Texto digital de El lucero serafín
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Alonso, Noelia y Pablo Pérez. Texto digital de El lucero serafín. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lucero-serafin-el.

EL LUCERO SERAFÍN
Corte de la monarquía de Dios imperio, a su reina majestad de Alcázar sacro servís, a cuyas almenas altas de crisólito y rubor les faltan, por superiores, cielos con quien competir. Celestina, los cortesanos, alado ejército, al fin que para adorno y inmortal, rayos de Dios os vestís y todo este eterno imperio. Yo soy, escuchad, (oíd) que quiero decir quién soy, enamorado de mí. Yo soy, admirando el cielo, el Lucero Serafín y de la mayor deidad de Dios a ser luz nací, a ser antorcha primera, por más ardiente cenit de las doradas mañanas de XXXXXXXXXXXX el más puro ser, que el ser eterno como de sí. La escultura más hermosa que al soberano buril de su infinito poder se puso Dios a esculpir tan parecido retrato hasta en él no tener fin, que como en imagen suya se pone a mirar en mí, tanto que puedo a sus ojos de XXX presumir. El príncipe soy de todos los Serafines que aquí en diversas hierarchías de este luciente jardín. Pájaros cantores son, porque a todos preferí por más perfecta criatura. Por soberano del fin y mayorazgo de Dios, pues de sus rayos lo fui, y en tan alta inteligencia, que tengo al sol por XXX que por rogativa suyas que a XXX no hay en mí que dejó en mi hermosa esencia de ilustrar de lucir. Venid, admiradme todos. A darme aplauso venid y a trasladar de mis rayos luz, que en la suya encendí. Cantadme alabanzas, dad gracias al Lucero Serafín al artífice divino en mi espíritu gentil. Bebed de mí que soy fuente, que corre esplendor XXX a donde el cielo es narciso que se enamora de sí. Pero ¿qué es esto que miro? Tres cheruvines allí, que los tres juntamente forman solo un cherubín, símbolo de la unidad, de Dios reino, pues así la coeterna esencia suya es idea de XXX. Con un espejo en las manos, para el misterioso fin de su inmensa providencia en lo que está por venir, representando su idea el cristalino viril por nuevo favor en él. Revelar y discutir me intenta ¡cuánto en el siglo esconde de mí! Su arcana sabiduría de quien quiere XXX, y entrado XXX y comenzando a advertir lo que me enseña el cristal piélago de Dios sin fin. Miro de las tres personas a la segunda que vi, espíritu puro solo y esencia inmensa que unes con otra naturaleza material, se intenta aquí, que se llama ser humano, formada del polvo vil de la tierra y hombre y Dios. Ha de quedarse aquí, ha de ser su nombre de este compuesto, que a confundir las angélicas esencias basta, fuente tan feliz del hombre, del hombre bien hecho de barro frágil, al fin. Y yo he de adorarle en Dios, estando Dios en mí. Toda la verdad citada, el hombre se ha de medir con Dios, y yo he de adorarle, el Lucero Serafín. Ha de inclinar la rodilla al hombre y yo nací casi igual a Dios, le tengo de adorar y de servir. XXX siendo quien soy, ¿qué hombre no ha de dec(i)r que Dios le adore, ni Dios que en él le reconocí? Vasallaje al hombre, pues Dios pretende deslucir con esa humildad la alteza XXXXXXXXXXXX Mi asiento espero poner, mi silla quiero subir sobre él, aquí con (adoniles) la de Dios deseo y marfil orienta(r) esta fijada. Y esconda ahora de mi Dios XXXXXXXXXXXX ese espejo en qué ceñir. Le he visto a tanta bajeza que puesto XXX su asiento, son mayores mis pensamientos al fin como Dios XXX con Dios he de competir. Un gusto XXX Dios. El Lucero Serafín. Solo XXX creado igualarse puede así. De su brazo efecto vengo por general contra ti y contra los que intentaren tu parcialidad seguir. Miguel del XXX mío, no me puedo arrepentir, pues ángel sea esencia y de los que aprendí. No puedo volver atrás, que no me es el Dios XXX, como a (n)acional criatura, concebido ya aprendí. Ponme mi silla más alta que la de Dios y sal(i)d con la empresa solícito si conspira contra mí toda la XXXXXXXX XXXXXXXXXXXX XXXXX los sustentan. Su pensamiento infeliz, de verdad Dios, a mis manos tendrá miserable fin. ¿A mí te opones, Miguel, diciendo que inferior a mí por naturaleza? Yo tengo, ingrato Serafín, el poder de Dios en migo, para XXX y rendir tu villana obstinación. Haz cuentas sobre ti. En mí, el brazo de Dios en la batalla cruel de tu XXXXXXX. Villano has de salir, desterrado de la amistad de Dios por siglos sin fin. Y el pincel, que tan grande belleza dibujó en ti, te vuelve a borrar y solo del soberano matiz quedan sombras y lejos. Siempre he de ser el que fui. Y por más que fui pensamiento a Dios ha de preferir. Las aladas hierarefías, que mi estandarte seguís, estrellas del campo imperio, flores del rojo carmín, de mi dorado XXX, que con mi esplendor lucir; yo soy el mayor Lucero, yo el más nevado jazmín de esta primavera alarmas, que no habéis de consentir que en Dios alto hombre adoremos. Juradme Dios y aplaudid mi nuevo imperio. Soldados, que con valor más feliz debajo de las banderas de Dios militáis, salid a la defensa de Dios vuestro natural país. Defended pues XXX vuestra eterna patria aquí y extranjera de ese ingrato, que es celestial XXX fin. Ocasión ha contra él mismo, que le traslado de sí. Sirve el Serafín Lucero todos los míos decid. Muera, soldados de Dios, el Lucero Serafín. Al arma toca la celeste esfera, el enemigo muera, muera, muera. Quien contra Dios se a levantado muera. Quien la quietud del cielo altera muera. Quien contra su criador conspira muera. Quien del cielo el imperio emprendes muera. Quien más que Dios ha ser intenta muera. Al arma, al arma, al arma, guerra, guerra el enemigo muera, muera. Escurecido Lucero, con la sombra de la culpa, despeinado de la gra(v)a, de Dios huye a las oscuras cavernas del desterrado para siempre, donde nunca XXXXXXXXXXXXXXX verás que quien ser procura como Dios, eternas llamas salamandra infernal busca y muerte inmortal XXX. Que tan ingrata criatura este castigo merece, pues fue tan grande la infama quien tal hace, que tal pague. Aún no está de mi segura esa fábrica que miró tan lejos, pues se dibuja de antorchas menos lucientes, de estrellas puras. Y yo truje tras de mí, como enprocelosía lluvia, la tercera parte de ella contra Dios, que mi hermosura y la pura inteligencia de mi ser, de otra ninguna excedida, adoren. Calla, triste y borrada pintura de Dios que solo a él se debe adoración y esa gruta infernal abra la boca. Y las soberbias locuras XXXXXXXXXXXXXXX Miguel, de mi ardiente furia no está Dios seguro en ella y todos los que le ayudan, dile que de mí se guarde. Todas tus blasfemias juntas pagarás aquí, villano XXX del centro mudas. Allá va un preso y un mortal contra quien por mi prominencia ser tenía. Demuestre eterna el cielo, antes patria mía, de quien queda desterrado y haga siempre sepultura de vuestros oscuros senos, en la bóveda profunda. Y yo, encargado de Dios, el nombre que en las alturas aclaman tantas esencias angelicas que se juntan a cantar sus alabanzas que XXX del tan justa victoria, el triunfo, victoria, victoria. Por Dios y XXX con aplausos de la XXX de su majestad angustia las banderas, del contrario vencido, de quien Dios triunfa. Entren delante de mí, arrastrando todas juntas de este triunfo los despojos y las voces que a la suma grandeza divina cantan por inmensas y futuras eternidades, repitan esta victoria que escuchan la tierra y el cielo en tanto que a los que de la perjura facción no fuimos, confirma en gravia imagen suya obra criatura en la tierra a su eternidad consulta para que ocupe la silla que soberbio desocupa el Lucero Serafín. De Dios milagrosa hechura, cuyas dulces nuevas esa blanca bandera asegura, con esa hermosura doncella que el sol toca y que la luna calza y las estrellas todas siembran el manto a quien huerta color el XXX del cielo, más que el cielo hermosa y pura que ha de criar para madre suya Dios con gracia infusa y que desde hoy por su reina todos los ángeles juran en gran vaticinio que en las impíreas XXX al XXXXXXXXXXXX, como ha de ser madre suya, que es la bandera de paz, que en la guerra que perturba el cielo, ha metido paces. Dichoso el hombre y la culpa que tal redentora aguarda verá, pues desde hoy alumbra de Dios en la mente eterna, la celeste architetura. Venga, venga la aurora que al sol anuncia, porque de la noche las sombras hucan, y sembrando las nubes sus trencas rubias, nazca el sol de las perlas que al alba enjugan. En el más fértil valle del campo XXX, donde la primavera compite con el cielo para soldar la quiebra del Serafín Lucero, fabrica otra criatura el consistorio eterno de barro va formado con su sagrado de Dios la escultura más noble que vio visible suelo. Espíritu le infunde de su sagrado aliento, a semejanza suya más inmortal que el tiempo. De potencias le informa y de sentido que luego, poniéndole a sus plantas de la tierra el imperio, Adán le da por nombre, que quiere decir hecho de tierra, aunque ennoblece el alma tanto el cuerpo. Un jardín le apercibe de casa, de aposento. Hondo hermoso asombro de su poder inmenso, sobre cuya esmeralda, dándole dulce sueño, de una costilla suya, consorte le está haciendo. Consorte que acompañe su claro entendimiento, dulce centro del alma, primer amor sin celos. Esa ha de ser la causa, aunque le pese al cielo, que el hombro por mis manos, en la culpa cayendo, me dé de Dios venganza. Este retrato nuevo, que dé celos del mío, de frágil barro hecho la mujer que le ha dado ha de ser instrumento para la empresa mía. No haga Dios, si puedo, criatura que no caiga en su desgracia luego. Rompamos esta imagen, que en competencia ha puesto a la mía imitando mis propios pensamientos alerta envidia mía, que les pone precepto que de un árbol no coman, de cuantos el eterno fértil jardín abunda. Gula parte al momento, de serpiente alada en figura, vertiendo veneno de mi engaño, haz que el verde veneno del fruto hermoso gusten quedado a sus deseos. Y diles que, si prueban de este nuevo alimento, que serán como dioses. Seremos de un pretexto cómplices yo y el hombre que a él hagas mensajero del ver el escalando el muro a mis intentos. Feliz principio ha dado y la mujer comiendo, que el hombre haga lo mesmo y con ello consigue más que no harán los ruegos de una mujer querida a quien llamo primero, por requiebro y fineza, del mayor parentesco o carne de mi carne y queso de mis quesos. Ya le enseñó el pecado, aunque quedo más ciego, que está desnudo y ya de Dios la vista huyendo, se esconde entre las plantas de unas hojas cubierto de higuera, ya le llama de Dios la voz y haciendo XXXXXXXXX vestido a sus desnudos miembros del terrenal jardín, le (m)o(j)a con destierro, eterno de su visita tan bien que pocos de estos retrasos se le logran a Dios, ya defendiendo la entrada se le opone de una espada de fuego un Serafín armado. Pequé, señor, confieso que justamente paso el rigor que padezco. En eso me aventajas, que nunca me arrepentido de lo que en el sentido una vez aprendido. Perdí de Dios la gracia ¿qué haré? ¿Qué cielo y suelo contra mí se conjuran porque ofendí al dueño? La tierra, en vez de flores que puso primero, contra mí espinas brota. XXXXXXXXXXXX los animales todos, sobre quien tuve imperio, en mi injuria conspiran, indómitos y fieros. Huyen de mí las aves, porque contagio tengo de la culpa que mancha el aire con mi aliento. Los arroyos me impiden el paso, el mar soberbio sale a sorberme y brama de ver con ira al cielo. Hasta las penas mismas se arrancan XXX contra mí y sienten miedo sin tener sentimiento. Deshacedor la injuria y, al fin, contra mi pecho airados se conjuran todos cuatro elementos. ¿De quién podré ampárame, si ofendido a Dios tengo? Hombre decente Yo de mi culpa voy viendo los resultados, ¿quién ere(s)? El Serafín Lucero de la tierra co(r)sario renegado del cielo, que en el bajel de el daño que corre a vela y remo. Estos piélagos (sumo), estas costas infesto. Date a me prisión. XXX Renegado soberbio, en mi jurisdicción, que tengo a Dios por dueño. Por la culpa eres mío y de este cautiverio. Menos que a Dios villano, por rescate no quiero, que del servicio suyo te ha despedido y pienso que es hacerle lisonja llevarte por (fuera) y de la vista suya. De sus entrañas creó piadosas ver templado XXX en mi remedio. Tu loca confianza te engaña y, porque el tiempo no gastemos en vano, aunque inmortal le espero, por mí he de marcarte que siempre traigo el hierro (). de mi culpa es XXXX pues de tierra estás hecho (). que quiero que tu rostro con dos lunares negros XXX ese y un clavo breve XXXXXXX. Publique que eres mío a la tierra y al cielo, que esto sí que es borralle a Dios su imagen. Esto mi culpa a merecido, más no pienses por esto borraren mí, tirano, la imagen que Dios mesmo hizo en mí por sus manos, que está en el alma, y menos que, acabándose el alma, que es espíritu eterno, no se borra su imagen. ¡Qué locos argumentos! Pues la manchó la culpa que os puso mi cautivo. Eres borrado y feo hombre empieza a mostrarlo. Suspirando, gimiendo con desnudez, con hambre, con sed, con desconsuelo, teniendo detrás llanto, de su sudor comiendo, XXX de temores, asaltado de riesgos, con más enfermedades que en su fábrica hay miembros, con ansias, con cuidados, agravios y desvelos. Y dejarte lidiando contigo a solas quiero, pues son (r)emos de alma los humanos deseos. De levantar los ojos, al sol venganza tengo con estos hierros. Hombre, levántate del suelo verás XXXXX ¡Qué espantoso es XXX XXXXXX las sombras que del sol van cayendo me han de perder XXX de su lado! Ya espero en esa humilde choza, adonde del invierno las inclemencias paso. Tendrás algún sustento que darme. Unas bellotas, prodigio de Dios, tengo que aquella encina cría. El velo obscuro y negro me ciega de la noche y tus estampas pierdo. No me pierdas que harás mayor tu culpa. A cielos que me XXXXXXXXXX este retrato fiero de la culpa, perdido, del trabajo no acierto donde pongo las plantas aquí XXX penadero con el abismo ahora me amenaza, no puedo mover los pies de hambre, de sed, cansancio y sueño. XXXXXXXX ahora diviso desde lejos que servir me de muerte piadosa y XXX quiero llegarme poco a poco, donde está, si los miedos de la noche permiten paso a mis pies sangrientos de pisar las malezas de estos campos desiertos, que brotan basiliscos después que estoy en ellos. Mientras más caminan, hacia la luz me acerco, más me parece enigma XXX lo que veo a labrador. ¿Quién llama? ¡Qué rústico tan fiero aparece de las sombras, prodigioso portento! ¿Qué mandáis, Peregrino errante de estos yermos extranjeros del valle, del mundo forastero? Rato hará que perdido el camino no acierto. Si esa luz no gobierna mis vanos pensamientos, mas que es lo que a estas XXX, agricultor severo, estas conescían XXX y ese acabo haciendo. Labró una casa al hombre que tenga de aposento. Ley XXX Dios pone, Dios, que es sumo arquitecto, a esta luz que me ha dado solo para este efecto el desengaño grande amigos míos y XXX. Y sacar de la tierra ahora los cimientos. Antes el edificio ha de ser todo dentro. Dentro y ¿qué pies de espacio que tenga le has dispuesto? Siete, no más. Que es XXX habitación. No puedo darle más a uno que tiene tan grande esfera el suelo. Llega XXXXXXXXXXX, de ti las senas tengo XXX al hombre es llano del Serafín Lucero. Por eso vengo herrado y dos veces lo vengo del rostro y del camino. ¡Qué profundo y qué estrecho edificio!, su entrada más que el obscuro velo de la noche me ha dado horror. Este es el puerto de las humanas vidas y el último sosiego. Toma esta antorcha ahora, hasta el plazo postrero y sigue tu camino, que ha de volver derecho. Aquí, por más que tuerza por valles y por cerros, de tu albedrío atajos, sendas de tus deseos. Si es luz del desengaño, todos serán aciertos. Guarda, no te la apague el desconocimiento. Y entre tanto que yo por alcaide me quedo en esta casa tuya, llévate en paz el cielo. Caminemos, pies cansados, pues con la luz que tenéis, del desengaño podéis ir menos desalumbrados que su esplendor siempre igual, al de las tinieblas opuesto, de mis errores me ha puesto en el camino real y hasta llegar a poblado descansar no doy término Pero, ¿qué es esto? Imagino que en un bulto XXX. Un rústico es y parece que duerme. Que duerme es cierto, no diferencia de un muerto. Socorro el cielo me ofrece que este labrador tendrá algo que darme a comer. Quiero despertarle y ver si algún sustento me da. ¡Oh labrador, labrador, despierta, despierta, amigo, no me escuchar a ti digo! ¡Qué necio despertador! ¿Qué es lo que de mí queréis? Dame algún sustento humano. Gentil despacho traéis. Si queréis sueño, que soy, el sueño tendréis de mí. ¿Cuánto quisiereis? Que aquí, para darle sueño estoy, atado el género humano, dormido que es más de provecho que estar candelero hecho con una antorcha en la mano. ¿Que el sueño sois en verdad? Y me hizo el ocio mi padre, en la pereza, mi madre. Siendo de pequeña edad, el descuido fue mi abuelo; el esperezo, mi tío; el silencio, hermano mío y mi cuñado el desvelo. El relax mi suegro fue por casarme con su hija, la media noche prolija, hasta que de ella enviudé. Tardo en venirme a acostar y por vivir sin figuras y dormir a mi anchura nunca me volví a casar. Dicen algunos menguados, porque velen y trabajen, que soy de la muerte imagen. Y viven muy engañados, que mientras duermo, vivo. Si vivir es no sentir y lo que dará el dormir, de este tormento me privo. XXX sobre estos terrones a descansar, camarada, que luego habrá una empanada de topos, de lirones y de gusanos de seda, que almorzar entre los dos, en amaneciendo Dios, bien que en aquesta arboleda, XXXXXXXXXXXXX, que es mejor que un pajar. Tu consejo he de tomar. ¿Dónde esta antorcha pondré? Apagadla que con luz nunca acostumbrado dormir, y cuando queráis partir se habrá quitado XXXX la noche medrosa y fría que aquí pretendéis pasar porque, para caminar, no hay antorcha como el día. Tu consejo tomar quiero y con un soplo la mato porque aquí descansar trato. Villano pasajero, ahora que no tenéis para alumbrar la vida, del desengaño encendida, no quiero que descanséis. Venid, pues sois mi cautivo, a la más mazmorra obscura, donde con tantas criaturas más perfectas que vos vivo, después que rompí las paces con Dios, XXXXXX. Su piedad me ha de valer. XXX de rama solaces. Sueño, dormid y callad. ¿A quién no quitaréis vos el sueño, mona de Dios, que su inmensa majestad quisisteis contra hacer, siendo una persona sola, y con la maza en la cola, resistiros a la espada de Miguel, el valentor del cielo, que a coscorrón puro y bella cuchillada, sin son os hizo bailar. Rústico, te haré pedazos si te cojo entre los brazos, y de retrato pasar a original de la muerte. Andad, que nada podéis si comisión no tenéis de Dios, que es el sabio, el fuerte el valiente, el poderoso. Parece que estás soñando. Más que vos sabéis velando que yo durmiendo. Piadoso señor de la tierra y cielo, para la humana concordia de vuestra justicia a pelo. No la hay para mí ni la habrá para ti, pobre criatura. Vuestra obstinada locura incurable es mano esta la del hombre no que fue de vuestra culebra engañado y pide de su pecado perdón con llantos, con fe; y aunque mandéis en vela echo grulla sin dormir al hombre, Dios ha de oír. ¡Qué XXX que le consuela al hombre su necedad, Sueño! Más necio sois vos que os quiso igualar con Dios vuestra hermosa variedad y agudo, como yo soy, quisiste violar su nombre. ¿Por qué vuelves por el hombre? Porque es muy pariente mío desde el jardín terrenal, donde Dios sueño le dio y la mujer le sacó de la costilla. Este mal le vino por la mujer y de ese sueño sacó el daño que le perdió por no ayunar ni comer. Ya lo sé, señor Lucero, pero engañasteis la voz. Por otra mujer que Dios, en su mente elige, espero mi rescate y mi alegría. ¿Cómo? Claro XXX patente, pues le dijo a la serpiente Dios que le quebrantará otra mujer la cabeza. ¿Qué mujer puede nacer, que tenga tanto poder, de mortal naturaleza? La que, en su divina idea, al eterno está engendrada; de mi esperanza, adorada que todo el cielo desea por su reina, por su esposa, hija el soberano padre, el XXX eterno, por madre, por su dulce amada esposa, el espíritu divino y toda la trinidad de su inmensa majestad, por templo más peregrino. Todos son, hombre perdido, engaños de tus deseos y son grande tu ignorancia. Todos los profetas piden, por mi XXX sagrada, al cielo que llueva el XXX y las divinas semanas de Daniel lo acreditan que ya comienza a contarlas. Las semanas de Daniel, y aunque sola vuelvan siglos, han de ser sus cuentas vanas. ¿Qué más quisiérades vos? XXX envidias XXXXXXX, quita sueños, armas embustes, cena a oscuras, urde trampas. Yo os haré que me soñéis, sueño, vos y el hombre. Malas XXX para vos XXX y para vuestra bellaca cara, Serafín Lucero. Hermoso, pero sin gracia; valiente, pero vencido; sabio, pero sin sustancia. Mi esclavo ha de ser el hombre, aunque más vanas palabras, Sueño, conmigo gastéis, que en palacio siempre hablan los que quieren los bufones. No quiero que me deis nada y por eso os hablo así. Para mi remedio, pasan las edades ya, y el cielo, con premisas soberanas, mis fortunas pronostica, a costa de su mudanza. Parad tiempos, parad siglos, volad edades pasadas. Aunque va pasando todo, tus pensamientos te engañan XXXX que van rompiendo. Los aire bajan desde la región empírea, desde las cumbres más altas, de las esferas celestes, cegando al sol con las alas, Gabriel de dios mensajero, y encamina su jornada a Nazaret, en Judea, que XXXX extraña. Albricias tierras que el cielo del hombre el remedio traza sin dudas. Ahora dirige el vuelo a la humilde casa del XXX ella que está siendo doncella casada casada con Josef, un carpintero que está ausente, cosa rara y secreta, que guerra Dios a esta mujer. Nómbrala por madre suya y toma por mí, en ella, carne humana. Es imposible. Envidioso, no hay imposible a Dios nada. Ya vuelve Gabriel alegre ahora la etérea patria de quien en mi hecho, mi soberbia. No os deshagáis de la XXX. ¿Qué misterios son aquestos? Ya Josef la haya apuñalado y tiene celos y el mismo arcángel le desengaña, que es obra de Dios, quien quiere Dios que de esta mujer nazca. El verbo para mi dicha, carne hace tu palabra y para el humano remedio que esta es la Esther soberana que hace las paces del mundo XXX, la Ruth sagrada, la Jael, la Abigail, la hermosa Raquel, la santa Lía, la XXXXXXXXX, la hermosa y discreta Sara. Como si es madre del XXX. Siendo Dios sumo monarca, permite que ella y su esposo a pagar tributo vayan, a cerrar cuando del parto el último plazo aguarda. A Jerusalén camina de su esposo acompañada, y llegando a medianoche a Belén, no haya posada. Malos sueños les de Dios a todos los que tan alta y soberana criatura niega noche tan helada albergue. Un portal eligen tan pobre para pasarla que un buey y una mula albergan. ¿Quién les diera las entrañas para que, en ellas, la noche pasaran y nunca en el alba en su vida amaneciera? No sois XXX camarada. Y aposento que le ha cogido el parto en la humilde estancia. Y, quedando virgen como por el cristal el sol pasa, sin dolor nace Dios de ella. Dios, tan pobre entre las pajas del pesebre y entre dos bestias. El sueño te engaña, hombre, tu imaginación. ¿No veis ahora poblada de cortesanos del cielo la región del aire, vaga pidiendo a la tierra albricias? Otra novedad lo causa. De pastores se despueblan todas aquetas comarcas para ir a adorar al niño. El corazón se me abrasa. Yo voy a Belén tras ellos que me han quitado las ganas de dormir tan grande dicha. Sueño fui y a vigilancia Dios ha nacido, Dios que ha tomado carne humana. Mámola, señor Lucero Serafín. Villano, aguarda. Aquí renegarás con hombre y Dios, calabaza y XXX, Serafín y Luero de XXXX, que, aunque te pese, ha nacido quien rescate al hombre XXX. Basta, que hasta un XXX tiene. Tres reyes de oriente pasan ahora tras de una estrella que los conduce, en demanda de ese prodigio. Por rey del mundo, jurar, le tratan. ¿Cómo puede ser quien piensas vil criatura, si espanta la madre cuando los mira y en el pecho le recata? Si fuera Dios, no lo hiciera; si fuera Dios, no llorará a las ofensas del cielo. Todo mis culpas lo causan. Ya cumpliendo con la ley a la primera semana, se circuncida y, huyendo del fiero Herodes, se marcha de Judea. Que receloso por lo que predicen y hablan profetas de que le quiten el reino por no ser en XXX de la casa de David, tantos inocentes mata, al Egipto se va. Si fuera Dios, no se circundara; si fuera Dios, no temiera. Por hombre, a todo se humana. Ya pasa el tiempo y, después de dos lustros que se pasan y dos años que son XXX, dan vuelta a la patria amada los padres con él, y allí la primera grande pascua de Jerusalén se pierde en el templo entre XXX gente, que dentro conversa, y tristes lágrimas causa a sus padres. Si Dios fuera, no se perdería matanzas, ansias le diera ocasión, tristezas les obligara. Ahora verás si es Dios, en lo que argumenta y habla con los rabinos del tempo que los concluye y espanta. Será algún grande profeta, será el Bautista que aguarda el Jordán por voz de Dios. Y Dios, no, que es cosa clara que sin XXX comunes naciera XXX y ansias. ¿Quiere también ostentar que es hombre? Ya se adelantan a buscar sus padres, llenos de afán porque no le hallan y, si fuera Dios, al fin, dónde está les revelara. Hermoso niño parece, que mil soles se retratan en su belleza divina, piedades vertiendo y gracia. Rayos parece que flecha de los ojos y la cara. Déjame besar mil veces estas plantas soberanas. Detente, villano, que eres mi esclavo y esto te basta para no dejar hacer a otra humana criatura. Cuando yo, con comisión de más alta monarquía, de mayor imperio que el que tú mandas, XXXX de su rescate y con esta confianza le quiero quitar los hierros que la hermosura del alma y la del cuerpo le afean, siendo de Dios semejanza llega. A tus plantas estoy. Tú no puedes hacer nada si no eres Dios, en el hombre. Su poder tengo, y su gracia, y vengo de él enviado para su remedio. Aguarda y sepa yo qué profeta eres, que Dios copia tantas prerrogativas en ti. Mis padres me esperan, que andan de no encontrarme afligidos. Hombre, sigue las estampas. De mis pies y más divino XXX, el alma me arrebata. Para no ser de Dios hijo notable poder alcanzas, niño profeta de Dios. Versos los cielos te cantan. Esclavos y fugitivos, presto tendréis libertad, que no de la trinidad viene a rescatar cautivos. El Bautista es que, sin duda, del que los profetas llaman viene por voz; que si fuera Dios, el mundo le adorara y los judíos le hicieran rey. Pues viene de la casa de David y no viviera entre instrumentos y tablas de un humilde carpintero que, a serlo, la vida gana. Ya pasa en silencio ahora aquel tiempo todo que hasta treinta y tres años le queda y en el desierto se aparta a ayunar cuarenta días y de abstinencia tan larga desvanecido hambre tiene. Si fuera Dios, no ayunara y ayunando no tuviera hambre ni sed ni otras faltas generales en los hombres. XXXXX ahora XXX a recurrir del Bautista para otra ley nueva el agua, luego el Bautista no es. No, que en el aire le aclama una voz de Dios por hijo y después, otra mañana, en el XXX, lo repite otra vez la misma, extraña. Contradicciones y enigmas y, sin duda, que le llama hijo por profeta suyo que, a serlo, no le dejara apedrear. Después de esto, en Judea XXXXX milagros hace Dios. No es Dios, pues la ley traspasa que el mismo Dios a los judíos y consiente que en la cara le digan que es XXX, de crucificarle tratan los fariseos y XXX ahora porque se agravian de que los escandalice diciendo, en calles y en plazas, que es de los judíos rey y que tiene poder para derribar de Dios el templo y, por virtud soberana, redificarle en tres días. Y, sabiendo que le XXX para esta ocasión la muerte, a sus discípulos llama, que son unos pescadores que sus redes y su barcas dejaron para seguirle. Y, después, a todos lava los pies por humilde ejemplo y con lágrimas los baña. En una suntuosa cena, en blanco pan, XXX sustancia su carne y sangre y les da a comer y a beber. Rara maravilla Dios es este, sin duda, que esencia humana para tan grande misterio no tiene poder. Y alaban los cielos este prodigio y, en aquella esfera blanca, franca mesa de todos pone de su cuerpo y de su gracia. Entrad, entrad, que no es Sueño Dios XXX da, lo empaña el alma. La muerte se vuelve vida, comprendida de amor tan alta. Descanso el trabajo mío, la hoz arrojo y la azada. Así, Serafín Lucero, al hombre el cielo rescata y le coloca en la silla que ha perdido tu arrogancia. Y esta es la mujer hermosa que la frente te quebranta. E inclina el altivo cuello, Lucero de la mañana. Eclipsado de las sombras de tu soberbia desgracia que ese es el sol de justicia, adórale en carne humana. XXX ese al hombre mil veces que tanto Dios le levanta. Haz a Dios la reverencia que le deben, desdichada criatura. No está Dios allí, que son palabras y apariencias solamente. Nunca Dios, soberbio, engaña que es suma verdad y vida. No puedo en grandeza tanta resistirme. Ya te hago, aunque a mi pesar, la XXX adoración que te debo por criatura en carne humana. Te adoro, por más que ha hecho mi soberbia temeraria; pero contra este misterio, en la Europa y en la Asia, XXXXXXXXXXXXXX. ¡Qué oscurezcan como pardas nubes la bondad que miro! Por más embustes que hagas, siempre la fe ha de vencer. Y de rendir Dios acaba tu soberbia, Serafín. Escucha cómo le canta todo el cielo la victoria al triunfo heroico y la gala. ¡Oh santo, santo, santo, Señor de los ejército alados, a ti se XXX solamente gracia, cuanto los cielos y la tierra abrazan y después, a la aurora soberana, madre del sol, aquella esfera blanca, concebida sin mancha de culpa original, llena de gracia! No puedo escuchar, Miguel, más injurias. Allá vayas y no tornes, Serafín, que te quebró Dios las alas con que no has podido más gatear a las murallas del cielo. Mira la silla del hombre, ahora ocupada, que fue tu esclavo. No estás seguro allí de mis XXX. No temo, armado de aquellas que son Dios armas blancas, las tuyas, soberbias estrellas cuya luz se acobarda porque delante del sol no lucen otras más claras. De envidia y de celos muero del hombre. Y el auto acaba del Lucero Serafín, con que Dios al hombre ensalza XXX
