Texto digital de Lo que va de cetro a cetro y crueldad de Inglaterra
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- José de Cañizares
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- José de Cañizares Segura
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que va de cetro a cetro y crueldad de Inglaterra. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-va-de-cetro-a-cetro-y-crueldad-de-inglaterra.

LO QUE VA DE CETRO A CETRO Y CRUELDAD DE INGLATERRA
JORNADA PRIMERA
p nacho E los ceños de la noche, hoy como se burla el alba, bañando en risa de aljófar, flores, pájaros y plantas! Puesto, señora Clotina, que en fe de la salvaguardía de Enviado de Isabela, a la tienda de Estuarda llegué, haced que mi venida participen a Madama María. . Su Majestad juzgo que al sueño entregada, del afán de sus cuidados sobre una silla descansa. A este fin mandó, que lejos esa música sonara, y quédase yo de posta a ser de su sueño guardía. Mas no ostante, señor Duque, siendo la gran circunstancia que os trae, tan del grave aprecio de la Reina, en despertarla juzgo que la serviré. Parad, suspended la planta, (Cielos, válgame mi asombro!) . que no es la empresa tan ardua que me trae, que necesite (o es ella, o amor me engaña) privar del sosiego al día, cuando entre nubes de nácar, viendo reclinado el sol, blando céfiro le canta::- De los ceños de la noche, hoy como se burla el Se Qué dices, Turpin? O yo tengo cataratas, o estoy como suelo, o es de aquella Ninfa pintada, que adoras en el retrato, que encareces e idolatras, imagen viva la Reina. Pluguiese a Amor no acertaras tan del todo, como expresan al notar su semejanza las ansias de mis suspiros, los suspiros de mis ansias, viendo en mejor rosicler descansar a la manana::- Bañando en risa de aljófar flores, pájaros y plantas. Pues supuesto, señor Duque, que no queréis inquietarla, mejor es que Vuecelencia se retire. Espera, aguarda, blanda ilusión del sentido, del sueño dulce fantasma::- Esperad, que ya recuerda. Y puesto que mejorada la corona, no es perderla el volver a restaurarla, sepan Mas quién está aquí? Quién viendo cobrar su gala a las aves, su matiz a las flores, su esmeralda a los troncos, y a las fuentes su halagüeña risa blanda, despertando mejor día, que el que antes los ilustraba llega a vuestros pies, señora, a ver que en acciones varias todos el alma reciben, y él solo ha perdido el alma. Qué decís? Que Embajador de la Majestad sagrada de Isabela, Augusta Reina de Inglaterra y de Irlanda, (disimulemos, afecto) viene a besar vuestras plantas Eduardo, de Noxforcia Duque. . Mis brazos os hagan el digno recibimiento que deben. . Esta es la carta de la Reina mi señora. Ya son dos las circunstancias de mi aprecio, una saber, que a una mujer ultrajada de la fortuna, aunque ayer era Reina soberana, la Majestad de mi tía Isabel honra y ensalza con su memoria al contrario de las costumbres humanas, en quien siempre es el desprecio el fruto de la desgracia. Y otra, ser vos quien tan dulces alegres nuevas me traiga. Cubrios, primo. Señor, mira que te elevas y te pasmás. Ay, Turpin, que en sus dos ojos tales incendios dispara Cupido, que a tanto fuego no hay resistencia. . Echar agua, que así hacen los raberneros para aumentar la ganancia. Pero, señor y la Reina Isabel, que te agasaja mas que a primo y es la prima de tu amorosa guitarra, qué habemos de hacer con ella Si alguna incierta esperanza le di tal vez a su agrado, por la codicia a que arrastra el laurel, fue por juzgar, que el original no hallara mi amor de aquella pintura, que por senda tan extraña llegó a mi mano, a triunfar del sosiego de mi alma. Pero habiéndole encontrado en la divina Estuarda, como es posible me quede acción, que no sea en sus aras reverente sacrificio? Por Dios, que no echas palabra en saco roto, que pues Isabel mis chismes paga, hecho espía de su amor, yo sabré: . Qué N Su s, su Majestad me agasaja tanto, tanto me consuela, me alienta y me desagravia del ceño de mi fortuna, que como si fuese causa de mi adversidad, propone desvanecerla y postrarla. De su misma mano escribe, solicitando que vaya a Londres, donde seré más servida, más amada que en mi Corte y de asistirme con su afecto y con sus armas, hasta que cobre mi Imperio me ofrece su Real palabra. Decidla:: mas qué clarín la esfera del aire rasga? Don Gómez de Figueroa, Conde de Feria, y de España Embajador, el permiso para llegar a tus plantas espera. . A mí el Español? no sé qué intento le traiga. Id, Roberto y conducidle, que por su valor, su fama y el heroe que representa, es fuerza hacerle esta salva. Ya que solo a vos, señor, de Nortumbría mi tirana suerte me deja, que pueda fundar esta confianza, el único de mis Grandes que es leal. Cuánto te engañas, si presumes que en mi puede ser lealtad la tolerancia, puesto que en la Religión discordes, hasta que haya ocasión de declararse, sufre mi cordura y calla. No vais? . Para qué, señora, si antes que a conducir salga al Conde, se entra en la tienda? Qué osadía! En fe, N de que quien está asistida del Duque, no está ocupada para recibirme a mí, aún sin notar la ventaja de Ministro de quien soy, pues a mí el ser yo me basta; no he podido tolerar esta pequeña tardanza de llegar a vuestros pies; o porque dicha tan rara me tuvo con impaciencia, o porque la Inglesa pausa con la cólera Española, se halla mal o no se halla. A cualquier tiempo que llegue vuestra atención cortesana, Conde, a mis brazos, será atendida y cortejada, como quien sois y el gran dueño que tenéis. Con qué arrogancia se portan los Españoles! Naturalmente me cansan. Suelen ser de mal humor. Filipo, heroico Monarca de dos Mundos::- . Esperad: yo he traído una embajada de la gran Reina Isabela, y la respuesta esperaba cuando entrasteis; no es razón que entre por medio otra instancia, hasta acabar su proyecto. Si fuera otro el que llegara, dijeráis bien más viniendo yo en nombre de la más alta Majestad que adora el Orbe, es ceguedad e ignorancia, no saber que en cualquier tiempo es primero el Rey de España. La gran Reina de Inglaterra en poder, no leza y armas, a cualquier Rey de la Europa, sino le excede le iguala. Dejando el ser Dama a un lado, (que es muy grande la que es Dama) siendo Reina es Reina solo; pero ni Rey como abarca mucho ey es s Rey es, cuantas Pro Señor Conde, quien creyere, que antes que Isabela hay nada:- Señor Duque, el que juzgare, que a mi Rey no ha de hacer salva::- Mi valor::- Mi atrevimiento::- Tened, suspended las armas, que a vista de mi respeto, cualquier exceso os desaira. Y pues por entrambos lados igualmente interesaba, como tercera me toca la decisión de esta causa. Primo, no dudáis, que al que es forastero en nuestra patria, se debe el mejor lugar: y pues siendo de mi casa vos, para cumplir con vos cualquiera tiempo me basta, proseguid vos, señor Conde. Como prefiera Madama, yo no debo averiguar el motivo ni la causa. Él se sale con su tema: lo que vale una fanfarría. Mi Rey Filipo Segundo vuestro primo, en su Real carta me remite para vos este pliego, y con extraña demostración de dolor, que os dé el pésame me manda de la perdida del Reino de Escocia pues arrojada de él, por traidores insultos de heréticas asechanzas, sabe que andáis perseguida, ofuga y amenazada: as yo por cumplir, señora, ni lo que mi amo me encarga, y lo que me debo a mí, hoy que he salido a la raya a fin de cumplimentaros en dos acciones contrarias, pésames y parabienes y: pésames, de que hayáis o5 perdido el Cetro heredado aEstuarda: ili e la fam y parabienes, por Católica y por santa desechéis esa rebelde infesta aleve canalla; que perder tales vasallos, mas que perdida es ganancia. Parabién y en hora buena admito y para que en ambas os responda, lo que escribe el Rey veré. Aún no descansas? Mariposa de sus luces para beberlas las llamas a sus ojos, es mi aliento invisible salamandra. Edmundo? . Señor. Ya habéis cumplido con vuestras ansias: esta es María. . Decid, que esta es la heroica gallarda de la Fe, pues por la Fe, pierde hacienda, Reino y patria. Dichoso quien vuelve a verla. Mas lo es quien consigue hablarla, que es discreta. Quizá el Cielo para lucero le guarda de Escocia, con cuyos rayos de ciegas tinieblas salga. Quién vio mayor confusión! cuando pisando la raya de mi Reino fugitiva, hasta la tierra me falta, que pisar triste, infeliz, abatida y despojada, no hay puerta que a mi refugio piadoso el Cielo no abra. Con más encarecimientos, y con más vivas instancias, que Isabela de Inglaterra tiñe Filipo de España la pluma, para pedirme, que tome en tales borrascas puerto seguro en sus Reinos, y ha dado orden a su armada, que a estar a devoción mía al puerto de Yore se parta. Y pues es fuerza responda a tan ardua a ambr tomando resolución, ha de ser la más hidalga. Haced, Roberto, que vengan cuantos hasta aquí acompañan mi persona. Ya presentes los tienes. . Hoy mi cristiana acción, Príncipes, Vasallos y Deudos, quiero que os haga demostración de quien soy Pendientes de tus palabras nos tienes. Pues a ese fin, no reservo circunstancia. Según estos aparatos, relación hay en campaña. Jácobo Quinto de Escocia fue mi padre, cuyo nombre, siendo asombro de la guerra y de los cismas azote, la admiración a silencios pública, la envidia a voces. Murió disponiendo en Francia firmes confederaciones, casándome con Francisco su Delfín, valiente joven, que en su tierna edad la parca malogró frutos y flores. Desde Francia volví a Escocia: aquí es fuerza que os invoque a que advirtáis el origen de mis peregrinaciones. En el tiempo que en mi ausencia me condujo, a que coronen los blancos lirios de Francia lo augusto de mis blasones, al de Briest, al de Arpach, y al de Noj dejé a mi orden, de mi Cetro substitutos, del Reino Gobernadores. Ya era aquel el infeliz tiempo (o los siglos le lloren!) en que la horrible serpiente, hija fatal de la noche y de la culpa, infestaba con su injusto aliento torpe los Reinos de Inglaterra, y las Provincias del Norte. Énrico Octavó, anegado en ilícitos amores, ya era enemigo del Cielo, pues sus sacras leyes rompe; y declarado cabeza por los viles transgresores de la Fe, de la Anglicana Iglesia transtornó el orden. Verrió el Infierno su astucia, y los que dejé Pastores de mis Provincias trocados en crueles lobos feroces, el rebaño de los fieles destrozan y descomponen. Contra el Católico gremio dejan levantar pendones, roban las santas Iglesias, persiguen sus Sacerdotes, niegan la obediencia al Papa; y a maldades tan diformes, huye el día, el mundo llora, gime el mar y tiembla el orbe. En este estado hallé el Reino, cuando volví con el Conde de Dardoy desposada segunda vez, esforzose mi cristiano corazón a castigar sediciones tan injustas junté altiva Católicos escuadrones, tremolé los estandartes; y a impulsos de mis fervores, azotado bramó el parche, inspirado gimió el bronce; y en tres o cuatro reencuentros hice apagar los ardores del rebelión enemigo: pero qué importa, si entonces solo fue con la ceniza cubrir la llama de golpe, dejando para otro tiempo encendidos los carbones? Dígalo el que en la quietud de mi Palacio una noche, con el Conde, esposo mío, estaba yo, en la consorte unión del tálamo, aquel sitial que el sosiego pone, para presidir Morfeo en las imaginaciones: y apenas nuestros sentidos, obedecieron el orden con que suspende al que queda vivo ca adaber inmóvil, cuando el Barón de Briest, que este es (ay Cielos!) el nombre del más infame vasallo, que Cielo y tierra conocen, introdujo seis cobardes; no dije bien, seis traidores en nuestra estancia: y llegando al lecho en que yo y el Conde estabamos, con violencia le arrastraron despertome la atrocidad, y del susto al embargo, apoderose un hielo de mis palabras, un pasmo de mis acciones, una niebla de mis ojos, y un silencio de mis voces. Quiero seguirle y me impiden, quiero llorar, no me oyen, quiero esforzarme, y me falta el estilo en los temores, los latidos en la sangre, y en el corazón los golpes: y más viendo (aún tiemblo ahora) que a mi esposo llevan donde entre unas ramas, las manos a su cuello aplican, con que permite Dios que su aliento tirana opresión sofoque: y en habiendo ejecutado aquel crimen tan enorme, a mis brazos el cadaver volvieron los agresores, publicando que yo era quien le dio la muerte: o postre su ser la memoria infame! y en mudas demostraciones se templen las quejas, todos su fundamento revoquen, que Dios lo permite he dicho; y así es bien que me conforme, pues sentir lo que permite, es culpar lo que dispone. o os años estuve presa viles imposiciones V o, mostrand de este delí los herejes sus traiciones contra mí, más quiso el Cielo, que su infame trato doble búrlase, y con el ayuda del Cielo y de algunos nobles Carólicos, por mi asilo vine a tomar este monte, dejando a Eduardo en Escocia, mi hjo, tan tierno joven, que apenas a su edad breve el primer albor conoce. Ahora, deudos, ahora, amigos e invictos Embajadores de los dos mayores Reyes, que la Europa reconoce, os llamo a la grande acción, que apunté al principio y porque no ignoréis sus circunstancias, renovad las atenciones. Bien pudiera yo, pasando a vivir entre Españoles, centro del Carolicismo, evitar las opresiones, que mi espíritu combaten, y dando al golfo salobre la roja Cruz de su insignia en bajeles de transporte, poblar a la infiel Escocia de Cristianos batallones. Bien pudiera yo la Francia elegir, des fui consorte de su Rey, y hoy el Noveno Carlos, que Cielo corone, con hálagos solicita, que amparo en su Reino tome: pero qué dijera el mundo, de ver que en otras naciones busco asilo, y que mi Reino, cuando infiel borrasca corre de la heregia, le dejo expuesto a los duros choques? Isabela de Inglaterra de heréticas invasiones también engañada vive, y hay quien diga que es tan dócil, que no sigue la verdad, porque oye. ad a verd Pues a que aclare las nubes torpes de un error sino a otra Reina, de quien como tan conformes en la sangre, se reciben mejor las inclinaciones? En sueños hoy una sombra de rayos y de esplendores me ha ofrecido una corona, diciendo, vaya y mejore de Cetro en Inglaterra. Sin duda el Cielo dispone, que por mano de Isabela el Cetro de Escocia cobre; y pues resistir no debo los impulsos, las razones, los acasos, los avisos, con que los Cielos concordes quitan, disponen, ordenan, que castigue las traiciones, que ensalce la Fe de Cristo, que mejor corona logre, guiadme vos, Eduardo; y vos perdonadme, Conde, que en Londres busco mi amparo. Marchen mis gentes a Londres. Oh mujer heroica y digna de los laureles mayores! Qué os parece si conforma su virtud con su renombre? Nunca de tan alto juicio esperé resoluciones menos gloriosas. . Señora, otra vez es bien me postre, y os dé en nombre de Isabela las gracias. . Quién se conoce deudora, es fuerza que empiece a pagar obligaciones. En mi nombre esta cadena os poned, que es bien que honre al que va por Capitán de mis guardias. . Acabose, ya tengo otro chisme más. A quién de vuestros dos soles ya es esclavo, en vano ha sido aumentarle las prisiones: y pues no es justo un instante privar de un Cielo la Corte, toca, trompeta, a marchar; y alegremente conforme todo resuene a placeres, júbilos y aclamaciones. Viva María Estuarda, y marche la gente a Londres. Roberto, id delante vos, cumplimentad de mi orden a mi tía. . Obedecerte me toca. Aunque de vos torne desairado, gran señora, bien sé que me corresponde ir entre vuestra familia; bien que siento::- Qué? . Que donde no hay Religión, no hay palabra; y plegue a Dios, que no llore tal vez vuestra Majestad no vivir entre Españoles. Esto lo dispone el Cielo. Pues cumplid lo que dispone, y paciencia: entrad, Edmundo. . O quiera el Cielo que logre tratar despacio en María las dulces inspiraciones del Señor! Afecto mío::- Muda voz::- Pasión indócil::- Vamos a ver si conforman sucesos y prevenciones. Vamos a lidiar a esfuerzos de caricias y temores. Pues aunque otra Religión siga Isabela por norte::- Pues aunque en la fe vivamos Estuarda, y yo discordes::- Oh he de vencerla o morir como el Cielo me lo otorgue. Oh he de acabar de mi pena, o he de lograr sus favores. . Y usted, Reina, dónde va? Dónde me llevan Milordes. Querrá un criado de paso, con un erriño a galope, expresado de carrera? Ay, que se dispara el hombre: estupenda cara tiene de carán o oíde. Oh tirana Jezabel! el Cielo vuelva por sí. Ay triste Pueblo de ti! Viva la Reina Isabel, va. . Para qué, si muero o e un fiero dolor tirano? para qué si de Campiano, aunque triunfando el acero, ha dejado contra mí para vengar tanto error esta hidra de furor? Qué terrible frenesí! Isabel? . Reina? Señora? Quitad, que Reina no soy, a si vivo temiendo aún hoy el mal que el alma no ignora. Católico pudo haber, (o acábeme mi pesar!) que la vida sepa dar con tan gustoso placer por su antigua Religión? O pavorosa experiencia, e la conciencia gusano que e el corazón! me desl Co d, señora, el aliento; es cuando del nuevo estado n que hoy admitís, ha aprobado los actos el Parlamento, y Princesa soberana de este Imperio vuestra Alteza se aclama suma cabeza de nuestra Iglesia Anglicana, hay temor que así la espante, la turbe y la desaliente? En vos funda dignamente, de la línea Protestante, Inglaterra el laurel. Amparadla por los dos, que el daño que caiga en vos es fuerza resulte en él. Arzóbispo Cantuariense, Dobray y Boncast, amigos, ya sabéis, ya sois testigos de que no hay cosa que piense ne tanto como e con afecto superio del Reino el supremo honor, ya me habéis visto Reinar. Murió Enrique padre mío, y luego esta Monarquía entró mandando María mi hermana, que a su albedrío rigiendo el Cetro Britano mudó la nueva creencia, dando la antigua obediencia al Pontifice Romano. Aún no seis años reinó sujeta a su ley Divina, hija en fin de Catalina; pero habiendo entrado yo como hija de Ana Bolena, (de que no poco me alabo) y el invicto Enrique Octavo, rompí esta dura cadena. La obediencia le negué al Papa, y la fe seguí, que de mi padre aprendí, y que en vosotros hallé. No averiguo si fue error, solo sé que a dilatar esta secta he de anhelar, y este es el medio mejor. a única heredera mía, es la que hoy Londres aguarda, pues es María Estuarda llamada a esta Monarquía, a falta de sucesión; y pues yo a casar no paso, pero en llegando su caso, y poder lograr la acción, de Escocia y de Inglaterra Princesa la he de jurar de Gales, y a conquistar la hemos de ayudar su tierra. Pero antes mi estimación, mi agasajo, mi prudencia y mi astucia a la creencia de mi nueva Religión la han de reducir, no obstante que otra defiende y hereda, y con eso el Cetro queda en Princesa Protestante; y no tan solo J ncesa de vn Monarquía Escocesa, de la na la unión dilatada p la se nuestra, a que aspirar debo mejor que a reinar; y así para tanta acción, puesto que a Eduardo envía mi afecto a cumplimentarla, si me permite hospedarla, servid todos a María. Arda Londres en festines, en pompas y lucimientos, músicas rompan los vientos e cajas y de clarines, que aqueste el principio es de poder prevaricarla, persuadirla y ofuscarla. Dadme, señora, los pies. Roberto, sed bienvenido: qué hay de María? Ah aceptado (aunque el de España ha intentado reducirla a su partido con bastantes eficacias) vuestras ofertas María; y así a admitirlas me envía en su nombre y daros gracias del favor que os debe. . Cielos, el de España la llamaba ara sí? . Por si lograba o ar a Inglaterra celos, buscaría la ambición del Español esa senda. No hay cosa que no pretenda deslucir mi ostentación. Y en qué dictamen María viene, ya que sois, Marqués, quien amando el interes de la antigua amistad mía, sigue mi correspondencia en su Corte y a su lado? Según lo que ha declarado hoy en su pública audiencia, es, señora, su intención, si en tu Reino logra estar, volver a resucitar la olvidada Religión Católica. Qué decís? Tan sin pena lo expresáis? Vos, que la verdad am ese riesgo conducís a Inglaterra? . Callad, qué os asusta? qué os altera? qué importa que lidiar quiera Majestad a Majestad? Aspire ella a tanta gloria, y yo al triunfo que anhelamos, y veremos si lidiamos, quien sale con la victoria. Soy tan poco sabia yo? tan poco astuta he de ser, que de mujer a mujer no he de vencerla? y sino qué teméis de esa manera? Cuando la ley no reciba, no haré yo que el Reino viva: Con qué? Con que Estuarda muera? Señora:- . No repliquéis? Arzobispo, a qué aguardáis, que la Corte no juntáis? A vuestros pies me tenéis. . Dobray, la gente de guerra salga en busca de María. Vuestra es la obediencia mía. . Temblarame Inglaterra: vos los Comunes, Boncast, juntad para la función. Harelo sin dilación. Ya que a todos cargos das, espero, señora, el mío, como hechura de tus pies. Yo aguardo a daros después el mejor del Reino mío. Ay, señora, que el mejor jamás mi afecto le espera, sino es ya que el amor quiera::- Qué es eso que habláis de amor? Que si yo::- . Estáis delirando? En Escocia::- . Ya os entiendo, que pedís que os premie entiendo lo que por mí estáis obrando. Duque de Eujonia sois ya. Bien claro me dais indicio, que pagáis en beneficio de la gran pena que os da el tener la obligación. Siempre esa quedap a3 a asisfir a Advertid, que es sinrazón o atender a que un desvelo::- Me sirve tan sin medida. Ya estáis, señora, entendida. Id con Dios. Guardeos el Cielo. Que una palabra a Roberto no hayáis dejado siquiera hablar, señora? . Ay Énrica! no entiende amor de cautelas. Qué importa, que desde Escocía Roberto a servirme venga, Siendo Infante, y desválida yo, en el tiempo que era Reina de Inglaterra mi hermana, y que atento a su fineza, contra su patria y honor prosiga su inteligencia conmigo, estando en Escocia, por ser ambos de una misma Religión, si el pecho mío solamente le reserva, para Eduardo mi primo, cuya gala, cuyas prendas aspiro a elevar las mías? Ahora que de eso te acuerdas, qué habrá Turpín descubierto, puesto que espía secreta de su amor, le has encargado sus pensamientos inquiera como ladrón tan de casa Con una extraña sospecha, la última vez que me vio, me dijo: . En razón no era de un retrato? . Sí; mas tente, no es aquel que aquí se acerca? Él es. En hora dichosa llegue a besar la chinela, estuche de aquel jazmín; digo de aquella azucena, que sabe ilustrar a puntos, y que sabe honrar a medias. Turpin, pues dónde has estado tanto tiempo? . Buena es esa! pues no he seguido a mi amo? Lo que me quiere la Reina! . Gran cosa es ser alcahuete. Y cómo le ha ido en mi ausencia? le admirió bien Estuarda? Tan bien, que si lo supieras, te habla de dar tanto gusto, como sacarte las muelas. No andes en misterios ya con su Alteza. . Qué es su Alteza? Mi señora Doña Enrica, soy hombre de muchas prendas, no puedo yo ser chismoso, que a poder ser yo dijera, que cadena, que retrato, que:: Pero detente, lengua, que te vas a despeñar. Di, Turpín no te detengas; y en pago de tu lealtad, toma esta sortija; llega, dime todo lo que sabes. Vuestra Majestad lo ruega de tal modo, que en el hombre no hay humana resistencia; y como piedras arroje, hará ablandar a las piedras. Qué apuntaste de pintura? Ya en esotra conferencia os dije, como mi amo anda hecho una jalea por un retrato. Es verdad, pero yo juzgué que fuera uno que ha de tener mío. Uno vuestro? Linda fresca! Pues por aquel que suspira, se arana y se boferea no es vuestro, que es de Estuarda. De Estuarda? No sino brevas, ahora acabo de sacar, señora, la conrecuencia con estos míseros ojos, que se han de comer la tierra. Advierte que no me engañes, porque si mientes::- Canela. Te mandaré hacer pedazos. La verdad, señora, es esta, él de ella está enamorado. as con ella Cómo, si ja ura ha tratado? . La pi ene la e lpa. t No este loco. vive mi ardor:: Espera. Que te haga echar de un balcón. Dios me ampare y me defienda. e me amenace, o ya qu ir siquiera, eme de ir a María e a recib fue Eduardo, y que en su tienda halló dormida a Estuarda; que llegando a conocerla, vio que era la del retrato; que le habló con mil ternezas, pronunciando caramelos; que ella le dio una cadena de diamantes por favor, diciendo que era la seña de Capitán de sus guardias, y la trae al cuello puesta; y como ya he bomitado secreto que me atormenta tanto, mas que digan luego de mi muerte las exequias. . Viva la invicta Estuarda, viva la heroica Isabela. Ya llega Estuarda. Ay Enrica! de su infelice belleza de Inglaterra y del mundo, si hay átomo que me ofenda. La noble Reina María en hora felice venga de dominar en Escocia a mandar a Inglaterra. Vuestra Majestad, amada sobrina, a mis brazos sea muchas veces bien venida. En ellos de mis tormentas el puerto::- mas ay de mí! i el Cielo se viene a tierra, o seré su atlante. . Y yo. Y yo. . Qué osadía es aquesta? No os culpo a vos, que siendo vasallo, es deuda servir a vuestra señora. Yo: . Ni a vos, Conde de Feria, que en forasteros, son garbos osadías tan atentas; a vos culpo. A mí, señora? Sí, pues el bien de que pueda en sus brazos admitir, la más estimable prenda, que de sus brazos se ampara la usurpáis a vuestra Reina. Ya reconozco mi yerro. Ese, señora, se enmienda (quien empieza tropezando, Cielos, o qué mal empieza!) haciendo que la costumbre mejore la contingencia: volved a darme los brazos. En este lazo se estrechan nuestras almas. . Ah señor! mucho te mira Isabela. Calla. Yo os doy, gran señora, festivas enhorabuenas de las dichas que hoy gozáis, con tan noble, tan suprema hués peda en vuestros dominios. Yo siento ver que la pierda España, cuando por vos sin mi noticia la anhela. Como para obrar bizarro no necesita licencia de nadie mi Rey y más en una acción tan bien hecha, yo imagino que no cabe, ni culpa en él, ni en vos queja. Así mi Corte lo cree. Que lo crea o no lo crea, yo satisfago a una Dama como vos: no está a mi cuenta ni Corte ni Parlamento. Conde, está bien. Vuestra Alteza, le dé a un vasallo la mano. A Ministros de la Iglesia no los ecibo yo Sí. Nuestra le el Arzobispo. . Ah infeliz, miserable Inglaterra, en púrpuras vanas que solo e te ha quedado la apariencia! Llegad, besad a María la mano. . Heroica Princesa, mil veces sed bien venida. En hora feliz merezca Londres el astro mejor de su mejor influencia. Ministros deben de ser de los hierros de Isabela todos estos. . Qué mal rostro nos ha mostrado la Reina! Ya es hora de descansar; (Cielos, como yo pudiera satisfacer a mis celos!) sobrina, venid, y en muestra de que quien viene a otro solio muda el trono y no le deja; Ingleses, María Estuarda es desde hoy quien os gobierna, quien en vuestra Reina manda, quien su corona maneja: viva Estuarda. . Estuarda viva. Tu hechura soy. María bella, yo te pondré otra corona las rica que la que dejas. Así será si se cumple de aquel sueño la promesa. Venid. . Dónde vais? Señora, Estuarda me encomienda su guardía. . Y vais a servirla? Cumplir mi encargo no es fuerza? Y aún por eso tan galán sis con tan rica cadena. No puedo negar, señora, que me la ha dado su Alteza por Capitán de su guardía. Mos tradla. . Esta mala hembra, qué querrá hacer? . Eduardo, a quien la guarda se entrega, ya sabéis que se le rinden nombre, seña y contraseña. Si señora. . Pues en fe de la ocupación vuestra eq o e ene de su guardía y la defensa de María, por caudillo, que he de ser de sus banderas, con esta seña me quedo. Advertid, que la cadena::- Fue de María, por eso la estimo yo, no por vuestra: venid. Señora, si yo (Cielos, que tal me suceda!) . pude::- . Ya conozco, Duque, cuán bien defendéis mis prendas. Vas disgustada? . Ay Clotina! no sé el pecho qué recela: pero a cuenta de Dios corro, Dios premiará mi inocencia. . Yo lograré mi intención: Amor, mis desvelos premia. . Celosa de mi Isabel quitarme la dicha intenta, y he de adorar a Estuarda, si vida y alma me cuesta. Mal me ha salido mi chisme: echaré por otra senda, que Graciosos embusteros los hay en cien mil Comedias. Viva la invicta Estuarda, viva la heroica Isabela. esa caa ea alea JORE
JORNADA SEGUNDA
Támesis florido De las fértiles orillas, ilustrán dulces tropas de jovenes y ninfas. Felice mil veces yo, Dama hermosa, pues en día de tanto aplauso pudiera contentarme cualquier dicha, y he logrado la mayor. zarrías r del Pais hacen costumbre suerte tan encarecida; os deben dar, Milord, y Discreta Enrica, vanid si acaso de vuestro dueño no habéis aprendido esquiva a ultrajar en lo que postra, triunfos de lo que conquista, doleos de mi y mantenedme en su memoria. Si estriba vuestra buena suerte en eso, no habrá instante en que no os sirva. Del Támesís, galanes, veréis que en ondas lisas de perlas y corales sus márgenes sálpica. Madama, en vano a las aguas esas voces nos convidan del Támesís, si abrasado en la nieve cristalina de esta mano, no hay suspiro que apague el ardor que aviva. Qué decís, Conde? pues cómo la usada galantería de la Corte transformáis en licencias tan indignas? Qué indigna licencia es esta? La de esa amante caricia, opuesta al cortes obsequio, que es razón no se permita. Pues si esto no se consiente, yo no sé, hermosa Clotina, otro modo de servir, ni se habrá visto en la vida Español tan encogido como yo, pues sois muy linda; y hasta ahora no os he llamado mi dueño ni vida mía, como hiciera otro cualquiera. No en vano andamos remisas con vuestra nación, que sois osados en demasía. Pues qué queréis que conforme nuestra cólera nativa con la cortes friolera de ir una noche y un día con una Dama abrasado del incendio de su vista, ar con dos requiebros Sin sop el tesón de las cenizas. Conde, más vale callar. Mas vale y en esta línea, paciencia, que hasta dejaros no habrá cosa que no os diga. Que mucho, si sus aguas encienden e iluminan los rayos de Amarilis, las luces de Velisa. Ya vamos llegando al río. Qué te parece, sobrina, el bello pais que forman en tierra y agua, impelidas con las Góndolas doradas, las flores entretejidas? María, no te diviertes? Es tanto lo que excedida, señora, de tu fineza está tu soberanía, que al verte toda empleada en vencer esta enemiga tristeza que me maltrata, no hay cosa que más me sirva de diversión, que la propia expresión de su fatiga. Ah. si no te conociera! Ah! si mi astuta malicia te arrástrase a mi intención! Todo esto, amada María, a tu diversión se ordena, y a tu gusto se dedica. Ya sé yo lo que te debo. No te quiero agradecida, bástame que estés gustosa: y pues función tan altiva, en que no ha quedado Dama de Nobleza conocida en Londres, ni Caballero que se precie de servirlas, que no acuda, se ha ordenado solo a fin de ver cumplidas mis ansias, que es ceronarte por ceremonia precisa en el Palacio de Londres situado en la opuesta orilla del Tamesís por Princesa de Gales, la Monarquía In gozando d (o bien yo muera, o yo viva) no detengamos el plazo al ansia con que camina a tu ventura mi amor, y a tu suerte mi caricia. Arzóbispo? . Gran señora. Haced, que lleguen aprisa las Góndolas. . Plegue al Cielo, no abriguemos nuestras ruinas. . Cuando estoy solicitando, . mil veces arrepentida de estar en Londres adonde se malogren mis fatigas, pasar a España, por medio de Eduardo, a quien solicita el Embajador de España, para que ambos lo consigan, me fuerza así mi destino a que las pisadas siga de esta cruel! mas qué digo? si al logro no se encaminan e la Fe de Jesucristo, era yo antes que permita No vienes? Voy señora. Como Eduardo se retira este aplauso, a cada paso la mi amor otro enigma. El piélago florece, y la playa matiza de flámulas y flores la vaga argentería. Señor no nos embarcamos? No, Turpin. Pese a mis tripas es no basta que miremos ir en tropas sucesvas, de Damas y de Galanes una primavera viva por las márgenes del río, sin que humana sabandija haya habido que hoy no lleve, para explayar su alegría, su amoroso calandrajo de fontanche y de estasilla, sino es perder la función y más lucida as extra es ni v Ay Turpín, que en vano aspira a inquirir el pecho humano, cual sea entre las delicias la delicia verdadera! Ves esas tropas festivas de músicas, de bailetes, de aplausos y de alegrías? Pues yo sé, que a nadie menos halagan y solemnizan, que al dueño a quien se consagran; y como mi amor se guía por aquel interior norte, y no por esta mentida exterior pompa, es forzoso que de su afecto me vista, y llore yo cuando en todos vierte júbilo la risa. Señor mío yo no entiendo amantes fileterías; solo sé, que entre las bellas Madámuselas que hoy pisan estos alegres contornos, se me ha escapado la mía, que a la hora de esta con otro me estará haciendo cosquillas en la frente; y pues no tengo motivo que el ir me impida a deshacer este entuerto, reclute de su familia otro Lacayo, que yo la escapadiza, he de haca r hoy. . Loco, necio, lo que es po Que como hay viñas, qué dices? que me hed lo r. . Siendo forzoso, que yo por mi puesto asista a la función, majadero, no irás en mi barca misma? a qué efecto es ese empeño? A efecto de que me guizgan los celos, y con recelos está un hombre echando chispas, Deja esas locuras, necio; y pues e a comitiva de me aparta el fin de evitar en Isabela las iras, que de verme con la Reina celos amente máquina, nos mientras van pas ado hagan un exordio de mi vida. De espacio estás. (Ay Floreta! Sirviendo estaba en la Frisia a los Estados de Holanda, por precepto de mi prima Isabel::- . Cuando un Pintor, de aquellos que mercancia suelen hacer de su trato discurriendo las Provincias, y pintando sus Princesas::- Una copia peregrina me ferió estampada en bronce, porque aún la pintó esquiva: era una Venus regando de nácar con una cinta las manos de un cupidillo, y una letra que decía: Y amar sé. Compré el retrato sin que inquiriese la cifra. Y en que luego deseaste saber, quién dueño sería de aquella pintada imagen::- Como estaba confundida con la hermosa semejanza de la Venus, mal su enigma pude inquirir. . Hasta que dio tu amor o tu perfidia con Estuarda. . Entonces vi (pues era la copia misma) que el y amar sé, era decir la anagrama, esta es María. Fuistes a cumplimentarla, y te recibió benigna. Diome una cadena suya, que despertando la envidia de Isabel me la quite; y desde entonces servirla propuse con mayor ansia, que al que de una acción le privan, es impulso que le acerca, el tesón que la retira. No mal visto de Estuarda, prosigue mi ansia rendida, debiendo la confianza, que::- Muera, muera el Papista, muera. Si sois Caballero como vuestro garbo afirma, Milord::- Pero Eduardo? Edmundo, pues qué accidente os motiva, a esta fuga? . Haber llegado a esa Góndola vecina a embarcarme or seguir como sabéis la familia del Conde, y haberme visto el Rosario y las Reliquias los barquéroles, que acaso por descuido las traía en el cuello con que fue la conmoción y la grita tan grande, que no ha quedado remero, que no me siga diciendo::- El Papista muera. Pena tenéis de la vida si confirman la sos pecha, que esta nueva ley pública Isabel, contra quien traiga de Cristiano ni una insignia: pero para sosegarlos basta la autoridad mía. Ya, viendo que habla conmigo, no hay ninguno que le siga. Creed, que no sé qué afecto os tengo, que desde que a vista del empeño que traemos, hace el Conde que dirija vuestro dictamen, los pasos que en obsequio de María damos a un fin todos tres. Para mí ha sido la dicha de conoceros, señor, y puede ser que algún día sea la suerte para vos. Cómo? . Siguiendo las líneas de la luz de la verdad. Dejad ahora ese enigma, que ni es ocasión ni tiempo, y tomemos la barquilla; os diré mientras llegamos la forma ya discurrida de conseguir el pasaje de la Reina a las Provincias de España. . Aunque sabéis que todo se me comunica, temo que n Por qué? . Porque a la divina providencia sirve más en estos Reinos María, y ha de conservarla el Cielo, adonde la necesita. Haga el Cielo lo que quiera, como yo, amigo, le sirva. . Secreticos? Vive Dios, que aquí hay alguna pamplina e no entiendo, cuánto va ve mi amo de estas visitas Católico viene a ser? Pues lo sentiré a fe mía, que lo que es en él se pierde un seberano Ateista. o p sa de Bretaña, La ro hoy rinde a Inglaterra en generosa hazaña por cielo de su tierra un renuevo florido, para reinar para vencer nacido. Venid, venid, Ingleses, veréis en dos Deidades ceder los intereses, y vivir las voluntades, diciendo en lid festiva::- . Reine y viva Estuarda. ela viva. Isa Valientes Milordes míos, nobles heroicos vasallos, Corte ilustre, plebe hidalga, atended a lo que os mando. Ya sabéis, que por las muertes de María y de Estuardo, ambos hijos y herederos de mi padre Énrico Octavo, z descansa, me tocan que en p y los Estados ey los Re del Impe o de Bretaña. Legitimamente usando del derecho sucesivo y del dominio heredado, ya sabéis, que no le puede dar un Rey triunfo más alto a su imperio, más defensa, más blasón ni más amparo, que darle un buen sucesor, en quien viendo dilatado el poder, las pretensiones de los Príncipes Extraños, confunda (riesgo a que viven expuestos Imperios tantos) cuantos por miedo o lisonja, conservan vivo este agravio. Yo, vasallos, estos Reinos ha que los rijo diez años, sin que hasta ahora mi altivez haya al yugo sujetado del pretenso matrimonio, que anhelan Príncipes varios mi libertad; yo no os digo, aunque no he admitido estado, que dejaré de admitirle; solamente me hago cargo de que entre tanto está el Reino o cayendo o vacilando, sin tener quien por ser suyo ponga el hombro a su reparo. La única heredera mía, y entre las que me han quedado, la más cercana parienta, es la que estáis reparando en mi trono, en mi sitial, con mi cetro, y a mi lado. Esta es María Estuarda, cuyo espíritu bizarro cuyas prendas, cuya sangre de Imperio más elevado la hacen digna y a esta quiero poner en tan sumo cargo. a rincesa habéis de jurarla de Gales sino me caso, quedándose en ella unidos con el Imperio Britano el Reino Escoces, que es su patrimonio hereditario: y si me caso, teniendo la obligación de que cuando la sue n Reino Anglicano, la allanemos el de Escocia, y así de un modo u de entrambos, siempre ha de tener Imperio, o el propio o el heredado. Así está comprometido, discurrido, y ajustado en el nuevo Parlamento. Vea el público teatro del mundo, que no tan solo viniendo a mí por amparo desterrada y afligida, a mi sobrina agasajo, recibo, guardo y defiendo, sino que tanto la amo, que la hago dueña y señora del mismo Cetro que mando (si deja su Religión) Y pues para efectuarlo a todos os tengo unidos, todos estáis congregados: la admitís? . Si la admitimos. La aceptáis? . Si la aceptamos. Pues para que haga la jura, llegad: besadla la mano, y alcese el pendón por ella. Viva Estuarda muchos años, Princesa de Gales, viva. Cielos, si aún estoy soñando! . si aquella Corona en sombras ofrecida, tan de rayos vestida, me dio a entender, que se pone a mi cuidado restaurar la Religión Católica, en estos vastos dominios, rigiendo ya la potestad que hoy alcanzo? Yo firmar esa propuesta? Yo que un Reino he despreciado por no tolerar sufriendo de Cristo el menor agravio? Contra Dios y contra el Cielo, tan viles infames pactos había de jurar? Aunque me dieran varios engaños cuantos Imperios contiene del orbe el inmenso espacio. Con esa intención me habéis admitido y coronado? . Quién lo Ah pueblo infiel, miserable y desdichado! Una mujer ensalzáis al más admirable encargo, que ha dado Cristo en la tierra? Y un miserable gusano sujeto al hombre, inconstante, femenil y delicado, queréis que sirva de piedra (como dijo por sus labios el Señor) en quien se funda el Templo admirable y Santo, que ha de durar por los siglos, a pesar de sus contrarios? Quién soy yo, quién Isabela para poder tener mando en Sacerdotes de Cristo? Pues aunque Reyes seamos, aún besar no merecemos el extremo de su manto. Nones de fe en la antigua ley, no haber más que un Soberano Sacerdote, a quien hablaba Dios en el lugar Sagrado? No llegó aquesta figura a su realidad, pasando la ley Escrita, a la ley de Gracia que veneramos? Y teniendo el mismo Cristo una Madre, espejo claro del rostro del Padre Eterno, no pudiera el Hijo sabio, suprema Cabeza hacerla el Apostolado? de todo e Pues cómo a Pedro nombró? porque un oficio tan alto del hombre a la dignidad se debe, y no al delicado mujéril sejó, que en todas es flejible, corto y vario. Engañada infeliz Reina, y vos, Sacerdote falso de la púrpura vestido, y tigre disimulado, que del cordero que mata se viste el pellico blanco, Nobleza y Pueblo de Londres, pública pr e que si admití este Cetro fue solo a fin de sacaros de las infaustas tinieblas en que os tiene encadenados el monstruo de la heregia. Queréis que entre a gobernaros de esta suerte? . No queremos. Pues tomad, torpes esclavos e la culpa, vuestro Cetro; la Corona hecha pedazos vuele al aire; los augustos adornos pompas y faustos, míseros despojos sean, que más quiero publicando ser Católica, y siguiendo de Cristo el pobre rebaño, ser una triste mujer sin Reino obsequio ni estado, que Señora de más mundos, que los que adquirió Alejandro. Y si os pareciere ofensa la claridad con que os hablo, llegad y dadme la muerte, que si muero confesando la ley de Cristo que adoro, dichosa yo, pues me salvo. Qué atrevimiento! . Qué injuria! Qué valor! Qué desacato! Muera quien ultraja así nuestra Reina y sus mandatos. Ah pueblo vil, y qué presto es vituperio tu aplauso! Viva quien sacarnos quiere de los ierros en que estamos. Qué escucho, cólera mía! . el Reino se parte en bandos entre Cristianos ocultos, y Sectistas declarados. Aquí es fuerza que mi astucia muestre. . Señora, pues cuando de la Religión la injuria estuvo el rencor tan cauto? Vos sufrir tanta osadía? Vos sin vengar tal agravio? A qué esperáis? . A saber, e cuanto la Reina ha hablado, Feria. defiende e Es proceder temerario, y aunque vasallo de Estuarda, amparar la razón trato. Sois un fementido, y solo elijo por castigaros, el partido opuesto. . Zurra, cómo se revuelve el ajo! Viva Estuarda. . Viva Isabel. Cielos, ya es mucho este daño, atajarlo importa. Amigos, deudos, parientes, vasallos, qué es eso? Contra quién vibra su cólera vuestro brazo? Qué división, qué partido defendéis? Qué opuestos bandos, si entre mi sobrina y yo (aunque de cólera rabio, disimule el corazón, el besubio en que me abraso) no hay más que una voluntad, un amor, un agasajo, una opinión y un deseo? Si no ha querido los pactos jurar, no por eso yo la he de forzar no gustando. Mañana, o la opinión mía cederé yo, o su conato depondrá Estuarda: y si entrambas a la verdad caminamos, de qué sirven los rencores? El Reino tiene Letrados, y así, en fe de que ningún accidente ha de turbarnos nuestro amor, nuestra alianza, ved como la doy los brazos. Como tú a mí me estimáis. Yo te quiero. Y yo te pago. Ah, quién te diera mil muertes! . Ah, quién te hiciera pedazos! . Vivan las dos Reinas vivan. Qué es esto? Cuando aguardamos, que la castigue, la halaga? Vive el Cielo, que ha quedado la victoria por María. Ya es tiempo de restaurarnos a Londres, donde Estuarda te mal rato. descanse de e S, Miloro en mi nombre y cortejando, desvanecedla del susto: por qué no vais, Eduardo? Conde, pasad, a vosotros en particular lo encargo, que habéis mostrado la sangre que tenéis. . Imaginando que en esto a vos::- . Está bien. Por si me envían de falso, tengo de ser el primero; bueno soy yo para chascos. Roberto, quedaos conmigo, que no merecéis tan alto honor vos. . Quedaos, Roberto, que basta para déjaros haberos ya conocido. Corrido estoy. . Qué bizarro vuestro espíritu, señora, de Cristo ha desempeñado el sumo honor! Qué hay, amigo? qué decís? . Que el Cielo santo os ha de dar mil Imperios por lo que habéis despreciado por Católica. . Yo tengo, señora, por mí que hablaros, y por el Conde. . No es tiempo, que a vista nos detengamos de Isabel. . No habrá paraje más seguro que mi cuarto. . Ya os entiendo. Iré siguiendo yo de Florilla los pasos para ver, pues solo vine, si consigo acompañado volver. Qué os parece, amigos, puesto que solos quedamos, del suceso de hoy? . Que como dijisteis, habéis lidiado Majestad a Majestad; pero de la lid el campo ha quedado por María. Qué imprudentes discurrís! qué queréis que la dé el lauro de que por su Religión padezca ansias y trabajos, fatigas y menos precios? No sabéis que he decretado, que si de lidiar las dos resulta en mi sobresalto, muera Estuarda delincuente, en fe de procesos falsos, porque no la juzguen Martir los Católicos Cristianos? Pues como os turba un silencio, que ha de ser en reventando etna ardiente, que vomite truenos, asombros y rayos? Arzóbispo, apenas tienda la noche su negro manto, id al cuarto de Estuarda, convencedla como sabio a que su dictamen fuerza, y elija un medio de entrambos, o dejar su Religión, o morir en un cadalso, y si lo último eligiere, Roberto estará aguardando una seña que le haréis, y entrará con cien soldados, y después que la quitéis dosel, pompa y aparato, conducidla a la prisión, siendo la que la señalo la torre del homenaje. Ved, que siendo su vasallo::- Es mayor vuestra fineza hacia mí, por ese caso la mayor empresa os fío. La columna y el amparo sois de nuestra Religión. Ahora veréis, pues lidiamos Majestad a Majestad, si con la victoria salgo. Ah Eduardo fementido, cuanto procedes ingrato con mi amor! mas yo sabré satisfacer mis agravios. Cielos, no entiendo a Isabela, mi afecto tiene olvidado. Sobre el primer bufete pon, Clotina, esa luz, y luego vete. Bellísima Estuarda, ( terrible golpe tu inocencia aguarda. Nada, señora me ha desconfiado tanto, como el rencor disimulado de la injusta Isabela. Pues cautela ha de haber contra cautela. Conde, sois Español. Soy Caballero, y en tu defensa ya morir espero. Vos tenéis sangre mía? Tu elicie soy bellísima María. Pues mi vida de en rambos pongo a cuenta. Oye lo que por ti mi celo intenta. Ya está dis puesto lo que el medio allana: este dosel encubre una ventana, que mira al parque; en ella poner quiero una escala, en que suba yo el primero, aguardándome el Conde por afuera, y otra escala traerá pronta y ligera, que arrojaré aquí dentro; y de la noche en el oscuro centro un gran golpe has de dar en esta sala; entonces arrojando yo la escala podrás subir conmigo, y bajar por esotra, en el postigo de los jardines la carroza aguarda. Y en llegando, invictísima Estuarda, adonde tiene límites la tierra, que divide el canal de Inglaterra, pasaremos a España, que si en tu amparo esgrime la guadaña el Segundo Filipo, sin segundo, tuyo es, señora, el ámbito del mundo. Cuándo hemos de partirnos, Conde? Luego que ya en la noche el natural sosiego a Londres dé quietud. Pues, Eduardo, pues, Conde, en esta cuadra a abos aguardo. No os hemos de dejar sin compañía. Edmundo? Gran señor. Sed de María dichosa guarda, en tanto que volvemos los dos. Pálido manto de la tímida noche, corra veloz el tenebroso coche, que la niebla atesora. Adiós, primo, adiós, Conde. 2. Adiós, Ya que quedáis por mi guarda, buen amigo, una pregunta quiero haceros. . Disponed en mí como en vuestra hechura. Quién sois? Un hombre que siente, señora, vuestras injurias. Mis injurias? Yo os vi en Francia Reina aclamada y augusta, y ahora os veo cercada de enemigos, que os perturban. Esos son los accidentes del tiempo y de la fortuna: y qué eráis en Francia vos? Yo de la línea más pura, de la dignidad más alta, que Cielo y tierra promulgan: vos misma habéis dicho, vos que besar mis bestiduras no merecéis. . Luego vos (no pongáis mi dicha en duda) sois Sacerdote de Cristo? Sí, señora. . Qué ventura! Tal dicha logro aunque indigno. Pues cómo esas vestiduras os desmienten vuestro ser? Porque es medio que se usa para entrar disimuladas nuestras personas y ocultas en Inglaterra, en donde sembrar cada uno procura el grano del Evángelio. Oh qué bárbara! o qué adusta la tierra de aqueste Reino! no habrá horror que no produzca! Pero vos, qué me decís, amigo, en cuanto a esta fuga qué intento? . Que no es razón, que vuestro anhelo se cumpla, ni ha de permitirlo el Cielo. Por qué? Porque es causa suya, que estéis en Inglaterra a ser basa, a ser columna firmísima de la Fe, venciendo en mayores luchas a Isabel y a sus secuaces, pues hoy: de esa puerta, que hacia el cuarto cae de la Reina, se escucha ruido, ocultarte es fuerza. Esta cortina me encubra. De inquietaros a estas horas, gran señora, nos disculpa una obediencia. . Arzóbis po, qué es lo que en mi cuarto buscas? Queda Roberto avisado de la seña. . No habrá duda de que entre, en dando tú un golpe. Vuestra Majestad se asusta Sin causa, cuando no vengo mas que a hacerla una pregunta de parte del Parlamento. Qué querrá esta infame turba? Aunque pregunta a estas horas no poco recelo incluya, decid, que a mi nada ya me espanta ni me atribula. El Reino saber desea si es santa, perfecta y justa la Religión de Isabel? Oh qué malicia, o qué astucia la pregunta trae! . Primero que conteste a esa consulta::- Ae de responderla yo, pues dice Sagrada Pluma, que donde hay hombre que sepa, la que es mujer no discurra. Quién sois vos, y a tales horas qué hacéis aquí? . A la pregunta id, que lo demás no os toca. Pues respóndame a mi duda. No es justa, perfecta y santa la Religión, que acostumbra Isabel ni es Religión. Pues qué es? Es una confusa irrupción, con que torciendo el sentido a la Escritura, os hacéis vosotros dogmas como os convienen y gustan; y por tener muchas leyes venís a tener ninguna. Eso decís. . Esto digo. A la Majestad Augusta de Isabela sois traidor. Y de qué se conjetura? De que la Religión nuestra en el amparo se funda de la regia protección; y comete quien la impugna, crimen lesa Majestatís. Es bárbara maña injusta hacer la opinión delito, por negarse a la disputa: disputad. . Papista, calla. Vos, señora, en esta culpa, sois comprendida también? Por mis labios se pronuncia lo que se os ha respondido. Hay duda en eso No hay duda. Pues de lesa Majestad comprendida se os acusa, señora, en el Parlamento, no solo porque en la jura de la Religión hicisteis público desprecio y burla, cuanto porque está ofendida la majestad absoluta de la Reina y así harto pesarosa, harto confusa contra el cariño que os tiene, la ley forzosa ejecuta. Pues qué os ordena mi tía? Manda esta Cédula suya, que del Fuerte de Palacio a la prisión os reduzca. Qué deéís? . Lo que me ordena, y lo que es fuerza que cumpla. Es posible que la Reina a una mujer que asegura en su amparo, porque no obedece lo que gusta, le quita la libertad? Qué bárbaridad tan suma! Yo soy mandado, señora. Qué es esto, aleve fortuna! . por un instante no dejas, que mis intentos se cumplan? Cielos, si vendrá Eduardo ahora! o no le conduzca mi desdic a hi, qu e todo n un lan Jejor es que yo consagre mi vida al rigor y supla con mi peligro su riesgo. Si nada a una Reina indulta, venga la Cédula y vamos. Antes es fuerza que acuda al orden que traigo, echad ese adorno abajo, crujan esos tafetanes, caiga e su altura, se dosel d que la Reina Isabel quiere que esas armas, con que ilustra el cuarto de María Estuarda, al prenderla, estén ocultas, porque a vista de que cuando darle su Cetro procura, le desprecia y le destroza; conozca que así se excusa, de Princesa degenera, de Reina se degradua. Caiga esa máquina, caiga, y porque no se desluzca su persona, rodeada de la Guardía, a la clausura camine de la prisión. Por voz este golpe supla; si me entenderá Roberto? Ya que la seña se escucha::- Ya que el golpe que esperaba se oye, y aún está de industría quitado el dosel, a fin de facilitar la fuga::- Entre conmigo la escuadra. La escala arroja, y añuda el cabo. . Allá va lo que es. Baja tú. . Qué baje Judas: Mas ay, señor aquí hay gente. Qué es esto? Traición se oculta en el cuarto de Estuarda. Llego al fin mi desventura! Eduardo, no te arrojes. Qué pretendes? . Qué articulas? Que está aquí Roberto, Eduardo. Perdiose toda la industría; más baje a en mendar mi acero lo que yerra mi fortuna. Ira de Dios, que envolismo. Qué buscáis aquí? . Esa duda me toca a mí, que aquí vengo a una prisión y no es una, que al ver que el Palacio escalan hará mi valor dos juntas. Es fuerza que con mi acero hagáis antes la consulta. Ah perros! viva mi amo. Grave mal! . Estoy difunta! Infame cuadrilla aleve, cómo se me dificulta la entrada a mí? Porque es orden. Aún no conocéis mi furia? Orden conmigo, villanos? El Conde ha entrado en mi busca. Rindes la espada? Primero las vitales ligaduras romperá el alma. Eduardo, aquí estoy en vuestra ayuda, mira la mitad de Londres. Ya la resistencia es mucha, tiradlos. . Tira, cobarde, que quiero ver sí me asustas; pero teme si me yerras, que de golpe te confunda. an Tirad. Muerto soy. . Ah infames! Qué es esto? Quién así turba mi quietud? Roberto, Conde, pues con espadas desnudas en Palacio, y a mis plantas una persona difunta? De atrevimiento tan grande, qué es la causa? Nada. . Escucha. Errado habemos el lance. Enmiéndelo la cordura. Dejad, que me llevan presa, que ocasiones habrá muchas en que me libréis: si acaso quiere mi fatal fortuna, que no hay erto Eduardo. a mu Aunque mi valor impugna, obedeceré rabiando. Bien hecho está. Suerte dura, . muerto a mi vista Eduardo, Sin que en gemidos prorumpa mi dolor! pero soy Reina, y es fuerza que calle y sufra. Ved si aún vive ese infeliz. Ni ve ni alienta ni pulsa. Qué dolor! . Qué ansia! Llevadle a que le den sepultura; que tal culpa, tal castigo. Entre aquesta varahunda, sin amo yo y sin salario, soy el que se queda a oscuras. . Conde, hasta que vuestro Rey sepa lo que os disimula mi majestad, con ese hombre (que el ver que os sirve le indulta) arrestado en vuestra casa estaréis. . Mucho me gustan sus jardines, puede ser que su varia arquitectura me tenga en casa los ratos, que a otra parte no concurra. Mas si me quedo a que sepa mi Rey lo que se ejecuta contra quien borrar pretende la más aleve calumnia, quizá podrá ser que sea la respuesta tan señuda, que porque imprima en acero, se bañe en sangre la pluma. . Con guerra me amaga España, ya es esta soberbia mucha: y tú María::- . Señora, ese semblante me anuncia serenidad. . Sabe el Cielo lo que mi pecho fluctua entre justicia y cariño. Mirad, que soy vuestra hechura: qué decís? . Que el Parlamento te condena a prisión dura: ojalá que fuera muerte, pues que mi fin ejecutas con la muerte de Eduardo. Y vos, Reina amable y justa, qué es lo que decís? . Que es fuerza, que lo que ordena se cumpla. Y contra una Reina tiene vuestro Parlamento alguna potestad? Pues qué embaraza la majestad a la culpa? Vamos, señora. . Esperad. O que mal se disimula un rencor! Oh qué mal piensa, que engañándome se excusa! Ya que es fuerza la llevéis, con respeto, con blandura, la tratad; ved que su pena en mi corazón resulta. No hagáis tal, llevadla, muera . de pesares y de angustías. Yo la piedad te agradezco. Tú propia el daño te buscas, pues no has querido ser mía, y he sido yo toda tuya. Ay Eduardo! que en la flor . dejas ajada y caduca una fe, que en mi memoria durará aunque tú no duras. En vano ser tuya puedo, tirana Reina y perjura, si enemiga de la Iglesia pretendes que se destruya; y así, si es ese el motivo de este agravio, de esta injuria, vengan penas, que por Cristo, quien más padece más triunfa. eaa ea ea ea e OR
JORNADA TERCERA
Embozado fantasmón, que haciéndome dos mil gestos, sin déjaros ver el rostro os envocáis acá dentro, qué queréis de mí? Saber adonde está el amo nuevo que sirvo desde que esotro fue a parar a los infiernos? Sí? Pues en su cuarto está. C que salga Qué es est Esto es lo que te gesteare ese embozado, supueslo, que duende mudo, se explica a cocadas. . Caballero, buscaisme a mí? Y qué queréis? Que solo os escuche? Presto, vete, Turpín, allá fuera. Extravagante misterio. Válgate el diablo el fantasma. . Que la puerta por dedentro re? Por Dios, que habéis dado ci er n un humor harto fresco, Co pero no muy bien mandado. Que me perdonéis os ruego, s, ilustre amigo, y ed Válgame el Cielo! los brazos. Eduardo, cómo vos vivo, si yo sé que muerto de mi vista::- . Vuestro asombro Conde, sabiendo, se venza, eherido mortalmente que aunqu en el pasado reencuentro quedé y desde entonces todos e ya falleci creyeron, estoy vivo y recobrado de la herida un fingimiento mi muerte tiene esparcida. Acabaramos con ello, que para tener temor no me han faltado dos dedos. Temor vos? Es cuanto puede ser el encarecimiento; ro atendiendo a mi historia eis, Conde, el nudo ciego, zo de mi fortuna de al la la echado mi sufrimiento. eis años ha, que quedando erido, en aquel suceso le sabéis, me retiraron sin vida, que entendieron ya era inútil cadaver, yerta sombra de mí mismo. A mi casa me llevaron donde continuando el hielo de un desmayo que me había comprimido los alientos, aprobaron esta opinión poco diestros, y así acudieron los míos a disponerme el entierro. Costumbre es de Inglaterra a hombres de mi nacimiento en bóvedas suntuosas colocarlos y ponerlos en una silla, cercada de preseas y trofeos, que haya ganado el difunto en paz o en guerra viviendo. Y aunque inútil diligencia a un cadáver este obsequio parezca, a ella mi vida no podré negar que debo: pues creyéndome difunto, de este modo me pusieron en la pavorosa estancia de una bóveda, funesto panteón, de mis pasados heredado monumento. Aquí pues, pasada ya la fuerza de aquel primero mortal parentesís, tristes los sentidos, que suspensos en la hoguera de mi vida helada ceniza fueron, vuelta a renovar la llama al contacto de su fuego, como admirando el asombro, lentamente se encendieron. Volví pues en mi y confuso de ver el trágico lecho en que me puso el engaño, para mi descanso eterno, sacudiendo valeroso el tardo natural peso del espanto y la fatiga, en pie me puse, leyendo velozmente en mi discurso la historia de mis sucesos; pues aunque no bien curadas las heridas que me dieron, aquella intención primera é, a que teniendo bastante fu las mal dadas ligaduras su curso al humor sangriento, s V l por el ra no se exhalase mi esfuerzo. Conocí pues todo el lance, busqué al peligro el remedio, dejé afianzar a la noche mis dichas a su silencio. Salí del triste sepulero, pisé mal seguro el Templo, llegué al cuarto que habitaba el que cuida de su aseo, y después de asegurarle de mi vida los recelos, con llave doble de oro le hice sellar mis secretos, para mi mayor resguardo, que otro cadáver poniendo en mi lugar, con mis propios adornos, si en algún tiempo quisiesen reconocerle, pueda deslumbrar con esto de Isabel las diligencias, si es que por algún suceso dudar pudiese mi muerte, ya que ahora aqueste medio hurtarme pudo a sus iras. Y así, al instante saliendo del Templo y de la Ciudad, vestido en traje grosero de villano, a la marma pasé en fin, donde encubierto entre humildes pescadores viví, aguardando mi aliento ocasión, para pasar a Escocia, huyendo mi riesgo; cuando un día paseando la marina, por los senos de sus quebrados peñascos, encontré una cueva en ellos, que de mal formada mina era caduco fragmento. Llevome la novedad a que inquiriese su centro, y ya empeñado y curioso, a breve distancia encuentro, e a su oscuridad entraba un resquicio pequeño y acercándome a él e admirado y suspenso, n q de del peso de los años o el terreno fácil se m de su pared; mas notando ruido al otro lado, advierto ser los jardines del Parque, y el sitio en que estaba, el mismo que hace una gruta que tiene breve postigo, encubierto de las yedras y una estatua de un Dios Neptuno en el medio: que si pasadas noticias en mis memorias revuelvo, hizo abrir Énrico Octavo, para fin que ahora no inquiero. Basteos saber, que al instante salí de ella a buscar medio para que pasando a Escocia, diese a su Rey cuenta de esto; pues como hijo de Estuarda, y siendo el librarla empeño, embarcación me pusiese segura en aqueste Puerto, donde, pues ya hasta el jardín seguro el paso tenemos, y de su prisión la Torre está en él, si me da el Cielo su favor, pueda librarla. Fui a Escocia, logré mi intento, y ayer llegué, y hoy os busco, Conde, pues a tanto empeño solo de vuestro valor es de quien fiarme puedo. Lo que de vos necesito es, que procuréis el medio con que avisar a Estuarda todo lo que está dispuesto; pues ya que no solamente mi vida ha librado el Cielo, pero me abre este camino, confiar con razón debo, que hará se logren los fines, pues facilita los medios. Admirado me ha dejado, Eduardo, vuestro suceso, y para que conforméis mejor el dictamen vuestro, pues solo a mí me encargáis el aviso, forma tengo para poder intentarlo. Cómo? . Como a un tal fes O baile, a debo ores (después que el tenerme preso me ha convidado, e obligada a los ruegos Rey y del de Francia, adar por este medio o a las penas, que María está padeciendo; y así hoy de su prisión la ha sacado, permitiendo que pasce los jardines, y que pueda dentro de ellos (con dobles Guardas sus puertas) hablar con todos, por esto os digo que algún billete podrá decirla el secreto de la mina y vuestra vida. Pues para no perder tiempo, a y hora señalad para avisarla. . Sucesos de esta importancia afianzan en la brevedad su efecto; si los parece aquesta noche, cuando el Palacio esté quieto, se podrá lograr el lance. Yo a cualquier hora dispuestos tengo bajel y soldados. Y a mí, pues quedará bueno mi valor, sirviendo solo en la farsa de este cuento para llevar un papel. Mirad, no nos olvidemos, que en la verde gruta de Neptuno es en la que espero, pues su misma estatua es puerta, que al más leve movimiento el paso cierra o franquea; que esté frente de aquel puesto, teniendo para señal en la mano un blanco lienzo; con que si está el jardín solo me avise dándole al viento, pues aún la Luna estas noches ayuda con sus reflejos. Tened, que para ese fin n se me ofrece otro medio, por si de avisarla yo no hallo ocasión. Y Edmund Señor? . Entrad. Mas qué es lo que miro, Cielos! No os admiréis, que Eduardo vive como veis. Mas e pide más espacio, ahora Solo preguntaros quiero, si para ver a Estuarda tenéis el modo dispuesto como me habéis dicho. . Ya sabéis que de Roma vuelvo de Pio Quinto enviado, para que a María en medio de tantas persecuciones, en su nombre la de esfuerzo, y entre la herética astucia la asista con mis consejos, trayéndola de su parte un tesoro de gran precio de mil sagradas Reliquias, que fortalezcan su pecho; y de la grande Indulgencia que da a Príncipes supremos, Y para poder hablarla, n jardinero granjeado tengo que ha de darme entrada esta noche. . Pues con eso se afianza, que no le falte el aviso que pretendo, por si yo no puedo darle. a por más extenso De qué? . os informaré. Venid, que estoy convidado y pienso que tardo. Pues id, que en tanto a efectuar voy lo dispuesto. Pues, Eduardo, a la mina. Pues, señor Conde, al fustejo. Venid, Edmundo. . Sin duda, que aunque a los dos no os entiendo, para librar a María vuestra vida guarda el Cielo El que por su misma acción, deja el b en y elige el mal, no culpe un amor leal, no una ingrata elección. El que p or su misma acción, no culpe un amor sino una ingrata elección? Enfasis la letra tiene, y tu engañosa armonía, no a templar la pena mía, sino a aumentármela viene. Clotina, quién ha enviado esa Música? . Señora, de un Guardía he sabido ahora, como habiendo dilatado la Reina la permisión de que sean los confines de estos hermosos jardines el coto de esta prición, esta Música te envía, para templar cortesana tu tristeza. . Astucia vana, y engañosa alevosía! Esta mañana enviar mi constancia a pervertir mis intentos a inquirir y mi vida a examinar, para conseguir con eso fulminar injustamente contra una vida inocente un fementido proceso; y esta tarde con piedad, traidoramente fingida, darme Música en bebida, mas que en dulzura en crueldad? Estas son acciones varias con que encubre el mal que ha hecho, que no caben en un pecho dos opiniones contrarias. Ay, Eduardo, que en tu acción tu vida sacrificada, me dejó desesperada de salir de esta prisión! Mas qué es lo que el alma llora? no es mi fe por quién padezco? dichosa yo, pues merezco::- La Reina viene, señora. Qué decís. su Majestad a una presa esos favores? A sdos Embajadores o e España y Francia avisad. Ya están) En qué estado queda la causa, Arzobispo, de María? . El Parlamento, congregados sus Ministros, la estará viendo a estas horas. Pues en el instante mismo, que pronuncie la sentencia, remitídmela a este sitio sellada y cerrada. Así logro el último designio. . Repara con qué cautela llega sembrando artificios. Sobrina, dame los brazos. Señora, tan exquisito favor a una prisionera? Nunca yo mi sangre olvido, que una cosa es mi justicia, y otra cosa mi cariño. Llegad, Conde y vos, Monsient de Cherelís. . Yo remito mi obsequio para después (cuando sin tantos testigos le dé a Estuarda este papel, con la norma y el aviso de su pronta libertad) que no es razón que a un Ministro de un Cuarto Enrique de Francia, no le dé el lugar más digno mi justa veneración. De vuestra atención vencido, cortes Español, por solo obedeceros la admito. Dadme, señora, la mano. Quién sois? Del Frances Enrico Embajador, solo a fin de atenderos y serviros, y procurar con la Reina vuestra libertad. . Yo fío de la justificación de mi tía, que ese oficio ha de sobrar aunque no por eso lo desestimo. Cuenta os da Enrico por mí, como del Rey vuestro hijo ha aceptado la turela: pues viéndole tierno y niño, se le ha encargado la Es Qué mal mi dolor reprimo! perdida prenda amada! ad, y sabed, amigo, que como en fin los Franceses han sido vasallos míos un tiempo, los debo amar. Por todos reconocido os beso los pies. . María, no dirás que no me rindo a tu persuasión, y a cuantas me hacen por ti tus amigos. Tu causa he puesto en tus manos, y aunque graves los delitos, Ministros te he dado en ella nobles, sabios y bien quistos, que según son, claro está Saldrá como lo imagino. La prisión te he dilatado a los espacios floridos de estos hermosos jardines, y por partir el alivio entre mi amor y tu pena, me vengo a alegrar contigo con los nobles de mi Corte. (Ay Eduardo! ay, que mal finjo . placeres, cuando tu muerte me tiene difunto el brío!) Roberto, el festín se empiece. Que me escuchéis os suplico, antes que con la alegría, pasemos de estilo a estilo. Decid. . Negar, gran señora, vuestro afecto y mi desvío, vuestro halago y mi tesón, vuestro favor excesivo y mi altiva inobediencia, es imposible pues quiso el hado, que me mandéis cosa, que si en ella os sirvo, aventurando mi alma, pierdo un tesoro infinito. Pero perdonad, Madama, que os diga, que ambas vivimos opuestas las intenciones, y barajados los juicios. Músicas me dais y bailes, que es lo menos que yo os pidos dilataisme la prisión, favor que no necesito; pues sobra espacio a una pena, cuando le hay para un suspiro. Y entre tan grandes finezas, que no anhelo, una que os pido me negáis, que es concederme un Católico Ministro Sacerdote, con quien pueda comunicar a mi arbitrio las cosas de mi conciencia. Ved, que como fiera vivo encarcelada, sin que cumpla con los ejercicios de Católica Cristiana, que es solo el bien a que aspiro. Con qué bárbaro se hiciera lo que ejecutan conmigo esos Ministros, que vos tanto habéis encarecido? Con qué homicida::- . María, si vine aquí, no fue a oíros quejas, si solo a intentaros alegrar con regocijos. Haced, Roberto que canten. Canten, mientras que yo gimo. Si Dios me da aquí paciencia, mucho ha de ser vive Cristo. Cantad cosa de placer. Señor Conde, ambos venimos a un propio fin, y me van disgustando estos principios. Es Isabel muy astuta: sino sabemos unirnos, nos ha de burlar, Monsieur. El que por su misma acción, deja el bien y elige el mal, no culpe un amor leal, sino una ingrata elección. Vamos, por San Agapito, que se están en gargajear estos Músicos un siglo. 1. Hermosas dos flores de genios distintos, que Reinas del prado el Alba las hizo: batallan afectos de ceño y cariño. La lid da principio, sonando el estruendo del be la fuente del valle, el arroyo, el risco, clarín trasparente, timbal cristalino. 2. Mas ay! que a la una, que amó su delirio, con lengua de nácar esotra le dijo: Quién logra bonanzas, y busca peligros, así se lo quiera, si así se lo quiso. Quien goza bonanzas, Hermosa hija del día a quien el Alba hizo primogenita hermosa de su albor matutino, si tú eliges tu riesgo, cómo has de disculpar tu precipicio? 4. Quién goza bonanzas, Mandad, señora, que cese la Música. . Pues su hechizo en qué te ofende? . Ay, Madama! tan necia me ha presumido vuestra atención, que no sepa dónde va a dar aquel tiro? No sé yo con que intención su letra el ingenio ha escrito; pero si es moralidad, aprovechad el aviso. Callad, y el bailete empiece, pues no ha gustado de oíros María. . Toca un minuer alegre, ligero y vivo 1. Si de amor es la pena, sí, sí, aquel frenes? que adoro y abrigo, no es razón, que no estime, no, no, el golpe que yo gustosa acaricio. 4. Si de amor es la pena, sí, sí, Aparta, quita. . Tened, qué es esto? . Un aviso del Parlamento. Este pliego con tres luegos remitido viene a vos. . Qué urgente caso es el que hasta mi retiro se entra a estorbar mi placer? Con susto la nema quito. Yo agradezco el embarazo, que no gusto de este estilo, de estar un hombre de modo dando voltetas y brincos dos horas, y que le digan después, que se ha divertido. Nueva estratagema, Cielos, en Isabel imagino. Qué será este pronto acaso? Extraños extremos miro en la Reina. . Llegó el golpe más cruel, Cielos divinos, a mi corazón! . Qué es esto? Qué tenéis? . Mal oprimido el corazón, dejar puede hacer a la voz su oficio: por mí este papel lo diga. Cierto es lo que he discurrido, Gran señora, el Parlamento, en pleno y público juicio, de Estuarda, Reina de Escocia, la criminal causa ha visto. Y aunque las conjuraciones con Reyes circunvecinos, armándolos contra vos, las fraguas que ha pretendido hacer ingrata a la buena acogida que la hizo vuestra Majestad, aumentan gravedad a su delito, nada es tanto como haber la Religión ofendido, su carácter ultrajado, y publicarse a sus ritos enemiga, somentando el Católico partido, de quien es la protectora. Esto es querer destruirnos Religión, vida y estado, y entregarnos al cuchillo; y así, viendo a vos y al Reino agraviados en un mismo atentado, decretaron, dando a la equidad oídos, que satisfaga Estuarda, o que muera en un suplicio. Vive Dios:: . Cruel co tra 5. Caso ex e ha dejado el papelón. Aún hay esfuerzo, Dios mío, o me han de vencer las artes . he cocodrilo. infan ,y a la sentencia e dan a tu causa has visto. Ya ves la muerte a tus ojos, de qué se inundan los míos. tu mano está tu vida, mejórate en tu destino. Y si mi amor mi fineza, s persuasión, mi cariño pueden algo con tu afecto, haz lo que yo te suplico; toma cuarquier Religión de las que en Londres seguimos: repara este golpe. . Y cuál, si he de dejar la que sigo, debo elegir por mejor? La Reformada es preciso que sigáis. . La Protestante es acertado camino para la conciencia. . Yo, que es la Puritana afirmo la fe que debe abrazarse. Acabad de conveniros bien en vuestras opiniones. La cierta es la que yo he dicho. La verdadera es la mía. Qué eliges? . La Ley de Cristo, siempre firme, siempre estable, en que duda no he tenido. Que si esto os he preguntado, solo fue por confundiros en la vaga Babilonia en que estáis, en cuyo abismo, ni entendéis lo que adoráis, ni jamás lo habéis sabido. Mucho te sufro: mas ya que estás firme en tu capricho, ocúltale, y a los Templos de mis dogmas ven conmigo, para que imagine el pueblo, e te ver es a su arbitrio. señora, que adoro, I o permite divididos el corazón y la ca. s oh ay1 No hay remedio. Pues no extrañes ver que firmo la sentencia. . Pues firmadla, que si muero entonces vivo. Está bien. . No está, Madama, que mi Rey os ha pedido la libertad de María, y para no conseguirlo, no se expusiera a un desaire. Y así, pues no he merecido por venir solo atendáis su ruego, sera preciso, que envie veinte mil hombres la misma gracia a pediros. La mano os beso, señora, por el Católico brío . que mostráis, en ella os pone vuestra libertad mi auxilio. Ved lo que en la mano os deja, que es el poder de Filipo, pues cien bajeles al mar ciegan el cuello de vidrio, a vuestra orden obedientes (Ya Estuarda me habrá entendido, . pues el billete ha guardado) para que en el tiempo mismo, que vuestra muerte disponga, firméis vos la de este impío Reino, en que no he de dejar hombres, mujeres ni niños, si treinta mil Españoles en esas playas vomito. Un papel me ha dado el Conde, . qué será su contenido? ré lo que decís. Yo ve Co e, Monsienr, mi designio es ateno a los ruegos y Francia, ni el sitio de Espa ni la hora es conveniente: en Palacio determino daros mañana respuesta. Yo la espero. e. pie N a viven los Cielos, . e así de amagos me libro: enid vosotr Qué to? el tiempo ha de deo N que no pene De Isabel los pasos sigo. . Volviósenos el festín historia de Cálamos. Fuéronse ya? . Ya se fueron. Déjame en este retiro Sola. . Floreta? Qué quieres? Ven por un rato conmigo. . Hados, qué funesta estrella, qué cruel ingrato signo contra mi vida::- Mas qué hago? como el tiempo desperdicio en quejas, cuando al remedio un momento vale un siglo? Ver este papel deseo, pues con él he percibido cierta esperanza, al notar que el Conde al dármele dijo, me daba la libertad; que espere todo mi alivio de sus líneas, y pues aunque la noche ha sobrevenido, la hermosa luz de la Luna permite a sus bellos giros, poder ver lo que contiene: romper quiero el sobre escrito. Dice así: Eduardo vive, María y vive tan fino, que vuestra libertad traza. (qué venturoso principio!) Por la gruta de Neptuno, reparad con artificio una mina y pues pisáis los jardines sin registro, al principio de esta noche, aguardad en aquel sitio, y un blanco lienzo en la mano, que es de estar sola el indicio, entrará Eduardo a sácaros, a quien como fiel amigo espero yo a la salida. El Conde. Cielos divinos, no ha de dar mi extraña vida un paso sin un prodigio! Eduardo para todos muerto está, para mi vivo, y vivo para librarme! Cómo puede ser, destino! Pero la primer razón cierra al asombro el oído, y el tiempo de ejecutarlo se aventura en discurrirlo. Esta es la gruta en que está el Neptuno, aquí es preciso dar el blanco lienzo al aire. Astros, si seréis benignos? si seréis piadosas, flores, dando paso a mis suspiros? Si lograré la corona, que entre sueños me ha ofrecido mi ventura? Sí, Estuarda. Mas, Cielos, qué es lo que miro? Eduardo es este embozado, pues de la gruta ha salido: vamos? . Vamos. Considera bien, que no es este el camino. Este es el que te conviene. No me libras del peligro. Sí, del peligro te aparto. Sin duda no fue preciso la mina y la puerta elige. Sígueme pues. Ya te sigo. Conducido de mi afecto, pues sé que ya ha prevenido el Conde a la Reina vengo a ver si en este distrito (que es el que el papel señala) me espera como imagino. Mas qué es esto? a nadie veo en todo el espacio umbrío del jardín, y en su silencio, hasta el favonio dormido, aún no se atreve en las hojas a somentar sus bullicios. Si será tan infeliz, Cielos, que no haya podido tener ocasión María de hacer lo que se le ha escrito? Pues yo no me he de volver sin ver:: Pero afecto mío, o es ilusión de mis ansias, oh hacia a llí un b ag de mujer ella es sin duda. Ocultarme determino, que si es María ya hará la seña en llegando al sitio del blanco lienzo. Ay amor! ahora te necesito piadoso muera yo y viva la vida por quien respiro. La sentencia ya firmada contra Estuarda, a los Ministros la ejecución cometida dejo; y esta noche aspiro a que quede ejecutada en Palacio con sígilo, por el riesgo a que me expongo, si tanto rigor público. Mañana lo sabrá el mundo, pero asistiendo conmigo tres mil hombres de mis Guardías, por si hay quien pueda sentirlo. Veamos tantas amenazas, como mi cordura ha oído a los dos Embajadores, si con armas las evito. Mas, ay de mí! que de ver el cauteloso, el mentido ambicioso error que hago en la vida, que le quito a María, deslumbrada, sin quietud rumbo ni tino, me salgo a desahogar, al hermoso laberinto de este jardín. . Ya se acerca; el lienzo ha de ser mi aviso. Ay corazón! Mas qué pena, qué asombro, qué vaticinio puede haber, que sienta yo ocupado el pecho mío, en suspirar la temprana muerte de mi ingrato primo! Ay Eduardo! que aunque fuistes a mi lealtad fementido, no puede dejar mi amor, con el llanto que destilo, de celebrar las exequias de tu muerte y mi cariño. Ay de mí! . Ya sacó el lienzo, tiempo es de salir. . Tan vivo mi idea me le retra que parece que le miro, diciéndome:- . No perdamos la ocasión, que conseguimos, pues:: Pero qué es lo que veo! Válgame mi asombro mismo! . esta voz no es de Eduardo? Grave error he cometido, que es Isabel; con la seña me equivoqué; no imagino como enmendarlo. . Fantasma, que en mi idea te has vestido, para venir a asombrarme, en la soledad que habito, si has muerto, siendo Estuarda de tu desgracia el motivo, de quién intentas vengarte? qué tienes que hacer conmigo? Déjame. . Puesto que muerto . me juzga, de su delirio me he de valer. Isabel, como antes mi voz te dijo, no perdamos la ocasión de enmendar hyerros antiguos. No una inocente persigas; (yo no sé lo que me digo) . mira que ofendes al Cielo, cuyo poder infinito, si te tólera la ofensa, no te excusará el castigo. Estuarda::- . Espera, detente, que en eso solo que has dicho, conozco que no eres sombra; no pasan al otro siglo afectos de este: sin duda algún enigma escondido hay en ti, y saberlo intento. Cielos, todo lo perdimos, . si averigua lo que trazo. Hola, Arnesto, Fabio, Enrico: válgame aquí mi valor. Isabel, yo:: . Di, enemigo, Mi fingimiento confieso; yo amo a Estuarda, yo estoy vivo; mira si te haré arrestado callar. . Pues que no hay resquicio por donde escaparte puedas, castigarte solicito. Hola, Arnesto, Fabio, Floro. La espalda volvió el postigo de la gruta me de paso, que si esta noche no libro a María, cuando tengo armados y prevenidos seis mil Católicos dentro de Londres, de este peligro la podré sacar mañana. Ah de mi Guardía. Qué ruido es este? . Aquí está Eduardo. Eduardo? . Yo le he visto, vivo está, y en la prisión de Estuarda introducido. Mas, Cielos, a nadie veo? por esa parte habrá ido. Mirad el jardín. . En él veréis que el más breve mirto exámina mi cuidado. Vivo Eduardo, y escondido de mí! Mas por qué lo culpo, si antes con la nueva animo, pues la muerte de Estuarda, le deja destituido de su amor, para que yo le logre? En todo el recinto del jardín no hay seña alguna de que haya tal hombre habido, señora. . Qué me decís? Que esto es cierto. Estoy sin juicio, pues yo le he visto y le hablado, y por su boca me dijo, que estaba vivo. . Sin duda, que por los aires se ha ido. Ilusión fue de mi idea: qué poco dura un alivio! Debe de ser tu deseo quien te pinta esos prodigios. Pensando me libraba, a la misma prisión en que me estaba me trajo el Embozado, que Eduardo no es, pues me ha dejado en la cárcel, que horrores me tributa, pudiendo darnos paso aquella gruta. Cielos, dónde habrá ido? Pero ya vuelve, pues que siento ruido. Venid. Quién sois, heroico Caballero? que apenas del jardín, el Jardinero por un falso postigo me dio entrada, (no obstante estar la Guardia alborotada) cuando puesto delante, con gallardo ademan, en un instante a esta prisión vuestra atención me guía. Óyeme, Edmundo, es cúnchame, Ma- El Ángel soy del Señor; (ría. no quiere su providencia que te libres, Estuarda, sino es que por él padezcas. La Corona que entre sueños de luceros y de estrellas te ofreció el Cielo es, María, del martirio la diadema. Yo te aparté del peligro pues tu mayor riesgo era dejar de lograr tal dicha. Ya fortalecida quedas, y el Católico Ministro, que en tu fin (que está muy cerca) te asista, ha de ser Edmundo. Queda en paz, que el Cielo ordena, que para triunfo de Escocia seas Martir de Inglaterra. Felice mil veces yo, Señor, pues a ser me llevas víctima sacrificada al ara de tu clemencia. Fortalecida me siento, vengan muchas muertes vengan, que en pretender evitarlas torpe anduve, estuve ciega. Padre Edmundo? . Reina ilustre, hija heroica de la Iglesia, el tiempo nos ejecuta, y recibe la Indulgencia, que el Pontifice te envía, y estas admirables prendas de su piedad. Dios permite, que afligida y sola mueras: Constancia, ilustre María. A la Guardía. Padre, ven donde mis culpas absuelvas, que por solo este consuelo doy por dichosas mis penas. Mira que a llevarme acuden. Quién hay que no se enternezca, viendo una Reina de Francia, de Escocia y de Inglaterra heredera soberana, que a manos injustas muera de Isabel, expúrea hija de la infame Ana Bolena? . Viva Isabel viva viva. Tomad todas esas puertas, y entren los Embajadores. Tan de mañana la Reina nos llama? . Apenas permite, que el Alba nos amanezca, y ya respondernos quiere? Plegue al Cielo, que no sea (pues anoche malogramos Eduardo y yo la empresa) adelantar su traición. Qué barahunda tan fiera! Gran función debe de haber. Supuesto, que todo queda ejecutado, ahora es tiempo. Ya os dije, Conde de Feria, y a vos, Monsicur de Cherella, que a la amenaza soberbia y al ruego de vuestros Reyes os daría la respuesta. Sí, señora. . Pues decidles, que Isabel de Inglaterra no teme poder alguno: que sus Ejércitos vengan a examinar mi justicia, a ver si todas sus fuerzas dan vida a ese helado tronco. Qué injusticia Qué tragedia! e Muera Isabel. Qué es aquello Qué ha de ser, bárbara Reina? vivir Eduardo, y vivir para vengar las ofensas de María Estuarda, pues seis mil Íngleses rodean Católicos tu Palacio: para que con esto veas, que a quien viva no libré, la vengo después de muerta. Muera Isabel. . Gran señora, huye. . Elegir eso es fuerza; aunque adonde ha de ir quien siempre tras si su delito lleva. A ellos, valiente Eduardo. Quedo yo aquí en su defensa. Traidor vasallo, será Solo a que a mis manos mueras. Ay de mí! Rabiando espiro. . Él diablo te lleve acuestas. Dos mil hombres les has muerto. Vive Dios, que eres un Cesar, valiente Ingles. Pues sitiada de los Católicos queda Isabel en el Castillo, ea, gran Conde de Feria, a España a traer la armada. Monsient, las Tropas Francesas entren talando este Reino; que (yo la gente Escocesa voy a acaudillar, y hacerme Einjo feliz de la Iglesia, Siendo Católico, y juntos venguemos esta tragedia. Francia lo toma a su oargo. España el empeño acepta. A todos toca el agravio. Pues mientras el caso llega: 4. Aquí, Señores, da fin el Ingenio a la Comedia lo que va de Cetro a Cetro, y crueldad de Juglaterra.
