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Texto digital de El lucero de Madrid y Divino labrador San Isidro

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Atribución tradicional
Antonio de Zamora
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Antonio de Zamora Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El lucero de Madrid y Divino labrador San Isidro. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lucero-de-madrid-y-divino-labrador-san-isidro-el.

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EL LUCERO DE MADRID Y DIVINO LABRADOR SAN ISIDRO

JORNADA PRIMERA

Herido va Ataja Ataja Antes que la undosa, riza espuma de Manzanares el agua que busca, tiña, le acabará mi venablo. Al repecho. A la Alquería. Guarda el Oso. Labradores, por si nos buscan sus iras, los mastines se prevengan, y las hondas se desciñan. Aténgome a mis talones, por si acaso se encamina al ato. Antes que Rodrigo vencer la fiera consiga, me empeñaré yo en su alcance, porque ya que me compita (bien que desfavorecido) el cortejo de mi prima, no este (aunque corto despojo) al ara que adora rinda. 1. Pues dejamos los arados al ver que la fiera herida se va acercando, las piedras la ahuyenten. 2. Gilote, tira tú, que eres diestro. 3. Allá va en el nombre de una tía, que es quien apunta mejor al logro de su sobrina. 1. Errastele. 3. Pues huyamos. Dónde, Caparro, caminas tan desalumbrado? Dónde no de esta colmena viva el señor Oso, a chupiones, vuelva la miel en acibar. Así un cobarde temor del trabajo te retira? ea, a la labranza vuelve. Vueltas tenga yo hacia arriba la josaina de los sesos, y la sarten de las tripas, si hasta que el tal melenudo haya hecho la mortecina, volviere a tomar la esteba. No ves como en las orillas del río le van cercando Lebreles, y Jabalinas? No ves como de las hondas los chasquidos le desvían de nosotros, al impulso de piedras, y de cuchillas? pues qué temes? A la muerte, cuando menos. Di os es vida. No se canse usté, que yo só, adiós gracias, tan gallina como cualquiera. Detente. No entiendo de eso. María? Señor? en buen hora logre la alborozada familia de vuestros zagales veros (en la ocupación continua de la caza) visitar los lindes de su campiña. Hoy con el señor Rodrigo Luián, que de nuestra Villa digno Alcaide, es Marcial susto de las Lunas Berberiscas, y con García Gudiel, mi sobrino, cuya altiva diestra del herido bruto empeñado va en la ruina; salí al campo: y pues la sed me obliga, a que no los siga, cuando alborotado el Río, trueca con las avenidas al turbio cristal; el curso de su plata fugitiva; dime, adonde está tu esposo Isidro? En la repetida, rústica tarea aguarda, a que la lavor le impidan, con los sustos de la noche los desalientos del día. Como al otro no le asustan Osos, en labrar porfía su barbecho; mas qué mucho? si con echarle de prisa. la bendición, mató a un Lobo, que como un cochero, iba tras un projimo del amo. Qué projimo? Su borrica. Pues llámale: que pretendo, (mientras vuelvo a labatida) reñirle un defecto. Isidro da ocasión de que le riñan? Sí; y presto lo verás. Solo diciéndolo vos, podía creerlo mi amor; a llamarle voy volando, aunque me aflija ver, cuanto ha de sentir más la culpa, que la justicia. . Extraña mujer. Pues tanto en las alas se retira del remor la fiera, vuelva (aunque le pese a mis iras) a buscar::: pero aquí está. Rodrigo? pues como a vista del empeño os retiráis? Porque cuando se encamina. García a lograrle, se, que ayudado de su dicha, lo ha de conseguir primero; y caso que lo consiga, no quiero, que haga mayor su victoria con mi envidia. Estupendo Caballero. Por el favor de mi hija lo dice; mas si yo puedo, o vencerla, o persuadirla, no ha de ser suya. Muesamo, si tanto le mortifica la sed, no fuera mejor, enviando un recado a Esquivías sin aguardiente de ranas, aceite de decir Misas? Deja locuras, y dime, como os va en la compañía de Isidro, y María? Ellos. son buena gente, a fe mía; yo os aseguro, que en todos los Labradores, que pisan el margen de Manzanares, (Río que todos los días, o se atiricia, o se enluta de máreas, y mantillas) no hay dos tan buenos casados. Es su virtud peregrina! Celos, no continuamente me infesteis la fantasía! Llega, que el amo te espera: Qué me querra? No te aflijas; y pues pones la obediencia, déjale a él dar la noticia. A vuestras plantas tenéis un esclavo. Y aún no es digna vuestra falsedad del sitio, a que abatida se humilla. Es verdad; mas sepa yo, en que, señor, os irrita mi descuido, y creed, que no habrá sido con malicia! Probemos en este toque su virtud. Voto a sanillas, que va de verás! Esposo, paciencia, pues Dios lo envía. Quién sois vos? Un hombre honrado, a quien de Madrid la antigua, celebrada fortaleza, (pía. dio humilde cuna, aunque lim- Isidro Merlo y Quintana (fran mi nombre es, en quien se ci- misblasones: porque para Dios no hay más esclarecida nobleza, que la que imprime el caracter de la Pila. A nuestro Parroco oí decir en Santa María, explicando la Escritura; que Dios al hombre castiga, en pena de la primera culpa suya, conque viva comiendo de su sudor; y como son infinitas mis culpas, para que en parte, o me indulte, o me redima, me metí a ser Labrador, en cuya vida sencilla, viendo cuan perfecto estado es el que nos facilita el matrimonio, casé (permitid que así lo diga) con la más buena mujer, que hay en Madrid, con María de la Cabeza, de cuya virtud, de cuya caricia, (y no es porque está delante) educada, y asistida mi persona, aprende: así me aproveche la doctrina. Tenemos de este consorcio un hijo, que nos alivia los trabajos con las gracias; pues en la pequeña línea de tres años, sabe ya de memoria la cartilla, y porque para el fin guardo, la que es mayor de mis dichas, un criado vuestro soy, cuya obediencia rendida os sirve con buena fe; mas pues sin obras no es viva, disculpad, que enlo que ignora malogre lo que codicia. Y yo quién soy? Vos, señor, un Rico hombre de Castilla, cuya casa venerada, cuya persona aplaudida, tanto está de triunfos llena, como de venturas rica: y en fin, sois Iban de Vargas mi amo. Pues si sabias, cuanto, Isidro, es de mí a ti la distancia desmedida, cómo a engañarme te atreves? haciendo, que tu mentira sea tan en mi perjuicio, que ni la caza prosiga, ni del afán, que me ahoga, (mi resistencia vencida) alentar apenas pueda. Yo, señor, tuve osadía de engañaros? Cuando al campo con tus dos yuntas venías, no me dijiste, (mirando cuanto a la vida es precisa el agua, y más si el cansancio aún la del rostro destila) que para que la buscase, en aquel juncar había una fuente? Sí señor. Pues cómo, cuando rendida. a la sed, mi ansia la busca, ni aún una seña divisa de haberla habido? La saña conque abrasa la campiña el Estío, habrá chupado su fecundidad nativa. Buena disculpa! Pues para que vuelva a correr la dicha fuente seca, habrá más que meterla una pelotilla? Creed, señor, que de mi Esposo al cariño mortifica vuestra queja; pero para que vuestro afán no prosiga, Dios dará medio. Qué medio? si aún turbio el Río, nos priva de el alivio? La confianza en las piedades Divinas; y para que no os quejéis nunca de mí, con la misma ahijada (cuya luna la reja al harado limpia) en el Soberano Nombre de aquel que todo lo cría, cumpliendo con mi palabra, fuente os daré, que en tranquí- las hondas sea de la vega inundación cristalina. Qué es esto, Isidro? Es, que cuando Dios quería, aquí agua había: Haí, Jesús, que al primer golpe arrojo la tierra herida la madre de las tercianas! Qué asombro! Qué maravilla! Esto es, para mayor suerte, mostrar a vuestra fatiga; que al Precepto de Dios, hasta los peñascos se líquidan Bebed, bebed, pues el Cielo confrío cristal osbrinda en búcaro verde, a quien es todo el campo salvilla. Si haré, no tanto porque mi sediento afán alivias, cuanto porque a vista tuya, tan milagrosa bebida guste el labio. Y en fe de eso la beberá de rodillas. Caparro, no bebes tú? Linda bota, por mi vida, para convidarme! Absorto tan nuevo prodigio admira mi juicio! Ya que la fiera quedó a mi valor rendida, y en oscuros desalientos medrosa la tarde espira, podremos, tío, y señor, retirarnos a la Villa. Vamos. Al verle, mis celos segundo volcán avivan. Veníos conmigo los dos. Pues amo lo manda, cuida tú de conducir las yuntas. Y si el novillo me atisva? No repliques. Ay amable disculpa de mi porfía! cuando hará amor, que tu mano premie el afán que motiva? Volvió el Cielo por ti, esposo! Son sus piedades propicias para todos. Ven, que tienes mucho que saber, García. Mas que hay boltera, si el diablo del rosado se enfurriña? Ya que obstinado mi aborrecimiento, a las fértiles playas del Carpento procura descender en este alado bruto feroz, que trono del pecado, pues le ocupa mi nuevo parasismo, es Pegaso atezado del Abismo, a tierra, a tierra desbocado adusto cometa irracional, a cuyo susto, cuando esferas discurre, y climas vaga, con un relincho tuyo el Sol se apaga. A tierra, pues, y atropellando el viento, vuela, vuela violento, hasta que por la boca que te escupió vestiglo de una roca, pises el siempre funebre distrito, en quien la negra margen del Cocito para tú pienso robe a sus corrientes trágicos Opios, pálidas Serpientes. Mas donde, planta mía, en oprobio de Isidro, y de María me llevas impaciente, si estimado de Dios, es evidente, que no alcance mi rabia a su castigo? Pero qué es lo que digo, si al golpe inmaterial de mi despecho mas fuertes muros derribó mi pecho? No están, María fina, Isidro amante, con recíproco amor, con fe constante, unidos (de su amor, en testimonio,) con el listón nupcial del matrimonio, cuyo vínculo fuerte dos vidas eslabona hasta una muerte; pues por qué mis desvelos no sabrán, con la rabia de los celos, acrecentando heridas, sin una muerte desunir dos vidas? mi cautela infernal no ha persuadido a su amolban, vertiendo en el oído Mi trágica cizaña, a oreer, que infiel su confianza engaña, pues por las devociones, a que asiste, falta al trabajo, en quien tener consiste, con frutos más ópimos, oro en parvas, y néctar en racimos; siendo así que a las puertas de María le halla el primer crepúsculo del día? Pues por qué, si mi saña enfurecida consigue que su amo le despida, (haciendo en su perjuicio, que la misma virtud parezca vicio,) no logrará, que sin el alimento del corto sueldo, que devenga atento, y fatigado adquiere, gima, padezca, sufra, y desespere, viendo que falta a su piedad ansiosa con que asistir a su hijo, y a su esposa? Y cuando todo salte a mis enojos, quitándole delante de sus ojos, no sabré hacer, que a mi mortal conjuro se desplomen sobre él esfera, y muro, porque su fin funesto cóleras adule, y más qué es esto? e al entrar en Madrid mi saña ciega la aplaudida Puerta de su Vega, uerta quedó la acción, hierta la planta? las que ha de ser, si contra mi levanta se Templo, motivo de mi pena, Cubo Celestial de su Almudena, yo sitio, a mi mal siendo testigo, ve en otro tiempo Pósito de Trigo, y hoy es guarda de aquella Rosa de Jericó, del Mar Estrella, que hasta hoy en el oculto vio mi saña desde la ruina universal de España? Mas no importa, que supuesto que Hicentaris, desmentido en el traje de Cristiano, es el que acercarse miro aquí; si una vez con él me introduzco, persuadido al nuevo engaño, que trazo, que vuelva, Madrid, consigo a ser mísero despojo de los orgullos Moriscos. Ea, asechanzas, esta es la primer piedra que fijo para engañoso cimiento de mi traidor edificio. Retiráreme hasta que salir importe. lev la soledad del campo mis penas, y ya conmigo a solas, puedo en mi historia ojear a mi arbitrio el libro: qué es esto, amor? no te basta hacer, que habiendo nacido nieto de Almanzor, que el Cetro rigió de Toledo invicto, pierda la esperanza de él desde que sus obeliscos postró Alfonso, cuyo brazo (que ya es polvo) fue cuchillo; sino que cuando amparado de Avenyusepthe venido, ocultando en este traje el áspid de mis designios, a averiguar sus defensas, y a registrar sus Castillos, hallé en Madrid la belleza que en una mujer previno mucho rayo a tanto incendio, mucho arpón a tanto tiro? No basta, en fin, que no pueda (pues otra vez no la he visto) saber quien es, para que en dos extremos distintos, o la logre la violencia, o la persuada el cariño? Mas pues el primer empeño corre a cuenta de mi brío, pasemos a discurrir quien del hermoso prodigio, que amo, y pierdo, sigo, y no hallo, me dará luz? El Abismo. Juzgara que en interior voz, que escucho, y no averiguo, respondió el aire! sin duda fue acaso, puesto que dijo: Hicentarif. Quién me nombra? mas ay de mí! que el descuido de responder por mi nombre me ha muerto. Si has presumido, Moro, que esto es presumir con mi engaño tu peligro, mal has juzgado; y así, no temas, que soy tu amigo. Yo temor? dime quien eres, labrador, ya que es preciso enmendar con el arrojo lo que erre con el capricho. Quizá soy, valiente Hicén, quien con el mismo motivo que tú entre en Madrid; y para que arguyas de estos principios cuanto mi amistad te importa, sabe que sé lo escon dido de tu pecho; pues sé que una hermosura que has visto, sin saber quien es, te trae tan triste, tan pensativo, que apenas puedes::: Espera, que mal, habiéndote oído, puedo la verdad negarte; cómo es tu nombre? Lucindo, mas de luz muerta, que hoy solo es pavesa en el abismo. Podrás aliviar mi pena? Solo pende de mi arbitrio el que la victoria logres. Pues para que no remiso de mi amistad me recele, dame un seguro testigo que la afiance. Será bastante el que en este sitio te muestre a la que idolatras, siendo Mágico adivino de tu pasión? Si eso logro, desde luego me confío de ti, y de ella. Pues aquí e aparta, y cuando te asisto, cree que venceras sus ceños. Qué hombre es este que ha venido, Alá, a crecer confusiones? Pues del campo lo florido, y la soledad divierte las tristezas con que vivo, sígueme Elvira. Señora, pues la dicha he conseguido de hallaros cuando a llevar voy la comida a mi Isidro, permitir, que os acompañe: será favor excesivo para mi humildad. María, aunque en tus virtudes libro mi consuelo, pues tus voces Oráculos son Divinos; mas ir sola me divierte. Ay García! Alba un suspiro. Si te adoro, como puedo ser esposa de Rodrigo? No es aquella a quien las plumas añaden segundos rizos la que adoras? Sí; y al verla segundo volcán respiro. Y aún yo; pues con ella viene uno de mis enemigos. Madre, no me ha dicho usted; Siempre que encuentres, Juani- co, a cualquiera de los Amos, besales la mano? Sí, hijo. Pues deme a besar usted la mano. Quérido mío levanta, que en ti el imperio solo es razón del cariño. Dirá uste a señor el viejo, que me dé para un vestido. Por qué no? Qué gracia! Oigan, que es zalamérico el niño. Señora, a diós, mi Juan, va- mos, y demos, como es debido; gracias a Dios de que a costa de un corto afán, que es alivio, el pan nuestro nos ha dado sin haberle merecido. Pues esta hipócrita ya se ausentó, demos principio a mi cautela. Que quiera, tirano de mi albedrío, mi Padre, que a mi disgusto me case! Llega conmigo, y este ramillete sea primer soborno florido de sus ceños. Pues qué intentas? Facilitarte el camino. Que su precepto: Si dos Labradores Peregrinos alguna piedad merecen, debaos, Señora; el conflicto nuestro, algún alivio. Pues qué queréis? Embebecido en sus ojos se confunde el uso de los sentidos, que antes de escuchar el ruego (qué en vano, temor, me anlmo!) este hermoso ramillete admitáis, pues se ha tejido para vos, de tantos varios . Luceros vejetativos. Atenta, Labrador, ya el fragrante don admito, y creed que: pero mi Padre::: Y viene con él tu primo. Si ya lo adivinó el alma, de qué ha servido tu aviso? . Hija? Señor? De mi gente sabiendo, que habías salido por divertirte en mi Quinta, en busca tuya salimos García, y yo. Y viendo yo, que el fiero tesón prolijo de vuestras tristezas deja manejarse del arbitrio, nos damos la enhorabuena. De vuestra atención, sobrino, bien lo creo. Cuál se miran! Feliz pena! Hermoso hechizo! Quién son estos dos Hidalgos? Dos Zagales, que rendidos a vuestros pies os suplican, señor, pues daros Dios quiso en que ocupar tantos pobres, ya en labranzas, ya en esquil- mos, que nos admitáis a sueldo. Y yo, señor, lo su plico de su parte, pues su pena a lástima me ha movido. Como siendo ruego tuyo, puede no ser gusto mío? Mas porque de la familia es el número crecido, la diferencia partamos. Vos, Zagal, pues en vos u iro señas de más experiencia, desde hoy quedáis admitido, y vos con las esperanzas de estarlo presto. Yo estimo, señor, tal merced. Pues cae en mi suerte el beneficio, creed, que presto os desempeñe; pues ya estoy introducido, ánimo Hiscen, que tu amor será dichoso. En ti libro el remedio de mis ansias. Oh qué tarde hemos venido, amor, siguiendo la planta del bellísimo desvío que adoro. Que en vano intento, mientras no se va mi tío, aspirar a que aquel ramo, cediéndole a mis gemidos, coroné mis esperanzas. Vamos, hija. Celos, idos poco a poco, que García esta aquí Me has entendido? Sí, y mientras mí padre pasa, sobre ese pequeño risco, ponle alhurto, que él después volverá por él. Suspiros, albricias. El ramillete Elvira dejo al descuido encomendado a la arena. Volvere al instante al sitio a cobrarle. Venid ambos, y del rústico ejercicio veré a qué puedo aplicaros? Con susto voy. Ya te sigo. Yo te he de hacer ventu- roso, aunque le pese al destino. Confuso estoy; mas qué te- mo, si lo que emprendo consigo. Ya se fueron; y pues ya acaso, o misterio sea, prenda, que mi amor desea, cerca de ser mía esta. Risco, entreguen tus verdores el ramo a mis confianzas, que quien vive de esperanzas, se ha de alimentar de flores. Ya que en ser cruel porfía Astro, que influye enemigo:: Pues pude; pero Rodrigo. Qué presto volvió García! dónde bueno? A conseguir un bien, que dudé alcanzar. Dichoso sois en amar. Cómo infiel vos en servir. No os entiendo, vive Dios! Pues yo, cuando estoy mí rando vuestro atrevimiento, ando por no entenderos a vos. Y ese Ramillete:: Quién pensare ajar mi valor, fiado, en que es para él favor, lo que es para mi desdén, se engaña, si lo imagina, pues vive Dios, que en su daño, le sirva de desengaño el aviso de su ruina. Quién, decid, la prenda os dio, que en vuestra mano se ve? Cómo la he tenido sé; mas quien me la ha dado, no. Pues a mí me basta bella, para estorbar atrevido, que quien no la ha hplerecido, se haya de quedar con ella: y así::: Tened; y pues vos, lo que yo callo decís, veamos que medio elegís de cobrarle entre los dos. El que vuestro garbo dé, que el más airoso será. Pues ya el ramillete está en el sitio en que le hallé, cobradle ahora. Los aceros litiguen la competencia. Y dé el valor la sentencia. Qué es lo que hacéis, Caba- lletos? Qué esto quiera el hado infiel! Señor Rodrigo Luján? Qué esto consienta mi afán! Señor García Gudiel, qué es esto? Entre dos amigos estas disensiones? Sí, que no han de decir de mí, que dejé (siendo testigos mis celos) que en otra mano esté el que es propio favor. Ni de mí, que de temor le volví. Y pues es en vano querer que sin él me parta::: Y pues sin que en mi poder quede, no me he devolver. Quitad Isidro. Isidro aparta. Pues aunque entre los aceros de igual lustre, igual valor disueña el que un Labrador medie entre dos Caballeros, ya que Dios me trajo aquí a tiempo tan oportuno, antes que os hiráis ninguno, habéis de matarme a mí. Repara en que afrenta igual no es bien que mi ardor consien- ta. Señor, la mayor afrenta es un pecadomortal. Mi contrario entre los dos no ha de quedar sin castigo. Perdonar al enemigo es política de Dios. Y pues ese ramo advierte la malicia de su Dueño, yo os sacaré del empeño, De qué suerte? De esta suerte: Flores, que de áspides llenas, confeccionáis maliciosas todas espinas las rosas, todo azar las azucenas, si infernal Agricultor, anteviendo este embarazo, supo reducir al lazo un peligro en cada flor, en nombré del que os produjó con lengua muda, y voz nue- ya, decid al viento, que os lleva, la traición de quien os trujo. Qué prodigio! Qué portento! Cuando el Cielo el medio os da, veis como se llevó ya el viento lo que es del viento? Veis ya como el ramo mismo, que pleiteó vuestra arrogancia, no incluia más fragrancia, que el azufre del Abismo? Veis como para una ruina le tejió mano traidora, y como le agosta ahora la Providencia Divina? Sí; y a esas plantas rendido:: Sí; y a esos pies humillado: Eso no? pues Dios lo ha obrado; sea Dios el aplaudido; mas ved, que vuestra amistad es sola la que procuro. Yo la ofrezco. Yo la juro; pues qué va mi voluntad a perder, sabiendo que ama a otro mi hermosa enemiga? Ánimo amante fatiga. García. Mi tío llama. Pues idos con él, y vos distinta senda escoged, mientras yo por tal merced voy a dar gracias a Dios. Ve en paz. Ella sepa unir lo que amor logró apartar. Loca pasión a olvidar. Noble afecto a persuadir. Sea bien venida la holla, mi señora, pues sola ella alhombre hace la olla gorda: Vaya de alborozo, de gira, de gorja, pues no hay alegría donde no hay olla. Labradores, cuya vida feliz, aunque trabajosa, a precio de mucho afán, tan pequeño alivio compra. Oh como me alegra el ver lo mucho que os alboroza suerte, que tan poco tiene a la fortunade costa. Y pues desde Madrid vengo contando al día las horas; porque el alimento os llegue cuando el Sol el Cenit toca, desde cuyo medio punto valles pisa, y cumbres dora; decidme donde está Isidro, a quien finamente pronta asisto como criada, y venero como esposa. María de la Cabeza, a quien de esta suerte nomo bran; por la devoción que tienes a la Imagen Milagrosa de la Cabeza, que a orilla del jarama se coloca en tan pobre Hermita, que ha pocos días que era choza: Dios la caridad te pague, (si hará, que es buena persona) con que la saya enfaldada, y la monterilla osca, a las orteras anuncias el sufragio de las sopas; Y si es que a Isidro echas menos para repartir ahora acada uno su pitanza, no le esperes por ahora, que a rezar sus devociones ha ido a la Virgen de Atocha, como hace todos los días. Ya que su humildad devota con éxtasís se alimenta, y a ayunos se perfecciona: venid, que en aquel ribazo, porque todo pobre coma, repartiré la vianda. Gozando esté de la Gloria tan santa palabra. Madre, pues es buena Labradora, no se olvide de Juanico. Ya te tengo en la memoria, hijo. El diablo del muchacho se nos quiere meter de onga: Para todos ay, Caparro, que es la mano muy piadosa de quien lo da, y en su mesa, por más que se gaste, sobra. Como lo que a él se le diere, no se me quite a mí, corra. Y diga la castañeta, mientras el cucharon obra:: Sea bienvenida, María? Señor? Adónde festejada de la Tropa de mis Obreros caminas? A servirlos, como toca a mi humildad, porque cuando el hombre pisa su sombra, en sus dádivas, alaben de Dios la misericordia. Pues ve en paz, que no les quiero embarazar (prodigiosa mujer) que para el socorro, que da el Cielo de limosna, tan buen Mayordomo tengan. Muesamo, si haacernos honra quiere de ser convidado, aún hay tripas en la bota. Hijos, pues amo lo manda, venid. Dónde irás, congoja, que en María, o en Isidro, no halles para más discordia, un contrario, que te aflija? Pardiez, vamos, y aunque en tosca armonía, una, y mil veces vuelva a decir la pandorga. , . Sea bienvenida; De suerte, Zagal, que Isidro con el descuido, que informas mi hacienda trata? Señor, si de la familia toda el voto apruebas, sabrás, cuanto es su lealtad traidora, su traición interesada; y su virtud mentirosa. Bien viniendo tarde al campo, después que desde la Aurora visitando Iglesias anda, a fin de que le conozcan por Santo, lo dice el ver, que excusando la congoja del arado, cuya reja sulcos abre, y hierbas corta, a su sudor el trabajo, aún no le debe una gota; demás de que::: No prosigas, que él viene, y pues tanto im- porta reprenderle, porque ser tú el morivo no conozca, vete. A obedecere aspiro; pues ya aquí mi astucia sobra, cuidemos de otra cautela. . Dejadme, Señor, que ponga mis labios, si por ser míos son dignos de tanta honra, en la tierra que pisáis. Hipócrita, cuya loca aprensión, piensa que engaña con las malicias, que emboza, más valiera, que cuidaráis de cumplir con lo que os toca. Si lo decís, porque vengo de la Virgen de Antióquia, no haciendo falta al trabajo, vengo, y::: Basta, y pues blasonas de las virtudes, que afectas, si te se ha olvidado, nota, que antes es la obligación, que la devoción; y ahora Isidro, o mudar de vida, devengando lo que cobras, o te echaré de mi casa. Haréis bien, si os ocasionan mis defectos; más bien presto de las culpas, que os informan os desengañara Isidro. Para ti harás, si lo logras, que en Madrid a Iban de Var- gas los Labredores le sobran? . Que hayas, infernal astucia, injustamente traidora, logrado tus asechanzas, a merced de tus lisonjas! No siento, Señor, no siento las voces con que baldona mi amo la puntualidad, que en sus campos cuidadosa los cultivos adelanta; y las cosechas mejora; solo siento (ay mi Maríal ay mi Juan, prendas dichosas del alma!) que si consiguen, que Isidro se descomponga con Iban; descarga el golpe en su hijo, y en su esposa. Llorad, llorad, sentimientos, que harto hay por qué; y en la ansiosa lucha vuestra creed, que solo mis culpas os ocasionan. a . No llores, Isidro, y advierte, si lloras, que ofendes la misma clemencia, que invocas. Celestes voces, de cuya dulce suavidad sonora, regalada el alma, apenas deja acción, para que oiga, de quién sois? pero qué miro! 1. Sin causa, Isidro, te asom- bras, que a hombre, que como Án- gel vive, los Ángeles le confortan. Pues que, hermosos Para- ninfos, queréis? 2. Que en tanta congoja. No llores Isidro, 1. Para que de tus virtudes el empleo no depongas por ti a trabajar descienden los obreros de la Gloria. 2. La taréa, que te encar- gan, tan por nuestra cuenta corra, que aún antes que se comience vea, que se perfecciona. 1. Y pues por ti virtud solo logra la tierra dichosa, que para más fértil colmo, celeste impulso la rompa. No llores, Isidro, Cuando mi humildad, Dios mío, ha sido merecedora de favor mu excesivo, como el que vuestra piadosa mano emplea en mí, pues ya en mi lugar se colocan tan Divinos Labradores; y pues, aunque paga corta, a tan grande beneficio, el corazón se remonta a vos en las firmes alas de la Fe con que os adora, admitidle como ofrenda, y encendido en vuestra antor- cha, Águila, Señor, ascienda; a fallecer Mariposa, diciendo, porque os adule el fervor, que os enamora, Venturosa fatiga, feliz congoja es con la que trabaja, quien se conforma. Ahora verás, como cumple lo que te ofreció. En la propia parte que le dejé, al ocio que le envilece, o le postra, rendido esta ra. A qué esperas, si con su engaño provoca tu castigo? mas qué es esto ira! qué es esto discordia? De qué te asustas? No sé; mas si sé, pues en la copa de aquel Madroño (de cuya fruta, que doro las hojas, vigilante guarda un Oso de siete Estrellas se adorna) milagrosamente Isidro estárica luz se arroba como en profetico rasgo, de que las armas heroicas de Madrid han de ser basa de su culto, y su memoria, Ya no extraño forastero Zagal tu susto; pues toda mi admiración no es bastante a los prodigios, que nota. Qué ves? ay de mí! Que allí sustituyendo oficiosa mano celestial, sin duda, su cultivo, y su persona, cándidos bueyes, regidos de agüijada misteriosa aran el repecho a luces, que el suelo que quiebran doran Si tú lo crees, persuadido a que es milagro lo que obra; quizá en fe de alguna Magia, yo no; y para que me esconda de su hechizo huyendo iré de su vista. Poderosa, liberal mano, pues más de lo que te pido otorgas, una, y mil veces repita, el mismo a quien galardonas, , . Venturasa fatiga, Pastores del Manzanares, amigos, criados, hola, venid venid, a mi acento. Pues nuestro amo nos convoca, novedas hay. Qué es, señor, la causa, que te alborota de esta suerte? Hija, sobrino, María, apenas gozosas las voces sabenverterse, desde el pecho, hasta la boda. Qué importa, que no la digas, si ya tu explicación sobra? Qué prodigio? Qué portento! Esposo? Padre? Ay tal cosa! pues digo, una elevación, cuando es más, que una tra- moya? Señor, pues si yo: ay de mí! que haciendo el Cielo notorias mis dichas, me mortifica con lo que me galardona. . Danos, Isidr las plantas. Aún de poner yo la boca en las vuestras, no soy digno; y pues con tal vanagloria me hace guerra el enemigo a huir, a huir sus lisonjas, corazón, puessolamente el escuchar me alboroza. Venturosa fatiga, El Portento, que aún no han visto callaré. Pues ya trasmonta el Sol, retirarme quiero. Vamos, hija, que ya es hora. Si tus luces se retiran, qué mucho que el Sol se escon- da? Ven, María. Juan, camina. Cómo es ya tarde, señora, me voy cayendo de sueño. Labradores, a las chozas. Adiós muesamo. Ay, Isidro! y quien de tán prodigiosas virtudes lograr pudiera, pues sois ejemplo, ser copia.

JORNADA SEGUNDA

jornada segunda h n Pues infernal Atlante. sobre mis hombros llevo, los vapores que elevo, porque su polvo errante, cuando a la Esfera sube, se exaleniebla, y se cónjele nu- be. Vosotros, cenicientos escándalos fatales, dilatad infernales, enlutando los vientos, sombra, que opaca, y fría, en la mitad del día mate día. Y pues ese admirable Labrador, mi enemigo, a moler lleva el trigo, que feudos, miserable del afán, en que medra, crece en harina al toque de la piedra. Antes que del Molino el quieto albergue sea descanso a la tarea, del distante camino, sobre su ardiente llama, hecho copos descienda Guadar rama. Y ya que del nublado el ímpetu lugubre la media Región cubre, descendamos al prado. repitiendo mis huellas Cielo el despeño, en que el lloró Estrellas. Por más que el Cielo, Caparro, enlutado de repente sobre nosotros derrame tanto diluvio de nieve, prosigamos el camino. Qué he de proseguir, si vie- ne, el señor pollino hecho un dromedario viviente con diez fanegas por carga, y un muchacho por ribete. Dios ayudará. Caparto, traes qué darme algo que al- muerce? En llegando al Soto, allí toparás migas calientes; más oiga, que las Palomas, revoloteando impacientes, sobre nosotros el trigo de los dos costales huelen. Cómo la nieve embaraza al que para mantenerse de la Providencia, busquen el grano de las simientes, socorro piden. Que ayunen; Pues también yo estoy a diente a la hora de esta, y tanto, que la barriga parece pergamino en libro viejo. Qué poco piadoso eres, pues la ignorante fatiga de las aves no te mueve! No se estila ya cuidar de lástimas de inocentes. Y pues Dios da para todo, desciende, mi Juan, desciende, que en su nombre he de aliviar las. Mas qué algún prodigio em- prende? Qué procuras? Derramar, porque su afán se consuele, trigo que coman, que pues Dios permitiendo, que nieve ropa limpia echa en la mesa, justo es, porque se sustente, quetraiga yo las viandas, pues él pone los manteles. En buena mania ha dado. Ah caridad, lo que puedes! y, o enojo! pues contra mí mi propia flecha se vuelve! No ves, que el grano que se echa sobre la nieve se pierde? Buen remedio, irla apartan- do, para que mejor le encuentren, pues sin el mantel nevado servirá la mesa verde. Juan, ayuda. Tengo frío. Pues a padecer aprende; hijo, porque en esta vida no has de encontrar otros bie- nes. Que cabizbajó el pollino murmurando esta entre dientes, que para él no se mulla ni cebada, ni pesebre. Simples aves, cuyo pico, en anuncio de que cese el universal diluvio, el Iris desplegó fértil de la oliva, como prenda de las piedades celestes: Vosotras, con cuyo nombre amoroso dulcemente llamó el Esposo a la Esposa, porque a arrullos le requiebre desde el hueco de la piedra: y vosotras, finalmente, Geroglifico del Santo Paráclito, que desciende en lenguas de fuego, en prueba del amor de que procede: bajad en nombre de Dios a comer, pues os previene, a cuenta de un Labrador, tan opulento banquete, el trigo que se derrama, aún primero que se siembre. De los Sermones que oye, que bravos tiestos aprende! Mas las Palomas volando bajan como reguileres. Es esto encanto? El asombro de mirar que le obedecen las aves, en nuevas iras mi envidiosa rabia enciende. Padre, cójame usted una palomita con que juegue. Caro las saliera el plato si la libertad perdiesen; no, hijo mío, no hijo mío, Dios las hizo libres, vuelen; Y pues ya se han socorrido, a atar los costales vuelve, y al molino. Isidro? Quién me llama? Quién mirar siente la hipocresía con que desperdicias de esta suerte la hacienda de mi Señor; y porque después no eches la culpa a otro, cuando él te reprenda como debe, sabe que yo se lo he dicho. Y digo, a usted quien le mete en ser chismoso? Qué va que le machaco las liendres. Labrador, a quien por ver cuan dañado genio tienes desde que sirves en casa; huyendo de hablarte, y verte, aún no sé como te llamas; si enemistarme pretendes con mi Señor, eso más en que merecer me ofreces. Si eché el trigo a las Palomas, cuya sencillez, al verse faltas de él, cuando le pican; a arrullos me le agradecen: Dios, que es el Dueño de todo, cuando a mi intención atiende, resarcirá el desperdicio, disponiendo el que se aumente; y cuando no, mi amo Iban, que la caridad ejerce, le dará por bien empleado. Cómo le engañas con ese exterior viso, en su casa haces todo cuanto quieres; más vale Dios que detí tengo, Isidro, quien me vengue, pues no es tan Santa tu Esposa como juzgas. Tente, tente, que con una voz que esgrimas mas que lo que alcanzas, hyeres, María::: mas qué discurro? Qué apreusión! Mi Dios va- ledme. Vamos, hijo; tú, Caparto, sígueme. Ya de mi aleve volcán en su pecho incauto, la primera chispa prende. Hasta cuando, Reinas mías, que dure el convite quieren? Vamos de aquí. No las riñas tú, ya que Dios las consiente. Ay qué se van! El muchacho como el trigo no le duele, de esta suerte se estuviera hasta mañana. En especies confusas mi incierto aviso la imaginación revuelve. Traidora imaginación, que me quieres? Qué me quie- res? Mas qué ha de querer? Que alumbren las sombras que te oscurecen: María infiel! qué delirio! Pues yo os alcanzaré en bre id delante. Yo no he de ir a caballo? Oigan el nene, y que acomodado es para hijo de pobrete. Caparro, Juan, al molino, que el Cielo querrá que cese la ventisca. A bien que el burro va pían, pían. No le pegues. Qué entiende él de bestias? Ande, y no se remolonee. Amigo, adiós. No tan vano tu confianza te ausente, que día vendrá, pues ahora has hecho empeño el no creerme en que mi verdad conozcas. Será lo que Dios quisiere; mas no querrá Dios, que yo indigna, traición sospeche de mi María. Haz que vaya a Caraquiz, como suele, a cuidar de la Hacenduela, que en arrendamiento tienes, que allí sabrás si es mentira. En Caráquiz la divierte la virtud, no el vicio, pues para que el mérito aumente, la Hermita de la Cabeza es el frecuentado albergue de su devoción. Oh cuanto tu confianza te miente! Quién será este Zagal, Cielos, que con sus voces pretende hacerme guerra en el alma? como si yo no tuviese confianza, que le burla, seguridad, que le vence? Ay, Esposa! Tu traidora? No es fácil; quien lo creyere no te conoce, y en mí quien te conoce te quiere. Ahora bien, obligación, al trabajo, y aunque nieve, humana flaqueza mía paciencia, que esto conviene; y aún no sé si tanto afán basta. Con qué en fin no sientes perder la honra? Mas si tú no la has tenido, qué pierdes? Hombre, que te va en mis pe- nas, que así las persuades? Vete; mas no: yo me iré advirtiendo, cuanto me parece que eres Demonio; que por las obras eres lo que me pareces. Qué así mis astucias frustre un hombre rústico? Ah pese a la rienda con que el Cielo mi infernal poder suspende! Pero qué espero? Sobre él las cenicientas preñeces de las nubes tanta blanca saeta disparen, flechen, vibren, viertan, precipiten. y en mí::: s Serenen, serenen sus furias el aire, sus sañas la nieve, y a rayos lucientes. los copos derritan; las luces desplieguen. Si siempre favorecido. de Dios (oh Espíritus Celestes!) Isidro lidia, qué mucho que mis cervices sujete? 1. Ni qué mucho, si con Dios tanto su virtud merece, que él le favorezca? 2. Y pues. para que al Molino llegue, (donde doblada la harina halle del trigo que muele) le alumbramos el camino; en las dichas que él posee parte a lamentar tu injuria. Si haré, para que le acechen, doblados sustos, sintiendo oír que::: , . Serenen, serenen sus furias el aire, No es aquel mi Padre? Sí. Y porque otro susto estre- ne, con Rodr viene. Pues porque no te halle aquí, entre tanto que a mi honor la noche ocasión permite, García, de que acredite las verdades de mi amor; pues por cuenta correrá de Elviratener abierta de nuestro jardín la puerta; vete. No sé si tendrá, cuando tú me mandas ir, llegando a Rodrigo a ver, mas que mi fe agradecer, mi recelo que sentir. No receles, que aunque quiera mi Padre intentar en vano el que yo le dé la mano, más fácil será que muera, que dejar ya de sertuya. Esa palabra me anima. Qué fina que está esta prima! Pues adiós. Así que huya del Sol el bello explendor del mar al Panteón funesto, volveré a tus ojos. Presto, que llegan. Hija? Señor? Qué hacías? Con mi tristeza a solas mi divertía. Si vuestra melancolía iguala a vuestra belleza, teneros lástima es bien. Guardeos Dios, Adónde vas? A no entristecerme más, Qué extrañeza! Qué desdén! Mas si a Don García quiere, qué pierdo en perderla? Oh cuanto me está diciendo su llanto! Pues ya mi malicia infiere el motivo. Hado cruel no, no me atormentes más; en el jardín me hallarás. Yo, hija, te buscaré en él. Rara estás! Este hombre es Moro? Qué he de hacer, cuando padezco, y estorba lo que aborrezco, el logro de lo que adoro. Conque en fin, Rodrigo, es cierto, como presumí, que las Tropas con que Alí, bárbaro Rey Cordovés, sitiar quería a Toledo, contra Madrid apercibe? Lo que nuestro Rey me escri- ve, es, que en su loco denuedo, de Hiscen Tarif asistido, el sitio ha desconfiado; y por no volver hajado, sin ningún triunfo adquirido, como menos fuerte Plaza, sitiar a Madrid procura. Si vuestro ardor la asegura, poco su orgullo embaraza; y más cuando cada almena defienden de alarbes ruinas las dos Patronas Divinas de Atocha, y de la Almudena. cuya protección sagrada. seguro abrigo nos da. Lo que a mi cuidado está, pues se ha fiado a mi espada, es prevenir nuestra gente; si bien es otro enemigo la nueva falta del trigo. Porque no el clamor se au- mento, sacar podréis desde luego el que a mis trojes se fía. Está bien. Llega María, que allí está Señor. Ya llego, aunque turbada. De qué? si apartándonos los dos, hay más que ofrecer a Dios; De que no sé sisabré persuadirle. Tu eficacía logre tu solicitud, que a quien pide con virtud; no se niega lo que es gracia. A vuestras plantas, se- ñor, tenéis una humilde esclava. María, como sabiendo lo que te estimo, me hablas de esta suerte? Qué hermosura tan honesta! Hija, levanta, y di qué quieres. Porque con mi presencia no añada mas dificultad al ruego, me Suplid, que no os vaya sirviendo. Yo volveré a veros luego que haya novedad, si lo permiten los desdenes de una ingrata. Qué se ofrece mi María? pues sabéis, que no habrá nada. que no consigáis. Señor, viendo, que ha días que falta mi asistencia de la corta Hacenduela, cuyas Arras le traje a mi Isidro en dote, y en el término se halla de Caráquiz (de Madrid atres leguas de distancia) que a ella por algunos días vaya mi. Esposo me manda con vuestra licencia; y pues no será razón que vaya sola, y tampoco lo es, que él falte de vuestra casa, a suplícaros venía rendida, mas confiada; que a Caparro permitieseis (pues su rústica ignorancia poca falta puede haceros) que en tan pequeña jornada me acompañe, permitiendo. a Isidro, que cuando haya ocasión, o lo consienta el ocio de las labranzas, vaya a verme alguna vez, pues en lo mucho que le ama el corazón, fuerza es que me mortifique su falta: A esto, señor, con bastante temor venía, y pues::: Basta, que cuanto agra siento la desconfianza; y porque veas cuan presto tu memorial se despacha: Caparto. Muésamo. Mira, que cuando María parta a Caráquiz, donde va, no sé si con mayor causa que la que dice, has de ir tú de orden mía, a acompañarla, y servirla. Cómo allá haya prevenida cama, en la botija buen trago, y en la olla mejor vaca, soy contento. Dios dará. Mas si Juanillo se encarga de mí, y como suele acá, a todas horas me encaja una Misa por almuerzo, y un Rosario por vianda, cogeré lías. No harás, pues tendrás, cuando lo hagas; más castigo del que piensas. Dejad, que en debidas gra- cias por tanta merced, mi afecto los pies osbese, Levanta, que en lo mucho que te estimo, con lo que obligas, agravias. Pues yo, señor, si mi dicha lo que ella no logra, alcanza, agradeceré por ambos tanta honra. Isidro, alza a mis brazos, que aunque soy tu amo, conozco las altas virtudes tuyas? Él es mozo honrado, hombre de cha- pa, como no fuera cazurro. Y bien, cuándo es la jornada? Luego. Pues adiós, María, y el Cielo con bien te traiga, que yo en tanto que mi hija de sus pesares descansa. en el jardín; a mi cuarto paso a escribir unas cartas. Dios la caridad os pague, pues me envíáis tan consolada? Ya me la paga, María, pues del trigo que llevaba ayer a moler Isidro, trae la harina duplicada: Y esto es, que echó a las Pan lomas más granos, que trae la sarna. Buen viaje. Guardeos el Cielo. Y tú, Isidro, no te vayas sin verme. En vuestra obediencia mi servidumbre se ensalza. Vamos, María, que tengo que ir a buscar mis abarcas, Yo te buscaré. En la alforja he de meter dos hogazas depan, y en un desayuno aún no han de quedar migajas poso: Di. Mi obediencia; pero escuchemos, que cantan: Los pájaros, y las fue para celebrar al Alba unos son Liras de pluma, y otras clarines de plata. Esta Música es indicio de que en el jardín nuestra ama la soledad de la noche divierte con sus criadas. Pues vamonos. Ay María, cuantos sustos, cuantas ansias ha de costarme tu ausencia! mas si Dios con mano franca con fruto de bendición colmó nuestras esperanzas, bien es dividirnos, porque la poca vida, que falta, ya que no sea más justa, sea más mortificada. Mi resignación, Isidro, te responda. gue, Hiscen. En la tejida sombra, que la noche cuaja; apenas deja el espanto saber, donde está la planta. Su oscuridad favorece nuestra intención, y pues blan- das esas voces nos avisan, que estás cerca de la causa de tus penas, ven conmigo. Quien no merece con ansias, merezca con sinrazones. Pisa quedo. Ah si lograra triunfar de su ingratitud! Segunda vez acordada la Lira sueña. Y las voces, diciendo, otra vez encantan. , . Al bullicio de las perlas, echando, el compás las alas, divididas en dos coros, se entonan, y se acompañan. Animo, Amor. No te pares. Cumplió Elvira su palabra, pues dejó cerrada en falso la puerta; y pues entre tanta confusión, norte sonoro aquellas voces me llaman, a qué aguardo, cuando ya esta acción me desengaña de los celos de Rodrigo? Mas como pudo ser falsa la caricia, que en mi prima vencio, a pesar de la instancia de su padre, las porfías, del ruego, y de la amenaza? Dichoso yo, pues ya puede repetir mi confianza. Ay infelice de mí! Y de mí también, pues pasa a ser la lisonja queja; de mi prima es (o me engaña el aire) la voz: qué haré en igual duda, Fantasma, hombre, o sombra, como así el noble respeto ultrajas de mi honor? Qué es lo que escucho? Como no mira quien ama; mas que el logro de su dicha. Elvira, Mencia, Laura. En vano socorro pides. No tan en vano, que no haya quien tus arrojos castigue. García es: albricias, alma! Quién será este hombre, for- tuna; que el feliz logro embaraza de mi amor? En el Jardín son las voces. Gente baja, y en ser conocido pierdo, el poder lograr mañana mi intención. Donde te escondes, traidor? La fuga me valga. Primo, señor: pese al ceño. de la noche, que embaraza evitar una tragedia. Pues el ruido de las ramas allí me avisa, en su busca registraré planta a planta el jardín. Ay infelice! que una vez alborotada la familia, fuerza es, que conozcan, ser yo la causa del escándalo, si encuentran a García: pero nada es antes, que embarazar su riesgo. , y Cómo te apartas así del empeño? Cómo no siempre, huir es infamia, estando desconocido cuando hay de por medio Dama y honor: Y es justo, que diga, que feliz galán alcanza sus favores, que a su vista volviste al riesgo la espalda? Qué dices? Qué es Don García quien te sigue, y::: Calla, calla, que con celos no hay cordura. Pues porque no haya ventaja de su espada a tu puñal, aquí, Hiscen, tienes espada; o si lograse algún triunfo! Hombre, que el coto profanas de este Vergel; ya que a ciegas la casualidad te halla, quién eres, di? Así respondo, Infausta Estrella contraria, donde sin arbitrio llevas una mujer desdichada? Qué teme oculten las sombras. Tú eres el que te recatas, traidor. Nuño? Mendo? hola, seguidme todos. Infausta suerte, qué haré? Fallecer a manos de quien te ama. 2. Pero albricias, que ya el bulto distingo. El Cielo me valga! . Qué oigo, sustos! Pues su queja es eco de tu venganza, ven conmigo. Dónde? Dónde, cuando de su centro salgas, desmintamos la sospecha. Ay infeliz! Hay más rara confusión! Pero en qué pienso, que no fenece mi saña lo que empezaron mis celos? No esfácil, que hay quien le ampara. Qué es esto Alá? No te admires, que aún no sabes con quien añ- Llegad todos. Aunque el eco, que tristemente desmaya, alguna desgracia avisa, y el traidor que amenazaba mi enojo, sin saber donde huye, sin castigo escapa; hasta que piense, disculpa, que no sospechoso haga con mi tío el que me encuentre aquí, será de importancia ocultarme en estos ramos. Llega, fortún, llega esa ha- cha, que en el suelo se percibe un bulto. Ay Dios! qué es mi ama. Ay de mí, una, y muchas ve- ces! Amo, y Señor, pues qué causa hace en vuestro sentimiento desaire a vuestra constancia? Si mi queja no la ha dicho, en el asombro repara de ese cadáver. Aunque natural afecto llama, señor, al dolor preciso de esta impensada desgracia, esperanza en Dios. Si tú de su piedad no lo alcanzas, muera yo también con ella: 1. En toda esta verde Estan cia a nadie hallamos, si bien abierta la puerta falsa. de el jardín, da alguna seña de que el delincuente escapa por ella. Pues permitió mi fortuna que llegara buscándoos, tío, y señor, en ocasión, que la casa inquieta;: pero qué es esto desdichas? La mayor ansia de una vida, que porfía en durar a ser infausta. Es muerta mi prima? Cielos, qué es esto que por mi pasa! Paso era este de desmayo en el galán: pero guarda, que no hay Agua de la Vida para tantos. Soberana Bondad, Árbitro Divino de la duración humana, pues aunque indigno, mi rue- go hoy a vuestras puertas llama; esta inocente hermosura vuelva a ver las luces claras del Sol, no pague su vida delitos de otra amenaza: clemencia, Señor. Isidro, C tú me ayuda, tú me ampara; pues tu virtud: pero donde estoy? Adónde te aguarda quien contigo resucita. Hay ventura más extraña! Hija? Prima? Ama? Señora? Qué sientes? Una impensada alegría, que me anima, un bien, que me sobresalta, una sombra, que me alumbra, y uña luz, que me acobarda Veis, como piadoso el lo sus benignidades guarda para el mayor riesgo? Quién sino tu virtud lograra hacer, que sean Isidro, las que eran cenizas, ascuás? Qué se han hecho las hería das? Pues el Cielo te restaura la vida, ven, donde demos en debida acción de gracias, indicios de agradecidos. Oh muerte! oh sombra? o inconstancia de la vida, cuanto enseñan los filos de tu guadana! Isidro múcho te debo. Eso es ser, señor, ingrata tu razón; si a Dios le debes, para qué a mí me lo pagas? Quién el encubierto asoma bro sería, por quien se enlazan tantos sustos? Pero el tiempo, quizá lo dirá, aunque hoy calla. Oh inmensa sabiduria! como tus obras declaran, que a los potentes humillas, y a los humildes ensalzas: y pues ya partió mi esposa a Caráquiz, en su falta con suéleme la memoria pues me aflige la distancia. Ya que en el mismo tronco, cuyas ramas a el encendido noto de mis llamas, para dar vida a quien mi triunfo aumenta, tabla supieron ser de la tormenta: a Hiscen valiente dejo en las floridas márgenes del Tejo, a cuya orilla de Toledo a vista, el Cordovés Monarca airado alista las Andaluzas Tropas con que quiere, que el Toledano Alcázar recupere; Ya que en despique del mortal fracaso, con que anoche en Madrid hizo el acaso, que porque a más, rencor, se precipite a quien el alma dio la vida, quite; pues no sabe, que Isidro logró luego que la recobre a instancias de su ruego; de Madrid asaltando las almenas, hasta que a la quietud de sus arenas, (porque su ruina a su dolor consuele,) en polvo caiga, y en cenizas vuele. Ya en fin, que desde el Tajo, hasta el Jarama transcendió mi furor, siendo la escama de esta alada Serpiente, posta del aire; mi coraje intente en segunda asechanza, que a una venganza anuncie otra venganza. Aquella pobre Casa, cuyo techo de juncos, cañas, y carrizos hecho, de la una parte está del Río, cuyo stal en perlas riega el coto suyo; Caráquiz, donde feliz María, Mayoral de su corta rentería, con su hijo, y un Zagal, dichosa espera, que a verla venga Isidro a su Ribera. y aquella (oh quien cegara de mirarte) fábrica humilde, que de la otra parte la cuesta ocupa, la devota Hermita de la Cabeza es: y ya que imita mi rencor el cuidado, con que a asistir al culto va sagrado de su Altar cada día, Isidro viene a verla:: saña mía, hagamos con fingidas ilusiones, pues madre eres de engaños, y traiciones, que ella el crédito pierda, y el celoso, la culpe amante, si la adora esposo. y no a muy mal tiempo viene, astucia, pues de la cuesta, venciendo la altura baja, a tomar el vado aquella feliz esposa de Isidro, y él por bien distante senda, habiendo pasado el Río por la Barcas, llega cerca de su heredad: a este lado nos retiremos, cautela, para acechar sus acciones encubierto Que así quieras, siendo tan tarde, pasar a la Hermita. Pues si en ella no he estado, desde que vine, dora espe. y no ay, porque el culto crezca, quien su Altar adorne, ni quien sus lamparas encienda, no es preciso, que a cuidar de ella vaya? La Santera por qué las luces no atiza, ya que los bodigos pesca. Porque sabe, que en estando yo en Caráquiz, a mi cuenta corre su cuidado. Madre, cuidado con la aceitera no se quiebre. No querrá Dios, que ese azar me suceda, y pues esperando a Isidro razón es, si acaso llega, que en casa os encuentre, idos Yo con mejor gana fuera con usted, para aprender. A qué? A componer la Iglesia. Bravo Sacristan para ir apurando vinajeras. Y como pasar el Río querías, siendo tan tierna tu edad. Mandando a Caparro usted, que me pase a cuestas. Y hicieramos ambos un San Cristo val de la legua; no en mis días. Qué aguardáis? idos pues. Para la vuelta tomemos otro camino. Cuál? El que a dar a la puerta va del corral. Mas que quieres zarza moras, y majuelas? Ven, y tendrás a mi madre aparejada la cena. Si tu probares las migas, que deja el ama dispuestas, Bercebú me lleve. Calla, que luego que padre venga, yo se lo parlare. Todo lo pagarás en la Escuela. . Pues volviéndose su hijo, sola quedó, enojo alerta. Pero en qué pienso, que no descalzando la grosera, rústica abarca, a tu Hermita María de gracia llena no pasa el celo, que cuida del culto de tu belleza? algo crecido va el Río, y la noche macilenta, hoy con más prisa a las flores quiere copiar con Estrellas; pero que temo, Dios mío, pues mi devoción me alienta tú me ampara! Ya en la orilla la ruda abarca depuesta con los blancos pies que moja, cristal al cristal aumenta. Ya el Río sulca, ya toca de la orilla contra puesta el margen, y ya exponiendo el pie, que descalzo lleva, al terrón, que le maltrata, y al cardo, que le ensangrienta, dirige a la Hermita el paso. O si mi rencor pudiera! mas si podrá; pues Isidro llega por estotra senda a mi vista; ahora es precisa vuestra infernal asistencia, espíritus del Abismo, y pues con vanas ideas he de hacerle guerra; al arma cóleras. En hora buena, floridos riscos, canoras aves, fuentes lisonjeras, que como en fin admirables, obras de la Omnipotencia la festejáis, flor a flor, trino a trino, y perla a perla; en hora buena, o felice casa, tus umbrales vea, quien en ti a venerar viene la virtud, y la belleza de su esposa; a cuyo fin, pidiendo a mi amo licencia, hice lisonja el cansancio, hice alivio la taréa del camino, que a sus ojos dichosamente me acerca. Qué alegre, Cielos! María, cuando mi venida sepa, saldrá a recibirme, dando con serenidad honesta, el júbilo a las mejillas, los cariños a la lengua? Pues a qué aguardas, afecto, que a la venturosa esfera en qué habita no caminas? Mas mejor diré, no vuelas: pues del corazón las alas, o plumas son, o saetas tan decentes como amantes, tan puras como ligeras. Sí, mi Juan? Cantad mi dicha, zagales de la Rivera, y lisonjeando a María, nueva Deidad de la selva. Su luz aplaudid. Si haremos, diciendo gira, y cadencia. Ausente de Isidro la Zagala bella, dede a otra esperanza logros de una ausencia, para que hoy en ella su zagal la aplauda, su esposo la pierda. Ausente de Isidro la Zagala bella, qué escucho, mortal fatiga? qué he oído, humana flaqueza? mas qué he de oír? una vana aprensión, una quimera, que la fantasía cuaja; la imaginación inventa, Y pues no es, ni puede ser otra cosa, date prisa, planta, por llegar adonde oír a tu esposa puedas decir. El canto prosiga, zagales, pues lisonjes mi oído voz, que repite, en prueba de mi fineza::: , . Para que hoy en ella su zagal la aplauda, su esposo la pierda. Prosiga; mas pues a tanto el ciego escándalo llega de un torpe amor, donde yo no pueda escucharlo, sea: pues no sé si podré,: Isidro? Labrador, pues como dejas la casa de nuestro amo? qué haces aquí? aspacio idea, . porque vas tomando, mas vuelo del que yo quisiera. Qué hago aquí? pues eso dudas? No he de dudarlo? Te acuerdas del día que a las palomas echaste el trigo? Esas señas mal puedo olvidar: ya el ruido me está ayisando la flecha. Te acuerdas de que te dije cuan traidoramente ciega correspondía tu esposa a tu amor? Pues llega, llega, y adorada de un zagal, verás como la festeja en ausencia tuya. Hombre, que te ha hecho mi paciencia, que a tanto golpe la asaltas, que a tanto volcán la entregas? Bien me agradeces la fe con que te aviso la afrenta, para que la vengues. Dios, (en caso que fuese cierta) es, quien las culpas castiga, es, quien los agravios venga. Eso es, no atreverte al brío del zagal, que con quererla te ofende; mas pues entrambos con la tropa que los cerca hacia la cabaña, (en que se adulan, y se requiebran) gozosos vienen, gustoso de ver, que has visto tu afrenta, me retiro. Espera, aguarda. Y di mas no; vete apriesa, que cada palabra tuya el corazón me penetra. Ya me voy; pero en distinta forma haré, que presto creas, lo que ahora dudas. Temores, qué es esto? qué es esto, penas? mas qué ha de ser, mas que un andar, tras que no se sepa? Inefable Luz Divina, increada, Bondad inmensa, tú, que del humano juicio los pensamientos penetras, bien sabes, cuanto mis ansias convienen con mis miserias. De parte de mi discurso está el saber, que es incierta esta aprensión: mas de parte de mi infiel naturaleza la fragilidad la aviva, y la malicia la esfuerza. Mas qué miro? Ya la tropa viene hacia mi: árboles, penas, ocultadme mientras pasa; que, u diga verdad, u mienta, siendo traidora María, no quiero, no quiero verla; y más cuando aquellas voces con publicar me atormentan. s Ausente de Isidro la zagala bella, Hermosísima Serrana, cuya beldad halagüeña (con tus brazos) el cariño de quien te idólatra, premia, ya que ausente de tu necio, rústico marido, en esta soledad vives gustosa; ven a iluminar aquella choza, que con tus dos Soles se divide en dos esferas. Yendo contigo, no habrá sitio, que no sea floresta, noche, que no sea Aurora, acción, que no sea fineza; mas si complacer procuras mi amor, para que me acuerda del indigno esposo mío el nombre? Para que tenga en su desprecio otro triunfo mi amor. Duda, estás contenta? que si dirás, pues me sale tan costosa la advertencia: Cielos, si María es mala, qué mujer ha de ser buena? Proseguid, proseguid todos el baile, el solaz, la fiesta con que me aplaudís. Ya dice otra vez la castañera::: Para que mi engaño triunfe. Para que mi astucia venza. Ausente de Isidro, Piedad, piedad enemiga, traidora llama violenta, que ya inútilmente abrasas, pues toda el alma es pavesas: esta es la humildad, María, con que en una tosca jerga, hipócrita, desmentías el áspid de tu soberbia? Esta la fe, este el amor con que de mi amada prenda Juan, en la tierna crianza lisonjeabas mi asistencia? Esta, en fin, eres? sígueme. Adónde me llevas, Divino Custodio mío? Donde por tu virtud, vuelva el Cielo. Pero su nombre no escuché? sí; y en la opuesta cumbre, que a la Hermita santa es peana corpulenta, a mi esposa miro: dudas, qué transformación es esta? Allí a un Pastor abrazada; allí cerrando las puertas de el Alcázar de María? Allí humilde; aquí soberbia? Cuál, Cielos, es la fingida, y cuál es la verdadera? Mas si aquella es virtuosa, cómo no ha de ser aquella? Que esté de por medio el Río para no abrazarla, en prueba de mi amor! mas pues buscan- do vendrá el vado, en la rivera voy a esperarla: alma, albricias, pues la Divina clemencia envió la luz, que deshace el horror de las tinieblas. Bello espíritu, cuando pudo mi indigna naturaleza aspirar a tal bien? Baja, que aunque tanto el Río crezca, que se haga imposible el vado, medio habrá, de que transciendas a la otra orilla. No habrá, pues de sus espumas crespas rijo los ímpetus yo. Precipitada centella, presto lo verás. Qué es, pues, Custodio, lo que me ordenas? Que sobre las ondas eches tu pobre mantilla, y sea Barca, que no solo el agua no rompa, mas no humedezca, que yo reguío. En el nombre a quien los Abismos tiemblan, su tosco sayal me sirva de Bajel, en que parezca (de mejor norte guiado) rústico fatol mi tea. Oh, si como puedes tú triunfar de mí, yo pudiera vengarme de ti! qué presto en él, golfo que navegas, te sumergiera el común Ábrego de mis tormentas! Mas si de Dios asistida triunfas, qué mucho que venzas? Madre Dónde vas, muchacho? Si ves que la noche cierra, y no ha venido, no quieres que la llame? Buena es esa, querer que te oiga, estando de aquí su cuarto de legua. La voz de mi Juan he oído; y como en el alma sueña, imán es que me arrebata. Al ver que en mi mal se acerca el desengaño de Isidro, huyendo iré de que se sepa, que a mí también me convence su virtud; mas contra ella yo armaré lazos, que aunque no la deshonren, la hieran. h, Hola? ao? nadie responde. Que las túpidas tinieblas de la nocue me embaracen el logro feliz de verla! Mas cómo, si tan crecido va el Río, es fácil que pueda reducirse a estotra orilla? Oh quién las alas tendiera del corazón, porque libre pasase volando en ellas. María, Madre, 2. Hola? ao? No temas, mi Juan, no temas, que Divino auxilio triunfa de la espumosa soberbia. Si el placido norte de cándida Estrella al céfiro ilustra, y al piélago enfrena: sus relámpagos paren, hondas, y nieblas. Ya de la luz, que me guía, soberana providencia, iluminado el discurso, conoce, mirando a ciegas, que de tal favor no es digna mi humildad. Mas no es aquella, que haciendo de su mantilla tejida Lancha, penetra las cóleras, que resiste, y los cristales que quiebra? Sí; o prodigio, como arguyes las virtudes que revelas! Pues aquella es mi señora, bajemos, Juan. Ya que quedas en seguro puerto, digan tus gozos, y mis cadencias, cido norte, Venerada esposa mía, deja que mi labio, deja, que mi alborozo duplique las estampas de tus huellas. Isidro, esposo, tú aquí? pero qué es lo que haces? llega, y a créditos del cariño toma mis brazos en prendas. Acá estamos todos, Ama. Juan? Caparro? No te alegras de ver a mi padre? Mas me alegrara una Taberna. A verte vengo, María, mas pues el gozo que engendra haber visto cuanto el Cielo te favorece, no acierta a explicarse; vamos donde más despacio te refiera el susto, que me has costado, Vamos, pues. Juanillo, arrea. Alma, todo es hoy ventura. Corazón, ya nada es pena. Pues regalando el oído:: Pues complaciendo la idéa: 2. Dice la infusa armonía, que acordemente resuena: 2. Si el placido norte de cándida estrella,

JORNADA TERCERA

jornada tercera Aquella que de aquí, poco distante, se deja ver, Avenyusepe valiente, pequeña esfera al hombro de su Atlante, y mucho mundo al lustre de su gente. Aquella, cuyo muro de diamante copia del Manzanares la corriente, es Madrid, cuya fama, cuya gloria enriquece de triunfos a la Historia. Ya sé, valiente Hiscen, cuya cuchilla de su orgullo ha de ser corba guadaña, que en el fecundo pecho de Castilla es victorioso corazón de España: sé que su Noble, Coronada Villa, al tesón de una hazaña, y otra hazaña, el Oso empina, cuya saña pudo eternizar la fruta de su Escudo. Ya sé, que en su felicedad primera se apellidó la Mantua Carpentana: Mantua por Manto, aquella que guerrera Griega Matrona, esgloria Castellana; y Carpentanea, porque en esta esfera de la otra Mantua se distinga ufana, que Ocno Vianor edificar previno en el más fértil término Latino. Sé, que del Babilonio dominada, es más antigua, que la excelsa Roma, de cuya siempre vencedora espada al nuevo yugo Infiel la cerviz doma, hasta que de los Godos restaurada; de Mayorir, segundo nombre toma, dicción que explica en nuestro patrio suelo Lugar de Aire sutil, de alegre Cielo. Se, que ya en magnitud, o ya en miseria, según dispuso la fortuna varia, por el Dragón se apellidó Viseria, y por el Oso se tradujo Ursaria. Sé, en fin, que cuatro veces en la Hesperia la dominó nuestra Nación contraria, y que otras tantas libertarla miro un García, un Fernando, y un Ramiro. Mas qué importa que sepa mi denuedo, que si sus lauros de sumar acabo, para ganarnos la Imperial Toledo, su Plaza de Armas la hizo Alfonso el Bravo, si hoy, que él difunto contrastarla puedo, todo su orgullo ha de quedar mi esclavo, a pesar del que a impulsos de Belona, Octavo Alfonso ciñe su Corona? Y, pues por ti (que rama esclarecida eres de Alí Maimón, Rey Toledano) la guerra emprendo, a fin de que tu vida de freno sirva al Reino Castellano; tú en el rencor de su amagada herida gobierna los impulsos de mi mano, dando ya por vencida su fortuna al explendor de mi menguante Luna: Solo tu brazo, Cordoves Monarca, intentara lograr tanto trofeo; y pues Toledo, a quien el Tajo abarca, rechazó tu intención, y mi deseo, sienta Madrid, a ceños de la parca, la ruina ya, que tan cercana veo, aunque del Almudén en el seguro la Madre de su Alá les guarde el Muro. Y ya que Abderramen, con orden tu ya, partió a reconocer, con poca gente, las defensas que tiene, porque arguya para el asalto el sitio conveniente, logre el Cristiano en la miseria suya, (cuando tu triunfo, y mi venganza cuente) borrando el lustre de victorias tantas justos estragos. Y: Dame tus plantas. Oh Abderramen! qué hay de nuevo? Que con la Tropa volante de Arabes, cuyos tocados vistieron de gasa el aire, los Muros he recorrido de Madrid, cuyo homenaje, desmoronado del tiempo, desprevenido del arte, a tus invictas Escuadras hace la victoria fácil. Y por qué mejor te informes, este, que entre otros zagales, que a sus labranzas asisten, prisionero hice, te trae mi cuidado; y pues de él puedes tener más individuales noticias de las defensas, que sus Milicianos hacen, llega, cautivo, que Alí te espera. A tus plantas Reales mi vida está. Alza del suelo; y di, Labrador, qué sabes en cuanto a las prevenciones, bastimentos, y forrajes con que Rodrigo Lujan, que hoy es de Madrid Alcaide, quiere resistir el Cerco? O para que yo me engañe, de las sombras de mi idéa, abultó el viento su imagen; o este es Lucindo. Primero déjame, señor, que abrace a Hiscentarif. Esa acción me ha dicho quien eres: dame los brazos; y pues la suerte te conduce donde pague las finezas, que te debo, no prisión, si no hospedaje tuyo será de mi Tienda la Babilonia portatil. Qué es esto, Hicen? Esto es, por más que desmienta el traje mi persona, ser yo a quien mas que a ti le importa, qué ajes de las Castellanas huestes los Cristianos Estandartes. Y para que no (ea, astucia!) las noticias te dilate del mísero estado suyo, que están oprimidas, sabe, de la falta del socorro, y de la sobra del hambre; bien que fiados en que sus antiguos Muros guarde (o pese a mi voz!) aquella, que alivio de sus pesares, Aurora de la Almudena llama Madrid, cuya frase debió al sitio de su Iglesia al ver, que fue el Baluarte, que en la perdida de España la reservó del ultraje, si después Muro del Templo, Pósito del Trigo antes. Y pues divertido Alfonso está en las parcialidades, que dentro de sus Dominios vierten horrores Marciales, mueran todos, porque entre ellos en venganza mía acaben dos míseros Labradores. Aunque a mis Marciales haces fuerza es, que se rindan, quiero, para que triunfe sin sangre, que haciendo llamada al muro, los proponga de mi parte los medios para su entrega. Y si a mis nobles piedades se resisten, vive Alá, que a mi encendido coraje no ha de quedar en su muro a tanto infeliz cadáver, ni una sola piedra, en que el epitafío se grave. Solo a obedecerte aspiro. Tuyo es el empeño, parte a persuadir su porfía; y si es que no la persuades, presto verás, que al reflejo de mi vengativo alfanje, para que los ciegue el humo, sus rudas almenas arden. Oh cuanto verte deseo vencedor! Cuando a acordarme llego de que fue Madrid el teatro lamentable de aquella infeliz tragedia de mi amor, materia añade esta memoria a mi enojo. Aunque del caso ignorante, hayas dado por perdida la hermosura, que adoraste, no tan presto desconfíes, que como la Villa ganes quizá lograrás tu afecto. Qué dices? Qué mal disvades la esperanza, que tenías. Cómo? No sé: a tu mensaje ven, que yo haré en el camino, que se te ponga delante, para que al fuego de altivo se añada el volcán de amante. Siempre has de hablar con enigmas? Cómo tú a Madridrestaures, el tiempo correrá el velo a lo que ignoras. Pesares, dejad, que este triunfo logre; y para que no distante este el castigo, a Madrid marche el campo. . El campo marche. Ahora veremos, Isidro, aunque del ruego te ampares de tu esposa, si defiendes la cuna en que te criaste. Isidro? Isidro? Dejad, señor, que mi llanto aplaque las justas iras del Cielo. No el pretender, que descanses es solicitar, que ceses en invocar las piedades Divinas; pues para que nuestro susto las alcance, el mejor medio es, que tú de conseguirlas te encargües. Pero advierte:: Por mí solo, pues son mis pecados grandes, castiga a Madrid el Cielo con los bélicos enjambres de Bárbaros, que nos sitian, de riesgos, que nos combaten. Yo solo tengo la culpa de esta desgracia; dejadme que quien la causa la llore, para enmendar que la cause. Aunque jactancioso el Moro con tantas Tropas Alarbes amenace a nuestros muros, aún hay valor que los guarde en mí, que su Alcade soy. Y en cuantos pechos seales morirán antes que de ellos una sola piedra falte. Así, señores, lo creo de la esclarecida sangre que os ánima, para timbre de Gudieles, y Lujanes: mas como en un Labrador, a vista de Capitanes tan heroicos, no hay más armas, que ruegos, sollozos, y ayes; dejad, porque cumpla yo la obligación que me cabe, que como pueda pelee, y como debo, trabaje, ya que con mi esposa, y mi hijo huyendo de que me halle en Caraquiz el incendio de Chozas, y de Villajes, volví a Madrid. Solo en ti es razón, que se afiance nuestra esperanza. Tened, que en las sonorosas fauces de un clarín, desde la Vega se queja oprimido el aire. Qué es esto? Un Moro, señor, es, que a nuestras puertas hace llamada de paz, pidiendo, que dar entrada le mandes, y salvo conducto, para que en conveniencias te hable de la paz. Haced, Sargento, debajo del homenaje, que el entrar se le permita, por si puede el escucharle servirnos de algo. Porque como debe, se le trate, pues estimar al contrario, es, para vencerle, honrarle, seré quien a vuestra casa le conduzca. El esmerarse en favorecerme, es nueva razón de empeñarme, García, en serviros yo. Quedad con Dios. Él os guarde. Amor, pues mi prima hoy de la intercesión se vale de María, haz que a mi tío le venza cuando le hable. . Hasta la vista, Rodrigo. Luego que el mensaje acabe os daré cuenta de todo; y pues en este paraje solo hay cuidados honrosos, huid cuidados amantes. No vienes, Isidro? Dónde queréis, señor, que se halle mejor mi aflicción, que a vista de ese, que siempre triunfante milagroso Cubo acuerda los soberanos celajes de la Aurora de la Gracia. Tente, que está aquí mí padre. En fin, a hablarte resuelves a María, porque afable medie con mi amo? Sí, que pues yo no he de casarme con otro que con mi primo, quiero, si a Madrid combaten, que ya que me halle la muerte, casada con él me halle. Qué más muerte que la boda? Isidro, adiós. El ampare nuestra aflicción, que si hará, estando de nuestra parte la Gran Protectora nuestra María Virgen, y Madre. Ya se han ido. Por aquí más presto llegar podré a San Andrés. Pues a fe, que me ha de costar a mí trabajo el subir la cuesta, que hay desde Santa María a allá. La desgracia mía mal en ocasión como esta pudiera Elvira excusar, diligencia en quien estriba el que sin disgusto viva. Cree que el ruego has de lo- grar, como se encargue del ruego (en premio de la fineza) María de la Cabeza. Bien a creerlo, Elvira, llego de su virtud, si a ese fin del hado el piadoso influjo desde Caraquiz la trujo; pero no ves en motín desmandado varia gente subir por la calle? Sí, por señas que por aquí, si la procesión no miente, tu primo, el señor García, conduciendo un Moro viene! Porque vea cuanto tiene que estimar a mi hidalguía, donde nos alcance a ver nos paremos. Bien está. Venid por aquí. Oh quién, ya Madrid, que logró volver a tu esfera, en ella hallara aquella beldad perdida, que fue vida de mi vida. Ya en ti García repara. Allí está mi prima: Oh cuanto mi amor debe a su decoro! Brava traza tiene el Moro. Mas qué veo, Alá! Mi espanto crece al mirarle (ay de mí!) No es la que a amar me rina dio? No es el zagal por quien yo con mi padre intercedí? Mas si Lucindo asegura, que murió, en vano lo creo. Mas si en tal traje le veo, no es el dudarlolocura? De qué te has quedado helada? De qué os habéis admirado? De que creo que ha mudado de semblante la embajada. Cómo? No sé. Infeliz quien siempre da en nuevos desvelos. Pues García mata a celos, muera de celos también. Bellísima Castellana, de cuya luz vergonzosa rayos aprende la hermosa juventud de la mañana; no en mi nueva duda incierta os ausentéis fugitiva, para los desdenes viva, para la esperanza muerta, Y si mi fe::: Qué es aquesto, Elvira? Pues selo yo? Quién más nuevo empeño vio! Por qué os ausentáis tan presto de mi amor? Porque se note cuanto el detenerme es yerro. Que no haya quien a este perro le espante con un garrote. No os vais? Atrevido Moro, a quien no enfrena grosero el valor de un Caballero, ni de una Dama el decoro: esa beldad, que seguís, dueño tiene, vive Dios, mucho más digno que vos; y pues a lo que venís no es eso, y Rodrigo espera, que no os paréis os prevengo: El saber a lo que vengo no os toca a vos: de manera, que ya vuestro sentimiento mas qué recelar me da. Solo sé, que se me va apurando el sufrimiento; y la ley de Embajador, que tiene coto no ignora: Vámonos de aquí, señora. Vamos, pues quiere mí amor, cuando a su alivio camina, que en nuevos escollos dé; sin duda este Moro fue el motivo de mi ruina. . Y en fin, para que infor mar sepa mi duda más bien, qué queréis? Matar a quien se atreva a darme pesar. Tan fácil es? Mi osadía ningún embarazo advierte. Veamos cómo? De esta suerte. Lástima os tengo. García? Señor? Qué viniese Iban! Fuerza el reportarme es. . Yo me vengaré después. . En qué, decid, cuando están pendientes de igual intento los orgullos de Madrid, os detenéis, de la lid dilatando el vencimiento? Si acaso a su hija vio? no, que muy distante va. Qué respondéis? Que pues ya aquí tu valor llegó, a ese jactancioso Moro conduzgas. De buena gana. De vuestra esperanza vana llegó el último desdoro, Castellanos. Tu castigo corté a cuenta de los Cielos. No me han de culpar mis celos, que cortejé a mi enemigo. Confuso voy. De mi saña temple el dolor los extremos. Luego, Gudiel, nos veremos. Yo os buscaré en la campaña. Qué decís? Qué hallará en mí el freno de su altivez. Este rostro vi otra vez, y no sé dónde le vi. Ya sin conveniencia alguna, Madrid, el convenio cesa, pues solo con una presa despicaré mi fortuna. Que quiera amor, que alborote segundo uracán celoso, las ondas de mi reposo! Tenle, Antón: tenle, Gilote. Qué es tenerme? por san peco, pícaro, desvergonzado, que te he de cascar las liendres. Capartillo, cirio, amo. Yo servirte a ti vergante? qué va, que te desataco, y con el cinto te entono el organo de los flatos? Tú a mí zurra? Mas que llevas, picarillo? Mentecato, dónde vas? Ay, que me coge. Juan, hijo, quien te hace daño? Gilote, Antón, de esta suerte venís a inquietar el barrio? qué ha sido esto? Qué ha de ser? ser Juanillo muy bellaco, y yo muy sanguinolento. Si te ha ofendido, Caparto, yo te doy palabra, de castigarle el desacato. Claro está, que me ha ofendí pues andándonos mareando con la rayuela, el crucillo, el bote, y el enceacos, ahora que le coge el turno a la tala, se ha empeñado, en que he de servir al juego, aguantando paso apaso el acoto, el pasapuente, el punta, y el sobre mano, hasta meterle en la raya. Y de eso te has enojado? no ves, que de esos delitos es su inocencia el descargo? Inocente es? y en la mesa encargándose del plato, dice que vale más una tajada, que seis garbanzos? Bien sabe Dios, que yo siento el que te haya disgustado; y para satisfacerte, pasa a besarle la mano, Juan, y pídele perdón. Norabuena, mas yo acaso le he dicho nunca, mas que Caparrillo, Cirio, Amo? Ya se enmienda. Dónde vas? A echarle cabeza abajo en el pozo, porque vaya a espantar los gusarapos. Y por enmendar un yerro, es bien hacer un pecado? Hola, Juan, estate quedo, o se lo diré, en llegando, a tu padre. Bien sabe él, lo que os favorece el amo, que a no ser así, yo sé, que le cantara otro gallo. En ninguno hay diferencia, pues todos somos criados. Para esta. Ay que me la jura. María? Señora, tanto favor! vos a visitarme, siendo un mísero gusano? En lo mucho, que te estimo no debes en mi agasajo, extrañar esta fineza. Solo de mi parte extraño, ver, señora, que la dicha, que no he merecido, alcanzo. Cómo estáis? Cómo quien viene en tu virtud confiando el logro, de que consiga feliz alivio un cuidado. Si está en mi mano el reme- dio, dad por supuesto el descanso. Agradece, que ha venido la ama, que si no, picaño, yo te enseñara a tener cortesía. Y qué es el caso? Ya sabes, cuanto García, mi Primo, ha solicitado la dicha de ser mi esposo. Y que, señor, ignorando, quizá, la inclinación vuestra, ha pretendido casaros con Rodrigo Luján. Pues hoy que tenemos cercano en la porfía del cerco el peligro del asalto, quiero. Así suplid, señora, el que se me haya olvidado trataros como debía, sin haber hecho reparo en que para hablar con vos, no es decente sitio un patio. descuido fue, pero, pues acá en nuestro humilde estado no estamos hechos los pobres a huéspedes tan honrados; perdonadme, y entrad dentro de este aposentillo bajo, donde, para que os sentéis, os pondré un ruedo, o un ban- co. En tu casa, cualquier sitio tiene honores de Palacio; mas vamos, porque así pueda informarte del estado de mi desgracia. Ya os sigo. Elvira, espera aquí un ra- to. Entrad, señora, y tú, Juan, a leer en Catón Cristiano; que ya vuelvo yo. Si hará, que el Chiquillo es aplicado. Si aprovecha la visita, boda me fecit. Oh cuanto estas paredes venero! No hagáis ruido, que ya sal. go. Holgazanes, buenos días. Qué hay Elvirilla? Aca estamos Así tú estuvieras en Peralvillo. Pazguato, qué te ha hecho mi perfección? Qué me ha hecho? me ha enquillotrado con unos como se llaman de amor, que de cuando en cuando me hacen rabiar: y después me río de ver, que rabio; con que, como dijo el otro, me ringo, porque me rango. Qué discreto bobo eres! Bravamente se ha explica. do. Oh! en eso de cortadillos puedo ser paje; mas vamos sabiendo a que vino el ama. Cómo guardéis, si lo parlo, secreto, yo os lo diré. Juro años, y voto al Diablo, que yo lo ofrezco. Y yo, y todos. Pues oíd. Ya que he logrado, después de hacer, que de Hiscen despierte el dormido halago, el acaso de encontrar a la beldad, que engañado juzgó difunta; y Rodrigo, sin convenir en los pactos, morir lidiando apetece: mientras disponen entrambos las defensas de la Plaza, y los arrestos del Campo; en Isidro, y en María me vengue de los pasados triunfos, que con su virtud ciñendo inmortales lauros, ultraja mis asechanzas. Este es el cuento. Y no es malo, por vida de pobre mozo. Caparrillo, Cirio, Amo. Voto al Sol, que ya es ver- güenza sufrir esto; y si me enfado, le he de arrojar de cabeza en el pozo. Este villano mi venganza facilita. Qué haces? Ver si me deshago de esta maza. Ay, madre mía. Detente. Mas qué te zampó? Ya que le amagas, por qué no haces verdad el amago. Jesús mil veces. Qué has hecho? Vive Dios, que le ha soltado. Préndanle, que ha muerto al niño. Matar yo al niño, es engaño, que él se cayó de maduro. María? Señora? Andallo; de esta me ahorcan. Qué es esto? Que echó a Juánico, Capar- ro, en el pozo. 1. No hay quien traiga Guadamácil, y Escribano? Quié dices? Mi media vida (pues en la que vivo, parto en él, y Isidro) me has muerto? qué ocasión pudo ha ver dado su inocencia a ese castigo, ni su niñez a ese estrago? Vaya uno, y llame un Pocero! No le llamen, que si han dado puerta franca, ya habrá algu- nos repartidos por el Patio. Juan? hijo mío? las aguas, de la blanca tez borrando el espejo, aún me embarazan verle; pero en qué me tardo en implorar el remedio, cuando es tan urgente el daño? Señor, pues la voz me impiden las eficacías del llanto, entendedme el corazón. Pues de Nuncio So- berano la Angélica voz me dijo: Isidro acelera el paso, que está tu hijo en peligro: a su remedio acudamos, paternal amor. Isidro, a que mal tiempo has llegado! pues de la malicia al golpe, o al impulso del acaso, tu hijo en ese pozo. Basta, señora, que es grande el vaso de ese dolor, para no beberle el cariño a tragos. Sábelo mi esposa? No la ves gimiendo, y orando? Como ella se atenga a eso, no saldrá mal el despacho. Qué ahora viniese, o rencores! a duplicarme contrarios este hombre! no me bastaba el afecto resignado de su mujer para susto, sin añadirme otro agravio? Y pues debo con mi ruego avenir mi sobresalto: Sagrada Imagen de Atocha, Soberano Simulacro, que un Evángelista hizo, y que un Apostol nos trajo: pues copia eres, de la que de nuestro Dios Humanado Virgen Madre, en el Impireo es Soberano Milagro de Ángeles, y Hombres; y sabe (buen testigo es el Calvario) cuanto se siente la muerte de un hijo: muévate el llanto mío, a que de Dios alcances la vida de Juan, si acaso merece tanto en tu oído el ruego de mi quebranto. Mas que soy tan infeliz, que para morir ahorcado, no hace este milagro Isidro? Por no oír el humillado fervor, con que las piedades invocan del Cielo ambos, me iré en mi propia fatiga, o cayendo, o tropezando, a somentar otra ruina. . No ves, como acrecen- tando las aguas el reprimido orgullo de sus penachos, sobre su líquida espalda le conducen? Ay qué pasmo! Isidro, María, albricias, que ya está Juan libre, y saño, pues sobre las aguas sube. De buena hemos escapado, gaznate. Sea Dios por siempre bendito, y glorificado. T Hi Juan? Madre? señor? Asete de ese Rosario; que esa es la tabla más cierta en los humanos naufragios, Salió? Sí. Toma en albricias un novio, y un Mayorazgo. Calle él, el mata chiquillos. Juan mío! dame un abrazo, Qué hiciste, pobre inocente, que así te han mortificado? Caparro me echó en el pozo. Miente, como un desbarbado, y sobre eso:::: Pues aquella abe marcial, (cuyo canto previene al parche, que avise las cóleras del rebato) a coronar las murallas nos llama; y antes que osado empiece el combate, Prima, será justo retirarnos a vuestra casa: sabed, que tenéis aquí un criado, que hasta ella os vaya sirviendo Es propio de vuestro gar- bo igual atención. María, Isidro, mientras peleamos, a vencer con oraciones. No conseguirá el Pagano. entrar en Madrid, García, que está Dios en nuestro ampa- ro, y ha de ser, en honra suya, volando el tiempo por años, Corte de la Fe, Vosotros, pues hoy todos sois Soldados, a tomar las armas. Ya a perder las vidas vamos. Menos yo; porque eso fuera pasar a cordel de esparto. No te olvides de mi ruego. Yo de su logro me encargo. Esposa, ven. Ya te sigo. Ciego lince, Dios vendado, hijo eres de Marte, trueca a las iras los halagos. Si nos encuentra el vejete, mas qué hay la de Mazagatos? Ya que a tantos orgullos militares, ido cristal de Manzanares, sin ningún embarazo líquida Puente fabricó el Esguazo, pues aunque corto Río, si le chupan las sedes del Estío, talvez en los diluvios, que derrama, trae derretido a todo Guadarrama. Ya, que en sus secas pálidas arenas de Mayorit tocamos las almenas, con el nuevo desaire en que Rodrigo, (menospreciando en mí tanto enemigo) nuestras armas ha puesto: prevéngase al asalto todo el resto de mi campo triunfante. Si de mis iras, Africano Arlante, metivo el punto fue para esta empresa; ya no es solo el honor quien se interesa en ella, si no honor, cariño, y vida, pues la beldad, que imagine perdida, dentro está de los muros, y pues nada, sino a ella estimo, para que adorada de mí, en nudo nupcial logre su mano, sienta todo el Imperio Castellano las iras de tu acero. Tú le gobiernas; y pues aplauso más seguro, qué orden es la que das? Al muro, Al muro. Al muro, pues, que yo el primero intento espada en mano, autorizar mi aliento. Mas pues fortalecido está del Arte, sepamos por qué parte la ruina empieza de una, y otra almena. Por el Cubo feliz de la Almudena. Lucindo. Ya ese nombre no permito, y pues que le conmutes solicito, doblando el bronce los famosos ecos, al de Abdaláquivir Sol de Marruecos, dadme, Señor, las plantas; pues me hallo con las insignias ya de tu vasallo. Alza del suelo, generoso Moro, y pues la causa ignoro, de que elija envidioso tu deseo, el Cubo del Almud para trofeo; dime lo que te obliga, a que por él empiece la fatiga de esos viles Cristianos. El ser de los afectos Castellanos el objeto feliz; pero qué mucho, cuando el informe de la fama escucho, si en él confían para riesgo tanto, a merced de un encanto y otro encanto, el favor de no sé que Deidad suya; y harto será, si no haces que destruya tu gente su defensa, que a mi intento, no te responda con algún portento, que su Magia fabrique. que veas, precio fáciles idéas, iero hacer a su homenaje! ograse yo su último ultraje! Ah del muro. Quién llama? Quién eres tú, que al eco de mi fama respondes tan confiado, como loco? Rodrigo de Luján; mira si es poco, Para hacer resistencias a mi espada, tan poco es, o Cristianos, que no es nada. Qué quieres, pues? Que pues en ese Cubo, vuestra esperanza afianzada tuvo de vuestro amparo el bárbaro capricho, le defendáis de mí. Pues quién te ha dicho, infiel Caudillo, Campeón cobarde, que necesita de que yo le guarde? Si a él te arrimas, verás, que satisfechas, las que antes piedras son, después son flechas; No le toquen tus bárbaros enojos, ni aún con las invasiones de los ojos. Cómo que no? de mi furor en alas, su cerviz he de hollar: traed escalas. Eso, a nuestro valor tu orgullo ciego es traer más leña, para que arda el fuego. su Por cuanto deso llamada que Oh si lo Yo el primero he de ser, que escale el muro. Tras ti va Abderramen. Eso procuro; vea su Cubo a vuestras plantas puesto. Hijos, a la defensa. Mas qué es esto? que al arrimar la escala el valor mío, soy bronce ardiente, y quedo mármol frío! En qué reparas? Yo, del Castellano rayo subiré a ser: mas ay, que en vano lo intento, pues entre ansias infelices, el tronco de la escala echó raíces. Ni aún a moverla basto. Bien temía la rabia ardiente de la envidia mía! 3. No subís, Moros? Cómo, si embaraza vuestra Magia la ruina de la Plaza, han de subir? No es eso. Pues qué ha sido? Que no consiente en gracia concibido su dueño inmaculado, que le toque la sombra del pecado. Y pues tanto milagro nos alienta, las puertas abre, y llore de su afrenta el escarmiento esquivo. Sin vida aliento. Sin aliento vivo. Bien me aconsejas; para hollar su saña, hijos, a castigarle en la campaña. Ya te seguimos. Oh qué presto espe er que te enmudezca el filo de su acero! Esas escalas derribad en tierra, y a las armas: Arma, arma. Guerra, guerra, pues de la Almudena la Palas Divina defensa es de unos, y de otros es ruina. Ya alzando su rastrillo, salen al campo. Fuera del Castillo en vano intentan con tan poca gente: no morir. Mi furor los escarmiente, si otra vez el temor no les encierra. A la Batalla. Arma, arma. Guerra, guerra. Guerra, guerra, pues de la Almudena, Pues nos espera el Moro en la campaña, María, y Santiago. Cierra, España. Moros, no os retiréis; pero qué extraño, si en su ofensa, y mi daño, tantos prodigios veo! Victoria por Madrid. Aún no lo creo 1. Pues no es preciso, monstruo, que en su gloria el que diga Madrid, diga victoria? No; y por no oírlo, dado que así sea Pues ya que en la pelea, Madrid, un nuevo triunfo da a su historia, la aclamación marcial diga:::: Victoria. Victoria, victoria, pues de la Almudena la Palas Divina, Afrícanos, no huyáis. En vano intentas parar su fuga. Oh cuantas mis afrentas, Ala Divino, son; pero qué espero? Salvar tu Real Persona es lo primero; que después habrá tiempo a tu venganza. En tanto que me anima esa esperanza tocad a recoger. que sacándome tu ardor de la batalla, me tienes aquí; qué intentas? Que no vayas con la vanidad, de que no supo el valor, (pues prometió castigarte) cumplir lo que prometió. Si son celos los que incitan tu saña; porque mejor te duplique el sentimiento con más motivos; yo soy quien entrando disfrazado en Madrid, la beldad vio, que adoras; y quien después, válido de la ocasión, a que hiciese la violencia, lo que no pudó el amor, entró en su jardín la noche que tú: Suspende la voz, pues quito de tu escarmiento, lo que doy a mi atención; qué esperas? lidia. Si haré, pues aunque huyendo veloz va mi gente, para ti soy mucho ejército yo. Ahora lo verás. Sigamos el alcance. Herido estoy. Solo con tu muerte puedo, lograr mi satisfacción. Oh pese a mi enojo. Allí le he visto: date a prisión, Moro, pues ya conocido, en vano intenta el furor escapar con vida. Ya en mi desesperación poco hay que vencer, Cristianos, pues:: pero en balde intentó decirlo el labio, si al pecho falta la respiración. Retirad; y mientras, para coronar el día, voy de las fugitivas Tropas. siguiendo el alcance, vos, señor Iban, recoged los despojos. Ya cesó mi recelo. Castellanos, seguidme, y a nuestro ardor no quede Moro con vida, ya que está en nuestro favor la Aurora de la Almudena. . Quién nos hará oposición con tan soberano auxilio? . Dichoso día! Señor? Qué traes, Caparro? Que Isidro queda en manos del Doctor. Qué dices, simple? Que vengas a verle morir, pues no quiere el Ingenio, que haya de la Vida que escribió segunda Parte; y es fuerza morir de prisa. El dolor, con la flecha del cariño, me atraviesa el corazón; más vamos. Yo también ando por echar un lágrimón, y no puedo. Aquí, María, (pues ya la hora llegó de descansar de la lucha, muriendo) podré mejor, alcanzando a ver el Cielo, invocar su protección. Ay, esposo, si tú temes la partida, qué haré yo? Madre, qué tiene mi padre? Qué ha de tener? la pensión de humano, a cuyotributo, porque quiso, se obligó, para redimir al Mundo, el mismo Cristo, Hombre, Dios. Lleguemos antes que muera. Anda, Gilote: anda, Antón 1. Padre? 2. Amigo? Compañero? Hijos, cuanto en mi afliccio? la caridad os estimo! llegaos a mí, que es razón, quien a ser Labrador nace, morir como Labrador. Válgame Dios, lo que siento verle. Y Iban, mi señor? Allí con su hija viene. Aunque acuses a mi amor, la tardanza, sabe el Cielo cuanto mi amistad sintió tu enfermedad. De su esposa me compadece el dolor. Sobre todo, ay del que muere En fin, la Iglesia venció. Huyendo el Alarbe va. Dichoso quien mereció ese consuelo al morir; y porque la obstinación del mal, con mayor esfuerzo me aflige, y perdiendo voy el aliento, llega, hijo, te echaré la bendición; y ojalá, que con la mía te alcance, Juan, la de Dios. Vos, señor, y todos cuantos estáis presentes, pues sois testigos de mis defectos, sedlo también del fervor con que suplico os dignéis de concederme el perdón. La poca hacienda que tengo, mi María,, os dejo a vos, para que eduquéis a Juan: pues por lo que mira hoy a mi entierro, mi amo Iban; con la piedad superior, que ejerce, le dispondrá, sin fausto, ni obstentación, en el Santo Cimenterio de San Andrés; y::: mas no puedo proseguir. Divino, y Soberano Hacedor, en vuestras manos mi espíritu encomiendo. , Ya espiró. Pues es voluntad del Cielo, ánimo, resignación, y paciencia. Ya en las alas de tu misma perfección, Alma dichosa, a la esfera te asciende tu Criador. Iban? 2. Qué novedad es esta, cuyo rumor del campo nos trae? No veis poblada de resplandor la cuadra? No veis en cada reflejo un Sol? 2. Cómo, si la vista ciegan su misma iluminación? , . Pues qué más señas queréis, de que ya Isidro murió? Díganlo de mi cariño las lágrimas, que ellas son el mejor informe. Y pues a la Celestial Sion a lograr el premio subes, diga el acento veloz::: Dichoso Madrid, celebra los triunfos, que logras hoy, pues si has perdido un buen Hijo, te ha quedado un buen Patrón. Lo sientes mucho, Capatro? A ponerme el capuz voy. Maria, aquella palabra que te di, es mucha razón que te cumpla: ya, García, mi hija es vuestra esposa. Amor, qué escucho! Feliz mil veces quién tal ventura logró! Míales la dicha. Y la envidia mía. Con que en mi favor, afianzando mis alivios, María, verás que soy más Padre, que amo. A mi Juan solo os encargo, que yo, retirada en Caráquiz; moriré de este dolor. 1. Después de su muerte, el cuerpo de Isidro en su translación, a honorifico sepulcro deberá segundo honor a los Reyes de Castilla, celebrando su invención, de Alfonso, y de Berenguela. el celo. 2. Con que veloz, corriendo el tiempo, Isabel, alma, Consorte, y blasón del Quinto Carlos, hará, en memoria del favor de haberla dado la vida la agua, que en su fuente halló, la Hermita de Fuen Salud. 1. Para que la intercesión logre en Philipo Segundo, Sabio Monarca Español, que le declare por Santo el Roma no Vice Dios. 2. Y últimamente, de cuantos en Castilla, y en León, nuevos Monarcas se sigan, ya de Austria, y ya de Borbón, será venerado Isidro, a imitación del fervor con que a vuestra Villa dice la vulgar aclamación: Dichoso Madrid celebra, los triunfos que logras hoy, pues si has perdido un buen Hijo, te ha quedado un buen Patrón. Y aquí, discreto Senado, da fin, pidiendo perdón el Lucero de Madrid, y Divino Labrador,