos te dicen la gravedad de la causa. que tales efetos pide. Quejaraste de mi amor, dirás que engañarte quise, cuando sé que será fuerza que muera antes que te olvide: Pues, Violante, escucha atenta, ruego a Dios que cuando pique el caballo, se convierta en Leon ircano, y tigre. Y que lozano, y furioso, cerdas encrespe, y erice a emulación del espín, desde la cola a las clines. y vencido de córcobos por la frente me derribe, donde chocando en las peñas, con mi sangre las salpique. O si a caso me embarácare, montes levante sublimes el mar contra las estrellas, pues que brama cuando gime. Pen la casa fin cimientos, donde mi vida se fíe, la quilla hecha pedazos vaya sin remedio a pique. O cuando no me anegare, entre bárbaros Caribes tome puerto, porque sea sustento de pechos viles. Si con más verás no adoro tus dos soles, que compiten con los del cielo, a quien prestan candor de luz más visible. Pues si te adoro, y soy dueño de tu honor, y tengo de irme sin que puedan detenerme amor, industria, ni ardides. Mira si es notable el caso, y porque a espacio lo mires, a Dios hasta que mis penas hallen en la muerte fines. Hola, qué es eso? volved. Mira bien. No me repliquen vuestras traiciones, a Carlos, conoceisme? Eso me dices? cuando me parto a morir? Descubrios. Bien dijiste, pero no puedo, que he dado mi palabra de encubrirme. Carlos; yo soy de manera altiva, gallarda, y libre, que pienso, y es cierta cosa, que no merecéis oírme. Y creed que os aborrezco con el extremo que os quise, que los desagradecidos no tienen ilustre origen. Y os quiero mali más es fuerza que vuestro engaño castigue, que soy juez, y no amante, y me consta que ofendisteis el honor de una señora, mejor que vos, a quien rinde el Estado la nobleza, y la corona sus timbres. Su deshonra pagaréis, si los cielos no lo impiden, con la cabeza, no salga en vano engañado Ulises, Que después que de los hombros vuestra cabeza derribe un verdugo, mi valor hallará estado felice. Pues sabiéndose el engaño, traidor, que a mi sangre hicistes, y que os hice degollar, el mundo sabrá que hice como quien soy: y viuda de hombre tan bajo, admitirme podrá el Rey Aragones, para que el mundo le envidie. Que la Castellana historia, de dos doncellas escribe, hijas del Cidi que afrentadas de dos Condes, que por viles no supieron estimarlas, casamientos más insignes alcanzaron, pues dos Reyes por esposas las admiten. Yo me casaré, y haré. Mira bien. Ya no hay que mire; antes debiera mirarlo, pues fui tan necia en rendirme: que en fin os vais? Es forzoso. Si no puedo persuadirle con gravedad, y rigor, diferente medio elige mi desdicha: Carlos, Carlos, mi bien, antes de partirte vuelve en titras tantos años que lealtad me prometiste, que me dejas? Habla a mi padre, él de la verdad te avise, yo Violante no puedo. Hombre, que intentas, que dices? estás loco, estás en ti? No estoy, sino en ti, perdime de mí mismo. Que defetos, que engaños hallaste, o viste? tienes celos? No señora, que es razón que te eternice el mundo entre las que dieron al mundo agrados sublimes, todo en ti me agrada más, que nunca Venus en Chipre fue tan hermosa. Pues Carlos, qué pretendes, o qué pides? Despedirme deesos soles que las alas me detriten, para que caiga mi llanto. Pues a morir te apercibe. De cuálquiera suerte muero. Vaste? Sí. . Yo he de seguirte. Fácil será el alcanzarme, que hará que a espacio camine las cadenas de mi amor. . Fuese, suspiros, seguilde, agravios, ofensas, celos, al amor venganza pide, si los suspiros no bastan mayores fuerzas embien mis temores, y mis quejas, ya no hay respeto que mire: hola criados. Señora. Id presto, llamadme a Enrique, que importa que venga luego. Voy por él. Pues necia fuiste, Condesa, paguen tus ojos atrevimientos tan viles, que quien tan fácil se rinde, razón es que los hombres no la estimen, Los pies me dé a besar V. Excelencia. Seáis muy bien venido don Bernardo, que igualáis al valor vuestra prudencia, y heroicos hechos de quien sois aguardo; no pensé yo jamás que tan gallardo y lozano los años os tenían. No quitan el valor, si canas crían, Excelencia está bueno, Dios le guarde. No es poco, perseguido de cuidados del gobierno en mis hombros tan pesados, que deseo dejarlo con extremo. Si falta esa lealtad a esta Corona, que se destruya fácilmente temo, amparo sois señor de Barcelona. A que venís en fin. Bernardo amigo a la Corte, que vuestras pretensiones muy fáciles están si son conmigo? Suelen perderse muchas ocasiones por no hallarse presente el que pretende; y así dejé a Girona, donde he dado muestras bastantes de que me he criado con V. Excelencia. . Estoy agradecido, Bernardo a la lealtad que habéis mostrado, siempre fie de vos mi honor, mi vida, y bien mostrasteis la lealtad heroica que tuvisteis en fin, cuando a mi hija, en lugar de la hija de los Condes, que Dios perdone, me trujeséis luego. Acción fue tan le al como ingeniosa, pues sin que lo supiese vuestra esposa, ni criada ninguna, tuvo efeto vuestro intento. . Sois sabio, sois discreto, pluguiera a Dios que nunca se trocara, pues ha causado daño semejante. . Bernardo descansad, y más de espacio de lo que pretendéis me dais parte, que en mí tendréis quien busque vuestro aumento. Tus pies beso mil veces. . Los criados leales como vos, no están premiados jamás como merecen. . Soy tu hechura, . En mí tendréis la voluntad segura. Para partirme espero solamente las cartas, que partirme luego quiero. Sabe Dios cuanto siento que se ausente, . mas en fin lo que importa considero, Carlos, discreto sois, noble, y prudente, proceded como honrado Caballero, bien echaréis de ver tras tantos años, lo que importa a mi honor estos engaños. Si a Barcelona agora descubriera el trueco de las dos, es justa cosa de que algún malicioso presumiera, que era invención fingida, y cautelosa; civiles guerras pudiera ser que hubiera; imposible es que sea vuestra esposa, el casaros primero es bien que intente, y daros luego estado conveniente. Voy a cerrar las cartas. La Condesa, por V. Excelencia presurosa envía. Podreme detener a cierta empresa? La brevedad de mi cuidado fía. Si en eso el darla gusto se interesa, yo voy, aquí aguardad por vida mía. Vuestro gusto es el mío. Voy dudoso, pero el disimular es muy forzoso. A qué aguarda mi temor entre duda semejante? habiendo visto en Violante claras muestras de su amor. Si el atreverme es valor, quede de una vez vencida mi cortedad encogida, aunque la ocasión me advierte, que da gloria honrosa muerte, y infamia cobarde vida. El modo tengo trazado para ver si amor ordena que ella descubra su pena, y yo diga mi cuidado, A su presencia he llegado, ya el miedo al valor prefiere, pero es bien que confidere mi amor mirando el sujeto, que se turba el más discreto delante de lo que quiere. A qué aguardáis penas mías, que el dolor no publicáis? amor para que calláis buscando honrosas porsías? Amorosas fantasías, si la libertad perdí, dad voces, para que así os procuren remediar, pues no podéis con callar cobrar el bien que perdí. De sus quejas he advertido que su pasión es mortal, si yo he causado su mal, el remedio le he traído. Conde. Que me oigáis os pido, pues oí vuestra pasión, que os declaréis es razón, que si el fuego al alma toca, no es bien que niegue la boca lo que afirma el corazón. Yo quiero para animaros, señora, mostrar primero, que en vos vivo, y por vos muero, ya determinado a ámaros. Vuestros ojos, cielos claros, publiquen con voz serena, la ley a que amor condena el mío, y vuestro cuidado. Buen remedio habéis buscado, don Ramón, para mi pena. Las muestras que he visto en vos (suplicoos me perdonéis) publican que me queréis, y que hay una alma en los dos; no lo neguéis. Bien por Dios: de aquesta manera intento deciros mi pensamiento; no es vuestro aqueste papel? Sí señora. Pues en él dad vuestra esperanza al violento En aquesto con prudencia darme a entender ha querido, que de que a Isabel olvido hará primero experiencia. Bien puede entrar V. Excelencia, ya don Enrique llegó. Más confusión me causó ver en su rostro tristeza, que me manda Vuestra Alteza? En fuerte ocasión entró. Hablaros a solas quiero, pero no puedo empezar sin que envíéis a llamar a vuestro hijo primero. Ya, señora, se ha partido. No aurá. Pues si no se ha ido llamalde. Y cuando no esté, seguilde. Si haré. Más confuso me despido Sentaos, pues estamos solos. Esa merced no merezco. Sentaos Duque, y escuchadme, no tratéis de cumplimientos, Duque, no me habéis criado? por ayo, y padre no os tengo? Yo os confieso, gran señora, que como a mi hija os quiero. Por la muerte de mis padres este Condado no heredo? Por mi natural, señora, os obedezco, y respeto. Defender a las mujeres no es acción de Caballeros? Con el alma, y con la vida las amparo, y las desiendo. Sabréis vengarme de un hombre con valor, y con secreto? Seré trasunto de Aquiles, y emulación del silencio. Pues, Duque, dadme palabra, de acudir a lo que os ruego. Por la cruz de aquesta espada. juro, señora, de hacerlo. Pues Enrique de Cardona, desde los años primeros de mi edad, a vuestro hijo hice de mi alma dueño. Fingio que mi se pagaba, y fue con la edad creciendo de manera, que imagino que tuvo sombre de eterno. Diome palabra de esposo, y confiada: di luego la posesión de mi honor, con que mi nobleza ofendo. Vuestra hija fue testigo de nuestro injusto concierto, ella dirá la verd. Lo que vos me decís creo. Cuando entendí que venía a tratar el casamiento, dice que se parte a Roma, Duque, padre, qué es aquesto? No he dado ocasión ninguna de disgustos, ni de celos, pues como hace de mí tan injusto menosprecio? Siendo vos el que obligastes tan leal a todo el pueblo a mi obediencia, esperando, gobernondo todo el tiempo, a que yo tuviese edad, podéis dar consentiminto a que me lleve el honor, y la vida un hijo vuestro? cuando no fuera quien soy, cuando no me diera el cielo la sangre que me ennoblece, y el valor de que me precio. El ampararme era justo por mujer, y así os advierto que os remito aquesta causa, a vuestro cargo la dejo. Hacedme justicia, Duque, poned a mi mal remedio, o desdoraréis agora el blasón de vuestros hechos. Diré a voces, que habéis sido cómplice, cuando no reo, en delito tan extraño, y fue entre los concierto. Para que yo con la pena muera, y no habiendo heredero os alcéis, con Barcelona, mostrando tirano imperio, Si lágrimas no os ablandan, en ellas veréis el fuego que mi corazón abrasa, decid luego vuestro intento. Para que yo me consuele, o para que sin remedio a mi calidad, a voces publique mi sentimiento. No me engañéis con palabras, ver vuestras obras deseo, pues en la de vuestro hijo tan a mi costa escarmiento. Hay confusión más extraña? mudo estoy, sin alma quedó, si disimulo la engaño, si me declaro la pierdo. Si le digo que es mi hija, ha de pensar que es enredo fabricado con engaño entre los dos, no hay consejo que admita, confuso estoy. No respondéis? Enmudezco considerando en don Carlos el injusto atrevimiento. Pluguiera a Dios, que a mis ojos me le presentaran muerto, antes que de vuestro honor fuera atrevido Teseo. Pero lo que importa agora, es, señora, que tracemos vuestra venganza. Eso pido, mas si acaso. Ya os entiendo, diréis, que si arrepentido, como prudente, y discreto, quiere casarse, que os case. Si Duque. O Bueno por cierto, buena cuenta diera a Dios, o mal haya amen el trueco! sollegaos, señora mía, que todo tendrá remedio. Lo que puede ser colijo, temeroso a hablaros llego. Disimulade decid Carlos, como imprudente habéis hecho tal agravio a vuestra sangre, y al honor de qué me precio? En qué, señor, os agravio? en que a la Condesa ofendo? vos no sabéis? No se nada, Carlos, quién os mete en eso? no la habéis dado palabra, pidme, de casamiento? Si señor, y es posible que la cumpla. Aquí me pierdo: cómo puede ser rapaz? estás loco, estás sin seso? con tu hermana has de casarte? . Pues, señor, que culpa tengo, tú no la tienes? Señora, él responde, que en efeto no ha de casarse. Yo digo. Lo que yo digo, esto es cierto. Pues Duque, venganza os pido, esté en una torre preso, donde se vengue mi agravio. Bien dices, llevenle luego. Ponel de guardas. Pues no? presto veréis como vengo. Yo pienso que has dado causa a que aclare estos enredos: porque me prendes? No sé, ni lo entiendo, ni me entiendo. Antes que le lleven, Duque, hablarle a solas deseo. Aquí se descubre todo. Carlos, advierte primero que te lleven a la torre, que he mandado, que en sabiendo Barce lona tu delito, por no mostrar que te ruego, aunque tú quieras después, has de morir, vive el cielo. Que no ha de decir el mundo, que tú hiciste menosprecio de mí, sin que te costase la vida el ser tan ligero: que respondes? Dueño hermoso. Deja agora los requiebros: y habla claro, Si mi padre quiere, yo casarme quiero. Pues no ha de querer? No sé, diselo. . Duque, yo creo que entre los dos me engañáis. Cómo señora? Qué es esto? Carlos dice, que si quieres está a casarse dispuesto. Eso ha dicho? Aquesto dice. Malicias son de su pecho? Pues dile tú que se case, y con aquesto saldremos, de dudas. Carlos, si gustas de casarte? Acaba presto. Digo que si es gusto tuyo. Ya no sabes que le tengo? De qué, di? de no casarte, eso dices? yo lo creo; ha de la guarda. No dejas que diga yo lo que siento? Duque, no hacéis lo que digo? Si señora, ya le prendo; llevalde pues. Vive Dios, que es mármo! mi sufrimiento, No le dejaréis hablar? No causara más enredos, llevalde preso, que hacéis? Loco voy. Cofusa quedo.

JORNADA TERCERA

jornada tercera Cuando, confusiones mías, tendréis el fin que deseo? pues tan malogradas veo mis amantes osadías; en el curso de los días puede tener esperanza quién ha visto una mudanza? pero no hay gloria segura en quien con poca ventura sigue un bien, que no le alcanza. Carlos desde su prisión te envía aqueste papel. Vere lo que dice en él, seerlo a solas deseo, llama tú mientras le leo, Beltran, a doña Isabel. otro papel viene dentro, nueva confusión me causa, vuestro padre el Duque, dice la firma; alguna desgracia teme el corazón turbado: el suyo leo: Hoy acaban, Viblante del alma mía, mis altivas esperanzas. Yo me parto donde nunca, de tus soles que me abrasan vea las luces que al cielo mas vivamente retratan. No culpes mi ingratitud, pues vas que te desengaña ese papel, que mi padre me escribe, cuyas palabras disculpan la que te di: con más verás, con más ansias te adoro agora que nunca, mi padre de ti me aparta, de él te informa, y Dios te guarde. Hay cielos, mis ansias vayan tras él, hola. Mas hay cielos, dad valor a mis desgracias, disimulemos honor, no me impidáis con el agua que el corazón os envía, ojos el ver esta carta. Hijo don Carlos, yo os puse con sagaz industria, y traza en esa torre, que tiene un postigo a la muralla. Por dónde podéis salir sin que lo sientan las guardas, para Napoles, y Roma lleváis letras de importancia. Y algunas preciosas joyas que os envío en esa caja, caballos tenéis a punto, no hay que reparar en nada. Bien sabéis que es imposible casaros con vuestra hermana; y pues vos fuistes tan necio que le rendistes el alma, y ella libre se rindio; con aquesta ausencia larga vuestro daño se remedia, y el deshonor de mi casa. Partid luego, y escribidme luego que lleguéis a Francia; vuestro padre el Duque. Cielos, ya los sentidos me faltan. Bien sabéis, que es imposible casaros con vuestra hermana; así dice, porque dudo, si también me lo declara? Y pues vos fuistes tan necio, que la entregastes el alma: nunca entendí que la tinta con veneno está mezclada, hasta agora, pues que siento los efectos en mi rabia. Y ella libre se rindio; cielos dadme la venganza de dos hermanos aleves, que me ofenden, y me agravian. Señora, Violante mía, qué es esto? como no guardas el decoro a tu grandeza, y el honor que te acompaña? Tú das voces? ten prudencia. Cómo, como en pena tanta quieres que calle la boca cuando el corazón se agravia? Isabel. Señora mía. Lloras? Siento tu desgracia. Mira si sientes la tuya, pues la ausencia te amenaza? llora que se fue don Carlos. A traidor. Eso me aguarda, no encubras más tu delito; pero pues fuiste liviana, de ti sola forma quejas. Qué es lo que dices? aguarda. No has sido tú la primera en tal delito culpada, el mucho amor te disculpa. No te entiendo, con quien hablas? Ya sé que a tu hermano adoras, y que se va por tu causa; dueño ha sido de tu honor. Si los sentidos te faltan con el mucho sentimiento, daré a mi enojo templanca. No conoces esta letra: mírala bien, que te espantas? Esta es de mi padre. Espera, esto que no importa, pasa. Bien sabéis que es imposible casaros con vuestra hermana, y pues vos fuistes tan necio que le rendisteis el alma, y ella libre se rindio; qué dices? Estoy turbada; su latra, y su firma es esta? Merecio mi confianza esta traición, Isabel? de esta suerte me engañabas? Esta es traición. Qué bien dices! Engañada me maltratas: yo a mi hermano, tal escribe mi padre, deja que vaya a averiguar este enredo. La vergüenza es quien te aparta de mí, Isabel; Isabel, calla, no averigues nada, sino, dime una verdad. Con ese hielo me abrasas. Si tanto a Carlos querías, dime, como no excusabas que me hablara? como diste lugar a que te agraviara? no tuviste muchos celos? Tu justificas mi causa, si yo le quisiera bien, tus amores no estorbara. Ay Isabel, como hay hombres que sufren, oyen, y callan, puede ser que haya mujeres, fuera de qué te importaba para encubrir tu delito sufrir tus celosas ansias, Mandad, señora, que luego algunos tras Carlos vayan, que rompiendo la prisión, hoy a las risas del alba. Me han dicho, que el viento imita sobre un córcel, que llevaba, animado de la espuela, su cobardía por alas. Síganle, traíganle, muera, si no se entrega, y le alcanzan, porque no creáis de mí alguna engañosa traza. No le siga nadie, Duque, que no será de importancia, ni será justo que goce más del amor de su hermana. Vuestra lealtad agradezco, mucho debo a vuestras canas, los honrados caballeros así han de hacer lo que mandan sus Reyes? tomad Enrique, cuando escriba desde Francia Carlos, aqueste papel que me envió esta mañana le volved, o entregad luego ese secreto a las llamas. Pues si ya sabéis, señora, su delito, y mi desgracia, consolaos en esta ausencia. A mí no me digáis nada, consolad a vuestra hija. Señor, mi deshonra ataja, que es aquesto que has escrito? de mi hermano enamorada yo? desengaña a Violante, declara aquí lo que pasa. Hubo semejante enredo? Que aún porfías? Que aún no acabas de conocer mi verdad? Donque, no es vuestra esa carta? Si señora. Pues si es tuya, di, como en ella me infamas? Verdad digo en lo que escribo, Hay satisfacción más clara? A mí me gozó mi hermano? No Isabel, sino a su hermana; que es Violante, hija mía? Qué dices? De qué te espantas? Condesa, vos sois mi hija; que por la muerte temprana del Conde (qué Dios perdone) en el parto rindió el alma la Condesa, y yo temiendo, que si sucesión faltaba, estaban ciertas las guerras. Hice que a las dos trocara. un criado con secreto, porque casi muerta estaba la hija de la Condesa, vivio, criose en mi casa, siendo entre tantos testigos imposible destrocarlas. Esto es la verdad, por eso estorbé que se casara Carlos con vos, Isabel, vos sois por las luces santas. Condesa de Barcelona. Y vos, Violante engañada, mi hija, ved si queréis, pues tan adelante pasa este daño, que lo sepa la ciudad, cuando se aguardan en tan difícil empresa disensiones no excusadas. que yo afligido de ver que fui de este daño causa, me retiraré a Cardona, que ya el gobierno me cansa. Consultad entre las dos, pues vuestra amistad es tanta; lo que se ha de hacer, que yo no ne de aconsejaros nada. Loca estoy. Sin alma quedó. A tan grande novedad, si he de decir la verdad, darle crédito no puedo. Yo que en desdichas excedo. desde el punto en que nací, a todos, oyendo en mí historia tan prodigiosa; doy crédito a cualquier cosa: como sea contra mí. Que otra causa hacer pudiera que el Duque no me casara, pues siambición le incitara, Conde a su hijo no hiciera: esta razón considera, que me condena, y te abona? No te acierto a hablar, perdona. Hoy mi fortuna cruel. hacerte quiere, Isabel, Condesa de Barcelona. Ya determinada estoy, porque en tantos pareceres, aún no siendo yo quien eres, subes a ser lo que soy. Hoy el Estado te doy, y que te cases intento con Carlos, porque en aumento vaya mi nobleza así, que no quiero para mí mas de un humilde Convento, El alma se ha enternecido, y los ojos lo han mostrado, no siento darte el Estado, darte a Carlos he sentido. De quién mi hermano ha nacido tiene mi terneza vana celos; pero es cosa llana, que es la disculpa bastante, que ha muchio que soy su amante, y poco que soy su hermana. Detente, no digas más, que enternecida, y turbada, mas quiero ser tu criada, que el Estado que me das. Pues en posesión estás, disimula, y tu belleza goce el Estado, y grandeza, humilde me crié ya, mudar costmbre, será mudar de naturaleza. De las dos queda excluido Carlos, afligeste en vano, de ti, porque es ya tu hermano, y de mí porque lo ha sido, y lo tengo tan creído, que imagino que ofendiera al cielo, si lo quisiera. Imposibles han de ser, en ti el venirle a querer, y en mi hacer que no le quiera. En eso del casamiento, Isabel, harás tu gusto, si a Ramón quieres, no es justo que contradiga tu intento. Pero a mí solo un Convento es quien me ha de remediar, ya no me puedo casar, y en viendo el Duque es forzosa la vergüenza rigurosa, hoy te vuelvo a tu lugar. Señora. No digas nada. Ya estás conmigo cruel. Ya eres Condesa, Isabel; y yo soy tu humilde esclava. Más el servirte me agrada. A usar del poder empieza para que el mundo se espante. Considera. Vl Entre delante, pues es justo, Vuestra Alteza, Apenas he podido, sagrado mar, dejar estas arenas, y confuso, y corrido me detiene la carga de mis penas, que para tanto peso, mis pocas fuerzas, y valor confieso. No sintió mi partida Violante, pues tras mí no envió luego; si se muda, y me olvida; pero en que pienso deslumbrado, y ciego, si ve que soy su hermano, entregara su amor al viento vano. Que aún Beltran no ha venido a darme la respuesta que esperaba, aquí siento ruido, no es Beltran, aunque verle deseaba, encubran estas peñas pues el caballo dejó entre esas breñas? Ya hemos llegado a lugar donde podrán los aceros, sin testigos, ni terceros, nuestra causa averiguar. Con razón estoy quejoso en el bien que no consigo. Siempre os tuve por amigo. Fue con pecho cauteloso. Mi sangre, y valor no son para que así la tratéis. Bien se muestra que me habéis engañado, don Ramón: entrambos no pretendimos a Isabel con justo intento? Tan honrado casamiento con amistad emprendimos. No os declaro su intención, diciendo, que no os quería, y que otra dama tenía en vos puesta su afición? No me dejasteis la empresa contento, y asegurado, diciendo, que erais amado de la divina Condesa? Todo ha sido de ese modo, huélgome, pues lo entendéis, que todo lo confseseis, para no engañarme en todo. Pues cuando como fiel trato de mi amor constante, me dice doña Violante, que sois de doña Isabel. Qué dices? Esto ha pasado. Beltran temeroso ha sido, y causa de aqueste ruido, dándome el papel trocado, diciendo, que a la Condesa le escribia don Ramón. Don Tayme, la confusión que tengo, el alma os confiesa. Dice, que os tiene casado con ella. Viven los cielos; que a vuestros injustos celos causa ninguna no he dado. Y me pesa que atrevido, de esta suerte me saquéis al campo, pues que sabéis cuanto he sido vuestro amigo. Ya es forzoso, que riñamos, que el valor, y calidad, impiden nuestra amistad. Pues en buena parte estamos. Si pues para repórtaros halláis en esta ocasión, quien impida la cuestión, y pueda desengañaros. Teneos, que aquí escondido vuestras dudas escuché, y un engaño causa fue. de los entedos que ha avido. Vos presumís, don Ramón, que Violante os quiere bien, cuando os trata con desdén? vos estimáis la afición de Isabel, como ignorante, de otra causa más fiel, ni a vos os quiere !sabel, ni a vos os ama Violante. Bien sé de tu cálidad, y su noble proceder, Carlos, que debe de ser lo que nos dices verdad. Creolo, pero dedlara esta enigma. . Si volviera a Barcelona, y os diera la satisfacción más clara, pero ya no puede ser. Aquí dijo que estaría, según es la suerte mía, nos debimos de perder; pero aquí está don Ramón, y don Tayme está con él. De mi fortuna cruel, sujeto a la sinrazón, voy huyendo. Señor mío, si aquesa ausencia sentías, de las diligencias mías hoy tu remedio confío; tu padre por ti me envía, y la Condesa también. A desengañarnos ven de esta amorasa porfía. Este ha sido el que causó vuestro engaño, Así has pagado la buena nueva que he dado? el temor la causa dío, señores. No digas nada, que venganza puede ser darte muerte? Ofender. el valor de vuestra espada. Justamente se condena quien de hombres bajos se fía. Ah dicho muy bien Busia, puedo yo hacer cosa buena? Por aclarar este enredo vuelvo a la ciudad contento, y por el dolor que siento templar ausente no puedo, Tus ojos de gloria llenos podrán alentarme allí: mas que he de hacer, ay de mí, si acalo los miro ajenos? Ven Carlos, la muerte espero. Quién a un villano creyó? El que de mí se fió fue muy grande majadero. A todos nos previene, a todos llama, y yo turbado lo que quiere infiero, ta como tan prudente Caballero, Bernardo, has de contar lo que ha pasado. De mi puedes estar asegurado; que teme tu lealtad? . Un alboroto común, con un suceso nunca oído, más para todo vengo prevenido. En esta sala manda que esperemos todos los nobles . Su intención sabremos O hijos, cuanto cuesta a vuestros padres el teneros lo cielo, que dudoso espero el fin de daño tan forzoso! Algunos de los nobles van viniendo confusos hasta ver lo que les manda la Condesa. . Después serán mayores las confusiones, miedos, y temores. A don Carlos también mandó que llame, Beltran partió por él, que yo ya creo que se declare todo, aunque mi vida acabe de desdichas perseguida. Mi diligencia estima, pues ha sido causa de que don Carlos haya vuelto, alcáncele corriendo en el deseo que llevé de servirte. . Así lo creo. Don Ramón de Moncada con él viene, y don Jayme. . El aplauso se previene. Ya os dije lo que pasa. . El desengaño estimo para fin de mayor daño. Vuestro padre está aquí. . Dame tu mano. Seáis muy bien venidos Caballeros, hablaros quiere la Condesa a todos. Qué puede ser? . Agora lo sabremos En qué cuidado vuestro amor me ha puesto? A ti te culpa, que la causa has dado, a tu deseo más que a mi cuidado. No tienes que replicarme, lo que te he dicho será. Ser tu criada querría, mas que el honor que me das. Prestadme paciencia; cielos, pues me prestastes piedad, y el Estado con la vida en un día me quitáis. De la suerte que has mandado, aquí los nobles están. Padre, tu cuidado estimo, hoy que lo sois se sabrá. Haz tu gusto, que no temo ya desventura, ni mal. Dadme vuestros pies, señora. Don Carlos hermano, alzad: disimulad, ojos míos, encubrid el llanto. . Ya por ese amoroso nombre he trocado el de galán. Hermana. . Levanta Carlos, de doña Isabel serás, y Conde de Barcelona, que es cuanto te puedo dar, En pago de estos deseos, y esta noble voluntad, una merced has de hacerme. En todo puedes mandar, que pides? . Que no la mires mientras que conmigo estás, que cuando esté en un Convento tendrás bastante lugar. Primero. No digas nada; todos mi intento escuchad, y el suceso más notable. que escrito hasta agora está. El Conde de Barcelona, que en asiento de cristal (quedando muerto en la guerra) goza de una eterna paz. A la Condesa dejó tan afligida, y mortal, que le dio al mundo una hija, y el alma a la eternidad. A este tiempo la Duquesa. de Cardona, por causar esta confusión, parió otra hija. Así es verdad. La hija de la Condesa estaba para espirar, y el Duque, que está presente, como discreto, y leal, por enitar disensiones civiles, puso en lugar su hija, de la que estaba ya sin aliento vital. No es esto así? Si señora, porque viendo que heredar quisieran muchos, faltando heredero natural, ysé de aquella cautela, don Bernardo dirá si esto es así. Yo llevé, con secreto, y con lealtad a la hija de los Condes, y la troqué, sin que más que el cielo, y yo lo supiese. No se ha visto caso igual. Rara cosa! Caballeros, no os turbe la novedad, hoy he sabido el suceso, y no os ha de gobernar quien no es legítimo dueño. Bella Isabel, perdonad los días que os he quitado el Estado que heredáis; este es vuestro asiento, y yo depuesta la dignidad, he de besaros la mano, no os excuséis, no temáis, y pues sabéis mis desdichas, mis ofensas remediad en un Convento. Teneos: que es aquesto, donde os vais? ocupad, Violante hermosa, ese asiento, y gobernad el Estado que os adora. Cómo si no es mío ya? yo no soy hija del Duque? El trócaros es verdad, pero viendo que viviáis luego os volura destrocar. Qué decís? No me mandaste que lo hiciese? no hice más que conocer su salud, y volverla a destrocar. Pues como no me avisaste? Secreto, y fidelidad guarde, y como fue forzoso salir después a allanar a Girona, que alterada nos perturbaba la paz con tanta priesa, callé; pero después de llegar, en una carta escribí; cuanto me mandaste está hecho, no tengas cuidado. Yo pensé que era avisar de que ya estaba Girona quieta. Los cielos me dan remedio a los males míos. Dulce fin en tanto mal. Pues perdonad, mi señora, y a Carlos la mano dad. Dejadme que humilde bese esa nieve, ese cristal. Dad vos la mano a Isabel, don Ramón, y así tendrán con aquestas bodas juntas, alegre fin tanto mal. Dichoso soy. Y yo alegre, pues que no puede ser más. Bernardo, el premio vuestro por mi cuenta quedará, y aquí tenga fin dichoso la mentirosa verdad,