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Texto digital de Lo que mienten los indicios

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Cristóbal de Rojas
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Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que mienten los indicios. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-mienten-los-indicios.

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LO QUE MIENTEN LOS INDICIOS

JORNADA PRIMERA

Aunque te calces de plumas y el mismo viento de espuelas, escapar de mi furor es imposible que puedas. Hombre quien eres aguarda, no huyas detente, espera, si es noble, no te vayas, es más venturoso venza; descubre el rostro, descubre. bien puedes a las tinieblas fiar las viles colores que te ocasiona la afrenta. sel que es noble, el que es honrado, punica riñe a elpaldas vueltas, y obra siempre con la espada lo que calla con la lengua. Qué desdicha! qué rigor! . Ay Leonor, y quien pudiera, pues no tienes tú la culpa, redimirte de la ofensa. Qué haré Cielos? si descubro el rostro, Enrique sosiega sus celos, mas no el enfado, cuando, que es de Blanca sepa, ni cuidado, pues en fe de amigo leal, de biera pedírsela, pero no recatado pretenderla; porque atreverme a su honor, faltando a la confidencia, si no es traición, lo parede, o es mala correspondencia en le y de buena amistad, No respondes? Qué impaciencia! Qué dices? . Qué confusión extrañamente me aprieta Enrique, y viven los cielos, si en la muerte no estuviera tan segura mi deshonra, tan conocida mi ofensa, me dejara dar la muerte, no más de porque pudiera salvar de Leonor la culpa, y de Enrique la sospecha. . De tal calidad padezco. en tal género de penas me siento abrasar el alma, que es imposible que tenga, ni el negro Dios más tormentos, ni Júpiter más centellas Hombre, demonio, o quién eres, o me mata, o me despeña, que como a quien descuidado se le cae la casa acuestas, y en un hueco breve, que componen mal las maderas, aunque entre abismo de polvo? confusiones de tinieblas, si no muerte, dilatada, una desdicha contempla, (que halla socorros la vida, tal vez en la muerte misma) ntre la aflicción se ni bien viva, ni bien muerta. Así miro mi cuidado, así contemplo mi afrenta, así padece mi honor, así mi desdicha empieza el prodigio temerario, la rigurosa influencia, la detención del agravio, la suspensión de la pena, y al fin el temido riesgo; todo tiene dependencia de ti, y este terremoto, a que me le desenvuelvas espero, y que tú de ti la satisfacción prevengas. Habla por Dios, que en mi pecho dos espíritus se encuentran, el uno de la disculpa; con el otro de la ofensa: oblíguete la piedad, pues no te obliga la fuerza, y descúbrete. . Eso no, . que aunque acredite la ofensa Enrique con mi recato; y la opición este puesta, de Leonor, en gran peligro y aunque mi amigo padezca tan gran pesar en el alma, y en mí no haya resistencia para dejar de morir de la suya, y de mi pena, con todo, Leonor es noble, y de su honor en defensa, tendrá siempre esta verdad. que aunque adelgaza no quiebra. Yo pues que tengo la culpa, lo maneare de manera que a Enrique quite el cuidado, y que Leonor no padezca, que yo no aventure a Blanca, y que Blanca no me pierda Huir en tal ocasión, no deshace ni desmedra el brío:antes es valor aprudencia; ee porque si yo me descubro tengo dos desdichas ciertas, pierdo a Blanca, y pierdo a Enrique, y es la más grandre cualquiera, y así me resuelvo. Aguarda, o pide a las nubes negras, para escapar de mi furia . Dent exhaladas influencias. Perdóneme la amistad, A cobarde. Linda flema gasta mi amo por Dios, que como es la noche fresca, tenebrosa, y desabrida, las sabanas se le pegan. Mas que viene Don Enrique de jugar alguna de estas noches, y sin más ni más vienen, toman, y se encuentran, si no es que estaba borracho, pluguiera a Dios lo estuviera, Hacia aquesta calle oí un ruido de pendencia; no es posible, vive Dios, sino son almas en pena: que haya quien rina esta noche, ni aún gatos, ni aún una suegra no rivera, aunque hallara en diciplina a su nuera. Válgate Dios por abismo Jesucristo, quien pudiera recogerse las narices de noche en la faldriquera; lo que le dura el enfado al luminoso planeta, de aquel rayo, que a su hijo castigo la borrachera. Un sotano es todo el crber todo el siglo es una cueva el cielo es una mazmorra el mundo es una cisterna! por quien trae luto la neche que se viste de si se hubiera muerto el día extraña desdicha fuera. Vive Cristo, que me echó en el lodo miente, afuera, . que me ha muerto; ya que llega la justicia, que será de ciegos una caterva. Favor al Rey lo que aplico a la triste voz la oreja. Largo un palo al Alguácil, el Alguácil se le pega no más recio, y él al que tiene más cerca, que vino a darle favor, y en demandas, y respuestas, como a todos va doliendo, vase encendiendo la fiesta, y todo el lugar se halla con las cabezas abiertas, en menos de un cuarto de hora, y como una jugadera, la estopa, y clara de huevo anda embarduñando testas. la red cautivo o Cuál pajarillo, que en del sagaz cazador ya astuto queda, cual indomable porro, a quien no pueda rendir el freno su furor altivo Cual fuerte toro, que con celo esquivo cuchillas rompe a la Tudesca rueda, y cual león que la cuartana hospeda, no esperando escapar del daño vivo, Lazos siente mi honor, que le lastiman, cólera, y furia de mirarse opreso rabinde no poder tomar venganza. Males que de salud le desaniman, y en estas penas de tan grande exceso, solo la muerte espera mi esperanza. Gente viene, o me engaño el miedo por Dios que es gente: que no pueda ser valiente en toda mi vida yo! Mojado estoy por dedentro, y no es agua. . Quién va aí Si yo fuera, pesia a mí, sucediérame este encuentro? No sé como, vive el cielo, tan ta cólera resisto respoda. . Oh cuerpo de Cristo dimos con todo en el suelo Enrique es, y allá Don Juan en el caguán de su casa, descuida lamente pasa a prolijo de galán mas yo lo remediaré. Preguntar a un embozado mi esperanca. quien es, es may excusado, y yo lo castigaré a palos, y a puntapies. Oh villano, vive Dios, que hemos de provar los dos, yo las manos, tú los pies Envaine, señor Carranza: quié es? . Pues no me conoces, que soy Sabanón? A coces te pagara yo la chanza, que haces aquí Sabanón? En gran peligro me vi Di presto, qué haces aquí? Esta es mayor confusión Habla pues . Aguade este, que le dité mi entras sale. . pero si la industria vale ánimo, y vaya de embuste. No adviertes lo que a lle pues yo de uno en otro carco, en el más lleno me embarco, muy hambriento, y d esabrido? porque como suele haber en comer tan gran trabajo, quiero pescar un zancajo para hartarme de comer. Soy Sabanón; pero yo hambriento como otros suelen, parezco de los que duelen, mas de los que comen no. Y así sin comer me hallo con mi nombre tan mal quisto, que yo juro a Jesucristo, que quisiera más ser callos pues para sacarlos ponen cebolla limón, y baca, y nada de esto los saca, pero al fin los callos comen. Yo en un juénete, o talón de un picaron sin capatos, llevaré muy malos ratos; mas comes a Sabañón que en hombre de bien no duran. Él no sale, qué he de hacer? . y en empezando a comer, o los quemano los curan Que le hubiese de topar en la calle, que he de hacer? el me ha de echar a perder, y no le puedo avirar Oh que temerarlo vienes con tus burlas, o quimeras? Pero hablando de las verás, dime, señor, lo que tienes? El entedo comenzado prosigo Espada desnuda, eso a mi cuidado ayuda para saber tu cuidado No sé, déjame por Dios. Mi amo, como un difunto esta, desde el mismo punto que os hal Llegó a casa; y un criado a otra pieza los metió, y en gran secreto le habló; y él salió con tal cuidado, que me mando que saliese, y hasta que diera contigo, y te trujera conmigo a su casa no volviese: Hete buscado, mas viendo que toparte no podía, a tu casa me venía para esperarte durmiendo en el poyo del caguán. Pensando que me detiene Blanca el necio le entretiene, O si saliera Don Juan! . Que puede haber sucedido a Don Juan válgame Dios? Mas como vive en los dos sola un alma, habrá sabido sin duda el rigor extraño. que a mi honor le sucedió, pues siempre adves que llegó, el alma receló el daño. Mucho en vestir me he tardado la turbación de por medio, o lo que tarda el remedio cuando es de un hajo el cuidado: desde que llegó Bazan a avisarme, no he podido salir, por no estar vestido. Aquí dos hombres están; quién es? es Enrique? extraño sobresalto! estás herido hijo? Señor, no he tenido ocasión riesgo, ni daño, No me niegues la ocasión; quién es este Caballero? perdonadme el ser grosero, Señor, este es Sabanón Ea, la verdado puesto que reñido has, pero allá dentro podrás, vamos Enrique de aquí. En mi cuarto le entraré por no inquietar a Leonor, y con seciero, mejor de todo me informare. Espérame tú, que ya salgo; o di que luego voy. Temiendo algún daño estoy; vamos hijo, bueno está Fuéronse. . Deves de estar sin seso, loco, o borracho. Yo tengo gentil despacho, uno encuentro, y otro azar Cómo a Enrique no seguiste? Vive Dios que lo busqué en el juego, y no le hallé Y luego donde te fuiste, que estaba, viven los cielos, por matarte a cintarazos Siempre pagas a porrazos mis cuidados, y desvelos Que desvelo si has dejado que esta noche se vintese, para que sin que le viese, me cogiese descuidado junto a la segunda puerta del raguán con Blanca allí por la reja . Pesia a mí; oste puro guarda tuerta; y conocinte? . Y ahora que te vin ese a topar aquí para sospechar lo que no sé yo si ignora. Yo por llevarle de aquí, temiendo que estabas dentro, o excusaros un en cuentro, mil enredos le fingí. Salió su padre. . Ya sé todo lo que te paso, para remedierlo yo No te aflijas: puede ser que no fuese mi señor, Ay Costanza en las desdichas nunca miente el corazón. Ven acá por vida mía, refiere como pasó: conooíste a don Enrique? di, conociste su voz, sabes acaso, Costanza, si don Sancho mi señor, como padres como padre en la pendencia salió a defender a su hijo? Como el que ha sido al reloj, en el brazo de la muerte tiene la vida: así yo la muerte, y la vida tengo pendiente de tu razón: di presto no me detengas, Cómo espero a mi señor todas las noches, acaso quise asomarme al balcón que cae hacia esotra calle. Abrile, y me pareció que mi señor había dicho, a cobarde, con que yo cuidadosa, y afligida, aplique más atención al caso pero no pude escuchar otra razón Cerre el balcón, y quedé creyendo que el que huyo, pues que le llamó cobarde, también lleva lo peor Sí pero oíste si acaso Enrique le conocíó? Di, supo quién era Enrique? Válgame el cielo Ay honor? como a pedazos del alma haces la averiguación Si, pero oíste si acaso Enrique le conoció, no dijo Leonor ahora a Costanza? vive Dios que se acredita la culpa con lo inquieto del temor. Pues Leonor puede ser fácil? no, toda la presunción miente, y la misma verdad, si perjudica a Leonor. Leonor, es cosa imposible, tiene con el mismo sol, luz a luz, y rayo a rayo competencias su valor, prefiere en la castidad a la que hon esta pagó en transformación ligera el delito de Anteón. Ay de mí que los indicios, no son nada en su favor. Honra, lleguemos a cuentas, ajustémonos los dos dentro del ciguan un hombre, y en entrando por el yo, ei embestirme por salir, y en saliendo con valor sacar pies, cubriendo el rostros porque aunque se retiró, no desminfiosas señales del vlente coracón; estar muy dentro de sí a toda mi persuasión, no descuidar un descuido, no atrever una razón, por no descubrindelitos por sa seva o por la voz, y por lo que les importa a su viday a mi honor, tomar con valor el rese; prudente resolución Tllar recosida a Blanca, eltar vestida Leonor, muy cuidadosa de todo lo que en la casa pasó: y en sin decirle a Costanza, no con poca turbación, Enrique le conocío: que puede ser, honra mía? Ya pienso que me sintió Leonor. . Ay Jesús! quién es? quién es? . Yo señora soy. Enrique, mi bien esposo. Disimulad corazón. Leonor mía, como estáis y estida tan tarde vos? no bastaba una criada? Costanza no me esperó otras noches? Por mi vida que no lo hagáis, porque no quiero tan a costa vuestra que me hagáis tanto favor. Dueño mío, esposo mío, (no cabe en su confusión darle indicios del cuidado;) es tanta mi adoración, con tanta verdad te quiero, que mientras ausente estoy de tus brazos. . A ciuel . Parece que el corazón, hallado mal en mi pecho, sentido bien en mi amor, a pedazos se me va, si, con la imaginación a buscarte por las calles; porque primero que yo logre aquel solo su dicha, el que primero te halló. Vienes bueno, Enrique mío? Ay fingamiento mayor . bueno vengo, aunque mal digo, que herido de muerte estoy; mas como son las heridas allá dentro en lo interior del pecho (ay honor perdido!) no se reconoce no el daño porque la sangre, que roto el curso veloz de las venas, se derrama, vase, vase al corazón, hidrópico de las dichas, un afecto entreo ni vive para la dicha, ni muere para el dolor, Don Juan de Mendoza viene a buscarte, y Sabañón me ha dicho, que tu licencia espera en el corredor. Retírate, Leonor mía, vete Costanza con Dios, que está Don Juan cuidadoso de un negocio, que los dos hemos de tratar de espacio. A avisar a Blanca voy . Entre Don Juan. . Ay de mí! ya crece mi confusión, ya se aumenta mi cuidado, ya renace mi temor. Enrique amigo? . Don Juan! norabuena os vea yo, cuidadoso. . Con cuidado Me tiene. . A rato que estoy Porque Sabañón me dijo. Qué Sabañón me informó. que con la espada desnuda, y otras señales, que son indicios de algún enfado en la calle os encontró; y pudo vuestro cuidado, dejarme tan sin acción, que aún para decir el mío memorir no me quedó. Ay amigo verdaderol ejemplo vivo, y biasón de la mayor amistad, y del afecto mayor quien pudiera de mis daños darle parte pero aún no se han de fiar de la vida lances de reputación . Ayuda amor mi fortuna, vuelve por mi causa amor, no malogr es mi esperanza, es en flor Qué extraño desasosiego padece mi corazón, si a don Juan, por mi desdicha mi hermano le conoció! Que puede ser a estas horas estar hablando los dos? infórmese mi cuidado, y quiéte se mi temor desde aquí sin que me vean No tuve más ocasión que hallarle cansado, y necio, no por vida de los dos, y por sacar del cuidado (siendo ya tarde) a Leonor, y sosegar a mi padre, que alborotado salió, entre para salir luego, y buscaros s . En mi amor, con que sobre salto vivo, con qué inquietudes estoy! perdone la ino bediencia, Enrique, ahora que yo he de apurar mi cuidado, o he de aumentar mi pasión; desde aquí podré escuchallos Salios a fuera los dos. Ay de mí tanto recato? Qué será tal suspensión? Decid pues, que ya os escucho. Si es que la industria venció, de un engaño ha de valerse la mía en esta ocasión, para asegurar de Enrique el recelo, y el temor pa, Ya os dije de mi fortuna los secesos, desde el día que de Nápoles la bella me desembarque en su orilla con el Duque de Alba, que tanto mis honras codicia, que en menos tremb me entregó una compañía con esperanzas mayores. También tuvisteis noticia, Enrique del galanteo con dona Inés de Padilla, mujer en quien se compiten lo hermosa con lo entedida. Buena ocasión he tomado . para buscarle salida a mi engaño. Vuestro amor puede formar con justicia quejas de mi confidencia, agravios de mi hidalguía; puesto que habiendo en los dos un alma, pudo la mía revelaros las venturas, y encúbritos las desdichas. Mas cuando los accidentes, y los fracasos estelban en reputación ajena, no es cuerdo quien los pública, que a el ofendido, sin duda a la venganca le anima la memoria de la ofensa, del ultraje la noticia. La dicha que desfruté en esta galantería, ya, amigo, os la dije entonces, no hay para que referirla. Voy al caso, y digo pues, que con mucha bizarría de galas, bandas, y plumas, entró don Diego de Silva, un Gaballero de Burgos, de quien no tendréis noticia, a la parte en el favor, digo, que le pretendía tan airoso, que en la empresa casi tuvo cobardías mi amor, que del mismo empeño lo animado, que sería, si no falta del valor, desconfiar de la dicha. No sé si de mis cuidados tuvo Don Pedro premisas, la misma ca na Pero una noche los dos, después de un lance que había precedido, nos hallamos, el arrimado a una esquina; y yo que de una ventana oigo que una voz me avisa con recato, que en la calle parece que nos espían. Voya conocerle, y él sacando con valentía la espada, fue el descubrirse tirarme con mucha prisa. En el brazo de la espada sacó Don Pedro una heridas perdió el gobierno, que no le importó poco a mi vida; porque con tanto denuedo con ella el valor pública, que una centella animada, de esa región despedida, con más rigor, no amenaza. con más violencia, no vibras Rindiose Don Pedro en fin, aunque no de cobardía, que serme con valor, pero se vence con dicha. Sanó muy presto, después me dijeron que decía publicamente, que yo le di la espada caida; y un día que entro de guarda, en la guardiola misma le busque, y habló en el caso con brío, y con cortesía. En lo que yo hubiere dicho solo le verdad estriya vive Dios, me respondió; y lo demás es mentira. Pero como en opiniones nunca la opinión se afina que toca en reputación quedó mi opinión encima dos veces con el sombrero, que es una acción sucorrida para las desdichas, se vienen sin prevenirlas. Sacó las armas don Pedro, y su escuadra, a quien ineita en defensa de su honor: pero como yo tenía tanta razón de mi parte. ella llevó la noticia tan apriesa a mis soldados, que vinieron muy aprisa, y en la banda del castillo, con tanto rigor se animan, con tal ímpetú se envisten, que arroyos de sangre viva desmintieron el color en las ondas cristalinas del muelle, porque suspenso, rojo cristal parecía, Prendiome el Duque, porque acreditada la dicha, sosegada la conciencia, y más cuando no peligra la vida, es poco valor del hombre que se retira, que hace andar en opiniones neutralmente divertida la opinión y en el honrado esta es la mayor desdicha. No prendieron a Don Pedro, porque aquella noche misma salió del cuartel, y dicen se embarcó para Cicilia; resolución de valiente, y en el duelo bizarría, para empeñar la venganza, dar la afrenta por sabida. Yo estuve preso diez meses, que el Duque de Alba quería sosegarnos a los dos por mi conveniencia misma; pero al cabo de este tiempo, viendo que no parecía, me soltó, y trocó en favores, las que parecieron iras. De Napoles a Madrid reinte días, que una carta de Don Pedro Laso, en Barcelona escrita, que está mi enemigo aquí, disimulado me avisa. Y una mujer, con recato, y muy tapada, a la prima noche, en manos de un cariado dejo un papel queldecía: Señor Don Juan de Mendoza, quien le quiere bien le avisa, que no salga de su casa de noche por muchos días, y de día con cuidado, porque le importa la vida, y a mi el gusto. Dios le guarde. Esta confusión precisa, este recelo forzoso, esta nueva tan esquiva. esta inquietud tan extraña, don Enrique, el alma mía a vu estro cuidado ofrece: porque es cola conocida, que consultadas las penas, no crecen, y se mitigan. Extraño caso, don Juan válgame Dios, si sería . don Pedro aquel embozado Que de quimeras fabrica extrañas mi pensamiento? bien pudo, con la noticia de mi amistad, y la suya, y que don Juan comúnica a todas horas mi casa, esperarle en ella misma; para hacer con menos riesgo, y más segura su herida, puede ser pero el cuidado de Leonor. O eso sería, quizá, que oyo la pendencia, puesto que estaba vestida; y estar vestida a estas horas, también eso no acredita? si acredita, no es posible, si es posible, no confirma la ofensa, lo que sin duda fue acaso el estar vestida. Lo que preguntó a Costanza; en razón de si le había conocido? Cuanto más mi honor el caso examina, menos de Leonor (ay cielos!) la conciencia justifica: honra, tengamos paciencia. Ni crece, ni se mitiga mi pena, que confusión! Que nuevo rigor se anida dentro del alma? Oh traidor no puede ser que esto finja por asegurar don Juan a Enrique de su malicia? No, porque con mucho afecto dice el papel que le avisa, que no salga de su casa de noche por muchos días, y de dia con cuidado, n mporta la vida, y a ella el gusto a cruel, y de mi honor homicida? deme amor el desengaño. Enrique del alma mía, que de cuidados me cuestas! Vos saldréis don Juan, aprisa de la duda, y del temor. Desde esta casa a la mía me ha de hallar el Alba hermosa una eternidad de días, para examinar el riesgo, y castigar la osadía. Con un cuidado salí, y otros los celos me intiman. No hay acción que me consuele, no hay razón que no me aflija Vamos, y dejadme hacer algo el temor se mitiga. Acreditose mi engaño mi amor; y mi industria vivan.

JORNADA SEGUNDA

JORNAda segunda Amor ual empleado, que con rigor, y con imperio grave te me has apoderado de todos mis sentidos, y no sabe mi loco pensamiento si soy el mismo amor, o el sufrimiento. Porque con tiranías premias finezas de mi amante pecho? nuevos incendios fías de un corazón en lágrimas deshechos desmiente los ensayos, basten las flechas, no fulmines rayos. Ay don Juan de mi vida: pero que digo honor a ingrato dueño pues gustas que rendida, en brazos de tu empeño, bebido por mi daño, que fue cruel veneno el desengaño. Por disculparte ingrato, creí, que prevenido desmentía indicios tu recato: mas fue igna ranora mí cautelas solo son solo traiciones. Di que no lo acredita la injusta flojedad de tu cuidado, pues tanto se limita, que tres días, tres siglos han pasado que aún de tanta mudanza, nuevas no has permitido a mi esperanza. Extraña suerte mía, hado infeliz, estrella rigurosa, tanto rigor se fía de una vida no más, tan poca cosa? tan leve fundamento puede ser triunfo de tan gran tormento? No ha mucho que mi pecho, solegado el temor, quieto el cuidado vivia satisfecho, de tales influencias descuidado, gozando con repolo, treguas de amante, estimación de esposo. Ya cesaron mis dichas, ya parece que está mi amado dueño lamentando desdichas, hallado mal en nuestro dulce empeño, y cobarde, mis brazos parece que le sirven de embarazos. Si amorosa le abrazo, desmintiendo el pesar a costa mía, negando el embarazo que mi temor en mis entrañas cría en el desasosiego, mas me ocasionas cuanto más me llego. No digo yo que Enrique descortés, desabrido, ni en fadoso, sus disgustos publique, que es muy cortes, y muy galán mi esposo, y aún con los desamores, sabe tal vez acreditar favores. . Blanca? . Señora mía No quiero que conozca mi cuidado, que en cualquier monarquía, no priva el que se da por desprivados, y entonces ofendido, con cuidado a tu cuarto, como es justo, Leonor del alma mía, que parece que estás con poco gusto, y tus bellas colores te las roba la envidia de las flores, Qué tienes por mi vida? que mal pregunta quien conoce el daño! . El alma, que rendida a esfuerzos de un temido desengaño; que mal la pena encubre! cuando la niega más, mas la descubre. . No estoy buena estos días. Para morirme yo, Leonor hermosa, esas melancolías, causa es en mi cuidado tan forzosa, que con solo temerlas basta, y en ti me sobra el padecerlas. Tu mal se comunique, tu pesar, tu dolor, y tu accidente, puede ser que le aplique el remedio mi amor más conveniente. Es el remedio dicha, y soy el alma yo de la desdicha En Leonor, y Blanca hermosa, siendo una causa sola, dos efectos, produce escandalosa; Blanca teme a Don Juan falsos respestos, y en Enrique dudoso, Leonor advierte efectos de celoso. Don Juan, que a Blanca adora, le apasionan de Enrique los recelos Enrique, que lo ignora; cuerdo teme la causa de sus celos; y de aquestos temores mueren los gustos, nacen los rigores. Y en esta diferencia duda Leonor, y Blanca desconfía: esta es dura inclemencia, esotra es una falsa tiranía, que de mentidos daños, ha de parar en dulces desengaños, mirando las musarañas, lios vengo, y to cir oste, ni mo hago? Buscano sin más, ni más, me he venido, un paso hoy, y otro manana, los mismos pies por el suelo donde están Leonor, y Blanca. Jesús, qué rara hermosura! ea yo me entre en la sala, y no acierto a salir de ella: una vuelta de patadas recelo, que Don Enrique) todos estos días anda como perro con cencerro, y como gato sobre ascuas. Ya me ha visto . Sabañón Señora. . Qué te embaraza? a quién buscas? quiéres algo? Mire uste. Di pues, acaba. Di, aquién vienes? . No lo sé; an si, a mi amo buscaba, pense hallarle por acá. Y con eso te embarazas? Turbado en tanta hermosura, apenas entre en la sala, cuando vi que el niño Dios, con sus flechas, y su aljaba, entre las dos se entretiene al juego de pasa pasa Yo, que soy aficionado, tahur,o mirón, pasmadas todas mis acciones vi en un punto, y mis palabras. De humor vienes. . Soy ruin ho Algo se divierte un alma, (bre. que entre penas, y congojas, las que le ofenden le sanan, porque le dure el tormento, y el padecer. A Costanca. Qué me quieres Sabanón? Tengo que decir a Blanca diez mil palabras no más, Pues aquí podrás hablarla, que yo entretendré a Leonor Ve presto. hoy a mi gusto, señora. Oígame, pesia mi alma, dice Don Juan, que esta noche. No te he de escuchar palabra. Dile que es un fementido, traidor, villano, pues paga con olvido mis finezas, con traición mis esperanzas, con desprecio mis cuidados, con ingratitud mis ansias, con descuido mis afectos, con retiro mis palabras, con tibieza mis suspiros, y que son viles hazañas de un Caballero. . Señora. Vete no me digas vada, que habrá también para ti del fuego de mis entranas un fuego, que. e . Guarda a fuera. Te abrase. . Guarda la cara. Porque lleves la respuesta en ceniza. . Ay, que me mata. Vete apriesa. . Ya me voy va. Del mundo. . qué es eso Blanca? Un rigor, una desdicha c. qu es eso? . Leonorno es nada Ve presto Costanza mía, y como que descuidada de mi cuidado, sabrás a lo que vino. . Cansada estuve con Sabañón Por qué Blanca? . Por la entrada en tu cuarto sin hablar Desnudas, o destocadas pudimos estar entonces; y estos que profesan gracias, no solo las faltas dicen, más suelen añadir faltas, pena que viene a salirles muchas veces a lacas Vienes Blanca? . Ya te sigo: que ha habido? . Que por la falsa puerta del jardín, Don Juan Y qué le dijiste? . Calla. qué hora? . Las once dadas. Como que es concierto tu yo, sin mi gusto? . Buena manla; ya te entiendo, soy yo boba? Al cuerpo me has vuelto el alma tiene Don Fernan Seis mil ducados ere de renta muy bien hechos, y a por fía está continuamente deseando mezclar su noble sangre con la mía; tanta es su calidad, que al mismo Apolo, luz a luz, rayo a rayo desafía; lo que a aquesto le mueve, Enrique, es solo de Blanca la virtud, y la hermosura, que el mundo alaba de uno al otro Polo; Porque la hacienda es poca, y mal segura, cosa es que nos conviene, y así luego le habla tú en el caso con blandura, procurando de todos el sosiego. Si repara en las partes personales, dirasle a Blanca, que el vendado ciego, puesto que la virtud vence señales, en el trato también gasta sus flechas, que no son todos en el mundo iguales Desmiénte la de todas las sospechas a costa de tu ingenio, y tu prudencia, y déjalas turbadas, y deshechas, que esto de ser bizarros de presencia, no es lo que más importa porque tiene mucho de vanidad, o de imprudencia, el que en el tal conocimiento viene. Para esto te he buscado en tu aposento, tuya es la causa, a todos nos conviene. Obediente, señor, y muy contento. con persuasión diré lo que ganamos todos en tan ilustre casamiento Bien dices todos a la dicha vamos. A Blanca le diré que tú lo quieres, con que así a la obediencia la obligamos No digas a Leonor lo que hicieres, hasta que esté más adelante el hecho, que en el secreto todas son mujeres. en este cuarto, ni en m n Señ O que para tanto es un albergue estrecho! Leonor, hija querida, que segura tengo mi dicha yo con tus favores, que aún oyen bien mis anos la dulzura, porque supe también algo de amores. Enrique tendrá celos, no quisiera causaros inquietud, y sinsabores, que yo soy muy galán a Dios pluguiera, para dichoso fin de tantos años, que en regalarte yo lo pareciera, hiciera a mi vejez dulces engaños. Adiós hija querida, a Dios Enrique. señor A Dio No sale el Sol más hermoso, cuando el pincel de sus rayos, planta a planta, y flor a flor, colores matiza al prado. No sale la Aurora bella de entre los hermosos brazos de céfiro amante suyo, (menos que después ingrato) más bellos que mi Leonor: al pensamiento más alto, al más alado deseo se le huye, y penetrando el cielo su perfección, allá busca su retrato, Mal haya amén la sospecha, que delito tan extraño cometi contra Leonor! Je sus, cuando no es más claro el Sol, que su perfección No quiero, no examinarlo, que hago a su honor ofensa, y es delito averiguarlo. Bazán, sácame el broquel, que ha mucho que está esperado Don Juan, y un negocio suyo. Traile aprisa. . Ya le traigo. tengo de salir contigo? No importa. quieres caballo? No le quiero dame, acaba Yo pienso que está en sillado. . Si pueden mis rendimientos, Brios extraños. si merecen mis cuidados, si mis finezas obligan, y si valen mis alagos; dueño mío, esposo mío, no vais, por vida de entrambos fuera de casa esta noche, que no sé qué sobresalto dentro del pecho parece, que el corazón a pedazos, en suspiros me le arroja, y me le desnide en llanto. Haz esto por mí si quiera; no es anuncio, ni presagio, señor, si no ver que hace mala noche, y tan turbado está el cielo, que parece, que discordemente abajo, contrapuestas las esferas, se vienen precipitando. Que acreditada verdad que rendimiento tan claro. Faltarme el conocimiento, es concederme lo ingrato, . Por vida tu ya, mi bien, (porque de más fuerza al caso la verdad del juramento) que si pudiera excusarlo, no saliera aquesta noche. Bien sabes cuan obligado me tiene Don Juan, señora; los dos importa que vamos a un negocio suyo, que ni es de peligro, ni daño. Como si yo no supiera el riesgo, me está engañando; eso es lo que el alma teme: no puedo manifestarlo, porque no conozca Enrique, que aquel la noche a escucharlos me puse, que a la obediencia desacredita el cuidado. Aquí está el broquel, señor. qué hora es? . Las nueve han dado. Ya vuelvo, Leonor querida. Mira que esto y esperando vestida de tu venida la dulce dicha en los brazos. Acuéstate por mi amor; por mi vida, pues que tanto la estimas que te recojas, y que te acuestes temprano, que yo volveré muy presto. El cielo aumente tus años mas allá de mi deseo, porque no hay de mundo tanto. Vamos, y te acostaras señora. . Costanza, vamos a acostarme en mis temores, que es el lecho en que descanso. Ya sabes lo que has de hacer . toma la vuelta a esa calle, y podremos engañarle, y no lo eches a perder. A esta esquiva con secreto te pondrás. . Ya lo he entendido, o quien no hubiera nacido para verse en tal aprieto Allá voy desesperado Si viene Enrique, yo creo duelade locrar su desco, mi cu idado, que andar tanto tiempo asido a una inquietud a un temor de un prevenido rigor, y de un daño prevenido es caso, Enrique, importuno, y ha de quedar, vive Dios, libre el uno de los dos con la desdicha del uno; mas pienso que no vendrá a buscarme por aquí. Para hacer su suerte sí, que es más segura que allá; que de vuestra casa, vos Jalis, y entráis con cuidado, y no busca un agraviado el cuidado de los dos. Ello ya estoy en el puesto, mas no sé yo para que, para dar con todo en tierra; no pudo don Juan hacer (que fiarme su negocio) mayor disparate, pues si ha de ser, va de invención ellos son va de papel. Paréceme que mi Enrique, muy resuelto, y descortes, llega, y sin decir Jesús, antes de reconocer, me abre un palmo de cabeza, y me derriba a sus pies y olvidado eon el golpe, y con el temor también, pido confesión a voces con que lo he echado a perder, y se descubre la mania, viéndome a mi con broquel, estoque, pistola, y daga, que con todo, mas de seis bravos piensin que no vas seguros, y piensan que no es por el embarazo, ellos saben el porque. Mi amo, como un león desatado, y como quien no hace nada, todo un brazo me cercena de un reves. Venme aquí dos cuchilladas, y sin que, ni para que, una tomo a buen partido, y no miro. . O me engañé, o pienso que viene un hombre de hacia vuestra casa. . Y es sin duda que viene un hombre, Esperad yo llegarse. San Sansón, san Fierabras. Diga muy presto quien es, ovive Dios, A traidor Yo solo le he de vencer, que no será la primera. A un hombre solo no es bien que se diga que los dos le dimos la muerte, aunque el disculpado de su agravio se valio de este doblez. Defiéndete, o vive Dios. Acabad Enrique, pues yo basto a muchos cobardes. Lindamente le engañe, amor, logrose mi intento. . Aunque saques muchos pies, si del viento no te amparas, no te valdrán esta vez; aguarda, pues eres noble. o un leb lleguemos cuerpo de Cristo, que estoy hecho un Lucifer. Déjale, que Don Juan basta; más brío no es menester para matar un traidor. Puede apostar a correr con un potro. . Tú no ves, que corre más el que huye, que el otro que va tras él. Mámosa señor Soldado, que gracioso moscatel. . Ya he dejado prevenida la puerta, parece tarde hasta acostar a Leonor no pude desocuparme de ella: si vino Don Juan? Hacia aquesta pieza sale Blanca, y el viene con ella, presto harán los dos las paces. Oye Blanca. . No he de oírte Ju escucha . no he de escucharte. Dime tu enfado. . No quiero. Oye mi disculpa . Es tarde. Qué tienes? . No he de decirlo. Habla por Dios. . No te canses. Mátame. . Ni aún eso quiero Dame la vida. . Matarte no quiero, y darete vida, siendo a mi enojo más fácil? Pero puesto que has entrado, porque veas que esperarte fue solo para ofenderte, antes que para obligarte; escucha pues. Alevoso, ingrato cruel, mudable, tirano de mi albedrío, grosero, villano, fácil, fementido, desleal, desconocido inconstante: como, di, como engañoso de esta suerte satifaces mi amor, y mis rendimientos, mis afectos, mis verda mis finezas, mis suspiros, mis ansias, mis humildades, mis riesgos, mi adoración, mis congojas, tus crueldides no eligieran un engaño, y no, que para matarme más apriesa, a menos costa del desengaño se valen a competencias de celos: (ay Dios, que rigor tan grande) No mi amor, pero mi vida hallarás siempre cobarde; ya vivo en el desengañó mas temerosa que antes, mas dudosa en el remedio, mas rendida en el achaque. Oh como a tales desdichas; o como a rigores tales es poco triunfo una vida, es un alma poca parte! Supe tu cuidado en fin, y témome que me falten alma para parecerle, vida para pronunciarle. Dentro del alma es la herida de que vertió tanta sangre, tanta, que aunque sane, es fuerza que le queden las señales, Del descuido de tres días; cómo podrás disculparte? bien acredita el olvido quien del cuidado se vale. desmentida la fineza; a creditado el desaire, o quien lo calla no siente, o quien lo sufre no sabe, o quien lo calla, y lo sufre, no tiene amor, y así hace a lo mismo que le ofende disimulado semblante. En el retrato de amor son divertidos esmaltes, a lo acendrado tibiezas; a lo sino erosedades. cris sin excepción, los amantes, al natural toda acción, toda diligencia al arte. Aquí se anima el cuidado, y de aquí el descuido sale; no hay afecto que no sirva, y no hay defecto que canse. Para decir mi pasión dirás don Juan, que se vale de sentimientos mi amor, mi fineza de crueldades; porque así forzosamente, pues que no puedo obligarte, conozca tú, que de aí todo el descrédito nace. No porque fuera ofenderte si mi dolor publicase, que antes de hacer el delito, no sabes tú que le haces. Mi mayor dolor es ese, que hacer por hacer pesares, es una muerte civil, que gustan que se dilate. Pluguiera a Dios, y quisieras que mi vida sujetase a tu elección el castigo, y a mrobediencia el pasarle, quedaras tú más cruel, excusado de pagarme, (puesto que lo solicitas) obligaciones tan grandes. Has dicho tu sentimiento? has dado para quejarse harto lugar al cuidido, harto tiempo a los pesares? Pues vive Dios, Blanca mía, que fuera delito grave contra mi amor, si buscara satisfacciones que darte. Ves las que llamas tibrezas, las que lloras flojedades, los que condenas rigores, los que acreditas desarrés, las que sientes tiran los que examinas p Pues por la deidad que adoro en tus ojos celestiales, que es todo amor, y respecto, prudencia, y secreto grande. Quiéres verlo? . Luego no supiera salir el martir. Muy ofendida está Blanca. Die que Costanza; o Costance, que vive Dios que me vi, para hallar el asonante, en las penas derramadas. Un pedazo del achaque sé. . Dímele por tu vida, que aunque no somos amantes, a fuer de comedia, puedes el secreto confiarme; di pues, y responderé. Es muy bueno que se pasen, entre dos que bien se quieren, sin escribirse, ar hablarse tres días, ni aún un recado? pero dejando esto aparte, donde dejastes a Enrique? Satisfecho como un Ángel, en casa de un garitero, acomodando unos reales en otro volsillo ajeno, porque está roto el que trae. Extranamente el respeto encareces, y el cuidado Aún mucho mas he observado con el amor el secreto No sé yo si tan perfeto tu amor ha llegado a ser. Yo te he sabido querer, no te has querido obligar, Si te he llegado a adorar, no me queda más que hacer. Dasme crédito mi bien? Si Don Juan aunque me engañes y nunca me desengañes, si me has de engañar tan bien, que si con el de sengaño rido dueñ malograr tan dulce empeño, viva mil veces mi engeno. Yo he guardado diligente, yo he cumplido vigilante con los efectos de amante los preceptos de prudente; y para no sujetarme a perderme, y a perderte, me he condenado a no verte, que es lo mismo que matarme: Esto, señora, temiendo, que en la pasada ocasión, aunque en tanta confusión, me reconoció riñendo . Enrique, Llamaron? . Sí Costanza. . Señora. . Llega con cuidado, y no respondas, informate de quien sea otra vez llaman. . Mi padre es sin duda, que a la puerta de su cuarto, y a estas horas no puede ser otro Encierra a Don Juan, y a Sabanón con esta llave maestra, en el cuarto de Leonor, porque mi padre no vea el mío, como otras veces No tengas, mi dueño, pena, que las más noches mi padre viene a verme, y se va apriesa, y no hay riesgo en esa parte, que aunque Don Enrique venga por allá, se acuesta luego; y no llega a aquesa pieza, Ya están debajo de llave; toma Abre muy apriesa. Hermana. . V álgame Dios. Extrañarás que te venga a visitar a estas horas Tu eres dueño de las puettas, de mi cuarto, y qué extraña desdicha es esta? . Aquí me hace mil pedazos: yo me fino. . Yo estoy muerte. Enrique, pues que me mandas? Tengo un negocio de verás, que tratar con vos, hermana, y porque es tarde, quisiera abreviarle. Y digo pues, que nuestro padre desea nuestros aumentos, y así me ha mandado que te vea, y te diga de su parte, que don Fernando de Leiva es tu esposo, si tú quieres. Ya tú sabes su nobleza, que es mucha, y que puede horarnos; también es mucha su hacienda, sus partes ya se conocen. Esto supuesto quisiera te resuelvas porque yo a mi padre de respuesta, que está con tanto cuidado: que con pazan muy apriesa me envío a llamar ahora, y me pregunto si cuenta te había dado de su intento. Este es el suyo, y aquesta fue la causa de buscarte tan tarde, y por esta puerta, Piénsalo de aquí a mañana, primero que te resuelvas, y a Dios Alumbra Costanza, me entraré por esta pieza, pues que traigo llave. Amor cayose toda la esfera, suminosa sobre mí. r - De que sirven diligencias contra la desdicha aguarda, ponte aquí detrás, la vela he de matar, y salir, sígueme. . Si puedo. Espera, traidor, villano, cobarde. Cayose la ratonera, que he de hacer para escaparme? Costanza, hay alguna dueña en casa; a quien me encomiende? Ya, Sabanón, yo soy muerta. Uno con otro nos atan, y del corredor nos cuelgan, y de los pies para abajo dos mil azores nos pegan, pero atados de los pies. Pienso que una chimenea hay en esa sala. . Sí, pero es chanza. . Calla necia, no sabes tú lo que puede el miedo, y más la atraviesa un nierto en que los chorizos, y las longanizas cuelgan? Ayúdame aquí. . Qué dices? Que me des el pie, y con estas ligas verás que me escurro. Te suCristo, y lo que pesas. Es porque me voy Costanza, yo te juro si volviera, Qué he de hacer yo, Sabañón? Tú; pues que sola te quedas, dile a Enrique, que le beso las manos, y que la cena que me toca te la de. Bien merece esa respuesta quien ha ayudado a un. Mámola. Allá voyollín, La puerta Válgame la diligencia; por su mismo cuarto he entrado, ella está dormida, y quiera; por aquí podré escaparlos. Sabanón, Costanza, vuela. Ya Saba non se volvió en humo. . No te detengas: si cierro ha de despertar Leonor, yo la dejo abierta. Válgate el diablo por tizne; mal año para quien fuera al infierno vive Dios que ha de haber en la Calenda san Sabanón, si yo puedo. Sin quebrar alguna teja si llego, soy de ventura, a pescar una azorea. Que veo de esotra casa, dame apriesa la escopeta, ladrones en los tejados Esto es peor, . Sube, vuela, carga, tírale. . Señores, no se han curado en Ginebra sabanones a balazos No hay entre todos quien quiera convertirme en gatosola resvalón, mas si cayera no era menester tirarme. Si me tiran, y me aciertan, dañada hallarán la caca, si por Dios, antes de muerta; que haré que estoy corrompido: Por acá por acá suevan Je sús, por Dios que está lejos el suelo mucho inas pesan mis calcones, que esta tarde: en vuestras manos cazuela ofrezco este Sabanón, escápeme aquella vieja, o, J01

JORNADA TERCERA

jornada tercera Prosigo pues hay honor Calla Enrique, calla hijo, cierra puertas, y ventanas, no quede ningún resquicio por donde un rayo del Sol pueda servir de testigo; ni saber nuestra deshonra, que semejantes delitos, ha de ser el castigarlos, aún antes de presumirlos. Di adelante. . Si pudiere, que el corazón afligido, sin discurso en la desdicha, sin anción en el prodigio, sin talento en la deshonra, sin valor en el martirio, tiene para padecerlo, o sufrimiento, o sentido, mas no para pronunciarlo, memoria, razón ni juicio: pero esforzando temores del alma: ay padre! prosigo, Mató la vela, y salió de la pieza mi enemigo, a quien yo seguí, cerrando de golpe con el pestillo; porque otro que le acompaña, no pudiera hacer lo raismo, y con el averiguase lo que constaba de indicios. Pero ciego de la ofensa, con tal cólera le sigo, que entre su enojo, y mi riesgo, mi das honra; y su delito, allí ontre mis propias manos se me fue tan de improviso, que parece que las alas hurto al viento fugitivo, o que se me entro en el pecho para esar más escon y por no hallarse jamás, él se buscaba a sí mismo. Yo deslumbrado, y confuso toda la casa examino, todas las piezas discurro, y todo el cuarto registro. Subo arriba, vuelvo a bajo, no queda ningún retiro, y aún bájara, si pudiera; ay honor! hasta el abismo, sin temor de los tormentos, que son mayores los míos, y subiera por hallarle, hasta el celeste zafiro, que hasta matarle, sus glorias, no me sirviera de alivio. Finalmente (ay padre amado!) solo tu cuarto no miro, ni le busco, ni te inquieto, porque estabas recogido, que en el respeto, aún aquí quise parecer tu hijo; si no fue, que mi desdicha, ya confuso, o ya corrido, de ti mismo la excusé por vergüenza de ti mismo, Vuelvo a averiguar mi ofensa, busco al hombre, que cautivo dejé debajo de llave, y más mi pena averiguo. Abierta hallé una puerta. que cae al retrete mismo de Leonor, y no le hallé: Yo más confuso, y corrido, me imagine desde entonces sin honra, discurso, y brío. Cerrada una chimínea, que está en la pieza, registro, y de que está rota (ay cielos!) me avisan unos ladrillos, que es senal de haber entrado por allí o haberse ido, si acaso no fue invención para desmentir indicios, to en mi agravio, con más confusión me aflijo. Todo el tiempo, desde hallarlos, hasta el haberlos perdido, (que fue tan prolijo el tiempo, que se aventajó a los siglos) tuve un volcán en el alma; y en el pecho un basilisco: porque temí que Leonor se resolviera a seguirlos, por créditos del agravio, y temores del castigo. Entro en su cuarto inimado, resuelto, y descolorido. colérico, y afrentado, cuidadoso, y ofendido, y reparo; que Leonor; (ay alma, hay cielos divinos) rendidos al sueño tiene todos los cinco sentidos. Y por si con invención se aprovechó de este arbitrio, (que lo parece, pues no desperto con el ruido Al fin, para averiguar la verdad, o lo fingido, la traicioo la invención, a la cama (prevenido me llegue segunda vez) de una bajía. No has visto sonolienta el alma bella, el Sol hermoso dormido, mal destroncado un jazmín, recién cortado un narciso; en el ramo una azucena, y bana la en el rocio del Alba una rosa bella, a quien parece que quiso en su capullo beberle aún antes de habernacido. Quiero quitarle la vida; pero como me desvío, pero como dejo fácil, si celoso, si ofendido, que logre el amor me moría y sienta el honor olvidos. Un áspid entre las flores, engañosamente vivo; la vi mordiendo mi honor, en su traición escondido, una vivora pisada, que en su postrer parasismo todo el veneno. Mas como al discurso me permito, si sé, que el hombre de bien, en su agravio, si es marido, eso le saltó de honrado, que túyo de discursivo, que en los lances del honor, que se vienen sucedidos, s es la con sideración gran deserédito del brío. Partiendo pues, con mi agravio, desperdiciando el alivio, por castigar lo sangriento, alzo el brazo vengatigo; pero siento que por él, discurre un sudor tan frío, que entonces, si, lo pasmado defendió lo ejecutivo, y aún para tener la daga le faltó a la mano brío, y casi hiciera cobarde, lo que con valor no hizo. Esta violencia que extraño, esta defensa que admiro, alguna deidad secreta de aquel globo cristalino me la ocasiona en el alma; si es ilusión lo que he visto, digo entre mí, y reportado, con tiento la mano aplico al corazón, que leal la verdad, o lo fingido, contra la industria, señor, lo acreditan sus latidos, tan quieto, tan sosegado pulso, que a pensar me animo, que desmintió lo leal, pues no conocío el peligro, is acciones, y si no pasmado, tibio el rigor, pues al discurso le conocureducido. Dudoso en las circunstancias, mientras más las averiguo, con las unas la condeno, si con las otras la libro; y aún yo dudoso también, en mi modo de martirio, ya vivo de lo que muero, ya muero de lo que vivo. Y entre tantas confusiones, ansias, lágrimas, suspiros, congojas, y sentimientos, dudas, temores, indicios, evidencias, y rigores, penas ofensas, delitos, desdichas muertes, deshonras, (ay padre!) me determí no a que me acónsejes tú, como padre, y como amigo. Tú pues mi honor, y mi vida, los dos en uno vivimos, de una vida, y de una honra, aconséjame benigno, advierte me cuidadoso, exórtame vengativo, aliéntame como padre, y anímame como a hijo. De suerte he quedado cielos, tal estoy con lo que he oído, así me ofende el cuidado, tanto con todo me aflijo; tan mal estoy con mi vida, que mi postrer parasismo, en sus primeras razones, solo me fuera de alivio pues muriera sin deshonra; que no saberlo es lo mismo, y para vivir sin ella, solo el morir es partido Pero importa el consolarle, para buscar el cardino mas seguro a laven que recómpense el delito. Enrique, viven los Cielos, que no es más puro, ni limpio el Sol con sus rubias hebras, ni el diamante es más subido con muchos grados, ni el oro sale del crisol más fino, ni entre dos conchas de nacar ha conjelado el rocio del Alba hermosa la perla de color más puro, y limpio en el día más sereno. Padre, padre; no te pido que defiendas a Leonor en agravios conocidos. De Leonor la castidad. e le des arbitrio para vengarme. . Qué haré? quizá no lo ha entendido. Muera Leonor. Ay de mí, que escucho, Cielos divinos? no me bastaba el desprecio, sino también el peligro? Esto ha de ser, vive Dios. Calla Enrique; vamos hijo, hablaremos más de espacio. Yo os cobraré honor perdido. Tristes canas, que he de hacer en tan ciego laberinto? Cielo Divino, qué rigor es este? en que ha podido mi inocente pecho no haberos satisfecho? no basta que me cueste el gusto, y la quietud esta mudanza? no basta lo confuso de mi vida? mas también, que rendida quede en los brazos de un rigor injusto, que es más contra el honor, que contra el gusto. No dijo Enrique, sí, que Leonor muera? luego tengo la culpa de sus daños? no pueden ser engaños? Enri que es de manera; que callara el agravio presumido, hasta tenerle ya experimentado, apurado, y sabido, (tanto puede lo honrado) para con más rigor, y más violencia ajustar el agravio la sentencia. Si he ofendido a mi esposo, cielo santo? pero bien se conoce que agraviado con hallarse adorado se considera tanto, que mis brazos sin duda le dan pena, y hallado bien en otros más rendido, por muy agradecido, a morir me condena; tirana ley de amor, rigor extraño! que venza a la verdad un dulce engaño! y la desdicha siente? aconsejad prudente si es bien que el daño aguarde, pero si yo me ausento de sus brazos, no es fuerza que mi honor se perjudique, y también pierda Enrique? pues muera entre sus lazos, que es noble triunfo de mi amante vida rendirse a esfuerzos de tan Peligrosa está Leonor, Enrique determinado, piensa que vive agraviado, no menos que en el honor. Blanca teme el desengaño, y don Juan con su respeto, muy preciado de secreto ocasiona todo el daño. Yo, llevada de mi humor, vigilante, y cuidadosa, ando entre ellos peligrosa, esperando lo peor. Lástima Leonor me ha dado, y de Enrique los recelos; lloro en Blanca los desvelos, siento en Don Juan el cuidado. Y en tan criminales daños, que no pueden tener medio, yo he de buscar el remedio, y ajustar los desengaños. Costanza. . Señora mía, que me mandas? que por ti Costanza, no sé de mí, solo a buscarte venía. De mi secreto la llave tienes, consejo te pido, que el corazón afligido dentro del pecho no cabe. Puede a nadie suceder tal linaje de desdicha: que apenas halló la dicha, cuando la llego a perder. Ay Costanza; no es posible que tenstan fin mis enojos, nte e tan dulce herida. . ya lloran mis tristes ojos el rigor de un imposible, lo que pado suceder anoche en aquesta casa. Ay Blan, y fue dicha e scasa la de poderse esconder, y salir Don Juan de suerte, que Enrique no le sintió Estar advertida yo fue, Costanza mayor suerte, en tan peligroso punto de tan extraño rigor, donde creí que mi amor ya le lloraba difunto- Aquella llave (ay de mí!) un rapiz, y mi cuidado, y Enrique tan deslumbrado, y estar Don Juan tan en sí; fue mevester, para haber sucedido lo mejor. Pobre Blanca, de Leonor que lo llega a padecer. Más cruel es mi dolor. Qué de Leonor el enfado? Sí, que lloro mi cuidado, y padezco el de Leonor. Que si con mi propia vida le redimiera el disgusto, presto vieras con que gusto la diera por bien perdida. Pero en lance tan estrecho, que no vale el desengaño, ni puedo admitir el daño, ni aperecer el provecho, que en fortuna tan extraña, mi estrella menos segur solo mi engaño procura con lo que me desengaña. Y ansí, en favor de Leonor, no me atrevo a resolver, porque vendrá, puede ser, a resultar lo peor. Trata con Don Juan, señora, que tu casamiento sea. Aunque don Juan lo desea, no es posible por ahora; que en la amistad el enfado, (mucho a don Juan le embaraza) de Enrique; y si no es con traza no le dirá su cuidado. Pues de hablar a don Juan yo, aunque más me mortifique, con los recelos de Enrique, no tengo esperanza, no. Esta noche le has de ver? Ay Costanza; es imposible; No es Blanca, si no posible, y yo lo tengo de hacer. No ves tú, que aventuramos mucho a Don Juan, y a mi honorr Calla Blanca, ten valor, que yo lo dispondré, vamos. . Yo os confieso Don Enrique, que estoy muy sentido, tanto, que he estado para no veros. pero en mi pecho no ha hallado, (respeto de la amistad) tanto lugar el enfado. Conmigo tal diferencia, conmigo tanto cuidado, me parece novedad. Ay Don Juan, que disculpado estuviera mi secreto, si algunas luces del caso pudiera daros el alma, que hay sucesos tan extraños, de tan mala calidad, que a el alma solo le es dado litencia para sentirlos, nunciarlos. No me apuréis Don Juan mío, desmentido, deslumbrado dejáis el mayor afecto: ejemplo evidente, y claro sois de la amistad mayor, con el brío; en lo bizarro, el valor, y la prudencia, el original más claro sois de todos vive Dios. Mis ansias, y mis cuidados, si no es de Dios, y de vos, no pudieran de otra mano esperar algún alivio: mas si en solo imaginarlo, el mismo alivio me ofende, cómo he de solicitarlo? Esta es la causa, no más, y haber la palabra dado al cielo de no decirlo, hasta haberlo remediado. Mas quieto está mi temor. Valgaos cuatro mil diablos, hay tal esconderse! . Qué hay? Debe de haber que os buscamos Bazan, y yo quince días, todo lo habemos andado, hasta en casa del Doctor. Del Doctor? . Sí, que pensando que os queríáis dar la muerte, y por hacerlo callando, y más breve. . Callanecio. Este papel, por debajo de la puerta en mi aposento hallé para ti. Extraño atrevimiento por Dios. Advieres que has de n temprano, y que le importa la vida; Costanza estará esperando. Quién te lo dijo? Corra Habrá algún suce contra mí del casamiento, que solicita don Sancho; iré aunque ariesgue mil vidas. Qué he leido? cielo santo! Esta noche, con prudencia, con sufrimiento; y recato, por no perder la ocasión, dentro de tu mismo cuarto averiguaras tu honor, como vuelvas para el caso, y entres sin que te conozcan. Jesús qué suceso extraño: disimular me conviene por Don Juan. Muy demudado debo de estar. . Qué es aquesto? parece que os ha turbado ese papel: qué tenéis? Pídenme en él un caballo, que le doy con poco gusto. Son muy lindos nuestros amos para echados a una quinola. Aquí hay naipes. . Pues un ra- nos está brindando allí, (mo mientras hablan, vamos. . Vamos. Enrique, por Dios, que entiendo; vive Dios, que ya me paso a pensar que me engañáis. Yo sabré Enrique dejaros reñir con un hombre solo, para que es bueno excusarlo de mí con tan grande extremo: sino os sirvo, ni yo valgo para nada, Don Enrique; no acrédito mal mi engaño, . no os veré más en mi vida. Don Juan, por vida de entrambos, y por vida de Leonor, que no es el papel de enfado; ereedlo por vida mía, que sino, para ayudarlo, para que me aconsejaráis os dijera todo el caso. afío. Vámonos, Enrique hablando hacia vuestra casa. . Quiero asegurar el cuidado de Don Juan, para después) yo solo vengar mi agravio, o morir en mi deshonra. . Vamos Enrique? . Vamos. Yo os voto al sollo debino del díos, si, del díos tavaco, que tuvo con las bodegas más poder que con los caños del Peral, y de Carmona, que a no veros tan pasmado de un resfrrado de vino. Vamos amigo. . El borracho; tabernerillo de mielga, piensa que somos acaso todos unos? . No por cierto, Dos dedos, y luego aguado, Cura de dos alimentos; no me vayan a la mano, alcáguete de agua, y vino. Que se han ido nuestros amos. Qué importa que se hayan ido? vayan con diez mil diablos, que para cien taberneros, las medidas, y los jarros, pellejos, y medidores, las limeras, y los vasos, basto, y juro, y calla puerco; y yo sobro, voto a un cardo: en todo lo sufriré, aunque me dieran de palos, y me mataran a coces: pero en el vino, es agravio, y palabra de las cinco, al duelo, al duelo, y veranlo, Yo le engañaré, si puedo. Bazan, que tiene vuestro amo, estos días? qué parece, o que le han pisado el rabo. Vamos. yo sacaré al mente cato . con esta traza si puedo, Vámonos. . Vamos bobillo. Ven gracioso papa gayo. Ya tú ves, Blanca mía, lo que fío de ti, de tu prudencia, y tu buen trato; mi honor. Blanca, tan tuyo es como mío. No puedo ser a nuestro honor ingrato, y así para vengarle me prometo, que ha de importar tu maña, y mi recato. sabe que me has debido este respeto; porque aún el pensamiento no levanto a pensar que tú sabes el secreto. Tanto puede tu honor, y mi honor tanto que a Leonor solícito la defensa; hallela yo, permita el cielo santo. Los indicios me tiene tan suspensa el alma, que ya desmiento los indicios, y ya en Enrique temo alguna ofensa. Hace el temor, y amor varios juicios, y está Leonor a pique de que sean sus años de la muerte desperdicios. Nunca mis ojos, no nunca tal vean, que ningún mal a mi Leonor quisiera, y todo el bien mis canas le desean. Oh quién, si vive Dios, o quien pudiera hallar remedio para tal desdicha, aunque con ferias de mi sangre fuera. Has sentido, hija mía, di, por dicha, en alguna de todas las criadas, acaso la cordura contradicha. Que ellas no pueden, no tan recatadas proceder en su amor que no se sientan los deseos tal vez a las pisadas. Padre, y señor, por Dios que no consientan tus años, tu valor, y tu respeto, esos indicios, que a Leonor afrentan. Ten de Leonor, por Dios otro conceto, que no es más limpio el Sol que estás mirando, y es su vida inculpable, te prometo. De Enrique, de su esposo está adorando el menos acordado pensamiento, y a su amor, su amor sacrificando. Trátala Enrique con torcido intento dentro lo padece mas el si Si alguna vez, acaso se enternece, las lágrimas enjuga, y las retira cuando Enrique a sus ojos se le ofrece. No sea poderosa la mentira a escurecer la luz, señor, te ruego del planeta mayor, que el cielo gira, Mi hermana a andado torpe, y ciego, ajeno de razón, y de sentido quitándonos el gusto, y el sosiego. Leonor adora siempre en su marido; aquesta es la verdad no hay otra cosa, ni la podré saber, ni la he sabido En lo demás, señor, tan cuidadosa, ando de las criadas, te prometo, que paso de advertida a escrupulosa. Bien haya tal valor, y tal respeto. Dio Mi intención ha sido buena; bien se ha logrado mi traza, . Enrique está en la antesala. entra quedo pisa quedo don Juan, que no esta acostada Leonor, y podrá sentirnos. Hechos duendes de esta casa andamos toda la vida. Vive Cristo que me agarran, por detrás, y allá parece que se me queda una zanca. Estas loco Sabañón? calla no nos sientan; calla. Estas borracho? qué tienes? No señor, no tengo nada. Vive Dios, si haces ruido, que te de de puñaladas. No me faltaba otra cosa, después de que una pantasma me viene dando de coces, más luenga que la Giralda de la torre de Sevilla, y más que una dueña larga. Qué bocaza tra abierta! ella es sin duda tarasca al respeto. de las del día cel Corpus. Ea, de esta tenazada me engulle, si el mal olor mío, no se lo embaraca, que hay también tarascas limpias, Ya está segura la entrada. Di Costanza, y la salida? No sé, Dios lo sabe, calla. Él me de otra chimenea. Ya estamos en la batalla, honor, que habemos de hacer? dudas? Corazón, repara, que está el que a dudar empieza muy cerca de no hacer nada. Muera toda mi deshonra, el abismo, y con cimientos traslade toda esta casa, para ser vil aposento, para ser pena inhumana de ofensas contra el honor, viles ofensas del alma. Y a negra deidad, te sirvo, presto en tus viles moradas tendrás la mayor belleza, la más torpe furia basta. Tendrás (ay honor una Circe, una Ariadna, la misma verdad que ostentas en una apariencia humana. El robo vil de Perseo: pero el tiempo se me pasa, y no cabe ya en el pecho agravio, si no venganzas. Ya están en su mismo cuarto, yo te he dicho lo que pasa, remédialo, pues que tienes prudencia, ocasión, y maña. Salgan de si mis conjojas, rompan el silencio tantas como en el pecho se anidan, como lastiman el alma; sepase que las padezco, y también que sé la causa. Déjese a mi corazón exhalar tal vez mis ansias; venza una vez el dolor, puesto que ha vencido tantas la prudencia. Ve delante. . También es cómplice Blanca, más vidas ay que quitar, en su aposento se tratan mis deshonras (ay desdichas tan nuevas, y tan extrañas!) matarelas vive Dios. . No sé que pensó Costanza, cuando entre tantos temores, y cuando entre penas tantas te ocasiono a que vinieses, y a mí no me ha dicho nada, Este me dijo, que tú precisamente mandabas que te viera aquesta noche. No ha sido la barla mala; vive Dios que nos enseban, Quién es? . Sosiégate Blanca; no te alborotes, y escucha; y tú Don Juan, no te vayas, que a ti es aquesta visita. No digo yo, que nos rapan. Para acabar mi papel sola una cosa me falta, voy a hacerla. . Aquí me entierran; señores, mas que me casan. Qué es esto? válgame Dios! que hace Don Juan en mi casa a estas horas? desde aquí se podrá informar el alma, por si mayor, que temida, es acaso mi desgracia. . Ya sabes. Blanca, mis penas, tú, Don Juan, no las ignoras, puesto que de vuestro amor nació la ocasión de todas. De mi esposo los cuidados, la inquietud, y la zozobra; que aunque los calla el honor. el semblante los ignora. El peligro de mi vida, el riesgo de su persona lo aventurado de todo en la condición honrosa de Enrique, y entre los dos, la quietud con que se logran, lo tierno de los favores, lo dulce de las lisonjas. Pues voy al caso, don Juan, Blanca voy a la forzosa, que ya que de los dos tienen mi honor, mi vida, y mi honra, con el corazón valiente siempre el ánimo conforma, y no hay vencimiento grande que pase de empresa corta. En tan grande ser, Don Juan! en tan noble, en sangre, son la cobardía excusadas ceremonias. Para merecer a Blanca, y alcanzar su mano hermosa, para que son diligencias, señor, tan escandalosas? No era para don Enrique dos veces suerte dichosa, por tanta sangre la una, por tanta amistad la otra? Oh que mal se compadece a esta circunstancia sola la correspondencia menos, que a la obligación forzosa! No digo en cuanto a el amor, porque lo que no me toca; ni he de abonar ignorante, ni he de acusar licenciosa. Demás, que a mayor poder, pienso yo que no se logran; ni defensa en el diamante. ni resistencia en la roca. Asentada la disculpa en esta parte, en esotra de la amistad con Enrique; no adviertes que no conferma con la llaneza el recato? y que por dificultosa la dificultad que sea, entre dos amigos poca fineza fuera de aquel que no la venciera toda, para que el otro lograse la ventura aún a su costa. Pues siendo así, respondedme; no es diligencia más propia valerse de la amistad para ocasión tan piadosa? Demos caso, que el empeño tenga ya las fuerzas todas; que en el noble, la intención basta, y le sobra la obra por lo mismo, y cuandonos Ser hazeraprueleroca el amigo, por ocasionarle a toda la fuerza mayor del alma, o para que se conozca. Si entre las dos almas, todo lo que se debe se cobra; paso de esta ingratitud, que es fuerza que recovozcas, que en favor de lo cobarde no has de hallar razones propias, Si acendradamente amaras a Enrique, como blasonas: es buen linaje de amor dejarle entre esas memorias, padeciendo de un engaño; y que tú se le ocasionas? Que más hiciera el cuidado de una voluntad traidora, que con lágrimas fingidas, ofende entrañas piadosas? Y cuando en el padecer, por esta razón, o esotra, le dejes en el rigor, que ya ejecutando notas contra su gusto, y mi honor, contra mi vida, y su honra, en la ejecución aquí: cuando ya el brazo enárbola contra la inocencia mía. Perdona don Juan, perdona, si me pasare a cruel, por que entra mi queja ahora. Cuando el braco, como digo, fiero presagio denota, extraña desdicha anuncia, y amenaza negro sombra. Tu cruel, tu vengativo, a la desdicha le exhortas; y si una ocasión no basta, por eso le ofreces otra, en qué te ofenden mis anos? mi vida, di, en que te enoja? Una noche en el zaguán, contra el decoro, a deshora te encuentra hablando con Bla y en mi lacalunla porque soy más desdichada tu aquesta noche propia, (después de no conocerte) vuelves, y un engaño forjas, con que le sosiegas algo, si bien a mí me alborotas; y con ser en daño mío; (esta es la mayor lisonja que te he debido en mi vida) mira cual serán esotras. Y lo que salió de aquí de esta traza escandalosa, de esta inquietud simulada, y de esta inquietud traidora, ya lo ves, que anoche Enrique en mi cuarto, y donde sola, cuando en los brazos del sueño, alguna de mis congojas, tanto ofende en lo sonado, como en la experiencia todas, te halló. Y tú muy reportada en lo que menos importa, dejas al riesgo lo más de mi vida, y de mi honra, escapaste vigilante, y me dejas peligrosa. Es bravo valor Don Juan; dame licencia que ponga duda en tu amor, pues parece que te defiendes, y estorbas el peligro de casarte, no puede ser otra cosa en ti, que te estaba mal el que pudiera ser otra. Pues no, no ha de ser ansí, tu amor, don Juan lo disponga (antes que de sus cabellos Febo escarmene las rojas madejas, ni los guarnezca para tirar su carroza, a emulación de Morfeo; antes que el luto deponga la oscuranoche, y lo horrible en sus cabernas esconda) os, CCC a escasar tantas zozobras, a empedir tantas desdichas, a deslumbrar tantas sombras, a resolver tantas dudas, a quitar tantas discordias. Remedia, don Juan, remedia de mi esposo las congojas. de mí la repucación, de Blanca el gusto, y la honra, y de ti mismo el peligro, porque de una noche a otra se ha cansado la fortuna, que es pocas vec es piadosa. Victoria piadosos Cielos; ay amor, y honor, victoria, lo que mienten los indicios! Perdona Leonor perdona la mal sospechada ofensa de tanta lealtad heroica como ha cabido en tu pecho. Falso amigo. . Ahora, ahora me cuelgan válgame Dios. Reporta Enrique, reporta. Vive el Cielo. Calla hijo, sosegaos, despacio hola, que si fue grande la ofensa; es más grande la lisonja que te ha hecho Don Juan, Enrique pues es causa que conozcas de tu querida Leonor la discreción, y la honra. Padre, y señor. . A tus pies esta don Juan de Mendoza, mas hijo que don Enrique. Gracias a Dios, que se logra mi intención. . Daos las manos; tu eleción ha sido honrosa; Don Juan es buen Caballero; con esos brazos adorna a Enrique, porque pidamos perdón de las faltas todas.