Texto digital de Lazo, banda y retrato
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Andrés Gil Enríquez
- Atribución estilometría
- No es posible No concluyente
- Género
- Comedia
- Procedencia
- El texto procede de la transcripción automática de Nuevas escogidas.
Aviso
Puede incluir errores u omisiones. Si dispones de una edición mejor, te agradecemos que contactes con nosotros para incorporar actualizaciones.
Licencia
Cita sugerida
Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lazo, banda y retrato. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lazo-banda-y-retrato.

LAZO, BANDA Y RETRATO
JORNADA PRIMERA
JORNADA PRIMERA Dejadnos solos. . Un mar aguardo de penas hoy. Re Hija. Señor, muerta estoy! . No se por donde empezar. . Cielos, que mi padre así atropelle un albedrío! Que contra el dictamen mío se muestre! no estoy en mí! Porque llegues a rendirte a la razón en que estribo, te he de decir el motivo que me obliga a persuadirte. Las guerras no has ignorado, que el de Dinamarca ha hecho a este Reino a su despecho, de ciertos fines llevado. Después de contiendas fuertes, y en batallas tan reñidas, haber perdido más vidas, que un infeliz tiene muertes. Y después de haber costado a Suecia, lo que siento, hoy hija tu casamiento estos Reinos ha ajustado. Para tratarlo mejor, importó se dispusiese, que de su parte viniese a Suecia Embajador Liegó a esta Corte, y al darte noticia del casamiento adverto en ti un sentimiento, que mudo llega a explicarte. Aunque lo que he referido motivo bastante era a que tu mano cumpliera lo que tu voz ha ofrecido, otro mayor me ocasiona a las paces que concierto, pues de Polonia Lisberto hoy perturba mi Corona. Y si Federico viene a ayudarme, el triunfo es vano, mira si estriba en tu mano la quietud que le previene a este Reino mi deseo; y así valga esta razón, hija, contra la adversión que en ti al casamiento veo. Y pues disgustada estás, repugnando así el calarte, la fineza de rogarte quiero que me debas más, De ti el Reino está pendiente, en ti su alivio se ve, que cuesta aliviarlo? qué? ser a tu padre obediente? Advierte, que es gusto mío, deja tu necia pasión: para contra la razón tiene fuerza el albedrío? Reconozca tu sentido, que el obedecerme es ley, pues lo mando como Rey, y como padre lo pido. ̱. Señor; sin vida he quedado! permíteme que descanse en desahogarme contigo, y ya que es fuerza matarme, pues obedecerte es fuerza, salga la voz de la cárcel del silencio, aunque en tu oído mas estrecha prisión halle. Desde que nací no ignoras mi inclinación, mi dictamen, tan contra el uso comun del femenmil vasallaje, que los alagos de Venus son en mi asombros d Marte. Mi mayor divertimiento, como has visto, es el hallarme con el arcabuz, buscando ya al animal, que arrogante a cada punta que brota e afanes. Ya al bruto, que ceniciento (acosado del cómbate) rudas enárbola flechas, agudos esgrime alfanjes. Si tal vez por mis tristezas quieres, señor alegrarme, las fiestas más me congojan; y por su efecto ya sabes que es el belico instrumento quien más llega a desertarme, Cuantas veces incitada de mi valoy al hallarse tus soldadoa en la lid, quise salir a animarles? Pluguiera al cielo, señor, apermitirlo llegases, que solo con mis alientos mas triunfos llegara a darte, que sentimientos me cuesta el haber de; pero calle mi voz, no aquí el pensamiento con toda mi vida acabe. Esto, señor ha infundido en mi una adversión tan grande a sujetar mi hmuedrio con morirme, o con casarme, (que para mí todo es uno) que me motivó a enojarte, no obedeciéndote luego, no te admires, no te espantes, que por no arriesgar la vida dilatarlo procurase. Dirás, que el Reino es primero; si tú quieres disculparme, no lo mires como Rey, atiéndelo como padre. Bier conozco, que es forzoso, y que tu palabra eslantes que mi vida, dispón de ella, que yo a tus plantas, constante en obedecer tu gusto, cumplo con sacrificarme, sin voz para el sentimiento, sin dolor para el semblante, sin fuerzas para la queja, sin temor para el cómvate. Porque se conozca, viendo de tu palabra el realce, que por no perder la vida (aunque a costa de mis males) he podido dilatarla, mas no hacer que se quebrante. Llega Amatilde a mis brazos, el cielo ruvida guarde. Aún no te he dado a entender cuanto alivias mis pesares si con Federico casas, ni la razón que me hace atropellar tu albedrío. Puede haber otra más grande, qué tu palabra? . Si hija, que ya es fuerza declararte lo que para ti, y el Reino tanto tiempo oculto yace. No ignoras que en mi servicio estuvo un tiempo constante Fresistrato, aquel monstruo de las ciencias formidable, aquel que de Astros, y Estrellas penetrar quiso el caracter. También sé qué Visidia, hija suya, llegó a aventajarle en la Majia, pues cantando, temora su voz atrae a su aliento cuantos oyen sus no imitados compases, a quien quise mucho yo, porque de su ciencia el arte al daño estaba remiso, y al remedio vigilante. Tampoco ignoro, señor, que tú a los dos desterraste, y que a esa Isla se fueron, que el mar proceloso bate entre Polonia, y Suecia. donde con músicas graves Visidia a los pasajeros detiene el curso, y atrae, sin acción que los gobierne, ni albedrío que los mande. Viando de sus encantos (desde que murió su padre) con más rigor, solo a fin de que pueda motivarte a que a Estocolmo la vuelvas por cuitar las crueldades, que Sirena de la Isla a los pasajeros hace, ofreciendo en mi servicio, no usar del mágico arte: nada de esto es lo que ignoro! Pues oye lo que no sabes, Etisistrato hacer quiso de esta Corona el examen por medio de las Estrellas sin que yo se lo mandase. En fin (sin aliento estoy!) me dijo, que vasallaje este Reino al que en Polonia gobierna daría: antes que tal advierta, Amatilde, mi vida al dolor acabe. Irritó mi sufrimiento, con que mande desterrarle, no declarando el motivo, y atropellando (error grande! haberle debido yo la vida por aquellance, en que dándome un aviso castigue traiciones tales. Esto es lo que me ha obligado a persuadirte, que cales con Federico, pues como te he reforido, ayudarme es fuerza contra Lisberto, odo errantes eda las Estrellas, mira tú si es esta causa bastante. Y así para que conozca Vrsidia, que erró su padre, y que no siempre a los Astros superior influjo aplaude, Quiero que se halle a tus bodas, y porque muerto tu padre, el destierro no se entiende con ella. . Yo de mi parte lo agradezco, y te suplico, que vuelva a tus plantas Reales en que un gran alivio estriba, pues evitas las crueldades como hace a los pasajeros, que de un Reino al otro salen; y mis bodas se festejan con su música admirable. Y en efecto con deberle a Eresistrato su padre la vida, cualquier reparo juzgo que llega a salvarse. Al punto ordeno que venga, el ser gusto tuyo baste. Mucho estimo que me asista Vrsidia en tan fuerte lance. . Al Embajador detuve, que quería entrar a hablarte, besando tu mano en nombre de Federico, y yo antes quise Amatilde, que tú mi palabra confirmases. Bien puedes ya prevenirte, pues no puedes excusarte, yendo a disponer, que al punto te vea. El cielo te guarde; tiras, qué es lo que me pasa? no se por donde quejarme: porque son tantas las penas que mi corazón combaten, que al erecutar el golpe, se atropellan desiguales unas con otras, queriendo cualquiera de ellas ser antes, y ninguna me da muerte por querer todas matarme. La que blasonaba altiva de su libertad, hoy sale, por la sujeción, que espera a ser viviente cadaver. La que triunfo del amor le ha de rendir vasallaje; y para con más crueldad de mi vanidad vengarse, con minorar la altivez de mis pensamientos, hace que esté el remedio imposible, y el conocimiento fácil. Yo del Rey de Dinamarca? yo a Federico entregarle mi libertad? y ser puede cielos que conmigo case, Federico? . Que me manda vuestra Alteza? aquí es culpable el darme por entendido. Ay de mí! . Adversión notable! Pues sois vos el Rey, decid? No señora, perdonadme, que os respondiese al juzgar que a Federico llamaseis, pues por ser los dos deun nombre, fue fácil equivocarme: que me dejase llevar . de mi afecto? . Duda grande me ha introducido el acaso, y he de llegar a apurarle. La equivocación, señora, no culpéis, pues con hallarme a vista de vuestra Alteza, Embajador de su parte represento su persona; y así ved, que en cualquier lance Federico es el que os oye, siendo yo el que os escuchare. Con equivocas razones llega la respuesta a darme, no sé que infiera de aquí; mas por si acaso acertare mi discurso, esto ha de ser. . Pues el verme es confirmarse, aunque a costa de mi vida, la palabra de mi padre, siendo (para la obediencia; en mí) precepto inviolable, con que vos quedáis airoso, y no tiene en este lance Federico más que oír: Federico, Dios os guarde. . En un mar de confusiones llega el discurso a anegarse. Yo del Rey de Dinamarca! yo a Federico entregarle mi libertad! y ser puede, cielos, que conmigo case! Esto no dijo Amatilde? pues será razón, que arrastre por fuerza su voluntad? eso no; quebrar las paces? tampoco; pues ya la rinde la obediencia de su padre; pues que he de hacer? pero allí Lidoro, y el Almirante me aguardan; de su consejo pendiente está mi dictamen. Parece que disgustado de ver a Amatilde sale Vuestra Alteza? . La aflicción se conoce en el semblante. Ay Almirante! ay Lidoro! del disgusto las señales se dan a entender muy presto, a desmentirle muy tarde, Decid, qué tenéis? . No puedo sin que a Cortesano falte. De Dinamarca sabéis, que Embajador de mi parte llegué a Suecia, a tratar los ajustes de estas paces, siendo uno de ellos la mano de Amatilde; de esto nacen las quejas, que mis afectos; quejas dije? Error notable! que fácilmente se culpa acción, que es contra el dictamen! Y que mal yerra la queja el que notoria la hace! sin ver que el valor le quita la prompritud del quejarse: Y pues en mi repetidas me alientan, mas siendo tales, basta que a mí me confundan, para que no se declaren. De la adversión que Amatilde tiene, señor, al casarse será vuestra pena. . Es cierto, que otra aquí no puede hallarse. No el mérito contradice, quien del mérito se abstrahe; lo que hace la inclinación, no desacredita el arte: acciones de las Estrellas son influjos, no desaires. Yo he de procurar vencer antes que llegue a casarme) su aversión. . Pues V. Alteza llegar quiere a declararse? No, pero en mi nombre puedo, sin que sea reparable, no omitir festejo alguno, y en las veces que la hable, los afectos que me debe darla a entender de mi parte. Y pues es fuerza que ya hasta ver si mis propuestas llega el Reino a confirmarme; y vos os detendréis mucho, no será razón que cause, que tenga queja de vos Lisberto; y así al instante os podéis ir a Polonia, pues os llama, y ya se sabe, que traidores intentaron vuestra esclarecida sangre oscurecer; yo os estimo, que vos de mí os amparaseis en Dinamarca, y se vea, que en vos traiciones no caben. Gran señor, dadmelicencia para que yo no me aparte de vos, sin que en vuestra Corte os deje. . Que es importante vuestra periona en Polonia, Lisberto escribe, y es darme disgusto que le faltéis. A vuestras plantas, no sabe como agradecer, señor, mi afecto. Alzad, Almirante. Aún no sabe bien Lisberto . lo que llegará a importarle en Polonia mi persona, pues en mi silencio yace un secreto, que más él lo dirá con declararse. Dadme a besarbuestra mano para obedeceros. . Dadme los brazos. . El cielo quiera, señor, que salgáis triunfante de las dudas que tenéis. Son sin número mis males. Vamos, porque se disponga al punto vuestro viaje. Vamos, amor, o morir, o vencer. leca El dolor de mi tormento no es de mi ardor entendido, porque me quita el sentido, y me deja el sentimiento. El dolor de mi tormento no es de mi ardor entendido, porque me quita el sentido, y medeja el sentimiento? Parece que mi cuidado, hizo la lerra. Espulida. No me canses por tu vida. Pues para que soy criado? Mira, señor, que tu prima es quien te festeja así, y viene a verte. . Ay de mí! Tu tristeza me lastima. Entre otras gracias, señor, de que el cielo te ha dorado, todos la palma te han dado de ser insigue pintor. Pues tu pena es tan precisa, y a todos vilos tan rara, pinta, señor esta cara, y te moriras de risa. Chocólate, mi pesar no admite remedio humano. Lecindasale Cirla tiranerigor! s Volved a cantar. El dolor de mi tormento no es de mi ardor entendido, porque me quita el sentido, y me deja el sentimiento. Alivio tan grande ignora lo mortal de mi tristeza, Cómo se halla vuestra Alreza? Ya como el que os ve, señora. Que pague tan mal Lisberto . Vamos a espacio atención. Penas mías, yo estoy muerto. Muy poco os deben las verás, señor, de las ansias mías. Prima, las melancolías tienen mucho de groseras. Este amor al parecer, ninguno culpar intente, porque es su mujer in mente, y quiere como mujer. Y no podéis explicar el pesar que os ha postrado? En la letra que han cantado se ha cifrado mi pesar. Mucho he sentido el oírlo, y más ser al evitarlo bastante para acordarlo, y no para divertirlo. Prima, yo declararé lo que mi voz pronunció. Vuelvan a cantar, que yo a un tiempo me explicaré. De mi tormento el dolor, en mi corazón rendido, está tan introducido, que me alimenta el rigor: De este irreparable ardor solo gusta el sentimiento, sin dar lugar al contento; que quiere mi mal sin susto, mas que el alivio del gusto, el dolor de mi tormento. En la lidque me desvela hallo un mal que al alma pasa, y en un hielo que me abrasa, un incendio que me hiela: Este dolor, cautel no ha entendido prevenido lo ardiente de mi sentido, que aunque es con desasosiego entendido de mi fuego, no es de mi ardor entendido. En manos de mi cuidado me discurro adoleciente, y al buscar el accidente, solo el dolor he encontrado: Quítame el sentido airado, porque sienta más rendido el bien, que siento excluido, del sentir que me atormenta, sin dar lugar a que sienta, porque me quita el sentido. En mi dolor tan constante estoy, que este mal penoso, solo tiene de piadoso el no dejarme un instante: Mudar no puede semblante ya la fortuna que siento, que mi insufrible tormento humano alivio no alcanza, pues me quita la esperanza, y me deja el sentimiento. Menos os entiendo ansiosa ahora; hubiera estimado no habéroslo preguntado, por no quedar más dudosa: No sé si el recelo acierte. . No hay alivio que le cuadre. Que lo que mandó mi padre . lo dilate de esta suerte! sin aliento el alma está. Señora, no va en mi mano templar el rigor tirano de mi tristeza, si ya. Alivio condicional! no pagáis lo que os estimo: mal mis enojos reprimo, . ya no puedo con mi mal. Señor, que vuestro accidente os enágene de vos, no sé en que consista (ay Dios! aunque en vos está presente. Dias ha que procuré saber que tenéis, y no puedo alcanzarlo, aunque yo de no saberlo lo sé. Desvaneced el error que juzgáis en mi cuidado, que una cosa es el agrado, y otra cosa es el amor. Vuestra confusa dolencia templar quiere el pensamiento, sin haber más fundamento, que una forzosa obediencia. Esta amante atencien mía (si os lo ha parecido así) disculpad, que yo hasta aquí a mi padre obedecia. Reparad, que por mi estáis con el Cetro que os merece; por mí; el Reino os obedece; por mí, el Reino gobernáis. Todo esto es por mí, y así advertid que el que os lodió, aunque por mí os lo entregó, oslo quitará por mí. . Lo imposible de su amor . me lástima, quiera el cielo, que conozca su desvelo lo que ocasion un error. . Vive Dios que eres ingrato; pero áquí se le ha caído, no es nada. Dime, qué ha sido? Tu retrato. . Mi retrato No lo extrañes, considera. la calidad de su amor, pues fue el tenerlo, señor, por verte cuando quisiera, Pero ya tu desagrado tan otra la transformó, que desde este día no te puede ver, ni aún pintado. Muestra. . Ve cobranco aliento divierte ese ardor mortal. No es posible, que mi mal no acnate divertimienio. Confiésame tu pasión, mira que aliviarte espero. Chocólate, yo me muero, No sea sin confesión; alivia pues tu fatiga, contandómela en efeto. No eres tu capaz sujeto para que yo te la diga. Que te diviertas pretendo, haz cuenta que no soy yo, dila tú, como que no me la estás a mi diciendo. Por mi alivio, no por ti diré mi mal. . No te alieres, dilo por lo que quisieres sin escucha atento, y dí. Yasabes, que fue mi padre Polidoro, cuyos hechos tanta admiración causaron, tanto aplauso merecieron, Con Flora, hermana del Rey de Polonia, cuyo Reino hoy como ves me obedece, y por Lucinda gobierno, caró, de cuya alegría fui yo el anuncio primero. Tubo después a Lilarda, mas con tan raro suceso, que algunos días pasados las dos mejor patria vieron. A pocos años murió mi padre del sentimiento, quedando yo con mi tío, a quien debí tal afecto, (en medio de mis cesdichas, que pudo a mi desconsuelo, sino del todo quitarle, templarle en parte alo menos. Desde aquí (ay memorias mías!) te pido que esté atento, que aunque lo que he referido no sea celcalo lo he hecho porque sepan mis pesares, que no me he olvidado de ellos. Publicose, que en Suecia se disposan festejos, de hermosura prevenidos, y de variedad compuestos (por divertir a Amatilde su Princesa) y un torneo para esmalte de las fiestas, y por hallarse a este tiempo suspensas las armas con las treguas, que estos dos Reinos gozaban, que ya cumplidas en letras de sangre, y fuego, hoy los destrozos se leen de Pólacos, y Suecos. De mi valor persuadido, y llevado del deseo de ver si de su hermosura la fama en la lid del pecho, con bastante causa hacía la bateria de incendios. Díspuse el ir a Estocolmo (Corte ilustre de aquel Reino) en cuyos actos me hallé, el mejor no digo; pero solo te diré que tuve la suerte de parecerlo. Mi mayor cuidado era Amatilde, vila ciego, que cegar, y haberla visto, en mi admiración fue a un tiempo, Un día (en quien el Verano dio a entender más sus efectos, siendo al cuidado mayor irreparable su fuego, sin que alivio permitiese imitando al de mi pecho) salí al parque, franqueando el oro el impedimento de poder entrar en él estando Amatilde dentro, A pocos pasos me vi sin séntico, sin aliento, reparando en su beldad, cuya hermosura, tan hierto de los sentidos el uio me dejó, que no resuelvo si estaba muerto, o si vivo; pero vivo estaba, y muerto por sus ojos, y los míos, dándome entre mis desvelos allí unos vida, otros muerte, sin saber cual fue primero. En este apacible sitio estaba, a quien pude atento. entre unas espesas ramas. divisar, que me sirvieron para tocar mi ventura de piadosos instrumentos. Suelto el cabello tenía, siendo en ella el estar suelto cuidado de su deidad; como quien dice: en mi cielo no hay opresión que embarace lo que es de mi adorno Regio, que la prisión no permite la libertad de su dueño. Estaba, pues Amatilde; pero ya andaté grosero, si prosigo su pintura, porque Amatilde diciendo de una vez la dificulto, y de una vez la refiero De esta suerte muchas veces quiso eligir aquel puesto por la ocasión de la caza, que era su divertimiento. Culparás el no salir a que me viese, fingiendo ignorar, que allí estaría: culparás mal, pues a un tiempo su respeto, y su hermosura batalladan en mi afecto; ella el deseo alentando, y él los pasos suspendiendo. No extrañes que no venciese su rara hermosura, viendo tan de su parte a mis ansias, que solo a la luz de atento pudo verse su he mosura, vencida de su respeto. Esta razón me obligó dejar el sitio, y queriendo volverme, hallo un lazo verde, que acaso miré en el suelo: guárdolo, sin discurrir quien sería, o no su dueño, porque habiendo tantas damas, querer yo, que fuese luego de la Princesa, era rara facilidad de mi afecto. Del Lazo poco distante, al volver la cara, encuentro con una Banda, que guardo, sin hacer discurso nuevo, y lleno de confusiones salí; en mis dudas cayendo. Como fuese estar allí Vanda, y Lazo, es argumento a que responder podrá el acaso, y en efeto a mí me tocó guardarlas, y no me tocó saberlo. Detérminose en Palacio de damas, y Cabalieros un sarao en que Amatilde quiso salir, disponiendo los vestidos de las damas, que fuesen de un traje mesmo. Pues de esta suerte, y llevando mascarillas, sin recelo. al que le tocase dar la mano, pudiese hacerlo sin ser conocida: yo ninguna ocasión perdiendo quise asistir con la anda que halle en el parque, al festejo. Diras que sacar la Vanda fue indiscreto atrevimiento, pues pudo ser de Amatilde: es verdad, yo lo confieso, mas era haber dos de un modo, contingente, y por saberlo la llevé, que el corazón al berla en mi mano, inquieto quiso cegar mi discurso para salir verdadero. Estando, pues, divertido cada uno en su paseo, al dar la mano a una dama me dijo; quien Caballero os dio esa Banda? a que dije; mi cuidado; y prosiguiendo el sarao, al llegar a mí (juzgo la mesma) más quedo repitió: estimadla mucho, porqué es superior su dueño. Ya verás cual estaría vacilando el pensamiento, pues saberera imposible quien me hablaba; pero luego sacando el Lazo que hallé en el parque, al mismo tiempo que a hablar volvió se le puse donde no pudiese verlo, así que la vuelta dio; y fue fácil, pues trayendo el Lazo con que prenderse, pude en su vestido hacerlo. Diose, pues, fin al sarao, y principio a mi contento, pues alquitarse el embozo en Amatilde vi puesto el Lazo; imagina tú de mi gozo los extremos, porque yo no hallo mejor coronista, que el silencio. Repararás, que el hablarme, mas que gusto, sentimiento pudo darme; pues estando con tanto disfraz, hacerlo sin conocerme, el favor en mí no logró su aprecio, pues no importó que a mi fuese, si ella ignoró a quien fue hecho, Oye la satisfación, porque una vez hecho el hierro de hablar en esto contigo; porque yo lo escucho, quiero satirfacer por mi solo, porque para ti no es esto. Con cuidadoso descuido (al ir a tomar mi puesto) un lado a la mascarilla solté, para que el primero viese Amatilde, que era en celebrarla mi afecto, que aunque después era fuerza. el verme, mis ardimientos dilatar esta noticia, para después no quisieron. Volví a ponérmela al punto, y aunque pasó poco tiempo bastó para conocerme, y ver la Vanda en mi pecho, porque repararon todos; con que ya la duda absuelvo de si fue el favor, o no a mí, pues es caso cierto, que no cabe contingencia, conociéndose el sujeto. otro reparo podrías hacer, que es el que más siento, pues en la decencia toca de Amatilde, conociendo, que llegar a hablarme, fue contra su decoro; pero la circunstancia a los casos hace ser malos, o buenos. Aunque Amatilde me habló, no fue Amatilde, supuesto que sujetarse al embozo, fue libertarse a lo Regio. Y llegar a desmentirfe, traer el rostro cubierto: con que uno, y otro reparó juzgo que están satisfechos. Murió a este tiempo mi tío, dejando mandato expreso, que yo le diese la mano a mi prima, porque el Reino no conociese señor extraño, con que el gobierno desde entonces me aclamó por su Rey: este suceso me hizo dejar a Suecia, y en ella el bien por quien muero Algunas causas que finjo dilatan mi casamiento, sin estar más en mi mano esta desazón que muestro. Confiésote, que a mi prima, ser, honor, y vida debo, no desprecio sus favores con atención los venero, que hallarme yo sin sentido, sin poder pagar su afecto, es desgracia, no desprecio. En fin, lo que hace a mi mal, imposible de remedio es ver que el de Dina marca (aquí fenece mi aliento) tiene dispuesto casarse con Amatilde: veneno que al corazón va apurando todo el vital movimiento. Este es el rigor que paso; esta la penaque siento; este el dolor que me mata; este el martirio que advierto, este el disgusto que lloro; esta la ansia que padezco; y este es mi mal, mira tú si justamente me quejo. Elevado me has tenido contándome tus sucesos, digo que tienes razón, y digo también, que tengo de estar atulado, aunque suegras aborte el infierno, que abortar demonios, era muy corto encarecimiento. Para apurar su intención, buscando a Lisberto vengo, por si algo puedo escucharle, que explique lo que deseo. Pero dime por tu vida, que intentas hacer? . Intento salir de Polonia al punto yendo a Suecia, pues llevo a Amatilde por el horte de mi sentido. . Esto es hecho, toca a marchar. Yo me abraso. Pues agua, señor, y presto. A Suecia voy. Como hay viñas. Vamos al punto, Primero. . A espacio males Comamos. . Pesares. No si no huevos, y hemos de llevar colores, y pinceles? yo estoy necio! adonde vamos jamás sin todos estos trebejos? Piérdase el Reino mil veces, pues a mi propio me pierdo! Dices bien, piérdale todo; pero si mal no me acuerdo, la Isla de las Sirenas pasamos, yo no me atrevo a ir contigo. . Por qué? Por las encantos, y enredos que Vrsidia, de Erisistrato hija, a tantos pasajeros hace, y más sabiendo que es la música el anzuelo conque eleva los sentidos de cuantos la están oyendo, así a sus doncellas, como a ella, con que la han puesto la Isla de las Sirenas. Ya sé, que por el destierro que el de Suecia a su padre Erisistrato dio, el fuego de Vriidia enciende en su ciencia crueldades; pero yo ofrezco no detenerme en la Isla. Vamos, y permita el cielo, que las señoras Sirenas no nos serenen lus huesos. Que falte Lisberto ahora me está a mí muy bien, supuesto que declararse un engaño de que la culpa tenemos, así el Almirante, y yo) por el alivio del Reino, no es necesario; mas ya da, e Lucis No puedo un instante sosegar: el Retrato de Lisberto he perdido, Roselinda. otro mal más sin remedio te ha de afligir. . Dilo apriesa por ver si de esta vez muero. Tú primo se va, señora, de Polonia, su desvelo Amatilde lo ha causado, de Suecia Princesa. . Cielos, mi primo se va? qué dices? esto es ya contra el respeto. Pues has visto, gran señora, que con la muerte de Arnesto se comprobó la lealtad del Almiraute, que ha tiempo que se amparó en Dinamarca, temiendo el rigor de Aurelio tu padre, y ya le ha llamado por tu intercesión Lisberto, y sé yo que en su venida tendrán tus pesares medio. Para ahora es el valor, ya que no cumplió el precepto, da cuenta al Reino, y pues hay de tantos merecimientos Príncipes que te veneren, salga de una vez del pecho. Dices bien, salga del alma, mas como el estilo yerro? Salga, pues, de la memoria este aleve, sepa el Reino la falsedad de este ingrato, y elija; mas como puedo llegara perderlo yo, cuando mi padre; qué es esto? muera Lisberto; que digo? aquí de mi sufrimiento, muera digo otra vez, muera. este traidor: quiera el cielo que al pisar el mar, le sirva su cristal de monumento. Sin lastre el bajel le acoja, gima el Noto, brame el Euro, y sin faltar, se deshagan en competencia los vientos. Plegue a Dios que los rigores de Vrsidia (monstro sangriento a cuantos su Isla pasan) tu experimentes más fieros, Sentidos, no desmayéis; males, para ahora os quiero, asistid en la memoria, dejad el entendimiento: iras, que así me rendís, abrasadle; pensamientos a la venganza acudamos; penas, vamos al remedio. Ven, Roselinda, que yo he de hacer que sea ejemplo del más singular castigo, pues en persuna saliendo contra Suecia, una muerte en cada congoja llevo, y es su número infinito, tema mis iras Lisberto, mi furia tema Amatilde: han de morir, pues yo muero Voy al momento a anisarle, que pues yo de estos sucesos tengo la culpa, no es justo tenga la pena Lisberto.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA No te lo dije, señor? vive Dios que estás mujeres. han de dar fin de nosotros, quéjate de ti, pues tienes la culpa. . Estuvo en mi mano que estás Sirenas oyese? No, que estuvo en tus oídos, mas que yo adivino fuese? Salir de Polonia tú, a Roselinda lo debes, que a no darte aquel aviso, estamos hoy en un brete; más donde peor que aquí? Qué así Vrsidia me atormente? Qué sería gustar ella, que tú aquel Retrato hicieses de Amatilde, y le sacases por otro grande que tiene? No es eso lo que me admita, sino que el Retrato fuese a las espaldas de aquel mío, que llegó a caerse a Lucinda en aquellance. Cosas raras te suceden; en fin, que por una parte está, según me refieres, tu Retrato, y ala espalda el de la Príncela tienes. Dime también, que sería que esa Vanda te pidiese, que de Amatilde en el parque hallaste, y te la volviese (cosquillas me hace una cosa qué presumo) el día siguiente? No lo alcanzo, mis sucesos me obligó a que la dijese, con que me pidió la Vanda, diciendo al volverla: Advierte, que ha de pagarse tu amor. Pues cuanto va que se muere Amatilde ya por ti. Eso a presumirte atreves? Ya el Lazo no te sirvió para que tu conocieses ser de Amatilde la prenda? pues la Banda algo contiene; vive Dios que está adobada en el sigón de esta sierpe. Solo mi valor pudiera con tan raros accidentes. Mira, señor, que a ti Vrsidia, por probar si eras valiente, tal genero de peligros a tu aliento dispunese, vaya; mas a mí no sé porque al irme a mi retrete una sierpe me salió al paso un día, quedeme sin sentido, y al volver en mí, se desaparece, viendo de adentro arrojar una deidad de repente, la que antes era demonio. Suceso bien diferente de lo que pasa en la Villa, que por allá las más veces se ve un Ángel por de fuera, y por de dentro una sierpe. Ya el sufrimiento me falta. Y en fin, dime que resucives? Eso dudas? huir de Vrsidia. Será como ella quisiere. Todo está en silencio, vamos antes que; pero detente. Eso está muy exculado, que yo no puedo moverme. De Amatilde lo hermoso solicite tu afecto, no tu amor desconfíe, (tentos. que algún bien se ha de fiar alos in- En juzgarla imposible se entiende tú respeto, que amar sin esperanza, (to. para el decoro es fiel merecimien, Padeciendo, y penando animate al empleo, que en haberla eligido, ya de tu parte llevas el acierto, A sus ojos divinos llegue, pues, tu ardimiento que has de abrasarte más cuanto más Dices bien, pese a tu voz que así mi aliento detiene, que me aconsejas, si el paso de la ejecución suspendes? Anden, y ténganse, es esto: señor mío, en treinta meses no hemos de salir de aquí, si estos diablos no enmudecen. Tapareme los oídos. Ya ni auncera en ellos tienes. Oh quitáreme la vida antes que a escucharlas llegue. Si es querer morir, por vivir más bien, yo solo sé, solo sé qué es querer. Huyamos de aquí, sentidos, dadme de una vez la muerte. Si amar, es sentir; si amar, es penar, yo solo sé, solo sé qué es amar. Esto es darte por la tuya, que como ve que te mueres de amor, con hablarte en él te encanta más fácilmente. Pues cantado te lo dicen, no sé como no lo entiendes, mil demonios me arrebaten si lo que cantan oyere. Si es querer causar disgusto, el gusto que da el placer sin saber del bien, o el mal, cual es mal, o cuál es bien. no del fuego te apartes, lejos. . Yo solo sé, solo sé que es querer? Si es amar buscar el alma su propia incomodidad, siendo incapaz al remedio, y siendo al dolor capaz. Yo solo sé, solo sé qué es amar, Como a Guíneos nos tratan. Ya mis alientos fallecen. Ten paciencia, que ahora falta, según lo que nos sucede, que nos conviertan en ranas, en avestruces, en sierpes, o en dueñas, que es lo peor ya que sucedernos puede. Cuando será tiempo, cuando, que mis pesares me dejen? Ya es tiempo que tus pesares tengan venturoso fin, para que logre finezas quien tan bien sabe sentir. Salga, salga, salga feliz, que su aliento merece de penas salir. Ya es tiempo de hallar amante tu adorado Sera fin; cuya deidad solamente se naguardado paratí. Ya es tiempo que se corone tu amor dispuesto por mí, pues ya inspiré rendimientos en quien todo era rendír. Ya es tiempo que el mal se acabe, y pues tualiento gentil atropelló los peligros de que yo la causa fui. Salga, lalga, salga feliz, que su aliento merece de penas salir. Mil veces tus plantas beso. Yo cuatrocientas mil veces, no andes escaso en millares, que no ha de haber quien los cuente Llega a mis brazos, que ya tan obligada me tiene tu valor, que he de ayudarte en cuanto resuelto intentes, Rey de Polonia, y Suecia te has de ver, mentir no pueden las Estrellas, sus efectos te lo dirán brevemente. Por premio de haber probado tu valor, constante siempre, ha de ayudar tus intentos mi ciencia, tu amor se aliente. Ya sabrás que a Erisistrato mi padre, por un muyleve motivo, el Rey de Suecia desterró, y si te dijere que la causa fuiste tú de que su gracia perdiese, (aún con deberle la vida) (o lo que una pasión puede!) no mentiré; pero esto para su ocasión se quede. Estimé tanto a Amatilde, que solo por ella siente este destierro mi aliento, y solo por ella vuelve hoy mi persona a Suecia, del Rey llamada, que quiere que yo a sus bodas asista, para que así experimente que erró mi padre en, o cuanto puede temer quien no teme, vuelvo a decir, que esto queda para su ocasión pendiente. Y solo te certifico, que por ti he de obedecerle, y apresurar mi jornada, yendo contigo, que quiere asistirte allá mi ingenio, porque tu intento se acierte, pues ya he dispuesto que sea tan otra en los accidentes de Amatilde la adversión que; pero no es bien que hierre . mi atención en que lo escuche, porque aunque se experimente, (y ella es cierto no podía tener amor de otra suerte) a mi ciencia es permitido, pero a su oído indecente. Harto te he dicho con esto, basta que un retrato lleves, que por una parte alivie, y por la otra desvele. Deja otra vez que mis labios, hermosa deidad. Detente, a mi nada me agradezcas, que al valor todo se debe. Solo tu licencia aguardo, divina Vrsidia. . Mas breve has de ir de lo que imaginas. Mucho mis males redeven. Ella hará alguna del diablo, con que el demonio nos lleve. Pero antes quiero que sepas lo que Lucinda pretende, vuelve los ojos. Espera, que aunque a Lucinda venere mi atención como a mi prima, a Amatilde solo quiere el alma por dueño suyo, y de haber de detenerme sea Amatilde el motivo, que al dilartarse mi suerte el verla, solo la causa de no ir a verla ser puede. Qué intentará esta mujer? Pues por si importar pudiere, ver lo que las dos procuran, a esos cristales atiende; donde hallarás por mi ciencia, que a una músicas divierten, y a otra Marciales compases con nuevas iras encienden. , al anima a los dos un ser, Vive Dios que va de verás. Admirado estoy! . Atiende. es, señora, quien la causa; Del risco de un imposible se despeña mi deseo. Al arma soldados míos, mi brazo os alienta. , no entiendo lo que decís. Al arma. Llevándose en la caída palabras, y pensamientos. Sepa Suecia que salgo en persona a la campaña. Tan sentido declaráis de Federico la llama, que si él siente como vos, me quiere bien. . No reparas gran señora, que el motivo equivocas con tus ansias? por Federido me pesa lo que intenta. Su fe es tanta, que solo con lo que callo puedo llegar a explicarla. Y no extrañéis, que así yo signifique lo que os ama tan sentido, porque ya os he dicho veces varias (cuando os admiráis de oírmes que es tal nuestra semejanza, representándole yo, que si en ella se repara, gobierna a los dos un alma. Mi sospecha va creciendo, cuidado con mis palabras. . Ya sé que su ingratitud hace imposiblela paga. otro imposible mayor y de clararlo no puedo . hasta ver si mi fe halla a Lisberto. Qué bien dice el Almirante! . Admirada Ni yo lo que aquí nos pasa. Tanto siento haberla visto, cuanto verla deseaba. No te desanimes, oye. Que será estar disgustada estos días, Amatilde, dando, y tomando en la Vanda, y el Lazo que se perdió en el parque? aquí hay gran causa? Y así mi deseo es solo tomar sangrienta venganza. Y así solo es mi deseo deciros que os idolatra. Pero conozco al querer sepultarlo entre mis ansias. Pero advierto al desear Que alber el mal que poseo. Que al beros tan invencible, del risco de un imposible se despeña mi deseo. Pues ya me habéis confesado su despeño, poco falta para aliviar Federico su mal. . Pues ya me declaras el despeño, no estás lejos de aliviar, señora, el alma. Al que al despeño se advierte, como la caída alhaga? Como lograr puede alientos, despeño que al fin convida? Llevándose en la caída palabras, y pensamientos. Pues de esa suerte, que aguardo? Salga de mi pecho, salga, y los que ardores le vieron, ya cenizas se deshagan: Que es lo que intentan mis iras, que con sus vidas no acaban? Arda Suecia en volcanes, que mis alientos exhalan; no la ingratitud me mueve, de Lieberto a la venganza, sino ver que de mi padre el Real precepto quebranta. Sin vida respiro, y pues es Amatilde la causa, arda Suecia repito otra vez, y otras mil arda: al arma, soldados míos, mi brazo os alienta. , s, Al arma. . Vive Dios que va con mosee Sin mi estoy. . Atiende, y calla Pensamientos cuando a solas estaremos? . . Es tan rara su voluntad, que no puedo. Mavor es la que me abrasa. En sus afectos os busca En mis congojas repara Señor, que pierdes el juicio. Yo estimo finezas tantas. Lleve el diablo quien tal hace, para que tú te deshagas. Visidia, mas que me alivia, haberla visto me mata. No temas, que antes Lisberto, que de los jardines salga Amatilde, la has de hablar, pues ya padece la llama, que tan muerta en su adversión para el afecto se hallaba, que no acaso le pedi . la prenda. . Eso es cosa clara; no temas, que en esta vida ella ya está de tu banda. Pues quée esperas? . Ve Lisberto! Protesto la poca gana. Ya te sigo. Que me llevan los demonios en volandas. Nadie como él te merece, Esto ya le toca alma; qué es merecer? que decís? sin duda se os oldidaba, que estáis hablando conmigo, Hay quien para ver lograda mi mano digno se juzgue? a mi deidad soberana (sin que lo de mi grandeza hay mérito que enuivalga? puede haber (visto a la luz ción (no digo quien me merezca) pero aún quien tenga esperanza? que será lo que en mi pecho . Solo podéis enmendarlo hace a mi voz repugnancia? Procurar vuestra deidad, es culpa? hallola extraña. Y es todo uno, decidme, merecerla, o procurarla? Muy bien castigado queda, a buena parte llegaba. Confésaros el error, mi delito satisfaga. Culpas ay, donde el castigo, aún sin recompensa se halla. Eso, señora, procede de advertiros tan contraria al amor, que si el afecto de Federico se hallara en vos, mis inadvertencias de esa suerte no culparáis. No quiere que sea sencilla, sino perderla doblada. No os disculpéis otra vez; que parece que con traza, para hacer otras mayores, comeréis las ignorancias; a responder de esta suerte, no sé qué impulsos me arrastra . y mi voz a un tiempo mismo. Pues es delito querer? En mí. . Decidme la causa. Yo no la doy. . Esrazón? Decorosa. El ocultarla? Pues referidla. . Está clara. Razón puede haber? . Y grande. a espacio, que tiempo queda Decidme cuales? A. Suscadla. Luego no podéis querer? Esta es questión, o embajada? quién os mete en eso a vos? Yo por Federico hablaba. Yo a Federico lo digo. Pues señora, si él os cansa en mi voz, dadme licencia que evite esta circunstancia. así. . Beso vuestras plantas, pues ya provuncié una cosa, que no os cayese en desgracia; el cielo os guarde. . Yo muero, El corazón se me abrasa, y pues desahogos, y incendios se va aumentando la red. Arded corazón, arded, que yo no os puedo valer. . Ay de mí! qué es lo que escucho? parece que habla conmigo esta voz. . Tristeza rata! Qué salieses no he querido antes a verla, porque importa así a mis designios; y ella no ha de verte, aunque ha de oírte, porque libro para otra ocasión mejor ese lance, que escondido has de responderla tú, Este el retrato es, señora, para el Príncipe de Vrbino; y aunque no puede copiarse tu hermosura, parecido (. no la entiendo. . Bien se éxplica. está mucho a tu beldad. Muestra; pensamiento mío en que hacer puedas tu oficio, A este pobre (hocolate temo que llegue a batirlo el molino de una rueda, o la rueda de un mosno. Lo que ordenas he de hacer Quién en esto me ha metido? Vamos discurriendo ahora, Lisberto, por este sitio, que de aquí Amatilde está cerca. . Sin vida respiro; corazón, no me aflijáis, padeced; pero que digo? esta es fuerza superior, que domina en mis sentidos. Y así, pues alivio alguno ay que aplaque vuestra sed, Arded corazón, arded, que yo no os puedo valer. Notable melancolía! Está el cuarto prevenido para Vrsidia? . Si señora, y de que viene hay aviso; parece que no estás buena; que tienes? porque te miro estos días desvelada. No sé qué tenje; martirios sin permitiros alivio tantos rigores conmigo! en la lengua tan errantes, y en el corazón tan fijos! Que le importa a mi memoria, que hubiese, o no hubiese sido, el más bizarro Lisberto? que así llega a persuadirlo ahora en mi pensamiento; y que sería el motivo de hablarle yo en el sarao? mas que pregunto? si admiro, que entonces no fue acción mía, y que es ahora lo mismo. Pues el jardín te convida, siéntate un poco, que el ruido de esta fuente, podrá ser que divierta tus sentidos; bien se conoce que estás con desvelo. . Yo me rindo di que dispongan el pliego, y nadie salga a este sitio sin orden mía. . Será tu precepto obedecido. . Retrato infeliz, que dices de mis ansiosos delirios? dónde vas? si es a matarme, no apresures el camino. Que has de hacer después, si ahora en mi corazón rendido, con partirte de una vez ensangrientas el cuchillo? No es temor de que mi vida se pierda, que no la estimo, sino porque el mal que paso dure más en mi sentido. Porque estoy tan bien hallada con su rigor excesivo, que no dejar de tenerle será mi mayor alivio. A Dina marca has de ir, retrato, yo no te envío, mi decoro te lo ordena, porque a hacerlo mi albedrío, fueras; mas ni aún declararse al respecto es permitido; que sientes de mi pesar? pero no podrás decirlo, que hasta en el guardar silencio eres a mi parecido: no sé qué acción embaraza, y suspende mis sentidos! Con el seguro de Vrsidia, y no habera nadie visto en el jardín, sin saber adonde voy, encamino mis pasos; pero que veo! adorado, y dulce hechizo . del alma, hermosa Amatilde, suspensión de mis sentidos, Imande mi pensamiento, disculpa de mi delirio. En el descuido que muestras, que fuera está tu dominio de la prisión que padezco, pues al sueño te has rendido. Si duermes por no usurparme en tus ojos mi albedrío, mas rigurosa te advierto, tu piedad erró el camino, porque tu sueño, mayor cuidado me ha introducido. Despierta, mas no despiertes, que este atrevimiento mío me lo detendrá el respeto, y lo sentirá el cariño. Duerme; que aunque estando así a tu decoro divino ofendo, con declarar este afecto que repito, de atreverme, es la razón la razón con que lo digo. Duerme, señora, y permite que este dolor que reprimo, al labio se me conceda, que no es pequeño castigo referírtelo yo a tiempo que está sin uso tu oído. No culpes que de esta suerto a verte me haya atrevido, culpa a tu hermosura, no a las ansias con que vivo. No mi voluntad te ofenda, que en los afectos rendidos, la fuerza del cometerle hace menor el delito. Pero un Retrato en la mano tiene; y si mal no distingo es de su belleza, nada acaso me ha sucedido; pues tengo aquí mi retrato, ya de Lucinda excluido, quiero quitándole el suyo, ver lo que hace con el mío. y advertir, si de la Vanda la memoria en sus sentidos dura todabía: males sed con mi afecto propicios. Déjame Lisberto. . Cielos, mi nombre en su voz he oído! que a la vuelta del Retrato tenía mi amor rendido al de Amatilde, también no adverti, mas no es delito, pues cuando llegué a mirarle, mas de amante me acredito; ya es dichoso mi desvelo pues se templa mi temor. Quién es quién te ayuda? Amor. Amor, quién lo influye? El cielo. . Amor, que el cielo, ay de mí! en ti Lisberto influyó, no debe vencerse. No. . Y debe pagarse? Sí. No es posible, acento aleve, ay de mí! pero que miro? Entre estas ramas oculto, la orden de Visidia sigo. O es ilusión de la idea, o del sueño laberinto, o el retrato de Lisberto me forman mis desvaríos; él es, no hay duda, que como el cielo mi mal previno, desvanecerme la ausencia sus especies no ha podido: Mas de qué suerte a mis ojos pudo (ay de mí! ) haber venido? quién a mi mano te dio? Yo. Qué me propone el sentido? Que he venido. Por quién? yo no estoy en mí! Porti. . Quien llega a explicarte así, retrato, dejando en calma las confusiones del alma? Yo que he venido por ti. Parece que estoy soñando, o que el discurso he perdido! hola Fenicia, Clauela. Yo llego; pero allí miro al Rey, que a este sitio viene, y salir de aquí es preciso, que aunque Vrsidia me asegura que no llegaré a ser visto, no ha de aventurar mi amor de Amatilde, a quien estimo, el respeto, que aunque al verla con nuevo aliento respiro, a costa de su decoro no ha de ser, que el que más fino le niega al bien la presencia, no es capaz de conseguirlo. . Qué es esto? Clauela, lrene, Flora. Que te ha sucedido, señora? A las voces vengo; mas detenerme es preciso por si saco alguna luz a mis dudas, y haber visto, que el retrato ha recatado; a cada paso un abismo encuentro. Quién aquí ha entrado? Entrar ninguno ha podido, así porque lo mandaste, como porque no le vimos, y estamos todas al paso. Si acaso has sentido ruido, es, porque ya vino Vrsidia, y avisarte no he querido, por no quebrantar, señora, tu precento; el yerro mío a esto obliga, por haber apartado me del sitio. Ay confusión semejante? he de perder el sentido. Señora, dispuesto el pliego está para Federico, solo tu retrato aguarda para poder remitirlo tu padre. No sé qué diga. Esta duda es mal indicio de lo que temo. El retrato, por no estarmo parecido, y aborrecer las lisanjas (yo no sé lo que me digo) le arrojé al parque. Que escucho, cuando ha llegado a encubrirlo? no estoy en mí; averiguemos estas dudas, males míos. Pues no sabes a que parte pudo caer? No distingo, ni sé donde pueda estar. (tido Yo sí, que el golpe he sen en el alma; di a Lisardo que cierre el pliego. Hado impío! Voy, señor, a obedecerte. . Qué he de hacer, cruel destino? cayó el cielo sobre mí. Esto ha de ser con cariño; hija, yo sé que el retrato tú le tienes, y que ha sido reparo de tu beldad, ver que salió parecido. El imposible no niego, aciertos hay no creídos, no tu hermosura se enojo con haber reconocido, que haya quien la de segunda; hija, advierte al discurrirlo, que con culpar los aciertos, toman los errores bríos: De esto nace recatarlo; claro está que es el motivo: no solo donde hay defectos el pincel logra prodigios, y pues yo sé que el retrato le tienes. . Pierdo el sentido! . Y el pliego está despachado, damele. . Sin vida asisto; . si el retrato de Lisberto encuentra, cielos Divinos, que he de hacer? qué he de decir? Ya con tus dudas me írrito. Yo señor, sí, cuando. . Acaba, y pues no pueden contigo, ni de tu Rey el respeto, ni de tu padre el cariño, de esta suerte. B aolio Piedad, males. . Ha deser. Yerta respiro. No he visto primor más raro! tal semejanza no he visto! Admirado se suspende, bastante causa ha tenido, yo le declaro mi afecto, pues es fuerza ya decirlo, puede ser que de esta suerte tengan mis males alivio: Señor, si la inclinación de los Cielos ha podido. Ya tu inclinación advierto, y que contra tu disignio ha sido siempre casarte. Si señor, mas si ha querido hacer que Lisberto. . Ya conozco que es tu enemigo, y que por vencerle tú, a ti propia te has vencido. Repara ahora el primor de tu retrato. Qué he oído! . mi retrato! él es, señor; más cielos, qué es lo que miro? este es mi retrato? cómo, si era de Lisberto, es mío? más bastante tiempo queda después para discurrirlo; penas, alentadme ahora. Qué mal te haya parecido? El estar tan lisonjero fue la causa de encubrirlo, pues siendo fuerza, señor, remitirlo a Federico, y en mi tenía de hallar ese primor desmentido, empezar luego a engañarle, me pareció mal principio. lpliego, señor Este e e y la caja. . Ya salimos de dilaciones tan grandes, como este caso ha tenido. El Embajador aguarda. Vamos, pues ya se ha ofrecido la ocasión de despacharle: hija, ya es esto preciso. Antes perderé la vida, que yo de otro; mas que digo? yo mi respeto atropello? yo de mí misma me olvido? qué es esto tormentos? antes a Lisberto no había visto, y en las siestas no le hallé mas que todos aplaudido, siendo el primero alfestejo, que a mi hermosura se hizo con humildes rendimientos? pues como al verle tan fino, aún no fue entonces reparo, lo que hoy dirán que es carno? No a indecencia se atribuya el llegar a refetirlo, que a no estar en mí, me fuerza mayor impulso, que el mío. Cómo la Banda en su pecho? como el Lazo en mi vestido? mas de qué me acuerdo, penas? que discurris, desvaríos? No me atormentéis, memorias; pero sin causa me admiro, que ahora que es ya cuidado está el discurso más vivo. Yo he de procurar mi muerte por el Reino? quién ha visto (ya que el dueño ha de elegirse) que sea el valor altivo, capaz para merecerlo, y incapaz para eligirlo? porque a otro esté bien, a mí ha de matarme su alivio? Decidme, cielos habrados, donde cabe, que el sentido por ajenas conveniencias padezca propios martirios? Yo he de morir antes que; detente discurso mío, que la ceguedad te guía, y está cerca el precipicio. Válgame. Dios! qué de ahogos el alma me han combatido! que de confusiones siente mi aliento! qué de peligros! Mi Retrato no me dio Flora al llegar a este sitio? cuando me quedé dormida, no le tenía? esto es firo. Cuando desperte admitada, al de Lisberto no miro en su lugar, sin saber por dónde a mis manos vino? Y al verlo en la de mi padre, se me representa el mío; qué es esto cielos, qué es esto? tan en mi favor remisos! Ya no hace falta el tormento de vuestro rigor esquivo templad vuestra saña airada, enbotad su agudo filo. Que sobre mis males todos, y las penas con que lidio, el Lazo, Vanda, y Retrato han de quitarme el sentido. .
JORNADA TERCERA
Ya tienes prevenida tu jornada señora. Yo voy sin vida. Pues ahora que está todo compuesto, y este Reino a tu gusto lo ha dispuesto, pues la Princesa (que ser tuya admite) su Retrato contigo te remite, de este modo te vas? dime la pena, que así de tu sosiego te enajena. En estas desazones (ay Lidoro!) solo sé mi inquietud, la causa ignoro. Pues de qué nacer puede tu desvelo? Algún pesar recelo, que el corazón, que el gusto me deroga, me lo dice en lo mismo que me ahoga. Ya parece, señor, que eres ingrato, templete de Amatilde aquel Retrato. Dices bien, que ella (solo) de mis males desmentir puede hermosa las señales; sin aliento respiro. Verla quiero también; pero que miro? aún apenas lo creo. Qué es lo que así te admira? mas que veo? válgame el cielo! qué es lo que me pasa? en un hielo se abrasa, mi discurso perdido; y porque llegue a verme más rendido, al pasó que en el mal que me desvela, mas el fuego me enciende, mas me hiela. Cielos, qué enigma es este? quele toco, y no alcanzo: fin duda que estoy loco, pues al berle advertido, el sentido se queda con sentido. Qué es esto, cielos? acabad mi vida, que ya advierto rendida, pues veis que es el perderla donde asiste el alivio más propio para un triste. Confuso se suspende mi albedrío; discurramos mi mal, tormento mío. De Amatilde divina la sin igual belleza peregrina mi afecto procuró, siendo su mano, de estos Reinos el Irissoberano; y al pretender lograr mi rendimiento, tan contraria se hallaba al casamiento; que tal vez mi cuidado, retroceder juzgó desesperado: Pues ser no puede que adversión no fuese, que al casarse tuviese, si no amante (perdóneme indiscreto, que los celos me ciegan el respeto) amante, digo, del que estoy mirando, el sí, que yo esperaba, dilatando, por no lograr su amor sufe primera, a la adversión el ceño atribuyera? Puede ser? pero cómo lo imagino? Oh sangriento destino! no es posible; si es (oh torpe idea! que es contra mí, y es fuerza que lo sea. Pues si es así, que aguarda mi ardimiento? Quién eres, di, que fatal . Y tú, tirano homicida, haces mi dolor agudo, y parleramente mudo, callando dices mi mal? Con la muerte desigual que me das, mi ser perdió la vida; el discurso no, que me le has dejado en calma; o si vinieras con alma para quitártela yo! De tu rigor son señales no estarsolo (si se advierte) vienes adarme la muerte, y de Amatilde te vales? Con tal sagrado, neutrales mis iras has provocado, tú te oonfiesas culpado; y así con causa me írrito, que a no haber en ti delito, no te fueras al sagrado. . el que sale con dos caras. que traza es esta tan fuerte, para no excusar la muerte, y dejarme con la vida? En tu cara está advertida su disculpa (cierro el labio! pero no es intento sabio traer (aunque no haya culpa) en tu cara su disculpa, y en tus espaldas mi agravio. Tu palabra, manifiesta que le quebró, pues distinta, si en esta cara se pinta, también se retrata en esta. En la accién por ti dispuesta (aunque tú no lo reparas) retrato, bien me declaras, que es tu traición sin igual, que no viene mui leal Pues si es así, que aguarda mi ardimiento? prevéngase el aliento, adviértafe vengado desaire tal, que al alma me ha tocado, Que bien el corazón adivinaba el pesar que espereba, con martirio scuero! pero él solo es amigo verdadero, y en prevenir los males, nunca han mentido ciertas sus señales. Mas, pues, ya de Polonia viene airada de Lisberto la armada, aunque nunca le he visto; mal mi pena resisto! poniéndome a su lado, he de ser Mongibelo declarado de Estócolmo, que en átomos deshecho, el agravio se vengue que me ha hecho, Volcán seré encendido, que debore sualiento fementido: rayo, que el aire bruma, he de ser, que su ejército consuma: áspid por quien incautos mis rigores, al tacto influyan venenosas flores, ya que juntos se ven en mi desvelo, áspid, rayo, volcán, y Mongibelo. Harás bien, a vencer mi brazo aplico; lastimado me lleva Federico. Tengo de irme. Bueno está. Señor, busca criado nuevo. Por qué? Porque no me atrevo a sufrir tus cosas ya: Mi corto juicio se pasma, ya al mirarte, ya al no verte, pues parece de esta suerte, que sirvo al galán fantasma; tú has dicho que esté escondido no te porqué. . Importa así, Y aún el venir hasta aquí, señor, no sé como he sido; Vrsidia nos da estas medras, si no lo remedia Dios, un día de estos a los dos nos ha de hacer tirar piedras. Hoy dicen que han de acabarse mis pelares. . No la creas hasta que los fines veas. Ya no pueden dilatarse. Todo puede ser, señor, y que el retrato lo haga, pues solo que él satisfaga viene a faltar en rigor. En esta quinta ha querido, por ser tan cerca del mar, Amatilde celebrar sus años. . Granyorro ha sido habiendo aviso que viene (la que juzgan qué es tu armada? divertirse en eso En nada la diversinn culpa tiene de gente gran prevención por su padre está dispuesto. Si lalgo con vida de esta, me he de meter Motilón; y tienes de hallarte, di, en la fiesta? porque yo lo dudo mucho. . Sí, y no. Pues de qué modo, no, y si? Sí, porque en ella he de estar: no, porque no me han de ver. Y yo qué tengo de hacer? En ti no han de reparar, y más diciendo que eres de Vrsidia criado. Es así, mas con Amatilde aquí juzgo que viene: ah mujeres! locos de noche, y de día nos traéis de dos en dos perdidos: fuego de Dios en quien en vosotras fía. Ya salen. . Hacia este lado pues lo quiere Belcebú, metámonos, yo, que tú ya estás detrás de nublado. Estos son modos tiranos, yo he de asirte por despojos, que ya que no con los ojos te he de mirar con las manos. Dejadnos solas. Estén los Músicos retirados, y hasta que el festin empiece, pueden estar ersa, ando. Disgustada está Amatilde, . su condición se ha trocado, vamos, y proseguiremos con nuestra música. No es Amarilde divina? Cómo dos, y dos son cuatro. Aquí Lisberto ha de estar, porque así se lo he avisado; . que te parecen, señora, los festivos aparatos? Ay Vrsidia! para un triste no hay fiesta como su llanto. Poco, señora, te debo, pues pudiendo yo aliviarlo, me recatas de esta suerte tu pesar? poco has fiado de un amor con que te sirvo, de una fe con que te amo. Esta desazón, que así el aliento me ha postrado, no tiene más fundamento (respeto vamos a espacio) que no saber yo de que puede nacer mi cuidado: no estar yo buena es la causa. Pues a mí quieres negarlo? no sabes tú que conmigo es el silencio excusado, no ignotando que yo puedo decirlo sin escucharlo? Solo yo puedo decirte, que en este rigor severo. Quiero, y no saben que quiero, yo solo sé que me muero. Ya la música por ti, señora, lo ha declarado, que el amor hace que vengan con misterio los acasos. Pero en fin, porque no dejes con tu explicación ajados, ni el decoro en tu persona, ni el respeto en tu recato, yo te lo diré: Tuquieres Dame luz de lo segundo, que lo primero está claro; . yo querer? . Qué tibiamente lo contradice! . No alcanzo porque de mi re recatas. Pues no quieras apurarlo; que en los males que me irtitan. con tan extraño accidente, Memorias solamente. mi muerte solicitan. Señor mío. Atiende, y calla. Estos son muchos acasos; a la música estar puedes agradecida, notando. que te escusa que lo digas. Sin causa te has admirado, puesa pesar del violento mal de mi ser enemigo, solo el silencio testigo ha de ser de mi tormento. Mas supuesto que no puedo encubrirte dolor tanto, pues sin que yo te lo diga puede tu ciencia alcanzarloy sabrás. . Detente, que yo quiero hacerte el agasajo, de excusarte los colores, que has de gastar en pintarlo. Sé, que en las fiestas que el Reino a tu cielo soberano, celebró, viste a Lisberto; sin que entonces el mirarlo, motivo pudiese ser. de introducirte cuidado. Sé, que en los festines era, en quien todos reparando. estaban con atención, por más galán, mas bizarro; reparo, que hoy a tu pena hace olvidar el reparo. Se, lo del Lazo, y la Vanda en la fiesta del Sarao. Pues no sepas que le hablén, que aquel fue un impulso extraño, que me enajenó de mí. sin poder yo revocarlo. Importaba a las estrellas, . y ellas así lo trazaron. Sé, que ahora la memoria el primor te ha recordado, con que se hallaba Lisberto, y que tu amor. Cierra el labio. No importa que lo confieses ya, pues no estuvo en tu mano, que a no conjurarse el cielo, no le quisieras, es llano. Sé, en efecto, tu pasión; y que este Reino ha tratado en Dinamarca casarte. Esto es lo que te he excusado, que me refieras, atiende a lo que estás ignorando. Antes de verte, Lisberto te quiso bien, informado de tu fama, mira tú, influyéndolo los Astros, que haria tu original, pues le rindió turetrato. Por ti su vida aventura, pues que portí ha dilatado el casarse con Lucinda, sin haber alivio humano. que su tristeza divierta; pero lo que le ha postrado, es el saber que te casas, viendo su esperanza en vano. Su memoria no le aparta. de ti, contigo está hablando, cada instante, solo en ti asiste su afectosa tanto, que puedes creerme, que aquí nos está escuchando. Esto debes a Lisberto ya me tienes en Palacio, ordena lo que ha de hacerse, y de estas penas salgamos De su voz pende mi dicha. Como un Ángel lo ha parlado. Ya se que para contigo fuerza no hay en mi recato, porque negarlo, y oírlo, es dos veces confesarlo Y así, pues mi pena sabes, y que te he debido tanto, que sin decírtelo yo, lo he dicho con escucharlo. Repara en la pena mía, atiende al dolor que paso; mira el tormento que siento, y pues puedes remediarlo, dispón que yo no me case con Federico, mirando si esto padezco al decirlo, que será al ejecutarlo. Ya mis fortunas empiezan, feliz yo! . No hables tan alto Confiésote gran señora, que tu amor me ha lastimado, y sírvate de consuelo ver, que paga tu cuidado Lisberto. . Es ya sin remedio. Pues porque sepas que te hablo verdad, aunque yo en tu Corte no usar más de mis encantos ofrecí, una gran fineza por ti he de hacer. Llegó el caso. De la suerte que Lisberto está en este punto hablando en Polonia, si tú quieres, has de verle en este cuarto. Ya es ocasión de salir donde nos vea. . Yo rabio por ver en lo que esto para. Si tú quieres, yo. . No es malo decir si quiere la otra, lo que ella está deseando. Ya sé que no has de decirme que si; mas yo he de tratarlo, pero mira no te acerques, que se acabará el encanto. Yo he de verle aquí? . Y oírle como si hablara a tu lado, vuelve la cara. Ay de mí! De qué es ese sobresalto? yo haré se desaparezca pues el valor te ha faltado. De mi no hace caso Vrsidia; cuanto va que está trazando, con que a buen librar por brujo me den cuatrocientos palos? Efecto es de mi decoro; detente, que no es extraño que yo sienta, que aún en sombras pueda hajarse mi recato. Que haya dos horas que estés desvaneciendo los cascos, solo hablando de Amarilde? mira que te está esperando tu prima. . Liégate más, y contempla en su retrato la hermosura más perfecta, el donaire más bizarro; que te parecen sus ojos? Rasgados de arriba abajo? no los alabes, porque no por buenos los rasgaron. Cómo lo divino vitrajar? mira que son soberanos, y que con tus desatinos en los ojos me has tecado. Ha señor, que tú estás ciego como estás apasionado: Dime, qué tiene esa cara? tiene más por lo intrincado, que unos cabellos con priesa, y una frente con espacio. Tiene más de este? que yo solo en ella estoy mirando, las cejas como han de ser para una entrada dos arcos. Las pestañas con tanto ojo cada una, y tan bizarros, que nos hacen ver estrellas; y están, si lo reparamos, en sus ojos el Agosto, y en sus mejillas el Mayo. La nariz, ni más, ni menor; la boca, ese es punto raro; la barba, di con el hoyo, con que no puedo dar paso. Y en fin, sobre lo que he dicho tiene más, visto con garbo, que un donaire, que es asombro, y un airecillo, que es pasmo? Pues si no tiene más de esto, de que estás enamorado? No seas necio; que no alabes mi fortuna! . Lo que alabo. es, que ella estará en Suecia con grande gusto, esperando a Federico, y tú mueres: con que de estas cosas saco, que la fortuna su rueda ha discuesto por entrambos; por él, sus rayos luciendo, y por ti, ardiendo sus rayos. De otro Amatilde! primero ha de ser de tal estrago mi vida. . Primero a mí me han de hacer dos mil pedazos; no sé quién mi voz gobierna. Acabe de confesarlo. Lisberto no desconfíes, tuya soy. . Tras de eso andamos. Señora, que yo merezco tal suerte! favor tan alto, como el verte, aunque copiada, favoreciendo mi mano! No te aceroves. que te quemas. Cielos, no es este el retrato que yo en el jardín tenía? qué te abrasas. . No andes tanto. ̱. Pues como? mas lo que miro todo es ilusión, y encanto. Señor, que pierdes el juicio; es posible que esté hablando un hombre de entendimiento con un sujeto pintado? Esto ha de ser, preben postas que he de ir a Suecia. . Vamos: voy al punto a prevenirlas: de esta suerte así me escapo, pues estoy junto a la puerta, y ella no me está mirando. . Solo te pido Amatilde, estando a tus pies postrado, que estimes mi fe Si estimo. qué pagues mi amor Si pago. Pues si tanto ti he de- Pues si yo te debo tanto. (uido. Cómo tan distantes? . Cómo, Lisberto, tan separados? Mas pues con tantas congojas. Más pues con rigores tantos. Padezco tanta crueldad. Tanta pena amor recibe. Desdichado del que vivo por ajena voluntad. Cómo te acercaste tanto, no tuvo fuerza miciencia; tu afecto verás logrado. Qué ruido es este? Serán gran señora, tus soldados, que están, desde aquel aviso, con las armas en la mano. Los músicos, hija mía, a festejarte han llegado. La soledad para un triste es el alivio más arduo. Empezad; que así la postre su adversión! . Piedad, cuidado En los años, que cumple Amatilde, postrado, y rendido celebra el amor, su donaire y beldad, siendo Reina que tiene su Corte en el corazón. Al mirar su divina hermosura suspenso se advierte el cuidado mayor, que no puede pasar del respeto, cuidado que pene al cuidado atención. s, Qué es esto? quién de esta suerte nuestra quietud ha alterado? Señor con su armada vienen Lisberto, y Lucinda, dando terror a cuantos encuentran. Pues dispuestos mis soldados están desde que hubo aviso. aprestense luego, vamos? . . Vamos, y pues que Lucinda viene también, no es extraño que yo salga; ahora verá que esgrime un Etna mi brazo. Pero yo no vi a Lisberto en Polonia ahora hablando con mi retrato! qué es esto? pareciéndome, al mirarlo, que era el que yo en el jardín tenía al verle trocado! que será válgate Dios JOUUJ EI I De esta vez logra Lisberto su amor, y cesa el engaño. Qué es lo que intentas, señor? no adviertes, no consideras, que si va contra Lucinda, tú obligación menosprecias? No es Chocólate el que dices mi intento. También lo hierras, pues si vas contra Amatilde, tu amor desairado dejas. Naese es tampoco. Pues qué es? tú has de hacer que el juicio pierda. Que sé yo. Pues a qué vienes? A ver si una vala encuentra conmigo . Pues es muy fácil, y yo señor no quisiera que al buscarte me encontrara a mí, por verro de cuenta. Viva mi amor mas que digo, si a mi obligación es fuerza no faltar? pero sin vida que he de hacer? No es mala treta estar discurriendo en eso mientras se abrenlas cabezas. Dile al que lo reparare, que más presto se resuelva, sin que su amorse le queje, o su obligación padezca, Todabía, señor mío, la batalla no se muestra por ninguno de los campos; deja señor que uno venza, y luego entrarás tu bien. Eso, villano, aconsejas a mi valor! ah cobarde! Nunca tanta verdad fuera, Aquí. Amatilde, y Lucinda (si la vista no se hierta) cada una por su parte viene alentando, resuelta, sus soldados, . Hh señor? si entre las dos te cogieran, yo apostara, que contigo jugaban Carnestolendas. Yo he de esperar este lance, encubrannos estás peñas. No hay que hacer mucho reparo, porque encubrirnos es fuerza. Ea valientes soldados, ved que yo os animo. . Ea soldados valientes, yo soy quien altiva os alienta. Mirad que el lauro os aguarda. Mirad que el triunfo os espera. Tema mi furia, Amatilde, Mi furia, Lucinda, tema: si las señas no me mienten mí. Si no me mienten las señas. Eres Lucinda? . Amatilde eres? . La misma, y la melma. Sin sentido las atiendo. Esa soy yo. . Yo soy esa. y así a lalid, Amatild. Pues Lucinda, a la pelea. Detente. . Hh enemigo! Mis iras, Lisberto, templa. Lisberto aumenta mi enojo, Mijto de cólera, y flema. Tu embarazas mi venganza, aleve, de esta manera? Tú perturbas este triunfo, siendo (ay de mí!) quién le alienta? Deja que la dé la muerte. Que la dé la muerte deja. Buscando a Lucinda viene mi valor, para ofrecerla mi vida; pere que miro? si no se engaña la idea, el originales este de aquel retrato. Es Comedia? Pues que no tiene remedio, y tu altiva, tu soberbia, solo quitando una vida templaréis la saña vuestra: sea la mía, matadme, que yo en medio sin defensa, seré blanco de tus iras, . seré aljaba de tus flechas, . y de esta suerte, quedando hoy mi obligación bien puesta, y mi amor no desairado, de los dos pagó la deuda. Ea matadme, matadme. Yo lo haré, porque no puedas tener la gloria, muriendo a manos de quien te alienta; siendo tú toda la causa del dolor que me desvela. El Embajador es este: . que bien el alma recela! Aunque a mi lado se ponga, . llego a sentir que le ofenda. Quién eres, que no te entiendo? más para que es la respuesta, si tengo de darte muerte? Ahora lo verás. m, . Espera; contra el que está de mi parte, así Embajador te muestras? Este es el que vi en la Isla con Amatilde; ya es fuerza matarle. . Solo por verle tan de su parte, me alienta el valor a darle muerte, por ser yo en esta contienda el que defiende a Lucinda. Contra mí? Contra ti? muera. Aguarda: como Lisberto? Lisberto es! mas se aumenta m confusión. . De esta suerte, contra el que ayudarme intenta te pones? . No, no le matan aquí mis iras sangrientas, porque sea de esa parte, sino por ser contra esta. Yo tomo de estas andanzas escapar con media oreja. Pues en la campaña estamos, que aguardáis? . Bien dices. Muera. Suspended los aceros valientes en esta contienda en que airados oy veis, suspended, suspended, porque va a persuasión de los Astros del cielo el decreto hoy cumplid ha de ser, suspended, suspended. Qué voz mi brío detiene? Qué voz mi cólera templa? Qué voz suspende mis iras? Qué voz mi aliento refrena? Pero es ilusión. . Es sueño. Es fantasía. . Es quimera. , s Suspended los aceros,. Que voz mis plantas conduce Que voz mis pasos go vierna? Pero esta es Lucinda. . Pero esta es Marilde bella. Qué veo? . Que es lo que miro! Cómo se halla vuestra Alteza; contra Amatilde? Qué escucho? No fue vana mi sospecha. Gracias al cielo, que ya mi afecto a Lisberto encuentra, para que acabe el engaño, y alivio Lucinda tenga. Pues en este lance, ya el decir quien soy es fuerza, porque el verme así no os cause admiración, ni extrañeza; yo soy Federico, a quien desairando mi grandeza, dio vuestra Alteza el retrato de Amatilde, y a la vuelta el de Lisberto que está presente. . Qué enigma es esta? Ved ahora si es razón que intente vengar mi ofensa. Yo el retrato de Lisberio? qué propone vuestra Alteza? Solo a eso mi valor la satisfacción no niega, este es el retrato, ved si es verdad. otra vez, penas, la confusión del retrato mis sentidos desespera. Este el retrato es sin duda, que puse en la mano bella de Amatilde. . Qué retrato es este? . Confuso llega a mitarlo mi discurso, como queréis que se entienda, que este fuese el que os di yo? Sabiendo que fue mi ciencia quien este caso dispuso, de que luego os daré cuenta. Feliz yo. . Pues como, aleve, faltas así a la obediencia de mi padre, y su mandato no cumples? . Lucinda bella, pues a los dos una causa a la venganza nos lleva, ofreciéndote mi mano, mi fe, que ya te venera, toca al arma. Al arma toca. Soldados. . Soldado? Guerta. Tened. . Aguardad. (chadme. Qué es esto? . Excu- Estadme atentas. Señores lo que aquí pasa no ha sucedido en Ginebra. Oíd, salieron de cinta a un tiemplo Flora, y Clauela, una de Lisberto Madre, y otra de Polonia Reina: de un repentino accidente vino a morir la heredera del Reino. . Murió Lucinda en mis brazos, que yo era quien la asistio más continuo, y al ira dar de ello cuenta, vi al Almirante, y me dijo. Un engaño, una cautela tiene de valernos, para no aventurar con tal pena la quietud de nuestros Reyes, y así, pues naturaleza a Lucinda, y a Lisarda tan parecidas concuerda, y aquí nadale aventura, dique es Lisarda la muerta, y a la hermana de Lisberto pon en su lugar. Yo atenta lo díspuse así, y del susto que a Flora causó la pena perdió la vida, con que a . eres tu Lisarda bella de Lisberto hermana. . Ved ahora si la contienda ha de pasar adelante con estas noticias cierras. Hermana, llega a mis brazos, perdonando mi estrañeza. pu como a hermano te venera, Y satisfacciendo ahora, señor, a las quejas vuestras, esta es mi mano, Amatilde. s. Premiaste amor mis finezas. Yo cumpliendo mi palabra, pues otro medio no queda para ajustar estos Reinos, Lucinda, mi mano es esta. Pues que ya están satisfechos y casados, solo resta, que suplan vuesas mercedes, y el centro de la belleza, los errores del Ingenio, que os sirve, y las faltas nuestras.
