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Texto digital de El justo Lot

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Atribución tradicional
Álvaro Cubillo de Aragón
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Álvaro Cubillo de Aragón Probable
Género
Comedia
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Cita sugerida

Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de El justo Lot. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/justo-lot-el.

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EL JUSTO LOT

JORNADA PRIMERA

Ciña tu sagrada frente, invicto Rey de Canán, el siempre Laurel glorioso, tan verde como immortal. Humille el altivo cuello la enemiga porestad al imperio de tu nombre, victorioso en el Jordán. Aunque vuestra lealtad, vasallos míos, con alentados bríos, aumentando mi fama, Rey me confiesa, y vencedor me aclama, la alabanza, y la gloria de esta immortal, y celebre victoria debéis al brazo fuerte, que en Abrahan mi autoridad advierte, el solo, y sus Pastores, de vencidos nos hace vencedores. Y puesto que Abrahan se ha retirado, y a su sobrino Lot nos ha dejado, dadle las gracias, que a Abrahan se deben, y a sus oídos estas nuevas lleguen. Engaño es conocido, pues es Dios poderoso el que ha vencida, de Dios son los honores, que es solo vencedor de vencedores. Tejed igual corona, que venerable ilustre su persona. Dad las gracias a Dios, que es desvaría atribuirme a mí lo que no es mío. Repetid viva Lot. Tu error convence, decid que viva Dios, que es el que vence, no veis que es gran locura olvidar al Criador por la criatura? como vencer pudiera tanto poder quién menos que Dios fuera? Cuatro Reyes valientes, con ejércitos, y armas diferentes, soberbios vencedores, verse desbaratados de Pastores, bien se ve, y no te asombres, que es obra más de Dios, que de los hombres, Yo sobre eso no arguyo, obra fue de Abrahan, y valor suyo. Ah miserable gente! de Dios ignora el Brazo omnipotente: solo al poder humano concede lo que debe al Soberano. Quieres que en costosas mesas, con vasos de oro y de plata te sirvan dulces manjares? quieres que a mi voz se abatan los Franco ines del Cielo, y que te ofrezcan las aguas cristalinos moradores, con argentadas escamas? No, Rey, que en humilde barro, con pan limpio, y agua clara alabo a mi Crridor, porque me da lo que basta para sustentar la vida, sin exquisitas viandas, Quieres que en cuadras alegres, y en entapizadas salas a tu descanso prevenga las más regaladas camas, dando en colchones de pluma, y en cendales de vengalas, si leve ocasión al sueño al deleite grave estancia? No que no estoy enseñado a gozar delicias tantas; pues suelo entre mis Pastores hacer del tomillo, y grama lecho oloroso y mullido, dulce, y regalada cama, reclinando en una piedra, que me sirve de almohada, la cabeza donde admiro las cortinas estrelladas de ese Cielo en cuyas luces, la infinita eterna, y santa Sabiduria de Dios nos muestra un rasgo de tantas maravillas como obró. Quieres si acaso te agradan los varóniles empleos, que te solicite y traiga los más bellos Serafines, que al Jordan beben las aguas, en cuyas sacras arenas llegas a poner las plantas? Quiero que temas a Dios, y que adviertas que te aguarda piadoso, cuando pudiera con una breve palabra deshacer el barro tuyo, reduciéndote a la nada de tus humildes principios. Quiero que en grandezas tantas te acuerdes que has de morir, y que la vida más larga del hombre es breve Cometa, que ligeramente pasa desvaneciendo impresiones, que apenas él aire estampa. Es como la flor caduca, que nace por la mañana, y con la ausencia del Sol, o marchita o desojada, el día de su belleza sepulcro mortal aguarda. Esto quiero que conozcas en premio de la pasada victoria de tu enemigo: quedate a Dios, y no caigas en soberbia pues te advierten vencido, tus mismas armas, que es tu poder limitado, y que tus fuerzas son flacas. . Lot aguarda, aguarda, espera. De tu presencia me aparta el no conocer que es Dios Causa de todas las causas. . Qué ingratos son estos viles! mi grandeza despreciada! corrido estoy vive el Cielo. No increcen honras tantas. Proseguid el triunfo amigos, cantad, que si Lor no trata de tener gusto, yo sí; nací Rey y él calza abarcas: hombres gobierno él ovejas, y a diverto fin nos llama la inclinación natural. Cantad, y entrad por las Plazas de la Ciudad de esta suerte: y tú encanto de las almas, como a mi triunfo no ofreces menos ceño y más, palabras? Estoy admirando en ti tantas caricias, y tantas mércedes como malogras, en quien no sabe estimarlas. Convertiranse en rigores nacidos de mi desoracia, si ya tus ojos no templan con la suavidad que tratan, la indignación que apercibo. Haya fiestas haya glas, que celebren la victoria, que de tu enemigo alcanzas. No quede humana invención, que no se ejecute. Hagan tus vasallos advertidos, con inventivas gallardas, arte de vivir con gusto, disponiendo en partes varias haya Catedras de gusto. Dices bien, Caredras haya, donde se estudie el deleite de la vida más hidalga. Ea, proseguid cantando, que al gusto brinda quien canta. La gloria apetezco humana, y en ella contento estoy gozando del día de hoy, y esperando el de manana. Taré en aqueste lugar, que por solo y por secreto ayuda a nuestro concepto, a Lor pretendo esperar. Has dicho Nacor muy bien: aquí juntos le hablaremos, que es bien que principio demos con su gusto a nuestro bien; pero allí se ve un Pastor de su ganado, y dirá donde queda, o dónde está. Es Bato? . Sí. Lindo humor? Ay tal reñir! quien se mata, ni quiere tener roído por tales cosas? No he vido pendencia tan mentecara. Bato, sabes por ventura dónde está Lot, tu señor? Reñir por esto un Pastor, téngolo por gran locura: venga acá, duele un memis? No pero es muy rande ofensa. Quién de esa suerte lo piensa, su vida tiene en un tria; qué le minorta al que desmente, cuando el otro haya mentilo? y el que queda desmentido, qué penas, o dolor tiente? Que se llegase a ofender el desmentido, bien huera, si le doliera o perdiera cualquier gana de comer. Mas a la ne que da sano; y aquel que le desmintió, con su achaque se quedó de presumilo y de vano; y así a risa me provoco, viendo en tanto menosprecio, que el que desmiente, es un necio, y el que se ofende, es un loco. Los Pastores del ganado una pendencia tovieron; uno dijo: míos hueron los términos de este prado. Mentís dijo el otro: luego respondió más mentís vos; a un tiempo alzaron los dos sen los tizones del huego, y se han dado una taréa de paliza garrafal; si esto no es locura, cual os parece que lo sea? O yo só bestia o han dado muestras de ello pues ha sido peor que lo desmentido, en ellos lo apaleado. Tú tienes razón que fuera menos la ofensa, y el daño. Por el ganado mal año, mas que nunca lo comiera. Oye, Bato, estame atento: viene Lot? Gentil partida; no he de reñir en mi vida, aunque me digan que miento. Hay más ciegos intérbalos! responde necio, indiscreto. Ahora, señor, yo soy quieto, y no me entiendo con palos. Que me digas donde está tu amo, te pregunto. Así, es mi amo un menguado: con los pobres estará, que con ellos se entretiene. Notable bestialidad! Señor, de vuestra piedad cuanto bien tengo proviene. Pobre de mí, que he de hacer, que nadie me favorece? y en esta tierra parece, que solo reina el placer. No hay quién se duela del pobre? sea por amor de Dios. Querémoste hablar los dos luego que lugar te sobre. Perdonad, que cuando está la necesidad presente, culpa Dios al negligente. Ahora a nadie hablará. Venid en buen hora, amigo: dónde bueno camináis? no paséis de aquí, que vais falto de aliento, y de abrigo. Entrad, entrad en mi casa, donde descansar podréis. Quién sois, que de mí os doléis? Quién vuestros dolores pasa: quien, si os fuera de provecho, diera para vuestras penas la sangre de aquestas venas, el corazón de este pecho. Qué es posible que hubo un hombre en quién se hallase piedad! Ah miserable Ciudad! bien es que el mundo se asombre. De ti, tu malicia igualo al dolor, que en mi confundo, pues siendo el peor del mundo, parezco en ti el menos malo. Entrad, amigo, que el Cielo nunca del pobre se olvida. Dios aumente vuestra vida, el Señor os dé consuelo. Bato, ve con él y llama a quien le lave los pies? denle de cenar después, y prevénganle la cama, donde penas desiguales mitigue a nuestra flaqueza, que es caminar con pobreza el mayor mal de los males. La paga es bien que llevéis en Dios, no en la suerte mía, que él os pagará algún día el bienque a pobres hacéis. No lo clamórea mal: ea, vamos, que otros dos practicantes, como vos, se han comido un recental. No gruñáis la buena obra. No gruño. Advertir os quiero, que en casa del limosnero el mal falta, y el bien sobra. He aquí que quiero grunir. No es justo desanimalle. Oye, pobre, coma, y calle, y no nos venga a argüir, que tiene talle, y lo espero en su aliento, y buena gana, de comerse con su lana, y su menudo un carnero. . Nacor, Taré perdonad lo que aquí os he detenido, pues bien sabéis, que no ha sido falta de la voluntad: qué me queréis? Que una suerte nos igualase este día, yo querría: . Y yo querría: Como a padre obedecerte. Dos hijas tienes, de quien suecesión dichosa esperas. Si quisieras:- . Si quisieras:- Basta, amigos, está bien: que a merced tal se atropella mi voluntad, nada escasa, pues siendo humilde mi casa, habéis hecho caso de ella. Bien os conozco a los dos, nobles sois aunque es torpeza pensar que haya más nobleza, que el justo temor de Dios. Y así daré cuenta de ello a mis hijas, y mujer, que puesto que haya de ser, de mí tienen de saberlo; pero a cual, Nacor, se inclina? Yo a Noela. Y yo señor, a Bartena, En vuestro amor hallo igualdad peregrina; y pues con amor igual mis hijas tengo de daros, por la virtud he de amaros, que es nobleza y es caudal. Tened caridad con Dios, porque su clemencia os sobre, no cerréis la mano al pobre, que la cerrará con vos. Dad a la piedad el pecho estando del premio ciertos, y haced vivos lo que muertos quisierades haber hecho. Con modestia, y con quietud estad siempre en la presencia de Dios y yo haré experiencia de vuestra vida y virtud. Mereceréis entretanto, que con menos prevención, daros no será razón, prendas que yo estimo tanto. Veréis en Nacor extremos. Virtud veréis en Taré. Hijos desde hoy os diré. Padre desde hoy os diremos. Esto es reinar esta es vida: que solamente es vivir, poderle al gusto medir con las obras cuanto pida. Consejeros y Estadistas me acertaron a servir, si allegan a discurrir en amorosas conquistas. Donde gustoso me empleo, donde amoroso me ajusto, no tenga límite el gusto, pues no le tiene el deseo. Que si la mano infinita dio al hombre libre albedrío, mengua será, y desvarío del hombre que le limita. Treinta mujeres señor, de naciones diferentes, en rostro, y talle excelentes, mi inteligencia, y mi amor te ha dado. Puede envidiar el Sol su concurso hermoso. Esto es ser Rey poderoso, que lo demás no es reinar, y más cuando esta belleza a las demás superior, las constituye el amor corona de mi cabeza. Bella Irene. Dueño mío. En vuestra presencia siento con vista el entendimiento, sin leyes el albedrío. No hay más belleza en tu Reino! Ni el Cielo en sus luces todas ostenta mayor beldad, comúnica mayor gloria, las partes indiferentes, tan unidas se conforman, que admito con igualdad, ya en algunas, y ya en todas, púrpura nevada helando, y abrasando nieve roja. Pare señor vuestra Alteza, y eche de ver que malogra en la humildad que profeso, locuciones tan heroicas; solo me precio de esclava. Ocupa aquestas alfombras, pisa este estrado contenta, que si cual tuyo le gozas, calzaré espuelas al gusto, que breves hagan las horas. Quiéres, señor, que nos vamos? No, Tarso no, que mis glorias comunicadas las quiero: este bien no es para a solas. Mira, los gustos son menos cuando el Pueblo los ignora; cuando los sabe, y celebra, se aumentan se perfeccionan. La envidia de quien las mira hace mayores las cosas; y la ignorancia del bien le desluce, y le desdora. Envidia, pues, Tarso envidia lo que un Rey dichoso goza. Todos a imitación tuva en el deleite se engolfan: no hay quien ignore el placer, ni quien el pesar conozca. Qué invención has prevenido para darme gusto ahora? Una máscara de Egipcios, y Etiopes, que en vistosa contraposición parece, al son de flautas sonoras, vivo Agedrez de mársil, y azabache. Tendrás joya por la novedad; di que entre: no vive quien no se goza. , s De las noches, y los días somos imagen forzosa, que unos negros, y otros blancos, incluyen la vida toda. La fuente de los deleites es la dorada lisonja, que a medida del deseo varios manantiales brota. R. Oh raro ingenio del hombre! quien estos gustos ignora, quien esto a gozar no llega, entre los brutos se ponga. Goza del bien de la vida antes que llegue la sombra a marchitar con la muerte juventudes de la aurora. Notable invención, Artemio! Las más imposibles cosas facilita tu poder. Lot, por hacerte lisonja, con dos doncellas te envía un presente. Llegue, y pongan las rodillas en el suelo, porque en su beldad conozcan mis vasallos, que a mi solo las Estrellas se me postran. Lot, tu vasallo, atendiendo a la Majestad que gozas, este presente te envía, porque en él los ojos pongas, en lo que es el pensamiento, y en lo que fue la memoria. Y este en quien se ven cifradas las delicias, y las glorias de la majestad humana. Descubridlas: qué hermosas! qué bizarras! qué entendidas! su honestidad me enamora. Pero qué es esto que miro? Así las grandezas todas humanas, señor, se pasan. Y en esto la vana pompa del mundo viene a parar. Aguardad, bárbaras, locas: qué atrevimiento! qué injuria! viven los Cielos que ponga fuego a su casa, y ganados: Que así un caduco me enoja! que así a mi poder se atreve, cuando los hombres me adoran! Este solo en tus Estados, dado a la miscricordia, singularizar se quiere. Músicos máscaras, hola, entretened a su Alteza. Tú me elevas, y aficionas. Deseo verte contento. Timbre eres de mi Corona. Soy tu esclava. Eres mi dueño. Te suspendo? . Me enamoras. Olvidaste ya el disgusto? Como el Sol, que ilustra, y dora el mundo con su presencia, desvaneciendo las sombras, así tus ojos destierran mis disgustos, y congojas. Vuelvo a gozar de tus brazos. Soy con tu favor dichosa. Vivan las obras, Torpes hijos de Can, hombres perdidos, en piélagos de culpas olvidados de tantos beneficios recibidos, y de castigos tantos fulminados: no neguéis a mi voz gratos oídos, estimad mis avisos despreciados; temed a Dios, tratadle como amigo, que es justo, y rigoroso su castigo. Quién te ha dado licencia, temerario, para entrar de esta suerte a mi presencia? como con ese estilo extraordinario me pierdes el decoro, y reverencia? Dios me la da, que viendo seminario tu casa, y tu Ciudad de la insolencia, que más le ofende, y de que más se aira, estos avisos en mi lengua inspira. Qué avisos me previenes, o qué engaños públicas, perturbando el gusto mío? Con el temor de tus futuros daños doy a mi lengua este caduco brío: Oye lo que en dos mil, y más cien años el mundo ha visto, y Abrahan mi tío oyó a Noé su abuelo; estame atento, y en oyendo, prevén el escarmiento. La Omnipotencia de Dios, antes que del Universo la máquina levantase de la nada, al ser que vemos: en la gloria de sí mismo se estaba desde abeterno, sin necesidad alguna de la Corte, y Solio Regio, donde tantas criaturas le ostentan Criador inmenso. Mas su Providencia sacra, para más altos misterios, a la creación dio principio hágale dijo, y fue hecho. Oh Artífice Soberano! o inescrutable Arquitecto! cuyo poder solo tiene por medida su concepto. De puras Inteligencias llenó los Orbes supremos, y este Globo de la tierra mostró la faz recogiendo al centro suyo las aguas con inviolables precegtos. Produjo la tierra plantas, peces las aguas; y el viento, en bajeles vio de pluma cortar sus golfos ligeros. Crió a semejanza suya, con particular consejo, al hombre, cuya materia fue del campo Damasceno la tierra, que entre sus manos cobró espíritu, y aliento. Hízole Rey absoluto del Mundo, con privilegio de que todas las criaturas le reconociesen dueño. Hízole immortal, por gracia, en cuanto al temperamento, no por virtud inherente; porque demos un supuesto, que una lanza le arrojaran, le mataran esto es cierto. Pecó, y perdiendo la gracia, se le rebelaron luego los animales, que humildes le miraban con respeto. Castigó su inobediencia Dios con perpetuo destierro del Paraiso heredando sus hijos (gran desconsuelo!) la culpa que él cometió. principio de tantos hierros. Propagando sus especies, multiplicando, y creciendo por largas generaciones, pobló el mundo, en quien se vieron, mas que todos, depravados los hijos de aquel soberbio Caín, primero homicida del inocente primero. Creció el rencor, y la envidia, y el limpio candor perdiendo, manchado de varias culpas estaba el mundo tan ciego, tan distraído, tan malo, tan torpe, tan deshonesto, que ofendido Dios, propuso deshacer lo que había hecho. Dio cuenta de este castigo a Noé, que justo, y recto con su familia se halló. Oh terrible desconsuelo, que en tantos millares de hombres hubiese tan pocos buenos! Mandole labrar un Arca para recogerse dentro con sus hijos, y mujeres, siendo este el primero leño, que conocieron las aguas sobre su cerviz de hielo. Duró la fábrica inmensa cien años, y en todos ellos Noé predico a los hombres su castigo o su escarmiento; pero a sus voces rebeldes, en lugar de enmienda fueron multiplicando sus culpas, sin admirir sus consejos. justificó más su causa de Dios la justicia en esto, y acelerando el castigo, turbó los aires serenos. Cubriose el Sol de un nublado tan dilatado, y tan denso, que ocupando entrambos Polos, sirvio de tapiz funesto. Tocarón a arremeter las trompetas de los truenos, y disparando diluvios, las cataratas se abrieron a dar la mayor batalla, que vio el humano desvelo. Primero en viento apacible, luego en desatados vientos, luego en lanzas de diluvios, luego en trabucos de hielo, luego en abismos de abismos, luego en ira de Dios, tiemblo de considerar ahora el siempre enojado ceño del Horizonte que estando en pardas nubes revuelto, las colunas de los montes desencajadas se vieron. No valió al Águila entonces hacer remontados vuelos, ni conquistar mariposa la activa región del fuego; porque mojadas las plumas, y el corbo pico deshecho con temerosos graznidos, zozobraban sus alientos. Todo viviente mortal recibió el goipe severo, y bostezando las vidas, la dura muerte bebieron. Quedó sepultado el mundo en el líquido elemento, siendo cristalina tumba de sus amarillos huesos. A tan severo castigo, qué valor qué atrevimiento, qué orgullo qué bizarría, qué altivez qué debaneo, qué presunción, qué soberbia, qué jurisdicción qué imperio no rinde la frente altiva? no humilla el érguido cuello? Templó Dios su justo enojo. y las aguas reduciendo a su cárcel descubrió, llena de horror, y de miedo, la tierra el manchado rostro. Y en sus balcones el Cielo tremoló en señal de paz aquel Estandarte bello, que en forma de arco ilumina escarchados pavimentos. Volvió a producir la tierra, y sus pobladores nuevos sobre las sierras de Armenia dejando el Arca, ofrecieron sacrificio de animales, que a Dios fue servicio acepto. Repartió Noé a sus hijos el mundo, haciéndolos dueños de Provincias diferentes, para su mayor aumento. Cham maldito de su padre, porque le perdió el respeto, poblo el África, y Egipto, siendo sus hijos vinietos Gigantes desvanecidos, como su padre protervos, que olvidados del castigo, solo para no temerlo, conspiraron contra Dios, edificando soberbios una torre un edificio para conquistar el Cielo: o para que si otra vez quisiese Dios deshacerlos con semejantes diluvios, tuviesen refugio excelso. Nembrot, diabólico Rey de aquel bárbaro Colegio, fue el inventor atrevido de la torre, pretendiendo venir con Dios a las manos: o sacrílego deseo! Mas viendo Dios su malicia, para confundir su intento, de sus mismas lenguas hizo el azote de sus hierros. Setenta y dos introdujo en los incautos obreros, quedando sin entenderse, admirados, y suspensos. Cesó la fábrica entonces, y de Dios el Brazo diestro, fulminando torbellinos, la derribó por el suelo. Cadaver fue miserable hasta los mismos cimientos la que aspiraba soberbia tocar de la Luna el cerco. Este es el poder de Dios, y este de los hombres necios el miserable castigo. Temed a Dios, Cabaneos, temer su eterna justicia: muévannos estos ejemplos a pensar que vuestras culpas están a voces pidiendo el merecido castigo. Si os neváis al escarmiento, en deleites, y en torpezas pasáis de la vida el sueño. Recordad, abrid los ojos, en vuestra desdicha ciegos. Considerad que el que pudo romper los salados frenos del mar, y anegar el mundo, podrá delatar el fuego de su abrasada región, y en llama voraz envuelto, volver pálidas cenizas hombres, tierra mares vientos, dando la fábrica bella del mundo a su caos primero. Con fuego ha de castigaros, que tan dañados intentos, porque adelante no pasen; piden divinos cauterios. Yo el más humilde gusano, de su piedad os advierto. Hombres llorad vuestras culpas, solicitad el remedio con lágrimas de dolor, con abrasados deseos, con abstinencias de ayunos, con silicios de desprecio, con vigilias de virtudes, con voz de arrepentimiento, con temor de los castigos, con esperanzas del premio, que tras la enmienda en su nombre os aseguro, y prometo Si no mirara, villano, caduco, bárbaro, necio, que ignorante solicitas tan viles atrevimientos, yo por mis manos te diera la muerte: pero respeto a esta belleza que adoro, a esta deidad que venero. Conmigo reina mi gusto; no hay más Dios ni yo le tengo, que mis delebtes; y tú, predicador indiscreto, si como todos no vives, salte luego de mi Reino, busca tierra en que vivir, o pídela a Dios, o al Cielo, que esta es mía, y no es de Dios. Si estás loco, ve al desierto a dar voces a las fieras. Por caduco no te han puesto en la prisión de una jaula, y pidieras a Dios luego, que te librase de allí. Oh bárbaros! oh blasfemos! hijos del maldito Cham, a Dios perdéis el respeto? el señorio le negáis? Pero bien decís que puesto que Dios es dueño de todo, siendo sumamente bueno, tan mala tierra no es suya, no, sino del mismo infierno. Destruida, amén se vea, hasta los mismos cimientos, la República sin Dios, que no le quiere por dueño.

JORNADA SEGUNDA

JORNADA SEGUNDA Abrahan en la presencia de Dios gracia has alcanzado, será tu nombre ensalzado, y por tu fe, y obediencia poblarás de varias ventes las más inauditas Zonas: pues viendo en mí tres Personas. una adoras solamente. Señor, con acentos graves os alaben las criaturas, los peces en sus clausuras, y en su libertad las aves. De aquí a un año estaré aquí, y otra vez te vendré a ver, y ya Sara, tu mujer, tendrá un hijo. Hágase en mí. Señor, vuestra voluntad. Menos fe que tú ha tenido Sara, pues que se ha reído, dudando aquesta verdad. Sara, Señor, cómo, o dónde? Adios no hay cosa secreta: Ella se vio indiscreta, en el lugar que se esconde, pareciéndola, por ser vieja muy dificultoso el concibir. . Poderoso es el Señor. . Su poder es en todo incomprensible, y quien lo duda le ofende: Sara entiende mal si entiende que en Dios hay cosa imposible. Y quiérote cuenta dar, pues que tú lo has merecido, del negocio a que he venido: que puesto que has de llenar con tu succesión la tierra, quiero que enseñes a todos el bien, que por varios modos el temor de Dios encierra. Has de saber que el error, y las culpas infinitas de los fieros Sodomitas han ofendido al Señor: Sus torpezas y pecados, por ser sumamente atroces, a su justicia dan voces, pidiendo ser castigados. Y envía a saberlo por mí, que aunque es en su rebeldía, Dios, Suma Sabiduria, justifica el caso así, El castigo de sus males hoy comunica contigo, para que caiga el castigo sobre circunstancias tales. Oh gran piedad! no es, Señor, condición vuestra querer, puesto que os llegue a ofender, la muerte del pecador. Yo sé, puesto que me admira culpa que a enojaros viene, que un justo solo detiene el brazo de vuestra ira. Pues si es así, dispensad; y si en la Ciudad hubiere cincuenta justos espere vuestra Divina piedad. Que aunque soberbios e injustos os dejan por sus regalos, bien es, Señor que a los malos los perdonéis por los justos. Cómo lo pides se hará: y si se hallaren cincuenta ustos, la ira violenta de Dios se suspenderá. Como quiera que yo sea polvo y ceniza Señor, pretendo que vuestro amor en vuestra piedad se vea. Muchos son cincuenta, dad al malo porque os confiese, si cuarenta y cinco hubiese, perdonaréis la Ciudad? También los perdonaré. Oh suma Bondad de Dios! Posible es Señor, que en Vos tan viva la ofensa esté? Pues yo espero en vuestro amor, que ha de templar la sentencia, pues será mayor clemencia, cuanto el número menor. Por diez que justos halléis, los habéis de perdonar; esto me habéis de otorgar: yo os suplico, y vos podéis, Mucho debes al Señor: Abrahán, tu fe constante hoy se interpone delante de su justicia, y rigor. Tanto en tus piadosos modos su misericordia ensaya, que como diez justos haya, serán perdonados todos. Oh siempre innmensa Bondad: o clemencia Soberana, que a nuestra malicia humana perdona con tal piedad! Por tu respeto me obligo: queda con mi bendición, que voy a la ejecución capitulada contigo. Quisiera, Noela hermosa, ofrecerte en estas flores el fruto de mis amores, no mi inquietud amorosa; pero un alma en cada rosa, y en cada flor muchas vidas, ofrezco a tu amor rendidas, tan dignamente empleadas, que por estar bien ganadas, se precian de bien perdidas. Recibe el don amoroso, que a tu hermosura le ofrezco, si este favor te merezco, menos digno que dichoso, tierno amante humilde esposo; con advertido temor hago alarde de mi amor en flores que si se admiten, no temeré se marchiten mis esperanzas en flor. Licencia me da mi honor para admitir tus favores por lo casto de las flores, por lo honesto de tu amor: y así agradezco Nacor, tu amoroso galanteo; pues para tan casto empleo, presumo que a Dios has hecho sacrificio de tu pecho, víctima de tu deseo. No igualan mis pensamientos, si pensamientos se miden, a los efectos que piden tan altos merecimientos. Oh qué dulces comprimientos! Venturosos los Pastores, que saben decirse amores, y con la frauta, o rabel, como abejas sacan miel de las hierbas, y las flores. Mire muesama, par diez, que si a mí me ros disera, pienso que me enterneciera con estas barbas de pez. Y si no, vuelva otra vez a habrar, y escuchela yo decir lo que aquí habró, que yo me doy por vencido porque en mi vida he sabido decir a naide de no. Y vos, Taré, (qué relente!) no decís nada a Bartena? Soy en mi amorosa pena, Bato menos elocuente: la pena que el alma siente juzgo por esto mayor, pues con un grave temor callando a sufrir me obligo, y así con los ojos digo locuciones de mi amor. Entre mortales enojos sufro sin quedarme atrás, porque pienso que hablo más, Bato hablando con los ojos: anticipados despojos ofrezco en mi corazón, cegar y enmudecer, son efectos de aquesta pena: y así callando, a Bartena doy del alma posesión. Oh cuánto sabe el amor! vos habéis enmudecido? Cayo, cayando habéis sido; Taré, el mayor hablador de la pena, y del dolor, no ha estado mala la renga: ello venga como venga, pienso que bien os encaja ser habrador de ventaja, que habráis con ojos, y luenga. De mi padre la obediencia es ley inviolable en mí, para obedecer nací con decoro y reverencia: y puesto que a su presencia todo respeto se debe, el honesto fin que os mueve, librad en su voluntad, porque halle en vuestra humildad jordán su peinada nieve. Quién tan cuerdo ha de sufrir esperanzas dilatadas de penas que imaginadas son sangrías del vivir? El pensar el discurrir en los peligros que alcanza, una confusa esperanza, y el temer con esperar, que puede a un tiempo llegar la posesión, y mudanza? Amor, que es fuego violento; sufre mal la dilación, cuando los momentos son siglos de pena, y tormento. Va de cuento va de cuento. Erase un amante honrado, bien zofrido, y mal pagado, que a una Pastora quería, la cual lo acichaba un día dende un corral apartado. Ella estaba en un corral, entiendo? y dosotro lado en buen hora sea contado) estaba el dicho Zagal; tirole por helle mal chínicas, y él con terneza dijo: Si amor así empieza, chicas son; ella lo oyo, y un ladrillo le tiró, que le rompió la cabeza. Zufriolo con humildad, y ella más enternecida, quedó herida con la herida, y con mejor voluntad. El dijo: En vuestra crueldad mi amor ha hallado alimento. Enterneciose al momento, y acabado el embarazo, vino a ser el ladrillazo víspera del casamiento. Ahora aprico el cuento Amor hace las cosas ligeras: quien ama, y sirve de verás, zufre la pena mayor. Es vabironia el amor, donde trabajan con grillos los amantes; y aunque oíllos puede, sordo a sus cramores, cuando le piden favores, los prove de ladrillos. Para que tanta hermosura llegase yo a merecer, quisiera ahora tener méritos más que ventura; si el padecer asegura, si el servir hace mayor la dicha del pretensor: vivir mil años quisiera sirviendo si ya no fuera corta vida a tanto amor. Mi padre viene. Tendremos por lo menos groñideras, que puede un Rinoceronte esperarlo cuando empieza. Natòr, Taré, en qué gastáis el tiempo? Con la licencia que diste a nuestros deseos, pretendemos que merezcan conquistar las voluntades de Nocla, y de Bartena. Y cómo las conquistáis? Con diligencias honestas de recatados favores, que naturaleza enseña: Casa nos ofrece el Monte, el Valle flores nos presta, el Aire parleras aves, las Aguas sabrosa pesca: todo a tiempo porque todo, amor, a sus pies lo ofrezca, y nuestras vidas con ello. Oh qué malas diligencias! no fueran ellas mis hijas, si os estimaran por ellas. Merecedlas por virtudes, remediad en su miseria al pobre y al peregrino abridle francas las puertas. Dad de vestir al desnudo, consolad al que en pobreza está enfermo, y enseñad el temor y la obediencia de Dios que así se consigne el justo amor que más premia: y mientras esto no hicierees, mis hijas no serán vuestras. Mira señor que estás cosas te hacen mal quisto y es fuerza sentir lo que el Pueblo dice, pues ya tu ofensa por nuestra la juzgamos, y sentimos. Mal quisto, porque me pesa de las ofensas de Dios? Murmure el malo, y no tenga esperanzas de que falte quien sus vicios reprenda. Tienes al Rey enojado. Enójese en hora buena, que eso no importa, Nacor. No importa? y si nos condena a un centenario de azotes, importará? Calla, bestia: teme el castigo de Dios, y el de los hombres no temas: tú, por Dios no llevarás cualquier agravio en paciencia? Como sea de palabra, que ni lástime ni duela, seré un bórrico en zofrir, aunque un calvo me desmienta. Entrad vosotras adentro, y cuidad mucho que sean regalados esos pobres, que yo me voy a la puerta de la Ciudad a esperar, que algún peregrino venga con necesidad de albergue, porque en mi casa lo tenga. Adiós Bartena, querida. Adiós, Taré. Adiós, Nocla, no olvidéis al que os adora. Quien ama a Dios, nada tema. Vuestro soy. Dios puede hacerlo. Y nuestro amor? Que sea vuestra. Presidente quiero ser de la Academia, y premiar ingenios que saben dar privilegios al placer. De algunos hombres he oído, que han inventado tormentos, cuyos crueles pensamientos remunerados han sido. Pues si el que inventa crueldades de premio es digno más justo el premiar, al que en el gusto introduce novedades. Los bienes que el mundo tiene, Dios para el hombre previene, por suyos los reconoce; pues cuando el hombre los goce, por qué a disgustarse viene? Fuerza es, que de Dios me asombre cuando aquesto sutilizo, si para el hombre los hizo, deje que los goce el hombre. Por qué fundo el limitarlos? no lo entiendo: una de dos, o no los hiciera Dios, o deje al hombre gozarlos. Lot al contrario percibe, pues dice, que viene a ser principio de merecer, que el hombre del bien se prive. Y qué sientes de eso, Artemio? Al revés lo entiendo yo: Dios, por lo que al hombre dio, no pide interes ni premio. Su grandeza es sin medida: goce el hombre, y no sea escaso, que no se hicieron acaso los deleites de esta vida. Con su parecer me ajusto: Lor se canse en predicar, que a Dios no le ha de pesar de que yo viva con gusto. Refiera, pues cada cual la invención entretenida, que para pasar la vida ha inventado liberal. Mientras el premio apercibo, y al que lo haya ejecutado, se lo prometo doblado por ingenioso, y activo. Digo, pues, que yo he hallado, que toda la humana gloria consiste en desobligarse de pretensiones honrosas, y darse a la ociosidad, no acordarse de la honra, no complir jamás palabra, ni enojarse con quien rompa la suya en cualquiera acción; reirse de quien se enoja por el gobierno del mundo; y en las ocasiones todas decir, no se me da nada. El aviso se conforma con mi intento, aunque es difícil de ejecutar; pero sobra advertirlo, premio tenga. La fama en voces sonoras tu nombre immortal celebre. Diga Artemio. Si corona pretendes dar al deleite, dame atención. No se escondan en el centro más oculto. Qué es esto? quién alborota la Ciudad? El Pueblo todo, con descompuestas y roncas voces, un motín levanta. Oye la más prodigiosa nueva, señor, que has oído. Lot, que como sabes toma por oficio el hospedar Peregrinos en que logra prodigas inclinaciones de sus entrañas piadosas: la puerta de la Ciudad hizo puerto en cuyas olas dos Peregrinos halló, tan peregrinos que ignora la capacidad humana la materia de su forma: en dos pedazos de nieve dos espíritus informan, desmintiendo el ser divinos dos sacos de jerga tosca. Sobre la espalda arrojado el rubio cabello en ondas, golfos de oro multiplica, donde las almas se engolfan. No has visto lucientes perlas entre nácares, y conchas, ser a los rayos del Sol bello parto de la Aurora? No has visto en noche serena los pavimentos que bordan ejércitos de diamantes, y tempestades de aljófar? Pues comparada con ellos, toda su belleza e poca, toda su máquina un rasgo, toda su luz una sombra. Estas, pues bellas criaturas, Lot hóspeda y atesora en su casa, a quien el Pueblo, con libertad licenciosa, a voces pide, y pretende, que en sus manos se las ponga, con el fin de que sirviendo a su apetito en la copa del vicio pueda lasciva beber su ambición ansiosa el siempre feliz deliquio néctar de líquido aljófar. Pues eres Rey poderoso, no des lugar a que rompa el amotinado vulgo con pretensiones tan locas: enfrena su aleve intento, corrige sus fieras bocas, que con palabras le ofenden, y le amenazan con obras. . Ya vemos siervo de Dios, el peligro en que estás puesto, porque con intento honesto nos hospedaste a los dos. Tu amor, y tu caridad Dios ha visto, y conocido singular, puesto que has sido tú solo en esta Ciudad quien con pecho fervoroso los pobres en ella ampara, siendo tu virtud tan rara, cuanto el nombre misterioso. Lot, significa encubierto: y aunque a conocer te das por tus obras, dónde estás, el no conocerte es cierto. Que al malo ciega el veneno de la culpa en que ha caído; y así nunca es conocido entre los malos el bueno. Amigos, yo solo soy quien de virtud necesito, que ofende a Dios infinito el mal ejemplo que doy. Mas aunque gran pecador, siento ver que tan sin rienda nefandamente le ofenda la criatura a su Criador. Llego, a ver en la bajeza del hombre torpe, y caído, tan suciamente ofendido al que es la suma limpieza, Estadme atentos, y oiréis lo que he conocido, y visto en los fieros Sodomitas, cifra infame de los vicios. Dios, cuya bondad alabo, le mandó a Abrahan mi tío dejase a Mesopotamia, que por secretos juicios, sin duda convino así: que fuese a vivir le dijo, a Canán, y que dejase la tierra en que había nacido, y la casa de su padre. Fue el obedecer preciso, el siervo humilde obediente, y el Señor obedecido. Salió Abrahan de su tierra, llevándome a mi consigo, hijo de Nacor su hermano, con amor igual de hijo. Llegamos, pues, a Canán, y ya en Canán y en Egupto (bendiciones de Dios fueron) llegamos a ser muy ricos. Tuvimos muchos ganados, muchos esclavos tuvimos, muchos bienes alcanzamos: sea Dios loado, y bendito, Creció tanto nuestra hacienda; que los campos, y los ríos no pudieron sustentar nuestro ganado infinito; tanto que entre los Pastores del mío, y de sus apriscos, sobre dos pastos tuvieror contiendas, y desafíos. Y por quitar ocasiones de disgustos tan prolijos, puestos en paz los Pastores, con amor nos dividimos: Yo como más pecador, la fórtil ribera elijo del Jordán, donde se ven aquestas Ciudades cinco, cuya cabeza es Sodoma, de las torpezas asbio. Aquí he vivido, si puede decir que vive, el que ha visto tantas ofensas de Dios, tantos nefandos delitos. La hermosura de los campos, la fercilidad del sitio, la variedad de manjares, la riqueza de vestidos, a sus ciegos moradores torpes y viciosos hizo: que así los hombres ingratos pagan a Dios beneficios. Bien sabe su Majestad los disgustos que he tenido, las afrentas que he pasado, los riesgos en que me he visto por reprender pecados, llegando hasta los oídos del Rey mis voces sin fruto, y sin valor mis avisos. Cerraron la mano al pobre, sus puertas al peregrino, con desprecio los trataban, y con rigores indignos, maltratando al virtuoso, alaban al más perdido. En catedras de deleites se lecú, y aprenden vicios, la vana curiosidad, la lisonja, el apetito forma invenciones extrañas, que ofenden castos oídos. Despreciando el natural, y siguiendo el artificio, con admiración gustosa fuentes humanas se han visto. Y en esta vanidad ciego, sordos en este desirio, no hay género de pecado en que no hayan delinquido. Y sobre todos: ay de mí. a tal extremo han venido, que con los brutos se juntan. Tiemblo de solo decirlo, de considerarlo lloro, de imavinarlo suspiro. Como bestias viven todos, donde justamente admiro en los viejos la malicia, la libertad en los niños. No hay hombre, que tema a Dios: su Dios solo es su apetito, su gloria son sus deleites, y su eternidad su olvido. Este es el mísero estado que tienen cuyo castigo, puesto, que Dios le dilate, al fin ha de ser preciso. Con gente de aquesta tierra tengo concertado y dicho, que he de casar mis dos hijas, que son la vida en que vivo. No ha de hallar la enmienda lugar en tantos delitos, cuando la misericordia de Dios provocada miro. Con oraciones lo lloro, con llanto lo solicito, con suspiros lo deseo, y con afectos lo pido. Tu virtud tendrá de Dios el premio tan merecido, que ser bueno entre los malos arguye valor Divino. Romped las puertas, y entrad. Sas depravados desigria ra coando esta gune Oh Señor! favor os pida. No tengas pena ninguna. Temo vuestro agravio vamo. Retiraos mientras yo salgo, por ver si así los obligo con amorosas palabras. Romped puertas, y postigos. Reportaos nobles varones. Donde tienes escondidos los huóspedes, que aquí entraron? Temerosos del peligro, que ofrece un Pueblo alterado con amenazas, y gritos, están orando al Senor: que los dejéis os saplico. Entregadlos luego al punto, que conviene a mi servicio, y no repliques palabra. Que no permitáis os pido, por el Dios de nuestros padres, hacer a estos peregrinos ningún agravio en mi casa. Bárbaro loco, atrevido, así a replicar te atreves? Con justa humildad replico, piado samente os lo ruego. Así negáis los oídos a mi piadosa demanda, sordos en vuestro apetito? Tomad mi casa, y hacienda, yo os la daré, yo me obligo a entregarosla, con tal, que a estos dos huéspedes míos en mi casa no ofendan estos ilustres mancebos, estos nobles peregrinos, sea yo solo el ofendido. Aparta, caduco viejo; eres advenidizo, y quieros ser nuestro Juez? Temed de Dios el Juicio, cuya voz terrible hiere en los más justos oídos. Pondrá en tus canas las manos el Pueblo si eres remiso. Flaca defensa es mis canas; más Dios, que mi intento ha visto, es Poderoso, y es justo. Oh corazones impíos! Llegó al extremo maror su malicia, y el cuchillo de la justicia de Dios cayó sobre sus delitos. Entra Lot, entra en tu casa, sabrás lo que no has sabido. Qué es de Lot? dónde está Lor? Fuese, pero no hemos visto por donde. Y su casa, Artemio, dónde está? No detérmino la puerta. Qué es esto, Cielos? o se hundió el edificio, o ciegos estamos todos. Parece, que aquí no ha habido casa. Oh viejo hechicero! Esto sufro? Esto permito? Bla fao de mi paciencia. Case extraño! . Peregrino! Buriole Lorde nosotros, Cómo burlar? al peligro de mi indignación se entrega: será el raudal detenido de mi foria quien le abrase. Venid volando conmigo, que mi poder soberano deshará encantos, y hechizos: muera Lot, y con él mueran sus gunados, y sus hijos.

JORNADA TERCERA

JORNADA TERCERA Oh mil veces dichoso aquel que alcanza la quietud del alma, que en tranquilo reposo halla en sus turbaciones dulce calma; y en ocasiones tales, ni canta bienes, ni lamenta males, La desbocada furia de un Pueblo contra el Cielo amotinado con una, y otra injuria tiene mi entendimiento acobardado: mas quien no ha de temerlo, si nombran solo a Dios para ofenderlo? Mudo el peje escamado, voz, y lengua repite en las espinas, y a su Criador postrado, desde aquellas moradas cristalinas, ofrece grnto al Cielo feudo de plata, y oblación de hielo. Las fieras más impías. cuando al rasgar la nobe suenan cajas, que indican loberanas baterías; yerto el cabello, y las cervices bajas, de Dios en la presencia, firman temor, y juran obediencia. Al despuntar la Aurora nuestra malicia el pajarillo arguye, y con lengua canora en dulces argumentos nos concluye, dando para esto interto en su universidad catedra el viento. Solo el hombre indiscreto, con ser capioz de obligación más grave, pierde a lrjos el respeto, cuando la fiera, el pececillo, el ave su obediencia le enseña, con una, o agradecida seña. Señor, volved los ojos en vuestro solio a los pecados míos; si mi vida os da enojos, castigad con piedad mis desvaríos, puesto que irracionales me acusan ante Vos los animales. Lor tu virtud hemos visto; y si hasta aquí has ignorado quien somos, oye, y sabrás de Dios los secretos altos. Las colpas de tus vecinos la justicia prosocaron de Dias, que aunque es con los hombres piadoso, benigno, y manso; igualmente es justo, y recto con los rebeldes, y malos. No es este cuerpo que ves material, sino fantastico: Ángeles somos, y puras inteligencias entrambos. Ministros legales somos, a quien comisión ha dado para destruir las cinco Ciudades que estás mirando. Sus nefandísimas culpas, sus vicios y sus pecados tú nos dijiste, si bien, nosotros no lo ignoramos. Antes de venir aquí dejamos capitulado con Abrahán, tío tuyo, siervo de Dios, justo, y santo, que como hubiese diez justos, serían todos perdonados: mira la piedad de Dios, y mira el mísero estado de esta gente, pues un numero tan breve no le hallamos. Cuatro sois tú, y tu familia; y aunque por ti perdonamos a tus dos yernos no llega al número del contrato: y así, justisimamente debe ejecutarse el fallo. Avisales, pues, y al punto salios de Sodoma, dando gracias al Señor, que os libra de sus fulminantes rayos. Volveré a besar los pies, que indignamente he tratado, pues los creyó mi ignorancia, siendo Celestes, humanos. Levanta, y no te detengan cumplimientos excusados, que Dios intenciones juzga, y la tuya te hace salvo. . Oh Señor cuanta piedad mostráis conmino, pues salgo de entre enemigos tan fieros! Vos piadoso y yo tan malo? Alaben os las criaturas todas, pues para alabaros lenguas a todas les distes; que aunque en idiomas tan varios, no hay fiera que no os confiese, no hay bruto que ignore tanto. Pues, si es así, yo, Señor, que os conozco, y que me hallo más obligado, que todos, como la voz no desato, y abismos de lenguas hecho, os bendigo, y os alabo? Pero bien sé yo que sois Poderoso, Fuerte Sabio, justo, Investigable, Recto, Infalible Eterno, y Santo; y que por ser tan piadoso no castigáis mi pecados. Aquí está Lot. Ya lo he visto. A sus solas está abrando. Voto al Sol que no lo entiendo: todo es traer del ganado recentales para d de comer a estos vigardos peregrinos: qué más quieren? Amigos? qué decís, Bato, En busca tuya venimos. Yo también os voy buscando, para un negocio que importa. Culpaba yo temerario la resolución del Pueblo, y al Rey traté de tirano; porque unos, y otros quisieron hacer en tu casa agravio a esos dos huéspedes tuyos. Pero ya desengañado disculpo al Pueblo, y al Rey, y solo en ti culpa hallo dignísima de castigo, pues contra el gusto de tantos quieres tú solo oponerte. Es parecer de hombre sabio querer contrastar a un Pueblo resuelto, y determinado? No veis, que es causa de Dios? Y es bien hecho estar gastando toda la hacienda en convites con bribones? Calla, Bato; yo sé lo que me conviene, y en Dios libro lo que gasto. Gentil libranza por cierto. Todos me reñís: soy malo, y merezco estás afrentas. qué aguardas, si has de entregarlos? Amigos oídme a parte, sabréis de mí lo que aguardo. Dios quiere ya destruir esta tierra y me ha avisado del rigoroso castigo, porque sus culpas han dado lugar a su indignación. Y ya para ejecutarlo, dos Ángeles han venido, que son los que en traje humano huéspedes míos han sido. Y así conviene aprestaros para huir de esta tierra: Dejadlo todo dejadlo, y obedeced al Señor. Qué dices? Qué estás hablando? Lo que Dios manda os avise. Ángeles dijo? qué engaño! Ello bien lo pueden ser: pero por vida de un cardo, que son lindos comedores. Que a tal extremo has llegado? No he visto en toda mi vida Ángeles que coman tanto. Que en esta locura des? Sin duda, que lo has sonado. o que has perdido el juicio. No estoy loco. Con los anos, y con la vejez caducas. Pero de esto no me espanto, que quien al Pueblo entregaba sus hijas sin más recato, poco advertido en su honor, indicios de loco ha dado. Ángeles son del Señor, que vienen a castigaros. Ángeles estos? patudos, con espolones de gallo. Loco está. Qué disparate! Ay, qué lástima! muésamo, adonde ha perdido el seso: yo apostaré, que lo ha dado algún peregrino de estos; que es comida de regalo, y muy costosa a la he: bueno ha quedado, de casacos. Ah cuitados de vosotros! Oigan es él el cuitado, y de nosotros se duele. Al fin pensáis qué os engaño? Por loco no te respondo. . De lástima no te hablo. . Justo es, Señor vuestro enojo; pues siendo los menos malos estos que yo había admitido para hyernos lo son tanto, que no merecen perdón. Como a loco me han tratado, vuestra verdad no han creído: una acción del mundo ingrato, que a los que dicen verdades tiene por locos. Mal año, ahora enviste conmigo, Ovés. Solo me han dejado; Ay de mí! qué he de her? No llegas? Estoy tembrando, que un loco es bestia furiosa. Yo escurro por este lado. Adónde vas? Guarda, el loco: De las afrentas que paso hago a los Cielos testigos, pues otros ningunos hallo. Ah Pueblo ciego y confuso: tu destrucción ha llegado. Pues cuando no la supiera, eran bastantes presagios ver despreciados humildes, y ver soberbios honrados. . Señor, qué voces son estas? Hijas mías, mis pecados. Qué pesadumbres te afligen? tu lágrimas? . Tú llorando? Sí, que es la ocasión terrible. Aquí de mí se han burlado Nacor, y Tare haciendo de mis verdades escarnio. Como a loco me han corrido los que señor me llamaron comiendo el pan de mi mesa. Y aunque siento mis agravios, no lloro por ellos; lloro por ver a Dios enojado, por ver a Dios ofendido. Y que esto ha llegado a tanto, que quiere borrar la imagen, que hicieron sus propias manos. Si sois mis hijas, oídme: si os di el ser, dad a mi llanto, y a mis razones oídos, que ya de crédito falto, solo en vosotras lo espero. Aquí obedientes estamos, señor, a tu voluntad. Pues, hijas entrad volando, y avisad a vuestra madre, y todas tres aprestaos para salir de esta tierra, que ya el justicioso brazo de Dios quiere destruirla. Los huéspedes que han estado en nuestra casa no son como parecen humanos: Ángeles son del Señor: Ministros del Soberano castigo entrad, y tomad vestidos, joyas, y vasos, para salir más ligeros. No hagáis de la hacienda caso, que hacienda en tan mala tierra será estorbo y embarazo para obedecer a Dios, cuyo temor os encargo. La voluntad del Señor se cumpla; y pues él te ha dado por sus Ángeles aviso, sus maravillas cantando, tu orden obeeceremos. . Sois centro de mi cuidado, colunas de este edificio, y de esta vejez cayado. Qué aguardas Lor, qué pretendes? cómo en salir has tardado? quieres que sea culpa en ti tu rebeldía? . No tardo, que ya dispongo el partirme. Vete al monte, en cuyos altos extremos librar te puedes. Eso temo que es muy áspero el monte: si das licencia, en Segor Pueblo cercano, y Ciudad de aquesta tierra, me entraré, Sea tu amparo Segor siéndoso tu suyo; pues aunque en la lista traigo de esa Ciudad el castigo, como de las otras cuatro, la perdonaré por ti. Entra en Segor: ponte en salvo, que hasta que lo estés, no puedo hacer nada: mira cuanto dobes al Señor. . Ya sé, que este quebradizo barro, sin merecerlo recibe de Dios beneficios tantos. Vete en paz con tu familia, advertidos de que estando fuera ya de la Ciudad, salgáis de ella tan de paso, que atrás no volváis el rostro, que en detestación del caso conviene lo hagáis así. Nunca en mi fue necesario para obedecer a Dios, ver el castigo en los malos. . Quién a mi padre desprecia no espere favores míos. Sois en tantos desvaríos, caduco él y tu necia. El que de honrado se precia, honra con amor igual la presencia paternal. Pero ya mis ansias ven, que no me quiere a mi bien quien trata a mi padre mal. El ofrecerte al tirano fue cordura? quién pudiera sino quien loco estuviera mostrarse tan inhumano? Ese ofrecimiento es llavo, que lo hizo por mostrar cuanto se debe excusar el agravio del amigo: como el que pide el castigo, que en él no han de ejecutar. Pues resolverte conviene. Ya he dicho a tu libertad que en mí no hay más voluntad de la que mi padre tiene. Castigos, que Dios previene te avisa, y loco atrevido, en tu error desvanecido, teniendo su amor en poco, le has tratado como a loco: por caduco le has tenido. Y no hay bastante ocasión? no es locura publicar, que quiere Dios abrasar esta florida Región. Avisos del Cielo son, que tu malicia desprecia. También tú lo afirmas, necia? Yo temo a Dios enojado. Ese miedo anticipado, ni el mundo estima, ni precia. Ya, Nacor, conozco, y veo cuan poco debo a tu amor, ya me has mostrado Nacor, que no es casto tu deseo: quien hace del alma empleo, no solamente prefiere a la prenda por quien muere; mas tanto el amor le anima, que hasta los perros estima de la casa, que bien quiere. Y así no es justo Nacor, que tu pretensión me cuadre, pues despreciando a mi padre, a Dios pierdes el temor: ya tu depravado error te amenaza, y mal podrá librarte mi padre ya. Pues quien bárbaro indiscreto, le pierde a Dios el respeto, cerca del castigo está. Vaste? . Huyendo de ti. Vete, pues, y al Cielo ruego, que te libre de ese fuego. Teme a Dios, Nunca temí. Al fin, tú te quedas? . Sí. Necio estás. Mi nombre infamas, puesto que al temor me llamas. Presto tu engaño verás. Tú a perderte al monte vas. Tú a morir entre las llamas. Apenas, bella Irene, he vuelto en mí, tan grande fuerza tiene el hechicero engaño, que loco admiro, y admirado extraño: qué bronce inanimado sufrirá lo que Lot conmigo ha usado? Ciegos nos dejó, y luego se ausentó libre, mas que todos ciego, Por tu hermosura juro, que en el Cielo no está de mi seguro, Mucho, señor, me espanto, que a un hombre advenidizo sufras tanto: hipócrita, insolente, que acreditar se quiere injustamente con limosnas fingidas, censurando las honras, y las vidas. Hoy se han de ver, y quedando yo vengado, todos libres, y él solo castigado; hoy pagará la pena en que su atrevimiento le condena. Cuando dar solicito, puerta franca al deleite, y apetito, un hombrecillo vil, que no supone, a mi grandeza, y mi poder se opone? Corrido estoy, corrido, y afrentado, de ver que sus embustes ha logrado. Deja, señor disgustos, que ya prevengo sus castigos justos; y puesto, que te agrada, prosigue con la vida comenzada; porque a pesar de hipocresías viles, te celebren pinceles, y buriles. Prosígase, que es justo, la Academia del gusto. Artemio había empezado a decir. Luego Artemio está empeñado? Prosiga, pues, Artemio. Estame atento, pues diriges al gusto el pensamiento. Sí, como tú, reinara, aquestas justas leyes publicara: de todos mis estados, sin excepción, echara desterrados, porque no me embaracen, a los que uno predican, y otro hacen: que son escandalosos los que muestran virtud, siendo viciosos; y hay claros testimonios, que estos son graduados de demonios. Tras de aquesto mandara, porque alguna visión no me espantara, sin dar oído a réplicas, ni quejas, recoger a las feas, y a las viejas, que estas nos aseguran ejemplares, son los más asquerosos muladares, A los que se limitan el sustento, ricos de hacienda, y de ánimo avariento, una ración muy corta les dejara, y su hacienda, y caudal les confiscara; que el que rico, miserias apetece, no es suyo aquel caudal, ni lo merece, y a otro dueño entregado, luciera lo que en él está enterrado. El gobierno es gustoso. Y peregrino, a premiarlo me inclino. Publiquense estas leyes, y en la posteridad sepan los Reyes de Sodoma, que he sido quien las ha establecido, aclamándome justo legislador de la quietud, y el gusto. Quién la honra apetece hierra el modo, pues no hiy más honra, que gozarlo todo. En la mesa del deleite la humana pompa se sienta, brindada del apetito, que no hay más Dios en su mesa. Con regalados manjares humanas glorias obstenta, vínculo en que está fundada la majestad, y grandeza. Tendré, amigos, por lisonja, que refiráis sobre mesa las locuras, que Lot dice. Son peregrinas quimeras, afirma, quiere abrasar con llamas de fuego inmensas el Cielo aquesta Ciudad. Qué rigoroso Propeta! Cuanto a risa me provoca. Mientras él en eso piensa, nueva invención prevenid, nuevo regocijo, y fiesta. Nacor, sintiera tu agravio, si ya en mi opinión no fuera el sentir ajenos males, o necedad, o bajeza. Yo trato de tener gusto: no hay cosa alguna que pueda merecerme a mí un pesar: divierte vanas tristezas. Oye en regaladas voces la armonía, que deleita. Ay triste! . Ay de mí! Qué es esto? En montes de nubes negras el Sol sepulta sus rayos, y amenazando la tierra tumultos escandalosos forman ardientes culebras: Qué oscuro, y qué triste día! Corrido estoy de que temas en mi presencia peligros, con mujériles flaquezas. Volved a cantar amigos; que el Cielo que me respeta, pronuncia voces confusas, con que mi poder calebra. Cantad, y alegrad de Irene las indebidas tristezas. No cantéis más; que parece, que arroja ardientes Cometas el Cielo, y que amenazando con armas de fuego muestra su rigor. Todo es hechizos de este embustero, que intenta perturbar el gusto tuyo. Vamos donde haberlo pueda a las manos, para darle el castigo que merezca. . Venid prendas del alma, obedecido sea el Señor, que os libra, piadoso, cuando está de mis culpas ofendido, y yo en obedecerle perezoso: Huid de aquese Pueblo endurecido, de aquese mar de vicios proceloso, donde en sirtes de ofensas, y pecados tantos quedan perdidos, y anegados. Salid sobre la tabla, que os ofrece su piedad, que afectuosa nos complace, pues no debe temer el que obedece cuando al Poder Divino satisface, y al Cielo, que sañudo se oscurece, no hay rigor, que ofendido no amenace, esgrimiendo, a pesar de la malicia, truenos de horror, y rayos de justicia. Pueblo ingrato a tu Criador, República la más ciega, hoy han cerrado tus culpas el proceso, y la sentencia. Pelotas de fuego apresta el Cielo contra nosotros. No hay humana resistencia. . Que me abraso. Que me abraso. Fuego. Fuego. Cruel tormenta. En fuego tengan sin tan enormes delitos, tan desiguales torpezas, pues para gloria de Dios así sus castigos muestra. No volváis la cabeza a tan perdida Ciudad, escarmentad en la imprudencia de vuestra madre, estatua convertida de sal, que llorará su inobediencia: Ya la soberbia al llanto reducida siente el rigor de la fatal sentencia: huid el rostro, a quien a Dios da enojos, y ado ponéis los pies, poned los ojos, Apenas nos permite, padre amado, el dolor responder a tus razones. En llanto nuestro espíritu anegado a Diós quisiera dar los corazones. Desenojadle, pues, que está enojado; no volváis a mirar las sinrazones de ese Pueblo cruel, que loco, y ciego con fuego se dispone a eterno fuego. Entrad en Segor, entrad, pues libres de la tormenta, sobre la tabla piadosa tomáis puerto en esta tierra. Dad gracias al que os libró, y llorad las culpas vuestras; porque demos fin llorando al castigo, y la Comedia de las lágrimas de Lot. Perdón os pide el Poeta.