Texto digital de Lorenzo me llamo
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan de Matos Fragoso
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- Juan de Matos Fragoso Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lorenzo me llamo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lorenzo-me-llamo.

LORENZO ME LLAMO
JORNADA PRIMERA
serra esa puerta, Lucia, y a quien me buscare, di, que no estoy en casa. Lo haré así, señora mía. Lorenzo, solos estamos, oídme. . Decid, señora, que me admira el ver ahora, como decís, lo quedamos, que es notable novedad en vuestro recogimiento. Estadme, Lorenzo, atento. Decid, señora. Escuchad: Tres años ha que venís de los Montes de Toledo a traer carbón a casa, de cuyo conocimiento ha nacido la amistad, y voluntad que os tenemos. En ausencia de mi hermano el Capitán, que sirviendo está en Flandes a Filigo Segundo, que guarde el Cielo, debajo de las Banderas, que militan el Gobierno del Conde de Fuentes, que hoy es de nuestras armas Hector, os debo amistades grandes; no quiero decir que os debo servicios, que no es razón, si bien estáis satisfecho, que es paga mi voluntad de la manera que puedo. Ah un año que me persigue, sin dejarme en ningún tiempo un deseo de saber lo que os diré, estadme atento; y si fuere liviandad, con presumir que os deseo de mujer tendré disculpa, que cuando algo no tenemos, por natural condición tanto nos abrasa el pecho, que no hay prudencia en el alma, ni en la lengua sufrimiento. He visto que me miráis algunas veces suspenso, de manera, que aunque os hablo, o no respondéis tan presto, o no es respuesta conforme a tan buen entendimiento como tenéis, aunque sois un Labrador Carbonero. Si me dais algo, tembláis, y a veces el rostro os veo pálido, o rojo, colores de la vergüenza, y del miedo. Si cuando a casa venís, y estoy en la Iglesia, vuelvo el rostro y os veo mirarme con tal atención, que pienso, que forma altar de mis ojos la devoción de los vuestros. Si salgo al campo, en el campo os hallo, tanto, que llego a imaginar que es amor; y estad seguro, que tengo, con ser mujer principal, tan poco de lo soberbio, que con ser vos lo que sois, si es amor os lo agradezco, que bien puede amor entrar en un villano grosero, como espíritu, sin ser en agravio del sujeto. Vos tenéis muy buen juicio, y puede amor haber hecho este milagro con vos, decidme lo que hay en esto, que por vida de mi hermano de no enojarme, pues veo, que lo que es sobra de amor, es falta de atrevimiento; que a tenerle, siendo vos lo que sois, tened por cierto, que eran pocas muchas vidas para el menor pensamiento. No os parezca liviandad querer entender, si es cierto, pues no perdéis el decirlo, Y yo gusto de saberlo. Pues habela dado, señora, licencia a mis pensamientos, cosa que ellos no pensarón, porque si pensaran ellos, que pudiera ser llegar a declararse, sospecho, que hubiera vlvora sido, que a quien los engendra, abriendo el pecho, quitan la vida: gran providencia del Cielo, que uno nazca, y otro muera, para que siendo veneno, no vaya dejando vivos su fiero daño en aumentos: si bien los que me congojan, pues que ya los digo, entiendo, claro está, que ha de matarme, rompiendo mi sufrimiento; pero no acierto en llamarlos vívoras, siendo tan cierto, que ha sido vuestra hermosura quien los engendra en mi pecho. Soy un pobre Labrador de los Montes de Toledo, donde nael de los Robles, padres, que ya por lo menos, por una letra que errarón, no fueron Nobles y fueron Robles: mirad en qué está de nuestra fortuna el yerro. Sé leer, aunque no es mucho, he aprendido sin Maestro: escribir, aunque he tenido de saberlo gran deseo, mi oficio no me ha dejado jamas un hora de tiempo para la pluma, o la espada; si bien, señora, os prometo, que allá en mi Lugar las fiestas, los Labradores más diestros temen, si no la destreza, la fuerza con que la juego. Pues en los Montes, a vecis, me sucede cuerpo a cuerpo matar un oso, que es cosa, que a caballo con Monteros tomoel puredonad si nn entrorengo, que es más buscar dilacionca a mis pansamientns necios, que i de tan rústico sujeto. Finalmente, os fuerza hablar, t pues la llcencia alegua si no la avergüenza el miedo; que un libro de disparates compré ayer en prosa, y verso, y en el principio decía, que era con licencia impreso; y así escucharéis los míos, pues que ya de vos la tengo, y digo, que vine un día, guiado de un Escudero, con dos cargas de carbón a vuestra casa, tan lejos de pensar que lo era yo, como fue milagro nuevo, encendedme vos los ojos con un rayo de los vuestros: salisteis a hacer la cuenta, como quien tiene el gobierno de esta casa, sin hermano, con un guardapies honesto, dorado el color con plata, la pretinilla cubriendo, solo el pecho, temerosa de tocar la nieve al cuello, recién puesta la camisa, me pareció a los almendros, que en esos montes florecen, cuando entra de paz Febrero. Yo triste, a ver enseñado carbón, quédeme suspenso de ver tanta nieve junta, no habiendo entrado el Invierno. Cuando haciades la cuenta, estaba entre mi diciendo, troquemos nieve a carbón, divino monte de Venus. Oyolo amor y tomando una pella de los pechos, tirome al alma, (oh milagro!) que encendió con nieve el fuego, flechas de nieve tiramos a un corazón Carbonero: qué victoria! mas qué digo? Qué más heroicos trofeos, que hacer que un rudo villano levantase el pensamiento a un Ángel, y conociese de amor los altos misterios? Desde entonces, por no daros fastidio con largos cuentos, que han de oír los cuentos largos, o caminantes, o presos, ha sido mi vida estar entre el Cielo, y el Infierno; el Infierno, sino es via, y el Cielo, en llegando a veros. Con el zapato de vaca llegaba a la puente y luego el de cordoban pulido calzaba a mis pies groseros: quíteme el cuello colchado, compré cortesanos cuellos, no por pareceros bien, que bien estaba yo cierto, que no reparaba el Sol en átomos tan pequeños; pero por honrar, señora, vuestro gran merecimiento, por disculparle conmigo, siquiera de haberme muerto, es de un Águila caudal, una llebre bajo empleo, que matar un jerifalte, honra su pico soberbio. Llegó a tanto mi locura, que de reñir con el sueño se me pasaba la noche, haciendo en el alma versos: es Doña Juana de Elores vuestro nombre, oíd, que presto fábrica amor un Poeta, desde el carbón al concepto. Una mañana, cuando el Sol salía, que no importara, no, que el Sol saliera, pues otro Sol trajera más apacible el día, hallé unas flores entre blanca nieve, y como negras del carbón tenía las manos, dijo amor al alma, atrevete, tómalas con el alma: el hurto alabo, pues dije como esclavo, o Flores, perdonad, suspenso en calma, que si es cuerpo negro, es blanca el alma; si algún favor al cuerpo se le debe, por qué pide carbón tiempo de nieve? Diréis, que cómo es posible que hiciese versos tan presto? eso preguntarlo a Amor, que es Dios del entendimiento: en él los hice sin pluma, y otros muchos, porque versos, son como cestos, señora, que quien hace uno, hará ciento. Qué lágrimas no he llorado en esos Montes, haciendo responder a mis suspiros los pájaros, y los ecos! Muchas veces he querido matarme, no porque os quiero, mas porque siendo quien soy, tuve tal atrevimiento. Como yo no sé escribir vuestro nombre, tengo llenos los blancos olmos del Tajo por cifra del nombre vuestro, de Flores mal retratadas, así la vida entretengo. Trayéndoos la liebre viva, la fruta del verde almendro, las truchas de los arroyos, y los panales cubiertos de rosas, las blancas natas, el vino oloroso, el queso, y tal vez os he traído, ved que rudo Polifemo, que en un libro lo he leido, que aunque muy oscuro, entiendo lo que había de decir, mas no que lo dice el verso, que los osos presentaban a Galarea pequeños, y así yo los he traído la vez que me parecieron en los rústicos donaires, y en los groseros pellejos; pero como de contaros, señora, no me avergüenzo, tan atrevidas pasiones, cómo gloriosos tormentos? Hago fin con advertiros, que de hoy para siempre os pierdo, pues no es justo veros más sabiendo mi atrevimiento. Lorenzo, yo os pregunté, no ha sido la culpa vuestra, pero llamémosla nuestra, pues culpa de entrambos fue: mía, porque os agradé; vuestra, porque el ser os culpa quien sois, aunque nos disculpa una disculpa a los dos: a mí el Cielo, amor a vos, que es accidente, y no culpa. Condenar la inclinación, no es posible, pero creo, que engendra en vuestro deseo monstruos la imaginación. Olvidad esa pasión tan vana, y tan atrevida, que aunque vuestra fe rendida me solicite obligada, borran las leyes de honrada los fueros de agradecida: que cierto vuestra persona, mas de hombre noble parece, que humilde, y que vista ofrece alma que todo lo abona: si amor, amor galarsona, con que le puedo tener, adonde no puede ser: Id con Dios, y perdonad, que a un noble la voluntad donde se pueda tener. Señora, bien me temía, que el día que se supiese mi amor, el último fuese que veros merecería, mas si por la vida mía, que va a morir la esperanza, algún ramo verde alcanza de donde se puede asir, temblando quiero pedir de esa sentencia mudanza. Si yo intentase valer algo, señora, por mí, en partiéndome de aquí, y tal os volviese a ver, que os pudiese merecer, que tanto me esperaría vuestra noble cortesía. Mucho agradezco esa fe, Lorenzo, pero no sé qué os responda: hay tal porfía! dé ahora a mi compasión esta esperanza a tu brío, que con eso le desvío de su loca pretensión. Tiemblo al rogar. . Si son a vuestros ciegos engaños despechos los desengaños, revoquelos mi piedad. Señora, un plazo me dad. Pues sea el plazo tres años, Tres? pues acepto el partido, que en tres años será cierto, o ser otro hombre, o ser muerto: con esto licencia os pido, y aunque humilde, y atrevido, la mano. Yo os pongo en ella esta memoria, que sella el concierto de los dos. Pues adiós, señora. Adiós furor, amorosa estrella. Pues ya Lorenzo se ha ido: bien puedo entrar, quién lo ignora? de Flandes, señora, ahora esta carta te han traído de Don Juan tu hermano. Muestra. Don Fernando me la dio. Luego el alma me advirtió como una sola es la nuestra, días ha que la deseo. Si se acordará de mí? abre, y lee. . Dice así: apenas que es cierto creo. Hermana mía, la fuerza ha sido la causa de mi descuido, aunque nunca le tuve en procurar tus dichas, de que te doy la enhorabuena, pues tengo concertadas tus bodas con el Barón Rosel: su calidad es grande, y su caudal no menos; yo iré por ti muy presto, pa- ra cuya jornada puedes desde ahora pre- venirte: Madama Teodora, que es her- mana del que ha de ser tu espeso, te desea ver en Flandes; y te aseguro, que en su compañía no has de echar menos a España. Pudiera haber más extraña nueva para mí, Lucia? Sentirás, señora mía, el que dejemos a España? No siento sino casarme. Pues si es con un Señor? Puesto que tiene valor mi hermano, pudiera darme un Español por marido. No, a lo menos Señoría. No está la desdicha mía en que Extranjero haya sido, sino que siento que di una palabra a un galán, y si me fuerza Don Juan, será desacierto en mí. Galán? pues tú le has tenido, y no lo he sabido yo? Es una sombra que entró para despertar mi olvido: ven, que te quiero contar un disparate de amor. Mal disimula el dolor quien llegó una vez a amar. 1. Amigos, esto ha de ser, en esta esquina podemos aguardar, pues tanto importa el buen fin de este suceso. El Marqués de Santa Cruz ha días que está en Toledo, porque como pasa a Flandes a gobernar, cuando menos, aquellos Estados, antes quiere llevarse dos Tercios de Españoles, que levanta en esta Ciudad; yo viendo que todas las noches sale a hacer oración al Templo de la Virgen del Sagrario, solo disfrazado intento, amigos del alma mía, que un cintillo le quitemos de diamantes, que trae siempre por toquilla en el sombrero, sin la bolsa, que Dios fuere servido que traiga, puesto que un señorazo tan grande nunca, ha de andar sin dinero; y dado que no lo traiga, el cintillo, a lo que creo, vale un Reino, porque son los diamantes como huevos; y bien mirado, el Marqués no ha de tener queja de esto, pues a un Príncipe no es falta que le quiten el sombrero. 2. Digo, que has dado en el punto, Cespedosa, desde luego mi espada con mi persona para la empresa te ofnezco; haz cuenta, que ya el cintillo le llegó su hora. 1. Tan cierto es lo que dices, que juzgo, que ya en mi poder le tengo. 3. Y para esa niñeria gasta lucé saliva? bueno; pues hay más de dacá, y toma, y santas Pasenas? 4. Hablemos claro, para estas emprestas los hombres de bien nacieron, porque los de obligaciones no son ladrones rateros: solo quiero preguntaros, porque este lance no erremos, si lo conocéis? 1. Amigos, bien espiado le tengo, aunque es oscura la noche, eso del conocimiento a mi cargo queda. 2. Oíd, que ruido a esta parte siento, y él debe de ser sin duda. 4. Hacia aquí nos retiremos. Aunque es oscura la noche, de mi casa lo primero, mi devoción me ha sacado, como lo acostumbro y luego haber llegado a mi oído, que la gente de estos Tercios, que en Toledo se levantan, hacen en anocheciendo mil insultos, que es perder a mi persona el respeto; y así he querido esta noche examinarlo yo mismo, y si hallo algunos culpados, por la fe de Caballero, que su castigo ha de ser de los demás escarmiento. 1. Él es, amigos. Martín, no creerás cuanto me alegro de que quieras ir conmigo a las guerra. . Yo prometo servrte bien. . Mucho estimo tus honrados pensamientos: ven a casa; pero aguarda, que, si no me engaño, creo, que oigo ruido en esta esquina. Aquí hay gente. 1. Caballero, cuatro Hidalgos muy honrados, que no tienen un sustento, vive Dios, y no acostumbran buscarlo por bajos medios, os suplican una cosa muy fácil. . Ya yo la espero. 1. Es, pues, que aquí de los tros, uino de mis compañeros está con un resfriado, y le hace falta un sombrero; y así, hacedle caridad de prestarle aquese vuestro hasta mañana. . Si es esa la causa, Hidalgos, no puedo, porque también lo estoy yo, y aprieta mucho el sereno, y fíe, que la caridad diz que empleza de sí mismo. No escuchas, Martín? Ya escucho. . Ladrones son. 1. Dese luego, o quitarélele yo. La cortesla agradezco, pero de noche, y a oscuras, no reparo en cumplimientos: Son Soldados vuesarcedes? 2. Ninguno es. . Yo me alegro de que sea así: estos doblones tomen, y váyanse luego, antes que yo me arrepienta de habérselos dado. 1. Bueno, si esa es treta, o intentona para escapar, el sombrero quédese con él, que solo ese cintillo queremos. Hidalgos, aqueso tiene dificultad. Vive el Cielo, que es hombre de bien, Martín. Dónde vas? A socorrerlo, que me han picado sus bríos. 1. A qué aguarda? deje luego sombrero, capa, y espada. l . 2. Y la bolsa. Caballeros, estando yo aquí, no es fácil: ea, Hidalgo, al lado vuestro tenéis un hombre de bien- En vuestra acción lo estoy viendo. 2. Hombre, mira que te pierdos, porque he de pasarte el pecho con dos balas. Lu Pues amigo, apuntar bien, y no erromos, que si no da lumbre el gato, he da quitarte el pellejo. De esta manera respondo: ha ladrones. 2. No dio fuego, huyamos. 1. Que me matan. 2. Que me han muerto. 3. Confesión. Tres por la cuenta van ya: ha famoso Lorenzo, que puedes ser en España honra de los Carboneros; pero aquí ha quedado uno, qué aguardo, que no le espero? Hombre, riñe: vive Dios, que es valiente como un Hector, doile con la irremediable: esto se acabó, laus Deo: cansado estoy de reñir. Obligado, Caballero, os estoy, pues vida, y honra a vuestro valor le debo; decidme, quién sois? Hidalgo, a mi fortuna agradezco, aunque no era menester el haber llegado a tiempo que os hiciese este servicio: mas si la verdad confieso, a vos solo os podéis dar tan justo agradecimiento, porque hablando sin pasión, no vi tan lindos aceros en mi vida. . Si es querer honestarme lo que os debo con mi alabanza, eso fuera faltar yo al conocimiento que debo tener; y así, decid quien sois, pues es cierto, que quien obra tan bizarro, debe de ser Caballero. Vive Dios, señor, que ha dado en el punto, subolengo viene si yo no me engaño, de los Montes de Toledo, y del gran solar de encina, y en cuanto a Cristiano viejo, al Rey no le debe nada, porque es tratante de aquello con que queman los Judios, y de la honra, ya sabemos con cuanto entra la romana. Quiéres escucharme, necio? Esta es la verdad, que aquí no hemos de ser Carboneros. Caballero, este criado, que es un loco imaginad, pero lo que es la verdad, es, que soy un hombre honrado, y de tan corta fortuna mis pensamientos se ven, que tengo de hombre de bien el no merecer ninguna: No sé quién soy, ni he podido conseguirlo a mi despecho, mas si me informo del pecho, dice que soy bien nacido; porque aunque algunas estrellas influyen altos blasones, solo tiene obligaciones quien sabe cumplir con ellas. Este soy este he de ser, oro poco, y mucho esmalte, pero aunque todo me falte, me sobra el buen proceder. Y pues ya quedáis seguro, no haciéndoos falta los dos, quedaos, Hidalgo, con Dios. Esperad, que ahora procuro con más verás vuestro nombre saber. . Yo se lo diré. Mi nombre, pues, para qué? Para conocer a un hombre, que sin noticia ninguna de si poco, o mucho adquiere, solo con su aliento quiere contrastar a la fortuna. Ea, a decirlo disponte. No perderá vuestra fama. Señor, mi amo se llama Lorenzo de Todo Monte. El nombre verdad ha sido, pero el sobrenombre no, que los pobres como yo, nunca tienen apellido. Hombre, responde al amo. Qué necio, y cansado estás! ya he dicho, que no sé más de que Lorenzo me llamo. Que yo os estimo creed, y así, Hidalgo, perdonad, este bolsillo tomad, y esta sortija os poned en mi nombre, y esto sea fin que nada me digáis. Como a pobre me tratáis. Con más servicios desea mi atención: quedaos con Dios; cumplimiento no gastemos, que algún día nos veremos. Pero ahora he de ir con vos. No ha de ser, por vida mía, que no os lo consentiré: quedaos, Hidalgo. . Ya sé que es necedad la porfía: ya os obedezco. . Admirado voy, porque el mundo se asombre, si por Dios, de ver a un hombre tan valiente, y tan honrado. Qué dices de esto, Martín? Vive Dios, qué es cosa nueva esta que te ha sucedido, y que yo no lo creyera a no haberla visto: tú sortiza, y doblones? . Deja que me admire de que yo alguna fortuna tenga: quién será este hombre? . Será el alma de un Sastre en pena, que se anda restituyendo todo. . Que nunca de veras has de hablar? No puede ser que algún Caballero sea de mucha importancia? esta dadiva lo muestra. No señor. . Por qué? Porque los Caballeros a secas no dan sortija, y doblones, porque tienen muchas deudas con quien cumplir: vive Dios, que una dadiva como esta la pudo dar el Gran Turco, o el Gran Tamorlan de Persía: mas sabes lo que he pensado? Acaba, dilo, qué piensas? Que estaba el hombre borracho, porque si no lo estuviera, no hiciera tan gran locura; y así, vámonos apriesa, no vuelva en su juicio, y a dar tras nosotros vuelva. Ay, Doña Juana divina! ya parece que mi estrella quiere hacer paces conmigo, Ta, ta, de ese pie cogeas? luego estás enamorado? Ay, Martín, si tu supieras del modo que tengo el alma! Y quién es la tal Princesa? Quién ha de ser, el Sol mismo, el Alba, el Aurora bella, todo el Cielo, y cuantas partes puede imaginar la idea: tantas presumo, Martín, que se han de admirar en ella. Pues un pobre Carbonero tales desatinos piensa? no he de creerlo por Dios; mira, si tú me dijeras, Martín, yo pierdo mi juicio por Juana la Carbonera, o la gorrona, era fácil de creer; pero a estas Reinas atreverte con la cara de color de chimenea, con más borrones, que plana de algún muchacho de escuela, no lo he de creer. . Martín, ven, que quiero que la veas, porque disculpes mi amor. Aquese recado a ella, que ella se ha de disculpar si tal desatino intenta. Ven compratemos vestidos. Con los doblones que llevas bastante habrá para todo. Y pues se va con gran priesa el Marqués de Santa Cruz a Flandes, mi diligencia me ha de valer, porque pienso, debajo de sus Vanderas, merecer por mi valor lo que mi sangre me niega Vamos, que también Martín ha de campar con su estrella: y hemos de pasar el mar para llegar a esa tierra? Sí, Martín. . Dígolo, porque iremos mar en carreta, que son de los Carboneros los barcos con que navea Fortuna tres años solos de vida a mi amor le queda en este tiempo, o morir, o adquirir lustre, y hacienda. Hermosa, señora, estás. De oírte, Lucia, me río. Con tu donaire, y tu brío envidia a las flores das: alegre está tu belleza, señora, aunque más me digas. Nunca verás ser amigas la hermosura, y la tristeza: yo estoy triste, y de esa suerte, aunque tus lisonjas crea, estaré sin duda fea. Que estás engañada advierte, porque la melancolía suele añadir perfección. Eso en las que hermosas son; más negarasme, Lucia, si desengañarte quieres, y salir de aquese error, que solamente el color hace hermosas las mujeres? Luego si estoy triste, cosa que el color a todas priva, en que la hermosura estriva, cómo puedo estar hermosa? Mucho del color te agradas, y no es cosa de matar; yo he visto a muchos penar por mujeres opiladas: si fuera hombre, sus desdenes adorara, y sus quererlas, y me anduviera tras ellas. Lucia, mal gusto tienes, graciosa has estado. . Pero dejando esto aparte yo, no dirás qué te pasó con Lorenzo el Carbonero? He sabido, si te agrada, aquí para entre las dos, que se me inclina. . Por Dios, que te hallas acomodada: no son sus designios malos; qué has dé hacer si perseveras? Yo reírme. . Mejor fuera hacerle moler a palos, porque vaya el picaron en su oficio a trabajar. Yo a nadie puedo quitar, que me tenga inclinación, y de eso haga chanza ahora; más dejando aquesto a un lado, has visto con el cuidado que me sirve, y enamora Don Pedro de Vargas? . Puedo decirte sin interés, que ese Caballero es de lo mejor de Toledo: y si servirte desea, quién por más galán merece? Si a mí no me lo parece, qué importará que lo sea? a Flandes me voy contenta solo por estar sin él. En fin, el Barón Rosel es el dichoso. . Que sienta no extrañes casarme ahora con un hombre, que a mi gusto no sé si será. . Del gusto saldrás en Flandes, señora. Oye. Señor, vive Dios, que aunque somos dos patanes, que venimos más galanes, que Gerineldos los dos: bien haya, amén, el bolsillo, que en fin nos ha remediado. Pues todabía ha quedado, Martín, algún dinerillo. Y la sortija? . Aquí está en el dedo. . Bien: a fe; déjame reír. . De qué? De ver las vueltas que da este Mundo. . Majadero, con qué tu discurso topa? Ayer eras poca ropa, y hoy pareces Caballero. Aguarda, Martín, (qué veo!) es verdad, Cielos Divinos, no es Doña Juana? . Ay. Lucia, no es Lorenzo aquel que miro? Lorenzo? . Señora mía, no en vano el alma me dijo, que saliese al campo, y no en vano está florido: porque alentándole vos con vuestros ojos divinos, y pisándole, volvéis la campiña en Paraiso. Ya por lo menos, señora, Lorenzo mejor vestido está de lo que solía; ya por vos me determino a colgar de mi esperanza el grosero capotillo. Ya por vos me voy. . Lorenzo, yo os agradezco y estimo la voluntad que mostráis tenerme, y ahora os digo, que la palabra que os di, desde aquí os la revalido de esperar tres años: Cielos, qué tiene este hombre consigo, que el corazón se alborota de verle? . A esos pies rendido otra vez os lo agradezco. Y usted, señor Monacillo, es Carbonero también? Pico más alto. . Oh qué lindo! por lo dicho, y alegado, parece usted un gran pollino. Y usted un día de San Marcos, porque es usted un mal trapillo. Oígame. . Diga. Señor, una criada me dijo, que hacia la Huerta del Rey aquesta mañana vino tomando el acero. . Pienso que es verdad lo que te ha dicho, que alguna mañana suelo encontrarla en este sitio; pero aguarda, no es aquella? Viven los Cielos divinos, que está hablando con un hombre! de cólera estoy perdido. Ay Dios! Don Pedro de Vargas, Lucia. . Buena la hicimos. Aunque el mundo me lo estorbe, vengaré los celos míos; mi señora Doña Juana, dos palabras os suplico me escuchéis aparte. Hidalgo, estando hablando conmigo, es sobra de atrevimiento, y mucha falta de estilo llegar sin pedir licencia. Con los hombres de mis bríos, y de mi sangre, no corre esa razón que habéis dicho: con vos pudiera correr, porque ya os he conocido, y no merecéis . Teneos, y no pronunciéis altivo palabras, que no se hallo satisfacción, ni castigo; mas pues de vuestro valor estáis tan pagado, elijo que riñamos, y pluguiera a Dios en este conflicto, que el que tuviera más manos fuera hoy el favorecido. De esta manera respondo a tan locos desvaríos. Y yo de aquesta manera a las obras me remito. A ellos, que son badeas. Así, cobardes, castigo. Muerto soy! Virgen de Gracia, Padre mío San Francisco, que se matan. Ven, Lucia: sin alma voy! . Ya te sigo. Señor, la justicia toda nos sigue, huyamos. Seguidlos, porque es Don Pedro de Vargas el que está muerto, o herido. Ven hacia el Cuerpo de Guardía del Marqués. Pléguete Cristo, aguija. Por acá van. Vive Dios, que hemos corrido como dos galgos. . Martín, estando aquí no hay peligro: el Cuerpo de Guardía es este del Marqués. . Estás herido? Qué dices, estás borracho? echarme a mí de estos lindos engolillados galanes, es como echarme mosquitos: solo con pena me tiene saber, qué habrá sucedido de Doña Juana; por Dios que estoy por volver al sitio a saberlo. . Sor Lorenzo, usted quiere ser rácimo con pios? es boba la otra? a su casa se habrá ido. Toca a recoger, Tambor. Los Soldados a este sitio vienen y? En fin, so Sargento, el Capitán nos ha dicho, que marcha el Marqués mañana. Así lo tengo entendido, pues ya prevenido tienen los Bajeles. 2. . Vive Cristo, que si Dios no lo remedia, que la Chata ha de ir conmigo. 1. . Señor Sargento, usted quiere entretenerse un poquito a los naipes boca arriba? Debe de haber dinerillo, que ha sido día de paga. 1. . Aqueste tambor maldito servirá de mesa. . Vaya. 1. . El descuadernado libro saco, que yo a aquestas horas las traigo siempre conmigo. Alzo por mano: un Rey es. 1. Yo una Sota: vive Cristo, que no haya aquí una pretina! baraje usted: mal principio; a cinco, y cinco, y terceras, y veinte en quinta. Hago, y digo. . Martín. Señor. . Quieres que pruebe la mano? . Eso pido, y más que estás de jornada: pondré, que me quemen vivo, si no haces mesa Gallega. A quí tengo en el bolsillo unos doblones, yo llego: Hidalgos si sois servidos de que en el juego haga tercio, jugaré también. . Yo digo, que entre por mí. 1. . Y yo también: este parece chorlico; seor Sargento, ojo alerta, iremos dos al mohíno. Mío es el naipe. 1. . A ocho, y ocho. Veinte, y veinte. 2. . A entrambos digo, cuatro, y cinco, mío es el cuatro. 1. . Ande, que la mía he visto. Se engaña usted. Dice bien, porque le faltó el hombligo. Esa es mi suerte. . Por vida::- Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, fiete, ocho, nueve, diez, once, doce. 1. . Vive Cristo, doce pintas? doce diablos carguen conmigo. Baraje usted, a cinco, y ciento. 1. . Yo a lo mismo. Ah buenos hijos, que así paráis a la errona. Mi suerte a la cuarta vino, diez pintas gano. . Está loco? pese a su alma, pues no ha visto que es sencilla? Lo que veo es, que tantas he corrido, y que se me han de pagar luego al punto. Bien ha dicho; mas pues le quito el dinero, haga cuenta que ha perdido. Ah gallinas vive Dios, que os he de hacer mil añicos, y pedazos, aunque venga todo el mundo a resistirlo. Señor Sargento, cuidado con la panza. Fuera digo, que está su Excelencia aquí, Qué es esto? Señor invicto, sobre cierta diferencia, que en el juego hemos tenido, tras no quererme pagar el dinero que ha perdido este Soldado, señor, sacó la espada conmigo, sin la atención que se debe a este lugar, a este sitio: esto es lo que pasa. . Bueno, trocada la hemos perdido. Ay tan grande atrevimiento! vive el Cielo, que a delito tan grande, no halla la ira, ni la cólera castigo, cuando tengo echado el Vando, que nadie sea atrevido a sacar la espada en mi Cuerpo de Guardia mismo, con un Oficial se atreve desatento un Soldadillo? por vida del Rey, que es mengua no castigarle yo mismo con este acero: Ayudante, luego al instante, al proviso le den dos tratos de cuerda. A Vuecelencia suplico::- Aceitunas. Que me escuche, que un Soberano Ministro, y un Capitán, de quien tiembla el mundo, de dos oídos, que le dio naturaleza ha de usar, tan sin perjuicio, que uno ha de dar a la queja justiciero, otro benigno a la disculpa; porque sentenciar sin más aviso, da a entender, que la razón está sujeta al capricho. Hablad, pues. . Digo, señor, que no solo aquí he perdido dinero alguno, sino antes estando ganando, altivos estos Soldados, por fuerza me arrebataron el mío. Yo, pues, no por el dinero, que es lo que menos estimo, sino por el menosprecio, que en los hombres bien nacidos es lo que se siente más, saqué la espada atrevido, y sin mirar::- . Bien está, ya de no haberos oído no os quejaréis. . No señor. Pues la sentencia confirmo, porque sacasteis la espada con un Superior: asidlo, y llevadlo. . Vuecelencia mire::- . Ya lo tengo visto. Por Dios que esto va de veras, advertid, que mi castigo no os toca. Válgame el Cielo! Porque yo::- Qué es lo que miro? no es mi sortija? No soy Soldado. Cielos Divinos, no es este el hombre a quien debo la vida? bien lo averigue en la fortija que tiene; en fin, qué no sois Soldado? No señor, pero me inclino a serlo: pasar quisiera a Flandes, si en vuestro arrimo hallo sombra que me ampare. Bien me parece el designio; que sobrenombre tenéis? Lorenzo me llamo. El mismo es que dijo aquella noche; no os pregunto el nombre, digo el sobrenombre. Lorenzo me llamo he dicho a secas, porque esto solo de mi linaje he sabido. Pues Lorenzo, en mi tendréis buen padrino, y buen amigo, sentad plaza luego al punto en mi Compañía. . Invicto Marqués, de mi sobrenombre habéis de ser mi padrino, cuando veáis que le gano, en el Real del enemigo. Andad, señor, que ya sé que tenéis muy buenos bríos, y yo, y vos para otros dos. Si esos favores consigo, verá Flandes por mi brazo un asombro, y un prodigio. Vamos, Ayudante, vos a las Tropas dad aviso, que marcho luego. Señor Lorenzo, seamos amigos, que aquí están vuestros doblones, Pues señores, repartidlos entre todos, porque yo, con la dicha que he tenido, no estoy en mí. Venid, pues. Qué ay, Lorenzo? Estoy sin juicio. A Flandes vamos. Fortuna, ya un escalón he subido en estos tres años, ten de tu rueda el curso fijo: a Dios tres años, España, a diós, pues, bello prodigio, desde hoy, con vuestra licencia, aunque parezca delito, me llamo Lorenzo Flores, que un esclavo ya ha sabido tomar de su dueño el nombre. Flores soy, y te suplico, (oh deidad de la fortuna!) que te avengas bien conmigo, y en estos tres años tengas de tu rueda el curso fijo.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA De haber visto a mi esposa, señor Don Juan, tan extraña, o tan esquiva, ha nacido en mí la desconfianza de imaginar, que en su pecho no hallaron lugar mis ansias, o que sus cuidados son efectos de mi desgracia. No extrañéis, señor Barón, ver en tristeza a mi hermana, que ese es común sentimiento de las que dejan su Patria, que otra cosa ser no puede de su tristeza la causa, cuando felizmente en vos tan ilustre esposo gana. Ayer de España llegamos mi hermana, y yo a esta casa, y el cansancio del camino, después de tantas jornadas, junto con la novedad de verse en Flandes, bastaba para turbar su alegría; además, que allá en España usan las nobles mujeres una hermosura afectada, que como melancolía a la vergüenza acompaña, pues solo en gravedad fundan de su honestidad la gala, y no se alegran tan presto, como aquí vuestras Madamas. Dejad que tome el estilo, porque después de tratadas las Españolas, son otras, afables, y cortesanas, y lo que en ceño comienza. en noble caricia acaba. Norabuena, estese ahora asistida de mi hermana Teodora en aquesta Quinta, que en ganándose la Plaza de Durén, a quien ha puesto sitio el Marqués, mi esperanza logrará en su blanca mano la posesión deseada; y entre tanto, con festines de este Páis a la usanza, divertiré la belleza a quien he rendido el alma. Y también yo de Teodora, a quien rendido idolatro, festejaré su hermosura, que a ser del Barón hermana, es bien fundado el motivo, que si él por esposa alcanza a mi hermana, puedo yo serlo también de su hermana: quiera el Cielo, que muy presto a las Católicas Armas se rinda Durén. . El sitio va, según pienso, a la larga, aunque un alegre rumor por el campo se derrama, que queriendo el enemigo meter socorro en la Plaza, rompimos los Escuadrones. Viva España, viva España. Sin duda que la victoria por nuestra está declarada, que es alegre hacia esta parte llega el Marqués. A las plantas, gran Señor, de Vuecelencia, de aquel General de fama, el Monsiur de Jateler, pongo el penacho, y celada, que Militares adornos fueron de su pompa vana, reservando para mí solo aquesta verde Banda, con que pienso honrar mi pecho, que por haber sido alhaja de un General me la pongo por norte de mi esperanza, que a sombra de Vuecelencia no hay quien no la tenga. Basta, Lorenzo Flores, llegad a mis brazos, que esta hazaña no la consiguió jamás Griega, ni Romana espada: contadme solo el suceso, que os empeño mi palabra de premiar vuestro valor. Si Vuecelencia me ampara, no he menester más fortuna para volver a mi Patria venturoso, siendo en ella asombro de las extrañas. Salió el Ejército junto del enemigo a campaña a entrar socorro en Durén, que fortalecida estaba. En bien formadas hileras venía al son de las cajas todo lo noble, y florido de la juventud lozana. En vistoso alarde el campo, lleno de plumas, y galas, formaba, sembrando a trechos de Abril la más bella estampa, dibujándose en los lejos bien como hermosas montañas, que el Cielo finge en las nubes, y con la luz de las armas, que entre las plumas se vian, parecían tremoladas mariposas, que se ardían a puro incendio de nácar. A Monsiur de Jateler su General acompaña, que con arrogancia loca presuntuoso animaba a los que al compás del bronce iban siguiendo la marcha. Venía el bravo Holandés sobre un peñasco con alma, bruto Alemán, tan soberbio, que a la máquina Troyana hurtó la robusta forma, siendo racional muralla. Armado desde las clines, hasta el codón de las ancas, relámpago, rayo, y trueno pareció, que le abortaba de alguna preñaba nube, hijo del arte, y la llama, pues siendo volcán la boca, en su incendio se abrasara, si por templarse no hiciera de su misma espuma escarcha. Salimos a recibirle de la línea mil Corazas, y otros tantos Españoles: desigual número a tanta multitud de armadas huestes, que de nueve mil pasaban. Despreciaronnos por pocos, mas fue tan fuerte la carga que les dimos, que al estruendo de la artilleria, y balas se estremecieron los montes, y el Sol se cubrió la cara; pues con polvorosas nubes, que los caballos levantan, y con el humo que a globos del alquitrán se desata, pareció que anochecía, y la ceguedad fue tanta, que por mucho espacio estuvo el fiero combate en calma, hasta que de la tiniebla el caos se desenlutaba, pues también para los ojos hubo en el campo batalla, Tocarón toda la noche nuestros Cuárteles al arma; vibanderos, y vagajes, que por todo el campo estaban recogiendo sus haciendas, huyeron para guardarlas a nuestros alojamientos, que los que del golfo nadan, el saber guardar la ropa fue siempre la mejor gala. Imaginó el enemigo, que esto era huir, y en voz alta, los Españoles no huyen, dice, pica, sigue, abanza, y cuando más orgullosos hallar en fuga pensaban a los Españoles, viendo su resistencia, se espantan, y engañados, y confusos se turban, y desbaratan: tanto en las graves empresas puede el no considerarlas, y dando sobre ellos juntos. fue de manera la carga, que huyeron, y la victoria se declaró por España. Allí Don Luis de Toledo, mi Capitán, cara a cara al Batallón de la Corte le acomete, y le desarma, si bien le costó los dientes, donde le puso una bala silencio a su lengua noble, pero no a la de su fama; más bastaba ser Toledo para una acción tan bizarra, cuyo tronco esclarecido lleva trofeos por armas. Yo entonces, viéndole herido, bien como piedra arrojada, que en el cristalino golfo forma cerúleas de plata, y va ensanchando las ondas todo aquel tiempo que baja: o bien como el duro acero, que las espigas doradas derriba; pero qué digo? perdonad, si en mis hazañas quise hablar para obligaros, que me iba en ellas un alma, si lo que son de atrevidas, tuvieron de afortunadas. En fin, señor, prisionero hice al General de Holanda, que en un Soldado visoño es más dicha, que alabanza, y teniéndole rendido, oigo decir: Mata, mata, mirad que no está, Soldados, la victoria declarada, y haciéndome atrás dos pasos, le tiré una cuchillada de tan buen aire, que al suelo la pluma de la celada vino a escribir a la muerte con roja tinta las cartas; y dejando otros progresos, digo señor, que a esas plantas mi vida ofrezco, y con ella esta Toledana espada, con este Español orgullo, hijo de sus penas altas, que al lado de Vuecelencia sabrá dar triunfos a España, si del Laurel que os adorna su ilustre sombra me ampara. No ha venido de Toledo a Flandes mejor espada; pero no es nuevo en sus hijos ser en paz, y en guerra el alma del valor: Lorenzo Flores, por donde muchos acaban, vuestros servicios empiezan, y que os debo, es cosa clara, mas de lo que vos pensáis. A mí por premio me basta, gran señor, ser conocido sin merecerlo. . Mi Patria puede estar vanagloriosa del valor que en vos se halla. Don Juan Flores. . Señor. La Compañía está vaca de Don Gaspar Maldonado, en vos es bien empleada; a Lorenzo podéis dar la Bandera, pues con tantas ventajas la ha merecido. Por ella os beso las plantas, y porque mi Alferez es Lorenzo. . Mi camarada, señor, mas que La- Bandera, ha menester ropa blanca. Todo se hará; y vos quién sois? Puedo decir, que es muy alta la rama de mi linaje. Y qué apellido? . Se llama mi padre Pedro del Pino, y mi madre Ana del Haya. Gente limpia? . Si señor, y entrambos de la Montaña; pero volviendo a mi padre, fue un hombre, que en la campaña, por su brazo, y su valor, vertió un mar de sangre. Tanta sangre vertió? Si señor, que era Barbero, y sangraba. Y vos sois Soldado? . Sí, pero de más importancia, pues en el encuentro de hoy hice atrás volver dos mangas solamente con el aire de mi aliento. . Cosa extraña! Eran las mangas perdidas de una ropilla de grana: pues más hice. . Aparta, loco. Quédese para mañana, porque me alegro de oíros. Vuestro buen gusto me agrada, que aqueso es querer tener aquí gloria, y después gracia. Si el Cielo me da a Durén, Lorenzo Flores, la paga corre por mi cuenta ahora: servid, que no es mala entrada una Vandera. . Señor, Vuecelencia honra mi espada, que para un visoño era el favor; pero las balas, si he de morir, el venablo muy presto ha de ser vengala. Venid conmigo, Barón: Durén, si de tus murallas no consigo la victoria, tumba ha de ser la campaña de cuanto Español orgullo empuña del Rey las armas, pues no hay remontada nube, que se oponga al Sol de Austria. Feliz ha sido el suceso. Ay divina Doña Juana, por ti más ser solicito, aliente amor mi esperanza. Pues es de Toledo, quiero esperar a ver si me habla. Este es Martín, el hermano de Doña Juana. . Es verdad; con eso de su beldad noticias tendrás. . Es llano. Pardiez, que de los mozotes puede ser envidia ufana; y se parece a su hermana. Pues dime, en qué? En los vigotes. De nuevo ahora rendido, pues que somos Toledanos, quiero besaros las manos. Del contento recibido de que tengáis mi Vandera, no sé qué os pueda decir, mas de que os he de servir. Trocar los servicios fuera, y el mío es solo serviros. Mucho de vuestro valor oigo decir. . Qué es, señor, ventura, puedo deciros, pero no merecimiento. Vuestra persona me agrada, y está muy bien empleada mi Vandera en vuestro aliento, que el ser Alferez en Flandes no es muy poco. Bien comienzo. Toda su vida Lorenzo se crió con humos grandes: Pero de Toledo, y Flores, pienso que somos parientes. Son, señor, mis ascendientes, aunque mayores, menores. Quién es vuestro padre allí? Por ahora perdonad, porque no es de la Ciudad, aunque muy cercano es. Pues de quién tenéis las Flores? es por hembra, o por varón? De mujeres las Flores son, y no por eso menores, que mi padre se llamaba Robles. Por qué no tomasteis su apellido? . Preguntasteis muy bien, pues Robles me honraba; pero son muchos allí los Robles, pocas las Flores, y túvelas por mejores, que el padre de quien nací. Bien hicisteis, porque yo mucho me honro de ser Flores. Y yo tuve por favores las que ese nombre me dio; si bien, aunque tributo me promete aplauso fiel, si un bien no logro por él, serán mis Flores sin fruto. Hoy, para honrar mi posada, conmigo habéis de comer. No la pudiera tener con el Marqués más honrada. Venid luego, que desde hoy no puedo sin vos hallarme. Ya la suerte a levantarme comienza, Martín. . Estoy admirado: quien dijera, cuando haciamos carbón, que el palo del aguijón se te volviera en Vandera? tú en la guerra conocido, con oro, plumas, y grana? A la hermosa Doña Juana aquese honor he debido: su hermosura celestial, qué hará en Toledo? . Sin penas, comiendo estará almacenas quizá en algún Cigarral. Serán ciertas sus promesas, pues por su amor vine aquí: si se acordará de mí? Como ahora llueven camuesas. En qué lo fundas? En que muchas cartas le escribiste, y de ninguna tuviste respuesta. De eso no sé la causa, ni lo penetra mi discurso. . Pienso yo, que pues no te respondió, se mudó al pie de la letra. En su beldad puede haber mudanza, ni doble trato? no es del Sol vivo retrato? Es verdad, pero es mujer: vamos de aquí. . Tu razón me deja confuso, y ciego, porque en muriéndose el fuego, quién se acuerda del carbón? Sentid, corazón, sentid, ojos no miréis mi daño, que es poco valor del fuego pedirle socorro al llanto. Parece que de mi pena la letra se ha dibujado. Quieres que el tono prosiga? Sí, porque gusto me ha dado; miento, que no está mi pecho capaz de ningún descanso. Al aire de mis suspiros no pida alivio el cuidado, porque el aire aviva el fuego, y no es remedio el estrago. Ejemplo a las penas mías estas voces me están dando; para cuando un escarmiento fue aviso de un desengaño? No cantéis más: ordenome el Barón Rosel mi hermano, que con todos los festejos, que en este Pais usamos, divierta yo tu hermosura; más parece que es en vano, pues veo que en tu semblante se va el dolor aumentando. Bien sé que al Barón le debo de fino amante agasajos, y a ti, Madama Teodora, finezas que nunca pago; pero haber venido a Flandes con disgusto, me ha causado esta tristeza; y también el ver, que he de dar la mano a un Caballero Extranjero, a quien no quieren los Astros que me incline por algún secreto, que ignoro. . El trato suele vencer imposibles, y está tan enamorado mi hermano de tu hermosura, que hasta que vayas cobrando cariño al Pais, pretende que se dilate este plazo, por ver si con sus finezas obliga tus desagrados. Mal podrá, pues a una sombra todo el corazón he dado: como es posible querer a quien tan poco he tratado? Diferente condición es la mía, que yo amo a un Español, solamente por ver que es hombre bizarro; y porque es de otra Nación tiene para mi granjeado más aplauso en la memoria. Ni te culpo, ni lo extraño, pero llego a estimar mucho, que a un Español quieras tanto. Si quiero, más vive en mí este amor tan recatado, que hasta ahora no he tenido ocasión para explicarlo; mas esto no es para ahora: y volviendo a mi cuidado, digo que el tiempo ha de ser quien ha de enmendar el daño: mi hermano es galán, y tiene en Flandes un rico Estado, que puede hacer venturosa a la mujer de más garbo: amante a tus pies lo pone, solo por lograr tu mano. Si el verte de España ausente tu pensamiento ha turbado, en los Príncipes ejemplo puedes tomar que dejando sus Patrias, buscan las otras solo por razón de estado. El sujetar sus pasiones, es propio de ánimos altos, que el cortesano artificio le inventó el prudente Sabio. Si oculta causa te obliga para negarte a lo humano, ceda el gusto al sentimiento por no faltar a lo hidalgo. Yo me retiro, tú ahora lo puedes mirar despacio, que no prerendo estorbar tus penas, ni hacerte cargo de que adores, ni desdores, pues siempre es tuyo mi hermano. Válgame el Cielo mil veces! qué de cosas han pasado por mí, Lucia! . No entiendo tus lucidos intérbalos: vienes de España a casarte, y cuando tiene tu hermano ya prevenida la boda, finges tristezas, desmayos, hipocondrías, jaquecas, temblores, tiricia, y flatos, y otros males, solo a fin de dilatar este plazo Noble es el Barón, y tiene de renta seis mil ducados, y sobre todo, es galán; qué aguarda tu estilo ingrato? Tarde, o nunca en estas dichas mi pena hallará descanso. En qué lo fundas? No ves que es niño Amor, y si acaso para quitarle una joya le dan una flor del campo, el inocente la admite, y tiene por agasajo lo que es menos? pues lo mismo le sucede a mi cuidado, que si es aprensión la dicha, y está en mis penas la hallo, otra no quiero, pues vivo gustosa con el engaño. Con eso disculpar quieres aquel tu capricho extraño de inclinarte a un Labrador? Tú, como nunca has amado, no conoces el dominio de aquel ciego Dios alado, que para juntar distancias, tuerce con violencia el arco; y asentado lo primero, que soy mujer, lastimado tengo el corazón, de ver que en mi palabra fiado fuese a buscar más fortuna Lorenzo, porque pasando por mil desdichas, y riesgos, al cabo de los tres años, verá que no le cumplí la palabra que le he dado. Miren qué gran Caballero, para que te de cuidado, un hombre, que cuando mucho, se habrá otra vez vuelto al campo, a continuar la carrera del carbón, o del arado. Lorenzo tiene valor, y por la guerra alcanzaron muchos sujetos humildes honores, triunfos, y lauros. Eso era, señora mía, en tiempo de los Romanos, pero ahora::- Si amor::- Calla, que viene tu hermano. El Marqués de Santa Cruz, hermana mía, a quien debe tantos aplausos el bronce, y España tantos laureles, me ha dado una Compañía, de que muy gustosa puedes darme el parabién, no solo porque así me favorece, sino por haberme dado por camarada, y Alferez al señor Lorenzo Flores, de los hombres más valientes, que en Flandes ciñen espada. Huélgome de conocerle: Ay de mí! si es fantasía, sombra, ilusión, qué me quieres, que a tan remotas Regiones a turbar mi inquietud vienes? Es de Toledo? Yo juzgo que ha de ser nuestro pariente. En verdad que su valor, y talle, no desmerece el apellido. . Señora, yo, si en mí::- (Cielos, valedme!) yo estoy turbado; qué miro! Doña Juana está aquí? si es este engaño de los sentidos? digo, que os beso mil veces la mano, y esclavo vuestro he de ser eternamente, como lo soy desde ahora de mi Capitán. No es este, Lucia, Lorenzo? El mismo como cinco, y dos son fiete. Sin mí estoy! Estos Soldados de gran valor, comunmente mas saben obrar, que hablar: Ahora bien, señor Alferez, aquí podéis aguardarme, si gustáis, un rato breve, mientras voy a prevenir al Barón, que tengo un huésped, para que luego volvamos a dar muestra en los Cuárteles; y pues de esta caseria está cerca el sitio, siempre podéis tener desde ahora por vuestro este pobre albergue. . Haré lo que me mandáis: a tus pies, señora, tienes a un infeliz, que sin duda te adoró para perderte, porque no pudiera yo tan presto tus ojos ver, sino para mayor daño, que de ordinario la suerte da bienes a un desdichado para quitarle los bienes, que tal vez de los pesares son vísperas los placeres. Divino imposible mío, norte de mis altiveces, idolatrada esperanza de mis suspiros ardientes, qué novedad, qué suceso pudo a tu hermano moverle para conducirte a Flandes? Qué desdicha, qué accidente te obligó a dejar a España? Pero si acaso enmudeces por saber de mi fortuna el ser que a tu ser le debe, porque luego me respondas, te lo diré brevemente; Yo, señora, confiado en tus promesas alegres, vine a ser más por la guerra: (o qué mal pleito que tiene quien sale a buscar la vida por las sendas de la muerte!) Y como para ser tuyo era preciso que fuese nuevo asombro de los siglos, y admiración de las gentes, exponiéndome al peligro de las picas, y mosquetes, muchas heridas me han dado; pero no fueron crueles las heridas que repito, cuando considero alegre, que son ventanas por donde puedo entrar a merecerte; qué rigores no he pasado por ti! qué escuchas! qué ardientes llamas no le han parecido a mi sufrimiento leyes! Pues cómo, divino dueño, no me hablas? de qué enmudeces? qué te embaraza? qué es esto, señora? Si te arrepientes de aquella noble promesa que me has dado, y te pareca que puedo llegar por mí algún día a merecerte, un pobre Labrador soy, señora, no soy Alferez, y me volveré a los campos, que quizá menos rebeldes los riscos, a mi valor darán más piadoso albergue, pues centro han sido los montes de los desengaños siempre. Lorenzo (ay silencio mío!) haces cargo injustamente, pues con otra mayor pago la inclinación que me tienes, y no pudo la fortuna en el estado presente hacerme mayor lisonja, que llegar feliz a verte con esa insignia de Marte, que por lo menos promete a tus nobles esperanzas más venturosos laureles. Yo estoy sujeta a mi hermano, que como padre, en mí tiene aquel natural dominio, que dan las comunes leyes a los que con sangre ilustre nacieron por accidente. Al Barón Rosel, por mí, con quien grande amistad tiene, dice, que ha dado la mano, para cuyo efecto breve, desde Toledo me trajo; mira tú si es bastante este estorbo para turbarme el regocijo de verte: lo que puedo hacer por ti es dilatarlo hasta::- Tente: ha ingrata como me engañas! De España a casarte vienes a Flandes, y eso me dices? Qué es esto? Cielos, valedme! Rosel es gran Caballero, rico, discreto, valiente; y entre la Luna, y el Sol sería eclipse oponerme, siendo mi linaje humilde, que es de calidad la suerte, que lo que ha de negar, solo permite que se desee; pero no será tu esposo viviendo yo, porque de ese rebellín del enemigo, desesperado un mosquete buscaré para sepulcro, y ruego al Cielo, que llegue tan arrebatado el plomo, que de púrpura caliente tiña el lugar denegrido, que me dio la Patria agreste, porque veas que he cumplido lo que he prometido siempre, de morir, o ser dichoso: balas, y horrores me cerquen, que así moriré contento, si es que acaso no me vuelve con el gusto de morir a darme vida la muerte. 2. Aguarda, detente, espera. Vive Dios, qué es detenarse? hacernos venir a Flandes con su cárita de sierpe, pasando lo que Dios sabe por trincheras, y ornabeques, y ahora hace muy falsita la gata de Marí Perez? Plegue a Dios, Lucia ingrata, que antes que yo vuelva a verte, un solomo de adobado en las tripas se me pegue, y que el gran licor de Esquivías, con el de Pedro Jimenez, a puros carabinazos las piernas me desjarreten, y con el tufo precioso, que se hospedare en mis sienes, muera atolondrado yo, si es que acaso no me vuelve con el gusto de morir, a darme vida la muerte. Que así le dejases ir? No aguardó a que le dijese lo que intentaba yo hacer: tú se lo dirás si vuelve. Y es? Que con el Barón no intento casarme. . Fuerto resolución es la tuya. Vengo Juana mía, a verte, y a darte dos mil abrazos, pues ya mi esperanza tiene celajes de la victoria, que amor por ti me promete. Este que salió de aquí, que de Don Juan es Alferez, es el Español que adoro, y pues habéis de tenerle por amigo, Juana mía, de que le quiero le alvierte. Esto solo me faltaba para que me desespere. Haz que sin temor me mire, pues que puede honestamente, que aquí no es como en España, que en hablándose dos veres, llaman traidores los hombres, o fáciles las mujerts; cua quiera donce la noble ir a los fastinos puede con el galán que la sirve, y hablarlo, y favorecerlo. Dile que venga esta noche al saran, que te presiene el Barón para alegrarte. No son malos los cordeles. No harás aquesto por mí? Haré lo que yo pudiere, más pienso que podar poco: dissimular me convicare. No te pareció gallardo? Mucho. Qué bizarramente entró con el Capitán! Por Dios que andan bien los fuelles. Y que sea el callar fuerza! Pues es fuerza conocerle, cuéntame su calidad, qué nobleza, y sangre tiene, qué padres, deudos, y hacienda. Si hoy, Teodora, vino a verme, como Alferez de mi hermano, mal pudo satisfacerme; por ti le preguntaré lo que deseas, si vuelve. Adiós. . Adiós. Yo me abraso, pues que mis desdichas quieren, sobre el mal que yo padezco, me den los celos la muerte. Sin duda hoy logro mi amor, si Juana me favorece. De las dos se puede hacer un pretal de cascabeles. Lucia, ya no puedo callar, que un tormento fuerte en el potro de los celos hace que mi amor confiese. Yo quiero bien a Lorenzo, y hame picado la suerte esta necia, esta Teodora, con ver que también le quiere, que de aquí adelante pienso de verás favorecerle, porque a otro amor no se rinda; y si a Martín buscar puedes, para que diga a Lorenzo, que venga esta noche a verme al festín, y que este lazo será la seña que lleve, para que yo le conozca: ve apriesa; qué te detienes? yo voy sin mí! Nadie hará lo que los celos no hicieren. Todo, Rosel, lo he dejado con la nueva del suceso. No menos me trajo a mí, pero deseo saberlo, que no estoy bien informado. Al Ejército vinieron, señor Barón, dus Trompetas de los rebeldes soberbios; estando en él publicaron un desafío tan necio como muestra este traslado de la copia que me dieron. Señor Don Juan, esa es propia acción de Hereges soberbios, que como les falta Dios, les falta el entendimiento; y el Marqués, qué determina? Hallole el Cartel batiendo el Castillo de Durén, y mostrando sentimiento de la desvergüenza, quiere castigar su desafuero. Nombró quién con ellos salga? Nombró el Barón Filiberto, a Falcón Napolitano, y a mi Alferez de los nuestros. No ay, Don Juan, en todo el campo Español como Lorenzo, esotros no los conozco. Ellos al Marqués pidieron les hiciese esa merced. Qué plazo? Será muy presto. Asaltando el Fuerte, tiene mucha gente dentro, será imposible tomarle. Con qué generoso esfuerzo el Barón su gente anima! qué valientes, qué ligeros van trepando los Soldados, de las rodelas cubiertos! Ea, fuertes Españoles, este día ha de ser nuestro, embistamos al Castillo: hijos, viva España. Aa perros, yo basto para otros tantos. Y puesto, Barón que tengo orden quiero aventurarme. Sois noble. Aquí por lo menos moriré como Español. juntos los dos abancemos. Fuego de Cristo, qué zurra las van pozando los nuestros! Y álgame Dios, y qué gusto es ver desde afuera el fuego! O que famoso balcón es este de los Pañeros! qué lindo toro! es un rayo. Brava defensa me han hecho; pero por vida del Rey, que hasta ponerle en el suelo no he de quitarme las armas. Ganado el Castillo, es cierto, invictísimo Señor, que Durén quede por nuestro. Quién será aquel Español, que entre las almenas puesto, parte del muro rompido le ha derribado, y le ha muerto? El polvo, fagina, y piedra le habrá servido de entierro. Rodando, y aún casi vivo viene a nuestros pies su cuerpo. Pues llego a vuestros pies, invicto Señor, no quiero más premio, que haber llegado a rendir mi vida en ellos; tomad estos Estandartes, si no trofeos, efectos de un hombre desesperado. Quién eres, Aquiles nuevo? quién eres, heroico soven? Mi Alferez, señor, que pienso que perdéis en él un hombre, que no salió de Toledo a Flandes mejor espada. Pésame, y más cuando llego a pensar el desafío en que nombrado le tengo: puse en su espada el honor de España, aunque Filiberto, y Falcón son dos Soldados de la opinión que sabemos; succeda Flores a Flores: vos Don Juan::- Señor, teneos, que aún vive Lorenzo Flores, y aunque más justo derecho tiene aquí mi Capitán, a cuyos merecimientos rindo mi espada y honor, bien sabéis que fui el primero nombrado por vos. . Alferez, yo vuestra vida deseo, no quiero mayor honor. Don Juan, quitarle no puedo a Flores lo que le di, y ahora honrarle pretendo con darle la Compañía de Don Inigo Pacheco, que está vaca. . Gran Señor::- Señor Capitán Lorenzo, nada me digáis ahora, id a descansar, que luego trataremos de amansar los enemigos soberbios. Pues hacia la caseria a descansar vamos, quiero darte el parabién. . Martín, de qué me sirven los puestos, si con ellos no consigo el logro de mis intentos? Si mi esperanza (ay de mí!) se desvaneció en el viento, para que quiero la dicha, si la dicha no apetezco? Pero cuando para un triste llegó la fortuna a tiempo? Y como que a tiempo llega si me escuchas. . Ya te atiendo, porque siempre que camino, con oírte me divierto. Apenas de Doña Juana te despediste gimiendo, cuando dentro de un instante, Lucia, que es el correo de la estafeta de amor, me vino a buscar, diciendo: que a un sarao que se hacía esta noche en su aposento, te hallases sin duda alguna, que tendría gusto de eso la señora Doña Juana; por señas, que de su pelo te envía un lazo de cintas con que adornes el sombrero para poder conocerte, por ser uso en los festejos el entrar con mascarillas. Motivo de sus desprecios quiere que sea mi amor; dame el lazo. Vive el Cielo, que no le hallo, por más que le busco: estoy sin seso! Mira bien la faltriquera. Aquí solo hay pan, y queso, el peine, tabaco y naipes: Lucia me le dio envuelto en unos versos, sin duda se le han comido los versos. Pues cómo se te ha caído? No lo sé, señor más pienso que era lazo escurridizo. Que por tu descuido, necio, me ponga a un desaire yo! si no me ve en el sombrero el lazo, qué dirá Juana? Discúlpate con mi yerro, o ponte cualquiera cinta. Y si el color es diverso, cómo podrá conocerme? No ves que el amor es ciego, y no juzga de colores? Mal haya tu entendimiento! de qué manera era el lazo? Era entre azul, y bermejo, amarillo, y verdegay, mas del color no me acuerdo. Qué siempre has de estar de chanza! molerte fuera bien hecho con un palo. Antes me honraras, pues fuera hacerme Sargento. Ahora bien, pues ya el descuido tuyo no tiene remedio, yo me daré a conocer por señas en el festejo; pero ya habemos llegado a la caseria, y quiero, Martín, irme a prevenir, que ya viene anocheciendo. s. Y de que el sarao comienza avisan los instrumentos; vamos, señor, que ya es hora. Juana a mí me llama: Cielos, si en su desdén no hay mudanza, otra ventura no espero. Jurara, que aqueste lazo, que me he hallado aquí dentro, esta mañana le vi en el precioso cabello de Doña Juana; y si acaso ella le ha perdido, quiero que sepa, que la fortuna me le ha dado, por empeño de que adoro sus despojos; y si no le echare menos, será avisarla, que yo me le pongo en el sombrero por blasón de mis memorias, y que su olvido condeno; la mascarilla me pongo, porque el festín empecemos. Hoy presenta el Dios vendado batalla a los elementos, y tocando al arma, rinde dos mundos a sangre y fuego. Pues por el lazo conozco, que el que le trae es Lorenzo, he de alentar su esperanza. Si no os ha dicho mi afecto, gallardo, Español, sabed, que hay quien se alegre de veros. No aspiro a tanto imposible, con mi amor estoy contento. Entre las iras de Marte suele dilatar su incendio, que no se niega al cariño, aunque se despeñe al riesgo. Cuando, adorado prodigio, veré piadoso tu cielo! Siempre vos en mi memoria tuvisteis seguro el premio; vuestra he de ser. Alma, albricias, que ya su rigor es menos. Si lo que dispensa el baile, lo hiciera amor mi trofeo, solo estaba en esta mano. Es ya mi albedrío ajeno. Hasta en el festín, señora, vos de mi semblante huyendo? Para abrasar tanta nieve, vuestro amor es poco incendio. Ah falsa, ingrata, engañosa, para desaires como estos me llamáis? yo estoy sin mí! todo un volcán es mi pecho! Muy duro combate ofrece, que quien dijo cera, dijo amor, amor, fuego, fuego. Pues me anticipáis la vida, aseguradme el aliento; cuando será el día? Cuando os vea en más alto puesto, porque os aseguro, que no será el Barón mi dueño. Qué he escuchado! esta es cautela, y he de quedar satisfecho, examinando este agravio: no cantéis más, Caballeros, parad, que lo ordeno yo, por ser de esta casa el dueño. Todos descubrid las caras, que en habiendo en los festejos algún delito, es costumbre descubrirse por el reo. . Ya todos se han descubierto. Qué miro! (ay de mí!) engañada tuve al Barón por Lorenzo: qué haré, Cielos? . Dudas mías, verdades sois, y no celos. Hablad, en qué os suspendéis? Qué te ha movido a este empeño? Que delito. . Una firmeza pordí, con los movimientos, de diamantes, y rubies; y aunque era de grande precio, mas la estimaba, por ser de una hermosura, a quien debo un desengaño: a traidora! mal pagas mi fe, y supuesto que ninguno me la da, yo la cobraré a su tiempo, pues ya yo sé quien la hallado, aunque lo calle el silencio. Llamarme al festejo Juana para no escuchar mis ruegos? qué es esto, Cielos? Abismo de confusiones parezco. Mi amor le habrán visto ya, pues vino al festin Lorenzo. Irse el Barón enojado! Teodora hablarme con ceño! honor mío, aquí hay sin duda algún engaño encubierto. Si al uno el lazo le envío, como en el otro le encuentro? y por no hacerle el desaire al uno, a los dos desprecio. Cuando esperaba una cena, Lucia mía, hallo un duelo. Mira, Martín, lo que son de este mundo los festejos.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA El sentinmento que anoche mostró mi hermano en la fiesta, juzgo que ha sido por ver, que el Capitán Flores entra a festejar mi hermosura. Si en los saraos es licencia común, qué razón había para formar de ello ofensa? De que a Lorenzo llamases te agradezco la fineza; pero es menester ahora, que como amiga, y tercera, le des a entender mi amor: que al paso que sus proezas van creciendo en sus aplausos, crece la afición secreta de mi amoroso cuidado; dile, Juana, que no tema, porque imposibles mayores allana amor. . Linda flema traza tiene de mandarte, que bailes las paraletas, mira que te va el en que tu pasión no entienda. Martín, mi amor, y mis celos de los cabellos me llevan. Mira que está aquí Tendura. Ya aquí importa de sus quejas darme por desentendido. Pues habla de otra materia. Yo fingiré otro motivo. Mas qué es lo que miro! alerta, que está Lorenzo en campaña. Famosa ocasión es esta para que sepa mi amor. Señores, a la presencia del Sol llegara cobarde, si las alas no me diera la obligación de serviros, que en mi voluntad es deuda; tres a tres a un desafío salimos en competencia, sobre si al Cetro Español Holanda ha de estar sujeta; y aunque se ve que esto ha sido invención de la soberbia del de Oranje, el Marqués quiere castigarla, y que yo sea uno de los tres que salen; y aunque la ocasión me empeña, un disgusto me ha quitado la esperanza de que tenga buen suceso por mi parte, porque quien morir desea, mucho lleva anticipado para que así le suceda. Vengo solo a despedirme, y a llevar alguna prenda de favor, para que sirva de norte a mi poca estrella. Aqueso por mí lo dice. Qué haya de callar mis penas! Yo soy, bizarro Español, Teodora, de aquesta tierra Señora, y en cuya Quinta Doña Juana se aposenta por orden del que ha de ser su esposo, si de esta guerra sale el Marqués victorioso: ella os habrá dado cuenta, como yo se lo he rogado, de que a las hazañas vuestras estoy muy aficionada; si no hay quien os favorezca, mas que yo, esperad aquí, y entraré por una prenda, que llevéis al desafío; después me daréis respuesta: dile ahora muchas cosas de mí, pues con él te quedas. . Es, señora, esa invención de vuesamerced? Quisiera estar sin vida. . Teodora me quiere, y honrarme intenta con favores de su mano: es porque yo me entretenga mientras te casas, ingrata; como con doble cautela me llamas para el sarao, y luego en él me desprecias? Es engaño. No es engaño. Ay, Lorenzo, si supieras las memorias que me debes, qué diferentes sospechas tuvieras de mis cuidados! Lo que vi, y escuché, niegas? La seña que di a Martín, la vi en el sombrero puesta del Barón; imaginando que eras tú, le di respuesta afable, y a ti desprecios, pensando que el Barón eras. Es verdad, yo la perdí, él se la halló por la cuenta. De mi estrella desconfío. Por Dios, señor, que no seas de aquellos necios amantes, que en dándoles la caletra, gastan en sus pesadumbres lo que en sus gustos pudieran: Flores sale al desafío, si quieres que viva y venza, dale una prenda, y los brazos, dile que harás de manera, que no se case el Barón, será cosa tan bien hecha, que te lo agradezca España, su Rey, Toledo, su Tierra, el Ejército, el Marqués, Francia, Italia, Inglaterra, el Mundo, y los Mosqueteros del patio de las Comedias. Martín, quien da la esperanza, en nada al amor se niega. Hasta verlo, permitid, que esta ventura no crea. Si es que has de favorecerle, no des lugar a que venga Teodora. Este airon es tuyo, y estos brazos. Mejor prenda es esta, que no la mía. Es uso de nuestra tierra dar las Damas un abrazo al Caballero que intenta favor para el desafío. Pues yo, que ya de Flamenca me paso a ser Española, razón es que lo padezca; mis brazos os doy también, y porque la color sea de estas plumas esperanzas, por favor las llevad puestas. Yo lo estimo: adiós señoras. . Mi vida en la tuya llevas. El Cielo os haga dichoso. Y ella no me da, Doncella, siquiera un abrazo solo, como su ama? . Tente, bestia. Pues por qué? Aquí entra un cuento. Venía un hombre de fuera, y un perrillo que tenía, comenzándole a hacer fiestas, en los hombros le saltaba; estaba un pollino cerca, y tuvo envidia del perro, y de la misma manera quiso alagar a su amo, y poniéndose en dos piernas, le derribó una quijada: saca tú la consecuencia. Según eso, vengo a ser el pollino, y tú la perra? pues dame una mano blanca. Tampoco. Dame una trenza. Mucho menos. Dame un guante. Si tú, Martín, no peleas, para qué quieres favores? Para ser hombre de prendas. Ay qué Lacayo de flores! Ay qué Fregona de perlas! . Di lo que te habló de mí. Fino, Teodora, se muestra, pero vive temeroso de que tu hermano no quiera venir en el casamiento. Pues no podrá con cautela decir, que soy ya su esposa? A mucho riesgo se empeña, por ser tan gran Caballero, el Barón Si tú quisieran::- Ya escampa, y llovían ladrillos. Ay, Lucia! yo estoy muerta! porque en su amor no prosiga, baldrame aquí la cautela: No fuera mejor, Teodora, que amor, que tan mal empleas, le lograse otro sujeto más digno de tu nobleza? Tus altivos pensamientos de cuando acá se sujetan a humildes desigualdades, cuando de ilustre te precias? Los bizarros esplendores de tu sangre a una matera de inferior fortuna, habían de rendir la fortaleza? Tú, por un capricho vano, que amor dibuja en tu idea, habías de aventurar de tu opinión la firmeza? Ahora bien, Teodora, a mí, como quien tu bien desea, me toca desengañarte. Como amiga me aconsejas: qué enmudeces? Digo, pues, que viene a ser vana empresa para tu afición Lorenzo, que es mucha la diferencia de los dos, y no conviene que tu opinión oscurezcas en un hombre de valor, y de tanta fama, y prendas; qué defecto puede haber, para que capaz no sea de mi atención? Es un pobre Labrador. Acá en la guerra no se repara en linajes, porque quien mejor pelea, es solamente el más noble, y el ser Labrador no es mengun, que a tan hemesto ejercicio nunca el honor se le niega. No sé que has visto en Lorenzo, para que tanto le quieras. Su valor, su talle, y brío, su discreción, y modestia. Y si hubiese hecho carbón en un monte de su tierra? No sé lo que te responda, ya aqueso es de otra materia; abrid los ojos, amor, mi honor por su aplauso vuelva, respeto mío, al aviso. No es mejor que esas finezas te las merezca mi hermano, que tan fino te festeja, y tan galán te enamora? No es fácil que me resuelva tan presto, que ha mucho tiempo que sigo a esta oscura idea, y ha poco que el desengaño a mi pensamiento llega. Adiós mal fundado empleo de mi memoria, que apenas naciste, cuando una sombra te turba, y te desalienta. Abanza de tu discurso esa bastarda influencia, que si he de decir verdad, porque de una vez lo entiendas, Teodora para contigo mi hermano me hizo tercera de su amor, y así es preciso, que a Lorenzo a hablar no vuelvas, porque importa a tu decoro. Ignoraba su bajeza, y de Don Juan hasta ahora no he visto amorosas señas; y pues en lances de amor nací con tan poca estrella, a consultarlo despacio me retiro con mis penas, porque mi honor y mi sangre, que no admita me aconseja, ni de Lorenzo memorias, ni de tu hermano finezas. Con eso, de su capricho ya disuadida la dejas. Engañar con la verdad fue siempre industria discreta. Silencio, que Rosel viene. Salte, Lucia, allá fuera, que con tu señora aquí tengo que hablar. Señor, norabuena; ay infeliz tortolilla! Ahora de mis sospechas he de examinar la causa, mas de suerte, que no entienda Juana mi desconfianza, que hasta apurar la materia, el que discurre su agravio, él se hace a sí mismo ofensa. Vos triste una vez que os veo? qué suspensión es la vuestra? La dilación de entregarse Durén, cuyo fin espera mi amor para enlazar dichas con tu hermosura, merezca de pensamientos cobardes; pero siempre que mi pena me trae a tus ojos, luego en alegría se trueca, efectos del Sol, que aclara lo oscuro de la tiniebla; pero dejando esto aparte, yo preguntarte quisiera, por cierta curiosidad, una verdad. Pues qué esperas? Señora, quien es Lorenzo Flores en Toledo? a. Yerras en pensar que le conozco, solo porque sale y entra con mi hermano aquí le he visto. Aver le dejé en la Tienda del Marqués, y luego anoche, sin que yo le previniera, ni Don Juan tampoco, estuvo en el festín. Señor, esa fue noticia de Teodora, porque como él la festeja con aquel lícito aplauso, que se usa en aquesta tierra, le llamó. . Cielos, qué escucho! vana ha sido mi sospecha: y dime, quien te obligó a que anoche me dijeras, no será el Barón mi dueño? Pensé que mi hermano eras por un lazo que le di, y como me daba priesa para casarme contigo, yo le respondí resuelta: No será el Barón mi dueño, hasta acabarse la guerra de Durén, que anda encendida, y la consonancia misma deél son, me atajó la voz con que no pudo la lengua pronunciar con los compases toda la razón entera. Albricias, amor; perdona, señora, la madvertencia, que es la pasión melindrosa hasta encontrar la evidencia: a Diós. Él vaya contigo. Qué mal fundadas ideas tiene el honor! Pero es vidrio, y al menor soplo se quiebra. . Ya con la disculpa a tiempo me escapé de la tormenta. Si rendimos a Durén, luego se ha de dar Cambray. Si tantos socorros ay, no es posible que se den- Y ha sabido Vuecelencia si entraron socorro? . No, más Lorenzo se encargó de hacer bien la diligencia. Temo que se ha de perder en Lorenzo un gran Soldado. Es en todo afortunado. Bien se le ha echado de ver, pues en aquel desafío, valiente Cid Castellano, venció a los tres por su mano. No hay hombre de mayor brío. Gran rumor de la victoria anda por el campo todo. Lorenzo anduvo de modo, que se ha llevado la gloria. Quedaron sus compañeros muertos en el campo, y él con ira, y saña cruel, tales fueron sus aceros, que sin darse por vencido, a rostro firme envistió con los tres, y los rindió, y aqueste el suceso ha sido. Don Juan, poco he de perder, o ha de quedar bien premiado. No he visto hombre tan pesado; mucho debes de beber. Qué es esto? Flores, señor. . Qué trae? Grande fortaleza! Una cuba de cerbeza, digo, un Flamenco Atambor, para que te informe aquí de lo que pasa en Durén. En él a un tiempo se ven dicha, y valor. . Pasa allí. Pesame que os hayáis puesto en peligro tan extraño. No hay para serviros daño, que no me parezca honesto. Ah Tambor. . Señor. Está Durén muy fortalecido? Ninguna Ciudad ha habido como Durén. . Entró ya sucorro? Y grande, señor. . Qué gente? Mil hombres. Mil- gentil socorro! . Y gentil de quien lo trajo el valor. Quién? Monsiur de Vique. . Es un gran Soldado en efecto: incierto fin me prometo después del sitio de un mes; y Monsiur de Balamí, tirano de esta Ciudad, qué dice? di la verdad. Que bien tomará de ti cualquier honesto partido; pero tiene una mujer, cuyo valor puede ser al de Lesvia parecido, porque viéndole cobarde, las armas por él tomó, y por la Ciudad salió ayer en vistoso alarde. Ya me han dicho su valor. Si por su valor no fuera, Durén, señor, se rindiera. Vuelve a la Plaza, Tambor, y di, que en esta campaña, hasta que la vea rendida, he de estar toda mi vida, por vida del Rey de España. Guarde el Cielo a Vuecelencia . Flores, yo tengo que hablaros. En habiendo en qué agradaros, no hay sino darme licencia. Apartémonos de aquí. Qué es, señor, lo que mandáis? Vos, Capitán, me obligáis; yo os quiero bien. . Es así. Os acordáis, que en Toledo a un hombre favorecisteis una noche, que le disteis socorro? . Muy bien me acuerdo, y por Dios, señor, que el tal con garbo la meneaba. Tiraba bien? Si tiraba, me río yo de Anibal; recías, espesas, y finas las llovia a borbotones contra cuatro, o seis ladrones. Y a fe, que no eran gallinas, vuestro favor le alentó. No lo había menester, que hecho estaba un Lucifer. Pues Lorenzo, ese era yo; mira si en razón me fundo en quererlo hacer por vos. Vos, y yo para otros dos. Qué es para dos? venga el mundo, señor Lorenzo: Ahora bien, el desafío pasado toda la Nación ha honrado, y al Rey de España también; y por lo que le ha tocado de haber vuelto por su honor, yo le he escrito, y del valor vuestro, no mal informado, quiero que un Hábito os dé, pues lo merecéis; mas quiero, que vos me informéis primero si poneros le podré. Señor, diciendo verdad, no tengo más calidad, ni padres más generosos, que estos brazos, y esta espada: soy un pobre Labrador, que no tuve más honor, que el arado, y el hazada, pero muy Cristiano viejo: por vida del Rey, que no hay en las Tiendas de Cambray cristal de más limpio espejo; de esta manera nací, si es que la virtud se alaba, que como en otros se acaba, mi linaje empieza en mí; porque son mejores hombres los que sus linajes hacen, que aquellos que los deshacen, adquiriendo viles nombres. Ay una gran necedad en el mundo introducida, en viendo en alto subida la virtud sin calidad, todos afrentarla intentan, y a los que miran perdidos. alaban por bien nacidos cuando su linaje afrentan. No me dieron a escoger padres gran Señor, y así, donde Dios quiso nací, que por mi comienzo a ser lo que soy, no es heredado, que nadie me agradeciera, si yo mismo no me hiciera, lo que otro me hubiera dado. Yo no he de volver atrás de hoy más, con favor de Dios, lo que fuere, a Dios, y a vos, y a mí, lo debo no más. Pues yo me huelgo infinito, que como si lo supiera, de aquesta misma manera al Rey se lo tengo escrito, y por instantes aguardo la respuesta. . Señor vos como Príncipe me honráis: pero qué es esto? Señor; a la Plaza el enemigo se acerca con un convoy para socorrerla. Vamos, que con esto tendrán hoy un refresco mis Soldados: abancemos. . Eso no, señor Capitán; teneos, que aquí por orden os doy, que no salgáis de este puesto, y que con la guarnición que tenéis lo mantengáis, hasta que os avise: a Dios. . Vive el Cielo, que la guerra es estrecha Religión, que ha de tener un precepto dominio sobre el valor, y que de mi propio brío no he de ser el dueño yo! Aquí ha venido a buscarte un Capitán Borgoñón, si le quisieres hablar, llamarele. . Por qué no? di que llegue norabuena; si es pobre, darele yo cuanto trajere conmigo. Puedo, Alferez Español, hablarte a solas? . No sé si sois a quien buscáis yo, Porque ya soy Capitán, que el General mi señor me ha dado una Compañía. Lo que mereces te dio. Qué quieres? Yo soy sobrino de Jateler Borgoñón, aquel General insigne, aquel heroico Ecipión, que socorriendo a Durén, como quien era murió: quitástele la celada, y el penacho, grande honor de tu espada, que al Marqués tu vanidad presentó. También esa banda verde, que traes puesta, y la que yo miro con gran pesadumbre. Hácete mal su color? porque en lo verde se alivian los ojos, que enfermos son. No, sino el ver que era suya, y que traiga un Español trofeos públicamente de un hombre de tal valor; a quitártela he venido. Buena empresa; y cuantos sois? Yo solo. . Solo? pues llama, si te parece, otros dos, y aún seréis pocos nublados para que se cubra el Sol. Como tiene por costumbre de virlar a tres, dos son los que faltan: ve por ellos, y ajustaréis la cuestión. Ve por ellos, y si quieres que yo te ayude, aquí estoy, que para echarte a tu tierra bastará darte una coz: qué me miras? Qué arrogancia tan de Español fansarrón! sabes tú que soy Bronduc? No, pero sé, que si doy a Brondue una puñada, por no afrentar mi opinión, sacando la de Toledo, le haré que bave velo donde le aguarda Lurero, a las grutas de Plutón. Yo gasto pocas palabras, mas si te cojo, hablador, yo haré que al primer amago del rayo de mi furor, vayas en cartas a España. Soy carta de gran valor, y no habrá quien pague el porte. Pues a la verde estación de esta Vega ven conmigo, que allí cuerpo a cuerpo yo, quitándote los despojos, te arrancaré el corazón: apártate de la gente. Mi General me mandó, que guardase aqueste puesto, y bien sabes, que en razón de la Milicia, no puedo faltar a este pundonor, porque aquí es el primer duelo la obediencia al superior; esperame en esa Vega, que al instante tras ti voy, pues vendrán luego a mudarme. Hasta que se ponga el Sol te espero allí cuerpo a cuerpo. Cumpliré mi obligación, y esta es mi mano en señal. Yo lo acepto, vive Dios: ay! ay! suelta, que me matas, y me arrancas con furor el alma. Quién desafía se queja de un apretón, que suele entre dos amigor ser cariño, y no rigor? Suelta, que me has muerto. Aguarda. Yo por vencido me doy. Si tiene las manos blandas, vayase a guisar arroz, y no se venga a la guerra, pudiando irse a hacer labor. Ah traidores? V̱ . Oye, aguarda, manquillo, sobre hablador; huyaendo va como un galgo, un noblí no es tan veloz si a correr te desafía, te engaña, el mozo lo errós parece que te has que dado suspenso? . Válgame Dion! si el ponerme en el puesto l Marquás del Barón que a ruego suyo dispuso esta dilación, para entretanto casarse; muy posible es, pero no: locas memorias, dejad de afligir un corazón. Ah señor! A esotra puerta. Ay Doña Juana! Ah señor! Qué quieres, Martín? Un triste se alivia con su pasión. Sabes, señor, lo que veo? que este sitio (sin mí estoy!) en que el Marqués te ha dejado, no es muy sano. . Por qué no? Porque siento en los oídos no sé qué cierto rumor de unos pájaros de plomo, que me hacen temblar por Dios. Mira, Martín, los aplausos del militar esplendor, no se adquieren sin peligros; nadie sin riesgo alcanzó la posteridad, que deja a los siglos el valor. Ya tengo perdido al miedo a las bulas, y el furor de Marte, porque a no ser tan público este blasón, no supiera el Rey de España mi nombre, y le sabe hoy. No es la guerra para todos; mal haya quien inventó tan peligroso ejercicio; ser Cochero no es peor: qué es ver en una batalla tanto clarín, y tambor, tanto mosquete, y balazo, tanto ruido, y tanto horror, tanta munición de rayos, y tanto severo arpón. Luego decir un Sargento con mucha resolución: señor Soldado acometa, porque palabra le doy, si le matan, de ir tras él; miren qué linda razón de pie de banco! después de muerto me hace el honor: daca el ataque, el avance, el rebellín, el cordón, el ornaveque, la escolta, y luego hacer pretensión sobre quien ha de ir primero a que le hagan salpicón. No es este modo de vida para mí, más quiero yo ser ganapán en Madrid, que no aquí Gobernador. Como eres vil, no conoces que es el premio de esta acción la victoria. . Es verdad, pero para mi fuera mejor irme desde la Vitoria hasta la Puerta del Sol, y a la una desde allí zamparme en un bodegón. Como quien eres discurres. Yo me entiendo con mi flor. De haberos hallado aquí doy a mi fortuna gracias, que ha mucho que ando a buscaros. Lo mismo habrá que me encarga aqueste sitio el Marqués. Ya descansaréis, que trata Durén de rendirse. Es cierto? A pesar de la Madama del Monsiur de Balamí, mujer tan desesperada, que viendo que su marido se ha rendido al Rey de España, se ha muerto con un veneno. Loca hazaña, aunque Romana. No importa, porque era hereja, y en cualquier tiempo llevara de que se rindió Durén a Monsiur Calvino cartas: de esta vez a España vuelves. Mejor suceso le aguarda, pues se ha de quedar en Flandes. Martín, esto se declara sin duda, que ya Don Juan me ha casado con su hermana. Qué me darás si es verdad? La mitad de mi esperanza. Pues será para el Invierno buen capote de campaña. Para que no estéis suspenso, de una de las Ordenanzas de Fandes, dizque os darán el Tercio, que es de importancia, con que os casaréis quizá con una noble Madama, digna de vuestro valor. Para ponerlo a las plantas vuestras, ha de ser, Don Juan, cuanto tenga, y cuanto valga. Y puesto que tantos días fuimos los dos camaradas, es justo que de mis dichas también participe os haga; sabréis como aquesta noche caso al Barón con mi hermana, y vengo a que vos me honréis. como amigo tan del alma, que el no daros cuenta, fuera delito de mi ignorancia. Ay de mí! Cielos, qué escucho? . aquí dio fin mi esperanza: yo iré, Don Juan, a serviros: todo mi aliento me valga! De qué os habéis puesto triste? Es, que siente la desgracia de que esta noche no pueda hacer una encamisada. Tristeza, ninguna tengo, antes de ventura tanta daros quiero el parabién, que gocéis edades largas. El contento que mostráis, de nuestra amistad es paga. Para un mal no hubiera alivios, . como hay para un bien mudanzas? ha tirana! mas qué es esto? Este es el Marqués, que mandó que salgan los de Durén, que se han rendido a las Armas del Católico Philipo: adiós, mirad que os aguarda toda mi casa esta noche. Yo iré. Buena va la danza. Mi muerte he de ir a ver! Cielos, antes permitid que caigan los montes sobre mi vida. Digo, que con armas salgan, y con banderas tendidas, y que les doy la palabra de entrar pacificamente. Vuelvo con esta esperanza, porque la Ciudad se aliente después de desdichas tantas. Yo solo morir espero, ya que tu nombre y tu fama. Bazán invicto, a los Cielos esta victoria levanta; dame licencia, Señor, para que me vuelva a España, adonde honrado me vean. Capitán, yo tengo cartas del Rey, que el Príncipe Alberto viene a Flandes, y a esta causa, luego que llegue a Bruselas, será fuerza que me parta, y quiero que vais conmigo; y porqué en esta jornada vayáis con grande alegría, y más honrado a la Patria, en esta carta del Rey escuchad estás palabras. En lo que toca a Lorenzo Flores, da reisle el Hábito, sin más pruebas, por- que a mí me consta que lo merece, Qué os parece? quién jamás tuvo, haciendo su probanza, un Rey por testigo? Quién se puso la roja espada por virtudes, como vos? Mirando os estoy la cara, y no mostráis alegría. Señor, antes por ser tanta, y hallarme indigno, estoy triste. No es esa, Flores, la causa, habladme claro; qué es esto? Cierto, señor, que no es nada. Ya sabes lo que os estimo, esa ingratitud me agravia; ved que ya sois Caballero, y que desde hoy con ventaja hemos de ser muy amigos. No será jamás ingrata mi obligación, gran Señor. Pues hablad, mostradme el alma. Siendo yo Labrador, miré en Toledo de este Don Juan de Flores una hermana tres años justos, entre amor, y miedo; que aún no llegaron a esperanza vana, amor, que solo esta disculpa puedo a su violencia proponer tirana, no descuidado, la obligó a quererme sin hablarme, señor, solo de verme. Pero considerada mi bajeza, concertamos que yo, porque los daños reparase mejor de su nobleza, fuese a ser otro yo, mirad qué engaños, obligando a esperarme su firmeza el término preciso de tres años; de ella me llamo Flores: qué rigores dar fruto amargo tan hermosas Flores! Seguí la guerra, en que sabéis que he sido del Rey, de vos, y del Amor Soldado: lo que por merecerla he padecido, o hasta ponerle en tan honroso estado, no lo podré jamás poner olvido, ni menos las heridas que me han dado, que solo Amor pudiera hacer que un hombre subiera desde humilde a tanto nombre. Estando entre las armas divertido, vino Don Juan a Flandes con su hermana, porque en su ausencia le buscó marido; burlose Amor de mi esperanza vana, con el Barón Rosel, Durén rendido, se desposa esta noche: qué inhumana resolución para mi pobre vida! bien empleada, pero mal perdida. Convídame a la boda, y yo con miedo de no dar a entender mi desatino, quiero partirme a España, a ver si puedo resistir el furor de mi destino: si a lamentarme voy, neutral me quedo, mirad qué puede hacer quien ciego vino a ganar una dama por la espada, que aquesta noche la verá casada. Aunque de mi condición nunca he sido tierno Flores, que Trompetas, y Tambores siempre mis requiebros son, he tenido compasión de lo que os cuesta esa dama, que ya Rosel suya llama; si bien le debéis a ella por influencias de estrellas de vuestra aplauso la fama. De los dos, si os quiere bien, ella lleva lo peor, que vos con vuestro valor quedáis casado también; pues no os deja por desdén, quedad, Flores, consolado del desvelo, y del cuidado, propio fin de los amores, pues fue el fruto de esas Flores, el ser vos tan gran Soldado. Que demás de la opinión, qué consuelo puede haber, como haber venido a ser gloria de vuestra Nación? Si los matrimonios son cruces, por qué no estimáis, que la del Rey merezcáis, pues donde, como sabéis, de casaros la perdéis, de Santiago la ganáis? Quién dará, señor, respuesta a lo que sabéis decir? Callad, los dos hemos de ir esta noche a ver la fiesta, que quiero ver quien os cuesta tantas penas, Capitán. Vuestros favores podrán templar solo mi dolor; pero qué es esto? Tambor? Que los de Durén se van: por la orden que me ha dado hoy, gran Señor Vuecelencia, sale de Durén la gente. Y la Plaza cómo queda? Segura en vuestra palabra, y esperando haceros fiestas, cuando victorioso entréis. Barón, de esa heroica empresa se le debe al Rey la gloria, lo que es de César a César. El disgusto de Lorenzo me ha dado cuidado, y pena, y el favorecerle aquí, mas que obligación, es deuda. Capitán. . Señor. Callad, y dejadlo por mi cuenta, que a la boda hemos de ir juntos, Señor, y si no quiere ella? Andad, señor que tenéis poca maña, y gentil flema; en palabras os fíais? Cuando de vuestra edad era, jamás fie en palabra sin que me dejasen prenda. Hoy Juana será mi esposa: Amor, tus plumas me presta. Qué ha dicho el Marqués? Qué quiere ver la novia, y que yo sea el que le acompañe. . Harás una cosa muy discreta, disimulando tus celos: Señor mío, aquesta pena te ha dado con la de rengo; dale tú también con ella, casándote con Teodora. Lindo desatino fuera. Desatino, señor mío, tener vasallos, y rentas? parece que se te olvida aquello de las carretas? Sabes, Martín como ha sido Doña Juana? No te acuerdas de haber visto, que un Pintor en una tabla bosqueja con carbón una figura, y luego pinta sobre ella, y queda el carbón borrado? Pues de la misma manera con los esmaltes del oro, que halló en Rosel su belleza, cubrió el rústico bosquejo, y fue borrando en la idea aquella antigua memoria, que echó las líneas primeras, y así quedaron las sombras vencidas de la riqueza. Que quisiera a un Extranjero, y que a ti no te quisiera! Aunque es extranjero el oro, es mineral de la tierra; hay Doña Juana adorada! quien pensara, quien dijera, que en tan divina hermosura tanta ingratitud cupiera! Divina ahora la llamas? no si no humana, y terrena, pues a Barones se inclina: mira que el Marqués te espera para armarte Caballero, y cuando mal te suceda, por lo menos podrás ir a dar Hábito a tu tierra, que la cruz del matrimonio no se da, que antes se lleva. Vamos Martín, a la orilla: murió mi amante firmeza. . Hoy junta Amor en dos vidas todo su lucido imperio, y dos pasiones un alma reducen a un lazo estrecho. Furioso dolor, que en calma tenéis todos mis sentidos, celos, que son atrevidos hasta en lo oculto del alma; qué gloria! qué bien! qué palma! que un hombre humilde queréis? en perderle, qué perdéis? en ganarle, qué gabáis? celos, por qué me entibiáis? celos, por qué me encendéis? Con amenazas mi hermano, ignorando que me ofende, contra mi gusto pretende, que al Barón le dé la mano; palabra le dio tirano, que en rindiéndose Durén sería su esposa; quien vio tan gran desvarío, pues cruel, de mi albedrío hoy quiere triunfar también. Deja esas vanas memorias, señora, y ten sufrimiento. Divina Teodora, en quien cifró su luz todo el Cielo, el Abril todas sus Flores, y el Amor todo su imperio: ya os ha dicho mi semblante, señora mi pensamiento, si no explicado a suspiros, retórico en los silencios; por vos reparad piadosa mi razón, y mi tormento, coronando de esperanzas aquellos ricos trofeos, que nadie sin vuestro agrado llegar puede a mereceros: a vuestro hermano di ahora parte de tan noble intento, y a vos mi causa remite: vos sois el Juez severo, no juzguéis mi causa, cuando solo un favor de los vuestros puede hacer vanaglorioso el delito de quereros. Yo estimo, señor Don Juan, esa humildad en descuento de alguna oculta memoria que le debes a mi afecto; y porque veáis que yo vuestra fineza agradezco, cuando Rosel dé la mano a vuestra hermana, os prometo, que de vuestras esperanzas tendrá fin el noble intento. Si solo en eso consiste mi dicha, dadlo por hecho, porque ahora se darán las manos. . Si por tan cierto lo tenéis, yo os aseguro de aquesa fineza el premio. Albricias, fortuna mía: señora, el partido acepto, pues mi hermana, y yo dichosos seremos a un mismo tiempo. Finge, señora, alegría. Murió para mí el contento. Pensé hallar más regocijo, señor Don Juan, que el que veo en esta casa. . La guerra nos puso en tanto silencio, que hoy nos quitamos las armas, y la prevención fue menos. Pero qué más regocijo queréis hallar en mi pecho, que veros honrar mi hermana, y ver que también merezco a la divina Teodora? La noble elección apruebo: cantad, celebrad las dichas de nuestro dichoso empleo. Por muchos siglos se gocen, para admiración del tiempo, las dos Rosas Castellanas, con los dos Lirios Flamencos. Nunca os he visto cobarde sino ahora, ea, arabemos, entrad conmigo. . Ay amor! porque vos lo mandáis entro, y en este cancel el caso he de mirar encubierto. Bello imposible! . Tened, que el Marqués viene. A qué efecto? Querrá honrar a sus Soldados. Buenas noches, Caballeros. Sea, señor, bienvenido Vuecelencia. . Poco os debo, señor Barón, en no haberme convidado a este festejo, pues sabes cuanto os estimo, y que siempre he sido vuestro. Para Príncipe tan grande nos pareció ser pequeño este albergue. Gran señor, esa es la causa. Deseo conocer a estas señoras. Señor a servicio vuestro, soy hermana de Don Juan. Preciaros podéis de serlo, y el de vos, vizarra Dama. Vos venís a tan buen tiempo, que nos casamos los dos, honrad nuestros casamientos siendo padrino de entrambos. Qué es esta señora, pienso, Madama Teodora. . Y hija del mayor servidor vuestro. Con todo extremo, Madama, deseaba conoceros; vos os casáis? . Sí señor. De tan venturoso acierto doy parabién a Rosel. No soy yo quien la merezco, sino el Capitán Don Juan, la nación trocado habemos, y es Doña Juana mi esposa. Y está hecho? ̱. No está hecho. Pues si no, yo traigo aquí con quien casarla, supuesto que ella le quiere, y le ha dado palabra de casamiento. Cómo, señor? Nadie se mueva, que adonde está mi respeto, está la razón también: Flores? Señor. Qué es aquesto? Llegad, de qué estáis temblando? hombre que no tuvo miedo de asaltar una muralla, con mil balas a los pechos, y que mató en desafío tres Ingleses cuerpo a cuerpo, su Patria honrando, por quien, sin otros servicios hechos, tiene en el pecho esa Cruz, no se atreve a un casamiento? Señor::- No me digáis nada: Don Juan. Señor. Cuanto os debo, os pago en daros cunado de tanto merecimiento, que le diera yo una hermana por la fe de Caballero: dense las manos los dos. Señor, no puede ser eso por una causa. Qué causa? Porque yo a Teodora pierdo si no se casa el Barón. No hará tal, si ser lo ruego. Yo os tengo de obedecer, solo porque es gusto vuestro; esta es mi mano, Don Juan. Señor que advirtáis os ruego, que es mi esposa Doña Juana, y que a Flandes por concierto vino a casarse conmigo, y que contra mi respeto no ha de intentar Vuecelencia un desaire, pues primero daré la vida a un cuchillo. Tened: estaréis contento con que ella declare a quien quiere por su esposo? Es cierto. Pues, señora, eso aguardo, decidlo, no tengáis miedo, que aquí estoy para ampararos. Señor, mi esposo es Lorenzo. Por ella vine a ser más, y puse mi vida a riesgo. Vos tenéis famoso gusto, que yo me hiciera lo mismo. Esposa, llega a mis brazos. Logre en los míos el premio. Bien se ha hecho, yo salí famoso casamentero. Solo el Barón no se casa, que es propio de los terceros. Mejor quedo sin casarme. Y aquí, Senado discreto, da fin Lorenzo me llamo, porque perdonéis sus hierros.
