Texto digital

Texto digital de El loco en la penitencia y tirano más impropio

Metadatos de la obra

Atribución tradicional
Desconocido
Atribución estilometría
Sin resultados estilométricos disponibles
Género
Comedia
Procedencia
El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.

Aviso

Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.

Licencia

Este contenido se ofrece bajo la licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0. Reutilización permitida con cita; usos comerciales no permitidos.

Licencia Creative Commons CC BY-NC 4.0

Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El loco en la penitencia y tirano más impropio. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/loco-en-la-penitencia-y-tirano-mas-impropio-el.

Logo BICUVE

EL LOCO EN LA PENITENCIA Y TIRANO MÁS IMPROPIO

JORNADA PRIMERA

Arajad por esa parte, que se embosca el bandolero. Atalén, mas sea lo inmundo, que expele a traición el cuerpo. Por lo alto. Eso quisiera, mas es tan profundo el miedo. que ha soltado por abajo la represa de mi cieno. Señores, yo estoy perdido, socorranme, porque entiendo, que no bastan a labarme, Tajo, Tormes Darro, y Ebro. Que influjo de Bercebú, tiranamente, me ha enjerto en ladrón desde lacayo, trasplantándome a este puesto. Ciudadano de los montes, de las selvas, y los cerros. Cerrad el paso a ese bosque no se vaya. . El abujero inferior pueden cerrarme, por donde me voy sin tiempos. Pobre Vejiga, hoy seréis, si no atracada de un fresno, bellota de alguna encina, gorjeando tales quiebros, que con pasos de garganta, cisne, acabéis bandolero. Prended el ladrón, que hoy no se irá, si de los cielos el amparo no le baja. Ya ha bajado a los gregueseos tan fragante, que le habrá traspasado con su aliento. Date a prisión. . Ya me doy. Suelta las armas. Las suelto, y aún pienso que hacen lo mismo de mi cárcel ciertos preses, Eres Vejiga? . Señor, no lo sé, porque se ha puesto tan enjuta, que no tiene, ni una gota de ejeremento. Dónde está Roverto? El diablo? . El mismo. Los lleve, entiendo que anda a caza de envidiasos, mordaces, y lisonjeros. Para qué? Para enviarlos amentir a los infiernos. Dime donde está. Ya he dicho. donde está, y esto tan cierto, que habrá despachado en suma dos millones de estos necios. No ha topado en esos montes colgado de solo un dedo del pie, los tales por cuales? Tantos rigores advierto de su crueldad, que esa tiene más de piedad, que de exceso. Tantos prodigios he visto por esos caminos, hechos con sus diabólicas manos, que asombran al mismo cielo. Todo aqueso es niñeria. Bien está; pues para ejemplo . No me conoces? . Jesús, de tan corta niñeria seréis vos el escarmiento. De qué suerte? Atado a un árbol le dejad, mientras que vuelvo . Qué dices? con Roverto, para darles justo el pago de sus hierros. . A señor Alberto, oye; fuese por san, y yo quedo cual Dios sabe, y digan dueñas: que he de hacer? pobre pescuezo hoy al paso de la vida trago le echaréis postrero. Jesus, que llega el verdugo; válgate el diablo el aspecto que tiene tan formidable. Y dígame, señor bueno, he de morir ahorcado? claro esta cierto? muy cierto. Pues señor si he de morir llégueme el dido atento, y oígame de penitencia, porque soy Cristiano viejo. No soy Confesor hermano. Aunque no quiera ha de serlo, u no tengo de morir: pues empiece; pues empiezo: mas como he de persignarme, si estoy atado? le absuelvo esa circunstancia; malo, heregito vive el cielo. Vejiga se me ha perdido de estos bosques en lo espeso de su intrincada maleza. otro verdugo tenemos? pues digo no basta uno? Eres Vejiga? Etiam; vuelvo a vivirieres, señor, el gran diablo de Roberto? aunque tengo los gregeseos algo apretados de un flujo, me sobra conocimiento: desátame por tu vida. Que estoy muriendo de apretado, date prisa. Burlas Vejiga? Eso es bueno, cuando está el alma pendiente por Dios de un solo cabello. Hombre, qué dices? pues quien incapaz de atrevimiento, animó contra mis iras, y alentó contra mi incendio? Qué locura inadvertida conosado debaneo quiso en ti de mi venganza irritar nuevos portentos? Fue demonin: acaba dilo, que por esos Astros bellos te juro, que en sus cabernas, en sus concabos; y centros, en sus lóbregas moradas, y en sus infernales fuegos no están seguros de mí. Allí bajaré soberbio, excediendo en la venganza de mi enojo el odio inmeso. Señor, Alberto, y su gente han llegado con intento de prenderte, y él a mí, Calla infame, o vive el cielo, que te arranque de la boca, porcivil ese instrumento. Tu pronuncias. . Yo, señor. Dime ganapan, no hay medios. para que tu lengún vil me dijese: Llegó entero un ejército formado, cuyo orgullo loco, y necio viene en ti a buscar la muerte, y en la selva monumento? (bre, Soy un puerco; en cuanto hon. ocho, diez, doce, i trecientos: no entendí que te enojases; más señor en suma apelo al desquite. . Tu vengarte? Seré un Hércules un Hector, un Achiles, y a tu lado he deser el mismo infierno. Luego están donde mi enojo; fulminando rayos fieros, pueda ejecutar venganzas en sus fementidos cuellos. Ya los nigo. Y no me pides, que en albricias te dé el Reino, cuyo dilatado Clima. calentó rayo Febeo. Al llano, al valle, a la selva. Villanos, viven los cielos, que aún matándoos, a mi rabia, no le pago el justo extremo. Date a prisión. De esta suerte . responde el invicto acero, que animado de mi brazo, segur, hoy será escarmiento. Mueran aquestos belitres, que hicieron sin purga hacer tantos cursos la vejiga de mi cuerpo. Huid soldados, huid, de este demonio. R. Soy trueno del relampago, que en mí rayo se ánima soberbio. Camine el señor Alberto, que por Dios que ha de pagar la burlica del atar los criados de Roberto. Vuesarced no anduvo errado, que curtida la badana, sabrá que vino por lana, y ha de volver trasquilado; y tanto, que otro refran le ha de encajarde tal modo, que no le conozca todo el mundo, aunque entre Calban. Pues allá la niñeria sin faltar, verá imagino, panpor pan, vino por vino, cumplida sin profecia. La casa que fabricó Roberto en el monte, está hacia aquí, él llega ya, y cátale donde entró. Heroes de la selva fuertes, del monte asombros preciaros, del bosque prodigios raros, ministros de horribles muertes. Hoy que a mi fiero rigor la ardiente sed he apagado, os relataré (obligado de vuestra lealtad, y amor) la causa de la venganza, que admiráis que he dilatado, solo de industria obligado, no de piedad, ni mudanza. Y tu loco inadvertido, que al delirio de tu engaño diste crédito en mi daño, que hoy lloras arrepentido. Al Duque, mi padre, di cuanto suspenso has de ver, porque me excuse el hacer lo que ha de pasarpor ti. Dias ha que intentáis, que en los sucesos de mi vida os relate los progresos, y esos de industria la soberbia mía ha reservado para aqueste día. En Roan, primogenito heredero al Ducado nací, siendo el primero que ha de asombrar por único, y por solo cuanto el Febeo, si luciente Apolo, dorado, y fértil baña: (breve la juzgo para mí esta hazaña. Prodigios esos cielos, al nacer me intimaron sus desvelos, con una tempestad tan rigurosa, que excedio al natural por espantosa. Cubriose el cielo de disforme nube, que un adusto capuz en vapor sube, presumiendo enlutar con negro velo de ese zafiro el transparente cielo. Preñada, pues, de piedras, y de rayos, abortó con desmayos mongibelos, volcanes, Irn mil ernas, y bracanes, que en activos relampagos despide, cuando al temblor el trueno se desmide. Continuado el estruendo, reiteraba trueno a trueno, que el juicio amenazaba, sirviendo de vocina el estrepito horrible, que fulmina, cuyo impensado retremoro, ofrece en cada exhalación que desvanece, un rayo, bomitado de su seño, vinculado (esta vez) en cada trueno, Ardiente de estos, uno, en breve espacio, un cuarto del Palacio convirtió de ceniza en polvo leve, el soberbio edificio, que se atreve a chocar de esas nubes con la esfera: salí yo a luz, y entonces reberbera impensado espiendor tan de improviso, que admiró portentoso aunque indeciso. Esentos ya del tempestivo asalto, vaticinaron sobre mí, tan alto, que en tosca profecía, santa aplaudieron la crianza mía. Engañaronse, en suma, ya lo advierto, paso adelante; ponenme Roberto, y la infernal educación de que hablo, por sobrenombre me adquirió el de diablo, Llegué a tres meses huérfano del pecho, por quitarle a las amas mi despecho, con los rabiosos dientes: armas (ya entonces) tanto florecientes, cuanto en otro inauditas; pero fueron para vengarme, y luego producieron con aquel requisito de hacer daño, justo rue el pago con que no lo extraño, Malébola pueticia, la educación me pervirtió en malicia, sin poder estorbarla rudimentos, del maestro infelices documentos, el cual no se escusó, de aquel tirano impulso fiero, que alentó esta mano, pues por la suya trasladarme al rostro, del aliento vital su vida postro. Crecí, siguiendo del influjo el hado, ciegamente obstinado, hasta que el Duque por vencer mi estrella, y excusar de Roan tanta quererla, presumiendo trocar mi rigor fiero, trató de armarme entonces Cabaliero, publicando a este efecto en Normandia, festivas justas para el mismo día. Llegose, pues, inumerable gente, ármome Caballero, y yo valiente, mantenedor salí, tan ambicioso, de apagar de mí sed, lo riguroso, que cada instante que en justar tardaba, un siglo entero el odio le admiraba. Sobre un caballo (emulación del viento, de beberle sediento, todo su curso en la veloz carrera.) Sali arrogante, piel manchada, y fiera, hija de un tigre, a trechos salpicada tanto, que alguno la juzgó pintada, adusto el uno; el otro color nieve, breve cabeza, con la oreja breve, ancho pescuezo, cuya crin bajaba a besar la herradura que igualaba, la cual alegre del consorcio ufano, la crin peinaba al levantar la mano. Alto de cuerpo, de ancas espacioso, poblada cola en numero copioso, cuyo candor al movimiento leve, ondas formaba en círculos de nieve. Paseo tan galante, llevaba el bruto atlante, que cada mano que al compas movía, cuatro a la huella, veces, la volvía, y otras tantas los pies, sin diferencia, ocupaban la tal circunferencia. Llegué a la plaza, de verter fediento parpurco humor en rojo monumento, puesto que ya la idea le juzgaba; Museolo el palenque que ocupaba, miré un aventurero bizarro provocarme, y yo ligero al Quero el talón, que firmebate, en la hijada le esmalto el acícate. El bruto, ave, con violencia suma, garza arrancó, vestido en blanca pluma, firme en la silla, imitación de un risco, con los ojos matele vasilisco, excusándole al hierro de mi lanza, por inútil, entonces, la venganza. De diez encuentros, a diez quité las vidas, reservando a mi cólera de heridas, si bien afirmar puedo, que ellos murieron de su propio miedo. Del fusto, y el pavor predominados, negáron se a la justa, cuando airados mis altos pensamientos no vencidos, (de verlos a cobardes reducidos me irritaron de forma el sufrimiento, que a todos juntos embesti, sediento de beberles la sangre afeminada: tal fue el destrozo de mi heroica espada, que segur la admiraron fatricida, de toda cuanta vida en la plaza se opuso a la defensa, mi cólera ya intensa, al campo los siguió, donde a vertido tanto liquido humor, cuanto ha podido penetrar con los ojos, sin reservar decrépitos manojos, del viejo en blanco armiño, de la donzella, al niño, de la casada, al solo caminante, de la viuda, al peregrino errante, del Sacérdote, al Monje, y ermitaño: y en fin, porque refiera el desengaño a mi padre, este loco, esa cortina tirad porque le informe su ruina. Esos que miras cisues venerados, ayer activos, hoy inanimados, porque el rigor de mis impulsos fieros reprendieron severos, ciegos, y inadvertidos, con ejemplos, si toscos, pervertidos, por ser contra la rabia de mi estrella tanto el enojo, me avivó centella, su zasía corrección, que mi desvelo, a cuchilladas los echo hasta el Cielo. Muertos ya pues, para mayor fiereza, tronco, una, y otra, a todos la cabeza, para que atroz (el mundo) este delito por celebre le áclame, y inaudito. Este es el modo con que alegre vivo, y el gusto que apercivo, al influjo nocivo de mi estrella, (nada lo admiro, si la fuerzo a ella) y tanto, que en despojos he de ofrecerla de tus viles ojos, el cristal animado, servicio corto de mi impulso errado, pues la vida te dejo, débame el Duque, breve, este festejo. Ea soldados, sienta de mi furia, colérico rigor el que le injuria; sacadle pues los ojos fementidos, por necios, y atrevidos, y dejadle la vida, con que informe de mi soberbia el odio más inorme. Bruto infernal, no hombre, si demonio, pues das Luciferino testimonio, con el que alientas, fatricidio horrendo, escándalo boraz, tan estupendo, que excediendo al rigor el curso airado, hombre te mientes, siendo fiel traslado de el abismo infernal, donde se mira diabólico el furor que en ti conspira? ni el sagrado paterno ha de valerme? Neutral por él, estuve en resolverme, mas supuesto que vida te he dejado, mucho le debes a ese fiel sagrado; ea llevalde, y paguen mis enojos, los que suyos quedaron con los ojos, reservad este pues. Luz te dé el Cielo. Mi ardiente monjibelo, más que la suya comúnica ardores, al logro activo que avive rigores. . a la que razón Cristiana, Dejad, señora, el ahogo, postrad el pesar prolijo, nos obliga el Cielo mismo. cip si antepusiera propicio la piedad a la justicia, y el amor al fiel castigo. No ha de fomentar el juez la comodidad de un hijo, cuando pervertido aborto, torpe escándalo del vicio, monstruo se permite airado. Tigre se descubre activo, lobo se alimenta fiero, León se dédica altivo, oso se eriza sediento, pardo se alienta atrevido, onza se construye terca, y se advierte basilisco. De la ley la integridad debo observar, tan remiso a lo que es paterno amor, cuanto natural cariño. Muera este sangriento lobo, que con tanto fatricidio, de los cielos la venganza a irritado vengativos. No señor, de las piedades el amparo solicito, ni del ruego me aprovecho, ni os violento el albedrío. Que estos que admiráis pesares, estos que advertis suspiros, no los alenté deseos favorables al cariño. Ansias si, señor las guardo, que en uchementes parasismos, me vinculan con sollozos pena eterna, infiel martirio. No la vida de Roberto; que la reservéis os pido, que a esa parte, no el tormento de mi ahogo le dédico. Solo las consagro al cielo, prorrumpiendo con gemidos, luz le comunique al alma, Cuyo resplandor divino, tanto asombro le destierre, le descifre tanto abismo, tanta niebla le deshaga, y declare el laberinto en que monstruo fiero vive, para que su error previsto, separándose a la ofensa, se desmienta a tanto vicio. Vive Dios que ha de morir, si celestes paraninfos de ese trono de diamantes, no bajaren siendo asilos de su vida, si al Estado le faltare el sucesivo heredero de mi Casa, falta pues, que Heroes invictos en mi sangre aurá que puedan, que él mejor sustituirlo. Mal hará Príncipe heroico, el que expuesto al latrocinio, banderiza Capitán salteador, tanto ministro. Que gobierno ha de ejercer Príncipe, que forajido, ni perdona al caminante, ni exceptua al peregrino. Muera pues, subordinado de la ley, al justo arbitrio, padeciendo en un cadahalso, de la integridad los filos. Tan horrible sucesión, ni la quiero, ni la admito, no es mi sangre quien la abate, quien la borrano es mi hijo. Guarde el cielo a Vuecelencia, por tan dilatados siglos, cuantos del Arabia cuentan, (truo goza el pájaro Fenicio. Dios os guarde, y de aquel mons triunfador esclarecido os conduzga; tan dichoso cuanto deseado ha sido, Si le ha preso, hoy ha de ver . el mundo, cuanto he sentido de sus inauditos hierros, los diabólicos delitos. Referidnos, pues Alberto el suceso. . Si al destino riguroso de los hados, quieres dar nuevos suspiros, escúchame del suceso los funestos requisitos. De aquel carnicero aborto, sangrientamente vestigio, salí en su busca, obedeciendo de tus leyes los editos, fui de gente pertrechado, de ánimo, y valor invicto, bien que no de la fortuna, pues sus inconstantes filos esgrimio sobre nosotros, con rigor tan vengativo, que aún neutralidades breves al efeto no debimos. Salí al campo, llegué al monte, tomé lengua en el camino, no de rústico, pues vi tan cumplido el baticinio, que predijo a mi desdicha, que hoy la lloro si la admiro. Con resolución gallarda todo el monte discurrimos, sin que reservase mata; seco chopo, verde aliso, arrayan; enebro, sauce, haya, murta, ni lentisco, que el valor no examinase, sin que lo estorbase impío, tanto prodigioso asombro, como de las ramas vimos, en cadaveres pender lastimosos fatricidios, Cual se via pasajero, ser despojo vengativo de este bárbaro, pagando lo que él debe en el suplicio. Este por un pie colgado, aquel de dos al martirio, rindiendo la vida daba los últimos parasismos. En fin, señor, tantos modos son los que ejerciendo al vicio de su crueldad ha inventado, que abominan los oídos. De tantos sin alma cuerpos, irritados, o movidos a la venganza del bosque, lo más fragoso inquirimos. De Roberto topé el Diablo, un criado cuyo indicio me advirtio de donde estaba, hallele pues, y atrevido demonio, si hombre, no con furor tan peregrino envistió, vibrando rayos, fulminando basiliscos, que guadaña inejorable, admiramos en los filos de su acero; y fatal parca en el golpe más sucinto. Aquí mata, allí destroza, allí asombra; y en el mismo tiempo que acomete vence; sin violencia de sus bríos. Al estruendo de las armas los sequaces fugitivos que le asisten; se juntaron tan soberbios, y atrevidos, que de su adalid Nerón; imitaron los prodigios! Harto, no de verter sangre, si cansado de lo mismo, prisiónero resérvome, con algunos de los míos. De su estancia conducionos al confuso laberinto, no del logro de piedades a ejercer el beneficio; antes a colmar rigores, y a que fuesemos testigos de sacrílegos horrores, por inormes inauditos. De una fúnebre vayeta, que corriesen les previno a su odio el negro velo, y patente descubrimos fiere cisues, cuyas almas son del cielo paraninfos. Estos Eremitas Santos, solitarios aunque unidos, habitaban de aquel monte los desiertos escondidos. Allí ya de los tropiezos aparentes de este siglo, (cuanto abstractos para él, para el cielo más vecinos) retirados se negaban, y alternando dulces Himnos, solilo quios amorosos dedicaban a Dios Trino. En alcance de un infausto miserable precipicio, de sus manos llegó allí, y ellos de piedad movidos, intentaron con sus ruegos, excusar el homicidio: y antes fue añadirle al fuego los incendios más activos. Pues sin Dios verdugo fiero, en su cólera encendido, y a la suplica irritado con el mismo acero impío, con que al otro quitó alientos, vida les quitó atrevido. Siete martires cabezas les segó, y llevó a su hospicio, para recrear con ellas sus dos ojos basiliscos. Deponed ante mi padre, dijo entonces mi ejercicio, esas son de mis rigores las delicias, y júvilos. Los cadaveres pendientes, que en las ramas de esos mirtos, veis ejemplo de mi ahogo, le informad dándole aviso, que esto es solo pasa tiempo, no venganza, que si incito contra sus vasallos todos, el acero vengativo. Rayo he de talar sus casas, guadaña sus fementidos cuellos, porque no me enojen, ya vosotros, que el asilo suyo solo os acompaña: id sin ojos (deba dijo, al mandármelos sacar) tal fineza el padre mío. Apelé de la sentencia a tu heroico patrocinio, con que al trágico mandato solos reservó los míos. Lastimoso, este el suceso fue señor, que a mi designio, malogró de la venganza tan justísimo castigo. Vivo yo, vive mi enojo, y esos cielos cristalinos, que he de ser en la venganza, cuanto él malo, juez impío. No en cadahalso ha de ceder los alientos al cuchillo, ni a esenciones de nobleza, vera logro preferido. En la horca sí, pendiente será infame desperdicio de un dogal, cuya vileza, justa niegue el ser mi hijo. A mi enojo del poder, juntaré lo más invicto, y adálid de sus escuadras, seré Decio en el castigo: Ea Alberto a la venganza. Daque, esposo, señor mío, si hasta aquí incité rigores, ya os invoco lo benigno, cerca está piadoso dueño de cumplirse el baticinio, que a su extraño nacimiento, el de paz Iris predijo. Pues de qué decid, señora lo inferis? . De que es indicio, que está prójimo a la enmienda, quien da término a los vicios. Él le ha dado? Sí, respeto, que al paterno amor rendido, cedio en parte de su estrella el rigor ostentativo. En la vida que dio a Alberto; hizo alarde respectivo de obediencia; luego ya da menguante a su destino, no matarle fue obligaros, y el perdión un beneficio, con que intentaver el vuestro en sus hierros fiel auxilio. Deponed, señor, os ruego la venganza, y el advitrio dado ya, dejad piadoso. Soy el juez, y esto es preciso Brutos, si no me he vengado de vosotros, solo ha sido, porque no habéis delinquido, ofendiéndome irritado. Vuestro irracional cuidado me ha cedido sumisión, con toda veneración, Y aunque os faltan las potencias, solas esas reverencias me lograron esemción. No tuvieráis de mi suerte (en la cueva más escura) vive Dios vida segura, porque os diera allí la muerte, veneraisme, y es tan fuerte, aunque corto ese temor, que la inmunidad mayor de mi rabia granjeáis; pero no raciocináis, y eso os libra del rigor. Aves que sobre esa esfera, raudo vuelo le encumbráis, aunque tanto os remontáis, no juzguéis que de esta fiera os libro veloz carrera: incapaces de enojarme os admiro, y obligarme. vuestra sencillez podrá, que sino subiera hallá vive Dios solo a vengarme. Racional ninguno intente de mi cólera lograr esenciones, que en matar vínculo mi gusto ardiente. De su sangre eternamente la sed mía apagaré, toda humana verteré, y a su púrpuro licor, búcaro de mi rigor, labio horrible entregaré. á , Cuando peques pensarás, que estás a Dios azotando, y que te dice llorando. Mas qué es esto? a mí libelo, vil me ha puesto injusta mano? poder hubo (siendo humano) que alentase tal desvelo? Planta necia, aqueste suelo civilmente se atrevio a pisar, viviendo yo? Si, y osado, pasó a más, Cuando peques pensarás al primer tengión dictó. Pluma vil, impulso errado, breve a mi caracter das? cuando peques pensarás? me describe tu cuidado? Cuando peco ya he pensado, que hago mal más es mi ardor, hijo tanto del rigor, que tan solo por pecar, nuevos modos de matar le descubro a mi rigor. Por pecar, por ofender, gusto sigo deleitable, y por ser tan formidable, montes curso en terco ser. Injuriando he de tener el descanso que verás. Tú, si arrepentido estás, necia, o cuerdamente advierte, que a la culpa sigue muerte, cuando peques pensarás, Que estás a Dios azotando, me delinea otro rengión, tan infame sinrazón cupo en mi rigor nefando? Yo azotarle, como, o cuando? necia mano, quien te dio tal atrevimiento? yo? contra Dios tan gran pecado? tu villano pulso errado, una, y mil veces mintió. Ser yo grave pecador, no equívale a tu heregía, a homicidios suerte mía me conduce, no a tu error. Pero quien de mi rigor lo tirano me ha usurpado? yo indeciso? yo turbado? yo alentar piedad civil? átomos tarjeta vil serás logro a mi cuidado. Mas la planta inmóvil siento, permitiéndose indecisa a la ejecución precisa de mi corto sufrimiento. Prodigioso, pues, tormento el papel penetrarás, Cuando peques pensarás, que estás a Dios azotando, y que te dice llorando. Alma, no me azotes más, Pues, Señor, os puso al mi sacrílego pecado? Sí, Roberto. Impulso errado, vuestro Dios tratáis así? púrpuro el licor vertí mi Señor, de aquesas venas? Sí, Roberto. Esas cadenas os ligó mi ciego error? Sí, más el tenerte amor, me hace dulces estas penas. Yo Señoros he llegado con mi injusto proceder: yo, Señor, os llego a ver lastimosamente atado? Yo, raudal os he sacado de las venas tan copioso? yo, mi Dios tan lastimoso puse al cielo? Sí, Roberto. Pues como ajando no he muerto al Sol de justicia hermoso? Ea alma, a despertar de tan infeliz letargo, pues que ya gustáis, lo amargo del acivar del pecar. Ya es el tiempo de animar, ansia, y pena sollozando, ya dolor agonizando, el pecar estorbarás, porque entonces pensarás, que estás a Dios azotando. Que diamante coracón a espectáculo tan triste, compungido, no se viste de una santa contrición? Ea, terca obstinación ya advertida, cederás del rigor volviendo atras en los vicios, reparando, que te dice Dios llorando, alma, no me azotes más. Yo os prometo gran Señor, con diluvios en mis ojos, de no daros más enojos, pues os causan tal dolor. No merece tanto amor, malograr correspondencia, rendimientos de obediencia os dédico, en testimonio de que expuesto lo demonio, solo abrazo penitencia. Ya Roberto, ya llego a sacrílegos engaños, término con desengaños, que piadoso el cielo os dío, de la vida que pasó, escrutinio haced contrito, muera tanto error precito, y alentando devoción, resucite contrición que destierre el apetito. , s. Arma vil, fiero instrumento, de mi ciega sinrazón, que envidiosa imitación sirve al rayo, tu portento: Vaya fuera tu ardimiento, y maldiga de tu horror (el cauto infame rigor) ese cielo, y al primero, que inventó tu aborto fiero, por cobarde, infiel traidor. De mi lado bruto acero, os destierra impulso mío, por ejecutor impío, de crueldad el más severo. Ya que el daño considero de esos filos inhumanos, ejércidos de estas manos, deshechada, pues, quedad, donde iniqua mi maldad, sirva ejemplo a los humanos. .

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Huid todos, que ha llegado Roberto el diablo. Ay de mí! mísero infeliz nací, pues que tanto es mi pecado. Hombres, esperad, no huyáis, que ya el lobo carnicero, expuesto el rigor primero en cordero humilde halláis. Triste me aumentáis, dolor con la fuga que me hacéis: si fui aborto, ya me veis reducido pecador. Si sediento de beber sangre humana, os daba enojos, ya hechos fuentes mis dos ojos, veréis lágrimas verter. Esperad, oíd, en vano le artículo a su temor breve suplica, el rigor tanto puede en un tirano. Válgame el piadoso cielo! atended, que si ayer fui Tigre hircano, hoy soy aquí vil gusano. Eso recelo. Crédito dará señora la humildad, que ya os consagro. Como en ti será milagro, duda el alma, teme, y llora. Testimonio aquesta pena califique mi dolor. Plegue al cielo que tu error halle luz, pues te condena. Tanta, pues, hallo verdad, en mi ciego mal precito, que lo austero, y lo contrito, pienso exceda a mi maldad. Compungido al desengaño, vida animaré de suerte, que antes acredite muerte, que no logro al torpe daño. Pues Roberto, hoy de mis brazos lo contrario. . Mediad vos, el cariño gozarás. . con el ruego entre los dos. Y a los míos les darás, últimos, señora, abrazos. Ultimos, porque ocasión? Porque tan errante vida, debe ser restituida con igual satisfacción. Mis pecados son espanto del mundo; y pues lo advertí, excedales hoy en mí, con la penitencia el llanto. Y así me parto a impetrar (dándome licencia vos) el perdón, que el Vice Dios espero me ha de otorgar: mis sacrílegos errores, son tantos que en confesión, impiden absolución a los doctos Confesores. Esta, pues, reserva así el Pontifice Sagrado, cuyo impedimento, ha dado causa al viaje, hoy en mí. Y así porque al cielo, pueda contrito obligar mejor, restaurar quiero al deudor, lo que hurtado se le queda, En la casa que atrevida fabricó mi obstinación, para infame redución de la gente forajida. Allí, señora, hallaréis grande suma que he robado, esta al dueño ya avisado, por entero volveréis. Lleve el pobre, lo que incierta le quitó ciega pasión, y alcanzadme bendición de mi padre. Será cierta, aunque de su enojo temo Instaré con tanto extremo, que deponga su justicia, y use solo del perdón. Confieso su indignación ser hija de mi malicia. Pues Roberto. Pues señora. . Vete en paz. Guardeos el cielo. Dios te de feliz consuelo. Y la luz que el alma ignora. Pena mía, ardor activo, , r que imposibles animáis, porque al logro me matáis, cuando al sentimiento vivo? Padeced rigor esquino fiel amor; puesto que osado atrevisteis el cuidado, ciegamente a superior sujeto de vuestro amor, por lo opuesto mal logrado, Igualdad en el poder admite correspondencia, sin que oponga diferencia, que en amar llegue a ceder. Yo idolatro esta mujer, ella Emperatriz se mira, con que contra mi conspira lo vasallos luego amor, es en todo aquí inferior a la oposición que áspira? Si es así, como no olvido la pasión que me atormenta? como vanamente intenta, merecer por atrevido ciego amor; lo que elegido, para Regio anhelo está? corazón cedamos ya, la neutral oposición, y ejercite la razón desengaños, pues los da. Pero como a mi destino le aconsejo tal dolor? yo cobarde, cuando amor puede abrirfeliz camino? Ariodante, no soy digno del laurel, y su hermosura? mi poder no lo asegura del valor acreditado? pues como indicios he dado de cobarde a mi ventura? Ardá, pues, amor, y aspire felizmente a la esperanza, y negándose a mudanza, una, y otra vez suspire. Viva, intente, vea, respire, ame, siga, ruegue, adore, pene, insista, anhele, llore, sufra, espere, aliente, obligue, hasta que mi ardor mitigue posesión que ya atelore. Si vasallo el nacimiento la fortuna me otorgó, que culpa he tenido yo de un influjo tan violento? Fáltara merecimiento, cuando me faltara amor, ese en mi logra el fulgor más activo que se escribe, pues que Salamandría vive en las llamas de su ardor. Sin decir oste, ni moste, de una sala en otra sala, me he campado acá, Laus Deo. Qué buscáis? No busconada, puesto que invisible el diablo se me esconde en cualquier casa. Quién se esconde? Lucifer, y aún peor, puesto que es nada, con el diablo de Roberto. Quién es Roverto? Una lanza linda como Belcebú, un Fariseo, un Satrapa, un Herodes, un Pilatos, y en suma, un desuella caras. Lindos títulos le dais. Jesús, de aquesto se espanta, pues ciento y más me faltaron de ensartar en la ensalada. Decidme, aquese Roberto, es de quien dice la fama, tanto numero de horrores? Etiam, y el último vaya: Era, o no era el Roberto, miento por Dios, que ya estaba endiablado, un sí es, no es, juntamente de la jarcia de Luzbel tenía en el cuerpo de legiones, dos mil cargas. Esta casila lugubre, tanto al odio le animaba, que por solo pasa tiempo ejercia tales manchas. Interés no le tenía, ni de lo asesino nada, pues por solo matar él, a nosotros nos pagaba. Lo del robo, es niñoria: y pues vuesarced lo alcanza, al final me voy acierto, que lo fue por Santa Clara. Salio un día por la noche, por la tarde, o la mañana, no sé donde, si bien sé, que volvió con tales ganas, de que yo, y los compeñeros el oficio de la raspa, con el otro fratricida se dejase de su estancia, que predicador el diablo, nos propuso nuestras faltas. Fue la plática graciosa, puesto no infundio mudanza, por estar resueltos todos a vivir sin Dios, ni traza. Replicó, le replicaron, propuso el riesgo, fue nada, alentó el ruego, tampoco, respondiendo que él fue causa. de su modo salteador, alegó, como ya estaba de tal vida arrepentido, ellos no dijeron daca, apelo a las armas lue qu dando tantas cuchilladas, que las vidas les quitó en un Santiamen, yo andaba en la danza, mas propuse de ser cuanto me mandara, aunque entrase Anacoreta de la vida solitaria. Reservome, vino a Roma, séguile, pues, y en demanda de su hallazgo, he dado vueltas, unas cuatro miles casas, no es posible dar con él, y sin más, ni más andancias, quede vuesarced con Dios, pues ya he dicho a lo que entraba. No os vais. . No voy, que es descortes esa falta. Gastáis humor? Cuanto ahora, muy sano estoy a Dios gracias. No os pregunto si estáis bueno Pues señor, no es cosa clara, que el que gasta humor, que tiene la salud muy encontrada? Si es que en suma entretenéis con buen gusto? . Eso vaya, un tántico, más por Dios, que alisonjas nunca pasa. Os disgustan? . Porextremo, y tanto, que al que las gasta, y al que las aplaude, verlos quisiera; mas en escarpia. Cómo os llamáis? Yo, Vejiga, y está tan llena de agua, cuanto falta de comida, la consorte suya panza. Pues que ya de vuestro dueño tan poca noticia se halla, quedad conmigo Vejiga. Que lo acepto es cosa clara, y aún también si a mi hambre vil, . Dices bien, viven los cielos, le otorgáis una pitanza. Mas decidme en cual oficio tengo de servir en casa? Para acompañarme os quiero Y esta furibunda ancha, será en algo menester? Hiere mucho? Hiere, mata, abomina, corta, yende, destroza, asombra, maltrata, rompe, parte, trunca, abolla, cercena, y aún descalabra. Que es si hiere? cuando al brazo que la rije, no aventajan Hércules, Aquiles, Hector, ni los nueve dé la Fama. Mas con todo, otra pregunta me ha faltado: tenéis tachas? digo, heridas de Cupido. Si Vejiga. . Pues al arma, que esta sola, de quinientos os sabrá guardar la espalda, porque es nieta de Tizona, y biznieta de Colada. Corresponde el tal sujeto con la obligación? Mis ansias se dedican al silencio. Pues si vuesarced no habla, como quiere que le oigan? Ay Vejiga, que es la Infanta el imán de mis deseos! y aunque en el Imperio falta, quien me iguale, lo vasallo me atropella, y me acobarda. El amor iguala a todos, ánimo, que el que desmaya, es un tal, por cual, supuesto que en los fines, la esperanza con perseverancia adquiere, dicha, posesión, y palma. mi dolor, mi pena; y ansia, mi tormento, mi congoja, mi desvelo, y mi constancia, que he de animar la pasión, y alentando amor, dar trazas para declarar mi incendio. Sepaque en activas llamas, Salamandría me conservo, que la adoro, y que a sus aras sacrífico un amor puro, tan ajeno de mudanza, que firmezas siempro heroicas a los siglos aventaja. Conoceos mi Dios el ave todo el curso de su vida, tan canora, y suspendida, en lo arpado; y lo suave, de su dulce acento grave, que alabándoos Criador, es continuo su fervor en amar, y agradecer: y yo con distinto ser, nunca os conocí, Señor! Del prado la flor más bella, os tributa su fragrancia, su pompa sin arrogancia, por ser humilde su estrella: Y sin que forme quererla de su esimera lozana, os bendice siempre ufana, y a la noche os rinde el curso, y yo teniendo discurso, ni a la tarde, ni a mañana! De su amenidadofrece la verde selva esmeraidas, en cuyas dulces guirnaldas, cada hoja os engrandece. Ama, venera, obedece, ostentando lo frondoso de lo alegre, y deleitoso: y yo, desde que nací, siempre en ofensas os di el tributo lastimoso! Risueña os rinde la fuente, con su cristal desatado, perlas que le ofrece al prado, siendo aljófar su corriente: humillada, y obediente, cada gota es lengua pura, que os bendice criatura. Y yo, semejante a vos, nunca os alabé mi Dios, siendo más perfecta hechura! Llora el Alba, penitente compungida en el Alvor, y en sollozos da al Criador lágrimas que esparce ardiente. Lo contrito es su corriente, siempre con anhelo tal, bien que incapaz de hacer mal, y yo con tanto pecado, jamás. Señor, he llorado, siendo en suma, racional! De escamas el pez armado, cerúleas ondas corriendo; vaga por el mar riendo, obediente si obligado, reconoce su cuidado beneficio tan suave. Y yo olvide, lo que sabe alabar a su Criador, la selva, el Alba, la flor, el pez, la fuente, y el ave. Reconoce a su Criador con rendidos alborozos el bruto, y dando sollozos, a tiempos gime su ardor. Y aunque incapaz de dolor, con premisas logra atento, de un indicio el fundamento, y que el hombre a Dios ingrato, siempre con aleve trato duplique el pecar sin cuento! Que a un amor en Dios divino, como fue la creación hacerse Hombre, Circuncisión, desterrarse peregrino. Predicarnos el camino de ese cielo, dar su vida, y en sacramental comida, quedar Dios transubstanciado, y que a tanto favor dado recompensa el hombre impida! Esta que amena se ofrece selva umbrosa, es el desierto donde el Monie Ángel habita, desengaño de sí mesmo. Aquí goza en las delicias los júvilos más atentos, las glorias más celebradas, y los más dulces trofeos. Aquí de la ardiente carne mitiga el mortal incendio, y de su apetito infausto vence el sensual afecto. Aquí del siglo infeliz separadamente expuesto, vive abstracto a sus delicias, y a sus gustos vive muerto. Aquí logra en desengaños prevenidamente cuerdo, los tropiezos de esta vida, de ese Impireo los recreos. O mil veces venturoso tu varón, que dando ejemplo con retiro, nos predices apláudidos escarmientos! Yo infeliz, pues lo caduco momentaneamente viento, sueño, si júbilo no soplo, en sin perecedero, nunca conocí arrojado en el aparente aliento de mis gustos, pues sus glorias, sombras mira el que es atento: mas el Monje allí se mira, Deo gracias. Sir pajtecúm. Dios os guarde padre mío. ̱. Y a él su gracia infunda el cielo, que venida es esta hijo? El Pontifice supremo del mundo Cabeza; a vos remite de mis sucesos en la confesión la causa, para que aplicando el medio, (a este pecador ingrato) por la penitencia impuesto, deis la absolución que busco, deis el consuelo que espero, deis el perdón que os aclamo, y el que os invoco remedio. Quién sois, y como os llamáis me decid? Padre, Roberto, aquel de Albanía León, de Hircania tigre sangriento, del mundo aborto infernal, y el diablo en comun proberbio. Gracias os den, gran Señor, de esos impíreos excelsos, los Ángeles, Seraphines, Cherubes, Tronos supremos, Arcangeles, Porestades, Dominaciones, y el suelo lenguas todas sus criaturas os discanten dulces versos. Hilo vos sois aquel hombre, cuyo diamantino pecho, tanto de Dios ha irritado, la justicia en lo severo? Vos aquel, cuyo decoro, ministro fiel del infierno, ejerció de sus horrores sacrílegos instrumentos? v, . Vos el pecador infausto, terror de Europa, y portento del Orbe? El mismo. . O buen Dios, cuan ocultos tus secretos, al hombre se absconden sabios, y se ocultan verdaderos. Hijo mío, pues de Dios el Vicario que venero, os conduce a mi piadoso, para que al rigor soberbio de los ya pasados vicios, medicina imponga atento, es preciso a vuestra vida, reiterados dar rodeos, para que al dolor contrito, escrutinio humilde haciendo, prevengáis la confesión, la salud no ímplica al tiempo, a Dios gracias la gozáis, y esto en suma ya supuesto, dadla espacio, pues le doy, no atropelle el dolor vuestro, mal pensada ejecución, dilación los dos la demos, vos para el examen santo, yo para hallar el remedio. Disponed, Padre, eligid, que yo solamente anhelo obediente a recibir, los que ya me dais preceptos. El doliente a vuestros pies, lastimosamente enfermo, de las culpas del pecado, reducido ya en el tedío, espera la medicina, aplicadla, y porque el ierro es sin numero en mis males, sin numero, Padre, quiero, que impongáis la penitencia. Hijo mío recogeos a la prevención, que yo buscaré el más firme medio. Señor, la ocasión apelo, como adviertes ha llegado, y el cabe está de apaleta: Tirale, di tu cuidado, que en suma, Aurora es mujer. Dices bien, más su recato, hijo del poder que logra, me hecha grillos, y candados. Resuelto vine al empeño, mas ya tan neutral me hallo, que al silencio me dédico, y al padecer me consagro. Ariodante, porque causa. os negasteis al Palacio tanto tiempo? Si un rendido puede Aurora, declararos el retiro de sus penas, la ocasión de sus naufragios: Escuchadme atenta os ruego, bien que ante todo os aclamo perdón del atrevimiento, que en mi osadía os aclaro: Yo vi, Aurora, de esos soles, los dos lucientes milagros, prodigios de la hermosura, si asombro de los humanos. Vilos, señora, y sus luces, tanto el ardor me esmaltaron, que un etna senti en el pecho infundido de sus rayos. Mariposa a tanto incendio, me hallé en su fuego abrasado, si antes por vastallo humilde, después por rendido esclavo, Vi, amé, temí, callé, y al silencio mi cuidado entregué, mas no el amor, que ese firme siglos largos, aposto posteridades al que logra más aplausos. Vime arder, te mí el peligro, porque a méritos tan altos, es cordura conocerse por indigno, el que es vasallo. Ademas, que a ser del Orbe dueño altivo, en este caso propusiera indiguidades, desméritos confesando. Vime morir sin remedio, vime, pues, enamorado, vime al empeño inferior, y al gozo desesperado. Retíreme, anduve cuerdo; respeto al decoro Sacro que os debos intenté olvidar, saliome el discurso vano. Propusele a mi congoja la desigualdad en ambos, respondiome con su pena; y en suma, que en adoraros consistia su ventura, sin buscar premio más alto. Esta es la ausencia que lloro, vos a quien firme idolatro, yo el indigno a tanto empleo, bien que en amor el más sabio. Dejadme, Aurora; quereros, permitidme el adoraros, con mi pasión me contento, con mi pena me adelanto. No áspiro a felicidades, que es de sujetos villanos, servir por lograr el premio; y a mar por gozar lo amado. Cruel os busco señora, ingrata a mi dicha os llamo, indignada a mi ventura, y severa a mi cuidado. Eso sí, cuerpo de mí, no andemos melindreando, sino decir las verdades sin vergüenza, y sin empacho, Yo entro aquí, y ahora es Troya, veis cuanto ha dicho, es un rasgo, preguntasteisme el retiro, un ápice, según siempre gime, y llora, enamorado. Todo es sentir, y penar, y decir; afiero hado! porque no me diste el cetro del mundo, para postrarlo a los pies de Aurora hermosa; vil estrella, influjo avaro, en que te ofendí naciendo? por qué me quitas el lauro, que en Aurora merecía mi firmeza en justo pago. Por pedirme de vestir, pide Aurora, si agua manos, dame Aurora, y si en la mesa nos pide el segundo plato, pide Aurora, si a bever, echa Aurora, si acostado, siempre Aurora, cuando duerme, prorrumpe luego soñando ay Aurora de mi vida, bello Sera fin humano, Ángel en beldad altivo, Diosa de la tierra pasmo, duélete de mis suspiros, ten compasión de mi llanto, oblígate a mi firmeza, y admite el amor mas casto; poco te ruego, señora. Basta necio. Si os enfado. bella Aurora, coseré mi boca con treinta cabos. Señora, no os irriteis, que humilde, al haceros cargo de mis penas, os propuse. el perdón, merezca tanto mi dolor, que solo pueda quejarse sin enojaros. Al silencio le entregaba, como el más leal vasallo, soy Noble, y el engañaros fuera culpa en mi notoria. Culpa, pero con descargo, y no la que ahora hicisteis, a la cual no se la hallo. Corregid vuestra pasión Ariodante, y temerario otra vez no os desboquéis, ni al decoro mío sacro, atreváis con debaneos, pensamientos mal fundados, que por vida de mi padre, que a escarmientos irritados, den ejemplo en la locura, castigos justificados. Cuerdo sois, la corrección obre vigilante Argos, sin que la esperanza pase a comunicarse al labio. Entregádsela al silencio, antes que mi enojo airado, ejecute con rigores, ̱. medios que logren espantos. . Por Dios que la echamos buena, los dos habemos quedado, tu. Bon Quíjote la Mancha, yo Sancho Panza el lacayo. En que imaginas ahora tan suspenso, y elevado, en su rigor, o hermosura? en su poder, o su enfado? En su hermosura imagino, no en su precepto obstinado, que si es grande para amarla, grande soy para intentarlo. Yo la adoro, y mi pasión crece del rigor al paso: ceder ya será imposible, y más cuando declarado, di evidencias de mi pena, indicios di de mi llanto. Qué intentas? Seguir mi estrella, y atrevido, y temerario, pedirla al Emperador. Étele do viene. Astros, sedme favorables hoy. Si harán si no son ingratos. Ariodante, Dios os guarde. Y a vos, señor, guarde tanto, que el ave caduca Fénix, con vos no apueste los años. Vuestra salud me ha tenido cuidadoso. Indigno me hallo gran señor, de tanta dicha. De vuestro valor preclaro son justos merecimientos. Mis deseos siempre honrados, solo anhelan a serviros, con aciertos venerados. Del ausencia estoy quejoso, cuando la salud no ha dado ocasiones al retiro. César invicto, el descargo. diré si me dais licencia. Ya le espero. Ya os le aclaro. Vi, señor, de Aurora hermosa, los dos más lucientes rayos, que admiró naturaleza, ni logró injeto humano. Postre el alma a su belleza, y aunque antes por vasallo solo dediqué obediencia, allí por amante esclavo, padecí de mi tormento los rigores más extraños, sin que fuese de su pena párticipe el mudo labio. Enfermome a un tiempo mismo, con lo amante, lo callado, con lo firme, lo imposible, con la privación su daño. Sin remedio hallé mi dicha, y a morir determinado, prosegui la obstinación del silencio; mas hallando. minorada la salud; gran señor, en tanto grado, que dudaron de mi vida, hice reflejión al caso. Resolvime en ella, pues, mi dolor comunícaros, alenté con la esperanza, cobré fuerzas, vengo ha hablaros César grande, y a traeros por terceros tantos lauros, tantos triunfos, y victorias, como aqueste invicto brazo dio, sirviéndoos al Imperio, mucho os pido, bien lo alcanzo, pero amor me obliga a ello, el disculpe el acordaros mis servicios, y el pedirla por esposa. Basta, ingrato a tantos favores míos: como atrevido; y osado, intentáis delvaneceros neciamente mal mirado? Vive mi Imperial persona, y esos Cielos soberanos, que si al pensamiento solo, otra vez comunicados, los soberbios pensamientos se miraren mal fundados, que he de dar un escarmiento, cuyo ejemplo celebrado por horrible espante el mundo. Señor. . Corregid villano, de ese loco vuelo el curso, yn antes que del Sol los rayos, os abatan de su esfera, Dédalo precipitado. Pues a mí tales oprobios, cuando solo puse espanto a las tres partes del mundo, los impulsos no domados? Y a saberse de la cuarta, se la hubiera sujetado al Imperio el valor mío, este dan por justo pago, a la sangre que mis venas tanta vez ha derramado? Pues yo juro por los Cielos, por su Criador soberano, por el amor que me anima, con ingratitud pagado, que ha de conocer el mundo, y el Emperador tirano, lo que puede el Ariodante, ofendido, y despreciado. Tanto mi enojo verá destruirle los Estados, que castigo, y escarmiento mire a un tiempo. Aya porrazo señor, de marca mayor: que quiere decir villano, del Imperio al Ariodante? vive Dios que es un menguado, veinte, treinta, y cuatrocientos. Vamos pues, que aqueste agravio, no requiere en el castigo dilación, para vengarlo. . No diga que ama, señor, quien no perdona al amado, un pecado, otro pecado, y un error, con otro error. Ni es constante en el amar, el que con prudencia sabio, no olvidó, uno; y otro agravio, un pesar, y otro pesar. El que al enojo irritado, severo indignó el castigo, ese tal ya no es amigo, contrario si declarado. Dígalo en vuestro favor, tanta fineza rendida, pues disteis por mí la vida, muriendo de puro amor. Y hoy tan uehemente anheláis, que al paso que el hombre ingrato, os retorna civil trato, más cuanto peca le amáis. De mi verdadsea testigo, este (sin Dios) pecador, pues que le esperáis, señor, como amante, y como amigo. Compungido con la pena, pidiendo a esos pies está penitencia, llegue ya Dios mío, que me enajena, tanto sin numero error, cuando a imponérse la llego, alumbradme con el fuego de vuestro divino amor. Para que le aplique atento, la que baste a sus pecados, la oveja, pues, ha llegado, y está faltaba a las ciento. Abrid el aprisco grave, de misericordia pío, entre Pastor, y Dios mío, que el que ama olvidar no sabe. Mas como cuando tenéis de rubiés cinco puertas, para el pecador abiertas, os insto a que perdonéis. Penitente le esperáis, con amor tan verdadero, como lo dice el madero, Iris de paz donde estáis. Fluctuante a feliz puerto llega, si bien derrotado a entrarse por el Costado, Señor, que tenéis abierto. Tu ruego, y la contrición, que alienta con su desvelo, se han erigido a ese cielo, impetrando concesión. Dios, pues, le impone, que sabio observe en su penitencia silencio, en cuya obediencia, no ha de prorrumpir el labio. Tacito ya siga loco, vagando siempre por Roma, y en su austeridad no coma, mas refección de lo poco. Que aún lebrel su diligencia quitare, y aunque sea estrecho, se acueste en su mesmo lecho: aquesta es la penitencia. Observarala hasta tanto que Dios te avise. Al Señor, por tan inmenso favor, gracias le dad, Ángel Santo. . y a ceniza ha de volver, , - de este lodo la ambición.

JORNADA TERCERA

De mi yerro en la malicia senda pertinaz seguí, tanto olvidado de mí, cuanto de vuestra justicia. Ciego alenté la codicia, vinculándola en matar, tan ajeno de pensar, de mi vida el curso leve, que eterno juzgue el más breve gusto, si le hay en pecar. Las tinieblas del engaño sepultaron mi atención, pues que absorto a la razón nunca conocí mi daño. Vuestro auxilio el desengaño me advirtio, tirando el freno, y ya me dice este cieno, con lengua eficaz en todo, lodo le tiren al lodo, que vivio de Dios ajeno. Hombres, niños, bien hacéis, en tirármele piadosos, discretos sois, no enfadosos, pues que a mi ser me volvéis, polvo decís que me veis, y yo ignoré tal verdad, Ya conozco mi maldad, pues que el cuerpo es barro todo; tiradle lodo a este lodo, que engendró la oscenidad, Ahora sí, que me veo reducido a lo que soy, de esta forma cuerdo estoy, lo demás es debaneo. Tierra ya seréis mi empleo, pues que logro en vos la unión, sin ajena oposición, de ceniza tuve el ser, Ea cuerpo a descansar en el lecho más piadoso, feliz tenéis el reposo, sed grato, sabed pagar. Aumentad firme el llorar tanta culpa cometida, pedid perdón de la vida pasada; piedad. Señor, exceda un firme dolor, tanto en mi horror fratricida. Que al César de Roma invicto, vil traidor Ariodante, se oponga olvidando el feudo, y negando el vasallaje? Que se atreva a publicar al Imperio siempre grande, civil guerra a sangre, y fuego, y de altivos tafetanes, con oposición soberbia; banderás trémole al aire? Que forme escuadrones locos, y en desvanecido alarde haga ambiciosas reseñas, de tumultos militares? De amigos inobedientes, y vasallos desleales, un ejército ha formado, cuyo orgullo detestable, cuya ambiciosa osadía, atrevida si arrogante, he de castigar altivo: y a este traidor que cobarde segundo Nembrot intenta, torres formar en el aire, (siendo para tanto imperio, Breve Olimpo, flaco Atlante he de poner a los pies de un verdugo; donde aclame su cabeza fementida, ejemplo aposteridades. Yo haré que el vuelo que erije, los fulgores rutilantes de mi Sol le desvanezcan. Dando precipicio infame de la cumbre en que le ha puesto su soberbia miserable. Nunca el poder sedicioso, invicto César, fue estable, cualquiera luz le desmiente, cualquier rayo le deshace, cualquier viento le congoja, y cualquier vapor le abate. Siempre sentí de este monstruo, que opuesto banderizase, llevado de los designios villanos, si detestables. Mas dejando está materia, y volviendo a la que antes del loco en admiraciones, juizios hicimos nevtrales. Digo a la primer propuesta (en que Aurora preguntasteis) como no irrita a la injuria (siendo sin numero grandes, las que el vulgo hace a este hombre) la paciencia siempre grande? Que da mucho que sentir es mi julcio, pues no hace la más breve resisiencia de los golpes al ultraje. Antes donde le persiguen, hieren, maltratan, y abaten, cursa más con el delirio, donde roca incontrastable, sufre, padece, recibe, sin dar indicio al quejarse. El loco aunque de potencias falto, sentidos le valen, puesto que ve, que oye, y pulsa, este (aunque loco) admirable (según de vivir el modo) encierra misterios grandes. Del su común alimento, es hijo de austeridades, continentes, tanto, y cortas, que el curso a vivirle abaten. Y este le admite en consorcio de un Irlandes lebrel grande, con todos aborto fiero, si a él le rinde humanidades. La Cesarea en vos piedad, socorro ordenó a sus males, mandando que de su mesa el loco se alimentase. Breve un bocado jamás, quiso admitir en su hambre, salvo el que corto al sabueso violento pudo quitarle. Con él come, con él vive, con el duerme tan amante, que almohada tal vez le sirve, sobre quien descanso abrace. Su vida encierra misterio, su humildad miente a su sangre, su locura es industriosa, y su penitencia es grave. A solas me han informado, que suele vertiendo mares, hacer diluvios los ojos, y en suspiros lamentables, tiernamente con sollozos, quejas esparcir al aire. Dadme los pies, gran señor. Fabricio, alzad, Dios os guarde, como de aquel monstruo queda la soberbia? . Tan pujante César Augusto, que hoy logra vitorias considerables. Qué decís? . Señor la suerte tanto en su bien favorable le ampara, que ya el Imperio teme ruina, anuncia males. Cómo ruinas? vive Aurora, y esos Orbes celestiales, que de mi enojo valido (mas que del poder que es grande) que he de postrar la altivez, de este bárbaro infaciable, cuyo sedicioso anhelo, vil traidor le instruye infame. Referidme, pues, Fabricio, su ejército, y el dictamen. que conduce. . Mi venida fue señor a daros parte del poder, y sus designios, para que el remedio ataje, los que a sangre, y fuego horribles empezó inhumanidades. Del Persiano poderoso, conduce cien mil Infantes, sin cuarenta mil caballos, siendo pactos detestables. El gozar la investidura del Imperio, y tributarle feudo altivo, a que se junta el rendirle vasallaje. La mitad de vuestros Reinos dar al Moro, y ampararle (cuando le movieren guerra, o la diere) con Infantes treinta mil; diez mil caballos a su costa, de su parte, y allados tray cincuenta mil hombres, cuya pujante fortuna, triunfo ha logrado de las armas Imperiales, no menos que dos victorias, y ambas gran señor campales. Su rigor con los rendidos, deja al Agareno Alarbe, que goce (aunque infiel, y extraño) las que él pierde inmunidades. Talando viene la Ungría, de la Italia a los umbrales tienes ya este aborto fiero, tan sediento de tu sangre, que a jurado de beberla, o verter la suya a mares. Tus ejércitos rompidos hacen su poder estable, burla el tuyo licencioso, dueño de campaña, y mares. Las Ciudades se le humillan los castillos se le abaten, y el Imperio sin defensa, an uncia últimos males. Di laciones al remedio, gran señor, no las abrazes, presto admite mi consejo, toca al arma, sueñe el parche, y el clarín armonioso, bélicos acentos cante. Salga Roma a la defensa, nuevos trémola estandartes, y sin exceción alguna, tus banderas acompañen, desde el Noble hasta el humilde, salvo aquel que reservare la decrepita vejez, por inútil excusable. Mientras que de Roma alisto los pertrechos militares, vos Fabricio de la Italia convocad la gente, y marchen con el orden conveniente, a impedirle el paso, antes que a su orgullo sedicioso, nuevos triunfos adelante. . Si estará, ya señor, arrepentido el tal Emperador? Aún no ha tenido el castigo fatal de su locura, puesto que goza Regia investidura, del Imperio mayor que el Orbe aclama. (ma, Ya le ha depuesto su laurel tu fa con los triunfos logrados, (dos. por heroicos del mundo celebra. Inmortal ha de hacer mi nombre altivo, (crivo, el que aliento valor, pues ya le es- en láminas, y bronces triunfo breve, puesto que el mundo el lauro me le debe. (tran Favorable fortuna se nos muer Qué es favorable? mi invencible diestra goza el aplauso, en ella fundo solo la conquista del uno, y otro polo Y a oponerse tirana a mi destino, cerrándome el camino, que feliz amanece, en las que glorias mi valor merece vive Dios que la hiciera estarse queda, u deshiciera su inconstante rueda La fortuna Vejiga siempre errante, no predomina en mi poder triunfante, (fundo yo en ella si, pues con valor pro he de adquirir el ámbito del mundo. (moria Y de Aurora, señor, tienes me En ella fundo la mayor victoria. Hay tal encanto! tú no fulminas rayos en su ofensa Castigo, injuria, a mi valor inmensa, (to hecha en el padre, y en Aurora ad menosprecio, desdén, que amante lloro. Tus aplausos conquisten su hermosura. Vínculo en mi poder esa ventura, mía será, si bélicas regiones, no forman escuadrones, que en su defensa asistan al empeñe quitándome la gloria de su ducñ Ea Vejiga a Roma el campo marche, (parcio fuene el clarín, destrozo intino s. Señora de este traidor, no la opresión te de pena, que el cielo que así lo ordena dará a su tiempo el favor. Nunca se vio un aleboso dar fin al tirano intento, zozobra en su pensamiento tropieza en lo sedicioso. Su conciencia es homicida del vuelo infame que alienta, en ella mira su afrenta, que amaga a su ciega vida. Erroneo el pecho le advierte de su precipicio el daño, y el corazón desengaño le intima con civil muerte. En suma el cuchillo logra castigo justo, y severo, que es la traición firme acero, que sus designios malogra. Ay Isabel, solo el cielo alibio dará al dolor, puesto que humano favor, no se espera acá en el suelo. Corta la defensa advierte, que el paso le impide a Roma todo su orgullo lo doma, todo lo allana su suerte. Esos pocos que han quedado aún lo faltan por vencer. Quién duda que su poder los aura desbaratado, y usando de su rigor sangrientamente inhumano, prender querrá este tirano en Roma al Emperador Buscadme el loco. Y con él quee diviertes tu pena grave? Su vista me hace suave tanto cuidado, Isabel. La estrella que opresa sigo, me inclina secretamente tanto, que estando presente, me olvido de mi enemigo. Esa compatia en mí, logra con igual favor, pues siempre le tuve amor, . desde el punto que le vi. Dudas el pecho acredita, viendo que en vos gran señor, se olvide el justo dolor, que el tirano solicita. Hoy de Palacio ha faltado todo el día, y no he advertido (después que a Roma ha venido) que a la mesa haya faltado. Su donaire me entretiene, dando alivio a mi pesar, y ansí le mandad buscar. Fabricio gran señor, viene. Que aprisa; válgame el cielo? mi suerte infeliz camina, última teme ruina, si le venció mi desvelo. Invicto César Augusto, dadme los pies. A los brazos levantad, Fabricio amigo, que hay de nuevo? Él más extraño prodigio, que ha visto el Orbe. Triunfo el traidor? logró acaso, su designio fementido? venció el socorro enviado? No señor, antes lo queda. Vencido? Sí, y retirado. otra vez Fabricio hercico me ceñid los dulces lazos, para que a premiar empiece , o los servicios más preclaros. Informadme del suceso, que un numero de soldados tan corto como teníáis, prédice un asombro raro. Soberbio ya Ariodante, de tanto común aplauso, de tanta feliz victoria, y de triunfo en suma tanto. Marchaba a Roma orgulloso, tan dueño del laurel alto, justo, señor, que dominas, que Luzbel al cerro magno, de Cesarea investidura, título se impuso vano. Aclamado Emperador de sus persidos vasallos, y Agarenos licenciosos, intentaba en el asalto ver de Roma la ruina, que piadoso el cielo Sacro, apartó benignamente hoy con el mayor milagro. a Con mi poca, y flaca gente, a morir ya destinado, observando la orden tuya animoso salí al campo. Preséntele la batalla, y exortando a mis soldados, animé de su congoja los es fuerzos ya frustrados. Envistiome con unatercio, dándole orden temerario, denegasen a mi gente el cuartel, desesperados. Arrestamos pues las vidas; pero gran señor en vano, porque estaba el triunfo ya de su parte declarado. Enseñados a vencer, la victoria en sin cantaron, y mi gente en el conflito halló el último desmayo. Retirados ya, y vencidos, sin el orden miliciano, unos mueren, y otros huyen, más detieneles el paso, un prodigio (si es que es hombre) armas, y caballo blanco, con su vista cobran brío, vuelven pues, y él alentando, esgrimiendo el grave acero, segurle permite rayó. No has visto señor guadaña, que en el prado más ufano corta liberal el heno, dejando su ameno espacio, sin la pompa jactanciosa, que en su verdor ostentando, goza si efimera breve, corto de su vida plazo? Pues así su acero altivo, cual heno rústica mano: Mata, corta; yende, bate, de cadaveres llenando; de aquel campo numeroso, todo el dilatado espacio. Viendo sufatal destrozo huyó cobarde el tirano, seguí el alcance, atendiendo a lograr de aquel soldado la vista; para rendirle debidas gracias; fue en vano mi diligencia, respeto que no se halló, pon milagro aplaude mi gente toda el suceso; llego a daros. gran señor la nueva alegre del más venturoso caso: Gracias a Dios que libró (con su favor soberano) el Imperio del tirano, que ya por suyo aclamó. Ese Caudillo famoso quisiera Fabricio hallar, que le había de premiar el esfuerzo valeroso, con igual satisfacción. Al servicio merecía del Orbe la Monarquía, tan celebre campeón. De gracias si el hacimiento; luego servid al Señor, iguale a tanto favor debido conocimiento. Vos Fabricio de mi gente nuevos soldados sacad, el campo me pertrechad, antes que el tirano intente molestar con ciego error la paz del Imperio amable. Tu gusto es ley inviolable, que obedezco gran señor. . Si es el día del nacer la víspera del morir, como no aliento el vivir con ensayos de no ser? Si tierra se ha de volver esta fábrica ostentosa, pues goza caduca rosa cuna, y laude en pompa vana? como no admiro en mañana, noche que oscura reposa? Si es cierto que he de morir, cómo atenciones difiero? como, pues, no considero, que es sueño todo lucir? El alma, apercibir desengaños necesitas, si es que vivir solicitas, aperece el padecer, que el morir es merecer, si al vivir muerte acreditas. Vengan dolores Señor, que vivir muriendo quiero, penas, angustias espero, menosprecio, disfavor, ludibrio, ultraje, rigor, soledad, tormento esquivo: perseguido alegre vivo, amando el abatimiento, que en mísero rendimiento toda vanidad describo. h Nuevo si alegre alborozo, Isabel me anima hoy, tan amable que predice feliz dicha al corazón. Enajena el sentimiento, que otra vez este traidor con tumultos militares sediciosos intentó. No sé que adivina el alma? Ver postrada la ambición del tirano más impropio. No es aquesa la ocasión de este que intrínfico gozo, enigma en mí se alentó. Tan oscuro le terminas? Tanto que en su confusión otro caos de mi propia, nuevo laberinto soy. Es a caso amor, señora? No Ilábela, no es amor, porque siempre en mí ha logrado ese mal toda esención. Pues yo sé qué quieres bien. Es mucha la distinción, que hay de querera el amar: querer es simple afición, que no pasa a más extremo, que a una lícita pasión. El amor es fuego horrible, que las llamas de su ardor, , o aunque más las disimulen, como en suma lumbre son, ni distancia las encubre, ni hay tiniebla a su vapor. Pues si el que el amor anima, no símula su dolor a los otros; como puede carecerse a su pasión? Dices bien. Y dime, el loco hasle visto? Ya llegó mi propuesta. Luego infieres Isabela, que es amor, el que tengo al loco? Veo, que eres Argos tan veloz, de este mudo en las acciones, que la más breve, no huyo. de tus ojos; tú has notado, si es pacifico, o si no, si suspira en su retiro, si en su soledad lloro, si visto de todos ríe, con tan descompuesta acción, que el más circunspecto pierde la severidad mayor, si solo está compungido. con tanta moderación, que imita en la penitencia de Gerónimo el candor. Si esta locura es fingida, si es noble en la condición, si bien por el mal retorna, si afrentado se irritó, si hace mal. Basta Isabel, hay alma, tiene razón, . si yo pasando de atenta Argos de su vida soy, tú de entrambos, pues que adviertes la curiosidad mejor, al que yo de sus acciones haga cuerda reflejión, me obliga secreta causa. Con ella se descifró el enigma tan oscuro. Qué es esto? válgame Dios? . el alma al civil influjo de una estrella serindio? O pese al discurso aleve, que tan corto penetró. el despeño; yo indiciada en tan baja, y vil pasión? Pues yo buscaré el remedio, castigando el ciego error de mis ojos licenciosos: mas en mí, cuando pasó. a fineza este querer? Nunca, pues nunca llegó a ser cuidado. Señora, sin duda el Emperador ha venido, porque el ruido es grande, y la confusión. Dios le traiga victorioso. Hagan plaza. Pues las dos salgamos a recibirle: Alma infinito subio, este que placer nombráis, pedid que no baje a Dios. e Mira señor que haces mal, vuelve en ti nota el delirio, que en tu loco debaneo te conduce al precipicio. Quien, presto se determina, presto se ve arrepentido; y más donde inconvenientes tantos repugnan auxidos. Yo he de ver, si de este modo. imposibles fácilito, que donde hay perfecto amor? nunca se atendió al peligro. Señor. No repliques necio, sabes tú de mis designios los intentos bienfundados? Solo sé que has delinquido pertinaz contra el Imperio, con rencor tan vengativo, que excediste a la crueldad, los rigores más activos. Hoy verás como el descargo facilita esos delitos, aún adiéndome a las glorias este el triunfo más altivo. Plegue a Dios que no vinieses, como dice el refrancillo a quedarte por las costas, pero el César muy fruncido sale ya. Monarca excelso del Orbe, Príncipe invicto, los pies me dad. Pues villano, como (sin Dios) atrevido intentasteis de mi enojo ver justificado indicio? como aquesas viles plantas, del Regio Palacio mío osaron pisar el suelo? Vive el incendio que animo, vive el odio que ya abrazo; vive el rencor que fulmino; vive el disgusto que logro, y vive mi poder fijo; (a pesar de tus traiciones, y sequaces fementidos) que has de ser hoy escarmiento del Orbe; tan peregrino, que admire el rigor que ostento, asombrando en el castigo. Gran señor, al justo enojo treguas dad mientras describo, el asombro más preciaro, y el más celebre prodigio, que de amor cantó la fama, con admiración del siglo. Gran Monarca, ya sabéis el ardor más bien nacido, que en mí, si activo animó; firme se conserva activo. Que entregué sin exceción, al hermoso dueño mío, alma, vida; corazón, con potencias, y sentidos. Corta del amor fineza la confieso, y por indigno, a ser dueño de esos Orbes, de un sujeto tan divino. Ya sabéis que enamorado, (siempre amor es atrevido) soberbio os pedí la mano de Aurora, que mi castigo mire en mi propia osadía, justamente merecido. Pues oíd, señor, ahora, de obligar el más altivo modo, que en el juicio humano caber pudo comprendido. Viendo pues que la expulsión era justa, determino convocar con mis vasallos, los Persianos atrevidos. Hice pactos detestables, formé ejércitos lucidos, cuyo numero copioso, fue de Italia asombro impío. Marche, talando las tierras del Imperio, tan remiso, de que el Arabe arrogante, entendiese mis designios, , l que al odio aumente rigores, y al desprecio vengativos, fomente vibrantes rayos injuriosos, si ofendidos. Permití contra tus Reinos, muerte, incendios, latrocinios, dando guerra a sangre, y fuego: y asistiéndoles caudillo asalté, postré, vencí, cuantas fuerzas, y castillos intentaron la defensa, y en la ejecución impío. Si fui asombro de crueldades, fui el escándalo más vivo del rigor, pues cedio horrores a mis bárbaros estilos. Asombró mi fama el Orbe, tembló el mundo mis designios, sujeté la Italia toda, llegué a Roma, do el arbitrio de mi bien fundado intento vi logrado, si cumplido. Con la poca, y flaca gente, que escaparon de los filos de mis Arabes espadas, salió al campo tu Fabricio. Presentome la batalla ciegamente inadvertido, perdió el campo, ya lo sabes, con que excuso requinitos. Viendo ya que tu defensa, gran señor, en parasismos últimos miraba ahogos, reducírsele a un suspiro. Dejé el campo, y fuime donde un criado, fiel testigo, (de esta del amor fineza) me esperaba en su retiro, cautamente mudé armas, y sobre un alado armino, límvolo de mis pasiones, en lo intacto, puro, y limpio, Subi alegre; y el secreto ya encargado, al bruto aplico las espuelas, llegué al campo, y de tus escuadras miro retirarse los soldados, derrotados, y vencidos. Anlmelos esforzado, y juntándolos envisto, mis escuadras vencedoras, con valor tan peregrino, que asalté de sus Reales los pertrechos más invictos. Rayo pues mi ardiente hacero, a uno, y otro lado esgrimo, dando asombros a la muerte, que corrida a tantos bríos huyo esfuerzos Imperiales, retirándose a los míos. Publicada la victoria por tu campo, me retiro, otra vez las armas trueco, con que mi facción palio. Doy la vuelta a mis soldados, hago el sentimiento digno, que permite tal desgracia, juro la venganza, aplico los pertrechos militares, que a la rota necesito. Hago alarde de mi gente, y aunque es numero infinito el que falta, sobran fuerzas, nuevamente las duplico con soldados más briosos, reforzado a Roma envisto, otra vez Fabricio sale, pierde el campo, y yo consigo del ardid apadrinado, la victoria a tu conflito. Buscas medios para hallarme, con secreto me desvío, generoso te confiesas por deudor al beneficio. Del Imperio le prometes. la mitad, y en premio digno, el obieto más hermoso, para que al consorcio unido, goce dicha, aplausos, glorias; tu promesa amante sigo, bien que adelante finezas, pues hallando que enemigos en mi campo te quedaban, quise a nada reducirlos. otro ejército formé tan copioso, y excesivo, que asombró lainmensidad, aquí, dije, mi destino ha de ejecutar horrores, que finezas multíplico. Viendo, pues, que te he logrado dos victorias, y que he sido tan dichoso, que el secreto, nadie en suma le ha entendido. Dije, amor tocad al arma; porque al César necesito de aumentarle los trofeos, con más celebres servicios. Tu defensa flaca, y corta salió al campo, donde arbitrio tuyo fue que me siguiese, de tu ejército un Particio. Diose la feroz batalla, con tan funebres indicios de tu parte, cual las otras, puesto que miré vencidos. Imperiales los soldados, aquí César desmentido de mi gente mudé armas, y del cisne conducido llegué al campo, donde al verme, . A un valor tan celebrado, temor tanto les imprimo a los míos, cuanto esfuerzó a los tuyos les duplico. No has visto, señor, un rayo, bajar en el seco estío, sobre blanca mies copiosa, ove tan ardiente, y vengativo, que enceniza adusta vuelve, el arista más sucinto? Pues así mi brazo heroico fuego éxala, tan activo, que a los Persas; y allados, vidas tala; no me admiro, que era el premio Aurora hermosa, y ella me infundió los bríos. Derrotados casi todos, huyo aplausos, cuando miro, que un soldado intenta ansioso conocerme; veloz sigo mi carrera; y el furioso de alcanzarme convencido, la blandiente, y dura lanza soltó al brazo, cuyo tiro, imprimió dichosamente en mi sangre, estos los filos son del hierro, esta la llaga, fieles de mi amor testigos. Ea César generoso, vuestro amor os solicito, vuestro, ya, favor invoco vuestro amparo; vuestro auxilio. Dadle el premio a mis trabajos justamente merecido, para que triunfando logre, para que al consorcio unido, para que al amor postrado, goce dichas, y júbilos. y a un servicio tan notorio, corra recompensa le hallo: ya de Aurora sois esposo; dad la mano a Ariodante. Yo, señor! mas Cielos como a un tirano me entregáis? César, padre. . Esto es forzoso, acabad. . Si violentada queréis de ella ver el logro, esta pues. Tened la mano; que a otro dueño más dichoso, quiere el Cielo que la deis: y a este el pago escandaloso de sus máquinas traidoras. Quien gran César, fue el Custodio de tu Imperio, yace allí. Este penitente loco, campeón de tus soldados, fue el castigo de este aborto: orden fue del Cielo dada, pues un Ángelluminoso, con las armas, y caballo, se la pronunció glorioso. Levanta, Roberto amigo, que ya el Señor tus sollozos escuchó piadoso Padre, y te da título honroso de hombre de Dios, tus pecados son perdonados. Dichoso mil veces quien tal ha cido. Este, señor, es el propio hierro, y aquesta la llaga, y heredero generoso del Duque de Normandia. Llega Roberto, que el gozo me ha impedido las palabras, y enajena de mi propio. Vuestro esclavo soy señor. Alma albricias. Justo asombro del rigor de mi justicia, en la plaza cuatro potros hagan el traidor pedazos, dad la espada. El Cielo todo se ha caído sobre mí. Ea Aurora, a vuestro esposo dad la mano. Dios lo ordena, no hay que repugnar. Conozco su misericordia; esta, (dulce dueño de mis ojos) es mi mano. Esta la mía. Y aquí da fin venturoso, el Loco en la penitencia, y el Tirano más impropio.