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Texto digital de Júpiter y Semele

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Atribución tradicional
Juan Bautista Diamante
Atribución estilometría
Juan Bautista Diamante Segura
Género
Zarzuela
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El texto, modernizado con posterioridad por Adrián Velasco, procede de TESO.

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Cita sugerida

Velasco, Adrián. Texto digital de Júpiter y Semele. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/jupiter-y-semele.

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JÚPITER Y SEMELE

Al monte, al llano, a la cumbre Seguía la espantosa fiera,  porque empeñada Semele  en su alcance el curso alienta. En vano bruto el temor  alas a tu fuga presta. Seguidla todos. Mi amor  asegure su belleza. Tente Anfriso. Qué pretendes? Acreditar mi fineza. Pues como di, la acreditas,  cuando en el peligro dejas  la dama que adoras?                               Siendo  yo quien ha de socorrerla. Cómo en tu discurso cabe,  que a otro fie la defensa  yo de la que adoro?                               Como  no creo que nadie deba  socorrer la que idolatro  de mi amor en la presencia.  Siendo despreciado, cómo  a esa osadía te alientas? Porque a ser favorecido  aspiro desta manera. Yo debo a Semele agrados,  que a su socorro me empeñan. Yo desprecios, que me obligan  a que su agrado pretenda. Yo con esperanza amo. Yo adoro, ay de mí! sin ella Venus Divina socorro. Turbada Ninfa no temas,  y si has de temer Semele,  teme a Juno, y no a la fiera. Favor. En vano de Venus  infeliz favor esperas. Socorro Venus.                               ay cielos! Suelta Olimpo. Anfriso suelta. Júpiter sagrado.                               Mira  su peligro.                               Oye su queja.  Ay de mi triste! Ya aquí  cesaron las competencias. Qué resuelves?                               Que los dos  dejando el propuesto tema,  para otra ocasión cumplamos  de su socorro la deuda,  ya que la necesidad  en la oposición dispensa. Vamos pues! Semele. Cielos, mi amor os protesta,  que el peligro de Semele  me obliga esta conveniencia. Venus, socorro que del sobresalto  no acierto a tirar al arco la cuerda,  y cuantas flechas me presta la aljaba  son desperdicios en vez de defensas.  Horrorosa la fiera me impide  la fuga cobarde que el susto concierta,  y de confusa, turbada, y medrosa,  del albedrío confundo las señas  Del espantoso rugido me asombran  los ecos horribles, que tristes resuenan,   y si los ojos defiendo al peligro,  a los oídos no dejo defensa.  Ay infeliz, que de humano socorro  desesperada entre riscos, y breñas,  aun fuera consuelo, que el duro destino  de mis desventuras lastima diera.  Mas no vista mi muerte de nadie,  a nadie escarmiento será mi tragedia,  o cuan desgraciadas son las desdichas,  que cuando suceden a nadie escarmientan!  Pero como a sufrir me resuelvo  la fuga cobarde, que el miedo aconseja?  como contra mi vida yo propia  le usurpo el oficio de fiera a la fiera?  Haga, pues, el esfuerzo postrero  de mi socorrida mi resistencia,  que si la muerte es lisonja en los males,  debe de ser la lisonja postrera.  De tus rayos, o Júpiter santo,  uno a mi mano medrosa le presta,  que asegurando del riesgo mi vida,  al arco confuso le sirva de flecha. No será nuevo, divina Semele,  que con mis armas, ingrata, me hieras,  ni será mucho si a él verte me matan,   que de mis ojos mis rayos aprendan.  El susto vence de mí socorrida,  la mano descansa, y afloja la cuerda,  no el gemido del arco confunda  quejas amantes con voces violentas. Quien eres, o joven, por quien mis asombros,  mudando de especie no mudan de esencia,  pues en las formas de fiera, y de hombre,  hombre te admiro temiéndote fiera? Yo Semele hermosa soy,  pues que me han dado licencia  de que lo diga, confusos  tu temor, o tu extrañeza. Quien de haberte visto  ferió a tu belleza  divinos imperios  por humanas penas. Sabes antes que prosigas  atrevido, qué violencia,  qué tiranía agradable  a escucharle me violenta? Sabes que a las luces  de mi extirpe excelsa,  son del Sol los rayos  frágiles pavesas?  Sé hermoso encanto, que Cadmo  noble fundador de Tebas  es tu padre, y que del cielo  sobre tu nobleza heredan. Los rayos tu pelo,  tu luz las estrellas,  tu tez los candores,  los arcos tus cejas. Pues cómo? sin mí le escucho  tu osadía, que te inquieta  corazón? ofende el culto  de mi sagrada modestia. Si el amor no funda,  aun cuando te crea  sus decentes logros,  más que en reverencias. Como extrañas hermosuras  permiten pasiones nuevas,  que es necio el común estilo  en la singular belleza. Y fuera delito  de mi amante ofrenda,  hacer como todos  lo que nadie hiciera. Ay de mí! Qué intentas, pues   ya rendida se confiesa  a tu razón persuasiva  mi dudosa resistencia? Con que al escucharte  hallo que la fiera,  aunque mudó forma,  no naturaleza. Fiera consiguió mi amor,  divina Semele bella,  que abandona de todos,  tu hermosura me siguiera. No, pues, espantable  tu atención merezca,  quien solo de humilde  quiere merecerla. Hombre, o fiera, que me obligas  al tiempo que me violentas,  qué imperio tienes? Qué mando?  que cuando el alma desea. Huir de tus voces  tu vista la enfrena,  tu halago la llama,  tu agrado la acerca. Pero no no me lo digas. Al monte, al llano, a la selva.  Y vete antes que conmigo  Extranjero galán, vean  los que me siguen mis daños,  si saben callar las señas. Semele. Semele.                               Ay triste! Hacia este lugar la fiera  siguió Semele.                               A esta parte  escuché su voz.                               La selva  penetrad.                               Mi padre, cielos!  vete Extranjero, no quieras  que a ejemplo del albedrío  también la opinión se pierda. Si de tus ojos me apartas,  cómo quieres que te crea? De mi pesar te aseguro. Como Semele me ofrezcas  la permisión de volver  a verte (aunque no hay que temas  estando conmigo) yo  haré por ti la fineza   de ausentarme de tu vista,  aunque tan costosa sea. Qué importa que yo me excuse  si no es mía mi defensa? Pues entonces sabrás. Dioses.                               Que soy. Júpiter.                               De aquella  voz no olvides es acaso,  o créasle, o no le creas. Enajenado el discurso,  ni a dudar, ni a creer acierta,  y entre el creerlo, y dudarlo  elige mi conveniencia.  Creer que es cierto, pues no  pudiera tener certeza,  que se obligara Semele  a quien Júpiter no fuera. Semele.                               Semele. Cadmo,  Anfriso. Quien, cuando llega  a oír su nombre en tus labios,   su dicha a otra dicha trueca. No yo, que aunque esa ventura  a Semele no merezca,  si está sino mi dolor  bien hallado con su queja,  claro está que mejorando  de fortuna no quisiera  aventurar una gloria,  el que idolatra una pena. Merecer yo que se acuerde  de mí, no es de mi fineza  defecto.                               Ni no alcanzarlo  yo delito de mis prendas. Yo?                               Yo? Reparad los dos,  qué os hacen las competencias  groseros.                               Cómo? Olvidando os  de que son en mi presencia,  pues faltando a la atención  de mi peligro, os violenta,  mas una ciega porfía   que una urbanidad discreta. Quién os ve libre, señora? Quién ya os ve sin riesgo? Penas,  con vosotras bien hallada,  de teneros no me pesa. Solo ha de dar a entender  de su pasión con las señas,  ya que no pudo lograrlo  lo que sirviendo os hiciera. Quien os busco en el peligro  y fuera de él os encuentra,  lo que allá hiciera su afecto,  lo calla aquí su advertencia. Esa también es porfía,  pues de intenciones opuesta  se compone.                               Y os disgusta? Pues queréis que me divierta? Pues porque no os canse más. Proseguid                               Será la ajena  opinión la que sigamos,  de hoy más en vuestra presencia. Ay nuevo cuidado mío,  Ay dulce ingrata belleza. De haberte hallado olvidando  el sobresalto, comenta  Semele el alma en albricias,  da el cuidado que lo cuestas. Empeñada en el alcance  de aquel bruto, en la maleza,  de esta montaña perdida  hice de la voz defensa. Señor.                               Señor. Qué hay Neblí?                               que hay Tagarote. En Astrea                                                              mi Majestad disfrazada  se permite hoy a la tierra,  que una celosa pasión  en cualquiera acción dispensa,  ay Júpiter falso! En Cintia                                                              mudada dejé mi esfera,  porque Semele halle en Venus,  quien de Juno la defienda. Puesto, que el accidental  cuidado en el susto cesa,   y que ya el templo de Palas  la cercanía nos muestra,  lo que para esta ocasión reserve advertido en ella  os quiero explicar, oíd,  lo que los hados ordenan. Que así me maltrate aquel                                                              hermoso ensayo del día! Que en tal cielo, tiranía                                                              se conjure tan cruel! Hoy de mi mucha tristeza,                                                              Anfriso, y Olimpo son  traslado. Dadme atención. Ya te atendemos, empieza. Agenor Rey de Fenicia,  hijo del sacro Neptuno,  fue mi padre, en mis principios  dignos Príncipes discurro,  por ser preciso en el caso,  de que advertiros procuro  anticipar las noticias,  para aclarar los discursos.  De Agenor nació, y de Livia  su consorte, aun lo pronuncio,   no sin sobresalto, Europa,  cuya beldad fue trasunto  del soberano pensil,  sino es que fuese dibujo  de Europa el cielo, pues mal  pudiera juzgar ninguno,  viendo a Europa, y viendo al cielo,  tan igualmente en el sumo  grado de la perfección,  cual de cual era trasunto,  sino los diferenciara  de los oídos el uso,  que uno era cielo elocuente,  cuando otro era cielo mudo.  Tan hermosa; pero como  en su perfección me ocupo,  cuando su desgracia está  trocándome los impulsos?  Si no es, que sea advertencia  del acaso, a quien no arguyo,  dejarme pintar la suma  perfección del cielo suyo,  porque su hermosura diga  de su desgracia lo sumo.  mas por abreviar, que largos   proemios hacen confusos  los avisos, sumar.  de sus desdichas el curso,  diciendo solo que un día  funesto a los hados suyos,  asistida de sus damas,  se entregó toda al descuido,  del mar la acercó a la orilla,  como otras veces el uso,  donde del suyo, y mi padre  la divertía el orgullo  agradable por copioso  de tanto lunado bruto.  Como en partidas escuadras  chupaba a la yerba el jugo,  de entre los otros más manso,  o a lo menos más astuto,  un blanco, un hermoso toro,  (que hay hermosura en los brutos)  a Europa se acercó, y como  en indicio de tributo,  que a lo bello pagar quiso  aquella vez lo sañudo,  besó la cobarde mano,  asegurándole cultos   mugidos, que por humildes  pasaron plaza de arrullos.  Menos confusa la mano  sobre la melena puso  al toro Europa, y a poco  rato, ya olvidado el susto  de una guirnalda de Flores,  la frente adornó al robusto  galán, que Rey le juraba  de todo el Imperio bruto.  Viéndole manso, apurar  quiso el sufrimiento suyo,  y sobre la tosca espalda  acomodó el bello bulto.  Con lento paso el cruel  maquinador del insulto,  en los primeros engaños  aseguró los segundos.  Primero en corta distancia,  luego en más, luego en más, su  hacer parecer acaso  el que era traidor estudio.  Llegó al mar con la engañada  Europa, que en el seguro  de las experiencias nada   le acordaba el infortunio;  pero apenas del salobre  elemento, el oportuno  sagrado le acogió, cuando  dándote al cristal cerúleo,  mares de rizada plata  levantando a los impulsos,  de pies, y manos volaba,  pez sin tocar los diluvios,  ave sin ajarlas ondas,  pues de los ojos confuso,  el conocimiento dando  a las distancias el uso,  el hurto, y ladrón miraba,  sin ver, ni ladrón, ni hurto.  Llegó la nueva infelice  a la Corte, y necio el vulgo,  adivinando (que esta es  la facultad de los muchos)  a deidad divina dieron  de esta tiranía el triunfo,  (que de la baja ignorancia  no están los Dioses seguros.)  Aborreciendo Agenor  esta malicia, propuso   no creer la forma del daño,  por no malquistar el culto.  Mucha prudencia fue, mucha  constancia, valor fue mucho,  que en un duelo de honor sepan  ser corteses los disgustos.  Manteniendo, pues, su siempre  cuerda presunción, dispuso,  que yo en busca de mi hermana,  a los términos del mundo  examine las remotas  distancias, los senos cultos,  con advertencia, de que  sino la encuentro, no cumplo  con su precepto, y me expongo  de su enojo a los impulsos,  sin que esto crueldad en él  deba llamarle, pues juzgo,  que por castigar la infame  duda que al cielo se opuso,  quiso Agenor, promulgando  su enojo, según presumo,  dar a entender que era fácil  de su precepto el asunto,  porque allí él, sino la hallo   se entendió, sino la busco,  de fenicia, pues gustoso  a cumplir el absoluto  mandato, partí asistido  de numeroso concurso.  Y no lo digo, porque  fui acompañado de muchos,  sino porque valeroso,  un corto escuadrón me cupo  de hombres todo, y esta frase  con experiencia la uso,  de saber que hay hombres, que  no tienen más que los bultos.  En mi peregrinación  ocupé el dos veces justo  termino, que en correr gasta  el cuarto planeta Rubio.  La cristalina campaña  de los hermosos carbunclos,  a quien repartiendo luces  deja por sus sustitutos.  Cansado en fin de sembrar  de mis fatigas el fruto,  desgraciado tan de balde,  que no cogía ninguno   de los humanos remedios  acordé dejar el curso,  y para hallarlos divinos;  los oráculos consulto.  Fue la respuesta en efecto,  hablándome el bronce duro  del oráculo en la vez,  que dejase el importuno  cansancio de un imposible,  que está solo en lo que busco.  Y no solo que le deje,  sino que siguiendo el rumbo  de estos distritos, adonde  aun no domada del yugo,  una blanca res encuentre,  fabrique para refugio  de mis fortunas Ciudad,  a quien de leyes, y usos,  obedeciendo el aviso,  partí, y aplazo no mucho,  hallada la seña, quise  aprovechar el indulto.  Ayudado, la Ciudad  fabrique, y el cómo excuso  referir, porque no ponga   duda en la forma el discurso.  Ya poblada en fin, sabiendo  que era mi acreedor el sumo  favor de Palas, en tantos  piadosos honores suyos,  ara le erigí decente,  que haga reverente culto  a su adoración, en este  monte, que es sombra del mundo.  Pero apenas sus altares  vieron los primeros humos  de mis sacrificios, solo  por necesarios, no injustos,  cuando la voz de la Diosa  dio a la admiración asuntos,  diciendo, Cadmo el primero  dichoso sucesor suyo,  será la hermosa Semele,  de quien un Dios era triunfo,  y por quien aumento aguardan  de los Dioses absolutos  el sacro, el divino coro  de sus hados al influjo.  Y advierte, que la elección  del feliz consorte suyo,   toca al cielo, de mis voces  aguarda el favor futuro.  Esto el oráculo dijo  de la Diosa, y yo que junto  estos presentes sucesos  con los pasados anuncios,  viendo de cuanta importancia  será no alterar el gusto  de los Dioses, y también  viendo Príncipes Augustos  de Macedonia, y Arcadia,  cuanto me será oportuno,  que de los dos a cualquiera  elija la suerte juntos.  De Palas os traigo al Templo,  od de los labios puros  del oráculo a quien toque  la ventura, o el disgusto,  el premio, o el desengaño,  la pena, o el disimulo,  la desgracia, o la lisonja,  el vasallaje, o el triunfo,  con advertencia, de que  a entrambos os aseguro,  que a cualquiera de los dos   la da el Cielo, con mi gusto. Quién será piadosos cielos                                                              el venturoso? hay amor!  porque añades un temor  a quien muere de unos celos? Cual Dioses el elegido                                                              será, fortuna violenta,  porque otro riesgo se aumenta  a mis celos, y a su olvido. Muda soberana Diosa  te espera mi confianza. Pues de qué es esa mudanza. Señor yo. Semele hermosa                                                              disimula tu dolor. Sabes tú mi dolor? Sí?                               Y yo también, ay de mí aunque muero.                               Y qué Amor. Como del cielo al mandato,  tu desatención se opuso. Yo no el precepto rehusó  señor, sino le dilato,   que si a la deuda en efecto  el oráculo me obliga,  mientras su voz no lo diga  en nada falto al precepto. Y en fin llegando a entender  cuál es conveniente más  de los dos, dime, qué harás? Padecer.                               Qué? Obedecer.                               Qué decís los dos. Conforme  yo con el gusto del Cielo,  aunque sé que ha de tocarme  el desaire del desprecio,  por víctima, aunque infelice,  le ofreceré el sufrimiento. Que más recelar pudiera  mi desvalido deseo,  cuando tan aventajado  en todo Anfriso te veo?  Pero advierte, que aunque seas  el dichoso, como espero,  cuando envidioso me deje  tu glorioso vencimiento,   no me dejará ofendido,  que en los generosos pechos  no pasa la envidia nunca  de decentes sentimientos!  Ay Semele, que mal sufre                                                              mi temor mis cumplimientos. Mucho me alegro de oíros,  tan corteses, como atentos,  en el fin de la esperanza,  que es donde suele haber riesgo. Competir yo a Olimpo fue  procurar su lucimiento,  que siempre está más airoso  el que vence compitiendo.  Ay que mal Semele finjo                                                              la desdicha que recelo! Bien los ves tan cortesanos,  Pues por la parte de adentro,  cada uno con cada uno  es treinta gatos, y perros. Y anduvieran mordiscones  sobre cualquiera requiebro,  aunque de puro roído  no traiga más que los huesos. Puesto que conformes todos   del templo las puertas vemos,  porque a los sacros oídos.  sea más decente el ruego,  en sonoras voces llegue  nuestra pretensión primero. Hoy Palas divina,  iguales afectos,  en dos corazones  aspirara un premio.  Mas hay que no es cierto,  que vivan dos almas  con unos deseos;  porque suele ser fuego en algunas  lo que en otras almas suele ser yelo. Yo que me yelo lo diga. Dígalo yo que me quemo. que en unas almas es fuego de nieve  lo que es en otras nieve de fuego. Venid Príncipes a ser  dichoso, uno con el premio,  y otro con el desengaño. Palas a tu Altar ofrezco,  porque me toque la suerte,  para reverente obsequio  el temor mío, pues solo   puedo ofrecer lo que tengo. Y yo a tus aras Divinas  si preferido me veo  de tu atención, porque nunca  falte lumbre a tus trofeos,  ofrezco la eternidad  de mi enamorado fuego. Ay Astrea, que si toma  hoy resolución el cielo,  de enajenar mi albedrío  mis esperanzas murieron! Eso es lo que yo procuro. Qué dices?                               Que tu mal siento. Deja a estas puertas sagradas  la tristeza que en ti veo,  que en los divinos lugares  no entran humanos afectos. Dime, tú no entras? No.                               Porque di? Porque no quiero,  que a mí me quepa la suerte,  que si nunca ha sido bueno  casarse, que será cuando   está el mundo tan estrecho? No dices mal, yo tampoco  voy, porque lo propio temo. Entra Semele sin susto. Como Cintia hermosa puedo? Cree de mí, que te asegura  quien sabe que vas sin riesgo. Ha Venus aleve! Juno no ha de lograr sus intentos Tu sola me alientas. Fía tu cuidado de mi afecto. Volved, pues las sacras puertas  tocamos, as dulce acento. Hoy Palas Divina  iguales afectos,  en dos corazones  aspiran a un premio.  Mas hay que no es cierto, &c. Vamos a saber si hay algo  mientras entran allá dentro,  que dar qué hacer a los dientes. Tagarote, me convengo  que ha mucho rato que están  vagamundos los gargueros,  mas dime primero.                               Qué! Esto de cantares bueno  unos, y hablar otros?                               Si. Y por qué se hace?                               Por eso. Concluyome tu razón. Mira, no seas de aquellos,  que por darnos a entender  que tienen conocimiento  de todo, todo lo culpan  con la lengua de los gestos,  siendo su caudal, en cuanto  al sabio conocimiento,  tan corro, que aún no conocen  que son grandes majaderos. No censuraré otra vez. Así parecerás cuerdo. Oye Juno.                               Qué me quieres? Escucha.                               Di. Que supuesto  que humanas, aunque divinas,  con diferentes afectos   nos miramos, como humanas  nuestras acciones tratemos:  no culpo yo que celosa  solicites desempeños  de una pasión, a quien corto  viene el encarecimiento;  pero culpo, que vengarte  quieras de quien solo ha puesto  en ofenderte un descuido,  que es cuidado de no hacerlo;  que culpa tiene Semele  de que la viese el supremo  Jove? ni que culpa tuvo  de que la adorase luego,  recelándote bruto  le vio trocar por lo fiero  lo galán? que más debió,  que librarse de lo bello?  y si se inclinó, tan fácil  es no incurrir en el riesgo;  la inclinación combatida  de hermosura, y de respeto  quien tiene oídos, y escucha,  aunque el modo sea violento,  cuando después no hace agrado   las que hizo ofensas primero?  tan lejos de los oídos  están las almas? tan lejos  de las almas la piedad,  que no oiga los rendimientos  quitarale a tus sentidos  el uso tu poder cuerdo,  mas siendo sensible, quien  se puede librar del ruego?  Júpiter, Juno te agravia,  no Semele, los despechos  contra la causa conspira;  pero no contra el efecto. Corrida de haberte oído,  aún más que admirada. Venus  olvidarme de mi propia  para responderte quiero.  No es Juno quien te responde  sino su pasión, que puesto  que no puede separarse  de mi ser mi sentimiento,  si como deidad le sufro,  como humana le prevengo  Celos son Venus, mis manos  no más te los encarezco,   porque para exagerarlos  basta decir que son celos.  Semele, aunque Jove ingrato  fue primer causa, es objeto  de mis males, pues mis manos  de su hermosura nacieron.  Que tenga culpa no arguyo  pues para mi sentimiento  sobra todo su delito,  aun cuando pueda ser menos,  que a la violencia rendida  oyese, culpar no puedo.  Mas como puedo dejar  de sentirlo, si lo siento,  que Júpiter se inclinase  a su hermosura, fue acierto  de su buen gusto, más no  escusa de mi tormento:  en ella al verle galán,  oírle rendido y tierno  no sea culpa, pero en mí como no ha de ser desvelo?  En fin Semele me quita  a Júpiter, no nos demos  a la piedad, la razón   no pierda sus privilegios.  Es bien que un mortal, aquí  del sagrado valimiento  de mi deidad, avasalle  lo que hizo el destino exento?  como esferas consentís  mi ultraje?                               Juno, qué es esto? Olvidarme de que hablaba  como humana en mis afectos;  o lo que es más verosímil  al decirlos no pudiendo  como humana reprimirlos,  pasarse el dolor violento  a no caber en mi labio,  de no caber en mi pecho.  Y puesto que inobedientes,  o quejosos, o soberbios,  mis sentimientos pasaron  la línea del sufrimiento,  dada primero al partido  de los suaves remedios,  solicitaré a mi ofensa  alivios; pero si efecto  no surtieren, prevenciones,   advertencias, y consejos  convocaré en mi venganza,  cuando no me ayude el cielo,  de Júpiter persuadido,  las furias del triste seno,  las guardas del centro obscuro,  para que en mi desempeño,  vengándome de Semele,  pues de Júpiter no puedo,  hagan su amor infelice  a tu protección opuestos. Yo la libraré de ti. Mas no podrás de mis celos. Veranlo tus desperdicios. Déjame intentar primero  que el escarmiento la avise,  y si esto no vale, Venus  entonces veras cuan vanas  todas tus defensas fueron. Júpiter.                               Venus divina,  ya es de tu grandeza empeño  librar de Juno a Semele. Mucho me empeña tu afecto,  que está celosa?                               Mis hados  crueles mi amor dijeron. Haz, que el Oráculo, pues  sordo a la voz, mudo al ruego.  no responda, y haz también,  que de horror poblado el Templo,  como en señal de ofendida  Palas, pues puedes hacerlo.  Abandone el sacrificio,  para que obligados de esto,  todos del Templo se salgan,  y en la obscuridad envueltos,  perdidos, pueda Semele  llegar donde le prevengo  albergue, que la asegure. Madre de amor, cuándo es nuevo  que yo tu dictamen siga  en la piedad, que te debo? Qué aguardas pues? No perder  la ocasión solo pretendo. Mudo el Oráculo niega  los prometidos agüeros,  y el enojo de los Dioses  dicen las iras del cielo,   piedad Palas.                               Bien hicimos  en no haber entrado dentro. Todo el Templo se arruina  al parecer, y ya negro  el bello rostro del día,  no es hermano a lo que vemos  de las luces.                               Sera primo  como todos los morenos. Que palmo!                               Que horror! Qué asombro! No te ha de valer, o Venus!  la astucia. Un amor amparo. Y yo castigo unos celos. Al monte,  a la población. Guiados todos del miedo,  nadie se acuerda de nadie. El amor es un grosero. Semele.                               Semele. Cadmo?                               Te burlas? A lindo tiempo  juegas Neblí.                               Tagarote,  sírvete de estarte quedo. De todos dejado, penas  a mover los pies a cierto. Cómo de Semele no  son mi norte los luceros? Pues Semele no me alumbra  sin duda ella a su luz lejos? Otra Tagarote. Otra,  yo escurro. Yo escapo. Cielos,  entre tantas confusiones  solo mis males encuentro,  quien me advertirá de tantos  asombros? El Escarmiento. Al tiempo que los oídos  cobraron noticia, vieron  los ojos entre los tristes  estorbos del aire ciego,   un suntuoso Palacio,  cuya puerta es padrón fiero  de tragedias, delineadas  en mármoles, y en haceros.  Allí el blanco seno da  a dos áspides sangrientos  una mujer, a quien llama  Cleopatra el mudo letrero.  Allí de un puñal los filos  rasgan el hermoso pecho  de otra infeliz, a quien Dido  llaman caracteres negros.  Allí, al parecer, llorando  en un peñasco soberbio,  de otra belleza ofendida  dice Olimpa el nombre impreso  Allí una Ciudad se abrasa,  y solo entre tanto incendio,  distingue la vista el nombre  de Elena a la llama exenta.  Qué es esto? donde llegó  hados mi infelice vida?  quien me advertirá afligida  de donde he llegado.  Yo.  Tú que mi albergue pisarte  por decreto superior,  no del acaso guiada,  sino de la prevención,  sabe que de ti ofendida  está la deidad de un Dios,  cuya piadosa venganza  pueda en aviso el rigor.  Y sabe porque no ignores  donde llegaste, que yo  voy de amor el escarmiento,  ay escarmiento de amor.  Libra infeliz tu albedrío  de los hados al furor,  que a ti el riesgo te amenaza;  pero a tu albedrío no.  No una ciega fantasía  haga otra ciega pasión,  que con libertad son muchas  para ceguedades dos.  De mi acento no desprecies  en el aviso el favor,  que no creer el peligro  es cautivar la razón.  Y porque Semele veas   cuanto de tu parte estoy,  de mis conceptos te quiero  hacer representación.  Mira como Progne allí  de Tereo burlador  se queja, y a Filomena,  que huye allí de su traición.  Mira a Hipólito su esposo;  pero para que mejor  tu escarmiento te escarmiente,  pase a las suyas mi voz. De medrosa, y de turbada  nada conociendo estoy  en mi albedrío, que pase  de una ciega confusión. Venus Semele te alienta,  porque el cobarde temor  no pueda en tu fantasía  más que la noble pasión.  Del escarmiento ultrajada  no creas la triste voz,  que el infelice no cuida  más que de ser compasión,  Esos que representarte  pretende a la vista hoy,   primero fueron dichosos  si ahora infelices son.  En los lamentos que vieres  haga tu cuerda elección,  memoria de los halagos,  y descuidos del temor.  Si una deidad te amenaza  considera en tu favor,  en dos de amor, y piedad  cuidado, y obligación.  Venus te asiste, no temas,  que yo por ella veloz,  de su clemencia enviada,  vengo a ser tu protección. No creas, no, de la Ninfa de Venus  la engañosa voz,  que entre halagos mentidos abriga  tu perdición. No creas, no, su acento traidor. No creas, no, del cobarde Escarmiento  la falsa intención,  que parece su aviso advertencia,  y es solo temor. No creas, no, su acento traidor. Haced formas ofendidas   del tirano adulador,  de vuestras tristes tragedias  visible demostración, Para vencer haced Ninfas,  que del susto a la ilusión,  en vuestros halagos siga  al escarmiento la voz. Una deidad te amenaza,  y otra te ampara, di amor  a quien ofendes?                               A mí. Y quien te defiende?                               Yo De Astrea, y de Cintia, cielos,  son aquella, y esta voz. Teme mi enojo                               No temas. Prosiga la confusión. Filomena, Filomena. De una en otra admiración  vagando el discurso solo,  se para en la suspensión. Hipólito. Filomena  suspende el paso veloz,   y no ocasiones ingrata  más sustos a mi pasión;  de quien huyes?                               Ay de mí! De quién aguarda, favor  si en mi constancia te siguen  poder, y resolución? Déjame cruel.                               No puedo. Cielos, mirad mi aflicción,  oíd mis quejas                               De quién  te quejas?                               De tu rigor. Si de algo te has de quejar  sea de tu perfección  Filomena, aunque te ofende  te solicita el amor,  de una libertad rendida  que pretende ser prisión. Amor llamas al deseo  torpe, que en ti viendo estoy,  como si el amor no fuera  rendida veneración? Ofendidos los halagos   de especie mudan.                               Traidor,  eso es en el que desea,  pero en el que adora no. Yo en suma te amo rendido. Tú me aborreces atroz. Yo te adoro.                               Tú me ofendes Aguarda                               Cielos, favor. Yo haré que oírte no puedan  Eco con la confusión  de tus acentos sus voces  estorba.                               Favor. Favor.                               Piedad, cielos. Piedad, cielos. Ay de mí! favor. Favor. Teme, teme el estrago. No le temas, no. Porque es advertencia. Porque es ilusión. Teme, teme el aviso.  Burla, burla el temor. Hipólito. Filomena. Hacia esta parte su voz  escuché, más que desmayo  con indicios de furor  me violenta, y me suspende?  todo confusiones soy. Hipólito.                               Progne bella  cuyo acento asunto dio  mal pronunciado, al preciso  discurso de mi dolor,  pues juzgo que tú te quejas  de lo que me muero yo,  cómo, di, sola?                               Tu hermana. Di mi Rey, para que no  si acaso olvido la sangre,  olvide la obligación. Del tálamo, hay de mi triste!  inmunidades rompió,  y dejándome acredita  su alevosa pretensión  Filomena.                               No prosigas. Huyendo.                               Prosigue. Dio  a su libertad sus plantas,  y el Rey.                               Suspende la voz,  que si has de decir, que aleve  a Filomena siguió  el Rey, llamándole Rey  contra su veneración,  si no me puedo quejar,  no quiero saberlo yo. Pero por donde, hay de mí!  motivo de una pasión,  que te procuró buscar,  y de hallarte le peso? Hermana, de mi te apartas?  bien haces, que en mi valor  es delito la constancia,  y pues tu mal viendo estoy  en el mío, hay infelice!  yo vengaré el de las dos. No me respondes? no puedes? ay de mí infelice!                               No. Estás herida en la lengua?                               Sí.  Quien, hay triste! te hirió.  Tu. Lo que dices repara,  sangre escupes?                               Tú. Dolor,  luego para una desdicha  faltaría explicación  mi sangre?                               Te, Te, Te.  Cielos,  Tereo?                               Te, Tereo. Qué con mi acero pretendes  si yo tan difunto estoy,  que solo tengo de vivo  la tarda respiración? que me vuelva dices?                               Sí. Muera yo contigo.                               No. Quien de mi te aparta?                               Él. Y quien me ha de vengar.                               Yo. No me has de ver cuando mates  a Tereo?                               Thereo. Teme, teme el estrago. No le temas, no. Porque es advertencia. Porque es ilusión. Teme, teme el aviso. Burla, burla el temor. Cesó el asombro, ay de mí!  pero no la confusión,  que en tan mucha admiración  es la razón frenesí;  Turbada de la amenaza  mi extrañeza se compite,  y lo que el susto permite  el temor me lo embaraza.  Si quiero huir el destino,  que aquí me avisa el rigor,  me impide, no sé si amor,  del escarmiento el camino.  Mas como, cielos, pudiera.   en tan rara admiración,  asegurarme pasión,  que pasión de amor no fuera?  Venza su afable deidad  mi temor, más hados fieros,  quien de estos tristes agüeros  me asegura: Mi piedad. Cintia, cómo tu hermosura  se siguió a tantos temores? Como en alivios, ni horrores  es la duración segura. Confusa en mi asombro, más  dudas al espanto doy,  dónde Cintia hermosa estoy? Donde segura estarás. Dime si los tristes daños  que acabo de ver mintieron? Verdad en aquellos fueron Y en mí qué serán?                               Engaños. Cómo si eres Cintia hoy  de los riesgos me aseguras? Como para tus venturas  parezco la que no soy.  De la madre del amor  este es el piadoso albergue,  siempre exento a los peligros,  exento a los riesgos siempre,  que a que los afectos  mudando de especie,  los males olvidan,  y acuerdan los bienes. Yo porque cesen tus dudas,  soy venturosa Semele,  Venus, no tu admiración  en mis disfraces tropiece,  pues no es la primera vez,  que estas mudanzas consiente  mi grandeza generosa  a los que culto me ofrecen. Que hay transformaciones  de amor en las leyes,  que aunque son mudanzas,  primores parecen. En Cintia de otra deidad,  que solicita ofenderte,  disfrazada afecto noble,  me obligo a que te valiese  tu peligro, solicita   la que disculpada ofendes,  y la que piadosa obligas  tu seguridad pretende. Con que a un tiempo mismo  en entrambas tienes,  una que te libra,  y otra que te ofende. Juno de Jove celosa  tiranías te promete,  yo de Jove persuadida,  con tu belleza clemente  su razón olvido, pues  fuera mi piedad aleve,  si obligándote al peligro  en él no te socorriese. Que es duelo forzoso  de mis altiveces,  no faltar a riesgo  que por mí se tiene. Y pues del pasado asombro  libre el albedrío tienes,  y a mí en tu favor, no olvides  lo que a tu fortuna debes.  De un Dios la soberanía,  por ti disfraz indecente,   viste, sufriendo de humano  las avasalladas leyes. No, pues rigurosa  a ruegos te niegues,  que sobre Divinos  saben ser corteses. Yo no te violento a que hagas  lo que decente no fuere,  que no son facilidades  agrados que no trascienden  de nobles piedades, y es  delito, de quien advierte  no expresar las circunstancias,  porque dudar no se puede. Que en estas acciones  ay cosas que deben,  unas no ignorarse,  y otras no saberse. Y porque veas, que aún no  te persuado, y que puedes  sobre mi advertencia hacer  lo que juzgues conveniente,  cantanticas ilusiones  deshaced los aparentes  engaños, porque la hallen   los que buscan a Semele. Vuelva el Sol al día,  las sombras se ahuyente,  porque su hermosura,  quien la busca encuentre. Venus Divina.                               Con quien  hablas? el error advierte,  que yo soy Cintia, señora. Pues tú ahora? más no es este  el Templo de Palas, donde  se ocultó tan fácilmente  la tropelía de tantos,  ya piadosos, ya crueles  avisos, como rigores,  y piedades me prometen?  Cintia.                     Señora.                               Di tú,  aunque en lugar diferente  al parecer, no dijiste  que eras Venus.                               Si te mienten  unas señas, porque a otras  crédito das fácilmente?  Porque puestos los deseos  departe de lo que quieren,  cuando gustosos los hallan,  tal vez los engaños leen. Pues si en lo que te engañaste  hallaste lo que apeteces. Qué tu advertencia me dice? Que creas lo que quisieres;  pero aunque de este consejo  en lo que te digo advierte,  sigas el dictamen, mira,  que a otro ninguno te entregues,  que mío no sea, pues  te perderás si lo hicieres. Déjame olvidar asombros. Sí haré, más no olvides este. Semele.                               De haberte visto  llegan ya todos alegres. Mal si a mis brazos no diera  el gusto, hija, de verte  a la obligación de padre,  completa las tiernas leyes. Tu esclava soy.                               Di mi alivio.  Nada mis penas divierte. No, que el Sol volvió a dar luces  creo divina Semele,  cuando al ver que en ti faltaron,  reconozco, que en ti vuelven. Ciego sin tus rayos bellos  te busqué, pero fieles  tus estrellas me guiaron  a que con tu luz acierte. Yo agradezco; pero cielos,  que ni a agradecer acierte,                                                              que ofensa a mi pasión hacen,  mis atenciones corteses? Nunca deberos creyó  tanto mi dichosa suerte,  como ahora.                               No juzgó  mi fe, que tanto os debiese. Qué me debéis vos, ni vos? Cortar el acento a ese,  que agradecimiento noble  quiso ser, que a quién se debe,  cuanto el alma alienta, y cuanto  la vida en su ser contiene  de nada en un solo afecto   le hace la deuda presente,  que es restitución no más,  lo que dádiva parece. Yo os dejo, que al pronunciar  agradecimiento cese  vuestra voz, como quien sabe,  que en nada serviros puede,  quien de una vez alma, y vida  os entregó reverente. Muy convenidos está. No ves, que el concierto es ese? Cesen las cortesanías,  y vamos.                               Nada me muele  tanto, como esto, que sabe  el Poeta impertinente,  si las que cortesanías  llama, serán pesadeces? Pues aún es mucho peor,  cuando el Gracioso hablar suele,  decir, que estrenado está,  aunque simple gracia tiene,  que sabes hombre del diablo,  si en vez de lumbre da nieve  tu gracia no digas tú   lo que ha decir la gente? Ves eso, algunos lo dicen,  porque hallan quien se lo cree. Vamos, donde el rendimiento,  en torno de las paredes  del templo, ofendido diga,  que no la intención le ofende,  sino la desgracia, pues  en tanto, que no serene  el enojo de la Diosa,  con obstinación rebelde,  en la constancia resuelvo,  no diferenciar de albergue.  Aquí Oráculo divino,  me han de hallar del sol ardiente  los rayos, aquí las lluvias  de los erizados meses,  la siesta aquí de los Julios,  la escara ha de los Diciembres,  por ver si acaso de alguna  ofensa, que ignoro vence,  la humildad del ceño horrible,  que recela en ti mi suerte. Justo es, que asistamos cuantos  interesados en ese   logro, nos vé la esperanza. Preciso es, que cuantos penden  de esa fortuna fijamos  tu parecer.                               No decente                                                              estancia te labrarán  nuestros afectos corteses,  en esta montaña inculta;  pero verás de rebeldes  troncos población, a quien  le deba el descanso leyes,  y si el agrado recibes.  Deidad de quien te la ofrece,  puede ser, que en rudos troncos,  no menos pórfidos eches,  que dispensa en el obsequio,  quien del culto no se ofende. Ya que por mí no la estime,  por mi padre os agradece  mi cuidado la atención. Aun es mucho favor ese,  ay Seme le que me matas. Ay qué te adoro Semele! De esto de irse a ser peones  estos Príncipes, qué sientes   Tagarote?                               Que peor  fuera irse a ser cordeles. Sígueme hija, que hasta tanto,  que esta fortuna se enmiende,  Deidad te han de venerar  estas montañas agrestes. Sola otra vez he quedado. Tampoco mi amor te debe,  que ni aun mi memoria te hace  compañía?                               Que me quieres,  asunto de una amenaza,  en quien viendo estoy mi muerte  tan dulcemente; que acuso,  a quien de ti me defiende?  Qué me quieres?                               Qué te quiero? Ten lastima, a quien no puede,  aunque más lo solicita  de su pasión defenderse. Que una novedad me admire,  no debe extrañeza hacerte,  bueno es que te quejes tú,  cuando soy yo quien se muere.   Ten bella Semele  piedad a los males,  que por ti se tienen.  Si tiranas prevenciones  de mi afecto te divierten,  si tu temor ocasiona,  quién de mi amor te defiende?  Di que culpa tienen  mis ansias rendidas,  mis penas corteses.  Excusarte de escucharme  con resistencias rebeldes,  y por tu atención faltar  de tanta deuda a las leyes.  Fuera en ti decente,  que en fin el recato  disculpas merece.  Pero entre grata, y suspensa,  consentir que te dijese  mi cuidado, y con un riesgo  cantantico defenderte.  Es término aleve,  que parece engaño,  y es lo que parece.  Oye, ay de mí! que disculpas   hallará mi amor decentes,                                                              dime quién eres tú propio,  y no a otro acaso lo dejes.  Porque al cometerle  halle mi delito,  disculpa en quien eres.  Si te escuché como humano,  facilidad fue indecente  de la mucha obligación,  que mi modestia me tiene.  Mas creyendo al verte,  que eras deidad, como  pude defenderme.  Quién sin infamar el culto,  puede negarse a quien tiene  el dominio de las al más,  contra la opinión prudente?  De que nadie puede  hacer cortesía  de aquello que debe.  Y pues solo para darte  el alma, que ya tú tienes,  quien eres saber deseo,  no tu cariño me niegue?  Un favor tan leve,   de quien mis disculpas,  y tus logros penden.  Júpiter Semele hermosa  soy, aunque el traje desmiente  mi autoridad soberana. Que importa que dejes  la soberanía,  si el crédito tienes.  Ya asegurada en tus labios  mis rendimientos te creen,  que persuades como Jove. Pero aún no te deben  los créditos míos,  que mis ansias premies;  pero aguarda, quien a Juno                                                              avisó, tirana suerte!  de mi amor?                               Que te disgusta. Nada, pero llega gente,  y no quisiera por ti,  que aquí me hallasen.                               Detente,  que es Astrea la que llega. Mal el disfraz comprehendes Qué dices?                               Nada?  en pasando  Astrea volveré a verte Lograrele pues hallé                                                              modo, que aún tiempo me vengue  de los dos; pues despreció  mis advertencias Semele?  Señora, pues cómo sola?  permíteme, que me queje,  al ver que de mi recelas  lo que solo a mí me debes  fiar.                               Pues yo, qué te oculto? Dígalo el lance presente,  donde el galán extranjero  está, con quien te vi en ese  sitio, de amor tan rendida,  como su gala merece.  Por vida tuya presumes,  que un amor lograr se puede,  fin quien le ayude a creer,  no es mejor si ha de saberse  fiarle de quien le calle,  que no de quien le rebele?  Estas licencias señora   tomé, para que te cueste  menos conmigo el recato,  pues advertida hacer puedes  hablando, cuenta de que  me dices lo que otras veces,  y sin el primer recelo,  no hay porque nada me niegues,  dígote quien es.                               Astrea,  mas porque negar pretende  mi labio un delito; que  tan grandes disculpas tiene,  y más a Arte?                               Qué dudas,  todas no somos mujeres? Sí Astrea, aunque algunas veces  creí yo, que no lo fuese. En algo de eso incurrí  yo más de algunas veces,  pero a lo que importa vamos,  mira que tiempo se pierde. Pues mira, Júpiter Quién? Júpiter es el que en este  lugar viste, que obligarme   solicita.                               Solo puede,                                                              quien sabe que ha vengarse,  escuchar lo que te ofende. Júpiter en fin?                               No pases  adelante de esta suerte,                                                              mis venganzas aseguro. Porque lo demás no quieres  saber en lo que te fía  mi amor? Porque si pretendes  en lo demás como en esto,  ocultarte de mí debe  mi atención no porfiar  en saber lo que no quieres. Cómo, que me oculto?                               Tú no dices bella Semele,  que este es Júpiter?                               Así él me dijo.                               Y tú crees,  que de su divinidad  olvidado, los terrestres   sitios ocupe la luna  Deidad, que a todas precede? Ay de mí! luego es engaño? No sé; pero lo parece. Cómo, si él lo afirma? Como  no se opone en quien pretende  un logro tan soberano,  fingir para engrandecerse. Ay Astrea, qué me matas! Si salir de dudas quieres,  yo un remedio te daré  con que podrás fácilmente. Por qué Astrea le dilatas? Ay infeliz, que a tu muerte                                                              te vas acercando!                               Acaba. Mira, cuando vuelva a verte,  le has de porfiar, que en premio  del afecto que te debe,  para altiva presunción  de tu amor, en la decente  forma divina, que rayos  divulga, que luces vierte  en la Majestad soberbia,   que a Juno su esposa suele  visitar, a verte baje,  y porque negarte puede  este favor, por extraño,  usado tan pocas veces,  antes que nada le pidas,  como quien solo pretende  un agasajo, sin que  pueda conocer cual fuese.  le has de obligar a que jure,  por el lago de la siempre  respetada de los Dioses,  Laguna Estigia, de hacerte  dichosa en el cumplimiento  del favor que le pidieres:  luego que jure, pues  nada el que ama negar suele,  le has de obligar, que en la forma  a dicha, esta noche a verte  venga, que acortar los plazos  a la duda es conveniente. Así podré asegurarme,  Astrea discreta eres,  que el medio es famoso.                               Y cómo?  Y dificultad no tiene  al parecer?                               No señora,  quien a lo divino ofende                                                              en lo divino peligra. Pues para que le comience  la seguridad que en duda  me atormenta, que me dejes  sola importa.                               Ay infelice!                                                              mi duda es obedecerte,  de quien me ofende alevosa                                                              me ha de vengar quien me ofende. Cuidadoso mi temor  aguardando a que le fuese,  quien nos estorbó, ay de mí!  que no sé qué el alma teme? Vuelvo a que me alientes  de sustos pasados  favores presentes. Yo Júpiter no me excuso  amante a favorecerte,  pero basta que mi cuidado  una fineza te cueste.  No podré creerte,   ni lo que me dices,  ni lo que me quieres.  Que puede haber bello hechizo,  que yo a tu hermosura niegue,  juro por el respetuoso  lago del sagrado albergue.  De darte si quieres  los bellos celajes,  que el día guarnecen.  Y juras al propio lago,  que a lo que yo te pidiere  no te excusarás? Sí juro,  aunque el temor me atormente. Y a esta mi intención lograda,                                                              pues solo quiero deberte,  que con toda la hermosura,  que en tu eterno alcázar tienes.  Júpiter a verme  cuando el Sol espire  a mi umbral te acerques.  Ay infelice de mí,  y ay de ti infeliz! Qué sientes? Que en lo que pediste                                                               me obligues a obedecerte.  Pues jure imprudente  las piadosas aguas,  ya desde hoy crueles.  Si por excusarte buscas  disculpas que me amedrenten, Y que me faltara a mí  si yo excusarme pudiese? Pues nada receles,  ven, aunque mis ojos  mirándote cieguen. Quien, cielos, se vio en tan rara                                                              pena!                               Quién en tan alegre                                                              esperanza se vio cielos! Quién tuvo tan triste suerte! Ven noche. No llegues. Para ser mi dicha. Para ser mi muerte. Ahora señor Tagarote,  tratemos de murmurar  esto que hemos de esperar. Lindo plato de gigote. Su amo de usted, y el mío,   Príncipes de la pasión  dos grandes menguados son. Mire Neblí que está frio,  y si lo quiere saber,  sepa enmendando el caudal,  que para decir bien mal,  mucha gracia es menester.  Los satíricos arrobos,  si parecer mentecato  no quiere, deje que es plato  muy discreto para bobos. Pues puédeseme negar,  que uno, y otro don Quijote  enamorados al trote,  vinieron de allende el mar,  y que están en conclusión  sirviendo sin merecer,  desairados en poder  de esta dama Faraón,  más cruel, que treinta tías,  más fiera que cien Nerones,  a quien no ablandan unciones,  de dos ruegos, Zacarías,  pueden negarme par Dios? Qué hacéis?                               Me oyeron? No entiendo. Aquí estábamos diciendo,  dos mil males de los dos. Qué te dijo Aurora, di? Que Semele temerosa  estaba, de que la Diosa  pudiese elegirte a ti. Qué de Semele has oído? Que solo por no temer  lo que el diablo puede hacer,  quisiera no haber nacido. No es nuevo en mí su rigor. Hecho estoy a su crueldad. Palas divina piedad. Divina Palas favor. Amor tus dulces arpones  son glorias de mi tormento,  y aunque me matan tus iras,  por tus crueldades me muero. Pues como Semele Anfriso  consiste blandos acentos  de amor Lo que a ti te admira  es lo propio que no entiendo.  De sus damas asistida,  sin duda a gozar el fresco  de noche tan apacible,  se encamina hacia este puesto. Débanos si te parece  la fineza de no vernos,  porque acaso no seamos  a su diversión molestos. Si es fineza, no hay razón,  para que en mi sea menos,  que en ti, y así retirados,  es bien que no la estorbemos. Y los dos? Los dos cada uno  a roncar a su aposento,  que los pícaros no saben,  de músicas, ni serenos. Cada movimiento manso,  que hace en las hojas el viento,  rémora de mis oídos,  es imán de mis deseos.  Algo apartados volved  a dar al aire los ecos,  Para que más agradable  llegue a mi oído el acento,   y cantad de amor, así consigo el logro que espero. Si la libertad rendida  es sacrificio a tu imperio,  porque con las libertades  castigas los rendimientos? Tirano amor, peligro lisonjero,  que de las amenazas haces premios,  suspende los rigores de tu ceño,  que no cabe en las vidas tanto incendio. Llega divino esperado,  dulce agradable veneno,  que peligra la esperanza  en la dilación del premio.  Ya que vencidas las luces  del Sol, cobardes huyeron,  tus reflejos restituyan  las luces que obscurecieron. Ay infeliz hermosura!  que apresurando tu riesgo,  aun no te deben los males  la dilación por remedio. Por qué a mis ojos niegas  o Júpiter Supremo  de tus hermosas luces,   los dulces rayos bellos?  si de tus voces blandas  escucho los acentos,  porque das al oído  de los ojos el premio? Por dilatar Semele  de tu estrago violento,  ay de mí! la desdicha,  que ya es forzosa.                               Cielos,  que me abraso, me abraso,  que me quemo, me quemo,  no te acerques tirano  peligro lisonjero;  que resistir las lumbres  de tus rayos no puedo,  cielos piedad, socorro. Favor, clemencia cielos,  que ocasión o la propia  desdicha, que padezco,  huiré de su vista. No me dejes severo,  que si muero al mirarte,  cuando por verte muero,  no saben mis desdichas,   cual es mayor tormento. Pluviese a los divinos  soberanos preceptos,  que yo romper pudiera  los sacros juramentos,  aunque de amante injusto,  peligrara en los riesgos  condenado a no verte,  por no ver tus tormentos. Ay de mí! pues me matas,                                                              por ultimo consuelo,  permite, que en tus brazos  rinda el postrer aliento. No infeliz apresures  tu muerte, y mis lamentos,  si el fuego es tu ruina,  por qué buscas el fuego? Porque ya que se abrase,  como mortal el cuerpo,  viva contigo unido  el espíritu eterno.  Anfriso, Olimpo, Cadmo,  estos últimos ecos,  que mi tragedia anisan,  os acerquen los vientos,   y pues la blanda cárcel  quebranta al yugo tierno,  de amor rendida el alma,  diga el dolor postrero. Tirano amor peligro lisonjero,  que de las amenazas haces premios,  suspende los rigores de tu ceño,  que no cabe en las vidas tanto incendio. Ya Juno rigurosa  te vengaste del bello,  del emulo divino,  que afrentó tus trofeos.  Mas no podrás tirana  estorbar los respetos,  que a sus cenizas dulces  enamorado ofrezco.  Divinas Semidiosas  de los verdes Imperios;  a las nobles reliquias,  labrad decente Templo.  Y por mí que insensible  las desdichas me hicieron,  llore el día eclipsado  su triste estrago bello,  de horror la luz se vista,   no respiren los vientos,  la tierra se estremezca,  desencájese el cielo,  y de hoy más enemigo  de todos los sosiegos,  tirano amor! Etc. Hacia aquí las tristes voces  se escucharon. Aquí cielos. Se oyeron los ecos tristes,  aquí se escuchó el lamento. Semele. Semele.                               Hija. No la busquéis, que del fuego  de Júpiter fulminada,  es ya Semele escarmiento. Qué escucháis desdichas! Ansias,  cómo sufrís tanto riesgo? Penas, cómo dolor tanto  cabe en poco sufrimiento? Rigurosos hados míos. Amor falso.                               Amor severo  Muera yo a vuestros rigores. Por qué cruel? Por qué fiero? Premiaste así mis finezas? Pagaste así mis deseos? Tirano amor, peligro lisonjero, Esto se acabó Neblí. Pues Tagarote volemos  a los nidos, porque tenga  venturoso fin con esto  de Júpiter, y Semele;  el infelice suceso.