Texto digital de Julián y Basilisa
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- Atribución tradicional
- Antonio de la Huerta, Pedro Rosete Niño y Jerónimo de Cáncer
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- Necesita análisis en profundidad
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- Comedia
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Cuéllar, Álvaro y Germán Vega García-Luengos. Texto digital de Julián y Basilisa. BICUVE, 2026. URL: https://etso.es/bicuve/julian-y-basilisa.

JULIÁN Y BASILISA
JORNADA PRIMERA
Dime, habemos de durar en el mesón? Qué imprudencia! ten un poco de paciencia, pues que todo es empezar, Tresdías ha que en él estamos. No todo se hace en un día, sufrimiento mujer mía, puesto que ahora empezamos. No viene un huésped. Vendrán. y haura más comodidades, y nuestras habilidades, entonces comenzarán. No hay si no tener cuidado, sirviendo a cuantos vinieren, y si recado pidieren, darles luego su recado. En agradar ten gran tino, y tengan lindo pasaje los señores del viaje, y máncebos del camino. Gente mal contentadiza, a quien hemos de agradar, tu sirviendo en el pajar, y yo en la caballeriza. Sirve, que aunque es cosa baja, quedarás, si aquesto hicieres, y el polvo te sacudieres, limpia de polvo, y de paja. Huésped en campañarea manos a labor, pues viene, y pues ya tu gusto tiene, cuanto tu gusto desea. Pondremos, si aqueste pinta con la bolsa, poco escasa, yo las manos en la masa, y tú las faldas en cinta. Ten ese estrivo. Llego. Hay posada? Si hay posada. Tu cuenta con la cebada, y con las maletas yo. Haced que aquesos caballos coman, en tanto que llega el postillón, que de tras, casi toda la carrera se queda, que no ha podido seguirme. Una cosa es esa maravillosa! Por qué? Porque esta gente se precia de muy cortés, y el peor caballo, y que más tropieza le da siempre al gentilhombr y después con mucha prisa, como unos desatacados le piden las agujetas. No tiene él la culpa, amigo, que mi mucha diligencia calzó a mi caballo plumas, sin necesidad de espuelas. En haciendo a usted la cama y en poniéndole la mesa. Luego que guarde su ropa, y de recado a esa bestia, le he de hacer dos pregúntica aguardéseme aquí fuera, y no diga aquí me duele, por mucho que aquí le duela. Vamos, Flora, que le miras? agradate la presencia? si te ha parecido bien, calla, que en casa se queda. A muy buen tiempo he llegado para que lograrse puedan mis designios, ha si el cielo, que en estorballos se empeña, me dejase esta victoria! y pues me da la licencia, para afligir a los justos, también permisión me diera, de que en su vida: mas esto cuan en vano mi impaciencia o cuán sin fruto mi odío, sino logra lo que intenta! La forma de Cesarino tormenta saben, que en un se perdió a quien sepultura dieron del mar las arenas, he tomado: a estorbar vengo, que feliz suceso tengan de Juliano, y Basilisa las esperanzas, que inciertas han de salir, aunque pese; pero a mí solo me pesa siempre, sin logro mis iras, y sin fruto mis violencias. Sobrino soy de Marciano, según esta forma nueva, y primo de Basilisa, aquien el casar intenta con Juliano, amigo mío, que desde la edad primera, hizo en los dos la amistad, segunda naturaleza. Aurelio, mancebo noble, en la suavísima hoguera, que en Basilisa se enciende de claveles, y azucenas, Ardé mariposa fácil, mas constante como bella, ni al rendimiento se obliga, ni se tuerce a la fineza. Teodora, que de este monstruo es prima, y vive con ella, quiere a Juliano que ingrato se olvida de sus finezas. Estos a un tiempo celosos, con amantes impaciencias, en iras rabiosas arden, en fieros odios se queman, son Basilisa, y Juliano, Cristianos, más tan secreta aquesta verdad adoran, y esta Religión profesan, que ni aún el menor recelo, ni la mas qve sospecha de este afecto recatado, de este incendio que me quema. Averiguárseles puede, porque al punto que se entienda, el acero en sus gargantas ha de ser la menor pena. Nada en que mueran consigo, el perturbar su enrereza, el derribar su constancia mi aborrecimiento intenta, Adoren a Cristo, y luego apostatas de su Iglesia, sacrilegamente osados, blasfemen lo que confiesan, que para esto prevenidos tiene mi infernal fiereza odios, tumultos, incendios, envidias, celos, cautelas, sensualidades, rencores, indignaciones, torpezas, iras, y murmuraciones. y malas correspondencias. Y de estos he de valerme, que en este mesón se albergan, despedidos de sus amos, y por una causa mesma. Cristianos son; pero malos, y tanto, que no hay torpeza, en que atrevidos no incurtan, y intrepidos no cometan a Dios, si entre males tantos, lograr esta vez me dejas, que Julian, y Basilisa, de mis industrias se venzan, consuelo tendré, si hay algo, que así consolarme pueda, porque la gloria del justo, es lo que más me condena. Él es. Césarino es digo. Al diablo, no hay que dudar. La cara, el talle, el hablar, cualquiera cosa es testigo, de que Césarino es Ya es imposible la treta, de soplarle la maleta. El es, Flora, no lo ves? Dudosos me reconocen, y ya en quien soy se resuelven, a mirarme otra vez vuelven, y a Cesarino conocen. En la forma que he tomado, con que engaño padeciera, yo mismo, si no supiera, que en ella me he transformado, Nada mi tormento eterno crece con su resistencia, que estos sin mi diligencia, se van por su pie al infierno. Señor, diga una verdad, A ver si me satisfago, Solo eso es lo que hago con mucha dificultad. No hay que nos cause embarazos, Cesarino es, vive Dios: danos, señor, a los dos, con tanto gusto los brazos, Como merece el contento de conocerte, y hallarte, tú en un mesón a apearte; por las albricias intento ir, aunque estoy despedido de Marciano mi señor. Puede haber dicha mayor, y más cuando acá creído! Caracol, Flora, pues cómo? Juzgan, que te habías ahogado. Aquí los dos? A este estado la fortuna, a un mayordomo del Prefeto soberano de Antioquia, derribó, mano en todo tuve yo, y ya en nada tengo mano. Mas como la he de tener, que aún a decirlo no oso, si se la he dado de esposo a Florilla mi mujer, que en tan terrible dolor, y en tan furioso pesar, habiéndosela de dar, cortarla fuera mejor. Mientras me viene a buscar mi tío, que ya avisado estará, de que he llegado; qué hay de nuevo en el lugar? Muchas cosas ay, señor, que aún referirlas de prisa, las unas te harán gran risa, las otras mucho dolor. Caracol, muy avisado estás, y muy entendido. No debes de haber oído que con Flora me he casado. Ea, decid, la verdad, cual ha sido la razón, de servir en un mesón? Esa es otra novedad, Y pues soy consorte fiel, yo te diré su delito, si me escuchas un poquito, y el mío te dirá él. Vaya, aunque nada remedia y solo para eso vales, pecados son gananciales, acusámonos a medias. Este servidor fiel, como sabes, de Julian se cansó, de verle tan barbado para doncel. A Basilisa la bella servía, como una esclava, esta, y el verla lloraba tan crecida, y tan doncella. Y a tanto el caso llego, que sin hallar otro medio, yo traté de su remedio. Pero de casarlos yo. Aurelio, que en Basilisa, arde en incendios de amor, por apagar el ardor le da muchísima prisa. Teodora, que arde en la fragua desulian, joven esquivo, quisiera en fuego tan vivo echarse a pechos el agua. Yo que la vi con tal prisa. Yo que conocí su afan. Un recado di a Julian. Yo un papel a Basilisa. Él respondió, porque notes lo que un recado merece: siotra vez os acontece, osharé matar a coces. Ella no con mil regalos, me dijo, muy sin enojo, picaro, si en otra os cojo, osharé matar a palos Supolo, y dijo el Prefeto muy hinchado, he muy rotundo, avista de todo el mundo se vayan muy en secreto. Y disparando cobetes por los ojos, anadió, bergantes, lindo soy yo para sufrir al cahuetes. Salimos, y despechados en este mesón servimos, después que gastado hubimos el porte de los recados. Si no lo remedia Dios, Según lo que ahora pasa. e. No os aflijáis, que en mi casa quiero que sirváis los dos. Señor, aunque eso es verdad, y que cesa el aflición: esto de cuenta, y razón, diz que sustenta amistad. Y así será necesario, si en esto nos empeñamos. Acaba, di. Qué sepamos, que ración, y que salario. No si no no, ansí se engorda, que no me quiero perder, y de ello nos ha de hacer una escritura tan gorda. Llama Césarino. Marciano a buscarme viene. Ya mis brazos le previene el contento a mi sobrino. El viejo viene. A fusón. A escondernos como gamos: oye uce, en esto quedamos. Pero salario, y ración. La mano, señor, me dad, pues como padre os venero. Siempre como tal os quiero; Cesarino levantad. En verdad que ya creía estaba acá vuestra muerte. Señor, bien dichosa suerte fue la que me doila vida. Nuestra armada pereció sin daño del enemigo. Igual, señor, el castigo, también en su armada vio, Que de bracanes violentos, afligida, y contrastada, vio contra si desdichada todos los cuatro elementos. Para turbar el sosiego, y dar mortales desmayos, en fieros ardientes rayos, se desató todo el fuego. Para añadir más tormentos contra el Nabal escuadrón hicieron conjuración con diferencia los vientos. No hay desdicha que no toque en riesgos tan importunos, del rayo mueren los unos, cuando los otros del choque. Mientras que nánfrago, y tierra, sin esperanza el bagel, con peligro más cruel, le pone temor la tierra. Pues imposible el consuelo, y siempre cierta la pena, da con la quilla en la arena, y con el tope en el cielo. Dos veces allí se anega; porque ansi dos muertes debe, una en el agua que llueve, y luego en la que navega. Pobre le dije, que intentas a mi bagel afligido, a la muerte conducido, con fortunas tan violentas? Pues cuando más te desaguas, siempre infelice tu suerte, entre la vida, y la muerte estás dudoso en dos aguas. Común el deesaso siego, que ansí el destino lo fragua, unos del viento, y del agua, otros de la tierra, y fuego Perecieron, sin que fuertes, nada el morirles impida, que solo para una vida se juntaron tantas muertes. Nadie se pudo librar, que mucho si fue la guerra con el viento, y con la tierra, con el fuego, y con la mar? Gracias al cielo inmortal, que os mira el alma gozosa. Verme aquí, parece cosa, señor, sobre natural. Todo conforme ha venio a mi dichoso deseo, vivo, Cesarino, os veo, en día que doy marido A Basilisa, hoy sin ceño, mi mal la fortuna olvida, pues al dueño de mi vida le he dado felice dueño. Venid, y seréis testigo del bien que el cielo me ofret Y quién su mano merece? ( Quién? Juliano, vuestroa Con él os habéis criado, no tengo que encarecer, para tan grande placer lo mejor he convidado De la ciudad vamos pues, que ya aguardando os están En la dicha de Juliano, tengo aún mayor interés, Del que pensáis. Ea, venid, que hay mucho que disponer Vamos, señor, y a vencer en la más furiosa lid, Los animos más constantes, la constancia más valiente, la devoción más ardiente, y los más finos amantes. De Dios, cuyos claros nombe porque se aumenten mis may apellidarse inmortales pretenden entre los hombres Pero que me da temor, si yo con lascivo fuego he de quitar su soliego, he de sembrar mi furor? Y nada vendrá a importar, antes es en mi provecho han hec porque no le han de guardar, Firme endos dos la verdad, aunque uno, y otro ignorantes, bien que amantes, y constantes, le han votado castidad. Y los tormentos tiranos, les han de hacer con horror prevaricar el valor, y negar que son Cristianos. Que no se han de aventurar, pues ignoran la intención, en cuanto a la Religión a quererse declarar. Y si Dios me deja hacer, según su libre albedrío, aún es mucho el valor mío para poderlos vencer. Pues con terribles desvelos, que turben tanto valor, sino les rinde el amor, los han de rendir los celos. Señor, quien llega a tener feliz noticia de vos; si os llega a tratar, mi Dios, como no os ha de querer? Si por mí sabéis hacer cuanto el amor ignoro, si mi humildad os debíó, que os transformaseis an sí, pues vos moristes por mí: que haré en adoraros yo? Señor, si tal atención os debe mi indignación, y asobra en tanta verdad una, y otra persuasión, cualquiera cosa es razón, que prueba el ser de ese ser: por mí quisistes nacer, porque yo pueda vivir, naceros debo, y morir: como no os he de querer? Que sois mi dueño, y mi autor, sin diferencia me avisa, en cada fuente la risa, la hermosura en cada flor. Vuestro poder, vuestro amor, advirtiendo están iguales, para dar fin a mis males, persuadiendo están iguales en consecuencias forzoras, con el olor esas rosas, con el ruido esos Cristales, Son de vuestra homnipotencia infalibles argumentos todos los cuatro esementos: con admirable cuidencia mil agrosa la advertencia, quita dudas, y recelos, y en sus continuos desvelos lo dice en blando arrebol lo luciente de ese Sol, y lo hermoso de esos cielos, Aún cuando no me advirtieran cielos cristales, y flores, advertencias superiores, mejor quien sois me dijeran, vencidas mis dudas mueran; pues ansí me confundís, y que sois Dios me decís, sin horror y sin estruendo, pues quien sois me declaráis, diciendo a voces estáis, que sois mi Dios, ya os entiendo, en ver, Señor, que os ofendo, y en ver que me perdonáis. Quién si no Dios tanto amara, que de amante se muriera, quien agraviado quisiera, y ofendido perdonara? Vos, Señor, grandeza rara! y digna de un solo Dios, bien se acredita en los dos. aquesta verdad, aquí en vos, sufriéndome a mí: y en mi ofendiéndoos a vos. Basilisa, mas qué importa, mi Dios, cuando os tengo a vos? Julian, si me ayuda Dios, cualquiera victoria es corta. Aa llegue el tiempo, Señor, que ningún miedo me enoje! Ha llegue el tiempo, que arroje llama visible este ardor! Callar, y disimular, pues lo disponéis ansí. Pues solo vivís en mí, disimular, y callar. Basilisa, dueño justo del alma, y del albedrío. Julian, solo dueño mío, sin más gusto que tu gusto. No en vano en dulces enojos. el corazón se inquietaba, y no en vano se asomaba. para mirarte en mis ojos. No en vano tanto arrebol me deslumbró en mi porfía, si para mi amanecía. con tantas luces el Sol. En buen hora, pronda hermosa, con bellezas soberanas vengas como en las mañanas la fresca encarnada rola. En buen hora, ha prenda fiel, de tus labios, y tu aliento suave, respira el viento, fino a encenderse el clavel. Y en buen hora, tengan llenas de vanidad dulce fin; con envidias del jazmín, ándidas las azucenas. Qué claro está, que ha de ser feliz, pues en tu arrebol se ve duplicado el Sol, lucir a un tiempo, y arder. Qué claro está, que es precisa. la dicha, si sale hermosa, de todo el Marzo la rosa, de toda el alba la risa. Pues divinamente fiel, vences, Basilisa hermosa, nieve, azucena, y rosa, aurora, sol, y clavel. Bien conocéis vos, Señor, que toda aquesta pintura, es alabar la criatura, por rasgo de su Criador. Para decirme contento, si en mi amor no pones duda, basta la elocuencia muda, sobra el encarecimiento. Dulce Jesus soberano; pues forzoso el riesgo ha sido, a vuestros pies os lo pido, tenedme de vuestra mano. Que mal descansa un celoso y como aunque le atormente, solícito hallar procura, lo mismo que hallar no quiere. Con el asán de mis celos, inquieta el alma, a ver viene los daños en que peligra; y los males de que muere. Allí mi dulce enemiga. Allí mi enemigo aleve. Qué ingratamente me matal Qué infamente me ofende! No hay sufrimiento que baste. Ya no hay paciencia que lleve Cara a cara los agravios. A los ojos los desdenes. Esto ha de ser, que es peligro, sin resistencia, el que tienen los ojos que al fuego hermoso de su hermosura se encienden. Esto ha de ser, si le miro es fuerza que me despeñe dulcísimo, este veneno que agora mis ojos beben. (go. Quién teme no busque el ries- Huya quien el riesgo teme. Aquí es valor. Es cordura. Pues a excusarle: A vencerle. Bien puedo; sin ser grosero. Sin ser descortés bien puede. Este peligro excusarse. Aqueste riesgo vencerse. A Dios Basillia. A Dios Julian. otra vez se vuelven al peligro los sentidos, mucho harán si no se pierden. Segunda vez vuelvo al riesgo, dicha será; que no quede por el amor la victoria. No vence quien no se vence, aquí es valor el temor, violencia hermosa que quieres? harto se rinde quien vive, mucha victoria es te merte. Veneno que se introduce a dar por los ojos muerte, mas que atosiga bebido atormenta con verterle. Esta vez ingrato amante que está tan cerca el perderte. Pues que nunca más perdida te tengo, que con no verte. A pesar de tus injurias. Apesar de tus desdenes. (cielo. Me has de escuchar, vive el Me has de escuchar, aunque pese. Si haré, sosiega Teodora. De qué Aurelio te ensureces? Ya sin pesarme te escucho. Ya escucho sin que me pese. Así Basilisa hermosa, como está me pareciese, . que poco que me costara el dejarla, y el vencerme. Así Julia, como Aurelio, . fuera, como fácilmente, ni fuera riesgo escucharle, ni fuera peligro el verle. (te? Qué ofensa te hago en amar- que agravio te hago en quererte? Es delito el adorarte, yerra quien mucho te quiere? Aurelio sí. Si Teodora. Por qué? Porque tú pretendes, no solo que tu amor sepa obligarme a agradecerle cosa a que yo me resisto; Luego es forzoso ofenderme, si contra mi inclinación pides que violentamente esté de ti enamorada, no más de porque me quieres. Si yo por remedio agora, para el dolor que padeces te dijera, que a otro amases, y que a mí me aborrecieses: tomarasle? Qué es tomarle? más fácil que obedecerte es de tener en su curso, al Sol, y más a atreverse a averiguarle la luma de sus átomos lucientes, que mujeres como yo, cuando a decir se resuelven, que quieren a un hombre bien, por más que groseramente, ingrato la corresponda, sin mudanza ha de quererle, porque lo dijo no más, y cuando el amor empieze, la vanidad lo prosiga, pretejto que muchas veces la más libiana hace firme, la más cobarde, valiente. Tú por mí has respondido, remedio que tú no quieres, no has de dármele, Teodora. No pidas tú que te premie, y quiéreme en hora buena. Sí, más sabre aborrecerte? Sí, mas sabré perseguirte, si hasta aquí supe quererte. Con Basilisa te casas? Ansí los cielos lo quieren: este si es riesgo, Dios mío! . Julian, tu hermano merece. Mi padre ansi lo dispone; no hay peligro si no es este. . Nada a mi mal es remedio. No hay cosa que me consuele. Pues sufro yo que me quieras, sufre tú que te desprecie. Dime, es preciso, Teodora, matarme, porque te mueres? Yo buscaré la venganza de mi muerte con tu muerte. Yo desquitaré en injurias lo injusto de tus desdenes. Aurelio, pues ofendidos. nos miramos igualmente. Pues igualmente, Teodora, nos ofenden de una suerte. Truequese en odió el cariño, en odió el amor se trueque. Yo malograré las dichas de este mi enemigo aleve. Yo haré, que de esta enemiga se vuelvan males los bienes. Pues a pensar la venganza. Pues a tratar de su muerte. En fin, muera quien me agravia Muera, en fin, quien me abor. rece. Revuelta la casa toda, con el casamiento está. Nadie nos reparará con la bulla de la boda. Qué orgullosa, y que traviesa anda, con vista, y olfato la gula, de plato en plato, el hambre de mesa en mesa. Pernil, y torta, que antojos mi golosina previene, que uno a los ojos se viene; y otro se lleva los ojos. Hy pabo, y que tentaciones das, con doradas arrugas, un roble eres con pechugas, y un escollo con alones. Pues tan hambrienta te ropa mi necesidad avara, por la puerta falsa entrara a la sopa de tu sopa. Cuando el cielo me provoca, con ocasión semejante, ya me lo pone delante, no ha de echármelo en la boca. A dónde vas atrevido? Pues de no comer me muero déjame mujer, que quiero morirme de haber comido. Para comer se ordeno tanto manjar importuno, si es fuerza empezarlo alguno, qué importa empezarlo yo? Tentemplanza en tus pasiones, pardiez camarada él tiene pues el Perfeto advertido, aún banquete prevenido tiene para los leones, Con rigores inhumanos, que aumenten más su placer, el plato les quiere hacer de miserables Cristianos. Gustoso de las severas bárbaras ejecuciones, mas león que los leones, y más fiera que las fieras. Cubriendo la indignación desu cruel solicitud, con la capa de virtud, y el nombre de Religión. Del malvado vejezuelo, al ruego siempre inhumano, no está seguro un Cristiano, sino se le sube al cielo. Estan bruta su fiereza, su ferocidad tan brava, que cuando en uno se acaba, Y de esta crueldad prolija, ni compasivo, ni tierno, no se te escapará un yerno, ni se librará una hija. Pues no le bastara cruel, porque todo lo atropella, lo padre para con ella, lo suegro para con él. Y según lo que imagino, no quedará por nuestro amo el señor de Césarino. Fuego, que ferocidades amaga tan sin consuelo, que cara le ha dado el cielo para sus necesidades. A todos, como enemigos, el agallajo previene, cara de pocos amigos. Mira, el pastido es igual, como la ración nos den, si él nos tiñere muy bien, servir nosotros muy mal. Con bravo acompañamiento, lucimiento, y bizarría, toda Antiochia este día celebra este casamiento. Ya va pasando las salas, celebrando sus venturas, el cielo en las hermosuras, y la primabera en galas. Ya que llegan nos avisa el Mayo, y Abril galán, lo bizarro de Julian, lo hermoso de Basiisa. Como en el semblante, agora, mal premiadas, y bien dichas, dice Aurelio sus desdichas, y sus pesares Teodora. esporque en otro se empieza, . Cansaísos de ser dichosos? mentecatones menguados; quien envidia dos casados, envidiará dos tiñosos. Flora, en viéndosos entrar, hacia las mesas iremos, ya que sin comer pasemos, no pasemos sin cenar. bien sabes, que no le infamo, , s, Este solo es el día, que ha vivido la edad prolija mía; pues tan dichoso he sido, que lograr vuestras bodas he podido, en tan feliz extremo; ya, ni los años, ni la muerte temo. Autelio, Cesarino, agora, agora, me dad el parabién, y tu Teodora, mientras que llega el día de tus bodas, también, sobrina mía. Ya su dichosa, y mi infelice suerte, . el alma se celebra con mi muerte. Ya mis ansias, mis penas, y desvelos . la festejan con rabias, y con celos. Yo solo en parte veo logrado mi cuidado, y mi deseo, solos han de quedarse, no han menester más riesgo que mirarse. Cese, Aurelio, y Teodora, la porfía, .a que os obliga a tan gran melancolía: todo lo sé templad, ese despecho, que puede ser que en algo de provecho me halléis alguna vez, y Césarino abra de vuestras dichas el camino. zos Vuestras glorias lograd, y en dulcesla: se repitan recíptocos abrazos, luego en desasosiegos festivos de las luchas, y los juegos, divirtiréis los días con vulgares aplausos, y alegrías en el circo agonal veinte Cristianos de tantafiera en las violentas manos, serán víctima alegre, aunque sangrienta, que lave de los Dioses el afrenta. Dadle valor, Señor al que esto espera! . O tu entre todas, solamente fiera! . Este temor ánima mi esperanza: . nunca el cobarde la vitoria al canza. Vamos, dejémoslos guardeos el cielo, ella mi vida es, y él mi consuelo: vamos, dejémoslos, que a los amantes, siempre parecen siglos los instantes. Ni por eso se rinde mi porfía, yo espero ver a Basilisa mía. Ni por eso he de hallar más embarazos: yo a Julian he de ver en estos brazos. . Yo aunque me voy, en sus afectos quedo, sino vence el amor, vencerá el miedo. Mi Dios, en el riesgo estoy con Basilisa, y sin mí; si no me ayudáis aquí, nada soy en cuanto soy. Grandes enemigos son, cuando en el riesgo me veis, si vos no me socorréis mi miedo, y mi inclinación. Que he de hacer, que me arrebata toda el alma con los ojos? qué he de hacer, si en mis enojos vivo de lo que me mata? No fuera ella tan hermosa, y fácil no me rindiera. Si él tan bizarro no fuera, yo quedará victoriosa. Cuando es divino el poder, como se ha de resistir? Cuando es preciso el morir, como he de poder vencer? Gusto es suyo, pues me deja; que aqui no discurra vario. Su gusto es; pues lo contrario agora no me aconseja? Pues si no se enoja, escoja mi amor, para gozar su favor. Viva su amor, y mi amor, pues mira que no se enoja. No hay miedo que me acobarde. . Que Músicas tan divinas, Todo mi intención ayuda. No hay duda ya, que sea duda, Cuálquiera conrejo es tarde. Goce el corazón aprisa glorias que tan suyas son. Pues da prisa el corazón? Yo Julian? yo Basilisa? qué ansí el cielo lo ha querido? Que al cielo he de obedecer? No puedo ser tu mujer. No puedo ser tu marido. Porque adoro con Feardiente. Porque soy con Fe constante. A Cristo fina, y amante. De Cristo Dios solamente. Porque a Cristo le voré. Porque a Cristo prometí. Pureza, que no rompí. Pureza que guardaré. Atres sin miedo importuno. Adoro en Cristo desde hoy. Y yo adoración le doy, Solo a Dios, que es trino, y uno. Pues ahora con nuevo brío, castidad guardar espero. Pues ahora el voto primero os reválido, Dios mío Testigos, cielos amigos, sed con inmensa piedad. De esta infalible verdad; cielos, me seréis testigos. rompen los aires veloces! Qué suaves, divinas voces se escuchantan peregrinas! 1. De los muchos que asistimos a Dios, Ángeles sagrados, dos de su piedad envíados, que por vosotras venimos. 2. Para que el premio veáis, y gloria que merecéis, por la Fe que prometéis, y pureza que votáis. Cuando, señor, merecí este celestial favor? Todo lo debo a tu amor, que nada me debo a mí. 1. Venid agora, venid. 2. Llegad agora, llegad. 1. A la inmensa claridad. 2. Subid agora, subid. Para que el premio veáis, y gloria que merecéis, por la Feque le ofrecéis, y pureza que votáis.
JORNADA SEGUNDA
JORNADA SEGUNDA Adóndevas? A acabar de una vez con mi pasión. A morir de un precipicio, pues no vivo de un dolor. Que tienes? Tengo un volcán, que me abrasa el corazón. Qué sientes? Una desdicha. Quién os precipita? Amor. Sabéis quien soy? Ya sé que eres tu Césarino el mayor amigo de Julian. Y con recíproca unión, no hay acción en su albedrío, que no penda de tu voz. No solo mi voz, oíd, tiene esa jurisdicción en su pecho, si no en cuanto con eterno resplandor, desde la cuna Oriental vive a tan varia región, hasta que en undoso nido, es feniz luciente el Sol, la majia en mi juventud, fue el intento, de quien yo, estudio particular hice con viva aprensión de esos once azules glovos la armonía superior, confundiendo mi albedrío: si importa para mi acción, muevo cual quiera firmeza, afirmo cualquier temblor, conjuto el ave en el viento, voz es a la fiera doy; en círculos llamo al hombre, ya encanto, conjuro, y voz, camina, vuela, y responde, de gruta, albergue, y región, la fiera, el hombre, y el ave, dócil, atento, y veloz, al arbitrio de mi ciencia, el cadaber que perdió: toda la gran contextura del individuo, en quien son tierra todo cuanto pesa, alre cuanto alienta, ardor cuanto contiene, y agua cuanto flora; estremeció los miembros, y del sepulcro con formalidad salio a ser viviente fantasma el inanimado horror de la química sutil la porfiada cuestión asolas mis experiencias el crédito le debió, esas montañas altivas, que ha tanto que las fijó la eterna Divina mano, al soplo de mi furor. Porlos pielagos del aire vageles de piedra son, Filósofo natural uso con vario primor de las hierbas, y las plantas la secreta aplicación. El más desdeñoso objeto, si de parte de el amor me pongo, tuerce el cariño. hacia donde quiero yo. Si de parte del olvido esparzo en su corazón, de el perezoso Leteo el verdínegro licor: Astro racional dispongo de la humana inclinación: como quiere mi influencia destino del hombre soy, hado soy de los mortales: nadie sabe como yo, que no hay astro, ni destino, ni hado, y que solo Dios les dío a las segundas causas la común operación, que en su providencia nace; pero importa que estos dos, que ya son míos lo crean, que dé ellos prevengo hoy instrumentos que perviertan aquellos que no lo son. A tus pies, o Césarino, ya que con mucha razón has inferido la causa; y el efeto de mi amor pido, que de mí te duelas. de mí que suspiros doy, tan ardientes, que en su fuego se enciende el aire. Yo no, que aunque mi fuego repite toda esa cuarta región, que aunque de las llamas mías, al accidental ardor, todo el fuego material, es tibia comparación: no quiero no a la violencia deberle el cariño yo. Conseguira quien se ama, es el intento de amor. Quién consigue de esa suerte, poco al mérito fio. De esperar a poseer, cualquiera disposición debe admitir un amante. Necio amante, el que trocó la voluntaria esperanza, en violenta posesión. Por elección, o por fuerza alcanzar pretendo yo Yo, que no parezca fuerza lo que ha de ser elección. Esto intento. Es desbarío. Esto deseo. Es error. Esperad. Segunda vez te pido, que mi dolor te obligue. Como no miras que yo de Julian soy el mayor amigo, y que no es razón? Y es razón dejar perder una vida, por un leve pundonor? Él mismo me persuade lo que deseando estoy. A tu infalible esperanza entrego mi corazón. Ha credulidad humana! que fácilmente al error te mueves por el deseo! Trionfa, triunfa desde hoy Césarino de mi pecho. Del tuyo ya triunfo yo; así pudiera de aquellos de cuya pureza soy enemigo. Qué respondes? Crezca con la dilación su deseo, que aún el mismo pecado que le incito, si puedo, le ha de costar sobresalto al pecador. Ea, pues, todo tu ingenio aprovecha en mi fanor. Pues solo para que vea Teodora si puedo, o no disponer un albedrío a la ley de mi elección, y porque veas Aurelio mi poder, aunque en rigor la amistad me acuse, cuanto el capricho me empeño, de Basilisa has de ver afables los ojos hoy. Pues solo para que veas, o Césarino! que son ociosas tus diligencias, y que solo en el valor del mérito se confía el conseguir, quiero yo valerme de mi hermosura. Dices bien, porque mejor persuaden al pecado hermosura, y ocasión. Pues mientras a este jardín salen agora los dos, os retirad, y encubiertos hasta que os aviseyo; siga cada cual el rumbo (mo. que le parece mejor. Pues yo en tu nombre me ani- Y en mi confianza yo. Basilisa? Julian? Contra todo tu rigor. Contra todo tu desdén. Mi cobarde corazón parece que agora lleva no sé que fuerza interlor. Nuevos alientos dispone mi ciega resolución. Aguardad los dos mi aviso. A Dios Cesarino. A Dios. Esta permisión callada que me concedéis, Señor, de que sirve, si el auxilio excede a la permisión? Si cuando con los humanos hacia el precipicio voy, de que aprovecha mi industria si avisáis su planta vos? Qué importa mi diligencia, si al guiarlos mi furor, en lugar de el desacierto caen en la prevención? Descuídese vuestra mano. de vuestros amantes hoy, y si entonces me vencieren, entonces será blasón. Pero mientras dependientes están de vuestro valor, si en vuestra virtud pelean, como he de vencerlos yo? Ha. Señor, con que cuidado en vuestra suma atención este barro conserváis, que vuestro aliento informó para que nunca parezca que se ha quebrado por vos. Pero contra su pureza, Teodora, en su presunción, si confiada, a Julian hablé con ciega pasión, hable Aurelio a Basilisa, movido de mi furor, que yo haré que prevariquen, ya que a sus amores no, asuscelos, que los celos esla inquietud más atroz de la vida, la discordia, de la más segura unión, pena del entendimiento, de la memoria dolor, fuego de la voluntad: y en efecto, áspides son, que muerden por el oído, y la vista el corazón. Pero ya a aqueste jardín van saliendo, no haya flor, sin que respire el veneno, que entre su fragrancia, yo disimulo, no haya planta, que no persuada a amor con abrazos; no haya fuente, de cuyo cristal veloz, clavel que su margen huella, no se deje halagar hoy: Músicas pueblen el aire, y en repetida canción, interrompa sus discursos, lascina ignorada voz, que yo discurriendo todo esjardín, a infundir voy en la música del eite, en las plantas dulce unión, sonoro impulso en la fuente, mudaelocuencia en la flor. Flores que avisáis la vida, y en quien se advierte mejor la vanidad de mañana en la hermosura de hoy: plantas que erecéis aprisa, tanto, que imagino yo, que os miran crecer los ojos, de quien lleváis la atención. Fieras, que huis la ponzoña, que en la hierba se crio, cuyo instinto natural, es irracional razón. Fuentes que del curso humano, cristalino ejemplar sois, pues para cuanto ha corrido; pues corre cuanto vivio. Aves de varias colores, pues de tanta alada flor, primavera armoniosa yerra esa vaga región. Y en fin, flores olorosas. Fuentes de curso veloz. Planta que alpiráis al cielo. Aves de varia color. Fieras que usáis el instinto. Todos alegres. Todos a una voz. Alabad la grandeza de mi Dios. Alabad el poder de vro Autor. Celebrad la grandeza de mí Basilisa? (Dios. Julian? Esposa? Esposo, Señor, que eres, cuando menos mío, más de mi veneración, compañero de mis dichas; pues en un yugo los dos, sin diligencias del lazo, nos componemos la unión. Dulcísimo hermoso objeto, que obliga a tan puro amor, que ignorado del deseo se ilustra en la adoración suave, llama del pecho, que en el alma se formó: y halagando como abrigo, no se siente como ardor. El ave, querida, esposa, que alegre que sale hoy, como ve que ya amanece en este jardín tú sol: repara en aquella fuente, verás con cuanto primor, liquida armonía es la que era murmuración. Que ufana está la azucena; pues con mérito nació, en blancura, y castidad, de ser tu comparación. Aguarda, que no es razón, que aquellos breves abrazos, que lascivamente unio, sirvan de objeto a la vista; porque es tal la condición de nuestra naturaleza, que se resuelve allerror, por el más leve ejemplar huyamos, pues la ocasión, que mientras vive en el cuerpo el alma que le informó, de poco achaque adolece: y quien pudiendo. Señor, no ataja la enfermedad, padece dolores dos, uno de que no previno, y otro de que adoleció. O que vano está mi acierto, dueño de mi corazón de haber elegido en ti, quien si me descuido yo, el escrúpulo me acuse! Dices bien, que si no son corregidos los principios, disponen medios, y doy los fines irremediables: o cuanto el arbitrio erró, que ha dejado en una ofensa empeñar la obstinación! Ya me parece que vi, si por su esencia preguntas a las tres Personas juntas, en cada una de por sí: misteriosamente allí, esto en igual proporción, aquella distinta unión, y al crédito soberano de razón el humano, le da no alcanzar la razón. Los Ángeles que le imploran, alaban sus Majestades, le tiemblan las Postetades, Dominaciones le adoran, si no el Sera fín se inflama, dulce el Querubín le ama, y la milicia cabal, de ejército celestial, Santo tres veces le aclama. Dia de Aurora más bella, Aurora del mejor día. Norte que mis pasos guía. Del mar apacible estrella. Señor, alumbrad mi guella, si vuestro camino ignora. En conducirme. Señora, vuestra luz no se reporte. Pues sois el día, y el Norte. Pues sois la estrella, y la Aurora Mas que instrumento suave, sonar agora se ve, con los ojos del oído linces del ecofiel! Pero que dulce instrumento acorde rémora es, de qu e surca plumado vagel? En las humanas glorias, la que corona todos los deseos, es conseguir vitorias (pleos, de el amor, en dulcísimos en- con unión repetida, indigno es quien lo ignora de la vida. No merece ventura, quien cuando la hermosura ha conseguido, No goza la hermosura, los sentidos logrando sin sentido, Sin acción las acciones, y sin razón diciendo las razones. El bruto unión desea. El ave la repite dulcemente. El pez la lisonjea. 2 . El hombre no se niega a este accidente. Dulce es la unión. Suave. Díganlo el hombre, el bruto, el pez, el ave. Si el hombre buscan, y el bruto. Si el ave intentan, y el pez. De propia naturaleza este dulcísimo bien. Naturalmente inducido este enlazado interés. La ardiente pasión de hombre. El afecto de mujer. Me provoca. Me conduce. A gozar. A poseer: Busilisa? Julian? Aguarda. Espera. Derén, que si me sales al paso, errará el mío esta vez. Que si vienes a buscarme, temo que me he de perder. Ha pensión de los mortales! que cada sentido esté tan de parte del peligro! Agora, Señora, es, para cuando, como Aurora como Estrella os invoque. Agora, Señor piadoso, pues Norte, y Dia os llamé, toda vuestra luz invoco. Aquí soy yo menester. Cesarino? Césarino? Ya su oración atajé. Oiste a caso la voz soñora, de una mujer, que fue en pielagos de flores, Sirena de este Vérgel? Oiste a caso de otra la dusce voz, que también pudo fijar los arroyos, y las peñas conmover? Bueno es eso, que yo a este jardín convoqué para festejaros, cuanta diveria música hallé en Antioquia. Yo estimo. tu cuidado; pero en él, por excusarme el pesar te perdonará el placer. Cuando yo, si doy alguno, De esa manera no es? Pues que ocasión te ha movido a hacernos esta merced? Ser amigo de tu esposo. y sabiendo que tú, y él estrenasteis en el lecho el dulce carmo, que De la fuente de Himeneo es el glorioso Laurel, he querido celebrar, tan feliz unión, de quien sucesión heroica, al mundo vuestra noble sangre de. Que mal sabes la verdad! Que bien lo contrario sé. Yo te agradezco el festejo. Pues aún hay más, que también he prevenido un sarao. Agora no es menester más favores, yo lo estimo. Aa dicho mi esposo bien. Eso fuera deslucir mi voluntad; y querer burlar mi galantería. Válgame el cielo, no sé que horror contra aqueste hombre se infunde en mí! Salga, pues, que no quiero yo que vos mis desazones paguéis. Fantásticas ilusiones que a mi precepto atendéis, y en aparentes ideas os suele el humano ver, de bulto, y voz material, todos agora os valed, y finjid cuerpo a los ojos de estos, y salgan también entre vosotros, Aurelio, y Teodora, para que mi disposición se logre; porque ya en ellos también ha obradó mi prevención, y creyendo mi poder, piensan que para su intento lo he dispuesto, y esto es, para el crédito de estorros, que no es la primera vez, que acuenta de una verdad mis mentiras apoyé. Al suave glorioso Hemeneo que logra gentí, Juliano, que en dulces verdores Basilisa, que en copia de flores afrenta al Abril. En alegres Coros iguales aplauso le dan, cuanto Adonís admira lucido, cuanto Venus festeja florido. El Mayo galán, a sus dulces abrazos ofrezca (jidas, aqueste vergel; de varios matices al fombraste y a los olmos las vidas unidas le forman dosel. Todos aguardan agora a que vosotros honréis el sarao. Disimulemos esposa, porque no dé que sospechar nuestro intento. Lo que tú hicieres haré. Negarme a vuestra fineza fuera ingrato proceder. Y fuera no obedeceros groseria descortés. Cantad. Presto de mi fuego los ardores sentiréis. da De la bella a los ojos se emien el celeste arrebol de el garzón a la gala se encogen cuantas luces al mundo descogen los rayos del Sol. A Quién tan ingrata procede, Basilila, no es mujer. (ra Quién se niega a una hermosu Juliano, bruto es, Aquí de toda mi industria. Suelta. Suelta. Mi poder dispone, que Julian, no pueda escuchar, ni ver a Aurelio, y que Basilisa, tampoco pueda atender a Teodora; y yo a los dos invisible alentaré. Ea, bien podéis los dos vuestro intento proponer, que solo quien deseáis, osve, y os oye. Cruel, Ingrato. Esquiva. Inhumano. Débale a tus ojos, quien debe a los mismos la muerte, señas de agrado esta vez, grosera pasión te postra, pues si quiera de cortés, no me atiendes por hermosa, por amante, o por mujer? Responde. Detente, aguarda, que parece, que no sé de que violencia te vales contra todo mi desdén. Vuelve los ojos. . Espera, que no acierto a conocer, que novedas en los tuyos despierta en mi pecho, aquel accidente, si es impulso, muerte, si deseo es. Ahora es tiempo que sientan, viendo, y escuchando. Pues no quiero yo Basilisa, ya que ahora te obligué a un agrado, deslucir mi fortuna, y esta vez básteme saber, que he sido tan dichoso, que logré una respuesta a tu labio. Qué es lo que vi, y escuche? Oh cuanto alcanza del arte el invisible poder! Pues no quiero proseguir en el comenzado bien, por no atropellar las dichas: básteme ahora saber, Julian, que pueden tanto mis ojos, que tu desdén comienza a alagar mi amor. Cielos, que oí! qué miré! Oh cuanta elo cuencia tienen los ojos de una mujer! . Ya habéis bebido el veneno, más rabioso, más cruel, quedaos con vosotros mismos, que no soy yo menester, para turbar la quietud, donde la cisma infiel, de los celos se introduce, resistidla si podéis. Qué moderna llama es esta nacida, cielos, de ver, y escuchas que Basilisa, pudo ocasionar aquel arrojamiento de Aurelio. Que ponzoña, cielos, es la que el oído, y la vista, da al corazón a beber conficionada en la voz, que de Teodora escuché. Qué me abraso, que me quemo, y no sé: ay de mí! no sé de que discurso me valga; porque si llego a creer a los ojos, su virtud, los desmiente. Qué haré; cuando en mi pecho un volcán le ha introducido? y en él, sin dar crédito a la causa padezco el efeto, pues no creyendo cuanto siento, siento cuanto hay que creer. Adónde estás Césarino, adonde estás? para que ya que tu amistad, los ruegos. me ha prevenido, también me prevenga tu amistad el remedio. Llegaré, y mi enojo mas qué digo! Yo llego a darle a entender mi prisión mas qué pronuncio! Yo me aparto, mejor es, que lo infiera de mi ausencia. Yo me voy a padecer mi pesar conmigo mismo, Esto importa. Esto ha de ser; pero como de este daño. me dejo ansi poseer, pues del recurso de Dios, casi me olvido por él? Pero como enajenada estoy del discurso, pues por este humano accidente la atención divina erré? Santo Joseph, que con muda pasión humana sentistis. recelos que no ruvistis, sin dar lugar a la duda, vos que la idea desnuda; de contrario pensamiento, en aquel raro portento de la suma Encarnación, lo que llego al corazón, no paso al entendimiento. María, hermoso crisol del oro más celestial, cuyo viviente cristal penetró el divino Sol, de vuestro puro arrebol, iluminad mi sentido, no merezca vuestro olvido, bien que vuestra luz conquiste inficionada la vista, y perturbado el oído. Mis afectos sosegad con vuestra intercesión santa pues que tengo, aunque notan alguna seguridad. Mi confianza alentad. Debaos acción tan piadosa; Fe que os invoca amorosa. Aquesto rendida os pido. Pues sois el mejor marido. Pues sois la mejor esposa. 1. Basilisa? 2. Julian? 1. Ya vuestra oración fiel han admitido piadosos, ph. Jesús 1. Y todos agradecidos a la invocación que hacéis salen hoy por fiadores de vuestra inviolable Fe. Feliz mil veces la duda que mereció tanto bien! Dichosa ignorancia mía, pues tanto llegó a saber. 1. Y Para qué preservados de cualquier afecto estéis, que contra la castidad enciende el humano ser. l2. Este cíngulo os enlace alos dos, porque con él en la castidad se afirman, cuantos al eterno bien aspiran de la pureza. l. Lograd esta dicha, pues en esa parte, los dos impecables quedaréis, l. Y desde hoy a vuestro Dios el favor agradeced, en repetidos aplausos. lal De alabar no cesaré su piedad. Todos los siglos, incesablemente estén su eternidad aclamando. Ángeles, que le arendéis, endulces coros, cantad su grandeza, y su poder. , . (den. 1. Latierra, y el cielo alabanzas le A su gloria su gracia, y su poder. , (dendo Miamo. La tierra, y el cielo alabanzas le ̱ , , uno por otro, y en paz. Suelta Flora. Vive el cielo, que he de desgreñarte. Hay tal! mira que me está muy mal, con venirme tan a peso: cierto que estás enfadosa. Y aún enfadada dirás. Acaba, suéltame. . Ya le suelto, como otra cosa a mí peso falso, él de cólera pierdo el seso. Pues tantas veces el peso le pone uste en el fiel? Que mujer desvergonzada es la que has hablado? Yo? Mi amo me lo parló. Aqueste es amo, o criado, o dueña? pues sedicioso, soltando la tarabilla parla un chisme, y la rencilla la pega como un tiñoso. Dime al punto, a que mujer le diste casa, y nombre? Era la dama del hombre, con quien tu hablabas ayer. Yo con hombre? Si picaña; y pues tu cuando me hablaste las guedejas me pelaste: te he de mondar la castaña. Ay! ay! Para qué es el bramo? Suelta. Tú tampoco fiera, soltaste de la primera. Quién te lo ha dicho? Pues vaya nuestro desvelo Pues estemos, raz a taz, ya que ha ido pelo por pelo. Después que en aquesta casa servimos a Césarino, todo es furia, y desatino, y todo en cuentos se abrasa. Desque somos sus criados, con acciones encontradas, nos amamos a patadas, nos queremos a bocados. En todas las ocasiones, que gustosos conferimos, los requiebros nos decimos en treje de maldiciones. Y si en tan dudosa calma, no te adoro noche y día, plegue al cielo, alma mía, que maldita sea mi alma. Hay lo que te quiero yo, que carilla, que retablo; de donaire, lleve el diablo la madre que te pario. Aquesto dijo tu labio, Y yo por esta razón te adoro, que es maldición. Y yo te quiero que rabio. De un abismo en otro abismo nostramo a chismes nos mete. Y luego como alcáguete hace las paces el mismo. Variando muchos cuidados es de nuestro amor malilla. Y aún basto: cosa Hlorilla que estemos endemoniados, Un maese coral pudiera aprender de él tropelias. Cosas le he visto estos días, que solo el demonio hiciera. Y entre la varia extrañeza, que en Cesarino advertí, el otro día le vi encima de la cabeza. Dos martinetes de gueso, de dos laureles torcidos, que coronan los sufridos Pues tu bien conoces de eso, Yo también al descalzarlo, como a las veces se ofrece, la otra noche, me parece, que le vi los pies de gallo. Jesús! Y de par en par le vi, sin hablar palabra, como al padre de la cabra. Y no llegaste a besar? Qué dices? Pues tu persona, no me ha dado a mi razón mil veces de como son los campos de Baraona? Dejémonos de quimeras, y lo que importa tratemos. Pues dime, Flora, que haremos! Qué huyamos de las cantera de esta casa. Pues intentas huir canteras, de aquí no habemos de irjuntos. Sí. Esas son otras quinientas. Hoy me tengo de ira fe. No he de estar un hora más. Mira que es un satanas, no lo sepa. Ya lo sé. No lo dije yo? Ay de mí! Señor? . Señor? Yo decía, que estar contigo quería Miente, señor, que yo fui quien lo dijo. Ya lo he visto. Señor, pues claro te hablo, dejanos ir con el diablo, por amor de Jesucristo. A villanos. Dejanos, que después que te servimos, Flora, ni yo, no vivimos, muy en servicio de Dios. Cuánto os debo? Carta canta: ve aquí la cuenta. Decid. Mas qué es esto! Proseguid. Vive el cielo! Qué te espanta? enseña la cuenta aquí, que esta mañana escribiste, y en el pecho la metiste, Vela aquí: mas ay de mí! Hay que culebra! San Blas, ahora digo, que no es bueno meter la mano en su seño, aunque me lo alaben más. Qué ha sido? Bien lo celebras: mas cuando según lo infiero las cuentas de un despensero no son sapos, y culebras? Si así es, en conclusión, cuando más me satisfago, la cuenta: cuál será el pago? No le quiero. No es razón: en este volsillo. Oíllo, me regocija no más. Dices bien, porque jamás se dio veneno en volsillo. Toma. A lo menos aquí no puede haber chilindrina, que sueña famosa China: bello sonido. Eso sí. Yo apuesto cual quier dinero, que es todo rubio metal. Nostramo es muy liberal. Apara en ese sombrero. Abre. Ya te desvaneces en partir? Será en conciencia, no haura en eso diferencia. Claro está. Jesús mil veces! Amo duende, nuestra plaga quieres que así remediemos? No es malo, que al fin podemos calentarnos a la paga. Ea, qué aguardáis los dos? ya os he padago. Por mí, yo no hablo palabra. Ansí tenga uce el pago de Dios. Mas señor con todo eso, si ha sido burla, ya basta. Si no lo es, con que conciencia de aquesta suerte nos pagas? Danos moneda de Rey, que no se acune con llamas. Y no no, señor, del oro, des el humo, si no el ascua. Así Dios te dé salud. Así descanse tu alma. Idos villanos de aquí. Vamos, Caracol, que aguardas? Vamos Flora. Pero adonde está la puerta? Esta es brava, ahora como entre puertas, nos has cogido entre tapias. Por postrera, con nosotros quieres hacerla cerrada. De esta flor un Cortesano con las visitas usaba. Sacanos de aquí, aunque sea por el Vicario. Desgarra un poco de esa pared. Para que? abiendo ventana, por ella habéis de salir. Mira que yo estoy preñada. Y esto bien pudieras tú haberlo visto en sus faltas. Pues habéis de estar conmigo? De gana, aunque no queráis. Y desde hoy, como a esclavos, os tengo de errar la cara. Eso le faltaba a Flora, sobre pecadora, errada. Ya me quedo. Y yo también. Y aunque las rudas entrañas de un monte os esconda, yo de allí os sacaré. No es nada, el demonio me ha metido a servir a esta fantasma. Pues íreme yo al infierno, a ver si de allá me saca. No hay humano en quien mí fu no quiera tomar venganza, (ria del pesar que Julian, y Basilisa me causan. Cesarino? Señor mío. Has visto a mis dos amadas prendas, mi hija, y su esposo? Comienzen, pues, que no bastan mas industrias, sus tormentos. Dónde están? Sigue mis plantas. . No sé qué nuevo pesar, se ha introducido en mi alma! De aqueste jardín ocupan la más escondida estancia. En qué parte? Quieres ver en un agravio cifradas la afrenta de tulinaje, la inobediencir a tus canas, la injuria de tu ascendencia; el oprobio de tu casa, y últimamente, de todo, la más vergonzosa infamia? y quieres, Marciano, ver en la forma que se hallan, Julian, y Basilisa, que su Religión agravian? Vuelve los ojos a aquel peñasco, que sella, y guarda la boca de aquella gruta, que en mudos horrores habla, y él a mi imperiosa voz, que los elementos manda, precisamente se yenda, ruido samente se abra. A vuestra Pasión gloriosa, Cristo mío voto, cuantas panas el duro martirio, mi humildad cuello amenaza. Vuestra soberana Cruz, en la inquieta borrasca de aqueste mundo, ha de ser bagel de mis esperanzas. Que he escuchado! pero como el afe a que en sus alevosos pechos no se ensangrienta mi espada! morid infames, morid. Superior brazo los guarda. Pese a los viles Cristianos! Pese al cielo que su causa! Pero yo contra sus vidas. Pero yo contra sus almas. Buscaré nuevos tormentos. Verteré toda mi rabia.
JORNADA TERCERA
JORNADA TERCERA Señor, vuestra fuerte mano. Señor, vuestro brazo inmenso. Arrebatada en el aire. Escalando el vago viento, A este monte me ha traído. Metrajo a este monte excelso. Vuestra voluntad. Señor, en él obediente espero. En él aguardo rendido vuestros divinos preceptos. Nunca de plantas humanas. Jul Jamás de pres extranjeros. Hollada mira su arena. Surcado su espacio veo. Nada recelo con vos. Con vos, Señor, nada temo. Mivida es vuestra, mi Dios. Mi Dios, cuanto soy esvuestro. Julian? Basilisa? Cómo? De qué suerte? En este inmenso monte? En aquesta montaña. Tellego a encontrar. Teveo. Secreto del cielo ha sido, y ansí no le averiguemos. Un mismo impulso nos guía; y si es voluntad del cielo, dices bien, no pretendamos saber su infalible intento, que es groseria intentar saberle a Dios los secretos: y que es lo que hacer intentas? Que los dos nos apartemos, que esta soledad infunde peligros con su silencio, que aunque te obedezco, esposo, no te admito compañero. Dices bien, que aunque a los dos, por divino privilegió, la mano de Dios nos ata a esta cinta los deseos: no por eso nos previno de obrar con merecimiento, hagamos, lo que sin ella hicieramos siempre atentos; y aunque dañar no nos pueda, apartémonos del riesgo, porque es Dios tan fino amante, y tiene tan noble pecho, que este mérito que es suyo le admitirá como nuestro. Y el mismo Dios que nos hizo este favor, si no hacemos, cuanto esté de nuestra parte, podrá otra vez justiciero quitárnosle, si nos ve de seguros, desatentos, que quizá el cielo nos hizo este favor, atendiendo, a que siempre en la ocasión auiamos de hacer esto. Pues Basilisa a apartarnos Pues es razón a no vernos. A Dios Basilisa. . A Dios. Adónde vais? deteneos, deteneos, y mi voz enfrene vuestros intentos. Basilisa, no te apartes de Julian, porque en un riesgo pones tu honor, si le dejas. Julian, si sois caballero; perded la vida en defensa de vuestra opinión. Qué nuevo accidente así os obliga a avisos tan descompuestos? Oh válgame aquí mi engaño; porque en este monte espero estragar ya que no rompa la castidad de sus pechos, que aunque el cielo los defiende con su mano, no por eso me he de rendir, que mi ira aún piensa triunfar del cielo, y quizá porque merezcan les soltará los deseos. Julian, reportaos, no os vais, Basilisa aún no sosiego el corazón: no te vayas. Decid, qué queréis? Soy vuestro amigo? Ese nombre os merece la igualdad de mis afectos. Sois noble? Mi antigna casa goza heroicos privilegios: Dios inmenso, perdonadme, cuando estás cosas refiero, que como el mundo me habla, hablo en su senguaje mesmo. Pues si sois noble, y mi amigo, bien veréis que os aconsejo lo que importa avuestro honor: sabed, que el cruel Aurelio, con gente armada discurre este monte, con intento de robar a Basilisa: vamos, Julian, al remedio, sino queréis que su honra muera a su amor deshonesto Por cuenta de Dios está mi defensa, y no le temo. No es bueno, que se le deje toda la defensa al cielo, su favor viene más bien, sobre los humanos medios. Pues qué podemos hacer? Que pues ya va anocheciendo os entreis en una gruta, y fiados a sus seños, pasaréis aquesta noche, que yo volver os ofrezco con gente para libraros, o abrazen bien mi consejo, que yo infundiré eficaz en sus almas tanto fuego, que se rindan, ayudado. de la noche, y del silencio, que no hay castidad segura, si se rozán dos alientos. Bien dice. Vencio mi ardid. Pues es tan fácil el medio, librese tu honor con él, y al cielo le excusaremos un milagro, que es soberbia pensar, que le me recemos. Ea, entraos en una gruta aprisa, no aventuremos el que Aurelio nos encuentre. Aunque acmito tu consejo, no apruebo el estar los dos juntos en un mismo puesto; y pues más grutas el monte tiene, en lugares diversos está que para evitar el riesgo, no hace al caso estar distintos, como escondidos estemos, esposa, busca una gruta donde estar, que yo me quedo con Césarino. Detente, no es eso lo que yo quiero: eso la decís? qué bruto no está con su honor atento? un hombre con alma expone. a un peligro manifiesto su honor, sois piedra insensible? podréis tener sufrimiento para vivir un instante entre la duda, y el miedo. del peligro que os espera? sois inanimado cuerpo? Basilisa, cuantos pasos das, los destinas al riesgo, espíritus infernales, formad en el vago viento unas aparentes voces, que embarazen sus intentos. Averiguad todo el monte, gruta a gruta, y centro a centro No has oído. Balilisa, las ciegas voces de Aurelio? mejor será que te estés uardada al amparo nuestro, que Julian, y yo las vidas, valerosos perderemos. en defensa de tu honor; y pues ya el oscuro velo tiende la noche, los tres, siándonos al secreto de la oscuridad, el daño manosos aseguremos, que yo he enviado a avisar a tu padre, del aprieto en que estás, y antes que salga elsol, vendrá a socorrernos, Decís bien, poco se pierde en seguir vuestro consejo. Pesia vuestra remisión: estoy a morir dispuesto, por defender vuestro honor, solo por amigo vuestro, y me respondéis tan tibio? Yo en el alma os lo agradezco Llegaos. Basilisa, y os a Julian, porque el recelo mujétil no os acobarde, y estaréis con más aliento. Bien estamos. Bien estamos. Pues no ha de bastar el riesgo a estorbarnos el buen gusto, sentaos los dos, y parlemos. Señor, no sé si gustáis de que confiese resuelto, que sigo vuestra bandera, y hasta que llegue a saberlo ha de andar mi corazón disfrazado, y encubierto. Sentaos, que todo lo vence el valor. Ya yo me siento. A vos, Señor, se encamina todo cuanto digo, y pienso. Julian, hablad. Basilisa, este rato aligeremos, que como hablemos los tres, famosa noche tendremos. Cierto Julian, que estáis otro, que aunque no fuisteis travieso, eráis hombre entretenido, y ya no estáis de provecho. Decidme, por vida vuestra: de esta suerte los enciendo; como vuestra boda fue? os quisistis bien primero, vos, y vuestra esposa? si, claro está, que de sus bellos ojos beberláis, blandos, apacibles los venenos, o que gustosos amores, que deben de ser aquellos, en que finge la esperanza, que es posesión el deseo: gran gusto el de dos casados, cuando finalmente tiernos, no deben a la coyunda lo ajustado de sus cuellos: puede haber dicha en el mundo disculpa con la violencia, como que esté yo queriendo a una mujer, y la tenga sin sustos, y sin recelos! y que el cielo no se ofenda con lo que yo me recreo: no os parece que es verdad lo que os digo! hay tal silencio! hablad. Es mucha razón. Tratemos de entretenernos. Dime, Basilisa? Ya los va encendiendo mi fuego. Cómo imaginas a Dios allá en tu rudo concepto para amarle? Pesia a mí! famosa noche tenemos. Yo imagino a Dios. Tened: yo a Júpiter considero, que es el Dios de quien habláis, cuando amarle más intento, gozando de la beldad, de Danae en lluvia de oro, perdido todo el decoro a su inmensa Majestad, allí su divinidad: estrechando más los brazos, daba amorosos abrazos a la ninfa que quería: y ella, aunque el nudosentía, no encontraba con los lazos. Puede haber causa mayor, de amar a un Dios, que querer mez clararse con nuestro ser, obligado de su amor! Este merece mejor amarle por Dios, más grato; pues cuando pierde el recato a lo sumo de su esencia, y sazona con el trato. Al Dios causa, de la causas, sin atender a respetos, de este, o de aquel para amarle, de esta suerte le bosquejo, Imagínole Criador de cielo, y tierra increado, que se ofende del pecado, que se obliga del amor, muy liberal, muy Señor, que igualmente en su grandeza la virtud, y la torpeza le ofende, o le desobliga, y el brazo con que castiga le mueve con más pereza. Imagino, que debemos todo el bien a su bondad, que midio su inmensidad, que humanado le tenemos, que juntando los extremos de Hombre, y Dios, amante y fino del cielo a la tierra vino; pero es su sertan inmenso, que por mucho que le pienso, no es como yo le imagino. Aquese Dios. Basilisa, es el que yo reverencio. Yo le adoro con el alma, Famosa noche tenemos. Dime tu Julian, en paga de lo que yo te obedezco, que tal es la brevedad de nuestra vida, y que efetos hace en la imaginación suligero movimiento? Es la vida una ilusión, que en si propia se deshace, flor que muere cuando nace, duda sin resolución, esligera exhalación, hoja del aire embestida, essueñe, es sombra fingida, y san frágil se compone, que un solo aliento se pone, entre la muerte, y la vida. Que no hay vida he imaginado, que para abreviar su ser, cuanto se escribe al nacer, vade la muerte firmado: ya no es mío lo pasado, no gozo lo venidero, lo presente es tan ligero, que si cuando lo apercibo, quiero vivir lo que vivo, ya vivo lo que no quiero. Y el efecto que hace en mí su brevedad prevenida, es dalle a Dios esta vida, de quien yo la recibí, que aunque tan frágil la vi, sia su inmenso Criador se la feriare mi amor, con Fe viva, y alma tierna, me ha de volver otra eterna, que él no tiene otra menor. Ese mismo efecto hace en mí, pues tanto deseo darla vida afectuosa por Dios, sin que los tormentos crueles me atemoricen, que si es nada lo que pierdo, y es lo que granjeo tanto, logro será manifiesto perder la vida por Dios, Famosa noche tenemos. Qué buen Dios es el que adoro! Si habemos de hablar en esto, mucho mejor es callar. Siempre desmentido vuelvo de Dios; pese a mi coraje! suelte al hombre vil, veremos si es más valiente que yo; porque su barro grosero no puede quebrarse, si él le está siempre defendiendo, y desde una mano a otra, le pasa con tanto tiento. 2. Averigue nuestra furia el más recatado centro, Ya amanece, y estás voces son de los que buscan fieros los Cristianos, que este monte guarda en sus oscuros senos: otra nueva afrenta quiere hacerme el injusto cielo: si encuentran a Basilisa, y a Julian, han de prenderlos, y confesarán constantes, que a Cristo adoran, y el fiero Martirio han de padecer, para darme más tormento, diré, que Aurelio los vuelve a buscar, que ansí pretendo obligarlos a esconderse. 1. Cuántos viven en este in- menso monte, son Cristianos todos, al martirio los llevemos. Basilisa, aquestos buscan Cristianos. Ahora entiendo el secreto de entregarnos a esta montaña. Ya es tiempo de decirlos dos a voces, que Cristo es Dios verdadero Pues porque no se embarazen por ser hija del Prefeto, y me prendan, quiero acra cubrirme con este velo. Yo también con esta banda, excusaré, que el respeto de quien soy no los estorbe. Esto no tiene remedio; que es lo que intentas hacer? Dalle a Dios lo que le debo. Ofrecer por Dios la vida. Estáis locos? no os entiendo. Basilisa a padecer. Julian, a buscar el premio. Basilisa, fortaleza. Julian, sufrir con esfuerzo. Esposa querida, a Dios, hasta vernos en el cielo. Esposo, a Dios, que en la gloria más de espacio nos veremos. Pues di a voces lo que adoras. Di a voces tu sentimiento. Hasta encontrar quien nos prenda Hasta que el martirio halle- mos. Cristo es Dios, gente ignorante. Cristo es Dios, errado pueblo Callad, callad, que decís? ha que contra Dios no puedo. Cristo es Dios, venga la muerte Cristo es Dios, morir deseo. Ya yo sé, qué Cristo es Dios; pero de oíllo me ofendo. Anda Caracol, por Dios, y a que habemos escapado, aurá algún hombre encontrado tal amo como los dos encontramos? Al Prefeto se lo habemos de decir. Que va que nos ha de oír, aunque hablemos en secreto? Él es demonio, del arte májica debe usar. Yo no lo puedo llevar. Pues él bien puede llevarte. No es el demonio? sin vanos discursos a mi entender, porque él tenía que hacer con dos tan malos Cristiano. No sabes lo que he notado, que a vuestra sospecha imponí que las uñas no se corta, ni la barba se ha quitado, Con ser lo que más deleita, y en aquesa barbería, el barbero cada día me pregunta, quien le afeita! De paz un solo momento, en su casa no túnimos, a todas horas reñimos. Eso tiene el casamiento. El Prefeto del cruel Cesarino, ha de librarnos, él solo puede ampararnos; pero ya dimos con él. Y aún pesaroso imagino que sale. En muy mala hora le buscamos. De qué llora, si no sirve a Cesarino? Que alivio en mi desconsuel puede en mi vejez bastar, cuando me quiere entregar a tanta desdicha el cielo? que una hija, que es la vida con que vivo, y con que aliento con injusto pensamiento la adoración atrevida niegue a los Dioses, sin ver que aunque su muerte me aslija, el fuero de ser mi hija, no la puedo defender: que he de hacer? qué porque cuadre mi pesar al más crecido, un delito ha cometido, en que no puedo ser padre, si no la busco, la pierdo, sila busco, ha de morir; pues como puedo elegir, donde no vale el ser cuerdo? Basilisa, con mi tierno llanto, tu piedad provoca, vuelve a mis ojos, Que poco siente, no hallar a su yerno? Basilisa? Yo no soy Basilisa. Qué queréis aquí? Que audiencia nos deis. Ya os escucho: loco estoy! Soñor; ya sabes que fuiste tu propio el que nos criaste. Tu fuiste el que nos casaste. Y tú el que muy mal hiciste, echastenos ofendidos, y encontramos luego, luego con un amo, que es tan Griego, pues no le hemos entendido, El cuando de fuera viene seentra en casa como un brujo, Él los zaparos que trujo, ya un ano, nuevos los tiene, y yo pienso algunos ratos, cuando su furia descansa; que es el diablo, que se cansa de romper muchos capatos. Él no se cubre, ni quiere en tiempo de noches frías. Él no come los más días, y si come, no dijiere, que cuando las humedades derrama la vecindad, vemos su necesidad, mas no sus necesidades. Para encontrarle, presumo, que un mes entero se pasa, y aunque jamás está en casa, hace en casa mucho humo. A él no le duelen las muelas, él no tose, ni él arranca, y el trae su ropa blanca perfumada con pajuelas. Por Dios, señor, te rogamos. Con nada tengo reposo. Que nos recibas piadoso, pues ves cuan pobres estamos, libranos de este contrario. Mal encubro mi dolor. Yo te quitaré, señor, real y medio de salario, y iré a labar. 1. El Prefeto les dará el justo castigo. 2. Muera quien pierde ene? migo a los Dioses el respeto, 1. Mueran todos los Cris- tianos, no quede ninguno vivo. Qué es eso? Señor, parece, que los nombrados ministros, para seguirlos Cristionos a tu presencia han traído algunos presos. También de esta causa, han procedido esotras voces. Entrad vos solo como ministro del César, y le diréis al Prefetó lo que ha sido. 2. Entrad, pues; avos os toca, . O si fuese Cesarino. como a ministro el decirlo, hablad al Prefeto. Hablad, decid lo que os ha traído: hay hija del alma mía! no sé qué pesar impío me dice; pero quizá no será lo que colijo. Ea, decín lo que pasa. 1. Señor, cumpliendo el oficio que por mandado del César en Antioquia ejército: en ese monte, que es de los Cristianos abrigo, con mi gente, algunos de ellos he preso, en su error vencidos, y entre todos un Cristiano, que cubierto el rostro vino a ponerse voluntario en las manos del martirio. Cubierto ha traído el rostro, porque no quise, advertido, que viesen quien era, viendo, que en el talle, y el vestido, parece noble; y podéis acá a solas reducirlo, y cumpliendo con los Dioses. si los sigue arrepentido, por no manchar su linaje, encubriréis su delito. 2. Yo, señor, también busqué todo el monte, risco a risco con mi gente, y otros muchos . Quien serás válgame el cielo! presos, señor, he traído, y entre ellos una mujer, que voluntaria al suplicio, se vino cubierto el rostro, y la truje con el mismo intento, sin descubrirla. Mal mis sospechas reprimo, idos los dos allá fuera. alguno de estos Cristianos! Mis ojos le vean frito, aún que yo pague el accite! Y tú a ese joven indigno, haz que venga a mi presencia: y aguarda tú prevenido, allá fuera, que después examinaré el delito de esa mujer miserable, que errada confiesa a Cristo: no sosiega el corazón, y en desiguales latidos me refiere alguna pena, me previene algún peligro; 1. Entre el transgresor infame de los créditos divinos. Señor, recibid aquestas primicias de mi martirio. Ya, señor, en tu presencia. está el Cristiano atrevido. Válgame el piadoso cielo! en el traje, y el vestido Julian parece. 1. Cuidad de su honor, y del divino, que yo por no conocerle, de su vista me retiro. . Saber quien es solicito, y juntamente lo temo. Ea, señor; descubridlo, y sino adora a los Dioses, padezca el fiero martirio. Cristiano vil, que desmientes con tu bárbaro delito tu nobleza, si la puede tener quien es tan indigno. Publique tu rostro a voces quién eres, y convencido. en tu culpa, de esta suerte Cielos, qué es esto que miro! Julian es, grave pesar! Albricias afecto mío, que es Julian, y de mis celos me ha de vengar su martirio. o Julian es, y ya su muerte llora el pecho enternecido. Ya Basilisa será mía, a pesar del destino, porque en mí para su culpa tiene un airado testigo. Apenas acierto a hablarle. Cordero manso, y benigno, mil vidas quisiera daros. Corregille determino: Bárbaro, ciego, y cobarde, loco, ignorante, atrevido, de los Dioses soberanos niegas los sagrados ritos? Tú eres noble? tu te olvidas. de aquel homenaje antiguo de tu casa, que a la mía se unió con lazo preciso? tude Basilisa esposo? Tu entre tantos escogido fuiste, para hacerle dueño de sus dos soles Divinos? Tu adoras a Cristo? . Sí. Calla bárbaro, qué has dicho? A Cristo adoro, su Ley Catolicamente sigo, morir quiero, v enga ya el martirio pretendido. Hombre, qué dices, los Dioses niegas? . Son Dioses fingidos. Julian, que dices? advierte, que te entregas al cuchillo, vive, porque viva yo, pues yo con tu vida vivo. Muere, porque viva yo, pues es tu muerte mi alivio. Qué aguardáis? venga la muerte, y a estos miembros divididos no les consienta el rigor que se abracen con cariño. Cristo es Dios, a Cristo adoro, morir por él determino: inventad nuevos tormentos, pensad modos exquisitos de crueldades. Calla necio, que ofendes nuestros oídos con tus bárbaras blasfemias: no es posible reducirlo! Aurelio que me aconsejas? Teodora, en tantos abismos de dudas que puedo hacer? Que repares, que es tu hijo, pues es de tu hija esposo, que seas Juez benigno, que digas, que ya alos Dioses. quiere ofrecer sacrificio por librarle de la muerte, Y que después escondido le tengas, hasta saber si este accidente es delitio. Esto me parece a mí, este es el mejor camino de ajustar piadosamente la Religión, y el cariño. Mañana se vencerá a tus ruegos, a al continuo rigor de tus amenazas, viva, aunque viva aflijido. Dices bien No dice bien, que el honor de los divinos Dioses es antes que todo: no pienses andar remiso en castigarle, si no quieres pasar por el mismo castigo, que esta es la pena que dispone el justo edicto del César, contra el Juez que sobornado, o altivo no castiga los Cristianos, en su culpa convencidos. Dice Aurelio lindamente, la primera vez ha sido que los celos han hablado en favor de su enemigo. Pues siendo de Basilisa esposo Julian, y amigo vuestro, no consentiréis que se encubra su delito, hasta ver si con mis ruegos se vence su desatino? Es cansarse, porque yo solo a los Dioses estimo. Aurelio, con tu nobleza, para la piedad te obligo. Vive Dios que ha de morir, pues los Dioses ha ofendido. Dilatar la ejecución no es dejarle sin castigo. Vos bien podéis perdonarle, mas yo tengo de escribirlo al César, porque la vida os quite por mal Ministro. Es posible que tu pecho no se mueva compasino! Primero soy yo que nadie, y de mis celos me libro con su muerte. No hay remedio. Yo su delito he sabido, y callándole, me hago cómplice de su delito, y porque no nos cansemos, Julian adoras a Cristo? Por Dios a Cristo confieso, y el alma le sacrifico. Estás firme en ese error? Vuestro es el error, yo sigo la verdad, y afectuoso adoro al Dios uno y Trino. Y en fin no has de reducitte! En esta verdad me afirmo. Pues Ministros que del Césa cumplis los sacros rescriptos, entrad, y a Julian, que ya el privilegio ha perdido de noble, como a hombre infane le llevad al vil suplicio. 1. No le podéis reducir? No es posible reducirlo. 1. Luego la muerte merece! De la dura muerte es digno. 1. Y qué dispone el Prefeto? Ni le excuso, ni le libro. Señor, para que os confiese dadme vos vuestros auxilios. Zelos, y celo me mueven, porque tan cruel me irrito contra estos viles Cristianos, que soy su mayor cuchillo. Y porque veáis que yo contra todos me destino, esa mujer miserable, que con el rostro escondido habéis traído, entre al punto a su postrero juicio. 2 Ya en vuestra presencia est haced de ella a vuestro arbitrio Cielos, el talle, y el traje dan de que es mi hija indicios. Yo la he de ver, y a que vos andáis en esto tan tibio: misera mujer, descubre el rostro que es lo que miro! Cielos, mi vida guardastes para un pesar tan esquivo! o muera mil veces yo, pues tan desdichado he sido! Basilisa es, y ya el cielo la venganza me ha traído. Basilisa, a tal error, tu discurso has reducido? a Cristo adoras? Si adoro. Cierra el labio inadvertido, no pronuncies tal error! Cristiana soy, el martirio venga, que ya le desea mi pecho amoroso, y fino. Aurelio, que puedo hacer? no de aquel rigor impío os arméis contra mi hija, que es el alma con que animo: que es lo que tú me aconsejas? Aquí es más justo, y debido el perdón, que antes los Dioses, si os vieran endurecido con vuestra hija, indignados, os dieran cruel castigo: decid, que ya de los Dioses sigue el seguro camino, y escondida hasta saber si persuadís su juicio: viva Basilisa, y goce sus verdes anos floridos, porque es neutral primabera, que el Abril mueve a su arbitrio Decis bien. No dice bien, que el honor de los divinos, Dioses, es antes que todo: no penséis andar remiso en castigarla, si no queréis pasar por el mismo castigo, que esta es la pena que impone el decreto digno del César contra el juez, que sobornado, o altivo, no castiga a los Cristianos. en su culpa convencidos. Esa es inútil venganza. Siente lo que yo he sentido. Yo si procuré la muerte de Julian, fue con designio de gozar de Basilisa. tu haces esto, sin motivo, pues nada granjeas, cuando morir Julian es preciso. Pues quién te ha dicho que yo, cuando ofendida me miro de ti, te he de consentir el gusto de ver cumplido tu deseo? llora, siente, suspira, como suspiro, que no has de lograr tu amor, y a que no he logrado el mío. Teodora, mi sentimiento ablande tu pecho impío. Vos bien podéis perdonarla, mas yo tengo de escribillo al César, porque la vida os quite por mal ministro. Eres cruel. Soy amante. No eres noble. A ti te imito, y porque no nos cansemos, mujer adoras a Cristo? Afectuosa le odoro, su ley verdadera sigo, Y en fin, no has de rendirte? Cristo es Dios, vida, y camino Pues manistros que del César cumplis los justos arbitrios, entrad, y a esta vil Cristiana; porque errada adora a Cristo, sin que le valga el ser hija del Prefeto, al vil suplicio la llevad, pues no reserva personas el sacro edito. 2. Qué es lo que el Prefeto dice? Que sé yo lo que me digo, que el alma toda a los Dioses les ofrezco en sacrificio. Llevadla con mil desprecios, Señor, vuestra ayuda pido, para padecer por vos, y a vos con vos os obligo. Padezca afrentosa muerte. No la maltratéis, impíos. Agraviadla, despreciadla. Qué es el alma con que animo. Que es la causa de mis celos. Que es la luz de mis sentidos. Qué es la que estorbó mi dicha. Que es la que idolatro fino: voy a morir de su muerte, pues que de su vida vivo. Voy a sentir de Julian el lamentable castigo. Sin alma estoy, y sin vida, que es lo que por mi sucede? mi caduca fuerza puede mas que el dolor de esta herida. Júpiter santo, y eterno, no en mi pena os irritéis, pues sois padre, y pues sabéis, cuál es el amor paterno. Baje un rayo riguroso, con que el pecho me rompáis, que si mi vida guardáis, no os he de llamar piadoso. Como la muerte se tarda, yo mismo a buscarla iré, y con mi estrago, daré sin a mi desdicha. Aguarda, y a tu pesar he notado. Pues porque estorbas mi muerte cuando sabes que es tan fuerte Porque yo le he remediado. Como si mi vista ve, que llevan a Basilisa. a dalle muerte precisa? Como yo se la estorbé, No sabes tú, que a mi ciencia tiene los astros atentos, y todos los elementos me rindensgrata obediencia? Pues yo, porque redimir quise su grave pesar, miento, que quiero estorbar, que consiga con morir, De martir el sumo grado, pues si la venzo después, con mi grave ciencia, pues a Basilita he librado. Y del concurso terrible, (no que entre otros muchos Cristia la llevaba, haciendo vanos sus intentos invisible, Para todos desmentí su vista, y me la he traído, sin que nadie haya sentido, qué falta, ni que yo fui Quien la quitó de sus manos, escóndela, y ten por cierto; que han de juzgar, que ya ha muerto entre los demás Cristianos. Excusarás el castigo, que tanto tu pecho siente, y cumplirás igualmente cen el César, y contigo, que ya que por darme enojos llega Dios de mí atriunfar, le tengo de embarázar la mitad de los despojos. Ella confusa, y turbada es quien más se ignora a sí: silo dudas, vesla allí, tenla oculta, y encerrada, porque no pueda otra vez entenderse su intención. Es fantasma, es ilusión de mi engañada vejez! Dónde estoy? qué novedad del martirio apatecido a mi casa me ha traído? Ha Dios! ah suma Bondad! no merezco yo rendir lavida por vos, mi Dios, y así me estorbasteis vos la ventura del morir. Deja que el gusto. . Detente: mejor será que encerrada la dejes, y asegurada, y vayas a estar presente al martirio, que tu ausencia puede dar que sospechar, que después harto lugar a tu amorosa impaciencia le queda para el alago. Dices bien, ven, y cerremos todas las puertas, pondremos limite a su fiero estrago. Feliz mi esposo, pues ya por vos morirá contento. De esta suerte, ni aún el viento puede saber donde está. Mas como no solicito buscar yo misma mi muerte, y tan venturosa suerte cobardemente límito? Voy a morir, alentada de las voces de la Fe: la puerta por dónde entré está a mis ansias cerrada. Salir por esta imagino: cerrada también se advierte: por donde quiera mi suerte tiene imposible el camino. Señor, con la resistencia crecor mis afectos veo, perdonad si mi deseo es ya Cristiana impaciencia. Morir quiero, esa bondad mi amor, y mi celo atienda: abridme señor la senda que cerró mi indignidad. Hoy que Julian a segunda vida, mejor se concede, y el yugo ajustar nos puede, sin rozarnos la coyunda: hoy que de aquestos humanos lazos llega a desatarse, y puede revalidarse nuestro consorcio sin manos: el Cielo con él os pido, la muerte con él espero, sea allá mi compañero, sin el riesgo de marido. 1. Basilisa, ya el piadoso Cielo escuchó su oración, y de su inmenso decreto vengo a ser ministro yo. Nuncio divino, y a imprimo en toda el alma tu voz. Quieres morir con Julian? Ya que el Cielo me le dio por esposo, solicito, en fe de mi casto amor, que la muerte nos iguale donde es segura la unión. Zelosos tiene a los cielos. tu justa resolución; pues ya te concede el cielo, que con Julian mueras hoy: mas con esta diferencia, que él gozará el superior grado de martir constante, y tu Basilisa, no, porque él morirá al cuchillo, y tú a un interno dolor, viéndoos los dos entregar las almas a su Criador, y aunque los sumos juicios mal se penetran de Dios: sin duda este grado más, que tu Julian mereció, porque fue mayor hazaña, y fue constancia mayor no usar del dominio él, que el cielo le concedió; que proseguir tu después. en esta casta intención, que en ti pudo ser vergüenza, y en él siempre fue valor. Cómo yo muera con él, contenta a la muerte voy. Pues dame la mano, y sigue el vago viento veloz, donde constante te veas ceñir de laurel mejor. . Señor, ya vuestra piedad me hace el postrero favor. Mueran todos los Cristianos, sirvales mi indignación de lazo, fuego, y cuchillo en castigo de su error: estrenen nuevos tormentos, mueran en su obstinación, por ver si de mi poder los puede librar su Dios. Ya entre martirios crueles examinan tu rigor. Oh como gusto de dalles un tormento, y otro atroz, y mis canas se temozan entre mi justo rencor. Hay hija! este regocijo, de que tu vivas nacio; porque si tu padecieras, muriera yo de dolor! El dar vuestra hija, hace vuestro mérito mayor. Césarino, que mal saben el contento con que estoy de haber librado a mi hija, debiéndoos su vida a vos. Bien dicen, que ya deshizo todos los engaños Dios, y ya muere sin dejarme, de que la venza ocasión. Desde aquí de los Cristianoo se oye el continuo clamor. Señor, con mi esposa muero ya alegre la vida os doy. Este es Julian, muera el vil, pues los Dioses ofendió. (o Señor, con mi esposo mue gustosa sufro el dolor. Esta es Basilisa. Cielos, de mi hija es esta voz: Césarino, yo en mi casa? Secretos del cielo son: pueblo ciego, errado vulgo, no soy Césarino, no yo soy la sierpe envidiosa, yo soy el fiero dragón, que a Basilisa, y Julian, inútilmente siguió; ya vitorioso los veo, r ceñir de laurel los dos, sin que mi aliento les pueda marchitar la hoja menor: ya conozco, que de intento, me hace estas injurias Dios, y en el dice que es Justicia lo que en mi fuera rencor. Mirad esos dos casados, donde mi ardor no llegó, veréis si para mi envidia tengo bastante razón, que yo me voy desairado a mi lóbrega prisión. y Antioquia, el cielo quiere a vista de vuestro error dar a estos castos esposos el debido galardón: una corona los ciña, que roja y blanca tejio su castidad y su sangre; y pues en vida, el temor de perder la integridad, hon estos los dividio: en muerte permite el cielo; que gocen segura unión. Recibid de Dios, pormí el premio, que mereció vuestro martirio constante, vuestro reportado amor Cubrid de tantos encantos la mágica ejecución. Cubrid la triste tragedia, que el pecho me atravesó. El verlos en muerte amantes, templa todo mi dolor. Caracol, bueno es morir por la ley de Dios. Mejor es vivir a toda ley, hasta que quiera el doctor. Y aquí tenga fin, Julian y Basilisa el perdón me rezca de sus defetos, quien gustoso la escribió, que Cancer, Guerta, y Rosete, os sirve con tanto amor, que de acertar a servilos, componen su galardón,
