Texto digital de Lo que ciega una pasión a una mujer despechada
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- José Ramírez de Arellano
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de un impreso.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo que ciega una pasión a una mujer despechada. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-que-ciega-una-pasion-a-una-mujer-despechada.

LO QUE CIEGA UNA PASIÓN A UNA MUJER DESPECHADA
JORNADA PRIMERA
y Iva Dinamarca, viva. Viva la Suecia y Gontia. Primero, que de mis brazos el estrecho nudo rompas, dará un escarmiento fácil despeño de dos Coronas. Válgame el Cielo! A mí solo el ceño que me provoca. Ninguno el peligro ha sido. Cuando los riesgos lisonja no fueron de mi valor? mas pues el lance mejora la ocasión, aseguremos en un triunfo la Particular será tant sangrienta común derrota: qué destreza! . Raro pulso Mas pese a mi furia loca! tropecé y caí. Al valor los acasos no desdoran: alzad del suelo y prosigue. Atención tan generosa consisme al valor la llama, el filo al acero embota; y así, pues mi vida es vuestra, él a vuestros pies:: . Lisonjas cortesanas admitidas, son en la lid afrentosas; pues la opinión de mi esfuerzo quedará, Enrique, dudosa, si al hacer una hidalguía, me malógrase una gloria; nn es rend sin ella. Que nos cortan. Huyamos, pues no parece Hauberto. . Acudir me importa a este peligro; suspenso quede nuestro ceño ahora, en tanto que a Dinamarca inundo en su sangre propia. Esperad. No así, Soldados, cobarde fuga medrosa envilezca vuestros triunfos. Viva Dania. . Viva Gotia. Qué miro! Hauberto en sus huestes tan noble saña ocasiona, que aún por la muerte, que al paso le sale a atropellar prontas sin duda conspira Marte contra mí sus iras todas: y más habiendo sabido, que las Imperiales Tropas talan mi Estado, y Hauberto ya contra mi triunfa, nota tan indigna ha de tener el libro de mis victorias? Yo::- Arma, arma, guerra, guerra. Viva Dama. . Viva Gotia. Mas estas voces distantes dicen, y a un tiempo pregonan mi riesgo aquí, y el peligro de Alemama en la forzosa insinuada invasión: Cielos, qué haré? y más siendo deudora mi vida de mi enemigo, a tiempo que esa espaciosa campaña en coral le paga al Aura el llanto de aljófar? Si de la empresa no cedo, en ella arriesgo mis Tropas, y con ellas mis Estados: retirarme es afrentosa determinación, pues siempre las Monarquías blasonan de abultar, aunque mentidas grandezas, eternas glorias: qué medio habrá? Muera. cobardes, víctima corta para el temple de mi acero. O es ilusión, o una tropa de los míos, retirando viene a Hauberto. Así mi heroica saña castigar sabrá presunciones orgullosas. 1. Si a prisión no se da, muera Esperad. . Enrique! ahora mayor el peligro juzgo. 2. Muera. . Cómo así? 1. Si toda la campaña es vejetable tumulo, para tus Tropas por su acero, cómo intentas quitarnos señor, la gloria de prenderle o de matarle? Por vida de mi Corona, que al que no se retírase, yo mismo::- . Señor::- Bríosa vuelva a la lid vuestra saña. ( Ciega es la obediencia y pront Qué intentará? Invicto Hauberto, cuyo valor se pregona por vuestras proezas, siendo coronistas de si propias: noble la vida os debí, mas porque se reconozca, que no solo recompenso una hidalguía con otra, pues vuestra cortesanía tal deuda contrae, todas las Plazas que de Suecia Dinamarca hasta aquí logra, adquiridas con las armas, os las restituya ahora, y de amistad alianza hago con vos en la forma de los honrosos tratados, que vuestro valor disponga. Permitid, que a vuestros pie agradezca tan heroica liberal demostración. que blasonaba su Imperio, son ya rencores, son iras, son ceños. Cómo el pesar te condena, señora, a una tan precisa melancolía? . Ay Fenisa! no te lo ha dicho mi pena? pero a Porcia miro allí, sintiendo cuanto recata. Y tu deseo, qué trata? Ver si consigo (ay de mí!) saber si es la crueldad digna a tanto padecer. Qué te obliga? . Ser mujer. Luego esta es crueldad? Y cuidado. . Sola aquí me dejad. . Gustas que yo me vaya? . No, Libia, no, que es más el pesar sin ti. Qué te aflige pues? . Si sabes, que yendo, como otras veces, a penetrar de unos bosques las fragosidades verdes, miro una cerdosa fiera, que en mi despicarse quiere, de que los troncos salpique el mucho coral que vierte: doy voces, mas al primer lastimoso acento leve, llegó Hauberto tan airoso, tan bizarro y tan valiente, que al verle airado, la fiera dijo: la saña suspende; y es, que aún más que del estrago; creo que murió de verle. Penas, qué escucho! . Si sabes, que dio ocasión a deberle la vida, haber como él dijo, adquirido copia breve de mi hermosura, y venir a Dania oculta, de suerte, que yo obligada, y él fino, cortés, bizarro y valiente::- Hay más pesares, desdichas! Díjele, en fin, que me viese de noche por una reja del Parque, de que proviene, que atropellando el amor montañas de inconvenientes, mano y T de esposos. . Cielos, valedme! En esta ocasión mi padre, para domar la rebelde Gotia, llamó a Casimiro, con sus auxiliares huestes, advirtiendo, que mi mano en recompensa le ofrece, finalizada la guerra, y que de su triunfo fuese el laurel para Matilde y Enrique coyunda verde. Casimiro los partidos aceptó, y porque tuviese su hermana Matilde quien sus juvéniles niñeces noble aléntase, pues son en ella, si bien se advierte, afrenta de femeniles melindres impertinentes, le condujo a Dania, viendo en mi espíritu rebelde, que hacer elección de alhajas, Libia para el gabinete, fuera por mi inclinación adorno de sus paredes, entre diamantinos yelmos los pavonados arneses. Triunfo Sígaro, aumentando esquivo honor a sus sienes, por lo cual del Rey su padre llamado Hauberto, volverse le fue preciso a Suecia, y en escaso tiempo breve de su padre y aún del mío cortó irritada dos veces la parca el regio vital estambre; mas como siempre son cenizas del rencor, pavesas que el odio enciende, anteponiendo al cariño el valor, por no exponerse al desaire de que Enrique mi mano quizá le niegue, por los antiguos tratados, que con Casimiro tiene, a restaurar sus perdidas Plazas salió con sus huestes Hauberte talando toda la Danía; pero valiente mi hermano, con Casimiro al opósito se ofrece, mas tan tarde, que de aquí, a sola una marcha, frente ambos Campos hacen, que será forzoso, que arriesgue hermano o esposo, o más sabiendo quedó pendiente ayer la Batalla, mira en extremos tan crueles, quien padece como yo, si justamente padece. Bien hemos quedado amor! Ay, si Matilde lo óyese! que aunque por brújula, sé de su cuidado, que es este. Ah traidor! Y quién vio al tal Hauberto morirse adrede? mas esta cuadra atraviesa. Mas disimular conviene. Porcia? . Matilde, aliviarse mis pesares solo pueden contigo. . Temo, que aquesta celosa mina reviente. Lisonja de mi dolor . no hay duda fuera: mas este bélico estruendo, quién pudo motivarlo? . Hacia aquí viene Fabricio tu tío y de él lo sabrás. Albricias puede darme vuestro amor, pues llegan triunfantes::- . Infeliz suerte! . Qué escucho? Vuestros hermanos. Todo el aliento fallece. Amor me vengó. Y Ricardo marcha a Alemania; mas este militar rumor me avisa de que a Palacio en alegre festiva unión (pues de paz el triunfo es el que se previene) Hauberto y Enrique llegan. Hauberto? Pues qué os suspende? si paces capitularon a Dania y Gotia? . Ya vuel a renacer mi esperanza. otra vez mi dicha muere. Hauberto y Enrique viva los nunca vencidos heroes. Pues alternando el rumor bélico, y el de la plebe nos avisa, que a Palacio se acercan; es bien se mezcien a los marciales trofeos los músicos parabienes. Ah cruel! que en tu armonía mis exequias me previenes. Gran día, Fenisa. . Eso será lo que amor quisiere. Hauberto y Enrique vivan, los nunca vencidos heroes. Y en hora dichosa lleguen, a donde festiva la lealtad les previene en júbilos cortésanos que abulta, ínclitos desempeños que ofrece, repitiendo alternados el Clarín y la Lira, al saludarlos corteses::- Que vivan. . Que manden. Que triunfen. . Qué reinen Y a un tiempo repitan::- Que manden, que reinen, que triunfen, que vivan. Hermosa Matilde, a cuyos soles el arbitrio cede del amor la más opuesta contraria altivez rebelde: divina Porcia, del alma la mejor prenda, que llegue permitid a vuestros brazos quien tan victorioso vuelve, que en la Campaña logró, que este Alcázar mereciese ser del gran Monarca. Hauberto corta esfera, trono breve. Y mi amor la misma dicha celebra, con la de verse víctima de vuestros ojos. Que así un traidor me desprecie! . Por toda la Dana es justo, que yo el parabién acepte, pues vana con tal grandeza coronar sus timbres puede. Regocijo es ya del pecho limitado espacio breve. Dicha tan vuestra, por propia mi afecto es bien la celebre. Que aún viva, cuando mis ojos pálido veneno vierten! Ved que urbanamente agravian lisonjas, aunque corteses, que si algún triunfo adquirir pudo mi valor, fue verse felice despojo, siendo de vuestras plantas tapete. Pues ya te logré, fortuna, clava de tu rueda el eje. Matilde está como quien juega, le da bien y pierde. Qué bizarra juventud! Ni un descuido la merece mi amor a Porcia. . Yo creo, que es algo de mal de huésped el de Matilde. . Yo, Libia, solo sé, que harto mal tiene. Porque a trofeos de Marte, triunfos de Venus se mezclen, presto, Príncipe, seréis dueño de Porcia. . En mí tiene tan fino esclavo, que solo la libertad aborrece. Loco intento! Que una voz l pecho todo abenene! Y yo la mano daré a Matilde, a quien ofrece mi albedrío el alma, como feudo, que a imperio debe. Notable felicidad! Miren, y cual se los tiene. Yo ser (sin mi estoy!) de quien mi voluntad aborrece? No haya miedo que se casen, si un Fraile no los conviene. Que he de mirar agraviarme, . Sin poder satisfacerme! Padrino será su en las bodas, si os merece esta dicha más, quien tanta repetida deuda debe. Por amor, que es menester un sufrimiento hecho adrede. Bueno es querer, que en mi ofensa sea testigo y delincuente: siempre obedeceré, como quien albedrío no tiene. Pues ya que en mi cuarto esfera limitada la previene a vuestra Alteza el afecto, sino digno, Real albergue, dar alivio a la fatiga grave de la marcha puede, que yo en mi común despacho, centro el más propio a los Reyes, será bien que a mis vasallos el júbilo recompense: y nada así los obligo, que no es mucho, si se advierte, pues dio su fe lo que pudo, hacer mi amor lo que debe. Ya los piectros y las voces a decir unidos vuelven::- Repitiendo alternados, Esto, Libia, has de decirle. Esto, Fenisa, le advierte, porque sea el declararme modo de satisfacerme. Seguir al Rey es forzoso: no sé, qué cobarde teme receloso mi amor! pero detente, labio, detente. Hay rigor tan desigual! no hallo a mi esperanza modo. Ello vendrá a parar todo en pleito matrimonial; y yo::- Hauberto? . Libra balla? Porcia a tu Alteza le envía esta llave. Suerte mía, vence el rigor de mi estrella. Y en el jardín os aguarda, luego que empañe a su aliento la diafanidad del viento nocturna sombra bastarda: mi voz seña es, a compas de estar sola. . Y digo, en fin, habrá para mi jardín? Sí, como no pida más. . Oye, espera. . Mi señora Matilde, luego que el Cielo empañe atezado el velo, en el Jardin::- . Ay, qué Floral Por mí, que espera, os avisa. Ignora usted en rigor, que soy siempre su menor Soldaro, mí sa Fenisa? Aparta, loco . Entreabierto algo el postigo estará, mas lo que allí alternará mi voz, el sitio os advierto. . Así, que se vaya dejas? Nada en ello arriesgo. . Pues ya que esta la ocasión es, vamos ajustando quejas: no adoras a Porcia? . Sí. Y amas a Matilde? . No. Pues quieres que ignore yo aquello mismo que vi? cuando estuve, y cuando estabas en Danía, con doble trato no lo distes de barato cuanto con Porcia ganabas? No podré, Moscón, negar, que en Matilde blasoné, y que sus dichas logré, pero no es fingir amar: dirás, que arguyen recelos tales, afecto traidor; pues no, que fingirla amor, fue por excusarla celos. Y proseguirá su engaño? Sí, que lo contrario fuera, que un enemigo tuviera mi fino amor en su daño. Pues por negar la señora noche, nada desmerece. Templo atezado la ofrece mi pasión, si la mejora. No la errarás, que en rigor lo más está adelantado, pues en Danía has regís trado todo escondite de amor. Sígueme, fortuna, alianza hagan mérito y trofeo, que así logrará el deseo su triunfo de mi esperanza. . Gustas que a cantar empiece? Sí, Libia. . Pues va de seña. Ah del cuidado, a cuyo sagrado centro, felices llegan ecos en mis voces del amor las cadenas: vuela, vuela, vuela. Prosigue, Libia. . Segunda llamada haré con presteza. No de cobarde hacer quiera alarde, quien a la cumbre anhela, que no el temor logra sagradas empresas: vuela, vuela, vuela. Oh cuánto duda, quien teme desengaños de una ausencia! Nobles trofeos de amantes deseos se logran en la esfera, a donde volcanes aspiran pavesas: vuela, vuela, vuela. Cuidado con esta voz, porque temo que te pierdas, señor, si nos falta. . Pisa quedo en sombras tropieza la vista. . Y la noche es parto propio de Guínea. Pasos hacia allí se escuchan. He de proseguir? . Espera hasta saber quien es, puesto, que a nosotras, Libia, llegan. Es Porcia? . Albricias, amor recelosa estar debiera de la duda. . La razón ignoro. . Ella la demuestra, probando, que no soy quien solo esperarte pudiera. Y ucé es Libia? . Sin las sierpes. Yo adoro::- . Lindo tema! Ay Porcia! ay dueño del alma! en tus amorosas quejas prosigue, que aunque mentidas mis felicidades sean, haré, que cegando el propio conocimiento, merezca en mi afecto aún el agravio privilegio de fineza. Ah de mi injusto ceño! con cuyo airado diseño, vano el rigor espera se mire estrago mi padecida ofensa, sañuda castiga, irritado me venga. Tu amor quejoso? Mas este de Fenisa es eco. . Es seña de Matilde, pero nada importa: casarte intenta tu hermano con Casimiro. Qué locura! . Y no pudiera atreverme a un favorcillo? Qué arrojo! Digo, sois suegra? Por qué? . Porque despreciarlo todo, es como quien lo aceta. Por si dudas del semblante me las descifra la lengua, vengo a hablar en el jardín a Porcia. Pues a la seña no acudió Hauberto, por si hallo mayor indicio en mi ofensa, el jardín discurro. . Sombras confusas la noche atezan. Tales dudas son agravios. Desconfianzas discretas no ofenden. . Mas son amantes hipocresías groseras. No hay remedio? Sí. . Cuál es? Lo del amor le provea. Pasos siento. . Aquí parece, que alguien sin duda se acerca. Sois vos? No es mi hermana? pero . disimulemos, sospechas. Soy, divino dueño, quien vive (qué mal finjo!) a expensas del influjo de tu cielo. Qué fácilmente, que encuentra . lisonjas quien miente. Nada ignora, de cuanto os deba mi amor. . De Enrique sin duda imagina mis finezas; ya en proseguir me he empeñado. . Ira noble sagrada, si acaso irritada te consigue mi queja, al ver por mi culto adulterada ofrenda, sañudo castiga, irritado me venga. Solo de tu amor esfera digna es mi pecho. . Cegar importan riesgos, que velan Argos contra nuestras dichas. A ver a Matilde bella (pues en el jardín está) mi amor me conduce. . En esas ramas ruido se ha escuchado; retírate mientras cesa. Alguien el jardín discurre: y pues mi opinión se arriesga a ser Enrique o mi hermano, a hablaros volveré . Espera: Cielos, el que indicio fue, en mi agravio es evidencia? Sin duda me echará menos Matildle. . El puesto mantenga. Aguarda: de esta vez me hacen enamorado de piedra. Pues ruido escuché me importa ir a desmentir sospechas. Es Matilde? Ahora conviene que me declare: sí. . Deja, que a mi amor le pida albricias. Pues que ya el acaso cesa, prosigue, divina Porcia. . Qué escucho! terrible pena! celos y agravios? mas quién me ofende saber es fuerza. Libia? Sí: pues Moscón es, examinémosle, Decidme idolatra a Porcia, cómo dice, Hauberto? . Esa es cosa perdida, pues con llamarle cierta seña, tan alegre como yo, a él tan no bien le sueña, como si en aqueste paso cántase un requien eternam. Qué oigo! . Mucho debéis a mi amor. Y aún la presteza en verme; pero no es mucho, si se considera, que quien fue villano amante, desatento traidor sea. Quién (ay de mí!) logró celos tan en traje de finezas? Ya en mí el sufrimiento se hace cómplice de mis afrentas. Enmudecéis? . El acero será la bruñida lengua, que os responda. Empeño grave! mas el decidirle queda al valor. . Ay de mí! . Aceros en el jardín, ahora empeñan mi brío, porque despique un acaso de otro sea. Quién mis locuras oiría! hay más infelice estrella! En el jardín ruido de armas se oye, acuda con presteza la guardía. . No huyas, cobarde. Sin mí he quedado. Estoy muerta. A saltar las tapias voy, y lo que viniera venga. Haír el lance no es posible mas que haga es fuerza acaso del delito. . Solo saber mis iras intentan quien me ofende; mas lograrlo procuro, sin que me tengan por cómplice en el empeño. . Con la confusión se alienta mi intento. De mármol soy. Aún oposición no encuentran mis iras. . Sin alma animo. Seguidme, pues se oye en esta mansión el ruido que ves. De nieve estatua soy hierta. Quién aqueste coto osado profana, a mis iras muera. Esperad: cómo así, Hauberto? Casimiro, qué os empeña? Recelos, qué miro? A mí el vago rumor, que altera todo el Palacio. Y yo viendo que confusas voces muestran en el jardín el peligro, de mi cuarto con presteza al empeño acudí. . Y de él la ocasión saber desean todos. . Pues contra los dos el delito se comprueba, mientras la verdad inquiero (permítale al rigor treguas la saña) también yo ignoro el lance; y pues todo cesa, o fue ilusión, o se ocultan viles traidores en esta verde amenidad. . Mi pecho se condensó todo en etna. Menor es el riesgo. El alma nuevos temores alienta. Y así, discurrir importa sus enmarañadas yedras luego al punto. Ya has logrado, que algo, fortuna, te deba. En confusión semejante toda prevención es necia. Seguidme: muchos recelos podéis temer en mi ofensa. Iras, prevenid venganzas. Amor, deslumbra sos pechas. Mucho llevo que dudar. Mucho que sentir me queda. Ea, amor, como tú a todo me ampares, nada hay que te ta ta ata tal cralcra col crac
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Esto has de decirle. . Pero a mayor desaire expones tu hermosura. . En opiniones, que se funda amor, infiero, y es la que sigo, querer en tan celoso sentir, o liímitar el vivir, o templar el padecer. Luego aún de Hauberto adorada te crees? . No tan necia soy, pero tampoco no estoy de mí tan desconfiada, que en mi agravio acreditar pueda del hado el rigor. Pues ignoras, que tu amor ha sido censo al quitar, y que perpetuo adquirir le ha pedido Porcia? . Y bien, no mentirá a Porcia quien supo a Matilde mentir? Y del jardín, qué diré? pero todo ha resultado contra Porcia, pues la han dado (porque asegurada esté) centinelas, que la celen sus intentos. . Mal así me alivio, pues contra mí también es fuerza que velen; pero hoy veré, como he dicho, si debo creer mis recelos. Cuándo mintieron lo celos? hay tan extraño capricho! Mas quien allí viene es Hauberto. . Oculta imagino decreto de mi destino oír. . Retírate pues. Qué Enrique se ha recelado de Porcia? . Digo que sí; mas he presumido::- . Di. Que ahora empieza a ser cuñado. Lo verás, deja y prosigue. Diez veces no he repetido, bido que de de Libia (porque te obligue fineza tan soberana) que Porcia, ya que lograr no puede volver a hablar en tu amor::- . Suerte inhumana! Pues aún tiene más espías, que hay en concurso acreedores, en el infierno Doctores, y en cuatro o seis chismes, tías. Escrito un papel vendrá para ti, y aunque su hermano presente estuviese, es llano, que dártele logrará, dejando el lienzo caer; dentro ha de estar, y al alzarle con el tuyo has de trocarle: de aquesta suerte ha de ser. Pues no pudo Libia a ti darte el papel. . No, que había a Jonje una dueña arpía, y en cuanto hombre la temí: demás, que aún escrito creo no estaba. . Cesa, que es Fenisa a quien miro. . Pues encontré con mi deseo. Que se acercan imagino. Con temor escucho! . Hermosa Fenisa? . Qué tierna cosa! para mí, qué desatino! Pues este exceso de mí amor dudaba su fe? Con eso a Matilde iré. En vago ha dado hasta aquí. Obligarla trazo. . Ya Sabe lo que os debe, en fin, y si no, lo del jardín también lo acreditará. La ojaldre de este pastel se va descubriendo. Aquí le viste venía? . Sí; por señas de que es aquel. Con Fenisa hablando está: mal mis temores resisto. A Porcia y a Libia he visto. Qué intentas? . Mientras se va Fenisa, Libia, escuchemos. Que tan neutral el rigor aún se mantenga! . Señor, . advierte que nos perdemos; Porcia te escucha. . Pues trazo, que blasone verdadero mi amor pues a lo que infiero no hallo en Matilde embarazo. Tu Alteza::- . De mi atención soy toda. . Sepa no ignora, que en Porcia su amor mejora el logro de su pasión. Matilde, en fin, sabe::- . No prosigas; porque advertí, que no es bien digan de mí lo que debo decir yo: si a Porcia idolatré, empeño de amor tan feliz ha sido, que siendo a merced rendido, hago vanidad del dueño. Qué ventura! . Qué baldón! qué yo mi ultraje haya oído! Muy buen despacho ha tenido . Matilde en mi comisión. Dime, felice no fui en perder la libertad? no es mayor tranquilidad el riesgo en tal desdicha? Sí. Yo, cuando, que::- Eso faltaba. . Celos, en campaña estáis. Proseguid, de qué os turbáis? Pues peor está que estaba. Advertid, que yo::- Cobrad prendas, que tan mal perdidas desairan con lo que fingen engaños, que desperdician. O, si el veneno del pecho inficiónase la vista! Cóbrese tu Alteza, que es la perdida conocida. Qué gran cosa es envidar a juego visto las dichas! Si a Matilde finjo, a Porcia . namor contra si conspira; fino mi amor prefiero todo en Matilde, peligra, que ofensas disimuladas son venganzas prevenidas: qué haré, Cielos? A mi hermana sigue la planta advertida; pero exanine el oído escrúpulos de la vista. Mis temores sigo; pero si acaso, estrella impía, lo villano de tu influjo primor de tu tiranía::- Bien creerás, Porcia, que airad mi voz está aquí remisa, (prorumpa en confusos ecos . mal articuladas iras) pues no (ay infeliz!) que importa muy poco (o pese a mí misma!) perderlo, como tú ganes. Cuanto percibo es enigmas. Nada inferir puedo. Mármol viviente mi amor se anima. Que no logre yo ver como se arañen las Infánticas! Y así, los Cielos te guarden: como deseo, enemiga. e Espera, que porque nunca tu altivez desvanecida blasone, de que cederme pudo el trofeo a que aspira, solicito ver si puedo::- darle el papel en que cifra mi amor su esperanza. . Qué Dejar el campo a tus dichas. Tú las logras. Advertid::- Tu Alteza aquí? Qué te admira? Vos, señor? . Agradecido al acaso estar debía, pues viniendo a verte::- mas Enrique. . Si el cuento oirían? aún se aumenta el riesgo en tanta confusión siempre indecisa. Todo nos sucede mal. Aquí ha de haber una y linda; yo las lío: miren, qué ojos? volcanes escupen: chispas. Disimular trato. . Pecho, . recata el volcán que abrigas. Casimiro? Enrique invicto? A veros me conducía mi cariño, temeroso no en vano, pues averigua, que a tanta deidad escaso de culto desautoriza. Sin vos, el más leve instante pausado siglo sería. Nada sin duda escucharon. Mitigose la porfía de mis temores. Nosotras cuidadosamente finas de su Alteza, a ver si acaso el hospedaje podía mérito hacer del afecto, venimos (fuerza es que finja, por deslumbrar todo indicio) y aspirando a preferida cada una, el noble intento motivó cortés porfía, y ausentarnos dispúsimos. Yo confuso, en tan no vista aplazada lid, dudé como proceder debía, quien ocasionó el empeño; y a un mismo tiempo apadrina deidades, que se introducen en lance, donde litigan aceros de urbanidad, duelos de cortesanía. En cuanto al noble hospedaje, ostentación peregrina de vuestro poder ha sido, sin que lisonja se finja, pues hizo vuestra grandeza alarde desvanecida en prevenciones costosas de magnificencias ricas. Nada, con lo que oí, desdice. . Ya no es tanta la ojeriza de los hados. Vuestra Alteza cortésanamente amplia honras, con que nos ensalza. Temerosa de mí misma mi saña me tiene. . Aunque . con la industria prevenida traigo en el lienzo el papel para Hauberto, estoy remisa, que no deja de ser fino afecto, que el riesgo mira: dígole, que si pretende, que una alma en dos pechos viva, a sus Reales me conduzca, pues tan cercanos se alistan en vecina selva, y nuestros intentos se facilitan, capitulando el valor. La celebridad festiva de nuestras bodas resuelvo que se retarde. . Alma, albricias. . En tanto, que de Alemanía domo la arrogancia altiva: mientras mi celoso torpe temor borrar no consiga, aquesto importa. . Lo mismo suplícaros pretendía. El lienzo. . Perdile, y ya es acaso la industria mía. Soltad. . Advertid::- Qué miro, Cielos? . Mi valor::- Mis iras::- De mármol soy! . Trance fiero! Vuestras Altezas repriman la saña, que es la razón quien más noblemente lidia en tales empeños: Porcia, a tu cuarto te retira. Primero, señor hermano, considera:: . No prosigas. Advierte:- No he de oírte. Pues yo iré (si bien se mira) a vivir como infelice, que será a morir de fina. te. Qué desgracia! Esperad. . N su Alteza su intento siga, que quien forja agravios, halla venganzas, que él se fabrica: Argos de todo ha de ser. Ya aquí dieron fin las dichas. . Qué intentará Enrique? Cielos, qué debo hacer? pues peligra, leyendo el papel de Porcia, el honor. . También permitan vuestras Altezas, que yo me retire. . Que lo impida es fuerza; pues en quien dueño hacer a una Dama aspira, disimulados acasos son afrentas convencidas; y así, el papel:: . Advertid, que de noble, la precisa ley en el empeño a mí me introdujo, y ya sería desairar mi brío, a no ver descifrado el enigma de ese billete. . A ninguno el acaso le motiva. Empeño a vos, porque siendo prenda de mi hermana, evita vuestro duelo; pues en mí la logra restituida. A vos, porque es todo vuestro pretexto razón indigna; y aún cuando delito hubiese, yo era solo quien debía para su castigo, hermano y. Rey, consultar mis iras; y así (a respirar no acierto) . vuestras Altezas no impidan. mi ausencia. . Esperad, que vuestras razones aún me motivan a impugnarlas. . Y a mí; pues cuando a los dos nos obliga honor, quedamos iguales, pasando el duelo a porfía cortesana, y desairado quedará el que no examina ese, que su origen fue. Todo el empeño es enigma: si el papel leo yo, hago pública la ofensa mía; si en ocultarlo porfío, mi fama también peligra, asegurando el recato pretextos a la malicia: pero no son los indicios contra Hauberto? cosa es fija; qué dudo? leeré el papel, pues razón se hizo precisa, que desagraviarle logre, o que vengarme consiga. Enmudecéis? . Qué os suspende Ver mi razón convencida de la vuestra: oíd. . Pesares, escuchad. . Aquí, osadías. . Hauberto, señor mi dueño: Esperad, que a mi venía; y urbana desatención fuera proseguir. . Aspira a un error vuestra locura. Soltad: ha fiera enemiga! Forzoso es, que así el valor duda tan nentral decida. Falso amigo, ingrato huésped, de mi saña vengativa despojo serás. . Celosas ofensas tan atrevidas, a mi castigarlas toca. Mío el agravio es. . Y mía la ofensa. . Aún los dos sois corto trofeo para mis iras. Yo le he de dar muerte. . Y yo he de vengarme. . Qué aún vivan! En aquella cuadra ruido de armas el viento pública. Qué es esto? Vengar ofensas contra mi honor cometidas. Pues muera. . A pesar de mí a la fuga me precisa la multitud. . Bien en vano de mi saña te retiras. Que no me vengue! A mi amor mis bríos me sacrifican. y de mi infelice! a dónde encontrarán mis desdichas con la piedad de una muerte, contra el rigor de una vida? para cuando:: mas qué veo! no es el que aquí se retira Hauberto? corazón mío, menos temeroso anima. Fortuna, a tu amparo apelo. El amor le facilita. Cerraron la puerta. Al suelo echadla. Porcia divina, deja que a tus pies::- . Mi amor agraviáis; y pues me avisa aquese estruendo el peligro tuyo, de una tiranía te libra. . Y podré lograrlo? Sí, por aquella galería, a quien el cristal del foso de aljófares la salpica, pues de su vaga corriente la diafanidad vencida, en tu Campo asegurarte podrás, pues en la vecina selva alojado le tienes; mas tu peligro:- . No digas, que hay riesgo donde hay valor: puente hiciera levadiza del cristal; más fuera atenta amante urbanidad fina dejarte yo en igual lance? Asegurada en tu vida quedo. . Y tu hermano? Al ver soy tu esposa, fuerza es desista de su venganza. . Y si nada su tenacidad obliga? Mi libertad de tus armas espero. . Feliz conquista: ahora convencerme pude. Caiga al suelo. . No prosigas: vete, y llévate mis ansias. De aquestos suspiros cuida. Adiós, dueño amado. . Adiós, adorada prenda mía: ondas, de vuestra inconstancia fío mis mayores dichas. Ya se arrojó a Caiga, aunque diamante se fioja. A dónde el traidor se oculta vil, de mi fama homicida? Explendores a tu honor aumenta, y bien se averigua, pues mi esposo es::- Quién? . Hauberto. Ah cruel! pues no te obligan mis ansias, yo desharé el ídolo, que fábricas. Por ver el fin del empeño aquí llegué. . Mas me irrita libertad tan tuya; y porque no se dilaten mis iras, busquemos a Hauberto. . El foso bajel animado gira. Pese a mi saña celosa! Ah tirana suerte mía! Y ya, venciendo espumosas montañas, la arena pisa; y asiendo un suelto caballo, que acaso vejetativa esmeralda pace, dar intenta a su Campo vista. Tras él iré. . Casimiro; en la dilación peligra nuestro intento: mi palabra es ley yo sabré cumplirla: a Ricardo se le avise, que las marchas no prosiga contra Alemania. . Mi enojo celosas centellas vibra. Pues a común lid entrambos Campos, no hay duda se alistan, yo, de ofensas, que ya ultrajes son, me vengaré a mí misma, y verá el mundo lo que es una mujer ofendida. Yo haré, que sea este cuarto tumba de tu edad florida. Nada me acobarda. . Oh cuánto un ciego furor delira! A vengar ofensas, Cielos. Venganzas, prevenid iras. Patria, tu estrago recelo. . Un etna el pecho respira. . Muera este tirano. Muera. A pesar de todos viva, pues dignamente en mi pecho mi corazón le eterniza. Este el suceso ha sido, que en mi daño la suerte conspiró. . Suceso extraño! Mas pues por mar y tierra contra Dania otra vez público guerra, y ya se ha conseguido haber fortalecido el Campo nuestro; Godos, con la fagina y los pertrechos todos, que dejó el enemigo en su partida, siendo en los Gastadores repetida la tárea, con ínclito ardimiento la Corte a sangre y fuego entrar intento, pues se halla sin Ejército a la vista, que impida la conquista de la Plaza y mi amor, que es el primero, (pues perdida sin Porcia considero el triunfo, que el valor hoy me previene) pues si mi Porcia el alma en sí me tiene, del triunfo será palma recuperar la perdida de un alma. Ea valientes Godos, pues mi baldón os ha ofendido a todos, al son del parche y del clarín sonoro venguen vuestras cuchillas el desdoro, que padeciendo están; no diga el Orbe se retardó el castigo a tan enorme sacrílego delito: Hauberto os llama con ecos del clarín de vuestra fama, Siendo la menor vuestra, a la victoria en que habéis de adquirir inmortal gloria, pues os incita osado, ofendido, celoso y despechado. En todos tan hidalga noble ira mongibelos exhala, etnas respira. En el lauro felice, que esperamos (mas que mucho es vencer, si lo intentamos?) con la sangre enemiga dar espero purpúreo es malte a mi irritado acero. Pues Copenhague, Colonia y Corte del Reino altivo de Dania, por mar y tierra sienta la opresión de un sitio regular: y pues el foso con rebellines de vidrio impide la acordonemos, toda saquearla imagino, si Enrique capitular no intenta. . En el enemigo siempre sospechosa está la fe, pues en el peligro disimular es la docta májima del ofendido; y así hoy el valor que adquiere, tu venganza y su castigo eternice. . Y advirtiendo, que para que los designios vuestros se logren, conviene acelerar advertidos la empresa, antes que consiga pertrecharse el enemigo con gente y viveres. . Propias frases de mi ingenio altivo son las vuestras: y porque veáis cuan del todo admito vuestro militar acuerdo, seña haré, para que tiros de Artilleria y morteros batan, abortando abismos la Plaza. Y ya de ella un lienzo, del ardiente plomo herido, pronuncia en zunvidos ecos de mármol su precipicio. Arma, guerra. . Militares acentos han repetido al voraz eco de nuestras baterías. . Y ya miro, que los sitiados inundan la campaña . El primitivo laurel nuestro sea. . A ellos. Amor triunfa, pues yo lidio. Arma guerra. . Viva Danía. Viva Gonria. . El duro filo de aqueste acero en mi ofensa rayo se forje bruñido. Godos, mi saña celosa es vuestro mayor peligro. Arma, guerra. Hombre que osado. misteriosamente has dicho con el impulso y embozo, que algún oculto motivo te obliga a particular lid con mi intrépido brío, quién eres? Quién sus ofensas de esta suerte, fementido, vengar traza. . No es Matilde? . Cielos, empeño prolijo! vos aquí, cuando::- . De mí Solo saber te permito, porque nunca quedar pueda mal puesto el decoro mío, que con este militar traje mi ser desmentido, en la salida que hicieron los Danos, logró mi brío el introducirme, a fin (ya tema sea o capricho) de que nunca decir pueda, que favores no adquiridos despreciaste; y así ponte en defensa. . A quién ha visto tus ojos, no está demás la tez de tu acero limpio? sí, pues el mío a tus plantas::- aún no sé lo que me finjo. Mal Caballero, del regio blasón que heredaste indigno, mentidas lisonjas son autorizados delitos: y pues salí a castigarlos al teatro de los siglos, lo he de lograr con tu muerte. Si airada tu deidad miro, no hará, lo que en ti venganza fuera, mi elección arbitrio? Vivo yo, que de escucharte está mi valor corrido: así en defens o sin ella: muerte elijo darte, porque de tus venas beban en raudales fríos mis hidrópicas venganzas tus últimos parasismos. . Advierte::- . Nada he de oírte. Oye::- . Escucharte es delirio. Hombre, que tan poco urbabo triunfos a tu ara indignos te previenes, pues lidiar sin oposición te miro. Casimiro es, y aunque el riesgo que hay en conocerme evito con esta banda, en el lance mayor empeño examino; pues entre amante y hermano, (que le basta haberlo sido, aunque traidor) a mi sangre he de faltar si le libro, o a mi fama, si el desaire suyo, de que soy motivo, no remedio; y así en tanto que airada yo se la quito, estopha de ser: con denuedo guardar su vida imagino. Qué ahora el acero me falte! Advierte, que::- . Solo estilo en la campaña acentuar con los ecos ofensivos de la lengua del acero. Qué veo? . Notable brío! También su valor parece, que es aigo hermano del mío. Parad las iras, que puesto que con acero me miro, asi atento con vos cumplo, y a vos airado castigo. Solo procuro vengarme. Esperad, que el preferido en la lid soy yo; y de vos, si le defendió mi brío, fue porque a mi honor le importa darle muerte. Nunca he vis empeño tan arduo. . Y quién sois vos que tan atrevido recatadamente vano, osáis competir conmigo? Soy quien en valor y en sangre, sino os excedo, os compito; y así . Ya vuestro denuedo, mas que arrogancia, es delirio; y aún el embozo os está desmintiendo. . Neutral sigo la dirección de mi estrella. Vil Hauberto, así atrevidos desacatos se castigan. Yo le defiendo; ya es mío con igualdad el empeño: que un amante aborrecido enemigo también es. Qué os obliga? Nunca he visto satisfacer en campaña. Gran valor! . Ya están remisos mis celos en la venganza. Acudid, Godos invictos, a la llanura. Qué es esto? Que abanzados a este sitio llegan los Dinos y Godos; pero en una mano herido estoy. . Y ya contra ti tienes más un enemigo. A ellos, valientes Godos. Soldados, al que advertido recata el rostro, ninguno ofenda: de coral ríos haré cueste cada gota de sangre que yo he perdido. Viva Dania. . Viva Gontia. Suelte el señor Soldadillo. Deje el retrato o haré::- Qué, señor bárbilampiño? Que mi acero::- . Si le toma, vayase a hacer ejercicio. Ahora equivocos me gasta? Son flores del baratillo. Pues de esta suerte::- De estotra::- Mío ha de ser. . Será mío Soltad: qué es esto, Moscon Nada, habiendo tú venido. No es mucho, pues este retrato de un cordoncillo se desprendió, que en el pecho mi señora (señor digo) traía. . Qué oigo y qué veo Lengua maldita, qué has dicho Con la cólera, por Dios, no la habia conocido. Alzole aquese Soldado, vilo, pedile, y no quiso dármele, con que a las manos venimos y aquesto ha sido. Todo es cierto; y a mi Doña Fenisa a las armas se hizo. Está bien; veré el retrato: mas, Cielos, igual prodigio Sin duda le inventó el arte, animando el colorido! Decidme, quién de esta copia original fue? . Qué lindo! aqueso ignoras? Matilde, hermana de Casimiro. Y quién vuestro dueño es? Su hermano. Milagro ha sido no hallar el áspid de celos entre la flor del cariño. Godos, empeñado Hauberto peligra en los enemigos. Aquestas voces me llaman; mas tú a Matilde advertido dila por mi cuanto cabe en la frase de un suspiro. A la eminencia. A la cumbre. A la falda. . Si perdido se habrá Matilde? . Y no hay un abrazo, fondo en fino para mí? . De aquesta suerte se disfrutan mis cariños. A la Plaza, que nos cortan. Soldados, a ellos, amigos. A recoger toca, pues los Danos se han recogido a la Plaza. . Batidores a las líneas y recintos. Pues solos estamos, mientras Lisido recorre el sitio, dime si es cierto que presa Porcia está (ay dueño divino!) y que para mí te dio aqueste retrato? . Es fijo. Pues cono, si presa estaba, la hablastes? . Introducido a un jardín, por unas tapias, que de tu campo los tiros arruinaron; con que al verme Porcia, por el balcón mismo de la prisión, que es su cuarto, me dio su retrato, y dijo para ti mil cosas; pero me las barajó un suspiro, y entre los Danos logré venir a darte este aviso. Qué sufra por mí este ultraje! mas dime si entrar consigo en la Plaza, veré a Porcia? Sí. . Pues su libertad fío de mi valor. . De qué suerte? Estame atento: Yo he visto y noté, que por el foso, antemural cristalino de una parte de la Plaza, Sin que basten a impedirlo mis armas, le entren algunas vituarlas al enemigo: también advertí, que algunos Fescadores han salido de la Plaza con sus barcos, y así, resuelve mi brío, ovviando dadivas cuantos inconvenientes conspiro, fletar un barco, y que ambos de Pescadores vestidos en la Plaza entremos. . Pero si cuando pescadorcitos vamos a echar nuestras redes en el mar de amor, salimos luego con quedaremos bien? son tus temores, sabiendo que va mi valor conmigo! Esto en mi es prudencia. Vamos con recato a prevenirno Fortuna, en el desempeño de un hidalgo afecto fino, para que Deidad te crea, ve autorizando prodigios. La fuerza pruebo: señores, seanme ustedes testigos. Posible es que no ha de dar treguas la pena al sentir? Y bien se deja inferir, que ignoras lo que es amar: lisonja le hace al pesar en mi ausencia este dolor. Tan hallada en el rigor se mira tu desventura, que la juzgo::- Qué? . Locura a. N Libia, sino Qué? . Amor. Luego ese aljófar vestido no es por el pesar de verte presa en tu cuarto; y de suerte, que aún tus Damas has perdido, pues sola yo fina he sido quien te acompaña. . Ya advierto tu ignorancia; pues es cierto, que el llanto a decir induce, si es Porcia quien le produce, quien le ocasiona es Hauberto. Mas por si logro aliviar, o divertir en rigor tan noble feliz dolor o grato fino pesar, canta, Libia. . Singular entrepena! mas si en mí cifrado tu alivio vi, y he de curarte a compás, presto creo sanarás. De qué suerte, Libia? . Tiemble, tiemble la e ti pues del amor se advierte, que engolfado en afectos piratas, la red tiende: tiemble, tiemble la esfera, el orbe tiemble. Prosigue, Libia, que vas mis pesares lisonjeando. Torpes cultos el ara de un pecho, altar sagrado, recela cauto, más cuanto teme fino de su infeliz destino, es influjo tirano, al ver que amor profiera: tiemble, tiemble la esfera, el orbe tiemble. Quién creerá, que mal no sueñan repetidos los cuidados? prosigue pues; pero abre ese balcón. . Y de paso no sabré a qué fin? . Por ver los volantes fuegos varios, que con preñeces de enojo aborta el Gótico Campo. De oír disparar cobetes me suelen dar a mi flatos; y quieres que abra el balcón y cante? . Sí. Pues partamos la diferencia; el balcón quede como está, y yo canto. jamas tan necia te he visto. Pues gustas que sea, abro. Ceda pues el impulso, que atrevido y osado::- Yo, sí, que, cuando::- Mas qué es eso? Que dos hombres a mi voz atravesaron. Hombres, quién sois? Pescadores, que venimos a pescaros. No es sino, quien por su amor ciego al peligro y osado, en su fineza hoy emprende timbres que eternice el mármol. Cielos, Hauberto! ya es todo piedades el hado. Esposo, señor pues cómo no cobras fino en mis brazos, siendo Monarca del alma, el feudo de mis halagos? A veros vengo. . Ya sé que es tan fino el seor Soldado, como piedra de Bohemia. Aqueso es tirarme cantos. Cómo aquí llegar pudiste? qué traje a ti tan extraño es este nunca advertido? Espera: en aqueste cuarto habrá quien nos mire? . No: pero porque asegurados del todo estemos, retira las luces, por si mi hermano a verme, Libia, viniere. Mas por si viene, sepamos si habrá alguna galería por donde al foso vaciarnos. Quita, loco. . Yo pregunto digo, Libia: . Qué? Aquí aguardo. En eso voy: por el susto llevará un perro este galgo. Di pues. De mis Reales, dueño divino, fletando un barco, me aparté, y de este disfraz valido, entrar he logrado en la Plaza, siendo a un tiempo el sitiador y el sitiado: conducido de Moscón, y de la noche amparados, por las ruinas de unas tapias tuvimos al jardín paso, y por la escala, que aún puesta queda al balcón de tu cuarto, subimos, Libia le abrió de suerte::- . Espera: de pasos ruido parece que escucho. Aunque mi amor desairado se mira, por ser del todo con un infeliz tirano, me conduce (airada suerte!) a que Porcia logre (hado siempre esquivo!) que mí llegue a sus divinos rayos. Libia no viene, voyme al balcón paso entre paso. Nada recelo. . Porque mi temor asegurado quede, aquí te retira. Solo obedecerte trato. Horrores la cuadra finge; pero como me acobardo, sí:: mas quién es? Oh qué lindo! Este es Casimiro: extraño . riesgo! . Qué contra mi sean sucesivos los acasos! Calma la lengua en tu abono. Parezco ladrón turbado, pues con el balcón no encuentro. Toda mi atención es pasmos. A ver a Porcia venía, por si consigo:: . Villano, dónde te ocultas? . Qué nuevos acentos no imaginados escucho, y sin luz la cuadra? mas con el acero trazo inquirirlo. . Amor, piedad. Si el perdido balcón hallo, de San Antón al cochino he de hacer un novenario. Yo ignoro donde voy. Muere, cobarde. . Tu intento es vano. Este es Enrique. . Ay de mí! Ah de mi guardia, Soldados. No me dirás, a qué vienes? Conducida de los varios acentos, que aquí se escuchan. Porque el riesgo minorado quede, me retiro. Aunque es Enrique con quien batallo, he de mantener el puesto. Aquí ha de estar, si es que el tacto no miente, el balcón. Quién va? Eres Moscón? . Sí, he dado con el balcón y contigo. Pues él nuestro asilo en tanto peligro Qué es esto? no hay quien responda en Palacio? De tu acento conducida::- De vuestros ecos guiado, vengo a saber::- mas qué veo? Vengo a ver::- mas en mi cuarto se irrita en vuestras Altezas dos veces desalumbrado el furor? falta algún sitio, a donde luzca bizarro el denuedo, aunque Matilde os empeñe? tan sagrado coto es palestra, en quien lidian alientos afeminados? Nada temo, pues mi esposo se aseguró. . Qué tirano . mi influjo, les dé a mis celos el alivio de un agrado! Confuso estoy. . Tu discurso locamente temerario, por deslumbrar quizá propios delitos, fulmina cargos contra mi opinión; a que solo por mi satisfago, que a los ecos, que de aquesta cuadra promulga el acaso, acudí. . Y habrá testigos de vista, si es necesario. A tanto enigma el disfraz quitad, Príncipe. . Turbado enmudezco de corrido: pero esfuércese mi labio. No habiéndome vuestra Alteza, como atento, limitado en ofensas que no olvido, urbanidades que trazo, vine a la prisión de Porcia a saber si cortesano, ya que no amante, servirla merecía un despreciado: sin luz esta cuadra hallé; un bulto encuentro, que cauto de mi retirarse intenta, celoso el acero saco, con voz le íncito, sin que supiese eráis vos. . Osado no prosigáis, que si lo es desatento o temerario el delito de violar coto, que ha sido mi cuarto: satisfacer queréis contra mi decoro soberano? viven mis iras, que airada mi altivez::- . Arrojo extraño! . Sabrá::- . La voz suspended, que a Casimiro el agravio indiscreto le autorizo, si cuerdo no satisfago. Mucho dudo. . A temer vuelvo. Con una luz registrando vaya vuestra Alteza aquellas cuadras, y Fabricio en tanto esotras mire. . Así pronto obedezco. . Error tirano! Solo contra mi parece, que se declara el acaso. Aún cobardemente dudo. Mal mi temor satisfago; pues cuando entró Casimiro, y atrevidamente osado la causa de sus recelos bus caba: . Aunque oculto espacio no ha habido, que no examine, ha n die vi. . Ni yo. Vamos: sin duda mis celos fueron. Mejor diréis temerarios. Arma, guerra. . Mas quién graves bélicos acentos vagós motiva? Dos Regimientos del enemigo, que osados entrar intentan la Plaza. Su tenaz brío en mis brazos hallará castigo, no al golpe solo, al amago. Vos advertid, que a vengar . mi honor voy y que vengado, mi palabra he de cumplir. Decidme mi mano acaso es Plaza, para que vos ma capituléis, hermano? Con mi gusto, tu albedrío no ha de competir osado: y del empeño tu Alteza asegúrese no en vano, pues no me juzgo ofendido; y adviértole, aunque de paso, que menos escrupuloso le procuro y más vengado. Oíd, esperad: ah injusto destino, siempre tirano! qué esto mi valor escuche? mas yo satisfaré osado con mi ofensa tan indignos torpes recelos bastardos, emprendiendo timbres más allá de lo temerario. . Oh quién remediar pudiera tanto prevenido estrago! Porque Matilde se ausente me retiro; y así trazo . se deslumbren sus sospechas. Qué ha sido? Que se ha apagado la luz: a buscar a Hauberto volveré. Pues que ya estamos solas, dime, aficionada quedaste a salir al campo? pues es cierto, que a no habernos tan aprisa retirado, nos hubieran conocido, o a lo menos en Palacio nos echaran menos. . Siempre los sucesos temerarios de la fortuna, Fenisa, han conseguido el amparo: mas dime, es cierto, que para en Lisido mi retrato? Tan cierto que el poseerle le cuesta más de un cuidado. Qué trazas? Que pues las luces de esta cuadra han retirado, mi intento se logre. . A fe, que nos iba maltratando el sereno. . Pasos oigo. Quién puede ser? pero sabios mis temores lo examinen. Todo el suceso he escuchado: burlaré su orgullo: es Porcia? Qué escucho, celos tiranos! . no es la voz de Hauberto? pero disimulemos, agravios. Y digo es Libia? . Moscón en esta cuadra? buen paso! Porcia soy; pero qué emprendes? Que el mismo ligero barco en que yo vine y quedó no lejos de aquí varado, a mis Reales te conduzca. Cómo es posible? . Bajando por la escala que al balcón aún puesta se mira. . A espacio, pesares, que ya venisteis, y a restituiros no basto: mas pues ajada se mira mi vanidad de este ingrato, aunque mi decoro arriesgue, he de burlar su cuidado. Ahora enmudecéis? . A todo con seguirte satisfago. Qué felicidad! . Qué ira! Y digo, Libia, marchamos? Siempre a mi ama he de seguir. Gran día de enamorados! Venir conmigo resuelves? Que en nada te obligo, es llano. Siempre tu fineza es deuda. A la tuya satisfago. Mi estrella felice sigo. Yo burlo influjos de un astro. Eterno mi amor será. Mas le temo desgraciado. Por qué? . Porque los que tiene son muchos para contrarios: sí, porque lo son mis celos. Todos los desprecio ufano, como tutelar deidad a Porcia consiga. . Ah falso! . A mi Campo ven. . No dudes sabrás quien soy en tu Campo. Amor, mucho te he debido. . Celos, del todo a vengarnos. . Vamos: hay prenda divina! Ah traidor aleve! vamos. Sígueme, que he de ser tuyo. Ese tuyo es c tado. Soy fino. . En eso ya sé, que ha de parecer a su amo. Ay, qué Elena tan divina Ay, qué Paris tan tacaño caltra eseaa
JORNADA TERCERA
jornada tercera Pues a mi amor se opone mi destino, como ya lo previno el acaso fatal, donde robada quedó Matilde, y mi pasión burlada, bien, que solo ha logrado con su engaño de mi amor el más fino desengaño; pues cumpliendo primero con la precisa ley de Caballero, a Matilde mi amparo, y el debido tratamiento a su sangre le he ofrecido, y con Porcia constante me he declarado solo por su amante, cuya ocasión en Matilde, que es sospecho víbora azul, que la taladra el pecho: mientras dura en los míos aquel fuerte pasmo, donde se ensaya el de la muerte, en estos del valor espejos sabios, del tiempo y del olvido desagravios, mirarme intento: Júpiter sagrado . (dice aquí) de Calixto enamorado, para gozar su singular belleza se transforma en mujer: o qué bajeza! Ejemplar tan indigno es afrentoso, aún con saber que es todo fabuloso. Aquí prosigo, y dice a lo que infiero: Sardanápalo, Rey, que fue el postrero de los Asirios, un infausto día con la vida perdió su Monarquía, entre Damas bordando inadvertido, y en la acción imitando hasta el vestido. justo fin del que necio . a su fama trató con tal desprecio, que se hizo indigno por tan gran vileza, del ser con que le honró naturaleza. Oh qué error! mas ya siento, que vencido del sueño, tan del todo entorpecido estoy, que según la voz despeño, más parece letargo que no sueño. Ya que con la pereza va el sosiego las treguas afectuando de la vida, y ya que de la afrenta conducida es norte a mucha ofensa poco fuego, de una mujer airada, celosa y despechada; pues escuche (mi vanidad perdone lo repita) que Porcia se antepone a mis finezas, por mi mal burladas, verá el orbe tragedias aplazadas, en quien logren, con ofensas viles, nobles venganzas, iras femeniles. No ingrato acuses, no, mi afecto fino. Mas no es Hauberto el que unos libros hace catre mullido, sobre quienes yace? Porcia ha de ser la ley de mi destino. Fácil hallo mi duda: ah influencia señuda de astro enemigo, ofensas que en mi daño hidras renacen, hijas de un engaño! Mas no es mucho, que el dueño los afectos explique de su sueño: en qué seguridad fías, villano? es de amor privilegio el ser tirano? Efecto que el valor fuego desdora, en amor se mejora. En su inquietud batalla: o qué mal el sosiego un traidor halla! Como Ecebola el Tiber giró osado, sobre el escudo mi valor airado del foso los cristalés he vencido; nada difícil es a un ofendido: y más yo que a mi hermana he perdido: ah tirana! De una espía informado falseé el nombre de este Gótico Campo, y sin que asombre, hoy conseguir emprende mi osadía fama, grandeza, honor y Monarquía. Suya es la vida, nada me acobarda. A qué ya mi rencor teloso aguarda? muere: mas ay! que es contra este fiero solo el amago, y contra mí el acero. Esta la tienda es de mi enemigo, si las señas no mienten: hoy testigo será el mundo de cuanto:: mas qué ve una venganza busco, y dos poseo: mas si el honor Matilde infiel me quiei como así contra Hauberto el brazo irrid pero nada mis dudas satisface, pues pública mi ofensa al mundo se hac Desdoro será el triunfo de un rendido Mas de qué me acobardo, si ofendí está mi honor? . Aquí, venganzas mí venza el valor del hado las porfías; mueran ambos. . Mas ay de mí, que en presta la ofensa impulsos a la mano! Cobardes, mi valor::- . Pero que dudo Mis iras::- . A qué es pero, que sañud no se venga mi enojo? Aguarda, espera. Vénzame yo a mí misma. Muera. . Muera. Ya ha llegado con su gente Ricardo, y tan arrogante, que en desorden la vanguardía ha puesto, y en el combate arriesga: pero qué miro! 1. Y Sálida también hacen los sitiados. . Quién será este hombre? . Cielos, piedades! Ah fortuna, que no pueda por temerario lograrte! Aquí supe vino mi ama; y yo::- mas todo es azares! Esperad: quién eres, hombre, que tan intrépido haces vanidad el riesgo? quita del rostro la nube frágil de aquese escudo. . Pues nunca mi valor temió cobarde, yo soy Casimiro; y porque nada del suceso extrañes, a darte la, muerte vine. Ay de mí! . Y ya ve los no pudo mi intento, a vista de Matilde (medio infame de mi deshonor) morir solicito. . Tened, que antes, porque veas, que no agravia quien noblemente combate, de la vida inmunidad logras, para que arrogante nuevas venganzas procures. Gran valor! . Que aún mis pesares se aumenten! . De un ofendido la vida es poco apreciable: y más cuando en tu poder queda mi hermana. . El rescate suyo Porcia lo ha de ser, pues a libertarla amante entré la Plaza, y la suerte trocada en extraño lance, en vez de Porcia, dispuso que a vuestra hermana robase. Qué eso escuche! Amor, albricias. Tu honor es llama brillante, que en Matilde resplandece, y yo de Porcia constante finezas logro, pues dueño suyo merecí nombrarme, reparo, que a convencerte te basta de engaños tales. Pues en Matilde mi fama no peligra, y Porcia fácil burla mi amor, solo resta, que nuevos arrojos trace mi brío, para despique de ofensas particulares. Qué resuelves? . Admitir la vida que intentas darme; y pues competir tu amor es de mi opinión desaire, a libertar a Matilde solo aspiraré arrogante. Vete pues. . Hasta que yo me vengue, el Cielo te guarde. . Arma, guerra. . Fuego y nieve me pasmán. . Igual combate la fortuna en ambos Campos. a Caballería avance I De los puestos la eminencia. . es fuerza desalojarse, si Hauberto a nuestro socorro no acude. . Esperad, cobardes: mi tienda vuestro cuartel . sea, en tanto qué el coraje mío brindis de las vidas de mis enemigos hace: hay esposa, y qué confuso mi error a mi pecho trae! Guerra, guerra. , . Eres fatal. Un recurso a mis pesares les queda. . Cuál es? La muerte. Aún esa llegará tarde. Sígueme. . Esperad, que puesto, que amor::- . Qué decís? Que amante mi pecho::- . Mirad, que habláis conmigo. . Ya va a enmendarse. Consagra fino::- . Qué error! Mi fe::- . Ceguedad notable! Por víctima:: . Qué locura! De vuestros ojos. . Qué ultraje! Pues sí::- . Advertid, que ya son indiscretas libertades las vuestras. . Aún vos, con vos creo debéis disculparme. Cómo? . Cómo os vi en aqueste primer prodigio del arte, y autorizada disculpa tengo en él. . No mal persuade; pero saber que la quiere, bastará para olvidarle. Cómunes lisonjas son ofensas particulares. . Nunca el culto ofende, cuando un alma en víctima arde. Herido el metal os llama, lastimado os busca el parche. Qué más lid, si ha sido siempre el amor hijo de Marte? Cobardía es deteneros. Y tiranía ausentarme. Ved que hacéis falta en el Campo. Más falta aquí mi amor hace. Que os vais os suplico. . severa; pero inviolable. Esta faltaba de nuestras aventuras por remate. Guárdeos el Cielo. . Esperad; será vuestro seño instable? Es mío y júzgole eterno. Pues yo apostaré al diamante duraciones con mi amor. Idos pues. . El Cielo os guarde. Toda eres iras, fortuna. Amor, influye piedades. Oh qué de cosas qué faltan! quiera el amor, que en bien paren. . Viva Dinamarca. . Viva Suecia. A la brecha, antes que nos corte el enemigo. Godos, seguid el alcance. Ya de este Campo la más común flor es un cadáver. Que la muerte en los peligros a un agraviado le falte! Que la fortuna en las lides nunca la razón ampare! Arma, guerra. A retirar toca, pues huye cobarde el enemigo a la Plaza. Tanto se empeñó el coraje de los nuestros que la brecha entraban ya. . Muy gran parte de su gente en el encuentro perdió el enemigo, y aunque con las fortificaciones de medias lunas, baluartes, estrados y rebellines, presume de incontrastable; luego que el socorro llegue de Gontia, resuelvo entrarle la Plaza por armas. . Yo lo mismo emprendiera. 1. Ande el embustero. . . Mentís, sayones, fondo en salvajes. 1. Camine. Extraño alboroto! 1. Gran señor, entre el pillaje de los prisioneros, este encontramos, y a las Reales plantas vuestras le traemos, por persuadirnos el traje, a que de los enemigos será espía. . Es un vinagre quien tal dijere. Mas quién la tranquilidad del aire turba? . Segunda salida será quizás. . Importante será, que el sitio recorras. De todo vuelvo a avisarte. . Retiraos: Mos cón es . sin duda. . Digo y podrase declarar, quien rato ha que anda ahito de novedades? Moscón, qué disfraz es ese? logrose el intento? hallaste modo de ver a mi dueño? qué dudas? no me retardes la mayor dicha. . De espacio, mi Rey, que importa: Ya sabes, que después que la fortuna nos barajó en aquel lance las Damas, y nos hallamos con Matilde acá en tus Reales, a donde con Porcia fino sé, que la desengañaste; yo me partí por tu orden a la Plaza a disculparte con tu Porcia, en cuyo intento fue la noche de mi parte. Valime de este disfraz para el caso, y al mirarme tan rasgado me tuvieron por el alma de algún Sastre: preguntáronme quien era, y yo les dije, que Agrajes, un hombre tan conocido por su sed siempre insaciable, que a ser de vino de Esquivias se bebiera el Nilo y Ganjes. En fin, mejor que Sinón, los engañé a disparates: llamabanme el lo mes fui introduciendo al Parque, hasta que por una reja a Porcia vi y hablé. . Dame tus ojos, Moscón, a precio de los míos. . Muy buen canje fuera trocar con un ciego mis ojos. . Pasa adelante. Quejosa como burlada, dudó de tu amor cobarde, y vertiendo algunas perlas, para que las engastase cierto suspiro tan bello, que le codiciara un Ángel, este para ti me dio. Entre los Danos mezclarme procuré en esta salida; logrelo, llegué a tus Reales; prisionero tus Soldados me hicieron, y aquí me traen, para que me canonices, pues que ya me han hecho un martir. Así dice, qué de dudas la imaginación combate! Dime, Moscón, en la Plaza pudiera yo entrar? . No es fácil, pues ya del foso cerraron el comercio; pero tate, yo me atrevería a que no solo en la Plaza entrases, sino aún al cuarto de Porcia. De qué suerte? Has de enojarte, y temo:: . Qué presto hicistes sospechoso tu dictamen! mas dile. . En tropas confusas Aldeanas d van a divertir a Porcia, hechas Ninfas montaraces, con que introducido en ellas, la naturaleza y traje mintiendo, sin ser difícil, pues mereces que te llamen el Adonis de Suecia, lograrás:: . Cesa, ignorante: válgame el Cielo! ya es enigma menos dudable el que toco. . No te enojes, que esto ha sido aconsejarte por quien soy y por quien eres. Antes bien quiero pagarte el aviso::- . Aquí hay cadena . o sortija. . Con fiarme de ti. . Aquesa paga está en la alcábala del aire. Cuando en el orbe el silencio era Juez de los mortales, leí de diversos Héroes las vidas, quienes persuaden, a que el valor se posponga al amor: Hércules hable, canbiando por Jole triunfos, a fatigas del estambre. En fin, Moscón, admirando del amor prodigios grandes, avasallado de un sueño misteriosamente grave quedé y en él advertí, que Porcia (terrible trance!) a mi afecto (esquiva suerte!) le acusaba de inconstante. Representábame fina los padecidos ultrajes por mi amor, y que yo atento satisfacerla inténtase, a darla libertad fuese de mujer vistiendo el traje. Repugnolo mi valor, aunque nunca fue bastante a impedirlo; pero apenas (qué dicha!) llegué a mirarme en brazos de Porcia, cuando mi muerte empezó a trazarse por mi enemigo y echando te, mano a mi acero brilla desperté, y encuentro; más esto baste. Veniste a tiempo, que dudas me combatían neutrales: vi de mi dueño la queja, la resolución amante y su peligro, que es más que todo; pues de arriesgarse a venir por esa mina, que dice el papel, al trance de perderse con su vida pone mis felicidades: y así, perdone mi fama; y pues la ocasión de parte de mis intentos se pone, aunque la opinión se acabe, aunque el valor se envilezca, y aunque mi altivez se ultraje, he de libertar a Porcia, y nadie el arrojo extrañe, que amor es rayo, y altivo emprende las cosas grandes. Mas para el intento, fuerza será de alguno fiarte. Estas son siempre comunes pensiones de empresas tales. Y dime, cómo podrá metido en el villanaje conocerte Porcia? . Cómo? su retrato de diamantes engastado en la montera he de poner. . Y así, antes que se me olvide, he de ir, gran señor, a acompañarte. Cómo, si de qué suerte? Haciendo el papel yo de tu madre. Locuras deja, y al punto a disponer, Moscón, parte cuanto para mi disfraz conduzca. . Voy al instante: o qué lindo soliloquio me pierdo, por ser ya tarde! . Si la fineza y peligro de mi esposa, a disculparme no bastaren el disfraz, Hércules y Aquiles basten. Esto ha de ser. . Ved, señor, que es dudoso el vencimiento. Triunfar o morir intento. Ese es temerario error. Vos contra Gotia venisteis con vuestras Tropas. . Fiado en haber capitulado las bodas que me ofrecisteis, luego que fin a la guerra te pusiere. . Y concluida, se dispuso mi partida contra Alemania y su tierra. Entró en mi Corte el traidor Hauberto, quien ha violado, huésped injusto, el sagrado del Palacio y de mi honor: también profanó atrevido de mi persona el decoro. Y ya padezco el desdoro de haber a Porcia perdido y a Matilde, aleve hermana. De nuestras iras huyó. De todo informado yo, no con esperanza vana, con los mejores Soldados a castigar he venido su orgullo, y os he advertido sin viveres y sitiados. Pues a qué aguarda el sañudo agraviado enojo nuestro? de una vez::- Señor? . Fabricio, a qué venís? . A que luego audiencia secreta des a un hombre, que nada menos dice, que dársela importa, que tu fama, honor y Reino. Qué podrá ser? . Esperadme, mientras que voy a saberlo: venid, Fabricio. Ya os sigo. Yo no tengo por acierto, Ricardo, que Enrique quiera de la fortuna en el juego a la suerte de una lid aventurar todo el resto. Príncipe, como habéis visto, yo soy del dictamen vuestro; pues no es dudable, que todo se pierde, si no vencemos, y no es huir de la muerte ponerse un puñal al pecho: mas ya vuelve Enrique. Dadme albricias. . Pues qué hay de nuevo? Que un hombre ha facilitado de nuestra venganza el medio: diome aviso, de que loco, desesperado y resuelto con adornos femeniles (qué Anarcisado despecho!) a dar libertad a Porcia entraba en la Plaza Hauberto, y aún en Palacio, pues viene entre los Coros diversos de Aldeanas, que de Porcia he permitido al festejo, lo cual notado, y que vos Casimiro y yo nos vemos de aqueste aleve celosos y agraviados y que el tiempo al valor le frustra cuantos noble emprendió desempeños, detérmino, que la industría y el poder sean terceros de su castigo. . Advertid, que en trances de honor, como estos, aunque el poder vuestra fama, que lo dudo, deje menos sospechoso mi valor, no puede quedar bien puesto. Y aún el de los dos peligra. La traición no admite duelo; demás, que estando ofendidos los dos, campo no podemos aplazar, siendo el traidor uno. . Mas debe el esfuerzo particulares despiques buscar. . Y atender debemos en ejecución tan ardua el común peligro. . Necio dictamen; pues en sufrirlos cómplice fuera yo mismo de mis agravios: en fin, determino:: mas aquestos de la armonía inspirados acordes canoros ecos, . me acuerdan de mi venganza la ocasión; el modo atentos escuchad. a Enrique porque resue libertar a mi enemigo, y noble vengarme. . Qué de todo advertido. . Y y Pues seguidme: nadie exces de crueldad juzgue cuanto fuere dictando sangriento el enojo; pues heridas del honor y del respeto, se cancerán mientras no se curan a sangre y fuego. Resolución tan airada, nada segura la creo. Fortuna, muestra en mi amp algo apiadado tu ceño. Venid, Cortésanos del Valle, a dar vuestros dones a Venus, que aunque os parezcan indignos, tal vez lo que por si desmerecen llega el afecto por si a merecer. Ea, amor, ya por tu cuenta . corren mis atrevimientos. Todo cuanto miro dudo, porque mis dichas no creo. Mas dime, Libia, no es aquella Aldeana Hauberto? Hauberto? el juicio, señora, has perdido por entero. 1. Yo a tus aras ofrezco con reverente amante ciega fe todo el primor del ámbar en ascuas de clavel. Venid, Cortésanos del Valle, que ya a mejor Venus permite la den víctimas obsequiosas aunque no logren de más afecto primores realzados de algún interes. Ya mi sos pecha quedó asegurada. . No infiero en qué se funde. . En aquel retrato mío, que puesto trae en la montera, el mismo, Libia, que yo le envié a Hauberto. Ahora digo, qu se le parece a lo menos. 2. Salpique pues tus aras la púrpura encendida, que tal vez estas floridas rosas debieron a tus pies. La diversión y los dones yo, Zagala, os agradezco; mas pues la melancolía no me da treguas, mi afecto os demuestre aquesta joya. Guarden tu beldad los Cielos. No me ha conocido: todo soy organizado hielo! Mas vos, Zagala, esperad. . Qué mandas, señora? . Quiero, que en mi Palacio os quedéis. Vuestras Reales plantas beso por tal honra (albricias, alma!) . Vámonos pues repitiendo::- Venid, Cortésanos,. . Quita, Libia, aquestas flores. Qué lindo paso me pierdo! . Adorado esposo mío, así prefieres los riesgos a tu vida? . Nunca pudo comprarse, Porcia, con menos tu libertad; y pues se hacen cómplices de mis intentos disfraces de amor, procuro acreditarle con ellos una fineza empeñada en acrisolar mi afecto. Mi desconfianza necia motejastes, más recelos temerosos siempre han sido de amor testigos discretos. Pues entre las Aldeanas no ha sido, si fue cierto su disfraz, asegurarse podrá con aqueste medio. De todo avisada Ismenia está. . Temerario intento! . Todo es ceguedades, cuanto obra el valor sin consejo. Nada mi desdoro importa, si tu libertad poseo. Dichas tan poco imitadas, que amor las envidie temo. El Rey mi señor, espera a vuestra Alteza. . A qué efecto Yo le ignoro. . En esta cuadra os quedad, mientras yo vuelvo: mucho advertido me dice el corazón: piedad, Cielos! Qué desairado se mira el valor con tan grosero trage! vivo yo, que están corridos mis pensamientos: mas ay! que amor me desmiente: él solo eterniza::- Hauberto? Quién me nombra? mas qué miro mucho en mi descuido arriesgo. Son aquestas las hazañas de qué blasonáis soberbio? Qué esto escuche! El faldellín mejor os está, que el peto. Ahora veréis, que no ultraja a Marte, quien sirve a Venus. Qué hacéis? . A prisión os dad. Pues cobardemente necios presumís que sin la vida se puede vencer mi esfuerzo? Qué indigna venganza! . Muerte es cada amago en su acero. Ya es vana su resistencia. Traidores, de mi denuedo, aunque oprimido seréis . estrago. . Trance sangriento! Pues no parece mi hermano, fina me conduce: pero ay de mi infelice! . Llegas, tirana, no a muy mal tiempo; pues oirás de blasonadas traiciones el digno premio. Ay Porcia! ya te perdió mi amor. . En vano me aliento! . Yo procuraré librarle. Qué detérminas? . Que lo al punto cuatro irritadas víboras muerdan el pecho de aquese tirano; a cuyo tosigo el vital aliento cadáver de mi venganza padrón se publique eterno. Oh qué tirana impiedad! Cruel rigor! . No pretendo la vida, sino que adviertas, que nací de dos Imperios Monarca, y en afrentarme se ofende el decoro Regio. Muerte ignominiosa sea, pues depusistes el Cetro, tu castigo ola, llevadle, y a vos, Fabricio, encomiendo la ejecución, pues os toca por Capitán de los Tercios de mi guardía. . Ley tu gusto haré se cumpla. . Primero, señor, hermano::- . Villana, yo tu hermano? vive el Cielo::- Repara::- . Nada he de oírte. Mira, que es mi esposo Hauberto. Sella el vil labio. . Ah cruel! Muera yo, y viva mi dueño. No, que de la pena al sordo golpe, que fallezcas quiero: no os vais? . Esposo, mi vida llevas, muramos a un tiempo. Como alhaja tuya, el alma en un suspiro te dejo. En qué os detenéis? . Venid. Su vida guardar pretendo, . por si remedio de Danía los amenazados riesgos. Adiós, adorada prenda. Adiós, esposo: aún no puedo . alentar la voz. . Qué vanas . mis amantes dichas fueron, evidencia siendo solo las fantasías de un sueño! . Tú a recoger de Danía los acuartelados Tercios irás. . No sé, que acertado sea tan tirano medio. A librarle y a vengarme camina mi amor resuelto. Pues tales castigos logra quien se opone a mis preceptos, consulta en este traidor aleve tus escarmientos. Oíd, señor. . Qué decís? Que pues no ignoras, que en pechos Reales la ira no es del ánimo movimiento, sino de la conveniencia común, atendáis discreto a la lealtad, que oprimida parece al prolijo asedio de los Godos: ved, que ue está derrotado el Campo vuestro; y aunque el Aleman sus huestes retiró, el peligro es cierto: doleos de vos, pues nunca yo compasivo os merezco; no la Corona y la vida os arriesgue un furor ciego. De escucharte mi valor está corrido; y te advierto, que aunque sitiado, soy yo el que disputa el asedio. Oíd, esperad: mas cómo, corazón, en tanto encuentro de penas vives? sin duda blasonar quieres de eterno. Perdí a mi esposo: mas ay! que he sido su mayor riesgo; pero el amor::- . . Pender puede solo del arbitrio nuestro. Mas de quién habrá usurpado el aire, ladrón del eco, aquestas voces? Señora, alborotado está el Pueblo, y dicen::- . Prosigue. , que es::- Dilo. . Porque murió sauberto. Qué has dicho? que recha errante tu voz, que me ha serido infiero; y pues al dolor no muero, mucho tengo de diamante, Es delito el ser constante? no; pues cómo se provoca hoy la tiranía, y loca, porque el esgor satisfaga, la mejor antorcha apaga, la más bella flor sufoca? Pudiera haber mi fineza ofendídole a mi hermano no; que el dueño de mi mano autoriza su grandeza: Luego su traición vileza la pública fementido; acredítelo alvertido el furor, con que irritado a su decoro ha faltado, y en mí a su sangre ha ofendido. Pues ea, cóleras mías, hoy atrevida he de ver, si es que basta una mujer a castigar osadías: De heradas cenizas frías de mi hermano suntuoso sepulcro daré a mi esposo: pues advertida he sabido, que siempre de un ofendido la venganza es el reposo. Cuantos en las impiedades cómplices fueron traidores, no esperen de mis furores afeminadas piedades: toda he de ser crueldades; temed, temed mi rigor, porque a instancias del valor ha de lograr mi deseo el más sangriento trofeo de las empresas de amor. Ya que mi hermano osado fama, grandeza y vida ha aventurado, después del arma falsa, que animoso acudí Carlor furioso!) Segín lo que Moscón ha referido, por tn error de su pasión nacido, como es querer, que logre su osadía del valor repetida la porfía, dar libertad astuto a Porcia, sin deberlo al absoluto poder dé nuestro esfuerzo::- Si así fuera, la fineza por Libia yo la hiciera. Vénguese el Cielo atrado, . traido: Hauberto, por mi amor burlado. Y ya que mi aún noticias se ha tenido de si fuese o no fuese conocido, si bien el alboroto en los sitiados me motiva, Soldados, a que tema algún riesgo, pues la entr encubierta tomada está, y la media luna, a pesar del poder de la fortuna, y otra armada de Gotia ya ha llegado y de la Danía el Campo derrotado se mira, general avance, demos, y vengativos en la Plaza entremos. 1. Ya se juzga, señor, cada Soldad rayo de tus furores fulminado. Pero qué miro? A no ser de la vista ilusión vaga, algún soberbio suntuoso edificio de la Plaza con globos de luz errantes la región del aire tala. Y si no lo contradicen de la noche sombras pardas, el Palacio es el que arde. Ay de mí! ciertas alhajas, que en el tocador tema. Consuélate, que no faltan, aunque se quemen, Boticas donde poder renovarlas. 2. Sin dula, de aquesta suerte Hauberto vengarse traza. Pues a socorrerle, amigos; y pues están aprestadas para el avance las hues tes, intrépidamente airadas, dando sustos a la tierra, y al Mar causando amenazas, talen cuanta oposición las hicieren. Arma, arma. Yo la primera he de ser, que entre atrevida en la Plaza. Ved, que más que la victoria, vuestra vida aprecia el alma. No acobardan los peligros, a quien como yo los trata. Menos rigurosa os buscan, a decir iban mis ansias. Poco importa lo digáis, a quien piedades no gasta. Guerra, guerra. s Aquestos ecos, treguas de mis esperanzas, atrado me buscan; vuelen nuestras minas las murallas, y el bronce, abortando ardientes preñeces, repita cargas: en esta lid os invoco mi mejor tutelar Palas. Ea, amor, hoy se ha de ver tu confusión descifrada. Y es usted también rigores? Sí, como usté busonadas. . De nada me he de ofender, el amor la dé su gracia. Arma, guerra. Que me abraso. Fuego, fuego. . A la muralla. A la brecha. . No es posible la sálida. . Guerra, arma. Ea, vengativas iras, de este piélago de llamas (siendo el Aquilón mi enojo) no cese, no, la borrasca, hasta que fluctuen cuantos de este Palacio la estancia ocupan, quedando hechos al furor de vuestra saña, cenizas, para que de ellos mi inmortalidad renazca. Triunfó el volcán. Piedad, Cielos! No así te vengues, tirana Porcia. . Que tu pecho no se apiade a tragedia tanta! Soy áspid sordo a tus voces, y hallarán en mí tus ansias el corazón de diamante, de pedernal las entrañas. Desalojemos los puestos, Soldados, y que nos abrasan. Seguidme, valientes Godos. Fenisa, novedad tanta exa ninemos. . Ya es el Palacio luminarias. Hacia nosotras se acercan dos mujeres. . Y bizarras. Viva Lisido. es la gloria. . Que nos carg Pero qué miro! no es mi enemiga? ha de mi saña No es Matilde? así mis celos se despicarán, villana. Aquí es el incendio: m qué miro? lid bien extraña! Pues Libia está aquí, del fuego huyendo, he dado en las brasas. Quién eres tú, que desmiente tanto las señas de humana, que aún tus iras son divinas? Yo lo diré. . Necio, calla. Yo soy quien puede a Medea enseñarla a ser tirana; yo soy el pasmo del orbe, yo soy el terror de Dania, y en fin, soy la infeliz:: . Porcia, ya tu impiedad inhumana logró de mi tiranía la más heroica venganza. Yo soy la que aquese injusto aleve traidor declara, esposa de Hauberto vuestro glorioso invicto Monarca, a quien aquestos tiranos (de decirlo tiembla el alma) dieron afrentosa muerte. Murió Hauberto, y con la infamia. Qué escucho! Murió mi esposo; pero yo fina y osada así le vengué resuelta, haciendo víctima infausta de mi amor, mi sangre; pues valiéndome tan airada como amante, del ardid de un Ingeniero, fiadas mis iras a su lealtad, del Palacio en partes varias puse de pólvora algunos bárriles, con que volada la mayor parte, y mi acero impidiéndoles la entrada a los leales, quedaron por despojos de las llamas, con los demás, mis hermanos Casimiro. . Ah tirana! así vengaré mi sangre. Mayor empeño nos llama: Soldados, no quede vida exenta de vuestra saña, ni aún de la Plaza dejad memoria, pues fue la Plaza en tan injusta tragedia teatro de nuestra infamia. Yo, Matilde, de mi intento vengarte; y porque la fama cuente al mundo la mayor fineza, y la más extraña de mis glorias, pira excelsa he de erigir de estas llamas: de lucidas plumas, joyas preciosas y ricas galas me adorné para este intento, pues día en que me consagran mis finezas a mi esposo, es bien festivo la aplauda: ea, amor, aquesta vida eterniza. Tente. . Aguarda, que anteviendo los estragos a que se exponia Danta en ejecutar el orden del Rey (impiedad tirana!) suspendile, divulgando, que por excusar las parias contradicciones del Pueblo, dispuse (prevención ardua!) secreta su ejecución: llegó a tu oído, y bizarra, después de haber a tu esposo vengado, resuelta trazas, oscureciendo los timbres de las Matronas Romanas, sacrificarte al incendio: mas pues el pretexto falta::- Cómo, si murió mi esposo? No murió, pues a tus planta la vida, que fue tan tuya, debidamente consagra. Qué dicha! esposo, en mis brat toma posesión del alma. Gran fortuna! . Dicha gran Las dos vidas que se salvan, el Ingenio las perdona a intercesión de la traza. Prodigios son los acasos: quién vio confusión tan varia! Dame, señor, en albricias de verte vivo, las plantas. Hermano, llega a mis brazos, y haz que cese de mis armas el estrago . A recoger toca. . Las huestes ufanas, en vuestro aplauso repiten unas y otras alternadas::- Viva Hauberto, viva Porcia, Monarcas de Gotra y Danía. Ahora es bien que de una quej a Matilde satisfaga; y pues fui de sus fortunas ocasión, hoy mejoradas quedarán, dando la mano a Lisido. . Albricias, alma! Forzoso es, pues no le queda otro recurso a mi fama. Ya nuestras quejas, Matilde, cesaron. . Somos hermanas. Pues a Fabricio debemos tantas dichas, de la Danía Gobernador sea. . Beso de vuestras huellas la estampa. Y en tanto que se celebran bodas y exequias, la salva repitan la Artilleria, los clarines y las cajas. Viva Hauberto viva Porcia, Monarcas de Gotia y Danía. Y aquí de amor la tragedia da fin; perdonad sus faltas.
