Texto digital de Lo mas es saber vencerse
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- Atribución tradicional
- Felipe Sicardo
- Atribución estilometría
- Felipe Sicardo Probable
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lo mas es saber vencerse. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lo-mas-es-saber-vencerse.

LO MAS ES SABER VENCERSE
JORNADA PRIMERA
Bosque ocupad, Monteros, para que cuando la Reina llegue a sus cotos, esté la barida ya dispuesta. Al risco, al llano, a la cumbre. Amaina, amaina las velas, y prevenida tened la lancha, para que a tierra vaya el Príncipe. . Su nombre repita la salva nuestra. Viva el invicto Lidoro. Al valle, al monte, a la selva. ̱. Viva el que de Marte ciñe. . Blorioso el laurel. Suspendan satigas del Bosque, cuantos sus verdes contornos cercan, hasta saber de qué parte aquesos bajeles sean, que tomando van el puerto; no bien percibir dejan, ite ame mezc venatorias, y faenas s voces; a quien saludan su cesa, pero ya mi duda viendo a Lidoro tocar de esta playa la ribera en un esquife, supuesto, que bien ser nuestra Armada muestra la que, para darme asombro, le convoya. Oh cuanto es necia) de un amante la porfía, si ofende con las finezas! A. Dígalo yo, que encubriendo, de algún afecto las señas (pensando darle al olvido) veo, que en volver se empesa, donde los celos aviven, lo que mitigó la ausencia. Lidoro viva. No a mí vuestras voces lisonjeras, den la aclamación del triunfo que rindo a Flerida bella: y pues tan al paso está, que floreciendo la are de este margen, debo la dicha de verla, guardando la orden de que ninguno conmigo venga. Decid solo, que ella viva. Viva Flerida. Que yerran dos veces vuestras lisonjas, advertid, una por vuestras, y otra, porque cuando estoy confusa, impiden, que sepa la ocasión, con que a mi Corte volvéis, si no es que pretenda, lo que amor por sí no alcanza, lograr el valor por fuerza. Qué presto le dio a entender, . que la cansan sus finezas: reniego del Juez, que antes de oír al reo, le sentencia. Es tan contrario, señora, de ofenderos, el que vuelva. otra vez, adonde tantas. fue examen de mi firmeza vuestro rigor, que? esas naves, que tomando el puerto quedan, dicen, que os obliga más, quien más juzgáis que os ofenda. Y porque veáis, que amor, en quien de fino, se precia, ni se rinde a inconvenientes, ni a infortunios se sujeta, de mi venida el motivo, escuchad, sin que os parezca error, que lo que sabéis os repita, porque tengan unión, en lo que ignoráis, felicidades, y penas: si lugar impropio no es la campaña de una audiencia. Por no dilatar la duda de una novedad como esta, permito que prosigáis. Si haré, pues me dais licencia. Cuando vuestro padre a Chipre hizo pública la guerra (de cuyo pretexto no habló, por no teneros suspensa ese tiempo más, teniendo. su noticia por supersiua vine a ofrecerle en persona mis armas a tanta empresa, porque conociese cuanto su amistad Egnido aprecia. Si de la razón de estado fue mi empeño antes que os viera, después, lo rue de mi amor; pero con tall diferencia, que cuando a dar favor vengo a Tesalia, el suro emprenda, Para conquisa vaiñante vuestra divina belleza. Bien creí con mi valor acreditar mis finezas. en la campañas, si el Rey aceptase igual promesa: mas no la aceptó, fandado en su poder; de maneta, que esperando que volviese vencedor, para que hiciera (rbitro de vuestra mano) feliz, o infelize mi estrella, murió en el trance: aquí es bien diga el efecto, si cuerda. fue su confianza; pero será solicitud necia, querer que él lo diga, cuando no hay humana providencia contra la fortuna, en quien solo la inconstancia es cierta. Tesalía entonces (creyendo, por tan infausta tragedia, que como de sus Dominios, de su invasión heredera quedaseia, y a la venganza el rencor os dispusiera) pidió a voces, que eligiseis dueño para que tuvieran mejoy impulso sus bríos, al ejemplar de su diestra, pues mandar obrando, sabe facilitar la obediencia. No hubo pues, Príncipe alguno, de cuantas Islas encierra el Archipiélago en sí, que a esta voz no concurrisra en vuestra Corte, y con ellos yo, por cuya competencia la común aclamación no poco aliento me diera, si con vos alguna vez dignos mis aplausos fueran. no fiéndolo, pues, a todos hizo en vos tantar extrañeza desconfiar, de tal suerte, que cedieron de su empresa; y más viendo desistir el vulgo a la instancia vuestra, de la emprendida venganza, que contra Ghipre somenta; persuadiéndole a que debe tenerse por indiscreta la resolución, que mucho aventura, y nada enmienda. Todos, pues, tímidos ceden de su intepto sin que adviertan, que no merece esperando, quien me Niendo no espera. Solo yo insisto constante, para que Tesalia vea, que si vuestra blanca mano de aquella venganza era el premio, debía ganarla, primero que pretenderla, que es grosero el que al favor antes de servir anhela, pues quiere más hacer propia la obligación, que no ajena. Y así, agradeciendo en parte vuestra ingrata resistencia, como a causa de acudir a dar de esta opinión muestras, con Armada numerosa, a vista de las almenas de Cipre llegó, y su Rey al opolito se apresta, con no menos Naves, para impedir que tome tierra mi Ejército, siendo el Mar campaña de la lid nuestra. A vista, pues unas de otras se hallan a embestir dispuestas, cuando en vez de que el clarín haga sonoro la seña, el viento en las hondas gime, levantando una tormenta, con tal furia, que parece, que vanamente sober dejando su centro el agua, quiere mejorar de esfera. Un enemigo cada uno pensó hallar, y dos encuentra; pues del Mar (Monstruo de nieve) es despedazada presa el mísero leño, donde su cólera undosa ceba: si bien no iguales efectos causan sus olas inquietas; pues teniendo en mi favor yo el barso vento, su misma playa me sirve de abrigo, cuando a él del viento la fuerza (contrastada en vano) le hace correr sin tino la inmensa campaña del Mar, de suerte, que en breve tiempo las Velas de Aristeo, fueron fácil despojo de su violencia, quedando unas sumergidas, otras al choque deshechas, sin timón zozobrando otras, cuando las mías, exentas del naufragio, y de la lid, triunfantes dos veces quedan. No el laurel de esta victoria estimo por su grandeza tanto, como por tener más, que a vuestros pies ofrezca; con que a Chipre (mas feliz) si os merece por su Reina, al ver en vos mejor Venus, hará culto la obediencia. Y yo, no tan solo a Chipre, sin recelo, de que pueda Aristeo restaurarla (cuando tan dichoso sea, que su bajel fueste alguno de los que menos sangrienta perdonó, aunque derrotados, del bracán la fiereza) si no de él mundo el Imperio a vuestras plantas pusiera, fino, mas que vos ingrata; ved si es (repetirlo es fuerza) verdad, que más os obliga; quien más juzgáis que os ofenda; pues vuelvo donde, aunque más vuestros desaires, padezca, os tribute adoraciones mi amor en lugar de quejas; porque como al oro el fuego, le acrisole la, experiencia. De que Flerida se obligue detan singular fineza, temerosa el alma, está pendiente de su respuesa: Señor Príncipe Lidoro, confieso, que si nacieran. de los méritos las dichas, no os costara pretenderlas; pero si los albedríos se mandan por las estrellas, de qué los méritos sirven? bien que des atender no deja mi estimación a los vuestros, aunque mi agrado no adquieran: y así no excuso deciros, que vengáis en hora buena vencedor. Dirás, que avisen a los Monteros,, Astrea, que prosiga la batida. Guardeos el Cielo. Ay opuesta fortuna! en vano porfío. Rara crueldad!, Quién creyera, que sintiendo que le amara, ver, que le desprecie sienta? Oh amor! quién entenderá tan contrarias consecuencias? Dígame usted, si es que hubiese, quien guardando la eriqueta, para ser su chichisveo, pretendiese sulicencia, se la diera usted? . Para eso, a ninguno se le niega. Y si después de esto, hiciese tan memorables proezas, como hizo el gran Don Quijor por su amada Dulcínea, para que fuese su amor asunto de otra novela; qué hiciera con él? . Enviarl noramala, es lo que hiciera, que amar para merecer, es vulgar absurdo. . Esa damería es de chapín, mucho más, que ichinela. No piso tan bajó yo, para saber por mi huella lo que calzo, quien los ojos no levanta de la tierra. . Lo que es criarse en Palacio: absorto de oírla me deja; qué harán las damas, si así las mondongas discretéan? Opuesta fortuna, en vano porfío (a ropetir vuelva) contra ti: mas quien escucha mis pesares? . Quién le pesa: de ellos, como leal criado; que aunque nadie te siguiera. mandaste, cuando veniste a hablar a Flerida bella, conmigo esa ley no habla; que los que quieren ser piezas, al amo han de seguir, como el tablero en que se juegan. Deja disparates, Fabio, y dime, quien presumiera, que con Flerida mis ansias tan poca fortuna, tengan? Quién supiete que no es en el mundo cosa nueva, en personas de alto nombre; que obligadas se confiesan, pagar con un Dios os guarde, cualquier género de deudas cuanto más a un rendimiento. Pues qué haré contra una estrella; que al paso de su desdén, hace que mi afecto crezca? Con una industria, su influjo burlarás. . De qué manera? Tú de Flerida no dices, que cuanto más te desprecia, tanto más la adoras? Sí. Pues despréciala tú a ella, que no dudo que al contrario lo misme haga. . Calla, cesa, cueres locura oírte; y pues vien neciamente aconseja; aún más que alivia embaraza; déjame solos a qué esperas? Ya te obedezco, y por ir en seguimiento de aquella, que a puros melindres, quiere preciarse de palaciega; me huelgo. Alallano, a la cumbre, Ya que solo quedo, mientras. Flerida hermola en la caza, discurra yo en mis tristezas. Para qué permitís, Cielos, que glorio samente adquiera a merecerla, victorias, que me ilustren, y engrandezcan; si todas no son bastantes, por mías, a merecerla? Habrá otro en el mundo; en quien vuestras luces tan adversas infiuyan cómo en mí? No; pues no es posible que sea ninguno tan desdichado, que diga . . Cielos, clemencia. Qué acentó fue de mi duda oráculo en su respuesta? Piedad, Cielos! . Pero un hombre veo ser quien le lamenta, en una lancha sin remos, que la resaca en las peñas, hace zozobrar; quien vio, que una desgracia suceda, que no la amparase? y más ahora, que entre unas quiebras, quedando encallada, fácil mu con darle la mano. Alienta mísero joven, pues quiere el Cielo, que a la violencia te hurte de las hondas, solo con que tú mi mano prendas. Ya de ella me valgo y ya la vida logro por ella; porque el alma, con que animo su agradecimiento sea, si haber recompensa puede a tanta obligación. . Deja demostrarte sigradecido, que sobra la recompensa, con quien obra por si propi pues desmiente su nobleza, quien el beneficio hace a fin de que se agradezca. Quién eres? . Soy un Soldado de fortuna, y no ser buena la mía; bien del suceso se arguye, aunque la voz hyerra pues me basta tu favor a que por feliz la tenga; y más si advierto, que pudo librarme de una tormenta, que a mi nave amenazaba, de otras muchas la tragedia. Y de dónde era esa nave? De Chipre, que a la defensa? de su Rey, contra Lidoro, junta con su Armada. . Esperas que solo saber intento; si Aristeo venía en ella. En ella venía. . Qué importas o hado cruel! que sepa, que me falta un enemigo, si el mayor en ti me queda? Ya que en ser pobre soldado dije quien soy (sin que mienta; . pues de quien la suerte quiso, que un Reino en un día pierda, en las de soldado, y pobre, se dicen todas sus señas) no ignore a quien de la vida en obligación me deja; y donde estoy. . A tus dudas satisfaré, aunque en mi adversas fortuna, debía yo mismo ignorarme; y porque creas que es cierto, yo, infeliz Joven; soy. . . Al bosque, a la mal Por esta parte es por donde la fiera huyó. Aunque a la espe maraña entre, será en vano. Seguid todos a la Reina, que puede ser que peligre, cuando tan sola se empeña en su alcance. Al monte, al llano, al risco. que ahora es fuera que tras estos ecos vaya, por si acaso hay de la fiera algún riesgo, que acredite, mas que otros, una fineza. Amor, no seas tirano, ya que de ser Dios te precias! Si alguien debía ignorarse por infeliz, quien pudiera, fortuna, desconocerse con más razón, que quien llega a estar sujeto a tus iras, tanto, que si me reservas de un naufragio, me traes donde ignoro, qué Patria sea? Y pues hasta inquirir si es parcial, o contraria, es fuerza, que mi discurso las dudas v de nuevos riesgos padezca, siga de los Cazadores el estruendo, y de ellos sepa donde estoy. Cielos, valedme! Qué eriste femenil queja es la que oí? Acudid todos a su amparo. . Linda sle má gasto yo, cuando también puede peligrar mi prenda con el Oso, que buscando Damas, en vez de colmenas, no hay quien le ataje. . Detente, y saber de ti merezca, qué ruido es ese? . Él de un Oso, que antes coplanta ligera cobarde huyó, y herido ahora el temor en saña trueca; y como en la caza siempre se adelantan las Princesas, porque en ella, como en todo, pretenden ser las primeras, habiendo Flerida. . Qué oigo! Penetrado la aspereza. en gran peligro está. . Cielos, sin duda es Tesalia esta; pues no ignoro, que el que ha dicho es el nombre de su Reina. . Y yo. Ay de mí! Mas no digas, que ya de aquí ver se dejas y yo he de librarla. . Estando sin armas, de qué manera? Quitándote a ti la espada. Buen despejo a fe. . No temas, bello prodigio, que yo morir sabré en tu defensa. . Quién dos opuestas acciones en mi creerá, y tan opuestas, como venir al socorro de la que amor, y que consienta, que otro la espada me quite? más bien do creerá, el que advierta, que yo venía no más, que a ponerme de la fiera una legua, pues me basta ser valiente de la legua, parachacen mi papel. Fabio, qué voces; dime, son estas? que procurando seguir a Flerida, erré la senda con la confusión. . Ya otro me hizo la pregunta misma, y no es bien faltar yo al arte, con repetir la respuesta; y así tus ojos te informen del que a librarla se empeña de un Oso. . Qué veo! Siendo valentía tan fullera, que me barajó de mano la espadilla, con que intenta triunfar. . No es el Extranjero, que yo socorrí (qué penal) el que del bruto feroz, triunfando animoso (muera de imaginarlo!) en sus brazos la trae desmayada, o muerta? Mas no dices, que mi espada quebrada en el Oso deja. y - Lleguemos sin temor, que habiendo un homb muerto la fiera; qué hay que nos asombre? ̱. Que más que (hado injusto!) ver a Flerida así? ̱. Templad el susto de verla sin sentido, que suspenso le tiene, no perdido; pues solo priva de uno, y otro rayo a sus ojos, la sombra de un desmayo. Ay de mí! ̱. Albricias, alma; Yy pues que tuvo mi sentido en calma de su accidente la mortal zozobra, vuelva a vivir, al ver, que ella le cobra. Feliz quien a belar llega rendida su mano, en parabienes de tu vida: ̱ . Y todas a tus plantas, besarlas merezcamos. . Si de tantas. satigas libre, a discurrir me atrevo, es por saber, a quien la vida debo; que aunque el asambro me usurpó el sentido, fue a tiempo, que mi riesgo socorrido ya de un Joven se hallaba; y así ahora, saber quien es deseo. . Yo, señora, le lo diré; en albricias, dé que dueño . no sea Lidoro de tan alto empeño; Y dónde esta . Presente; pues el que entunces vimos tan valiente, y el que parece que por más decoro, quiere ocultarlo ahora, es, ̱. Si es Lidoro: Ese Joven: Llegad: . Por, qué suspenso estáis, si al premionos llamo? ̱. Porque pienso; que nada, me debéis. ̱. Pues no habéis sido quien (como Astrea dice) ha socorrido el trance en que mi vida peligraba? ̱. Que bien aquí, si él lo negase, entraba apropriarme yo el caso: ma, no es tiempo de burlas; y así paso esperar que su acción quede premiada, para pedir la parte de mi espada. Y fui quien a despecho de la vida, hizo escudo de su pecho sontra el brute. . Decid, como amparada estar puedo de vos, y no obligada? El concepto de alguno satisface vuestra duda, pues dijo, que quien hace sn beneficio, no es de noble indicio, si es más, que por hacer el beneficio A mi toca el agradecimiento, si a vos, por cortesano, el cumplimiento de que os valéis; pues justo no es que impida lo atento en vos, en mí lo agradecida. De dónde sois? Oh hado riguroso! cuando se unió lo amante, y lo dichoso? De Chipre soy, Soldado de fortuna, siendo tan feliz hoy para mi alguna, que llegando a esta Playa derrotando, a no haber quien llegase, lastimado a mis voces, sin duda peligrara en las hondas, a cuya piedad rara, no estimo tanto, por vivir, la vida, cuanto porque ya os veis de ella servida, quedando a vuestras plantas; por sagrado feliz de penas tantas. De Chipre sois! Parece ha convertido en despego el agrado, habiendo oído, que soy de Cigre; si quien soy supiera, qué más lavira de su reño fuera? Pues siendo así, primero que os favorezca a vos. Rigor severo! Decidme, quien ha sido el que piadoso os dio la vida, porque generoso por él empiece mi favor, en muestra de que ya es mía, deuda qué lo es vuestra? Pues para que acudáis al desempeño de mi vida, es preciso, que del dueño (en vano mi recelo fue!) . os informe, la ocasión al deseo es tan conforme, que decir basta (pues su nombre ignoro) que es el que viendo estáis. Quién es? Lidoro? Lidoro dijo! Que yo fui os confieso, porque del premio que ofrecéis, con eso quedéis sin el cuidado, dándome yo señora, por premiado; pues tan grande interés gana en serviros, quien amante. No más, que no he de oíros, no solo ahora, pero en adelante, si en el estilo proseguís de amante. Hay más penas, amor! Hay más castigos! varía fortuna aleve, pues me traes donde están dos enemigos, y el favor que a uno debo, otro me debe? Ya, señora, que veo cuan liberal empleo hacer quieres galante en cualquiera que fue participante en el bruto trofeo, a tu atención se añada, considerar que fue mía la espada; y habiéndola en pedazos dividido, lo que otra cueste solamente pido; y si de mi verdad no te asegura decirlo yo, saberlo de él procura: mas pues él calla: cuando aquí le cito, de otra prueba mayor no necesito. Manda, que den después a ese Soldado cien escudos, Astrea. . Me has honrado como una Reina en fin: mil años vivas. Nunca de tus acciones siempre altivas, efectos menos celebres, y extraños creí yo. Tú también vivas mil años. Vos discurrid, qué empleo habrá que pueda cumplir el cargo, que con vos me queda? Solo uno a discurrir, señora, llego: bien, que tarde me valgo ya del ruego. Decidle, aunque mi animo acobarde, el oír que del ruego os valéis tarde. Decid, pues. . Es, señora, suplicaros, que en el descanso prevengáis reparos de tanto susto a la cruel fatiga. Tanto de vos me obliga, que lo que juzgué queja, atención fuese, que no he de replícaros. Venid. Cese, fortuna, tu rigor! De su hermosura la luz siga, a pesar de mi ventura! Cómo os llamáis? (to Mi nombre es Filiberto. Aquí espere el esquife, y nadie al puer- conmigo salga. . Pero qué ruido segunda vez del Mar, ha suspendido mi acción? La mía puede irritar con más causa, al ver que excede mis órdenes, el que saliendo a tierra, hasta aquí lleg Si nunca hyerra el que obra con lealtad, aunque faltando al cumplimiento, sea de algún bando, que más te sirvo, que te ofendo, advierte, en violar el tuyo. . De qué suerte? Antes permite, que merezca ufano, puesto a tus Reales pies, besar la mano a Flerida, por creer, que en este aviso, no poca parte sea, si es preciso argüir de las premisas los intentos. A mí puede importarme? Sí; oídme atentos. Astolfo de Acaya, . Qué oigo! La infausta nueva, sabiendo de la perdida de Ompre, y muerte de su Rey, puesto, que ningún bajel, de cuantos corrieron tormenta fueron, se sabe que se salvara: antes si dan los fragmentos, que se ven por esos Mares, de su ruina indicios ciertos; grandes prevenciones de armas, se ha sabido que esta haciendo, Esto de un bajel, de quien era el Capitán mi deudo supe, llegando a esta Playa de paso; y añadió a esto, que el intento no se sabe: mas quien duda que el intento (como en fin su primo) sea la venganza de Aristeo? Porque aunque fue de sus Padres el odio (heredado en ellos) tan grande, que ni a un Vasallo jamás permitió en su Reino el uno del otro, quien duda, que irrite su esfuerzo contra el que su sangre vierte? que aunque en la discordia opuestos, parece que dividida está la sangre en los deudos, vengándole como propio, no hay agravio que sea ajeno. Y siendo así, que Tesalia te dio, señor, los pretextos para su invasión, indicios da, de que contra su Reino, sino contra el tuyo, mueva los militares aprestos. Y pues no debe juzgarse, que es de la lealtad defecto en el más noble, que rompa (como antes dije) un precepto, que le distribuye más la política, que el riesgo, cuando en el aviso queda afianzado su celo, habiendo con él cumplido, al Mar otra vez me vuelvo, donde me nustra en tu ausencia de aquesa Armada el gobierno. . s. Astolfo por mi empeñado! . quedan más desdichas, Cielos? De lo que puede importarme a mí ese aviso, no intento darme yo por entendida, la defensa previniendo, hasta que más le declare; Y entonces, poblando el viento las voces de mis clarines, serán de los suyos ecos, no sin confianza, pues en Segislao la tengo, para que las tropas mande, que se formen a este efecto, como General que fue de mi padre. . Si el empeño permitís a mi cuidado, cesará, señora, el vuestro; que aunque esperando también su resolución, suspenso senga en la quietud del ocio de la milicia el estruendo, al más leye rumor de armas, Ya en ofensa de mi Reino, o ya del vuestro en ofensa (siendo vao en mi ambos efectos) me verá. . No prosigáis, que lo que yo por mi puedo, no quiero deberlo a otro: y más a quien; pero esto basta, porque no parezcan los desengaños desprecios. . ̱. Cruel destino! Qué rigor! pero yo, por qué lo siento? osFilisberto, y para no ignorar qué empleo mas con vuestra inclinación convenga. . Ya os obedero no por su interés, señora, sino poniros sirviendo. Fortunas, ya que en mis males no descansas, ni un movento, para quejarme siquiera, me concede una vez tiempo. De vista no he de perder a Astrea, para que luego mande pagar la libranza, y rico con ella espero, que usted no sea la misma, si otro desde hoy la parezco. Quién con dinero no es otro? pues en cualquiera el dinero hace milagros, pues nadie sin él supo ser discreto, valiente, y galán, y al rico se le atribuye todo esto; que hasta el Sol preside al día, por ser de oro sus reflejos. Rara mujer! no la excede la crítica de Quevedo. . Tan sin sentido he quedado de sus desaires al ceño, que mi sentimiento aún no sabe de mi sentimiento. Con qué privilegios nace la hermosura, con qué fueros, que en ella, siendo el mayor, no es la ingratirud defecto? Mas divertido en mis penas, cuando a Frarida siguiendo voy, a la puerta he llegado del jardín, que abierta veo, en cuya estancia se oyen acordados instrumentos (que sin duda prevenida la música estaba, a efecto de que del pasado susto divierta el dolor grosero) entrar en él determino, y aunque a la ley atendiendo de su airado enojo, hay de dar mi amor al silencio, me consolaré con verla, de no hablarla. Amor, qué es esto! como, si ciego te pintan, y mudo no, este precepto trueca en mí tu forma, tanto, que en mí eres mudo, y no ciego? Callar su pasión el que ama, es el más cruel tormento; porque ocultando el dolor, hace imposible el remedio. Qué bien con mi mal conviene de esta canción el conceptol pero cuando no fue alma de la fantalía el viento? Adónde albedrío vas condacido del deseo, cobardemente animoso, tiranamente halagüeño? Sola está aquí Astrea: ya que en vez de Flerida, encuentro con ella, pues en su gracia cuanto la prefiere advierto, pruebe a si puedo por ella ganar lo que por mi pierdo. O civil guerra de amor! toda eres ardid: Yo vengo, hermosa Astrea, en tu busca, con un cuidado, y espero, que he de hallar en tus piedades alivio. . Confusa quedo, hasta saber en qué pueda servirte. Disimulemos, . corazón mío. . Ya sabes en mis amantes empeños el extremo de fineza, y de rigor el extremo en Flerida. . Ya lo sé, y harto me cuesta el saberlo. . Con qué ocioso es repetirlo. Pues yo, Astrea, conociendo, que conquisto un imposible, pues de todos cuantos medios discurro, ninguno llega a obligarla. Qué oigo, Cielos! sin duda tanta advertencia para en su olvido. . Pretendo, si tu alientas mi esperanza. Lo que imagine fue cierto. Con tu favor, que seas quien mejor la logre. . Y aún esto e es decirme, que por mí la olvida: hay más dichas? Siendo quien. . No prosigas, que viene Flerida hacia aquí, y no quiero nos halle hablando. . Pues antes que llegue, solo deseo me digas, si has entendido lo que iba a decirte. . Pienso, Lidoro, que sí. . Y discurres, que serán mis males menos? Fuerza es mejorar de suerte, el que mejora de medio: y más el que de su parte tiene ya; pero esto el tiempo lo dirá mejor. . Prosigue. No puede ser, porque veo que llega ya: disimula. Astrea, poco te debo, pues la lisonja que me haces con verme, no te merezco. A tan supremos favores a responderte no acierto, que hasta en las dichas perturba la razón cualquier exceso: pero a ser culpa otras veces dejarte, está no, supuesto que divertida quedabas con Segislao, y Filisberto. Mejor dirás cuidadosa, y tanto, que en el concepto de la música, mandé, que resarán; porque habiendo de tratar con Segislao de aquella nueva el suceso, fuerza era que disonasen (como formalmente opuestos) mi cuidado, y su armonía; y más cuando es su consejo contra mi primer dictamen, que siempre sobre el recelo el descuido es peligroso. (Cuanto que aquí esté, me huelgo, . Llaoro, para que vea, que la defensa prevengo sin valerme de él) y así en el error advirtiendo, que era esperar, que publique la guerra Astolfo, resuelvo formar mis Tropas. . Al ver, que tan grande honra os metezco, como seguir mi opinión, ser, vida, y alma, de nuevo pongo a vuestros pies . Tan leales heroicas prendas acepto, para fiar de ellas todo el cuidado de este empeño: cuyas disposiciones podéis dar principio luego. Siendo al que servir desea paga la ocasión, haciendo, que a esta vuestro honor se añada, (como yo eximirme puedo? ̱. Qué esto escuche! hay más pesares? . pero no por ver que pierdo esta ocasión de servirla, desconfíe, cuando tengo de mi parte a Astrea. . Y yo daros un Soldado ofrezco, de quien podáis bien fiar cualquier facción a su esfuerzo. Este es Filisberto, y pues sempre le inclinó su genio a seguir la guerra, como me ha significado él mismo, con mercedes de mi mano, tendrá en ella sus ascensos. No extrañéis que, como Astrea, gnore qué responderos, embarazado el di curso con favores tan supremos: permitidme que os diga, que ociosos, señora, fueron, para que os sirváis de mí smucho es, amor, lo que emprendo) . en estas levas, fin más grado, que el de aventurero; van en oblequio de tal dueño, quien sirve como yo, logra su mayor dicha sirviendo. Mas difícil cada instante hacéis mi agradecimiento, aumentando generoso méritos al valor vuestro, de que hallaréis en mí siempre, sin la pretensión, el premio. Aunque es cierto, que a ninguno áspiro, vuestros pies beso, por tan grandes honras (como . de mi enemigo agradezco mércedes contra mi sangre? mas qué me admiro, si advierto, que es precilo, aún contra mí, agradecerlas? pero esto es para más despacio.) . Oye, Astrea: no es buen acuerdo haber hecho en Segislao tal elección, y tan presto, porque si pensó Lidoró, que de él me valiese, al verlo pierda la esperanza? . (Pues . mudar Lidoro de afecto, desesperándole, hace lo imposible de su empleo, aliente en Flerida, cuanto resulte en su sentimiento) Cuando no por ser tan digna en Segislao, por su ingenio, y su valor, por hacerle a Lidoro ese desprecio de no valerte de él, fuera buena la elección que has hecho. (Qué deslucir lo que amo, sea de mi fe argumento!) Vamos, porque, como dije, podáis dar principio luego a su ejecución. . Ya voy sirviéndoos. . Piadosos Cielos, cuando podré hablar en tantas confusiones cme llevo? Pues has entendido, Astrea, (como dijiste) el intent de hablarte, dimo si acaso puedo esperar, que. . No en eso a detenerme te pongas, no me eche Flerida menos; baste por ahora decirte, Lidoro, que bien lo entiendo: y baste a mi amor saber, que a Flerida olvida. Cielos, qué infeliz es el amante, que por sí no mereciendo, solicita persuadidos los favores de su dueño!
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Fortuna, como en mis males te muestras tan obstinada, que parece que te olvidas del atributo de varia? Como a tanto resistir de porfiar no te causas? pues no es lo mismo intentar una empresa, que lograrla? Qué importa poner la mira donde la flecha no alcanza, si deja burlado el tiro lo sumo de la distancia? Y si es la prueba mayor, de que no temo tu saña el acordarte mis penas, de ellas un resumen haga, porque sepas, que por muchas, no me rinden, ni acobardan. En un reencuentro Naval, hiciste, que una borrasca, de mí, le diese a Lidoro el triunfo, sin la batalla. Por librarme del naufragio, corrí el Golfo en una laucha, hasta que de tanto riesgo, él propio mi vida salva. Por puerto me dio el acaso de otro enemigo la patria; si ya en Flerida este nombre no se implica con amarla. De un Oso la mortal furia, que lu sin amenazaba, despojo fue de mi brío; de cuya deuda obligada (si es que lo está la que solo con dejarse servir paga) con mercedes de su mano se ofrece a remunerarla. Yo, llevado de mi amor, prometo seguir su instancia contra Astolfo, quien tomando a su cuenta la demanda de mi mal creída muerte, solicita la venganza; tan presto esperando el trance, que está a la vista su Armada. Si voy contra Astolfo, voy contra quien de mis desgracias vengar el desdoro intenta; y si por él se declara mi obligación, abandono de una vez mis esperanzas con Flerida; pues no tienen a qué aspizar, si les falta, con la ocasión de servirla, el mérito de obsequiarla. Qué haré, Soberanos Cielos, en confusión tan extraña, que es no menos imposible ofenderla, que olvidarla? Mas no siendo conocido por quien soy, mi ser no agravia el que ame a Flerida bella, ni el que contra Astolfo vaya; porque ignorado mi nombre, no hay en quien la objeccián caiga, desmintiendo en el de Rey obligaciones más altas. Esta opinión me aslegura, que puedo (sin repagnancia del honor) buscar alivias a mis amorosas ansias. Ea, pues, Flerida, vida, en tanto, que no me llaman, conocido por quien soy; a otre empeño nuevas causas. Mas del jardín discurriendo la hermosa florida estancia, viene hacia aquí: feliz quien vive, y muere de adorarla. La ausencia del Sol, a Clicie deja sin pompa, y fragrancia; que sentimientos amantes hasta en una flor se hallan. Dejad de cantar, que a un triste, mas que le alivia, le agrava la Música; y más oyendo que amor, con fuerza tirana, contra su natural mismo, hace sentir a una planta. (Ay de quien con dolor acredita lo que extraña!) No el pesar de ver tan cerca las enemigas Escuadras, robe la luz a tus ejos, y a tus mejillas el nacar. Con vuestro temor, en vano de vencer llevo esperanza, porque ya en vos todo el Cielo presagio es de mi desgracia. En la pena que os aflige, si a vuestro alivio importara, creed, señora, que todos alma, y vida os tributarán; y en mi más, que en todos, fueran humilde don, vida, y alma. Sin vuestra expresión, yo nunca tan noble afecto dudara de su lealtad. . . Perdonadme, que yo sea quien os traiga el aviso, de que Astolfo se empeña, con tan osada determinación, que pisa ya con sus huestes la playa; y más cuando me disculpa el venir a que mi fama quede, con una merced que os suplico, aslegurada; Luego que contra este Reino hizo pública su saña; juegando, quizá, ser yo al que en su defensa hallara, de nuevo, señora, expuse a vuestro arbitrio mi Armada, sin que a esta ocasión más logro que a otras deba: porque airada, creyendo que de amor fuera, no atendisteis a mi instancia; y creísteis mal, pues siempre las acciones cortesanas, las obra el Noble par si sin aspirar a más paga, que a solo ser admitidas; y ya que se vio negada aquella suplica, esta verse concedida aguarda. Cuando, heridos del aliento, y de la vaqueta, haga glorioso el riesgo, lo acorde del clarín, y de la caja; no será bien, que oprimido el ánimo (que se inflama de sus voces) al oírlas, no responda con la espada; siendo desaire del brazo, el ocio de ella en la vaina; Y así otorgadme licencia de salir a la campaña, a las órdenes sujeto, que cual quier Soldado guarda, pues como humilde Soldado, solo intento, que cuando haya quien invadir solicite vuestro Reino por mi causa, primero mi muerte vea, que cumplida su amenaza: Por más que me aseguréis ser en vos igual hazaña política, y no fineza, siendo, como es, voluntaria la acción de admitirla en mí; para no admitirla basta. En qué acertará un amante, siempre infelic? . Admirada estoy, de ver que Lidoro a tal demonstración pasa con Flerida, cuando yo creía que la olvidaba; más bien puede ser que más, que de amor, de atención nazca. Pues, previniendo este lance, di orden de que se hallaran en forma de pelear, las trupas escuadronadas; sin perder un punto, pienso prefentarle la batalla. Segura quedad, pues no queréis que a esta facción salga, de que no me verá en ella el enemigo la cara. Yo en el mayor riesgo, juzgo conseguir una esperanza. Cuál es? . La de morir, antes que una fantasía vana, por seguir un imposible, a un precipicio me traiga. No os entiendo. . Ni quisiera que me entendieseis; porque hallan mis penas menos temores, cuando están más ignoradas, por no arriesgar el más leve respecto de quien las causa. . Entendiste, Astrea, tú lo que ha dicho? . A lo que hablaba no atendí, señora, bien, porque divertida estaba en otro discurso. . El mío todo es confusión, , . Arma, arma. Estas militares voces, dicen, que la lid trabada está ya: templado el susto, aliente tu confianza. Ay, Astrea, otra es la guerra, que entre mis sentidos pasa; piensa tú la que ser puede, y no te admire el pensarla. Mal hiciera, si en su examen el pensamiento empleara, cuando todo en el cuidado de mis dudas se embaraza. Enfadada ya de oír tanto discretear, estaba; que si es bueno para un rato, para mucho tiempo cansa. No hay más que mi chichisveo, cuyo buen humor me agrada mas que todo; pero él viene. Si el cortejo de una dama está en no emprender acción; el que desea obligarla, sin su licencia, la tuya para salir a campaña espero. . Y a qué? . A ser un valiente de patarata, para ser amante al uso, pues cuantos al uso aman, queriendo hacer mil primores, hacen mil extrabagancias. Como no llego a entender. Cómo fineza le llama ser nocturno giraso! de sus puertas, y ventanas, cogiendo el sereno él, mientras ella está en la cama. Ir a pie siguiendo el coche, adonde quiera que vaya, el Verano con el polvo, y el Invierno con la escarcha. Escribirla cuanto hiciere dentro, y fuera de su casa: gastar en discurso en versos, correr toros, jugar cañas, y finalmente sangrarse el día que ella se sangra, que estas, y otras muchas cosas, que dejo por olvidadas, hacen de ordinario, siendo por si bien extraordinarias. Pues por qué mal te parecen? Porque sobre ser contrarias a la salud del galán, la dama, de ellas qué saca? mejor fuera que en diamantes, y tesues se trocaran sus eriquetas, mostrando su amor en joyas, y galas; que en fin lo que vale, vale. Opinión es chabacana, tanto cuanto, que no son los favores de las damas como alhajas de almoneda, que en quien da más se rematan. Luego mis escudos, poco mis méritos adelantan? Claró está, pero no obstante me ha de deber su ignorancia una advertencia. Seré pentual en observarla. Sepa el buen Fabio, que en quien mostrarse más fino trata, el ofrecer, y el dar, son dos cosas, y la una basta; cual de las dos es, a él toca saberla, y a mi callarla. Que el ofrecer, y el dar son dos cosas, y la una basta? Obligado a un soliloquio en esta ocasión quedaba, sobre este asunto, si ahora las cláusulas no escuchara del bronce, y el pergamino, son, que a la danza de espadar convida, pero no a mí, que no entro yo en esa danza; bien que por no preguntar, quiero de cerca explorarla, mezclado con los que vencen, pues no hay pendencia contada como sucedió. . , . Vitoria d por Astolfo. . Viva Acaya. Y muera yo, por no oír en mi oprobrio su alabanza. 1. Si en eso imitar pretendes a tu General, ya tarda en cumplirse tu deseo. Tened, suspended las armas, que habiendo visto que hay quien con tan noble arrogancia se defiende, digno es de que mi valor le valga. Y digno es, señor, que postre vida, y acero a tus plantas. quien sabe (Astolfo es sin duda) . cuanto en ser tu esclavo gana; con cuya suerte no tengo mi rendimiento a desgracia. Bien por cortés, y valiente muestras ser noble, levanta del suelo, y en esa fe, vuelve el acero a la vaina: mas no sé si esta piedad (hija de quien soy) usara con Lidoro, si rendido, como a ti, le viese; tanta es la ira que me mueve de Aristeo a la venganza. Bien el concepto que hice . de ser Astolfo declara. Que ni aún con su muerte, pienso cos Arma, arma. . Qué es esto? Que en un instante la suerte se ve trocada, pues los que de su ruina vencidos se lamentaban, vemos, que ya vencedores la victoria ufanos cantan. Tesalía viva. . . Señor, de tu persona repara el riesgo, sin esperar a la última desgracia; porque un Soldado, que el rostro encubre con una banda, diciendo a voces, que ya que su General les falta, será el primero que ocupe la frente de la vanguardía; con semejantes razones (de su valor esforzadas) tanto aliento les infunde, que vuelven haciendo cara a nuestras Tropas, y unidos con tal fuerza las rechazan, que (como ves) abanzando llegan hasta tu Real Guardía; y así hazte al mar, pues te ofrece seguro abrigo la Armada: salvese, pues, tu persona, y piérdase la batalla. Bien dices, al Mar, pues veo ser, con tales circunstancias, imposible la defensa. También lo es la retirada; pues cortándonos el paso, la fuga nos embarazan. Aquí está Astolfo, que bien el batallón de sus Guardías (que no a poca costa suya pude romper con mi escuadra) lo da a entender claramente. Tampoco yo lo negara, empeñado con mi nombre, a morir en la demanda. . Piénsalo mejor, si ya con acción tan temeraría no solicitas tu muerte. Ya veo, que no es hazaña lo que es despecho; y así como rendido me trata. Presto, fortuna, me hiciste asunto de tus mudanzas. Qué es esto? como aquí te hallo, Filisberto? . Qué te espanta? si prisionero de Astolfo soy. . Ya de serlo te salva, quien hace que yo lo sea, cuando vencedor le aclaman. No solo la libertad, que ya per mi mano alcanzas, me has de deber, Filisberto, sino que a tu confianza el cuidado he de librar de lo que al suceso falta; y así entregado en Astolfo a la beldad soberana de Flerida se le lleva, por trofeo de sus armas; porque ella no ha de saber quien dueño es de igual hazaña; para cuyo sin dispuse, que este disfraz me ocultara de todon, si no de ti. Qué miro! el Cielo me valga, Lidoro es. . Y pues no ignoras con cuanta extrañeza, cuanta crueldad, mis rendimientos su fiera condición trata, y cuanto te favorece por verse de ti obligada; hablala en mí, disculpando el empeño de adorarla. Esto no quita que Astrea en mí también quiera hablarla, porque las intercesiones no pierden por duplicadas. Solo aquesta pena más a mis penas les falsaba. Vosotros, a quien debieron mis órdenes su observancia, con cuya victoria dais lustre honroso a vuestra patria, merezcaos, que Filisberto, quede por mí a continuarla; que si el valor que en mí visteis hizo que me acompañaráis en la experiencia del suyo, bien su mérito afianza. Prontos estaremos to a su orden, como lo mandas. Pues gustoso me retiro en fe de aquesa palabra. . Y en su consecuencia, luego marchando en buen orden vaya el Campo a la Corte, y alto al pie de sus muros haga. Tú, Astolfo, si consideras, que cumplir lo que me encargan es preciso, también lo es que me sigas. . Nada extraña mi valor, al ver lo que obra en mí la fortuna varia; pues no dudo, que es un monstruo tan hijo de la inconstancia, que da las felicidades, para volver a quitarlas. Ea, pues el Campo marche, y al son de trompas, y cajas, que viva Elerida todos repetid en voces altas. Flerida divina viva, Reina Augusta de Tesalia. Si no quieres creerme a mí, escucha en ecos veloces de tu aclamación las voces. Tú lo viste? . Yo lo vi. En fin, quedó victorioso mi Campo: Nueva felice! Y preso Astolfo. . Si él dice, que lo ha visto, no es dudoso. Por señas de que un Soldado, que traía el rostro cubierto con una banda, hizo cierto el triunfo, que te he contado; pues muerto tu General, y puesta en fuga su gente, él solo supo valiente reparar tan grande mal; que a no ser por él, no ignoro sucediera. . En tus razones hallo grandes confusiones. Y yo en p Pues a ti, qué te va en eso? El disgusto que te diera, si acalo Lidoro fuera. Ningún pesar te confieso, que ser él me causaria; pues qué importa, en conclusión, si labra mi obstinación al yerro de su porfía? A la voz de Filisberto el campo sigue fiel, después que su acción en él substituyó el encubierto. Toma en albricias, Que hoy gano mucho en servirte confieso: mil veces tu mano beso, por el favor de tu mano. Parece que a tu dolor alivio esta nueva ofrece. Y pues lo dudas, parece que no entiendes su rigor, o quieres disimular, por si a decirle me obligo, y si haré, porque contigo antes le pienso aliviar. Oye a parte: a una pasión se sujeta mi albedrío, cuyo ciego desvarío no corrige la razón. Esta, pues: Flerida viva. Que ya Filisberto viene, aquesta salva previene. Pues lo que a decirte iba, se quede para después. No diré, que fui dichoso, aunque vuelva victorioso, hasta verme a vuestros pies, donde rendido intereso mayor aplauso, más gloria que en señas de la victoria, en traer a Astolfo preso: aunque esta mía no ha sido, sino de q Bien está, no tengo que saber ya, porque todo lo he sabido. Preso en fin me trae, no digo por mi suerte infeliz, pues trayéndome a vuestros pies, más es dicha que castigo: mas no adquiere alto renombre por quien a ellos llego a yerme, pues hizo poco en vencerme, si me venció en vuestro nombre. Porque acuda mi atención a lo que obligada está, mi Corte más os será hospedaje, que prisión. Y yo agradecido muestro de esa piedad el honer, siendo por vuestro favor dos veces esclavo vuestro: y advertid, que aunque he venido infestando vuestra tierra, no ha sido por vos la guerra, selo por Lidaro ha sido. Pero hallar oposición en vano en él presumí, cuando surta en el mar vi su Armada. A buena ocasión para disimular llego. Que si se hubiese atrevido Lidoro a salir. Qué he oído! De mi activa saña el fuego aún no templara en su muerte. Advierte, Astolfo, que pones en duda así tus blasones. Yo soy Lidoro, y advierte, si no habla el valor por mí, que es por dos causas, cualquiera en mi obligación primera; que es estar Flerida aquí, y preso tú: mas no ha sido tanta la gloria a que aspiras; pues que vencido te miras, sin saber quien te ha vencido. Y de igual jactancia, no presumas tú que homitiera yo el duelo, si no estuviera Flerida aquí, y preso yo. Bien, Príncipes, me prometo lo que ofrecéis observar, pues nada os queda que obrar donde media mi respeto; y cuando alguno lo intente: Guerra, guerra. Mas qué ruido es aqueste? Que ha salido de Lidoro mucha gente, por los despojos a tierra; con que la tuya ofendida de su ambición atrevida, pública segunda guerra. Id, Filisberto, y poned remedio a desorden tal, que yo de mi General desde ahora os hago merced. El bastón, que ya en mi mano se mira ocioso, tomad; porque esté con propiedad en la vuestra más ufano. Al honor con que me exalta vuestra grandeza, señora, y al de Astolfo, por ahora tiempo a responder me falta, pues el riesgo es conocido, del que me detengo aquí. Contra el orden que les di a salir se han atrevido mil Soldados! por quien soy, que han de probar en mi enojo el castigo de su arrojo. . Ay, Astrea, sin mí estoy. De qué? di. Aún no has entendido, por lo que yo antes te dije, el cuidado que me aflige? pues ven, te diré el que ha sido: que porque aqueste motín anmenta la pena mía, quiero en una galería ver de igual suceso el fin: que en mi discurso se ofrece a ser más grave dolencia la duda, que la evidencia. Ay de quién tuntas padecel Nosotros de nuestro amor, cómo quedamos? Prolija preguntal usted con sortija, y escudos, yo con rigor. Siendo así, puedo esperar verle vencido algún día, que no es necia la porfía en el que tiene que dar. De haber visto aquel Soldado hablar, con la que creí ser plaza vacante aquí, algo confuso he quedado, y no porque lo he sentido, sino por dificultar como la podré yo hablar, una vez que a otro ha admitido, Qué poco, a mi ver, hiciera un corazón esforzado en resistir un cuidado, como este solo viniera. Según triste, y elevado suspiros al aire das, yo apostaré, que ahora estás quejándote de tu lado; y no me admiro, pues se halla, que supo hacer su impiedad, que pierdas la libertad, sobre perder la batalla. No imagines, no, que puede ser hoy en desdichas tales, el mayor mal de mis males el que prisionero quede, y a vista de mi enemigo: otra, Libio, es la ocasión, que causa mi suspensión. Mas que yo, cuál es te digo, pues con indicio bastante, mi discurso conjetura, que alguna nueva aventura es de Caballero andante; donde dudar fuera error, que amor no hiciera lo más; pues no se ha oído jamás aventura sin amor. Dices bien, de sus arpones sentí los dulces enojos, que siendo halago en los ojos, son muerte en los corazones. Flerida, sin duda, es esa, que con un mirar suave halago, y muerte unir sabe: y sobre hermosa, es Princesa. Si amor solo ha de tener la perfección por objeto, cómo al poder das su efecto? es perfección el poder? No, Flerida, me ha rendido, otra menos poderosa, Libio, pero más hermosa, es alma de mi sentido. Bien dije yo, que sería de no vela tu suceso, pues enamorado, y preso llegas a verte en un día. Si te parece novela mi amor, por los accidentes que en él ves (siendo posibles) di, qué amor no lo parece? El mío, que habiendo visto una hermosura, ojí alegre, de aquellas con quien el gusto se conforma fácilmente, y solo dura el quererlas el rato que están presentes; no lentí que otro la hablara, ni que él a le respondiese no sé qué, que el no saberlo disculpa es del que no siente; y así: Deja esas locuras; que es ella la que allí viene. Que bien su rara beldad tu rendida fe merece. Dime, Libio, no es hermosa? Razón de alabarla tienes; y yo, porque no embarace, si acaso hablarla quisieres, me voy. Bulcando a Lidoro, mientras Flerida divierte el susto, habiendo cesado ya el tumulto de su gente, vengo, por si de mis dudas desengañarme pudiese. Pero allí está Astolfo ir quiero por otra parte, que el verle me ofende, como enemigo de quien amo. Si a volverte te obliga el verme aquí, aún antes de saber lo que aquí espere, qué será cuando lo sepas? Qué tengo que saber? Que eres, sin que tu imperio resista, quien segunda vez me vence; en cuyo estrago halagüeño tanto el alma se suspende, que de aquel olvida quejas, acordando dichas de este. No entiendo lo que me dices, o no quisiera entenderte; porque si yo: No irritada tanto tu rigor esfuerces contra un rendido, que sea castigo el enojo; advierte, que por quererte es injusto, pues no es delito el quererte. Sí, mas lo es que me lo digas. Ya que ignorarlo no puedes, huiré de tu vista ahora, porque mejor consideres, que el rendimiento en quien ama, por más que enoje, no ofende. . Que mal jezga, que no sea ofensa en quien le aborrece, pues atendiendo a la laña, que contra Lidoro tiene, qué hará de escucharle amores, quién se ofendía de verle? Pero dejando esto aparte, vuelva a mis dudas crueles, por si mejor advertidas, se templan, o desvanecen. Cuando pensé, que olvidando de Fierida los deseenes, desengañado Lidoro mis favores pretendiese (supuesto que me insinva él mismo su amor) la ofrece su Armada, y pide licencia para salir donde ostente su valor! puede ser esto sin que a ser fineza llegue? sí: pues cortés atención de su nobleza ser puede; que (como él dijo) no aspiran nobles deseos corteses, a más, que a ser admitidos: luego en vano el al ma teme, si en otro reparo no halla más fundamento que en este. Y ver en la lid un hombre, que el rostro encubre valiente, no habiéndole permitido Flerida que a ella saliese, no dice ser él? no: pues de otro indicio no se infiere; y no es suceso tan raro, que no se ha visto otras veces. Pues si esto es así, qué dudo? mis vanos temores cesen. Mas ay, que aunque mis sospechas en el discurso se pierden; ni la razón me asegura, ni la verdad me convence. Él viene, y yo no sé como averiguarlas intente, que es contra el decoro mío, que yo mis celos confiese: mas ya sé como ha de ser; quiero esperarle, y si al verme a hablarme no llega, hace mi presunción evidente; y aunque lo sea, callando moriré; Cielos, valedme! A quién habrán sucedido en un término tan breve, tan extrañas confusiones, como hoy a mí me suceden? SalYa quietar el tumulto, que había causado mi gente, y muchos cuidados nacen, donde apenas uno muere. Que han visto a Aristeo algunos, (que aseguran conocerle) me han dicho; cuya noticia preciso es que me desvele, por ser; pero aquí esta Astrea: suspensas mis dudas queden hasta después; porque ahora sepa si acaso merece con Flerida algún agrado en mi favor Si en mi suerte, bella Astrea, esperar puedo dicha alguna, siendo siempre tan adversa, que temer debiera ya solamente, hecho a vivir de los males, el veneno de los bienes: que me la digas aguardo. Qué callas? qué te suspende? Qué más desengaño quiero! . mienten mis temores, mienten mis celos, que esta experiencia celos, y temores vence. No me respondes? más bien de tu silencio se infiere mi desdicha, pues suspensa, harto con callar me adviertes. Antes inferir debías, que mi silencio te ofrece dichas de amor. No te entiendo. Supuesto que no me entiendes; aquí, Lidoro, me espera; que me obligo de otra suerte a decirla sin decirlo. De una industria he de valerme, . con que mostrarle, que bien mi amor su fineza emprende, y que merecerle pudo, aún antes de merecerle. . Que a cada paso que doy con nuevas dudas encuentre! qué enigma será este, Cielos, con que intenta responderme Astrea? mas si me dijo, que aquí esperase a saberle, para qué discurro en él? a qué vuelva, pues, espere; y en tanto a mis dudas vuelva yo también; y considere si el haber visto a Aristeo mis Soldados en las huestes de Flerida (como dicen) será cierto; y si lo suese, con qué májimas oculto en Tesalia se mantiene, y como en favor milita de quien: Ya, Lidoro, tienes aquí la respuesta; en ella verás quien señas te ofrece de una verdadera fe, que vivió callada siempre. Cuando de Astrea esperaba que mis dudas disolviese con su respuesta, con ella veo, que a aumentarlas vuelve. Darme un papel, y ausentarse, cuando de un bien me promete la seguridad, no sé como (ay Dios!) se compadece, que al parecer es contrario, que quien haga bien se ausente. Pero no de que lo sea desconfíe, antes de leerle; anime, pues, y la nema rompa: mas de ella carece; y si al tacto he de creer, aún más que papel contiene; de cuya novedad rara toda el alma está pendiente; y con razón, porque solo en él un retrato viene, y nada escrito en él: Cielos, qué fuera que mereciese, que Flerida: mas discurso, aguarda, no te despeñes al error de persuadirme, que ella es quien me favorece; porque es de Astrea el retrato esto que me sucede Mas qué me admiro, qué dudo, si cuando el destino quiere hacer un infeliz, hace, con lisonjas aparentes, la esperanza de las dichas instrumento de su muerte? Dejarme un retrato suyo, con cautela tan aleve, diciéndome ser aquella la respuesta, donde viese quien de una callada fe señas me daba evidentes; no es decirme que por ella de Flerida el amor deje? claro está; pues siendo así, ya no hay recurso a que apelen para su alivio mis penas, pues en males se convierten los remedios. Era hora, señor, de hallarte? Pues vienes a buena ocasión. Si acaso es mala, hay más de volverme? pero dime antes, qué cosa es la que de mi pretendes ocultar? que de una mano en otra, como juguete la traes, por no descubrirla. Quién a ti en eso te mete? Siendo fuero de Lacayos de comedia, si lo adviertes, que nada de lo que hagan los amos, de ellos reserven: es usar de mi derecho. Por loco es bien que te deje. Guardaré el retrato, mientras . lugar el tiempo me ofrece de pensar lo que hacer debo en confusiones tan fuertes. Seguirele con mi tema, aunque su enojo recele; pero ya no es menester, porque (sea lo que fuere) levantándolo del suelo podré verlo fácilmente, por habérsele caído en él, sin que lo sintiese: casualidad, que no extraño, pues cada día acontece al poner en los bolsillos alguna cosa el caerse; y no faltará no obstante, quien de impropio lo moteje; que hay quien, con nombre de ingenio, consura lo que no entiende; pero al caso, pues no es fácil dejar de haber maldicientes. Retrato es de una madama, y aún de Astrea me parece, si bien reparo sus señas. Aquí quedó; mas en este sitio, solo esta es Soldado, que vi hablar tacitamente con la misma, en quien por vicio; puse mi afición adrede: qué mirara tan suspenso? mas de un retrato pendiente toda su atención está; qué fuera, que de ella fuese? por sí, o por no, yo he de verlo, y ello ha de ser de esta suerte: deja la prenda que miras. , , s v, Qué intentas? Que tú no quedes, con ese retrato. Escucha. Sueltas Oye. Por qué imprudentes dais voces? qué desatino a tanta osadiz os mueve? De él solo fue la osadía, que un retrato me quitó, que mirando estaba. Y presumiendo que sería de una, con quien hoy le vi hablar quitársele quise. Si presumió ser de Nise, ya verá que no es así. Ya lo veo. Es, pues, vuélvésele, sin que más mi enfado muestre. Aunque estás enojado, si le ves, que al punto conviertas fío el ceño en serenidad, porque es de aquella beldad, que fue imán de tu albedrío. Qué dices! habla más quedo, porque quiero, Libio, ver, una vez ya en mi poder, si quedarme con el puedo: y el medio más cauto sea el disimulo. Quién es tan rara hermosura? Pues no la conoces? Astrea. Quién es Astrea? Una dama de la Reina la más bella; y haberla hoy visto con ella, por tener de linda, fama, para que la conocieses era bastante. Es así: ya me acuerdo que la vi: es muy bella; y si quisieses (solo por curiosidad) feriármele a este trencillo, será tuyo. No admitillo fuera, sobre necedad, grosería (pueda en mí mas que la lealtad, el oro, pues nunca sabrá Lidoro, que yo quién se le halló fui.) No sé qué de esto colija. Rico estoy, que m donde iré yo con trencillo, con escudos, y sortija? mas porque mis dichas crea, ir a ver a Nise quiero, aunque si mejor lo infiero, será ir a que ella me vea. . Tras él voy, por si con arte puedo sacar de esta acción, pues fui parte en la ocasión, que del cambio me dé parte. . No sé qué colija de esto, confuso vuelvo a decir otra vez, viendo cuan fácil, que me diera, conseguí esta lamina, que supo a sus líneas reducir rayos, que envidia en sus ojos el Sol desde su cenit, y en sus rosadas mejillas nieve, y púrpura el Abril, ya que no hice más instancia en averiguarlo, a fin de que nunca sospechase la pasión, que vive en mí. No sé, pues (otra, y mil veces lo diga) que discurrir de hallarle en poder de un hombre tan ordinario, que sin dificultad le cediese al interés que le di; pero no es bien que dudando por qué medio le adquirí, la dicha de verle mío deje ufano de aplaudir: venga la ventura y venga como quisiere venir pues basta que dé a mis ojos, en este mudo matiz, primores, que de su dueño la ausencia saben suplir. Aquí a Lidoro dejé, y vuelvo a buscarle aquí; porque si ha entendido ya (como se deja inferir) que mi respuesta cifrada en el retrato, f con que decirle callando, que su amante fe admití, quiero ver como a igual dicha corresponde; pero allí le veo; que está suspenso en mirarle, soy feliz. Ya que has visto ese retrato, Lidoro; mas ay de mí! qué miro! Que no es Lidoro, Astolfo, señora, sí; y quien, oyendo nombrarle, ha llegado a convertir en ira, todo el sosiego, todo el juicio en frenesí, todo el contento en tristeza, y todo el amor al fin, en celos; que aquesto solo bastante ha sido a decir mi dolor; porque los celos solo se explican en si. No juzgues, Astolfo, no, que atenta estuve ahoir tus quejas, si no suspensa; por si pudiese argüir de ellas (sin vida he quedado) quien aleve, falso, y vil te dio ese retrato; y ya, que indicio no descubrí de quien sea, detenerme no quiero, ni aún a pedir, que me le vuelvas, supuesto, que el recibirle de ti sería aumentar mi agravio: dudosa, pues, quieronir, por no injuriar mi respeto, en examen tan civil. Aguarda, escucha, mas vete: que si antes que el nombre oí en tus labios de Lidoro, dichoso me presumí, dudando quien de esta copia sería el dueño: ya infeliz temo en cada desengaño, del viento un áspid sutil, que por el oído intente su veneno introducir. Quién vio que se dé veneno en las veces? ay de mi! yo, que escuché mis ofensas, yo, que mis celos oí.
JORNADA TERCERA
JORNADa tercera Pues pasar la tarde quiere Flerida, en el sitio ameno de este jardín, verde esfera de matizados luceros, cantad, por si así divierte de su tristeza el extremo, aunque lo imagino en vano, pues de amer ha sido efecto: qué será de quien el suyo trocó en aborrecimiento? pasión, que ni aún la esperanza la queda para consuelo. Cuando me podré quejar de la fatiga que siento, si padezco en un tormento que se da para callar? Bien esta letra me dice . cuanto es mi dolor severo; pues si recatar se debe aún del suspiro más lento (porque testigo no sea de lo que oculta en sí el pecho) fuerza es padecer callando, fuerza es callar padeciendo. No prosigáis, pues ningún alivio a mi mal espero; porque es tan extraño, que antes se aumenta con el remedio. Dejadme, dejadme sola: que aguardáis? Ya obedecemos. . Tú no te vayas, Astrea, porque contigo pretendo descansar, sin que se implique, cuando quedar sola intento, querer que conmigo quedes, pues con lazo tan estrecho nuestras voluntades se unen, que parece que tenemos un aliento con dos almas, o un alma con dos alientos. Beso mil veces tu mano, por favor que no merezco. Déjate de cortesías, y atiende a mi sentimiento. Ya te dije: Qué amor pudo turbar el dulce sosiego de tu libertad, mas no me dijiste, qué sujeto te nierezca igual cuidado. Decirte quien es resuelvo sin más dilación, Astrea; mas quien sepa que desprecio de un Príncipe altos blasones, y que mi altivez sujeto, a quien es por su fortuna, mas que por su nacimiento, precilo es, que de mi extrañe dos tan contrarios extremos. No lo es, si atiende a tu miso razón; pues nunca tuvieron los metitos de Lidoro (aún de nombrarle me ofendo aceptación en tu agrado, en fuerza de aquel imperio, con que los Astros influyen en la inclinación; luego ellos (siendo fuerza que al contrarl? sea igual el argumento) son disculpa de que ames, pues para no amar lo fueron Es así; y aunque lo sean, no sé como en mi despecho quepa el decirte (ay de mí!) que de mi amor el objeto, os: Filisberto, señora, viene hacia aquí, y así luego proseguirás en decirlo. Ya que proseguir no tengo pues ya lo has dicho tú miso Cómo? Hartándole a mi acento el nombre con el acaso, y pues vino a tan buen tieno que con el aviso tuyo, que me haya excusado, has hecho, la vergüenza de decir, que un ignorado Extranjero (de cuya nobleza solo son coronista sus hechos) igual triunfo de mi alzanza, sirva también a otro intento. Espérale al paso, y sabe (pues fácil será a tu ingenio el modo) si algún cuidado de amor ánima en su pecho, por si acaso en esta parte algo a mi fortuna debo: y por no esperar de ti segunda noticia, quiero, ancubierta de estas murtas, oír lo que dice. Qué ciego sigo el rumbo de mi suerte, llevado de un devaneo, donde un imposible se hace alma de mi pensamiento! Filisberto? Hermosa Astrea, perdonad si hasta aquí llego, cuando discurrís tan sola el jardín, disculpa siendo no haberos visto. No extraño tanta suspensión, si es cierto lo que me han dicho de vos. Y es? Un amoroso empleo, que os da esperanzas dichosas. Engaño es lo que os dijeron; pues aunque es verdad que amo. Qué oigo? (ay de mí!) No es sujeto con quien puede la esperanza nivelar merecimientos. Cómo así? Cómo es de esfera tan superior, que al respeto su adoración, se permite cautelada deél deseo, que al que un imposible adora, su amor le basta por premio, Pues a nada el vuestro aspira, bien podréis decirme el dueño. Tan grande como mi amor; es, señora, mi silencio, de él solo fío la imagen que fino adoro. No creo, que amar callando su nombre, fineza sea, ni obsequio. De qué suerte? Aunque quisiera deciroslo, ya no puedo, porque hacia aquí llega gente, y quien me oiga, no sabiendo la ocasión, tratar cuestiones de amor, que discurra temo, que hablo por mí: (mas lo hago . por huir de Lidoro viendo, que es quien viene, a cuya vista mi odio crece.) Filisberto? huélgome de hallaros. Siempre, para serviros soy vuestro? qué me mandáis? Dos cuidados me traen a vos, porque a un tiempo me asegure de una duda, y a una esperanza dé aliento. Ya oírías lo que de él pude saber. Calla, y escuchemos, que de buscarle Lidoro, no sé (ay de mí!) qué recelo: y no sé de oír que tiene tan noble amor, lo que siento. Creed, que os obedezca en todos como a quien deber confieso, no solo la vida, cuando del mar el peligro huyendo, a no ser por vos, no hubiera tomado en su orilla puerto, sino también el honor, siendo vos por quien adquiero el de de este bastón; pues fuisteis. Atiende, Astrea. Ya atiendo. Quién de la prisión de Astolfo me libró, cuando encubriendo el rostro a Tesalia disteis de la batalla el trofeo, y la gloria de él a mí; por cuyo mérito excelso, y el de su vida, me dio de sus Armas el gobierno Flerida. Qué es lo que escucho! Lidaro fue el encubierto! que sean méritos del que amo, blasones del que aborrezco! Siendo así, que honor, y vida llego a confesar que os debo, como a tanta obligación podré faltar? Oídme atento; y en los empeños con, que hoy a valerme de vos vengo, no el de mi amor ha de ser en el que os hable primero; porque antes saber me importa de vos, si pudo ser cierto un aviso que me han dado de Aristeo. Qué oigo, Cielos! Pues en la lid del tumulto a me aseguran que le vieron algunos de mis Soldados. Qué decís? (todo mi aliento . me valga!) Rara noticia! Y yo al ver cuanto es opuesto este informe al que me hicisteis, apurar el caso intento. Si de quien soy sospechoso . quiere asegurarse cuerdo, será bien examinar, qué indicios tiene, que luego, en mi valor confiado, pensaré lo que hacer debo. Lo contrario de esta nueva en confusión os ha puesto. Vuestra duda solo ha sido la que suspenderme ha hecho, no esa nueva, que en contrario no juzgo, pues considero, que habiéndome preguntado, si acaso en el Bajel mismo que yo, Aristeo venía, os dije que sí; mas siendo posible, que como yo me libré de tanto riesgo, él se librase también, bien pueden ser verdaderos los que dicen que le han visto, sin que yo deje de serlo. Si es que ahora de las razones que me dijisteis me acuerdo, son las mismas; y aunque dejan cabal mi dudar bien creo de vuestra verdad, que nada me negaráis, a saberlo. Que me conocieral en vano te mí. Y así prosiguiendo en la instancia de buscaros, pasaré al segundo empeño. Y yo hasta saber cual sea, no admito ningún sosiego. Este es, el que por mí habléis a Flerida en mis afectos, solicitando templar de sus rigores el ceño, que no os faltará ocasión, con la de su valimiento, para igual plática. En todo me prometí a obedeceros, y cumplido exactamente lo veréis, menos en eso; porque aunque deseo daros, agradecido, y atento, muestras de mi obligación, que advirtáis, señor os ruego, cuanto es a Flerida extraña esta materia, y no tengo de ofender su gusto, cuando servirla también deseo; y lo más es, porque fuera . infamia en mí, ser tercero con la que amo, de otro amor. Que os exponéis os confieso, a disgustarla, según la extrañeza de su genio, mas lo contingente no es preciso, con que bien puedo empeñaros a una acción, que deja neutral su efecto, pues de un instante a otro, enseña muchas mudanzas el tiempo. Ni aún por contingencia, yo faltar a su gusto pienso, porque nada vale más con migo, que su respeto. Qué bien sueñan atenciones, en quién se buscan aciertos! Con que a no hablarla por mí, finalmente estáis resuelto? Si en mi lugar os pusierais, juzgo, que hicieráis lo mismo. Yo no sé lo que me hiciera entonces (de ira estoy ciego!) mas sé qué desengañado me dejáis, de cuanto es necio quien se vale del que atiende mas al desvanecimiento de sus dichas, que al que dio para lograrlas los medios. Sabed, que más que por ellas, soy por mi propio, advirtiendo, que soy (quien tolerar supo . juntos desaires, y celos) quien a entender os dará, fuera de aquí, que no es menos, que su valor su nobleza. Ya de escucharos me ofendo tan arrogante. Y yo a vos tan confiado. Qué es esto? como empuñando la espada os hallo, cuando aquí llego? qué enojos ay, que a la vista de este sitio no sean cuerdos? Si yo, señora. Esta bien. Yo, al ver que mi rendimiento siempre os cansa, en disculparme juzgo, que anduviera necio, exgoniendon antes, que a satisfaceros. . Volved nida Qué me mandáis? Que al instante: mas no quiero ser quien lo diga yo: aquí esperad; vos, Filisberto, no salgáis de mis Jardines. Qué será, Cielos, su intento? Hasta tener otra orden, y ahora retiraos de aquestos: . . tu escucha lo que a Lidoro le has de decir. Con secreto tan grande, qué puede ser lo que hablan? (confuso muero!) y más de pensar, si oyó la cuestión que movió el duelo, a que se añade el dudar si está en Tesalia Aristeo. Esto le dirás. Repara. Es ocioso tu consejo. Que elegir el menor daño siempre fue prudencia. Es cierto; y aún por eso determino el que salga de mi Reino Lidoro, pues declarado enemigo suyo, temo, que la venganza con el pueda más que mi respeto; y así a reservar mi vida voy en la de Filisberto, ya que de mi libertad dueño los Astros le hicieron; pues como su riesgo excuse, poco importan otros riesgos. . Fuese Flerida: si acaso sio de Astrea el aviso, que a mi decirme no quiso? En ira, y rabia me abraso, . pensando que le he de hablar. Qué será, tirano amor! . mas no crea mi temor que siempre ha de ser pesar. Que esto sea precilo, Cielos! . Que no halle alivio a mi suerte! Lidoro? (violencia fuerte!) Qué mandas? (triste recelo!) . Flerida? Detente, deja que el corazón, que se riude al susto de imaginar su cruel rigor, anime. No lo es poco, y traer yo siento la nueva de él. No dupliques con tus piedades mis penas, pues pagarlas no es posible. Quién te ha dicho, que piedades sean, ni que solicite yo paga de ti? que solo siento que hablarte me obligue Flerida, haciendo que sea quien su decreto te intime. De que a tanto extremo llegue tu sentimiento, no admires que la causa dude. Oh falso! que pienses que no me irrite mas que tu engaño, el dudar que mis quejas justifiques! El engaño solo es tuyo. Ahora, tirano, finges? como si verdad no fuera que ta amor me encareciste. Menos ahora te entiendo: cuando yo mi amor te dije? Cuando por ver que venía Flerida, no proseguiste, habiéndome dicho, que era conquistar un imposible su favor, pues cuantos medios fiel amante discurriste para obligarla, eran vanos, y que sería felice tu esperanza, si yo. Aguarda, que mi discurso percibe ya el error que dio a tus quejas causa: en fin te persuadiste a que fue mi rendimiento por nueva elección que hice de tu beldad? siendo solo porque suplicarte quise con Flerida intercedieras; mas como mi ruego humilde impidió, llegando entonces, sin duda no lo entendiste. Luego era todo tu anhelo porque yo (pena terrible!) a Flerida por ti hablase? Es cierto. Y que no previne lo equivoco del sentido, ni aún cuando saber quisiste segunda vez la respuesta! Huélgome de que averigües que solo es tuyo el error. Y del retrato qué hiciste? Al ponerlo en el bolsillo se me cayó. Aunque eso dices, yo sé muy bien donde para. Dónde? Que no lo investigues será bien, pues el saberlo a ti de nada te sirve. Pues de ti el engaño nace, no culpes que amante firme de Flerida, hasta el rigor, en ella juzgué apacible. Para mí lo mismo es ya que le ames, o le olvides: mas el de hoy te hará que pases al extremo de sentirle; pues que salgas luego manda de su Reino. Ay infelice! Que con saber que fue engaño mío, el odio no mitigue! Y porque ningún consuelo tu esperanza facilite, y se junte al de la ausencia el dolor más insufrible, sabe que no es tan esquivo su pecho, que no se incline a otro, aunque con tal recato, que ni él mismo lo colige. Presto (hah tirana!) te vengas del falso juicio que hiciste de mí, como si se hallara culpa en él que atribuirme; quéjate de ti, pues tú la que te engañaste fuiste. Ya lo veo (pero en vano . la razón la ira corrige) que en mujer que ya se dio por ofendida, es difícil. En fin (de decirlo acabe) lo que tú no mereciste con adquiridos blasones, nl con heredados timbres, merece. De oírlo muera! Quién tan ignorado vivo, que si su altivez se sabe, no se conoce su origen: a este, pues, se rinde, cuando tu gran valor, y alta estirpe desprecia; y porque el saber quien seas, te precipite a mayor tormento, es Filisberto a quien se rinde. . Oye, aguarda: quién jamás se vio en lance tan terrible, como que haya quien se atreva sus agravios a decirle! y más agravios de celos; pero no es también posible; que fuese, astucia de Astrea, con que vengarse imagine de sus mal fundadas quejas? Mas no, pues lo contradice, ver, que se mostrase al duelo cuanto con él apacible. Flerida con yo airada! luego es cierto (ay infelice!) que tan igual en su amor, como en su estimación vive. Y siendo quien derrotado, al arbitrio de un esquise, tomó puerto en estas playas, mísero, abarido, y triste, mas dichoso que yo (ay Cielos!) ha podido preterirme. No sé como esto pronuncio, sin que mi pecho fulmine un rayo contra mi vida, en cada voz que respire. Mas qué digo, vuelva en mí, no de mí el de porque a desengaños nobles; trueque sentimientos viles. Ser constante a los desprecios, generoso ánimo dice, pero su pasión infama el que con celos fubsiste. Si no sé vencerme a mí, de poco el laurel me sirve, que me aclama victorioso de tantas sangrientas lides. No, pues, del alma el imperio injuste amor tiranice, obre por si el albedrío, la razón discurra libre. No diga de mí la fama, que al encanto de esta Circos amancillado el valor, no supe imitar a Blises. Ea, pues, fortuna, en ti- mi desempeño consiste, porque, como favorable, mis designios apadrines: yo haré que a Flerida vea, Tesalia, y el mundo admiren; si hay despique con las damas, el más airoso despique, que hasta hoy al papel, y al bronce dieron plumas, y buriles, pues el vencerse a sí mismo es la hazaña más plausible. Rara fristeza! que nunca des treguas a tus pesares! De que a un continuo sentir rinda el alma, no te espantes, quien para quejarse, halla siempre razón de quejarse. Sí, pero cuando a Lidoro dije lo que me mandaste (y aún lo que ya me ha pesado) . pues cesa, con ausentarse, de Filisberto el peligro; qué te aflige ahora? Tales son mis desdichas, que al pa que unas mueren, otras Pues qué es lo que ahora te queda qué temer? Tú, que lo sabes, medo preguntas? Yo? Sí: pues no dudas, que al examen de tu industria, confesó, que fino, y rendido amante amaba un bello imposible? luego es fuerza; pero ataje la voz de mi pena el ver que él viene, y podrá escucharme. Si a vuestra vista las flores reciben el ser fragrante, que perdieron en su ausencia (sombra en que marchitas yacen) al ver que todas animan en hermosas suavidades; que aquí estuvieseis, no en vano presumír, y así me traen mis deseos a saber lo que tenéis que mandarme. Lo que tengo que reñiros dijeráis mejor, cuando hace desprecio vuestra osadía de estos sagrados umbrales. Si yo. Nada me digáis, pues. Si por disculpa vale de llegar, sin más licencia; a vuestros pies lo importante de un aviso bien extraño, con él juzgo disculparme. De lo que dije a Lidoro . temo el efecto. Escuchadme: (si a vista de Astrea pueden vida los celos dejarme) Sali acaso a divertirme a aquese monte, gigante de piedra, que dilatando su imperio sobre los mares, coyundas de arena pone a cervices de cristales, cuando en un pequeño esquise veo a Lidoro embarcarse. Bien juzgué que hacerse al mar, sería para ausentarle, en consecuencia del orden, que tuvo de vuestra narte (según se dice) de que luego a Tesalia dejase; pero me desengaño ver, que llegando a sus naves, en vez de llevar el ferro, y descoger el velamen, las lanchas echan al agua, en que sin dilación sale a tierra su gente, y como se desembarca en su margen, doblándole en escuadrones. va: yo absorto a igual dictamen quedé, presumiendo sea efecto de su coraje; como este, impulso de vuestros mal respetados desaires. Mas no prosigan mis voces, pues ya suspendiendo el aire, las de este clarín mejor dan a entender, que arrogante haceros guerra pretende. A tanto despecho, antes que la admiración suspensa, irritado el valor hable. Id, Filisberto, y haced, que pronta mi gente se halle a su opósito, primero, que la suya en orden marche. Seguro iré a obedeceros, pues el hado (que constante sus iras en mi ejecuta, porque en mi vida no acaben) no permitirá que fea mi enemigo quien me mate. . Ni a mí el ver cuanto es preciso el arriesgar lo que ame. Pues veis, señora, como hago de vuestro vasallo alarde, aún más que de prisionero, en que a traeros me adelante tal nueva, podéis serviros de mí, en fe de mi homenaje; aunque de dos circunstancias dos sentimientos repare en este caso; la una, es no estar libre, pues se hace obligación mi obediencia, y ser contra quien armase. de saña el pecho, es la otra; pues más parece que nace que de mi atención, el odio de nuestras enemistades. Dos circunstancias han sido las que juzguéis que embaracen tan ilunte ofrecimiento; y la una, en que yo soy parte, quiero sanear, para que pueda más bien aceptarle. el Libre estáis ya. Vuestros pies beso, aún más esclavo que antes, que el beneficio en uno noble es la esclavitud más grande. Ay Astrea, gran distancia. de imaginados los males, a sucedidos ay, pues de estas voces Militares. resulta el eco en el alma; que a su horror postrada yace. . Si la ocasión para hablaros me da licencia, escuchadme. Decid presto. Será fuerza, cuando de la lidiel trance me da prisa: Este retrato, que por medios casuales a mi mano llegó, viendo, que si en mi poder quedase, a algún dichoso quizá sería tiranizarle, al vuestro le vuelvo, logre: tan altas felicidades el que su nombre merece, que en vuestro labio se halle; y muera yo, que no espera más bien, celoso un amante. Es verdad, que yo engañada ese retrato di: baste decir, que engañada fuese, para las seguridades de mi decero; y si entonces dije, que sería el tomarle de vos, aumentar mi agravio; no poca razón se añade, para que a decirlo vuelva otra vez. Cuál es? Desaire. fuera también de mi fama decirlo yo, sin que antes informaros mejor pueda el tiempo de mis verdades: y en interín, debaos solo el creer en esta parte, que engañar a dos se halla solo en bellezas vulgares, donde el arte de amar, es no saber amar sin arte. . No recibir de mi Astrea este retrato, y dejarme con esperanzas de ser el tiempo el que desengañe mis recelos, me premete la dicha de amor más grande; y así tus, amor, no permitas de esta voz en el certamen, que borre Marte tus triunfos, pues eres hijo de Marte. Ya que tan ruin se da mostrado, que no ha querido, partir del trencillo, proseguir tengo en mi amante cuidado; porque de Nise admitido quedo en esta competencia, a prueba de su paciencia, desairadia, y aún corrido, De entrar conmigo en contien bien su locura se ve Mi ura, Porque soy hombre de prendas. Cuales son esas ignoro. Sobre el trencillo, un diamante, como el mismo Sol brillante, y hasta cien escudos de oro; y así quedará muy mal, por más finezas que trace, porque hoy caudal no se hace del que no tiene caudal. No me tiene que advertir, que a su tiempo se verá, pues Nise al fin lo dirá. Qué tengo yo de decire Escucha, ya que sirvientes a lonje no se nos da, que nuestros amos allá se maten impertinentes. Libio, que competidor a mi amor se ha declarado, de ti espera ver premiado antes que el mío, su amor. Este es el caso, y yo digo, que tú lo dirás. Y a quien me le merezca más bien, a darle un favor me obligo. Yo, que más minas no tengo que la vena de Poeta, tu hermosura por perfecta celebrar desde hoy prevengo, y a tus años con primor, un romance haré lucido. Para cuelga siempre ha sido una cadena mejor. De mi firmeza al instante haré un soneto. Es simpleza, porque nada una firmeza dice más bien que un diamante; Veraste por mi aplaudida en diferentes canciones. Por mí, con estos doblones, al uso andarás vestida. No es dama a la que no da su aplauso la poesía. Antes de ella cada día se hace menos caso ya; demás, que a sus profesores muchos los tienen por locos. Es así, porque son pocos los que entienden sus primores: con que es digno de desprecia semejante apodo, pues muy propio del necio es, tener al sabio por necio. Por lo menos ya confiesas su habilidad ultrajada. Sí, mas es del que no puede hacer opinión. Ea, basta la porfía, el tema cese: y con sus coplas, y alhajas se retire eada cual, cuando no porque me cansa lo que antes me divertía, porque veo que a esta estancia la Reina sale, a ocasión que Astolfo viene. Turbada la imaginación, Astrea, toda es presagios el alma. A vuestras plantas, señora, llego, aunque por mi desgracia, con vida, pues no debiera volver vivo a vuestras plantas a daros de un infelice suceso la nueva infausta. Filisberto. Qué pesar! Con el orden que llevaba, salió al opósito, a tiempo, que ya tenía formadas Lidoro todas sus huestes, y más feliz desvarata las tuyas en el encuentro; y al ver Filisberto tanta perdida, desesperado, a las enemigas armas se arroja, resuelto, mas a morir, que a restaurarla. Yo, al mismo fin, con su ejemplo, sigo sus huellas osadas; en cuyo empeño, sin duda nuestro fin ejecutaran los Soldados de Lidoro, si su voz no lo estorbara, diciendo, no le deis muerte, pues más mi victoria ensalza, que su muerte, su prisión; y rendidos los dos, manda, que no se siga el alcance, porque allí su intento acaba: y dándo me libertad. porque la noticia os traiga de igual triunfo, solicita, que licencia le deis, para besar vuestra mano. Baste, que de oír con cuanta saña de mis desdenes se venga, todo mi aliento desmaya. Mejor dijera al oír, . que en su poder queda (qué ansia!) prisionero Filisberto. Mirad, señora, que aguarda licencia Lidoro, y que siempre ha sido de importancia el oír al enemigo. Decís bien, llegue: (oh infausta . fortuna! cuando estarás de parte de mi esperanza?) Que su libertad, Astolfo deba a Lidoro! Admirada estoy, de que con él venga Filisberto. A vuestras plantas, mas que vencedor vencido me tenéis; porque os persuada mi veneración, señora, a que no ha sido la causa vuestro ngor, de esta guerra; otra lo es, sie imposible de decirla, y imposible de callarla. Dos obligaciones son, y pienso cumplir con ambas, con sola una acción, que digno de mayor aplauso me haga, que todas cuantas victorias segundo Marte me aclaman. Ninguno de mí ha dudado, que ha sabido mi constancia pasar por cuantos desaires, a una hermosura irritada la permiten, que usar pueda los privilegios de dama. Pues qué diría de mí el mundo, si me mostrara indignado en este lance con vos, si no que intentaba de alguna secreta ofensa tomar pública venganza? Y para que no lo diga, medir pienso la distancia, que hay de lo amante a lo nobles si la novedad no extraña, cuando por sentencia tiene, que amor todo lo avasalla; sin ver, que el entendimiento hasta en las Estrellas manda. Perdonen los que al amor dieron preminencia tanta, que quisieron disculpar con el acciones no hidalgas, que no hay para lo mal hecho ejemplares que equivalgan. Y así es bien que conste al mundo, que desisto de la instancia de mi amor, aunque suponga gran motivo, igual mudanza. Y porque con una acción (como dije) satisfaga tantas dudas, como excitan unas, y otras circunstancias; a Filisberto, señora, (que mi prisionero se halla) pongo a vuestros pies: esfera de la fortuna más alta; y más en quien mereces pudo la de vuestra gracia. De esta suerte, sin mí os digo, lo que mi respeto calla; y mi valor de esta suerte se acredita más, y ensalza, pues nadie ignora, que más que saber vencer batallas, es saber vencerse a sí, a costa de penas, y ansias; que hay penas que desengañen, si hay desengaños que matan. Que a vista de la que adoro, mi competidor me traiga por trofeo, suyo! Puede haber pena más extrañal Ay, Astrea, no percibes el sentido con que habla? Pues, si mal no arguyo, es cierto, que a saber mi amor alcanza. Como habrá sabido (ay triste!) lo que mi pecho recata? No sé: (disimular quiero) . Confusa, como obligada me habéis, Príncipe, dejado; pues tan singular hazaña, dudo como agradecerla, ya que no pueda pagarla. De esa obligación (si lo es) quedaréis desempeñada, con permitirme, señora, que rete a campal batalla a Aristeo, que en el trance adonde perdió su Armada, no murió, y oculto ahora en vuestra Corte se halla; y así, que sea ella misma la palestra señalada os suplico, haciendo vos bueno el campo. Nueva extraña! Aristeo vive? Yo, aunque no aspiro a venganzas de antiguos odios, mal puedo excusarme a vuestra instancia, por la deuda en que os estoy. Voy, a que público se haga el desafío. Aguardad. Qué intentáis? A esa demanda responderos, que a mí solo me toca. A vos? por qué causa? Porque yo soy Aristeo. Qué escucho! Ay de mí! Tan rara novela, en qué parará? Ella lo dirá: oye, y calla. Yo soy Aristeo, pues, qué dudáis? Si el duelo acaba siéndolo vos, pues sería impropia acción, que quien tantas veces la vida os ha dado, quitarosla ahora intentara: mayormente no habiendo hecho público el duelo, que salva cualquiera objección. Si en vos hay para omitirle causa, en mí la hay para emprenderle. Qué deéís? cuando esperaba que vuestros brazos, el gozo de verme vivo explicaran (pues olvidando el antiguo rencor, que en Cipre, y Acaya nuestros padres mantuvieron, creída mi muerte, a vengarla os empeñasteis) sois quien a campal duelo me llama? Sí, que aún esa razón misma me mueve con más instancia; pues cuando deudo, y amigo yo de vengaros trataba, erais en ofensa mía, sirviendo astuto en las armas de Flerida; y pues bastante no fue a templar vuestra saña el tiempo, ni mi fineza, quiero ver si lo es mi espada. Cómo me oigáis, brevemente veréis, que las circunstancias pueden, variando el efecto, hacer licita la causa, siendo fuerza en este caso, por mi honor el declararla. No quisiera referir, como aquí de una borrasca el temporal me condujo, ni como gané la gracia de Flerida, hasta regir sus Tropas, pues no ignoradas noticias, se hicieron siempre molestas con acordarlas; solo diré, que amor supo, con beldad tan soberana, mostrar en mí, que quien le hizo hijo del ocio, le agravia, pues en mis mayores penas, rindió mi pecho a su aljaba. Y no permitiendo hasta hoy, que al labio esta pasión salga, sin el riesgo de ofenderla, tuve la gloria de amarla. Encubierto amante suyo (sin que otro fin me llevara) la serví. No prosigáis, pues no siendo el que juzgaba, de vuestro empeño el asunto, cualquiera disculpa os basta; y así los brazos me dad. Si para vos lo fue, falta, que lo sea para mí; porque (mal me finjo airada, cuando veo, que es fineza, lo que agravio imaginaba) de la cautela engañosa con que me sirvió, irritada mas que de saber quién es, pues (como dije) a venganzas no asniro de antiguos odios; su osadía castigada dejaré. Antes, si es posible, que con vos mis ruegos valgan, ya que de Chipre, señora, destituido se halla, casando con vos, será dueño de mi Estado. Nada, empeñado yo en su honor, he de dejar que otro haga. A Chipre le restituyo, y porque pueda (a tirana!) interceder más airoso con vos, que premies mis ansias, primero Astrea (pues ve cuanto mi amor desengañan vuestras iras) y aún mis celos . verá, que mi mano paga su fineza. Qué fineza? La que amante me declaras en tu retrato. Qué es esto! Oigamos, amor, por si hallan . seguridad mis recelos. Si te le di, fue engañada, como sabes. Es verdad, que pidiéndote que hablaras por mí a Flerida, fue fácil entender equivocada C (interrumpiendo un acaso la plática comenzada) que de Flerida el amor, por el tuyo abandonaba: mas qué importa, para que ahora verdad el cugaño hagas? Qué fineza que un engaño hizo, no debes llamarla fineza; y más cuando advierto, que en ti el retrato no para, y que sin llegar a mí, otro más fino le guarda. En esta troba entro yo. Quién dueño es de dicha tanta? El que con tal desengaño, a costa de vida, y alma, le defenderá. . Detente, que es ociosa tu arrogancia. Cómo? Dándote la mano: pues cuando alguna esperanza (bien que invtilmente necia) a su afecto le quedara, fuera en tanto que galán, y no esposo te nombraras. Bien dices, dichoso he sido Y yo infelice. Ya no extraña mi discurso, Astrea, como Lidoro a saber llegara lo que a ti tan solamente reveló mi confianza: Y pues ya es necio el recato, llega, Aristeo, qué aguardas? tuya soy. Y yo tu esclavo. De que mi experiencia saca, que obrar bien contra sí mismo, es la más común desgracia, y solo el vencerse a sí, es el medio de enmendarla; y así, dé a Egnido la vuelta, segura nuestra alianza. Pues Astolfo, y Aristeo sus finezas ven premiadas, con ausentarse Lidoro, no le queda que hacer nada al Autor, sino pediros, que le perdonéis las faltas.
