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Texto digital de Lavar sin sangre una ofensa

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Atribución tradicional
Román Montero de Espinosa
Atribución estilometría
Román Montero de Espinosa Segura
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Lavar sin sangre una ofensa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/lavar-sin-sangre-una-ofensa.

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LAVAR SIN SANGRE UNA OFENSA

JORNADA PRIMERA

PRIMERA Postilión, espera. Aguarda, postillón, Aguardo. . Espero. Hay posada? . Sí, compadre. Hay posada? Sí, mancebo. Quita la maleta. Pide una sala. , s h, - Vengan dentro. Don Luis Pacheco; mi amo, ha de estar solo. Aquí es bueno. Pues santas Pascuas. Hidalgo, mi amo Luis Pacheco (cho, solo ha de estar. . Aquí he di- que quede ese Caballero, y el otro se vendrá arriba. . Pues al clavo grande. . Quedo, vuelva a cargar, que este cuarto le ocupo yo. . Yo le quepo. Quién es usted? . Yo soy hijo de mis obras. . Yo soy neto del demonio. . Del demonio, pues cuentéselo a su agüelo. A Don Luis Pacheco, mi amo, han dado aqueste aposento. Este aposento dan para mi amo Don Luis Pacheco? Me remeda. . Señor crudo, ya me pide danza el cuerpo. Ya yo me voy enllenando de moscas. Yo de Sargentos. Al caso. . Dios te perdone. Quita, loco. Aparta, necio. Que te obliga, Palomeque, a este rumor. De este empeño, cuál es la causa, Escamilla? 1. No me engañe, vive el cielo, don Luis Pacheco es quien miro, y quien a mi hermano ha muerto: voy a dar cuenta a un Alcalde, porque los Ministros luego vengan por él, y aguardando para el reconocimiento yo, en la casa del Juez libro mi persona del encuentro. . Mira, si hay impertinencia tan grande. . Mira, si tengo razón. . Extraña porfía. Calla, simple. Caballero, según cuenta mi criado, porque le remeda el vuestro, sacó la espada, y consiste de este lance el argumento en la pretensión nútil de este cuarto: yo os le dejo muy gustoso, con que juzgo, que la ajena culpa enmiendo: trae esa ropas L. Esperad, y ese cortesano efecto de vuestra sangre, no impida el recíproco que os debo: a Madrid para volverme con mucha brevedad vengo; la menos pública estancia (porque de estar de secreto) me importa, y así permita vuestra atención, que yo a un tiempo cumpla con vos, y conmigo, si bien de lo que intereso me corro, porque desluzgo con la utilidad que pruebo mi obligación, cuando os toca, por quien sois, lo que os ofrezco. Permitidme, que no ignore en la urbanidad que aprendo, quien me aliciona. Ese mismo favor quisiera deberos. Luis Pacheco es mi nombre Mi nombre es Luis Pacheco Yo reñí por otro tanto, dale. Aunque en este suceso es lo raro contingente, admiro lo que agradezco. Ahora sé; que el huésped tuvo. dos mismos por uno mismo. Señor don Luis, la precisa. ocupación de un momento, dad licencia de que estorbe la plática, en escribiendo. una carta, haré el informe de quien soy, por si el encuentro feliz nos une, y declara la amistad, y el parentesco. (de, Aquí estaré. . Dios os guar- Escamilla, sube presto recado de escribir. . Antes. no, será bien que dejemos. en cobro la ropa? . No; que la ropa está sin riesgo donde queda, y de mi sabes, que en la dilación le tengo, por todo, y por el descuido, con que dejaste en Toledo los papeles, que a entregar a la ingrata Leonor vuelvo, Apenas en Madrid pongo los pies, cuando experimento un acaso de los muchos que encierra; pues los supuestos nombre; y sobre nombre míos hallo en otro verdaderos. Señor, cuanto ay que saber de un amo, se de ti, menos la causa con que te ocultas el nombre, y no la penetro; porque en tu valor sería agravio mi pensamiento. Qué ignoras de mí? Un motivo muy extraño, y no me atrevo, sin acordar lo que sé, a decir lo que sospecho. Refiere, pues, uno, y otro, que la licencia concedo, porque con lealtad me sirves; que sabes de mí? . Direlo y muy en breve; que estabas en Lima el juicio perdiendo. por Doña Isabel de Lara; que tu idolatrado dueño. te mereció la fineza, estimando el galanteo; que a una ventana su hermano. don Feliz te halló, y riñendo le diste una herida; que no quedó ajustado el duelo, porque se embarcó don Feliz. en los galeones, trayendo. a doña Isabel consigo, que esto ha dos años y medio. que te dejó tan perdido, que al ver navegar los leños, ocasionaste las calmas, porque bebiste los vientos; que tú, y don Juan de Quiroga este año en Portóbelo os embarcasteis, que el dicho don Juan se nos queda enfermo en la Coruña, y venía a efetuar su casamiento con doña Leonor tu hermana; que tú con don Juan de acuerdo estás, en que nadie sepa que vienes con él, excepto tu dama, a quien desde el día que desembarcaste, un pliego la escribiste, en que la avisas, como vienes encubierto; y aunque te llamas don Carlos de Solis, don Luis Pacheco te nombra, y preveniste en la carta, casa, y tiempo a que has de venir, que es cuando llegaste, hora más, o menos. Iten más sé, que tu hermana doña Leonor, ni don Pedro tu padre, cuando te vean, no han de conocerte, puesto que un tío tuyo te llevó, desde tus años más tiernos, a las Indias, donde fuiste de su riqueza heredero. Esto es lo que sé yanado a lo que sé, lo que pienso, y es, que disfrázar tu nombre, no puede ser sin pretejto de que el contrario don Feliz no sepa, que ya estás dentro de Madrid, y cuando juzgo, que la causa de su empeño pide (si no se compone) solo el reñir cuerpo a cuerpo: perdóname, que no alcanzo, para que puede ser bueno, por ahorrar una pendencia, proseguir un embeleco. Objeción es, Palomeque, la que en mi disignio has puesto, que empezando en obediencia, acaba en atrevimiento. Mas porque no te haga falta la razón que en tu despejo deja de haber, ya que no la tienes, dártela quiero. Dos años ha, que Isabel está en Madrid, donde hoy llego a fuerza del amor loco, a fuerza del amor cuerdo. Don Feliz vive ofendido, desde la noche, que habiendo llegado a reconocerme, respondí con el acero, en cuyo lance una herida le tuvo con algún riesgo: publicose, que yo era el delincuente, y prendiendo mi persona, del ajuste se trató, cuando partieron los galeones; mas don Feliz, que estuvo en el odio terco, (y su embarcación tenía dispuesta) viéndome preso, se halló confuso, ignorando de satisfacerse el medio. Al fin la pieza de leva le llamó, con que en el duelo quedó su enojo pendiente, tomando el mejor acuerdo, que sin que amistades consten, nunca pudo haberme suelto la justicia, y en quedarse perdiera sin logro el tiempo. Hoy llamado de una carta de Isabel, a Madrid vengo, sin discrepar de los puntos en que me instruye su ingenio, dice, que para llegar al próspero fin que anhelo, mi nombre cautele, y ponga la esperanza en el silencio; porque después dando cuenta a mi padre del suceso, lo que dificulta un susto, lo facilite un concierto: esto me intima constante en su amor, y en el intento, para ejecutar la orden que obedecí, sobra el ruego; porque si a Isabel adoro, y la aventuro, o la pierdo. con saber, don Feliz, antes: de tratar mi casamiento, que estoy en Madrid, quien puede entre nobles, o pleveyos. culpar; cuando me llama quien es parte en el empeño, cuando le pongo al disgusto. condicional el rodeo, y cuando sin reñir queda mi contrario más bien puesto, que obediente, a quien estimo procure mi logro: vuelvo a decir, que quien me culpe, si es amante, será necio; porque aventurar la dama, cuando no lo pide el riesgo de la opinión, es desaire civil del entendimiento. Pues don Carlos de Solis, digo, que don Luis Pacheco, sea tu nombre, ya que viene a ser más propio el ajeno, mas no es extraño accidente que se trocase tan presto la elección que te confirma con el otro forastero. Sobre ser casual, qué importa. No digo yo que hay en esto nada que importe, mas digo, que es de ponderar. Dejemos esa admiración, y vamos a lo que venimos. Vengo, y voy. Palo meque, es fuerza que busques las casas luego de mi contrario don Feliz, y de mi padre don Pedro. Don Feliz vive en la calle. del Príncipe, según leo en la carta de Isabel, y mi padre a lo que pienso, en esta del Carmen vive: ve a informarte lo primero de la de don Feliz, porque antes de estar descubierto en mi casa es diligencia forzosa ver si ay de nuevo en la de Isabel alguna noticia, que en lo dispuesto por escrito, desde entonces. pueda ser impedimento: y si no le hay, esta noche a ver a mi padre iremos, con que de este disfraz llega el fin, para cuyo efecto, Palomeque, sacarás de la maleta aquel pliego que viene a ser de creencia para mi conocimiento. Bien conoces a don Feliz, y él a ti, con que te advierto, que te recates de verle; y si da lugar el tiempo, entra, y a Isabel pregunta la ocasión de poder vernos: que aunque desde la Coruña yo la escribi, donde tengo hoy de posar (cuyo advitrio fue de don Juan, y el consejo tomé, porque me supliese en la Corte lo inexperto) quiero que Isabel no ignore que al aviso, y el efecto, concuerdan. Pues aquí aguarda, y verás en que momento vendré a pedir, que me aforres las albricias con que vuelvo. De tu cuidado confío: (do, Así, agora que me acuer- sabes, que una mala espina tiene atravesada el cuento? Y cuál es? . En la Coruña, cuando don Juan te dio el pliego para tu padre, había escrito otro, y despachó un correo por la posta, recatando de ti, y de mí con silencio esta acción: . Cómo lo sabes? Porque mi compadre Alberto su criado me lo dijo. Y a quién le remite eso? No lo sé; que no lo supo mi camarada, y no puedo dar en que será. Será como don Juan queda enfermo y con mi hermana Leonor se ha de casar; no pudiendo andar en las prevenciones. de la boda, encargar esto a su gente de negocios en la carta: Me convengo; mas recatarse de ti; que será? . Que sé yo. Pienso; que es haverse revestido de cuñado, antes de serlo. Válgame Dios! qué motivo pudo tener el recelo de Juan; siendo el más grande amigo, que yo conservo, y siendo yo quien dispuse por cartas todos los medios, para que mi padre acepte el tratado calamiento de Leonor. Largo has escrito. Lleva esa carta al correo, busca a don Feliz, y mira, que de mi amoroso empeño, no des indicio a don Feliz, porque le ignora, y en esto cumplo con él, con mi dama, y conmigo, que no es cuerdo, quien a su amigo le encarga sin ocasión un secreto, y después. . Deja, después es, ya se que tengo de ir luego a ver a Leonor tu dama, si es que no hay estorbo; pero si, porque mataste un hombre, estabamos en Toledo: a que vienes? . Escamilla, de ti a mí, no hay documentos: ve volando. 1. En esa puerta queden tres ministros. Vuelo. Téngase. Yo no me caigo. Aquí hay justicia. . Que veo. Este es, quien pudiera al otro escaparle. . Caballeros, a quien buscan? A vos. Dudo la causa: Huye. . Calla. 1. Eso puede ser, mas lo que importa D es cumplir yo el mandamiento de prisión. . Hoy he llegado a Madrid, Don Luis Pacheco me llamo, y estas noticias bastan para que del yerro salgáis. 1. Ese nombre, y señas, son las propias que traemos, para llevaros en casa de un señor Alcalde, y pienso que es, porque a un hombre ordinario distes la muerte en el juego, que allí lo ha dicho la parte, que aguarda a reconoceros. Mi delito nombran. . Malo. Y por mí le culpan. Bueno. Amí me tienen sin duda por el otro forastero, un favor he de pediros, . siempre he de obrar como deudo. 1. Cuanto quepa en lo posible haré por vos. . Yo envilezco mi sangre, si no le asisto. Yo si le asisto, la vierto. Vamos, mas dadme licencia de que le diga primero adonde voy a este mozo. 1. En buen hora. . Qué es aquesto? Decidle a Don Luis, vuestro amo que debe a mi pensamiento la fineza de servirle, y que por si acaso es cierto lo que imagino, se vaya a una Iglesia, porque en viendo la parte, que yo no soy el delincuente, recelo que han de venir a buscarle, dejándome libre, y quiero que en este ardid, no malogre su descuido a mi deseo. Norabuena. A los favores, que del noble estilo vuestro recibo, anadid que vaya, sin de ceñirme el acero (mo. sobre mi palabra. 1. Yo os la to- Y yo os ofrezco la recompensa. 1. Pues vamos. . Vamos. Toma su consejo, que ya se han ido. Envidioso me tiene, viven los cielos, la acción en que muestra el brío, la nobleza, y el ingenio, que bien amigos granjea. Antes a lo que yo pienso, muchos enemigos tiene. De qué lo infieres? Lo infiero, de que no se ha resistido a la justicia. . No entiendo tus locuras. . Pues ignoras que es un hombre, que anda cuerdo, y excusa una resistencia, enemigo de docientos. Por las dos puertas que hay en la posada; podemos salir, pon en la de enfrente esa maleta al momento; que en tanto me voy al Carmen, donde estaré, y en habiendo encontrado con don Feliz, y visto a Leonor, ven presto a hallarme en la Porteria. Si adoña Ilabel la veo (que es de don Feliz hermana, y no es difícil encuentro) dírela como has venido. Si después ha de saberlo, lo mismo es antes, acaba. , ̱ s. No sé si es cólera; o miedo lo que me vadando. . Mira, que anochece. . Pues cenemos. Isabel, mucho aventuras por don Carlos. . Mi remedio. está en mi peligro: hidalgo, está aquí don Luis Pacheco? Aquí esta, mas como es hombre, tan roto, se va saliendo. Llamale. Quédate. . Hoy sigo a quien mi afecto molesta. Don Carlos de Solis. (migo. Esta mujer nombra a mi ene- Don Feliz. Don Luis. . Mi hermano entró, donde hallar juzgué mi amante: Beatriz, que haré? Voto de ser Monja. En vano, mandáis que os diga quien es la que miráis, y decís, que a don Carlos de Solis. nombró, cuando entrastis, pues. al tiempo vino que vos: y así a quien busca esta dama, no sé, ni como se llama. Yo lo sabré; vive Dios. Rescoldo. . Acaso pasé por esa esquina, en que vi mucha gente, a quien oí, que don Luis Pacheco fue preso, y que de aquí os llevó la justicia; entre a informarme del huésped, para enterarme de la verdad, cuando oyó aquel nombre mi cuidado, con que preguntar no puedo, porque dejáis a Toledo, ni porque habéis desmontado. en posada, hasta saber si don Carlos ha venido. en galcones, o que ha sido el fin de aquesta mujer. Pues quedaos con ella vos, que el irme yo es fuerza. Hoy muero. Al Carmen, donde os espero yos he menester. . A Dios. A Señor don Luis? Señora. . Conoceisme? Sí. . Excusad la admiración, y mirad si podéis dejarme agora. Don Feliz, terrible azar. Qué imandáis? Así está bien: ya he sabido, que sois quien viene esta damaa buscar: vos, Feliz, sabréis de mí (esto os lo aseguro yo) la causa con que hombró vuestro enemigo, y así en tanto que remediar pretendo un daño oncesino, en la calle del olivo, cuidadoso habéis de estar, para avisarme, y valerme, si llega el caso que infiero; porque cada instante espero que han de venir a prenderme: mi peligro es el que os llama, y os estima el asistir, adonde podéis oír lo que me diga esta dama, que hablar delante de vos pudiera sin embarazo. (zo, Tan corto es del riesgo el pla que anada os réplico; a Dios. Ya se fue. . Por esta puerta señora, os he de llevar a vuestra casa, sin dar tiempo, a que mi amigo advierta quien sois; mas antes que os vais, pues la palabra sabéis que di a don Feliz, diréis, porque a don Carlos nombráis; pues aunque en duda no estoy de que en Lima os ha servido, que a don Feliz le he debido esta noticia que os doy, a satisfacerle en vano voy, sin que esta causa diga. Este lance no os obliga a encubrirme de mi hermana? Sí. Pues don Luis, inventar la causa os toca también, oblíguese a fingir, quien se obliga a disimular. Qué puedo hacer? Lo que oís. Pues advertidme. En que modo. De qué le he de hablar? De todo. . Cuando? Agora. . Yo? Don Luis. Ay cielos! don Carlos es? Amigo. . Impedir no siento en vos el divertimiento, que os olvida de vos; pues la justicia en busca vuestra anda ya, con que es preciso no despreciar este aviso que os doy ya de la siniestra información se ha enterado el Juez y yo resuelvo cumplir conmigo, pues vuelvo a no perder vuestro lado, que no hicieran lo que deben cuanto mi esfera igualasen en ir, porque no os llevasen, sin volver porque no os lleven. Él vuestro, a mi proceder, tanto le da que estimar. El tiempo de remedias, no es tiempo de agradecer: este Caballero irpuede conmigo, llevad mi hermano con vos, y el susto inhumano en que estoy, vencido quede. Bien decís. Qué resolvéis? qué hagáis lo que más me importa en este lance. . Sea corta la instruición. . Vos llevaréisa esta dama, donde os diga, que está segura, advirtiendo, que la acción que os encomeido es con la que más se obliga a un hombre de vuestra fama. Harelo. . ADios. A ser llega grande su afan, pues me entrega, sin conocerme, a su dama. Beatriz, de tu atención fío esa puerta. Llegar quiero: Cesó el peligro? Aquí espero. . Señora: Don Carlos mío. Cubriome un hielo mortal. Señor. . Ah tirana afable! Qué sientes? ol . No es explicable este genero de mal. Acaso juzgas. Quién vio en un lance. Desatenta mi fe. Su muerte, y su aflenta; quédate, ingrata; mas no, que he de llevarte, enemiga. Carlos, cual de los dos sueña. Oh mal haya quien se empeña; sin saber a que se obliga. Oye. . Ven. Aunque te pese; has de escucharme. Aunque muera, no he de oírte. . Vamos fuera taque es tarde, y se ensancha ese. i . Tu acción, ni aún con ordinarias mujeres se estila ya. Que lo somos pensará, como nos ve estrafalarias. Quién está aquí? Quién de amante de Palomeque se precia. Quita. . Aguarda. No seas necia. Oigan también el bergante: Las casas sé. Presto, afe. . Es fácil? Calla, importuno. Aquí saber de ninguno donde vive, ni de qué: luego que salí, di parte a Isabel de tu llegada. Y es, por lo que en la posada que me ves, vengo a buscarte. Después la casa he sabido de tu padre, la cual es muy cerca de aquí; y después. vi en el Carmen retraído aquel don Luis, que llegó cuando nosotros, y vi a don Feliz, que está allí, y es muy cierto, que él me vio. Ya no importa. Así es verdad, ya no importa. Beatriz, ven Que haya de ir contigo. Quién? . Yo por otro! Es necedad. La maleta entregar quiero al huésped. . Sí te quisiste mudar, porque me escribiste, ingrata, que donde espero morir, mis ojos te vieran Mas en mi contra te culpas, si con celos te disculpas. Piuviese a Dios, celos fuera, que son para que tus labios no me mientan los consuelos; agravios, en duda, celos; y celos, sin duda, agravios. Mi maleta, fiero enojo, trocaron. . Di, si me fueras a buscar, si no me vieras? . Sí. Pues yo, porque tu arrojo, y mi peligro sabia, olo vine a la casa en que estás a excusarme un susto más, Carlos, viéndote en la mía. Sabré quien fue el insolente que la llevó. A mi firmeza no desdore una fineza más precisa, que indecente. Y hallarte, vamos de aquí. Vamos pues, mas no me apuntes tu recelo, ni preguntes lo que has de saber de mí, que en siendo solicitada tu satisfacción celosa, la acción que por mí es airosa, queda por ti desairada. Por don Luis, fiero rigor, te asisto. . No puede haber disculpa. . No puede ser. Si puede. . Quiéralo amor. Ya, señora, que obediente a tu padre, el albedrío le cediste, anteponiendo su elección a tu cariño, disimula el sentimiento; porque si ve los indicios de tu dolor, un quejoso harás de un agradecido, la rota sarta de perlas al último desperdicio: no llegue Leonor. Qué puedo hacer? Anudar el hilo. Mi padre está en cosa? . Sí por señas, de que le vino un propio de la Coruña con una carta, y lo escrito al ir leyendo, el semblante le mudó tan de improviso, y tanto, que con él propio dejaba de ser el mismo. De la Coruña es la carta, debe de ser el aviso de mi muerte. Ya en Toledo, don Luis Pacheco habrá visto por la tuya su milagro, pues dio en falso con lo fino. Si procuras que mi llanto se enjugue, porque el motivo atraes con una memoria incapaz de ser olvido; incapaz no, que el precepto de quien soy el timbre altivo de mi sangre, el punto ilustre de mi honor, contra el destino de una estrella, contra el celo de una fe, contra el delirio de una inclinación harán el empeño, sacrificio; la correspondencia, odio; y la voluntad, fastidio: mas ay, que son en quien ama cuantos esfuerzos animo, imposibles para hechos, y fáciles para dichos. Tu padre. Inés, da una luz a Leonor, y vete; un siglo me parece cada instante, que tardo en buscar mi hijo. Que afecto, señor, te mueve, que al tiempo que le registro, ni pasa a ser sobresalto, ni queda en ser regocijo. Oye esta carta, Leonor, que el que ha de ser tu marido me escribe. Pues no ha llegado? No, que enfermo quedar . o Hoy vivo, menos mortal, que en un riesgo. la dilación es alivio Don Carios de Solis, vuestro hijo, disfrazándose con él nombre de don Luis Pacheco, pas- sa a Madridpor la posta, y va a des- montar en la posuda, que hace es- quina a la calle del olivo; y la de el Carmen, donde llegara pocas horas antes, su después que recibáis esta noticia. Yo la doy por quedar in- dispuesto, que a poder asistir a don Carlos, no le hiciera el disgusto de descubrir lo que os oculta: mas ad- vertido, de que tiene un duelo pen- diente con don Feliz de Lara, y re- celoso de que su valor le empeñe en algún lance, que se puede ajustar sin riesgo, como vos intervengáis en él, debo solicitar su quietud acos ta de su queja. En el pliego que recibi reis, cuando le veáis, os escribo lo que falta en este; que por despacharle. primero, no me alargo. Qué te parece? Que emvies a ver, si mi hermano vino. Antes que le conozcamos viene dispuesto al peligro de una desgracia; mas pues don Juan de Quíroga hizó de su parte en el remedio cuanto pudo con su advitrio, no mi negligencia ayude (cuando es tan corto el distrito de la posaday los daños ajenos, que son tan míos. Voile a ver. Leosines, alumbra a mi padre. Ya colijo, que tu modestia recata el sentimiento preciso, a que te obliga la nueva; de que don Juan ha caído enfermo. O qué bien lo entiende! Que tu semblante me ha dicho tu pesar; mas ten por ciento, que ha de ponerse en camino muy en breve. . Señor, sea lo que Dios fuere servido. . Que conformidad tan propia de un corazón tan sencilio Casi difunta, esperanza, hoy si no te resúcito, te alimento con las treguas del último parasismo. Ay, Don Luis! Si le hay, y como, y Escamilla hay, y hay, que ha sido, el no saber que lo hay, tu padre al salir, prodigio. Dime, don Luis dónde queda? En el Carmen retraído. Por qué? Por lo que hizo marras, y él es marras que lo hizo. No trata de componerses Es mucho su desatino. Pues cómo viene? Burlando las postas, y se han corrido. Para qué ha sido este arrojo? No más de porque un delito haga yo, que la maleta de mi senor he perdido, trocándola en la posada por otra, que en un conflito presuroso me introdujo el miedo en el desatino a la maleta contraria: mi llave turbado aplico, y viendo que pretendía resistirse, la di un chirlo, halle entre mil zarandajas un pliego, con sobreescrito a don Pedro de Solis, que es este, y viene conmigo; porque si encuentro a tu padre, me reserve del peligro la disculpa de traerle la carta, con que me libro. Esto sucede, y sucede, que a mí señor le ha seguido la justicia, y por si sale de la Iglesia, en que le han visto, (en la oscuridad fiado) juzgo que están repartidos por los caguanes de enfrente del Convento los ministros. Pues vuelve, y dile, que excuse en mi vida otro martirio con su riesgo. Esa es muy buena, cuando despidió a su amigo don Feliz, dando a entender, que estaria recogido en una celda, y fue solo el embuste que le dijo, por venir solo. Don Feliz, quién es? Si tú no le has visto, ni él te conoce, que útil tendrás, si aquí te le pinto. Bien dices, vete, Escamilla, porque mi padre es preciso que vuelva presto, y advierte a don Luis, cuanto me indigno de que presuma, que tengo por finezas los delitios. El viejo. . Ay triste. Encamina tu enojo hacia mí. Qué miro! No repliquéis, dadme el pliego o afuera aguardad; o idos, que tan pesada porfía es necia, cuando os afirmo, que no está mi padre en casa. La carta, jurado a Cristo, he de dar en mano propia a su merced, y conmigo son esos gritos en vano, si no es que os he parecido la estafeta, que es adonde se pide una carta a gritos. A mí me busca; quée es esto? Un hombre, de cuyo estilo cansada estoy. . No os espante estos disparates míos, porque desde hoy, que he llegado, ando fuera de camino. Qué queréis? Sois vos don Pedro de Solis acaso? . El mismo. Para vos traigo esta carta. De quién es? De quien la ha escrito. De dónde viene? A la fecha la toca, señor, decirlo, Gastáis humor. Es la carca de tera para conmigo Veté. . A Dios. Hidalgo, aguardo. . Arrope Qué es lo que os digo, hidalgo? Eso. . Pues por qué os vais? Porque soy Judio. e Hija, tu hermano llegó adonde fui, y ha salido; go más este el pliego es, que trae de don Juan; y así confirmo, que el mozo que me le entrega, es criado de mi hijo. Si me conoce, me muele. Ya eras viejo, y serás niño, que al ponerte como nuevo, te hará los años añicos. A quién serúís? Al demonio, que estoy en pecado. . Dilo hombre, o te daré la muerte, vive el cielo. te . Ya me rindo, llevado por cortesía, los de mi haréiscera, y pavilo. Seruis a don Luis Pacheco? A don Luis Pacheco sirvo. Y cuando llegó? Esta tarde. . En qué? Por la posta vino. Adónde posa? En la esquina de la calle del Holivo. . Y me encubría el bergante, que es criado de mi hijo; adónde queda? . En el Carme. Cómo está allí? Retraido. go . Encontró ya con don Feliz de Lara? . Sí, señor mío. Riñeron? . Con quién? El uno con el otro. Son amigos? De modo, que ya está el duelo ajustado. El ha venido. Y mi hijo quedó bien? Si quedó bien, quién? Mi hijo. Los diablos lleven mi alma, si no le hace mal el vino. Mortal estoy. Pero como, con la pregunta averiguo, lo que no con la experiencia: ponedme en el sitio fijo, donde he de hallar vuestro amo, al punto. Me quemen vivo, si esa pendencia que anda en la calle, no es el sitio. Favor al Rey. 2. De la noche, con lo oscuro, hemos perdido al delincuente. Salgamos. . Mi señor es. Dónde asisto. Tú señor. Que ven mis ojos. Si acaso este ilustre asilo ampara mi fuga noble, cuya acción no escrupulizo, que siendo de la justicia, con crédito me retiro: valedme. A dislumbrar voy con mi presencia el indicio de que entrasteis, que el resguardo vuestro lo viene a sermío: sacad un acha, Leonor, este es tu hermano, y mi hijo, deténgale tus caricias, haga la sangre su oficio. Injusto tirano. Ingrata fementida. Que locura, todo un honor aventura. Que veneno; cuando mata, todo un estrago cruel, no ejerce. . Contra mí? Sí . No adviertes? No Frenesies este. Y tosigo aquel. . Cuál? . Qué haces? . Estoy El que a mi amor se opuso. mudable, cuando escribiste que te casabas, ay triste! con otro . Así lo dispuso mi padres . Qué desbarío. . Pues quién? Pues pude replicar yo a su empeño? Por qué no? para que es el albedrío? En quien a su calidad pretende, que su opinión se iguale, es la obligación antes, que la voluntad. Hipócrita de tu amante, pues con virtud aparente das los visos de obediente a las culpas de inconstante, ya que tu desprecio he visto. Templa, la voz. Y no hay medio? Si le ay. . Será el remedio, a mi poder, ya que pasó, mi muerte. Por Jesu Cristo, que esás locuras lo hagáis, que ya vuelve. snoque con vuestro padre habláis. De la puerta. de la calle he de guardar la llave, y he de certar aquí, ninguna esté abierta. Sabrá tu padre quien soy? No, don Luis, no enageñemo el juicio, cuando. le habemos menester: obedeciéndote en vano, al detener, como ves, a mi hermano, porque es muy colerico mi hermano. No seáis pertinaz Lo qué recelo me asombre Carlos, parecer muy hombre sin causa es ser muirapaz. Ni sé el error en que estáis, ni sé que arrojo sabéis, ni sé lo que reprendéis, ni sé que, Carlos, nombráis. Pues vuestras dudas decís, decidme quien sois también. Don Euis Pacheco. Esta bien; pues don Carlos de Solis, ya que se fue la justicia, ya que os condujo un acaso porque no tengáis noticia de quien soy, ni donde estáis, dadme los brazos, llegad, y sin escrúpulo hablad, La equivocación del nombre, supuesto que trae su hijo, (y es quien juzgo ) obra el prolijo engaño; mas con un hombre, como don Pedro, hace error el que la verdad le oculta, y más cuando no resulta en peligro de Leonor. No llegáis? Señor, de mí sois dueño; y llegaré yo, como vuestro hijo, no; como vuestro esclavo, sí. Qué intentáis? Irme. . Sospecho al ver esa repugnancia, que me hacéis con viva instancia, que no estáis bien satisfecho de don Feliz, y por dar fin al duelo comenzado, y excusarme del cuidado, quien sois me queréis negar; mas lo erráis, porque si el duelo no tiene composición, y el tomar satisfación os importa, vive el cielo, que aún con la evidencia llana de vuestro fin, seré, y soy hombre, que os reservo hoy, para que os maten mañala. Bien harás. No me celebren, ni repliquen; vos salir agora, no se han de abrir mis puertas, sin que las quiebren Puede haber tal confusión: mirad. . No seáis importuno, que de noche, no hay ninguno seguro de una traición. Si estar quieres declarado, cuando remites el pliego a mi padre, porque luego quieres estar ignorado. Quién puede haber que esto crea. Vuestra hermana dice bien. No oyes aquello? . Tambié hace la hermosa la fea. Descansad, que habéis corrido la posta. El viejo se clava. En este cuarto, que estaba para don Juan prevenido, que después, sin que se esconda la noticia más incierta, hablaremos. A la puerta llamaron. Nadie responda, vente a recoger, Leonor. Dejad. Que necia porfía. . Antes te he de ver, que al día. No vienes? . Ya voy, señor. Su impaciencia es mi alborozo, no he visto en toda mi vida persona tan parecida a mí, cuando yo era mozo. Aquí hay reja. A quién le pasa lo que a mí? Yo soy a quien. Pues llama, si subes bien, que está es la calle, y la casa. Aquí otro como a los dosnos da Más golpes no des. Por qué? Responde. . Quién es? Sí es. . Pues váyase conDios Don Pedro de Solis vive en esta casa? . No, hermano. La calle erraste, villano. No erré. Quién será, percibe. Diga usted, si no se enfada, es esta, o me engaño yo, la calle del Carmen? . No, sino la puerta Cerrada. Sin ver mi padre quedamos? Este es el hijo. . Es verdad. Mayor que la oscuridad. es tu ignorancia: ven. Vamos. . Fueronfe. Llámalos, di a don Carlos, que su casa es esta; con lo que pasa por mí, no he quedado en mí: Yo lo conozco también, pues mandas una locura, en que Leonor aventura su crédito. . . Dices bien, que haré cuando me enajena. lo que sucede el juicio. Haz un poco de ejercicio, para dijerir la cena. Dime, Escamilla, que haré; habla, y de verás responde. Acostarte, pues ay donde, y sin cenar, pues no hay qué. En que podré discurrir, que minore mis cozobras. En qué mala fama cobras, pues no te echas a dormir. Don Pedro piensa que soy hijo suyo, de este engaño resulta en mi contra el daño; pues preso en su casa estoy; que es mi alcaide, por inciertas májimas, y no me libró. Aún no te asentó en el libro, solo has quedado entre puertas. Leonor aumenta el error de don Pedro, prevenida de su industria, con fingida ignorancia, y en Leonor me tiene admirado el ver, como es fuerza la mentira. Con justa razón te admira que mienta, siendo mujer. Doña Isabel, que conmigo de su rielgo se escuso; con don Carlos se quedó, y la hermana de mi amigo entregue a su amante, quien hizo tal yerro jamás. Pues la hermana propia es más y hay quien la entregue también. Don Feliz de mí quejoso queda, porque presumió (como es verdad ) lo que yo le oculto, y tan pesaroso, si lo digo, ha de quedar, que no hay razón en que quepa. Diselo, para que sepa, que le ocultas un pesar. Don Carlos, ya conocido. está de don Feliz (pues la noticia de quien es, por don Feliz la he tenido) cómo saldrán? si a reñir llegan, teme mi cuidado. Pues no hay acá buen recado de temer, cómo salir? Yo, pues que me considero en lance tan riguroso, de don Feliz cuidadoso, de doña Isabel tercero, de doña Leonor amante, de don Carlos obligado, y de don Pedro amparado en ocasión semejante, vivo con susto cruel de que culpen mi valor Feliz, don Carlos, Leonor, don Pedro, y doña Isabel. De todo cuanto esa trama. encierra, quiero decir, sobre que has de discurrir. Sobre que? . Sobre la cama. La muerte impida este afán. Diera yo (si es que la hay) una almoada de cambray, por un pedazo depan.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Descansar es imposible, hasta salir de esta casa. Acuéstate, pues ay donde, y verás como descansas. Qué haré en suceso tan razo! Lo que los hombres de chapa; dormir sobre ello, que importan las consultas con la almoada. Yo muero. . Yo concomito que esté amando yo una ingrata. Amas, amo del demonio, pues yo no. Qué dices? . Nada, sino que aprendí en el arte a preguntar, amo, amas. Escucha, andan en la puerta, Atiende, en la puerta andan, y andan en la puerta misma que el viejo dejó cerrada; Inés sale; Ines del pito, que rompe el yerro a las guardas? la moza tiene barreno: mas no es tan desalumbrada, que no trae luz. Ya ser puede, que el paso los cielos abran. Solo pudo hilar el diablo lo que mi señora trama, si se logra, es papel fino, y si no se logra, es traza don Luis. . Inés. Mi señora, decirte, y presto me manda, que conmigo vengas. . Dónde? A otro cuarto, que separa con el suyo el de su padre. Para qué? Para que salgas de los peligros, que al verte con don Pedro te amenazan. Si la puerta de la calle está abierta, que me vaya no es mejor? De par en par está. u Bien se ve que es Francia. Pero no para que intentes el irte, que desbaratas en Leonortres atenciones, que es vileza, despreciarlas; y razón obedecerlas. Cuáles son? Pocas palabras gastaré en decirlas; pero pon cuidado en escucharlas. Ya Escamilla te habrá dicho, que a verle dado una carta a mi señor, de tenerte por su hijo, fue la causa, ya tu habrás considerado, que Leonor acompañaba el engaño de su padre entre tímida, y osada, que el discurso que no es de ambas sillas es de albarda: y ya sabes tú de ti, que atento a tu sangre clara; quisiste desengañar a don Pedro; que mirada la acción, como es justo, era una necedad hidalga. Pues Leonor, discreta, activa, yamante, viendo que es tanta la aflicción en que la pone el poco tiempo que falta, para que su padre vuelva. aquí, se desembaraza del susto, y en una industria. mantiene tres esperanzas, que consisten (contra el riesgo de tu vida, y de su fama) en que tu queja consiga la satisfacción que basta, en que su padre no dude tu fuga, quedando en casa, y en que la justicia agnore el sagrado que te guarda. Para cuyo fin al punto que salió de aquesta cuadra, a un criado confidente llamó, desde una ventana, y mandó, que barrenase las dos puertas, que cerradas dejó don. Pedro, y serrando. la madera en que se clavan las cerraduras, hiciese. el paso libre de entrambas; para el caso halló instrumentos. el confidente en la casa. del cochero; y aquí entra el filis de la maraña: quiere Leonor, que su padre, que dijo que antes del Alba. se había de vestir, y ya me espanto de lo que tarda, cuando te bul que, y no encuentre, juzgue que tú le quebrantas las puertas, porque el indicio en ti nuestra culpa salva de su malicia; y te cura con tres remedios tu dama: es el primero, y más grande. volverte a la confianza; es el segundo, y más útil, no exponerte a una desgracia; y es el tercero, y más justo, que de don Pedro te apartas, con que nuestras vidas cuatro que hacen (agora que andan. en la matoma del riesgo la peligrosa mudanza) por hoy, aunque volatinas del paso mortal escapan, y a quien hoy vive, le queda. en duda el morir mañana. Ines, en cuanto a quedarme, estando las puertas francas, no es posible las razones que te reservo, son tantas, que para con Leonor sobran algunas de las que alcanzas. Cómo? qué pues irte quieres? Escamilla, ven. Aguarda. De cólera en Vizcaino te he de contradecir. . Calla. Si descerrajas, no tengas, si tengas, no descerrajas. No te has de ir, sin que primero (oh he de alborotar la casa) le de cuenta a mí señora. Quita, necia. Señor basta; dí, qué esperas? nos iremos al instante que se vaya. Dices bien; aquí te aguardo. Me cumplirás la palabra? Esa es razón de doncella, que por casamiento rabia. No digo que sí? . Y lo creo, que en la común pararata las fugas de los amantes tienen degrillos las alas. Así, si tardo, paciencia, que por detrás de la cama del viejo paso, y él oye como un lince. Bien comparas. Vámonos. . Dónde? Aquí enfrente, que del Carmen las gradas he de esperar, si don Pedro sale. . Pues para qué? Para que vuelva a escuchar mis quejas, Leonor. Y si el viejo tarda? Allí aguardaré a don Feliz mi amigo, y al que se llama como yo, siendo don Carlos de Solis, que una desgracia procuro impedir, cumpliendo la obligación de estorbarla por mi amistad en don Feliz, y en don Carlos por su hermana. ̱ n ̱ , Pisa con tiento, y a tiento, busca la salida . Extraña confusión . Raro modillo de negociar De la sala hallé la puerta. . Qué es esto? que mis sentidos envaigas? Yo estoy casi que aturdido. Yo imito algunos que campa, pues condlo que quieren salen de sus amos con la capa Palomeque. . Señor? Sabes de cierto, que esta es la casa de mi padre? . Cómo sé que me he de morir. Pues llama, da voces, que es laberinto, donde se confunde el alma, la duda de este silencio, el susto de esta ignorancia. Pues no sabemos por donde vamos, dices bien. Calla, que digo mal, discurramos antes las dos circuustancias, que solo en tres horas hacen operación tan contraria: tres horas ha que venimos otra vez, y a la ventana, y a la puerta dimos golpes tan sin logro, que irritada mi paciencia, contra ti, te quise dar con la daga; creyendo que habías errado casa, y calle: a la posada volvimos, y de ella, un mozo me conduce, donde estabía tres horas ha, porque antes de que se descubra el Alba, no quise inquietar la gente, ni el barrio: busqué la aldaba para llamar, y al contacto lento que suplió la falta del día, vi que la puerta movible en el quicio auda obediente de la mano al impulso de la palma, entro ya la mal distinta luz de un farol, de esta cuadra (que debé de ser )la puerta registro; llego a tocarla, y libre el paso franquea al mal que me sobresalta. Válgame Dios! en tres horas, que de la noche en la estancia. al común descanso acude. la familia de mi casa: (o el cuidado lo disponga, o el descuido lo deshaga) o no hay quien las puertas cierre, o no hay quien las puertas abra: que puede ser? Que el demonio sobre tu inquietud trabaja; pues cuando isabel anoche. te desbaneció las ansias. de los celos, y veniste con segura confianza a hablarclaro con tu padre, para que don Feliz haga la amistad contigo, y tú, el consorcio con su hermana te pone estorbos. Y tantos, que hasta averiguar la causa que ignoro; mas ven. Adónde? . A la calle. Pues no hablas a tu padre? . No. Difícil es, que agora encuentre. Acaba. Empieza tú, porque yo, el tino perdí. Ya sacán una luz. Aquella puerta debe de ser. . Vamos. Vaya, que si no fuere, no importa, pues todo se cae en casa. Tu padre se está vistiendo, y al pasar nos preguntaba; quién es; mira. Todo importa poco, si don Luis me aguarda. Allí se están. Qué mujer es esta? cielos! la espada me dad. Retiraos, adentro, ponte tu delante. . Brava llaneza, por JesuCristo, que los hombres no la espantan. Hija. . Señor. Pues tú; cuando, o cómo? De lo que extrañas, escucha el motivo. . Atiende. . Di, Leonor, Esta es mi hermana, y aquel mi padre. En las puertas que tu dejaste cerradas sentí rumor, y a Inés dije, que saliese a registrarlas: volvió, diciéndome, ay cielos! que abiertas están entrambas; salí, presumiendo el daño como fue, pues de aquí falta el huésped, que tus cariños con ingratitudes paga en la verdad que aseguro: ven a ver (hazla espaldas) que es fiel testigo del yerro con que te ofende el que arranca Qué miro! Pasad agora. Esta niña está borracha. Ay lance igual. Hija. Presto, valga el diablo vuestras almas, Esto ha de ser. Sois don Pedro de Solis? Yo soy, . Tapada, y aquí? Tomad esa bela, y escuchad. Pasan al cuarto. No, que se están hechos unos Juanes ranas, Señor, que hemos de hacer? Todo el examen que me agravia para saber hasta donde na de llegar la venganza. . Esperadme, escucha, hija, traeme el sombrero, y la capa a . Yo estoy absorta. . Conoces a doña Isabel de Lara? No señor . Este papel es suyo; y ella es hermana de don Feliz, y de Carlos, según lo que escribe, es dama; y así en los dos conjeturo, que esta del duelo es la causa. Lo que aparte hablar no entiendo qu Es porque aparte lo hablan. Dice así. Que don Luis quiera estarse, donde me mata. Haz lo que esta mujer dice. Pues qué es lo que dice? . Nada? Mi hermano don Feliz, hoy ha de reñir en campaña con don Carlos vuestro hijo; estorbar una desgracia pretendo, venid, señor, antes que don Feliz salga, y advertid, que aventuramos en el remedio, si tarda, vos un hijo, y yo un esposo, él la vida, y yo la fama. Jesús, para que has leido el papel, que así dilatas el tiempo? Carlos, sin duda; al empeño se adelanta, porque le sabe. Venís? . Voy. Aquí sombrero; y capa están. Haz tener el coche prevenido, que a esta dama has de ir alber; pues debemos este agasajo, a quien trata de nuestro bien; yo en llegando, a quien te enseñé la casa he de enviar. Vete, que todo será, como tir lo mandas. Id delante x. Pues daos prisa. , a Tiempo es de abrir la ventana. Hombre bárbaro, ay de mí! O! válgame aquí la audacia, que debe tener un hombre, para averiguar su infamia. Quién sois? difícil enmienda en los indicios que agravan mi error, tiene mi desdicha. Soy, quien al veros turbada para quitaros el susto, a saber la forma aguarda. Oculto estáis, donde ignoro como pueda ser, y en tantas dudas, no me satisfacen las respuestas cortesanas. De hallarme, donde por otro me tunisteis, fue la causa (deme una industria el ingenio, que me oculte, y satisfaga a Leonor) un accidente, que por forastero salva mi culpa: yo soy amigo de un Caballero, que llaman don Carlos de Solis; de este juzgué que fueran las casas en que estoy: vine a buscarle, y antes fue de la manana, porque a los dos nos importa, y hallando las puentas francas, y sin luz los aposentos, de una sala en otra sala llegué a esta en que estuve, cuando os vi a vos, y con la espada desnuda, aquel Caballero anciano, que de aquí acaba de salir; consideré, que él no recatarme, hasta no poder más, al incendio de la confusión, que abrasa vuestra quietud, ser pudiera que acrecentase la llama. Descubriome, a lo que juzgo, una de vuestras criadas, que es esta, y os dio el aviso; habla, y vos con señas varias (que no entendí, como quien hizo incapaz la ignorancia) me perturbasteis dudoso entonces. de aquí se saca, (según lo que yo presumo) que el que estar debiera falta de adonde vos me encontráis, y de aquí resultan cuantas confusiones mi discurso percibe, sin alcanzarlas. Y así os suplico, señora, si en el estado que os halla mi obligación, os parece que me ilustra sangre hidalga, que se logre en mi obediencia de serviros la esperanza: dadme luz del útil vuestro, y si os parece que vaya en busca del que en tendisteis, antes de verme la cara) que rayo; decidme el nombre, (consígalo mi venganiza) o en fin, disponed la forma de que al mal que os adelanta T mi asistencia, desminuya mi obligación, que en quien trata de cumplirla dar un susto (aunque sin culpaja una dama, y no servirla en desenento, si no envilece, desaira. Supuesto que en un acaso cabe todo cuanto pasa, tiempo es mal perdido aquel, que en la admiración se gasta: no inquiráis lo que no os toca, y ya que estoy obligada a la oferta, y al estilo, vuestro nombre es lo que falta por saber: Don Luis. Pacheco. Este es, el cielo me valga; mi hermano, y apurar quiere los indicios que le infaman. Y pues va sabéis quien soy. . Prosiga su esfuerzo el alma. No dudéis. Señor, supuesto que vuestra amistad es tanta con mi hermano, referidle, cuando le encontréis, con clara distinción este suceso, según lo que del alcanza vuestro discurso, que entonces, o con prudencia, o con saña. le vendrá a saber, y yo aún la menor circunstancia le diré, porque ninguna. a mi crédito embaraza. Este es Leonor, y su padre a está fuera: Una palabra sola: me escuchad. . No es justo, que después de lo que basta, todo lo que sobra; ofende; todo lo que ofende, cansa. A que espero, cuando sé. Ya que tu padresalió. Quién es el que ha entrado? Yo, (el cielo industria me dé) . Don Luis. . Doe Carlos. En mí hace ese nombre extrañeza: Del nombre, ni la llaneza con que entró hablándote aquí, será justo que te asombres, que afirman sin liviandad los lances de la amistad la llaneza de los hombres. Oye vced? . Ya está acabado. Digo, si oye? Qué le inquieta? Sabe ueede su maleta? Me hizo mal, y la he trocado. Escamilla. . Palo me que Vuélvele a dar su balija a ese mozo. . Que me aflija harás, cuando la destrueque; y la carta que saqué? Si te pregunta por ella; di, que él debíó perdella. A darle su ropa ve. Con mi maleta, que ha hecho? Jugar. . Y yo con la suya. Ya tengo ardid, que le arguya Si es verdad lo que sospecho La esgrima jugué, porque hartas. cuchilladas me aparase. Yo, porque no me engañase, he jugado a sacar cartas. Dime, Luis, de quien sabes ese nombre, qué declara tu error? Don Feliz de Lara me dijo anoche. No acabes esa razón que me das, don Carlos soy, y lo abona el no ocultar mi persona a mi contrario jamás. Ya es vuestra paz mi interés, aunque la vida me cueste. Vamos a otro lance, que este se queda para después: con quien hablabas, me di, cuando tu voz pronunció, ya que tu padre salió al tiempo que entraste aquí? Contigo. . Porque. . Porque don Pedro salió de casa, con que en todo lo que pasa ocasión de hablarte hallé, sin que a tu padre le diese con la noticia el pesar del duelo en que te he de hablar, para que el disgusto cese; y así, llegándome yo por esta ventana; y viendo que estás solo; entre diciendo, y a que tu padre salió. Pues quien pudo asegurarte, don Luis, que estoy aquí dentro? Yo, porque si no te encuentro en la posada, en que parte he de presumir que estás, si eres hoy, quien ayer vino, y en tu patria peregrino. Muchos indicios me das de quien soy. . Ya fuerza es volver por lo que advertiste, al lance que me dijiste, dejase para después. Que nos oigan lo que hablamos aquí será contingente, en las gradas de hay enfrente estaremos mejor. Vamos. . Prosigue, Cuando yo estaba a esta Iglesia retirado, vio pasar a tu criado don Feliz, que sospechaba el que ya hubieras venido por otro raro accidente, y como concurre gente, donde asiste un retraído, un Indiano Caballero, que tuvo su embarcación en tu mismo galeón, le afirmó por verdadero, como en la Coruna entraste, y don Carlos de Solis, siendo el nombre de don Luis Pacheco, después tomaste don Feliz; le preguntó tu casa, y él se la dijo, con que por verte prolijo, conmigo anduvo; mas yo, aunque a su pesar ajusto, que no te busque hasta hoy, que es el tiempo que me doy para estorbar el disgusto) y así en suceso tan vario la composición me obligó a ejecutar, porque amigo soy tuyo, y de tu contrario di en lo que puedo quedar con don Feliz, y repara en que a ti te busco, para irle después a buscar, que es bien, pues ya mi fortuna dos amistades te debe, que te pague en tiempo breve, de dos amistades una. Qué aguardas de mí; si ya sabe don Feliz, que estoy en la Corte, y tú quien soy no ignoras; error será no acabar de difinir esto de cualquier manera, sin reñir, como él no quiera, y si él quiere, con reñir. Antes de irlo a disponer. Antes, D Luis, de moverte. Una pregunta he de hacerte. Una amistad me has de hacer. Di . Pregunta. Aquella dama que te encargue, cuando yo fui al Carmen, dónde quedó? No sé, ni como se llama. Luego se estuvo cubierta? Y sin hablarme también. Pues callar yo, será bien. . Mis celos su voz despierta. Contra su empeño cruel . quise oponer el de amor; pero callar, es mejor, cuando se encubre( sabel. Casi tuve por ingrato su silencio. d. . No te espante; que en ocasión semejante, los preceptos del recato la disculpan. . . Dime, pues, si es que no importa, quién era? No es del caso, si lo fuera, mi fácil es decir quien es. Porque agora has preguntado por esa dama curioso? Es que a don Feliz quejoso le tiene el mismo cuidado, que la vio, y no vio. Y también se la ocultas? Como a ti, por señas de que le vi en la amistad con desdén. Ese, don Luis, no verás. en mí por causa tan leve (el alma hidrópica bebe el veneno que la das.) A la amistad que me pidea vamos, porque la conceda en cuanto servirte pueda. . De amor, y honor en dos lides. estoy. . . Di, pues. Ceguedad es, que a quien mis celos crece, favor pida; mas carece de ley la necesidad; advierte de mi destino; (ya que a tu discurso asombra) cuál es, pues tu voz me nombra? en mi patria peregrino? Dijelo, porque te falta su conocimiento. . . Así es la verdad, y de ti en lo que me sobresalta he de valerme seguro, de que en este lance, amigo, es mucho lo que te digo, i nada lo que aventuro. Para después deja el labio, las gracias que no te doy por escucharte. d. . Yo estoy receloso de un agravio. En qué forma? Ya en mis voces. torpe el aliento se oprime. Mi amistad te esfuerce. Dime, si a doña Leonor conoces? Qué doña Leonor? Mi hermana. No sé quién es! ay de mí! Pues (ay Dios) yo sé que vi indicios esta manana, que me importan el honor, y así oculto en el lugar me es preciso averiguar, quién sirve (ay cielo!) a Leonor. Pues tu sospecha no alcanza, quien tus favores codicia. Presumes que la noticia tuviera sin la venganza. Te ha visto, y la viste. c Sí. Te habló, y la hablaste? También. Según eso, sabe quien eres? . Ser otro fingí, que advertido en el dictamen con que mis disignios trato, no quiero que entre el recato a perturbar el examen. Si sabes, que ya ha llegado don Feliz, como has de estar de secreto en el lugar? En el punto que has tocado la amistad que te pedí comienza. . Servirte espero. Don. Feliz es Caballero, tan bizarro, que por mí, siendo su enemigo sé, que sabrá en esta ocasión (tome la resolución que tomare) encubrir, que soy quien soy; y que es infiere conveniencia en los dos grata; pues no se sabrá el que mata, con que seignore el que muere. Tú a verle vas, y es mejor, pues tanto en esto me obligas, que sin que la causa digas, le supliques el favor. Vuelve, y después tu constante amistad viva asistiendo a mi justo informe, siendo centinela vigilante de mi honor, pues por la curia que de la Corte adquiriste sé, que solo en ti consiste el saber yo quien me injuria. Dónde tengo de buscarte? Yo he de ir contigo. Eso no. Pues he me de quedar yo, si la justicia, y la parte te siguen? Ahora es temprano, y donde voy es error, que tú vengas. . Y es mejor, que por mí. . Cansaste en vano. Qué he de hacer? No hacer alarde, ni desprecio con quien voy a buscar. . Pues aquí estoy esperando. . Dios te guarde: quien si no es yo es tan dichoso, . que estribes en él su secreto. Quién si no es yo de un sujeto queda obligado, y celoso? Informad de esta casa a mi cochero, y decid a Leonor, que aquí la espero. Que en esta cuadra os esperéis ahora, hasta que dé el aviso a mi señora, a. será forzoso. Andad enorabuena, un gusto fue, instrumento de una pena: pues cuando ve mis ojos a mi hijo, al sobresalto llama el regocijo: las puertas me rompió, grande lo- cura, pero justificada travesura, que el honor, y el valor fueron sus fines. , z Bearriz, vuelvete a entrar don- de examines el tiempo, cuando pueda. ver don Pedro a Don Feliz, no suceda que me encuentre a su lado. Confía tu recelo a mi cuidado. a. Señor don Pedro, mi disculpa excuso en el lance que estoy, porque es abuso civil del cumplimiento llamar la obligación atrevimiento. Vuestro papel me trae, seño. ta mía donde el interés propio que me guía; malogra mi obediencia, que no es seruicio, siendo conve. niencia. El tiempo es corto; que de ha blaros tengo Breve instruición me dad Ya os la prevengo; mas decidantes lo que el alma ignora os vio a noche don Carlos? Si señora. Luego está en vuestra casa? Ya lla salido Qué infenz he nacido No no temáis que el duelo se coneluya; basta que vuestro hermano este en la suya Suplid estás congojas. Yo las paso. Y escuchad el origen. Pues al caso En Lima debi adón Carlos, aunque voluntad muy grande poco tiempo. . Luego ha sido Carlos con vos inconstante? No ha sido Pues como pudo ser su volvritad durable, y en la deuda poco el tiempo? Porque le pagué al instante, señor, y cualquiera deuda se acaba, con que se pague. Proseguid Desde el principio tan no descubierta a nadie, nuestra se guardó el silencio, (el silencio que es la clave del amor) que aún los suspiros a quien fía sus mensajes la muda correspondencia, con tal recato se esparcen por entre la región vaga, que cuando del pecho sale, el ambiente ardor ignora en si lo que lleva el aire. Mas que importa; que el secreto la atención asegurase, si lo que oculta un cuidado, puede descubrir un lance. Don Feliz halló a don Carlos a mi reja; y en la calle dos lenguas de acero explican lo que ocultan dos amantes: en fin, por llegar al punto conteniente, decir baste, que don Feliz quedó herido, y don Carlos en la cárcel. Don Carlos sin mí, y don Feliz con la sospecha bastante, para que nuestro cariño su honor escrupulizase, quedó sin ajuste el duelo, y no fue mucho quedarse sin él, porque le embargaron todo nuestras voluntades. Llega don Carlos ayer apenas, cuando lo sabe don Feliz, y se lo dice a mi atonción su semblante, cuyo caño pronóstica a mis ojos, que ayer tarde le reveló un Caballero contra mi opinión un lance, en que me vio pordón Carlos, que saliendo yo a buscarle; mas hasta que de en la duda la vileza, hasta el examen Carlos con supuesto nombre viene, y es por obligarme más, si puede más, que fue advitrio de mi dictamen; y pues en Carlos, y en mí, porque las dificultades se vencan, aún más conforme es que la estrella la sangre. Vuestra autoridad disponga el hacer las amistades de don Carlos; y don Feliz, tendrá buen fin tan constante, voluntad, queja tan leve, y satisfacción tan fácil, a costa de que mormure, quien la novedad repare, cuando la ocasión olvide, que en plática semejante, es quien suplica la dama, y quien escucha es el padre. La discreción, y hermosura con que el cielo. En este instante acabado de vestir queda escribiendo. . Avisarle puedes, quien le busca, entrad. Dios, doñalsabel, os guarde. Y a vos, para que el amparo de vuestro ser no me falte. La casa que digo enfrente, es de las gradas del Carmen, y don Pedro de Solis es quien la habita. a, De hablarte don Pedro de Solis, pide licencia. . Fernando, dame el sombrero, y tu responde, que no estoy en casa. Es grande. brie exceso, señor don Feliz, querer desacomodarse por recibirme. . Es muy justa obligación. . La del martes es con la que le da el viejo. Mandad, que no quede nadie aquí. Salid los dos fuera. Sentémonos. De coraje, . no estoy en mí. . Conoceisme? Por la opinión, y la sangre si, que la Corte, no encubre los que tienen vuestras partes. Pues hoy es la que os descubro, para los dos favorable, si es que el amor propio deja alguna vez de engañarse. Decid, para que el serviros, si es posible, no dilate. La ocasión con que a besar vuestra mano vengo, trae circunstancias de prudente, y visos de interesable. Mi hijo don Carlos, que tuvo en Lima sin causa grave con vos una pesadumbre, llegó a Madrid ayer tarde, y apagar quiero la llama del rencor, si es que mi examen descubre, que desde entonces algunas reliquias arden: para cuyo fin el medio será; mas mi voz le calle, hasta que en vos la respuesta al medio que elijo llame: que si negando una dama al que pretende casarse, no es ofensa que le escluyan; en fin, ya que a no ser pase desaire del que la pide, del que intercede es desaire: y sentir después no quiero, lo que puedo enmendarantes. Señor don Pedro, el informe que os hizo don Carlos. Dadme licencia, de que asegure, que no vengo de su parte. No es del caso, yo os respondo a vos por vos. . Adelante. El medio no referido, y declarado, (que cabe declarar sin referir en vuestro estilo galante) estimo, y siento que falta ocasión en que lograse, que no se trata un ajuste, sin que sobre que se trate, sobre que no lo hay, que solo en nuestro pasado lance acuerda las inquietudes, quien solicita las paces: y así, pues en el deseo vuestro gusto, habrá ocasiones, bien será que las aguarde. Esta lo es, de que luego me favorezcáis con darme la mano, supuesto que vos dais a entender que es fácil, Fácil es, más no tan luego. Si ha de ser, señor, mas vale excusar a mi porfía, que segunda vez os canse. Yo os buscaré. Más hallado no puedo estar. Apretarme, no es razón. Ni puede serlo, que la que os doy le descarte. Yo he de dartiempo al discurso Yo he de volver de buen dite. Y cómo ha de ser?d. . Sabiendo antes que de aquí me aparte lo que vos resolvéis. Nada. s. Yo sí, que no es bien se ultraje el punto de Caballero, con la obligación de padre. Y qué resolvéis? . . Pediros que lo que ha de ser declare vuestra intención, porque vengo a que el disgusto se acabe: o la campaña le ajuste, o mi intervención le ataje, que el ser Carlos hijo mío, es circunstancia bastante, no para que le reuse, sino para que le saque. Pues mi desempeño fío de vos Nada os embarace. Yo he de reñir con Don Carlos. Pues con al habéis de hallarme, y así eligid un segundo, que vaya de vuestra parte. con que estoy de que me mande . Norabuena; este papel a don Carlos, cuando entrastís, quise enviar. El más seguro seré yo para llevarle. El sobre escrito pondré. Decidme, don Feliz, antes no señaláis vuestro sitio? A las nueve, y en el Ángel. Bien, . A Fernando? 1. Señor. No has de ir enfrente del Carmen ya, sino a la propia Iglesia, donde has de hallar, sin que falte, a don Luis Pacheco, y dile, que al punto venga a buscarme aquí, y que si no encuentra, le espero (y que no se tarde) en la puente Segobiana. 1. Que no le conozco sabes, porque cuando entré a servirte, estaba en Toledo. . Parte a la Iglesia, que es preciso. que allí asista. . Señor, dame las señas que don Luis tiene, para que yo no me engañe. Vestido está de color, y es un mozo de buen arte, este es el papel, mas puse (que huniese de equivocarme) por don Carlos de Solis. don Luis Pacheco, error fácil, porque escribiendo, y hablando estana en don Luis. No es grande engaño. Que otra cubierta ponga, permitid. . En balde, pues yo le llevo, será perder el tiempo, y cansarse: hablemos en lo que importa. ̱ . Decid pues. . . Do. Carlos hace lo que debe, porque os busca, y así he menester buscarle, para ponerle en el puesto: dígolo; porque aunque tarde. le esperéis, sin que sus brazos, la imaginación profane. A un amigo que yo aguardo. por mí, segundo esperarle, juzgue aquí; mas prevenido dejó donde ha de encontrarme; y así desde luego, porque ninguno se me adelante, voi donde el Sol me registre, junto a la ermita del Ángel, hasta que el ocaso vuelva rayos tibios los celajes. últimos del orizonte. Guardeos Dios, El cielo os guarde. Señor mío. . Extraño azar. Qué mandáis? . Era ya hora de vernos? . A mi señora doña isabel quiero hablar. Sin llaves mi casa abrís? Para decirla el favor me dad licencia. Señor, que haré? Tu padre, y Luis huyamos, Tapate, y calla: Es verdad, que yo atrevido rompi. La causa he sabido, mas vuestra disculpa halla mi valor, y porque a ver lleguéis, don Carlos, quien soy para que os matasen hoy, dije, que os guardaba ayer, si ocasión hubiese, ya ha llegado, y si cumplí la palabra que ayer di, ese papel lo dirá. Qué es lo que hacéis? Una acción, a que un yerro me provoca, y así en lo que ver os toca, escuso la dilación; y porque agora resuelvo, que aquí mi Leonor no entre, voy a buscar quien la encuentre, leed, en tanto, que yo vuelvo. La queja evidente, y clara que os oculto más en breve en el Ángel a las nueve diró don Feliz de Lara, que a mí me llame el papel, Sin duda lo contradice el sobre escrito; mas dice a don Luis Pacheco en él: ya caigo, en la causa, el debe de saber, sospecha es llana, que ayer le encubría su hermana y mi amistad juzga aleve. Bueno agora llegar fuera. Fuerza es ir donde me llama. Ven. . Quién me busca? Una dama sale. Y le detiene. . Espera. Si las gracias quieres darme de haberte servido ayer, no es ocasión. Si don Feliz aquí no está, dice que en la puente Segobiana me espera, con que esta vez tendrá nuestro duelo fin, y con el nombre que entre en la Corte, me llamo acción propia de quien es, pues me busca para hallarme, y encubrirme, mas que ven mis ojos? . No has de irte. Cielos! qué miro? Yo volveré. Su maldad es cierta, aguarda, si no es que en tu proceder injusto con lo traidor compite lo descortés. Celos pide, o vil amante! Celos tiene, o vil mujer! Qué dices? Tan grande hazaña fuera en un hombre de bien saber callar un defecto, que amor disculpa; saber cumplir por ti, no por mí de Caballero la ley, finezas que son delitos se han de encubrir más de quien me quejo, yo la culpada soy, pues de ti me fie. En estos más adelante está el amar, que el querer. Habla más paso, y advierte (buena mi fortuna es) don Feliz, culpa el silencio, y la voz culpa Isabel. Qué tema yo, que mi padre vuelva, para no poner fuego a un ingrato tan vil? Que ya en la campaña esté don Feliz, con que no puedo vengar pena tan cruel. Las demostraiciones mismas lo dicen. . Eso es querer infamar a quien te sirve. Yo estoy mortal. . . Su doblez sufrir no puedo. Conozca su ingratitud. Piérdase todo. Qué es esto? . . . Mi padre Hoy requebráis, bueno afe, sabed que es un desafío. el que os aguarda, y sabed, que los más que le desprecian; no van, o no salen de él. . Señora, ya está ajustado todo este lance, y muy bien. Guardeos el cielo. . Leonor ablaste a doña Isabel? . No señor y siendo para reñir, Pues poco importa. , que al cobarde, y al valiente: Señora. . Dejadme. Ven. Quién vio ademan tangrosero, porque el valiente dilata hay más graciosa mujer. Caballero, mandáis algo? Solo serviros. Yo haré, que mis celos, y los tuyos, en igual balanza estén. Vive Dios, que es ya muy tarde, . Si esperado habéis, que son cerca de las diez. No te entiendo. Qué pronuncias? No me agradezcas, infiel, lo que oculto que me obliga a no hablar el no, toder. Hay pena más inhumana. . Nada en cuanto admiro sé . Dios libre a Carlos del riesgo Es la Torre de Babel. Sin mi estoy. s Quedamos buenos, honor, y amor, , . . Ha, mi bien, pues yo, cuando? Vaya el necio. . Vamos Isabel. . Calla, lirés La muerte alivie mis penas Fuego en los hombres, amen, y en quien no los quiere mal a todos menos a usted. , s

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Cualquiera el esperar siente, mas da en todos que sentir, la pasión que los desvela, el ánimo los maltrara, lo que el cobarde recela; mas ya en lo que miro fundo el fin de este efecto vario, que el padre de mi contrario, él, y también mi segundo. por tres partes diferentes llegana para que nos disculpéis, culpad los inconvenientes. Mi padre aquí con don Luis, qué es esto? . Quién ha visto mi lance a don Carlos? . No os tardáis, pues que venís. Su venida fue acción loca. Antes de empezar el duelo. Por la cuenta aquel mozuelo, . Pues yo tengo que decir, es, con quien reñir me toca. Que atendáis la causa es bien. A darme su queja va, ese preámbulo está de más aquí. Y vos también. A vuestra opinión me allano Ninguno me ha de impedir. Puesto que se ha de reñir, ya es tarde. Pues sea temprano. Qué es aquesto? A quién tiráis? . Dejadme. No me estorbéis. Sin duda me conocéis, pues la espalda me fiais. Don Luis, evidencia es llana, que de mi aviso llamado vienes; pues dije al criado, que en la puente Segobiana te espero, y aunque explicar la causa mi voz no quiso, (porque no diera el aviso al mozo que sospechar) que entender pudiste arguyo, (si agora no lo previenes) que por mi segundo vienes, pues trae don Carlos el suyo; y así, ya que en ti cesó la duda, y en mí el espanto, cumple contigo, entre tanto que conmigo cumplo yo. , . Señor, déjame reñir. Tened, que hay que averiguar. Esperad, que hay que advertir, en cuanto vos que pensar. A don Feliz, don Luis os dijo, sin duda lo que importara, que mi nombre se ocultara, que lo acetaistes, colijo, de que prudente encubrí quien soy, a vuestro criado, pues vengo desafiado, con el nommbre de don Luis: si ya el ser quien soy no explico, no habrá razón que me apoye, y aunque mi padre me oye, que soy don Carlos publico: el recado que llevó el mozo, le recibí en el Carmen, para mí era, y a mí me le dio: paso, porque esté presente mi padre, si bien lo paso, porque no da tiempo el caso de apurar el accidente: bien fuera, que no se hallara adonde teñir me viera, pero mi padre no fuera, si reñir no me dejara; y así a no volver me obligó sin dar logro a mi deseo, pues en campaña me veo llamado de mi enemigo. Quién vio este lance jamás. Mi silencio el error crece. Decid lo que se os ofrece, tendré otra noticia más. Tu sangre se te ha olvidado. Yo soy el desafiado, y he de matar, o morir porque la dama no dije, que en mi posada encontraste, a mí me desafiaste, de este papel se colige. La queja evidente, y clara, que os ocultó más en breve. en el Ángel, y a las nueve, diré Don Feliz de Lara, este don Pedro me dio, de este, el sobre escrito es a don Luis Pachecho; pues: si mi espada se sacó en el campo, quien dudar (sabiendo lo que sucede por este testigo) puede, que he de morir, o matar. Vuestro es Pedro el delito, pues vos tomando el papel, me impedisteis quitar d el el errado sobreescrito, y fue cauteloso el trueco por librar. Ved, que decís, vos don Carlos de Solis sois, y vos don Luis Pacheco. Yo soy, quien a tu aparente engaño le contradije, que siempre quien soy te dije. Y yo, quien a tus pies. Tente, que en campaña es acción fea. Di, cual si de un hijo es. Ponerse un hombre a los pies de otro, aunque su padre sea. En dilatar la ocasión, mi crédito se aventura. Pues la brevedad procura mi acero. . La dilación esta vez es tan forzosa, que está desnuda la espada, y no la ve desairada ninguno, que la ve ociosa. Caballeros, será bien; ya que en un duelo tan grave, que se ha de reñir; se sabe, que se sepa, quien con quien? Yo al que llame encuentro aquí Yo busco al que me buscó. Este papel tengo yo. Y yo soy el que os le di. Ajustad las conelusiones, aquí para todo estoy, que en el campo, nunca doy con voz las satisfaciones. A mí me quiso enviar ese papel. . Llegó a mí? Llamado al puesto salí. Por segundo os fue a llamar, quien fue no por enemigo. Mi duelo es anticipado. El mío está ejecutado. Así es. . Reñir conmigo fue la intención. La intención en los casos, tan ajenos del ejemplar, tiene menos fuerza, que la ejecución Por excusarme del daño, de parte estáis de mi afrenta. Mal habéis hecho la cuenta; esclava es hoy del engaño la razón, y bien lo fundo; pues en el sitio que estáis, es preciso que seáis vos de don Feliz segundo, cuando serlo yo prevengo de don Luis, que este prolijo azar hay, paciencia, hijo, Sed padrinos. . Se resuelve mi punto en que nada vale, quien como segundo sale, si como padrino vuelve. Ya tiene mi mal consuelo en mi industria. Ya os espera don Luis. elia Ley injusta, fiera, y tirana es la del duelo. Y advertid, que si quedáis vos, y Carlos, sin qué impida vuestra causa alguna herida, donde se fenezca estáis; ya que en lance tan severo, por seguir, la ley del mundo, la razón es lo segundo, y el engaño es lo primero: partid. Eso aguardo ya. Que infeliz se me prefiere. Si el acaso no le hiere, la cólera no lo hará. Quién vio suceso tan vario. de la dama, reñir debo, Que no mereciera, os digo, el nombre de vuestro amigo, sin el de vuestro contrario. . por don Carlos de Solis, , tuvo a don Luis, y don Luis Pues de la mano la espada perdí, te pide postrada. Y humilde ya mi altivez, que me des la vida. Yo, hijo, te la doy, que no será la primera vez. porque con quien vengo, vengo. , , Herido estoy, y ya en vano muevo el pulso, pues flaquea. Amigo, este lienzo sea, hasta después en la mano, algún alivio. . Que fue? Una punta, cuyo mal es leve. . Y a ser mortal llega en mí. . Supuesto que impide que prosigáis, vuestro duelo es evidente, que os embaraza el siguiente; y en tanto que mejoráis, queda suspenso: los dos conmigo habéis de venir a vuestra casa: inquirir la que vivo podréis vos, que a vuestra posada es vecina: en ella esperad a que yo vaya, acabad, id solo; y vamos los tres. . Si a satisfacerlo no acude don Luis, la duda que llevo pues juzga, que reñir pude. . Como en mi padre el error, ignora, quien es Leonor. . Valor tiene, a lo que siento. . Ya con don Carlos no cabe negar de anoche el suceso; y ya si se le confieso, También tiene entendimiento quién es el que busca sabe. . De mi hijo por criado tuve al que el pliego llevó de mi hijo; pues quien dio el pliego al que le ha llevado? Lo que debo he de saber. Todo lo he de averiguar. Mucho queda en que pensar. Doi Luis me da en que entender Y si lo que el alma piensa; se ajusta a lo que sucede, mostraré como ser puede, labar sin sangre una ofensa. i, . Si estaré de Palomeque libre ya, que en su maleta dizque una balona falta, y cuando a componer llega: el hurto, por la balona me quiere dar una vuelta. Aquí se entró, y aquí está: Él es, Dios me dé paciencia. Yo vengo. . Ya lo presumo; a pedirme perdón. Tenga. . De qué? Mire, poco importa, que la balona se pierda. Paréceme que la veo. Deme una carta. Usted juega al quince. Ya la veinte y una. estocadas, si me emperra. Cara de cochite herbite, ciego estás, pues que me tientas. Dos letras de allí me faltan, luego al punto me las vuelva. Hombre, repara, en que yo soy lego, y no tengo letras. Mira, que me importan mucho. El A. B. Cte provea. Pues se burla. . Tente diablo; las letras son buenas. Buenas. Y se cumplen, para cuando? Antes que llegue cuaresma. Pues letras buenas, que agora se cumplen, ya yo sé de ellas. Adónde están? . Es forzoso que Juan Hidalgo las tenga. Oye, ahorrémonos de cuentos. En ahorrándonos de cuentas. Ay desdichada de mí, media vida traigo muerta. Oh infame, quien te acabara de matar esotra media. Quién está aquí? Dos criados. de otros, y de usted. . Escierta, (quién duda que lo será, pues ha sido mala nueva) la noticia de que nuestros amos, y otros dos pelean en el Ángel. . Son demonios, con él será la pendencia. Vive Dios; que no parecen, y que puede ser que sea. Quién te lo ha dicho? El cochero. Es noticia verdadera; porque los cocheros saben todas las cosas mal hechas. Voy a perderme por mi amo. Admírome, que le quieras tanto, comiendo su pan, que raro ejemplo decientas. Y tú no vas tras el otro? No, que vengo a que se avenga con mi señor tu señora. Hoy viene errada a la imprenta hijo, tu tercera parte, y harás mal, sino la enmiendas; pues no te da por ahora el Consejo la licencia. Y Leonor, que hace? Qué hace de rabias, de iras, de penas, de furias, de celos, de ansias está, como un mal poeta, que ve celebrar a otro, pues no ai cosa que no muerda. Que compasión. . Yo aseguro, Escamilla, si la vieras, que tú, con ser tú, llorando te hicieras carnes. Tolendas. . Vete, mas ay desdichada, que un hombre (y temo que fea- don Pedro) ha entrado. Y adonde he de esconderme? Aquí . Templa . el paso, que precipitas atropellada sospecha. . Ay, que según Leonor dice, este es su hermano. En mi ofensa esta es cómplice. Mandáis algo, Caballero? Reinas, serviros, a mí señora doña Leonor la quisiera besar la mano: , No estando su padre en casa; es materia dificultosa. Mal hago, si aquí mi rigor no apremia esta mujer a que diga lo que sabe . Linda flema . gasta, cuando con más miedo estoy de él, que de ser vieja. Decidme. Ay, qué es cariñoso. . Del desengaño la senda se elija, no se malogre en la omisión la evidencia, como estáis sola. No estando acompañada. Discreta, y hermosa sois. Así Dios me salve, que me requiebra, ay, que me ensancho. Mujer, de esta daga, a la violenta acción morirás, no dando a mi pregunta respuesta. Japón mío de mi vida, ya se me arranca la lengua por hablar. Quién me juzgaste hoy, cuando haciéndome señas te miré. Don Luis Pachecho. Levanta . Muy norabuena. No receles. . No ay de qué. Cuerpo, asomad la cabeza no más, que así, así un poquito luego han de daros en ella. Ines, y un hombre; y hablando; y yo no entendiendo. . Deja a mi temor encargado el silencio; y por su cuenta. Toma esta sortija. . Ay, ay Cosa es justa, porque es fuerza, que sortija, y en mi mano, oscomo anillo al dedo venga Qué bien corre su fortuna, pues la sortija se lleva. Para, para. Señor mío, si aquí te ven; yo soy muerta. Quién habita en este cuarto? Nadie, que un marido espera. Quién será este hombre? . . Entremos donde la diga Yo he de hacer, que él mun- do entienda, que sirve a la honra más, que el arrojo la prudencia. Qué bien la Madre Priora barré, partiendo las celdas. , a Señora, aunque nunca he visto a doña Leonor, es fuerza que la digáis, que aflígida una mujer a sus puertas se ampara. Quién ha llegado en esa carroza? Ay pena mas inhumana, la misma que en mi casa me desprecia es la que busco en su casa. Cómo, hay amor! en afrenta . de su dominio a Isabel, aquí mis celos encuentran. Porque con destino adverso . quieres infeliz estrella que la causa de mis males a multiplicarlos vuelva. Ya he de hablarla. Ya he de oírla. Que agora saliniio pueda a dar noticia a mi amo, de que allí un hombre se encierra. a ver que mi padre arriesga Qué mandáis? . A suplicaros (válgame la voz que corre) un favor vengo, y quisiera quedar sola. Llega sillas. No hay más que dos a la oreja. . Mi atención lo Por si aichisme, estoy alerta. a iced, lo de ser su sierva, Vamos, donde la responda a uced lo de lo soy vuestra. Callare, y es razón doble, . que el secreto no se sepa, porque el Carlillos es mozo, que da de todas maneras. Juzgando no haberos visto a vuestra casa me entrega un susto, y otro resulta de haberos visto, que es fuerza, cuando os reparo, y me acuerdo de la inusada extrañeza, que en vos admire; negarme a la comun diligencia de pedir, que atenta os logre mi voz, que necedad fuera en mí, cuando ya os conozco solicitaros atenta. Mucho os importó, sin duda, vuestro estilo es la experiencia, que agasajo tan pulido, que lisonja tan discreta; pues como, mas yo me cobré, . porque si no se reservan mis celos de su noticia apuesto a cual es más necia; pues como no me disculpa en una acción tan grosera la misma acción; como, pudo (alló del yerro la enmienda) estar mi discurso en mí, su ser en la controversía de un duelo. Pues desde entonces lo sabéis? . Luego fue cierta te este acaso la voz? . No se compadece preguntarla, y proponerla: Yo digo lo que recelo. Yo lo que sé Pues materias tan del alma en el discurso a las demás, prebalezcan, que sabes? . Lo que me obliga? a venir donde me albergas: Leonor tu hermano, y el mío por una antigua quererla salieron a la campaña, donde los segundos eran don Pedro, y don Luis; yo tengo la triste, y segura nueva de un criado de don Feliz; no porque vio la pendencia, sino porque atento estuvo sacando las consecuencias de los indicios, y luego al Carmen fue, donde encuentra a don Luis, que presuroso partió al puesto en que le espera. Considerando el peligro que corro en esta tormenta, la ropa eché al mar, huyendo del naufragio a remo, y bela: cuanto resulte me ofende, que la próspera, o la adversa, de un hermano, y de un amante, suceda lo que suceda, o mi sangre sobresalta, o mi pecho desalienta; y así para cualquierlance es el umbral de sus puertas mi sagrado, que a don Feliz temo (si el cielo que vuelva permite) por que resguarda mi castigo en su cautela, sin duda hasta que en el campo quede el honor sin la queja por dar luz de la venganza, primero que de la ofensa: si Carlos (quiéralo el cielo) libre del peligro queda, es preciso que conozca en la fe de mis finezas el mérito de las suyas con esta acción, pues resuelta, conforme, segura, animosa, noble, atenta, restada, valiente, firme, constante, activa, y expuesta vengo a la nota del vulgo, línea a quien el honor huella, en cuyo paso deslizan muchos de los que tropiezan, y todos los que resbalán, en cayendo se despeñan Que así una traición se entable Que así un afecto se mienta Que a escaparme, porque el otro no me siga, no me atrevo. Mira que el nombre equivocas de lamente que te aumenta el susto, pues a don Carlos nombras, y a don Luis recelas. Bien dice Leonor Don Luis, solo es digno de que sea por su proceder aleve, el blanco de mis violencias: ayer cuando vi a don Carlos hubo un lance, en que la fuerza de mi destino dispuso, que a don Luis me descubriera; juzgando que así quedaba de don Feliz encubierta: y don Luis, según colijo, falta a la ley que profesa, pues don Feliz tan airado, llegó anoche a mi presencia, que me refinó el semblante lo que don Luis le rebela: hoy cuando le via Prosigue. Desengaño feliz, llega. Impelida del enojo, que causa tan vil sospecha, se la diha entender con voces; más airadas, que compuestas. Vuelve a vivir esperanza. Permita el cielo que vea, como la de amor, la duda; de la honra, satisfecha. Luego todas las injurias Isabel. Quién es el que entra? Agora acá estamos todos. Tú a mi casa, con bien vuelvas. Y don Carlos? Yo lo busco. . Y mi padre? Bueno queda. . Y Dn Feliz? Está herido. . Dónde? En la mano derecha, El es amigo de fruta, siempre le dan para peras. Ay de mí! No es de cuidado. A mí señor daré cuenta del incognito. . Remedios . del honor, estad alerta. Escucha, sin que embarace doña Isabel. . Tente, espera, yo estoy sin advitrio, el caso que a referir vas, la idea en imagen es, que el riesgo confunde, me representa Isabel, refiere un lance, que la mayor de mis penas alivia; tú allá contigo consulta lo que convenga, cumpliendo con todo, y todo os se restaure, o se pierda. Advierte, . Sígueme. Oh cuanto destruye una infame lengua. Saldré, si resuelve el irse. Qué es esto? Pan, y manteca, en comparación de esto veo, que si Leonor te desdeña, es por saber que te escucha un galán, quien en esa pieza Ines escondió. . Qué dices? Lo que es la verdad. Pues muera, o piérdase, o se restaure todo, que así lo aconseja, quien me ofende. Hacia este lado tiene la retilla izquierda. Quién profana. Quién pregunta, Absorto estoy. Si no encuentra salida que le disculpe, toda mi májima cesa. Cómo, don Carlos; oculto estás en tu casa? . Deja lo que me toca; en mi casa, como; don Luis, con tan ciega resolución? . No preguntes lo que sabes, si te acuerdas. Que sé Que de tu honor soy vigilante centinela: tú me lo mandaste, supe que en ese cuarto se encierra por mano de una criada un hombre, mas no quien era, y aventuro por servirte la vida en la diligencia: sales, vesme, y admirados, yo con causa, y tú sin ella, tu preguntas, lo que sabe es; yo lo que no sé, y en estas confusiones te sublico, que el escrúpulo suspendas, o permitas, que desista tu recelo, que será desconforme recompensa, cuando yo espero las gracias, el que tú me des las quejas. . que mi honor alcanza, le puede ser convenencia, que la ofensa se prosiga, para que cese la ofensa. Señor, tu despejo alabo, porque te burlas de verás. si bien atender pudieras al escándalo. . No pude, que al querer con la violencia nivelar las atenciones, faltó del niver la cuerda. Que me buscabas, dijiste, cuando entraste. Hablar quisiera contigo (por si pudiese cvitar lo que sospechas) sobre el duelo, que en el campo ha sucedido. . Es materia, que se incluye en otra: yo te cito a una conferencia mi voluntad se enajena. de mí, por seguir la tuya. Oyé. . Di. Vete allá fuera. . No quiero Anda norámala, Escamilla. Norabuena, el que sustenta despida, y pida el que no sustenta. . Don Luis, ya ves, que en tu amistad la mía sin que se cumpla el término de un día, el tiepo suple, y en los cortos plazos de los grades empeños forma lazos, donde tan firme el mérito establece, que antigua yace, y duración merece. de la acción que me encomienda. Hoy invoque tu auxilio generoso, para inqueriratento, y receloso, quién es aquel que piensa contra el renombre, A quién sino a mí en el mundo proseguir sin castigo con la ofensa, ofender con amor sin la venganza, y en prendas tú de lo que yo te fío, me diste el albedrío, que aún no estaba la májima dis- puesta, Don Luis, el perdón te pido, cuando tu actividad fue la respuesta: ya en el favor D Luis experimentó, que esfuerzas mi designio con tú aliento; mas ya en vano al examen aven- turas, porque ya sé lo que saber procuras: ya el autor de la injuria no le ignoro ya la duda cedió, ya la evidencia ocupa su lugar con la experiencia, ya alcanzo quien brofana mi decoro, y en fin ya he visto al que con fe cons- tante es de Leonor correspondido amante. Le has visto ya? qué importa más. . Para todo . Cómo te estoy mirando (do Por mí lo dice, pues acabe, cuan no lo ignoras, la ofensa en el castigo De ti me he de valer, don Luis, amigo. L. no lo dicepor mí, tiranos cielos mas quisiera su enojo, que mis celos, pronto a servirte estoy, la forma elije Templa la voz, la cólera corrije. Qué discurso no alcanza en un atrevimiento a lo que obliga, haga el valor lo que el honor le diga. Culpa en quien ama su pasión recela, (tela. y la inquietud con la amistad cau- Ha fementida ingrata. Don Luis, el que no trata tan delicado punto, si dejarse llevar, yerra el asunto, y a su opinión la guerra, hace con las demás el que le hiera. Declárame tu intento. Antes, Don Luis, que te réclame atento, pues mi congoja infieres, palabra me has de dar, como quien eres, de que a lo que te fuere proponiendo, con tu capacidad has de ajustarte, sin que pasión alguna entre a la parte, o reprobando sea, o concediendo. Yo te la doy, y es la forma, y como me la pides, don Carlos. Yo la tomo, y ahora te doy la mano, de que no salga en vano el prevenido examen, que en sabiendo el dictamen, que en tu consulta merecer procuro ha de quedar el pudonor seguro, tu advertencia lograda, y mi satisfacción deliberada. Di, pues, que ya cumplir conmigo espero, lo segundo es mi amor, mi honor primero. Escucha, mi cuidado diligencie que en su causa sea el juez, y la sentencie un Caballero de lustre: a doña Leonor pretende, sin que lo sepa mi padre, con el justo fin que debe, y en sus méritos no hallo defeto que se dispense, amante le corresponde Leonor. Ah tirana aleve. Delito en quien es tan grave, que la indignación merece con que le noto, pues libre, y a su obligación rebelde incurre en ser necesario, que responda a quien la acuerde su descrédito, lo propio que dicen cuantas mujeres se aconsejan con su advitrio; pues afirman, que no pueden contradecir los influjos que predominan, y siempre siendo terrenas las culpas, son las disculpas celestes. Yo llegué ayer a la Corte, y hoy sé lo que te refiere mi amistad, mi padre ignora quién es quien su casa ofende; yo no, con que a mí el suceso la satisfacción comete, la satisfacción se toma por dos medios diferentes, o a prudencia la ajuste, o el enojo la ensangriente: si me inclino a la venganza, es preciso que me arriesgue, a que se juzgue la ofensa mayor, que lo que ser puede: si a que los enlace el yugo me resuelvo, es resolverme a lo que nadie, pues nadie es bien que un delito premie, y si no elijo algún medio de estos dos, tiranamente procedo contra mi; injusto derogo de honor las leyes, porque desde aquel instante que supe lo que sucede, no hay un minuto en el tiempo, que fiscal del ocio cese de instar, para que la injuria, o la embarace, o la vengue: y así don. Luis, tú que asistes. a mi mal, ya advitro eres en el empeño, pronuncia, o la sentencia de muerte, o el indulto que ministro, ejecutor has de verme del decreto vocal tuyo, sin que un átomo discrepe mi obediencia: la palabra. me diste de defenderte de la pasión; y la mano. te di, don Luis, de exponerme a lo que expliques, repara que en lance de honor tan fuerte, yo he de hacer lo que tu mandes, mira tú lo que resuelves. Quien si no es yo, contra si . pronuncia, miento mil veces. no es contra mí, si obligado está a decir lo que siente un hombre, no es en su contra, cuando cumple lo que ofrece: que pierdo en perderte, ingrata, si siendo ingrata, es perderte lo mejor. Don Luis, que aguardas, si estoy de tu voz pendiente? Recópilo en la memoria las circunstancias más leves, por si hay alguna entre tantas, que con mi opinión se encuentre. Pues ya que logra el sujeto la piedad con que le atiendes, di, que dificultas, antes que le absuelvas, o sentencies? Sabes, si este Caballero en fe de amigo, o pariente de tu padre, entra en tu casa, porque siendo así, le ofende con tan injusto gravamen, que es aleve, y no es aleve, no siendo así; pues tan corta es la culpa que comete un galán, cuando una dama con igual sangre pretende, que está en si es culpa, o no es culpa. mi opinión indiferente. Antes de poner los ojos en mi hermana, conocerme no pudo, ni de mi padre se valió. Pues dejen, dejen (yo estoy mortal) de llamarse las dudas inconvenientes. los dos felices amantes. (el nudo mi aliento estreche) el premio de sus finezas (quien este rigor padece) alcancen, consigan, logren, (valedme, cielos! valedme!) amparados de tu auxilio, para que al tálamo lleguen con amor; que los conforme sin azar, que los moleste. . Cumple con quien es. Ay triste! a Dios. Aguarda. . Qué quieres? Qué asistas, adonde veas la ejecución tan en breve, que te admires. No me mandes, don Carlos, que esté presente. Yo he menester, mas que nunca, tu persona, que ser puede, que el Caballero resista. lo propio que le conviene, y quiero que estés delante, cuando yo le de la muerte, que ya mi prudencia sabes, y no es justo, si se ofrece, que me averigues lo cuerdo, y me ignores lo valiente. Pues para que se dilata lo que importa (ya fallece mi respiración.) No es tarde. Dime, cuando podré verle? Luego. . En qué parte? Muy cerca. . Dónde? Aquí. . Quién es? Tú eres, a quien ha de dar Leonor la mano? . Que te la bese permite. . Don Luis, espera, espera, don Luis, y advierte, que en lo que resuelvo, ay solo un escrúpulo aparente, no esencial, que si negaste, cuando yo lleguéa valerme de ti, que eres tú el amante, y si después te previenes de engaños, que disimulen la inclinación que no vences; mas fue respecto, que ofensa, que ningún amante debe desengañar al hermano de la dama que pretende; antes viendo que peligra quien adoras, al saberse fuera infamia; y así es fuerza, que en mi estimación te aumente el silencio que prosigues con la cautela que ejerces. O quien hallase, don Carlos, palabras con que. Don Feliz. . Y don Pedro? Como un rayo aquel. Como un trueno este. , Juntos corren. . Llegan juntos Escamilla, Palomeque, tú a don Feliz, tú a mi padre, diréis cuando los dos entren, tú a mi padre, que yo estoy en un peligro evidente, si no se llega a esta puerta, y tú, que don Luis padece un grande riesgo, si no llega a esta puerta don Feliz. Bien está. . Pierde cuidado. Quien tuvo tan feliz suerte, Entra, donde mi palabra te cumola. . Yo. El tiempo pierdes, estimo lo que aconsejas, y excuso lo que agradeces. Esta gente está en un atrís. Yo temo un lance cruel. Mi honor ofende Isabel. Mi casa afrenta don Luis. Hoy, Isabel, me decís, que se ha valido de vos, cuando nos vimos los dos, y juzgo por lo que pasa, que está, pues falta en mi casa, en la vuestra, vive Dios. Don Luis procuró eximirse de hablarme, y de responderme, y por no satisfacerme, se apartó sin despedirse; mas hace mal, que encubrirse no ha de poder de mi encuentro, sino me oculta el centro. En nuestro mal no hay espera, don Luis se busque allá fuera, pero Isabel aquí dentro. Mucho temo, que la herida de la mano se os máltrate. Plegue al cielo, que remate en mí la afrentosa vida, Señor, si tu amor no olvida. Señor, si es tu amistad cierta. Ha don Carlos, está alerta. Con don Luis su fin se acorta. qué hablarle a esta puerta importa Si no le hablas a esta puerta. Calla, y vete. . Vete, y calla Don Feliz, que permisión me deis, de ver si está aquí vuestra hermana, es lo mejor, y así, aguardadme. Está bien. . Don Carlos. Don Luis. . Señor. Amigo. . Quién a mi lado está es mi dueño. . Yo soy esclavo de la que ves. De este empeño. . . De esta acción Tu prudencia. . Tú amistad La voz sea. . Sea la voz. Que a don Feliz. Que a don. Pedro. Sin duda. . Sin dilación. La publique. . La declare adón Luis tan presto? Y si al odio. . Y si al rencor Le conmueve. . Le dispone Yo constante. Daré al riesgo. Venganza. . Satisfacción. Con la vida. . Con el alma. Por Isabel. . Por Leonor. Esto es fijo. Aqui no hay más. A Dios, padre. Amigo, a Dios. Don Feliz. . Pedro. , Felia. Agora saldréis de un cuidado vos, y yo entraré en otro, y a doña Isabel pareció. También don Luis. , a Dónde sales? No me sufre el corazón ignorar lo que resulta de este empeño. Aguarda. . No es justo apartar la vista de mi padre. En fin, yo os doy palabra, de que a Isabel la escucharé su razón. Yo os la doy, de que a Luis he de atender. Ya es menor mi susto. Ya mi congoja no es tanta. Dónde se halló a. Firme yo. . Daré al daño. . Aquí. . Cómo, ay cielos! Esa acción, es faltarme a la palabra. Pues quién os oculta? Yo. Vil hermana. Eso no es cumplir vuestra obligación. Permitid, señor don Feliz, donde interviene el honor vuestro, y de mi padre, que cúmplamos don Luis, y yo con la sangre nuestra, y demos a un tiempo satisfación, yo a mi padre por don Luis, y por mi don Luis a vos. Por cumpliros la palabra me reporto. Esa razón me templa a mí, que en lo mismo la palabra me empeñó. ̱ . Don Carlos ama a Isabel. Don Luis a doña Leonor. Al cielo se opone, quien se opone a la inclinación. La ofensa consiste solo en que tu ser la ignoró; mas no pudo mejorarse con tu advitrio su elección. Con don Carlos tu disgusto antiguo se originó por Isabel, y no quedas de ningún modo mejor, que casándola con él; porque la reputación está en duda, hasta saberse el fin que tuvo el amor. Cuando una ofensa es tan leve, que no infama la opinión con el remedio, ni deja indiferente el rumor del vulgo; porque igual quita la murmuración, labar sin sangre una ofensa, es el crédito mayor. D . Tú me apremias. Yo te obligo. Tú te empeñas. Si señor. Dime la causa. Después. En qué extriba? En nuestro honor. Pues, y don Juan de Quiroga? En el propio galeón que vino, puede volverse, que primero es tu opinión. Así es la verdad, don Felia yo me ajusto a lo que vos. Tiempo en este lance falta a la consideración. A todos nos tiene en babla. Quién? . Don Feliz. Buena flor es hucerse de rogar. Ablándate, Faraón. Acabad, que solo al rumbo que tomáis atento estoy. Supuesto que soy dichoso en ver tan igual unión, ya que se lava una ofensa sin sangre, lavense dos. Lávense muy norabuena. Próspero fin. Noble acción. Esta es mi mano. Y la mía es esta. Gracias a Dios, Casaronse? Sí: Pues vayan dos suplicas, dad, señor, de los hierros, y la muerte que hizo don Luis, el perdón.