Texto digital de Júpiter y Semele
Metadatos de la obra
- Atribución tradicional
- Juan Bautista Diamante
- Atribución estilometría
- Juan Bautista Diamante Segura
- Género
- Zarzuela
- Procedencia
- El texto, modernizado con posterioridad por Adrián Velasco, procede de TESO.
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Velasco, Adrián. Texto digital de Júpiter y Semele. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/jupiter-y-semele.

JÚPITER Y SEMELE
Al monte, al llano, a la cumbre Seguía la espantosa fiera, porque empeñada Semele en su alcance el curso alienta. En vano bruto el temor alas a tu fuga presta. Seguidla todos. Mi amor asegure su belleza. Tente Anfriso. Qué pretendes? Acreditar mi fineza. Pues como di, la acreditas, cuando en el peligro dejas la dama que adoras? Siendo yo quien ha de socorrerla. Cómo en tu discurso cabe, que a otro fie la defensa yo de la que adoro? Como no creo que nadie deba socorrer la que idolatro de mi amor en la presencia. Siendo despreciado, cómo a esa osadía te alientas? Porque a ser favorecido aspiro desta manera. Yo debo a Semele agrados, que a su socorro me empeñan. Yo desprecios, que me obligan a que su agrado pretenda. Yo con esperanza amo. Yo adoro, ay de mí! sin ella Venus Divina socorro. Turbada Ninfa no temas, y si has de temer Semele, teme a Juno, y no a la fiera. Favor. En vano de Venus infeliz favor esperas. Socorro Venus. ay cielos! Suelta Olimpo. Anfriso suelta. Júpiter sagrado. Mira su peligro. Oye su queja. Ay de mi triste! Ya aquí cesaron las competencias. Qué resuelves? Que los dos dejando el propuesto tema, para otra ocasión cumplamos de su socorro la deuda, ya que la necesidad en la oposición dispensa. Vamos pues! Semele. Cielos, mi amor os protesta, que el peligro de Semele me obliga esta conveniencia. Venus, socorro que del sobresalto no acierto a tirar al arco la cuerda, y cuantas flechas me presta la aljaba son desperdicios en vez de defensas. Horrorosa la fiera me impide la fuga cobarde que el susto concierta, y de confusa, turbada, y medrosa, del albedrío confundo las señas Del espantoso rugido me asombran los ecos horribles, que tristes resuenan, y si los ojos defiendo al peligro, a los oídos no dejo defensa. Ay infeliz, que de humano socorro desesperada entre riscos, y breñas, aun fuera consuelo, que el duro destino de mis desventuras lastima diera. Mas no vista mi muerte de nadie, a nadie escarmiento será mi tragedia, o cuan desgraciadas son las desdichas, que cuando suceden a nadie escarmientan! Pero como a sufrir me resuelvo la fuga cobarde, que el miedo aconseja? como contra mi vida yo propia le usurpo el oficio de fiera a la fiera? Haga, pues, el esfuerzo postrero de mi socorrida mi resistencia, que si la muerte es lisonja en los males, debe de ser la lisonja postrera. De tus rayos, o Júpiter santo, uno a mi mano medrosa le presta, que asegurando del riesgo mi vida, al arco confuso le sirva de flecha. No será nuevo, divina Semele, que con mis armas, ingrata, me hieras, ni será mucho si a él verte me matan, que de mis ojos mis rayos aprendan. El susto vence de mí socorrida, la mano descansa, y afloja la cuerda, no el gemido del arco confunda quejas amantes con voces violentas. Quien eres, o joven, por quien mis asombros, mudando de especie no mudan de esencia, pues en las formas de fiera, y de hombre, hombre te admiro temiéndote fiera? Yo Semele hermosa soy, pues que me han dado licencia de que lo diga, confusos tu temor, o tu extrañeza. Quien de haberte visto ferió a tu belleza divinos imperios por humanas penas. Sabes antes que prosigas atrevido, qué violencia, qué tiranía agradable a escucharle me violenta? Sabes que a las luces de mi extirpe excelsa, son del Sol los rayos frágiles pavesas? Sé hermoso encanto, que Cadmo noble fundador de Tebas es tu padre, y que del cielo sobre tu nobleza heredan. Los rayos tu pelo, tu luz las estrellas, tu tez los candores, los arcos tus cejas. Pues cómo? sin mí le escucho tu osadía, que te inquieta corazón? ofende el culto de mi sagrada modestia. Si el amor no funda, aun cuando te crea sus decentes logros, más que en reverencias. Como extrañas hermosuras permiten pasiones nuevas, que es necio el común estilo en la singular belleza. Y fuera delito de mi amante ofrenda, hacer como todos lo que nadie hiciera. Ay de mí! Qué intentas, pues ya rendida se confiesa a tu razón persuasiva mi dudosa resistencia? Con que al escucharte hallo que la fiera, aunque mudó forma, no naturaleza. Fiera consiguió mi amor, divina Semele bella, que abandona de todos, tu hermosura me siguiera. No, pues, espantable tu atención merezca, quien solo de humilde quiere merecerla. Hombre, o fiera, que me obligas al tiempo que me violentas, qué imperio tienes? Qué mando? que cuando el alma desea. Huir de tus voces tu vista la enfrena, tu halago la llama, tu agrado la acerca. Pero no no me lo digas. Al monte, al llano, a la selva. Y vete antes que conmigo Extranjero galán, vean los que me siguen mis daños, si saben callar las señas. Semele. Semele. Ay triste! Hacia este lugar la fiera siguió Semele. A esta parte escuché su voz. La selva penetrad. Mi padre, cielos! vete Extranjero, no quieras que a ejemplo del albedrío también la opinión se pierda. Si de tus ojos me apartas, cómo quieres que te crea? De mi pesar te aseguro. Como Semele me ofrezcas la permisión de volver a verte (aunque no hay que temas estando conmigo) yo haré por ti la fineza de ausentarme de tu vista, aunque tan costosa sea. Qué importa que yo me excuse si no es mía mi defensa? Pues entonces sabrás. Dioses. Que soy. Júpiter. De aquella voz no olvides es acaso, o créasle, o no le creas. Enajenado el discurso, ni a dudar, ni a creer acierta, y entre el creerlo, y dudarlo elige mi conveniencia. Creer que es cierto, pues no pudiera tener certeza, que se obligara Semele a quien Júpiter no fuera. Semele. Semele. Cadmo, Anfriso. Quien, cuando llega a oír su nombre en tus labios, su dicha a otra dicha trueca. No yo, que aunque esa ventura a Semele no merezca, si está sino mi dolor bien hallado con su queja, claro está que mejorando de fortuna no quisiera aventurar una gloria, el que idolatra una pena. Merecer yo que se acuerde de mí, no es de mi fineza defecto. Ni no alcanzarlo yo delito de mis prendas. Yo? Yo? Reparad los dos, qué os hacen las competencias groseros. Cómo? Olvidando os de que son en mi presencia, pues faltando a la atención de mi peligro, os violenta, mas una ciega porfía que una urbanidad discreta. Quién os ve libre, señora? Quién ya os ve sin riesgo? Penas, con vosotras bien hallada, de teneros no me pesa. Solo ha de dar a entender de su pasión con las señas, ya que no pudo lograrlo lo que sirviendo os hiciera. Quien os busco en el peligro y fuera de él os encuentra, lo que allá hiciera su afecto, lo calla aquí su advertencia. Esa también es porfía, pues de intenciones opuesta se compone. Y os disgusta? Pues queréis que me divierta? Pues porque no os canse más. Proseguid Será la ajena opinión la que sigamos, de hoy más en vuestra presencia. Ay nuevo cuidado mío, Ay dulce ingrata belleza. De haberte hallado olvidando el sobresalto, comenta Semele el alma en albricias, da el cuidado que lo cuestas. Empeñada en el alcance de aquel bruto, en la maleza, de esta montaña perdida hice de la voz defensa. Señor. Señor. Qué hay Neblí? que hay Tagarote. En Astrea mi Majestad disfrazada se permite hoy a la tierra, que una celosa pasión en cualquiera acción dispensa, ay Júpiter falso! En Cintia mudada dejé mi esfera, porque Semele halle en Venus, quien de Juno la defienda. Puesto, que el accidental cuidado en el susto cesa, y que ya el templo de Palas la cercanía nos muestra, lo que para esta ocasión reserve advertido en ella os quiero explicar, oíd, lo que los hados ordenan. Que así me maltrate aquel hermoso ensayo del día! Que en tal cielo, tiranía se conjure tan cruel! Hoy de mi mucha tristeza, Anfriso, y Olimpo son traslado. Dadme atención. Ya te atendemos, empieza. Agenor Rey de Fenicia, hijo del sacro Neptuno, fue mi padre, en mis principios dignos Príncipes discurro, por ser preciso en el caso, de que advertiros procuro anticipar las noticias, para aclarar los discursos. De Agenor nació, y de Livia su consorte, aun lo pronuncio, no sin sobresalto, Europa, cuya beldad fue trasunto del soberano pensil, sino es que fuese dibujo de Europa el cielo, pues mal pudiera juzgar ninguno, viendo a Europa, y viendo al cielo, tan igualmente en el sumo grado de la perfección, cual de cual era trasunto, sino los diferenciara de los oídos el uso, que uno era cielo elocuente, cuando otro era cielo mudo. Tan hermosa; pero como en su perfección me ocupo, cuando su desgracia está trocándome los impulsos? Si no es, que sea advertencia del acaso, a quien no arguyo, dejarme pintar la suma perfección del cielo suyo, porque su hermosura diga de su desgracia lo sumo. mas por abreviar, que largos proemios hacen confusos los avisos, sumar. de sus desdichas el curso, diciendo solo que un día funesto a los hados suyos, asistida de sus damas, se entregó toda al descuido, del mar la acercó a la orilla, como otras veces el uso, donde del suyo, y mi padre la divertía el orgullo agradable por copioso de tanto lunado bruto. Como en partidas escuadras chupaba a la yerba el jugo, de entre los otros más manso, o a lo menos más astuto, un blanco, un hermoso toro, (que hay hermosura en los brutos) a Europa se acercó, y como en indicio de tributo, que a lo bello pagar quiso aquella vez lo sañudo, besó la cobarde mano, asegurándole cultos mugidos, que por humildes pasaron plaza de arrullos. Menos confusa la mano sobre la melena puso al toro Europa, y a poco rato, ya olvidado el susto de una guirnalda de Flores, la frente adornó al robusto galán, que Rey le juraba de todo el Imperio bruto. Viéndole manso, apurar quiso el sufrimiento suyo, y sobre la tosca espalda acomodó el bello bulto. Con lento paso el cruel maquinador del insulto, en los primeros engaños aseguró los segundos. Primero en corta distancia, luego en más, luego en más, su hacer parecer acaso el que era traidor estudio. Llegó al mar con la engañada Europa, que en el seguro de las experiencias nada le acordaba el infortunio; pero apenas del salobre elemento, el oportuno sagrado le acogió, cuando dándote al cristal cerúleo, mares de rizada plata levantando a los impulsos, de pies, y manos volaba, pez sin tocar los diluvios, ave sin ajarlas ondas, pues de los ojos confuso, el conocimiento dando a las distancias el uso, el hurto, y ladrón miraba, sin ver, ni ladrón, ni hurto. Llegó la nueva infelice a la Corte, y necio el vulgo, adivinando (que esta es la facultad de los muchos) a deidad divina dieron de esta tiranía el triunfo, (que de la baja ignorancia no están los Dioses seguros.) Aborreciendo Agenor esta malicia, propuso no creer la forma del daño, por no malquistar el culto. Mucha prudencia fue, mucha constancia, valor fue mucho, que en un duelo de honor sepan ser corteses los disgustos. Manteniendo, pues, su siempre cuerda presunción, dispuso, que yo en busca de mi hermana, a los términos del mundo examine las remotas distancias, los senos cultos, con advertencia, de que sino la encuentro, no cumplo con su precepto, y me expongo de su enojo a los impulsos, sin que esto crueldad en él deba llamarle, pues juzgo, que por castigar la infame duda que al cielo se opuso, quiso Agenor, promulgando su enojo, según presumo, dar a entender que era fácil de su precepto el asunto, porque allí él, sino la hallo se entendió, sino la busco, de fenicia, pues gustoso a cumplir el absoluto mandato, partí asistido de numeroso concurso. Y no lo digo, porque fui acompañado de muchos, sino porque valeroso, un corto escuadrón me cupo de hombres todo, y esta frase con experiencia la uso, de saber que hay hombres, que no tienen más que los bultos. En mi peregrinación ocupé el dos veces justo termino, que en correr gasta el cuarto planeta Rubio. La cristalina campaña de los hermosos carbunclos, a quien repartiendo luces deja por sus sustitutos. Cansado en fin de sembrar de mis fatigas el fruto, desgraciado tan de balde, que no cogía ninguno de los humanos remedios acordé dejar el curso, y para hallarlos divinos; los oráculos consulto. Fue la respuesta en efecto, hablándome el bronce duro del oráculo en la vez, que dejase el importuno cansancio de un imposible, que está solo en lo que busco. Y no solo que le deje, sino que siguiendo el rumbo de estos distritos, adonde aun no domada del yugo, una blanca res encuentre, fabrique para refugio de mis fortunas Ciudad, a quien de leyes, y usos, obedeciendo el aviso, partí, y aplazo no mucho, hallada la seña, quise aprovechar el indulto. Ayudado, la Ciudad fabrique, y el cómo excuso referir, porque no ponga duda en la forma el discurso. Ya poblada en fin, sabiendo que era mi acreedor el sumo favor de Palas, en tantos piadosos honores suyos, ara le erigí decente, que haga reverente culto a su adoración, en este monte, que es sombra del mundo. Pero apenas sus altares vieron los primeros humos de mis sacrificios, solo por necesarios, no injustos, cuando la voz de la Diosa dio a la admiración asuntos, diciendo, Cadmo el primero dichoso sucesor suyo, será la hermosa Semele, de quien un Dios era triunfo, y por quien aumento aguardan de los Dioses absolutos el sacro, el divino coro de sus hados al influjo. Y advierte, que la elección del feliz consorte suyo, toca al cielo, de mis voces aguarda el favor futuro. Esto el oráculo dijo de la Diosa, y yo que junto estos presentes sucesos con los pasados anuncios, viendo de cuanta importancia será no alterar el gusto de los Dioses, y también viendo Príncipes Augustos de Macedonia, y Arcadia, cuanto me será oportuno, que de los dos a cualquiera elija la suerte juntos. De Palas os traigo al Templo, od de los labios puros del oráculo a quien toque la ventura, o el disgusto, el premio, o el desengaño, la pena, o el disimulo, la desgracia, o la lisonja, el vasallaje, o el triunfo, con advertencia, de que a entrambos os aseguro, que a cualquiera de los dos la da el Cielo, con mi gusto. Quién será piadosos cielos el venturoso? hay amor! porque añades un temor a quien muere de unos celos? Cual Dioses el elegido será, fortuna violenta, porque otro riesgo se aumenta a mis celos, y a su olvido. Muda soberana Diosa te espera mi confianza. Pues de qué es esa mudanza. Señor yo. Semele hermosa disimula tu dolor. Sabes tú mi dolor? Sí? Y yo también, ay de mí aunque muero. Y qué Amor. Como del cielo al mandato, tu desatención se opuso. Yo no el precepto rehusó señor, sino le dilato, que si a la deuda en efecto el oráculo me obliga, mientras su voz no lo diga en nada falto al precepto. Y en fin llegando a entender cuál es conveniente más de los dos, dime, qué harás? Padecer. Qué? Obedecer. Qué decís los dos. Conforme yo con el gusto del Cielo, aunque sé que ha de tocarme el desaire del desprecio, por víctima, aunque infelice, le ofreceré el sufrimiento. Que más recelar pudiera mi desvalido deseo, cuando tan aventajado en todo Anfriso te veo? Pero advierte, que aunque seas el dichoso, como espero, cuando envidioso me deje tu glorioso vencimiento, no me dejará ofendido, que en los generosos pechos no pasa la envidia nunca de decentes sentimientos! Ay Semele, que mal sufre mi temor mis cumplimientos. Mucho me alegro de oíros, tan corteses, como atentos, en el fin de la esperanza, que es donde suele haber riesgo. Competir yo a Olimpo fue procurar su lucimiento, que siempre está más airoso el que vence compitiendo. Ay que mal Semele finjo la desdicha que recelo! Bien los ves tan cortesanos, Pues por la parte de adentro, cada uno con cada uno es treinta gatos, y perros. Y anduvieran mordiscones sobre cualquiera requiebro, aunque de puro roído no traiga más que los huesos. Puesto que conformes todos del templo las puertas vemos, porque a los sacros oídos. sea más decente el ruego, en sonoras voces llegue nuestra pretensión primero. Hoy Palas divina, iguales afectos, en dos corazones aspirara un premio. Mas hay que no es cierto, que vivan dos almas con unos deseos; porque suele ser fuego en algunas lo que en otras almas suele ser yelo. Yo que me yelo lo diga. Dígalo yo que me quemo. que en unas almas es fuego de nieve lo que es en otras nieve de fuego. Venid Príncipes a ser dichoso, uno con el premio, y otro con el desengaño. Palas a tu Altar ofrezco, porque me toque la suerte, para reverente obsequio el temor mío, pues solo puedo ofrecer lo que tengo. Y yo a tus aras Divinas si preferido me veo de tu atención, porque nunca falte lumbre a tus trofeos, ofrezco la eternidad de mi enamorado fuego. Ay Astrea, que si toma hoy resolución el cielo, de enajenar mi albedrío mis esperanzas murieron! Eso es lo que yo procuro. Qué dices? Que tu mal siento. Deja a estas puertas sagradas la tristeza que en ti veo, que en los divinos lugares no entran humanos afectos. Dime, tú no entras? No. Porque di? Porque no quiero, que a mí me quepa la suerte, que si nunca ha sido bueno casarse, que será cuando está el mundo tan estrecho? No dices mal, yo tampoco voy, porque lo propio temo. Entra Semele sin susto. Como Cintia hermosa puedo? Cree de mí, que te asegura quien sabe que vas sin riesgo. Ha Venus aleve! Juno no ha de lograr sus intentos Tu sola me alientas. Fía tu cuidado de mi afecto. Volved, pues las sacras puertas tocamos, as dulce acento. Hoy Palas Divina iguales afectos, en dos corazones aspiran a un premio. Mas hay que no es cierto, &c. Vamos a saber si hay algo mientras entran allá dentro, que dar qué hacer a los dientes. Tagarote, me convengo que ha mucho rato que están vagamundos los gargueros, mas dime primero. Qué! Esto de cantares bueno unos, y hablar otros? Si. Y por qué se hace? Por eso. Concluyome tu razón. Mira, no seas de aquellos, que por darnos a entender que tienen conocimiento de todo, todo lo culpan con la lengua de los gestos, siendo su caudal, en cuanto al sabio conocimiento, tan corro, que aún no conocen que son grandes majaderos. No censuraré otra vez. Así parecerás cuerdo. Oye Juno. Qué me quieres? Escucha. Di. Que supuesto que humanas, aunque divinas, con diferentes afectos nos miramos, como humanas nuestras acciones tratemos: no culpo yo que celosa solicites desempeños de una pasión, a quien corto viene el encarecimiento; pero culpo, que vengarte quieras de quien solo ha puesto en ofenderte un descuido, que es cuidado de no hacerlo; que culpa tiene Semele de que la viese el supremo Jove? ni que culpa tuvo de que la adorase luego, recelándote bruto le vio trocar por lo fiero lo galán? que más debió, que librarse de lo bello? y si se inclinó, tan fácil es no incurrir en el riesgo; la inclinación combatida de hermosura, y de respeto quien tiene oídos, y escucha, aunque el modo sea violento, cuando después no hace agrado las que hizo ofensas primero? tan lejos de los oídos están las almas? tan lejos de las almas la piedad, que no oiga los rendimientos quitarale a tus sentidos el uso tu poder cuerdo, mas siendo sensible, quien se puede librar del ruego? Júpiter, Juno te agravia, no Semele, los despechos contra la causa conspira; pero no contra el efecto. Corrida de haberte oído, aún más que admirada. Venus olvidarme de mi propia para responderte quiero. No es Juno quien te responde sino su pasión, que puesto que no puede separarse de mi ser mi sentimiento, si como deidad le sufro, como humana le prevengo Celos son Venus, mis manos no más te los encarezco, porque para exagerarlos basta decir que son celos. Semele, aunque Jove ingrato fue primer causa, es objeto de mis males, pues mis manos de su hermosura nacieron. Que tenga culpa no arguyo pues para mi sentimiento sobra todo su delito, aun cuando pueda ser menos, que a la violencia rendida oyese, culpar no puedo. Mas como puedo dejar de sentirlo, si lo siento, que Júpiter se inclinase a su hermosura, fue acierto de su buen gusto, más no escusa de mi tormento: en ella al verle galán, oírle rendido y tierno no sea culpa, pero en mí como no ha de ser desvelo? En fin Semele me quita a Júpiter, no nos demos a la piedad, la razón no pierda sus privilegios. Es bien que un mortal, aquí del sagrado valimiento de mi deidad, avasalle lo que hizo el destino exento? como esferas consentís mi ultraje? Juno, qué es esto? Olvidarme de que hablaba como humana en mis afectos; o lo que es más verosímil al decirlos no pudiendo como humana reprimirlos, pasarse el dolor violento a no caber en mi labio, de no caber en mi pecho. Y puesto que inobedientes, o quejosos, o soberbios, mis sentimientos pasaron la línea del sufrimiento, dada primero al partido de los suaves remedios, solicitaré a mi ofensa alivios; pero si efecto no surtieren, prevenciones, advertencias, y consejos convocaré en mi venganza, cuando no me ayude el cielo, de Júpiter persuadido, las furias del triste seno, las guardas del centro obscuro, para que en mi desempeño, vengándome de Semele, pues de Júpiter no puedo, hagan su amor infelice a tu protección opuestos. Yo la libraré de ti. Mas no podrás de mis celos. Veranlo tus desperdicios. Déjame intentar primero que el escarmiento la avise, y si esto no vale, Venus entonces veras cuan vanas todas tus defensas fueron. Júpiter. Venus divina, ya es de tu grandeza empeño librar de Juno a Semele. Mucho me empeña tu afecto, que está celosa? Mis hados crueles mi amor dijeron. Haz, que el Oráculo, pues sordo a la voz, mudo al ruego. no responda, y haz también, que de horror poblado el Templo, como en señal de ofendida Palas, pues puedes hacerlo. Abandone el sacrificio, para que obligados de esto, todos del Templo se salgan, y en la obscuridad envueltos, perdidos, pueda Semele llegar donde le prevengo albergue, que la asegure. Madre de amor, cuándo es nuevo que yo tu dictamen siga en la piedad, que te debo? Qué aguardas pues? No perder la ocasión solo pretendo. Mudo el Oráculo niega los prometidos agüeros, y el enojo de los Dioses dicen las iras del cielo, piedad Palas. Bien hicimos en no haber entrado dentro. Todo el Templo se arruina al parecer, y ya negro el bello rostro del día, no es hermano a lo que vemos de las luces. Sera primo como todos los morenos. Que palmo! Que horror! Qué asombro! No te ha de valer, o Venus! la astucia. Un amor amparo. Y yo castigo unos celos. Al monte, a la población. Guiados todos del miedo, nadie se acuerda de nadie. El amor es un grosero. Semele. Semele. Cadmo? Te burlas? A lindo tiempo juegas Neblí. Tagarote, sírvete de estarte quedo. De todos dejado, penas a mover los pies a cierto. Cómo de Semele no son mi norte los luceros? Pues Semele no me alumbra sin duda ella a su luz lejos? Otra Tagarote. Otra, yo escurro. Yo escapo. Cielos, entre tantas confusiones solo mis males encuentro, quien me advertirá de tantos asombros? El Escarmiento. Al tiempo que los oídos cobraron noticia, vieron los ojos entre los tristes estorbos del aire ciego, un suntuoso Palacio, cuya puerta es padrón fiero de tragedias, delineadas en mármoles, y en haceros. Allí el blanco seno da a dos áspides sangrientos una mujer, a quien llama Cleopatra el mudo letrero. Allí de un puñal los filos rasgan el hermoso pecho de otra infeliz, a quien Dido llaman caracteres negros. Allí, al parecer, llorando en un peñasco soberbio, de otra belleza ofendida dice Olimpa el nombre impreso Allí una Ciudad se abrasa, y solo entre tanto incendio, distingue la vista el nombre de Elena a la llama exenta. Qué es esto? donde llegó hados mi infelice vida? quien me advertirá afligida de donde he llegado. Yo. Tú que mi albergue pisarte por decreto superior, no del acaso guiada, sino de la prevención, sabe que de ti ofendida está la deidad de un Dios, cuya piadosa venganza pueda en aviso el rigor. Y sabe porque no ignores donde llegaste, que yo voy de amor el escarmiento, ay escarmiento de amor. Libra infeliz tu albedrío de los hados al furor, que a ti el riesgo te amenaza; pero a tu albedrío no. No una ciega fantasía haga otra ciega pasión, que con libertad son muchas para ceguedades dos. De mi acento no desprecies en el aviso el favor, que no creer el peligro es cautivar la razón. Y porque Semele veas cuanto de tu parte estoy, de mis conceptos te quiero hacer representación. Mira como Progne allí de Tereo burlador se queja, y a Filomena, que huye allí de su traición. Mira a Hipólito su esposo; pero para que mejor tu escarmiento te escarmiente, pase a las suyas mi voz. De medrosa, y de turbada nada conociendo estoy en mi albedrío, que pase de una ciega confusión. Venus Semele te alienta, porque el cobarde temor no pueda en tu fantasía más que la noble pasión. Del escarmiento ultrajada no creas la triste voz, que el infelice no cuida más que de ser compasión, Esos que representarte pretende a la vista hoy, primero fueron dichosos si ahora infelices son. En los lamentos que vieres haga tu cuerda elección, memoria de los halagos, y descuidos del temor. Si una deidad te amenaza considera en tu favor, en dos de amor, y piedad cuidado, y obligación. Venus te asiste, no temas, que yo por ella veloz, de su clemencia enviada, vengo a ser tu protección. No creas, no, de la Ninfa de Venus la engañosa voz, que entre halagos mentidos abriga tu perdición. No creas, no, su acento traidor. No creas, no, del cobarde Escarmiento la falsa intención, que parece su aviso advertencia, y es solo temor. No creas, no, su acento traidor. Haced formas ofendidas del tirano adulador, de vuestras tristes tragedias visible demostración, Para vencer haced Ninfas, que del susto a la ilusión, en vuestros halagos siga al escarmiento la voz. Una deidad te amenaza, y otra te ampara, di amor a quien ofendes? A mí. Y quien te defiende? Yo De Astrea, y de Cintia, cielos, son aquella, y esta voz. Teme mi enojo No temas. Prosiga la confusión. Filomena, Filomena. De una en otra admiración vagando el discurso solo, se para en la suspensión. Hipólito. Filomena suspende el paso veloz, y no ocasiones ingrata más sustos a mi pasión; de quien huyes? Ay de mí! De quién aguarda, favor si en mi constancia te siguen poder, y resolución? Déjame cruel. No puedo. Cielos, mirad mi aflicción, oíd mis quejas De quién te quejas? De tu rigor. Si de algo te has de quejar sea de tu perfección Filomena, aunque te ofende te solicita el amor, de una libertad rendida que pretende ser prisión. Amor llamas al deseo torpe, que en ti viendo estoy, como si el amor no fuera rendida veneración? Ofendidos los halagos de especie mudan. Traidor, eso es en el que desea, pero en el que adora no. Yo en suma te amo rendido. Tú me aborreces atroz. Yo te adoro. Tú me ofendes Aguarda Cielos, favor. Yo haré que oírte no puedan Eco con la confusión de tus acentos sus voces estorba. Favor. Favor. Piedad, cielos. Piedad, cielos. Ay de mí! favor. Favor. Teme, teme el estrago. No le temas, no. Porque es advertencia. Porque es ilusión. Teme, teme el aviso. Burla, burla el temor. Hipólito. Filomena. Hacia esta parte su voz escuché, más que desmayo con indicios de furor me violenta, y me suspende? todo confusiones soy. Hipólito. Progne bella cuyo acento asunto dio mal pronunciado, al preciso discurso de mi dolor, pues juzgo que tú te quejas de lo que me muero yo, cómo, di, sola? Tu hermana. Di mi Rey, para que no si acaso olvido la sangre, olvide la obligación. Del tálamo, hay de mi triste! inmunidades rompió, y dejándome acredita su alevosa pretensión Filomena. No prosigas. Huyendo. Prosigue. Dio a su libertad sus plantas, y el Rey. Suspende la voz, que si has de decir, que aleve a Filomena siguió el Rey, llamándole Rey contra su veneración, si no me puedo quejar, no quiero saberlo yo. Pero por donde, hay de mí! motivo de una pasión, que te procuró buscar, y de hallarte le peso? Hermana, de mi te apartas? bien haces, que en mi valor es delito la constancia, y pues tu mal viendo estoy en el mío, hay infelice! yo vengaré el de las dos. No me respondes? no puedes? ay de mí infelice! No. Estás herida en la lengua? Sí. Quien, hay triste! te hirió. Tu. Lo que dices repara, sangre escupes? Tú. Dolor, luego para una desdicha faltaría explicación mi sangre? Te, Te, Te. Cielos, Tereo? Te, Tereo. Qué con mi acero pretendes si yo tan difunto estoy, que solo tengo de vivo la tarda respiración? que me vuelva dices? Sí. Muera yo contigo. No. Quien de mi te aparta? Él. Y quien me ha de vengar. Yo. No me has de ver cuando mates a Tereo? Thereo. Teme, teme el estrago. No le temas, no. Porque es advertencia. Porque es ilusión. Teme, teme el aviso. Burla, burla el temor. Cesó el asombro, ay de mí! pero no la confusión, que en tan mucha admiración es la razón frenesí; Turbada de la amenaza mi extrañeza se compite, y lo que el susto permite el temor me lo embaraza. Si quiero huir el destino, que aquí me avisa el rigor, me impide, no sé si amor, del escarmiento el camino. Mas como, cielos, pudiera. en tan rara admiración, asegurarme pasión, que pasión de amor no fuera? Venza su afable deidad mi temor, más hados fieros, quien de estos tristes agüeros me asegura: Mi piedad. Cintia, cómo tu hermosura se siguió a tantos temores? Como en alivios, ni horrores es la duración segura. Confusa en mi asombro, más dudas al espanto doy, dónde Cintia hermosa estoy? Donde segura estarás. Dime si los tristes daños que acabo de ver mintieron? Verdad en aquellos fueron Y en mí qué serán? Engaños. Cómo si eres Cintia hoy de los riesgos me aseguras? Como para tus venturas parezco la que no soy. De la madre del amor este es el piadoso albergue, siempre exento a los peligros, exento a los riesgos siempre, que a que los afectos mudando de especie, los males olvidan, y acuerdan los bienes. Yo porque cesen tus dudas, soy venturosa Semele, Venus, no tu admiración en mis disfraces tropiece, pues no es la primera vez, que estas mudanzas consiente mi grandeza generosa a los que culto me ofrecen. Que hay transformaciones de amor en las leyes, que aunque son mudanzas, primores parecen. En Cintia de otra deidad, que solicita ofenderte, disfrazada afecto noble, me obligo a que te valiese tu peligro, solicita la que disculpada ofendes, y la que piadosa obligas tu seguridad pretende. Con que a un tiempo mismo en entrambas tienes, una que te libra, y otra que te ofende. Juno de Jove celosa tiranías te promete, yo de Jove persuadida, con tu belleza clemente su razón olvido, pues fuera mi piedad aleve, si obligándote al peligro en él no te socorriese. Que es duelo forzoso de mis altiveces, no faltar a riesgo que por mí se tiene. Y pues del pasado asombro libre el albedrío tienes, y a mí en tu favor, no olvides lo que a tu fortuna debes. De un Dios la soberanía, por ti disfraz indecente, viste, sufriendo de humano las avasalladas leyes. No, pues rigurosa a ruegos te niegues, que sobre Divinos saben ser corteses. Yo no te violento a que hagas lo que decente no fuere, que no son facilidades agrados que no trascienden de nobles piedades, y es delito, de quien advierte no expresar las circunstancias, porque dudar no se puede. Que en estas acciones ay cosas que deben, unas no ignorarse, y otras no saberse. Y porque veas, que aún no te persuado, y que puedes sobre mi advertencia hacer lo que juzgues conveniente, cantanticas ilusiones deshaced los aparentes engaños, porque la hallen los que buscan a Semele. Vuelva el Sol al día, las sombras se ahuyente, porque su hermosura, quien la busca encuentre. Venus Divina. Con quien hablas? el error advierte, que yo soy Cintia, señora. Pues tú ahora? más no es este el Templo de Palas, donde se ocultó tan fácilmente la tropelía de tantos, ya piadosos, ya crueles avisos, como rigores, y piedades me prometen? Cintia. Señora. Di tú, aunque en lugar diferente al parecer, no dijiste que eras Venus. Si te mienten unas señas, porque a otras crédito das fácilmente? Porque puestos los deseos departe de lo que quieren, cuando gustosos los hallan, tal vez los engaños leen. Pues si en lo que te engañaste hallaste lo que apeteces. Qué tu advertencia me dice? Que creas lo que quisieres; pero aunque de este consejo en lo que te digo advierte, sigas el dictamen, mira, que a otro ninguno te entregues, que mío no sea, pues te perderás si lo hicieres. Déjame olvidar asombros. Sí haré, más no olvides este. Semele. De haberte visto llegan ya todos alegres. Mal si a mis brazos no diera el gusto, hija, de verte a la obligación de padre, completa las tiernas leyes. Tu esclava soy. Di mi alivio. Nada mis penas divierte. No, que el Sol volvió a dar luces creo divina Semele, cuando al ver que en ti faltaron, reconozco, que en ti vuelven. Ciego sin tus rayos bellos te busqué, pero fieles tus estrellas me guiaron a que con tu luz acierte. Yo agradezco; pero cielos, que ni a agradecer acierte, que ofensa a mi pasión hacen, mis atenciones corteses? Nunca deberos creyó tanto mi dichosa suerte, como ahora. No juzgó mi fe, que tanto os debiese. Qué me debéis vos, ni vos? Cortar el acento a ese, que agradecimiento noble quiso ser, que a quién se debe, cuanto el alma alienta, y cuanto la vida en su ser contiene de nada en un solo afecto le hace la deuda presente, que es restitución no más, lo que dádiva parece. Yo os dejo, que al pronunciar agradecimiento cese vuestra voz, como quien sabe, que en nada serviros puede, quien de una vez alma, y vida os entregó reverente. Muy convenidos está. No ves, que el concierto es ese? Cesen las cortesanías, y vamos. Nada me muele tanto, como esto, que sabe el Poeta impertinente, si las que cortesanías llama, serán pesadeces? Pues aún es mucho peor, cuando el Gracioso hablar suele, decir, que estrenado está, aunque simple gracia tiene, que sabes hombre del diablo, si en vez de lumbre da nieve tu gracia no digas tú lo que ha decir la gente? Ves eso, algunos lo dicen, porque hallan quien se lo cree. Vamos, donde el rendimiento, en torno de las paredes del templo, ofendido diga, que no la intención le ofende, sino la desgracia, pues en tanto, que no serene el enojo de la Diosa, con obstinación rebelde, en la constancia resuelvo, no diferenciar de albergue. Aquí Oráculo divino, me han de hallar del sol ardiente los rayos, aquí las lluvias de los erizados meses, la siesta aquí de los Julios, la escara ha de los Diciembres, por ver si acaso de alguna ofensa, que ignoro vence, la humildad del ceño horrible, que recela en ti mi suerte. Justo es, que asistamos cuantos interesados en ese logro, nos vé la esperanza. Preciso es, que cuantos penden de esa fortuna fijamos tu parecer. No decente estancia te labrarán nuestros afectos corteses, en esta montaña inculta; pero verás de rebeldes troncos población, a quien le deba el descanso leyes, y si el agrado recibes. Deidad de quien te la ofrece, puede ser, que en rudos troncos, no menos pórfidos eches, que dispensa en el obsequio, quien del culto no se ofende. Ya que por mí no la estime, por mi padre os agradece mi cuidado la atención. Aun es mucho favor ese, ay Seme le que me matas. Ay qué te adoro Semele! De esto de irse a ser peones estos Príncipes, qué sientes Tagarote? Que peor fuera irse a ser cordeles. Sígueme hija, que hasta tanto, que esta fortuna se enmiende, Deidad te han de venerar estas montañas agrestes. Sola otra vez he quedado. Tampoco mi amor te debe, que ni aun mi memoria te hace compañía? Que me quieres, asunto de una amenaza, en quien viendo estoy mi muerte tan dulcemente; que acuso, a quien de ti me defiende? Qué me quieres? Qué te quiero? Ten lastima, a quien no puede, aunque más lo solicita de su pasión defenderse. Que una novedad me admire, no debe extrañeza hacerte, bueno es que te quejes tú, cuando soy yo quien se muere. Ten bella Semele piedad a los males, que por ti se tienen. Si tiranas prevenciones de mi afecto te divierten, si tu temor ocasiona, quién de mi amor te defiende? Di que culpa tienen mis ansias rendidas, mis penas corteses. Excusarte de escucharme con resistencias rebeldes, y por tu atención faltar de tanta deuda a las leyes. Fuera en ti decente, que en fin el recato disculpas merece. Pero entre grata, y suspensa, consentir que te dijese mi cuidado, y con un riesgo cantantico defenderte. Es término aleve, que parece engaño, y es lo que parece. Oye, ay de mí! que disculpas hallará mi amor decentes, dime quién eres tú propio, y no a otro acaso lo dejes. Porque al cometerle halle mi delito, disculpa en quien eres. Si te escuché como humano, facilidad fue indecente de la mucha obligación, que mi modestia me tiene. Mas creyendo al verte, que eras deidad, como pude defenderme. Quién sin infamar el culto, puede negarse a quien tiene el dominio de las al más, contra la opinión prudente? De que nadie puede hacer cortesía de aquello que debe. Y pues solo para darte el alma, que ya tú tienes, quien eres saber deseo, no tu cariño me niegue? Un favor tan leve, de quien mis disculpas, y tus logros penden. Júpiter Semele hermosa soy, aunque el traje desmiente mi autoridad soberana. Que importa que dejes la soberanía, si el crédito tienes. Ya asegurada en tus labios mis rendimientos te creen, que persuades como Jove. Pero aún no te deben los créditos míos, que mis ansias premies; pero aguarda, quien a Juno avisó, tirana suerte! de mi amor? Que te disgusta. Nada, pero llega gente, y no quisiera por ti, que aquí me hallasen. Detente, que es Astrea la que llega. Mal el disfraz comprehendes Qué dices? Nada? en pasando Astrea volveré a verte Lograrele pues hallé modo, que aún tiempo me vengue de los dos; pues despreció mis advertencias Semele? Señora, pues cómo sola? permíteme, que me queje, al ver que de mi recelas lo que solo a mí me debes fiar. Pues yo, qué te oculto? Dígalo el lance presente, donde el galán extranjero está, con quien te vi en ese sitio, de amor tan rendida, como su gala merece. Por vida tuya presumes, que un amor lograr se puede, fin quien le ayude a creer, no es mejor si ha de saberse fiarle de quien le calle, que no de quien le rebele? Estas licencias señora tomé, para que te cueste menos conmigo el recato, pues advertida hacer puedes hablando, cuenta de que me dices lo que otras veces, y sin el primer recelo, no hay porque nada me niegues, dígote quien es. Astrea, mas porque negar pretende mi labio un delito; que tan grandes disculpas tiene, y más a Arte? Qué dudas, todas no somos mujeres? Sí Astrea, aunque algunas veces creí yo, que no lo fuese. En algo de eso incurrí yo más de algunas veces, pero a lo que importa vamos, mira que tiempo se pierde. Pues mira, Júpiter Quién? Júpiter es el que en este lugar viste, que obligarme solicita. Solo puede, quien sabe que ha vengarse, escuchar lo que te ofende. Júpiter en fin? No pases adelante de esta suerte, mis venganzas aseguro. Porque lo demás no quieres saber en lo que te fía mi amor? Porque si pretendes en lo demás como en esto, ocultarte de mí debe mi atención no porfiar en saber lo que no quieres. Cómo, que me oculto? Tú no dices bella Semele, que este es Júpiter? Así él me dijo. Y tú crees, que de su divinidad olvidado, los terrestres sitios ocupe la luna Deidad, que a todas precede? Ay de mí! luego es engaño? No sé; pero lo parece. Cómo, si él lo afirma? Como no se opone en quien pretende un logro tan soberano, fingir para engrandecerse. Ay Astrea, qué me matas! Si salir de dudas quieres, yo un remedio te daré con que podrás fácilmente. Por qué Astrea le dilatas? Ay infeliz, que a tu muerte te vas acercando! Acaba. Mira, cuando vuelva a verte, le has de porfiar, que en premio del afecto que te debe, para altiva presunción de tu amor, en la decente forma divina, que rayos divulga, que luces vierte en la Majestad soberbia, que a Juno su esposa suele visitar, a verte baje, y porque negarte puede este favor, por extraño, usado tan pocas veces, antes que nada le pidas, como quien solo pretende un agasajo, sin que pueda conocer cual fuese. le has de obligar a que jure, por el lago de la siempre respetada de los Dioses, Laguna Estigia, de hacerte dichosa en el cumplimiento del favor que le pidieres: luego que jure, pues nada el que ama negar suele, le has de obligar, que en la forma a dicha, esta noche a verte venga, que acortar los plazos a la duda es conveniente. Así podré asegurarme, Astrea discreta eres, que el medio es famoso. Y cómo? Y dificultad no tiene al parecer? No señora, quien a lo divino ofende en lo divino peligra. Pues para que le comience la seguridad que en duda me atormenta, que me dejes sola importa. Ay infelice! mi duda es obedecerte, de quien me ofende alevosa me ha de vengar quien me ofende. Cuidadoso mi temor aguardando a que le fuese, quien nos estorbó, ay de mí! que no sé qué el alma teme? Vuelvo a que me alientes de sustos pasados favores presentes. Yo Júpiter no me excuso amante a favorecerte, pero basta que mi cuidado una fineza te cueste. No podré creerte, ni lo que me dices, ni lo que me quieres. Que puede haber bello hechizo, que yo a tu hermosura niegue, juro por el respetuoso lago del sagrado albergue. De darte si quieres los bellos celajes, que el día guarnecen. Y juras al propio lago, que a lo que yo te pidiere no te excusarás? Sí juro, aunque el temor me atormente. Y a esta mi intención lograda, pues solo quiero deberte, que con toda la hermosura, que en tu eterno alcázar tienes. Júpiter a verme cuando el Sol espire a mi umbral te acerques. Ay infelice de mí, y ay de ti infeliz! Qué sientes? Que en lo que pediste me obligues a obedecerte. Pues jure imprudente las piadosas aguas, ya desde hoy crueles. Si por excusarte buscas disculpas que me amedrenten, Y que me faltara a mí si yo excusarme pudiese? Pues nada receles, ven, aunque mis ojos mirándote cieguen. Quien, cielos, se vio en tan rara pena! Quién en tan alegre esperanza se vio cielos! Quién tuvo tan triste suerte! Ven noche. No llegues. Para ser mi dicha. Para ser mi muerte. Ahora señor Tagarote, tratemos de murmurar esto que hemos de esperar. Lindo plato de gigote. Su amo de usted, y el mío, Príncipes de la pasión dos grandes menguados son. Mire Neblí que está frio, y si lo quiere saber, sepa enmendando el caudal, que para decir bien mal, mucha gracia es menester. Los satíricos arrobos, si parecer mentecato no quiere, deje que es plato muy discreto para bobos. Pues puédeseme negar, que uno, y otro don Quijote enamorados al trote, vinieron de allende el mar, y que están en conclusión sirviendo sin merecer, desairados en poder de esta dama Faraón, más cruel, que treinta tías, más fiera que cien Nerones, a quien no ablandan unciones, de dos ruegos, Zacarías, pueden negarme par Dios? Qué hacéis? Me oyeron? No entiendo. Aquí estábamos diciendo, dos mil males de los dos. Qué te dijo Aurora, di? Que Semele temerosa estaba, de que la Diosa pudiese elegirte a ti. Qué de Semele has oído? Que solo por no temer lo que el diablo puede hacer, quisiera no haber nacido. No es nuevo en mí su rigor. Hecho estoy a su crueldad. Palas divina piedad. Divina Palas favor. Amor tus dulces arpones son glorias de mi tormento, y aunque me matan tus iras, por tus crueldades me muero. Pues como Semele Anfriso consiste blandos acentos de amor Lo que a ti te admira es lo propio que no entiendo. De sus damas asistida, sin duda a gozar el fresco de noche tan apacible, se encamina hacia este puesto. Débanos si te parece la fineza de no vernos, porque acaso no seamos a su diversión molestos. Si es fineza, no hay razón, para que en mi sea menos, que en ti, y así retirados, es bien que no la estorbemos. Y los dos? Los dos cada uno a roncar a su aposento, que los pícaros no saben, de músicas, ni serenos. Cada movimiento manso, que hace en las hojas el viento, rémora de mis oídos, es imán de mis deseos. Algo apartados volved a dar al aire los ecos, Para que más agradable llegue a mi oído el acento, y cantad de amor, así consigo el logro que espero. Si la libertad rendida es sacrificio a tu imperio, porque con las libertades castigas los rendimientos? Tirano amor, peligro lisonjero, que de las amenazas haces premios, suspende los rigores de tu ceño, que no cabe en las vidas tanto incendio. Llega divino esperado, dulce agradable veneno, que peligra la esperanza en la dilación del premio. Ya que vencidas las luces del Sol, cobardes huyeron, tus reflejos restituyan las luces que obscurecieron. Ay infeliz hermosura! que apresurando tu riesgo, aun no te deben los males la dilación por remedio. Por qué a mis ojos niegas o Júpiter Supremo de tus hermosas luces, los dulces rayos bellos? si de tus voces blandas escucho los acentos, porque das al oído de los ojos el premio? Por dilatar Semele de tu estrago violento, ay de mí! la desdicha, que ya es forzosa. Cielos, que me abraso, me abraso, que me quemo, me quemo, no te acerques tirano peligro lisonjero; que resistir las lumbres de tus rayos no puedo, cielos piedad, socorro. Favor, clemencia cielos, que ocasión o la propia desdicha, que padezco, huiré de su vista. No me dejes severo, que si muero al mirarte, cuando por verte muero, no saben mis desdichas, cual es mayor tormento. Pluviese a los divinos soberanos preceptos, que yo romper pudiera los sacros juramentos, aunque de amante injusto, peligrara en los riesgos condenado a no verte, por no ver tus tormentos. Ay de mí! pues me matas, por ultimo consuelo, permite, que en tus brazos rinda el postrer aliento. No infeliz apresures tu muerte, y mis lamentos, si el fuego es tu ruina, por qué buscas el fuego? Porque ya que se abrase, como mortal el cuerpo, viva contigo unido el espíritu eterno. Anfriso, Olimpo, Cadmo, estos últimos ecos, que mi tragedia anisan, os acerquen los vientos, y pues la blanda cárcel quebranta al yugo tierno, de amor rendida el alma, diga el dolor postrero. Tirano amor peligro lisonjero, que de las amenazas haces premios, suspende los rigores de tu ceño, que no cabe en las vidas tanto incendio. Ya Juno rigurosa te vengaste del bello, del emulo divino, que afrentó tus trofeos. Mas no podrás tirana estorbar los respetos, que a sus cenizas dulces enamorado ofrezco. Divinas Semidiosas de los verdes Imperios; a las nobles reliquias, labrad decente Templo. Y por mí que insensible las desdichas me hicieron, llore el día eclipsado su triste estrago bello, de horror la luz se vista, no respiren los vientos, la tierra se estremezca, desencájese el cielo, y de hoy más enemigo de todos los sosiegos, tirano amor! Etc. Hacia aquí las tristes voces se escucharon. Aquí cielos. Se oyeron los ecos tristes, aquí se escuchó el lamento. Semele. Semele. Hija. No la busquéis, que del fuego de Júpiter fulminada, es ya Semele escarmiento. Qué escucháis desdichas! Ansias, cómo sufrís tanto riesgo? Penas, cómo dolor tanto cabe en poco sufrimiento? Rigurosos hados míos. Amor falso. Amor severo Muera yo a vuestros rigores. Por qué cruel? Por qué fiero? Premiaste así mis finezas? Pagaste así mis deseos? Tirano amor, peligro lisonjero, Esto se acabó Neblí. Pues Tagarote volemos a los nidos, porque tenga venturoso fin con esto de Júpiter, y Semele; el infelice suceso.
