Texto digital de Lucinda y Belardo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Desconocido
- Atribución estilometría
- Sin resultados estilométricos disponibles
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lucinda y Belardo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lucinda-y-belardo.

LUCINDA Y BELARDO
JORNADA PRIMERA
piqitize pogle Dioiized by Google moeo ea a eeeeeeeee eeeeeneco Digitico Dioliced by Googlo A Digiliced bi GOOolo Si el preso delincuente la ocasión de salir nunca ha perdido salga mi afecto ardiente, y si hasta hoy su prisión afecto ha sido, logre ya la salida, sin que alcaide el respeto se lo impida sea el salón palestra en donde mis afectos y temores r generosos den muestra, que a los unos y los otros superiores será en lid tan notoria. de amorosos afectos la victoria. Yo, Luelada, te adoro, y viendo que de belleza eres portento, y aunque a tú alto decoro, debiera estar como vasallo atento, nada en mi pena dura mueve más la atención, que tu hermosura. Si bien hoy mi nobleza se llega a ver en tan supremo grado, que el ser tú la Princesa es solo la ventaja que he notado, no es esto hablar engreído, sino dél la disculpa de atrevido. Como escuevas tan triste, Lucinda, la acasión de mis enojos? Por qué a la tierra hiciste centro del exglendon de aquesos, ojos? Que está mal eosidera tan alta luz en tan humilde espera. Graeias dol a mi suerte de la afición que entiendo en Amurates, pues mi amor senda advierte por donde excusar pueda los combates, que padecen aguardo, cuando otro sea mi dueño, y no Belardo, Amurates, no entiendas, que es origen tu amor de mi disgusto; pues por tus altas, prendas no tiene arrojo tal, nombre de injusto. otro cuidado se ha hecho absoluto señor de un triste pecho: el Gran Zultán, mi Padre, pretende que Cello sea dueño mío, S sin que aquesto se cuadre al imperiolo ser de mi albedrío, y esta pena insufrible destierra de mi pecho lo sapadible: que aunque Celín le augmente el Dominio en los campos, y en los Mares a mi Padre exceleote, de qué puede servir a mis pesares tanto triunfo adquirido, si el de mi voluntad no ha conseguido? Si con mi Padre alcanzas, que no me dé a Celín, yo te prometo favor con esperanzas, y así puedes buscar trazas discreto con que tu amor posea, la prenda que Celín tanto desea. Perdona, mi Belardo, nie lo que con Amúrates mi Am or o aparente: que de mi amor no es mengua si es firme el corazón, mentir la lengua. Qué, Amurates, me dices? Que el corazón haré solio decente, donde en gozos felices el placer que me das luego se asiente, y por su Rey rendidos lo jurarán potencias, y sentidos. Puesto a tus plantas juro, el no mirar la luz de aquesos ojos, hasta dejar seguro que la unión de Celín no te dé enojos: no seré en esto tardo, pues no verte en tinieblas, solo aguardo: y aunque a mi amor no cuadre, de ti me aparto ya, solicitando, que el Gran señor, tu Padre, mude el dictamen, que te esta irritando; y aunque el irme es disgusto, antes que mi placer, está tu gusto. . Tus portentos alabo Amor, pues me ha rendido tu entereza a adorar, a un esclavo, que es nada comparado a mi grandeza. Mas mi altivez engreida, menos sol yo, pues a él estoy rendida: no ya con ceño esquivo culpe mi voluntad a aquel que advierte, que idolatro a un Captivo C de opuesta Ley, y de abatida suerte; mas si humilde me agrada, mil ejemplos me dejan disculpada. Gilguerillo, que al Alba es organo volatil, que a Paetonte al plaustro le hace salva, cuando rayos difunde en su Horizonte requiere el pobre nido, y la dorada jaula no ha admitido. Fuentecilla, que undosa lamina es de cristal, donde retrata us carmines de Rosa, y desde el monte néctares desata ̱ ̱ lo, qedo, Azucena que explica en nobles cándideces su tesoro, cuando con pompa riea muestra en copos de nieve granos de oro, deja el clavel, y acía la grama su blanco rostro inclina. Así cuando concierto no admitir a Celín, que goza fama; en mi Belardo advierto, el pobre nido, el Prado, y verde grama: siendo yo con mi pena el Gilguero, la Fuente, y Azucena. Señora, las albricias pide tu esclava, y esto se le debe. Pues por qué las codicias? Porque Celín ha de llegar mul breve, y el Rey tu Padre dice; que te venga a buscar. . Ay Jnfelice! Pues como de esta suerte a mi albricias me pides de esa nueva? darte quisiera muerte. Haz Amor, que a Amurates se le deba de este daño el remedio, y libre al corazón de tanto tedlo. Azar tengo contigo, siempre que hablas es para dar disgusto: ven, traidora, conmigo. Soberano JEsus, en todo justo, pues ves mi vituperio, da me paciencia en este captice Oh mal haya el perro Moro por cuyo rigor terrible fuimos en el Mar pescados. yo, y los otros infelices. O mal haya el Gran Zultán, que hace que entre estos jardines, sin gozar de ningún fruto, tantas frutas le cultive. Oh mal haya:: . Gallo, amigo, no el furor te precipite: dé tu sufrimiento el oro cuando por Dios nos oprimen, y en el crisol de las penas sus quilates acredite. Qué oro, ni qué sufrimiento: Belardo, no así delires; pues, dime, si yo tuviera algún oro para irme, y salir de captiverio, no lo diera a estos mastines? nl sufrimiento, ningo tengo, y en vano me impides maldecir; pues si conozco, que estos perros nos oprimen por Cristianos, cierto, que no dije mal, si maldice. Mayor causa tengo yo de dar voces loco, y triste, y ya ves como el silencio mis pesares se remiten. Mayor causa? yo no sé como puedas persuadirme. Los dos no estamos captivos ambor en estos jardines manejando el azadón con fatigas indecibles? No llevamos de sudor las caras de Matachines? Pues si es igual nuestra pena, que razón encuentras dime, para que en mi civil sea lo que en ti llega a ser crimen? Si no es hacerme de piedra, y hacerte tú de alfensque. Antes Jardín que al Hibleo aventajes los matices, huyendo del Menelao, que mi Padre me apercibe, por ver a mi amado Parla amorosa Elena vine. Oye, y verás si penando he podido prefetirte. A contar va sus pesares, A yo llegué en hora felice; en su voz al esencharlo toda mi atención se aflige. Dilo, sácame de dudas, que está, si no me lo dices, apique de que la nave del juicio, se vaya apique. Nací en Valencia, Ciudad que se constituye insigne, no tanto por la grandeza, ea ra ei consiguieron desmentirse con luz de buenas acciones la opaca niebla de humildes. Siendo yo de tierna edad pagaron sin resistirse el tributo que a la Parca sus feudatarlos le rinden. No quedé tan desválido de haclenda en mis juveniles. años, que no consiguiese ver con modo apetecible. hacerse de mi persona todas las potencias linces; porque el caudal en el Mundo. ha llegado a constituirse señor, a quien la lisonja. muy vigllante le sirve. Mas como el caudal mayor fuerza es, que en gastos peligre; que cuando con lozanías muestra faustos carmesíes, no hay mano, que su contacto oloroso no acredite, y todos le arrojan, cuando mastias palideces viste. mi amada Patria, y partirmo donde si no de pobreza pudiera mirarme libre, de que quien me vio encumbrado Por trausitar varios Climas me entregué al Mar, donde vine de mi contraria fortuna a acrecentar los deslices, pues zozobrando la Nave, de una tormenta en lo horrible, recélamos ser entonces triunfos de Seila, y Caribdís. En el campo de Neptuno las cerúleas ondas gimen, por los azotes que el Boreas sañudamente repite. Ocho días estuvimos que hallar pudiese el Piloso rumbo, que al puerto le guíes Mas si se opone el destino, qué importará que porfíe en buscar un desdichado fija Estrella que le rige, si cuando sigue la fija, a la errante le persigue? En fin, una tarde al tiempo, que iba a arrullarse felice el Príncipe de la: Luces en el catre de Anfitrite, Corsarios Turcos cercaron la Nave, y no fue difícil captivarnos, porque estando. con quebrantos tan terribles, sin duda pudieran todos a menos costa rendirse. Después a Constantinopla nos trajeron, donde sirve nuestro duro captiverio ̱ ̱ o e boroico timbre, a ministerios más viles, y a mí al jardín me trajeron para que flores cultive: quizá fue con intención, viendo mis lágrimas trister, de que con lluvia del alma su amenidad fertillae. Pensarás que aquesto solo es de mis penas origen, y que el mal del captiverio es no más el que me aflige; pues oye, que otra pesar con mayor rigor me oprime. Tiene una hija el Gran Zultan (ay Dios!) que ya se derrite el corazón, y a los ojos sale por sendas subriles: si ves que lágrimas vierto, amigo, tú no te almires, que ya me obligué a llorar luego, que de veras quise: porque es fuerza que el Amor con el llauto se acredite. Tiene una hija (a decir vuelvo) que es de la Diosa de Chipre hermosa afrenta, supuesto, que excediendo la compite: porque ya la has visto, excuso plotarla; y porque imposibles son a poder retratarla los retóricos matices, que hasta llegar a mirarla su beldad no se percibe, y así como no hay colores, ni elocuencias, que la imiten, solos los ojos ser pueden los Timantes, que la pintea: con decirte que la he visto, ya que la adoro te dije, que a tan belo antecedente tal consecuencia se sigue. Recatando lo amoroso con la capa de lo humilde, siempre que esta Deldad baja al Jardín a divertirse en su presencia me postro, y de rémora servirle procuro, porque no ausente de su resplandor me prive. Ella movida quizá de lo purtoal que la sirve mi rendimiento, o mirando que yo me singularice, ostentando más adorno, que el que otros captivos visten, determinó que durmiera fuera de Mazmoria horrible: mandó también que los grillos, que a tanto Cristiano oprimen, ya no fueran en mis ples estorbo que el paso impiden: De esta notable piedad quiere que tu participe:: al quitarme las prisiones dentro de mi pecho dije: Hermosísima Princesa, de que sirve, de qué sirve, cuando el alma me aprisionas, que el cuerpo me dejes libre? Piadosa te juzgará quien aquesto ve que hiciste; mas, hay prenda idolatrada, no es así, que al dividirse por tu mandaro los gailios, que libre el paso permiten, mi amor, y agradecimiento me echan otros tan terribles en el corazón, que nunca habrá acero que los lime: no creas, que con tu: piedades mis pesares se mitiguen; porque si atenta lo adviertes, es fuerza que se dupliquen: que a un agradecido no hay cosa que le mártirice mas, que el no poder pagar las finezas que recibe; mas pues el caudal me falta, bien será que solicite con las perlas de mi llanto pagar de tu acción lo insignes y estos alientos que el pecho éxhala entre lo que gime, por recompensa de un pobre, mísero Captivo, admite, ya que solos los suspiros son el caudal de los tristes, Esto dije, y como si entender fuera posible este lenguaje del Alma, que se habla sin que se explique, desde entonces más frecuente vi su favor repetirse, pues baja al jardín, y el rostro (al verme) de agrados viste. Mas cuando estaba mi amor presumiéndose felice con los favores que en ella son piedad, y a mí me engrien, supe que Celín (un Moro, que ganó en batallas timbres) presto de aquesta hermosura vendrá a ser dueño felice, porque al mirarla Anajarte el lago me oprima Isis. Este es mi mal, ahora juzga si con el tuyo se mide, pues estoy amando a quien el lograr será imposible, porque más me precipite la esperanza de mi premio, ya ves que no se percibe; por que aunque la amo, y la lirvo con ansias tan indecibles, a su vista será nada; siendo en mí lo más insigne, ̱̱s Regocijados los oídos del Alma albricias le piden, que un fino amante consigue, es el saber que su amado corresponde su amor firme. De Caballeros audantes tu bistoria hace que me olvide, pues si a Princesa tan alta un corazón tan humilde todo lo que dices amas, callen ya los Amadices. Solo muerto de mi pecho, que falte este amor posible. Pues a morirse, Belardo, porque pueda ese amor irse. Gallo, pues no he conseguido, que mi dolor te lastime, vete, que puesto que muero, cautar quiero amante Cisne, porque en suaves consonancias mi amante sentir explique. Vol a hacer que otros Captivos acompañen tú vos triste, y tus defectos honesten los concertados ysolines. Si echares de ver, amigo, e es una cola insufrille. Ya se va Gallo, Belardo, arrímate no te pique. . Tomar quiero el instrumento con que suele divertirse ̱al nuevo Adonis, haré Pira entre Rosas, y jazmines. Aquí retirado quiero escuchar las voces tristes de Belardo, y descansar del trabajo que me aflige. De lo malo, no es lo peor andar entre estos jardines, pues no hay traba, ni cadena, que los pasos me limiten: qué triste que está Belardo! d a ninguna quiero firme. A una Narigona Eno, y viendo esto me avergüenzo de que llegara a rendirme a unas nárices sin cara, y a una cara sin narices. Ya estoy donde son mis oídos, sin que de Belardo disten, conductos al corazón, su voz amable dirigen. Entre ansias tan declaradas llorar mis ojos desean, porque estarán mitigadas cuando lágrimas se vean en mis penas derramadas. Aunque con triste desvelo, mi bien, te miro llorar, yo espero que haga mi anbelo, que a la noche del pesar siga el día del consuelo. Ay Dios! la Princesa ha sido la que a Belardo ha escuchado, mucho atiende, y yo he creído, que será más ultrajado, cuando sea más atendido. Ay Astro que cruel te inclinas a cercarme de dolores, y a tanto mal me destinas, que aún andando entre las flores haya de encontrar espinas? La Deidad en quien incluí mi vida, otro espera ya, y pues manifiesta así ella que de otro será, Cielos, qué será de mí? No será, que aunque tu pena eso te obligue a pensar, mi fe de cariños lleva, que estoy yo te ha de mostrar ajena, de ser ajena. Muy claro su arrojo canta, y ella el verdugo ha de ser dando pesadumbre tanta, que nos hayan de poner con no nudo a la garganta. Amada Ninfa, si el verte a la muerte me condena, en tan desastrada suerte, no tendré muerte de pena, teniendo pona de muerte. Mucho por la Mora llora, y estol esperando a que al infeliz que la adora muerte aquesta Mora dé, sin conseguirse demora. Ya el detenerme es afrenta de mi voluntad pladosa; Gaptivo del Alma mía, que con tan grande zozobra, porque sean bien escuchadas tus pasiones amerosas les sabes buscar discreto recomendación de aljófar. No llores, ni desconfíes de que yo te corresponda; no por ver que sol Princesa de ti me juzgues remota; pues divulgará mi afecto, dando el premio a tu congoja; para el Templo del Amor la tabla más milagrosa: tu amor escuché, y estoy a recompensarle pronta. No, te turbes, dueño mío, que las acciones que notas son triunfbos con que Cupido escudos suyos adorna. Si ellos son los que acreditan su Deidad de poderosa, no hagas tesoro ese llenzo de aquestas perlas que lloras, pues tú en él las depositas, y él ávaro te las roba, baclendo que el blanco lino todo lo que enjuga esconda. Habla, no la voz reprimas, mira que es acción impropia tal elocuencia en la pena, y tal silencio en la gloria. Señora, derad que vea si es sueño el que me aprisiona, porque faver tan no visto, aunque a creello me disponga, la experiencia de mi suerte paso a la creencia estorba: y así postrado a esos pies hará mi fineza pronta con prases de rendimientos locuciones amorosas. Alza del suelo, bien mío, que en vano a mis pies te postras, cuando en el altar del pecho mi estimación te coloca. Que aquesto haga una Princesa? que más harín las, gorronos, que se topan su querer con cualquiera que se topan. Señora, como es posible, que yo aspire a tanta gloria? si montes de inconvenlente? mi infeliz destino nota. Dilos, y verás si hay daño a que remedio no ponga. La mujer enamorada es bestia que se desboca, y tirarle de la rienda es tirarle de la cola. Yo sei Captivo, y vos sois Príncela en Constantinopia. Si a mí me cantiva amor la igualdad es mul notoria. Qué se haga captiva una Princesa, discreta, hermosa, y a mí se me hagan Princesas aún las Captivas más tontas! De mi Ley, y de la vuestra son mul opuestos los Dogmas. Por no perderte, no dudes, que yo mis ritos deponga. Ni aún con su Ley tiene ley la mujer que se enamora. Siendo Cello vuestro Dueño vuestra Majestad remonta. De qué sirven Majestades, cuando el gusto no se logra? Demonios son las mujeres, pues cuando ellas se enamoran, los mayores Imposibles ensanchan de aquesta forma. De los triunfos adquiridos el Amor cante victoria. por qué quien podrá oponerse a suerte tan venturosa? El Gran señor, y Celín vivan, honor de Mahoma. Ágüero son estas voces, que temores me ocasionan. Ellas de que Celín llega a los oídos me informan. Alá te guarde, y no temas el que yo le reconezca por Dueño, pues solo tú mis afectos aprisionas. . Dejaré aquí el instrumento, que mitiga mis congojas: hay fortuna, que tirana, que falaz, y que alevosa eres conmigo! pues ya que un tan alto bien me otorgas, me lo pones en un monte, para cuya cumbre herolca dificultan la subida las sendas por peligrosas. Mucho he visto: pero yo no me admiro de estas cosas: porque comparó un discreto a la mujer con la sombra, que quien la lleva delante no la alcanza aunque más corra: pero como la eche a espaldas lo sigue ella a todas horas. Tomar quiero la vihuela, alla es más que yo dichosa, pues con torcer las clavijas la tiempla aquel que la toca, y yo no puedo templar sin el vino mi persona. A avisar a la Printesa vengo, que con sausto, y pompa llegará presto, Cella a la gran Constantinopla: está en el jardín acaso Lucinda? De aquí le va ahora. Hay ventura semejante! Con esta Captiva hermosa quiero yo un rato ensancharme, pues Belardo se enquijota. Captiva, que aqueste nombre justamente se te apropia, pues la hermosura captiva a las voluntades todas, por amor del Dios Cupido dame un favor de limosoa. Señor Gallo, si es que usted no me quiere para esposa, le advierto, que no es posible el que yo le corresponda. Pues dame algo de contado, en tanto que en la Parroquia de mi tierra nos casamos. Donde es tu tierra me informa, para ver si me resuelvo. En Méjico: mira ahora si mientras allá llegamos, y mi Cura nos desposa, como tú quieres perder mis finezas amorosas, Fniste tú, Gallo, el que aquí cantaba con voz sonora? Válgame aquí la mentira, . que siempre es mi valedora: Sí, yo sol el que cantó, en eso duda no pongas, yo sol Gallo, tú eres Alba, y el cantar fue acción forzosa, porque siempre canta el Callo a tiempo que el Alba asoma. Lo que a Belardo le pasa le diré de mí a esta boba. Mira si tú te resuelves a apresiarme cariñosa, me olvidaré del amor de una poderosa Mora, que promete libertarme, como yo le corresponda antes de irme: Los doblones que pide por mi persona. Pues yo tengo una parienta, que promete generosa, enviarme mucho dinero, y si es que aquesto se logra daré el mío, y tu reseate, pues conmigo te desposas, y en tanto que esto llegare no dudes que te socorra. Ya entra en Constantinopla generoso Celín, vistiendo airoso las calles de colores, y Diamantes, con que se adornan bellos los turbante:: y puesto que ha llegado victorioso luego ha de ser tu Dueño venturoso. A tu gusto, señor, no contradigo: pero puedes creer, que me fatigo en peosar, que ha de ser tan de repente esta unión de Celín, pues diligente quisiera examinar mi pensamiento su genio, porque así con más contento antes de esta venida conociera lo que en Celín a mi cariño espera. En vano es el examen que pretendes, pues si a la Fama atiendes notarás que pública su cuidado a Celín, por el Joben más prendado. Si Amúrates no alivia mis enojos, el alivio será llorar mis ojos. Adorada Princesa, de piadoso me debes la fineza; mas disculpe Celia él ser ingrato, si lo acasan mi amor, y tu mandato. Dame, señor, los pies. . Llega, Amurates, porque mi pecho con tus brazos ates. No quiero replicarte neciamente, pues así sol dichoso, y obediente. A buen tiempo llegaste, pues atento participe serás de mi contento, recibiendo entre aplausos diferentes al que hace nuestras Lunas más lucientes, a el Caudillo Celín, que valeroso ensancha mi Dominio poderoso: al punto que aquí llegue, mi grandeza dueño feliz le hará de la Princesa, que al mérito Gigante de su anhelo solo es condigno premio darle un Cielo. Esa intención estorrará la industria Gran señor, aunque advierto la alegría, que noto en tus palabras, y semblante, el darte cierto aviso es importante: De personas mul fieles hey sabido, que Celin con sus triunfos engreído contra ti solicita revelarse, diciendo, que no quiere suletarse a obedecer, y a mandar está inclinado, mirándose de todos aclamado: porque hay aclamaciones, que a su dueño por necio le encaminan al despeño. En secreto, por modos mul tiranos, tiene correspondencia con Cristianos: demos que esta noticia haya fingido algún contrario que él haya adquitido: no oestante será acción mal conveniente no darle ahora a Lucinda, y ver prudente su proceder; pues si esto sale cierto, que nada perderás tengo por cierto; pues no es hacer desdén sabios varones prevenirse con muchas preveaciones: y si lo justificas enemigo, entonces darás paso a su castigo. Ira, y admiración me han suspendido con la lnfame traición que de ti he oído. Quién de Celln creyera tal bajeza! pero no ha de poseer a la Princesa hasta que su lealtad haya mirado testigo fidedigno mi cuidado; mas si me ofende su altivez engreida, mas que la elevación será la calda. No en vano ha conseguido mi privanza tu lealtad, Amúrates, pues afianza tu buen celo mirando tus desvelos. A esto me obligan el amor, y celos. . No en vano la Princesa no quería ser suya; mas en fin es hija mía, y es razón no le cuadre quien vil se conspiró contra su Padre. Mira si con razón me repuguaba, y es que mi corazón leal me lo avisaba. Ay mi Belardo! Amor ya tu violencia . se revocó apelando en la sentencia. Sin que jamás se oponga Parca esquiva con militar aplauso Celín viva. Aviso dan las voces entre el gozo de que llega el Alarbe majestuoso: disfrácese el discurso en mi cuidado: nadie revele lo que aquí ha pasalo. Secreto guardaré. . Princesa amada, ya por ti mi lealfad se ve ultrajada: mas qué importa agraviar mis pundonores, si ya tengo seguros mis favores? a, Sin segundo Mavorte Celin triunfante engaste hoy a sus sienes rayos de Dafue. Sin que jamás se oponga Parca esquiva con militar aplauso Celin viva. Con bien vengas, Celín, donde mi pecho te forme con los brazos nudo estrecho. Perdéreme de vista en mi ventura si me elevas, señor, a tanta altura. Yo os doy el parabién de tanto gozo, Celín, viendo que el trance peligroso de guerra es para vos tan apacible, que juzgo que os respeta ya invencible. Qué peligro ha de haber que pueda nada llevándoos en el pecho colocada? Que es preciso gozar de immunidades los Panteones que guardan las Deidades. La victoria tu agudo numen cuente. Menos que César hablaré prudente; pues se asegura el triunfbo de la empresa con decir que da el premio la Princesa: y el poseer a la prenda que amo ciego si ha de ser:: . No puede ser tan luego, porque he de consultar antes contigo una inquietud, y es tal, que no mitigo de su terón el desazón lujusto, aún con tener de tu llegada el gusto: y hasta que me sosiegue determino no darte el bien que te ofreció el destino, porque se habie en mal en un atento un cuidado que mata, y un contento. En la dicha que toca lo eminente no pudiera faltar Inconveniente. Solo conmigo ven. . Celín, amigo, llegando tú, venturas mil consigo, que si autes me tuviste con cuidado por tu riesgo, ya estoy asegurado. De vuestra amistad grande yo lo creo, gusto me das del modo que te veo. Vamos, y deleitando los oídos en com de Celín sean repetidos. No dirás, bella Princesa, que tu favor no merezco: pues el ser traidor, lo más costoso es a un noble pecho. Bien ves lo que ha disminuido de mi noble ser el precio: mas si así alcanzo tu gracia más gano, de lo que pierdo, El general regocijo de Palacio me da aliento, para que sin recelar me haya entrado hasta aquí dentro, solo a ver si la Princesa cumple su prometimiento. mal dije, pues a ver vine aquí, si vivo, o si muero; pues dudará lo viviente viendo en mi favor su cielo: pero si aquesto me falta perderé la vida luego: con Amurates está, escuchar lo que hablan quiero. A tu fineza, Amurates, obligada me coofieso, y si empezada la empresa no desmayan tus alfantos, verás de una vez que al digno no se le reira el premio, Perdona, Belardo mío, . estás voces que en el pecho mucho más que la fineza me las dicta el fingimiento. Ay de mí! con lo que escucho pausado el ambiente siento. Corazón inadvertido como te engreiste tan presto en unos favores, que imposible los advierto, que si lo dijo la burla fue ignorándolo el afecto? En los Mares del Amor me engolfe, repdime al sueño, soñeme en el Puerto, y ya en la borrasca despierto. Mas ay Dios! cuando de un triste el gusto dura más tiempo? Tú verás que mi fineza procura con vivo anhelo acrisolar diligente los quilates de su premio. Pues siendo así, revalido la promesa que te he hecho. Como la Pilosofhía afirma que entre los miembros es el postrero que muere el corazón? En mi veo, que viviendo los demás, el corazón se me ha muerto, Quiero retirarme (ay Dios!) a no verla más, haciendo que sea de mi infausta queja sepulcro triste el silencio. . Pues por abreviar el paso al colmo de mis deseos, voy de nuevo a persuadir al Rey, a que no sea dueño tuyo Celln, y a Inventar trazas que lograr espero, porque en dulce esclavitud me mire en tus brazos preso. . Belardo si es que a mis males . en lo dicho te ofendieron, muy bien puede en este caso ocasionarte consuelo ser el agravio aparente, y el amor mul verdadero. Señora, pues de tu amor son prósperos los sucesos, consiguiendo que Amurates para ser tu dulce dueño, a los deseos de Cello los frustre sagaz, y cuerdo, como en albricias me hagas a mi una merced te ruego. Di, Jacinta, que el hacer lo posible te prometo. Has de saber, que aquí se halla un captivo Jardinero, que me quiere bien, y trata conmigo su casamiento, y mi ruego se dirige a que facilites esto. Corazón no, te resuelvas . a hacer tu muerte tan presto haciendo cierto el prefagio, para que el daño sea cierto. Di, cuál Jardinero es? que son varios los tengo. A la hora de siesta yo iba a buscarte, y él mismo me dijo, que del jardín acababas de irte, y creo, que se te haría el más notable entre todos, porque al viento esparcia quejas, cantando en el referido tiempo. Desplómose de una vez el Alcázar del contento: ha villano! qué mal hice en manifestarte el pecho: Con qué el que cantó, Jacinta, dices que es? . Eso es muy cierto; pues aún dejado no había de su mano el instrumento. Y estás satisfecha que él corresponde a tu amor ciego? Tanto lo estol, que por mí dice que deja resuelto el agrado de una Mora, que es poderosa en extremo. Esto es lo peor, pues revela . de mi voluntad los yerros: vete, Jacinta, que a todo nos abrirá paso el tiempo: o como no ha sido en vano . la aversión que a esta le tengo! Que no lo dilates mucho te pide mi rendimiento, que yo volveré a saber lo que por mí hubieres hecho. . Anda, y si a eso has de volver muerta te caigas primero. Qué es esto Alá soberano? cuando imaginé que el riesgo de mi amor había cesado, cuando tuve tal contento viene el mal tan de repente? Mas qué me admiro? si advierto que hubo un Marco Herenio a quien mató un rayo en día sereno. Aunque presumi poco ha no volver mas a este puesto, ni dar al labio las quejas, que no han de ser de provecho, al freno del ofendido le pone espuelas lo inquieto: sola está, y aunque me mate le he de decir cuanto siento. Dime, enemiga Deidad, qué gloria, qué triunfo excelso has conseguido en burlar a un infelice, que puesto a tus ples, mostro llorando los más finos sentimientos? Por qué, ingrata: . Bien está, enmudezca el labio vuestro, sino queréis que los rayos de mi vengativo Cielo fulminados os castiguen villanos atrevimientos, al solio de aquella que es de Constantinopla dueño. Señora, bien conocí, cuando note el favor vuestro, que era el mayor imposible el que fuese verdadero; mas ya la culpa de lncauto pago en la pena que siento. No sois vos el que olvidando mis soberanos respetos con una Esclava abatida tratáis vuestro casamiento? Mas qué me admiro, si sois tan vil como ella, y queriendo tenerla por centro, os vais a lo vil, que es vuestro centro. No sois vos el que decís (aquí es donde más me enciendo) . que depondréis mis cariños por sus indignos aprecios? Tan poca fineza fue, infame Eselavo, el quereros, que la recompensa ha sido atropellar mis respetos? Y que tanta alevosía en vuestro error conociendo, os dé ánimo para verme? os dé para hablarme seso? No os avergonzáis? Mas no es marabilla el hacerlo; pues os hablo en estas cosas también, y no me avergüenzos Señora, si de Amurates aprecias los rendimientos, no presentéis nulidades. para decirme improperios. Vos le premetéis favores, aquí lo escuché yo mismo; pues él os goce, y yo muera; más excusad tanto ceno. A merecerla, yo diera satisfacción de todo eso; mas advirtiendo quien sois, solo a decir me resuelvo, que os vais, y que en vuestra vida no tengáis atrevimiento, ni aún de volverme a mirar, porque haré que os saquen luego los ojos. . Ireme, mas todo ese rigor severo excusad, que si no os miro, sin tal luz quedaré ciego. Cómo es tan falaz, no olvida en todo lo lisonjero, Ojos, hasta aniquilarme no cese el corriente vuestro. Llorando se va; y es tanto el cariño que le tengo, que aunque me siento ofendida, de mirarle me enternezco. Belardo, mi bien: mas como . tan incauta me despeño? Adorada prenda mía; mas cómo a tanto me atrevo? . qué me manda vuestra Alteza? Pues yo os he llamado necio? Que os vais de aquí al punto os mando, Gran señora ya obedezco. Amor, no me perdonaras, . ya que está captivo el cuerpo, la pena de ver al Alma en más duro captiverio? Venid acá, así os vais sin disculpar tanto yerro Como por una Captiva abandonas mis afectos? Señora, si es de Amurates el favor, que creí necio, entended que vuestro ultraje solo se origina de esto: pero no me acumuléis delitos que no cometo: y si he hablado a tal Captiva, mi vida confunda el Cielo. Luego en la siesta no hablasteis con ella? . Eso es mui cierto. Andad, que negarlo todo de esta culpa os hace Reo, y más cuando de ella misma tan claros informes tengo: idos ya, y en vuestra vida no volváis a verme necio; y entended que mi favor fue delirio manifiesto; y ya desde hoy adelante os trataré como debo. Pues si dando quejas justar desaires tantos encuentro:: Si al procurar los descargos proba das culpas advierto:: Si en lugar de los agrados encuentro mudanza, y ceno:: Y en fin Reo tan convicto aún no quiere estar confeso:: Si en vez de satisfacciones nuevas ofensas padezco:: Dirá amante:: . Tierno diga: Con lágrimas:: . Con lamentos: Mi voluntad ofendida:: Mi amor tan mal satisfecho:: Infeliz del amante que entre celos satisfacción no tiene de su dueño.
JORNADA SEGUNDA
Suerte siempre desdichada, que me ofrecéis de un contento en quí en se vio retratada breve exhalación del viento, que más que vista ha sido imaginada:; Fortuna a este Gallo opuesta, que haces que quejas repita, mostrándote tan molesta, y me dejarás bendita cacareando, y sin cresta. De qué sirvió el encumbrarme al favor apetecido de Lucinda, si a faltarme a más de la desdicha en que he vivido, tengo nueva ruzón para quejarme; Cómo haces que tan ladina Jacinta esté en el Cerrallo donde salir no imagina, da a entender que es menos Gallo, pues se muestra tan Gallina. Gallo, qué haces? . Cupidillo, qué hace? imitar lo que lloras, pero a ti sin resistillo, porque eres goloso con las Moras, te hará el Turco morir de garrotillo. Ayer te vi mul contento de la Princela Privado. Lo escuchaste? . Mul atento, y el secreto está mul bien guardado, que a escuchar Gallo fue tu casamiento. Nadie de mirar se espante, que me antustre mi cuidado a buscar mi infiel amante, que de todo mi amor tiene olvidado, Niño el discurso, y la pasión Gigante. Ese favor, Gallo amigo, que de Lucinda he logrado, mas que gloria fue castigo, que en lo que pareció parelal el Hado es donde se ostentó más enemigo. Mas luego llegué a escucharle, que de Amúrates aprecia el amor, y ha de premiarle, que como sol indigno me desprecia, y a él como es poderoso i tenta amarle. Favores oí de su labio, que augmentaron mis desvelos; y al quejarme poco sabio, de una Captiva los fingidos celos tomó para formarme a mí el agravio. Y que yo le hablé amoroso a la Captiva, arabando de Irse ella, engaño penosos pues nada podía ver quien deslumbrado quedaba de ver su Sol hermoso. Belardo, ya he conocido, que aquesta Princesa hermosa habiendo a Jacinta oído, tiene mucha razón de estar quejosa, porque razón de todo no ha tenido. Yo fui quien el otro día enamoró a esa mozuela, y como se resistia, ser Cantor me fingí con tu vivuela, por ver si de Cantor la merecía. Sin duda ella a la Princela lo dijo, y la causó celo. Qué he escuchado? Mi mal cesa: bajaré luego al purto a dar consuelo a Belardo, pues miro su fineza. Mal haya tu fingimiento, pues por él he malogrado un tan crecido contento, que por no ser a alguno comparado se elevo mas allá del pensamiento. C. Sentimiento tendrás pleno viendo que mi hyetro imita a aquel que de inviosa lleno con mérito no propio sollesta aplauso que conoce de si ajeno. Qué he de hacer? . Luego me lleva donde verdad tan patente a aprobar fino me atreva, porque si sol yo, Gallo, tan valiente ninguno ha de decir que huyo en la prueba Idolatrado bien mío, en quien el amor dispone, para aquílatar finezas de penas, formar crisoles, Ya que fiada al disimulo de esa celosía, tus voces fueron cura de mi mal, escucha satissacciones, que sean antidoto al tuyo, que mil riesgos reconoce. De los celos de Amutates las dulces disculpas oyé: Viendo resuelto a mi Padre a que Celín fuera el móvil de mis acciones, y el dueño de mi hermosura, advirtiome Amor, que es Muestro que enseña aún los discursos más torpes, que del amor que Amurates me tiene, hiciera conformes defensas a sus asaltos, etiéndole favores, si conseguía que conmigo de Celín la unión estorbe, mintiéndole con el fin, de que nuestro amor se logre. Y en cuanto a haberte ultrajado pensando que eras tú el hombre de quien me habló la Captiva, no te oído que me otorgues perdón, anses te demando agradecimientos nobles; pues quien ultraja celoso, que tiene amor se conoce, y siendo tu ira fineza no tiene que le perdonen. Señora, absorto he quedado al escuchar vuestras voces, porque ya yo no esperaba Costumbre fue de Marsella el guardar los Senadores veneno para el felice, que morir quisiera entonces, antes que de sus contentos faltá haú las posesiones. Yo así la muerte deseo en tal dicha, no os asombre; pues es menos mal la muerte, que faltar vuestros favores. Enemigo de sí mismo es el que tímido escoge recelos de la mudanza, sin que la firmeza logre; feliz desengaño toques, si gaste con Amurates palabras, Amor dispone, que sean las bodas contigo las que mi verdad apoyen. Llega a mis brazos, y en ellos mi estimación te coloque. Ahora sí, fortura esquiva, echa el resto a tus rigores, que a la gloria de este abrazo no habrá pena que la borre. Si ya la pescó en los brazos hasta caer enamorose, que el amor ha de embriagarle, puesto que tal perra coge; Mi bien, muchos anemir a nueltro querer se oponen, pues Amurates sabiendo, que a darle vida a las flores bajas al jardío, me ha dicho que te hable yo en sus amores, y es lo mismo que pedir al que un gran tesoro esconde; que facilite los medios para que otro se le robe. Entrétenlo, y su deseo, Belardo, no te apasione, porque a más de que te adoro, se inclinan mis pretensiones a tu Ley, que como miro a los Cristianos tan nobles, sin que el duro captiverlo su mucha constancia doble, imagino que en tu Dios mas poder se reconoce, que en los etros, pues les da resistencia en los dolores; porque para resistirlos aún no bastan fuerzas de hombres, Oh, quiera Dios repetirte aquesas inspiraciones, para que siendo Cristiana todas mis dichas se logren. Señora, el Gran señor manda, que te llame. . Terminose la breve gloria de verla, y hará larga ausencia, porque mi júbllo se apresure, y mis penas se prolonguen. Preciso es, que vaya a ver lo que mi Padre dispone, presto volveré, Captivo, cultiva, y nada te estorbe, porque mi fe te asegura agradecida, y conforme, que muy presto lograrás el fruto de aquestas flores. . Todas mustias quedarán en tanto, que a verlas tornes, porque sin tus Soles bellos las cubre funesta noche. Es posible que tu ingrata no te acuerdes de este pobre, ̱ ̱ ̱con. Mas yo he de ver si me entiendos lo que mi voz te propone, mira no me amas, por eso no pones medios ningunos, si el ponerlos se te esconde. Mi ocupación es la causa asisto, y toda la noche estol viendo si algo manda junto a su cama hecha un bronce. Pues si en la cama le firves, no esperes que nunca te honre se divulgue per el Orbe, porque en la cama el servicio Aquesta noche al Cetrallo para ir a verme disponte, yo tendré abierta la puerta, nada tienes que te estorbe: pues en Mazmoria, ni tú, ui Belardo entran de noche. Pues, Jaclota, iré al cerrallo, ya que tu abrirlo dispones. Adiós, no sea que Luciada, que me tardo mucho note, en el Cerrallo te espero, no dejes de ir, pues conoces, Gallo, que me tienes ya rendida con tus amores. O, como ausente Lucindo al tiempo! pero qué miro? todo mi placer se postre, pues allí a Amurates veo, y que vendrá se supona a repetir de su amor ignorantes pretensiones, mas pues Lucinda me afirma, que con él finja favores de amantes seguridades, la paciencia escudo forme. Pues sale de hablar Luciada. contigo, mi afecto noble viene a saber, pues ya tú le hablarías en mis pasiones, qué dice de mis finezas? y a mis ansias, qué responde? Señor, dije a la Prircesa de tu deseo los ardores, y dice, que pagará de ti las obligaciones: que prosigas la cautela comenzada, y que no ignores que en conseguir esto estriba el que así tu gusto logres. Nunca prometieron inenos tus agudas persuasiones, llega a mis brazos; no en vano te eligieron mis temores por tercero: solo tú pudieras con discreciones facilitar el remedio de mis amantes dolores, Mas allí Lucinda viene, y aunque te habló tmo conferme a mi amor, quiero ocultarme. Con discretas prevenciones pregúntale con instancias, si de verás corresponde mi amor, o finge por ver logradas sus intenciones. Si a mí me ama cariñosa, pensaré que sus favores se dirigen a que yo. que sea de Celín estorbe con el Rey, y solamente creeré de su amor lo noble si la olgo decir finezas, sin que ella sepa quien la oye: y así detrás de esta hyedra, que ser tercera de amores no excusará, pues amante la examino de aquel roble, hallaré verdes cortinas, que mis intentos emvocen. Fuerte lance, si Lucindo en mi amor hablar dispone, No fiento, alrada fortuna, en tal trance, el duro gulpe, que a mi vi la le amerara, pues solo son los temores por peligrar la Deidad, a quien rindo adoraciones. Apenas dejé a mi Padre seguro de presunciones, vuelvo a saber, como que eres de mis potencias el Norte. Sin duda Luciada me ama, pues tan cariñosas voces gasta con este hombre, solo porque tercía en mis amore. Cielos, ella se declara! qué haré en tantas confusiones? Señora, el grande Amurates:: No hay ya para que le nombres; y porque mires que son seguras tus pretensiones, será este cintido prenda, que tus receles minore. En sus morados Jacintos mi fe discreta dispone un diseño permavente, que el amor suyo epilogue. Loco me tiene el placer, yo salgo para que logre hacer mi amor de su dicha felices ostentaciones. Señora, dejad que humilde a vuestras plantas me postre agradeciendo el que estéis con mi afecto tan conforme, que a más de tratar asable al que mi amor te propone, me envías con él una prenda, que afirma mis pretensiones. Válgame Alí Soberano! este ha escuchado mis voces; no en vano noté en Belardo tan extrañas confusiones; mas si Amúrates se engaña, bien es con él me conforme. Ya ves, querido Amurates, cuan carinosa, cuan dócil está ya mi voluntad, para tus disposiciones, y a ves como a este Captivo con afectos superiores le trato, solo porque es instrumento de que goce yo de tu ansia la noticia, por eso el labio conforme con el corazón le dijo, que eras de mis gustos norte. Toma el anillo, que aquí le daba, para que logres el incendio en que mi amor dibuja sus duraciones. Mi adoración reverente, mas que las manos le toque, que es groflero el tacto humano en tan cichosos favores. Yo voy a anurar la industria, para que Cello no logre el que lleguen a enlazarse brazos que juzgas prispiones: Yambién le daré el rescate a aqueste Captivo pobre, porque con dos libertades pague a mis dos acreedores. No lo dilates, que hay siempre peligro en los dilaciones. Solo obedecerte intento, Amantes que entre dolores susplráis, tened lovidia, pues llegué a la cumbre, donde dirigen sus pasos cuantos de Damas buscan favores. . Próspera ha sido la suerte, pues esperando rigores de la fortuna, Amurates engañado me responde. De grande aprieto salimos; pero tu ingenio fue el norte, que serenó esta borrasca: con qué pagará este pobre mísero Captivo tantas finezas, tales acciones? En mi cariño hallarás cuando Cristiana me notes, dejando mis Dogmas falsos, mas crecidos los favores. Pues mi bien, una Mazmorto cerca de aquí yace, donde entre los demás Captivos está preso un Sacerdote, el cual te ministrar? del Sacro Baptismo el aorte, y en el tálamo dichoso nuestros afectos se logren, ya que tan propicio el Cielo te da luces superiores. Pues, Belardo, para que nuestros intentos no borre Estrella enemiga, haré prevenir aquesta noche un Barco en la orilla undosa del Mar, pues los Barqueroles están velando las Barcas, y venciendo tus temores nos iremos a tu tierra. Deja que tus plantas toquen mis labios. . Querí lo dueño reporta tales acciones, solo los brazas son paga a tan crecidos amores. Con el Alma los recibo, y en ellos es bien que otorgue mi rendida voluntad la unión de dos corazones. Pues, mi bien, en el Cerrallo estarás a media noche, sin que de mi Padre puedan acobardarte temores, que yo bajaré dejando por mi asegurado el orden. Pues a Dios, y él me conceda:: El quiera que mis temores:: Vea logrados tus sutentos:: Sín embarazo se logren:: Por mayor bien:: Por más dicha:: Y hasta entonces no se oponga la fortuna a aquesta unión, y dictamen tan conforme. Yo advierto, amigo Amurates, que de mi amante afición, por el Rey en vano son los combares. Pues cuando el amor me brinda con placeres manifiestos niega con tibios pretextos a Lucinda. Cuando el Labrador asteto, que negligencias desteirra, baña de sudor la tierra goza fruto. Pues como el que inadvertido sangre en las lides valiente el premio correspondiente no ha adquirido. Mas si el Rey a mi fineza recompensa no ha de dar, esta noche he de robar a la Princesa. Si tú me ayudas, amigo, al logro de esta facción, a pagar tu fira acción yo me obligo. Pues si este propuesto empeño concurriendo tú se hallana, prometo que de mi hermana serás dueño. Solda los tengo animosos con quienes yendo a otra tierra nos veremos por la guerra poderosos. Si de un Rey el señorio debe lo que prometió, no es traición quitarle yo lo que es mío. Y pues en lo que amonesta mi fe tú eres mejorado, satisfaga a mí, cuidado tu respuesta. Habré de decir al Rey la intención de este al instante, cumpliendo de leal, y amante con la ley. Mas porque Celín, violento otro medio no prevenga, preciso es que yo convenga con su intento. Cello, si ya varlas veces dije, que de mi dispongas, de más es, que me propongas intereses. Bien, que no por eso homito ser dueño de una Deidad, pues con fina voluntad te la admito. Aliéntele tu arrevida intención, que yo a tu lado sabré arriesgar esforzado Alma, y vio Pues luego que esté vestido el Mundo de sombra parda, en el Cerrallo me aguarda prevenido. Así lo haré, Mas ya viene el Rey, retírate, amigo. Sí, que el verme hablar contigo no conviene. Bueno fuera, que ayudando . Celín me viera a esta empiesa, cuando me está la Prince a adorando. Vi que Celio recatado hal lando estaba contigo, dime, Amurates amigo, que ha pasado? Señor, mi labio desbroche lo que él altivo profiere, a Lucinda robar quiere esta noche. El pecho se abrasa en ira, ya se declaró traidor; pues al verme con temor se retira. Porque sea su parcial fiero me ofrece mérceses suyas: pero tú, y las cosas tuyas son primero. Dar el premio determino de lealtad tan excelente, Amúrates, solamente tú eres fino. Ven, discurriremos medio en peligro tan extraño, para ver si a tanto daño hay remedio. . Por ti, Lucinda adorada, arduas acciones emprendo; mas si tú me estás queriendo no hago tada. Ya estamos en el Zarrallo, Gallo, no hay que tener miedo, pues la Princesa estará entretenida en entremo con Belardo, a quien parece, e le tiene algún afecto, y yo ré que de Amurates no desprecia el galanteo. Este es caso reservado a las mujeres del tiempo. Pues me hace grande fuerza, que a dos admita su aprecio. Con justa razón te admiras, que una admita dos, pues veo, que para las más mujeres han de ser diez a lo menos. Pues ahora que estamos solos; y miro allí el instrumento canta algo, pues de de el día que te escuché lo deseo. Quién me meteria en decir que cante? terrible aprieto! Entre aecentos suaves, echa algunos sonoros versos. Estol ronco, y no puedo aora echar de mi ronco pecho. No tienes que recelarte, que como es de noche, quieto se halla el Palacio, y están todos rendidos al sueño. Pues si yo canto, sin duda despertarán todos luego, que oyendo cantar a Gallo creerán que va amaneciendo. Pues toca no más. . Enca aquí aquesos cinco dedos, que las cuerdas de tus manos son las que yo tocar quiero. No te doy si no los brazos. Jacinta, qué haces? qué es esto? Quién está contigo? . Gallo. Y luchando en grande aprieto, esto fue abrazo partido, que no ha sido abrazo entero. Puesto que tiene dos puertas este Cerrallo, poneos cada uno en una, y estad, mientras que yo hablo, en asecho, y por si a una llega gente, el que os vais por la otra intento. En ir seré la primera. Y yo en ir seré el tercero, Ya querido que con tan feliz luceso logro lo que fue esperanza, posesión lo que deseo. Ya que del Santo Baptismo el sacro Caracter tengo, sincuyo ornato jamás pudiera entrar en el Cielo. Solo áspiro a que la fuga pueda ser bastante medio, para que en la patria tuya, dando colmo a mis intentos, sea de nuestros corazones Ya fe mandado que el Arraes prevenga un barco, diciendo, que con Celin esta noche salgo, por gustar lo bello de la Márica, que así me aseguro del recelo de que contigo me vean; pues entenderán con esto, que eres Celín, isafianzo, que divulguen el secreto. Ya Rosa, que aqueste nombre te pusieron con acierto; pues con voces de carmín le pedía tu rostro bello, a tu determinación estol aguardando atento, Después que al nombre de Rosa le dio realces el excelso nombre de MARÍA, aquien ya libre de culpa confieso, e Malte ad Veno, me rendí al sueño, y apenas en dulce prisión Morfeo mis sentidos tuvo, vi que unos voraces incendios con inextiaguibles llamas cercaban todo mi cuerpo; mas a diligencia tuya logré el alivio, pues luego de la hoguera intolerable me fuiste a sacar resuelto. Si a interpretarlo me pongo, paréceme que ese fuego era el que te destinaban del torpe Alcorán los hierros. nora, que siento ruido, Señor, esto es lo que siento. Luego no faltara (ay Cielos!) en el umeral de la dicha un mal paso a mis intentos? Debajo de este bufete me escondo, ya yo estol muerte, como difunto me tiendo. ar ca ira a el Cirio, y luces a un tiempo. ̱ aeiata, a se soe a o niecha. que el ser tan torpe es la causa de mirarme en este aprieto. Amúrates, su traición es cierta, pues ruilo siento en el Certallo. . Sio duda, que Amúrates ya está dentro. Muerta estoy. Lance terrible! Por donde salir no encuentro, Qué debajo el bufetre no cupiese, no lo entiendo, ̱ei Belardo? . Rosa querida? Los pasos míos ven siguiendo, dos puertas tiene el Certallo, por la una salir intento; pues el que venir sentimos sin duda que ya esta dentro, Para asegurarlos más escuchemos aquí atentos. Por dudar si es Amurates a salir no me resuelvo. Esta es la puerta. . Quién va? Mi padre: Válgame el Cielo! v en retírate acla aquí. Ya erece más el empeño. De confesar grande gana tengo; pero al misme tiempo en la barriga las tripas con borror me están gruñendo: dos diligencias me apuran, mas si entre Moros no puedo diligencia hacer del Alma la quisiera hacer del cuerpo. Ven, vamos por la otra puerta. Solo tu peligro temo. Amurates, de esta puerta no te apartes, porque quiero, sin ser sentido, ir a la otra, que asegurándola, luego pediré luces. ̱. Aquí con gran vigilancia quedo. Esta es la otra puerta, vamos. Sal ir por ella resuelvo. Quién es quién aquí ha llegado? no responde? . Astro severo, para qué te empeñas tanto a un infeliz persigulendo. Amarates? Si; yo sol: con su engaño me convengo, porque un peligro tan sumno con nada agravarle puedo. Amigo, guarda esta puerta, en tanto que entro refue to al Gabinete a lograr nuestro concertado intento. Así lo haré. . Pues yo vola Ven mi bien. Volte siguiendo. Ansias de lo tempestuoso moderaos con lo sereno. Cerca de mi siento pusos. Sin duda alguna me acerco. Ya tengo asido al traidor: hola, sacad luces presto, El Rey es, Alá me valga. Virgen, en qué parara esto? La puerta encontré: por luces vol, y a disimular vuelvo. . El Rey encontró a Celio. ̱. Soltad. y Imposible es eso. Dónde me podré esconder? pero en qué he encontrado, Cielos! Estas las almo! alas son, que al Moro sil ven de asiento, y yo en ellas he topado de mi fatiga el remedio, pues tapándome con una, y otra dejando acla el suelo podré, sin que estos me vean, quedar de todos en medio: y puesto que por camote aquí atorado me veo, procuraré en tal función ser el camote cubierto. Ya dije sol Mejicano, no digan, qué como puedo conocer aquesta fruta, cuando de ella estoy tan lejos, aunque sé de cierto que hay camotes en todos Reinos. No has de salir de mis brazos, sin que haya luces primero. Ya están las luces aquí. Ya de que yo salga es tiempo. Pues, Celín, qué haces aquí? Aquí me valga el ingenio. . Como vi que en el Cerrallo había ruido, así vengo a buscarte, porque hablarte con algún espaeio quiero. Pon aí las luces, y vete. Ya, gran señor, te obedezco; pues que no está aquí Lucinda, ni Belardo, considero, que con mi querido esposo en salvo ya le habrán puesto. . Señor, no hay que violentarte con Celín. . Eso prometo: cuerdo he de tratar con él, que es poderoso en extremo. Malogrose nuestra industria por el Rey. . Déjala al tiempo. Venid, que pues hay almohadas, será bien tomar asiento. Adiós! de este tiro me echan las tripas por el gargüero. Celín, qué es lo que me quieres? Señor, a advertirte vengo, que de darmé a la Princesa me parece que ya es tiempo. Siempre que esto te propengo, me sacas un plazo nuevo; y así, si no ha de lograrse este bien, saberlo quiero, porque no esté la esperanza malquista con el deseo. Ay qué pulgas! mas no es mucho estando entre aquestos perros. Ya con la mucha apretura acongojado reviento, y por aquí atrás disparo unos tiros tan inciertos, que apuntan al carcañal, y en las nárices dan luego. Él no haberte, Celín, dado con la Princesa los premios, no es falta de mi promesa, ni tibieza de mi afecto. Ya te he consultado casos, que perturbando mi Imperio rémora son de tus dichas, y mía, pues también la quiero. El gobierno es grande Olimpo, y Atlante quien rige el peso. Yo aseguro que esta carga me está agobiando en extremo. Pues qué diré yo, que cargo a ustedes, y a su gobierno? En fin de tu unión felice el plazo abreviar espero. Pues, señor, para que adquiera mi fatiga algún aliento, la hermosura de Lucioda un instante a ver entremos. Eso dices? Tal no haré, no consideras que es tiempo de que esté en el lecho blando entregada al dulce sueño, y que de su honestidad era agravio manifiesto? Por cierto que era ese caso para su recato bueno! Ay dulce prenda adorada, verte quiere, cuando advierto, que con mi amor estás tú con inquietud en el lecho! Vámonos a recoger, porque ya muy breve pienso, que ira difundiendo el Alba fina luz: pero qué es esto? Quién es quién está escondido? Santo Alá, qué es lo que veo? Señor, la verdad confieso: yo amo a Jacinta, y por verla me había metido aquí dentro; y pues de las almobadas saí, no volver prometo, ni amarla, pues sale Gallo sin pluma de estos aprietos. Las piedades de Lucinda causan tal atrevimiento; pues fuera de la Mazmorras, permite, que duerman estos. Vamos, pues, y aquese infame has, Amurates, que luego un cruel Verdugo le ponga en una Mazmorra preso, que después ordenaré mayor castigo a su yerro. Tormento mayor mereces. Por ti, Amurates, entiendo, que luego mañana voy a contarme con los muertos. Para la playa, mi bien, el paso tuyo apresura. Sin duda que no han sentido, amada Rosa, la fuga, pues desde que de Palacio salínos, nada se escueha de veces que nos asombren, ni ruido que nos confunda. Desde que por el postigo del jardín nuestra ventura nos abrió paso, es mui cierto, que ningún rumor se escucha: toma el cofre a quien el néctar tantas perlas le tributa. Cuando no fue de la Aurora señal de perlas la lluvia? Vamos sin miedo a la orilla, puesto que me disimula el traje. . Ha nunca cesen estos favores, fortuna. Airado Júpiter dice en el cerúleo Elemento, que hará que el atrevimiento sea emienda de lo felice. Mi bien, ya en el Mar estamos; mas qué música se escucha tan immediata de aquí? El canto con que saludan a mi Padre el gran señor, cuando la noche hace fuga. Olgamos, que los oídos apaciblemente triunfa. Europa dijo, a ver llego, que el Mar tu ventura fragua, pues te extingue con el agua de inconvenientes el fuego. Siendo la Música acaso, aún más parece de industria, Cierto es, pues dice llevando el Tábonlo de dulzuras. , . El fino amor de entrambos sea sin sumo fijo Norte, pues él nunca se muda.
JORNADA TERCERA
JORNADA SEGUNDA No se vio más ardiente el lamentable asolado infeliz, tirano asombro, cuando poblo de incendios altas cumbres el impulso del Griego cauteloso, que mi pecho al mirar la fuga aleve de una hija cruel, tirano, fiero monstruo. Con sobrada razón, señor, te irritas; mas yo espero, que presto rigeroso, a costa del castigo, que ella sienta, varás auchorizados tus enojos. Ya Celio, por si el Mar tomado hubieren, con dos Gáleras ha salido a corso, y por tierra también Soldados suyos exploran los caminos presurosos. Con que parece caso ya imposible, que su justa prisión no tenga logro: Infame, y necia se ha mostrado tu hija, por lo que en sus acelones reconozco, porque es infamia, y necedad mul grande haber abandonado sin decoro por la dura lnquietud de fugitiva la suave posesilón del Regio Solio. También se conjetura que un Esclavo es quien la lleva, porque al tiempo proprio, que ella faltó, también se ha echado menos, causando estragos todos cautelosos. Aquesta presumpeión se vigoriza Dgized by Google con con el info que el mentido Celín, que ella supuso, era ese vil Captivo, que menciono: A más de que el indigno abatimiento se advierte que Lucinda lnjusto robo hizo al Erario Regio, defraudando en perlas, y rubies lo precioso. Vive Alá Soberano, que a no verlo, increible se me hiciera lo que toco, pues solo la experiencia persuadiera un absurdo en Real sangre tan impropio, Te aseguro, Amurares, que al pensarlo las lágrimas se asoman a los ojos, sin que se me estímule la terneza sino al ver que en mi rabia me apasiono, porque no me sofoque el ardor suyo, esta agua vierte el corazón heroico. Señor, una verdad he de decirte, que hasta aquí he recatado cauteloso, con tal que me perdones el delito, que ocasiona el amor que va depongo. Por cuenta, queda del afecto mío, que tu indulto no sea dificultoso. Pues, señor, Celín siempre leal ha sido, y aquello que de él mentí, fue solo, porque no fuera suya la Princesa, industrias maquinando de celoso; mas mirando so mal que ella procede Jago, amor, se ha tenve ndo, o do, a cra ceepa e, tesep De alguna novedad han dado indicios los oídos llenando de alborozos, los instrumentos con que el sabio Ulises ánima corazones orgullosos. an vencible Zaltan, del Orbe asombro, dine el ̱. ̱ tus plantar riudo, Salí con dos Galeras, diligente, rompiendo cristalinos promontorios, aún más accelerada, que la Regia Ave al medir distancias el Pabonio, al mísero barquillo dan alcance; mas qué mucho que yo llegara pronto, si a remos anadidos de deseos apuraba comitre mi eno S y a esa mujer, no sé como nombre darle, pues a su infamin el peor no viene propio, al ver que mis Galeras se acercabas un bulto artojó al Mar, cuyo tesoro de Perlas, Piedras, y Oro acrisolado sacó del Gavinete Majestuoso: Pero con tal traición, y alevosía y que ese vil Esclavo es ya su esposo, y ver que es de otra Ley, acusaciones se han vuelto mis cariños amorosos. Las iras que en mi pecho se atropellan no sé como prudente las reporto, hija vil: Mas como entre mis labios el nombre de blja inadvertido tomo, cuando solo el tratarte como a extraña es de mi ardiente cólera soborno? Mujer infame, solo mujer digo; pues casa de traiciones te supongo, qué inclinación infame te estímula a que quieras seguir error tan loco? Como abates a mísera bajeza las excelencias de mi Regio trono? Como a nuestro Propeta soberano prefieres otro Dios, siendo desdoro de aquellos primitivos ardimientos, que debiste a mi celo fervoroso? No respondes? Mas qué has de responderme? si en los cargos, que te bago reconozco, que no pudiendo hallar disculpa alguna, tu discurso coneluso queda absorto. Ay amor paternal, que en vano llamas; pues dando su traición golpe en mis ojos con tormento tan cruel, y tan terrible perdí el sentido, y mi cuidado toco. No desmayes, mi bien. . Eso me dices Oye, y verás si mi inconstancia doblo. Si de Padre, señor, el nombre niegas, a la que diste el ser, importa poco; pues en Dios Trino, y Uno a quien confieso, es cierto que de Padre ya mejoro: Si en ti he perdido un Reino, en que se gozan solamente placeres transitorios, otro Reinó mi Dios me ofrece amante a donde a gozar vaya eternos logros. Ejecuta en los dos crecidas penas, inventa más marturios rigorosos, que a quien tal Gloria espera en lo futuro, no habrá pena presente que dé asombro. Esto mismo en mi Esposo te aseguro, en cuya unión espero tus oprobrios:; Rata resolución! . Cariño extraño! Crujan a mi furor entrambos Polos: infame ya de mi hija degeneras oyendo contra mí tales oprobrios: formen, pues, una hoguera luego al punto, y al voraz Elemento dando tornos, que se ceben las llamas por momentos, echad los cuerpos de esos fieros monstruos, aviven el incendio en que se halle reducido a carbón el humor rojo, que no se ha de templar la saña mía, hasta que repitiendo fieros soplos, su rui a, y mi venganza entre cenizas divulgue con escándalos el Noto. Y en tanto, que esto llega, no estén juntos; pues si el crecido gusto de uno, y otro es el verse, no es bien que lo consigan, hasta ir para el patibulo ardoroso. Y para más venganza de mi furia en la mansión que ignore el claro Apolo los poned, dad augmentos a sus penas, y crezca el padecer en tanto asombro. Quitadlos de mi vista, que me afrento de que vivos estén viendo mi rostro; pues entendí colérico que hallaran anticipada muerte con mis ojos. Cadenas les echad. Oh vil Cristiano, qué de ti me fiaba! Oh alevoso! Belardo amado, esposo de mi vida:: Esposa venerada de mis ojos:: No siento la cruel muerte que me espera, mi pesar es dejar de verte, esposo. a. Tanto tropel de penas no me aflije, el no volverte a ver es lo que lloro. Mas, pues, Dios lo permite, sufrirelo. Pues Dios lo detérmina no me opongo. A la Mazmorra, perro. . Audad, señora, no culpe el Rey la dilación que noto. Adiós, Belardo amado, para siempre. Ay Rosa de mi vida, que conozco que se hace el corazón dos mil pedazos de este despedimiento lastimoso. Mas si el llanto es alivio de los triste::: Si es el llorar de un infeliz socorro:: Diga el dolor con ansias, y suspiros:: Prorrumpan mis fatigas, y lamentos:: Lágrimas tiempo es ya, lloremos ojos. Naciome nueva córcoba, mi mala suerte no acaba, pues creí que me mejoraba, y de nuevo me joroba. Di qué tienes, que aturdido todo el día de hoy has andado? El mayor mal, bien mirado es, que ya sol tu marido. Si tu blanco lisonjero de vista al delicio giro, ya no le acierto al Sol tiro desde que no soy soltero. Si mi comer estupendo me hacla Jaldicero pando, ya estol Ratas agarrando, por ser mi hambre de lo horrendo. Aquí sin vernos las caras nos estamos viendo a oscuras, Y cuando a pleltos me apuras, para azores me preparas. Mira tú qué buen fandango a tener de novio vengo, pues desde que mujer tengo de azotes me tocan tango. Cuando suspiros arrojas, que salen por entre rejas, no es razón de que tus quejas a mí por causa me cojas. Ver que Belardo ha ganado, y Lucinda con denuedo, es la causa de mi miedo, pues nos cargan su pecado. Y porque huyendo se van, como burlados se ven, hago que rabiando estén, y contra los dos están. Pues si de fortuna el dolo causa es de no ver a Delo, no es razón que aquí tu celo me haga a mí el motivo solo. Corazón, pues ya te viste sin tu bien, el dolor baste, sea de tu vida contraste la Mazmorra oscura, y triste, Ruido hay, fo has que sea esta gente toda de aquella que se acomoda a traernos nuestra comida. Es Belardo? . Y quién perdido se halla en su amante culiado. Quién con Mora habia ganado, en la Mazmorra haga nido. O, qué ajeno de dolores tenías gustos a millares, cuando te entregastes a Mares con quien paga tus amores. Mas en la Mazmorra oscura has de ver, que no es lo que era, que has de morir considera, ciñendo cadena dura. Y para mí cuyas fieras obras no fueron mejores, A los Verdugos mayores, que prevengan las hogueras, Ay Dios, ya levanta morro Gallo al oír este desgarro, que un vigotudo samarro le haga echar ple atrás, y chorro? Aquí solo hade quedar Belardo, y le he de acudir, que manana ha de morir, sin poderse moderar. si su fiero fin le amaga muera, y yo no se lo diga. Gallo, y Jacinta me siga. Hoy el llanto me deshaga. Por detrás al dar los pasos si ento tiros muy espesos, y mi vida al soltar de esos se deshace ya en pedazos. e Ya que solo quedo en caos tan confuso donde mi desdicha sumergirme pudo, produzcan mis ojos de perlas el flujo: pero no se entienda, que din a su curso corriente las penas que preso divulgo, sino que le ofrea en ellas tributo a , pelad bela, para quien procuro de Amor en las aras víctimas sin humo. Oh, fortuna! cómo me niegas al gusto el objecto que amo, la luz que procuro? Midiendo a esta estancia tránsitos confusos, donde lo funesto solo imperio tuvo, encontré esta reja de la cual no dudo, que ha hecho que la olviden el tiempo caduco, porque a saber de ella, mi Padre Iracundo de aquí me sacira, que el intento suyo es que yo esté donde no pueda ninguno escuchar las quejas que tierna artículo. Ay Belardo amado, mal haya el injusto, que así nos segrega del amante yugo. Si no es que el deseo engaña al discurso, de mi dulce dueño las voces escueho. Amor, si piadoso tu poder dispuso, que un engaño alivia pesares tan sunmos; yo te lo agradezco, y ten por seguro, que no las verdades me dieran más gusto. Si acaso no miente el oído importuno, de mi tierno amante atiendo el susurro. Llamarle pretendo, que aunque conjeturo, que no ha de escucharmes fisonjear no excuso a los oídos míos con el nombre suyo: Belardo? Belardo? Imán de mi gusto, dón de estás? . Aquí Lo que advierto dudo: como aquí has llegado? En el centro oscuro de aquesta Maz notra hallé el oportuno hueco de esta reja, que ignorada juzgo, de los que procuran, que no hable a ninguno. Cómo, mi bleo, te hallas en rigor tan duro? De Andrómeda sol. perfecto trasunto, ceñidos los miembros de hierros injustos. Pero del Perseo Iinmortal, y Sunno espero que amante. en tanto infortunio ha de libertarme del monstruo sañudo, que en eternas llamas arde sin consumo, y que en mi constabela no consigan triunfos; de la tiranía los Dardos agudos, contenta padezco, y es porque presumo, que así de perfecto a mi amor graduo; y pues con las penas placentera lucho, rigores duplique mi Padre, y los suyos, que para quien muere por amor, y gusto, juzga de la herida suaves los impulsos. Rosa de mi vida, yo no dificulto que estarás mostrando regocijo sunmo, aún cuando se llegue de tu muerte el punt osa eres, y aunque cruel verdugo divida la nieve de tu cuello eburneo, y aunque hoguera ardiente rompa los conductos, que naturaleza a la sangre puso, dejar no podrán tu rosicler mustio, pues le dará realces el humor purpúreo, y a imitación tuya de mí te aseguro, que entre las espinas de tormento injusto cojo en tus palabras dulcísimo fruto: no infeliz se llame quien conseguir pudo, que le den alientos los Luceros tuyos, que aunque no los miro, discreto presumo, que como otros muestran su influencia en lo oculto, de verme en prisiones no se duela el Mundo; pues de la cadena lostrumento a cuyo son, tus amorosas palabras escucho, la prisión desmiento, y el tormento anulo, placeres no quiero, pesares procuro, ya que en tu constancia esta crencia estudio, de hacer amoroso placer el disgusto. De tristes compaces el rumor escucho. Serán descaptivos, que immediatos juzgo. De amor quiero la cadena, que si él motiva un rigor, gusto incluye en el dolor, dulzura aplica en la pena. Cuando por amor padezco con gusto, quien canta, parece, que mis males supo. Cuando por amante penas artículo, con mi mal concuerda el cartivo, el suyo. Pues prorrumpe dando apoyo al discurso. Pues dice copiando de mi mal lo sunmo. De amor quiero la cadena. Que si él metiva un rigor. Gusto is cluye en el dolor. Dulzura aplica en la pena. Pues nace aqueste color. De amor. Vivir en caos tan severo. Quiero. No temo aunque horrible sueng La cadena. Porque de constanela llena. Porque por amante fuero. De amor la cadena quiero. De amor quiero la cadenas No pregunten de amor cruel. Que si él. Pues ve que sncendios aviva. Motiva. Con moderado color. Un rigor. No le interrogue el dolor. Lo que él hace que aperciba. Que si él un rigor motiva. Que si él motiva un rigor: Si el dictamen aunque injustos Guste. En los pesares que excluye. Incluye. Es consuelo superior. En el dolor. A quien muere de su ardor. Para quien sus flechas no huyes Gusto en el dolor incluye. Gusto sncluye en el dolor. Aquel que ama entre amarguras Dulzura. Al Acibar que pública. Aplica. Dándole Amor Glorla plo En la pena. Que aunque a padecer condena. Y aunque a tormento dedica. Dulzura en la pena aplica. Dulzura aplica en la pena. Porque más bien percibido, que del suave contrapunto repetir pretendo junto lo que se oyó repartido. , . De Amor quiero la cadena? que si él motiva un rigor, gusto sneluye en el dolor, dulzura aplica en la peca. Porque veas cuan semejantes a tus penas son las mías, oye, que sin que una letra sobre, o falte, determina mi ingenio hacer una copia en que nada se distinga. , . De Amor quiero la cadena, que si el motiva un rigor, gusto incluye en el dolor, dulzura aplica en la pena. Como yo estuviera siempre, Belardo, contigo unira, los más agudos dolores regulara por de iclas. Estando, yo, amada Rosa, en tu dulce compañía, no temeré de tu Padre los rigores, aunque digan: A morir en una hoguera vayan Belardo, y Lucinda, Mas ay Dios! que aquestas voces, estas cayas, y fordinas, de que nuestra muerte llega promptamente, nos avisa, Ay de mí! que al escucharlo todo el pelo se me eriza, porque sienta de esta suerte multiplieadas espinas. Pues, luz de mis ojos, llegue la postrera despedida. Al oírte, el corazón en lágrimas se destila, Es posible que te apartar, y que la muerte onemiga me ha de privar de gozar en tus brazos de mis dichas? Posible es, que esté mirando esta pena, esta fatiga, sin rendirse a tanto golpe él a lento que me anima? Mas si remedio no tiene ya me voy. . Alma mía, ven acá, ven acá, espejo en que mis ojos se miran, no me dejes zozobrando en el Mar de angustias, mira. Pues qué quieres? . Qué a pesa? de la dura reja impía, que se interpone, me abraces, que ya que la suerte esquiva me lleva a morir, procuro lograr esta última dicha. Llega ya, que es el postrero, que te he de dar en mi vida. Ay de mí! que el corazón ahogado en tantas fatigas, haciendo lenguas las Almas con que su dolor pública, forma tiernas lecuciones en lo que inquieto palpita. Ay, mi bien, que aún los alivio, a darme la muerte aspiran; pues en deliquio amoroso mis alientos agonizan al gozar tus brazos, siendo mayor mal la medicina. Mujeres las que de verás amáis con voluntad fina, mi pena considerad, llorad conmigo, sentidla. Hombres cuantos queréis bien, si mi dolor os lástima, dadme alivio en tanto mal, pues conocéis mi desdicha. Mi bien, si no has de estar siempre en mis brazos, quita, quita, pues das más causa a la queja, cuando piensas que la alivias. Bien dices, que dicha no es la que efimera transita. Dolor hasta donde quieres, que llegue tu tiranía? Daré voces, loco estoy: Cielos, mi mal no os lastima? Mas si ya de mí te apartas?? Mas si de mí te aetiras:: No esté la úl la de espacio. Lléguese la muerte aprista. Y más que crueles divulguen:: Y más que iracundos digan:: . A morir en una hoguera salgan Belardo, y Lucinda. , a. Pues que no hay dite lugal en que llegar a poné de la Sagrada MAR el Altar, en este este. Hy la Limpla Concepeión celebra la Iidelia hel por bella, he intacta Rosa, que de las flores flor es. Torre de David, si en esta Torte los Tureos oa veo, todos os amén. . Amen. Dad alintos a Euciada, y a Belardo en padecer. Dolor en el corazón, por ser tan grave, grave. Tierna a lame tar a entrambo iré al suplicio después. Y yo, pues donde uno, y otro hoy muerta yace, y a te. Quizá mediará Lucluda al tirano Alcaide cruel. Tantos golpes me hantirado, que ya echar podré, podré, A mi también me golpearon acabada de comer. Yo cuanto tragado había en tan mal lance lance, Ruido hay abajo, y prefunio, que te han empezado a ver. Y yo siento que de verte allá acaben, y acá ven. das castigo al delincuente, y premio a aquel que lo gana, Celín, los méritos tuyos a tanta cumbre te exantan, y a la Princesa delitos le abaten a tal desgracia! dolor, que aunque quiera yo resistir con mi sagranda Religión, es imposible. porque con dura batalla mi Ley, y mi tierno ano ya la lid travada, tanto que ni uno, ni otro se rinde a victoria tanta; mas ya he pensado el remedio, para mitigar mis ansias. Tú, Amurates, les dirás, ̱a ede sigan nuestra Ley sagrada, volviéndolos a mi gracia: haré que en tálamo dulce se logren mis esperanzas, ea sandore; y luego que ella desprecie la Ley Cristiana, en secreto a este Captivo le dará mue te mi rabia: y ella restirvida al trono, le ovidará, cosa es clara. Con esta industria, consigo dos cosas, la una es quitarla de que al Pueblo pueda darle. escándalo, que se aguarda, mirando que su Princesa deja nuestra Ley amada: y la otra, es también que ebsto las inquietudes del Alma, con que la muerte de una hija opone violencia extraña. Ejecutaré, señor, con promptited o que mandas, Hlja es de tan gran talento tal industria. Ya las cajas, y destemp ladas sordinas avisan de que a las llamas se acercan los de lncuentes: Descojan, pues, sin tardanza los Sumilleres el velo, mientras que por aquí pasan, ̱d , a us, se acerca de mi martirio la palma, y aunque siendo antes Princesa con tal oprobrio me tratan, poco es para el que por mí siendo Divico se humana. Señor, si vuestra clemencia los deseos acepta grata, recibid el que yo tengo de padecer por vos cuantas ignominias, vituperios, injurias, afrentas, y otras, que previene ira tirana. Ay, Gallo, temblando estol. Ya echan sus roncas las cajas. Solo siento en tal dolor no tener con Fe exaltada muevas vidas que ofreceros, dulce Redenptor del Alma; Mas porque en tales tormentos no desmaye mi constancia:: Mas porque aquí no desmaye mi naturaleza flaca:: Pediré a los Elementos, Fuego del Amor Divino auxilios en penas tantas. en mí se encienda la llama. Aire me preste el aliento, para ir a la ethérea Patria. Tierra la firmeza imite de mi fervor la constancia. Agua de cóntrita lluvia mis tristes mecillas baña. Para que así cuando muera me dé. Preste:: Imite:: Traiga:: Llama:: Aliento:: Fuerza:: Llanto:: Fuego, Viento, Tierra, tintesa, en quí mostró la fortuna varia la poca distancia que hay de la dicha a la desgracia, ya se mejoró tu suerte, del Zultan la piedad rara, como adorando los dos a nuestro Profeta:: Calla, que me irrito de escucharlo. Yo a Mahoma había de adorar? Yo con mí JESus ingrata había de ser? Aunque aquí los tormentos esperara con que el Tirano Perilo vio su industria castigada, y aunque al repetido locendio mi vida no se acabara, sino que perpetuamente me viera martirizada, de Cristo no depusiera la Ley cierta, y soberana. Esto a mi Padre dirás, qué te detienes? qué aguardas? Rosa, pues no te marchita el Invierno de amenaza, en el Paraiso Celeste perpetuaras tus fragrancias. A descubrirme me incitan los efectos de mi rabia. Hija vil ten el dolor de haberme visto la cara, sin que el privllegio goces aquí de ser indultada. Arrojadlos luego al fuego, que verlos quiere mi saña. Jncreible es su rebeldía. Vamos, señora. Cristiano, ven donde culpas se pagan. Ea mi Belardo valiente, aliente aquí tu constancia, ansia no es la muerte, pues es paso a Gloria tan alta. Y si el incendio fogoso gozo promete a la llama, ama mi amor, que esto ofrece ese Celestial Alcázar. Hoy nuestra Iglesia oportuna una fiesta amante exhala, a la que es luciente Estrella, ella en tal trance nos valga. Y pues hoy su Concepción Sion canta en Gloria entonada, nada nuestro pecho inquiete, quiete el miedo esta esperanza. Ya mi corazón, espesa, osa morir, pues prepara Ara el pecho, y me aprovecho hecho víctima humillada. Y pues aurilios envía via del gran Jecob la escala, a la Esfera nos descubra, cubra como escudo el Alma. En nuestro amparo también bien es llamar al Patriarca, arca pura que asegura segura la Rosa intacta. Quién a MARIA concibido vida pide en su demanda, anda acertado, y al gusto gusto consigue de Gracia. Nuevo resplandor, que admiro, miro abserto, el día se exalta. Alta luz, en sus arrojos ojos ciega, y juicios pasma. Eterno auxilio celeste este pecho en tal batalla halla, que si dais socerro, corro sin miedo a las ansias. No sé que alegría me esfuerza fuerza añadiéndome, y grata ata el temor del fracaso, caso que a lo humano espanta. Pues si el premio es nuestro acierto cierto, que ya nos aguarda. Arda el cuerpo a su disgusto, gusto eterno alcance el Alma. Yo no sé que gusto siento, que me he quedado elevada! Yo treeré tu elevación cuando hagas papel de Savia. Descubrid aquesa hoguera, que verlos quiere mi sana, porque al voras Elemento mi vista locendios añada, y al estarlos atendiendo fatigados con sus ansiaa, Nerón nuevo mi Tarpella será el Solio que me exalta. Qué justamente castigas los delitos de una ingrata! Ay dulce) Esus mie! la memoria soberana de vuestra amarga Pasión ayude mi tolerantía: en vuestras Manos Divinas mi Redenpror, y Señor sendo mi Almas selice encon Señor, aquesta conjeja, esta fatiga, y esta ausía satisfacción pueda ser de aquellas culpas pasadas, perdonadmelas, Dios mío: Esús, IEsús, yo encomiendo mi espíritu en vuestras Aras. t Quién IMARIA concebida vida pide en su demanda, auda acertado, y al gusto gusto consigue de Gracia. Señores, dos cosas solas que suplicarles me falta, que de mi riesgo noticia den a Méjico, mi Patria, y perdonad nuestros yerro?, a Comedia ac d que Digiticed by Góo Digitico Digiticed bi Digiticed byC C Diolticed biG Doi Digiticed by GOo iqiticed bi
