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Texto digital de El letrado del cielo

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Juan de Matos Fragoso Probable ySebastián de Villaviciosa Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El letrado del cielo. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/letrado-del-cielo-el.

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EL LETRADO DEL CIELO

JORNADA PRIMERA

von quién estabas hablando? a Con el Sistre, que nu vestido, a mi señorá ha traído, que es tan rico, que bordando bien la Primavera bella, con jazmines, y albelí, si no vi esta gala aquí, no ha de hacer otra como ella. No añadas fuego a mis penas, porque yo sé que las galas a muchas han hecho malas, y a pocas han hecho buenas. Y aunque Celia no metece por si aquesta presunción, cautela es del corazón, que las galas aborrece. Qué suspenso se ha quedado . en su afecto poderoso, y es, que como es tan celoso, mentar galas le ha turbado. Cómo es mi ama tan bella, y es celosó con porfía, le causa melancolía el ver tanto aliño en ella. Prosigue la información, Melón. . Cómo puede ser, si ahora te viene a ver Teodora? . En esta ocasión a entrar no se atreverá, pues sabe que me he casado, y Celia siempre a mi lado cerca de mi Estudio está. Eso causa su desvelo, el ver que así la engañastes, y con Celia te casastes. No me lo perdone el Cielo, si yo engaño he cometido contra Teodora jamás: en muchas Damas vetás, que piensan que ya es marido el que dos veces entró en su casa. . Eso es así; pues del mismo modo a mí con otra me sucedió. Cómo fue? . En su casa entré, y con tu fama delante. por docto creyó el Pasante, y es que al principio callé. No me conoció lo loco, por marido me escogía, y a una criada decía, estos doctos hablan poco. Mas luego di en platicón, y pues todo lo penetras, conoció al fin, que mis letras eran letras de Melón. Si un tiempo me divertí, ya el tiempo me dio el castigo: prosigue, Melón. . Prosigo; ya me siento. Escribe. . Di. A mucho te has atrevido: allí está Don Diego. . Ay Cielos! o tiene en los ojos velos, o se hace desentendido. Prosigue. . Ya me miró. Y habiéndose presentado en el término asignado por el Juez a quo. . A quo. Oh a otorgue hora deniegue la apelación. . Pelación. Extraña resolución! que tanto el amor la ciegue a Teodora, que haya entrado en mi Estudio! . Sí señor, que litigante de Amor tray por agente el cuidado: que la engañes te suplico, siquieta por tu provecho. Como lo prueba el Detecho Canónico. . Canónico. Puede presentarse. Ay Cielos! yo me presento en mi daño. No le asignando en un año, o si hay causa, en dos. . En dos. Y si no, se debe dar la apelación por desierta. De que aquesa ley es cierta tengo yo un grave ejemplar. A un destierro la enviaron; apeló y la apelación se la volvió pelación, y a la galera la echaron. Prosigue. . Di. Sin qué pueda tener otra acción, y es nulo: Capítulo:- . Capitulo. Qué esto con él me suceda! que así el mirarme resista! que no ve, finge cruel. Mal pleito tienes, pues él te está condenando en vista. Cum sit Romana. . Romana. De appellatione. , . Señor? Mi bien? . Qué extraño rigor! qué pena tan inhumana! que esto quieran ver mis ojos! A qué viene aquella Dama? A algún pleito. Pues no os llama, pleito parece de enojos. Llegad, señora, y decid a lo que venís. . Sois vos el Letrado? . Ya en los dos hay solo un ser. . Pues oíd, y diremos por Letrado, que aboga por su mujer, que dará buen patecer si os tiene siempre a su lado. Llégate más al bufete, y hablaremos los dos. . Sospecho, que tú aquesta junta has hecho. Yo? . Sí, pícaro alcahuete. Escuchad, señor Don Diego, pues que vengo a vuestra casa a informaros de quien soy, y de un pleito de honra, y fama; y vos también, por mujer, apadrinadme en mi causa, si es que los ojos no estorban con el llanto las palabras, pues aún antes de decirla ya comienzan a llorarla. Yo soy Teodora Fulgino, hija de Claudio, y Rosaura Fulgino, bien conocido es mi apellido en Italia. Esta Ciudad de Espoleto, blasón del Duque, es mi Patria, a donde en corta fortuna he vivido retirada. Nací pobre, que es borrón que a la nobleza más clara la eclipsa, mas no la ofende, la esconde, mas no la mancha. Rendida como mujer, guiada de una esperanza, engañada de promesas, y de fingidas palabras, a un Caballero Galán, y Letrado de gran fama, como vos, le permití (ay de mí!) entrada en mi casa. No os parezca ligereza lo que en mi fue confianza, que como me vi tan pobre, y él fingió que me adoraba, me sucedió lo que a muchas, que creen de que las aman; donde entienden su remedio, vienen a hallar su desgracia. Me via el día, y la noche en mi labor ocupada: Dia, y noche dije? sí, que es tan corta la ganancia de una labor, que a un sustento aún dos taréas no bastan en continuadas fatigas. Mal haya la ley, mal haya el mal uso introducido de darle tan corta paga por el afán de sus manos a una mujer desdichada, que a valer más las labores, no hubiera mujeres flacas. Viéndome en pobre fortuna, engañaba mi esperanza con equivocas razones, diciendo, que se casara conmigo, si en algún puesto viera sus letras premiadas; porque para mujer propia no podía él desearla de más primorosas prendas para el lustre de su casa; que casar pobre con pobre, l- es en la estimación falta, y más que matrimodio, es desdicha solicitada. Yo con esta buena fe, y el amor, que acreditaba tenerme, correspondía siempre firme, y nunca ingrata al lícito galanteo de permitirle en mi casa. Una noche al salir de ella, como otras acostumbraba, por la puerta de un jardín hizo instancia a esta criada dejase la puerta en falso sin llave, solo ajustada, diciéndola con cautela: No digas nada a tu ama, que intento volver por ella, que es lástima esté encerrada en noche, que la Ciudad celebra con algazara del gran Bautista la fiesta; noche, en que salen las Damas, y los Galanes al Soto, y no vuelven hasta el Alba; no es bien, que quien es Aurora niegue la luz a sus plantas. Esto trazó; y cuando al sueño ya mis sentidos pagaban la común pensión en horas de la noche desusadas, entró, hasta mi cuarto, donde primero las luces mata, y luego (ah tirano injasto!) sin Dios, sin ley, y sin alma, mezclando a ruegos violencias, mi casto lecho profana. Y como siempre a un delito otro delito acompaña, antes que pudiera el Sol ser testigo de su infamia, mucho antes que amaneciese, mudo, entre las sombras pardas, se ausentó, y desde aquel día no le he vuelto a ver en casa; donde he visto, que el delito, que cometió en mi desgracia, no nació de amor, sino es de una malicia tirana, que culpas, que amor comete, el amor vuelve a enmendarlas. Finalmente, este Abogado, para mí de leyes falsas, robándome en el honor el patrimonio del alma, hoy se ha casado con otra; ved, pues tenéis letras tantas, lo que las leyes ordenan, porque siguiendo esta causa, intento pedir justicia, o morir en la demanda. Vive Dios, que algún traidor la noche que me esperaba, tomó las señas, y entró a cometer esta infamia: hay caso más infeliz! Ay desdicha más extraña! Señora, a vuestro suceso ahora respuesta no halla mi discurso, pesaroso de pena tan inhumana, como si yo hubiera sido parte de vuestra desgracia. Cielos, que así disimule quién traidoramente agravia! Parece que ha demudado el color al escucharla Don. Diego: si acaso ha sido él el reo de esta causa? mas así he de averiguarlo. Pleitos de tanta importancia, donde un honor se interesa, no es bien que tenga tardanza, y más cuando se ha valido de mí para apadrinarla esta señora; y pues veis, que está tan desconsolada, esposo, quedad con Dios, y despachad a esta Dama. Qué le parece si es ya mi ama buena Abogada. Flora, en hacer peticiones siempre lo fueron las Damas. Desde aquí escuchar pretendo si fue mi sospecha falsa. Fementido. Caballero, qué hidalguía es, o qué hazaña engañar a una mujer bursar a una desdichada? No bastaba la fortuna que en mi cortedad pasaba, sino quitarme el honor, para hacérmela más mala? Qué dices, Teodora? Cielos, qué es esto que por mi pasa! si yo tu honor he ofendido, un rayo el pecho me parta. Camilas, di lo que hiciste. Señora, para que entrata, la puerta le dejé abierta, y él lo mandó. . Andarlo, pabas. Y esto no puede negarlo. Es verdad, mas ya cerrada la hallé después al volver por Teodora. . Ay tal infamia! que así su delito niegue! Melón sabe, que en la instancia amena del Soto estuve. Esto es probar la coartada conmigo. . Dilo, Melón. No hay melón, ni calabaza, que esa noche no te vi. Mira si quieres más clara tu traición. . Qué nuevo engaño es el que contra mi trazas con tu fingida apariencia? Pluguiera a Dios fuera falsa. Luego es verdad? Verdad es. No despacháis esta Dama? Si ella lo ha estado escuchando! Esto solo me faltaba. Ya el disimular conviene, que lo he oído. . Si la cata esa noche no le visteis, es injusta la demanda de pedir contra él, señora. Y los indicios? . No bastan. Y el mandar dejar abierta la puerta? . No importa nada, pues pudo él dejarla abierta, y entrar otro en vuestra casa; y pues no es buen Abogado aquel, que no desengaña a la parte, y pues el pleito está falto de probanza, y yo no he de defender pleito que con él no salga; otro remedio, señora, buscad para vuestra causa, que yo en derecho no le hallo. Yo apelaré a la venganza, dándole la muerte fiera. Mi amo no sabe nada; yo tengo letras pilongas, deje usted para castañas, que a defenderla me obligo. No tengo por acertada tal resolución. . Yo sí, que donde justicia falta, daré, dándole la muerte, satisfacción a mi fama, pues no puede ser su vida remedio de mi desgracia, cuando con desprecio mío en otra mano la enlaza. Yo desharé el matrimonio, porque sepa quien engaña, que hay a traiciones castigos, y hay a cautelas venganzas. . Espera, Teodora, espera. Qué ha de esperar la cuitada, si en la misma posesión la quitaron la esperanza? Parece, señor Don Diego, según la pasión la arrastra, que por vos ha hablado en todo; pues decir con pena tanta, que es Abogado el que ha sido autor con fuerza tirana de su deshonor, y ser tan recién casado; o habla por vos, o su misma pena representa con tal ansia, que parece que sois vos la causa de su desgracia. Muy bien lo he disimulado. . No deis crédito a una vana sospecha, que en los Estudios de los Abogados pasan en los pleitos tantas cosas con partes apasionadas, que no hay teatro en el mundo donde más vivas se hagan las acciones, y es que todos representan propias causas; y como nunca es ajeno aquel afecto que ensayan, mejor su dolor explican. Uno, furioso amenaza; otro, ofendido se queja; otro, cauteloso engaña; otro, tierno se lamenta, porque con acciones varias, uno con semblante triste, y otro alegre en la esperanza del interés que litigan, de su afecto se arrebatan. Así Teodora ofendida, quejosa se lamentaba tan vivamente, que vos creísteis al escucharla, que conmigo hablaba, y es representación, que ensaya contra aquel que la ha agraviado; no soy yo a quien amenaza. Así lo creo, que en vos no cabe acción tan villana de engañar a una mujer. Claro es, que si la engañara, procurara su remedio. Pues tratad de remediarla: vended para eso mis joyas, que a su queja bien fundada atendí, y me ha enternecido, y yo prometí ampararla. Ved si quiere que un Convento remedie perdida tanta, que no es bien, señor Don Diego, que porque hacienda le falta, padezca su honor ultrajes, ni vuestra vida amenazas. De esta mujer siente mal mi amo, porque tray galas, y vive Dios, que merece vastirlas como Gallarda, rasgarlas como Folías, y lo demás es Pabana. Celia mía, plegue al Cielo, que no tenga dicha en nada, que la tierra me consuma, y que anude mi garganta mi propio aliento, si yo debo el honor, que le falta a Teodora. . No juréis, yo lo creo, esposo, basta, que no os quiero yo enojado. Ya está contenta. . Quién ama muy presto se satisface. . Mi señora Doña Clara Colona, señor Don Diego, que os diese aviso me manda, como a vuestra esposa tiene a las fiestas convidada, que hace el Duque de Espoleto; y como han de ser mañana, a que os prevenga me envía. Aquestas fiestas me matan; porque cualquiera mujer, cuando sale a ser mirada de más ojos, siempre entiende a más compostura, y gala. Mascando está este convite, a hiel le sabe, y no halla modo para despedirle. Si no gustáis de que vaya, en casa me quedaré. Si ella dice eso, encerradas nos dejará; tanto pueden sus celos, que siendo honrada mi señora, y recogida, como es, su desconfianza no sé de qué nacer pueda. Como es bellaco de chapa, y en continuo galanteo siempre andaba a la que salta, y sabe la ley persequitur de foemina maridata, piensa que ha de sucederle lo mismo, y así la guarda. Sabe el Cielo, que resisto que Celia a las fiestas vaya; mas en buena urbanidad no debo hacer repugnancia. Qué diré, señor? . Decidla, que Celia, y toda mi casa irán mañana a asistirla. Guardeos Dios. Yo perdonara el agasajo, aunque es grande. Ya que gustáis, que con Laura vea las fiestas, esposo, he de estrenar una gala, que a mi mano bordé, y solo una guarnición la falta. Qué es? . Ser de vuestro gusto, que sin él no quiero nada. Para que a mí me contente, el que a ti te agrade basta. De que tanto se componga vive recelosa el alma, y a decirla no me atrevo, que esta vanidad me cansa de sus vestidos, porque es de tan cándidas entrañas, que piensa que me da gusto con los bordados que traza, y cada gala que estrena, el pecho me sobresalta, y es efecto de mi amor, que más cela quien más ama. Vamos, esposo querido. Vamos, mi Celia adorada. Qué agrado! . Qué gallardía! Qué fineza! . Qué constancia! nunca te vi más hermosa. El mirarme tú lo causa. Al paso que está más bella, crecen mis celosas ansias: qué haré para echar del pecho estos celos que me abrasan? Qué dices? . Que te idolatro Dejadme, memorias vanas, . que Celia es cielo, y los celos son sombras, y no le manchan. . Qué te parece, Florilla? Que los dos iguales se aman: Malón, qué fiestas son estas? Son de torneos, y lanzas. Una plaza de madera, con tres altos de ventanas, dicen que han hecho. . Es verdad Y lo has visto tú? . No, hermana Por qué? Porque los Pasantes vemos muy tarde la plaza. Qué has de ver tú, si tus letts no son letras aceptadas, y solo sabes los Baldos cuando al hombre juegas. . Calla, que te diré, aunque te escueza, que eres fregona letrada, pues entiendes los digestos. Cuándo, Melón? Cuando vacías. Dame, señor, vuestra mano. Octavio, que el Cielo te hizo tan obediente a tu padre, ove le que determino. Ya sabes, que son los bandos::- Claudianos contra Fulginos. Y que están contra nosotros::- Los Fulginos ofendidos. Por la muerte de Gerardo. Su desdicha la previno. Que era querido del Daque. Y su deudo más propinquo. Que prenderte ha procurado. Es verdad, mas no ha podido. Que juntándose las causas, su Asasor::- . Es mi enemigo Don Diego de Tude: dio sentencia, de que un cuchillo pase cruel mi garganta, y que me han llamado a edictos, como si a aquestos banquetes hubiera alguno venido hasta ahora: y sé también, que al Letrado por lo escrito, le tengo de dar la muerte. Pues todo esto sabes, hijo, escucha lo que no sabes; tu vida está en gran peligro. Cómo, señor? . En un pliego me han enviado un aviso, que uno de los compañeros, que en el monte están contigo, te ha de entregar, porque el Duque esta cautela previno, para poder conseguir su venganza, y tu castigo. Y pues has visto que nunca te he aconsejado, hijo mío, que aquestos bandos prosigas, despechado, y vengativo: Sabe el Cielo, que deseo verte en paz, que mi designio de permitirte en el monte, no por la venganza ha sido, ni por odio que yo tenga, (que en mi edad fuera delito no olvidar ya, perdonando rencores envejecidos) sino por juzgar que estabas del Doque más ofendido, y de mi amor más cercano: mas ya importa, que de sitio mudes, para asegurarte de este presente peligro, hasta que pueda del Duque alcanzar yo con suspiros, que vea con más piedad tus causas, que como ha sido el Juez de todas Don Diego, y está tan bien admirido su parecer, que en Italia le llaman nuevo prodigio de las Leyes, que aunque es mozo, fue en Bolonia el más lucido Catedrático, que hasta hoy en estos tiempos se ha visto. Y como tanto supone, ponderando tus delitos, le ha encargado la conciencia al Daque sobre el castigo, tanto, que tu muerte temo. Es poderoso enemigo, yo no podré defenderte, logremos, pues, este aviso: muda de terreno, y mira de quien te fías, que amigo no has de tener como un padre; que aunque viejo, si contigo me hallara yo en la ocasión de prenderte, fuego vivo sacara de aquesta nieve, y Etna en llamas convertido, rayos de acero arrojara contra quien:: mas nada digo. Arrebáteme enojado como padre; ven conmigo, Julio, traerás el dinero para que lleve mi hijo; y tú al camino me espera, e . Octavio Qué bravos bríos tiene el viejo! . Aquí te espero: ven, Julio, que hoy determino ver las fiestas de Espoleto, y así los dos prevenidos, en cumpliendo con mi padre, hemos de volver. Qué has dicho? Callar, que aquesto ha de ser. No doy por mi vida un piro. . Señor Octavio Claudiano, conoceisme? . Federico Fulgino fue vuestro hermano, y el mayor amigo mío, señora Teodora. . Pues me excusáis el referiros pasadas obligaciones, y me salís al camino con la amistad de mi hermano, ya seguro el beneficio tengo, que de vos pretendo. Decid en qué he de serviros, que en mandar más tardaréis, que yo en obedecer fino. Si vierais en un empeño de amor a mi hermano vivo, no os pusierais de su parte? Y tan leal, que por mío tomara siempre su agravio. Pues sabed, no halla camino la voz ahogada en el llanto, para decir, que atrevido Don Diego de Tude, entrando dentro de mi cuarto mismo la noche de San Juan, dueño tirano de mi amor se hizo, y negándome esta deuda, porque no hubo más testigos, que el Cielo, y la sombra oscura, vive casado a su arbitrio con Celia. . Extraño caso! Quién creerá, que del delito . de que yo soy reo, venga a mi Teodora Fulgino a decirme, que la vengue contra Don Diego? Preciso será el negar que fui yo, el que la noche que ha dicho, la tiranicé el honor, entrando por un postigo del jardín, porque buscando al Letrado mi enemigo, para darle muerte, oí, que a una criada previno dejase en falso la puerta, y suspendiendo el castigo por entonces, me arrojé a hacer crimen tan indigno, pues violenté la clausura de la hermana de mi amigo, que a saber que era Teodora, no le hubiera cometido: Mas ya que el yerro está hecho, puesto que él la causa ha sido, le he de dar cruel la muerte, pues con eso vengativo satisfago dos agravios, el de Teodora, y el mío. Señora, a mi cargo tomo la venganza, y el castigo de tan infame osadía: dejad llantos, y suspiros, y haced cuenta que en mi vive vuestro hermano Federico: su brazo tenéis presente, hoy morirá el fementido, que despreció vuestra sangre. Si esa venganza consigo, vuestro es el ser de esta esclava, con el corazón rendido a vuestro valor. Tu padre. Id con Dios, que ya el aviso os publicará en su muerte, Teodora, que os he servido. El Cielo os dé vida, Octavio, que con eso el pecho mío, cuanto hoy padece irritado, descansará vengativo. Octavio, en el monte Alberne has de vivir escondido mientras este rigor pasa. Vamos, señor. . Buen arbitio ha sido enviarle a un monte, donde estuvo San Francisco, a un Vandolero. . Ya Julio, cuanto dinero he podido juntar, lleva. . Si señor, y todo va en dobloncitos. Ya sabes lo que has de hacer. De todo voy advertido. No lo errará por cobarde, ni por necio. . Vamos, hijo. Dame otra vez a besar tu mano: qué dices? . Digo solo, que Dios te haga bueno, y te incline a su servicio: Mas el Daque sale, aquí te retira. . Bien has dicho. 1. Bien, gran señor, publican los torneos, de vuestro brazo altivo los trofeos, pues el dichoso día celebra toda Umbría, de la victoria, y triunfo, que has ganado contra los enemigos del Estado de la Iglesia. De Dios solo es la gloria, Dios solo vence, suya es la victoria. Carras tengo del Papa, en que me envía su Beatirud las gracias de aquel día, que vencí los Infieles Escuadrones, la Iglesia baralló con Oraciones; y así, todos decid con voz festiva, viva la Iglesia Santa. Viva, viva. Desde aquí podemos ver, Julio, los que a tornear entran. . Sí, tan singular fiesta no era de perder: más hermosa está la Aurora, que otros días, este día. La belicosa armonía, aires y Cielo enamora. Desde aquí las invenciones puedes ver, si no has de entrar: solo hallo en el tornear reverencias, y encontrones. . Qué galán entra el Caballero Ardenio! negras las armas, y las calzas blancas, un diluvio de nieve, un monte Armenio lleva en las plumas, y divisas francas. Oh como sutilizas el ingenio, Amor, que el Cielo de su Polo arrancas, para escribir asuntos peregrinos en letras, en empresas, y en padrinos! Qué bizarro que ha entrado Lucidoro! no pintan más soberbio a Rodamonte; delante lleva el Sol, y el carto de oro, que fue glorioso incendio de Faetonte: el Pez, el Aries, el León, y el Toro muestra abrasados el celeste monte, las plumas trata el aire como espumas, si bajas aguas, si encrespadas plumas. A Rugero parece Felisardo, la fortuna del Mar sobre una bola, doradas armas, tonélete pardo, vivo diamante de escárcela gola: No menos entra Cloridan gallardo, con la pica de manga que enárbola, a cuya punta, que el penacho mira, pluma a pluma a las del aire aspira. Un verde monte Ferdinando lleva, imiración parece del Caucaso: Sísifo viene en él, y en él se ceba una Águila voraz, que dice el caso: con este enigma el pensamiento prueba, ya la tela marcial acerca el paso. Mas qué voces son estas, santo Cielo! todo un tablado se derriba al suelo. Válgame Dios, qué extraña desventura! poca gente se libra, alguna ha muerto. Oh mal logrados años! o hermosura, que en la del Cielo vino a tomar puerto! Celia, qué afán! quitadle la apretura: Ay Celia mía! si tu fin es cierto, no cumpliré con el amor de esposo, si no muero de este hado rigoroso: esposo dije yo, tu amante, amores. Vida de esta alma, dulce prenda mía, partiose ya la tuya (qué rigores!) que no esperes, mi bien, mi compañía! 1. En tal desdicha, aunque la sangrello- tienes disculpa. Apárrate, desvía, deja que entre en mi pecho el alma bella, y morireme yo por mí, y por ella. Desnudala de presto, que apretada no puede respirar. . Malditas sean las galas: rompe, corta. 1. Estoy turbada. 2. Ya es muerta, en vano lágrimas se Ay de mí! dame::- (emplean. 1. Tente. . Aquesa espada, porque sus ojos lo que siento vean, que aún no debe la muerte declatarlos de miedo, que le mate con mirarlos. 1. Extraño caso! 2. Cómo? 1. Todo el pecho la cubre un gran cilicio, que hades hecho aquesta Cruz de hierro con mil puntas su tierna carne con sangrientas juntas. Ya quedarás, Don Diego, satisfecho, si por sus ricas galas me preguntas, de que pudo enseñar, cubierta de ellas, pureza con tal vida a las Estrellas. Es posible, que aquesta Cruz de hierro, y ese cilicio cubren seda, y oro! ya conozco, mi Celia, lo que yerro, si el yerro de mis celos no le lloro. Aquí, Divina Cruz, mi yerro encierro, porque enriquezca el alma este tesoro, porver si el mármol de mi pecho mueve, hierro que lástimó tu blanca nieve. 2. Llevémosla de aquí, porque no es justo conmover la Ciudad: Vos a Don Diego consolaréis. 1. Qué mármol tan robusto tendrá, viendo sus lágrimas, sosiego? No sé como acompañe su disgusto, que ya mi llanto, convertido en fuego, me abrasa, y me consume. Cielo Santo, piedad, si os mueven mis desdichas tanto. 1. Qué es aquesto, Melón? De esas paredes de tablas de ese ciego laberinto, medio muerto he salido. 1. Ya aquí excedes en dicha a un Ángel, bien de ti distinto: que muera Celia, y tú con vida quedes! qué término del Cielo tan sucinto! Mi señora murió? 1. Melón, ya es muerta, de esos trágicos árboles cubierta, descubriéndola aquí los blancos pechos, un cilicio la hallaron, que cubría la rica tela, y parecían hechos deshojado clavel en nieve fría: quedaron nuestros ojos satisfechos de que toda la gala, y bizarría era para agradar a su marido, y adiós el pecho de rigor vestido. Ah, bien sabe Dios, con qué ventajas a mi ama llevó que si yo fuera, en el pecho me hallaran dos barajas, con más flores, que alguna primaveta! halláranme rubies de tinajas, cilicios de algodon, puntas de cera: vayan, vayan los Ángeles al Cielo, hagan los malos penitencia, y duelo. Mas dónde está mi amo? 1. Transformado, y hecho con el llanto un mar, un río, en una Cruz su afecto arrebatado, en su casa está allí. Ah señor mío, Melón, de las tormentas de un tablado, que a más de dos suelen quitar el brío, viene a llotar contigo; él no responde: sabes tú dónde está? Dios sabe donde. Alma de mi muerta vida, que sin vida me dejaste, y de mi amor te vengaste, de mis celos ofendida; si no es justo que te pida de mi locura perdón, tan alta satisfacción de mis engaños verás, que en el Cielo donde estás tengas de mi compasión. El ejemplo que me diste (ay Celia!) en tan tiernos años, me ha dejado desengaños, que siempre me tengan triste: Bien sé, que al Cielo te fuiste, la Cruz lo diga, mi bien, en que tus pechos se ven, ella la gloria te dio, pues con lo que Dios murió, murió tu vida también. Ya la traslado a mi pecho, a quien tal ejemplo das, y no saldrá de él jamás, hasta que en tierra deshecho pueda quedar satisfecho, de que por ti se salvó en la tabla que me dio la tormenta en que me vi, para que me lleve a mí por donde a ti te llevo. Llamad mil pobres aquí. Qué intentas? . Dar sin compás cuantas prendas adquirí, pues que mi prenda perdí, ya no quiero las demás. Qué has de hacer, saber espero. Solo huir del mundo quiero, la hacienda es carga que embarga, y intento dejar la carga para correr más ligero. 1. Extraña resolución! Mi amo ha perdido el seso, él la amaba con exceso. No llamáis pobres? No son sordos, que ya de carrera vienen del manco al tullido, como el entierro han olido, como moscas a la cera. Seáis, hijos, bienvenidos, que toda mi hacienda tengo de repartir entre todos. 1. Ah qué noble Caballero! Tomad aquestas cucharas. 1. Dios le dé vida, ya llevo para aloja de danzantes. Yo aquí soy pobre primero, señor, que soy tu criado: señores pobres, protesto, que aquesta limosna es nula, que está loco. . Aparta, necio. 2. A mí, señor. 3. Señor mío, a mí, que en la cama tengo mi padre, y madre. 2. Señor, mire este brazo, este pecho. 3. Esta pierna. . Poco a poco, hijos míos, que no puedo dar a todos con tal priesa; tomad vos, y vos, buen viejo. 4. Ah qué Caballero noble! candelero, candelero, plegue a Dios, que al Cielo vayas, y sea, pues das todo esto, día de la Candelaria. Yo le probaré al Platero donde lo vendan, que es loco quien lo ha dado, porque tengo un lugar con que probarlo, contra los platos trincheros de Platón. . Adiós, hijos de mi alma. 2. El Cielo le dé sus bienes, amén. Por los bienes eternos dejo yo los temporales. 3. Ah qué valeroso ingenio, pues lo que ha ganado en letras lo llevamos en dinero. Señor, qué es lo que hacer quieres? Vete, loco. Cepos quedos. Adiós, libros, leyes, ciencias, pleitos, estudios, favores, agentes, procuradores, cautelas, y diferencias, pasiones, plumas, sentencias, que como ya me contemplo del desengaño en el templo, verá el mundo a quien seguí, qué desprecio causa en mí la fuerza de tal ejemplo. Ya más ley no he de saber, que la de mi salvación, pues desde hoy otro he de ser; aquí al Cielo pienso hacer la postrera petición. . Muy poderoso Señor, Diego de Tude, en el pleito, que tres Fiscales del Crimen, y mi conciencia me han puesto; ante vuestra Alteza, en grado de suplicación parezco, como en Tribunal piadoso, desde Tribunal severo: Y digo, que vuestra Alteza me ha de absolver, deponiendo de mi infelice destino el perjudicial decreto. Así lo pido, Señor, por lo general primero, y lo demás favorable, que tengo aquí por expreso. Lo otro, porque penitente, y arrepentido protesto, si hubo cuerpo de delito, el daros deshecho el cuerpo. Lo otro, porque digo a voces mi culpa, y así no puedo condenarme en Tribunal donde absuelven al confeso. Lo otro, porque las hojas de este fructifero Leño, se escribieron favorables los méritos del proceso. Lo otro, porque si salido deudor soy al Fisco vuestro, bien pienso que os satisfago, si os pago con lo que os debo. Y porque por mi moristeis, y fuera inútil remedio padecer el inocente, sino se librara el reo. Lo otro, porque el desengaño para el recurso, que intento, con una enmienda ha ganado la mejora del Consejo. Lo otro, porque por mi parte aseguro, si estoy preso, facilitando solturas, no romper los Mandamientos. Lo otro, que si de gracia perdí los Autos, aún tengo de una Fe, que me entregasteis, muy vivo el conocimiento. Y porque sobre esta Fe catorce Artículos previos, que formasteis, han tenido debido pronunciamiento. Lo otro, porque en el juicio general, al lado vuestro me he de poner, en la forma que haya lugar de derecho. Lo otro, porque en vuestra Madre tan buena Abogada tengo, que en su piedad me aseguro, que no quedaré indefenso. Por lo cual, pido, y suplico a este Tribunal Supremo, que determine según, y como pedido llevo. Y que esta causa reciba a prueba de mis afectos, por término de mi vida; Pido justicia, y para ello. erataa tra taa trae

JORNADA SEGUNDA

jornada seGUNDA Gran señor, en la piedad de vuestra grandeza vengo asegurado, a pediros un favor. . Alzad del suelo. Yo nada vengo a pediros, que solo vengo a traeros. Qué me traes? . La noticia de todo lo que hay de nuevo, que os importa más que a mí. Hable Alejandro primero. La clemencia, gran señor, que en los generosos pechos es tan natural, que cuantos alcanzaron nombre eterno, les coronó de laureles lo piadoso, no lo recto; porque la flaqueza humana interesada en el premio, a la piedad vende aplausos, que aún el poder tan inmenso de Dios se descuella más en este atributo, haciendo alarde de su grandeza en lo compasivo, y tierno. Esto supuesto, y que vos tantos blasones supremos imitar sabéis, usad de clemencia con el reo. Mi hijo Octavio, señor, en el campo cuerpo a cuerpo dio muerte a Éntico, es verdad, siendo la causa un incendio de aquel rencor heredado, que siempre entre si tuvieron Fulginos, y Claudianos, de cuyos bandos opuestos corrió el Tiber sangre, y nunca de estas venganzas, y encuentros quiso juzgar la justicia las causas reconociendo que unos de otros son castigo, que en rencor, y saña envueltos los delitos que cometen, se castigan ellos mismos. Desterrado vive Octavio, temiendo el rigor severo de vuestro enojo; imitad adiós, perdonad el yerro de su ceguedad; y ahora, que levanta vuestro esfuerzo gente por orden del Papa contra ese monstruo soberbio de la heregia, llevad alistado entre los vuestros a Octavio: sirva en la guerra, su castigo remitiendo a los peligros de Marte: ponedle en el primer riesgo, a donde pague su vida atrevidos desaciertos; que mejor es de una bala morir al rigor violento, que padecer con infamia un público vituperio. Esto, como a dueño, os pido, esto, como a noble, os ruego, advirtiendo, que en campaña serví a vuestro padre siendo el más fiel de sus Caudillos, a quien debió algún trofeo; porque de vos diga el mundo, vuestro valor conociendo, que heredáis con la grandeza también agradecimientos. Ya sé, Alejandro, lo mucho, que os debió mi padre, y tengo, por Dios, por vos, y por mí, gana de favoreceros; mas como hay parte, es preciso dar a la materia un medio. Yo lo miraré de espacio. Humilde la planta os beso. Las travesuras de Octavio, osadías, y desprecios, no han merecido mi gracia. Es verdad, yo lo confieso; pero tened entendido, gran señor, que ha sido menos de lo que pública el vulgo. De sus causas el proceso a muerte lo ha condenado. Ah sido injusto. . Don Diego de Tude, que es en Italia el más singular sujeto, le sentenció. . Pudo haber pasión en él. . Es Juez recto. Ah señor, cómo se engaña tal vez el humano ingenio! Veis el que tanto alabáis? pues, señor, loco se ha vuelto; quizá de Dios fue castigo, pues con el mismo instrumento, que quiso ofender mi honor, él se ha ofendido a sí mismo; que nadie puede entender lo que son juicios del Cielo. Alexandro, qué decís? loco está Don Diego? Es cierto. Así lo estuvieras tú: testigo yo, que a eso vengo, pues viendo que por él vacan las agencias de tus pleitos, quisiera tenerlas yo, que me tocan por derecho, pues fui su Pasante, y sé de memoria los Donelos, Ángelos, Baldos, Felinos, Vojatos, y Solicetos, Aretinos, y jasones, Dianas, Paulos, Tiraquelos, Pichardos, Bembos, Remigios, Glaucos, Bártulos, Rugerios, Cimbrios, Lombardos, y Godos, Alemanes, y Tudescos, que de aquestos, como sarna, se me han pegado los rextos. Bien sabes los nombres. . Oh! soy famoso Polianteo. Loco está Don Diego? . Y tanto, que no gasta otro sustento, sino acedías silvestres, como los Padres del Yermo; y preguntándole yo, por qué de aqueste alimento usaba? me respondió: para ser inmortal, quiero darme un verde de acedías, que es, amigo, el primer pienso, porque un plato de hacerdías para vivir mucho es bueno. Ayer se puso una albarda delante de todo el Pueblo, rogando que le cargasen, que él era el bruto, el jumento de Nabucodonosor, descendiente por su abuelo de la Butra de Balán; toda su hacienda, y dinero ha repartido en limosnas al que llegaba primero; hasta la propia camisa ha dado a pobres, diciendo, que solo por no tratar con lavanderas, lo ha hecho; hace, y dice mil locuras, mezclando con raro genio lo burlesco con lo grave, lo loco con lo discreto. De qué nació su delirio? Desde aquel fatal suceso de Celia su esposa; y tanta es su pasión, y tormento, que en nombrándole a su Celia se enfurece con extremo. Caso extraño! Guarda el loco, guarda el loco. . Qué es aquello? Señor, unos Estudiantes vienen siguiendo a Don Diego. Diles que entren con él. . Ya sin avisarlos lo han hecho. Llegad, muchachos, tiradme piedras, que yo las merezco, pues me han dado calabazas en el examen postrero los tres examinadores, solo porque erré los tiempos de preteriro, y futuro, y ahora intento de nuevo repasar las oraciones, hasta conocer el Verbo. Qué rara desdicha! Italia pierde en él un gran sujeto. 1. Mirad que el Duque está aquí. Pues qué tenemos con eso? vuesamerced, señor Duque, busque orro Lerrado nuevo, que trate de sus negocios, porque yo rengo orro pleito que defender de un amigo, que me ha de valer un Reino. Y cuánto os da de salario? Mas de lo que yo merezco. Cuánto? No puedo decirlo, que me ha encargado el secreto, porque todo cuanto da lo quiere hacer Sacramento. Cuerdo parece, y no loco. Él disparará bien presto; dile algo más, y verás. Partirme intento a Viterbo, y quisiera que entre ranto gobernaseis este Pueblo. Para ser Corregidor he de ser Fraile primero. Dice muy bien. Claro está que digo bien, majadero: el que es Fraile no es su oficio el de corregir los yerros? luego es solo el que predica Corregidor verdadero. Quieres venirte conmigo a meterte en el Convento del Seráfico Francisco? Y quién soy yo? No eres Hector, hijo de Orlando furioso, y padre de Polifemo? Que en fin, señor, no concca a Melón? . Melón de Invierto yo te conocí pepino. Tú qué eras entonces? . Hieno hijo el más vil de la tierra. Pues por qué? Porque me hicieron ser en el campo del mundo los digestos, indigesto. 1. Señor Doctor, es verdad que hechizos le han dado? Es cierto. Ahora sabréis, muchachos, que es el amor hechicero. 1. Luego hay arte de encantar? Si no le hubiera, el Detecho no nos le prohibiera, pues habla de ella por extenso. En el Levítico, Dios, por inviolable precepto, que no la ejerciten manda, pena de muerte: lo mismo el Derecho Civil quiere por justa ley, lege Nemo, códice de maleficiis; y del Canónico texto consta también, cuastio quinta, confirmándola el ejemplo del Psalmo cincuenta y siete, donde explica con misterio, que el áspid cierra el oído al mágico encantamiento de las palabras: David lo declara. San Matheo, hablando de los prodigios, que obraron en varios tiempos los malos Profetas, dice, que de arte mágica fueron procedidos los que el mundo pudo admitar por portentos. 1. Hay mágica, sin que tenga por sus ocultos efectos substancia espiritual? La natural no lo niego. Leed a San Agustín en Ciudad de Dios, a Alberto, a San Gerónimo, y Plinio. 2. Luego según esto, es cierto que hay dos mágicas? No hay duda, toda la de ese argumento Santo Tomás lo declara bien en el libro tercero de contra gentes. Dejadme, yo soy acaso estafermo para resistit las lanzas, que en mí quebráis tan sin freno? Hola, Soldados amigos, dadme la celada, y peto, que salir quiero en campaña a batallar cuerpo a cuerpo con estos preguntadores. Venga el escudo de acero; pero no, mejor será salir desnudo, supuesto, que las que estos mozos tiran son todas cañas de viento. 1. Los hechizos, que confiesas te ha dado Amor, procedieron de tu mujer, o tu Dama? Hombre, qué has dicho, qué has hecho, que me has herido en el alma con esa memoria? Cielos, favor, favor, que me abrasa la humana Troya del pecho: Por los altos capiteles de mis locos pensamientos sube la llama a turbar la cumbre, el dorado techo de la paz, que dulcemente dormía en templado sueño. Fuego, fuego, a fuego toquen mis sentidos, y al tormento, que es la campana mayor, despierte el mudo silencio en que estaba suspendida la voz de mis sentimientos. Celia mía, Celia: O pese a la flojedad de mi aliento! Una memoria me vence, no cese, no amaine el fuego, arda, y consuma de suerte lo material, y terreno, que solo quede el olvido, en cuyo sagrado templo sacrifique el desengaño el roto, el naufrago leño, transformando los humanos en los divinos afectos. Agua, señor, de los ojos lluevan diluvios. . Tenedlo. 1. Tente. 2. Espera. . No te vayas. No me voy, que antes pretendo alcanzar de aquella Garza el veloz curso ligero, que altanera se remonta, rayo de pluma, al incendio del Sol, y alado cometa, por el piélago del viento, parece que en las estrellas solicita nido eterno. Válgate Dios, como subes burlando el Sacre soberbio, que con cautelas, e industrias quiso embarazarte el vuelo. No eres Garza, sino Fénix, que en los colores diversos de tus plumas, teconozco lo extraño de tus afectos. Lo blanco tu paz pública, lo amatillo mi tormento, lo encarnado tu victoria, lo azul celeste mis celos; fuego, fuego, que me abraso. Qué te ha dado? Yo me entiendo. Qué parase en tal desdicha un tan singular ingenio! es menester recogerle. Quién os mete a vos en eso? Huid todos de mi furia, dejadme solo, que quiero estudiar una lección, que de oposición espero leer mañana en las Escuelas. El ir a oíros prometo. 1. Pues mire, señor Doctor, que prevenida tendremos toda la Universidad. Pues digo que soy contento: avisad a los muchachos, que mañana vengan llenos de naranjas, que me tiren, tronchos, verenjenas, petos, con todas las más legumbres, que sirven de menosprecio. Y si los tiros te enojan? Pues por eso les prevengo que traigan naranjas, que para la cólera es bueno. Dise bien, lo anaranjado es color que agrada al Pueblo. Oh gloria humana del mundo! humo, polvo, sombra, y viento; aqueste ha de ser mi tema: dejadme solo, que quieto estudiar aqueste punto, que aunque es tan claro, y cierto, el más agudo lo ignora, y le conoce el más ciego: idos todos, despejad, que tengo que ver un pleito. El furor le ha comenzado. 1. Mejor es que le dejemos. Grande locura es la suya, pero con ella da ejemplo. Nunca con lo que habla, y dic me ha parecido tan cuerdo. . Divino Señor, por quien tengo aqueste ser que os debo, por quien logro aliento nuevo, vivo, y respiro también, veisme aquí loco por vos, solo para despreciarme, dadme Vos para humillarme valor, y esfuerzo, mi Dios. Ya salgo públicamente a donde estimado fui, porque se burle de mí, y tenga en poco la gente. Los que ayer me han estimado, hoy que me desprecien quiero, porque en vuestra casa espero ser por loco vuestro honrado. Los Príncipes en el suelo por grandeza tienen locos, y entre los cuerdos, no pocos, tenedlos vos, Rey del Cielo. Vuestro Francisco nació en esta tierra, y así comienzo a ser vuestro; aquí he nacido también yo. En el ultraje, y desprecio pienso a Francisco imitar, para dejarme afrentar del vulgo ignorante, y necio. Llamó Bienaventurado David, al que se halla lejos de entrar en malos consejos, y nunca se vio sentado. En la Catedra del mal, si Catedrático fui, si malos consejos di, no haciendo justicia igual, ahora con esta afrenta, en Catedra de humildad, leer desprecio, y verdad un loco fingido intenta. Hoy veréis con qué desprecio, por las calles afrentado, el ser del mundo ultrajado busco, solícito, y precio. Loco soy por Dios, muchachos: ea, qué hacéis? qué miráis? parece que preguntáis, que quién me dio los despachos? la humildad me los firmó: Ea, al loco enamorado de Dios, tirad, al Letrado, que las leyes no entendió: que el hombre, que en su fortuna, rudo, sabio, humilde, o Rey, no guardó de Dios la Ley, no supo entender ninguna. . Ya veo, noble Teodora, que para vengar tus iras en aquel ingrato amante, de quien te hallas ofendida, te valiste de mi brazo, y que yo de la ignominia en que tu honor zozobraba, dije que te libraría, dando la muerte a Don Diego, y al tiempo, que a intentar iba la acción, para desempeño de tu venganza, aquel día sucedió el fatal fracaso de Celia, cuya desdicha pudo embarazar mi intento; porque entonces me retira ver el Pueblo alborotado, y también de la justicia el temor, que vigilante mi castigo solicita. Hágome otra vez al monte, y al ver que el Duque se irrita, por consejos de Don Diego, de las travesuras mías, y que este Letrado injusto, Fiscal de mis osadías, descompone mi fortuna; vengo a la Ciudad de Umbría determinado a matarle, cuya empresa conseguida, el triunfo nos asegura de tu venganza, y la mía, Y cuando no me obligara tanta ofensa repetida, bastaba que se valiese de mi amparo tu porfía, para vengar el agravio de una mujer ofendida. Véngueme yo, y luego el Daque use de su tiranía, que yo no lo he menester: nobles tengo que me sigan; la Justicia me respeta por mi sangre; la familia de los nobles Claudianos, cuya estirpe me acredita, me asegura poderosa, por cómplice en mi desdicha: con que puedo a todas horas salir, y entrar en Umbría, sin recelar ningún riesgo, que este seguro me obliga a ejecutar vengativo todo el rigor de mis iras. Obligada a la fineza, noble Octavio, que en ti mira mi cuidado, reconozco lo que debo a la hidalguía de tu aliento; bienque espero deberte más cada día, y variando los afectos de la venganza a que aspiras, por mi intentada algún tiempo, y en ti ahora ejecutiva, te ruego que la suspendas. Qué razón a eso te obliga? Saber que el juicio ha perdido mi enemigo, y que sería tomar venganza de un loco, crueldad, cuando ser podría volver en su acuerdo, y darme la mano de esposo: es hija de esta piedad mi esperanza, y no extrañes, no, que viva entre esperanza, y piedad, que quien no tiene otra dicha, con la esperanza se alegra, y con la piedad se alivia; que es por si tan noble afecto la piedad, que compasiva no se acuerda del delito, por ser a Dios parecida. Engañada estás, Teodora, que esa locura es fingida, por no pagar a tu honor la deuda reconocida, o quizá se finge loco con cautelosa malicia, recelando mi venganza, para asegurar su vida. Mucho más cabe en la industria de un pecho doble; sería cuerda acción examinarlo. Deja a mi cargo ese enigma, que si alcanzo lo contrario, tú quedarás bien aprisa satisfecha de tu agravio. Si no me engaña la vista, hacia esta parte se acerca. Hay quién quiera que le sirva de balde un humilde esclavo? pues a fe, que la esportilla me la dio cierta persona, que mucho la paja estima. Cielos, con Teodora he dado, que en su engañada porfía me persigue, y con Octavio, que ofenderme solicira, porque he juzgado sus Causas con rectitud, y justicia, que esta de los delincuentes siempre ha sido aborrecida. Si se resiste al amago de este puñal, cosa es fija, que es fingida su locura. De aquesta suerte en tu vida, villano, satisfará mi ofensa. . De plata fina parece aqueste instrumento; dejadme que me le ciña, o clavamele en el pecho, porque para mi sería gran gusto el campar con él, como martir de la China. Con él penetrarle intento el corazón. . Cosa linda! No se resiste al amago, sin duda este hombre delira: he de ver lo que a Teodora le responde. . De la antigua obligación que me debes, salgo, Don Diego, movida a buscarte por las calles, pensando que cada día has de volver en tu acuerdo, porque tu mano consiga. Señor, este testimonio vuestro Tribunal reciba en descuento de mis culpas, lluevan sobre mi desdichas. Si acaso, por no cumplirme la palabra prometida, te finges loco, mi llanto te obligue, si no te obliga la razón, que injustamente contra mi decoro olvidas. Ya sé, que de tu cuidado he vivido aborrecida, pues burlando mi esperanza, contra las leyes divinas, vencido de otra hermosura, menospreciaste la mía. Ya falró la que adorabas en una infausta ruina, que quizá fue de los Cielos providencia prevenida, para qué abrieses los ojos a la verdad, que benigua su piedad, al pecho ingrato a las desgracias avisa. Ya murió Celia. . Detente, no prosigas, no prosigas, que no ha muerto Celia, pues en mi memoria está viva. No la ves sobre aquel árbol, pompa del Abril florida, cogiendo el fruro glorioso de sus virtudes divinas? No la veis, no la veis todos de un verde Laurel ceñida, con una Cruz en el pecho, y llena de clavellinas, y otras flores? Mas qué mucho, que esté de flores vestida, pues siempre producen rosas del cilicio las espinas? Según eso, bien te acuerdas del que tu esposa traía. Las atmas que usan los buenos son cilicios, y vigilias, que no las podrán pasar mil piezas de Artilleria, aunque Luzbel las dispate del alquitrán de su envidia. Las galas con el cilicio no dicen bien. . Bien decían en Celia cilicio, y galas. Gran contradicción implican. No ímplica, estáis engañados, que quien al Cielo camina, es más seguto llevar las riquezas escondidas: o si no, mirad la tierta, que con varia lozanía, llena de flores, y galas en su juventud florida, brota el álamo gigante, verde penacho, en quien libra la majestad, y el imperio de su vanidad altiva, y el noble metal del oto, de la virtud copia viva, en sus entrañas le esconde, le recata, y le retira. La virtud que es verdadera, con apariencia festiva, entre galas, entre adotnos puede vivit escondida, obtando como la tierra, que da flores a la vista, y sabe guardat prudente lo más precioso en sus minas. Peot es con la tristeza imitar la hipoctesía, con roto traje adotnada, y con manchas deslucida, de cuyas lamparas son las cabezas las torcidas. De hipócritas no creáis, de quien un Sabio decía, que a libro de Metcader sus obras se parecían, en el principio Jesús, y por de dentro mentiras. Es menester, que advirtáis, que nunca en la edad antigua ne, se sacrificaba por ser una imagen viva del hipócrita, pues tiene esta ave, si bien se mira, la pluma como la nieve, la carne como la tinta. Sus lucidos intérbalos tienen mi acción suspendida. Si tan bien discurres, como por tu conciencia no miras, no restituyes, no pagas? Lo que a los pobres debía; se lo he dado ya. . Y a mí, qué intentas darme? . Una higa: toma, y mita no te cortes, porque tú no eres Casilda; yo sí que soy Peribañez con mi capa la pardilla. Haré yo con mis quererlas, que en una cárcel te opriman. Quién hay que no viva preso? qué más prisión que la vida? pues aún antes de nacer, en prisión el hombre habita, y así que nace, le espera de fajas prisión tegida, y en creciendo le condenan a rígida disciplina de la enseñanza; con que después que abre ya la vista al discurso, en las cadenas de Amor el alma cautiva, hasta que entre gloria, y pena llega a la primera línea de la edad perfecta, cuando comienza a sentir la esquiva variedad de la fortuna, prisionero entre sus dichas, zozobrando en los afanes de honor, riqueza, y codicia; cuando luego a breves pasos encarcelado se mita de los paños, que le impiden la planta, el gusto, la risa, y el pesado movimiento a un desnudo tronco arrima. Luego si es la vida humana una cárcel tepetida, qué importa que me prendáis, si la prisión es la misma? pues solo se diferencia en que es la de nuestra vida menos estrecha, y la otra más rigurosa, y sucinta. Vengan grillos, y cadenas, preudedle, prendedle aprisa, no se os huya el delincuente. Por qué la prisión codicias? Porque es bienaventurado el que inocente castigan. En decir que está inocente . de lo que contra él pública Teodora, la verdad dice, y no es loca su porfía, pues habiendo sido yo quien cometió la malicia, él niega bien, y así pienso, que esto es todo hipocresía: baldreme aquí de la industria. Que en fin, mi amor no te obliga? Qué aguardáis? no me prendéis? Hay quien quiera que le sirva de balde un humilde esclavo? Como a un oficio te aplicas tan bajo? . Por ser mayor. No veis la robusta encina, que porque al viento resiste, la desgaja, y la detriba, y a la caña, porque humilde la débil cabeza inclina, no imprime en ella su estrago? Estos hombres, que se alquilan para llevar cargas de otros, gozan más segura dicha: unos de otros nos llevamos las cargas, y no hay quien viva sin alguna servidumbre. Tu padre a llamarte envía, y muy bien sabes que gusta, que te recojas de día por los bandos, y porque no topes con la justicia. Aquestos pichones llevo, que pesan los dos dos libras, para que a la noche cenes en casa. . La suerte mía . me ofrece un seguro medio, con que mi intento consiga. Julio, a cierta diligencia he menester que me sigas. Estos pichones me estorban. Don Diego, favor me harías de llevármelos a casa, pues a servir te convidas? De buena gana lo haré, tu casa es tan conocida, que ninguno puede errarla. El Diegón es pieza rica, a todos sirve de gracia, y en él no se halla mentira. Venga, hermano, ese recado. El Cielo te lo reciba, . que me quitas un trabajo. Por qué Diegón te apellidan? Diegón me apellidan todos, y es, que como el Sol declina por la tarde, hace mayores las sombras: tarde a la línea del desengaño he llegado, siendo una sombra ilusiva de lo que he sido otro tiempo, y con la letra añadida han hecho mayor mi nombre los mismos que me aniquilan. Lleva eso al punto a mi casa. Yo te prometo ir aprisa, que aunque es sin hiel este plato, te ha de amargar su comida; si bien después hallarás en la amargura la dicha. Espera, detente, aguarda. No le detengas, que aprisa con mis agravios tu injuria quedará desvanecida, que esta es ficción cautelosa; y porque el vulgo no diga, que es dar a un loco la muerte acción de mi brazo indigna, le iré siguiendo a mi casa, que fue invención peregrina el temitirle a ella, cuando todo mi afán consistia en verme con él a solas. De la ponzoña escondida de su noble pecho, haré tan fiero estrago, que sirva la razón de su castigo, disculpa de mi osadía, que una secreta venganza secreto agravio confía. Escucha, Octavio, detente. No le detengas persiga a un loco, que con sus textos la reputación nos quita. Oh Celia! nunca nacietas, para mi fatal desdicha; mas ya que el Cielo permite, que sufra, y sienta ofendida, conforme con el silencio de mi fortuna enemiga, lloraré infeliz mis males, a un retiro reducida, a donde viviendo muera, y como muriendo viva. Hoy es el primero día, que doy principio a mi enredo, pues que sin tener principio de Gramática, me atrevo, por Lacayo de mi amo, a abogar a todo ruedo, que además de otras virtudes tengo un poco de despejo, que es gran parte en un Letrado, y con los libros que tengo de aquel Don Diego famoso (que tenga Dios en su seso) me acredito de hombre grande en los negocios, supuesto, que por el curso adquirido de verle informar en pleitos, de toda la faramalla le supe hurtar los modelos, que para comer también un zurdo tiene derecho. Si ha quedado en su lugar, no tendrá menos ingenio. Ya caen los negociantes. A informar vengo de un pleito a vuesa merced. . Yo sé, que volveréis satisfecho. Señor, primero que hable os servid (perdonad) de esto. No había necesidad; pero dicen los Madernos, que Literatus pagatus apertur majis ingenium, lege de ponenda olla, partafo habentes dineros. Señor, yo tengo unos prados, y montes de encinas llenos, cuya leña vale mucho. Muy bien, vayame diciendo. Al perro de un Labrador unos mozos de mi Pueblo en la punta de la cola un cobete le pusieron: el perro medio abrasado se fue a los campos huyendo a meter en un pajar, con que al pajar pegó fuego: La llama, pues, de las pajas fue poco a poco encendiendo los rastrojos de Blas Gil; y al pinar de Pedro Crespo, que es hijo de Juan Peinado, llegó el desdichado incendio, y quemó todo el pinar; de allí resultó, que el fuego fue andando de rama en rama. Muy bien, váyame diciendo. Se pasó a mis heredades un notable estrago haciendo, y me hallo damnificado: a quién he de poner pleito quifiera saber de vos. Muy bien váyame diciendo. Quién me ha de pagar los daños? Eso no está clato? el petro, porque es la materia prima; de canibus, cencerros habló Bártulo. . Qué dice? el perro? . No sino el dueño, sumitur parte pro toto; así lo lleva el Derecho, capite de incendiarius. Si el dueño del perro es muerto, quién lo ha de pagar? Los mozos. Y si a la guerra se fueron? Blas Gil. . Y si Blas Gil falta? Que lo pague Pedro Crespo. Y si es pobre? . Juan Peinado será punido proeo, que es materia apropincuata. Y si está sin culpa? . El Reo a quien llama este deliro viene a ser del can el dueño, carlanca primo oecupantís, que si no tuviera perro no sucediera fracaso; páguenlo sus herederos: usted se vaya, que yo tomo a mi cargo ese pleito. Divino ingenio: yo voy, señor Doctor, muy contento. . Ello un doblón me ha valido, pero las dos caras temo: a la miel de mis embustes verán como van cayendo, que esto, y mucho más sucede en el vulgo novelero. Ya escampa, otro se me llega. Sois vos el Doctor Don Diego? El Licenciado Melón, que por él abogo, y leo, soy; mandáis algo? . Señor, cierto pleirecillo tengo en que me dan pesadumbre. Para eso solo se hicieron. Señor, yo paso mi vida con un carro. . Carretero es el Sol, no os despreciéis de serlo. . No me desprecio: Diome un hombre en una jaula un Papagayo este Invierno para presentarle al Duque; pusele en el carro, y luego que nos obligó la noche al reposo, abrigo, y sueño, él se salió de la jaula, y se puso sobre el techo del carro donde se eló, y en fin, amaneció muerto: pídeme el hombre mil reales. Mil reales? el Fénix pienso, que no los vale. . Ah probado, que hablaba, no lo que vemos en los otros Papagayos; pero que si entendimiento tuviera, no era posible hablar con mayor concierto. Qué dinetillos traéis? Ocho reales. Mostrad. . Puedo servirle en cosas mayores? Responded, que miente el dueñ que si hablara el Papagayo, como él dice, que me hielo dijera encima del carro, abájame, Carretero; porque en oyéndole hablar vos le metierades dentro, con que probáis, que no hablaba, y que no vale ese precio: ley Papagayos, Monas, parrafo si Carretetus traginaverit cúm mulís la noche que facit velúm. Cierto, que el hombre es prodigo Queréis más? Guardeos el Cielo. . Solo está, buena ocasión: podré, señor, proponeros un pleito? No puedo ahora, porque me aguarda el Consejo Unos conejos traía. Tienen virtud los conejos para hacer parar a un Rey cuando va a esperar; Rugerio lo dice en el libro de Cuniculis, Podencus. Pues señor, yo soy Alcalde del Lugar de Valde. Fresnos, y sentenciar es preciso esta causa, estadme arento: Al pie de un alto Castillo estaba al Sol un buen viejo; y un mozo, que en las almeta cogiendo andaba vencejos, resvaló por su desgracia, y sobre el viejo cayendo, le maró, quedando él sano; un hijo del viejo muerto pide la muerte al tal mozo, y le hizo prender; en esto habiendo parre, a qué pena lenaréis vos al reo? Mandara, que le pusiesen al pie del Castillo, y luego, que el que le acusa se echase del Castillo sobre el Reo, y le matase también. No vi juicio más discreto: la sentencia es un asombro. Dios os guarde. . Y los conejos? Sois Lertado, y no sabéis, que se han de tomar primero? . Esta lección, vive Dios, os la ha enseñado el Digesto, lege prima adelantado, codice de perros muertos: si así me sucede todo, seré rico en breve tiempo. Paso entre paso he llegado a las Escuelas, y pienso, que el Duque, con otros muchos, sale de acompañamiento. 1. Señor, la Universidad obligada a la fineza con que Vuecelencia ha puesto el cuidado en defenderla, os da las gracias. . Dios quiso, que la prevenida guerra de Estudiantes, y Seglares, cesase con mi presencia, que como en esta Ciudad pretenden los hijos de ella ser a todos preferidos en las Carbedras fue buena industria templarlos yo, favoreciendo las Lertas. Octavio, señor, se puso de parte de las Escuelas, tras si arrastrando en su aplauso gran parte de la Nobleza. 2. Así es verdad, y merece, gran señor, que Vuecelencia mire con piedad su causa. Decidle, que se prevenga para la jornada, que hacer mi designio intenta a Viterbo, y que en volviendo victorioso de la guerra, con los Fulginos haré las amistades estrechas. Beso vuestra heroica planta, señor, por merced tan nueva. Yo pensaba que venías solamente a las Escuelas por ver a mi amo, y ver las locuras, y agudezas, que dirá, pues subir quiere a la Catedra. . 1. Gran fiesta tendremos con la oración, que quiere hacer. Sus respuestas dicen que son extremadas. 2. Buena función nos espera. Y es cierto que ha de venir? Y tan cierto, que ya llega. Qué os parece? vengo bueno con las plumas, y la cresta de gallo? Cantar un poco en mi muladar quisiera; más pienso que he de llorar, si el gallo quien soy me acuerda, que es despertador de pluma. Suba a la Catedra, y lea el señor Doctot. Si haré: todos os sentad, que empieza mi voz. Texto: Iu peccatís concepit me mater mea. 1. Mude de asunto el Doctor, que ese es Sermón, no Academia. Que habiendo de morit, haya quien pasatiempos emprenda, quien se alegre, quien se ría, quien busque fortuna buena, a ejemplo tan repetido, tan olvidada certeza! Oh engaño de los mortales! envejecida tiniebla del hombre: el saber salvarse es la ciencia verdadera: luego qué viene a saber quién este punto no acierta? Yo nada se, injustamente tuve esta Catedra: sea, Dios mío, el lugar que ocupo de mi ignorancia la enmienda. Ya sabemos que hoy no sabes, pero de ti solo esperan lo que puede dar un loco. Pues árgüidme. 1. No entiendas, que consiste en argüirte. Pues preguntadme problemas, que a todos responderé. 2. Notabuena. . Norabuena. Quién fue, pues presumes tanto, y con razón, de tu ciencia, el hombre más bien casado del mundo? Fue Adán, y Eva. Pues por qué? Porque jamás le pidio galas, ni de ella tuvo celos. . 1. Dice bien. Cuál fue la primera lengua? La de la primera boca. 2. Cuál fue la primer soberbia? En el Cielo la de un Ángel, y la de un hombre en la tierra. Cuál es, Don Diego, aquel árbol, que tiene la copa en tierra, y las raices arriba? El hombre. Cuál es la fiera más brava? . En el corazón la envidia; en las fuertes selvas el León; entre las flores el Áspid. . Y la fuerza mayor? . La necesidad. 1. Cuál es la cosa más bella? La paz. Con qué está mejor la República contenta? Con la abundancia. 2. Cuál es el más desdichado en ella? El que está más ocupado; y vive sin que lo sientan. Quién duerme en más blanda cama? Quién tiene mejor conciencia. Quién tiene más vida? Quién ni pretende, ni gobierna, porque solo tiene vida el que puede gozar de ella, Esclavos son los demás, aunque las prisiones tengan de diamantes, oto, y plata. 1. Cuál es la cosa más necia? Desobedecer al Rey. 2. Cuál es la mayor vergüenza! Huir, si se ha de saber. No es de loco la respuesta: Cuál tienes por la mayor razón de estado en la tierra? Hacer de los enemigos amigos. . Razón discreta! Cuál es la cosa más baja? Negar un hombre una deuda, y decir mal de su amigo, o hacerle en su casa ofensa. 1. Cuál es el mayor valor? El perdonar una afrenta, el que se pudo vengar, si por temor no lo deja. Cuál es la virtud que un Santo quiere encubrir sin que pueda? La humildad. Vitor Don Diego. De qué manera quisieras una mujer para propia? Ay mi Celia! ay Celia bella! alma de mi muerta vida, vida de mi gloria muerta: dejo la Catedra, y bajo al profundo de mis penas. La tarántela le ha dado en oyendo hablar de Celia. Dios mío, aqueste dolor os ofrezco en recompensa de mis delitos. . 1. Escucha. Cuantos están aquí mueran. No le repliquéis, dejadle con su porfía, y su tema, porque según imagino no vi Jocura más cuerda. . Al punto obedezco, pues mis pretendientes me esperan. . Gran parte de lo que has dicho en el alma llevo impresa. . Loco, o no loco, sospecho, que en él gran virtud se encierta. . Cómo sabré, Dios sagrado, decidme, Bondad inmensa, si os agrada este camino, que tómo de penitencia? Qué haces, Diego? otra vez vuelves a frecuentar las Escuelas? Sí, Niño, que el ignorante siempre es menester que aprenda; pero dejando esto aparte, diga vuestra Reverencia, acaso viene a picarme? No, pero vengo a que entiendas, que aunque es este buen camino, no es la verdadera senda de llegar a perfección. Altas palabras son esas, Frailécito de mis ojos. No sabes, que Dios revela siempre a los muy pequeñitos sus secretos? . Pues qué intentas? Enseñarte otro camino, que aunque es verdad que desprecias por Dios el mundo, al fin vives donde nadie te sujeta. Qué más grillos, que el desprecio de estas afrentas? . No aciertas; que no puede ningún hombre hacer cosa más perfecta, que sujetar sus pasiones a la voluntad ajena. Pues, bien mío, un instrumento aunque le falte una cuerda, suele sonar bien templado, porque las virtudes sueñan tanto, que aquella que falta, parece que está con ellas; yo puedo con libertad sufrir por Dios esta afrenta, sin que a la obediencia falte. Es voluntaria, y no llena, que hacen juntas las virtudes más dulce correspondencia; y en fin, tú no sabes tanto como Agustín. . Tente, espera, discreto Niño. . La Mar en vaso pequeño encierra. Pues quién eres? Quién se sirve de gente que le obedezca. . Dios mío, mi bien, mi vida, toda la que tengo es vuestra, no puedo esperar más dicha, pues vos me enseñáis la senda. tra tracialen e tratiaal eas cratas

JORNADA TERCERA

JORnada tercera Irritados asombros del abismo, que en la tiniebla oscura os dio el ertor eterna sepultura, desde que enamorado, de mi propia hermosura atrebatado, me opuse con soberbia, y pompa vana contra la Luz mayor, más sobetana, bajando despeñado desde la cumbre, que el Empíreo encierra, a los profundos senos de la tierra. Vosotros, comuneros de mi parcialidad, y los primetos que a envidias, a finezas, y suspitos poblasteis la campaña de zafiros, no permitáis que un mísero gusano, que ayer amó constante el siglo vano, idólatra de aplausos, y alegrías, conquiste las Celestes Jerarquías con mortificaciones, ayunos, penitencias, y oraciones. Ah pesia mi furor! que si consigue el Avito Claustral, que adora, y sigue; con virtudes, y ejemplos soberanos me ha de quitar el triunfo de las manos de los que ciegos siguen mis errores: aquí de mis venganzas, y rencores, No pise, no, el aprisco del Serafín humano de Francisco; sean sus centinelas mis máquinas, ardides, y cautelas, porque si estorbo que el Sayal no vista, será mío el trofeo, y la conquista: turben su celo extraño las sutiles ficciones de mi engaño. No te retires, aguarda. Yo, Octavio, no me retiro. He de ver si estorbar puedo que hablen los dos, porque miro en la plática de entrambos un daño, y desprecio mío, que aunque ignoro lo futuro, con agudos silogismos, por consecuencias rastreo de cualquier hombre el juicio. Eres tú el que llaman todos el humilde, el compasivo, el que sin paga ninguna sirves al pobre, al mendigo, y a cuantos te mandan algo? Y a ti también te he servido. Y a muerte me sentenciaste? Es verdad, juzgué la causa por lo que en ella hallé escrito. Caballeto, aunque jamás os he tratado, ni visto, por lo que al valor debéis de vuestra sangre, os suplico me permitáis que Diegon se venga ahora conmigo, que tengo un poco que hablarle. Yo no sé que sea estilo cortesano intentar eso, sin haber lance preciso de necesidad; y así, otra vez más advertido reparad, que es grosería interrumpir los principios de la plática a cualquiera. Asegurado en que fino os hice un gusto una noche, este corto beneficio os pedía, mas no importa. Qué fineza os he debido? Oíd a parte: Una noche que entrasteis por un postigo a lograr de una hermosura los favores, y catiños, os aseguré la espalda, reconociendo el designio de otro Galán, que venía a estórbaros el delito. Qué pudo obligaros? . Yo naturalmente me inclino a hombres facinerosos, libres, soberbios, y altivos, que con valor sueltan toda la rienda a sus apetitos, que no vive quien no goza la libertad a su arbitrio. Venid conmigo. . Quién sois? Un hombre, que vuestro amigo desea ser. . No es posible que ahora pueda seguiros. Dónde os hallaré después? En el Infierno: ha martirio! . ha furia! ha rabia! Hoy espero en aqueste sitio mismo. Qué no pueda estorbar yo, . con todos mis artificios, una inspiración, que el Cielo da al pecador más indigno! Oh poder de Dios inmenso! por qué rumbos escondidos de tu Omnipotencia amparas a un gusano vil, nacido de tierra, y polvo, ostentando en su defensa prodigios de piedad; y a mí, que soy desde mi infeliz principio la más noble inteligencia, que tuvo ese hermoso Empíreo, me precipitaste al fuego de la eternidad que habito! Ah mortales! qué ignorantes estáis del libre dominio que tenéis sobre mi engaño, pues siendo yo el más subido rasgo de ingenio, y cautela, me vence vuestro albedrío! De la burla que me has hecho, infiero que te ha movido el gran rencor que me tienes. Yo burla? . Un criado mío unas aves no te ha dado, para que al instante mismo a mi casa las llevases? Es verdad, mas también digo, que a tu casa las llevé. Sin duda erraste el camino. Es imposible el errarlo. Pues tú a mi casa no has ido. No la pude errar. Si erraste, supuesto que yo lo digo. Tú te engañas, porque en ella dejé los pichones vivos. Pues, dime, a dónde es mi casa? Mejor que vos lo he sabido, o si no, seguid mis pasos, y veréis si he errado el sitio de vuestra casa. . Curioso, Diego, tus pisadas sigo; mas ya veo que la erraste, pues al Templo de Francisco me llevas, viviendo yo en difetente distrito. Callad ahora, y veréis como es verdad lo que afitmo. Conocéis este sepulcro? Este es el entierro mío, que labtaron mis mayotes; pero la casa en que habito no es esta: extraña locuta! No lo tengáis por delirio, que esotra gozáis por hotas, y aquesta tenéis por siglos. Octavio, la sepultura es la casa verdadeta, que aquella pasa ligera, y esta eternidades dura: aquesta bóbeda oscura os previene fija entrada; luego yo no he ertado en nada, pues las aves atrojé, a donde tan cierto sé, que es vuestra eterna morada. Esta es la estancia más digna, que os da providente el Cielo, que por estar junto al suelo, seguta está de ruina: cada instante se avecina, sin que su constancia altete; luego de aquí bien se infiere, que pata vos se apercibe, pues el hombre solo vive a donde sabe que muere. Al que los techos dorados habita, y Palacios bellos, si al morir le arrojan de ellos, sin duda que son prestados: luego si han de ser dejados, y aquí vienen a parar, no era aquel vuestro solar, este sí, porque a mi ver, solo vuestro viene a ser lo que no se ha de dejar. Sea, Octavio esta memoria aviso que te despierte, que en esta sola la muerte cifra tu pena, o tu gloria: un volumen de tu historia esta pita te levanta; de temor no huya tu planta, pues cualquiet paso que das, te viene acercando más a lo mismo que te espanta. Válgame el Cielo! a qué aguardo, si estos desengaños miro? Qué horror, qué asombro las voces de este hombre me han infundido, que allá en lo oculto del alma, dándome el pecho latidos, al paso que me suspende, me atemoriza este aviso! Esta es mi casa? aquí trajo aqueste varón divino, pata manjar de gusanos mi alimento? centro es mío aqueste mármol helado, y el otro ajeno, y fingido? Algún misterio contiene suceso tan petegrino, y fuera en mi obstinación nueva especie de delito, no dar crédito al acaso, cuando es de ejemplo nacido. Si intentas hallar, Octavio, de la verdad el camino, obra al contrario de aquello que te ofrecen los sentidos. Mucho más, varón sagrado, con lo que callas me has dicho. . Divino Hacedor del mundo, o cuán poco vuestros juicios penetra el discurso humano, pues habiéndome vos dicho, que os agradaba que fuese Religioso de Francisco, el Avito me han negado por loco, y sujeto indigno de aquella sagrada Jerga; y aunque intento persuadirlos, a que haga mayor desprecio esta locuta he fingido; no dan crédito a mis voces: este desconsuelo mío, esta pena, esta congoja os ofrezco en sacrificio. Deo gracias, Diegón, hermano. Hermano Melón (qué miro!) qué novedad es aquesta? Eta Melón invernizo, y me he entrado a madurar en la cuerda de Francisco. Envidioso me ha dejado, pues tan presto ha conseguido lo que yo alcanzar no puedo. Soy de virtud un prodigio, obrando algunos milagros desde que he dejado el siglo. Milagros hace? Sí, hermano; ayer sané dos ahitos con el agua del algibe. Ese es de Dios grande auxilio. Qué ejercicios suele hacer para alcanza: Don tan tico? Después que ceno, hacer suelo algún poco de ejercicio con que mejor se digiere. No es eso lo que le digo, sino en qué virtud se ocupa? Mi ocupación de continuo, es asistir al Convento, y echar por aquesos trigos. De qué suerte? Es que recojo todo el día en un pollino la limosna de las heras, y para mi fuera alivio tenerlo por compañero. Ese bien no es merecido. Mire, acá los Frailes graves de buena gana admitimos un Donado por sirviente. Dígame, hermano, qué ha oído por aí de mis sermones? Como en eso se ha metido, si la Gramática ignora? Aquesta tarde predico a los pobres de la sopa el sermón de los perdidos: váyase temprano, y tome asiento, y verá mi estilo, porque con solo un lugar de Escritura hago prodigios. Qué lugar es ese? . Nada: al es cierto lugarcillo, que he hallado en Ciudad de Dios. No me ditá qué motivos tienen, para que me nieguen aquese Avito? . Infinitos: el primeto, porque es loco, el segundo, por lo mismo, el tercero, por lo propio, y el cuatto, en fin, porque han visto, que de él Teodora se queja; pero el Maestro de Novicios, y el Guardían salen hablando. Retítese aquí conmigo, y la plática escuchemos, que perseverante, y fino, atrodillado a sus plantas, les pediré de continuo, por más que mi ruego ultrajen, este bien que adoto, y sigo. Aunque parezca tigor, Padre Maestro, conviene no darle el Aviro, a quien por loco lo desmerece, pues es la risa del vulgo, y por él pueden perderle el respeto a este Sayal. Aqueso, Padre se vence con que ha vuelto a su cordura, y lo asegura de suerte, que edifica su humildad. Nada seguro haber puede en ese achaque: además, que a una noble mujer debe la opinión, y es imposible, que con este inconveniente se le pueda conceder el Avito, que pretende. Pues yo en amantes suspiros, y deshecho en llanto ardiente, moriré a sus pies postrado, . si este bien no me concede. Qué hace, hermano? mire, escuche, por qué un imposible emprende, habiendo causas que impiden? El corazón me enternece. Ninguna hay. Sola una hallo, que es que ronca cuando duerme, y despertará el Convento, y no será conveniente, que haya en casa dos carracas. El Avito solamente de loco pido. . Teodora a este Templo muchas veces suele venir; si ella, hermano, se aparta piadosamente de la pasada querella, que de él justamente tiene, el Avito le daremos. Qué oculto impulso me mueve . a que perdone el agravio de este hombre, de este rebelde, tirano de mis ofensas, por quién mi fama padece? Padre Guardían? Qué miro! aquí mi afecto parece, que la ha conocido. . Padres, que en este Sagrado albergue de Francisco, dais al mundo ejemplo, que os engrandece: Yo soy la infeliz Teodora, que llorando tiernamente mis desdichas, hice al mundo público mi agravio, al verme como ofendida, burlada de una tiranía aleve, porque este ultraje, esta ofensa creció en el alma de suerte, que trasladando a la voz rencores que el alma siente, rompió ruidosa la queja del silencio las preñeces, pensando hallar el alivio en los suspiros ardientes. Mas ya que desengañada, y en la queja indiferente, confundida en mis discursos con lo que veo presente, yo de mí libre albedrío, y renunciando las leyes, que por mujer me tocaban contra el cruel delincuente, digo, que cualquiera injuria, que por Don Diego padece mi opinión, se la perdono, porque pueda libremente de aquel Serafín humano en las invencibles huestes por Religioso alistarse, porque si él nada me debe, cumplo con lo que me toca; y si no, constante, y fuerte hago la acción más gloriosa, perdonando al que me ofende. Escucha, detente aguarda. Qué me quieres? qué me quieres? por tu causa no he perdido . la opinión, que ennoblecerme pudo a ser yo más dichosa? La fábula de las gentes en ultraje, y virupetio no soy por ti? Pues si es este el daño, que te perdono, ya para que me detienes, si yo no tengo que hablarte, ni tú a mí que responderme? Enternecido a tus plantas, por el bien que me concedes, te aseguro, que hasta ahora te has quejado injustamente de mí. . Pues quién fue la causa? Teodora Fulgino, ese secreto yo no le alcanzo, solo sé, que brevemente, lo sabrás, cobrando en mí la fama, que ahora pierdes. Bastantes señas me has dado de tu inocencia con verte, y si engañada he vivido en este errot ciegamente, perdóname, y ruega al Cielo, que con aquel fuego ardiente, que encendió tu pecho, abrase de mi corazón la nieve. Con tan claro desengaño ya podremos libremente recibirle. . Venga, hermano, que es menester que comience a servir en la despensa, y querrá el Cielo que llegue a ser sotacocinero, que cierto que lo merece, por ser su virtud de prueba. A todo estoy obediente. Venga, hermano. Deteneos, que Religioso no puede ser un hombre, que es casado. Casado yo? engaño es ese: quién eres, hombre? qué causa, o qué sinrazón te mueve a estorbarme esta ventura falsamente? . Falsamente? dasme licencia, que diga tu desdicha, aunque te afrente, y verás si mi noticia es cierta? . Licencia tienes. Pues, hombre infeliz, tu esposa, a quien llotas riernamente, y porque logras así un desengaño aparente, poseida de otros brazos vive, pues fingidamente ella, y su Galán trazaron aquel mortal accidente en Celia, que ru juzgaste verdadero, siendo aleve disposición de su industria; pues con tal arte el palenque se fabricó, que cogiendo sobre falso a Celia, diese indicio de fatal golpe, y confirmase su muerte: un logro tan imposible allanó el poder, de suerte, que aquella noche, sacada Celia del estorbo albergue del panteón, fue en los brazos de otro dueño triunfo alegre. Qué dices, hombre? Imposibles mayores el amor vence. Celia viva? eso es engaño. Si quieres que te la enseñe de otro cariño asistida, a quien corresponde, y quiere, yo lo haré, para que veas cuan engañado pretendes ese Sayal, siendo viva tu esposa, que libremente profana el casto decoro. Aquesto mi voz te advierte, movido de un justo celo, porque engañado no intentes otro estado; y porque salgas de la duda que padeces, yo te buscaré ocasión oportuna, en que te muestre a los dos en lazo estrecho. No harás. Si haré. De esta suerte ya por lo menos le estorbo, que en la Religión no entre, pues creyendo mis engaños, estos miseros sirvientes de Francisco, en la Clausuta no le admitirán: comience mi cauteloso artificio con máquinas aparentes a hacer que mite, y que etea sus celos, porque le fuercen a desistir de este intento. Furias del lóbrego albergue, al arma contra este asombro de virtud, que heroicamente de mi antigua rabia, a triunfo ocupar el solio quiere. Pues el Cielo ha permitido, que la verdad se supiese, intente, hermano, otra cosa, y aquesta prerensión deje. Primero será mi vida expuesta a los accidentes del tiempo en esa espesura, que está de este Templo enfrente, allí en la parte que al monte forma una gruta silvestre, será mi eterna clausura, por ver si los riscos pueden enternecerse a mi llanto, que vuestra dureza afrenten, hasta que compadecidos de mirarme al inclemente rigor del Sol, o el granizo, me acojáis piadosamente en el Alcázar Divino de estas sagradas paredes. No sé si ha sido rigor por una noticia leve betajarle la esperanza a un hombre tan penitente. Como testigo de vista digo, que miente, y remiente, que a Celia la vi yo muerta. . Pero qué clarín es este, y qué milirar alarde hacia aquí marchando viene? Nuestro Duque le acaudilla, que primero que se ausente a la guerra, visitar el Sagrado Templo quiere de Francisco. . Vamos, Padre, y para que más se aliente contra el Herege obstinado, con fe viva, y celo ardiente sus Vanderas bendigamos. Muehos triunfos, y laureles Diegon le ha profetizado, y que contra los rebeldes de la Iglesia, él en persona le había de ayudar. . Siempre la virtud es perseguida. Es verdad, mas muchas veces es la mortificación crisol, que más la engrandece. . Aquí es donde aquel Letrado vive aumentando mis penas, reducido a un corto albergue de la Alcoba de una peña, en cuya rotura sola cabe, por ser muy estrecha, solo él, una Cruz, y un libro, que contra mí le despierta a contemplar desengaños, y a proseguir penitencias. Mas él sale al ejercicio cuotidiano, en que se emplea, y yo invisible he de estar inquietando su conciencia con falsas inspitaciones, por ver si con una de ellas puedo persuadirle a que vive en otro poder Celia, de un gran Príncipe asistida. Qué mal vive el que no piensa, que le han prestado la vida, y que cada vez que alienta muere, pues le va gastando O: el polvo de que es compuesta su respiración a soplos, ignorando cuando llega el último aliento a ser ejecutor de la cuenta de lo bien, o mal vivido! Ay de aquel, que no aprovecha los cinco talentos, que le dio el Señor, y le lleva el caudal disminuido! cómo estará en su presencia? qué responderá a los cargos de su justicia severa? pedirá misericordia? Si: Y alcanzarala? es fuerza, si antes de morir envía delante la penitencia. Pues, Diegón, no te descuides, despierta, Diego, despierta, y pues fue yerro tu vida, rompan los hierros tus venas. Ah pese a mi ser! qué espero, si esto no lo estorbo? Celia es viva. Aquesta memoria de Celia mi llanto aumenta; no, no es posible que viva. otro amante la festeja. otro amante? o qué terrible es la pasión del que cela, pues me suspende el intento! y ahora saber quisiera si vive mi esposa. . El hombre que estorbó de que te dieran el Sayal del Serafín, dirá donde podrás verla. No lo creo, que es engaño. Él iba a hacer penitencia, . y ya con mi inspiración, fervor, e instrumento deja; y aunque no ha pecado, al menos le he quitado una obra buena. Diego, Diego. Quién me llama? Quien viene a enseñarte a Celia, que es cierto que no murió. Cómo puede ser que sea viva mi esposa? . No afirmes lo que no sabes, si a verla enterrar no fuiste, Diego, por no hacer mayor tu pena. Es verdad. . Solo desmayo fue al principio, y con cautela, viendo que ya la creíste para tu cariño muerta, la retiró un poderoso. Dónde? De Asís en la selva a un Palacio, que registra del Sol las luces primeras: sígueme. . De mala gana te seguiré, y si se empeñan mis pasos en tu porfía, será para que te venzas, no para vencerme a mí. Por qué? . Porque si dijeras, que mi esposa estaba viva solamente, y que en las sierras más ásperas de la Umbría la viste hacer penitencia, creyera lo que propones; más decirme, que enajena su perfección otro dueño, es falso. . Porque lo creas, vuelve los ojos, y mira en ese Palacio a Deja que la dé la muerte. No has de poder ofenderla. Pues quién la defiende? Amor. Amor, por qué la enajena? Por celos injustos. . Cielos! En otro amante la emplea. Amor por celos injustos en otro amante la emplea? Abrasadle el corazón, furias infernales, muera. Aparta: Cielos piadosos, valedme en tan dura pena. Ya tu dicha es diferente, que en más venturoso estado te alivia del mal pasado la gloria del bien presente. Ya mi dicha es diferente, que en más venturoso estado me alivia del mal pasado la gloria del bien presente? Diego, Diego, yo en señal de que tu esposa murió, hoy te viste mi Sayal el Serafín Celestial, que las Llagas me imprimió, Ya el Avito reverente te doy con la profesión por tu vida penitente: ya eres de mi Religión. Ya mi dicha es diferente. Con mis Frailes has de estar, y hasta llegar a tener el triunfo más singular, nadie re ha de conocer, y todos te han de mirar: y a los que hubieren dudado el estado en que estarán tus letras; o en qué han parado tus obras, responderán::- Que en más venturoso estado. Ya, Francisco, por vos gano en el Sayal dichas dos, que este Avito soberano, viniendo por vuestra mano, le trae la mano de Dios. Por vos ya desengañado estoy de aquella apariencia, que hizo contra mí el pecado, y el bien de vuestra presencia::- Me alivia del mal pasado. Ya tu humildad te engrandece. Quién mereció dicha tal? El Cielo respuesta ofrece. Solo merece el Sayal quien piensa que no merece. Qué haré para obrar mejor? Guardar mi Regla obediente. Porque a tu fe, y tu amor. Premie con gloria mayor. La gloria del bien presente. Ya tu dicha es diferente, que en más venturoso estado te alivia del mal pasado la gloria del bien presente. Ah mundo! con tus enojos cuantas honras has deshecho, que al fin con vanos antojos haces verdad en el pecho la mentira de los ojos. Dígalo el tormento fiero en que zozobró mi vida, como con rigor severo, siendo la pena fingida, fue mi dolor verdadero. Afuera, humanos desvelos, vengan divinos consuelos, que con vuestro amor, mi Dios, al revés tendré los celos de que no os aman a vos. . Comencemos esta obrita; aquí traigo un pie, y glosarlo quiero, que esta bien cocido, mas puede por mal pelado traer vigore a la moda: aquesto es rocino magro, esto es pan, y esto es formache, esto es vino, pero es caro. Qué es esto, hermano Melón? Hacer de humildad un acto. Esto es ser humilde? . Sí: por humildes no besamos los Religiosos la tierra? A eso estamos obligados. Pues yo por más humildad beso la tierra de un jarto. Ay tal libertad! qué hace? Si me apura he de apurarlo. A reprenderle he venido, que me dicen, que quebrando los preceptos de la Orden, caminar suele a Caballo. Eso es falso, Padre mío; mire si la Regla guardo, pues esto es andar a pie, y hasta quedar despeado no he de parar. Bien lo enmienda. Yo pienso que ya soy santo, y hago milagros en vida. Cómo tal pronuncia, hermano? Como de un lugar a otro me mudo, sin dar un paso. De su vida no lo creo. Arienda, y verá que es llano: vele aquí, que estando aquí, desde aquí me voy Al magro. Un bulto trae en el pecho, y así aquí he de averiguarlo si es verdad lo que me han dicho, porque quede castigado: qué es esto, hermano? Es ser gordo. Y esto, diga, qué es? Ser flaco. Ay tal maldad! que esto traiga consigo! . Padre, no hagamos ruido. Guantes de mujer! Padre, no haga de esto espantos, que yo daré mi disculpa. Para un serafín humano de una Labradora van, que es su padre aborrascado, y gusta que yo le enseñe de la espada los atajos, como yo sé la destreza. Mil locuras va ensartando; mujer, y aprender destreza, qué dice? Que es caso claro: si la llevo guantes, es enseñarla a meter mano. Vaya, y dese ochenta azotes. Como no apriete la mano, lo mismo es ocho, que ochenta. Vaya, y dígale a Fray Pablo, que le dé seis Misereres. Ay Padre! y han de ir de espacio? Vaya, pena de obediencia. Hoy quedaré estropeado, si al Castillo de Cascáis me mandan entrar sin saco. . Señor, los nuestros huyeron; muy pocos nos han quedado, que hay para cada Soldado mil enemigos, y vieron la ventaja conocida: no te empeñes en pasar, porque nos pueden cortar. Qué importa perder la vida? mas es la reputación; mueran los Hereges fieros. No desmayen tus aceros, que aquí tienes a Diegon: aquí Francisco me envía, y por Alferez de Cristo Avito, y armas me visto, con heroica valentía: acometed, qué dudáis? mueran hoy los revelados. , y Si Dios envía Soldados, Soldados, a qué aguardáis? Oh valeroso Don Diego, que en las armas enemigas, como en las secas espigas discurren sierpes de fuego, así tu espada sangrienta va entre cuerpos derribados. Victoria aclamad, Soldados, por quien las glorias aumenta. Tantos cuerpos caen, que al risco iguala aquel arenal. Victoria por el Sayal del soberano Francisco. Llamad luego al vencedor por la Iglesia Militante. De todos iba delante con belicoso valor, y en publicando victoria no le hemos vuelto a ver más. Quién vio tal valor jamás! del Cielo, y suya es la gloria. Sí, que por él has vencido tantos rebeldes asaltos. Soldados, hechos tan altos no cubran tiempo, ni olvido, Oh loco divino! a vos debo hoy aquesta ventura, sin duda vuestra locura debe de fundarse en Dios. Vamos, pues, que para ejemple de las edades postreras voy a colgar las Vanderas de San Francisco en el Templo. Hermano, como le va después que entró en el Convento? Yo dejé de ser Letrado, y aquí dos mil pleitos tengo; cada día me hacen causas: si salgo, sopla el Portero; si voy al Coro, un Novicio dice al verme dar bostezos, que duermo en el Coro, y nunca en el Refectorio duermo. Pues qué si entro en la cocina? si acaso una olla quiebro, al pescuezo me la ponen, y por penitencia luego, con golilla de Alcorcón me traen por todo el Convento. Y hoy, porque el Padre Guardían me halló dos guantes, me han hecho toda la espalda un tomate, y lo que más siento de esto, que siendo mi culpa guantes, me señalasen los dedos. Con quién está hablando, diga? Este Guardían es mi eco. . Preguntó el señor Soldado, que qué libros etan buenos para el espíritu, y yo se estaba instruyendo en ellos. Disparad, Soldados; para, que este es de Francisco el Templo. Hoy a nuestra Casa viene, siguiéndole todo el Pueblo, a dar las gracias el Duque de un victorioso portento, que ha ganado en esta guerra, diez mil Hereges venciendo. Seáis, señor, bienvenido. Padres, denme sus pies luego, pues lo deben al amor con que a visitarles vengo, y ofrecer estas Banderas al Serafín, por quien creo, que he alcanzado la victoria; porque viendo ya el suceso de aqueste triunfo dudoso, y no solamente incierto, más cerca de ser vencido, vi al Santo loco, a Don Diego, aquel gran Letrado, a quien con mucha razón le dieron el Avito, con espada, y rodela armado el pecho, que una roja Cruz partía, que iba animando a los nuestros, y a los Hereges contrarios por todas partes hiriendo, nos consiguió la victoria; pero con tal desconsuelo, que no le hemos visto más. Que ha sido engaño sospecho, porque no es Fraile, ni tuvo nunca votos para serlo. Tal Fraile no hay en la casa. junten la Comunidad luego, porque Vuecelencia quede de esta duda satisfecho. Ya están todos aquí, Padre. Aquel que allí está barriendo, aunque tanto se recata, es quien ganó estos trofeos. Deo gracias, hermano, llegue, y diga quién es. . Fray Diego el indigno. Diga, hermano, quién el Avito le ha puesto? San Francisco es quien le dio Profesión, y Avito a un tiempo, que aunque loco lo creísteis, es de la humildad portento. . Qué asombro! Prodigio extraño! Con el todos somos Legos. Quién vio humildad más heroica? Ser polvo y nada profeso. Diga, en virtud de obediencia, con que armas ganó el trofeo? Yo solo tengo esta escoba, de Dios fue solo el esfuerzo. Yo he venido a que me digas con qué estado agradar puedo mas a Dios. Con ser casado, pagando el honor atento, que le debes a Teodora. Es verdad, yo lo confieso; y en fe de esto, esta es mi mano. Yo gano en tener tal dueño. Todo es de dichas el día, y con próspero contento prometo de ser su esposo. Y yo por memoria ofrezco de este triunfo treinta m ducados, con que el Convento labre luego una Capilla para colgar los trofeos; porque tenga fin dichose aquí el Letrado del Cielo,