Texto digital de Lo que puede el desengaño y memoria de la muerte
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- Atribución tradicional
- Cristóbal de Monroy y Silva
- Atribución estilometría
- Cristóbal de Monroy y Silva Segura
- Género
- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que puede el desengaño y memoria de la muerte. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-puede-el-desengano-y-memoria-de-la-muerte.

LO QUE PUEDE EL DESENGAÑO Y MEMORIA DE LA MUERTE
JORNADA PRIMERA
s Md od Qué bárbaro inhumano, que feroz bruto de la Libia ardiente, viera su fiera mano teñida en esta púrpura inocentr, sin que tantos dolores vencieran sus indomitos rigores? Por qué traidor le atreve tu inclemencia terrible, y alevosa a ensangrentar la nieve de estas canas, con sangre lastimosa? No te mudan de intento mi inocencia, mi llanto, mi tormento: Si no te vi en mi vida, y si agravio de mí no has racibido, porqué causa, homicida, con tan fiero rigor me has ofendido? qué culpa en no has hallado, que con tanta gueldad me has castigado; Mas ya que al cuerpo anciano el aliento vital pongas en calma, no me usurpes tirano en esa hija la mirad del alma; no quite tu herida al cuerpo el alma, al corazón la vida Si arrepentido miras esta ofensa, y a lástima te mueve la injusticia que aspiras, cese, no más crueldad mi pecho prues mira esta barba cana, (be, lastimete, por Dios, mi edad anciana; Atiende al verde prado, cuyos arroyos lloran perlas finas, con púrpura bañado; mas si a dejar tu yerro no te idelinas; enemigo atrevido, a Dios de tu rigor venganza pido, Matadla. Si mi dolor puede moverte a piedad pon límite a la crueldad, y pon termino al rigor; las lagaa mas de mis ojos en tus pies han de tener triste a vergue, hasta ver minorados tus enojos. Matadme, aleves, qué hacéis? ya la más pequeña herida podrá quitarme la vida. Dejadle, no le matéis? vive Dios, que no entendí, viejo loco, perdonarte; mas la vida pudo darte esta belleza que vi Bien le puedes a tu estrella agradecer el vivir, que no llegas a morir por tener hija tan bella. Conmigo le ha de quedar; vete a Roma, si quisieres, y verla jamás no esperes, Matárame tal pesar. Esto ha de ser de esta fuerte. Quién vio angustia más prolija, sino me has de dar mi hija, dame, tirano, la muerte, Si la vida te pedí, fue, porque entendí llevarla; mas si tengo de dejarla, mátame al instante aquí, Aunque el debido dolor de ver a mi honor perder, mi verdugo vendrá a ser, y en tan inmenso dolor yo lo seré con mis brazos, pues tales afrentas toco. Voto a Dios, de un viejo loco, que te haga mil pedazos. De un tirano quién se escapa? Llevadle luego al momento a una torre. Solo siento no poder quejarme al Papas Ven acá, quieres quejarte al Papa? . Cuando pudiera mil quejas de ti le diera. Pues por eso he de librarte; tú me amenazas aquí, di, con Honorio Segundo? sospechas que tiene el Mundo quien pueda ofenderme a mí? Ai a Roma te acomada, quéjate con grave extremo, porque veas que no temo al Papa, ni a Italia toda. Y porque de mí te asombres sabrás en cualquier conquista, donde asisto con la vista suelo yo matar los hombres, Mira como mis enojos podrán a nadie temer, si puedo al Orbe vencer solamente con los ojos. Yo acepto la libertad, y al Cielo de ti me quejo. Agradece que eres viejo, y te disculpa la edad. Ahora tú, bella señora, Serafin del Mundo humano; pues tu rostro soberano al mismo amor enamora: Deja el llanto y la pasión, que me da di gusto el verte llorando tierna, y advierte que te he cobrado afición, Oh acio, llevadme luego al Castillo esa Diana, mi entras a la más cercana Aldea solo me llego. Sin mí me tiene el pesar, Obedecido seréis. Y vosotros qué hacéis? Salid al monte a robar, que ya vuestros pasos sigo, y a seguiros me acomodo, que no he de hacerlo yo todo, cuerpo de Cristo conmigo. . Qué terrible condición! Es una peña. . Es un reblea Jamás en hombre tan noble se vio tanta perdición. Absorto de ver en ti tan peregrina beldad, el alma, y la libertad de bien a bien te rendí. Pues quien te mira confiesa, agraviada Italiana, que jamás criatura humana se vio con tanta belleza. Y sabe el Cielo, que siento tus ofensas como mías; mas si de mi amor te fías, y premias mis pensamientos, yo defendere tu heños, y de aquí te librare. Cuá quier cosa intentaré por vengarme de un traidor, que mi deidoro procura, después de tantos agravios. Cielos, hasta con los labros . de perdicia su harmosura: cono te llamas? . No sé, siemple Amora me han llamado; mas pues mi luz na faltado, no Adroras noche seré. Quieres tú ofensa vengar? Claro está. . Si galardón prometes a mi afición, yo te ayudare. . Engaña pretendo este bandole yo prometo de quererte, pero dime, de qué suerte has de vengarme: y pernero me has de referir quién es este Lamberto inhumano, este aleve, este villano, cyas injusticias ves. Sabras, bellísima Atrora, en cuyo divino rostro puede prender a lucir el astro más llminoso, que de este fuerte Castillo carona del monte tosco, es Limberto Baldovino el tirano dueño propio, Ete de Italia prodigio, del Mando rigor, y asombro, de Roma soberbio hijo, fiero parto de algún monstruo nació en el mismo Palacio que Nerón siendo furioso en Rom. Nerón Segundo, a los rigores tan pronto, a las crueldades tan ájil, eamo a las razones lordo. Beis amas tuvo en diez días, criándose, y tan odioso ha sido siempre en Jsalia, como lo pablican todos. Maurió su Padre, y quedo en el ampara de su tío an Cardenal, no de los me los heroicos mas fueron sus travelaras tanas en tiempo tan corto, que le desterro de Roma de diez y leis años loros. Den tropas de Bandeleros en este mate fragoso acrdil o deldorando de su nobleza el decoro. Y con el los roba, y mata de las Vistas, en contorno los infenices vecinos, de in crueldad temerosos. Sediento de humana sangre colora valles, y lotos, siendo de muertes ministro, siendo de vida de pjo En este Casirio asiime, donde oscuros calabezos habitan míseros preses rebeldes a sus oprobrios, No tanto ngida fiera celoso, y soberbio toro, al borotando los compos, hace alarde de su enojo, y altera con sus bramidos animales temerosos, cuando con su bruta frente puñales esgrime corbos. No tanto A banés León fuego arroja por los ojos, cuando ya herido aconete, profetizando malogros, y daplicando rigores, falta montes, corte sotos, mancha yerras huella prados, y hace temblar los atroyos, como el tirano Lamberto, homicida poderoso, por quien si le miran, viven los hombres con alboroto, las aves con inquietud, los árboles con asombros, y aún hasta las mismas peñas, que bañadas de humor rejo, ya que él herirlas no puede, las riñe con sangre de otro. Bien mis voces acreditan la experiencia de tus ojos, pues ville con el rigor que a tu Padre anciano, y solo, porque defenderte quiso hoy que tan poco dichoso esta fiera caminaba, hizo a sus Júbditos todos, que de aquel anciano río, que de a juel caudillo golfo desataron temerarlos tantos purpúreos arroyos, Esta, señora es la vida, vida dijer Un rasgo solo de la vida de Lamberto, que por hombre poderoso, sobrino de un Cardenal, deudo de los más herorcos Caballeros de la Corte, le temen, y huyen todos, sin tener noticia el Papa de este daño escandaloso, Pero si en su infame vida quieres vengar tus oprobrios esta noche, cuando sombras gocen el lugar, que Apolo pierde por inadorar del mar en bastos escollos, atropellando peigros, los dos, fuertes, y briosos, entraremos en su cuarto, donde con poco alboroto le quitaremos la vida, y en mí sus Soldados propios el cargo transferirán; pues menos sangriento, y loco seguire mi inclinación, y acabará de este modo del más soberbio Romano el ímpetu más furioso, de la crueldad más tirana el discurso más notorio, de la mayor altivez el más conocido asombro, de los mayores agravios el más común delenojo, de la juventud más fiera el más debido malogro, y la vida más injusta del más randinano monstruo, Agradecida te escucho, y estoy obediente a todo. El silencio es importante. Quién lo duda? No lo ignoro; Pues vámonos, que esta noche mis pensamientos heroicos t infarán de este tirano, Líbreme Dios de su oprobrio, que después viviré honrada a pesar del Mundo todo. Tendras valor. De tus dudas ya me agravio, y me apasiono? otra Judir he de ser de este Holofernes furioso. . Zagalejos de aquesta Aldeguela, pues en el valle gozosos vivís, celebrad la beldad de la novia, que puede al Sol mismo enseñarle a lu- 1. Eso se ha bailado bien, (cira y se ha de comer mejor. 2. Decir que hay fiesta mayor, será hacerle gran desdén; que otros que he visto en la Aldea desde que estas sierras trato, no llegan a su zapato. La novia es una Amaltea. Julia desde niña ha sido la más discreta, y hermosa. 1. No he visto más linda moza: Ni hombre más aborrecido, 2. Por qué? En eso habéis dudado? porque forzoso ha de ser, siendo Julia mi mujer, andar siempre abochornado, Jamás novio se escapó de decir una inocencia. No será poca advertencia si digo una sola yo. 1. Sentémonos a comer, pon la mesa Floribea. 2. Lo más noble de la Aldea los vendrá esta rarde a ver? Aceitunas hay aquí. y son por extremo bellas, hemos de empezar por ellas? 2 Calla por amor de mí. Pues sin hombre mur honrado; a no derido, que convido, por el principio le dio az itunas, 2 Y enfadado el convidado de verlas, dijo: Aceitunas aquí? En mi tierra siempre vi, que se acababa con ellas, A eso el otro responder pudo con cólera brava: Aquí se empreza, y se acaba, porque no hay más que comer. 1. pues gracias a Dios, que ahora de comer no faltará. Famoso el conejo está. 2. Toma una pierna, señora: Si las pollas despresadas están, saca ese capón. Yo llego a huena ocasión? Dios los guarde, camaradas. 1. Sea bienvenido el Soldado, 2. Partid el pernil cocido. Ellos no me han conocido, y así no me han convidado, Bien nos podremos brindar, que los villanos se olvidan. Dónde a mí no me convidan me suelo yo convidar. 2. Por Dios que lois descortés, 1. Esto es permitido en fiesta, Su despejo me molesta. Famoso el conejo es, 2. Eso es demaria, yo darle castigo sabre. Aguarden, yo beberé donde la novia bebió. De gente alborotadora debe este de haber parido. Ya yo he comido, y bebido, es menester algo ahora? Mataros. . Saben que soy Lamberto? Ay de mí! huyamos. Nosotras también nos vamos, Bien temerosa me voy, La novia es bienque se aguarde, que me ha parecido bien. Ay de mí! . Conmigo ven, pues tu marido cobarde te ha dejado en mi poder; él es un simple borracho, y no merece el gabacho gozar tan bella mujer. Quiere dejarme? Yo hablo sin aliento, es cosa clara. Vive Dios no te dejara; aunque me llevase el diablo? que entonces, aunque impedir lo quisiera el enemigo, entre mis brazos conmigo hasta el Ifierno habías de ir? Ten lástima de mi edad. No la tienes tú de mí, y la he de tener de ti? Pues qué tienes? . Voluntad, que desde que vi tus ojos tan atrosos, y tan bellos, estos perdido por ellos. No me des, Lamberto, enojos, no te muestres tan cruel, por Dios del Cielo, ay de mí! Por Dios? desde que nací. no he hecho nada por él: tus penas es bien que olvides. Volvió fortuna su rueda. No habrá intercesor que pueda obligarme a lo que pides. . Las quejas que cada día escucho de vuestros rigores, son tantas, que puede sentirlas el alma; mas no el gelino vino aribir la pluma, Roma con determinación de hablar con su Santidad: yo le sosegue, y le envio con el portador de esta, para que le entreguéis a Aurora no haya duda en obedecerme. Y mirad sobrino, que ha diez años, que no confestris. El Cielo os guarde en en diferente estado. Cerradla, Fibio: luego conviene a mi quietud, y a mi sosiego que vais con Ángelino, sin haber detención en el camino, y deis está a Lamberto. Señor Eminentísimo, y es cierto, que ha de entregarme a Aurora? dudosa el alma tristemente llora. Su loca inadvertencia olvidará sujeto a mi obediencia. Tienen estos temores gran razón de dudar en sus rigores. Sabe Dios lo que siento su ciega me inación, y perdimiento: partid luego, que es tarde. (de Y a vuestra Eminentístima le guar- largos siglos el Cielo. Si ha de ser con tan fuerte descon- de mi pena excogida, (suelo será mejor la muerte, que la vida. Válgame Dios, es cierto todo lo que me dicen de Lamberro? Lamberto en la Montaña robando a Jsalia con fiereza extraña. Lamberto, sangre mía, me ofende con tirana alevosía. Lemberto en esos montes injuriando a furor los Horizontes! Lamberto mi pariente mi honor desdora tan infamente! Quien su deudo no fuera, y hombre tan cruel no conociera. Mi hermano poderoso Fivo en Roma opinión de virtuoso: como el aplauso infama de árbol tan justo tan indigna rama? Divino Cielo Santo, no dilatéis mi vida en dolor tanto, porque en pena tan fuerte, ya mi vida no es vida, si no muerte, Detened, Caballeros, la ejecución cruel de los aceros, hay infalibles hados! Dios a la prisión, Ya estamos dados a prisión, y al diablo. No hable tan colérico, No habló, más ver por Dios quisiera el mandamiento de prision: Espera. Hoy peligran las nueces, Sabe quién somos ya? Gatos monteles, Qué dices? . Digo, amigos, que por mi vida no daré dos higos, Pues téngalo por cierto, los dos somos Soldados de Lamberto, bandlero valiente, miedo de Lalia, y terror de gentes, Ya de temor no hablo. Sin duda que este hombre es el diablo, Él lo dirá, que viene por este valle. Qué presencia tiene! Márcelo, Fabricio, amigos, qué hay de nuevo? En esta sierra estamos los dos que miras. Guarde Dios a vuestra Alteza para perdonar pebretes, cuando sin culpa los prendan, Quién eres? Un pobre, que iba a Roma a una diligencia. Y era? . Una dispensación Con una prima en mi tierra tuve lo que llama el vulgo quebradero de cabeza, y me ha obligado a venir, para casarme con ella, por dispensación a Roma: y así, señor, no me pesa de que me quites la vidas si he de calarme en mi Aldea; pues el morirse, y casarle es todo una cola melma. Es tu prima hermosa? Y tanto, que excede a cuantos Planetas berdan el Cielo de rayos: aguarda si quieres verla, iré a traerla al inslante. Detente, cuanto te lleva el Papa. . Cincuenta escudos, según dice la experiencia, señor. . Si yo fuera Papa, más baata te la diera, que oficio tienes? Ninguno: loy en mi tierra obligado de la risa, y fiscal de la trifteza: sirvo a sn noble Caballero de Truhán. . Y es cosa cierta, que a otra cosa no has venido a Roma. . Por Santa Tecla, que vengo solo a lo dicho, no te engaño en mi corciencia. Pues a otro nego cio vienes. Y es? A vol ver sin cabeza, cómo te llamas? . Vitonto, que Dios perdone. Son buenas tus gracias? . Matas acaso con preguntas, o con flechas? porque yo me dor por muerto. Di a gracia qué te altera? Señor. . Di luego una gracia, Ave María gratia plena: no la puede haber mejor. Dime, son tus gracias esas? Viendo la muerte a la vista, que ha de decir quién la espera? los muertos hago reír, cuando estoy con menos pena. A los muertos causas risa? Señor sí, si tú me sueltas. Está bien: quién eres tú? Un Clerigo. Tú te acuerdas, Fabricio, si el otro día, cuando el bajar de la cuesta maramos treinta personas, huyo alguna en todas clías, o. qué fuese Ciengo? a que todos seglares eran, Clerigo, cuando. Por qué lo dicess Porque quifiera ver a un Clerigo morir, que no le he visto, y es esta buena ocasión para ello, Capitán. . De qué te alteras? De que tú en un Sacerdore muevas las manos sangrientas, Yo rabio por ver morir un Clerigo, ten paciencia. Jesús mil veces, Jesús! . Él te ayude, y te defienda, Gran crueldad! Callad. Márcelo, bien ha hecho, todos mueran; Con que me pagará él hacerlo martir? . Ya llega la hora de mi desgracia, que quien mata con fiereza un Sacerdote mejor matará a quien aún no llega a ser monacillo. . Oha Vitonio. . Mar de si Alreza? Ves ese Clerigo? . Veo. Esta muerto? Es cosa cierta Pues vnto a Dios, que haz de hacerle reír. Llegó mi tragedia: señor eso es imposible, que solo a Dios se reserva: No deéís que hacéis ren los muertos? . Quién tal creyera; ese fue encarecimiento, y fue mi perdición misma. El Clerigo ha de reír, o tú has de morir. Tremenda condición! caso tenrible! Clerigo, que el Cielo huellas con tus plantas, martir lanto, si allá en la Gloria suprema tu alma bendita está alegre, ría tu cuerpe en la tierra. Riere. Clerigo mío, siquieras poreue en la venta te convide. . A tus donaires es bien, que el perdón ofrezca, Vitonto. . Ya no me llamo si no Barrabás, pues premias mis locuras, y en el monte muerto al inocente dejas. Desde hoy, Vitonto, mi lado acompañes. . Mas quisiera estar en AÁrgel cautivo. Mas quiero que ahora adviertas, que si hablas, sin que todos los que están en tu presencia se rían, luego al instante te he de cortar la cabeza: llevadle, y ese difunto arrojad en esa arena. Y tú, hermosa Serrana, no desperdicies más perlas, que no le ha se vido el prado, para que así le entiquezcas. No es para ti mi rigor, y así, mis ojos, no temas, ni con dulce llanto ec ipses los rayos de tu belleza. Si eres Serafín gallardo, por qué penosa dispensas en tu valor? No me aflijas? y advierte. Serrana bella, que tu beldad idolatro, y por más que te encarezca el alma su sentimiento, corta explicándolo queda. No te parece, Lamberto, que tenga bastante pena, para que en lienzos de flores dérrame lágeimás tiernas? Déjame llorar mis males, deja, Capirán, que sienta mis angustias, mis malogros, y mis pelares, y deja, que en los ojos hiporeque libranza de mis tristezas. Que a quien llorando afligida de sus fortunas se queja, suspiros la desahogan. y lagrinas la consuelan. Sí, mas tu Julia, eres Sol, y el dar aljerar le queda para Aurora, y no es justo tomarte aquesa licencia, que es tiranizar su oficio, Pero ya al Castillo llegas, donde serás regalada, y servida de mí misma persona. . El Cielo te guarde, como mis ansias desean, Un criado de tu tío, y el Padre de Aurora bella, astán aquí. . Decid que entren excusadas diligencias; lo que no he hecho por Dios, por un Cadenal hiciera? , s Guárdete, Lamberto, el Cielo; esta dirá como queda su Enmentísima. . Ay, hija, qué de cuidados me cuestas! Este, Limberto, no es modo de recibiame, nobleza tengo, y sol de Cardenal (que esto bastarme padiera) mensajero. . Él tal figura le habla con impaciencia. Piegue a Dios que salga hoy del Castillo con cabeza. No sabrá su condición, Quién la ignora? Esta espuesta dol a a carra, mi tío, que libre me manda en ella a Aurora; ahora es Agasto; y el Sol abrasa esta tierra, y sabe seor camarada, que las Auroras son frescas, y por vivir sin calor, la he menester en la sierra. Lu segundo, con razones eficaces me amonesta, que confiese, que ha diez años, que, olvidado de la Iglesia. no confieso, y dice bien, si otros catorce añadiera. El Cardenal es mul hombre de bien, y es justo obedezca en algo, ya que no en todo, aquellas quejosas letras: llevena viejo a la torre. Y al panto esta noche misma me traigan un Confesor del Convento de la Breña, cuyos Failes entre montes haciendo están penitencia. Y vos, señor mensajero, que con tan poca prudencia colerico me reñís, advertid, que no le hospedan majaderos como vos en casa de otra manera. Mirad, Lamberto, que sos sin hombre de muchas prendas. Ya sé que sois un gabacho, y a no haber de dar respuesta al Cardenal, voto a Cristo, que ya arrojado os hubiera por un balcón. . Soy criado de un Príncipe de la Iglesia. Pues ahora habéis de ser volatín de esa escalera. Dejadme todos, dejadme. Quién hay que enojar se atreva este colérico brutos El lleva media cabeza abierta, que no paró hasta la grada postrera. No se olvide el Confesor. Al punto parto. . Paciencia, Cielos. . Vere de aquí Julia. Quiero ver si le me acuerdan pecados que confesar: mas yo hago penitencia? yo me vuelvo a Dios? qué bueno! poco el consejo aprovecha; pero confesar, qué importa, si nadie después me fuerza a dejar mi inclinación Yo sor hijo de la Iglesia, y estos sirviendo al diablo todo el año en estas sierras, quiero darle a Dios sin día; no digo más; la conciencia examinemos, mas sueño me ha dado, y dormines fuerza; si va esta si aderachos alí pesier me pudiera sin dormir, como podré sin confesar mis ofensas. Esta, Aurora, es la ocasión mejor que la diligencia puede ofrecernos, la daga por el pecho le atriviesa; que yo con este pañal te ayudaré. . Oracío, espera; veré si duerme Lamberto: Durmiendo está, muera. . Muera, Qué es esto, villano Oracios tu ver mi muerte deseas? tu solicitas mi agravios tu procuras mis ofensas? Sabes que tiemblan de mí hombres, montañas, y sierras? Sabes que solo mi nombre causa temor, y amedrenta? Sabes que el Cielo me teme? Sabes que el Infierno tiembla de mi valor, y mi acero: Sabes quién loi? Y tú, fiera enemiga, altiva osada, precipitada, soberbia, contra mi contra Lamberto, desnudo el puñal obsientas? Hola, Fabricio, Márcelo. . Fingido su sueño era. Mal ayan mis desvaríos. Prended en la Torre misma donde está Ángelino a Aurora. y este villano, que afrenta nuestro valor, este aleve, cargadle de más cadenas, que tienen ojas las plantas, y tienen flores las servas. Un oscuro calabozo ocupe, y pues con cabtela pretendía; que el diablo me llevara es cola cierta, pues sabia, que mutiendo excomulgado, era fuerza condenarme, yo haré que él en las penas eternas mis indignaciones diga, mis tiranías refiera, mis amenazas publique, y mis injusticras tema.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Cómo venisteis los dos a entregaros de esta suerte en las manos de la muerte? Sin duda no estáis en vos; matarnos, por que delito, sino os hemos injuriados Sois hombre con siderado: Yo la persuación admito; de ver a Julia me pesa presa en ajeno poder; mas también temo yo ver las manos en la cabeza. No tan malo, si volvéis. Ya mi tragedia barrunto; vámonos, Albano, al punto; Callad, y en eso no deis, ya que hemos venido aquí, a Julia hemos de llevar, Algún die con pesar os acordaréis de mí. Sabéis, que este malhechor sin censejo, y sin aviso, porque absolverle no quiso, did muerta a su Confesor Y por vengar sus enojos, que le ha ocasionado ahora una principal señora, manda sacarla los ojos: Y a un criado sin ventura de un Cardenal, acción fiera, le hizo por una escalera bajar en abreviatura: Y en rigores tan tiranos, dentro, y fuera de este muro, no hay hombre, que este seguro, si le enoja, de sus manos, Ya me da varios cuidado? su condición inhumana. Voacedes vienen por lana, y volverán trasquilados: vistiéndose sale ya. Vámonos, pues, que le veis, Callad, no os acobardéis, que Dios lo remediará. Y bien, llegaste al Convento, Llegué, llame al Guardían, que él, y los Erailes están con notable sentimiento: que el Fraile, a lo que batrunto, que ayer mataste, señor, era grave y dio dolor su muerte. . Vamos al punto, Díjele, que me entregara otro Cor fesor: mas él atendiendo a tu cruel condición, sangrienta, y rara, Cuéntame lo que ha pasado, y deja mi condición. Temeroso en conelusión de otro martirio esperado, suertes luego mando echas, porque ninguno quisiera venir, y al que le cupiera te vendría a confesar. Con esto me vine yo, que el de la suerte esta tarde vendrás Dios de ti le guarde. Mucho el otro me enfado, y pues yo llegué a eno jarme, bastante ocasión tenía. En qué te ofendió . Quería de rodillas confesarme. Yo que no tengo hamildad, ni en mi vida la he tenido, viéndole tan atrevido, le hablé con libertad. Confesé, por vida mía, contrito, y el que escuchaba, ya las cejas arqueaba, ya los ojos encogía. Acabé mi confesión, y muy grave el majadero, con tontpe estilo; y grosero me negó la absolución, Yo que resuelto le vi de un revés que le tiré, la cabeza le arrojé cincuenta pasos de allí. Ahora es buena ocasión. No tan buena. Señor mío, de vuestra piedad confío. De mí, no tenéis razón. Este, y otro, y otros dos, . para serviros estamos, pero yo me casé. . Vamos al punto hablad por Dios la causa a que habéis venido, Cómo, sois tan foragido, ya sabéis. . Él no está en sí- Cuando estabamos comiendo llegasteis, y yo que fue, y con ella me casé, Advertid, que no os entiendo; A bello entender me obligo; digo pues, como sabéis. Habladme claro, o no habléis, Pues hablando claro, digo, que solo he venido aquí a que me deis mi mujer, sino la habéis menester, porque me hace falta a mí, Esto os pido con ahinco, y porque me la deishoy, cuatro carneros os doy. Con vos llegarán a cinco, El vestido le quitad, y por doblarle la pena, con una gruesa cadena junto a la puerta le atad. Y es justo, que un hombre, amigo, que le resolvió a corver, pues que dejó a su mujer, padezca aqueste castigo. Señor. . No repliquéis. Ya ha venido el Confesor. Decidle que entre. . Señor, En vano me enfadaréis. Temblando de miedo voy; Dios sea en casa. . No lerá. Por qué? . Porque no querrír vnir adonde yo estor Yo vengo por obediencia, y porque es justo también, a confesarle. . Está bien; escuche, y tenga paciencia, Yo desde que nací nunca muriera, ni sé que es Dios, ni a Dios he conocido, y aunque le oigo decir, no considera el alma en el Señor de ese apellido, que si bien sol Cristiano, no me altera saber que su valor tengo ofendido, y de esta suerte aquí la vida paso, sin conocer a Dios. Vamos al caso. Querer, Padre, contar las calpas mías, será más imposible, vive el Cielo, que numerar del mar arenas frías, átomos de Faetón, flores del suelo; mas un breve compendió de mis días nos lacará con bien de este desvelo, y cuando no nos saque, Dios loado, que con no confelar está acabado. Diez años ha que habito esta montaña, acompañado de otros bandoleros, donde sin causa, y con crueldad extraña he matado dolcientos pasajeros: no hay hombre, ni mujer por la campaña seguro de mis bélicos aceros, testigo de esto son en esas breñas matizadas de púrpura las peñas. Sin los muertos trescientos he herido? aquel que más me agrada, mas le ofendo; a la Iglesia el respeto le he perdido, y siempre aquí injuriar a Dios pretendo. Por mi treinta doncellas no lo han sido, aunque no les peso, según entiendo; y a un anciano, y venerable viejo di un bofero porque me dio un consejo, Una tropa de humildes, Labradores, celebrando una bada el otro día sobre alcatisas de galantes flores, hallé en la margen de una fuente fuas huyeron de mis bárbaros rigores, y a la novia de ajeno la hice mía: este no sé si es yerro conocido; pero bien hecho está por si lo ha sido; Surcando el mar las playas de diamate en un patache abollador de espumas na vegaba un tiempo con veloz semblante: rompió el patache las crueles plumas; más propto a los rigores de un levante después temblaba en las saladas sumas, y cuando el triste vulgo a Dios llamaba, a mil demonios yo me encomendaba. Nohas visto embravecido, y despeñado de monte excelso caudaloso río? Nohas visto algún incedio arrebatado, cuyo calor abrasa el ame frío? No has visto arpón grueso disparado romper las nubes con ligero brío? Pues yo he sido en el monte de esta suerte río, incedio, arpón asombro, y muerte. Si de aquesto se espanta, será un loco, que por mi inclinación nombre merezco de furia, cuando airado me provoco: sor una fiera, corto exceso ofrezco; soy un Nerón, en eso he dicho poco; sol rayo ardiente, nada me encarezco; soy indomito tigre, no hago raya; sor el mismo demonio, aún esto vaya. Un rasgo, una pintura, y un bosquejo es lo que le he cotado, y lo que ha visto: otros escrupulillos también dejo, que no importan, y así no los alisto; tengo preso sin causa un triste viejo; pero no he de soltarlo, voto a Cristo: deme la absolución, que ahora espero, si no quiere ir a ver su compañero, Sabe el Cielo, señor mío, que quisiera mi deseo ver en vuestra confesión diferentes pensamientos, Propósito no tenéis como en la experiencia veo, ni de tan fieros delitos ningún arrepentimiento, Llamar esa confesión es notorio desacierto; viendo en ella indicios tales de poco temor del Cielo. Y así aunque pierda la vida, perder el alma no quiero, ni bien peligros me asombran; ni me atemorizan riesgos: no puedo absolveros. . No? está bien o as Márcelo, Seña Cortarle a este Fraile las orejas al momento, que por haber procedido con humildad, no pretendo darle muerte: y digo, Padre, al Guardían del Convento, que me envie un Confesor menos tonto, y más discreto; y si esta noche no viene, mañana he de pegar fuego al Convento. . No me deis ese martirio, Lamberto, pues mi inocencia miráis, Las orejas, o el pescuezo, Con esto tengo cumplido: en no queriendo el tercero avsolverme, escribiré a mi tío este suceso. Pero si de cualquier suerte me tengo de ir al Infierno, para qué es andar buscando tan excusados remedios? Yo voy a mandar que a Aurora le saquen los ojos luego, en castigo de la muerte, que intentaban sus desprecios, Triste calabozo, y prisión oscura, donde siempre viven nubes que se ofuscan. Temeroso albergue, que ingrato sepulta, ofendiendo al Cielo dos vivas criaturas. Tú de las tinieblas temerosa tumba, injusto castigo donde faltan culpas, Mis llorosas quejas atento me escucha; comunique el alma tiranas injurias. Yo que nací al Mundo la mas sin ventura, como la experiencia penosa divulga. Soy, soy una Aurora, más Aurora oscura, ni rayos me animan ni luces me alumbran; Sor de horrible noche estampa, y figura, que mis rosicleres desdichas en utan. Si a la Aurora bella, que estrellas ofusca, colora obeliscos, y globos ilustra. Dulces avecillas, canoras madrugan, y en voces suaves le ofrecen ternuras. Funebres exequias mi temor escucha, pobladas de miedos cercadas de angustias. Siempre es la desgracia sombra a la hermosura, y en mí sin belleza su costumbre añula. Si aleve casligo mi pecho asegura, si venganzas fieras triste el alma escucha, como a mí el dolor el golpe ejecuta, cuando imaginarlo sentimiento busca: Muera yo, y conmigo penas, desventuras, dolores, ahogos, pesares angustias, disgustos, prisiones, sentimientos culpas, suspiros, tormentos, lágrimas, injurias, y muriendo una vez, moriré una, que quien vive penando muele muchas Mas Cielos, quien able la prisión oscura: si acrso es la muerte, que mi vida busca. Lamberto ha mandado, por vengar sus enojos, señora, que los ojos, os saque mi cuidado. sabe el Cielo que siento ejecutar en vos este tormento. Qué dices? . Lo que digo? Hay corazón, que escucho! con mil angustias lucho, qué bárbaro enemigo quisiera ver perdida de mi edad verde la lozana vida? Que esperanza le asiste de tan sangrienta pena? Qué justicia condena mi pensamiento triste? Como injustos dolores solicitan bárbaros rigores? A la desdicha mía, en tanto desconsuelo, alivio niega el Cielo, y fin la muerte envía. laque, saque los ojos, y vengue en mi tragedia sus enojos, Vamos. Dejadme conmigo despedirme piadosa de mi Padre afligido, si con llanto os obligo. Padre. Aurora querida. Ya el rigor pone límite a la vida, Lamberto, ay Dios! Lamberto manda martirizarme, y los ojos sacarme en aqueste desierto: en amorosos lazos, pues me voy a morir, dame tus brazos, Absorto, en mudecido, suspenso; y elevado, ay, Aurora, he escuchado lo que has referido: si la vida no pierdo, o yo no soy tu Padre; o no sor cuerdo, Hija del alma mía. por que ciegos enojos os privan de los ojos con tanta tiranías Como Aurora inocente, ente? he de poder vivir de vos a Sel su luz esconde, cuando a mi pena asiste, suspira el viento triste; y el Cielo le responde, y así en tal desconsuelo (Cielo. siente el Sol, brama el aite, llora el Ojos míos, que exceso os sacán de mi Aurora? Déjame, hija, ahora, queres de tiernos besos. Ay de mí, quien pensara esta tragedia de mi suerte habara. ̱. Por Dios, que sus razones disgusto me han causado, y piadoso he pensado remediar sus pasiones: Vamos, y al Cielo ofrece el rigor que tu culpa no merece. Ya me voy, Padre mío. . Hija, cómo me dejas? Oiga el Cielo mis quejas, vengue este desvarío: ay triste Aurora bella! sacadme a mí los ojos, y no a ella, Aguarda, no me dejes, tente, hija querida, sin ti no quiero vida; espera no te alejes, mas ya en peligro tanto, en vano son mis voces, y mi llanto; Solo, y triste he quedado en tanta desventura: faltó la hermosura de mi bien estimado: hay rabiosos dolores! (gores? a ay Dios, como permite estos ri- Cómo, ojos inocentos, mi vida no os socorre? La puerta de a Torre romperé con los dientes: gente cruel, y esquiva, (vivas muera mil veces yo, mi Aurora Mira de aqueste jardín, Julia, los bellos colores, cuya majestad de flores pone a las tristezas fin. Aquí un clavel, y un jazmín sobre un cuadro floreciente, se quejan continuamente con envidiosos agravios, uno de mirar tus labios, otro de mirar tu frente, Están las flores aquí mil aromas exhalando, y con el aire temblando (si no que tiemblan de mí) todas se rinden a ti, todas, Julia, son despojos de tus soberanos ojos, todas tu favor esperan, y todas verte quisieran sin penas, y sin enojos. Que te aflige, Julia bella; si te ampara mi favor? Mira que de tu dolor so má mi afición quererla: si quieres alguna estrella, por ella al Cielo te iré, y a tus plantas la pondré, que en verte quedará ciega; y si Dios una me niega, serecientas te daré. Si me faltara cordura, señor, para padecer, mal pudieras ofrecer lisonjas a mi hermosura; luego aciertos asegura mi penoso sentimiento, cuando por mi causa siento llorando con pena tal, pues a no sentir mi mal, culparas mi entendimiento. Tirano, y cruel Lamberto, que con infames victorias de valerosos Romanos nobles blasones desdoras. Tú, del África desprecio, desestimación de Europa, fiero escándalo del Asia, y de América deshonra. Tú, que de la fama ocupas las siempre sonantes trompas, dando a viles vencimientos vituperio en las memorias. Yo sor hija de Ángelino, yo soy la infeliz Aurora, cuyo resieler alumbran, tantas lastimosas sombras. Sin ojos vengo a tus plantas inhumanas, y traidoras, a satisfacer mi ofensa, y disculpar mi persona. Donde se ofrecen castigos, sin que descargos se nigan? Cuando inventó la justicia tragedia tan lastimosa? Cuando se halló en la malicia balbaridades tan locas? Cuando imaginó el rigor tal género de congojas? Yo quise matarte, es cierto, porque tu sangre alevosa desperdiciada, vengara tus injusticias notorias. Mas si no ejecute el golpe; por que mi vida malogras? Quien en el Mundo, Lamberto, castiga intenciones solas? Atreviéronse a mis ojos de tus espadas las hojas, mas la púrpura que vierten el delito no perdonan. Aunque si bien se repara; y si a buena luz se nota, por no mirar las crueldades, con que a toda Italia asombras, pueden iguales castigos atribuirse a lisonjas. En una mujer, villano, el torpe acero coloras? Gustas de ver estos ojos con los corales que abortan, que otro tiempo no sabian verter, si no blanco aljofar? pluguiera al Cielo. Qué es esto, quién la campaña alborota? Con doscientos mosqueteros, cuyas volantes garzoras son ocupación del viento, y de la vista lisonjas, viene el Cardenal tu tío, midiendo en una carroza el campo. Dosciensos hombres por Dios escuadra famosa, no hay para que empiece yo a dar puntapies. Señora, me pesa bien sabe el Cielo de desgracias tan totorias, Esto es nacer desdichada. Mal hayan ciueldades locas. Quién duda que ha de venir su Eminentísima ahora, cuando mi vida no ignora, mis delitos a reñir? Pero no tendrárazón, y en vano se ha de cansar, porque yo no he de dejar de seguir mi incunación, O sea justo, o injusto mi atrevimiento, y rigor, este es mi gusto, señor, y no hay más ley que mi gusto: Sentaos. . Bien escuchar en pie. . No seáis mol esto, Por no obedecerle en esto, no me quisiera sentar. Treinta años ha que os conozco pluguiera al Cielo, sobrino, que ni vos fuerais mi sangre, ni yo fuera vuestro tío. Como deudo os he estimado, como amigo os he querido, que afectos del corazón no los borran los delitos: aunque pudieran los vuestros, Lamberto, borrar los míos, por ser en Italia toda los mayores que se han visto Belicosa inclinación os condujo desde niño de la Corte a la montaña; y de la virtud al vicio. Y siendo a pesar del Cielo, y a costa de mis suspiros, bandolero de estas sierras, asombros de estos caminos, espantos de estas Aldeas, y de estas selvas prodigio, rendisa acciones infames cuestros orgullosos bríos, amenazando crueldades, y atropellando peligros, tan olvidado de Dios, y olvidado de Vos mismo, que descomulgado aquí diez años habéis vivido. Los árboles de estos montes, los peñascos de estos riscos, los cristales de estas fuentes, y los peces de estos ríos publican con sordas voces, pregonan con modos guitos, que dilatando ambiciones, sois el hombre más iniquo, el Romano más cruel, el señor más atrevido, el vasallo más infame, el más soberbio enemigo. Decid, Lamberto, sabéis que hay Dios, que vuestros delitos, si los mira, los permite por sus secretos juicios? Ignoráis, que si se enoja, dando de su agravio indicios, tiembla el Cielo, cruje el aire, brama el mar, huyen los ríos, y granizando las nubes rayos de fuego vestidos, miden el suelo los más eminentes edificios. Dígan lo cuatto Ciudades, cuyos enormes delitos en fuego sangriento hallaron muerte, venganza, y castigo. Adonde poblado el aire con bien abrasados giros, entre humo pavoroso, torres tragaba el abismo. Y dígalo el O be todo, pues cuando anegarle quiso, ofendido de pecados, y ocasionado de vicios, le vio de cristal cubierto, hallando en los más altivos montes, columnas del Mundo. sepulcro en tumba de vidrio, Por qué no teméis a Dios? Por qué no advertís, sobrino, en la muerte, que os espera? Mirad, que juzgaréis siglo un breve instante, habitando caliginosos abismos. La misma tierra, Lamberto, se cansa ya de sufriros, y no puede con el peso de hierros tan excesivos. Dejad esa torpe vida. ea, Lamberto, convertios: haced del Infierno al Cielo, con la enmienda pasadizo. Advertid en lo que os hablo, reparad en lo que os digo: El Demonio os tiene ciego; abrid los ojos, abridlos, higa el discurso discreto de vuestra vida un registro, y no le paguéis al Cielo con injurias beneficios. Ríndase la voluntad, muera en la vida el peligro; y a la razón olvidada obedezca el apetito. No logréis de adversa estrella los fatales baticinios: no con mayores ofensas cerréis a Dios los oídos. No deis más gusto al Demonio; no deis más enojo a Cristo, no deis más muerte a los hombres, no deis más horror al siglo. Como amigo os aconsejo, como tao lo suplico, como Cardenal lo mando, como pariente lo pido, como anciano lo amonesto, como Cristiano lo aviso, porque si hay en Dios clemencia, también hay en Dios castigo. Bien, por Dios, se ha predicado, aunque yo tengo por cierto, que es predicar en desierto todo cuanto habéis hablado. Sois mozo desacordado. Y vos viejo con acuerdo. Todo el sufrimiento pierdo. Y todo lo estimo en poco. Ay de vos, mancebo loco! Voto a Cristo, que soy cu erd Castigaré osado, y fuerte atrevimientos groseros; mis doscientos mosqueteros os tienen de dar la muerte, y morira de esta suerte vuestra bárbara insolencia: Apelo de esa sentencia. A qué Juez de apelaciones? A cuatrocientos ladrones, que me rinden obediencia. Cómo aquesto se consiente? Porque soy yo quien lo digo. Del Cielo venga el castigo, traidor, bárbaro, insolente. Cardenal impertinente no incitéis mi desconsuelo, que aunque me lo impida el suelo en dándome penas tales, mataré más Cardenales, que tiene Estrellas el Cielo. Aguarda, tente, Lamberto, no te enojes, hijo mío. Querer reducirme, tío, es notorio desacierto. Su orgullo me tiene muerto; hoy de una cosa has de darme palabra, antes de ausentarme de esta campaña afrentosa. Yo lo haré, como sea cosa que a mí no pueda ofenderme, No, que os confeseis os pido, que será, sobrino, error; pues a cualquier Confesor le dais la muerte atrevido; solo quiero; que advertido viváis en adversa suerte de aquella hora más fuerte, llegando a considerar, Lamberto, que han de cesar los alientos en la muerte. Y porque la intención mía del efecto alcance nombre, he de dejar aquí un hombre, que os avise cada día tres veces, con tal porfía, que cuando vais a vestir, comer, descansar, dormir, diga a voces el criado: Acuérdate en este estado, Lamberto, que has de morir. Qué me respondéis? Señor, que lo haré por daros gusto. Dios, Lamberto, os haga justo, y os comunique su amor: ha de haber falta? . Es error, Yo me voy. . Si que ya es tarde, Qué confuso! Qué cobarde! Busca olvido. Fragua engaños. El Cielo os guarde mil años. Que más que nunca me guarde.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Ya la media carrera toca el Sol, y luciente reverberas comer quiere Lamberto, pongámosle la mesa. Es desacierto juzgar por hombre humano, el que tanto se precia de tirano. En la desdicha ajena halla gloria su mal, gusto su pena. Qué poco, si se advierte, le aprovecha el aviso de la muerte! Del Cardenal su tío son en vano sus ruegos. Persuadirle es grande desvarío, que Lamberto en su oficio, ni virtud tiene, ni le falta vicio: será el estrago eterno de aqueste parróquiano del Infierno Llamad los Músicos luego: y tu hermosa Serrana, en cuyos divinos ojos vive festejosa el alma, ocupa una de estas sillas. Obedezco lo que mandas. Goce néctares el gusto, y en estos labios de grana, beba atenciones la vista. Mucho mi humildad ensalzas, mucho alabas mi belleza, y bien sé yo que no es tanta, como ponderán, Lamberto, lisonjeras alabanzas. Eres, Julia, un Serapín, eres número de plata, donde la naturaleza suma sus dones, y gracias: nadie iguala tus donaires. Bien conozco, No engaño por Jel que te digo lo que pasa. Aquí os venís a templas? Salid fuera noramala, Tocare como estuviere. Vitonto, cómo te hallas? Todabía estoy perdido, no me hallo. . Escucha, y calla, Un arroyuelo florido. Aguardad, no habléis palabra: esta es locura por Dios, que no saben lo que cantan. Habéis visto algún arroyo florido en esas montañas? Los arroyos son floridos, música, gabacho? . Calla, que si les turbas, señor, dirán dos mil ignorancias. La culpa tiene el Poeta. Esa es disculpa ordinaria, que no la tiene Vitonto, sino el cuerpo, que lo canta. En la margen de un arroyo durmiendo Clorinda estaba. Pues no le fuera mejor dormir segura en su cama? Soñoros quiebros alternan las aves, que la miraban, y al son de su dulce canto ballaban también las aguas, Vitonto, llámame a Lucio. Tiene aqueste vino agua? No está la perdiz muy niña: toma está presa: no cantan? Cuando Lisardo su amante sobre alfombras de esmeraldas, para lograr sus finezas, con tiernas voces la llama. Ya, señor, tienes aquí a Lucio. . Que hay camarada, conocéis vuestra mujer? Señor, si por mi desgracia. Ay, semejante disgusto. Cómo come la bellaca! Sabéis para qué os llamé? Imaginándolo estaba. Para que balléis un pocos haced dos, o tres mudanzas. Nunca he sabido ballar. Visitarán vuestras barbas. media docena de platos, si me replicáis palabra; no he dicho, que no vengais a templar a aquesta sala? Señor, repórtate. . Tente. Vive Dios, que si guardaran, les había de romper las víguelas en las caras; bebed. . Señor, no me obligues. Bebed, ignorante. . El alma siente agravios de los ojos, como del honor infamias. Acuérdate de la muerte. Qué es aquesto? No bastaba sin repetírmelo ahora, decirlo aquesta mañana? Ya de la muerte me acuerdo, y del Infierno: mal haya la muerte setenta veces, y el que alegre no la aguarda. Qué me puede hacer, quitarmo la vida? No será hazaña, si a Cristo se la quitó, siendo Dios; loca ignorancia. será de mi presunción temer futuras desgracias. Quien no teme Infierno, Cielo, brutos rayos, fieras, aras, ni al mismo Dios, como puedo a mortales amenazas rindir orgullosos bríos, ni lozanías gallardas? Traedme de la prisión a Oracio. . Fiereza extraña! Tú, Julia, vete de aquí, no asistas a mi venganza, porque temo que suceda lo que refiere la fama del Unicornio, que viendo en su presencia una dama, la cólera disimula, y dispensa la arrogancia. Con obedecer respondo. No quede nadie en la sala. Aquí, famoso Lamberto, tienes a Oracio. . Si agravian ignorantes intenciones de culpas no ejecutadas, castiga en mí las que han sido ocasión de mi desgracia. No es intención solamente, sino ejecución villana, pues solo en tantos peligros pudo mi dicha estorbarla. No sé yo, que ofensas mías, cobarde, te provocaban a un delito tan aleve, a una traición tan extraña. Ya que matarme querías, por qué, di, te acompañabas de una mujer? Bien hiciste, que no bastaba tu espada sola, para dar la muerte al que es ministro de tantas. Otacio, si de la pena, que en esta ocasión aguardas quieres librarte, reniega de Dios, y la Iglesia Santas solo puede este remedio olvidar fatales ansias, sino en tu sangrienta muerte tendrá mi agravio venganza. No eres Cristiano, Lamberto? Gofesasme? . Cómo mandas una acción tan indecente de quién Cristiano se llama? Atale en aquesta silla, Fabricio. Que poco alcanzan lástimas contigo, atiendo a mi vida malograda; juntos nos hemos criado diez años en la montaña, bien sabes con la lealtad, que te ha servido mi espada, Por casarme con Aurora, penosa prisión del alma, quise matarte, si hay hierros por amor, piedad alcanzan en los más ingratos pechos, y a las más duras entrañas, perdona, amigo, los míos. Renegar, o dar el alma. No puede ser menos? . No: fuere, infame. Tente, aguarda. yo reniego de Dios. . Bueno, ya se cumplió mi esperanza. Si cuando darme la muerte pretendiste, no ignorabas que era fuerza condenarme, y sin reparar en nada te determinaste aleve, es cosa evidente, y clara, que en el Infierno quisiste padeciese eterna el alma. Y si de aquel fuerte trance no fuera mi dicha tanta, ya estuviera condenado. luego no lopro venganzas, sino te mato, sabiendo que has de condenarte, aguarda. Muerto soy . Vive, traidor, el caliginoso Alcázar, que a más immensos delitos prevenía tu arrogancia. Ay tal furor. Ay tal pana A quién esta acción no espanta? Un criado de tu tío se apea con una carta, El que rodó? . Sí señor ̱. Tan bien le saben las gradas? Ya voy, dejadme, llevad ese ejemplo de desgracias. Vive Dios, que estoy pensando una cosa harto raya, y es tenegar como Oracio, invención extraordinarias para echar a mis delitos el sello, ya no me falta otro pecado, otra culpa, sino aquesta imaginada; más mirarelo de espacio, que es negocio de importancia, Un Filósoto antiguo ponderaba el gusto, que en quejarse recibia, tanto, que las desdichas prentendía, pues solamente en ellas le quejaba. Y era, porque el dolor, y pena brava de la infelicidad con que vivía, si las comunicaba, recibia consuelo, y sus pesares aliviaba. Yo, que si mi dolor, y pena explico, no espero en referirla remediarme, y con comunicarla la duplico: No hallando consuelo en que aliviarme, nunca mi sentimiento comunico, porque me niega mi dolor quejarme, Ay de mí! . Padre, y señor, Triste hija desdichada, puso la rabia obstinada ejecución al rigor? castigó Lamberto injusto la más hermosa inocencia? Cumpliose ya la sentencia, ocasión de mi desgusto? Eclipsaron de esos bellos soles, lucientes desp y a mí la vida con ellos? No, Padre. . No: cómo así? Abrázame, qué paso? Márcelo, a quien me entregó fue, lastimado de mí, el que me dio nueva vida; librome, Padre, del daño, disimulando el engaño con la apariencia fingida. Loco me tiene el contento, del cuidado me libró, piélago en que me anegó la pena, y el sentimiento. Posible es que pudo haber en bandolero piedad! Pues quién uso de crueldad jamás con una mujer, sino un Capitán aleve, que en su delito obstinado, del mismo Dios olvidado, contra su Deidad se atreve? Agradezco al bandolero la clemencia, y el perdón, y en saliendo de prisión pagarlo, y servirlo espero, y agradecerlo también, que estamos en tiempo tal, que se estima el no hacer mal, como si fuera hacer bien. Y qué hay de nuevo en el monte. acerza de este traidor? Que en su natural furor es depeñado Faetonte. Vino el Cardenal su tío a verle, y con libertad, a su sacra autoridad se opuso con loco brío. Pues no le pudo prender gente, que la acompañaba? Cómo, si Lamberto estaba seguro con el poder de trecientos bandoleros. que le asisten. . Tanto mal de permite! . El Cardenal, con acuerdos verdaderos le pidió (el consejo advierte) que cuando se levantara, y comiera, y se acostara, se acordara de la muerte. Y por poderlo cumplir, tis criado prevenido siempre le dice al oído: Mira que te has de morir; mas hace poca impresión en el alma de Lamberto. Según es él, vivo, y muerto seguirá su inclinación. No lo dudo. . Los enojos de la prisión, que poseo, ya minorados los veo e con ver, Aurora, tus ojos. Pusiste en prisión a Aurora cómo de antes? . Sí señor. Pésame de su dolor, que sabe el Cielo la adora tierna el alma; pero son, cuando a quererla me incito, las sombras de su delito, desdoros de mi afición, Recado puedes traer de escribir. . Servirte espero. No lo dilates, que quiero al Cardenal escribir. Deseoso de saber si mi consejo se obe- dece, os escribo no dilatéis la pris- sion de Ángelino, pues tan injusta- mente diste a Aurora no merecido. castigo, y acordaos de la muerte. Vive Dios, que es caso fuerte, ciego de cólera estoy, que donde quiera que voy he de encontrar esta muerte. Lo primero que he de oír por la mañana infelice, es una voz que me dice: Mira que te has de morir. Voy a comer, o cenar, y escucho aquesta voz fuerte, y también hallo la muerte, cuando me voy a acostar. Hasta en cartas, y papeles la muerte no se me escapa, y sin miedo a Dios, ni al Papa, temo sus ansias crueles. Qué he de morir es posible? Qué he de acabarme; y perderme? Válgame Dios! que he de verme en una ansia tan terrible. Mas yo ahora considero estas cosas? Vive Dios, que si más sueña la voz, mate a su dueño grostero, porque niegue suspendida la voz necios testimonios; válgate dos mil demonios por muerte tan repetida. ser Ya tie el recacado de escribir, Ya he llegado a colegir otra respuesta mejor, sin ocuparme en papeles, y es enviarle la cabeza de Oracio. . Respuesta es esa de tus alientos crueles. El Cardenal presumió, según lo que escribe aquí, que hiciera efecto en mí el consejo, que me dio. Y si vengo a responder con el sangriento trofeo, verá su vano deseo anegado en mi poder. No me dará más enfado, Fabricio, su persuasión, y con mi resolución quedara desengañado. Dices bien, por ella voy, verás tu intención lograda. . Desde que esta voz me ensada, confuso, y penoso estoy. El cristal, que se despeña de la nube más altiva, si continua se derriba, labra la más dura peña. Pues si el agua peñas labra, no será mucho, ay de mí! que pueda labrarme aquí, sin ser peña una palabra. Aquí la cabeza tienes de Oracio. . Llama al criado de mi tíor ha desdichado. Por mí a tal extremo vienes, que penoso, y afligido vives la caberna fiera, y horrible más te valiera, Oracio, no haber nacido. Aunque yo contra traición tengo bastante disculpa, que no tuve yo la culpa, de toda tu perdición Mas dejando aquesto ya, por der para más de espacio, dime, camarada Oracio, como te va por allá? ha de ser tu daño eterno? no respondes? dónde estás? A dónde tú no estarás. Y dónde es? . En el Infierno. Válgame Dios, qué miro, a quien no espanta tan fatal suceso? Quién resistirle puede con el horror que admiro, de asombro sin igual perdido el seso! Qué admiración mi admiración excede? Abiorta el alma quede, confuso el pensamiento, el discurso turbado, el ánimo alterado, torpe el entendimiento: den al pecho tormento penas, ahogos, almas, y pasiones, horrores, sombras, miedos, llusiones. No es ilusión la causa de mi pena, no es ilusión mi agravio, varios intentos sigo, de confusión el alma vive llena, de cólera, pasión, y enojo rabio mover no puedo es sabio: yo asombros? yo recelos? yo miedos, y temores? Vivirán mis rigores a pesar de los Cielos; mas como, que del velos congojan el espíritu valiente, y resistir no permite lo que siente? Un precito me anima, ardiendo anuncia mi lutura gloria, comárcano del fuego, como avilos no estima de tan grave esperanza la memoria. Como no hago penitencia luego? Como viviendo ciego mi vida no procuro, mi enmienda no solicito? Mis injurias he visto, mis riesgos aseguro, y hablando el pecho duro, que en en esta voz, que Dios me dice espero búscame, hombre, que salvarte quiero, Mas yo buscar a Cristo? yo postrar mis indomitos alientos? yo miedo, y cobardía? vanas, sombras resisto, vivirán mis lozanos pensamientos, temor no ha de postrar el alma mía, mintió en lo que decía la voz encantadora: trazas son del Demonio, que con tal testimonio obstinaciones dora; quedara vencedora del loco incendio mi ambición terribl que salvarse Lamberto es imposible Hola, Soldados, Señ Mas qué llamo? qué pretendo? . Mis confusiones entiendo, motivos de mi temor, suspéndase mi rigor: Soltad los presos al punto; sírvame la voz de asunto para ostentar mi poder, que algún efecto han de hacer las palabras de un defunto. Mudado lleva el semblante. Dar indicios de piedad no es pequeña novedad. Qué loltemos al instante los presos manda importante será obedecer, Márcelo; Espantado, vive el Cielo, vengo de ver el color del Capitán. . Gran dolor incita su desconsuelo! Al Cardenal escribir quiso, y no escribió en efecto. La voz habrá hecho efecto, y se querrá convertir. Es locura presumir, que Lamberto ha de dejar estos montes de habitar. No, que contra esa opinión, bastantes indicios son su tristeza, y su pesar. El Cardenal ha venedo, y según he sospechado, le habrá traído el cuidado de no haberle respondido. Y Lamberto? . Recogido, Ilustrísimo Señor, alimenta su dolor, sin permitirse al deseo de sus Soldados. . Y creo del Cielo nuevo favor. Ya vive menos cruel, Ya vlve menos atroz. Sin duda, que aquella voz hizo algún efecto en él. Escribir quiso un papel, y después determinó respondiendo letras, no, sino indicios de fiereza, remitiendo la cabeza, que aún Vandolero quitó. Gracias al Cielo, que dan sin mi cuidado, y prisión, volvió por mí la razón. Esto manda el Capitán. Cómo en este sitio están Ángelino con Aurora? Presos vivían, y ahora mandó Lamberto sacara a los dos, y los librara de la prisión. . Ya no ignora del alma la novedad, cumplida ve su esperanza, que indicios son de mudanza concederles libertad. Bella Aurora, desatad los engañosos despojos, que pues furiosos enojos el Capitán ha olvidado, si libertad os ha dado, también os dará los ojos. Eminentísimo Padre, a cuyos consejos debe, atemorizada el alma, los desengaños, que advierte. Yo el monstruo más infelice, yo el hombre más inclemente, como acreditan efectos de mis acciones crueles: pues mirando mis acciones, soy en la ocasión presente el mayor Monstruo del Mundo, pues causé asombro a las gentes, Diez años en estos montes he tenido tosco albergue, sin temor, y sin respeto adiós, ni a sus Santas Leyes. De Dios el temor que traigo me obliga, Padre Eminente, a que mirando mis culpas, y también lo que Dios puedes mirando, pues, mi bajeza, y teniendo a Dios presente, juzgo, que esta vida es nada, y todo en ella perece. Una voz me atemoriza; y esta voz es evidente, que es voz de Dios y así Dios mirando, si bien se advierte, veo, que Dios quiso en esta voz, dar todo lo que puede dar; pues es su palabra cierta, y a lo cierto atiende el alma, que en confusiones hasta aquí tuvo su albergue, Y ahora desengañada, con mortales accidentes, callando me está diciendo lo que ella callando siente: Hombra, que ofendiste a Dios, recogete en ti, y advierte, que Dios perdona delitos: llora tus culpas, y vierte lá grimas, que siendo muchas, podrá el Custodio atreverle a decirle al enemigo: Lloro, con que turno tienes que alegar, porque sus culpas fueron sloradas, de suerte, que haciendo un raudal copioso, creció tan copiosamente, que en montanas de cristal, hasta el cristalino albergue llegaron; son tus escritos mus otros: aquí tu entiendes no son libros de habería: pues no, que habería tienen Que todo lo que se moja pierde el valor, y le infiere de aquí, que fue tu caudal tan corto, que de diez papales se compones lo perdiste, as cierto; y con esto advierte, que como caudal ligero, se lo llevo la corriente. Esto el alma me ha avisado, esto es lo que el alma teme, su perdida, y yo llorando mis culpas, Padre Eminente; pido perdón, porque Dios quiso aquella voz ponerme delante, y delante traigo de aquesta ocasión presente, la fuerza del desengaño, y memoria de la muerte. Diez años, como ya ha dicho, he sido de los vivientes el hombre más inhumano, el humano más aleve, el aleve más cruel, el cruel más imprudente, el imprudente más fiero, que oír, ni decir se puede. Pues mirando lo que hice, y lo que te digo adviertes, escucha, y sabraslo todo, si a mis delitos atiendes. Aquí, tirano de honores he dado (ay de mí!) mas muertes que las fuentes gozan perlas, y esmeraldas las corrientes. Aquí, desde que el Sol bello, después que la noche muere, olimpos de luz exhala rayo a rayo en el Oriente, examinando las seridas, que por la sierra revuelven las Aldeas que la pueblan, y las chozas a quien debo su soledad compañía, robaba tiranamente a los hombres las haciendas, el honor a las mujeres, la vida a los peregrinos, bárbaros ingrato, y aleve, Qué maldad no he ejecutado? Que vicios el Orbe tiene de la malicia engendrados, que en mí no te hallen llempres Después de tantos delitos, no fue el menor ofenderto con osadas intencionas, siendo tú, Señor, quien eres. Dígulo, porque a tu carta pretendí atrevidamente dar por respuelta de Gravio bandolero, a quien di muerta, la cabaza; mas el Cielo estorbo este inconveniente, para lograr desengams, que al rumor de una voz crecen Pregúntele donde estaba, sin entender respondiese, que quien a un defunto habla, espuesta no se promete. Y ella en voz penosa, y triste, dijos El Infierno es mi albergue y después rayo sin alma, vestida de llamas fuertes, exhalación se condujo a los abiimos cruelas. Quede suspenso, y absorto, que en prodigios tan patentes, qué desengaños no viven? Qué obstinaciones no mueren? Bien como doradas cumbres, y brillantes chapiteles, que expuestos al Sol de Agosto a las iras de Diciembre, al imperio de los vientos, y al estrago de los meses se rinde, desmoronando materia, que los aliente, y en la materia la forma toca el desengaño siempre, hasta que en tormento oscuro humille sus altiveces, y en su eminencia deshace voraz llama, que le ofende, la cual subió exhalación, y rayo a la tierra vuelve, Así dudoso el discurso a los ecos de la muerte, dudaba en las tiranías atreverse, o no atreverse, y estaba al fin menos fijo en mis acciones infieles. Mas vino el rayo de Oracio, que al más obstinado, y fuerte edificio destruyera, diome ocasión de atreverme, librando en tristes palabras, avidencia de mis bienes. La salvación me asegura, el remedio me promete, de ofensas tan inhumanas, de delitos tan aleves. Turbáronse las potencias, el entendimiento vuelve, la memoria vive atenta, la voluntad duda, y teme, el engaño se destruye, el rigor, y enojo mueren, la esperanza ofrece aliento, y la soberbia perece. Y anegado en tantos golfos de peligros evidentes, ni sé si volverme a Cristo, ni sé si al Mundo volverme. Lo primero dificulto, lo segundo el alma teme; mas a tanta oscuridad de confusos pareceres, dio luz una voz, diciendo: Acuérdate de la muerte; ya me acuerdo, dije, y tanto, que el acordarme me tiene refreñado en los delitos, disgustado en los placeres. Ya me acuerdo, ya me acuerdo: segunda vez me refere, no te acuerdas, pues te olvidas, Lamberto, de lo que sientes. Entonces aprensiones me elevan, y me suspenden, considerando en el Mundo las vanas pompas que ofrece, Ya no miro cosa alguna, que la muerte no me acuerde: si miro al Cielo, en él hallo Planetas, y Astros lucientes, y que apenas sale el dol, cuando las Estrellas mueren. Y la Majestad del Sol tambián acaba, y fenece, sepultando en el Ocaso Con licencia: Seya las púrpuras del Oriente. Si miro al prado; me admira ver sus adornos alegres, que el invierno mueren secos, si el Verano viven verdes. Si me miro a mí, en mi noto ejemplos tan tristes siempre, pues la seda que me adorna, de gusanos muertos tiene origen: Si comer quiero, en los regalos me ofrecen vasos de lo que imagino, muertas aves, muertos peces. Si melancólico humillo los ojos, también atienden al calzado, que en las plantas cubren, pues es de las pieles de animales, que murieron, en todo halló la muerte. Sol, Estrellas, fuentes, prados, pieles, aves, sedas, peces, todos con mudos pregones están advirtiendo siempre lo poco que en esta vida duran mundanos deleites. Y así, penoso procuro, que arrepentida me lleve el alma al Convento, donde a sus Religiosos ruegue borren manchas, que la enturbian, delitos que la entorpecen, torpezas, que la desdoran, y desdoros, que la ofenden. Adiós, señor, que estos montes han de ser mi triste albergue; penitencia, penitencia; hoy a todos los presentes pido perdón, perdonadme, pues me miráis de otra suerte y tomad ejemplo en mí, considerando prudentes lo que puede el Desengaño, y Memoria de la Muerte. Qué admiración! Qué prodigio. A todos confusos tiene. Desde hoy enmiendo mi vida. Oh, Señor, y cuanto puedes! Esto ha hecho el Desengaño, y Memoria de la Muerte. Perdonad, Senado ilustre, a quien serviros pretende, que en semejantes materias no es milagro que no acierte.
