Texto digital de Loca, cuerda, enamorada, y acertar donde hay error
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- Atribución tradicional
- Juan Antonio de Benavides
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- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de una suelta (Sevilla, Francisco de Leefdael, s.a.).
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Loca, cuerda, enamorada, y acertar donde hay error. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/loca-cuerda-enamorada-y-acertar-donde-hay-error.

LOCA, CUERDA, ENAMORADA, Y ACERTAR DONDE HAY ERROR
JORNADA PRIMERA
Infausto albergue mío, por más que osado contra mi albedrío, con la apacible vista te resuelvas a hacer nueva conquista a mi amor que de ardiente, pasa a ser temerario de valiente: no podrás, aunque quieras con tu aspereza, y tus horribles fieras, ni menos de econverso, tus fuentes de cristal tan claro, y terso, las Aves, y las Flores, campañas verdes, Clarines, Ruiseño. o otro cualquiera sensible, que quiera deleitoso, o intente horrible ser a mi curso pira, pues contra todos mi furor respira, Y tu selva sembrada, sin industrial trabajo tan bordada, pues la naturaleza puso en ti tal asombro, tal belleza, de verdes esmeraldas, bulliciosas culebras, y guirnaldas, de arboledas vistosas, que de vista se pierden por hermosas, y de subir cansadas, las unas con las otras enlazadas, doseles soberanos, tan tejidos mostráis, que ni las manos de la esquiva Diana, los formara mejores con la grana, de Rosas, y Claveles, ni Timantes pudiera con pinceles; de Chipre las Florestas, sobras se muestran, a la vista, vuestras. Oh mudable fortuna! Prevenme el trono, o tu funesta cuna! sácame con Laureles porque ya victorioso los cinceles, ejemplos den al mundo, señalando en el bronce el sin segundo afecto de Fernando, a hacer finezas, porque vive amando; o ya de aqueste ergánico lugubre albergue sed, teatro trágico. Ea, amor, solo apelo, de mi hermosa Sirena a ver el Cielo, que solo es mayor muerte el dolor, y la pena de no verte. Atractivo portento, . prestame alas, con que rompa el viento: no Polifemo intentes el dividir mi cuerpo con tus dientes. Y pues ya poco falta para bajar de aquesta Región alta, de este árbol asido, llamaré a Valadrón; pero el gemido. me anuncia de esta rama: Valedme, Cielos! que el corazonos llama. Química ciencia mía, qué lugubre me das aqueste día! Porqué rígida quieres convertir a lo trágico placeres, que Escolástico tuve? y siendo en ellos horrorosa nube, si a las piedras me arrojas, lacarán agua de mis venas rojas. Mas me quejo sin causa, pues aunque baje yo con toda pausa, no se irá sin herida, cuando esté la cabeza dividida; por este punto mismo me alegro de saber el Aforismo: pues quedando curada, la puerta que se abriere, haré cerrada. Ay! que a mi amo veo, siendo despojo, e infeliz trofeo de aquestos Horizontes: quién nos metió a salvajes en los montes? Por cierto, gran ejemplo! No me atrevo a bajar, porque contemplo, que daré de cabcea, pues mi amo lo hizo con destreza; fenezco mi camino: pues la mitad bajé, me determino. Desgracia ha sido rara! No hay quien me ponga de huevos una clara? . Ay! por los mismos modos, señor, nos vemos en la tierra todos. Ay, Sirena querida! por ver tu Cielo, perderé mi vida. A señor, no la dejes, pues de tu aliento firmes son los ejes: este es lance rodado, que no puede excusarle el más honrado. Y supuesto que buenos, y muy sanos pisamos los serenos Polacos verderdes Prados, prosigue los fracasos empezados. Ay. Valadrón, que mis ansias no admiten ningún consuelo! Señor, deja admiraciones, no andes con emvelecos, que según dijo Aristoteles, mis Químicos, y Galeno, seis hojas antes del libro, con el capítulo sexto, quodomne remedium haber, hasta el morir sin entierro. Y pues habrás conocido el que servirte deseo, habla claro, desembucha conmigo tus sentimientos. Quid cogitas? A señor, responde mi hi argumento. Ah, Sirena, y como ignoras, que todo mi sufrimiento ha menester mi valor para mitigar mi fuego! En fin, Valadrón, pretendes, que te cuente mis anhelos? Sí señor, que me lástima el afecto que te tengo: que aunque ha poco te conozco en aqueste monte excelso, donde hipogrifos sin alas volamos los dos cayendo; en tu modo me pareces, aunque mientan mis acentos, hombre de categorías, o Príncipe de algún Reivo. El cariño que demuestras, discurso, y entendimiento, me mueve, a que comunique contigo mis pensamientos. Y digo, que harás muy bien, que cuando no halles remedio, en fin, hallarás alivio: o si cosa no hubiere de esto, sicuterat in principio, eris in fine perpetuo. Cuando la luciente Antorcha de ese promontorio inmenso, liberal salió arrojando rayos, luces, y reflejos. Cuando a la atención de ver la causa de sos alientos, cantan, rugen, y murmuran aves, brutos, y arroyuelos. Cuando las funestas sombras avergonzadas huyeron, de haber consentido tantos insultos, fuerzas, y hierros. Salí de la Gruta airado, para dejarla resuelto, empecé a buscar confuso la salida, fuga, y centro. Cuando a los primeros pasos, luchando en mi sentimiento, di a mi mal, con encontrarte, de alegría algún bosquejo. A donde, discurso vas, si por dónde acabo empiezo? No es mucho, que con Sirena se ocupan mis pensamientos. Doblando, pues, de la Infanta encantos para su tiempo, proseguiré, por quien soy, si de quien fui, ya me acuerdo. La populosa Ferrara, con quien compiten los Reinos, fue de mi vida, al nacer, albergue de infante tierno. Su gran Duque fue mi padre, a quien he escrito el suceso, que ahora te contaré, con un leal Escudero. Con paternales delicias, y con los reales festejos pasé de la pubertad el nunca funesto tiempo. Así pasaba gustoso, sin probar de aqueste ciego, de Venus hijo rapaz, los dulces suaves ceños. Mas amor, que es vengativo, enristrando de su acero, por la puerta de mis ojos supo introducir el fuego. El Prícipe del Piamonte, que fue el gallardo Amadeo, pública, que no merece ningún Príncipe Extranjero ser de Sirena, su prima, de Polonia Infanta, dueño: que si alguno la merece, es él, para cuyo efecto, cárteles de desafío promulga en todos los Reinos, Mandé, que mi Embajador de este bellísimo objecto, solo por curiosidad, me enviase un breve lienzo, Mas apenas su retrato libre miré, cuando preso, tan nunca vista hermosura pudo ponerme, y suspenso. No a ponderarla me paro, que fuera agravio, supuesto, que por mucho que dijera, a su vista fuera menos. Dejé a Ferrara, llevado ya más, que de amor, de celos? de Polonia el territorio piso apenas, cuando el Cielo a mí se acerca, alumbrando mi amor con sus dos Luceros, Cual Simira mis bajaba sobre un Pegaso ligero, que siendo bruto sin alas, Ave pareció corriendo. De la batería quiso una Corza huir su riesgo; mas viendo a la Infanta sola herido le mostró el pecho. Por el despojo pregunta con rostro alegre, y ri sueño, y al quererla responder, no pude formar mi acento. Verás, que un amante ausente siempre anda discurriendo ternezas, que expliquen finas los amorosos afectos: Pero al ver lo que idolatra, tanto le embarga el silencio, que si responde, es turbado, y si habla, no es a tiempo: y es la razón que yo doy, que como es el más supremo sentido el ver, que los otros, estos se quedan suspensos, con la gloria, que la vista les da, que es mayor consuelo. Yo así estaba, mas tomando, cual segundo Promoteo, rayos de su Sol luciente, sus llamas me dan licento. La dije, el despojo solo fui yo de un retrato vuestró; ved, qué hará el original, que es de hermosura un portento; su ingratitud lo acredita, pues solo para los celos, la vida sin esperanza me deja, pues Amadeo será vuestro; aquesto dije, cuando respondió su acento: Las esperanzas, que todos podréis llevar, porque el Pueblo, ni mi padre han de casarme, si lo resiste mi afecto. Apenas estas palabras repitió, cuando dio al viento, porque en su busca llegaron, plumas, gala, y lucimiento. Llegó el señalado día, siendo rutilante Cielo cada balcón, que mostraba mil racionales incendios. Del sagrado de la Infanta hizo el Teatro Amadeo, y en forme de Águila lleva la Carroza, y estos versos: Si un Águila se remonta, solo yo alcanzo su vuelo. El segundo, que la plaza mira, y admira, es Fiberto, Príncipe invicto de Chipre, galán, valiente, y discreto. Sobre fuego unas Coronas lleva con aquestos versos: Al Águila superior Corona pone mi incendio. Cual Faetonte en su Carro, el abresar fue el intento a el Mundo, pues se compone de encendidos mongibelos. En todo le ha parecido, porque herido de Amadeo el caballo, no se rige precipitado del freno. Tan desbocado le arrastra, que le tuvieron por muerto: siguiose por esta causa la venganza de mis celos. Salió en forma de Floresta mi triunfal Carro, vistiendo de frutos no sazonados esperanza de cogerlos; una Ninfa presidía, y en la mano este epitecto: Pues la fortuna me ampara, ya los Laureles prevengo. En paseando la Plaza, dejé aquel pensil ameno, y ocupo en el mismo instante Armas, Caballo, y Terreno. Llegué al balcón de la Infanta, o aquesa región de fuego, según me abrasé en las llamas de tan flamantes Luceros. No has visto como la hoguera, si dan materia a su incendio, cuanto encuentra lo convierte en ceniza con su esfuerzo? Así mi pecho animado de tan brillante Lucero, hizo el Príncipe materia infelice de mi acero. Cayó sin vida, y la tierra le sirvio de monumento, porque los suyos intentan su venganza lo primero. Pues dejándole en el trance de su muerte tan funesto, los amigos, y vasallos intentaron volar ciegos el seguro prometido por el Rey, y Parlamento. Pero yo en tantos peligros, congojas, ansias, y anhelos; mas que el riesgo de mi vida, de su vida siento el riesgo: pues desmayada la Infanta, la luz que me influye pierdo. Desplegó el manto de sombras la oscura noche poniendo de seguridad cortinas, a los que amenazan riesgos, Dejé a Polonia, y el alma en su hermosísimo dueño, y seguido de un criado mido la Región del viento. Al quedar solo. Titón de su amante esposa, llego a la boca de una Gruta de este Horizonte bostezo, De aquesta cueva una senda escasa de luz penetro, y al salir de sus tinieblas, vi desde un jardín el Cielo. Tres leguas tendrá en contorno este Paraiso ameno, todo sembrado de flores, todo de frutas cubierto, Pisando aquel nuevo Chipre, de dosel nos van sirviendo pabellones de esmeraldas, y alfombras de terciopelo, También tejidas las hojas, unas con otras se vieron, que si eran muchas ignoro, y que eran tejidas creo. Ningún sentido descansa, ya el manchado Tigre veo, ya el oído se suspende, con dulces sonoros ecos, ya mejor música forman aves, hojas, y arroyuelos. Ya el Ejército de Flores nos dispara desde lejos las penetrantes fragrancias, con que enriquece los vientos. Ya los frutos, que entre flores su primer cuna tuvieron, de las rafagas del aire movidos, dan alimento. Seis meses habré pasado en ese Olimpo soberbio, proponiéndome la idea mudanzas para tormentos. Pues de Birena al principio doblé, si mal no me acuerdo, los párrafos de su historia, de referirlos ya es tiempo. De mi llegada a las justas fue el término tan pequeño, que solo me pude hallar de un sarao en el festejo. Con no ser aborrecido, según lo apacible veo de la Infanta, a quien adoro, tanto me ánimo, que viendo, que remora de atenciones, sus mudanzas allí fueron, que no siendo amigo de ellas, a seguirlas me resuelvo. Para mostrar su firmeza con diamantes, de su pecho dejó caer esta joya, de tan infinito precio, que con ser avaro amor, quedó entonces satisfecho. Este es el fiero dolor, este es el cruel tormento, este es el tosigo amargo, que paso, padezco, y bebo. Registra, pues, tu discurso, penetra tu entendimiento, para dar a mis adversas borrascas seguro puerto. No me causa novedad tus males, aunque lo siento, que de esos tengo curados, mas que he comido buñuelos, El hallar la medicina es lo que me falta en esto; que el mal ya está conocido, est secunditas de celos. Ya el antídoto he encontrado contra ese mortal veneno, mas por no ser muy seguro, el que no consientas temo: y así no quiero decirlo, pues no ha de tener efecto. Cómo sea para ver ese singular portento de Polonia, puedes ir seguro en cualquier remedio, que a vista de lo que es más, todo lo demás es menos. Dame esa joya; señor, porque con su ardiente fuego he de abrasar esta Troya. Cómo no me pidas eso, desde luego estaré pronto a cualquier médicamento: que si me llevas la vida, para que son los remedios. Para sanarte, señor, este es el único medio: si por carta de creencia aquesa joya me llevo. no la das, por no perder su infinito precio, para la evicción obligo, por ser abonado, y lego, mi persona, hacienda, y bienes? para su establecimiento las leyes non numerata pecuniae, con las del Reino, renuncio: mas las partidas, las auténticas, y fueros: daré fianza a la haz, y caución con juramento de llevarla, y no traerla, y venderla por dinero. Tómala, pues, que si es ella la que asta aquí dio consuelo, a mi vida, será quien la saque de tanto riesgo. En aquel alto edificio, que arruinado ha puesto el tiempo, de la Infanta la noticia, que traigas gustoso espero. Adiós, señor, que me voy, sabe Dios, si nos veremos. . Vamos a sentir cuidados, y a esperar, cual prisionero, la cruel muerte de un no, o de un si el mayor trofeo. . El Príncipe mi señor, para aliviar su congoja, y divertir sus pesares, a este jardín sale ahora: en su nombre os mando yo; deis al aire las sonoras voces de los instrumentos, que son para él gustosas. Después que mi amo vino de las justas de Polonia, si un instante se ve cuerdo, loco se mira cien horas. Acabado de vestir acá viene, punto en boca. No sé a quién adora el alma, y sé, que mi pecho adora un objeto tan divino, que los sentidos me roba. Mas ay! dejadme pesares, no me atormentéis congojas, sino puede haber remedio, cuando la causa se ignora. Señor, deja suspensiones, que no está la Luna ahora en creciente, pues sus puntas hacia el Occidente enrosca. Deja de ser adivino, no arriba los ojos pongas, que para el que no esta loco; es sobradísima cosa, para serlo, echar la red en ena luciente Antorcha. Allí la música tienes entreténgate ella sola, que si es cosa de los Cielos; en ella verás tus Glorias. Diles, que canten, por ver si estos rigores se apocan. Quieres causiones funestas, oh músicas amorosas? Diles, que canten, ni bien alegres, ni bien penosas. Canten un conjunto, pues, de Requienes, y de Glorias, unas Alleluyas tristes, o unas Tinieblas gozosas; y hablando de veras, recen tonos a punto de solfa. Cortaba el Valiente Ulises las altas soberbias olas, cuando triunfante le dejan los mongibelos de Troya. Esta canción me divierte, pues me trae a la memoria lo libre que estaba, cuando volví de tantas victorias. Llegó a penetrar la vista las enmarañadas ondas del golfo de las Sirenas, que las vidas aprisionan. Ah fuerza de las deidades, a quien las almas se postra! No me admiro, porque a mí bastó a rendirme una sola. Ya Scila, para ser vista, se apodera de la proa, ya Caribdis con su canto pone en peligros la popa. Sin canto me encantó a mí una mujer, que en zozobras, cuando se mira sin vida, es cuando más aprisiona. Valeroso determina, que entre primores le pongan los suyos, para evitar riesgos, y partirse a Hemonia. Qué pudo alcanzar Viises contra mujeres victorias, enristrando unas dulces ecos, cadencias sonoras! Aquesta estaba de más, que si vibraba la otra rayos de luz, y hermosura, los Lauros son su Corona. No cantéis más, que me cansa, idos, y dejadme a solas. Váyanse todos, que yo soy gentil hombre de boca; y me quedo, a ver si acaso sirvo yo en alguna cosa. Entre sí el Príncipe habla, el frenesí empieza ahora. Mas que me quejo, si tuve tan fuerte competidora, que en confestarme su esclavo, fueron mis mayores glorias. Mas ay! que si el mal se mira, matándome a todas horas, también contemplo imposibles del remedio mis congojas. Quién sería aquella ingrata, tan tirana, y alevosa, que cuando libré su vida de los riesgos que le adornan, me dejan muriendo vivo, de su belleza memorias? el hallarla no es posible, porque las oscuras sombras de mis méritos ocultan los incendios de su antorcha. Para qué quiero la vida, si es Hidra tan ponzoñosa, que solo sirve de darme mil muertes a cada hora? . Qué impiadosos son los Cielos! Oh injusta tirana Diosa! Mas víctimas en tus Aras no verás cruel Belona. Ya es fuerza, que a la defensa saque la cara, aunque a costa de mi miedo, pues me quita las muelas con la manopla. Señor, suspende las iras, mira que rompes la ropa. De qué me sirve el Bastón, las galas, plumas, y joyas, si no pueden darme gusto los Cetros, ni las Coronas? Aquestas galas me quiten, tráiganme funestas ropas; y en vez de instrumento acorde, y sonoro, lloren roncas cajas, que anuncien mi muerte; y que me acompañen Trompas. Lo mejor es, por tablilla jugar de la carambola; ya está todo prevenido, solo falta te lo pongas; mas dime, quieres que sean las vayetas de Segobia, o de Palencia? No impidas a mi suerte esta victoria, que morir, un desdichado, será, aunque funesta, pompa. . Y yo acaso estoy de luto, que este manteo me cortas? o soy cursante, a quien das aquesta sotana, o loba? Estas mujeres son brujas, pues nos traen como pelotas. . Es posible, di, Sirena, que no haya de ver tu cara un día alegre si quiera, para más gloria del alma? No bastan mis accidentes, nacidos de mi edad larga, los sentimientos que tengo desde aquella muerte infausta de Amadeo, A quien el Cielo: mas convertida en infancia mi caduca edad se mira, según las iras, y rabias, que mi pecho enciende contra Fernando Rey de Ferrara: tan fiero dolor me anima a una sangrienta venganza. Arpones del corazón, cuchillos de la garganta son crueles, que me hieren de mi padre las palabras. Ay, Fernando, como ignoras, que mis suspiros, y ansias, si los artícula el pecho, por ti los padece el alma! Yo, señora que de vuestra alegría más me holgara, como quien desea ver del Sol esas luces claras: si motivo del disgusto, de vuestros males la causa, es ausentarse Fernando, heredero de Ferrara, sin que tan loca osadía quedaste allí castigada: Por ese celeste globo, y la Deidad soberana, a quien sirvo, que ha de ver aquesa verde campaña; en granates convertidas las preciosas esmeraldas. Puede haber mayor rigor, ni mujer más desdichada! Que donde busco el suave mayor consuelo del alma, halle contrarios, he infaustos tormentos, que lo embarazan. Señora, las primorosas finezas de la constancia de Fisberto, Rey de Chipre, con quien te muestras airada, no han de poder en tu pecho labrar? No prosigas, calla; y de Fisberto memorias segunda vez no me traigas: solo Fernando has de ser, fiel rémoras, que las ansias crueles mías suspendas, convirtiéndolas en calmas. Vos, Príncipe, asegurado estaréis en mi palabra; que aunque Sirena no ha dado él si a mis ruegos, he instancias, de su honestidad, y males, creo nacerá la causa: mas luego que se mejore, quedarán ejecutadas vuestras bodas. No lo dudo, de las repetidas gracias, y mercedes, que me hacéis. Ay, Sirena, como encantas. . Introibo sin licencia, ad formandas pataratas, para lo cual, vade retro vergüenza, si en mí se halla. Cómo habéis entrado aquí? Ecce, currens sicurcapra. . Quién sois? Preguntam errastí: pues no lo ha dicho mi fama? Qué fama? De curatione. Pues qué curáis? De tercianas, los hiprocóndicos males, los dolores de garganta; inflamaciones, postemas, todo género de llagas, tabardillo, crisipela, las heridas de las armas penetrantes de Cupido, los celillos de las damas; y en fin, curo toties, cuotíes, de infirmítate se habla. Si médicamento halláis a los males de la Infanta, el premio os daré; y si no, castigaré vuestras vanas locas osadías. Precio grande de mi mano en paga tendréis, si acertáis la cura. Pues venga, que ya está sana; porque es tal mi habilidad, que en mirándole a la cara a el enfermo, no tan solo le conozco el mal que pasa, el que ha tenido, tendrá: si que brinca, corre, y salta, aunque sea cojo, o manco, y tullido: verbi gracia. Con muletas un tullido llego a mí, que le curara; mando deje las muletas, y que a correr empezara: mas viendo, que no hay remedio, y opor él las agarrara, y receto en sus costillas de porrazos una carga, y el que por el pie fue malo, se hizo bueno por la pata. pues por huir los porrazos, quien no pudo andar, volaba. Tu presencia me ha aliviado. Eso nunca lo ignoraba. Quía inter Químicos Doctores, mi ciencia invenitur magna. Estos escudos tomad, porque Sirena se halla mejor. Aqueso es correrme, que aquí no intereso paga: la boca diga no, cuando el Doctor la mano alarga. En Palacio os quedaréis para asistir a la Infanta. Por ahora esta cadena tomad, Ella sola basta a ligarme esclavo vuestro, y todo aquesto no basta, a costear los jarabes, melosas ceoloram aguas, de borragine bebidas, que estas han de ser formadas de unéiis cuatuor aureorun, de corales, y esmeraldas, quia refriger antes sunt, del corazón, y del alma. Y tú, para estar alegre de esas pedrerías gastas? Etiam, y porque lo creas, recipe letitiae causam: que a latere traigo siempre Margáritas engastadas, y en mil hierbas causativas gaudiorun están tocadas, con ellas he de curar al Rey, la Reina, la Infanta, al Príncipe, y a las Dueñas, la Camarera, y las Damas. Porque mi ciencia se sepa, vuestra Majestad la traiga dos días, y se verá mas sana que una manzana. Este es la misma que di a Fernando: albricias alma, que aquí misterio se cifra. O quien a solas quedara con el Médico! Advertid, que tengo que hablar. Andarlas: ya pegan fuego las piedras, y se encenderá la paja. Solo serviros deseo, que a esto vengo de mi casa. Parece que de este loco Sirena gusta. Es muy rara su ciencia, y ha de sanarla. Pues que se quede a curarla: vamos, Príncipe, que el Cielo le acuerda de nuestras ansias. Ay, Sirena, que tus males los siento yo, y tú los pasas! . A Cielos, dame salida, pues ya se hizo la entrada. Este Médico no entiendo, que a todos dice, que sana, y a mí solo me ha dejado enfermedades de el alma. Non vultis parlaré mecum fregratrij admumchara: hoc modo tu Sol retiras? Córita vuelves la espalda? Pues admito sus locuras, hable en Romance, y sin chanza. Sabe que por ti se muere este Médico que mata. Hará bien, que así se evita de la vida una guadaña. Y ya que dice, que es Doctor de tanta arrogancia, porqué no cura la herida, que le dan mis flechas, y armas? Porque con la zambullida se libran las estocadas, y estas hacerse no pueden, si el contrario no hace cara. Ya a galanteo le admito: si no es galante, no agrada: y quédese enhora buena. Vaya muy en hora mala, que se me quita el amor cuando me piden las damas. Y así mis Reinas, si quieren despedir a quien les mata, pídanles a todas horas, y verán como descansan. JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA
Qué, en fin, no se halla alivio a tus males, y mi prima cada día en su demencia mas se atormenta Lucinda? Qué, en fin, Fisberto, Sirena vive con meluncolías? Tal está, que siendo yo quien asiste a su comida, y menesteres, el alma me ha dejado condolida. Yo, señor, aunque mis penas a verla no me convidan; tampoco mi afecto homite a que sepa de Lucinda, que son sus extremos tales, que han de quitarle la vida. Ya el sufrimiento se rinde a innumerables desdichas. Ya a el corazón se le cercan las tragedias infinitas. Ya seneció mi esperanza, pues sin remedio se mira. Ya perdí yo a Valadrón, pues de miedo se retira. Si algún remedio a mis males puede haber, o Margarita, sois vos: a mis brazos, pues, llegad. . Tan agradecida me miro a las honras vuestras, que de mi hermano, y mi prima las congojas que me afligen, aver gonzadas retiran sus violencias de mi pecho, que a serviros solo aspira. Fisberto, Príncipe invicto de Chipre os habla, sobrina. Vuestra Alteza, gran señora, sea a Polonia venida, con tanta felicidad, a suplir de vuestra prima cuanto ocupaba: que así mi amor nacerá en vos misma. No vengo a suplir sus faltas . cuando siento tantas mías; y advertid, que falsedades no admito contra mi prima. Hicisteis qué se prendiera el Médico, que a mi hija en tal estado la puso? Diligencias infinitas se hicieron; mas no se pudo. Solo a eso se estaría en Polonia; no era bobo, aunque su papel hacía: Mas qué me va, ni me viene en estos dichos, o dichas? Así, que le quiero bien, se me olvidó por mi vida. En Médicos Extranjeros nunca fiara mi vida. Por qué razón, siendo buenos? Digo, si quieres oírla: La primera, porque estos nacidos en otro clima, donde cálidos, o fríos mas que los nuestros se miran, o contrarios los humores; es consecuencia precisa, que como están enseñados a curar a sangre fría, aquellos mismos remedios nos han de quitar la vida. La segunda, porque niego, que estos tengan ciencia fija; porque si ellos la tuvieran, solo una Ciudad sería su morada, y no anduvieran bajando con su sosisma. Dices bien, mas el consejo fue tarde por mi desdicha. Pues dijiste, que viniesen los Médicos; yo quería que fuesemos cuanto antes para ver que determinan. Dices bien, vamos Fiaberto. quedaos con bien, sobrina. . Quieran los Dioses hallar en sana paz a mi prima. Yo también me voy, señora, para llevar la comida a la Infanta. Oyes Lucinda, no vayas sin avisarme, que quiero dar a la vista el consuelo de que vea a Sirena, aunque marchita a tantos contrarios vientos se vea su flor lucida. Jesús, y qué disparate! No tienes gana de vida, o quieres del otro siglo ser moradora, y vecina; que si te ve, hará, que hagas a los muertos la visita. No podré verla sin riesgo en parte muy escondida. No puede ser, porque yo para entrar, la sala misma donde habita de continuo, con la cadena, que estriba de la antésala a la puerta, cierro aquella antes de abrirla, y entro con tanto temor, que muchas veces de oírla me muero aún antes de verla, y solo el verla me alivia, pues discurriendo, que viene tras mi, recobro la vida, por escapar de sus manos, no pudiendo de su grita. Pues tantos extremos hace? Eso es conforme le pilla; que unas veces da en callar, y hace como que suspira. otras veces da más voces, que Notario con Paulinas, ya me predica Sermones, ya se pone a decir Misa, y empezando el Evángelio último, la sinaliza con introibo ad Altare, que a todos causara risa. Esto se queda en palabras, y suele hacerse sin cifra Demonio, y anda a porrazos con cuanto presente mira, También se hace Diana, y se pone tan esquiva, que si cogiera los hombres, les quitara la golilla. otras veces se hace Palas, o Belona tan altiva, que arrancando de los trastos, no hay trasto, que no peligra. Y en fin, cada día va, haciendo cosas distintas, que por ellas te aconsejo, no aspires, a lo que aspiras, que si áspiras, respirar no podrás, porque allí espiras. Nada de eso me convence, yo tengo verla, y oírla. Allá te aguardo, y procura inbien con Dios, y contrita. . Salgan, pues, del corazón . las ansias, y penas mías: qué rigor, qué sentimiento, que congojas, y fatigas tan crueles inhumanas, tan infaustas, y infinitas se apoderan, y entristecen, afligen, y martirizan con los rigores a el alma, con sentimientos vacilan los sentidos, y potencias, con las congojas la vida, y el corazón, cuando el pecho se rínde a tantas fatigas? Mas que el discurso se cansa, si la voluntad se inclina, a querer: luego es amor? no lo niego: pues lástima, y con tal halago hiere, que son suaves sus iras, sus rigores son afables. sus sentimientos caricias, sus congojas son deleites, y alegres son sus fatigas. Y viene a ser todo, en fin, cuando el gusto tiraniza, fálsete, que al instrumento hace más dulce armonía. Pero siendo aquestos males, bienes, en que amor se cifra; no es amor lo que padezco, y si es, más fuertes aras son las que a mi pecho arroja, que las que Antores le pintan. Mas que me admiro, si yo amo con tal bizarría, que, sin saber a quien, doy alma, corazón, y vida. Aquí fanece el remedio, y se acreditan las iras, pues el padecer, no es mérito en esta conquista. Apelo solo al olvido, que aunque difícil se mira, es, en fin, remedio, y debo aperecer lo que alivia. Mas yo no puedo olvidar, porque los Astros me inclinan, a que quiera, no queriendo, para que muriendo viva. Señora, yo discurrí, según dar voces te oía, que te entrabas en la Aula, o se salía tu prima. Y pues a la entrada estamos, y tengo aquí la comida, en aquesta puerta quiero dejar la cadena asida, porque se ciere el cuarte! a donde Sirena habita: entremos en esta sala, pues encerrada se mira la Infanta. Con que seguras, según eso, de sus iras podemos ir? . Sí señora, mas no de su vocería. Dios en mis indignos pies ponga tiento: quedo pisa. Sus voces me compadecen, su sinrazón me lástima. Cómo siendo la que manda yo este Convento, querían, señoras Monjas, quedarse, sin venir a cantar Prima, Maitines, Completas, Laudes: Quién ha de ayudar a Misa? Señora, vente por Dios, que ya dejé la comida en la ventana. . No puedo, que hoy he de ver a mi prima. Mira que yerras, porque ella sale enfurecida; no por seguir un error, quieras peligre tu vida. Supuesto que he de quedarme, aunque más riesgos me digas, el Rey, ni otro alguno sepa, que me dejas escondida. Así lo haré: si te mata, te suplico, por tu vida, que no te quejes de mí; y dame por despedida un abrazo. En hora buena; y hace lo que he dicho, Lucinda. Desde esta alacena oculta veré muy bien a mi prima; Ea, temores, dejadme, alentadme más, caricias. Respeto que ha sido amor la causa de mis delitos, no me admiro también sea de que me sirva motivo. Y pues hoy se cumple el día, en que el Dios compadecido de el amor, suspende tantos locos cansados martirios, permitiendo, que a mi vista venga a dar nuevos alivios, como amante, el que ha de ser, a pesar del odio antiguo de mi padre, y de la plebe, mi esposo, dueño, y marido. Si atiendo a lo que pública la fama, y a lo que he oído, o todos mienten, o yo me engaño con lo que he visto. Amorosa no se queja? No hay duda: Pues como el juicio, dicen, perdió? No lo entiendo: Mas ya lo entiendo, que hechizo es amor que da intérbalos lucidos para delirios mayores; y así lo creo, pues me sucede lo mismo. Tú, joya, cuyos diamantes dan firmeza al pecho mío, sírvele de adorno, ya que le serviste de alivio. Mas que todas estimada ya por tu dueño, y el mío, has de ser mientras yo viva, supuesto que por ti vivo. De una joya enamorada, que está, desde aquí percibo; me engaño: no puede ser; si puede ser, si imagino, que son locuras las suyas, pues imposibles registro. Qué impertinente es amor, pues por ser bien parecido, cosa le parece bien; pero ya bien puesto miro aqueste lazo del pecho; y pues se acabó el aliño, sea el cristal de este espejo firme desengaño mío. De sí misma enamorada, siendo segundo Narciso, contemplo a Sirena: ahora mas su locura colijo. Ya cada instante que tarda, equivalen a mis siglos: si las movibles Estrellas, que en mi dominan, tan fijos contrarios influjos, como antes esparcen impíos. Qué mal rato el de esperar, y más cuando es el alivio lo que tarda, pues dan vida de este hermoso Sol los giros! Al Sol aguardando está: Aya más raro capricho! A el destocado cabello haga este peine su oficio; y pues fenecí con este nunca excusado ejercicio, entre las damas, intento todo que de recogido, y cerrado el tocador, quiero: Yo también rendido me hallo, mas no por eso se suspende el curso mío, hasta ver su hermoso Cielo. Por cierto, que no me admiro, que si fuera a lo que tú cree, que hiciera lo mismo; y así firma tu primero, que luego firma el testigo. No corrió tan breve el Sol ese globo cristalino. No el intrépido Faboneo en tan corto tiempo hizo, desde eso Polo Oriental, al Occidental camino: Ni tan liberal la vista penetra todo el distrito, que presente se le pone. por perpiscaz que haya sido. No el pensamiento sutil, como ligero ha podido, antes que yo registrar de vuestro Cielo divino tantas lucientes Estrellas, tantos Luceros benignos, tantas llamas como salen de vuestro Sol peregrino; que mucho, cuando las alas amorosas me han traído de mi deseo, que excede, por adoraros tan fino, al Sol, al viento, a la vista; mas no al pensamiento mío. Y si no, dígalo yo, que he sido de eso testigo, que he venido tan apriesa, y tan corriendo he venido, que no solo con los pies he andado, si no de ocicos; pues por seguir a mi amo mil desgarros me han seguido. Qué hará, quien de vos amante, con razón loca se ha visto. No más risueñas las fuentes, despeñadas de los riscos, llegan a la vista de Claveles, Rosas, Narcisos. No las Aves más alegres pisan domésticos nidos; ni la aguardan más contentos los infantes pajarillos. No cuando esparce los rayos el Sol, que da todo el siglo, tan gozoso como yo, solo con haberos visto. Mas qué mucho si mi amor es aljófar cristalino, que se esmalta en los favores tan grandes, y peregrinos, como poneros por mí a los riesgos, y peligros. Todos son dulces halagos, pues que por ellos consigo vuestra gracia, y mi fortuna, mis glorias, y los benignos luceros vuestros, que son para mí siempre propicios. Ustedes hacen muy bien de holgarse ahora, pues miro, no llegará a granazón el casarse, pues impío, y más colérico el Rey lo impedirá, por motivos que sabéis. Ese martirio es el que padece el alma, el que turba mis sentidos, el que mis dichas impide, y aumenta más mis delirios, pues con Fisberto. No nombres, a quien el alma de oírlo, tan desamparado deja este animado edificio, que cada letra en su nombre para mi es duro cuchillo. Tu temor es excusado, y contra mi mal sentido, que habiendo ya declarado, el que te adoro, y estimo; que es de más en las mujeres de mi altivez, y mis bríos: son lo menos los rigores; las venganzas, los martirios de mi padre, porque todos, crueles, o vengativos, no bastarán a borrar tu imagen del pecho mío. Deja, señora, que esclavo, humilde, preso, y rendido, a las aras de tus pies me consagre sacrificio, en recompensa de tantos lauros de mi recibidos. En mayores confusiones me ponen tantos indicios; mal digo, pues evidencias de su cordura aquí miro; siendo sus locos extremos amorosos, y fingidos: más atención, y apuremos tan hipócritos delirios. Deja a mi cargo el buscar en tantos males alivio. Y si tu padre no quiere sobre aquel pasado ruido consentir? Eso es en vano: que si mi padre remiso estuviere, haré desprecio del Reino, que en nada estimo; perdiéndote a ti, por quien cuando más muero, mas vivo. Más blandos que una jalea están ustedes, qué lindo! Pues con escuela tan buena, como una miel me derrito: que no esté aquí Lucindilla para lucir mi capricho: mira que es tarde, señor, y creo, que ha anochecido: mintió aquesta mala lengua, porque a vista del Sol mismo, que es su Alteza, huyen todas las sombras a los abismos. Discreto sois, Valadrón, y aunque es lisonja, la estimo. Que soy discreto, concedo, pues no puedo desmentirlo, que he gastado mi dinero en comprar algunos libros, y en estudiar en Bolonia; pero niego, que haya sido lisonja, pues no he pisado las losas, ni los ladrillos de Palacio. Pues mañana, antes que Apolo esos Riscos encumbrados los corone de tan brillantes, lucidos turbantes, volveré a verte. Vayan los Cielos contigo. Y ellos con bien a tu vista me vuelvan, bello prodigio. Ausente de lo que adoro, sola. y suspensa me miro, por mandado del amor presa en aqueste castillo. Que mucho que lo esté el cuerpo, si lo está más mi albedrío! Supuesto, que sola está, y entre si dando suspiros, salir pretendo; mas no intento hacer su delito manifiesto. Si hallaré remedio en tanto conflicto? Si hallarás. Válgame el Cielo! Toda soy un mármol frío: todo milagros amor, y confusiones el mío! Mas yo me suspendo, cuando contemplo, que por Divinos incomprensibles portentos esta voz me ha respondido: pues en favor de mi amor, y de mi mal en alivio me habla, proseguir quiero, usando del valor mío. Oh tú, que a mis lamentables, aquí horrorosos gemidos me respondes favorable, cuando se quejan impíos, di quién eres? Si diré. Con nueva causa me admiro! y con justa razón creo, tener los Astros propicios, que en mi dominan, saliendo del confuso laberinto de mis rigores, y penas, de tormentos, y martirios; pues siendo, como pareces, Diosa de aque sos Divinos, altos, y Celestes Globos: Venus, que a ese Dios Cupido supo sujetar despierto, sabiendo vencer dormido; no hay borrascas que me aneguen, habiendo tu prometido tu protección en mi amparo, en mi pesar tu dominio. Aunque no soy, como juzgas, de aquese admirable Olimpo; Diosa alguna, que te ampare, Venus, que dé a tus peligros seguro puerto; soy quien con afectos, aún más finos, y con mayor voluntad sepa arriesgar en tu alivio la vida. Pues di, quién eres? Para que de agradecido mi corazón te consagre. Ya que el servirte consiga sabe, que soy Margarita tu prima, y del no vencido Amadeo hermana, quien pisa ese Celeste Empirio. Supuesto que aquí has estado, no dudo el que tú hayas visto lo que ha pasado. . No ignoro, el que dos hombres contigo hablando han estado ahora, a quien ni he hablado, ni visto jamás, mirándote cuerda, cuando todo el circuito de tu demencia penoso, verdadera la han tenido: y aunque penetrar no puedo la causa por los indicios, el saberla deseara, por ver si el afecto mío, como desea, pudiera en algo, prima, serviros. Tú, Margarita, tú sola pudieras el oprimido lazo de ahogos quitar del pecho, que agradecido en mis brazos os recibe, por pagar el beneficio tan grande como me hacéis; pero antes de deciros mis sucesos, que prometas de ampararme te suplico. Aqueste es el mejor medio, que habiendo sido el motivo de las iras de mi padre, la muerte que dio a mi primo, Fernando, si Margarita no insta, se ha fenecido. Aunque de nuestra amistad, del parentesco, y cariño podrías creer, que yo solo aspiraba a serviros: para que mejor lo infieras, juro a los Cielos Divinos de hacer por vos cuanto pueda; y porque sea más fijo, mi mano, y palabra os doy; y así manda. . Yo suplico. En aliviarte me emplea, y como quisieres dilo, que ya me parece tarde. Pues oye, que ya prosigo? Ya sabes, como en Polonia, en lauro, y aplauso mío mantenedor de unas justas tu hermano, Príncipe invicto del Piamonte, se mostré, aplazando en desafío a los Heroes valerosos de Reinos, y Señorios. Y supuesto, que no ignoras todo lo allí sucedido, presta atención a lo que nunca hasta ahora has oído, Entre los Aventureros, que allí pisaron el circo funebre de la campaña, para más pesares míos. Entré uno, cuyo nombre, por no importar el decirlo, lo callo, pero sus prendas, su valor, donaire, y bríos, en cambio de mi disculpa, referirlos fue preciso. Tales fueron, que pudieron el cautivar mi albedrío, por donde mi corazón mas se confesó rendido. Por antiguas disensiones, entre sus padres, y míos, fue forzoso el ausentarse, por haber convalecido con la vista de los dos, los ya pasados delitos, Mira tu cual quedaría mi corazón, pues le quiso tan secretamente, que a su dueño no dio indicios. Ausentose sin saber mis crueles desvaríos, dejándome amante, en fin, de mis tragedias principio. En este tiempo de ausencia, daba al sentimiento vivo, por consuelo la esperanza, con que suspendí el gemido. Y aunque marchita al combate de lo imposible se vido, muriendo vivi gustosa, porque cuando quiero vivo. Viendo mi padre las penas, los rigores, y peligros, dispuso, por consolarme, que me case, cuerdo aviso, pues de femeniles pechos destierra los parasismos, con el Príncipe Fisberto, del gran Rey de Chipre hijo. Cuando me lo propusieron hidrópicamente dijo la lengua, sin perturbarse, que sí, porque conocidos no fuesen todos mis males, y perdiese el bien que sigo. Pero apenas quedé a solas, cuando al labio fementido mi pecho, y entendimiento castigan tanto delito. Aquel le desmiente, dando al aire dos mil suspiros: este discurriendo medios, que suspendan los peligros. Cuanto más breve era el plazo, mayor era mi martirio, pues hizo locos extremos; verdaderos, o fingidos, tales, que evitar pudieron en mí un cruel homicidio. Por Fisberto, y por mi padre se asigno precio infinito a cualquiera que curase mis penosos desvaríos. Entre muchos que vinieron, a uno aquesta joya miro, que mi amante en un festín pudo obtener al descuido. Verla, y conocerla fue tan igual al regocijo, que ingnoro cual fue primero, pues todo fue a un tiempo mismo. Al médico le pregunto, por donde la joya vino a su poder, dando muestras como mi corazón quiso al sujeto que la di, aunque él no tuvo aviso. A esto me respondío: sabe, señora, que sirvo al dueño de aquesa alhaja, quien por amarte está vivo; pues dice, que no se muere, por no faltar al divino celestial dueño, que influye en él milagrosos bríos. Y que por respecto tuyo vivía, yo te lo afirmo; pues sufria tales penas, y daba tantos suspiros, que le acabaran, si no adorara tus desvíos. Con estas, y otras razones supo cambiar a propicios Astros contrarios, que fueron constantes de mi mal signos. Para dar tiempo, que amor usase de sus cariños, a que me tenga por loca mi padre me determino. Tan bien lo fingió el afecto, como el efecto lo ha dicho, pues suspendiendo mis bodas, me traen a este Castillo. Por aquesa oculta boca de una mina, que ha servido de pasar al Panteón, o Mausoleo, que herido de las edades del tiempo, desmaltelado se ha visto, donde mi amante aguardaba de mí un favorable aviso, fue el criado a darle cuenta de todo lo que te he dicho, y para que no lo erraso, enseñarle este camino. Que se logré su deseo, y el mío, ya has conocido, como también de mis ansias, hasta lo más escondido. Y pues tu palabra has dado, jurando por los divinos transparentes promontorios de ampararme en mis delirios. Por nuestra amistad, amiga, por el parentesco, pido, prima mía, que lo hagas; que si como yo te has visto enamorada. no dudes, que por ti hiciera lo mismo. Para que tu amor me deba lo que alcanzar no he podido, cuando el amor me abrasaba, siendo cuerda en el juicio. Y aunque mi demencia algo, siendo loca ha conseguido, cumple tú lo que prometes, y todo será cumplido. No solo, hermosa Sirena, la palabra he prometido, pero mi vida consagro, con ella puedo serviros, pues la arriesgara, por dar a tus delicias principio, No es tan difícil la empresa. ni tu mal tan infinito, porque son glorias a vista de tantos tormentos míos. Sabe, que aunque no me quejo, muero de amor tan impío, que aún no da aliento a la lengun para que alivie en suspiros. Cuando venía a Polonia, por Suecia hice camino, y pasando la eminencia de un enmarañado risco, los criados se perdieron, o erré de la seuda el tino. Y como los brutos tienen a veces mejor instinto, ya que con voces no pudo, con acciones me lo dijo. Ya en caminar perezoso, ya en parar su curso altivo, ya en querer volver atrás, conociendo su peligro. Yo discurriendo pereza, lo que era lealtad, y brío, como nacida en la silla, clavé los pies al estribo, dándole bastante rienda, y mirándose él herido, con tal rigor, de la espuela, no solo falté de un brinco un engañoso arroyuelo, con cuajado cristal frío; sin que rompiese los aires otro Pegaso ser quiso, que al instante que el tridente toco el golfo cristalino, para empezar a correr, alas le prestaba el Nilo. Precipitado me hubiera. si al brillante, y duro filo de un valiente, hermoso Joben no se postraran sus bríos. Mejóreme de aquel susto, y entre sus brazos me miro con nueva vida, mas él con el aliento perdido, con mal formadas razones, y con turbados avisos, recobrando los acentos, de su amor a darme indicios empezaba, cuando llegan todos los criados míos. Con nueva causa suspenso, al ver que yo me despido, le queda; pero mi pecho se mostró allí agradecido, tanto; que inferir bien pudo pasabamos un mal mismo: yo me vengo, y él se queda, y ambos sin saber quien fuimos. Con que discurre tu ahora; cuan mayor es mi martirio, pues muero sin esperanza, y muriendo siempre vivo. Pues vivo amando en extremo, a quien darme vida quiso, y sin querer, por querer, de mi vida cortó el hilo. Aún más Margarita, siento tus rigores que los míos: supuesto que el bien que adoro, del Rey de Suecia es primo, consiguiéndose mis bodas, haré, que pases conmigo a Suecia, por si acaso el acaso, o el fingido cuidado nuestro descubre ese amante que te ha herido. Pues a mi cuidado deja, que al Rey tu padre, y mi tío, diré como sé curar de aqueste tu mal prolijo, y que en dos días haré estés buena, como fijo juramento haga, de cumplir lo que yo le pido. Dices bien, porque mi padre tanto desea mi alivio, que pleitesía hará de hacer lo que tu perdido hubieres. . Adiós Sirena. Adiós, Divino prodigio. Ya se acabarán tus ansias. Yo a las tuyas daré alivio. Los Cielos oigan tus voces. Y ellos te habrán camino. Para que todas sanemos de la herida de Cupido. NI C
JORNADA TERCERA
Es posible, señor mío, que no tenga vuestra Alteza entre las horas del día alguna que le divierta? Serán mis males eternos, infinita mi tristeza; porque vivo amando a quien no ve padecer mis penas. Y aún es mayor mi dolor, pues no sabe, que por ella padezco, si ser preciso, que sin que lo sepa, muera. Fue tal el encanto, que mi sentido tuvo al verla, que se fue el tiempo en beber de tal Aurora las perlas. Y por no dejar lo más, por lo menos, sin que sepa quien fuese, cortó los vientos, dejando el alma suspensa. Apenas me recobré, cuando mis voces ligeras procuraban alcanzarla, viendo no pueden, se empeña la vista; pero el dolor de que la pierde, la anega. A los suspiros apelo, y aunque de ellos más se puebla de Solo aquese imperio, y de Aves esa esfera, considerándose humanos, no es mucho violar no quieran de esta deidad el sagrado, que hasta los Astros veneran. Lo que empezo tan violento, ya es en mi naturaleza, pues, si no me quejo, muero, y en fin, me alivian las quejas. Pues en Polonia te hallas, Corte que todos celebran, diviertante sus deidades, agradente sus bellezas. Los regocijos que hacen, por estar la Infanta buena, y casarse con Fisberto, que toda la Corte es fiestas. Si todo aquesto no basta, alegre ponte si quiera, porque vendrá Margarita, que dicen sanó a Sirena su prima, que padecía el mayor mal de demencia, de hipocondrís, y letargos, parasismos, y tristezas, dicen es su habilidad la mayor, pues sanós esta. Y tu padre, por si acaso con tu mejoria acierta, aquí te envía; y no dudo quedes sano a su receta. No son tan grandes tus males: tienes más que una perpetua locurilla natural, mezclada con la tristeza, aquesta siendo el principio por dónde la otra entra? Y aunque contra ti el refran, que quien de locura enferma, tarde, o nunca sana: esta si se cumpliere paciencia. Por qué a Polonia, mi padre, ha de enbiarme por fuerza, si allá no tengo de ir? No han de poder sus violencias contra mi gusto, y mi amor, el sacarme de Suecia. Hechos son los otros, malo, que se ha quebrado la cuerda: qué he de hacer, pese a mi suerte, no toque en mí la vihuela. Cómo vos estáis aquí? No he dicho, qué os vayáis fuera? Cierto que no lo había oído, que soy sordo de una muela. Pues qué aguardáis? idos presto. Iranse, que no son bestias: si no me voy, aquí puede el romperme la cabeza, porque es dádiva de locos; si me voy; a riesgo queda: obro como buen criado. No os vais? Muy malo es el tema del sermón, y de quedarme con salutación acuestas. Cómo he de irme, señor, si estoy cojo de esta pierna, que me la quebré ayer tarde? Villano de esta manera haré te vayas a dar en el otro mundo cuenta. otra, y mil veces, amiga, lo que ha pasado, me cuenta. otra vez, prima, te digo, que tu padre me dio cierta palabra, de hacer lo que mi suplica le pidiera; y así, estar segura puedes, de que mi fe le convenga en la ocasión. . No sé cómo pagarte tantas finezas. otra vez, Fisberto, os digo, que será vuestra birena. El pagar tantos favores de mi afecto será deuda. Hija, y sobrina seáis bien venidas, donde vea dos atlantes de mi vida, pues que con la vuestra alienta. Ambas, señor, a los pies de vuestra Majestad puestas, para besar la Real mano, solo esperamos licencia. Levantad, porque mi amor os estima tan de verás, que de lo mucho que os quiero conoceréis la experiencia: Yo he tratado de casar con el Príncipe a Sirena. Antes de darle la mano, aquesos Cielos pluguiera, a no haber otro remedio, que al duro acero muriera. Qué dices de aquesto prima? Disimula, pues es fuerza. Esto supuesto, me escribe el grande Rey de Suecia, cuyo Príncipe en Polonia está ya, que la demencia de su hijo no ha podido, por Médicos de gran ciencia curarse, y teniendo allá noticia con la experiencia que vos, sobrina, sabéis curar de aquesta dolencia, me encarga, que así lo hagas, y porque agradecido sea, por no caber otra paga, que del gran Príncipe ofrezca la mano, para que esposo entre tus brazos se vea: no es muy pequeña la paga, que una Corona te espera. La dejara siendo mía, . porque mi albedrío fuera el que Reinase, y mi gusto, que más estimo. A Sirena, a las dos influye hados de una misma errante Estrella! No hay si no dejarlo al tiempo, que él nos dará la defensa. Lo mejor es acabar con aquese de Suecia, pues en las manos ahora no mala ocasión te espera: De Responsos, y atahudes llénale tú la receta, y hacer que trague la cura, ahora quierao no quiera. Al entrar dijo un criado. del Príncipe, que licencia aguarda para venir a Palacio, porque puesta en ejecución la cura, cuanto antes se fenezca. Yo todo aquesto procuro, por no poder a Sirena dar la mano, hasta que juntas las de Margarita sean con el Príncipe. . No es justo, que el Príncipe a casa venga estando malo; y así tú, sobrina, con Sirena, que no es razón sola vaya, ir puedes; y advierte sea con cuidado: mas no tengo que decir, pues lo interesas. . Ay, Sirena, cada día mas tus incendios me queman cumpla el plazo mi fortuna: Dios guarde a Vuestras Altezas. . Lindas han quedado ustedes, sin visitas, y compuestas, parecéis Ninfas de mármol. Margárita, prima, deja que del rigor de mi padre todos mis sentidos vuelvan. Razón tienes de quejarte; pero si bien consideras mis confusiones, exceden a las tuyas con excelsa magnitud, y oye, si quieres, la causa, y tú me aconseja. De que en fortunas de amor la mía a la tuya exceda en lo cruel, ya lo sabes, pues sin esperanza pena. Mas discurramos las dos, para salir bien de aquesta del Príncipe enfermedad, que he de hacer: porque si intenta mi mano a sanarle, como sin tener en esto ciencia, puede quitarle la vida, y inhumana facción fuera. Si digo, que yo no entiendo de esto, se hace manifiesta tu fingida enfermedad, y todo a perder se echa. Ejecuta mi consejo, y verás como no yerras. Que es tu consejo nos di. Escucha, porque lo sepas. Mirad, soy de parecer, que aqueste Príncipe muera a manos de tu ignorancia, que no será la postrera vez, que a manos de Doctores, y pluguiera a Dios lo fuera, los que están buenos, peligran, y aún sin peligro, se quedan, Con esto del susto sales, y en tu libertad te quedas. Es como tuyo el dictamen: cuál es, prima, tu sentencia? Que vamos a verle ahora, que el pulso tomes, y venga a su mal, o no refetés un jarabe, que no sea dañoso, después cordiales, y algunas demás recetas, con que no corra peligro; si no saña, la respuesta está en la mano, diciendo, que incurable es su demencia. Muy bien dices, prima, vamos. . Por si Valadrón viviere, en la ante sala te queda, Lucinda, y que no se vaya le dirás, hasta que vuelva. . El obedecerte es dicha, cuando en mí no fuera deuda: Para aguantar esta cura, Dios, Príncipe, te dé fuerzas, pues irás al otro mundo, si el Cielo no lo remedia. Malditas sean las casas donde no habitan mujeres, que por mucho que se barran, limpias nunca pueden verle, Un instante no he parado en componer trastos, desde que avisó el Rey, que Sirena con Margárita acá viene. Acabo, pues, de barrer la regia antesala de este apolento de mi amo, donde aguarda, como suele. Yo temo, que han de llevar solías las inocentes, en dándole el mal, que sean Reinas, mi amo no atiende! Ni a la Infanta, ni a la Dama, por quien dicen, que él se muere, pues creo, que han de llevar recios, y limpios cachetes: aunque sea a Margarita la que cura. Diga, es este del Príncipe de Suecia el cuarto? Mi Reina, esle. Podremos ver a su Alteza? Díganme, quién son ustedes? Qué es la Infanta de Polonia, el mentecato no advierte. Como mi padre no quiso, que con nosotras viniese comitiva, por no dar murmuración a la plebe, no es culpable. Ya lo advierto: y usted, que con ella viene, no es Margarita su prima? La misma soy. Pues esperen, iré avisar a mi amo; pero mejor es que entren sus Altezas, y perdonen las innocencias que vieren, que como recín llegados. Bien está. Prima, si de este caso sales bien ahora, yo te aseguro, que puedes ar por el mundo curando. Has visto tan mala suerte? . Si la humana Arquitectura es preciso ya sequiebre: si el vital estambre corta cuchilla, que tanto hiere: Para que el Rey de Polonia tan malos tratos dar quiere a la hermosa Margarita, a quien es fuerza desprecie por aquel bello imposible, que adoro, sin conocerle; mas en llegando a este punto todos mis delirios crecen, los sentidos se enajenan, y el corazón se estremece: ya que el alma me has quitado; podré saber, di, quién eres? Sí, Margárita, hacia aquí el Príncipe el cuarto tiene. Esta voz, aún dicha acaso me alivia, aunque me suspende. Tú, deidad, la que respondes, aunque no seas quien mueve mi vida: a mis ojos, di, querrás ponerte presente? Ya voy, porque sin tu luz la Luna no resplandece. De esta voz todo mi alivio, parece que está pendiente! Mas aquestas son fantasmas del deseo, que hace siempre realidades, los que son para dar alivio antes de razón, que dan objetos imposibles por deleite. Vuelve a sentarme, y a dar . nuevas causas a mi muerte. Vuestras Altezas se lleguen, que de su mal está quieto. Mal hallado con sus ansias, solo ha quedado, y suspensa. Lleguemos a hablarle, prima: Vuestra Alteza: mas qué veo! el gozo de haberle visto, ha embargado en mí el aliento. Quién aquí? Pero qué miro! que es verdad, y no lo creo. Con tan impensado caso soy inanimado hielo! Ya con suerte tan dichosa todas mis penas huyeron. Quién entenderá estas cosas? O estoy borracho, o sueño! Esto es caer el Doctor, porque está bueno el enfermo. Pero aún desmayada yace! Perdonad, señora, el yerro, y dadme licencia, que los suspiros de mi pecho vuelvan la deidad hermosa, de quien es el alma dueño. Que aquí te dijo Lucinda, que Sirena estaba? . Elo: Por Cristo, que la enamora! Que ella le responde es cierto, Calla, no agravies al Sol. que son locos devaneos. Señor Príncipe, advertid. No tengo que advertir viendo que la luz le falta al mundo, cuando se oscurece el Cielo. Esto es verdada a qué aguardan los rigores de mis celos, que no castigan osado, tan locos atrevimientos? Mueran todos los que intentan violar mi honor. Ea, a ellos, y no repares en que haya plegarias, y ruegos. Por despojo de mi espada quedará tú atrevimiento. Fernando, esposo, mi bien, advierte Ya me suspendo, por ver, que de esa hermosura, que en tus brazos, sin aliento está, pudieron nacer mis desesperados celos; también porque tus palabras, para mí tan dulces ecos son remoras, que detienen amagos de este instrumento. Y también, por ver presente, si la vista, o el deseo no me engaña, que es mi primo el Príncipe. No mi afecto, al veros Fernando, puede dejar de abrázaros. Bueno, pues se acabó la pendencia, y ya se ausente mi miedo. Malo, que paces se hacen, y no se cumple el deseo de sacudirle al criado, que me ha temido por cierto. Qué causa a Polonia puede haberos traído? Luego de mis pasadas fortunas os diré, que ahora apelo a librar mi vida, que pendiente de aquesta tengo. Advierta, pues, Vuestra Alteza, que importa guarde el secreto, de que mi prima no sepa, que es Fernando el que estáis viendo, Luego vuestra prima es Margarita? Albricias, alma, que hallando lo que buscaba, mas divino es el objeto. Ay de mí! Todo es misterios, lo que en tus acciones veo; pues unas veces alegre, y en otras triste os contemplo. Porque esta esquiva Diana, esta hermosísima Venus, esta fugitiva Dafne es por quien padezco, y muero, Porque amor eres cruel, cuando tan propicio el Cielo a mis contrarios naufragios promete seguro puerto? Margarita prima, vuelve, no desmaye así tu pecho. Aquestos desmayos, solo . los ha causado el contento de ver al Príncipe, a quien adora tan firme el pecho. Yo desde el día, que os vi, señora, quedé tan ciego, y tan loco de amor, que a su arpón hubiera muerto, si mi fuerte no me diera la ocasión aquí de veros. Pues yo mi prima es testigo, pues hanido los lamentos, que amante daba, y no ignora, que sois vos la causa de ellos. Con que de un error están todos alegres, y buenos, solo yo quedo en ayunas, pues de Lucinda no pruebo. Gracias a Dios que mis ojos una vez te han visto bueno. Ya, bellísima Sirena, mi corazón de los riesgos puede asegurarse? Sí: que en lo que toca al deseo, hijo de mi voluntad, solo adorarte es su obsequio: mas ya sabes, que mi padre intenta, que con Fisberto contra mi gusto me case, aquí, tu busca el remedio, Morirá Fisberto, y todos los que intentan, poco cuerdos, contra mi gusto oponerse, que solo para ese efecto, a mi padre tengo escrito a Ferrara, porque luego entre abrasando en Polonia, con tal populoso estruendo de Marte, que a sus pisadas venga aquese Campo estrecho, Eso sí, todo se arruine, que por ti todo lo pierdo: Y por que esta noche ordena una máscara Fisberto de galanes, y de damas, de mi salud en obsequio, ir con el Príncipe puedes, que no se excusará creo. Cuándo, señora, no fuera siguiendo el hechizo bello de Margarita tu prima, lo hiciera a vuestro precepto, Pues a las dos en común nos tora el agradeceros, en el nombre de mi prima, en cuyo amoroso pecho sé os halláis, porque obligada le tenéis, os lo agradezco. Cuando los rayos nos niegue aquese luciente Fabo, amparado de la noche iré a ver el día mismo. Yo iré, señora, a vivir, pues que vivo cuando os veo, Adiós, mi bien. El serviros. es deuda a vuestro respecto. Venid, ya qué es esto causa de estaros viendo más tiempo. . Usted se va sin hablar palabra, señor mancebo. Diga su merced, si tiene, que mandarme. Mucho tengo. Mande, porque le obedezca. Pues venga detrás sirviendo. Qué esto sufra! yo le mato con el virginal acero. Qué me responde el gran simple? Digo, señor, que obedezco. . Señor, vuestra Majestad está con el lucimiento de las galas, que desmiente la edad el garboso cuerpo. No en el luminoso Carro sale tan brillante Febo, pues la juventud de Adonis envidia vuestros alientos. El vestir aquestas galas, asistira este festejo, mas que apetito del gusto son disfraces de mi afecto: Porque esta noche la mano a Sirena, o gran Fisberto, de Chipre Príncipe invicto habéis de dar; ya ese tiempo, el de Suecia a Margarita, mi sobrina, porque atento, y agradecido, por ser ella quien le ha puesto bueno, con ánimo al festín viene de unir sus dos castos pechos. Mas, pues, del sarao el ruido se acerca, a unirnos con ellos por aquesta puerta vamos. Mi obediencia es tu precento. . Ya los Eclipses dicen de lucientes Antorchas, que Astros Extranjeros este Emisferio cortan, Qué cinco flechas de nieve produzcan tantos incendios! Mucho el Príncipe nos mira? alguna desdicha temo. Qué gustosa amor me lleva! Cómo influyen tus luceros! A Sirena he conocido con un joven Extranjero: sin duda por mí le tiene; antes que empiece el festejo, sabré lograr la fortuna siendo atlante de su cielo. Pues con nubes se ocultan las lucientes Auroras, señal que se disfraza el amor entre todas. En vano buscáis defensa, cuando me alientan los celos. A mí me anima el saber, que de aquesta dama dueño no ha de ser otro en el Mundo, sino es yo; esto supuesto, la vida rendid en pago de tan grande atrevimiento. Como en uni sacro Palacio tan desleales extremos se hacen? Parad las armas, y los rostros descubiertos dejad Mi primo es con quien ha sucedido el empeño, y es mayor si le conocen; y así descubrir no quiero la cara, que de esta forma ponerme a su lado intento. El de Suecia mi primo es el que se oculta al negro cendal, y con sus acciones, que por mí se arriesga, veo. En lance tan riguroso qué intentas hacer, supuesto, que en descubrirte, Fernando, te amenaza gran de riesgo y en ocultarte en quilates excede al riesgo el empeño? No, hermosísima Sirena, temas, que aunque de este velo tus resplandores se encubren, no por eso sus luceros dejan de influir en mí mayor valor, más aliento. De este disgusto la causa contad, Príncipe Fisberto, Pastando esa galeria para ir al Salón Regio, la fortuna, o el acaso, aquese hermoso portento, que de lúgubres cortinas oculta el más bello Cielo, me ofreció por compañera: callar, que es Sirena intento. El máscara que con ella ahora está, quiso resuelto oponerse a mi designio, haciendo lengua el acero. Aunque me ha aturdido el ver tan locos atrevimientos, mas en cólera me abrasa, considerar, que al precepto que os manda, que os descubráis, no deis obediencia ciegos. A vuestro lado tenéis . mi vada, espada, y esfuerzo. Es deuda de mi amistad, aún más que del parentesco, y pues tú me ayudas, cosa en descubrirme ya temo: Yo soy de Ferrara el Duque, que abrasándome en el fuego de la Infanta, a quien adoro, sabré morir en su obsequio. Muera, pues que die la muerte a mi sobrino Amadeo. Matadle, pues a mi hermano quitó la vida soberbio. Pues yo soy el de Suecia, que contra todos opuesto; al que intentare prenderle, sabrá castigar mi acero, Cómo, Margarita, faltas al homenaje qué has hecho de amparar al de Ferrara, hasta que fuera mi dueño? Pues es el mismo que hallaste en el Castillo funesto de mi amorosa prisión, siendo causa el amor ciego. Digo, que tienes razón, por esto desistir quiero de mi injusta pretensión contra el Duque; pero miento, que si me aparto, es porque el de Suecia resuelto, ampararle determina, por ser su cercano deudo, y no puede ver amor a quien adora en el riesgo. Miren a que se disponen, porque si el pulzo al acero tomo tres, o cuatro requies, y parece Mihis receto; como Doctor sabré darles purgas, con que vayan luego a cursar allá en Bolonia, que es camino del Infierno. Señores, nadie me tema, que aquí está un Médico ingerto en gorrón Salamanquino, Gentil hombre, y Escudero. No sé que decir al Rey, . por ver si librarle puedo, y vengar después en él aqueste abismo de celos. Vuestra Majestad, señor, bien se acordará, que tengo interpuesta mi palabra de darle muerte primero al de Ferrara, y así el que no se empeñe intento en prenderle, ni matarle, que es injuria de mi aliento. Todo queda asegurado, como el Duque quede preso: Ah de mi guardia, Soldados, prended al Duque al momento. do. No tan momonie sa que no sea un monumento, cambiando este alegre sitio en un teatro funesto. Pues le amparo, no podréis. No podréis, pues le defiendo, No podéis, aunque queráis, si yo primero no quiero. Amor ampare tu vida, pues fue causa de este riesgo. Amor lo sabrá dorar, pues fue causa de este yerro, Señor, palabra me diste de cumplir. s Válgame el Cielo! Cuando huyo de un peligro, con otro peligro encuentro. Quién válido de la noche escandaliza mi Reino? Si serán estas mis Tropas? Yo os lo contaré, que huyendo quise apenas salir fuera del Palacio, cuando veo, que Ejércitos numerosos ocupan todo el terreno de aquesa Plazuela Real; y a voces vienen pidiendo al Gran Duque de Ferrara, jurando, que si está muerto, de arruinar esta Ciudad a guerra, con sangre, y fuego. Mira, pues, que determinas, pues qué te amenaza el riesgo? Albricias, corazón mío, . que ya amor no es todo miedos. Quién creerá que amor se alegra, . siendo el que a mi hermano ha muerto? Que como alces la guerra, que te vuelvas libre dejo. Si otra cosa no consedes, nunca el irme libre puedo, pues en la Infanta Sirena todos mis sentidos tengo. Cómo, si tratada está, de casarse con Fisberto. Vos, señor lo habéis tratado, sin que consintiera en ello: Pues mi prima Margarita sabe muy bien, que primero alma, y palabra le di a Fernando, a quien venero, Y que mi demencia cuerda fingí, porque vos resuelto con él casarme queríáis, siendo ya el Duque mi dueño. Y lo que mi prima dijo, que habíais de hacer en premio, de haberme dado salud, fue, dieses consentimiento de casarme con el Duque, que nuevamente os lo ruego. Pues yo, aunque entonces no supe, que era el Duque el Caballero, que con Sirena encontré, y que a mi hermano había muerto, pues que le di la palabra, que se la cumpláis espero, que a mí la disteis, señor, de hacer lo que mis acentos os pidieran, que aunque entonces no lo dije, que es lo mismo, ahora os digo. Bien está. Ya veis, Príncipe Fisberto, lo que pasa, y que en mi mano no está el cumplir mi deseo. Yo, señor, vuestras finezas estimo, y gustoso quedo, que inclinaciones de amor no quitan merecimientos. Sobre gusto no hay dispura, se dijo por esto mismo: Lucinda, tu barba moja, para que nos afeitemos. Pues Sirena, con el Duque te case, y con vos, Tisberto, Margarita mi sobrina. No puede ser, que es espejo, Margárita, en que me miro, y por quien vida poseo. Eso será, si su Alteza os paga en igual afecto. No solo agual, si aún mayor, pues por el Príncipe muero, y por el Príncipe vivo, que aunque contrarios afectos, como amor es milagroso, se hallan bien en un sujeto. Las dos bodas se celebren. Y yo acompañarlas quiero? Esta es, Fernando, mi mano. Dichoso yo, que el imperio de Nardos, y de lazmines, en sus fragrancias merezco. En mis brazos os recibo. Aunque soy indigno de ellos, vuestro mandato me alienta subir a tan alto cielo. Pues qué Valadrón no habla, . casarme con Lucinda quiero, Dego, señora, Lucinda, usted quiere un Escudero? Vaya el pícaro gallina a formar un gallinero, y allí ponga su pendón con sus armas, que es el miedo. Tú, o, dadrón, dices bien, que yo incsinada a tu aliento, mas que medrosas gallinas, quiero sabrosos carneros. Buen provecho a ustedes haga, que no les envidio el premio, Y el Autor pide perdón a todos de sus defectos.
