Texto digital

Texto digital de Luis Pérez el Gallego (Segunda parte)

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Miguel de Anero Puente
Atribución estilometría
No es posible No concluyente
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Valencia, Viuda de Josef de Orga, 1770).

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Luis Pérez el Gallego (Segunda parte). BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/luis-perez-el-gallego-segunda-parte.

Logo BICUVE

LUIS PÉREZ EL GALLEGO (SEGUNDA PARTE)

JORNADA PRIMERA

De Omadles todos los pasos, y matadlos, o prendedlos, aunque los oculte el monte, o los favorezca el centro. Qué importa, enemiga tropa, que se conspire resuelto vuestro aliento contra mí, si es más superior mi aliento? Y qué importa, que irritado nos persiga vuestro esfuerzo, si lo resiste este rayo, sin los prólogos del trueno? Huyamos, hijos, pues hoy tan desairado me veo, y apelemos al despique en el socorro que espero, porque vean lo que cuesta respeto Al monte. Seguidme todos. A ellos, Luis Perez. Teneos, y tío con muerte de algunos añadamos riesgo a riesgo. Ya sabéis (después de aquella pasada herida, en que al Cielo tantos favores debí, pues que con vigores nuevos restableció mi salud en bien limitado tiempo) los trabajos, las congojas, que nos cuesta mantenernos en este monte, a pesar del peligro manifiesto, en cuyo afán incesante, en uno de los encuentros quedó herido Manuel Mendez a los rigores violentos de una bala, que veloz le pasó el lado siniestro. Retirámosle valientes a esa Caseria, que siendo atalaya de estos valles, es garzota de aquel cerro, donde mi hermana Isabel, Juana, y Leonor, con aseo continuamente le están cuidadosas asistiendo; y aunque nosotros tan finos les buscamos el sustento, esto no puede durar; y no extrañéis el recelo, supuesto que contra mí resulta todo el proceso, y en lo indignado del Juez advertidamente temo alguna acción, que desdiga a mi honor, y a mi respeto; y viendo que cada día se le frustran los intentos, no dudaré haya pedido socorro al Virrey, que atento, de Soldados se le embíe, con quienes sabéis que el riesgo es notorio; y Dios nos libre, que una vez lo hagan empeño, pues saben atropellar montes sobre montes puestos. Yo pienso que os lo dije otra vez, a cuyo efecto, a Pedro, aquel criado mío, enviamos con unos pliegos de Manuel Mendez, que avisa a sus amigos, y deudos el estado en que se halla; siendo su mayor empeño el Conde de Porto Alegre su tío, cuyo deseo es solo logre el perdón del Rey Don Juan el Tercero de Portugal (cuyos triunsos son a todos manifiestos) y hoy hemos bajado al Puente bizarramente resueltos a recibirle, pues ya le esperamos por momentos. Si viene bien despachado, con Manuel Mendez haremos, que se pase a Portugal con el hermoso portento de Doña Juana, donde halle salud, alivio, y consuelo; que conseguido una vez, nosotros huir podemos en los ligeros caballos, injuria veloz del viento, y ponernos en la Corte, de donde noticia tengo sale brevemente Carlos Quinto (que prospere el Cielo con mil victorias triunfante de la fortuna, y el tiempo) para alentar con su vista los favorables sucesos del insigne Duque de Alba, en la guerra que está haciendo en África a Barbarroja, que tiene a su Rey depuesto. En la Corte, Don Alonso, mas de espacio dispondremos de que Leonor, e Isabel tomen un seguro puerto en tan deshecha borrasca, pues no nos faltarán medios, para que allí las ampare lo sagrado de un Convento; nosotros siguiendo al César en su jornada, podemos mejorar nuestra fortuna a intercesión del acero: vos con más facilidad, pues os halláis con empieo de Capitán, aunque al Duque en la jornada resuelto no seguisteis, por veniros a favorecer mi intento; pero a vuestra discreción no le faltarán pretextos de enfermedad, o litigio, para el restablecimiento: a mí me será preciso huir el rostro severo del César, y mudar nombre, hasta que me ofrezca el tiempo de morir en su servicio tantos vehementes de Amigo Luis ya sabéis, que yo siempre estoy atento a lo que vos disponéis, pues no tengo otro deseo mas, de que salgáis airoso de tan continuado empeño. No niego yo Don Alonso, lo que a vuestra amistad debo, pues abandonáis por mí los merecidos ascensos. . Pero tened, que se engaña la vista, o es aquel Pedro, que a mirarnos se ha parado, pensando ser otros: quiero llamarle: llega, Pedro, que nosotros somos. Laus Deo, que por fin de mi viaje a veros con salud vuelvo. Pedro, seas bienvenido, dinos ya lo que hay de nuevo. Lo que yo puedo deciros, que bien despachado vengo, y las demás circunstancias han de decir estos pliegos del Conde de Porto Alegre, y demás Fidalgos. . Eso puede aliviar solamente los cuidados que tenemos. Pues no aquí nos detengamos, subamos arriba presto, para que abra Manuel Mendez las cartas; pero qué veo! . A lo que mirar se deja, mucha gente va subiendo hacia nuestra Caseria. Sin duda, que el Juez ha vuelto con alguna nueva tropa en nuestra busca. Qué hacemos, que a socorrer no subimos nuestra gente? . Vamos presto, que en la brevedad consiste el reparo de su riesgo. . Ya empezamos? por Dios, que soy Argel en mi barreno, puesto que al primer tapón con las zurrapas encuentro. . Ya que de orden del Virrey hoy en mi amparo os tengo, ya, Soldados valerosos, quedarán presos, o muertos. Eso será cuando yo rinda el coraje postrero. Cómo a tanta gente armada te resistes? . Porque quiero, pudiendo morir honrado, no morir con vituperio. En esta ocasión, amigos, dónde estáis? No estamos lejos, para perder en tu amparo hoy hasta el último aliento. . Gracias a Dios, que el socorro nos ha llegado a buen tiempo. Y yo pajas. . Manuel Mendez, Don Alonso, a ellos. . A ellos. Aunque son muchos, si el Juez les falta, los más huyendo bajarán, y por lograrlo muera ya. . Válgame el Cielo! Huyamos pues revestidos tienen estos el infierno, a socorrernos abajo de la gente de refuerzo. . Sigámoslos. . No lo hagáis. Allá voy yo. . Tente, Pedro. Cómo, si está el corazón de cólera dando vuelcos, y se le viene al instante rodado el votiboleo? Si antes de morir el Juez os declaré mis intentos, muerto ya, ved, Don Alonso, anadido empeño a empeño, si es bien procurar la fuga en las alas del deseo, y más viendo los Soldados, que han llegado de refuerzo, a quienes será imposible resistirnos. . Volaverunt. Pedro está bien despachado: ved, Manuel, aquesos pliegos, que en ellos viene el perdón de vuestro Rey. . Santos Cielos, llegue ya de vuestra mano a mis fatigas consuelo. Veamos: este es de mi tío; . con vuestra licencia leo. . Vos, bellísimas señoras, habéis ya cobrado aliento del pasado susto? . Nunca del favor que os debemos menos socorro esperamos. Y como en vos ya no es nuevo favorecer esta vida, por ser tan vuestra yo creo, que solo por vos lo hicisteis generosamente atento, pues tan al vivo os retratan las láminas de mi pecho. Hermosísima Leonor, en cuyos ojos me quemo mariposa racional, pues con atrevido vuelo, su actividad despreciando, a tantas luces me acerco, la palabra que os he dado hoy reválido de nuevo. El Cielo os guarde, pues vos, cortés, amante, y discreto, hacéis que un esposo halle a donde un hermano pierdo. Qué me dices, Pedro, tanta memoria a mis padres debo? Es un prodigio y tu madre está que bebe los vientos; y el vejete habellanado, con mostacho reverendo, me dijo en su idioma: Fique, fíquese acá, Cabaleiro, leve a miña silla Juana este abraciño, que teno guardado con un sospiro en lo máis fundo del peito. Es verdad, amigos míos, que aquí los despachos tengo de mi tío con el perdón de mi Rey, que reverencio; pero no soy hombre yo tan ingrato, tan grosero, que para desampararos use de tales pretextos; porque fuera acción villana, aún en el más civil pecho, causar el empeño, para volver la espalda al empeño; y así, a vuestro lado siempre he de estar. . Sois Caballero; mas ya Don Alonso, y yo las cosas hemos dispuesto para dejar este monte. Será como yo lo pienso, viniendo todos conmigo a mi casa, donde espero dé muestras de agradecido cortesanamente atento a la ley de la amistad. No, Mánuel Mendez, no es eso, que aunque el pecho de Leonor hoy tan favorable tengo para entrar en Portugal, logrando el mayor trofeo, que es su blanca mano, ya otro designio tenemos. Cuál es? . Oh señora mía! Seas bienvenido, Pedro: cómo ha ido? . Lindamente he llenado este pellejo, porque los Fidalgos son liberales por extremo. Pedro, bienvenido. . Ya echaba, señora, menos tu agasajo. . Siempre es uno. Aquí traigo de tus deudos, de cartas, y de doblones, llenos estos balsopetos. No pudo, amigo, el socorro llegar a más lindo tiempo: Y mi primo? . Muy ufano, como único heredero de aquel vejete Almirante tu tío, que esté en el Cielo. Pues tanto decís conviene al mayor alivio vuestro, solamente de ese modo, amigos iré contento. Pues saca cuatro caballos bien aderezados, Pedro; . porque he de ir a acompañaros hasta déjaros sin riesgo: vos con Leonor, e Isabel . os quedad mientras yo vuelvo. Al África vais, amigo, a donde, si quiere el Cielo, tengo de ir a visitaros, que allá brevemente espero pretender pasar con cargo en Marítimo gobierno, según mi tío me avisa, solicita mis aumentos, pues en Lisboa se está el socorro disponiendo, que mi Rey Don Juan envía a vuestro Monarca excelso; quedad con Dios: vos, señoras, ocupad mi rendimiento en vuestro servicio. . Ahora dejadlas entrar a dentro, donde cortesanas usen recíprocos cumplimientos. Adiós, Don Alonso. . El os guarde, hermoso portento. Oh poder de la amistad! pues con favorable ejemplo aras en suntuoso templo no en vano la Antiguedad constituyó a tu Deidad, elevando tu esplendor; pues mirados en rigor tus bizarros procederes, de los parentescos eres el parentesco mayor. Mas ya con pechos llorosos, la triste ausencia sintiendo, todos se están despidiendo en abrazos amorosos: . Ya en los caballos fogosos suben ya la vega llana corren y una seña ufana hacen con lienzo fiel: Adiós, amigo Manuel, a Diós, bella Doña Juana. A disponer me retiro; porque nada nos detenga, las cosas, y cuando venga Luis Perez: pero qué miro en vano, en vano respiro, pues una manga lucida toma una y otra subida: qué he de hacer, Cielos airados! Cergad el monte, Soldados, y nadie quede con vida. A todo trance dispuesto, en los ligeros caballos saldremos a atropellarlos. Don Alonso, qué es aquesto? Este es el último arresto, donde aliento se requiere: nada aquí es ya bien se espere, pues en tal peligro estamos. Presto, Don Alonso, vamos donde el hado dispusiere. En qué infeliz ocasión Luis Perez falta de aquí! Duélase el Cielo de mí. Ya crece la confusión. Tiempo es de lograr la acción, al monte, a la casa, al puente, que uno le pasa valiente. Pues el paso está tomado, Pedro, huye por otro lado contra tanto inconveniente. Fuerte fábrica altiva, piramide a los ojos fugitiva, en cuya verde espalda, lecho de flores, catre de esmeralda, cansada se reclina de los Cielos la máquina divina, aunque fuerte presumas por agrio sitio, y guarnición de espu- (mas resistirte obstinada a la gente de Carlos alentada, que fue (nadie lo ignora) nunca vencida, siempre vencedora, como dicen postrados tantos climas remotos dominados; hoy su valor tremendo tu soberbia altivez rendirá, haciendo esa adusta garganta infelice despojo de su planta. Y tú, Moro atrevido, que a tu Rey natural desposeído tienes verás postrado, el delito ejecrable castigado, y más cuando ya espero tan festivo de mi gran Carlos el feliz arribo. Esa, que nuestros triunfos embaraza, freno del Español, soberbia Plaza, cuya cumbre eminente adornada se mira nuevamente con fuertes invenciones de cuatro levantados torreones, que al Cielo su atrevida pesadumbre violó la llama, profanó la lumbre, sirviéndole de muro duras entrañas de peñasco duro, por ser del tiempo fuerte maravilla; mas no basta mi lengua a describilla, que queda, he presumido, con decir la Goleta, encarecido, pues por el hondo foso, que la cierra, es horrible padrastro de la tierra, y por sus fortalezas singulares, fortificado asombro de los mares; aunque esté gobernada por Barbarroja, ya desengañada de poder resistir a tanta ira, puesto que es tan difícil, cuando mira, que con tremenda salva, cuando menos, la sitia un Duque de Alba, con poder no sucinto, por el invicto César Carlos Quinto se ha de rendir. Hugo, así lo espero, que teniendo a mi lado vuestro acero, y siguiendo valiente su doctrina el siempre valeroso Juan de Urbina, que gasta solo, cuando fiel le aclama, las trompas, y las plumas a la fama, fiando a tu valor tan alta gloria, desde luego me ofrezco la victoria. me estáis, señor. Muy bueno es eso cuando, si vuestro brazo lidia, yo mismo (si, por Dios) le tengo enví Señor, aquestas canas ya dieron lo mejor. Sospechas vanas! Decid, no habéis oído el adagio, que dice repetido, que es el anciano noble un etna breve que oculta ardores, aunque ostenta nie Esa frase, señor, de verdad llena es frase muy usada, pero es buena. Nunca yo anduve, nunca en mis en Don Hugo de Moncada, por rodeos. (ple Por esta injuria paso? Que el General de mi nunca haga caso, y use solo conmigo los rigores, dando a otros Oficiales los honores! la causa no comprendo, aunque en averiguarla siempre entiendo Vuestra esposa murió, Don Hugo amigo? Este luto señor, es fiel testigo. Siéntolo mucho. En mi pesar severo estimo, gran señor, tal compañero. Decid, de vuestra hija (mi señora Doña María) qué disponéis ahora? Ay ingrata homicida, dulcísimo veneno de mi vida! aunque mi fe se mire despreciada. Mirándola, señor, desamparada, por su madre llorosa, (mos temiendo, y con razón, que es muy her Dígalo yo, que atento a su luz pu idolatré en Viserta su hermosura. E Algún riesgo (qué mal la voz se explica que suele tener Dama hermosa, y rica, la mandé que viniese donde a mi lado cuerda redimiese riesgo a que la hermosura se apercibe; en esta carta última me escribe, que llegará gozosa a sestear esta tarde en esa hermosa estancia lisonjera del bosque, que bordó la Primavera, a quien el mar abraza una milla distante de esta Plaza. ̱. Qué es lo que escucho, Cielos soberanos! la ocasión se me viene hoy a las manos, . pues ya estoy persuadido a lograrla atrevido, porque siempre oportuna favorece al osado la fortuna, haciendo: pero esto la osada ejecución dirá más presto. . Yo estoy aficionado a Juan de Urbina. Bien habéis pensado. Esto que he referido, su sangre, y su valor han merecido. Alabo ese gobierno, que escoger no pudisteis mejor yerno. A solas hablan, que pensar me queda: qué cosa habrá, que yo saber no pueda? El secreto parece que ha extrañado el Maese de Campo. . He reparado desde el primer instante, que bien da muestras de ello su semblante en algunos extremos: disimulad, señor. . Disimulemos: Y el niño? . Es estudiante. Traedle por acá. Tiempo hay bastante: tengo en eso esperanza, por ser basa el estudio en que afianza sus aciertos la ciencia, y ayudada una vez de la experiencia, se miran consumados unos valerosísimos Soldados, que torre sin cimiento, presto cede a las ráfagas del viento. Esas razones son de un hombre diestro. El tiempo, gran señor, es mi Maestro. Decís bien: ahora vamos donde todos alegres recibamos vuestra hija. . Excusado será, señor. Muy mal habéis pensado, (mas que aunque viejos importa a nuestras fa- el ser muy servidores de las Damas. Marchar podré seguro, pues el Marqués del Basto bate el muro, cuyo valor envidia el fiero Marte: arrimad los caballos a esta parte. Aunque apresure Carlos sus jornadas, . las brechas ha de hallar perficcionadas. Para alivio, señor, de mí de tratadlo con Urbina. Tratarelo; que si la ve una vez, y obra Cupido, poco tendré que hacer, pues advertido el sabio considera, que es la belleza gran casamentera. a El corazón no cabe ya de gozo: venid, señor. . Ya voy. Qué lindo mozo! Gracias, Cielo soberano, te doy, pues en ti confío del amado padre mío poder hoy besar la mano. Del sitio favorecida, que tanto verdor alcanza, entretendré la esperanza, en la caza divertida, cerca de ese monte, que ese golfo, sin agravios, con sus cristalinos labios humilde le besa el pie: ya que mi primo Fernando, con domésticas agencias, para dar las providencias quedó en la Quinta esperando. No venimos muy cansadas del viaje que nos inquieta. Viserta de la Goleta dista dos breves jornadas. Ya llega el tiempo en que veas aquel Don Diego tu amante, que te sirvió tan constante. Si mi cariño deseas, a mi amor agradecida, puesto que no me agradó ese Caballero, no me le nombres en tu vida, sabiendo que no se mid mi desprecio con su fe No te enojes hay más que se haga conforme se pide? Teresa, tus persuasiones esto a corregirlas baste. Parece que he dado al trastea con mis interposiciones: tan desdich ninguna con su ama ha sido. . Seguidme, sin hacer ruido, hasta que entre en la espesura, pues divinamente humana, es cuando el campo la adora, hermosa injuria de Flora, bella envidia de Diana. Todos con aquesta traza traed los rostros tapados, pues del disfraz amparados entraremos en la Plaza. Y al logro de acción tan fiera, que me ayudará, prevengo ese barquillo, que tengo emboscado en la ribera. Vengareme de esta suerte, pues desesperado estoy, y muera de agravios hoy quien dio ayer de agravios muerte. Ata, Pedro, esos caballos en la margen cristalina de ese arroyo, que las flores risueñamente salpica. Dejémoslos descansar entre, las ramas vecinas, que fácilmente resisten los rayos que el Sol fulmina. Bastante tiempo tenemos, pues que tan cerca se mira la Goleta, a quien combaten del Duque de Alba las iras; supuesto que quiso el Cielo, por mi dicha, o mi desdicha, que sin Don Alonso deje las montañas de Galicia, quien con mi hermana y Leonor discurro que escaparía, pues correr miré caballos huyendo de la justicia; y queriendo incorporarme, cargó la Caballeria sobre nosotros, negando el alivio a mis fatigas. Para que siente mi baza dame de tiempo una pizca: otro Juan Palomo eres de faramalla no vista, supuesto que tú te lo comes y tú te lo guisas. Hasta saber su destino no alienta la pena mía. Déjate de pesadumbres. Cuando, desdichas impías, faltaréis a un infeliz! Pues no fuera picardia, que a hombres con tanto vígote les faltasen las desdichas? Iremos a la Goleta, donde mi pecho codicia alguna bala, que acabe con esta infelice vida, por lograr::- Válgame el Cielo! Qué es lo que mis ojos miran! Qué ha de ser? unos Morillos, que salen de la cocina de Vulcano. . Tente, espera, que una Dama fugitiva, bella, de Venus afrenta, fuerte, de Palas envidia, viene a nosotros huyendo, de unos Moros perseguida. Es verdad. Español noble, según el traje pública, de vos a valerse viene una mujer afligida, para que la defendáis de esa canalla enemiga. No temáis, que perderé en vuestro amparo la vida, y hasta lograrlo, mi pecho será muralla. , Seguidla. Qué es seguidla? voto a Dios, que mate a cuantos lo digan, porque ha hallado su defensa en aquesta espada invicta. . Hidalgo, si no queréis, que con esta carabina la boca oscura de fuego escupa ardier te en vuestro pecho, la empresa dejad. . Hacerlo querría, mas vive Dios, que no puedo, porque no sé::- . Tararira. Tírame, y despacha presto; pero mira como tiras. La lumbre me faltó, apelen a la espada nuestras iras. La carabina de Ambrosio. hizo lo mismo algún día. Infames, viles, canallas, perros villanos, gallinas, probad ahora este acero, que rayos despide. . Chispas! Ya que no pude lograr mi intento, seguidme. . Atiza. Huid, canalla. . Los Cielos amparen, joven, tu vida. Ten ese estribo. Gonzalo, toma ese caballo aprisa. Huyamos. . Hasta la Plaza os seguirá mi osadía. Qué es esto? Tened, Soldado. Dejad que esos perros siga, pues para mi rabia es poca toda la Morisma. Ya es imposible alcanzarlos, pues el monte los abriga: Qué ha sido esto? Permitid, que a vuestras plantas invictas se postre mi rendimiento. Alzad, Deidad peregrina. Qué miro? válgame el Cielo! Padre, y señor? . Hija mía, como te hallo de esta suerte en tantos riesgos metida? . Desgraciada mujer soy: qué no haya hallado en mi vida un desesperado, que me robe por cortesía! Nadie delante se nga, que vengo hecho una desdicha: fuera digo. . A buena hora se viene el viejo potrilla. Muchacha, estuve ocupado en cuidar de la familia, y hacer que tomen un pienso mozos y caballerias. Ya que no he logrado yo ocasión en que os sirva, sacadnos de este cuidado vos, señora. . Dinos, hi ja, qué sobresalto has tenido? La relación es sucinta. De ponerme a vuestras plantas templaba las ansias mías, midiendo esta verde esfera en la caza divertida, cuando de lo más espeso del monte salió enemiga infame tropa de Moros, que robarme pretendía; y al que fue más atrevido, quité la infelice vida con esta escopeta, que mi diestra mano fulmina, arma de solo un impulso (oh mal haya inadvertida mano, que de solo un golpe toda su venganza fía!) y mi socorro encargando a mis plantas fugitivas, encontré ese valeroso joven, cuya bizarría, invictamente valiente, y valientemente invicta, me socorrió, dando noble alivio a tantas fatigas. Felice mil veces yo pues la fortuna propicia ocasión ofrece en que de algo un infelice sirva: Dame, gran señor, tus plantas. Alzad vuestra gallardía ha desempeñado a todos, y descaté, por mi vida, ocasiones de serviros. Dejad, señor, que rendida mi voluntad generosa, to e dé muestras de qu tan valerosos alientos en amparo de mi hija; y así, galán Caballero: . Ved, señor::- Reconocida la persona del cadáver, no ha faltado quien afirma ser Soldado de las Tropas: Qué es lo que mis ojos miran? . Qué hermosura tan bizarra! Pues que se haga la pesquisa. Es hora que a aquesas plantas se postre la humildad mía? Es hora que esos zapatos limpie con esta vedija? Seas bienvenido, Cencerro: tú, Teresa, bienvenida. Sois Español? . Sí señor. De qué Páis? . De Galicia. Arredro vayas, demonio: Gallego? hay mayor desdicha! Servís al César? . Con ese designio, señor venía. Y habéis servido hasta ahora? Sí. . Fue con plaza sencilla, o aventajado? . De Alferez. Qué decís? de Infanteria? Sí señor para el viaje, que el gran Duque de Medina hizo de orden del gran Carlos, logró la fortuna mía una Vandera, y no pude, por circunstancias precisas importantes a mi honor, pasar, señor, a servirla; ahora ya desocupado, a costa de mil fatigas, vuelvo a servir a mi Rey. Pues huélgome, por mi vida, que tengáis tan buen principio, con valor que le acredita, pues que sentará sobre él mejor una Compañía, que en nombre de Carlos Quinto mi favor os facilita. Tenéis por ventura ahora alguna vacante Vibina? Si señor. . Ponedle luego en posesión de orden mía. La fama tu nombre aclame con mil trompas repetidas. Yo añado número a cuantos panzas de oveja repican. Y vuestro nombre? . Señor, (aquí es forzoso que finja) . es Don Albaro Sarmiento. Ilustre sangre, y antigua. Con Noé toca, que fue su padre Juan de las Viñas. Pero qué rumor es este? Allo que de aquí se mira, es, señor, que de la Plaza hace el Moro una salida. Pues en qué nos detenemos? denme mi caballo aprisa. Perdonad, que estas licencias trae consigo la Milicia; . después, señora, habrá tiempo en que más de espacio os sirva. . Venid, gran señor. No vi o belleza más peregrina. Toma luego tu carroza, vente con tu primo, hija, que después de la función tendrán lugar mis caricias. Venid, noble Caballero. , . No os perderé de vista. Cómo se llama? . Teresa. Y su ama? . Doña María. Me huelgo que se acabase toda aquella retalla de Leonores, Lauras, Porcias, Beátrices, Ineses, Luisas, Juanas, Claras, Isabeles, Violantes, y Margaritas. Usted se va? . Si señor, a hacer que esté prevenida la carroza, me adelanto. Pues es justo que la sirva. . Ya que no tengo señor, ningún respeto que impida mi agradecer, permitid, que a vuestras plantas::- Qué miran mis ojos! Tened, señora, no se vean desvanecidas todas las flores humanas de hospedar flores divinas. A vuestra fineza::- . Ya la sospecha desmentida, fiando el disfraz al monte, aquí vuelve mi osadía por disimular: qué miro! Siempre a vuestra gallardía me confesaré deudora; y esta que mi pecho brilla verde flor, para memoria, ya que de paga no sirva, de mi mucho agradecer será la mejor insignia. . Qué veo! . Felice yo, puesto que la humildad mía tanta beldad mira humana liberalmente divina. Matarele, vive el Cielo. Quién tanto favor conquista? Pero allí a Don Diego miro, . huir pretendo su vista: dónde iré que no le encuentre? . Mas ya las trompas avisan: Adiós, señora. . Él os guarde. Qué gala! Qué bizarría! Ya con aqueste favor, venga el mundo. . Todabía no es vuestro, y mientras yo vivo no blasonéis de la dicha; porque antes que os ausente vuestra planta fugitiva, me habéis de dar esa flor, o habéis de perder la vida. Vuestro estilo, Caballero, . es bien que me cause risa, puesto que venís pidiendo, y usais de tal cortesía: esta flor (aunque lo di por bien empleado, a fe mía) me costó más que pensáis. Será mi gloria más digna. Pero de aquesta manera os la entregaré. Mis iras la cobrarán de esta suerte. . Mas qué escucho? suerte impía! Caballero, aquestas voces me llaman a toda prisa, para que vaya a cumplir con mi obligación debida. Lo primero es lo primero (según adagios publican) cese el duelo, oficial sois, si he de creer a las insignias; en la lid voy a esperaros, porque ayudéis mi osadía: pues he de ocupar con ella las más peligrosas líneas, que después lugar tendremos de matarnos: ahora viva el Rey; y luego esta espada a todo está prevenida. Ya, enemigo, que estorbaste el fin de mis osadías, o yo te he de dar la muerte, o me has de quitar la vida. eia tra tra ta en e e taa Haced salva Militar,

JORNADA SEGUNDA

Soldados, puesto que llega el siempre vencedor Carlos, el nunca vencido César; a cuyo espantoso estruendo, a cuya música horrenda acompañe el duro son de las cajas, y trompetas. Viva Carlos, cuyas glorias tanto la fama celebra, que de su aliento, aún no es el Orbe capaz esfera. Dadme, amigo Don Alonso, los brazos, en cuya estrecha prisión, a pesar del tiempo, vivirá el alma contenta. Amigo Luis, sin los vuestros, aunque fue breve la ausencia, como fuera de su centro estuvo la mía violenta. Ya no es mi nombre Luis Perez, porque trocarle fue fuerza por el de Alvaro Sarmiento, hasta que fortuna quiera abrir con alguna acción para declararme puerta. Vos dadme los pies, señora: tú, qué aguardas, que no llegas, Isabel, donde mitigues los cuidados que me cuestas? . Ya, señor con vuestra vista todos los recelos cesan. Sabe el Cielo, hermano mío, las congojas, y las penas, que con sustos, y temores he padecido en tu ausencia. Reconocido el peligro, que manifiesto se acerca, no por mi (sabela el Cielo) si por la preciosa deuda de librar estas dos Damas, que quedaron a mi cuenta (digámoslo así) al instante dispuse con diligencia, que aquese traje vistiesen (aunque el recato lo sienta) con que al hombre más galán tan bizarramente afrentan. Cortáronme luego el paso los Soldados, de manera, que no pude incorporarme, y en fortuna tan deshecha, al África mi viaje dirigi por otra senda, contento con que mi hermana quedaba a la sombra vuestra. Por eso en Madrid no quise (ya que el traje las alienta) que se quedasen, supuesto, que siempre a la vista nuestra las penas comunicadas ya son aliviadas penas. Pero como yo os detengo en pie de aquesta manera? Entrad, señoras, entrad, descansaréis en mi tienda, probando incomodidades, que trae consigo la guerra. En un monte os esperamos distante de allí tres leguas, pero como no veníáis, con temerosas sospechas a la Corte pasé, donde besé las plantas al César, que estaba ya de partida, y a bien poca diligencia (gracias doy a mis disculpas) me mandó que le siguiera, a donde a su heroica vista mi primero cargo ejerza, Tuvimos feliz viaje; pero referir mi lengua hazañas, que en su discurso ejecutó su grandeza, será imposible. . Contadme alguna por vida vuestra, mientras está cuidadoso recorriendo las trincheras. Al pie de ese monte altivo cuya atrevida soberbia, verde gigante pretende escalar del Sol la esfera; mandó Carlos, que su gente se apease, porque pudiera con mayor facilidad trepar las ásperas breñas, puesto que el monte por partes es de notable aspereza; y su Real Majestad excusó esta diligencia, porque le trajo el caballo un gran señor de la rienda; y por llegar antes que ejecute el Sol su fuerza, el rostro volvió, y llevado de su natural viveza, con gran gravedad mandó, que la gente le siguiera: esto originó un murmureo entre la menos experta, que decía (aunque de cierto no se supo donde venga) como el César va a caballo, y como no considera, que trae el andar a pie tan grandes inconveniencias, manda hacer lo que un Soldad a fatigado, no pueda, que si lo experimentara, no hablara de tal manera. Este murmúreo llegó a los oídos del César, y con semblante agradable, sin dar de cólera señas, del caballo airosamente, con no vista ligereza se apeó, y sacando la espada cortó al caballo las piernas, diciendo: No han de contar las historias venideras, que Carlos mandó, y que tuvo tan atrevida respuesta, sin que con nobles acciones heroicas muestras no diera, de que supo ejecutar lo que sus voces ordenan, corriendo fortuna igual conela gente que gobierna, ya en dichas, o ya en desdichas, ya en victorias, ya en tragedias. Y vino a pie desde entonces, siguiendo todos sus huellas, hasta pisar de lo llano la agradable estancia amena. Digna acción es, vive el Cielo, que por memoria perpetua el bronce, el mármol y el jaspe conserve en doradas letras. Pues esperad, que no es menos lo que de contar me resta. Apenas fue recibido con regocijos, y fiestas entre Militares salvas, dignas de tanta grandeza; el Duque de Alba llegó (como era precisa deuda) ofreciéndole el Bastón, que gobernaba en su ausencia; pero el César no le quiso, dando esta heroica respuesta: Regidle, Duque, por mí, supuesto que en esa diestra ilustremente le adornan tanto valor, y experiencia; yo, como Carlos de Gante, serviré a la sombra vuestra con una pica, siguie las Católicas Vanderas. Acción digna de su pecho! notables cosas me cuentas: pero entrad a descansar, no estéis de aquesa manera. Venid, que quiero sepáis de mis fortunas diversas, puesto que son mis sucesos cierta especie de novela. Tienen por alma el amor, y vos nunca su cadena arrastrasteis. . Pues ya, amigo, imperiosamente reina en mi pecho. . Será objeto como de la elección vuestra. Hasta celos tengo. . Eso se llama miel sobre ojuelas. Al insigue Duque de Alba, desde mi función primera debo especiales favores. Prodigioso es su Excelencia. Para alentar mi valor, me honró con una Gineta; y Don Hugo de Moncada su subalterno, finezas hace notables por mí, bien que yo no las merezca. Siempre el hombre de bien estimado donde quiera. Entrad, señor: y tú, Pedro, no entres allá, mira, espera. Qué quieres? Viste a la hermosa dulce causa de mis penas, la. Venus de estas espumas, desde cuya azul esfera ardientes rayos dispara, fulmina doradas flechas? Hombre, di Doña María; para que todos te entiendan, norme andes por rodeos: si la he visto y por más señas, que las dio en no querer ser hermosura mostrenca: pues me dijo esta mañana, cuando pasé por su tienda: Cómo está tu señor, Pedro? sí: y de enamorado se derrite como manteca, y es menester aplicarle una cosa blanca, y fresca, que discurro le mejore, como de esas manos venga: Pues dile, me dijo (con mejores explicaderas) que no se venda tan caro, y dale mis encomiendas. Felice mil veces yo, puesto que de mí se acuerda tan noblemente benigna la hermosura, que me cuesta tantos ardientes suspiros, del alma mudas querellas. Como quien no hace la cosa, date por allá una vuelta, porque la pobre señora de agradecida revienta. Di a Don Alonso que voy a hacer una diligencia; y tu estate por , y si por ventura llega su padre, avísame luego. Pues encaja, y no seas bestia. Cáúsame grande alegría ver los fuertes escuadrones poblar con tal gallardía aquesa región vacía de dorados pabellones, siendo en gigantes arrojos piramides corpulentos, a todo causando enojos, embarazo de los ojos, y embarazo de los vientos. Ponderará con intento mil maravillas Castilla; pero déjese de cuento, porque es ver un campamento la única maravilla, pues tan presto se volvió tu primo, se quitó de esto. Sicallá su amor se dejó, no te admire, que tan presto su amado centro buscó: mas mi corazón rendido a tanta bizarra acción, como olvida inadvertido el tormento aperecido de su amorosa pasión? Si lo que dije al criado algún efecto tendrá? El alma está con cuidado. Desde aquel lance pasado no descansa. . Ello dirá. Mas mira quien en la tienda entra. . Ten, señora, mía, que es con gala reverenda el galán de la contienda. . Ayude amor mi osadía. Dichoso mil veces yo, y felice yo mil veces, si de esas plantas merezco besar hoy la estampa breve, ignorada de la arena, no conocida del césped. Ya extrañaba, Caballero, sabiendo cuanto pretende serviros mi voluntad, que tan remiso estuvieseis en déjaros ver, y darle los preceptos que apetece. Señora, mi cortedad no os espante, que no acierte a lograr felicidades, que ha muy poco que lo aprende. Ved, en qué a poner llegáis los ojos, porque yo empeñe a mi padre para el logro, que vuestra fortuna enmiende. Tan altos mis pensamientos son, que del dorado Fénix de ese cristalino globo tocar las luces se atreven. No os entiendo: albricias, alma. . Fácil es el entenderme. . Qué te parece, Cencerro? Que es un muchacho excelente. Dime, quedaramos bien, si ahora Don Diego viniese? Pues étele el ruin de Roma. Aquí hay pendencia solemne: válgame el Cielo! . Preciso es buscar quien lo remedie: al e avisar pretendo. Nunca, Don Alvaro, ese Caballero, que decís, tuvo la ocasión más leve para tal atrevimiento; y aunque celoso se muestre, yo siempre le he despreciado, y le he aborrecido siempre. Así lo creo. Mas qué miro! entrando en la tienda viene, y para que veáis del modo que le trato, ese retrete os oculte, mientras yo le despido. . No consiente mi valor esa bajeza, que no acostumbra esconderse. Hoy se estrenará, mirando cuanto a mi honor le conviene, Válgate Dios por honor, cuánto en estos casos puedes! y es esconderse en ellos repetido tantas veces! Pues cómo, señor Don Diego, de esta manera se pierde el inviolable respeto, que a estos umbrales se debe? Cómo, sin temer las iras, que causáis injustamente de mi padre, y mías, osáis entrar aquí de esta suerte? Volveos, o vive el Cielo, que llame toda migente, para que castigue tantas osadías descorteses. Pobre hombre, y cómo te carga de cosecha de Septiembre! Qué más gente, hermosa fiera, que vuestros ojos celestes, con cuyo rigor ociosas las iras humanas queden? Con la noticia que el Duque me ha dado, aquí entrar se atreve mi amor a hablar, mas qué veo! a espacio, penas crueles. No os entiendo, y así idos. Cómo, ingrata, no me entiendes? Ya que para mitigar el volcán que el pecho enciende, a adorar vuelvo las luces de mi amado sol ausente, dame siquiera de alivio lugar para que me queje. Pues a tal tiempo llegué, cubierto de estos canceles esperaré la sentencia de mi vida, u de mi muerte. Qué esto escuche, y de mi pecho la mina ya no reviente! Habiendo visto a Don Diego entrar, salir el vejete, y después colarse Urbina, es justo los considere, según los humos de mi amo, rinendo a tente bonete; pero Don Diego está solo con ella, escuchar conviene. Si no os vais yo procuro remediarlo de esta suerte. . Pues ya, bellísima ingrata, que nada mi amor merece, el atrevimiento pueda lo que las ansias no pueden. Qué miro! . Qué veo! Tened. Quién se vio en lance más fuerte! Válgame el Cielo! . Por esto eran, fiera, los desdenes? Por esto y para que yo tanto atrevimiento vengue. . Yo también. . Dónde estará Urbina, que no parece? . Tened, pues a mi valor hoy le toca solamente lograr, riñendo con ambos, la venganza. De esta suerte se cobra de mí. . Ya ahora, que el Duque volando viene, salgo allá: Señor, aquí estoy yo. . Vete. Qué es vete? Caballeros, esta tienda no es palestra, donde puede, tan a costa de mi honor, vuestro duelo mantenerse; y más cuando yo no he dado ocasión a que os aliente a profanar del sagrado tantas soberanas leyes. Pero el Daque. . En estos casos no importa. Cielos, valedme! Qué es esto? cómo, señores, profanáis osadamente esta inmunidad, que tantas veneraciones merece? Y como el acero invicto en los ocios se entretiene, cuando yo le he menester osado, como otras veces, para postrar por el suelo ese Atlante, que valiente con todo el Olimpo acuestas, ni se agobía, ni se tuerce? Por vida de Carlos Quinto, que a todo el mundo escarmiente vuestro castigo: decid, qué ha sido esto? Hecho una sierpe está. . Llegando Vuecencia, nada, señor. Casualmente llegué y deciros no puedo la causa que les moviese a reñir. . Si no doy soplo, se matan adredemente. Y solamente sé, para que mis dolores se aumenten, que ya no puedo lograr la dicha que se me ofrece. Bien claramente, Don Diego, estas razones me advierten ser vos de aquestos excesos quien toda la culpa tiene. No en vano aquel poco agrado, que yo os he mostrado siempre, ha sido porque enmendéis tan resueltos procederes. Señor, yo::- . No repliquéis, idos, y advertid prudente, que mi valor::- . Santos Cielos, qué es esto que me sucede? Por el honor de esta Dama, de su castigo os absuelve? Qué mal hice en declararme a Urbina! anduve imprudente. Pues contra mi gran señor, vuestros enojos proceden, ya que no supe agradaros, infelice yo mil veces. Yo, señor::- Decid, señora. Sabe el Cielo::- Ingenuamente, qué ha habido sobre este caso? Pero esperaos, que viene vuestro padre con el César, después lo sabré. . Valedme, Cielos! . No os aflijáis, mostrad el semblante alegre. Mirad, señor, por mi honor. Eso por mi cuenta quede. Cómo, de mi adelantado, a la tienda habéis venido de Hugo? pues qué ha sucedido? que me tenéis con cuidado, Supe, señor, (lindo cuento!) que estaban unos Soldados en cierto lance empeñados, con bien poco fun damento: y como yo deseé siempre evitar un arrojo, por no causar vuestro enojo, aquí el paso aceleré: Mirando que había llegado, cesaron en la pendencia, tomando con diligencia esta tienda por sagrado: y como causa no vi de usar con ellos rigor, en vuestro nombre, señor, el perdón les concedí. Haveisme dado gran gusto quitando la disensión; y haberles dado el perdón fue muy justo; porque es justo, que con favorable ejemplo gocen de la inmunidad, que a donde está la Deidad allí constituye el Templo. Honras y mercedes tantas no sabré recompensar, sino llegando a besar vuestras generosas plantas. . Alzad, señora, del suelo, que tan ufano se ve, feliz, y alegre, porque merece hospedar el cielo. Es su belleza extremada, nuevo arpón es de Cupido. Seáis, gran señor, bienvenido. Vos, señora, bien hallada. Tenéis hijo? . Si señor. Pues dadle una Compañía. Es muy niño todabia, tiempo habrá para el favor: Soldado raso ha de ser, pues llego a considerar, que no ha de saber mandar quien no supo obedecer. Bien la doctrina nos da vuestra Majestad prudente con la acción que está presente. Es seguro. . Bien está. Has visto algo de esto? . No. Pues tú qué hacías aquí? Al alboroto salí, por ver quien acá se entró. Y en consiguiendo mi intento, de Barbarroja a pesar, a Argel tengo de sitiar, vive Dios. . Así lo siento. Que aunque de diversas leyes, cuando el peligro se ve, el favorecerse fue política de los Reyes; y más cuando breve espero el socorro peregrino, por el mar, de mi sobrino el Rey Don Juan el Tercero. . Pero qué he llegado a oír? quién causa tanto rumor? Barbarroja gran señor, que hoy os sale a recibir. A los ataques se arroja temerario; como ves. Siempre lo creí, que cortesano Barbarroja. De Infantes, y de caballos no oyes, señor, el rumor? Venid, Hugo: Aquí, señor, mientras voy a rechazarlos, me esperad. . Quedaos: los dos veremos como despejan. Que me quede me aconsejan: muy buen consejo por Dios! Solamente vuestro amago basta para su ruina. Dejadme entrar, Juan de Urbina. No habéis de entrar. . Santiago. Nadie templará su saña. . El Poeta garrafal, de la palabra formal se agarró, sin cierra España. Lindamente se escapo! Mi soplo algo merecía. Viste con la bizarría, que a cargo mi honor tomó, porque avive la pasión del alma que tierna adora? Deja eso, y veamos ahora . la fiesta desde el balcón. Hoy es el día, Soldados, que valientes, coléricos, y airados, podéis, con el valor que ya os inflama; dar eternos asuntos a la fama; puesto que tan ufanos se vienen a entregar en vuestras manos los Españoles, cuya frente altiva coronó de laurel, ciñó de oliva, tanto valor que los tembló la tierra por legítimo asombro de la guerra. Pero vuestro denuedo vigilante rendirá altivo, postrará arrogante el orgullo famoso de tanto Español Marte valeroso, y los agudos filos de esa espada, con osado furor, fiereza osada, no temerán congoja, al ver que los alienta Barbarroja, que a su Rey (siempre altivo) hace andar temeroso, y fugitivo ríos Horiz rva pisando breñas, fatigando montes, por conseguir valiente coronar de laurel su altiva frente. Pues a ellos; y el Cielo les conceda victoria, que mi anhelo (no sé por qué secreto) siempre les tuvo singular afecto. Esto es por alentarlos solamente, . que si Carlos valiente asalta la muralla, y atrevido la Plaza gana, viéndome perdido, sin que nadie lo impida, la oculta mina me dará salida. Sinán, ya el enemigo nos recibe; seguidme. . Ya os sigo. Ea, valientes Españoles, a ellos. . Ea, Castellanos. Aprieta, Pedro. . Ya aprieto. Y vosotras retiraos. Qué es retirarnos, vistiendo este traje? . Pues andallo, que no siempre los graciosos han de ser unos maniacos. . Pensaréis, tropa enemiga, aunque acosado de tantos, se ha de rendir el aliento de este acero, y este brazo? Pues no, que antes que se rinda, viven los Cielos sagrados, que pedazos he de haceros, o habéis de hacerme pedazos, Rindete; pero qué veo! tened la espada, Soldados, que es Carlos el que miráis, esto lo muestra bien claro el Ariete, que en su pecho peina bellones dorados: Rendios, a qué aguardáis? De esta suerte. Todo el campo buscando al Rey he corrido, y no he podido encontrarlo, e para ver: pero qué miro! Ríndete. . No sé, villanos. Qué es rendirse? vive Dios, si está mi espada a su lado, que rayos de acero esgrime en su favor? ponte en salvo, señor, que yo quedo aquí hecho muralla de mármol. Que me ponga en salvo yo? mal me conocéis, Soldado. No hay remedio? No hay remedio. Pues apretemos la mano. Tetirémonos de aquí, y a buscar refuerzo vamos. A ellos. . A ellos. Qué es esto? Qué ha de ser? obra el valor. Pues cómo estáis, gran señor, en riesgo tan manifiesto? retiraos. . Permitir no puedo modos templados; donde mueren mis Soldados allí tengo de morir. No hay alguna entre las glorias, que a esa libertad iguale, ella solamente vale mas de quinientas victorias. Si algún remedio no aplico, peligrará, que es valiente. Retiraos solamente, señor, porque os lo suplico, ya que la razón informa lo mucho que se interesa. Yo no he de dejar la empresa Con qué no hay forma? No hay forma, aunque sea temeridad, quitad, Duque, que entraré. Vive Dios, que me valdré de toda mi autoridad. Quién me dio este bastón? . Yo Dónde tengo imperio? . Aquí Sois vos mi Soldado? . Sí. cia? Negáis la obedie Llegándolo a confesar, obedeced presto vos; porque si no, vive Dios, os mandaré castigar. Seor Soldado (así ha de ser) porque ninguno le ofenda, . vaya de guardía a mi tienda, pues allí le he menester. Quién en tal lance se vio! . Que cuides estimaré de aqueste Soldado, que vida, y libertad me dio. Es mozo muy alentado, bien conozco su valor. Mucho me honráis gran señor. Vos lo tenéis granjeado; y que Carlos os dé, intento, el premio que corresponde; y ahora entremos por donde anda Marte más sangriento. En eso sí, vive Dios, asistiré yo el primero. Esperaos, Caballero, que tengo que hablar con vos. Esta espada cortadora nada teme: qué queréis? Mataros. . Que siempre habéis de llegar a mala hora! Sigamos hoy una ley, siendo un breve rato amigos, por matar los enemigos de mi Dios, y de mi Rey; y así:- . Tan bizarro alarde al no reñir favorece. Esperad, que eso parece darme nota de cobarde: la acción de vuestros extremos aquesta espada mejora, rechacémoslos ahora, y después nos mataremos. Vencéis la dificultad; mas que fuera (es evidente) resistir a tanta gente notable temeridad. Detrás de aquella colina, pues que sin gente la miro, a esperaros me retiro. Vive Dios, que sois gallina: mas no es justo me acobarde, aunque vienen tan restados. Aquí le dejé: Soldados, llegad todos. . Venís tarde, supuesto que el General, cuando en peligro le vio, a su pesar le ausentó. Quién vio desventura igual! Pues tan feliz ocasión tu valor me hizo perder, sin duda debes de ser hombre de suposición: que al más honrado prefiere, y al más valiente retrata quien tan fieramente mata, quien tan duramente hiere: y aunque no consiga hoy otra presa, ver espero, llevándote prisionero, gran rescate. . En eso estoy. De esta manera me entrego, . que estas manos alentadas distribuyen cuchilladas, como centellas al fuego, a imitación del abismo. Ninguno cuartel le dé. Pero la espada quebré: . o reniego de mí mismo! Llegad unos por aquí, mientras a otros hace frente. De ese modo solamente pudierais triunfar de mí. Es valiente, y arrestado: quién su valor no celebra? . Si la espada no se quiebra, mal lance habíamos echado. No vi más bizarra acción, y debe, por valeroso, a mi pecho generoso una entrañable afición. Rindete. Nunca ha sabido este acero: andad, canalla, que vive Dios, que no quede hombre libre de mi saña. Acosadle por aquí. No importa: el Cielo me valga! Echaos todos sobre él. Bizarro joven, levanta, que esta espada te defiende: . Estás herido? . No. . Vaya. De donde, galán mancebo, para evitar mi desgracia, saliste? . Reñid ahora. Si aquese brazo me ampara, nada temo, aunque a esta parte, conociendo la ventaja, lluevan Moros. . Mas que lluevan, que a más Moros, más ganancia: Huid, perros; como mi aliento tanto en deshaceros tarda? Esperad, joven bizarro, . mientras que mi fe postrada, por socorro tan valiente, os da las debidas gracias. Todo vos lo merecéis. Según las señas declaran, creyera: pero es locura. Que no encuentre yo a mi ama, para darle la noticia de tan notable desgracia! Pero ya allí la diviso, que con Don Alonso habla, aunque de espaldas le veo. Estimo fineza tanta. Llegaré: señora. Qué oigo? Cayose acuestas la casa. Villano, infame, atrevido, de aquesta manera guardas secretos que te se fían? Tenla, señor, que me mata. A mis manos morirás. Templa vuestra justa saña; pero no, no la templéis, . enojaos, que las Damas, aunque hermosas, más hermosas están, cuanto más airadas. Por vos, noble Caballero, hoy adelante no pasan mis iras. . Guardeos el Cielo. No andemos en pataratas: tu hermano va prisionero, de manera, que en volandas se lo llevan. . Todo el Cielo caiga sobre mí. . No caiga. Qué dices? . Ahora creo le entran dentro de la Plaza. Nada, señora, os fatigue, que el tiempo todo lo allana; y si agravio padecéis, y queréis ver empleada esta espada, os serviré con la vida y con el alma. Incapaz de padecerle ha sido siempre mi fama: desgracias son de un hermano. Pues referidme la causa, que en aquese traje os tiene. Esa es historia muy larga, mas de espacio lo sabréis. Pues acepto la palabra. Ya con este nuevo objeto es bien se olviden mis ansias de todas las antes muertas, que nacidas esperanzas. Pedro y tu amo? Aquesa es buena: amigo, cayó en las garras de Barbarroja. . Qué dices? En todo soy desdichada. A qué espera mi valor, que altivo no le rescata? Es imposible, pues ya dentro está de las murallas. Y los Moros, porque acá todos la victoria cantan. Viva el magnánimo César nuestro invencible Monarca. Viva, valientes Campeones; y tu Majestad Cesarea, en albricias del suceso, a besar me dé sus plantas. Ya que está de centinela habrá sus tres horas largas, y bien podía mudarle el señor Cabo de Escuadra. Pues qué novedad es esta? Cosas del gran Duque de Alba. Extraña obediencia! . Digna que aplauda a voces la fama. Ya, gran señor que pasó la tormenta que arriesgaba vuestra persona, será justo que aliviéis la carga. La obediencia solamente es quien al Soldado ensalza. . Pero qué voces son estas, del metal articuladas, que velozmente sonoras los velos del aire rasgan? A lo que mirar se deja, con comitiva bizarra un gallardo Moro viene tremolando seña blanca. Si querrá tratar de entrega? Responded a la llamada, que el salvoconducto ofrezco. Novedad es de importancia . sin duda; y por si me toca una respuesta gallarda, teniendo el Duque el Bastón, como en la función pasada, porque le pese a mi aliento, tengo las manos atadas; y para el breve remedio, su misma industria me valga. A dónde mandáis? . Aquí. Quién soy? . El Rey mi señor. Qué os da ese Bastón? . Honor. Puedo quitarosle? . Sí. Con esa insignia ya vi, que me hicisteis retirar, no daré otra vez lugar; y aunque ahora no mejora de mano, dámela ahora, que le quiero yo mandar; y no culpéis esta acción, que solo os le he quitado, porque cumplís demasiado, Duque, vuestra obligación: por lograr una intención ha sido, que aquí se encierra mi laurel. . En nada yerra tu Majestad con mi amor, que los Reyes gran señor, son los Dioses de la tierra. Decid ahora que llegue el Moro. . Acción alentada! Bien se ha vengado. . Es extraño su valor. Pero qué salva tan a lo lejos se escucha sobre esos campos de plata? Señor. . Qué es Según avisan las atalayas, cortando montes de espuma una poderosa Armada viene saludando el Puerto. El socorro es que se aguarda. Es sin duda, ahora mejor recibiré la embajada. Pues ya llega. . A aquestos perros no hay quien los dé unas zarazas? Carlos invicto, Emperador valiente, a cuyo acero atroz, mano triunfante, rinde Neptuno el húmedo tridente, y Júpiter el rayo fulminante: Bárbarroja, cortés, sabio, y prudente, te saluda, no menos arrogante, que no es justo deroguen, entre Reyes, leyes de guerra, del respeto leyes. No siento, que valiente, y arrestado me sitres la Goleta embravecido, ni que mis armas hayas rechazado, ni que victoria hayas conseguido, que es duro disponer del duro hado; solo siento que a mí te has atrevido; sabiendo que es mi poderoso aliento dueño del agua, y árbitro del viento. Porque ha muerto mi gente vuestro acero, no dudo, que estarás vanaglorioso, pues ventajoso a mí te considero, que el que te defendió tan valeroso, en mi poder se mira prisionero, y aunque le opuse un batallón copioso, a todos envistió, bien satisfecho, la espada en mano, y el escudo al pecho. Cruel, fiero rabioso, y obstinado, la espada esgrime, y el escudo bate, no le prendo, si no se le ha quebrado el acero; prevente a su rescate, sin creer, que en tan duro triste estado mis rigorosas cóleras dilate, que será (si no evitas tanto enojo) de aqueste brazo mísero despojo. Quién es? . Albaro Sarmiento, el que con acción famosa vuestra hija defendió de aquella canalla Mora. Qué escucho? válgame el Cielo! Cuanto mi venganza estorba . este accidente! . Atended, arrogante Bárbarroja, a quien he escuchado, solo por ser acción que me importa, tanta soberbia, aunque tengo vuelta la sangre ponzoña. Por la libertad de aquese Caballero, por quien goza desde aquel lance pasado la libertad mi persona; la victoria diera en canje (y es muy poco la victoria) la copia de prisioneros, y marlotas, los alfanjes, que hasta ahora te he quitado en las empresas famosas, te daré: mira si estimo en mucho su vida heroica. Yo no he menester alfanjes, que Vulcano me los forja, Júpiter me les da el temple, y Marte me los adorna; y para que postre tantas arrogancias orgullosas, como hijo de la fortuna, gente la tierra me brota tanta, que hallo poderoso, cuando miro a la redonda, un caballo en cada rama, y un gínete en cada hoja. Prevén rescate copioso en oro, perlas, y joyas, porque no pruebe los filos de aquesta cuchilla corba. Pues antes que el gran Planeta de esa máquina redonda en los campos de Neptuno tiend la madeja roja; antes que pulse la rienda, y antes que la planta ponga en el estribo dorado de la radiante carroza, para dar vida a las flores, y hacer de una en otra Zona, desde el Oriente al Ocaso, la jornada luminosa, reconocido a sus bríos, y castigando esa pompa, con un general asalto libertaré su persona. Eso me agrada, que es digno de mayores honras. . Yo anticiparé primero mis acciones rigorosas. Vive Dios, que estás accione me causan envidia honrosa. Ya con aqueste accidente alienta, esperanza loca. Quién libertarte pudiera! ven, hija. . El Cielo disponga a su libertad, porque yo salga de tanta congoja. Mira como lo ha sentido el ama. . Qué ha de hacer, tontas le toca en el alma y siente cada uno lo que le toca. . Venid señoras y el Cielo ocasión me ofrezca pronta en que liberte a mi amigo de esclavitud tan penosa. Así sea. . Porque yo salga de tanta zozobra. Y acabada esta jornada, os cito para la otra. a tral tratra

JORNADA TERCERA

Del sitio favorecido, de la tiniebla amparado, de tu valor obligado, y de mi piedad movido, te he procurado poner en libertad, sin dud Con qué te podré pagar tan bizarro proceder? Aquí tienes esta escala, atala de aquesa almena, y bajar al foso ordena. Qué dicha a mi dicha iguala? deja que bese esos pies por el favor que me das. No pierdas el tiempo que has menester para después. Barbarroja, por guardarla (que es lo que más le desvela) de una en otra centinela va rodando la muralla. Puede ser que por aquí encamine su partida, y así antes que me despida quiero preguntarte. . Di. Si mudasemos los dos de fortuna por honrarme, das palabra de ampararme? Si doy. . Pues a Dios. . Adiós. Para que con alegría mire la prenda que adoro, caber pudo en pecho Moro tal linaje de hidalguía? Aquí atar la escala intento, ya que no he sido sentido, para tener atrevido lugar de echarme. Qué gente? Pero perdido me advierto. Todo me sale al revés. Quién va allá? Diga quién es. El demonio. Ay que me ha muerto! Qué veo, Cielos soberanos! Dime, el Español no eres atrevido? . Sí, qué quieres? Quién te libertó? . Mis manos. Cómo, llegándote a ver, no te matan mis anhelos? cercadle. ve es esto, Cielos! vive Dios, que no ha de ser como en el lance primero. Si despeñadero hallara, yo mismo me despeñara, y ya aquí hay despeñadero. Recibidme, centro ciego de tanto foso profundo, porque quede fama al mundo de Luis Perez el Gallego. No vi más valiente arresto. . En el foso es el ruido. Gente del muro ha caído. Qué es aquesto? . Qué es aquesto? quién causa tanto rumor? que en la ocasión dificulto. Pero allí diviso un bulto: quién va allá? . Duqué? Señor. Qué novedad hay? . No sé la causa de estos extremos: pero hacia el foso lleguemos. Qué puede ser esto? . Qué tres hombres desde el cristal tierra toman abrazados. Vive Dios, que sois pesados como pecado mortal: Matareos con rigor, si no os rendís a mí, perros: mas quién está aquí? Don Alvaro? . Gran señor, deme vuestra Majestad . a besar sus pies. . Con dos se ha arrojado, vive Dios! Maese de Campo, alzad: viste hombre más alentado? Ya os tengo referido, que fue antes conocido por Héroe, que por Soldado. Con tal favor, no codicia mas mi valor, pues me agrada, que empeño a empeño se añada. De dónde sois? . De Galicia Esta pregunta, en algún misterio asegura. Y conocéis por ventura un Luis Perez? . Sí señor. Un hombre tan vil, que trata mal los timbres de Galicia, pues burla de mi justicia, y sus Ministros me mata? Entre aquella humilde gente por allí se hace temer, si fuera aquí, puede ser, que no fuera tan valiente. Indignado está, y yo cuerdo . hablar no pretendo ufano, ya que yo por mí me gano, lo que yo por mí me pierdo. Siempre le vi, gran señor, tenido por hombre honrado; pero ha sido desgraciado en defensa de su honor. Está bien: Ahora mirad, si acaso sabe un Pagano el idioma Castellano. Yo, señor. Pues levantad. Qué hay de nuevo? En la congoja, que justamente se altera, por todo mañana espera gran socorro Bárbarroja, de Infanteria, y Coraza, mandada entrar de tropel, porque rompiendo un Cuartel puedan entrar en la Plaza. Novedad es la que muy grande: confuso estoy, y no puedo darle hoy el asalto que ofrecí, y más cuando acelerarlo fue por libraros a vos: Quién los manda? . Alí. Por Dios, que habéis de ir a derrotarlo; . nombradle un destacamento de Españoles alentados. De esos, los menos versados prestarán al mundo aliento. Marchad, supuesto que ufana a la Aurora peregrina ya le corren la cortina de carmín y grana. nubes Ya, fortuna, tanto aumento te estimo, y mientras Paganos hubiere y tenga yo manos, todabía no estoy contento. Qué es lo que dices, Cencerro? tú le has visto? . Yo le he viste más galán, que Gerineldos, salir hoy con el Sol mismo, mandando un de estacamento de Caballeros lucidos, hecho Maese de Campo, a buscar los enemigos, que entrar socorro pretenden. Cómo de tanto conflicto escapó? . Dícese, que bárbaramente atrevido se ha precipitado al foso, agarrado de un racimo de Moros, a tiempo que el César y el Duque invicto, rondando iban las trincheras por dos parajes distintos; y viendo acción tan bizarra Carlos, la merced le hizo, que te refiero, señora. Con esto ya el pecho mío puede alentar. . Y yo darte la enhorabuena. . Te estimo Teresa, la voluntad, a mi amor agradecido; pero hasta verle volver triunfante, en vano respiro. Si le miraras salir sobre un animado risco delante de aquella Tropa, adornada de bruñidos petos, y finas celadas, de cuyo rémate altivo las plumas, y las garzotas, en ondas de varios visos, por los páramos del aire siembran Abriles floridos, de veras me lo dirías. No ven el viejo podrido, y cómo se regodea? Calla, que acía Hija, quien tuvo retuvo, según dice el refrancillo, y en tocando en estos puntos, yo reniego de los bríos, que no despiertan, por más que ya se miren dormidos. Pero el Duque viene a verte. Solo, Teresa? . Solito. Sin duda trae novedad. Aunque licencia no pido, no, no os espante, señora, que hombres de los años míos tal prerrogativa tienen. Seáis, señor, bienvenido, que como siempre tenéis imperio en los albedríos, no necesitáis llamar en ninguna parte. . Estimo, señora, vuestra lisonja. De todo, señor, sois digno, Decidme, cómo os sentís en el continuado ruido de tanto marcial estruendo, de tanto inquieto bullicio? ̱. Yo como nací, señor, hija de Soldado, quiso la fortuna, que no me hagan novedad los ejercicios Militares. . Yo me alegro; Y mientras que divertido dejo a vuestro padre, quiero, que sobre aquel lancecillo me informéis, porque yo pueda daros después un aviso. A Vuecelencia, señor, solo pudiera decirlo: . Callarele, que en mi cuarto Sarmiento estaba escondido. Qué coliges tú, Teresa, que con estos secreticos puede intentar su Excelencia? Y qué le importa al maldito vjete saber ahora si colijo, o no colijo? Por qué tan cruel, muchacha, tú te muestras? . Porque ha sido sementerio de por vida, que siempre se anda conmigo. ̱. Con que después que Sarmiento entró valiente a impedirlo, llegó Urbina? . Si señor, es verdad. . No en vano dijo, que yo lograr no podía la dicha que le he ofrecido, pues por vos halló riñendo dos Caballeros altivos. Y Sarmiento qué buscaba? Debió de entrar advertido a hablar a mi padre, a tiempo que vio el exceso, que he dicho. Oíd, señora: Vuestro padre os trajo con el designio de casaros con Urbina, y a mi instrumento me hizo, porque con él lo tratase: quedó muy desvanecido con tal favor; y después se ha mostrado tan remiso, como os dije; y ahora resta, que vos con cariño le satisfagáis, haciendo, que queden desvanecidos sus celos, que para esto no os faltarán silogismos. Señor, aunque Juan de Urbina es Caballero tan digno aún de mayores empleos, que perdonéis, os suplico, no poder daros el sí a favor tan exquisito. Cómo? siendo un Caballero tan bizarro, tan bien quisto, tan valiente, tan discreto, tan noble y tan entendido? Todo, señor, lo concedo; pero yo tengo motivos para no aceptar la dicha: ya parece que me explico. Cuáles son? si no es que ya el carmo divertido en otra parte tengáis. Ya discurro que lo han dicho caracteres, que en mi rostro dejó la vergüenza escritos. No por eso os turbéis: luego ya tarde ha venido mi pretensión? . Si señor. Acabaráis de decirlo: Y quién ha sido el dichoso, por si yo en algo le sirvo? No os acordáis, señor, del valor, la gala, el brío con que aquel joven famoso, abandonando peligros, me libró de entre las manos de los fieros enemigos? Es Sarmiento? . Sí señor. Me alegro, por Jesucristo, que ese solamente puede, valerosamente invicto, competir a Juan de Urbina, y no negaré que he sido, a vista de tal fineza, un tonto en no discurrirlo; y los dos de igual empleo son ya. . Pues habéis sabido lo que recaté hasta ahora, aún de mis propios suspiros, si mi padre insiste:- . Eso dejadlo al cuidado mío. Y sabéis, que aquesta noche, con su propio precipicio, abrazado de unos Moros, se libertó vengativo de manos de Barbarroja? Si señor ya lo he sabido. No es nada menor empresa la que encargó Carlos Quinto, mi señor, a su valor, después que merced le hizo; y con cualquier novedad nos tardan ya los avisos. Pero qué sonoras voces . con mil aplausos festivos, por esa región vacía tiernos esparcen gemidos? Él es sin duda, que ya el corazón me lo ha dicho. Decís bien; y ya el gran Carlos, alborozado de oírlo volver triunfante a su Campo de tanto marcial conflicto, le sale al paso, lleguemos nosotros a recibirlo también; entrad vos, señora. Vos, gran señor. No replico. Albricias, alma, pues ya a lograste tu regocijo. Ven, Teresa, donde oigamos algo de lo sucedido. Vamos: mas ya me parece, no estando puesto en estilo el relatar las terceras, que cansará de preciso. No en eso repares, que puede ser bueno, y sucinto. Pues pasará, como sea filigranado. . Eso digo: hacia acá te arrima. . Es cierto que a muy buen árbol me arrin Deme vuestra Majestad a besar, señor invicto, sus Reales pies, pues en ellos mi mayor triunfo consigo. Alzad, ilustre Sarmiento, y seáis muy bienvenido: decidme, como triunfasteis del poderoso enemigo? De esta manera. . Clavose Ah señor, bueno, y poquito. Hoy, gran señor, cuando la blanca Aurol desperto alegre en cristalina cama, a campaña mi Tropa vencedora arrogante saqué, donde la inflama de mi lealtad la llama vividora, y de mi fe la vividora llama, poco hubo menester, que el menor un rayo desprendido de la esfera. En esa verde selva, que el Mar bañas Alí se ofrece sobre marcha puesto; ordenada mi gente en la campaña, a recibirle salgo con arresto: vuestro Pendón los aires acompaña; a la valiente Tropa manifiesto, y cuando débil sus espacios mide, azotado del viento, el viento impio El bárbaro Caudillo enfurecido, al aire ofrece trémulas Banderas, la raridad ocupa el bronce herido, rompiendo de diamante las esferas, escuchando el horrisono sonido: asombrados los montes, y las fieras del estruendo fatal, no se redimen, las fieras tiemblan, y los montes gimen. Mi sonoro clarín rasgando al viento los cristalinos velos transparentes, infude en pechos fuertes nuevo alien- nuevo valor en ánimos valientes: (to, cuando de la batalla en el sangriento temerario fracaso, las ardientes espesas balas de mosquetes duros oscurecen del Sol los rayos puros. La sentencia, que altivos esperamos, nos íntimó cruel carga cerrada, pero todos valientes apelamos a los agudos filos de la espada: resístense feroces, mas logramos la soberbia mirar luego postrada; porque poblando el campo de rubies, nadabamos en ondas carmesíes. Conozco a Alí, que de rencor vestido, sus Soldados alienta valeroso; arrojome sobre él enfurecido, y de la espada al golpe rigoroso desocupó el arzón despavorido; y yo entonces, señor, mirando airoso de púrpura enemiga el campo tinto, victoria apellidé por Carlos Quinto. Manda esa gente, que obediente espera, cautiva ya, sintiendo suerte avara, porque rendida la canalla fiera, te sirva fiel con obediencia rara, invictísimo Rey, a quien venera de tantos hemis ferios la Tiara la soberana Augusta Monarquía, des donde nace, a donde muere el día. Eso mi aliento estima, espada en mano, y arrojarse encima: balas, en el rigor del fiero Marte, como suelen decir, Dios las reparte; pero las cuchilladas, si reñimos, los Soldados, y Dios las repartimos. Su bondad las reparte allí infinita, pero entre aquellos es que están cerquita. Qué os parece de esta bizarría? . Sabe hacer, y decir, por vida mía. Yo os doy, porque mi premio os comprenda, en la Orden de Santiago una Encomien y sin pruebas (pues yo estoy satisfecho) la espada roja adorne vuestro pecho. Vivas más años que ese peregrino Fénix en tanto globo diamantino; pregonaré tus glorias, con espanto, mientras descoge fiel, a empeño tanto, para eterno blasón de tu memoria, dilatados volúmenes la historia. Ya avisan los estruendos Militares, que invencibles las Tropas auxiliares el desembarco acaban. . Y se inclina mi valor a salir a la Marina a recibirlas. . Pues venid conmigo, que es función para vista. . Ya os sigo. Venid, Don Hugo. Voy: Señor Sarmiento, . celebro, como mío, vuestro aumento. . Yo no, que vive el Cielo, ha de poder muy poco mi desvelo, o ha de matarle airado, aunque el medio que elijo no es honra- (o pero qué ignorante, en pena semejante, hay que de honor se acuerde? Piérdalo todo quien la vida pierde; y más yo, que me advierto muerto de amores, y de celos muerto. . Ya que en pena importuna sinrazones sentís de la fortuna, de vos tan obligado, y de vuestra belleza enamorado, cuando rendido adoro tanto de amor dulcísimo decoro, mi fe a ser siempre vuestra se adelanta, tanto es mi amor, y mi esperanza tanta. Vos, como Caballero obraréis siempre. . Agradecido espero parecerlo: venid. Señora mía, vuestras plantas me dad, que no podía esta fe verdadera desear pisur más elevada esfera. Vos se ais muy bienvenido, donde mi pecho espera agradecido dar hoy con alegría la enhorabuena a tanta bi Todo para serviros es, señora. Don Alvaro, está bien venid ahora hacia el Mar, que el bullicio le alborota, donde hablarme podéis sin tanta nota. . Ea, amigo Don Alonso, ya oportuna navega viento en popa la fortuna. Esta victoria, que hemos conseguido, tiene al César el triunfo prevenido. Y yo, señora hermosa, ya que es tratar de amor cosa forzosa, razón no tengo de buscar mi medro? Qué me respondes? . Tú la tienes Pedro. Repara lo que dices, que eso es más viejo, que traer natices. Ese es vano consejo, que lo que viene al caso nunca es viejo. Cómo es eso de viejo? quedo, paso. Aqueste es viejo, y se nos viene al caso. Luego que entre en la Plaza Carlos, quiero decir quien soy, que agradecido espero se muestre ya sin cólera irritada, mirando el desempeño de mi espada. Primero hablaré al Duque claramente, porque con él intente mi perdón en albricias del suceso. Decís muy bien, y yo convengo en eso. Ya en tierra divertida de mis Paisanos hay Tropa lucida. Vamos allá, por si entre la Milicia podemos de Manuel tener noticia. . No obstante, sirva el pobre Galleguelo, y le querré. Cuándo ha de ser? . Direlo. Pues dilo, y no te vayas tan en seco: cuándo ha de ser? En perdonando a Meco. . Primero vil, talmada, te he de ver por las calles emplumada. Ya que mi gente briosa, entre estruendos Militares, la campaña azul desprecia por pisar la verde margea, bien ordenada la dejo, y dispuesta a todo trano, para obedecer del César lo spreceptos inviolables no sufriéndome noble el corazón un instante de omisión, en visitar mis dos amigos leales; hacia el campamento quiero salirme, por ver si es fácil hallar quien me dé segura noticia donde los halle, que no será poca dicha lograrlo, siendo tan tarde, y en campo tan confundido con los rumores marciales: pero por allí diviso Soldados, a preguntarles quiero llegar: mas qué veo! cubierto traen el semblante unos de ellos, y veloces se acercan hacia esta parte: qué novedad será esta? Mas ya que puedo ocultarme entre estas ramas, veré la causa que aquí los trae. Ya, amigos, que valerosos dais palabra de ayudarme, por un papel le he llamado a este sitio, donde acaben de una vez con él mis iras. Pero ya viene, ocultarse será bien, hasta que llegue ocasión en que os llame. Supuesto que no he podido, desde aquel pasado lance, buscaros, pues ya sabéis los inconvenientes grandes, que se han interpuesto, estimo, que vos os anticipaseis a llamarme, antes que yo lo hiciese. . El Cielo os guardo Qué miro, Cielos! no es este Luis Perez? bien es que calle hasta ver en lo que para. Cortesías son en balde; a reñir no me llamáis? Sí. Pues para luego es tarde. Gran valor! . De cuándo a E sois? quieto importa todabía. Ahora veréis si cobarde soy como otra vez dijisteis. Reniego de mi coraje, que no os hace mil pedazos. . Quién hay que a tal furia baste? Amigos, ahora es ocasión, muera, matadle. Ahora no, tened villanos, gallinas, perros, infames, que está aquí quien le defiende, y quien a todos os mate. Muerto soy: Jesús! De dónde, Manuel, saliste a librarme? En estando yo a tu lado, venga el mundo. Eso es constante. Oh qué desgraciado soy! huyamos. . Muere, cobarde. Válgame el Cielo! . Y a mí los pies. Hacia aquesta parte se oyó el estruendo, acudid para saber quien le cause: tened y mirad que llega su Majestad. . Fuerte lance! Por aquí anduvo mi amo, porque las tiene mortales: ayudadme, mete muertos, a entrar estos perillanes. Qué ha sido esto? . Si merece besar tus plantas Reales un nuevo Soldado, que por ese camino errante un Tercio mandando viene de las Tropas auxiliares, yo lo diré, que llegando en aqueste mismo instante, vi, que tres fieros traidores, alevemente cobardes, por matarle (qué querrá con las, señas que me hace?) acosaban a mi amigo Luis Perez, que está delante. Quién decís? Adiós, amigos, ya dimos con todo al traste. Qué escucho! Vos sois Luis Perez? Si señor. . Adiós, gaznate. Ya que la casualidad hoy gran señor, me declare, y mi amigo Manuel Mendez me ha muerto, pensando honrarme, antes de hallar la ocasión, que previno mi dictamen; yo soy Luis Perez yo soy el infeliz, que combaten los continuados rigores de la fortuna inconstante; si defender un amigo, en un rigoroso lance, de la justicia acosado, dando lugar que se escape; si mantener valeroso los blasones de mi sangre, defendiendo de su lustre los quilatados esmaltes, dando la vida a mi honor, y dando muerte a un infame; si matar un Juez altivo (a costa de mis pesares) para librarme de tantas persecuciones tenaces; si matar esos traidores, que hoy a vuestras plantas yacen; y cruelmente alevosos la muerte intentaron darme ante tu Majestad, no son delitos disculpables, porque no los procuré, y fortuna me los trae, mirando el glorioso fin que he procurado a mis males, buscando en servicio vuestro una bala, que me alcance, arrojado tantas veces pos a entre los co (que en linajes de morir este es el mejor linaje) espero que vuestro pecho usará de sus piedades; y si como mis delitos son, castigo queréis darles, ya sé que debo la vida; pero antes, gran señor, antes que pronuncies la sentencia rigoroso, en que los pague, verás, que sé coronar las murallas del Alarbe con las triunfantes insignias de tus Pendones Reales; consolado moriré solo en mirar, que constantes Españoles, a tu frente Laurel a Laurel añaden, que habiendo gloriosas muertes, ellas con mi vida acaben: mátenme tus enemigos, no tus amigos me maten. . Espera, amigo, que yo a tu lado voy a hallarme. . Tened, oíd, esperad, llamadle, Duque, llamadle. Sigamos también nosotras. . Y yo y todo. Ya no es fácil. Válgame el Cielo! No llores, . que está mirando tu padre. Pues velozmente ligero corre y ya puesto delante de su Tercio, una Vandera toma y a las brechas parte, y todo el Tercio animoso también le sigue arrogante. Quiera el Cielo no se pierda en locura semejante! Ya que yo tuve la culpa. . voy con el mío a ayudarle. Tened; y ya que la noche cubre de negros celajes los ámbitos de la esfera, y que la gente al avance prevenida está, decid a ese sol de Capitanes Don Alonso Mascar vuestro General, que marche por su costado a las brechas, para que por todas partes con un general asalto tanto triunfo se me gane. A eso, y ayudar a mi amigo parto, señor, al instante. . Ya no obstante tanta espada, y tanto fuego no obstante, en la muralla trémola tus invictos tafetanes. Al del Basto, al de Pescara, al gran Don Alonso Idiáquez, a Don Antonio de Leiva, a Don Gónzalo fernández, y a Hernán Cortés avisad, para que todas las Haces aboquen luego a las brechas, dejando retén bastante en la línea de refuerzo, para si nos rechazaren, que no harán, cuando marchemos, Dios delante, y yo delante. . Y todos te seguiremos. . A hacer del valor examen. Retírate donde estés segura, hasta que se acabe esta gloriosa función; y a Dios. El Cielo te guarde. Todo el afecto del alma dividido en dos mitades tengo, sin saber a quien alcanza la mayor parte, que es difícil distinguirlo entre un padre, y un amante. Ven, Teresa, que he de estar a vista de cuanto pase. Ahora estarás contenta, pues ya difunto miraste aquel amante enfadoso, que en santa gloria descanse. Vamos: parece que el Cielo sobre nosotros se cae, con el pavoroso estruendo del siempre iracundo Marte. . Siempre estruendo, y guerra ju lo cipi zape. Ya con rigoroso estrago rinden los valientes bríos. A ellos, Españoles míos. Abanza. . Abanza. Santiago. Aquí te queda, Sinan, defendiendo estos valvartes, mientras yo por todas partes en tan rigoroso afán, voy alentando mi gente: Mal mi paso se encamina, si no me libra la mina de riesgo tan evidente. Mientras esta espada altiva rija, no hay que recelar. Ea, hijos a pelear. Viva Carlos Quinto. Viva. Cómo resiste tu anhelo con cólera tan airada? Nunca se riudió esta espada. Muera ya. . Válgame el Cielo! Tened, amigos, parad, que yo a ampararle me atrevo, por ser el Moro a quien debo la vida, y la libertad. Pues en qué remiso estoy? levanta, sin embarazos, bizarro Moro, a mis brazos. Y a los míos. Vuestro soy. Ya, Sinan, que el enemigo hado, entre males tan fuerres, nos ha trocado las suertes, nada temas. . Nunca, amigo, dudé semejante hazaña de vos, en tal laberinto. Victoria por Carlos Quinto. r Viva España. Viva Españ Coronad, Soldados míos, todos los soberbios muros de nuestro Monarca Carlos, con los Pendones Augustos; las luminarias voraces hagan con rojos vesubios, que la luz no se eche menos del Planeta rubicundo. Al gran Dios de las Batallas, que gobierna mis impulsos, rendir las gracias debemos por tantos favores sumos. Ya, señor, que te miré dueño de tan alto triunfo, y que no logré morir en estruendo tan confuso, aquí tienes mi cabeza, . que no pretende el indulto de tus ojos, por pagar todos sus delitos juntos. Mi General de Batalla, levantad, que no hago mucho en perdonaros delitos . en que la desgracia os puso, y más cuando habéis buscado el más generoso rumbo, domando de tanto Alarbe el siempre temido orgullo; vida, y libertad os debo con los repetidos triunfos, que valiente conseguisteis, y ha de conocer el mundo lo que mi persona vale, y como dueño absoluto de la ofensa, os perdono, y premio os doy seguro, porque de él sepa también quien el desempeño supo. Mas siglos mires, que aquel único Pájaro Turco, que muere, y renace en cuna de abrasados calambucos. Aquí tienes a Sinan, que en la libertad me puso, segundo de Barbarroja, ha escapado ast por no sé qué oculta mina, que ha servido de aqueducto; si algo mi súplica vale, logre, señor, perdón tuyo. Vuestra piedad implorando, me postro a esos pies Augustos, y pido el Santo Bautismo. Con este pretexto es justo. Yo, como causa primera, que en tu desgracia le puso, las gracias, señor, te rindo. Aunque sean los yerros muchos, a todos doy el perdón. Quién no poca parte tuvo en su trabajo, también rinde los obsequios suyos. Ya que vos le habéis premiado, otro premio le aseguro yo también. . Cuál puede ser? porque yo le dificulto. Yo cuidadosa, señor, (no obstante tanto concurso de militares estruendos) a vuestra Majestad busco por darle la enhorabuena de tan señalados triunfos. Vuestro celoso cuidado estimo, señora, mucho. Ya que oráculo habéis sido sin particular estudio, dadle la mano a Luis Perez, señora. . Qué es lo que escucho No es eso, señor, lo os supliqué. . No lo dudo; pero yo sé que conviene, sin que arguyáis sobre el punto. De todas suertes dichoso soy. . Y yo más, que aseguro mi mayor lauro en tal gloria. Ya el fin mi esperanza tuvo feliz, como deseaba. Vos seréis padrino suyo. Está bien. Ahora vamos con mil reverentes cultos donde se cante el Te Deúm, por beneficio tan sumo. Yo, bellísima Isabel, lo que he ofrecido ejecuto; esta es mi mano. . Dichosa he sido en tanto disturbio. Yo feliz con tal cuñado. Y yo mi palabra cumplo, hermosísima Leonor. Vos sois el que pagar supo los agravios con finezas. Ya que hay de bodas diluvio, encaja esa mano. . Encajo, aunque la pegues de puño. Y habiendo desempeñado de la manera que pudo, a Luis Perez el Gallego en tan penoso infortunio::- , . Pide el Alferez humilde perdón de los yerros suyos, como de meterse en pasos de mayor coturno. gn