Texto digital de El mágico mexicano
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- Ocampo y Maestro Moreno
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El mágico mexicano. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/magico-mexicano-el.

EL MÁGICO MEXICANO
JORNADA PRIMERA
Dónde, señor, de esta suer te retiras; pues dejando atados allí a dos troncos a su pesar los caballos, y entrando en aqueste bosque, a tus solas suspirando, de mí no haces cuenta, siendo tan importante en el caso el Lacayo, que sirviendo está, a un Amo enam por qué suspiras? cuet Al Cielo miras? Las manos de cuando en cuando las jun Haces versos? Has hallado la piedra Pilosophal? Ay, Matraca, que es muy cuanto presumes; pues solo pudieras saberlo, cuando lutas: si vano al corazón me miraras; pues es el secreto tanto, porque padezco, que aun yo, si llego a considerarlo, lo ignoro; porque no sé mas, que sento, peno, y callos Adiós: ya lo cescubriste; puedes decirlo más claro? ese sin duda es amor. Pues que no pude excusarlo, y mis pasiones vaudido quien así lo han declarado, sabe que yo muero, amigo. Y sabes? señor, acaso el accidente? . Sí sé. Pues, señor, muéstrate humano, y conmigo de tu amor dite un verde, recordando, carre estas tristes memorias, aquellos gustos pasados. Por si es verdad (como dicen) que males comunicados, si no le quitan, se alivian, este rato he de intentarlo: pero te encargo primero el secrete. . Reservado? seré yo la Juquisición. Prosigo, pues. . Cierro el labios Ya sabes, Matraca amigo, cuanto libre se aquel Astro, que lesuye a el amor, vivía, no conociendo el encanto de su ciego proce ser, contento, y gustoso (oh cuanto tiene de necio el que piensa gozar propicio el estado de las dichas, cuando encuentra desdichas a cada paso!) De aquesta suerte feliz solo al estudio entregalo estaba, cuando previno, en un contingente acaso Amor, que yo conociese su poder; pues convadado a un festejo, que en su casa tuvo mi amigo Don Carlos, fue preciso, que asistiera para mi daño; pues hallo, que a la vista se me ofrece ( con das Damas, que al estrade en la función asistian) ana Deidad, un milagro: poco he dicho, que una Diosa era, pues que bien notados aquellos tiempos, en que a Veons los Simulacros levantaron los Gentiles, en la memoria buscando cosa con que compatarla, otro atributo no alcanzo, que poderla dar; pues Diosa era aquesta en traje humano. Los mismo fue ver sus ojos, que al punto los míos cegaron; pues sus luces fueron tantas, que preendiendo yo avaro gozar de sus resplandores, no me dejó lo admirado, que pudiese ver el como, era acaso tan extraño, como padecer con gusto lo mismo que era mi daño. Pero para no cansarte, selo te diré, que dando aviso los iustrumentos, salió a dantar, y tomando por cuenta suya briosa quien la acompañara, grato quiso el Cielo, que yo fuera, el que aquesta gloria gano. Al compás del lastrumecto comenzamos, y el aprauso conseguí, de que me diese al iliberal la mano, y aunque nieve considero yo la mía, alimentado del deseo, fue un incendio mi pecho, pues siento que ardo: y muriendo de este ardor solo sentí el breve rato, en que gocé ranta dicha, pues al instante trocado, el fuego, todo fue nieve: que aceldentes tan contrarios solo el Amor los ánima, que Amor siempre es implicado, Acabado ya el festejo, solo supe que su hermano era allí un gran Caballero, quien tiene con tal recato esta Deidad, que ni a Misa, la deja ir sola, gustando, a cualquier parte, que va, llevarla siempre a su lado, Supe su casa también; ib y por más que he procurado como conseguir la entrada en ela, ningún criado tiene, que pueda valerme en mi amor; y así contrarios son los cáminos que encuentro: yo vivo desesperado: de cubrir mi mal no puedo; pues es tanto su terato, que pienso ofenderla, si araso la nombro: no hallo ningún medio, que salida pueda darme a males tantos. Esta, Matraca, es la causa, que me afliges esté el tirabo homicida, que me mata: yo ningún remedio alcanzo; pues solo será morir el medio más acertado. Atento te he estado, y pienso, que según me lo has parlado, te hallas de la enfermedad en el todo deshabelado. Este es mi mal; mas espera, (V.) que si no miente el cuidado de mi pasión, las cortezas deshaciéndose de un árbol allí se muestran, y el tronco, a quien aviman los años, encubre en su centro oscuro dormido allí un hombre anciano, Sí, señor, yo bien lo veo: aquí sin duda encantado debe de estar, desde el tiempo, que fue el túmulo, y Palacio este del gran Moctezuma. ido Aves, vientos, fuentes, tamas, callad, suspended, no hagáis consonancias, no os mováis, quedito, que duerme, y descansa, en catres de Rosas, jazmín, y esmeralda, el Herce más grande, que tiene la Magia. Mas admiración me ha dado escuchar, que de iastrumentos, y voces esté poblado el viento en este paraje, no lo escuchas? . No es milagro nada de esto: pero selo a distinguir yo no alcanzo ta si entre ellos también se escuchan algunos gemidos. . Raro es el suceso: Matraca, atiende, pues. Cierro el labio, Despieria, despierta, pues que ya ha llegado el que venturoso previenen los Hados, que tu Ciencia sea quien ha de ayudarlo. Acia nosotros le acercas Válgame San Anastafio! qué aspecto, que tiene de estar vestido de Dinblo: ay, señor, mas que nos traga, y no hay por donde escaparnos, Ya que la suerte di pone, noble Joben, encontraros, no os retiréis, hombre foi, que vivo aquí retirado de la Cindad, desde el tiempo, que Méjico restaurado se vio por el Campeón mar vallente, y más bizarro, que en los Aunales del tiempo las Historias celebraron. Docto he sido en todas Ciencias, las Estrellas registrando, a fuerza de mis conjuros, no ha habido poder humano, que bastante a revocar sea la fuerza de mis pacto: De aquesta suerte he vivido; más habiendore escuchado lamentar las fierazones de aquel ciego Dios tirano, compadecido de ti, a solo valerte salgo. No temas, Joben, no temar sus desdenes, ni el tirano estorbo que te amenaza, ni el recato de su hermano; tu amigo soy, otro yo has de ser, seré tu amparo, la piedad a esto me obliga; y para lograr tan arduo empeño, solo te falta el que quieras intentarle. Absorto, y confuso a un tiempo me dejas, cuanto obligado, y así de tu amor serán la recompensa mis brazos, agradeciéndote, amigo, el deberte que en mi amparo solieites darme ayuda. Señores, aqueste caso parece que de Comedia es mul parecido paso, a donde todo es ficticio, al que quiere averiguarlo. De este Joben sea su amor el que me ayude al estrago de su perdición, que solo aquesta forma he tomado, para conseguir el fin, que deseo. . Pues ya me hallo con tu favor, hoy quisiera que tus lecciones tomando, conseguir ver de mi dueño al Sol hermoso. . Al espanto próponle la admiración de este prodigio; pues pasmos, y sustos, Don Juan, no temas, que convocando los Astros, a su vista he de ponerte ahora en su casa. . Esto es malo. Ningún temor me acobarda, que a mi valor los extraños prodigios de tu gran clencia solo podrán admirarlo. Pues oye, que ya en su casa te hallas, y las voces dando parablenes a tu amor te convidan a lograrlo. 4. Publique victoriosa arleta Fama las dichas, que logra quien triunfa de Amor en arcos, y faetas. Qué admiración! . Qué prodigi Quién aquí, Juana, se ha entrado Llega a hablarla, nada temas. Señora, quien escuchando esas voces, que pregonan victorias de amor, ha hallado en sus ecos ya las diebas de poder llegar a hablaro: tened, pues, piedad de mí, mirad, que desdice al grato corazón, que así os adora, que me aborrezcáls: humano merezca, que el vuestro sea en mi favor. . Engañado, Caballero, habéis venido, y más, cuando os he notado desatento en atreveros a entrar en mi casa. . Malo. Mirad, señora, que yo desde que os vi: . . Este el culdado es, Juana, que con cuidar las puertas tiene a su cargo el Portero? . Señor mío, aquí nos matan a palos. Aunque más me enojo, no me pesa de que haya entrado. Señora, ten piedad, que el pobre me ha lastimado. Ay, amigo, qué infeliz he nacido; pues gozando la dicha de merecer entrar en su casa, al paso de adorarla, su desdén mayor se muestra. . Es en vano, señora; querer mostrar ese afecto tan contrario. Para que son esquiveces? No os dé pena vuestro hermano: Don Juan será vuestro esposo, si queréis, que yo a ayudarlo me obligo: de grande hacienda serás dueño soberano: vos sois hermosa, él galán, vos mul noble, él mul hidalgo en su sangre; pues desciende del nobllísimo Árbol de los Mendozas: Don Pedro, vuestro hermano, ha de mirarlo ejorí pues con esto legr augmentado el Mayorazgo, que en los descendientes suyos no falte el honor hidalgo de los Mendieras, que fueron sus progenitores claros. El Mágico en este punto debe da estar mul versado. Aunque pudiera deciros (noble Caballero anciano) que esas razones no pueden en mi oído hallar halago, que solicitan, no quiero proceder hoy con tan vano amor propio, que no tome vuestras voces tan a cargo, para poder responderos: y así digo, que mirando en Don Juan correspondencia al amor, que yo he callado tenerle, nunca pudlara negarme ingrata: mi hermano es solo lo que yo temor y así, a mejor luz mirado, aguardemos a que el tiempo, quitando los embarazos, diga lo que debe hacerse en este empeño, encargando, que el secreto solo sea de nuestras dichas resguardo. Dichoso mil veces yo, que tanta ventura alcanzo. Veis, Don Juan, como ya emplezan a ser propicios los Hados? No murmuren que tan presto a su colmo haya llegado todo este amor, pues importa para lo mejor del caso. Este viejo me parece, que es buen tercero, más callo. Ay, señores, que yadimos en las manos del hermano, pues cerca de aquesta sala le miro ya. . Bien estamos. Ay, Don Juan, qué hemos de hacer? Por cierto, que no está malo lo que estol viendo: no digo, que estás mujeres el Diablo son sin duda! Mar aquesto habiéndolo averiguado con la vista, no hay que hacer, si no matarlas a palos. Mi pecho en vuestra defensa os servirá de resguardo. No temáis nada, señora, que todos libres estamos. Buena cosa! ah mujercilla, y vosotros, digo, a hidalgos. Dónde estoy? 1. En el Infierno. 2. Escuchad de los lamentes el triste, mísero canto. Infelices de aquellos, que en este caos con llanto, y con suspiros sienten su quebranto, diciendo en voces tristes, y en ecos alternados: hay mísero de mí! hay desdichado! Yo estoy sin saber por donde escapar: señores Diablos, yo os suplico me perdonen, que esté es castigo ajustado por malicioso, teniendo en mi hermana un gran dechado de su muy buena virtud. 1. Qué me dice el mentecato? que le freirán en aceite. Yo no les súplico tanto, solo habiero que me dejen. 2. Váyase, que es un menguado. Ya me vol, señores míos; pues me dejanir, qué aguardo? 4. Publique victorioso, Señora, ya no temáis, pues no hay cosa que embarace nuestras cichas. . . Pues mi hermano, para tatrar, no sé que aguarde. A esa triada fue el temor quien la persuadió, que hallarse pudlera en casa. . Engañarme no pude, pues yo le vi. La Juana no sea cobarde, pues si viniera:: . Qué hiciera! Darle las muy buenas tardes. No importará que nos viese, supuesto, que si el estrase, Don Juan, señora, conmigo a litrar era bastante vuestras personas. . Y yo, que no tengo de quedarme atrás tampoco. . . Mui tarde. imagino, que es, Don Juan, bien podéis iros. . Distante de vuestra vista, señora, en negras oscuridades vivite yo, hasta que logre, que rompiendo los celajes de vuestra Aurora, amanezca, para más felicidades. El Cielo os lleve con bien: seréis firme? . Sol constante; Adiós, Juana. Adiós, Matraca. Idos, pues. . El Cielo os guarde. Por dónde hemos de salir? Por la puerta de la calle. Y si entre puertas nos cogen? Ningún estorbo hay que baste. Qué poco duró esta dicha! Amor, ya me captivaste. (V.) Señor Don Diego, pues fue dicha el haber encontrado vuestra persoan, venid conmigo, puesto que me ballo (como os he dicho) aturdido, no habiéndome yo acordado mas de que llegué a mi casa, y al entrar en ella me ballo, como quien no dice nada, cercado de dos mil Diablos. Vos, señor Don Pedro, estáis, sin duda, con algún flata; por qué como puede ser lo que decís? . Esto es llano; pero a la verdad, amigo, si vos no vais, yo no os largo. Conociendo yo a este necio cuando ya la dicha alcauzo de que me lleve a su casa él mismo, quiero evitarlo, aún a pesar de mi amor. Señor Don Diego aguardaos, que parece que os estáis la Gata de Marl Ramor haciendovos, y yo quiero en este punto trataros de una vez, porque es mejor; que no audar en picos pardes: la verdad, somos amigos, si vos quisierais, dejando tiquir miquís, que yo fuera con vuestra hermana casado, ya que no hermano, a lo menos, siquiera vuestro cuñaso, con mi hermana yo os casara; y a fe, que lo han deseado mas de cuatro, por el huzmo, que tienen al Mayorazgo: qué deéís? acabad presto. Aunque ya miro logrados mis deseos, no por eso me atreveré a declararlos, porque de Don Pedro temo el natural: mas de espacio os podéis mirar en ello, pues es importante al caso, que habíséis a Doña Inés, en el mismo tiempo, que hago yo con mi hermana lo mismo. El reparillo no es malo: a este tonto he de carar, que con esto desbarato de mi colla los indicios, que me tengo imaginados de mi hermana, y con aquesto estaré más sosegado. Decídselo a vuestra hermana, vos Don DBiego, que yo trato de hacer lo mismo: venid conmigo. Iré a dejaros hasta vuestra puerta, que yo os iré a ver más de espacio. Vamos, Don Diego, que vos habéis de ser mi cuñado. (.) Amor, que matas con tantos desdenes, Amor, que me halagas con tantos placeres: mal haya tu engaños blen haya mil veces; pues trianfas, pues matas, pues rindes, pues vences. Cuándo de ese mal infiel, o Hado esquivo, ha de acabar el rigor? injusto Amor, pues tal castigo me das, dime cuando de mi vida has llegado tú a tilunfar? Cuando ha de querer la fuerte, que acabes, para aguardar, en las dichas del venir, las glorias del alcanzar, de darme la muerte, pues solo la muerte será el alivio a mi tormento, y el remedio a mi pesar. Pues tú te quejas, señora, preciso me es el quejar a mí también pues Matraca como fámolo andará también siguiendo sus pasos con una criada vulgar: mas tu hermano viene aquí con tu tío. . . Calla ya. Hermanas? Sobrina, qué haces? Qué había de hacer? aguardar a que viniese mi hermano: qué traéis? . Preciso es ya darte noticia, Leonor, de como ajustado está tu casamiento: Don Pedro de Mendiera ha de lograr el ser tu esposo, y con eso las dos casas quedarán reducidas a una sola; pues el Mayorazgo está vinculado selo en él, y a este la renta le da mayor renombre, pues es de los que hay en la Cludad el más noble; yo imagino, que esto no te ha de pesar: Don Diego también se casa con su hermana; todo va bien dispuesto: lo que resta es solo tu voluntad saber sobrina. . . Pues si es la mía vuestra, aceptar será preciso, señor, y morir a tanto mal: ay, Don Juan, yo te perdí! a Adiós, que el Albar está a la puerta en contra nuestra; más paciencia, y barajar. Nunca esperé, herman a bella, menes de ti, pues me das con casarte tú la vida. Y porque a mi cargo está de esta Ciudad el gobierno, por ser por su Majestad su Corregidor, sobrinos, me quiero (pues que ya está todo compuesto) le de aquí al Cabildo. . . Oh qué fatala y grave pena resisto! Con Dios os podéis quedar, sobrinos, que yo me vol. Bien pudierais no estar ya si no mil leguas de aquí. Acompañarte será preciso, pues que yo quiero ahora ir, señor, a buscar a Don Pedro de Mendiera, para avisarle, que está todo ajustado. . Sin duda esta Comedia será toda en primera fornada, pues ya en tal estado están. Adiós hermana. . Adiós que sobrina. Iré a lloras mis penas, Luisa, rendida a un intempestivo mal. Señores, que a pura fuerza nos quiera mi Amo casar! Hoy ea la Troya de Amor Sinon he de ser, pues trata mi Amo, que por él yo sea su ayuda en aquesta trampa: hasta la casa de Inés, beldad que fino idolatra, he venido, sin que pueda nadie estorbarme la entrada; pues con un Anillo, que mi Amo me ció, fuerza es salga bien de mi empeño, pues él es en tan corta distancia, por su Ciencia, el Hechicero hoy de mayor importancia; Acia esta parte diviso, que Doña Inés viene, y Juana: Juana, la que el alma adora: buen gusto tengo, extremada es su cara; mas ya llegan, y pues vienes, vaya en gracia. Es posible de esta suerte te atrevas a entrar, Matraca, sin repatar, que mi hermano, desde la tarde pasada, con más cuidado, no tiene para entrar dentro de casa hora segura? . Señora, no temar; pues qué importara, que tu hermano aquí viniera? Pues no tengo yo esta espada, que junta con el valor, que al corazón acompaña, de él hiciera pepitoria? Mul valiente estás, Matraca. Cualquier Galán es valiente, a los ojos de su Dama. Dime, Matraca, que dice Don Juan de lo que me pasa con mi hermano? pues casarme quiere con Don Diego Lara. Dice, no tengas cuidado de tu hermano, que es un mandria; que esta noche sin remedio has de salir de tu casa, nunque huylera más hermanos, que años tiene la Tarasea: aquesto me embla a decirte, tú, si algo tienes, despacha, que con eso dispondremos con más tiempo la mataña. Dise, que yo estoy muriendo desde el tiempo que me falta su vista, y que Juana ira a avisar, si hubiese en casa noyedad, que nos evite mi resolución. . Pues vaya, Juana, muy en hora buena; pues si ella gusta, hay en casa chocólate, y hay también: Qué? . Ay un afecto, que agua la correspondencia: adiós, porque mi señor me encarga que me vaya, adiós Juanilla. Adiós querido, Matraca. El Amor es fuerte Dios, pues siempre con arrogancia, Eiriendo los corazones victorioso los arrastra; o, quien dijera de mí, que de una corta distancia de tiempo, que con Don Juan en la casa de Doña Ana sa lí a danzar, se pudieran ver en un breve trocadas de mis vanas presunciones las torres, que fabricaba. Por Cristo que un embustero sol yo, cuando de mi hermana presumo mal; pues, Inés, qué haces en aquesta sala? Después que quiero casarte no sé, niña, como andas, Pues, hermano, tú no quieres, que perdiendo yo la amada libertad, no piense triste de casarme la desgracia? Pues a fuerza quieres tú, que pase a vivir esclava? Tan aprisa no pretendas ana cosa tan contraria. Niña, por lo que me dices, sabrás, que sabe en su casa mas el loco, que no el cuerdo, que la atisva: así mañaba tu boda ha de ser, Inés; no os quiero yo tanto, hermana: que el mozo, y el gallo, niña, con un año entero basta, que se tengan, y aún las sobra, Dime, hermano, por qué causa tienes tal prisa? . As es ello; pues ahora con la empañada de esa preguntilla sales? Pues qué, no te he dicho, hermana, que también me caso yo? Y por eso es prisa tanta? Cómo prisa? más aprisa. quisiera la desposada (según mi cunado dice) fuera la boda: hay tal gracia! . lo que mi hermana aborrece el casamiento: qué es chanza un día de boda? Pues yo apuesto que me tomaran todas cuantas en la calle andan a caza de ganga:: idos, pues, a preveniros. La suerte verás trocada. Qué me gruñes entre dientes? Señor, lo que dice mi Ama es, que tú tienes razón. Eso sí, no sino el Alba. Ya vol hermano. . Pues vete, y has dispongan casalada, para el postre de la cena, que ha de haber; pues como tarda tanto la boda, un refresco no será malo. . Pedrada. . Ven, Juana, que has de ser tú quien me libre de tal ansia. Mi manto, y saya, señora, nos esperan en campaña. La hermana por lo virtuosa ya pica tanto, que rabia. Que aguarde mi Amo mandó a Juana, si acaso viene con algún recado, que es ella, a quien le pertenece la Aduana de aqueste amor, y si la fortuna quiere que ella venga, pues mi avillo tengo para empeños fuertes, la he de brindar, claro está, por ver si acaso apetece el temar alguna cosa, que merendar: lindamente enamorará a una Pama, sin enfado, un Petimetre; pues por el aire le diera muchos regalos: mas tienen, sino saca mal mi ingenio, también sorrija, pues siempre cualquier Petimetre gasta tan solamente el ambiente. Por más que quise excusarme de que mi Amo me viese no fue posible, pues él, preciado de impertinente, me ha divisado en la calle, y en aflecho mío viene: esta es la casa sin duda, por las señas me parece, que es casa de veciodad entre solada, si él viere, que yo entro en ella, mejor es en aqueste accidente, que si está en ella Don Juan, ha de encontrar el pobrete en ella, por su consuelo, Montescos, y Capeletes: qué hay, Matraca? . Qué ay, Juanilla? pues qué traes? di a lo que vienes. A Don Juan vengo a buscar: pero siguiéndome viene mi señor. . Eso te asusta? pues lo pagará el pobrete. La Juanilla de medio ojo es esta, según se entlende, que en esta casa se ha entrado, Mas qué miro? Lindamente ella ha caído en ratonera; pues si mi vista no miente, el hombre con quien la veo, en el cuarto de allí enfrente, eruno, de los que el Diablo hizo se me apareciesea en aquel lance pasalo; pues venga lo que viniere, yo me he de arrojar a entrar. Mi señor, usted qué quiere? Yo solo quiero: . Aquí es ello, la sortija es bien lo emiende, Apártese usted, señor, que van a pelear los Gallos. 1. . Ocho ha seis, es como corre, Señores, estoy borracho? 2. . Si usted gusta es a la chica el dinero asegurado. Señores, yo de repente cómo me hallo aquí? . Apartaos. 1. . So Fenagos, usted mire si esa nabaja ha agarrado. 2. Desde luego puede ver, que yo le tengo amarrado. Ocho a seis. . Ah Caballeros quiere usted le lleve algo? Que me lleven los Demosios solo quiero (esto es encanto?) 2. . Pues váyase a los Infiernos, y no venga acá. . Qué aguardo? Aqueste Gallo en el ala lleva la herida debajo: bravo chiste, mas no quiero, que dure tanto este chasco, 4. . Yo gané, venga el dicero. 2. . En mi vida mejor Gallo he amarrado. . Caballeros, venga, venga mi barato. (.V.) otro asombro, Jesucristo! Señores, yo estoy soñando: me limpiaré las lagañas a ver donde estol: el barrio es aqueste de San Juan; pues como podré en tal caso hallarme aquí de repente? sin duda que por ensalmo, aficiona la de mí alguna moza encantado me anda trayendo; ello es cierto, porque si bien lo reparo, yo soy Galán, y es la causa de que me halle enhechizado de los pies a la cabeza, o la novia habrá pensado andar conmigo a juguetes, y por Crista, que es el Diablo, que porque ella a mí me quiera yo ande siempre en picos pardos, De aquesta suerte todo me ha pasas y la sortija de todo me ha librado. Qué es lo que dices? (ay infelice mal haya mi desdicha, pues no halla, hoy en tormento tanto, remedio, ni en la Clencia, ni en el llaso como es posible en tanto deconsueo, que no goce de su benigno Cielo, y como (oh Hado tirano!) podré dar el remedio, a que su hermano cuando a casarla llega, no pueda conseguirlo, si me niega todo este bien la suerte? pues si no gozo a Inés, venga la muerte, Y si a Juanilla no logra va Matrata, deme con su guadaña la bellata de la muerte pelora, pues sin Juana, no es esta vita bona Por cierto, Don Juan, que vo así negáis la confianza, que a mi amistad se debéis, y aunque quejoso me hallira yo de vos, y nada hiciera en vuestro alivio, mostrara que la amistad ha de ser en verdadera confianza de ser los dos uno mismo, en mi mayor, y así trata de libraros de ese riesgo, que la suerte os amenaza, a su casa habemos de ir. De nuevo restaura el Alma la vida que sollcita, y mi vida corta paga podrá ser, a quien le debo tanto bien. . Tú, Matraca, quédate en casa a esperar a Doña Inés, pues tardanza no ha de haber ninguna, en que venga a ser esta su casa, Mul buena cuenta es la que hace . sin la huéspeda: bien haya la Madre que te parió, Mágito de mis entrañas: pero dime, y yo podré también esperar a Juana? También tiece de venir. Deja que te den mis aosias, en albricias de tal nueva, diez mil besos en la cara. Aparta, loco. . Señor, pues quieres que mi ignorancia no agradezca esta fineza? Vamos, Don Juan, que ya tarda mi amistad en darre gusto. Dueño (amigo) eres del alma, tuya es mi vida, y contigo nada temo, ni acobarda a mi pecho ningún susto. Oh, bella Isés soberana, felice yo, pues consigo, que mi voluntad esclava llegue ha verse, siendo humilde sacrificio de tus aras. Ven ustedes, pues la suerto a mí no me ofrece mala la carta con que mi amor llegó a tomar la baraja: el Naipe llevo, señores, a la puerta el Albur se halla: dichoso de aquel que juega si va la suya amarrada. . ̱. . No puede mi corazón con niegún alivio estar, en tanto, Juana, que no consiga ver a Don Juan: dichosa un tiempo viví, pues do llegaba a tocar en mi corazón Amor las puertas de él: pero ya que sin saber como pudo ese ciego Dios llegar, me hirlo, solamente vivo, por sentir la pena más. La mina se ha reventados d sin duda, pues yo jamás a ningún Larayo quise, hasta tanto que a mirar llegue a Matraca; mas luego hurtando mi voluntad, me dejó tan sin aquel, que sin decir agua va, todo es sentir, sin sentir, todo es llorar, sin llorar. ̱ . Bella Inés, mi veluntad, hoy a tus pies más felice, me trae a ver tu beldad, pues quien de a lotarte vive, nuevo aliento le dará el ánimo que le inspiras, z mostrando serenidad en la borrascosa calma de peñas, cuando a tocar he llegado los umbrales del Templo de tu Deidad. No es tiempo de detenernos, ya es otro tiempo, Don Juan; el dejar las digresiones de respooderte, no es más, que temer el accidente no llegue a su extremo a dar: mi hermano fue por Don Diego, que necio, y cansado da, que esta noche, sin remedio, con él tengo de casar. No os de cuidado, señora, pues aunque él quiera tenaz conseguir lo que prerende, solo de Don Juan será vuestra mano: no el temor más pena os llegue a causar; no hay que temer, pues yo harés? Ay, señores, por San Blas, que ya mi señor, señora, con el cuñado aquí entrar diviso per la escalera. Mi espada podrá lograr lo que deseo. . Deteneos, y mirad, que para dar principlo a nuestros inientos de nada esto importarí: atended a los aecentos, que vuestra felicida! publican, siendo testigos ellos mismos de su mal. De Himeneo las delicias quien venturoso logra de Amor triunfar. Veis, Don Diego, como Inés, rabiando por vos esta? Mirad como de lostrumentos se ha valido, bueno va: yo logré cuanto quería; pues llegando a a casar con este hombre, quien lo duda, logro dos dichas, que están, en que salga de ella, la una, y la otra, que en mí es lo más, el casarme con Leonor, qué decir? . Qué cuando está vuestra hermana divertida hoy, Don Pedro, con Don Juan, me parece, que no puedo ser yo el dichoso. . Habrá más perversa, vil pirardía! Aunque fuera el Padre Adán, el que con ella estuviera, vos os habéis de casar: y pues no hay otro remedio yo saco la espada, i zas. Mi valor no ha menester vuestra ayula; pues vengar este agravio como mío me toca. . . Cuando podrá mi amor vivir sin pesares? Señores, como podrá escaparle aquí mi vida, cuando en tanto riesgo está? Cómo de esta suerte aquí? Cómo de esta suerte acá? Os atrevel? . Os venís? Pero mi espada será:: Pero mí espada ha de ser:: La que os ha de castigar. Sosegaos, y miral que no tenéis a que apelar. Cv Dereced, Indios ferecer: ha Don Diego dónde están? 1. Deténgase, si no quiere que le mate. . Qué será, Cielos, lo que ha sucedico? pero pues restado está mi pecho, yo he de morir. Teneos Don Diego, mirad, que esa flecha puede hacer, que nos lleve la Hermandad. 2. Idos, pues, si no queréis de nuestras iras probar el castigo merecido. Ay tal maldad! 1. Idos de aquí. . Sí señor: téngase, que yí se van: y mi hermana? . Qué sé yo: y ese traidor? . Dónde está? que solo de Cerros veo llena la casa . Habrá tal infamia! Viven los Cielos. Idos, pues, a qué aguardáis, que no teméis los rigores de los Judios del Parral? Señor Judlo estele quieto: aguarde usted, ya se irán: venid Don Diego, que os juro por vida de la amistad, que ella ha de ser vuestra esposas Mi agravio sabré vengar. Esta hermana anda conmigo en burlitar? por San Juan, que me la pagué: Don Diego tened cuidado, y mirad, que no al volver las espaldas saeteen por detrás.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda 4. Enamorado el Amor a estaba de Siquis bella, y requebrándola dice el Amor en voces tiernas? Siquis adorada, ay Siquis bella, que el Amor también sabe querer de verás. Que mucho, que yo rendida me mire al Amor, pues llega también Amor a rendir de su Deldad la soberbia? Ame a Don Juan de tal suerte, y le quiero de manera, que mi amor cuando le mira de su vista se alimenta: solo de mi hermano temo la tenaz impertinencia, y más, que sin saber como fuera de mi casa misma me hallo, siendo de su vista Don Juan el que allí se alienta a sacarme, sin que ni él, al Don Diego hacer pudieran, para poderlo impedir, valerles la diligencia. Mi señor, que en darte gusto su imaginación desvela, conmigo envía a decir, que aquesta noche quisiera para divertir te fueses a gozar de la Alameda, por ser noche de San Juan, t los fándagos, y la fiesta, que allí asisten, que contigo Iremos los dos. . . Espera; pues Don Juan como pretende sacarme? No considera, que no ha de dejar mi hermado de ninguna diligencia de valerse, y puede allí hallarse sin duda? . Deja, señora, vanos temores; pues si tu hermano nos vieta, te parece que a nosotros nos diera cuidado? Buena ocasión se me ha ofrecido, para que yo entablar pueda con Juana conversación, y si hade ser, va ya de esta: mi espada sola, señora, fuera bastante a que viera Don Pedro; que con la vida, hombres que tienen mis prendas, seben restaurar de Amor con valor las contingencias. Matraca, mira que suele, el que a Valentón se arriesga, sacar de su empresa al fin las manos en la cabeza. No quiere mi amor, Matraca, que de mi decirse pueda, que fui mujer tan vulgar, que anduve tan poco cuerda, que expusiese, por querer, a un tiempo mi sangre misma; y a mi Galán, solo quiero mejor camino se vea, para que todos gustosos viv amor. S9 Pues ya llega la noche, puedes esposa disponerte de manera, que sin que seas conocida puedas salir. . . Lisonjera tu atención, Don Juan patece, puesto que nada reservas, para darme gusto. . En nada, bella Inés, te lisonjea el que de adorarte vive. Y diga usted, no pudiera gozar Matraca de aquel cariño con que se observa, que hablen los criados, en tanto que los Amos se requiebran? Dispuesta mi voluntad se halla, Matraca. . Pues ea, aquí tienes quien te adore. Y me has de adorar a secas? Ven, Matraca. En hora buena. Y Juana también, señor, también quiere a la Alameda ir a pasear, ya que Dios nos trae esta noche buena. Ya, señor, os tengo dicho, que sin remedio mi amor se ve burlado: Don Pedro quiere, que su pretensión tenga efecto, y yo procuro, cuando mi amor encontró en Doña Inés desengaños, a mi celosa pasión, vengar mis aelos, pues burlados me dejan hoy. Sosiegaos Don Diego, que cuando en un lance medió la justicia, nada importa tomar por resclución el desagravio, lo que decís, sobrico, que vos visteis dentro de su casa, de la cóleta pació; pues no puedo persuadirme a tal cora, allí el furor en nn lante donde expone uno su reputación, es el que obra, de tal suerte, que le finge la aprensión muchas recias pantasías, que no son más que ilusios. Yo, señor, he de perder el juicio. . . Oh ciego Amor; y que de sustos me cuesta! Mira, hermano, que si hallé desocupado en el pecho el enojo al corazón, es bastaute, para que dándole rienda al dolor se precipite. . Tú, hermana, no sabes lo que es pasión, pues es rabia. . Y frenesí, que es el renombre mejor: mi Amo ha de volverse loco. Sobrino, vamos los dos a pener remedio a todo. En hora buena, señor, ay de la pena que paso, ciego Niño, airado Dios. Vamos, que aunque tarde es ya, podrá suceder que yo dando a los Ministros mi orden, logre poner en prisión a Don Juan: adiós, sobrina. Y yo a ti, hermana Leonor no reogo más que decirre, que hasta que no logre yo la mano de Doña Inés, no has de ser tu esposa, no; de Don Pedre. Qué engañado vive mi hermano. . Tu amor habías de poner en este Mayorargo? ese simplón? buen gustos señora, tienes, Ay, Luisa, que no encontró mi vida más que pesates: ven conmigo, que el dolor de ver que mí tío pretende poner en ejecución la prisión de Don Jean, hace que fallezca el corazón. . (. .y Mucha gente se divisa, tú pon cuidado, Matraca, no haya algunos, que conozcan mi persona, . La campaña te dará aviso, señor, de las heras señaladas. Cuidado tengo, pues como el que temeroso anda acía todas partes mira, y halla preserte la causa: así yo, Don Juan, al ver los riesgos, que me amenazan en cuantos miro, parece, que mi hermano se traslada. 1. Vive Dios, que el vino a mí acía el viento me levanta. 2. Vayan otras coplas, que esta noche está muy larga. Tú, Ventura; con cuidado mira hijo vayas por Dios, Si siolo, su melced tiene muy glande lazón, para venil enojado. Por la madre que parió a Don Pedro Mendieta, que si aquí lo encuentro yo, que he de darle un mal San Juano a buenas anda mi honor: esta hermanilla, sin duda, que ya me desheredó: ha muchacho, dime, hiciste que el Muestro a la guarnición le apretase aquel tornillo? Ansí siolo lo hice yo, Vive Dios, que si no miro mul mal, es de aquellos dos uno Don Pedro Mendiera, y el otro el Negro: ah señor? Qué dices? . Que el enemigo en el puerto se avistó. Pues Doña Joés no le ha visto, calla la boca. . Cayó ya este pez en el anzuelo. Ah Negro? . Qué manda siol? Ten culdado, y mira bien si aquellos tapados son con las tapadas también los enemigos. . Los dos lo palecen pol derlas, pol delante no sé yo. Ellos son, ya no hay que hacer: sacó, pues, el azador, . y pego con ellos, tú ven acá Negro. . Siol. Guárdame bien las espaldas; no por detrás un jurgon me metan. h. Negro, qué haces? Gualdal las espaldas siol. Válgate el Diablo, vergante, que no sabes hacer, no, cosa que se te agradezca? mas qué aguarda mi valor? yo solo basto; a quién digo? no me escucháis, picaron? (..) Si usted gusta de calzarse, estos los zapatos son. Qué es esto? Hombre que me dicen Yo ponga zapatos, fiel, polque ya estos no estal buenor. Si Quítate, Negro. . Acabó mul bien la obra el oficial. Qué obra te he mandado yo, que acabes, Demonio? Digo no estaba, lindo busón, ahorá en la Alámeda? Cómo en aqueste sitio estoy? Sí soñamo? No soñamo. polqué esto borracho? No: S esto es, es, qué sé yo. Adónde estoy, que no ré, qué es esto que me pasó; pues al darle la estocada a aquel infame traidor, me dejó la Luna en prendas? Pues diga, siol, no lo vio? El Demonio, que te lleve, Negro vil. . Pues mi señor, sino lleva los zapatos pague usted ahora. . Buen son me toca, Maestro; pues diga cuando le he mandado yo, que me los haga? . Lo niega: pues guarde en otra ocasión lo que me dice: las puerta C. y de mi casa cierto, albo. Ah Negro, qué hemos de bace? Irnos a casa siol. Dicerbién, Ventura, vamos, que en tales casos mejor es no declararse; porque no lo padezca el honor: En la Alámeda otra vez nos hallamos, y no hay, no, Perro que ladre, ni Gato, que haga a mi desdicha son: Ah hermana vil, yo te juro, que limplando mi opinión, te he de cercenar los dientes; pues así he de vengar yo, que también seas causa tú de que mi amada Leonor se quede sin mí, fintiendo la pobreta la función. (.) Después, señor, que la suerte nos libró de que quedara todo tu amor por el suelo, y diesemos en la trampa, que Don Pedro bienurdida había dispuesto, me sacas a solas a este aposento: dicesme que de importancia es el negocio, que tienes conmigo, el secreto encangas ahores que lo digas, yo te prometo, que palabra faldrá de mí: y pues que todas son enteras circunstancias, de que padeces gran mal: y rosigue a decirlo, vaya, que atento el oído a escucharte tiene ya pronto Matraca: Advirtiéndote, que luego, que tú la relación hagas del mal que padeces, pronto el remedio a la demanda correrá por cuenta mía: dilo ya, señer, acaba. Pues qué ofreces como fiel asistarme, hoy a la rara pena que me asiste, siendo mi amor la primera tausa: ya sabes que Doña Inés, beldad que el alma idolatra, se halla en mi poder, y que aunque a un tiempo aventurara vida, honor, fama, y hacienda, todo fuera poco en paga de lo mucho, que la debo: aunque en las mujeres, hasta el ser mujeres, pues tienen en sí tantas circunstancias, que de obligación los hombres de bemos reverenciarlas; todo esto lo sabes, pues escucha lo que me falta. Mi Ciencia, amigo, está en mis por tantas precisas causas, tan mal hallada, que siempre vive en continua batalla el Entendimiento, y este como a la Memoria pasa, los acasos, que en sí trae, cuando los revuelve el Alma, que es la parte superior, que a la Voluntad arrastra, la desanima: y aquesta Potencia, viendo que trata con artifieios valerse para sus empeños, larga la rienda a los sentimientos, y no hallando gusto en nada, todo es sentir, y si goza aquellos bienes, que alcanza, no los mira como propios; pues sobre natural causa los obriene, y siendo así, la Voluntad, para nada vive contenta; pues nota, que todo cual sombra pasa, y que aquel gusto, que tiene, a un breve soplo se acaba. Después de aquesto también temiendo la temeraria necedad, con que persigue Don Pedro nuestras pisadas, temo, que de la justicia a valerse a tiempo salga, en que Don Diego le ayude; pues siendo Don Luis de Lara su tío, Corregidor, es preciso esta demanda tome por su cuenta, puesto, que a mis desdichas bastara de todas estas cualquiera, para acriminar la causa. Mira si tengo razón para sentir, cuando no halla camino, modo, o salida mi ingenio, para que se haga todo fácil, y consiga el remedio de mis ansias. Atento te he estado oyendo, y mi discurso no alcanza otro remedio, que darte, sino es solo:: . Dilo, acabas Dejar puesta a Doña Jués libre otra vez en su casa. Y el tiempo que falta de ella cómo ha de emendarse? . Faltan dime señor, de una amiga los embustes? . Nada basta para poder libertarme de mis empeños. La traza es esta, Don Pedro, pues, Don Juan, es el que en la sala divisamos. . Pues, Don Diego llegad vos, que las espaldas os quiero guardar, en tanto, que le zurráis la badana. Señor, como en ratonara hemos caído en la trampa con nuestros dos enemigos. O, el Cielo me dé una traza, para defenderme solo, sin que llegue a ser la es el mello para impedir abrad de esta lance una desgracia. Quiero llegar: Caballero, un negocio de importancia tengo con vos, y me trae a veros a vuestra casa, con intento de que sea mi espada de vuestra infamia el castigo: conoceismer? Sé que Don Diego de lara os llamáis. . Yo de Don Pedro ré que ocultáis vos la hermana, y me la habéis de entregar. Yo no conozco esa Dama. Cómo no? cuando os he visto yo mismo en su propia casa? Maoso parece que está: Don Diego, ventura extraña es la que habéis conseguido; pues no auda con pataratas, yo llego tamblen: amigo, a quién digo? ah camatada? Vos, Don Pedro, qué mandalse Que no audéis con zangas mangas, que aquí os tengo de hacer tiras. No fuera mejor rasajos? Mi sobrina me dio aviso de todo cuanto pasaba: y por evitar mejor cualquiera lante, pues basta el respeto a la justicia, vengo a este sitio. . A mi hermana incontinentí aquí luego me habéis de dar. . De mi espada el castigo veréis presto en defensa de mi fama. A vuestro lado, Don Pedro, me tenéis. . Ay tal infamia! ellos son los que allí riñen. Señor, aquí está Matraca. La justicia, Caballeros, Debiendo yo respetarla como noble, aquí el remedio es volveros las espaldas, Prendedle. . Quitarse allá, Ahora sí que la demanda os he de tomar, y tengo de probaros la cuartada, 1. Faver al Rey. . 2. Muerto soy. Ten tu cuida dos Matrata, pues el aire ha de impedir, que nos ofendan. . Bien haya la Madre que te parió. tia ubatadle, pues. . Esta espada con nada acletta. . Conmigo ven breve. . De buena gana. Muere, traidor. . A quién digo, no juguemos la trocada. A tu lado estoy, sobrino. 1. Mueray pues. . Veanme la cara, y conocerán que sol:: Un hombre vil. . Ay tal gana de amohinarse! ah Caballeros, Don Pedro soy; por el alma de Don Albaro Meadieta, que me dejen. . Las espadas tened, mirad que es Don Pedro. Tal picardía, y desgracia no la he visto yo en mi vida; y más asombro me causa hallarnos ahora en la calle. V Por cierto linda empañada, cuando desangrado estol de los golpes. . A mi casa venid, Don Pedro. . Entre tanto, que vosotros vais, no tarda mi persona en buscar modo de prender a este hombre. . Vaya, señor, por amor de Dios: a espácito, camaradas, que me duelen las heridas. No he visto mayor infamia. Recoged vos el Midistro, y ved si las estocadas le han muerto. . Vamos a verle. Ah pícara, infame hermana, tú la pagarás, y el perro, que de esta suerte me cosea. Andemos breve, señor, porque las calles cerradas todas se ven de Ministros. No tengas temor de nada, que de mi Ciénela valido, aunque más esfuerzos bagan, no consegulrán prendernos: entremos, Matraca; en casa, no Doña Inés con cuidado esté de mí. . Y de mi Juana, que es la luz, que a mí me alumbra, y mis sentidos entanta. Pues ya hemos llegado, entremos. Lo haré de mul buena gana, no venga el Corregidor, y me haga por la mañaba, que de libranza el verdogo me dé doscientos en carga; carga mul pesada si es sin perjuieio de la causas Ande, Ventura. . Ya, siolo, vengo causado, pal Diose, que hemol de tomal venganza de tus helidas. . Los hombres como yo, Ventura amigo, secretas satisfacciones toman en casos como este: mira, tu valor estorbe, hijo, desde aquella esquina que nadie me vea. . El galoto me ancompañala, siolo, halta que venganza tomes. . Aquien no espanterá verme (digo la verdad señores) de esta suerte, y la cabeza hecha doscientos chichones? por cierto que en la verdad los trabajos de los hombres no tieren cuento, ni cuenta, dígalo yo, que dolores estoy padeciendo, y solo por esta hermanil a enorme, puedo hacer a tales riesgos fuerte el cuerpo: despidiose Don Diego de mí, después que el Cirújano a estruiones me ha compuesto la cabeza, y yo imaginando entonces el modo de mi venganza, pues son ya más de las doce de la noche, de esta escala pienso valerme, y que importe a puede ser al caso mucho: de la casa en que se esconde, según las señas, la cerca es asta de paredones: yo arrimo la escalu, puesto, que como mi industria logre, ha de ver mi vil hermana, como se vengan los Nobles: subo, pues, vayas conmigo los santos Ririeleisones. Habiendo sentido ruido, temeroso que no logren, por cogerme desculdado, mis contrarlos sus furores, salgo a ver quién es; qué miro; Don Pedro es, aunque perdone la belleza de mi Inés, por ser su hermano, el que aprompio algún chasco aquí es preciso, y así a prevenirlo voime. . Ya yo subí, bueno, lindo: ni pájaros, ni ratones por el viento ya se escuchan, Cy. pagaranmela. Ladrones. Qué es aquestos? Ay de mí tristel buscaré los escalones: a dónde están las paredes? Corran, amigos. Ladrones. Ninguno, si no conoce, deje salir hombre vivo. 1. Entremos dentro, Perdónea Caballeros, que yo sel, y a mí todos me conocen. 2. Si no me miente la vista acla allí un bulto se esconde. Tiradle. . 2. Tiremos todos, Ay de mí! Miren; señores, que yo sol. . Es un ladión. Aquesta honra te perdone el Padre, que me engendró, Tiradle, pues. Qué har hecho hombre? ñia que has muerto al mejor Mendieta. Deteneos; pues como, o donde ibáis de aqueste Convento con tan necias intenciones? Bájenme por Dios de aquí, ténganme piedad, señores. 1. Aquí una escalera miro. Arrimadla. . No me toquen, porque bajo medio muerto. Don Pedro, aunque ya os conecen todos estos Caballeros, importan vuestras razones, para dar satisfacción a tan no visto desorden. Qué razón puedo yo daros si yo no sé (ay qué dolores!) mas, que en busca de mi hermana vive aquí. . A qué venisteis? Habrá tales preguntones? vive yo, no sé a que vive: el caso fue, que tornose, y que volvió, y yo no ré: ay de mí! los perdigones me lastiman: a mi casa llevenme de aquí. . Por mi orden sosegad todos la calle; pues cuando el crédito corre de un hombre noble, Importantes son estas resoluciones. Vamos, pues. Venid, Don Pedro. Aspácito, y no se enojen; mala noche, y parir hija por mí dirán esta noche. 2e En tanto, Isabel, que pone en ejecución Don Jeaa a qué hora hemos de salir, para Istacaleo, a cantar vuelve aquella Arieta, que aomir tanto gusto a mí me da. Sea en buen hora, señora: o pero si tu acompañar quisieras el paso, juzgo, que más gustoso estará, an y con eso divertimos el tiempo, y la soledad. Empleza. . Los instrumentos siempre tan prontos están, que sin saber donde tocan no hacen falta. . . Qué desear no me queda, Pabel mía; pues tan cumplido Don Juan es en su amor, que tan solo le da esfuerzo a mi pesar el saber, como el camino encontrar mi amor podrá, para que vivan contentos en feliz unión Don Juan, y mi hermano, pues solo esto es lo que deseo. . Del mal el menos ha de escogerse, dice un adagio vulgar. a Y pues vivimos gustosas sin el encierro total de la clausura, en que siempre nos teala tu hermano, ya puede a lo menos llejarse por el gusto este pesar. Canta, Isabel. . Ya comienzo, tú también has de cantar. Yo sol la vita bona, el gusto, la alegría, y la chacona, y de ningún Galán mi pecho trata, pues todo amor, en fin, es patarata. Yo no quiero Caballero todo moda, todo planta, Mascadita a la garganta, denol n limplécito de dinero: buen humor gastarme quiero, para qué es miseria tanta? Esus! Dios me haga una Sauta; y me libre de un fullero. ̱ . Pues ahora cantaré yo, escucha, Inés, esta Area. La Nave de mi amor, pena severas camina sio piedad de esta maneta. Como rota navecirla que del ulento zozobrada, ya se abate, ya se eleva, si a tener ningún favor: así yo de la tormenta de mi mal, es bien que sienta, pues que no logro dichosa, feliz premio de mi amor. No halla mi amor recompensa; ni albricias, que sean bastantes a la dicha de que yo a tan buen tiempo llegase; bien haya mi amor, pues logró, en tantas felicidades, llamarse tuyo, y de esposo gozar las glorias de amante. A quién tanto a ti te estima haces mal, Don Juan, cuando haces tales extremos, que dejas a mis cariños afables, la omon que sin poder responderte, por ser desatento, pasen: pero si el amor más firme es el que secreto sabe amar, sin que sean las voces quien le califiquen grande: mi amor mudo ta responda, y deje que el tiempo hable, en tanto que el corazón amando, y queriendo calle. Ven ustedes, lo que yo no puedo para explicarme decir de mi amor, pues sol en este estudio un Orate: EM pero si dicen que Amor nosd siempre ayuda a los cobardes, y que hate hablar a los mudos, yo quiero aquí un rato darme a entender hombre discreto, estudiando, o aprendiendo de otros tontos que lo hablen, no lo entiendan, y pretenden que piensen son hombres grandes: y pues llegó la ocasión, oyes Juana, puede amante un corazón que rendido, expuesto a tus plantas yace, gozar un poco de aquel cariño, que bace tratable los sujetos, cuando pone, el que padece constante, oí por blanco de sus finezas a la persona que bace? Quítese allá, que no entiendo, esos modos de explicarle. Lo mismo a mí me sucedo pero ya de oy ade ante no entraré en la moda, pues siempre las vulgaridades para los criados se hicieron, si ni querér usar de prases. Que Don Diego así procura llevar su duelo adelante? Poco importa, bella Inés, pues sus esfuerzos bastantes no serán para que dejes de ser mía. . . Y porque afiante mejor nuestra voluntad felice yugo, importante será, Don Juan, porque asíí mejor podrán evirarse de Don Diego los rencores, de mi hermano las tenaces porfías, que de vuestras bodas el término no se tarde. Breve será, que mi dicha en eso consiste, y aunque pudieramos con secreto los dos casarnos, que pase a vista de todos quiero, porque así se desengañen, de que contra Amor, ningunas fuerzas hay que sean bastantes. Qué dices tú, Juaca, de esto: responde, quieres casarte? Qué desde luego estoy pronta, esta es mi mano, al instante. Tú, Juana, ve a disponer, para ir al paseo, el traje con que tengo de ir. . Ya vol: hay vida como pasearse, y no el estar encerrada, sin ver a gusto la calle? vamos ahora los tres a prevenir para el viaje. . Vamos, mi bien, pues ya llega declinando el Sol la tarde, a Istacaleo, pues con eso divertir las soledades podrás un raro, y así podré cumplir como amante en darte gusto. . . Contigo todas son felicidades. n Sosiega el llanto, señora, y no de aquesa manera desperdicies lisonjera las lágrimas de la Aurota. No, Luisa aquieras poner freno a mi dolor, que estal, que, o me ha de matar mi mal, o el juicio habré de perder. De mi hermano el desvarío, darme quiere esposo necio, de mi vida hace desprecio, pues me quita el albedrío. Y en tan injusta tormenta; como pasan mis sentidos, todos al dolor rendidos no sienten, porque yo sienta. No es mala la fortunilla; pues si ha deser, vaya en gracia: Doña Leonor está sola con la manla de la criada: yo quiero llegar, y amante decirle cuatro palabras, que en pasos de amor, yo siempre he presumido que encajan. Señora Doña Leonor. Señor Don Pedro? . Deo gracias, qué hacéis, señora, a estas horas sola, y con esa criada? Estamos, señor, rerando. Esto sí, bien haya su Alma: pero dejando esto a parte, yo he venido a vuestra casa solo a veros, porque intento, si habéis de ser mi velada, teneros antes ya dicho, a lo menos lo que alcanza vuestra persona en la dicha, que tenéis (aí que no esnada!) en tenerme por esposo. Habrá lnnocencia más rara! Pues lográis con lo Mendiera, por la sangre, que la esmalta, la línea que tira arriba de la solariega casa, que desde Adán, hasta Noe, tuvo por herencia el Arca; y pues ya está hecho, a quién digo? Volved, señora, la cara, y miradme qué galáa; pues el cuerpo (no es badana) pudieran tomarlo muchos, que de Perimerres pasan: qué decís? he, responded. Esta puerta está cerrada. . Yo no sé cómo lo sufro? . para prueba de mis ansias, mar que sufrir a este simple etra cosa no fultaba. De vergüenza no se atreve a responderme palabra; pues yo la fonsacaré, las dos monos agarradas. le he de dir cien apretones, Ya a descortería se pasa vuestra mucha demaria: si el respeto no mirara:: De qué sol vuestro marido? no andemos con carabanas: dadme un abrazo, que aquí no importa nos vea la criarda, y si no vete, Luisilla. Pues mi furor, y mi rabia os hará aquí mil pedaros. Sobre que sois mal mandada; mas qué me enojo, y quedáis, Leonor, sin ser Mayerazga? Qué es aquesto? a aquestas horas, señor Don Pedro, en mi casa? Ya nos ha entrado otro estorbe? . Yo he venido ahora conganas de que los dos, si gustáis, nos fueramos a Jámasca, y si Doña Leonor, quiere. . . Yo os estimo merced tanta, Si vos, Leonor no queréis, ni de pasear tenéis gana, mañana iréls, que ser puede entonces estéis de gracia. Mucho siento, que Don Pedro . de esta suerte hable a mi hermana, pues de e lo suceder puede perder yo las esperanzas: vamos, Don Pedro: . Don Diego, vamos, pues. . Oh, cuanto el alma siente no gozar de Iués las luces idolatradas! Hermana, tú sin cuidado puedes quedar, que yo a casa tengo de volver mul presto. Adiós con la colorada. . Ven, Evisa, que quiero ver, pues tú sabes mi desgracia, qué remedio podrá ser el medio para aliviarlas. Vamos muy en hora buena, pues ya pasó la hora mala con que tuvimos al novio colgado de las pestaña;. ( Vuela, vuela, Calupa, pues son tus alas finezas que acrisolan dichas mas altas, diciendo con las voces, que Amor prepara, vivan, vivan de Amor arcos, y aljabas. Ah Don Diego, mirad que era aquesta yo jurara mi hermana. . Si pul Cristo. Pues qué decís? Si tan clara estol mirando la ofensa a mis ojos; mas mi espada en la ocasión de una vez habrá de tomar verganza. Bella Inés no temas, que allí miro, que me aguardan Don Diego, y Don Pedro. Ay Cielos! amparadme en tal desgracia. No temas, Juana, que aquí traigo al lado la charrasca. Pues si ha de ser, ellos mueran. No os necesira mi espada. Véntula también ganlote en vueltla defensa saca. De ajcesta suerte atrevido:: De aquesta suerte, malvada:: A mi mano has de morir, He de matarte ha patadas. De mí las aguas le amparan, yo por ellas he de entrarme. Y Don Pedro os acompaña. (Va Vuela, vuela, Calupa, pues son tus alas,. 1. Sí queréis, señor Don Diego, ir cormigo. . Es otra danta? 2. Ved que el Forión os esperas Aay suerte más temerarla! Qué es aquesto, sin sabel entlamos en la Tamplana? 1. Don Diego, pues, qué tenéis? que os veo la color robala de vuestro rostro? . Yo, amigo, no tengo para ello causa: Don Pedro el disimular nos es aquí de importancia. No disimulara aunque fuera delante del Papa: con los Mendieras burlltas? pues son ellos para chanzas. 1. Llevémoslos, Don Antonio, a los dos hasta su casa, con eso podrá evitarse en algún modo la causa, que a los dos así los trae, 2. Venid, Don Diego. Ah canalla, vosotros la pagaréis. Estimo fineza tanta. Con qué vamos en Forlón? y en qué venimos? . Me causa vuestro poco disimulo: a traidor! . Ah vil hermana! Han volacho, Julan Clisto que an Véntula pagal arla. Y en tanto que remedio ay, venganza, Cielos, venganza.
JORNADA TERCERA
JORNADA tercera Ya que hemos salido al tampo, pues vuestro papel me empeña, señor Don Diego, no quiero, que de las palabras sean en las idas, y venidas quien pueda mediar la lengua: la espadasatad, y ved, que a Doña Inés de manera adoro, que aunque la suerte quiera vuestro acero sea el venturoso, por eso no habéis de lograr la Estrella de que la que yo adoré, a ser vuestra esposa venga. Aunque pudieran crecor mas a mi furia violenta vuestras razones, Don Juan; en los hombres de mis prendas no pasa nunca el enojo de la línea, que le cercan; yo no pretendo que aquí la lengua tomar pretenda tampoco satisfacción: Doña Inés no es prenda vuestra, y pues veis que es prenda mía, yo he de quitaros mi prenda. Del Alma habels de sacarla. s Yo sabré abriros la puerta. Fuerte a mi brazo se avima. Qué tanto así se me atreva a durar, pese a mi enojo! la espada perdí. . No cesa ña por aquesto nuestro duelo, que al valor las contingencias no le dañan, ni se oponen, tomad vuestra espada, y vuelva nuestra lid. . De Caballero, g son Don Juan, acciones esas, que a no estar mi honor aquí tan arriesgado, pusiera de amistad firme este acaso la voluntad verdadeta. Pues riñamos, que bien pude u en una ocasión como está no faltar a sor cortés que en aquel trance mía era vuestra vida: pero luego vuelvo ya con la ira misma a defenderme, Don Diego. Que tanto este lance sienta! pero qué miro: Mi río acía aquesta parte llega, con la Justicia, y aquí es preciso, que os devuelva esabde la vida, que ya me disteis, puesto yo en vuestra defensa. Yo os agradezco esa acción, pero entretanto que llegan, prosigamos. . Prosigamos. . Detente, sobrino, espera, date tú a prisión, infame. Que otra salida no tenga es preciso, pues si aquí hoy a todos me opusiera, había de morir, es cierto, pues en ocasión como esta, mi Ciencia haga, que ha mi lado mucha gente les parezca. Mas de diez hombres allí son de su vida defensa. 1. Favor al Rey. . 2. Que me matan. A más delitos se empeñan: muerto, o vivo, yi el prenderlo a mi obligación es fuerza. Cuanto siento, que preciso me sea a mi buscar su ofensa! Cane? Pues con aquesta ficción así mejorada que la, en este acaso mi vida, bien es que la estalda vuelva. . Seguidlos todos, segulelos. . Estando ahora en la ventaba, a mi señor aguardando, a tu hermano vi pasar, y con cuidado ha mirado a nuestra casa, señora; y yo me temo, que el Diablo le traiga cuando por suerte fuera de casa esté mi Amo. De su estudio es la defensa, y hoy, Juana, la que gozamos; pues por ella obedecida me miro de todo cuanto imagina mi deseo. Cuantas hubleran tomado la fortuna, que tenemos, y cuamos me dieran alga por haberle conocido, a mi Amo: pero en el patio parece que escucho aquí, que este caso murmurando, me preguntan cuando fue cuando sucedió este caso: y no saben que es Comedia, adonde los más hallaron, para hacerlas en su lnea, repre entados los actos, Ves el estudio, y anhelo de Don Juan? pues todo cuanto hace él pata divertirme, todo es a mi mal doblado, pues Ignorando yo el como puede su estudio alcanzarlo, me dice, que se lo debe todo a su huéspede anciano, que con él vivió algún tiempo, sin saber más, que con grato ánimo él mismo lo hizo, qed tan solamente llevado de saber su amor, y ver cuan vano era intentarlo; este, después que venimos, dijo, que en empeño tanto se hallaba, que era preciso y el ausentarse; y dejando a Don Juan algunos libros, a Clima más remontado se ausentó, sin que volviese a saber de él. . Algún Diablo serla el Vejete sin duda, que en Mágico disfrazado quiso hacer charitativo u aquesta buena obra a mi Amo, y de saber que se fuese D0 quedará contento el patio. Oh dichoso una, y mil veces el que después del naufragio llega a puerto venturoso, donde por dicha encontrando todos sus bienes, no siente lo que antes le ha atormentado; y así yo, divina Inés, llego a tus ojor, pues me hallo, para puerto de mis penas, feliz contigo. . . Ah havido, tirano susto que pueda a el atreverse? . Engaños de Don Diego han sido todos, matarme solicitando, me envió en papel, la respuesta fui yo mismo; mas ingrato el Halo, que nos persigue, quiso (no sé si fue acaso) que el Corregidor, se hallase, donde este duelo estorbando, en contra mi todas sus iras fuesen; mas con el amparo de mi Ciencia, en breve puse, ella Jués, la vida en salvo: esto es lo que ha sucedido. Oh, cuanto, Cielos, o, cuanto siento que no tengan fin las penas, y sobresaltos No de tus luceros bellos desprendas crista es tantos. que el tiempo ha de ser de todos el me dlanero más sano: ven, Doña Inés, que al jardía bájar contigo este rato quiero, para divertir tantos ahogos. . . Don Juan, va hay de aquella que de Amor se ve rendida, y tiranos enemigos se le oponen en contra de sus ha agos! Qué buena vica, señores! pues después que suspirando se están mis Amos, disponen irse i divertir cantando. . Ah muchacho, qué me dices? no vengo bien di frazado? podrán conocerme? . Siol, non podel aunque quelamo, Esta tarde la venganza tomaré de agrailos rantos, osto También Véntula, pulque aunque Neglo, gente samo. Pues anres, que entremos, hilo, ya que tomas a tu cargo, la venganza, el juramento, aquí hemos de hacer, y trato, que hasta que llegue a vengarse por nuestra mano este agravio, no hemos de comer, beber, ni tampoco ha de raparnos las barbas olngun Burbero, y que aquesto lo juramos, sobre la espada primera, y después al soberano Árbol donde los Mendieras fueron por su ser criados, sacados por alambique espíritus Castellanos, y per ómula saculorum, por la vida eterna Hidalgos, Jafanzones Caballeros: juras, Ventura? . Júlamo. Pues la bendición llevemos de nuestros Padres, y vamos, que pues hasta aquí los dos pían, plan hemos llegado sin que nos vean, entra quedo, que según las señas traigo, este es el Patio, y presumo, que ea el jardío han hablado. Con coidado entlo, siol. Ea, honor, ya hemos llegado al postrer lance: pues, Cielos, prestadme aquí vuestro amparo: anda, Negro. . Ya te sigo, que palanquelo júlamo. (.V.) Yo que de amor he sido el escarmiento, O! oh Dioses, escuchad mi mísero lamento: En cristales, y fuente, flores, y plantas, saludan los claveles a mejor Alba: u diciendo los aecentos, de y consonancias: uea nueva Venus celebran de aquesta estancia. o? Qué te parece, bien mío; la fachada de estos cuadros? Cuando por servirte atentas las aguas, te tribararon cuajados cristales, que al verte, de animados S le convierten en aljófar, como quien dice, llegando a su estación el Aurora, bien será que conjelado no esté el cristal, y en albricias hemos de desperdiciarlo. Qué he de decir, Don Juan mío? pues amante tan bizarro te muestras conmigo, que no hallo razón de dudarlo? Qué te parecen, Juavilla, estos figurones, Trasgos del Infierno, que en posturas, que dan risa, están echando agua a la fuente, diciendo, pues que ya Juana aquí ha entrado, a su bienvenida haremos todos la salva a dos manos. Muy cumplido eres, Matraca, que responderte no alcanzo, mas digo, que pienso es como tuyo el agasajo. Pues porque adviertas mejor mi amor, hoy de aquese mármol la Estatua insensible escucha, pues lo declara en su canto. Sacras Deidades, usad piedades, pues sol ejemplo del ciego Amor: No le neguéis, puesto que veis, trista fallezco, y pido favor. Has visto, dime, Ventura, más primoroso jardío? Mira, qué Estatuas, qué Cuadros, son los que se ven allí: a en buenas está mi hermana; pues pagáranlas aquí, que ya puedo como Gallo A cantar el quiquiriquí. Julan Diosa, que de Juana han de vengal en un tlis los celos, pulque an Ventula no son vuelva en palche mí. No tengas ni agún recelo, pues a tu hermano jeo allí; ese que con el Negro va entrando, bella Inél, a este jardío. Teniéndote a ti a mi lado siempre ilviré feliz. Cuanto vi, Juana, que tiene prevenido mi Amo aquí algun asombro? . Atendamos, pues podrá decirlo el fie. He de entrar pues, por qué no? soy por ventura hombre ruin, que he de temer eso, yo les tengo de sacudir de uno en uno el polvo a todos. Qué es aquesto? Ay infeliz! Ah Ventura, pues qué baces? Quién ha de mete me a mí con bultos que la otra vida nos envía? . Pues como así yo me he dejado vencer? morirán: pero, ay de mí! no los ves, que ya en Gigantes se han trausformado? en un tria está nuestra vida: a Negro, corre presto. . Vol tías ti, Ya que se van confundidos, ahora pretendo que así, los que para él son asombros, a tu Deidad oivertir pueda: formad presto balle. Juana, ya vister el fin. Yo que de Amor he sido, Habrá vida más gustosa? Hermosa Inés, pues ya aquí hemos logrado pasar feliz rato del jardín, retirémonos, que tengo de este empeño prevenir lo que pueda suceder. Cuando por tuya nael, siempre Don Juan la obediencia de darte gusto está en mí: vamos, Juana. . Ven, Matrata: Cielos, pues me permitis vuestro favor, ayudadme hasta conseguir el fin de mi amor: vamos, esposa. Ciego Amor, para adquirir el triunfo mayor, mi ruego (y. merezca piedad de ti. Sobrino, no hallo otro medio; pues por más que se pretenda saber, el como Don Juan escapar mi rigor pueda, altanzarlo no he podido, y así este el remedio sea, que teniendo a Doña Inés dentro de mi casa presa, cuando él salga de su casa es muy preciso que tenga noticia si son hechizos de los que se vale, que esta es la diligencia, que falta que hacer. . Sola esa podrá para mi ser dicha; pues como a Doña Inés vea por mi esposa conseguida, no habrá con tan feliz prenda dicha mayor. . . Oh cuán vanas son aquestas diligencias para mí, pues sola yo, entre confusas ideas, padezco, sin que encontrar el menor alivio pueda. Tú, hermana, si se consigue lo que nuestro tío concierta, esposa has de ser al punto de Don Pedro de Mendieta; porque siendo así conformes las dos, una casa misma venga a ser: mucho siento o que contra Don Juan emprenda mi río aquesta intención: cuando a pagarle la deuda de la vida que me dio estol sujeto; mas necia es la prevención a donde de amor en las contingencias no se guardan cortesías, y los celos no respetan. Por Dios, sobrinos, que estale muy confusos, pues qué intentan vuestras imaginaciones? pues qué pensáis? . . Aunque pudiera, tío, y señor, quedar gustosa de este suceso, por esa razón que puede alegrarme, es razón que me entristezca; porque los placeres son de calidades diversas, pues hay gustos que dan muerte, como hay disgustos que allentan. La misma razón a mí me pasa, señor, pues puesta la imaginación en como posible es, que lograr pueda esta dicha, hace el dudarla el llegar a merecería. Por vida de mía Avuelos, no que yo no sé como tenga paciencia para sufrir de este hombrecilio las huelgas con que quiere audar conmigo: bonito sei para fiestas: s a fe a fe, que si en un campo aquestas burlas me hiciera, que se había de acordar del honor de los Mendieras. Qué es esto, señor Don Pedro? Qué tenéis? . . Habrá más necia figura, Luisa? . En mi vida he visto planta como ella. Qué tengo, me preguntáis? qué he de tener? esa es buena: yo tengo, señor Don Luis, llena toda la cabera de doscientos mil visajes, sin los ebismes, y quimeras, de este hembre, y de aquesta hermana, los Diablos carguen con ella, y con él también, conmigo, y con vos, pues os estáis sin disponer esta fiesta de este casorio: pues yo oed ocanquen soy acaso algún badea? GU DTOS TORTO Veaid acá, qué esperáis? Espero a que a en tiempo sear entrambas bodas, que así fue hecho el concierto. . Ya es tema si mi hermana se anda en burlas, porque no he de audar yo en fiestas? cuando ella quiera se case: Venid acá, Leonor bella, decidme breve, no andel: haciéndoos Gátita muerta, aú queréis ser adjunta esposa de Don Pedro de Mendieta? (Haced quenta soy el Cura.) Habrá habido más simpreza! . Respondes, que sí? . Di nones, Mujer, dime si estás muerta: responde, válgate el Diablo. Qué reportarme sea fuerza! linoa Responde, mujer, que sí, di que sí, maldita seas. Teneos, Don Pedro. . Ay tal femo? déjeme, usted, que me rase. A una osadla como esta, pues sois un simple, el dejaros m será la mejor respuesta. A usted, señor, le quedó, no digamos, la Luna en prendas. Vos, Leonor, os lo perdéis, no es mala la cautaleta, que ella se muera por mí, y que mul fincha a quiera, que yo le ruegue, eso no: vive Dios, que si volviera, para que yo me casará, había con las manos puestas rogármelo de todilla. Vive Dios, que no es prudentio sufriros, pues sois un simple. Vaya de eso: habrá quien crea lo que me sucede? digo, señor Don Diego, pudiera vuestra persora ir a ver a vuestra hermana, y pues terea da en que no quiere ca arse, darle una buena azotea. Dejadme, Don Pedro, que no sé si señiros pueda. . Vaya de eso; pues por Cristo, que lo han de decir de veras, que he de casarme esta noche, quiera la novia, o no quiera. . Va gane Diosa, qué halé? pues volve se loco es fuelza, de estas cosas que suce en, que parecen cautaletas, dempues que de ámol helido Juana enmo mantera, tengo el colazón, he inglata pul un mándata me deja, dempuer que julanmo yo, y mi Amo nuestia defensa, que me Demonio eella aquello? pelo ya yo sen lo que ela, no el a fanta ma, tampoto los Diablos, siolos, elan; pues qué elan? son lo celos, que le andan en mi cabeza, fingiendo den sus mentilas las fábulas, y quimelas: Venganta, Cielos, venganza, contía esta inglata Silena, que me encanta con sus voces: pelo mal digo, la lengua miente muchas veces, pulque si mi Juana me ofendiela, el incendio de mis ojos baltante veneno fuela pala matalla; ay de mí! qué tengo de ansel en esta batalla con que el honol me andar ayendo han las vueltas? matal a Juana el lemedio es solo a esta conselcuencia: muela Juana, si me ofende, y quen fue Véntula sepa el defensol de su aglavio, pul no vél su fama negia. Ah Véntula, quien pensala, ha Véntula, quien dijea de tu ámol esta inominja: Ah Juanilla vil, han puelca; las lágiimas a los ojos se me saltan; quien pudiela han selte dos mil peazos, en venganza de mi aslenta. An bucal a mi Amo vol, a vel que lince de aquella infeliz tlagedia, en tanto, an vil Juanilla, panla esta. Jajusta suerte, que así con tantos males me cercas, detente un poco, no esgrimas los filos de tu violencia: como, Cielos, podré hacer, que tadros males fin tengan; pues unos a otros se enfazan, sin que dividirlos pueda? qué importa que yo de amante goce las dichas, y sea n por mi Ciencia a mi poder todo posible, si llegan todas las dichas que toca a su fin; pues no granjea mi gusto, mas que aquel tiempo en que el pacto bate que crean verdaderas, las que son solo mentida apariencia: Si todo me falta al fin, qué importa? Cómo pudiera encontrar, para librarme de mis enemigos, senda: de modo, que así lograra, con la mano de Inés bella, todo el fin de mis pesares? Pero por más que la idea trabaja para encontrarla, no hay como encontrarla pueda, de suerte que solo un medio hay en mi mal, y es, que sea mi acero el que busque modo, y en esto advierto, que es fuerza, que el medio que solicito, es mul posible que tenga, a vista el inconveniente de mi vida: mas es necia esta advertencia, pues noto, que como la vida pierda por Iués, que mayor vida podré desear; pues no espera el amante que a su Dama sacrificarla desea mas que la vida, pues es esta la mejor ofrenda? que en los Templos del Amor, en el diotel de sus puertas, Venus nos muestra en Adonis el que fue su sangre oferta, y el tributo que pagó rindiéndose a la soberbia de Marte, para que Venus disunta a sus aras viera, una vida, que fue vida en aqueste trance expuestas; pues si esto de Amor a todos las fábulas nos enseñan; qué puedo hacer, si no dar a otros como yo experiencia, de que el querer es bastante en nuestra naturaleza, para que al mirar los riesgos ninguno los riesgos tema, sino que exponiendo el pecho, en cualquiera lante sea el acero quien componga las dificultades: necia parece que será a muchos del Amor esta proresta, y aún pienso dificultosa: pero no será de veras verdadero amante, el que negándose a la violencia del Amor, no dé a su Dama fiel la vida en recompensa. En ranto que mi señor se entretiene con la varia diversión, que con la idea solo le fábrica a mi Ama, diversiones que le adúlca a su amor, siendo pantasmas de todas cuantas se vale, siempre metidas en danza: quiero discurrir un rato a mis solas, pues me basta el ser Criado, para que a murmurar solo salga de mis Amos, que no sirve aquel que lo que ve calla: yo prosigo, va de cuento, pero acía allí está Juana, yo no quiero que ella entienda nada de esto, a esotra sala se va pasando: yo vol otro rato a requebrarla, y déjome de pensar en si es Ciencia buena, o mala la de mi Amo, que para esto es la relación muy larga, y había mucho que decir: pero solo decir basta, que mi Amo, y el Diablo son grandísimos camaradas. Detente, di, dónde vas? En tu busca ila yo, Juana, para saber, qué hay de boda? Si tu gustares, mañana podremos los dos casarnos. Breve respondiste, aguarda, que te falta que saber. Qué es lo que saber me falta? Que has de saber, Juana mía, que si conmigo te casas ha de ser sabiendo, que siempre que a la calle salgas, me has de llevar a tu lado, que a la Comedia, necuacuam, a los toros, ni por lumbre, pues a la Alámeda, guarda, a Jamalca, no se trate, y en fin, que siempre en tu casa, para nada has de salir; mira ahora si te agrada esta vida, si así quieres, nos casaremos mañana. Habrá mayor desvergüenza! pues he de estarme encerrada, dígame por qué? . Porque siempre las piernas quebradas dentro de casa mejor estí una mujer casada. Pues yo no quiero casarme. Ves como fue de importancia el no hacerlo de repente? Eso sí, bien haya tu Alma, que primero lo miraste con corduta. . Dime, Juana, pues no es locó aquel que lo hace sin mirar lo que le aguarda? Digo, que tienes razón. Esa es la que a ti te falta. De temores cercado, y de mis celos crue es ausmado, a aquesta casa vengo, que en ella se ha mudado indicios tengo Don Juan con Inés bella, a ver si quiete mi enemiga Estrella, que no estando él en casa, pueda apagar de la incentiva brasa del ardor de mi pecho, que de tantas angustias ya deshecho, perdiendo lo constante, contemplo cera, y nombrolo diamantes entrar en ella quiero, y ningunos estorbos considero, al que en tan contraria suerte de alivio ha de servirme a mí la muertes Amor injusto, como con desvelos tratas de atormentarme, si das celos? Para qué con delicias me convidas, de un injusto sujeto presumidas? Deja de atormentarme, o dame a Inés, o acaba de matarme. Quién ha visto dolor que divierte? 2. Quién padece tan raro dolor? 3. Qué mata? 4. Qué alivia? Son los accidentes de hielo, y amor. 1. Le ha visto la fiera. 2. Le ha visto la planta. 3. Le ha visto la fuente. 4. Le ha visto la flor. Eso no, eso no, que la fiera, la flor, la suerte, y la planta, callando paderen las iras de Amor. Dichoso mi amor, pues tiene para logro en su esperanza de un amor correspondido la firmeza sen mudanza. Dichoso puede llamarme, cuando tanta gloria gana mi amor, pues hallo en mi Inés amor que a mi amor iguala. Llevado de la atención de las voces, que hacen salva, y con métrica armonía en dulces parajes cautan, vengo hasta aquí, sin que alguno me detuviese la entrada: mas qué miro? allí está Inés, que es de mis pesares causa, yo he de llevarla conmigo. Si mal no advierto, a la cuadra del Gavinete de Inés llega Don Diego, mas nada tengo que sentir, que presto sabré darle yo la paga a su intención, que sin duda es de maliciosa causa. Yo llego: bello prodigio, dulce causas de mir ansias. (.V.y 1. Conmigo quiere comer el pícaro? Enhoramala puede irse de aquí: conmigo no comen, ni el Rey, ni el Papa. 2. Conmigo venga, que yo soy el Rey de Dinamarca, pariente del Preste Juan. Qué es esto que me sucede? 1. No le he dicho que se vaya? Ya me voy, no quiero aquí, que su furia desmandasa llegue contra mí a esgrimir sus fuerzas: pero ya bastan a mis ojos los engaño; de haberme visto en la casa de los Locos, para verme con Don Juan tan cara a cara; pues vive Dios, que ahora de él) tengo de tomar venganza. Libre ya Inés, de su duda yo haré que se satisfaga. Yo quiero llegar, . . Api tira esa pieza, y campaña será este Mar donde mueran. Guerra, guerra, arma, arma. Qué es aquesto? qué he de hacer que en unas Naves contrarias t miro varios enemigos todos puestos en batalla: solo dicen. . Guerra, guerras A más mis iras no aguardan: yo me vol de aquí, que puede, que sea de más importancia el decirle cuanto he visto a mi tío: fortuna airada en que instante le trocaste el gusta a mis esperanzas! (V Quién ha visto dolor, Para divertir a Inés formen una contra anza, porque logre así el culdado de servirla mi esperanza. Qué deliciosa acompaña a darme gusto la suave dulzura, pero animada solo con ver a Don Juan no temo ser contrastada del tiempo, ni la fortuna, pues aunque enemiga, y varia, yo constante he de ser siempre por llevarle la ventaja. Retirome por si puedo acudir con vigilantia, para mejor ocasión que se ofrezca. . . Iré yo aJuana a buscar, que ella entretiene algunos ratos mis ansias, que presumo en el jardío ha de estar. . Vuelva la salve otra vez, diciendo a un tiempo celebrando mejor Alba. , . De Himeneo las dichas llegue a gozar, quien venturoso logra de Amor triunfar. Pues ya estamos a la vista de su casa, he de lograrlo: a Doña Inés hoy conmigo tengo de llevar, aguardo que él salga en aquella esquina; pues estando descuidado, de esta vez, no han de valerle, a ese Don Juan, sus eocantos: a i casa he de llevarla, que allí puede estir en tanto, que a mi sobrino de esposa se dispone a dar la mano. 1. Sio saber a que venimos aquí Don Luis nos trajo. 2. Ello sin duda es empeño, amigo Chirinos, arduo. Venid por aquí, y mirad, que todos pongáis cuidado en que ninguno os conozca. 1. Yo vengo bien disfrazado, pues para estas ocasiones tengo aquesta capa. . Entrao; en ese zaguán de enfrente. 2. A obedecer, señor, vamos, ninguno se escapará sino me unra bien las manos. . Qué pesados pasos doy, no puedo mover las plantas; no sé que tengo, parece se halla sin aliento el Alma: qué será, que por más que hago por divertirme, es un ausia cada razón? Cuánto veo es un pesar que me mata: pero todo esto acontece al que como yo se halla, que siempre al que está culpado su misma culpa le espanta: de casa he salido, y quiero otra vez volverme a casa, no haga falta en ella yo, no de Don Diego la airada cólera vuelva a tomar de sus celos la venganza. Ay, señor, perdidos somos. Qué es lo que tienes, Matraes? Qué ha de tener? cuando ahora en aqueste instanto acaba el Corregidos de entrar, señor, en tú misma casa, con Ministros más de mil, y entrándose hasta la sala, a tu Inés bella se lleva, y también se lleva a Juana: todo esto, señor, lo supe en la calle, y que les manda a sus Ministros guarnezcan el Forión, y que a su casa sus llevea: mira si esto es para detenerse en nada, pues que faltamos nosotros. Calla, necio, calla, calla: Cielos, como consentís a mi amor esta desgracia: Pero por qué me detengo, cuando es de tanta importancia este empeño, que no voy adonde se satisfaga mi cólera, destruyendo. los ardores de mi rabia, cuanto encuentren? Bella Inés, allá voy, espera, aguarda: o, mal haya mi salida, y mi descuido mal haya! En su seguimiento voy: aguárdame, bella Juana. que he de librarte hoy a ti, o no he de ser yo Matraca: Qué puedo hacer? ay de mí! hay semejante desgracia! que cuando yo estoy tan libre, esté mi Juana encerrada? y que la Magia no tenga para el pobre pararatas; porque es tan odioso un pobre, que hasta el Demonio le falta. Qué he de hacer? volverme loco, y audarme a caza de gangas, y hasta topar un conjuro no mirar las musarañas: mas tened, que por allí, si la vista no me engaña, miro venir al Cojuelo, que trae de una oreja a Juaca. Juana, bienvenida seas, abraza a Matraca, abraza; mas porque no la libré, veo me dice enojada: vaya el pícaro brivon mul mucho de enhoramala: de esa suerte me desprecias? Tengo razón muy sobrada: No me quieres? Ni por pienso: Pues, y mi amor? Es matrata: Y mi fineza? Es mentira: Y mis regalos? Son cbaeza: Que en fin me vol afligido? Qué en fin me quedo enterrada? Vol a buscar tu remedio: Eso importa, vaya, vaya: Pues ea, industria, esta vez ban de ver, que soy el hampa, desfaciendo aqueste tuerto Don Quízote de la Mancha. . Suspended el llante, pues tudo el suceso pasado del enojo, que con vos ha tenido vuestro hermano Don Pedro, luego que os vea se ha de acabar. . No con tanta rigor, señora, neguéis vuestras lucer, ocultando con las perlas los Luceros de quien yo me muestro avaro. Deja, Lrebella, a tus ojos sosegar, pues que han mestrado serenidad para todos, verte en esta casa. . , En vano es vuestro ruego, pues solo la muerte para resguardo del tropel de las descichas para mi consuelo aguardo. Dejennos llorar, señores, no quieran así estarbarlo, pues el corazón tenemos hecho dosclentos pedazo: Felice mi amor, pues logra conseguir en bien tan alto la dicha de merecer darle fin a males tantor. Vive Dios, que estoy gustoso de ver también he logrado con tener a Doña Inés en mi poder, todo cuanto podía desear, pues con esto, podré de aqueste tirano, vil Hechicero, Don Juan, sus astucias confirmando, proceder contra él, y contra cuantos puestos en su amparo quisieren en su defensa mostrar algún desacato, ya a su Ercelencia noticia de todo aquesto le he dado. Señor Don Luis, bien podéis a esos discursos negaros, pues sueñan mal en los Nobles las venganzas, que es engaño todo cuanto aquí os han dicho de mi esposo, y es en vano querer apartarme de su amor, porque le idolatro de tal suerte, que mi vida expuesta en tu desagravio, la sabré perder: mirad, que podréis desengañaros del todo, señor Don Diego, pues que con vos también hablo: perde! ya las esperanzas eo que habéis vlvido: estado ya le he tomado a mi gusto; pues que no puede mi hermano v solentarme el albedrío: con otra Dama casaos, que otras habrá que merezcan vuestra persona: olvidaos de la palabra, que os dio la lunocencia de mi hermano, y no sigáis adelante tan amante, y confiado; presumid que ha sido sueño, y que va habel despertado; todo esto mirad, Don Diego, que es solo delengañaros, de que aunque por la justicia os valgáis, os saldrán vanos todos los intentos vuestros. Vos, bella Leonor, halagos prestad a mi hermano, y ved, que aunque Caballero hidalgo, no pasa su discreción del humo del Mayorazgo: como amiga aquesto os digo, pues es fuerza acoosejaros, que en ello os miréis mejor, que un Matrimonio, si es largo, es una Cruz muy pesada, y más con un necio; cargos son aquestos para todos: pero habiéndome escuchado podréis disculpar mi amor, que él siempre está disculpado; pues como niño se lleva del primer sonido: Vamos, y ahora lo que más importa es solo: . Buenos estamos, ya cayó usted en la liga, ahora esos embustes veamos: quieren ustedes dejarme, que la he de agarrar las manos, y con aqueste cuchillo, que a fe, que viene amolado, que la de sí cuando menos ochocientos jurgonasos: esto, respondes Inés, es ser mi hermana? aguardaos, esto es ser de los Menoieras hermana de un Maverazgo? voto a bríos. . Teneos, Don Pedro, No me vaya usted a la mano; mi hermana es, de su pellejo puedo hacer si quiero un sayo. No era melor un tambor? Calle la criada: estamos, dígame, bien, Doña Inés? en qué ley vivimos? . Malo, que este tonto si se enfada tiene traza de matarnos. Mira hermano, que el enojo debleras disimularlo, y más a vista:: . Mi vista todo lo que ve, ha mirado. Vive Dios, que aunque yo siente de Doña Inés desengaños, ya es mengua sufrir aquesto: mirad, Don Pedro. . Cuñado, riña como yo a su hermana, y quedaremos a mano. Mucho remo aquí a Don Diego, Señor Don Pedro, no tanto, por mi amor, aunque pudiera, pues su desdén Idolatro, cuanto por Dama, pretendo hoy defenderla. . San Pablo! a Guapos andamos ahora? Mirad, Don Diego, yo el Diablo sel cuando me encolerizo, y de esta Gallioa, el Gallo sol yo, borlaos vos conmigo, y más que veis como andamos? Hermano: Don Pedro:: a vos os juzgué más cortesano, mirad que estoy yo presente, y que vos:: . Otro arrendajo? qué sol yo vuestre marido? acabad, decirlo claro. Sois Caballero. . Eso sí. Pues, Don Pedro, sosegaos: vamos a disponer luego los casamientos de entrambor. De esa suerte me conformo, Ya sola la muerte aguardo. . Primero me daré muerte, An Juana, cómo quelamas Apártese el Negro viejo qué no se aparezca mi Amo? . Tú san pagalás, puelno quieles sean yo lemposado. Yi mi fortuna llegó. Ya, Doña Leonor, estamos en la víspera de Novios, y así, mujer, os encargo, que cuidéis a ropa limpia, y miréis que soy el Diablo, y un poquito de celoso. Cómo, Cielos, sufro tanto? . Tenéis vergüenza, y por eso no me respondéis? . . Callaos, Don Pedro, y dejad la tema de vuestro amor, pues es llano, que mi sobrina os estima. Mejor le quisiera aborcado. . Ya, bella Inés, los Luceros manifestad sin nublados, pues yo logrando tal dicha solo vivo de adorarlos. Y yo muero de miran a mi corazón cercado de contrarios enemigos: ay, Don Juan, como olvidado vives de mí? . En el silenejo de vuestros lablos ya saco, que vos aceptals, pues dicen, que aquel que calla ha otorgado. Mal conocimiento tiene . desde luego ested. . Al caso, no hay que dormirse en las pajas: vamor luego a negociarlo, señor D . . Vamos, pues: tú, Leonor, ten gran cuidado con Doña Inés, que lo mismo a la puerta yo entargado he de dejar. . Oye, Inés, por tu vida, que hagas algo con Leonor por mí, que yo con tu Novio haré otro tanto. Va, amiga, que estamos solar, y que un mí mo mal pasamos sintamos las dos. . Lloremos. Luisa, lloremos las cuatro. Ay, Leonor, que es más mi mal, y ningún remedio alcanzo. Pues si no tlene remedio:: Pues remeio en nada la lamor Vamos a llorar, Inés. Vamos, Leonor, a quejarnos. De que teniendo albedrío, hoy tan sin albedrío estamos, que aún para quejarse, el tiempo hemos menester burtarlo. . Ven, Juana. . Ya vol, amiga, déjame quejar un rato: ténganme piedad, señores, que en esta casa me hallo presa por culpas ajenas, y causa de mis pecados: ay desdichada de mí! acompañen a mi llante los suspiros: ay, Matrata, ay, dueño mío, no tirano te olvides de la Juanilla, que tanto estás adorando. Ay, Don Juan del alma mía, ven por tu vida a librarnos, que en esta casa escondidas mi Ama, y yo a ti suspiramos. Hy Matraca de mis ojos, ay dueño a quien idolatro: Señores, miren por Dios si está escondido en el Pario. Ven conmigo, Juana, amiga, que puede darte un desmayo. Esta, Matraca, es, (ay infelite! la casa dnde tu labi (ay triste!) dice, que se balla el queño mío , pí- de su adversa lúhiel suerte quiso con su inconstancia darme muerte. Está la casa es, o el Gallinero; donde Juanilla hermosa está, señor, como cualquiera cosa, No te acobardes, tente, que animado mi espíritu vallente hoy de la Ciencia mía deshecha has de mirar la pantaría de este Alcázar hermoso, porque el Mundo me admire portentoso, Aqueso sí, señor, has de las tuyas, y este requien velvamos Aleluyas. Alcázar bello, que la vista admira, a mi Ciencia tu fábrica delita, Palacio Majestuoso en quien se almira el arte primoroso, hoy pues a mi deseo arrulnado, y deshecho por tropeo de mi Ciencia oportuna confiesa, pues, tu ruina, y mi fortuna; pues aunque más constante, esa fábrica fuera de diamante, con su Ciencia la excede el que tu fortaleza destruir puede; y porque mis encantos ocasionen al Mundo más espantos, la tierra estremecida, de mis graves esfuerzos combatida, quejándose en tal calma padezca, pues, por darme a mí la palma: sean los Elementos quien esfuercen también mis pensamientos, sintiendo su quebranto mis enemigos con adverfo llanto, ardiendo sus desvelos en la rigorosa cárcel de los celos. Y tú, o tiempo, que miras el nuevo asombro, que en mi Ciencia almiras; pues que el Amor me llama, has que me cante el Mundo ya la Fama de mis triunfos, dichoso, pues gozo ser de fues amante esposo. Ea, casa, en testimonios hundete ya con treinta mil Demonios, o baja hasta el abismo, que para encantos todo es uno mismo, y vea yo a mi Juana, mas que el Diablo me surte la badaza. De mí yos a el conjuro no quede piedra, cedro, o bierto duro, que deshecho al imperio de mi labio a acción úulco sabio. ee no me aclamo A la unlos que Amor blasona venid, veréss que ha logrado ceronarse victorioso quien supo vencer constante los Hados. Señor, ya está mi gusto satisfecho, por cierto que eres Diablo en dicho, y hecho. Esposo Don Juan, mi bien? Esposa, llega a mis brazos, Juana de mi corazón. Hijo, acá todas estamos. Ya es importante que vean, los que han sido mis contrarios, el desengaño, y que a Amor no vencen poder, ni engaños, Dichosa la que se ve libre ya, y fin sobrasaltos. L, , . Qué es aquesto; pues si a casa, sobrico, habemos llegado, como nos vemos aquí en un suntuoso Palacio? No sé como puede ser: qué he mirado? pero qué es lo Aguardaos, qué es lo qué miro? no es mi hermana? . Y el villano de Don Juan también. Por vida:: Caballeros, sesegaos, y sabed que contra mí vuestra cautela, y engaño no fue bastante. . . Y sabeda que de Don Juan es mi mano. Y yo me caso con Juana. Ya estamos todos casados. Habrá mayor desvergüenza! Ya este es mucho desacato. Qué habemos de hacer? Quedaos, de vuestra vista ahora yo con mi esposa me parto, diciendo ya con las voces de esos ecos alternados. , . A la unión que Amor bla venía, veréis que ha logrado coronarse victorioso quien supo vencer constante los Hados. Qué es aquesto? hola, a quien digo El viento les ha llevado. Ya mi esperanza es perdida. En la calle nos hallamos. Vive Dios, que sabré hacer en su seguimiento, cuanto sea posible, a conseguir su castigo. . Y yo me caso? digo, Don Diego, qué haremos? Don Pedro, ya en lo tratado no hay nada, pues que no logro de vuestra hermaca la mano, Pues si no ha de ser, paciencia, que yo he de hacer, por San Pablo, que parezcan, y hasta entonces nuevo juramento hago, que no, me toque el Barbero, hasta no vengar mi agravio, y quedando sarií fecho quedaré desagraviado. Pues todo aquesto fue asombre, que su Ciencia ha fabricado; vamos a casa que allí, de Leonor bien informados, sabremos como ser pudo un suceso tan extraño. Para la segunda parte los dos Ingenios eitados dejan a todos, que vean al Mágico Mejicano. Pidiendo el perdón rendidos de hierros, que han sidota
