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Texto digital de El laberinto de Creta

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Juan Bautista Diamante
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El laberinto de Creta. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/laberinto-de-creta-el.

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EL LABERINTO DE CRETA

Amaina; amaina; amaina. que la piadosa tierra nos socorre del furioso cómbate de las hondas: echa el esquise al agua, el pie la arena toque, (rra; arroja el ferro, y el trinquete afe dale fuego, da sondo; a tierra, a tierra. En hora feliz Teseo, de Atenas traiga a la Corte, en Hipolita rendida, la estimación de los Dioses. Decid que Toseo viene prisionero, porque logre Hipolita de su aplauso, las justas aclamaciones, la. En hora dichosa venga, para aumentar sus blasones, el triunfo de las deidades, por trofeo de los hombres. Qué Hipolita, victoriosa viene, las voces pregones, porque dos veces Teseo, con un laurel se corone, Dichosos al Amantes. . Felices. Conformes, los hizo opuestos la Porque el amor los corone. (ira Pues canteni. Publiquen. Sus glorias a sus nombres, con voces la foma! con ecos el bronce. Mal pudiera el regocio, de tantas adlamaciones, no alentar de mis pesados pies el movimiento torpe; llega a mis brazos. Tus plantas mi amor por descanso escoge, porque a Hipólita, señor, el de tus brazos le toque. Perdonad señora al ver mis tiernas demonstraciones, si los afectos de padre, me olvidan las señas de hombre, mas ya cobrado, advertid que los brazos que os acogen, mi grosteria disculpan, y acuerdan mis atenciones. El delito de estimar a Teleo, es tan conforma a mi inclinación, que siento que las disculpas le apoyen. Cómo venís? . Yo, vencido. Yo, vencedora. . No corren, con las señas las palabras, pues en nada corresponden; cómo tu vencido y tu vencedora? Escucha. . Oye . Romance? El Rey puso el cabe, y cada uno tirole. Los Reyes de Atenas deben de ser muy preguntadores. Después de aplusos, victorias, y triunfos, cuantos componen el vago cuerpo del aire, con las glorias de mi nombre. A Scitia partí, ambicioso de laureles que me adornen; que en los aumentos del garvo, son justas las ambiciones. A Scitia partí, retiro, cárcel, calabozo, donde derogado el privilegio. que concedio el cielo al hombre, vivio tantos años, pues entre míseros baldones, con infames servidumbres, que su ser injuria noble, vasallo vivo, por ley; de las mujeres, que imponen las propias mujeres, siendo aquel rendimiento dócil, que por natural decreto, soberanas las propone, violento yugo precisa sujeción, dominio torpe, que los rija, los gobierne, los sujete, y los baldone. Dejo esta noticia, y paso a que enmendar el desorden, a mi parecer injusto, llegué de Sciria a la Corte. Pero apenas descubrieron de sus altos torreones el ejército, que tantos sustos le ha debido al Orbe. Cuando por la Occidental puerta, en bellos escuadrones, rencor fuese, o osadía, que no lo discu rri entonces Estilo fuese, o crueldad, fuese mantener el orden que herede, o fuese buscar a la razón más razones. Con mis fuertes Amazones cubrí el campo, y con las voces. de instrumentos belicosos poblé al viento las mansiones. Cerca los dos campos ya, tanto que se reconoce ser el que atenidio ofendido de damas, aunque feroces. Mudando de intento, fueron precisas mis atenciones, que a vista de la hermosura, no ido bservan los rencores. Alto mande hacer. . Y yo. viendo cosas tan discordes, como buscarme, y temerme según las demostraciones, hice lo propio? Mi intento fue procurar que se obsegven triunfos, que solo sirvieran de oscurecer mis biasones, a cuyo fin advertido; con pasos entre veloces, y sosegados parti- de Hipolita al campo. . Donde, viendo que solo vevías, a saber lo que propone tu cobardía, y tu brío, salí de mis batallones. Pero no dices el modo, con que a dar admiraciones, osada, y bella saliste, y pues tú lo callas, oye, que quien no puede olvidarlo, no sufre que lo abandones. En un tizón animado, que su perfección compone de cuatro elementos, pues retrato de todos noble. En la colérica espuma que cuaja, mar se compone, donde pez nada, aunque viento, en movimientos veloces. Donde qbe vuela, parece, y encendida hoguera, donde salamandra se acredita, siendo también tierra inmóvil, de la obediencia al precepto, donde se establece monte. En este, pues, atendedme, faliste, y para que noten su ligereza, o tu brío mis atentas prevenciones. Advertida pretendiste inquietarle, el que oye, sin voz, ni seña el intento de tus imaginaciones. De el movimiento garante, de el sobrepaso a los trotes. pasa, y sobre las caderas, luego a los cortos galopes, a las dos manos le mandas que acuda diestro, y responde con obedecerte, pues cuando tu arbitrio compone sus movimientos, en ti la intención se desconoce; pero en él no, pues atento a las leyes que le impones, de tu intención al dictamen, se quieta, y se descompone, se impacienta, y se repara, se apresura, y se recoge. Al lugar donde esperabas llegue, y al ver que me acoges. cortés, desde entonces tuve por humanos a los hombres. Pues al reparar tu aspecto, lleno de señas atroces, cubierto del fuerte escudo, guardado del peto doble, del duro fresno animado, defendido de rigores. Que eras deidad presumí; aunque fiera, mas mándome la experiencia que repare, no con pocas prevenciones en el engaño, al mirarte afable, para que note mi suspensión, advertida de muchas admiraciones. Viéndote, y viéndote, mas que de blanduras, y horrores. se hacen los hombres, notando en ti al cumplir este informe, que entre asperezas de Marte, caben ternezas de Adonis. De esa extraneza, admirada en, de mirarte yo inmóvil, ni aún esta noticia fuera posible adquirir entonces, pues callando los dos, dimos, según después se conoce, lcencia de que pudiesen hablar las admiraciones. Mas yo corrida de tanta suspensión, movi veloces los labios, y por disculpas solicité disensiones. Pero tan tibias, tan fuera de mis estilos feroces, que para iras les faltaron todas las esplicaciones. Solicitos los dos campos, de nuestras proposiciones, pues fue pacto, que el litigio de tantos a los dos toque. Partí yo, menos osada que otras veces, con desorden, tan no usado, que las iras ocupé en demostraciones. Blandi el fresno, temple el bruto, compúseme en los arzones, busqué al escudo el abrigo, halle al estribo el informe. Y en fin para no vencer, creyendo que me socorre, mi hermosura, y que Teseo peligra en sus atenciones, calándome la visera, cubrí el rostro a sus temores, de suerte, que parecieron acasos las prevenciones. Quedó el Cielo ascuras, yo sin luz, y bien se conoce, pues ciego, al uso pagando, a costumbrados furores, sin saber por donde cerca de Hipólita templé el golpe, que amenazó su ruina, en mí, sin saber por donde. Mas no tanto, que a un gemido suyo mi razón no cobre, de suerte, que al ver la osada ceguedad de mis errores, volvió por mí mi advertencia, contra mi destino torpe; pues si la ofende este brazo, este brazo la socorre, para que uno la sustente, al tiempo que otro la agobie. No ha si vibora ofendida, al ver que el seno le rompe, parto vil, que ingrato paga, ver de el día los alvores, sacude el cuello encrespado, heriza la espalda indócil, y arrastrada en sus ultrajes, funda sus satisfaciones, como yo, al mal esperado herir, mude las pasiones, pues las que hasta allí piedades, fueron desde allí furores. Y fue porque imaginando, que mi atención galardone Teseo, al verme ofendida, del poco esperado golpe. La ingratitud desperto, mis iras hasta allí torpes, que los de la ingratitud son muy sensibles dolores. Ciega del enojo, dando de la fuerza los primores a un solo golpe librada, en los estribos, sin orden al herir, el golpe erré, no sé si lo senti entonces, mas se que al no hallar objeto, a donde el brazo repose, fue mi propia fuerza quien me sacó de los arzones. Perder, Hipólita, el fuste, precipitarme yo, porque el gravamen de las armas sus alientos no sufoque, fue tan a un tiempo, que atentos a mi diligencia noble, la recogieron mis brazos, antes que la arena toque. Descubrile el rostro, a fin ode que sin estorbo cobre, del cansancio, de la ira, perdidas respiraciones, Pero al reparar las luces; de que su sol se compone, en parte ardientes, y partes, trémulos los resplandores, Al notar como claveles, y jazmines se interpolen, con proporción, aformar de su cielo los primores, Al admirar, mas que digo, tus propios ojos te informen, conoterás si tuvieron que hacer mis admiraciones. Suspenso quedó, Teseo, sua de lo que propone, o sea que tanto triunfo le embarazó las acciones. Viéndome su prisionera yo, sin que el serlo me enoje, que es melindroso el recato; donde el amor se conoce, de la vida en el imperio, dominio le juro noble. Restirvidos quedaron, contra su observado orden, los hombresa su dominio, y tributaria a tu nombre Seitia, porque así su Reina, Hipolita lo dispone. A cuya atención debimos tú, y yo, que sin que la toquen las apariencias, de tantas orendidas demonstraciones. Cortandolíneas de espumas, paramos surqué salobres, hasta que a jurarte el feudo de Atenas, llegó a la Corte, Si ya no es que al verme a mí prisionero de sus soles, a gozar mi esclavitud. la traigan sus ambiciones. Y no dices mal, con que cumplido se ve el informe de venir yo vencedora y tu vencido, pues donde es tan noble el vencimiento, son trofeos las prisiones; porque vea. Porque escuche. Quién lo atienda Quien lo note . Que el afecto Que el amor . Triunfan. Ordenan . Disponen, Los des caplausos en sus vencidos, que los hacen vencedores. Segunda vez, generosa señora, con vos se honren mis brazos, ya en parentescos, si hasta aquí inclinaciones. Y segunda vez, señor, tan excesivos favores, disfracen mis rendimientos, con señas de galardones. Y de Chicharra no hacen caso los Reyes mayores, cuyo esfuerzo es mucho más que el de los pares, y nones? Chicharra? . Cuerpo de Apolo señor, que también me coge de medio a medio a mi parte de este triunfo. . Cómo?̱. Oye, llega tu Irenilla; vesla, pues mejor come un gigote: que le hace rendida viene, a este honor de Rodamontes, Amazona hasta aquí era, y dura, mas que seis bronces, pero yo fío que presto ella se desamazone, y si no ella lo diga. Grandísimos habladores. son los Chicharras, y saben menos que los chicharrones. Solo este hazar tus aplausos tienen, pues cuando recorre mi presunción, la memoria de tus hechos superiores, el feo lunar, de aquel tributo vil que los dioses impusieron en Atenas, para que Creta le logre aunque preciso le corta el paso a mis presunciones, Viendo que es padrón infame que a tus aplausos se opone y más cuando se apresura el tiempo que corresponde. A la imposición primora re validando el vil orden de sortear las doncellas míseras, y los varones, que han de ser pasto inocente del Minotauro disforme; pero esto no puede ser menos. . Cómo no? . Pícole. Cómo no puedes ser menos? pues hay más de que derogue, el valor contra el estilo cobardes imposiciones? Hay más de negar el feudo? Dos imposibles propone el valor, contra la fuerza de los hados superiores; ay Toseo, si supieses, que pretende el vulgo indócil de Atenas que sorteado seas tu . Quién interrompe, tu alegría? . Quién inquieta tu gusto? . No me respondes Nadie, hijos míos ha Cielos! disimulemos dolones, la terneza de miraros, solicita que te floren; las alegrías, a efecto de que los ojos las gocen Descansad, que al templo, cuando el aviso nos de informe, iremos, y en tanto, ha penas lo que crecen mis temores!) venid, señora, conmigo a donde mis atenciones, con la estimación que debo, cuiden de vuestros honores. Hipolita ya te apartas de mí? Porque lo dispone, tu padre así? . Y en efeto, concedes, cuando me oyes que de mí te apartas? . No. Pues qué tienes que te abone? Mi fineza. . Serás mía? Nada hallo que nos estorbe. El Reyos a guarda. Los al Vamos. Abreviad el tiempo Dioses. Monteros, por el camino, deciende el bruto velozpno sígale el paso, y la voz, tó Melampo: tó Barcino. qué haya quien busque espantosas fieras aquí entre terrones, pudiendo en las poblaciones audarse a ojeo de hermosas? Comino? . Tan buen encuentro, señora Flora? . Que, di, hacias? . Estarme aquí, como quien está en sal centro huyendo de los Melampos. Tu centro, que desatinos, son los campos? . Los Cominos somos de tierra de Campos; mas dónde bueno? . A mandar, que el ojeo se prevenga. Que cualquiera mujer tenga siempre gana de ojear? Así Fedra, y Ariadna, lo mandan, a quien siguiendo. tu amo el de Acaya viene, y el de Ciro, aunque sin premio, pues usando de Diana los ejercicios honestos, los desairan, despreciando todo lo que huele a Venus. Y parécete a ti bien este modo? . No porcierto. Bueno es huir de dos limpios, por andarte tras un puerco, mas que hace Minos? . Lo siente y con industria ha dispuesto, que con él los dos amantes, de sus dos hijas, atentos con el frenesí de amor, echen, y por esos cerros; de cuya causa ofendidas ellas, con muchos extremos, tan metidas en la caza están que se dan a perros, pero aquí el ojeo llega. Veamos en que para esto. Al monte, al llaño a la selva, que se embosca el bruto fiero, según avisa el latido de ventores, y sabuesos. Penetrad de aquesa monta aiomp el rústico seno, sin que ni en peñas, ni en troncos se olviden, ni grutas, ni huecos Escalad, a pesar del estorbo el monte soberbio, sin que ni planta, ni ojas se libren de vuestros acechos. Porfiado el ruido, prosiga, la intención, haciendo un rumor, que lleno de agrados, desmienta el estruendo. Hh del llano. Hh de la cumbre. Seguid de nuestros acentos. el rumbo, para que unidos prosigamos el ojeo. A la llanura, al camino, a la espesura, al repecho. De aquella rama el rumor. De esta rama el movimiento. me advierte. . Me avisa. to Muera. Quién de miraros no ha mues Qué veo? . Qué miro? Hermoso encanto? Prodigio bello? Donde las seguridades viven por cuenta del riesgo? Dónde el uso de las iras, ejércitan los luceros? Bellísima Fedra, a cuyo, divino agradable imperio, en fe de la estimación no se atreven los deseos. Qué escucho? Hermosa Ariadna, a quien llegan mis afectos, con tanta atención, que enmiendar las señas de atrevimientos. Licomedes? . Polidoro? Pues cómo vos desatento? Pues como vos atrebido. de mi descuido en acecho? Solicitáis. . Pretendéis. ̱. Fedra, Ariadna, que es esto? Una osadía, a quien tú, señor, das atrevimiento. No tenían buen partido; si tarda algo más el viejo. Pues viendo que de Diana imitamos el ejemplo, Polidoro, y Licomedes. Atrevidos, o groseros, con pretensiones indignas, perturban nuestros intentos. son unos grandes bellacos. Y este es embuste? . Lo pienso Hijas, ya es fuerza advertiros, que si hasta nquí vuestro empleo fue decente, ya es injusto; pues cuando sin heredero me veo, y en las dos miro los naturales opuestos, al estado que procuro, se me aumenta el sentimiento que me acuerda la ruina de vuestro hermano Androjeo. Androjeo a quien mataron los Atenienses, sangrientos, o envidiosos, por los triunfos de los Agonales juegos, en cuya venganza pagan el vil; el infame feudo a Creta, que al Minotauro sirva de humano alimento. Al Minotauro, ese monstruo, de humana sangre sediento en cuya custodia, yo temeroso de un suceso, que prevenido amenaza la ruina de mi imperio: de Atlante en la majia docta, en señado, a estos agüeros, tengo prevenidas guardas; con tan singular, tan nuevo modo de defensa, que está en los blandos acentos su seguridad, pues son de tan activo veneno las voces, que le defienden, por el propio Atlante hecho su encanto, que no hay oído, a donde lleguen los ecos, que amortecido, no rinda los sentidos al efecto de aquella música, a donde es la suavidad el riesgo. Bien que a este peligro sois las dos del propio Maestro instruidas el reparo, pues Atlante aún propio, tiempo en ellas puso el peligro, y en vosotros el remedio. Pues cuando ellas ejercitan con sus voces el afecto de enajenar los sentidos, no solo a las vuestras luego se cobran pero también toda su fuerza perdiendo las guardas, los albedríos rinden avuestros acentos, que fue providente industria del sabio, a quien la agradezco; que ya que hubiese de haber defensa para aquel riesgo, londe que mío se presume, de en vosotras, que es cierto, que en nadie tener pudieran menos peligro mis miedos. Preguntareisme, a que fin tan común noticia he vuelto a renovar? pero yo, que satisfaceros quiero diré que porque se cumplen; según fatales decretos, una amenaza, y un gusto, a mi sulto, y mi contento; y es el gusto, que en venganza de mi muerto hijo, ya veo cumplirse el plazo, de que de la vil sangre de Ejeo feudo llegue al labirinto, que al monstruo será trofeo, y es el temor de que ya se acerca también tu riesgo, que al Minotauro amenaza, pues en su ruina, contemplo mi ruina, adivinada. de magios conocimientos: bien que esto es menos creído de mí, supusto que tengo en vosotras el peligro; que me libra del recelo. Esto que oís, y estar yo sin otra esperanza, puesto que ya a mis últimas líneas, voy pisando los extremos. Me obligó a que a Polidoro, Príncipe de Sciro excelso, y a Licomedes de Arcadía Príncipe invicto, por deudos, a un tiempo elija, pasando la amistad a parentezco. Y aunque el interés de ver su cesores en el Reino de Creta es tan grande, mas, el vengativo pretejto, que la sucesión, me mueve, no se oponga a mi precepto, vuestra réplica, que todo, con mi voluntad es menos. Diles ahora que repliquen. Mas de la mitad por medio, ignoraba de estas cosas. Y yo, y todo, según esto, Y el labirinto es de voces. (do Cosa es clara. . Oiga el entre. Mas quién será el Minotauro? Algún caponazo viejo. Temiendo estoy su rigor. Temblando estoy su desprecio, En qué os habéis suspendido, pues respuesta no os merezco? Señor, advierte. . Repara. Hijas, de Diana el ceño se templaran que lo justo olvida las iras presto. Esto ha de ser, elegid las dos, pero tenga efecto, ved que al precepto os obligo; no hagáis que os límite el tiempo; prosiga la caza, vamos. Yo voy a sus luces ciego. Yo voy sin alma. . Advertid que a la Corte vamos luego. Las dejamos solas? Sí. Fedra. . Ariadna . queé oímos Si abandonadas nos vemos de Diana, a otra Deidad se rindan nuestros afectos. Su rigor averiguamos, en lo que consiente, puesto que nuestras ofensas sufre. De su rigor nos quejemos ofendidas. Ay de ti, Minos, que intentas violento, en ofensas de Diana, posesiones de Himeneo. Qué sonoro acento triste? Qué triste aunque afable acento desde el Templo de Diana llegó a nosotras? . Del Templo se abre la puerta, y por ella; fiando el rostro de un velo, una Ninfa hacia aquí mueve los pasos, y los alientos. Ay de ti que has conovido, con el injusto precepto, de Diana los enojos, y de los Dioses el ceno. En cuya venganza el monstruo morira, quedando dueño de Creta, que por tributo vendrá al Lavirinto ciego: y vosotras, que en el Casto, en el Venatorio empleo, desde aquí, divinas flechas trocáis a humanos afectos; bándidas, salid a ser, que así lo dispone el Cielo, en la ruina de Creta, disculpables instrumentos. . Qué asombro! Qué confusión! que haremos Fedra? Qué haremos? seguir al destino, dando a sus leyes cumplimiento. . Como Proseguid la caza. Ya nos avisa este acento. almonte, al llano a la selva, a la espesura, al repecho. Irene, y Teseo? ah Cielos. Del Templo airado salió, contra la suerte. . Cumplio; la pena mis desconsuelos. Hipolita? . Nada digas, que temo que mi valor no ha de resistir, señor, la terneza a que le obligas, Y Teseo? . No le vi. Ya con la suya imagino mi muerte, que tal destino, se haya de cumplir en ti? mas que alboroto es aquel? el Cielo se muestra airado, porque no se ha exceutado su decreto. . Hado cruel! Piedad Cielos soberanos. A Greta Teleo vaya. A los temblores del Templo se rompe, y se desencaja todo, y hasta los brocados dan en que se han de hacer rajas Cumpla Teseo el destino. Bárbara, infame canalla, no porque el Cielo lo ordena, no porque el rigor lo manda, no porque el temor lo pide, ni porque el furor lo encarga ha de ir a Creta Teseo, sino por honrosa palma de mi valor, que a la muerte desprecia las amenazas. Qué dices hijo? . Qué dices, Teseo? . Que no me basta, todo el valor, que a la muerte allí me precipitaba, para resistir aquí contra mi altivez osada la terneza de tus ojos, y la piedad de tus canas: Marsiade? . Que me ordena Que la nao de más constancia, contra las iras del tiempo, vergas en alto aprestada esté al punto, que a los hados la osadía se adelanta. Ay de mí, Irene. . Señora. Con todo secreto encarga, que una nao se apreste luego. Voy, pero. . No digas nada Vea el Cielo en mí que borro todas las viles estampas del temor, cuando valiente con presunción, a tan ardua empresa me sacrifican los anhelos de más fama. Vea el cielo en mí, que firme y altiva, cuando contrastan riesgos, y amor mi fineza, los temores avasalla, pues por librar a Teseo, pero dígalo mi fama. Vea el cielo mis dolores, mis sentimientos, mis ansias. Ya estás servido. . Ya estás obedecida . Vil patria, que mi muerte pretendiste, quédate a llorar la infamia, que yo en pago del rigor tirano con que me tratas, o a morir, o a libertarte del vil tributo que pagas voy, y a los Dioses divinos juro, la mano en la espada, los ojos en las Esferas, y la intención en las aras, de no volver, o volver vencedor de la demanda a que tu crueldad me arroja, y a que mi valor me llama. Y tu padre, y tú, más cielos, no de indicios mi constancia de terneza, al reparar en dos tan precisas causas, que las del cariño, son muy peligrosas batallas. No te puedo detener, que el cielo me lo embaraza, Teseo, ay de mí, los Dioses son quien mis desdichas causa. Hipolita. . Nada digas, que está reventando el alma, y puede ser que se asomen a los ojos las palabras. A embarcar. Dioses divinos, piedad. Sígueme, Cicharra, Pues cupome a mí la suerte? Hipolita, padre. . Calla. Sígueme, Irene. . Ya voy. Ya el cielo cubrio la cara del día, pues de la noche vencieron las sombras pardas, porque no vea a Teseo debe de ser Mar, bonanza. Hipolita. . Buen viaje. Mas en otra nao se embarca. Larga, larga la escora, larga, larga. Hiza, que el viento sopla a la mesana Al trinquete, al timón, hiza de gabía. Ya la vista no distingue los buques, que peces nadan: hijo Teseo, ay de mí, los Dioses contigo vayan, y sigante, pues mi amor te ha perdido, mis venganzas, pues no podrán ofenderte las Deidades soberanas, que obedecidas se han visto de mis paternales ansias. Y vosotros, Atenienses, de la ingratitud tirana; arrepentidos, seguid las huellas de mi amenaza. Llorese ofendida Creta, del furor de nuestras armas, inunden sus campos ríos de infeliz púrpura humana. Arda Creta a nuestras iras. Arda Creta, al arma, al arma: al arma Atenienses sigan a las penas las venganzas; arma, arma, arma, que el dolor es disculpa de la saña. DIVISJONDELAZARZUELA Fortuna fue, Polidoro, de nuestras amantes penas; no encontrarse en los objetos, ya que en la razón se encuentran. Pero fue fortuna mía, pues atento avuestras prendas neroicas, quedara el triunfo, por vuestro en la competencia. En todo cuanto no fuere amor, permito que exceda vuestro mérito a mi suerte con desigual competencia. Pues si alguna presunción, de aventájaros me queda. es en amor, cuando dudo. igualdad en mi fineza, Yo amo a Fedra. . Yo a Ariad. pues para decir cual sea, mi amor, digo que a Ariadna amo. . Y yo que amo a Fedra. Con tal rendimiento adoro su soberana belleza, que si me atrebo a mirarla, es solo para que tenga, su presunción el aplauso, de ver como me desprecia. Tan rendido la idolatro, que en los acasos de hierla, porque no piense, que pudo arreberse mi soberbia, a mirarla, de su cielo la vista recato a tenta;, y lo que causó el acaso, corrige la reverencia. Y ese es amor! o melindre? decidme cuando se huelga al respeto, cuando ha dado, darcajadas la modestía: Bien ayan los cortesanos, amantes de aquella esfera, que llamamos mediania entre inferior, y suprema. Los que tratan con sus nombres propios, las impertinencias del amor, amantes rancios, limpios de raza, y de será. Callanecio, y a esa quinta, cuyas plantas el mar besa, en señal de que hoy las dos Deidades goza de Creta, avisa de que han llegado. divinas a florecerlas Fedra, y Ariadna. . Y ya de que a esta parte se acercan aviso da el día, pues. más resplandores ostenta Florilla con las dos viene, y pienso que si no fuera. casamiento la tal Flora, (la me casara yo con ella. Qué intentáis? . Por no enojar recatarme a su presencia; y vos? . Lo propio resuelve mi afecto, por no ofenderla. Pues yo me quedo a contarles a las dos Infantas, esas. siligranas, pero cuanto va que os quedáis los dos cerca. Donde no la ofenda, y donde la asista, mi amor me lleva. amante Clicje, a beber luces de su hermosa esfera, Donde aunque pueda mirarla. mi amor no se atreba a verla me aparto, cumpliendo entrambas! leves de atención, y deuda. Y queréis que algo la diga? Nada mi temor te ordena. Nada mi susto te encarga Pues dejadlo por mi cuenta, veréis como no hago nada. Pero si manda. . Si ordena. Nada digas. Nada digas. Harelo de esa manera. Que yo haré que en los acentos blandos, oiga la tormenta que padezco. . Que yo haré que en las sonoras cadencias de mi sufrimiento, escuche que tengo por olas quieras los crespos mares, que finos mis rendimientos navegan. Derrotada navecilla, amaina, amaina las velas, que contra el rigor divino no hay humana resistencia. Cuya está música es? De Polidoro, aunque intenta que no lo diga. . Pues como faltas a lo que te ordena? Porque a Polidoro trato como si mi amo fuera en no hacer lo que me manda. Así ha de ser la obediencia. Seguro leño, que firme las olas burlas inquietas, resiste los temporales, triunfarás de las tormentas, Y esta cuya es? . De mi amo, que aunque lo propio desea, en cuanto a que no lo diga, basta para que lo sepas, que haya comido su pan quien su secreto revela. Así ha de ser la lealtad, Ya de saberlo me pesa. Ya siento haberlo sabido. Pues porque más no os ofenda la noticia, Polidoro, según explica la letra, en metafora de nave, da a entender que ya la fuerza se rinde a la tiranía, cuando Lcomedes muestra despreciar las amenazas, en la metafora misma: y esto lo digo, porque sé que vuestras dos Altezas gustan, pues no preguntaran lo que saber no quisieran. , . Juega Amáina amaina. . Navega, Que el tiempo te contrasta. Que las olas te alientan. Fedra, no ves al acaso de esas voces la certeza, de dos infelices nabes, ser triste correspondencia? Veo que una se resiste atravesada, y sujeta, otra sin ley, ni gobierno, a su ruina se acerca Piedad, Dioses divinos. Duros hados, clemencia. otro cantar es aquel. Y otra música es aquella. La nave burlo el escollo, Chocó la nave en la peña. Ay de mí! . Del duro choque menudos átomos hecha la embreada arquitectura, de cuerpos humanos puebla las ondas. . Del fiel contraste vencedora al mar se entrega, bordeando, mantenida, con una, y con otra vuelta. No hay quién socorra mi vida? No hay quien mi vida defienda? Dos bultos de la resaca envía la furia a tierra. No hay quien los libre? No hay quien los ampare? Violentas . olas de Ariadna el precepto a vuestro rigor me entrega. Habrado mar, a tu furia me ofrece la voz de Fedra. Al mar los dos se han echado. No es muy grande la fineza. Ya los estorbos rompiendo. con pies y con brazos reman humanos bageles. . Ya. a los infelices llegan. Ya con voces los animan. Ya en los brazos los sustentan Y ya a la orilla los sacan hechos de agua unos badeas. Solo tu precepto pudo ponerme hoy en tu presencia contra tu precepto, pues a las dos leyes a tenta mi obediencia, cumple así, las leyes de la obediencia. Por ver si a caso después de obedecerte me queda mas en que servirte, llego a donde mandarme puedas, y este indicio te presento, de lo que tú ley me empeña. Yo, Licomedes, estimo (ra Yo agradezco, . Quien no espe- mas que servir, lo que sirve por premio señora tenga; porque vuestra estimación, según mi amor la venera, es premio tan soberano; que desaliña la deuda: y es rigor cuando intentáis no ofenderos, que parezca el agasajo de ayer, y la estimación ofensa: Si quien agradece, juzga que naga, sufrid que pueda de vuestro rigor quejarse mi amor, pues porque no tenga que hacer vuestra obligación os salís pagando de ella. pero advertid, que el exceso que hay de vuestra recompensa a mi esclavitud, es ral, que quedará satisfecha. mi fineza, como vos procuréis cobrar la resta. Ay de mí! . Ay de mí también Señoras, ved que se hielan estos hombres, y que tienen los discursos veinte leguas de largo. . Noble piedad, que otra cosa no pudiera ser, Licomedes, haréis que cuidando de la vuestra de la salud de ese joven infeliz cuiden: alientan? Si señora. . Y vos cuidad, Polidoro de la vuestra. La noticia de que el mar echo dos hombres a tierra me trae hijas, a saber si viven como aquí sepa cual de los dos el primero fue que recibio la arena. Este infeliz. . Mal hiciste de decírselo, que piensa. alguna crueldad mi susto contra su vida. . Pues sea, que así el destino lo manda contra quien no hay resistencia, por decreto superior, alimento de la fiera. Qué escucho Cielos divinos? Quién a esta voz no despierta? Dónde estoy? . En Creta estás infelice, y más valiera que el mar te a negara . Bueno fue salir yo la postrera. Señor. . Señor. . Generosos Príncipes, lo que conciertan los Astros, toca a los Astros: los Dioses mandan que muera de su oráculo en la voz, este joven, con expresa ley, de que el primer humano que por el mar llegue a tierra ha de morir, y a mí solo me toca hacer lo que ordenan. A no verlo me retiro. Voy a no verlo. . Ya era hora de mudar de ropa. Hay bella Ariadna. . Ay Fedra. . Ah Flora, no vienes? . Sí, que tengo el alma muy tierna. . Señor. . Fedra, pues tu estorbas mi observancia. . Tierra, tierra Teseo es este, y pues yo tengo de morir, resuelva librar su vida mi muerte, excusándole que muera. Minos, a quien del rigor, hacen conocer las señas, pues tan crueles, no pueden ser que de Minos no sean. Decreto sea del hado; o culpa de tu sangrienta condición, sea destino en mí, o en ti crueldad sea. Sabe que quién sacrifica, o por razón, o por fuerza a ese bruto, que rencores, y descréditos acuerda. No es nuevo sustento, no es nuevo plato, porque sepas, que lo que antes era suyo, es lo que ahora le presentas, Teseo, Cretenses, soy (socorrame mi fineza) de Ejeo único hijo, como Príncipe de Atenas, La razón porque mi patria me haya de esterrado a Creta, no ignorias, pues el tributo sabéis que paga, a esa necia imposición, que los Astros hicieron en honra vuestra. Sorteado fui, que así lo dispusieron severas, de mi valor enemigas, olvidadas las Estrellas. Cupome la suerte infausta, porque no es la vez primera que la fortuna en mis triunfos, sus sinrazones obstenta. Fue pública mi desdicha, y otro mancebo (cautela, ampara mi pretensión que desde su edad primera, conmigo hizo la crianza, igual en amor, y prandes otro yo; pues a la unida voluntad que nos estre cha. solamente la fortuna diferenciarnos pudiera. Este, pues, averiguando la poca noticia cierta; que para el conocimiento, de mi puede haber en Creta. Con mi nombre, según supe, sin que estorbarle pudiera, ni mi ruego ni el precepto que en mi busca su obediencia. Por mi resolvio morir, bien sé que os hará extrañeza esto, porque aunque se ha oído, no se ha visto que suceda. Y siando su esperanza de un nabio, al mar se entrega, a tiempo que yo al preciso yugo, añadiendo esta deuda, resuelto, para que excuse mi muerte su diligencia. Al mar menos advertido. me di pero con tal priesa, que solo le averigué, al leño la ligareza. A vista de Cretaya nos vimos, sin que él lo sepa, padecer una fortuna, y correr una tormenta. Pero haciendo su navio a las olas resistencia, dio el mío mal gobernado, de costado en una peña. Abierto el buque quedó, y yo, no porque defienda. mi vida, sino porque se ejecute mi fineza. Socorro pedí, y adarme. socorro viviente vela, llego una piedad que fue de mi fortuna defensa Esto es, Minos, lo que el hado, dispuso, ye se que llega es el Teseo fingido, que aún aquí temo que quiera, por ostentar su pasión; acreditar su cautela Mas no la logre, no así te cumplan lo que deseas los Dioses, así trisinfantes. tus invictas armas veas: así laureles te adornen, así dichas te sucedan; muera yo, y el no, pues soy de dos causas en la fuerza, quien debe morir pagando. lo que la fortuna ordena; lo que dispone el destino, y lo que el Cielo decreta: Hay tal mentir. . Admirado de oírte a un tiempo me deja. tundestino y tu piedad, obligándome a que crea que eres Teseo, pues cuando; infeliz posible fuera, si bien extraño librarte de la muerte a que te entregas La dificultad posible no siendo Teseoiera; pero siéndolo, ninguna fortuna te privilegia. Pues tanto la muerte tuya mis justas iras desean, que esta dilación dudosa, debes tener por clemencia. Y puesto que solo pides, que muera Teseo; y tenga, libertad, el que de fino finge que es Teseo, sea tu petición acetada en cuanto a que aquel no muera; pues tu muerte es ya forzosa: más primero con cerreza ha de averiguar mi astucia, con prevenida advertencia, cual es Teseo pues cabe que la piadosa fineza; que tu dices, que hace el otro; tú quien la exceuces sea No es bobo él tal Minos. Yo soy Teseo. . qué te inquieta si lo eres? . Mi desdicha Ruego a los Cielos que mientas, mas porque si la de morir, que lo searló no lo sea. El orden se observe antiguo, y aprisionado parezca ante Minos, como todos, los que al Lavirinto llegan. Cobardes, quien como yo la muerte, osado desprecia, no ha menester que los brazos le atéis . El vio lo ordena. Cubrid a esos dos los rostros para hacer esta experiencia. Amor, si eres Dios, ampara mi intento. Hombre, que me aprietas de modo, que el tafetan ahoga más que la tormenta. Eres Minos? . Si. Teseo, yo soy Haz amor que no le crean. Minos, como escuchando quien soy, mi muerte no ordenas? Cómo buscando un Teseo mi venganza dos encuentra, y por no errar ambiciosa está en la duda suspensa. Hijo de Ejeo nací. Príncipe infeliz de Atenas soy, o mi aspecto acredite lo que pública mi lengua. La piedad de su hidalguía hace afable su presencia. Para que veas que tiene fundamento mi extrañeza, mostrarte en lo que se funda te servirá de respuesta. Ay de mi Cielo! qué miro? Hipólito, en vano intentas excusar mi desventura; pues aunque Teseo fueras, no estórbaras el precepto de nuevo rigor, de nueva ley, que a morir me destina, aunque Teseo no sea; y pues mi muerte no excusas, no solicites mi pena Cómo morir? . Es preciso. Que atados los brazos tenga mi valor? injustos hados, que sinrazonos son estas? Minos que aguardas, yo soy Teseo? Minos que esperas, Teseo soy? . Yo Chicharra. Oigan lo que Cicarrea, no soy sino yo Cicharra Si aprieta, hará que lo crea; volvámonos . Eso dices cobarde Pues di que es hembra. Para que, ay de mi infeliz! si su muerte no remedia? Pues qué resuelves? . Morir, ya que librarla no pueda: Minos, pues ha de morir ese infelice, por fuerza de tirana imposición, no como Teseo muera. Señor, de esas atalayas . avisan las centinelas, que gran número de nabes, haciendo al mar resistencia, sin conocer de quien son, las proas puestas a tierra, al parecer, en demanda del puerto tiendenilas velas. Naves, cuyas pueden ser? pero de quien fueren sean, Esta es de Atenas la armada, a quien yo desde la entena di vista al amanecer. Vuelve, y después con certeza me avisarás que rumbo toman Tuya es mi obediencia. Acabad, o haréis los dos, que con entrambos resuelva salir de mi duda. . Presto saldrás, como salir quieras: Marsiade, aquí te obligo, porque Minos de mi crea lo que le afirmo, a que digas cual es Teseo. . Pues llega; de mi lealtad a este estado, porque así el Cielo lo ordena la fortuna, y es preciso morir Hipolita, muera Hipolita, y no Teseo. De que está tu voz suspensa? Tu lealtad mira. Si haré . Habla. Prosigue . Qué piensas? No digas que es ese. . Cielos. Mi enojo tu aviso espera. Ese es Teseo. . Qué dices? Perdóneme tu fineza, que a mí me toca guardas tu vida, y a ti perderla. Pues muera este. . No es bastan informe para que muera; (te muera estotro. . Por qué culpa? Calla Ariadna. Calla Fedra. Indeterminable estoy. hasta que ordenar resuelva. si los dos han de morir; aprisionados se tengan, en apartadas estancias. Pues el rigor nos da treguas, hermana . Ya te entiendo. Esta es piedad. . Tabien esta. Qué has hecho Hipolita? . Calla. y si estimas mi fineza, olvídate de mi nombre, y de tu vida te acuerda. Tu Marsiade traidor me has muerto. . Cumplió su deuda. Respondato mi lealtad. Yo, aunque el Cielo no lo quiera. ya olvidando al triunfo; solo sabre morir de la pena . Teseo que los Llovéis manda el Rey Duras Estrellas. . Asables Astros. Crueles, aleuosas influencias. A morir. porque Teseo. viun voy . En la violenta muerte da Hipólita, llevo la eternidad de mis penas. Y tu vas tan pelaroso, cómo tu amo? . Y tú llevas la alegría de tu ama? Quién por ti no ha de ir contenta, por ti voy a ser comida. Por ti voy a ser merienda. Oye Flora, escucha. . Aquí quieres que nos detengamos, cuando al mismo paso estamos del Lavirinto? . Qué ? Por aquí las encantadas voces andan, que el sentido privan, llegando al oído de cualquiera. . Pues tapadas. las orejas de mis quejas, oye la razón aquí. Siempre tengo para ti yo tapadas las orejas. e. . Alerta. . Pero escapemos que presumo que escuchamos la voces, Flora cortamos. Corramos, y no paremos. Alerta, alerta, que amor, con engañosos disfraces, de piedades alevosas, sus tiranos triunfos hace: No, no, no, no duerma nadie, que cauteloso entre alagos de amor vive el áspid, no, no, , o No sin sobresalto, dudas. No sin susto a hacer examen. del primer arrojo vengo. A Experimentar me trae la primer resolución, sus muchas dificultades. Hermana? . Hermana? . Ya fue providencia que llegase a socorrerme tu ejemplo, para que no me acobarde. Lo mismo decir pudiera. mi razón, pues siendo iguales, los afectos no hay ninguna acción que los desiguale. Como conferimos, yo vengo a que con mis piedades selibre Teseo. . A mí la propia intención me trae. Esta noche, cruel Minos, que no es bien llamarle padre, cuando de cruel le acuso, manda a tento a sus crueldades, que en estos dos infelices. se cebe la fiera, infame memoria del torpe afecto de Pasife nuestra madre. Así es, pero las dos, resueltas a que se acaben crueldades en compasiones, y rigores en piedades: por quitar del mundo, el feo lunar, que odiosas hos hace, no quizá porque Diana ofendida de su ultraje nos violenta, al cumplimiento de los decretos fatales, resueltas, a que la fiera muera para que se guarden las amenazadas vidas de estos dos, por quien nos cabe; aunque la razón ignoro, de los riesgos tantaparte, vénimos a ejecutar compasiones, y crueldades. Cuál sea crueldad no alcanzo. Si los alientos vitales del monstruo, son la defensa del imperio, al acabarse la vida que la defienda, fuerza es que Creta se acabe. Eso esta por suceder, y entre dos riesgos notables, es cierto que al más notorio se debe socorrer antes: Pues que a las dos nos importa que estos dos hombres se guarden? Eso a ti te lo pregunta, que tú como yo lo sabes. En mí no es más que piedad. Y dime, tan poco vale la piedad, que de las almas no sea el mayor esmalte? Fedra de que no obrolibre, testigo hago a los cristales de esas esferas, asientos de las supremas Deidades, No, Ariadna, desconfíes de mí, que ya lo más fácil del empeño es lo que resta. Tiomblo. . No hay en que repares, Ves cómo me ánimas? . Deben. de ser las causas iguales. En mí, como dije, solo es la piedad el dictamen. Y la piedad, es también, quien a mí me persuade. Alerta, alerta, que amor, Las guardas del Lavirinto son estas, que aún tiempo esparcen, de encantadas confecciones, venenos, y suavidados. Antes avisos parecen; que rigores. . Si les abres. a los discursos los ojos, volverás a recelarte. Pues qué haremos? . Sin más ley; que saber que no se sale. nunca de grandes empresas, sin vencer estorbos grandes A labré dando las voces, obligarlas a que callen, para que al salir los dos, puedan, Fedra, aprovecharse sin estorbo del aviso que nuestra prevención trae; pues fue arre del recato para que no se arriesgase; que nuestras piedades sepan, sin que se las diga nadie. Dices bien, y pues a nuestras, voces las suyas deshace el encanto, y estas son las dos puertas de la cárcel, del uno, y otro Teseo fijadas en los umbrales de entrambas, los dos avisos pendan de los dos puñales. Así sea, y comencemos a facilitar el lunce. No duerma nadie. Veneno de los sentidos que con lisonjas mortales; compones de tiranías, tus fingidas suavidades. Hechizo de los cuidados, que con aleves disfraces, confunden los albedríos tus cautinas llibertades, no, no, prosigas: suspende tu curio, tus clausalas callen, y al imperio de quien obedeces, no respires mo alientes, no inquietes el aire. No, no no, no, duerma nadie, No no, prosigas No, no duermanadle, Tus cláusulas callen. no, no . No, no. No respires. . No, no, No inquietes el aire. No duerma nadie. Ya obedientes a los nuestros mudos sus acentos yacen. Ya callan, y pues las puertas son estas, para que a nadie vean, y el aviso logren en abriendo, retirarte puedes, que yo haré lo propio. Parecéis amor piedades. Compasiones, no quisiera que mudaréis de semblante. Qué dices? . Que sea así. Teleo . Teseo. Que abren. Quién llama? Quién llama? . Yo Pues cómo tú aquí llegaste? Cómo tu llegaste aquí? Ello hay duende, no se cansen. Luego no llamaste tú? Luego tú no me llamaste? Yo, no. . Ni yo. . Ello, señores, aquí ay duende . que me maten si lo que digo no fuere. Pues quién pudo ser, que nadie veo en todo este distrito? En mis suspiros amantes, a tu oído llegaria el nombre que a mis pesares, es piadoso alivio, pues rara es la vez que se abren mis labios, sin que repitan de Teseo el nombre atable. Si de esa suerte, mi bien, hubiese de ser, mal haces, si lo propio no presumes de mis afectos leales, pues el dulce nombre tuyo consuelo de mis ultrajes, nrí si de todos le ignorara, le aprendiera de mí el aire. Llora mucho mi señora? Y también mi amo hace pucheros. . En este tiempo los hacen pocos galanes. Quién sería quién llamo? No veo Hipolita; a nadie, mira si acaso esa puerta que hacia esos jardines sale está abierta. No señor; ello hay duende. . Disparate. Pero aguarda. . Pero espera Ya es mi admiración más grande: que de este puñal pendiente un papel. . Es semejante, de otro, que aquí otro puñal suspende. Cbl Dígame alguien, que no hay duende, y estas cosas por orden de quien se hacen? Pues como no le hemos visto, si hay duende? . Mira ignorante el duende es como el amor, de que llega a averiguarse que le hay porque hay quien lo dice, pero no le ha visto nadie. Según lo que lees, son los dos avisos iguales, pues este dice, Teseo: Quien no intenta que le paguen o más que con librarte, el noble beneficio de librarte, te avisa de que si tienes valor, te verás triunfante, en el riesgo de la fiera, de quien te espera el cómvate. Quién? . Ariadna: No son las firmas iguales que este dice Fedra. . Tate, las dos Infantas de Creta son las dos, asíme salve Dios, bendición que hasta hoy día no la ha oído en Greta hadle; o Infantas de almibar, o Infantas de chocolate. Oyes mejor me parece, que fuera que no firmasen estas señoras? . Y como, se supiera lo que hacen? Luego importa que se sepa? Eso se verá adelante. Pues dejemos eso, y mira como se ha quedado grave mi ama? . Ariadna dice? Si tú no te satisfaces miralo tú ̱. No lo digo; porque no lo creo que antes porque lo creo lo digo; que no haya alivios cabales, sin que el susto los marchite, o la sin razón los haje. Pues aquí que hay? . Ay Teseo, los temores de un amante. Celos? alinda ocasión HAibien mío que no sabes lo que te estimo, si pones duda en mis fidelidades? Señora deja quimeras, y por si te importa, sabe, aque se quiere mi señor, como si fueras su padre, Estas, en las dos Infantas, son generosas piedades, que pasan a bizarrías de su generosa sangre Esto no puede ser menos. Pues ya que hay quien nos ampare; alentemos, y al destino, venciendo el duro semblante en el valor; el calor funde las seguridades: muera el Mino tanto. . Solo me pudo tener cobarde tu peligro, que en mi aliento, no fue su muerte dudable. No temas. . Cuerpo de Apolo que siento ruido de llaves Cuanto va que por nosotros vienen? . Si a mí me tocare la suerte de ir el primero, yo te ofrezco asegurarte. Y si a mí me toca, yo haré que el rigor se acabe. Que vienen abriendo puertas. Porque juntos no nos hallen retirate. . A culpar voy de librarte los instantes. Yo los siglos de no verte. Cuidado con los puñales. Cielos, haced que me toque la suerte a mí de librarle Destino, haz que a mi valor toquen sus seguridades. Vela, vela que es el enemigo el y su crueldad aconseja, (amor que quien le tiene, no duerma, no duerma, no duermar Aquí a la muerte infelices vuestro destino os entrega. Mi aliento sea conmigo. Mi valor conmigo sea. Ay infelice de aquel, que a oír su tragedia; le obliga el álago, y el gusto le fuer ay que mal piensa, (za si al engaño el oído no cierra. Desde que oigo estos acentos, casi inmóvila una tierna prisión, dando los sentidos, el alma tengo suspensa. Que novedad aprisiona, mis acciones, con violencia tan blanda, que casi estimo verme de su álago presa? Ay que mal piensa, Si de estas voces procede el rigor que me enajena; muera quien las artícula, mas ay que las previlegia la apariencia de mujeres, aún siendo solo apariencia. j El hechizo de este acento es mi muerte. Cielos, muera, quien las pronuncia, mas hay que contra sombras se alienta, en vano el valor, Teseo. Hipolita. . La defensa es en vano, ay Cielos, cuando. Esta que se abre es la puerta del Lavirinto; ay de mí! que está ya el valor sin fuerza, (to, Y el monstruo horrible, al instin sin duda que le gobierna, mueve la cruel, la bruta desmesurada grandeza. De mí te ampara, porque vivas mientras que yo muera. Pues fue una nuestra vida, una suestra muerte sea. Vela, vela, que es enemigo elamor y su crueldad aconseja que quien le tiene, no duerma. Duerma duerma No duerma. . Si duerma No. . Sí. Duerma. . Duerma. y a la voz de la piedad, los rigores se suspendan, No. . Si duerma. Duerma . Teseo. Qué es esto? ya de las prisiones violentas suelta el alma se recobra de sentidos, y potencias. Pues no arriesguemos la dicha, el valor osado emprenda la victoria. . Al parecer, sin uso yace la fiera. Lograd, lograd la victoria, que en la tardanza se arriesga. el tiempo que la piedad, y la lástima os granjean. Esta advertencia observemos No porque el valor te encuentra indefenso te doy muerte, sino porque así lo ordena el aviso generoso, de mi piadosa defensa. Arma, Atenienses famos, en venganza de mi ofensa. Cretenses, el Lavirinto nuestro infausto alilo sea, que de improviso asaltados, no nos queda otra defensa. Ya se cumplió el baticinio de la ruina de Creta: Ya el monstruo murió sin duda Ya entre rigores envuelta rindió la bárbara vida. Ya en las corrientes se anega de su sangre. . Ay infelices, que haremos? Romped las puertas del Lavirinto, y el monstruo hoy a mis venganzas muera. Teseo, favor, y pues nos debes esta clemencia, ten piedad. . Si haré, que es mucha obligación tanta deuda. Dónde, hay infeliz, podré estar libre de mis penas. Solo aquí, donde será tu enemigo tu defensa. Y en nosotros, que amoria nuestro valor nos despeña. Pues cómo, traidoras hijas? Delitos de piedad llevan muy consigo las disculpas. Por aquí entró. . No se pueda librar, sigamosle Ya le tienes en tu presencia. Hijo, Teseo, hijo mío? . Señor Llega también, llega, bella Hipolita, a mis brazos. Qué oigo? . qué escucha mi pena? Paciencia males. . Hagamos la desgracia conveniencia. Que en albricias de encontraros, vivos, el Reino de Creta os doy. . Y yo le daré, señor, con vuestra licencia a Minos, pues aunque suya fue la crueldad, la clemencia fue de sus piadosas hijas bellas Ariadna, y Fedra. Ya entendidos los afectos. de cada uno, no resta, sino bodas; y más bodas. Porque no cansado, tenga venturoso fin, si agrada, el Labirinto de Creta.