Texto digital de La lealtad contra su rey
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- Juan Bautista Villegas
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- Juan Bautista Villegas Segura
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de La lealtad contra su rey. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lealtad-contra-su-rey-la.

LA LEALTAD CONTRA SU REY
JORNADA PRIMERA
a. Tantas noches don Estevan sin verme? . No os espantéis, si por dueño un Rey tenéis, no es bien que humildes os muevan. La edad del Rey, asegura la necia imaginación. Suele crecer la afición, con la edad, y hermosura: el Conde Fernan Ruiz, tanta pasión ha mostrado en guardar el Rey, que ha dado causa a mis celos, Beatriz Murió don Sancho Tercero, que de deseado, tuvo el nombre, por quien estuvo Castilla en su ser primero, dejando a Alfonso, de edad tan poca, que le entregó a vuestro hermano, a quien dio el gobierno, y facultad. Mostrose con él tan franca la suerte, que le declara sobre los Condes de Lara, y la Reina dona Blanca. En la Alcazarde Toledo, hasta ahora tiene el Rey, no sé si guarda la ley, de noble, y de Caballero; Pues coronarle no quiere, y aquí le tiene con vos por casaros a los dos, que no hay más fruto que espere. Creed Estevan Illan, que en poner culpa a mi hermano, me ofendéis, pues es tan llano, como sus hechos nos dan Señales, que son lealtad, tiene a Alfonso en su poder, hasta que llegue a tener, para tal gobierno edad. Teme que la Reina quiera casarse con don Mantique de Lara, porque publique la guerra civil que espera: Porque tan apasionado sigue el Conde su opinión, que le avisa el corazón de algún caso desastrado; no creáis que lo que os quiero es tan poco, que después por el Real intenteis, olvide el amor primero. A Alfonso el Reino le dan, si crecer le deja Dios; pero más os quiero ayos Alcaide de San Roman. Hay mi Beatriz, que el temor, el daño es acto de honrado, ya palabra me habéis dado, más es al fin de mujer. Soy un pobre Caballero, comparado a la grandeza de el Conde, aunque mi nobleza es la prenda en quien espero. Es Alcaide de Toledo. de Mora, Guete, y Zorita, vuestro hermano, y solicita vuestro honor, dándome miedo. Bien pudiera darla al Rey para que se Coronara, y el a su lado guardara su honor, su Reino, y su ley. Pero detenerle aquí; donde os mire cada Hía, no puede ser prenda mía, sino por matarme a mí. De don Nuño, y don Mantique, le lealtad es conocida; pues que temor hay que impida que a Afonso por Rey publique? Y ya mi bien, que le tiene aquí, porque está con vos, apártaros a los dos, a su nobleza conviene. Porque no solo aprovecha al noble su honor guardado; pues también está obligado. a desterrar la sospecha. Como la edad de su Alteza es tan poca, no ha tenido ese cuidado, y temido el mal que a llorar se empieza. Mas yo le quiero advertir de lo que vos receláis, para que el temor perdáis, otro intento he de seguir. Que mostrando mi lealtad, la incito aquí, pues es ley, pida Castilla su Rey. Vos el remedio buscad. La Reina viene a Toledo con los dos Condes de Lara, que si el Conde se declara, entregar la Ciudad puedo, si a los Condes doy la Torre de San Roman. Cuando llega? Hoy ocupará la vega, pues mi industria los socorre: De aquesta suerte procuro en mi amor seguridad, que no por la poca edad de mi suerte me aseguro. Vuestra soy. . Dichoso yo. Dejad un poco los celos, que aunque es la color de cielos, pena dan, y gloria no: Aquella vanda que os di, que es de ella? Por más grandeza, puse sobre mi cabeza, lo que en vuestros hombros vi: De el peso estoy ofendido, que aquí le ponga es mejor, que tan notable favor, me tiene desvanecido, Quién con la escala quedó? Padilla en su guarda queda, porque asegurar me pueda de la lealtad que guardo. Pienso que es tarde? El Lucero viene a dar nuevas de el día, pero vuestro Sol me guía, entre cuyos rayos muero. Con rayos negros parecen vuestros ojos claros Soles, que con blancos arreboles, pardas sombras los guarnecen. Ya comenzáis a adularme? A decir verdades sí, o no a adularos, pues aquí vos podéis acreditarme. Paréceme que ya es hora de que os vais. Que sin razón! las horas de una afición, que breves que son señora. Cortas parecen. . Por Dios que en casos tan importantes, no me parecen instantes las horas que estoy con vos. Pongo al cielo por testigo, que son años solamente las horas que estoy ausente, y las que paso con migo: no me tenéis afición? Mayor que vos me tenéis. Pues de esa suerte veréis que largas señora son. Pasos siento. . Quién será? Mi hermano, quien puede ser? No hay que temer, pues la escala a punto está, Presto, pues. Dadme los brazos. Hay mi Estevan! Ay de mí! dejadme que muera aquí, pues son tan fuertes los lazos. A espacio te persuades, y el tiempo brevedad pide. Oh mal haya quien impide dos conformes voluntades! . Pésame de qué vestida me halle, que le diré? Pésame que el Conde dé en pasión tan conocida. Hermano, tan de mañana? Sí, más de que os espantáis Beatriz si vestida estáis: es larga la noche hermana? El cuidado que me ha dado, el vuestro en vestirme enseñó. Quito os el cuidado el sueño, pero no os quité el cuidado. La inquietud es ocasión de la novedad que ha avido. Jamás mitigó el vestido la pena de el corazón. Yo con ocasión bastante vestirme a estas horas puedo, para a advertira Toledo de caso tan importante. Los Condes de Lara vienen con la Reina, y de su intento temo algún caso violento, por la causa que mantienen. Fortificar la Ciudad me importa, con tal presteza: más vos a que fortaleza buscáis la seguridad? Qué muralla defendéis? antes pienso que rendís la fuerza, pues os vestís, y contrarios no tenéis. Mi inocencia me disculpa. Salid los dos allá fuera. que aún los ojos no quisiera por jueces de aquesta culpa: vais a alguna romería, doña Beatriz? que lo creo, porque las señales veo en madrugar con el día. Como sin vuestra licencia? Dícelo la prevención, las muestras bastantes son; teméis de el Sol la inclemencia. Vuestro intento no adivino. Todo lo que digo infiero: si os prevenís de sombrero para hacer algún camino? Señor? . De que os alteráis; pues este es uso Español? temerosa estáis de el Sol, pues esta sombra buscáis: pero si le habéis pedido prestado, yo os le prestara: mas ya salen a la cara muestras de lo que he temido. Buenas piedras, pero hermana, no he tenido porerror; que quien las tira a mi honor, las meta por la ventana. Las piedras me declararon, lo que siempre ocultáis vos, pues os deja aquestas dos, de aquellas que le tiraron. Mas si va a decir verdad, no es reliquia de interés, porque tomar piedras, es locura, y no santidad. Esta toquilla sería, pie de una necia demanda, si armado de vuestra banda, estuviese de la mía. Mas si sigue lo que empieza, juro como Caballero, que a donde quedó el sombrero, ha dequedar la cabeza. A visitaros, señora, viene Alfonso No mostréis, la turbación que tenéis: hola guardad por ahora este sombrero. . A tirano. amor! descuidado amante. No mostreis triste semblante, besad a Alfonso la mano Prima, si culpado he sido en no aberos visitado en dos días, el cuidado que tengo culpa ha tenido. Los pies beso a vuestra Alteza, que la culpa ha sido mía Aguardando he estado el día para ver vuestra belleza; pero claro no le vi, prima, prima, hasta que vine a veros; Soles son, que no Luceros, los ojos que miro aquí: Aquí su Alteza se siente, que basta la cortesía. Milagros que el cielo cría, son respetados parientes; y ansí no es mucho que esté con tan humilde llaneza. Desdora vuestra grandeza estar tanto tiempo en pie. Sentaos a mi lado prima, Castro a mi lado os llegad. Esta afable gravedad, a los vasallos anima Cómo ha estado vuestra Alteza esta noche? . Con cuidado, de ver el Reino alterado; que esto me da más tristeza. Mi madre la Reina llega hoy a Toledo, Be atriz, por ver si Fernan Ruiz, a ella, y a los Condes me entrega; que aunque en Castro haya lcaltad, parece esta suleción; pero con vos la prisión, fuera dulce libertad. Yo serviré a vuestra madre con la lealtad que me ayuda. No pongo en la vuestra duda, por el siglo de mi padre: no habléis más. Tu gusto es ley. Yo me tengo por servido, aunque ya mi edad ha sido bastante para ser Rey. Basta al que ocupa la silla de el Reino, por defenderlo, que no se le baje al cuello la Corona de Casiilla. Bien pudiera haber prudencia en mí, que he visto los daños, ya no hacen viejos los años, Conde, si no la experiencia. Al fin prima, esta ocasión me ha tenido desvelado, que es un reloj el cuidado, que atamos sus horas son: pero vos no habéis dormido. En que mi señor lo veis? Dormidos Soles tenéis, y el cuello descolorido; Mirante las niñas bellas, entre glovo de cristal, graves anunciando el mal, que no puede haber en ellas. No puedo negar, señor, que un honrado pensamiento, me desvela, pues que siento que me honráis con tanto amor. Imaginara quizá que me tenéis afición. Y tendrán mucha razón, que afición os tengo ya. Podrá la Reina culparme, buscar la invidia mi fin. viendo ese amor, pues al fin, con vos no puedo casarme. Que efectos pudo criar amor, para más sufrir en vos, no querer subir, y en mi queterme bajar? vuestra sangre no le ha dado autoridad a los Reyes? No parecen justas leyes, que a el Rey se iguale el criado. No lo digo porque os pido la mano, mas si lo hiciera, por dichoso me tuviera: basta ya que estoy corrido. Don Estevan Illan( pide para hablarte licencia. Pero Nunez, su presencia aquesta visita impide: haced que Alfonso, y mi hermana salgan a esa Galería. Ya vuestra Alteza podría dejar plática tan llana. Ofende a la Majestad del Rey el ser cortesano? Licencia os davuestro hermano, a su Alteza acompañad, En aquesta Gaseria podéis hablar . Venid prima. Mucho su Alreza os estima. Gran merced! Es deuda mía. Cielos Alfonso es aquel! y la llena de la mano en presencia de su hermano. Fuerte punto! Amor ciuell pa hoy pierdo el juicio, y la vida. Estimo tanto favor. Dicen que el primer amor es grande, y nunca se olvida. Distimula, no lo entienda el Conde. La culpa es mía: beso de V. Señoria las manos. No hay quien pretenda imposibles, sin caer en un lazo semejante. Teneisme Conde delante, y no me debéis de ver, que tan poca cortesía, no puede caber en vos. Loco viene vive Dios! Advertid por vida mía, en que lo veis? En estar cubierto, cuando me veis tan cortés. . Luego tenéis más sombrero que os quitar? perdonad, que no pensé tal, tenéis mucha razón. Es discreto, y socarron, bien sabe su cuento a fe, sin duda que vio el sombrero, por donde se le ha pegado. Llegad sillas el cuidado. don Estevan considero que tenéis, pues tan trempano venís a verme. . He tenido tal prisa, porque ha venido don Manrique con su hermano don Nuño, en la compañía de la Reina, para hablaros, y ansí vengo a suplicaros permitáis por cortesía, que en el Alcazar visiten al Rey, Es justa razón; pero yo tengo intención de que alvorotos se eviten: La Reina, y los Condes vengan, sin más guarda, y compañía, que contra la lealtad mía, no es razón que se prevengan! Eso piden solamente. Esta tarde los espero: mirando estoy el sombrero, que tenéis gusto excelente, gallardamente os vestís, y luz a los trajes dáis. De el os ruego que os sirváis, si esta pobreza admitis. La merced aceptar quiero, mirad que corta respuesta. Bien medrará, si le cuesta cada visita un sembrero. Mas solamente os advierto, que toméis otro también, que un Caballero, no es bien que proceda descubierto: hola, muestra el que te di. Vive el cielo que le vio! Este os quiero poner yo, pagando el que recibí, no os le quitéis, no a lugar, tenedle por vida mía puesto, porque ser podría que se os volviese a olvidar: su valor las piedras llevan, que piedras de ese valor, a donde estarán mejor que en la cabeza de Estevan. Guardadle bien, porque es pieza a la salud importante, y tened de aquí adelante cuidado con la cabeza. Todo mi amor ha sabido; Padilla que te parece? Que más desdichas merece el descuido que has tenido. Ya no podré conseguir mi intento, pues que pondrá nuevas guardas. Claro está. Ultimo mal es morir. O qué linda necedad! morir; que necio Macias! si son Argos las espías, Mercurio es la voluntad: todo lo puede vencer la industria. En la tuya espero Déjame almorzar primero: que ciencia puedo tener en ayunas, soy Poeta? Deja las burlas por Dios. Para ese mal de los dos, se prevenga la destreza, que después verás el fin. Fío de tu discrección. ha de ser revelación de el bendito san Martín. R Buscaba la ocasión, y a la medida me la ofreció el amor de mi deseo, por animar tan miserable vida, aún no puedo creer que solo os veo, o la imaginación a hecho efecto, pues tengo la ventura, y no lo creo. Señor Conde, de pecho tan discreto, no espero liviandades amorosas, pues debéis a quien sois igual respeto: no temo que quimeras cautelosas fabriquen edificios levantados, donde se miren cuadras engañosas: bien podéis declarar vuestros cuidados, pues solo escucha el Tajo, que a Toledo pone grillos de plata por los lados. Pues hay ánimo en vos, que tengo miedo! mi noble corazón escuche el río, que ya por veros va sereno, y quedo. Videos en Burgos, dulce dueño mío, cuando con vuestro hermano don Estevan vistes de Guadarrama el Puerto frío, vuestros ojos tras si las almas llevan: Y ansí cuando os miré rendí la mía, porque mis quejas a piedad os muevan, quedastes con la hermosa compañía, que es coro de la Reina doña Blanca, Que ellas fueron estrellas, y vos día: jamás fortuna a mis intentos franca, dio lugar a la lengua aunque los ojos, por lengua de sus parpados arranca: no pude declararos mis enojos halta aquí, que llegando a ver la vega, cuyos frutales dan ricos despojos, llegar ar río os vi, donde navega mi necio pensamiento a vela, y remo; dichoso yo, si a salvamento llega: cordura es el tenier pero no remo respuesta airada, que mi celo honroso, me da lugar al confiado extremo, pues procuro que en tálamo amoroso me deis señora vuestra bella mano, teniendo a vuestro esclavo por esposo. Señor Conde, la sangre de mi hermano digna solpecho que es de fe tan rara, aunque el estirpe vuestro es soberano, no saldrá mal en el blasón de Lara el de Illan, pues las barras de su escudo dan fe de su nobleza, y sangre clara: hablad a don Estevan, que no dudo que esté alegre, mirando lo que gana, pues más grandeza conseguir no puedo; téngo me por su hija, siendo hermana, y ansí a su voluntad estoy sujeta, si el tiene voluntad, la mía es llana. Respuesta tan honesa, y tan discreta, hermosa doña Juana me cautiva el alma, que sus glorias interpreta. No será bien don Nuño, que reciba sospecha alguno, y más que viene gente. Por largos siglos, vuestra fama viva. Porque os sitva con ella solamente. Dame tus pies. . Oh Padilla, que hay de nuevo? Lo primero, besarte las manos quiero. Tente bestia. Y no de silla: hablando a la Reina está tu hermano, que ya llegó, y a buscarte me envió, que desea verte ya. Bien me dice ese deseo, Cómo te hallas en Castilla la Vieja? Más bien Padilla que en Toledo. Yo lo creo, que estas penas, o encumbrados montes, para opilación son buenos, que es compasión viviecerros ojaldrados, Que no hay secreto imagino en él, y la duda es llana, pues mira cada ventana al rejado del vecino. Iré si me das licencia sirviéndoos. No os doy lugar, por no dar que sospechar. En todo mostráis prudencia. A Dios señor Conde. Que es Conde bien; a fe mía, no conocer a V. Señoria, por mí disculpa tendré, Disculpado estáis en todo, Preciome de cortesano, que soy hidalgo Asturiano, algo gordo, digo Godo, y a don Estevan llían. Servís? Desdichado he sido, pues en efeto he venido a comer agenouan, Pudiendo servirme a mí muchos buenos; a quien diera de el mío si le tuviera Por mil buenos pasa ansí: de que le servís? Honrallo puedo, si adelante pasa, pues jamás sale de casa, que yo no le dé el caballo; y al fin un enjerto soy, que en mil cosas aprovecho; pues se fía de mi pecho, y acompañando le voy en todas las ocasiones que de Corte se le ofrecen. Tales criados, merecen muy largas satisfacciones: y si a mí se meofreciera; hidalgo, alguna ocasión de amorosa pretensión, y vuestro favor pidiera, que hicierades? . Por vos? provadme, y veréis que haré, Pues yo quiero bien. A fe? pues los dos, para otros dos, que mejor guardo una esquina que el dinero. . Ansi lo creo? a dona Juana deseo Es cachorra peregrina: yo la tuve voluntad, mas por vos la dejaré, honrar su casa pensé, pero yo os haré amistad: queréis casaros? Procuro la gloria de ser su esposo. No hay de que estéis temeroso, este bien os aseguro Sed con ella buen tercero, y veréis lo que ganáis. Haré cuanto me mandáis, y que le está bien infiero, pues sois Conde, y un V. Señoria, a su casa austientará, siendo Conda. Bien está, gracioso por vida mía. Sabé que la queréis bien? Ya lo sabe, pero vos? si a solas habláis los dos, labréis su inteno también. Sabrelo, y avisaré de todo principalmente. Yo voy siguiendo la gente: que ya con la Reina fue a la Alcazar, otro día nos veremos. . Sea ansia. Dios os guarde. Tendrá en mí un buen mosquete V. Señoria: Hijo mío? . Madre mía? Abrazadme. Es bien que ansí me vuelva a donde nací: pues fuistes. Sol de este día, notable cuidado os debo madte. Soy Alfonso, al fin, vuestra madre, y miro el fin de las desdichas que llevo. Faltó vuestro padre, y vos hijo también me faltáis. De quién, señora, os quejáis, un alma somos los dos? s , Los pies me dé vuestra Alteza, Los Condes de Lara son. Parientes, la obligación que os tengo de nuevo empieza. Vuestros pies, señora, os pido. Enojada me tenéis Castro. Cuando me escuchéis, veréis bien que os he servido. Bésar vuestras plantas quiero. Pero Nuñez, no es razón, tengoos mucha obligación; sois honrado Caballero. Fernan Ruiz es galán. Y valiente en la ocasión. Excelentes partes son de un Español Capitán. Hermosa mujer, quién es la que con tanta belleza humilla la fortaleza, y tiene el mundo a sus pies? donde los ojos me guían! Sentaos mi bien, y publique lo que pido don Mantique. En sus intentos porfían. El deseado don Sancho, que por sus obras loables, le dio este nombre Castilla, digno de pecho tan grande. Murio, dejando a su nijo Alfonso (que el cielo guarde) tan pequeño, que fue fuerza que a turores se entregase. El Conde Fernan Ruiz, y don Gutierte Fernandez de Castro, nuestro Rey tienen, sin que quieran entregarle. Los nobles, y Ricos. Hombres, piden que su Rey les mande, pues aunque nino, bien puede en Castilla coronarse. Tres años ha que le piden, y otros tantos que el Alcaide de Toledo le defiende en sus altos homenajes. A pedir su Rey, y hijo, viene la Reina su madre, porque desde niño empiecen sus vasallos a estimarle. Supuesto que vuestra Alteza, de ver a su hijo trate, en posesión de estos Reinos, para que su fama ensalce, En ley de noble, y leal, es forzoso que le guarde, hasta que regir los pueda, con valor, y edad bastante. No por ambición alguna, soy de su persona Adlante, pues solamente deseo besar sus plantas Reales. Sino porque el Rey don Sicho, antes que el alma entregase, a su hacedor primero, a mí, y a mi tio, a parte nos llamó, y dijo. Ya veo que el cielo quiere quitarme la vida, y ansí me fío de vasallos tan leales, Alfonso queda tan niño, que si la silla ocupase de Castilla; auta sin duda, guerras, y comunidades, que la altivez Española, no ha de poder sujetarse a leyes de quien no entiende, y a penas pronunciar sabe. En vuestro poder le entrego, entrambos podéis criarle, hasta que quicé años tenga, y nuevas fuerzas alcance. Esto os mando que hagáis, vivo, por ley inviolable, y doy por traidor a aquel que mi voluntad quebrante. Esto dijo y en sus manos hicimos pleito homenaje, de guardar el niño Alfonso, hasta quince años cabales. Déjolo en su testamento corrado, donde ha de hallarse mi disculpa claramente, y mi lealtad admirable. Yo obedezco a mí Rey muerto; sin quitar el Reino a nadie, pues conozco al Rey Alfonso; por sucesor de su padre; pero no es justo que el Cetro con poca fuerza levante, para castigar rebeldes. Si los Reinos se alterasen, las fortalezas que tengo, nombrad quien mejor las guarde, hasta que en la edad que digo, le entregue a mi Rey las llaves. No se alborote Castilla, ni ningún noble se espante, que bien puede guardar Reyes, quien a los Reyes dio sangre. Conde de Castro, bien pudo el muerto Rey engañarse, que pequeños cuerpos pueden tener corazones grandes, y sus nobles Caballeros, a su Rey presente amparen. No alumbre el Sol que se puso, sino el que de nuevo nace; guardáis la lealtad al muerto, y al vivo le hacéis ultraje? La lealtad pasada os sobra; porque la presente os falte, dejad coronar a Alfonso, y entre los más principales, que le sirvan, de este Eneas, seréis el segundo Acates, que más bien querrá Castilla, que pequeño Rey le mande, que no que Fernan Ruiz leyes ponga a sus iguales. Oíd Conde don Manrique, no paséis más adelante, porque al difunto, y al vivo, les guardo ley con guardarle. Jamás la lealtad faltó en hombres de mi linaje: de Laín Calbo descendió la nobleza de mis padres: vos que apasionadamente, seguis la opinión, y parte, que os parece puede ser, que áspiréis a nuevos males, alguna ambición os mueve. Cuando de esa suerte habléis, no ha de ser dentro en Toledo, a donde todos te amparen, el Tajo tiene riberas, En ellas quiero mostrarte, que puedo, si tengo lengua, con obras acreditarme; mi nombre tiemblan los Moros. Si temen los arrogantes Castro bien pueden temerte, no es licito que te alabes de el valor de tus avuelos; pues tú de los míos sabes, si en Zamora le acreditan, y dan a su Patria Infantes. Condes ha abido en los míos, y no ha avido Ruy Velazquez; y pues campo me pedís, allá podrá averiguarse. e El Conde es quién es, y puede cumplir su palabra. . Dáisle alas, señora: y así. En presencia de mi madre, habláis así Castro? Conde no advertís que estoy delante? delante de el Rey se atreven a delitos semejantes los nobles? mas no lo son, y no es justo que me espante, más querrá Dios que algún día las sienes ciña, y enlace la Corona, en cuyas puntas aleves, cabezas clave. Segura tengo la mía. De esa edad, nuevo Alejandre, os respeto, y reconozco, si os ofendí, perdonadme. El cielo os guarde pariente. No será bien que se aguarde, a que de nuevo se muevan apasionados magnates. Que él no ser Título, pueda hacer que muriendo calle! y el Conde con su porfía, mi amor de esta suerte agravié! moriré si no lo digo, su intención, y no me maten los cielos, sin que la lengua este nudo desenlace. A vuestra Alteza, suplico, por bien común, que esta tarde salga de Toledo . Castro, eso es querer desterrarme. No es sino quietar el vulgo, que puede ahora alterarse. Dejad que lleve a mi hijo, pues de mis entrañas nace; mi hije pido, y no el Reino, que vos no podéis quitarme lo que dio el cielo. Vos misma podéis aquí disculparme; yo no os niego a vuestro hijo, sino a mi Rey. Que tal pase! Fernando, teneisme preso, siendo mi Alcazar la cárcel: soy vuestro Rey? . Si lo sois, y largos siglos os guarde el cielo. . Mandar os quiero que me entreguéis a mi madre. No conviene por ahora, que no sé si algún cobarde en su poder quiere veros, para causar nuevos males. Hablas en tu casa, Castro, Si es mía, puedo mandarte Mantique, que salgas de ella, sin que respuestas aguardes. En la de el Rey te esperamos. Yo saldré presto a buscarte. Fernan Ruiz? . Pero Nuñez? yo sé que esto es importante: la guarda acompañe al Rey. Y los Condes me acompañe, que a fe Castro. . Mi señora, hechura fui de su padre. El tiempo es largo. Id Con Dios, hasta que de el Cielo alcance el gusto, y favor que espero. Solo el cielo puede darle; dadme los brazos. A Dios. El Conde anduvo notable? No es tiempo amor de ternezas. Lo dicho dicho. . Eso baste. Qué decís de esto? Que he visto, gran señor en vuestro Alcaide la lealtad contra su Rey, y que todos son leales. Una palabra escuchad Don Estenan, qué queréis? Dar muestras de milcaltad. No os nlego que la tenéis, mas yo animo la verdad Que desdichados que son, aunque de ilnstre blasón, Conde, los que pobres nacen, pues a nadie satisfacen, ni defienden su opinión No he hablado en la presencia de los Reyes, por mostrar con silencio mi prudencia; pues es discreto en callar quien conoce su inclemencia. Pero no será razón que se pierda esta ocasión; y se pase con el día, y que os discubra la mía, pues que sé vuestra intención. Bien se porque no queréis que ocupe Alfonso la silla, que sin razón ofendéis, y es cierto que de Castilla alguna parte queréis. Vuestra presunción es vana, y esa sospécha se allana, con veren esta ocasión, que no he tenido razón. No, pero tenéis hermana, con ella queréis casar al niño Rey encerrado, hasta que pueda llegar el amor a el alto grado, que a los dos pueda igualar. Juntos están cada día, que yo por lo que temía los he visto alguna vez, porque amor en la ninez, más fuertes cimientos cría, Don Estevan, vive Dios, que como niño le vi, no he temido de los dos; y causó descuído en mí, lo que os dio cuidado a vos? Mas solo decir os quiero, por la fe de Caballero, que a doña Beatriz veréis, en parte que no podréis quitarle más el sombrero. Siempre malicio os, llenos de ponzoña, ven a tras, casos de su honor ajenos: mas ya es tanto lo demás, cómo ha sido lo de menos; y quien hubiera creído, que malicia mía ha sido; loca, y temerariamente, digo mil veces, que . Tente, yo me doy por entendido, y para que en semejante ocasión, el valor mío veáis pasar adelante, en señal de el desaflo, toma Fernando ese guante. Con estas muestras se prueban tus faltas, para que cobres aal de Es la opinión que todos llevan, que es muy propio de los pobres, echar guantes don Esteban: Si quieres que por ti pida, alzo la prenda atrevida; aunque más licito fuera que de limosna te diera en este guante la vida. Las arrogancias destierra, que no es bien que te adelantes, pues ves que mi torre encierra, si en la paz de olor los guantes, de malla para la guerra. No estrina la hidalguía, en el oro, que en ti cría, soberbia desatinada, pues los filos de mi espada acreditarán la mía. Quiero a mi hermana poner en partes, donde no puedas locas sospechas tener; y pues en Toledo quedas, haz tus armas guarnecer, que por la estrella que vi, a cuyos rayos rendí una libertad tan fuerte, que no ha de poder valerte, tu Rey, y armas contra mí, Yo soy el que las desiendo, que de mi heredan valor. Ver esa verdad pretendo. La brevedad es mejor, pues de qué tardes me ofendo. Quiero seguir tu opinión, antes guardando a ley de mi leal intención. La lealtad contra su Rey, no es lealtad, sino traición.
JORNADA SEGUNDA
jornada segunda Qué decís? . Verdad os digo, que en este punto he llegado. Hay hermano! . No lloréis, que en salvo está vuestro hermano. Partime a vender la leña, de aquel olivo, que antaño, esteril por la vejez, dio flores como muchacho. Y estando en Zocodover, un Palaciego aguardando, vi de el vulgo, que corría, confuso, y amontonado. Las campañas de la Iglesia, repicaban a rebato, que hablan con lenguas de hierro, y se entienden por el canto. A San Roman, dicen todos, yo el pollino desamparo, y con los demás camino, para enterarme del caso. Llegué a ver la antigua torre, fundación de los Romanos, cuya plaza estaba llena de Caballeros armados. Toledo, y Alfonso gritan, cuando un mancebo gallardo, a quien llamaban Estevan Illan, puesto en lo más alto, De limpio acero vestido, grevas, pero, y guarda brazos, al niño Rey enseñó a todos los ciudadanos. Este es nuestro Rey, amigos, dijo, guárdele mil años el cielo, para que vengue, su ofensa, y vuestros agravios. Aqueste es Alfonso, hijo del deseado don Sancho, no porque es niño os parezca, que no es razón coronarlo. Grande puede hacer al Rey la lealtad de los vasallos, que nuestras fuerzas son suyas, y ansí podrá gobernarnos. Sobre sus omoros le puso, porque viesen los de abajo, hecho Cristoval a Estevan en los homenajes altos. Viva Alfonso le responden, y Perez con sus contrarios todos al Alcazar corren con las armas en las manos. Matar al Conde queríán, raro blasón de los Castros, porque quedase Castilla sin otro Cid Castellano. Mas él viendo el alboroto, y que robó con engaño Pero Nuñez, noble viejo, a Alfonso de su Palacio. Siguiendo el mejor consejo, en un Andaluz caballo, salió a verse en el espejo de los cristales del Tajo. Dicen muchos que le oyeron, que subido en los peñascos, donde quebradas las hondas, forman remolinos blancos. A voces dijo Toledo, hoy tu Alcazar desamparo, y ruego a Dios que te ocupe otro tan leal hidalgo. No huyo de ti por miedo, que a los Condes en el campo espero con don Esteban, pues el guante suyo guardo, Si no porque no es razón, que mi esto que sangrentado en Andaluces cabezas, derribe cuellos Cristianos. Por el homenaje hecho, no beso a Alfonso la mano, pero no es bien que le ofenda quien después ha de guardarlo, De un ni no huyó Toledo, no de grandes adversarios, que es sombra de Dios el Rey, y es muy justo respetarlo, Dijo, y salió por la puerta del Rey con pocos criados, mas no los siguió ninguno, que eran, si pocos, hidalgos. Salió Alfonso de la torre, y al punto le coronaron con su madre doña Blanca, y los Condes a su lado. Quedo se quieto Toledo, aunque con lucido campo los Condes de Lara salen para seguir a tu hermano. Pienso que vendrán a Mora, porque sin guerras, ni asaltos se rinda esta fortaleza, que el Conde tuvo a su cargo. Esto vi, y aquesto os digo, no tenéis de que alteraros, pues ya el Conde convalece de enfermedad de cuidados. Mercedes le ha hecho Dios de quitarle tan gran cargo, que la hacienda de menores es polirla de los diabios. Y que Estevan Illan fue quien a Alfonso levantó, esto no más estudié de todo cuanto contó, que aficionada escuché, Ay Estevan! cuántos días ha, que buscarme podrías; pero son honradas leyes, que memorias de los Reyes hagan que olvide las mías. Voto al Sol, que se ha de her una huerte resistencia. Pues quéreisos defender? Pues que, sin muela licencia mueso Castillo han de ver? Tenéis armas? . Para que suy industria? . Bueno afec. No ha de haber, porque se admire periona que piedras tire, ni que en la muralla este. Pues como estaréis seguro, sino armáis los compañeros? No sabéis lo que procuro? hacer unos agujetos por las paredes del muro, y por ellas asentadas a las escalas plantadas geringas llenas de vino, y a la mitad del camino en las caras mal lavadas dalles, que son casos llanos, que en limpiarse el más paciente, tiene de ocupar las manos, y entonces yo fácilmente mataré mil Toledanos. e Rara industria! Hy tambóril, que to que al arma? Una oveja desollada Jac Punto sutil! Desollemos una vieja, que con des ollarla hay miel: prestadme vueso pollino, y veréis como camino a Toledo a echar un reto. a. Alcalde, sed mas discreto. De cólera desatino! Coy a esto hasta aquí. De qué? de vino. . Esas zancadillas dejad, porque os quebraré el Rey sobre las costillas, que es niño, y sé que podré. Que en tales ocasiones n Estevan dejéis la Corte, y con humilde traje procuréis visitar estas Aldeas? Estos deseos los sentidos llevan, y no te espantes, que a este ser me bajén, si me dan celos estas sombras feas, no causen las febeas luces en largos giros, átomos tantos, como yo encomiendo a los vientos suspiros, mas no sé donde van; y ansí pretendo, pues no he de detenerlos, dejar la Corte por seguir tras ellos. Entera vuelta hadado el padre hermo (so, ya tocando el leon ya los peces al globo de cristal, y blanca esfera, mientras por ser leal fui perezoso en buscar mi bien, aunque mil veces era el deseo posta en que corriera. Y en irde esa manera, (no que ventura aseguras? Sin duda alguna la dejó su herma con guardas bien seguras, y procuro vestido de villano verla sin que me ofendan. Los cielos de villanos nos defienda. Aquestos, voto al sol, que son espías. En que lo echáis de ver? No veis las caras? conocerálos juro a tal un ciego; estas barbas no son como las mías? dejad veréis como los mido a varas Alcalde, proceded con más soliego. Determinado llego: teneos a la josticia. Tenido soy. t qué es esto? (das; Yo que puedo, y lo hago no hay pescu traigan el potro presto. Quita villano. Válgame San Judas; ea, que es hombre honrado, estotro es un bellaco descarado. A calde; qué es aquesto? que tuido es este? Oh cielo grato a mis quererlas! presto me dais el bienque tanto quiero Aquestos son espías, y he queri- (do prenderlos. Por robar unas estrellas, tomé señora traje tan grosero. Labrador estrellero, el diablo que lo entienda. Esteban es este; o lengua mía! para que no le ofenda el pueblo, es bien callar, aunque salía el alma por los ojos, a rendirle de nuevo sus despojos; de donde sois labrador? De la Guarda, pues guardé siempre en el alma mi amor, que es mucho guardar la fe tras la ausencia, y el temor. Buen lugar, en él solía vivirla fe que tenía: y ahora si no me engaño; más que tal ha sido el ano por allá? por vida mía pasase bien( ah tenido el campo buena cosecha? Maldición pienso que ha sido, pues por sembrar la sospecha, malos anos han venido. No trujo la Primavera las flores que Abrille diera, porque Mayo entrara hufano, y a su vecino el verano con alfombras recibiera. Todo ha sido ardiente estío, las flores fueron abrojos, y que se abrasaran fío, si las nubes de los ojos, no acudieran con rocio. La tierra estéril, y abara aún del fuego no se ampara, que el tiempo no la respeta. No se habrá hallado una será por un ojo de la cara. Buenos trigos nos ha dado la Vega, que es como enseño a los celos comparado, pues un grano tan pequeño tan gran espiga ha brotado. El tirllo le apercebía la ausencia, donde ponía mil puntos de pedernales, que dando fuego en los males, cortan la esperanza fría. Que parba en tantas mudanzas al labrador dan los cielos, que seguras esperanzas, si de simiente de celos se cogen desconfianzas. O que gentil sementera! No es mala . Saber quisiera en que pósito ha dejado el trigo, J bed porfiado. Lindo pan el puebro espera. Pues aquí deciros puedo, que temerosos estaban entre recelos, y miedo, y solo nos consolaban estos aires de Toledo, esperaban cada día la fruta, que el tiempo envía, en flor el ano pasó, pero en efeto llego, y es más dulce por tardía, y ha llegado a manos llenas el bien que se ha pretendido, ya se acabaron las penas. Sí muy buen año ha sido por acá de verenjenas. Venís a aqueste lugar a vivir? . Donde he de estar, sino donde el alma tengo? Seguro podéis andar. Y en fin, que espías no son? No so conoce en el trato, diga Alcalde motilón? Dejalde, que es mentecato, y loco . Tenéis razón. Tenedme por vuestro amigo, que pienso haceros testigo, Alcalde, de lo que os precio, que habéis andado muy necio. Tenéis razón. . Eso digo. Llévaros al campo quiero, labrador, que os apercibo de amor el fruto primero. Si tanto favor recibo, que mejor ventura espero? Decidme, como os llamáis? Esteban. . Ya os declaráis, Jamás mentiros querría; ay Beatriz del alma mía! que de penas me costáis. . Medida fue la ocasión. El diablo es este que vino; pareceme socatrón. Sois malicioso adivino, Alcalde Tenéis razón. No resistis al contrario. Él vino nos beberemos, que será más necesario, y las geringas daremos a un amigo boticario. Mucho puede la razón, ella solo me ha valido, y a vos Conde os ha vencido, y puesto en esta prisión. (no, Ella ha muerto a vuestro herma no mi espada, pues es cierto, que temblaba al Conde muerto el atrevido Africano. Téngale en su gloria Dios, pues él es cierto testigo, que ha sido justo castigo de perseguirme los dos. Vos don Nuño no mostreis tanta pena, pues aquí, si os queréis servir de mí un buen amigo tendréis. Castro, el verme en tu prisión no siento, pues considero, que en tan noble Caballero no ha de caber sinrazón. Ver mi hermano don Mantique muerto siento con extremo, y otra desdicha que temo, porque mi mal multiplique. No quehayas muerto a mi hermano que no es mucha maravilla, pues que te llama Castilla Fernando el gran Castellano. Si no el ver que me destierro viviendo en este lugar, de poder al Conde dar noble, y suntuoso entierro. Si en mi corazón pudiera (por lo que su muerte siento) ságricarle el monumento en el sepuicro le diera. Notable pena recibo de verle muerto presente, que no puede ser valiente, quien no fuere compasivo. Qué puedo yo hacer por él, que remedio tu tristeza? que desdora su nobleza el que vence si es cruel. O Conde Fernan Buiz! a quien han dado los cielos, ventura para matar, y piedad para los muertos. Pues qué dices que te pida en tantos males remedio, quiero Conde darte parte del más oculto secreto. Cuando se coronó Alfonso con tanto aplauso del pueblo, y cuando desamparaste el Alcazarde Toledo. Por mandado de la Reina, porque es mujer en efeto, inclinada a la venganza, fuimos en tu seguimiento. Corté el hilo a mi ventura, pues no hay firmeza en el pecho de una mujer que está ausente, ni ausente que esté sin celos. Dejé en efeto una dama, con quien traté casamiento, cuyos ojos para mí han sido mortal veneno. Mil nobles la solicitan, y si ahora Conde dejo de servirla, es cierta cosa, que mis esperanzas pierdo. Suplicote, que me dejes volver a mirar el cielo de aquellos ojos, en quien pena aguardo, o gloria espero. Tambié llevaré a mi hermano, donde con honra pretendo darle el sepulcro debido a tan noble Caballero. Que por la fede hidalgo, por la Cruz que traigo al pecho, por vida del Rey, por vida de la lealtad que sustento. Te hago pleito homenaje, de volver humilde, y preso a tu poder en el punto, que le dé a mi hermano entierro Si sabes lo que es amor, y si acaso te vencieron en algún tiempo sus armas; contra quien no vale esfuerzo, no me niegues lo que pido. Jamás lo que es justo niego, aunque fueras Conde amigo, de extrañas leyes, y Reino. Antes que te dé licencia, quiero decirte mi intento, y advierte si se de amor, pues a un peligro me esfuerzo; también quiero bien don Nuño. Mucho Fernando me alegro, pues que sin duda ninguna conocerás lo que siento. Jamás he hablado a mi dama, ni ha sabido que la quiero, mira que a la contra vivo de amantes de aqueste tiempo, que no tan solo a la dama la dicen su pensamiento, sino a todos cuantos hablan, y es cortesía entre necios. Venturoso aquel que puede tener tanto sufrimiento, que aún de pintadas figuras guarde los suspiros tiernos. No he de decirte a quien tinde mi pecho altivo, y soberbio, que aún yo no lo sé . que dices? La verdad, Conde, te cuento; si eres tan noble hidalgo; pero solos nos quedemos; retiraos soldados digo, que a una locura me atrevo . Conde, yo he muerto a tu hermano lanza a lanza, y cuerpo a cuerpo; él me busco, defendime. Digo que estoy satisfecho. Pues yo tengo de ir contigo disfrazado, y encubierto para ver esta mujer. Tu confianza agradezco. Fiarse del enemigo, dicen que no es de discretos, pero de tales hidalgos no hay que temer mal suceso. No solamente Fernando servirte, y guardarte pienso, sino hablar a esa dama, de quien dices que estás preso; de mi palabra te fía. El traje, y las armas trueco, que en nombre de tu criado tengo deir. Mucho te debo, pues que por tu celo noble a ver unos ojos vuelvo, que el alma me cautivaron. Yo Conde, con duda quedo, pues con tu amparo, y favor conquisto un monte dehielo, a quien el sagrado tajo sirve de nevado espejo: hablarás por mí? . Pues no? Lleven el helado cuerpo de tu hermano seis hidalgos vestidos de limpio acero, sobre un pabés Astutiano. de fina grana cubierto, con el lagarto bordado, que trajo sobre los pechos. Esta nobleza me admira; ahora Fernando veo que es peor vencer villanos, que ser vencido de buenos. . , . a Vuestro hermano me dejó por vuestra guarda, señora. Pues que veis Alcalde ahora, que tanto cuidado os dío? No veis que soy su criado, y que seguirla es forzoso? Criado tan cuidadoso bien puede darme cuidado; hombres los criados son, que muchos he conocido, con quien no hay rato perdido, gozando de la ocasión. Alguno hay que va por vino, que siendo mozo se atreve, y a vuelta de ojos se beve la mitad en el camino. Mozos hay hombres de bien, que pasados por las llamas, saben sisar de las amas, porque son cuartos también. A no ver; que no entendéis lo que decís, os mandara moler a palos . La vara es justo que respetéis. Necio, tan noble doncella, proceder tan mal podía? Creolo por cortesía. Basta que lo diga ella; sentaos en la clara orilla de esa fuente. . Si es criado, cómo se sienta a sulado? Pues tonto, que marabilla? todo es prado. . Ya lo veo. Los dos aquí nos sentemos, para que en secreto hablemos, que ha mucho que lo deseo. Las espaldas hacia ellos he de tener, eso no, poneos vos donde estoy yo. Pues de que importanciaa es ve (llos? De mucha. Eternamiente viviera Beatriz aquí, que no hay Corte para mí, como el cristal de esta fuente. Qué galas, que vizarría, que grandeza, o Majestad. puede tener la ciudad, si vos faltáis gloria mía? No se acuerde el Reyjamás de mí, ni quiera pagarme, pues ansí podrá quitarme la prenda que estimo más. Sabe el cielo que deseo esta soledad dichosa, pues sin estar temerosa de lisonjeros; os veo, que aún que halla en los villanos la malicia más lugar, son fáciles de engañar, más que graves cortesanos. Juraros Estevan puedo, por guárdaros mayor ley, si me llama el propio Rey de no volver a Toledo. Ansí mi bien me aseguro, pero por seguridad de esa palabra jurad. Por vuestra vida lo juro. Hola, caballeros vienen de Toledo. . Dice bien. Y junto a esa Cruz también parece que se detienen. Hacia acá vienen. Ay cielos! mi bien, apártate allí. Ya viene señora aquí el principio de mis celos, Pero Nuñez es sin duda: viene por ti? Pues qué importa? no temas. . Ventura corta, presto en los bienes se muda; el Rey te envía a llamar, cumplirás el juramento. La firmeza de mi intento te pudiera asegurar. De lejos os conocí Beatriz hermosa, que es cierto, que no puede estar cubierto vuestro sol, que alumbra ansí. Señor, vos en esta aldea? que es lo que en ella mandáis? Dónde vos señora estáis, no hay pobreza que lo sea; el Rey me envía por vos, y obedecerle es mejor, que ha crecido en el amor la crianza de los dos: yo le aconsejé también, porque os estoy obligado. Qué presto se ha declarado, que la quiere Alfonso bien! Con esto verás señor si te quiere bien. Padilla, al poder de un Rey se humilla la constancia, y el valor. No me respondéis? Querría, porque no podáis culparme no obedecer, y excusarme con leyes de cortesía. Aquí me trajo mi hermano, y no es bien que exceda yo de lo que el Conde mandó, sin llevarme por su mano. Siempre su gusto he seguido, que esto a quien es corresponde, que un hermano como el Conde sirve de padre, y marido. El mandamiento del Rey no os disculpa? . Bien pudiera si mi voluntad no hiciera otra más honesta ley, y en Toledo no ha de haber pariente de quien fiarme, y aunque yo sabré guardarme, soy enefero mujer, y evitar las ocasiones es nobleza, y es cordura, que con esto se asegura mi honor de mormuraciones. O bien empleado amante! No quiere el Rey ofenderos, sino honraros, y teneros con el decoro importante, tieneos en lugar de hermana; con la Reina estar podréis. No es razón que me entreguéis a una sugeción tirana; si doña Blanca aborrece a mi hermano, mal podrá queterme bien, claró está, Vuestra cordura merece, que os estime. . Podrá ser; más pienso que es imposible, porque es la mujer terrible, cuando empieza a aborrecer. No he de ir al fin, vos podéis Pero Nuñez descansar en este humilde lugar. Antes quiero que me deis licencia; resolución terrible en tanta belleza! Disculpadme con su Alteza, pues veis que tengo razón, que aquí tan contenta quedo por la llaneza que usamos, que no trocaré estos ramos por la Alcazar de Toledo. Es buena la soledad? A solas mal pasaría; aquí me hace compañía quien desprecia la ciudad. A Dios pues. El cielo os gearde, y deis con salud la vuelta. En voluntad tan resuelta, será necio el que no agrade. . Llevar la moca quería el vejete? . No lo ves. Deja que bese tus pies. En ser de vos porfía. Alza Estevan, y al lugar nos vamos, que es tarde. Gielos, ya se acabaron mis celos, no tengo que recelar, que bien tu amor me pagó. Yo sé, que en deuda quedaste, que tú la torre dejaste, y el Alcazar dejé yo. Seguidlos. Perded cuidado, que van en conversación, Si ansi los criados son, linda cosa es sercriado. . Dame tus pies Reales. Qué es aquesto? (mano? de luto Conde? qué es de vuestro her Prodigio es triste traje tan funesto; callar pretendo, y disimulo en vano. En el fúnebre traje que me he puesto el caso puedes ver patente, y llano; murió mi hermano. Caso temerario! A las manos del Conde su contrario seguímosle los dos por las riberas del claro tajo, cuya margen fría retrataba en cristal nuestras banderas, que enamorado de ellas las seguía. Apenas por celestes vidrieras asomó la cabeza el claro día, cuando vimos a Castro en campo raso, que armado de valor nos sale al paso. Sale Manrique de bruñido acero, armado del quíjote hasta la gola, en un rucio Andaluz, fuerte y ligero, de crespa clín, y de poblada cola. Llegó Castro, gallardo Caballero, con gallardia noble, y Española, en un morcillo, que su aliento beve, pie de azabache sobre pies de nieve. Los dos se enviste, la rrompeta toca, júntanse en mitad de la cartera, el uno, y otro su apellido invoca, rompe mi hermano el fresno en la vi- mas él habló con diferente boca, (será pues rota la casaca, y malla fiera del lagarto Español atravesado, salió la grana por el otro lado. (na, Uno, lotro escuadrón se envistey tra pero Fernan Ruiz fue venturoso, pues nuestra gente, qanimosa estaba el campo pierde, y queda victorioso. Yo que enterrar el muerto deseaba, en un pabés por monumento honroso le traigo para darle sepoltura; este es el fin de tanta desventura. O aleve Conde, de blasón indigno de Castro; triste suerte! Madre amada; que no injuriéis al Conde detérmino, que en defenderse no es culpado en na Noble pecho, proceder divino, (da. yo espero en Dios, Alfonso, que mi espada has de ver, si manchada en los amigos, como se lava en sangre de enemigos. Gran valor tiene Castro, y me pesara que se hubiera trocado aquesta suerte. Ya por los ojos salena la cara (te, muestras indignas de mujer tan fuer no deis que sospechar; pésame Lara de ver del Conde la tempraña muerte. Y yo lo siento Alfonso demanera, que es fuerza retirarme. Eso quisiera. Presto consigo el fin de mi deseo, pues llego a ver quien rinde mi sentido Toco el bienque procuro, y no lo creo Sea V. Señoria bien venido. (pleo, Como en serviros con amor me en él propio con sus alas me ha tray Padre, viene Beatriz? (do. (Conde, Antes responde, que sigue el gusto de su hermano dice, que la ha dejado de su mano en esa aldea, y que esperarla traza. Cuerda respuesta. Venturoso hermano. (laza. Noble rama del tronco que la en- Pensarque ha de excusarse será en va quiero salir a ese monte a caza. (nos Prevendré los monteros. Yo confieso mi obligación; abladme. . Tus pies beso. Parece que aquel soldado cubre el rostro; quien será? En la ocasión estoy ya, cumple pues lo que has jurado; ya yo he visto a la que quiero. Yo he visto ya por quien muero; en esa sala me espera mientras la hablo. . Quisiera, que hicieses esto primero. Cómo no me llega a hablar? algún misterio hay aquí. Habla primero por mí, que después tienes lugar. No ves que pierdo ocasión. Yo también, si mi afición no la declaras. . A quien? Esta es la que quiero bien. qué dices? . Verdades son. ̱ Pues esta es la que yo quiero Cómo? . Dígote verdad, Obligante a la lealtad las leyes de Caballero. No sé a quien me ha parecido; confusa estoy! . No he podido yo Fernando prometer lo que me puede ofender. No eres Conde su marido, tú has dicho que la pretendes. La que busco para mí, he de pedir para ti; no ves que mi honor ofendes? Mucho más le ofenderás, Lara, si vuelves atras tu palabra, y sino quieres cumplirla como quien eres, no pase el concierto a más: sin enterrar a tu hermano, ni hablarla te ven conmigo, pues eres mi preso. Digo, que a darte gusto me allano; yo quiero hablarla por ti: qué quieres que diga? . Di, que me abraso en su luz bella, y solamente por bella vengo disfrazado ansí. Yo voy; y advierte este día, pues tantos engaños labra, que has de cumplir tu palabra, como yo cumplo la mía. A cualquier concierto salgo, pues de tu valor me valgo. Ya yo voy; pierde el temor, que no ha de poder amor más que la fe de hidalgo. Qué es esto? Gonde, qué hacéis? como a hablarme no llegáis? Con justa razón culpáis la voluntad que ofendéis. Quién es ese Caballero? Un hombre, por quien espero perder vuestra voluntad. Es Castro? . Sí. Perdonad, que he de hablarle. Oíd primero. Notable mudanza ha hecho? atentamente me mira. Muestren los celos su ira contra el valor de mi pecho. Llamade por vida mía. Mal haya el hombre que fía de mujeres; escuchad sabréis una novedad de una amorosa porfía, Fernan Ruiz os adora. Qué decís? . Esto que digo; yo soy de su amor testigo. A mí el Conde? A vos señora; alegre estáis por mi vida. Soy don Nuño agradecida. Afición pienso que es esa. Pues a la mujer le pesa, Conde, de ser bien querida. Para veros ha venido de esta suerte disfrazado en nombre de mi criado. Grande atrevimiento ha sido! mucho debe de querer. Ya vos no os pesa de ver, que el pecho de acero doble. Conde, no puede ser noble, quien no sabe agradecer. Yo por engaño le di la palabra de hablaros por él; mas quiero avisaros, pues que la he cumplido ansí del amor que me debéis, pues por vos . Mal procedéis, no es vuestra amistad fiel, prometéis hablar por él, y ahora por vos volvéis? Que no es de hidalgos digo, por estas muestras que vi, solicitar para sí! pidiendo para el amigo. Por tan loca me juzgáis, que cuando a hablarme llegáis, siendo de Castro tercero, os admita por primero? Muy necio don Nuño estáis, decilde que yo agradezco un amor tan cortefano, y que el gusto de mi hermano, es ley a quien obedezco. No paséis por vida mía por dónde está. Siempre cría mas fuego la privación; yo agradezco esa aficción, guárdese Vuesenoria. Conde, tú me has destruido. Mi amor dice que agradece, venturoso el que padece por dueño ua agradecido. El consuelo que tendré por remedio de mife, es que te has de ir. Caso es llano. Pues con gusto de su hermano, con ella me casaré, Pues has de quedarte aquí? o que mal me has entendido! tú eres mi preso, y te pido que te vengas tras de mí. Dices bien, has de aguardar que entierre al Conde. Has de dar ansí remedio a mis daños? Vete, que en estos tres anos no le puedo yo enterrar. Vanas tus quimeras son. Ni es cautela, ni locura; en dándole sepoltura me volveré a tu prisión. Pues ya estoy aguardando. Y yo el cuerpoemballamando. Entierrale. Qué porfía! dije que le enterraria, pero no te dije cuando: salte Fernando de aquí, mi palabra no falto, contra mi la cumpliyo, cúmplela tu contra ti. Razón tienes. En ella estrivo: vete luego . Caso esquivo! danoso ha sido el concierto; pues por no enterrarun muerto, parto celoso de un vivo. . Digo que es el Rey Alcalde. No es posible que el Rey sea. Fingiendo que viene a caza, viene a llevar del aldea a doña Beatriz. . Sin duda la tiene amor . Bienlo muestra; pues por las cabanas pobres, sus Regios Palacios trueca. Bien es que lleguéis a hablarle. Tengo pepita en la lengua: Jacinto, ya guelo mal, las coyunturas me tiemblan; ansi fuera mueso Cura, que diz que es medio Poeta, él le hablará, que estos tales, diz que no tienen vergüenza. Que no la tiene ninguno? No, porque si la tuvieran, nunca enseñaran sus faltas, y rabian porque las vean. , a Quizá podrá sermentira. Quieres que los ojos mienta, si llegan a ver? Beatriz confirmadas sus sospechas, Altonso viene a bulearte. Quizá puede ser que venga a cazar. . Tienes razón, la caza imita a la guerra: tu heres la caza que busca, y es muy justo que prevenga halcones para una garza, tan altiva, y tan soberbia: mas aunque eres tú la caza, contra mi las armas juegan; pues si te llevan con vida, a mí sin vida me dejan. Retírate por tu vida, que ya los caballos llegan, a beber en los cristales de aquesa fuente risueña. A Dios Beatriz, hasta el día que con la Corona os vea, y os llegue a besar la mano, que ya os imagino Reina. Dónde huyes? A esconderme. De una tortuga se apea el Rey. Recibilde todos. , s Dios por quién es me desienda! si por dicha viene a caza, su plevaria indulgencia, para honrarnos de camino, muy en hora buena venga. Yo levante esotro día una zorra en la dehesa, como él, hasta la cinta, sígame si quiere vella. Tendrá tan larga la cola, no tiréis, que hallar pudieran en la Ciudad muchas zorras, que en seis días se desuellan. Ciernos hay en ese bosque, entre sus ramas espesas, con cuernos, que es bendición, si hay cuernos que ser lo puedan. Si viene a ver a muesa ama, bien puede llegar a verla, con una cara de Pascua; ruego a Dios que así nos venga. Llegue, pues, no tenga empacuo, y vivanos su insolencia, no más que todos los años que se quitaren las viejas. Nora buena estéis Beatriz? Vengáis, señor, nora buena, que ya las fuentes se tien, y aquestos campos se alegran, porque vuestros pies lo pisan. No quiero fuentes, ni vegas, sino ver en vuestros ojos, de voluntad claras muestras, No vengo yo a ver las aguas, corran de espacio, o apriesa; solo a vos os vengo a ver, si vos gustáis de que os vea: Que ofensas os hice prima? que sin razones tan necias? que no queréis ira verme, cuando mi amor os espera? Mil mercedes me habéis hecho, mas si mi hermano me deja, aquí sin el gusto suyo, no es bien dejar estas sierras: Perdonadme. No, Beatriz: por vida mía que es fuerza, esta vez vengáis con migo. Por Dios, con la carga se echa, Ay Padilla, ello es sin duda. Desde aquí los oyes? Llegan los oídos de un celoso, donde el temor los engendrá. No repliquéis más, señora, que podrá ser que os ofenda su Alteza. Ay Estevan mío! el alma contigo queda. Y tu palabra Bearriz? El Rey es quien te la quiebra. No vine por otra cosa; ya vuelvo alegre con ella, quien en nombre de mi hermana secrió en edad tan tierna, no es razón que en estos montes esconda su luces bellas, alumbre el ilustre Alcazar. Y déjenme a mi en tivieblas, que olos, que no os pueden ver, no será justo que vean. Vuélvete a la Corte. A qué? a recebir otras penas? Eltevan, por vida mía. Esa esperanza me alienta. Venu bentiiz, que ya llevo el claro sol de mi esfera, que ojalá, que de Castilla goce el lavrel su cabeza. . levánsela voto al sol. Mejor dirás, que al sol llevan, pues de la luz que tenía solo los rayos me deja: En el otiente de un Rey, Beatriz, es bien que amanezcas, que no es bien que comuniques tanta luz a mi pobreza. La mano le das al Rey, ruego a Dios de esposa sea, y en el timbre de tus armas pondrás coronas soberbias. Apenas vuelvas ingrata a mirarme la cabeza; más pues nada llevas mío, nada quiero que me vuelvas: o fementidas palabras! Fiad en la mochachuela. Esteban? . Ellevan soy, que a mi amor le tiran piedras; muero por guardar la fe, que mi corazón conserva a pesar de sinrazones, que el olvido me aconseja; los celos mandan que tire, la rabia temor, y ausencia, piedras de imaginaciones, y que ayuden las sospechas: ya previenen los verdugos instrumentos en mi ofensa. Quién es quien guarda las capas? Mi ventura, que es pequeña; esta piedra es del temor. Y que te dice? . Que advierta, que si el Rey sirve, y porfía, imposible es que no venza; la sospecha tira ahora: válgame Dios! . otra piedra. Dice, que sin duda alguna se coronará por Reina; ahora tira la rabia, esta es cruel, pues me enseña, que a sus manos, y a su furia queda mi esperanza muerta; parad verdugos, que veo abierto? Que ves? qué piensas? dilo? . El estrivo de un coche, que ricos cojines muestra; por él entran mis contrarios, y al lado del Rey se sienta la enemiga a quien adoro. No des más voces Estevan. Qué gentil martir de amor! advertid, que el cielo espera, Vuelve al lugar. Sigue el coche. Bien Padilla me aconsejas, que pues sus rayos me guían, quiero seguir esta estrella Pues vaya con Dios Rey Mago, y dele mis encomiendas. (tan, Oh casas a la malicia! donde mil monstruos se encier- posada de los agravios, de mil delitos cubierta. Capa, que cubre deshonras, que la calle manifiesta imagen de la fortuna pues voy siguiendo tu rueda
JORNADA TERCERA
jornada tercera En notable ocasión llego a Toledo. Para tu pretensión bien has venido. Traeme en sus alas el temor, y miedo, y mi peligro por amor olvido. De tu ventura asegurarte puedo, pues que de dona Juana eres querido, dile tus cartas en aquesta ausencia. Con ellas animaba mi paciencia. Cinco años ha Bermudo, que sirviendo al Granadino Rey, muriendo vivo, engañado del Conde, a quien pretendo privar de pensamiento tan altivo. Su alegre casamiento estoy temiendo, que aunque mi bien responde si la escribo, está ausente, es mujer, soy desdichado; dime Bermudo, pues, lo que ha pasado. Después que me enviaste de Granada a la Imperial Toledo, porque fuera guarda animosa de tu prenda amada, tu centro solo, tu divina esfera, le di tu carta, y ella alborotada leyola, y respondió, que es verdadera señal de voluntad, que quien responde, dicen que a la deuda corresponde. Quién oye alegre, y cortesano escribe, abre la puerta a amor, y da la mano a la esperanza. . Debe el que recibe pagar la deuda, es claro. . El caso es llano; su amante el Conde, que con ella vive, solicitaba el gusto de su hermano, el cual mientras estuvo en las fronteras su boda dilató, porque vivieras. Volvió Eltevan Illan rico, y contento, y de don Nuño, que su vuelta espera, trazó con breve dad el casamiento. Y casose en efeto? . Bien pudiera, si tu dama con noble atrevimiento, a su hermano, y al Rey no respondiera; que para que el placer se mutiplique, enterrase primero a don Manrique, que no era bien que en tan alegre día, en frente de sutálamo, y estrado, estuviese la tumba helada, y fría. En efeto venció con su porfía, y quedó el casamiento concertado, para el día siguiente del entierro, que es el último también de tu destierro. Ya sabes que te avisó que le pidieras al Conde la palabra, en acabando de enterrar a su hermano, pues espera de tu Rey el perdón, que estás dudando, Quince veces ciñó las once esferas el Sol, y Alfonso de suedad gozando, quince años tiene ya, porque se ataje del difunto don Sancho el homenaje. Hoy le beso la mano a mi Rey vivo, y cumplo el testamento del Rey muerto, y al Conde, necio, de su bien le privo, pidiéndole palabra del concierto. El eco entre los aires fugitivo, ladrón de las palabras, dice cierto, que al Conde entierran, cuyo nombre ultrajas, escucha el son de destempladas cajas. Entierro es de soldados, las banderas arrastran, por despojos muy extraños, cubierto lleva el rostro. Ver pudieras que es el molde no más, tras tantos años. O cuantas veces Conde, en las Fronteras, causaste a los Alarves nuevos danos! De César heredaste ese decoro. otro Pompeyo más valiente lloro. El Rey va en el entierro. O sombra rata! de Dios hechura; como ves deseo besar tus pies, y de tu hermosacara, veralegres los ojos a mi empleo, cual hombre del lagarto a la antipara no se alegra con verle. . No hay si no es cuando se enoja. Eso es sin duda, que enfermedad, y enojo, el ro Quieres hablarle ahora? Aquí le espero, mando el Alcazar, de mi bie vical o el riioa a (rreto, Gente hay en el balcón, llega al te- quizá será por dicha doña Juana. Ya me da aviso el corazón ligero, sin duda es ella. Hablando con tu hermana está, ventura ha sido. Bien merece (padece. mas favores de amor, quien más Engañoso fue su amor. No temas en el mudanza. Asida está la esperanza a las puertas del temor. No es firme de tu desdén, pues es firme, y quiere ausente. El amor jamás consiente descuído, en quien quiere bien: Ya tarda, y será forzoso que de su olvido me espante, no puede ser firme amante, quien no fuere cuidadoso. Sin duda tratan de mí. Oyes? Mas oye el que ciega, su voz hasta aquí no llega, mi deseo llega allí. Ciego estoy, aunque en llegar a sus luces, no lo he sido, y lo que sobra al oído, puede a la vista faltar. Sentiré que des la mano a don Nuño, y su afición, que allano mi pretensión, si te casas con mi hermano: porque si al tuyo te pide Fernando, el trueco es forzoso, si ya el amor envidioso, nuestro contento no impide. Llega, y logra la ocasión. Turbado de dicha estoy. Espera, que un Caballero llega Beatriz al balcón. Nueva esperanza me dais cielos! pues de amor me valgo: ha Caballero? ah hidalgo que el terrero paseáis? Llega. . No hay que recelar, Turbado estoy. No te asombres. (bres, Mi hermano, y los Ricos Hon- al Rey van acompañando, no receléis ningún mal. Quién soy, es bien que publique. Que entierran a don Mantique, Conde, y de sangre Real, Mil esperanzas me dais en veros de aquesa suerte, y sois quien le distes muerte, en hora buena vengáis. Si triunfando de mi mal, hoy sus despojos arrastro, yo soy el Conde de Castro, amante vuestroleal. No tengo que recelar, pues mi perdón se previene, quioce años Alfonso tiene, su mano vengo a besar; Pero ya mi amor os muestra, porque el bien os restituya, que vengo a besar la suya, para que me dé la vuestra. Fernando? Hermano querido, quien abrázaros pudiera de mi amor agradecido; venís bueno? . De amor, que vengo enfermo es verdad, que es secreta enfermedad un cuidado, y un temor. Recetome una sangría el amor, médico loco, y sin venda poco a poco deja mi esperanza fría. Que purgue ahora procura por convalecer mejor mis culpas. . Señor Doctor, que sentis de aquestas curas? Si enfermo de larga ausencia os tuvo vuestra fortuna, no hagáis desorden ninguna en esta convalecencia. Proceden bien, de manera, que la ocasión no perdáis, veréis como os levantáis con el bien que alguno espera. Que seguridad tendrá el que la salud pretenda, que no se fía sin prenda? Prenda pedís? . Claro está; llega pues, muestra la mano. A tu voluntad me humillo. Qué quieres? Darle este anillo. Advierte, que es de mi hermano. Que no le verá . Hay tal cosa! tú se le darás. . Si haré, ar Ese anillo os doy en fe de que seré vuestra esposa, y a Dios, que no sé quién viene. . Yo no tengo quien me vea. Como quieres que no crea mi mal, si amor le previene; hablar a Beatriz quisiera primero que el Rey llegara. Este es amor, cosa es clara! Ella está aquí, más espera, que habla con un Caballeio. Quién es? . Téngolo de ver por detrás? . Al sin mujer; ya nuevos celos espero: Mas si tres anos istuve ausente, y en las fronteras, no es mucho que se cubriera mi amor con tan grande nube. Muy larga experiencia he hecho de este amor en esta ausencia. Amor, y larga experiencia, que trata de mi sospecho. Quién ha sido tan dichoso? Proseguid con vuestro ardid, y este anillo recibid, que os doy en lugar de esposo. Vive el cielo que le ha dado prenda, y esposo le nombra: ha cielos! qué mortal sombra me cubre; muerto he quedado! Calla. Como he de callar Su reputación no ofendas. Padilla, la que da prendas, sin duda quiere pagar. En seis anos no enlazó, sino una banda a mi hiedra, y ya da favor en piedra, señal de firmeza yfe. Bastante señal, que ya hay amante que me exceda, pues me dio favor de seda, que fácilmente se da: Salga el alma por la boca. Poco con dar voces medras. Que ya Beatriz tira piedras. clara señal, que está loca. Qué más puedes desear? Hoy rompo al honor la ley. Detente, que viene el Rey; después hay tiempo y lugar para este hombre conocer. Este es su hermano, detente; ya se metió entre la gente. Siguelo. No puede ser. Yo os juro por vida mía, Conde, que lo siento ahora, como la primera hora en que su muerte os oía. Cualquiera muerte es razón que sienta por justa ley, que es padre común el Rey, y todos sus hijos son, Que morir en esta edad el mozo, no es maranilla un rico hombre de Castilla, es perderse una ciudad. La duda es bien que se allane, pues le falta a nuestra hacienda, no solo quien la defienda, sino también quien la gane. Divina, y prudente ley, con que mi dolor mitigo, pues lo sientes como amigo, y nos honras como Rey. Nuevas riquezas tendrás, si te extremas en honrallos, que el amor de los vasallos, es tener un Rey no más. A tus pies humilde estoy, si nuevos vasallos quieres, que desde hoy lo soy. Quién eres? El Conde de Castro soy. Pues cómo te has atrevido a verme? . Porque ansi intento mostrar en mi atrevimiento, que en mi vida te he ofendido. No es engaño, ni malicia, sino valor infinito, que quien no tiene delito, nunca teme a la justicia. Eso es bien que te convenza, que es eso temeridad, o sobra de la lealtad, o falta de la largueza. Ofendido de ti quedo. lejos fueras escuchado, que al Rey; aún quien no es culpado es bien que le tenga miedo. Esta es razón? esta ley, y verdaderos consejos, no es leal quien desde lejos se disculpa con su Rey. A tu padre obedecí por lo que mandó no más, manda tu ahora, y verás cómo te obedezco a ti. Si del muerto no cumpliera. el gusto con fuerzas ratas, como de mí te fiaras, señor, cuando te sirviera. En esta verdad estrivo, que si ves que guardé ley aún a mi difunto Rey, más bien te serviré vivo. Ya quince años has cumplido, cien mil el cielo te guarde, si empiezo a servirte tarde, yo esquitaré lo perdido. Cuando por esa humildad vuelva piadoso la cara, matar al Conde de Lara, es acto de tulcaltad? En vano mi ofensa emprende esa crueldad, imagina, que ley humana, y divina, disculpa a quien se defiende. A que mal punte ha venido, si dura el primer cuidado; hay hermano! ya he quedado de enterrarte arrepentido. Conde, aunque tengo el perdón por prenda particular perdonar, y castigar, iguales en el Rey son. Dadme la espada; es en vano no castigaros primero, . yo os la quito, porque quiero darosla yo de mi mano. Volved Fernando a traella, ya tenéis el perdón cierto, on que como honrastes al muerto, quiero que me honréis con ella. No habéis de faltar los dos, que dos brazos me cortara, si por matar vos a Lara, os diera yo muerte a vos. No está Castilla tan fuerte, que pueda en estas fronteras quitarle tantas colunas, derribándolas la muerte. Hoy aunque rompa la ley os doy la mano a besar, pues en vos se vino a hallar la lealtad contra su Rey. Voy a hablar, aunque dudo con la terneza que siento, que al noble agradecimiento, pintaban los sabios mudo. Mira si es él . Cosa es clara. Borracho, estás sin sentido? pues puede ser su marido su hermano? . Cómo pintara; no sabes lo de la teja? tiene notable virtud. Para la propia quietud hoy la lealtad me aconseja: Don Eltevan, yo he tenido siempre este guante guardado, más vos no estáis agraviado, ni yo por vos ofendido. Yo os prometo, que jamás negué el campo al enemigo, mas ya os tengo por amigo. Fernando, no digáis más, tengo mi agravio presente; pues que la intención se ve, que es claro, que un digo, que es la vespera del miente. A más el honor me obliga, guardalde como primero, no es honrado Caballero, quien la intención no castiga. Podéis juzgar mi intención? Claro se puede inferir. Pues no puedo yo decir; digo que tenéis razón? Sí, pero son casos feos en la ofensa que imagino, que a tan derecho camino le andáis buscando rodeos. Si la intención castigáis, y tantos puntos sabéis, a vos mataros podéis, pues vos mismo os agraviáis. Don Estevan, pues se allana el Conde, amistad merece. A tu hermana lo agradece. Agradecelo a tu hermana. Ya tomo la ofensa en mí, si la ha abido. Es importante. Dadme Castro aquese guante; vuesto guante recibí: daos las manos. Yo la doy. Mi esperanza desvaría. Esta sortija no es mía; qué es esto? confuso estoy! a mi hermana se la di; si es su amante, y se la dio, o con Beatiiz la envíó? pluguiera a Dios fuera ansí. No dejéis Conde la mano, tenerla siempre quisiera, que en verla de esta manera nuevas esperanzas gano. Nuevo gusto siente el alma, confusa entre tantos miedos, pues al tocar vuestros dedos, me ha prometido la palma. No he de dejar de decillo, que en ocasión semejante, si otros dicen, salvo el guante, yo digo, salvo el anillo. Conociole, mas no importa. Padilla, mi duda es llana, Castro pretende a mi hermana. El regocijo reporta, que bien setienes deseo. . Qué si se pretende casar, su hermana no me ha de dar, porque mi hermana le dé? Qué hará don Nuño de Lara? Que ha de hacer? Conde, ya sabes, aunque apasionado estés, mi verdad sencilia, y clara. Ya a tu hermano has enterrado, desde hoy eres mi cautivo. Conozco Castro, que vivo de mi palabra obligado. Pues junto al Rey no se trate si es que cumplirla previenes, y alégrate con que tienes cerca, y seguro el rescate. Habladme Conde después; Estevan venid conmigo. Loco estoy! . Tus pasos sigo. Beso gran señor tus pies. R. Mira Castro, que me pides, pues eres noble, y discreto, que todo darlo prometo, si mis deseos no impides. Si he de decir la verdad, esas mis intentos son, ya ves, que no es discreción, que fuerzes la voluntad. En mi firme amor prosigo, tu pretensión ve dejando, como dueño te lo mando, y lo ruego como amigo. Si muchas que se han casado con gusto, malas han sido, como honrará a su marido quien tiene el gusto forzado? El hacerte que enterrases tu hermano en esta ocasión, entre los dos fue invención, para que no te casases, Mil cartas he recibido suyas, cuando estuve ausente, y este anillo finalmente en fe de ser su marido. Dios te libre de mujer, que a su marido aborrece, pues a un infierno se ofrece, donde todo es padecer. Si olvidas tu voluntad asegurando mi intento, yo te ofrezco un casamiento, y con él la libertad. Que lo admitas te aconsejo, a mi hermana te concedo, si es que en casándote puedo decir, que libre te dejo. Oh Fernando! qué porfías contra un amante fiel, pues he servido a Raquel, y pretendes darme a Lia, Que aunque los dos en un grado son retrato milagroso, eso no más es hermoso, a que un hombre es inclinado. Pero no es bien que el amor, que mis deseos castiga, no conozca a lo que obliga la ley, y fuerza de honor. Mis pasos es bien que impida, porque en mi valor repares, no es bien comprar a pesares un contrario de por vida. Un homibre tan principal ninguna fuerza ha de hacer, que es animal la mujer, que no le lleva por mal. Tu oferta Fernando aceto, porque es el amor locura, que con otro amor se cura. Eres don Nuño discreto. Habla a Estevan. Caso es llano. Pero si tanto te quiere, no hay que temer al hermano. Hoy dos veces te he librado de mí, que prender podía, y de quien te aborrecía, contrario mas declarado. Del justo límite pasa, Fernando, tanto valor, que está a peligro el honor con un enemigo en casa. . No lo tengo por cordura. Qué mal puede resultar? Suele una cuerda quebrar si adelgazarse procura; Las nuevas imposiciones a los vasallos alteran, que cuando razones fueran, parecieran sinrazones. Pero Nuñez, si los fueros de los hijosdalgo son tantos aunque con razón, que quedan pocos pecheros. Si está Castilla tan franca, porque el Moro no la abrase, no era mucho que pagase cada hidalgo una blanca, Que es lo que un gueno valdrá; esto les quiero pedir. No lo querrán consentir, y nuevos daños habrá. Gloria es de vuestra Corona, que la ayude el que es pechero con su hacienda; y su dineto, y el noble con su persona. En llegando la ocasión seguiré a vuestro consejo, pero a solas como viejo cumplo con mi obligación. Para esto solo llamé a Cortes. . Señor? Callad. a don Estevan llamad; hoy mi sospecha sabré, que ha días que lo sospecho. Beso tus pies. . Levantad; conozco vuestra lealtad, fiome de vuestro pecho. Ydaros parte quetría de mi cuidado mayor. Mi vida es vuestra señor, y la lealtad prenda mía: Buenos testigos serán estos hombres de mi fe, pues en ellos os mostré a Toledo en San Roman. Estevan el Reino quiere que me cale. . Y es razón, para que la sucesión no falte si su Rey muere. Enrique de Inglaterra me ofrece a doña Leonor, pero inclíname el amor a que me case en mi tierra. No que yo esté enamorado, pero es bueno en ocasiones conocer las condiciones para vivir bien casado. Vive el cielo que camina por donde yo imaginé, y que al dueño de mi fe, sin duda alguna se inclina. Basta señor el matiz, que vuestra lengua en mudece, quien en Castilla os merece? La bella doña Beatriz, que es de mi sangre Real, y de mi gusto también Que de lo que quiero bien porfuerza he de decir mal! perdona mi suerte loca, pues es fuerza en esta calma, para que te goce el alma, que te desprecie la boca. Señor, mejor casamiento conviene a vuestra persona; la Castellana Corona, es bien que vaya en aumento. Casaros en vuestra tierra el Reino puede alterar, quizá podréis heredar de esa suerte a Inglaterra. Demás, que doña Leonor tiene tan grande hermosura, que por fuerza os asegura de que la tendréis amor. Bellos ojos, blanca trente, hebras de oro es el cabello, y su alabastro cuello. de cristal más trasparente. Y al fin tanta gallardía, que vestida a lo Español, con ella, aunque os falte el sol, no puede fáltaros día. Doña Bearriz no la iguala, perdóneme V. Alteza, en el brío, y la belleza, en el donaire, y la gala, fuera de que. . Fama cobras, si también su rostro esmaltas, en una me pintas faltas, y en otra me pintas sobras? no contradigas mi intento. Él está determinado. Vete; ya se ha declarado, y callará aunque lo siento: el olvido es justa ley, que por buena razón hallo, que en nada con el vasallo tiene de igualarse el Rey Y hará muestras de sufee, pues basta que lo confiese; muerto soy! Que el Rey se fuese para hablaros aguardé, Fernando, que me mandáis en que os pueda yo servir? Qué puedo Estevan pedir? sino que de mí os sirváis, La amistad que hemos tratado con más firmeza quisiera, y que un lazo la cinera por la muerte desatado; Bien sé, que habréis entendido. Bien señor Conde, os entiendo. Creo, que por lo que emprendo me culparéis de atrevido. Entre tantos Caballeros, para que un lazo desaten, no es bien que terceros traten lo que pueden los primeros: Yo os pido. Hoy pido a su hermana, pues él la mía me pide; proseguid. . Amor me impide por esposa a doña Juana; Yo pienso que no perdéis. Conde, la ganancia es clara, pero que al Conde de Lara la he prometido sabréis, Aunque sospecho que os tiene mi hermana más afición. Las prendas señales son de que mis glorias previene. Pues si os quiere, nada espero, mi voluntad está llana; para pedirle a su hermana, como he de entrar considero; perdone el Conde. Él está contento, porque ha sabido, que llamado, y escogido fui de doña Juana ya: Y no quiere amor forzado. Ya mi demanda prevengo. Demás, de que yo le tengo ya por mi mano casado. Huélgome Fernan Ruiz, que ya libre de él estáis; pero con quien le casáis? Con mi hermana. Con Beatriz? . Sí. Fortuna, en que me pones? fuerza será que la maten, si aquesta garza combaten tan coronados halcones. Perdonadme si atrevido os digo llegando a veros, que me pesa de entenderos, pues no me habéis entendido. No puedo de vos pensar, que tan ciego os arrojéis, que no es bien que os empeñéis si no me podéis pagar. Fiar en prendas no quiero, que ya que llego a decillo, si yo he visto en vos anillo, también vistes vos sombrero. Y si por estas visión es las bodas se han de hacer, no era milagro entender mis secretas intenciones. Necedad fuera por Dios, viendo que me habláis ansí, que no quiera para mí lo que queréis para vos. Y para que quede llana la duda, Fernan Ruiz, si habéis casado a Beatriz, yo tengo casada a Juana. . Don Estevan oye, espera, fuese, i ya no hay más que espere, mas si ella casarse quiere, que me importa que él no quiera? Darle a mi hermana quetría, mas sé que en el aire labra, que he de cumplir mi palabra, y salir con mi porfía. Muero de cólera, y celos, pues son claros desvaríos, que compitan con los ríos los humildes arroyuelos. . Yo os he visto otra vez si no me engaño, aunque ese traje extraño, y artificio, de redondo edificio acuchillado, me tiene de slumbrado. . Ser podría; también por vida mía estoy pensando, donde os he visto, y cuando. Allá en mi Aldea. Puede ser que ansísea; sois de Mora? Allí viní seis anos, y fuy Alcalde. No lo pregunto en valde, Alcalde amigo. Ponei sme como un higo las narices; paso. Ratos felices con vos tuve, cuando en el Aldea estuve con Estevan. Ya mis sentidos prueban a acordarse; mas no hay en que cansarse, ya lo saco, vos sois aquel grandísimo bellaco; válgate el diablo, como estás vestido tan redondo, y polido? qué embarazo de aros de cedazo es el sollaje? Este es el propio traje de hidalgos. Para seguir mis galgos en la caza, no quiero mejor traza que estos fuelles. de goznes y muelles, que hechiceras os han puesto en los muslos las gorgueras. Coridón, a que vienes? He venido a ver al que he servido, nuestro Conde. Tu lealtad corresponde a su nobleza; hoy juntará su Alteza en esta sala la nobleza, y la gala de Castilla. Bien haya muela villa; o cuál me han puesto! quejareme al Rey de esto, que un criado me ha dejado el pescuezo desgoznado. Aquí nos arrimemos, que la guarda viene ya D Plaza. Guarda, aquí me arrimo; por Dios en más estimo un pobre cargo: o que entierro tan largo! ase finado el Rey? . Acompañado de esta suerte viene. . Para la muerte son ensayos; que son estos? Lecayos. Y estos? Pajes. También en los oficios hay potajes? a Rico e D C. os hombres de Castilla, a quien dio el cielo por ella, valor para defenderla, prudencia para regilla. Conozco mi obligación, pues vuestro animoso brío me ha librado de mi tío Fernan Ruiz de León, Y contra la toja barra de Aragón fuisteis cuchillo, temblando de mi castillo las cadenas de Navarra. Por vosotros de los Moros viera libres los Estados, a no estar tan empeñados nuestros Reinos, y tesoros. Do los humildes pecheros no tengo ya que esperar, ahora me han de ayudar mis deudos, y Caballeros. Si vosotros habéis sido mi amparo, poco se siente, que una blanca solamente a cada un hidalgo pido. Ya confiado os escucho, porque una blanca pagada, para vosotros no es nada, y para mí será mucho. Caso fuerte! Triste ley! Lealtad, ya te descompones! si en todas las ocasiones voy contra el gusto del Rey. Seis anos fui desterrado, desde hoy solo soy su amigo, si ahora le contradigo pareceré apasionado: Quiero hacer su voluntad, aunque es el caso notable; todos esperan que hable. Conde de Castro, hablad. Yo digo, que es justa ley concederle cuanto pida, porque si es del Rey la vida, también la hacienda es del Rey. Y aquesto no es afrentarlos, que esta blanca (a lo que siento) se da en reconocimiento de que somos sus vasallos, Y son dichosos empleos, que el Reino se muestre franco, dando una blanca por blanco de nuestros nobles deseos. Aunque debiera aguardar, que llegara la ocasión, la notable sinrazón, Castro, me obliga a hablar. Es posible que se humilla a tan grandes desafueros, un hombre, a romper los fueros de los nobles de Castilla! Dices, que no es afrentarlos seguir con injusta ley, como será noble el Rey, sin tener nobles vasallos? No concedan tal los buenos, ni quien ser hidalgo espera, porque ya mundo no fuera, sino hubiera más y menos. Yo alo menos si el dano empieza por hacer muestra más franza, bien podré dar una blanca, pero será mi cabeza. Don Estevan, don Estevan, Alcaide de San Roman, contradecir a los Reyes, no es de un hidalgo leal. Si alguna pasión oculta va mostrando el mineral por la boca del enojo, que en vuestras venas guardáis, Sin contradecir al Rey conmigo podéis hablar, pero mostráis que sois pobre, que siempre pide, y no da, No le neguéis nada Ellevan a quien lo puede tomar porfuerza, que de esa suerte poco os lo agradecerá No neguéis cosas posibles, ni imposibles pretendáis, que quien sube con violencia es fuerza que ha de bajar. Medid con las fuerzas vuestras los deseos, y mirad, que suele venira menos, el que se quiere hacer más. Que tesoro es una blanca, que es lo que puede costar un gueno? No es por el gueno, sino por el fuero; ya entiendo vuestras palabras, y a lo que guiadas van, que ponéis al Rey por capa de las quejas que me dais. Tan rico soy como vos, que si al Rey podéis prestar cobre, yo le doy acero, que es más honroso metal. El Rey no puede en justicia nada por fuerza quitar, y yo le niego por todos lo que tan mal nos está, Si niego cuando me piden, es porque nada me dan, y solo los Santos pueden, Fernando, dar bien por mal. De pechos nobles y honrados es Ruy de Castro, aspirar a mucho, que con soberbia no es bien tener humildad. Y al fin, quien quisiere el feudo véngale de mí a cobrar en la Vega; los hidalgos yo sé que me seguirán. A mi Esteban? . Razón tiene También contra mí os mostráis? solo basto para todos. Parientes, amigos, callad. Hay mi esposo! . Ay Estevan! Como a defenderle vas, traidora? . Perdona hermano si sabes lo que es amar. A mi enemigo defiendes? Guía amor, y tras él van los ojos También Beatriz tiene esposo; bien está. Basta hermano. Hermano basta. Reportaos todos, callad: El Conde de Castro ha andado cortés, airoso, y galán en lo que me toca a mí, y don Estevan Illan en lo que toca a los nobles, esta, y aquella es lealtad. Que a una parte la Corona, el Rey, vasallos, no es más que un noble, en cuya nobleza se funda la dignidad de Rey; y pues yo soy noble, el seguir me toca ya la parte de don Estevan, no se hable del caso más: sin el gueno, y por el fuero la nobleza he de estimar. Eso os deberá Castilla, gloriosamente Reináis. Yo con mi sangre he cumplido. Yo con mi sangre, y lealtad. A entrambos oslo agradezco, valerosamente dais muestras de quien sois entrambos; y porque tengan lugar vuestras loables acciones: ya que prendados estáis de amor, esto, yo lo sé, la mano Fernando dad a doña Juana de Lara, y vos Esteban (que aún más hago en esto, que en aquello) a Beatriz, y reparad en que os doy mi sangre en ella. Mil anos, señor, viváis, dando al Dosel de Castilla luz, grandeza, y Majestad. La lealtad contra su Rey, siempre es la mayorlealtad. No es por el huevo, señor, por el fuero sí. . Pues dad fin a la comedia. . Y sea pidiendo un vitor no más. Para Fernan Ruiz de Castro. Y para Estevan Illan.
