Texto digital de Lo que vale ser devotos de San Antonio de Padua
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- José de Cañizares Probable
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que vale ser devotos de San Antonio de Padua. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-vale-ser-devotos-de-san-antonio-de-padua.

LO QUE VALE SER DEVOTOS DE SAN ANTONIO DE PADUA
JORNADA PRIMERA
Y y Iva el Rey Don Pedro. o. Y Y vea corouado de laureles su Dosel. La Venus de Portugal:- Viva, y reine. otra vez me dad los brazos, Don Carlos. otras mil veces mi humildad a vuestros pies, señor, en lo que cupiere satisfaca tanto honor, que estima, y que no merece. A este camarada antiguo de allende el mar se le ferio otro abrazo. . Zorro amigo, mucho me alegro de verte. Hartos nombres como el mío tomamos en los banquetes de Londres, cazando zorras sobre campos de manteles. Entonces más venturoso era yo. . Precisamente: mientras uno está borracho. está feliz, y está alegre. Amigo, ese humilde trane mal con las galas conviene, con que os vi en Inglaterra; y ese rostro no parece que conserva aquel festivo humor con que afablemente os hicisteis codiciable, sin que lo descacciese el pundonor, pues por sabio, por galán, y por valiente, tuvisteis entre las Tropas el lugar que se les debe a vuestras prendas; qué causa, qué motivo, qué accidente, tan en todo demudado, o desfigurado os tiene? que aún yo, que tanto os amé, he menester las especies, que conserva mi cariño, para que a conocer llegue, que sois vos el que antes vi. Mudanzas son de la suerte, que como árbitro absoluto de los males, y los bienes, a lo que quiere no da más razón, que la que quiere. Serví a mi Rey con buen celo, con honra, y dicha, y busquele para que con su clemencia mis méritos atendiese. Esperaba en su favor el fruto correspondiente a mis trabajos a tiempo que mis libres altiveces eligió amor por asunto de algunas quejas crueles, que contra el desembarazo, que mantuve cautamente, tenía sin duda, y rindiome a los dos astros celestes de una honestísima Dama, aunque con nobles parientes, sin más dote, que virtud, belleza, y juicio; págueme de este caudal, que es el digno de que se estime, y se aprecie; pero como la hermosura su contagio es fuerza pegue, que es la desgracia, no habiendo, por el solo inconveniente de nuestra falta de medios, de qué la boda se hiciese, pedido licencia al Rey, esto bastó solamente para hallarle tan airado, después tan duro, tan fuerte hacia mí, que abandonado desde entonces, ni me atiende, ni me socorre, ni ya ay piedad, que de él espere: mirad cuan en breve, amigo, (si es que hay desventuras breves) os he contado mi historia, que si algo hay que la consuele, es veros a vos dichoso; pues entre dos que se tienen verdadero amor, se parten las penas, y los placeres. No es bueno, que en el olor conocí, al llegar a verte, que eras casado. Por qué? Porque los solteros huelen a ropa sin estrenar; pero un casado pobrete echa un tufo de escarpines, que no hay quien se le tolere. Tan loco estás como estabas. Mucho, Carlos, me conduelen vuestras penas; pero hoy, que auxiliando las valientes Tropas Inglesas las Armas de Portugal, a ser vienen los Árbitros de este Reino, castigando los rebeldes contra su Rey, y yo soy su Cabo, no creo me niegue nada, que le pida el Rey; y pues buen paraje es este para que le hable de vos, mientras que sale atendedme, que nunca más necesito vuestra amistad, y es bien mezclen vuestra dicha, y mi deseo sus comunes intereses. Seis años ha, que a tratar negocios ocultos entre la mayor Ciudad del Norte, y el emporio de Occidente, Londrés, y Lisboa, vine a esta hermosa Corte, albergue de infumerables Naciones, y Patria de varias gentes, boca del Índico Mar, pues es garganta su muelle, por la cual de sus riquezas el raudal precioso bebe, de que son vagos conductos los buques de sus bajeles. Melancólico vivía en esta Ciudad, por verme de mis amigos distante, y de mi Nación ausente; pues aunque más con el gusto de un forastero congenie un Pais, siempre es forzoso ser hijo allí, y aquí huésped; cuando un día, que a vencer las voladoras especies de una ociosa fantasía, que es otro elemento ardiente, que a si propia se consume, si no hay materia en que cebe, salí al margen de ese vago Camaleón, que no tiene más color, que el que le imprimen del aire los accidentes, y dejando mi carroza por ir gozando igualmente la translación apacible de un bosque, que mar parece de un mar, que bosque se finge, pues uno en ondas silvestres, borrascas de hojas, y flores brama en remolinos verdes, y otro con líquidas plantas, que forman, y desvanecen las encaramadas olas, que claras hojas descienden en espesuras azules, selvas retrata celestes; al fenecer una calle, en donde se hizo rebelde la sombra contra la luz del Sol, que ya descaece despedazada en las puntas de unos gigantes cipreses, de ojos di (bien con la frase mis ceguedades se advierten, pues harto da de ojos quien ve, para ver que le cieguen) con una tropa de Damas, que por más que las estrechen contra impensados encuentros sus recatos Portugüeses, no pudieron excusarse de hacer su beldad patente: saludelas sin cuidado, porque menos se recelen de curiosidad que observa, que de obsequio, que se atreve; y pasando estrellas todas, que el Sol ahuyentando viene, conocí, que quiso el día gozar dos amaneceres pues mil Luceros se apagan de ver que un Alba se enciende. Era la última de todas una beldad, que contiene, de una los rasgados ojos, de otra la nevada frente, de otra el labio de carmín, y de otra el cuello de nieve, y lo demás de sí misma, pues nada se le parece a quien escogió de todas, y en todo a todas excede. Mirándola, quise hablarla; viéndola, quise moverme, y helados impulso, y voz, ni me oyen, ni me obedecen; mas no obstante en unos ecos, que los recogió el ambiente, como truncados suspiros, que a ser voz no se resuelven, la dije (si es piedad, viendo, que con la senda no encuentre, guiar a un descaminado) sepa yo, qué sitio es este, y por donde saldré de él; a que rasgando claveles, me respondió: la vereda os llevará de esa fuente. Mal podrá, la repliqué, pues el día por quien creco la flor, se mueve el arroyo, y el pájaro corre alegre, a todos da libertad, y a mí me hiela, y me prende. Pues aguardad, replicó con un risueño falsete: Si caminante nocturno sois, las pardas lobregueces de la noche os guiarán, que yo no es razón que enseñe a quien con sombras se gana, y con las luces se pierde. Dijo, y siguió a las demás tan pronta, y ligeramente, que por más que me empeñé en ver qué rumbo eligiesen, no las pude descubrir: Ay Carlos. el que dijere, que una vez no basta el ver para no ver muchas veces, se engaña, o no ha visto nunca: de una vez la flecha hiere, de una vez mata el veneno, de una vez el áspid muerde, de una vez el rayo abrasa, y esto de una vez sucede a Amor, que es áspid, y es flecha, veneno, y rayo vehemente. Diréis ahora, y todo eso, qué vendrá con proponerme, que comunes nuestras penas, y nuestras dichas se mezclen? Yo os lo diré, aunque he querido reducirme, y convencerme. Aquí, y en Londres conservo siempre estable vivo siempre este objeto en mi memoria; por más que variarla intente, festejando a Dorotea, Dama, aunque hoy se mantiene en obsequio de la Reina, no es posible que me esfuerce contra mí a llidiar conmigo; y pues mis fuerzas no pueden, vos, pues que sois otro yo, habéis de favorecerme, para borrar esta copia, que impresa en mi permanece; o hemos de intentar los dos fulcar contra las corrientes el mar, penetrar sin duda el monte, los aires leves cortar sin alas, sin luz, el abismo desprenderse, y buscar (lo que no es fácil que se halle, pues se defiende) de exquisitas diligencias, solicitudes ardientes mías, que sin descubrirla, me han dicho ya claramente, que en vano el que es infeliz ser venturoso apetece, si pugua con sus desgracias, que antes de que lidien vencen. Señor mío, aquesto para en que el empeño le cueste de mi amo un lapsís lingue de huróncito y de alcahuete. A nada habrá, Federico, que por tu amor no me arriesgue; pero me hallarás tan otro del que fui, (que esto le deben los hombres, si es virtuoso, al trato de sus mujeres) que a nada que culpa sea, solicitaré exponerme; si a servirte, y a ofrecerte mi afecto, y mi compañía, y haz por mí lo que quisieres, que yo procuro vivir como aquel que morir teme. Después de harto de fandango predica el diablo estrecheces. Ni por eso he de dejar, Carlos, de servirte. Advierte, si hablas al Rey (que se acerca) de mí, que están cuantos vieres de mi parte, y podrá ser le hablen, si llegan a verme. Así entraré mejor yo: Oculta beldad, qué quieren de mí mis penas, si en todo cuanto me adulan me mienten? Muy buena la tarde ha estado, y la función. Siendo Aurora la Reina nuestra señora, la estación ha mejorado. Aún el Sol en Portugal aprende cortesanía. Bonanzas estudia el día del Iris más celestial. La caza pero qué veo! a Carlos descubro allí, mucho temo el frenesí de mi envidioso deseo: hay ajena Serafina! Veis qué entero me ha mirado? Sí, pero no os dé cuidado. La ocasión es peregrina, pues aquí Carlos está, de hablar por él, si os parece. Bien su virtud lo merece. Y a mi cargo quedará, puesto que es pariente mío, agradecer el favor. Federico. . Gran señor. Ya es ese mucho desvío, pues me veis, y no llegáis. Mi centro son vuestros pies, y es de mi obsequio interés el ver, que menos le echáis. Confiesoos, que divertido en la caza, mejor rato no tuve jamás. Ingrato, señor, y desconocido fuera a la buena ocasión, que me da vuestro placer, si la dejara perder. Cuando salgo a diversión es mezclarme necedad negocios, ni pretensiones. Siempre yerra las acciones, señor, la fatalidad: tan desválido me veo, que aún la ocasión oportuna la transforma mi fortuna en::- . Me pediréis empleo: nada hay que poderos dar. Señor si os llegó a ofender Carlos, más luce el poder cuandó hay más que perdonar. Si yo he hecho algunos servicios, oran señor, por la Corona, se los cedo a su persona. Advertid, que no hay indicios, que vuestro rigor disculpen, con tan ilustre Soldado, y que al verle abandonado, es forzoso que le culpen: sin alentar la malicia no podéis desatender al mérito, que es hacer de un olvido una injusticia. Cómo vos me habláis así? Como soy un buen vasallo, y en el puesto en que me hallo, callar fuera yerro en mí. Y en mi dar satisfacción de lo que obro a nadie. Ya conozco cuan mal será tratada una pretensión. Vos pretensión? qué aguardáis? que lograda la tenéis. Pues a mí me concedéis lo que a todos le negáis; mas siendo en mi reverencia, Caballeros Portugueses, propios vuestros intereses, ninguna es la diferencia: que a Carlos premiéis, señor, que está a vuestros pies rendido, y le perdonéis os pido: téngole amistad, y amor, conozco sus grandes prendas, porque en Londres le traté, que es un buen vasallo sé, puestos tenéis, y Encomiendas, con que su pobreza aguarda premio, y descanso de vos. Si a este se resiste, a diós, volviose al vientre la albarda. Cielos viviendo celoso de él, pues consigue tener un Serafín por mujer, a quien (hado rigoroso! me inclinó; como he de dar premio a un enemigo fiero? mas va el modo considero de conseguirle arrojar donde me haga embarazo: Catios amigad, ya cesó mi enojo, ya se pasó, asegúreoslo este abrazo: a los míos resistir pudo mi desabrimiento; mas con Federico intento deudor, y cortés cumplir. 3. Todos las gracias os damos. Yo, señor, por mí, y por todos. He, ya es Carlos de los Godos, aprisa le pelechamos. Deme vuestra Majestad sus pies, que desde este día desquitará una alegría muchas penas. Aguardad, que está el perdón desairado, si desde luego embebido no va en él premio debido: habéis de estar embarcado hoy, Carlos, para marchar en la nave, cuya proa cortará el golfo hasta Goa: Capitán sois de la Mar: allí el cuidado tendréis del comercio, cuyo empleo en vos desde ahora proveo. Señor::- . No me repliquéis. Bien ve vuestra Majestad cuan corto tiempo: . De nada vuestra condición se agrada: no sé que os diga, callad. Obedeceré gustoso, y abreviaré, Ese es el medio de que yo busque el remedio para este incendio amoroso. Venid; pero vos, señora::- Señor, os vengo a avisar, que a un Ciervo han visto cruzar nuestros Monteros, ahora han ido a atajarle el paso; y yo, que gustosa áspiro a que logréis este tiro, ya que os veo por acaso donde podéis, si abreviáis, matarle, a advertiros vengo de este lance que prevengo. Un nuevo placer me dais, y así, no nos detengamos. 1. Si de esta suerte corremos, jamás nos opilaremos. Ataja a la selva. , . Vamos. Carlos, sea norabuena. Ya veis que el Rey se os incliva. . Yo le llevo a Serafina un gozo con una pena. Después iremos a veros. . A todos juntos estoy obligado. Ya se ve hoy lo que son los Caballeros: hoy le aplauden a gran prisa porque hizo carne la taba, y antes ninguno le hablaba por juzgarle sin camisa; mas tú no sigues al Rey? Ay, Zorro, que en vano intento vencer de mi pensamiento la tirana esquiva ley. Ajustadme esas medidas: mira que se van. Bien dices: hay memorias infelices, de puro halladas perdidas! o borrad esta impresión, o halle yo el norte que sigo. . Amo con tan gran hombligo, y en fin Inglés de nación, no tiene en sus vituarlas alhajas que darme bellas, pero tiene unas botellas, que es un milagro chupallas. . Hoy, prima, me dio la Reina el permiso, que agradezco, de venir a verte. Pagas, Dorotea, mis afectos, aunque en la suma estrechez, y trabajos que padezco, es inútil para ti el amor que te confieso. Si el Cielo permite, prima, y tú me ayudas en ello, que cierta empresa amorosa al último sin honesto llegue, yo ofrezco ayudarte, y hacer tus trabajos menos. Por cuanto hubiese Mondonga sin trapo, y sin galanteo! Empresa de amor? qué dices? Ay un Inglés Caballero en Lisboa, Diputado de aquel poderoso Reino, sírveme con gran fineza, y yo con ignal le atiendo: si logro ser su mujer, riqueza, y honor granjeo. Y coche? . Pues quién lo duda? Ese si que es casamiento, que boda a pie es lacayuna. Para lograr pensamientos decentes, y virtuosos, cree que no hay mayor remedio, que tener la devoción, que yo en el alma conservo a San Antonio de Padua, resigna en él tus deseos, y todo lo alcanzarás. Qué luego salgas con eso! Para todo su divina protección experimento: téngole tan en el alma, que nada a pensar acierto sin él, y aún hoy imagino, que es el día que a mis ruegos ha de atender, pues mi esposo a hablar al Rey fue resuelto, y juzgo que ha de volver con gusto, con honra, y premio. Si al Rey tienes enemigo desde que en aquel suceso impensado te vio cómo piensas en tal devaneo? Porque las dificultades son las que yo le encomiendo a mi Antonio, que él no sabe hacer milagros pequeños. Mira, que si hay ocasión, has de ayudar mis intentos, Cómo sea. a darte un abrazo vengo, y a decirte como el Rey me acaba de dar un puesto correspondiente a mi grado; más perdona si te mezclo el pesar de ser a costa de perder tus ojos bellos tan aprisa, que antes que tienda la noche su ceño, tengo de estar embarcado. Ay Carlos mío! qué es esto? pues dónde vas? . A la India. Qué papagayos tendremos, y qué monos tan graciosos! ya imagino que los veo. Ay, Carlos, que la noticia, que me da vida, me ha muerto! No se han de comprar sin costa las dichas, y yo me alegro de vuestras fortunas. . Todas a vuestros pies las ofrezco; solo (ay esposa!) me duele el ver cuan sola te dejo sin quien te sirva en mi ausencia; más tengo amigos, y deudos, y los hablaré, que ya, como a ser dichoso empiezo, todos se me han ofrecido. Reniego de todos ellos, si solo a las conveniencias atienden, y no al sujeto. No estar yo con Serafina en aquesta ocasión siento, para acompañarla. Vete (con vuestra licencia) adentro a dar las disposiciones de mi viaje. . En efecto, hoy te ausentas, Carlos mío? Cuando ves que me enternezco, aún sin hablarte no aumentes con tu voz mis sentimientos. Vamos. Yo entraré a ayudarte. . A donde hay poco dinero, y poca ropa, un viaje se dispone en un momento, . Válgame Dios! en qué estado vivirá el hombre contento, si la que llaman fortuna se ha de comprar a este precio! Amigo, a veros venimos. Y como pariente vuestro, a daros, primo, de paso un abrazo. . Yo le acepto; y pues el uno pariente, y otro amigo considero, en cada cual otro yo, una suplica he de haceros. Decid, que yo pronto estoy. Yo, amigo, os digo lo mismo. Mujer tengo virtuosa, pero hermosa con extremo, hoy queda de amparada; pues las espaldas la vuelvo, quisiera que os encargaráis de mi honor, y de su obsequio reverente. Amigo, yo a esa hazana no me atrevo, que quiere considerarse, y ahora apenas tengo tiempo de deciros un a Dios, que sale el Rey, y le puedo hacer falta. A vos, Don Luis, por pariente os toca hacerlo. Encargadme mil tesoros, una conquista, o un duelo, mas no me encarguéis mujer, que siendo hermosa es un riesgo, de que solamente ella puede, por satisfaceros, acetar la obligación, que se debe a sí. No es esto desconfiar yo hacia ella, que la sobra su respeto, es querer a sombra vuestra el cuidado que yo llevo partir con vos. Yo os lo estimo, pero en eso no convengo, que con nadie se dividen cuidados de tan gran peso; hablad a otro que yo estoy muy ocupado en mi empleo. . Dicen bien, ellos proceden muy cuerdamente discretos: mas Don Pedro viene allí, que por prudente, y por viejo man antopúsito es. Carlos, os vais disponiendo a la partida? . Señor, si voy, y con un consuelo, que es el de considerar, si yo mi casa le entrego, y mi esposa a vuestro amparo, que acetaréis el empleo. Yo imagino que no es fea Seráfina. . Es un portento de belleza, y de virtud. No era malo el debaneo en que intentabáis meterme: no señor, que es mucho cuento cuidar mujeres ajenas. Es de modestia un ejemplo, y poco os dará que hacer. Que no consiste en su genio mi repuguancia, señor, sino en que hay unos mozuelos, que a todo cuanto hay se atreven, sin ver si es malo, o si es bueno: queréis que al fin de mis días ande cargado de acero, paseando vuestros umbrales de desfacedor de tuertos? buen disparate. Advertid::- Don Carlos, no porfiemos, la mujer es una alhaja, que solo la guarda el dueño, si ella quiere; si no quiere, ni los diablos del Infierno: y así, yo os vengo a ofrecer las asistencias, y medios, que sean forzosos. Bastantes para mi viaje tengo. Pues bien está; ved si algo en vuestra ausencia hacer puedo, menos guardar hermosuras, porque a eso no me resuelvo. . Si quiere Dios que yo lleve, además de los tormentos de una ausencia, y de una duda de volver, el más severo, que es el dejar a mi esposa, a quien amo, y reverencio, sin tener a quien volver los ojos, cúmplase, Cielos, vuestra voluntad. Disculpe no haber venido más presto a despedirme de vos, Carlos amado, el haveros estado sirviendo ausente este rato. . Yo lo creo. Ya tenéis en el bajel embarcado todo aquello que necesitáis: amigo, alegraos, complaceos de lo bien que nos salió nuestra intención; mas yo advierto muy triste vuestro semblante; qué tenéis? pues qué hay de nuevo? Nada, Federico. . Y nada os tiene tan macilento? Si está de ausencia, no es fuerza, que comience a hacer pucheros? Si es el dejar vuestra casa, y vuestra esposa, no os debo reprender. No era eso solo lo que me estaba afligiendo, sino el ver que tengo amigos, mas no amigos verdaderos, deudos, que no de la sangre lo son, si no del provecho; pues habiendo a unos, y a otros, bienes, y esposa, que dejo, encomendado, no ha habido quien atienda a ella, ni a ellos. Han hecho bien, por dejar más airoso a un extranjero, que la amistad os le apropia, sin ser necesario hacernos, ni cargo vos de esta deuda, ni yo a vos ofrecimiento: id seguro, Mi ama llama. Ya voy, y a vos solo os quiero satisfacer con deciros cuanto en el alma agradezco ver un extraño tan mío, cuando hay propios tan ajenos. . El hombre está espiritado del caso, y es un camueso: déjeme a mí su mujer, que él la hallará con aumentos. Yo haré cuanto él me encargare. Y si no tiene mal gesto su esposa, que dizque es linda como yo me empeñe en ello. no solo la hallará honrada sino es con seis herederos No seas bruto. Esto es cuidarla sin audar en cumplimientos. Mientras los dos se despiden, por no embarazar, me vuelvo a esta cuadra: mas qué miro! Dorotea? extraño encuentro! vos aquí? No disculpéis osados atrevimientos, dándoos por desentendido. Yo de qué? De entraros ciego a buscarme en casa donde por recatada lo siento. Hagamos, pues se ha engañado, . la casualidad misterio; pues donde, hermosa homicida, irán del Sol los reflejos, que amante Clicie no vaya sus esplendores siguiendo? Veis si yo lo adiviné? A ella se le cayén los huesos de confiada. Idos, idos. Perdonad, que yo no arriesgo la ocasión que::- Dorotea? Seráfina, a qué buen tiempo has llegado! ese que miras es el Inglés Caballero, que tras su amante pasión entró a buscarme aquí dentro: finge, que estoy enojada con él por aqueste exceso, y quédate a despedirle, a su respuesta atendiendo, para conocer así si es su amor segun yo pienso. Cree que le reñiré su arrojo. Oculta me quedo de esta cortina. Pudierais tener más advertimiento, Caballero: mas qué miro! Yo, señora: mas qué veo! Toda me ha cubierto un pasmo. Todo me ha embargado un hielo. No es aquel hombre que vi del bosque en el verde seno? No es la beldad, que perdida la idólatro, y no la encuentro? Puede haber, Cielos, más pena! Puede haber más dicha, Cielos! De qué será de lo que ambos han quedado tan suspensos? De ver a los dos absortos, también yo estoy boquiabierto. Si en busca de una hermosura, que yo de huéspeda tengo, entráis aquí, ella me ha dicho, que os despida, y con despego, y así obedecedla. Que ando en busca de una os confieso, que me robó el corazón, mas con distintos extremos: si por la que habláis me arrojo, por esotra me suspendo, que quien halla un bien perdido, no halla de dejarle medio. Válgame el Cielo! qué escucho? Esa frase no penetro, solo os digo os ausentéis, antes que el enojo fiero de mi cólera, y mi saña::- Qué es esto que estoy oyendo! Seráfina, cómo tratas así a quién tanto debemos? Mi ama enojada? más tate, no es aqueste el del paseo? Este hombre, que sin motivo se entró aquí::- Ten el acento, que el que ves es Federico, a quien vida, honor, y puesto le ha debido mi amistad: él viene a favorecernos, y no es razón que le trates, esposa, con ese ceño. Qué esta es la mujer de Carlos? o nunca (ay de mí!) a saberlo llegase! Toma si purga el demonio del enredo. Señor, perdonad si os pude tratar mal sin conoceros. Un etna llevo en el alma: Seráfina, yo me ausento. Tanta prisa? . Es hora ya. Pues yo os habré de ir sirviendo. No es necesario; adiós, prima. Todos se tratan de negros. Baja conmigo, Isabel. Toma el brazo, y ve con tiento. Carlos, id asegarado de que si tuve primero razón de haber ofrecido asistir fino, y atento, y puntual vuestra casa; hoy el motivo creciendo, a tus puertas estaré obsequioso, y pronto, a efecto de hacer mérito, y vencer enojos que experimento, sin motivo en vuestra esposa. Eso fue no conoceros. Sí, que si nos conociera, él nos diera con un leño. Adiós. . Adiós. Vos, señora, tenedme desde hoy por vuestro. . El Cielo os guarde. Es posible, que tan extraño tu genio hable así, sin conocer con quién habla? Y qué tenemos, si yo no le conocía? Pues sabe, que amigos, deudos, y todos se me han negado a tu asistencia, y manejo de mi casa, menos este. Pues yo a este, ni a nadie acepto; y si estas lágrimas mías, que en el instante, mi dueño, en que te vas a partir, de amor, y ternura vierto, merecen algo contigo, solo, mi Carlos, te ruego, dejes tu casa, y tu honor al encargo de un sujeto, que dentro de ella le tienes, y ha de cuidar mejor de eso. Y quién es? Este Santo Portugués, este Lucero de la Iglesia, este milagro de los hombres, y este espejo de las virtudes, que sé, que obrará bien, y partiendo seguro en su confianza, ambos ventura tendremos. Mujer, qué has dicho? que no sé qué interior movimiento me arrastra en tu voz, que todos los espacios me has abierto del alivio que ignoraba: has dicho bien, yo resuelvo fiarme de él: Antonio mío, estas llaves os entrego de mi casa, y de mi honra: veamos Seráfico objeto de la fe de entrambos como cumplís el encargo nuestro; y cuando todos me dejan, y por amigo, y por deudo os elijo, como usáis la amistad, y el patentesco. Ahora sí, que eres mi esposo, ahora sí, que firme creo, que te he de volver a ver de honor, y de bienes lleno. Y yo a ti muy venturosa: . Mas ya del clarín los ecos la seña hacen de embarcar: dame el abrazo postrero. Tómale, y con él el alma. Buen asistente te dejo. No me dejaré ver de otro. Adiós, mi esposa. Adiós, dueño del alma. Oh voces, qué bien sois de bronce, pretendiendo me aparte de lo que adoro! Si es fuerza, en qué me detengo? a Dios. Adiós; y tú, Antonio, ya ves, que cuanto poseo, y cuanto valgo, te fío, como lo guardas veremos.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Estos los motivos son del haber determinado, que a esa casa, que una puerta comúnica con mi cuarto, y la otra sale hacia el muelle, venga. a vivir en mi amparo Serafina, sin que crea, que es del incendio en que ardo interés tenerla cerca para celar mis agravios, sino es por el de atenderla. Tan públicos han llegado a ser los finos excesos de su Majestad? Mas bajo, que no quiero que se hagan patentes los desacatos, que acusando mi paciencia, tólera mi desengaño; y así, por disimular mi pena, hola, cantad algo. 1. Vaya el tono de la moda. Cuál? 1. El que acaba en el cuatro. Así apuraré mi pena. Buen modo es de averiguarlo. 4. Quién fie de Amor, cuidado, cuidado, que no hay que fiar de gozo que es pena, dulzura que es ira, traición que es halago. Dadme vuestros Reales pies. Seráfina, alza a mis brazos: como en el nuevo hospedaje te v? . Como a quien del caos de su miseria le saca Artífice Soberano, para formarle de nuevo, rudo tronco tosco barro, que debe el ser a quien muestra su primor en su contacto. Con humos ya de Mondonga, me podrá sufrir el diablo? Isabel. . Digan ustedes, llevo el pecho bien sacado, y bien hacia atrás los codos? 2. El talle tuyo es un pasmo. Pues seis cordones he roto, y aún le tengo tan holgado de guías, que no me aflige, porque estoy::- Qué? . Reventando. No solo a darte el alivio de que se te hagan los gastos, que necesites, mandé te trajesen a Palacio; sino a fin de ser yo propia de ti, y tu casa el resguardo. Mucho a la Reina le debes. Con toda el alma lo pago: más, señora, solamente ay en lo último un reparo. Y cuál es? Que no quisiera agraviar a quien fiado tengo mi casa, y mi honor, dándole para este cargo compañía; pues aunque es la vuestra de aprecio tanto, no es de menos consecuencia el favor de que me valgo. Si esto por el Rey lo dice, ignominia es escucharlo. Perdóname, Serafina, si te digo cuan extraño modo de hablar es el tuyo, vuelve en ti, que yo no hallo protección, que igualar pueda a un favor tan sublimado. Sé muy bien lo que me digo, y del que yo he echado mano merece todo el afecto el amor; y aún si me alargo, el obsequio de la Reina, pues es::- . En ira me abraso: no prosigas, que me cansan argumentos excusados; seguidme cantando todas. Si me oís::- Ya he oído harto. Qué necia has andado, prima! Es cierto, que tú has andado muy discreta. Con los Reyes lo seguro es adularlos. Como en Palacios jamás he vivido, no he alcanzado la gracia de mentir bien. Vamos, Dorotea. Vamos. 4. Cuidado, cuidado, que no hay que fiar de gozo, que es pena, dulzura, que es ira, traición, que es halago. . Quién me sacó, Isabel mía, de aquel mi retiro amado, adonde me hicieron quieta compañía mis trabajos? Sin toda esta estimación lograba el mayor descanso, que penas, que no ven otros, se pasan sin embarazo; sola estaba, pero sola he visto, no sin milagro, cuan bien mi glorioso Antonio ha cumplido con los cargos de mi socorro, y defensa, porque nada me ha faltado; y apenas mezclar se quieren medios en mi auxilio humanos, han empezado las penas, los sustos, los sobresaltos; nos, Patrón amante mío, con nadie mi amistad parto, solo te quiero, y sin quejas, que en mi amor fueran agravios. Tú haces bien; pero; señora, lo que hasta aora nos dio el Santo, es con la continua olla el pan nuestro cotidiano. Si la Reina nos asiste, habrá guantes, habrá lazos, y en guardapieses azules farfalaes escarolados: después de llena la tripa entra bien el moño alto, sin que se enoje por esto nuestro Protector sagrado, que muchas le hacen novenas, y le van alboretando, la Iglesia con muchos tufos, muchas falda, mucho raso, micho escote, y suelen dar, mas que devoción, enfado. Nir a ti te toca ni a mí reformar los cortesanos abusos que indiferentes los suele hacer el ornato preciso a la dignidad de quien le es común usarlos: a ellos toca distinguir entre lo bueno, y lo malo la intención con que los usan, yotra vez no abras los labios delante de mí a esas necias murmuraciones. Buen tajo: con esas palabras tuyas ya se me ha descalabrado la maldita lengua mía; y así, a otros discursos paso: Federico, por servirte, saca la lengua de un palmo. El corresponde leal a la amistad de mi Carlos. El Rey de amores está por tu sol desvencijado. No atiende bien al honor de tan decente vasallo. Después que mi amo se fue, no te ve ningún fidalgo. Veame Dios, que: otros ojos no merecen mi reparo. otra cosa a decir iba; mas la lengua me atenizo. Dila. . Es darte pesadumbre. Pues con eso tendré algo que ofrecer a Dios, que todo no ha de ser gustos. . Andarlo; pues qué será que después de estar en Goa mi amo, pasado su amor por agua; en no escribir se ha estrellado mas que la primera carta, y hechos tortilla los cascos nuestros en ajó comino nuestras mejillas banamos? Qué ha de ser, Isabel mía? será estar muy ocupado, o será no merecer su memoria mis pecados, que yo de quien sé que vive tan amante, tan cristiano, a su obligación atento, a juzgar no me adelanto otra cosa: perderanse, como el camino es tan largo, las cartas. Buena es la industria; si no me atiestan a palos; pues fingiendo el amo mío, que es esta carta que traigo de Carlos para su esposa, la encaja así de soslayo su atrevido pensamiento: dadle a besar de un zapato la mininísima suela a un chiquísimo lacayo del humildísimo dueño, que el tersísimo alabastro besa atentísimamente de esos blanquísimos ampos. Qué necísimo animal! qué indecentísimo trasto! Qué afeitadísima dama! Qué borrachísimo diablo! Pues qué quiere Federico? Me manda esta carta daros, y que la entregue sin falta en vuestra mano, tras mano, trastras, y porra. Estáis loco? Así dicen los muchachos: de Don Carlos vuestro esposo es, y un harriero la trajo de Goa, que trae de allá azufaisas, y garbanzos para el Rey cada seis días en tres bórricos, y un asno. Cada seis días de Goa? Me engañé cada seis años. Qué alhaja correspondiente te diera yo::- . Guarda Pablo. A la prenda que me das? Un garrote de a tres palmos. Yo quiero abrirla. Esperad: si la ve, y me estoy parado, se descubre este pastel, y me empencan como cardo del harriero que la trujo. El Capitán de la Nao dirás. . Ese mismo supe, (yo no sé lo que me hablo) que te trae en un cajón::- Jícaras, dulces, u barros. No sino un coleto de ante, y unos calzones de paño, seis varas de agua de fresas, y una zumbre de hilo blanco. Déjame ver esta carta, y no seas disparatado, que mi impaciente cariño me riñe lo que dilato besar de Carlos la letra. Qué felicísimo acaso! Serafina? . Gran señor? Ahora es bien que escurramos. . Vengo de dar a la Reina mil gracias de colocaros cerca de sí, (el alma miente) a tiempo que lastimado de vuestra poca fortuna, en una nueva que a darnos vino un Gentil hombre nuestro, que ahora se ha desembarcado de Goa, y trayéndome un pliego para mí, que le dio Carlos, no trae cartas para vos. Señor, no me da cuidado, por otra mano vendrán. Dificultoso lo hallo; pues lo que este me asegura de su vida, y de su trato, es, que vuestro esposo está, si ocioso, o mal ocupado, sin que se acuerde de vos. Si no dispone este agravio su pecho a satisfacerse, no es de mi amor buen presagio, Ese hombre se engaña, o miente, señor, o es un declarado enemigo de mi esposo, que en su proceder hidalgo, y virtuoso no cabe. Con más barbas que un zamarro, el tal Rey es chismosito: qué bofetón tan bien dado! Pues qué será no escribiros en tres anos continuados? No haber tenido ocasión. Pues cinco Flotas llegaron con quien pudo. Cuando veo, que el honor apretáis tanto de mi esposo, pues no es fácil, sin haberle abandonado, faltarme a mí, carta suya es esta. Si aún no entregados los pliegos solo yo el mío he abierto, quién os la trajo? No falta. No puede ser: dadmela. . Señor, extraño queráis saber los secretos entre dos enamorados. También tengo esposa yo; y así, para recatarlo, qué puede traer que en mí no esté muy asegurado? Nada, señor: esta es, y ved, que en ella os alargo la mitad del corazón. Habrá el demonio inventado Rey más curioso! Qué he visto! de iras, y celos me abraso. Qué traerá esta carta, Cielos, que la ve el Rey con tal pasmo, y tal enojo? Aunque falte a la fe que profesamos vuestro esposo, y yo, y la justa veneración que os consagro, yo muero por vos, hermosa Serafina; y pues causaron vuestros luceros la ruina, no culpen ver el estrago: Quién este papel os dio? Gran señor::- Habladme claro. Pues qué incluye::- Furias vierto! Esa carta::- . Etnas exalo! Que al verla pudo:- Es posible:- . Alterar::- Que hay quien olado::- Vuestro semblante::- Se atreva:- . Que yo::- A respeto tan alto: No acierto a dar en lo que es. Qué es esto que estoy mirando! Pues porque cuando os venero, y solo en mi reformaron los afectos con que os miro, los respetos con que os amo, veáis cuanta permisción me da de poder hablaros libremente este papel, tomadle, y vedle despacio. . Si haré confusa, y turbada. No harás, que yo lo embarazo, A Palacio nos trajeron los demonios a enredarnos. Puede haber mayor traición? puede haber más declarado agravio mío? el Rey vierte a la pluma desde el labio su ciega pasión, la letra mintiendo, y disimulando por recatarla. . Señora, sacadme de tal encanto: Qué dice el dueño que adoro, y entre penas idolatro, en ese pliego? Villana, cómo hablas así? acabaron de arruinar el juicio tuyo tus locos entusiasmos? Es esta la virtud tuya? es aqueste tu recato, hipócrita, mal nacida? agradece que no arranco del aleve pecho tuyo, corazón en que han fraguado tus indignos pensamientos, ciegamente temerarios, un deshonor de tu esposo, de tu sangre un hecho bajo, de mi grandeza una injuria, de mi indignación un rayo; mas aún no lo creo, aún quiero verlo leerlo, y dudarlo hasta averiguario bien, convertido mientras tanto, el hospedaje en prisión, hasta que ya declarado tu delirio, satisfagas mandándote hacer pedazos. . Es cierto que la debemos estimar el agasajo. Isabel, yo estoy sin vida; qué es lo que me está pasando? Lo que no me pasa a mí, porque no puedo tragarlo. Con que la diste el papel? Cómo dos, y dos son cuatro. Puede haber:: más Federico, estimo que hayáis llegado. Albricias, amor, que viendo mi papel, no la enojaron mis ternezas. Quién os dio aquel pliego, que el criado vuestro me trajo? . No sé; solo sé, que le dictaron las ansias del que os venera finamente, aunque faltando a la ley de Caballero, al fuero de cortesano, a la obligación de amigo, y a todo por adoraros. También de Carlos quejoso estáis vos? tan desgraciado es, que hasta vos le faltáis? pues qué culpa es estimarnos uno a otro, y con la ley cumplir de buenos casados, para que el Rey se me irrite, la Reina esté amenazando mi vida, y hasta vos propio os mostreis nuestro contrario? Eso es ya de otra materia, lo que decís no lo alcanzo. Aquí hay alguna empañada de embustes salpimentados. Sin poder tener lugar de ver yo el pliego de Carlos, el Rey le leyó, y le abrió. Jesús, qué carabinazo! Qué dices? Ay tal error! Y aún eso no fue lo malo, sino es que también la Reina. Puede haber más desdichado lance, ni más infeliz hombre, mas de qué me espanto, si es hidra una culpa, y brota de un error muchos fracasos: forzoso es, que esto se enmiende; ya es preciso hablarla claro, ya es justo perderlo todo, caigan sobre mí los rayos, y no un engaño aventure su opinión. Qué estáis dudando? Tanto, que no sé, señora, por donde empiece a explicarlo; mas toda la culpa es mía, soy aleve, soy ingrato, soy imprudente, soy necio; y por acabar de daros mis señas, soy enemigo con semblante de aliado. Ya os acordaréis, que os vi por accidente en el campo, y a las orillas del mar vine a padecer naufragio: quedé loco, quedé ciego, porque quedé enamorado: desde entonces os busqué tan sin poder desecharos de mi amante fantasía, que aún hoy lo pretendo en vano. Cuando os hallé, os hallé ajena; y lo que más lamentaron mis ansias, prenda divina, de un amigo: (o nunca el hado vuestros ojos concediera al que era culpa mirarlos!) Quíseme vencer a mí, no pude, proseguí falso; y después de que en batalla campal opuestos lidiaron confianza, y amistad, respeto, temor, y garbo con mi amor, él pudo solo, o vencerlos, o anegarlos, dé suerte que la victoria mis ceguedades cantaron; y reduciendo a un papel mi delito imaginando, que al descubierto sería, sin verle menospreciado, fingí, que de vuestro esposo era una carta. . Zapato. Y ese ha sido::- Ay de mí triste! La que los Reyes hallaron en vuestras manos, y vieron. Del pecho sobresaltado romper quiere el corazón a latidos el espacio. Ved si puede haber más culpa en mí: más aleve trato, ni mayor desgracia en vos. Un etna de iras éxhalo. Os vais? Os reprendo así, pues ya estáis vos confesando vuestro error arrepentido. Con que estaré perdonado? Sí, como no me veáis nunca. . No podré lograrlo. Vos estáis sin vos? Es cierto, sin mí estoy, que os idolatro, y vivo en vos. Yo sabré, con huiros, refrevaros. Yo, con seguiros, perderos. Mi Divino Antonio amado, favoréceme. Ay de mí! Qué es eso? Qué tropezando en el aire, en cuya esfera los soplos se conjelaron, parece que brazo, y planta se me pasman, y un peñasco de las nubes desprendido, del Orbe precipitado se desgaja sobre mí: ay infeliz! que no basto a resistir tanto peso, que me ahogo. Estás borracho? de quién huyes? Que me ahogo, que me hielo, que me abraso. Si arde, y si hiela, tú eres el zorro, y él es el caldo. Ay de mí! que no sé dónde este terror, este espanto, este frenesí me lleva, para respirar buscando toda la esfera del viento, si para un suspiro hay harto. . Volviose de amores loco. Como tú por mí, bellaco. Sí, porque si hago extremos, serán en tu rostro lacio bofetadas encendidas, mógicones abrasados. Mal tabardillo te dé antes, pícaro lacabo, que tal emprendas. Ya en mí la calentura va entrando, y estos son los accidentes. Ay Jesús mi moño cairo, que me le haja. Es, que de amor soy visubio empanzoñado. Y yo una serpiente cruda para matarte a porrazos. Tan digno premio de vos, aunque es memoria del Rey, solo es cumplir con la ley. Amigos, bien sabe Dios, que estando viejo, y causado, mejor pusiera la proa, que al Virreinato de Goa, a otro más desocupado, y más quieto empleo aquí; pero es quejarse de vicio querer honor, y ejercicio como más me agrade a mí. A Carlos veréis allá, y aún le tomaréis la cuenta de su cargo. En lo que intenta el Rey, malas señas da: tengo, punto, y soy pariente de Carlos, y ya se inclina su amor tanto a Serafina, que hace el delirio patente de una necia pasión loca, y es fuerza que me provoque ver, que nada que me toque pueda andar de boca en boca; pues parece que es su intento sacar a Carlos culpado, por tenerle desterrado, siendo vos el instrumento de que pierda a Portugal. Despacio, señor Don Luis, soy hombre que presumis, que a nadie piense hacer mal? Si es que ese su intento es, yo soy, sabiendo que hyerra, quien al juicio de la tierra atiende, y no al de después: no me querré yo incluir en tan mísero lugar, que aunque me manden soltar, no haya forma de salir. El Rey viene. Yo me ausento, mañana os veré despacio. . Temprano estaré en Palacio. Sin juicio, y sin alma aliento! despejad, Don Juan. Señor::- A solas os quiero hablar, porque así se han de tratar secretos de un superior. Es una Deidad un Rey, y en tan alto majisterio, no hay discurso sin misterio, como ni pasión con ley. Pues de mi soberanía, y agrado, a todo despecho, tirano el amor me ha hecho, suya es la acción, que no es mía: mi Virrey os nombré ya de Goa. . El decreto vi. Bien me serviréis allí. El suceso lo dirá. Tengo de vuestro talento, y vuestro honor confianza. Firmeza, señor, alcanza un hierro a pesar del viento en la tierra, no le mueve, pónenle al aire que corre en la altura de una torre, y gira al soplo más leve. Sepa vuestra Majestad, que no se prueba una hechura sino es cuando está en la altura del puesto, o la dignidad: de mí os juro, que no sé, como hasta ahora no he subido, cuando me viere aplaudido, si me desvaneceré; y de confianza hinchado, o por no buenos vecinos, haré tales desatinos, que vuelva capitulado: dígóselo de este modo porque esto lo estorbe acá, no lo yerre todo allá, y en tierra demos con todo. Quién eso sabe decir, esotro no sabrá errar: Vos vais a capitular, a prender, y a perseguir a Carlos como a traidor contra mi Estado, y Corona: esto importa a mi persona. Y por qué causa, señor? No os toca el averiguarla. Pues cómo he de obedecerla? Yo os lo ordeno, que sé de ella. Pues vos podéis castigarla. ̱. Y vos por que no? Porque, no declarando el exceso, mal podré formar proceso del delito que no sé. Téngole yo substanciado. Pararvos ya ha delinquido. Pues castigadle. No ha sido por mi Tribunal juzgado; y es, señor, contra la ley trocar la común acción, bajando la apelación al vasallo desde el Rey: Vos, que sabéis su delito, le prended, le perseguid, y la causa concluid, que yo cuidar solicito de lo que empezare yo, y Dios que lo siga quiera en justicia, y de manera, que no lo yerre; eso no, quererme en eso incluir, cargo es de capitular un año antes de empezar; pues cuantos habrá al salir? Decís bien, acá os daré causas, y ordenes. Veremos, y las obedeceremos, o a ellas representaré, que vos queréis lo más justo. No por eso obraréis mal, que ojalá; que en Portugal no hiciesen tantos mi gusto; a diós. Entereza tanta es por ser vuestro segundo señor en el otro mundo, y este otro mundo me espanta; perdonad si es que mi celo a vos, y a mi atiende. Estoy satisfecho, y vuestro soy. Dilateos la vida el Cielo. . Para qué, si mientras tengo rendida, y enajenada la libertad, vivo solo a merced de quien me mata. En mano de Serafina un papel? La noche baja, y es hora de que a la Reina asista, porque no haga mi retiro consecuencia a la presunción villana del papel que dio motivo a que su enojo explicara. Venerar yo a Serafina como a Deidad soberana, no atreverme a su respeto, viendo que a otro la puerta abra su facilidad! Qué escucho! Es cobardía; pues dama, que oye ajenos rendimientos, cuando los míos desaira, no debe culpar violencias la vez que ejecuta infamias; y para que no embarace con su venida mi instancia, yo a Carlos perseguiré por los cargos que se tratan contra él; y hallando motivo, yo haré que muera. Y qué causa, para ser él infelice, es el ser yo desgraciada? Vos la sabéis. Osadías, que se ignoran, y se atajan, sabiéndolas, no son culpa: conmigo el papel hablaba, pero le tomé creyendo, que de mi esposo era carta. Quién os la dio? . No lo sé. Pues ya os arguyo culpada, que está incluida en la culpa quien calla las circunstancias. Vos sabéis quien soy. También sé lo que padece el alma; y pues noche, que dudosa tiende ya sus nieblas pardas, y soledad, me convidan a que así me satisfaga, yo he de lograr un deseo, que facilita, y allana tu proceder. Pues Rey mío, mi Señor, Dueno, y Monarca, así se trata el honor de un buen vasallo que os ama? Esto ha de ser. Advertid::- Ya no debo advertir nada. Daré voces. . Este lienzo está aquí para atajarlas. Cómo me podré librar, señor? No atiendo a tus ansias. Sois injusto. . Soy amante. Sois cruel. . Tú eres ingrata. No ha de haber medio? Solo uno, y es, que me des la palabra de ser mía. Pues dad tiempo de poder considerarla: líbreme ahora yo, que luego yo burlaré su amenaza. ̱. Qué tiempo? . Solo tres días. Pues en esos resguardada has de estar, sin que hacer fuga puedas; y si en ellos tratas de premiar mi amor, tu esposo verás libre, a ti premiada, y tu casa enriquecida; pero si no, mi venganza, o mi ceguedad, por fuerza verás, que tus brazos gana, quita a tu esposo la vida, y te destruye tu casa. Tanto puede una pasión? Frénesí, locura rabia, de amor, y celos dirás. Pues dejadme, porque vaya a pensar en ello. Y cómo? Qué sé yo, determinada a lo que luego veréis. Puede quedarme esperanza? Eso era ya responderos, y aún los tres días nos faltan. Has dicho bien, libre estás. Ay de mí! que de asustada, y de oprimida, no sé qué he dicho: el Cielo me valga! . Volviose a entrar en su cuarto? no lo sé, pues declarada la noche ya con las sombras, los objetos embaraza: Serafina. Qué oigo, Cielos! Dueño mío, pues dilatas el premio a mi amor tres días, concédeme por fianza de tu promesa tus brazos. Ay osadía más rara! Hasta aquí te entras, señor? Si a Seráfina indignada tengo, qué culpas arrojo, que ni oye, ve, ni repara? A saber de Serafina voy, porque está retirada. No respondes? Quiera el Cielo, que sepa fingir él habla. Bulto de mujer distingo. Pues el Moro está en campaña, acomete. Seráfina. Qué oigo! no es esta voz vaga de Federico? Aún te duran las iras con quién te ama? Aún prosigue en adorar a Seráfina, y me engaña. Déjame celebrar loco de amor, fortuna tan alta. Pues he de negar los brazos a quien tan si no idolatra? no era razón. . Soy tu esclavo. Yo tu amante: Celia, Laura, luces aprisa. 1. Aquí están. Qué es esto que por mí pasa? Qué ha de ser? pues dar los brazos a vuestra esposa os espanta? Sin alma estoy! Federico, qué hacéis aquí? A hablar entraba con vuestra Alteza, y sin luz me perdí por estas salas. Y vos? . Con la Reina vengo. Que a mí me pregunte falta, qué hago aquí, que yo me turbe, y que me mate a patadas. Gran señora, estoy perdido: no un yerro no una ignorancia a vuestro ceño::- Yo ceño? de qué? pues tengo yo causa? antes debo agradecer ver en vos tan nunca usada fineza, como buscarme a tomarme por fianza del premio de vuestro amor, prenda que la asegurara, que es mucho siglo tres días entre dos que se idolatran: ven, Dorotea. . Señora::- De celos voy abrasada: ya tienes otra enemiga: Prima injusta, aleve, falsa, yo somentaré tu ruina. Os vais, en fin, enojada? No voy tal; antes, pues veo cuan poco el plazo se alarga, dispondré todos los medios de que en dos acciones hayan de quedar vuestros deseos cumplidos, yo asegurada, y todo bien; yo os afirmo, que haré en horas limitadas tanto, que no halléis por donde empezar a darme gracias. . Señor, qué lleva la Reina? Sí, que ella va esperitada. Podré fiaros el pecho? Con seguridad. Pues salga un secreto de mis labios, que a nadie se le fiara: Yo idólatro a Serafina, todas mis fuerzas no bastan a resistir al que no es amor, sino una tirana violencia, que a pesar mío, furioso amante me arrastra. Ay de mí! vos la queréis? Embócate esa almendrada. Correspondeos ella? Hasta ahora estuvo cruel, extraña, y dura a mi pasión. Mas ya, se madura, y se ablanda. Pero hoy::- . Acabad, señor. R. Por qué me dais prisa tanta? Por fenecer el suceso. Pues ya el suceso se acaba con deciros, que hoy me ofrece premiar mi fe, y mi esperanza; y así, pues me he de fiar, por tenerla asegurada; de alguien, habéis de ser vos quien ha de servir de guardía: del enojo de la Reina, que yo pienso transportarla donde con ella no dé: vedme para esto mañana muy temprano; y pues os fío una materia tan ardua, no os digo más, Federico, sino es que nunca se encarga el secreto a quien es noble, y conoce su importancia. . Caigan sobre mí los Cielos. Como hacia tu lado caigan. Seráfina a mi papel tan esquiva, tan urana, y estó encubierto tenía? Todas son unas borrachas, abrasan callando el mundo, y con una chispa faltan. Ay Zorro! no lo creyera, si no lo viera, y tocara. Después de visto, y tocado, creo yo que me la clavan. Es esta la virtuosa, la honesta, la recatada? En siendo camandulera, no te creo, que eres garda. Pues vive Dios, que primero que el Rey logre lo que traza, he de anticiparme yo, y a Inglaterra robada la he de llevar, pierdase hacienda, honor, vida; y fama, como salve a Serafina. Lindo modo de salvarla, porque el otro no la pruebe, zamparte tú la vianda; pero pues el robo empieza, yo pego con la criada, que en cas del Tamborilero todos los vecinos danzan.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Saltaste? . Y con ligereza; más saliéndome al revés, donde apunté con los pies, vine a dar con la cabeza. No viste el rumbo que tomo? Ni un pájaro te igualó, pero soy ligero yo como pájaro de plomo. Vi la pared, quise asilla, sentado empecé a rodar, y del rostro circular me he deshecho una mejilla: qué es lo que intentas me di, con este salto mortal? Ay Zorro! que hay mucho mal. Ya yo lo sé, y es aquí. Ya sabes, que anoche fue cuando el suceso pasó, y el Rey guardar me mandó a Serafina: no sé qué quiere de mí la estrella, tales delirios trazando, pues a la Reina encontrando, me mandó fuese con ella; y como era ya testigo de su lance con el Rey, rompió al secreto la ley declarándose conmigo, con tal ira, y tal pesar, que yo juzgo, que imagina dar la muerte a Serafina, con que la vengo a avisar; y ya en mí más recobrado, viéndola en trance tan fiero, por lucir lo caballero suspender lo enamorado; pues mientras ella padezca, mi amor no la afligirá, con ella padecerá, y después que algo merezca, aún entonces no sabré más, que obedecer su gusto; y siendo advertirla justo del riesgo luego, porque nadie me viese, elegí del jardín por la muralla saltar contigo, y buscarla, pues cae su cuarto hacia aquí. Señor, si ella está acostada, que no cae hacia aquí vemos, los dos hacia aquí caemos, y la puerca se está echada. Cómo hablas así, bribón? Como me cuesta un porrazo hablar con desembarazo. Zorro, dichosa ocasión, que la puerta que al jardín cae, está abierta. Y se bate por ventura chocólate? que ya que de Serafín de noria, o de Faetonte he caído con espanto, quiero gícara crimanto donde anegar de esomonte este estómago vacío. Quién fábulas te enseñó? Pues qué, no puedo ser yo mithológico, Rey mío? . s. Exquisita novedad! pues su cuarto hemos hallado apenas, y se ha poblado el viento de suavidad, armonía tan sonora de qué nacerá? Ella ha dado en música, y como espera que la hagan dos mil pedazos, de pura alegría tañe las solías, o el canario. De pieza en pieza imagino, que a su Oratorio llegamos, y ella está allí arrodillada. Y junto a la cruz el diablo, que Isabel está con ella. Sin duda, que están rezando puedo asegurarte. Qué? . Que al oír el aire vago lleno de acordes dulzuras, y a Seráfina en un acto de tal virtud desvelada, los cabellos erizados dentro allá de mi conciencia me está un temor acusando, que no sé lo que me dice. Señor, ahora que reparo, también a mí se me erizan. Qué animal! Dos pelos largos, que tengo en un lobanillo en el cogote. . Habla paso, y oigamos a ver qué rezan. De Isabel no hay que dudarlo, que aquello que lee allí no es ningún devocionario, sino es alguna receta de aderezar estofados de cara, con solimán, alcanfor, vinagre, y ajo. Ya que la contemplación abrió para el ruego el paso, digamos el Responsorio, Isabel, de nuestro Santo. Digámosle enorabuena, aunque el Demonio bellaco me tienta con el almuerzo. Qué virtud, si ella va entrando en Santa. ha si los Demonios la elevaran hacia abajo. Si buscas milagros, mira . muerte, y error desterrados. Milagroso Antonio mío, ya ves que la muerte aguardo, pues de enfermedad de ausencia nace este cruel contagio, que por faltarme mi esposo me he cubierto de trabajos, mísera vivo, y en mí el común cruel contrario del Matrimonio desea afligirnos, separarnos, y perdernos, porquerernos Carlos a mí, y yo a mi Carlos: no lo permitas, Antonio, pues por ti se ven mi amado: , . Miseria, y Demonio huidos, leprosos, y enfermos sanos. Qué es esto, Antonio Divino? te olvidas de que encargando a tu protección su casa, su honor, su hacienda, y mi amparo, se fio de ti mi esposo? pues como te olvidas tanto de él, y en inquieta borrasca uno, y otro fluctuamos? siendo Santo tan de empeño, que a tu orden subordinados: , . El Mar sosiega su ira, redímense encarcelados. Extraña oración! De absorto, ni oigo, ni miro, ni hablo. Portugués del alma mía, pues Jesus está en tus brazos, cerca le tienes, procede como Divino Fidalgo: Una mujer afligida llega a poner en tus manos su honor, puesto en tanto riesgo, que dos días son de plazo para que, si no le pierde, le combata un Soberano, contra quien no hay resistencia. Tráeme a mi esposo; no hallo más remedio, que cobrarle, pues por tu favor sagrado: , . Miembros, y bienes perdidos recobran mozos, y ancianos. Esto ha de ser, Santo mío, ya sé que os pido un milagro tan grande, como el que habiendo de aquí a Goa tanto espacio, que aún con viaje feliz se suele tardar un año, que mi esposo necesita de otro, en que estar despachados negocios, y dependiencias, a pocas horas os coarto el tiempo: mas qué prodigios no habéis, dulce Antonio, obrado! , . Díganlo los socorridos, cuéntenlo los Paduanos. Atiende a mi fe mi asilo, mi consuelo, mi regalo, mi Antonio; y si no, prevente, pues desde ahora te amenazo con los amantes excesos, que hacen tus apasionados; yo te quitaré a Jesús, que es lo que tú sientes tanto, y sin rezarte jamás, te encerraré abandonado de mi amor, sin luz, ni culto; aunque no llegará el caso; y pues dos buenos esposos piden la paz, y el descanso, que Cristo ofrece a los suyos, y por tu medio clamamos: , . Ruega a Cristo por nosotros, Antonio de Padua Santo, para que dignos así de sus promesas seamos. Ay señora! Isabel mía, qué es eso? Quién se ha llevado nuestro Santo del Altar? Ay prodigio más extraño! Qué sé yo, se habrá caído. Por donde, estando cerrado el nicho? Pues calla, calla, que ya, Isabel, me esperanzo, a vista de tal portento, de otro prodigio más alto. Digo que se fue. No hay tal, habrás padecido engaño. Tus voces cuando rezabas, a música me sonaron. Y a mí también, y aún jurara, que me las iban dictando, según con la fe, y el ansia que las decla; mas vamos, que es fuerza; pero quién es? Quién por haberte escuchado, y quien por ver lo que aún dudo, pues ni aún cabe en lo que callo, tan otro llega a tus pies, que en vez de ser sobresalto, ni riesgo tuyo, a servirte vieno poniéndote en salvo, segura de mi osadía, que ya en respeto trocaron tu virtud, y mi razón. Según eso, al desengaño llegaréis de lo que soy, y lo mal que habéis obrado. Quién lo duda? Ay Serafinal por ti he sido amigo falso, y mal Caballero, mas no es tarde si lo enmendamos. La Reina matarte intenta, el Rey, aún con más estrago, de la vida de tu honor quiere ser ciego tirano; yo pondré por ti la mía: huyamos, señora, huyamos, pues por donde entré, podrás salir. . Mas saldrá rodando. Donde atento mi respeto a tu honor, y a lo pactado con Carlos tu esposo, vivas libre: . Suspended el labio, que a confianzas divinas agravian medios humanos: llegáis tarde, Federico; y aunque debiera estimaros, desengañado de locas fantasías, mi resguardo, qué dirán de mí, y de vos, si echaren menos a entrambos? Y aún este reparo a parte, yo toda me he resignado en más fino amigo mío, que con un indicio claro de admitir mi protección, parece que la ha aceptado: firme en la palestra tengo de esperar a mis contrarios, que él no me puede faltar. Repara:- . Nada reparo. Déjela usté, que ella gusta, que la pillen por asalto, para decir si sucede, pues pude yo remediarlo? Ay! qué haré yo si me agarran? Tú tienes el genio blando, darás voces hacia dentro, por no alborotar el barrio. Míralo bien, Serafina, que es un hecho temerario el que emprendes. Ruido siento como que abren este cuarto. Yo salvando las murallas, llegué a él, y no he dejado por donde puedan entrar. Toda yo me sobresalto, sin duda es el Rey, que a él nada se reserva, usando de llave maestra. Pues el primer arrojo hagamos: retírate hacia esta parte, y estate oculta. Este es paso para el cuarto de la Reina; y aunque ha que está condenado mucho tiempo, más segura . estaré si me dilato a la última pieza: mira, Federico, que es más daño verte aquí, no juzgue el Rey::- Nada juzgará, pues hago lo que él me ordenó. Qué dices? Que él todo me lo ha fiado, y me mandó te asistiera. Pues siendo así, no hay reparo, obra como Caballero. Estate donde te mando, que tú lo oirás. No paremos hasta irnos a los tejados. Sí, que eres gata con celo, y allí no faltará gato. Rebelde la llave estuvo, y yo impaciente anhelando ver el objeto que adoro; mas quién está aquí? Un criado vuestro, que cumplir le cuesta los preceptos de su amo vencer imposibles. Y aún dasbaratarse los cascos. Federico, vos aquí? pues por dónde habéis entrado? Vuestras órdenes cumpliendo, por la muralla buscando a Serafina, con quien tengo el modo concertado de salvarla. Dónde está? . No lejos. Pues mientras la hablo:- Teneos, señor. A qué fin? Tengo::- . Qué? Que suplícaros. . Decid. Seráfina os ruega, con susto, vergüenza, y llanto, que no queráis publicar imprudente sus agravios: la habéis de dar la palabra, que mientras esté en Palacio, y ella esté en poder mío, no habéis de descompasaros a acción, ni voz amorosa. Pues la entrada ha franqueado de este pasillo la puerta, y ruido se siente oigamos. Federico son, y el Rey. Qué pueden hacer aquí ambos? Esta fineza os pretendo deber, en que me ha empeñado. Siendo vos el instrumento de mi alivio mal negaros podré tan feliz acción, de que solo iré premiado, si permite que la vea. Con ese seguro es claro que no se negará; ella a esta parte se ha ocultado, yo la llegaré a rogar, que salga. Ay lance más raro! Segura estás, Serafina; ya ves el Rey empeñado en verte, querrás salir? Di que sí, disimulando la voz. En buenos empleos Federico está ocupado. Quiéres que te vea? . Sí. Haces bien, pues le templamos de esa suerte. Qué responde? Que ya las gracias a daros sale de vuestra atención. Cuando amanecen sus astros bien puede tener la aurora un sumiller coronado. Por qué, amado dueño mío, sol a quien fino idolatro, te ocultas de quién te quiere? Por oír esos halagos. Válgame el Cielo! Qué miro! Que estáis tan enamorado de mí, que no satisfecho de aquel ternísimo abrazo del pasado lance, andáis las ocasiones buscando en que decirme requiebros. Pensamiento es este encanto? Aquesta es la Reina duende. Buen lance habemos echado. Federico, se fue el Rey? No, aquí está, suspende el paso, pues tu cuarto es tan dichoso para mí, que es el teatro donde a representar viene finezas::- Mudo he quedado! Conmigo, aunque a la hora de esta no sé yo qué papel hago. A fe, que por Federico puede decirse otro tanto. El primero en mi respeto hicisteis siempre (de mármol estoy hecho) y el que andéis tan clara verdad dudando, no es a mi gusto. . Eso basta. Vamos, Federico. Vamos. En lo que hablan se conoce, que está el rosolí barato. . Gran señora? Seráfina, ved que vengo a convidaros para pasado mañana, que es día en que separados comemos el Rey, y yo. Qué cauteloso agasajo! favor tan no merecido, como él es de realzado, sobre el corazón estimo. Yo con esto satisfago mi amor, mis celos diré, y mi venganza, trazando su traición, y mis desprecios, castigar con un bocado. Así te vas, Dorotea? también tú con rostro uraño me miras? Haz tú memoria de que te fie el estado de mi amor con Federico; y así cuanto te está mandado por un semblante, y por otro, es infamemente falso tercero del Rey; y tú también por otros dos lados le desprecias, y le oyes, a la obligación faltando de tu honra, y de tu sangre; si debo yo, equivocando la amistad con el enojo, mostrarte ceños, o agravios. . Hasta aquí pudo llegar tal conjurarse contrarios de mi vida, de mi honra, de mi paz de mi descanso, de mi esposo, de mi hacienda, Rey, Reina, prima, criados, parientes amigos, todos puedo decir me faltaron, sin tener lugar por mí de poder desengañarlos: Ea, Antonio, a ti te tengo, ahora luce más tu amparo; lo que te dijo mi esposo al partir, en ti fiando, te digo yo veamos como con todo cumplís veamos. . Quién dijera, Astros serenos, que yo contento me hallara, y de mi esposa no echara noticias, ni cartas menos? Pero si otra perfección, cuando el alma me cautiva, no dejó centella viva de la pasada afición a Serafina, y viviente soy de otro mundo, ya es cierto qué para su amor soy muerto, pues lo propio es ser ausente. Tanto mis ocupaciones me embebecen, y este amor, a mis fuerzas superior, que olvidé las ocasiones de saber de ella; este Mar a que salgo a divertirme, pudo, como poco firme, aún las estampas borrar de mi afecto; mas qué miro! qué hermosísimo bajel el Golfo sulca, y en él, con uno, y con otro tiro, hace salva de las olas, pájaro que corta espumas, con rojas, y blancas plumas. de rizadas banderolas? si será Español? Aserra. . Echa el ancla. La mayor, amaina. Vira a estribor. Portugal, a tierra, a tierra. Con suma velocidad a tierra sale el primero un bizarro Caballero. Don Carlos amigo, dad los brazos a quien llegó por veros a Gon ansioso. Caballero, en mi es forzoso corresponder; pero yo, aunque alguna cara vi a la vuestra parecida, no os he tratado en mi vida. Mirad bien, que no es así; no solo en algún lugar me habéis mil veces hablado, sino me habéis confiado cuanto hubo que confiar; mas estáis muy otro en Goa, pues andáis tan mal conmigo. Y cómo os llamáis? Yo, amigo, Don Antonio de Lisboa. Cielos, qué es esto que escucho! vuelcos me da el corazón: Cuál es vuestra ocupación? Yo tengo a mi cargo mucho; mi hacienda tengo empleada en cuantos me la han pedido, y nunca se le ha perdido a quien me la fía nada. Prenda es para un Mercader grande; y dónde vais ahora? Dónde he de ir, si solo un hora he de estar aquí, y volver la proa a Lisboa: Amigo, de verás, que vos podíáis, si a Serásina queríáis, ver presto venir conmigo: Vuestra ausencia no es ya corta; aquí qué os puede parar? vos os habéis de embarcar, que yo sé lo que os importa, y a mí por amenazado. De oiros pierdo el sentido: mi caudal distribuido está, y tan embarazado, que ni en tres años cabales no puedo embarcarme yo. No hay otro motivo? No. Pues ya vuelvo con los vales de vuestros correspondientes para Lisboa pagados: los que tengáis adeudados, y todos los remanentes del caudal vuestro, veréis en cajones luego al punto, presto estará todo junto; aún despachos llevaréis, que logren anticipados desvanecer intención opuesta a vuestra opinión: no hemos de andar descuidados. Qué es esto que me sucede! qué ansia es esta que me inclina! a ver presto a Serafina? Y porque duda no os quede, ha del bajel? 1. Qué ordenáis? S . Que vayáis, y que al Virrey, pues es atención, es ley, la licencia le pidáis para que se embarque Carlos. 1. Iré, y vendré velozmente. . No vi más gallarda gente, complacencia da el mirarlos. Vos partid a encajonar de Carlos. toda la hacienda. 2. Fuerza es que a servirte atienda. Y yo a cobrar, y pagar voy, y vengo; qué os aflige? fiadlo todo de mí, y no os apartéis de aquí, que ello será como os dije. . Cielos, rara confusión! es esto enigma? es encanto? ni aún da lugar el espanto de que hable la admiración. De donde conoce este hombre a Serafina, ni a mí, y está noticioso así de mi hacienda, y de mi nombre? 2. Aprisa aprisa a la Nave. 1. Aquí está ya la licencia. Ya no os queda dependiencia pendiente, leve, ni grave: Don Carlos, alto a embarcar. Tal pasmo no deja hacer más juicio, que obedecer. Leva el ancla. Vira al mar. Confiado con vos os sigo. Callad, que buen testimonio os daré de que un Antonio siempre es bueno para, amigo. Mas tan pronto este viaje? Ya veréis a honor, y vida cuanto os vale esta partida. Buen viaje, buen pasaje. Seráfina soberana, que voy a verte. Eso quiero, que obréis justo, y Caballero, que es virtuosa, y os gaba mas que pensáis, cuando anhiela a veros. Larga el trinquete, buen pasaje. Al chasaldete. Vamos, pues. Larga la vela. Ved si son bastantes culpas las que unidas manifiestan esas cartas. . Ya lo veo; pero aunque entre si concuerdan, no traen testimonio de no ser testimonios ellas. Pues no basta la noticia? No señor, que a largas leguas se dice, largas mentiras, y cartas, no son Profetas. Bastan, para que de Carlos a la prisión se proceda así que lleguéis. Yo gasto en cosas de honor gran flema: a los que yo prenderé, señor, con vuestra licencia, es a los que las escriben; y ya la sumaria hecha al delincuente, porque si no sale bien la prueba, me paguen ellos embustes, que un vasallo vuestro afrentan; que no es razón, que infamando el celo con la cautela, los hombres de honor se injurien, y al Soberano se mienta. Informe habréis de tomar de como tiene la hacienda, que en la India ha adquirido, y como posible es, que tanto crezca en tan poco tiempo. A fe, si tal manda vuestra Alteza, que en Lisboa tomar puede un millón de residencias. A quién? . A cuantos han ido a la India, sin más rentas, que un corto sueldo asignado, y cargan Naves enteras de plata, que a sus viznietos, si acaso alcanza, no llega. Señor, pensar que ninguno se arroja al Mar con la idéa de volver pobre, es mentira; y si hace justicia seca, traerá caudal en el alma, pero no en la faltriquera. Vuelvoos a decir, Don Pedro, que si ese estilo aprovechan vuestras canas, a la India le doy un Virrey, que sea su descanso, y vanidad de mi elección. Honra inmensa para mí es esa alabanza, mas no ay, señor, que creerla, que quizás, si llego allá, y la avaricia despierta; seré yo peor que todos, que la ocasión es tremenda, y suele volver el juicio a los hombres. . Sin prudencia. Ay, señor, mil habrán ido con intención sana, y buena, ven el oro, y los deslumbra, que tira con mucha fuerza; en fin, qué decís de Carlos? R. No obstante vuestra entereza, a mí me importa, Don Pedro, que él a Portugal no vuelva. Miren si lo dije yo, P. Acabara vuestra Alteza; pues faltará ocupación honrosa, que le detenga, y dé provecho, señor? que intentar::- . Injusta empresa! De su Patria, y de su esposa despojarle, sin que él quiera, cosas son, que hacerse pueden; pero no serán bien hechas. Quién entra aquí? . Yo, señor. Don Luis, luego os daré audiencia. Ahora la necesito: Señor, que las horas vuelan, y traigo un negocio grave, que en dos palabras se encierra. Decidlas. Don Luis de Silva me llamo. . Extraña propuesta! No lo será, si os añado, que por la unión que celebra con Carlos mi primo, es Seráfina mi patienta, y yo hidalgo en Portugal de la estimación primera. ̱. Todo eso nada me dice. Es, que dejo lo que resta a ese Memorial, pidiendo, que vuestra Alteza le vea. . De Don Luis el sentimiento las acciones atropella. Cielos, tan pública es la pasión de mi fineza hacia Serafina? El día, que gozar mi amor espera el fruto de su esperanza, pues hoy se cumple a mis penas el término que la dieron para que las favorezca, llega un papel a mis manos, en que un vasallo me muestra mi delito cara a cara? Ay algo a que me detenga? Haced las apunticiones de los cargos, y sospechas, que contra Carlos resultan, antes que os vais, y traedlas adentro. Está bien, señor: que a nada este hombre se venza! . Aunque contra el amor mío se conjuren de la Reina los celos de mis vasallos, las noticias, y las quejas de los suyos Serafina ha de ser mía; y en prueba de seguridad, pues este su cuarto es, entrando a verla, me aseguraré de nuevo de su palabra. Voy muerta: ay de mí! que estos horrores mi ruina encubrir desean. Gran señora, dónde vais? A que hoy, siendo mi asistenta Serasina, mientras como, venga a asistir a mi mesa. Mucho os debe. Tengo yo razones para quererla. De aquí grave mal presumo. Ahora has de ver, Dorotea, el papel que yo te he dicho, por si conoces la letra. Cada vez estoy más grave con infulas Palaciegas. Id con Dios. El Cielo os guarde. . Qué es lo que la Reina intenta con demostración tan rara? Señor, a las plantas vuestras, para salir de Lisboa vengo a pediros licencia. Hoy nos la llevamos, y él sin Seráfina se queda; pero si nos ahorcare, no hay si no estirar la mecha. No me informaréis a qué? Cielos, a las propias puertas de Palacio me dejó aquel que mi guía era, tan lleno de confusiones de que tal pasmo suceda, que no sé si estoy en mí. Las apuntaciones hechas de los cargos contra Carlos están ya aquí. Qué oigo, penas! Pues guardadlas para cuando de ellos le toméis la cuenta en Goa. No es menester, que yo vengo a responderlas. Válgame el Cielo! qué miro? Es ilusión de la idéa? Por dónde vino este hombre? Es acaso esta Comedia del Foleto? Carlos, pues qué venida ha sido está? como habéis dejado a Goa sin permiso? No cupiera haberle solicitado, señor, porque estaba en ella arteayer tarde. Anteayer? os burláis, o habláis de veras? Estas cartas os lo digan. De antes de ayer son las fechas. Carlos mío? Federico? Aquí hubo alguna hechicera mulata, que algún librillo le hizo saltar de agua negra. Recorred estos despachos. Señor, rara, y estupenda admiración! cuantos cargos ese Memorial encierra, que ahora acabamos de hacer, vienen aquí con las pruebas de ser todo falsedad. Hola, llamad a la Reina, a Serafina, y a cuantos se hallan en Palacio, y sepan todos tan alto prodigio, que toda el alma me trueca, pues otro yo siento en mí. . Maravillas son bien nuevas. Vamos que el Rey llama. Ay Cielos, que he visto a Carlos! Espera. Carlos mío de mi alma? Quita, ingrata, no te atrevas a llegarme mientras dure un temor, que me atormenta. Carlos::- Suspended las voces, que él, pues a informarme empieza, nos sacará de este asombro. Señor, con harta vergüenza os contaré, que olvidado de Patria, y esposa bella, estaba anteayer en Goa, y en las alegres riberas del mar, con más pensamientos, que su rubia playa arenas, cuando vi un bajel hermoso, que sus orillas costéa, y de flámulas vistosas, estandartes, y vanderas, segundo golfo del aire su vaga región anega. Saltó en tierra un Caballero, cuyo rostro, cuyas señas quise conocer, pues yo, que le he visto se me acuerda en Lisboa; y siendo así, que para mis dependiencias necesitaba dos años, si aspiraba a componerlas, las dispuso en media hora, con no vista ligereza. Acordome a Serafina, y sus voces tal vehemencia de amor en mi hyerto olvido despertaron, que sus fuerzas a poderle resistir, empecé a morir por verla, olvidando no sé qué, que aún hoy ni memorias deja. Partí, y en fin el bajel voló con furia ciolenta, tanta, que al tercero día el Grúmete dijo, tierra. Qué tierra es? le repliqué; y él me volvió por respuesta: de Lisboa el Puerto: Aquí de asombrado el pecho tiembla, el corazón se estremece, y el aliento titubea, pues un viaje de un año, como es posible se hiciera en cuarenta horas no más, sin ser encanto apariencia, hechizo, o milagro? y más cuando sacada mi hacienda del bajel, y conducida donde yo dije, el que lleva por Capitán, cuyo rostro todo es mesura, y modestia, admiraba, y cuyo nombre Don Antonio dijo que era de Lisboa, hacia Palacio me guió y junto sus puertas, sacándome esos despachos, me dijo de esta manera: Cargos se os están haciendo, pero las culpas absueltas dejarán esos papales, pedid al Rey que los lea; y decidle a Serafina, que aquel sujeto a quien muestra tanto cariño y en casa le tiene, y dice ternezas, no le trate mal, pues sabe su sina correspondiencia. Esto me dijo, y se fue, dejándome de sospechas llena el alma, que en mi honor más decoro no respetan, que su venganza: Traidora, si ese hombre no manifiestas, que ocultas, con este acero morirás. Detén la lengua, y la acción, que gozo, y llanto responderte no me dejan. Te acuerdas de quien fiaste tu honor, mi amparo, y defensa, y las llaves de tu casa? pues este es, mira sus señas, a ver si este nos restauta cuanto estuvo a contingencia, por haberle yo pedido, que en tres días te trajera: importando, Carlos mucho, démosle gracias inmensa; Él es, aqueste es su rostro: el saco, la diferencia no más de plumas, y galas, con cuya hermosa librea fue Capitán de la Nao, Seráfico Planeta del gran Cielo de Francisco: Con qué pagaré el que vuelvas por mi honra, hacienda, y vida? Para que todos entiendan cuanto para sus Devotos Antonio con Dios granjea, pues los alados Ministros acuden a su asistencia; y; puesto que queda Carlos con Serafina en la quieta paz de su casa, yo vuelvo al Alcázar que me hóspeda. . Gran milagro! gran prodigio! Así en su Vida se cuenta. Llega; abraza a Serafina, Carlos, vive en vida quieta, y gustosa, y premio tuyo sea el Gobierno de Almeida. Perdóname, Serafina, que los celos desesperan; y ya el papel conocido, según dijo Dorotea ser de Federico, en humo me alumbra con las pavesas. Veis cuanto en culpar ausente por las noticias se arriesga? Don Luis, ya estáis respondido. Siempre es quien es vuestra Alteza. Señor, a tal maravilla corresponda el que me vea de Dorotea con la mano en blanda quietud estrecha. Queréis vos a Federico? Sí, gran señor. ̱. Pues ya es vuestra. Esposo, abrázame ahora. Dichoso aquel que posea mujer virtuosa. Y tú no me das la mano, puerca? Échate acá esa pesuña. Y esta historia verdadera, de quien vida, honor quietud, fama, salvación, y hacienda a Antonio de Padua debe, da fin. Porque todos sepan lo que vale ser Devotos, para que su culto crezca de San Antonio de Padua, dadle un victor al Poeta.
