Texto digital de Lo más priva lo menos
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo más priva lo menos. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-mas-priva-lo-menos.

LO MÁS PRIVA LO MENOS
JORNADA PRIMERA
El tuyo le di a Isabel, leyole, y luego modesta, la deuda de la repuesta libró en aqueste papel. Dame, Lebrel, mil abrazos, Es mi pecho tan leal, que estima más un real que los más estrechos lazos. Oh venturoso papel! pues así te viste ufano en el cielo sobera no de mí adorada Isabel, ya para oír tu razón, el alma en dulces despojos pone el placer en los ojos, y en sí misma el atención. Dice así; Esta noche espero a las once en mi reja, la seña, por escu- sar el riesgo de mi padre, será un suspiro, que entonces será cierto, sencia; y fingido si te veo, Su mano por aquí anduvo, pues quiero besar; ufano en mi dicha, en él su mano, pues en él su mano estuvo. Verle con amor es vició; diez días ha que llegaste a Milan, y ya topaste quién te quitara el juicio? Ven acá, señor, no es cierto, aunque esté tu fe empeñada, que hemos de hacer la jornada de Pabio? Así lo advierto; Lebrel, pues es tan forzosa, pero ahora esto ha de ser. Si te obliga esa mujer, y después es otra cosa? El amor es Dios, Lebrel, y en esta ocasión dispensa, en su ley ha hecho ofensa el olvidar a Isabel. De nuestra patria Pabia, ciudad insigne, salimos, por tu ocasión, y anduvimos montes de Francia, y Ungría, y el infierno juntamente, contino rico, y galán, y ahora pobre en Milan hallaste el inconveniente? Aquí quiso mi fortuna, para mi grande favor, de que me hallase el amor, y no en otra parte alguna. Tu padre rico en Pabia, y tú con amor acá, y pobre, vamos allá, y después a tu porfía podremos los dos volver, porque sabrás que la plata, a la mujer más ingrata vuelve amorosa mujer. Toma, señor, mi consejo, aunque es con tal desaliño; quedese amor para niño, y vamos a ver el viejo. Ciega está tu inadvertencia, como, aunque a ti te parece fácil, si me favorece el Duque, sin su licencia irme puedo? . Descortés anduviera tu obediencia, pídele, señor, licencia, y partámonos después, Demos pues que se la pida, y que me la de también, como ha de partirse quien en Milan deja la vida? Ya, señor, estás muy fino, ese estorbo a ser no viene, ve, señor, a quien la tiene, al partirnos de camino, y dile con buen lenguaje a esa mujer que es tan bella, que te la de, que con ella quieres hacer un viaje. Qué después de negociar con ella aquesta jornada, como cosa que es prestada, se la volveras a dar. Mas por Dios que estoy sin mí, loco de verte tan loco: en aquel rato tan poco que al campo saliste, di, por divertir la tristeza que te da tu condición, luego el diablo la ocasión te trujo de esa belleza? desgraciado eres, señor, Antes venturoso he sido, Di donde estaba escondido ese veneno de amor? estaba como hay aquí; muchas que conozco yo que se van al prado? . No en el prado a este Ángel vi, sino en un sitio apartado, que al prado miden los fines de unos vistosos jardines que están al salir del prado. Dime como fue ese lance, que tan otro te ha dejado, que por salir de cuidado oiré aunque sea un Romance. Escucha. . Di, que ya escucho por ver el inconveente. Salí al campo, como viste, triste aquel día, que tiene en la soledad lo triste quien divierte su accidente, que solo el divertimiento a la tristeza divierte. Pise del prado las flores, hice Norte unos laureles, que lejos vi de la vista, llegue al sitio, donde tienen sus ramas errante solio, y sus troncos tosco albergue, A las campañas umbrías, fértiles, que por las redes de unas pocas ramas miro; (entretejidas sin leyes, que a ser celosía obliguen lo que el tiempo maestro teje en el telar del descuido, que allí fueron mirabeles) quise entrar, y cuando quise intentarlo, se me ofrece un estorbo, que me impide la ejecución no eminente, en una cerca de abrojos, con que el monte penitente, para desangrar cristales, soberbio la espalda hiere. A donde el aljófar puro, de blanco en rojo se vuelve, con el diluvio que baña tanta copia de claveles. siendo de sangre un arroyo, en quien su retrato ofrece al vivo a las atenciones en el volumen terreste, en caracteres de flores. y en epigramas ardientes. Aquí en dulces movimientos Clorida surca el retrete matizado aunque no vago, formando con diferentes compases en las dos partes condensada, y transparente, a un mismo tiempo ingeniosa, con qué a la verdad desmiente, allí que las aves surquen, aquí que las flores vuelen. las flores volviendo en aves. y las aves en bajeles. No bien pise los umbrales, que de jaspe dio ribete a una fuente el arte, a quien la Diosa, si diferente, dio librea, y guarniciones, envidiosa de que viesen más artificio en las peñas que en su prado a los doseles, que son libros donde todas las ciencias primor aprenden. A esta tarja de peñasco, su portatil una fuente adornaba, cuyos fines tornea el márfil tan sierpe de alabastro derretido, que visto allí de repente, juzgue a la alcova animada, que el camblante del corriente la mueve en él tan al vivo, y tan de cierto la mece, que me arroje a la fingida, que yerro sin que pudiese distinguir cual de las dos a las dos suforma debe, poniendo duda en la cierta, y ceraeza en la aparente, pues la viva estaba inmóvil, con que acredita su muerte, y la muerta estaba viva, supuesto que ya se mueve. Aquí estaba en esta duda tan sin mí como ver puedes, cuando la vista obligada del deseo que la vence, termina en la en marañada ribera, en la siempre verde margen de otro derretido nácar, que en sus pies parece colcha de pluma, que puso, no sin cuidado, una débil sangría que al risco hizo naturaleza, en quien vienen a ser lancetas las guijas del brazo que al valle tiende. Aquí pues, óyeme atento, de gozo el alma se pierde, vi a una mujer, cuyo adorno vistoso a la selva ofrece competencias superiores de los tres floridos meses, ofreciendo Primaveras a millares, quien no tiene, hasta que cinco las goce, su edad Primaveras veinte. Hermoso sol le dio al valle, majestad al monte el breve coturno, aquesto es decirte, que huyendo de que la viesen mis ojos, que algún ruido le avisó, la espalda vuelve, haciendo noche la parte donde estoy, mas yo aunque el verme sin luz pudiera ser causa que me suspendiera, enciende un blandón en el deseo el alma, que allí le ofrece seguridad a la vista, deno perderla, y perderse. Que cuando el deseo alumbra, se pierde más fácilmente el alma, que no hay señal más cierta de que se quiere perder el alma, que cuando aquestas luces la vencen, que son antorchas que enseñan la vereda del perderse. Blanco alegre de mi vista fue un rato, curiosa vuelve la suya, por ver si alguno la mira, yo incautamente, con el silencio en los ojos, puesto en un oculto albergue, entretejido de ramas, asegurela, y con este sosiego pisó las flores, mas oye el favor que alegre le hizo al fragante escuadrón en pisarle solamente. A llanto redujo el prado; provocó a risa las fuentes, envidias dejó a las flores, tristeza a las ramas mueve, ceguedad al monte anima, y todos confusamente el ausencia de este sol en sus idiomas sienten. Dioles que sentir a todas, y que admirar juntamente, mira tú si esta hermosura, que sentir dio a quien no siente, pues son insensibles, que fuera bueno que le diese a quien antes de mirarla, si la razón lo concede, sentimiento hizo, sintiendo del sentir que le previenen los sentidos, de quien juzga corto sentir su más fuerte sentimiento, para que pueda resistir valiente, al mirar esta belleza, el rigor que sea más débil? Fuese al fin, fuila siguiendo, viendo muerta entre lo verde mi esperanza con su ausencia; sin vida determíneme a hablarla, ataje sus pasos, airados sus soles vuelve, retírose mi deseo, y al compás de dos claveles, al aire lanzó un suspiro, pero como es una especie de aliento que arroja el pecho, cuando el aliento le vence, yo que sin él me juzgaba, para poder libremente ser dueño de las acciones, que ferié a su luz vehemente, al ir a cobrar en balde mi aliento ingeniosamente, al aliento del suspiro obligole el soplo débil, que mi poco anhelo aplica, para alentarme, y halleme con el suspiro alentado, averiguando evidente, que oculto ser, al formarlo, le dio para que me aliente. Hablela, no respondió, sin hablar a mis corteses rendimientos premio, y yo iba entonces a que viese todo mi amor en mi afecto, oí una voz, retíreme, vino su padre, y le dijo, vamos Isabel, y en este proviso un coche llegó, a Milan en él se vienen los dos; vine cuidadoso, al coche siguiendo siempre: supe su casa, fui a verla, permitiose a que dijese mi cuidado, aunque no afable, mas como dicen que vence la porfía a los diamantes, al fin, o mi feliz suerte, o mi porfía, alcanzó que mis suspiros ardientes hallarán en su dureza favores que su ardor templen. Diome licencia, que dicha! de que un papel le escribiese, escribile, lo llevaste, vino la respuesta en este, recibile con el alma, beso sus letras mil veces, no te he dicho mi ventura hasta hoy, porque prudente licencia hasta hoy no ha dado Isabel, porque al billete importó; esta es la dicha de que el alma goza, este es, amigo, el fin dichoso que a mi ventura promete el amor, esta la Aurora que ha amanecido en mi Oriente. estas las luces que sigo, este el aldor que me vence, este el fuego que me abrasa, este mi mayor deleite, este el Norte que me guía, este el ardor que me enciende, esta la beldad que adoro, y esta por quien mi amor muere, Ay disparates mayores? has dejado en tu pintura para pintar su hermosura a otro amante algunas flores? extraño el suceso ha sido; y que pretendes hacer con tan hermosa mujer, si dineros no has tenido para comer hoy? . Lebrel, en esta amorosa empreza, mas que a toda la riqueza del mundo estimo a Isabel. Nunca al hermoso color le vi tan equivocado de tu rosto. . Mi cuidado, Beatriz, contra mi primor, confuso, con su rigor, dibujo en mi pena fiera oculto su mal, pues si era, siendo original el centro, impropio quedarse dentro, la copia sin salir fuera. Mi pena atenta miró, cuando yo a sentir comienzo, los rigores que en el lienzo de mi pecho el mal pintó: al vivo le trasladó el sentimiento, y le ha dado al rostro, porque ha cifrado en él mi mal liberal, y todo el original, Beatriz, se ve en el traslado, Mas qué fineza, es error aquí señora, tu queja, si el Duque te adora, deja a César, logre tu amor la esfera más superior, que aunque César es galán, para con su Alteza están sus méritos cortos: que. Solo César en mi fe tiene lugar en Milan. Mi honor, Beatriz, considera de los dos en la elección, que un amor es afición, y esotro amor es quimera; y aunque no tan alta esfera le haya prevenido el hado, por lo menos, ya le ha dado, cuando no el nombre de Alteza, méritos en la nobleza con que a mi amor ha obligado, Si como su Alteza dice, la mano te quiere dar de esposo, no es granjear nombre tu amor infelice. Eso advertí cuando quise a César, engaño extraño! pues por ocultar el daño que amor promete al honor; a la razón el amor, pone ese velo de engaño. Y más mi verdad apoya, cuanto a conocer su engaño, saber que ha cerca de un año que está tratado en Saboya su casamiento. . La joya . o que grande fuerza tiene, pues la codicia previene, con su astucia, y con su modo, defensa que sale a todo, lo que contra el Duque viene, Mas, señora, sin saber quien César es, no es error darle ese empeño a tu amor, pues se pone una mujer al desaire de perder su reputación, y nombre, y quieres que no me asombre, cuando aqueste yerro sé, de ver así a tu amor que en tal daño quiere a un hombre? Y pues eres quien mejor de los dos sabe el estado, noviva no en tu cuidado César, y viva en tu amor su Alteza, pues es señor, y César solo criado. Si me vale la tramoya, . mi caudal le desempeña, ablandará hasta una peña si da en rogar una joya; el concierto de Saboya adelante no ha pasado, porque en tu fuego abrasado deja a la Infanta, y así, si el da un olvido por ti; da tú por él un cuidado. No necia des a los labios la loca intención que labras, pues vienen en tus palabras disfrazados mis agravios: y son medios poco sabios, cuando a estar tan ciega llego, queres que yo apague el fuego, poniéndole diferentes a mi amor inconvenientes que no mira, por ser ciego. Corrije más tu razón, no desatenta ocasionés a irritarme, que te pones conmigo en mala opinión? esta noche en mi balcón le he de hablar, acierto fue que no lo sepa, porque es afición desgraciada aquella que la criada participa de su fe. otra vez más acertada procede en hablar, que enfada el consejo en tal fatiga de una hermana, y de una amiga, y no eres más de criada. . Buena la hicimos codicia, malogrose vuestro intento, mas no importa, ella es mujer, y la ha de mudar el tiempo. Que es gran contrario un amante galán, vizarro, y discreto, y sobre todo, que es más, rico, poderoso, y cuerdo. Yo a su Alteza he de animar, que será de gran provecho, yo le ire dando esperanzas, y él me irá dando dineros. Por ver que ahora salió el padre de Isabel, vengo a ver el cielo que adoro, y a ver si sus dos luceros contra mi amor por Planetas los hallo menos seneros. El Duque, o que malas nuevas, mas dárselas buenas pienso, que con razón la codicia se quejará del ingenio. Beatriz. . Señor. Dónde está tu señora? . Está allá dentro. Está más humana? . Sí, Qué me dices? Lo que es cierto: Si por ti gozo a Isabel, tú verás como te premio, Todabia no me dice claro su amor, pero veo en sus acciones señales de su afición. . No lo creo, Y tanto, que hoy quiero ver si tiene encaje el enredo, aquí entra bien, pues ahora salió al jardín. . Dilo presto, que a los oídos el alma, para oírte, de su centro ha salido. . Digo pues, que hoy vencida de mis ruegos; por aquí empiezo el engaño, que no ha de faltar remedio después para todo, dijo. Qué dijo? dímelo presto. Que esta noche a vuestra Alteza, cuando esté durmiendo el viejo, en su reja quiere hablarle, y que por conocimiento le da por seña el decir muy amoroso, y muy tierno, eres tu dulce imposible? pues se asegura con esto el peligro que haber puede de su padre, pero presto vuestra Alteza el daño excuse, pues si el viejo viene, es cierto que el intento está perdido, y aunque en vuestra Alteza veo de mi señor obediencias, a quien dan forma el respeto, no de su parte ocasión de vuestra Alteza. . Ya entiendo sin que más palabra digas, toma este diamante; cielos, si a Isabel gozo, que dicha hay mayor? pero no quiero en un acaso un estorbo; a tus palabras confieso que he feriado toda el alma, mi ser, y mi entendimiento. Yo vine sin esperanzas, y por ti con ellas vuelvo, a Diós, Baatriz, a la noche, dudando esta dicha, espero. Esto hasta aquí no está malo, si adelante ello va bueno, doy albricias a la industria que alcenzó mi entendimiento. Mas puesto en buena razón, ahora, Beatriz, hablemos yo, y vos sobre este negocio, decidme aquí vuestro intento, para ver si en vuestro tono los finales libres veo; mi intento? sí, que me place, quitarle al Duque comienzo, con lindo compás de engaño, joyas, diamantes, dineros, diciendo que mi señora por él se muere; y si luego sabe el Duque la maraña? si la sabe malo es eso; y después, como ahora joyas en tus manos, van lloviendo sobre tus pobres costillas los azotes ciento a ciento? eso será muy peor; pues que defensa tenemos para esta tormenta? qué? muy fácil está el remedio, acogerse a Villajuan, y entrarse por Villadiego. El remedio es extremado, pues si es famoso, bien puedo ser esta noche Isabel, decirle al Duque que el seso pierde por él mi señora, que en viendo yo que anda espleito a pique de rematarse, sin ser bola irme escurriendo podré, y quedarase en blanco su enojo, o quédese en negro, vamos tomando ahora joyas, Beatriz, que con ellas luego, cuando quisiere llover; no ha de faltar el estruendo de señal, o conjetura, que diga el rayo anda suelto, por losmenos granjeado para entonces ya tendremos con que no pueda culparme de perezosa el ingenio, y con que pueda comprar quien me calle este secreto. No he visto en toda mi vida sin un cuarto hombre más tierno que tú, sin haber cenado arrojas esos requiebros? que dejas para después? Deja ahora desatinos, y espérame aquí. . Ya espero. La seña le di a su Alteza, mi señora en su aposento retirada está, o codicia, madre de tantos enredos! mi señora ha grande rato que está en su cuarto durmiendo, yo he de fingirme Isabel. Ruido en la reja siento. Así divierto el amor del Duque, para que viendo el favor, vivas se anden las dádivas; mas qué veo? un hombre en la calle está, quiero armarme del entedo, que el Duque sin duda es, pues es la hora. . Yo llego, que en ella miro a Isabel, Pues llega, él es. Es mi dueño? La voz desconozco, es. el Duque? Qué es esto cielos? yo el Duque? mas responder, por asegurarla quiero, yo soy; qué es lo que me pasa? Solo falta para serlo la seña. . La seña pide, más ahora un pensamiento me ha de valer, la que vos me disteis saber espero, antes que sepáis quien soy: Isabel al Doque? pero aquí saldré de la duda. No sin falta de misterio es la prevención, mas yo referir la seña quiero, puesto que yo se la di, recato ha sido discreto, mas esta es la seña, oíd. Algún tanto aquestos ecos desconozco, vive Dios. Esta es la seña que os dieron, sois vos mi dulce imposible? Cómo os olvidáis tan presto? dulce imposible a mí? . Sí, Beatriz no os la dio? Qué es esto? si al Duque su amor admite? mas como puedo creerlo si ella misma. Ay de mi triste. que he de hacer en este empeño, que la puerta mi señora ahora abrió de su aposento? mas ya se lo que he he hacer: mi padre, señor, despierto está, y mientras aseguro aqueste daño, un momento os retirad. . Si lo haré: a ingrata. Mas también quiero prevenir medio a otro daño? sino volviere, os advierto que será porque mi padre; mas ya entenderéis; con esto aseguro este peligro. Vive Dios que no lo entiendo, si al Duque Isabel le había dado aquella seña; pero si esto fuera así, como llamarme a mí al mismo tiempo había? bien que pensar tiene el caso; mas de lejos un bulto de un hombre miro, retirarme un poco quiero. A las diez dijo Beatriz que le dijo el dulce dueño de mi vida que viniese a hablarla, a buen tiempo llego, Del peligro de mi padre asegúreme primero: mas un hombre está en la calle. Esta es su reja, yo llego. César es sin duda, pues llega a la reja, a este tiempo le avisé por el papel que viviera. . Vive el cielo, que en la reja de Isabel parado está el bulto. . Quiero hablarle, Desde esta parte escuchar oculto quiero, Es César? Qué es lo que escucho? a villana, pero quiero ser César, por conocer en ella su falso intento: si mi bien, el mismo soy. Solo falta para serlo que me deis la seña que os di por conocimiento, No escucho bien las palabras, pues solo el confuso acento de la voz llega a mi oído, Es el cuidado discreto, la seña es esta; escuchad. Ciertos han sido más celos. hablando en la reja está, mas sabre quien es muy presto. Sois vos, mi dulce imposible? Pero si en la reja advierto que al Duque esperando estaban, que se yo si el que estoy viendo es el Duque? . Ay de mí triste, quien habla conmigo, cielo, no es César, algún engaño hay sin duda, mas el riesgo quiero evitar, que después el caso sabre, no puedo estar más aquí, y así con vuestra licencia quiero irme, que podrá mi padre despertar, yo voy sin seso. . Vive el cielo, que se fue: a villana, tus intentos he conocido, esperando estaba a César. . Los celos, aunque sea el mismo Duque, a esto me obligan. Qué es esto? un hombre hacía a mí se acerca; quien es . Soy el que pretendo saber quien sois de este modo. Pues yo aquesto, primero con vuestra muerte sabre el vuestro. Pero aquí arriesgo el honor. Pero aquí pongó. De Isabel. En grande empeño el honor de la que ingrata! corresponde a mis afectos, Qué he de hacer? El calo dudo. Los nobles viven sujetos a imparar a las mujeres. Los que nacen caballeros . han de excusar estos daños, y evitar aquestos riesgos; aunque yo la juzgue ingrata, que pierda por mí no quiero? no fui en la reja tenido por César? pues con el mismo he de asegurar el daño de Isabel si vuestro intento es solo saber quien soy, yo os lo diré, pero luego quien sois me habéis de decir, porque los dos acabemos el duelo, no en esta calle. Lo mismo que yo deseo . me pide, acepto el partido. Mi nombre es César, el vuestro decidme ahora? Qué escucho? Y si a callarlo resuelto estáis, saberlo yo mismo intento con el acero. Esperad, que no por mí, aunque ingrata la contemplo, ha de perder, pero aquí es menester el ingenio: ya que lo queréis saber, el Duque soy, que encubierto rondo esta calle. Qué escucho? Y yo se cierto que vuestro nombre no es César, que César en mi Palacio le dejo: por aquí va bien trazado. . Y yo sé también de cierto que no sois el Duque vos, que al Duque ahora yo mismo también le dejo en Palacio. Quién será? yo estoy sin seso. . Quién será? sin seso estoy. . Mas porque los dos quedemos sin esta duda, escojamos aquí otro más cierto medio para nuestro desengaño. Está muy bien, ya le espero. Vive Dios, que este es el Duque, Este es César, vive el cielo. Ella esperaba a su Alteza a costa de mi desprecio. Ella a César esperaba, sin reparar en mis celos, Si es el Duque, qué he de hacer? Si es César, qué hacer pretendo? Si le quiero más que a mí? Si a César más que a mí quiero? Isabel me engaña, a falsa. A Isabel falsa contemplo. Si el Duque quiere a Isabel, querer a Isabel no puedo. Si a Isabel César adora, de no quererla prometo. Mas aunque su Alteza sea, aquí he de hacer lo que debo, Mas aunque él sea, aquí es fuerzo que no he de faltar al duelo. Ya que tan cuerdo queréis excusar que en este puesto, por lo que vos os sabéis, la satisfacción nos demos, conociendo vuestro noble proceder en ello, y viendo el desaire de mi parte, si reboco tal intento, quiero que sepáis quien soy mañana; y aquí os prometo de que a las nueve del día me veáis en el primero Parque del Palacio, donde sin falta mañana espero; la duda de conocerme entre tantos caballeros también os quiero quitar, pues yo he de traer al cuello una cadena, y por ella sabréis quien soy. Pues yo al mismo Parque iré, para certeza de que he de ir aqueste os dejo. Vuestro valor lo asegura, mas porque gustáis lo llevo, Absorto me tiene el caso, sabre quien así resuelto opuesto vive a mi gusto. Conoceré el falso dueño de Isabel. Y si no es César, morirá, viven los cielos. Y si no fuere su Alteza, no ha de gozar sus requiebros, Pero en todas partes miro de Isabel el falso pecho. El engaño de Isabel en cualquiera parte veo. No viva su amor en mí. Muera Isabel en mi pecho. Acierto es, pues que me engaña. Pues que me engaña es acierto, su dueño ha de ser el Duque. César ha de ser su dueño. Mañana estoy donde he dicho. De buscaros os prometo. Pues adiós, vamos, Lebrel, Id con él; sígueme, Tello. Sin vida voy. Yo sin mí. Todo el amor es empeños.
JORNADA SEGUNDA
Qué es muy temprano no ves? Las nueve no serán? . Sí. Pues tengo qué hacer aquí una diligencia. . Y es? Ponte esta cadena. . Yo cadena? . Sí. . Y para qué? Ahora te lo diré. No me parece muy buena el acción. Anoche, amigo, cuando a hablar a Isabel fui, un hombre en su puerta vi. Y qué quieres decir? . Digo, que el Duque me pareció en las señales que fue, y quedamos allí en que nos vieramos aquí. . No me va pareciendo bien. Palabra, Lebrel, le di de estar a las nueve aquí; el para señal también de que vendría, me dio este guante, y yo al instante que el por seña me dio el guante, le di por seña que yo hoy a las nueve estaría en este puesto, y quien viera aquí cuando aquí viniera, que una cadena tenía, ese era yo. . Di adelante. La cadena has de ponerte, y en aqueste sitio. . Advierte en que soy cobarde andante. Yo he de estar en esta parte oculta de este salón, y en llegando la ocasión, saldré al proviso a librarte; De mala gana lo acepto; y si aquí de la pendencia salgo bien, la diligencia has de premiar? . Te prometo de hacer lo que tú verás. Aquí toma mi valor a la cadena, señor: mas dime, no me dirás porque ocasión lo rehusas, y aquí no quieres ponerte dónde el tal no pueda verte? que mirando que lo excusas, y conociendo tu brío, me da mucho que pensar. Mira, anoche, aún que dudar pudo allí el discurso mío, señales ciertas hallé de que era el Duque el amante de Isabel, y en este guante la certeza acredité. Viendo pues que es mi dueño el que ha de ser mi enemigo, no quiero ponerme, amigo, con mi Rey en tal empeño. Pues si su gracia, Lebrel, pierdo, es notable desgracia, aunque también con su gracia vengo a perder a Isabel. Pues si su Alteza a querer llega a Isabel, claro está que con su amor se vendrá también mi amor a perder. Pues ven acá, si allí viste con tu dama a tu señor, en ti es tan poco el amor, que el engaño no sentiste de tu dama? . Claro está de que entonces lo sintiera, pero mi amor considera que hubo engaño. . Bien está, Y siendo fácil, Lebrel, el poderlo haber, es cosa el culparla rigurosa, si puede estar Isabel libre; pero al caso paso, si fuere el Duque, advertido da tu disculpa. . Entendido me verás sobre ese caso; dírele que hablando estaba con la criadilla cuando ina su Alteza llegando, verás a mi industria brava, déjalo todo a mi cuenta, que yo saldré a lo que hubiere; más, señor, si el diablo quiere que él no sea, y luego intente la venganza de contado el tal amante, qué haré? Reñir. . No dé si podré, porque hoy estoy muy pesado. Mientras que yo salgo poco habrás de reñir, salvaje. El reñir quiere coraje, y me siento con muy poco; vete pues. . Si el Duque fuere, tendrá paciencia mi amor, De cadena, y de valor me armo por lo que hubiere. Milealtad de aquesta suerte cumple con su obligación; no porque en esta ocasión, como la razón advierte, su Alteza se ha de empeñar con quien la cadena tiene, pues a ser impropia viene el acción, si no por dar a mi lealtad luz así, para que sepa mejor, aunque se pierda mi amor, servir a mi Rey aquí, pues con más acierto en todo procederá mi lealtad, conociendo esta verdad, aunque en tan extraño modo. Para que presente tenga mi amor sin ningún peligro, a Isabel a mi Palacio hoy su padre la ha traído por mi mandado, diciendo que en secreto determino ir a Saboya, por ver mi esposa, que es gusto mío que solo en esta jornada me acompañe por amigo. Olvidar de la memoria desde anoche no he podido el caso que me paso. y entre el pensamiento mío a César, que mi amistad siempre lo hallaba al principio. Si el que anoche hallé en su puerta no fuere César mi amigo, a las alas de su amor he de cortarles los bríos: mas si acaso César fuere, entonces; pero qué miro? en el sitio un hombre está, y con la seña que dijo. Ya me miró, malo es esto. Mas el criado si mismo es de César; vive Dios, él está en el mismo sitio que anoche me dijo, . Malo, severo otra vez me ha visto. El cuento ha sido extremado, Lebrel fue, buen enemigo me esperaba en la campaña: mas por Dios que han desmentido las razones que le oí anoche a César. . Ya miro al Duque en el Parque cielos, en vano el aliento animo, Mas para ahora es la industria, el no ha de reñir conmigo, aunque él sea, y vea que yo soy de cierto su enemigo, ánimo, pues que no hay riesgo. Dijera, a mirar el brío de sus razones anoche, que eran de hombre bien nacido hay semejante suceso como el que me ha sucedido? si acaso anoche los dos riñeramos, bien lucido en tal ocasión saliera mi valor: mas como es niño el amor, tales desaires tiene el nombre merecido que sigue ciego en sus llamas sus ignorantes designios: hablarle quiero; por Dios, que el lance, por peregrino, a risa me ha provocado: Lebrel. . Señor; el principio este es del lance, yo quiero hacerme bravo. . Qué ha sido la ocasión de que a este Parque tan temprano hayas venido? r Decirle pudiera yo, levantándose a las cinco de la tarde con más causa, como hoy tan temprano vino: pero deshago el enredo; cierta ocasión ha podido traerme tan de manana, sin duda que no la ha visto, mas quiérola descubrir, Cadena traes? Es preciso el traerla hoy, . Por qué? Él se hace desentendido viendo a Lebrel en el puesto, acción como suya ha sido. Así lo pienso engañar, el color tienes perdido. Es de ver a vuestra Alteza, que es mi respeto muy fino. No. Lebrel; alguna cosa es la ocasión, ea que ha sido? que yo quiero que no pase adelante, por mi amigo, César. . No señor, no es nada, no es más de que un mancébito anoche me habló muy gordo, y a no ser tan comedido en mis acciones, y ver qué riñendo, a los vecinos le dábamos mala noche, le diera como a un pollino anoche cuarenta palos, dejelo, porque no quiso reñir, y porque también dijo que en aqueste sitio nos verlamos; yo entonces, para ser más conocido, dije, con esta cadena le enseñara a su enemigo; el me dio un guante, en señal, el cual anoche por vino deje empeñado, porque era el tal guante, señor, rico. Él me ha de echarla perder, los disparates que ha dicho, Alentado eres, Lebrel. Esto, señor, nada ha sido para lo que suelo hacer. Y ese tal hombre dio indicios de que era hombre de valor allí cuando habló contigo? Sí señor, indicio dio, pero desmintió el indicio, mas dio indicios de que era, o manco, o cojo, o tullido, pues aunque se lo rogué, no quiso reñir conmigo. Quién vio cuento más gracioso? Excusolo, y muy bien hizo. Pues que tú se lo rogaste, y no quiso reñir, digo que el tal hombre era cobarde. Lo era, señor, juro a Cristo, Y ven acá, lo conoces? Si lo hubiera conocido, ya estuviera hecho cuartos, y puesto por los caminos: una duda, señor, traigo de quien es, solo conmigo. Vive el cielo, que este loco me ha de perder. . Yo imagino, y pienso, a mi parecer, según noticia he tenido de otro lacayo, que fue quien se vio anoche conmigo, Quién? dimelo. , El pregonero. Quién vio mayor desatino? Brava culebra ha llevado; . pero pues que no ha venido y son las once del día, ya con el duelo he cumplido, y él se queda para un puerco. Yo no sé como he podido sufrir la risa, por Dios, Y pues tiene tal padrino, señor, perdonado está cualquiera que hubiere sido? mas con una condición, que ha de confesar el mismo delante de vuestra Alteza que es un mandría. Quién no quiso aunque tú se lo rogaste, anoche reñir contigo, claro está que lo dirá. Dejo pues el desafío con vuestra licencia, y siempre a vuestras plantas rendido estaré, voy a almorzar, que la pendenzuela ha sido causa de estar en ayunas. Cierto que un rato he tenido de gran placer con Lebrel, Cielos, qué es esto que miro? Isabel aquí en Palacio? a ver al Duque ha venido, mas sin manto, nodo entiendo A César en este sitio vi desde la reja, pero su Alteza. Isabel. . Sin juicio me tiene el acción. . Señor. Amorosa ha respondido. Qué me manda vuestra Alteza? Al favor agradecido vive mi amor, ofreciendo, Isabel, en sacrificio; toda el alma en holocausto, a mis afectos tan finos le debes esa fineza; que postrados, y rendidos al fuego de esos dos soles, equivocos mis sentidos; se dedican a los rayos, y se ofrecen a los giros. Llegó el desengaño, cielos, donde mi muerte averiguo; Anoche fui a verte como tu criada me lo dijo, que ya dicho se lo habías, y contrario mi amor quiso que no te viese, mas solo con ver que favorecido de tu amor estoy, contento, mas que con ser quien soy vivo, A no escuchar, gran señor, tal razón de vuestros mismos labios, no la acreditara, mas por vuestra la acredito: o infame la vil criada, . contra mi honor puro, y limpio, de alguna causa obligada, esto a su Alteza le ha dicho, mas el honor, y el respeto contrarios en mi examino, uno es fuerza que me venza, mas el otro no es preciso; pues si aquí para el respeto me faltaré fuerza, y brío, para mi honor, ingeniosa ha de sobrarme el arbitrio, tan contra mí; no lo ignoro, que es arrojamiento miro; las razones, gran señor, que algún tiempo, no me olvido. en mi favor las oía, que desconozco el estilo, pues como tan hecha a oírlas, de otra forma estoy, me admiro, pues oigo del mismo dueño, que siempre lo ha sido mío, que da otra sustancia al eco, y a la voz otro sonido, Qué dices, que no te entiendo? si bien amargo he tenido conjetural en tu acento, para creer que el principio de tus razones son quejas, que con discreto artificio dan luz al alma, y le niegan, que traen alma a los oídos. Tan enigma es Isabel cuanto su Alteza es abismo, una razón sueña a queja, otra a favor recibido, una da muchas sospechas, otra trae muchos indicios, yo en las dos mi mal escucho, pues si en el Duque es cariño, aunque lo niegue Isabel, muerte es para mí de olvido, y si en Isabel agravio, aunque aquí no lo ha entendido, muerte en mi respeto encuentro, pues yo a quien mi dueño quiso no he de atreverme a querer, y por el respeto mismo no he de ultrajar el respeto por seguir un desvarío. Cuando fuera yo, señor, tal que los méritos míos júzgara dignos de ser de tanta ventura dignos, este es el medio mejor, habiendo primero visto la grandeza que venero en vuestra persona, fío de mí que no lo creyera, juzgando a desvanecido el pensamiento que en mí tuvo tal fuerza; que altivo quiso hacerme el imposible fácil, pues si como he dicho lo negara, a tener partes tan superiores, que alivio puedo tener de creer, si cuando igual me examino me acomodara a dudarlo de creerlo, cuando miro mi esfera, señor, tan corta? Que si yo me determino desde mi ser a mirar de vuestro poder invicto la grandeza, es porque yo gusto de mirar corrido en la empreza a mi deseo, no porque en mí no acredito el imposible primero, aunque ciega le conquisto, sino que en mí es más suave juzgarle tan atrevido, cuando el imposible busca, que cobarde verle tibio, sin merecer esta dicha. que le ofrece este peligro, pues la muerte en tal empreza es blasón, y si el castigo le ataja, ya por lo menos cuando muera trae consigo el valor del atreverse, aunque muera de atrevido. Yo, señor, soy vuestra esclava, y siendo vos dueño mío, no en mí me habéis de buscar, que presente vos no vivo, sino solo en vuestros pies, de mi ser dichoso sitio. En ellos es donde están, si bien, gran señor, conmigo, mi libertad humillada, y postrado mi albedrío. Al escuchar tus razones los ecos me han suspendido, porque disueñan tus voces en mi pecho, y el oído a la disonancia atiende mas que a los ecos medidos, que el instrumento del alma organiza de suspiros. Que cuando el acento rasga suave tropel herido, ya en la tecla de un cuidado, ya en la cuerda de un bullicio, si en el centro numeroso, o en el conforme artificio, una voz disuena aquella tras de su descompas mismo, a los cuidados se lleva, sin que atiendan al medido compás que las demás llevan, malogrando, porque quiso, esta a las demás sus voces, que no dejaron su estilo que la suerte perdonarle al instrumento aún no quiso, por hallar voces en él este impensado destino. Yo así que el disfraz escucho en tus voces indeciso, como salen como agravios entre los que son cariños, atiendo a la disonancia de esta voz, que su desvío hace malograr los ecos acordes, que los debidos respetos en su instrumento alienta reconocido el pecho en lo numeroso de su obediente designio. Ahora cuando te pierdo tan constante te examino? ella su Alteza no estama por mi amor, o lance esquivo! donde agradecer no puedo la fineza sin peligro de verme opuesto a los rayos, que me abrasaran sus gritos. No es mucho en mí, gran seño juzgarme ignorante, visto el favor, pues siendo quien me juzgo en bien tan crecido indigna de acreditarlo, aunque pasan en mi oído, por honores las finezas, cobarde no las admito. Ya te contradices, puesto que lo contrario me han dicho, y si rendida al respeto niegas lo que se, es preciso que faltes a la verdad, y es peligroso camino para el honor confesar indignidades, si has visto en lo mismo que has hablado mis pensamientos rendidos. Y pues yo siendo quien soy a tu belleza me inclino, disculpado está tu miede, pues a mi recelo animo, y culpada tu obediencia, pues niega lo que te estimo. Que hablarte a tu reja fuera anoche Beatriz me dijo; que tu licencia le dabas a mi amor, mi amor ya hizo lo que mandaste; y halló el estorbo en un indicio, que a no mirar a tu honor, hiciera, aunque hubiera sido yerro, cuando ya conozco quien fue; intentar ofendido darle muerte, o conocerle, halló mi amor al principio este embarazo, y así, sin quererte hablar se vino, solo por ti; que también tu riesgo vio. Ay tal abismo? Yo, señor, cuando intentara, ciega en mi amor, esto digo en cuanto atreverme osada en no admitir por fingido tan superior favor, no había, no, por testigo de elegir una criada, que la más fiel siempre ha sido del honor en tales lances un encubierto enemigo. La criada, quién lo ignora? se anticipó al beneficio de vuestro favor, y así, juzgando el que participo, bien del favor entendida, sin mi agradecerlo quiso, mas de este agradecimiento ajena estoy. . Luego ha sido todo engaño. Quién lo ignora? Y mi amor vive contigo? En cuanto al respeto sí. Y en cuanto a su fe? Lo mismo. Pues todo el yerro perdono, Este es el mejor estilo para salir del empeño, que aunque está en el pecho vivo César, y del mismo pecho son de afecto producido estos acentos, por ver que del respeto son hijos, no les malogro la forma, porque los vio sin delito. Con que modo tan discreto al Duque, ay de mí, le ha dicho de su criada el engaño, pero en vano solenizo su fineza, si el perderla en mi respeto es preciso. Ya todo lo he perdonado con solo oír lo que he oído, pues juzgo que puede ser todo engaño, como he visto. Y pues el gozo en mi oculta el recelo que he tenido, si ha de proceder, es cierto, atento a mi placer, sigo a mi alegría, y en ella te encuentro dueño, aquí aspiro a no culpar los todeos que en mi placer has tenido, viéndote, Isabel, opuesta, y leal a un tiempo mismo. Luego quedo bien en todo? También como has procedido, Y mi honor para con vos? Como yo para contigo. Y mi obediencia? En su sitio. Y quedáis contento? . Sí. Pues con eso me despido; segura de vuestra gracia. Cuándo no la has me recido? Pues si licencia me dais. Ya la tienes. No ha podido mi amor, César, salir libre, sino es por este camino guarde el cielo a V. Alteza? . Y a tu vida aumente el mismo. A no llorarla perdida, quien pudiera este martirio sufrir? quiero hablarle al Duque, como que nade no he visto ̱ Señor. . A buena ocasión, César amigo, has llegado. Cuidadoso mi cuidado en mí mismo, y con razón de vuestra amistad se queja. De mi amistad? . Señor sí, Dime la ocasión aquí. La ocasión es ver que deja vuestra Alteza a César, cuando de noche sale. . Sí, y di quién te dijo que salí? No os vi anoche, y preguntando por vos en Palacio, fiel supe en él, esto es amor, que en él no estabais, señor. Es verdad, no estuve en él. Mi queja esa causa tiene. Pregunté por ti, y oí que estabas fuera, y así solo me fui. . Así previene medio el alma a su fatiga. Me alegro que hayas llegado, para que un cuento extremado, que me sucedió te diga, tal que me tiene admirado, Anoche, César, fui a ver, cuando salí, a una mujer, y en su puerta hallé parado a un hombre, disimulé, quise echarle de la calle, detúvome el que era dalle escándalo, pregunté quién es, dijo, el Duque soy, absorto la industria extraño, más pase por el engaño, aunque del tan cierto estoy: en la voz poco entendida, que el mucho de mi ocultaba, pienso que eras el que hablaba, porque una acción conocida antes asunto me dio para prevenirlo así, mas después no lo creí. César, en lo que paso dudo, si yo antes dude, pidió el nombre mi enemigo, y yo que soy César digo, porque primero te halle. Dijo resuelto, y valiente, que si le quisiera hallar, que le viniera a buscar a este sitio el día siguiente. Por seña su industria ordena, que en este Parque estaría, que mirase quien traía hoy pendiente una cadena al cuello, que el era aquel, yo le di un guante en señal, vine al Parque, y era el tal, quién piensas que fue? Lebrel tu criado. . Es extremado el cuento, de risa ha sido. Mira que me ha sucedido hoy, César, con tu criado. Es, señor, un ignorante; bien ha sucedido, que . lo que hubiere enmendare. También dijo como el guante empeñado había dejado. Cómo eso hará, gran señor. El donaire de su humor, por mi fe, que he celebrado, un buen rato, si por Dios, me ha dado. Dónde estuviere le traerá, . Si le trujere, toma, porque tengas dos. No se que oculta ocasión, sin que lo diga, me obliga, viendo a César, a que daga que fue el dueño de la acción. Si bien solo en lance igual, quien lo acredita en secreto, es conocer su respeto, y saber que es tan leal. Mas todo aquesto es quimera, que el pensamiento inventó, que no me reduzgo, no, a que César tal hiciera. El aire dulces clamores tasga, quién los causará! Señor, que han llegado ya de Síboya Embajadores, es la señal. . Ya su intento conozco vente conmigo César. . Vuestro gusto sigo. Dilataré el casamiento por el espacio de un año, que primero quiero ver la que ha de ser mi mujer. Quién en más confuso daño se ha visto? o nunca pluguiera al cielo, o fatal rigor! a los ojos con amor el alma a verte saliera. Mi amor te ofrece una queja, que ha nacido de tu error, pues engañado tu amor, mi amor por otro amor deja. Esa que en dulce elevación al día turba el candor su lírica armonía, y en parentesis breve, su luz de un sorbo, o le asalta, o beve, al alma suspendida le usurpó el privilegio de la vida. Quién eres, di, que Orfénicos acentos! por el árbitro esparces de los vientos? luz sin materia en incorporeo espacio, o estrella fija del azul Palacio, que fuerza oculta tienes imperiosa, afrenta dulce del clavel, y rosa, para obligar en tan estrecho paso a que llegue el discurso a ver su Ocaso? ya me acuerdo, ay de mí, luz peregrina, que en otra parte os vi, mi fe se inclina, si venís a buscarme de ese modo, a obedecer vuestro mandado en todo? tan sin ti tu misma vida. Qué ocasión pudo traerte con tu razón tan perdida cuanto contigo tu muerte, señor? . La duda que siento, si el discurso la conquista, se dio a entender a la vista, pero no al entendimiento. Lebrel, en mí estoy perdido, estamos solos los dos? mas para que? si por Dios, que estoy. Qué te ha sucedido? No lo sé, . Ni yo tampoco. No viste? . No he visto nada. Te acuerdas? . De qué? Ay de mí. de aquella divina estampa, que en la celda de Quintín, Qué es lo que dices? . Estaba en un cuadro? Bien me acuerdo, pues si allá se quedó en Francia, que tiene que ver, señor. la historia que aquí te pasa con la estampa que allá está? Mucho. Yo no entiendo nada. Pues darételo a entender. Dejé a su Alteza, que estaba con los dos Embajadores que hoy llegaron, en su sala, después que al recibimiento ferió dos horas muy largas. Y en ese cuarto segundo, viendo de que no me daba licencia el Duque, intenté darle al sueño la templanza. que me concedió una silla, apenas en ella ensaya la figura de la muerte mi vida en breve distancia, cuando en el aire una voz imperiosa me arrebata los espíritus vitales de que tiene ser el alma. Atento al eco, juzgue a la atención, cuando rasga la varia región al vino aquella luz soberana, que en la celda de Quintín vimos los dos; con las ansias amorosas mi deseo aliento les dio a las plantas. Levánteme, no la encuentro, quede absorto al ir a hallarla, no se que centella oculta en ella vi, que me abrasa, con amorosos afectos, el corazón, no sin causa misteriosa este suceso el cielo así me declara. Yo he de ir a ver a Quintín, esta ilusión, si reparas, auxilio divino es, que me avisa, y que me llama a otro nuevo ser, mas libre hoy he de partirme a Francia, a vivir vida segura, Hay locura más extraña? a Francia a ser Ermitaño quieres ir? no está tu casa más cerca? si salir quieres de los enredos, y trampas que te ha buscado Isabel, No, Lebrel, que también pasa la confusión, si allá vamos. que tiene el mundo, en mi patria, Lástima, señor, te tengo, anoche, di, no arrojabas Isabeles por tus labios, cómo si guindas echaras? Ya se murió mi deseo, y se perdió mi esperanza. Advierte que el Duque viene. Sabrá todo cuanto pasa en mi discurso de abismos, en mi razón de mudanzas, de mi lealtad el engaño, y sabrá, que sea causa del perder la vida, todo lo ha de saber, porque salga de Milan libre de todo, para que contento parta. , César, salir descompuesto te vi de esa primer sala, y cuidadoso he venido haberte, porque se agravia mi amistad de verte solo cuidadoso. . De honras tantas, al merecimiento mío ay, señor, mucha distancia. Aún más tu lealtad merece. No merezco, señor, nada. Isabel, aquí? . Pasaba a ese cuarto, gran señor, y el veros aquí me ataja, Buena ocasión es ahora para que desengañada que de Isabel, y su Alteza quede sin mí con su dama, mi fe con lo que desea, veremos los tres logradas, aunque en diferente intento; cada cual sus esperanzas. Vi salir a vuestra Alteza, y salí a verle. . Yo estaba donde pude ver a César, y salí con esa causa. Y yo con vuestra licencia la circunstancia que falta) de mi parte he de decir, diga de una vez el alma lo que siente. . Ya le espero. Mas primero a vuestras plantas merezca perdón de un yerro. Ya le perdono, levanta. Qué es lo que César intenta? Oyes Beatricilla, calla, que hay muchas cosas de nuevo, importantes a tu raza. Yo, señor, esto ha de ser, quise a Isabel, no os lo niega el alma, si hasta aquí torpe os lo ha negado mi lengua. Qué escucho? no mis recelos me engañaron. Yo estoy muerta, César me ha echado a perder, pero pues él lo confiesa, desde aquí también estoy a confesarlo resuelta. La quise digo, porque fue mi amor antes que viera el desengaño de que quiere a Isabel vuestra Alteza, que después de acreditar esta verdad en la idea, hizo olvido mi respeto lo que memoria antes era. Yo fui, señor, el que que hallasteis anoche junto a su puerta, quien se fingió que era el Duque, gran yerro! mas si en aquella ocasión, aunque lo dudo, mi enemigo, señor, erais, para opoderse a vos mismo, sin aquella diligencia, quien contra vos en el mundo, no siendo así; se opusiera? Yo me atreví, porque allí el nombre fue mi defensa, que a no ampararme de vos, contra vos no me atreviera. El principio de este asunto hallé, señor, en la reja de Isabel, pues vuestro nombre me dieron, señor, en ella. Por certificar el caso, use, gran señor, de aquella traza, que ya en mi criado advirtió vuestra prudencia. Pues yo, gran señor, no había, teniendo ya en mi sospecha de que ser pudisteis, no, de atreverme a la evidencia de verme opuesto a mi Rey, sin saber si verdad era mi pensamiento, que en mí vive, señor, la obediencia tan escrupulosa, que para darme muerte fuera bastante causa el pensar que sin pensar en aquella duda me atreví ignorante a darle enojo, a quien piensa el alma de que es su Rey, aunque el alma no lo sepa. De este yerro fue el perdón que a vuestros pies no me niega vuestro generoso pecho, y pues ha llegado esta ocasión donde ha dicho que la adoré ciego; y ella presente está de esta vez desnudamente mi lengua, (porque importa para el caso) la ocasión de verme, y verla ha de confesar, a donde. el prodigio que en mi muestra el cielo, he de publicar; y la ocasión que me lleva de Milan, y a donde miro una vida que me espera, como el intento no deje, que ha de ser, señor, eterna, Pabia, Príncipe excelso es mi patria; donde en ella, de los nobles Borromeos legitimada nobleza herede, dándome el ser Carlos Borromeo César, nombre que yo de mi padre también tengo por herencia. De ella salí pues, llevado de un deseo, al cual alientan efectos, de quien es causa los influjos de una estrella. Fui a Francia, hermosa afrenta del sol, obelisco dondé esmeralda de la tierra, anillo de plata el mar la circunda, y la rodea. En este pues promontorio, cuya crizada cabeza turbante opaco le ofrecen las nubes en partes densas, de quien es de tersa plata la Luna blanca diadema. Llegue a pisar lo espacioso de sus vistosas florestas, que a lo fragrante le envidian las Pancayas, y Sabeas. Le murmuran lo florido las fértiles Eliseas, y le lloran lo moroso la dulzura que conserva amor en lo deleitable de la Arcadia en sus riberas. Solo no a envidia España, porque en dulce competencia quieren ostentar las dos que entrambas son las primeras joyas que el mundo le puso por zarcillos a la tierra, cuando a las vistas del tiempo galán que su vida alienta. salió ella tan vistosa, como el vario en su carrera, Al fin, en este apacible sitio, al pisar las arenas del Jona, Río soberbio, que de Suisón, ciudad bella de la Francia, con su espuma el pie le baña, y le argenta hacía la parte de Oriente una levantada sierra, término cuya espesura, de su intrincada maleza mal peinada, mueve el aire sus bien pobladas guedejas, torcido una gruta tiene un acebuche a la puerta, no sin cuidado, pues es de su abierta boca lengua, que con voz enos despide a quien sus soplos alienta ásperamente el Fabonio, que allí a ser bronco se enseña. A aqueste pues escabroso sitio llegue, a la puerta de una muralla, que un roble allí lo fue de madera; veo un llano no espacioso, a quien pespunto de perlas la furia que un arroyuelo ejércita entre su selpa; a un lado un albergue miro, que unas pocas ramas techan, dejando ingrniosamente breve una luz a su puerta, en la cual puso el cuidado de aquella agreste eminencia, un descuido en uniguijarro, descanso de aquella celda. Allí en esta silla tosca vi un hombre sentado en ella, tendida, y cana la barba, y tan copiosas madejas de plata riza a los hombros la sima de su cabeza daba, que si el brazo allí no dividiera sus hebras, las perfecciones de humano cualquiera atención perdiera. Al fin, bastan los progresos, y ya que quise en las señas gastar las palabras, quiero que el afecto no se pierda, dando más alma al suceso, y a la afectación más rienda. Llegué pues a esta acogida de este Monje, mal compuesta, y apenas de sus umbrales piso las brutas arenas, cuando fue el primero objecto de mi vista una pequeña cifra de la Soberana Madre de Dios, tan perfeta, que hube menester allí conocer con evidencia, cuando tan grande la miro, que Dios es causa primera de las causas, para que mi afecto no la tuviera por Dios; porque a no saber que había deidad más suprema, al verla, si lo dudara, dudándolo, es cosa cierta que dijera que era Dios, si yo no lo conociera débil soy, mas soy mortal, solal a atención primera. Pero si allí la pintura tuvo en mí tan poca fuerza, aquí lo vivo, señor, ha obrado con diferencia, En este fuego amoroso el alma ya se recrea, en sus llamas los sentidos suavemente se queman, gustosamente se abrasan en sus giros mis potencias; hallé a Quintín, que este nombre es el del Anacoreta, despedime, a Milan llego, sin mí estoy, en vuestra Alteza el favor hallé que digo, confuso, que la experiencia ha dicho, ya yo me pierdo, vi a Isabel (oh luz suprema? siempre en mi memoria estás) conocí a vuestra grandeza humillada a su hermosura, determíneme, olvidela: mas quién Señora tan grande dejara por tan pequeña hermosura? oh Virgen pura, de mi razón sois estrella, ya soy otro del que he sido, esta divina presencia vi entre sueños, que ventura! y con voces, qué fineza! celestiales, gran favor! a mis sentidos despierta. Vi su resplandor, que dicha? vi su beldad, qué compuesta! vi su adorno! qué bizarro! vi su rostro! qué belleza! vi su hermosura, que cielo! vi sus soles, que centellas! de ellas sentí en mí un incendio que mi espíritu amedrenta, cobro el aliento, y prometo dedicarme por ofrenda indigna a esta gran Señora, que así me ronda las puertas del alma, y así, señor, en mí no hay cosa que sea de mis acciones, que todo es de esta causa secreta, y de este piadoso auxilio, y así, pues miro la fuerza de este afecto, en mí se ve el bien a que áspiro, sea guiado de aqueste impulso, aquí en elección tan cuerda. Y pues el favor invoco a quien nunca el favor niega, viva este amor en mi amor, y en mi amor otro amor muera, Mi amor en este prodigio de amor suave se recrea, este amor es quien me obliga, este amor es quien me alienta este amor quien me da vida, este amor quien me conserva, este amor quien me divierte, este amor quien me sujeta, este amor es quien me llama, esotro amor quien me inquieta, quien me asusta, quien me irrita con hechizos, con cautelas, con hálagos, con mentiras, con entedos, con quimeras, con falsedades, y engaños, y así en esta competencia de este amor que mi fin busca, y de aquel que me alimenta, dejar amor por amor es la más heroica empreza, cuando el uno ha paz convida, y el otro a contina guerra. Admirado tan notable caso me ha dejado, César, gran prodigio, favor grande, no es razón, no, que se pierda afecto tan bien nacido, ni sé que es tan verdadera, Ya la dicha, por ser tuya, aunque te pierdo, celebra el corazón en el pecho: haber querido a Isabela ha sido poco delito en mi amistad, y si fuera en esta ocasión presente contra mi amor grande ofensa, el perdón facilitara, pues quien digno ha sido en esta acción de auxilio tan alto, y de merced tan suprema del cielo, con justa causa merece los de la tierra, pues se granjea lo menos el que lo más se granjea. Y así, si para el acción fuere menester mi hacienda, porque consigas la dicha, como dueño manda en ella. Todo mi estado te ofrezco, con todo aquesto que seque necesario, para que esa ventura no pierdas. no se malogre ese intento, ni tu amor deje la empreza, No espere menos, señor, de tal Príncipe. . Tu ausencia siento, aunque no porque miro, amigo, tu bien en ella, ya te dejo, antes que el alma viendo tu partida cierta, no me de más que sentir, dame los brazos, y sean los lazos que mi amistad dan por señal, y por muestra de su amor, César, adiós, sin hablarte más es fuerza que te deje, y sabe el cielo como el alma aquí te deja, y si no fuera precisa, si consintiera tu ausencia. . César, César, Qué me quieres? Es engaño lo que ordenas? No es engaño, no, Isabel. Qué dices? Que a Dios te queda. Estás loco? . No, Isabel. Harasme que. (̱. Deja, deja los extremos . Ay de mí, pues te vas? Sí, porque es fuerza. Y mi amor? . Ya se murió, A ingrato, quién tal creyera? que me dejas? . Es forzoso Que tal sufro! Aquesto es fuerza. No lo creo, aunque lo escucho, Será fuerza que lo creas. Así mis finezas pagas? No pago mal tus finezas. Salga el alma por los ojos? No tiene tu llanto fuerza en mi pecho, y por si acaso vive el mal entre esas perlas, yo te dejo sin mitarlas; o nunca, Isabel, te viera, que he de dejarla llorando? pero as preciso. Qué intentas? Irme a Francia, No hay remedio? No lo hay. Contigo me lleva. Será llevar el peligro, Isabel, en tu belleza. Pues quitáreme la vida. Solo me falta esa pena, ya no puedo resistir más, Isabel, mi paciencia, a dios, sin verte me parto, porque así librarme pueda. Él me deja, que he de hacer? sin vida estoy, pues me dejas, ingrato, te he de seguir. Ven, Lebrel. Beatriz, paciencia. Pues dime, ingrato, te vas? Ne, Beatriz, pero me llevan. Muera este amor de este modo en las manos de la ausencia Aunque aventure mi vida. a seguirle estoy resuelta, viva mi amor de este modo. Dejarla es heroica empresa. Seguirle es empresa heroica. Pues así mi amor ordena, dejando amor por amor, que mi fama sea eterna. . Pues así ordena mi amor en tan heroica fineza, nunca dejando a mi amor, que inmortal mi nombre sea, ven, Beatriz. Adiós, Lebrel. Pues dime, ingrata, me dejas? No, mas me llevan, Lebrel. Llevente muy norabuena. .
JORNADA TERCERA
Hoy no me han dado porción, no sé porque. . Yo lo sé. Dígame, hermano, porque. Porque es un Frances brevión, y porque nació en Suisón; es bien que hoy de comer deje. Soy, hermano, algún Monje? Yo no vivo en su intención, quién es de tierra tan perra esta sentencia le aplico, no se me haga un sántico. Tierra soy. Pues coma tierra; no he de verme aporreado por traerle de comer. Eso, hermano; es merecer. Muera este amor de este modo Pues merezca en lo ayunado, Como saben que esta casa es donde el bien llega a estar, quien no quiere trabajar, luego a ser Monje se pasa. Qué milagros hemos visto de su virtud hasta hoy? De tal bien indigno soy. Diga que más pasó Cristo por él, y habrá negociado; con aquesto el juicio pierdo, así, pero ya me acuerdo de un gran milagro que ha obrado. Yo milagro? no soy digno. Pues muy bien me acuerdo yo, no se acuerda cuando echó en la tinaja del vino agua, y aumentó muy fino en su afecto, bien se vio, otro tanto como echó, en vinagre vuelto en vino? Ese fue yerro. . Pues quién, cuando ha hecho lo que ha hecho sabe errar con tal provecho, ayunar sepa también. Mire, hermano, en esta vida no hay cosa; si en mi conciencia, que sea de más penitencia, que aborrecer la comida. La fama que este Convento tiene en Suisón, me ha traído, porque era un hombre perdido, Eso solo es lo que siento, pues muchos con ese intento, con capa de santidad, vienen a esta soledad a ser lobos del Convento. Yo a pedir limosna voy, y remedio he de poner, el que quisiere comer ha de buscarlo. . Yo soy el que primeró lo hará, como lo mande el Prior. Que otras veces mi señor era un demonio, y que está ahora en todo tan trocado, después que Quintín murió, y por Prior lo dejo del Convento, que me ha dado su modo bien que pensar, que hoy de verás me dijera, que cuando a la ciudad fuera, que entrara, esto es de admirar, los ojos siempre en el suelo, que a las mujeres no viera, que con humildad pidiera la limosna, cuando el duelo del pedir culpa el acción, y que entrara dijo luego en las hermitas del juego, y les hiciera un sermón que fuera contra aquel vicio, y que lo acetara yo, mal haya quien me parió, y mal haya, amén, mi juicio. Ya es tarde para comer, vamos a casa los dos. Hermano, vaya con Dios, que yo se lo que he de hacer. Que se ha de enojar es llano nuestro padre, Ay tal porfiar? quiere hacerme renegar? váyase con Dios, hermano, no me basta mi dolor, sino que también aquí es, hermano, contra mí? Mas aquí viene el Prior. Venga muy en hora buena, sabrá lo que he granjeado hoy por hacer su mandado, y como la hicieron buena conmigo, pues han jugado al juego del tundidor. Hoy, inmenso Criador, a mis Monjes le ha faltado el ordinatio sustento por el envíe a Suisón, no viene, y será razón ir yo. . Aquí está el jumento en Lebrel, señor, cargado de lo bastante para hoy. Gracias, o Jesús, os doy, presto lo habéis enviado. Y a mí, señor, que me das porque lo traiga hasta aquí? También te agradezco, sí. el traerlo, . No des más, porque tu caudal se apoca. Nunca Dios a nadie olvida. Él sabe si esta comida se la debes a mi boca. Ya que en esta soledad hallo, gran Señor, la dicha mayor que pudo en el mundo haber hallado mi vida, Aunque indigno, de mi parte mi amor humilde os suplica, que no la pierdan, Señor, los que conmigo la habitan. Hoy los miré un poco tibios, porque faltó la comida de lo ordinario dos horas, dadles valor, porque sigan de mi Maestro la escuela, que su amor esclarecida dejó en este monte, quien ha sido, Señor, mi guía; yo, Señor, En este valle os apead, que a la hermita hemos de ir sin los caballos. Prevención bien advertida, con ellos Floro entre tanto puede quedar. . En la orilla de ese arroyuelo se apean tres hombres, en quien pública su nobleza el traje, quiero retirarme de su vista, que no es bien que aquí me vean. De nosotros se retira un Monje, Llamadle pues. Deo gracias, Qué es lo que miran mis ojos? Me engañan, cielos, en apariencia fingida mis ojos? César ahora se representó a mi vista. Qué veo? el Duque, ay de mí, Pero no la fantasía me engañó. . Pero los ojos me dieron cierta noticia. César. . Gran señor. Es sueño lo que me pasa? . Es enigma lo que miro? . Amigo César. A vuestras plantas se humilla quien siempre fue vuestro esclavo Ofuscado en mi alegría, celebrar no puedo el gozo, alzad, César, no permita el cielo en mí tal desaire, indignos lazos aplican a vuestra virtud mis brazos, Con justa causa se admira, gran señor, el alma, cuando a vuestra persona invicta mira en esta parte. . El cielo, con oculta maravilla, me ha traído sin pensar. Para mí ha sido gran dicha, Y para mi gran ventura. Al cielo aquesta visita le agradezco, gran señor. La ocasión de mi venida él sin duda ha sido, César, pues con fuerza no entendida, imperioso a mi deseo, a una novedad le obliga: no le conocéis, Don Carlos? Algún tanto en mi imagina mi atención en su persona. No os acordáis algún día, que a César, un grande amigo os nombraba, y os decía de su lealtad las finezas? Honras, gran señor, antiguas, son esas en vuestra sangre. El alma esta suspendida, . César es este, ay de mí, pues la carta no decía, que de Milan me enviaron, que César, cielos, había sido la ocasión de que déjara en Milan mi hija? o aleve, mas estas cosas no es razón que se permitan a los oídos; a fácil, mujer al fin no entendida; nuevas dudas he encontrado, en confusión tan crecida; si gran señor, ya me acuerdo, Pues veisle aquí. Ya acredita vuestra alabanza su traje: todo yo soy una enigma. El cielo guió mis pasos, pues ocultamente inspira, alentado a mi deseo, que pasando por la orilla de ese río, vi en lo alto de aqueste monte una Hermita, y sin ocasión alguna, que fuera, César, precisa, doy en mí que quiero verla, sin más razón que me obliga, sino el mirarla en tal sitio, y querer ver quien la habita Todo en mi favor ha sido; Y por si aquí mi venida a novedad os provoca, juntamente con la misma duda de aqueste misterio, que en los dos se verifica, de haber venido la causa quiero decir, y noticia daros del tiempo también que he estado fin vuestra vista, Sali oculto de Milan, como ya os dije algún día, la cual causa ha sido causa, aunque en mi memoria escrita siempre ha estado vuestra ausencia, de no hacer lo que debía, en cuanto a la obligación de la amistad que os tenía. Bien que a solas muchas veces, cuando treguas prometía el cuidado a mi reposo, en la idea me ofrecía vuestra persona el afecto de aquella amistad antigua, vuestra obediencia tan grande celebrada, y así misma vuestra elección envidiaba, y con esto divertía el dolor de vuestra ausencia, prometiendo de que había de buscaros solo, amigo, por veros, que vuestra vista de este cuidado el alivio juzgaba ciertos los días, que a mi casamiento he dado, como a ocasión tan precisa, esos mismos al deseo han privado de tal dicha. Cerca de un año he gastado en mi amorosa conquista, que ese tiempo ha sido el tiempo César, de vuestra partida. Era cosa que importaba a Milan joya tan rica granjear, y a mi afición el gozo le multíplica prenda de tanto valor, tan preciosa Margarita. Para aqueste aumento han sido mis diligencias continuas, cuidadosos mis cuidados, venturosas mis porfías. Por solo ver a mi esposa, antes que lo fuera mía, intento secretamente a Saboya mi partida. No es necedad, porque siendo cosa que to da la vida dura el casarse, no es bien entregarse por noticia a una cosa tan durable, sin que primero la elija ver con quien ha de vivir, cuando pierda no admitirla, puesto que después no puede, aunque quiera, despedirla, y viva como muriendo, pudiendo, si antes lo mira, vivir sin morir viviendo, si la diligencia aplica. Fui a Saboya con secreto, por ver a mi esposa, vila, agradome, descubrime, dime a conocer el día que la vi, al Duque su padre, porque al verla vi que había, si bien con secreta causa, que el pensamiento fabrica, de ser dichoso, teniendo a beldad tan peregrina por Ángel siempre de guarda, que viviendo yo me asista, El acción César amigo. con gran fiesta soleniza Saboya, siempre leal, la no pensada venida. Celebráronse mis bodas, donde la fama corrida de tanto logrado afecto, sacó que sentir envidias, por ser dueño de la acción. No doy más larga noticia de las fiestas, que no sueña la victoria de la misma persona que la alcanzó bien, porque más se eternizan las grandezas, y victorias, si el dueño no las pública, que esta plaza toca a otro; y no a aquel que la consiga, Redujo el dulce Himeneo a una vida las dos vidas: pocos días se pasaron sin prevenir mi partida; adelántose mi esposa, porque en Saboya tenía que consultar con su padre, cosas de importancia, envía a lo mejor de su estado con mi esposa, de quien fía seguramente el honor de los dos, hoy concluidas las cosas deje, y partime, llegué a la espumosa orilla de ese río, y en la frente de aquesta montaña altiva, la vista un albergue tosco en su maleza termina. Venció al poder el deseo, y el mismo poder le anima, quise ver quien dueño era de tal albergue, y le habita, que según demuestra, es su parecer a la vista otro nuevo Pablo en ella, hace Monástica vida; dejo mi viaje, y sigo una senda mal seguida, llego a aqueste prado, donde, cuando menos la creía; hallé la dicha de veros, que el corazón soleniza, vuestro asunto envidio, a tiempo que vuestro traje me admira. De veros tan bien hallado. es mi placer, mi alegría tanta, si a fe, que no hay cosa, si reducirlo a medida quiere el deseo, que sea en mí de mayor estima, que el veros tan sin peligro triunfar de la humana vida, No merezco, gran señor, besar la tierra que pisa vuestra Alteza, el cielo aumente, inmortal que siempre viva, vuestro nombre en las memorias, y nunca fatal cuchilla de Clotos corte el estambre eterno de vuestra vida, siempre dueño, y siempre Rey del mundo, y su Monarquía, siendo espejo reluciente de Saboya en vuestra vista Margárita, con el mismo privilegio de que es digna, Qué virtud! Gran humildad! Y dónde la escarcha fría del cielo en esta aspereza resistis? No muy distinta de aquí, gran señor está, a donde conmigo habitan en un Convento mis Monjes, a quien todos la dotrina seguimos de aquel portento de santidad conocida, y su virtud celebrada. Y porque quede más rica con vuestra presencia pido que vuestra Alteza se sirva de a todos darnos tal bien. Es precisa esa visita, César, porque vos gustáis. Vamos, después a la Hermita que vio vuestra Alteza iremos, que en este monte escondida hasta hoy de todos ha estado. Vuestra voluntad es mía. Ea pues, vamos señor, donde veáis de afectos ricas a las voluntades, cuando pobres, señor, os reciban. Qué acierto ha sido el hallarle! Entre confusiones vivas el pecho se está anegando: a mujer inadvertida, contra mi fama ignorante, contra mi honor no entendida! Esto es saber ser discreto. Este es bien que Dios me envía. Este es rigor de mi estrella, Qué ventura! Qué alegría! Qué pesar! Vamos, señor. Voy sin mí. Yo voy sin vida! En este prado ameno, pensil hermoso, de azucenas lleno, donde las aves en canoro acento son suspensión del viento, y en acordes suaves parecen minístriles, mas son aves, que en citara de flores templan mi mal, y acaban mis temores. Aquí en esta acogida, alegre el tiempo paso de mi vida, sin que del mundo el laberinto extraño; retirada en tal bien sienta su daño: o mil veces dichoso el feliz día, en que la suerte mía bien tan supremo sin pensar se ha hallado donde el amor divino ha granjeado, siendo Jesús mi verdadero amante, yo quien vive en su amor firme, y constante todo cuanto hasta aquí engañada he sido en mí vive en olvido, ya no soy la que fui, quien tal creyera que en tanto amor tanta mudanza hubiera? Gracias os doy, o soberanos cielos, por el bien sin pensar que me habéis dado, sacándome del mundo, y sus desuelos, dando a mi vida bien tan impensado: este es vivir, mortales, si se advierte, que la otra no es vida, si no muerte. Siguiendo del amor la ardiente llama; sin marar el peligro de mi fama, dejé a Milan, fue grande atrevimiento, pero mi amor no rabocó mi intento; de traje disfrazada, con sola una criada, hasta Francia me trujo mi desuelo. pero mejor diré que vine al cielo. Por hombre mi amor esto no ha obrado pues si fácil ha sido en mi cuidado, cuando a un hombre pretendo, que ignorante, siendo ya el Criador mi fiel amante, y mi querido dueño, que imposible en mi amor, que grande empeño! no ha de ser fácil, aunque más me asombre si otras fáciles fueron por un hombre? Mucho Beatriz se tarda, cuando el cuidado ha tanto que la aguarda, ella fue a la ciudad; pero que veo? no la esperanza se quedo en deseo, pues ahora Beatriz llega a la Hermita, que ha rato que la espero, mucho el cielo mi bien me solicita, como en todas acciones considero. so Esperad. Ya ser no puede, cuando tan cerca han llegado, librarme sin que me vean. Sois el dueño vos acaso de esa morada? Aquí es fuerza responder. Hablad hermano, mirad que os habla el gran Duque de Milan. Cielo, es engaño del oído lo que escucho? pero no me he engañado, él es, qué es lo que me pasa? Sin recelar ningún daño, a su Alteza puede hablar, que solamente obligado del deseo aquí ha venido. Cielos, lo que estoy mirando . es sueño? el gran Duque aquí? César aquí con Don Carlos mi padre? en tal traje César? no se lo que me ha pasado, mas disimular importa en un tan confuso caos; esa humil de Hermita es mi albergue. Estoy admirado de ver el áspero sitio de su fabrica. Aquí ha un año que alegre paso la vida. Como juntos se han hallado . aquí César, y su Alteza? mucha duda tiene el caso; ne sé como he de librarme, aunque por no haber llegado a conocerme es muy fácil. No sé que ocasión me ha dado oculta el ver este hombre, que pensar en mi cuidado. Sois de Francia? No señor, porque en Milan me he criado y también nací en Milan. Qué ventura! pues he hallado. cuando menos los busqué, tan virtuosos vasallos en este monte, decidme quien sois, porque me he alegrado de que vuestra patria sea la ciudad que habéis nombrado. y por conocer el tronco que dio tal rama: al mirarlo no se qué secretamente sentí en su rostro. Obligado a deciros la verdad estoy, gran señor. Mil saltos el corazón en el pecho, sin saber quien le ha obligado, está dando, Al ver su rostro, confusamente me ha dado el discurso que sentir, y que admirar el cuidado. Qué he de hacer ental empaño? negar quien soy es villano proceder, pues descubrirme, es poner lo que he ganado a riesgo; mentirle al Duque, no es acierto, ya he pensado un medio, a mi parecer, en esta ocasión más sabio Yo, señor no acierto a hablar; más para que estoy dudando lo que ha de estarme mejor? Hablad, confuso ha quedado. Esto ha de ser, pues ya empiezo a dar noticia del caso a la verdad, ya que el cielo ocultamente ha ordenado que en la ocasión no me niegue, pues me la puso en las manos, Yo soy, o Príncipe excelso, el que su patria ha dejado, por seguir de un apetito los desconcertados pasos. Yo el imposible hice fácil, gran señor, que ha puesto a tantos nobles pechos freno, siendo yo quien solicité el daño. Atento solo a un deseo, llegue a este monte buscando lo que sigo inadvertido, lo que pretendo engañado. Me condujo a esta espesura este pensamiento, dando esperanzas al deseo, logrose mi alivio, cuando mi destino en esa Hermita halló el bien; suceso extraño? y no entendido en los hombres, pues el cielo soberano se pone, cuando pretende ciego el hombre, y más errado buscar su mal: a su bien, sin conocerlo, en los pasos que le anima en su despeño. oculto el bien, sin buscarlo, en una mujer halle, a quien noticia le he dado de mi venida, el suceso admira, si bien culpando mi inadvertencia amorosa, se opuso con tierno llanto a revocar de mi gusto la ceguedad, pudo tanto la fuerza de sus razones en mi pecho, que olvidando el asunto que me guía; de sus palabras llevado, de sus razones vencido, y de su vida obligado, olvidé, quién tal creyera? mi amor del pecho sacando de raiz, aquel incendio, sin dejar de sus encantos la menor señal, venciome, después de mirar tan claros los ejemplos que acreditan el bien que están publicando, el mirar de una mujer intento tan acertado, elección tan entendida; aquí habrá cerca de un año que en esta aspereza vivo, después que Blanca, aquel raro prodigio de santidad, a quien yo le debí tanto, cortesana de otra esfera, dejó este valle, imitando sus acciones me recreo, que es gran señor, quien le ha dado a este monte admiración, y a aquesta Provincia espanto. Sepultada en esa Hermita estáy señor, hasta tanto que el cielo otra cosa ordene, así lo dejó ordenado en su testamento, el cual yo obedecí su mandado, como era justo el hacerlo, Aquí, señor, imitando sus acciones, me recreo, en su vida contemplando paso el tiempo de mi vida, al pensamiento engañando con la variedad que ofrecen estos rústicos peñascos. Ya sé, gran señor, que solo noticia del tiempo he dado que he estado en esta aspereza, y lo importante he callado de la respuesta que debo a la pregunta, ahora paso a dar la satisfacción, porque hasta ahora ha importado, señor, sino a la pregunta, lo que he dicho para el caso. Yo soy, pero ya que dudo, señor? pero ya qué aguardo? esto el cielo así lo ordena, yo soy digo, estoy temblando. Hablad, decidme quien sois, que os pone en tanto cuidado, que las palabras os lleva? dejad, dejad embarazos, que en mí solo ha sido afecto bien nacido el preguntaros quien sois. Pues yo soy, señor, aunque el traje lo ha negado, y mis palabras también, hija, señor, de Don Carlos, que está presente, Isabel soy, señor, que pues ha dado para descubrirme asunto el cielo, no es acertado, cuando tan claro lo he visto en mi querer revocarlo. Es ilusión lo que escucho? Cielo, qué veo? es encanto lo que miro? Qué es aquesto? aquí Isabel? caso extraño! Apenas, aunque lo he visto, puedo acreditar el caso. En este monte Isabel, . quién vio prodigio más raro? Isabel es la que veo, pero el misterio no alcanzo. Isabel es la que miro, . pero confuso me hallo. Isabel es, ay de mí, . confuso estoy, y admirado; La novedad del suceso . a todos ha dado espanto. Isabel, pues cómo aquí? aunque lo miro no acabo de acreditar la verdad Hija, tú aquí? quién te ha dado tal asunto? Yo le hallé, padre, y señor, sin buscarlo, César la ocasión ha sido de todo mi bien. No en vano la carta me lo avisó. Válgame el cielo, yo alcanzo, la dicha de que por mí haya Isabel encontrado el bien, también es favor que hoy sin saberlo me gano. La ocasión ha sido amor de mirarte en tal estado? Amor la ocasión ha sido? Di como. Refiere el caso. Dejé a Milan, sigo a César, llegué a este sitio buscando a mi amante, y compasivos de verme los soberanos cielos en mi engaño ciega, piadosos salen al paso. y Norte de mis sentidos, mi entendimiento ha guiado, hallé a quien ya he referido, pasó lo que ya he contado, y he hecho lo que ya he dicho, y dicho lo que ha pasado, sigo a Dios, y al mundo olvido, sombra fue el amor humano, mi amante es Dios verdadero, cuya presencia idolatro, a cuyo poder me rindo, amor donde está el descanso, amor donde asiste el bien, amor donde está el regalo, este amor es quien me rinde. este amor en quien me abraso, esotro amor quien quería verme viviendo penando. Y así en esta confusión, señor, de estos dos cuidados, elegí el amor divino, y arrojé al amor humano. Cuanto ha dicho es una enigma. Un portento es lo que ha hablado, Cuanto ha referido ha sido de confusiones un caos. Esto, como ya se ve, guiado por otra mano más suprema ha sido todo, la menor parte, Don Carlos, no alcanzáis de tal ventura, César ha sido el que ha dado asunto para este acierto, Isabel es quien lo ha obrado, a mí me toca el dejar esta dicha en buen estado, pues la virtud de Isabel conmigo lo ha granjeado, y por amigo también le debo a César obrarlo. Seis mil ducados ofrezco luego a César de contado, para que vuestro Convento tenga ornamentos sobrados. Y en Suisón, para el sustento, dejare también librados dos mil de renta, en poder de quien sean bien pagados, para que vaya en aumento intento que fue tan sabio: y a Isabel seis mil también le doy de renta, con cargo que en Suisón asista, siendo Patrona de un dedicado Templo, cuya Orden sea de Santa Clara, dejando Don Carlos con poder mío, para obrar lo que he ordenado: con quien generoso a un tiempo dos obligaciones pago, mi amistad queda contenta, y mi amor queda pagado, César con lo que desea, Isabel con lo que ha amado, yo contento, y satisfecho también de su honor Don Carlos. Seguir vuestro gusto es justo, y más cuando importa tanto, Vuestro generoso pecho de una vez todo lo ha dado. Y yo quedo a obedecer contento vuestro mandado. Yo después de dar el modo, con Floro a Milan me parto. Aguarden, cuerpo de Cristo, que queda otro pleito en blanco, yo me caso con Beatriz, porque es más seguro estado para mis tripas, y así lo Monje se queda a un lado, para quien comiere poco. Tuyo soy. Dame esa mano, y acábese la comedía: Y aquí, discreto Senado, perdón, por ser la primera, Don Diego os pide postrado,
