Texto digital de Júpiter y Ío
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Júpiter y Ío. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/jupiter-y-io.

JÚPITER Y ÍO
, h ESCENA PRIMERA Por más que a Júpiter Sacro votivas reses dispone el Sacrificio, la caza prosiga sin que se ignore sitio que no se registre en el vedado Horizonte de la Selva, y a su altar salpiquen manchados dones, por más que el golpe resista la víctima al Sacerdote. No cesen, no cesen en las aras del hijo de Opis, templadas cuchillas, aceros veloces, de hacer que la dicha que logra en la muerte, reciba la ofrenda en la vida del Huya la Ninfa ingrata, y hermosa del Imperioso dominio de Jove; y en premio de tantos seguros desvíos, esquivo desdén a sus sienes corone, para que logren, triunfar las resistencias, aún de los dioses, Acerquese al blando suave alagüeño, favor que en sus ansias amor la dispone, y lo ingrato al poder no le usurpe, la dicha de ver que lo hermoso le postre, porque conformen, esquiveces tiranas, y afectos nobles. h . A donde huiré de la amante fiera osadía de Jove? Injusto Dios, que intentando violar los puros candores de mi pecho, no hay estancia, en río, selva, ni vosque, que su deidad no examine. Y pues en coros discordes, a un mismo tiempo repiten sagradas inspiraciones, una que me acerque al riesgo; otra, que le huya; del monte la espesura me asegure, buscando en las no salobres ondas de mi padre, el puerto seguro, a tantos temores, por más que mezcladas digan confusas aclamaciones. No cesen, no cesen en las aras del hijo de Opis, templadas cuchillas, aceros veloces, de hacer que la dicha que logra en la muerte, reciba la ofrenda en la vida del golpe. Por más que de estotra digan, desmintiendo sus horrores, hura la Ninfa ingrata, y hermosa del Imperioso dominio de jove: y en premio de tantos seguros desvíos, esquivo desdén a sus sienes corone, para que logren triunfar las resistencias, aún de los dioses. Acerquese al blando suave alagüeño, y favor que en sus ansias amor la dispone, y lo ingrato al poder no le usurpe, la dicha de ver que lo hermoso le postre, porque conformen, esquiveces tiranas, y afectos nobles. . Dónde, hermosa Ninfa, ansiosa vuelas, presurosa corres, sin reparar que mis dulces cariños la esfera del aire la puebla de ardores. Tu ingrata resistencia mis suspiros escucha, no los oye; y pudiera lo esquivo de tu ceño, no despreciar obsequios de los Dioses. De todos cuantos cultos previno mi deidad, a otros favores, ninguno más constante, ni más firme, que el que mi fe previene a tus rigores. Y así no enojen ansias corteles, fieles atenciones. Tan rendido me tienes, que aunque mi altar le pueblen, y le adornen con tantas pieles rústicas los brutos, con cándidos afectos, los pastores. Nada, Yoo, me ilustra tanto, como que al templo de tus soles, siendo tu ingratitud, el duro mármol en él, le sacrifiquen mis ardores. Suspende Jove el paso, y no atrevido quieras, que te sirvan, los rayos contra las inocencias. Si sabes que mi padre Inaco, en las riberas de este bosque me cría; y que corriendo en ellas, Aprendo en sus cristales la pura blanca tersa corriente cristalina undosa transparencia No dando lugar nunca a que mi pecho sea abrigo de la impura, torpe lasciva ciega. Llama, que de Cupido el muerto ardor somenta, a cuyas aras nunca; llegaron mis decencias. Y así no quieras contrastar mis desvíos con tus violencias. Si no ignoras, que Juno a tu fe siempre atenta, amante te persigue, cuanto esposa te cela. Y en continuado giro, por río, bosque, y selva, es, de tus inquietudes volante centinela. Y si no se me oculta, hija, siendo en sus arenas que es lo más la indecencia por ti mezcladas de oro, conque tu solio ultrajas, rubio explendor de tus trenzas no dando diferencia. justo objeto de las más Desde Deidad que ilustra, naturales reverencias, hasta hombre que tropieza, de todos los que anelando juntando en un supuesto a la posesión inmensa. tan contraria la idea. de tu mano, pretendían Como de hombre la culpa, la gustosa conveniencia de deidad la clemencia, de dar con su esclavitud u díganlo tus trajes, de su libertad las muestras; de lluvia, cisne, y fiera. y tu desdén siempre altivo En torre, río, y prado, con natural extrañeza, por Danae, Europa, y Leda, no quiso a sus vanidades siendo el atrevimiento el mérito de tenerlas. de tu deidad suprema. Pero negándose siempre El que en seguridades a pláticas tan adversas desmintió las ofensas, a tu genio, no atendió valiéndote de todo ni aún a darles la licencia el poder de tu diestra. de que escuchase lo atento Y abrasando tus rayos desaires de tu belleza. laureles, que pudieran No tuvo príncipe Argos, ser respeto, aún de tanta ni tuvo Príncipe Creta; fulminante centella. que no intentasen de vanos Como es fácil te escuche, con cortesanas finezas te mire, ni te atienda, lograr en tu mano, toda cuando hacen tus traiciones la ambición de su grandeza; eco a las experiencias. y dándose por vencidos, Y así no pretendas, lesistieron de la empresa. que con mi ruina se aumente Viendo que de sus porfías otra ofensa. tanto triunfo, tu entereza, Hermosísimo milagro, que en tu ceño, ni aún hallaron a quien la naturaleza esquiveces por respuesta; adornó tan sin cuidado, si dígalo yo también, que en la fértil primavera que dejando las esferas, de tus años, estampó Deidad, y Pastor, pisando tantos Abriles, que apenas lo florido de esta selva, les ha quedado a las rosas con disfraz que te persuada, Abriles conque florezcan. con atención que te mueva, Tú, que en continuada envidia, que hasta los Dioses no viven emulación de Amaltea, libres de humanas ideas. mejor Ceres reproduces, Y aunque hay respeto que avise, al contacto de tu huella, hay afecto que atropella, cuantas flores agonizan; sin que intente la lisonja viéndose, que a tu influencia decir que hay gran diferencia las marchitas reverdecen, entre delitos de hombre, y las dormidas despiertan. y de deidad; pues se prueba Tú, que de Inaco, naciste claramente, que de deidad, son más inmensas, viendo que las facilita aquel que las privilegia. No merecí un favor tuyo, notando en tu resistencia, como tratará lo humano, quien en lo divino emplea con bien aceradas puntas, tantas invisibles flechas, de aquellas que cuando matan, no avisan lo que desprecian. Viendo, pues, tantos desvíos conque en mis caricias tiernas huye tu beldad, de tanta adoración como atenta, consagra a tu fe, rendido el culto de mis finezas, para que vivas segura, y para que libre veas, lo que me debes, sin que yo me valga de la fuerza, de la deidad, que consigue siempre todo lo que intenta, como acordártelo pueden dichosas estratagemas. Con Danae en la lluvia de oro, a cuya mansión secreta, de mi poder, y mi arbitrio s señas, llegaron y lo demás que tú sabes, cuando de otras Ninfas bellas, amante, rendí a mi alago sus más tenaces durezas. Ten entendido, que nunca apelaré a la violencia desengañado, de quie no ama, quien atropella, no acaricia, quien maltrata, no tiene fe, quien violenta, no tiene amor, quien ofende, siendo clara consecuencia; que se desaliña el gusto con el cargo de la fuerza, Y aunque de mi esposa Juno las continuadas tareas de rondar a todas horas el curso a mis diligencias, persuadan, yo haré que de nuve densa conjelada, a los vapores de mis suspiros, y quejas, tus perfecciones se oculten, mostrándote mis cautelas, cuanto te adora constante. la fe, de quien te preserva de los áspides, cuidados de Juno, porque se vea que es lisonja del aplauso la ignorancia de la ofensa. Pero advierte, que no habrá en mis amantes tareas, hora, ni instante, en que yo descendiendo de la esfera, no solicite en tu agrado, el rigor de tu inclemencia. Todo el poder de mis rayos queda a tu arbitrio, y no creas que no los advierto ociosos, pues a la encendida hoguera de mi pecho; ya le sobran los volcanes que le queman. Y aunque hoy descendí a mi Templo, por ser día en que celebra Argos, la anual votiva inmolación de su ofrenda, ten entendido, que cuantas hoy víctimas en el sean, tantas serán sacrificio a tu desdén, porque creas que nada engrandece tanto mis aras, como la ciega fe, conque te sacrifico deidad, poder, y grandeza. Porque no presumas, o Júpiter Sacro, que mi resistencia nace de otro impulso que de mi recato, mira que es en vano hacer tu porfía cómplice en mi agravio. Y aunque yo no ignoro que lo cortesano por tú misma esencia, nunca en ti se puede mirar como extraño, juzga que lo ingrato en mi siempre ha sido rigor, no cuidado. Y por más que intentes sinos olocaustos, (mol, mi eterna constancia nunca imprime en cera lo que labra en mar- serán tus aplausos a mi vista sustos, y mi oído engaños. Y así las esferas celestes pisando, ocupa en tu solio diademas, cárbuclos, alfombras, topacios, sin que tus halagos a Juno ocasionen ningún sobresalto. Si yo en mis sosiegos libre del vendado Dios, vivo la selva segura a las violencias de su arco, porqué al descanso de mis ocios, quieres añadir cuidados? Y así, invocando de Inaco mi padre, cuanta driade canta en sus Riberas, sonora solfa en cristalinos trastes, todas en mi amparo vendrán, porque veas que en este retiro, hallan mis pesares alivio a las penas, descanso a los males. Y así Ninfas del agua venid corriendo, o aguardadme en las ondas del claro espejo que habitáis, porque puedan templarse a un tiempo en mí las amenazas, y en Jove el fuego. Ya te escuchamos, ya te atendemos, y pues todas vivimos el transparente cristalino Imperio, en cuya blanda espuma dormida yace Venus, ven a su centro, ven a su centro, donde hallan las vorrascas de amor el Puerto. Para qué ingrata convocas los arrullos lisonjeros de las Ninfas en tu amparo, cuando si yo esgrimir quiero todo mi poder en rayos, toda mi violencia en truenos, no habrá cristal que no sea vesubio, a cuyos incendios se mire abrasar el agua, la novedad advirtiendo, de como se muda un elemento a otro elemento? Y si no basta lo amante, me valdré de lo severo. Bien es que de ti presuma yo cualquier atrevimiento, cuando tu mentido halago, esconde el áspid soberbio, y quiere en lo Cortesano disimular lo no atento. Y si prosigues, de Juno he de invocar con mis ruegos todo el favor. Cesa, cesa, que por Júpiter supremo, que la palabra te doy de ausentarme de aquí, luego por no irritar los suaves arpones de tus luceros. También la doy de volver a sus brazos, porque miento en que pronunciase el labio, lo que no le dicta el pecho. Ve en paz, y vosotras dulces Sirenas, en blando metro venid a mis constancias los arrullos lisonjeros. Queda en paz, que muy aprisa volando el pelo poneso, vendré a lograr la decente vanidad de tus desprecios, diciendo a tu ingratitud. Yo a tu porfía diciendo. Ay de mi afecto, que solo es desgraciado, porque temiendo estas, que haya en mi amor, otro escarmiento Ay del despego, que por ser natural, en mi respeto lo importuno, no atiende de tus ecos. Ya te escuchamos, ya te atendemos, y pues todas vivimos, el transparente cristalino Imperio, en cuya blanda espuma, dormida yace Venus; en a su centro, ven a su centro, donde hallan las borrascas de amor el puerto. ESCENA SEGUNDA Oyes Fauno? Dices Celfa a mí? porque nunca hallas en dos mil palabras, forma de decirme una palabra. A ti digo, claro está, si no que aturdido andas mas ha de un millón de días, sin averiguar la causa de que puedas padecer suspensiones, circunstancias, que en el amor pastori difícilm poro u no Tú en te y te as, cuan qu de pobre rústica Villana. En cual de est irás, en cual de esas rocas altas, es dondo a pobr Ninfilla desventurada? Si es quen de burlas, y si es que o as hablas, sabe Celfa que te adoro y sin gastar siligranas. Para ti no hay cumplimiento, que mi cariño no anda contigo en otros adornos, filis, gestos, ni patrañas, que en los de quererte siempre, sino a la patalallana. Sabe, que las suspensiones que en la colla se me entablan, no son por darte a ti celos, porque eres mujer honrada. Y aunque tienes mal pejeño, tiene un no sé que tu cara, que entre Sauces, y tomillos, me enamoras que me enrabias. El andar yo pensativo, sabe Celfa de mi alma, que solo nace de ver, que divertida nuestra ama de puro honrada, parece no quiere ser tan honrada. Maldita sea tu lengua, que en una mujer tan casta, que dizque según me han dicho, con ella es fácil Diana, y que no quiere a los hombres porque es medio marimacha; hayas de decir tal cosa? Teme que del Cielo caiga un rayo, y te chamusquine muelas, dientes, y quijadas. Ves Celfa, pues todo el caso. consiste en el que dispara desde arriba ese trabuco, que Don Júpiter se llama un Dios, que incesantemente se ha hecho menino de falda de mi señora, y la lleva a pasear por la montaña. Y de los rayos que forja en el taller de sus maulas, debe de darla el acero, porque está muy opilada; y de cuando encuando tocan, y de cuando en cuando cantan. Y hoy le he visto por mis ojos, con figuras bien extrañas decirla no se que cosas, que a modo de festejarla se hechan de ver por las señas, mas yo bien cerquita estaba, y aunque lo desdeñosa que ella le responde, basta. que a Júpiter se le ponga en la colla esta demanda, para que todos los días se nos venga, y se nos vaya, y hecho galán estantigua, nos alborote la caza. Mira, si ella como dices le responde tan iraña, puede ser que más no vuelva, porque viendo que se cansan sus ansias en balde, no querrá malograr sus ansias, y no puede ser fineza el di gustar a las damas. Mira, Celfa, en eso mismo toda mi simpleza estaba, hasta que Argos, el discreto Pastor de aquesta Comarca, a quien con la boca avierta oyen todos, y se pasman dijo sobre aqueste asunto, que esquiveces de las damas, más acercan, que desvían, más lisonjean, que agravian, mas que ofenden, enamoran, y alientan más que maltratan. Con que yo espero que vuelva y que haya Toros, y Cañas, y en esta fiesta, tú, y yo, no podremos perder nada de aqu sos, a criados, y criadas en virt se paga porque se pa Y el ta personaje de importancia, gentil hijo de vecino, gran servidor de las damas, y puede ser que tu dote, pidiendo aquesta demanda se junte, y que nos casemos en el fin de la fornada. Ella se fue, según dijo a escuchar cuatro tonadas de las Driades, que sirven a su padre, y a su estancia volverá luego; y así, vamos a ver en que paran sus melindrés, que me inclino con lo que dices; a que haya en mi señora un poquito de hipócrita, y mogigata. Para otra vez Celfamia (pues también cantas, que encantas? te advierto, que no ha de ser la conversación rezada, porque para las Zarzuelas se inventaron las gargaras Y ahora camina, no hagamos a nuestros oficios falta. Ya te sigo me parece, Faunillo, graciosa alhaja. . Ya que por Oriente asoma, con brillante resplandor el gran padre de la luz, a correr por su eclíptica veloz, y el verdor de las flores ilustra, dando a su matiz más vivo el color. Ya que tan sereno día en el Cielo amaneció, que en la plana de sus rayos no hay una nube que manche borrón, y uniendo el brillante concurso de Astros, logra lo confuso ser más perfección. Desconfiada de Jove mi esposo, a quien dedico todo mi constante pecho, mayor la caricia en afecto mayor, agado tan mal, que su fe no segura el tálamo infiel, tantas veces violo. Desciendo al vosque, por ver si le encuentra mi furor entregado al suave ocio, que le destina su ardiente pasión, pues aunque me consta en la Nunifa lo ingrato, es mucha batallá el alago de un Dios. Mas que negra nube empaña de repente, con su horror de las tersas claridades, la luz al día, y la hermosura al Sol; sin duda que Júpiter falso, y aleve, dispone a mi rabia otra nueva traición. Y pues pudieran decirlo ni encendido rencor, tantas astucias forjadas contra la inculpable lealtad de mi amor, mintiendo sus trajes el solio supremo. Y siendo el cayado su cetro mejor, procuraré de sus pasos en la fragosa mansión de la selva, embarazar todo el tropiezo de su inclinación; disimular, porque él viene, me importa el etna violento, que causa mi ardor. Bellísima Juno, a quien r, siempre advierto favor en: mo hoy en este orizonte ad, cando la inmensidad en un monte? Si lo ejecuta tu anelo ermosura, spesura ielo. rte la Di e. in, olo S, din- ano El clavel formando agravios de ver mustió su arrebol, le desprenderá del Sol ara encenderse en tus labios. La azucena al ver que rompa ui verde votón cortés, vendrá humillada a tus pies para florecer su pompa. Y con dorados perfiles, sin que yo te dé mis rayos, tendrás a tu imperio Mayos, como a tu dominio Abriles. De mi fe; seguro indicio, no ha de darte la experiencia; porque fuera contingencia la verdad del sacrificio. Si de ti estuve distante, tu pecho no riguroso esté, pues más que lo esposo te intentó mostrar lo amanto. No arguyas con la malicia culpas contra mi inocencia, pues miro tu reverencia, y no olvido mi justicia. Solo bajé a dar ejemplo de otros Dioses al insulto, y para infundir más culto, presente estuve en mi templo. Pues ellos desatendidos, en las harás olvidados, no logran por despreciado: humos de desvanecidos. Y para mi es mayor gloria, bellísima Juno mía; el ver pobladas mis harás de afectos que sacrifican mayor don en mayor alma, porque al notarlas unidas; todas juntas enlazadas, de mi cariño en la cifra, muestren el mayor quilate de mi adoración rendida. No se como a hablarla acierto, . pues al ver que fugitiva Yoo, penetró la selva de mis amantes porfías huyendo, cuajada nube previne, que facilita el que Juno no la vea; pues con celosa ojeriza, tan como esposa me cela, como dama me acaricia, que presumo algún violento estrago; y así a la dicha de haber puesto en su reparo la nube, también se siga, (pues a mi deidad no hay cosa que la estorbe, ni la impida, y en los Dioses no hay distancia de que obren lo que imaginan) su transformación envaca. Y así, su figura misma tome en lo aparente, y queden sus potencias tan distintas, que de mi influjo al contacto, solo a Juno esté escondida, transformación que me importa cumplir con Juno, y la Ninfa. Júpiter, mucho agradezco tus Cortesanas (fingidas diré mejor) alagüenas constantes, fieles caricias de la verdad de mi fe, siempre tan correspondidas, que te pago en atenciones cuanto debo a tus caricias. Y habiendo visto que al Templo bajabas, a hacer precisa en tanto ofrecido culto tan sangrienta hidolatria, que al golpe de los cuchillos consagra con lo que arruina. Dejé la esfera, y el solio, descendiendo a la florida mansión del Templo, y no poca novedad es a mi vista, el ver que en día tan claro, donde hermosamente brillan, con nácares que amanecen, auroras que fertilizan. Y que al despertar fragrante la rosa vejetativa con esperezos suaves se vuelve a quedar dormida, se interponga nu que de su can tersas claridades con lo que desautoriza Y pues absoluto imperio desde tu diestra fulminar tus rayos, sin que se pueda escapar de tu noticia, ni hacer sin tu voluntad ningún Dios en su oficina (pues óptimo sobre todos, y májimo te apellidan) La menor seña al manejo, que a su ocupación se fía, o bien Plutón las cabernas avite, lucientes chispas frague Bulcano, cristales salobres Neptuno rija, Apolo luces febeas gobierne, y de la Milicia, en encendidos furores. aliente Marte la ira. Sáqueme de este cuidado tu amor, si bien lo examinan mis desconfianzas, esta es cautela en su caricia, contra la pura inviolable fe de mi atención sencilla. Bien es que tus dudas venza, y en cuanto a que la venigna estación del día, logre embarazo que la impida en su cabal lucimiento, girar su luz siempre limpia, sin que en su brillante aspecto se interponga otra indecisa luz, que equivocada en sombra, asusta en que no ilumina; bien pudiera convencerte, que en esa plana encendida, hay también inevitables impresiones peregrinas. Es natural experiencia, donde bien claro se mira, que a los hermosos fulgores del Sol en batalla fría (que conjelada en las ondas, su misma preñez la anima) cada instante se le atreven átomos, que él mismo envía a la tierra, y olvidando la esencia que antes tenían, de su propio dueño ultrajan todo lo que no autorizan, y es providencia forzosa, que a los humanos avisa, que a las fortunas más altas hay humildes osadías. Turbado estoy, mas no importa, . yo engañaré las porfías de Juno, haciendo exhalarse la nube; y pues fugitiva Yoo, penetrando el vosque viene ya, las pieles mismas vistiendo que a su disfraz, todo mi poder la envía (no importa que aquí la vea) pues de tantas alquerías como vecinas se hallan, ha de juzgarla precisa alhaja de algún pastor a su labranza precisa Y porque veas que nada de lo que a tu gusto si va, vede mi amor dilatarlo, advierte desvanenecida aire la oposición, que turbó tu fantasía osa her nt anchada fiera, cuya servidumbre Quién será felice dueño lisita V Ju ni deo causa, Templo; el rigor con que engañar solicita ti ces de pasión. Para que no tena envidia, que injusto afecto, es de una deidad la envidia, aunque pudiera esa vaca ser posesión de la rica opulencia, con que muchos pastores el valle pisan. No es si no que de repente, fecunda la tierra cría para ti aqueste olocausto con que grata solemniza, cuanto a tu contacto debe, pues al ver que descendia tu deidad, no quiso el monte en su ruda monarquía, dejar de hacer esta salva, a quien es de ella tan digna, Y así, a tu cuidado corra el no dejarla baldía, profuga por esos valles en los campos fugitiva. Apoderado del alma, tengo un incendio que vibra, con tal crueldad, que enajena las potencias que no animan. Que esto Júpiter consientas? y que de otro ser vestida me castigues un recato por complacer tu malicia? Tú eres Deidad? cómo puede serlo quien siempre destina en su amor las falsedades para logro de las dichas? Mucho estimo la lisonja con que el campo me convida en esa fiera, a mis ojos tan alagüena, y bien vista. Y así, de Argos un pastor, que dueño de estas campinas, por mayoral absoluto le reverencian, y estiman. Y a quien pusieron los Dioses cien luces, con que registra en cien ojos todo cuanto vuela, y nada corre, y gira, he de har la custodia de fiera tan peregrina. Mi vista la ira siguiendo, hasta que de Argos la quinta encuentre, y su vigilancia jamás la pierda de vista. Y tú, Júpiter, al aire trémola las blancas rizas plumas de mis Cisnes, dando a tu esposa nueva vida, viendo que su lado ocupas, y que con luces no tivias, al tálamo con tus royos, teas se enciendes activas. Que yo luego de tu alcázar, corriéndote las cortinas, lograré en tálamo de oro la ponesión de mi dicha. Así lo haré, porque veas cuan justamente atendida te hallas, de quien solo al logro de tus alientos aspira. Hasta que se llegue el tiempo en que a mi altar se repita, el aunval sacrificio de tantas reses votivas. Y yo huésped de la hierba, en mi mental agonía, paceré en sus campos todos los Áspides que se abrigan, por si pueden los contactos de su veneno impedirla. Y así, el espacio del aire midiendo las ansias mías. Y así, yo en parte templando el horror de mis fatigas. Y yo en estas soledades en tal tropel de desdichas. Entre tanto que yo vuelvo a ver mi adorada Ninfa. Mientras logro de mi esposo, la seguridad tranquila. Hasta que de tanto oprobio me hagan los Dioses justicia Diré al aire. Yo a la tierra. Yo al fuego que me domina. Ay de quien, por más poder cua tenga, no está libre de la flechas de amor, ni sus heridas. Ay de quién, por que a Júpiter quiere, necesita de mostrar que sus cenos no le irritan. Ay de quien, porque de una deidad es perseguida, no tiene más remedio que su ruina. ESCENA TERCERA , , h- Pues de Jove Sacro, hoy el sacrificio empezó en estruendo, y acabó en cariño, siendo sus altares a sangrientos filos púrpura devota, todos de su asilo pendientes pidamos nos mire propicio, fecundando en lluvias con feliz rocío, de nuestros terrenos los campos marchitos, sea en nuestro auxilio el Dios de los Dioses úpiter olimpo. Muy bien parecen festivos las Zagalas, y Zagales, en día en que el sacrificio mavor, en el Templo grande le Jove Crétense, al culto consagra la fe constante e Argos, Ciudad que a su numen que tutelar, no pasen os acentos la nota le no invocar sus piedades, pidiendo que nuestros frutos los defienda, y los ampare de las violencias del rayo, y las rafagas del aire. Ay, Corina, que tus ojos en dulces actividades, flechando con lo que miran, dan vida en lo que persuaden Bien sabe amor que te adoro, y que aunque de Argos tu padre, la braña condición, quiera mi fortuna embarazarme, espero que llegue el día en que en lisonjas afables, Venus una en feliz lazo nuestras finas voluntades. Pueda solo responderte cuando sabes que te estimo, y que a no ser el dictamen de Argos mi padre, al intento tan contrario en esta parte, ya hubiera dado himeneo con sus antorchas nupciales. endida, Luz a la siempr materia que en los dos arde; pero paciencia, pues quiere Venus que se nos dilate y ocasión, que f tan decente a sus altares. Dorisca, has hecho oración a San Júpiter Tonante, para que nos dé buen año? Para que de ti me guarde, y de tus simplezas, solo quisiera a Jove rezarle. Pero temo no me oiga, y mis sufragios en balde, yo me quede con el ruego, y tú te quedes salvaje. Te parece que no sé jante, que Fauno es tú que te ronda, que te sirve, valle, que cuando muy asimplado te dice dos patanas falsedades ese criado de Yoo no lo entiendes? qué, te haces remolona campesina, pues sabe, Dorisen, sabe; que también tienen sus celos los pícaros vergonzantes. Esa es malicia de simple, siendo fuerza no te halles sin ella, porque lo simple, y malicioso son pares. Es verdad, que aquese hombre es cortes, no ha de negarse la verdad, no hay otra cosa, así Júpiter me guarde como yo me he menester. Veremos de aquí adelante como te portas, que yo sabré como he de portarme. Por más que disimular . afecto que a Silbio tiene, no es fácil disimularle, pues aunque en el corazón en fiel depósito se halle la voluntad, es preciso que de algún suspiro al aire, amante fineza vuele, cariñosa voz éxale. Por entendido no quero yo de sus afectos darme, hasta que Silbio se explique, es Zagal de gentil talle, y no me disgusta el verle. Ea, Pastores, al vaile volved otra vez diciendo, aunque en rusticios compases, fecunde los campos . Júpiter tonante, olvidando al rayo severás crueldades, para que propaguen bástagos, y espigas, su verdor flamante. . A su sacro influjo toda mi es esmalte, de explendores de oro las pompas que exparce, para que radiante el Sol las ilustre, y no las abrase. . Oblación pequeña su deidad no ultraje, cuando la fe ciega viene a sus altares, para eternizarle en cándido obsequio memoria constante. . Cesen, cesen las voces de vuestras piedades, que Júpiter sabe muy bien la verdad con que vuestos afectos la víctima ofrecen, la hoguera reparten. Argos, Pastor de esos vosques, y mayoral de estos balles, vive el copioso bulgo de Zagales, pues en su contorno no hay lugar distante en que no gobiernes sus sinceridades. Tú, cuyo cayado rige entre hierbas, y cristales, fértil copia de inocentes bellones, que la nieve al Sol esparce, sin que de tu silbo, tanto bulgo errante, tímido se huya, medroso se escape. Tú, a quien quisieron los Dioses con decretos celestiales dar cien ojos, porque fueras antorcha universal en tierra, y aire, y de tu cuidado pudiera fiarse, cuanto hay en la esfera de lo vejetable. Juno es quien te habla, preven todas tus actividades para guardarme esta vaca, inmenso don que Jove quiso darme, siendo hacia mi gusto todas sus señales, gratas, apacibles, blandas, y suaves. De tu vigilancia fío, que nunca de ella te apartes, que puede ser que sus pieles oculten venenosas falsedades, que de cuando en cuando yo vendré a buscarte porque más que piensas esta fiera vale Cesen, cesen, Tan gran favor bella Juno no me atrevo ag pues si llego a comprender que me honras como a ninguno de cuantos Pastores hoy viven el Peloponeso callando, mejor confieso la obediencia que te doy Providencia fue bien clara, que yo cien ojos tuviera para que fiel te sirviera, y todos los empleara divina Juno en tu agrado, porque es infelicidad, que si manda una deidad, sea uno tan desgraciado, que no pueda obedecer lo que su ley ordenó; mas lo que te ofrezco yo, es tal cuidado tener, que del vosque lo frondoso vea en mi desasosiego, que no le doy al soliego ni un instante de reposo. Y cuando a residenciarme venga tu deidad severa, verá en mis solicitudes a cuanto el precepto empeña de tan superior deidad, pues no apartándome de ella, ni un instante, y atalaya continua sobre esa peña, que de bien quebradas rocas es tan grande la eminencia, que avecindada a la nubes, se roza con las Estrellas, no se ocultará al cuidado de la fuma diligencia, con que emplearé cien registros en cuidar de su belleza. Que esto oiga, y permita el hado que profuga en las desiertas campañas de este Horizonte, de los brutos compañera, viva complaciendo a Jove disimuladas cautelas de su amor? Oh llegue el día en que su piedad resuelva, que de su primero origen ecobre el ser mi inocencia. Has visto, Dorisca, tal cosa, como que se venga toda una Diosa en persona a visitar las rudezas de estas pobres alquerías, que de paso se venga con una para nosotros? bravísima impertinencia. Tu cuidarás de ella solo porque eres Pastor de fuerza, y estas cosas a las Damas, como yo, no se encomiendan. ̱. Cuidado, Argos, Pastor de esta selva, con el don que de Juno recibes, y así no le pierdas, pues te importa vivir en su gracia, y a mí me conviene burlar una ofersa. En el matizado verdor de esta esfera, que la línea de sus lentos pasos, y tanto la atiendas, que su instinto te vuelva en caricias, cuanto en cuidado tu amor la prevenga. Ni un instante de sueño concedas a la fatiga que el campo ocasiona, porque en mis tormentas sosiegue el afán que los celos fulminan, contra el incesante dolor de mis penas. Bien puedes de mi fiarla, s cien volcanes que alientan los pleados rán en tu obediencia, spiertos, de otros duerman. rado, ncaba peña, a las esferas ir frenda, go, mensa odos gia. e arrastras, a ones, n d, as prisión strechas; o llegue el día a mis ansias. Cuando lo no fuera en ti tan gentil, lo atento grandes méritos engendra en mi estimación, y el tiempo podrá ser que les conceda a nuestros afectos puros, amorosas consecuencias. Trata de ser buen marido rústico, y dame muy cierta palabra de no decirme aquella voz tan horrenda, tan cruel, y tan temeraría, que si mal no se me acuerda. la llaman celos, y dizque en palacio nunca entran, y lo que no entra en palacio no puede ser cosa buena. R. Ah talmada, como curas en salvo las continjencias, mas como nuestra cabaña no es palacio, la más cierta palabra que yo te doy, es que si a Fauno requiebras, a ti te ofrezco lo mismo, y a él romperle la cabeza. Id a vuestra lavor todos, que yo en las dulces cadencias de bien ardientes suspiros, diré en mis amantes quejas, Cuidado, Argos, pastor de esta selva, con el don que de Juno recibes, y así no le pierdas, pues te importa vivir en su gracia, y a mí me conviene burlar una ofensa. h Asciende a tu esfera, beldad milagrosa, que yo te prometo, obediente a tus leyes divinas, cumplir lo que ordenas. Asciende a tu esfera, y tu hermoso asombro en vínculo estrecho, con himan imperioso de rayos mi afecto gobierna. Asciende a tu esfera, y tu galán Joven; cortés, y rendido, espera, y confía que tus esperanzas posesiones sean. Asciende a tu esfera, mientras un velitre marido que tengo, no más que por eso, por esto, y estotro, insulso ecela. Asciende a tu esfera, mientras esta infame. tan singular personaje? La mayor noche colijo hemos de tener que pueda imaginarse. Tan lindo, y tan perfecto Barón, hasta ahora no han producido de todos los Entremeses los graciosos desatinos. Pues ya que se nos aguarda el volver al propio sitio, a ver la segunda parte de este menguado simplillo. Y que por no ocasionar con vailes el gran fastidio que causa, el ver que se siga tras una jornada el ruido, de más armonía, sea Fin del Entremes. A Rompan mis rayos, asusten mis truenos el Cielo, y la Tierra, y pues no hay alivio que baste a la pena de ver lo que Yoó padece por mí, amar, y sentir. Que Juno en sus celos se valga de Argos, y que él por su cuenta cuide de la. Ninfa pensando ser fiera, y que jove atento consienta en su amor el disfraz, y el ardid. No puede ser sin la nota de ingrato, y así de su queja acuda al remedio, por ver si se templa ardor tan volcán, que supo en mi pecho del Figurón suso dichó el aplauso, el que celebren las voces de nuestros gritos, diciendo todos, y todas del Barón, en regocijo. Son estos Figurones, si bien se entiende, los que nunca embarazan, y más divierten: Esto de ser tan vanos, y presumidos, consiste en que son tontos los pobrecitos. El que vengan de fuera lo miro ocioso. porque andan infinitos tal fuego inducir. Y pues por mi causa, en montes, y prados anda su belleza paciendo cristales, y bebiendo hierbas no olvide el amor, fineza que puede hacerle cibil. Y así, o tu amado hijo Mercurio, Soberano Dios de la ciencia, Nuncio de los Dioses Ermes, en cuya mano relámpago luciente es el acero del puñal arpe que tu lado ocupa, tú que enredadas sierpes alcaduceo enlazas, y animados talares te dio el viento, para que en lo veloz al pensamiento tu espíritu excediera, pues de ti necesita el erna superior que el alma enciende, ven de mi voz al eco. Ya desciende al Imperioso dominio de tu acento, el que obediente a tus voces divinas, solo aguarda la ley de tus decretos. En mi atenta forzosa inevitable, rendida obligación yo no te ofrezco, ni las violencias del arnes templado, ni del talar el ágil movimiento. Tampoco el enredado laberinto coñosos áspides, que fueron unidos a la bara, mas letargo que las crueldades de opios, y veleños. Con que a un mismo tiempo te asiste Mercurio con armas, con talar, y caduceo. ̱. . Mercurio, ya que no ignoras emplado afecto con de Juno, me ha perseguido ceño persuadida a que yo burlo lo tos con uisformé ecio fur que los fue ibo, y ndo en poder de emo Pastor de esta selva, el don que hice a su deidada creyendo que era de mis sacrificios algún culto no pequeño, o que de la tierra aborto fue de repente concepto, (pues de su piel, lo manchado, de su bullicio lo inquieto y lo demás que en lo bruto era esmalte de lo bello) estas campiñas pisando, estas cabañas mujiendo. vive el adorado hechizo, a quien consagra mi pecho de los rayos con que alumbro, las luces con que me quemo. Tu Mercurio, en tal cuidado ayuda a tu padre, haciendo que con tu maña se libre del infeliz cautiverio que en poder de Argos padece Yoo, pues ningún obsequio puedes hacerme mayor. Y así, en halas de tu ingenio, pues Dios de la ciencia todo; te apellidan, al momento parte, y sean tus astucias de tantaruina el remedio. Así lo haré, por cumplir de la ley de tu precepto todo el fervoroso impulso, que mi obediencia moyiendo dará a mis halas mayor presteza para su vuelo. Esto es en cuanto a hijo tuyo, por lo que toca a lo atento, no menor mi diligencia será que en cualquier empeño que una dama esté, es tan propio de la atención, que del riesgo se vea libre, que fuera no mirar sus privilegios, infamar lo Cortesano, y deslucir lo supremo. Y así, palabra te doy de buscarla en el desierto páramo de estas montañas, sin que de mi caduceo, ni de la cueva el horror, ni de la gruta el secreto dejen de ver el contacto, y examinar el veneno. . Así lo creo, así lo creo, de tu obediencia, tu poder, y ingenio, y así vuela ligero, y mis rayos animen tus talares, porque le adorne al aire también el fuego. Mi amor queda seguro de que logrará el pecho tranquilidad dichosa, que en mis tormentos, no tengo más alivio que padecerlos. Y pues ves que me abraso en tan activo incendio, y que el menor suspiro es bracán violento, no padezca la causa de estos efectos. Aunque es gusto el mártirio que por ella padezco, y es lisonja del alma cuanto por ella peno, su esquivez no padezca de Juno el ceño. Yo te prometo, yo te prometo, no dilatar un punto tus deseos; y así en mi anelo, yo burlaré de Argos el cuidado, con arte, con cautela, y fingimiento. No quede tu cuidado con afán, ni recelo, porque en mi diligencia dirá el suceso la eficaz obediencia de tus preceptos. Aunque le mande Juno, que en continuo desvelo reparta sus cien ojos, yo haré que el sueño empezando cariño, sea escarmiento. Si de tu hijo Mercurio lo fías al aliento, logra en seguridades cuanto en trofeos, pues mi valor arguye mis vencimiento Parte, pues, que yo en mis ansias con otro alivio no quedo, que con saber que a tu brazo corre está empresa; advirtiendo, que como quede la Ninfa libre del afán violento que padece en las tiranas opresiones de su dueño, estara gustosa el alma, pues en el cruel severo dolor de una ausencia; es solo esta noticia el consuelo, y yo diré en la acordada armonía de mis ecos, como yo en la sonorosa suavidad de mis alientos. Así lo creo, así lo creo, de tu obediencia, tu poder, y ingenio, y así vuela ligero, y mis rayos animen tus talares, porque le adorne al aire también el fuego. Yo te prometo, yo te prometo, no dilatar un punto tus deseos, y así en mi anelo yo burlaré de Argos el cuidado, con arte, con cautela, y fingimiento. Qué ufana la servidumbre está, cuando en un empeño logra servir a su dueño, y no la da pesadumbre, ni del Enero lo helado, ni del Agosto el Estío, pues con el calor, y el frío vive tan asegurado de la deidad que obedece, que aún a costa del dolor sabe que paga su amor lo que en su obsequio merece. Y pues testigos los Cielos fueron de mis diligencias, mis sustos, y confingencias, mis cuidados, y desvelos en guardar la gran presea que Juno sio de mí, ya que puedo desde aquí registrar cuanto desea mi vista en tal eminencia, pues puedó con arrogancia medir la mayor distancia en tanta circunferencia. No señala el orizonte en la fértil Primavera de este vosque, ni una fiera que sea adorno del monte. Qué rara contrariedad advierto en su lentitud, cuando si divertir la soledad. Pero no eche nada menos en tal congoja mi pena, cuando basta a divertirme el don que Juno me entrega, para que de mis desvelos las continuadas tareas tanto le cuiden, que más la solicitud parezca melindre, que no cuidado, pues asegurar pudiera, que los cien ojos que el Cielo dispuso con providencia que yo tuviese empleados, han estado en su defensa, preservándola de tantas como a bramidos el campo, sus stan. Bien lo merece la hermosa muestra, o llegue el día en que Juno ncia a mis afanes, y mir e atiendan preceptos dad, rnan en le ido alientan acierto a las iencias. Hasta cuando Sacro Jove ha de durar mi tragedia? Pudo ser nunca delito de mi honor la resistencia, que negándose a la instancia de tu repetida ofensa, no quiso condescender a la tirana violenta cruel alevosa porfiada, invasión de tus ideas? Pero mejor es sufrir que no invocar la clemencia de una Deidad, que permite que por su causa padezca quien nunca tuvo más culpa que el cargo de su inocencia. Rogarte no quiero, y porque mi vanidad no padezca con los resabios de fácil, la indignidad de quien ruega, mejor es que en el silencio tanto se ahogue mi queja, que siendo el pecho su cárcel, no la pronuncie mi lengua. Eres injusto infiel, y como puede, ni aún señas dar de Deidad, quien lo atento con una dama no muestra? tus mismos rayos venganza me den contra mi paciencia. A los campos me vengo, por si en los campos encuentro algún alivio para el cuidado, buscarle intento en la natural risa de un arroyuelo. A la métrica solfa de tudo albogue, producen armonías, frutas, y flores, y es un milagro ver como van creciendo, y articulando. Pájaros, y matices tanto se encumbran, que los Cielos se adornan de Estrellas, plumas con que en su vuelo son alados Bajeles del firmamento. De bien quebradas rocas adorna el monte las silvestres cayañas de los Pastores, todo es misterio cuanto gritan las voces de su silencio. Mas si no engaña mi vista. Si mi oído no se lleva de alguna aprensión, que el airo En esta eminencia miro Pastor, en cuya presencia, lo mayoral significa la seriedad que demuestra. Voz escucho, cuyas dulces cadentes, sonoras tiernas cláusulas, las acompaña pastoril zampoña diestra. Mas que miro, el Pastor Argo según lo informan las señas de tanto ardiente lucero como su estatura pueblan, es el que sobre ese risco que al Inaco cae se asienta. Y aunque no hablaran tan claro de sus cien ojos las lenguas, que en lo parleras alumbran las luces con que vocean, no pudiera equivocarse con otro, al ver como obstenta, en custodia de la Ninfa, todo el desvelo que emplea. No extraño, que de mi padre Júpiter el amor sea tan excesivo, que obligu su Deidad a querer verla libre del disfra pues bien claramenten aún cono rá el primor de su belleza Joven, musi inte, airoso, y gentil, o! quieran los Cielos que no sea traza contra mi destino nueva. Por si acaso de mis voces no percibió las cadencias, vuelvo a decir al compas de mis enceradas cuerdas. Ay amor lo que puede tiranas flechas de beldad, que no agravia cuando desprecia, y hace su ceno convertir en halago lo que es tormento. Del amor no está libre lo soberano, y es mayor la violencia que forma el arco, con que maltrata mucho más el veneno de las aljabas. A los campos me vengo, por si en los campos encuentro algún alivio para el cuidado, buscarle intento en la natural risa de un arroyuelo. Qué bien lo canta; ah Pastor, a quien no vi en esta selva jamás, sin que novedad leje de ser, que yo en ella no te haya visto, pues todos ni sueldo a las espensas, cariñosamente cobran fatiga en que se emplean. n va sucediendo, en cuanto visto, respuesta cil; pues yo riberas o este día en amena ve por todo so riega, e ver, si abría quien pudiera en su labranza sus cosechas, sucesos de mozo, de mi patria me destierran. así, pues he obedecido con lo que el precepto empeña de tu autoridad, en paz Pastor venerable queda. Cuando no necesitara de ti, tu persona misma, recomendación bastante para recibirte fuera. Y así, porque la distancia en las palabras no pueda el trato aventurar sube, (pues sin dejar de la senda que pisas la línea, puedes por un hueco que la peña tiene a esta parte, y en él escalones, que sus quiebras tan uaturalmente forman, que sin duda es providencia ver que parece hizo el arte; lo que la naturaleza) tener fácil la subida ven presto. Mi estratagema se logró bien; pero como e nunca pudiera, si son todos los ardides ncias? y puñal guarde, ea ra la venganza ensa miño ersa rada ña, e tengas ueña ito, sea tu voz, a qu mpañe la tirantez de sus cuerdas. Porque acá las Alboradas, solo se acompañan diestras en los puntos del trabajo; al compás de las tareas. Esta, del Dios pan fue industria cuando de Siringa bella siguió en la arcadía el desdén, y pareciéndole que era amor sin música, y coplas, desaliñada fineza unió a las tramas del lino, las blanduras de la cera, y en entretejidas cañas por donde el aire resuena, formó el Albogue, y a él acompañando diversas canciones, lloró después su amante infeliz tragedia. Pues toda via la noche no conduce las ovejas a los rédiles, me olgara que muy por menor me dieras noticia de como fue todo el caso, porque apenas le sé, pues con la distancia se aventura la certeza. Y en cuanto a que reparado de tu infortunio te veas, no hay que dudar, pues de Argos, primer Pastor de esta tierra tendrás el auxilio, y todo el favor a que le empeñan en todas las buenas artes, todas tus mejores prendas. No puedo negar que el Joven . tanto me arrevata, y lleva el cariño, que no sé si de mi Corina bella felice dueño le elija; de Siringa, y pan me cuenta la historia, con la verdad que tu sencillez demuestra. No es tanta como tu arguyes . pues se dispone la idea como la pensé, pues mandas que tu precepto obedezca en breve epilogo, vaya la fábula que me ordenas (advirtiendo a los que juzgan, desde lo que no penetran no ser episodio, y ser contexto, ver que se enredan las dos fábulas de Yoó) y de Siringa paciencia, que así nos lo cuenta Ovidio como es, al pie de la letra, y es en su metamorfoseos; en tiéndame quien me entienda. En la felice arcadía vivió Siringa, beldad a quien sobraron pues fue su talle el soberano asunto de los zagales. Era hermoso peligro de los afectos, por lo que sus desdenes tenían de ceno, jamás se ha visto tan perfecto retrato del Avanino. Al campo aficionadas sus esquiveces, todo lo que encontraba lo daba muerte, y en el estrago, cuanto se iba muriendo, se iba animando. Tan perfecta, y esquiva, que no se dice, que de nadie se acuerde, ni que se olvide, pues su memoria, para entrambos conceptos la tuvo ociosa De Diana en los vosques fue compañera, siendo el marfil, y el oro sus armas tersas, bellos arneses guarnecidos con p de sus desdenes. Al disparar las flechas de las Aljabas no era la herida susto, sino más alma, porque el aliento se anima a los impulsos de los desprecios Viola el Dios pan un día que salió a caza, y muy fino la dijo que la adoraba, mas fue delito, porque es culpa la frase de los suspiros. El amor soberano, todo respetos, dizque no ha de saberle ni aún el silencio, raro martirio, quitarle al sentimiento todo su oficio. El porfiado amante veloz la sigue, y a su deidad, Siringa; mas se resiste, que hasta los Dioses padecen de las damas indignaciones. Biéndose ya acosada clama a los Cielos, por no ver ni aún Divinos atrevimientos, y así disponen, que convertida en caña su ser transforme. Y viendo él su cariño. tan mal logrado; las que al dolor hicieron las consonancias. Parece que se ha dormido lces blandas quietas avidades de mi voz, lora es tiempo de que pueda mi cadúceo aplicar, pues a su contacto cesan todos los desvelos, y en su menor toque sella de los profundos letargos, la lobreguez más funesta Y como una vez le aplique, no es fácil que jamás pueda volver a cobrarse, pues su interior virtud secreta, continuo sosiego induce, eterna quietud somenta, Así lo ejecuto, ayuda o Júpiter la inclemencia con que del dormido Argos me atrevo a la vida, y sea este puñal que los Dioses, me ciñen, quien su cabeza corte, para que apagando las cien luces que le cercan, sean brillante despojo que la ojeriza sangrienta acuerden de tu poder, ya que a mi Deidad le acuerdan la ingratitud, pues le pago sus cortesanas finezas tan mal, como de su vida ser agresor, mas no es nueva traición del mundo, pagar los favores con ofensas. elevándome a tu esfera, gre m a obediencia, poner a tus pi interesas, pues Yoo queda libre, nas en su amparo, a mis talares h ̱r A̱̱ No presumi mal, pues siempre me avisó el alma que eran ardides de Jove, pero por más que su fe pretenda, que olvidando tus agravios, me acuerde de sus finezas será en vano, de los montes la enmarañada rudeza me ampare, pues muerto Argos el rencor de Juno empieza. . Celsilla de mi alma, como te ha ido, desde que en tanto tiempo yo no te he visto? Porque ando en la cabaña tan ocupado, que para visitarte lugar no hallo. Estoy con pesadumbre Fauno de mi alma, desde el infausto día que se fue el ama. Mas ha de un mes muy largo que no parece, sin duda que el díos Jove nos la detiene. Dime ahora que mi juicio fue temerario, porque el tal díos te dije yo, que era el diablo. Si tu supieras como son estos dioses, era cosa de darlos dos mil azotes. A las Ninfas persiguen, y por cogerlas, unas veces son Astros, y otras son fieras. Milagro es que no mueran con sus ardides, en lugar de Venados, y jabalíes. Mira quien tal creyera de unas personas tan serías cegijuntas, y tan devotas. Esas son las peores si bien se mira, pues su virtud es solo su hipocresía. Al concepto que dices bien me acomodo, mas quiero picarones que no gazmoños. Y por eso te quiero tanto a ti, Fauno, porque eres un gran chulo despilfarrado. Qué hemos de hacer sin amo, tristes, y solos? Disponer cuanto antes el matrimonio. Vámonos, pero aguarda, qué es lo que miro? aquí hay un cuerpo muerto muy conocido. El Cadáver de Argos es sin cabeza, según dicen los ojos de sus dos piernas. Hace bien en tenerlas, porque es constante, que el no tenerlas fuera gran disparate. Pareciérase a muchas. varias ideas de gentes que no tienen pies, ni cabeza. Vámonos, no sea caso que la justicia de la Hermandad nos prenda por omicidas. A rústico no mires, que haré otro tanto, y tu cariño puede costarle caro No hagas tal, que a ti solo mi fe hidolatra, pues gusto yo de muertes, y por mi causa. Qué importa de mi amor todo el halago si de Júpiter viendo el fiero estrago a mi amante porfía le burla la esperanza cada día. Ydígalo en mi suerte el disimulo con que dio la muerte al Pastor Argos, su alevoso hijo, bastardó al fin, pues su traición lo dice. Y pues Júpiter tanto contradice la gran seguridad de mi fe cierta, aún no del todo mi esperanza muerta, no se dé por vencida. inventando mis celos nueva herida contra la Ninfa que el disfraz recata. Y así, o tú Iris, cuya voz retrata, los lavios de los dioses, mensajera de las Deidades, pues cualquier intento le fían del clarín de tu concento, de el aire vago la región transciende, y de mis ecos el suspiro atiende. Ya como oráculo vivo, pues de los dioses soy alma, vengo a saber lo que ordenas, para intimar lo que mandas. De mis decretos las voces imperiosamente mandan, y solo el obedecerlas, consiste en el pronunciarlas, Y pues mi luciente antorcha tanto sus luces dilata, que encendiéndose en la esfe ni aún los abismos la apagan, Ordena en Cielo, y en Tierra en fuego, en aire, y en ague pues todos los elementos viven de mis consonancias. Si la mente de los Dioses es la que mi voz traslada, a insinvaciones Divinas, no hay resistencias humanas Favorable puerto anuncia del amor en las borrascas, el arco que en luces de oro serenidades dispara. Y así de tu Imperio, a las cláusulas dulces Iris se halla, pisando en campos de oro luces de nácar, Pues has de saber, o Iris, a quien justamente llaman mensajera de los dioses, pues en tu voz expresadas están de todas sus mentes las resoluciones sabias, y más propiamente mía, pues continua de mi alcázar, asistiendo a todas horas Cómo infiel, mi esposo burla mi constancia, siendo sus traiciones las que más me agravian. Y habiendo su sabia industria transformado a Yoó, en vaca cuyo aspecto desmentía de sus engaños la causa, dando en mentido obsequio a mi Deidad, soberana bríctima, que en piel traidora solo es apariencia falsa. De Argos vigilante a Pastor que huy aña. Este, pues, a quien los Cielos de cien antorchas esmaltan en cien ojos, que encendidos de todo el Sol en las ascuas, cuanto ardientes iluminan, osos atalayan Tanto la preserva, bruto que u f En esa ve stancia, precipi la la, su ndo Júpite aparta ni un instante de su vista, y vista tan duplicada, que incensantemente duerme, y incensantemente guarda. Al traidor Mercurio el suceso encarga, y que el Pastor muera su decreto manda. Y él, Deidad en cuyo genio tan fácilmente se hallan activas las diligencias para lograr las infamias. Tanto a su padre obedece, que a un mismo tiempo prepara vil caduceo que adverme, y cruel alfanje que mata. Con que a un mismo tiempo, en un golpe causa muertes, celos, iras, cóleras, y rabias. Y así, Iris Divina, a ti te invoco de aflicción tanta poseida, que no sé si podrá esplicar el alma, en todo lo que no dice, todo lo que la maltrata. Argos muerto, y esa Ninfa por esos paramos vaga, no importando para Jove el ardid que la recata? Cómo es posible que puedan tener consuelo mis ansias? Pues aunque ella en su desdén de la violencia enojada con que él la persigue, siempre se queja de que la agravia, como él en su amor porfíe, es preciso que se valga, faltando Argos de todo el vil poder de su maña, y apese a la fuerza; y pues otro consuelo no halla mi amor, que por ser más fino dar en injusta venganza de todo el rencor que exalo el castigo a la que causa, es de que Jove en desvíos no corresponda a mis ansias, raviosa furia en su pecho, tiranamente abrigada la atormente, y poseida de su furor, corra vaga montes, y ríos, y siendo solo su alivio, su rabia, padezca en el alma, quien hace que padezca el alma. Una de las tres que sulcán con Aqueronte las aguas del Aberno, y en su espuma en vez de cristales cuajan, del alquitrán que bomitan, la ponzoña que derraman. de tus impulsos movida, y de tus ecos guiada de ella se apodere, porque vea Jove, que si ampara una traición, hay quien vengue los cielos en que se abrasa. Como lo ordena tu voz así lo haré, y convocada una de las tres, al mismo instante será en su blanda ociosa quietud, y tormento, que abrigado en sus entranas, ardiente tosigo infunda, y escupa ponzoña amarga. Terror será de los montes, y gusto de las campañas, cuando a bramidos la selva inquiete; y así, a tu estancia, a quien Signos guarnecen, y las Estrellas esmaltan. Ve a descansar, entretanto que de mi aliento guiada, alecto deja su orrible pavorosa negra estancia. De ti lo fío, y también que los ojos que adornabar al Pastor Argos, y ya son despojo de la alrada traición de Mercurió, que den de tu custodia en la guarda para qu adornen sirviendo a mis triunfos tantas difuntas moso explendor, en que abrasada de mis pabones las ruedas, en sus ya difuntas ascuás, sean volantes hogueras de luceros matizadas que yo rompiendo del aire la región, diré en mis ansias. Ay desdichada, de la que aunque es deidad es desgraciada, pues se atreven al solio de los dioses, celos, pasiones, sustos, y venganzas. . Ah del seno paboroso, en cuyo centro se hallan los tres más crueles asombros para el tormento del alma. Vosotras, a cuyas sienes ilustra en vez de guirnalda, de áspides, y vasiliscos la cólera cumarañada; furiosa Alsto. Qué quieres? Decirte, que Juno manda, que a la Ninfa Yoo, a quien Júpiter transformó en vaca, por ver si con su cautela podía ocultar la llama, de los celos, que en su esposa tan vivamente batallan, que el fin de una ansia, es principio de repitirse otra ansia, atormentes tan violenta, y maltrates tan tirana, que en continuo estrago gima, y de tu aliento agitada, la voz que pronuncie sea toda horror, esa montaña penetra, donde después que al Pastor Argos su guarda dio muerte, Mercurio a impulsos de Júpiter libre anda sin pastor que la gobierne, mintras que yo por la falda de ese peñasco, discurro buscando las apagadas centellas de Argos, que presto brillarán en la más alta esfera, sirviendo al ave que a Juno está consagrada. En los decretos de Juno, que por tu voz se señalan, no hay obediencia remisa; y así, haz cuenta que ya anda por esos campos la Ninfa, de mi ardor estimulada, bramando incendios que irriten todo el volcán con que abrasan. No perdones al tormento ningún castigo, tu airada sediciosa inquietud sienta, y en sus afectos postrada discurra, como que gime, y aliente, como que brama, que aunque no tenga la culpa, la sobra quede la causa. Nuevos martirios su pecho, ocuparán, confiada puedes ir, en que las flechas que la previene mi aljaba, robusto sudor domeñan, gigante anelito cansan. Pues a empezar sus violencias, Pues a fulminar mis armas. Ya Jove soberano se mira en tu presencia, quien porque a la obediencia fiaste de su mano, de Argos la airada muerte, feliz se mira en tan dichosa suerte. Luego que mi deseo advirtió que dormía, hizo en su fantasía herir el caduceo, en cuyo pronto estrago, sobra la ejecución, basta el amago. En el torpe veleño que su contacto inclina, ni aún advirtió la fuina la torpeza del sueño, pues fueron sus sentidos, aún antes apagados que dormidos. En fáciles despojos, porque el suceso adviertas, allí quedaron muertas. las luces de sus ojos, testigo a tu grandeza, sirvan este puñal, y esta cabeza. Que bien Mercurio mío que fíe de tu aliento el logro de este intento, pues solo de tu brío pudo fiarse la empresa, en que contra el pastor mi enojo cesa. Del cuidado importuno en que la Ninfa estaba, y a quien tanto celaba por decreto de Juno, ya está libre, y segura, seguiré en estos montes su hermosura. Qué glorioso, y que ufano viviré en sus crueldades, logrando suavidades. de tu desdén tirano, para que satisfechas queden las dulces puntas de sus flechas. Procurará mi Imperio mostrarla, como vino mi fe de su destino, a vencer cautiverio, con que vana mi pena, arrastra el eslabón de su cadena. Pero aguarda, que ella viene con movimiento veloz, penetrando la maleza del monte, felice amor el mío, pues lograr puede lo activo de mi dolor, decirla las inquietudes que padece el corazón: hermosa Divina. Yoó Qué veneno, qué rabia, qué rigor qué violencia, qué susto, qué desdicha, introducen al alma tal pasión? Déjame Júpiter Sacro, no le basta a mi temor el padecer por tu causa en tan tirana opresión, disfraz que de mi belleza desluce la perfección, si no que después de muerto Argos, en cruel sedición quiera Juno, que rabiando viva, y muera en el ardor de tan excesiva llama, cuyo encendido rencor, muerta me tiene al alivio, viva me tiene al baldón? Qué volcán, que etna, o vesubio se han unido con su ardor a hacer ceniza en mi pecho, la fuerza de mi dolor? Indigna Deidad, o Jove, permites que el disfavor que a tu incensante porfía mi desdén ocasionó, sirva de tosigo infiel, que mordiendo el corazón tanto me irrita, que hace en tirana oposición, que aún no me sirva de alivio la esquivez que somentó contra tu aleve Deidad, lo activo de su furor? Qué veneno, qué ira, qué rigor, qué violencia, que susto, qué desdicha, inducen en el alma tal pasión? Soberana Yoó, en quien también hallado mi mal, no mira como fatal lo natural del desdén. Advierte que eres mi bien, y que tan fiera crueldad, aumenta en mi voluntad más culto a tu infiel rigor y se quejará el amo de que ultrajas su Deidad. Porqué en Júpiter olvidas del ciego niño el Arpóna cuando está su corazón heridas, lleno de am en él tan introducidas, que aunque intentes desecharlas no ha de poder al mirarlas tu exquivez desposeerlas, que es el camino de verlas la razón de conservarlas. Ese gemir fulminando, ese bramar padeciendo, ese despreciar sintiendo, y ese herir ocasionando, indicios de estar amando son, y en mi amante porfía, discurre amor que sería alguna oculta traición, que de Juno la pasión permite a tu fantasía, Déjame, déjame, que aunque en mí siempre ha sido olvidar, no querer, no sé qué es esta nueva violencia, que sabe en el alma el tormento crecer: déjame, déjame, que aunque en mi firme olvido se vio aborrecer, no sé qué es esta nueva razón que introduce en mi ceño tan nuevo desdén: déjame déjame. Bien es que en tal caso arguya que Juno introdujo en ti rabiosa furia, que a mí me violenta a que te huya, pero buscaré en la suya tu alivio, pues satisfechas pueden estar ya sus flechas de herir en mi sufrimiento, y más cuando en mí lo atento desvanece sus sospechas. Divina Yoo, paciencia, entre tanto que yo voy a templar de Juno el ceño, y a disponer su favor, para que temple a sus celos la cruel imaginación con que tanto te persigue, pues colérica, y atroz en sus castigos, ninguno a tu beldad perdono de cuantos forja la ardiente cólera de la pasión. Presto volveré mi bien a lograr la posesión de tus hermosos luceros en que abrasándome estoy. No vuelvas, no, que siempre has de hallar en mi esquivo desdé, por gusto la ira; por premio el rigor: no vuelvas, no. Ven Mercurio, y vea el mundo, que aún las deidades no son capaces de verse libres de los estragos de amor. Ya te sigo, y en tu obsequio dirá mi fina atención. Cómo yo en la inquieta llama. de mi continuado ardor. Y no menos las turbadas especies de mi razón. Hy lo que puede fineza gustosa aún en la afable lisonja de un Dios. Ay como triunfan de Venus las armas contra el poder de Deidad superior. No vuelvas, no, que siempre has de hallar en mi esquivo desdé por gusto la ira, por premio el rigor. Faunillo, óyeme. Celfa, estoy rígido, y tengo ásperos celos bien críticos, Si estás temático; por ver que rústico me cantajácaras que son mi Júbilo. No hagas escrúpulos us le ta pul lo te da Tart mi amor pacifico, yo soy tu hidolatra, tú eres mi hidolo. Genio diabólico te dio el aligero Dios, que ve delfico los pobres míseros. Fayores optimos, cariños ínclitos, los unos damelos, los otros dimelos. Eres muy rafita, yo soy muy turgido, y si eres picara, también soy pícaro, Ya vieno llevará fisicos, con un buen latigo ducientos nisperos. No tan colerico te pongas, Diselo, sin rostro lánguido, ni horror mortifero. Qué hay pobre cándido? qué hay señor rustico? No seas temático, si estás pacifico, te diré en cánticos blandos, y líricos, que esos preámbulos son muy ridículos. Celos fantásticos, poco políticos, son de hombre párbjulo, tenaz, y frígido. Si es porque a Filida con corto espíritu, la dije bárbaro mi amor sacrílego. Y ella, ni un átomo miró el ridículo gesto, enigmático de amor impírico. Porque tan arido vio mi lindísimo amor platonico, que quede estítico. Ya que escuchándote, que eres finisimo, estuve estático; atiende músico. Solo a mi mérito le toca el título de Guapo a latere; y así, al mismisimo instante vayase, que si no orrisono, le daré indomito sus gajes líquidos. Ya se van, tenganse. Déjale rígido. Sé buena, vamonos. Serelo, y firmolo. . Ya soberano Jove, que han podido tus ruegos vencer por importunos, la gran razón de mis airados ceños. Y ya que injustamente me vencí del esfuerzo que hacen los soberanos, cuando ven lo que importa a sus intentos. Ya que hiciste el preciso solemne juramento de la estigia alaguna, que solo es concedido a lo supremo. Por ella misma, en cuyos fríos raudales negros, hidrópico el cocito, veve en vez de cristal ardor eterno. juro, afirmo, aseguro, y constante protesto, que si otra vez burlares la sencilla atención de mis afectos. Colérica atrevida mujer, y diosa a un tiempo; verás en mis venganzas como a lo vengativo uno lo terco. Ya está libre de todo aquel volcán violento que por decreto mío la región ocupaba de su pecho. Y así no haya congoja, crueldad, tormento, pues mi piedad dispone que en su consuelo, se trueque los martirios solo en contentos. Amada esposa mía, con el alma agradezco; que a la Ninfa preserves de tan fiero terrible cruel tormento. Puedes estar segura, que su desdén severo, jamás atendió el culto, pues no debí a sus harás los desprecios. Mía solo la culpa fue, que amante, y resuelto, seguí en sus esquiveces en adorado asunto infiel objeto. en tálamo de oro vivir contigo espero, sin dar a tu cariño, ansias, cuidados, sustos, ni rucelos. en tus brazos gustoso viviré feliz dueño de amor, correspondido en los halagos que ocasiona Venus. Y así cesen rigores, cesen desvelos, pues a tus harás, solo rendir ofrezco los puros olocaustos de mis deseos. Pues porque veas, o Jove, cuanto a tu suplica atiendo, y que el haber con la Ninfa ejecutado el inmenso. castigo, de introducir rabiosa furia en su pecho, solo fue en fuerza del grando cariño que te profeso, no siendo la culpa mía, sino de interior veneno, que a su contacto animaba la pólvora de mis celos, después que a mi embajatriz Iris, cuyo arco risueño guarnece en colores varios el jiro de sus reflejos envié, a fin de que a sus voces, el maleficio desecho desamparase el influjo con que obraba su ardimiento. Todo el concurso que ilustra la falda al Peloponeso de Zagalas, y Zagales, vienen a coros diciendo: Pues todo el Valle ha logrado ver el hermoso portento de la Ninfa, que dejando el aparente misterio de su disfraz, ocultaba su belleza en el Imperio de las luces, se corone por deidad del firmamento. . Gracias Divi que a tus piedades debo el vivir ya libre de los volcanes, que etnas soberbios, fulminaron vesubios contra mi pecho. Júpiter fue la causa de efecto tanto, sin que de mis desvíos lograse ufano, ni aún aquel arco, con que a lo infeliz tira lo soberano. su pasión presumiendo que yo era humana, pensó con la violencia rendir constancia, a quien no arrastra amor, que más ofende con lo que halaga. En tu Deidad, o Juno, ro se muestre, el que mis culpas fueron solo desdenes, que no merecer los airados castigos e furia ardiente en monte, Con que e s rados, unfos a de mi inocencia, porque se vea, que los celos no advierten en lo que yerran Yo confieso que los míos, de tan activa materia fueron, que de mi discurso cegaron la inteligencia. Mas porque veas que justos los dioses, lo exquivo premian de tu amor, disponen sabios que colocada en la esfera deidad soberana, ilustres el campo de las Estrellas, paciendo en globos de luces, mayor reflejo que pueda alumbrar de tu desdén, que propicia siempre insuya, cuanto hermosa resplandezca. En el propio bruto traje que ordenó la Ira severa de mis celos, que avitases los paramos de la selva, quieren los dioses que ocupes su solio, y que el nombre sea Isis, para cuyo culto la religión se prevenga, adorando en tu deidad transformación tan inmensa. Felice yo; que logrando en las mansiones etéreas, lograr tus luces veré, que alumbras con lo que ciegas. Y yo, no menos dichosa reinaré, porque se vea cuanto importan los desdenes, cuya celestial materia como divina, a su origen se vuelve, brillando eternas adoraciones, que esmaltan sacrificios que desprecian. Y yo Iris, cuyos colores vistosamente campean el firmamento, y ilustrando dioses, signos, y planetas, te asistiré en forma de arco, porque todo el mundo vea que a tu esquivez no le falta está tan precisa seña de deidad, que si fulmina, cuando hiere lisonjea. Y yo a la horrorosa gruta, donde mi furor se hóspeda, huéspeda de los despechos, las iras, y las violencias me iré a gemir las ociosas inquietudes de mis penas. Y yo de parte de todos los Zagales, que la bella falda del Peloponeso avitan, la enorabuena doy a todos, de tener tal turelar en la esfera. Y si merezco Corina tu mano, mis ansias tiernas la lograran con adorarte, siguiendo mis armonías, la dicha de poseerla. dirán en voz alagüeña. El respeto de mi padre cuya infelice tragedia Suba a coronarse. siempre lloró) fue la causa por deidad suprema, de que hasta hoy se suspendiera Isis soberana; placer; que da a mi fortuna milagro del desdén, y la belleza. tan gustosa conveniencia. Ea, Celfa, tú te vas al cielo, o acá te queda a ser la luz de mi alma, pues eres de amor linterna? , , , h Yo, ni por pienso, Faunillo, porque si he de hablar de veras, mas quiero ser aquí Ninfa, que ser en el cielo Estrella. Pues mira que nos casamos, y el señor Rústico advierta, que a una persona casada, Y todos vean le tiene gran reverencia. cuanto importa el desdén en la hermosura, Al buen entendedor, pocas pues así a los desdenes los Dioses premiian- palabras; seor Fauno, sepa Logren sus crueldades que yo tengo mi Dorisca, de divinas flechas, ya que usted tiene su Celfa, el decente templo y igual matrimonio son donde se reverencien sus violencias, las dos bien famosas pescas. porque se advierta, Qué lástima que tengamos que aunque haya atrevimientos cortesanos, las dos tan gentiles prendas, ibien hay soberanas resistencias. y dos maridos; que entrambos Símbolo a sus harás, merecen lo que desean. nte se ofrezca Pues porque no se dilate que muestre e a Yoó la espera, Forr lo rencor de su entereza, concurra y yo en mí at cuando se vea el primero a engrandecerla. el Isis fulminando por lo hermoso, Y porque ya que la infausta n la serenidad siempre es tormenta, muerte de Argos, me acuerda Ocioso el alfanje cuanto debí a su memoria mi astucia reserva, sus cien ojos, sirvan tea que hay deidad que mata a mis pabones, dorando con las brillantes armas con que alienta, de sus plumas cenicientas, porque se crea, todo el ámbito que ocupa que en lo divino siempre son las iras, la majestad de sus ruedas cuanto más cortesanas, más sangrientas, Y yo que fui de su estrago De Arpones violentos, el agresor, ver merezca mi trono guarnezda de tanto día en el culto, amor, pues su halago lucir antorchas tan muertas, empleó en mis afectos sus finezas, que las enciende el carino, porque se entienda, y las apago la ofensa. que para ser deidad no hay más camin Con que todos al acorde d. sulce cadencia,
