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Texto digital de Leoncio y Montano

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Diego Figueroa y Córdova Probable yJosé Figueroa y Córdova Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Leoncio y Montano. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/leoncio-y-montano.

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LEONCIO Y MONTANO

JORNADA PRIMERA

Dejadme todos. 1. Señor, mira que en Palacio estás, y que descompuesto vas. 2. Grave tristeza! Hay amor! cuando tu rigor violento dará fin a mi porfía? Aunque la obediencia mía falte a tu precepto, intento saber tu pena señor, que tienes? qué te suspende? quién te altera? quién tejofende? No eres de Albania el mejor? Su Duque no te ha fiado el gobierno de su tierra, mientras ausente en la guerra, como yerno, y aliado del Rey de Grecia, le asiste con sus armas aujiliares la Duquesa? Qué pesares! . Margarita. Quién resiste su hermosura? Qué prudente! En ausencia del marido aqueste Estado ha regido en tu lealtad solamente: Sus aciertos no acredita? El peso no te ha fiado del gobierno, y del Estado? Hay divina Margarita! quien de mi lealtad creyera, cuando al Daque le he debido la grandeza que he adquerido, que a tus ojos me atreviera; pues aunque he disimulado, y tanto tiempo he tenido este afecto reprimido, y aqueste incendio apagado. Y aunque de traición tan loca la vergüenza me detiene, lo que mi lealtad previene, mi ardiente pasión revoca. Que amor, como en lento fuego, va tormando su cariño, se aventura, como niño, se introduce, como ciego. Mas la Duquesa: ya aguardo mi muerte. Extraña pasión! Cómo puede ser traición amarla? . Conde Ricardo. Gran señora, Hoy he tenido de mi esposo aqueste pliego. Ciego en sus voces me anego. Y está muy agradecido delsocorro, y de la gente, que en tiempo tan apretado le envió vuestro cuidado. Qué discreta! que prudente! . lo que obró su providencia lo atribuye a mi lealtad. Mil veces los pies me dad portal favón, y licencia, para que Alberto, y Mauricio, que son los que levantaron la gente, y abelantaron el divero, y el servicio, os besen la mano, pues! como mandasteis, señora, los traje a Palacio agora. Entren, pues. Denos los pies Vuestra Alteza. . Levantad Alberto, Mauricio amigos, Hago a los Cielos testigos, que debo a vuestra lealtad las victorias, y trofeos con que el Duque, mi señor, apoyando su valor, logra felices empleos en favor del Rey de Grecia mi padre, y yo agradecida sabré premiar advertida vuestro celo. . Solo precia nuestra fe, acertar el modo, como serviros mejor. Hacienda, vida, y honor es vuestro, servios de todo. Y pues mi palabra ha sido prenda que os ha satisfecho, y el socorro me habéis hecho, en fe de ella no he querido, dejar de satisfaceros. Mis joyas os llevaréis, y algún plazo me daréis, para juntar el dinero; que como tan larga va la guerra, y tan bien pagados, tiene el Duque a sus soldados, su renta empeñada está. Que al soldado, en mi opinión, viene a ser igual hazaña, socorrerle en la campaña, y emplearle en la ocasión. Y así Alberto, así Mauricio, en tan precisos reparos, es fuerza que he de estímaros, más el plazo, que el servicio. Corridos, señora, estamos, de ver que así nos matéis, y que en nuestra fe dudéis, vuestra palabra estimamos mas que las joyas, mandad, disponed a vuestro modó; vuestro es, gran señora, todo. Vasallos, vuestra lealtad sable premiar. Si así labras, sus corazones, ya cobras, el agasalo. . Sus obras merecen estas palabras, Flora. . Con razones tales, tus vasallos te engrandecen, te adoran, y te obedecen. Hay algunos memoriales que despachar? . Si señora, Despeiad. Ea amor ciego. Pues que solo a verme llego, en este papel agora, mi cuidado ha de saber. Ea cobarde corazón, no perdamos la ocasión, que aunque es deidad, es mujer. Dice el primero, que otavio, en la guerra os ha servido, más de treinta años. Ha sido capitán valiente, y sabio, y yo el gobierno le di, de Velflor para premiarle. Y porque en su muerte halle amparo en vos, pide aquí, que para el fin de su vida deis el gobierno, señora, aquien case con Leonora, su hila. otra cosa pida, que aquí su discurso yerra; pues de esa plaza en rigor, ha de ser Gobernador hombre que entienda la guerra. Cuando el plazo haya llegado, estará el Duque advertido, de dará Leonor marido, y el gobierno a un gran soldado. La corazón turbado, Este en la Audiencia me dieron, (ciego estoy) y me advirtieron; que así os le diese cerrado; pues lo que contiene (ay Dios!) a vos reservado viene: y aunque mi lealtad previene la confianza que vos, siempre de mi fe habéis hecho, no he querido abrirle agora. Tomad, y vedle, Señora. No vive muy satisfecho de mí, quien de vos le esconde, siendo, como sois, espeso, de Albania, donde el consejo, y el acierto corresponde a vuestra fe, y solicita mal despacho el que le ha dado; pues quien de vos le ha guardado, le guarda de Margarita. Y porque sepáis de mí, que nada os he de ocultar, vos le habéis de despachar: Escuchad, que dice así. (Amo un bien tan lsoniero, y adoro un mal tan esquivo, que la gloria de que vivo es la pena de que muero.) Qué es esto Conde? d deñora, hable mi pecho fiel: Enigma ha sido el papel, que se sabe, aunque se ignora, y para entenderlo agora, oíd la letra primaero. Amo un bien tan lisoniero, y adoro un mal tan esquivo, que la gloria de que vivo, es la pena de que muero. Vuestro ingenio soberano le descifro. . No entendí el sentido. Pues yo sí, que al veros mi amor. Villano, bárbaro, loco, tirano, traidor, infiel, que a la Alteza de mi honor, que a mi grandeza: mas de que me írrito agora, si un Verdugo, hola. Señora, deme albricias Vuestra Alteza. Levanta, Fabio, del suelo. Como el Duque, mi señor, queda? Tan fino en su amor, tan amante en su desvelo, que estará muy presto aquí. Iris tu hermosura ha sido, que la guerra ha suspendido en paz. Qué escucho? ay de mí! Después de tantos trofeos, Coronas, triunfos, y glorias, viene a lograr sus victorias a la luz de sus deseos. La campaña ha apresurado, que amor los plazos acorta; y como tanto le importa la sucesión de su Estado, a hallarse en tu parto viene, y las paces ya ajastadas, queda de aquí dos jornadas. Toda el alma le previene mi amor; toma este diamante, aunque no te satisfago, mientras el aviso pago con cosa más importante, y vamos; porque al camino le has de llevar la respuesta. qué hermosura tan hon esta! . Vos, Conde, en tal desatino, puesto que nada os disculpa, y así ofendéis mi grandeza, yo haré, que en vuestra cabeza escarmiente vuestra culpa. . Quédamos buenos amor? corazón, quedamos buenos? Yo y trajado? yo ofendido? y el vil caracter impresto en mi honor, de una traición: bien dije; pues aunque fueron los hierros de amor tan nobles, que allá en la esfera del pecho el alma los califica por finezas, no por hierros: aquí mi amor, ai demí. será un testigo violento, que hoy a mi pesar publique los alevosos afectos, que contra Dios, contra el Duque, contra la fe, y el respeto, Idra formada de engaños formaron mis pensamientos? Fuera de que Margarita es mujer y de mi intento puede darle parte al Duque, con que en una acción arriesgo la vida, el honor, y el ser: valedme piadosos cielos! que es uno solo el discurso, y son muchos los empeños. Pero de qué me acobarde? cuando rendido mi afecto, ya del riesgo persuadido, ya irritado del desprecio, lo que fue cariño, es odío, lo que fue amor, es despecho, venganza, lo que fue alago, rencor, lo que fue deseo. Muera Margarita, y muera mi temor; así pretendo vengarme de sus crueldades, y asegurarme del riesgo de mi honor, y de mi vida. Y pues el Conde Leonelo, que es primo, de la Duquesa, y de quien tuvo recelos el Duque, porque trató primero su casamiento con ella, se partió ayer a servir a Clodoveo, Rey de Napoles, su río, él, y un papel, instrumentos. han de ser de mi venganza, que al Duque haré dar: mas esto lo dirá el tiempo mejor. Salga en repetido incendio esta pasión de mis iras, este volcán de mi pecho, y tú cruel Margarita; pues amor tan verdadero: recompensaste en agravios, corr espondiste en desprecios, muere de ingrata; y de hermosa, porque en ti viva el ejemplo de la desdicha, y la culpa, que aunque condenen los cielos la atrocidad del delito, aunque lo murmure el tiempo, aunque la traición lo culpe, y aunque lo extrañe el respeto, cuando es lo más mi venganza, todo lo demás, es menos. nos vidicilos, Gilote ingrato, que así me tráis por el monte a ciegas, y desde que no me ruegas se me va ellalma tras ti. Mas de una legua he venido siguiéndote, donde vas? de que tan suspenso estás? que tienes, quien te ha ofendido mi Gilote? . Estos enfados nacen para darme enojos, de que eres alegre de ojos, y en mueso puebro hay soldados desde anoche, y no querría, que en tu persona tuviera el Alferez la bandera, y el Capitán compañía. Soldados? qué impertinente. Mueso Duco, que Dios guarde, llegó a la Aldea ayer tarde con su ejército valiente; y anoche en ella durmió, y hoy en la Corte ha de entrar con aplauso militar. Y eso te da pena? . No; Quieres que pena me dé ver en tu casa alojado. tuviste anoche un soldado? Porqué? . Yo te lo diré, Oye, que decirte intento, Pascuala, sin darte enfados, lo que pasa a los soldados que van a su alojamiento. Llegan, cuanto a lo primero, al huésped, y fanfarrones, a las primeras razones le pescudan, si hay dinero. Visitan luego en creyentes los corrales, y cocinas, y hacen Pascua de gallinas, como Herodes de inocentes; Sin que se reserve en suma, solo un ave de sus manos; porque sin ser Escribanos se sustentan de la pluma. Requiebran a todo ruedo, y de su manifatura no hay labradora segura, comen, y beben sin miedo. Con que al partirse sin penas suelen dejar sus desuíos, los huéspedes muy vacios, y las huéspedas muy llenas. Esas malicias no son hiras de tu entendimiento, porque tú eres un jumento. Después que con el carbón vas a la Corte, te has hecho discreto, y yo he imaginado, que algún amante cuidado vive Gilote en tu pecho. Quieres en la Corte bien a alguna dama de aquellas a fuerza del arte bellas? Mal fuego las queme amen. Deja esos vanos asuntos, que en la Corte, mi Pascuala, ninguna a tu pie se iguala, porque calzas trece puntos. Deja ese necio cuidado, que muesa quietud baraja: pero aguarda, que la caja, y el clarín mos ha avisado, que llega el Duque. No iguala tu amor, la fe que hay en mí. Ninguno pase de aquí. Ven Gilote. Ven Pascuala. En este sitio, cuya verde falda, borda la Primavera de esmeralda, hagan alto mis tropas vencedoras; y cesando las cláusulas sonoras del clarín, que con bélicos acentos la Monarquía ocupan de los vientos, descansen mis soldados en la verde espesura de estos prados, que aquí pasar la siesta detérmino; mientras por este globo cristalino midiendo el curso de su Zona ardiente el Sol se precipita al Occidente. Vos, General Laurencio, cuyas glorias eterniza la fama en sus memorias. Marte Albanés, y militar espejo de la paz, de la guerra, y del consejo, entre aquesas floridas poblaciones podéis acuartelar los escuadrones; pues ya tan cerca de la Corte estamos; mientras en la espesura de estos ramos, junto a la margen de esta hermosa fuente, que al mar tribura en perlas su cortiente, algún alivio a mi cansancio fío, Duqué invicto de Albania, Señor mío, Descansa mientras voy a obedecerte. Cuando mis ojos llegarán a verte, Margarita divina, esposa amada, dulce prenda del alma idolatrada? Y cuando mi cuidado, para paz, para gloria de mi Estado, en públicos, y alegres regocisos, con los bellos renuevos de tus hijos, coronará la vid de mi deseo? Pues aunque para gloria de mi empleo. miro tan cerca de tu parto el día, esta dicha recelo, por ser mía, temiendo de la suerte la mudanza; entre la posesión, y la esperanza. Mas antes que al descanso me prevenga, y mi fatiga algún alivio tenga, ver aqueste papel, que en el camino me dieron con recato, determino, diciendo, ser negocio de importancia: Que puede ser! alguna circunstancia, descuido, o contingencia, del gobierno será, que en esta ausencia. me propone la queja, o la malicia, que nunca hay igualdad en la justicia, cuando la emulación la contradice. Leo el papel, que de esta suerte dice. Mirad por vuestra casa, y vuestra honra, que adultera, con pública deshonra, la Duquesa os ofende con Leonelo, Conde de Miraflor: Válgame el Cielo! Qué es lo que pasa por mí? es verdad, Cielos divinos! o es ilasión lo que veo? mi honor, ol muera al decirlo! ultrajado, y yo con vida? Margarita, a quien rendido adora el pecho, me ofende su honestidad: qué martirio! y su hermosura, que al Sol empañó los rayos limpios, ya la luz de su pureza fueron sus efectos tibios. Manchando el sagrado culto, borrando el candor divino de la fe, y del matrimonio, sigue el engañoso estilo de las comunes mujeres? en una deidad, que ha sido de la virtud, y el respeto, dechado, ejemplar, y archivo, cupo mancha tan infame, cuno afecto tan indigno? No es posible, no es posible, miente el alevoso indicio, miente la lengua atrevida, y miente el villano aviso, que lo dice, que lo piensa, falso, aleve, y fementido; y miento yo, si lo creo; pues tantas veces se ha visto disfrazar a la innocencia la mascara del delito. Afuera sospechas viles dé la ilusión: mas que digo! no es Margarita mujer? y de su común delirio no es tan hija la traición, no es el engaño tan hijo, que variando en su discurso el orden de los sentidos, la seguridad en ellas es amago del peligro? Luego Margarita pudo ser mujer: en vano ha sido pronunciarlo, porque es Ángel, donde el Illismo Cielo quiso copiar sus virtudes todas, siendo mi honor tan altivo! tan heroica su grandeza! habiéndola yo querido con furan sencilla, y pura, con amor tan excesino pudo ofenderme? no pudo? si pado, que siempre vimos ser ingrata la hermosura; y el Cielo sin duda quiso, para castigar la ofensa de un injusto sacrificio, que siendo el idolofalo, fuese el idolatra fino. Mal ará el acuerdo infame, que árbitro en sus leyes hizo del honor a la mujer, siendo sus fueros divinos materia de tanto peso, y el blando engañoso estilo de la mujer, ton liviano, que fue con ligero avio poner Ciudades de bronce, sobre cimientos de vidro. Y así, pues, mi honor padece, y de un amago, un delirio, el duelo forma un agravio, ya en ley de noble, es preciso, sin averiguar la ofensa, castigarsolo el indicio. Muera Margarita: Hy cielos! la que adoro? la que estimo, aún más que la propia vida, y como a los cielos mismos, ha de morir? que mal pleito siempre el decoro ha tenido, cuando a ruego de las partes es Abogado el cariño. Pero mi venganza viia, y muera el cruel ministro de mi agravio, y mi deshonra; y tú alevefementido, instrumento de mis iras, que en mal formados avisos, quizá finjes mi desdicha, en atomos dividido. serás despolo del viento; y ojala el mismo castigo tuviera la mano aleve, que en tus caracteres quiso, o engañarme en el afrenta, o afrentarme en el indicio. Deme los pies vuestra Alteza, Levantad, Ricardo amigo, que ya os esperan mis brazos. Abiendo, señor, sabido vuestra venida (ya empiezan a obrar los intentos míos) la Duquesa, mi señora, ha salido a recibiros, y yo quise adelantarme, para daros este aviso, Su Alteza queda muy cerca. Mucho su fineza estimo, que mal encubro mi pena, . y estoy. Conde, agradecido a vuestra lealtad, sabiendo, que como a primer ministro de mi Estado, en esta ausencia, Margarita, os ha debido el acierto del gobierno. Es su ingenio tan divino, que estuvo de más mi celo, y a vuestra Alteza le afirmo, que la adoran sus vasallos. que mal sueña en los oídos . de un ofendido, este aplavio. Saber, Conde, solicito, pues la Duquesa no llega, las novedades que ha avido en la Corte, que un ausente venircurioso, es preciso. Deridme, por vida vuestra; pues siempre fue permirido el galanteo en Palacio, si anda el amor muy activo? el cuidado muy honesto? y el cortejo muy lucido en los galenes? . Señor, Amor, que en efecto es hijo del deseo, tarde encubre su fineza, Ludóvico adora el desdén de Laura, muy infeliz, y muy fino, pues le aborrece. . Ese efecto es pensión del albedrío, que uno quiere, otro desprecia. Mas dichoso el Conde Enrico logra de su amor el premio; pues se halla favorecido de Belisa. . En los amantes son los afectos distintos. Decidme, Leónelo, el Conde de Miraflor, no ha tenido en Palacio algún empleo? que siendo tan noble, y rico, tan discreto, y tan galán, fuera descuido prolijo de su gala, y discreción no amar? Ya se ha introducido en su pecho mi veneno. Señor, aunque al Conde han visto asistir en el terrero, y del Parque en el postigo disfrazado, muchas noches, nunca el sujeto se ha dicho que galániea en Palacio; porque de su pecho mismo recata sus pensamientos: y cuando llegó el aviso, que venía vuestra Alteza, se parrió luego al servicio de su tío, Clonoveo, Rey de Napoles. Qué has dicho hombre? ay de mi! que me has muer- ya es euidencia el indicio (to, de su fraición, matarela, será mi afrenta el cuchillo, que en la púrpura caliente de su sangre. Esposo mío, dame mil veces los brazos; porque en ellos mi albedrío vuelva a vivir. Ha traidora! quien castigara el delito en ellos de tu traición. Esposo, señor, qué miro! vos severo, y descompuesto, vos triste, yos pensativo, sin acuerdo las acciones, y el semblante sin aliño? Después de ausencia tan larga, en que mis ojos han sido dos mares, que el corazón en raudales fugitivo, brotó del pecho a los ojos por la margen del cariño; me recibís de esta suerte? Ya sé lo que os he debido, Margarita, en esta ausencia, y con el desvelo mismo que vos me queréis, os quiero. Agora sí que averiguo mi dicha en vuestros favores. Otra causa, otro motivo me aflige ansí. . Pues decidla; porque entre los dos, partido sea menor el sentimiento, (no sé que mal adivino!) (cia, Vuestro Padre, el Rey de Gre- después que a sus enemigos dio leyes, en la campaña de un accidente prolijo, que la muerte le amenaza, queda enfermo, y persuadido de que le falta heredero, y a vos os toca el dominio de esta Corona, en su muerte. Antes que llegue, me dijo, que yo os enviase a Grecia; porque en aplausos festinos os jure por su heredera, como es costumbre, y estilo todo el Reino, y yo me alegro de hallaros en el camino; porque con las mismas tropas, que para este intento mismo, para que os acompañasien traigo de Grecia conmigo, partáis luego, antes que el tiempo, la dilación, y el peligio de vuestro padre, embarazen con su muerte estos disignios, Aunque la ocasión es justa, dejar tan presto no elilo, vuestros brazos, que mi padre, fio en los cielos divinos, tendrá salud, y en mi amor fuera extrañeza, y desvío irme, cuando vos llegáis. No es fineza, ni es cariño: (O lo que puede un agravio!) . aventurar el dominio de un Reino, por un antojo. Más vuestra presencia estimo que mil Reinos. Margarita, (traiciones son los indicios . de su amor) esto conviene: no ha de oponerse un capricho a la razón. Muerta escucho! Y así, ay de mi! detérmino, que salgáis luego de Albanía. Duque, señor, Federico, mi bien, mi gloria, mi amparo, (con que congoja lo digo!) y mi dueño, que este nombre ser vuestra esclava libro, que os ofende mi vida? mi amor en que ha delinquido, para esar rigor tan grande? Sin prevención, sin alivio, y sin decoro, queréis arrojarme de vos mismo. Margarita, qué es aquesto? vos descompuesta (mal finjo lo que no siento) fiáis de vuestro llanto el motivo, de la queja, la razón ult rajáis con ldos suspiros, cuando sabéis lo que importa, aunque lo sienta el cariño, no dilatar el viaje. Pues cómo? sin alma vivo, La sucesión de este Estado, que tanto habéis pretendido, aventuráis de esta suerte, cuando tenéis tan vecino mi parto, que ya por horas me congolan sus auisos, y me asigenlas dolores, que rela ponerme al peligro de una tornada? Y en ella, siendo Lauiencio el ministro, . será aborto de mis iras, est congesado abismo de tu traición, con tu muerte. Mirad que es tigor impío, poner a riesgo dos vidas, que en vuestro pecho han tenido tanto lugar, tanta parte. Siendo ran corto el camino, en casa de vuestro padre no hay recelo, ni peligro que temer. . Que no os obligan mis lágrimas, y suspiros? Ma garita, aquesto importa, Aní os vals? que mir gemidos no escucháis, aquesle llanto es prevención, o es aviso de mi desdicha: no os mueven estos mares repetidos de mi pena, y de mi llanto? Pues al aire, al cielo mismo me quejaré de este agravio; pero en vano desperdicio mi queja, cuando os disculpa la razón, y a mi albedrío le tigen vuestros preceptos; y así a mis lágrimas fío mi desdicha. Gran señora, que causa te damotivo, para hacer tales extremos? Ay Flora! ay de mí! a he visto mi muerte, en sus negras sombras? fallece el aliento mío, hoy partó a Grecia, hoy la muerte con fatales vaticinios, mi vida en sin amenaza; y hoy: pero un lazo al decirlo, se atraviesa en mi garganta. Para tiempre me despido de veros fieles amigas, que ya el nom breno oy permito de criadas, porque el pecho, y el corazón adivino me lo afirman. Antes llegue. de mi vida el precipicio: primeromi muerse venga. Y pues mi fortuna quiso, que ya no os pueda pagaros vuestrafe yvuestros servicios, Este abrazo que dolor! será el uo imo indicio de lo que os estime ecío. Venid señora conmigo, que por orden de su Alteza, a esta lornada os asisto, y luego hemos de partir, en vano, que en el camino, . le dé la muerte, me ordena; será mi lealtad asilo, de su inocencia. Laurencio, el llanto apenas resisto: no podré verá mi esposo? Su A tera excusaros quiso la pena, que en estos lances siente el amor, y el cariño, y así se fue con el Conde. Ha Ricardo femontido! el alma me está diciendo su raición. Desde el camino volveré a decir al Duque, que ejecute su calligo, y aquella vida inocente, llora he de este peligro. Venid pues A Dios señora. A Dios Fora qué martirio! En vos se va uestro amparo. Acá os dejo mi a vedrío. Cielos piadosos caledme! Valedme Cielos divinos! , , - mi Esposo, y aún mi marido. , n, , . A las bo las alegres, de Parcia a, Gilore, lo. Zgales des prado, vienen coblando el monte. Toqu en, bay en, toquen, yresdi arlos aires veloces, la bella Pascuala, que es del campo gala, y el Alba no ignala, su cara de flores. muchos años viva, viva con Gilote, toquen, y bailen, toquen. Pascuala a quien debo el ser, marido, denpues de Dios, y aquí, para entre los dos, sos ya mi propia mujer: en cuyo nombre se copia mi afan, mi susto, y mi pena; pue no hay cosa tan ajena, como una majer, si es propia, cuya condición corriente, no as Zagal que no pregone, y en la frente me se pone, que me se pone en la fiente. Volved los olos, no venza, vueso engaño esa hermosora, que no ha de haber tal mensura, donde hay tan poca virguenza, y miradme si no os causo, Párcuala con lo que os quiero, que aunque so a la vista fiero. yo se que vos me haréis manso. Gllore, galán, y airoso, que sos en mi compañía, horro de suegra, y doría, mi marido; y abn mi esposo. Vos, que discreso, y polido, sos para mayor ventura, según os lo dijo el Cura. Por vosme muero de amores, más bello sos más hermoso, que el cabritido goloso. que corta escuello a las flores, Si de esa suerte me pones Pascua a con tal abuso, seré tu marido al uso. 1. Dejalla compariciones, que aa sejos el lugar de aquí, y el Solmos molesta, y profígase la fiesta. 2. Ea volved a cantar. Silvio, que de Amarilís adora los rigores, sacándola del corro. Suspended vuestras voces Zagales de estos prados, y socorred conformes a una infeliz mujer, que yace en ese monte, con dolores de parto, y con tristes clamores su amparo, y vida fía en un Anciano noble, que piadoso la 2. Pascuala, Bras, Gilote, vamos a socorrerla, Piadosos labradores, si la clemencia asiste en vuestros corazones, y la piedad del Cielo no está sorda a sus voces, socorreda una dama que dejo entre esos robles, parida de este infante, que hoy mi piedad socorre. Y porque en su desdicha los efectos se doblen, al pie de esa montaña, expuesta a los rigores del Cielo, y de las fieras, que cruzan esos montes; de otro segundo parto, la afligen los dolores. Su de samparo os llama, oíd, que ya en sus voces se escuchan sus gemidos, sus lamentos se o Valedme Cielo santo! que si no me socorre vuestra piedad, yo muero. Qué miran mis temores! un León, que de Albanía son abortos feroces, con un niño en la boca, va penetrando el bosque, Moriré en su defensa, Zagales, Labradores, esta inocente vida que en mi capa se esconde guardad, mientras la mía, en defensa se pone de aquel Ángel: aguarda tirano Rey del monte, que has de dejar la presa, o has de morir. Pardióbre, que parió dos mochachos. A qué aguardáis Pastores? sígame el que es valiente, vos Pascuala, y Gilote, socorred la parida. Vamos, porque se logre nuestra piedad Zagales, vamos presto. Señores, yo como so gallina, no miro en pundonores, y me quedo a la mira, de este soceso, porque los Gilotes no tienen que ver con los Leones. .

JORNADA SEGUNDA

SEGUNDA JORNADA En fin Montano, ha ganado la apuesta? Pascuala, sí, tal huerza en mi vida vi, no hay Zagal en este prado tan valiente, y tan erguido, tan brioso, y tan gallardo. Mucho le quiere Belardo, muesamo. Él es tan polido, que se hace querer de todos, en fin nacio en ese prado, y en la Aldea se acriado, y cierto que por sus modos, el mozo, y Silvia su madre, con su agrado, y sus acciones mos roban los corazones. Yo no se quien es su Padre, más par Dios que merecía, si ello bien se considera, que mueso Duque lo fuera, que agrado! qué valentía! pardiobre, que a los Zagales, a correr desafió, y ventajales llevó a llez pasos no cabales, Hyer trabó una cuistión, y como tiene cosquillas, le machuco tres costillas, al hijo de Pero antón. Aquí para entre los dos, en la Aldea se recela que quiere bien a Cravela. Y yo sé que os pesaa vos. Sus ojos son mis echizos, . que soy un molde os confieso de mujeres. . Yo, aún por eso me ponéis algunos rizos, es sobrina de muesamo, Cravela, y yo sé también, que Lauro, la quiere bien, aunque ella no oye el reclamo, porque le aborrece. Hay tal, que a Montano quiere? . Sí y a Lauro, no siendo ansí, que es hijo del Mayoral. Mas volviendo a mis enojos, me suelen dar parabienes, de que so duro de sienes, por ser vos tienta de ojos. Ya vuesas mañas entiendo. Que así paguéis milcaltad; mentís. Esta es la verdad. Siempre habéis de estar riñendo, Gilote estos desaciertos nunca detí los creyera. Deja que la dé siquiera una docena de muertos. Por mi amor que no haya más, Frores su rostro derrama. Pascuala, Señor, te llama; Luego me la pagarás. Solo he quedado con ella, hay que cara de nacillas, el cuerpo me hace cosquillas, no es el Aurora tan bella. Ya es hora de que a la gente, bayas a dar de comer. En fin yo me he de atrever, dando estó diente con diente, Cravela, cuya hermosura, robando esta corazones, Cravela, cuyas faiciones, diz que te las hizo el Cura. Pardiobre ha decirte vengo mi amor, si licencia das, sabe que te quiero más que a una bórrica que tengo. Su simpleza me ha agradado. Yo mucho te quiero a ti, Qué me queréis? Así así. Mijor es así, que asado. Luego hablaremos los dos en nuestro amor. A Dios luz. . Volveras? Por esta Cruz. Pues a Dios Gilote. A Dios. Sola Cielos he quedado! quien tan infeliz se advierte, que le dé un cuidado muerte, y le de vida un cuidado? Lauro, mi primo, no ignora, mi rigor, y menosprecio, y al paso que le desprecio, a Montano el alma adora; pero el viene. Dueño mío. . Montano. Qué buen encuentro: como fuera de su centro, se hallana ya mi albedrío. Basta que estás cortesano. Que mucho si eres mi norte. Dime, has estado en la Corte? Y de haberla visto ufano; Tú en la corte? pena dura. Pierde mi bien los enojos, en la Corte de tus ojos, donde reina la hermosura. Montano donde has estado? acaba, dimelo ya? Sabe Clauela que está el lugar alborotado, porque con horrible trajé, y fiereza singular, han visto en el monte andar un monstruo, fiera, o salvaje, que con impulsos airados, tanto a hacer daño se inclina, que en esos campos es ruina, de pastores, y ganados. Todo el lugar se previene, porque a ninguno perdona, y el Duque mismo en persona, a buscarle al monte viene, y yo he de ser el primero, que he de seguirle, Ay de mí! tú has de ir a buscarle? . Sí: porque es poco el mundo entero a mi valor. . Mis enojos no sientes? rigor extraño! Seguro ire, que mi daño, está Clauela en tus ojos: dame si quiera un favor. Que necios sois los amantes. Ay Clauela no te espantes. Toma Montano esta flor. Nuevas cadenas, y lazos, me pones. . Tuya seré. Quién lo asegura? Mife. Quién lo confirma? Mis brazos. En ellos verás. Qué miro? Más Lauro, ay Dios! Yo estoy loco, si es engaño lo que toco, de mi paciencia me admiro. Deja villano esta flor, que una dicha te previene, pues ha tanto que latiene o más merecida mi amor. Tú a mis deseos te igualas, aunque en suerte me prefieres, sabes villano quien eres? quien te ha dado tantas alas? en ese monte tu madre te pario de humilde esfera, según esto considera el que pudo ser tu padre, y no te aliente el favor, de que tan indigno eres, que ya es uso en las mujeres el escoger lo peor. Déjale ya pues corrido en tus manos llego a verle, que no merece tenerle, un hombre tan mal nacido. Si el Cielo al suelo bajara, desde su celeste esfera, y está prenda me pidiera, al Cielo se la negara, según esto tu desuelo nada pretenda de mí, porque no he de darte a ti, lo que le negara al Cielo. Tu lengua infame mintio, villano, si ha presumido, que en cuanto a ser bien nacido, . Antes tu muerte verás, eres tu mejor que yo. Y mal en pensar lo hicieras, pues siguiéndote al abismo, te respondiera lo mismo si el Duque de Albania, fueras. Esa presunción villano, se castiga de esta suerte. En ella verás tu muerte. Ay de mí! , He de fefrir que un villano, Lauro? . Montano? Mi Padre! Mi madre, ay Dios, dejadme pasiones fieras, a . Cuando os juzgaba en las eras, estáis ociosos los dos? bien medra vuestro cuidado, Decidme es buena razón, que se queje el azadón, y esté baldió el arado? Vayan luego a trabajar, que todos juntos iremos, Ya, Señor, te obedecemos. Tú, y Silvia, podéis llevar, a esa gente de comer, que está guardando el ganado de esotra parte del prado, y al lugar podéis volver, que el Duque de Albania viene a estos montes acazar, y en mi casa ha de parar, y regalarle conviene. Venid todos. Ya te sigo. hay Montano muerta voy! . Sin mí de celos estoy. Yo te matare enemigo. . no huya tu planta ligera. Aguarda Montano, espera, que es aquesto, donde vas, hijo mío. En vano intenta, detenerme tu cuidado. Pues adónde tan airado? A vengarme de una afrenta. que ignora de honor las leyes, harto de andartras los bueyes, con el arado en la mano, me diga agora en la cara, confiado en su poder, madre, que mi bajó ser, mi nacimiento declara, cuando mi altivez pensó, y mi espíritu profundo, que en la redondez del mundo no hay otro mejor que yo? Déjame luego partir, a dar a Lauro la muerte, esto ha de ser de esta suerte, y quien soy me has de decir, o por los Cielos divinos! si esto me quieres negar, que abrase todo el lugar, y que vuele sus vecinos? Hay hijo de el alma mía! . que bien el pecho te muestra, a pesar de tu crianza, la sangre Real de tus venas. Montano, noble naciste, aunque tu infelice estrella, y tu contraria fortuna; aquesta verdad desmientan. El Duque de Albania hiso, no es mejor que tú, nobleza no te falta por tu madre, que aunque humilde te parezca este traíe, es un botrón que informa, pero no afrenta. Por un testimonio falso de un traidor, a cuyas quejas, fui mármol endurecido, a pesar de mi inociencia. A este monte me trajeron, y en lo espeso de esta selva, naciste tú, y otro infante, que no vio la luz apenas del Sol, cuando una Leona en la boca se le lleva, solo me has quedado tú, que conmigo en esta Aldea, te has criado mira, agora, ya que saberlo deseas, si he renido culpa yo en esta infeliz tragedia. No llores madre, detente, deja que al Cielo agradezca no haber nacido villano, y porque cumplida sea mi alegría, dime el nombre de mi Padre? En vano intentas saberle, que a nuestras vidas, importa que no lo entiendas. Pues di del traidor, el nombre? Ay Montano, no lo sepas, imposible es la venganza. No es un hombre? De otra esfera de la que piensas Montano. No vive? En la Corte mesma. Dime, es el Duque de Alba. porque tanto lo exageras, (nia? que el debe de ser sin duda? la curiosidad me lleva a saberlo, no la ira. (na No es él, pero es quien gobier. su Estado, el Conde Ricardo es hijo. Qué escucho penas! . La causa de nuestros males. Disimulemos ofensas, . asegurarla es forzoso. No hay sino tener paciencia que es poderoso enemigo. Ay Montano, el Cielo quiera volver por tan justa causa, pues no hay poder en la tierra. Cómo no, viven los Cielos, que he de darle muerte fiera, aunque me lo impida el mundo. Pues señora a Dios te queda, porque Belardo me aguarda. Hay hijo el alma me llevas! . Hay madre, si el Cielo quiere yo vengaré tus ofensas, Ay Duque de Albanía ingrato, que de pesares me cuestas. Claros hermosos Cielos, que estáis seguros de animadas guellas, cuyos azules velos, se tachonan de luces, y de estrellas, oíd si os enternece mi cuidado, la tragedia infeliz de un desdichado: De la Corte de Albania, patria mía, tres lustros ha que vivo desterrado, desde el infausto día, que fue testigo el prado, de mi piedad prudente, pues libré de la muerte a una inocente. Por más asegurar al Duque ingrato, volví desde el camino, y de esta suerte, le dije con recato, que di en el monte a Margarita muerte, creyolo; quien creyera, que en odió tanto amor se convirtiera? dejele a segurado, dijele que importaba a mi sosiego, retirarme a mi Estado. Tras una fiera a aqueste monte llego, y aunque lo he pretendido, de la infeliz Daquesa no he sabido. Una Leona fiera, a mi amado Leoncio, me ha criado, que cual mansa cordera, a ser piadosa el Cielo la ha enseñado, que aún los irracionales sienten a veces los injustos males. Con amigable ceño, las fieras que discurren ese monte aclaman a Leoncio, como a dueño, absoluto señor de el Horizonte, al verle se estremecen, y como a su Monarca le obedecen. Con tener quince Abriles, no hay Gañan en el prado, que compita a sus fuerzas juveniles; pues de la leche que mamó, instigado, con sus membrudos brazos un roble empedernido hace pedazos. Si algún celoso toro le niega la obediencia, y vasallaje debido a su decoro, le hace medir la arena su coraje, y entre lentos latidos, confiesa el rendimiento con bramidos. Desde que le he enseñado, y en algunos avisos instruido, está más reportado, menos furioso, y más agradecido; y si alguna pasión tal vez le rige, la sangre Real que tiene, la corrige. Aqueste albergue umbrio, cabada peña, tenebrosa, y triste, nos defiende del frío, y los ardores del calor resiste; que hasta las peñas rudas no están del todo de piedad desnudas. Aquí nunca el sustento, a los dos una vez nos ha faltado; pues nos sirve de provido alimento la caza que produce aquese prado, su grosero tributo, esas encinas, y agua dulce las fuentes cristalinas. Aquí los dos nos vemos del trato de las gentes apartados, donde a Dios ofrecemos la prolija pensión de estos cuidados, sin humano consuelo, hasta que esta traición descubra el Cielo. Quiero llegarme a la cueva, ya es hora de despertarle: Aún dormido ostenta muda la majestad su semblante! Oh cuán en vano su ser, quiere desmentir el traje! que en el tosco en gaste brilla, con más luces el diamante, respeto su vista infunde. Mal haya el traidor infame, que en este estado te ha puesto, y el decreto inejorable, de los hados; pero Cielos! si no mienten las señales, parece que habla entre sueños. Aguarda, espera, cobarde. No fue vana mi sospecha. Viven los Cielos, que antes, que ejecutes tal traición, y que tu intención declares, he de hacerte más pedazos, que elos orbes celestiales contienen en si de estrellas. Ea, Leones, matalde, seguilde, el tirano muera, verted su alevosa sangre, y al cuto de mi obediencia, sea sacrificio infame. rec. o Pero entre mis brazos? Hilo, Leoncio. . Laurencio, Padre. Qué es estó? Válgame el Cielo! Quién ha llegado a enojarte? L dé que das voces, que tienes? Pronósticos sonfatales de mi muerte estos anuncios, que entre sueños me combaten; Ha pese a la vil fortunal pero quien será bastante a enojarme, que no sea despojo de mi coraje? Repórtate. . Dices bien, tú solo fueras bastante a templarme. Dime agora, Leoncio, lo que soñaste. Rey soberano, soñaba, que la fortuna me hacía, y una diadema tenía, que mis sienes adornaba. En paz, y quietud reinaba, no ignorando mi poder: ilusión debió de ser de una idea imaginada, ver a mis plantas postrada una infelice mujer. Venganza de una traición, con lágrimas me pedia, y más que ella me decía, me dictaba el corazón. Llegó en aquesta ocasión, un traidor, y a su belleza, la trató con aspereza, y sin respetarme a mí, que me arrancaba sentí, el Laurel de la cabeza. Seguile ciego, y corrido, de ver mi infelice suerte; y al ira darle la muerte, sombra se mintió al sentido. Aqueste el suceso ha sido, que me tiene absorio, y hierto, sin duda, padre, que es cierto lo que estoy imaginando; pues cuanto dude soñando, me avisa el alma despierto. Hijo, templa esa pasión, ilusión fue de la imagen de la muerte, que te afirma las mentiras por verdades. En vano le callo yo, lo que quiere revelarle el cielo: Agora, hiso mío, dos consejos quiero darte. El primero, que no seas cruel, que es acción insame, y consecuencia forzosa, es cruel; luego es cobarde. El segundo, que respetes a las mujeres, que es grande su privilegio, y los hombres preciados de buena sangre, por obligación precisa con este respeto nacen. Témplate por vida mía, que se quejan los Zagales, de que por fuerza les quitas. el sustento, que es quitarles, la vida, y es cosa indigna, que haya en ocasiones tales, (cuando hay un ruego que obliga) una violencia que arrastre. Con esto quédate a Dios. Dónde vas Laurencio? Al Valle voy a buscar la comida. Yo iré contigo. Es en valde, aguárdame en esta cuena, y no me hagas mal a nadie, que me enojaro contigo. No sé qué fuerza me hacen estas canas, que a respeto me obligan, mas es mi padre, que mucho; pero qué digo? Yo he podido sujetarme a un hombre? No soy asombro de las fieras? estos Valles. por su Rey no me obedecen? Y esos ejes celestiales al verme no titubean, y en vivos incendios arden? Afuera vana obediencia; yo oprimido, cuando sabe al rudo pie que le pisa, morder venenose el áspid? Pero abí viene un Virlano, que será escarmiento fácil de mis iras: Verá el diabro; si del camino se sale. Echa por acá mohina. En esta peña ocultarme. quiero. Io burra de un puto, lleve el dimuño quien hace, que venga por leña al monte. Ahora bien, quiero sentarme, y comer un bocadillo, mientras el calor, que es grande, se pasa. . Salirle quiero al camino. Qué bien sabe sin Púscuala cualquier cosa; las ganas puede envidiarme un Duco. Comamos todos, que todos tenemos hambre. Verbo Caro fatunes. Quién eres? Soy un salbale, no quitando lo presente, Jesús que cara de casre. Siéntate, y pierde el temor. Ay! por Dios, y por su Madre, que se ducla usted de mí, por las tres necesidades, Come, acaba. Coma el Turco. Qué tiemblas hombre? qué haces? humano soy. No me entiendo con esas humanidades, Llégate más. Yo lo haré, mas haga usté que se aparten un poco aquellos señores, que a usto le sirven de pares, que aquel es un poco zaino. Idos de hay. . Ya lo hacen, que cierto que son corteses. Agora puedes sentarte junto a mí . Mijor estoy en ple. . Pues obligarasme a que me levante yo. . Él me da con la del martes. De dónde eres? De una Aldea, bien poco de aquí distante. Hay mujeres en tu Aldea? Pocas, pero malas. No hables mal de ellas; porque me han dicho, que son bellos animales. Una tengo propia yo, que es un animal tan grande como esté, La quieres mucho? Muy malas obras me hace el diabro del Ángelito. Malas obras, dime cuales? Siendo como casa propia, suele a veces alquilarse, es puerca, y es respondona, y entro otras habllidades, da en pedirme celos. Zelos, que son celos? . No lo sabe, pues lo pescudar . Jamás escuche ese nombre a nadie, prosigue, di qué son celos? Dire dos mil disparates. De la ensalada de amor, dicen que son el vinagre, Pues las mujeres los piden, deben de ser importantes, y por si a mi se me ofrece, unos pocos has de darme. No los tengo en mi conciencia, que se los diera de valde; pero mi mujer los tiene; sin duda soy como un Ángel; p. pues los samajes me piden celos. Guía que al instante he de ir contigo al Aldea a que me los dé. Más fácil es que yo la traiga acá, que ella tiene casidades para ser echada a perros, cuanto y más a los salvajes tan honrados como uste; así procuro escaparme. . Trayme esa mujer al puso, y mira que no me engañes, que te costará la vida; y para seguridades de tu vuelta, porreenes. una prenda has de dejarme. No tengo más que esta bora, Buena alhaja, otra has de darme, que aquí te aguardo. Y yo así me escapo. Espera cobarde: Corriendo va por el monte. Mámola el señor salvaje. Aguarda. Solo por eso un consejo quiero darle, y es, que le pida los celos. A quién villano? A su padre. qué ingrato ha nacido el hombre; pues agradecer no sabe los beneficios, burlome, mal hice en asegurarme de sus palabras traidoras pudiendo la muerte darle. Qué aguardo, que no le sigo? pero gente hacia esta parte. siento, retirarme quiero. Vive Dios que han de pagarme la burla de aquel Villano. Anda, Silvia, que es ya tardo, y está lejos el Aldea, y es fuerza que nos aguarden. Ya, Clauela, que dejamos. la comida a los Zagales, siéntate por vida tuya, y déjame que descanse un rato de aqueste arroyo, en esta florida margen, mientras que Montano llega, que atrás se ha quedado. Darte gusto quiero, ya me siento. Cielos! sordos a mis males, tened lástima de mí. Mujeres son; bien el traje lo asegura. . Tú te quejas? Hay amigal no te espante que sienta tanto, quien tiene: tanta razón de quejarse. No llores. Cielos divinos! aquellas lágrimas hacen impresión en mis sentidos. Dime, Silvia, tus pesares; declárame tus congojas, que puede ser que no falte quién las alivie. . Bien dice. Quien, dime, será bastante, a darme un alivio? Yo: Cielos piadosos, libradme! Muerta soy, válgame el Cielo, Esperad bellas deidades, Huye Silvia. Huye Clauela. Sollegaos, y no os espante el temor; un hombre soy, no fiera. Elada la sangre, apenas el pecho anima. Confusa estoy, y cobarde. Bellos prodigios del prado que a este sitio habéis venido, a ser riesgo del sentido, y admiración del cuidado. Que temor os he causado cuando mi fe os asegura? Contrapuesta es la locura, que en los tres a obrar empieza pues si os pasma mi fiereza, me asombra vuestra hermosura Que era libre, el padre mío me enseño; fue ceguedad, que al veros, la libertad no sabe de el albedrío. Tan ciego mi desuarío está, que si imaginara, y la fe no me enseñara, que hay otra causa primera, por deidades, os tuviera, por diosas, os adorara. No sé en tanta confusión, que ruido en el alma han hech sus palabras, que en el pecho no me cabe el corazón? Sed conmigo más humanas esto os suplica mi amor. Decidme quien sois? Señor, somos dos pobres villanas. No te turbes, no te alteres; que hermosas las dos están, válgame Dios! si serán ansí las demás mujeres? Dios nos saque de este aprieto. Al mirarlas, mi rigor, una me provoca a amor, y otra me causa respeto. La hermosura, y la presencia de aquella, me tiene en calma; y en esta me avisa el alma el decoro, y la obediencia. Dame una mano a besar, a adorarte el alma empieza: qué blandura! Que fiereza. Que alegría. Que pesar, suelta la mano. Ay de mí! No te defiendas mujer, que harto tengo yo que hacer en defenderme de ti. Cielos! Ay dulces enojos. No hay quién me socorra? Sí. Dónde está el remedio? En ti. . En qué parte? En esos ojos, Llamas del pecho respiro, no te valdrá tu cautela. De qué das voces Clauela, mas Cielos que es lo que miro! Hay hijo en suerte ocasión llegaste; yo estoy perdida. No se que rabia encendida me fatiga el corazón. Mostruo horrendo tus desuelos castigaré por mi mano. Qué bien me dijo el villano, que eran enigma los celos. Hombre no pases de ay, o irá a tu pecho derecha envenenada esta flechia. u . Tira, . No ha de ser así. Sin ventaja de esta suerte, entre mis membrudos brazos te tengo de hacer pedazos. En ellos verás tu muerte. Que así mi valor se ultraja. Talfuerza en mi vida vi. No hay en el monte, ay de mí! quien socorra. 1. Ataja, ataja. 2. Echa por aquesta parte, que aquí me dijo un villano, que que daba el monstruo. Cielo! a mí me vienen buscando. Pues librarte determino, que los Cielos soberanos me fuerzan a que me incline a tu valor. Si hablo claro, lo mismo a mí me sucede. Pues a Dios. En qué quedamos? Yo tu amigo verdadero. Desde aquí te doy la mano de serlo, conque me dejes esta beldad que idolatro. Imposible es lo que pides. Pues en el puesto en que estamos nos veremos muchas veces. En él mañana te aguardo, A Dios adorado dueño. Sin mi estoy. Sin vida parto. Válgate Dios por salvaje. Válgate Dios por villano. j , Perdido de mis Monteros, hasta esté puesto he llegado en busca de aquella fiera; pero de aquestos villanos me informaré: ah buena gente, habéis encontrado acaso un monstruo que anda en el Monte? Esta mañana a lo largo, más de una legua de aquí, le vimos estar sentado. al pie de una bronca encina. Hay mancebo! aquesto hago. . por librarte de la muerte. Válganme los Cielos santos! no es el Daque? no es mi esposo? No vi milagro tan raro de hermosura: ah labradora? Cielos en mí ha reparado: mas no es fácil conocerme; porque aún yo misma me engaño, cuando al espero me miro. De aquesta industria me valgo; que mira, Señor? No ho visto tan parecido retrato de Margarita, mi esposa, que aunque mi honor irritado le dio por traidora muerte, en el pecho me quedaron unas cenizas que al alma, le aseguran lo contrario, Hermosísima Zágala, se. escúchame. Verá el diabro, que tiento que me pecilga, tenga que dita la mano y apártese allá. Yo quiero ser tu galán. Guarda Pabro; para galán, nunca es bueno, quien para marido es malo. Parece que me habla al alma, que testimonio más claro de que su sangre inocente está en el cielo clamando. Ay Margarita divina! A quien digo? ah Cortesano, apártesé de la moza. Que gracioso es el muchacho, Esto que os importa a vos? Si me importa, o no, dejarlo es lo que agora conviene; Labradora. Nos burlamos, más que por el Monte ha der? el señor, mas que de paso, Escúchame. Voto al Sol, que le dé con el cayado. , s. Dos horas ha que a tu Alteza, andamos, Señor, buscando por lo intrincado del Monte. Hola, Alteza le llamaron. El Dunque es, viven los Cielos! Amigo Conde Ricardo. Gran Señor. Qué es lo que escucho! . Vive el cielo soberano, que este aleve es el traidor, que mi madre me ha contado, que en este estado nos tiene. Ya le conozco. Ha tirano; Véngueme el cielo de ti. Señor, ya es tarde, y Belardo el Mayoral de esa Aldea, os está en ella aguardando. Todos sus Zagales somos, y yo a esas plantas postrado perdón de mi yerro pido. Ay Silvia! yo estoy temblando. yo en esos ojos me abraso, Su insolencia mos perdone; con el lenguaje le engaño, . tu hermosura, le sucede el no haberle conocido. Vamos, vos Conde, quedaos, y decilde a esa Zagala que tenéis a vuestro lado, que me ha parecido bien: Ya me entendéis. Ya lo alcanzo, así lo haré. . Venid todos. Ven Clauela. Ven Montano. no es esta la vez primera Aguarda. Serrana hermosa, detente, espera. Qué diabros le toma. . Decirte quiero una palabra. Ya aguardo. Segura quedas conmigo. Segura dijo, no tanto, como a su merced parece. Por qué? Porque le he mirado, y me parece un poquito traidor. Cielos soberanos, en toda mi vida vi tan parecido traslado de la infeliz Margarita; su cara en ella copiaron los cielos, de verla solo, en vivos incendios ardo. Ah traidor! y quién pudiera . hacerte dos mil pedazos: Dejemos irpor su vida. Aldeana, hablemos claro. El Duque te quiere bien, de quererle se te sigue una afrenta, que en gozando el desprecio al agasajo. Vente conmigo a la Corte, donde juramento hago, si quieres pagar mi amor, de ponerte en otro estado, y de darte con que en ella, puedas vivir con descanso. Qué respondes? Ha traidor! Que no te obligo? Aa tirano! que eres a tu dueño falso. Digo, señor. . Que, qué dices? habla. Que se cansa en vano. Por qué? Por que tengo esposo. Qué importa? Es un hombre honrado; y aunque no me quiere bien, no he de darle aqueste pago. Dónde está. usente, y presente. No te entiendo. Eso esta llano, ausente, porque no vive con su esposa ha algunos años, Be Páscuala ve a sacar vino, presente, porque conmigo, siempre en el pecho le traigo. . Voy volando. Que no te ablandas? Soy bronce. A mis finezas? Soy mármol. Ya mis ruegos? Ya me venzo. No respondes? Ya me allano. De qué modo? De esta suerte. Aguarda, tras ella parto, viven los Cielos villana, que pues burlas mi cuidado, que ha de procurar mi industria vencer tu desdén ingrato. Válgame Dios, lo que tarda el Duque, y me da pesar cuando miro que el lugar, con tantas fiestas le aguarda. Hla Gilote, Pascuala; no responden? ay rigor como este! Señor. Señor. Responded enoramala. Qué quieres? Que he de querer, no hay un alma que me acuda, debéis de pensar, sin duda, que tenéis poco que hacer. Esta la casa aliñada? Nunca la barrí mijor: impía está. . Miente, Señor, que no ha dado una escobada. Cese ya vuestra despura. De mirarle me amohino. y descuelga alguna fruta. Si han venido. las danzas, que los Pastores hacen? . Como dos mil frores: ya está todo prevenido; pero ya aquesta armonía, dice que el Duque llegó. Quiero adelantarme yo. . Hoy tendré famoso día. Mueso Duque invicto, norabuena venga, a ser regocilo, de toda el Aldea, venga norabuena, norabuena venga; el Sol de estos montes, que todo lo alienta, que en los corazones, y en las almas reina, norabuena venga, venga nosabuena. Yo os agradezco Zagales, la fe de vuestro deseo, y el regocijo que miro, en vuestros sencillos pechos. Quién es Belardo? Señor, el que está a tus plantas puesto, en hora buena vengáis, a este humilde, a este grosero, albergue que esta temblando, su corto me ricimiento, de que el Sol haya venido, a ver sus pagizos techos: en hora buena. Belardo; bien está; mucho me alegro, de veros tan alentado. Señor, aunque estoy ya viejo, me remoza vuestra vista. Es posible que merezco, . ver a mi esposo esta dicha, por ser mía; aún no la creo. Ahora. Señor, vos vendréis cansado; y en este puesto, que es lo mejor de mi casa, por ser paso; y estar fresco habéis de comer, Clauela, Silvia, Lauro, sacad luego; la mesa a su Alteza aquí. Ya. Señor, te obedecemos. Hay esposo de mi vida! que bien afirma mi pecho el gusto conque te sirvo. Mal disimulan mis celos, Conde. . Gran Señor! el ver que la mira el Duque. Sentaos, Señor. Ya me siento Hay bellísima Aldeana! el rostro de Margarita. Llegarme a la mesa quiero, y comer como un cochino de lo que fueren trayendo. - hay esposa, que mal templo A la desdichada Arminda, el Rey de Cipre Fisberto, por unos falsos indicios la desterró de su reinó. Belardo? Señor. . Quien canta? Es un Zagal que tenemos, de buena voz, que estará su trabajo divirtiendo. Válgame el Cielo, que escucho! parece que estos acentos, que llegan a mis oídos, por Margarita se hicieron, toda es presagios el alma, cuanto escucho, cuanto veo de su inocencia, y mi culpa, me aseguran; verdaderos testigos son en el alma, estas lágrimas que vierto. . Enternecido está el Duque, . temblando estoy, vive el Cielo! al oír de aquella voz los mal pronunciados ecos, que descubren mi traición: que haré? ay de mil estorbar quiero, que a cantar vuelvan: villanos no cantéis más, de ira tiemblo. Dejadlos. Que a mi pesar te obedezco, confuso; y sin alma estoy. . Corazón disimulemos. en ta semblante a ver vuelvo, . 1. Siendo la causa un traidor, muerte alevosa la dieron; porque siempre la traición, es hija de viles pechos. Bien dice, yo fai la causa, el dolor! ay Margarita! de dolor se parte el pecho: yo fui tu cruel verdugo, yo a un Ángel le quité fiero la vida, yo fui el traidor, que hice. Gran señor, qué es esto. Ay Condel hay amigo mío! Vos triste, vos descompuesto? de dolor se parte el pecho; La memoria de mi esposa me aflige, con mil agüeros me persigue, y me amenaza. Agora importa el veneno . vos lágrimas? vos suspiros? de mis palabras. Señor, corrido estoy, vive el cielo, de que pueda la memoria mas que vuestro entendimiento. llégate más, que en tiveo Qué dirá el honor de vos, si ansi le dais en el pecho lugar a aquesa pasión? cuando ese llanto era bueno que le vertiese la ira, aún antes, que el sentimiento. Bien decís, por una aleve, que violó! mi casto lecho, ardientes suspiros formo, y tiernas lágrimas vierto? Eso sí, venza la ira. Viven los sagrados cielos, que si volviera a la vida, la diera muerte yo mesmo. 1. Su muerte sienten a una los nobles, y los plebeyos, y de su innocencia son testigos los altos cielos. Pesea la voz! ha villanos, no cantéis, que me habéis muerto. Cielos, piedad, que me abraso, socorro, hay Dios! qué me quemo: idos villanos de aquí, dejadme solo, idos luego. , s Yo, señor. Y vos también, Ya se acabó el sufrimiento. Muerto voy. . Ay Margárito! tu inocente, y yo con vida? Señor, ay de mí! qué es esto, vos hacéis tales extremos? vos tan descompuesto? Ay Silvia! el alivio de mis males. Ay señor! pluviera al cielo, no padeciera los mismos, que vos estáis padeciendo, tanto, que puedo deciros, que son mis males los vuestros, Que los sientes? En el alma. Mucho, Zágala, te debo. Mas de lo que vos pensáis. No hay a mi dolor remedio? Dejad vos de ser ingrato, que no está el alivio lejos. No te entiendo. Pues yo sí, que os tengo lástima. . Luego a poder tu remediarme, lo hicieras? Sábelo el cielo; pero lleváis contra vos, Qué, Labradora? Estar ciego. En mi pena no hay alivio. . Ni descanso en mí tormento, Lloras? . Un bien que perdí, Del mismo mal adolezco; declarate. No es posible. . Habla. Una verdad arriesgo. Dime tu mal. Temo el daño. Quién le causa? Un escarmiento, No hay alivio? No hay alivio. No hay consuelo? No hay consuelo. Pues vuélvome a mi pasión. Pues yo a millanto me vuelvo. Ay Margarita divina! . Ay dulce engañado dueño! A Dios Labradora. A Dios. . Muerto voy. Sin alma quedo.

JORNADA TERCERA

TERCERA JORNADA Ya de que salgáis es hora, porque viene amaneciendo. Aún el Sol está durmiendo en los brazos del Aurora. Ya el Alba su llanto enjuga a la luz de su arrebol, No está bien hallado el Sol, pues a estas horas madruga, Pisad quedo. Apenas toco la tierra, al aire veloz, aún no perturba mi voz. Venid tras mi poco a poco, y idos; porque los Serranos madrugan a trabajar, y es darles que sospechar: que en efeto son villanos, de pensamiento tan bajo, y de intención tan incierta, que a todos, mas les despierta la malicia, que el trambajo. Ay Silvia! no ignora el cielo en la pena que he tenido, que tu solamente has sido la causa de mi consuelo. Con pecho sencillo, y grato aquesta noche te hablé, bien sabes que no pasé de las leyes del racato, ni aún la vista te ofendio. Solo quise hablarte, y verte. Bien decís, que de otra suerte no os lo consintiera yo. En fin esta tarde os vais a la Corte? . Fuerza ha sido, excusarlo no he podido. No os pido que me veáis, más que os acordéis de mí; pues debéis a micuidado más de lo que habéis pensado? El alma se queda en ti. Cazando a la Corte iré, y esta noche, yo promento, venirte a ver de secreto. Bien os merece mi fe esa fineza, yo estoy aguardándoos, y esa puerta hallaréis, señor, abierta. Loco de contento voy. Este amoroso, este inquieto . ardor, que en mi pecho crece, con ser lícito, parece que me lo riñe el respeto. Margárita, esta afición . tu memoria la ha causado; porque llevo tu traslado impreso en el corazón. Idos por Dios, que es ya tarde. Aquesta noche los dos nos veremos, Silvia a Dios. El cielo, señor, os guarde. Que es lo que pasa pormí, es sueño, o es fantasía, lo que miro, y lo que toco! yo de mi esposo ofendida, y a un mismo tiempo obligada; que haya en una causa misma, dos efectos, como ser, amada, y aborrecida; cómo es posible? Ah variable fortuna, siempre enemiga, si has de obligar, porque ofendes? si has de ofender, porque obligas? Pero yo de qué me quejo? mi esposo el Duque me mira, dije mal, me quiere bien, me ruega; y me solicita, es verdad, yo lo confieso, mas son las causas distintas. Como Daquesa le ofendo, y le agrado como Silvía. Desuerte, que aún de su afecto está quejosa mi dicha; pues cuando más me enamora es cuando menos me estima, Aquesta noche le hablé, para ver, si las caricias, los halagos, las memorias, su pecho ablandar podían. Pero apenas en mis labios el nombre de Margarita escucho, cuando enojado, segunda vez a mi vida inocente la amenaza. Si la disculpo, se irrita: si me déclaro con él, me arriesgo a no ser creida: si le réplico, se ofender si callo; mi honor peligra: y en fin, por cualquiera parte, tan cercada, y comvatida estoy de penas mortales, que ya no tiene la vida ánimo para esperarlas, ni valor para sentirlas. Mas llevada de mi pena, no miro que ha entrado el día, y no despierta lagente, que al trabajo se encamina. Hola Gilote, Zagales, despertad, que ya la risa de el Alba dice, que el Sol a el Oriente se avecina, y el gallo despertador, ya con su canto os lo avisa, Ea hijos a la tarea. Dios te lo perdone Silvia, porque me has quitado el sueño mijor que tuve en mi vida. Pues Gilote, que soñabas? Soñaba, que de una encina ahorcaba a mi mujer. Y eso alegrarte podía? Cómo alegrarme? de hallarla despierto a mi lado viva, quisiera ahorcarme yo. Parece que toda via, no me sienten los Zagales, quiero llegarme yo misma a despertarlos. . Señores, hay remo en aquesta vida como una mala mujer? que la muela las costillas, tres días en la semana, y que luego la enemiga, sin ser Cuarésma me ponga en la frente la ceniza? vive Dios que he de llevarla al monstruo por unos días, y cumplirle mi palabra, que Pascuala, es buena hija, y no irá de mala gana; pues para la cuitadilla, echarla a salvajes mozos es darla a beber con guindas. Dónde me llevas amor? ciego en mi esperanza vana, siguiendo de una Villana. los desdenes, y el rigor. Toda la casa he mirado, y a Silvia hallar no he podido. . De este me quiero valer. Siguiendo al Conde ha venido . Venid acá, seréis hombre? impaciente mi cuidado, para ver, si de esta suerte mi alentado corazón halla oportuna ocasión, de poder darle la muerte. Pero aquí Gilote está, que se vaya aguardaré. Allí un villano se ve, que de Silvia me dirá. Ha buen hombre? Qué mandáis? Hbéis visto a Silvía? Sí; agora se fue de aquí, mas porque lo pescudáis? ̱. En cierto negocio, hermano, . Hatirano! quiero hablarla. Bien se allana: negocio, y tan de mañana? Malicioso es el Villano. Qué pena a mi pena iguala? Cómo os llamáis? Soy un zonte, mi propio nombre es Gilote, el marido de Pascuala. Casado sois? Fue mi estrella. De vos sin querer lo sé Macho me admiro, de que no lo hayáis sabido de ella. Solos estamos los dos; ya en el silencio lo veis, llegaos acá. . Qué queréis? Tengo un negocio con vos; Señores, que es lo que oí, maldigo mi suerte amen, Mirad que os digo, y También hay negocio para mí? Quién habrá que no se asombre? El piensa que lo mujer. Sabe que estoy adorando a Silvia, locos extremos hago por ella. . Acabemos, que estaba ya reventando. Cielos divinos, que oí! más agravios, mas traiciones, Sean paga estos doblones de lo que has de hacer por mí. A Silvia idolatro en vano, pues no la obliga mi amor; y así esta noche. Ha traidor. Quisiera verla. Y será mi dicha cierta, y no poca tu ventura, si tu cuidado procura abrir, Gilote, la puerta de su estancia, que a deshora aquesta noche vendré, y conayuda podré ver la luz que el alma adora. Esto escucho, y estoy vivo? que a tanto un traidor se atreva Ya yo estoy como una breva con este madurativo. Mas paga mi amor prome si no quedas sadefecho. Señores, aquesto es hecho, yo nací para alcanvete, y si doy en este vicio, no habrá diabro que me dome, que en estos tiempos no come el que no tiene un oficio. Digo, señor, que estaré con secreto, y con cuidado, en el puesto señalado. Primero te mataré. C. Y aquí para entre los dos, te quiero agora dejar, por no dar que sospechar. Pues a Dios Gilote. A Dios. Apresura el rubio coche, Sol hermoso, a mi porfía, deja que triunfe del día el imperio de la noche. Según caminas, parece que no te obliga mi amor. A qué aguardo? ea valor, buena ocasión se me ofrece; que espero? a mis manos muera, ningún temor me acobarda. El Duque, señor, te aguarda. Su Alteza, señor, te espera, De cólera estoy temblando; o pese a la suerte mía! Vamos. A su Señoria iremos acompañando. Buena ocasión he perdido, vive el cielo que me corro, de que a tan justa venganza le luce diese este ostorno Yo de un traidor ofendido? que no se contenta solo con una traición, que al cielo escándalo fue, y asombro, sin que en el honor me otenda, y me agravie en el decoro. Ha cielos! como sufris este agravio? aqueste oprobio? Si os precias de justicieros, no estéis a mi afrenta sordos, Mas bien hacéis en librar a mi brazo valeroso la venganza de este agravio; y pues esta noche el solo ha de venir a lograr, de su intento cauteloso la ocasión, rayo, seré, que inúnde la tierra a golfos de su púrpura caliente, en repetidos arroyos. Y pues le di mi palabra. a aquel joven prodigioso, de ira buscarle a su cueva, a cumparia me dispongo. Mientras el cielo es testigo de la venganza que tomo, Conde aleve, de tu vida, ha de ser el plazo corto; porque llevo contra ti estos suspiros, que arrojo, estos incendios que éxhalo, aquestas furias que aborto, y la razón, que es lo más; porque aunque el cielo piadoso sufre en la tierrarraiciones, venganzas permite y todo. Canta Bato una tonada. ya que vamos a la siega. 1. Malano, el Sol como pega. Ver los sembrados me agrada; comienzen a trabajar. Mal haya, amén, la tarea, 1. Porque más allegre sea, una lletra he de cantar. 2. Andulare, con la segaderbela, andulare, con la segadora, La Zagaleja hermosa muy enojada está; porque para soldado. llevan a su Zagal. Andujare. Pardióbre, que lo has cantado muy bien: mi burra en rigor, dudo que lo haga mijor, cuando rebuzva en el prado. 1. Siempre malicioso bienes, que canto mal, ya lo sé. Hombre, estímate, porqué no sabes la voz que tienes. Gilote, nada le digas, que me divierten sus voces. Cansadas están las hoces de cortar cuellos de espigas; y pues en esta frescura los cinco juntos nos vemos, a Clauela coronemos por Reina de la hermosura, 2. Has dicho bien, voto a san, 1. Vaya, pues, hay son decillo. Cantémosla el estrivillo, que compuso el Sacristan. La hermosa Clauela, flor de la canela; que por verla vuela el vendado amor. Esta sí, que se lleva la gala, esta sí, que las otras no, La azucena hermosa, y la fresca rosa, de verla invidiosa el color perdió. Esta sí. Yo os agradezco, Pastores, la lisonja. 1. En buéna fe, no sé que es lonía, mas sé, que huele el tocino a frores, 2. Ahora os quiero pescudar, si habéis visto al monstruo? Sí: esta mañana le vi en somo del encinar. 1. Dalde al diabro, que ayertardo, estando en la siega yo, la comida me quitó. (de, Dios del mos libre, y mos guar que con sus leones fieros no hay cosa que no destruya. 2. En el monte en busca suya, anda el Duco, y sus Monteros. Qué monstruo? qué vive el cielo, que si agorale encontrara, por sopa me le tragara, como si fuera vuñuelo. 1. Yo, con solo aquesta hoz ver las estrellas le hiciera. 2. Pardiobre, que si lo viera, lo matara de una coz. 1. Si a hacernos daño viniera, con la honda le estrellara. Eso es poco, yo le asara, y luego me lo comiera. 2. Yo le cogiera al instante. Yo se la armara con queso. Pues no lo dejéis por eso, que ya le tenéis delante: Mas que es lo que llego a ver! esta es la deidad que vi. Villanos idos de aquí, y dejadme esta mujer. 1. Qué horror! 2. Qué asombro! Que espanto! 1. Huye, pese a mi linaje, Qué aguardáis? Señor salvale, no lo dije yo por tanto. Su fiereza me acobarda; elados muevo los pies. Cielos, qué dudo? ella es, aguarda mujer, aguarda: su rostro a piedad me inclina. Por Dios que no me haga mal, No he visto belleza igual, No temas mujer divina, segura de mis enojos estás, no te turbes, no; así lo estuviera yo del incendio de tus ojos: Como sola te han dejado, y de verme huyendo van, poco debes al galán a quien rindes tu cuidado. Si yo el elegido fuera, cuando en mi valor me fundo, y te persiguiera el mundo, del mundo te defendiera. De su valor hizo alarde, cuando conmigo luchó: como allíte defendió, y aquí se muestra cobarde? El que dices es Montano, de esta Aldea Labrador; y aunque no le tengo amor, el alma lo afirma en vano, . no estaba agora conmigo, que a estarlo, posible fuera, que de ti me defendiera. De su valor fui testigo; y para que eches de ver, que nunca el cuidado mío pudo forzar tu albedrío, bien puedes irte mujer, vete, acaba, que aunque aquí lograr puedo una victoria, quiero deberme la gloria de saber vencerme a mí. Que aunque el amor me enajena, y sola conmigo estás, en mi pecho puede más tu decoto, que mi pena. Y así mi valor te advierte, que puedes asegurarte, que una cosa es violentarte, y otra, Zágala, es quererte. Vete por Dios, que me abraso, Qué me das licencia? Sí: pero detente. Ay de mí! yo quiero alargar el paso no se arrepienta. Vendrás a verme al monto? Si haré. Juralo, pues. Por mi fe. No te creo, jura más. Pues yo, por mi fe, creyera, que un gran juramento era. Más, Zágala, te creyera, si juraras por la mía. En fin a burlarme vienes? que es engaño, bien se ve lo que has jurado. Por qué? Porque tú no me la tienes, que así pagues mi lealtad, Zágala, otra cosa jura. Qué ha de ser? Por tu hermosura, con eso dirás verdad, que aunque burlarme procuras, me engañará el juramento. Así divertirle intento. . Si con eso te aseguras, por ella a verte vendré. Yo con el alma te estoy aguardando. Muerta voy. Por tu hermosura juré, y en las mujeres no hay cosa que ablande más sus desdenes. Advierte que si no vienes, dejarás de ser hermosa. Ya nos veremos los dos. Qué dicha. Que sentimiento. Que alegría. Que tormento. Pues a Dios Zagala. A Dios. Fuestes sin vida he quedado, que bien me enseño Laurencio, que a las mujeres debían los hombres este respeto. Y aunque no me lo enseñara; lo hiciera yo; porque el pecho hidalgamente me infunde, en las venas otro aliento mas noble, conque a mis iras, mayores triunfos prometo. Pero a Laurencio he perdido, que en fin, como está ya viejo, y cansado, no ha podido seguir el curso ligero de mi gran velocidad. Qué deleitoso, que ameno está este sitio, parece que se adormece el imperio de las flores, con el ruido que hace en las hojas el viento. Por do intrincado del monte dos horas ha que ando ciego, llevado de mi valor, y animado de este acero, que me acompaña, buscando a aquel valiente mancebo, que en aqueste puesto dijo me aguardaba: mas que veo! no es el que miro? . O la vista, le engaña, o este es el mesmo que le opuso a mi valor? Tu vida guarden los Cielos, valiente, y gallardo joven, sabe que a cumplirte vengo la palabra que te di. Bien de tu valor lo creo; pues fuera de ti, en el mundo quien tuviera atrevimiento de ponérseme delante? Absorto al mirarle quedo. Cómo te llamas? Montano: este nombre me pusieron, porque nací en ese monte. Fresmoble? . Si del pecho me informo, pienso que sí; aunque por varios sucesos de la suerte, no he sabido el padre que me dio el Cielo. Y pues has sabido el mío, saber el tuyo pretendo: Mi nombre propio es Leoncio; en aqueste monte mesmo nací, y un Anciano noble, aquien la enseñanza debo, y es mi padre, me ha contado, que me criaron los pechos de una parida leona; y por su piedad me ha puesto este nombre. Extraño asombro! en todo nos parecemos; y pues conforman, Leoncio, nuestras estrellas, deseo, que seamos muy amigos. Hay mucho que hacer en eso. Quién puede estorbarlo? Yo. . Pues porqué? Porque primero has de darme la palabra, de no ser amante ciego, de aquella beldad que adoro. Corrido estoy, vive el cielo, de que pueda un imposible borrar los disiguios nuestros. Pues a nuestra lid volvamos. Aguarda, que aunque me ofendo de lo que dices, vencerte con las razones espero. Ella no te quiere a ti. Agora en aqueste puesto estuvo, y me dio palabra de volver a verme. Cielos! que escucho? Mira Montano, si alguna esperanza tengo: qué respondes? Qué riñamos: porque en lance tan violento, lo que dispensó el amor, me lo probiben los celos. Pues acabe la violencia lo que no ha podido el ruego. Qué te suspendes? Espera, . Qué miras? Qué nuestro duelo ha de serigual; y a mí me sobra agora este acero, Yo te le doy de ventaja. Mal conoces mi ardimiento, sin él te daré la muerte: pero hacia esta parte siento, que viene gente. Bien dices: hacia aquí nos retiremos, s , Dejando en el monte al Daque, y también a los Monteros que me acompañaban, solo por aquesta senda vengo, en busca de aquella fiera, por si consigue mi intento, matarla, y llevarla al Duque. Cielos, qué miro! Qué veo! Vive Dios, que este tirano es el traidor, que entre sueños, con presagios me amenaza; será despojo sangriento de mi brazo. Que ocasión mejor de matarle, puedo desear. Entre estos ramos ruido parece que siento. A que mi valor espera, cuando de verle mi írrito? Si esta ocasión solicito, a que aguardo? Muera. . Muera. Aa villanos! eso no, que yo me defiendo ansí. Déjame llegar a mí. Déjame, que llegue yo. Tú me estorbas esta acción Tú me quitas este empeño: que causa te obliga? Un sueño; y a ti amigo? Una traición. Mayor mi razón se advierte. No tienes que porfiar Yo le tengo de matar. Yo tengo de darle muerte. Villanos, que os acobarda; porque no llegáis los dos? Esto sufro, vive Dios, que ha de morir. Tente, aguarda, que el duelo, a mí obligación le toca, sin competencia; pues la mía es evidencia, y la tuya fue ilusión. Ya estás Montano importuno, déjame a mí, o vive Dios, que por matarle los dos, no le ha de matar ninguno. Monstruo, tus iras feroces castigará mi valor. Qué aguardo? 2. Muera el traidor. 1. Hacia aquí sueñan las voces, llegad presto; mas que vi! no es aqueste el monstruo fiero? Tiralde amigos. Primero habéis de matarme a mí. Mueran. Aunque nos impidas el paso, de aquesta suerte, antes que logres mi muerte, te ha de costar muchas vidas. 1. Al monte, a la senda, al llavo. Sígueme, Montano amigo. 2. Atafalde. . Ya te sigo. En la refriega, a Montano he perdido, la espesura del monte la causa ha sido. Pese al traidor fementido, que nuestra muerte procural que aguardo? buscarle espera mi valor, y entre mis brazos hacer al traidor pedazos. En busca de aquella fiera vengo al monte: mas que miro! no vi joven tan gallardo? por Dios que es bizarro el hombre. Al verle, se ha alborotado el alma. Al mirarle el pecho, suspende la acción al brazo, respeto, y amor me infunde. Mas qué dudo? Mas qué aguardo? Si este es el monstruo que busco? Si está en un riesgo Montano? 2. Muera a mis manos. Parece, que mi acero se ha embotado al ira ofenderle. Cielos! por más que provoco al arco, apenas el brazo anima la flecha: supían los brazos la falta de los aceros. Mas que ofensas, son alagos tus iras, llégate más, abraza bien, que estos lazos el alma me lisonican. Hombre: qué estrella? qué astro . Mañana volvere a verte. a obedecerte me inclinan? tuyo es el triunfo, y el lauro: rendido estoy a tus pies. Hijo, el alma me adictado. este nombre: alza del suelo. Señor, padre, por los labios . Apenas muevo los pasos, se ha salido el corazón: dame primero la mano, en señal de que te admito, como subdito, y vasallo, por mi absoluto señor. Quién eres? Esos peñascos me dieron cuna al nacer, las fieras me alimentaron de ese monte. 1. Ataja, ataja: cerralde todos el paso no se escape. Esta es mi gente. Pues vuelva ami mano el arco. Ampararte solicito. Aunque vuestro pecho hidalgo antes que la noche oscura estimo, en aquestas flechas libraré al aire mi amparo. Valiente mancebo, el pecho a tu valor inclinado, por una secreta fuerza, que ni penetro, ni alcanzo, me obliga aguardar tu vida. A lo espeso de esos ramos, que son del monte atalayas, puedes retirarte, en tanto que salgo al paso a mi gente, y de este sitio la aparto; porque encontrarte no puedan, no se empañan las estrellas, Seráhacerlos agasajo, llevarlos donde no prueben la violencia de mi brazo. En este sitio te aguardo. Mira que soy muy tu amigo. Con ese nombre, no extrañó poner el mundo a mis pies. Qué discreto. Qué bizarro: el alma me lleva el hombre, válgate Dios por mancebo! el corazón me has robado. Leoncio. Montano amigo. Gracias a Dios que te hallo con vida. En esa espesura me perdieron los Villanos. Lo mismo me sucedió. Y pues nos hemos hallado, volvamos a nuestra lid, o a solicitar volvamos nuestra venganza, siguiendo al fementido tirano, cierte a nuestro intento el paso, por lo intrincado del monte. Qué dices? Qué suspendamos. por agora nuestro duelo, valiente Leoncio, en tanto, que yo del traidor me vengó, y en su infame sangre lavo la ofensa que hizo a mi honor. Qué dices? de enojo rabio, tú en el honor ofendido, y a los incendios que éxhalo no se desquician los astros de sus ejes? vive el Cielo, que he de ir, yo solo a buscurlo, y darle la muerte. Espera: repórtate, que ya trazo mi venganza. Eso deseo: muera el traidor. Que mi agravio te irrita? Sí que lo siento, como si fueras mi hermano. Pues Leocio, aquesta noche, después que su negro manto sepulte al Sol; porque gocen de su influencia los Astros, dentro de mi casa misma, lograr mi venganza aguardo. Mi vida a tu lado ofrezco. El día se va acabando, sígueme; porque los dos, pongamos mi madre en salvo, en dando al traidor la muerte. Ya te sigo. Deja el arco: que con más noble instrumento has de ejercitar el brazo: un acero te he de dar, Aunque no le he manejado, no importa, que el corazón rige el impulso, y la mano. Aguarda Ricardo aleve. Espera traidor Ricardo. Que en mi brazo. Que en mi diestra. Para asombro. Para estrago, De tu traición. De tu vida. Va un Etna. Un volcán. Un rayo. Y porque mejor entiendas tu ruina; en el amago va el agravio, y la venganza de Leoncio, y de Montano. La casa está recogida; y muy falso, y alagueño, a todos sepulta el sueño, que es cosa de la otra vida. Yo me arrugo poco a poco, y mientras Ricardo viene; pues abrirle me conviene, quiero divertirme un poco, que haré? Saco mi volfico. Dempués que tengo dobrones, ando con mil confusiones: que poco descansa el rico! Ahora bien, descurrir quiero, que ha hé de metal tan fino, y buscar algún camino, para dobrar mi dinero. Ahora bien, yo he de emplearos, comprando una casa luego; pero esto es cosa de luego, porque tiene mil reparos. Un censo con mil primores mercaré, mas será en vano, que le dan luego a un Cristiano con un pleito de acreedores. Comprar una tierra quiero, que me dé el pan a porfía; pero será voberia, que yo entierre mi dinero. Un luro es bocado suave, sin disgusto, ni zozobra, y que por tercios se cobra su renta; pero no cabe. Ganar cada mes intento dos por ciento; así me entablo, más será llenarme el diablo, a venticuatro porciento. Desuerte, que el que percura acrecentar su moneda, sin ella al cabo se queda; porque no hay cosa segura; censo, que no mos la pega; tierra, que no sea valdio; plazo, que no sea jodio; pues le esperan, y no llega. Y con un desvelo eterno, que sus pecados le dan, el logrero pían, pían, se va por su pie al infierno. Y así, aquel que de tropel, codicioso, y majadero quiere dobrar su dinero, quiere que dobren por él. Pero esta seña me avisa, que el Conde Ricardo llega; y pues me dio su dinero, cumplir mi palabra es fuerza. Yo voy a abrirle, señores, protesto, que no me lleva el interés, si no el oro (que en fin ablanda las piedras) a hacer traición a mi amo. Por las tapias de la huerta hamos llegado hasta aquí. ̱ Aquí es preciso que venga el traidor Conde Ricardo. Pongamos con diligencia, Montano, a tu madre en salvo, que si una vez en mi cueva la vemos, de todo el mundo, que se junte en nuestra ofensa, los dos la desenderemos. Nada Leoncio recela. a tu lado mi osadía. Tu valor mi pecho alienta; Y tu generoso acero; pues esta es la vez primera, que aquesta mano te empuña, y aqueste impulso te alienta, no has de quejarte del brazo que te rige, y te gobierna. Juro por aquesas luces, que son mariposas bellas, que en el luminar segundo tremalamente se queman. Que solo al golpe primero de mi brazo, y de mi diestra, ha de ser el Conde aleve, vil despojo de la arena. Donde la púrpura infame, que a mares su pecho vierta, salpique a trechos el aire, y inunde a golfos la tierra. Así vengaré mi agravio. Así borraré la idea de aquel horror, de aquel sueño, que aún teme el alma despierta, y entra sombras me amenaza. Esta, señor, es la puerta del aposento de Silvía: pisad quedo, no nos sientan, que el viejo es como una sierpe, y venid tras mí. No temas Gllote amigo. Ya es hora de que salga vuestra Alteza. Pasos a esta parte siento. Quién va? quién es? Silvia bella, no nos des voces, el Conde Ricardo soy. Yo estoy muerta. Ya sabes lo que te adoro, Que escucho. Y qué mis finezas, te obligan. A falso amigo. Quién os ha dado licencia, para llegar hasta aquí: Aunque ingrata me desprecias, no puedo olvidarte Silvia; porque eres la imagen mesma, la copia hermosa, el retrato de una dama? que ya es muerta, quizá porque a mis cariños irritaron sus tibiezas; y de esta memoria el fuego, que me aflige, y me atormenta, he de templar en la nieve de tu mano. El traidor muera. Primero verás tu muerte. n, , Ya mi valor no aprovecha: muerto soy. Acudid todos: hacía aquesta parte sueñan las espadas, y las voces. El Cielo por la innocencia ha vuelto de Margarita, castigando mi soberbia. Invicto Duque de Albanía, el Cielo sin duda ordena, que hayas llegado a este sitio; porque de mí mismo sepas, de Margarita tu esposa, el decoro, y la innocencia. Yo fal el traidor, que atrevido dolicité su belleza, y por haber castigado mi osadía, con cautela te hice dar aquel panel, cuyo rigor te aconseja: que dieses la muerte a un Ángel, ninguna fue más honesta, ni más santa: pero helada la voz, sin sangre las venas, fallece el aliento. Cielos! como no os mueve mis quejas, poblaré el aire a suspiros, llenaré a voces la tierra. Hay esposa de mis ojos. Haré pedazos las puertas: ninguno me impida el paso. Pues Leoncio, así te arriesgas, sin que yo: Pero Ricardo difunto yace en la tierra, y este es el Duque. Quién eres noble anciano, que ansí llegas a interrumpir mis desdichas? Como asegure tu Alteza la vida de aqueste joven, la mía a tus plantas puesta, diré quien soy. Mi palabra te ofrezco. Con tal promesa, digo, que yo soy Laurencio. Pues como de esta manera, tú en este traje? Señor, desde que a tu esposa bella, me mandaste darla muerte, por amparar su innocencia, no ejecuté su castigo, y en lo inculto de estas peñas, pario este hermoso mancebo; que he criado entre las fieras de ese monte, y otro infante, que por varias contingencias, le dejea unos labradores, sin que desde entonces sepa del niño, ni de su madre. Y así, pues, mi inadvertencia, solo merece el castigo, entre estas lágrimas tiernas, te pido, señor, que viva Leoncio, y Laurencio muera. Leoncio, llega a mis brazos. Ay Margarita, aún me quedan esperanzas de que vines. Parece que el alma sueña esta dicha: luego es cierto, si Margarita no es muerta, que volverá a vuestra gracia? El alma te respondiera, si fuera visible el alma. Pues ya Margarita llega a tener vida en tus brazos, Montano a tu padre besa la mano, Leoncio dame los brazos. Ay dulces prendas! apenas el alma cree, que esta dicha me suceda. Y pues a Laurencio debo la vida, y honor, es fuerza satisfacerle, los cargos que el traidor Ricardo, deja ocupe. Beso tus pies. Belardo, de aquesta Aldea será dueño. Gran Señor, vivas edades eternas. Y con tu licencia, Lauro, le dé la mano a Clauela. Y aquí la comedia acaba, perdonad las faltas nuestras.