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Texto digital de Lo que puede amor y celos

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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que puede amor y celos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-puede-amor-y-celos.

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LO QUE PUEDE AMOR Y CELOS

JORNADA PRIMERA

Rofiéreme señor, que ha sucedido el tiempo que perdido te tuvo mi cuidado, que aún hallándote dudo haberte hallado Ay Cangre, hay amigo, si cupiera lo que siento en mi voz, yo te dijera milagros prodigiosos, prodigios y portentos milagrosos! Refiera tu voz grave la parte, gran señor, que en ella cabe. De Milan (como sabes) este día salí, cuando salía el Aurora temprana, llorando las ausencias de Diana en orientales perlas, que el Sol se anduvo en flores a cogerlas, cuan cuando en brazos de el Alba pajarillos alegres la hacen salva, y con sus luces bellas, como antorcha mayor eclipsa estrellas. Llegué, pues, a este monte, que hace vasa eminente al Horizonte, cuando de aquestas breñas, obeliscos de montes, y de peñas, bajaba un ciervo al curso acelerado, de la inculta maleza despeñado, a la verde llanura: donde su infausta muerte a mi ventura pudo abrir el camino. (Que cuando está benevolo el destino. de una infeliz tragedia, para una dicha suele hacer materia.) Al rostro áplico el arcabuz violento, hiriole el rayo al repetir su acento: y por la puerta que le abrió la bala, rojos corales a la tierra exhala. Y en vez de ocasionarle algún desmayo, nuevo aliénto le infunde el veloz rayo; y nuevo morador de otro elemento, dejaba atras burlado al mismo viento. Yo deseoso de ver en que paraba. su carrera, que así se equiparaba. en cadencias fatales, le seguipor el rastro de corales. A la margen llegué de un arroyuelo, por donde el monte se sangró de hielo, tahalí de nieve, linsonjera plata, que en lazos de cristal las flores ata. En la hermosa corriente desangrándose estaba dulcemente el bruto más gozoso; que de su misma muerte pesaroso, Yo que tuve a extrañeza, que estuviera: gozoso, y que su muerte no sintiera: (que hasta en los brutos de cualquiera suerte, fue natural sentir su misma muerte,) Con la vista examino de el ruadal bullicioso, y cristalino. el margen, cuyas flores, cambiando al Sol por luces los colores ce su páis hermoso, la causa, como efecto venturoso, señalaba en los triunfos más felices el bello rosicier de sus matices, li vi una Serrana bella, de el Sol antorcha, del zafir estrella, Hermosa sin adorno su luz pura, que el desalino aumenta la hermosura, y el precioso diamante, engastado en acero es más brillante. No has visto al Alba en cándidos crisoles afeltarse en sus mismos arreboles? viste pulir al Sol su faz hermosa, apresurada entre jazmín, y rosa? Viste al Abril en primorosa idea matizar los descuidos de Amaltea? pues el Alba en su frente se arrebola, que es Alba de los cielos ella sola. Son sus mejillas de el Abril agravios, Abriles de el imperio de sus labios; toda milagros, toda admiraciones, admiré sus divinas perfecciones. Como en la noche oscura, y tenebrosa, i la luz le da en los ojos pavorosa de el relampago, al ciego caminante, obro y aquella luz errante, que cuando a su vista temerosa llega, mas que alumbra le ciega, quedé yo al terminar su luz hermosa, ciega la vista, el alma temerosa. Entonces conocí, que el bruto fiero, depuesto el bronco natural grosero, al mirar su belleza soberana, juzgando ser Diana; por morir, cual Anteón enamorado, de el haberla mirado, mas que no de la herida, gozoso en su holocausto dio la vida. Suspensa estaba en el caudal sonoro, tiorba de cristal, contrastes de oro, escuchando el murmureo que canora, prorumpe el agua espejo de el Aurora, siendo de risa llena, el canto acorde suave Filomena; tan divertida estaba, que viva, o muerta el alma la dudaba inmóvil, viendo su beldad divina, de alabastro por ninfa la examina: cuando sin vida su dominio advierte, por viva tiene a quien le da la muerte; para viva la ve que no se muene, para estatua el incendio halla en su nieve, pues como Eletna en copos argentado el fuego disímula disfrazado; en esta confusión de mi desvelo, idolatrando su divino cielo, el alma discurria en voces mudas; cuando absolviendo mis penosas dudas, la vi con movimiento, sentí nosé que gloria, o que tormento, que de nuevo inquietaba el áspid que mi pecho alimentaba, llegué a ofrecerla ciego Salamandra el cariño de mi fuego; sintió mis pasos luego, y temeroso, a mirarme volvió su rostro hermoso, dejándome de nuevo turbado, en si me atrevo, o no me atrevo: pero apenas me vio, cuando severa huyó de mi presencia, tan ligera, que segunda atalanta con el curso ligero de su planta, entre el viento, y la tierra, nos cabrso su hermosura movió travada guerra. El margen subi arriba del arroyo está Dafne fugitiva, su carrera temiendo, e ansias crueles, se paró transformándose en laureles: de mi voz lamentable, y persuadida, o del correr violento ya rendida, en un éxtasis mudo embarazada, la planta suspendió como asustada; primero que moviese el soberano, pie, gané su hermosura por la mano; y en la mía, que osada se le atreve, suspendí cinco arpones de su niere. Ella entonces turbada, de su misma vergüenza embarazada, enseñando al Abril nuevos primores, añadió rosicleres a las flores. de su rostro divino, en perfección extraña peregrino: turbada me pidió no la ofendiese, concediselo así, porque me oyese, y con este pretejto asegurada su divina hermosura, sostegada, le dio atentas orejas a mi noblé pasión, y dulces quejas, ni se mostro rendida, ni desdeñosa: Al fin; por despedida dijo, que en aquel sitio la buscase. y como noble al fin asegurase. no hacerla nunca ofensa. Prometilo, en debida recompensa de su tierno cariño; que amor a los halagos como niño, se allana; mas con todo, seguirla quise y estorbó de modo. su persuasión discreta mi osadía, que tuvo mi valor abizarría mayor el carecer mi proprio gusto; que ocasionar en ella su disgusto. Ausentose, dejándome sin alma, vivo cadaver, el sentido en calma, tan ciego, y suspendido, que estaba sepultado en el olvido de mí mismo; porque (para más gloria) me llevó aquel portento la memoria. Esta, Cangrejo, ha sido mi ventura, o la dicha que gozo mal segura: Este ha sido el suceso, que perdido, y nunca más hallado, me ha tenido; esta fue la Serrana, del Sol envidia; pasmo de Diana; este el amor que a su hermosura tengo; pero de mal discurso me prevengo, que si adoro su hiz divina, y bella, yo no tengo mi amor pues está en ella: Mira si es poca gloria la que goza en sus dichas la memoria. No queda con el cuidado tu amor generoso aquí, de si ha de ser firme, o no, si vendrá o no ha de venir? Si Cangrejo. . Pues señor, que gloria tiene me di el que vive cuidadoso, que es vivir, y no es vivir. Son glorias imaginadas las que da el amor de sí, y solo estriba el gozarlas en imaginarlo así. Tu gente viene señor, y la Infanta veo venir, que siendo Palas Cristiana, es cazadora gentil. Adonde pone los pies, Mayos hace producir, que siempre se anduvo en flores de sus plantas el juzmín. Lo que fue senda al pasar su hermosura por allí, vuelto a examinar después, ya no es senda, si no Abril. No me la encarezcas tanto, que después que ciego vi la Serrana, ya me ofende sus alabanzas oír. Pues cómo, ya te mudaste? r. Ya hubo mudanza en mí, que donde hay amor segundo, vin el primero tiene fin. Tú no eres amante al uso, que el que adora más gentil, si a una quiere sin engaños, con otra sabe fingir: Porque el tener muchas caras, lracomo el Dios sanores aquí vuser por muenos amantes; y si aciertan a renir, una es la quita pesares de lo que otradió a sentir. Deme señor vuestra Alteza su mano, ya que feliz, llorándole antes perdido, verme a sus pies merecí. Y a mí, gran señor, me dad, en albricias de adquirir la ventura de encontraros, los pies. vl Alzad y decid como en la caza os ha ido. La Infanta niató un espín, y de un asombro el caballo la despeñara infeliz, a no socorrer el Cielo su vida, piadoso allí- Di Rosaura, cómo fue? Carlos puede proseguir. En qué te detienes Carlos? Pasó, gran señor así. Después que todos llegamos a esto frondoso Páis, y en el alcance de un ciervo te perdiste, por seguir el rumbo que tu llevabas, le la hermosa Rosaura aquí subió en un bruto soberbio, de tan adusto matiz, que el que a caballo la viese, con razón pudo inferir, que el día sobre la noche: se ostentaba con ardid, porque a vista de la sombra lograse mejor lucir. El bruto, a quien fuego, y viento debieron de producir, menospreciando la tierra, hollava el aire sutil: Oh pretendió su arrogancia de Ícaro el vuelo seguir, cual otro Faetón soberbio, despeñándose infeliz: O quiso Rosaura hermosa su luz bella introducir por Sol en la cuarta esfera, ilustrando su cenir. Al discurrir por el monte, señor, buscándote a ti, la diligencia en la pena, lo prolijo en el sentir, de Adonis, cruel homicida, salió al encuentro un espín, que viendo a Rosaura, quiso la cercana muerte huir: Pero embargándole el paso. los Monteros, el marfil aci calaba en los troncos, talando el monte; y de sí diluvios de agudas flechas desparaba al sacudir la armada piel; mas la Infanta, hermosa Belona, allí buscó el brato, y él al haberla de envestir, o no envestir, mostró varios movimientos: Y resolviéndose al fin a la primera envestida, vertiendo rojo carmín, halló su ruina en su sangre, para escarmientos de sí; a cuyo tiempo el caballo, de ver caer el esguía, a sus plantas, con asombro. Déjame decir a mí lo que se sigue: Asombrado el bruto, sin admitir, las obediencias del freno, como exhalada, y sutil exhalación; por el viento corrió tanto, que me vi tan cerca de la región del fuego que presumí, como era el caballo adusto, al despeñarme; infeliz, que de su abrasada esfera, en algún carbón allí- bajaba precipitada: Un Serrano; o Sera fin, que para mí fue lo mismo, con ánimo varonil; cortó los pies al caballo, y luego me saco a mí de la silla casi muerta: Quise premiar su gentil acción, y piedad heroica con una joya; que Ofir engendró en sus venas de oro, para que Cellan allí aprisionase diamantes, o estrellas en el lucir. Pero él mostrando ser más de lo que su traje vil pronosticaba, galante, no quiso el don admitir, diciendo, que ermayor lauro que esperaba conseguar, era, que yo le debiese. aquel favor; y de aquí le tuve pormoble, pues: los que son de sangre vil, solo el interés los mueve. Tonda entregada al sentir llego mi gente, después. que habiéndome visto allíí despeñar, ya me lloraba muerta: Trocaron al fin en regocijo la pena; y cuando a buscar volví aquel generoso joven, se había ido, y lo sentí, que es mucha deuda una vida, para que se hubiese de ir sin el premio merecido que a sus alientos debí. Cangrejo? . Señor, qué dices? Ya desea mi amor feliz volver a ver la Serrana. Nunca está quien ama en sí: has de volver a Milan esta noche? . No, que aquí hay una casa de campo; que ya la fue a prevenir el Marqués, en cuya estancia me pretendo divertir, conquistando los cariños de aquel bello Sera fin. Qué será aquesto Matilde? no sé que fiero motín del corazón los afectos arman en peñosa lid. Qué sientes? qué te apasiona? Me apasiona el advertir, que habiendo el Duque sabido el peligro en que me vi; no haya mostrado su pecho mi precipició sentir. Será descuido, que ya sabes que todo su fin es amarte. . Los descuidos del que ama (si bien pueril es amor, y como niño, su edad los admite en sí,) mas que descuidos, mudanza se debieron inferir. Señor? . Cangrejo? . Repara en el divino matiz de la Infanta, como advierte el poco amor que halla en ti, mostrando en rojos canbiantes tu cruel mudanza sentir. Yo no puedo más conmigo, que desde el punto que vi la Serrana, fue del pecho, Infanta no, Reina sí. Pues dime, y su sentimiento? No le llegue a descubrir, que será causar más odio. Todo es uno eso, y decir, que si se da por sentida, tú la dejarás podrir: Señor, sabes lo que veo? Qué has visto? . Que tú no sabe fingir caricias suaves para engañar su deseo, y que te está muy mal creo. Tu proprio quieres perderte, tú le quitas a tu suerte, cuando tu laurel abona, que prospere tu Corona; pues estando ya a la muerte el Duque, que en gloria esté, es más propinqua heredera Rosaura; porque no hubiera, (como en Vrbino se ve disensión sobre quien fue de los dos a quien venía el Estado, a ti te fía el gobierno, de quién era sola Rosaura heredera, que mayor acción tenía, ordenando, que gozases de Milan la posesión, mas con una condición, de que con ella te cales: Y caso que no acerases ser de tanto Sol marido, que fueses desposeido; y hoy intenta tu locura, despreciando su hermosura, este Estado ver perdido. Deme, señor, vuestra Alteza a besar sus Reales pies. Alzad del suelo Marqués a mis brazos. . Tu grandeza da honores a mi nobleza. Qué hay de nuevo? . Prevenido el hospedaje debido queda para tu persona. Sois lustre de mi Corona. Cómo en la caza te ha ido? Ni bien, ni mal aunque todo pudiera mi pecho le al decirlo; que bien, y mal de hoy al discurso acomodo: iguales, en vario modo, ambos ados conjetura mi desgracia, o mi ventura, porque en el gozo del bien halló su pesar también, de que su mal se asegura. Quien tan encontrado efecto ocasionar pudo en ti? Marqués, el callarlo aquí, es debido a mi respecto. Príncipe en todo perfecto. Ya que Febo en lucir solo, desde el uno al otro Polo, despeña en el mar su coche, antes que la oscura noche se haga de ausencias de Apolo, guiad Marqués a la casa. que dejasteis prevenida. Vive amor, que estoy corrida, ya esto de descuido pasa. Qué me dices? . Que se abrasa mi pecho en duros enojos, formando de sus antojos un infierno mi recelo, en cuyo mortal desvelo ha dado el amor de ojos. Está todo prevenido? Ya señor nuestro cuidado, en servirte a ti, y al Duque, mostró la lealtad de entrambos. Si viniese con el Duque aquel hermoso milagro, a quien libré del peligro al despeñarse el caballo, fuera mi fuerte felice, porque sus divinos rayos fueron hechizo a la vista, fueron del vivir letargos; mas como áspiro a su cielo, si nací tan desdichado, que por no saber quien soy, vivo el monte, labro el campo, Mucho me hólgara saber quien era aquel cortesano Caballero que me habló en su amoroso cuidado: Pues aunque ignoro este duende del amor, o ciego trasgo, estaba, al pír sus cariños, el corazón bien hallado. Grande Majestad espera el día de hoy hijos caros aquesta choza, que al Sol servirá de inmóvil carro. De un Príncipe la grandeza, que se halla en el monte, o campo, se estrecha, y no se hace menos. en el albergue villano. Quien dice muesamo que es el que viene para habrarlo con el resplento envevido? El sienigre Auguito, y preciaro Duque de Milan. Hará mil mercedes. . Eso es llano. Pus yo he de pedirle una. Que has de pedir mentecauto. Mujer, que no me lleves, que será llevarme el diabro; dírele que us lleve a vos allá entre los cortesanos, porque eis sido muy cumprida, y quiero andar con vos largo. A vos no us pesa tratar con todo el genero humano, porque tomáis muy a pechos el tener con todos trato. Marido, el tener con todos un cortesano agasajo, es punto de urbanidad. Ese punto que en vos hallo haciendo muchos crecidos, me deja para menguado. Muy bellaco sos marido. Antes siento lo contrario. porque yo so un simpre, y tengo vuesas malicias a cargo. Yo he de ira pedir al Cura divorcio. . Venid, y vamos, que yo diré lo que us sobra para mi mojer. . Qué tanto? Que us huele muy mal la boca siempre que habráis de masiado; que salís mucho de casa, y sacáis desafiados los zagales, y a cualquiera se la tendéis en el campo. Pues que me ofendéis infame, tengo así de castigaros. Eso es buscaros a pelo la ocasión de hacerme calvo. No es marido, si no haber venidóseme a la mano, si airla yo del copete. Soltá con todos los diabros, que ya estó hecho a que nagáis vos de mi cabeza un saco. Aquí págaras traidor tus malicias. . Ya he pagado antes de haberlas tenido; y si no mujer, miradlo en mi cabeza, que en ella veréis de la paga él tanto. Mirad que viene su Alteza. Eso te vale costado, que si no yo te enseñara malicias . Ese es el causo, que yo de ti las aprendo; fuego de Dios en tus manos, mujer de un puto, y como eres quita pelillos del diabro. Deme señor vuestra Alteza sus pies invictos. . Alzaos del suelo Albano, y subid a la esfera de mis brazos. A Dios imitáis en ellos, mi bajeza sublimando; llegad todos, y a su Alteza besad los pies. . Yo postrado, no a vuestros pies, porque indigno soy de favores tan altos, la tierra que pisáis beso. Alzad mancebo gallardo. Y yo, gran señor, también a tus plantas me consagro; este es aquel Caballero que vi esta tarde cazando. Este ha sido aquel prodigio, . cuyo dulcísimo encanto vi al margen del arroyuelo; dichoso yo que os he hallado, Disimulad gran señor. Subid señora a mis brazos, que os aguardan venturosos porque será desacato, que esté subrniso a mis plantas. todo ese cielo abreviado. Matilde, aquesta Serrana. presumo que fue letargo de la atención con que el Duque debió tratar mis cuidados. De que lo infieres? . No tengo razón? de que he averiguado, que cariñoso la atiende, y de mí no hace reparo. Besad la mano a Rosaura, que es mi prima. . Yo, tirano, soy tu enemiga, y quisiera, castigando mis agravios, tomar venganza en mí misma, matando en mí tu retrato. Cielos, esta es la hermosura, . que al despeñarse el caballo. libré del peligro, siendo el puerto de su naufragio? Vuestra Alteza, gran señora, nos de sus plantas. . Alzaos; este es el gallardo joven, . que fue de mi vida amparo. Y disculpe la ignorancia. no haber hasta agora llegado. Dios os guarde. A vuestra Alteza prospere infinitos años. Dulce veneno es su vista, que al pecho fulmina rayos. A Alejandro es a quien debo la vida, bien su bizarro proceder, y airoso talle muestra ser noble. . A mi cargo quede premiar esa deuda. Haber, gran señor, logrado. servir en algo a su Alteza, es para mi el mayor lauro. El Serrano es muy cortés no merece ser Serrano, y es digna su gentileza de otro más heroico estado. Bella es por Dios la. Serrana, no vi más airoso garbo. Pus Menga, como te he dicho, me has de ir apuntalando, para que no se me caiga alguna simpreza. . Vamos al caso, que yo lo haré. Y como allá en el Pelmazo tienen los Poetas Musa que les sopra; tú, imitando las Musas, me has de soprar por detrás mientras le abro. Llega pues. . Menga, no sé cómo pueda engeminarlo? Pues cómo, si lo estudastes, tan presto se te ha olvidado? Cómo de esos necios hay que estodían, y en acabando. el curso, tiene más lletras. mi borrico. . Pues incaos de rodillas. . De rodillas? para qué? . Para humillaros al Duque Bras. Mijor será asentarme, que es más llano. . No lo hagáis, que será mal parecido. . Bueno, o malo, ya está hecho; proseguid. adelante con el causo. Levantaos. . Aquesto es peor. Qué decís? . Se me ha olvidado. Pues cómo así? . Mi mujer, y yo juntos estodiamos. que deciros, pero a mí se me olvido comoha tanto. Sois casado? . No sabéis cómo lolo? No ha llegado? a mi noticia. . Entendio que lo sabiáis, porque cuantos. hay, lo que es a mi mujer, la conocen por el cabo. No haga caso vuestra Alteza de Bras, porque él es un asno. Pus Menga us lo dice, debe de ser cierto, pero es craro que ella se da buenos verdes; y a mí, como so un simprazo, me suele dar los azules, con que me deja bramando. Por Dios que la Serranilla no es perjudicial bocado, y tengo de echar el resto, por si me quiere algún tanto. Albano? Gran señor? . Son estos jovenes gallardos vuestros hijos? . No señor; aquí es forzoso el engaño: Un Caballero, a quien yo no he vuelto a ver el espacio que ha que me trajo a los dos recien nacidos, entrambos me los dio sin decir más que son de prógenle claro: Esto es falso, que el Marqués . fue quien me los ha entregado. Bien he presumido siempre, . que Alejandro no es villano. Bien pudiera decir yo, . que son estos dos hermanos de su tío Segismundo hiros, pero ahora lo callo, mientras vive la Duquesa su mujer, porque ordenado me lo dejó al postrer vale, y obro como leal vasallo. l No me daréis a los dos, que gusto a Milan llevarlos? Ambos son de vuestra Alteza. En mi servicio Alexandro ha de quedar, y Rosaura a Isbella tendrá en su cuarto. En servir a vuestra Alteza, no esperada suerte gano. Y yo, señor, mi obediencia humilde a esos pies consagro. Así lograra mi amor el comunicar de espacio, del incendio en que me hielo, la causa porque me abraso. Aliento nobles deseos, que yendo a Milan, aguardo gozar la hermosa presencia de las luces que idolatro. No me pesair a la Corte, . si bien arriesgo el recato. A pedirme el Duque albricias, . olvidando mis agranios, las diera de que llevase a Milan este bizarro joven adonde presumo. a precio de un agasajo, si tiene paga una vida, pagarle la que me ha dado. Ya que a la Corte va Isbella, ciego Dios, y en su holocausto me rindes, convierte encera su pecho, si fuere mármol. No me pesa que a Milan vaya este géntil Serrano. Venga, señor, vuestra Alteza a concederse al desconso, que el ejercicio del día os tendrá muy fatigado. Vamos, aunque verá Isbella es el descanso más grato. La Infanta me lleva el arma; . pero ha pensamientos vanos, que si os atrevéis al Sol, bájaréis precipitados! Oh hace me lo parezca, sentirse del Duque ingrato, ofendida mi hermosura, y en el peligro pasado haberme dado la vida, o es el jonen muy gallardo. Amor, Isbella, me ha muerto, merezca yo sus agrados. Alejandro, si lo eres, no uses de poder tirano; y vuélveme, pues la usurpas, el alma como Alexandro. Desde que vi el Duque al margen de aquel arroyuelo manso, no sé qué secreto impulso le consagra mi cuidado. , s Aguarda divina Isbella, detente hermoso milagro. Qué me manda vuestra Alteza? Oye, atiende mis cuidados, pues he sido tan felice, que después de aquel acaso, en que al verte supe amarte, dispuso propicio el hado, que vuelva a gozar tu vista, emulación de los astros. Dejadme ir, no me echen menos. Escúchame un breve rato. Decid, pues, lo que queréis. Que sepas como te amo, y que te adoro, después que vi tus divinos rayos, en cuyo incendio de nieve, firme, y dichoso me abraso. Is. Señor, con una Serrana no gastéis tan cortesanos conceptos, que no entendemos de amor entre los Serranos. No fueras tú tan hermosa, y no me hubieras causado este amoroso desvelo. Ya conozco que es engaño vuestro amor, dejadme ir, que me estaran esperando. El Duque se quedó, y viene celoso amor a buscarlo: pero que miro, hah traidor! no fue mi recelo vano. Ahora iremos a la Corte, donde el pecho enamorado acreditará verdades, cuantas pronuncian los labios, Ah engañoso, quien pudiese abrasar tu pecho ingrato! mas yo tomaré venganza de tus traidores hálagos. Mirad que es el detenerme dar ocasión de que Albano me busque si me echa menos, y me halle con vos hablando. Quiero estorbar sus traiciones, . gran señor? . Lance apretado. Que presto que le declaran en contra mía los hados. Cómo, señor, no venís a descansar? . Con que engaño deslumbraré la evidencia de su celoso cuidado? no por mí, mas porque Jebella asegure su recato. Él no me responde, o como . enmudece el que es culpado! poco os debéis a vos mismo, pues os negáis al descanso. En la hermosa variedad de aquese florido espacio divertido me quedé; y habiendo agora llegado Isbella, y dicho que vos me quedabais esperando, ya me iba; con aquesta cautela mi amor disfrazo. Qué bien traza sus mentiras: . vos tenéis asegurado vuestro crédito conmigo, no hay para que disculpalos; ha falso! ah traidor amante! a.̱ Que presto, al primero paso, tuvo mi amor un estorbo! Que presto, el Cielo indignado, puso en un lícito amor gusto, azares, y embarazos. Yo tomaré la venganza de su proceder tirano.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Qué triste melancolía te suspende, y apasiona, dejando mustió el clavel, y amancillada la rosa? No sé Matilde, que el pecho. su mismo pesar ignora; la soledad para un tiste, si no es alivio, es lisonia, cuando no halla otro consuelo, que naufragar en las olas del mar de su sentimiento. Déjame Marilde sola, y me avisarás al punto que ese festín se disponga, pues aunque me falta el gusto, es a mi grandeza propria el atención de asistirle. Ya te obedezco señora: notable melancolía. su desazón ocasiona Amor, bastale a mi pecho; poco dije, ya le sobran verdugos en mis pasiones, y en mis afectos la soga. El Duque, ingrato, me ofende, al paso que mariposa, de otra más humilde luz los peligros enamora. Yo le quise, tú lo sabes, pues con acción rigurosa, al tiro de tus violencias hicistes mi pecho Troya. Correspondiome primero, siendo su pasión traidora. leve pluma que se mueve a cualquier viento que sopla. Fue a cázar en ese monte, primera estación que dora el Sol en brazos del Alba, cuando ella disipa aljófar. Vio a Isbella, vencio también aquella fe decorosa que me tuvo, para dar a nuevo amor la victoria. Pudo blasonar de César, mas con alabanza impropria, que aquel cobro inmortal fama, y este mi desprecio cobra. A la venganza conjuro la venenosa ponzoña. de mis celos; áspid soy, que pisado, incendios brota. La vida me dio Alexandro, cuando en brazos de la sombra de mi muerte despeñada bajaba entre peñas toscas. Supo el Duque mi ventura, y de mi suerte piadosa no mostró placer alguno; y si a buena luz se nota, quizá sintió que no fuesen el túmulo aquellas rocas. del ocaso de mi vida, para gozar de esa forma, como inmediato heredero; absoluto, la Corona de Milan, que sin mi mano. mal asegurada goza. Pues Alejandro lla de ser instrumento a mis congojas, para tomar la venganza A él me inclino no sé si es esta pasión amorosa, o agradecimiento: Al fin, aunque sus padres ignora en premisias de su aliento, nobleza heredada informa. Y cuando noble no sea, que mayor ejecutoria, que su gala, y su valor, que sus proezas heroicas, y deberle yo la vida, que en mí es la mayor de todas? Amor, yo parto resuelta, mujer soy, y me provocan los celos por una parte, obligaciones por otra. Desde hoy al Daque aborrezco, desde hoy Alejandro toma en los imperios del alma la posesión que el malogra. Para mi venganza, calga la venda a mis plantas rota, que no ha de ser ciego quien a la venganza se arroja. La vista ha de tenerclara, la piedad ha de estar sorda, que visto el agravio incita, y el oído tal vez le abona. No es famoso este vestido que me dieron? no dirán, cuando me vean tan galán, que yo muy agradecido? Coigo Narciso calle. Ya sé yo que si quijera, que muy géntil hombre juera; mas ahora no tengo talle: dicen buenos interpretes, que puedo ser con el pie enamorado. . Por qué? Por tener muchos juanetes, y que a las mil maravillas tenga yo está gala eterna, muy seguida por la pierna, sin que haga pantorrillas. Quién te dio el vestido entero? Mi amo me do este vestido, que me ha hecho su valido, después que ya es privadero del Duco. . Le favorece con su gracia? . Esa es malicia, que el favor es de josticia, pus mi amo lo merece; s. pero que mósica es esta? Cumple nuestro Duque años, y con festejos extraños solemnizan esta fiesta. El cumprir años no es tener el Duco uno más? En el mismo punto das. Pus festejo es descortés estar de praceres llenos, que no es bien la fiesta juese a que un año más tuviese, sino a tener uno menos. Si considerar se sabe, menos de vida le tiene. De esa forma, el pracer viene de que su vida se acabe. Un festín quieren hacer, y ya salen a cantar los músicos. . Me han de dar los mósicos que entender, porque en su contralto, y bajo, dulce quiebro, y sospendido, como so mal entendido, vengo a ser el contrabajo. , i Cortesanos de Milan haced regocijos fieles, que cumple años nuestro Duque, y es hoy día de placeres: Celobrad en los años que adquiere con saraos, y testines alegres, que viva, que Reine, coronado de triunfos, y laureles. O quién fuese tan dichoso, . que con Rosaura saliese a danzaa! pero qué digo? Amor, el vuelo suspende, que baja desvanecida la nuve que al Sol se atreve. Quien danzase con Isbella, . para darle brevemente a entender un amor ciego, que con los ojos entiende! De varios colores vengo prevenida, y el que acierte Alejandro en su elección le daré, que bien merece, por su talle, que sea yo quien le quepa en esta suerte, porque le debo la vida, y también porque me vengue de los agravios del Duque, pues con Isbella me ofende. Si danzase con Isbella, seria feliz dos veces; una, en tocar en su mano mucho incendio en copo breve; otra, que aún entre mudanzas, firme, y constante me viese. Encantos de amor, o celos, teneos, no me deis la muerte, asojad a mi garganta los apretados cordeles, y no pase una sospecha por argumento evidente: Pero qué digo, ay de mí! cuando veo que se atienden Isbella, y el Duque tanto, y que mudos, y elo cuentes como son lenguas de el alma, sus ojos se hablan, y entienden. HElijan los caballeros los colores que quisieren, y cada uno a danzar saque la dama que el suyo tiene. El color verde es el mío, Yo le tengo, y es decente obedecer a su Alteza Ahora sodá el Duco un verde. Muestras de esperanza son el color verde, con que dllaciones el amor divierte. Dice bien, que a mi esperanza mi vida el aliento debe; y a no tenerla, me dieran las dilaciones la muerte. Yo, señor, ni os desespero, en cuanto lícito fuere, ni permito que mi honor viles términos afrenten. Qué costosa es la esperanza entre dos tan diferentes, cuando tiene condiciones, que en parte la desesperen! Yo, que amando un imposible tan constante adoro siempre, que ni espero los favores, ni me acobardan desdenes, el color anteado pido. Yo le tengo, ya no espere infortunios mi deseo. Qué es lo que dices? detente. Que tengo el color anteado. Ese color es mío. . Advierte. No hay que advertirme. . Repara: que tan presto se me trueque . a desgracia mi ventura! Qué es lo que dices? . Erreme, gran señora, en el color perdona que me atreviede, due no es el anteado mío: orapaz aleve, porqué séñalas el gusto, si en pesares le conviertes? Esta vino prevenida como yo, y no ha de valerle, que es traidora quien se opone al gusto que ajeno siente. Qué competencia es aquella? . sin duda Matilde quiere a Alexandro, que es brioso, y danzar con él pretende. El color anteado, firmezas contiene, que amor verdadero en constante siempre. Amor deten los rigores, miaque el pecho me enciendes, en vez de apagar la llama enn cinco arpones de nieve. Desbabéis querer vos tan firme como del color se infiere? Adoro sin esperanzas, que es el amor más veemente. Tenéis dama rigurosa? Ese nombre no merece. Pues cómo desesperáis: Temo a mi contraria suerte. Si no estáis en su desgracia, que es lo que vuestro amor teme, cuando eso pudo alentaros? Ser los dos tan diferentes, que no merezco su agrado. Amor imposibles vence. que vence amor imposibles, es verdad, todo lo puede amor, mas yo desespero de que mi pasión remedio, Porque de mí no se note menos placer que conviene a lo celebre del día, pedir color es decente. Yo tengo celos, y amor unidos tan igualmente, que todo el amor es celos, y amor los celos parecen; el azulceleste pido. Yo le tengo, aunque me pese. . danzaré con este necio, porque asegurada quede Rosaura de la sospecha del color antecedente. Amor, no es amor, si celos no tiene, que es color de cielo el azul celeste. Vos, Carlos, estáis celoso? Y ofendido, si se debe llamar ofensa, que otro ame lo que a mí me tiene incapaz de arrepentido, y condenado a que pene. Fundáis en razón la queja. Poco ha venido a valerme, que es poderoso el contrario, y lleva lo mejor siempre. Tu tormento, y mi tormento, un mismo infierno padecen. Ya, gran señor, la Ciudad llena de fuegos parece, que no hecha menos el Sol, según la sombra desmienten de tanta encendida antorcha los números refulgentes; y para dar la carrera, espera que estés presente. Demos fin a este sarao, para que otra fiesta empiece: Amor, no aumentes la llama dificultades no aumentes, que es de Tántalo ventura, tener bien, y no tenerle. Que me quiten que yo dance con Minguilla? oh fiera suerte! pues ganaba por su mano. la ocasión, horro el copete. Lo peor que hallo en el sarao ha sido, que no tuviese ocasión de hacer mudanzas, que es lo que una mujer siente. Ello pus ahora me quitan ser danzarín brevemente, dándole vueltas a Menga lo he de ser; porque conviene, para que no haga mudanzas, que sea yo el que la voltee. Amor, ya empiezo a vengarme, ordénalo tu desuerte, que se logre mi cariño, sin que mi rigor se temple. Bueno ha quedado mi amor, pues hace que me avergüence, y por una color firme, colores el rostro alteren. Celos, volcanes, o furias, dadme de una vez la muerte, no me perdonéis la vida, si vive quien celos tiene. Cantad alegres, en tanto. que al balcón su Alteza llegue. Cortesanos de Milan. haced,. Amor atrevido, y loco, el curso altivo suspende, que baja desvanecido quien a tanto Sol se atreve. Si en alas de blanda cera escalar el Cielo quieres, Íearo sirva de ejemplo, para que en él escarmientes. No con esperanzas vanas, y presumeciones aleves. tú mismo te desvanezcas, huye lo propio que temes. Repara, que es la osadía bárbaro arrojo imprudente, donde no hay seguridad, si el peligro no la tiene. Rosaura es mucho imposible, temeridades emprendes, deja ese loco delirio, tus mismos impulsos vence. Pues aunque altivo mi pecho heroicos alientos muestre, yo no sé con evidencia. si fue noble mi progenie. Y no importa que la vida su hermosura te debiese, si la suerte de servirla. es para ti mayor suerte. Siendo prima del Gran Duque como a su beldad te atreves, si a tus locos debaneos trágicos fines previenes? O muere de lo que vives, o vive de lo que mueres: si él con ella ha de casarse, para que su estado herede, porque sin su blanca mano. derecho a Milan no tiene, qué présume tu soberbia? que intentas, o que pretendes, cuando a tantos imposibles te opones? mas o crueles. discursos! no me quitéis la esperanza, pues atiendo. en el clavel de sus labios, que amor imposibles vence. Pero esta es vana esperanza, esta es voz que comunmente: se dice a quien desespera, porque así no desespere. Tu debes huir el peligro, retraerte en ti mismo debes, y considerado el riesgo, deten el curso, y advierte. Si eres gusano de seda, que tú misma tumba tejes, no enamores los peligros, cual mariposa mocente. Volver al riesgo la espalda, donde solo es evidente la perdida, es del caudillo mayor lauro que perderse. Primero que te derriben, humilla tus altiveces, que si raudales presumes, precipitada te pierdes. . Dando por causa otro achaque, dejé la fiesta solemne, y vengo a ver si Alejandro en este salón parece. Aquí está, y he de hacer prueba de su ingenio, por si tiene competencias de su gala en él, como se promete. Alejandro? . Gran señora? Cómo os negáis a la fiesta, que hace material apuesta con las luces del Aurora? Porque es mi divertimiento otra luz, cuyo arrebol. hermosa envidia del Sol, alumbra el entendimiento. Es grande vuestra afición? Que os lo diga perdonad, pues negaros la verdad, fuera especie de traición. Amo, pero voy errado, que es más de amor el que tengo, pues holocaustos prevengo al imán de mi cuidado. Adoro su luz hermosa; ahora dije mi afición, porque darle adoración es la fe más decorosa. No fue en vano mi recelo: si apenas a él me inclino, cuando es de otra su destino, para que me inclina el cielo? Quién os merece ese amor? La hermosura más perfecta, que fue bella, y fue discreta. Es Matilde? . Superior a Matilde su hermosura, ni Venus hermosa iguala su donaite con su gala. Es Lisida por ventura, Filis, o Atandra? . No es de las tres ninguna de ellas, que son de su Sol estrellas a su vista todas ties. Ya no puede el sufrimiento . tolerar estos enojos, que incita ver a los ojos la causa de mi tormento. Como no ve vuestra Alteza de los fuegos la alegría, haciendo la noche día con el Sol de su belleza? Quién os mete a vos en eso? Yo señora. Idos de aquí. Bastaba importarme a mí para tener mal suceso. No ha de lograr su osadía estorbarme la ocasión. Cuanto arrastra una pasión dirá mi necia porfía: señora. Di; a qué volviste? Preguntó el Duque por ti. Si vuelve a preguntar, di, que no sabes. . Dolor triste padece quien ve gozar de otro sujeto el que adora, y más triste cuando ignora como lo ha de remediar. No me diréis la hermosura que os merece esa fineza? Si os dijera su belleza, castigaráis mi locura. Cómo así? . Porque sois vos, y ella en todo tan iguales, que deciros yo mis males, fuera ofensa de las dos. Si la que adoro os dijera mi atrevido pensamiento, su bárbaro atrevimiento vuestra beldad ofendiera. No diré a quien tengo amor, que fuera necia osadía, por una locura mía, motivar vuestro rigor. Si le aprieto más, infiero, que se declara su llama, y no he de oír que me ama gustosa, si bien le quiero: Que será fuerza enojarme por mi decoro con él, pues aunque le busco fiel, es acierto recatarme. Que una mujer de mi igual, bien puede amar sin bajeza, mas atenta a su grandeza, debe recatar su mal. Yo solícito premiar al descuido su cuidado. que es muy digno enamorado quien sufre, y sabe callar. Desvaneceros podéis, que sois de amantes ejemplo, y es de amor vuestra fineza, política de otro tiempo. Muy cruelandará con vos esa dama, si sabiendo lo que merecéis, no paga ese generoso afecto Mirad que se os ha caído. Adónde vais? deteneos. Esta banda se os cayó. Ya os he dicho, que no intento permitir que me sigáis. Señora solo pretendo. Haced lo que os digo, y baste, no deis premisias de necio. . Cielos, qué quiso decirme? creeré mi ventura? cielos, me favorece la Infanta, o yo sus favores sueño? Si fue descuido caerse la banda que yo poseo: cómo, si se lo adverti, no hizo reparo en ello? Si quiso favorecerme, no fuera mejor acuerdo darme el favor declarado, fiara más de su pecho? Pero es muy discreta, y quiso galardonar mis deseos de forma, que no le deja lugar al atrevimiento. Y cuando fuera descuido, que mayor ventura espero, si logra mi fe gozar prendas que tan suyas fueron? Ya quedó Alejandro solo, y he de hablarle; mas que veo! una banda de Rosaura tiene en las manos; yo intento un delitio, pero soy mujer que ama, y tengo celos, la banda le he de quitar: Quién os dio a vos el trofeo de otra victoria mayor? Hallémela en ese suelo. Pues advertid que Rosaura, es de aquesa banda dueño. Yo la volveré a sus manos. Dádmela amí, que os prometo restituirla. . Yo también os aseguro lo mismo: no dársela me conviene, que es profanar el respeto de Rosaura. . De esta suerte he de salir con mi intento. Qué hacéis? . qué alcance la fuerza lo que no ha podido el ruego. Qué es esto, Alejandro? vos con las damas descompuesto, y vos Matilde con él, que os obliga a tal exceso? Yo, señora, callaré, si dais licencia para ello, que en oprobio de las damas no ha de hablar un hombre cuerdo. Yo te diré la ocasión. De ti no quiero saberlo por no darte aqueste gusto, decidla vos. . Obedezco, porque ya no es acción mía, sino deuda del precepto: quiso Matilde quitarme esta banda. . Ya está bueno. Porque dijo que sabia cuya era. . Deteneos. Para volverla. . Ya he dicho, que basta el advertimiento, y pudierais excusar ser con las damas grosero: no os acontezca otra vez igual acaecimiento, ni os pongáis en ocasión que os obligue a tal exceso, porque sabre castigatos la osadía, que severo . me riñe amor en el alma lo mismo que le reprendo, Señora, si yo. . Callad, que bien pudierais atento, cuando os diyo que era mía la banda, dársela luego, ya quitársela es preciso: por no darle de mi fuego sospecha a Matilde, aunque por Alejandro lo siento, restituídmela pues. Humilde a esos pies la vuelvo vuel ya se revoco mi suerte, infelice soy de nuevo. Y vos, aunque os importara el gusto, que es lo de menos donde el recato es lo más, por vuestro mismo respeto debieráis tener modestia, no dando causa que ciego se os atreviese Alexandro. Si lo hice fue el intento. Callad, no me deis disculpa. Mío fue, señora, al yerto, que Matilde. . No os pongáis de parte suya, idos luego de mi presencia los dos. Ley es en mi obedeceros: amor, no se lo qué infiera, entre confianza, y miedo de el enojo de Rosaura, solo sé, que dudo, y temo? Yo he venido a ser el blanco de las iras, y desprecios, volviéndose contra mí las trazas de mi desvelo. Gustosa, y apesarada, (si caben en un sujeto juntos el gusto, y pesar) me deja el pasado encuentro gustosa, porque en Matilde vengué parte de mis celos, apesarada, porque fue Alejandro descontento de haberle reñido airada, cuando premiar su acción debo, mas no faltará ocasión, en que mayores aumentos de agasajo remuneren esta deuda en que me ha puesto. . Alejandro, a quien hecho tiene mi amor archino de mi pecho, que sus partes, Cangrejo, han merecido le hiciese mi valido, no ha sido poco que salir lograse, sin que siempre leal me acompañase. Que, señor, te desvela? En vela, desvelada centinela soy de amor, pues después haber ha blado, por esta reja a Isbella, en mi cuidado, algunas noches que dichoso he sido, licitamente aquí favorecido, hoy lauros me preveniene más propicio el amor, porque me tiene asegurado Isbella, que he de entrar esta noche a gozar de ella. Di por dónde has de entrar? . Ese postigo ha de ser de mis dichas el testigo, por donde su belleza dará el salvo conduto a mi fineza. No fuera bien esa ventura cierta, que ha gozarla te entrases por la puerta de su cuarto, de el tuyo tan vecino: Es el más peligroso, ese camino que pasa al de Rosaura, y fuera injusto, que viéndome, estorbase nuestro gusto: la seña quiero hacer. . Hazla en buen hor a, será esa reja oriente del Autora, . cuando la hermosa Isbella, salga a dorar sus hierros con luz bella. Ya parece que abrieron la ventana. Es el Duque? . Sí, Isbella soberana, yo soy, y quien espera de tu rostro, en la hermoso Primaveta, ver en sus flores bellas. difuso el Sol, copiadas las estrellas. Ya juzgaba que el tiempo caminaba con pies de plomo, viendo que tardaba el tiempo en que gozosa llego a veros. Si me debéis lo mismo; que ha deberos. llega mi amor, y en un sentir estamos, lo mismo que debemos nos pagamos. Desvelada se entrega la inquietud de un amor que no sosiega, tan de el todo al afecto que le induce, que en los desvelos el cuidado luce. En esta parte la divina Isbella su cuarto tiene: o si pudiese bella en esta reja, que de el Sol esfera, suele hacer su hermosura lisonjera! Gente parece que pasa. Dices bien; yo me retiro; mientras que desocupada. queda la calle. Yo juzgo que han abierto la ventana, y llego a ver si es Isbella, por si logra mi esperanza: tener un rato de alinio, encareciendo mis ansias: es Isbella? . Luego al punto que esté desembarazada esta estancia os abriré; Qué es amor lo que me pasa? que es lo que oigos luego al punto que esé desembarazada. esta estancia os abrirés. no dijo verdad: es clara, yo lo escuché de sus labios alguno ventura tanta mereció, y ella por él. me tuvo; y pues que baraja aquesta ocasión la suerte, a su disignio contraria, y para mi favorable; he de esperar a que abra, y he de fingir que soy yo el galán que ella esperaba, por si con aqueste engaño. el incendio que me abrasa. mereciese los favores. que para otro se guardaban. Señor. . Congrejo, qué dices? Aquel hombre, que pasaba. se ha parado. . Dices bien, debajo de la ventana. de Isbella está, que pretende: tengo de saber, aguarda en el postigo, y si Isbella saliere; mientras la espalda vuelve, o conozco quien es, di que espere. . Cuanto mandas; obedece mi lealtad. Caballero. . Quién me llama; Quién pretende, que digáis, quien sois, o qué, en esta estancia buscáis? . La resolución alabo, que es extremada. Acabad, decid quien sois, que me ofende la tardanza. Este es el galán, sin duda, que Isbella esperando estaba, y pues me hallo en ocasión que pueda tomar venganza de mis celos, y estorbar que entre a verla, o a gozarla, he de castigar en él su osadía, y mi desgracia. No respondéis? . Ya respondo a esa bárbara arrogancia con el acero. . Con él sabrá mi osadia bizarra, cuanto mi valor propuso. . Ellos riñen, pena brava! iré a darfavor al Duque? pero a mí quien me lo manda, que tiene muchos reveses el reñir, y desca abran al que no es de la pendencia, porque del duelo se haga? Fuego de Dios, esto es malo, aquí hay, señor, cochilladas. Yo tengo de conoceros, vuestra resistencia es vana. Aquella voz es de el Duque, favorezcamos su causa. Si es en despensa de el Duco, haré infinitas coladas. Al Duque, con unos hombres vi reñir, o fieras ansias! quién es? . Cangrejo, señora. Damenca esa vil espada. Cómo la espada, me quitas? Quédate cobarde, y calla, que te quitaré la vida. Doy por bien que no lo hagas, y escurro. . Cuál será de estos el Duque, pena tirana! Traidores, contra el gran Duque osais esgrimir las armas? Ah traidores, de mi nombre os valéis? . Este que habla es el Duque, en su defensa me pongo, el amor me valga. Aquella voz es del Duque. O lo que la sombra engaña, sígueme Bras. . Ya te sigo. Ya es fuerza volver la espada, para no ser conocido en desdoro de mi fama. A su lado vuesira Alteza tiene quien su vida ampara. Este es mi hermano, perdida soy si me ve por desgracia. Esperad, no huyáis traidores. Deteneos, señor, que basta, para daros la victoria, que hayan vuelto las espaldas. Isbella, mi bien, señora, vos aquí? fineza rara! Mirad, señor, que mi hermano, Ya te entiedo, mi bien, calla, y ponte a mi espalda, en tanto que le ordeno que se vaya. Yo llegué, señor, a tiempo que vos al contrario hablabáis, y le di favor a él, entendiendo que os le daba: volvisteis a hablar después, conocida mi ignorancia, pase a vuestro lado, y y que de su temor en alas huyó el traidor, permitid, señor, que en su busca vaya, para que dándole muerte, de el engaño, se deshagan las nieblas que a mi lealtad sacrilegamente empañan. El mismo da la ocasión, ve, y no vuelvas hasta que hayas conocídole, que importa Recibelos con el alma. d . que así Alejandro lo hagas. Si le sepulta el abismo sabré, señor, quien te agravia. . Yo le corto las narices, que así quiero ganarfama de valiente, pues aquesta será valeatia loñada. Belona gallarda, y bella, hermosa, y divina Palas, dame tus invictos brazos. Si este favor, Isbella, soberana, hubierra de pagar mi fe constante, poco era ser de todo el Orbe Atlante, tindiéndole a tu pie su pompa vana. Poco el humor que de su vena cana, precioso el Porosi guarda flamante: poco amor te mostrara el pecho amante, si yo no te adorase por Diana. Poco fuera quitarme amor el juicio, padeciendo por ti mortales calmas, poco fuera ofrecerte en sacrificio conforme a mis deseos vidas, y almas: todo es poco, pues este beneficio merece. Isbella hermosa, eternas palmas. Sí me hiziese mi estrella soberana? dueño de el mundo, en vuestro amor constante, os hiciera, señor de todo Arlante, quedando de rendirle a esos pies vana. Si de el soberbio mar la espuma cana me ofreciera el tesoro, que flamante guarda en sus conchas, os le diera amante, y os diera adoración si fuera Diana. El perderla por vos, fuera mi juicio, no padecer por vos mortales calmas: y mi gloria, señor, en sacrificio. de todos consagraros vidas y almas; a vuestras partes corto beneficio, porque vos merecéis gloriosas palmas y la vuestra será ingrata. En ingenio, y en valor Inmortal en mis deseos, me vence tu fe gallarda. Vuestra será siendo eterna, que tus partes idolatran, Que ventura a mi ventura llegará? . Que dicha iguala, después de tantos naufragios, una segura bonanza?

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Marqués, pedid, o mandad, que por ayo, y por maestro, todo este favor que os muestro, le debo a vuestra lealtad. Vos ensalzáis la humildad, imitando al mismo Dios, porque distando los dos, lo que hay de el Rey al vasallo, con ese favor me hallo en la altura que estáis vos. Decid, pues, lo que queréis? Invicto, señor, ya sabes, que tu tío Segismundo, de aquesta Corona Arlante, murió sin hijos, pasando de aqueste Reino inconstante al cielo, imperio de luces, adonde astros luminares, o ciñen su altiva frente, o son de su pie homenaje. De dos hermanos que tuvo por sucesores quedasteis, tú, y la divina Rosaura, bel la hermosura de Dafne. Fue de el hermano segundo, hija, Rosaura, y tu padre, de los tres era el menor: y porque a ti más te amase, Segismundo, hizo que tú en Milan te coronases, siendo inmediata heredera, Rosaura, y para excusarte las diferencias que hubiera sobre esta Corona, si antes no se diese alguna forma, que la paz asegurase. Dispuso, que sus estados, tú, gran señor, heredases, con pensión de que a Rosaura dieses la mano (si es fácil resolver, que sea pensión el ser esposo de un Ángel.) Obedecible Rosaura, y tú, señor, le acetaste, y con esa condición te obedecieron leales tus vasallos, con pretejto de que si no te casares con tu prima, serás tú desposeido, y al instante coronada por Duquesa Rosaura; y hoy desiguales, piden todos que se cumpla tu obediencia: este es el trance de mi pretensión: agora, señor, vuelvo a suplicarte, que mires por el Imperio tuyo, y conserves las paces, entre tus leales vasallos, y entre lo más, que es tu sangre. A buen tiempo con Rosaura, . pretende Milan casarme, cuando ya gozada isbella, quiere el amor que me canse. Roberto, Marqués, amigo, parece que me mirastes en el cristal de los ojos de el alma impreso el caracter. A Rosaura, tierno adoro, y solo viene a pesarme, que hacerla de Milan dueño, sea por decreto inviolable. Si en los imperios de el alma tienen sus divinas partes, la sujeción voluntaria, que no reconoce a nadien Es malograr mi fineza, y deslucirme lo amante, hacer por obligación, lo que hiciera sin forzarme. Qué oigo! señor, y Isbella? tan aprisa te mudastes? Quien tuvo amor a ninguna, después de gozada? . Válgame. Dios, y cuanta ligereza consigo los hombres traen: ellos cuando quieren bien, lloran, y gimen amantes, y en gozando a una mujer, hacen quiebra, y se retraen, Oyendo que llegó el plazo, . en que el Duque ha de casarse: con Rosaura, mi esperanza tumba de mis penas hace. Casado el Duque, me queda. mas desahogo para que ame. a Isbella por quien suspira mi pecho, si no es que fácil Gale ame, pues a no che; pero más vale olvidarme de penas, que en la memoria. son rigurosos puñales. Señor, ya que vuestra Alteza. magnánimo, satisface, las deudas de el ser quien es; decrete cuanto gustare que se hagan las prevenciones para el consorcio . Esta tarde logre mi amor esa dicha. Acaba, di más pesares, no me des la muerte a pausas, acaba ya de matarme. la Marqués, a lo que os digo, Vos Alejandro. . Mandadme, gran señor, que mi oneviencia. nuentras el vivir durare, sacrificará el deseo a vuestras plantas Reales. ̱. Yo vuestro deseo estimo, y así pretendo pagarle. No hay más premio que serviros, que a los vasallos leales. premia un Rey, cuando los manda: o amor! oh tormentos graves! . Mi embajador quiero haceros. O si pretende ausentarme! . para que yo esté tan lejos, cuando su Arteza se case, que no me alcance su vista, ya que la pena me alcance. Ya visteis lo que ha pasado? Plugiese a Dios que cegase, . o ensordeciese primero. Pues Alejandro, al instante diréis a Rosaura bella. Muera yo antes de escucharle, . agora, agora, desdichas. agora, agora, pelares? Como ya de nuestras bodas llegó el plezo. . Iré a llevarle . yo las nuevas de mi muerte, si mi dolor me dejare. Yo aseguro las albricias. Yyo, señor, que me maten, mis congojas pero es falsa protesta, que penetrantes mis dolores, porque muera de muchas veces caslaber; siempre, y siempre con aliento, para padecer más males; ni bien; me dejarán vivo, ni bien, sabrán acabarme. Aa señor, qué te sospende? ̱. Ay desdichados amantes, cuantas aozobras tenéis de amor en los dulces mares! Infelices de vosotros! mas como el discurso errante se lástima de el ajeno, cuando el mal propio le abate; pero aquesta es la ocasión que tiene de lastimarse, porque solo el que padece. se lástima de otros males. Ha, señor, qué te embelesa? hubo simpreza más grande? él se ha vuelto alguna estanta, pus que no muda el sembrante. Amor, si eres Dios piadoso, acredita tus piedades, permitiendo que mis penas mi vida infelice acaben. Ay, señores, ya le lloro, si es de mármol, o es de jaspe. No de tiranos blasones, que desmiente las deidades, el rigor ejecutado en quien tan humilde yace. Haseñor! el no se mueve, ni da razón de escucharme, que en esto de piedras hay una dureza notable: oye, Alejandro, señor? Quién me llama? Agora sales con eso? Bras, que ha dos horas que gasta voces en balde. Ay, Bras! hay amigo! ay cielos! matadme penas matadme! Qué te desespera? eres logreto? quieres ahorcarte porque ha sido el año bueno? que hay en el mundo linaje de hombres, que su codicia con tal ceguedad los trae, que sienten de el bien ajeno tan mal, que suelen ahorcarse, qué sientes? . No se que siento, respira el pecho volcanes, etnas el aliento exhala, incendios vibra el coraje. Yo quiero darte un consejo: mira, señor, si te ahorcares, haz por escurrir el lazo. Qué mi dolor no me mate? no hay un rayo para un triste, a quien la muerte negarse ha sido porque su vida mayores penas combaten? Cuando te veas en aprieto, no hay para que congojarte, que si mueres can ahogos, también has de morir martir. Cielos, qué pierdo a Rosaura! ya no hay quien mi vida guarde, ni habrá mal que no me espere, si me habéis quitado el Ángel. Forzoso es que en los peligros de el golfo de entrambos mares, zozobre sin el piloto de la esperanza inconstante; y a las velas de el aliento, a su veldad aspirantes, aferró el fiel desengaño, luz de aquestas tempestades. De las anclas de el deseo, en quien se afianzó la nave, cortó la desconfianza los fortalecidos cables: El timón de el sufrimiento faltó al dolor penetrante, que sin norte, y sin abuja, no hay seguro gobernarle. Ya de la quilla al bauples, sumergido en los cristales de el piélago de su llanto, fúsiles el amor hace: Que se anega, que arde mi ruego en las aguas, mii pecho en volcanes. El ha deperder el juicio, según dice disparates, pero no le perderá, pues consigo no le trae. Bello parto de la espuma, del Occeano fue Venus, porque al nacer de la nieve no hay a quien resista el fuego. Que aún duran en ti, señora; pesar, y desabrimiento? que estando cerca de el gusto, estén de el gusto tan lejos? pues la ceguedad antigua secrificaba en un templo la alegría, y la tristeza: porque van en seguimiento una de otra, y cuando alguna impera en algún objeo, queda esperando la otra que le desocupe el puesto, para poscer apenas, lo que apenas le ha depuesto; pero como me lastimo, de su pesar, cuando tengo celos que el pecho me abrasan, y ella es causa de mis celos? Mas no ha de caber el odio en un generoso pecho, que es faltar a la nobleza no ser nobles los afectos; pero es villano el amor, y atropellando respetos, ni como deidad se atiende, ni mira otra cosa más que su provecho No nos dirás la ocasión de aquese pesar, que siendo tan pesado, y tan prolijo, no ha parecido muy necios porque se halla también contigo, que en ser molesto es el pesar de buen gusto, pues no te deja un momento. Yo misma dudo la causa de este dolor que padezco, y no sé más de mi pena, que ignora el sentido lo mismo que siento. Idos todas, y dejadme, que la soledad es centro, y remedio de un doliente, cuando no hay otro remedio; idos vosotros también, y variando tonos nuevos, de rato en rato cantad en ese salón primero, adonde yo pueda oír la voz de los instrumentos, que si no es de un triste alibio, suspende su llanto los sonoros ecos, Ya, como es deuda en nosotros, puntuales te obedecemos. Id repitiendo esa letra que entrastéis aquí diciendo. olvidó al Duque mi fe, por ingrato a mi fineza, vi entonces la gentileza de Alejandro y le adoré: agradecimiento fue antes, después amor ciego, que el olvido engendró luego esta pasión que me mueve. Porque al nacer de la nieve no haya quien resista el fuego. Aquí está Rosaura hermosa, hubo en el mundo pesares como ver para perderla una hermosura que seame! Alejandro. Gran señora. De qué te turbas? qué traes? Traigo, señora, mas tengo anudado para ahogarme un cordel en la garganta, la lengua inmudece inhábil, que es mucho el dolor cuando ella para remediar sus males, no se atreve a pronunciarle. Qué me dices? es posible que así tu valor desmaye? sin duda es grande la pena . que traliyo quiero alentarle a que me dé parte de ella, pues me cabrá tanta parte: Dime, Alejandro, qué sientes? acaba ya de matarme. Luego vos os lastimáis de mis dolores mortales? Sí. Alejandro, pero son de prójimo estás piedades. No es el deberos las poco. Decid ya. . Pues escuchadme. Aquí mi hermano, y Rosaura están, yo quiero escucharles. Digo, señora; que el Duque, en himenco suave quiere que vuestros dos pechos de amor la coyunda enlazen. Tente, Alejandro; qué dices? hubo más internos males! casarse el Duque pretende conmigo? mas que es casarse. . primero seré despojos, de la parca inejorable. Cielos, que es lo que he escuchado! hay dolor más penetrante! después que me gozó el Duque, pretende ingrato burlarme? de ira, y de enojo ciega, respira el pecho volcanes: voy, pues, a disponer como de sus traiciones vengarme. . . Qué rigor! ̱. Qué ansias fatales! Yo, Rosaura, he de perderos, ya es preciso que me maten: pero sonorosos ecos inquietan, señora, el aire. Quien adora un imposible, o ha de morir sin remedio, o de el remio olvidarse. En vos amé un imposible, porque el Duque ha de casarse con vos, yo no he merecido, por más que ciego idolatre vuestra beldad, que mi amor a tanto imposible allane: a morir me detérmino, que basta pera matarme ser mi dolor sin remedio. pues como agora escuchasteis. Quien adora un imposible, para remediar sus males, o ha de morir sin remedio, o de el remedio olvidarse; y así me daréis licencia, que a las mudas soledades, en las sombras de mi muerte, vaya tropezando amante porque no es justo, señora, ver a los ojos gozarse de otro el bien que se pierde. Que bien el pecho cobarde presumia estos enojos! Qué decís? . Ea matadme congojas que no te vayas: mas que digo, si ausentarte gustas, vete norabuena: 4oe o rigurosos puñales, . de mis penas! . Pues señora, quedad con Dios. . Él te guarde. pero Alejandro? . Que manda vuestra Alteza? . No te partes? Ya me voy. . Pues vete al punto. Por no dividir las almas, Píramo, y Tisbe constantes, con una temporal muerte, a fama eterna renacen. Y yo me ausento aunque muera. Y yo le dejo ausentarse, llamarele aunque se ofenda mi decoro. . Aunque se ultraje mi valor, no he de partirme. Esto es amar, y es premiarle? Alejandro? . Gran señora. Cómo vuelves? . Me llamasteis? No, Alexandro. . A eso volvía, quedad con Dios. . El os guarde, que contra mí le despido! hubo más tropel de males? . Hubo mayores tormentos? A. Pero al encuentro me sale, . mi afecto con un aviso, que a detenerle bastante a, mientras que mi amor, es ejemplo a las edades: Alexandro. A. Gran señora. Mira que antes de ausentarte te has de despedir de el Duque. Es atención de mi sangre, y no he de faltar a ella. Ve con Dios. . Largas edades próspere tu vida el cielo, y muera quien supo amarte. . Mientras va de Filiberto Alejandro a despedirse, de el golfo en que combatirse ve mi amor, buscará el puerto: yo he de obrar un desacierto, yo he de hacer un desvarío, en que luzga el amor mío, que no es justo dar mi mano a un enemigo tirano, apesar de mi hauledrío. Dios que tiene potestad absoluta sobre todo, no se vio de ningún modo que fuerce la voluntad; que razón, o pariedad puede haber determinada, para que sea forzada esposa del que aborrezco? ninguna, y así me ofrezco serlo, de el que más me agrada: Qué ley? qué razón de estado podrá más que la razón, de seguir la inclinación a que me redujo el ado? puedo negarme al cuidado de un amor envejecido? por tantas causas debido, a quien la vida me dio? no he de poder, porque yo soy de el que me ha merecido; hoy Alejandro mi amor ha de ver, y Filiberto de su loco desacierto 1IE el castigo en mi rigor, si aventurase el valor de la vida; y el estado, será Alejandro premiado, será el Duque aborrecido, que este mereció mi olvido, y aquel mereció mi agrado. . Que fuviera el sufrimiento paciencia para escuchar mi agravio, y que no saliese a quejarse de su mal? pero no es la culpa suya, porque son de calidad los pesares, que al oírlos turban la razón capaz: que me desprecie alevoso, habiendo gozado ya mi hermosura? vive el cielo, que es de masiada crueldad, que mostrándose tan fino, pudiese a mi amor faltar! pero que mucho si es hombre, y es propia la falsedad en los hombres, porque todos son finos para engañar? Ya estoy sin honra (qué pena!) ya estoy afrentada, ya pago un delito de amor con tanta riguridad, que es el castigo de muerte, siendo la culpa venial. Ya murió mi presunción, ya se ajó mi vanidad, ya faltó el ser que tenía: pero que digo, no habrá medio, esperanza, o alivio, que me baste a consolar: pudo el cielo entorpecer el oído, a su piedad? Si pudo, que hace mi afrenta mi culpa tan criminal, que no se dora su hierro solamente con llorar, remedios más eficaces pide la herida morral, que no sufre su malicia curarse con suavidad: pues emprenda mi despecho, alguna temeridad que arrolos de el pundonor consigo disculpa traen: ya que me dijo el Marqués como es mi sangra Real; siendo la misma de el Duque, mi honor tengo de cobrar. Sepa el mundo mi desdicha, albororele Milamo y en alterados mutines inquiete su amada paz, dispare rayos el bronce de su fuego material, destronque vidas la muerte haciendo de sangre un mar, oscurézcanse los cielos, y el Sol su dorada faz, que mientras vivo afrentada me ofende la claridad, y tiemblen de una mujer; que está celosa, y está con agravios, ambos polos, y aún es muy poco temblar. . Cantad alegres con sonoro acento, suspended a las aves en el viento, porquea mi dicha suma celebren los Abriles de su pluma, y haciendo acorde salva, a Rosaura saluden como al Alba. Al Adonis más gallardo, y a la más hermosa Venus, anude un lazo suave, en apacible himeneo, aunque descanse el yugo en sus cuellos, aunque descanse no les haga peso, tengan a sus pies, y vinen su cabello, lauros inmortales, y triunfos eternos Señor, porque vuestra Alteza tenga cabal el contento, le quiero dar unas nuevas. Cuáles son? . Escucha atento Tutió el gran Segismundo, tuvo dos Infantes bellos en una principal dama; a los cuales con secreto mandó que yo los criase; porque su esposa sabiendo. que no le guardada fe no se disgustara de ello, y por la misma razón mandó en el vale postrero, que mientras ella viviese. lo callase, porque atento no disgustar a su esposa, pretendió después de muertó, por esta ocasión, señor, lo he callado tanto tiempo: pero habiendo muerto ya la Duquesa en un Convento, lo descubro, para que favorezcas a tus deudos: son Isbella, y Alexandro. Yo Marqués, os agradezco la noticia, no hago tal. Qué es lo que he escuchado cielos? Que habiendo gozado a Isbella, . saber nuestro parentesco me desazona, porque defraudarme a mí no puedo el derecho que mí tío me dio a Milan, con pretejto de casarme con Rosaura, y si de Isbella pretendo, pagando mi obligación, ser esposo, el cetro pierdo; pues quedé isbella burlada, y yo de Rosaura dueño, que el perder una Corona es de grande sentimiento, vos Alejandro. . Señor, a vuestras plantas me ofrezco. Abrazadme como a primo, que desde hoy os prometo honraros como a mi sangre. Yo, señor, a los pies vuestros, agradezco a mi fortuna este blasón; ea deseos alentad las esperanzas, pues la misma sangre tengo de el Sera fin que idolatro; mas que ha de importar aquesto cuando hay el mismo imposible? yo reválido el intento de ausentarme: gran señor, ya que tantas glorias debo a mi estrella, no me haréis una merced? . Yo prometo hacerla, decid cuales? Yo vivo en Milan violento, que algunas melancolías me tienen triste, y suspenso, y quisiera que me dieses licencia, por algún tiempo de ir señor a divertirme al monte, que fue mi centro, donde puede ser mejore. Tan mal se halla el pecho vuestro con mis favores? . Señor, me hacéis más que yo merezco: pero como me he criado en lo esparcido, y ameno. de el campo, vino en la Corte con algún desabrimiento. Dey ad que pasen mis bodas, y os daré licencia luego. Para entonces puede ser que me haya quedado muerto, que mál sale un infelice con el fin de sus deseos! De Rosaura la mano a Filiberto. Calla voz atrevida que me has muerto. La plebe en favor nuestro se conmueve. Bárbara, loca, y atrevida plebe, tu alboroto es en vano, que no es de Filiberto ya mi mano, que es de Alejandro, a quien gozosa el alma la ofrece por trofeos de su palma. Bella Rosaura, hermoso dueño mío, lisonjera prisión de mi albedrío, ya llegó el tiempo en que mi fe constante os paga siempre fina siempre amante, con un alma las deudas, que al deseo ejecutan los fines de su empleo; hoy en unión dichosa, seré yo vuestro esclavo, y vos mi esposa. Y pues tal dicha gano, que he de tener a Venus de mi mano, vuelvan vuestros acentos a suspender los vagarosos vientos. No te verás ingrato en ese gozo, en llanto he de volverte el alborozo, primero que ser tuya el cielo riguroso me destruya. Hoy me previene los triunfos mayores mi rendimiento, coronando de laureles las venturas que paseo; hoy gozo en vuestra hermosura toda mi gloria, pues tengo todo el cielo en mi favor, después que fuisteis mi cielo. En equivocas razones le diré mi sentimiento, mientras que no me declaro, que ha de ser al mejor tiempo. Quien ama deja perdida la vida que antes gozó: muere aquella, y adquirió alientos de nueva vida; deudor es de la adquirida, a quien ama, y pues que sabe mi pecho su deuda grave, hoy la pagara, por Dios, disponiendo que a los dos. Anude un lazo suave. Si en amor correspondido está la gloria del cielo, y ese Turquesado velo, de celos está vestido; no en vano el misterio ha sido, pues a mi dichoso empleo cela por mayor trofeo de este lauro, esta victoria, que tendrá su misma gloria. En apacible himeneo. Quien ha de tener paciencia ap o quien tendrá sufrimiento, para ver el bien que adora en posesión de otro dueño? Dendos, vasallos, y amigos, oídme todos atentos, hoy a Rosaura mi prima, admito en dulce himeneo, por dos razones; la una, por el decreto que observo de Sigismundo mi tío; la otra, porque yo quiero, que donde el amor obliga, no es menester reas decreto: desde hoy es vuestra señora, y en señal de que ha de serlo, besadla todos la mano. Oye, aguarda, Filiberto, y no prosigas. . Qué dices, Isbella? qué desacierto a suspenderme te obliga? tu cines bruñido acero? como te atreves osada. a emprender locos extremos? Dadme atención, y diré la causa de mi despecho. Que ha podido ocasionar . en ella este desacierto? hasta saber la ocasión estoy confuso, y suspenso. Mucho, como la he gozado, . que Isbella declare teno. Duque excelso de Milan, generoso Filiberto, oye mis debidas quejas, y mi justo sentimiento: y vos divina Rosaura, que el nombre trajo el concepto de el Abril de la hermosura, rosa de explendor más bello. Invencibles Milaneses, escuchad todos atentos de una infeliz la tragedia, y movidos vuestros pechos a lástima, y a piedad, favoreced mis intentos, por ser mujer, y tan sola, que vuestro amparo pretendo. El gran Duque de Milan salió a cázar a ese ameno bosque, de fieras albergue, a cuyos opacos senos, o por brújula registra, o no los penetra Febo. Viome, retirada en él, vivir descuidada, siendo ciudadana de los montes, cuya soledad es centro, que solo en ella murmuran los vecinos arroyuelos. Mirome con buenos ojos: mas que recibido yerro es el decir que un amante miró a quien ama con buenos, cuando su amor solicita de sus apetitos ciego, el colmo de sus favores, aunque desluzga el objeto! Trájome a Milan, sirviome tan cortesano, y atento, que pasaron por verdades los que fueron fingimientos, (que en materia de mentir están los hombres tan diestros, que la verdad, y el engaño, no hace diferencia en ellos, ni le atendi cariñosa en los principios, ni menos mi recato melindroso hizo de su amor desprecio, que esto fuera grosería, y liviandad lo primero. Duró su ternura firme, agradecí su deseo: y como son tan vecinos amor, y agradecimiento, que el uno es disposición de el otro, se fue siguiendo empeñarme yo a querer inadvertida de el riesgo: sacando de mi descuido un cuidado, y un desvelo, tan arraigado en el alma, y tan hallado en el pecho, que cuando quise valerme de mi cordura, y consejo, ya no pude lacud ir la sujeciónde su imperio. Esto es prólogo no más, a lo demás del suceso atended todos piadosos, que es adonde ha menesteros mi tragedia compasivos, y mi pundonor atentos. No supe, ay de mí! que el Duque no era legítimo dueño de Milan, ni era Rosaura a quien le tocaba serlo, como sus dos voluntades con la unión del Sacramento se enlazasen; sino que era el traidor Filiberto, dueño de Milan forzoso, y legítimo heredero Diréis nobles Milaneses, que como aspirar mi aliento pudo nacida en los montes, de rústicos procediendo, a ser de un Príncipe esposa, que es de Milan heredero? A qué respondo, que yo, y Alejandro, que estáis viendo, somos es del gran Segismundo, Duque de Milan, que el cielo goza, hijos naturales. Y el tenernos de secreto criando en una Alqueria, fue decoro del severo Duque de Milan, mi padre, que cortés, sabio, y atento, no quiso; no, que Madama su esposa, aqueste secreto supiese, y desazonada hiciese algún desacierto con los dos que una celosa, con poder, rayo es violento: de esta verdad por testigo os doy al Marqués Roberto, y él mismo, que nos condujo al rústico albergue, siendo. nuestro padre de adopción, Albano, ese noble viejo. Con la palabra (qué pena!) de esposo (qué desacierto!) ciega de amores (qué llanto!) le hice, de mi honor dueño. Pero que no alcanzará con una mujer el ruego, cuando la tiene su amor presa en los lazos de Venus, y más escuchando atenta de esposa el nombre alagueño, que es el imán atractivo, que arrastra su pensamiento? Oh mal hubiese mil veces, la que ciega en sus deseos, de ningún hombre se fía, teniendo a la vista ejemplos para escarmentar, y busca en sí misma el escarmiento! Burlose de mí, ya veis con cuanta razón me quejo, pues admite por esposa a Rosaura, no cumpliendo la palabra que interpuso de ser mío; esto supuesto, ya veis mi afrenta, ya veis la infamia con que yo quedo. De mi honor tirano ha sido el Duque, y está resuelto mi brío a recuperar la perdida: para eso de vuestro amparo me valgo contra el mismo señor vuestro. Exorta vuestro valor una mujer: ahora es tiempo de ayudarme, y si no os mueve mi razón, aqueste acero será escándalo de el mundo, terror de Marte sangriento; estrenará en vuestras vidas el rigor, segando cuellos, hasta que encuentre mi orgullo con ese enemigo fiero, y le haga dos mil pedazos, porque al belicoso estruendo le deba lo que perdí en holocaustos de Venus. O muera yo a vuestras iras, porque matando, o muriendo, se lave mi honor con sangre, que es el último remedio, en ocasión que no admite mas dóciles presupuestos. Vos bellísima Rosaura seguid mi razón, supuesto que la tengo, y soy mujer, a quien amparar, por serlo, debéis, porque la piedad es hija de nuestros pechos; y también, porque si el Duque oy os admite halagueño, es su condición tan fácil, su amor de tan poco peso, que os despreciará mañana, como conmigo lo ha hecho. Y vos si tenéis piedad del afrenta que padezco, y si mi valor ablanda vuestro endurecido pecho, mirad que soy sangie vuestra, y que el deshonor que tengo, si no os mueve como mío, os comprende como vuestro, No déis lugar a la ira, templad mi cólera, y luego cumplid la fe prometida, y Príncipe más perfecto mereceréis que os aplauda la edad en siglos eternos. y que a vuestro nombre sea el Orbe concavo estrecho. Sed Numa en lo religioso de mi honor, al sacro Templo ofreced el sacrificio deboto, que prometieron ambiciones de la gloria, si alcanzabáis el trofeo. Conceded a mi pasión lo que de justicia os ruego, y no miréis a intereses, que con la Corona os dieron aplausos, y ganaréis en los siglos venideros, cumpliendo vuestra palabra, como Príncipe perfecto, palma, y lauro, y con razón será de vuestros progresos el mayor: pero advirtiendo, que si ahora como esposa aquesto os suplico, y ruego, y no puede la razón amancillar vuestro pecho, obrará lo riguroso de todo un volcán, que fuego me está brotando, y resuesto en cenizas, formaré en él otro Mongibelo, que deshaga la arrogancia de vuestro valor soberbio, siendo un rayo cada punta de aqueste acerado hierro. Y si no Hírcana tigre seré, que el cachorro tierno echa menos y furiosa. ya en su busca, destruyendo cuantas vejetables plantas estorbo a su vista fueron, hasta encontrar el perdido cachorro a quien echo menos. Seré rayo que despara, cuando enfordecido el Cielo, guerra publican las nuves al compas de horribles truenos, Seré mujer, que es lo más, ofendida de un desprecio: Mira Filiberto bien que determina tu intento, no a riesgo pongas tu vida, elige el mejor acuerdo, que hasta que lo determines tengo suspenso el acero. Cielos, que es lo que he escuchado! . mi hermana sin honor Cielos! no me halla vino esta pena, pues de su dolor no muero. Que decís a esto Marqués? Señora, que el Duque excelso me mandó, que con lealtad llevase los dos al puesto referido, y en sus manos me hizo hacer juramento, y plelto homenaje de guardar fiel el secreto de su crianza, hasta que me lo mandase, o el Cielo dispusiese de su vida: Y así, pues que quedo absuelto del homenaje, por muerte de su Alteza, muy bien puedo, y más mandándolo vos, romper el nudo al silencio: Cuanto ha dicho Isbella es verdad, por los santos Cielos. Qué he escuchado! si Alejandro es mi primo, Filiberto sea de Isbella, pagando la deuda, y pagando necio, falso, aleve, y fementido de Rosaura el menosprecio. A tu lado estoy Isbella, si no te da Filiberto la mano, como es justicia, convoca de nuevo el pueblo, que en defensa de tu honor, morir a tu lado quiero. Varonil mujer por Dios; en vano celebra el tiempo a Semira mis gallarda, siendo envidia de sus hechos. Ya desespera mi amor con el presente suceso. Si no fuese tan a costa de Isbella el ser iustrumento del alivio que procuro, le diera albricias mi pecho. Confuso estoy vive Dios: no sé que forma, o qué medio ha de componer a Isbella, y ha de darme a mi sosiego. Señores, ya las mujeres desafían, y echan retos, aunque no es mucho, que tienen en la uña todo el duelo. Qué respónde vuestra Alteza? A tu loco atrevimiento, por ser mujer, y ofendida, perdono los desaciertos; y a lo demás te respondo, que no tienes tu derecho para que yo sea tu esposo; porque estoy, por un decreto de Sigismundo mi tío, con obligación de serlo de Rosaura, y es preciso negarme a tu pedimiento. Deteneos, que ya sabéis que no puede haber preceptos que fuercen los albedríos, pues Dios libres los ha hecho. Dadle de esposo la mano a Isbella, que de la mía totalmente os desespero. Cómo puedo ser su esposo, siendo yo de Milan dueño, y obligándome a ser tuyo la posesión del gobierno? Desistiendo la Corona, que inmediatamente heredo. Tú, que no acetas la unión que Sigismundo ha dispuesto, has de ser desposeida. Porque veas quien ha de serlo, oye: Alejandro verá que pago lo que le debo; vasallos, deudos, y amigos dadme todos la obediencia, pues que sois en su presencia de mi justicia testigos. Todos, Rosaura, te damos la obediencia que debemos. Por dueño te conocemos, por Duquesa te juramos, porque quedando casada con un hijo natura! del Daque es más esencial en ti la obediencia dada. Decid, que Rosaura viva los años que el Fénix goza. Villanos, viven los Cielos, que mi cólera enojosa ha de tomar la venganza en vuestras vidas traidoras. Tú no eres ya nuestro dueño, Rosaura es nuestra señora, y así el esgrimir la espada contra ti, es acción honrosa. . Estando en riesgo, es preciio que yo su vida socorra. . Cómo, hermana desleal, su desensa a cargo tomas? Porque es mi esposo, y en él se recupera mi honra; y cuando excusare serlo, yo soy a quien darle toca muerte sangrienta, que así mi honor perdido se cobra; y para matarle luego, su vida desiendo agora. . Alborotada la plebe en mal ordenadas tropas cerca el Palacio; aplaudiendo a Rosaura generosa: Viva Rosaura Duquesa, y muera quien se le oponga. Que eso escuche, y que no abrasa a Milan, segunda Troya! Filiberto, si has oído los aplausos que coronan, en justas aclamaciones, mis triunfos, y mis victorias, rinde el orgullo soberbio, el heroico valor postra, que donde no han de valerte, son las arrogancias locas: Y despreciar el peligro, donde no hay otra lisonja; mas que valor invencible, es temeridad notoria. Sin duda que soy de bronce, pues mi dolor no me ahoga. Y para que te reduzgas, yo soy de Alejandro esposa. Yo, señora, soy tu esclavo, y el que más ventura logra. Ya desespera mi amor con su dicha, y mis congojas. Decid que Alejandro viva, y viva Rosaura hermosa. Vivan, y en unión dichosa su nombre eterno se escriba. Filiberto, que dispones? Ser tuyo, pues la fortuna del cóncabo de la Luna precipitó mis pasiones. Carlos le dará la mano a Matilde, y mi favor les prometo. A tanto honor engrandecido me allano. Ilustre, y grave Senado admitid la voluntad a su Autor, y perdonad lo que su discurso ha errado.