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Texto digital de La margarita del Tajo que dio nombre a Santarén

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Atribución tradicional
Ángela de Acevedo
Atribución estilometría
Ángela de Acevedo Segura
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta sin datos de imprenta (Madrid. BNE: T/55292/33).

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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La margarita del Tajo que dio nombre a Santarén. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/margarita-del-tajo-que-dio-nombre-a-santaren-la.

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LA MARGARITA DEL TAJO QUE DIO NOMBRE A SANTARÉN

JORNADA PRIMERA

Lmal, que el alma padece Aano es dolencia que se explique, que las heridas del alma, si se sienten, no se dicen. Al tono de este accidente parece que el rono es hecho, que si la pasión del pecho bien se dice, mal se siente, ss Desmienten las presunciones las voces de una pasión, que siempre hay menos razón donde se hallan más razones, Quien sabe su mal decir, su queja ofendida deja, que saber formar la queja, es no saberla sentir. No dudo, que alivio tiene la pena, que se refiete, mas lo que el sugeto quiere nunca al achaque convienè. Procute el alivio quien con su dolor està mal: que yo estoy bien con mi mal, sin mi mal no me hallo bien. Ay males, que con èl susto con que oprimen lisonjcan, pues las ansias, que acarrean vienen mezcladas de vn gusto. De aqueste rigor la herida, herida el alma me advierte, que la que txàmina muerte està presumiendo vida. Esto debe a mi fineza la causa de mi dolor, que no siento su rigor quando atiendo à su nobleza. Y assi, si con este ardid hago el obsequio à la causa, pongase à las vozes pausa: Callad lengua. Proseguid. Mus. No cōuiente vn pecho noble, que la fineza peligre, por esso siente callando las passiones que le afligen. Trit. O, que bien que lo examino. de mi coraçon fiel, siendo consigo cruel, por ser con su empeño fino. A la fineza prefiere, ni avrà quien de ella le prive, y miuerè de lo que vive; si vive de lo que muete. Nocanteis mas, y dexadme, idos todos. 1. Mas. Mal estraño! a. Mos. Que no lealinie en su diño la M Brit. Despejadme esse quatto. Estet. Condicion de Portuguès en pedir: darànte por te servir, no vn quarto, mas vn doblon. Brit. Ercetera, vèn acà, no te vayas. Etcet. Como no? No entro en los todos yo? Si has, Señor, mandado yà, que todos se vayan, dime, desta razon inclusiva ay alguna, que me priva, ay alguna, que me exime? Brit. Vna muy particular, que es èl ser mi amigo. Estet. Ten; segun esso, infiero bien, que los que hazes retirar son enemigos. Brit. No tal; pero amigo, considera, que no llamo yo à qualquiera, sino alamigo leal; y como conozco en ti de la lealtad el primor, pagado de tanto amor te singulariço aqui. Es verdad, que à todos dixe, cansado en mis penas fieras, me dexen, mas que te fueras, hunca de aqui se colige. Quedar solo he deseado, mas no quiero que me dexes, que aunque de mi no te alexes, siempre a solas he quedado, Ercet. A solas? ay tal error! no sè comopuede ser; segan esso (à mi entender) nadie vengo àder, señor. Nudie supones que soy, pues solo te consideras conmigo; mas yà en las veras de tus pensamientos doy, yà entiendo por donde vàn; querràs dezir, no lo niego, que amicus es alter ego, como lo dize el refran. Brit. Aora diste en la verdad, que quien de amigo se precia, si bien la amistad aprecia, se supone vna mitad del amigo; y assi ninguno, buelve a proferir mi voz, me assiste aqui, pues los dos no somos dos, somos vno, que para llevar la palma la amistad del bien queter, los amigos han de ser dos cuerpos con sola vn alma. Eleet. Y qual de los dos se queda desalmado, y insensible, que dos cuerpos no es possible, que vn alma animallos pueda? Brit. En la ley de las lealtades, puesto que dos almas son, no son dos por la vnion, que ha de aver, de voluntades. Eleet. Con que venes a tenerme por tu amigo verdadero? Brit. Quien lo duda. Ereet. Pues infiero, que no debes suponerme tu criado, que los tales no passan plaça de amigos, que criados, y enemigos corren parejas iguales. Yasilcon laconfinca, no de criado, señor, de amigo si, à vn favor se atreve yà mi esperança, y es dezirme tu tormento, que en ocasion de placer. hame dado en que entender, que te niegues al contento. Tu triste recien casado! en verdad, que es caso estraño, porque siempre el primer año de casado es deseado. Y contra esta observacion se hà atrevido tu disgusto, pues lo que en otros es gusto, en ti miro turbacion. Que es esto, señor, que ha dado tu pena, por peregrina, cuidado à la medicina, porque no la hapenetrado; y haziendo vna junta fuerte los Medicos contra ti, condenan tu frenesi à la sentencia de muerte: Aquel, que tu mal procura curar, no aviendo podido, dize, que locura ha sido, pues que ninguno lo cura. Con que tu mal importuno por ligero cau sa espanto, pues se vè, que corre tanto, que no lo alcança ninguno. Que tienes, di, que te altera? sepa yo tu enfermedad, si es que su riguridad consiente, que se refiera. Brit. Ercetera, ay accidente, bien lo sabes, no lo ignoto, que por verguença; ò decoro, à vezes calla el doliente; porque vè, que en su dolencia no puede descubrir medio, en que halle eficaz remedio a sanar. Imprudencia me parece, y ceguedad: no hay sin remedio dolor, sino es la muerte, señor. Pues esa es mi enfermedad; yo muero. De qué, pregunto? De un achaque tan esquivo, que estoy muerto estando vivo. Recen por este difunto; viose mayor disparate? este no tiene segundo. Achaque del otro mundo es el tuyo, y porque trate de tus sufragios, y bienes con diligencia, y cuidado; revélame ya tu estado, dime el estado, que tienes, Qué pesa un secreto? Mucho. Quién le sustenta? El amigo. Qué ha de ser? Fiel testigo. Escúchame, pues. Escucho. Déjame dar dos suspiros por desahogo primero, que son las preparaciones para explicarse, un enfermo, Ya sabes, que de mi casa rico, y único heredero, robé de mis padres siempre el cariño, y el afecto, tanto, que a mi libertad un arivilegio le dieron; que rara vez a los hijos conceder los padres vemos; pues siendo el tomar estado del propio gusto un empleo, en cuya elección no vale mas que el voto de su dueño, hay muchos, que del dictamen de aquesta regla saliendo (o sea razón de estado, o pundonor, o respecto) el estado de sus hijos por el interés midiendo, hacen jurisdicción suya lo que es de ellos privilegio, sin primero examinar la inclinación del sujeto: error, que en cosas del gusto, solo el gusto es el acierto. Por eso se ve en el mundo tanto enfado, y desconsuelo, tanta tristeza, y desdicha; y al fin tantos descontentos, que no puede ser el logro de cualquiera suerte bueno; si antes no se dan las manos el estado, y el deseo. Mis padres, pues, advertidos con sabio, y prudente acuerdo, deponiendo en este punto en mi mano su derecho (si acaso pueden los padres en este punto tenerlo) me dejaron, que eligiera esposa de mi contento, con quien firmase esperanzas el vínculo de Himeneo de una succesión dichosa, gloria de padres, y abuelos. Viendo, pues, que me contaba dos ostracismos el tiempo, edad en que puede el hombre disponer casa, y gobierno, empecé de hacer exumen de mi esposa, discurriendo por esta noble Ciudad de Navancia, hermoso cielo de muchas estrellas vivas, quedo son por garbo bello sus nobles damas, en orden a hallar de mi estrella encuentro. Y supaesto hallé que había mil soberanos sujetos, a cuya copia de gracias la fama es muy corto lienzo, como alcancé por noticias, por vistas, y por paseos, juegos, y conversaciones; y al fin otros pasatiempos, en que suelen los galanes con modo cortés, y honesto hablar de las hermosuras más celebres de sus tiempos: quedó sin logro el designio; no que a mi amoroso intento resistencia hallase alguna, que de la experiencia es cierto, que un mozo de prendas mías, rico, galán, y al gobierno de Navancia succesor, para marido es muy bueno de cualquiera ilustre dama; que si no me engaño, pienso, que cuando yo lo intentara, lo tuviera por acierto. Pero porque me acordaba de lo que dice el proberbio, que para un hombre casarse lo ha de mirar bien primero; y a más la pretensión mía, de este aviso con recelos, para que la ejecutara me podía hallar resuelto; hasta que me dio noticias el de la fama Correo, de la hermosa Rosimunda, por quien muchos Caballeros, de sus prendas convidados, de Scalabís al soberbio Clima, en cuyo asiento noble la grandeza está de asiento; concurrían codiciosos para ver el desempeño, que en la experiencia tenía su fama con los deseos. En esta empresa amorosa me hallé, y en unos torneos, que allí entonces se ordenaron salí por aventurero; y fue tal la suerte mía, que Rosimunda atendiendo primorosa a mis ventajas, dio por mi victoria el pleito. De esposa me dio la mano, con que muchos concebiendo mil envidias, yo mil dichas, mil placeres nuestros deudos; la truje para Navancia con rico acompañamiento, para la solemnidad de los desposorios nuestros. Hasta aquí nada te he dicho de lo que decirte quiero, mas a lo que he de decirte sirve aquesto de argumento. Quién dijera, que quedando de mi esposa tan contento, tan pagado de sus gracias, de su amor tan satisfecho, fuese amor tan atrevido, tan tirano, y tan travieso, que alterase mis quietudes, y burlase mis sosiegos? Pues porque, amigo, conozcas, que es el refran verdadero: nadie diga, que está bien; escúchame ahora atento. El día de nuestras bodas (mejor diré de mi entierro) estando en nuestra Parroquia, que es el Maguífico Templo de Pedro, y Pablo, brillantes de la Cristiandad luceros; por ser en su mismo día, entraban al tiempo mismo para visitar su Casa (uso antiguo de su celo) las Monjas de San Benito de ese insigne Monasterio; a quien el río Naban, cuyos caudales soberbios dieron nombre de Navancia a este grande Páis nuestro, por apacibles lisonjas, por agradables obsequios, como a centro de sus Ninfas, tributa en cristales besos. Y entre todas se ostentaba en primores del aseo, cual entre las flores Flora, cual entre los Astros Venus: Ese de virtud prodigio, ese de belleza extremo, ese de prendas milagro, ese de gracias portento; Irene, digo, divina, que de niña en el Convento al amparo de unas tías, junto con los documentos se ha criado de Remigio, Varón de virtud, y ejemplo, que por sus preceptos sabios tomó Irene por Maestro: Vila, y quedé tan perdido, que sentí abrasarse luego en las luces de sus ojos Mariposa el pensamiento. O lo que una vista incauta, lo que un mirar desatento ocasiona de peligros, de inquietudes, y de riesgos! Bien lo siento desde entonces, que en mi pecho amor queriendo poner de Irene el Retrato, sacó a mi esposa del pecho. Respondíame al instarle contra sus impulsos fieros; no adviertes, que tengo esposa? yo soy niño, no lo advierto, No ves de Irene el estado? yo soy ciego, no lo veo. No es sinrazón oponerte amor, a tantos respectos? Buena está la sinrazón, respondiome más severo; yo estoy de razón desnudo, y así a la razón no atiendo. Al fin quédeme vencido, y por Irene tan muerto, que solo a Irene idolatro, y a Rosimunda aborrezco. En este fuego abrasado, sin que puedan este fuego apagar los dos contrarios, que se meten de pormedio; como de Irene el decoro, la fe, que a mi esposa debo, respetos, que de mi amor el logro están impidiendo: he llegado, como sabes Ercetera, a tal aprieto, que en dudosas opiniones la vida; y salud he puesto. Este es el secreto, amigo, que ha estado tanto en secreto, que solo tu ahora sabes de amor este atrevimiento. Esta es la guerra en que vivo, esta es la lucha en que muero, esta es la lid en que acabo, esta es el ansia en que peno; esta es la opresión, que traigo, esta es la pasión, que tengo; sin que ya más, ni un instante vea en mí un divertimiento: de este asalto, que me oprime, de este combate, que temo, de este veneno, que trago, de este tosigo, que bebo, de este mar, en que zozobro, de este golfo, en que me anego, de este incendio, en que me abraso, de este ardor, en que me quemo, ercetera. . Bien pudieras, señor, en mi nombre mismo decir todo lo demás, para decirlo de menos, y no estar con Letanías, digresiones, y progresos, hipérboles, elogios, y otros encarecimientos, que son invención prolija de los Poetas modernos, para pulir sus razones, y hermosear sus conceptos. Para una Comedia aquí brava relación tenemos, o una celebre oración, que en tono grave, y sereno puedan los ciegos cantar por las calles de este pueblo; mas si es historia de amor, claro se esta, que es de ciegos. Posible es, que para un hombre decir, que se siente preso de amor, sean menester circunstancias, ni rodeos, sino decir claramente con un Portugués despejo: Quérolhe bem, acabonse? Pero, señor, darte quiero un consejo saludable. Qué saludable consejo puede haber a mis pasiones? Tú no dices, que tu afecto es de Irene, y a Rosimunda tienes aborrecimiento? Ojalá no fuera así. Pues tu remedio está en esto: en qué a Rosimunda adores, y a Irene olvides? Es cierto. Pues un remedio te aplico, en que no ha dado Galeno. Lo propio; es cierto, que enfada, y se apetece lo ajeno; haga entre lo ajeno, y propio tu imaginación un trueco. Supón, que Irene es tu esposa, y aquesta Irene se ha hecho; si quieres, señor, tener en tu cura un buen succeso; porque a Irene, como propia, verás, que la olvidas luego, y tu esposa estimarás, por ajena la teniendo. No estaba el remedio malo, mas es tal mi cautiverio, que habiéndome amor robado, ni imaginación poseo. Pídela, señor, prestada a un hombre, que tiene miedo, a un triste, o a un hipocondrío, que es de imaginación centro. La imaginación, qué importa? que a mi amor como obedezco, no quiero lo que imagino, imagino lo que quiero. Pues qué harás, señor? Morir. Ese es último remedio. Morir, o lograr mi amor. Aquesas dos te repruebo; porque el morir, señor mío, no es negocio de provecho; lograr tu amor no es posible, por no hacer un sacrilegio. Amor en nada repara. Con una esposa del Cielo, El amor es atrevido. Y que ha de decir el pueblo, sus deudos, tu padre, el mundo? Amor no guarda respecto. Y tu esposa? Pero tate, que viene.. Disimulemos. Cómo no me hallo sin vos, os busco, querido dueño, que me pierdo sin miraros, si por miraros me pierdo, Como estáis, decid, mis ojos, de este mal, que siendo vuestro, viene a ser achaque mío? Decidme, mi bien, si puedo pedir de vuestra mejora albricias a mis deseos? Bueno, y malo estoy, señora. La implicancia no penetro. Estoy malo, pues mis males no son, señora, de aquellos, que con remedios comunes se curan, pues el que espero, es el morir solamente, y como cerca me veo de mi muerte, que es mi cura, ya bueno me considero; porque el enfermo, que sabe, que ha de hallar remedio presto, va dejando de estar malo; mirad si estoy malo, y bueno. Que el alivio está en morir, grande es del mal el augmento. Muero tanto por mi alivio, que por mi alivio me muero. Mi amo muere por su gusto, y por singular enfermo le pondrán un epitafío: Este por querer se ha muerto. Y él diga, si es muerto, o vivo, cómo está? Cómo parezco. Según eso, bien está, pues tiene tan buen aspecto. Y ested debe de estar mala. Por qué? Por el mismo intento, porque el aspecto no es cosa. Eso es burla, majadero? otras más feas se casan. Muy discreto casamiento. Me has ya perdido el amor. Bien poco se pierde en eso. Ah traidor, así me pagas? Pues diga usted, que le debo? Mil afectos, mil cuidados. Esos son pocos dineros; perdone, que no hay trocado. Yo te trocare, embustero. Por quién? Por otro galán. Lucinda, pluguiera al Cielo, no soy yo tan venturoso. Yo te haré rabiar de celos. No hayas miedo, que tal hagas, que soy un manso cordero. Del ansia vuestra el motivo no sabré? Poco os merezco. Aunque pudiera decirlo, os estaba mal saberlo. Qué importa sienta la causa, si el efecto estoy sintiendo? Eso sentís vos por mí, por vos sintieráis aquello. Tanto es la causa en mi daño? No apuréis mi sufrimiento; basta, que os diga, por Dios, que en decírosla os ofendo; y porque puedo arriesgarme, a Dios, que huyo de ofenderos. . Etcetera, que me dices de tu señor? qué es aquesto? No entiendo su enfermedad, que soy Físico moderno, trato solo de asistirle, que esto toca al enfermero. Pues así, sin más, ni más? Lucinda, ni más, ni menos. ni un requiebro, ni un pellizco? Ni un pellizco, ni un requiebro Pues a Dios, dueño dejado, que por cobarde te dejo. Pues a Dios, dueño perdido, que por perdida la pierdo. El desdén con que me trata, me hace con que más le quiero. Con la red de la esquivanza estos pececillos pesco. . Y porque puedo arriesgarime, adiós, que huyo de ofenderos. Discurso, en males tan fieros podéis de dudas sacarme? En qué puede a mi agraviarme Britaldo, si en su aflicción manifiesta la ocasión, que tuvo su padecer? Discurramos para ver si alcanzamos la razón. Qué habla entre si mi señora cuidadosa, y pensativa? quizá de la pena esquiva de su esposo, que esto llora, viendo, que nadie hasta ahora acierta con su salud, y que él en esta inquietud la trata con tal desdén, que cierto no asienta bien con su amor, y su virtud. Y hasta Etcetera parece, que ha su mal participado, pues desdeñoso ha mostrado, que de todo me aborrece. Como no se compadece el Cielo en la pena nuestra, viendo, que el hado se muestra tanto contra estas cuitadas? Oh mujeres desdichadas, que mala es la estrella vuestra! Esto es sin duda, recelos, bien lo habemos presumido; este mal desconocido de Britaldo han sido celos; Pero son vanos desvelos, que sabiendo mi lealtad, recato, y honestidad, decoro, sangre, y nobleza, amor, constancia, y firmeza, haya en él tal vanidad. Mas que importa, que aún deshecha no queda la presunción, que a veces, contra razón, se arma una mala sospecha; y bien claro de ver se echa en lo que a entender me dio Britaldo, pues si calló, por no ofenderme sus ansias, son bastantes circunstancias, que mal de mi presumió. Imaginaciones mías no es esto así? Claro está: no puede ser; si será. Cómo, si son demasías? Mas se apuran mis porfías, porque de esta suerte infiera, que aunque en mi honor no pudiera Britaldo imaginar vicio, le harían un maleficio para que lo presumiera. Pues en opinión mi honor? Aquesto llego a pensar, y no me mata el pesar, y no me acaba el dolor? Mas ay de mí, que el rigor de mis escrúpulos siento! ay, que ya la muerte experimento de mi juicio en los báibenes! Lucinda. Aquí estoy, qué tienes? Ay de mí! Perdió el aliento, desmayo sin duda ha sido; socorro, que un accidente dio a mi señora: no hay gente, que acuda? Qué ha sucedido? Sin duda de haber sentido el achaque riguroso, mi señora, de su esposo, que ha estado ahora con él, tiene un desmayo cruel, que un disgusto es poderoso. Qué mal! Lucinda, ve presto, trae agua, válgame Dios! qué dispone el hado atroz! Cielos Divinos, qué es esto? Echó la fortuna el resto de su inclemencia en mi daño: en mi hijo un mal tan extraño, Rosimunda de esta suerte? sin duda este es de mi muerte el último desengaño. Aquí está él agua. Ea, pues, llega; mas ya en si volvió. No he menester agua yo, que afrenta a mis ojos es; Lucinda, no me la des: válgame Dios! ay de mí! Pero vos, señor, aquí? Sí, que os hallé desmayada en brazos de la criada. Pusome el dolor así. Ea, el aliento cobrad, que os ha robado el desmayo, y restituid al Mayo la flor de vuestra beldad. Alivios aconsejad, señor, a quien los admite, que a mí no me los permite del mal de mi esposo el susto; que es fuerza, que este disgusto todo el descanso me quite; y más viendo la esquivanza, que estos días me ha mostrado, en que a conocer me ha dado, que hay en su afición mudanza, Quitad la desconfianza, que eso hace la tiranía de la gran melancolía, que le aflige, y le consume. Oh será lo que presume mi imaginación impía. Pero aquestas aflicciones el Cielo ha de remediar, porque no puede dejar de oír tantas peticiones: con muchas deprecaciones toda Navancia lo pide; y es cierto, que si se mide con justicia la oración, halla en Dios inclinación, y nunca Dios la despide. Y esto más me certifica ver, que por su cuenta tiene aqueste cuidado Irene, que es una Monja sántica; si su devoción se aplica con la de su esclarecido Maestro (que esto le pido) se ha de mostrar Dios piadoso, que a preces de un virtuoso no niega Dios el oído. Permítalo su clemencia. Lo ha de permitir su amor. Así lo quiera el Señor. En tanto con la paciencia os habéis de conformar: venid, pues, a descansar, porque el Cielo ha de acudir? si acabará mi sentir? Si acabará mi pesar? En esta estancia rica, retrato de los Cielos soberanos, lugar, que se dédica al candor de los Ángeles humanos, que se juzgan por tales los sujetos, que pisan sus umbrales: en este prado hermoso de racionales plantas guarnecido, que apacible, y pomposo, contra el tiempo se ve siempre florido; que constantes sus flores no sienten de la tarde los horrores: Cárcel, donde se prenden con gustosa prisión las libertades; escuela, donde aprenden a seguir la razón las voluntades; cuya aprobada ciencia Lucido Firmamento, adonde las Estrellas más brillantes, por fijas en su asiento, firman la dicha en la esención de errantes; que no es dicha el ser bella, mas en no ser errante está la estrella; Aquí en este retiro, adonde reina solo la pobreza, sin que le acierte el tiro de la vana ambición de la riqueza; porque todo poseeí, quien no tiene del mundo, que de esee: Aquí en seguro asilo contra tantas del siglo tempestades, puerto dulce, y tranquilo, adonde todo son serenidades, estado delicioso donde muere el afán, vive el reposo: Aquí, mi Dios, notando mi miseria, mi ser, y mi flaqueza, las gracias os voy dando, pues por vuestra bondad, vuestra grandeza de Egipto me sacasteis, y de Sion las sendas me enseñasteis. Por otros espaciosos caminos muy bien puede caminarse, mas son dificultosos, y del camino el norte puede errarse; y este, aunque más estrecho, no hay en él embarazo, es muy derecho, Esta es vida, esta es suerte, que merece ser solo deseada, y la del mundo es muerte, porque es vida muy triste, y muy cansada; y de razón se olvida, quien a vida sin orden llama vida. Aquí por orden suya se ocupan bien las horas todo el tiempo, porque mejor se huya a lo que llama el mundo pasatiempo; pues es la ocupación, la que quita del ocio la ocasión. Y pues aquí llegamos, consideración mía, aprovechemos la hora, que aplicamos a la empresa tan útil, que tenemos; que es la Lición sagrada, que por Remigio me es bien explicada. Ya parece que tarda a darme la lición (todo mi empleo) sino es que quien aguarda, siempre el tiempo midió por su deseo; y así juzga tardanza cualquiera detención en su esperanza. Pero mientras no viene, por el Sacro jardín de la Escritura, que el cuidado entretiene, el mío se recree, si procura sacar buena cosecha del fruto de sus flores, que aprovecha. Oh ciega vanidad de los Libros curiosos, y profanos, pues la curiosidad no halla en ellos si no consejos vanos; sacando los Lectores, a su inútil lición por fruto, flores. Esta sí, que es lición, pues se halla entre sus flores fruto rico, Mi propia obligación, a que el cuidado de Maestro aplico, dichoso me encamina a la lición de Irene peregrina: y bien digo dichoso, viendo en Irene, que aprovecha tanto su ingenio milagroso, (grande asombro del mundo, grande espant que el Discípulo diestro es la dicha sin duda del Maestro, Y aunque por ocupado esta tarde asistirla no podía, no dejó mi cuidado sin primero la ver pasar el día. Libro aquí de memoria tienen los Machabeos, grave historia! Con la Biblia en la mano allí la veo estar; es rara cosa, que al juicio soberano junte también Irene el ser curiosa! Por la santa observancia dieron la vida de el martirio a instancia, Dejarme quiero estar, no quiero de el estudio divertirla. Mucho es para envidiar tal suerte; quien pudiera conseguirla a sangre, agradeciendo la mucha, que a mi Dios estoy debiendo, Pero quiero saber la materia, que estudia. Irene mía? Oh quién pudiera hacer a los Martires Santos compañía! De aplicada no atiende mas que al estudio, que curiosa emprende. Qué bien! Maestro mío, decid, cómo tan tarde habéis llegado? Hija mía, un desvío ha sido la ocasión de haber tardado. Y vos en qué ocupada estabades, decid, Irene amada? Aquí ahora leyendo el de los Machabeos libro estaba, que me iba entreteniendo; pero en él lo que más me recreaba, era ver de unos hijos con su Madre los ánimos tan fijos: pues firmes, y constantes con el brío, y valor más soberano, de su ley observantes, entregaban las vidas al tirano; fineza superior, en que al Cielo mostraron su primor, Después que Cristo vino, Capitán de los Martires supremo, a morir, dio camino para por él se obrar aqueste extremo: mas quien antes de abierto lo acertó, no es muy fino? aquesto es cierto, Oh valientes Soldados, que por vuestras esplendidas personas os hacéis envidiados mas, porque ganáis bellas Coronas, que a muerte de esta suerte, que mejor premio, que la misma muerte! Oh Madre, y quien tuviera, pues que tengo tu nombre, tu fortuna, porque dichosa viera mis deseos, que son, sin duda alguna, puros hijos del alma, en el logro feliz de aquesta palma! Pedid, Remigio, adiós, que me conceda el bien, que tanto anhelo; porque haciéndolo vos, será bien sucedido mi desvelo; logrando con efecto, la dicha de morir por su respecto; Qué espíritu, qué tiene! Aunque vuestros deseos son tan justos, sabed, querida Irene, que señora no sois de vuestros gustos; y así habéis de dejarlos a quien se lo pluguiere, ha de premiarlos. Mucha es mi inadvertencia, perdonad la ignorancia, que he mostrado. Extremada prudencia! Dadme lición; mas no, que me ha llamado al Coro la Campaña, y esto es primero, adiós, Hasta mañana: que virtuo Aguardad; decidme, si sabéis (mucho es mi olvido, poca es micharidad) cómo Britaldo está? Vive afligido, y del mal que le asiste toda su casa está penosa, y triste. No, Irene, os olvidéis de encomendarlo a Dios. Así lo hago; pero vos no dejéis de hacer lo mismo. Así lo satisfago. El Cielo con su ayuda en aprietos tan trágicos acuda. En tantas aflicciones, tantas ansias, angustias, y dolores, las vuestras oraciones alcanzarán del Cielo los favores. Adiós, que el Coro espera. g Adiós: no vi virtud más verdadera Importuna es la porfía, que de tus pasiones noto, pues pueden contigo tanto, y tú con ellas tan poco. El día, y la noche pasa, y siempre del mismo modo te miro entre tus desvelos, pensativo, y cuidadoso. Tu comer es tu cuidado, tu desvelo es tu reposo, tu vida es tu pensamiento, tus pasiones son tus logros; y haciendo brindis del aire, siendo Irene un vaso de oro, lches por ella los vientos, que aquesto es decirlo todo. Son tributos de quien ama. Mal con ellos me acomodo. Es porque de amor no sabes. También al amor conozco; mas quiero de calidad, que sin que amor me haga estorbo a las conveniencias mías, calzo, visto, bebo, y como, duermo, brinco, juego, y pago al amor un rato, solo cuando el ocio me acomete, que es bueno evitar el ocio, amor, que es un desenfado, por enfado no lo tomo. Mas tú, que hecho un laberinto de ais, suspiros, y sollozos, haciendo del amor trato, que es un contrato gracioso, públicas, que tu querer no es querer como los otros; amor con todos es niño, más contigo ha sido monstruo. Y lo peor es, que yo pago todos aquestos enojos, que para servirte a ti de alivio, y de desahogo: yo me ahogo por servirte, y ahora me faltó poco, porque a cenar empezaba, cuando, que me llamas oigo; y para acudir aprisa; diligente, y primoroso, me llevé toda la cena de un bocado, y fue forzoso llamar, señor, por San Blas, que soy grande su devoto, para que me socorriese en trance tan riguroso, que de ser ancho el bocado, se le hizo el camino angosto. Vengo, y a la calle me facas, sin saber porqué, ni como me llevas, siendo de noche; si es desafío, es impropio para los dos, que este duelo no sirve para nosotros, pues por enfermo eres flaco, y flaco yo, por temeroso. Calla Ercetera, que vamos de aquel Serafín hermoso al Convento, porque quiero significarle en un tono de mi afecto los cuidados, y están Músicos famosos ya de acuerdo para esto. Aquese cantar es otro. Y quién hizo la letrilla? mas que fue Fraile supongo, siendo para Monjas hecha; de oírla estoy deseoso. La letra he compuesto yo, y la solfa un curioso. Y tú sabes hacer versos? mas todo el amante es loco. Y al echarte en casa menos, qué dirás? Tu juicio es corto; que salí a gozar del fresco, que el tiempo está caluroso: Vamos, y el secreto guarda. Vamos, que seré el Demonio, de quien la noticia dice, que era ciego, mudo, y sordo. . Esto sin duda Banán, ha sido dulce despojo el corazón de Britaldo de algún cuidado amoroso; que haber ahora salido de casa entre los rebozos de la noche, a mi cuidado da ocasión de sospechoso; confirma mi pensamiento decirme a mi cauteloso, que en explicar sus pasiones consistian mis oprobrios; y lo afirma oír decirle del sueño entre los sobornos: Ay amor, que mal me tratas, pues un imposible adoro! Mis afrentas son sabidas, mis agravios son notorios; Britaldo mis agasajos desprecia por otros ojos. De lo que decís, señora, confuso quedo, y absorto, y de que amor pueda tanto me admiro, pasmo, y asombro. De las flechas del amor los tiros son prodigiosos, y más siendo el dueño ingrato, y el amante es extremoso. Alguna belleza adora. Britaldo muy cariñoso, de quien mal correspondido de su fe siente el malogro. Y será amor tan osado, qué agravie ese Sol hermoso? Mas lo ajeno lisonjea, que siempre enfadó lo propio: y así, pues sois la persona de mi casa, a quien otorgo los más ocultos secretos, vuestra diligencia invoco; de mi agravio centinela en vuestro primor heroico espera hallar desengaño mi pensamiento celoso. Seguid, Banan, a Britaldo, rondad, ved si de mi esposo, por la diligencia vuestra ciertos! mis agravios topo. Trataré de obedeceros, y sin detenerme un poco, ya voy a hacer el examen con cuidado. Ya lo supongo. Sospechas, estamos bien? Qué poco con vos mejoro! que poca dicha poseo! que poca ventura logro! Hasta aquí compré recelos de agravios contra el decoro; ahora contra el amor, que martirio, celos, compro? Paciencia, celos, paciencia, vamos a sufrir enojos, hasta que acabéis conmigo, o acabe yo con vosotros. Mi Dios, por vuestras piedades, feliz de él alma recurso, que a la casa de Britaldo acudáis en los disgustos: Yo os lo pido, yo os lo ruego, y aunque sin mérito alguno, de vuestra pasión me valgan, Señor, los méritos muchos. Ya estamos en el terrero del Convento, amado culto, que es de tus adoraciones, o de desatinos tuyos. Llavas a amor desatino? Llamo, pues por sus impulsos vienes a inquietar un Ángel, que a estas horas (no lo dudo) en su Celda, en oración estará; mas yo aseguro, que esté a tu canto sorda, pues no se divierte el justo. Ercetera, esto ha de ser, con mis pensamientos cumplo. Ea, pues; si es cumplimiento, vaya en cortesía. El puro objecto de mis sentidos, en quien todos los ocupo, hacia a esta parte me han dicho, que tiene el retrete suyo. Vámonos, pues, acercando. La noche oscura se puso. A mi juicio, que no es claro, todo le parece oscuro. Ea, la Música empieze. Señores Jurisconsultos de la Anfiónica palestra, templaron? 1. Todo está a punto. 2. Todo está muy bien dispuesto. De un grande enfado me excuso que me huelgo de oír cantar, mas el templar no lo sufro. Siguiendo a Britaldo vengo, que con cuidado le busco para averiguar sospechas, que Rosimunda de él tuvo; y hasta aquí vi que se acercan unos hombres, y presumo, que uno de ellos es Britaldo, sino me ha engañado el bulto: aquí entraton. Empezemos: señor Britaldo? Qué escucho! Britaldo han dicho. Cantad. Y sin ruegos, que es maluso. Hallén. Señor, vuestros siervos en vuestra piedad refugio. Britaldo es, y esto es descante, veamos lo que más descubro. De Irene en los ojuelos, hechizos de las almas, tiene amor armas nuevas, deja sus viejas armas, Al arma, al arma, que el amor de sus ojos flechas dispara. Qué Música es esta, Cielos, que de confusión anuncio pronuncia mí mismo nombre? con mil sobresaltos lucho! La Música a Irene salva! Britaldo aquí! bien arguyo algún empeño amoroso de sus cuidados ocultos. Pero si una Irene hay sola en el Convento, que el vulgo por de virtud raro espejo celebra, en vano lo apuro. Mas si es mujer, y él es hombre, para que lo dificulto? daré a Rosimunda parte de la observación, que juzgo, Descubierto está el enigma, y pues hasta aquí me encubro, irme sin que me conozcan es lo que solo procuro. Tapad, Señor, contra el canto de las Sirenas del mundo mis oídos, como el áspid, Proseguid. Vamos al punto. Con este humano disfraz de parte de Dios acudo de Irene a la defensión, Ángel Embajador suyo. Echar del terrero intento quien con lisonjero insulto profana el alto respecto de aquestos sagrados muros. Rendido a sus saetas un corazón se abrasa, pagado de sus tiros, que adora a quien le mata, Al arma, Al arma digo también. Malo es este contrapunto, Quién eres tú, qué te atreves? Yo soy, groseros, y stultos, quien os dice, y desengaña en vuestros grandes absurdos, que Irene; que tiene dueño. Dueño más que yo? ninguno. Mirad como le defiendo. Mira, pues, como lo impugno. Oh como de mala gana, acero mío, os desnudo! Pendencias? las Religiosas voy a avisar (yo me turbo) a que en oración se pongan en trance tan fiero, y duro. . 1. No hay reparo con sus golpes. . 2. Su valor es más que mucho, . Adónde va aquí la fiesta, pues de ella el huirme cupo? muy buena la habemos hecho, nunca más, guarda, oste puto; fue muy buena esta jornada, yo me escapo, yo me escurro. a Fantasma, espíritu, o rayo, aguarda, porque me injurio de que la vida me dejes si así te has llevado el triunfo, Cansado de pelear he caído; hados injustos, matadme, pues mi valor he visto en tal infortunio. A mi enemigo no veo, y de su valiente orgullo, Ercetera con los otros huyó; cobardes incultos! Quién será quien con Irene se me opone? mas me apuro con aquesta emulación a seguir de amor el rumbo. Hasta aquí sufrí al amor, los celos no disimulo; pensamientos adelante, que yo he de hacer vuestro gusto. y olD

JORNADA SEGUNDA

De aquesta resolución no tratéis de disuadirme soy mujer y tengo celos cosas que no se resisten esto ha de ser Ved primero Ya lo vi no me dijisteis, que con Irene me agravia Britaldo? Aqueso colige mi presunción, viendo anoche, que entre sus rebozos tristes, hacia en sonora salva a sus ricos ojos brindís. Mas no son premisas estas, para sacarse infalible consecuencia, de que Irene tales lisonjas admire; ni que haya dado ocasión (que a su recato desdice) de requiebros semejantes; antes quizá de no oírle sus suspiros amorosos, tan fuertes ansias le asisten: Callad, porque me parece, Banan, que es casi imposible, que sin que la mujer quiera, haya galán, que se anime a enamorar su belleza. Los pensamientos son libres; que culpa se da en la llama, para que la solicite amante la mariposa? ni la llama, ni permite sus inquietudes osadas; la mariposa la sigue para en su luz abrasarse, por hallarla apetecible. Así habrá visto Britaldo de Irene la luz sublime, sin que ella haya sido parte en que su amor le dedique. Y si ella en esto interviene, (que no lo creo) decidme, como de aquesta afición puede el cuidado afligirle? Amor sin acceptación es pena, que el alma oprime, mas el amor, que se accepta, que gusto más apacible? Con que si nació su achaque del amor, ha de inferirse ser amor sin agasajo. que es una pena insufrible. Por faltar correspondencia no solo el amante gime, sino porque de su amor mira el logro inaccesibles Los dos sin duda se quieren, y el mal, que en Britaldo vive, nace de ver, que el estado de los dos su amor impide. Tras mis escrúpulos voy; al Convento voy a reñirle mis celos, y sus excesos; acompañadme, y seguidme. Mirad. Qué he de mirar yo? Tratad, Banán, de servirme, y no me aconsejéis más, que no aconseja quien sirve, No sé lo que el alma siente, que entre confusiones triste, no hay causa, que la divierta, no hay respecto, que la alivie! Desde que esta noche (Cielos) vi, que en acentos civiles, a mi nombre aclamaciones lisonjeras se aperciben; y luego (aquesto me asombra) mostrarse en belicas lides, como a principios alegres se siguen sangrientos fines, No estoy en mí de turbada, sin saber como examine lo que este lance promete, lo que este succesoexprime. Dulce ejercicio de Apolo, de Marte empresa terrible, en este sitio? qué es esto? no sé lo que signifique. Quién será quien alborota con alevosos ardides estas sacras soledades? estos honestos paises? Quién habrá dado ocasión para que se prevariquen con inquietudes mundanas sus descansos apacibles? Qué tentaciones son estas? que alborotos, que motines, hacen que de este reposo la tranquilidad se eclipse? En confusiones tan grandes, Cielos Santos, descubridme la verdad; mas que verdad si la experiencia la dice? Si yo misma me oí nombrar, que más hay que se averigue? Sin duda la causa soy de esta moción; mas qué dije? Si al lugar de esta clausura de tan pocos años vine, que apenas puedo acordarme, que a mis propios padres vide; si en este retiro santo, después que profesión hice, solamente a mi Maestro permito, que me visite: puede haber quien obligado de persona tan humilde, en aras de amor profano obsequios me sacrifique? Sí. Sí, una vez me responde, o será que aquesto finge mi imaginación, queriendo, que lo que dudo imagine. Mas si esto es así, mi Dios, será porque me castigue vuestra justicia, atendiendo lo que esta esposa delinque? No. Qué escucho! otravoz vuelve mis dudas a decidirme; si no es que soñando estoy; mil sobresaltos me envisten: un sí, me avisa, que llore; un no, dice que me anime: quien en tanta duda habrá, que de un sí, y de un no, me libre? Yo. Jesús, ay, cómo, quién! Cobra aliento, Irene insigne, que del poderoso Dios, que Cielos, y tierra rige, Ángel administratorio rompí los aires sutiles, para dar satisfacción a tus dudas, y advertirte, que tu hermosura suprema el Cielo por medio elige para fin de su alabanza, y de tus méritos timbre. Has de saber, bella Irene, que el ciego amor te persigue, y hace de tus ojos flechas, para que a Britaldo tire. El día de Pedro, y Pablo, cuando tú a su Templo fuiste, (devoción, que cada un año observan tus Monjas firmes) viote, y con tal eficacia supo amor su pecho herirle, que cayó enfermo de amante (tanto es un amor sensible.) Cielos, que estoy escuchando! . Y tratando de encubrirle a los Médicos su achaque, hallando, que en descubrirse era a tu decoro ofensa, y era de su esposa pique, fue su pasión tan forzosa (tal es la que se reprime) y se vio en términos tales, que sin saber que le apliquen los Físicos recelaron; que el mal la vida le quite. Viéndose así; pues, Britaldo en vísperas de morirse, alivio buscó a su pena, que este está en que se publique. Anoche al terrero vino solo a fin de descubrirte sus ansias, y sus desvelos en la Música, que oíste; y de celoso tu Esposo, (que hasta en Dios celos se admiten me encargó tu defensión; porque, Irene, no peligres. Del terrero ha cuchilladas a él, y a los que le siguen, eché, de cuyo rumor el sobresalto tuviste. Esto es lo que pasa, Irene, por tanto no desanimes, que en está de amor batalla has de quedar invencible. Procura a Britaldo hablar, y su exceso reprensible desengaña, porque en esto sus mejorías consisten. Y para esto a tu Prelada licencia primero pide, que no te la negará, viendo que no se prohibe a cualquiera Religiosa, que los enfermos visite en virtud de caridad: esta acción puede servirte de ocasión de ir a su casa para hablarle, y disuadirle con tu desengaño, Irene, de ansias de amor insufribles. Y con esto en paz te queda, que más pudiera decirte, mas de Dios no traigo ahora más licencia. Aguarda; huiste, criatura Ángelical? Mas no hay para que me admire, porque las personas grandes siempre huyeron de las viles. Qué es esto, que por ti pasa, Irene, tu ocasión diste a pasiones amorosas? A esto has llegado? es posible? Tu hermosura ha sido causa, tu belleza ha sido origen de inquietudes tan traviesas, de accidentes tan terribles! Britaldo por tu respacto es posible, qué suspire! y su casa por tu culpa posible es, que se amohíne! Esto alcanzas, y no lloras; esto sabes, y no gimes! O estás muerta, pues no sientes, o estás loca, pues que vives. Mas si el Cielo lo dispone, Irene dichosa, dime, para qué has de entristecerte, Irene, por qué no ríes? Hágase la voluntad de Dios, que los infelices de mucho sirven, viviendo, si sirven para servirle. Aquí está, tomar pretendo celosa satisfacción, padezca mi indignación, y sufra, si estoy sufriendo: quedaos aquí. De aquí oyendo todo lo que pasa; aguardo. Parece que me acobardo alberla, que en su presencia hay de respecto influencia. Mas qué espero, que me tardo? Guardeos Dios me conocéis? Mas me ha parecido a mí, que pues me agraviáis así conocerme no podéis; y así, pues no lo sabéis. Quién será? estoy sin sentido. Sabed, que solo he venido para que me conozcáis. Quién sois, y que me mandáis? Yo no mando, si no pido. Manda quien llega a rogar a quien desea servir, así, que vuestro pedir será, señora, mandar. Pues que no me queráis dar os mando, lo que yo pidiere; porque si darme quisiere lo que pienso, que me dais, vuestro exceso, me agraviáis, Aquesta mujer, qué quiere? Y por quedar entendida, en una cosa empeñada vengo, que no es para dada, por más que sea pedida. No os entiendo. Pues por vida de quien soy, que he declarado mi intento. Qué he escuchado! qué es esto, Divinos Cielos? Sabed, pues, que tengo celos, y me los habéis causado. Cielos, Rosimunda es esta, . que de Britaldo celosa, piensa, que estoy criminosa en celos, que manifiesta. Agravio, brío me presta. . Deme el Cielo su favor. . Aquí he menester valor. . Aquí he menester prudencia. . Que es terrible la pendencia. . Que es excesivo el rigor. . Vos, decidme, contra mí Agravios ocasionando, Celosas quejas formando, Así osada, Airada así, Aquí rabio. Tiemblo aquí. Os atrevéis? Reparad, que no soy parte; Mirad, que soy parte muy forzosa. Decid, por qué estáis quejosa? Mis quejas, pues, escuchad. Vistes una Tortolilla, que con su consorte amado en las lisonjas del prado se vio felice avecilla, logrando alegre, y sencilla de sus amores el fruto, cuando un cazador astuto mostró, en cruel desengaño, que hoy lo que era bien es daño, y lo que era fiesta es luto. Al pajarillo cogió, y llevándole cautivo; en un tormento excesivo la Tortolilla dejo; su ausencia tanto sintió, que negada a los contentos, a las aves de escarmientos sirvió, y al prado de espanto, pues la dulzura del canto trocó en funebre lamento? De Tortolilla en dolor la suerte me ha sucedido, Britaldo el cautivo ha sido, vuestro amor el cazador; mi esposo por vuestro amor preso está, y de aquesta dura prisión enfermó, y aunque cura sanar de este achaque atroz, no puede; porque sois vos la enfermedad, y la cura. Britaldo en fin por vos muere, y por vos llego a morir, que no puedo yo vivir cuando él muereporque quiere: y pues su amor os prefiere (pena en mí, que es sin segunda) mi intento en esto se funda: que yo mejoré de fuerte, o dar a Irene la muerte, ya que muere Rosimunda. Altiva la desengaña. Qué haré, que si aquí de culpa me eximo, está mi disculpa . ha de pensar, que la engaña, disculpa al enojo daña; y así, en trance que es tan duro, otro medio más seguro, y conveniente imagino: vencerla así determino, así ablandarla procuro. Aunque Rosimunda bellaa no me conozca culpada, viéndoos contra mi enojada apruebo vuestra quererla; y sin ser la causa de ella, como haya sido ocasión de aquesta vuestra pasión, perdón os pido rendida, viendo que es cosa debida dar al rendido el perdón. No niego, que a las pasiones de Britaldo causa di; sabe Dios si delinquí, que exámina corazones: no falto a las atenciones de mi culpa, y de este modo con mi culpa me acomodo, si la he llegado a tener; porque una mala mujer tiene la culpa de todo. Pero aunque siempre entenda ser mala, entendía (ay Dios!) que no lo era para vos, sino solo para mí; mas ya que lo conocí, dejad que en vuestros enojos saque, señora, despojos del corazón, pues a quien su culpa ha mirado bien, bien es, que acudan los ojos. . Qué humilde es, y que prudente? Válgate Dios por mujer! Cielos, como puede ser culpada aquesta inocente? No sé lo que el pecho siente, que apartado de la queja de los rigores se aleja, la piedad le satisface, y lo mismo, que ella hace, que haga también me aconseja. Mujer más que soberana; . mujer más que peregrina, tu condición, que es divina, hace que me vuelva humana; compasiva de tirana con tus razones me haces, y en ellas por efigaces ya que tal virtud se encierra, no quiero contigo guerra, ya quiero contigo paces: Levanta, y con propriedad en señal de mi mudanza, hagamos una balanza de aquesta nuestra amistad; porque en fiel conformidad, pues la humildad te postró, esa misma me obligó a postrarme, no te espantes, que es fuerza, que te levantes, para que me postre yo. Quién vio lance más notable! No haréis tal, que es demasía, porque fue obligación mía lo que en vos será culpable. Pues ya que esto por afable me impedis, con esos lazos me prended, que en tales brazos. me amparo de la desdicha. Anda abrazos con la dicha quien logra vuestros abrazos. Tiernas están, qué primor! la guerra en paz se resuelve; mas si amor celos se vuelve, celos se vuelven amor. Conservaréis el rigor de los celos contra mí? No, contra Britaldo sí. Le amaréis? Aqueso no. Y él os ama? Eso sé yo. Por qué lo sabéis? Lo oí: Mas señora cierta estad en que su afición acabe. Cuándo será? Dios lo sabe, creo, que con brevedad. Con Dios, Irene, quedad, que me lleva esa esperanza, Adiós, tened confianza. Ya de aquí sin celos parto, Banan. Nacieron de un parto amor, y desconfianza. . Ya, Irene, mejor estamos, y porque mejor quedemos, de amor resta, que escapemos, pues de celos escapamos: y pues de acuerdo quedamos en que a Britaldo he de hablar, lo tengo de consultar en como ha de ser primero; Remigio es mi Consejero, con él me he de aconsejar. . Tú eres famoso gallina. Yo lo creo, que a ser gallo, me temiera aquel León, que anoche nos dio el asalto; pero como no lo soy, viéndome tan apretado, tomé, señor, el consejo, que me dio, siendo muchacho, un gran Maestro de esgrima, Qué consejo? Me ha enseñado, que no teniendo partido, deje rebeses, y tajos, y me escape, si pudiere, y así si puedo me escapo; mas no obstante esta lición no dejara libre el campo, para no dejarte a ti a solas con el contrario, a no ver los compañeros, que en el valor destemplaron, y en la música quisieron valerse del contrabajo. Y su elección les disculpo, pues allí consideraron alto el empeño, y ninguno, quiso, señor, ser contra alto. Yo viendo, señor, el tono, que se iba desafinando, tomé la voz del falsete, y traté de acompañarlos; seguí en fin su mal ejemplo (que esto hace un ejeplo malo) porque yo con quien vengo, vengo. Ah groseros, y bellacos! no hay duda, que todos sois unos valientes soldados; no me dirás de qué sirven acá en el mundo los flacos? Los flacos sirven de mucho, ya el mundo fuera acabado si todos fueran valientes; que como son temerarios, solicitan precipicios, y mueren de los fracasos; pero los flacos conservan el mundo, que en los trabajos saben huir los peligros, prudentes, y acautelados. Los flacos, señor, son todos déboros, buenos Cristianos, no granjean enemigos, por ser en si retitados. Con la flaqueza no hay vicio, por eso, señor, ayunamos para huir con la flaqueza del alma los adversarios. Por flaco el nombre se alcanza, y aquel gran Poeta Horacio por flaco le estima el mundo, que en él por flaco es nombrado. Bien por los flacos acudes, Etcetera; pero es llano, que solo a ti te compite defender aqueste caso. Así es, que como este pleito está tan averiguado, no he menester quien me ayude en su defensión, yo basto. Pero si me enfadas mucho, y aquí de los flacos llamo, la mayor parte del Orbe se ha de poner de mi bando. Qué digo la mayor parte? Todo el mundo, porque es claro, que son la misma flaqueza los hombres por sus pecados. De los flacos no me trates, que los aborrezco tanto, Ercetera, que ni aún oír quisiera nombrarlos: háblame de los valientes. Supón, que en valientes hablo; pues como por las flaquezas los triunfos más bizarros, las victorias más sublimes se hayan, señor, alcanzado: haz cuenta, señor, que aquí, aunque sus respectos callo, tácitamente memoria de las valentías hago. Que has dicho, que triunfos, di, por flaquezas se han llevado? Todos cuantos puede haber; mira, pues lo estás dudando: Cuando dos se desafían en una lucha empeñados, no es cierto, que el que venció, lleva de más fuerte el lauro? Luego el otro no es tan fuerte? y la ventajamitando del que venció, flaco queda, y al otro ocasión ha dado a costa de su flaqueza, a que saliese gallardo; con que si flacos no hubiera; queda, señor, asentado, que nunca hubiera valientes, y el ejemplo está en las manos. Si del valentón de anoche, de que fuimos asaltados yo, y los camaradas míos, de brío, y de ánimo faltos, temiendo los golpes recios del esfuerzo de su brazo, no apelamos al retiro para ponernos en salvo, jamás alcanzara nombre (a nuestro respecto hablando) de intrépido, de valiente, de terrible, de arrojado; luego en nosotros sin duda el temor fue necesario, porque él triunfase en el juego, y quedase aventajado. Sin perdida no hay ganancia, pues para ganar la mano en el juego el venturoso, la pierde el que es desdichado; No hay vencedor sin vencido, que es decreto de los hados, nacer la ventura propia de los ajenos trabajos. Sin tímido, no hay temido, por eso, si lo has notado, hallarás que se compone de un vocablo otro vocablo. Muy bien discurres el punto, Es que en él soy graduado. Yo no digo que en el mundo, pues es un compuesto vario, han de ser valientes todos; mas digo, que en los acasos deben los hombres cumplir con la obligación de honrados. No está en mi mano el vencer, que eso es favor de los Astros, o ventaja del valor, a que yo no quedo obligado: Solo lo que es deuda mía primorosamente pago, que es reñir hasta caer, cuando en la ocasión me hallo, Hay varias obligaciones; algunos tienen, obrando por miedo de obligación, el huir por gran pecado; otros, que no escrupulean, con su flema acomodados, por obligación de miedo no hacen en huir reparo. Lo que puedo debo hacer? Eso es, y a eso no falto, que huyo siempre cuanto puedo; con que yo lo que puedo hago: y así hasta no poder más he de seguir este atajo, y tú hasta más no poder, sigue ese. De aqueso trato, y anoche me sucedió, pues de reñir ya cansado caí. De esas tentaciones me lloro, y en ellas no caigo? Y cuando te vio en el suelo; qué hizo el contrario? Pensando quizá, que quedaba muerto se ausento. Y no has alcanzado quién es tu competidor? Aqueso me da cuidado, Ercetera; quién será? discurramos. Discurramos. Lo que me decís, señora, atonito me ha dejado; es posible, que el amor produzga efectos tan raros? Esto es, señor, lo que pasa, y creo no halla agasajo su amante afecto en Irene. Eso en su virtud es claro: yo entro, y de reprenderle sus locas pasiones trato. Con amor no hay resistencias, que en la condición es rayo. Del padre las reprensiones a veces hacen milagros. Sería algún hechicero, algún duende, o algún diablo. Sea quien quiera que fuere; de amor, y de celos rabio; y en él empeño, que sigo; mas me pierdo, mas me abraso, Tus porfías te disculpo, (aunque no te las alabo) que celos sirven de espuelas de amor al que está picado. Qué otro galán tiene Irene? Si tendrá dos, tres, y cuatro: no es mujer? Irene? Calla, que entra tu padre, Britaldo? Padre, y señor. Yo quisiera, Britaldo, a solas hablarte. Qué querrá? Salte allá fuera. Secreto tenemos? Salgo, aunque ninguno pudiera mas que Ercetera guardarlo, que si lo que callo, digo, también lo que digo callo. . Cómo en vuestro mal pasáis? No paso, pues tan tiranos son mis males, que con ellos he llegado a tal estado, que a cada paso me quedo de nuevas ansias cercado; y aunque paso de tenerlas, ya más de tenerlas paso. Pienso, que es por que queréis Qué es esto? él va penetrando sin duda mis pensamientos: . y porqué lo habéis pensado? Por no querer divertiros, que el achaque más pesado siempre en el divertimiento remedio tuvo, y reparo. No hay reparo con mis penas; tanto, que en ellas reparo, que el divertimiento es poco, cuando su poder es tanto. Poned vos la diligencia. La diligencia es en vano. En vano es la diligencia? Vos mismo os habéis culpado, pues ciego, loco sin juicio, del apetito llevado, las vanidades seguís. Ya descubiertos estamos, cuidados míos. Decidme, para qué al hombre le ha dado Dios la razón? Cosa es cierta, que fue porque cuerdo, y sabio sujetase el albedrío a su obediencia; y mandato; en diferencia del bruto, que por este desamparo, tras su apetito se va; y aún en los brutos hallamos algunos, que por tener el instinto aventajado, parece, que en ellos hizo la misma razón milagros, mostrándose más prudentes, viviendo menos incautos. Vos de los mayores brutos la ceguedad imitando, sin gobierno de razón, de un gusto desordenado os vencéis, mirad si es esto. serbruto; o si es ser humano, pues es falto de razón aquel, que del uso es falto. Cuerdamente le censura sus afectos temerarios. O a mi padre revelado? No os culpo vuestros deseos, porque no está en vuestra mano no tenerlos, que es muy libre la voluntad; solo extraño, que no queráis reprimirlos, que no queráis refrenarlos, haciendo gala del gusto, y del apetito garbo. Señor, mi exceso conozco, si de él estáis informado, que si como bruto quiero, como hombre también alcanzo. mar mi voluntad no es mía, que la tiene cautivado el ciego amor (que por eso de llaman el Dios tirano, pues la libertad del hombre habiendo privilegiado el Dios verdadero, quiso cautivarla este Dios falso) y así la razón no puede valerme en aqueste caso, pues tengo (como os he dicho) un Dios, señor, por contrario. Bien sé, que es la voluntad, en que está amor empeñado, nave, que en popa navega montes de cristal cortando; mas también sé, que se ha visto, que de un pez bien limitado quedando una nave asida, llega a suspender los pasos. La razón vuestra supongo rémora, considerando vuestra voluntad bajel a la mar de amor echado. Si la rémora se aplica al bajel (aunque es tan bravo) quedará el bajel vencido, y la rémora triunfando. Poderosa es la razón, y en el mundo abreviado del hombre, es Sol, que ilumina; mas al esplendor bizarro del Sol se opone una nobe, que el pabesón enlutando de zafir su luz eclipsa, y le soborna los rayos. Nube es mi amor atrevida, que de la razón manchando el Cielo, a oscuras me deja; y puesto en este nublado, qué he de hacer? Lo que hace el Sol, que primoroso, y gallardo, esgrimiendo claras luces rompe de la nube el manto. Cuando la nube es más densa vence el Sol; he procurado romper la nube, y no pude, que le derribó un desmayo al valor; si otra vez vuelvo a reñir, la muerte aguardo; eso no, viva mi gusto; primero soy yo. Ah ingrato! Quede por mi amor el triunfo, quede por mi amor el campo; viva mi amor, viva, viva. Y muera quien; yo? Qué enfado! Morid vos, y mueran todos, que yo en vivo fuego abrasado diré a voces, del trofeo dando a mi amor los aplausos; Victoria por el amor, viva Irene, a quien consagro mi afecto, vivan sus ojos, porque se abrasa Britaldo. . Qué os parece? qué decís? Que puede un viejo cansado decir, a quien la fortuna ha dado un hijo tan malo? Con los ojos os respondo, que hechos granizos, y estando vueltos mis cabellos nieve, me quedo un invierno helado. Vos lloráis? Por más que llore nunca de llorar acabo, mirando el disgusto vuestro, que es tanto para llorado. Si el llanto es por mi respecto, poned, señor, pausa al llanto, que mi sufrimiento vive con su suerte acomodado. No lloréis, no mi disgusto, que el Cielo ha de remediarlo; que haya de darle consuelos mi pecho desconsolado! . No lloréis, que espero en Dios (según me lo ha asegurado Irene) que un fin dichoso en esta aflicción tengamos: Pues me ha dicho, que estas penas se han de acabar muy tempraño, Dios ha de oír su virtud. En eso estoy confiado; más entretanto, señora, la diligencia pongamos, que hierra quien sin diligeneia todo al Cielo lo ha dejado. Y pues los Fisicos todos su enfermedad no acertaron, pues se descubrió, si aciertan con el remedio, ueamos; quizá, que en la medicina habrá alguno extraordinario, que haga poner en olvido de Britaldo los cuidados. Digo, que bien me parece. Vamos, pues, a consultarlo. Vamos: Dios cure este mal. Dios acuda en tal trabajo. Remigio, esto ha sucedido, y así le tengo de hablar, para le desengañar. Notable succeso ha sido. Hacer participación de mi intento os he querido, porque mis acciones mido por vuestra disposición. A vuestra prudencia dejo de aqueste lance el empeño, pues el mayor desempeño fío de vuestro consejo. Maestro de mis acciones os elegí por capaz, y ahora me importan más, Remigio, vuestras liciones. El modo, pues, me enseñad, en el ardid me instruid, que a veces un buen ardid vence la dificultad. Sabio sois, aconsejadme; que razones buscaré para vencerle? qué haré, decid, Remigio, enseñadme. Eso fuera inadvertencia mucho en mí para notar, pues era al fin agraviar, señora, vuestra prudencia. Además, que aquesta empresa es del Cielo, él os dará armas, con que se podrá defender vuestra pureza; y así en esta causa a Dios se ha solo de recorrer, que él solo os ha de valer. Imitad, Irene, vos aquella ilustre Matrona, honra, y gloria de Israel, que en ser a su pueblo fiel empeñada su persona; antes de al campo salir contra Holofernes, qué hizo? Qué? Con las armas se quiso de la oración prevenir, y salió tan animosa con las armas, que buscó, que su enemigo cayó, y ella quedó victoriosa. La oración, Irene, sea vuestra prevención también, para que os suceda bien en esta de amor pelea. Siendo de tanto valor cualquiera consejo vuestro, jamás hasta aquí, Maestro, me aconsejastes mejor. Aquesas armas intento tomar, que son armas bellas, y es cierto, que solo en ellas está cierto el vencimiento. Dadme vuestra bendición, y a diós, que a Dios voy pedir se digne de me acudir en tan precisa ocasión. Dios su favor quiera daros. Rogadle también por mí. Mi obligación, de que así lo haré, puede aseguraros. Qué bizarra es! qué airosa! que gracia, y donaire tiene! que bien parece en Irene con ser bella el ser virtuosa! No hay cosa más agradable, que una honestidad compuesta, una gravedad honesta, y cómo que se hace amable! Mas qué es esto atención mía! parece que vuestro agrado los límites ha pasado, llegando a ser demasía? Os alborotáis deseos? qué es aquesto? reportaos, tened, tened, retiraos, perad, parad, deteneos. Mas ay de mí, que parece que amor quiere cautivarme! ay que ya siento abrasarme! Esto a Remigio acontece! Contagio es sin duda amor, que también se comunica, y a mi corazón se aplica de Britaldo este rigor: ya somos del Ciego Dios, Irene, dos los heridos, y pues están dos perdidos, haz que se ganen los dos. Haz con Dios la diligencia para Britaldo sanar, y también para curar de Remigio esta dolencia; mientras le pido (ay de mí!) haciendo de ansias alarde, que de Britaldo te guarde, y me defienda de ti. Es usted lindo alcahuete? Yo alcahuete? No soy digno; mira que me desvanezco con tan honrado apellido; que hoy anda en personas graves la posesión de este oficio, ni para tal ministerio los Etceteras servimos; pues los alcahuetes todos, sabrás, si no lo has sabido, que son, Lucinda, habladores, y en un proceso infinito de lisonjeras razones, haciendo plato del vicio, ya venden gato por liebre cocineros de Cupido. Al contrario de nosotros, que callados, y encogidos, en una palabra todo los Etceteras decimos: y así no sé qué ocasión puede haber, Lucinda, habido; para alcahuete llamarme. Qué ocasión hubo? bonito; a su amo se lo pregunte, que en amorosos delirios, sirviéndole su persona de pernicioso Ministro, con cuidados de galán compra olvidos de marido; siendo su amor tan culpable, que al Convento fue atrevido a dar músicas a Irene; y a usted en este delito por cómplice han de ahorcarle. Jesús! aquí me despico del nombre, que me has impuesto; que diablo te lo ha dicho? tú eres, Lucinda, hechicera, A mi señora lo dijo Banán, que de ella enviado, ya por algunos indicios, que le ha dado su inquietud lo que se ha pasado ha visto, yendo una noche tras él. Todo se sabe en el siglo. Solo me resta saber si él anda enamoradito de alguna Monja también. Nunca a esa gente me inclino; no es mi amor de ceremonias, y el de las Monjas no es liso. Muchos, Lucinda, las aman solamente por capricho, mostrando, que son corrientes, y hallanse después corridos. Esa gente corre mucho, y por no quedar vencido, quiero decir alcanzado, solo correr determino con quien yo pueda alcanzar; por eso corro contigo. Y usted sabe cómo corro? No sé. Pues así camino. Aguarde, no se adelante, que no tendré buen partido, y cerramos mano a mano; dámela tuya. Quedito, así una mano se alcanza de una dama? muy novicio se halla usted en la materia; eso poquitó a poquito se consigue; es menester servirla primero fino. Pues Lucinda, aquí me tienes muy constante a tu servicio. Usted no quiere entenderme? de eso solo no me sirvo. Quién pretende ser amante, si quiere ser admitido, debe ofrecerse con joyas, dádivas, y regalitos. Eso es amor? Amor es. Amor es pobre, no es rico, tanto, que ni capa tiene. Así le pintaban niño; mas hoy, que el amor es hombre, le pintan. Cómo? Vestido: y así quien trata de amor, ha de proceder cunquibus. Y quién no tiene que dar? Deje el amante ejercicio. Que más dar, que el corazón? Para Dios es manjar lindo; usted se le ofrezca el suyo, no a mí; que no le codicio. Pues qué codicias, dineros? el amor está perdido. Con eso está muy ganado, Codicia es amor? Lo afirmo; y con aquesto me voy, advierta lo que le digo: Cupido en Romance, amor, codicia en Latín, Cupido. . En Latín se despidió, y me doy por despedido, pues pedirme, y despedirme para mí todo es lo mismo. Oh hermosuras ambiciosas! bien dijo un contemplativo, que de la hermosura el eco es el interés maldito: pues el nombre apellidando de hermosura, y repetido del eco, que se le escucha, solamente usuta oímos. Que has hecho, traidor, infame, falso, aleve, fementido? esta es tu fidelidad? Por amor de Jesucristo: sin duda a furia ha pasado su amoroso desatino, y vengo a pagarlo todo: no me mates, señor mío, o cuando matar me quieras, dime primero el motivo; en qué pequé? qué te he hecho? qué mal hice? Me has vendido. A qué fería te he llevado para venderte? Me fío de ti en mi secreto amante, y tu vileza ha querido, faltando a la obligación de la lealtad, descubrirlo. Yo descubrí tus secretos? Quién entregarme ha podido, sabiéndose todo en casa; di, sinó tú? San Longinos! mira si en trance tan fuerte anduve bien advertido en preguntarte la causa de ser tan cruel conmigo; que a no ser eso, imitabas al tirano más impío, matando a un hombre inocente. Sabes dónde esto ha salido? Lucinda me ha dicho ahora, que Banan por los avisos de Rosimunda; que había ya escrúpulos concibido, nos fue siguiendo a los dos aquella noche, que fuimos al Convento, y así de todo le dio cuenta, y imagino, que fue el valentón sin duda con quien el choque tuvimos. Eso cómo puede ser? si él procuraba seguirnos solamente por topar el logro de su designio; porqué había de oponerse a nuestra intención altivo, y fingiendo, que era dueño de Irene? Industria habrá sido, por ver si desengañado hacia tu amor retiro, sabiendo, que a tus empleos estaba el puesto impedido. No creo fuese Banán, Ercetera, el enemigo, que él tiene esfuerzo bastante, pero no tan excesivo. Cogionos de sobresalto, y así nos ha parecido un Alcides, un Gigante, un Dragón, un Basilisco. Fuese, Etcetera, o no fuese, ya está mi amor conocido, y pues se sabe que quiero, sepa el amor que le sigo; tú, pues has de ir a llamarme presto a Remigio. A Remigio? para qué, señor? Pretendo, que quiera ser mi padrino, manifestándole a Irene mi amor de su gracia digno; que como es Maestro suyo, quizá será bien oído. Él no querrá, que ese lance es de su virtud indigno. Por fuerza haré que lo haga yendo con él, y así, amigo, ve al instante. Si eso es fuerca. es fuerza que obedecido quedes, señor; voy corriendo, aunque es muy malo el camino, Oyes, no le digas nada del intento, que máquino, llámale tan solamente. En eso voy advertido, JU CETUC, Amor, pues si de ti me admiro, miro, que cuando más me satisfago, hago a mi desvelo en mi retiro, tiro, consiguiendo en tu dulce hálago, lago, en que metido no respiro, espiro, pues tus favores más que apago, pago; mi fineza, que así se apura, pura, halle en Irene lo que procura, cuta. Albricias, señor, albricias me da de una nueva extraña. Qué hay? qué albricias, di, que nueva? La que tú más descabas; me has enviado a llamar a Remigio? Cosa es clara, no has ido? Di, para qué? No te he dicho, que intentaba que me hablase con Irene? Pues eso es cosa excusada, que ya Irene te viene a ver. Qué has dicho? Lo que sé pasa. Necio, te burlas de mí? No es burla, que ahora acaba de subir las escaleras. Eso es así? Tú me engañas. No es engaño. Ay tal fortuna! Y no fue fortuna mala, que sin que nadie la vea entrado en tu cuarto se haya. No quepo en mí; a qué vendrá? Vendrá a rendirte las gracias del obsequio, que le has hecho, y el amor con que la tratas. Quién puede habérselo dicho? Aún de conocer no acabas, que adivinan las mujeres? Ea, apercibe la salva de tu gusto a su venida. Amigo, afuera te aparta, y avisa si nos escuchan? Soy contento, con palabra de que me des baratillo de tu amorosa ganancia. . hasta aquí nadie me ha visto y él es el que está en la sala, el Cielo mi intento ayude. Lucero de mi mañana, blanco de mis pensamientos, norte de mis esperanzas, Santelmo al naufragio mío, Iris de tanta borrasca, Estrella de mi ventura, cuyas influencias raras, dominando en mi albedrío, mi voluntad avasallan, y aunque la llevas por fuerza, por gusto se te consagra. Deidad soberana, y bella, que en primorosas ventajas, a ser yo Paris te diera, y no a Venus la manzana; no sé si de darme vida, si de quitármela tratas, pues si por tus ojos vivo, tus mismos ojos me matan; si para morir de nuevo me alumbra tu vista clara, para ofrecerte más vidas por ti resucita un alma. Mi bien, mi vida, mi dueño, dime, a quien dicha tan alta debo, porque reconozca la duda, para pagarla? Si acaso el amor te obliga, porque correspondas grata a las verás, con que un pecho tan constante te idolatra; dímelo, prenda querida, porque al culto de sus aras. ofrezca mil gratitudes; dímelo, prenda adorada. La caridad, señor mío, me ha concido obligada, sintiendo los males vuestros, a veros en vuestra casa. Dícenme, que habéis tenido. una enfermedad tirana, que de la quietud os priva, y el sosiego os arrebata; lo he sentido por extremo, y en mis oraciones flacas. os he encomendado a Dios, para que piadoso os valga; repartiendo de su mano con vos siempre aventajada salud, que habéis menester, y os desea aquesta esclava. Huélgome de hallaros ya de pie, aunque a veces haya sumamente rigurosos males, que de pie se pasan; pero hame puesto, señor, en confusiones extrañas el recibimiento vuestro tan impropio a mi llegada. Vos cariñoso, vos tierno para una persona baja? No entiendo la cortesía, no sé lo que esta señala. Qué modo es ese, decid, que términos, que palabras, que en vos exceso publican; y en mí la modestia agravian? Esto, Irene de mis ojos, son muestras de quien se abrasa, son indicios de quien muere, y evidencias de quien ama. Desde aquel día en que os vi, cuando en las memorias Sacras de los Apostoles fuistes de su Templo adorno, y gala; quedé de amor tan herido, que mi pecho en vivas llamas racional carbón ardiendo, sacrificó a vuestra gracia. Disimule cuanto pude mi amor, pues consideraba del estado mío, y vuestro, la que había repugnancia; y creció el fuego de suerte, que el respecto no bastaba a apagarle, que al finera a tanto fuego poca agua. Viendo, pues, que sin remedio con mi silencio acababa mi vida (que a esto llega el que sus pasiones calla) lugar di al afecto mío para que del pecho salga, porque alomenos se sepa, si muero, que sois la causa. Y fui quien hizo una noche a vuestra hermosura salva, y en armónicos acentos exprimió de amor las ansias. Yo soy quien muere, señora, por las prendas soberanas, con que la naturaleza os quiso hacer sublimada. Yo seré quien (si os mostráis con mis afectos avara) muera a manos de un desprecio (que un desprecio aveces mata) Mi gloria, mi amor, mi dicha, aunque sea la esquivanza condición de la hermosura, sed bella, sin ser ingrata. Si del bien querer la fuerza no se os esconde (por sabia) la fuerza del bien querer os obligue a ser humana. Si de caridad decís, que venís acompañada a dar alivio a un enfermo, a un alma, que enferma se halla, dad alivio, pues sin duda, de caridad tiene falta quien pudiendo no remedia, quien pudiendo no agasaja. Dad alivio a un afligido, que de ardores en la fragua suspira por esta nieve, que es refrigerio del alma. Tened, señor, que desdice de una condición hidalga, acción, que es tan descompuesta, tan grosera, y tan villana. En esto veo, que ha sido vuestra confesión errada, pues no quiere bien quien quiere lo que el bien querer vitraja. No queréis ble, queréis mucho, vuestra queja así se engaña; querer mucho, y querer bien, son dos cosas muy contrarias. Querer bien, es querer solo lo que a la razón agrada; querer mucho, es querer más de lo que la razón manda. Querer bien, es un deseo del bien de la cosa amada; querer mucho, ambición es, que la voluntad arrastra. Querer bien, es un afecto, de que otro fin no se saca mas que el querer solamente, que amor del amor se paga. Querer mucho, es apetito, que de interés se acompaña, y en la posesión de un logro constituye la esperanza. Afición, que al logro aspira, es aficción limitada, pues el logro la termina, y en la posesión se acaba. Querer por solo querer, esta es la afición bizarra, que es eternizar finezas, que son del amor la gala. El querer bien a un sujeto con verás desengañadas, es amarle por quererle, sin más otra circunstancia. Quien ama por lo que espera del perfecto amor se aparta, pues hace de amor usura, y del bien querer ganancias. No es amante, es pretendiente quien más que por mí me halaga, pues no me ama a mí por mí, mas sus intereses ama. Aún amar a Dios, señor, por la gloria, que se aguarda, o pena, que se recela; imperfecto amor se llama. Quien ama a Dios solamente. por lo que sabe que alcanza, quebranta la ley de amor, aunque la ley no quebranta; que debiendo amarle solo por su bondad soberana; le adora porque le teme, o porque merced le haga. Britaldo, señor, amemos de verás bien inclinadas, con afecto liso, y puro, con voluntad limpia, y sana. Amemos a lo Divino, como se quieren las almas, que es la amistad verdadera, y no la amistad profana. Amemos a Dios por Dios, y en Dios las cosas criadas, que este es amor de buen gusto, y el otro no tiene gracia. Sin Dios no me améis a mí; que va la afición errada; que yo sin Dios no os omo a vos, pues mucho a Dios agraviara. Los dos en Dios nos amemos en conformidad Cristiana; a Dios vaya el amor nuestro, y otro amor a Dios se vaya. Trocad por amor perfecto la benevolencia mala, que yendo aquererme bien, quererme mal es desgracia; Y si con esto, señor, vuestra pasión no se aplaca, una consideración ponga a vuestro intento pausa. Si con Rosimunda hermosa. otro galán intentara ofenderos el honor, poniendo al decoro mancha; qué hariades vos? No es cierto, que expuesto a vuestra venganza, tan grande agravio os moviera al castigo? Cosa es llana: Pues que hará un Dios Esposo, con el cual estoy casada, sabiendo, que hay quie se atreva, decid, a su Esposa casta? Casados somos los dos, dos penas os amenazan; por Dios mi Esposo ofendido, por vuestra esposa agraviada. Si persistis en el yerro, mirad, que hay en el Cielo espadas, mirad, que Dios tiene celos, mirad, que mi honor ampara. Aquella noche lo vistes, cuando en la pendencia brava del terrero del Convento, os retiró a cuchilladas, quien de parte de mi Esposo con cuidado, y vigilancia qué escucho! válgame el Cielo! . Me ampara, defiende, y guarda. Ea, despertad, señor, quédese desengañada vuestra pasión, que se arriesga el que no se desengaña. Mucho puede una pasión, mas una pasión no basta para rendir el valor, si la razón se adelanta. Recorred de la prudencia, señor Britaldo, a las armas, que a quien hace lo que puede, nunca el Cielo desampara. Ya sé, que del Cielo sois, y así, Irene, no me espanta, que quien es toda del Cielo sepa con tal eficacía ablandar mi corazón, que selló vuestras palabras lleguen a imprimirse en él, dispuesto cual cera blanda. No sé qué tenéis, señora, que ya el alma está mejorada, oyendo vuestras razones, que edifican, que regalan. Ya desiste el pensamiento de la empresa comenzada, y por legítimas verás trueca las firmezas vanas. Mis ojos de las tinieblas se van abriendo, en que estaban, que sois la luz de mis ojos, con que mi vista se aclara. De vuestro divino ejemplo mi afición queda enseñada a amaros, como decís, ya tomo aquesta enseñanza. Y así os suplico perdón de una mal encaminada voluntad, con que os quería, afición, con que os amaba. Culpa ha sido, mas de amor, y así debéis perdonarla, que siendo de amor la culpa por si queda disculpada. Solo quisiera (ay de mí, que difícilmente escapa de un deseo quién amó!) Qué queréis decir? Tomara, si por acaso algún día hubiese en las observancias (lo que el Cielo no permita) de vuestra pureza falta. Qué es lo que decís? qué es eso? Qué ninguno otro lograra lo que yo no puedo, pues fuera de celos aquesta llaga peor que la del amor. Del mal, señor, que os maltrata reliquias parecen esas: dejad presunciones varias, que a la que buscáis salud imaginaciones dañan. No querrá el Cielo, señor, que yo sea tan desdichada; fío en él, que ha de asistirme. Yo en el tengo confianza, que del desengaño en mí ha de haber perseverancias. Esa es la esperanza mía. Esas son mis esperanzas. Con Dios, pues, señor, quedad. Él con vos, Irene, vaya. Y pues amor enslaquece, Y pues el amor desmaya, Si la razón le ha vencido, Si es de la razón la palma, Dígase por maravilla, Publíquese por hazaña. Victoria por la razón, a quien rinde amor la aljaba.

JORNADA TERCERA

Pensamiento atrevido, posible es, que no acabe de acabar tu porfía, solo para acabarme! Porqué tan riguroso conmigo en los combates? Deja el asalto, deja, baste la instancia, baste. Detente, que te arriesgas, adelante no pases, repriman tus arrojos tantas dificultades. No mi enemigo seas, pues pensamiento, sabes, que desatinos tuyos es fuerza que yo los pague. Hasta aquí te perdono, hagamos ya las paces, si acaso el pensamiento con su dueño las hace. No subas, que subiendo vienes a derribarme; muevante, si es posible, de mí esta vez piedades. Si aquesas son tus glorias, estos son mis pesares; no quieras, no, los bienes a trueco de mis males. Contra un pecho te atreves, haciendo que cobarde se entregue a tu dominio, faltando a las lealtades? Mira, que de traidor ya trata de acusarme mi propia obligación, no quieras que le falte. Detén el paso, y advierte, que ocasiona tu avance, de loco en ti opiniones, de infiel en mi desaires. Loco eres pues no miras de que suerte volaste, pues dando al Cielo vuelos, tus vuelos son del aire. Sobre loco, eres ciego, no sabiendo a que parte caminas, prosiguiendo, tus mismas vanidades. Errar en los principios error es disculpable; proseguir los errores, son más que ceguedades. Tu ceguedad es mucha; pues si lo examinares, de un riesgo en otro riesgo quieres precipitarte. Pensamiento, detente, afuera, salte, salte, mira que un buen retiro cosa es que mucho vale, Trata de arrepentirte, que aunque tarde lo haces, para arrepentimientos lo tarde nunca es tarde, Quita, que nos perdemos, huyamos, que es dislate quien sabe los peligros no saber retirarse. Mas sin razón me quejo de ti en tan duro trance, si el amor a tus plumas sopla para volarles. Amor es quien te obliga, amor, quien te persuade; y si el amor te fuerza, es fuerza que me asaltes. Amor tiene la culpa, perdóname el culparte, que contra quien se vuelva un quejoso no sabe. Contra amor, pues de quejas. me ayuda a hacer alarde, que he menester ayuda de amor para quejarme. Amor tirano; y fiero, que a tus riguridades sujetas corazones, sin que alguno se te escape, no hicieras excepción, di, de tu vasallaje, en quien mil privilegios tiene para alegarte? No bastaban mis años, pues solo mocedades. suelen pagar tributo al pasatiempo amante? No bastaba mi vida, y ni por retirarme del mundo de tus flechas, ha podido escaparse? No bastó mi opinión, en que el mundo me aplaude, para quedar exento de tus atrocidades? No bastaba Maes de Irene apellidarme, porque más advertido el respecto me guardes? No bastó su virtud, qué debe respetarse? para escaparte, al fin, no es esto bastante? Bastante, mas no importa; bastante, mas no vale, que no es mucho que un ciego, sin saber a quien, mate. Oh amor ciego, amor loco, Dios de las falsedades, inadvertido niño, intrépido Gigante! Mas no, qué es lo que digo? No pensamiento, tate, mira que no se dice mal de las Majestades. Libertades los presos tienen para quejarse, mas siendo contra el Rey, no tienen libertades. Manda el Rey, que es amor, que sus leyes se guarden, y si él lo determina, de obedecerse trate. Ya cautivos estamos, y debe acomodarse con su dueño un cautivo, para que le agasaje. Pidamos al amor, que en cautiverios tales nos quiera ser propicio, ya blando, y favorable: influyendo en Irene, centro de las beldades, a las pasiones mías una atención afable, Mis afectos por veces le he dicho entre disfraces, pero los disimula su prudencia notable. Ahora, que resuelto mi porfía me trae, para que en mis pasiones mejor pueda explicarme, ruega a amor, pensamiento, que a Irene por mí hable; ruégáselo, ansi vivas, ruega, que Irene sale, Mi Maestro? Hija Irene? Cómo así os olvidastes de verme aquestos días? No puede, no, olvidarte quien su cuidado tiene siempre tan vigilante. Pues qué ha sido? Un deseo. Buen modo de explicarse topó la intención mía. Tu intento he de apurarle. Un deseo, señora, es quien pudo obligarme a hacer algún retiro de vuestra vista (dame amor, aquí confianza.) Deseo? De olvidarme, recorriendo al retiro, que en la vista distante un cuidadoso suele a veces olvidarse. Mas hallo que sin fruto la experiencia me sale, que en vez de los olvidos, memorias me combaten. De quién (bien disimulo) decidme, deseastes de olvidaros? De vos. Eso no es agraviarme? No, que por no ofenderos no quería acordarse de vos mi pensamiento; y así para preciarme de fino, la memoria quise poner de parte. Olvidar es fineza? No es fineza? escuchadme. Asaltado, y combatido, querida Irene, me veo, del zuidado de un deseo, del deseo de un olvido. Del cuidado perseguido mucho un deseo se enciende, o otro deseo, que entiende, que con olvido se apaga, porque el fuego se deshaga agua del olvido emprende. El cuidado me crimina, cuando un gusto me aconseja, que aunque gustoso me deja; mis primores me arruina. El deseo, que examina, viéndome en aqueste estado, que está el primor reparado del olvido en el reposo, queriéndome primoroso, me solicita olvidado. Del olvido la pereza, la lealtad me solicita, si extremoso me acredita del cuidado la firmeza. Yo, que aspiro a la fineza, a la lealtad atendiendo, una, y otra cosa viendo, para mejor escoger, he elegido no querer lo mismo, que estoy queriendo. Mas ha sido tal mi suerte, que por mucho, que he querido olvidarme, no he podido, que es el cuidado muy fuerte: Esta es mi vida, o mi muerte, si mi fineza advertís, si mi desveló sentís, piadosa satisfacciendo. Qué es aquesto, que no entiendo (si entiendo) lo que decís? Digo, que el querer es fiero, y que para no ofenderos yo quisiera no quereros, mas quiero lo que no quiero; aunque el no querer prefiero, el querer no se mitiga; y así, pues amor me obliga. Reprimid el loco intento, porque un hablar desatento no es justo, que se prosiga. Qué es amor? estáis sin vos? Qué es querer? así ha de hablar un hombre, sin respetar el temor, que debe adios? No se enmudece la voz, que eso llega a profetir? aqueso habéis de decir? amor? hay tal osadía! querer? ay tal demasía! esto de vos llego a oír? Lo que estáis, Remigio, hablando posible es, que va de veras? No puede ser, son quimeras, presumo, que estáis soñando: si dormís, id despertando; ved si hay cosa más ajena de razón, que más mal sueña; con que malicia se iguala, que me enseñe a mí a ser mala, quien me ha enseñado a ser buena Bien, Remigio, me enseñáis, bien, Maestro, me instruis, lindamente me advertís, muy buen ejemplo me dais; vuestra regla así guardáis? Esa es vuestra profesión? esa es vuestra religión? esa obligación tenéis? no hay duda, que me ponéis en grande edificación: No extrañéis el reprenderos, cuando debéis enseñarme, que aquesto es desempeñarme de lo que llego a deberos; y así para agradeceros las que me distes liciones, la deuda de obligaciones de esta suerte satisfago; y hallo, que muy bien os pago, si os pago con reprensiones. Esta libertad nació de ser tan bien doctrinada, que estoy tan bien enseñada, que os puedo reprender yo. No es afrenta vuestra, no, cuando el caso es tan siniestro, que si hay discípulo diestro, que de reprender se alabe su Maestro, mucho sabe, y así es gloria del Maestro. Pero sin duda me engaño si aquí Maestro os nombré, y lo que he dicho no sé, pues parecéis hombre extraño; no os admire el desengaño con que, Remigio, esta vez a tornaros al revés mi suposición se atreve; pues el que no es el, que debe, no debe ser el que es. Hasta aquí siempre dudé si erades vos quien me hablaba por sombras lo que escuchaba, por eso disimulé; mas ya de todo alcanzé, pues os declaráis así, no me hablando, como a mí, que no sois el que me habláis; y así, pues aquí no estáis, no tengo de estar aquí. . Quédamos buenos, amor? Amor, decid, quedáis bien? Cómo lleváis el desdén? Cómo os va con el rigor? Sufris aqueste dolor? No, que estáis desesperado; no, porque estáis empeñado, y quien empeñado esta, por todo bien pasara, mas no por desengañado. Ay amor, que mi recelo aquesto os prognosticó, tanto, que el empeño vio de vuestro vano desvelo! De un mal logro vuestro anhelo al fin no mirará? No, que al fin nunca amor miró, como mal aconsejado; pues quedad para vendado, si para vendido yo. Paciencia, amor, pues, paciencia; mas diréis, que estáis terrible, que siempre ha sido insufrible sin remedio la dolencia; que es la mayor inclemencia del hado llegar un pecho en verás de amor deshecho, con vergüenza a declararse, y por rémate quedarse su osadía sin provecho. Qué haréis, pues, sin esperanza, viendo amor el menosprecio? Qué? de iras haciendo aprecio, apelar a la venganza: Armas contra la esquivanza, qué es lo que decís? mirad. Digo, que en la adversidad, a pesar del pundonor, odio se vuelve el amor, y enemistad la amistad. Yo quiero, pues, ayudaros; más contra quién? Contralrené: y Irene, que culpa tiene para con ella enojaros? Porque no quiso pagaros? Sí, porque se llegue a ver cuál es del odio el poder; haciendo, porque mal haga, que quien con querer no paga, venga a pagar sin querer. Veamos, pues, con que invención os vengaréis, de qué modo? Traza tiene para todo siempre una mala intención, No hay formar una traición? Que de ficciones no inventa aquel, que vengarse intenta? Que de embustes, que mentiras. no han máquinado las iras para ejercer una afrenta? Afrenta? Si Mal mirada la venganza fue No ha sido; quedó Remigio corrido, pues quede Irene afrentada. Y para que ejecutada quede la afrenta, qué haremos? Muy buena traza tenemos; una pienso tan extraña, que si el ardid no me engaña, bien nos desempeñaremos. No alcanzas, Remigio, di, de las hierbas la virtud, que hay unas que dan salud, y otras que la quitan? Sí. Haz, pues, tu venganza así; de hierbas, en variedad, no hay unas de cualidad, que si a la mujer se aplican, en los efectos publican, qué perdió la castidad? Ya se vio con evidencia, que algunas siendo aplicadas a las mujeres preñadas se muestran en la apariencia: haz; pues, con esta experiencia, que tu persona admitida, con muestras de arrepentida, sea de Irene, y hallarás ocasión; en que podrás ofrecerle esta bebida. Buena traza! bien me vengo, pues, de Irene en la opinión, acabe su estimación con la industria, que prevengo. Brava resolución tengo! Qué hacéis, intenciones mías? tan crueles alevosías de Irene, contra el honor? Sí, que un despreciado amor no repara en tiranías. . Lucinda, flor más lucida, que supo el garbo pulir, más pomposa, que es el Mayo, más brillante, que el Abril: cándida como la nieve, rubicunda cual rubí, y más graciosa, que el Alba cuando se empieza a reír: aseada como un Cielo, hermosa como un jardín, más suave, que la mi el, mucho más dulce, que anis: y al fin, todo lo demás, que se acostumbra decir en poéticos encomios, que doy por expreso aquí; dejando, por no cansarte, otras adiciones mil, pues me sirve como a todos de bordón mi nombre a mí: que causa has tenido, ingrata, para me privares, di, de tu gracia, pues me tienes como sin luz un cándil? Después que se retiraron para este noble Páis de Scalabís nuestros amos de Navancia, por huir el contagio de la peste, de cuyo rigor allí nadie podía escaparse, me ha llegado tanto a herir la peste de tu esquivez, que en tan desdeñosa lid, hasta aquí por ti muriendo, me muero ahora sin ti. Que te he hecho, di, tirana, para me tratar así? En qué contra tu respecto he llegado a delinquir? No soy yo aquel, que te adora, y a tu hermosura gentil sacrifica cuantas verás lo el amor descubrí No eres tú, Lucinda, aquella, de cuya afición feliz mil cariños, mil requiebros he llegado a recibir? Pues ya se acabó aquel tiempo, ya se acabó, bien lo vi; porque mujer, y mudanza nacieron de un parto al fin. Si por otro me has dejado, dilo, para le decir, no quiera de ti fiarse, que eres mujer de no, y sí. No me hablas, di? pero tiene, si bien lo llego a advertir, quien muda de condición, condición de muda en sí. Que quiere, que hable, alevoso, brivón, bellaco, ruin, quien tiene tantos agravios de aquesa persona vil? Aún osa, falso, embustero, su desvergüenza civil parecer en mi presencia, valiéndose del ardid de argüirme de inconstante, cuando yo le debo argüir de mudable? Yo mudable? Dígalo Pascuala Gil, Beatricilla, y Manuela, Antóñita de la Vid, con otras más picarotas, de que es usted Benjamín, que si yo empiezo a nombrarlas muy tarde les daré fin: piensa que no sé de todo? nada se puede encubrir. Aí verás, que muchas damas han dado en me perseguir, de mi amante frenesí. Y usted no las ama? no? Llegue yo, Lucinda, a morir en mi vida se acabando, si el cuidado mujeril fuera del tuyo, me debe de amor un maravedí. Es verdad, que a las que apuntas, que no te quiero mentir, debo cuatro mil abrazos, y besos cuarenta mil. Sin tratos ha confesado: sabe, señor matachín, que merece el que así habla? Qué? Qué? que le hagan así, Jesús, que con este tras me dejó la boca un tris! cuatro muelas me ha sacado, no vi mano más sutil: Oh tirana saca muelas, véngueme el Cielo de ti; pero qué digo? venganza tiene un hombre de pedir, que se precia de Cristiano? eso es cosa de un Gentil. Buscar a Lucinda quiero, y para mejor cumplir con la regla de humildad, le diré; mi Seraphín, dame otra de estotra parte, que si dicen por ahí, que manos blancas no ofenden, las tuyas son de marfil. Ya Rosimunda hermosa aquella tempestad tan rigurosa, que la prolija suerte trujo a Navancia en el contagio fuerte, siendo con tanta instancia bravo azote la peste de Navancia, según me han avisado, (gracias a Dios) de todo se ha acabado, Y que gente, se dice, de este asalto murió tan infelice? Mató la adversidad la cuarta parte, y más, de la Ciudad, Jesús! perdida ha sido notable. Grande fue; mas lo he sentido con especial dolor por la Casa de Astolfo; qué rigor! pues de ella la fortuna no dejó. Qué decís? Persona alguna. Hay mi amiga Clavela! la pena de su muerte me desvela. Yo os disculpo el pesar, que es bastante ocasión para horar, si bien se considera, la falta de una amiga verdedera. Y de mi parte os digo, que la muerte de Astolfo nuestro amigo, vecino tan honrado, me deja en el dolor harto empeñado. Creed, que de mi tío, que era el único solo deudo mío, que en mi tierna niñez me dejó de la parca la esquivez (que así la dura parca con mis deudos ha sido poco parca) no me dio tanta pena su muerte, aunque a mucha me condena, cuanta es la que experimento de Clávela en la perdida que siento; siendo con tanto extremo, que solo este pesar ahora temo, que ha de ser poderoso a quitarme el cuidado riguroso, que por desdicha brava la muerte de mi tío me causaba; habiendo más de un año, que me asiste el dolor de aqueste daño, que apenas quince días (huyendo de la peste tiranías) habría, que dejamos a Navancia, y a Scalabís pasamos, cuando de aquesta vida mi tío se partió, y a mi partida con el cuchillo fuerte me dejó (qué tristeza!) de su muerte? quedando (bien se ha visto) tal con este dolor, que no resisto, que alivios no apetezco, y a Scalabís de todo ya aborrezco; y así estaba aguardando, que en Navancia el rigor fuera acabando, para mudar de clima, que ya mi deseo a Scalabís no estima; queriendo examinar si alivia la mudanza del lugar: mas me embarga el deseo de Clávela la perdida, que veo; teniendo con tal susto, el vivir en Navancia por disgusto. Muy justa es vuestra queja, mas de cualquiera un corazón se aleja con el tiempo. No puede curar el tiempo mal, que todo excedes Eso está en vuestra mano, divirtiendo el pesar fiero, y tirano. Con el pesar que toco, como es mucho; cualquier alivio es poco, Como puedo vivir sin Clavela! dejadme, pues, sentir, No madruguéis, señora, para la pena tanto. Quién bien llora, por tiempo nunca aguarda, pues temprano que empiece, siempre tarda, Quizá no será cierta esta nueva. La mala siempre acierta. Cómo en Navancia había dos Astolfos, o tres, muy bien podía, señora, con cualquiera. la nueva equivocarse, y pues se espera, que de Navancia venga Banán, para que fin la duda tenga, veamos si ha venido, o si acaso Britaldo lo ha sabido. Veamos, que en tal daño, de vida a muerte espero el desengaño. . Aqueso en Navancia corre, si señor, y estas noticias, que el vulgo aclama por ciertas, y verdaderas pública, presto las confirmará la experiencia, pues se afirma, que anda en vísperas Irene de mostrar en señas vivas la falta de su pureza, y su castidad perdida. Y sospéchase quien fue el Autor? No se averigua hasta aquí, quien habrá sido el Autor de su ignominia. Ah ingrata, aleve, engañosa, traidora, falsa, fingida. Viose nunca tal mudanza! quién de mujeres se fía? No extrañéis, Banan, que sienta la nueva. A quien no lástima en una sierva de Dios tan desgraciada caída? Sierva de Dios? bien lo muestra: hubo tal hipocresía! esta era la santidad! esta la virtud crecida porque era tan venerada! que os parece la Beática? Con razón, señor, te espantas, con razón, señor, te admiras; pues quien viese aquel ejemplo de su humildad peregrina, de su devoción suprema, mal, señor, decir podría que llegase a tal estado; pero el que bien imagina cuales la flaqueza humana, ya, señor, no se santigua de ver hoy vuelto miseria lo que ayer fue maravilla. No creo, que eran verdades lo que en Irene se via, porque a ser tanto del Cielo, como se hacía, asistida, que por mandado de Dios Ángeles la socorrian, como ella me lo afirmó, cuando en mi amante porfía me dejó desengañado, diciéndome muy sántica, que un embozado con quien yo en el terrero reñía del Convento, cuando fui con música a persuadirla, de parte de Dios guardaba su honor, y le defendía; a ser, pues, cual se pintaba, no fuera como se pinta. Aquesto mi presunción, Banán, de Irene plática, quien por cuenta de Dios corre tanto, como ella decía, aunque libertad le queda para el riesgo, no peligra: Y pues (como pienso) fue engaño todo, y mentira, todo embuste, y falsedad, dejando por mi enemiga, y no por ser virtuosa, de corresponderme fina; pues me faltó a la palabra de que nadie triunfaria de su pureza constante, que quiso negarme esquiva; pues lo que yo no he alcanzado otro alcanzo; pues de envidia, Banán, reventando estoy: si de una afición antigua aún quedan cenizas muertas para las venganzas vivas, volviéndose amor en odio, y abrasado el pecho en iras, si es que conociste ya lo que una pasión obliga, no has de admirarte, Banán, de que mi furor te pida, que hagas por mí una fineza. Qué ay, señor, en qué te sirva? Pues ir a Navancia puedes con capa de que te envían a componernos las casas, para hacernos la partida de Scalabís, pues Navancia puesta en sosiego se mira; Qué es, señor, lo que dispones? Puedes, tomando pesquisas, amigo, bien informarte del tiempo; ocasión, y via; Para qué? Para quitar la vida a Irene. La vida? que es lo que dices, señor, que es bárbara acción, y impía? No me repliques a nada, que rabias me multiplicas; si de mi amigo te precias, si a mis lisonjas te inclinas, haz, Banán, lo que te ruego, que te prometo afe mía, que de mi Casa a ser vengas la persona, que más priva, dándote caudal, y haciendo, con que tu persona rica, logrando en el mundo aplausos, con que el nombre se acredita, vivas poderoso siempre a pesar de las envidias. Pero si aquí no te mueven mis dadivas, y caricias, si cobarde las desprecias, si flaco no las estimas; mi cólera te amenaza, mi rencor te desafía a ser, mi enojo probando, el blanco de las desdichas: qué dices? Lance apretado! . que si el interés me anima, el exceso me acobarda; mas alto fortuna mía, mi conveniencia es primero, Digo, que nada me entibia, señor, para obedecerte. Haz, amigo, pues, aprisa la diligencia. A eso voy; tú verás la bizarría de mi animo. Y del mío verás lo que participas. dab Bien está. Y hecho el negocio al punto luego me avisa, y que en Navancia no he de entrar hasta que aquesto consiga, Muera Irene, y satisfaga mis pasiones vengativas de esta liviana la muerte. Sabiendo de la venida de Bana veng de Navancia las noticias; dónde está? cioña Para Navancia otra vez hizo partida. Cómo tan presto volvió? Ciertos amigos me avisan, que hay allá murmuraciones sobre ser muy excesiva nuestra ausencia; y pues está hoy, señor, por cuenta mía, por la deposición vuestra, el gobierno, y la justicia, procuro ovviar las quejas; y así envié a toda prisa a Banán, para que luego con su diligencia asista a disponer el aseo de la casa (bien fingida . tiene mi industria la causa de su vuelta repentina) pues para Navancia luego partirme, señor, quería. Lo habéis dispuesto muy bien, aunque no sé si se libra ya del todo la Ciudad de aquel mal. Toda está limpia. Y hay alguna novedad? No hay novedad, que se diga; ni es para decirse aquella, que a enojo, y rabia me incita. . Es cierto, decid, que Astolfo murió, y toda su familia? Qué Astolfo? El vecino nuestro. No, toda su gente es viva. No sabéis lo que me huelgo, vamos a pedir albricias a Rosimunda, que estaba muy penosa, y afligida, presumiendo, que era muerta Clavela, de Astolfo hija. Vamos a quitarle el susto, que el mío no se me quita hasta saber la venganza, que tomé de mi enemiga. . Échese de la clausura, porque no es justo que esté con Religiosas aquella, que él honor llegó a perder, Y tienen mucha razón, muy justa es la queja, pues donde están siervas de Dios, no ha de estar tan raín mujer; Pero aunque yo soy tan mala, Dios mío, muy bien sabéis, que la culpa que me imponen no he llegado a cometer. Las Religiosas me arguven donde quiera que me ven, pensando, que he quebrantado de la castidad la ley: Como ahora, que saliendo de Maitines lo escuché, n Agua, que fu tiatándome con dasprecios (bien merecida esquivez) Mis deudos imaginando, que mi pureza agravié, me desprecian, y Remigio también no me quiere ver. Cómo, señor, un achaque como este dado me habéis, que en opiniones del mundo se ha juzgado por preñaz? No siento por mí la infamia, que he llegado a padecer, mas por el estado solo, que tengo, sentirla sé. Contra una Esposa, decid, vuestra, permitir queréis, que de deshonra una fama, Señor, se pueda atrever? Castigo sin duda es mío, bien lo llego a conocer, pues no me faltarán culpas, aunque en esto no pequé. Y así no lo extraño, no, antes me conformaré con vos, Dios mío, quedando vuestro querer, mi querer. Aquí, cerca del Convento, junto al río, trataré (como algunas veces suelo) de alabaros esta vez. gitiva, y lisonjera copiando al vivo vas la vida humana, pues por ligera ser, por ser liviana, a tu corriente imita en la carpeta; No huyas tan veloz, detente, espera, deja tu condición, prolija, y vana, y no seas conmigo tan tirana, que mormures mi suerte lastimera, Alaba a Dios por mi viendo mis males, que yo de mis culpas viendo los despojos, también te ayudaré con mis raudales: Y a Dios, para alabar en mis enojos, en mi lengua se vuelvan tus cristales, y en tus cristales vuélvanse mis ojos. C111 Pero el sueño aquí me aprieta; ojos no os dejéis vencer, abrid las puertas al llanto, abridlas, no las cerréis. No quiere el sueño dejarme hasta que un rato le dé; cuerpo, ea pues, reposad; corazón, no reposéis. Irene, tus aflicciones el Cielo benigno ve, para darles la Corona, que llegan a merecer. El dislate, que has tenido en gloria se ha de volver, que aquello, que es para mal, vuelve el Cielo para bien. De la enfermedad que pudo tu opinión casta ofender, la causa ha sido Remigio. Cielos, qué es lo que escucho! Por verse menospreciado su amor, y por no poder lograr sus malos intentos, (ya odio lo que amor fue) queriendo de ti vengarse (ciega una venganza es) de una diabólica traza se quiso, Irene, valer: hizo, pues, de confecciones varias cierto licor, que, sin saber lo que bebías, llegaste, Irene, a beber. Y pasados pocos días, te comenzaste a poner de la suerte, que te has visto, mostrando (pena cruel!) haber el honor perdido; y así comenzo a correr por el vulgo esta opinión; la cual, faltando a la ley Remigio de tu Maestro, ayudó a romper también. Remigio? válgame el Cielo! Dios se lo perdone, amén; que yo también le perdono. Tiempo es ya de se saber la verdad, que no es razón, que tan encubierta esté. Ya llegó el tiempo dichoso, en que tienes de te ver con tu Esposo Celestial, a quien has guardado fe. Mas de una muerte tirana por medio, Irene, ha de ser, pues llegando a la noticia de Britaldo, Irene, aquel, que por ti anduvo perdido, la opinión falsa; que ves, pensando que otro galán ha llegado a poseer tu honor, mas cándido; y puro, que la mayor cándidez, que él no ha podido, de rabia celosa viéndose ardor, manda, que en su desagravio la muerte, Irene, te den. Presto serás degollada, con que vendrás a tener, con la Corona de Virgen, la del Martirio también, Yo Martir, mi Dios, yo Martir! a Irene tanta merced! Ves el Nabán, que ligero se va en el Tajo a meter? pues tu cuerpo puro; y casto echado ha de ser en él. Qué recibiéndole el Tajo, ufano con la altivez de lograr perla tan rica, su Archivo ha de ser fiel, hasta hallar un puerto noble, adonde lugar le dé; que el clima Scalabitano (por más felice) ha de ser. Allí en un bello sepulcro (obra, que de Ángeles es) apartándose las aguas, tu cuerpo ha de parecer. Háranse mil diligencias por trasladar este bien, mas el Tajo de ambicioso, lo ha de volver a esconder. Y Scalabís por preciarse de tal reliquia tener, de tu nombre, Irene santa, se ha de llamar Santarén. El Cielo por ti milagros infinitos ha de hacer: esta es tu fortuna, Irene, queda a Dios, constancia ten. . Oye, aguarda, espera, escucha, dime. Aqueste el sitio es donde a la orilla del río suele, según me informé, Irene hacer oración; mas allí un vulto se ve; si es ella? quiero acercarme para mejor conocer, Dispuesta a vuestro servicio, mi Dios, siempre me hallaréis. Ella es, y entre sueños habla. Quién ha, señor, de temer la muerte por vuestro amor? quién ha de temerla; quién? Con la muerte está soñando, sin decirse de esta vez, que los sueños sueños son; que aguardo, que no hago, pues, que de su muerte el retrato su original venga a ser? Pero resolución mía, detente, que eres cruel; que te ha hecho, Irene, di, para darla muerte, que? Que esto han de sufrir los Cielos! que hombre en el mundo ha de haber, que quiera ser bumicida por fuerza del interés? Mas ya el interes me obliga, y con los ojos en él, cualquiera hombre, por ganar, se quiere echar a perder. Ea, pues, arrojo mío, ánimo, y brío tened: muera Irene. Jesús mío, será ilusión lo que soñé? pesado sueño he tenido; pero aquí un hombre? huir de él me conviene. . Muere ingrata. Mi honor, señor, defended aunque se pierda la vida, que no hay vida como él es. El honor ya le perdiste, y así perderás también la vida. . El alma, mi Dios, os doy, que dado me habéis. Así acaba una liviana: Ya la vida le quité, infame, y traidor he sido! Triste estoy; mas siempre fue suecesora despecado la tristeza, que he de hacer? pero a lo hecho no hay remedio; ya está hecho, y es menester encubrir este delicto; y para encubrirlo bien; do echar pretendo en el río su cuerpo, para tener parte conmigo en la culpa, ya que su nombre se ve, que participa del mío; pues ya los curiosos ven, que Navan es anagrama de Banón, y luego iré dar noticias a Britaldo, para me satisfacer, premiando el exceso mío, si al malo hay quien premios Que te asalta Que soborna tu den Y que sacas deo corazón? Razón. Miedo. siedo? Desengaño, VNU daño? Ya tu confusión no extraño, pues corazón, contra ti se conjuram ay de mí!) Consciencia. Qué ocasiona tu dolencia? Qué amenaza tu malicia? lusticia. Tu esperanza, que te ordena? Pena. Gran susto al alma condena, pues en terrible pelea, no por enemigos granjea, Pecado. Qué te ha Remigio turbado? Disgusto. Y qué te importó su gusto? Quién tu recelo hace fuerte? La muerte. Despierte el alma, despierte de su letargo, mirando, que la están amenazando, Deshonra? Quién quejosa hace la honra? Afrenta. Quién de ella pide la cuenta? Qué hace en el mundo un traidor? Dolor. Quién mirando este rigor, Remigio, no se enternece, pues por ti Irene padece, Qué remedia esta desgracia? Qué requiere esta maldad? Y qué pide esta traición? Armas, pues, de contrición. Remigio, a Irene acudamos, y a su gran virtud pidamos: o, Aquí junto al claro Tajo, cuyas doradas arenas, Páctolo, Arimaspo, y Hermo, con Hidaspes reverencian; de placer en esta Casa, que a sus olas siempre opuesta con noble esención rebate sus cristalinas ofrendas: recreando los sentidos, puedes, Rosimunda bella, despidiéndote del río, que a Scalabís hermosea, divertida entretenerte, mientras no hacemos la vuelta para Navancia. Te afirmo, señor, que el alma se alegra en todas las ocasiones, que a mirar los ojos llegan aquesta apacible estancia; pero ahora con más muestras de contento el corazón aquesta asistencia afecta. Siempre en una despedida parece lo que se deja mejor, señora, a los ojos. Se tiene por cosa cierta, que las dichas poseídas se estiman más en la ausencia. Acrediten mis memorias de Navancia esta experiencia, pues nunca tuve a mi patria afición con tantas verás como cuando ausente estoy; y me holgara, que viniera presto Banan con aviso de que estaban ya dispuestas las cosas, para dejarmos la Scalabitana tierra: y él que viene; es rara cosa, que luego se mira cerca el ruin, cuando en él se habla! Banan bienvenido seas, lo dejas dispuesto ya? Ya, señor, dispuesto queda, no hay si no hacer la jornada. Adiós, que nos vamos de esta. Muy contenta estás, Lucinda. No es tanto porque me llevan a ver a mi patria, como, señora, por conveniencia de hacer una jornadita. Las jornadas te contentan? Mucho, y aún por eso, señora, me aficiono a las Comedias. Desahogaste mis pasiones, yo premiaré tus finezas. Mi mayor premio es servirte, Remigio pide licencia, y al parecer muy turbado, para entrar. El alma queda suspensa! Remigio aquí! no sé lo que el alma piensa; . qué querrá Remigio? dile que entre. Puede entrar Usencia, o como mejor se llama. La persona es Reverenda. Si merecen las desdichas atención en las orejas, al hombre más desdichado; señores, prestadle audiencia. Ya sabéis, que soy Remigio; y en esto se manifiestan las desgracias, que en los hombres influyen malas estrellas. Llegué a ser por la opinión de mi prudencia, y mis letras, de Irene Maestro indigno. (Aquí la memoria tiembla, cuando miro, que Fiscal aquesta obligación misma me está acusando en la culpa, que apenas cabe en la lengua) La conversación, el trato, la hermosura, o la flaqueza humana, que es la disculpa, de Dios siempre en las ofensas, me atropelló la razón, para que no resistiera a un deseo mal nacido, a una pasión desatenta, a un pensamiento villano, contra Irene; al fin amela, y puesto, que nunca osaba de su virtud por decencia, comunicarla el cuidado de mi afición deshonesta, se lo dije entre disfraces, que disimuló discreta: hasta que oyéndome un día, que en razones desenvueltas cerré la puerta al recato, y abrila a la desvergüenza; reprendiendo mi osadía con su honestidad severa, dejó a mi desenvoltura su loca esperanza muerta. Viendo amor en la conquista, que sus orgullosas fuerzas quedaban menospreciadas, a una vil venganza apela. Fue el caso, pues, que teniendo yo experiencia de las hierbas, en que secretos notables encertó naturaleza, traté hacer de hierbas varias una bebida compuesta, de tal cualidad, que al punto en que una mujer la beba, de que el honor ha perdido da tan aparentes muestras, que doncella no se juzga, aunque sea una doncella. Esta; pues, di traza yo, que Irene tomase (oh fiera traición!) y en muy pocos días se vio la experiencia cierta, Al instante por el vulgo corrió su fingida afrenta, yo a soplos de mi venganza hice volar esta nueva. Mas como un acusador tiene el hombre en su consciencia, de mi consciencia acusado entré conmigo a hacer cuentas. Del peso, pues, oprimido, (que es la cosa que más pesa) de una deuda de la honra (mirad que carga, y que deuda) a Irene busco, intentando impetrar de su clemencia, perdón del agravio, que hice a su cándida pureza. Al Convento voy, no la hallo, ni menos quien de ella sepa, mas que en el Convento susto por su falta (qué tristeza!) Quién duda se ausentaria Irene por la vergüenza de verse mal opinada; (aquí me ahoga la pena) pues Juene por el mundo. peregrinando, y expuesta (siendo yo la causa) a peligros, es carga, que traigo a cuestas. A vos, Britaldo, recurro, pues como sois de estas tierras Gobernador soberano, podéis mandar en hileras juntar la gente, que busque a Irene con diligencia; y cuando Irene no viva, cuando Irene no parezca, echar por estos districtos un bando, en que se refiera de Remigio la maldad, y de Irene la inocencia. Y a mí (si una vida acaso es paga a culpa tan fea) quitádmela, que tal vida no es razón que viva, muera. Muere infame. Deteneos. Ténganse, señores, tengan, no quedén irregulares. El Monje es muy buena pieza Viose caso más notable! Porque disculpable sea mi rabia contra Remigio, salga ya del pecho fuera todo el veneno. Ya se sabe, que con relevantes verás a Irene adoré, y que pudo del amor de su belleza dejarme desengañado de su virtud la advertencia, Dos veces los doce Signos visitó el cuarto Planeta, después que este amor pasado dejó libres mis potencias, cuando de Navancia vino Banán un día, y por nuevas me dio, que fama corría, que Irene el honor perdiera: noticia, que del cuidado revolvió cenizas muertas, para despertar en mí una celosa fiereza. De aquel amor, pues, difunto, naciendo una envidia fiera, de qué hubiera quien triunfase de la castidad de aquella, que fue del alma reliquia, que fue del corazón perla; aquella afición pasada en odio presente vuelta, viendo que no me cumplió la palabra, que me diera, de que nadie lograria su amor, que casta me niega; envié Banan a Navancia, y en ocasión de que fuera a hacer la disposición para la asistencia nuestra, (oh crueldad nunca creída!) le encargué Detente, espera, que aqueso me toca a mí, haga confesión quien peca. Enviado, pues, de Britaldo fui a Navancia, y con promesa de hacerme mércedes muchas, me informé con mis cautelas del lugar, del tiempo, y hora en que a Irene hallar pudiera; y una noche, en que acababa de dar al cuidado treguas Irene junto al Navan, estando apenas despierta, volvió esta hoja tirana aquella flor mardenta; Y porque aqueste delicto tan grande no se supiera, eché su cuerpo en el río, testigo de esta tragedia. Y así cuando no permitas, Y así cuando no consientas, Que muera aqueste alevoso, Que aqueste alevoso muera, Que fue de esta culpa origen, Que fue de este mal cabeza, Señón con mi misma espada, Señor, con mi espada misma, Sácame de aquesta vida, De esta vida me destierra, Que una vida tan infame, Que una vida tan grosera, Razón es, que presto acabe, Presto es razón; que fenezca. Ay desdicha semejante! hay confusión cómo aquesta! Divinos Cielos, qué miro! hubo suerte más severa! Hay más lastimoso trance! La obra está muy bien hecha, Gran prodigio, gran milagro, Pero qué voces son estas? Al Río, al Tajo. Señores, grande novedad se encierra en el río, pues sus aguas, de una, y otra parte abiertas, dan lugar a que se mire un rico atahud entre ellas; sobre el cual, si no me engaño, una mujer está puesta: Vamos ver la novedad. Bajemos todos a verla. Venid, venid, cagales, venid, venid aprisa, del ya sagrado Tajo a ver las maravillas. Veréis, que sus corrientes las del Jordán imitan, corriéndose paradas, parándose corridas. Veréis, que haciendo plaza las aguas se retiran; que hoy sus murmuraciones se vuelven cortesías. Cielos, no es aquesta Irene! No es, Cielos, Irene aquesta! Irene es, no hay que dudar, porque del golpe la seña, que le he dado (ay de mí triste!) me está diciendo, que es ella, pues metiéndose en el Tajo el Nabán, donde (qué pena!) la eché, río abajo vino. Y tu vo rica marea, que es, por ser más que de rosas, de Ángeles; quien tal tu viera, para andar siempre embarcado. Y ellos por traza suprema labraron sin duda alguna su sepulcro. Es cosa cierta, que en las aguas quien podría, y de tan labrada piedra, que los arquitectos mismos al verla, Ángeles se quedan. Qué misterio! Qué prodigio! Oigan, señores, la letra, que hacen de Irene divina los Ángeles las exequias. Todo esto son aplausos, todo salvas, y vivas, de quien el Tajo adora por más graciosa Ninfa, de aquella que en las aguas de perlas es envidia, siendo por la pureza más cándida, y más fina. Aquella a quien los celos, cuando la vida quitan, hacen que Fénix trueque la muerte por la vida. Esta es Irene hermosa, que rosa Navantina, del Cielo se hizo Estrella, del Tajo Margarita. Venid, A encubrirla vuelve el agua, la dicha es siempre avarienta; pues lo que el agua nos da, el agua misma nos lleva. Oh Tajol felice vivas. Oh Tajo! envidiado seas. O mi esclarecida santa! Oh gloria de nuestra tierra! La honra así de los justos la bondad Divina cela Sepa el mundo este milagro. Navancia el prodigio sepa, vamos luego a referirlo. La fama tendrá esa cuenta. Y tú, Irene soberana, que gozas de la asistencia ya de tu Esposo querido en esa Celeste esfera, con él me alcanza perdón, mientras hago penitencia (ay Dios!) del pecado mío; pues ya mi designio intenta, peregrino por el mundo, por parte de recompensa, visitar esos Lugares, que la Tierra Santa encierra. Y yo, que de este delicto merezco la mayor pena, te quiero hacer compañía. Yo os pido también licencia, para que pueda, señora, acompañarlos, que en esta culpa he delinquido más, Mi parecer os aprueba esa intención. Yo confirmo esa resolución vuestra. Y de Irene en el Convento me quedaré hasta la vuelta recogida. Yo te acompaño, que he de ser Monja profesa. Con que no quieres casarte? No señor. Nunca tú quieras: Pues yo seré Fraile Lego, y alcanzaré una despensa para casarme conmigo; de no casar, no me pesa, quédese sin casamiento en buena hora la Comedia, Así el Poeta la acaba, y advierte, que para ella, ni pide perdón, ni victor, sea mala, o sea buena: pues no la escribió, Senado, en gracia, o lisonja vuestra, sino por la devoción de la Santa Portuguesa,